Dark Chat

miércoles, 27 de enero de 2010

El Reinado de la Luna

Capitulo 4 . Lágrimas de Luna

Tal vez, la oscuridad me consumiera y pudiera desaparecer en su velo, tal como ella lo hace cuando los primeros rayos del sol acarician el horizonte.


No, esta era la realidad y tenía que enfrentarla.


Miré fijamente al licántropo y al vampiro.


-Los dos reyes andan tras de ti.


No era una pregunta lo que había salido de los labios de Adam, pero de cualquier forma asentí.


Ambos arquearon las cejas y me miraron sorprendidos.


-Y supongo que ninguno de los dos es consciente de la competencia que tiene ¿o sí? –el licántropo comenzaba a tener dificultades para hablar con calma.


Me mordí el labio. Edward sabía que Jacob se preocupaba por mí, pero no estaba enterado de la proposición que me había hecho el rey de los hijos de la Luna. Jacob, por su parte no tenía ni idea de lo que Edward sentía por mí.


-No –musité.


-Mi señor no va a estar muy contento con esto –comentó Anthony.


-Ni el mío tampoco.


Hice una mueca, parecía que yo era un imán para los líos.


-Pero por ahora, tenemos que resolver el problema inmediato –dijo Adam-. Sólo yo voy a cuidar de ti.


-No –gruño el vampiro-, tengo órdenes y pienso cumplirlas.


Adam estaba a punto de protestar algo pero lo interrumpí.


-¡Los dos o ninguno! –me crucé de brazos. Casi prefería que escogieran la segunda opción, pero sabía que eso no iba a suceder.


-Yo no te voy a abandonar –dijo Anthony firmemente. Sus ojos se quedaron en los míos unos momentos y después de un rato desvió la mirada-. Es mi deber.


-¡Ni yo! –Adam lo fulminó con la mirada-. ¡No la voy a dejar!


Suspiré.


-De acuerdo –dije rendida-. Y no quiero peleas, los dos se van a comportar.


Los escuché gruñir a mis espaldas.


No me importaba caminar hasta el departamento, después de todo, con dos sombras como las que tenía siguiéndome ¿Quién se me iba a acercar?


Estrellas, brillantes astros distantes, crueles, mostrando toda su belleza sin la esperanza de poder alcanzarlas, se amontonaban sobre la capa negra que cubría el cielo. Podía apreciar su belleza sobre el edificio, que se levantaba cansado y viejo, una construcción acabada con el paso de los años.


Me adentré en él, feliz por la promesa de una cama, por un descanso que tanto ansiaba.


-Si hubieras aceptado mi ayuda, no estarías tan cansada, pequeña mía –dijo Adam.


Durante todo el camino había estado insistiendo en llevarme en sus brazos, algo a lo que yo siempre respondía con una negativa.


-Aún puedo llevarte hasta tu cama –siguió Adam, arqueando una ceja de manera provocativa.


Anthony lo observó con desaprobación.


-Si te dije que no antes, no veo porque vaya a cambiar de parecer ahora –contesté.


-No la trates así –intervino el vampiro-, ella no va a ser para ti.


-Bella –dijo Adam devolviéndole un gesto de disgusto-, puede decidir lo que quiera, eso nadie se lo puede impedir.


Puse los ojos en blanco.


-¡Sigo aquí! –exclamé.


Ninguno de los dos me hizo caso, Anthony parecía querer replicar algo, pero lo interrumpí.


-¡Basta! –grité-. ¡Nada de peleas!


Me giré hacia la puerta.


-Ahora si me permiten, voy a dormir –dije antes de cerrarla detrás de mí.


Mis sueños, sin compasión, se transformaron en pesadillas.


La luna triste, lloraba rayos color sangre, mientras observaba la destrucción que había en la tierra.


Sola, en medio de un bosque muerto, me encontraba ataviada con un vestido blanco. Alcé la cabeza y pude ver su dolor, y sentirlo como si fuera mío, me iluminó con sus rayos, tiñendo a mí alrededor de rojo. La luna quería decirme algo.


Escuché un aullido, uno de dolor y una pérdida terrible. Entonces los vi.


Dos lobos de un pelaje hermoso, su cuerpo inerte muy cerca de mí. Asustada, me levante y retrocedí lejos de ellos, pero mi pie tropezó con algo y casi pierdo el equilibrio.


Di la vuelta lentamente, para encontrarme con otro cuerpo. Ahora eran tres lobos asesinados.


¿Quién les había arrebatado sus vidas?


La sombra de un hombre apareció frente a mí, mi mente reconoció la silueta, lo había visto desde mi ventana, vigilándome.


Desperté.


Los primeros y tenues rayos del sol, lograron tranquilizarme un poco.


Nada había sido real.


Detrás de la puerta, me encontré con el licántropo y el vampiro, con las mismas expresiones de desprecio en su rostro. Se mantenían lo más alejados el uno del otro y al mismo tiempo lo más cercanos a mi puerta.


No pude contener la risa que escapó de mí.


-¿Algo gracioso que veas, pequeña mía? –preguntó Adam.


Asentí.


-Ustedes.


Los ojos de Anthony se agrandaron un poco y vislumbré la aparición de media sonrisa en sus labios, que rápidamente borró y reemplazó por su acostumbrada expresión de seriedad.


-Es agradable verte sonreír –comentó Adam.


Abrí la boca para responder algo, pero los pasos de mi vecina me interrumpieron. Subió las escaleras y pasó por el pasillo, se aproximó a su departamento no sin antes de dirigirme una mirada de desaprobación.


-Estás jóvenes de ahora –murmuró la mujer madura, lo suficientemente alto para que el mensaje llegara hasta mis oídos-. ¡No hay pudor! En mis tiempos una muchacha decente no dejaba que dos hombres la buscaran a su casa.


Cuando la mujer desapareció tras su puerta me giré hacia el licántropo.


-¿Adam?


El sonrió.


-Ella pasó hace rato y nos pregunto porque estábamos aquí.


-¿Y qué le respondiste? –pregunté molesta.


-Que esperábamos por la hermosa chica que vivía adentro –dijo mirando hacia mi departamento.


Lo fulminé con la mirada.


-Pasen –musité abriendo completamente la puerta. No quería que nadie más los viera.


-¿Tienes algo de comer? –preguntó Adam al entrar.


-Sí –me dirigí a la pequeña cocina y saqué un plato de lasaña congelada.


-¿Me vas a preparar comida, pequeña mía? –preguntó el licántropo.


-Sólo la voy a calentar –dije metiendo el plato en el microondas-. ¡Y deja de llamarme así!


El sólo sonrió, cuando vio la lasaña caliente enfrente de él.


Me dejé caer en el sofá de la salita y encendí el televisor. De reojo vi a Anthony apoyado contra la pared, los brazos cruzados sobre el pecho. Vi la mueca de incomodidad atravesar su rostro al ver hacia la ventana. Me di cuenta de que estaba abierta y daba paso a la luz cálida del día.


Tanto licántropos como vampiros se debilitaban un poco en el día, pero los primeros se habían acostumbrado a ello y salían a horas matutinas, pero los vampiros pensaban completamente diferente, evitaban lo posible salir hasta que la oscuridad cubriera el cielo.


-Tengo más hambre –Adam salió de la cocina.


-No tengo más –dije, que era la verdad. Yo casi no comía en casa, y cuando lo hacía no consumía mucho-. Pero no puedes… ¿ir a cazar?


-No puedo dejarte desprotegida –dijo, aún cuando su rostro reflejaba cuanto deseaba comer.


-Aquí está Anthony –contesté-, además no tengo ganas de salir en estos momentos, así que me quedaré.


-¿Dejarte con el chupasangre? –preguntó como si me hubiera vuelto loca.


-Yo nunca te haría daño –intervino Anthony hablándome a mí.


-Adam, no me va a pasar nada –dije-, ahora mejor vete.


-Si regreso y descubro que la has tocado –amenazo-, te despedazo chupasangre.


-Adiós cachorro –se despidió Anthony.


Un gruñido vibró en la garganta de Adam.


Le subí el volumen a la tele, para ahogar su discusión, que por fortuna no duró mucho porque el licántropo me hizo caso y se fue.


Cuando giré la cabeza vi a Anthony con la misma expresión de frustración por la luz. Me levanté y cerré las ventanas, al igual que las cortinas, logré ahogar buena parte de los rayos.


-¿Mejor? –le pregunté.


Se vio aturdido con mi pregunta, después de un rato asintió.


-¿Por qué lo hiciste? –cuestionó.


-Creí que a los vampiros les molestaba el sol –dije insegura-. ¿No te molesta?


-Sí, es sólo que no entiendo porque te preocupas por mí –contestó mirándome a los ojos.


Me encogí de hombros.


-Tú me estas cuidando, tengo que agradecerlo de alguna forma –dije.


-Pero no tenías que hacerlo –insistió-. Es mi deber protegerte…


-Lo sé –lo interrumpí-, pero quise hacerlo.


Sus ojos me estudiaban como si nunca me hubieran visto antes, y como era su costumbre, desvió la mirada.


Confundida por su comportamiento me volví hacia el televisor. Pasé los canales uno por uno buscando algo que llamara mi atención, lo dejé en una película de terror, por el blanco y negro en ella supe que era muy antigua, pero era lo mejor que había.


Sólo unos minutos pasaron y ya estaba más aburrida que asustada, mis párpados pesaban y dejé que mis ojos se cerraran…


Al despertar, supe que ya casi no quedaba tiempo para la noche, porque estaba mucho más oscuro. Me levanté de ¿la cama?


Giré mi cabeza, para descubrir que estaba en mi habitación. Pero yo no recordaba haber llegado a ella.


No le tomé importancia, sobre todo porque había otros asuntos en los que era mejor concentrarse. Como el licántropo que ya había regresado al departamento, y para variar estaba discutiendo con el vampiro.


Adam y Anthony dejaron de gritarse cuando salí del cuarto.


-¡Pequeña mía! –exclamó el licántropo caminando hacia mí con los brazos extendidos.


-Distancia –dije extendiendo un brazo en frente de mí, para evitar su avance.


Adam hizo una mueca de frustración y dejó caer los brazos a los costados. El vampiro apretó los labios, como si quisiera reprimir una sonrisa.


-Esperen a fuera a que me cambie para irnos al Luna Llena –dije.


-No vamos a ir allá –me contradijo Anthony-, vamos al Noche Eterna.


-¿Qué?


-Ahí acordaron reunirse los dos reyes –contestó Adam-, para arreglar unos asuntos que tienen pendientes.


-¿Y por qué voy a ir yo? –les pregunté.


-Porque mi señor quiere que estés ahí junto a él –dijo Anthony.


-Y él rey de los licántropos también desea tu compañía –dijo Adam.




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Capitulo 5 . Reunión


Detrás del cristal, la noche aguardaba envolviendo las calles. Las casas, desaparecían rápido frente a mis ojos, y todo lo que llegaba hasta mis oídos era el motor del auto donde me encontraba.


Anthony, con su velocidad inhumana, se había adelantado y traído un vehículo para trasladarnos hasta el Noche Eterna. Lo que provocó enfado en Adam, pues se negaba a viajar en el carro de un “chupasangre”, el vampiro por su parte no le importaba, ya que, como había dicho sólo era para llevarme a mí, y que no pensaba de ningún modo meter “mascotas” en el.


En ese momento tuve que intervenir.


-Sino suben los dos y se comportan –había dicho, mirándolos fijamente-, yo tampoco lo hago.


Eso puso fin a la discusión, pero para mi dolor de cabeza, dio paso a otra.


Anthony quería que fuera en el asiento de adelante con él, Adam quería que fuera en el asiento de atrás con él. Harta y muy molesta les había gritado que me iba a sentar atrás, pero sola.


Miré al asiento de adelante, observando al licántropo y al vampiro, ambos con la mandíbula apretada y con una expresión de desprecio mutuo.


No sabía si reírme o preocuparme.


Me estremecí cuando sentí el auto detenerse, habías llegado. De los recuerdos que me provocaba ese lugar, en todos, siempre salía algo mal. Esperaba que esta vez fuera la excepción.


Logré salir del vehículo antes que mis dos protectores, así evitaba otra pelea, ellos buscaban cualquier pretexto para reñir y no iba a dejar que el “quien abría mi puerta primero” fuero otro más.


Fui la primera en entrar, seguida del licántropo y el vampiro. Todo estaba igual que en mis recuerdos, las camareras se paseaban por el lugar en busca de un vampiro hambriento que mordiera su cuello, también estaban listas para traer bebidas, por si ellos ya venían con su pareja y preferían abstenerse de enterrar sus colmillos. Lo único que era diferente, era la mesa vacía en al fondo, con cuatro licántropos de pie a pocos metros de ella.


-Están aquí por si los clientes de este lugar se comienzan a portar hostiles con el rey –dijo Adam al seguir la dirección de mi mirada.


-¿Por qué no han llegado?


-Seguramente aún está ocupado –respondió primero el licántropo, hablando por Jacob solamente-, las cosas no han estado muy bien últimamente.


-Mi señor ha tenido complicaciones, debido a su recién adquirido puesto de rey –dijo Anthoy-, por eso aún tiene que arreglar muchas cosas.


Me hubiera gustado que la mesa escogida para la reunión de reyes, no fuera la que estaba hasta el otro extremo del lugar, y así evitarme todo el camino hasta ella, con todas las miradas vampíricas siguiéndonos.


Adam, a pesar de todas las miradas hostiles que recibía a su paso, no parecía importarle, o por lo menos aparentaba completa tranquilidad frente a ellos.


Después de lo que me pareció un camino bastante largo, llegamos hasta el lugar asignado.


-Creo que tendré que esperar a que llegue el rey –dijo Adam observando la puerta por donde habíamos entrado con recelo-, tengo que ponerlo al tanto de la situación.


El licántropo me dirigió una mirada interrogativa.


-Ve –le dije-, voy a estar bien.


Adam llegó hasta la puerta en menos de la mitad del tiempo que nos había tomado en entrar, y supe que era debido a mí, ambos habían ralentizado su paso para caminar a mi lado, me sentí completamente lenta en ese momento.


Sacudiendo mi cabeza, dejé que mi atención volviera a la mesa. Descubrí con horror que en la mesa había cuatro sillas, cada par en extremos opuestos.


-Si aquí se van a sentar Edward y Jacob ¿para qué son las otras dos? –cuestioné. Aunque no necesitaba preguntarlo, lo sabía.


-Para la pareja de los reyes –dijo Anthony-, que resultarse ser tú.


-¿Dos sillas para mí? –una risa nerviosa escapó de mis labios. Intenté pensar en qué hacer, o mejor dicho, en donde sentarme.


Con un suspiro tomé una de las sillas y la arrastré. Anthony se acercó y me lo impidió tomando mi mano.


-Puedo hacerlo yo –dijo, sin soltarme.


-Gracias –dije. Observé su mano en la mía-. Ya puedes liberar mi mano.


Parpadeó y alejó su brazo.


-¿Dónde la pongo? –preguntó mirando a cualquier parte menos a mí.


Siguiendo mis instrucciones, el vampiro retiró la silla y acomodó la otra en medio, de manera que la mesa ahora tenía tres asientos, dos el uno en frente del otro y un tercero a la misma distancia de los otros dos.


Justo cuando me iba a sentar, Edward entró en el bar.


Lo vi sonreír al momento de que su mirada se cruzó con la mía. No tuve tiempo ni de respirar, porque ya me encontraba en sus brazos.


-Bella –dijo lentamente. Sus manos comenzaron a acariciar mi cabello.


-Edward –musité separándome un poco para verlo a los ojos.


Besó mi frente, y después de un rato me soltó por completo.


Miró interrogativamente la silla en la que me senté.


-¿No vas a sentarte junto a mí? –preguntó.


Me encogí de hombro, tomé una bocanada de aire antes de hablar.


-Jacob también me invitó aquí –comencé insegura-, para que estuviera con él.


Edward seguía con la mirada en mí, esperando más explicación.


-El rey licántropo está interesado en ella –intervino Anthony viendo que mi voz se había ido a otro lugar.


Vi las manos de Edward convertirse en puños, así como su expresión se volvió peligrosa.


Pero sus ojos se suavizaron ligeramente al ver mi expresión preocupada.


-Tranquila –me dijo entrelazando sus dedos con los míos-, no va a pasar nada, sólo quiero dejar en claro algunas cosas con él.


No sirvió de nada, sus palabras no lograron calmarme.


Jacob entró poco después, seguido de Adam. Por la expresión de rabia contenida del rey licántropo, supuse, que mi protector ya se había encargado de informarle unas cuantas cosas.


Llegó hasta nosotros, dirigiéndome una sonrisa y una mirada de desprecio a Edward.


Ambos se quedaron de pie, mirándose fijamente.


Pude sentir la tensión en el aire.


Sentí que los minutos se alargaban, mientras los dos reyes se fulminaban con la mirada, pero por fin después de un rato, se sentaron.


-Yo la amo –Edward fue el primero en hablar.


-Yo también –contestó Jacob con firmeza.


Anthony se colocó a mi derecha, y Adam a mi izquierda, ambos parecían listos para sacarme de ahí a cualquier señal de pelea.


-Yo quiero que sea mi reina –dijo Jacob.


-Yo también.


Ambos perdieron el control por un momento, Edward le mostró sus colmillos a Jacob, y él en respuesta gruñó.


-¡Por favor no! –sollocé.


-Lo siento, Bella –Edward intentó tranquilizarse. Después se dirigió a Jacob-. No quiero verla triste, así que intentaré portarme lo más civilizadamente contigo.


Los hombros de Jacob perdieron su tensión lentamente y después asintió.


-De acuerdo –dijo mirándome-. Pero antes de llegar a una solución, necesito hablarte de un problema que ha tenido mi comunidad recientemente.


Después del asentimiento de Edward, Jacob comenzó a contarle sobre los asesinatos de los licántropos. Ahora eran tres.


Con un estremecimiento, recordé mi sueño. Había visto tres cadáveres de lobos… sacudí la cabeza, convenciéndome de que sólo era una coincidencia.


-Eran muy cercanos a mí –dijo Jacob, sus ojos brillando repentinamente con dolor-, y quiero encontrar al culpable.


-Piensas que es un vampiro –dijo Edward.


-Sí –afirmó-, ustedes nos odian.


-El sentimiento es mutuo –replicó Edward-, según tengo entendido.


-Quiero que investigues dentro de los de tu raza –siguió Jacob-, en nombre de la paz entre las dos comunidades.


-Lo haré –dijo Edward-, pero debes considerar la posibilidad que haya sido uno de los tuyos.


Jacob apretó los labios.


-Lo hago –dijo-, he estado buscando al culpable, pero no he conseguido mucho.


-Si es que el asesino es un vampiro –contestó Edward-, lo encontraré y te lo traeré para que seas tú quien le dé su castigo.


Siguieron un rato más con la conversación, Jacob le dio datos de los licántropos muertos y en qué lugar habían sido encontrados cada uno.


Cuando terminaron de hablar, los dos me observaron por un momento.


-Quiero que ella sea feliz –dijo Edward-, así que dejaré que sea ella quien decida, cuando esté lista.


-Sí –coincidió Jacob dirigiéndome una sonrisa-, pero eso no significa que deje de esforzarme, seguiré insistiendo para que sea a mí a quien elija.


-Yo tampoco te lo voy a dejar fácil –dijo Edward-, ni quitaré la protección que he puesto sobre ella.


-Ni yo.


Ambos se levantaron y se inclinaron hacía mí, sus labios presionaron mis mejillas al mismo tiempo.


Jacob se despidió de mí y se fue seguido de los cuatro licántropos que estaban cerca de nosotros.


-Nos vemos Bella –dijo Edward, antes de irse.


Suspiré, y me dirigí a mis protectores.


-Quiero regresar al departamento –musité. Mi mente se había convertido en un sinfín de pensamientos entrelazados, negándose a ser desenredados.


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Capitulo 6  . Contienda


La mañana, normalmente tranquila en mis días de soledad, inició con una discusión, una de la que yo no formaba parte.


Lo peor, era que yo le había abierto la puerta a esa agitación y me había despedido de la paz en mi departamento.


Ni siquiera me prestaron atención al entrar, cansada de tener que intervenir siempre en cada pelea, me dirigí al sillón y encendí el televisor. Era una buena forma de ahogar sus gritos.


-¿Quién más puede ser chupasangre? –preguntó Adam.


-Uno de ustedes.


-¿Matarnos entre nosotros? –gruñó el licántropo-. ¡Van tres asesinatos! ¡Sólo una mente enferma de rabia puede hacer esto!


-Por supuesto, los peores siempre somos nosotros –Anthony dejó al descubierto sus colmillos.


Ni el volumen más alto logró mantenerme ajena a su discusión. Me levanté y salí al pasillo.


-¿A dónde vas? –preguntaron los dos al unísono.


-Tengo que comprar algo de comida –contesté-, ya no me queda nada.


-Voy contigo –dijo Adam.


-Yo también –dijo el vampiro.


-Creo que les haría bien estar separados un rato –comencé-, así que, lo mejor será que te quedes aquí Anthony.


Era más para evitar que el vampiro saliera a la luz del sol, pues sabía la gran incomodidad que le provocaría. Mi expresión debió delatar mis verdaderas intenciones, porque sus ojos brillaron de gratitud.


-Como tú desees –fue su respuesta.


Pronto me arrepentí de dejar al vampiro en el departamento.


-Si querías estar a solas conmigo sólo tenías que pedirlo, pequeña mía –Adam caminaba muy cerca de mí.


Puse los ojos en blanco.


-¡Quiero tener paz aunque sea por cinco minutos! –exclamé, lo que también era verdad. El camino al supermercado me había parecido más silencioso, sin contar con los comentarios que hacía Adam a cada paso, y es que en todo el trayecto no había escuchado ni un solo gruñido o amenaza.


-El chupasangres me provoca –replicó.


-Los dos, tienen la misma culpa –dije-. ¿No pueden intentar llevarse bien?


-Está en nuestra naturaleza pelear –respondió Adam-, no podemos evitarlo.


-Si lo intentaran, podrían –murmuré.


El licántropo me causó muchos problemas en el supermercado.


-¡Adam, no voy a llevar toda esa carne! –observé horrorizada el carrito lleno de carne congelada.


-Si no te gusta, yo me la puedo comer –dijo con una sonrisa que mostraba su dentadura.


Fruncí el ceño.


-Ni siquiera tengo espacio para todo eso –repliqué.


-No hay problema, no va a durar mucho –insistió.


-Tú puedes cazar para alimentarte –me crucé de brazos, no iba a permitirle ganar.


-Pero, de esta forma no estaré tanto tiempo fuera y podre cuidarte mejor –dijo.


-No, y devuelve eso a su lugar.


A regañadientes Adam devolvió la carne al congelador.


Después de todo no había logrado escapar de las discusiones.


Al llegar, descubrí los beneficios de tener protectores, podían cargar las cosas por ti. Miré sobre mi hombro, a un Adam con el ceño mortalmente fruncido y las dos manos ocupadas, con bolsas llenas de comida.


Me reí.


Anthony miró de uno a otro y arqueó las cejas hacia mí.


-No lo dejé comprar carne –contesté a una pregunta que no hizo.


El vampiro sonrió levemente.


-¡Pero tenías que comprar todo esto! –exclamó Adam, observando las verduras como si fueran otro más de sus enemigos mortales.


-Esto –dije mientras guardaba la lechuga en el refrigerador-, hace mucho bien a la salud, deberías comerlo de vez en cuando.


Hizo una mueca de asco.


-Los licántropos no necesitamos nada más que carne –replicó.


-Ayer comiste pasta –dije.


-No lo necesitamos, pero podemos comer de otras cosas –terminó.


Suspiré.


-Como digas.


La entrada al Luna Llena fue hostil. Los licántropos observaban con odio a Anthony, mientras se desplazaba a una orilla del bar y se recargaba en la pared.


Para Adam y para mí fue completamente opuesto, las miradas que nos dirigían eran admiración, para él, y creí ver algo de respeto y obediencia dirigidos a mí.


Me estremecí, ante la sola idea de convertirme en reina.


-¿Otro amigo? –preguntó Jason poco después de que llegara la medianoche.


-¿Qué?


-El vampiro –dijo serio-, supongo que también es otro de tus amigos. Al igual que el licántropo.


-Ah –balbucí-, pues sí.


Me observó fijamente, sus ojos intentando encontrar la verdad en los míos.


-Espero que sean de fiar –comentó.


-Les confiaría mi vida –contesté, que era de hecho lo que estaba haciendo.


-No creo que haya sido buena idea traerlo aquí, Bella –continuó Jason-, si es tu amigo como dices, debes decirle que se vaya antes de que los licántropos decidan hacer algo más que observarlo con desprecio.


Seguí la mirada de mi amigo, y coincidí con él, un grupo de licántropos hablaban rápidamente entre ellos y le dirigían miradas hostiles.


Me dirigí a él a paso rápido, lo más rápido que podía caminar una humana como yo, que no era mucho.


-Anthony, creo que será mejor que salgas de aquí –murmuré cerca de él.


-¿Por qué? –preguntó como si no notara la tensión que se empezaba formar entre los licántropos.


-¡Porque te pueden hacer daño! –exclamé exasperada.


-¿Otra vez te preocupas por mí?


¿En qué idioma estaba hablando? ¿O quizás Anthony tenía problemas de oído?


-¡Claro que sí! –dije-. Ahora, vete de aquí.


Extendió su brazo hacia mi mejilla, pero antes de que sus dedos rozaran mi piel, parpadeó como si no comprendiera lo que estaba a punto de hacer y volvió a cruzar sus brazos, apretándolo fuertemente contra su pecho.


-No voy a irme –dijo, sus ojos evitando mirarme.


-Tienes que hacerlo –insistí-, estarás mejor afuera.


-Tengo que cuidar de ti.


-¡Yo estoy bien! –dije enojada.


-Aún así, no saldré.


-¡Eres tan obstinado! –resoplé.


-No te preocupes tanto por mí –dijo volviendo los ojos a mi rostro.


Di media vuelta.


-¡Ya no lo hago! –mentí-. ¡No me importa, haz lo que quieras!


Mi tranquilidad llegó junto con la hora de cerrar del bar, la mayoría de los clientes habían salido, sólo era cuestión de minutos para que quedara vacío.


-¡Qué demonios! –Lissa exclamó mientras limpiaba una de las mesas-. ¿Ese vampiro que llegó contigo todavía no se va?


Me giré hacia ella.


-Le dije que lo hiciera –dije.


-Pues hoy tuvo mucha suerte –musitó mi amiga-, estuvo a muy poco en convertirse en cena.


-Lo sé, pero no me escuchó –concedí frunciendo el ceño.


-Pero no me has dicho porque vino contigo –dijo Lissa.


Apreté los labios sin saber que contestar. Mi amiga ya sabía lo de Adam. ¿Estaría bien contarle lo demás? Ella no sabía sobre el rey de los vampiros, y en teoría, no debería enterarse. Sacudí la cabeza, no iba a meterla en problemas por querer desahogarme.


-Sólo dime –musitó-. ¿No estás en problemas o sí? ¿No tienes otra deuda con un vampiro verdad?


Negué con la cabeza.


Lissa abrió la boca, pero en lugar de una pregunta, un gemido escapó de sus labios.


Tres licántropos habían rodeado a Anthony. Los gruñidos vibraron en las tres gargantas, amenazadores. El vampiro, en respuesta, les mostró los colmillos.


Uno de los licántropos saltó sobre él.


Eso fue suficiente para mí, corrí hacia ellos.


-¡Bella, no! –Jason me tomó del brazo-. Si te metes en la pela saldrás lastimada.


-¡Suéltame! –chillé.


No podía zafarme, Jason era mucho más fuerte que yo.


Anthony había logrado lanzar a uno de ellos, el licántropo había caído encima de una mesa, que terminó destrozada por el impacto. Pero los otros dos, no queriendo terminar con la lucha, arremetieron contra él.


Adam se acercó a Jason y a mí, me tomó por los hombros para detener mi forcejeo.


-Tranquila, pequeña mía –dijo Adam-, el es fuerte no le harán daño.


-¡No! –grité furiosa-. ¡Basta! ¡Deténganse ahora mismo!


Los dos licántropos se separaron de Anthony y me observaron fijamente. Adam, aturdido, me soltó. Aproveché el momento para correr y aferrarme a uno de los brazos del vampiro.


Fruncí el ceño y con la mirada reté a los dos licántropos a que siguieran con el ataque.


Retrocedieron.


-Tienes suerte –dijo uno de ellos, el más alto-, ser tan cercano a nuestra futura reina.


Ambos me dirigieron una inclinación de cabeza. Ayudaron al tercer licántropo, que yacía en el suelo entre escombros, a levantarse y se fueron.


-Así que –dijo Anthony tras un largo rato de silencio-, ya no te preocupas por mí… ¿eh?


Le saqué la lengua.


-¡Cállate! –exclamé molesta. Solté su brazo-. ¡Esto también es tu culpa! ¡No quisiste escucharme!


A pesar de que ya me encontraba fuera, junto a mis dos protectores, en la calmada oscuridad de la fría noche, no me sentía tranquila.


Entonces lo vi, y mi corazón reaccionó a él de forma violenta, sus latidos se aceleraron alarmantemente dentro de mi pecho. Edward estaba de pie a sólo unos metros de mí, con los brazos extendidos y una sonrisa invitadora en su rostro.


Sin saber bien lo que hacía, corrí hacia él y me fundí en su abrazo.


Nada malo podía ocurrirme ahora, nada mientras estuviera con él.


Me estremecí ante ese extraño y sorpresivo pensamiento que se había apoderado de mi mente.


-Bella –murmuró. Miró encima de mi hombro y añadió:- Creo que ella puede prescindir de ustedes por ahora.


Giré la cabeza y lo vi. Adam y Anthony no se movieron, me veían con expresiones completamente serias.


-Estaré bien –dije completamente segura-. Espérenme afuera del departamento.


El licántropo y el vampiro me observaron un momento más y desaparecieron en la oscuridad.


-Bella –repitió Edward, pero esta vez cerca de mis labios.


Una mano me tomó de la nuca, enterrándose en mis cabellos, mientras la otra descendía hasta mi cintura.


Su boca descendió sobre la mía, primero lentamente y luego más posesiva. Pero esta vez, fue distinto, me embargó una sensación que no conocía, pero que disfruté estando tan cerca de él. Mis brazos, como si tuvieran vida propia, rodearon su cuello.


El retrocedió un poco, sus ojos dorados, oscurecidos, me miraron fijamente.


-No sabes lo difícil que es para mí, estar lejos de ti –murmuró antes de trazar un camino de besos por mi cuello.


Sentí sus colmillos rozar mi piel.


-Bella, por favor –dijo entre besos-, déjame beber de ti.


-Sí –suspiré.


Sus colmillos atravesaron mi cuello, me estremecí. Su mano, sujeta a mi cabello, se unió a la otra en mi cintura y me estrechó más cerca. Mi corazón seguía con su ritmo acelerado y no parecía querer calmarse.


Su lengua selló la herida cuando terminó, y volvió a besar esa aérea de mi piel.


-Te amo –dijo mirándome a los ojos-, y se cual sea tú decisión siempre lo haré.


Entrelazó sus dedos a los míos, y comenzamos a caminar con la Luna como nuestra guía.


Cuando llegamos al departamento, Anthony y Adam me estaban esperando. Ambos tenían los brazos cruzados sobre el pecho y los labios apretados, parecía que no hubieran hablado en años.


Edward los ignoró y me besó en la frente.


-Te veré pronto –dijo.


-Hasta luego Edward –contesté sonriendo. Mi expresión no se borró hasta que lo vi desaparecer.


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