Dark Chat

martes, 28 de diciembre de 2010

Mascara De Odio

CAP. 20 Edward Cullen

Junio

Permanecí sentado hora tras hora tratando de no caer en desesperación y al pendiente de cualquier noticia que se pudiera presentar, pero el médico Emmet no salió ni siquiera para autorizarme a entrar a verla, que era lo que más quería y necesitaba de todo esto.


Así que no tenía muchas opciones más que las de esperar, contar los segundos, las horas todo aquello que se consideraba tiempo mientras por dentro el desespero comenzaba a carcomerme.


Vague por la sala de un lado a otro sobre la vigilante mirada del "vigilante", parecía querer decirme algo, pero tal vez la desesperación había en mis ojos lo previno, ni a la fuerza hubiera podido ser removido de allí.


La gente que entraba me miraba, seguramente evaluaban críticamente el estado de mis ropas, mojadas y teñidas de sangre, mi cabello enredado sucio de sangre y mi propia piel, estaba marcado por todas partes de la sangre de Isabella y eso hacía que mi dolor fuera mas y mas fuerte a medida que llenaba de aire mis pulmones.


¿Que había hecho?, me preguntaba una y otra vez mientras miraba fijamente el segundero del reloj de pared que colgaba a un lado de la sala. Con el solo uso de mis palabras y mis influencias carroñeras había producido el deseo de morir en una mujer que solamente había querido vivir….conmigo…feliz….conmigo…. Lagrimas de dolor y desesperación estaban rodando por mi cara y no me importaba… quemaban y a la vez limpiaban de mi cara lo que yo no quería limpiar, la marca de Isabella Swan, de la sangre de Isabella Swan sobre mí, haciéndome consciente de lo mucho que la había dañado.


Cuando estaba seguro de que el suelo iba a terminar por abrirse de todos mis pasos tome asiento y me aferre la cabeza con las manos en un intento de hacerla menos pesada, algo completamente imposible.


Sentí pasos a mí alrededor y vi que el vigilante se había acercado y estaba esperando que lo mirara.


Parecía reacio a hablarme pero finalmente me dijo.


- mucha gente ha venido en una situación similar…- se aclaro un poco la garganta, como si estuviera tratando de dar más veracidad a lo que quería mencionar - bueno no tan similar como esta pero cuando se encuentra en peligro la vida de los pacientes, usualmente encuentran algo de paz visitando la capilla.


Mi aspecto debía ser el de un loco para que ese hombre me hubiera recomendado visitar una iglesia, o bueno capilla.


Nunca me había considerado un devoto de la religión y dudaba mucho que, después de la manera en que me había comportado, Dios quisiera escucharme.


Incluso mientras entraba, cruzando la entrada de la improvisada capilla hospitalaria, me sentía como un profanador de ese templo sagrado. Nunca, desde el momento en que mis padres murieron, había visitado un templo de Dios.


Jamás se me había ocurrido que dentro de uno pudiera caber a la vez tanto silencio y paz.


Di tres pasos más hasta que me senté en una de las sillas de madera y contemple mi entorno con aprensión.


El altar era mediano y tenía a un Cristo casi de la misma altura.


Alrededor había vitrales pequeños llenos de la historia de Jesús que recordaba por las visitas dominicales de mi madre a la iglesia a las que siempre asistía con ella.


El silencio era casi sepulcral, había una almohadilla que se extendía a lo largo del tamaño de la banca donde estaba sentado la cual presuntamente era para arrodillarse.


¿Tendría el derecho de hacerlo después de mis acciones?


¿Podía siguiera dignarme a mirar al altísimo sin sentirme avergonzado de haber nacido?


Bien valía la pena intentarlo.


Al menos de rodillas podía humillarme ante la evidente superioridad.


Me puse de pie y luego me arrodille mirando al Cristo nuevamente.


Recordaba como se hacía esto, ponía ambas manos en señal de suplica y comenzaba a rezar. Recordaba ahora el padre nuestro, el ave maría y el yo pecador.


Cada palabra que susurraba la sentía indigna de ser pronunciada por mi sucia boca. Aun así las pronunciaba sintiendo tal vergüenza que comenzaba a temblar.


Y ahora comenzaba a llorar. Como un bebe a quien quitan una golosina solo que esta vez algo más valioso, mucho pero mucho más valioso que una golosina había sido arrebatado de mis manos y yo había colaborado en ello.


Pedía perdón, rogaba perdón, rogaba tener la suficiente entereza para aguantar esto, Rogaba poseer al menos una mínima parte del incalculable valor que Bella Swan había tenido en la vida. Rogaba por mi madre, mi padre y por mí mismo. Por lo que no merecía, y por lo que no tenía derecho a pedir.


- Señor – murmure pensando pesadamente que estaba enloqueciendo al hablarle a una imagen. Pero había poder ahí. Se podía notar, esa paz sobrenatural, ese silencio apático dejaba entrever que podía ser oído, y podía expresarme como mejor lo lograra – necesito ayuda-


Eran las palabras, las dos palabras con las que podía transmitir parte de mi lucha interior. Necesitaba ayuda, la necesite desde el momento en que me quede sin padres, la ayuda que nunca quise recibir a pesar de encontrarse tan cerca de mí. El milagro que había sido esa mujer que estaba muriendo en mi vida, seguramente se trataba de obra del destino, mas allá del destino, algo divino que había topado con mi innegable diabolicismo y a quien había manchado con mi propia corrupción.


Más lágrimas, las que nunca había derramado se regaban de mis ojos de manera profusa. Ahora no intentaba detenerlas porque cada una de ellas parecía marcar el hito de diferencia entre lo que fui antes y en lo que me había convertido ahora.


"Sálvala, señor" pedía una y otra vez de la manera en que recordaba que mi madre me había enseñado, "ayúdame a reivindicar todo el sufrimiento que ha pasado, sabes mis intenciones, sabes que si la dejas vivir me voy a encargar de que las palabra dolor, sufrimiento, y mentira nunca vuelvan a cruzarse en su camino, sabes que si vive la hare feliz, a mi lado o al de quien ella quiera. Sabes que lo merece, ella merece ser feliz. Ahora no importo, aunque nunca lo he hecho, ella, solo ella merece la felicidad que le robe".


Me estremecí de lamentos, como nunca jamás se ha visto un hombre hacerlo.


Cierta vez, cuando tenia trece años había leído un libro de texto en el colegio que se titulaba María. Una novela romántica y trágica que había escrito Jorge Isaacs.


Ya en ese tiempo tenia aversión al romanticismo y al amor por la pérdida que había sufrido, a esa tierna edad sabía lo que era quedarse literalmente desamparado y no encontraba gusto en el romanticismo, mistisimo ni esas cosas.


Pero era leerla o reprobar la clase. Había tenido que devorarla completamente antes de suceder el examen, maldiciendo una y otra vez al autor por mentir, por hacer creer a los lectores que era cierto que el dolor por la muerte de la mujer a la que se amaba podía lacerar el alma de maneras mil veces más que dolorosas, que podían llevarte a la locura, hasta desear morir para acompañarla en la muerte.


Lo critique y ahora que venía a mi cabeza me hallaba en la misma situación. Efraín, el nombre del protagonista, moría de amor por María.


Y con mí recién descubierto sentimiento, cuando ya era demasiado tarde para tomar conciencia de él, podía sentir que el alma se me estaba desgarrando, hasta el punto de querer seguirla en la muerte sin importarme nada más que ella.


Yo moría de amor por Isabella Swan. Que duro y a la vez dolorosamente apasionante era admitir esa cálida verdad. La amaba y la amaba.


Yo también quería morir.


Era un maldito animal egoísta, ególatra y sin sentimientos.


Seguí orando y lloriqueando como un niño, ese niño que había escondido dentro de mí al crecer de manera acelerada, al que había enterrado por ser débil, y quien ahora lanzaba las lagrimas que me había empeñado en esconder durante toda mi vida.


Antes no creía que fuera posible ser presa de las emociones, pero el solo pensar en que Bella moría hacia mi poca tranquilidad añicos.


Escuche unos pasos tras de mí pero ni me volví ni me preocupe por secarme la cara demacrada, había pasado el suficiente tiempo escondiendo mis emociones, y sentía que podía desinhibirlas en este lugar sagrado, sin temor a nada.


Los pasos siguieron hasta posarse tras de mí, alguien se arrodillo como yo y comenzó a orar con verdadero fervor.


Sin poder evitarlo me di la vuelta y vi que se trataba de Jacob.


El perro.


Solo que ahora no podía siquiera sentir odio por él, porque me había nublado de todas las emociones menos de las que tenían que ver con el amor hacia Bella Swan.


Jacob estudio mi cara por espacio de dos segundos, pero fue lo suficientemente rápido para darse cuenta de lo que yo tarde en darme cuenta mucho tiempo.


- siento lo de hace un momento- susurro mientras el sonido de su oscura voz de propagaba en eco por la capilla – no suelo ser violento….-


Había estado tan encerrado en mi propio mundo que no había aprendido a reconocer a las personas que eran en verdad personas.


Como el hombre que se sentaba a mi espalda, cuya expresión facial de desolación, ahora que había abierto realmente los ojos, solo podía tratarse de amor fraternal.


No respondí nada. Me costaba trabajo hablar.


- nunca… pude hacer que Bella me quisiera…, desde que estábamos en el instituto… tenía miedo de hablarle, me parecía etérea y tan superior como lo es ahora… - el me estaba contando de ella, a pesar de que cada palabra parecía dolerme mas seguí escuchándolo, creo que necesitaba hacerlo. – Siempre la ame en silencio…y siempre la protegí en silencio hasta donde alcance a hacerlo, claro que en un sitio como aquel en donde vivimos, mis dotes no alcanzaban demasiado. Había dos chicos en nuestro curso…eran unos muchachos tan enfadados con la vida que se dedicaban a hacer imposibles las de los demás. Ellos la deseaban, y cada día yo tenía que luchar contra el ansia de querer matarlos para que no hicieran planes con ella. Si no llega a ser por mi Bella hubiera muerto el día en que trataron de violarla y casi lo consiguieron. Yo estaba ahí…vi como termino de ser destruida. Quise ayudarla, pero casi al día siguiente fue puesta en casa de acogida con unas personas hurañas que tenían una hija enferma. Creo que cualquier cosa significaba el paraíso para ella con tal de salir de ahí.


Me puse de pie y me senté a seguir escuchando lo que debía haber escuchado desde el principio, la conclusión obvia que debí sacar antes de emprender a destruir a la única mujer que de verdad me había amado por lo que era.


- no quiero ser su enemigo…- dijo lentamente - no puedo serlo porque sé que, a pesar de todo lo que le hizo, ella lo ama más que a nada. – me preguntaba qué tan cierto seria esa afirmación después de lo que había pasado - Cada gota del amor que siente por usted fue derramada en cada conversación que tuvimos. A Bella le debo mi nueva vida, esa que ella misma me alentó a buscar cuando me dijo que no podía amarme, porque no se podía entregar el corazón dos veces y el de ella ya tenía un solo dueño. Gracias a sus palabras decidí buscar mi propio destino y lo encontré donde menos lo pensé y al lado de Leah.


No necesitaba que me dijera que ella era como un ángel. Un ángel que había seducido cada parte de mí tan naturalmente que no me di cuenta.


- El Dr. dice que Bella puede quedar con secuelas neurológicas, hace un momento hable con el – seguía susurrando pero escuchaba cada palabra como si me la estuviera gritando al oído. – y vine a rezar por que eso no pasara, a rezar como se que ella hizo por mí. Le debo eso y mucho más.


Me dio una camaradera palmada en el hombro que quemo parte de mi armadura, el único amigo que había tenido era James y ahora este lobo decía que no quería ser mi enemigo.


- si ella vive – dije antes de poder detenerme – voy a hacer cada cosa que esté a mi alcance y las que no para que ella encuentre la felicidad.


- eso va a ser muy difícil- dijo el suspirando y terminándose de dar la vuelta para salir – porque creo que ella no será feliz con nadie más que con usted y usted…


- yo me encargare de darle felicidad, conmigo, o sin mi –lo interrumpí antes de que siguiera hablando, ya era lo suficientemente destructivo.


Aunque desde ya me preguntaba cómo iba a acontecer ese milagro de alejarla de mi.


Deje que Jacob se fuera sintiéndome más culpable aun por los trabajos de mi sucia mente, como había pensado antes, si con anterioridad hubiera tenido el suficiente valor y entereza para buscar esta verdad que parecía escupirme cada vez que la recordaba, para hacerme saber que había sido un rábano con todo, nada de esto estaría pasando en este momento.


No supe por cuánto tiempo permanecí sentado esperando la redención silenciosa que pareció repartirse en la pequeña capilla, sentí otros pasos pero estos eran incluso más pesados que los del propio Jacob por lo que me volví y vi al Dr. Brandon.


- ya puede pasar a verla…- dijo con lentitud mirándome compasivo.


Me puse de pie lentamente, como si la carga de mi culpa me hiciera las veces de la misma cruz que Jesús, claro que no había punto de comparación y yo merecía algo mucho peor que eso. Seguí a Emmet a pasos lentos mientras me conducía, sin ningún tipo de interferencia, por donde el celador no me había dejado pasar antes.


Olía a químico, a sangre y a muerte.


Era tan penetrante como poderoso y me daba miedo. Yo que siempre me había jactado de tener el valor suficiente para este tipo de nimiedades ahora me estaba desmoronando, por que recordaba dolorosamente cuando tenía 10 años y había entrado precisamente por ese pasillo que había sido ampliado con el paso de los años, a ver lo que quedaba de mis padres, yo mismo lo había pedido a pesar de que James había tratado de convencerme de que no lo hiciera, pero tenía que verlos, no podía despedirme de ellos de otra manera, Y ahora estaba acá, con el peso de mis propios actos encima, con un dolor que iba mas allá de cualquiera que hubiera conocido.


Cruce las segundas puertas que el médico guio y pude enfocar la vista.


Mi primer impulso fue cerrar los ojos y tratar de hacer de cuenta de que todo esto no era nada más que una pesadilla que podía llegar al fin, que cuando me despertaría me descubriría al lado de mi esposa, acunado por sus brazos, con ningún contrato, ninguna mentira en medio de los dos.


Pero ella, a la que ahora miraba, no parecía una persona viva.


Estaba muerta. O lo estaría.


Todo por mi culpa.


Reconocí algo de lo que mi padre había llevado a casa para prácticas, tenía un tubo oro traqueal que cruzaba sus vías respiratorias y funcionaba por un ventilador mecánico, lo cual me dio la ligera idea de que tan grave era la situación, si no podía respirar por sí sola las circunstancias eran demasiado complicadas.


Sus ojos permanecían cerrados, circundados por profundas ojeras, la piel era demasiado pálida, pero aun parecía conservar la frescura de la juventud y la suavidad de los pétalos de flores, decenas de equipos parecían conectados a ella de manera intravenosa, y tenía sendos vendajes alrededor de las muñecas.


En mi interior seguía rogando por que viviera, pero al verla, solo al verla, alguien, cualquier otra persona que no fuera yo, preferiría que muriera antes de verla padecer todo esto. Escuche la puerta cerrarse tras de mí pero hacía mucho tiempo me había olvidado de que Emmet había entrado conmigo. Me acerque aspirando el aroma que la rodeaba, aquel que, aun a dos pasos de la muerte parecía agudizarse en su piel, como si su sangre también conservara el olor y el sabor de las vainillas, por encima del olor a químico, a sangre y a muerte, ese que prevalecía en mi mente, estaba su olor natural, ese que me decía que si se encontraba presente quería decir que ella aun tenía una oportunidad.


Tome entre mis manos afanosamente la suya, tan fría e invalida como un pedazo pequeño de piedra, pero tan suave y etérea como la mano de un niño, de pie a su lado mis ojos parecían devorar cada centímetro de ella mientras escuchaba el lento y casi acompasado latir de su corazón monitorizado con cables de electrodos.


Levante esa mano inerte hacia mi nariz y la olí con deleite volviéndome a perder en su olor, del que también me había enamorado. Deslice suavemente esa mano por mis propias mejillas dolorosamente consciente de que si ella estuviera viéndome apartaría su mano de mi como lo merecía, pero debía aprovechar que aun no era consiente para empaparme de ella, para que cuando la perdiera definitivamente el golpe amainara un gramo, menos que eso.


Pose mis labios sobre su palma y la bese ansiosamente poseído por la conocida necesidad de posar mis labios en sus labios, de borrar con mis besos cada uno de sus sufrimientos, así no fuera un consuelo con poder.


-Bella…- mi voz inconscientemente la llamaba aunque sabía que estaba lejos de escucharme, apreté su mano suavemente rogando para que me escuchara, me incline sobre ella y bese lo que alcance a besar de su mejilla para luego dirigirme a su oído.-Bella… se que puedes escucharme – aun no estaba muy seguro de eso pero una parte de mi trataba de convencerse de que así era, aun que no tenía derecho debía tener fe. – se que de alguna manera puedes hacerlo, aunque no sea ahora me escucharas más adelante, porque lo que te voy a decir te lo repetiré una y otra vez así no quieras escucharme, yo si insistiré, así tu no lo hayas hecho, como no hiciste conmigo – trague en seco ante toda mi estupidez pero quería hablarle, de todo lo que sentía en esos momentos, o al menos una parte, no podía explayarme con un monologo interno cuando no teníamos tiempo para eso.- debiste obligarme a escucharte…debiste….- un vagido más propio de un niño que de un adulto crecido salió de mi garganta – perdón…perdóname… no espero que lo hagas pero necesito decírtelo…necesito hacer que me perdones porque te amo…te amo Isabella Swan y ahora no me arrepiento de admitirlo, aunque sea tarde…porque necesito decírselo a alguien y quien sería la persona más indicada sino tu…- bese su mejilla mientras las lagrimas que caían de mis ojos se plegaban en su pálido rostro – tu…la persona, la única persona capaz de saltar sobre todas las barreras que puse en mi camino para evitar sentir…me maldigo mil y una veces por lo que te hice… merezco sentir que el corazón a dejar de latirme en cualquier momento… merezco sentirme como la peor de las bestias… y aun así…. – nunca jama sabia pronunciado un discurso sentimental de esa magnitud y descubría que la sensación, mas allá de parecerme estúpida, comenzaba a brindarme un poco de paz. - me has robado algo que no sabía que tenía – me incline más a su oído, pero la frialdad de su cuerpo casi me congela…- algo que ahora es tuyo y que no quiero ni pienso recuperar…. Te llevaste mi corazón, Isabella Swan…


Todo esto eran palabras, pero la palabras no podían resarcirme de lo que había pasado.


- perdóname….- le repetí una y otra vez en el oído mientras mi propia cabeza parecía estallar de sufrimiento, pero ¿qué podía ser esto en comparación con lo que ella había sufrido?


En ese momento vinieron a mi cabeza los…bebes.


Aquellas almas inocentes a las que sin saberlo también destruí… ¿por que ella no me lo había dicho?, ¿porque antes de que yo comenzara a hablarle ella no me había dicho que estaba embarazada?


Pero desde ahora surgían otras dudas… cegado, como me encontraba, por los celos y la envidia, la ira… ¿hubiera sido capaz de escucharla sin poner en duda mi propia paternidad?


La respuesta a mis anteriores preguntas llego tan rápido como estúpidamente. Ahora me daba cuenta de que eso era lo que la había detenido de decírmelo… ella, después de mi horrible confesión… cualquier cosa que me dijera referente a ese embarazo yo la rechazaría sin más… ella llego a conocer mi verdadera personalidad en esos minutos en que la apuñale verbalmente una y otra vez…había sabido que, en el estado en que me encontraba, adjudicaría esa concepción a el perro…. a Jacob…


Que injusta podía ser la vida, no tenía derecho a quejarme pero ¿tenía que ser de esta manera?


¿Cuando me había dado cuenta de que en realidad podía llegar a amar?


La persona que amaba sufría por mi culpa.


No pude contar cuanto tiempo me quede, escuchando la cadente música de su corazón, calentando con el calor de mi mano las de ella. Hablándole una y otra vez de las razones por las que debía quedarse conmigo…


Ahora solo restaba que ella quisiera volver, esperaba que mi voz tuviera el efecto que quería, no quería manipularla pero quería quedarme con ella, quería que volviera a ser tan mía como antes, y sabia que en algún momento tendría que jugar sucio para eso… porque era mi joya y no podía vivir sin ella.


Salí después de unos momentos, cuando pude encontrar la suficiente entereza para dejarla un rato. Cuando Salí vi que Alice se encontraba apoyada en la pared. Sabía que tenía que hablarle pero pensaba que tal vez jamás hallara el momento preciso para hacerlo, especialmente cuando me miraba de esa manera tan fija. Dio dos pasos hacia mí y prepara mentalmente mi cara para recibir el bofetón que pronostique que vendría pero a cambio de eso ella levanto una de sus manos, en donde se hallaba una fotografía.


Alargue la mía para recibirla sin saber exactamente que era, pero cuando la vi se me encogió el estomago, ya la había visto una vez, en mis sueños, y por eso esta sensación de dejavu me hizo dar vueltas la cabeza.


Era la fotografía de una tumba…con una fuente y dos ángeles en ella…aun a distancia en la que estaba tomada la fotografía podían verse los nombres.


Samuel Carlisle Swan y Samantha Esme Swan…


Cuando leí el nombre de los dos niños corrí el grave riesgo de caer de rodillas otra vez y echarme a berrear nuevamente.


¿Porque ella me hacia esto?


¿Acaso no era ya suficiente con que la culpa me golpeara desde todos los ángulos?


No, no lo era. Ahora era mi turno de saber que mis propios hijos habían portado el nombre de mis padres… Esos que en solo una oportunidad mencione a Bella y esos que ahora me devolvían la mirada… incluso aunque pudiera odiarme ella habían pensado en mí…


No la merecía, esto lo tenía más que claro.


Mire a Alice que me contemplaba impasible, con un gesto me pidió que le diera la vuelta a la fotografía, así lo hice para luego descubrir que en ella había anotado el nombre del Cementerio Jardines de Paz. (En honor a la tumba de mi tía, que fue enterrada en este cementerio).


- A ella…, aunque no lo demostrara abiertamente…hubiera dado su propia…vida-sonrió tristemente cuando menciono esa palabra…- para que los conocieras… nunca…nunca me hablo de ustedes, pero sé que…en el fondo pensaba en ti en todo momento…


Asentí con un nudo en la garganta y el valor volvió a mi solo para decirle a Alice:


- Gracias…por ser su amiga…-


- Ella es la que se las merece… es la mejor amiga que nunca tuve…aunque fuera por poco tiempo.-


Se dio la vuelta y se seco los ojos, dando pasos para alejarse de mí.


Me volví a sentar en la sala de espera mientras el tiempo seguía pasando, sabía que en algún momento debía ir a cambiarme la ropa y todo lo demás, pero temía que ella despertara y no llegara a saber que me encontraba aquí, dispuesto a jugármelo todo por ella, como debí hacer desde el principio.


El móvil sonó pausadamente. Era James. Y sabía lo que había pasado.


- Lo siento mucho señor…-


- tu sabias – le dije con la voz tomada, aunque no enfadada, no podía culpara a James por mis propios errores, así el no hubiera insistido mas en advertirme


- una mujer tan inocente…no podría hacer otra cosa que enamorarlo… no puedo ofrecerle consuelo ya que calladamente fui participe de esta locura…pero debo pedirle que reconsidere lo que va a hacer ahora.


- Lo único que me importa es ella, James…Se que dejaste de trabajar para mi hace tiempo, pero te pido que vuelvas y te hagas cargo de mi empresa… te necesito, tú la conoces mejor incluso que yo…por favor.


Nunca había pedido nada a James por favor, se lo estaba rogando, le aumentaría el sueldo si era eso lo que le preocupaba, pero en esos momentos no podía ocupar mi cabeza en nada más que en Bella.


- no se preocupe, me mantendré al tanto.- dijo


- Gracias James…- suspire aliviadamente


- no tiene nada que agradecer…yo si debo….- comenzó el a hablar rápidamente


- ¿qué quieres decir?- pregunte sin entender.


- apenas ahora leo una de las revistas que Sheila me envió para que la viera en su fiesta de cumpleaños, no sabía que la había acompañado usted precisamente.


Seguramente había visto la foto que nos habían tomado, ese día, solamente me había dejado ver públicamente para hacerle un favor a Sheila, la hija de James, a quien habían plantado y no tendría con quien celebrar su fiesta de cumpleaños. No le había dicho nada a James porque sabía que, al no trabajar más para mi, por los motivos que ambos conocíamos, no dejaría que asistiera y Sheila tendría que arreglárselas sola, le debía a James mucho más que una noche acompañando a su joven hija.


- no tienes nada que agradecer- copie la frase de él mientras una sonrisa compichemente débil se trepaba por mi cara casi apergaminada.


- si me permite sugerirlo, creo que debería ir a la casa a descansar….puedo pedirle a Laurent que…


- no James, - dije rotundamente- gracias pero no…yo…simplemente no puedo moverme de aquí – confesé.


- Bien…cualquier cosa no dude en llamarme.


Corte la línea sintiéndome un poco mejor conmigo mismo, pero no podía apartar ni de mi mente, ni de mi mano y mucho menos de mis ojos la fotografía de la tumba de ellos.


De repente me entraron unos profundos deseos de ir a donde se encontraban. Pero temía que al irme ella también se fuera con los bebes y no pudiera verla una última vez con vida. Me hallaba entre la espada y la pared y solo se me pudo ocurrir una cosa.


Espere tiempo determinado para ver avanzar a Jacob hacia la sala de espera con un café en sus manazas. Me miro y me hizo un gesto de cabeza a modo de saludo, con un gesto de mi mano le pedí que se acercara. Se sentó en la silla que se encontraba a mi derecha y me obligue a mirarlo a la cara para el pedido.


- se que no tengo derecho a pedirte nada, y puedes negarte en el momento que quieras…Yo…- levante mi mano, la que tenia la fotografía y se la mostré dándome cuenta de mi pateticidad. – es la tumba de mis hijos…yo quiero ir a verles pero temo que…temo que si me voy… Bella…


No pude seguir hablando más, asociar a la palabra muerte con Bella estaba comenzando a afectarme mucho más que antes. Jacob asintió comprendiendo el sentido de mis palabras y la razón de mi falta de estas en ese momento. Saco una tarjeta y me la dio.


- ahí se encuentra el numero de mi móvil… puede llamarme cuando quiera.


Que mal había juzgado a Jacob, todo por dejarme llevar por mis volátiles emociones, hubiera podido granjearme su amistad, pero ya era demasiado tarde, no podía retractarme de mis errores, excepto por Bella.


Me puse de pie y me dirigí al baño a arreglar un poco mi apariencia como había sugerido James.


Cuando me mire al espejo, cosa que siempre hacia por simple vanidad, descubrí ante mis ojos a un yo que no conocía, casi toda mi vida mi expresión facial se limitaba al desdén y a las cosas importantes. Ahora en el espejo se reflejaba el claro ejemplo del desastre, mi rostro se venía demacrado, como nunca lo había estado, estaba pálido, ojeroso…


Baje las escaleras y me dirigí a un store que vendía ropa para los enfermos, allí compre algo más o menos decente, parecido a una sudadera deportiva para hombre. Luego salí de la institución y detuve un taxi para que me condujera a los Jardines de Paz.


Demoramos aproximadamente una hora en llegar, al parecer era bastante retirado, con cada kilometro que me alejaba del Hospital Estatal sentía mas y mas que el cráter en donde debía estar mi corazón se hacía más grande y más grande dándome tal sensación de vacío que por un momento pensé en decirle al del taxi que se detuviera y lanzarme desde un puente para acabar con esa sensación tan desagradable, pero me obligue, me forcé a soportarlo por que como había dicho antes, esto me lo había buscado solo, y solo debía soportarlo.


Estacionó en la entrada y le pague lo correspondiente a la carrera. Fuera del cementerio había varios puestos con ventas de flores.


Nunca me había dedicado a admirar el color de las flores excepto en el jardín de mi madre y después de Isabella. Eran tan delicadas como una brizna de aire, y compre con las que más hice conexión, unas azucenas según las nombro la vendedora.


Cuando las tuve en mí poder entre hacia el cementerio, había una paz parecida y a la vez diferente de la capilla del hospital. Una calma sobrenatural, más aun por saber que cientos de personas descansaban allí, embotaba los sentidos con olor a naturaleza pero con un deje demasiado perceptible de muerte y tierra.


Me acerque a una cabina de pino en donde había un guarda.


-Buenos Dias- me saludo apenas me acerque, le devolví el saludo y luego me dijo. – ¿qué puedo hacer por usted?


- necesito encontrar esta tumba - respondí con voz sombría y le mostré la foto que me había dado Alice, el conserje, o el cargo que fuera el que desempeñara la observo por unos momentos y después me señalo con el brazo en dirección oeste.- las tumbas están marcadas por números a la derecha, es la tumba 26 por todo el pasillo este.


Me di la vuelta y continúe caminando mirando cada nombre y acercándome cada vez más a la tumba numero 26.


Mis recuerdos eligieron ese momento para hacer acto de presencia y traerme la horrible sensación que había experimentado antes, la de dejavu, esto lo había vivido en un sueño que había tenido una noche antes de casarme con Bella, era el mismo sueño que ella misma había descrito cuando me lo conto. Cuando siguió confiando en mí. Casi creí que los sueños de ella podían tener el don de la precognición, el que había funcionado incluso en mí.


Finalmente encontré la tumba 26 solo que esta vez no se trataba de frio mármol manchado de sangre, sino puro limpio y sano. Era un pequeño y hermoso monumento adornado de detalles corrientes ubicados estratégicamente perfectos alrededor de una pequeña fuente. Había dos querubines alrededor de la fuente cada uno de ellos perseguido por una paloma, había flores de piedra y alrededor para complementar el hermoso cuadro. Tan hermoso que encogía el alma y a la vez tan horrendo para lo que contenía. Mire la lísa piedra viendo en vivo y directo los nombres de los ángeles que yacían allí.


Me arrodille sin importarme nada y puse las flores, repartidas en dos paquetes, en el espacio del nombre de cada uno.


Cerré los ojos y durante un segundo me dedique a imaginar cómo serian vivos, grandes y jugando conmigo, con ella, con todo el mundo. La niña seria igual de etérea y hermosa como su madre, el niño seria como yo, un pequeño don Juan dispuesto a defender a su inocente hermana cara a cara…


Mi mente se explayo por mi infancia y más lejos cuando incluí imágenes de hijos imaginarios en ellas corriendo a mi lado….


Abrí los ojos dándome cuenta de que había pasado más de una hora arrodillado ante ellos, lo que para mi habían sido minutos, rece a ellos pidiendo por lo que no merecía.


- si están cerca…- murmure pasando los dedos fuertemente sobre cada nombre de cada ángel. – quiero pedirles que me ayuden… no lo merezco y lo es tanto como se que para respirar se necesita una nariz. Pero quiero a su madre….necesito a su madre… y me voy a enloquecer si no estoy con ella. Sé que no tengo derecho a pedirles nada tampoco….no debería tener la vergüenza siquiera para venir a darles flores… pero tenía que hacerlo, ustedes, a fin de cuentas, también son míos. Lo que hubiera dado por conocerlos a los dos… Si, se que lo arruine todo, pero quiero una oportunidad para reivindicarme, se que no la merezco, se que mejor me muero y dejo de parlotear, y así será…. Cuando tenga la plena seguridad de que su madre se olvido de mi….no volveré a molestarlos, pero por ahora les pido…que la ayuden a salvarse, que la traigan a mí de vuelta, y juro con cada gota de sangre de mi ser que hare lo que sea necesario para que Bella sea completamente feliz….


Eleve una plegaria nuevamente para que ambos estuvieran en el paraíso, donde estaban los ángeles como ellos. Deposite un beso en mi mano y acaricie ambos ángeles de mármol, las duras replicas de lo que una vez fueron…


En ese momento sonó mi móvil, lo aferre enseguida completamente asustado de que fuera el augurio de malas noticias.


- ¿Si? – conteste apenas levante la tapa.


-¿Edward?- me pregunto la voz que reconocí como la de Alice.


- Alice… ¿qué...?- no me atreví a formular la pregunta presa de una horrorosa desesperación cuando ella no hablo de inmediato.


- Bella…tuvieron que trasladarla a la Unidad de Cuidados Intensivos…el médico Emmet dice que debe permanecer en estricta observación.


- dijo… ¿cuánto? –


- no – negó Alice lastimosamente – la información sigue siendo la misma…hasta que no pueda respirar por sí sola no sabremos hasta donde evoluciono el daño neurológico.


Suspire con desgana y volviéndome a sentir como la más miserable de las criaturas vivientes.


- Gracias Alice…no esperaba que llamaras…- dije sinceramente, y que haya establecido más "compañerismo" con Jacob.


- Jacob me convenció, piensa que… aun puedes hacer algo por Bella…


Me calle por unos segundos cuando comprendí eso que me decía, luego le dije sin poder quedarme callado.


-¿Y tú qué crees? –


- creo que Bella merece la felicidad por encima de los intereses de otros.


Sí, eso era lo que yo deseaba también… debía conservar la ligera tregua con Alice, ella podía hacer mucho o poco en mi beneficio y necesitaba toda la ayuda posible, puede que sonara como el mismo interesado de antes, pero me movían intereses mucho más que terrenales en esta ocasión. Debía recuperar a mi Isabella.


Seguí con mis hijos por espacio de media hora más, curiosamente me dio por relatarles las historias que recordaba haber escuchado de mi madre y que habían permanecido guardadas en mi cerebro hasta el momento.


Luego tuve que irme, porque me gano más la ansiedad por saber en donde había sido trasladada Bella y si se había presentado un cambio en su estado.


Pero debía ir primero a la casa. Necesitaba una ducha y tal vez un poco de comida, aunque sentía que si comía, bien podía empezar a pensar en volverme anoréxico…


Dos horas después y listo para enfrentarme a otra riada de horas de desasosiego entre al Hospital Estatal nuevamente.


Uno de los vigilantes me guio hacia la Unidad de Cuidados Intensivos.


Cuando llegue allí me tope con el Dr. Brandon, parecía salir de turno.


Sus noticias no retrocedieron ni avanzaron, aun se encontraba en estricta observación en espera de salir del trauma al que se había visto sometida.


No la apresuraría, al menos en esto podía ser tan paciente como ella quisiera demorarse.


Julio


Había pasado un mes.


Un largo, desastroso, maquiavélico y desesperanzador mes.


Bella había sido sometida a todos los exámenes de rigor que se pudieran imaginar. Permanecí a su lado como su fiel sombra. Ella recibía a menudo visitas de Alice y de Jacob, me fue permitido por ellos, quienes en esos momentos tenían más derecho sobre ella que yo mismo, ellos dejaron que me quedara con ella, que fuera su acompañante permanente y no me incomodaba en lo mas mínimo desempeñar esta tarea, parecía hecho para ella, me sentía el guardián de la rosa y esperaba que todo terminara pronto, no porque me aburriera ni mucho menos, era solo que la incertidumbre era cada vez mayor.


Cuatro semanas de desdichas, dolor, tristezas y más dolor.


Estaba en la cafetería tomándome algo cuando vi que James se aproximaba, parecía haber perdido un poco de peso desde la última vez que lo había visto, parecía cansado y agotado, sabía que esto era en parte por mi culpa por qué le había obligado a cargar con mis funciones ya que mi cabeza no estaba funcionando correctamente. Aunque en esta oportunidad no parecía desagradable.


- Buenos Dias, señor – dijo sentándose elegantemente


- Hola – lo salude, señale con un gesto el surtido de la cafetería y le dije – ¿quieres algo?


- un café, para empezar… el tiempo dirá.


Cuando se lo trajeron comenzó a contarme sobre la empresa, parecía que el negocio hecho recientemente estaba dando frutos, lo escuche solo a medias mientras la otra mitad de mi cerebro se pegaba a la última imagen de Bella que tuve hacia media hora. Mucho más delgada que de costumbre al verse alimentada por sonda y líquidos de suero, pero viva….viva esperando por algo….por su propia alegría, ¿yo que podía saber?


- creo que le agradara saber que aun se encuentra usted casado con la señorita Swan.


La noticia me cayó como un balde de agua tibia después de vagar por un polo.


- ¿como? –


- creo que…inconscientemente se negó a firmar usted los papeles y ella nunca llego a recibir los que ella debía firmar….parece que creyó que yo lo arreglaría todo…según comento el directriz de este hospital.


Al parecer, por alguna razón, yo no había firmado mis papeles y ella tampoco a pesar de que se los escupí en su cara como el más cerdo de los hombres. Sacudí mi cabeza con desgana cuando inevitables memorias de ese fatídico día, en donde había sellado mi propia condena, asaltaron mi mente.


Pero era algo bueno, algo beneficioso para mí. Si ella aun era mi esposa seria más fácil tenerla a mi lado…después solo era cuestión de convencerla….solo que me haría falta mucho más que un contrato para retener a Bella a mi lado en caso de que quisiera marcharse lo cual sería exactamente lo que sucedería.


En días previos, y tan tarde como todo lo demás, descubrí que la mujer de mis sueños no era sino Isabella Swan


Aquella figura etérea, hermosa y deseable que se cruzaba por mis sueños había tenido nombre desde el principio y yo solamente me había dejado llevar por la cantidad de sensaciones que me producía soñar con esa mujer. Ahora que la veía de frente comprendía que la había amado mucho antes de darme cuenta. Había descubierto toda su belleza sin detenerme a pensar realmente. Hubiera dado mi propia vida por la mujer del sueño y allí estaba ella…a mi lado pero tan lejana como una vez lo estuvo la otra, y aquí estaba yo, tan imposibilitado para ayudarla como antes.


Escuche unos pasos rápidos y vi que Alice se asomaba a la cafetería. Parecía eufórica, algo dentro de mí se removió terriblemente, parecía traer noticias.


- Alice…- dije apenas se acerco.


- Parece que está comenzando a rechazar el respirador- dijo solamente.


Pero después de tanto tiempo eso era como decir que un bebe había aprendido a caminar a los dos meses.


Una gran sensación de alegría trepo por todo mi cuerpo ante los avances de ella, ¿seria que me había escuchado?


¿Seria que Dios de verdad podía darme otra oportunidad para retenerla junto a mí?


Deje a James, aunque sabía que el verdaderamente comprendía y subí hacia la unidad tan rápido como fue posible. Me puse mis medidas de seguridad de manera torpe y rápida ante el afán de poder verla moverse siquiera un poco. Cuando estuve listo avance hasta la unidad 3, en donde llevaba todo el tiempo acostada. Estaba pálida aunque había recibido la última transfusión necesaria 15 días atrás. Por lo demás todo parecía ser lo mismo.


Súbitamente su cuerpo se sacudió como si quisiera toser, y luego se quedo completamente quieto, para ella era como el avance de un güines record y una alegría jamás conocida, solamente cuando ella había estado conmigo, se adueño de todo mi ser…


La enfermera me pidió que saliera, casi tuvo que forzarme pero el Dr. Emmet entro en ese momento y me pidió con la mirada que saliera para que atendiera a Bella y dispusiera de la conducta a seguir.


Cuando Salí vi que Alice se acercaba corriendo y sin pedirlo siquiera, sin imaginarlo, se lanzo a mis brazos y me abrazo con alegría, yo la abrace también porque sabía que esto era buena señal, tenía que serlo.


Cuando me soltó se seco las lagrimas y me dijo


- Avise inmediatamente al Dr. Brandon, acerca de las reacciones de Bella y me dijo…- sonrió llorosamente. - me dijo que si empezaba a respirar por sí sola, quería decir que aún conserva sus funciones motoras y el nivel del daño neurológico retrocede…Oh Dios….espero que se encuentre bien.


Quince minutos después Emmet salió de la unidad quitándose sus protecciones. Nos localizo con la mirada y se dirigió a nosotros. Alice y yo nos pusimos de pie.


- Tuvimos que sedarla nuevamente ya que intento desentubarse… pero dado el estado de agitación podemos decir que sus funciones motoras están estables…


Suspiramos aliviados pero la mirada de Emmet no estaba diciéndolo todo.


- Aun así debemos esperar su evolución, la manera de proceder en estos casos es realizar el destete del ventilador y dejarla sedada lo suficiente para que respire por si sola pero sin que llegue a alterarse, gradualmente continuaremos destetándola de la sedación y podemos comprobar si quedaron secuelas cerebrales.


Aun tenía que seguir con esta incertidumbre pero me aliviaba sobremanera que Bella no tuviera un daño físico permanente, aunque de todas maneras podía quedarse invalida de por vida, nada haría que la amara menos de lo que lo hacía ahora.


Agosto


Otro mes paso, los avances de Bella continuaron aunque no de manera consciente, seguía bajo efectos de la sedación por orden médica, aunque había sido desconectada del ventilador y ahora lo hacía por sí misma.


Verla respirando normal, como si se encontrara solo dormida me producía un bienestar enorme, era como si cada vez que entrara la viera dormir y pudiera despertar en cualquier momento y mirarme como solo ella sabía hacerlo.


Pero había hecho grandes avances, sus movimientos cuando la sedación terminaba, semejaban a los de alguien lleno de salud, agitaba los brazos y piernas y aunque Alice temía que se debieran a convulsiones Emmet nos había tranquilizado informándonos que los pacientes neurológicos tenían ese tipo de reacción a lo desconocido. Bella no podía ser la excepción dado que había tenido un trauma muy grave a nivel cerebral por la hipoxia producida bajo el agua.


Desayune en mi casa bajo la vigilante mirada de Victoria que había empezado a ser rigurosa en mi alimentación, había bajado un poco de peso debido a todo el stress manejado a partir de la hospitalización de Bella.


Había hablado con Victoria y con Laurent acerca del error que había cometido, parecía que las palabra salían solas cuando les comentaba todo lo que había pasado por mi culpa, por la nuestra, Laurent me había mirado impasible y me había dicho que sospechaba que la "niña" era la indicada para cambiarme pero que siempre la había mirado recelosos por pensar que podía tratarse de una caza fortunas, Victoria solo había dicho, con lagrimas en los ojos, que debería haber sabido que esa alma de Dios jamás sería capaz de engañarme. Más observadores que yo, mucho más, pero tan manejables como su condición se los decía.


Subí al auto y maneje hasta el hospital.


Mi dolor, mi ira, y mi desesperación habían convencido a Alice de que estaba arrepentido hasta la medula por lo que había hecho, habíamos forjado una amistad tan sana y llena que en ocasiones sentía que ella era la hermana pequeña que en el fondo siempre había querido tener.


Con Jacob era algo similar, aun sentía una punzada de celos pero era algo que podía controlar. El también se había convencido de mi amor hacia Bella y hacia lo posible por alentar cualquier situación tensa.


Estacione en el parqueadero y me baje, subí al acensar, este era mi recorrido matutino, casa, hospital, casa. Había llegado a la conclusión de que mi presencia constante no ayudaba ni hacía daño a Bella, y todos incluyendo James me habían convencido de que podía ir y venir. Había accedido siempre y cuando ninguno de ellos dejara sola a Bella en mi ausencia.


Cuando entre me tope de frente con Jacob que tenía en la cara una expresión seria.


- ¿qué... qué pasa?- le pregunte por instinto cuando leí preocupación en su seriedad-.


- se…ha despertado –


Cuando pronuncio las palabras mi cuerpo reacciono al instante para ir a con ella pero Jacob me puso una mano en el hombro para detenerme –


- hay algo más… -


- ¿que…que?- le pregunte exasperado ante sus largas.


- no ha pronunciado palabra desde que le quitaron la sedación…parece que está en trance…


Algo parecido a un yunque me golpeo la cabeza…


Todo lo que decía Jacob parecía indicar que había daño neurológico…la pregunta era… ¿cuanto?





lunes, 27 de diciembre de 2010

Te Presento A Mi Amante

Capitulo 19: El juicio I

Bella POV

El lunes por la mañana desperté con unas ganas inmensas de no levantarme de la cama. Hoy oficialmente comenzaba el principio del fin, quería llegar a ese juicio, pero a la vez tenía miedo, tenía ganas de desaparecer un instante del mundo o ¿Por qué no? Ser capaz de ver el futuro, pero ninguna de esas cosas me era posible, solo estaba aquí muerta de nervios, sin haber visto aun a Edward y con unas ganas inmensas de vomitar. Pero eso podía esperar. Desde nuestra llegada el viernes por la noche se me había prohibido aunque fuera un mensaje de texto a Edward, y a pesar de estar con mi hermano, Alice y Esme, me sentía sola, por que solo había una persona con quien quería estar y no podía, por eso cuando un par de golpes se escucharon en mi puerta y detrás escuché su voz, mi corazón casi se me sale del pecho.

— ¿Bella? —tan rápido me levante que quedé mareada pero lo ignoré y abrí la puerta, y ahí estaba con esos intensos ojos viéndome como si temiera que fuera a desparecer, me abalancé sobre él, me sostuvo entre sus brazos y me besó con fuerza, los labios, después la frente, las mejillas y de nuevo los labios. Me sentí completamente en las nubes cuando sentí después de tantos días sus labios junto a los míos, era indescriptible la sensación de estar con él, entre sus brazos, no pensé en nada más, pero claro mi burbuja se reventó cuando Alice y Emmett se aclararon la garganta de forma bastante audible y molesta.

—Creí que no nos podíamos ver —le dije apenas separando un poco mis labios de los suyos, mi cuerpo aun estaba herméticamente aferrado al suyo.

—Ese era nuestro plan, pero las cosas han cambiado —contestó con voz grave, pero con un toque de dulzura mientras se dirigía a mí.

— ¿Pasó algo? —preguntó Esme, Edward tomó mi mano y me guió al sofá donde nos sentamos lo mas cerca posible.

—Tanya, perdió al bebé, bueno… lo abortó —un hueco se me hizo en el estomago, sentí aunque era imposible como si mi propio bebé me hubiera pateado alzando la voz ante tal bajeza, despacio lleve mi mano hasta mi vientre y lo acaricié despacio.

— ¿Cómo… fue capaz? —pregunté, sabia que era ambiciosa, pero de ahí a hacer algo tan cruel, había mucha diferencia.

—Parece que es mas lista de lo que pensamos, así que abortó al bebé y piensa negar relación alguna con Félix, pero gracias a mi hermanita —le sonrió a Alice y ella le devolvió la sonrisa— él esta dispuesto a declarar el amorío que tuvieron, tengo los cargos a las tarjetas de crédito por la compra de los pasajes pero…

Su silencio nos hizo poner mas atención, pero también me hizo sentir mas nerviosa, algo no andaba bien, de hecho debía ser algo muy malo.

—Pero… —lo incité a que continuara.

—Tanya tiene un testigo, Bella —me miró y tomó mi otra mano entre las suyas— ese testigo es Charlie.

Mi boca formó una enorme O y los ojos se me llenaron de lágrimas, sabía lo que eso significaba, la última vez que intenté hablar con Charlie seguía con esa mirada indiferente y cargada de decepción, así que aunque hablara con él antes del juicio estaba muy segura de que no nos ayudaría.

—Entonces, ¿Tanya va a ganar? —Preguntó molesta Alice— eso es injusto, es verdad que ustedes dos son amantes, pero ella… ella es una zorra que se metió contigo por dinero y con Félix por placer debería haber una ley que castigue a las zorras como ella.

—Tranquila Alice, nuestro abogado nos ha dado un mejor plan, pero solo lo haremos si Bella está de cuerdo.

—Haré lo que sea para que esto se terminé de una vez —dije segura y confiada en el plan de abogado.

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Bien, quizás no estaba tan dispuesta después de todo, o era que tenia miedo de que las cosas se le complicaran a Edward y probablemente a toda la familia Cullen, pero era nuestra ultima salida y estaba dispuesta a todo por que esto ya terminara. De camino hacia el juzgado, en al auto con mi hermano, mi cuñada y Esme sentía que me faltaba el aire, y que sudaba a pesar del clima frio que la ciudad de Nueva York nos regalaba, los copos de nieve se estrellaban contra el parabrisas y los latidos de mi corazón llenaban el silencio en el interior del auto, aunque probablemente yo era la única que los escuchaba.

Al llegar al juzgado vi el cabello de Tanya perderse al cerrarse la puerta principal, era inconfundible el color rubio rojizo de su larga melena, o quizás es que yo ya alucinaba con esa mujer, que, aunque yo era la otra era ella quien se empeñaba en hacernos la vida imposible a Edward y a mí. Esme y Alice se adelantaron para avisarle a Edward y al abogado que ya estábamos aquí, Emmett me acompañó en todo momento asegurándose de que no fuera a correr.

Después de caminar con la mayor lentitud posible, llegamos a la sala donde se llevaría a cabo el juicio, y ahí estaba Tanya acompañada de su abogado, un hombre de cabellos rubios, su cara demostraba que era un gran abogado, o al menos uno prepotente seguro por sus numerosos casos ganado y mi corazón se disparó de nuevo en un frenético latido. Intente ignorarlo al ver del otro lado a Edward, tan calmado, como si todo fuera a salir bien, habría querido estar tan segura como él, pero no podía, algo me decía que esto estaba mal, pero ya no había marcha atrás, si me había metido en un amor tan complicado, tenia que complicarme la vida para salir de el. Tomamos asiento en las enormes bancas de madera, esto era como en la televisión, pero era la vida real, aquí nadie me aseguraba que los buenos fueran a ganar, es mas no estaba ni siquiera segura de ser "los buenos".

El juez llegó y se hizo la presentación del caso y yo estaba cada vez mas nerviosa, quizás si me desmayaba esto se podría posponer, pero en realidad no era eso lo que quería, por que igual tendría que volver otro día, inhalé aire antes de que Tanya fuera llamada a declarar, su abogado se levanto después del juramento de la rubia de solo decir la verdad, del cual casi me rió.

—Señora Cullen ¿puede decirme por que demanda a su marido por infidelidad?

—Hace un par de meses me fui de viaje sola, por que mi marido tenia que empezar a dar clases en la universidad, así que me tomé unas vacaciones muy merecidas, pero al volver mi prima Lauren quien comparte clases con la amante de mi marido me informó sobre la relación de mi marido con esta niña.

— ¿Y que hizo? —preguntó el abogado.

—Lo enfrenté —sus ojos se inundaron de lagrimas y yo bufé molesta, pero debía admitirlo, era buena actriz— y él me dijo que era verdad, que durante mi ausencia se haba acostado con esa zorra pero que me amaba a mi, me convenció de venir a vivir a Nueva York y empezar de nuevo, pero… no puedo, no puedo perdonarlo.

—Así que entonces, ¿su marido confesó haberle sido infiel con una de sus alumnas?

—Si, no tuvo el descaró de ocultarlo, creo que como él sabe que lo amo con toda el alma pensó que lo perdonaría, pero no es así.

— ¿Así que le he hecho un daño moral y sentimental? —continuó el abogado.

—Además de la vergüenza ante todo el pueblo de Forks de ser una tonta.

—No mas preguntas —el abogado rubio se sentó y el juez le dio la palabra al abogado de Edward.

—Señora Cullen, ¿Cuántas veces antes de ese último viaje, usted abandono la ciudad de Forks?

—Un par de veces, por motivos de trabajo Edward no podía acompañarme.

— ¿Así que decidió irse de luna de miel usted sola?

—Si, Edward me incitó a que lo hiciera, ahora sé por que.

—Y la segunda vez que se fue ¿Por qué lo hizo?

—Por que una amiga cumplió años, y la fiesta fue en Cancún.

— ¿Y cuanto duró la fiesta?

—Objeción señor juez —se levantó el abogado de Tanya— eso es irrelevante.

—A lugar —contestó el juez.

—Bien, entonces dígame señora Cullen, ¿Cuánto tiempo duró ese viaje?

—No lo se, ¿una semana? Tal vez más, tal vez menos.

—Yo le diré cuanto —el abogado se acercó a su escritorio y tomó un par de papeles— duró un mes, fue una fiesta bastante larga, su luna de miel duro otro mes, mes y medio de nuevo en Cancún y dos meses en Ibiza, España, lo que nos da un total de cinco meses y medio de ocho que usted y el señor Cullen llevan casados, para ser exactos los cinco primeros meses.

—Eso no es motivo para que Edward me engañará —protestó Tanya.

—Claro que no, eso no es lo que quise decir, pero ¿usted señora Cullen? ¿Qué hizo los últimos dos meses en Ibiza?

—Fui con unas amigas.

— ¿Y quien pago los gastos del viaje?

—Cada una pagó sus gastos, ¿Qué clase de preguntas idiotas son esas?

—Es que en los gastos de su tarjeta de crédito solo aparase el boleto de avión, usted parece no haber gastado mas que un par de noches en un hotel, y eso me hace preguntarme ¿Dónde pasó todas las noches restantes?

Tanya miró a su abogado como suplicándole que interviniera de nuevo, pero yo moría de ganas de que contestara.

—Lo que mi clienta haya echo es irrelevante señor juez —intervino el abogado de Tanya.

—No lo es —continuó el abogado Jenks— por que la señora Cullen paso esos dos meses con el señor Félix Vulturi y no precisamente como compañía amistosa, sino romántica.

—Eso es mentira —se defendió Tanya.

—Entonces ¿Quién pagó sus cuentas en Ibiza? —Preguntó el abogado, pero Tanya no contestó— eso es todo señor juez.

J. Jenks se sentó y Tanya se levantó del asiento de los testigos para ser ocupado por Edward, o al menos eso creí, ya que el siguiente a testiguar fue Félix.

—No se que demonios tiene que ver ese hombre en todo esto, ¿acaso es algo de la zorra con la que se acuesta mi marido? —me miró alzando una ceja, yo la miré pero no respondí a su ataque, volví mi mirada hacia el frente, donde Félix ya estaba tomando asiento, el juez mando callar a Tanya, y nuevamente J. Jenks tomó la palabra.

—Señor Vulturi, dígame ¿conoce a la señora Cullen?

—Si, la conocí en Ibiza hace unos meses.

— ¿Y que tipo de relación tienen?

—En este momento ninguna, pero cuando Tanya estuvo en Europa fuimos amantes.

— ¡Mentiroso! —gritó Tanya, su abogado la hizo callar al igual que el juez.

— ¿Sabia que la señora Cullen era casada? —pregunto J.J.

—No, la conocí como Tanya Denali, pasamos dos meses juntos y después me dijo que tenia que regresar a su país, no se si para mi mala fortuna, me enamoré de ella y vine a buscarla, fue cuando supe que estaba casada.

—No tengo mas preguntas —J.J tomó asiento y el rubio se puso de pie.

—Señor Volturi, dice que conoció a mi cliente en Ibiza ¿Cómo fue?

—Fue una tarde en playa, platicamos y la invité a cenar.

— ¿Y que mas?

—La invite a bailar pero me dijo no estar interesada.

— ¿Así que mi clienta le dejo claro que no estaba interesada en salir con usted?

—Esa noche si, pero al día siguiente ella misma me buscó y pasamos todo el día juntos, al igual que la noche.

—Eres un maldito mentiroso, esto lo haces solo por que te rechacé —Tanya gritaba como loca.

—Señora Cullen haga el favor de guardar silencio.

—No tengo mas preguntas señor juez —Tanya se calmó un poco después de que su abogado le dijera algo, ella me miró y sonrió con arrogancia, después J.J se puso de pie y Edward me miró suplicante y entonces entendí todo.

—Llamo a la señorita Isabella Swan como nuestro siguiente testigo —Tanya se rió cuando el abogado dijo "señorita" pero poco me importaba, el que ríe al último, ríe mejor.

Me puse de pie y caminé hacia el banquillo de los testigos, aunque para mi parecía ser la guillotina, pero gustosa pondría mi cabeza con tal de borrarle esa sonrisa a Tanya. Hice mi juramento sin dejar de ver a Edward, sus ojos me mostraban paz y confianza, así que tomé asiento-

—Señorita Swan, la señora Cullen acusa a su marido de sostener una relación romántica con usted, desde que ambos se conocieron en la universidad ¿es cierto?

—No, no es verdad —contesté.

—Zorra mentirosa —intervino Tanya.

—Señora Cullen es la ultima vez que le pido que guarde silencio, la próxima vez haré que espera afuera su sentencia —el juez parecía ya cansado con las interrupciones de Tanya.

—Es la verdad, Edward y yo no empezamos una relación al conocernos, fue después, como un mes y medio después, que él y yo nos hicimos amantes.

Para mi sorpresa mi voz no se quebró, no tartamudeé, los que parecían bastante sorprendidos eran Tanya y su abogado quienes seguramente estaban confiados en que lo negaríamos todo, pero esto quitaba de en medio a su prima Lauren, a Jessica y sobre todo a Charlie.

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Destellos de Oscuridad

Capítulo 12

Trueque

El ruido de batalla aumentó a volúmenes alarmantes, mientras los gritos de terror comenzaron a emerger de gargantas humanas. Las enfermeras corrían descontroladas por los pasillos, pidiendo ayuda, otras –las más valientes- con dedos temblorosos y desesperados se apresuraron a liberar a sus pacientes y ayudarlos a sacarlos del hospital. Una de ellas se tropezó con Esme, en su intento de arrastrar a su pequeño paciente a un área segura. La colisión provocó que los dos humanos cayeran al suelo, pues el cuerpo de la vampiresa se les resistió como el mármol frío e inamovible.

El niño observó a su alrededor y se sacudió en cortos temblores de temor; sus ojos apenas podían registrar una parte de todo el acontecimiento, todo lo que sabía era que unos vampiros malos habían tomado el hospital. Y no le ayudó mucho a su intranquilo corazón encontrarse con una en esos momentos; por ello, cuando su mirada se posó en la fría belleza de Esme, hizo una mueca y estuvo a muy poco de soltar un grito agudo, sino fuera porque la vampiresa le cubrió los labios con amabilidad.

-Vengo a ayudar –le dijo.

Tal vez fue la certeza de esta indefenso ante una hembra de una raza tan poderosa y casi invencible o quizás su sentir le hizo saber que ella le había dicho palabras sinceras, de cualquier forma, el niño dejó de removerse y asintió obedientemente.

Fue entonces cuando la atención de Esme regresó a la mujer con uniforme blanco y riguroso peinado, que aún seguía en el suelo limpio y desinfectado. Se inclinó hacia ella e intentó ayudarla; la enfermera le agradeció aferrándose a la vampiresa con la izquierda, pues su hombro derecho se había lastimado al chocar con ella.

Esme, al saberlo, intentó por todos los medios, disculparse con ella; mientras le preguntaba a la enfermera si podría llevarse al niño sola.

-No te preocupes por mí, ahora lo que debes hacer es ayudar a mis compañeras –le dijo.

La vampiresa dejó que se fueran y guiada por los gritos y rugidos logró llegar a una habitación, dónde dos vampiros tenían acorralados a tres enfermeras y una anciana que apenas y podía parpadear del susto; ella seguía atada a la cama, con el suero aún fluyendo hacia sus gastadas venas.

Tuvo tiempo de arrojarse sobre el primero de ellos, que era una hembra, y tirarla de sus largos cabellos hacia la pared, mientras su compañero se encendía en furia y le mostraba sus fieros colmillos en respuesta.

Para Rosalie, cada vampiro que intentaba golpearla o que le causaba algún pequeño rasguño en alguna parte de su perfecta piel, era causado por culpa de Bella y su hermana. Mientras intentaba deshacerse de un vampiro con un desastroso cabello verde en punta, pensaba en las palabras que le tendría preparadas a esa vampiresa cuando todo aquello terminara.

El vampiro extendió sus colmillos y la observó con hambre, ella se rió de él y, en respuesta a su vulgar escrutinio, le rasgó la cara con su afiladas uñas.

-Perra.

Rosalie rugió, su mirada se llenó de fuego iracundo, y se lanzó sobre el bastardo que se atrevió a llamarla de aquella forma. Sus manos tomaron la detestable cabeza y con un gran gruñido, lo arrojaron lejos de sí. Escuchó con gran satisfacción cómo el cuerpo hacía un hermoso sonido al romper por completo el cristal de una de las puertas movibles; y creyó verlo seguir, hasta que su torso se incrustó en una mesa, que se destrozó y comenzó a escupir pedazos de madera y astillas en todas direcciones.

Su hermano había hecho la elección más estúpida posible; pero ella tendría que decirle, no importaba que la viera con rencor; él nunca debió poner sus ojos en Bella, aunque Alice diría que no era cosa de elecciones, porque era su pareja predestinada, a Rosalie todo aquello le importaba un comino.

-¿Aún quieres continuar? –sonrió un poco, al verlo tratar de desencajarse de los trozos de madera.

Pero, a pesar de las muecas de dolor que se dibujaban en el rostro del vampiro, al final le esbozó una sonrisa en respuesta.

Ella estuvo a punto de quitársela con un puñetazo, cuando se sintió agarrada del cuello y tirada al suelo con fuerza. Quiso levantarse, pero su atacante aferró sus rubios cabellos con unos toscos y manchados dedos y estrelló su cabeza contra el suelo tantas veces, que pudo sentir el suelo romperse debajo de ella, mientras su vista comenzaba a nublarse y el caliente humor de su sangre surgía y tocaba sus orejas, su cuello…

Algo de un tono oscuro paso encima de ella y, tan pronto como había sido golpeada, fue liberada, el techo de la planta cinco del hospital estaba completamente blanco, la lámpara cilíndrica y alargada ya se había fundido y amenazaba con caerse encima de ella y romperse sobre su rostro. Con dificultad y un profundo mareo, logró ponerse de pie y notó que lo que le había quitado a su torturador de encima había sido un lobo; Rosalie los detestaba, sin embargo, al verlo luchando contra los dos vampiros no pudo más que sentirse agradecida.

-Maldita Bella, ojalá desaparecieras de nuestras vidas.

Una vez liberado su resentimiento y combatiendo el dolor en la cabeza, Rosalie se dispuso a ayudar al licántropo, pero algo detuvo su avance pues, mientras el lobo acababa de arrancarle el brazo a un vampiro y desgarrado con sus garrar el vientre del otro; una presencia poderosa se introdujo en la habitación. La vampiresa no pudo más que darse la vuelta y al observar la figura, a pesar de no haberla visto jamás, no dudó que se tratara de Dominic, el enemigo de su hermano y el que buscaba a Bella con desesperación. No necesitaba probar para saber que luchar contra él le supondría una muerte segura. Así que, a pesar de toda su valentía y orgullo, retrocedió unos pasos.

-¡No tienes porqué hacer eso! –exclamó el vampiro con una sonrisa amable; como si se tratara de un buen amigo-. Tú, de todos los que ahora acompañan a mi Bella, pareces la más razonable y, mientras sigas así, te aseguro que no te ocurrirá nada.

Rosalie, a pesar de ser un reflejo que ya se había extinguido en ella, parpadeó.

-No comprendo…

-Sencillo –dijo él, interrumpiéndola-, tú ya no quieres que Bella te cause problemas, así que podrías ayudarme a llevármela. Sólo necesito que me digas dónde se encuentra.

Ella lo observó unos minutos, callada.

-Aunque lo hiciera –dijo, finalmente-, mi hermano está con ella, jamás permitirá que la toque.

Un destello de cólera atravesó los ojos de Dominic.

-De Edward yo puedo encargarme…

-¡No! –exclamó Rosalie- ¡No le haga daño, a él no!

-De acuerdo –aceptó él, con una sonrisa de colmillos destellantes-. En ese caso, tú podrías traérmela, así Edward no pondrá objeción; lo que les digas para lograrlo no me interesa, sólo la quiero aquí en cinco minutos.

Rosalie lo observaba, confundida, pero con el suficiente brillo de interés en los ojos como para que Dominic supiera que sólo tenía que insistir un poco más.

-Debes estar de acuerdo conmigo en que Bella no es la compañera predestinada de Edward…

-Sí.

-Bella es mía y te aseguro, que si me ayudas, me la llevaré y jamás la volverás a ver y sacaré a todos mis sirvientes para que dejen tranquila a tu familia, ya nunca vas a volver a tener problemas. ¿Aceptas?

Lo primero que hizo Bella, fue dirigirse a la sala dónde tenía a Amy, en su mente nada más se encendía la idea de sacarla de ahí; pero antes de poder tomar el pasillo que la conduciría a la habitación, dos vampiros se interpusieron en su camino. Seguramente Edward, Alice o Jacob, en su forma lobuna, hubieran acudido a ayudarla, pero ellos ya estaba debatiéndose con un grupo numeroso de vampiros.

Bella no logró sacar su cuchillo antes que el primer vampiro la tomara de los hombros y la estrellara contra la pared.

-No podemos herirla, recuerda lo que dijo el jefe –le gruñó el segundo vampiro.

-No creo que eso le haya hecho daño –replicó el otro, mientras se acercaba a Bella-, recuerda que ella es la asesina de Dominic, estoy seguro que sabe defenderse…

Y como si hubiera escogido apoyar las palabras del vampiro, Bella desgarró su brazo con la hoja afilada y lo arrojó con fuerza sobre su sorprendido acompañante.

El vampiro sin heridas fue el primero en levantarse y, sin perder tiempo, se lanzó con los colmillos al descubierto sobre Bella, la golpeó en el torso, sacudiéndola de momento, pero ella logró recuperarse a tiempo para abrirle una de sus pálidas mejillas y pintar un brillante trazo rojo desde su barbilla hasta acercarse peligrosamente al ojo. Él cayó al suelo, gimiendo, mientras la herida ahora lo quemaba; maldiciendo a Bella en todos los idiomas que conocía.

La vampiresa no tenía tiempo de seguir peleando, así que los dejó en el suelo, y se dirigió a buscar a su hermana; pero cometió un error, pues uno de los vampiros la tomó del pie y la tiró al suelo. El cuchillo escapó de entre sus dedos como agua y cuando se estiró para alcanzarlo, alguien más lo había tomado. Sintió como la arrastraban por el suelo y, con un movimiento lleno de brusca ira, la voltearon boca arriba, de modo que pudo ver los ojos rojos de furia que uno de ellos le dirigía. La hoja del cuchillo, aún con sangre, apuntaba ahora a sus ojos.

-No lo hagas –le dijo el otro.

-Sólo un pequeño corte –sonrió el vampiro-, sólo para que esta perra sienta el dolor que me causó…

-Dominic te matará; no, me equivoco, te destrozará primero.

Pero nada de eso parecía amedrentar al vampiro, pues Bella ahora sentía la punta del cuchillo acariciar su piel, justo entre sus cejas.

Al llegar al hospital la niña había seguido vomitando sangre y una vez en la sala, había soltado lo último tras un pequeño temblor y había quedado inconsciente sobre la cama. La sangre perdida había sido demasiada y el semblante ojeroso y pálido en Amy no era un buen augurio. Sin embargo, la transfusión parecía haber surtido efecto, las mejillas de la niña parecían haber recobrado un poco de color y, casi antes de que ella pudiera abrir los ojos, Sam la había anestesiado para que pasara todo el proceso sin ningún sobresalto.

El hombre lobo se había sorprendido con respecto a Carlisle, el vampiro se había mantenido impasible durante todo el tiempo, incluso cuando las enfermeras trajeron las bolsas de sangre. Contrario a todo lo que pensaba sobre la raza de los vampiros, el doctor Cullen parecía hacer bien su trabajo, sin que su naturaleza lo afectara en lo más mínimo. Por ello, a pesar de su instintiva aversión hacia aquella raza, a Sam empezó a tomarle aprecio a Carlisle.

A pesar de que Amy había recobrado energía, ninguno, ni vampiro ni licántropo, podían asegurar que aquello fuera una mejoría; ambos lo había visto por sus síntomas y la niña estaba cada vez más débil, otra recaída podría ser muy peligrosa para ella.

Pero todos aquellos pensamientos se nublaron cuando las luces se apagaron y los ruidos envolvieron la habitación con su amenazadora oscuridad. Entonces, tres vampiros destrozaron las ventanas y entraron al cuarto. Sam se convirtió en lobo de un salto y Carlisle les mostró los colmillos, ambos se colocaron entre los intrusos y la niña, cuya respiración y latidos se volvían irregulares conforme pasaban los minutos.

Esme podía escuchar los gritos roncos de la mujer mayor y los gemidos de las enfermeras, que ahora eran un conjunto de tres cabezas y manos entrelazadas en desorden, todas estaban juntas, abrazadas, esperando que la muerte no llegar y que si la hacía, fuera certera, rápida e indolora.

Logró arrancarle el brazo a la vampiresa, pero eso sólo provocó a ira de su compañero, quien la mordió en la pierna, dejando una profunda y escarlata marca de dolor. Sin embargo, eso sólo le dio mayor fuerza a Esme, quien ahora le arrancó la cabeza a la vampiresa y la soltó con tal fuerza, que cayó por la ventana. Quería gritarles a las enfermeras que se salieran y se llevaran a la paciente, pero eso supondría distracción y por la forma en que llameaban los ojos de macho, sabía que no tendría tiempo para nada.

Las asustadizas mortales seguían ahí, de pie, inútiles, pegadas unas contra otras, como si la unión las fortaleciera, mientras Esme golpeaba al vampiro y la mujer mayor exhalaba un último y profundo grito; su corazón se detuvo y un sonido agudo, augurio de muerte, emergió de una de las máquinas a las que estaba conectada, y una línea latiente, en una pantalla negra, se volvía completamente recta.

Rosalie negó con la cabeza, ante su propia sorpresa, pues ignoraba porqué daba aquella respuesta.

-No puedo hacerlo, Edward… él la ama.

Dominic se encogió de hombros.

-Ya que no me vas a ayudar, eres un estorbo para mí.

La vampiresa sólo pudo ver cómo él se lanzaba hacia ella; sus ojos rojos, sus dientes blancos y su expresión salvaje, fue lo último que vio antes de sentir que su cuerpo chocaba contra la superficie del suelo y que su vientre se iba consumiendo en un dolor agudo y la cabeza volvía a abrírsele.

La puerta se hizo pedazos, un lobo salía de ella en el aire y colisionaba contra la pared; Carlisle también salió de la habitación, debatiéndose en gruñidos y golpes con otro vampiro. A pesar de estar amenazada con su propio cuchillo, Bella no pudo pensar más que en Amy y que ella también se encontraba en aquella sala, expuesta a cualquier ataque…

Edward había surgido de otra pelea y, completamente fuera de sí al observar que Bella era amenazada, tomó –sin que ellos pudieran anticiparlo- a los dos vampiros del cuello y los arrojó lejos de su amada. La ayudó a levantarse y, a pesar que la vampiresa pudo ver cómo se desesperaba por saber si se encontraba bien, no pudo preguntarle nada, porque los vampiros ya se habían puesto en pie nuevamente. Un lobo grande, de pelaje brillante, que Bella reconoció inmediatamente como Jacob, también se unió a la pelea.

El cuchillo había vuelto a sus manos y, aferrándose con toda su fuerza a él, esquivó los obstáculos de la lucha para llegar hasta su hermana. Pero apenas avanzaba cuando lo escuchó, desgarrador y cada vez más lejano, su nombre repetido tantas veces, que la voz infantil se quedó ronca, después de tantos gritos…

Bella corrió tan rápido como su angustia y sus piernas se lo permitieron; pero al llegar, sólo encontró la habitación deshecha, la cama destrozada, los aparatos sin función, la bolsa del suero rota, un río de sangre que se arrastraba y terminaba ante una de las ventanas. Se acercó a lo que quedaba de colchón y sábana y los encontró; rizos rubios, el aroma de Amy, un pedazo de su bata. Cayó de rodillas, la habitación perdió todo color y el mundo se volvió más negro de lo que alguna vez había sido… Sin embargo, su dolor fue interrumpido por una luz mala; un celular se había encendido y ahora sonaba fuertemente, la vampiresa lo tomó y contestó.

-Tengo algo que tú quieres mucho.

No había necesidad de pensar mucho para saber de quien se trataba. Estaba tan rota, que apenas y podía pensar en que haría todo porque Dominic no lastimara a su hermana.

-Sí –logró musitar ella, en respuesta.

-¿Qué dices si hacemos un trueque, Bella?



Phonography

Designios del Amor

Pero nuevamente la tentación había sido demasiado y a quién quería engañar, yo no era tan noble. Era tercera vez en la semana que me escapaba entre grabaciones para encontrarme con ella, en el mismo hotel. La ansiedad y la adrenalina por estar haciendo algo prohibido era una droga que lograba hacerme sucumbir y socavar la moral. Estacione en el mismo lugar y me baje, camine con el estomago apretado y las fantasías patentes en mi mente. Deslice la tarjeta por la puerta, y tenía una imagen mental bastante nítida de su cuerpo, debo reconocer que aguardaba desesperado estos encuentros, casi contando los minutos que faltaban para tener sexo con ella.

Sólo habíamos puesto una regla y esperaba no traicionarla — esto es sólo sexo —cada vez que estaba con ella me recordaba esa regla en la mente y trataba de pensar que yo amaba a Bella, que ella dentro de poco se convertiría en la madre de mi hijo y que seríamos una familia.

Cuando entré ella venía saliendo del baño, nuestras miradas se encontraron, la picardía se me dibujo en el rostro. Se quitó la polera provocadoramente y camine hasta ella como hipnotizado — ¡sexo! ¡nada más que sexo! —me repetí una y otra vez mientras nos besábamos desenfrenadamente. Pasé mis manos por su espalda para quitar su corpiño y lo tiré al suelo, ella me quitó la polera rompiendo el beso y observe su dorso desnudo extasiado. Bese su cuello a la altura de su clavícula y ella enterró sus dedos entre mis cabellos jugando con ellos, lo que finalmente terminó por desesperarme. Baje mis manos hasta sus pantalones y los desabotone girándola para hacer que se recostará en la cama. Con una necesidad desenfrenada la liberé de ellos y me terminé de desnudar para cernirme sobre ella, sus piernas se abrieron lo necesario para acomodarme sobre su tibio cuerpo, mientras volvía a capturar sus labios con los míos al tiempo que me introducía en ella. Nuestros cuerpos se movían acompasados, y mi respiración se iba haciendo errática a cada segundo que pasaba, la sensación era demasiado exquisita para dejarla ir pero tenía claro que después de esta vez no habría otra. Tal vez por ello ambos no queríamos hacerla tan fugaz, ahogue cada gemido que escapaban de sus labios con mis besos y cuando finalmente llegamos al clímax nos miramos. Nos vestimos en un silencio abismante, y no era que habláramos mucho acerca de nosotros y hoy no fue la excepción.

— No tienes que torturarte buscando las palabras para decir adiós, ambos tenemos claro que lo nuestro es temporal y que se acabara cuando tu hijo nazca —me dijo y me sorprendió su convicción

— ¿Segura que no sientes nada? —le pregunté irreflexivamente

— No me mal interpretes, tu me gustas, me atraes pero no voy a romper tu familia, tengo claro que esto es solo sexo —agrego pero lo cierto era que su frialdad lejos de hacerme sentir mejor consiguió el efecto contrario.

Salimos juntos de la habitación y entramos al ascensor en silencio. Bajamos hasta el tercer subterráneo y cuando llegamos a mi auto ella me miró un poco indecisa de cómo despedirse. La miré fijo tratando de dilucidar si podríamos mantener esto a raya sin involucrarnos más de la cuenta. Era casi enfermizo estar acostándome con la asistente de Bella casi tres veces por semana o incluso más. Finalmente me decidí y la bese, al principio fue como un beso simple pero se intensifico y finalmente fui yo él que recobre la cordura.

Me subí al automóvil y me fui. Me contuve todo el día de llamarla y al final del día no quería volver a la casa. Apenas entre mi corazón se disparó y la culpa junto con la frustración estaban patentes. Miré la correspondencia que estaba en la mesa de arrimo lentamente y trataba de evitar a toda costa encarar a Bella, no podía mirarla a los ojos incluso besarla después de haber tenido sexo con otra mujer.

— ¡Mi amor! —saludó entusiasmada desde el pie de la escalera en el segundo piso y su humor había cambiado radicalmente, tal vez se debía a que ya le faltaba cuestión de días para dar a luz. Me quede tieso y cuando finalmente llego a mi lado le sonreí sintiéndome un completo canalla.

— Pensé que no llegarías nunca —reflexionó de repente y el tono de voz empleado más que reprimenda sonó a desesperación.

— Ven, te quiero mostrar algo —insistió jalándome de un brazo para que subiera la escalera junto con ella, íbamos por la mitad cuando su cuerpo se contrajo y la miré asustado.

— ¿Qué, qué paso? —le pregunté y ella me miró tenía sus labios apretados como conteniendo el grito y la miré buscando lo malo que sucedía. Me apretó la mano y era desesperante mirarle las facciones de la cara sin saber que le ocurría hasta que finalmente soltó el aliento mientras yo seguía mirándola expectante.

— Ufff... —respiró y me miró aliviada — he tenido contracciones todo el día —me explicó, perdí la compostura y no se que cara le dí pero ella se rió.

— Ya llamé al medico y dijo que era normal, que tratará de permanecer acostada y eso hice hasta que te sentí llegar —me dijo rozando mis labios amorosamente.

¿Cómo podía haber sido capaz de engañarla?, me pregunté consumido por el cargo de conciencia. Finalmente subimos y ella estaba ávida y extremadamente feliz. Abrió la puerta que estaba al lado de nuestro dormitorio y me quede de una pieza. Mientras yo me iba a revolcar con su asistente ella adornaba la pieza de nuestro hijo. ¡Eres un canalla! Me grito mi vocecilla interior, fue como un golpe bajo de proporciones épicas, nunca en mi vida me había sentido tan mal como me estaba sintiendo ahora, entre a la pieza y advertí la ropa que me había mostrado Ángela en la mañana suspiré al pensar en aquello.

— ¿Te gusta?

— Es preciosa

Contesté haciendo como si fuera la primera vez que la había visto y era demasiado macabro pensé al recordar en que circunstancias yo había visto ya la ropa que sostenía en mis manos. En eso se sintieron unos pasos y la escena fue peor, verla entrar a ella fue como la gota que colmó el vaso de la moral que a esta altura estaba completamente e irremediablemente sucia.

— Lo siento no pensé —se disculpo Ángela mirándome de reojo.

Simplemente era un canalla.

OOOOOOO

— ¡Despierta! —sentí decir a lo lejos y abrí mis ojos expectantes. Me quede analizando la situación y todo era confuso, había dormido solo una hora y media. Y estaba comprobando que las palabras que me había dicho Emmett varios meses atrás se estaban haciendo reflejos de realidad. Estaba comprobando de primera mano que era tener un hijo recién nacido.

— Ya desperté —reclamé enderezándome y mi representante se rió.

— ¿Y bien? —cuestionó

Sin embargo yo no podía coordinar ideas, apenas le había escuchado algo de la trama y después había caído en sueño inconciente. Iba a contestarle cuando mi celular vibro era mi madre y como odiaba que estuviera de visita. En la semana que llevaba ya había cambiado mi rutina de vida y francamente no se como Bella la aguantaba.

— Madre estoy ocupado —le explique un poco molesto por su insistencia

— ¡Eres un miserable!

Me grito y me quede estupefacto

— ¿Qué? —le pregunté sorprendido

— Como fuiste capaz de hacerle eso a la madre de tu hijo —me reclamó

— ¿De qué rayos hablas? —le grite enojado y me levante de la silla donde estaba porque con el grito que dí me quedaron mirando sorprendidos.

—Te mereces que ella se lleve a tu hijo lejos —espetó colgándome, marque su celular pero estaba apagado.

¡Maldición! Exclame entre dientes.

— Edward ¿qué pasó? —me preguntó preocupado mi representante

— Nada me tengo que ir —dije con un hilo de voz

— Espera —me dijo sujetando mi brazo — ¿esto se trata de algo con lo que tendré que lidiar? —inquirió y suspiré si era lo que me imaginaba ni el mejor publicista evitaría el declive que se vendría.

Cuando llegue a la casa mi estomago se contrajo al no ver el auto arrendado de mi madre. Era como un presentimiento que todo finalmente se había quedado al descubierto — tu lo hiciste ahora enfréntalo —me dije cuando cruce el umbral y me asusto el silencio reinante. Era como si nadie estuviera allí, subí las escaleras de dos peldaños a la vez y la ansiedad de que ella se hubiera ido con nuestro hijo me disparó el corazón. Con los latidos en la garganta abrí la puerta del dormitorio y la cuna estaba vacía. Suspiré — aún puede estar con ella —me dije en mi interior mientras lentamente caminaba los pasos que faltaban para dar con la habitación principal. Cuando llegue al umbral note que la puerta estaba semiabierta. Miré al interior de está pero estaba completamente desocupada. Sentí un escalofrío recorrer todo mi cuerpo justo cuando iba a marcar su celular angustiado me percaté que el ventanal de la terraza, que daba al patio trasero de la casa, estaba abierto. Camine lentamente hasta que la vi, parada de espaldas fumando un cigarro, contemplando a la nada.

¿Qué le diría? ¿Qué explicación era la correcta para justificar lo injustificable?

Me acerque hacia la mesa y miré la revista que estaba sobre está. Se encontraba abierta en la imagen que mostraba a su asistente y a mí besándonos a la salida del hotel hacía unos meses atrás. Había sido un estúpido al pensar que podría salir ileso de ese juego en el que me había involucrado. Cerré la revista y ella se volteó apagando el cigarro en el suelo con su pie.

— ¿Dónde está Cameron? —le pregunté un poco temeroso por tanta calma en sus facciones. Estaba esperando el ataque de ira y rabia pero parecía demasiado calmada. Me desconcertó.

— Con mi madre —me contestó cruzándose de brazos. Iba a hablar cuando yo lo hice primero adelantándome.

— Mi am… —comencé pero ella me interrumpió

— No —susurró tranquila, demasiado para mi gusto lo que provoco que mis temores aumentaran. Extrañamente esperaba una pelea y hasta ahora ella ni siquiera había alzado la voz.

— Al menos déjame explicarte —le pedí acercándome pero me rehúyo.

— ¿Te acostaste con ella? —preguntó mirándome fijo a los ojos. Era realmente terrible sentir su mirada expectante porque yo desmintiera lo que era una refutable verdad.

— No es como tu piensas —fue lo que atiné a contestar.

— ¿Te acostaste con ella sí o no? —insistió demaciado serena y decidida.

— Sí —confirme con un sonido apenas audible. Apretó sus facciones por un momento. ¡Lo siento! ¡Honestamente lo siento! Le dije en el pensamiento al darme cuenta que yo había cometido una estupidez causado un sufrimiento innecesario.

— Mi am… —me miró molesta así que cambie la frase — Bella, se que lo que diga… —y las explicaciones sobraban bien lo sabía yo, uno no puede justificar lo que no tiene justificación había sido deshonesto no solo con ella sino conmigo mismo. Me había comportado como un ególatra de los peores al ver solo por mí. Con mi actitud había sepultado mi felicidad por cinco minutos de placer. ¡Arg! Aún así quería explicarle que, en verdad, solo había cedido a una tentación y más que sentimientos involucrados lo mío con ella era algo físico pero sí tenía que elegir, la elegiría a ella.

— Edward —me interrumpió tomo aire y sabía que estaba controlándose de no gritarme unas cuantas verdades a la cara ¿Cómo? Bella estaba dándome una lección y de las peores, yo había estado en su posición y había hecho exactamente lo contrario a lo que ella estaba haciendo ahora.

— No te espere para pedirte explicaciones —aclaró mirándome directo a los ojos quería que la tierra me tragará en ese mismo instante — Te esperé para hacer una pregunta, una que sellara el destino de esta familia, si es que puedo llamarla así —exclamó seria y me quede sin habla ¡Claro que éramos una familia! ¡Cómo podía dudarlo! Ella y mi hijo eran todo para mí. Con el estomago contraído espere pacientemente por la pregunta.

— ¿Me amas? —me preguntó automaticamente y sin dudarlo mis labios se separaron para dar la respuesta a esa pregunta. No había cavilación esta vez, en realidad jamas la hubo al respecto yo la amaba. A pesar que ahora ella pensara que no, aunque todo el mundo pensará que no. Lo mío con Ángela no era amor, jamás podría serlo. Entonces cuando iba a hablar ella se acercó hasta mí, puso su dedo índice sobre mis labios impidiendo que emitiera el sonido — Piensa bien lo que dirás, porque no hay segundas oportunidades Edward, te estoy pidiendo honestidad —reflexionó con tristeza.

—Yo… fui un estúpido… lo siento, de verdad no sabes cuánto —y perdón era por lo que estaba rogando ¿Sería capaz ella de dármelo?

— ¿Me amas? —insistió y sonreí avergonzado.

— Más que a mi vida –respondí honestamente con la voz un tanto quebrada y aunque eso podría no condescenderse con la realidad de mis actitudes era lo que en verdad sentía en el fondo de mi corazón. — Se que no hay justificación para lo que sucedió pero se termino lo juro —insistí desesperado por que ella me creyera.

¡No quería perderla! ¡Había sido un estúpido! ¡Mi amor yo te amo! Dije en mi fuero interno buscando la mirada chocolate que me hacía temblar, que trastornaba todo mi mundo, esa mirada que tanto amaba pero solo conseguí ver las consecuencias de mis actos, su mirada triste y apesadumbrada. Dolida. Bella estaba destrozada y era mi culpa.

— Las relaciones se construyen en base a la confianza –declaró solemne y tenía toda la razón ¿Merecía yo su confianza? No, técnicamente no pero ¿acaso el amor no lo supera todo? Fue allí cuando me arriesgue a decir algo que en otra circunstancia no lo diría. Aquí yo era el victimario y ella la victima pero aún así lo pregunté.

— Bella, ¿Tú me amas? —cuestioné de vuelta y ella sonrió un seria. Sus ojos chocolates se iluminaron por unos breves momentos pero luego volvieron a ponerse serios y amargos.

— ¿Mereces mi amor y confianza? —me preguntó en respuesta y entonces me destrozó.

Los errores se pagan y el precio de estos a veces es demasiado alto. Ahora yo iba a entenderlo porque no había explicación posible para lo que había hecho. Luego que después de tanto sufrimiento y luego de haber vencido sobre Jacob me había farreado su amor por unos cuantos minutos de placer carnal. ¡Eres un verdadero estúpido! Me recriminé en la mente al entender que esa noche debí volver junto a Bella y haber mantenido mis instintos reservados solo para ella.

— No —le contesté mirando al suelo. Muy a mi pesar, no lo merecía.

— Cualquier otra mujer saldría por esa puerta. No voy a mentirte, tengo el deseo ferviente de hacerlo, de largarme y jamás nunca volver a verte pero si algo he aprendido de todo esto es que no sacas nada con alejarte de los problemas. Yo de verdad te amo, cuando hice mi elección la hice conciente de que eras tú al que yo quería para siempre —cargó su voz en esa última palabra —Hoy ese amor que te tengo esta haciendo algo que en otra circunstancia probablemente no haría. Estoy apostando por la existencia de un nosotros, extrañamente hoy no me importa lo que hiciste, me importa más que en verdad quieras estar conmigo porque me amas a mí no por compromiso, no por un compromiso que respira —reflexionó.

— ¿Estas perdonándome? —cuestioné tontamente confundido.

— Estoy olvidando Edward, por mí bien, por el bien de nuestro hijo, por nuestro bien... incluso por el tuyo... yo… tal vez te perdone con el tiempo…cuando el dolor y el orgullo ya no lastimen pero por ahora solo olvidaré…

Guardé silencio, en verdad no sabía que decirle o que hacer. Tenía unas ganas enormes de abrazarla pero sabía que no era el mejor momento. Fue como un vacío enorme el que se instaló entre ambos, como si de pronto todo lo que podríamos haber sido jamás sería o ¿Tal vez sí?

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