Dark Chat

martes, 9 de agosto de 2011

Vida : Dulce Inmortalidad

Capítulo Décimo Noveno: La Captura

La esposa de Aro se había quedado tan boquiabierta como todos cuando un emocionado Carlisle había confirmado por enésima vez lo imposible: Yo estaba embarazada. Mi temperatura parecía haberse estabilizado, y aún no había una respuesta lógica y científica para lo que me había pasado, primero había estado envenenada, a punto de morir y ahora estaba gestando un hijo, hace un par de semanas era una vampiro ahora era media humana. Mi vida era sin duda una montaña rusa no sólo de emociones, permanecía en la cama recostada, junto a mi estaba Edward Junior durmiendo apaciblemente, no me cansaba de mirarlo, era increíble pronto sería madre de dos pequeños y pensar que eso era imposible hasta hace un par de meses. Una sonrisa se dibujo en mi rostro y aunque todos pensaban que era nefasto yo estaba ilusionadísima. Al principio no le había tomado el peso al asunto y no veía nada malo en mi estado de gravidez, hasta que sentí los murmullos de Edward que conversaba con Jasper. Me levante y me acerque a la puerta prestando atención en lo que decían.


- Ahora más que nunca no debemos llevar a Bella con ellos. Le hacia ver Jasper a Edward.


- Tal vez tienes razón, pero a pesar que ella se sienta bien, aun no sabemos los efectos a largo plazo de esto, necesitamos respuestas Jasper y no tenemos nadie más para darlas. Susurró Edward mirando de vez en cuando la puerta de nuestra habitación.


- ¿Qué crees que harán cuando sepan que ella pudo concebir un hijo siendo mitad vampiro? Formulo como pregunta Jasper, hubo un tenso silencio.


- No tenemos alternativa. Respondió resignado Edward.


- No pienso igual, al menos posponlo hasta que tu hijo nazca. Insistió Jasper


- Pero eso es justamente lo que no sabemos, que tal si no nace, si Bella muere antes. No sabemos nada, estamos a ciegas. Refuto mi esposo con evidente pánico en la voz.


- La matarán eso puedo apostártelo. Magullo entre dientes Jasper y de pronto sentí la voz nerviosa de Alice desde el pasillo, los pasos me corroboraron que ambos se habían ido.


Aquella conversación me había hecho pasar en vela gran parte de la noche por no decir toda, casi al amanecer el sueño me había vencido y en realidad cuando desperté no tenia claro cuantas horas había dormido pero a juzgar por la sensación de aturdimiento habían sido unas cuantas. Ya estaba entrando la noche nuevamente, lo que significaba que habían sido por lo menos 14 horas de sueño interrumpidas. La impaciencia de Carlisle por sacarme del departamento me pareció extraña en un principio, pero todo se aclaró cuando constante que ni Edward ni el resto de la familia se encontraban por lo tanto tenía pocos minutos para lograr lo que estuviera tramando sin que el resto se enterara evidentemente. Bajamos sigilosamente hasta el estacionamiento del edificio donde nos encontrábamos y cuando me abrió el asiento del copiloto de su coche lo miré dudosa.


- ¿Dónde Vamos? Le pregunté intrigada mientras me subía.


- A conocer a tu hijo. replicó él sonriéndome emocionado.


"Clínica Veterinaria" decía el letrero del lugar hasta donde me había traído, lo miré sorprendida. El abrió la puerta trasera del lugar y vi a La esposa de Aro, detrás de ella, quien me sonrío.


- No podemos llevarte a un hospital, ellos tienen contactos en todas partes. Se excuso está al ver la expresión de mi cara.


- No hay problema. Respondí resignada mientras me levantaba la polera.


Observe impresionada mi vientre, no me había percatado que estaba abultado, demasiado para haber descubierto mi embarazo recién ayer, y más considerando que la concepción también había sido hace escasos días. El moretón estaba flamante en mi vientre, y no se movió ni un centímetro cuando Carlisle deslizó el aparato sobre él. De pronto un estrepitoso sonido comenzó a sentirse, era demasiado rápido para ser un corazón normal, pero tenia cierta similitud con él mío. Sonreí embobada cuando lo vi apuntar en la pantalla la silueta de mi bebe y me impresiono aún más lo desarrollado que estaba para tener días de vida. Pero de pronto la pantalla se torno negra y un fuerte dolor embargo mi cuerpo, sin poder contenerme comencé a vomitar nuevamente sangre, mi cuerpo comenzó a temblar estrepitosamente, y La esposa de Aro miró a Carlisle desesperada, pude ver que sus ojos se tornaron de un rojo intenso.


- No fue buena idea. Comentó está con voz estrangulada.


- Será mejor que la llevemos de regreso a casa. dijo Carlisle al tiempo que me tomaba entre sus brazos.


- Estoy bien… sólo dame unos segundos. interrumpí limpiando la sangre de mi boca y tratando de mantener la calma.


Íbamos saliendo del lugar cuando Carlisle congeló su andar y vi como La esposa de Aro se ponía frente a nosotros protegiéndonos de alguien, no fui conciente de quien se trataba hasta que ella dijo su nombre.


- Aro. Balbuceo con pavor.


- Siempre supe que me engañarías algún día pero jamás pensé que sería con mi viejo amigo Carlisle. Su tono de voz era seco y con un dejo de amenaza.


Carlisle me puso de pie en el suelo y oculto mi cuerpo detrás del suyo de manera protectora, yo me aferre a su brazo y escondí mi rostro en su espalda. Nuevamente desee con todas mis fuerzas que Alice me estuviera viendo mi futuro, pero esta vez no tendría tanta suerte pues recordé sus palabras: no podía verte. Había confesado en reiteradas ocasiones desde que había regresado de mi primera captura. Hubo un silencio hasta que Aro lo rompió.


- Te comieron la lengua los ratones querida. Pude ver el sarcasmo en la forma que lo dijo, pero la vampiro no respondió, fue Carlisle quien lo hizo.


- Aro… no hemos venido en son de guerra, sólo queremos… Comenzó a explicar, su tono era calmado y amable pero fue interrumpido abruptamente.


- Yo tampoco querido amigo. Se defendió el vampiro con evidente impaciencia. De un movimiento tomo a su esposa por el brazo fuertemente para apartarla de nosotros y la arrojo contra dos cuerpos que se habían materializado de la nada junto a él, seguro eran vampiros, estos la sujetaron


– Sin embargo debo insistir en lo que quiero – murmuro mientras se acercaba a nosotros. Miré hacia atrás rápidamente evaluando las posibilidades, no eran muchas pero debía intentarlo, solté el brazo de Carlisle y corrí. No alcance a llegar muy lejos cuando una figura esbelta y andrógena se materializo frente a mí, era tan diminuta como Alice, su cabello era castaño claro lacio, llevaba ropa negra y sus ojos me dejaron pasmada en mi sitio, eran de un carmesí apagado.


- ¿A donde crees que vas? Me dijo con tono infantil, y pude reconocer su voz, era la misma del callejón.


- Jane… por favor no juegues… simplemente tráela. Instó una voz detrás de mí, de reojo vi que aquella voz pertenecía a un hombre, bastante grande, alto y de espaldas fornidas.


- Tú siempre tan aburrido Félix. Bufo entre dientes la muchacha mientras me sujetaba por el cuello, me empujo contra su compañero quien me atajo entre sus brazos.


- De donde las sacara Edward. Comentó divertido por la circunstancia.


Carlisle observo la escena en pánico, ellos me habían atrapado y ahora nadie podría detener lo que pasaría a continuación.


- Por favor Aro… ella no lo resistiría… conminó Carlisle, en un afán de detenerlo.


- ¿Piensas que voy a lastimarla? Pregunto éste mirándolo incrédulo haciendo un gesto lastimero – Me insultas… no soy un monstruo, sólo quiero respuestas al igual que tú, ¿es eso un pecado? Susurró cambiando su expresión dura a otra menos severa se acerco a mi lentamente, traté de alejarme pero los brazos que me mantenían presa me lo impidieron. Comencé a temblar y mi corazón pareció detenerse junto con sus pasos a una corta distancia de donde estaba para sorpresa de todos me extendió su mano.


- ¿Quieres saber que te esta sucediendo? De pronto la conversación que había tenido Edward con Jasper en el pasillo se vino a mi mente, él era el único que podría resolver este acertijo y si quería llevar a termino mi embarazo, sobreviviendo en el proceso, mi única alternativa posible era confiar en él. De pronto su proposición no parecía tan descabellada después de todo, dude un instante y extendí mi mano pero la detuve antes de tocar la suya.


- ¿Carlisle podrá venir conmigo? Pregunte temerosa.


- Sí así lo deseas… no soy tu enemigo Bella. Me insistió pero yo miré los ojos aterrados de su esposa que demostraban lo contrario.


- ¿Qué sucederá con ella? Pregunte mirándolo tratando de parecer resuelta.


Para poder convivir en paz Bella, hemos creado reglas. Reglas que nos mantienen protegidos y mi amada esposa ha rota unas cuantas, poniéndote en peligro no sólo a ti y a los tuyos sino a toda nuestra especie – hizo una pausa al ver la expresión de mi rostro – pero siempre he creído en las segundas oportunidades – finalizo, queriendo parecer persuasivo. Aterrada que perdiera la paciencia, tome su mano finalmente y esté sonrío acercándome a su cuerpo, vi como cerro sus ojos por un instante.


- Interesante. Murmuro soltando mi mano, me sujeto por la cintura haciéndome caminar hasta un auto negro estacionado a una corta distancia, abrió la puerta y amablemente nos instó a entrar al automóvil








Muy Salvaje Para Ser dominado

CAPÍTULO 04



Edward caminaba a grandes zancadas afuera de la posada, su cuerpo abriéndose paso a través del viento y la lluvia, mientras trataba de bloquear la imagen de unos límpidos ojos Marrones y unas largas pestanas negras como el carbón. De la dulce inocencia envuelta en un envase descarado.

Camino más rápido, huyendo de la posada y del agudo recordatorio de todo lo que no podía tener.

Maldiciendo, se detuvo bruscamente y volvió la vista a las lineas sombreadas de la posada, luchando contra la abrumadora necesidad de regresar, para ver que ella se había quedado donde fuera seguro y cálido ―para martillar las paredes de su reserva, propias de una dama, y sentarla en su regazo para un profundo beso.

Dios mío, .que estaba haciendo sin una adecuada chaperona? Ella no tuvo que decir nada para que el supiera que era una dama. Típica sangre azul. Una mujer tan obstinada necesitaba una supervisión constante. La tonta realmente insistía en aventurarse a salir en una noche como esta.

Lo único que el temía era que ella pudiera encontrar a alguien dispuesto a ayudarla.

Edward sacudió violentamente su cabeza. Ella no era su responsabilidad. Y una dama decente como ella a bien seguro que nunca lo seria.

Se dio la vuelta y entro en la herrería, resistiéndose a la cadena invisible que parecía conectarlo a la posada ―a ella. Unas palabras con el herrero y tenía una montura. Balanceándose encima del caballo, volvió a mirar fijamente la posada, todavía sintiendo la fuerza infernal que lo impelía a volver a entrar. Ella no había querido que se fuera. No había dicho las palabras, pero en las había visto en sus ojos. Podía regresar. Podía ver solo cuan fuertes estaban construidas las paredes de su reserva. Si el fuera diferente, tal vez lo haría.

La vieja y corrosiva desolación se fue deslizando a través de el con la lenta insidia de un

Predador al acecho. Una desolación que no había sentido en años. No desde que había aprendido a conformarse. No desde que el mismo se había educado para resignarse. No desde que había dejado de desear lo que nunca podría ser.

Della. Como una balsa en un mar inquieto, su rostro surgió en su mente. Della le ayudaría a olvidar. A olvidar a la muchacha que provoco dolorosos recuerdos de lo que nunca podria ser suyo. Ella borraría la desolacion que lo atrapaba. Haría uso de su cuerpo, se hundiria en su calor familiar y se diría que eso era suficiente.

Insto a su caballo al galope, chapoteando a través de la aldea sin preocuparse por su propia seguridad. Un hombre como el habia renunciado a preocuparse por su propio bienestar hace mucho tiempo.

Algunos días contemplaba poner un abrupto final a todo. No cometería el error, que así lo

Consideraba, de suicidarse. Su madre eligió la ruta del cobarde y el no haría lo mismo. Sin

embargo, un accidente casual, fruto de uno de sus riesgos temerarios, sería mucho más amable que el destino que le esperaba.

Azuzo su montura con más dureza, decidido a irse lejos, muy lejos de la posada. Y de la

Pequeña muchacha dentro, que le hizo desear que las cosas fueran diferentes, que el fuera diferente ―no un hombre ligado al deber, a la responsabilidad, y a una maldición que nunca podría dejar atrás.

Bella entro a la lúgubre taberna a la mañana siguiente, su ceno fruncido airadamente por su intercambio con el posadero. Hombre horrible. Sin un gramo de bondad.

―Al menos podemos desayunar ―dijo Nettie con mucho ánimo, demasiado, presionando una mano sobre su estomago, como para evitar el hambre. ―Estoy muerta de hambre. No puedo creer que no dejara que cenáramos la noche anterior.

Bella cerro brevemente los ojos y estiro el cuello, tratando de aliviar el calambre doloroso, sin duda el resultado de compartir una cama demasiado pequeña con Nettie en la habitación del ático con corrientes de aire, los alojamientos más baratos que tenían. Edward había estado en lo correcto. Nadie se intereso en salir con la tormenta. Sobre todo porque no disponía de monedas con las que interesar. Como resultado, Bella y Nettie habían pasado la noche abrazadas en busca de calor, debajo de una manta rasposa y gastada. Después de una noche como esa, las quejas de Nettie no encontraron la habitual tolerancia de Bella.

―Te explique anoche…

―Si, si ―interrumpió Nettie con un gesto de la mano. Lanzo una estrecha mirada a la muñeca de Bella. ―Es una lástima que no pensara en ofrecer su brazalete antes. Nos podríamos haber ido a la cama sin hambre.

Bella apretó su ridículo, el peso de las monedas, un doloroso recordatorio de lo que sacrifico.

La idea de canjear el brazalete se le había ocurrido la noche anterior mientras miraba a ciegas en la oscuridad, enferma de preocupación sobre cómo iba a pagar al posadero a la mañana siguiente.

Se froto la muñeca, ahora desnuda. Su madre le había enviado la baratija de Italia hace tres años. Bella rara vez recibía correspondencia de su madre, y mucho menos regalos. El brazalete había sido especial. Había sido… Ahogando un suspiro, su cabeza dio una pequeña sacudida, parpadeando por el escozor de las Lagrimas. Ella no iba a llorar por algo tan insignificante como un brazalete. Solo plata y piedras. No era su madre.

Bella dio a la taberna lóbrega, precaria y poco acogedora a la luz del día, una amplia mirada, negándose a admitir que buscaba a alguien en particular, esperando, aun cuando no había ninguna esperanza que lo volvería a ver. Por alguna razón, Edward había ocupado sus pensamientos

Hasta mucho después de haberse ido la noche anterior. Incluso cuando había conseguido

Dormirse, había invadido sus sueños, sus perversas manos y su boca haciéndole a su cuerpo todo lo que su ardiente mirada había prometido.

Se le escapo un necio y decepcionado suspiro. No se le veía por ninguna parte. En cambio, su mirada se poso sobre una figura familiar. Se puso rigida.

Alli, en un rincon de la mesa, estaba sentado su conductor, agazapado con una caña de cerveza.

Ella irrumpio en la habitacion, haciendo caso omiso de su tobillo dolorido, sin prestar atencion a los mareos que le provoco el brusco movimiento.

―!Billy! .Donde has estado?

Parpadeando con sus ojos nublados, el levanto la jarra de cerveza en una burlona senal de

saludo.

―Hola, milady, .que hace aqui?

―.Yo? .Yo? ―Bella no pensó en su voz elevada o en el dolor que comenzaba a sentir en sus sienes, solo en que John estaba sentado ante ella bebiendo su cerveza sin preocuparse por las mujeres que tenía a su cargo ―las mujeres que había abandonado. ―Debería azotarte con una fusta. !Se suponía que ibas a buscar ayuda y regresar por nosotras ayer!

―Si, tu maldito sinvergüenza. .Donde demonios has estado? ―añadió Nettie cuando llego al lado de Bella, por fin mostrando algún disgusto por su abandono.

Billy se puso pesadamente de pie, tirando de su arrugada librea azul para ordenarla un poco.

―No hay necesidad de enfadarse, mi lady. Estaba en camino de recogerlas.

―.Esta mañana? ―Nettie apoyo ambas manos en sus generosas caderas. ―Muy amable de tu parte.

Billy hincho su pecho de tonel, sus peludas cejas se inclinaron hasta juntarse mientras miraba fijamente a Nettie.

―Ahora veamos, yo no dejare que una pequeña golfa como…

―Basta. Los dos ―ordeno Bella, presionando el dorso de la mano primero a una mejilla

Acalorada, luego a la otra. Emitiendo una profundo y tembloroso suspiro, sin prestar atención a la forma en que su cabeza le daba vueltas, dijo:. ―Simplemente quiero llegar a Massen Hall... como deberíamos haber hecho ayer ―miro a Nettie. ―Olvídate del desayuno. Quiero que nos vayamos de aqui. Ahora.

Por una vez, los dos obedecieron y la siguieron cuando salió de la posada. Las nubes cubrian el cielo, podían ser restos de la tormenta de ayer, o una señal de mas lluvia por venir. Una niebla fría se aferraba al aire y ella levanto la barbilla, contenta por ello, con la esperanza de que podría refrescar su rostro acalorado.

Una vez instalados en el carruaje, ella se recosto en los respaldos y cerró los ojos.

―.Se siente bien? ―pregunto Nettie.

―Si ―contesto Bella, con los ojos todavía cerrados. Un temblor la sacudió, desmintiendo sus palabras.

―Se ve horrible.

―Bien ―Dios no permita que le pareciera atractiva al Conde de Massen. Podría declararse.

―Bienvenida, Lady Bella. La hemos estado esperando ―la Condesa viuda de Massen se

Deslizo hacia delante, con la cabeza en alto, perfectamente peinada, un gordo gato persa, de color negro, metido en un brazo.

Bella parpadeo, encontrando dificil reconciliar la graciosa criatura en el elegante salon como la amiga de la infancia de la abuela. Ambas eran de edad parecida, ambas viudas de alto rango, decididas a ver a sus nietos casarse. Pero la similitud terminaba ahi. Lady Massen era delgada y elegante, un horizonte de encanto en muselina azul profundo. La abuela de bella se apegaba exclusivamente a las ropas de luto por su viudez, como lo habia hecho en los ultimos veinticinco años. Nada, salvo bombasí negro, colgado en su armario.

―Al parecer olvidaste informarme que ibamos a tener compania, abuela ―la declaracion

provino de una mujer sentada en una silla rigida de terciopelo. Ella y una mujer mas joven

ocupaban la silla. La que hablaba empujo otro gato persa lejos de sus faldas, su expresion recelosa, mientras recorría a bella de pies a cabeza.

Lady Massen arrojo a la mujer una mirada gelida.

―En realidad, debo haber olvidado mencionarlo, Rosalie.

Con la sonrisa serena de nuevo en su debido lugar, la condesa enfrento a Bella, unos

Penetrantes ojos azules examinándola de cerca. Bella reconoció la inspección. La había sufrido una y otra vez. La critica evaluacion de su aspecto, su forma, el intento de determinar si ella satisfaria como candidata a novia.

Bella ahogo un suspiro, deseando poder poner fin al fingimiento, deseando poder abrir la boca

Para proclamar que nunca seria de la satisfacción del conde de Massen. Sin duda, ahorraría a todos los involucrados una gran pérdida de tiempo. Pero eso nunca lo haría. Tenía que espantarlo como con los demás. Tenía que parecer como si ella intentara ser adecuada. Su familia nunca podía saber, nunca debería sospechar que deliberadamente ahuyentaba a sus pretendientes.

Después de todo, tenía planes. Y no incluían el matrimonio.

―Siento que ya la conozco por las cartas de Robbie.

Bella se sorprendió. .Robbie? Algo de su conmoción debía haber sido evidente porque Lady Massen rio, un rico sonido gutural muy en desacuerdo con la imagen muy propia, que tenia con su vestido de cuello alto. Ni una sola arruga en la tela almidonada de su vestido. Ni un cabello rubio de plata fuera de lugar. Con su vestido de viaje arrugado y el pelo revuelto, Bella se sentía andrajosa y descuidada en comparación.

―Veo que nunca ha escuchado a alguien referirse a su abuela como Robbie.

―No ―Bella nunca habia oido a alguien usar el nombre de pila de su abuela: Roberta.

―Perdoneme. Supongo que es bastante poco digno ―Lady Massen la llevo a un sofa

recubierto de brocado y le hizo señas para que se sentara. ―Restos de habitos de la infancia.

bella se hundio con un suspiro agradecido. Por alguna razon, sus piernas se sentian debiles y temblorosas. Lady Massen se sento a su lado. El gato de inmediato se acurruco entre ellos y se puso a frotar el muslo de bella con sus patas. Incluso a traves de la falda, podia sentir las diminutas garras como dagas.

―Estas son mis nietas ―Lady Massen señalo a las dos mujeres jovenes frente a ellas.

―Rosalie y Mary Alice.

―He deseado tanto conocerla, Lady Bella ―gorjeo Mary alice , bastante animada desde

donde estaba sentada. ―Por favor, llameme Alice.

Lady Massen acaricio el oido de otro gato que aparecio como por arte de magia en el brazo del sofa.

―Quedate quieto, hijo. No queremos que bella piense que eres un maleducado.

―Al parecer ―comenzo Rosalie con una voz plana, aun empujando al gato con la punta de su zapato, ya que entraba y salía de debajo de sus faldas, ―no estamos todos sorprendidos por su llegada. Siendo ese el caso, .por que no me aclara algunos puntos, Lady bella? .Desde donde ha viajado para honrarnos con esta visita? .Y cuanto tiempo piensa quedarse?

La palabra honrarnos fue pronunciada con tal desprecio que bella de inmediato supo que se habia ganado ya la desaprobacion de una Massen.

―Desde Londres... y por favor llameme bella ―bella dejo la ultima pregunta sin respuesta.

Rosalie arqueo una ceja.

―Pero se va a perder la temporada. Sin duda, desea volver pronto.

bella frunció el ceño, sin saber que había hecho para ganar tal inmediata aversión. Por lo

general, requeria un poco de tiempo y esfuerzo de su parte.

Lady Massen se aclaro la garganta y clavo una dura mirada en su nieta. En ese instante, bella reconoció la similitud entre la condesa y su abuela, y podia entender como las dos habían formado un vinculo que duraba cincuenta y tantos años. Las dos tiranas gobernaban con mano de hierro a todos los de su entorno.

―Ella acaba de llegar, rosalie. No ahuyentes tan pronto a nuestra invitada con tus

preguntas indiscretas ―apartando bruscamente la mirada, ignoro a su nieta mientras servia una taza de te con el servicio impecablemente pulido ante ellas. ―Vamos, Portia, esto la reanimara.

Que dia horrible para viajar. Usted no podria creer que es primavera.

Las palabras de Lady Massen resonaron dentro de su cabeza, recordandole su intercambio con un cierto extraño de pelo oscuro y su rápida replica que aun no era primavera. Una pequeña sonrisa curvo sus labios. Se pregunto si ella se quedo en su memoria de la forma en que el se quedo en la suya, entonces dio una rapida sacudida a su cabeza. Tales pensamientos eran tonterias. Paparruchas romanticas que no tenian lugar en su vida.

―Gracias, Lady Massen ―acepto la taza y tomo un trago largo, se dijo que el liquido caliente deslizandose por su garganta la hizo sentir mejor. Envolviendo sus dedos frios alrededor de la taza de te caliente, trato de ignorar al gato que afilaba sus garras en su muslo.

Un fuego crepitante ardia en las inmediaciones en una chimenea tan grande que bella podría caber dentro de ella. En casa, solo podían permitirse quemar nada mas que carbón. De todos modos, el lujo de esos leños ardientes hizo poco para calentar su sangre.

―Tiene que contarme todo sobre la ciudad ―dijo alice entusiasmada, sus ojos azules

brillando.

bella le dirigio una debil sonrisa.

―.Que quiere saber? ―pregunto, fingiendo no darse cuenta de la mirada furiosa de

rosalie.

―Todo. No deje nada fuera ―alice aplaudió con deleite. ―Almack’s, Vauxhall, los teatros... .son los bailes realmente esplendidos? .Ha conocido a nuestra joven reina? .Como es ella? ―ella

fruncio el ceño. ―Mi hermano no me permite ni asistir a una asamblea local. El es un absoluto tirano.

bella arqueo una ceja mientras dejaba su taza de te con una mano que movio con molestia. El conde parecia un patán viejo y aburrido. Tendria que reevaluar su plan para ahuyentarlo. Las diatribas sobre las innovaciones de la construcción de los caminos en la Roma antigua podrían no ser tan aburridas a un profundo pedante. Tal vez necesitaría parlotear sobre la moda y los últimos cotilleos. O tal vez de las actuales filosofías sobre el otorgamiento de poderes a las mujeres. Lo que debería ahuyentar a cualquier caballero reacio a la sociedad, a sus maneras y a las mujeres librepensadores.

―Y no crea que he tenido una presentación en sociedad ―continuo diciendo alice,

Presionando una mano en su pecho. ―.Lo puede imaginar? Veintiún años y nunca una

Temporada. Es una barbaridad.

bella podría pensar en mil cosas mas barbaras que esa ―las pobres condiciones sanitarias en los barrios bajos de Londres, un verdadero caldo de cultivo para las epidemias de colera, fiebre amarilla, influenza y tifus; mujeres que vendían sus cuerpos para alimentar a sus familias hambrientas; niños que trabajaban largas horas extenuantes en fundiciones inseguras por salarios miserables, ―pero se mordió la lengua. Este no era ni el momento ni el lugar para airear sus muchos puntos de vista sobre la reforma de la sociedad.

―Suficiente, alice ―dijo su hermana a traves de sus labios apretados, dejando la taza en el plato con un tintineo agudo. Sin bajar la mirada, Rosalie le dio al gato, frente a sus tobillos, una patada. Con un maullido adolorido, la bola de piel cruzo velozmente la habitacion en un borron color gris.

―Rosalie, deja de atormentar a Cleo ―reprendio Lady Massen, volviendo su mirada

Agraviada a bella. ―Está siempre hostigando a mis pobres mascotas.

―Mi hermano es un tirano ―repitió alice, su bonito rostro fruncido en una mueca.
 
―Todavia podemos influir en tu hermano para darte una temporada. No has perdido

completamente tu juventud ―suspirando, Lady Massen miro a bella con ojos lastimosos. ―Es tragico, pero mi nieto... tiene unos principios que le han impedido hacer las presentaciones a sus hermanas. .Qué edad tenía cuando tuvo la suya?

Portia se humedecio los labios, odiando ser utilizada como ejemplo.

―Diecisiete.

―Y aun soltera ―se apresuro Rosalie a señalar, su voz resonando de presumida

satisfaccion. ―Mira, abuela, una temporada no garantiza el matrimonio.

―No tengo ninguna duda de que tu te quedaste para vestir santos, Rosaliee. .Pero alice?

―Lady Massen sacudió rápidamente su cabeza, oscilando sus brillantes pendientes de zafiro y diamantes. ―Ella aun tiene posibilidades.

El color inundo la cara de Rosalie y bella sintió una punzada de empatía. Había crecido

Acostumbrada a los insultos velados ―y no tan velados. Ella sabía de primera mano cómo se sentia el ser despreciado por la propia familia.

Lady Massen chasqueo la lengua.

―No frunzas asi el ceño, Rosalie. Te envejece.

Con una sonrisa triste dirigida a bella, Lady Massen selecciono una galleta del servicio,

Aparentemente ignorando haber ofendido a su nieta, mientras comenzaba a lanzar pedazos de comer al gato, que arañaba el muslo de bella. Al instante, gatos de todos los colores y tamaños cayeron sobre el sofa. bella se trago su grito de sorpresa ante la invasion. .Cuantos malditos gatos tenia Lady Moreton?

―Es horriblemente injusto ―se quejo alice, alegremente inconsciente de que bella se

defendia afanosamente de un ejercito de felinos. ―En poco tiempo, yo tambien debere

quedarme para vestir santos.

Con el color manchando sus mejillas, Rosalie murmuro:

―Estoy segura que Lady bella no desea oir tu charla sobre las injusticias de tu vida.

El labio inferior de alice se hizo mas prominente en una mueca, mientras bella botaba a la alfombra una gata flaca y luego otra, que parecia ser su gemela.

―No me importa…

―Oh, pero a mi si, Lady bella ―la hermana mayor Massen fijo una fria mirada sobre ella.

bella parpadeo.

―Oh, deja de ser una arpia, Rosalie ―reprendio Lady Massen, por sobre una cacofonía de

ronroneos.

bella bajo su taza y presiono el dorso de su mano sobre su cara, consternada al sentir que el sudor salpicaba su frente. Sobre todo porque se sentia tan terriblemente helada.

―.Se siente bien, bella? alice se inclino hacia adelante, su frente lisa arrugada de

preocupacion. ―Se ve un poco…

―Desmejorada ―aporto Rosalie.

Con la empatia por Rosalie desapareciendo rapidamente, bella confeso:

―En realidad, estoy muy cansada. Ha sido un largo viaje.

Lady Massen rapidamente se puso de pie, los gatos saltando al suelo en todas direcciones.

―Por supuesto, que grosero de mi parte someterla a tanta emocion. Dejeme mostrarle su

dormitorio, querida.

bella se levanto, dispuesta a seguirla, cuando la puerta de la sala se abrió.

No. Su corazón dio un vuelco y se agarro al respaldo de una silla cercana para apoyarse al verlo entrar en la sala.

El se detuvo un momento, mirando el cuadro sorprendido ―no mas que ella ―ante sus rápidas y largas zancadas, que consumían la distancia que los separaba, avanzando sobre ella como una especie de ángel oscuro en busca de venganza.

Edward Por un breve y desconcertado momento, se pregunto por qué había venido a buscarla. Seguro que no tenia intención de llevar a cabo la promesa perversa de su ardiente mirada. Por supuesto que no. Sus ojos brillantes no revelaban ninguna alegria al verla, solo una determinación inflexible.

―.Que diablos estás haciendo tu aqui?

―!Edward! ―exclamo Lady Massen, mientras bella permanecía en silencio, con las

piernas temblorosas, sintiendo como si pudieran fallarle en cualquier momento. ―Esta es Lady Bella, nieta de mi querida amiga, la Duquesa viuda de Derring, y !harías bien en cuidar tu lenguaje!

La comprensión se apodero de ella, amarga como un viento frio. Edward era el Conde de

Massen. Su pretendiente. El hombre con el que su abuela pretendia que se casara.

Su gran cuerpo aparecio en el centro de la sala, empequeneciendo los delicados muebles,

fruslerias y cachivaches tan inherentemente femeninos, haciendolo aun mas amenazador

―masculino, todo lo que recordaba de la noche anterior.

Sus tormentosos ojos verdes se volvieron hacia Lady Massen.

―Dime que no enviaste por ella.

El calor ardiente abraso las mejillas de bella y hundió sus dedos en la madera de la silla,

Sintiendo que una una hacia una grieta por la presión.

―Ciertamente lo hizo ―expreso Rosalie. ―Quiere que te cases con ella.

Su mirada apuñalo a Bella una vez mas, inmovilizandola al lugar ―como ese cuchillo que había clavado en la pintura de la posada.

―.Es esto todo lo que pudiste encontrar, abuela? ―su ardiente mirada abrasándola. Una Muestra del infierno, seguramente. ―Haria falta mucho mas que esta pequeña buscona para tentarme.

bella jadeo, el latigazo hiriente de sus palabras tan eficaz como una fusta. Aunque habia sido su intención ahuyentar al conde, era algo muy diferente ser rechazada de plano de esta manera tan humillante.

―!Edward! ―exclamo Lady Massen, distintivos gemelos tinendo de rojo sus mejillas

Mientras miraba de uno a otro, entre su nieto y bella.

―!Maldito seas, Edward! ―siseo alice. ―.No puedes siquiera pretender ser un caballero?

El ni siquiera parpadeo ante la censura de su familia. Su mirada plateada la mantenía

Prisionera. Un musculo en su mejilla se marcaba peligrosamente. Ella hizo su mejor esfuerzo para devolver su ceño oscuro con uno propio en igual medida, pero temía que ella apenas parecía enfadada. Nadie podía parecer tan despectivo y amenazador como el hombre de pie ante ella. Su furia era palpable, ardiente.

―Súbete a tu carruaje ―comenzó, su voz baja y profunda como el gruñido de un lobo, ―y

regresa directamente por donde viniste. Aquí no vas a atrapar ningún marido.

Su rabia llego a un punto de ebullición. La furia la consumía. Furiosa con su hermano, por

necesitar que se casara; con su cuñada, que la importunaba para hacerlo; con su abuela, que la enviaba en esta tonta misión en primer lugar, y con su madre, que hace tiempo le habia prometido un tipo diferente de vida.

Por encima de todo, estaba furiosa con el canalla parado delante de ella. El hombre que ayer le habia calentado la sangre y la había llenado con un deseo que nunca antes habia sentido.

Con los labios apretados, asintió enérgicamente. El movimiento hizo que la sala girara ante ella y se tambaleara hacia atrás de la silla. Abriendo su boca, inhalo una bocanada de aire para tranquilizarse y pronunciar un feroz desprecio. Para informarle al bruto que nada le interesaría mas que despedirse de su hospitalidad.

Desafortunadamente, el flujo de sangre a su cabeza le robo las palabras. Cerro los ojos ante los puntos que bailaban ante su vision. No sirvio de nada. Los mareos recorrieron todo su cuerpo y la bilis subio a su garganta.

Balanceándose, apenas registro las exclamaciones mientras se doblaban sus piernas, y la

Oscuridad llegaba a raudales.