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viernes, 22 de enero de 2010

Sangre Real

Holaa niñaas! ps por petición de mi sisss vanee les dejo aqi estoss caps de sangre reaal, ella se disculpaa peroo no se sientee muy bieen por lo que yo la estaré ayudando un poco a actualizar.

besitooss

Anita Cullen:)

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Capitulo 14.- Tormenta

El llanto del cielo percutía contra el cristal, rítmico y constante, irradiaba una melodía abatida.

Abrí los ojos a la penumbra de la habitación. Mis pies, desnudos, me guiaron hasta la ventaba donde la lluvia seguía lamentándose. Edward no estaba, me pregunté donde se podría encontrar.

-Te escuché levantarte.

La voz fría de Rosalie me hizo girarme.

-¿Qué haces aquí? –la cuestioné. Era consciente que no era de su agrado, por supuesto el sentimiento era mutuo, así que sospechaba que la visita no era para saber si me encontraba bien.

Debió de escuchar mi desconfianza en el tono de mi voz, porque sonrió de manera que su boca dibujó una curva en su rostro, mostrándola mucho más hermosa de lo que ya era.

-Es cierto –dijo como si hubiera adivinado mis pensamientos-, no vengo a socializar.

Caminó hacia la cama, su cabello rubio parecía flotar detrás de ella, sin perder la elegancia, se sentó con suavidad sobre las desordenadas sábanas blancas.

-No has contestado a mi pregunta –le recordé no muy gentilmente. Mi voz no sonó tan firme como pretendía, el frío había provocado un ligero temblor en mi cuerpo. El vestido negro de Alice no cubría mucho, mis piernas y mis brazos eran los que llevaban la peor parte.

-No me agradas –comenzó con un comentario innecesario-, pero no creo que seas una mala persona.

Eso sí que me había sorprendido, no podía verme, pero estaba segura que mis cejas se habían elevado a una distancia considerable.

-¿Gracias?

-No he terminado –continuó-. A lo que me refiero, es que no creo que seas capaz de dejar que nadie muera por tu causa.

-Nunca me perdonaría si pasara algo como eso –contesté inmediatamente.

Ella asintió, viéndose, quizás por primera y única vez, satisfecha con una respuesta expulsada de mis labios.

-Eso pensaba –dijo-, por eso he venido a verte, para evitar que suceda.

El viento, acompañado de la lluvia, rugió en forma de tormenta. En la mayoría de las películas de terror, ese sonido siempre anunciaba que la peor parte se aproximaba.

-¿Cómo? –pregunté alejándome de la ventana.

-Llevándote con el rey –respondió tranquilamente-, así podré pedirle que perdone a mi familia por el error que cometió Edward.

Reprimí un estremecimiento.

-¿Crees que los perdone?

-No si yo se lo pido –admitió. Levantó la vista hacia mí-, pero tú vas a ser muy pronto nuestra reina ¿no? Con tu perdón será más que suficiente –añadió. Distinguí un ligero sazón de envidia en sus palabras.

-¿Pero cómo vas a…

-Edward, Carlisle y Emmett salieron a revisar si hay peligro cerca –me interrumpió-. Alice, Esme y Jasper están planeando una estrategia de resistencia por si un invitado no deseado se presenta en la casa y en cuanto a mí, ellos no pensarán en molestarme por un rato, creen que sigo lo bastante enojada como para hacer algo por protegerte.

-¿Pero Alice no puede ver lo que vamos a hacer?

Ella negó con la cabeza, ligeramente orgullosa de sí misma.

-Todo se me ha ocurrido hasta hace unos momentos, y se puede decir que aún no he tomado un decisión concreta, Edward no puede escuchar mis pensamientos estando tan lejos y Alice no puede ver nada que no esté respaldado por una firme elección.

-¿Cuándo nos vamos? –le pregunté dispuesta a liberar de una condena de muerte a su familia. Por dentro me estaba destrozando de miedo, pero nada me haría cambiar de opinión.

-Edward volverá pronto –dijo-, no puede soportar estar alejado de ti por mucho tiempo –se puso de pie-. Así que cuanto antes mejor.

No tuve tiempo ni de parpadear, Rosalie me había levantado, me detenía con facilidad como si pesara lo mismo que una almohada, abrió la ventana, invitando una gran cantidad de humedad al interior del cuarto.

Saltó.

Las gotas y el vértigo me obligaron a cerrar los ojos, cada una, mojada y fría se impregnaba en mi piel y el vestido que me cubría, la tela oscura terminó pegada a mi cuerpo.

El sonido de la lluvia bajo su volumen, el golpeteo del agua cesó de pronto y al dejar que mi vista volviera, me encontré en el asiento trasero de una amplia camioneta, el olor de los nuevos asientos de cuero llegó hasta mi nariz.

La camioneta rugió cuando Rosalie pisó el acelerador, el pavimento se quejó, estaba segura que había dejado unas decorativas marcas en él.

Me fijé en el acelerado paisaje que se pintaba afuera del vehículo, había pocas casas que lucían una generosa distancia entre ellas. La principal característica del lugar era el gusto de los habitantes por los grandes jardines.

-¿A dónde me vas a llevar?

Por el retrovisor la vi poner los ojos en blanco.

-Noche Eterna

Había adivinado la respuesta incluso antes de que la pregunta escapara de mis labios, pero una parte de mi deseaba que su contestación fuera otra. No tenía recuerdos agradables de ese lugar.
-Escóndete –me dijo Rosalie cuando nos adentramos en la zona poblada de la ciudad.


-¿Por qué? –pregunté agachándome detrás del asiento del piloto.

-Porque si te ven, van a atacarme antes de que pueda explicarles que vengo a entregarte pacíficamente.

Un golpe resonó, venía de la parte de atrás de la camioneta, asomé mi cabeza, logré vislumbrar una sombra, Rosalie soltó una maldición.

-¡No! –la escuché gritar antes de que nos desprendiéramos del suelo.

Las imágenes que revelaban las ventanas del vehículo pasaron como flashes ante mis ojos, la camioneta daba giros en el aire.

Me pregunté si todo terminaría pronto, me pregunté si el golpe dolería mucho.

Sentí unos dedos fríos sobre la piel de mi brazo, no me sostuvieron por mucho tiempo. El grito de Rosalie hizo arder mis oídos.

Después de una eternidad, se escuchó el metal estrellarse, los cristales se hicieron añicos, con la visión empañada por el mareo y el dolor logré distinguir un trozo de vidrio especialmente afilado apuntar en mi dirección, cerré los ojos y ya no los pude abrir de nuevo.

El dolor agudo y punzante en mi cabeza se estaba haciendo insoportable, todo estaba tan oscuro… eso se debía en buena parte a que mis párpados se negaban a levantarse. Intenté beberme una gran bocanada de aire, pero mi pecho no llegó a inhalar lo suficiente, encima tenía una presión de varios kilos sobre mí.

¿Qué estaba ocurriendo?

-¡Ella está ahí! –chilló alguien a lo lejos-. ¡La camioneta la está aplastando!

¿Una chica atrapada dentro de una camioneta? Sentí pena por ella.

La realidad me golpeó cuando abrí los ojos, estaba acostada sobre el techo del vehículo de Rosalie.

La chica en la camioneta era yo. El oxígeno no estaba llegando a mi cerebro, el asiento delantero se estaba encargando de ello. No logré ver casi nada de mí, estaba enterrado debajo de grandes cantidades de duro cuero negro. Mi labio comenzó a arder, algo caliente descendió por el hasta llegar a mi barbilla y perderse por mi cuello.

Logré mover mi brazo derecho, que estaba atrapado en una posición extraña en el volante, me dolió, pero por fortuna no estaba roto. Toqué mis labios con los dedos y vi como se pintaban de un rojo brillante.

-¡Es verdad! –insistió la voz, que reconocí como la de Rosalie-. ¡Está adentro!

Jalé todo el aire que pude, que no fue mucho, mis pulmones comenzaban a quejarse de la falta que les hacía, el esfuerzo por respirar era demasiado, no tenía tantas energías para seguir con aquello.

-¡Cállate! –gritó una voz masculina.

-¡Idiota! –escupió ella-. ¡Ella se va a morir!

Desgraciadamente, estaba comenzando a pensar que eso iba a ocurrir pronto. El sonido de un golpe fuerte, lejano, llegó hasta mí, Rosalie profirió un grito de dolor.

-¡Te dije que te callaras! –ordenó la voz masculina-. El rey va a llegar pronto, ante él no podrás mentir para salvarte…

-¡Digo la verdad!

Otro golpe. Después de todo, ella tampoco parecía pasarla tan bien.

Afuera la lluvia seguía con su lamento, la puerta a mi derecha, rota y aplastada como una lata, me permitía ver algo del pavimento mojado.

Estiré mi mano libre, me aferré a lo que quedaba del marco, donde antes había existido un vidrio polarizado, me encajé uno de los restos del cristal. Gemí. Ignorando el dolor apoyé con mayor fuerza mi mano, haciendo un esfuerzo por jalarme fuerza de mi prisión.

No me moví ni un centímetro, pero fue lo suficiente para gastar la poca reserva de oxígeno que me restaba.

Me estaba ahogando.

-¿Qué ocurre? –una voz imperiosa surgió como rugido, haciéndose espacio entre todo el ruido.

-Señor –dijo otra voz masculina, temblado ligeramente-, ella debe saber algo sobre la futura reina.

Rosalie estalló en un mar de palabras.

-¡Claro que lo sé estúpido! –gritó-. ¡Te lo he estado diciendo todo este tiempo! ¡En la camioneta!
Tras un ruido y un débil jadeo de mi parte, el metal se abrió como hoja de papel, el asiento que me oprimía salió volando a lo lejos. Una ola cargada de aire se adentró en mi nariz, mis pulmones celebraron la entrada de su vital alimento.


En la húmeda oscuridad, distinguí los cabellos plateados de Lucern, vestido completamente de negro, lucía imponente, sus músculos se marcaban perfectamente debido a que la tela mojada se adhería a su cuerpo como guante.

-Bella –se inclinó hacia mí, observándome con sus ojos que parecían llamas azules. Me tomó delicadamente entre sus brazos, como si fuera lo más importante, algo que tuviera que proteger a toda costa-. Mi hermosa y linda Bella.

Recosté mi cabeza en su hombro, y dejé que me llevara.

-Señor –el otro vampiro, que no lograba ver bien parecía de estatura media y de cabello rojizo, se veía muy asustado. Traía a una furiosa y mallugada Rosalie de un brazo-, creí que me estaba mintiendo.

-Tendrías que haber revisado primero –siseó Lucern con ira, su tono sonaba completamente opuesto al dulce y cariñoso que había usado conmigo-. En cuanto a ella…

-Ella me traía de vuelta a ti –la defendí entre balbuceos, todavía me sentía mareada-, no le hagas daño por favor…

-Bella, no te esfuerces –dijo Lucern acariciando mi mejilla. Luego se dirigió al asustado vampiro-. Déjala ir.

Rosalie corrió, por lo menos ella y los Cullen estarían bien.

Lo siguiente me pareció confuso… otros vampiros habían llegado al lugar, y por órdenes de Lucern, estaban limpiando todo el desorden.

-Yo la llevo mi señor –un vampiro de cabello negro y largo se había acercado a nosotros, extendió sus brazos hacía mí-, no tiene que estar cargando… yo puedo…

Lucern le mostró los colmillos.

-Es mía –rugió-, y nadie más la va a tocar.

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Capitulo 15.-Lamento nocturno

Era la habitación más amplia que mis ojos habían tenido oportunidad de escudriñar, una extensa ventana se escondía tras densas cortinas, el color vino en ellas oscurecía más el lugar.

Mi cuerpo, adolorido, descansaba sobre finas sábanas de seda. Giré ligeramente la cabeza para percatarme de la espaciosa cama que se desplegaba debajo de mí.

El agua aún bailaba con ferocidad, el único alivio era que ya no me encontraba afuera.

Me percaté de la falta de humedad en mi ropa y mi piel. Logré incorporarme hasta quedar sentada, y me observé. El vestido de Alice había desaparecido y cambiado a uno color rojo sangre, la tela, suave, acariciaba mi piel con cada movimiento. Toqué mi largo cabello y mis yemas se encontraron con mechones secos, mi mano estaba completamente curada, mi cuerpo seguía quejándose pero parecía estar recuperándose.

El sonido de una cerradura girando me hizo desconcentrarme, rápidamente busqué su procedencia y mis ojos se clavaron en las anchas puertas de madera. Una de ellas se abrió permitiendo la entrada al rey de los vampiros.

-Has despertado –dijo, con una sonrisa. Se sentó cerca de mí y sus ojos azules buscaron los míos.
Me mordí el labio y lancé un quejido de dolor, la herida en mi labio aún seguía abierta.

La mirada de Lucern rápidamente reparó en la gota de líquido rojo que caía por mi labio inferior, quise limpiarme con mi brazo, pero él me tomó de la muñeca para impedírmelo.

-Creo que olvidé curar eso –dijo-, pero puedo remediarlo ahora.

Sus manos rápido se acomodaron alrededor de mi cintura y me estrecharon contra su cuerpo. Lucern se inclinó hacia mí y sus labios se apoderaron de los míos, su lengua se deslizó lentamente sobre mi herida, el dolor desapareció pronto.

Separó su rostro del mío, tan sólo unos centímetros.

-Pronto serás mi reina

No quería convertirme en un vampiro, mucho menos ser la reina. Estaba aterrada, pero sabía que no había elección. Me estremecí.

Reacción, que el vampiro del cabello plateado interpretó muy mal, porque que comenzó a besarme el cuello.

-Espera…

Mi voz se ahogó en mi garganta, cuando sentí sus colmillos rozar ligeramente mi piel.

Un ruido, la puerta se había abierto de un golpe, alguien se había acercado a nosotros.

-Señor…

Lucern, le dirigió un gruñido al intruso, era un vampiro alto de un hermoso cabello rubio, que en la poca luz que había se reflejaban leves destellos dorados. Retrocedió un paso tras ver la hostilidad del rey.

Quien me soltó a regañadientes y se levanto de la cama.

-¿Qué pasa? –preguntó Lucern molesto.

-Un grupo de vampiros ha llegado –anunció el vampiro.

El rey arqueó una ceja.

-¿Por eso has irrumpido en mi habitación?

-Ellos no vienen a ver el asenso de la reina –continuó dirigiéndome una mirada-, uno de ellos reclama a la chica…

-Edward –murmuré. ¿Por qué? Ahora estaba en peligro, él y su familia.

-Sí, ese es su nombre –coincidió el vampiro rubio.

Había olvidado el oído tan fino que poseían.

Lucern frunció el ceño en mi dirección, no pareció agradarle mi preocupación por otro vampiro.
-Lo reta a una pelea –finalizó.

No logré ahogar mi exclamación de horror.

-Acepto –respondió el rey de los vampiros.

Asustada, salté de la cama y me coloqué unos zapatos rojos, se veían caros, pero ahora no había tiempo para analizarlo.

-Por favor…

No me dejó hablar se acercó y tomó mi mano.

-Tú también estarás presente, quiero que me veas destruirlo…

En el vestíbulo estaban reunidos una multitud de vampiros, iban vestidos elegantemente, y en cuanto descendí las escaleras, con el brazo de Lucern firmemente aferrado a mi cintura, las miradas de todos los presentes se posaron en nosotros.

Se me hundió el corazón al ver a Edward, la mirada llena de ira que tenía para el rey cambió a una completamente diferente cuando se fijó en mí.

-Bienvenidos –les dijo Lucern a los Cullen, estaban rodeados por otros vampiros con miradas llenas de hostilidad-, pero al parecer no han llegado a presenciar la trasformación de Bella.

-No lo harás –gruñó Edward, dos vampiros se acercaron a él y le enseñaron los colmillos.

-He decidido aceptar tu reto.

De pronto, todo el lugar quedó sumergido en el silencio, los vampiros que detenían a Edward se quitaron de su camino.

-¡No! –grité-. ¡Por favor tienes que…!

-Estás encargado de su seguridad Anthony –dijo Lucern ignorando mis súplicas.

-Sí, señor –contestó el vampiro rubio.

Lucern se acercó a Edward, los otros vampiros se fueron alejando, formando un círculo a su alrededor.

Quise correr hacia ellos, pero Anthony me atrapó y me sostuvo con fuerza entre sus brazos.

-Dime que no es un duelo a muerte –musité. Sabía cuál sería su respuesta, pero necesitaba desesperadamente una esperanza-, dime que no –repetí con lágrimas asomándose por mis ojos.

Anthony me soltó, pero mantuvo una mano aprisionando mi muñeca. Parecía inseguro sobre qué hacer con una humana que derramaba líquido cristalino por los ojos.

-Lo siento, pero así es como son las cosas –dijo despacio y con mucha suavidad, como si te miera que sus palabras fueran a romperme.

Por más que intenté, no pude evitar que una lágrima escapara, escurridiza, resbaló por mi mejilla.

Vi como los colmillos de Lucern, lucían filosos, listos para iniciar la masacre. Edward le gruño en respuesta.

Pero la danza mortal se vio interrumpida, cuando un estruendo irrumpió en el ambiente, las ventanas altas, ubicadas a los lados del portón principal, se vieron destrozadas en sólo unos segundos. Los cristales rotos, ya sin oponer resistencia, no tuvieron más remedio que ceder el paso a los invitados que traía la noche.

-El clan ruso –escuché decir a Anthony.

No sabía si sentirme aliviada o asustada por la interrumpíos de los vampiros rusos. La cerradura del portón obedeció al primer golpe, el vampiro que entró a paso decidido era fuerte, se podía ver bajo ese abrigo largo y oscuro que llevaba. Tenía el cabello negro y sus ojos oscuros no escondían el peligro en su mirada.

Los invitados retrocedieron ante el avance de la presencia extranjera.

-¿Qué ocurre? –pregunté, nerviosa.

-Vadik –Anthony soltó las palabras como si fueran una maldición-, él y su clan siempre han estado en desacuerdo con el rey.

-Como puedes darte cuenta Lucern –dijo Vadik con un marcado acento-, no hemos venido aquí a una visita de cortesía.

-Me lo imaginaba –respondió.

Vadik rugió y saltó sobre el rey, lo que debió ser una señal para sus seguidores, porque comenzaron con la masacre.

-¡Bella! –escuché a Edward llamarme.

Mi boca se había abierto para responder, pero fue cubierta por una mano, mis pies dejaron de tocar el suelo, y todo lo que supe es que era llevada por Anthony a gran velocidad.

Algo se rompió y salí volando de los brazos del vampiro, caí sobre una mesa de madera, que se volcó con el impacto de mi peso.

Mi cabeza comenzó a palpitar dolorosamente, logré levantarme para ver a Anthony intentando hacer daño a su contrincante.

-Una deliciosa humana –escuché una voz detrás de mí. Uno de los vampiros del clan ruso había llegado hasta mí-. ¿Qué haces en una madriguera de vampiros?

Me concentré en correr lejos de él. No logré llegar muy lejos, mi perseguidor me había tomado del tobillo y estrellado contra el suelo.

Antes de que el vampiro se lanzara sobre mí, otro, lo golpeó con fuerza en la mandíbula.

El caos se imponía a todo lo ancho y alto de la casa. Una vampiresa terminó volando por los aires, no logré ver de dónde venía, pero fui bastante consiente del impacto que tuvo contra un mueble de cristal. Los pedazos se desprendieron en todas direcciones, cubrí mi rostro con mis manos y me agaché lo más que pude, cuando creí que había terminado, alcé la cabeza.

Sólo para ver cómo un candelabro, giraba en mi dirección. Rodé por el suelo y logré esquivar el golpe. Mis ojos encontraron en su camino unas botas, del estilo militar de color negro, y el final de un abrigo largo.

Oh, no.

-Humana –Vadik pronunció la palabra como algo delicioso.

Se inclinó hacia mí y una de sus manos, teñida de rojo, se acercó a mi rostro.

Grité.

Entonces Vadik salió volando varios metros lejos de mí, Edward lo había golpeado.

-¿Estás bien? –preguntó.

Asentí.

Edward me tomó entre sus brazos.

-Se que no es el mejor momento para decirlo –dijo con su rostro casi pegado al mío-, pero te amo.

Me puse rígida, la confusión llegó a mí en muchas formas. No sabía que responder o que era lo que yo sentía… mi mente estaba demasiado ocupada en otras cosas.

Vadik rugió detrás de nosotros.

Edward me soltó y se colocó protectoramente delante de mí.

El vampiro ruso saltó sobre él. Todo fue muy rápido para mis ojos, un parpadeo y la escena había tomado un drástico giro.

Edward tenía su brazo manchado de sangre, mientras Vadik se presionaba una herida en el abdomen, tenía grandes dimensiones y de ella brotaba el líquido rubí.

Vadik pronunció unas cuantas palabras en ruso, que a mí me parecieron una gran maldición.
Todos los vampiros del clan ruso, se reunieron con él, unos heridos otros completamente ilesos, formando un círculo de protección a su alrededor.

-Me gustaría quedarme un poco más –dijo con dificultad-, pero no estoy en condiciones.

Los vampiros rusos lograron escaparse.

Alice fue la primera en encontrar entre la multitud. Se acercó, me observó e interrogó hasta estar segura que estaba en perfectas condiciones.

-¿Estás bien Bella? –preguntó Rosalie, cuando llegó hasta nosotros. Su cara, reflejando toda la culpabilidad que sentía.

Edward le enseñó los dientes, y ella, asustada retrocedió hasta la seguridad de los brazos de Emmett.

-No te le acerques Rose –gruñó Edward.

-Sigues molesto –dijo ella.

En respuesta, él se giró, centrando su atención en mí, y dándole la espalda.

Anthony apareció de improvisto ante nosotros. Presentaba múltiples rasguños en los brazos, su camisa estaba desgarrada mostrando un corte en el pecho, el que parecía estarse curando sólo.

-Lucern ha muerto –anunció.

Ahogué una exclamación.

-Según nuestra ley, Vadik, al ser su asesino ascendería al poder –continuó-, pero debido a que pertenece al clan traidor… el rey es aquel que logró sacarlos de aquí y salvarnos.

Su mirada se quedó fija en un aturdido Edward.

-Pero… -quiso discutir él.

Anthony hizo caso omiso y le ofreció una inclinación.

-Así es la ley, señor.

Sin dar tiempo a que Edward asimilara la noticia, la noche aulló.

No, la noche no, aquel sonido había sido provocado por… lobos.

-Jacob –el nombre se escapó de mis labios. Vi como las expresiones de horror se formaban en los vampiros presentes.

-¿Qué debemos hacer? –le preguntó Anthony a Edward-. Después del ataque recibido no creo que estemos en condiciones para recibir a los Licantrópos.

-Yo puedo… creo que los puedo detener –dije.

Edward me miró fijamente.

-Jacob sólo viene por mí –continué-, sé que me escuchará si salgo y hablo con él.

-Bella…

-Es lo mejor y lo sabes –insistí-, es mi mejor amigo, no me hará ningún daño.

Edward apretó los puños, pero asintió muy despacio.

Así fue como salí, sola en la noche. Sabía que Edward estaría dentro de la casa, observando, podía sentir sus ojos en mi espalda. Había insistido en salir conmigo, pero no podía permitirlo, si los licántropos lo veían podían hacerle daño.

No caminé mucho, al dar mi quinto paso, fui atrapada por unos brazos cálidos.

-Bella –escuché la voz de Jacob. Noté que mi amigo no llevaba camisa, al igual que noté el numeroso grupo de lobos detrás de él.

-Estoy bien –dije-, no me lastimaron, no hay necesidad de arruinar tantos años de paz entre vampiros y licántropos.

Jacob frunció el ceño.

-No te vi, en mucho tiempo, estaba muy preocupado por ti –dijo su voz contenida, intentando disimular la rabia-, es algo que me es difícil de perdonar.

-Pero estoy bien –le dije-, estoy contigo.

-Sí –eso pareció tranquilizarlo más-, conmigo. Te llevaré a tu departamento.

-Gracias, Jacob.

No sabía cuánto había extrañado ese reducido espacio, al que yo llamaba casa, hasta que llegué.

Agotada, me enterré en las sábanas, y todos los pensamientos que había pospuesto regresaron, golpeándome con fuerza. Una lágrima resbaló, me entristecí por la muerte de Lucern, que siempre me había tratado como si yo fuera la prioridad, jamás me había lastimado. A ésa, le siguieron otras, por la destrucción y muertes que habían provocado el clan de Rusia. La rabia, también se hizo presente en mí.

“Te amo” La palabra resonó en mi mente, dando paso a la confusión. ¿Cuáles eran mis sentimientos hacia él?

Me aterraba convertirme en vampiro, era algo que no quería hacer y si lo aceptaba, significaba también aceptar la conversión, así como aceptar el reinado.

Jacob entró en mi habitación y se recostó a un lado mío. También había olvidado cuanto extrañaba a mi mejor amigo.

Me rodeó con sus brazos, brindándome seguridad.

-¿Te vas a quedar? –le pregunté.

-No te voy a dejar sola.

-Gracias, otra vez, Jacob.

Me relajé y mis parpados comenzaron a pesar.

-Sí –musité.

-¿Bella?

-¿Qué? –logré pronunciar, mi conciencia estaba a punto de desconectarse.

-Siempre te he amado –dijo-, como algo más que como una amiga.

Esto tenía que ser un sueño.

-Quiero que estés junto a mí como mi esposa, como la reina de los Licántropos.

Si, definitivamente estaba soñando o alucinando, no podía ser cierto.

Se río.

-Creo que será mejor esperarme a que estés en tus cinco sentidos.

¿Qué tanto más podría complicarse mi vida?

lunes, 11 de enero de 2010

Sangre Real

Hola mis angeles hermosos , primero que todo les pido una disculpa por el atrazo en las publicaciones de los fics , pero he andado de aqui para aya y ps por eso no he podido subir , como yo quisiera
en fin aqui les dejo un cap , de este fic .
les mando mil besitos y dejen sus comentarios ya que esta proximo el final del fic
Angel of the dark
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Capitulo 13 . Furia


Algo estaba mal, una chica, gritaba furiosa. ¿O sólo era parte de una pesadilla?



-¿Cómo pudiste hacer esto? –gruñó la chica-. ¡A ustedes también les hablo! ¡Lo ayudaron en esta estupidez!


-Calma mi amor, era algo que tenía que hacerse…


-¡Cállate Emmett!


-Me iré con ella si eso el lo que quieres Rose –respondió otra voz, me sentí más tranquila cuando la reconocí. Era Edward.


Quería verlo, pero no podía mis parpados estaban demasiado pesados como para abrirse.


-¡Sí, claro! –gritó con sarcasmo-. Si lo haces todos pensaran que fue por mi culpa que te abandoné. Como siempre voy a terminar como la mala.


-¿Entonces qué quieres? –preguntó Edward tranquilamente.


-¡Quiero que comprendas el lío en que has metido a toda la familia! –su voz subió una octava más-. ¿Sabes lo que pasará al traerla aquí? ¡El rey nos encontrará tarde o temprano y nos matará a todos!


Las últimas palabras hicieron eco en mi mente, enfatizando su significado en mi interior. ¿Por qué no podía despertar?


-¿Por qué ella? –preguntó ella con voz histérica-. ¿Por qué de tantas chicas que hay? Ella terminará por destruirnos y te destruirá a ti también.


-¡Basta Rosalie! –intervino otra voz de mujer.


-¡El tiene que escucharlo Alice! –chilló ella-. ¡Si nos ocurre algo va a ser por tú culpa Edward!


Fue más de lo que pude soportar. Abrí los ojos y me incorporé, no me di cuenta cuando me puse de pie y me coloqué en frente de una rubia que cambio su expresión de enojo a sorpresa.


-¡Es suficiente! –grité, luego perdí fuerza-. Todo esto es culpa mía –la habitación comenzó a girar. Me había levantado muy aprisa.


Edward me atrapó antes de caer al suelo, y me sentó en el sofá que estaba detrás de mí. Entonces había estado durmiendo ahí. La casa a mi alrededor era grande, y de cierta manera acogedora, había una amplia ventana en frente, por donde se apreciaba el cielo teñido de madrugada.


-La despertaste –dijo Edward acercándose a mí para cubrirme con sus brazos. El ahora se veía muy molesto.


De pronto, todos los recuerdos de anoche me golpearon con fuerza. La chica vampiro tenía razón, Lucern iba a estar molesto con ellos, y terminarían hechos pedazos por tenerme ahí.


No quería lastimar a Edward, no quería que se arriesgara por mí.


-¿Qué? –los ojos de Rosalie brillaron furiosos-. ¿Después de todo lo que te acabo de decir todavía te preocupas por ella?


Comencé a temblar en los brazos de Edward.


-Vete –le dijo a ella. Noté la ira contenida en mi vampiro salvador-. La pones nerviosa.


-Rose por favor –intervino un vampiro musculoso antes de que ella se pusiera a gritar-, creo que lo mejor es que salgamos un rato.


La vampiresa a regañadientes se dejó arrastrar por su novio.


-Vamos Jasper –dijo una chica de cabello negro y cortó, me dedicó una sonrisa justo antes de escaparse con un vampiro rubio.


-No debiste hacerlo –dije suavemente cuando estuvimos solos.


-¿Y dejarte sola? –preguntó-. ¿Dejar que te convirtiera en una nosotros? Sabiendo que lo odiarías –añadió con cierto dolor.


-Yo no…


-¿Crees que le dejaría convertirte en su consorte? –cuestionó entre dientes.


-Te agradezco lo que hiciste –continué-, pero estás poniéndote en peligro al hacerlo, estás arruinando la vida de tu familia por algo que no es tan importante.


-Tú eres lo más importante –afirmó. Se inclinó hacia mí, quitándome la respiración. Parecía que quería decir algo más pero se retractó.


No me dejó discutir más.


Pasaron dos días, la familia Cullen me trataba muy bien, todos excepto Rosalie, quien me fulminaba con la mirada cada vez que podía, aún así no la culpaba por ello. También conocí a Carlisle y a Esme, quienes me trataban como una hija más de su familia.


A pesar de todo, mi inquietud incrementaba cada día, y un mal presentimiento se comenzaba formar en mi interior.


Me dejé caer en la… cama, sí en la cama. Edward había puesto una en su cuarto para que yo pudiera estar más cómoda, insistí en que no era necesario, pero no conseguí hacerlo cambiar de parecer. Pasaba mucho tiempo ahí, mucho más que él, así que prácticamente me había adueñado de su habitación.


Me removí inquieta entre las sábanas, hasta que sentí el peso de Edward a mi lado, me rodeó con sus brazos, me estaba acostumbrando mucho a esa sensación.


Inclinó su cabeza hasta que nuestros labios quedaron a poca distancia, sus ojos se fijaron en los míos, su mirada se volvió intensa. Mi cuerpo se volvió muy consciente de la cercanía del suyo.


-Edward –musité. Quería que dejara de mirarme así, estaba poniéndome nerviosa.


El sonrió, sus ojos reflejaron una emoción fuerte, que no supe descifrar, y una parte de mí se negaba a intentar averiguarlo.


-Creí que lo sabrías –se río, algo le parecía muy divertido.


Lo miré confundida.


-Después de todo lo que ha pasado… -su mano acarició mi mejilla lentamente-. Supongo que no te has dado cuenta.


Mi corazón comenzó a latir con fuerza cuando sus dedos entrelazaron los míos.


-Escucha lo que tengo que decirte Bella –dijo despacio, sus labios casi acariciaban los míos-, yo…


Pero se interrumpió, cuando un ruido llegó hasta la habitación, se puso de pie. Yo lo seguí, y darse cuenta que no estaba dispuesta a quedarme, me levantó y en menos de un segundo habíamos bajado las escaleras.


La puerta principal estaba abierta, de ella entraron Alice y Emmett, parecían agitados, todos los demás los observamos fijamente.


-¿Quién los siguió? –preguntó Edward, colocándome con mucho cuidado en el suelo cerca de él, sus manos no me soltaron en ningún momento.


-Deja que hablen –lo interrumpió Jasper-, no todos podemos escuchar los pensamientos como tú.


-Hemos escuchado mucho estos días –comenzó Emmett-, Lucern está furioso, y prometió matar al que robó a su futura reina.


Me estremecí y Edward en respuesta me apretó más contra él.


Rosalie le dirigió una mirada que se podía leer fácilmente como: Te lo dije.


-Pero eso no es todo –continuó-, el rey de los licántropos también está furioso.


Jacob, extrañé a mi amigo. Conociéndolo debía de estar muy preocupado por mí.


-Creímos ver a unos vampiros siguiéndonos –dijo Emmett y añadió algo orgulloso:- Pero nunca van a dar con la casa después de todo el rodeo que hicimos.


-¡Debí saberlo! –estalló Rosalie furiosa-. Yo estuve esa vez que los dos reyes casi arman una pelea en el bar por ella… ¡Ahora no sólo estamos siendo cazados por los nuestros sino también por los licántropos!


Sentí los labios de Edward sobre mi cabello y su mano subía y bajaba por mi espalda, intentando calmarme.


-Bella –murmuró a mi oído.


Yo ya no podía escuchar más. ¿Acaso las cosas podían empeorar? Y recordé con horror, que cada vez que me hacía esa pregunta, todo se venía abajo.



domingo, 3 de enero de 2010

Sangre Real

HOLA mis angeles hermosos , aqui les traigo mas cap de sangre real , perdon por el atrazo ,les mando mil besitos
y tambien aprovecho para decirles que mañana estaremos estrenando fic
Angel of the dark
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Capitulo 8 . Deuda


-¡Nos vemos mañana! –se despidió Lissa alegremente.


Me despedí con un movimiento de mi mano y entre en el edificio. Estaba tan cansada, que por primera vez lamenté que mi departamento estuviera en el cuarto piso. El pasillo estaba vacío, como era de esperarse a las tres de la mañana. Me dirigí a mi puerta con la llave en la mano, tan sólo quería entrar y dormir…


-Bella


Di la vuelta tan rápido que ni siquiera me di cuenta que casi me estrello contra alguien, sólo pude ver la camisa negra en frente de mí, así que tuve que levantar mi mirada. Por una extraña razón me relajé al darme cuenta que se trataba de Edward. Estaba con un vampiro en la oscuridad de la madrugada y estaba completamente tranquila, definitivamente había algo mal en mi.


-¿Qué haces aquí? –pregunté.


-Quería verte –admitió. Sus ojos dorados brillaron por un momento y una magnífica sonrisa se dibujo en su rostro.


¿Por qué? Fue una pregunta que inundó mi mente, pero no dejé que escapara de mis labios.


-Yo no pude estar a tu lado la otra noche –dijo un poco después. Frunció el ceño-, debí protegerte y no lo hice –apretó los puños. Parecía bastante molesto por eso.


-Estoy bien –sentí una necesidad por tranquilizarlo. Recordé mi última noche en el bar de los vampiros, había visto su rostro cuando Jacob entró por mí, él había querido estar cerca de mí, pero Jasper y Emmett lo habían detenido.


-Quiero protegerte, pero tal vez tú no quieras eso –dijo, su expresión se volvió sombría-. Te volveré a ver.


No tuve tiempo de detenerlo, se había ido antes de que pudiera parpadear.


No hice mucho al día siguiente, llegué al supermercado a abastecer mi muy reducido refrigerador, después decidí salir un rato, había tenido una semana agotadora y confusa, esperaba que al regresar al Luna Llena todo cambiara.


-¡Me da tanto gusto que hayas regresado! –exclamó Lissa al recibirme en el bar-. Esa semana que tuviste de vacaciones se me hizo eterna, aquí no es lo mismo sin ti.


Un suspiro de cansancio salió de mis labios, si ella supiera que “en mis vacaciones” no había descansado nada…


-No sabes cuanto extrañé el Luna Llena –dije, lo que era completamente cierto.


Me puse mi uniforme rápidamente y comencé a servir a los Licántropos.


-Me alegra verte de nuevo por aquí Bella –dijo Jason cuando me acerqué a la barra.


-¡A mi también! –exclamé sonriendo.


La noche trascurrió tranquilamente, había notado un cambio en la actitud de algunos licántropos hacia mí, me miraban fijamente... sacudí la cabeza, tal vez sólo era que tenía demasiada imaginación.


Mi celular sonó, logrando sacarme de mi trance.


-Bella –dijo la voz que reconocí como la de Kisha. Pude distinguir el inconfundible motor de su auto-. Estoy en mi descanso… voy para allá.


-¿Qué?


-Quiero conocer el bar de los licántropos, tú hablabas tan bien de ese lugar –contestó-, además no esta muy lejos.


Hice una mueca, si Lissa la veía iba a preguntarme de donde la conocía.


-Kisha cuando llegues por favor solo di que…


El rechinido de unas llantas hizo que me callara, me puse rígida al escuchar el estruendo que le siguió.


-¡Kisha! –exclamé asustada-. ¿Estás bien?


La respuesta que tuve fue un grito desgarrador que sólo duró unos segundos, después siguió el silencio…


-¡Lissa! –casi le grité al llegar a ella.


-¿Qué pasa? –preguntó la pelirroja preocupada.


-¡Tu auto pronto! –ya le explicaría, cuando encontrara a Kisha. Ni siquiera podía llamar a la ambulancia hasta saber bien su ubicación. Respiré profundo… la encontraría rápido, tendría que estar muy cerca del Noche Eterna.


-¡Detente! –le grité a mi amiga cuando vi el carro de Kisha, había chocado con otro.


Mi amiga y yo salimos corriendo del carro. No había nadie más en la calle, casi nadie pasaba por ese lugar en la noche.


-¡La chica se está desangrando! –gritó Lissa horrorizada.


Por el rostro de Kisha escurría la sangre, parecía tener una herida en la cabeza, el vidrio de su puerta estaba completamente roto…


-Ve a ver como está la otra persona mientras yo la saco de aquí –le dije a mi amiga, al tiempo que me acercaba al auto.


-¡Está inconsciente! –me gritó mi amiga-. Pero parecer estar mejor que ella…


Intenté abrir la puerta, pero estaba atorada… gemí frustrada, tenía que sacarla de ahí pronto.


-¡No puedo!


-Tranquila Bella –dijo mi amiga, aunque ella estaba temblando-. Llamaré a una ambulancia, ellos la sacarán.


El hospital quedaba muy lejos… observé a Kisha, la sangre no dejaba de fluir, no podía dejarla así…


-Quédate aquí –le dije a Lissa.


-¿A dónde vas?


-Al Noche Eterna


Los ojos de la pelirroja se agrandaron.


-¿No es ese el bar de los vampiros? –cuestionó, ni siquiera tuve que responder a su pregunta-. ¡Estás loca! ¿Qué piensas hacer ahí?


-Buscar ayuda –era mi única opción. Me subí a su auto y arranqué.


No me importó que todos se fijaran en mí cuando entré corriendo al bar. Busqué desesperadamente a Edward… pero no estaba… tendría que buscar a alguien más para que me ayudara. Alguien tomó de mi brazo antes de que yo pudiera dar la vuelta.


-Bella ¿Qué ocurre? –Lucern estaba frente a mi, sus ojos azules me miraban fijamente, parecía preocupado… ¿por mí?


-Ayuda –musité.


El rey de los vampiros se acercó a mí y tomó mi rostro entre sus manos, parecía desesperado por encontrar que era lo que andaba mal en mí.


-Yo estoy bien –dije-. Mi amiga es la que está en problemas.


Lucern se relajó considerablemente y su personalidad autoritaria pareció regresar a él. A una seña de él, dos vampiros se acercaron.


-Llévame –dijo.


Subí al auto, los tres vampiros siguieron mi camino corriendo, no parecía costarles ningún esfuerzo hacerlo.


La ambulancia aún no había llegado, Kisha debía de seguir ahí adentro.


-¿Por qué los trajiste? –preguntó Lissa, su cara se volvió pálida cuando vio a los vampiros.


-Necesitamos ayuda, la que sea –contesté.


El rey de los vampiros observó el choque con expresión aburrida, hice una mueca, seguramente me habría imaginado su preocupación, porque a Lucern no parecía importarle si Kisha vivía o moría.


-¡Sácala de ahí! –grité desesperada.


Entonces Lucern me sonrió.


-Creo que debes saber que cualquier favor que pidas se debe pagar –dijo.


Ni siquiera me detuve a pensar en las consecuencias.


-¡Lo que sea! –exclamé-. ¡Pero sácala!


Lucern asintió y uno de los vampiros arrancó la puerta del auto, y sacó a Kisha, la herida que tenía en la cabeza todavía seguía sangrando, el vampiro se lamió los labios.


-Si te atreves a morderla –advertí, sacando mi daga de plata-, te la encajo en el corazón.


El rey de los vampiros pareció encontrar mi amenaza divertida.


-No lo hará –me dijo Lucern-, a menos que quiera problemas conmigo.


El vampiro se estremeció.


-Cierra su herida –le dije al vampiro. Sabía que ellos podían hacer que cualquier herida se cerrara por completo.


-Haz lo que dijo –le ordenó Lucern, el vampiro se inclinó sobre Kisha y comenzó a lamer su herida, poco después se retiró.


Suspiré aliviada al ver que el flujo de sangre se había detenido. El sonido de la ambulancia se escuchó en la calle… vi a los paramédicos llevarse a Kisha y al señor que estaba en el otro auto.


-Recuerda que estas en deuda conmigo –me dijo Lucern-, pronto te pediré que me pagues el favor…


Me estremecí y toqué mi cuello, sabía que era lo que pediría a cambio…


Subí a la ambulancia, no estaba dispuesta a separarme de Kisha, Lissa me había dicho que nos seguiría en el auto.


Me quedé sentada en la sala de espera, mi amiga pelirroja estaba sentada a un lado mío. Necesitaba hablar con alguien, así que le conté toda la verdad, bueno casi toda, omití algunos problemas que había tenido, así como que yo conocía la identidad del rey vampiro.


-Entonces… todo este tiempo, estuviste trabajando en el Noche Eterna –dijo sorprendida-. ¿Nadie te mordió? ¿Estás bien?


-Si, no te preocupes –la tranquilicé.


-¡Me hubieras dicho! –exclamó-. Así no sufrirías sola…


-Gracias amiga


-¿Ya conocías a los vampiros que nos ayudaron? –preguntó.


-Sólo a uno


-¿Al guapo de cabello plateado? –dijo.


-¡Lissa! –la regañé.


-Soy mujer… y no estoy ciega –se encogió de hombros, luego su expresión se volvió seria-. Si estás en deuda con él… ¿Crees que te pida un poco de tu sangre?


-Es lo más seguro


Lissa frunció el ceño.


-¡Es un maldito! –exclamó-. ¡No puede hacer eso!


-Si puede –dije-, y no te preocupes, no me pasará nada… -añadí. Era mejor resignarme, después de todo no podía hacer nada para evitarlo.


Lissa me abrazó, sabía que estaba tratando de darme valor.


-¿Son familiares de Kisha Denver? –preguntó una voz masculina.


-Amigas –contesté, y me sorprendí al darme cuenta que el doctor era un vampiro.


-Soy el doctor Carlisle Cullen –extendió su mano hacia mí.


-Bella Swan –respondí.


Una extraña sonrisa cruzó por el rostro de Carlisle, sus ojos me miraban fijamente, como si yo fuera parte de su familia.


-Señorita Swan, su amiga se está recuperando estupendamente –anunció el vampiro-, gracias a la transfusión de sangre. Creo que sólo necesitará unos días, y podrá salir de aquí en perfectas condiciones.


Agradecí a Carlisle antes de que se retirara.


-¿Quieres que te lleve a casa? –preguntó Lissa.


Asentí, mañana podría hacerle una visita a Kisha, ahora estaba muy cansada.


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Capitulo 9 . Rojo sangre



Aunque estuviera atendiendo a la clientela del Luna llena mi cabeza estaba en otro lado, intentando pensar cuando o cómo me llamaría el rey de los vampiros para cobrar la deuda que tenia con él. ¿Tal vez sería mejor buscarlo por mi misma y acabar con todo esto? Sacudí mi cabeza y me acerqué a la barra.


-Te ves diferente Bella –comentó Jason-. ¿Algo va mal?


Negué con la cabeza y le brindé una sonrisa, que tal vez no era del todo convincente pero por el momento era todo lo que podía hacer. No quería preocupar a mi amigo con mis problemas.


-¿Por qué salieron tan deprisa Lissa y tu la otra noche? –preguntó.


-Una amiga mía tuvo un accidente –contesté-, fuimos a ayudarla.


-¿Qué le ocurrió? ¿Está bien?


-Si ya está mejor –dije más animada. Cuando había ido a verla en la mañana se le veía estupenda, y el doctor Carlisle me había dicho que dentro de poco la daría de alta-. Fue un accidente de coche.


-Un momento –los ojos de Jason se ampliaron-. ¿Qué no fue ese el accidente que ocurrió cerca del Noche Eterna?


Asentí. Rod debió haberse enterado de eso… después de todo Kisha es empleada suya.


-Entonces… ella trabaja para el bar de los vampiros –concluyó Jason-. El jefe había dicho que una de sus chicas se había accidentado.


La conversación iba por mal camino, o estaba a punto de hacerlo.


-¿Cómo te hiciste amiga de una de las chicas del Noche Eterna?


-Uh… creo que la mesa del fondo esta desatendida –dije dando media vuelta. No quería responder a más preguntas.


Después de un día intranquilo en el bar, por fin había llegado a mi departamento… y cuando quiero acostarme en mi cama para poder descansar, me encuentro con que un desconsiderado chico-lobo está sentado en ella.


-Hay sillas afuera –señalé la puerta que daba a mi pequeña sala-. Tú no necesitas una cama así que fuera de ahí, déjasela a los que si podemos dormir.


Jacob arqueó una ceja, y luego empezó a reír. No me importaba que se riera de mi mal humor, con tal de que saliera de mi cama, lo cual no estaba haciendo.


-Sabes, lo curioso es que no esperaba mejor recibimiento –comentó.


-¡Bien! –exclamé exasperada-. ¡Fuera! –añadí empujándolo.


Pero mi amigo licántropo, más rápido y fuerte que yo, me tomó de la cintura y con un suave movimiento me dejó en la cama, a un lado suyo.


-Cabemos los dos perfectamente –dijo sonriendo.


Esta bien, tenía razón, ya que la cama que me había comprado no era individual, pero yo no lo quería ahí, lo único que yo quería era descansar.


-Jacob, por favor, quiero dormir –musité-. ¿Qué no piensas en mí? Estoy muy cansada y…


-Pienso en ti todo el tiempo, por eso estoy aquí –dijo más serio.


-Jacob…


-Quiero hablar contigo –me interrumpió de nuevo-, es importante.


-¿Por qué no fuiste al bar entonces?


-Estaba ocupado, y era muy tarde cuando terminé –contestó-, así que decidí esperarte en tu departamento.


-Tienes mi atención –dije incorporándome hasta quedar sentada.


Jacob tomó mis manos y entrelazó sus dedos con los míos.


-Bella…


Un ruido fuerte me hizo saltar de la cama, saqué mi daga de plata, esperando ser atacada en cualquier momento.


-No te asustes Bella –Jacob se levantó y se acercó a mí-. Es otro licántropo, no te preocupes está afuera del edificio –añadió señalando mi ventana.


Me asomé y vi al otro chico-lobo, miraba en mi dirección, por supuesto esperando por su rey.


-Tengo que irme Bella –se inclinó hacia mí, besó mi frente y saltó por mi ventana.


Guardé mi daga, y me dejé caer en la cama, cerré mis ojos y dejé que el cansancio surtiera su efecto.


A la noche siguiente, salí de mi departamento. Lissa me esperaba afuera, para llegar al Luna Llena, pero antes de que pudiera llegar al auto, un vampiro se había cruzado en mi camino.


-Señorita –saludó cortésmente. Me quedé petrificada, mi buena amiga, salió del auto y se puso a un lado de mí-. Mi señor quiere verla.


Asentí, era el momento de pagar mi deuda.


-¿Qué? Bella…


-Ahora no Lissa –tuve que interrumpir a mi amiga.


-¿Dónde está él? –pregunté al vampiro.


-En el bar


-Lissa… ¿Me llevarías al Noche eterna? –le pregunté-. Me dejas ahí y te vas.


-Pero…


-Por favor –le rogué, no quería arriesgar a mi amiga.


Lissa me vio fijamente por un momento y después asintió.


-Te puedes ir –le dije al vampiro.


-Mi señor me dijo que me asegurara que llegaras al bar –protestó-. Las seguiré.


-Como quieras


Salí del auto y me despedí de Lissa, en cuanto llegamos al bar.


-¿Qué le digo a Rod?


Mi jefe se enteraría que había visitado el bar de los vampiros, de eso estaba segura.


-No te preocupes –le dije-. Yo hablaré con él.


Entré en el bar, seguida del mensajero vampiro, escuché claramente como el auto de mi preocupada amiga se alejaba, eso me hizo sentir un poco mejor, por lo menos ella no iba a ver nada.


Ashery se acercó a mí, parecía molesta con mi presencia.


-¿Qué haces…


Pero la chica se tragó sus palabras en cuanto Lucern tomó mi mano.


-Viene conmigo –dijo el rey de los vampiros mostrando una blanca sonrisa, me alegré un poco al no ver sus colmillos.


Ashery me fulminó con la mirada y se alejó a paso rápido.


Lucern me guió hasta una mesa vacía y se sentó en la única silla que había.


-Se que me llamaste para que pague mi deuda así que…


El rey de los vampiros me jaló y yo caí sentada en sus piernas. De pronto fui muy consiente de todas las miradas… los otros clientes del Noche eterna nos observaban atentamente. Giré la cabeza para buscar a Edward, pero no lo encontré…


Lucern tomó mi barbilla, haciendo que lo viera directamente, sus ojos azules brillaban con una emoción que no comprendí.


-No sólo por eso –admitió-, también porque quería verte.


Me mordí el labio, eso si era nuevo.


-Debería estar enojado contigo, por hacerme esto –continuó-, pero tampoco puedo…


¿Hacerle que? ¿De que estaba hablando?


Entonces el rey de los vampiros hizo algo, que yo no me había imaginado, me besó. Sus manos descendieron hasta mi cintura y me acercaron a él, mientras sus labios probaban los míos.


Su boca fue descendiendo hasta quedarse en mi cuello, sabía lo que venía a continuación… sentí como sus colmillos atravesaron mi piel, pero para mi sorpresa, no dolió. Cuando terminó su lengua limpió mi herida, no tardaría mucho en cerrarse.


-He tomado mi decisión –dijo con su mirada fija en mí. El azul de sus ojos se había vuelto más intenso que antes.


Me tomó de la cintura y me puso de pie, se colocó en frente de mi con su elevada estatura, tomó mi mano y se inclinó hacia delante como si estuviera haciendo…. ¿una reverencia?


Todos los vampiros presentes se acercaron a mí, y siguieron el ejemplo de su rey… esto no estaba nada bien.


-Quiero que seas mía –susurró con los brazos alrededor de mi cintura.


Logré hacerme para atrás.


-Yo no soy de nadie –musité.


Lucern sonrió.


-Pero lo serás –afirmó-, serás mi reina.


¿Reina? Ahora si que estaba asustada.


-Te daré tiempo para que vengas a mí voluntariamente –dijo el rey de los vampiros-, pero no te prometo mucho, porque no soy muy paciente.


Justo cuando había creído que las cosas no podían empeorar, al parecer mi especialidad era meterme en líos.


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Capitulo 10 . Sin Salida


Cuando llegué a mi departamento estaba literalmente temblando, corrí a mi habitación lo más rápido que pude, no me detuve hasta estar frente a mi espejo. Suspiré al ver que las marcas apenas eran visibles, ahora eran dos tenues puntos rosados en mi cuello, pronto desaparecerían por completo, era otra cualidad de los vampiros, después del ataque no dejaban huella.


Después de cambiarme en el cuarto de baño, me tumbé en mi cama, estaba asustada… sería tan sencillo si despertara en la mañana y descubriera que todo fuera un sueño, pero la vida no es así, y lo sabía, yo mejor que nadie.


Yo no quería ser reina, de ninguna clase, mucho menos de los vampiros, de los seres que siempre había desconfiado y hasta temido.


Me removí incómoda entre las sábanas.


No quería convertirme en vampiro… pero ¿tenía opción de elegir? Un escalofrío me recorrió, lo más seguro era que no…


Esa noche no dormí, me limité escuchar el sonido del viento… a observar la luz de la luna que podía apreciarse desde mi ventana… fue una noche bastante larga.


-Bella esa bebida no es para la mesa cinco –me dijo Lissa a la noche siguiente en el Luna llena.


Asentí y me dirigí en dirección contraria, estaba cerca de la mesa ocho, cuando escuché un “No” de Lissa, la observé confundida.


-¡Mesa diez! –me recordó


-¡Cierto! –exclamé y me dirigí hacia allá.


-Te veo cansada y distraída –comentó mi amiga un rato después-. ¿Qué pasa Bella?


-Nada –le dirigí una sonrisa que por supuesto no la engañó.


Lissa frunció el ceño.


-¡No me vengas con eso! –resopló-. Sé que te ocurre algo.


Sí, tenía un gran problema, y moría de ganas por contárselo a ella, pero no podía porque eso significaba revelar la identidad del rey de los vampiros, lo cual estaba prohibido y no quería más problemas, así que me tragué mis palabras y volví a intentar la sonrisa falsa.


-Nada –repetí.


Los ojos de Lissa se volvieron tristes, me tocó el hombro y me devolvió la sonrisa.


-Cuando quieras contarme lo que te ocurre aquí estaré –dijo.


-De acuerdo –contesté, y me fui rápidamente antes de cometer una imprudencia.


El reloj marcó la hora de salida, no tardé mucho en llegar a mi edificio, justo al llegar a mi piso, lo vi recargado en la puerta de mi departamento, sus ojos dorados se fijaron mí mientras avanzaba hacia él. Ahí estaba tan guapo y perfecto como siempre, claro como todos los vampiros.


-Edward –musité-, tú… esto… ¿Qué haces aquí?


-Quiero asegurarme de que estés bien –dijo acariciando mi rostro.


Tuve el impulso de llevarme una mano al cuello, donde habías sido mordida, pero me contuve a tiempo, la herida ya debería estar curada por completo.


-¿Quieres pasar? –le ofrecí abriendo la puerta. El aceptó, pero no cruzó el umbral hasta que yo lo hubiera hecho primero.


Era la primera vez que dejaba entrar a un vampiro a mi departamento, pero aún así no me sentía mal en compañía de Edward.


-Lucern está interesado en ti


El repentino comentario me sacó de mis pensamientos.


-Pero no sé hasta qué grado –continuó-, es difícil escuchar lo que piensa.


Parpadeé sorprendida.


-¿Puedes leer la mente? –pregunté, luego me alarmé-. ¿Puedes leer la mía?


-De ti no puedo escuchar nada –dijo-, de Lucern sólo escucho fragmentos, supongo que se debe al poder que tiene o a su edad, me pasa lo mismo con Jacob, el creo que se deba a su rango que tiene entre los de su especie –explicó.


Estaba mucho más tranquila después de saber que no podía leer mi mente. Ya había escuchado antes de vampiros que tenían habilidades fuera de lo común… pero nunca pensé que uno de ellos mismos me lo dijera.


-¿Lo has visto otra vez? –preguntó.


De nuevo me salí de mis pensamientos. Me mordí el labio, intentando pensar en que decirle a Edward.


-Sólo quiero protegerte –dijo cuando mi silencio se prolongó.


El no podía cuidarme del rey de los vampiros, sólo se arriesgaría, y la verdad es que yo no quería que nadie saliera lastimado por culpa mía.


-No lo he visto –le mentí.


¿Pero cuánto duraría mi mentira? No podría pasar mucho tiempo antes de que Edward se enterara de la verdad.


El vampiro se levantó y con un beso en la frente se despidió de mí.


Al día siguiente me encaminé al bar, le había dicho a Lissa que no necesitaba transporte, tenía la esperanza de que algo de caminata me relajara un poco. Mi cabeza era un mar de confusión y mis pensamientos iban y venían de un lado a otro, sólo decidí concentrarme más en mi camino cuando caí en cuenta que había entrado en un callejón sin salida.


Me di la vuelta, para regresar al sendero correcto cuando vi a un hombre con gabardina que se acercaba a mí. No me dio tiempo ni de parpadear cuando ya había sacado un arma.


-¡Deme todo lo que traiga señorita! –ordenó, apuntándome con la pistola directamente a la cabeza.


Convivía con vampiros y licántropos todo el tiempo, y el peligro ahora era un humano, eso sí que era tener mala suerte.


No podía usar mi daga para defenderme, ya que mi atacante se encontraba lejos de mí, y temía que si me acercaba a él disparara.


-No llevo nada de valor –respondí, lo cual no era del todo cierto, ya que tenía mi daga, pero esa no estaba dispuesta a darla.


-¡No mienta! –se enojó.


Escuché un gruñido justo antes de ver como una figura se lanzaba sobre el hombre, la pistola cayó al suelo y él estrelló contra la pared.


Un vampiro apareció frente a mí, seguido de una vampiresa.


Saqué mi daga y los amenacé con ella.


-No te haremos daño –dijo la vampiresa un poco fastidiada.


-¡Si claro! –exclamé-. ¡Se que quieren mi sangre!


-No nos malinterpretes, tu hueles maravillosamente –dijo el vampiro dando un paso hacia mí, pero se detuvo cuando ella lo agarró del brazo-, pero sólo venimos a protegerte.


-Estábamos cerca y tuvimos que venir a ayudarte –continuó ella. No parecía nada contenta por haberme salvado-. Son órdenes del rey.


-Tú, al parecer pequeña humana eres muy importante entre los vampiros –dijo él.


Hice una mueca, esto para mí era otra mala noticia.


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Capitulo 11 .Desesperación


Esperaba que todo fuera una pesadilla…


Mire a la oscuridad de mi habitación, mi ventana estaba firmemente cerrada, podía escuchar el golpe del viento contra el cristal, mi respiración se volvió desigual y comencé a temblar…


Una pesadilla, sólo eso, por favor… mis ojos se cerraron por un momento, intentaría dormir.


Escuché dos golpes en la ventana, y estaba segura que no había sido causa del viento en esta ocasión. Me levanté de golpe, casi grité al ver una figura del otro lado, hasta que reconocí a Edward.


No podía escucharlo, pero por lo menos reconocí el movimiento de sus labios… le abrí la ventana, me pregunté por un momento porque no había entrado el solo, después de todo no sería muy difícil para un vampiro entrar en cualquier lugar, aunque tal vez sólo quería asegurarse de que yo estuviera de acuerdo en que entrara.


Sonrió, pero sus ojos dorados estaban tristes, y había algo más en ellos…


Me petrifiqué. El ya lo sabía.


Fue como si todo se hubiera derrumbado a mi alrededor, todo lo que había estado conteniendo en estos días estalló en mi interior… y por supuesto no se quedó ahí. Lo vi a los ojos por unos instantes y luego sin saber cómo me encontré entre sus brazos, las lagrimas escaparon de mis ojos.


-Se ha dado la orden que todo vampiro debe respetarte y protegerte –dijo Edward.


-No quiero, no quiero –balbucí contra su pecho.


Su mano comenzó a subir y bajar despacio por mi espalda.


-¿Por qué no me dijiste que lo habías visto? –preguntó con delicadeza, su boca estaba a poca distancia de mi oído, no pude evitar estremecerme.


-Sabía que tu querrías evitarlo –musité sin levantar la vista-, sólo conseguirías problemas y no quiero eso.


-No voy a permitir que él te haga nada –dijo.


Esta vez, miré hacia sus ojos.


-Pero…


-Hay una forma en que no puedas pertenecerle a él –me interrumpió Edward.


-¿Cuál es?


Sus ojos dorados se clavaron en los míos.


-Que seas de otro vampiro antes –respondió.


¿Otro? ¿Dejar que otro de ellos me convierta?


-Pero no… ¿Quién lo haría? –pregunté más para mi misma que para él-. Además yo…


Me interrumpí cuando entendí la intensidad de su mirada.


-Como mi compañera te cuidaría bien –dijo inclinando su cabeza hacia la mía.


¿Qué haría Lucern después? ¿Seguiría como si nada después de que no consiguiera lo que quería? No creía en eso… el castigo para Edward sería terrible… Se sacrificaría solo por protegerme…


-Si lo haces, estarás ligado a mi ¿no? –dije, no espere respuesta ya la sabía-. No podrás hacer compañera a quien de verdad quieras… porque estaré yo.


Pasaron muchas cosas en mi cabeza, de las cuales ninguna terminaba bien. Una parte de mi no quería convertirme… no quería de ninguna manera, entonces… ¿Por qué él me hacía confundirme?


-Bella escucha…


Retrocedí, aunque no quería, pero siempre que estaba confundida… hacia cosas sin pensarlo.


-No quiero convertirme en vampiro…


Sus ojos se apagaron, por alguna extraña razón lo había herido podía verlo.


-Edward…


-No te preocupes –dijo-, no dejaré que Lucern siga con esto, ni te convertiré en vampiro –añadió.


Yo no podía permitirlo, Edward no podía hacer nada contra el rey de los de su especie.


-No quiero que lo hagas, estaré bien… vete –evité su mirada.


-Bella tienes que saber…


Negué con la cabeza.


-Quiero estar sola –mentí.


-Te protegeré –me dijo antes de desaparecer por la ventana.


La mañana trajo consigo el sol, la luz de sus rayos llegó hasta mi rostro, no quería moverme, después de la visita de Edward no había podido dormir mucho, cuando mis ojos se cerraban me despertaba una pesadilla, todas terminaban en sangre.


Después de lo que me pareció muy poco tiempo logré levantarme y llegar hasta el baño. Terminé de arreglarme, tal vez salir un poco me ayudaría.


Alguien toco la puerta.


-¡Jacob! –exclamé cuando abrí la puerta.


El rey de los licántropos entró en mi departamento. Me incomodé un poco en su presencia. ¿Qué haría Jacob si supiera en el lío que me he metido? Sacudí la cabeza, no era bueno pensar en eso…


-¿Qué haces aquí?


Me brindó una de sus cálidas sonrisas antes de contestarme.


-Quiero hablar contigo


Jacob me sugirió salir, y no lo dudé ni un segundo, en verdad lo necesitaba. Recorrimos buena parte de la ciudad a pie, hasta llegar a un hermoso parque.


-Así que por fin tienes un descanso en tu trabajo como rey –comenté cuando nos sentamos en el pasto. Quería distraerme un poco de todos los problemas que tenía, aunque sea por un instante pensar que se había esfumado.


-Sí, últimamente ha sido difícil –dijo-, los vampiros han estado extrañamente inquietos.


¿Inquietos? Esa palabra no sonaba bien.


-Eso les molesta a los licántropos –continuó-, no se sienten tranquilos.


-¿Por qué están así los vampiros?


Jacob se encogió de hombros.


-No sé –admitió-, pero tal vez tenga que ver con los rumores que he escuchado… al parecer Lucern ya escogió consorte, así que pronto los vampiros tendrán una reina.


Oh no. Me levanté rápidamente.


-¿Bella? –Jacob hizo lo mismo.


-Tengo que irme Jacob –musite-, sabes que tengo que trabajar en la noche, y ya es un poco tarde…


Me di la vuelta, y comencé a caminar, Jacob me tomó de la muñeca.


-Al menos deja que te acompañe –dijo.


-No es necesario –contesté soltándome de su agarre-, tomaré un taxi.

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Capitulo 12. Secuestro


Cuando llegué al bar descubrí, con algo de alivio, que Jacob no estaba. No quería que me preguntara como me sentía, me cansaba mentirle tantas veces.


Observé el lugar mientras me desplazaba entre las mesas con una bandeja en la mano, los licántropos se sentían inquietos, muchos hablaban entre sí, no lograba poner atención a todo lo que decían, pero si logré atrapar una que otra frase que escapaba de sus labios. Al parecer el tema en común era la nueva reina de los vampiros…


Me acerqué discretamente a una mesa en la que había cinco, dos mujeres y tres hombres.


-No entiendo porque tanto alboroto por los chupasangres –dijo una de ellos-, a nosotros no nos importan, nunca lo han hecho.


-Gya, el problema es que si ellos tienen una reina, tendrán mayor estabilidad que nosotros…


-Porque no tenemos una –completó la chica lobo con fastidio.


El licántropo asintió.


-Nuestro señor no ha elegido compañera


-¿Por qué no? –Gya parecía molesta-. Con sólo chasquear los dedos y tendría una.


-Pero dicen que ya ha escogido


-Rumores –resopló Gya-, si eso fuera cierto, ya se hubiera hecho una ceremonia y toda la comunidad la conocería y no lo ha hecho.


-Tienes razón –concedió el licántropo-. Muchos están de acuerdo conmigo en que debemos hablar con nuestro señor y pedirle que presente a nuestra futura reina.


-Si es que hay…


Me alejé de ellos antes de seguir escuchando más.


Eso era lo que Jacob quería decirme… que pronto se casaría. El me había dicho que me presentaría a su novia. El seguramente estaría muy feliz por eso… pero yo me encargaría de pisotearlo todo, porque yo, su mejor amiga, me convertiría en reina de los vampiros… me convertiría en su enemiga.


Salí un rato a tomar aire, lo cual fue un error.


Un carro completamente negro pasó por la calle, las llantas gimieron al detenerse bruscamente a unos centímetros de mí.


Sin una sola palabra la puerta trasera se abrió y fui arrastrada al interior.


-¡Malditos chupasangres fuera de aquí! –escuché que alguien gritaba afuera, antes de que el auto arrancara violetamente.


Me aferré al asiento con todas mis fuerzas y giré para contemplar a mis secuestradores, estaba rodeada por tres vampiros.


-Lucern te espera –dijo el vampiro que iba al lado mío.


En lugar de gritar o llorar, asentí levemente con la cabeza.


No había nada que pudiera hacer.


Las calles estaban solitarias… no había señal de vida…


Hasta que escuché el fuerte rugido de otro motor muy cerca. Un auto plateado nos seguía muy de cerca…


-¿Reconoces el auto Cirnen? –dijo el conductor frunciendo el ceño hacia el espejo retrovisor.


-No –contestó el vampiro a mi lado-. Pero tienes que perderlos… tengo un mal presentimiento.


El carro dio una vuelta repentina, tuve que encajar mis uñas en el asiento para evitar caerme sobre él vampiro que estaba cerca de mí.


Un gruñido salió de la garganta del conductor, el auto plateado había girado en la misma dirección.


-Detén el auto y veremos que quieren –dijo el vampiro que iba en el asiento del copiloto, su voz estaba cargada de amenaza.


-No podemos Samuel –le cortó Cirnen, mirando significativamente en mi dirección-, si ocasionamos una pelea ella puede salir herida, y a Lucern no le gustará nada.


El carro volvió a girar bruscamente, esta vez el destello plateado no nos siguió.


-¡Perfecto! –felicitó Cirnen al vampiro que iba conduciendo.


Habíamos entrado en una calle estrecha, las luces estaban apagadas, seguramente estarían fundidas. No era nada más que un simple callejón en la noche y sin embargo yo seguía estremeciéndome constantemente.


Quería salir de ahí lo antes posible. Pero cuando el carro iba a tomar otra calle, el vehículo plateado se interpuso en su camino.


El auto frenó en seco, salí disparada hacia delante, los brazos de Cirnen me atraparon antes de estrellarme contra el cristal de la puerta.


-Samuel –habló Cirnen.


-No te preocupes –el aludido salió del auto-, yo me encargaré de todo.


Me escabullí de entre los brazos que me aprisionaban y logré ver mejor el auto que nos obstruía el camino, un volvo plateado. No había nadie en su interior, pero dos vampiros estaban afuera, gruñéndole a Samuel.


-Esto se va a poner bueno –comentó el conductor del auto extendiendo sus colmillos-, le echaré una mano a Sam.


Me incliné hacia delante, pude reconocer a los otros dos vampiros, Jasper y Emmett.


Un estruendo se escuchó de mi lado derecho, la puerta fue arrancada como si fuera simple papel. Los ojos de Edward me miraron fijamente, me rodeo con sus brazos y me sacó del auto tan rápido, que Cirnen ni siquiera pudo gruñir.


En segundos me encontraba en el interior del volvo.


-No salgas –dijo Edward-, todo va a estar bien –añadió acariciando mi cabello.


Salió a enfrentarse a un furioso y peligroso Cirnen, mientras Jasper y Emmett atacaban a los otros dos vampiros.


-Te meterás en muchos problemas –amenazó Cirnen-, esto hará enfurecer al rey.


-No me importa –rugió Edward en respuesta.


Cirnen le mostró sus colmillos y comenzó la danza mortal.


Mis ojos fueron incapaces de seguir los rápidos movimientos, sólo escuché un fuerte estruendo y logré distinguir a Cirnen en el suelo. Los otros dos vampiros no se veían en mejores condiciones.


Alguien entró en el auto conmigo y yo casi grito hasta que me di cuenta que se trataba de Jasper.


Emmett y Edward entraron en la parte de adelante.


-Tenemos que salir de aquí –escuché decir a Jasper.


Comencé a temblar, ya no podía soportar más.


Los ojos dorados de Edward me vigilaban por el retrovisor.


-Jasper por favor –dijo.


-Lo sé –contestó este mirándome fijamente.


De pronto todo estaba bien, me sentía relajada, tanto que… me dormí.



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