Dark Chat

domingo, 21 de noviembre de 2010

Destellos de Oscuridad

Capítulo 9
Ira y temor

Pudo ver cómo sus hermosos ojos se oscurecían con el hambre más devastadora; la temible debilidad de su estirpe: la sed. Estaba tan frágil, inmóvil ante él, cómo una perfecta estatua cuya vida sólo podía descubrirse en la febril mirada que le lanzaba.


Edward, a pesar de saber que necesitaba tomar las cosas con calma en lo que a ella se refería, no pudo evitar acortar la distancia que los separaba.


Entonces la escultura de la vampiresa volvió a la vida, se encogió, sus labios estaban entre abiertos dejando al descubierto unos colmillos filosos y provocadores. Se inclinó, haciendo que su cabello largo cayera por su rostro, enmarcándolo de una manera espectacular.


No pudo resistirse, extendió un brazo hacia ella, queriendo más que nunca tenerla cerca y poder tocarla, decirle que ellos eran compañeros, que la amaba más que a nadie…


Pero su gesto precipitado asustó a Bella; la vio retroceder unos pasos y soltar un gemido que podría ser de súplica o terror, se cubrió los labios y aprisionó la delicada piel de su cuello, como si con ello pudiera calmar la terrible sed que la dominaba.


-Bella…


Ella negó con la cabeza con vehemencia, interrumpiendo sus palabras con su gesto. Detestaba la desconfianza que le tenía haciendo que una parte de él se impacientara a tal grado que sólo pensaba en besarla, hacerla su compañera… Pero eso no sería justo y él quería que ella tuviera tiempo para asimilarlo todo, sólo que la necesitaba tanto que cada día que pasaba se volvía una infernal tortura.


-Tienes que marcharte.


Su voz se escuchaba quebrada a pesar de que la ahogaba un poco que sus labios estuvieran debajo de su palma. Edward hizo una mueca, pensando en todo lo que estaba sufriendo por intentar controlarse.


-No puedo dejarte, Bella.


Le gustaría que aquellas palabras pudieran transmitirle todo lo que sentía, hacerle entender que haría todo por ella.


-Necesitas alimentarte.


La vampiresa se puso rígida, las palabras habían sido un golpe demasiado duro para su cuerpo; pues Edward podía verlo en su postura, luchaba por acercarse a él y tomar un poco de su sangre. Sus ojos se estrecharon en confusión y lucha interna, pues podía casi verlo detrás de sus pupilas, su razón luchaba por contenerse.


-Puedes tomar mi sangre.


Ella hizo ademán de alejarse, pero Edward fue mucho más rápido y la envolvió en sus brazos con gentileza.


-Edward, por favor…


Bella, a pesar de negar con la cabeza con insistencia liberó su boca y comenzó a inclinarse hacia él. Edward acarició su largo cabello, deleitándose con la sensación de sus dedos enredándose en sus mechones oscuros. Cuando Bella se detuvo, él tomó su cabeza y la enterró en su cuello.


Con un suspiro rendido, Bella presionó sus colmillos contra la piel de Edward, liberando así la cálida sangre.


El vampiro se estremeció y la apretó más contra su cuerpo. Una sensación eléctrica lo llenó de pies a cabeza y algo más… Por primera vez tenía a su compañera cerca de él. Sólo temía el momento en que terminara y ella se alejara de él como siempre hacía.


Y todo finalizó demasiado rápido, ella soltó un gran suspiro satisfecho y, al darse cuenta de lo que había hecho, intentó apartarse. Pero no podía permitirlo, no sin antes poder tocarla… Edward unió sus labios a los de Bella, la escuchó soltar una exclamación de sorpresa y esperó a que lo empujara, pero para su gran aturdimiento ella le correspondió. Sólo fue un fugaz momento antes de que ella lo retirara, pero fue todo lo que necesitó Edward para saber que Bella pronto se daría cuenta que era para él.


Lo vio a los ojos, parecía avergonzada e insegura de que hacer a continuación.


-Lo siento, yo…


-No tienes que pedir perdón, yo te ofrecí mi sangre.


Dio un paso hacia adelante, el mismo que ella retrocedió.


-Bella, necesito decirte que…


Tal vez él no era lo suficientemente bueno para fingir, o quizás ella pudiera ver a través de sus ojos, porque parecía sospechar las palabras que ansiaban salir de sus labios y que tanto se había reprimido para no confesarlas… Bella tenía que intuirlo, porque lo interrumpió.


-¡No! Edward, necesito irme, tengo que pensar un momento, estar sola…


La vio dirigirse a su departamento, desaparecer en las escaleras que ascendían. Quería seguirla, pero se contuvo para respetar su decisión, ya llegaría el momento en que podría decirle lo que sentía.


Bella se retorció en el sofá de su departamento, su cabeza no podía pensar en nada más que lo ocurrido con Edward. Después de beber su sangre se sentía extraña con respecto a él, como si estuviera unida de alguna forma a todo lo que aquel vampiro hacía.


No le gustó aquella sensación. No sabía mucho de él y no creía que tuviera buenas intenciones. Aunque la había besado y con ese roce de labios ella casi llegó a creer que Edward la quería. Y en el momento que lo había interrumpido, marchándose antes de que pudiera terminar lo que iba a decir, Bella había jurado que él iba a confesarle algo importante. Sus ojos habían brillado hacia ella, como si fuera algo muy valioso que debía proteger.


Se preguntó si él ya se habría ido. Y, por más que se repitió que no debía importarle, no pudo evitar levantarse y mirar por la ventana.


Ya no había rastro de él. Un extraño e inquietante sentimiento de decepción y tristeza la recorrió. Casi podía decir con seguridad, que él aun estaba corriendo, acercándose a su casa.


Pero eso era una locura, ella no tenía forma de saber que era lo que pasaba con Edward a cada momento.


Volvió a dejarse caer en el sofá, pero justo en el momento que estaba dispuesta a recostarse por completo, su celular sonó.


Hizo una mueca, sólo había un vampiro que contactaba con ella de esa forma y, definitivamente, era al último ser que quería ver en aquellos momentos.


Lo hizo esperar un poco, con la ilusión que su malhumor lo hiciera desistir, pero no funcionó. Tras un resoplido, tomó el pequeño artefacto, presionó un botón y lo apoyó contra su oreja.


-Necesito verte.


La voz masculina transmitía una increíble satisfacción, cómo si sus solas palabras la lograran controlar mejor que nada.


Bella le gruñó.


-Estoy ocupada.


-Y yo no estoy para tus quejidos, Bella –replicó él-. No he comido en mucho tiempo, así que no tientes a tu suerte, el ayuno me ha dejado algo irritable.


Esta vez no encontró alguna burla en su voz, parecía un poco tenso, y ya que ella no estaba segura de necesitar más dinero, decidió que lo mejor era no hacerlo enojar.


-Voy para allá –musitó antes de colgar.


La casa estaba tan solitaria como siempre y la puerta permanecía fácil de abrirse, así que Bella se ganó bastantes minutos sin verlo. Esta vez no se molestó en buscarlo, sino que se sentó en el sillón y se dispuso a esperarlo a regañadientes, repitiéndose a si misma que sería una visita rápida y que pronto dejaría de ver su rostro.


Una sombra apareció detrás de ella, pero cuando quiso voltearse, la figura se cernió sobre la vampiresa, de tal modo que una respiración comenzó a acariciar la piel de su cuello. Unos dedos apartaron el cabello oscuro y espeso de su rostro.


Bella se levantó y habría comenzado a quejarse, sino fuera porque la expresión de Dominic se tornó tan oscura y peligrosa, que por un momento el miedo la dejó sin habla.


Él la tomó de la cintura y la estrelló contra el sillón, dejándola tirada sobre su superficie. Se colocó encima de ella, de manera que su cuerpo la aprisionaba contra el antiguo mueble.


-La sangre de ese bastardo está sobre ti, puedo percibirla –rugió con rabia. Su mano derecha tomó bruscamente su barbilla, mientras que la otra la colocaba en su nuca, acercándola mucho más-. Eso no volverá a ocurrir, nunca. El único aroma que podrá estar sobre tu cuerpo será el mío. ¿Entendido?


Bella, después de recuperarse de la sorpresa, recobró la compostura y comenzó a enojarse.


-No es de tu incumbencia –se atrevió a contestarle-, yo jamás estaría…


Dominic soltó una carcajada, una cruel y fría. Sus dedos comenzaron a bajar de su hombro hasta su cintura.


-Todo va a cambiar a partir de ahora Bella, harás todo lo que yo te pida.


Su rostro estaba muy cerca de ella, todo él lo estaba y Bella no podía forcejear mucho con él ya que era demasiado fuerte y ella estaba demasiado cansada.


-¡Suéltame! –ella exclamó cuando sintió sus labios recorrer su mandíbula, para situarse sobre la piel de cuello.


Bella logró sacudírselo de encima y, tras un ágil salto, se puso de pie y se alejó de él, dirigiendo su atención a la puerta.


-Ya te dije que mi sangre jamás.


Dominic se levantó con elegancia, observándola con los ojos oscurecidos y ansiosos por recorrerla de arriba a bajo.


-Es un poco tarde para quejarse, Bella –él se movió más cerca-. Ya no es suficiente sólo con sangre, quiero más de ti.


-Nunca lo tendrás.


Caminó hacia la salida, pero se detuvo estando a muy poco de llegar.


-Sé que ahora juegas con cachorros –dijo él con desprecio-. Debo admitir que me sorprendió saberte con ellos, pero después lo comprendí.


Bella se quedó congelada de camino hacia su libertad. No entendía cómo era que Dominic lo sabía, sólo esperaba que fuera la única información de la que él vampiro estuviera enterado.


Pero no era así.


-Por supuesto, después de proteger algo muy valioso para ti –comentó-. Debe ser una niña bastante agradable, la próxima vez que veas a tu hermana le mandas saludos de mi parte.


Sabía sobre su hermana… El pánico se apoderó de ella, impidiéndole concentrarse.


-¿Sabes? Podría llamar a un grupo de vampiros en estos momentos, llevarme a la niña… Pero, por lo que sé ella está muy débil, no soportaría mucho tiempo…


-¡No te atrevas a tocar a mi hermana! –rugió ella.


-No lo haré si me complaces –contestó Dominic, con tranquilidad-, y aún mejor, te daré todo lo que necesites si ella se vuelve a enfermar.


Bella dudó, por un lado sabía que Amy estaba segura con los licántropos, pero no podía subestimar a su jefe, no ahora que lo conocía tanto. Además sabía que si lo provocaba, su hermana no sería la única a la que pondría en peligro, sino a todos los miembros de la manada de Sam.


No podía permitir eso.


-Ven aquí, Bella.


La vampiresa cerró los ojos y avanzó unos cuantos pasos. De pronto se sintió levantada y puesta sobre el sillón.


-Por fin –soltó con voz ronca. Sus manos pasearon por su espalda y se clavaron en sus caderas, inmovilizándola debajo de su cuerpo-. Creí que me volvería loco ansiando tanto tu sangre y tu cuerpo, pero ahora me pertenecen… Eres mía, mía.


-Promete que la dejarás en paz. Te olvidarás de que mi hermana existe –dijo ella con voz ahogada, soportando la ansiedad de salir corriendo.


-Todo lo que quieras, mientras seas dócil…


Dominic saboreó la piel de su cuello, antes de permitirle a sus colmillos rozar su piel.


Bella deseaba que todo fuera una pesadilla, pero los vampiros ni siquiera soñaban, así que todo tendría que ser real.


Quería desaparecer.





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