Hola niñaas lindaas!
Aqui les dejo el finaal de esta hermosaa historiaa, espero que hayan disfrutado leerlaa tanto como nosotraas en publicarlaa. Graciaas a la autoraa por permitirnoos publicarlaa y sobretodo a ustedees por leer y permitir q este blog siga funcionandoo :)
Ahoraa seaan buenaas y despues de leer dejen sus comentarioos que son super importantees para nosotraas :)
besitoos niñaas
anitaa cullen!
**************************************
Cap.18. FUNDIENDO EL HIERRO
Catorce días, catorce largos y tortuosos días…
― Hola cariño— me saludo la dulce mujer que me estaba dando acilo, su nombre era Zulema Hale, la cálida abuela de mi mejor amiga Rosalie, camine por la estancia y me senté en uno de los taburetes del mesón de cocina— ¿Cómo has dormido?— pregunto caminando hacia mí con una taza y una jarra de café
― Bien— mentí, en catorce días aun no podía dormir bien y creo que era solo el comienzo de mi nueva vida.
― Qué bueno cariño, hoy abuelo Hale esta en el campo así que no lo veremos hasta el medio día— me conto haciendo alusión a su marido, Joshua.
― Que lastima pensé que seguiríamos con las lecciones de equitación— intente sonreír.
― Si, lamento no poder enseñarte hoy pero dijo que podías seguir practicando que en la tarde te enseñaría los saltos que querías.
― Bien— le dije y me dedique a tomar mi te.
Mi mente divago mientras ella me hablaba de un nuevo tejido que estaba iniciando, hace catorce días había llegado aquí cargando mi maleta y una horrible pena. Ellos son los abuelos de Rose y tienen esta hacienda hace muchas generaciones, Rosalie me dijo que ellos estarían encantados de recibirme y así lo comprobé al llegar. Había sido una imprudente escapando así ¿pero que más podría hacer? Ese hombre me había roto el corazón y no sabía cómo empezar nuevamente, se que tuve que dejar todo atrás pero por primera vez en la vida pensé en darme un respiro, mi padre y Kate estaban muy bien, sabía que con el dinero que había ganado con Edward ellos podrían mantenerse hasta que encontrara un nuevo trabajo pero eso no era lo que me preocupaba, aun seguía intentando hacer latir ese muerto corazón. Después de saber todo escape de la mansión y corrí hacia donde Rose a buscar una solución, no sabía dónde ir ni a quién acudir ella era la única que podría ayudarme, rápidamente ideo mi plan de escape y llamo a sus abuelos mientras yo iba a mi casa a dar una excusa. Mi padre como siempre sobre protector se asusto de mi imprevista aparicion y además de mi extraña huida pero como ya lo sabía pedí su confianza y él me la dio. Cuando ya todo estuvo listo partí rauda al aeropuerto y tome el primer vuelo a Arizona, lo demás era solo cosa de tiempo. Fui una cobarde y creo que podría haberme precipitado pero estaba segura que este tiempo me había servido, por lo menos para volver a respirar.
Termine mi desayuno y como todas las mañanas me despedí de Zulema para salir a pasear, ya se había hecho una costumbre el explorar los campos y caminar por los predios aledaños a la casa. La hacienda era enorme, tenía todo lo que pudieras imaginar, era rustica pero a la vez moderna, los abuelos de Rose a pesar de haber vivido toda la vida allí habían modernizado el lugar con el paso de los años. Salí hacia las terrazas y me maraville nuevamente con la vista, los campos en esta fecha estaban más verdes que las hojas de los arboles, a la distancia se veía el camino de entrada y salida era tan grande el lugar que se perdía entremedio de los montes. Aspire el aire puro que había para mi, era increíble lo que el campo podía calmarte, baje las escaleras y dirigí hacia las caballerizas.
― Buenos días señorita— saludo Billy, el mano derecha del abuelo Hale— ¿Cómo ha estado?
― Buenos días Billy, bien gracias ¿y tú?
― Muy bien señorita, ¿le ensillo su caballo?
― Si por favor— le pedí y me apoye en el barandal mientras ensillaba a chocolate, el caballo que me habían prestado los Hale.
Mientras el hombre trabajaba, nuevamente deje volar mis pensamientos, estos me llevaron lejos a otro estado en donde estaba el dueño de aquellos ¿Qué estaría haciendo él en estos momentos?, toda la semana me lo había preguntado pero enseguida lo recordaba el dolor volvía y dolía como la sal en una herida, era tanto lo que sentía la separación que me hacía sentir dolor el solo pronunciar su nombre, le había prohibido a mi mente y a mi corazón llamarlo. Cuando todo estuvo listo me subí en el manso caballo y partí hacia mi mañana de equitación, no había nada más que me gustara que estar en el campo cabalgando, en solo catorce días hubiera aprendido y lo único que hacía era estar con Chocolate recorriendo los predios. Las mañana siempre se me iban rápidas pero salía a recorrer porque era lo único que me mantenía lejos de la realidad, de esa espantosa realidad que aun me esperaba cuando volviera a Chicago, sabía que la vida jamás seria igual y que él nunca volvería a ser parte de ella así que tenía que hacer todo lo posible por olvidad, aunque sabía que eso jamás sucedería.
Hoy era un día nublado, las enormes nubes en el cielo hacían presagiar que una tormenta se acercaba y que estaría por aquí muchos días, de las casi dos semanas que llevaba aquí nunca había visto ni una nube en el cielo, todos los días parecían más soleados que el anterior y los grados de calor subían hasta niveles sofocantes pero hoy al parecer sería diferente. Regrese a la casa y Zulema estaba cocinando como siempre, entre en la cocina y una amigable sonrisa me recibió.
― Hola cariño, mi nieta te ha llamado, dijo que le devolvieras la llamada a penas pudieras— me dijo con algo de preocupación.
― Claro, ¿me prestas el despacho?—
― Por supuesto, en unos minutos estará listo el almuerzo
― Está bien, vuelvo enseguida.
Camine a toda prisa hacia donde había un teléfono y un lugar sin intromisiones para poder llamar, marque ese número que me era tan familiar y espere a que me contestaran.
― ¡Bella!— exclamo Rosalie— hola cariño ¿Cómo estás?— pregunto ansiosa, era la primera vez que hablaba con ella desde que llegue, me había dicho que no llamaría ya que tenía que darme mi espacio y se lo agradecía infinitamente.
― Rosalie que gusto escucharte, bien gracias ¿y tú?
― Yo bien— me dijo y comenzó a hablar como una parlanchina, la había extrañado muchísimo, me había acostumbrado a verla a diario. Después de varios minutos me comenzó a contar sobre papa y Kate, me dijo que estaban bastante bien pero eso yo lo sabía ya que hablaba con mi padre casi a diario, el creía que estaba en una especie de misión especial en una zona aislada— llevo hablándote como loca por más de cinco minutos— me dijo riendo a carcajadas— se nota que me haces falta.
― Si igual que tu a mí, te extraño mucho.
― Bella yo…— me dijo y cayo
― ¿Qué sucede?— pregunte con la duda.
― La verdad te llamaba para otra cosa, ayer Emmett me conto algo— un silencio se apodero de la llamada— y no sabía si contarte o no pero creo que es importante que lo sepas.
― ¿Qué sucede?— volví a insistir.
― Ayer Emmett me hablo de Edward— pronuncio su nombre y mi pecho se contrajo— me conto muchas cosas sobre él y además me conto como ha estado desde que te fuiste— no podía hablar cada musculo o fibra de mi ser estaban concentradas en lo que me decía Rosalie— yo sé que no se merece que tú te apiades de él, bueno tal vez si ¡ah! Ya no se qué creer— me dijo con la incertidumbre, por primera vez en dos semanas quise saber de él, aun mas que respirar
― Cuéntame— susurre— que es lo que sucede con él.
― Bueno mira… Emmett me conto que él está sufriendo bastante, desde que tú te fuiste le han dado crisis más fuertes y lo peor es que se encerró en su despacho, lleva ahí lo mismo que tu llevas lejos de su casa.
― Dios— susurre con verdadera preocupación— pero…
― Mira Bella, Emmett me conto que por intermedio de Will había sabido muchas cosas de Edward, la mujer que tu viste en la televisión no es la novia de Edward— soltó y por un momento mi corazón quiso creerlo, me senté en una silla que había cerca y deje caer mi cabeza hacia una de manos— Emmett también me conto que Edward se había peleado bien feo con su padre por lo que hizo, su familia casi se separa por lo que hizo el padre, Will le conto a Emmett que sus familiares han tratado de hablar con Edward pero él no quiere recibir nada de ellos.
― Demonios…— susurre nuevamente sintiendo el peso de sus acciones, aunque tal vez todo lo que había pasado hubieran sido unos cuantos malos entendidos había algo que nadie me podría desmentir, la infidelidad con la mujer de Black.
― Bella— me llamo Rose haciéndome reaccionar— esto está muy mal, tu estas sufriendo y al parecer el también, no era tan plomo como todos pensábamos, al menos con lo que me conto Emmett me llega a dar pena
― ¡NO!— le grite alarmada— no se te ocurra decirle donde estoy, no sé qué hacer si lo veo nuevamente— le dije con verdadero pánico.
― Lo sé tranquila, no le diré a nadie, Emmett me ha tratado de convencer por todos los medios pero no ha podido así que tu secreto está a salvo conmigo— a pesar de todo sonreí, sabía que nadie aparte de Rose podría encontrarme en la inmensidad de Arizona.
― Gracias Rose, cualquier cosa nueva que sepas llámame, quiero saber como esta.
― Bien, nos hablamos entonces
― Adiós
― Adiós.
Colgué el teléfono y sentí como el peso de mi corazón se venía hacia el suelo, Edward estaba sufriendo pero yo lo hacía más, ¿de verdad el abra sentido algo por mí como para sufrir por mi partida? Eso no lo sabía y creo que jamás nadie me lo respondería. Salí nuevamente de la habitación, Joshua ya había vuelto y estaba junto a Zulema esperándome para almorzar.
― Hola Bella— saludo el anciano— ¿lista para las clases de la tarde?— pregunto con mucho animo
― Claro que si— le respondí intentando igualar su estado
― Hoy te enseñare unos cuantos saltos mas, Chocolate ya está listo para la carrera.
― Gracias Josh no sabes lo que significa para mí.
― Ya déjate de dar las gracias— me regañó la abuela— será mejor que disfrutes el estar aquí al igual que como nosotros disfrutamos de compañía, es agradable tener a una jovencita joven y hermosa como tú en el rancho.
― Gracias— susurre y comenzamos a almorzar.
La tarde fue igual que las demás, mientras estábamos en el enorme corral de entrenamiento Josh, Bill y algunos vaqueros más me enseñaban como dar buenos saltos montada en chocolate, el caballo al parecer le encantaba saltar ya que no rechistaba nada.
― Creo que podrías hasta cabalgar en alguna competencia Bella— me dijo el señor Hale con una sonrisa, mi risa resonó en el campo.
― Claro que no abuelo, creo que te equivocas— le dije de manera cariñosa, Chocolate relincho intentando opinar en la conversación
― Ve señorita hasta su caballo está de acuerdo— agrego Bill y todos reímos, inste a chocolate a ir nuevamente hacia las vallas de salto para seguir practicando. Al cabo de unos minutos había recorrido nuevamente el trayecto de las vallas y estaba terminando el circuito. Me baje del caballo para disfrutar de una rica limonada que la abuela Hale nos había traído.
― Parece que tenemos visitas— dijo la voz de Bill a mis espaldas me gire y observe que en el camino de la entrada venia llegando un auto de color negro, mi ojos se entrecerraron al intentar distinguirlo, Bill tomo las riendas de chocolate y lo aparto de los corrales, me habían contado que el caballo se ponía nervioso con los autos.
― No puede ser…— susurre soltando el vaso de limonada.
― ¿Qué pasa cariño?— pregunto Zulema sujetándome del brazo, mire hacia el camino que llegaba casi a la entrada de la casa y un mercedes de color negro apareció en el estacionamiento de la hacienda.
― Puede ser algo comprador de caballos— dijo Josh y comenzó a caminar hacia el estacionamiento.
Edward, él había llegado, estaba segura, era su auto. Dios mío, mis piernas comenzaron a sentir los estragos de la posible presencia que estaba dentro de ese auto ¿sería él?, no lo sabía pero ya tenía un mal presentimiento de todo eso ¿Cómo se habría enterado de mi paradero? Mire hacia los lados y no tenia forma de escapar, el auto ya estaba demasiado cerca y si era él, solo en dos zancadas me alcanzaría a donde quiera que fuera. ¡Demonios!, gritaba en mi mente, maldecí todo lo que pude pero la sangre se me helo aun mas cuando la puerta del auto se abrió y vi al hombre que salía de él.
― ¿Will?— pregunte al viento, la figura del mayordomo tan elegantemente vestido se asomo del auto y miro hacia su alrededor posando sus ojos en los míos.
― ¿lo conoces cariño?— pregunto la voz de la mujer que estaba a mi lado
― Si… si— tartamudee nerviosa, comencé a caminar hacia donde estaba parado, Joshh ya estaba junto a él— ¿Qué haces aquí?— pregunte llegando a su lado
― Buenas tardes señorita, que gusto verla nuevamente— me dijo con una sincera sonrisa.
― ¿lo conoces cariño?— preguntó el abuelo Hale— dice que necesita hablar contigo— me dijo y mi cuerpo se paralizo, ¿le habría pasado algo a Edward?, me pregunte al mismo tiempo que sentía mi cara perder el color y el calor.
― Tranquila— me dijo su suave voz— el señor está bien si se está preguntado pero también es de el de quien necesito hablarle.
― No quiero saber nada de Edward, Will. Creo que quedo más que claro cuando me fui de la mansión.
― Te dejare sola cariño, si gustas puedes ocupar el despacho— me dijo el abuelo besando mi coronilla
― Gracias abuelo— le dije
― Un placer conocerlo señor Lickwood— le dijo el hombre al mayordomo.
― El placer fue mío señor Hale— le hizo una reverencia y volvió a mirarme, el abuelo se alejo de nuestro lado y volvió a los corrales. En unos segundos comencé a pesar, ¿Cómo demonios había dado Will con mi paradero? Solo por saber eso hablaría con él.
― Está bien Will, sígueme— le dije y el hombre asintió con una sonrisa, no podía negar que me alegraba verlo, lo había extrañado.
Caminamos en silencio hacia el despacho, entramos y me senté en uno de los sillones, le pedí que me acompañara mientras nos sumíamos en un silencio que se rompió a los pocos segundos.
― ¿Cómo me encontraste Will?— le pregunte de inmediato, el hombre me miro por unos segundos y suspiro
― La mande a seguir señorita—me confesó haciéndome enmudecer— lo siento pero contrate, sin que el señor supiera, a un investigador privado quien la encontró aquí.
― ¿me mandaste a investigar?— pregunte con torpeza y aun sin poder respirar.
― Si, lo lamento— me dijo nuevamente— quiero que sepa que el señor Cullen no tiene nada que ver en esto, de hecho el ni siquiera sabe que estoy aquí— mire sus ojos y pude encontrar veracidad en ellos.
― ¿Por qué viniste Will?— pregunte recuperando el aire que se había escapado de mi cuerpo.
― Quiero hablar con usted como le dije necesito que me escuche
― Habla— le pedí con mi voz endurecida.
― Señorita… vengo a abogar por el señor Cullen— me dijo y suspiro— se que usted no quiere saber nada de él pero necesito que me escuche— no quise decirle que tal vez yo sabía todo lo que venía a decirme.
― Entonces habla, quiero escucharte
― El señor Cullen ha estado realmente mal, el día que usted se fue el llego a las pocas horas de que usted se marcho, déjeme decirle que estaba desecho con su partida, creo que jamás lo había visto así— no podía hacer nada más que observarlo, mi cuerpo estaba petrificado en el sofá, aunque no debían las palabras me dolían aun más de lo que había pensado imaginármelo sufriendo era también un sufrimiento para mí, lo amaba y jamás desearía verlo mal— ese día en la noche después de que leyó su carta lo fui a ver y lo encontré inconsciente en el despacho, fue tanta mi desesperación que llame al doctor Emmett y solo unas cuantas horas después el reacciono.
― ¿cayo al hospital?— pregunte tensa
― No, por suerte el doctor la controlo a tiempo— me dijo y pude volver a respirar— desde ese día el señor no ha querido salir de la casa, se lo pasa de su habitación al despacho…—
― ¿mi habitación?— pregunte con asombro
― Si, el ha formado una especie de tempo en aquel cuarto— sonrió débilmente— señorita yo puedo decir que conozco a ese hombre mejor que nadie en este mundo, he sido testigo de sus logros y de sus derrotas, de sus penas y alegrías pero jamás lo había visto tan derrotado como lo está ahora, usted dejo la casa y se llevo la luz que había en sus ojos.
― Yo no me lleve nada Will, Edward nunca…—
― No lo diga señorita, no diga que él no la ama si usted no lo sabe, le aseguro que se llevara una sorpresa cuando lo vuelva a ver
― Eso no pasara— respondí tajante— yo no lo quiero ver.
― No se niegue el escucharlo, el lo único que quiere es encontrarla, se lo aseguro. Tanto es lo que me preocupa que es por eso que llame a un investigador e hice que la buscaran, el señor y usted se están consumiendo en la pena de estar separados— sonreí, era verdad por lo menos de mi parte, la pena de estar alejada de él me estaba matando
― ¿sabes? Tienes razón pero hay muchas cosas que yo no puedo olvidar, por mucho que lo ame— acepte frente a un tercero por primera vez— no puedo olvidar Will, no puedo.
― Lamento escuchar eso de su boca señorita, le aseguro que comete un error, lo último que le diré es que no se cierre a la posibilidad, aunque usted no lo crea ustedes están hechos el uno para el otro— afirmo y mi pecho se contrajo, las lagrimas no esperaron a salir y recorrieron mis mejillas. Escondí mi cara en el reflejo de la ventana— lo veo en sus ojos cuando se miran, confío en que un futuro próximo usted vuelva a la casa pero como algo más que la señorita Swan— observe por el reflejo de la ventana como el hombre se ponía de pie y se acercaba a la puerta.
― Will— lo llame girándome sobre mis talones y mostrándole lo dolida que estaba, mi rostro estaba bañado en lagrimas— gracias— susurre
― De nada— respondió— es un placer servirla señorita— me dijo con una de sus usuales reverencias. Abrió la puerta y salió.
― Dios mío— susurre y me deje caer por el vidrio.
El llanto que había guardado por largos catorce días salió a flote como un huracán, la fuerza de mis quejidos era impresionante, dolía, dolía más que nada en el mundo el estar lejos de él. Si tan solo supiera lo que paso realmente, si Edward se presentaba aquí ¿Qué haría?, me pregunte. Ni siquiera tenía idea mi cuerpo se estremecía con solo pensarlo. Como pude me fui a mi habitación y me encerré allí, el llanto casi no me dejaba pensar, amaba tanto ese hombre que sería capaz de hacer cualquier locura por el pero no sabía hasta qué punto el estaba dispuesto por mi y eso era lo que más me dañaba, que tal vez jamás podría saberlo.
La noche fue la peor de todas, tuve un insomnio que no se paso hasta casi la madrugada, mis pies recorrieron ansiosos la habitación, ni siquiera sabía si Will le diría a Edward de mi paradero pero si lo hacía ¿él vendría por mi?, tenia tatas preguntas en mi cabeza pero no sabía cual responder. Intente dormir pero cuando el sol salió desistí, hoy se cumplían quince días de haber partido del lado de Edward y parecía que hoy nada cambiaria.
― Buenos días cariño— me saludo Zulema con voz dulce— ¿Cómo has dormido?
― Bien— mentí como todos los días— creo que tengo algo de insomnio ya que me costo conciliar el sueño
― Que mal querida, hoy en la tarde tomate un vaso de leche y acuéstate temprano para que recuperes tu energía.
― Eso hare— le dije y me senté a desayunar como todos los días.
Todo parecía igual, por la mañana Salí a cabalgar y estuve recorriendo partes que no conocía, el aire de las montañas me hacia entrar en calma, mis ideas y mis pensamientos tenían que enfriarse, sin duda tenía que tomar una decisión, ¿volver o desaparecer por un tiempo?, cualquiera de las dos implicaba sufrimiento ya que si me iba tendría que dejar a mi padre y hermana pero si volvía tendría que enfrentar a Edward y aun no estaba lista para eso. Mientras cabalgaba llegue a un pequeño rio, me baje del caballo y lo acerque para que pudiera beber agua, era tan fácil estar aquí, mi vida sería tan sencilla estando en el campo y lejos de la ciudad, tal vez si me iba por un tiempo debería buscar una parte así para vivir, lejos de cualquier adelanto tecnológico, lejos de alguna cosas que pudiera recordarme al dueño de mis lamentos. Estuve largo tato observando el correr del agua y a Chocolate disfrutar de ella, sin hacer presión a mi cabeza mi traicionara mente comenzó a recordar todos los momentos que había estado con él, aun quemaban en mi piel sus besos y caricias, si me concentraba bien parecía sentir sus manos en mi cuerpo y sus besos en mis labios pero al abrir los ojos me daba cuenta de que estaba sola y que la realidad era otra. Aun así seguía cerrándolos y concentrándome en el olor del viento, tal vez podía ser afortunada y esa fragancia tan especial podría llegar a mis sentidos, aspire fuertemente y mis rezos habían sido escuchados, el olor tan particular de Edward se coló por mis sentidos y me hizo estremecer.
― Edward— susurre en la inmensidad— Edward— lo volví a llamar sabiendo que mi voz se ahogaría con la brisa de los arboles, baje mi cabeza aun con mis ojos cerrados, la fragancia era tan fuerte que mi cuerpo comenzó a pensar por sí solo, ¿Cómo podía ser esto? Mi traicionera mente me quería hacer sufrir una vez más ¡y como lo hacía! Trayéndome el olor que me hacia recordarlo aun más claramente, podía ver el color verde intenso de sus ojos y sentir su mirada recorriendo mi cuerpo, sin poder evitarlo me estremecí y cerré con aun más fuerza mis ojos, las imágenes tenían que desaparecer como sabia lo haría la fragancia que me martillaba los sentidos. Por una razón que aun desconocía el olor no se iba y cada vez se hacía más fuerte, abrí mis ojos rápidamente y palidecí al ver lo que tenía enfrente, los mismos ojos de mi mente se habían materializado frente a mí junto a todo lo demás.
― Bella— susurro el producto de mi imaginación que parecía más vivo que nunca— al fin te encontré— dijo esa imagen que estaba frente a mí, extendí mi mano cruzando las barreras del viento y toque esa piel… esa suave y tersa piel que a pesar de todo aun seguía siendo la que recordaba. Mi mano se poso en ella y ambos cerramos los ojos ante el contacto, las sensaciones que experimentaba mi cuerpo con aquel tímido contacto eran avasalladoras que desencadenaron la reacción contigua
― ¡Edward!— grite separándome bruscamente de el— estas aquí— afirme parándome rápidamente del pasto y alejándome de él, por unos segundos lo mire y era el pero estaba distinto, unas sobresalientes ojeras delataban en el estado en el que se encontraba, sus ojos que normalmente chispeaban al mirarme ahora tenían un apagado brillo, el fulgor había desaparecido— pero… pero…— comencé a decir nerviosa, mi corazón latía desbocado y parecía querer salir de mi pecho para correr hacia donde estaba el. Intente controlar mis impulsos pero él fue el primero en hablar.
― No sabes cuánto deseaba verte— me dijo con voz pausada, el solo escucharlo tan cerca de mi me hacía temblar, tenía un montón de sentimientos encontrados pero los más fuertes eran un debate que habían iniciado mi cabeza y mi corazón.
― ¿Qué haces aquí?— pregunte en un hilo de voz.
― Necesitaba verte, saber que estas bien— me dijo, me sorprendí al verlo con detenimiento, venia un pantalón casual y solo una camisa, atrás habían quedado los trajes y las corbatas que yo tantas veces había sacado… sacudí mi cabeza lentamente ante mis pensamientos.
― Ya me has visto, ahora por favor vete— le pedí casi en una súplica.
― No puedo, no quiero irme, la única forma en la que me iré será llevándote conmigo— me gire para esconder la debilidad que sentía, no tenía idea lo fuerte que sería verlo nuevamente, hasta la más ínfima parte de mi cuerpo me rogaba por aceptarlo y lanzarme en sus brazos pero tenía que ser fuerte y si él no podía negarme la infidelidad tendría que tener el valor suficiente para alejarme de él para siempre
― Yo no me iré contigo— logre articular apretándolos puños— lo lamento pero me quedare aquí pero dime ¿Cómo demonios llegaste hasta aquí?— me gire de medio lado para verlo pero mi cuerpo se estremeció solo con presenciar la imponente figura del hombre
― Digamos que alguien se apiado de mí y me dio la dirección.
― ¿Will?— pregunte
― ¿Will?— me contesto con la misma pregunta— ¿acaso el sabia de tu paradero?— pregunto con extrañeza
― Claro que no, solo estaba adivinando— así que era verdad que él no sabía de la visita, preferí guardar silencio no quería causarle problemas al hombre que abogaba por este amor.
― Necesitamos hablar Bella, tienes que escucharme
― ¿ah sí?— pregunte girándome para encararlo— creo ya he escuchado suficiente— una mueca salió en mi rostro y camine hacia donde estaba chocolate pero antes de que pudiera dar dos pasos unos brazos fuertes me sujetaron y me hicieron girar para perderme en la sensación mas abrumadora que había sentido jamás.
― No te vayas, no me dejes— susurro cuando ya estaba encima de mis labios.
El beso comenzó despacio, Edward beso mis labios con la misma adoración de siempre, solo que esta vez fue mucho más intenso, su dulce boca toco la mía y me hizo perderme en la sensación de pronto todos los recuerdos que había reprimido saltaron en mi cabeza haciéndome sentir aun más fuerza en el beso. Sus manos sujetaron mi cintura y su lengua se adentro en mi boca, como era dulce ese sabor… decía mi mente, su elixir se fundió con el mío haciéndome perder una vez más la cabeza y entregarme al delirio. Sus manos se cernían fuertemente a mi piel y no me dejaban escapar, cuando el aire se hizo imprescindible aparte mi cabeza y respire pesadamente pero como buen drogadicto me acerque a él y lo volví besar con aun mas ansia, habían sido quise largos días sin él y parecían el invierno mas frio que me había tocado vivir. Perdí la cabeza entregándome a las sensaciones que él me producía no paso mucho tiempo hasta que le beso tomo matices cada vez mas apasionados, sus manos recorrieron mi espalda pegándome a su cuerpo, un frio se coló por mi espalda indicándome que sus manos buscaban mas contacto… pero esperen… el mismo frio me hizo reaccionar, esto no podía ser ¡no podía!
― Suéltame Edward— le dije intentando apartarme, el me soltó de inmediato asombrado por mi reacción, sus ojos se abrieron de par en par para observarme atentamente— no— le dije caminando rápidamente hacia el caballo— no puedes llegar después de lo que paso, besarme y pretender que no paso nada ¡NO PUEDES!— le grite y me monte sobre chocolate, a unos cuantos pasos mas había otro caballo, el que llamaban Crema ya que era de un color blanco casi albino.
Cabalgue a toda prisa por los campos de los Hale y solo pasaron unos cuantos segundos para sentir el galope de Crema pisándole los talones a Chocolate, apure al caballo y llegue antes a la casona. De la loma había divisado un auto de color negro y de vidrios polarizados pero al parecer no tenia chofer ¿Edward habría venido conduciendo solo?, no me importaba o por lo menos fingía que no lo hacía. Me baje de Chocolate y entre como un vendaval a la casa, sin duda alguna ahí estaría protegido. Me encerre en mi habitación cerrando con pestillo, no quería ver a nadie y no quería ni siquiera pensar en que Edward estaría por ahí rondando la habitación. Espere y espere pero al parecer el no vendría a buscarme adentro, cuando me sentí segura y a salvo el llanto se dejo salir, una hilera de sollozos y jadeos de desesperación salieron de mi pecho ¿tanto me afectaba la presencia de Edward? Si, bastante… respondió mi mente, no podía negarme que al verlo nuevamente y no solo eso, probar de sus labios había hecho una nueva herida en mí, quizás cuanto tiempo me costaría cerrarla. No se cuento rato estuve ahí pero era lo único que quería hacer, llorar y llorar, mi corazón y mi alma me dolían por tenerlo tan cerca y no poder estar con él, a pesar de todo lo amaba y a mi corazón no le importaba lo que había pasado ¿será una señal?
Me levante del suelo cuando mis piernas se comenzaron a dormir, aun con el pestillo puesto me aoville en la cama tapándome con una colcha, lo único que quería era dormir y olvidar que el estaba aquí, tenía miedo, pánico al descubrir de sus propios labios que todo había sido verdad. Mi cuerpo no podría soportar tamaña decepción, sabía que si él me lo confirmaba seria el tiro de gracia. Con todo el sueño que tenia aguardándome no me di cuenta cuando caí en un profundo reposo, mi mente aun me lo recordaba a cada instante. En mis vividos sueños el aparecía junto a mí, amándome y queriéndome más cada día, en una hermosa casa y muchos niños corriendo a nuestro alrededor, de solo pensarlo mi corazón dolía profundamente, sabía que tal vez ese sueño jamás se haría realidad. Me removí inquieta en mi cama, lo que pasaba en mi mente me hacía sentir aun mas mal, mis pies y manos estaban muy fríos, cuando abrí mis ojos comprendí la razón ya había anochecido y el frio de los campos se colaba por mi ventana.
Destape mi cuerpo y me puse de pie, la habitación estaba completamente oscura, el reloj de la pared indicaba que era pasada la medianoche, seguramente Edward se abría ido, no pude evitar sentir decepción por aquel pensamiento sin duda verlo una vez más me haría daño pero mi corazón era lo suficientemente masoquista para soportarlo. Me puse un chaleco de lana y me arregle el cabello, mi garganta estaba seca así que saldría por un poco de agua. Abrí el pestillo de la habitación suavemente y deslice la puerta hacia dentro, mis ojos recorrieron el pasillo rápidamente y comprobaron que no había nadie rondando por ahí. Me aventure a salir, recorrí lentamente el pasillo hasta llegar a la enorme escalera que descendía hacia el primer piso. Mis ojos nuevamente examinaron la estancia pero como estaba completamente oscuro no distinguí si había alguien más, baje peldaño por peldaño hasta estar en el primer piso. Camine hacia la cocina y prendí las luces, el frio de la casa me helo hasta el último de mis huesos, se sentía igual de solitario y frio que mi corazón, mi alma próximamente se uniría a este para quedar eternos en ese estado. Mientras llenaba el vaso para beberlo mis ojos se llenaron de lagrimas, el se había ido pero ¿Qué esperaba? ¿Que después de lo que dije e hice él se arrojara en mis brazos a pedir un perdón que tal vez ya tenía? ¿Lo tenía?, me pregunte a mi misma ¿sería capaz de perdonar la infidelidad de Edward y seguir adelante?, mi corazón aun albergaba la esperanza de que ese también haya sido un error. Levante mi cabeza cuando una melodía conocida llego a mis oídos, mis ojos se ensancharon y mi corazón comenzó a latir desbocado ¿sería posible…?
― Edward— susurre en la inmensidad de la cocina— es el… esta aquí— volví a decir en el mismo tono de sorpresa.
A mis oídos llegaba la misma melodía que él una vez había tocado para mi, Chopin vino de inmediato a mis pensamientos, mis ojos se llenaron de lagrimas y estas se derramaron a los pocos segundos por mis mejillas, me tarde solo unos instantes en descubrir que el aun seguía aquí. Mis pasos salieron raudos en busca de la fuente de la melodía, no recordaba haber visto un piano en la casa pero tampoco podría asegurarlo porque no me había dado el tiempo de recorrer toda la propiedad, la música con el pasar de los cuartos se hacía cada vez más fuerte, mi pecho se agitaba frenético al igual que mi corazón ¿Por qué él me hacía sentir así?, creo que jamás nadie podría lograr un efecto de tal magnitud conmigo. Mis pasos se detuvieron en unas enormes puertas de madera al final del pasillo, una tenue luz se colaba por el pequeño espacio que había entre ellas, tenía el cuerpo temblando y mis manos sudaban, creo que estaba en la peor crisis nerviosa que había tenido desde hace mucho tiempo. Con el miedo más grande de mi vida empuje suavemente las puertas exponiendo una imagen que jamás pensé ver nuevamente.
La música se coló en todos mis sentidos envolviéndome completamente, la habitación era un salón gigantesco, perfecto para una fiesta o alguna reunión, al centro e iluminado solo por la luz de la luna que se colaba por los enormes ventanales estaba el dueño de mi corazón, Edward Cullen tocando nuevamente la melodía para mí. Mi cuerpo y mi corazón reaccionaron al unisonó al verlo tan cerca nuevamente, sus dedos bailaban elegantes por la superficie de las teclas, su cabeza se giro y la potencia de su mirada me hizo estremecerme, sus ojos brillaban con aun mayor incandescencia que la tarde, el brillo y el fulgor de su mirada había vuelto. Sin pensarlo y guiada solo por mis instintos me acerque al piano, mis manos pasaron por la enorme cola y la base de las velas, los ojos de él me seguían atentos mientras tocaban la melodía, dejando el ultimo resquicio de cordura y escuchando a mi corazón me senté junto a él, una sonrisa se extendió por su rostro y me dio a entender que estaba feliz por nuestra cercanía ¡tanto que lo había extrañado!, ahora al tenerlo frente a mi supe que si el hubiera estado junto a mi cuando me fui de su casa no habría podido hacerlo, era tanto lo que sentía por el que jamás podría haberlo dejado.
― Creo que tenemos que hablar— le dije iniciando la conversación, lo mire y el parecía de acuerdo conmigo ya que asintió terminando de tocar las ultimas notas y dándole fin a la dulce melodía, su camisa que antes había estado perfectamente ubicada ahora estaba arremangada sobre sus codos y su cuello abierto me dejaba ver parte de su pecho.
― A eso he venido, quiero abrirte mi corazón— me confesó dejándome asombrada, mi boca se entreabrió un poco con sus palabras ¿Qué tenía que decirme ese corazón?
― Edward yo…— comencé a decir buscando algunas respuestas pero su dedo acalló cualquiera pidiéndome que guardara silencio
― El que más tiene que hablar soy yo, Bella. Primero que todo necesito aclararte tres cosas, la primera es que mi padre actuó de manera precipitada el me comprometió con esa mujer sin decirme nada, por suerte el tema esta zanjado y el compromiso roto— comenzó a decir, se giro sobre el taburete quedando con una pierna a cada lado y mirándome directamente— la segunda es que lamento mucho lo que te dijo mi padre por el teléfono, créeme que se lo hice saber…
― ¿te enfadaste con el verdad?— pregunte
― Eso es poco— sonrió y mi corazón aleteo como un colibrí delante de una flor— si pudiera lo habría ahorcado con mis propias manos… pero ese no es a lo que quiero llegar, prometo que de aquí en adelante nadie más osara decirte nada, te protegeré con mi vida si es necesario— sus palabras salieron verdaderas, podía sentirlo, estaba extasiada solo con el rose de su voz en mi piel— y lo tercero….— cayo y examino mi expresión— es que jamás me habría acostado con otra mujer después de ti Bella, no ha habido nadie después de que tú fuiste mía— mi pecho dejo de ventilar y mi cuerpo se helo, era lo que quería escuchar pero no me lo imaginaba de esa manera— se que pensaste que lo había hecho y no te recriminare por eso ya que mi conducta del pasado no me ha dejado bien parado pero ahora puedo decirlo con convicción, jamás nunca tocare a nadie si tú estás conmigo, Bella quiero que seas mi mujer para siempre— sentencio, mi cuerpo estaba petrificado, mis ojos rápidamente acumularon nuevas lagrimas que dejaron caer al verse rebalsados…
― Edward yo… dude de ti, creí que te habías acostado con otra mujer— le dije sintiéndome la peor persona del mundo, solo tenía su palabra como prueba y aunque tenía todo en contra yo le creía, no vi mentiras en sus ojos, el me estaba diciendo la verdad
― Lo sé mi amor— me dijo haciéndome respirar nuevamente, mi amor… que bellas sonaban esas palabras en su boca— y juro que jamás te juzgare por eso, se que tenia las de perder, lo importante ahora es saber si me crees— me dijo levantando mi barbilla con uno de sus dedos, mi corazón ya no daba más… teníamos que aclarar esto ya.
― Si Edward, creo en ti… ahora que veo tus ojos se que jamás podrías haberme engañado y me siento mal por haber dudado de ti— escondí mi mirada, había sido tan ciega…
― No Bella— me corrigió llevando mi cara al frente— eso ya no importa más, ahora es el futuro el que me interesa. Habiendo aclarado todo esto hay solo una cosa que me queda por decirte.
― ¿Qué es?— pregunte entre sollozos
― Te Amo— una enorme sonrisa siguió a sus palabras, me quede por varios segundos observando su rostro a la luz de las velas.— te amo desde el primer momento que te vi, te ame cuando escuche tu risa, te ame cuando sentí tu piel en contacto con la mía, te ame cuando hicimos el amor, cuando me besabas, te amaba mientras estaba lejos, te he amado siempre Bella, creo que desde hace mucho que te esperaba y sé que ahora no puedo vivir sin ti, no habrá nada en el mundo que nos separe, ¿quieres pasar el resto de tu vida conmigo?— me pregunto dejándome aun mas sorprendida era la declaración de amor mas romántica del mundo y lo mejor de todo que era solo para mi, el me amaba y quería estar conmigo, la vida no podría ser mejor…
― Edward…— susurre—Te Amo— le dije tomando su rostro, sus manos se pegaron a las mías y las llevo hacia su boca para besarlas— te amo tanto que no podría vivir sin ti, mi amor.
― Que dulce es escuchar eso, no sabes todo lo que espere por escuchar tus palabras— confeso pasando sus manos por mi cintura y atrayéndome hacia él, sin poder esperar más el contacto me senté ahorcadas y lo abrace— no sabes lo que he sufrido sin ti— me dijo rosando mi boca con sus labios— te amo tanto Bella que duele no tenerte a mi lado, he estado en tortura quince días completos.
― Al igual que yo, ha sido un dolor tras otro, pero ya no mas
― No mas— susurro besándome con toda esa pasión que había estado reprimida— juro que nunca te iras de mi lado, hare feliz cada día que estés conmigo, te amo— me dijo dando pequeños besos en mi boca, mi cuerpo se apretó a su estructura, se sentía tan bien el calor de su piel. mis manos buscaron contacto con su cabello y lo atrajeron hacia mí.
Mi cuerpo se sentía vivo por primera vez en mucho tiempo, había ansiado más que el aire que respiro este contacto, estaba en sus brazos, el me amaba y comenzaríamos una nueva vida, juntos, creo que nada podría salir mejor. Sus manos me acariciaron la espalda, sus besos eran tiernos y dulces pero a la vez notaba la necesidad que había en ellos, era la misma que tenía yo, el haber estado tanto tiempo separado tenía sus consecuencias.
― No sabes cómo extrañaba tu piel, soñaba todos los días con tenerte conmigo, tu aroma tan especial—decía mientras bajaba de mi boca hacia mi cuello dejando un camino de besos húmedos— adoro besar tu piel mi amor, es un privilegio— susurro contra la base de mi cuello haciéndome estremecer.
― Edward— jadee buscando aire, mis hormonas comenzaron a reaccionar al contacto de sus manos, mi espalda fue sacudida por corrientes eléctricas cuando el subió sus tersos dedos por ella
― Eres mía Bella, nunca te vuelvas a apartar de mi lado— me pidió mientras besaba mi pecho, sus besos iban cada vez descendiendo mas hasta que llego a la base de mis pechos, el solo sentirlo ahí me hizo arquear mi espalda y gemir, el movimiento provoco un roce entre nuestros sexos acrecentando la burbuja de excitación que se estaba formando
― Háceme el amor Edward— le pedí bajando mi cabeza y mirando sus oscuros ojos.
― Toda la vida mi amor, toda la vida— me dijo, sus manos me sujetaron por mi trasero apegándome a su cuerpo, se levanto del taburete y comenzó a caminar llevándome con él.
― ¿A dónde vamos?— pregunte entre risas y besos.
― Quiero que vuelvas a ser mi mujer en la suavidad de una cama, además el piano puede esperar— contesto con una sensual sonrisa que me hizo estremecer ¿era una promesa? ¿volveríamos a estar sobre algún piano amándonos?, estaba segura de que si.
Edward me llevo hacia mi habitación, cuando estábamos en el interior me dejo en el suelo y cerro con pestillo la puerta, camine entre las sobras y la luz de la luna, mis ojos recorrieron la hermosa cama de edredón blanco en la que haría el amor con el dueño de mi corazón. Edward paso sus manos por mi cintura apegándome a su cuerpo, su boca busco de inmediato mi cuello y comenzó a besarlo, se sentía tan bien estar entre sus brazos, descanse mi cabeza en su hombro y me rendí a sus caricias. Sus manos sacaron lentamente los botones de mi blusa dejándome en ropa interior, las mías se fueron a su cuello pegando su boca aun mas a mi piel, necesitaba sentirlo cerca.
― Desde la primera vez que estuviste cerca mío no podía dejar de pensar como era tu piel— sus manos subieron de mi cintura a mis pechos acariciándolos suavemente— tu despertaste mi deseo de una forma en la que nadie lo ha hecho Bella, despertaste mi corazón con tu amor— me giro dejándome enfrente de el— y te amo por eso, porque me haces sentir lo que es el amor puro, cuando creía no poder amarte mas, siempre me sorprendía porque sentía cosas aun mas fuertes por ti— sonreí sin poder evitarlo, sus palabras eran miel en mis oídos.
Sus dedos acariciaron la orilla de mi pantalón, una sonrisa apareció junto con la oscuridad de sus ojos. Con un sumo cuidado y descubriendo nuevamente ambos cuerpos nos terminamos de desvestir. Edward me tomo entre sus brazos y me recostó en la cama, beso cada parte de mi piel con una devoción que casi me hacia llorar, sentía tan intensas sus caricias que una explosión de placer pronto se daría en mi. Sus besos llegaron a mi vientre, detuvo sus besos para acariciar la piel que allí se extendía.
― Y aquí— susurro mirándome a los ojos— aquí crecerá nuestro hijo— me dijo sonriendo y besando mi vientre— el fruto de nuestro amor.
Sus besos continuaron hacia arriba hasta llegar nuevamente a mi boca, el roce de su cuerpo y de su erección contra mi piel me hacían excitarme cada vez mas. Giramos sobre el edredón quedando yo encima de él. Bese su cuerpo con frenesí y pasión, lo había extrañado tanto que hasta había imaginado sus manos rozando mi piel, los ojos de Edward y los gemidos que salían de su boca me decían exactamente lo que sentía.
― Te amo— le dije cuando volví a su boca— estoy lista— le susurre contra sus labios ganándome un movimiento de sus caderas, gimió sobre mi boca y nos hizo girar nuevamente quedando el encima de mí, abrió mis piernas besando mis muslos y se posiciono sobre mi entrada.
― Te amare siempre— susurro adentrándose en mi húmeda cavidad— quédate conmigo
― Aquí me tienes— le dije pegándome a su cuerpo e incrementando el contacto, había extrañado tanto sentirlo dentro de mi— estaremos juntos por siempre— susurré contra su boca, comencé a besarlo y a mover mis caderas al unisonó, el roce de nuestros cuerpos y nuestros gemidos llenaron completamente la habitación.
Hicimos el amor hasta que tocamos el cielo al unisonó, gritamos un te amo dirigido por la pasión y adoración mutua que sentíamos, sabía que esto sellaba este acuerdo, de ahora en adelante estaríamos juntos por siempre.
― Rosas— susurro contra la piel de mi hombro, estábamos con nuestros cuerpos entrelazados e intentando normalizar nuestras frenéticas respiraciones— tu piel… ese aroma, lo podía sentir en cualquier parte— beso mi hombro.
― Al igual que tu perfume— le dije soltando un jadeo, me gire para mirar sus hermosos ojos— ¿Qué pasara ahora?— pregunte, sabía que a su lado no debía temer a nadie.
― Ahora… comenzaremos una vida juntos, creo que las crisis ya no vendrán mas así que…
― ¿Por qué lo dices? ¿ya sabes porque son?— pregunte con asombro.
― Creo que sí, teníamos razón cariño, el estrés me tiene loco— comento divertido— además de el amor— rio
― ¡no me eches la culpa a mí!— le dije subiéndome encima de su cuerpo el rio y me apego nuevamente a él.
― No lo hago, la cosa es que he decidió darme un tiempo creo que bajare mis horas de trabajo y comenzare a disfrutar de los placeres de la vida.
― Muy bien dicho, la primera tarea será tomarse vacaciones— le dije con un tono serio y con mi ceño fruncido.
― Buena idea, ¿A dónde quieres ir?— pregunto con su rostro iluminado.
― Me da igual, el que me importa eres tu— sonrió y beso mis labios
― Es delicioso escuchar eso… ¡amo oírlo de tus labios!— me dijo con una expresión feliz, luego se quedo pensando— ¿conoces Grecia?— pregunto dudoso
― ¿quieres ir a Grecia?— pregunte casi en un grito, Edward tapo mi boca y soltó una risa ahogada
― No grites que los señores Hale se despertaran, ¿sabías que tengo una casa en Grecia?—
― No tenía idea
― ¿te gustaría visitarla?, hace años que no voy allí y me encantaría pasar unos días allá.
― ¡claro!— volví a gritar llena de entusiasmo, nuevamente el rio pero esta vez me beso aun sonriendo
― Amo tu energía mi amor, harás de mi vida felicidad plena, ¡Te amo Bella Swan!— me dijo pegándome a su cuerpo
― Y yo a ti Edward Cullen— lo bese, luego de unos momentos pareció recordar algo
― Pero antes— se enderezo en la cama dejándome sentada frente del, ambos estábamos desnudos pero ya no sentía vergüenza de mi cuerpo, al contrario me sentía aun mas mujer teniéndolo a él cerca para avivar mi fuego— hay dos cosas que me faltan por hacer
― ¿Qué cosas?
― La primera es una pregunta y la segunda es lo primero que haremos al marcharnos de aquí.
― Pregunta entonces— sonreí.
― Sé que tal vez no te sorprenda pero no puedes irte de aquí sin responder
― ¿Qué es?— le dije aguantándome las risas por su actitud, parecía serio pero a la vez quería sonreí igual que yo.
― ¿quieres ser mi novia Bella?— pregunto dejándome pasmada.
― ¿tu… novia?— volví a repetir sumida la impresión
― Sé que tal vez es algo tonto pero quiero poder reclamarte ante cualquiera como mía, nadie más tendrá derecho a posar sus ojos sobre ti.
― ¡eres un condenado celoso!— le dije riéndome pero de la pura felicidad.
― Lo soy, lo acepto, con una mujer como tú habría que estar demente para no celarte pero ¿Qué me dices?
― ¿Qué crees?— conteste con una pregunta, una sonrisa enorme recorrió mi rostro— claro que seré tu novia Edward Cullen, quiero pasar el resto de mi vida a tu lado
― Cuidado que tomare eso como una futura propuesta— rio contra mi boca, nos besamos felices del momento que vivíamos, nos amábamos y estaba segura que el futuro nos tenía grandes sorpresas— entonces ahora podremos hacer lo segundo.
― ¿y qué es eso?
― Quiero conocer a tu padre— le pedí mirándola directamente a los ojos— quiero que sepa que hay un hombre en el mundo que te ama incondicionalmente y está dispuesto a responder por ti.
― Iremos….— asentí con lagrimas en mis ojos.
― Ahora ven— me invito a recostarme— por el momento déjame amarte una vez más, déjame sentir tu calor antes de que el amanecer aparezca en el cielo
― ¿Qué importa?— pregunte abrazándolo— si ahora estaremos juntos por siempre
― Es verdad— dio la razón— ahora nuestro corazón ya es uno solo.
― Hablando de tu corazón— sonreí— ¿sigue estando cerrado con ese hierro?
― No, mi vida— me miro dulcemente— tu fundiste el hierro con tu amor…
Sus manos me pegaron a su cuerpo dejándonos disfrutar de este momento juntos, no tenía idea lo que nos deparaba el futuro pero ¿saben qué?, no me importaba porque la etapa difícil había pasado, el frio, el hierro y todo lo malo había quedado atrás dejando solo el amor y el calor de una pasión que sabia perduraría por mucho tiempo… ahora un futuro nos esperaba, ese que habíamos comenzado hoy día e iríamos construyendo con el paso del tiempo…
Un amor que venció todas las pruebas y traspaso al hombre que tenia entre mis brazos el cual algunas tuvo un Corazón de Hierro…
— Fin —
viernes, 15 de julio de 2011
Corazón de Hierro
Publicado por Anónimo en 12:32 3 comentarios
Etiquetas: Corazon de Hierro
viernes, 1 de julio de 2011
Corazón de Hierro
Cap 17.Amor, Edward POV, PARTE 2.
― ¿A dónde vamos señor?— pregunto James
― Al aeropuerto por favor— le pedí con voz suave, el auto comenzó a andar y deje atrás la mansión, no pude evitar voltearme a contemplarla una vez mas y susurrar ese te amo que nunca seria escuchado, este viaje me serviría también para intentar despejar mi mente y aceptar la idea de no ser correspondido.
El viaje fue corto, una de las grandes ventajas de tener un jet privado. Cuando llegue a Londres había una lluvia muy tupida, el viento azotaba en los enormes ventanales de la sala de desembarques. Cuando pase por policía internacional el pequeño cuerpo saltarín de mi hermana me libero de lo que estaba pensando, como siempre Bella ocupaba mis pensamientos a toda hora.
― Hola pequeña— le dije abrazándola
― Hola hermanito ¿Cómo va todo?— me dijo tomándome del brazo.
― Bien, creo. ¿Cómo esta Carlisle?
― Lo mismo, bien, creo. Mama está con él en el hospital, creo que odiaras saber que el metiche de Aro llego antes que tu y está instalado en la habitación de papa.
― No sé porque no me extraña— comente con sarcasmo, retire la maleta y el portafolio que llevaba y nos encaminamos a los estacionamientos.
Alice en el viaje me conto sobre Níko y de lo mucho que crecía todos los días, estuvo hablándome de Tanya y de otros familiares que habían venido a vernos. A pesar de que no era un viaje de placer estaba ansioso por ver a mi madre y en especial a Tanya, sabía que con ella podía confiar en todo momento y era precisamente ahora cuando necesitaba desahogar este dolor con alguien.
― ¿Por qué estas así?— me pregunto cuándo detuvo el auto en la casa de mis padres, al igual que yo ellos tenían una propiedad en el centro además de la casa en la que Vivian en el campo.
― ¿Por qué me trajiste aquí?— le pregunte, ella sabía perfectamente que yo jamás me quedaba en la casa de ellos, la sola idea de estar bajo el mismo techo que mi padre me hacia revolver mi estomago.
― Porque papa no esta así que creo que no hay ningún impedimento para que duermas aquí, tienes que acompañar a mama ¿no te parece?
― Si creo que tienes razón. — ambos nos bajamos del auto y la puerta principal fue abierta de inmediato.
― ¡joven Edward!— grito la inconfundible voz de Annie la ama de llaves de la casa de mis padres, ella también vivía con ellos en la hacienda pero siempre se movilizaba con mis padres ya que conocía todo de ellos, es la mujer de mayor confianza dentro de los empleados
― Ya no soy tal joven Annie, treinta y dos años no pasan en vano— le dije acercándome para besarla y saludarla
― Yo siempre te recordare como el chiquillo que te conocí, ¿tenias cuantos? Con suerte habrán sido trece años.
― Doce— le dije rectificando con una sonrisa
― Vamos cariño entra que prepararemos un gran banquete solo para ti.
Esa mujer siempre era así, nos conocía desde muy pequeños y llevaba toda una vida en nuestra casa, ella era como Will, no podrías vivir sin ellos. Entre y de inmediato un sin fin de recuerdos buenos y malos se agolparon en mi mente, en esta casa habíamos pasado los mejores y los peores años de mi vida, aquí fue donde supe de la muerte de mi hermano y donde se genero el odio de mi padre, sin duda tenía cierta reticencia a esta casa. No había mucho que me gustara de ella. Recorrimos la estancia y nos sentamos en el estar.
― La señora Esme me llamo y dijo que venía en camino hacia la casa— dijo con una enorme sonrisa— además tu padre ya se siente mejor así que por lo que me dice si todo sigue así le estarían dando pronto de alta.
― Qué bueno, me alegro por ella— dije sinceramente, sabía que a pesar de todo mi madre amaba a Carlisle, ella no podría vivir sin él.
― Tu padre nos dio un gran susto ayer— comento cambiando su expresión— fue horrible cuando se comenzó a sentir mal, tu madre parecía haber entrado en trance, estábamos desesperadas.
― Me imagino, Alice ¿Dónde está Níko?— pregunte ansioso por ver a mi sobrino.
― Está en la primera habitación de huéspedes, con Agatha— la niñera, recordé de inmediato
― Subiré a verlo, cuando llegue mama me avisan— les pedí
― Claro, ve— dijo mi hermana desviando su atención a Annie.
Camine por las escaleras de la enorme casa, sentí u escalofrió al recorrer los pasillos que tenían tan buenos y tan malos recuerdos, todavía podía escuchar las risas de niños felices y de papa corriendo con nosotros o cuando Níko escuchaba música a todo lo que el estéreo daba, tiempos felices decía mi mente. Me dirigí a la habitación, cuando llegue estaba la puerta entreabierta y la figura de una mujer meciéndose en una mecedora me cautivo. Las manitas de mi sobrino se alzaban tocando el aire que se colaba por sus dedos.
― Buenos días— salude— ¿tú eres Agatha?— pregunte serio pero cortes
― Sí señor, mucho gusto
― Mi nombre es Edward Cullen y soy el tío de Níkolas.
― Si lo sé señor, ¿desea ver al niño?—
― Si déjeme solo por favor— la chica se acerco a mí y me entrego el pequeño bultito, el niño estaba más pesado de la última vez que lo vi—hola pequeñín— le dije sentándome en la misma silla para mecerlo— ha pasado mucho tiempo ¿no crees?— los dulces y atentos ojos del bebe me miraban— creo que sí, se que tendría que venir a verte más seguido pero el tiempo no me alcanza ¿sabes?, no crezcas, quédate bebe porque así siempre serás feliz, los adultos tenemos muchas responsabilidades— pase mis dedos por sus mejillas sonrosadas con mucha dulzura, el niño se removió en mis brazos y comenzó a cerrar sus ojos al parecer el sonido de mi voz lo tranquilizaba— eso bebe duerme, sueña con los angelitos— sonreí y me mecí para que se durmiera más rápido.
― Todavía no entiendo porque aun no eres padre— dijo la voz de mi madre desde la puerta, la mire e intente sonreír pero no lo logre con éxito— ¿Qué pasa cariño? Te vez increíblemente fatigado— comento acercándose a mí.
― El viaje me dejo exhausto.
― Edward… ¿de verdad crees que nací ayer?— pregunto con una sonrisa— hijo te conozco mejor que nadie, algo te sucede, ¿ya no confías en tu madre?
― No… no es eso mama— le dije bajando mi vista hacia el pequeño.
― Dame ese retoño— me dijo, lo tomo en sus brazos y lo dejo en la cuna, el niño ya dormía plácidamente— ahora dime ¿Qué pasa?, la otra vez reconozco que me dejaste intrigada con lo que me dijiste pero aun mas cuando tu padre me conto que estabas viviendo con una mujer— bufe
― Maldita sea, nada se le escapa a Carlisle ¿verdad?
― Creo que no, ya sabes que mucha gente es su informante solo por "ganar puntos con el"— y con solo esa frase supe de inmediato quien había sido, Aro Vulturi.
― Demonios— susurre refregándome la cara con mis manos
― Esto es más serio de lo que pensé, ¿Quién es la chica?
― Es mi enfermera, su nombre es Isabella.
― ¿tu enfermera?— pregunto un poco escéptica— ¿estás viviendo con tu enfermera?
― Si— conteste con la mirada perdida— te lo hare fácil mama, me enamore de ella. — confesé ganándome el asombro de mi madre, su cara se puso pálida de inmediato.
― Dios hijo… pero… pero—
― ¿pero qué?— pregunte mirándola
― Pero ¿Cómo fue a pasar eso?
― Pasando mama, dos personas que tienen química se enamoran— bufe— bueno al menos una de ellas
― ¿y más encima ella no te corresponde? ¡esa mujer está loca!— dijo casi gritando pero recordó en el momento quien nos acompañaba en la habitación
― Ni siquiera le he dicho lo que siento mama, ¡demonios! Si parezco un maldito crio de quince años— me tape mis ojos. La mano de mi madre comenzó a acariciar mi cabello.
― ¿te hace feliz?— pregunto con ojos dulces
― Mucho, ha logrado que organice mis prioridades y me ayudo a sacar el trabajo como una de mis razones para vivir.
― ¡entonces ya me cae bien!— me dijo con una sonrisa— nunca has tenido una novia mi amor pero la mujer que consiguiera eso tiene las puertas abiertas en mi casa, bendita sea— dijo levantando un poco su manos en acción de gracias.
― No exageres—
― No lo hago, si supieras lo que he sufrido desde que Níkolas se fue y tú te ensimismaste en el trabajo. Creo que es por eso que tu padre intenta emparejarte con Sussan.
― ¿Sussan? ¿emparejarme?— recordé la última conversación con mi padre— ¡ah! Así que ese es el nombre de la chica con la que Carlisle quiere que me case, esta demente.
― Ahora concuerdo contigo, mucho le podrá interesar su dinero pero con esto va a tener que irse olvidando de ello— agrego con una sonrisa— reconozco que al principio parecía una idea coherente, que la conocieras y ver si sucedía algo pero en vista y considerando que ya amas a otra persona creo que tu padre tendrá que retirar lo dicho.
― ¿lo dicho?— pregunte enarcando una ceja
― Eh… si— dudo— cariño lo que pasa— jugo nervioso con sus dedos— es que tu papa le dijo a la chica que el matrimonio está casi listo.
― ¡QUE!— grite levantándome de la silla y despertando al pequeño que dormía.
― ¡shh! Mejor vamos a fuera— me dijo jalándome del brazo y dejando pasar a la niñera
― Pero mama ¿Cómo demonios me dices eso ahora?
― Edward lo siento, yo de hecho no supe hasta hace unos días tu padre organizo todo.
― ¡dios mío!— suplique— ¿te das cuenta de lo que esto significa?— comencé a pensar— ¿no me digas que alguien más lo sabe?— le pregunte asesinándola con la mirada.
― ¡Edward lo siento!
― ¡MALDITA SEA MAMA!— grite exasperado, rogaba a dios porque Bella no se enterara de esto.
― Lo siento cariño, prometo hacer que tu padre retire lo dicho.
― Más le vale porque a mí no me dolerá nada desmentir todo lo que él ha dicho.
― No lo hagas, tranquilo prometo que esto se soluciona
― Mas le va vale mama— comente furaco, estaba que explotaba de la rabia, ¡maldito Carlisle!, esta me la pagaba, no podía creer que hubiera hecho eso. Mi cuerpo se estremeció por completo al pensar la reacción de Bella pero… ¿eso importaba? tal vez no, creo que poco le importaría si yo estuviera comprometido con alguien.
Con mi madre y hermana almorzamos juntos, hacía tiempo que no estaba con ellas. Por la tarde mi madre nuevamente partió al hospital a cuidar de papa, yo pase en ir a verlo, sabía que estaba aquí por el pero no soportaría verlo a la cara y no gritarle un millón de insultos por lo que hizo, mejor no lo veía y asunto arreglado. En la tarde me quede solo, Alice se fue con Níkolas de compras lo que me dejo tiempo de sobra para pensar, ¿Cómo estaría Bella ahora?, tenía que saberlo.
― Hola Will— salude al hombre que me contesto
― ¡señor! ¿Cómo llego de su viaje?
― Bien, todo tranquilo.
― ¿Cómo esta su padre?
― Creo que bien— conteste malhumorado, la tensión se apodero de inmediato de mi cuerpo.
― Sé que no le es gracia verlo pero es su padre señor, debe presentar sus respetos.
― Créeme que lo sé si no, no estaría aquí pero no te llame por eso ¿Cómo esta Bella?— pregunte ansioso por una respuesta.
― Creo que no le tengo una muy clara señor, desde que usted se fue la señorita no ha querido salir de la habitación.
― Demonios— susurre y me maldije internamente
― Pero no se preocupe, mas tarde intentare personalmente hablar con ella.
― Gracias, cualquier cambio avísame Will, lo que sea me llamas
― Si señor
― Nos vemos
― Que pase buena tarde, hasta pronto
― Igual tu, hasta pronto— corte.
Apreté el teléfono y lo deje caer sobre el edredón, Bella no quería saber nada ni de mi ni de nadie, sonreí con dolor, creo que no me sentía tan rechazado, ella estaba evitando a todos, no solo a mí. Todavía tenía un poco de esperanza ya que me quedaban algunos días con ella, esta semana seria su última en mi casa, antes de que partiera tenía que hablar con ella. A eso de las cinco de la tarde baje a tomar el té, como era de costumbre en mi país y en mi familia el té se servía en las terrazas y exactamente a las cinco de la tarde lo malo fue que tendría compañía para esta ceremonia.
― Señor hay una persona que lo busca— me dijo Annie mientras bajaba por las escaleras.
― ¿Quién es?— pregunte.
― La señorita Sussan Chadwick
― ¿Chadwick?, no conozco a nadie con ese apellido.
― Creo que por lo menos tendrás tiempo para tu prometida "Querido"— me quede parado en el último escalón contemplando a la mujer que venía caminando, al momento de verla y repetir su nombre en mi mente supe de inmediato quien era.
― Annie, déjanos solos
― Si señor— me dijo la dulce mujer.
― ¿así que tu eres la mujer que se supone se iba a casar conmigo?
― ¿se supone?— pregunto enarcando una ceja— Carlisle me dijo que estabas dispuesto a casarte conmigo.
― Puedes ir olvidando lo que te dijo Carlisle porque lo más probable es que sea mentira, si quieres saber la verdad yo no me puedo casar contigo, no te conozco, no siento nada por ti y si me disculpas mi sinceridad tampoco tengo deseos de conocerte— la mujer soltó un bufido junto a una expresión sarcástica.
― Sabía que me saldrías difícil— comento riendo— pero no me imagine que tanto.
― ¿tú y yo ya nos habíamos visto verdad?— pregunte reconociendo su cara de alguna otra parte.
― Sí, nos vimos en el bautizo de tu sobrino hace algunos meses
― Ya lo recuerdo, tú eres la hija de un primer ministro.
― Si lo soy pero dejemos eso de lado, Esme me llamo hoy día para contarme que estabas en Londres y que además te habías enterado de nuestro compromiso
― No existe ningún compromiso— corregí de inmediato
― ¿ah sí? Creo que te equivocas.
― La que está mal eres tú, creo que somos lo suficientemente grandes y maduros como para saber que a mi edad los compromisos arreglados tienen poco peso.
― Sabía que me dirías eso pero aquí hay palabra de peso.
― No me importa, podría haberlo arreglado el Papa y yo no habría aceptado, lamento informártelo pero ese compromiso no tiene valides— la mujer se comenzó a exasperar al ver mi rotunda negatividad.
― Creo que eres un patán, estas dejando de lado una increíble oportunidad, podríamos ser el matrimonio más rico y poderoso de Europa
― No me interesa, en este momento el dinero no es lo primordial.
― ¿entonces es el amor?— pregunto con sarcasmo.
― No es tu incumbencia pero para que no te afecte tanto y viendo tu real interés ¿Cuánto quieres por deshacer el compromiso?— pregunte sin tapujos.
― Un chico bastante inteligente— me dijo con una sonría
― No, se negociar que es diferente. Dime la suma y la pasare de inmediato a tu cuenta.
― Dos Millones de euros— me dijo con una sonrisa— eso no es mucho para ti querido, eres el hombre más rico de Europa y de América, no creo que te cueste mucho.
― No, no lo es. Una suma bastante razonable por mi libertad, hoy mismo estará en tu cuenta— le dije serio— esta demás decir que cualquier habladuría que se dé en los medios tiene que ser desmentida.
― ¡ah! Se me olvidaba además de los millones mañana quiero que me acompañes a una pequeña fiesta, quiero disfrutar de ser tu novia aunque sea un día— sonrió maquiavélicamente— de hecho tu también estas invitado, eres uno de los galardonados.
― Hecho— acepte— pero luego te olvidas de mi— le dije, la fiesta era del los empresarios más importantes de Europa, yo recibí la invitación pero no dije que participaría en esos días Bella estaba muy mal y no tenia cabeza para nadas más que ella, había olvidado que justo era esta semana.
― Claro cariño, prometo ni siquiera recobrar tu nombre— agrego con sarcasmo.
― Ahora si me disculpas tengo asuntos que resolver.
― Claro, nos vemos mañana, me alojo en el Ritz del centro pasa por mí a las cuatro.
― Allí estaré, adiós
― Adiós— me dijo y salió contoneando sus caderas hacia la entrada, suspire más tranquilo, por fin me había librado de esta amenaza. Mañana iría a la maldita recepción con ella y podría estarme librarme de ella.
Me senté en la terraza y fue inevitable pensar en ella, la dueña de todos mis pensamientos y de los latidos de este corazón. ¿Qué estaría haciendo? Parecía un maldito psicópata pensando en lo que haría a cada segundo pero eso se debía netamente a que la extrañaba, solo han pasado unas horas desde que la deje de ver y ya la ansiaba nuevamente, tenía que calmar mis impulsos ya que ella algún día partiría de mi casa y nada volvería ser como antes. Lo peor de todo es que era en contra de mi voluntad. Por la noche mama volvió algo preocupada, me acerque a ella pero no quiso contarme lo que la atormentaba. Cuando Níkolas se durmió Alice, mama y yo nos sentamos a charlar, reconozco que fue muy agradable compartir con ellas así, hacía años que no nos sentábamos a disfrutar de una plática ya que siempre estaba papa para agriar todos esos momentos. La noche se hizo larga y solitaria, me senté en la terraza de mi habitación, mi madre había insistido que durmiera en la misma que yo habitaba antes de que se desencadenara la tragedia familiar, podía recordar todo lo que había en esa habitación, también cada momento que valía la pena, como me gustaría que estuvieras aquí… susurre en mi mente, no había extrañado tanto a alguien desde hace mucho tiempo, yo, Edward Cullen, no conocí esa palabra hasta que ella apareció en mi vida.
En mi vida eran muy pocas las veces que podía decir que había extrañado a alguien ya que siempre tenía todo en mis manos y jamás me apegue emocionalmente a alguien y menos después de lo de Níko, creo que mi corazón se comenzó a cerrar después de eso, jamás nadie pudo entrar en este hierro, solo ella, solo Bella. Esa era una de las grandes razones por la cual la amaba, Bella no solo había cambiado mi vida y la había llenado de luz, sino que también había cambiado mi manera de ver las cosas, gracias a ella desperté de un largo letargo emocional. La suave brisa se colaba por las ventanas, sin pensarlo más tome mi celular y llame a Chicago, era tardísimo allá pero aun tenía fe de que Will anduviera rondando, con gran satisfacción fue él quien me contesto.
― ¿Cómo va todo?— pregunte ansioso.
― No muy bien señor, la señorita no ha salido de su habitación, poco comió y no me ha recibido
― Maldición, ¿crees que quiera hablar conmigo?
― No lo sé señor, ¿quiere que lo intente?—lo pensé por un momento, pagaría lo que fuera por escuchar su voz en este momento.
― Mejor no, ya es tarde y debe estar dormida, mañana será un día muy movido pero intentare llamarte cuando pueda.
― Bien, estaré atento
― Que pases buenas noches Will
― Igual usted señor.
― Adiós
― Adiós.
Titubee un poco, ¿debía llamarla a su teléfono?, no mejor esperaría a mañana además tenía que darle su espacio no estaba seguro hasta que punto aguantaría mi preocupación no quería sonar excesivamente protector. Me acosté e intente domar, aun me preocupaba lo de la chica, se notaba que Sussan era una mujer de armas tomar esperaba que no me causara problemas en el futuro.
― Buenos días cariño— me saludo mi hermana al llegar al estar, estaba perfectamente vestida y con su hijo en brazos.
― Buenos días ¿A dónde vas?— pregunte
― A ver a papa, quiero llevarle a Níko haber si se anima
― ¿esta triste?— pregunte con sarcasmo
― Edward— me reprendió— si lo está, mama me dijo que hoy había amanecido algo decaído, ella había intentado animarlo contándole algunas novedades y que se había enfadado por algunas cosas pero que por lo menos se había despertado.
― Típico de el— susurre
― ¿vienes conmigo?— pregunto parándose del estar al ver que Agatha llegaba con el bolso de salida.
― ¿bromeas?— pregunte— no gracias, prefiero no verlo.
― ¿viniste a Londres y ni siquiera lo veras?— pregunto incrédula
― Si le dan de alta hoy lo veré antes de irme a un hotel.
― Tu no cambias— susurró molesta— ¡ni siquiera porque casi muere!
― Lo siento pequeña, hay demasiadas cosas que no se pueden dejar pasar.
― ¿hasta cuándo demonios seguirán así? Si pudieran ustedes se morderían cuando se ven, parecen perro y gato, ni siquiera se ven como padre e hijo.
― Tal vez me cambiaron en el hospital— bromee, ella frunció el ceño e hizo una mueca
― Muy gracioso Cullen, mejor me voy, no quiero que se me pegue el sarcasmo.
― Vete deprisa que al parecer ya se te está subiendo, que pases buena mañana hermana
― Igual tú, ¿almorzamos juntos?
― Claro, nos vemos
― Adiós— me dijo y se fue empujando la carriola seguida de Agatha. La casa quedo en completo silencio. Annie apareció en una de los arcos y se acerco a hablarme.
― Tiene una llamada señor
― ¿Quién?
― Su prima, la señorita Tanya.
― Oh que bien, gracias Annie— tome el teléfono— Srta. Denali que gusto en hablar con usted— le dije con alegría en mi voz.
― Menos mal que te acuerdas de mí ingrato, ¿es que a caso no pensabas llamarme?
― Claro que si, necesito que hablemos.
― ¡wow! Suenas aproblemado
― Más o menos ¿podemos vernos?
― ¡claro!, juntémonos en el café de centro, al que solíamos ir.
― Bien, ¿en media hora?
― ¡hecho!
― Nos vemos
― Adiós.
Me pare rápidamente y me fui a preparar Tanya era la única que podría comprender lo que estaba pasando. Salí de la casa y tome prestado uno de los autos que había en el garaje. Conduje hacia la dirección que conocía bastante bien, el café se llamaba "D' Stammos" aparque afuera y divise de inmediato el auto de Tanya. Al entrar la melena rubia de mi prima se diferenciaba de las demás.
― Hola— la salude por detrás ella se giro con una enorme sonrisa y me saludo.
― Hola ingrato ¡qué gusto verte!
― El gusto es mío— le dije, me senté y de inmediato— ¿Cómo has estado?
― Bien, bastante ocupada con lo de la boda
― Qué bueno, mama me dijo que ya habías dicho la fecha.
― Si en dos o tres meses más, creo que el día aun lo tengo que confirmar ya que la banquetera esta con Pre natal y no sé si me podrá servir ella.
― ¿y cómo está el novio?
― Viajando como siempre, está haciendo todo lo posible para echar a andar su empresa luego y así poder pasar más tiempo conmigo, entiendo su trabajo pero odio que viaje tanto, me hace extrañarlo aun mas.
― Te entiendo— le dije desviando mis ojos a las enormes ventanas.
― ¡wow! Ahora sí que creo que estas con problemas ¿Qué sucede? ¿Aro nuevamente?— bufe, era en la última persona que podría pensar
― Creo que esta vez no, es algo más serio— me dijo, la camarera se nos acerco y rápidamente tomo nuestra orden. Suspire decidido a contarle todo a mi confidente al igual que lo hice con mi madre.
― ¿Qué pasa? ¿no me digas que…?— dejo la pregunta en el aire— ¿estás así por una chica?— pregunto cautelosa sabiendo que si le respondía que si sería la primera vez que me vería así por un tema así.
― Creo que por primera vez tengo un Si como respuesta a esa pregunta
― ¡dios mío!— suspiro— ¡entonces cuéntamelo todo cariño! De aquí no nos movemos— comencé a relatarle todo lo que me pasaba con Bella, desde que la conocí hasta que nos separamos el día de ayer, también le conté lo del falso compromiso que invento Carlisle, la cara de Tanya iba cambiando conforme avanzaba la historia, sin duda ella no se lo imaginaba— ¿estás enamorado?— pregunto incrédula— no puedo creerlo— termino susurrando.
― Créeme que hasta para mi es difícil aceptarlo pero con el paso de los días los sentimientos se han hecho tan fuertes que me es difícil negarlo— comente mientras daba sorbos a mi café
― Jamás pensé que tu y yo hablaríamos de este tema, perdóname que sea así de sincera pero no espere que alguna mujer "humana" lograra penetrar ese corazón tan difícil que tienes, sin duda se ha ganado mi aprecio aunque no la conozca.
― Te va a encantar, es una preciosidad, tiene un cabello y unos ojos chocolate, sus labios son los más exquisitos y posee el cuerpo de una diosa— suspire.
― ¡demonios! Ahora sí que estas frito amigo— rio— créeme que ha sido una agradable sorpresa, esta demás decirte que esta cordialmente invitada a mi matrimonio, estoy loca por conocerla, seré su fans incondicional— volvió a sonreír.
― Muchas gracias, espero poder traerla pronto para que mama, Alice y tú la conozca.
― ¡dios! Había olvidado algo, ¿crees que Carlisle diga algo?— pregunto con duda en sus ojos.
― Si lo hace poco me importa, ya le deje en claro que no tiene porque estar entrometiéndose en mi vida— comente bastante serio, mi privacidad sería algo que jamás transaría.
― Bien dicho, espero que no estire la pata de la impresión— dijo divertida.
Pasamos gran parte de la mañana hablando, ella quería saber todo de mi relación con Bella, creo que estaba bastante emocionada con el hecho de que tuviera a alguien, Tanya jamás me había oído hablar de mujeres con nadie, los encuentros casuales eran solo eso casuales y no merecían mención pero escuchar hablar con dedicación de una mujer causo gran impacto en ella. A medida que ella era nombrada las ansias y la necesidad de verla se hacían más grandes, estaba totalmente abrumado por el sentimiento.
― ¿la extrañas verdad?— pregunto de repente al verme ensimismado, asentí levemente— ¿y para que viniste? Mi tío ya está bien, mejor deberías volver a tu casa y arreglar los problemas con tu mujer— sonrió.
― Creo que tienes razón ¿sabes?, hoy tengo un compromiso en la tarde pero luego de eso hare mis maletas y me iré a Chicago.
― Eso es… dile que la amas Edward, la frase mágica arreglaría bastante tu situación
― ¿te Amo?— pregunte y ella asintió— tengo miedo ¿sabes? Sé que soy un maldito cobarde pero…
― ¿no recuerdas lo dura que ha sido tu vida cariño? Creo que primero deberías contarle a Bella como ha sido tu desarrollo emocional para que comprenda como eres, tú no has recibido mucho estimulo emocional pero ella ha logrado sacar la parte reprimida de ti.
― Eso poco me importa, lo que interesa es lo de ahora, no puedo seguirme dejando llevar por lo pasado Tanya, creo que he vivido mucho tiempo de miedos infantiles y complejos que mi familia a creado en mi.
― Lo sé cariño pero es hora de abrir tu corazón ¿no crees?
― Es hora— respondí sonriendo.
Cuando ya casi era medio día nos despedimos, conversar con ella me hacía bastante bien, Tanya me entendía mejor que yo mismo, tenía una extraña habilidad de comprender mejor que nadie mis sentimientos. Maneje de regreso a casa, Alice aun no volvía ni mi madre tampoco ya que ninguno de sus autos estaba afuera. Entre a la casa y me encontré con Annie en la puerta
― Sr. llamo su hermana que almorzaría con sus padres en la clínica, me dijo que lo disculpara con usted.
― Oh ya veo, no te preocupes, sírveme algo ligero en la terraza.
― Si señor— asintió y se retiro.
La idea que me había dado Tanya no era mala, sería mejor que volviera lo antes posible a Chicago, a pesar de no saber nada malo Bella me preocupaba. Comí rápidamente y dormí un poco, mas tarde me aliste para la dichosa reunión y Salí en busca de la chantajeadora que tenia por pareja. La fiesta fue un caos, la chica estaba pegada a mi brazo y habían un sin números de periodistas, a pesar de que era algo de empresarios habían celebridades, cantantes y de todo tipo de farándula, un completo asco ¡odiaba las reuniones masivas!, cuando el reloj marcaba las siete de la tarde estaba completamente ansioso y lo único que quería era salir de allí, tenía un mal presentimiento, no sabía que pasaba tal vez eran las ansias por salir de ese lugar pero me sentía extraño, algo pasaba. Disculpándome como un caballero abandone la fiesta y a mi pareja, la chica se quedo de una pieza al verme salir pero no me importaba yo prometí acompañarla, no cuidarla toda la noche, mi trabajo estaba hecho y podría volver a casa.
Maneje a toda prisa, cuando aparque afuera de la casa vi que los autos de mi madre y hermana estaban estacionados afuera. Me baje y camine hacia la entrada, la cara de la mucama al abrirme me indico que algo andaba mal, mientras avanzaba por el estar escuchaba la alterada voz de mi madre y a Alice tratando de calmarla.
― ¿Cómo pudiste Carlisle?— grito excesivamente molesta— ¡no te das cuenta el daño que le estás haciendo! ¡es tu hijo por todos los cielos!— grito mi madre exasperada, entre en la habitación y dos pares de atentos ojos me miraban, mayor fue mi sorpresa al ver que mi padre estaba apoyando en unos de los sofás mirándome.
― Veo que esta casa nunca cambia— comente con sarcasmo
― Edward hijo— dijo mi madre acercándose, me tomo de los brazos y me miro fijamente
― ¿Qué pasa mama?— pregunte con un poco de susto
― Hijo perdóname, no fue mi intención te juro que jamás pensé que tu padre haría eso— comenzó a decir mi madre, su voz sonaba rápida y en tono de suplica
― ¿Qué sucede mama?— la mire a ella y después a Carlisle, su cabellera rubia y sus ojos brillaban bajo la incandescencia del sol, tenía una sonrisa que denotaba diversión por la escena
― Edward— comenzó Alice que también se acerco a mi— papa… papa— tartamudeo nerviosa.
― ¿me pueden decir qué demonios pasa? – les dije soltándome de su agarre ¿estaban intentando contenerme?
― No sé porque demoran mas la verdad, no fue un pecado lo que hice, estaba protegiendo a la familia— dijo la voz del hombre que me miraba con burla en sus ojos.
― ¿Qué carajos hiciste Carlisle?— le pregunte avanzando hacia el— ¡contesta!— los quejidos de mi madre comenzaron a aparecer a mis espaldas, mire hacia atrás y ella tenía lagrimas en sus ojos.
― Llame a Chicago a tu casa y me encontré con la agradable sorpresa o mejor dicho hable con la mujer que tienes hacinada en tu casa— me congele en el mismo instante.
― ¿Qué es lo que dijiste?— le dije en un tono cauto, entrecerré mis ojos y comencé a apretar levemente mis puños.
― Lo que escuchaste ¿o acaso estas sordo querido hijo?, hable con la chiquilla que está viviendo en tu casa.
― ¡Edward perdóname hijo!— llego mi madre a mi lado— jamás pensé que haría esa locura.
― ¿llamaste a Bella a la casa?— intente contener la furia pero fue imposible— ¡dime quién demonios te crees!— le grite mientras avanzaba a zancadas hacia él para golpearlo, los gritos de mama y Alice intentando sujetarme pero no fueron suficientes para detenerme, de la nada aparecieron los guarda espaldas de mi padre a afirmarme— ¡eres un mal nacido! ¿Qué demonios le dijiste?— pregunte mientras forcejaba contra sus guaruras.
― Nada— se encogió de hombros como si nada— solo le advertí que estas comprometido y que no necesitabas amantes en tu vida por el momento así que se buscara otro.
― ¡eres un maldito hijo de puta!— le grite mientras intentaba soltarme del agarre de los guardias— ¡jamás te perdonare esto Carlisle! ¡MALDIGO LA SUERTE QUE ME TOCO! ¡ya suéltenme!— les grite mientras forcejeábamos.
― ¡suéltenlo!— grito la mujer que había traicionado mi confianza— ¡ya basta Carlisle!— le rogaba mi madre mientras lloraba desconsolada al igual que Alice, las dos estaban abrazadas en un rincón.
― Nunca aprenderás hijo mío— susurro riendo— no heredaste mi buen gusto, siempre te han gustado las prostitutas y callejeras pero eso acabara, Sussan aun está dispuesta a casarse contigo
― ¡vete al infierno Carlisle!— le grite mientras me soltaba de los guardias y corría hacia mi habitación a sacar mis cosas, no podía concebir que esto hubiera pasado, saque mi celular rápidamente e intente llamar a Will pero no me pude comunicar, exasperado casi rompo el teléfono, mi madre entro llorando como una magdalena hacia la habitación mientras recogía mis cosas rápidamente.
― ¡perdóname hijo!— me pidió mientras lloraba
― Lo siento mama pero esta vez no puedo, ¡quizás que barbaridad le dijo ese maldito a Bella!— comente furioso
― ¡Edward perdóname por favor! ¡juro que no lo hice con mala intención!
― Lo siento mama— cerré mi maleta y tome todo lo que me faltaba, me importaba un carajo irme vestido de gala, lo único que me interesaba era llegar cuanto antes a mi casa, ver a Bella y saber que todo está bien. Mi pecho aun estaba comprimido, presentía que esto no sería lo único malo que pasaría el día de hoy.
Baje las escaleras ignorando las suplicas de mama y los llantos de Alice, estaba segado poco me importaba matar a mi padre en estos momentos, lo único que me interesaba era llegar a casa y saber que Bella estaba bien, llame al aeropuerto y confirme mi vuelo para ahora mismo, por suerte después de hablar con Tanya había organizado el vuelo para hoy en la noche, ahora solo esperaba que localizaran pronto a mi piloto. A mis espaldas mi madre intentaba detenerme pero no podría hacerlo, Salí de la casa y tome el primer auto que vi.
― ¡Edward espera!— grito Alice a mis espaldas
― Déjame en paz— le pedí furico— ¡no te me acerques!
― ¿Quién es esa chica Edward? ¿Quién demonios es?
― Será mejor que no te metas en esto Alice— me acerque al auto y metí las cosas en la parte de atrás— dejare el auto en el aeropuerto— gruñí y me subí, de la puerta vi que mi madre cayo derrumbada en la entrada pero me fui sin mirar atrás, ella había traicionado mi confianza y sería difícil que la perdonara.
Maneje como un loco, no me importaba nada en el mundo más que Bella en este momento, llegue al aeropuerto a los pocos minutos y aun no localizaban a mi piloto.
― No me importa quién demonios pilotee pero necesito que alguien me lleve a Chicago ¡AHORA!— le grite al encargado de los vuelos privados.
― Se… señor hay un piloto que podría llevarlo— me dijo tartamudeando— solo debe pagar por sus serví…
― No me importa, ¡que cobre lo que quiera! Pero dígale que tenemos que partir en este instante— gruñí
― Si… si se… señor— exclamo el hombre y se fue corriendo, estaba como un demente cada vez que recordaba la imagen del maldito de Carlisle sonriendo y diciéndome lo que había hecho me daban ganas de apretarle el cuello, era un mal nacido.
A los pocos minutos apareció el famoso piloto, hiso todos los preparativos para el viaje y en menos de una hora ya íbamos de camino hacia chicago, no me aguantaba la espera, estaba ansioso desesperado. Mi cabeza no podía sacar la imagen de Bella sufriendo por las palabras de Carlisle ¿Cuántos insultos no le habrá dicho? ¡Maldito! De solo recordarlo se me erizaba el vello de la piel. Al cabo de unas cuantas horas y de un torturante viaje estábamos en suelo norteamericano, a penas baje del Jet la comunicación se abrió y logre comunicarme con mi casa, Margarite contesto.
― ¿Quién habla?— pregunte rápidamente— soy Edward
― ¡Señor Cullen! ¡bendito sea el señor!
― Necesito que venga James por mí al aeropuerto, de inmediato— le dije
― Sí señor, enseguida— corte la comunicación y comencé a pasar por las medidas de seguridad normales, me tomo bastante tiempo el pasar por policía internacional, cuando ya había pasado una hora exacta Salí de allí y James estaba esperándome en la sala de espera. A penas me vio corrió por mi maleta, lo salude con un gesto camine raudo hacia los estacionamientos.
Estaba completamente nervioso, ¡cómo demonios le daría la cara a Bella! Después de lo que paso no tenia como decirle cuanto lo sentía, mientras iba recorriendo la ciudad pensaba en las excusas que podría usar, un padre loco, una madre traidora, el maldito destino, no sabía cuál pero esperaba que mis disculpas aunque sea sirvieran de algo, yo no tenía porque disculparme el que tendría que hacerlo es Carlisle pero estoy más que seguro que jamás lo haría. Llegamos a la casa y Salí volando del auto, la puerta se abrió y la cara de Will apareció en mi vista.
― ¡Sr. Cullen, Sr!— me decía mientras pase por su lado, no me importo nada y casi corrí hacia el tercer piso, a la habitación donde estaba ella. tenía mi corazón latiendo a mil por hora y el pulso desbocado, lo único que deseaba era verla y saber que todo estaba bien.
― Ahora no Will— le dije intentando dejar lo que fuera para después, comencé a subir las escaleras y el mayordomo seguía corriendo detrás mío.
― ¡Sr. por favor espere!— gritaba a mis espaldas, su insistencia me estaba sacando de quicio, estaba robando minutos preciados— ¡Sr. espere!— volvió a gritar
― ¡¿QUE DEMONIOS PASA?— pregunte en un grito
― ¡SE FUE!— contesto de vuelta y el mundo dejo de caminar para mí— la señorita— continuo en un tono más bajo— la Señorita se fue, señor— mi pecho se dejo de mi mover, mi mente se blanqueo y olvide todo lo demás
― ¿Qué?— pregunte en un susurro— ¿Dónde está Will? ¿se fue a su casa?— pregunte incrédulo
― No lo sé señor— me dijo totalmente angustiado— hace solo unas horas tomo sus cosas y se fue
― Pero…— intente replicar pero no encontraba las palabras, me había quedado sin habla, todo el aire de mi pecho escapo dejándome en un estado de parálisis, el barandal de la escala me sirvió para afirmarme ya que mi cuerpo comenzó a colapsar, toda la presión del día se vino encima de mi cuerpo en un solo segundo.
― Perdóneme señor, no la pude detener
― ¿Qué paso? ¿Carlisle la llamo verdad?— le dije y me senté en la escalera, mis manos se fueron a mis ojos cubriéndolos de la verdad, ella ya no estaba aquí.
― ¿el señor Carlisle? No lo sé— comento extrañado— lo que sí puedo decirle es que hoy Jacob Black estuvo aquí— me dijo e inmediatamente reaccione, mi mente despertó calzando lo que había pasado
― ¿no me digas que?— pregunte incrédulo, la rabia exploto de mi pecho— ¡MALDITA SEA WILL! ¡COMO DEMONIOS DEJASTE QUE SE CONOCIERAN!— grite furico, demonios esto no podía estar tan mal, mi pecho se agito de manera alarmante.
― Lo... lo siento pero no lo pude evitar, la señorita se lo llevo y hablo con el
― ¿BELLA? ¡maldita sea!— grite llevándome las manos a la cara
― Pero eso no fue todo lo que paso…— me dijo mirándome a los ojos fijamente— discúlpeme por lo que voy a decir pero creo que esto fue lo que detono su partida… ella… ella lo vio a usted en la televisión esta tarde.
― ¡maldita sea!— grite exasperado— no puede ser, no puede ser, ¡NO!— comencé a gritar— ella me vio con esa… maldita desgraciada en la fiesta— el mayordomo asintió dándome la razón, esto estaba muy mal y sentía que se podría peor— tengo que encontrarla, todo fue un error, ella tiene que saber lo que siento, no puede irse de aquí— le dije bajando nuevamente.
― ¡Sr. ESPERE!— me grito el mayordomo— no se vaya a si, podría pasarle algo
― ¡no me interesa lo que pueda pasarme!— grite mientras salía de la casa, James estaba parado afuera en estado de Shock por mi reacción— entrégame las llaves del auto— le dije y con sus temblorosas y rápidas manos me las paso, me subí al mercedes y acelere a todo lo que daba, tenía que ir en busca de ella.
Bella ¿Dónde estás?, se pregunta mi mente, no podía conservar que no estuviera conmigo, ¡maldito Carlisle! De seguro eso también le había dolido, ¿pero cómo podía pasar todo esto en dos días? Jacob Black tenía que darse por muerto. Acelere aun más el auto y en solo unos pocos minutos me estacione fuera de su casa. Me baje como un loco y llame a la puerta
― ¿Quién es?— pregunto una voz por el intercomunicador, era la de una mujer, tenía que ser la hermana de Bella
― Soy Edward Cullen, necesito hablar con Bella
― Pase— me dijo la voz, ¿Bella estaba aquí? Entre rápidamente dejando la puerta abierta, la figura de una chiquilla de no más de diecisiete años se asomo en la puerta— buenas noches señor
― Perdón por la hora pero necesito ubicar a tu hermana, tengo que hablar con ella— le dije casi en suplica.
― Bella no está aquí señor, ella paso por la casa hace solo unas horas pero ha salido de viaje y no sé cuándo volverá
― ¿de viaje?— pregunte incrédulo—¿pero cómo?— volví a decir aun mas consternado
― No lo sé, ella estuvo aquí, hizo sus maletas y se fue nos dijo que se comunicaría con nosotros luego pero que no sabía cuando volvería ni a donde iba.
― Demonios— susurre, estaba perplejo.
― ¿usted es su jefe verdad?— pregunto pero me quede pensando en sus palabras ¿acaso Bella no pensaba volver?
― Si— le dije con mis pensamientos en otra parte— bueno… gracias, nos vemos—
― Adiós— me respondió, gire sobre mis pies y Salí del antejardín, estaba con la mente en blanco, no halle pude ver la mentira en sus ojos, la pequeña estaba hablando en serio.
― Rosalie— dije de repente, la amiga de Bella tenía que saber de ella, saque mi celular y llame a Emmett
― ¡Edward! ¿Cómo estas amigo?
― Emmett necesito la dirección de Rosalie— le dije subiéndome al auto
― ¿Por qué? ¿Qué pasa?
― Bella se fue
― ¿Qué? ¿pero cómo? ¿para donde?— comenzó interrogarme
― ¡no lo sé!— grite exasperado— ¡maldita sea! No lo sé— mi voz delato el estado en el que me encontraba, estaba comenzando a colapsar— necesito verla, tengo que saber donde esta, dame la dirección— me dijo la dirección y encendí el auto para partir hacia donde me había indicado. Cuando llegue me estacione frente a un enorme edificio del centro, subí los escalones a zancadas, ella vivía en el quinto piso. La puerta era la última del corredor, antes de que tocara su rubia cabellera se abrió paso.
― ¿Qué demonios quieres Edward?— pregunto con una actitud muy diferente a la que había tenido en el hospital, estaba parada en la puerta de su apartamento con los brazos cruzados.
― ¿Dónde esta Bella?— pregunte de inmediato, mi pecho subía y bajaba frenético
― ¿para que la quieres? ¿le quieres hacer más daño?— pregunto con sarcasmo
― Yo no quiero eso— le dije— necesito hablar con ella ¡dime donde esta!— la presione.
― Lo siento pero no lo sé, por mucho que quieras yo no tengo idea de donde está y créeme que si lo supiera tampoco te lo diría— comento con sus ojos entrecerrados
― Tu no entiendes tengo que encontrarla, yo…
― ¡NO! ¡TU ERES EL QUE NO ENTIENDE!— alzo su tono y se puso rígida— no voy a permitir que la sigas matando Edward, estas matando a Bella, ha sufrido contigo más de lo que lo ha hecho en toda la vida.
― ¡maldita sea!— grite— entiéndeme tengo que explicarle, tengo que verla.
― Ya es muy tarde, lo lamento, Bella se ha ido y no tengo idea de donde, solamente me dijo que se pondría en contacto conmigo pero no sé cuándo será.
― No puede ser— gemí mis manos se fueron hacia mi cara y la fregué repetidas veces
― Lo siento por ella ¿sabes? Tuvo que alejarse de su familia para escaparse de ti, te juro que maldigo el día que te conoció— agrego— ahora vete y no vuelvas por aquí Edward, ella no está aquí— termino y se metió en su apartamento, el portazo resonó en todas las ventanas del pasillo haciendo temblar los vidrios, estaba acabado… mi última oportunidad de dar con su paradero había desaparecido.
Estuve unos cuantos segundos más parado sin poder reaccionar, no entendía como ni cuando habían empeorado tanto las cosas, ¿Cómo el destino podía ser tan cruel?, ¿realmente merecía esto? Si dijo mi perspicaz mente. Sabía que lo merecía, era un completo imbécil, me deje llevar por los malditos miedos y obsesiones dejando de lado a lo único que tenía en mi vida, yo no la merecía. Como pude arrastre mis pies devuelta al auto, cuando estuve allí me deje caer en el asiento con los ojos cerrados, mi mundo ya no existía, todo lo que alguna vez tuve y toque con mis manos se estaba desmoronando frente a mis ojos, bella se había ido y ya no tenía razón para seguir. Maneje de vuelta hacia la mansión, sin duda mi corazón ya iba en estado de agonía. Will me recibió en la puerta con su rostro totalmente adolorido, mi cuerpo se desplazo sin vida por la entrada en dirección desconocida, mi mente no pensaba, mis pulmones escasamente se movían, mi corazón ya casi no latía.
― Señor, cuanto lo siento— dijo Will con dolor real en sus palabras, me acerque a las escaleras y me senté sin pensar en nada.
― La perdí— susurre— no puedo creerlo, habría preferido mil veces que ella me dijera adiós ya que tendría la suerte de verla una vez más— dije en el mismo tono, estaba completamente desorientado, mi cabeza dolía al igual que mi corazón, todo mi cuerpo estaba sumido en una parálisis de la cual no quería despertar
― Señor— me llamo Will con voz cauta— antes de que saliera no alcance a decirle pero…— se cayo
― ¿Qué cosa?— pregunte adolorido
― La señorita dejo algo para usted, un sobre y me encargo que usted lo leyera cuando volviera— término y un silencio nos envolvió, lentamente me puse de pie y fui hacia donde me imaginaba que estaba ese sobre, abrí las puertas de la biblioteca y sobre mi escritorio relucía entre las sobras de la habitación, esperando por mi regreso. Mire por encima de mi hombro y solo con la mirada Will entendió que debía dejarme solo cerré las puertas a mis espaldas y me encamine hacia él.
Me senté lentamente en el escritorio y observe el papel, mis manos temblaban alrededor de aquel sobre, ¿Qué contenía? , la sola idea de una despedida final me hacía sentir aun mas perdido de lo que ya estaba. Lamentablemente era mi realidad y de alguna forma tendría que aceptarla. Sin pensarlo mucho y aun así con mis miedos por enfrente abrí el sobre y recorrí la carta que contenía, cuando extendí sus puntas pude diferenciar inmediatamente la singular caligrafía de Bella, aclare mi garganta y comencé a leer, tenía un enorme nudo que no lograba disipar.
Edward:
No se hasta que punto te sorprende mi partida pero antes de comenzar quiero darte las gracias por todo lo que hiciste por mi mientras estaba en tu casa, gracias a tus cuidados y los de tu personal es que logre comenzar a sanarme.
Espero que al leer mi carta al menos sepas las razones por las cuales me fui, creo que no te será muy difícil averiguar o Will te podrá comentar lo que sucedió después de tu partida. Me es muy difícil escribir estas palabras pero no puedo irme sin decirlo, el tiempo que estuvimos juntos créeme que ha sido uno de los mejores periodos de mi vida. He descubierto cosas y sentimientos que jamás pensé que sentiría, haz despertado en mi a una Bella que no conocía y que no sabía que habitaba en mi. Tú cambiaste todo mi mundo, irrumpiste en mi vida como un vendaval y me envolviste en una ráfaga de pasión y desenfreno, la cual me llevo a las más altas cumbres, pero como todo vendaval pasa y quedan los escombros, escombros que tienen que levantarse, todo debe continuar; Sé que tal vez no quieras leer esto pero no me puedo ir sin decirlo aunque sea por escrito, aunque sé que tu no sientes lo mismo yo te amo Edward, lo hago con cada fibra de mi ser. Debe ser un gran impacto para ti el saberlo, esa vez cuando estábamos juntos y lo deje escapar de mis labios me acobarde, sentí mucho miedo de tu reacción y te lo negué se que fui una maldita cobarde y que debí mantenerme pero me daba tanto miedo tu rechazo que no fui capaz de aceptarlo frente a ti. Lo bueno de partir es que si tu reacción es mala no seré testigo de ella, solo me iré de aquí con el recuerdo de este amor que nunca pudo ser.
Te deseo la mayor felicidad del mundo, quiero que encuentres a alguien que te haga feliz, que supla todas tus necesidades y llene tu corazón, ojala que ella si pueda penetrar en el y te ame tanto o más de lo que puedo amarte yo. Solo te pido un favor, cuando la encuentres amala, hazlo como jamás quisiste a nadie y no la dejes ir nunca porque te aseguro que esa oportunidad no se te volverá a presentar. Lo único que quiero es que seas feliz, que vivas una vida llena de amor y que llegues a conocer lo que es vivir en paz.
No lo olvides Edward, amala y no la dejes ir.
Te amo y lo hare eternamente
Hasta siempre
Isabella Swan.
― Bella— susurre en la soledad de la habitación, mis manos apretaron el papel que había entre ellas, mi cabeza peso tanto que cayó sobre la madera del escritorio, las frases eran inevitables de recordar.
"aunque sé que tu no sientes lo mismo yo te amo Edward, lo hago con cada fibra de mi ser…"
Ella me amaba, lo hacía tanto como yo y nunca me di cuenta, nunca supe que compartíamos el mismo sentimiento. Creo que si alguna vez me sentí muerto ahora podía decirlo con razón, ya no tenía ganas de seguir viviendo. En un estado de completa inercia me recosté sobre la silla y deje que toda la angustia y el dolor reprimido se apoderaran de mi, estaba dejando morir mi corazón y no me importaba, no haría nada para sacarlo adelante, sin ella, si la mujer que amaba ya nada tenía sentido en mi vida, nada. Por primera vez no tenia intensiones de parar la crisis que se estaba dando en mi cuerpo, tenia tanto sentimientos en mi corazón y en mi cabeza que un poco de inconsciencia ayudaría muchísimo y así fue… solo unos diez minutos más tarde mi vista se nublo y mi cabeza se sintió explotar, no paso mucho tiempo antes de que sintiera colisionar mi cuerpo con el suelo, si la muerte me quería llevar, feliz partiría con ella.
― Edward… Edward despierta— sentí una voz que me llamaba pero no quería despertar, quería seguir en ese mundo que se llevaba todos los recuerdos que me atormentaban— Edward amigo ¿estás bien?— me pregunto una voz conocida, abrí mis ojos lentamente, lo primero que vi fue el rostro de Emmett y enseguida reconocí mi habitación.
― ¿Qué paso? ¿Por qué estoy aquí?— pregunte intentando enderezarme sin mucho éxito, un dolor atravesó todo mi cuerpo.
― Tuviste una fuerte crisis, llevas inconsciente cuatro horas— me dijo con una expresión completamente grave, las luces de mi habitación estaban prendidas, podía ver a Will parado en la punta de la cama.
― Morir es lo mejor que podría pasarme ahora, Emmett— confesé con una amarga expresión.
― Creo que eso no será hoy— me dijo removiéndose en la cama y mirándome fijamente— Edward creo que ya descubrimos la causa de tus crisis.
― ¿ah sí?— pregunte con un fingido interés, desvié mis ojos hacia la luz y comencé a divagar en mis pensamientos
― Esta semana me reuní con varios doctores y expusimos tu caso, luego de innumerables discusiones y análisis de tus exámenes llegamos a la conclusión de que tus crisis se deben a un enorme estrés que tienes, además de ser provocados por alguien en especial. ¿sabes lo que son las crisis de pánico?— asentí— podríamos decir que tú tienes eso pero que se manifiesta de otra forma, cada vez que tu cerebro se siente presionado o está en un estado de tensión se desconecta.
― Como dijo Bella— susurre con el dolor palpitando en mi piel— ¿entonces no moriré?
― Hoy no amigo, hoy no
― Es una lástima— dije con sarcasmo
― ¿estas así por Bella verdad?— pregunto de repente, yo solo seguí contemplando la inmensidad— ¿te enamoraste de ella verdad?, creo que con solo verte los ojos me puedo dar cuenta de que si, en un principio jamás lo imagine pero al pasar el tiempo me di cuenta que ustedes cada vez se acercaban mas. Créeme que me gusta muchísimo la idea y me puso bastante contento al saber que tenían una relación pero…
― Ella ya no está— susurre saliendo del letargo— y creo que jamás va a volver.
― ¿y la vas a dejar ir así como así?— pregunto incrédulo— Edward me extraña que te quedes sin hacer nada… si la amas no la dejes ir, no lo hagas.
― ¿y qué puedo hacer si ella no me quiere ver?, me escribió una carta ¿sabes?— comencé a decir dejando salir todo el dolor en mis palabras, me veía débil, un hombre común y corriente con un corazón tan humano como el de cualquier otra persona— me pidió que me buscara a otra y que fuera feliz
― Creo que es algo muy sabio y maduro de su parte, no puedes pedir más en una situación como esta Edward, entiende que lo que ella vivió aquí no es fácil
― ¿ella vivió? ¿acaso lo sabes?— pregunte con molestia, Emmett escondió su mirada y de inmediato supe que si estaba al tanto— creo que es una pregunta un poco estúpida considerando que eres el novio de la mejor amiga de Bella.
― No es que ella me contara, estaba preocupada por Bella y cuando estábamos juntos se le salió, ella se preocupa bastante por ella y esta consternada con su partida
― Dímelo a mi— comente, reprimí una mueca al sentir nuevamente un dolor
― Creo que es hora que duermas, es de madrugada y no quiero que vuelvas a caer al hospital y menos ahora. Mañana hablare con alguna de mis enfermeras de confianza haber si quieren hacerte compañía
― No quiero a nadie— gruñí
― Lo lamente pero tiene…
― ¡QUE NO QUIERO A NADIE!— grite y al mismo tiempo mi espalda se arqueo del dolor.
― Cálmate, no te preocupes, Will— dijo refiriéndose al hombre que me miraba atento— llámame si pasa algo mas
― Si señor— asintió, Emmett me dio una última mirada y se fue.
Will intento decirme algo más pero le pedí que se retirara, lo único que quería era estar en soledad y dejar que esta me consumiera. Creo que mi corazón ya no latía más.
Así comenzó una eternidad, los días sin Bella eran así, largos, eternos y completamente fríos. El tiempo pasaba por encima de mi pero poco me fijaba, cada día sentía más vello crecer en mi cara y al despertar ya no me reconocía en el espejo, el hombre que estaba en el reflejo era la imagen de mi alma. Uno, dos, tres días, pasaban y casi parecían una vida, ya nada era igual. Mi corazón se cerró nuevamente y esta vez para siempre, volví a ser el Edward Cullen de siempre y al que jamás debí abandonar así estaba bien, seguro sabía que jamás nadie me volvería a dejar. Habían pasado exactamente quince días de que Bella se fue de mi lado y parecían quince largos y tortuosos años, le dolor que sentí cuando se fue se triplico y se dejo sentir día con día, desgastando cada vez mas lo poco que quedaba de alma en mi cuerpo, todo lo demás se lo había llevado ella. Estaba sentado en mi escritorio, en el mismo lugar donde confirme su partida, leer la carta se había convertido en una religión, sus palabras eran una oración en su honor, ese te amo se repetía con sus voz en mi mente dándome un doloroso placer ¡que daría yo por escucharlo de sus labios!, todo… todo lo que soy y lo que tengo con tal de tenerla una vez más a mi lado.
― ¡¿hasta cuándo demonios estarás aquí?— pregunto Emmett entrando junto a Will en la biblioteca, apreté el papel que tenía en mis manos y lo guarde en mi bolsillo.
― Eso no te incumbe— comente con sarcasmo
― Si me importa ¿sabes?, eres mi amigo y estoy cansado de verte consumiéndote en esta habitación ¡llevas diez días sin salir de aquí Edward! ¡Bella no volverá si no la buscas!— me grito haciéndome enfadar
― ¡vete al demonio Emmett!
― Eres un cobarde, si es así es mejor que se haya ido, tu no la mereces
― ¡claro que lo hago!— me enfurecí— ¿sabes porque maldita sea? ¡porque aunque a todo el mundo le cueste creerlo, yo nací para amar a Bella! Ella es mía y sé que jamás nadie la amara tanto como yo lo hago— le grite mientras la furia y el amor se confinaban en un solo sentimiento
― Entonces búscala— me dijo extendiéndome un papel, lo mire incrédulo y completamente asombrado— ¡anda! Ve por ella, se que esta esperándote, aunque no lo diga, ¡ve por ella!— me grito haciéndome reaccionar.
― ¿sabías donde estaba?— pregunte tomando el papel con torpeza.
― No, tuve que extorsionar a Rose, créeme que no fue fácil pero se como estas sufriendo, no ha sido fácil verte morir día con día en este despacho y creo que eso hablando su corazón, ella no es mala solo está protegiendo a su amiga. Quiero que sepas que por lo que me dijo Bella no está en mejor estado que tu
― Lo sé— le di la razón con una pequeña sonrisa, la primera que aparecía desde que Bella me había dejado
― ¿y que estas esperando? Ve por ella Edward, si tú la amas no hay nadie mejor en esta tierra para ella, no demores mas y búscala, no la pierdas— me animo, mire a Will y tenía una enorme expresión de felicidad en su rostro
― He sido un estúpido ¿verdad?— susurre— nuevamente la estoy perdiendo y no he sido capaz de buscarla
― Creo que fue bueno que los dos se dieran estos días, tu por tu parte te diste cuenta aun mas que la amabas y la extrañabas, solo espero que puedan hablar, por lo que me dijo Rose Bella está en la hacienda de sus abuelos en el interior de Alabama en un pueblo que se llama White Hall, tienen una enorme casa y varios terrenos.
― ¿Alabama?— susurre— tengo que ir— me gire rápidamente y corrí hacia el teléfono, tenía que organizarlo todo, no podía esperar más. Al terminar Emmett me miraba con unos ojos complacidos.
― ¿estás seguro de que esto es lo que quieres?— me pregunto aun ya sabiendo mi respuesta
― He esperado toda mi vida por este momento— sonreí abiertamente como jamás lo había hecho, la amaba con todo mi ser y estaba dispuesto a gritárselo a los cuatro vientos, no me importaba nada mas solo tenerla de por vida conmigo, sería un privilegio envejecer a su lado.
Todo el mundo se comenzó a mover en el mismo momento que deje esa habitación decidido a traerla conmigo, Bella tenía que saber lo que yo sentía y yo ansiaba escuchar un Te Amo de sus labios, sin duda en ese momento tocaría el cielo con mis manos…
Ahora tenía que correr, tenía que apresurarme, no podía perder un minuto más lejos de mi mujer, lejos de mi corazón, lejos de ese amor que nos hacia vivir y sabia que lo seguiría haciendo por el resto de nuestras vida
Publicado por Anónimo en 12:44 1 comentarios
Etiquetas: Corazon de Hierro