Dark Chat

jueves, 23 de junio de 2011

Muy Salvaje Para Ser dominado

Chica aqui les traigo el segundo capitulo del fic , recuerden es una adaptacion y yo solo uso los personajes de nuestra querida SM para la adaptacion del libro  , la trama no me pertenece ni los personajes. , por fiss no se les olvide comentar sean buenas ya q me he desvelado por subir vicio.
Mil besitos a todas
Angel of the dark
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CAPÍTULO 02


El barro golpeo al desconocido en la mejilla, salpicando a través de su nariz y boca con un golpe
Contundente. La vista más hermosa que jamás había visto.
Su satisfacción, sin embargo, fue de corta duración. La mirada que le dirigió le hizo helar la
Sangre.
Presa del pánico, segura que tenia la intención de castigarla con la fusta, se levanto con gran
Dificultad. Cuadrando los hombros, aliso sus guantes ―los cuales nunca mas aparecerían con su
Antiguo pristiño blanco, ―sobre sus faldas empapadas y trato de encontrar una postura digna.
Para asemejarse a una dama. Incluso cubierta de barro de la cabeza a los pies.
Preparada para mirarlo directamente a los ojos y demostrarle que no era ninguna mujercita
Atemorizada, alzo la barbilla. Y parpadeo. Dos veces.
Su cabeza apenas superaba su mentón. La inquietud bajando por su espalda. Ella generalmente
Miraba a los hombres a los ojos. Una decidida ventaja cuando se trataba de intimidar a posibles
Pretendientes. Sin embargo, algo le decía que este hombre no cedería ante esa intimidación.
Limpiándose con una ancha mano el barro que oscurecía los planos agudos de su rostro,
Exclamo:
―.Que diablos fue eso?
―Igualando la puntuación ―respondió ella, retrocediendo dando traspiés, en tanto el
Avanzaba un paso. Luego otro. El camino taponado de lodo no presentaba ninguna dificultad para
El. Se movía como una pantera, cerrando la distancia entre ellos con facilidad.
―.Cegándome con lodo va a lograr eso? ―la tomo por el brazo. Bella se tambaleo hacia atrás,
Sacudiéndose de la mano que la sujetaba, y perdió el equilibrio. Cayó al suelo. Otra vez. Un chillido
Indignado escapo de su boca cuando su trasero golpeo el suelo con un ruido fuerte.
El se echo a reír. Un sonido rico y bullicioso que retumbo en el aire, mezclándose con los
Truenos lejanos. Frunciendo el ceno, ella tomo un punado de barro, haciendo una pausa cuando el
Movió un dedo.
―No.
La simple palabra resonó en el aire como una pesada piedra, congelándola.
Barro espeso goteaba de sus dedos, mientras ella lo estudiaba. A partir de su dura y despiadada
Mirada, no tenia duda de que tomaría represalias si le tiraba barro a la cara por segunda vez. El
Hombre parecía un pirata. O un bandido. Ella se encogió aun mas en su capa húmeda ante la
Posibilidad.
―Una disculpa ―exigió ella. Bandido o no, ella se negaba a dar marcha atrás sin la cortesía
Debida.
―.Por qué? ―resoplo, cruzando los brazos sobre el pecho. ―Usted aquí tuvo la culpa. Caminar
En medio del camino con su cabeza…
―.Yo? ―interrumpió ella, poniéndose de pie ―.Esta loco?
Un cambio se apodero de él. Una total rigidez. Respiro profundamente ampliando su amplio
Pecho. Hubo un momento de silencio, que se mantuvo, se prolongo mientras sus ojos brillantes la
Observaban. Bella esperaba, con la respiración contenida, la mirada fija en él a través de la capa
De lluvia.
Finalmente contesto, sus palabras causticas, una verdadera burla:
―Si ya no lo estoy, entonces estoy bien encaminado.
Conteniendo un temblor de nerviosismo, ella replico:
―Bueno, sin duda... debido a lo sensato que es montar con esa temeridad por una curva, .sin
Pensar que cualquier persona podría estar en su camino?
Los músculos de su mandíbula resaltaron peligrosamente. La lluvia bajo por su rostro, lavando
Los últimos restos de barro, pero su dura mirada nunca se altero.
―No mas insensato que alguien tan tonto como para andar en el medio del camino con un
Tiempo tan tormentoso.
―Tenga la seguridad que no es por elección. Mi carruaje se encuentra atascado en el barro.
Las comisuras de su boca bien formada se contrajeron en una mueca mientras miraba más allá
de ella. El viento azotaba las largas guedejas de pelo en contra de su cara y su cuello.
―.Donde está el conductor? ―pregunto.
―No tengo la menor idea ―Bella levanto las increíblemente pesadas faldas y adopto el tono
Mas oficioso de su abuela. El que usaba cuando se dirigía a alguien por debajo de su clase.
―Ahora, si usted sería tan amable de hacerse a un lado, me gustaría llegar a la aldea antes del
anochecer.
No hizo ningún esfuerzo para complacerla, así que Bella lo rodeo y comenzó a avanzar por el
Barro nuevamente.
―Espere ―ordeno él. Su gran mano se cerró sobre su brazo.
Bella miro con sorpresa los duros dedos que rodeaban su brazo. Eran sorprendentemente
Largos y elegantes, de punta roma. Sintió su ardor a través de su capa, muy en su piel. Los hombres
No la tocaban. No voluntariamente. Ninguno presumía de tal familiaridad. Ella se aseguraba de
eso. Por supuesto, este extraño no lo sabía, no conocía las normas que la regían.
Mirándolo a la cara, se trago una pequeña sensación de alarma ante lo realmente solos que se
encontraban. Cuan a su merced estaba. Golpeando el ala caída de su cofia, dijo con su voz mas
firme:
―Suélteme, señor.
El sonido de la lluvia golpeando la tierra y las piedras aumento en ese momento, un rugido
Sordo que llenaba su silencio en la conversación. Su imagen se volvió borrosa ―aparte de sus ojos.
Brillaban sobrenaturalmente, penetrando la capa gris de la lluvia.
―Eres una cosa feroz, .verdad, señorita Pastel de Barro? ―su voz ligera azuzándola.
.Feroz? Nunca nadie la había descrito como feroz. Caprichosa. Excéntrica. Incluso extraña. Pero
Nunca feroz. Bella suponía que podría ser un poco como el viejo dragón de su abuela, después de
todo ―Dios nos libre.
―No puede caminar a la aldea con esta tormenta ―inclino la cabeza, evaluándola, y ella se
estremeció al pensar en la imagen que se le presento. Casi como una señal, el viento aumento,
Casi derribándola de costado.
El suspiro y pareció llegar a algún tipo de decisión. Cuadrando aquellos amplios hombros suyos,
Dijo:
―Yo la llevare allá.
―.Usted?
Ella parpadeo en contra de la lluvia incesante y escucho la sonrisa en su voz cuando respondió:
―Sí, yo.
Golpeando otra vez su terca cofia, levanto la barbilla.
―.Por que aceptar un viaje con un auto-proclamado loco?
Su sonrisa se desvaneció y la mirada dura volvió a sus ojos.
―Porque va a llegar a la aldea en diez cortos minutos, más que la semana que le llevara a pie.
Mmm. Sonaba lógico para un loco. Y la verdad, Bella se sentía demasiado miserable para
Negarse. Cualquier cosa para llegar a un refugio. Calor. Sequedad. El suelo que no se moviera y se
hundiera bajo sus pies.
―Muy bien ―declaro, pasando delante de el.
Su caballo, varios centímetros mas alto que cualquier caballo que hubiera montado, la miro con
recelo mientras se acercaba. A su vez, Bella se detuvo, miro la gran bestia, y se pregunto como
podría montarse sin la ayuda de algún peldaño. Una experta jinete como ella, generalmente podía
montar sin ayuda, pero no con las faldas mojadas, embarradas, agregándole peso extra y el suelo
esponjoso succionando ávidamente sus botas.
Ella se acerco mas, alcanzando un punado de crin negra para subirse. El caballo tenía otras
ideas. Bajo la cabeza hacia ella mostrando los dientes. Ella dio un respingo, apenas esquivando las
poderosas mandíbulas.
―Bestia ―exclamo, sorprendida y absurdamente ofendida.
Unas manos duras la agarraron por la cintura y la levantaron, asegurándola encima del caballo
antes de que tuviera oportunidad de protestar. Salto detrás de ella, colocando sus piernas sobre
sus muslos, como si no fuera nada más que una muñeca de trapo que se manipulaba
escrupulosamente.
El calor invadió su rostro. Ubicada cómodamente contra el, recupero su lengua.
―.Qu-que esta haciendo? ―farfullo. .Quien hubiera imaginado que ella, Lady Isabella Swan
literata de renombre y solterona, se encontraría en una posición tan impropia? .Y con un hombre
tan viril?
El semental estiro el cuello y trato de tomar otro trozo de su pierna.
―Deja eso, demonios ―dijo entre dientes.
―A Yago no le gustan las mujeres.
.Yago? Que apropiado. La bestia tenía el nombre de uno de los personajes más malvados de
Shakespeare.
―Bueno, .le importaría hablar con el un momento? ―pregunto mientras esquivaba otro
mordisco ―.Antes de que me deje coja?
―No hay necesidad de eso ―respondió el.
Bella abrió la boca para discrepar, pero el pateo suavemente al caballo para ponerlo en
movimiento, forzando a que la atención de Yago se alejara del propósito de hacer un festín de su
pierna. El movimiento repentino también provoco que oscilara contra el. Un brazo se curvo en
torno a su cintura.
―.Que está haciendo? ―pregunto.
―Llevándola segura a la aldea ―su cálido aliento abanico su oreja. Una chispa de emoción la
recorrió por entero y le corto la respiración. ―Que no se diga nunca que no soy un caballero.
Ella resoplo. Un caballero no montaría en medio de una tormenta sin pensar en la vida y la
Integridad física. Ni la zarandearía como si fuera un saco de granos. Tampoco se presionaría tan
íntimamente contra ella.
Cierto, poseía un buen caballo y una forma de hablar educada, pero sus modales eran
ordinarios, su ropa sencilla, el pelo demasiado largo, y había algo incivilizado en el. Algo crudo,
Elemental, tan salvaje como la tierra rustica que los rodeaba. Lo más probable es que fuera un
tosco terrateniente poco acostumbrado a la buena sociedad.
Mordiéndose el labio, se dijo que no se comportaba como una tonta señorita. Del tipo que la
hacia poner los ojos en blanco cada temporada. Por supuesto, tendría que estar sentada muy
Junto a él, con el fin de compartir la montura. Circunstancias desesperadas exigen medidas
Desesperadas.
Cerrando sus ojos, trato de ignorar el pecho firme a su espalda, los muslos duros debajo de ella.
El sólido brazo apretándola. Un lento temblor se apodero de ella.
―Tiene frio ―su voz ronca sonó en su oído, y la atrajo más cerca, plegándola contra él y
envolviendo su capa sobre ambos, protegiéndolos. Mucha más cortesía que la que le habría
atribuido al salvaje gruñón que había parecido al principio. ―No tenía nada que hacer afuera con
este tiempo.
Ella se irguió en sus brazos, disgustándole su reprimenda.
―Podría enfermarse ―añadió.
―Yo no planeaba quedarme atrapada en una tormenta ―replico ella, ―pero difícilmente soy
Una débil criatura ―en realidad no lo era. Era más alta que la mayoría de sus aspirantes a
Pretendientes, delgada y carente de curvas femeninas, como la abuela frecuentemente le
Criticaba. ―Tengo una constitución sana. Un poco de lluvia no me hará daño.
―En caso de que no se haya dado cuenta, esto es más que un poco de lluvia.
―Mojada y miserable como me siento, es difícil de ignorar.
―Entonces, debería haber…
Ella giro bruscamente su cabeza.
―No necesito un sermón de alguien que no puede actuar con simple cautela cuando monta su
Caballo.
Bella se volvió al frente, inclinándose hacia adelante tanto como podía, demasiado molesta
Para relajarse contra su pecho.
Se hizo el silencio. No se oía ningún sonido, salvo el fuerte torrencial de lluvia y sonido de
succión de los cascos cuando se levantaban desde el pantano por debajo de ellos.
Tiro de la cintura, obligándola a relajarse contra el.
―.Cual es su nombre? ―pregunto, su voz reticente, como si le molestara preguntar, resentido
Por querer saber.
Ella respondió con una voz igual de reticente.
―Bella
No más que eso. Ninguna necesidad de hacerle saber que era la hija de un duque la que estaba
Sentada en su regazo. Pronto se separarían, nunca más se volverían a ver.
―Bella ―repitió lentamente, prolongando su nombre como si lo saboreara con su lengua.
―Diferente.
―No eres de por aquí, .verdad, Bella? ―pregunto con sequedad.
Ignorando el uso audaz de su nombre, reprimió su impulso de preguntarle por el suyo y volvió
su mirada al terreno salvaje, hermoso y empapado por la lluvia.
―No ―respondió ella. No es que pensara quedarse. Incluso inundada de lluvia, esta tierra
Escabrosa la atraía. Pero esto no eran vacaciones. Tenía un marido potencial que ahuyentar ―una
tarea en la que se destacaba especialmente. Solo necesitaba abrir la boca y exponer al detalle
acerca del texto que actualmente leía. Ya sea un antiguo tratado de la ingeniería romana, una obra
dramática de Sófocles, o los últimos comentarios sobre los derechos femeninos, nada espantaba
mejor a un posible pretendiente.
―.De Londres? ―pregunto sabiendo la respuesta, la ironía entrelazada con sus tonos graves.
―Obvio, .no?
―No eres como las jóvenes de por aquí.
Si hubiera querido, podría haberle dicho que tampoco era como las damas de Londres. Su
determinación de nunca ser subastada en matrimonio como una vaca en el mercado, la distinguía
del resto de la manada. Había descubierto que no era una tarea tan difícil. Nadie quería una
Literata pobre, ni siquiera una con un excelente pedigrí.
―En efecto ―respondió con frialdad, segura de que no tenia intención de hacerle un cumplido.
―En efecto ―repitió, la risa filtrándose en su voz. ―Nunca conocí a alguien tan arrogante.
―.Arrogante? ―exclamo―.Que gracioso. Sobre todo viniendo de un bruto insolente como
usted.
―Dios, eres una bruja ―se rio entre dientes contra su oído, el sonido extrañamente agradable.
―.Porque no me tomo bien los insultos?
―No, porque no fluye más que vinagre de tus labios.
―Entonces voy a ahorrarle más conversaciones ridículas ―replico ella, la ardiente indignación
encendiendo sus mejillas.
Se echo a reír de nuevo, el sonido rico y grave, mientras la atraía aun más hacia él. La mano
cambio, deslizándose por debajo de su capa para aplastarla contra su caja torácica de una forma
indecente. Una circunstancia por la que podría haber protestado, pero eso la llevaría a romper su
auto-impuesto voto de silencio y hablar. En cambio, tuvo que soportar su cercanía en silencio y
negó que su corazón se acelerara al sentir su mano grande descansando a escasos centímetros de
su pecho; negó que su contacto enviara ondas de calor a través de su cuerpo, que de otro modo se
estaría congelando.
Yago iba a un ritmo tranquilo, tropezando de vez en cuando en una de los muchos baches
llenos de agua en el camino. El restallido distante de un trueno sacudió el aire. El estruendo agito a
Yago, provocando inquietos relinchos.
Detrás de ella, su voz profunda tarareaba murmullos suaves al volátil semental y le provocaban
cosas extrañas a su interior.
―Algo me dice que no estás acostumbrada a contener tu lengua.
Salto, sorprendida ante el sonido de esa voz aterciopelada dirigiéndose a ella y no al caballo.
―No me importa. Hablar ―murmuro él y su mano se movió de nuevo, más cerca de su pecho,
su pulgar casi rozando la parte inferior. ―Me gusta escuchar tu voz. Tan correcta. Cortante, pero
suave. Casi sin aliento, como si tu corsé estuviera demasiado apretado.
Bella farfullo. El rubor encendió su rostro hasta las raíces de su cabello. .Se atrevió a
mencionar su ropa interior? Su indignación creció cuando añadió:
―Sabes, podría aflojarlo para ti.
―!Usted-usted bestia! ―exclamo ella, luchando por liberarse del refugio de su capa.
Yago entro en otro bache, desestabilizándolos. Bella grito y se deslizo fuera de su regazo, casi
cayendo al suelo. Un brazo firme rodeo su cintura. Ella hundió sus dedos en un tenso, fuerte
antebrazo.
―Deja de chillar ―su áspera orden resonó. ―! Estas asustando al maldito caballo!
Mordiéndose el labio para contener otro grito, sus dedos subieron de su antebrazo hasta
Clavarse en sus bíceps, desesperada por no caer. De repente, el caballo se encabrito.
Y ella estaba cayendo. Con él. Sus dedos no se desprendieron de su brazo, mientras caían al
suelo en una maraña de extremidades.

3 comentarios:

And dijo...

maravilloso jajajajaj muy bueno se como cómico la pelea entre esto dos pobre bella, la verdad no me gustan casi la novelas de época pero esta me acerca.

gracias por permitirme disfrutar de estas entretenidas lecturas.

Anónimo dijo...

ohhh mi dios.... que buen cap!!!!!

espero que sigas por que esta muy bueno

andreina dijo...

ya quisiera ver que hace esta bella tan salvaje ja ja ja