Dark Chat

martes, 1 de mayo de 2012

Rebelde


CAPÍTULO VII.-RINDIÉNDOSE A LA PASIÓN

Los besos fueron subiendo de tono, respiraciones entrecortadas y dos cuerpos entregándose a la pasión, pero uno de ellos no se sentía del todo cómodo, algo no estaba bien, lo que acababa de pasar en el bar había sido muy extraño y ahora que lo pensaba bien y rememoraba los hechos no estaba seguro de seguir adelante, pero era tan doloroso detenerse justo ahora.
Edward entre toda la calentura sabía que tenían una larga conversación pendiente, su Bella estaba tan extraña, era como si no fuera ella, todavía sentía violencia en su cuerpo y en su alma y sabía que en este momento no era ella misma, pero ¡carajo cómo la deseaba!, más ahora que se estaba entregando a él, tan sensual, tan desinhibida, tan madura.
Pero aún perdido en el deseo sentía que no era correcto, que su niña se arrepentiría de dar ese paso tan grande en esa condición.
- Para Bella, por favor detente
- Cállate Edward, te deseo aquí y ahora
- Amor, por favor conversemos, mañana te arrepentirás de lo que estamos haciendo
- ¿A caso ya no me deseas, es eso?
- Joder niña, estoy tan duro como riel de ferrocarril, te deseo tanto que estoy a punto de cogerte de manera dura y fuerte, pero
- Pero nada vampiro, cógeme duro, haz conmigo lo que quieras, ganaste, soy tuya, siempre tuya, te amo y te deseo
Joder, joder, joder, había esperado tanto por escuchar esas palabras de su niña y ahora que las escuchaba su raciocinio se fue a la mierda.
Paladeaba en su lengua el aroma almizcle de la excitación de Bella, sentía su calor traspasar la escasa ropa que vestía y su erección ya no podía estar más dura y dispuesta a follarla toda la maldita noche.
Las caricias que recibía Bella la llevaban a la locura, nunca se había sentido tan viva, tan deseada, tan mujer, Edward la tocaba con adoración, como si fuera a romperse con su toque y le encantaba que tuviera esa delicadeza y al mismo tiempo esa pasión desbordante.
Edward lentamente la fue desvistiendo y besaba con fervor cada porción de piel que desnudaba, era tan hermosa, su piel lisa, suave, cremosa y sin imperfecciones le quemaban la lengua y los sentidos, nunca en todos sus años de actividad sexual activa había sentido lo que ahora estaba sintiendo, estaba en la gloria, en el puto cielo. Los suaves gemidos de Bella fueron en aumento y eran los sonidos más hermosos que había escuchado jamás.
Al llegar a sus torneadas piernas sus labios quemaban y su boca se llenaba de ponzoña cada vez más mientras se acercaba a su centro delicioso, lentamente le abrió las piernas y un gruñido puramente animal se escapó de su pecho, ella estaba tan húmeda que su crema se deslizaba con descaro por sus muslos, sediento, loco, desesperado le abrió los labios vaginales dejando al descubierto su apetitoso clítoris, con adoración lo envolvió en su lengua perdiéndose en ese mar de lujuria, era simplemente deliciosa, adictiva, una droga que no podía ni quería dejar de consumir.
Bella se arqueaba de placer empujando su pelvis más cerca de la cara del vampiro, jadeaba, gemía y pedía sin tapujos por más, era indescriptible la sensación de la lengua del vampiro en esa área tan íntima y receptiva, nunca pensó que este acto fuera así de delicioso y pecaminoso.
Con dos dedos Edward se adentró en su cuerpo mientras seguía lamiendo y tironeando su clítoris, Dios, Ella era tan jodidamente estrecha que le daba un poco de miedo penetrarla, él era tan grande y fuerte que no estaba seguro si su verga cabría completamente en ella.
Con deleite y un orgullo puramente varonil se dejó endulzar con los gemidos y las palabras entrecortadas y susurrantes de su niña, todo era tan jodidamente especial y nuevo para él, por primera vez estaba haciendo el amor y ese conocimiento lo llenó de una alegría y una satisfacción que rayaba en la locura, se sentía como un adolescente en su primera vez y a la vez un maldito troglodita porque sabía que ella sería suya, nadie más que él estaría así con ella, MÍA, gritaba su interior y se regocijaba de este hecho.
Sintió como sus músculos interiores se estrechaban aprisionándoles los dedos, logrando que su miembro latiera y derramara un poco de líquido pre seminal, nunca había estado tan excitado y era la sensación más placentera que había experimentado, pero sabía que sería mucho mejor cuando la penetrara y cuando bebiera de su sangre mientras alcanzaban el máximo placer.
Bella se corrió gritando el nombre de su vampiro y un gruñido acompañado de una maldición escapó de los labios de Edward, estaba tan excitado que tuvo que tomar su miembro en sus manos y apretarlo para no descargarse como un adolescente humano y primerizo.
Miraba con orgullo a su mujer, se veía tan hermosa después de su orgasmo, su cuerpo brillaba con una película de sudor, sus ojos dilatados, su boca roja e hinchada gracias a sus besos y a las mordidas que Bella se propinaba de tanto placer, sus mejillas sonrosadas y su respiración agitada. Jodidamente hermosa, una diosa del sexo, su mujer, su hembra, su todo.
- Te amo tanto mi Bella, mi niña, si quieres llegar hasta acá te comprendo, no me molestaré
- ¿Estás loco vampiro? ¿crees que he esperado todo este tiempo para quedarme con las ganas de sentirte dentro de mi? – ella sonrió con picardía y Edward se abalanzó a su boca mientras sus manos se perdían en ese cuerpo que estaba como tallado a mano por los mismos dioses.
La acarició entera, excitándola nuevamente, su pene no daba más de la excitación, pero la quería bien lubricada para no hacerle tanto daño.
Sus pechos fueron ahora su diversión, eran tan perfectos, redondos, tersos, llenaban sus manos y sus pezones, Dios, sus pezones eran de un rosa hermoso y ahora estaban tan duros como piedrecillas entre sus dedos. Su lengua prontamente salió a divertirse volviendo loca a Bella nuevamente, ese vampiro era tan jodidamente talentoso en el arte de amar que Bella sollozaba de placer mientras lengua y dedos acariciaban sus pezones sensibles.
Pero Bella quería más, quería nuevamente sus dedos en su vagina, quería sentirlo nuevamente en su centro húmedo y caliente, como si Edward le leyera el pensamiento bajó una mano y tres dedos se perdieron en su interior mientras tironeaba un pezón.
Los jadeos fueron más fuerte y ahora quería sentirlo, quería que terminara la tortura, quería por fin ser su mujer, que la llenara con esa hermosa polla rígida y dura, pero grande fue su asombro cuando la vio, él era tan grande que un miedo se alojó en su interior, de ninguna manera eso cabría en su pequeña vagina, Edward sintió su tensión y reptó por su cuerpo hasta llegar a sus labios.
- Amor, no te asustes, no te haré daño
- Pero es muy grande Edward, no cabrá, me partirás en dos
- No amor, no te lastimaré, te amo demasiado para hacerte daño, estás muy húmeda y ya verás que entrará, pero cuando quieras parar me avisas y te juro que lo haré.
Esas palabras le llegaron al corazón a Bella, Edward la respetaba y la amaba de verdad, tanto como para detenerse si ella lo pedía, ahora el temor se había esfumado, confiaba plenamente en él como nunca antes lo hizo, estaba lista, lo necesitaba, lo deseaba ahora más que nunca.
- Hazlo Edward, necesito sentirte ahora amor, por favor ahora, no aguanto más.
Esas fueron las palabras que Edward esperaba con anhelo, la besó, abrió con delicadeza sus piernas, tomó con una mano su erecto miembro y lo posicionó en su centro, jugueteó un poco sin introducirlo pasándolo por toda su abertura y golpeando su clítoris con él, Bella arqueaba la espalda de tanto placer y anticipación, no quería cerrar los ojos, pero era tan difícil, aún así los mantuvo abiertos, no quería perderse ni un solo momento de lo que estaba viviendo.
Ambos vieron con absoluta enajenación como el gran miembro se adentraba lentamente en su vaina apretada. Edward tenía su mandíbula apretada controlando su movimiento, quería entrar de una vez, penetrarla completamente y perderse en el éxtasis, pero debía ser delicado, entrar suavemente para no hacerle daño. Bella lo sentía en cada pulgada de su ser, era tan grande que le dolía mientras entraba, pero no quería que parara, sabía que dolería, pero también sabía que el dolor pasaría dejando solamente la pasión y el éxtasis del placer.
Cuando llegó a su barrera Edward paró con un gemido que erizó cada vello del cuerpo de Bella, era tan hermoso y sus sonidos eran tan placenteros, tan animal, tan Edward.
Se miraron a los ojos y no fue necesario decir nada, Edward bajó su cara y tomó su boca con pasión mientras rompía su barrera y se asentaba por completo dentro de ella. Estaba perdido en una marea de lujuria, posesión y sed, mucha sed, la sangre de su virginidad la podía paladear en su boca, el aroma lo volvía totalmente loco y tenía que hacer un esfuerzo titánico para no bajar su lengua hacia aquel lugar, él se moría por hacerlo, pero Bella se sentiría incómoda y eso era lo que menos quería en este magnífico momento, pero ¡joder!, era una tentación.
Por fin era su mujer, por fin era suya, sólo suya y su coño tan ajustado lo tenía al borde de la locura. Sabía que su niña estaba sintiendo dolor por ese motivo se quedó quieto hasta que ella se ajustara a su intruso, era doloroso no moverse, no embestirla duramente. Bella sintió que se relajaba un poco, el dolor no pasaba aún, pero ya no dolía como momentos antes, así que movió sus caderas, un indicio silencioso de que estaba lista para continuar. Edward entendió a la perfección y con movimientos lentos pero profundos fue saliendo y entrando dilatando con cada embestida la vagina de Bella que lo recibía a la perfección, era tan apretada que su verga parecía estar abrazada por un guante.
- Oh Dios nena, eres tan ajustada, tan deliciosa, tan jodidamente perfecta, mmmm, eso nena, así, ahhhhh, sigue así. Sin dejar de embestirla bajó una mano hacia su centro y mientras se retiraba levemente tomó con dos dedos el fluido con sangre y se lo llevó a los labios gimiendo extasiado al saborear el dulce elixir de su mujer.
Bella perdió la poca cordura que le quedaba al ver lo que acababa de hacer Edward, era tan sensual, y empezó a mover más enérgicamente las caderas saliendo al encuentro de las embestidas de Edward. El choque de la carne contra la carne creaba una nueva sinfonía maravillosa que llenaba los oídos de los amantes perdiéndolos cada vez más en la maravillosa locura del máximo placer.
- Más Edward, más, más rápido, más duro, ahhhhhh, si así, así…..
Los embates fueron más rápidos, más duros, más profundos, sin poder controlarse Edward tiró su cabeza hacia atrás cerrando sus ojos y mordiendo su labio inferior perdido totalmente. Levantó las caderas de Bella y se impulsó más fuerte. Bella ya no aguantaba más y empezó a contraerse en torno a la verga de Edward, le faltaba poco, tan poco, esa bola estaba en su máximo punto y estaba a punto de reventar llevándola hasta el mismo cielo. El vampiro sintió ese ajuste y soltando las caderas de Bella y pasándole las piernas alrededor de su cintura se acercó a su torso, su aroma se estaba haciendo más concentrado, lamió su cuello deleitándose en su pulso que cantaba feliz para él, sólo para él.
No soportó más espera y hundió sus colmillos extasiado de la sangre que se deslizaba con lujuria por su seca garganta. Bebió como sediento el elixir que le regalaba su diosa mientras ambos alcanzaban el orgasmo y tocaban el cielo con los dedos.
Selló su herida y la acunó en sus brazos mientras le acariciaba la espalda. Sin que Bella se diera cuenta escaneó su cuerpo revisando que no le hubiera hecho daño con su fuerza, todo estaba bien, a pesar de todo en ese sentido si se había controlado.
Se arroparon y mientras Edward la acunaba le recitaba rimas de Gustavo Adolfo Bécquer.
Despierta, tiemblo al mirarte,
Dormida, me atrevo a verte,
Por eso, alma de mi alma,
Yo velo mientras tú duermes.
Despierta ríes y al reír tus labios
Inquietos me parecen
Relámpagos de grana que serpean
Sobre un cielo de nieve
Dormida, los extremos de tu boca
Pliega sonrisa leve,
Suave como el rastro luminoso
Que deja el sol que muere.
¡Duerme!
Cuando en la noche te envuelven
Las alas de tul del sueño
Y tus tendidas pestañas
Semejan arcos de ébano,
Por escuchar los latidos
De tu corazón inquieto
Y reclinar tu dormida
Cabeza sobre mi pecho,
Diera alma mía
Cuanto poseo,
¡la luz, el aire
Y el pensamiento¡
Cuando se clavan tus ojos
En un invisible objeto
Y tus labios ilumina
De una sonrisa el reflejo,
Por leer sobre tu frente
El callado pensamiento
Que pasa como nube
Del mar sobre el ancho espejo,
Diera, alma mía,
Cuanto deseo,
¡la fama, el oro,
La gloria, el genio!
Bella se sumió en los brazos de Morfeo escuchando la suave voz de Edward recitar esas rimas tan hermosas, le parecía tan nuevo que Edward tuviera esa sensibilidad, primero para hacerle el amor y ahora para recitarle al oído mientras la acunaba y acariciaba con ternura.
Edward estaba perdido en un mar de emociones que nunca antes había sentido, había sido una experiencia magnífica tomarla como su mujer por fin, era un nuevo hombre, había renacido en los brazos de su ángel, su hermosa mujer, su rebelde.
No podía despegar sus ojos de ella acurrucada en sus brazos, sintiendo su respiración chocando en su pecho, sus piernas fundidas entre las suyas y su brazo alrededor de su cintura, su Bella era tan posesiva y lo reclamaba con cada partícula de su cuerpo.
Lentamente le acariciaba su brazo, su cara, su cabello, era tan hermosa, tan fuerte, tan especial y allí le llegó la imagen de ella peleando en el bar, había sido tan raro, por un momento la desconoció, sintió miedo de ella, miedo por todos los humanos que se encontraban allí, esa violencia, esa ira la había puesto mal, habría jurado que por un momento era otra persona, esa energía que emanó por apenas unos segundos fue totalmente escalofriante, no podía definir muy bien lo que había pasado, era como si ella hubiera estado poseída y lo más extraño de todo fue que sus amigos, esos chicos tan extraños ni pestañearon, estaban embobados mirándola, pero sin pizca de miedo.
Hablaría con la familia, esos chicos merecían el esfuerzo de investigación, sobre todo porque estaban muy conectados con su mujer, averiguaría todo, eso no quedaría así.
Sus pensamientos quedaron suspendidos cuando Bella entre sueños pronunció su nombre y el vampiro olvidó todo, sonriendo la apretó más a su cuerpo mientras besaba su cabello deleitándose con su aroma.
A las dos horas sintió a Bella incómoda y ahí cayó en cuenta de que aparte de estar medianamente adolorida como era natural, él no había tenido la delicadeza de limpiarla, eso era imperdonable, así que se levantó silenciosamente y mojando una toalla con agua tibia procedió a limpiarle la entrepierna, pero al tratar de iniciar el trabajo se quedó paralizado mirándola, Dios, era tan hermosa y su centro era simplemente delicioso, el panorama era perfecto, su centro contenía el flujo de los dos y además estaba teñido con la sangre de su inocencia entregada, dejó la toalla a un lado y mandó todo a la mierda, no pudo aguantar más y acercó su cara al oasis que esperaba por ese sediento.
Primero aspiró lujuriosamente y la pasión recorrió cada partícula de su ser, la miró y ella aún dormía, lentamente, disfrutando cada segundo acercó su boca y lamió sus muslos quitando el rastro de fluidos llegando a su centro caliente y húmedo, era delicioso, putamente contenía el mejor manjar para él, sus flujos y su sangre, el cóctel perfecto que necesitaba para ser feliz por toda su eternidad.
Lamida tras lamida la fue dejando limpia y con una calentura monumental, su falo estaba jodidamente duro. Bella empezó a despertar al sentir tanta calor, tanta, sin estar del todo despierta su cuerpo se arqueó y despertó del todo al escuchar el gruñido.
Al darse cuenta de lo que estaba haciendo Edward rió pasionalmente, la vista era espectacular, ver a Edward perdido entre sus piernas lamiendo como desesperado era muy, muy sensual.
Esa noche la tomó lentamente, porque Bella aún estaba un poco adolorida, él trató de comportarse como un caballero, pero era un puto egoísta y cuando Bella le dijo que quería hacerlo de nuevo él no se negó más y se entregó nuevamente a la pasión que los envolvía.
Se olvidaron de todo y así recibieron el nuevo día amándose, por supuesto los Cullen no estaban allí para ser testigos de esa pasión que calcinaba todo a su alrededor, habían desaparecido en el bosque tan contentos y esperando que ahora todo felicidad, los dos se lo merecían.
Cuando regresaron los amantes aún estaban encerrados, pero estaban descansando, por lo menos Bella. No los molestaron por el resto de la mañana.
Por la tarde bajaron tomados de la mano e irradiando felicidad, todos estaban sorprendidos por esa aura de tranquilidad, amor y pasión que desbordaban los jóvenes, por fin la familia estaba completa y feliz.