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lunes, 24 de enero de 2011

Te presento a mi amante

Hello mis ángeles hermosos , buen inicio de semana , aquí les dejo el final de este maravilloso fic ; espero lo hallan disfrutado tanto como yo , también quiero agradecer a mi querida Cinthia Swan por permitirme compartir con ustedes su trabajo , muchas gracias te mando mil besitos 
en fin , no les hecho mas rollo y a disfrutar 
Por fiss dejen sus comentarios al final
Mil besitos a todas
Angel of the dark

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Capitulo 23: Vivieron felices… 


Edward POV

Me quedé sorprendido cuando escuché su propuesta, apenas unos días atrás Bella me había rechazado y ahora de repente me pedía que me casara con ella, algo antinatural en ella, además obviamente estábamos en una época moderna, pero ¿no se seguía usando que fuera el hombre el que propusiera matrimonio? No era machista ni nada por el estilo, solo un poco anticuado.

— No, Bella, digo no es lo que tu quieres, hace días me dijiste que no te quieres casar, seguro Alice habló contigo, ¿o fue mi mamá? — solo eso explicaba su repentina proposición.

— Nadie habló conmigo, solo soy yo, quiero ser tu esposa, que mas da si hay o no un papel firmado — contestó, sus ojos se pusieron vidriosos a causa de las lagrimas — no necesitamos casarnos pero… quiero casarme contigo, quiero envejecer a tu lado y definitivamente quiero caminar por ese pasillo vestida de blanco y que tu me esperes al final y todo ese cuento cursi y ridículo.

— Bella, amor ¿en verdad quieres eso? — con mi mano levanté su rostro para que me mirara a los ojos — yo quiero que tu seas feliz, y no quiero que esto lo hagas ni por mi, ni por mi hermana o mi madre, quiero que tu hagas lo que tu quieras, lo que te haga feliz.

— Que hubieras dicho que si, me habría puesto feliz, te amo y en verdad quería casarme contigo — un par de lagrimas cayeron de sus ojos.

— ¡Oh mi amor!, no llores — la abracé y comenzó a sollozar mas fuerte contra mi pecho, me odié por ser tan estúpido — dije que no por que pensé que alguien te estaba obligando a tomar esta decisión.

— No importa — dijo entre sollozos — olvida lo que dije.

— No, no, pregúntamelo de nuevo — sonreí y la separé para verla a los ojos — esta vez diré que si.

— No te voy a proponer matrimonio dos veces — contestó molesta y se separó de mi — olvida que hice el ridículo de esta forma.

Salió de la cocina y estuve tentado a golpearme la cabeza contra la pared. Pero ¿Cómo demonios iba yo a saber? Había cambiado de opinión tan rápido, y me había propuesto matrimonio. Bien, era un idiota, debí decir que si de inmediato, eso era lo que yo también quería.

Salí de la cocina, pero en la sala solo estaban mis padres y los Hale.

— ¿Dónde esta Bella? — pregunté a todos.

— Ya se fue — contestó Carlisle — ¿pasó algo?

— Soy un idiota — contesté — será mejor que vaya a verla.

— Charlie te correrá pistola en mano — me dijo Alice — además lo que hiciste fue algo realmente estúpido, dale hasta mañana para hablar con ella.

— ¿Lo sabias? — Alice asintió — ¿Por qué no me lo dijiste? No habría hecho tal cosa.

— No vi tu respuesta, solo la pregunta, sé que parece que soy grandiosa, pero a veces no lo puedo acaparar todo, intentaba ver que me regalarías y entonces se me cruzo la visión de ustedes, por cierto Edward no veo mi Porsche en mi futuro.

Rodé los ojos y subí a mi cuarto agarré el teléfono, ignorando la sugerencia de Alice y llamé a Bella al celular, sin embargo no contestó, lo intenté de nuevo pero obtuve la misma respuesta. Me resigné después de tres llamadas más. Quizás Alice tenia razón y debía darle a Bella su espacio. Además estaba el hecho de su embarazo, apenas eran dos meses y medio y las hormonas estaban jugando con Bella de una manera peligrosa.

— Te dije que no la llamaras — Alice estaba de pie en la puerta de mi cuarto, odiaba que hiciera eso, podía deslizarse sin que nadie la escuchara — mañana las cosas serán diferentes.

— ¿Por qué le dije eso? — pregunté mientras me acostaba bocarriba sobre mi cama, mi hermana me imitó, acostándose a mi lado.

— Por que eres medio tonto — sentí la cama moverse junto con su risa burlona — pero aun así ella te ama.

— Increíblemente así es — suspiré — ¿Cómo lo haces?

— ¿Qué?

— Ver las cosas que pasaran.

— No lo sé, desde que tengo memoria se me cruzan esas visiones, siempre sobre la gente que conozco — Alice se quedo callada un momento al igual que yo, solo se escuchaba el viento gélido que chocaba contra los árboles y las ventanas — a veces me da miedo.

Me sorprendió esa confesión, así que dejé de mirar el techo y miré a mi hermana.

— ¿Por qué?

—Tengo miedo de ver algo que no me guste, alguna muerte, no sé, algún día tú, mis papás, mis amigos morirán, si es que no lo hago yo primero, yo los veré morir antes de que suceda — su voz se quebró, así que me senté y la abracé.

— No pienses en eso, piensa en que aun nos queda mucho por vivir, a todos, y mira el lado bueno, moriremos de causa natural algún día, pero si es un accidente nos podrás prevenir — le sonreí y pareció gustarle esa idea — mientras divierte espiando en la vida de los demás.

— Por cierto — dijo sonriendo y limpiando un par de lágrimas de su mejilla — sigo sin ver el Porsche en mi futuro.

— Probablemente por que no te lo voy a regalar.

— Oh, entonces debo vigilar a mi papá — el rostro se le iluminó — si tú no me lo vas a dar, seguro será él.

Dio un par de saltitos, y se levantó de la cama, no sin antes darme un beso en la mejilla.

— Por cierto, el regalo de Bella es grandioso, y… será la mejor manera — me guiñó un ojo y salió del cuarto, dejándome una vez mas sin saber de que estaba hablando. Hasta ahora no había pensado en regalarle nada a Bella, odiaba los regalos y las atenciones. Entonces vino a mi mente algo que podía regalarle y estaba seguro que no podría negarse a recibir. Así que hice un par de llamadas y finalmente llamé a Emmett para mi último regalo de navidad que me faltaba comprar.

— Edward, hermano ¿Qué le hiciste a Bella? Está furiosa y lo he pagado yo con sus cambios de humor, me ha aventado hasta con las cucharas.

— Lo siento Emmett, a pesar de eso… quiero pedirte un favor.

Bella POV

¿Qué tan humillante puede se que le propongas matrimonio a tu novio y te diga que no?

Así de humillada me sentía yo. Claro también me sentía triste, enojada y feliz. Si, feliz de que me haya dicho que no. Por supuesto que quería una vida larga y feliz al lado de Edward y nuestro bebé, y al ver a Esme y Carlisle ser tan felices después de tantos años pensé que lo nuestro podría ser igual. Por otro lado, ahora que pensaba más claramente las cosas, la idea de casarme por todas las leyes era escalofriante. Sin embrago ya no quería estar sin Edward, ya no. Así que decidida a que probablemente Charlie ahora si me corriera de la casa, me levanté de la cama y bajé las escaleras, entré en la cocina y ahí estaba mi hermano hablando por teléfono mientras comía, mi padre leía el periódico.

— Buenos días papá — saludé y abrí el refrigerador para sacar la leche, pero solo verla me dio asco.

— ¿Cómo dormiste Bells? — Charlie preguntó sin despegar los ojos del periódico.

— He tenido mejores noches — Emmett colgó el teléfono y volvió a marcar con desesperación, después salió de la cocina — ¿Qué hace?

— No lo sé — admitió Charlie, tomó un sorbo de su jugo y me miró por encima del diario — ¿qué te pasa?

— Necesito hablar contigo papá — me senté en la silla que mi hermano había desocupado, frente a Charlie.

— Esto no será bueno — dejo el periódico al lado y me prestó atención — la ultima vez que me dijiste eso supe que seria abuelo.

La última palabra la soltó entre dientes, yo inhalé y exhalé varias veces pensando en la mejor manera de comenzar.

— Ayer llegó la sentencia de divorcio de Edward — comencé pero él me interrumpió.

— Vaya, fascinante — rodó los ojos.

— Si, así es — estuve de acuerdo — lo que te quiero decir es… papá quiero vivir con Edward.

Ahí está, lo había dicho, y Charlie me miraba fijamente, la vena en su frente estaba hinchada, pero no había explotado aun, eso era bueno ¿no?

— ¿Sin boda? — su voz fue apenas un susurró molesto.

— Claro que no — exclamé — suficiente tuvimos con su matrimonio como para echarnos otro encima tan rápido, además ninguno de los dos quiere matrimonio — o al menos en el momento en que yo lo quise, me rechazaron, pero eso no se lo iba a decir.

— Ajá, entonces solo vivirán juntos.

— Y tendremos un hijo — continué.

— Y tendrán un hijo — repitió con sarcasmo.

— Y nos amamos — completé — ¿no es eso mas que suficiente? Además Edward se está perdiendo parte de mi embarazo, él quiere estar conmigo en todo momento.

— Pues no estoy de acuerdo.

— ¡Pues no te estoy pidiendo permiso! — malditas hormonas, me hacían gritar cuando no debía. — lo siento papá, lo que quise decir es que aunque no estés de acuerdo iré a vivir con Edward. Cuando aceptaste lo mío con Edward, aceptaste que lo amo y que haré todo lo posible por estar con él, casada o no.

— Quiero hablar con ese muchacho — dijo terminando su jugo y poniéndose de pie.

— Claro — mi voz sonó demasiado animada y lo seguí por el pasillo — en un par de días es navidad, ¿Esme no te ha invitado?

— Lo hizo anoche, supongo entonces que allá lo veré — se enfundó su pistola mientras decía eso.

— Papá por favor, ¿podrías esa noche, no comportarte como el padre celoso?

— No prometo nada — besó mi frente y salió rumbo a su trabajo.

— ¡Maldita sea! — gritó Emmett desde la sala.

— ¿Qué haces? — le pregunté mientras marcaba de nuevo.

— Un favor para tu novio, por cierto ¿ya le compraste regalo?

— ¿Regalo? — Alcé la voz — ¿regalo? ¿No tiene suficiente con el hijo que le voy a dar que además tengo que comprarle regalo?

No le di tiempo de contestar, me di la media vuelta y subí a mi cuarto, era increíble que pensara en un regalo más que tener a un niño dentro de mi siete meses más. De hecho la navidad era absurda, solo era un pretexto para regalar a diestra y siniestra cosas materiales que de nada servían. Oh no. Edward me regalaría algo. ¿Algo costoso? ¿O excesivamente vistoso? Agarré mi celular y marqué el número de Edward. Su voz sonó alegre del otro lado de la línea.

— ¡Bella! Que bueno que me llamas amor, perdón por lo de ayer…

— Te perdono, pero no me regalaras nada esta navidad ¿de acuerdo?

— ¿Es una petición o una orden, amor? — sonaba excesivamente burlón del otro lado de la línea.

— Es… una sugerencia — maldije el que no pudiera enojarme demasiado con él, tanto que la sugerencia se convirtió en súplica — por favor, no quiero nada que te cueste mas de dos dólares.

— Bien — fue su respuesta.

— ¿Bien? ¿Eso es todo? — ¿así de fácil seria?

— Sabes que haré lo que tú me pidas ¿no?

— ¿Lo que yo te pida? — una idea pícara cruzó por mi mente — por que estoy teniendo un antojo de ti en este momento.

o.O.o.O.o.O.o.

Navidad llegó con un manto blanco de nieve que cubrió a Forks. Estaba sentada en el jeep de Emmett rumbo a casa de los Cullen, con un par de maletas en la parte trasera, Edward y yo habíamos decidido, después de que cumpliera mis antojos, comenzar una vida juntos a partir de este día, y Charlie iba enfurruñado en el asiento trasero por esta decisión, afortunadamente había visto la pistola colgar del cinturón junto a su placa, en la sala, lejos de Edward.

La enorme casa blanca se distinguió a varios metros de distancia, las luces decoraban la casa como si fuera una mas de Villaquién de la película de "El Grinch" cada serie de luces perfectamente puesta en su lugar, y dentro era un más linda. El enorme pino estaba lleno de luces, esferas y nieve que parecía natural y por lo que no dude que la misma Alice hubiera recogido nieve del patio para ponérsela al pino. El barandal de las escaleras estaba lleno de Nochebuenas así como el resto de la casa; sobre las puertas, lámparas y cualquier cosa que colgara, había muérdago, seguramente también obra de Alice.

— Bienvenidos — saludó Esme desde la puerta, junto con Carlisle — feliz navidad.

— Igual para ti Esme — la abracé e inmediatamente me sentí en casa, y agradecí por que mi suegra fuera tan dulce, esta seria mi casa los próximos seis o siete meses, según Edward, Carlisle quería monitorear mi embarazo de cerca, pero estaba segura que era el paranoico y exagerado de Edward quien quería tenerme con cuatro pares de ojos sobre mi, evitando que me cayera, y pensándolo bien… era mejor así.

— Pasen y siéntanse como en casa — Carlisle también nos abrazó — Charlie, me gustaría hablar contigo.

— Por supuesto — mi padre saludó a mi suegro y juntos desaparecieron por la sala, era al menos buena señal que Charlie se llevara bien con los suegros, no así con el yerno.

Emmett rápidamente fue a la cocina en busca de algo que saciara su hambre de oso, mientras llegaba Rosalie; yo me senté en el sillón más cercano a la chimenea, no vi rastro de Alice o de Edward en ningún lado.

— Alice está terminando sus regalos — Esme me ofreció una taza de chocolate — y Edward, no tarda en llegar.

— Gracias — sorbí un poco de chocolate, calentando mi garganta — está delicioso.

La puerta principal se abrió y apareció mi regalo echo persona, Edward se sacudió la nieve que había caído sobre su cabello, me miró y sonrió, sin embargo no se acercó a mi, saludó a Emmett quien le dio algo que no pude distinguir y subió por las escaleras. Eso por supuesto me molesto, primero por que no había venido a saludarme como se debía, pero sobre todo por que algo tramaba y no me gustaba nada. Minutos después Alice bajó, se acercó a mi y me abrazó, conversamos de todo un poco, pero yo estaba mas preocupada por Edward que aun no bajaba que por Alice.

Los Hale llegaron con montañas de regalos y me sentí aun peor, yo apenas había comprado uno para cada uno de ellos, y temía por lo que pudiera haber ahí para mi.

Finalmente Edward bajo, y saludó a todos incluido mi padre quien solo asintió como saludo y vino a sentarse junto a mi.

— Feliz navidad amor — puso mi sonrisa favorita, esa traviesa de lado que hacia que dejara de respirar por un segundo.

— ¿Qué hacías? — fue mi respuesta, él se rió de mi molestia y besó mi frente, después mi mejilla y finalmente mis labios, no pude resistir, o evadir su beso por mi "intenso" disgusto. En vez de eso, me dediqué a saborear sus labios, y sus brazos alrededor de mí, que hacían que mi cuerpo temblara y esta vez, ya no a causa del frío.

— Preparaba el regalo de Alice — me dijo mientras intentaba recuperar el aliento.

— Bien —dije suspirando — ahora vuelve a besarme.

Sonrió con un poco de prepotencia, sabia que le gustaba sentirse con ese poder sobre mí y a mí no me importaba, mientras toda la vida me besara de esa forma.

— Tu padre habrá dejado la pistola en casa — dijo divertido — pero su mirada es más que suficiente para asesinarme.

Charlie estaba al fondo de la sala, platicando con Carlisle, pero con su atención puesta en nosotros, rodé los ojos y me hundí en los brazos de Edward, intentando demostrarle a Charlie que no importaba que tan mal mirara a Edward, no dejaría de estar con él.

Cenamos en medio de risas y anécdotas, Alice intentaba ridiculizar a Edward con sus historias de cuando eran pequeños y Edward hacia lo mismo, son embrago Carlisle se encargo de ridiculizarlos a los dos. Emmett por su parte contó infinidad de situaciones en las que había terminado yo en el piso, o embarrada en mí pastel de cumpleaños numero siete. Hasta Edward se rió con esa anécdota, pero calló cuando lo miré con desagrado.

— Abramos los regalos — salto Alice de la mesa en cuanto terminamos de cenar.

— Antes, vamos a brindar — Carlisle se puso de pie y tomó su copa y como buen patriarca hizo el brindis — brindo por mi familia, y con mi familia me refiero a todos aquí presentes, espero que esta sea la primera de muchas navidades que pasemos juntos. Brindo también por mi primer nieto que viene en camino y la eterna felicidad de los padres — le devolví la sonrisa e instintivamente puse la mano sobre mi vientre un poco abultado — y brindo por Esme, mi mujer, por que a largo de veinticinco años me ha hecho el hombre mas feliz de este planeta. ¡Salud!

— ¡Salud! — coreamos todos, Alice tomó su copa de un solo trago y después salió corriendo a la sala.

— ¡Los regalos! — no nos dio tiempo a nadie de saborear nuestra bebida, aunque a la mía no había mucho que saborearle, tomaba agua, simple agua. Todos la acompañamos a la sala, ya estaba sentada junto al árbol con un regalo en las manos.

— Este primero — se lo ofreció a Edward y este tomó la larga caja envuelta y se la ofreció a Charlie.

— Jefe Swan, espero que sea de su agrado, feliz navidad.

— Si crees que con un simple regalo se me olvidara todo estas muy equivocado — Charlie rasgó el papel y saco una caña de pescar de lo mas moderna — gracias.

El tono de la voz de Charlie se suavizó, e intentó contener el entusiasmo ante la caña de pescar más moderna en el mercado, jamás iba a admitir que Edward había acertado en el regalo, y sobre todo que le había encantado.

— De nada jefe Swan — Edward continuo con su tono respetuoso, y mi padre asintió, aunque esta vez de manera no tan hosca.

— Ahora este — Alice le entregó a Carlisle un regalo pequeño.

— Mi amor — abrazó a Esme y le entrego el regalo, junto con un pequeño beso en los labios — espero que este pequeño detalle te agrade.

Esme sonrió y abrió el papel, era un sobre amarillo y mi suegra lo miró extrañada y sacó del sobre varios papeles. Leyó despacio y palideció de pronto.

— ¡Oh Dios! — Exclamó — ¿una isla?

— Así es amor, una pequeña isla en el Caribe… "Isla Esme"

¿Qué? ¿Una isla de regalo? Eso era demasiado, sabia que los Cullen eran una familia adinerada, pero jamás me imaginé cuanto.

— Esconde el regalo de Esme de mi parte — le susurré a Edward.

— ¿Por que? — se notaba extrañado por mi petición.

— Es un saco, ¡un saco! No puedo darle eso después de que tu padre le regalara una isla. ¡Una isla! ¿Quién regala una isla?

— Un hombre enamorado — sonrió y me temí lo peor de su regalo, aunque me relajé luego de recordar que seria de no más de dos dólares, y una isla, o por lo menos, una casa, costaba bastante mas — además a mi madre le encantará tu regalo.

Entonces, Edward tomó una caja pequeña y se la entregó a su hermana.

— Cuando lo vi, me pregunté quien seria tan tacaño para regalar algo tan pequeño — Alice frunció en entrecejo y le arrebató el regalo a mi novio.

— Feliz navidad para ti también Alice — Edward vio emocionado como su hermana abría la envoltura y se encontró con un llavero con la insignia de la marca Porsche. Alice abrió los ojos y miró a su hermano.

— Nunca lo vi, traté y no lo vi — exclamó poniéndose de pie y abrazando a su hermano — ¿cómo lo hiciste?

— Cuando me dijiste que vigilarías a mi padre, supuse que estarías tan concentrada en él que no fisgonearías en mi futuro, y menos en el de Emmett.

— Así es pequeño duende, yo te lo conseguí.

— ¡Ow! ¿Es amarillo?

— Alice primero agradece — regaño Esme.

— Ah claro — Alice rió y abrazó a Emmett — gracias a los dos, en verdad muchas gracias. ¿Es amarillo?

— Es amarillo — confirmó mi novio.

— ¡Quiero verlo! — Alice salió disparada a la puerta principal, seguida por todos nosotros, llegamos a la cochera y ahí en el fondo, estaba un auto amarillo con un enorme moño rojo.

— Eres el mejor hermano del mundo — Alice subió a su auto nuevo y lo encendió — ¿quién quiere venir?

Miré a Edward, sabia que amaba los coches y la velocidad, pero el negó con la cabeza y fue Rosalie la que subió junto con Alice. Esta arrancó el auto y salieron a dar una vuelta.

— ¡Mucho cuidado! — les grito Esme, pero dudaba que la hubieran escuchado.

— ¿Por qué no fuiste con ella? — pregunté a mi novio mientras entrábamos de nuevo a la casa.

— Por que prefiero darte tu regalo.

— Solo prométeme que no es algún país que compraste y que se llamara "Bella".

El rió con fuerza — Creo que es mejor que eso.

Gemí en voz baja, tomó mi mano y me guío escaleras arriba, en la sala los demás se acomodaron de nuevo junto al árbol para seguir con los regalos. Me llevó hasta el tercer piso, y luego a su recamara, donde había estado una sola vez, y al recordarlo me sonrojé por la forma tan peculiar de haberlo hecho. Edward cerró la puerta y le puso seguro y mi corazón comenzó a palpitar demasiado deprisa.

— ¡Wow! ¿En serio tú serás mi regalo? — me acerqué a él y le quité con desesperación el suéter, lo besé con pasión, hundiendo mis dedos en su pelo, sintiendo su cálido aliento en mis labios, sin embargo él hacia lo posible por no reír.

— Bella — me apartó con delicadeza — eso no es tu regalo, al menos aun no.

Me sonrió de lado y sentí que me ruborizaba de nuevo.

— Hormonas — me justifiqué.

— Y me encantan, amor, pero antes… — me abrazó y me llevo hasta el reproductor de discos — reproduce el CD que está dentro.

Hice lo que me dijo, y una suave melodía comenzó a sonar, era solo música de piano, pero tan hermosa y tranquila, Edward tarareaba en mi oreja, haciendo que la piel se me enchinara de sentirlo tan cerca. A pesar de mi mal gusto por bailar, lo rodeé con los brazos y comenzamos a movernos al ritmo de la lenta melodía. Recosté la cabeza en su pecho, sentí el latir de su corazón, algo acelerado, pero que combinaba con la música.

— Es hermosa — dije en un susurro, sin querer romper el encanto del momento — ¿de quien es?

— Es tuya — me dijo besando mi pelo.

— ¿Mía? — Me reí, entonces este era mi regalo — quiero decir ¿Quién es el artista?

— Oh, bueno no es un artista, es más bien alguien que le gusta tocar el piano como pasatiempo, y que la compuso el primer día que te conoció, mientras pensaba en tus hermosos ojos.

Levanté la mirada para verlo a los ojos, los cuales brillaban con la tenue luz de un par de velas.

— ¿Tu… la compusiste? ¿Para mí? — sentí que el pecho se me hinchaba, que el corazón estaba a punto de explotarme de alegría. Nunca había sido el tipo de persona que se muriera con un detalle como una flor, o por que alguien me dedicara una canción. No era tan… romántica. Pero Edward no me había dedicado una canción. No. Él me había compuesto una melodía tan hermosa, solo para mí. Pensando en mí. Edward se limitó a asentir, mientras la música terminaba armoniosamente.

— Hubiera preferido tocarla en vez de reproducirla, pero hay mucha gente allá abajo.

— Edward, eso es tan… — me mordí el labio, en busca de alguna palabra que describiera lo que me hacia sentir.

— Te amo Bella, eres lo más hermoso que me ha pasado y no me arrepiento de nada de lo que he hecho. Sé que no hice las cosas como debían desde que te conocí, que te di un lugar que no te merecías — su cálida mano trazaba caricias en mi cuello y ascendía por mi mejilla, mientras con el pulgar jugaba con mis labios, mis ojos estaban hipnotizados con los suyos, y yo estaba totalmente seducida por su aterciopelada voz que susurraba las palabras de una forma tan llena de amor — pero a pesar de todo aquí estas, amándome, dispuesta a pasar el resto de tu vida conmigo, me darás un hijo y yo no encuentro la forma de agradecértelo.

Me besó, fue un beso lento que me inundo de él, de su calor, su sabor y sobre todo, su amor. Sus labios de movían perfectamente sobre los míos y me perdí completamente, el mundo solo dejo de girar, y ya no importaba nada, mas que sentirlo de esta manera. Ya no existía Tanya, ni Charlie, ni nadie. Solo él y yo.

— Algo debí haber echo en otra vida, para merecerte — susurró contra mi cuello, yo solo gemí, me besó de nuevo en los labios y después se separo, unió su frente con la mía, levantó su mano y ahí estaba un hermoso anillo de raso negro — Isabella Swan, prometo hacerte feliz el resto de mi vida, y juro que todos los días te amaré mas ¿quieres casarte conmigo?

Esta vez no pensé en nada mas, solo estábamos nosotros tres, si, tres. Ahora éramos una familia, seriamos una familia.

— Si Edward, quiero casarme contigo — respondí casi sin aliento, el sonrió ampliamente y puso el anillo en mi dedo para después besarme mientras me recostaba lentamente sobre la cama, con él tiernamente sobre mi.

Así, comenzamos con la primera noche… del resto de nuestras vidas.

FIN

lunes, 17 de enero de 2011

Te Presento A Mi Amante

Capitulo 22: Sentencia

Tanya POV

— ¡Eres un idiota! — grité en cuanto entre al departamento de James, ahí estaba el estúpido mirándome sorprendido.

— Tanya, querida pensé que saldrías mucho después — su sonrisa engreída me provocaba golpearlo.

— ¿Por qué demonios no me sacaste de ese lugar asqueroso?

— Por que salí corriendo del juzgado antes de que el juez me acusara de sobornar al médico — contestó caminando hacia la recamara, se acercó a su closet y sacó una maleta.

— ¿Sigue en pie el viaje a Europa? — le pregunté acercándome a él dispuesta a olvidar el infierno que había pasado la noche anterior y usar a James para irme de este país donde había sido humillada por el idiota de Edward y su estúpida chiquilla.

— Por supuesto, el avión sale por la noche.

— Eso suena maravilloso, pero James… — aunque me daba asco acercarme a él, lo hice, lo besé despacio mientras acariciaba su pecho por encima de la camisa. No era el hecho de que James fuera mal parecido, al contrario, pero su contacto me causaba asco, incluso con Edward era más soportable el que me besara, sin embargo con Félix jamás me había sentido así, con el jamás sentí las ganas de rechazar su contacto, al contrario no quería que dejara de tocarme — necesito pagar mil dólares antes del viernes o me arrestaran tres meses, deberías pagar la multa antes de irnos al aeropuerto.

— ¿Irnos? — me apartó y siguió empacando su ropa — no querida, me voy con mi esposa.

— ¿Tu esposa? Me dijiste que se estaban separando — le reclamé.

— Sí, bueno estábamos separados, pero estar lejos de ella me hizo ver cuánto amo a Victoria, así que nos iremos juntos a Europa.

— ¿Y yo?

— No, tu no vienes — me sonrió y yo solo quería golpearlo.

— Bien, antes de que te largues paga la multa o le diré a Victoria lo que hay entre nosotros.

— Lo siento, Victoria salió ayer a Europa y no pensamos regresar, viviremos allá permanentemente. Si algún día logras saber dónde estamos y logras juntar dinero para ir podrás decirle. Aunque quizás lo logres, no faltara un tonto como tu ex marido que caiga ante esos ojos dorados.

— Me prometiste que la dejarías, que tu y yo nos iríamos juntos — quise llorar, no porque me había engañado, sino porque no tenía ni un peso, ni siquiera para pasar la noche en un hotel decente.

James cerró su maleta, sacó su billetera y me dejo sobre la cama un par de billetes.

— Querida, no todos somos como tu ex marido, no todos dejamos a la esposa por la amante. El departamento ya no es mío así que procura irte antes de que te corran.

Sin más tomó su maleta y salió del cuarto, me acerqué a la cama y vi veinte dólares sobre la cama. ¿Qué demonios iba a hacer con veinte dólares? ¿Qué iba a hacer ahora?

Bella POV

Me encontraba frente a mi casa, con el viento gélido congelando mi rostro. Sabía que debía entrar, pero no sabía si me quedaría. Simplemente no podía posponer esto más tiempo, así que tomé la pequeña maleta que había llevado a Nueva York, subí las escaleras del pequeño porche y abrí lentamente la puerta. Adentro el olor a pizza llegaba desde la cocina y el sonido del televisor me indicaba que era la hora de las noticias, y en efecto yo tenía una noticia que dar y los nervios me estaban matando.

— ¿Bella? — preguntó mi padre desde la sala.

— Si papá, soy yo — inhalé profundamente y entré en la sala, mi hermano estaba sentado al lado de mi padre mientras veían la sección deportiva del noticiero, Emmett sonrió de forma picara, sin embrago mi padre miraba fijamente la televisión.

— ¿Por qué hasta ahora? — preguntó Charlie aun sin mirarme, Emmett luchó con las ganas de reír.

— Porque… — ¿qué le podía decir? ¿Qué me había quedado en el departamento de mi novio, que aun seguía casado y que la habíamos pasado de maravilla, olvidándonos del mundo por un instante? No, definitivamente eso no — necesito hablar contigo papá.

Por fin me miró, quizás fue el tono de mi voz lo que le preocupó.

— ¿Qué pasa? — me senté en el sofá pequeño, sintiéndome como una niña pequeña que está a punto de confesar una travesura muy mala. Quería a Edward junto a mí, pero eso probablemente empeoraría las cosas, y no quería a Charlie en la cárcel, y a Edward muerto.

— Tengo que ir por mi ropa a la cabaña de Esme pero, papá antes quiero saber si aun podré vivir aquí o seguiré viviendo allá.

— Yo te dije en Nueva York que podías regresar Bells, ¿Por qué dices eso?

— Bien, antes que nada quiero que sepas que Edward quería estar aquí para decírtelo los dos, pero tú no lo quieres ver aquí así que lo haré sola, solo quiero que quede claro que el me apoya y no es un cobarde — estaba nerviosa, y Emmett notó eso, así que a falta de Edward, vino y se sentó en el brazo del sofá, mi padre puso mala cara en cuanto nombre a Edward, pero seguía teniendo su atención completamente.

— ¿Estás embarazada? — me quedé pasmada por su pregunta. ¿Cómo lo sabía? Miré a Emmett y él me negó con la cabeza. Miré de nuevo a mi papá, confundida. El tono de su pregunta era entre ira y resignación — estás embarazada ¿verdad? Lo sabía.

— Un poco. Quiero decir bastante. O sea poco comparada en como estaré en unos meses pero bastante comparada en cómo estaba dos meses atrás — mi hermano se rió detrás de mí y Charlie se quedó callado, mirando al suelo pensativo, y yo me quedé esperando que estallara la bomba. Pero no fue así.

— Ya lo sabía — dijo después de un par de minutos.

— ¿Cómo? — pregunté.

— Intuición de padre, es obvio que el tal Edward no sabe hacer nada bien, primero se casa con otra, luego te enamora, después te embaraza, más adelante se divorcia, así no es como deben ser las cosas — empezó a hablar maldiciones en voz baja mientras caminaba a la cocina a tomar una cerveza, o al menos eso entendí.

— ¿Qué le pasa? — le pregunté a Emmett.

— Déjalo, debe asimilar que su niña consentida va a ser mamá del hijo de un hombre casado, que apenas tienes diecinueve años, que eres algo inmadura y que él ya está viejo y pronto lo llamaran "abue".

— No eres gracioso — le contesté — crees que lo eres, pero no.

— No, no — dijo mi padre regresando de la cocina — tiene razón en todo, ¿ya lo pensaste bien? Vas en tu primer año de universidad, es una responsabilidad muy grande.

— Sé que es una gran responsabilidad, que detendrá por lo menos un año mis estudios, que un bebé no es un juguete, que come, necesita comida y todo eso pero… es mi hijo, mío y de Edward y él me apoya, no sabes lo feliz que está. Juntos vamos a salir adelante, su familia nos apoya, Emmett nos apoya, el divorcio no tardará en llegarle, solamente falta que su abuelo acepte que me enamoré de ese hombre y que él me ama a mí, y que aunque suene cursi, y aunque yo no lo soy para nada, sé que esto será eterno, así que dime ¿puedes perdonarme de nuevo? ¿Puedes aceptarme en esta casa con todo y mi hijo y con Edward incluido? ¿O me regreso a la cabaña de Esme?

Sentí las lagrimas correr por mis mejillas, Charlie miraba fijamente su lata de cerveza, por un momento me sentí ignorada pero sabía perfectamente que había escuchado todas y cada una de mis palabras. Me mordí el labio esperando una respuesta, quería que hablara de una vez, que me dijera si podía seguir siendo su hija, o si lo había defraudado de nuevo.

— Al diablo, eres mi hija — dejó la lata de cerveza en la mesita de centro, se levantó y me abrió los brazos. Sonreí ampliamente y me levanté para abrazarlo también, sollocé contra su pecho mientras él me besaba la frente, pero eran lágrimas de felicidad, porque al final todo iba a estar bien, y quizás también porque mis hormonas empezaban a jugarme malas pasadas.

— Aw que lindo cuadro — dijo Emmett — yo también quiero.

Emmett nos abrazó a los dos, apretándome en medio de ambos. Quise salir corriendo a casa de Edward para decirle lo que había pasado, pero Charlie no me dejo, dijo que era ya muy tarde para que anduviera sola, y cuando Emmett se ofreció a llevarme, argumentó que no era tanta la urgencia de ver a "ese tipo". Sabía que tendría que lidiar con el hecho de que mi padre odiara a mi novio, pero estaba segura que con el tiempo Charlie se daría cuenta de que no había en este planeta un hombre mejor para mí que Edward Cullen.

o.O.o.O.o.O.o

— Edward por favor — suplicaba Alice por enésima vez.

— Ya te dije que no Alice.

Estábamos en casa de Edward estudiando para los exámenes finales, antes de dar paso a las vacaciones de invierno. Después de haber estado unos días fuera, habíamos regresado a terminar el semestre. Edward seguía siendo mi maestro, y a pesar de lo que había entre nosotros dos, jamás permití que me ayudara en ningún tipo de trabajo o examen. No es que me lo hubiera ofrecido, pero a veces lo veía titubear cuando hablábamos del infernal examen que nos pondría. Mi embarazo iba de maravilla, tenía mes y medio y aun no se me notaba nada, pero sabía que cuando regresara se me empezaría a notar, y entonces las habladurías empezarían sobre quién era el padre de mi hijo. Pero nadie lo sabría al menos hasta que decidiéramos si mudarnos o quedarnos y enfrentarnos al pueblo de Forks.

— ¿Qué te cuesta? No es nada difícil — protestó Alice de nuevo.

— No es lo difícil que sea, es que no quiero hacerlo.

— Pero ¿Por qué no? — Alice hizo un puchero — soy tu hermana ¿no?

— Desgraciadamente — bromeó Edward.

— ¿Me quieres?

— Digamos que te aprecio.

— Entonces ¿Por qué no?

— No Alice, y no insistas, no lo voy a hacer.

Yo solo era una espectadora en su pelea, vi como Alice le pegó al piso con uno de sus zapatos y luego desapareció escaleras arriba. Mientras por la puerta Esme y Carlisle venían llegando.

— ¿Qué le pasa a tu hermana?

— ¡Pasa que tengo un hermano incompetente! — gritó desde arriba.

— ¿Qué le hiciste? — preguntó Carlisle.

— No ayudarle a hacer trampa en el examen de español — respondió Edward — quiere que le robe el examen al profesor y se lo preste.

— ¡Alice! — la llamó Carlisle, ella apareció en lo alto de las escaleras — ¿es eso verdad?

— ¡Chismoso! — gritó y luego desapareció, una idea loca vino a mi mente y comencé a reírme, Esme, Carlisle y Edward me miraron, así que les expliqué.

— Es que, en mi situación he estado algo bipolar, en un momento estoy triste, y luego me rió para después enojarme y luego volver a llorar, y me imaginé a Alice en un futuro en mi estado.

— Compadezco al padre de sus hijos — dijo Edward.

— ¡Te escuché! — se oyó desde arriba la voz de Alice.

— ¿Y cómo lo estas manejando querida? — preguntó Esme sentándose junto a mí.

— Bien, creo, a fin de cuentas mi hermano y mi padre son los que me soportan — reí, recordando la almohada que había estampado en el rostro de Emmett cuando se burlo de mi, parecía que el embarazo me daba más fuerza — lo molesto son las nauseas matutinas y los antojos.

— Oh recuerdo los antojos de Esme — dijo Carlisle — con Edward se le antojaba lo picoso, un día le preparé apio crudo con salga picante, y con Alice era lo dulce, una noche salí al mini súper a las tres de la mañana a traerle un panque con chocolate.

— Ahora comprendo porque soy una dulzura y Edward tan amargado — Alice bajó las escaleras y se unió a la plática, el único que estaba como ido era Edward.

— Bueno pues yo mande a Emmett por una cerveza sin alcohol a las once de la noche, es lo más tarde que me ha dado un antojo… hasta ahora.

Edward suspiró y se levantó del sofá para irse al ventanal trasero.

— ¿Ya pensaron en un nombre? — preguntó Alice.

— No, es muy pronto, Edward y yo no hemos pensado en eso aun.

— ¿Quieres saber qué será? — pregunto de nuevo mi cuñada.

— No lo sé, supongo que cuando llegue el momento querré saberlo.

— Yo ya lo sé. ¿Quieres saber? — abrí la boca y Edward volteó a ver a su hermana.

— ¡No! — dijimos los dos al mismo tiempo.

— Está bien, pero antes de que vayas al médico para que te lo diga déjame decírtelo ¿sí? — me sonrió y puso esos ojitos a los cuales no les puedes negar nada.

— Claro — fue todo lo que dije, miré a Edward pero este ya había salido al patio trasero. Me disculpe con mi nueva familia y seguí a Edward, estaba sentado en un tronco y recargado sobre un árbol, caminé hasta el con mucho cuidado, ahora más que nada debía cuidar mi equilibrio y no caer.

— ¿Qué te pasa Edward? — pregunté sentándome junto a él y tomando su mano.

— No es justo — contestó con un suspiro, no entendí a que se refería, pero no necesite volver a preguntar para tener su respuesta — yo debería ser el que vaya a buscarte lo antojos por las noches, no Emmett, también debería sostenerte el cabello cuando vomites o agarrarte cuando te marees. Hasta Alice sabe más de mi hijo que yo.

Suspiré, tenía razón, yo también quería que él fuera el que estuviera junto a mi todo ese tiempo. Así es como debería ser.

— ¿Qué pasará cuando tengas más tiempo y el bebé empiece a patear? — suspiré — solo espero la maldita sentencia para hacerlo todo bien.

— ¿Todo bien? ¿A qué te refieres? — pregunté temiendo lo peor, bien, tal vez no lo peor, pero si sabia más o menos por donde iban sus intenciones.

— Ya con la sentencia de divorcio en mano, podré pedirle a tu padre tu mano en matrimonio — sonrió, sus ojos brillaban mientras me miraba, y yo quedé pasmada.

— ¿Matrimonio? — Y si, era lo que me temía, no me quedaba muy claro porque si estaba saliendo de uno, ya estaba pensando en otro tan pronto — ¿es necesario?

— ¿No te quieres casar conmigo? — preguntó un tanto ofendido.

— No — contesté.

— Oh, ya veo — respondió mirando al suelo.

— Quiero decir, en los dos matrimonios en lo que he estado involucrada no han salido muy bien — me miró sorprendido, así que le aclaré — me refiero al tuyo y al de mis padres.

Asintió despacio. — Pero tú y yo no somos como tus padres, y definitivamente tú no eres como Tanya.

— No lo puedes asegurar, quizás en cuanto nos casamos te exija una mansión en Hawái — dije tratando de persuadirlo de su absurda idea.

— Te la daría — me dijo bromeando, él se tomaba esto como una broma — todo lo que me pidas, te lo daré.

— No me estás comprendiendo, le tengo un pavor al matrimonio, no a ti o a pasar el resto de mi vida a tu lado, eso es lo que más quiero pero…

— Harías conmigo un compromiso para toda la vida de palabra, pero firmado ante un juez o ante Dios no ¿cierto?

— Sí, bien ya nos entendimos — sonreí satisfecha.

— ¿No hay manera de hacerte cambiar de opinión?

— No creo que haya nada que me haga caminar por un pasillo vestida de blanco — me estremecí de solo pensarlo.

— Ya veremos — sonrió y me asusté, Edward tenía un increíble poder sobre mí, parecía hipnotizarme, cada que me miraba me perdía en sus ojos verdes y quizás era capaz de persuadirme sobre este absurdo tema del matrimonio. Pero yo estaba segura que no.

o.O.o.O.o.O.o

La navidad llegó antes de lo que imaginamos, la nieve comenzó a cubrir Forks desde antes de terminar con los exámenes finales, en los cuales Alice no necesitó que su hermano se robara ningún examen. Yo por supuesto no le había seguido la corriente a Rosalie en cuanto a lo de las porristas, mi embarazo era el pretexto perfecto para quitármela de encima con ese asunto. Emmett, Jasper, Rose y yo la pasábamos la mayor parte del tiempo en casa de Edward, así fue como, bajo las ordenes de Alice terminamos adornando la casa.

— No, no, Edward entiende, verde, rojo y blanco, no rojo, blanco y verde — le dijo a mi novio que acomodaba las esferas en la línea de luces que colgaba de la chimenea.

— ¿Qué tiene de malo rojo, blanco y verde? — Edward alzó una ceja.

— No combina, el blanco en medio se ve mal, hazlo como yo te digo o no lo hagas.

— Alice, deja que tu hermano decore como él quiera — le dijo Carlisle quien acomodaba las Nochebuenas en el pasamanos de la escalera.

— Es que papi — Alice hizo un puchero, pero cuando la puerta sonó anunciando la llegada de los Hale, se le olvido la decoración y corrió a abrir. Regresó a la sala tomando la mano de Jasper.

Sentí el olor a galletas recién orneadas desde la cocina, y no pude evitar ir al encuentro de Esme.

— Pasa cariño — me dijo una vez que me paré en la puerta — ¿quieres una?

— Definitivamente — contesté tomando un vaso y sirviéndome un poco de leche, Esme me sirvió un par de enormes galletas en forma de pino de navidad. Comí mientras Esme seguía decorando las demás galletas.

— Están deliciosas — halagué las habilidades de Esme con las galletas.

— Gracias cariño, Edward me ha dicho que cocinas delicioso, quizás algún día las podamos hacer juntas.

— Claro que si — respondí encantada.

— ¿Cómo la están pasando allá afuera?

— Alice nos tortura — me quejé — pero es agradable, solo falta que mi padre aceptara la invitación para Nochebuena y podría decir que mi familia está completa.

— Pues me encargaré de invitarlo personalmente, no podrá decirme a mí que no, es necesario que los consuegros se conozcan.

— Si bueno, quizás no acepte eso todavía, aun quiere asesinar a Edward.

— Lo comprendo, pero solo el tiempo ayudara a Charlie a entender que ustedes se aman.

Carlisle apareció por la puerta de la cocina, a espaldas de Esme intentó tomar una galleta, pero Esme volteo y le pegó en la mano.

— Aun no están — regañó.

— Me dolió — se quejó Carlisle, con el abrazo por atrás, poniendo su cabeza sobre el hombro de Esme — a ella le diste.

— Sí, ella está embarazada y se le antoja, tu puedes esperar — Esme depositó un beso en la mejilla de su marido pero el busco sus labios, retiré la mirada del par de enamorados para darles un poco de privacidad y me concentré de nuevo en mis galletas.

— Discúlpalo — dijo Esme, cuando la miré noté que Carlisle ya se había ido.

— ¿Cómo supiste que estaba detrás de ti?

— Después de tantos años de matrimonio conozco hasta la forma en que camina de puntitas — el rostro de Esme estaba sonrojado, y sus rostro se ilumino mientras hablaba de Carlisle.

Me di cuenta entonces que yo quería esto, en el futuro quería una relación estable como la de los padres de Edward, donde a pesar de los años y la convivencia, Edward me siguiera viendo como Carlisle miraba a Esme, donde nos reuniéramos con nuestro hijo alrededor del árbol navideño, con sus abuelos, incluido Charlie. Quería una familia.

Edward entró en la cocina con un folder amarillo, mirándome fijamente mientras mordía mi galleta.

— Jason Jenks acaba de llegar — tragué rápidamente el trozo de galleta y me puse de pie, se suponía que eso eran buenas noticias ¿o no?

— ¿Qué paso? — pregunté incapaz de preguntar algo más.

— Me trajo la sentencia de divorcio — Edward sonrió, y sentí que mi alma dejaba mi cuerpo, pero cuando sentí sus brazos alrededor de mi cintura sentí que regreso de inmediato — oficialmente, estoy divorciado de Tanya.

Susurró en mi oído, me besó despacio, como una señal de alivio después de todo lo que habíamos pasado, sentí sus labios dulces y cálidos contra los míos, su lengua me pidió permiso para entrar y se lo concedí totalmente, hundí mis dedos en su cabello acercándolo más a mí. Era increíble que después de tantos besos, aun fuera capaz de hacer que mi corazón latiera tan rápido y al mismo tiempo casi se detuviera.

Cuando nos separamos para tomar aire, me di cuenta de que Esme no estaba en la cocina, nos había dado algo de privacidad.

— Ahora si puedo hacer las cosas bien — sonrió, recordándome aquella conversación en el patio trasero.

— Claro, Edward hablando de eso… — tomé aire, los nervios de pronto me invadieron.

— ¿Si?

— ¿Quieres casarte conmigo?

lunes, 10 de enero de 2011

Te Presento A Mi Amante

Capitulo 21: ¡No estás gorda!

Edward POV

Después de salir del juzgado, todos fuimos a celebrar con una pequeña comida, todos a excepción de Charlie quien se justificó con su trabajo y el tener que regresar de inmediato a Forks. A mi no me preocupaba mucho el trabajo, había pedido un mes, pero quería regresar cuanto antes, no quería que Alice ni Bella perdieran mas clases, y Alice por supuesto me había llamado "viejo anticuado". Después de eso había raptado a Bella toda la tarde, con el pretexto de estar en una de las "capitales de la moda" ni mis padres ni la misma Bella pudieron detenerla. Así que me encontraba en la cabeza de la estatua de la libertad con Emmett y su camiseta de I Nueva York.

— ¿Sabes a donde mas podemos ir? — me dijo mientras se ponía el gorro de la estatua que acababa de comprar.

— ¿Al departamento? — contesté.

— No, quiero ir al departamento de Friends — exclamó alzando las cejas una y otra vez.

— No, no pienso ir a ese lugar, además no se donde está — le dije dándome la vuelta para salir de ahí y regresar al departamento, en realidad no era ese el problema, solo quería volver y ver a Bella.

— Eso no es problema, todo mundo aquí debe saber donde queda, además puede que nos encontremos con Jennifer Aniston.

— Por Dios Emmett, ¿qué tendría que hacer esa mujer ahí?

— Quizás esperándome, ¿sabes que después de su ruptura con Brad no ha encontrado un hombre para tener una relación larga y duradera?

— Es increíble que sepas eso, además pensé que cuando conociste a Rosalie esa obsesión por Jennifer se te había terminado.

— Pero Rose esta en Forks, jamás se va a enterar — me dijo sonriendo.

— Espera, eso significa…

— Me costó trabajo pero cayó rendida ante mis encantos de nuevo.

Rodé los ojos y me las ingenie para seguir la conversación, de modo que se olvidara de visitar ese dichoso departamento y cerca del anochecer regresamos por fin al departamento. Una vez ahí nos encontramos con mi hermana en la puerta con tres grandes maletas.

— Ya era hora, Emmett nuestro vuelo sale en dos horas.

— Creí que nos íbamos hasta mañana ¿no? — exclamó Emmett.

— Para nada, Edward y Bella se van mañana temprano, mis papás y nosotros nos vamos hoy mismo.

— ¿Dónde está Bella? — pregunté emocionado ante la idea de tener una noche para nosotros solos.

— Arriba — mi hermana me miró y entonces sonrió — eso será divertido, perturbador para mis ojos, pero divertido.

— ¿De qué hablas? — preguntó Emmett.

— De cómo Rosalie te descuartiza por que no la has llamado.

— Para nada, tengo dominada a esa fierecilla — Emmett sonrió orgulloso.

— ¿Ah sí? ¿Pensara lo mismo cuando lleguemos a Forks y se lo comente? — amenazó mi hermana.

—Tu no le dirás nada…

— ¿Por qué no se van y lo averiguan? — les dije con la intención de despedirme ya.

— ¿Impaciente? — Alice movió sus cejas de arriba abajo.

— Adiós — le di un beso en la frente a mi molesta hermana, y me despedí de Emmett, los dejé en la puerta y al entrar quise correr al elevador, pero me aguanté las ganas, no quería verme desesperado, aunque lo estaba.

Esperé pacientemente a que el endemoniado ascensor bajara con extrema lentitud, solo para subir de la misma manera, o tal vez seria mi impaciencia por llegar junto a Isabella y besarla de nuevo, esta vez con libertad, sin el temor de estar haciendo algo malo, o dañar a una tercer persona. Por fin, después de que el elevador tardara horas en llevarme hasta mi piso, llegué hasta mi departamento y al abrir la puerta me encontré con la mesa puesta, todo estaba iluminado solo por un par de velas. Bella salió de la cocina, llevaba un vestido azul que hacia contraste con su piel pálida y a la luz de las velas se veía realmente hermosa.

— Alice insistió en esto, pero si se te hace demasiado puedo…

— Está perfecto — interrumpí, me acerqué a ella y la tomé entre mis brazos, la besé despacio, sin ninguna prisa por que esta noche terminara, sus labios sabían a fresa, y es que estando mas cerca me di cuenta que, seguramente mi hermana, la había maquillado solo un poco; la acerqué mas a mi, sintiendo su cuerpo contra el mío, me abrí paso entre sus labios para profundizar el beso, ella tomó mi pelo entre sus dedos, y cuando agarré sus piernas y la levante para hacerle el amor sobre la mesa, ella se separó.

— La cena se enfría — me dijo, sonrojada y con la respiración agitada, se sentó a la mesa y con la mirada me invito a hacerlo.

— Muy bien — le dije y me senté junto a ella — ¿cómo estuvo la conversación con tu padre?

— Muy bien — la sonrisa de sus perfectos labios era de felicidad — por fin acepto lo nuestro, pero tendrás que mantenerte alejado de mi casa al menos hasta que la sentencia de divorcio te llegue, Charlie es… exagerado.

— No lo es — la contradije, y me miró confundida — si yo tuviera una hija tan valiosa como tu, también me molestaría de sobremanera que fuera la amante de alguien.

— Par de exagerados entonces — se encogió de hombros — a mi era a quien debía molestarme, es mas creo que ahora voy a extrañar el esconderme de Charlie o de tu esposa.

Tomó un bocado y masticó pero sin borrar esa sonrisa del rostro. Reí un poco junto con ella por esa manera tan especial de burlarse de la situación, claro ahora que todo estaba resuelto. Abrí la botella de vino y serví un poco en ambas copas.

— Salud — dije levantando mi copa — por nuestra libertad para amarnos, y por lo hermosa que estás ésta noche.

Bella tomó la copa de agua y brindó conmigo.

— Por el futuro — quizás estaba alucinando, pero tenia un brillo pícaro en lo ojos.

Seguimos cenando, conversando sobre todo lo que habíamos pasado para llegar aquí. El miedo que ambos habíamos sentido de que esto fuera a terminar mal, a ella le preocupaba mi trabajo, y aunque estaba seguro que no le interesaba por ella, sino por mi, estaba preocupada por la cantidad que Tanya pudiera haberme quitado. En cambio, mi inquietud era que Bella se viera afectada, sobre todo en Forks, donde todo mundo se entera de todo. No quería que la señalaran como la otra, la "quita maridos" o un sinfín de sinónimos altamente groseros. Por que simplemente no se lo merecía, mi matrimonio con Tanya era una farsa, tarde o temprano íbamos a terminar en divorcio, solo que Bella vino para acelerar las cosas.

— ¿Te he dicho lo hermosa que éstas? — le dije una vez que terminamos de cenar.

— Si, una vez — pestañeó de manera coqueta y seductora.

No aguanté mas, me puse de pie y la estire la mano — ven conmigo.

Tomó mi mano y la conduje hasta la habitación principal, al entrar y cerrar la puerta tras de mi, la puse contra la pared y la bese con urgencia, la necesitaba, no había estado con ella a solas desde hacia tiempo y quería que esta noche fuera eterna. Sentí como se estremeció bajo mis labios. Con mi lengua me abrí paso entre sus labios, mis manos acariciaban su espalda, sus brazos, sus caderas, sus piernas, sus senos, no quería dejar ningún rincón de su cuerpo sin tocar. Bella gimió despacio y me rodeo el cuello con sus pequeñas manos. Deshice el moño del vestido que se anudaba en el cuello y deje que cayera al suelo, me percate que tenia puesto un conjunto de ropa interior negro que contrastaba con su piel pálida.

Tomé sus piernas e hice que rodeara mis caderas con ellas, la lleve a la cama y despacio nos recostamos, comenzó a desabotonar mi camisa, pero sus manos nerviosas se atoraban con los botones, tomé ese tiempo para besar sus redondos senos por encima del encaje negro, gimió y arqueo su espalda, acercándolos mas a mi boca, quizás eran mis ganas de ella, de su cuerpo o lo excitada que podía estar, pero sus senos estaban mas llenos, impaciente abrió de un solo golpe mi camisa, sin importarle a ella y menos a mi, los botones. Tracé un camino con mis labios en sus senos y baje por su abdomen, bese con ansias el interior de sus muslos, mientras ella gemía y hundía sus manos en mi pelo.

Volví a besar sus labios mientras ella se levantaba de la cama, me ayudo con el resto de mi ropa y se quitó lo poco que le quedaba a ella, su desnudez era maravillosa, era perfecta, no podía dejar de ver su rostro sonrojado era extraordinariamente hermoso, sus piernas exquisitas y la perfección de sus pechos.

La tomé entre mis brazos y la puse sobre la cama, debajo de mí, besé sus labios y su cuello mientras delicadamente me situé entre sus piernas.

— Bella — un susurro ronco salió de mis labios — mírame.

Le pedí, se mordía el labio inferior y sus ojos estaban cerrados, respiraba con dificultad mientras sus manos recorrían mi espalda, mi pecho, mi cuello. Abrió los ojos cuando puse mi mano entre sus muslos. Sus ojos cafés parecían llamas, transmitían un deseo incontrolable, y yo estaba igual por hacerla mía una vez más. Lentamente me deslicé dentro de ella, sintiendo su cálida humedad, arqueo la espalda acercando su pecho al mío, sentí sus senos duros contra mi piel y la bese profundamente.

— Te amo — susurró mientras ambos nos movíamos en una vaivén placentero que hacia que Bella gimiera y susurrara mi nombre, con su respiración entrecortada apretaba sus caderas contra las mías y se movía de la forma mas sensual que jamás había imaginado. Sentí su cuerpo tensarse y el mío respondió de igual manera, sumergiéndonos en un mar de placer que termino con los dos en un intenso orgasmo.

— También te amo — dije con la respiración agitada. Su rostro estaba sonrojado y caliente, su cabello estaba enmarañado contra la almohada. Deje caer despacio mi cuerpo sobre el de ella, y la besé de nuevo.

o.O.o.O.o.O.o

La mañana siguiente desperté junto al amor de mi vida, la contemple durmiendo plácidamente, su respiración era lenta y sentía su pecho subir y bajar con cada inhalación. Besé con dulzura su mejilla, sus hombros y quite la sabana para besarla completamente. Una sonrisa salió de sus labios y supe que estaba despierta.

— Buenos días amor — la rodeé con uno de mis brazos, mientras el otro apartaba el cabello de su rostro.

— Uhmmm — fue todo lo que salió de sus labios.

— ¿Cómo dormiste? — pregunté.

— Pero si no me dejaste dormir — dijo juguetonamente mientras acercaba sus caderas a las mías.

— Anoche no te quejaste — susurré en su oreja y la mordí despacio, mientras mis manos recorrieron su vientre, estaba dispuesto a hacerla mía de nuevo, pero teníamos que regresar a Forks en un par de horas — es hora de irnos. Me levanté de la cama, pero ella no se movió, al contrario se tapó de nuevo y me miró molesta.

— ¿Crees que estoy gorda? — preguntó de pronto.

— ¿Qué? — exclamé por su súbita pregunta, que además no tenia fundamentos.

— Piensas que estoy gorda ¿verdad? — me reprochó de nuevo.

— Para nada, Bella estas hermosa.

— No es verdad, estabas muy cariñoso pero cuando me acariciaste esta enorme panza te apartaste — lloriqueó y yo no daba crédito a lo que estaba escuchando — perdóname si no tengo un cuerpo como el de Tanya, quizás debería considerar una liposucción.

— ¿Estás loca? — pregunté confundido — jamás te he comparado con Tanya y no necesitas ninguna cosa de esas.

— Ah claro, ahora además de gorda… loca — pero ¿de dónde había salido esta Bella preocupada por su apariencia? Si hace unos minutos era la más linda y encantadora mujer.

— Amor, Bella, eres hermosa ¿de acuerdo? — intente razonar con ella — debemos irnos o perderemos el vuelo.

— ¿Y crees que el avión despegue con todos estos kilos? — oh por Dios, esto debía ser una broma, se levantó y quedó desnuda frente a mi — ¿sabes qué? Si, estoy gorda, y lo voy a seguir estando y es tu culpa así que no te quejes.

— ¿Mi culpa? — ¿de que demonios estaba hablando?

— ¡Si! Tu culpa, si tu no me hubieras embarazado yo no estaría propensa a engordar de esta manera, así que ahora debes quererme tal y como soy.

— Yo no tengo la culpa de tu gordura imaginaria Isabella… — un momento ¿embarazada? La miré desconcertado y entonces desapareció esa expresión de loca obsesiva, sustituyéndola por una sonrisa y ese brillo reapareció en sus ojos — ¿estás…?

— Embarazada — completó mi frase inconclusa.

— ¿De… de… un bebé? — pregunté, y ella se carcajeó de mi pregunta incoherente y estúpida.

— Eso espero — contestó sonriendo.

Un hijo. Mi hermosa Bella estaba esperando un hijo. Mío. Un pequeño que llevaría mi sangre y la de ella, un bebé concebido del enorme amor que le tenia a mi novia. Sonreí saliendo de mi trance y abracé a Bella quien inundó la habitación con su risa angelical. Le di un par de vueltas.

— ¡Detente! Las nauseas — me golpeó el hombro para que la bajara y lo hice.

— ¿Cómo estas? — pregunté poniéndola de nuevo sobre sus pies.

— Bien, pero una vuelta mas y vomitaré — me dijo y entonces la besé con pasión, amor y una enorme felicidad.

— Vamos a ser papás.

— Si, y de un bebé — dijo, burlándose de mí, pero no me importaba me reí con ella y la abracé de nuevo, entonces decidí devolverle la jugada, me separé de ella, la miré a los ojos y con seriedad le pregunte — ¿y cómo me aseguras que ese bebé es mío?

La sonrisa se le borro de la cara, y me miró con los ojos abiertos como platos.

— ¿Cómo…? ¿Dudas de mí? — sus ojos se llenaron de lagrimas y decidí que era suficiente.

— Estoy bromeando — me reí y sus rostro cambio de tristeza a alivio mezclado con enojo — yo también puedo bromear, Alice tenia razón, esto fue divertido. Ven aquí.

Abrí mis brazos y aun enojada también me abrazo.

— Alice me dijo lo mismo — no cabía duda que Alice todo lo sabia — un momento, entonces ¿ella nos vio así?

La miré, y me miré, ambos estábamos desnudos, y como Alice lo había dicho… era perturbador. Pero lo que mas importaba, era que iba a ser papá, que estaría toda la vida con Bella y que éramos felices.