Dark Chat

miércoles, 31 de marzo de 2010

A Walk to Remember

Capítulo 9: La Cita


El sonido del timbre aceleró su corazón. Se puso de pie y trató de controlar los temblores que le volvían mucho más torpes sus pasos. Abrió la puerta y Edward estaba ahí, frente a ella. Definitivamente, aquella mirada gentil y brillante le hacía lucir más guapo. Bajó la mirada, no quería desacomodar sus ideas tan rápido.


"¿Estas lista?" –


Ella asintió, aún viendo sus pies


"Señor Cullen" – apareció Charlie, a sus espaldas


"Buenas noches, Señor Swan" – se apresuro a decir el aludido


"Isabella no puede venir muy noche ¿Entendido?"


"Si, señor"


Charlie apretó fuertemente la mandíbula. De un momento a otro se había arrepentido de haber dado su consentimiento. Su hija se giró para depositar un beso sobre su mejilla


"Vengo pronto" – prometió y, con esto, salió de la casa, en compañía de aquel joven.


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"¿A dónde iremos?" – preguntó Bella, viendo el paisaje que se levantaba a través de la ventanilla del carro


"Es una sorpresa" – contestó el muchacho, con una gran sonrisa en su rostro y sin despegar la mirada de la carretera.


De modo literal, no había podido dormir tras pensar en esa noche. Había pasado todas las horas en vela planeando a qué lugares llevarla. Quería que la ocasión fuera especial, sabía que esa era la oportunidad que tanto estaba esperando para demostrarle que podía ser alguien mejor – alguien digno de ella – Había recordado cada palabra dicha por la jovencita, cada plática sostenida en las últimas semanas y decidió por algo sencillo, pero significativo. Sus ojos brillaron en la oscuridad y su sonrisa se ensanchó


"Edward" – llamó Bella, atrayendo su atención – "¿Podrías… bajar la velocidad, por favor?"


"Oh, claro" – contestó y su pie dejó de apretar violentamente el acelerador.


"No sabía que te gustaba la música clásica" – señaló la muchacha, al escuchar las suaves notas que salían de la radio


"Solamente algunas" – se sinceró, mientras se encogía de hombros


"Claro de luna es una bonita canción"


"Vaya que lo es"


El resto del camino lo hicieron en un completo – y acogedor – silencio. Era algo que a Edward le encantaba: el poder estar al lado de Bella sin necesidad de estar hablando todo el tiempo. Con ella, el sigilo resultaba ser algo tan cómodo, pacifico e irreal…


Simplemente, a su lado, el mundo se le pintaba de una manera muy diferente a la que él antes creía.


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"Hemos llegado" – anunció, mientras estacionaba su coche.


Bella comenzó a caminar y no protestó al notar que Edward le tomaba de la mano.


"Aún no puedo creer que te hayas atrevido a pedirle permiso a mi padre" - comentó, mientras tomaba asiento frente a una elegante mesa de mantel blanco y velas adornando su centro.


"Realmente, se puso difícil. Se mostró muy accesible"


Un mesero llegó a los pocos minutos, dispuesto a tomar la orden.


"¿Pasa algo?" – preguntó Edward, al ver como el rostro de Bella se ensombrecía


"Es un lugar muy lujoso. Estas seguro que no hay problema?"


"Por supuesto que no" – contestó, con una enorme sonrisa en el rostro. Debería de haber supuesto que, a diferencia de todas las chicas a las que él había invitado a salir, ella sería la única que se preocuparía por aquel detalle – "Pide lo que quieras"


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Al terminar de cenar, Bella levantó la mirada y se encontró con los verdes ojos del muchacho que tenía al frete. Bajó el rostro, pues sus mejillas comenzaban a colorearse. Jugueteó con sus dedos, debajo del mantel. Le ponía demasiado nerviosa aquel latido desbocado de su corazón. Intentó pensar rápidamente en algo que decir para distraerse. Entonces, viajó su mirada hacia alrededor y vio la pequeña tarima, a pocos metros de ellos. La música que inundaba el ambiente era relajante y vio como unas cuantas parejas se balanceaban sobre sus pies, moviéndose al pausado ritmo de ésta. Suspiró profundamente


"¿Quieres bailar?" – le preguntó, sin pensarlo mucho


El muchacho dilató sus ojos y entreabrió su boca ligeramente. No sabía que a Bella le gustara bailar… no contaba con ello.


"Eh… no… yo no bailo" – balbuceó – "No sé bailar" – se sinceró


"Todo mundo sabe bailar" – discutió la muchacha


"Créeme que yo no. Soy un desastre para ello"


"Oh, vamos, no puedes ser tan malo" – insistió y Edward se perdió en la magnificencia de aquellos ojos marrones que le miraban, ilusionados por que aceptara – "Hagamos el intento, uno pequeño. Si, en realidad resultas ser muy malo, ya no insistiré más" – prometió y, con un suspiro el muchacho accedió.


¿Qué tanto estaría él dispuesto a hacer por Bella? Le comenzaba a preocupar el que no pudiera negarse a nada de lo que ella le pidiese. No sabía con exactitud a cuantas chicas había rechazado ante una invitación similar, pero si estaba seguro de que habían sido demasiadas. Sin embargo ella… ella ni si quiera había tenido que exigir demasiado tiempo.


Subieron a la tarima.


Cuando Bella se acercó para estar cerca de él, la idea ya no le parecía tan mala. Sus manos se movieron hacia su cintura y dejó que la chica le guiara en los pasos. Tal y como era de esperarse, no se hizo esperar para mostrar lo pésimo que era en esa actividad y, al primer movimiento que dio, sus pies fueron a caer sobre los de su compañera.


"Ay…" –


"Lo siento, lo siento" – se disculpó – "Te dije que era malo"


Bella sonrió… Edward resultaba tan cautivante cuando mostraba aquel gesto tan sencillo. Se obligó a huir de su mirada. La cercanía de sus cuerpos no iba a ayudar mucho si se dejaba perder en el mar esmeralda de sus ojos. Edward también se encontraba nervioso, temía que Bella pudiera llegar a escuchar el fuerte palpitar de su corazón, sería algo vergonzoso…


"¿Te puedo hacer una pregunta?" – inquirió, al pasar un par de segundos. Bella esperó en silencio – "¿Me podrías decir cuál es el objetivo número uno de tu lista?"


Era algo que él, realmente, quería saber... Una intriga demasiado grande, la cual se había pasado intentado descubrir en las últimas semanas.


"No" – contestó Bella, con una gran sonrisa


Edward intentó disfrazar su desilusión con una mueca extraña.


"¿La sabré algún día?"


"Nadie, más que yo, lo sabe. Es mi secreto personal"


"¿Pero si tengo una pequeña posibilidad?"


"Puede que si… pero sería una demasiado pequeña"


"Entonces, seré paciente" – prometió – "El objetivo número uno de mi lista es irme de Forks" – confesó


"Eso no es un problema. Tú puedes hacer lo que desees"


La música cesó y ellos se quedaron un momento en completa inmovilidad. Ninguno quería separarse del calor del otro. Edward ya se había olvidado del lugar en el que se hallaban. Hasta que una voz interior le recordó que aún quedaban un par de cosas por hacer.


"¿Me acompañas a un lugar?" – preguntó y su repentino entusiasmo sobresaltó a Bella


"¿A qué lugar?"


"Es otra sorpresa" – el chico se mordió los labios, en un intento de reprimir la enorme sonrisa que se quería asomar – "¿Qué dices?"


Bella se limitó a asentir y, al segundo después, se encontraba ya en el carro de Cullen.


"¿Me podrías decir a dónde vamos con tanta prisa?" – exigió saber, cuando vio como el carro volaba por una carretera, la cual no conocía


"Espera dos minutos y lo sabrás" – prometió y, tal como había dicho, al poco tiempo estacionó el carro en la orilla, se bajó del auto y fue por su invitada – "¡Ven!" – pidió, mientras la jalaba de la mano y le hacía correr unos cuantos metros.


"Edward, ¿Acaso te has vuelto loco?" – preguntó la castaña, con una enorme sonrisa en el rostro, pues aquella actitud de su compañero se le hacía muy graciosa y su entusiasmo era demasiado contagiadle – "¿Qué hacemos parados a mitad del bosque?"


"No es la mitad del bosque" – aclaró – "Mira a tu alrededor"


La castaña obedeció y sus ojos se deleitaron al ver aquel hermoso prado que se levantaba frente a ella. Era esplendido, aún con la oscuridad bañándolo casi por completo. Parecía un pequeño lugar, sacado de un cuento de hadas. El pasto se veía demasiado cuidado y su superficie circular simulaba haber sido trazada a propósito, como si alguien hubiera llegado y hubiera arrancado las suficientes hierbas y árboles para poder dibujar una esfera natural.


"Es bellísimo" – murmuró, aún perdida en aquel escenario. Sintió la mano de Edward tomar la suya y ambos comenzaron a caminar.


Llegaron y se sentaron debajo de un árbol. El viento soplaba, con una brisa perfecta. Era como si la noche y el clima se hubieran puesto de su parte para hacer de esa noche algo ideal. Algo único. Bella pensó que no podía pedir más: Se encontraba al lado de aquel muchacho al que tanto quería – ya no lo podía negar más – en un lugar hermoso, que nunca imaginó poder ver, bajo la luz de la luna y con el aroma a pino inundando su nariz. Suspiró profundamente y sonrió.


"Tengo planeado algo más" – murmuró Edward – "Aquel día, me dijiste que en tu lista de objetivos esta tener un tatuaje ¿Era verdad?"


"Si" – asintió. Los ojos del muchacho brillaron de manera sorprendente


"Hoy es una buena noche para ello" – dijo, mostrando varias tiritas de tatuajes temporales.


La sonrisa de Bella se ensanchó aún más


"¿Qué dices? ¿Quieres tener un tatuaje esta noche?" – la castaña volvió a asentir – "¿Te parece bien si es una mariposa?"


"Me parece bien" – acordó


Edward extrajo una pequeña botellita de agua y un pedazo de algodón. Preparó todo mientras Bella le observaba, sin poder borrar el gesto que curvaba sus labios hacia arriba. Mojó el pedazo de algodón con el agua, lo acomodó en una de sus piernas y comenzó a destapar el paquete de tatuajes


"¿En dónde lo quieres?" – preguntó


Bella lo meditó por un momento y, tras pasar un par de segundos, comenzó a bajarse la manga de su blusa, dejando al descubierto uno de sus hombros. Edward no pudo evitar tragar saliva ruidosamente al ver la suave piel que quedaba al aire.


"Aquí" – indicó Bella, señalando con la punta de su dedo una parte de su espalda


"Bien"– murmuró y comenzó a mojar la estampita con el algodón, hasta que estuvo seguro de que ésta se había adherido bien en su lugar.


Separó el resto de la tira y la pequeña mariposa quedó pintaba, de manera perfecta, sobre aquella blanca y lisa superficie. Se veía tan suave, tan tentadora. No pudo evitarlo y acercó sus labios hacia ella, quedando a pocos milímetros de poder tocarla. Se detuvo. Sabía que Bella podría sentirse incomoda con tan impulsivo gesto… pero el deseo era mucho mayor y sus manos comenzaron a arderle. No pudo calmar aquel desenfreno que llevó a sus dedos hacia el hombro que permanecía desnudo.


Sus yemas se pasearon lentamente sobre la suavidad de aquella piel que le pareció tan delicada, que apenas y la tocó. Nunca antes se había maravillado con tanta fragilidad. Nunca antes el deseo tuvo un sabor tan inocente y dulce… Inspiró profundamente y se alejó de ella.


Bella tenía las mejillas completamente enrojecidas. Aún podía sentir el cosquilleo que aquellas gentiles caricias le habían dejado. Se volvió a cubrir el hombro y su mirada se junto con la de Edward. Ambos permanecieron en silencio por un momento. Un silencio muy acogedor que les provocaba un mariposeo en el estomago. El chico tomó sus manos entre las suyas y ella no se negó. Se sentía muy bien como ambos calores su fusionaban en un solo.


Bella dirigió su vista hacia el oscuro manto estrellado. Jamás antes había visto una noche como esa. Tan llena de vida que las estrellas parecían cambiar de color…


"¿Cómo puedes ver lugares como este, vivir momentos como este, y no tener fe?" – preguntó


"Tienes suerte de estar tan segura"


"Es como el viento. No puedo verlo, pero si puedo sentirlo"


"¿Qué es lo que sientes?"


"Siento admiración, belleza, alegría, amor… Esos sentimientos, son el centro de todo" – finalizó, bajando la mirada del cielo y centrándola en el chico


"Me gustaría besarte" – murmuró Edward, acercando su rostro, movido por aquel deseo infrenable que le carcomía cada uno de sus sentidos


"Podría no hacerlo bien" – contestó, incapaz de retroceder la distancia acortada, y sintiéndose mareada ante el dulce aliento que comenzaba a rozar sus parpados.


"Eso sería imposible" – discutió él, llevando una de sus manos hacia sus mejillas. Su boca acarició suavemente la suya y un cosquilleo se expandió por todas sus venas.


Ella cerró los ojos y disfrutó de aquel dulce sabor que le inundó sus labios por un breve momento. Rompió el beso, con un movimiento delicado, al recordar que todo ello estaba mal. Edward tomó sus manos y ella giró el rostro hacia otro lado, huyendo de aquellas pupilas que tanto le costaba abandonar. Estaba mal… Estaba mal… y ella no hacía nada por remediar todo ese error.


"Bella" – llamó Edward y ella no pudo evitar volver el rostro para verle. Era como una voz que le hechizaba. Sus mirada se volvieron a encontrar y el corazón de él se enloqueció completamente al sumergirse en aquel mar cristalino de color marrón – "Te amo" – susurró, por primera vez en su vida. Haciendo eco a lo que su alma gritaba desde hacía mucho tiempo… Resumiendo, con esas dos palabras, todo lo que ella significaba para él.


Esperó por un momento, pero solo veía como Bella le miraba fijamente a los ojos, con un gesto, pintandose en sus facciones, que no supo desifrar.


"Creo que ahora es buen momento para decir algo"


"Te dije que no te enamoraras de mí" – contestó la castaña, con los ojos inundados en lagrimas.


El chico no supo muy bien qué había significado aquella repuesta. Pero tuvo claro que no había sido rechazado. Podía leer el amor que Bella también le tenía en aquella mirada y en el temblor de sus manos. Sin pedir más explicaciones, volvió a inclinar su rostro y sus labios rozaron aquellos tiernos labios con devoción…


Bella aceptó, y llevó una de sus manos hacia las mejillas anguladas y pálidas de Edward, olvidándose, por un momento, del error que estaba cometiendo…


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Capítulo 10: Confesión


Había pasado cerca de un mes tras haberle pedido a Bella que fuera mi novia. Estábamos juntos y yo me encontraba muy feliz – más que nunca antes en toda mi vida – pese a que todos mis amigos (A excepción de Rose y Emmett) habían optado por ignorarme completamente. Jamás antes estuve conciente de su crueldad hasta que no la viví en carne y hueso. El escuchar sus risas y burlas en el momento en que caminaba por los pasillos, con la mano de mi novia atada a la mía, resultaba ser algo realmente incomodo – y no era precisamente por que me hirieran con ello – me mortificaba saber que no tenía derecho de juzgarlos ya que, un par de meses atrás, yo jugaba aquel mismo papel con la misma desalmada eficacia.


Pero, como había dicho antes, todo ello carecía de valor al estar a su lado. El estar con Bella era algo fascinante. Todos los días aprendía algo nuevo con su compañía. Me encantaba tomar sus delicadas manos entre las mías y sentarnos en una parte del jardín para platicar, comer o hacer nuestras labores escolares. El mundo simplemente desaparecía estando cerca de ella. Todo adquiría un sabor diferente al verme perdido en el chocolate de sus ojos. Si me lo hubieran dicho antes, nunca hubiera podido concebir la idea de amar a alguien de la manera en que yo lo hacía.


Aún me llegaba a sorprender la extraña sensación que me daba al rozar sus labios con los míos. La delicadeza – jamás antes habida en mí – con la que mis manos se movían para tocar sus mejillas. La rapidez con que el tiempo pasaba al encontrarme con ella y lo mucho que mi vida comenzaba a depender de su existencia.


"¿Qué haremos mañana?" – pregunté, mientras terminaba de resolver el último ejercicio de matemáticas que habían dejado de tarea


"Tenemos que estudiar para los exámenes finales. Serán la próxima semana" – recordó, pues sabía que mi pregunta conllevaba a una segunda intención.


Fruncí los labios para no reír. Me resultaba divertido el como, aunque lo intentaba, no podía verme rescatado de aquella susceptibilidad


"Quería que fuéramos al prado" – reconocí – "Escuché en las noticias que mañana habrá un cielo despejado. Me gustaría ver las estrellas, con ayuda de tu telescopio"


"Bien" – contestó ella, levantando su mirada del cuaderno – "Te lo prestaré"


Solté una risita y, al segundo siguiente, ella no pudo permanecer con el rostro serio, que había logrado sostener el último minuto, y terminó por corresponder el gesto de la misma manera.


"Supongo que quiere que vaya contigo"


"Supones bien" – aseguré


"¿Y qué hay de los exámenes finales?"


"Te prometo que al día siguiente iré a tu casa y repasaremos todos los temas"


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El sábado había llegado. Bella y yo habíamos acordado el vernos a unas cuantas cuadras de su casa (el señor Swan se pondría como histérico si se enteraba que su hija iba a pasar la noche en mi compañía, fuera de su casa). Llegué minutos antes de la hora acordada – sabía que ella era demasiado puntual y no me gustaba hacerla esperar – Sonreí, al sentirme completo, nada más el verla caminar a lo lejos.


"Hola" – saludó al llegar. Me incliné para depositar un beso sobre sus labios


"Hola" – respondí – "¿Todo bien?"


"Si" – asintió


Subimos al carro y manejé hacia el prado, tratando de ocultar lo mejor posible mi impaciencia por llegar ahí.


"¿Qué fue lo que le dijiste a tu padre?" – pregunté, mientras le ayudaba a armar el telescopio


"La verdad. Solamente que no le mencione sobre un prado, oculto en medio del bosque, y tampoco le dije que vendría contigo"


"¿A eso no se le considera una mentira?"


"No. Es solamente información censurada" – contestó, con una sonrisa traviesa en sus labios. Después, se inclinó para echar un vistazo por el telescopio - "¿Quieres ver algo en especial?"


"Si" – confesé – "Me gustaría ver Plutón"


"Pero, Plutón aparece poco antes que el Sol"


"Lo sé" – admití, con una sonrisa de suficiencia, mientras me descolgaba la mochila de los hombros – "Por ello he traído un termo con café caliente y una cobija, para que podamos sentarnos y esperar cómodamente"


Desplegué la suave tela por el verde pasto del lugar y me senté sobre ella, aún sin poder borrar la sonrisa de mis labios. Bella me dedicó una mirada escéptica, desde arriba.


"¿Lo tenías planeado?"


"Realmente lo deseaba" – confesé, mirándole a los ojos, desde donde me encontraba.


"¿Acaso estas tratando de seducirme?" – inquirió, con gesto forzadamente serio e indignado.


"¿Por qué?" – inquirí, batallándome por no reír y sacar una voz persuasiva, para seguirle el juego – "¿Acaso eres alguien seducible?"


Negó con la cabeza, de manera divertida, pero rotunda.


"Eso pensé" – dije entonces, y volví a abrir mi mochila – "Por ello, he traído una cobija más. Una para ti y una para mí"


"Gracias" – aprobó, mientras me veía acomodar la otra tela a un lado de mí.


Levanté mi mirada hacia ella y ninguno de los dos pudo contener más la risa. Me puse de pie y caminé hacia su lado. Enrollé mis brazos por su cintura y deposité un beso sobre su mejilla. Ella suspiró de manera pausada y tranquila. Me alejé un poco, solamente para poder sacar un papel que guardaba en mis bolsillos.


"¿Podrías encontrar esta estrella?" – pregunté, tendiendo mi mano para mostrarle el plano


"Claro" – contestó y, mientras viajaba su mirada hacia el cielo, para adquirir una mejor referencia, regresé hacia mi mochila, y extraje de ella un pequeño oficio, enrollado y sostenido con un pequeño listón color rojo – "¿Se podría saber por qué estoy buscándola?"


"Por que la he nombrado con tu nombre" – respondí.


Mi novia se irguió, dejando de mirar por el telescopio, y contemplé como sus ojos se dilataban ligeramente, ante la noticia.


"Es oficial" – agregué, mientras le mostraba el papel – "Es del Registro Internacional de las Estrellas"


Bella se quedó pasmada por un momento y, tras pasar un par de segundos, una sonrisa fue estirando, poco a poco, sus labios. Caminó hacia mí, con los ojos brillando de la emoción. Tomé sus manos entre las mías y acomodé, en ellas, el oficio que demostraba la validez de lo que había dicho.


"Es maravilloso" – murmuró, mientras leía las letras impresas en él.


Su felicidad me sabía deliciosa. Me sentía absurdamente emocionado de que el detalle, realmente, le gustara de esa manera. Haría lo que fuera por verla, siempre, así de radiante. Bella se quedó un momento en silencio y, lentamente, fue alzando su rostro, hasta situar su mirada fijamente en la mía.


"Te amo" –


Es indescriptible todo lo que sentí al escuchar aquellas dos palabras.


Era la primera vez que lo decía, la primera vez que lo escuchaba de sus labios, y el sonido me pareció la música más hermosa que pudiera llegar a existir para mis oídos. No había dudado de su amor por mí – sabía que si había aceptado estar conmigo, se debía a que sentía lo mismo que yo por ella –, pero era algo realmente hermoso, único, el poder conjugar su mirada y aquellas palabras en una sola nota…


Di un paso hacia el frente y rocé su boca con la mía. Me encontraba demasiado emocionado por todo lo que sentía. Era un exceso de felicidad, dicha y amor que me volvieron ansioso y, por un momento, no logré controlar mis impulsos y la comencé a besar con más entusiasmo del que había demostrado anteriormente. Llevé mis manos hacia sus majillas y enrollé mis dedos en sus cabellos. Ella suspiró profundamente contra mi boca y su dulce aliento llegó hacia mi garganta. Una de mis manos viajó hacia su cintura y la apreté contra mí.


Sentí como su cuerpo se estremecía bajó mis brazos y como su boca comenzaba a mostrarse un tanto temerosa. Fue entonces cuando logré aclarar un poco mis ideas: Yo no quería que Bella pensara que solamente buscaba una oportunidad para aprovecharme de su inocencia. Independientemente de ello, tampoco quería que las cosas fueran así. Yo la amaba y, por ello, la quería tratar como la valiosa persona que era.


Ella se merecía mucho más que un arranque mío.


Me fui separando lentamente de sus labios


"Lo siento, lo siento" – susurré – "Me detendré" – prometí, mientras llevaba mis manos hacia las suyas.


Ella sonrió, agradeciendo en silencio mi autodominio, con sus mejillas completamente sonrojadas (lo cual, no ayudó mucho, pues, se veía adorable)


Nos dejamos caer sobre las mantas y ella acomodó su cabeza sobre mi pecho. Rodeé si cintura con mis brazos y hundí mi rostro en sus espesos caballos. Inspiré su dulce aroma.


"¿Me dirás algún día cuál es el objetivo número uno de tu lista?" – intenté averiguar, una vez más


Sentí como sus hombros se agitaban, ante la pequeña risita que ella soltaba. Tardó dos segundos antes de contestar


"Casarme en la iglesia en donde creció mi madre" – contestó, con voz baja – "Donde se casaron mis padres, en donde siempre me he criado"


Me quedé meditabundo un par de segundos, analizando sus palabras. Debo admitir que lo último que llegué a imaginar era eso. Definitivamente, Bella era alguien completamente impredecible para mí…


Casarse, un deseo muy sencillo, si en boca de otra mujer lo hubiera escuchado, pero sus labios le daban a aquella unión de letras un significado diferente. Un significado que me parecía atrayente, deseado.


Casarse… ¿Sería yo el hombre dichoso que podría llegarle a cumplir ese deseo? ¡Cuánto lo deseé realmente! Como ni en mis más alocados sueños llegué a imaginarlo. Pero, éramos jóvenes, demasiado, y no quería asustarla con un comentario demasiado entusiasta. Decidí guardar silencio y ella mantuvo su cabeza inclinado sobre mi pecho, durante casi una hora.


"¿En qué piensas?" – quise saber


"En el bien y en el mal" – respondió y, en ese momento, justifiqué lo apesadumbrada de su voz por el sueño – "¿Tu crees que, cuando se ama, las mentiras puedan llegar a ser justificación por ese amor que dices proferir? ¿Acaso tu amor no es sincero cuando le mientes a la personada que te acompaña?"


"¿Por qué dices eso?"


"Tú… ¿Me odiarías si yo te estuviera mintiendo en estos instantes?"


Fruncí el ceño, completamente confundido. Sabía que no se trataba de ninguna broma, pero, no lograba entender a dónde es que quería llegar. Ella también se giró para mirarme a los ojos y me estremecí al ver una sombra cubriendo el marrón de sus pupilas. Tomé su rostro entre mis manos


"Yo nunca podría odiarte" – susurré – "Además, me has dicho tu mayor secreto, ¿No es así? ¿Qué otra cosa podría ser más confidencial que el objetivo que encabeza tu lista de sueños?"


No contestó.


Sentí una terrible punzada cuando, ella, solamente dio media vuelta, y volvió a dejar caer su cabeza sobre mi pecho, como si nada hubiera pasado. No quise insistir. Sabía que si había algo que tenía que decirme, lo haría cuando ella lo creyera conveniente. Además, el mundo no se iba a acabar por un pequeño secreto…


¿Verdad?...


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Al día siguiente.


Bajé las escaleras de mi casa, arrastrando los pies. Tenía pocas horas que había llegado del prado y el desvelo me estaba empezando a cobrar sus intereses. Bostecé fuertemente, cubriéndome la boca con una de mis manos, al llegar a la cocina, en donde Esme estaba friendo unos huevos.


"Buenos días" – saludé, mientras le depositaba un beso sobre su mejilla


"Buenos días" – contestó. Tomé asiento, frente a la mesa y, de manera completamente desganada, dejé caer mi rostro sobre ésta. Volví a bostezar


"¿Alguna fiesta?" – preguntó mi madre, intentado adivinar el por qué de mis ojeras marcadas en el rostro


"No" – contesté, sonriendo al instante al recordar a mi novia – "Estuve con Bella"


Los ojos de Esme se dilataron hasta ya no más poder. Instantáneamente, supe lo que estaba pensando.


"Edward, ten cuidado, es la hija del reverendo…"


"Mamá" – interrumpí, demasiado divertido por el sermón que estaba a punto de soltar – "Con ella es diferente"


"¿Con ella es diferente?" – repitió, con voz y mirada completamente escépticas.


"Si" – afirmé, perdiendo todo posible atisbo de humor, y mostrándome lo más sincero posible. Eso pareció convencerla


"Espero que en verdad sea así"


"Mamá, Bella tiene fe en mi" – confesé, con una pequeña sonrisa surcando las comisuras de mis labios – "No podría fallarle de esa manera… ¿Sabes? Ella me hace querer ser diferente, alguien mejor"


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"Bella" – llamé, al ver que su rostro lucía mucho más pálido de lo normal – "¿No quieres que nos tomemos un descanso?" – propuse, pues supuse que las cinco horas que llevábamos estudiando, más el desvelo de haber pasado toda la noche en vela, le tenían agotada


Ella asintió, sin mencionar palabra alguna


"Hemos estudiado muy bien" – continúe – "¿Qué te parece si vamos a caminar un poco?"


Volvió a asentir.


Traté de no tomarle mucha importancia a su interminable silencio, que se extendió por todo nuestro paseo, pero fue imposible. Notaba algo extraño en ella, algo diferente y perturbador. Durante todo el camino, había sentido que su mano se encontraba demasiado fría y temblorosa. Además de que, por primera vez, aquel mutismo no me pareció algo reconfortante. Podía percatarme de una extraña y pesada atmósfera girando alrededor de ella. Se encontraba seria, distante, demasiado ausente de todas mis palabras…


"¿Estas preocupada por los exámenes finales?" – inquirí, tratando por enésima vez, de terminar con aquella afasia.


"No. De todos modos, no ingresaré a la universidad" – por un momento (solo por un momento) me sentí tranquilo al lograr obtener la respuesta más larga de toda la noche.


"Pero dijiste que ibas a ingresar…"


"No" – interrumpió, con su voz baja y pausada – "Tu lo diste por hecho. Yo no te aseguré nada"


"¿Irás al Cuerpo de Paz?"


"No"


"Ey" – susurré, dejando de caminar y jalándola, delicadamente, de la mano para que hiciera lo mismo. Aquel juego de monosílabos ya no me parecía gracioso – "¿Qué pasa?"


Levantó su rostro – por primera vez desde que habíamos estado juntos en ese día – y buscó mi mirada


"Estoy enferma"


"Oh, lo hubieras dicho desde un principio. Te llevaré a casa para que te sientas mejor y…"


"No, ¡Edward!" – interrumpió, con voz delicadamente frustrada por mi tan apresurada respuesta. Guardé silencio y esperé – "Estoy enferma" – volvió a repetir – "Tengo leucemia







1 comentarios:

keily dijo...

hola no tardes en publicar mas de el fic nuestra nueva familia besitos tu blog esta super.