Dark Chat

jueves, 6 de enero de 2011

Pecados Carnales

Capítulo 16. Viejos Enemigos

- Mi mami durmió aquí

Le dijo Anthony a Tanya cuando esta le había preguntado sobre su día con su madre. Me sonreí al pensar en eso y me sonroje cuando ella me dio esa mirada acusadora.

- Demasiada información, estas confesando a mi hijo y eso no es correcto.

Interrumpí tomando a Anthony en los brazos, lo hice girar como avión, su risa hacía que mi corazón brincara de felicidad. Se sentía tan bien verlo feliz, incluso creo que estaba más feliz que antes, como que antes que estuviera Bella, era feliz pero apagado, ahora se había vuelto más risueño y eso que sólo había pasado un día con ella.

- ¡Papi… más, más yo quiero más!

Me pidió cuando finalmente lo deje en el suelo, mi madre me miró feo y tenía claro que me estaba regañando por zarandear a Anthony de esa manera.

- No puedo, tu abuela me matará

Le respondí arreglando la ropa, me hizo un puchero pero luego como siempre olvido lo que quería cuando se percató que Tanya abría el refrigerador.

- ¿Ya se van?

Me preguntó mi madre cuando me vio tomar la chaqueta, le di un beso en la frente y luego un beso a Anthony que corrió hasta mí.

- Papi no te vayas –me pidió

- Volveré luego, tengo que hacer un par de cosillas pero cuando llegue estaremos todo el día juntos vale

Consolé y cómo explicar que iba a ir a comprar sus regalos de navidad. Tanya lo tomó en brazos y se lo dio a mi madre.

- Ya, pequeñuelo, cuando vuelva te traeré un regalito pero tienes que prométeme que te portarás bien con tu abuela, ¿prometido?

Le preguntó levantando la mano y mi pequeño hijo la choco dándole un beso en el cuello a su madrina.

- ¿Desayunaste?

Me pregunto Tanya apenas salimos de mi departamento aún con la mirada picara que tenía y yo me sonreí, trate de mantener a raya el rubor en las mejillas pero creo que iba a ser casi imposible.

- No

Conteste carraspeando para hacer mi voz más ronca y con eso sonará un poco más fuerte.

- ¿Se quedo contigo… digo contigo… contigo?

Insistió divertida ante la pregunta y yo la miré raro - por qué tanta curiosidad -me pregunté. No le contesté sino que solo me reí sacando el auto del estacionamiento. Ella siguió hablándome sobre Bella unos minutos más pero como solo le conteste con monosílabos lo desecho al cabo de un par de minutos. Hablar ese tema con ella me incomodaba por varias razones particularmente una y que tenía que ver con una noche en que habíamos tomado unas copas de más ambos y a pesar que ya habíamos aclarado las cosas, siempre tenía esa sensación que a ella le dolía en parte hablar sobre Bella, a pesar que trataba de no darle importancia. Finalmente se dio por vencida y me cambió el tema a los regalos, particularmente el de Anthony.

- ¿Vas a comprarle lo que pidió en la carta?, la tengo justo aquí

Me preguntó sacando el papel que ella misma le había ayudado a escribir a mi hijo de cuatro años y medio. Si tenía suerte la próxima navidad lo haría con su madre.

- Depende de lo que haya pedido –le contesté

- Bueno en realidad solo pidió dos cosas y una creo que va por buen camino, así que te quedaría solo una.

Me comunicó tratando de contener la risa.

- ¿Qué dice esa carta?

Proteste tratando de arrebatársela de entre las manos pero ella lo impidió, estábamos en eso cuando Tanya me pidió que me detuviera de improviso.

- Espera, estaciona aquí. No quiero que te desmayes por no haber desayunado, tienes que recuperar tus fuerzas, nos queda un largo día eligiendo regalos para tú hijo.

Exclamo seria, guardando la carta en su cartera y demandando que me estacionará. Miré a mí alrededor y dude porque no había lugar para hacerlo convenientemente un vehículo salió justo cuando yo estaba por pasarlo. Me estacioné y nos bajamos. Estábamos en la puerta mirando por una mesa, cuando Tanya me giró notablemente nerviosa.

- Sabes, no creo que sea buena idea, vamos a otro lugar.

Balbuceo tratando por todos los medios que yo no me girara y me pareció extraña su actitud.

- ¿De que hablas?, no eras la más interesada que yo desayunará.

Protesté, volvió a mirarme incomoda y aún más nerviosa. Puso sus manos en los bolsillos encogiéndose de hombros.

- Sí y lo harás pero no aquí

Me insistió tomándome por el brazo para que nos fuéramos.

- ¿Qué viste?

Le pregunté girándome y me quede con la boca abierta por la impresión de ver a Bella besándose con otro hombre. Las imágenes de su rostro la noche anterior, los gemidos que habían salido una y otra vez de sus labios los tenía en el fondo de mi mente escuchándolos en sonido estéreo.

- ¡No Edward que vas hacer!

Me grito Tanya tratando de sujetarme pero era imposible que yo no fuera hasta donde estaba la madre de mi hijo besándose con otro. Tenía un nudo en la garganta producto de la pena del desengaño, mi corazón se había apretado como nunca antes pero cuando estuve a su lado el coraje fue mayor y me permitió sacar el habla.

- ¿Esto es lo que tenías que pensar?

Le pregunté furioso y ambos rompieron el beso. Al hombre que estaba con ella inicialmente lo había visto de espalda, grande y macabra fue mi sorpresa cuando finalmente le vi la cara.

- ¿Jacob?

Pregunté articulando el nombre de quién alguna vez fue mi uno de mis mejores amigo junto con Emmett. Me quede helado aunque él no parecía tan sorprendido, no como lo estuvo Bella. Un flash de cuando íbamos en preparatoria se me cruzo por la mente, aquel día había sido parecido, la diferencia era que yo había estado en el lugar de él y él en el mío, la muchacha no era la madre de su hijo pero si su primer gran amor, yo el amigo traicionero que le había dado la puñalada por la espalda. Ahora los papeles se había invertido pero había una notable diferencia, ella era la madre de mi hijo, esto era mucho más que un amor colegial pensé aún mirándolo con furia.

- ¿Ustedes se conocen?

Preguntó asustada Bella tomando del brazo a Jacob quien me miró retadoramente. Cuando noté que ella cruzo sus manos en el brazo de esté y luego apego su cuerpo al de él, enfurecí más perdiendo la cordura, quería tomarla por el brazo y apartarla de él pero Tanya hizo lo mismo conmigo. Seguramente ambas estaban confabulando para evitar que nos amarráramos a trompazos porque eso era justamente lo que quería, romperle la cara en ese preciso momento.

- Solíamos ser amigos

Siseé con furia y él comprobó mis dichos.

- Ex amigos, íbamos juntos a la preparatoria, los tres con Emmett.

Comentó con un tono de voz bastante controlado. Como si hubiera esperado este encuentro algún día lo que me confundió. Acaso él sabía que yo era el padre del hijo de Bella.

- Ustedes tres eran amigos. Esto no puede estar pasando.

Acotó Bella, sin color en el rostro - Al menos ella no lo sabía -pensé aminorando esta vez el juicio contra ella.

- Mejores amigos hasta que él decidió quitarse las ganas con mi novia

Y ahí estaba la verdad no contada de la mejor forma pero verdad al fin, Bella me miró anonadada y yo me quede callado baje la vista, no me sentía orgulloso de aquello pero por otro lado como era posible que después de tantos años aún le doliera. Yo no tenía la culpa que nos hubiéramos gustado y en el corazón no se manda.

- ¿Tú hiciste qué?

Chillo Bella, mirándome ahora con esa mirada acusadora. Se había dado vuelta la situación, yo había sido el engañado y ahora ella era la engañada – Perfecto -suspiré tensando mi barbilla.

- Será mejor que nos vayamos, Edward por favor

Interrumpió Tanya evidentemente nerviosa por lo que pudiera pasar. Sólo me contenían ellas dos, porque tenía todas las ganas de quitarle esa sonrisa de los labios. Pero quien se creía al estar utilizando a Bella de esa manera.

- Si creo que ella tiene razón. Vámonos Bella

Coincidió Jacob tomando de la cintura a Bella para irse y para mí eso fue suficiente, nadie más que yo tocaba el cuerpo de la madre de mi hijo. Perdí la perspectiva y tomé el brazo de Jacob para quitarlo de ese lugar que solo me pertenecía a mí por derecho propio.

- ¡Suelta a mi mujer!

Le grite sin controlarme y atraje la atención de todos los clientes. Tanya dio un paso al frente y se interpuso entre ambos, me puso sus manos en el pecho y Bella hizo lo propio con Jacob.

- ¿Tú mujer? No me hagas reír, dejo de ser tuya hace mucho tiempo

Me contestó en un grito y la furia me embargo por completo, como era eso de que había dejado de ser mía hace mucho, de pronto leí entre líneas y tome del brazo a Bella para encararla. Tanya trató de que la soltará pero no se iba a escapar sin aclararme si ella había estado con él de esa manera.

- Qué está tratando de insinuar, ¿qué tú y él?

Le pregunté pero ella no alcanzo a contestarme cuando mi ex mejor amigo la saco de entre mis manos.

- Por favor no hagas un escándalo aquí

Me suplicó Tanya, la miré confundido y mi pecho se desgarraba en dos, miré a Bella pero esta estaba en shock y rehúyo mi mirada.

- ¿Yo y ella qué?, te crees el único con derecho de rehacer su vida, pues te equivocaste. Ella ahora está conmigo –me aclaró y lo miré anonadado.

- Jacob por favor

Le pidió por lo bajo Bella y yo la miré, la cólera se apoderó de mi y no sé cómo pero saque a Tanya de en medio y a la propia Bella para darle el puñetazo que tanto rato y con tanto pulso se estaba ganando, su cuerpo se hizo hacía atrás y le rompí el labio.

- ¡No Edward! ¡Basta!

Gritó Bella sujetándome del pecho pero claro, yo conocía muy bien a Jacob y dentro de ese correctito perfil de "yo no quiebro un plato", había más que un tímido muchacho. Me respondió y caímos al suelo, Bella incluida, está cayo unos pasos más allá porque su cuerpo se deslizo producto del impacto, choco contra un pedestal, que tenía en su base, una fuente grande llena de agua con flores en su interior. Su grito ahogado nos distrajo y Tanya se acerco.

- Bella… Bella –la llamo desesperada con la voz entrecortada por el susto -¿Te encuentras bien? –le preguntó pero Bella no contestó estaba tumbada en el suelo inconsciente - ¡Por Dios, que alguien llame a un ambulancia!

Grito mi amiga con la mano llena de sangre producto del corte que había sufrido Bella cuando recibió el florero en la cabeza. Jacob se acerco para examinarla pero me acerque detrás de él.

- ¡Suéltala!

Le grite y me sujeto por la ropa, sus ojos destellaban rabia mezclada con victoria.

- No seas estúpido, tiene una contusión, déjame examinarla.

Siseó quitando mi brazo con fuerza mientras se agachaba donde estaba Bella y trataba de hacerla reaccionar. Tanya me separó de ellos y me miró enojada.

- Perfecto como vas a explicarle a tu hijo de cuatro años que su madre pasara la navidad en una clínica por tu culpa.

Me reclamó histérica llamando por teléfono a una ambulancia.

Y una vez más devuelta a la sala de urgencia que tanto había conocido hace unos años atrás. No me sorprendió ver a Emmett y la mirada inquisidora de Ángela no se dejo esperar.

- Pero que pensabas, pasan dos días que mi hermana te ve y nuevamente estamos en un hospital por tu culpa

Me reclamó irritada en ese minuto entro mi madre con Anthony en los brazos.

- Hijo – susurró mirándome con horror - ¿estás bien? – me preguntó tomándome la barbilla, rehuí su contacto porque dolía, ella abrió sus ojos en sorpresa cuando advirtió que no solo estaba yo ahí sino también la hermana de Bella - ¿Qué pasó?, ¿Le ocurrió algo a Bella? – preguntó mirando a Jacob que me miró y el odio era mutuo.

- Se golpeo la cabeza y se hizo un corte –le explique a mi madre que me miró desconcertada y Jacob me interrumpió.

- Todo gracias a ti –agrego sarcástico

- No fui yo quién provoco la pelea –exclamé en defensa.

- Ahora yo soy el culpable –dijo ofendido - No fui yo el arrebatado de celos que se acerco a pedir explicaciones a su ex novia, a la cual le quito el hijo hace cuatro años sin piedad alguna. Que reclamas ahora, derechos de propiedad sobre ella, no te cansaste ya de hacerla sufrir.

Me hecho en cara y me quede callado mirándolo a los ojos. Iba a contestarle cuando mi madre me interrumpió tomando mi cara entre sus manos para que la mirara.

- ¿Tú hiciste qué? –preguntó un tanto espantada por mi berrinche de colegial

- Ella estaba besándose con él, aún cuando anoche ella hizo el amor conmigo

Expliqué y lo dije con intensión. Quería que él sintiera en carne propia lo que yo había sentido al enterarme que ella había estado de esa manera también con él. Se me revolvió el estomago de solo pensarlo. Jacob se quedo callado y me rehúyo la vista, justo en ese minuto se acerco Emmett hasta donde estábamos.

- ¿Cómo esta?

Preguntamos al unísono él y yo, nos miramos con oído.

- Bien, tiene una contusión pero nada grave. La están suturando, sólo son cuatro puntos –informó y respiré aliviado.

- ¿Cuatro?, bien hecho Cullen, al menos la dejaste viva esta vez

Magulló entre dientes Ángela dándome su mirada furtiva. Emmett se acerco a mi lado cuando me vio que tenía el labio roto y una rasmilladura en la barbilla. Me aleje de él pero este me sujeto con fuerza.

- No te conocía ese lado orgulloso. Déjame ver, podrías tener la mandíbula dislocada –me explicó y a regañadientes lo deje examinarme

- Estoy bien –le dije y aunque dolía como un demonio pero no iba a reconocer que después de tantos años Jacob seguía ganándome en las peleas - ¡Auch! Duele –protesté bajito y mi amigo rió

Emmett le dio una mirada a Jacob y luego miro devuelta a mí.

- Parece que ustedes no progresan, ni crecen. Sí mal no recuerdo hicieron lo mismo la última vez –agregó este con voz madura

- Era distinto, ella me correspondía y éramos unos niños

Le hice ver a Emmett recordando a la novia de Jacob que me había confidenciado su amor aquel día.

- ¿Qué te hace pensar que no soy correspondido?

Me contestó de vuelta Jacob y ahí estábamos de nuevo, uno frente al otro, echando chispas por los ojos, quería puro darle otro puñetazo, separados solo por el cuerpo de Emmett que trataba de llamar a la razón.

- ¡No te atrevas a insinuar algo que no es cierto!

Espeté en un grito tan alto que mi hijo se asusto, mi madre lo saco unos pasos más lejos para que no presenciará la pelea.

- ¿Cómo lo sabes, acaso tu estuviste con ella los cuatro últimos años?

Me hizo ver devuelta. Entrecerré mis ojos, cual era él motivo para que estuviera haciendo esto. Defendiendo a morir algo que yo tenía claro no era cierto como él quería hacerlo parecer.

- Tú tampoco

Le contesté de vuelta satisfecho por tener claro que lo de ellos estaba recién comenzando si es que había algo. Ella no podía haberse acostado conmigo si mantuviera una relación con él, Bella no era así.

- Ahí te equivocas déjame informarte que con Bella llevamos dos años juntos –exclamó victorioso y la sonrisa burlona se le dibujo en el rostro

- ¿Qué?

Grite sorprendido y miré a Emmett en busca de la verdad.

- Ella tiene derecho a rehacer su vida

Confirmó mi amigo bajando la vista y yo me quede de una pieza. Ella me había mentido pero mi razón se negaba a creer que los susurros de la noche anterior fueran mentiras que sus gemidos fueran fingidos, que su mirada hubiera sido una ilusión. Habíamos hecho el amor no tenido sexo, yo lo había sentido así y sé que ella también. Mi corazón se partió en dos y quise estrangularlo hasta verlo morir. Sin medir consecuencias ni pensar en que mi hijo de cuatro años y medio estaba presenciando me abalance cegado sobre él. Ella era mía y de nadie más.

miércoles, 5 de enero de 2011

Conquistando tu Amor

CAPÍTULO V

BELLA POV

- Mmm, disculpa por mi comportamiento, se que no debí reaccionar así, pero quiero que entiendas que estoy acostumbrada a estar sola, sobretodo en lo que se refiere a mi intimidad, así que la noticia de compartir mis espacios no fue de mi total agrado, pero voy a tratar de llevar la fiesta en paz, pero tienes que poner de tu parte, esto no me agrada, pero a pedido personal de mi madre voy a hacer el intento ¿vale?.

- Mira niña, me importa bien poco tus disculpas porque en realidad no lo parecen, más bien me estás dejando nuevamente en claro que no te agrada mi presencia, pero te tengo una noticia: no me interesa lo que piensas porque eres una bruja odiosa y no me agradan las personas así, así que si no tienes nada más que decir me puedes dejar solo, tengo cosas mejor que hacer que estar contigo, de verdad me molesta tu presencia.

- ¿Cómo te atreves a hablarme así imbécil?, vengo a ofrecerte paz y me insultas, bien si quieres guerra, guerra tendrás, conmigo no puedes.

- Anoche pude perfectamente contigo.

Como se atrevía a tocar ese tema, definitivamente ese hombre es una mierda como todos los demás, lo miro a los ojos con furia y el muy estúpido se estaba riendo. Sonrisa de lado = sexy, pero en él sonrisa de lado = imbécil, así que contraataco.

- ¡Qué! No me vas a decir que sigues pensando en ese desliz de mi parte, porque te tengo noticias ya ni me acordaba que habías sido tú el de turno, de veras lo siento, pero te tengo una noticia :”no eres exclusivo” y he tenido mejores hombres que disfrutar, además contigo no llegué ni a tercera base.
- Pero querías, te morías de ganas, no lo niegues.
- Como no, si estaba ebria y el tipo que estaba buscando no estaba para saciarme como otras tantas veces, porque te digo ese tipo si que sabe besar, acariciar y ….. bueno tú entiendes ¿no?, no te creas la gran cosa y no se te ocurra volver a comentar esa metedura de patas ahora eres mi profesor y no te conviene, yo soy menor de edad ¿entendiste?
- Entiendo perfectamente, no te preocupes, no lo volveré a mencionar, además tú tampoco fuiste la gran cosa, sólo que noté tu graaan experiencia en hombres y quise probar, pero la verdad quedé algo desilusionado, bueno es verdad lo que dicen la experiencia no hace al monje y toda tu experiencia no te hace mujer, sigues siendo una niña, una niña con un lote de tipos a la espalda, pero al fin y al cabo una niña.

Ah no este tipo se pasó de la raya, bueno en realidad yo empecé, no debería haberlo humillado de esa manera, pero se supone que él es mayor y mejor persona que yo y no debería haberme seguido el juego, él debería haber quedado pasmado y no yo, genial, más encima me acaba de llamar zorra sólo quería molestarlo y ahora la molesta era yo.

- Estúpido, le grito
- Bruja, me devuelve
- Poco hombre
Me queda mirando con rabia y me agarra del brazo con furia, me toma de la nuca con fuerza y me planta un beso feroz, hambriento, necesitado.

Me quedo de una pieza, primero estamos discutiendo, me llama zorra, ahora me besa, la manzana que me estaba comiendo cae a mis pies. Trato de empujarlo, pero su agarre se hace fuerte con la mano que tiene libre me agarra de la cintura y me acerca a su cuerpo rudamente. No podía pensar coherentemente, este hombre despertaba sensaciones desconocidas antes por mi, y la verdad me estaba gustando, pero jamás lo iba a admitir, sigo forcejeando para soltarme, pero eso lo enfurece más y me castiga con sus labios, su beso se vuelve más posesivo, exigente, empieza a acariciarme la cintura por debajo de la sudadera y pierdo el control, le devuelvo el beso de la misma manera, nuestras lenguas luchaban por el control absoluto, lo acaricio, él estaba con el torso desnudo y además mojado, simplemente me tenía excitada, su cuerpo era perfecto, me estaba entregando nuevamente a estas sensaciones que él despertaba, involuntariamente solté un jadeo cargado de erotismo y en vez de profundizar las cosas él se detiene, une nuestras frentes y nuestras respiraciones eran frenéticas, aún no me soltaba del cabello, apretaba fuertemente los dientes, sus ojos antes verdes, ahora parecían negros de excitación, finalmente me suelta y quedó como pegada en mi lugar. Avanza como si nada hacia el borde de la piscina.

- ¿De verdad te parezco tan poco hombre? yo diría que no, sino no estarías tan excitada que casi no puedes estar de pie.

¡¡¡ QUÉ!!!, Mierda lo hizo para castigarme por que lo insulté como hombre, me las va a pagar lentamente, de mi nadie se burla y menos me toma por la fuerza, agarro la manzana del suelo y se la arrojo con todas mis fuerzas en la cabeza, dándole bien duro, pero el idiota sólo se dobla de la risa a costilla mía.

Me alejo furiosa hacia la pista de atletismo, anudo mi pelo y prendo mi ipod para desconectarme un poco del mundo, no hay nada mejor para mi que correr escuchando música, hago un poco de calentamiento y empiezo a correr, si correr era lo mejor quitarme este estrés de mierda que tenía a causa de Edward. O sea el tipo cero interés en mejorar la convivencia, digo le ofrecí disculpas, aunque fueron obligadas fueron disculpas ¿o no?.

Reene había venido a mi habitación para exigirme que me disculpara con Edward, como no accedí me amenazó con quitarme la moto, que por cierto es mi tesoro, además de cortarme las tarjetas de crédito y todas las regalías como viajes y por supuesto nada de visitas de mis amigos hasta que cambiara de actitud, por lo que tuve que ceder y ¿qué hace Edward? ah si, me insulta, después me besa a la fuerza y por último se burla de mí. Estaba tan metida en mis pensamientos que no me di cuenta cuanto rato llevaba corriendo y el ritmo que marcaba, tampoco sentía el cansancio hasta que me llegó de golpe y caí al piso, lo último que recuerdo es el dolor palpitante en mis rodillas y cabeza y un grito que provenía desde lejos, luego de eso todo se volvió negro.

EDWARD POV

Diablos, lo había arruinado totalmente, es cierto que me molestó la forma de disculparse, porque no fue una disculpa, más bien estaba marcando territorio sobre su casa y espacio en ésta, pero lo que me sacó totalmente de quicio fue la forma en se expresó a lo que habíamos hecho anoche, era imposible que lo haya olvidado, digo esas cosas no se olvidan de la noche a la mañana, además era chocante que te compararan con los tantos tipos que dice haber tenido, eso me enfureció, yo la quería sólo para mí, pero fui un estúpido por haber pensado que ella estaba sola, lo dijo, estaba esperando a otro tipo, con el que si se revolcaba y eso grrrr. La cabeza me palpitaba de dolor, tenía los dientes tan apretados que de un momento a otro los quebraría. Ahí estaba yo, escuchando como esta niña me decía que yo no había significado nada para ella, más encima me trata de poco hombre, eso no lo iba a aguantar y la castigué por todo lo que me estaba haciendo, en el momento en que la estaba besando sospecho que todo lo que había dicho era mentira, o sea las mujerzuelas no andan ventilando su intimidad así, esta niña cree que yo tengo los años por tenerlos, además tengo una hermana un año mayor que ella, así algo me manejo en el tema, y si mis sospecha son ciertas esta niña sigue siendo niña, la forma que tiembla en mis brazos me hace perder el hilo de mis pensamientos y cuando jadea, me doy cuenta de lo que estoy haciéndole, forzándola, claro que ella después me respondió, pero de todas maneras no es la forma de tratar a una mujer, pero esta mujer era grrr no se como decirlo, me sacaba de quicio. Por otra parte era divertido pelear con ella, así que le digo una pesadez y me arroja la manzana que se estaba comiendo y no aguanto más y me largo a reír, si, ella definitivamente era una niña, una verdadera fierecilla. Nado un rato más y luego me dirijo a la casa, aún riendo por el encuentro reñido y apasionado con Bella, llego a la cocina donde se encuentra la nana preparando el almuerzo y nos enfrascamos en una agradable conversación. Definitivamente la nana Sue era una persona dulce y consentidora, le estaba preparando una torta especial a Bella o su niña como ella le decía, después empieza a preparar el almuerzo, que también era el preferido de su niña, me quedo fascinado por el gran cariño que expresaba Sue por una persona tan irritable como Bella.

Ella dice que su niña está pasando por un mal momento, que antes no era así.

- Joven mi niña era tan dulce, aunque siempre tuvo un carácter fuerte y su toque de rebeldía, pero era dulce y dejaba que todo el mundo viera su hermoso corazón, llenaba la casa de risas y su amor era tanto que era la única que compartía con nosotros y se pasaba horas aquí en la cocina cocinando conmigo, ella cocina maravillosamente, además cuando mi Harry arreglaba el jardín, ella bajaba de su habitación como si fuera un vendaval y se ubicaba en el jardín y empezaba a cantar y tocar guitarra para que Harry estuviera entretenido.

Esta información me deja perplejo, jamás imaginé que ella hubiera sido así.

- Sue, si no es mucho entrometerme ¿qué fue lo que le pasó para que cerrara su corazón de tal manera y se convirtiera en la fiera.
- Jajaja, veo que ya le llegaron los apodos de mi niña, pero entienda ella no ha cerrado su corazón, sólo está escondido esperando a que lo encuentren, ella sigue siendo casi la misma con nosotros, sólo se ha alejado temporalmente, ya no inunda la casa de risas como antes, apenas sonríe, duerme poco, muy poco, las pesadillas atacan cada vez más fuerte, además casi no come, por eso trato de alimentarla arduamente, pero es un reto día a día, como hoy, mire la hora y apenas sacó una manzana para comer, lleva horas sin alimentarse, pero ya comerá, porque tiene que empezar su entrenamiento en la pista atlética y debe estar fuerte y bien alimentada, sus entrenamientos de por si son muy arduos, el joven Emmet es exigente y deja agotada a mi niña.
- ¿Qué? ¿Cómo que no se ha alimentado?. Sue hace como dos horas que la vi dirigirse a la pista, además encontré por el camino una manzana con apenas unas tres mordidas.
- Edward, mi niña, ve a buscarla por favor, voy a llamar al médico, esto no es bueno, la otra vez estuvo inconsciente varias horas. Sue seguía gritando alterada mientras yo salía corriendo como si me persiguiera el diablo hacia la pista.

Al llegar a un costado de la pista veo a Bella corriendo como si le fuera la vida en ello, me sigo acercando lentamente, porque no quiero alterarla y seguir discutiendo con ella, lo importante ahora es que se fuera a alimentar enseguida. La recorro con la vista y algo no me gusta, está muy lejos, pero aún puedo notar que su respiración está demasiado agitada, parece que no ha descansado desde que empezó a correr, empiezo a acercarme corriendo, cuando ella de improviso se detiene y cae desplomada al suelo fuertemente. Empiezo a correr más rápido, aunque con el esfuerzo de estar corriendo mi corazón parecía estar muerto, si, así me sentía, ella me tenía así, la desesperación que sentía en ese momento por no llegar antes a su lado me tenía enrabiado. Cuando llegué a su lado la llamé pero no contestó, estaba pálida y …oh no, esto no estaba bien, todo estaba podidamente mal, sus rodillas con sangre al igual que su frente, pero eso no era lo peor….lo peor era que no respiraba.

- Bella, Bella, empiezo a gritar, pero no responde
- Bella, por favor, por favor mi ángel responde.

martes, 4 de enero de 2011

Máscara de odio

Cap.21. Edward Cullen

Agosto

Luche por controlarme para no saltar encima de ellos, para entrar a la unidad de Bella, estaba desesperado por verla despierta y ver sus ojos volviendo a mirarme. Escuchar su voz volviendo a hablarme.

Sentía que podía estar preparado para que esos mismos ojos se pintaran de odio, del odio que merecía, pero el que iba a cambiar tan pronto como pudiera hablarle de mis sentimientos.

Ella podía pegarme, podía lanzarme cosas, podría llamarme cualquier cantidad de guarradas y aun así permanecería frente a ella, soportando estoicamente hasta que se ablandara, así demorara años, ella lo valía.

Por Dios que lo hacía.

Alice me miraba como si comprendiera lo que pasaba por mi mente, de pie casi a mi lado pero en una posición que dejaba claro que quería interponerse, Jacob aun tenía una de sus manazas en mis hombros evitando que avanzara hacia donde se encontraba ella. Lo mire exasperado y suplicante a la vez. El dejo caer su mano y controle nuevamente el infantil impulso de salir corriendo, esto debía pensarse y hacerse con cabeza fría.

Alice asintió lentamente, pero ahora fue mi turno de leerle la expresión del rostro y tal vez un poco de la mente, ella temía por como Bella pudiera reaccionar al verme y si eso la afectaría, y por lo que podía leer de Jacob, él pensaba exactamente lo mismo.

Intente serenarme a pesar de que sabía que ellos tenían razones de sobra para creer lo peor, yo mismo lo hacía, pero esto iba mas allá de los sentires y los pensamientos pronósticos de otros, yo simplemente no podía dejar de entrar a verla, así fuera solo un vistazo.

No, no sería solo un vistazo y me conocía lo suficientemente bien para afirmarlo, yo tenía que hablarle, tenía que escuchar su voz, después de privarme de ella por cinco meses, yo debía…

Respire profundamente, "cálmate", pensé para mí mismo.

- ella estará bien – afirme a Alice y Jacob – intentare… no hare nada para perturbarla.

No parecía que eso les valiera, pero yo no podía esperar más, no podía perder más tiempo, tiempo valioso, tiempo en el que podía hallar mil maneras de decirle que la amaba, que la necesitaba, y que estaba dispuesto a todo por recuperar su amor.

Me di la vuelta y enfile mis pasos hacia la unidad de Bella.

Abrí lentamente la puerta, era un vestigio de las miles de visitas anteriores que le había hecho en donde procuraba hacer el menor ruido para dejarla tranquila.

Debía cruzar una pared que hacía las veces de pequeño lavamanos para poder verla directamente así que di los pasos restantes sintiendo como mi propio corazón volvía a saltar a la vida de manera fuerte y rápida.

Estaba tenuemente iluminado, como siempre, parecía que este tipo de luz daba algúna relajación.

Apreté mis manos en sendos puños cuando una ráfaga de su olor penetro por mi nariz como siempre lo hacía, mientras más me acercaba.

La pared dejo de ser un obstáculo…

Y allí estaba ella, tan pálida y delicada como siempre, con los ojos abiertos mirando hacia el techo de la habitación.

Las grandes lagunas de color marrón no tenían el brillo característico que recordaba demasiado bien en mi memoria, de los días en los que habíamos sido felices, porque si lo habíamos sido, así yo no pensara de esa manera en ese entonces, ahora eran solo dos lagunas marrón frías...Sin vida…vacías.

Los ojos permanecían fijos, como si de alguna manera algo absolutamente interesante estuviera pasando en el techo…como si hubiera enloquecido.

Su nombre se me atoro en la garganta y solo pude verla y como había hecho miles de veces, empaparme de su mirada, y sentirme aliviado, profundamente aliviado de que se encontrara en ese estado de salud, viva, con el corazón palpitando.

Di unos pasos mas para acercarme más a su olor, a su figura…a su misma esencia.

Lentamente, como si de alguna manera estuviera poseída, los ojos se movieron hacia mí, de pie a los pies de su cama.

Ninguna emoción se entreveía en ellos, era como si se tratara de un cuerpo sin alma…un zombi.

- Bella….- murmure, apreté el nombre entre mis labios con ansiedad contenida… la fijeza de su mirada era incomoda… hubiera dado todo lo que tenía por poseer el don de leerle la mente, así podría saber que estaba pensando en esos momentos y si me estaba reconociendo, o si estaba empezando a orientarse, a recordarme…y a odiarme.

Pero no decía nada, solo me miraba así, como si no reconociera a nadie y a nada.

Me acerque más intentando buscar una reacción más definitoria, algo que me dijera más que el hecho de que estaba despierta, algo que me dijera que podía reconocerme, que me odiaba, que había intentado suicidarse por la pena de perder a nuestros hijos…algo.

Me incline en la cama y puse mi rostro a centímetros del de ella, muriendo lentamente por besar sus labios y acariciar su rostro, pero refrene mis impulsos primarios mientras volvía a tener su rostro a un palmo de distancia, tenía sus ojos clavados en los míos.

Subiendo mi rostro, deseando demasiado inclinarlo para besarla como realmente quería hacerlo, pose mis labios en su frente, con todo el amor que sentía por ella desbordándose de mi cuerpo, tratando de transmitírselo a ella de manera brutalmente poderosa, pero que solo se concentraba en el gesto que estaba teniendo lugar.

- Bella…- volví a susurrar mientras la boca se me llenaba del dulce sabor de su nombre – No sabes…cuanto…cuanto me alivia que estés bien, cuanto necesitaba verte…sentirte – roce nuevamente su frente con mis labios- saber que estas viva.

Ella siguió sin moverse, y pensé que tal vez estuviera dormida, con los ojos abiertos…

-Te amo….te amo…- repetí esas palabras en su cara dispuesto a repetirlas durante el resto de mi vida si era necesario.

Erguí mi estatura sin retirar mis ojos de ella, intentando hacerle saber por medio de esa mirada que esas dos palabras eran tan ciertas como precisas… mas adelante pediría perdón…tanto como le diría que la amaba

Escuche un movimiento detrás de mí, se trataba de Alice que se `puso a mi lado y soltó un casi imperceptible gemido de angustia al mirar la expresión totalmente confundida y perdida de Bella…

Sus ojos nos miraron otra vez y siguieron su entorno de manera lenta y detallada, como si no supiera la razón de su estancia aquí.

Cuando termino cerró los ojos y su pecho comenzó a agitarse con espasmos casi dolorosos, me encogí ante su acción dando por sentado que a su mente habían vuelto los recuerdos que vivió la última vez.

Los sollozos continuaron en aumento como en desesperación, Alice se volvió hacia mi suplicante…

- ve a llamar al médico Emmet…- sus ojos también se llenaron de lagrimas aunque no sabía la razón, estaba desolado, y mi felicidad se había esfumado un tanto ante esto, aun debía aclarar con el médico cual era la situación de Bella….

Mientras salía escuché que Alice le decía

- Bella…cálmate – en tono maternal ante los desgarradores sollozos de esta.

Cerré la puerta con la misma suavidad con la que la abrí, pero sintiéndome infinitamente peor, al final todos los miedos de Alice se cumplían.

Jacob esperaba en la estancia y supuse que al ver mi cara saco sus propias conclusiones.

Le encargue mi labor porque, como me había pasado muchas veces antes, no tuve el valor de irme lo bastante lejos así sus reacciones hacia mi fueran de repulsa. Enterré la cabeza en las manos y sentí mis pensamientos fluir con toda la rapidez que podían haciéndome sentir ligeramente mareado.

Me encontraba demasiado atado de manos, no se me ocurría que hacer para manejar esta situación. Pocas eran las veces que las situaciones se me salían de las manos, pero esto había sobrepasado los límites desde la primera vez que la vi.

Escuche los pasos de Emmet un momento después, me miro de manera que me pareció algo reprobatoria, pero ¿qué podía saber el de mi perniciosa necesidad y de las ansias que me consumían?

Alice salió de la habitación, por la expresión de su rostro me pregunte si sería prudente siquiera hablarle. Pero ella se acerco, parecía entender, también esta vez, cada uno de mis pensamientos.

- se ha tranquilizado en cuanto saliste…pero….no ha mencionado ni media palabra –

- se lo dijiste a Brandon?- le pregunte aclarándome la garganta un segundo.

-sí, la está revisando…creo que no demorara en salir a darnos noticias.

Parecía que habíamos retrocedido en el tiempo, en aquel mes en donde todo fue negro y oscuro y la vida de Bella estaba tan en peligro como al principio, y dependíamos enteramente de lo que Emmet Brandon pudiera encontrar de positivo en la situación de Bella.

Volví a negar con la cabeza mientras esperaba que el médico saliera pronto.

Solo hasta después de media hora hizo su aparición el Dr. Emmet.

- ¿qué paso?- pregunto Alice inmediatamente sin darme tiempo para hablar.

- físicamente todo parece estar bien, aunque tendremos que hacer algunos estudios complementarios para su cerebro…el caso es que…no pronuncia palabra…se expresa en silencio. Pareciera ser esa, al menos por el momento, la única secuela neurológica a gran escala, pero debemos estudiarla y también interconsulta la con psiquiatría… - su voz pareció alterarse un momento al mencionar esa especialidad, pero se repuso rápidamente - ellos también deben valorarla, es posible que, debido a su intento de suicidio, se encuentre en un estado grave de alteración emocional y pueda atentar contra su vida nuevamente.

- ¿volverá a hablar? – pregunte sin poder evitarlo, aunque eso no me importaría demasiado si en realidad ocurriera.

- de acuerdo a como salgan los estudios y su avance, y la valoración con el psiquiatra `podremos identificar si su mudez nace a partir de alguna secuela fisiológica por la hipoxia cerebral o si su trauma se manifiesta de esa manera, quedándose sin habla, en ambos casos, se estudiaran todas las posibilidades para dar solución al problema de la manera en que mas la beneficie. Pero debemos tener en cuenta que la mudez puede ser uno de muchos signos de que su respuesta neurológica se haya alterado.

Estudios y más estudios, ¿no se suponía que los médicos lo sabían todo?

¿Para qué más estudios?

Debía controlar mi propia necesidad de más antes de estropearlo todo con mi volátil carácter. Asentí en silencio tan resignado como era posible pero teniendo grabada a fuego la expresión de Isabella al mirarme por primera vez, si me bañe en el chocolate de su mirada, aun a pesar de su carencia de brillo sus ojos tristes volvieron a atraparme.

- tienes que tener fe… - susurro Alice mirándome de frente – creo que ha pasado lo peor…-

Lo peor para ella, pero para mí empezaba, en esos momentos comenzaba mi lucha para rescatar nuestro amor. Debía pegarme de su recuperación y convencerla de mi amor por todos los medios posibles.

Media hora, mas tarde pudimos entrar a verla de nuevo, estaba sedada para evitar agitaciones y ya había sido participe de otro examen, según Emmet estaría sedada hasta que el psiquiatra pudiera valorarla.

Me senté en la silla que se encontraba en el cabezal, el aspecto de Bella había mejorado un poco, tal vez tuviera que ver el hecho de que las enfermeras habían hecho lo suyo para que ella ingiriera algo de comer desde que había despertado, yacía nuevamente dormida, como la Bella durmiente de mis sueños infantiles, tan real y física que podía tocarla…pero debía abstenerme, aunque el ansia por ella comenzaba a regresar con refuerzos después de nuestros meses de separación.

Me quede mirándola durante mucho, mucho tiempo, en ocasiones sus parpados de movían rápidamente, como si estuviera soñando con algo, o alguien…seguramente soñaba con nuestros hijos perdidos…aquellos a los que pensaba repetir la visita por la paz que me traían.

Alice dio media vuelta para retirarse entendiendo que necesitaba estar con ella a solas.

No era algo bueno el hecho de que Bella no pudiera hablar ya que suponía que ella esperaba descargar todo su dolor gritando y más. Levante mi mano y la deslice suavemente por su mejilla sintiendo cosquillas y picor en los dedos como sensación alterna. Toque su frente y palpe delicadamente cada contorno de su rostro volviendo a llenar mi mente de rezos para que ella se pusiera bien del todo, para que pudiera escucharme y pudiera recuperar su confianza… y su voz.

Salí casi una hora después por respeto a Alice, en el momento en que Salí ella se encontraba con Jasper, parecía estarle contando los avances de Bella.

- Jacob llamo hace unos momentos – comento cuando me vio acercarme, recordé que después de haber entrado a ver a Bella, bajo su tutelar mirada, no había vuelto a verlo cerca – tuvo que hacer un viaje de urgencias con Leah pero regresara en unos días.

Asentí sin mayores entusiasmos preguntándome que haría Bella si hubiese sido Jacob la persona a la que vio acercarse a su cama.

De pronto volvía a la vida mi faceta de celoso pendenciero, pero no tenía derecho a sentirme celoso así estuviera muriendo por dentro.

Alice volvió a la habitación de Bella y yo espere que saliera. Eran casi las cinco de la tarde cuando lo hizo.

Era mi turno de quedarme esa noche. Lo eran todas las noches, momentáneamente habia olvidado mi propio concepto de casa, a la cual acudia solo a bañarme y cambiarme de ropa, mi casa ahora estaba al lado de Bella.

Sentía una sensación de paz infinita cuando entraba a la ahora habitación…perfumada con su esencia, combinada con los medicamentos que tomaba y el aire que circulaba por una ventana enrejada. No me importaba quedarme atado a una silla siempre que pudiera verla.

¿Sabes? – susurre lentamente dejando mi mirada sobre ella de manera obsesa – desde que te fuiste de mi oficina no he dejado de pensar en ti en un solo momento. Hice algo de lo que me arrepiento – podía estar hablando conmigo mismo, ella podía no estar escuchándome pero sentía que podía contarle todo, tal vez nunca me perdonara a mí, pero sentía que podía al menos justificar mis actos con mis sentimientos. – encontré el diario que te regale hace algunos meses….aquel en donde decías en cada página lo mucho que me amabas - sonreí tristemente al recordar sus hermosas palabras – te eche de menos…de una manera compulsiva…me di cuenta de la verdad demasiado tarde…y aquí estamos…tu, tan cerca de la muerte y yo… - no había poder o inteligencia humana que pudiera definirme, al fin de cuentas me había convertido en un animal, en un cuervo sin alma.

Escuche un ligero toque en la puerta. Volví mi mirada procurando esconder las traicioneras y bienvenidas lágrimas de mis ojos.

Entro una medico que no reconocí…una muchacha joven y pálida, rubia y angelical.

- es usted familiar de la señorita Swan? - pregunto con voz ronqueta

-La señora Cullen – corregí automatamente, sonando un poco grosero - lo siento...- me disculpe, mi personalidad había cambiado demasiado – ella es mi esposa. – no pude abstenerme de señalarle. Al menos a los ojos de la ley ella aun me pertenecía.

La mujer no se inmuto por mi falta de serenidad ni de buenos modales, solamente extendió la mano y estrecho la mía.

- Mi nombre es Rosalie Hale….soy la psiquiatra de este hospital…su esposa fue pasada a mi lista de consulta… tengo entendido que tuvo un intento severo de suicidio…- la mirada de la medica se torno demasiado suspicaz para mi gusto, como si, mágicamente, tuviera el conocimiento de que el intento de suicidio de mi mujer había sido mi real culpa. Me amedrente un poco ante la frialdad que adquirieron los que, hasta ese momento, me parecieron angelicales ojos. Tuve la necesidad de justificarme.

- fue un malentendido – ok, esa era una excusa demasiado patética pero no conocía lo suficiente a la Dra. Hale como para relatarle los pormenores, esos que no se podían poner en las historias clínicas. – tuvimos unas palabras y…- pero de repente no pude justificarme, porque en el fondo no había justificación posible. Negué con la cabeza y volví a sentarme. Pero debía ser demasiado obvio que mis sentimientos habían cambiado, solo basto con que la Dra. Hale presenciara el momento en que deslizaba sobre Isabella la mirada que contenía mi amor, el deseo de protegerla, el deseo por ella, y la tristeza que sentía por su actual situación, para que su mirada volviera a ser la del principio.

- lo siento mucho – murmuro ella luego de un momento.

Se acerco a la cama de Bella, pude ver que vestía una bata que ocultaba un cuerpo menudo y bien formado. Levanto los parpados de Bella para iluminarlos con una luz, valorando sus reflejos oculares, luego miro la dosis de sedación que estaba siendo aplicada.

En ese momento la puerta volvió a abrirse y por ella entro el Dr. Emmet. Se quedo quieto, parado en la estancia mirando con demasiado calor a la Dra. Hale.

Vaya, vaya.

- Ah, Dr. Brandon – dijo Rosalie mirándolo brevemente,- justamente iba a buscarlo…necesito que disminuya, o retire la dosis de sedación de la paciente. Vendré en una hora a verla nuevamente y requiero que este consiente. – hablaba muy profesionalmente, tal como Emmet.

Este asintió silenciosamente, ante las frías palabras de la Dra. Hale.

Lo que Emmet no vio fue que en el momento en que lo paso la mirada de la Dra. se enfoco en él mientras caminaba hacia la salida.

Me sentía un poco incomodo ante ese intercambio de voluntades que parecía, por lo poco que había podido ver, bastante frecuente.

Sonreí un poco al pensar en el frio y practico Dr. Emmet, seducido por la angelical y también bastante fría Dra. Hale.

Sacudí un poco la cabeza ante mi recién descubierta habilidad observadora, antes jamás se me hubiera ocurrido pensar en la atracción existente entre dos médicos, y sí en lo atractiva que me parecería la Dra. Hale si no estuviera enamorado de Bella.

Nos quedamos en silencio por espacio de 10 minutos. El médico me miraba regularmente, era como si quisiera decirme algo pero no se atreviera. Me atreví yo a mirarlo a la cara y preguntarle.

- ¿sucede algo? –

- creo que es más que obvio…- dijo acercándose a Bella y comenzando a modificar el goteo que le estaba pasando a una cantidad mínima, supuse que ese sería el sedante… se me oprimió dolorosamente el pecho al pensar en que estaría consiente otra vez pero lo reprimí un poco para no quedar tan en evidencia.

- no comprendo.- dije aunque creía saber de qué iba el asunto…

- se que no tenemos la suficiente confianza…-

- usted salvo la vida de mi mujer – dije rotundamente sin dejarlo hablar, para aclarar cuan agradecido estaba – creo que la confianza se forjo desde que me trato a mi -

Sonrió de lado, se notaba algo deprimido.

- vio a la Dra. que salió hace un momento, ¿verdad? – cuando asentí el continuo hablando, aunque al mismo tiempo poso su estetoscopio sobre el tórax de Bella para examinar su corazón y pulmones – hemos trabajado en este hospital desde hace aproximadamente tres años…y… estoy perdido por ella…y….ella no lo sabe…- suspiro el decepcionado.

Me sentí un poco intimidado ante lo que me estaba diciendo, aunque lo había podido ver desde antes.

Como era de esperarse no era un as con eso del romanticismo ya que había tenido muy poco tiempo para aprender lo que Bella pudo haberme enseñado, pero de una cosa estaba seguro ahora. Si pudiera hacer algo para que Isabella Swan escuchara algo de mis labios lo haría sin dudar, por eso el único concejo que pude aportar al Dr. Brandon fue.

- ¿por que no le dice lo que siente?, míreme a mi…mírela a ella –señale con un gesto de la mano a Bella – mire lo que el silencio de ella, y el mío propio hicieron con nuestras vidas…ella me va a odiar toda la vida por el dolor que le cause…nada volverá a ser lo mismo por habernos quedado callados…nunca volveré a mirarme a un espejo sin sentirme como un monstruo por lo que hice…- trague en seco ante la continua opresión de mi pecho. – ¿y que si el día de mañana la Dra. Hale sube a un autobús?…¿y este se accidenta y la Dra. Hale piensa que su vida paso sin tener a alguien que la quisiera?…dígaselo, es todo lo que puedo decirle.

El Dr. Brandon me miraba fijamente como si estuviera sopesando cada palabra que pronunciaba. Luego sonrió otra vez solo que esa sonrisa estaba plagada de emoción. Asintiendo y tragando el salió de la habitación sin decirme nada más.

Me sentí brevemente con el buen samaritano. Si mi nueva observación era correcta y la Dra. Hale correspondía a los sentimientos del Dr. Brandon acaba de cerrar el círculo de un idilio no consumado.

Que sensación de bienestar podía llegar a producir esa simple acción.

"¿Ves?" pensé para mí mismo. "Aun puedes ser bueno".

Salí de la habitación pero no vi a Alice cerca, así que supuse que estaría tomando algo con Jasper, mis pasos volvieron a llevarme inequívocamente al sitio que había erigido como templo de desahogo y donde podía sentirme un poco en paz consigo mismo.

El mismo Cristo volvió a darme la bienvenida, me recibía en silencio, con los brazos abiertos, como si de verdad me considerara un hijo más aunque estaba lejos de ser un hijo ejemplar.

Me puse de rodillas y bendije mi cuerpo para empezar a orar devocionalmente. Rece con tanto fervor como siempre desde que había descubierto esta nueva modalidad de alcanzar algo de paz. Después comenzaba a pedir. Como siempre. Como no tenía derecho a hacerlo.

"Señor. Debo agradecer todo lo que has hecho hasta ahora por Bella, no por mí, por ella. Y agradezco ínfimamente que la hayas seleccionado para seguir viviendo. Te pido, ahora que se que interviniste por ella, que no la dejes caer, no la dejes sufrir, ha tenido bastante con todo lo que le ha pasado. Por favor. Que no tenga nada en su cuerpo ni en su mente que pueda perjudicarla."

Cerré los ojos y seguí orando por ello. Mi madre estaría contenta. Decidí que el día que visitara nuevamente a mis hijos iría a verlos a ellos, a mis padres.

Como hacía mucho tiempo no lo hacía.

Volví a perder la noción del tiempo como ocurría a menudo, para cuando me levante de la silla era casi de noche. Realice a James la llamada de rigor en donde me volvió a comunicar que todo marchaba bien. Por este espacio de tiempo invite a James a que viviera en la mansión con su adorada hija. Confiaba en Laurent y en Victoria pero por encima de todo confiaba ciegamente en James.

Me puse de pie dando gracias silenciosamente por ser recibido. Camine hacia la salida y enfile, como costumbre hacia el piso donde se encontraba Bella.

En el momento en que iba pasando por el estar de las enfermeras escuche brevemente que la figura masculina que se inclinaba allí estaba indagando por la habitación de Bella Swan. Completamente intrigado y sin poder verlo directamente seguí derecho esperando no ser reconocido y me escondí en la pared opuesta asomándome brevemente para mirar.

Me quede de piedra cuando reconocí la cara del periodista. El mismo hombre que había tratado de violar a Bella en el orfanato. Ben Chenney. Ojeroso, pálido y con ojos de rata. E indagando por ella como lo haría un familiar.

Una ira corrosiva, como jamás había sido presa de mi, recorrió cada centímetro de mi cuerpo, exigiendo que matara a ese maldito de una vez, para que dejara en paz a mi mujer.

Lo seguí lentamente mientras caminaba, con ese aire despreocupado de delincuente hacia la habitación de Bella, la que habia señalado la enfermera. No entendía que hacia ese hombre ahí, pero planeaba averiguarlo y torturarlo a la vez lenta y dolorosamente, parecía que la estancia en la cárcel no había hecho nada por aplacarla al malnacido.

Vi que la puerta se cerró y me adelante antes de que nadie me viera por el pasillo. Accione el picaporte pero estaba cerrado con seguro, maldita sea.

Corrí hasta donde la enfermera y le dije que un delincuente acababa de colarse en la unidad de Bella Swan. Ella activo la alarma silenciosa de código azul y llamo inmediatamente a los de seguridad. Camine rápidamente hacia la puerta sin esperar a los de seguridad y la aporree con tanta fuerza que se rompió a la primera, no me importaba pasar por encima de las estúpidas reglas lo único que me importaba era lograr que de una vez por todas Ben Chenney dejara de rondar a Bella Swan.

Para siempre. Muerto.

En el momento en que entre como un bólido lo primero que vi fue a Ben, con una almohada en la mano y casi subido encima de la cama sobre ella.

Ella tenía la mirada perdida y parpadeaba sin comprender nada, aunque el horror que súbitamente tiñó su cara al mirar lentamente la cara de Ben, me dio lo que necesitaba, sus manos temblorososas subieron a ocultar su rostro, mientras se agitaba silenciosamente.

Aunque supuse que la lentitud de sus movimientos era efecto de la sedación, pero no me iba a quedar parado para averiguarlo, sin mediar mas y antes de que el celador pudiera llegar y detenerme me abalance sobre él, el culpable de toda mi desgracia, el culpable de que hiriera de la manera en que lo hice a Bella. El había destruido todo lo que quería y consideraba mío, con mi inestimable ayuda, ahora era tiempo de vengarme como en la cárcel seguramente no hicieron.

-¡aparta tus manos de ella, cabrón! – rugí antes de lanzarme hacia él y tomarlo de la camisa, botarlo contra el piso al mismo tiempo que descargaba toda la fuerza de mi puño en su mandíbula de rata. Aulló como `perro pero no podía importarme menos, al fin y al cabo el era mucho más animal que yo y solo quería cobrar venganza por no haber podido tomar el cuerpo de mi esposa, supuse que sería el único que no había podido tomar y por eso estaba obsesionado, el muy puerco.

Lo levante de la camisa otra vez para estrellarlo contra el lavamanos de la pared nuevamente haciendo que se le rompiera la nariz.

Yo había violado a Bella, si, pero yo la amaba, este lo hacía por el simple hecho de el miedo que inspiraba en las mujeres a las que violaba, su perfil desde el orfanato había sido el de un perturbado mental.

Volví a lanzarle un `puño mientras el empezaba a lloriquear como niña. Cuando estuvo en el piso comencé a patearlo sin piedad mientras cobraba por cada golpe las lagrimas que le había hecho derramar a ella, por su culpa, por mi culpa, pero yo podía seguir pagando, al lado de ella, este animal ni siquiera quedaría de una pieza, cuando acabara con el terminaría respirando por una pajilla.

- ¡DETENGASE MALDITO, SOY AMIGO DE BELLA!- rugió el muy miserable, sin haberme reconocido.

- sé quién eres, pedazo de mierda inservible – lance otra patada que casi me hizo trastabillar – eres el maldito que viola muchachas, eres quien destruyo mi matrimonio por no haberte podido acostar con mi mujer, eres el piojo más sucio y vil que una vez piso la tierra, y voy a acabar contigo… por el simple placer de ver cómo te retuerces como mariquita. –

Parecía que hablar como un hombre de la calle canalizaba mi ira un poco, pero nada podía detenerme de querer acabar con este malnacido sin más reservas. De repente un par de brazos se aferraron a mí y muy a mi pesar fueron lo suficientemente fuertes para apartarme.

- suéltame – gruñí a quien fuera que me tuviera sujeto – tengo que acabar con esta mierda…- dije escupiendo hacia la figura de Ben que parecía estar riendo un poco al mismo tiempo que se toqueteaba la nariz que había comenzado a inflamarse.

- está loco – dijo mirando a todos en la habitación y luego a mi desde el piso – solo me equivoque de habitación…

- mientes, maldito pedazo de mierda , ya lo sé todo, periodista de pacotilla, tu…tu tuviste la culpa de todo.-

Hice el mayor esfuerzo que pude para soltarme pero debía darle crédito a los brazos que me sostenían.

Se escucharon unos pasos a tropel y entro la policía apuntándonos con armas, el levanto los brazos lanzando a gritos que era inocente.

- ¡miente! – dije desde el reten de Emmet, como me di cuenta tiempo después. – intentaba matarla…- señale a la cama en donde Bella no se encontraba. En esos momentos se hallaba en los brazos de Jasper que la había tomado para protegerla. Parecía hallarse confusa, y no retiraba sus ojos de mí a pesar de tener la cabeza apoyada en el hombro de Jasper.

Grite a todo pulmón todo lo que sabía de ese perro y de su cómplice Mike Newton, el que supuse que se encontraría con él y hacia las averiguaciones para enterarse de los paraderos de Bella.

El policía me dijo que me llevaría a la comisaria a declarar y yo le dije que tenía todas las pruebas y que tenía que llamar a mi abogado para corroborar la situación.

Cuando me esposaron me sentí como un criminal, pero sabía que no debía haber hecho esto…dentro la habitación de Bella, enferma.

Cuando me volví hacia ella para llevarme su imagen en la memoria, vi que ella susurraba algo a Jasper y que este volvía a mirarme completamente extrañado. Ardía en deseos de preguntarle que pasaba pero el policía ya estaba llevándome tras de Ben, quien gritaba que necesitaba atención médica inmediata.

- te será provista en la estación de policía. – murmuro uno de ellos

Seguía gimiendo y diciendo que el no había hecho nada pero algo me decía que esta vez no iba a escaparse tan fácilmente.

Me metieron en una patrulla. A una estación de policía. Nunca había provocado estropicios y nuca había visitado una pero soportaría cualquier cosa con tal de defender a Bella.

Cuando llegamos a la comisaria fui enjaulado cual mico en una celda que olía a chango y estaba más sucia que una porqueriza.

Me vi separado de mis objetos personales por los policías para que no se extraviara. Al perro lo pusieron en otra.

Vague por la celda poniéndome cada vez más nervioso y ansioso por saber que había pasado con Bella.

Pasaron más de tres horas sin que pudiera hacer la llamada a la que sabía que tenía derecho, grite e hice bulla pero solo me gane las miradas reprobatorias de los policías y los abucheos de los que se encontraban en la siguiente celda.

A las casi cuatro de la madrugada escuche que alguien abría la reja.

-Cullen…- dijo la voz oscura del guardia – está libre.

Parpadee un poco cuando me ilumino con una linterna y lo seguí después de que Salí de la celda.

- donde esta…el hombre que entro conmigo.

- está en una celda de alta seguridad. Ha sido denunciado en más de 7 estados por homicidio y violación en serie.

Ojala fuera condenado a cadena perpetua. Eso sería menos que suficiente.

Fui conducido a la entrada de la comisaria a que me devolvieran mis cosas cuando vi que James se encontraba ahí, me dirigió una mirada de divertida reprobación mientras señalan que tenía en su poder mis cosas y me llamaba para que fuera a su lado para salir de ahí.

- ¿cómo supiste? – le pregunte simplemente, el me dirigió una mirada socarrona.

- el señor Withlock me llamo al móvil. Se metió usted en un buen lio.

- ¿sabes de quien se trata?- hice un gesto con la cabeza hacia la comisaria.

- si, reconocí la cara en el informe que le envié. Agregue esa información con la que aporto el departamento de policía de Maine, Seattle y Port Ángeles. Parece que ha estado haciendo de las suyas allí y no habían podido capturarlo.

Eso me dio un poco de alivio pero no el que quería.

-¿te dijo Jasper como se encontraba Bella?

- todo parece indicar que bien, no se altero por que esta algo confusa aun.

- debo ir inmediatamente – dije bajando las escaleras y dejándolo atrás.

- con todo el respeto que merece, señor, creo que debería ir a la casa a arreglarse un poco, asearse…cualquiera que lo viera y no solo la señorita Swan, creería que es usted un….indigente – tosió ocultando una risa irónica, y solo me vasto con una mirada rápida sobre mi mismo para saber que tenía razón. Suspire exasperado ya que no me importaba en lo mas mínimo, quería regresar al hospital ya.

James condujo el auto de vuelta a la mansión, cuando entramos Victoria nos recibió mirándome de reojo, a ella también se le escapo una risita y supe que James la había hecho participe de todo.

Todos en contra mía. Genial.

Subí las escaleras de dos en dos hasta llegar a mi habitación, allí saque del armario la ropa que usaría y me metí rápidamente a la ducha sin importarme si el agua se calentó de prisa.

Salí me medio seque y baje rápidamente.

- he, he, he, – dijo Victoria cortándome el paso cuando estaba a punto de saltar los dos últimos escalones de la escalera principal, casi saltándole encima a entendía por que demonios estaba despierta a esta hora. – siento mucho tener que hacer esto pero si no come usted algo hare que Laurent cierre todas las entradas de esta casa y usted no pueda salir.

- no te comportes como mi madre- le susurre mirándola receloso, el comentario pareció dolerle un poco pero ni por eso se amilano – ya quisiera haber podido tener hijos, y si así hubiera sido, si fuera como usted, lo tendría con la rienda más corta que la de un poni. Desafortunadamente a veces las cosas no son como queremos, y aun a riesgo de que me eche usted de esta casa como perro, no dejare que siga alimentándose como lo hace.

Su comentario, aunque no quería admitirlo me recordó un poco a mi madre y a Bella, ambas habían intentado cuidar de mí y yo no había querido que lo hicieran, y aun así la sensación era bastante cómoda así que volviendo a mirarla de manera exasperada ralentice finalmente mis pasos y me dirigí al comedor, donde estaba sentado James, volvió a reír y me senté a la cabecera de esa mesa que solo recordaba haber compartido con Bella.

En el momento en que íbamos por lo que en una cena normal y no esta hora hubiera significado el postre sonó el teléfono.

Victoria me lo acerco.

- ¿Hola?- dije.

- ¿Edward? – escuche la voz al otro lado del teléfono – creí que estabas en prisión.

- Mi abogado pago una fianza, no era yo quien debía estar en prisión.

- que bien – dijo ella suspirando – creí que debías saber que…Bella acaba de terminar sesión con la psiquiatra, finalmente pudo valorarla.

- ¿qué le dijo?- pregunte súbitamente ansioso.

-no…es fácil decirte esto pero, la Dra. Hale dice que Bella necesita ser hospitalizada en una clínica de reposo.

Me quede callado por unos momentos, sin saber que decir luego solo pude preguntarle.

- ¿por qué? –

- dice que…se encuentra en un alto riesgo de autoagresión…y cree que los niños aun están vivos.

Se me retorcieron las entrañas ante la mención de ese hecho.

-¿perdió la memoria?- pregunte, ya que era la única justificación que se me ocurría para ello.

-no exactamente – dijo Alice, al parecer ella había estado presente en toda la valoración de la psiquiatra, y esta se había dado precisamente cuando yo no podía estar cerca - dice que se encuentra en la etapa de negación, de su diagnostico y del trauma que supuso la pérdida de los bebes. Dice que no sabe cuánto más pueda durar, y que por eso necesita reposo y tranquilidad, para asegurar que no…lo tome tan mal…como la primera vez. El resto de los exámenes de su cerebro saliero bien, todo parec eindicar, como dijo el Dr Brandon, que el hecho de que no hable se trata de algo psicológico.

Su cerebro y toda ella se encontraban bien, al menos físicamente se encontraba bien.

Respecto a lo primero saque la ligera conclusión que lo que Alice quería decir era que no querían que intentara matarse nuevamente y esta vez sí lo lograra.

Ahora si no pude hablar, Alice entendió y me dijo que me contaría el resto de la información, que no era tan importante, en cuanto llegara a la clínica. Dijo que la Dra. Hale quería hablar conmigo.

Había comido pero querría no haberlo hecho. No sabía cuáles eran las posibilidades de calidad de vida para Bella, cuando finalmente aceptara que se había quedado sin nuestros hijos. Me di cuenta tardíamente que no le pregunte a Alice si ella…me había mencionado… me llene de ansiedad otra vez y deje el plato del postre, Victoria podría perdonarme que dejara ese final.

- volveré al hospital – dije James quien me miro interrogante – luego te pondré al tanto.

- claro señor – dijo asintiendo.

- hasta pronto- me despedí de él y su hija y corrí hasta el auto estacionado en el antejardín de la casa.

Conduje como un loco, afortunadamente sin encontrarme con nadie de transito. Estacione de la misma manera en el hospital y casi volé hasta el piso siguiendo mi trayecto matinal.

Vi que Alice, como siempre, se encontraba en la sala de espera de visitantes.

- hola – salude apenas llegue – ¿qué paso?-

- nada nuevo aparte de lo que dije – señalo las bolsas que tenia a un lado de su cuerpo – espero que no te moleste –

- ¿qué es eso?- dije sin comprender.

-es ropa de bebe, la que adquirimos con Bella, la Dra. dice que es bueno para ella verla, para que así pueda…asimilarlo., dice que tenemos que llevarle la idea…-

Parecía como si estuviera hablando de una pasada mental, una loca.

Pero yo sabía que era muy probable, ahora que Alice lo mencionara, que el dolor, la traición y todo lo que le había hecho hubiera contribuido a que Bella perdiera la razón.

Con un nudo en la garganta metí una de mis manos en la bolsa y saque lo primero que toque, un pequeño, diminuto pijama de lana de color rosa.

Era impresionante darse cuenta de cuan pequeños éramos cuando nacíamos, cuan imposible parecía que en algún momento de nuestra vida fuéramos capaces de caber en algo tan pequeño como ese mitón que sostenía entre mis manos. L

o apreté inconscientemente contra mi pecho sintiendo un dolor muy agudo, por los cuatro, por Bella, yo y los bebes, por la oportunidad que habíamos tenido de ser una familiar y la manera en que la habíamos perdido. Luego de ese ligero ensueño me volví hacia Alice y le pregunte lo que más me moría por saber.

-¿Ha…ella ha…mencionado mi nombre? – no parecía lógico que hubiera preguntado por mi teniendo en cuenta el tiempo en el que parecían haberse detenido sus recuerdos…cuando sabía que iba a tener dos hijos.

Alice me miro con ojos tristes, luego negó con la cabeza.

Quise entrar, pero caí, repentinamente, en cuenta de que no sabía que haría Bella si me viera. No debía forzarla. Y no lo haría, por más que lo deseara. Primero debía hablar con la psiquiatra, ella seguramente me ayudaría a abordar a Bella de la mejor manera posible….

Eso esperaba.

Te Presento A Mi Amante

Capitulo 20: El juicio II

Bella POV

La cara de Tanya no tenia precio, era una mezcla de confusión, sorpresa, enojo y frustración. Quise sonreír, pero no lo hice, sin embargo Edward si lo hizo.

Expliqué con lujo de detalles, lo sucedido entre Edward y yo, desde como nos conocimos, hasta como terminamos por no poder estar el uno sin el otro. Y aunque delante del juez y de los dos abogados me daba pena, a fin de cuentas era la amante, estaba feliz por fin de poder decir lo que sentía, y así Charlie no tendría nada que hacer aquí, si Tanya lo quería para que dijera que me acostaba con su marido, pues aquí estaba yo para demostrarle que no era necesario.

También nos evitábamos el mal trago de ver a la señora Stanley a su hija y a Lauren, quienes contarían la historia a su manera. El abogado rubio de Tanya se levantó y aun con cara de desconcierto y se acercó a mi pensativo.

— ¿Usted admite haber tenido una relación amorosa con el esposo de mi cliente?

— Si, lo he dicho como diez veces — respondí cansada, en verdad quería que ya terminara, sino el juicio al menos mi turno, no quería seguir mas en el ojo del huracán, además aun había muchas cosas por decir.

— ¿Sabiendo que era casado?

— Lo supe desde que lo conocí, así que cuando empecé una relación con él, era obvio que lo sabia.

— Eres una descarada Isabella, no, ¡eres una zorra! — Gritó Tanya desde su lugar — destruiste mi matrimonio.

— Guarde silencio señora Cullen — ordenó de nuevo el juez.

— No tengo mas preguntas señor juez — el abogado de Tanya se sentó junto a ella y la regañó con la mirada.

— Esta corte entra en sesión treinta minutos, y espero que la señora Cullen se calme — el juez asesinó con la mirada a Tanya, yo me puse de pie y junto con la familia de Edward y mi hermano, salimos a tomar algo de agua.

— Será mejor que te traiga algo de comer — dijo Esme con esa forma tan cariñosa de hablar.

— La verdad Esme, no tengo hambre, tengo el estomago revuelto.

— Hija debes comer, recuérdalo.

— Claro, es cierto, entonces te acompaño — aun me era un poco difícil hacerme a la idea de que estaba embarazada, ahora lo que hiciera o comiera no solo era para mi, también era para él o ella.

Me imaginé su carita, independientemente de si era un niño o niña, tenía que parecerse a Edward, me emocionaba la idea de verme reflejada en unos ojos como lo de él, verdes y llenos de inocencia. Claro si todo salía como lo teníamos planeado. Aun había una cosa por la cual preocuparnos y que Tanya pudiera usar, pudiera que no en el juicio, pero si en Forks, en la universidad, además de mi hermano y mis amigos nadie sabia lo que ocurría, pero si se enteraban, a Edward seguramente lo correrían y posiblemente a mi me pasaría lo mismo, aunque yo podría entrar a cualquier otra, él posiblemente no.

— ¿Vieron la cara de Tanya? — Preguntó Alice detrás de nosotras — no tenia precio, lo que hubiera dado por poder sacar mi celular y tomarle una foto.

— Alice ¿qué te he dicho sobre burlarte de las demás personas? — regaño Esme.

— Que no debo hacerlo, pero Tanya no es una persona, es una…

— Como sea Alice, por favor.

— Está bien mamá, ¿cómo te sientes Bella?

— Parecerá extraño, pero me siento bien, creí que iba a desmayarme o a vomitar enfrente de todos, pero creo que esto puedo funcionar.

Tanya POV

— No tiene caso Tanya — me dijo por tercera vez el estúpido de James.

— De algo nos tiene que servir.

— Esos testigos eran para comprobar que tu marido tiene una relación con esa mujer, y ella misma lo ha puesto en evidencia, no es necesario que el señor Swan suba a declarar.

— No importa, quiero ver a esa humillada — no soportaba la idea de tener que desperdiciar esta oportunidad.

— ¿Por qué te importa tanto? — Me preguntó James tocándome la pierna, alejé su mano con un manotazo y él se rió — en verdad lo que quieres es dinero, con esa declaración tu marido tendrá que pagarte mucho, que mas da si esa chiquilla es humillada o no.

— Pero, ¿por qué demonios declaró en contra de Edward?

— ¿A quien le importa?

— A mi — le contesté furiosa.

— Tal ves es igual de interesada que tu, y le quiso quitar unos cuantos dólares por declarar lo contrario y como el tacaño de tu marido no quiso, pues lo hundió.

— ¿Me dices interesada a mi? — Me reí — eres un cínico, si esperas que le saqué mucho a Edward para poder irnos a Europa juntos.

— Bueno mi amor, si además de tu excelente compañía puedo disfrutar del dinero de tu ex marido, bienvenido sea.

Quiso meter su mano debajo de mi falda, pero no lo deje, ese no era el momento de ninguna demostración de cariño con ningún hombre, mucho menos con mi abogado.

Se me hizo eterna la espera del dichoso receso, quería regresar a la sala y terminar con esto, seguía Edward por declarar y ¿qué podía decir? Si ya la zorra de Isabella lo había dicho todo. Lo de mi embarazo, bueno eso ya no me preocupaba, James se había encargado de sobornar al medico que me había practicado el aborto y de haber quemado, el mismo mi expediente. ¿Qué podía salir mal? La respuesta era fácil: NADA. Probablemente mañana, y si tenia suerte, hoy mismo tendría la sentencia del juez, donde mi querido esposo tendría que pagarme una multa multimillonaria por el daño moral que su infidelidad me había causado, y en unos días, estaría en Europa, probablemente Paris o Milán, comprando todo lo que estuviera a mi alcance, y ¿por qué no? Buscando un hombre mejor que James, quien solo era mi vía de escape de este desastroso matrimonio y mi pase de abordar hacia una mejor vida, con un mejor hombre, con una mejor cuenta de banco.

Bella POV

Ahí estábamos, de nuevo en la sala, sentados en el mismo lugar, a excepción de Edward, quien ahora estaba en el banquillo de los testigos, esta vez las manos me sudaban y mi corazón latía con demasiada fuerza, afortunadamente Carlisle era doctor, si me daba un paro cardiaco sabia que al menos haría algo por salvarme. El abogado de Tanya se puso de pie y comenzó a interrogar a Edward.

— Señor Cullen ¿es verdad lo que dijo la señorita Swan acerca de ustedes dos?

— Si, es verdad — declaró con firmeza, podría decir que hasta orgulloso.

— Así que mientras mi cliente estaba de viaje, usted sostenía un romance extramarital, ¿sabe las consecuencias de eso?

— Si, las tengo muy claras y estoy dispuesto a enfrentarlas.

— No tengo mas preguntas — el abogado, que hasta antes de mi declaración parecía arrogante, ahora estaba confundido, parecía que no tenia nada más que preguntar, así que rápidamente J.J tomo el control del interrogatorio.

— Señor Cullen, ¿qué paso exactamente en estos siete u ocho meses de matrimonio con su esposa?

— Nos casamos y al los días ella se fue de luna de miel, no pude acompañarla por que tenia asuntos que atender en mi universidad, acababa de graduarme, además me ofrecían trabajo como profesor y tenia que arreglar ese aspecto de mi vida — Edward tomó aire y continuó — después de que regreso se volvió a ir, y otras dos veces después de esa, en esta ultima fue cuando comencé a dar clases y ahí conocí a Isabella.

— ¿Y cuando la señora Cullen regresó? — preguntó J.J.

— Claramente se dio cuenta de lo que pasaba y yo tampoco se lo negué, así que me confeso que en su viaje me había sido infiel y estaba embarazada.

La cara de Tanya era de odio, lo miraba como si quisiera atravesarle la cabeza, y agradecí a Dios que eso no fuera posible, vi a su abogado poner su mano sobre la pierna de ella, en un gesto tranquilizador para que no se levantara y gritara y por consecuencia, la sacaran, pero había algo mas en ese gesto, me estremecí. Era increíble que, de ser cierto lo que pensaba, ella estuviera involucrada con su abogado. Aunque, ¿quién era yo para juzgar? Si me había metido con un hombre casado, ese me convertía en una especie de "zorra" como me llamaba Tanya, por que había sido por amor, si, pero eso no quitaba que todo en esta sala, y mi padre afuera en algún lugar, incluso yo misma, me viera como la otra.

— Entonces ¿qué paso? — prosiguió J.J.

— Me pidió hacerme cargo del bebé a cambio de que ella no dijera nada sobre lo mío con Isabella, yo no quería que el pueblo se enterara, sobre todo por ella, así que accedí, nos vinimos a Nueva York y con ella embarazada pensé en poner la demanda de divorcio, pero como verá, se me adelanto — el rostro de Edward era indescriptible, había infinidad de emociones en ese ceño fruncido, mientras miraba a Tanya.

— ¿Y que pasó con el bebé?

— Lo abortó.

— Objeción señor juez, esas con conjeturas que el propio señor Cullen se esta haciendo, por no decir que es mentira.

— Ha lugar — dijo el juez — sin pruebas, son conjeturas.

— Bien, no tengo mas preguntas para el señor Cullen, pero me gustaría llamar a mi ultimo testigo, Eleazar Buring.

Y ahí estaba yo, a punto de sonreír como nunca antes, este era nuestro as bajo la manga. Me pregunté si estaría mal alegrarme por que el matrimonio en el que me había metido estuviera a punto de terminar, pero decidí que me respondería más tarde, y ahora disfrutaría la cara de Tanya.

La puerta de la sala se abrió y entró un hombre, que por obvias razones no había estado presente en todo el juicio, debía tener unos treinta y pocos años, de cabello castaño, caminó con seguridad por el pasillo y tomó asiento en el lugar donde antes había estado Edward. No lo pude evitar así que miré a Tanya quien tenia los ojos sumamente abiertos y miraba a su abogado como exigiéndole una explicación. Pero no la tenia, así que J.J tomó la palabra.

— Doctor Buring, ¿conoce a la señora Cullen?

— Si, la semana pasada acudió a mi consultorio.

— ¿Cuál es su especialidad?

— Obstetricia.

— ¿Y puede decirnos para que lo visito la señora Cullen?

— Objeción señor juez — se levantó el rubio — lo que pasó entre mi cliente y el medico es confidencial.

— No ha lugar — dijo el juez — aquí nos interesa saber para que fue la señora Cullen a ver al doctor, responda señor Buring.

— Fue a pedirme que le practicara un aborto.

— ¿Y lo hizo? — preguntó J.J ante la mirada de terror de Tanya.

— Si, específicamente fue el miércoles de la semana pasada, le pedí que se quedara en el hospital la noche para que descansara pero ella se negó.

— Tengo en mis manos — dijo J.J al tomar de su escritorio un folder amarillo — el expediente de la señor Cullen, si me hace favor señor juez — se lo entregó y el juez comenzó a hojearlo — como verá la señora Cullen tenia nueve semanas de embarazo, lo que nos da mas de dos meses de embarazo, y en esas fechas la señora estaba en las playas de España y mi cliente aquí en el país, por lo tanto ese hijo no podría ser del señor Cullen. Por lo tanto la señora acudió al legrado para desparecer la evidencia de su infidelidad, sin contar con que trató de sobornar al medico ¿no es así doctor Buring?

— Así es, el viernes por la tarde el abogado de la señora me visitó con esto — del bolsillo interior del saco, extrajo un sobre amarillo — una fuerte cantidad en efectivo para que le diera el expediente y no dijera nada si los tribunales me citaban a declarar. Licenciado Branner, le regresó su dinero, no tomé ni un dólar.

Tengo que decir que la palidez del abogado ya no era natural, pero si era impagable el rostro de derrota, en el de Tanya simplemente era… espectacular.

— ¿Y por que no aceptó el dinero? — pregunto J.J, en realidad yo también quería saberlo, si bien Edward me había dicho parte del plan de su abogado, no me lo había contado con lujo de detalles.

— Por que no soy ese tipo de personas, además el nombre de la señora se me hacia conocido, y claro, es la nuera de quien alguna vez fue mi profesor, el señor Carlisle Cullen, de hecho asistí a la pequeña boda, pero parece que la señora Cullen no me reconoció, mi deber como medico era la confidencialidad de mi paciente, pero cuando el abogado fue a sobornarme supe que algo andaba mal, así que me puse en contacto con el doctor Cullen.

— No tengo mas preguntas — dijo J.J y tomó asiento.

— ¿Licenciado Branner? — lo llamó el juez cuando el rubio no se levantó de su asiento.

— No tengo preguntas señor juez — dijo en voz baja.

— ¿Cómo demonios no tienes preguntas? — Gritó Tanya y se puso de pie — eso que esta diciendo es mentira, que no ve que es amigo de mi suegro, seguramente él le dio una cantidad más grande de la que nosotros le dimos.

Y ahí, la misma Tanya cavó su tumba.

— Te quieres callar de una vez por todas — le gritó su abogado.

— Silencio los dos — ordenó el juez — señora Cullen, gracias por su declaración. Entraremos en un receso de quince minutos para dar la sentencia del caso.

El juez le pegó al escritorio con ese pequeño martillo que solo había visto por televisión y todos nos pusimos de pie. Alice comenzó a dar saltitos a mi lado, emocionada y quise hacer lo mismo pero me contuve, aun debía tener un poco de respeto por la aun señora Cullen.

— Esto salió de maravilla — mi hermano me tomó en sus enormes brazos y me levantó en el aire — y lo mejor es que Charlie no tendrá que venir, tal como lo queríamos.

— De hecho debe estar afuera junto con los otros testigos — dijo Carlisle — será mejor que vaya a ver.

— Yo te acompaño — dijo Esme.

— Mejor voy yo — dije, todos me miraron — tal vez sea mi única oportunidad de hablar con él.

— Si, si ve — dijo Alice — pero procura estar aquí para ver como la arpía es pisoteada.

— Eres una maldita enana insoportable — le gritó Tanya desde su lugar, pensé por un momento que se habían ido pero no fue así, ahí estaban los dos, molestos, aunque el abogado salió y le dejó sola.

— Lo se — dijo Alice sin caer en las provocaciones de su cuñada.

— Voy a ver a Charlie.

— ¿Quieres que te acompañe? — pregunto Edward.

— No, lo haré sola.

Respiré hondo y salí de la sala, ahí estaba la señora Stanley, su hija y Lauren con el abogado de Tanya, y alejado, sentado en una banca, estaba mi padre. Se me hizo un nudo en el estomago y otro en la garganta, me armé de valor y caminé hasta él, a unos pasos de distancia se percató de mi presencia y levantó la mirada.

— Papá — dije, él se puso de pie.

— ¿Ya me toca? — preguntó nervioso, al igual que yo, no le gustaba ser el centro de atención.

— No, no será necesaria tu declaración, te querían solo para que… bueno para que confirmaras que soy la amante de Edward pero yo sola lo hice.

— ¿Lo hiciste? — preguntó sorprendido.

— Si, papá sé que estas enojado pero, aunque hice las cosas mal, lo amo, y él me ama por eso estamos aquí, es un error del que tal vez algún día me voy a arrepentir pero, tu no tienes por que cargar con el.

— Estoy enojado — dijo Charlie.

— Lo se, y se que tal vez pasará mucho tiempo antes de que ese enojo se borre de tu mirada, pero… — no dije nada mas, en nudo en mi garganta no me dejó, las lágrimas rápidamente se acumularon en mis ojos y no tardaron en desbordarse por mis mejillas. Cerré los ojos, pues las lágrimas borraban mi vista, pero sorprendentemente los abrí al sentir los brazos de Charlie rodeándome.

— Eres una tonta Bella, una tonta por meterte con ese hombre, pero también eres valiente, y aunque no apruebo que te hayas involucrado con él, sé que lo amas, y quiero que sepas que hoy vine dispuesto a mentir por ti — me limpié las lagrimas y me separé para verlo a los ojos — pero no fue necesario por que mi niña afronto la situación sola.

Sus ojos brillaban, aun estaba ese enojo, que como le había dicho no iba a desaparecer tan pronto, pero ya no había decepción, había amor, cariño y un poco de comprensión.

— Eso significa…

— Que puedes volver a la casa, que te quiero; pero con una condición.

— La que quieras papá — le dije sin dudarlo.

— No veras a ese chico hasta que este divorciado, al menos no en mi casa, a ti te perdono por que eres mi hija, pero a él le podría meter un tiro entre ceja y ceja.

— Está bien, no lo veré en la casa — dije, podría sonar a broma su amenaza, pero podía también ser muy cierta.

Charlie me acompañó de regreso a la sala y se sentó junto a mi, a mi otro costado estaba mi hermano, y frente a mi mis futuros suegros y Alice, ella independientemente de todo ya era de mi familia. Las manos comenzaron a sudarme cuando el juez apareció, junto con él venia la decisión de todo este embrollo, en realidad confiaba en que el divorcio se llevaría a cabo, pero ¿a favor de quien fallaría el juez? Tanya y Edward junto con sus abogados se pusieron de pie.

— Bien, esta claro que lo que vi aquí no es un matrimonio feliz, así que la demanda de divorcio se la concedo a la señora Cullen.

— ¡Si! — gritó Tanya, mientras el juez la mandó callar con la mirada.

— Sin embargo, no hay hijos de por medio, están casados en sociedad conyugal, por lo cual debería dividir los bienes que hayan adquirido mientras estaban casados pero no hubo ninguno, así que el señor Cullen no esta obligado a pagarle nada a la señora. Ahora el estado de Nueva York sanciona el acto de la infidelidad, por lo tanto el señor Cullen tendría que pagarle una indemnización a la señora Cullen por ochocientos mil dólares.

— Eso es muy poco señor juez, debería darme mínimo ocho millones.

— Si me dejara terminar, sabría que la multa también le aplica a usted puesto que también hubo infidelidad de su parte por lo que anulo la sanción. Esa es mi sentencia.

— ¿Qué? — Gritó Tanya— ¡esta usted loco, me esta diciendo que mi marido será libre y además podrá revolcarse con esta zorra, y a mi no me va a dar ni un centavo, es usted un idiota, seguro lo compró!

Tanya estaba totalmente fuera de si, pero poco me importaba, la sonrisa de mi rostro no la podía borrar nada ni nadie. Todo había salido bien, bueno eso no aplicaba para Tanya.

— Oficial, arreste a la señora Cullen por insultar a la autoridad y sáquela de aquí por el amor de Dios.

— Quíteme las manos de encima — se necesitaron dos guardias para sacar a Tanya de la sala, ya que pataleaba y arañaba — ¡James! ¡Ayúdame idiota!

Sus gritos, solo se calmaron cuando la sacaron de la sala, el juez también salió y por fin me levante y corrí a los brazos de Edward. Me tomó en sus brazos y me levantó para después besarme como nunca lo había echo, seria quizás que ya no había peligro de que alguien nos viera, que mi padre parecía estar algo de acuerdo con esta relación, que aunque estaba casado, el proceso de divorcio se estaba llevando a cabo y que no habría problemas para que él, nuestro hijo y yo estuviéramos juntos. Me aferré a él, a ese beso tan lleno de libertad, de amor y de pasión, sus manos se aferraban a mi cintura acercándome mas a él. Hasta que mi hermano carraspeó detrás de nosotros.

Nos separamos y tomamos aire, miré a mi familia, Emmett sonreía junto con Alice quien daba saltitos de alegría, Esme y Carlisle estaba abrazados y también sonreían, detrás de ellos estaba Charlie, quien era el único que me miraba serio, pero él había dicho que no me quería ver con Edward en la casa, y aquí no estábamos en casa, sin embrago me guiñó un ojo y una sonrisa fugaz cruzó por sus labios, entonces supe que todo estaba bien y que por fin todo encajaba donde debía.

viernes, 31 de diciembre de 2010

¡¡¡Feliz Añoo Nuevo Angeles!!!

Mis niñas hermosaas les deseoo que pasen un feliz año nuevoo, que este año que va iniciaar sea maravilloso, que dios las colme de bendiciones, de amor y prosperidad. Que cumplan todos sus sueños y propositoos.

Le agradezco a dios formar parte de esta hermosa familia TWILIGHT porque a pesar de que todaas vivimos en diferentes lugares, países e inclusive continentes estamos unidaas por un lazo muy fuerte que estoy segura que aunque paseen muchaas añoos seguirá igual de fuerte.

Graciaas hermosaas por visitaar el blog porque gracias a ustedes existee... las quieroo nenaas besitooss y un gran abrazooo (K)

La primera fotitoo es de parte de vane y miaa esperoo les gustee y la segundaa va dedicadaa a Vanee, esta niñaa hermosaa que nos mantiene enviciadas dia a dia jajajja graciaas siss permitirmee estar contigoo un año mas y dejarme formar parte de este blog, y sobretodo graciaas por hacermee sentir parte de tu vidaa, por compartir conmigoo el regalo mas grande que te ha dado dios que es tu bebé, que aunque no nos une ningun lazo de sangree si me une a ustedes uno mas grande y fuerte que es el del corazón.

Dios te bendigaa hermosaaa te quierooo muchisimoooo y espero te gustee la fotoo, los puse a ti y a Leo porque quise plasmaar lo importantee que son paraa mii

Te mandoo un abrazotee y muchoos besoss (K)

Que este año este lleno de amoor, si tienen parejaa que sigan muy unidos y si no tienen que este año conozcan al amor de su vidaa..



Toda la familia Cullen les deseaa feliz añoo.. brindemos por el amoor y la amistaad .. SALUD..

Phonography

Causa y Efecto

Hacía tres meses desde el día en que había decidido darle una segunda oportunidad. Tres meses en donde me tuve que tragar el orgullo y ocultar mi tristeza. Tres meses en donde tuve que pretender que nada había ocurrido, tres meses de agonía ¿Realmente podría perdonarlo?

No lo sabía, aún dolía su engaño. Y dolía principalmente porque yo lo amaba con locura. Con la misma que había comenzado en aquel juego de las llamadas. Suspiré, tenía que distraerme de pensar en él, en ella, en ellos y no me estaba ayudando para nada el hecho que siempre me topara con titulares, con preguntas, con las típicas risitas de pasillo. Sí yo había decidido afrontar la batahola que se desató los días después pero merecía los murmullos. Era cierto que yo había decidido guardar silencio, no emitir comentario más que: Estoy bien, estamos bien, cuando más de algún periodista metiche hundían más el dedo en la yaga. Sin embargo los comentarios se mantenían. Tenía que haber algún merito en lo que yo había hecho, después de todo yo me había parado digna y había enfrentado todo y a todos incluida a mi propia madre, todo por él.

Y a pesar que tenía un temple de acero frente al mundo de afuera por dentro estaba destrozada. ¿Cómo se supone que se reconstruye una relación, ¿cuándo en verdad no puedes olvidar? ¿Cuándo la imagen mental te acompaña todos los días, a cada segundo, a cada minuto? ¿Cómo confiar en él cuando cada vez que salía por la noche yo no podía evitar pensar en que se escapaba con la otra?

Como todos los malditos viernes estaba con mi hijo en brazos y ansiosa mirando el reloj. Ya faltaban diez minutos para las siete de la tarde y mi corazón se disparaba con el latir frenético, tenía las tripas enrolladas con cada minuto que pasaba y la ansiedad me carcomía. La risa profusa y automática de mi hijo me trajo de regreso de mi mundo de ensueño y lo mecí jugando con él. Me acerque a la cama y lo puse sobre esta, tomé sus pequeñas patitas y comencé a besarlas mientras sus risas se sentían alegrando el tortuoso silencio de la habitación.

— ¿Dónde está mi príncipe azul? —murmuré contra sus deditos mordiéndolos suavemente y él soltó una risotada divertidísimo. — Me comeré esa guatita —susurré enterrando mi cara contra su cuerpecito y él alzo sus manitos emocionado mientras se reía divertido. Estaba absorta jugando con él mientras le hacía cariño que no sentí que Edward estaba parado en el umbral de la puerta sino hasta que tosió. Alce mi vista y él tenía sus ojos verdes clavados en mí. Tenía una mano en su bolsillo y la otra estaba aún rozando su boca. Me medio sonrió y la sonrisa de mi rostro se desvaneció, me puse nuevamente en guardia como diría él. Acerque más a mi cuerpo a nuestro pequeño hijo, mientras lo besaba y mecía entre mis brazos le hablé.

— ¿Cenaste ya? —le pregunté y aunque traté que no sonará a indirecta irremediablemente fue así. Su sonrisa se apagó, el brillo de sus ojos se quitó.

— No, pensé que cenaríamos juntos —me respondió un tanto incomodo.

Deje de mirarlo y miré a nuestro hijo. Entonces suspiré, sabía que el camino elegido sería difícil. La confianza no vuelve de buenas a primera y era peor para nosotros. No ayudaba en nada que nuestras vidas aparecieran en cada revista, en cada noticiario a cada segundo sin tregua. Al final exhalé el aire y di el paso necesario para ponerme a su lado.

— Me llamaron hace un par de horas, mañana debo viajar a Nueva York —exclamé entregándole a nuestro hijo. Edward rozo mis dedos apropósito pero no pude evitar quitar mi mano de manera autómata. Retrocedí volviendo a instaurar aquel espacio tan frío y e incomodo que se había instalado entre nosotros — Distancia —era ahora el tercero en nuestra relación.

Nos quedamos mirando por unos segundos y como odiaba estos momentos sentí que quiso acercarse pero se contuvo. Era como si ambos agonizáramos yo por la rabia y él por el arrepentimiento. De pronto ya no éramos dos jóvenes sino dos ancianos recriminándonos la vida. ¿Dónde había quedado la magia?

— No te preocupes… lo cuidaré ¿Verdad que vamos a divertirnos juntos? —dijo repente alzando a Cameron en el aire. — Estaremos bien, lo cuidaré mucho —aseguró y mi hijo estalló en risas. De pronto lo compungido que se encontraba mi corazón se disipó y por medio segundo quise acercarme y besarlo. Realmente lo amaba tanto que su traición me desgarraba en lo más profundo de mí ser.

— Más te vale si le pasará algo te mataría —comenté en un murmullo y sentí como mis labios adquirían un leve sopor. Traté de contar la rabia pero el comentario ya se me había escapado sin control. Nunca había dudado que lo cuidaría, después de todo Cameron era su sangre y del amor que le tenía a su hijo era de lo único que yo podía estar completamente segura.

Salí de habitación dejándolos solos y me dirigí a la sala de estar recriminándome no solo mi actitud sino la actitud de él. ¿Se cansaría Edward de perseguir el perdón? Era una de las constantes preguntas que me había hecho todo este tiempo, hasta ahora tenía paciencia y aceptaba cada una de mis malas caras o incluso malos comentarios pero ¿lo haría siempre? ¿Qué sucedería cuando la culpa se extinguiera de su corazón, mi rabia también se extinguiría a tiempo para volver a empezar?

Decidí distraer mi mente en algo, caminé hasta la cocina. Abrí el refrigerador y me dispuse a calentar la comida que estaba guardada. Estaba en eso cuando pensando en algo más no me percaté y al tratar de abrir una lata me rebané el dedo. La sangre escurrió sin control, el olor a metal y azufre me invadió por completo. Pensé que me desmallaría pero sin embargó algo se activo en mi interior sin conciencia estaba a un lado del lavaplatos.

— ¡Maldición! —magullé acercándome para abrir la llave. Di el agua y puse la mano bajo el chorro. Pasaron algunos minutos y la sangre seguía escurriendo sin control, y mi cara no era mejor, era como si el azufre me invadiera por completo, sentía nauseas de solo sentir ese olor a metal tan característico.

¡Vamos Bella, solo es sangre!

Me dije y miré a todos lados. En verdad no tenía muchas alternativas diferentes a la sal y el limón. Estaba decidiendo si hacerlo o no cuando sentí la voz de Edward que entró a la cocina interrumpiendo, como siempre, mi proceso mental.

— Ya se durmió —anunció y entonces apreté más la mano tratando de evitar que se diera cuenta de lo que había sucedido, me volví de espaldas a él ocultando lo inocultable. Se quedo en silencio unos segundos — ¿Bella? ¿Qué sucedió? —preguntó y entonces de reojo noté que había sangre en el mostrador, se dio cuenta, era obvio. ¡Maldición! Y el orgullo lo tenía a tope, no quería reconocer que era un desastre en la cocina, mi torpeza se venía acrecentada cada vez que trataba de dármelas de dueña de casa, por suerte, no eran muchas las ocasiones en que tenía que hacerlo.

— Nada, fue un corte sin importancia —exclame restándole importancia al tiempo que cortaba el agua girando la llave. En el minuto en que se acercó quite las manos del agua y justo cuando iba a escapar otra vez me detuvo. Me acorraló contra el lavamanos, su cuerpo se puse interponiéndose en mi huida y sus labios se torcieron en una sonrisa. Automáticamente me puse el paño de cocina en la mano y la apreté mirando al suelo. Sus ojos verdes se clavaron en los míos. ¿Por qué tenía que ser un libro abierto para él?

— Déjame ver —pidió con esa voz aterciopeladamente sexy y sentí como mi corazón respondió a aquello. Comenzó a latir furioso en la mitad de mi pecho, mis entrañas se apretujaron apenas sentí su perfume en mi rostro. En segundos aquella esencia mesclada a testosterona invadió todos mis sentidos. ¡Tienes que ser fuerte! Me dije recordando en primer lugar porque estaba enojada con él.

— No es nada, es un corte sin importancia —insistí y traté de cambiar de tema — ¿Quieres comer en el comedor o lo harás en tu habitación? —le pregunté sin mirarlo, en realidad miraba la mano y el paño que estaba comenzando a teñirse levemente de un rosado. ¡Perfecto! Lo que me faltaba una seudahemorragia y Edward estaba allí para ¿Salvarme?

— ¿Ya cenaste? —preguntó despacio investigándome con su mirada. Podía sentir como respiraba lentamente y la tibieza de su hálito choco contra mi rostro.

— No tengo hambre —le contesté a duras penas con la vista fija en el paño de cocina, de pronto pude ver que ese color rosado ya era rojo claramente.

— ¿Porque eres tan terca? —me preguntó de repente y sin darme cuenta tiró del paño de entre mis manos revelando que mi corte no era un simple corte sino que había sido un poco más profundo. Me tomó la mano por la muñeca y la puso de vuelta en el agua. — Es demasiado profundo te llevaré al hospital a que te suturen —exclamo examinando mi dedo cerca de su rostro, y tenerlo tan cerca, me estaba haciendo mi indiferencia un tanto más difícil de lo habitual. Sentí la tibieza de su mano sujetar la mía y me imagine tantas cosas que por un segundo mi alma reclamó por él. Era tanto que sentía como la temperatura de todo mi cuerpo comenzaba a elevarse en cuestión de segundos. Sentía fluir la sangre por cada uno de mis extremidades como en sus mejores momentos de excitación. Estaba tan eufórica, y solo por su toque, que incluso creí percibir la tibieza de su respiración contra las yemas de mis dedos cuando habló en el segundo exacto que mi cuerpo hizo real aquello, sentí otra vez mi corazón latir descontrolado.

— Es un corte, no voy a ir al hospital por una cortadura en el dedo —reclamé tirando la mano pero él la sujeto con fuerza impidiendo cualquier movimiento de mi parte.

— ¿Cuándo vas a dejar de ser tan terca? —preguntó retóricamente suspiró resignado al segundo de hacerla — Nunca —y esa respuesta tal vez no era la correcta. — Veamos —balbuceo mirando a todos lados, entonces divisó algo que yo no y me miró confiado — sí la princesa insiste… siempre está la alternativa dolorosa —replicó en respuesta sonriendo un tanto malévolo me obligó a caminar junto a él.

Llegamos hasta la estufa de la cocina, apenas divise el objeto a un costado de esta lo miré en pánico pero no alcancé a protestar cuando metió mi dedo en la sal.

— Genial, acabas de contaminar la sal con mi sangre… Maravilloso —dije irónica aguándome el escozor que podía sentir en el dedo. Él parecía bastante divertido como esperando algo, claramente algo que yo no había visto venir

¿Acaso quiere que le dé un beso en respuesta por haber sido mi héroe personal? ¡Por favor! Cualquiera podría haber puesto el dedo en la sal, no había merito a aquello. Lo miré confundida.

— ¿qué? —pregunté al cabo de unos minutos observando mi dedo cubierto por un montículo de sal.

— ¿Cómo te sientes? —preguntó examinándome con la mirada. Era como si estuviera viendo algo que yo no, lo miré aturdida y un tanto confusa.

— Bien —contesté mirando el gran cerro de sal y mi dedo al medio, podía ver como la sustancia alrededor del dedo rebosaba en un rojo profundo y vistoso.

— ¿Segura? —preguntó otra vez y sentí como paso sus manos tibias y varoniles por mis mejillas hasta llegar a mi frente, luego quitó unos mechones tercos que colgaban por mi rostro y se acercó un poco más. ¿Qué se traía Edward?

— Sí ¿Por qué habría de sentirme mal? —le pregunté y lo siguiente que ví fue como sus labios se torcían en una sonrisa cautivadora.

¿Por qué Edward estaba sonriendo al revés?

Para cuando desperté y sentí el almohadón blando de mi cama bajo mi cuello, y la suavidad de mis sabanas rozarme la piel, entendí que me había desmayado. Abrí mis ojos automáticamente y lo siguiente que noté fue mi dedo completamente blanco… tenía una venda demasiado exagerada para que la hubiera hecho un profesional, así que cuando me alce y divise esos ojos verdes enfocar su atención desde el libro en sus manos hasta mí entendí que, había sido él quien me había curado.

— ¡Y estaba viva! —exclamó tratando de parecer divertido. Dejo a un lado lo que supuse era un libreto y luego se acercó a mí.

— ¿Cuánto he…estado…

— inconsciente —completó mi frase sin que yo pudiera hacerlo.

— Sí

— Un par de horas, es pasado media noche —me respondió sentándose en el borde de la cama, otra vez sus manos gentiles, grandes y níveas tocaron la piel de mi rostro, me estremecí y no pude controlar el sonrojo natural que sus caricias provocaban. Rió entre dientes, yo bajé la vista avergonzada y me tape más de lo habitual con la colcha.

— ¿Tienes hambre? —me preguntó como todo un amoroso esposo. Entonces lo quede mirando sin entender ese sentimiento tan grande que me invadió por completo. Sin poder controlarme, sin proveerlo, sin reflexionarlo me acerque hasta sus labios y lo besé.

Con la necesidad contenida de todos esos meses en donde había sido un tira y afloja, de su parte había estado insistiendo en nosotros todo este tiempo y yo todo estos días, semanas y meses lo había rechazado hasta hoy. En donde por primera vez no estaba en mi mente el recuerdo de ella.

Edward correspondió al beso tanto o más animoso que yo, de hecho, sentí como me jaló hasta su cuerpo. También sentí claramente como sus manos comenzaban a buscar mi cuerpo en aquella manera tan exquisita que me volvía loca. Edward era una droga para mí y todos estos meses habían sido una agonía.

Deslice mis manos por su barbilla bien definida, tenía una barba incipiente de dos días y el rose áspero y tosco con ella me incitó a querer sentir la tibieza de su cuerpo cerca del mío. No supe cómo pero lo acosté en la mitad de la cama, de mi cama, de nuestra cama.

Como poseía le quité la polera que aún traía puesta y contemple aquel dorso tan perfecto y que en estricto rigor era mío. Porque él era el padre de mi hijo, era mí hombre.

¿Quién se creía ella? ¿La dueña de Edward? ¿No podía conseguirse otro hombre que no fuera el mío? ¿El que hubiera sido de ella un par de noches le daba el derecho a reclamarlo como suyo?

. Esta noche éramos yo y Edward. Besé cada parte de aquel dorso desnudo, intoxicándome de su aroma, de su tibieza, de su suavidad. Sentir como escapaban pequeños gruñidos de sus labios cuando llegaba con mis labios húmedos hasta el ombligo me incitó más. Justo cuando creí que podría dar vuelta la página, el recuerdo tortuoso de Ángela me invadió. Sentir su voz distorsionada por la excitación me hizo transportarme lejos de allí. Una nauseas me invadieron y comprendí que un engaño no puede olvidarse. Un engaño hay que sanarlo y muchas veces eso significa que hay que dejar ir. No era una cuestión de orgullo, de quién era más mujer. Era una cuestión de sentimientos, de fidelidad, de amor. Edward no me amaba tanto si había buscado consuelo en otro cuerpo.

Entonces cuando estaba así adolorida por las imágenes de su engaño, intoxicada por los recuerdos, una imagen bastante más nítida y diferente se presentó ante mis ojos. Era Edward, estábamos en la mitad de mi habitación pero no era media noche, sino que era de día. Era ese día… era aquel día.

— ¿Dónde está Cameron? —y aquellas palabras yo las había oído antes.

— Con mi madre —contesté magnificando el sufrimiento de aquella decisión que mi mente había fraguado hacía cuestión de segundos como una completa verdad paralela.

No, no podría perdonar jamás. Y olvidar sería demasiado difícil, demasiado doloroso, demasiado triste. Yo no era tan noble.

— Bells… —y su voz se apagó. Principalmente porque yo lo interrumpí en el segundo exacto que dimensione que la confianza es una, y cuando se rompe no hay nada que hacer para tomarla otra vez.

— No… —murmuré tranquila con mi conciencia, tranquila con todo. Iba a tomar la decisión correcta. Una decisión que no era egoísta pero tampoco era altruista simplemente era racional.

— Al menos déjame explicarte —balbuceo asustado. Él ya había adivinado cual sería el final de aquel día. Se acercó a mí pero rehuí.

— No te esperé para pedirte explicaciones, te esperé para despedirme —y la última silaba caló hondo en el fondo de mi corazón destrozado. Yo le amaba, pero por ahora ese amor no era suficiente para curar su engaño. — Podrás verlos los fines de semana —y jamás le quitaría el derecho que le correspondía por ser el padre biológico de mi hijo pero yo no estaría a su lado como la incondicional.

La mirada confusa y atontada de Edward ante mis palabras serias y directas me confirmó que no estaba preparado para mi actitud. Tal vez esperaba gritos y llantos pero ¿Para qué? ¿Conseguiría componer el jarrón llorando histérica y dolida por su engaño? ¿Acaso servirían las lágrimas para volver a ser una pareja? No. Un tenso silencio se embargó entre nosotros.

Entonces ante el silencio mis labios se curvaron en una sonrisa irónica. ¿Tan poco había valido para él qué aún en una circunstancia como esta él se había dado por vencido? De pronto agradecí el que esto hubiera sucedido ahora y no veinte años después cuando ambos nos recrimináramos el estar juntos solo por apariencias.

— Puedes llamarme cuando quieras verlos, adiós Edward —susurré.

— Se que no hay justificación para lo que sucedió pero se terminó lo juro —espetó desesperado tratando de seguirme. Estaba bajando las escaleras y sintiendo como nuestra relación se terminaba por romper.

¿Por qué tenía que creerle ahora? ¿Por qué tenía yo que darle la segunda oportunidad? ¿Por qué? ¿Acaso había una razón diferente a una que respiraba? ¡Mi hijo podría tener a su padre y no era necesario que yo estuviera sufriendo a su lado! ¡No señor, prefería guardar el recuerdo de Edward en ni corazón como el hombre que ame y no como el que odiará porque me había engañado en mi propias narices!

Justo cuando iba a subirme a mi auto me sujetó por el brazo con fuerza, girándome en mi posición. Nuestros cuerpo se quedaron uno frente a él otro.

— No lo hagas Bella, se terminó… se terminó —me aseguró

— Deberías haberlo pensado antes —y solté cada palabra con un rencor impensado.

Tiré de mi brazo para soltarme de su agarré, sin cavilación abrí la puerta del vehículo para subirme pero me la cerró de tropezón.

— Las cosas no son como tú piensas… por favor

— ¿Te acóstate con ella si o no? —pregunté sabiendo de antemano la repuesta. Mi corazón sangro porque esta vez la escucharía de sus propios labios. ¿Podría soportarlo?

Guardó silencio ¡Tan cobarde que no puedes admitirlo! Le grité furiosa en mi interior sin quitarle la mirada de encima esperando por su respuesta.

— Sí —confesó

— Entonces, son exactamente a como me las imagino —le contesté subiéndome al auto. Lo encendí con ira contenida. La ventanilla estaba abajo, para mi desgracia.

— Yo te amo —exclamó

— Vaya manera de demostrarlo —aquella confesión me enfureció más ¿Desde cuándo alguien engaña por amar?

Aceleré y saque al vehículo del garaje sin importarme que estuviera con la mitad del cuerpo metido en la ventanilla.

— Bella, ella no significo nada —gritó separándose del vehículo.

— Tampoco tú —grité perdiéndome calle abajo.

Sentí como mi corazón se contrajo en la mitad de mi pecho. Esa frase no era verdad, nisiquiera era una mentira a medias. Era una mentira completa. Claro que él significaba todo para mí. El problema era que yo le amaba y lo quería todo, o era el cien o no era nada. Y ahora, luego de su engaño era evidente que Edward quería algo más de la vida que quedarse a criar a un bebe, y a cuidar de una esposa.

Éramos jóvenes, nadie podía culparlo de aquello. No condenaría mi vida a una existencia junto a un hombre que no estaba seguro de quererme por siempre. ¿Qué pasaría cuando yo volviera a embarazarme? ¿Tendría que soportar cada vez un engaño?

No, no era algo que yo pudiera transar. Me dolía como un demonio, sentí que mi alma se había partido en dos. Con él había conocido el amor de verdad, yo estaba realmente enamorado de él pero mis elecciones de vida hoy eran otras. Tenía un hijo, un pequeño milagro y un pedacito de Edward, contrario a lo que todos pensaran nosotros tendríamos un vinculo de por vida pero no por eso tendríamos que estar unidos en una relación sin amor motiva por el compromiso. En todo orden de cosas hay una causa y un efecto, lamentablemente para mí, su engaño hoy tenía un efecto que me destrozaba el alma pero que era el correcto.