Dark Chat

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Terapia Familiar al Estilo Cullen

El amor esta en el aire.

Bella POV

Rose me guió hacia un lugar apartado del jardín trasero. Ya tenía una manta lista y estirada sobre un lugar bajo la sombra. Pasó por mi lado y acomodó la cesta en el centro de la manta y me hizo señas con su mano. “Ven a sentarte, Bella.”

Me senté con cuidado y sentí mis manos temblar, no podía soportar mas el suspenso y decidí preguntar “Rose ¿Vas a matarme por haber tenido ese sueño con Emmett? Juro que no fue mi culpa y estoy totalmente horrorizada por ello, solo…”

“Bella, se que fue todo por culpa de Jasper. La pobre de Esme me tuvo que sostener contra la pared para evitar que fuera corriendo sobre Emmett y soy un vampiro. Sus emociones afectan mucho más a los humanos, así que no había nada que pudieras hacer. Por eso es que vamos a poner en marcha mi plan pronto, y a decir verdad, tu sueño hace que las cosas sean mucho mas fáciles…” dijo, deteniéndose a pensar algo.

Volví mi vista, y Rosalie había sacado un bol de frutas, waffles y jugo de naranja de la canasta. Olía tan bien. “Wow Rose, gracias, parece que te tomaste bastante trabajo.” Sonreí agradecida.

“Realmente trato de esforzarme, Bella, se que Edward te ama y tu a él, y si logramos vengarnos de Jasper¡También te querré!” bromeó mientras me alcanzaba el plato con la comida.

Todo sabía delicioso. Esme debió de haberle ayudado a armar esto, pero realmente me conmovía su gesto. Mientras comía la fruta casi podía oír a Edward tocando el piano de fondo, eso me hizo sonreír. El ultimo bocado de fruta pasó mis labios y Rose apartó el plato, acercándose a mi “Ok, ahora que has terminado de comer, es hora de planear la venganza.”

Ella se pasó los siguientes diez minutos trazando una estrategia para meter a Jasper en problemas con Carlisle, ya que era la única persona a la que Jasper le tenia miedo. Algunas partes del plan me habían aterrado, y otras me hicieron ruborizar.

“Entonces, Bella… ¿Que piensas?” preguntó Rosalie con sus ojos bien abiertos, esperando mi respuesta.

“Creo que tenemos que decirle a Edward lo que sucede, de otro modo...exagerará, solo un poco.” Eso arrancó una risa de Rose.

“Si, es capaz de matar a uno de ellos y eso no será nada bueno. Le diré a Edward cuando entremos a la casa.” Ella se golpeó la frente para darme a entender que seria una conversación privada para que nadie lo pudiera saber. “Pero tienes que hacer que siga el plan al pie, no le gustara, el no tiene sentido de la aventura.”

“Puedo encargarme de Edward, no tiene permiso de decidir nada por si mismo… ¿Qué tal Emmett, quieres decirle lo que haré?” Asumí que quería informarle para que no hiciera ninguna locura como Edward, pero la expresión en su rostro me alerto de lo contrario.

“No, dejémosle a oscuras la primer parte, el disfruto demasiado de que soñaras con el. Se merece sentirse un poco incomodo.” Rió Rose “¿Estas lista?” preguntó poniéndose de pie y me ofreció su mano. Acomodé mi mano en la suya y gentilmente me ayudo a ponerme de pie.

“Que comiencen los juegos.” Dije mientras le di un pequeño abrazo a su hombro.

Rodeamos la casa y nos sorprendimos de ver cinco camiones de UPS, correo y de Fed Ex en la calzada, bajando cajas dentro en el porche. Nos miramos la una a la otra y dijimos al unísono “¡Alice!”

“¡Alice¿Por que el frente de la casa parece un deposito de UPS?” pregunté en voz alta. El grito de alegría de Alice se escuchó desde las escaleras y continúo hasta que el pequeño duendecillo pasó por nuestro lado.

Ni bien Edward escuchó mi voz detuvo su música y abrió sus brazos hacia mi. Me acurruqué a su lado, sentándome en la silla del piano.

“¿Que tal fue el picnic?” preguntó dulcemente mientras besaba mi cabello.

“Divertido, oh Rose tiene algo que decirte y tienes que seguirlo¿Entendido?” Dije mientras sentí su cuerpo tensarse ante mis palabras. Miré a Rose y pude darme cuenta de que ya estaba contándole todo. Cuando alcé mis ojos el estaba sacudiendo su cabeza energéticamente.

“Tienes que seguirlo Edward.” Lanzó Rosalie “Bella ya lo ha decidido por ti.”

La pelea fue interrumpida por Alice, quien volaba por la sala familiar. “¿Qué esta haciendo?” susurre a Edward.

El lanzó una risotada, “Solo mira Bella, tienes que verlo por ti misma.”

Sistemáticamente, Alice comenzó a abrir las cajas y acomodó su contenido sobre la mesa del comedor. Despejó algunas estanterías de la sala y comenzó a amontonar ropa en ellas. En unos pocos diez minutos, Alice había creado su propio local en el salón de los Cullen y el hall de la entrada, completado con su espejo de cuerpo entero y un biombo separador. La miraba incrédula, hasta había echo un probador.

Se pasó los siguientes 45 minutos ‘comprando’ por la casa. Debió de haber ordenado ropas que nunca usaría, para descartarlas y decir cuan feas eran. También había adquirido múltiples talles, para probarse alguno que le fuera bien. La mirábamos horrorizados y Jasper solo la miraba asombrado en silencio desde el sofá.

Finalmente puso sus ‘adquisiciones’ en una bolsa de shopping que seguramente encontró en su placard, y se dirigió escaleras arriba felizmente, “Jazz, acabo de volver de comprar, voy arriba a reorganizar el armario nuevamente. Volveré en poco.”

“¿Simular que hace compras no es contra las reglas de la tarea?” pregunté a Carlisle con una mirada cuestionante en mis ojos.

El simplemente se encogió de hombros. “Bella, no hay nada que pueda hacer.”

Podía sentir la irritación de Jasper inundando la sala, “Ella esta haciéndolo lo mejor que puede, Bella. Es muy difícil para ella, sabes.”

“Lo se Jasper¡Solo estaba preguntando! Aunque gracias por la irritación, eso es algo divertido…” le lancé.

“No te escuche quejarte sobre mis emociones cuando mi lujuria te dio sueños sucios sobre nosotros, anoche.” Me lanzó.

Sentí que cambiaba sus emociones y rápidamente la habitación se llenó de culpa. “Lamento haberme burlado de Alice, Jasper.” Dije apenada.

“También lamento haberme reído antes de ella.” Añadió Emmett tristemente.

“Gracias chicos. Lo lamento, he tratado con todas mis fuerzas de mantenerla tranquila, que me siento sobrepasado. ¿Me perdonan?” preguntó dulcemente.

“Por supuesto que te perdono, Jasper. ¿Como pudo estar enfadada cuando llenas la habitación con tal felicidad?” bromeé. Sobrepasado por la emoción, Emmett corrió hacia él y le abrazó.

“Será mejor que valla a ver como esta.” Dijo Jasper suavemente antes de ir escaleras arriba.

“Hey Edward, quería hablarte sobre ponerle algo mas de potencia al Volvo. ¿Puedes venir conmigo al garaje?” la sugerencia de Rose fue una señal de que daba inicio el plan.

“Edward decidió que te acompañara, Rosalie. Diviértanse…” saludé a Edward quien me lanzó una mirada desconfiada, pero siguió a Rosalie sin quejas.

Me dirigí hacia el sofá donde Emmett estaba sentado y me deje caer a su lado “Hola Emmett. ¿Qué tal vas?” pregunté con preocupación.

“Aun quedan siete horas¿Verdad? Podré conseguirlo si Jasper controla sus emociones un poco. Con un poco de suerte, Alice le mantendrá ocupado y pondrá un tapón a toda la lujuria que estaba enviándome la noche pasada.” Gruñó Emmett.

Ese era el punto justo que necesitaba para seguir el plan de Rosalie. Perdóname Edward...fue todo lo que pude pensar mientras me acercaba a Emmett.

Fingí un fuerte bostezo y me incliné sobre el costado de Emmett. El sonrió y levantó su brazo para que pudiera acomodarme a su lado, y lo paso por sobre mis hombros.

“¿Cansada, Bella? Creo que realmente no tuviste una buena noche con esos sueños que tuviste y todo.” Bromeó Emmett.

“Oh, si. Esos sueños me mantuvieron despierta toda la noche.” Ronroneé a su lado. Pasé mi brazo sobre su estomago mientras me quedaba entre sus brazos. Inmediatamente sentí su cuerpo tensarse.

“Um...bueno, solo fue un sueño, Bella, ya sabes...nada importante.” Tartamudeo. El plan estaba funcionando.

Aparté mi cabeza de el y pregunté inocentemente “Emmett¿Puedes guardar un secreto?”

Contento de que no estuviera aferrada a su cintura, literalmente, se relajo un poco. “Seguro Bella¡Soy bueno para guardar secretos!” dijo entusiasmadamente.

“¿Quieres oír mi secreto?” pregunté juguetonamente.

“¡Seguro!” dijo. Era ahora o nunca, tenia que mantenerme seria. Me acomodé sobre mis rodillas y me incliné hacia el, acomodando mis labios cerca de su oído. Emmett dejó de respirar cuando me incliné y susurré con la voz mas sexy que pude “Realmente te veías sexy en mi sueño, Emmett. Creo que hasta un poco mas sexy que Edward a decir verdad.”

La próxima cosa que supe fue que mi rostro se estrello contra los almohadones del sofá, por que Emmett había desaparecido.

“¡¡AYUDA¡¡ALGUIEN AYUDEME!!” comenzó a gritar. Vi a Jasper al borde de las escaleras y a Carlisle corriendo desde su oficina.

“¿Que es lo que esta sucediendo, Emmett?” Demandó Carlisle. Edward y Rose aparecieron por la esquina de la sala, Rose se mordía el labio para evitar reír y Edward parecía enfermo.

Emmett alzó un dedo en mi dirección “E...ella...creo... ¡Bella se me lanzó!”

Los ojos de Carlisle inmediatamente fueron hacia Jasper, quien estaba en las escaleras. “¡Jasper, creí que habíamos hablado sobre esto¡No puedes seguir haciéndole esto a Bella!”

“¿Que¡Yo no he echo nada!” dijo Jasper.

Carlisle le advirtió con la mirada “Compórtate Jasper… ¡Compórtate!”

Jasper lanzó sus brazos al aire, frustrado, y volvió a su habitación. Pude escuchar a Alice gritando que necesitaba mas perchas.

Rose se acercó a mi y Emmett saltó entremedio de nosotras “Rose, bebe, vamos, no la lastimes. No pudo controlarse con migo después de ese sueño. Es todo culpa de Jasper, ya déjalo.”

Edward rodó sus ojos y envolvió mi cintura con sus brazos. “Ya basta Emmett, solo estaba actuando.” No pude contener mas mi risa.

“Lo siento Emmett, eras un peón en el plan para destruir a Jasper.” El miró a Rose, quien asintió con su cabeza y le sonrió.

“Eso fue por ponerte tan contento de que Bella tuviera un sueño contigo Em. Alégrate de que no me la agarre con tu Jeep.”

“¡Oh gracias a Dios!” eso fue aterrador, Bella, nunca vuelvas a lanzarte, no creo que mi corazón pueda soportarlo…necesito una ducha, me siento sucio.” Murmuró Emmett alejandose solo.

“Bien hecho Bella, pasemos a la siguiente fase del plan.” Dijo Rose entusiasmada. Teníamos que ser pacientes y esperar a que Jasper estuviera cerca de nosotros para comenzar. Edward se fue en busca de Emmett y se lo llevo lejos, al bosque, para contarle en que consistiría la fase final del plan.

Rose y yo estábamos sentadas en la sala familiar, cuando finalmente Jasper bajó viéndose exhausto. Alice pasó volando por nuestro lado, a comprar algunas cosas más de la ‘tienda’ y corrió escaleras arriba a su habitación para seguir viviendo en su mundo de fantasía.

“¿Qué tal lo llevas, Jasper?” Rose le preguntó amablemente mientras reojeaba unas revistas.

“Seis horas, nueve minutos y treinta segundos para que pueda volver a comprar...pero nadie lleva la cuenta.” Murmuró mientras se sentaba en una silla, inclinando su cabeza hacia atrás y cerrando sus ojos.

Rose me guiñó un ojo y comenzó a hacerme preguntas. “Entonces Bella, cuéntame mas sobre ese sueño tuyo...”

“Rose¿Realmente tenemos que volver a hablar de ello? Ya les he contado todo.” Dije mientras me tensionaba incomoda en la silla. Jasper mantenia sus ojos cerrados, como si no estuviera escuchando. Pensé en el momento más avergonzante de mi vida y dejé que el rubor recorriera mis mejillas.

“Pero honestamente, debió de ser un sueño un tanto excitante.” Mi mente vagó en los recuerdos de Edward sin camisa, presionándose contra mi cuerpo y dejé que el sentimiento de lujuria me invadiera. Jasper contrajo sus cejas.

“No, en realidad no fue tan bueno.” Ahora Jasper creía que yo mentía.

“¿Creías que Emmett se veía sensual?” pensé en una cirugía de ojos que vi una vez en la TV y me sentí asqueada, Jasper comenzó a sonreír.

“Se veia bien, Rose, es todo lo que puedo decir.” Jasper estaba enganchado a cada palabra, ahora, y Rose también podía darse cuenta de ello.

“Que tal el viejo de Jasper, apuesto a que quiere saber que pensaste de el.” Dijo Rose sin poder mantener su voz firme.

Cerré mis ojos y pensé en la primera vez que bese a Edward, y deje que la pasión y el amor que sentí llenaran mi cuerpo. La emoción golpeó a Jasper con tal fuerza que se cayó de la silla con un fuerte estruendo. Estaba convencido de que esos sentimientos eran sobre el…

Emmett y Edward entraron justo en ese momento, “¿Jasper, estas bien¿Que sucedio?”

Jasper parecía que acababa de ver a un fantasma en cuanto escucho la voz de Edward. “Nada, solo me caí…tengo que ir a ver a Alice… ¡Chau!” y se escurrió escaleras arriba en un abrir y cerrar de ojos.

“No quiero ni saberlo.” Murmuró Edward mientras se acercaba a sentarse a mi lado en el sofá. “¿Ya casi terminamos con esto?”

“Casi. Emmett bebe¿Estas listo para la función?” preguntó Rosalie con un tono dulce en su voz que lograría que Emmett hiciera cualquier cosa.

“Es un tanto extraño e incomodo, Rose.” Ella le lanzó una dulce sonrisa “Vamos Em…será divertido.”

“Bueno, si ustedes creen que va a funcionar, lo intentare. Solo no dejen que Carlisle me mate, por favor...” Emmett estaba extremadamente preocupado.

Esme salió de la oficina de Carlisle al poco tiempo. Rose la tomó por el brazo y la arrastró al jardín, ahora el nuevo punto familiar para contarle el plan. Por que no era una buena idea que Esme no estuviera al tanto.

Edward me abrazó fuertemente mientras estuvieron fuera, “¿Te estas divirtiendo?”

“A decir verdad si. Este plan es la mejor actividad que Rosalie y yo hemos hecho.” Respondi con entusiasmo. Edward se vio sorprendido.

“Realmente se compenetraron en su pequeño plan…” murmuró mientras besaba mi cuello.

“Hola, hermano al que no se le permite tener sexo aquí… ¿Puedes apartar tus labios de su cuello, por favor?” gruñó Emmett desde la esquina de la habitación.

“Lo siento Emmett, solo trataba de ponerte en ambiente para el plan…” reí. Emmett y Edward se estremecieron ante la idea.

“No es gracioso, Bella.” Dijo Emmett.

Rose y Esme volvieron del pato y Esme no estaba ni la mitad de enfadada de lo que me había imaginado. Por el contrario, se veia entusiasmada con el plan. Edward se incomodó ante sus pensamientos. Le guiñó un ojo a Emmett, quien comenzó a dar vueltas por la sala con sus ojos agrandados.

Sintiendo su pesar, Rose caminó hacia Emmett y dijo “No te muevas.” Puso su boca en su oído y comenzó a susurrarle algo a velocidad vampirica. Edward frunció el ceño por que escuchaba o veía en imágenes lo que Rosalie le estaba diciendo a Emmett. De cualquier forma, asumí que le estaba diciendo como le compensaría por su participación en el plan.

Con nueva motivación, Emmett sonrió, respiró profundamente y se dirigió a la cocina detrás de Esme. Rose asintió con su cabeza y le dijo a Edward “¿Qué es lo que sucede con Esme y Emmett?” sabiendo que tendría dos efectos. El primero, Carlisle picaría pero no pensaría nada de esto y segundo, llamaría la curiosidad de Jasper. Como si estuviera sincronizado, escuche a Jasper bajar las escaleras y decir. “Entonces¿Que es lo que sucede?”

Edward señaló a la cocina donde Emmett estaba recostado contra la encimera, a un lado de Esme, mientras esta lavaba los platos de mi desayuno con Rosalie. Mientras miraba al fregadero, su cabello cayó sobre su hombro y Emmett se inclinó para acomodarlo detrás de su oreja. Esme dejó de tallar el plato enjabonado y le sonrió. Su mano se movió del costado de su oreja hacia su hombro. Escuchamos a Esme gemir cuando la tocó, lo que hizo que nosotros corriéramos a acercarnos para tener una visión más cercana. Emmett se habia movido y estaba masajeandole los hombros.

Lancé mi mano a mi boca ante lo que veía. La expresión de Jasper era impagable mientras les miraba incrédulamente. Pude sentir que trataba de captar las emociones de todos pero Emmett y Esme debían de estar haciéndolo a la perfección ya que se lo estaba creyendo de verdad. “¡Miren, esta coqueteando con Esme!” dijo Jasper tranquilamente. Edward contenía una risa, estaba segura de que se debía a los pensamientos de Esme y de Emmett. Pero inesperadamente, su cabeza se lanzó en dirección al estudio, debió de haber escuchado los pensamientos de Carlisle, los cuales probablemente eran homicidas cuando escucho lo que Jasper dijo.

Carlisle voló dentro de la habitación y se detuvo en medio de la cocina. Esme dejó caer el plato que estaba lavando en el fregadero, sorprendida. Emmett saltó diez pasos lejos de Esme. Rose y Edward intercambiaron miradas de pánico y yo baje la mía a mis pies, sin querer ver la furia en sus ojos.

“Jasper...” rechinó Carlisle.

Espere al resto de su reacción, pero nunca sucedió. Alcé mis ojos sorprendida de que aun miraba a Jasper. Sin una palabra, se dirigió hacia el teléfono y marcó un número, “Hola. Si, soy Carlisle Cullen. Lamento molestarlo en el fin de semana, doctor Dover, pero necesitamos una sesión de emergencia, mi hijo esta coqueteando con mi esposa, mi nuera parece que ha estado coqueteando con su cuñado luego de un sueño que tuvo la noche pasada, y Alice alucina que esta comprando en su propia habitación. Si. Bien, le veremos en treinta minutos. Gracias.”

Colgó el teléfono de un golpe y se volvió hacia nosotros “Metanse en los autos, vamos a una sesión de emergencia con el doctor. Emmett, tu iras con Edward y con Bella para que no te mate. Jasper trae a la lunática de tu esposa aquí, dile que la llevaras al centro comercial, la llevare a rastras a la oficina del doctor. Y si siento una simple emoción que no sea paz y tranquilidad de ti, le pediré al Dr. Dover que te haga una lobotomía. Rosalie Hale, tu vendrás con Esme y conmigo, tengo unas cuantas preguntas para ti jovencita…”

martes, 3 de noviembre de 2009

mas picas de Rob

aqui les dejo mas picas de este hermoso hombre me derrito.....










Gracias a Twilight Caribe

fotos de Kristen y Taylor en Mexico








nuevas fotos de detras de camaras de NEW MOON










secion de fotos de HARPER`S BAAZAR



















Me muero se ven tan lindos los dos y que decir de kristen se ve mega sexy
gracias a R&K

GHOTIKA

En el infierno, la luz de los fuegos sería tan brillante

que recordaría la del sol, y que éste sería el único día
que volvería a ver jamás.
Lestat, el vampiro – Anne Rice


Capítulo 11: Darío


En aquel par de ojos grises, se podía leer la inteligencia y madurez que él poseía. Sin embargo, en su voz, su tamaño y sus ligeramente redondeados rasgos, podían apreciarse parte del niño que también era. Solamente una palabra le podía describir bien: Misterio. Si. Darío era misterioso, en todos los sentidos de la palabra. Su rara especie de vampiro era única y completamente desconocida para todos, mortales o no.


Nacido en París en el año de 1960, era el primer y único hijo de un noble matrimonio. Poseedor, desde su nacimiento, de una belleza perturbadora, se le considero un tesoro para todos quienes le rodeaban, pasando sus primeros ocho años inundado de gran fraternidad.

Aro le había visto, por casualidad, en uno de sus tantos viajes y, desde el primer momento, le deseó fervientemente. Sus bellos e inocentes gestos de su pálida tez, la profundidad y sabiduría de su grisácea mirada y su serena seriedad, tan poco común para alguien de su edad, le habían intrigado profundamente. Era fácil deducir, con tan solo mirarlo por un momento, que aquel pequeño niño, con aspecto de ángel caído, no era un simple mortal.

Para suerte del viejo vampiro, poco tiempo después, el carruaje en el que su familia y el pequeño Darío se dirigían a una fiesta a las afueras de la ciudad, calló en un barranco. Aro, quien iba en compañía de Carlisle, se apresuro a descender por la rocosa empinadura - aprovechando aquel momento en el cual se había presentado la excusa perfecta - para otorgarle, a lo que él llamaba: la vida eterna.

“Hermano, es muy joven” – le había replicado Carlisle, mientras que, con sus gentiles manos, le frenaba, tomándole ambos hombros.

“Pero míralo, Carlisle” – discutió Aro – “es lo más hermoso que he visto y pueda a llegar a ver por milenios”

“Es un niño, deja que su alma inmaculada descanse, déjale entrar al reino al que muchos no tienen derecho” – suplicó el otro vampiro, más de nada sirvió.

Darío recibió la ponzoña de Aro y, durante tres días, su cuerpo se convulsionó a causa del terrible dolor que ésta le causaba. Muchos no estuvieron de acuerdo con la transformación de tan pequeño ser y, sin embargo, nadie tuvo el valor de manifestarlo. Todos pensaron que semejante tortura sería mortal para alguien tan joven, pero se equivocaban.

El niño renació a su nueva vida, trayendo consigo no solamente un aspecto bellamente fuera de lo común (por tener los ojos grises, en lugar del color carmesí caracterizador de los neófitos y los no vegetarianos y por no tener una piel que brillara a la luz del sol) si no también un poderoso don: Podía mover los objetos, a su voluntad, con el pensamiento, lo cual contribuyó a que Aro se rebozara más de su persona por hacer tan buena elección.

Pero eso no era todo, extrañamente, Darío también había nacido con un autocontrol digno de respeto. Disfrutaba enormemente la sangre humana, pero era cuidadoso a la hora de escoger a sus presas, las cuales solo constituían a malhechores. Además de que, al venirse a vivir con Edward y Jasper, había adquirido la responsabilidad de abstenerse a tan gran privilegio, por lo que se podía decir que su dieta como vegetariano estaba dando sus inicios.

Pero, como todo, nada puede ser perfecto… y Darío no era la excepción: La ironía de su existencia recaía en que él, quien mejor y más fácilmente podría pasar por un humano, no podía…

…La luz del sol le hacía daño.

Si bien los efectos del astro sobre él no eran tan extremos como los contados en las viejas leyendas (osease, no quemaban su cuerpo hasta reducirlo a cenizas) lo debilitaba casi al instante, inmovilizándolo por completo.

“Mi nombre es Darío Cullen” – le respondió el pequeño a las dos chicas que le miraban fijamente, aún sin salir de su asombro.

“Es hermano consanguíneo de Edward” – agregó Jasper, acercándose.

Y lo antes dicho se podría decir que, hasta cierto punto, era cierto y muy creíble. Darío tenía un corte de cabello muy similar y, por si fuera poco, mucho de la personalidad del vampiro antes mencionado. Darío, desde el momento que abrió sus ojos a lo que era su nueva vida y le conoció, admiró en gran medida a Edward, Su maestro, le decía en un principio, más ese seudónimo fue sustituido por algo más fraternal, llamándolo, desde hacía muchas décadas: hermano.

Bella le regresó el negro pañuelo al niño que estaba frente a ella.

“Siento mucho lo de tus padres” – comentó la infantil y varonil voz – “sé lo que se siente el tener que perder a los seres que amas…”

Bella bajó la mirada, mientras luchaba por retener el llanto que estaba a punto de aflorar, otra vez. Edward la miraba, completamente en silencio, aquella actitud, desde hacía ya muchas horas, había pasado de ser, para él, algo maravilloso a algo completamente angustiante. Se descubrió a él mismo buscando alguna forma de calmar ese dolor incrustado en sus ojos marrones y se sorprendió al darse cuenta que, si estuviera en sus manos, haría todo lo que se le pidiera por verla sonreír.

“Bella, deberías descansar” – murmuró Alice, hablando por primera vez en varias horas. Vio como su amiga se negaba, e insistió – “mañana será un día terriblemente pesado, no te conviene estar cansada para el entierro”

“Si gustas, yo te puedo acompañar” – se ofreció Edward. Bella le miró, ¿cómo se había dado cuenta que tenía miedo a estar sola?

Dejando de lado su pregunta, asintió y, a los pocos minutos, ambos jóvenes desaparecieron por las escaleras que llevaban a la parte superior de la casa.

“Sería conveniente que tu también tomaras un descanso” – comentó Jasper, siguiendo a Alice por detrás – “Tu tampoco te miras muy bien”

“No lo estoy” – aseguró ella, mientras tomaba asiento y veía como las pocas personas que habían llegado al funeral, se marchaban ya – “ha sido lo más horrible que me ha pasado” – agregó, con voz temblorosa – “yo lo sabía… sabía que iban a morir… lo presentía”

Jasper dirigió la mirada hacia Darío, quien se encontraba viendo a los dos cuerpos yacidos en sus respectivos ataúdes, sin embargo, sabía que estaba escuchando cada una de las palabras dichas por la muchacha.

Ya no quiero tener ese tipo de visiones” – confesó Alice – “Cada día se hacen más nítidas… me pregunto si habrá una manera de dejar de ver…”


“No creo que lo haya” – interrumpió, suavemente, Jasper – “hay características que ya forman parte de ti, de tu esencia, y no las podrás cambiar ni abandonar por mucho que lo intentes… o por mucho que lo desees tú y algunas personas más”

“Gracias por estar con nosotras” – dijo Alice, tras varios minutos que pasaron en silencio

“Es lo mínimo que podemos hacer…” Después de todo… tal vez con eso ya no nos odien tanto por lo que próximamente tendrán que soportar por nuestra culpa…

Darío giró su cuerpo y caminó hacia donde la pareja platicaba.

“Debes tener sueño” – señaló Alice, tras fijarse en las ojeras del pequeño. Ya se había acostumbrado a ese rasgo tan característico de Edward y Japer, sin embargo, se le hacía extraño, y un poco preocupante, que un niño las tuviera

“No te preocupes” – contestó Darío – “Yo no duermo… temprano” – agregó, sonriéndole levemente, tras su mala broma personal.

Jasper también sonrío, de manera casi imperceptible. Darío podría tener años de haber nacido como vampiro pero, aquel espíritu juguetón y travieso de todo niño aún seguía vivo en él. Claro esta: sus bromas no tenían nada de infantiles.

Mientras, en la parte superior de la casa, Edward se había quedado parado justamente en el umbral de la puerta por la que se accedía a una oscura habitación.

“Puedes pasar” – indicó Bella, mientras encendía las luces. El vampiro obedeció, internándose en aquella estancia con pasos lentos e inaudibles.

Bella se sentó sobre la cama. El abatimiento y la angustia de su rostro eran completamente palpables para Edward, quien, movido por la necesidad de consolarla, se acercó hacia ella y se sentó a su lado.

“Los voy a extrañar mucho” – murmuró Bella y él tuvo muchos deseos de tomarle las manos con las suyas, más desistió en cuanto lo pensó. Dudaba mucho que la frialdad sobrenatural de su piel ayudaran en algo - “nunca pensé que la soledad me llegara a parecer tan… tenebrosa”

“Nunca estarás sola” – le prometió él, hablando con voz baja

“Ahora me siento sola” – confesó ella, bajando la mirada, sintiéndose avergonzada por el hecho de demostrar aquella debilidad frente a un casi desconocido.

“¿Qué puedo hacer yo para cambiar este sentir?” – preguntó el vampiro, con la voz tan impregnada del dolor que sentía al verla sufrir, que casi pareció una suplica.

“¿Por qué?” - inquirió Bella, con voz baja – “¿Por qué estás aquí, si casi no me conoces?... – Edward, obviamente, no tenía una respuesta para tal cuestionamiento, así que permaneció en silencio – “te confieso que realmente esta actitud tuya, y de tus hermanos, me desconcierta mucho ya que, ni aún los más cercanos a mis padres se han molestado en acompañarme hasta esta hora…”

“Quiero compensar el daño que algún día te pueda llegar a causar” – respondió de la manera más sincera que pudo – “espero que esto ayude a que no me odies tanto si algún día llego a herirte”

“¿Por qué abrías de herirme?...”

Edward se encogió de hombros, a modo de respuesta. Tal vez había soltado de más.

“Uno nunca sabe quien te puede llegar a traicionar” – fue lo que dijo. Bella, pese a su tristeza, sonrío un poco.

“Tienes razón” – admitió – “uno nunca sabe nada… nada de lo que nos rodea puede considerarse algo predecible, nuestro destino es una incógnita constante, la cual jamás lograremos descubrir.

“Bella” – llamó él, con un susurro – “¿Qué piensas de quienes han matado a tus padres?” – quiso saber. La información era de mucha importancia para él.

“La policía esta en busca de pruebas para encontrar al o los asesinos” – respondió ella, con la rabia contenida, destilando por sus negros labios – “¿Y te soy sincera? Me da igual si lo encuentran o no, después de todo, con encerrarlo en la cárcel no le devolverán la vida a mis padres…”

“Entonces, ¿No le guardas rencor?”

“Si” – contestó, mirando hacia la nada – “claro que les guardo rencor, y mucho” – aclaró – “pero yo no le encerraría… yo le enterraría vivo bajo la tierra y me quedaría a su lado, escuchando como con sus gritos aclama mi perdón para que lo deje salir… y obviamente, por mucho que me rogará, no lo haría.

Edward bajó la mirada hacia el suelo. Todo era mucho, mucho peor de lo que se había imaginado. ¿Qué iba a pasar cuando ella supiera que había sido convertida en ese ser inmortal que le había arrebatado, sin piedad, a sus padres?

“¿Te asuste?” – preguntó Bella, al ver su silenciosa reacción – “¿Te pareció muy despiadado lo que dije?”

“Si” – respondió él – “Me asustaste, más no me parece algo despiadado” – agregó – “me parece que es lo mínimo que esa bestia se merece” Lo que nosotros merecemos. –Rectificó en su mente.

El cansancio, tanto emocional como físico, hizo efecto en Bella y, tras pasar unos cuantos minutos, la desvaneció sobre la cama, a través de un profundo sueño, el cual fue contemplado por el vampiro que se trataba de imaginar lo que, a partir de ese momento, a su querida humana le deparaba.

GHOTIKA

hola mis angeles hermosas , aqui les dejo mas cap de ghotika y perdon por la tardanza pero me quede sin compu . las extrañe mucho
y proto subire cap de amor en silencio
mil besitos
Angel of the dark
(la unica original )= D
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Todos morimos. Lo único que tú compartes

con los demás mortales, es la muerte.
Entrevista con el vampiro – Anne Rice


CAPITULO 10: PÉRDIDA

Aquella mañana Bella se levantó temprano, sinceramente, no había podido dormir por el dibujo que Alice le había enseñado tenía menos de veinticuatro horas… Ridículo pensó al recordar que, por un momento, había fantaseado con la idea de que Edward pudiera llegar a ser un vampiro. Una risita se le escapó de sus labios, justo en el momento en que Renne entraba a su recamara


“Has amanecido de muy buen humor” – señaló y Bella, para rectificar el comentario, sonrió aún más ampliamente – “¿Se puede saber a qué se debe?”

Su hija negó con la cabeza, mientras caminaba hacia su madre y, al pasar a su lado, le rozaba levemente sus mejillas. Renne suspiró complacida, le encantaba que su hija tuviera ese tipo de detalles con ella y, como no solían ser muy frecuentes, cada vez que se daba la oportunidad, la aprovechaba al máximo – “voy a bañarme” – anunció Bella, desapareciendo por la puerta.

No rompiendo la rutina, la gótica se visitó con ropas completamente negras, al igual que su maquillaje y, cuando hubo ya terminado, bajó para desayunar. Se sorprendió mucho el encontrar a dos personas, en lugar de una, sentadas en la mesa

“Papá, buenos días” – saludó mientras se sentaba

“Buenos días, Bella” – le contestaron.

“Tu padre se ha tomado el día libre” – explicó Renne, con una sonrisa en los labios.

“Me alegro” – dijo, de manera sincera – “¿Tienen planes…?”

“No” – se apresuró a contestar Charlie – “nos quedaremos en casa, pasando un día ocioso” – Bella rió, y los dos adultos se alegraron de verla con ese ánimo.

Su hija no era depresiva, pero si muy seria. No reía fácilmente y, si lo hacía, el gesto solamente duraba, a lo mucho, un par de segundos.

“Me voy a la escuela” – dijo Bella mientras se ponía de pie y llevaba los platos sucios al fregadero. Charlie también se levantó de la silla y camino hacia ella, quien, al encontrarse frente a frente con su padre, le miró fijamente.

“Te quiero mucho, Bella” – le confesó el señor mientras tomaba entre sus manos el rostro de la muchacha y depositaba un ligero beso sobre su frente, Renne también se acercó, para acariciar su cascada de cabello color caoba.

“Yo… yo también los quiero” – murmuró Bella muy, muy bajito, pero supo que sus padres lo escucharon – “Tal vez no lo diga muy a menudo pero…”

“No es necesario que lo digas” – interrumpió Renne – “nosotros siempre hemos estado concientes de ello” – calmó, mientras le daba un ultimo apretón al ligero cuerpo de su hija.

Bella caminó hacia la escuela y, en el transcurso, no pudo evitar derramar una pequeña lágrima, sin saber muy bien el por qué. Al llegar al instituto, se encontró rápidamente con Alice, la cual tenía sus grandes ojos muy hinchados

“Alice, ¿Qué te ocurre?” – preguntó mientras se acercaba a su amiga

“No lo des importancia” – indicó la otra muchacha, mientras se pasaba las manos por sus ojos, en los cuales el maquillaje negro ya se había corrido - “No pasa nada”

“Estas llorando” – señaló Bella – “¿Y así dices que no pasa nada?”

“De verdad” – aseguró la pequeña – “ni yo misma sé por qué lloro… simplemente, de un momento a otro, sentí un fuerte apretón en el pecho, una nostalgia demasiado fuerte…” – las pupilas de ambas chicas se clavaron fijamente, unas en las otras – “tengo miedo, Bella” – confesó Alice mientras se llevaba ambas manos al pecho – “tengo un mal presentimiento”

Bella jaló el cuerpo de Alice hacia ella y la abrazó fuertemente, para poder consolarla.

“No temas, yo estaré aquí” – prometió con un susurro, mientras sentía como Alice posaba sus manos sobre su espalda

“Gracias” – murmuró la pequeña, más la terrible angustia que sentía en ningún momento se disipó.

Bella le ayudó a levantarse del suelo en donde se encontraba sentada y ambas se dirigieron hacia los pasillos de la escuela, para llegar a tiempo a sus clases. Caminaron sin saber que, justamente detrás de ellas, pisándole los talones, venían los dos jóvenes vampiros.

“Edward, Jasper” – exclamó Bella cuando al fin se percató de las presencias de los muchachos, la cual no se hizo notoria hasta que llegaron a sus bancas de estudio – “no sabía que venían detrás de nosotras” – agregó, frunciendo el ceño, a Bella no le gustaba sentirse sorprendida.

“Parecen fantasmas” – señaló Alice, mirando a Jasper – “pareciera que simplemente se materializan en la nada”

“Tal vez, eso es lo que hacemos” - dijo el rubio vampiro, con una media sonrisa pintada en los labios.

Ambas muchachas bajaron la mirada, incapaces de soportar la lúgubre belleza de aquellos rostros, exageradamente pálidos.

La clase transcurrió de manera trivial, excepto para Jasper, quien podía sentir aquel torrente de tristes emociones provenientes de Alice. Se sintió ansioso, ¿Qué era lo que tanto pesar le causaba?... lo peor era que aquel sentimiento, fuera de minorizarse, con cada segundo que el reloj marcaba, se hacía más intenso.

“¿Te encuentras bien?” – se atrevió a preguntar, cuando las clases llegaron completamente a su final.

“Si” – le contestó la chica, sin poder ocultar la sorpresa que aquella pregunta le había causado

Por un momento, el vampiro deseó tener el don de leer la mente. Obviamente, la respuesta dada por Alice no le había convencido en absoluto. Aún así, no quería presionarla. Se limitó a caminar a su lado, unos cuantos pasos más, hasta que se encontró con su hermano, en compañía de Bella.

“Iré con Bella a su casa, para recoger los apuntes de la clase pasada” – explicó Edward, quien luchaba por retener una sonrisa. Aquella excusa se le hacía tan común… tan humanamente común.

Jasper también encontró divertido aquel comentario. Nunca antes había considerado a su hermano como alguien infantil y, sin embargo, aquella mentira, tan carente de credibilidad, que había salido de sus labios, le daba a demostrar que, por muchos siglos que su especie existiera, ésta jamás perdería del todo su lado humano.

“Entonces, te veo en casa” – dijo, en forma de despedida.

Edward asintió, y giró su cuerpo para encarar a Bella y preguntarle si era buen momento para irse ya.

“Alice, ¿estarás bien?” – quiso saber la gótica, antes de marcharse. Su amiga le sonrió de forma tranquilizante, aunque Bella no se lo hubiera dicho abiertamente, sabía que ésta disfrutaba mucho de la compañía de aquel joven de cabellos color cobre

“No te preocupes, estaré bien… además, te veré en unas cuantas horas” – aseveró de manera inconciente, perdiéndose en la imagen de la nada, durante una milésima de segundo.

“¿En la tarde?” – repitió Bella, confundida, ¿Se le habría olvidado acaso que había quedado con Alice para verse después, ese mismo día?

“No hagas caso” – se apresuró a decir la otra muchacha – “lo dije sin querer… disculpa, mi cabeza anda en otro lugar…”

Bella y Edward caminaron con andar pausado y en silencio, tal y como lo habían hecho aquella noche y, justamente quince metros antes de llegar a su destino, Edward pudo sentir entrar, en sus fosas nasales, un olor a sangre ya muerta…

“Espera, Bella” – murmuró, mientras la obligaba a frenar la marcha. Agudizó lo más que pudo todos sus sentidos, para poder asegurarse si en realidad se encontraban solos.

Escuchó detenidamente cada movimiento dado alrededor de ellos: el suave meneo de las hojas de los árboles provocados por el viento, las ligeras y rápidas pisadas de las ratas, corriendo hacia las alcantarillas, el sonido del motor de un carro aproximarse y la risa de los pequeños que en el venían, la ruptura de una delgada rama, yacida sobre el suelo, provocado por las patas de un ciervo, el canto y aleteo de unos pajaros…

“¿Qué pasa?” – preguntó Bella ante semejante actitud. Edward volvió a aflojar el cuerpo, descansando la posición más no los sentidos.

“Nada” – mintió y comenzó a caminar otra vez, con Bella pisándole los talones.

Bella le miraba por el rabillo del ojo, se preguntaba por que la repentina tensión del muchacho que caminaba a su lado.

Edward, por el contrario, podía sentir cada vez más, con cada paso que daba, aquel penetrante aroma, desgraciadamente, no tardó mucho en comprobar sus temidas sospechas.

Por un momento, pensó en la idea de detener a Bella para que ella no continuara avanzando pero, ¿Qué caso tenía el retrasarle aquel momento?... tarde o temprano ella se iba a dar cuenta de la realidad…

“Mamá…Papá” – susurró Bella en cuanto, tras abrir la puerta de su casa, tuvo frente a ella el cuerpo de Renne y Charlie tendidos sobre el suelo.

Edward tragó saliva al presenciar la imagen… todo era mucho peor de lo que se había imaginado

“Estoy soñando” – murmuró Bella mientras veía una y otra vez los cadáveres de sus progenitores – “Esto es… solo… un sueño”

El vampiro era incapaz de dar crédito a tal espectáculo… Caminó hacia la muchacha inmóvil y bajó su cuerpo para quedar a la misma altura que aquel rostro ensombrecido,

“Bella” – llamó, al notar que ella no lloraba, no gritaba, no hablaba… al notar que solamente se había quedado estática, ida, mirando el par de cadáveres


Edward dirigió la mirada a éstos también y se estremeció al reconocer las mordidas ubicadas en ambos cuellos… eran mordidas de vampiro.

“Bella” – volvió a llamar y la chica reaccionó, llevando su mirada hacia la de él, clavando sus nublados ojos cafés con aquel par de atormentadas pupilas doradas.

“¿Por qué?” – preguntó en un susurro – “¿Quién… quién fue?”

Vampiros. Contestó él en su mente. Mi especie… a la cual pronto pertenecerás…

“Ellos… no hacían daño” – continuó Bella, ante su silencio – “Eran personas buenas…”

“La muerte no respeta edades, ni posición económica, ni la bondad de las almas” – contestó Edward con un murmullo – “la muerte es la única que no discrimina y nos trata a todos por igual”
Un interminable silencio se levantó entre ellos, en el cual, Bella asimilaba aquellas palabras y, desgraciadamente, se dio cuenta de que eran ciertas… cerró los ojos y una primera lágrima fue derramada de éstos y el vampiro, pese a lo delicado de la situación, no pudo evitar sentirse hechizado ante tal visión. Le pareció un espectáculo realmente cautivador ver como aquella gota cristalina se deslizaba por encima de aquella blanquecina piel y se perdía hasta golpear sordamente el suelo. Había visto llorar cientos de veces a decenas de personas, pero nunca había visto algo similar a lo que presenció durante el resto de la tarde. El llanto de Bella era tan peculiar como ella misma, no era escandaloso, no era abundante... pero si denotaba un dolor incalculable.


Alice había llegado a las pocas horas, en compañía de Jasper. Ahora, todos sabían a qué se debía aquella sensación desgarradora en el pecho de la pequeña: había presentido a la muerte cerca. También ella lloraba. Los señores Swan eran, para ella, como unos padres. Con el poco tiempo que había pasado tras conocerlos, aquella pareja siempre le había tratado con el cariño y acojo con el que sus verdaderos padres jamás lo habían hecho…

“Miren como sufren” – una voz infantil hizo saltar a Edward y Jasper, quienes se habían distanciado por un momento de las lacrimógenas muchachas

“Darío” – murmuraron, sorprendidos de la repentina aparición – “no te escuchamos venir” – agregó Jasper.

“Están muy distraídos, contemplando maravillados el dolor de éstas dos jovencitas” – afirmó el pequeño, mirando fijamente a las negras siluetas femeninas, paradas frente a dos ataúdes rodeados de flores – “la muerte es hermosa para los humanos” – murmuró – “ellos si tienen un descanso…”

Darío comenzó a caminar hacia donde Bella y Alice se encontraban. Ninguna de las dos lo escuchó llegar. No fue hasta que, su pequeña y pálida manita, le tendió un pañuelo a Bella, cuando las dos góticas se percataron de su presencia.

“Tomen” – indicó el pequeño de cabellos y vestimenta negra – “sequen sus lagrimas… la muerte solo merece su llanto cuando, además de arrebatar los suspiros, arrebata al alma”

“¿Quién eres?” – preguntó Alice, mientras al igual que Bella, se mostraba claramente sorprendida de que aquellas palabras hubieran salido de los labios de un niño que no denotaba tener más de ocho años.