Dark Chat

lunes, 28 de diciembre de 2009

TE AMO AUN DESPUES DE LA MUERTE

Cap. 17 TE AMO HASTA LA MUERTE


What was summer like for you?" She asked him with a smile



"What's tomorrow without you?" he silently replied "This is our last goodbye?”


He said


"I will always be with you. By the anchor of my sorrow


There's no end cause all I know, or ever knew, is I love you, I love you to death"


"´¿Cómo fue el verano para ti?" le preguntó ella con una sonrisa


“¿Qué es el mañana sin ti?" - respondió silenciosamente -"¿Es este nuestro ultimo adiós?”


Él dijo:


“Esteré siempre contigo. Junto al ancla de mi dolor


no habrá final, por que todo lo que sé, y siempre supe, es que te amo, te amo hasta la muerte”


Love you to Deaht – Kamelot


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“Alice” – volví a llamar – “¿Qué hará Edward? Dime, por favor” – supliqué. Su mirada seguía perdida, me hubiera gustado ser capaz de leerle la mente para poder ver al mismo tiempo que ella cómo las decisiones de mi novio cambiaban hasta tomar una forma. Con un profundo suspiró, Alice cerró sus ojos, los mantuvo así durante varios segundos


“Creo que deberías ir a saludar a Charlie” – dijo mirándome otra vez – “iremos con los demás” – no había contestado a mi pregunta, pero su expresión era serena. El enojo que había invadido sus hermosas facciones había desaparecido. Asentí y corrí hacia la casa, la patrulla de papá estaba estacionada afuera, así que él estaría ahí.


Aventé la puerta al entrar. Mi padre estaba sentado en su desgastado sofá, viendo un partido de baseball.


“¡Bella!” – exclamó en cuanto me vio entrar y corrió a abrazarme – “¡Hija! ¡Que gusto el que hayas regresado!” – lo abracé fuertemente y no pude evitar llorar al tenerlo así de cerca. Mi padre. Mi amigo. Lo había abandonado todo este tiempo. Y lo volvería a hacer, si Edward así lo deseaba


“Solo vengo de visita, papá” – aclaré amablemente – “solo vine a arreglar unas cosas en la escuela, ya lo hice y mi avión sale en un par de horas” – el semblante de mi padre fue devastador. Se me encogió el corazón al ver que no pensaba evitar que me fuera otra vez de su lado


“De todas formas, es bueno verte” – dijo mientras sonreía y pequeñas arrugas se le formaban a las orillas de sus ojos – “¿Quieres comer algo? ¿Quieres que te lleve al aereopuerto?” – negué con la cabeza


“Vengo rápido, nada más a saludarte, y ya pedí un taxi” – informé y lo volví a abrazar fuertemente – “Te quiero mucho, papá”


“Yo también, hija” – escuché como se le partía la voz – “llámame la próxima vez que tengas planeado venir” – pidió – “y si puedes, ven a visitarme más seguido. Te extraño mucho, Bella” – asentí con lagrimas en los ojos


“Prometo que te llamare cada vez que pueda” – dije y le deposité un beso en la frente y otro en la mejilla – “te quiero” – le volví a repetir mientras me alejaba de sus brazos – “nos vemos pronto” – grité mientras simulaba ir hacia la dirección que le había dicho. A pocos metros, Alice me volvió a tomar en brazos y corrió conmigo hacia la casa en donde se encontraba el aquelarre de Carlisle


“¿Cuándo decidieron regresarse otra vez?” – quise saber al ver la inmensa casa en la que hacía tiempo había pasado gratos momentos en compañía de todos mis vampiros


“En cuanto te fuiste con él y nos dejaste en Alaska” – contó – “a todos nos gusta mucho este lugar, casi no tenemos que escondernos por el día” – me sonrió amablemente mientras me guiaba hacia la entrada de aquella casa. Ya todos me estaban esperando.


“Hola” – saludé un poco cohibida. Todos me sonrieron en bienvenida y Esme corrió a abrazarme


“Nos alegra mucho saber que estas bien” – dijo con su tierna voz


“Siento mucho haberlos preocupado” – me disculpé mirando a todos


“¿Dónde esta él?” – cuestionó Rose y todos supimos a quién se refería. El estomago se me revolvió. En ese momento, Alice contestaría mi pregunta


“Viene en camino” – informó y la esperanza renació en mí – “hay que estar preparados, no tiene planes de atacar pero… su estado es demasiado inestable”


No pasaron muchos minutos para que todos los vampiros salieran de la casa, insistieron en ponerme detrás de ellos, por mi propia seguridad, según ellos. Por más que les había dicho que Edward jamás me había realmente dañado (físicamente). Estoy segura que todos lo vieron antes que yo. La espalda de Emmet me cubría, así que me tuve que poner de puntitas para ver mejor, sentí un maravilloso consuelo al poder verlo al fin. No había pasado ni dos horas de tenerlo lejos y cómo lo había extrañado.


Edward se detuvo a varios metros del grupo de vampiros que me cubría. Su mirada era cautelosa, pero no denotaba ningún signo de violencia.


“Edward” – Carlisle fue el primero en saludar de manera cordial. El vampiro asintió en forma de respuesta


“Carlisle” – dijo y viajó su vista hacia todos los demás ahí presentes, hasta posarse en mí. El rojo de sus pupilas me gritaba “ven a mi, Bella” y obedientemente di un paso hacia delante, el cual no pasó desapercibido para Emmet quien amablemente impidió otro movimiento de mi parte – “no vengo con intenciones de pelear” – su voz era tranquila y pausada – “solo quiero, platicar con Bella. Pueden estar seguros que no le haré daño” – los miró fijamente, con la honestidad en sus pupilas. Me pregunté que estaría leyendo mi novio en la mente de su antigua familia


“Déjenla ir” – ordenó Alice – “sus palabras son ciertas, no le hará daño” – vi como su mirada se concentraba en Edward y este le sonreía de manera agradecida. Los demás vampiros se hicieron a un lado y en cuanto tuve el camino libre corrí hacia él


Como era de esperarse, me trabé con mis propios pies. La diferencia estuvo que él estuvo ahí antes de me cayera, protegiéndome. Me cogió en sus brazos de manera tierna y me encontré con su mirada, con aquellos ojos brillantes llenos de amor


“Bella” – susurró – “Perdóname” – casi pude sentir que tanta felicidad me haría explotar el cuerpo. No tuve palabras para decirle todo lo que sentía en ese momento. ¿Perdonarle? ¿Acaso se le puede guardar rencor a la persona a quien más amas en esta y en todas las vidas? Me limité rodear su cintura con mis brazos y a comenzar a sollozar en su pecho


“Edward, mi Edward” – logré articular mientras levantaba el rostro y me volvía a encontrar con aquellas gemas color sangre. Llevé mis manos hacia su rostro y sentí como su fría mano se posaba en mi mejilla tiernamente. El vampiro inclinó su rostro, y se separó cuando casi nuestros labios se juntaban


“No” – respondió a una pregunta no formulada en voz alta – “no recuerdo nada” – mis ojos se abrieron por la impresión – “pero me he dado cuenta que amo a Bella, tal vez con más intensidad que antes, y no quiero perderla” – volvió a clavar sus ojos en los míos – “nada podrá separarme de ti… te he hecho daño y hasta ahora lo comprendo. No tengo palabras para pedirte perdón. Más si para estar contigo es necesario privarme de mi sed por la sangre humana, lo haré gustoso, por que ahora sé que no hay placer más infinito que tu compañía y tu amor” – murmuró mientras sus dedos rozaban levemente mi rostro – “¿Serías capaz de perdonarme?”


“No tengo nada que perdonar” – contesté rápidamente con los ojos aún llenos de lagrimas felices. Edward sonrió amablemente y yo me apresuré a atrapar su cuello con mis brazos y atraer su boca a la mía. Sentí como sus manos rodeaban mi cintura mientras sus labios se movían pausada y tiernamente con los míos.


“Te amo” – musitó contra mis labios y como respuesta aferré mis dedos a sus cabellos para que nunca me dejara de besar.


La noche calló sobre nosotros. Edward se veía incomodo, pero feliz, al estar otra vez con su familia y conmigo.


“Había un prado” – dijo cuando quedamos por un momento solos en la sala – “Había un prado al que nosotros solíamos ir ¿no es así?” – sonreí ampliamente


“Si” – contesté y mi novio se perdió en sus pensamientos


“¿Quieres ir?” – preguntó al fin y yo rápidamente asentí. Se paró de un solo movimiento, sin despedirnos. Corrimos por el oscuro bosque y me sentí plena al reencontrarme con el viento de Forks rozando mis mejillas. Me sorprendió el hecho de que Edward no se perdiera, ya que yo no le había dado ningún tipo de información de cómo llegar.


Me ayudó a bajar de su espalda y cuando mis pies estuvieron en la tierra, no soltó mi mano


“¿Cómo supiste dónde llegar?” – quise saber mientras caminábamos


“Me guió un recuerdo” – contestó con una sonrisa. Caminamos hasta llegar debajo de aquel enorme árbol en el que mi novio y yo solíamos sentarnos. Ya sentados en la fría hierva, Edward clavó fijamente su mirada en la mía – “Perdóname” – volvió a decir con voz dulce y arrepentida – “perdóname por todo lo que te hice, Bella”


“Ya te dije que no hay nada que perdonar”


“Pude matarte, te dije y te hice hacer cosas horribles… sé que no hay justificiación alguna para todo el daño pero, quiero que sepas que si me negué a convertirte antes fue por que James estaba al pendiente de nosotros...”


“Ya pasó” – interrumpí mientras ponía un dedo sobre sus labios – “lo importante es que ahora estas aquí, conmigo y… me amas”


“Nunca dejé de amarte. Pese a todo lo que te hice, una parte de mí te quería tanto como ahora y como siempre. Esa parte luchó todo el tiempo con el monstruo que me gritaba hacer el mal… más siempre tuve miedo de perder”


“Pero no lo hiciste” – murmuré mientras mis dedos se desplazaban por su rostro – “siempre estuviste ahí, protegiéndome, cuidándome… y aún así, si tu me mataras, sería feliz”


“No digas eso” – suplicó – “siempre estaremos juntos, Bella”


“Siempre” – acordé con una sonrisa – “ni la muerte nos ha separado ¿Qué mas podría hacerlo?” – acerqué el rostro para rozar sus labios con los míos.


Una brisa helada sopló, haciéndome temblar. Edward se separó, seguramente suponiendo que su piel fría no era buen remedio para entrar en calor, pero se equivocaba y yo se lo haría entender de la mejor manera. Me puse de rodillas frente a él y atrapé su cuello con mis brazos mientras mis dedos se entrelazaban en sus cabellos y comencé a besarlo de manera intensa. Sus manos se movieron hacia mi cintura, pero yo quería más. Lo necesitaba.


“Acaríciame” – pedí sin despegar mis labios de los suyos. Pude sentir la vacilación en su mandíbula y llevé mis manos hacia las suyas para dirigirlas hacia la parte superior de mi cuerpo – “por favor” – imploré mientras sentía su gélido contacto rozar mis senos.


No necesité decir más. Mi corazón latió alborozado cuando pude sentir sus dedos moverse gentil y delicadamente por mi cuerpo, enviando pequeñas descargas eléctricas con cada roce que le brindaban a mi piel. Sentí sus labios bajar hacia mi cuello y la sensación me hizo cerrar los ojos, los cuales volví abrir cuando me percaté de que ahora se encontraban besando mis pechos. Miré la luna llena de una manera diferente, y me dejé perder en su hermosura al mismo tiempo en que me volvía prisionera de sus manos. Mis dedos también viajaron por su figura, recorrieron su espalda, su perfecto pecho marcado, su rostro de un acabado único.


Poco a poco nos fuimos deshaciendo de la ropa, dejando nuestra desnudez libre al aire que, por muy fuerte que soplara, no iba a lograr vencer el calor placenteramente sentido ante nuestras caricias y nuestros besos. Edward se movía con delicadeza. Cada roce de su piel fue suave y, cuando me apretaba de los brazos, en ningún momento sentí dolor.


Recostó mi cuerpo lentamente en la hierba. Con sus labios pegados a los míos movió mis piernas, cada una a un lado de su cadera. Mis manos no paraban de memorizar cada ángulo de su cuerpo y mis ojos se perdieron incontrolablemente en la abrasadora llama de sus ojos.


Me siguió besando de manera apasionada, sentí sus labios y sus manos por todas las partes de mi cuerpo. Era feliz. Hubo un momento de mi vida en el que pensé que jamás volvería a estar de ese modo con el amor de mi historia. Era curioso sentir como sus manos eran igual de gentiles y quemaban con la misma (o, probablemente, con mayor) intensidad que antes, cuando era humano.


Fuí conciente vagamente de algo: ese contacto gelido y calido al mismo tiempo, lo había sentido en varias ocasiones, a la hora de bañarme


- "¿Me observabas cuando me duchaba?" - Acuse de repente. Quería que mi voz se escuchara molesta, pero solo hubo una grata complacencia. Él sonrio de lado, de esa manera tan pícara que me encantaba, dandome la afirmación a mi pregunta. Mi lengua se entrelazó con la suya y saboreé el sabor de su boca, fresco como la menta y dulce como la miel... y de ahí ya no paramos.


Ahogué un pequeño grito cuando sentí su cuerpo adentrarse al mío. Eso pareció hacerle dudar, ya que sus ojos me preguntaron en silencio si podía seguir o no. Mi respuesta también fue silenciosa: consistió en una sonrisa, seguida por la unión de nuestros labios.


Edward comenzó a moverse lentamente, y mi corazón no podía frenar de latir de manera descontrolada. Sentí como nunca cada caricia dada en el momento. La pasión invadió cada fibra de mi ser como una abrasadora llama


“Te amo, Bella” – murmuró con voz bajita en mi oído mientras mis piernas se apretaban a su cadera y mis labios se perdían en los suyos...


Un corazón humano no podía soportar un amor tan grande y una dicha tan inmensa.


El mío no lo hizo.


Mis latidos se extinguieron justamente en el momento que ambos sentimos tocar un edén. El más bello de todos.


Y como dije antes, esa fue, era y será la manera más hermosa de morir: en sus brazos. Sintiendo como ultimo placer terrenal unos labios que presionaban cariñosamente mi cuello