Dark Chat

domingo, 28 de noviembre de 2010

Esposa de un Jeque

Capítulo 9

Bella se despertó con el aroma del café.

—Buenos días. Te he traído el desayuno.

La voz de Edward fue como una agradable bien venida en la inconsciencia del sueño. Hasta que a su mente volvieron los recuerdos del día anterior.

Edward le tomó la cabeza y le preguntó:

—¿Te encuentras bien, pequeña gatita?

Bella lo miró. Estaba sentado a su lado en la cama, vestido con una bata; evidentemente se acababa de despertar. Tenía el pelo revuelto, incipiente barba, y profundas ojeras de una noche en vela. Ella sabía que el sofá era muy pequeño para él. Sin embargo, estaba igualmente atractivo.

Y ella prefería no verlo atractivo.

Había tomado algunas decisiones en las horas de insomnio, y no quería verse afectada por aquella masculinidad arrolladora.

Se sentó en la cama y se tapó con las mantas. No quería que Edward tomase ningún gesto suyo como una invitación.

Él alzó las cejas al ver su actitud, pero no dijo nada y depositó la bandeja del desayuno en el regazo de ella.

Había dos cruasanes en un plato, dos tazas de café y un cuenco con higos.

Bella tomó la taza de café y dijo:

—Gracias.

—Es un placer.

—Quiero volver a Seattle—le dijo ella.

Quería transmitirle cuanto antes su decisión.

Edward esperó a terminar de masticar un trozo de cruasán para contestar.

—Volveremos, como estaba planeado. Mis negocios están allí. Tu trabajo también.

—Quiero decir hoy—ella dejó la taza en el plato.

—Eso no es posible.

—¿Se ha roto tu jet?

Él ignoró el sarcasmo en el tono de Bella y contestó como si la pregunta no hubiera sido retó rica.

—No.

—Entonces, no veo el problema.

—¿No lo ves?—el tono de voz amenazante dejaba claro que aquel hombre había sido entrenado desde niño para ejercer autoridad.

—No—dijo ella.

—¿Te has olvidado de la ceremonia de boda con la gente de mi abuelo?

—Sería ridículo pasar por otra ceremonia de boda si tengo idea de divorciarme, ¿no crees?

Edward se puso tenso, como si se preparase para la batalla.

—No habrá divorcio—declaró el jeque.

—No sé cómo vas a hacer para impedirlo.

Edward la miró con gesto amenazante, como si qui siera decirle que no tenía imaginación suficiente.

—Lo digo en serio, Edward. No voy a seguir casada con un hombre para el que sólo soy un medio para conseguir algo.

—No eres un medio. Eres mi esposa.

—Eso dices. Pero es curioso. Yo no me siento como una esposa.

—Eso lo puedo solucionar yo.

Ella agitó la cabeza, sabiendo a qué se refería él.

—No volveré allí.

—¿Adonde?—preguntó él con voz sensual.

—A la cama.

—Si somos muy compatibles en la cama— Edward le acarició el pecho.

Ella se estremeció a su pesar. Su cuerpo desobede cía las órdenes de su corazón marchito.

—Eso es sexo, y estoy segura de que habrás sido compatible con otras mujeres también.

—Con ninguna como contigo.

A ella le hubiera gustado creerlo. Pero después de haber descubierto tantas mentiras, no podía hacerlo.

—Díselo a otra...

Él se rió.

—No quiero hacer el amor con nadie más que con tigo.

—Si no me amas, no es hacer el amor.

—Entonces, ¿qué es?—sonrió él.

—Sexo, o si lo prefieres...—dijo una palabra más grosera y se sirvió un cruasán.

—No te queda bien la ordinariez.

Bella terminó de comer antes de contestarle.

—No me importa lo que te parezca a ti.

—Es suficiente—dijo él, levantándose, molesto.

—No puedes decirme lo que tengo que decir y lo que no, como si fuera una niña.

—Te estás comportando como una niña.

—¿En qué?

—Tú estás feliz de estar casada conmigo. Me amas, pero amenazas con romper nuestro matrimonio con un pretexto absurdo.

—No me parece que la traición sea un pretexto ab surdo.

—¡Yo no te he traicionado!—gritó él.

Era la primera vez que lo oía gritar.

Y no le gustaba.

—Cuando nos casamos, estabas tan contenta que bri llabas...— Edward volvió a controlarse.

Ella iba a decir algo, pero él la interrumpió.

—No lo niegues.

—No iba a hacerlo.

—Bien, por lo menos reconoces algo.

—Ahora no estoy contenta.

—Eso es algo que puede cambiar.

—No cambiará jamás.

Ella había estado contenta porque pensaba que el hombre al que amaba, también la amaba a ella.

—Eso no lo creo—respondió Edward.

—Te parecerá extraño a ti, pero el sentirme usada por mi padre y mi esposo no me hace feliz. Y puesto que eso no puede cambiar, es imposible que cambien mis sentimientos.

—No se trata de que te hayan usado. Sé que aborre ces que tu padre se meta en tu vida. Pero para un padre es importante encontrar un marido adecuado para su hija. Y para nosotros es un placer estar juntos. Por lo tanto, lo único que nos hace falta es que lo aceptes.

—El sexo sin amor es degradante. Y la preocupación de un padre por el bienestar de su hija no hace que la venda a cambio de una sociedad mercantil.

—Él no te vendió.

Unas lágrimas se deslizaron por las mejillas de Bella.

—Sí, me vendió. No soy más que una esposa por obligación, a la que se ha comprado y por la que se ha pagado.

Era muy doloroso, y ella se dio la vuelta para que él no fuera testigo de la pena tan grande que sentía.

Edward quitó la bandeja y la estrechó en sus brazos.

—No llores, por favor.

Ella no quería que él la consolase. Edward era el enemigo. Pero no había nadie más, y el dolor era de masiado grande para soportarlo sola. Edward le acarició la espalda, y pronunció palabras de consuelo.

—Eres mucho más que una esposa por obligación.

—No me amas. Te casaste conmigo porque te obligó tu tío.

Edward la abrazó fuertemente.

Ella se hundió en su pecho. Pero la realidad estaba allí. Y ella no iba a rehuirla.

Hizo un gran esfuerzo y se recompuso antes de de cir:

—Necesito levantarme.

—No hemos terminado de conversar—respondió él, contrariado.

—Tengo que prepararme para viajar.

Edward quiso mirarla a los ojos, pero ella desvió la mirada.

—Tienes razón—dijo él finalmente—. Tenemos que prepararnos para nuestro viaje a Kadar. Iremos en heli cóptero. Y por más que me pese que te recojas el cabe llo, tienes que hacerlo.

—No voy a ir contigo al desierto. Me voy a casa—dijo ella.

—Te equivocas. Vendrás conmigo a nuestro hogar en el desierto.

—No.

—Sí—dijo él, con autoridad de jeque árabe.

—No puedes obligarme.

—¿No?

Ella se estremeció.

—No voy a pasar por otra farsa de boda.

—No es ninguna farsa.

—Ésa es tu opinión, y tienes derecho a ella. Pero eso no cambiará la mía.

—Ya está bien. Participaremos en la ceremonia beduina mañana como estaba planeado. No permitiré que mi abuelo sea humillado delante de su pueblo. Ni per mitiré que tú desprecies nuestro matrimonio.

Dicho esto, Edward salió de la habitación.

Dos horas más tarde, Bella estaba vestida para viajar a Seattle. Porque ella se marcharía a Seattle, al margen de lo que dijera su arrogante esposo, pensó.

Buscó su pasaporte para asegurarse de que estaba en regla y se alegró de encontrarlo. Tenía dinero, tar jeta de crédito... Todo lo que necesitaba para salir de Jawhar.

Había llamado al aeropuerto y había pedido un co che para que la recogiese.

Esperó en el balcón a que la fuera a buscar.

Desde allí le llegaban los ruidos de la ciudad, más pequeña que Seattle, pero más ruidosa. El sol calen taba su cuerpo. Un ruido en la sala la alertó de la lle gada de un sirviente. Debía ir a avisarle de la llegada del coche para llevarla al aeropuerto.

El viaje al aeropuerto transcurrió sin problemas.

Como miembro de la familia real, no fue difícil en contrar un asiento en primera clase. Y en pocos minutos estaba sentada en el avión, esperando que despegase.

Se cerró la puerta del avión, y el piloto anunció su salida.

Recorrieron la pista, pero, de pronto, se detuvieron.

Los pasajeros empezaron a inquietarse por la de mora. Si bien ella no comprendía lo que decían.

Pero a medida que pasaba el tiempo, ella tuvo una intuición, que se vio confirmada al ver a su esposo en trar en el avión.

Edward le clavó la mirada oscura. No se molestó en llegar hasta ella. Simplemente ladró una orden a la azafata que rápidamente tomó el equipaje de Bella.

Edward no se movió. Que se llevase su equipaje, si quería. Pero ella no se movería de su asiento.

Cuando él se acercó Bella le dijo:

—Me voy a casa.

Edward no respondió. Simplemente le habló a la azafata en un tono autoritario. Pero Bella no en tendió lo que dijo.

La azafata se acercó a Bella.

—Su Alteza ha prohibido que despeguemos hasta que usted no se baje del avión, señora.

Bella se dio cuenta de su derrota. No podía re tener a toda esa gente. Evidentemente Edward tenía po der suficiente como para hacer que el avión no despe gase.

Se desabrochó el cinturón y se puso de pie. Edward se dio la vuelta y se marchó. Ella lo siguió.

Cuando bajó por la escalerilla, un hombre de segu ridad la acompañó a la limusina que la estaba espe rando.

Bella se sentó en el asiento de atrás. No quiso mirar a Edward. Estaba tan furiosa como asustada.

Sintió ganas de llorar. Pero no lo haría. Había llo rado durante dos días seguidos. Estaba agotada.

Se hizo un silencio espeso en la limusina durante el viaje.

Cuando llegaron, un hombre les abrió la puerta del vehículo. Edward salió primero para ayudarla a bajar, pero ella rechazó su mano.

—Es mejor que camines, o te llevaré yo. Pero ven drás—le dijo él.

—Vete al infierno—contestó Bella. No solía maldecir, pero aquella situación la rebelaba.

No pensaba seguirlo.

Bella se inclinó para sacarla del coche. Ella lo es quivó moviéndose hacia el otro lado del vehículo y abrió la puerta. Salió, pero inmediatamente unas ma nos la atraparon.

—¡Suéltame!—ella luchó por soltarse. Y quiso darle una patada a su captor.

—Tanquilízate, Bella—alguien la alzó desde atrás.

—¡Suéltame ahora mismo!

—No puedo.

Ella siguió dando patadas, y por fin alguna dio en el blanco. Él se quejó de dolor, pero no la soltó.

—Por favor, aziz, no lo hagas más difícil.

—Me estás secuestrando. ¡No te lo voy a poner fácil!

—No puedes volver a Seattle sin mí.

—Mira cómo me voy...

—Si lo hiciera, sería como verte morir.

Ella no comprendió.

Pero inmediatamente él la alzó en brazos de manera que ella no pudo moverse. Y la llevó hasta un helicóp tero que los estaba esperando. La metió en él y luego subió.

—¡No puedes hacer esto!

Edward hizo una seña con la mano al piloto y el apa rato empezó a hacer ruido de motores.

En pocos segundos estuvieron en el aire.

El potente ruido impedía cualquier conversación. Así que ella ni se molestó en hablar.

¡Era todo tan increíble! El jeque, a quien ella había considerado tan civilizado, la estaba raptando en la mejor tradición árabe. Pero no era una fantasía de sus sueños. Sino una realidad.

Estaba furiosa. De pronto recordó sus palabras: algo así como que se moriría si volvía a su casa sin él. ¿Qué había querido decir?

Bella miró por la ventanilla del avión. Se esta ban alejando de la ciudad de Jawhar en dirección a Kadar.

El helicóptero estaba sobrevolando un oasis rode ado de tiendas de campaña. Edward se acercó a Bella y le dijo:

—Ponte el suéter.

El aire de la noche en el desierto era frío, sobre todo en la altura del helicóptero.

A pesar de estar enfadada con Edward, su cuerpo re accionaba a su cercanía de una manera desastrosa. Olía su fragancia masculina, aquella que ella identifi caba como la de su hombre, su compañero... Eso le ha cía sentir nostalgia por su cuerpo, por él. Pero no cede ría.

Se puso el suéter y se apartó de Edward.

Cuando tuvo puesto el cardigan, Edward la miró y le dijo casi al oído:

—¿Puedes abrochártelo?

Ella se estremeció al sentir su aliento en la oreja.

¿La estaría atormentando a propósito?

—Se lleva abierto—respondió ella a gritos.

Prefería gritar a acercarse a él.

El helicóptero empezó a descender.

—Es mejor que te lo cierres. Mi abuelo es muy tradi cional.

«¿Su abuelo?», pensó ella.

—Creí que íbamos a tu palacio.

—He cambiado de idea.

—Vuelve a cambiar. No quiero conocer a más fami liares tuyos.

—Es una pena, porque lo harás.

Bella no lo reconocía. No parecía el mismo hombre que había querido complacerla en todo para darle la boda de sus sueños. Era un extraño.

—No te conozco—susurró ella.

—Soy el hombre con el que te has casado—respon dió él.

—Pero no eres el hombre con el que yo creí haberme casado. El hombre que conocí en Seattle no me hu biera secuestrado contra mi voluntad para llevarme al desierto.

—Pero soy ese hombre. He tenido que tomar esta medida debido a tu comportamiento irracional.

—No es verdad.

¿Cómo se atrevía a decirle que no era racional?

—¿Estás cansada de todo esto? No ves otra perspec tiva que la tuya. Hablaremos cuando te hayas calmado.

—Por lo menos, dime por qué estamos aquí en lugar de en tu palacio.

No habían planeado ir al campamento beduino hasta dos días más tarde.

La sensación de estar casada con un extraño aumentó cuando se puso el sol. Las sombras del desierto hacían más duras las facciones de su rostro.

Edward hizo un gesto con la mano y el helicóptero volvió a ascender.

—No hay teléfonos aquí.

Bella miró el helicóptero desaparecer.

—¿Ni otro medio de transporte?—preguntó ella, sa biendo cuál era la respuesta.

Edward no se arriesgaría a que ella se escapase.

—No, salvo que sepas montar en camello.

Ella lo miró, irritada.

—Sabes que no sé.

—Sí, lo sé.

—Así que además de secuestrarme, quieres hacerme prisionera, ¿no?

—Si es necesario, sí.

—Yo diría que es un hecho—Bella frunció el ceño.

—Sólo si te obstinas en verlo de ese modo.

—¿De qué otro modo puedo verlo?

—Eres mi esposa. Estás aquí para conocer a mi fa milia. Es algo que planeamos hace días. No hay nada siniestro en ello.

—En unos días tendrás que llevarme de regreso a Seattle.

—Sí.

De pronto se oyó un grito en árabe a sus espaldas. Edward alzó la mano y dijo algo en esa misma lengua.

—Ven, vamos a ver a mi abuelo.

—De acuerdo—respondió ella.

Edward le tomó la mano y la llevó hasta la tienda más grande, donde estaba la delegación que los recibi ría. Las antorchas iluminaban a los reunidos. En el centro había un hombre de la misma altura que Edward .

Las arrugas de su cara y el turbante que llevaba indica ban que era su abuelo.

El hombre dio un paso adelante para saludar.

—Bienvenida a nuestro pueblo—dijo en inglés.

Bella se sorprendió de su extrema cortesía, por ser un hombre de mucha autoridad.

Edward se detuvo ante él.

—Padre de mi madre, agradezco tu bienvenida—Edward volvió al lado de ella—. Abuelo, ésta es mi esposa, Bella.

El hombre achicó los ojos y contestó:

—Tu futura esposa, querrás decir.

Bella miró a Edward buscando una explicación, pero él no la estaba mirando. Sus ojos estaban puestos en su abuelo.

Intercambiaron unas palabras en su lengua. Edward parecía enfadado.

Edward soltó la mano de Bella.

Una mujer hermosa salió de detrás del hombre y se colocó a su derecha. Llevaba el traje típico de la mujer beduina, un traje negro, pero con bordados en rojo; la cabeza y el cuello cubiertos por una bufanda.

Le sonrió a Bella.

—Soy Rosalie, esposa de Emmet Hale, hermana de Edward. Tienes que venir conmigo.

Bella volvió a mirar a Edward para comprender.

—Mi abuelo no reconoce nuestra boda porque no la ha presenciado. Han decidido que dormirás en la tienda de mi hermana esta noche. Supongo que estarás contenta de ello—inclinó la cabeza—. Debes ir con mi hermana—extendió la mano como para tocarla, pero luego la bajó—. Mi abuelo ha resuelto que como no soy tu marido a sus ojos y a los de su pueblo, tocarte sería deshonrarte entre ellos.

Sus palabras la desconcertaron, pero al parecer te nía un aliado en el viejo jeque.

Rosalie tocó el brazo de Bella, aún sonriendo, y le dijo:

—Ven. Tenemos mucho que hacer, mucho de qué hablar.

sábado, 27 de noviembre de 2010

Destellos de Oscuridad

Capítulo 10

Escapar

Bella apretó los ojos con fuerza, esperando volverse insensible a todo, que el mundo se deshiciera a su alrededor y hundirse en la negra inconciencia. Pero todo era demasiado real; las manos que aprisionaban sus caderas, los labios que recorrían su cuello y subían por él hasta intentar apoderarse de los suyos.


-Haré que te olvides de él –susurraba Dominic-, tienes que olvidarte de él.


La vampiresa volvió a sentir los colmillos sobre su cuello; jugaba con ella, fingía estar preparado para morderla y Bella se quedaba rígida, hasta que él se retiraba medio riendo y continuaba con los besos.


-Abre los ojos.


Al principio, como una muestra de rebeldía que él nunca podría dominar, se negó, pero el vampiro repitió la orden añadiendo que a Amy le convendría más que su hermana se mostrara más dócil con él. Así que tuvo que abrir los ojos.


-Muy bien, Bella –Dominic sonrió con sus ojos oscurecidos con pasión-, quiero que mi rostro reemplace al de ese bastardo en tus pensamientos.


Bella se limitó a guardar silencio lo que, por fortuna, a él no pareció molestarle.


-Tal vez lo mejor sería marcarte…


-¡No!


La idea de pertenecerle a él en cuerpo y alma la aterró y repugnó a tal grado que no pudo pensar en consecuencias, se agitó en el sillón y lo empujó lejos de sí, haciendo que el vampiro aterrizara en el suelo. Bella se levantó de un salto y se dirigió a la puerta, pero Dominic la sacó de su camino y la estrelló contra la pared, aferrando su cuello entre sus poderosas manos.


-Esto no es un juego, Bella, la vida de tu hermana depende de ello.


La vampiresa dejó de forcejear en ese momento e hizo todo su esfuerzo por tranquilizarse.


-No me necesitas como compañera, Dominic, eso sólo te impedirá estar con otras cuando te canses de mí…


El vampiro sonrió, mostrando sus largos colmillos los que, a juzgar por su filo y longitud parecían pedir a gritos su sangre.


-Esa es mi decisión –la interrumpió él-, y no creas, he tenido mucho tiempo para pensarlo. Cada vez que llegabas por una nueva misión y tu aroma me provocaba hasta enloquecer… Lo juro, Bella, jamás nadie me había hecho ansiar tanto el cuerpo y la sangre como tú.


-Pero…


-Claro que puedes rechazarme –dijo, soltándola bruscamente y dando media vuelta-, pero sabes lo que ocurrirá con tu hermana y con todo el que intente protegerla…


-¡No, Dominic! –exclamó Bella, no podía imaginarse todo lo que sufrirían Emily y Sam, también Jacob. Por más que lo intentara, no se le ocurría ninguna forma de salir de aquel problema sin herir a los demás-. ¡Haré lo que me pidas!


El vampiro se giró hacia ella, de nuevo. Su sonrisa de satisfacción hizo a Bella odiarlo aún más, pero contuvo su expresión para no mostrarle nada. Ni siquiera hizo mueca alguna cuando el la tomó entre sus brazos y la pegó a su cuerpo.


-Así me gusta, creo haremos una muy buena pareja.


Entonces abrió los labios y se inclinó hacia ella, la vampiresa apretó los puños y esperó que todo fuera rápido, pero alguien irrumpió en la habitación antes de que la punta de los dientes de Dominic la desgarraran.


-Lo siento, señor, pero tengo que informarle algo importante.


Dominic se separó a regañadientes de Bella y le gruñó al recién llegado.


-¿Cómo te atreviste a entrar en mi propiedad así?


El vampiro se estremeció.


-Lo siento, pero usted me había dicho que si…


-No creo que nada de lo que tengas que decirme me interese en estos momentos, estoy muy ocupado con mi futura compañera, así que…


-Pero necesito decírselo en estos momentos.


Dominic rugió y se dirigió al vampiro con gesto amenazante pero, antes de llegar hasta él, uno de los ventanales se hizo pedazos y los dos vampiros se quedaron petrificados al ver a un gigantesco lobo entrar y colocarse delante de Bella.


Antes de que se interpusiera entre ella y los otros dos, y antes de que soltara un profundo rugido protector, Bella supo, con certeza, que se trataba de Jacob.


Después de segundos de confusión, el vampiro que había irrumpido en la habitación se lanzó sobre el lobo, pero este lo rechazó con una mordida en el brazo, que hizo brotar sangre por todos lados.


Bella, al ver la cara de rabia de Dominic supo que la mejor opción para Jacob era huir.


-Tenemos que salir de aquí –le dijo al lobo y éste sólo espero a que ella comenzara a dirigirse a la puerta para seguirla.


Dominic quiso impedirles el paso, pero Jacob logró empujarlo lejos y darle vía libre a Bella.


La vampiresa aceleró el paso cuando escuchó su nombre salir en docenas de ocasiones de los labios coléricos de Dominic, sabía que Jacke había conseguido aturdirlo un poco, pero él era más fuerte y rápido que ella, tal vez no lograrían escapar.


-¿Qué pasa, Jake? –cuestionó cuando lo vio detenerse y observarla con sus ojos inteligentes-. ¡Tenemos que irnos!


Pero él sólo se acercó a ella y le dio la espalda, cómo si quisiera decirle algo…


-¿Quieres que me suba?


El lobo soltó un gruñido afirmativo.


Bella no creía que aquello mejorara su situación, pero, al escuchar ruido cerca de ellos, supo que no había tiempo para pensar, así que se subió al lomo de Jacob.


El cabello de la vampiresa se agitó salvajemente detrás de ella, y todo a su alrededor se volvió colores y líneas oscuras. Al parecer Jacob había avanzado lentamente sólo para adecuarse a su velocidad, pero él era mucho más rápido que ella. Y fue gracias a ello y al amplio conocimiento de Jake sobre la naturaleza del bosque, que lograron perder a Dominic.


-¿Qué tienes, Bella? –fueron las palabras de una asustada Emily, cuando la vampiresa y el lobo entraron en la casa.


Jake desapareció tras una habitación, mientras Bella se desplomaba en una silla y se cubría el rostro con las manos, no había lágrimas, pero el sonido de los sollozos agitaba cada respiración que hacía ella.


-¿Dónde está Amy? –cuestionó.


Emily se sentó a su lado y comenzó a acariciarle los hombros.


-Está en su cuarto, dormida.


Bella se estremeció un poco más entre los brazos de Emily, que fueron rápidamente reemplazados por los de Jacob, cuando regresó convertido en humano.


Cuando logró calmarse y alejar su rostro del pecho de Jake, Bella relató su problema en voz baja.


-No se preocupen –dijo, al finalizar-, no les causaré problemas, tomaré a Amy y nos iremos de aquí…


-Si piensas que voy a abandonarte en un momento así, estás muy equivocada –la interrumpió ferozmente el licántropo-, yo las acompañaré para protegerlas…


-Jake…


-Basta Bella –intervino Emily-, ya te he dicho muchas veces que tu hermana y tú son parte de la manada, así que no te dejaremos. Si es necesario, todos viajaremos con ustedes…


-Es que, Emily…


-No se discuta más –dijo ella con firmeza-, ahora te quedarás aquí hasta que llegue Sam y entre todos podamos pensar en una solución.


-Muchas gracias –soltó Bella, mientras Jacob la cubría más con sus brazos.


De pronto, un ruido los alertó. Jake se puso rígido, mientras que de su pecho emergía un gruñido amenazador. Colocó a Bella detrás de sí, sus ojos observaban la puerta con odio.


-¡No puede ser! –palideció Emily mientras se llevaba las manos a la boca.


-Vampiros –rugió Jake.


Bella se estremeció.


-Déjenme salir, si es Dominic tal vez pueda…


-¡Ni lo pienses, Bella! –gritó Emily tirando de su brazo.


-Yo me encargaré de ellos –soltó el licántropo en un mordaz tono.


-¡Jake, no!


Sin embargo, cuando estas palabras salían de ella, una cálida sensación se apoderó de su cuerpo, casi como si el que estuviera del otro lado fuera…


-¡Bella! –gritó la voz de Edward, desesperada-. Escúchame, todo lo que quiero es ayudarte, mi familia y yo haremos lo que sea por ti. Déjame protegerte, déjame entrar…


-¿Lo conoces? –preguntó Emily.


-Sí.


-¿Crees que podamos confiar en él?


-No –gruñó Jacob.


-Ahora necesitamos toda la ayuda posible, Jake –lo regañó ella-, debes dejar los celos atrás y concentrarte en proteger a Bella y a Amy.


La mujer lobo se volvió otra vez a Bella.


-¿Qué dices?


Bella cerró los ojos unos segundos y recordó los labios de Edward y sus ojos cuando le dio su sangre.


-Sí, podemos confiar.


Entonces Emily, ignorando la expresión ceñuda de Jacob y sus puños apretados, dejó pasar a Edward y a su familia.








Phonography

Cap. 10 Nuevamente Sexy


Mañana iba a ser nuestra primera aparición en público después de dos semanas en donde los rumores ya habían sido esparcidos, aunque era un secreto a voces que yo había terminado con Jacob, aún no se sabía que estaba embarazada. Para colmo de los males además estábamos nominados nuevamente como mejor beso en los MTV Music Award. Resultado de eso era que tendríamos que ir juntos, responder las incomodas preguntas y leer el titular de la revista Vogue era como una premonición a lo que vendría mañana en la noche "El sexy vampiro finalmente lo logró: Bella y Edward, Cuando el amor traspasa la barrera de la ficción" era el maldito titular y aunque no estaba alejado de la realidad tampoco era para que estallara la bomba del embarazo en pleno evento — a quién tratas de engañar —me dije a mi misma dejando la revista a un lado — todo mundo se dará cuenta dentro de poco —me volví a decir mientras me miraba el vientre que aún no estaba abultado de manera exuberante pero tampoco estaba plano como antes. Al menos las nauseas se había terminado gracias a que ya tenía cuatro meses de embarazo.

— ¿Cuándo dejaras de torturarte? —me preguntó mientras entraba a la habitación.

Lo miré y tenía razón no sacaba nada con leer las entrevistas que había dado Jacob respecto a nuestra rotura "ella me engaño" había sido su declaración y aunque había tratado de mantenerse alejado evitando hablar finalmente lo había hecho cuando nos había visto juntos nuevamente. "Mantenía una relación paralela" era la siguiente declaración y era lógico después de todo estaba despechado. "Nuestra relación había muerto hace mucho, principalmente por su culpa" era la explicación para dejarse como el eterno novio perfecto a quién le vieron la cara y otra vez tenía razón tal vez por eso me dolían tantos sus palabras.

Suspiré y me acosté en la cama. Para cuando él salio del baño estaba sumida en una somnolencia inexplicable. Mis parpados estaban pesados y casi no podía permanecer despierta. Efecto secundario del embarazo, sueño. Sentí que me beso la frente y después de eso quede rendida en las manos de Morfeo. Estaba soñando con Jacob y el grito de su recriminación me hizo despertar sobresaltada. Atontada abrí mis ojos y todo estaba oscuro. Me giré en la cama para abrazarlo cuando me percaté que no estaba a mi lado. Mi corazón se apretó y miré el reloj — dos y media de la madrugada —Otra vez despierta a la mitad de la noche por el cargo de conciencia me recriminé.

Me vería fatal si no lograba dormir aunque fueran cuatro horas seguidas. Me levanté y camine por el pasillo buscándolo cuando un sonido sutil me hizo darme cuenta que estaba viendo televisión en la sala de estar. Camine despacio para sorprenderlo pero la sorprendida fui yo.

Estaba sentado en la mitad del sillón de espaldas hacía donde me encontraba ahora y frente a la televisión encendida en un canal para adultos. Estaba tan baja pero aún así me quede de una pieza por las imágenes que estaban sucediéndose unas tras otras. Hasta ahora jamás me había imaginado a Edward mirando este tipo de películas y aunque tenía claro que los hombres hacían eso incluso las mujeres no era que yo me considerara una pura y casta que jamás en su vida había visto este tipo de películas pero habían temas que sencillamente no podía hablarlos al menos no sin ponerme colorada como un tomate hasta la punta de las uñas, se me contrajo el estomago de la vergüenza ajena que estaba sintiendo. Al percatarme que la película aparte de ser para adultos mostraba a la actriz disfrazada me quede pensando — ¿acaso sería su fantasía? —me pregunté un poco asustada ante lo que podría pedirme algún día que yo hiciera. Noté como su espalda se separo del sillón reclinándose hacía el frente ansioso y me invadió el pudor de estar espiándolo en una situación como está. Era evidente que no quería que me enterara sino porque mirar una película de esa clase a las dos de la madrugada con el volumen apenas audible.

Imaginármelo estimulándose con esas imágenes hizo que mis mejillas se tiñeran de un rojo furioso sintiéndolas arder al segundo en que me hice la imagen mental. Mi corazón se aceleró ante la posibilidad de verlo en esa circunstancia y me jugo en contra la curiosidad. Me adelanté de mi posición motivada por el morbo y sin darme cuenta que había una mesa con el florero puesto cerca.

Inoportunamente mi pie chocó contra aquella mesa y se sintió el ruido del florero tambalear. Se levanto abruptamente del sillón con los ojos abiertos como platos, su expresión era de sorpresa pero vergüenza por haber sido sorprendido. Apago la televisión en medio segundo y nos quedamos mirando como dos tontos.

Tenía claro que mis ojos brillaban pero no sabía si decirle algo, acercarme o simplemente ignorar como si recién hubiera estado entrando a la habitación. Era como un tenso minuto donde nadie hablaba nada, donde el ambiente se carga de cierta ansiedad mezclado con lujuria. Lo cierto era que al descubrirlo en esto había despertado cierto interés de mi parte por hacer realidad la ficción.

— Lo siento —articulé finalmente y él se rió nervioso. — No quise interrumpirte —agregue y a esta altura estaba demasiado avergonzada para decir algo más.

De hecho sentí como mis mejillas se iban poniendo más rojas de lo que ya las tenía si es que eso era posible claro esta. Sentí que mis orejas hirviendo y el estomago lo tenía contraído como si yo fuera la que hubiera estado haciendo algo malo. Que tampoco era malo, todos tenemos necesidades biológicas que resolver pensé. Sin querer mis ojos se desviaron desde su rostro sin escala hacia su entrepierna y me quede poseía mirándolo. Me mordí el labio tratando de desviar ese pensamiento pecaminoso que me inundó cuando él finalmente se acercó.

— No podía dormir —se justificó conteniendo la risa y lejos de estar avergonzado. Era como si de pronto le hubiera gustado que lo pillara en esa circunstancia tan "comprometedora".

— No me cabe ninguna duda que después de esto ibas a dormir como un bebe —comenté tontamente y quise que la tierra me tragara. Él se rió mirándome fijamente. Sus labios se torcieron en una sonrisa sensual y provocadora. Mientras lo observaba y pensaba en lo que recién había sucedido me pico la curiosidad.

— ¿Podría preguntarte algo? —susurré un poco incomoda y él asintió — ¿Te… exci… es decir, es una fantasía tuya? —termine de preguntar entre cortado y él se acerco acortando la distancia entre los dos.

A este punto era bastante intimidante tenerlo observándome así acuciosamente. Sus ojos estaban clavados en los míos y me sentía un poco ridícula y un tanto intimidada al saber que Edward se encontraba con toda la libido expeliendo por los poros.

— ¿Qué cosa… mirar películas? —preguntó confundido. Tomé aire.

— No… es decir, que alguien, digo que yo me disfrazará —cuestioné enterrando mi vista en el suelo.

Automáticamente jugué con mis dedos en el borde del sillón, sentía mi corazón latir a mil y era como latidos furiosos pero dolorosos a la vez.

— No es que sea una fantasía así como que la haya estado anhelado toda la vida, pero supongo que sería entretenido —me contestó y me reí nerviosa. El se mordió el labio mientras acercaba sus dedos a mi mano acariciándome.

— ¿Puedo preguntarte algo yo ahora? —exclamó de vuelta con los ojos brillantes de la emoción. De hecho la sonrisa de sus labios no se dejo esperar y se planto en sus facciones casi como si fuera a hacerme una pregunta que revelará algo de mí que yo quería ocultar. Lo miré intrigada. Suspiró y espero unos breves minutos seguro estaba buscando como preguntar sin intimidarme demasiado.

— Tú —exclamó con la facción de niño travieso, nuestras miradas se encontraron y en medio segundo le leí la mente, mi boca se abrió en sorpresa sin poder detenerla, sentí mi corazón frenético y la vergüenza afloro nuevamente por en mis mejillas. Miré al suelo y casi no podía creer lo que estaba preguntándome. Realmente estaba muerta de vergüenza que se supone le diría. ¿Qué no se acordaba de las veces que habíamos hablado por teléfono? pensé frenética. ¿Por qué tenía que preguntarlo? me cuestioné. Al final decidí contestarle sin que terminara la pregunta que ya era bastante vergonzosa en sí .

— Sí lo hago —y me separé de él con el corazón latiendo en mi garganta. No podía creer que estuviera confesando algo así pero claro no entendía porque tenía tanta vergüenza después de todo era algo normal.

— ¿Lo harías para mí? —preguntó al segundo y yo me quede estupefacta.

Quería verme hacerlo, ¿Frente a él? pensé histérica y el conflicto interno afloró. Era cierto que yo era actriz, también era cierto que no tenía pudor frente a una cámara, me daba lo mismo que me vieran desnuda pero era completamente distinto jugar a ser femenina con él, y una cuestión básica dentro de lo que él estaba pidiendo era que yo logrará transmitirle esa sensualidad al tocarme para excitarlo. Creo que ya tenía toda la cara morada producto de la vergüenza. Se rió travieso y trague saliva.

— ¿Ahora? —le pregunté medio inocente y estaba claro que quería ahora. Después de todo yo había interrumpido su sesión nocturna. Cuando su cabeza asintió en respuesta, se me escapó el aliento y un escalofrío me recorrió el cuerpo. Esto era peor que dar una audición. Un nervio me recorrió el cuerpo y esos ojos verdes expectantes eran como la peor audiciencia que podría tener alguna vez en mi vida. Miré desesperada a todos lados pero no había vuelta atrás es decir, dentro de poco tendría una barriga enorme por lo menos por unos cuatro meses restantes, nada atractiva por decir lo menos, si me negaba a demostrarle cuan sexy podía ser ahora que aún tenía mi cuerpo delgado que iba a quedar para esos días en que de verdad no me vería nada atractiva.

Inhale aire pesada pensando en mi atuendo, un piyama de polar con cuello hasta arriba y unos tiernos ositos al frente, algo para nada sexy. Entonces supe que si iba a hacer esto tenía que hacerlo bien, después de todo la rutina y el cartuchismo era uno de los factores principales por los cuales los hombres tienden a mirar para el lado. A mi mente llego el recuerdo del dicho que había escuchado tan lejano alguna vez y que ahora estaba cobrando vida "una mujer debe ser una dama en la mesa y una puta en la cama", era mi turno de ponerlo en práctica.

En mi mente repasé las alternativas que tenía para hacer lo que estaba pidiéndome. Recordé un atuendo que tenía olvidado al final del closet como candidato a ser desechado en la próxima sesión de limpieza. No lo había usado nunca y lo había recibido como regalo de navidad el año pasado como burla a mi papel en justamente la película que había iniciado todo "así te verás cuando te conviertas en vampiro" era lo que decía la tarjeta y como odie a Rose esa vez pero ahora creo que hasta debía agradecerle.

— Lo haré —confirmé a un expectante Edward, sus ojos se profundizaron con picardía — pero tienes que darme dos minutos —le pedí mientras sus ojos verdes de iluminaban del entusiasmo y me devolvía esa sonrisa perversa.

Tratando de no caerme me devolví a la habitación y mientras buscaba en el armario el dichoso traje que no encontraba mis manos tiritaban de la expectación causada. No podía creer que iba a tocarme frente a él a las dos y media de la madrugada.

Cuando finalmente lo encontré suspiré aliviada. Era un disfraz de vampiresa sensual: con dientes incluidos, capa al estilo drácula, sensuales porta ligas, un corsé que no tenía idea como iba a meterme en él — mala idea considerando que mis caderas estaban más anchas que antes y mis pechos el doble del volumen natural —un pantalón corto, unos guantes negros que no tenían muñeca y una sensual gargantilla al cuello. Cuando me vestí suspiré — al menos me cabe —comprobé satisfecha y resople, no estaba tan gorda como me imaginaba. Me puse unos zapatos de taco alto que tenía a mano y camine por el pasillo medio dudosa de mi osada performance.

Edward estaba de espaldas visiblemente ansioso y me reí sola cuando camine por el sillón para darle la cara. Me plante en la mitad de la sala de estar mirándolo. Sus ojos recorrieron todo mi cuerpo quedando absorto cuando me vio con mi disfraz.

— ¿Cuán…? -alcanzó a exclamar divertido

— No preguntes —-Le respondí mirándolo

Nos separaba la mesa de centro que era de vidrio, así que decidí incluirla en mi pequeña actuación. Apoye una de mis piernas en ella y no tenía idea de cómo hacerlo pero supuse que como él siempre me acariciaba mis muslos era bueno empezar por allí. Como tenía la capa amarrada al cuello descubrí solamente la pierna fundada en una media liga de red. Quité lentamente el sujetador y fui bajando lentamente la tela deslizándola por la piel de mi pierna. Luego acaricie mi muslo llegando hasta el borde superior interno de este. Sus ojos hicieron un movimiento brusco y cuando se acomodó nervioso en el sillón supe que esto sumado a la película podría ser demasiado.

Me descubrí el hombro del mismo lado y pase mi mano acariciando desde mi cuello hasta delinear mi busto a través del corsé. Al principio era como medio raro pero cuando noté el reflejo de sus ojos y como él pasaba saliva medio nervioso me sirvió para agarrar confianza de que no estaba tan pérdida en lo que estaba haciendo. Lleve mis dedos a los tirantes que mantenían la capa unida y tire de ellos bajando la tela lentamente, en el proceso iba descubriendo mis hombros quedando expuesta mi piel en el proceso. Se acomodo en el sillón recargando su espalda y noté que la expresión de risa contenida había cambiado a lujuria y deseo reprimido.

Se estaba controlando, sabía por su expresión que moría de ganas de acercarse a mí pero aún así mantuvo la distancia y trató de parecer concentrado pero estaba costándole harto trabajo permanecer allí si hacer nada. Por una parte hubiera sido muy bueno que finalmente venciera ese instinto de acercarse así terminaba con la tortura de estar expuesta ante él pero por otro lado no podía ser tan cartucha para mis cosas, de todas formas tendría que hacerlo algún día que mejor que ahora. Mientras lo contemplaba completamente excitado se me ocurrió hacer una cosa que había visto una vez en una película —- strip-tease -—le di la espalda no muy segura si me iba a resultar, esperaba de todo corazón que así fuera sino que vergüenza. Recline mi dorso superior al suelo, giré mi cabeza hacía atrás para mirarlo aún de espaldas mientras deslizaba mis manos por mis piernas.

Primero en la parte interior para cuando llegar a la entrepierna deslizarlas por las caderas apretando sutilmente las nalgas y lo hice con la boca entreabierta y esa expresión media lujuriosa tirada para calentona. Contuvo el aliento y mis ojos se fueron directo a su entrepierna, como estaba con el pantalón del pijama se notó de inmediato la reacción de su cuerpo.

Pasé una pierna y me senté en la mesa de cristal —-rogando que no se rompiera sino hasta allí llegaba el cuento erótico —-y las separé provocadoramente lo más que pude mientras me acariciaba recorriendo de las rodillas hasta la entrepierna.

Luego subí mi dedo índice a mis labios, el cual mordí levemente mientras sus ojos se abrían cada vez más. Me incliné hacía delante, sus ojos se desviaron a mis pechos, mientras me paraba puse mis manos en la espalda para tirar del lazo que servia de amarre del corsé el cual cedió de inmediato. Levanté una pierna aún de espaldas mi trasero daba justo a la altura de su rostro y aunque él no estaba reclinado hacía delante cuando apretó sus manos en un puño a la altura de sus muslos comprobé que estaba desesperado. Deje caer el corsé al suelo y me giré tocando mis pechos con esa expresión de placer, jugué con mis lengua deslizándola por entre mis dientes y un suspiró desenfrenado se escapó de sus labios de miel.

Corrí la mesa con la parte de atrás de la pierna y baje mis manos de mis pechos deslizando lentamente mis palmas hasta mi cintura, luego a mis caderas, el cierre de esos pantaloncitos era a un costado así que deslice el cierre mientras me acariciaba las caderas. Tiré de ellos lentamente, sus ojos recorrieron el movimiento en toda la extensión y me volví a sentar en la mesa con las piernas separadas, esta vez me puse más al centro para hacer lo que él había pedido.

Mientras me acomodaba bien volví a poner un dedo en mis labios para mojarlo y baje con este recorriendo todo mi cuerpo, entre mis pechos, bajando por la cintura hasta mi vientre, y cuando llegue a mi parte intima cerré los ojos porque francamente no me daba para mirarlo fijamente mientras me acariciaba. Esos ojos verdes y esa mirada lujuriosa combinada con expectación me cohibiría y hasta allí llegaría mi sensualidad y osadía. Arquee mi espalda mientras me acariciaba y en mi mente había imágenes de él haciéndome el amor. Sentí como mi respiración se hacía entrecortada, me mordí el labio mientras me dejaba llevar por las caricias y recordé su voz, de una vez cuando había estado en esta misma posición claro que por teléfono.

Una electricidad me recorrió el cuerpo y el jadeo fue automático cuando estaba casi por llegar al clímax sentí la tibieza de su mano detenerme. Abrí mis ojos al instante de su contacto y estaba hincado frente a mí a dos escasos centímetros de distancia con la respiración entrecortada y tan pesada como yo. Acercó mi mano hasta su boca, beso húmedamente la muñeca deslizando su lengua por la palma hasta saborear mis dedos sin quitarme la vista de encima y esos ojos verdes eran tan intensos que por un minuto juré que estaban ardiendo. Me sujeto con fuerza por la mano atrayendo mi cuerpo hacía el de un jalón y nos besamos. Tomé su rostro entre mis manos mientras sentí las suyas sujetarme de los brazos para arrastrarme hacía el sillón.

Me senté en su regazo y la urgencia por que terminará lo que yo había comenzado era demasiada. Aun perdida en sus besos lo sentí en mi interior, ambos gemimos al mismo tiempo rompiendo el beso. Las palmas de sus manos estaban puestas en mi espalda y sutilmente me recargó contra el sillón volviéndose a mover al unísono que mi respiración. Ahogaba en su boca los jadeos y gemidos que estaba exclamando y cuando volví a sentir que terminaba apreté mis ojos y enterré mis dedos en su espalda. Francamente no podía haberle hablado nada coherente en ese minuto. Sentía como mi pecho subía y bajaba tratando de recuperar el aliento.

— Definitivamente deberías tener insomnio más seguido —exclamé riéndome mientras sentía su halito tibio contra mi piel.



Pecados Carnales

Capítulo 10 Resentimientos


Los meses no habían sido mejores, y transcurrían dolorosamente lentos. Ya tenía ocho meses y medio, y aún nuestra relación era un desastre, uno demasiado grande para aparentar felicidad.

- Ya no soporto esto Ángela, no es justo

Le dije desesperada a mi hermana dejando a un lado la caja con ropa que me había traído mi madre el día anterior, era sorprendente lo que había cambiado de actitud que hasta me hacía sospechar de sus buenas intenciones.

- No hay mal que dure cien años ni tonto que lo aguante

Me respondió ella sentándose en la mecedora que había comprado Edward y que me causo extrañeza que lo hiciera, era lo único que él había comprado para nuestro hijo por iniciativa propia.

- Yo lo amo

- Pero parece que él no, y ojo lo digo solo por como se comporta, es decir, si te amará no andaría dando espectáculos por otros lados

Me contestó furiosa mientras tomaba una de las tantas revistas que tenía y que coleccionaba sin sentido. Seguía guardando distraía la ropa cuando llegó mi madre, entró sin que la sintiera y me asusto.

- Buenos días a mis dos reinas

Nos dijo y tanto yo como Ángela nos miramos, a que se debía tanta felicidad. Me pregunté para mis adentros pero claro, nadie aparte de Ángela sabía que mi vida se había transformado en un infierno.

- Y claro al heredero de la familia también

Agrego poniendo su mano en mi vientre, sus ojos brillaban como nunca antes y me asusto la palabra heredero. Usualmente mi madre no daba puntada sin hilo.

- ¿qué quieres decir con eso?

Le pregunté temerosa y mi madre me miró

- Esto

Me respondió entregándome una carpeta llena de papeles, iba a leerlos pero ella se adelanto quitándomelo de entre las manos.

- Ahh estos abogados, tan lateros, pero no te preocupes yo te explico sin que tengas que leer todas estas cláusulas. Anoche estuve pensando en que ese niño que esta creciendo en tu vientre es sangre de mi sangre, y me acorde de lo que tu padre un día me dijo respecto al primer nieto que tuviéramos. Entonces lo hice

Contestó resuelta y Ángela interrumpió

- ¿Hiciste qué?

- Cederle la mitad de mis bienes, bueno… a tu hermana como su tutora claro esta.

- ¡Tu hiciste qué!

Le pregunté asombrada e incomoda, no era que no quisiera su cariño o su buena intensión pero cederle la mitad de sus bienes era demasiado. Mire a Ángela y esta me miró de vuelta también sorprendida por la actitud de nuestra madre.

- No te preocupes por tu hermana, la otra mitad será de ella

Agregó poniendo la carpeta en la mesita que había cerca de la ventana, saco los floreros que la adornaba y me llamo con la mano.

- Ven necesito tu firma aquí, luego cuando se legalice te doy las copias y debes guardarlas muy bien.

Me indico pasándome un lápiz, miré el papel y mi nombre estaba en todas las hojas que firme, que habían sido demasiadas. Cuando obtuvo mi firma guardo la carpeta y nos miró.

- Bueno tenemos que celebrarlo, las invito a almorzar.

Nos dijo sonriéndose. Y ambas nos miramos extrañadas.

- Yo que tu leería bien esos papeles seguro hay una cláusula por ahí que te va a impedir casarte con Edward, eso puedo apostártelo.

Me sugirió mi hermana subiéndose al auto de mi madre.

- Edward, por favor contéstame, es urgente

Era el tercer mensaje que le dejaba y las contracciones seguían haciéndose más y más intensas y menos lejanas entre sí. Qué hago pensé mirando el celular, estaba por llamar a mi madre cuando finalmente él devolvió la llamada.

- ¿Qué sucede ahora Bella?

Me preguntó irritado mientras yo sentía una voz femenina cerca. Apreté los ojos y quise cortarle pero necesitaba que viniera por mí.

- Tu hijo va a nacer en la mitad de la sala de esta casa si no llegas luego para que me puedas llevarme a un hospital

Le grite colgándole el celular. Y tenía tanta rabia de solo pensarlo con otra mujer más. Traté de respirar lento y como me había enseñado Emmett en un par de ocasiones para hacer que las contracciones fueran menos dolorosas pero era imposible, estas se hacían cada vez más intentas hasta el punto que jadeaba del dolor, apoyada contra la cama enterré mis manos mientras sentía que estaba literalmente partiéndome en dos.

- ¿Bella?

Lo sentí gritar y respiré aliviada porque esta vez si estuviera cerca y no se demorara horas en volver. Pero no tenía fuerza suficiente para gritar así que camine hasta la entrada de la habitación y nos encontramos allí.

- No creo que alcance a llegar

Le comenté apretando mis labios y en ese minuto rompí fuente, él me sujeto contra su cuerpo y me ayudo a bajar las escaleras. Me subió al auto y me condujo hasta el hospital, una vez más llamó a Emmett quien era una suerte de salvador a esta altura.

- Bien Bella, a pesar que rompiste fuente aún faltan unos centímetros de dilatación

Me dijo Emmett examinándome, me sonrió y era la primera persona que lo hacía de esa manera, como quise que esa misma sonrisa estuviera en los labios de Edward.

- Ese niño va a nacer hoy

Confirmó guiñándome el ojo, le dio una indicación a la enfermera y luego habló algo con Edward que no alcance a entender. – Extienda el brazo por favor – me pidió la enfermera mientras inyectaba una sustancia a la vena. De pronto el celular de Edward sonó y supe que era mi madre porque me lo pasó.

- ¿ya nació?

Preguntó toda ansiosa y yo no supe que contestarle.

- No aún no

- Voy en camino

Me contestó y luego colgó sin decirme nada más.

- ¡No puedo!

Grité mientras trataba de pujar para traer al mundo a mi hijo, Edward estaba detrás de mí y por primera vez durante estos largos meses estaba siendo condescendiente conmigo.

- Si puedes… estas diseñada para esto. Solo tienes que concentrarte

Me susurró al oído y jamás pensé que él quisiera estar en el parto, pensé que se quedaría afuera dejándome sola pero no fue así. Estaba detrás de mí ayudándome a pujar como lo hubiera hecho un padre feliz y ansioso por la llegada de su hijo. Emmett levanto su vista hasta encontrarse con mis ojos.

- Una vez más Bella, ya veo la cabeza

Pidió y eso era realmente fácil decirlo pero no tenía fuerzas suficientes, sentía entumecido casi todo mi cuerpo, mis brazos estaban pesados y si no fuera porque mis manos estaban entrelazadas con las manos de Edward estaría tendida exhausta sin poder siquiera estar en la posición semisentada en la que estaba.

- Vamos mi amor, por favor, una vez más

Me susurró Edward y fue como todo el aliciente que necesite – mi amor – sonaba demasiado bonito de sus labios, pensé que al final estaba despertando de una gran pesadilla. Puje por última vez y lo más largo y contenido que pude y sentí como salía de mi cuerpo, el llanto profuso que dio fue como la comprobación que después de todo mi hijo estaba vivo.

- ¿Qué es?

Pregunté ansiosa y nerviosa con un hilo de voz y era increíble que me hubiera aguantado todos estos meses sin saber el sexo del bebe, así lo había querido y aunque Edward no había estado muy de acuerdo Emmett había accedido a no decir nada, ni siquiera a Ángela. Yo quería que fuera una sorpresa.

- Un niño

Me confirmó Emmett poniendo a mi pequeño milagro sobre el regazo, aquellos labios cerezas y la piel toda colorada me sobrecogieron. ¿Cómo pensé siquiera en no tenerlo? Me pregunté con el corazón hinchado de amor, uno que jamás pensé tener, ni siquiera el amor que tenía por Edward era comparable o cuantificable con este. Era inmenso de una manera tan grande que no podía describirlo.

- Anthony

Susurré mirando a Edward que parecía perdido en nuestro hijo, sus ojos brincaban y brillaban, no le quitaba la vista de encima y por primera vez pensé que seríamos una familia feliz.

Era increíble lo poco que se dormía cuando se tiene un bebe de un mes de vida, y estaba exhausta. Miré el reloj y la vista estaba nublaba por el sueño, me quede traspuesta y logré conciliar el sueño por escasos veinte minutos hasta que el llanto de Anthony me despertó. Camine a tientas hasta su pieza y aunque eran cerca de las doce del día para mi la sensación era como si fuera la última hora de la noche. Estaba atontada aún por la falta de sueño cuando noté que Edward trataba de hacer callar a nuestro hijo, me sonreí y lo observe un rato hasta que entendí que nuestro hijo reclamaba a su madre. Tenía hambre.

- Deja yo lo hago callar

Le susurré y el giró a mirarme, se alejo un poco con el niño en los brazos y en ese minuto me percaté que estaba guardado cosas en un bolso.

- No es necesario, sólo tiene sueño

Me contestó y su mirada volvía a ser de odio. Me traté de acercar, casi como si mi yo interior estuviera gritándome que debía quitarle al niño de los brazos.

- ¿Vas a algún lugar?

Le pregunté tratando de guardar la calma y la ansiedad. Algo en mi interior estaba diciéndome que no era buena señal verlo con ese bolso.

- No, dónde podría ir.

Me respondió seco y definitivamente era mal actor. Estaba mintiéndome descaradamente. Me acerque pero él volvió a alejarse de mí esta vez en dirección de la puerta.

- Porque no te recuestas, necesitas dormir, al menos una hora. Yo me encargo del niño mientras tanto

Me sugirió besando a nuestro hijo en la frente mientras se acercaba aún más a la puerta de la habitación.

- No me hagas esto, Edward no lo merezco

Exclame ya angustiada mientras unía los cabos sueltos del bolso y su atuendo.

- ¡Tu te lo buscaste!

Me grito devuelta tomando el bolso y saliendo de la habitación sin más. Salí detrás de él pero un dolor en el vientre me cruzo y quede sin aire y sin poder caminar.

- Por favor, no lo hagas, es mi hijo

Suplique desde la escalera y él se detuvo a unos pasos de mí

- ¡Un hijo que no querías!

Chillo a modo de justificación. Tomé aire y baje los pocos peldaños que nos separaban, iba a arrebatarle al niño cuando él se alejo, sentí un liquido tibio correr de entre mis piernas y caí al suelo a escasos centímetros de sus pies.

- ¡Te lo suplico, por lo que más quieras no hagas esto.!

Grité tratando de pararme pero el dolor era demasiado intenso. Me miró y abrió la puerta de la calle, en ese minuto mi corazón se congelo.

- Adiós Isabella

Susurró saliendo de la casa, dejándome tirada en la mitad sin voltear a mirar mi suerte.



miércoles, 24 de noviembre de 2010

Lagrimas de Amor

Epílogo

En su primer aniversario de bodas, Edward cortó rosas para Bella en los jardines del castillo, pero las espinas le hicieron sangrar y ella insistió en que pasará el día con ella en la cama para recuperarse.

En su segundo aniversario, Edward volvió a cortar rosas en los jardines, pero quitó las espinas con mucho cuidado antes de dejar el ramo sobre la cama, donde ella estaba cuidando de su pequeño bebé de solo un mes de edad.

Las mejillas de Ale son tan suaves como los pétalos de rosa –murmuró ella al pasarle a Edward el pequeño-. Es adorable, ¿verdad? Espero que tengamos muchos más como el.

¿Estás bromeando? Yo no soportaría otro parto como el de el –masculló Edward.

Se estremeció al recordar las dieciséis horas durante las cuales había observado a Bella sufrir antes de que Alexander Masen por fin llegara al mundo. Acarició la mejilla de Ale con sus labios y sintió como le daba un vuelco el corazón por tanto amor que sentía. Entonces miró y sonrió a Bella.

-Lo amaremos con toda nuestra alma, pero me temo que va a ser hijo único, mi vida.

Entonces puso al bebé en la cuna y se acercó a su esposa, que estaba esperándolo en la cama con los brazos abiertos.

Eso son tonterías. Por lo menos quiero dos más, y sabes que siempre me salgo con la mía –dijo Bella alegremente.

Dieciocho meses después fue precisamente eso lo que hizo… al dar a luz dos gemelas, Lizzie y Sofía. El castillo se llenó de risas de niños y el León de Masen nunca volvió a andar solo.

Fin

****************************

Se acabó mis niñas, espero les haya gustadoo, las kieroo muchoo y graciaas por visitar el blog y leer los fics, gracias a la autoraa q nos permitió publicarlo

besitoss

Anita Cullen :)


martes, 23 de noviembre de 2010

Mascara De Odio

CAP. 15

25 de Octubre de 2007

Edward A. Cullen.


Finalmente la espera habia acabado, al dia siguiente conseguiría lo que con tanto trabajo y tan arduamente habia buscado, por lo que tan generosamente habia esperado e iba a pagar.

El dinero… y la compensación que este traia consigo, unido. El uso de Isabella Swan como mujer para que saciara ese apetito que ella misma habia creado, inconcientemente o no.

Como habia explicado antes no pude estar muy cerca de ella durante los preparativos de la boda puesto que me atenazaban dos densas y deseosas voluntades.

Por una parte estar lejos de ella podia aliviar al animal en mi, sobre el que ella, como habia dicho antes inconcientemente o no, tenía todo el poder.

Por otra parte necesitaba tener y estar al corriente de todo lo concerniente a la legalidad del documento, los documentos, que ahora se encontraban listos para que Bella los firmara y en el plazo de 3 meses pudiera disponer de su dinero,

Aunque debía admitir que no habia estado tan "alejado" de ella como podia parecer, podia llamársele a eso el hecho de mirarla furtivamente desde la ventana de mi habitación mientras se perdía, sucia y desaliñada, entre los matorrales y las flores del jardín de mi madre. También habia probado de sus delicias una y otra vez, no de las de su cuerpo, evidentemente, pero sí de las que sus dedos maniobraban.

Habia recibido la prudente sugerencia de James de tomar unos tragos y divertirme con algunas mujeres en lo que el denomino despedida de soltero. Lo rechace estoicamente y sin miramientos ya que para mí todo esto no era nada para celebrar.

Aparte la vista del computador y la centre en mi oscura habitación. Era ya bastante tarde así que no tenía sentido quedarse más tiempo desolado por lo inevitable.

Me levante y me cambia hacia el pijama. Hacía demasiado calor así que decidí prescindir de la parte superior de esta para no sentirme ahogado, luego me acosté en la cama y me eche solo las sabanas encima dispuesto a descansar un poco y prepararme psicológica y físicamente para lo que me esperaba al dia siguiente.

No supe exactamente el momento en el que me quede dormido, cuando menos lo pensé estaba soñando con mi parcialmente dudosa obsesión imaginaria.

La mujer. De espaldas solo que esta vez habia demasiadas diferencias, las que no incluían en hecho de poder verle la cara, más bien consistían en su forma de vestir, de negro con unos tacones semi altos negros también y con un ramo de rosas rojas colgando inerte de su mano derecha, sus hombros se sacudían como si estuviera llorando y algo parecido a un cráter inundo mi pecho al escuchar el bajo y sensual sollozo.

Hice un trazado mental del entorno que me rodeaba y que curiosamente no habia vuelto a ver desde el dia en que mis padres murieron.,

Estaba en un cementerio, y esta mujer estaba llorando por alguien de una manera demasiado trágica, ¿a quien podia ser?

Di unos pasos hacia ella procurando no asustarla ni que se percatara de mi presencia para que saliera huyendo. Ella permaneció quieta, todo lo quieta que le permitía el llanto que la embargaba hasta que estuve a un paso de ella oliendo el aroma de sus cabellos….vainilla…como Isabella Swan…solo que la mujer del sueño no podia ser ella.

Dispuesto a comprobarlo alargue mi mano y toque su tembloroso hombro, en el momento en que toque su piel fría un profundo alarido, estridente, torturado, de puro dolor, estallo en mis oídos y luego se volvió ahogado como con una almohada, este grito me devolvió rápidamente a la realidad.

Despertándome todo lo cómodamente que era posible escuche unos ruiditos provenientes de fuera, casi podia oírse que alguien gemía.

- no, por favor – rogaba una voz ahogada igual a la del sueño, pero era la voz de Bella.

Me plantee solamente acudir a su habitación, no muy seguro de mi mismo pero los sonidos continuaban y parecían tan tristes y melancólicos que se me erizaron los vellos del cuello. Brevemente me pregunte si algún ladrón no habría entrado en casa.

Acomodándome un poco el pantalón de pijama Salí caminando hasta entrar en la habitación de ella.

Cuando la divise estaba retorciéndose en la cama como una posesa, como si fuera presa de una sujeción sin ningún tipo de salida. Me acerque consiente de cómo el olor de su cuerpo habia impregnado completamente la habitación.

Me senté a su lado e hice todo el ruido posible para que se despertara pero no lo hizo así que tome una de sus manos y la acaricie fuertemente para que despertara.

-¡No…!- gimió ella profundamente a la vez que levantaba rápidamente esa mano que yo tenía y la otra con la evidente intención de sacarme los ojos si no la hubiera detenido, seguí sujetándola todo lo gentilmente que me lo permitían sus movimientos, me puse suavemente casi sobre ella y la llame quedo.

- Bella…- sus ojos continuaban fuertemente cerrados, como si aun no pudiera separar realidad de sueño – Bella…- insistí con más fuerza esperando ser escuchado pero como tampoco abrió los ojos la zarandee un poco y la llame con más fuerza - ¡Bella..! -

Finalmente sus ojos se abrieron pero la expresión en ese para de abismos marrones casi me hizo retroceder. Jamás habia visto el terror en una mirada de esa manera, luego esos ojos se dirigieron rápidamente a las menos que sostenía entre las mías y cuyos dedos se curvaban para hacerlos amenazantes.

Miro a su alrededor y también a mi figura durante lo que parecieron minutos, luego esos ojos se inundaron de cristalinas lagrimas y por una vez en mucho tiempo no supe que hacer, inconcientemente mis manos forzaron a sus muñecas en reacción a su miedo.

- abrázame – susurro suplicantemente y sin esperar mi respuesta se sentó y apoyó la cabeza en mi pecho. Sin pensarlo solté sus muñecas y la encerré entre mis brazos de una manera que no recordaba haberlo hecho nunca.

- que estabas soñando? - quise saber impulsivamente teniendo que aceptar que tenia curiosidad por saber qué tipo de sueños producían reacción semejante.

- no es nada – dijo ella terca como solía ser en ocasiones, la mecí suavemente buscando su quiebre

- cuéntamelo…- soné algo imperioso pero era la única manera de convencerla.

Durante unos segundos no hablo, solo se limito a estremecerse entre mis brazos, luego comenzó a cantar.

- lapidas…oscuridad…sangre… y olor a muerte –

Cuando escuche la palabra "lapidas" el recuerdo de mi propio sueño vino a mi cabeza. Coincidían en la oscuridad y lo de las lapidas…y ahora que lo traia a mi recuerdo, también el olor a muerte.

¿Sería posible que estuviéramos soñando lo mismo?, y si era así ¿Por qué?

- qué?- le pregunte incapaz de poder creerlo

- habia lapidas – volvió a decir ella temblorosa .- por favor no me hagas repetirlo

Su llanto se hizo más intenso e inconcientemente, también esta vez, la abrace con fuerza, definitivamente parecía haber sido un sueño vivido, ella respondió, sino con la más fuerza, igualándola en entusiasmo. Fue apoyándose tan lentamente como yo me daba cuenta de que la tenía entre mis brazos con sus pequeñas curvas apretadas contra mí y nuestros cuerpos separados solamente por la tela de su ¿…camisón? De la camisa que usaba como pijama.

La sangre comenzó a calentárseme y a concentrarse en ese lugar que me hacia diferente a ella. Cuando fui consciente del aroma de su pelo y de su piel, ese que siempre lograba sacarme de mi mejor comportamiento, todo se fue al traste. Mi respiración comenzó a agitarse y el deseo se termino de apoderar de mi.

Nunca me habia pasado tan rápidamente y solo con tener a una persona entre mis brazos.

Percibí que su cabeza dejaba de estar apoyada en mi pecho, y comenzaba a levantarse hacia mí. Pero no podía caer en su mirada, sería demasiado tarde si lo hiciera. A cambio trate de distraerla y distraerme.

-¿por qué hueles de esta manera?- fue lo único que se me ocurrió preguntarle mientras esa escancia que habia llegado a conocer demasiado bien comenzaba a nublarme la conciencia.

Ella no se movió, parecía no tener la respuesta a mi pregunta y yo dudaba encontrarla algún dia. Seguí perdiendo la poca humanidad que me quedaba mientras casi sucumbía al impulso de deslizar la lengua por su frente y catar el dulce sabor de su piel.

- tu olor me envenena – respire sonoramente – crea adicción – confesé reprimiendo a medias mi impulso y solo besándole la frente. Ella se estremeció y luego me contesto con un…

- no lo sé - que no me alivio para nada.

Seguía oliéndola y besándola encendiendo el calor del deseo dentro de mí, dejándolo expandirse hasta límites insospechados.

Descendí por su piel hacia donde el olor se concentraba más, en su delgado cuello.

Ella seguía temblando como siempre lo hacía cuando la besaba o cuando hacia nuestro contacto más intimo, era la primera vez que me detenía a pensar realmente en eso, y ahora que caía me daba una sensación de poder demasiado placentera.

Volví a olfatearla no muy seguro de querer que ese olor tan familiar desapareciera de mi vida cuando todo esto terminara.

Preferí no pensar en eso ahora, cuando estaba lejos, bastante lejos, de ser un pensando orgulloso.

- ¿por qué sabes tan dulce?- pregunte incoherentemente mientras el ligero tono y textura de su piel volvía a quedar grabada en mis labios a medida que la tocaba.

- no lo sé – seguía contestando estremeciéndose más fuertemente aun que antes.

Ahora, con la libertad que ella parecía ofrecerme comencé a saborear su piel perdiéndome en la longitud de su dulce cuello y hombro, tan blancos como un algodón, como un caramelo blanco y cremoso.

Quise morderla dejándome llevar por el instinto y actuando de una manera muy diferente a como lo hacía cuando estaba con una mujer, no era un partidario muy activo de mordeduras, marcas de dientes y chupetones pero ella me tentaba a hacerlo enormemente, me tentaba a marcarla como, si de alguna manera yo fuera su dueño y ella mi preciada posesión, mi pertenencia, solo mía. Tal era mi convicción que sin pararme a pensar en lo que hacía, cómo lo hacía, por qué lo hacía, y las consecuencias que podría traer, hice que se recostara en la cama y me subí sobre ella como conquistando mi terreno.

Suavemente me posicione en el cálido apoyo que ofrecían sus brazos y sus piernas, luego la bese saboreando el dulce y salvaje sabor de su boca y ella metía sus dedos en mi pelo. Esos dedos mandaban ondas por entre mi cuero cabelludo a mi cerebro y allí se transformaban en inesperados y pequeños dardos de placer que iban acabando `poco a poco con mi capacidad de autocontrol.

Luego esas manos, y lo que producían, tocaron mi espalda tan suavemente como si fuera el lomo de un perro consentido, la suavidad de sus palmas pareció marcarme con fuego la espalda desnuda, hasta llegar abajo.

Si ella era un poco atrevida yo la doblaba en atrevimiento por que el hecho de que me tocara de esa manera tan inocente y a la vez tan…sensual añadía más y más ardor a mis demandas. De repente no era suficiente que estuviera tocando la seda de sus muslos ni el calor invitador de sus caderas, ahora tocaba su estomago ardiendo por tocarla de una masera mas intima, como no lo hacía desde el hospital.

Bajo mis palmas sentí el tacto del rápido movimiento de sus costillas al llenarse de aire sus pulmones, era una manera más de saber cuánto se estaba calentando esta situación. El control habia terminado de ser arrebatado, al menos en lo que a mi respectaba y lo único que importaba era dejarse llevar por el ímpetu.

- por qué me haces esto?- nuevamente la odiosa y repentina maña de preguntarle la razón de las cosas a las que obviamente no tenía una respuesta, al menos no una oral, y me cegaba a todo menos a la irracional necesidad de enterrarme profundamente en su cuerpo y finalmente marcarla como mía.

Mis manos se agarraron de sus senos cubriéndolos totalmente, sintiendo cada forma, textura, depresión de ellos tallando en la palma de mi mano mientras presionaba la lengua contra su paladar buscando el erotismo en ella que estaba escondido.

Su piel caliente pareció equipararse con la mía de una manera encajante como si ella estuviera, de alguna extraña manera, hecha para mí.

Aparte mi cabeza de esos poéticos pensamientos antes de que pudieran hacer mella en mí. El cuerpo de ella se apretó contra el mío inconcientemente o no, haciéndome desear profundamente terminar con esto de una vez por todas, y profundamente dentro de su cuerpo.

El instinto parecía hacerla buscar lo que habia probado antes y mis propias manos se movían sin voluntad en un irreverente impulso de complacerla completamente.

Una de mis manos se estiro sobre la suave curva de su vientre y las ligeras contracciones de este, luego más abajo, hasta la secreta parte en donde ardía por estar.

A medida que la tocaba era mas consiente de cosas que antes no, como por ejemplo de sus manos en la parte inferior de mi espalda, tocándome el trasero de esa manera tan "pura". Aun no podia creerme la rapidez con la que el descontrol invadió mi cuerpo definitivamente ansiándola más que siempre, más que nunca, tanto así que mi cuerpo, involuntariamente, imito el movimiento que realizara de haber estado dentro de ella sintiendo rozar la parte inferior de mi cuerpo con mi propia mano y el calor que emanaba de su piel en mis caderas. Era absolutamente sexual e intimo, más allá de lo tolerable.

Fui consciente de sus manos en mis caderas, y luego mas adelante, en la zona inguinal haciéndome aun más salvaje.

De repente me di cuenta de qué era lo que ella quería con su toque y también era consciente de que si ella me llegaba a tocar de esa manera explotaría como una cereza. Así que para ahorrarme la vergüenza de comportarme como un quinceañero, algo que nunca me habia pasado ni siquiera cuando los tenia, decidí apartarme de ella y dejarnos a ambos en "este "estado.

Nunca me habia sentido de esta manera tan baja. Nunca nadie habia encendido mis pasiones de esta manera tan caprichosa, constante e insaciable, incontrolable. Jamás hubiera creído que existiera ese tipo de mujer capaz de eso…

Me quede sentado completamente anonadado de mi descubrimiento y dejando de sentirme orgulloso de mi mismo en un solo segundo, deje de sentirme orgulloso de mi autodisciplina y autocontrol, ambos irremediablemente perdidos en tanto me acercaba a ella o siquiera percibía el olor de su cuerpo.

Podia sentir en los suaves ruidos de la cama que ella se estaba moviendo luego todo se quedo tan quieto que pensé que se habia quedado dormida.

La mire, pero no me esperaba que me estuviera mirando tan fijamente, ni tampoco me esperaba la oleada de emociones desconocidas que me atacaron de pronto, ni tampoco el cuestionamiento interno de que era lo que era ella y si, llegado el caso sería tan fácil deshacerme de ella como quería.

-¿tienes idea de cuánto te deseo? - era retorico, pero no pensaba en nada más que decir ante esta insólita situación, yo considerando a la mujer con que me acostaba, o me iba a acostar.

Tampoco se me ocurría que más hacer ya que toda la capacidad de raciocinio, y pensamiento, se hallaba en la parte inferior de mi cuerpo.

Ella negó con la cabeza, como le negaría un alumno la respuesta a su maestra. Ella era, en muchos sentidos, pero el solo hecho de haberla tocado y saber lo que ocultaba no la hacía una niña en absoluto para mí.

Me reí brevemente al imaginarme como un anciano barbudo y a ella como una niña de coletas y mejillas rojas de época de huevos de pascua.

No tenía idea de que era lo que ella podía interpretar de mi risa así que antes de que pudiera sacar la conclusión errónea me puse de pie pronto a retírame ante de cometer más burradas.

- hasta mañana.- me despedí pensando en que ese mañana estaba bastante más cerca de lo que en realidad habia temido.

Cuando Salí de la habitación me apoye pesadamente en la puerta de la mía sintiéndome ta agotado como si me hubieran dado una paliza, pero tenía que aceptar que jamás una paliza habia sido tan dolorosamente excitante, ni tan dulcemente emocionante.

Entre a la habitación dispuesto a dormir una gran siesta que reparara en algo mi estado actual. Pero encontré una respuesta negativa a mi petición de sueño, la que le hice a mi cerebro. Parecía que tendría que dormir el resto de la noche algo empalmado.

26 de Octubre

Pero al otro dia amanecí con un humor de perros no solo por la frustración sino porque en la noche decidió atacarme el Síndrome del Pensamiento y de pronto me encontré meditando acerca de la desgracia que estaba a punto caer sobre mi vida.

Y todo por culpa de esa deseable mocosa.

Si ella se hubiera muerto cuando nació esto hubiera sido mucho más fácil para mí.

No tendría que comprometer mi deliciosa libertad por una chiquilla virgen y que parecía haberse enamorado irremediablemente de mí.

Tampoco podia pensar en mi madre ni en la manera en que "ella" me la recordaba, porque nunca desee hacerle a mi madre lo que ahora deseaba hacerle a Isabella.

Si se tratara de una chica normal, interesada únicamente en la ropa de marca, los zapatos caros y el dinero habrían podido deshacerme de ella con facilidad, solo hubiera tenido que prometerle una cuantiosa suma de dinero y ella habría firmado, y todo hubiera terminado.

Pero no, tenía que pasarme esto y, en medio de la refriega, conocer a la única mujer en el mundo capaz de excitarme con una mirada.

Esto era mi ruina.

Por lo menos lo iba a ser en los próximos tres meses.

Tan lentamente cómo fue posible, la madrugada dio paso a la mañana y también pude pensar acerca de Bella y la curiosidad del sueño brevemente compartido que habia tenido con ella, ¿podia eso llegar a ser una señal de algo?

Cuando pare oreja de la almohada me dirigí a mi escritorio en donde James habia dejado los papeles que ella debía firmar encima, ordenados en una pulcra carpeta.

Les eche una ojeada por última vez repasando las líneas.

"Yo, Isabella Marie Swan acepto por el presente documento a que mi conyugue Edward Anthony Cullen, sea el administrador de todos mis bienes aquí mancomunados entre los cuales se incluyen las acciones legales y ponderan tés del así llamado Hospital Estatal Central.

Para su legalidad el documento se extendía a cerca de una página o dos más repitiendo lo mismo anteriormente escrito mas otras estipulaciones de menor interés. Y estaba escrito en una letra mucho más pequeña que la normal y podia, fácilmente, ser confundida con otro documento más a firmar, de todos los acuerdos prematrimoniales. Esperaba que ella no notara las pequeñas diferencias por que iba a tener que firmar más documentos que yo.

El dia anterior habia mandado a llamar a Madame René, para que se encargara de ser la estilista de Bella, esta aun no podia acabar de creerse que me fuera a casar y así se encargo de hacérmelo saber cuando hablamos por teléfono

"je le lui ai dit ou un non, monsieur?, esa ega la muchacha que usted desposaggia…"

Evidentemente no compartía el entusiasmo de madame ante su acertada suposición, pero sabía que ella haría un buen trabajo con Bella. Habia tenido oportunidad de comprobarlo el dia pasado en el que uso el sensual vestido negro que me dejo descubrirla como mujer. Probablemente llegaría en un par de horas así que decidí entrar a bañarme.

Bajo el agua de la ducha era casi posible imaginar que nada de esto en realidad estaba pasando. Pero la realidad era que me iba a casar después de tantos años de libertinaje la persona que menos debía haberme echado la soga al cuello lo estaba haciendo. La idea no me agradaba, pero curiosamente habia dejado de desagradarme en algún punto.

Bah! Habia podido con peores situaciones, un matrimonio de conveniencia no me iba a hacer caer, podia lograrlo, pero no pude eximir de mi rostro mi expresión de desasosiego y mal genio, a pesar de que lo intente innumerables ocasiones frente al espejo de la tina.

Finalmente desistí muy convencido de que tal vez más adelante con el pasar del dia y el poco de aire fresco que recibiría conseguiría olvidarme un poco de esto.

Casi lo conseguí, pero en el momento en que Laurent interrumpió en mi habitación, portando el esmoquin que madame habia destinado para mí y que habia visto en otra cantidad basta de oportunidades, pero no sobre mí, todo se me rego encima otra vez . Maldije por lo bajo.

Todo, todo era culpa de ella.

- la señora René acaba de llegar, subió directamente al cuarto de la señorita.

- está bien – le refunfuñe, para nada interesado en lo que pudiera pasar con ella, y a la vez demasiado consciente de que ese pensamiento anterior no era del todo cierto, pero ya era bastante tenerla presente en todas mis desgracias.

Laurent dejo colgado el esmoquin envuelto en plástico en una de mas manijas del guardarropa y me lanzo una mirada inquisitiva, esa mirada me hizo preguntarme si el sabia de lo que iba toda esta farsa de matrimonio pero se marcho sin llegar yo a decirle nada.

Termine de secarme el cuerpo, me afeite y me perfume correctamente, luego desenvolví mi traje y me lo puse con tanta lentitud como si estuviera sucio. "Resignación, amigo. Recuerda que aun no ha terminado."

Debía canalizar todos mis pensamientos en esa frase, no fuera que llegara a olvidárseme y en el momento en que fuera a dar el "si" nada mas decidiera salir corriendo.

Cuando termine de arreglarme como tal, espere a que Laurent me avisara de la llegada del otro chofer con el auto de James, en cuya casa esperaría para irnos a la registradora.

Madame René seguramente pensaría que todo estaría listo en casa de James y así se lo haría saber a Bella, mejor, así no estaría prematuramente nerviosa por la cercanía de mi presencia.

El teléfono interno de la casa sonó y cuando conteste Laurent me aviso que habia llegado el auto.

Baje las escaleras inhalando el ligero olorcillo a perfume que flotaba en el ambiente. Luego me fui con el chofer a la casa de James que quedaba bastante cerca de la registradora

Laurent tenía instrucciones expresas para llevar a Isabella las cuales no me preocupe en repetir, si en algo tenía fe en Laurent era en su gran memoria.

El tiempo seguía corriendo y yo seguía enfurruñándome aun más. James me recibió con un saludo mucho más cálido del que esperaba, parecía casi contento de que me casara, como si ese matrimonio fuera a marcar alguna diferencia sobre mí.

"Si, claro".

Después de pasada otra hora llego el tiempo de embarcarme hacia la registradora para llevar a cabo la situación. Cuando llegamos allí no me sorprendió nada que James tuviera todo preparado, también era un empleado eficiente.

Sabía que habia invitado a algunos de sus compañeros de trabajo que también era compañeros míos, aunque no bastante allegados, aunque eran de las pocas personas sinceras que aun quedaban en el gremio y en las que podia confiar en que no saldrían pululando sobre "mi boda" a la primera esquina donde cualquiera podia enterarse. Y serian lo suficientemente prudentes en el momento en que me divorciara.

Los salude con un gesto de la cabeza al cual todos respondieron de la misma manera, luego me senté a esperar en la silla que James me indico.

Después de un tiempo no logre conseguir una expresión diferente en mi rostro y lo supe por la rigidez de este. Una pequeña parte de mí, una verdaderamente pequeña, se alegraba por este beneficio de estar con Isabella, pero también debía aceptar que iba a pagar un precio demasiado caro para todo lo que implicaba.

Unas suaves pisadas se sintieron en la alfombra pero no me pare inmediatamente, ni me di la vuelta creyendo que se trataba de algún otro abogado. Unos segundos después James tosió sonoramente y no tuve más remedio que darme la vuelta para ver si tosía de esa manera porque estaba atragantado con saliva. Cuando me di la vuelta completamente supe que lo habia hecho para llamar mi atención que de repente se vio eclipsada por el impacto que sentí al ver a Isabella Swan parada en la puerta como un cervatillo asustado, pero más hermosa que nunca.

Mi cara podia estar rígida, inamovible en su expresión de desazón y aburrimiento, pero dentro de mi sentí que el pulso comenzó a palpitarme entre las sienes y la ingle.

Su aire de inocencia iba tan a la medida de su vestido, de su rostro, con todo lo que la rodeaba en ese momento. Solo pude pensar en Blancanieves el dia de su boda, con los labios maravillosamente rojos, la piel tan blanca y el cabello tan oscuro, solo que, a diferencia de la Blancanieves de los cuentos, a este si la podia ver, tocar, oler y saborear.

Hice acopio de todas mis fuerzas para no saltar sobre ella, lo que tuvo que haber añadido más hostilidad a la expresión enmascarada de mi cara. Pero también me hizo volver a tomar conciencia, rotundamente, de lo que estaba a punto de pasar y algo parecido a un baldado de agua fría termino por afianzar mi propia frialdad.

Mientras avanzaba hacia mí algo `parecido a una sombra inundo sus facciones pero, lamentablemente, después de eso no se veía menos hermosa y apetecible. No supe interpretar la razón de su cambio pero prometí pensarlo luego, cuando todo esto hubiera terminado y no tuviera la intención de salir huyendo.

Cuando estuvo frente a mi abrió levemente sus rojos labios como si quisiera formular alguna frase pero los cerro rápidamente y a cambio me dirigió una rápida mirada evaluadora que me hizo sentir como el apetecible manjar de un restaurante, pero tan rápido como me miro, se retiro.

James me ofreció su blanca mano cubierta por un guante de seda largo que se deslizaba hasta más arriba del codo y parecía estar diseñado con el único propósito de hacer imaginar deslizar la mano bajo el y quitarlo del todo. Abarque su mano con la mía y luego nos volvimos hacia el juez que iba a dictar la sentencia.

- el dia de hoy nos reunimos, en este recinto de ley, para celebrar la unión de estas dos personas, Isabella Marie Swan y Edward Anthony Cullen – Masen, quienes han decidido unir sus vidas bajo el poder que otorga la ley. Siéntense por favor.

Todos así lo hicimos. Por el ojo de gato podia ver a Isabella mirando hacia el frente, el suave perfume que la envolvía volvía a invadir mis sentidos como el ejercito de un conquistador. Procure permanecer frio y mecánico sin penas demasiado en las consecuencias que podia traer ese tipo de actitud. Solo podia pensar en el contrato, en el dinero, y en lo mucho que iba a disfrutar descubriendo a la hermosa blanca nieves de ojos chocolate.

- Isabella Marie Swan, por juramento sobre el tratado de la ley, ha decidido , sin ningún tipo de coacción o forzamiento, a contraer nupcias civiles con Edward Anthony Cullen- Masen prometiendo así compartir su vida, bienes y demás hasta que decidan que ha llegado a su fin?.

No podia decirse que fuera una declaración ni mucho menos romántica y más bien parecía estar haciendo una advertencia lo cual me hizo rechinar los dientes, no necesitaba que ella dudara de lo que íbamos a hacer especialmente en ese importante momento.

Sospechas infundadas pero aun así su tembloroso "Si" me confirmo que más seguro se sentía Hitler cuando se encerró en el bunker.

Pronuncie el mío de manera más firme que ella intentando contagiarla de mi seguridad, pero al parecer eso era algo difícil de lograr.

Cuando llego la hora de firmar las actas el juez dejo removió los documentos dejando de ultimas el contrato vinculante que me permitiría hacerme con las acciones, la fortuna de Isabella. Volví a tragar un poco en seco ya que no sabía si el juez conocía de la artimaña, era lo más probable ya que el juez conocía a James y este debió explicarle lo que tenía en mente en especial esa parte en donde yo no estaba con ella más que para lo obvio.

El turno de firmar fue de ella, pero a pesar de que note que le temblaba la mano el trazado de su firma fue tan regular y elegante como la de cualquiera de mis allegados. Fue contundente y firmo todo sin apenas pararse a leer.

No sabía si eso lo habia hecho por ignorante o por que le daba pereza leer, o por si quería acabar con esto tan rápido como yo.

Luego fue mi turno, ahí la sensación de euforia por el hecho de que ella hubiera firmado se desvaneció cuando los papeles aparecieron frente a mí. Iba a firmar un contrato en el que me uniría a ella por tres meses durante los cuales podría disponer de la totalidad de su capital y con lo que ella firmaba me autorizaba a mí, su esposo, a utilizar ese capital como mejor me pareciera.

Pero era el hecho de estar casado con ella durante tres meses lo que me hacía dudar., no esperaba que en ese tiempo la situación con ella cambiara de alguna forma y esperaba, para ese entonces, haber saciado esa necesidad de ella que me achicharraba por dentro.

Finalmente mi mano respondió a la orden del cerebro y me vi a mi mismo firmando sin ningún miramiento dudando de todo como nunca antes.

Culpa… la tenia ella.

- gracias – dijo el juez tomando los papeles poniéndolos en sus respectivas carpetas entregándolos a James.

- los anillos por favor -

A cambio de las carpetas James le entrego en descansillo de los anillos a la vez que el juez los puso frente a nosotros como si nos estuviera ofreciendo un platillo.

Recordé brevemente que James me habia preguntado la talla de mi dedo anular y supe que habia sido para esto, los aros de la joya de ella eran mucho más pequeños que el mío, habían costado bastante ya que el de compromiso portaba un diamante. Le pedí a James que eligiera esa piedra preciosa para ella, al menos para compensar en algo lo mucho que le iba a quitar. Lo demás vendría luego.

La mano temblorosa de ella tomo mi sencilla argolla que, por lo que habia dicho James, estaba marcada con el nombre de ella por dentro. La argolla encajo bien en mi dedo y luego fue mi turno.

Levante su mano dejándome llevar brevemente por la sensación de la seda de su guante, tan parecida a la de su piel, como recordaba su tacto la noche anterior.

Cumplí mi pequeña fantasía, la que habia imaginado con el largo y principesco guante, desnude su brazo como me hubiera gustado desnudarla a ella, lenta y eróticamente. Sus ojos estaban nublados pero no por las lagrimas sino por esa sombra que percibí antes

- Isabella Marie Swan, acepta este anillo como símbolo de mi…amor – maldición ¿porque tuve que titubear?- y nuestra unión hasta que la ley lo prohíba o hasta que nuestra voluntad lo disponga. – dije mientras deslizaba los dos anillos en su impecable y pequeño dedo.

Ahí fue cuando dejo de mirarme.

Nos dimos la vuelta para terminar con la boda.

- por el poder que me otorga la ley los declaro marido y mujer

Marido, la palabra en si me era desconocida y por razones netamente actitudinales no tenía idea más que de relaciones sexuales conyugales en ese rol, no sabía cómo debía comportarse un marido aparte de acostarse con su mujer.

Cuando me gire para besarla recordé lo mucho que estaba entregandole y lo mucho que besarla haría de mí un orate., Así que la bese fría y calculadoramente procurando ignorar el calor de sus labios suaves y jugosos.

Maldije cuando el oscuro velo cubrió sus ojos y me miro a través del como si se encontrara a miles de kilómetros de distancia, y si no se encontraba parecía desear sobre manera estarlo.

Cuando todo se termino nuestra siguiente parada fue la improvisada recepción que se llevaria a cabo en el hotel donde también se llevaría a cabo nuestra noche de bodas. El silencio reino mientras montábamos en el ascensor del registro civil y lentamente salíamos, cada uno a uno de los asistentes a su vehículo, para llegar a la recepción.

Ella se subió cuidadosa y delicadamente a la limosina con la clara intención de no arrugar su precioso vestido, puso su ramo, ese que yo pensaba que habia dejado en el registro, a un lado de su pierna derecha, con ligerísimo cuidado, entre nosotros.

Cuando abrí la boca para preguntarle por que parecía cuidarlo tanto ella me interrumpió como si me hubiera leído el pensamiento.

- no tenia amiga a quien lanzárselo – repuso lacónicamente en el momento en que inspire para hablar - así que me lo quedo. Espero que no te moleste. – añadió en un tono extraño. La manera en que protegía las flores la hacía incluso más angelical.

- por supuesto que no – dije rindiéndome un momento a la suavidad de su perfil respingado, la miraba a ella y ella miraba hacia el frente pero algo me decía que sabía que la estaba mirando - es un vestido hermoso- repuse para justificarme y para hacerle un cumplido que a todas luces se merecía.

Ella asintió rápidamente como cuando recibes las palabras de alguien de manera rápida, como si mi comentario le resbalara, pero no por las razones normales, aparentemente, y como siempre, no tenía idea de lo hermosa que se veía.

- pero más lo es quien lo lleva - no fui capaz de morderme la lengua.

- tú también te ves muy bien – dijo ella en voz baja moviendo imperceptiblemente la mano y atrayendo mi atención inevitablemente a su brazo cremoso cubierto de seda.

Alargue mi mano y la toque antes de que pudiera apartarse.

-no sabes lo que ese guante le hace a mi autocontrol - parecía que, al menos por el momento, no podia callarme las verdades.

- ¿puedo preguntarte algo? – inquirió ella súbitamente haciendo que mis dedos se detuvieran por un momento en la sórdida seducción de seda que quería practicar con ella.

- adelante

- ¿sucedió algo malo antes de que acudieras al registro?-

Sabía que mi rostro habia cambiado de expresión, de repente volvía a tener la máscara de rigidez que me afectaba ahora con ella recordando me mi enfado de las horas anteriores y recordándome también lo que habia hecho.

-no…por qué?- repuse frio

Pensé que no me iba a responder pero tampoco esperaba que me respondiera con otra pregunta.

-se que no tengo derecho a preguntártelo - dudo - ¿acaso hice algo malo anoche? -

¿Por qué insistía? ¿Acaso mi palabra no bastaba?

- te repito que no se dé que estás hablando - pero parecía no darse por vencida y algo me decía que no lo hacía precisamente por que estuviera buscando un cumplido.

- ¿cuál es la verdadera razón por la que querías que fuera tu esposa? -

¿Podría alguien haber abierto la boca? , ¿Podría haberse dado cuenta de lo que estaba pasando?, parecía albergar cierto rencor en el tono de voz. – parecía que James tenia mas deseos de casarse conmigo que tu... - la fuerza de su argumento duro poco menos de tres segundos en los cuales, cuando medito las palabras que acababa de decir, se tapo la boca con la mano y una expresión de suma vergüenza tiño su blanco rostro. No pude menos que reírme ante su comentario, pero esto tampoco pareció agradarle

- tengo mucho trabajo en el que pensar, Isabella, aun el dia de mi boda mi empresa depende de mí – puse de excusa a mi empresa a fin de alejarla de sus cuestionamientos sobre mis razones para casarnos.

Ella asintió pero no se veía realmente convencida y no se me ocurría que mas decirle para distraerla

- ¿solo por eso?- pregunto con una inseguridad palpable.

- solo por eso – repuse, pero ya mi ánimo para algo positivo parecía evaporarse rápidamente, así que debía empezar a fingir lo que no sentía - ahora tendremos nuestra celebración – susurre - que creo que es por lo que estas penando – tome su mano pero su mirada no me transmitió más calor que mi propio frio interior.

- no me interesa la fiesta si no quieres asistir. Si en algo ha fallado esto por favor dímelo, aun estamos a tiempo de retractarnos.

Y volvía la burra al trigo. Jamás habia conocido a una mujer mas insegura que esta, pero no pude decirle nada mas romántico en la frase con la que conteste.

- tendrás que perdonarme, pero como dije antes mi trabajo es agobiante. – quería decirle que me diera su dinero y que desapareciera de mi vida, que dejara de ponérmela patas arriba, que despareciera de la faz del planeta para así recuperar mi vida normal.

Aparte mi mirada de ella no fuera que identificara cuanto rencor le tenía por todo.

No volvimos a hablar hasta que llegamos al lobby del hotel, justo como lo recordaba solo que el horario era diferente.

El salón estaba decorado con bastantes cosas blancas dándole a esta farsa el falso aspecto de un cielo paradisiaco cuando no podia ser mas lo contrario, sentí que Isabella se prendía de mi como una lapa y aunque debería no me molesto mucho.

Vi por unos momentos en los que la mire que sus ojos vagaban rápidamente por la gente que se nos habia adelantado en el viaje y a que su vez la miraban a ella con suma curiosidad.

Intempestivamente O`bannon, uno de los abogados dirigentes se acerco a mí a hablarme de negocios relegándola instantáneamente y aunque parecía reacia finalmente dejo de estar prendida de mi brazo. No supe qué dirección tomo hasta mucho tiempo después, cuando pude sacudirme un poco a los múltiples argumentos de leyes y de economía de los que estos hombres hablaban. Cuando finalmente pude volver a enfocarla un sentimiento amargo e inerte me inundo los sesos cuando vi que mi mujercita no habia estado perdiendo el tiempo en absoluto, es mas parecía estar siendo el objeto de la mirada lasciva de ese perro de pelo oscuro al cual creí haber visto antes. La estaba mirando como si fuera el bistec del dia y el sentimiento de posesividad al cual no me atreví a darle nombre en ese momento termino de inundar mis entrañas dejándome en amargo sabor de la furia en la lengua, furia que, como no lo conocía a él, descargaría sobre ella y su taimada forma.

- creo que eso no es asunto suyo – decía ella mientras se daba la vuelta y se topaba de frente conmigo. Sorpresivamente me evito y se dirigió a una mesa mientras miraba al perro y este a mí como si estuviera calibrando a su rival, me dieron ganas de cargármelo a puños especialmente cuando un bufido de superioridad broto de sus dientes.

- ¿algún problema con mi mujer? - le pregunte brevemente recalcando eso si el status de Bella conmigo.

- su mujer quería agua – dijo el también haciendo hincapié en su mujer.

Su mirada devoro a Bella aun a la distancia y luego se poso sobre mí sin ningún tipo de sentimiento más que el odio, el cual, sin saber la verdadera razón, era totalmente correspondido.

Me di la vuelta sintiéndome incapaz de seguir ahí de pie sin atestarle un puñetazo al perro ese por atreverse siquiera a mirara a Bella.

Este ataque de posesividad, el cual habia decidido llamar de esa manera, seguramente era por el hecho de que ella podia dejarme en cualquier momento antes de los tres meses llevándose consigo el dinero que salvaría mi negocio. Por eso, enfadado me acerque a la mesa donde estaba ella sentada y me senté frente a ella, sin ningún tipo de tangentes le pregunte.

- ¿que hacías hablando con él?- mientras le hacia esa pregunta recordé donde lo habia visto antes lo cual fue algo enervante por que fue esa misma noche, cuando Bella vestía de negro y yo acababa de humillarla bastante.

- no estaba hablando con el – respondió ella tan seria como un buda. Se llevo una mano a los ojos y froto las puntas lentamente. Luego comenzó a tomar agua como si fuera alcohol en el que pudiera ahogarse.

Por supuesto que estaba hablando con él, una mujer que no hablaba con alguien no dejaba que ese alguien la devorara con la mirada ni que se inclinara hacia ella de esa manera tan familiar en la que el perro se habia inclinado sobre ella. Música de cámara comenzó a sonar mientras la taladraba con la mirada que sabia estaba llena de odio, pero ni en ese momento me propuse preguntarme cuanto era que la estaba lastimando, pero de todas formas esto podia ser tomado como una lección para ella, no mirar a alguien más, no cuando eras la esposa de Edward Cullen, acababas de firmar un contrato de matrimonio con él, e ibas a ser su fuente de ingreso monetario durante los próximos tres meses.

- el vals de los novios – escuche la voz de madame René amplificada en el micrófono, no me sentía lo bastante animado para humillarla rechazando la petición de baile que debía ser tradición en todos los matrimonios, incluido el nuestro aunque no fuera, técnicamente, real.

Ella tomo mi mano, la que en un principio ofrecí y que ella se demoro tanto tiempo en aceptar que casi bajo para irme de ese infierno.

En tanto nos situamos apreté su cuerpo contra el mío, sintiendo repentinamente una tranquilidad y un alivio casi instantáneo. Como si al tenerla en mis brazos pudiera asegurar el futuro de ambos de una manera que nos beneficiara.

Para acentuar la sensación de tranquilidad, la de posesión una vez calmado, la sensación de ella entre mis brazos otra vez, no pude detener mis labios quienes, por instinto, buscaron los de ella para unirse en un beso febril y cargado de chispas de mal humor y deseo contenido.

Y bailábamos sin importar lo demás, por un momento me convertí en el príncipe de Blancanieves.

Un baño de calor cubrió mi cuerpo de la cabeza a los pies mientras el contacto se extendía tanto como la música y el deseo comenzaba a apoderarse de mí de una manera incluso mas atroz que la de la noche anterior, mas aun por que ahora sabia que nada me impediría tomarla, nada me impediría experimentar lo que tan ansiosamente habia esperado, lo que tanto habia deseado, estar dentro de Bella Swan de todas las maneras en las que un hombre podia estar dentro de una mujer.

Cuando se termino el baile ya estaba perdiendo el ceso así que no se me ocurrió otra manera de calmarme las que refugiarme en lo que todo el mundo consideraba antídoto para las situaciones difíciles, alcohol.

En cuanto nos sentamos llame al camarero más próximo y sin importarme nada le pedí un whisky de más fuerte que se podia preparar.

No la mire en los minutos en los que se demoro el alcohol en llegar no fuera que decidiera destrozar su bonito vestido y la violara sin más contemplaciones.

Me tome la bebida en el tiempo que requería que no me quemara el hígado, pero aun así fue bastante más rápido de lo que normalmente bebía alcohol, y para mi sorpresa, pareció calmarme un poco, o no sabía si era algo psicológico. Pedí otro nuevamente sin contemplaciones esperando que me brindara aun mas sosiego que el anterior.

Estaba terminándome el tercero cuando vi que James se acercaba y se detenía al lado de Bella mirándome con algo de reprobación, bah!, el anciano no tenía derecho a reprocharme nada, el estaba tan hundido como yo en esto.

- ¿puedo bailar con su esposa?- me pregunto, el solo hecho de pensar en las manos de James sobre la tela del vestido de Bella me hizo hervir la sangre otra vez, pero para lastimarla por su osadía de antes le dije sin importarme nada.

- adelante -

Cuando se fueron decidí matarme en alcohol, maldije todo lo que me rodeaba, todo lo que habia hecho y todo lo que estaba a punto de hacer, de repente era con si un demonio me hubiera poseído, tenia celos, increíblemente encontré en nombre, en medio de mi tormenta de alcohol, `para la sensación de posesión que no me habia atrevido a nombrar, celos de James, del perro, de cualquier persona del género masculino que quisiera acercarse a ella sin mi consentimiento, aun con él, quería que fuera mía, y la quería encerrada en vidrio para poder romperla cuando no me sirviera mas y destruirla para que nadie más pudiera tocarla, tenerla aun después e haberla usado yo.

Estaba maniaco y alcoholizado, me sentía muy capaz de cometer una locura así que Salí al jardín a calmarme un poco haciendo un recuento mental de cuantos fuertes whiskys me habia tomado. Definitivamente habían sido muchos, ya que no podia reconocerme y mucho menos pude hacerlo cuando enfoque mi mirada a través del cristal y vi que Bella estaba bailando con el perro camarero de una manera tan intima como yo habia bailado con ella. La canción terminaba en ese momento y pretendía entrar como un bólido para rematarlo cuando se inclino sobre ella y le dio un beso en la mejilla tan despacio como si quisiera catar su piel, como yo habia querido hacerlo la noche anterior, y con la más intensa de las miradas en esos ojos negros que parecían el infierno al que me estaba viendo sometido solo por esa vista maldita.

Y ella, maldita fuera, mientras él se iba se dio la vuelta completamente sonrojada, maldita perra manipuladora, ahora que sabia a medias lo que se sentía estar con un hombre de verdad quería ir a probarlo con el primero que le diera palabras lisonjeras. Antes de entrar y llevármela por delante decidí tranquilizarme un poco, a ella le gustaba jugar duro cuando de otros hombres se trataba, recordaba la noche del vestido negro y la manera en la que habia respondido después de que la humille, bien esto podia repetirse pero esta vez seria en una cama y conmigo sobre ella castigando su imprudente zorrería.

Me sentía un poco mareado pero lo suficientemente sobrio como pará caminar derecho y con dirección hacia la mesa, en donde un minuto antes otro camarero habia `puesto una asombrosa y gigantesca combinación de comidas que mandaría al baño a cualquiera.

Ella me miro asustadamente mientras me sentaba en el lado opuesto de la mesa de ella, aprecia analizarme aunque quisiera no demostrarlo, que tonta era.

- ¿puedo comer de eso?- dije arrastrando las palabras en contra de mi voluntad. La sombra de sus ojos cayó sobre ellos una vez más, y la volví a maldecir porque me mirara de esa forma cuando se habia sonrojado por la mirada del perro.

- por supuesto – dijo con esa vocecita de mártir que odie en ese momento. En mi embriaguez no quería ver la cosa de otra manera diferente a esta: ella creía que lo tendría todo al tenerme a mí y que podia jugar de la misma manera que yo tenía planeado jugar con ella y estaba demasiado equivocada. Maldita fuera si lo estaba.

- te has divertido?- le pregunte dándole la ligerísima oportunidad de que fuera sincera conmigo

- claro… tus amigos son muy educados –

Así que mis amigos… por qué no admitía que no solo habia bailado con ellos sino con el perro ambulante que la quería seducir y del cual descaradamente se dejaba. Metódicamente deslice la mirada buscando al que parecía haberse ido, esperando así que me contestara con la verdad

¿Y los tuyos? -

- no tengo amigos aquí – repuso lentamente – compañeros si acaso, tus amigos, que bailaron conmigo, y James, pero no amigos – negando ese baile maldecido una y otra vez. Al parecer me habia encaletado con su vestido de falsa molestia a la verdadera mentirosa que parecía ser. Tal vez el alcohol me estuviera nublando la mente, tal vez nada de esto era lo que parecía y estaba cometiendo un terrible error. Me permití pensarlo por unos momentos y se me escapo un

- perdóname…- que desgraciadamente para mi amor propio sonó a sincero.

- no tengo nada que perdonarte – respondió ella automáticamente, tan friamente como un revolver.

- si, si tienes… no me estoy portando bien – esa excusa era tan patética como la cantidad de pensamientos contradictorios que tenía en ese momento.

- lo siento yo también – dijo ella negando con la cabeza – creo que no he sido la compañía más agradable - sorprendentemente estaba asumiendo la culpa de todo en lo que la habia enredado desde la noche anterior.

- por mi causa – la asumí ahora yo - bueno…en fin.- dije la palabra aunque sabía que esto no tendría final hasta que estuviera en la cama con ella. – ¿en serio vas a comer todo eso? - ella soltó una suave risita que me erizo los vellos del cuello.

- no estaba muy en mis cabales cuando lo pedí – dijo con voz arrepentida.

También reí tratando de conservar este pequeño humor hasta que se volviera de mayor tamaño.

El alcohol me soltó la lengua como nunca antes realmente con ella, así que le conté muchas cosas sin saber muy bien de que estaba hablándole pero sintiéndome un poco más cómodo aunque aun con el alcohol en la sangre. Luego le pedí algo más liviano al camarero, un poco de vino, mas vino, mucho más vino. Necesitaba del alcohol en esos momentos en los que sabia previos al encuentro final, en donde descubriría por fin que era lo que tenia Bella Swan para mí.

Partimos un pastel en el que no repare mucho y del que solo probé un poco de fina crema, luego me dedique a hablar con James sentados en el sillón amplio.

-parece que logro lo que quería – dijo el levantando su copa hacia mi

- todavía no ha terminado –confesé mis actos venideros sin ningún tipo de vergüenza. Los celos comenzaron a picarme

- es una muchacha muy buena…debe tratarla con cuidado –

- sabré lo buena que es en la mañana – solté groseramente mientras la expresión del rostro de James se endurecía

- no sabe en lo que se está metiendo señor Cullen, cuando se dé cuenta de todo va a ser demasiado tarde.

- no me vengas tu con esas advertencias, estas hasta el cuello con esta trama al igual que yo, estuviste de acuerdo así que no vengas a hacerte el bueno defendiendo a la chiquilla porque te calo con su carita de niña buena – escupí estas palabras en la cara de James que se alejo de mi lentamente.

- está enamorada de usted… y ese amor la va a matar.

Hice una mueca ante sus palabras recordando lo que habia soñado antes y llenándome de celos nuevamente

- no me digas que te enamoraste tu de ella, James. No creo que Sheila le guste saberlo. – reí por lo bajo mientras el anciano se daba la vuelta-

- Sheila tendría compasión por lo que usted está a punto de hacer y me apoyaría en quitarle de las manos a esa niña indefensa.

- en cuanto la use puedes quedártela, ya no me servirá para nada entonces - dije completamente ebrio.

- veremos quién se queda con ella cuando todo pase – dijo el enigmáticamente mirándome con algo que nunca habia visto en sus ojos, al menos no realmente. Profunda decepción.

Otro bache, la ruptura de mi amistad con James. Maldita Swan, me estaba destruyendo la vida.

Cuando fui consciente de mi otra vez parecían haber pasado horas pero debían haber sido minutos por que luego estaba de pie y la tenía a ella frente a mí, al karma en el que el alcohol la habia convertido para mi, un karma que iba a borrar de mi vida esta noche.

Aplaste su boca con la mia besándola con la fuerza que la furia me proveía y estando tan ebrio como un vagabundo. Moví mi boca una y otra vez tratando de contagiarla de mi locura sin importarme si le hacía daño o no, sabiendo tanto como ella que solo habia un final para esta noche.

La tome de la mano cuando nos separamos y me la lleve consigo a donde pudiéramos estar solos. Mientras llegábamos la besaba y la besaba encendiendo así el interruptor que solía encenderse solo y que controlaba todos los movimientos voluntarios e involuntarios de mío cuerpo, los que me urgían a poseerla ya, de una vez sin más esperas ni ansiedades.

Para mi embotado cerebro, embotado de alcohol, deseo, frustración, celos y decepción, fue todo un milagro maniobrar hasta estar finalmente donde quería, a solas con ella en la habitación, para terminar de una vez por todas con sus dudas de que era mia y que lo seria al menos durante los próximos tres meses.

Comencé a besarla impetuosamente, con fuerza violenta, como siempre habia querido hacerlo pero me contenía, ahora el alcohol habia acabado con lo poco que quedaba en mi de un ser pensante para cerrarse a todo menos al monstruo que exigía satisfacción inmediata.

Tan cerca de ella comencé a besarle el cuello chupándolo como habia querido hacer la noche anterior y llenándolo d marcas rojas, marcas mías. Entremetí las manos entre las faldas del vestido buscando la manera de arrancárselo definitivamente, ella se estaba removiendo imperceptiblemente sobre mí, como si quisiera apartarse, lo cual no podia permitir, no cuando habia estado tan cerca del otro y parecía haberlo disfrutado tanto. Después de besarla succionando con fuerza sus labios ahora rojos de manera natural me lance con ella hacia la cama cubriéndola con mi cuerpo tan íntimamente como habia querido siempre.

Acostada era más fácil marcarla y así lo hice sintiendo las reverberaciones de sus gemidos en mi boca. Mis manso encontraron el borde superior del vestido y con la delicadeza de una bestia lo bajaron hasta la cintura para al fin contemplar por lo que tanto habia esperado.

La mire fijamente grabando en mis ojos y en mi memoria nublada cada forma, cada curva y cada textura de color de ese torso delgado y…

¡Dios Mío!, ¿que demonios me pasaba?, era demasiado delgada y aun así cada centímetro de mi piel ardió por tocarla por marcarla por tomarla y sofocar el ansia sexual que invadía mi cuerpo como una cubeta de agua caliente. Mi mano se levanto por voluntad propia y volvió a tocar ese hermoso seno que habia sentido solamente la semana anterior, lo apreté sin pensar demasiado dejándome llevar por la sensación placentera más intensa de el momento, ella gimió cuando apreté demasiado la mano y supe brevemente que eso la lastimaba. Luego mi otra mano entro en contacto con el calor de su otro sentó tan tentador como el primero y al cual apreté de la misma manera, como un huno que estuviera viendo algo diferente a matanza y muerte.

Sin poder esperar más tiempo la levante de la cintura hacia mí y la apreté contra mi pecho escuchado como el aire abandonaba rápidamente sus pulmones y besando su lastimada boca con igual fuerza que antes, imprimando ene ya un beso húmedo y frotándola con fuerza sobre mí, aplastándola contra mí, apartándola de mi, probando lo que antes habia tocado y descubriendo otra vez, que su olor a vainilla y su sabor a caramelo era algo que tenía en todo el cuerpo, succione fuertemente su seno tratando de llevarme en la lengua el sabor dulce de su `piel aterciopelada. Ella tenía la cabeza echada hacia atrás y gemía dolorosamente, como si de alguna manera la estuviera torturando, pero estaba ciego, sordo y mudo a otras demandas que no fueran las mías.

-Edward – murmuro su voz suplicante mi nombre mientras, sin quitar un momento la boca de mi pecho, mis extremidades maniobraron sobe su vestido sacándola, de alguna fugaz manera, de la cárcel que este significaba para mi, esa que no me daba la libertad de mirarla y de desearla salvajemente.

Deje de chuparla para dejarla un momento mientras hacía desaparecer mi propia ropa y no aparaba los ojos de ella y de su delgada figura, la que quería poseer hasta que la locura me abandonara. Antes de que pudiera eliminar la camisa de mi cuerpo ella comenzó a taparse de mis ojos con lentitud, como si no quisiera alterarme, pero era demasiado tarde para eso y así se lo hice saber deteniendo los temblorosos movimientos de sus manos antes de que tapara lo que quería ver.

-ya no tienes derecho a esto – le dije cerrando mi agarre sobre las muñecas que habia detenido, lo decía inconcientemente cegado solamente por la necesidad.- ahora eres mia y puedo hacer contigo lo que quiera -

Era cierto, así lo sentía, así lo senti desde el dia en que la vi realmente, además no le importaba conquistarme y a la vez conquistar al perro camarero que parecía estar tras ella. Solté sus manos para quitarme la camisa, sus ojos me recorrieron encendiéndome la sangre mas y mas, aunque parecía tener miedo la embriaguez me impedía tenerlo en cuenta, me estaba excusando y no tenía otro argumento más valido para el animal que había poseído mi cuerpo. Tomándola de las muñecas otra vez la incline sobre la cama para tener un contacto más cómodo y con tanta lentitud que me dolía. Retire el resto del vestido reteniéndola con una sola mano. Ahora estaba casi desnuda, como tantas veces me la había imaginado y podía sentir el roce de sus pechos contra el mío, el calor invitador de su piel abrasándose a la mia. Presione una vez más contra ella haciéndonos gemir a ambos, mientras me acomodaba entre sus piernas y sentía como le temblaba todo el cuerpo. Deje caer parte de mi peso contra ella para que asimilara el significado de las palabras que brotaron libremente de mi boca hacia su oído.

-eres mia y de nadie más – un hecho que en ese momento no le permitiría atreverse a refutar.

Cuando dije esto el cuerpo de ella pareció cambiar totalmente, ahora no temblaba pero lo notaba tan tenso debajo de mi que hice una mueca, luego comenzó a moverse de manera irritante, como si de repente quisiera apartarse de mí, no sabía si era fingido pero el hecho de moverse de esa forma me hacía sentirla con cada parte de mi cuerpo echado sobre el de ella. Así era como me tentaba, entregándose y luego replegándose como los ojos de un caracol cuando se tocaban...y ¿por que quería alejarse?, ¿acaso no era lo suficientemente bueno para ella?, ¿acaso me estaba comparando con sus amiguitos del orfanato de donde salió, alguno de ellos había conseguido lo que ella quería negarme? Esa serie de preguntas irracionales comenzaron a i8nvadir mi cabeza una y otra vez, bombardeándome con dudas, ira y mal humor. La deseaba tanto que no iba ponerme a parar a pensar en cuantos hombres habrían poseído ese cuerpo voluntariamente o no. Ella tendría que entender que era mia y de nadie más, tendría que recordarme como el único hombre con el que podía acostarse. El único.

- no te muevas – me estremecí sobre ella cuando su respiración agito su pecho, el que se rozaba con el mío y el resto de su cuerpo, el que ansiaba poseer de manera salvaje y sin inhibición. – esto es lo que quiero - no podía negarme lo que tan fácilmente parecía querer darle al donnadie del camarero del hotel, ese que esperaba no encontrarme nunca más en la vida y al que esperaba que un tren le pasara por encima – no puedes negarme que tu también lo quieres, todas esas miradas de niña ingenua – tal vez su talento fuera algo consumado, o tal vez me había echado brujería para hacerme deseara de esa manera tan dolorosa – acechándome… tentándome…no puedes negarte ahora.

No podía echarse para atrás cuando la bestia que ella misma había creado había decidido seguir sus instintos, ¿no era eso lo que ella había deseado tan silenciosa a la vez tan demostrativamente?

La mano de la ahora bestia comenzó a marcarla con una mano, no importaba la aspereza con que la tocara, la violencia con que la hiciera, ella respondía con su piel tan sedosa cada vez. Y seguía perdiéndome en ella conociendo por fin lo que escondía bajo la ropa.

Me hice a un lado solamente para dejarla desnuda del todo y poder contemplar y tocar por lo que tanto había pagado. Para eso tuve que salir del calor de sus piernas, las que ella aprovecho para cerrar persistentemente. La mire a la cara y vi lo que estaba pasando. Lagrimas brotaban de sus ojos y parecía tan triste y desolada como una viuda. Me incline sobre ella incapaz de entender el sentido de su llanto, con el whisky velándome de toda emoción menos las más primarias.

- no me digas que tienes miedo – la frase salió de mi boca alentada por la pérdida de conciencia. Los ojos que estaban cerrados pero de los que seguían manando cristalinas lágrimas se abrieron finalmente para dejarme ver el maldito velo de sombra. Ella iba a tenerlo todo, al menos todo por lo que podía compensarla ¿y lloraba?, Si, no podía entenderla y mi cuerpo no me daba más tiempo de intentar hacerlo. Tal vez no me lo perdonara nunca pero ella había querido ser mi esposa, jamás se hubiera entregado a mí de otra manera, jamás hubiera podido quitarle lo que era mío de otra manera. – no vas a llorar – quise rogarle que no lo hiciera, quise que la desolación de sus ojos pudiera haberme detenido, tampoco quería que el instinto animal prevaleciera sobre el humano, pero no podía, no en ese momento, no cuando mi propia mano buscaba ese calor que conocía bien y que quería tocar al menos una vez antes de hundirme en ella y probar que podía amainar ese deseo absurdo.

Se movió con más fuerza pero esta vez si pude distinguir entre el miedo y sus propios deseos, y esta vez quería apartarse por que tenía miedo de mí. Bien, ese miedo tenía que desaparecer, de lo contrario esta experiencia, a pesar de al nivel de alcohol en mi sangre, quedaría grabada para siempre en mi memoria y no iba a permitir que me atormentara el resto de la vida.

Ella respiraba agitada mientras la besaba apremiantemente buscando la respuesta de su cuerpo. Luego se estremecían notablemente y se quedo tan quieta como una estatua. Como si de repente el alma hubiera abandonado el cuerpo. Interprete eso como signo de que había perdido el miedo de mí, ya no me tocaba pero eso no lo necesitaba, al menos no en ese momento. Distribuí el sentid de mis manos por la extensión de su cuerpo deleitándome en cada forma que encontraba y siendo un poco consiente de la fragilidad de este, mantenía los ojos cerrados cada vez que la miraba, pero estaba intentando grabarme su cuerpo como no lo había hecho con nadie más nunca.

Y seguía tocándola porque no podía saciarme de su piel, porque, al contrario de las miles de mujeres con las que había dormido, esta estaba comenzando a penetrar las barreras que había erigido por mi propia seguridad emocional, cuando había entendido por fin que no podía amar a nadie porque mi madre no había terminado de enseñarme lo que necesitaba aprender de la vida. Esa vulnerabilidad podía destruirme y si me destruía nunca jamás podría dejar a Isabella Swan lejos de mi vida. Ella era una complicación que no necesitaba, pero que sabia tan mia como lo era mi madre, solo mia.

Cuando mi cuerpo empezó a buscar el de ella para entrar en el mas intimo contacto en que podían entrar un hombre y una mujer, la laxitud de ella se evaporo, como si se hubiera dando cuenta repentinamente de que era lo que estaba a punto de hacer. Intentaba apártame…pero ya era demasiado tarde para eso, ya la parte racional de mi había sido desplazada definitivamente y aunque en un segundo intente encontrarla y traerla de vuelta fue inútil porque ya estaba ahí, porque no podía apartarme, porque la sangre me estaba explotando en las venas y porque quería alcanzar la cima del placer dentro del cuerpo de ella como tantas veces lo había querido

- Edward…no, por favor…no lo hagas…no así….por favor no – su voz llego a mi mente desde muy lejos, desde donde no quería escucharla y desde donde no podía observarla, sonaba a pánico, a desesperación, a miedo y no la entendía, podía no ser virgen, podía serlo, pero seguía estando lejos de mi capacidad de distinguir entre lo que estaba bien o mal de este evento.

M e hacía sentir como un loco, como un poseso, de eso si podía culparla, de llevarme a este límite de la locura, de hacerme desearla de esa manera, de hacerme celarla como si fuera mia, como si quisiera conservarla por toda la eternidad. La odie por eso. No sabía, que mucho mas adelante me odiaría mucho más a mi mismo que a ella.

- Edward…te lo ruego…por favor…no - llanto, terror… ¿que era? Todo me llegaba en forma de ensoñación mientras su calor comenzaba a tocar el mío finalmente.

Finalmente, dentro de su cuerpo abrazándome, sofocándome, dándome tal placer que era casi irreal. No me importaba en donde estaban todas las demás partes de mi cuerpo sino la inferior y mi propia alma. Miles de imágenes de ella se deslizaban por mi moribunda conciencia mientras la sentía moverse debajo de mí y gritar sin sentido. Tenía cerrados los ojos y la sangre corría veloz por mis venas incendiadas.

- ¡Detente!... ¡por favor no sigas!, ¡por favor! ¡Te lo ruego!, ¡te lo imploro!-

Otra vez esa voz…penetrando mas allá del placer, mas allá de donde yo estaba penetrando, rompiendo algo que creí que no debía estar ahí, algo que me hizo despertar tan súbitamente del sueño que había tenido y me hizo caer en la realidad de lo que estaba pasando. Cuando abrí los ojos a la verdad, ella estaba ahí, llorando como una niña lastimada, lastimada de verdad, no con un simple raspón, como una niña que estaba muriendo lentamente, y yo estaba sobre ella, sosteniéndole los brazos, forzándola a mi voluntad errada e inconsciente, y tan dentro de su cuerpo como podía estarlo.

- para…por favor – decía ahogadamente sin moverse, sometida a mí de la manera más cruel.

Las sensaciones que corrían por mi espalda y por mi cuerpo comenzaron a remolinarse en donde encontraba el placer, y no tenia excusa más que decirle a ella lo que sentía.

- no puedo…- dije confesando la debilidad de la que era presa, la debilidad que me hacia lo suficientemente fuerte y sádico para forzarla a mis propios deseos carnales y mentales. La solté, sabiéndome más grande, mas fuerte y mil veces menos inocente, y tome su rostro, quería que me mirara, que me ayudara a recuperar lo que tan salvajemente me había arrebatado. Un poco de control. – Bella….- sus ojos me miraban, pero no estaba ahí, ella no estaba ahí, en esos profundos abismos negros solo estaba yo, yo y mi rostro maldito. – soy yo…- dije mas para mí que para ella. Si, era yo, pero no lo era hacia unos minutos.

Ella sollozo silenciosamente quitándome el espejo de su alma impidiéndome seguirla buscando. Mi mano busco la humedad de sus mejillas. Y me quemo, tanto como si ahora recuperada conciencia estaba quemándome con el remordimiento, el que luchaba contra el placer de estar en su cuerpo, de poseerla al fin, de hacerla mia de esa manera.

Ella ya no luchaba, aceptaba inertemente las demandas de mi cuerpo como si ese fuera su deber, como si estuviera hecha para nada más que para soportarme. Eso me lastimo profundamente, me lastimo el ego y me lastimo las entrañas, porque quería que fuera como antes, aunque sabía que era demasiado tarde para eso, porque la necesitaba cálida y receptiva como cuando hacia algo 'para mí en las cocinas, como cuando cuidaba las flores de mi madre como si fueran de ella, como cuando acepto, mostrándome a su verdadera inseguridad, casarse conmigo. A ella, a la que maldije, incluso así l necesitaba, porque sabía que no conseguiría liberarme hasta que ella me aceptara.

-Isabella…- ondas de placer sacudieron mi cuerpo cuando me moví dentro de ella, buscando la liberación que no podía conseguir - te necesito –

-Edward – susurro mi nombre en voz tomada y casi imperceptible, mirándome por fin a los ojos y dejándome volver a buscarla

- entrégate a mi – "déjame encontrarte"

Mi mano toco su rostro húmedo otra vez dejando la otra a un lado, mis ojos buscaron en su cuerpo la aceptación que necesitaba encontrando súbitamente un moretón, un chupetón en el cuello que recordé haberle hecho minutos antes y del que me arrepentía mortalmente, también veía su piel enrojecida donde mis manos, mis labios y mis dientes también la habían marcado. Su vientre se contraía dolorosamente cuando mi mano paso por ahí, mis ojos seguían los movimientos de mi mano esperando terminar de encontrarla, hasta que finalmente estaba ahí, tan cálida, tan… ¿húmeda? Cuando baje los ojos, aun a pesar de la tenue oscuridad pude ver que había sangre, demasiada sangre…como si…

Ahora entendía lo que se había roto, ahora comprendía que aun a pesar de sufrir abusos en ese orfanato donde estuvo nunca había sido violada, no hasta que llegue yo…y cuando me había rogado que no siguiera solo lo hacía para protegerse….de algún trauma. Deslice mi mano sintiéndome dentro de ella y tocando mas y mas sangre, la prueba más contundente de que el alcohol, los celos y la sensación de traición, el sentimiento que nunca había tenido y que solo ella despertaba, me habían convertido en algo que nunca imagine llegar a ser, en algo que desprecie y en lo que me convertí. Un violador.

No, no lo era, y podía demostrarlo, a los dos. Si conseguía que ella me perdonara y me aceptara. Nada de esto iba a cambiar mis principales propositos, pero podía ayudarla a ella a superar cualquier otro trauma que tuviera, para que pudiera ser feliz, cuando todo esto terminara, al lado de un hombre que no fuera yo.

Toque su dulce cuerpo de la manera en que sabía que le produciría placer. Y al alivio corro por mis venas cuando su hondo gemido me traspaso.

Su cuerpo se movió hacia el mío dándome la señal que necesitaba, ahí estaba Isabella Swan la mujer que deseaba placer y la que yo deseaba con locura. Seguí moviéndome dentro de ella enterrándome mas profundamente mientras ella me seguía como había soñado que lo hiciera.

Más, mas rápido, con cada movimiento la veía bajo mi cuerpo, gimiendo a unísono conmigo, transportándome al mundo del placer de una manera inmediata y abrumadora. No articulaba palabra, solamente gemía y gemía presa del placer, tan presa como yo.

Senti su cuerpo aprisionar el mío mientras gemía más fuerte, y luego sentía su orgasmo en mi propio cuerpo mientras el placer parecía devorarla a ella. Estuve peligrosamente cerca de seguirla mientras sentía sus contracciones alrededor de mí, pero me contuve dispuesto, solo por ella, a llenarla nuevamente de placer.

El desencadenar del placer de ella me hizo moverme más rápido, para apresurarla y derramando sobre mi mismo mas y mas estimulación. Sus ojos volvían a mirarme y finalmente la veía a ella otra vez aparte de a mí. Nos habíamos encontrando nuevamente en medio de esta tempestad, tempestad que, en el momento en que ella comenzó a contraerse contra mí, supe que no tardaría en llegar a su fin. Sus manos se aferraron a mi cuello mientras mis brazos la apretaron contra mí y sus piernas me abrazaban tensándose sobre mis caderas y gimiendo sonoramente. Luego todo termino al mismo tiempo, ella me recibía y yo llegaba a la cumbre del placer con ella a mi lado, bajo mi cuerpo pero a mi lado. Un profundo gruñido se deslizo fuera de mi pecho hacia mi boca mientras la olía a ella, a su olor de vainillas.

El placer remitió con tanta lentitud como nunca, jamás había durado tanto, jamás había encontrado un clímax tan poderoso y explosivo, y ella me lo había dado, ella y solo ella, y lo que yo había hecho no tenia perdón. Nunca podría compensara y eso lo sabía tan bien como sabia que la tierra era redonda. Me aparte un poco para mirarla, mirar la sangre que había derramado por mí. Para mí.

- lo siento – gruñí, para nada acostumbrado a pedir disculpas pero tan consciente de que debía hacerlo. Tampoco esperaba que ella me contestara nada.

- lo sé – así que cuando lo hizo, el remordimiento volvió a asaltarme.

Mea poye en su cuerpo y al ver que ella me aceptaba me derrumbe en su pecho con ganas de llorar, pero reprimiéndolas como solía hacerlo.

- Lo siento – volví a murmurar mientras cerraba los ojos y sentía su respiración en mi mejilla y su olor entrando por mi nariz y comenzando a arrullarme, sus dedos estaban en mi pelo y me acariciaban como si yo fuera su hijo.

- lo sé – murmuro ella moviendo los dedos calmantemente.

- lo siento – argumente una vez más sabiendo que tendría que hacer mucho más que eso para que este hondo placer e inexplicable calma que sentía pudiera volver a repetirse.

- Lo siento…- suspire una última vez y como una madre que sabía que las travesuras de su hijo merecían ser perdonadas, ella me respondió por última vez.

- lo sé –

Luego el sueño, el alcohol, el cansancio y demás dejaron mi conciencia en estado k.o.

Al menos hasta el dia siguiente,


*****************************************************************
Chicas q les parecio el edward pov muy intenso ??
por fiss dejen sus comentarios a mi querida MaraGaunt
que como nos hace sufrir, pero aqui estamos de viciosas