Dark Chat

jueves, 24 de febrero de 2011

Pecados Carnales

Capítulo 23

Conociéndonos de nuevo

Tanya V/s Bella

Tanya

Entrar a la casa de los Cullen fue lo más doloroso que podría haber hecho en toda mi vida, si ni siquiera cuando mis padre murieron me sentí así, puede ser, que en aquel instante yo era demasiado pequeña para saber lo que significaba la palabra muerte, pero hoy, al ver el charco de sangre apenas camine para dar con la sala de estar mi cuerpo no resistió y caí al suelo en un grito desgarrador, por suerte venía detrás de mí Alice y por suerte ni Edward ni Bella venían tras nosotros.

— Ya, Tanya, él está descansando —me consoló con su dulce voz cantarina Alice, me abrazó entre sus diminutas manos, en la mitad del pasillo de su hogar, el charco de sangre aún estaba allí, presente, mi pequeño Anthony aún estaba allí presente, su risa angelical, sus hermosos ojos marrones, esas pestañas tan parecidas a Edward, esa sonrisa ladina idéntica a su padre me desgarró en el alma y por primera vez sentí rabia con la vida, con todo, incluso con Bella.

Deslice mi mano hasta el borde del charco de sangre, uno de mis dedos toco la sangre y en ese minuto Alice me quito de entre las manos el pañal que no había soltado de mis manos durante toda la mañana y con ese mismo genero limpio la sangre.

— ¡Basta! ¡Esto es demasiado para soportarlo! —espetó entre dientes mientras yo daba el grito desgarrador, me había arrebatado lo único que yo podría haber conservado de mi hijo… de mi ahijado.

— ¡Noooo! —luche fieramente por quitarle el paño ensangrentado y fue allí cuando alguien me sujeto por la cintura.

— ¡Basta Tanya! —conminó para que entrará en razón y al principio no reconocí la voz.

— ¡No, era lo único que tenía de él! —protesté tratando de separarme de mi opresor, entonces su cuerpo fuerte me giró para dejar de mirar lo que Alice hacía, me giró justo en el momento en que esta corrió hasta la cocina con el paño y en el suelo ya no había nada, nada que pudiera recordarme a mi pequeño risueño.

Era Jasper, el novio de Alice que me sostenía con fuerza tratando de que no impidiera lo que a todas luces era lo lógico, la sangre no podía quedarse allí eternamente. Cuando sentí unos pasos me giré y allí, recargada en el umbral del pasillo que daba a la cocina estaba Alice, que extendió sus brazos, sus ojos estaban humedecidos.

— Tenemos que ser fuertes por Edward, él no puede verte así —me dijo y me abrazó entre sus brazos, Jasper aflojó cuando notó que yo estaba más calmada y que no trataría de luchar por ir a sacar de la basura el "tuto" de Anthony.

— No quiero ser fuerte, no puedo, que no te das cuenta que esto fue mi culpa —le dije y recordé como yo había dejado a Anthony en el suelo luego de darle el desayuno, yo había cedido al llanto profuso de mi ahijado de cuatro años y medio, y lo había dejado andar por allí, por la casa, y me había ido ayudarle a la madre de Edward a preparar el desayuno de navidad para el resto.

— No Tanya… entonces también sería la mía, yo estaba en la sala de estar, incluso sería la culpa de Jasper que venía llegando… sería la culpa de todos… —me dijo acariciando mis mejillas

— ¿Cómo se lo diré a Edward? —le pregunté aterrada porque él me odiará, porque me recriminará el sufrimiento que estaba pasando y descargará contra mí toda su ira, y si lo hacía sería con justa razón, pero no podía perderlo, no como amigo, yo lo necesitaba como había necesitado de ese pequeño, ambos se habían transformado en mi familia, no podía perderlos a los dos — Me odiará —concluí cerrando mis ojos, sentí como Alice me apretó más fuerte contra su diminuto pecho.

— Edward jamás podría odiarte… Tanya esto no es tu culpa… fue una sucesión de eventos… fue el destino —dijo y yo cerré mis ojos rehuyendo su mirada, me sentía demasiado culpable — Las cosas pasan por algo y ahora debemos ser fuertes por él, por Bella, ambos… —y yo me separé — todos nos necesitamos como una familia, deja de pensar que es tu culpa, Edward te necesita entera no a medias… por favor… —me pidió haciendo que la mirara a los ojos, aquellos ojos pardos tan hermosos que había heredado de Esme, su expresión era dulce, entera ¿Cómo podía ella estar así?, me pregunté, me gustaría tener la mitad de su coraje — por él —insistió y suspiré… yo por él si podía estar entera… ya lo había hecho antes… y lo haría ahora.

Con Edward nos habíamos dejado de ver desde el día de su cumpleaños, no lo había vuelto a ver y había agradecido ese hecho, no sabía si mi corazón iba a ser suficientemente fuerte para verlo en brazos de otra, en brazos de ella. Recordar aquel día de su cumpleaños cuando me había utilizado para sacar celos, había despertado un amor oculto por años, con él habíamos sido compañeros de Instituto y siempre, muy en el fondo, a pesar de que yo lo había acallado mi corazón había gritado por ese chico de misteriosos ojos verdes.

Claro que él jamás me había visto distinto a una amiga, una buena amiga.

Pero el destino se había encargado de darme al menos un pequeño muestreo de cómo era él, como hombre y no como amigo, sin duda sentir sus labios tersos y tibios contra los míos de manera real era una sensación impagable y suficiente para calmar ese corazón roto, ese beso furtivo y poco duradero aquella noche había sido el bálsamo suficiente para poder continuar con mi vida y dar pie atrás a mi amor de niñez.

Claro que no contaba con que el destino otra vez, me lo pondría frente a mis narices… a él y a una pequeñita persona….

— ¿Edward?

— ¿Tanya? — habíamos dicho al unisonó al vernos, él lleno de bolsas listo para bajarse del ascensor y yo, sin nada, lista para subir a el. Me quede observando también que no todo eran bolsas, él traía a un ¿Bebe?

— Vaya… tanto tiempo…

— Así es… desde mi cumpleaños ¿No? —dijo nervioso y yo asentí, mi vista se concentro en unos pequeños orbes marrones chispeantes, y en una sonrisa que me había cautivado años atrás.

— Es hermoso, ¿Cómo estas pequeño? —le dije sin sentido e hipnotizada por el pequeño bebe que él estaba cargando, yo le calculaba unos cuatro meses y medio, tal vez cinco, la pequeña criatura se rió cuando me sintió tomar sus manitas gorditas e hizo un gesto idéntico a Edward, me reí — Veo que hoy te toco ser el tío que consentidor ¿De quién es hijo, de Alice tal vez? —le pregunté aún sin quitar la vista de encima. Rosalie tenía los mismos ojos que Edward pero podría parecerse al padre, aunque algo me dijo que no.

— No —respondió un tanto incomodo — Es mío —concluyó y alce mi vista aún sosteniendo entre mis dedos, los del pequeño.

Edward tenía ¿un hijo?

Nos quedamos mirándonos sin decirnos nada, yo aún estaba procesando esas dos palabras… — ES MÍO —y en que minuto su vida había cambiado tanto ¿Ahora estaba casado?, me pregunté y mi corazón traicionero latió a mil por hora, de pronto sentí un puñal clavarse en la mitad. Trague aire y saliva para poder hablar.

— Felicitaciones — dije un tanto contrariada — No sabía que… ¿Cuándo?

— Mañana cumple seis meses —contestó orgulloso y desvió su mirada varonil hacia su regazo donde traía a su pequeño.

— Wow — fue lo que pude articular, quería preguntar pero no sabía cómo.

— Supongo que se parece a la madre —dije tímidamente y Edward me miró sombrío, un tanto melancólico

— Sí tiene sus mismos ojos —contestó un tanto seco, demasiado para estar felizmente casado, entonces mi corazón dio un brinco pero de ¿Alegría?

— ¿Cómo se llama?

— Bella —contestó sin sentido y entonces recordé ese nombre, era la chica a la cual el trato de sacarle celos aquella noche que me había besado, por la cual mi pequeño príncipe de ensueños se había trastornado de amor.

— Me refería a… el niño — corregí mi pregunta y Edward se sonrojo

— Anthony

— Es un bonito nombre, para un niño tan bonito —dije sin mirarlo, acaricie las mejillas rosadas del pequeño bebe, entonces sentimos que alguien tosio detrás de mí.

— Creo que estamos haciendo embrollo —dijo Edward caminando hacía mí, nuestros cuerpos se juntaron, claro que estamos separados por el diminuto cuerpo de su hijo, me reí, y le di espacio suficiente para que las personas que esperaran entraran al ascensor.

— Ella era la chica con la cual….

— Sí… es una larga historia

— Siempre he sido buena para escuchar largas historias —le dije sin sentido y fueron ahora mis mejillas las que se tiñeron de un rojo profuso producto de la vergüenza. ¡Maldición como tan obvia!, me grité a mi misma, Edward se rió, su sonrisa era tímida pero era igual a las que profería cuando estaba en el instituto, la misma que me había cautivado mi corazón.

— ¿Sí no te molesta que vaya con alguien? —me preguntó acariciando el pelo de su pequeño retoño

— Claro que no, nada que sea tuyo me molesta —le respondí mordiéndome el labio inferior.

Aquel día Edward y yo nos habíamos reencontrado, no sabía si había sido fuerza del destino que yo viviera dos pisos más abajo que su departamento, de hecho, jamás había reparado en aquel detalle, estaba tan concentrada en buscar mi vida, en olvidar recuerdos que, no me había percatado que ese edificio era el mismo donde él vivía.

— Esta un poco desordenado —le dije y corrí unas cajas, tomé entre mis manos las bolsas que él traía para que pudiera sacar a Anthony del cargador que traía puesto, el pequeño parecía demasiado contento, demasiado feliz, Edward lo alzo en el aire y luego junto su nariz con él.

— ¿Te mudaste hace poco? —me preguntó cuando se sentó frente a mi.

— Un par de meses —le respondí un tanto avergonzada, eran bastantes pero mi trabajo me consumía a veces.

— ¿Café?

— Por favor, estoy que muero de sueño —exclamó acomodándose en su regazo al pequeño bebe, lo sentó entre sus piernas y él parecía tan vivo, tan grande, se llevo unos deditos a la boca

— ¿Y para el pequeño gran gigante?

— Aún falta para su mamadera —me dijo y verlo así me sorprendió.

Edward se manejaba muy bien para ser hombre, parecía que conocía cada detalle de su hijo, como lo haría una madre, estaba como mimetizado con él de una manera maravillosa, me quede mirando su interacción como una verdadera tonta, revolviendo el café que me había servido hasta que fue el propio Edward que me trajo de regreso a la tierra.

— ¿Vives con tu novio? —me pregunto tomando un sorbo de su café

— No, vivo sola —le contesté

— ¿Tu y la madre… están divorciados? — le pregunté derechamente y la duda me consumía, de hecho incluso había barajado la posibilidad que la madre estuviera muerta, y me había preparado para el…. Cuanto lo siento… pero su respuesta me descoloco

— Sí —exclamó y corrió su vista, me quede examinando sus facciones ¿Sí la madre estaba viva cómo era que Edward lo tenía con él?

— ¿Entonces este fin de semana te toca tenerlo a ti?

— No exactamente —respondió mirando a su pequeño Anthony, guardo silencio por varios minutos, un silencio incomodo nos embargó.

— Si no quieres contarme está bien, yo estoy siendo la entrometida —le dije tomando la taza vacía de café de enfrente de él para llevarla al lavadero, fue allí cuando él me sujeto la mano.

— Yo se lo quité —confesó en un murmullo ahogado — soy el que tiene la custodia completa —concluyó y en su mirada se reflejo algo que jamás creí posible, me había confesado algo con la misma mirada que daba un asesino cuando confiesa el crimen de alguien. Lo miré contrariada — Lo sé… soy un monstruo —agregó levantándose de la mesa, alzo a Anthony en sus brazos.

— ¿Monstruo? —le pregunté sin entenderlo — ¿Crees que eres un monstruo porque tienes la custodia completa de tu hijo? —le contesté y Edward me miró, su mirada era triste, demasiado sombría, demasiado culpable ¿qué le había pasado al niño de la mirada penetrante y dulce? ¿Dónde estaba el Edward del que me había enamorado?, este no era mi Edward, el hombre frente a mí no era él, este hombre tenía una culpa demasiado grande sobre sus hombros, como si hubiera asesinado a alguien y apostaba que no importara lo que él me confesará para haber hecho lo que él había hecho había una buena razón de fondo y así fue… cuando me lo contó había entendido… algo que al parecer nadie había entendido… Edward solo había querido protegerlo… proteger ese maravilloso regalo que la vida le había dado… ese fruto de su amor por aquella mujer… una que no era yo….

— Gracias —me susurró apenas entre a la casa de la hermana de Bella, casi toda la familia de Edward estaba allí, salvo por Carlisle y Rosalie que había ido a hacer los arreglos pertinentes para el entierro. Le entregué ropa limpia a Edward, estábamos abrazados, yo puse mi mano en su barbilla, como lo había hecho por la mañana cuando había entrado demasiado devastado, casi como ahora — No es tu culpa —respeti como si se tratara de un monologo hecho para la ocasión y traté de guardar mis lágrimas — él está en un mejor lugar —agregué y sentí como Edward se apoyó en mi hombro, enterró su rostro en mi cuello y me apretó con fuerza, con la misma fuerza que lo había hecho aquel día que yo había recordado en su casa, aquel día en que él había expiado su culpa conmigo.

— No puedo… simplemente no puedo ser el fuerte de los dos —confesó en un murmullo apenas audible, fue allí cuando mi vista se desvió a los ojos de Alice que nos observaba, sus ojos marrones estaban humedecidos y tenía puesta una mano en su boca, como mordiendo sus nudillos, Jasper se acercó pero aún así pude leer de sus labios su esperanza en mí — Por favor… por él… —gesticuló Alice y me comí mi propia pena, enterré mis manos en su pelo filo y suave, lo acaricie, ladeando mi rostro sobre el suyo….

— Sí puedes… y lo harás —le dije ahora separando mi cuerpo del suyo, lo obligue a mirarme — Bella te necesita… más que nunca te necesita… entero… para ti… para ella —le dije y sus ojos verdes se clavaron en los míos, seque con mis dedos las lágrimas que salían sin control — Ella es tu familia feliz, por la cual tanto luchaste… no la destruyas ahora —le dije y me empiné para besarle la frente mientras mis manos descansaban en sus mejillas, frías lo besé, pose mis labios sobre su frente aún humedecida y lo besé… lo besé tratando de que todo ese amor contenido en mi corazón se transmitiera al suyo para darle paz… la paz necesaria para que pudiera darla a ella….

— Pero yo… —comenzó a decir y puse mis dedos en sus labios para acallarlo.

— Ella necesita al hombre… no al padre de su hijo… necesita al hombre que ella ama, al hombre que la ama a ella —le dije y entonces las facciones de Edward se hicieron duras, como tantas otras veces, cuando él ocultaba su propio dolor, alzo su mirada y me enterró contra su pecho.

— Gracias —murmuró otra vez besándome ahora él a mí en la frente, descanse mis manos contra su pecho fuerte y tibio, sentí como se separó de mí cuando se sintieron unos pasos en la escalera. Ambos desviamos la mirada hacía ella, era Ángela que venía bajando con una bandeja de comida, estaba sin tocar, miró apesadumbrada a Edward.

— No quiere comer… ni siquiera quiere escucharme —le dijo está y él se separó de mí, tomó entre sus manos la bandeja y subió, se perdió en el pasillo, como tantas veces se había perdido de mí.

— Edward ¿Qué haces aquí? —le pregunté al verlo apoyado en el umbral de mi departamento, estaba evidentemente ebrio y apenas podía mantenerse en pie, de pronto, miré bien, y por ¡Madre santísima! ¿Tenía a Anthony entre sus brazos?.

Lo miré alarmada pero antes que yo pudiera hacer o decir algo, fue él quien hablo.

— Ten quédatelo, ya no puedo más, no puedo, no puedo ocupar el lugar de ella, no puedo criarlo solo, me rindo —exclamó entregándome el pequeño, Anthony estaba envuelto en un chal de color marfil, su piel blanca contracto con la luz tenue del pasillo de mi piso y aquellos cabellos miel desordenados se dejaron ver, lo examiné y estaba profundamente dormido, lo que era increíble a pesar de venir con Edward aún dormía como si su padre lo hubiera estado arrullando en vez de zarandeando por el pasillo.

— ¿Qué estás diciendo? —Le pregunté tomándolo del brazo para evitar que se fuera — ¡Espera! —le grité y cuando alce la voz miré al pequeño angelito entre mis brazos quien se movió pero no despertó, aferré mis dedos en la muñeca de Edward que me miró — No puedes irte —susurré en pánico de que estuviera diciendo la verdad.

— Te lo estoy regalando, yo no lo quiero, es un recuerdo tortuoso de ella… de Bella, ya no soportó el dolor… yo quería una familia feliz y mira lo que tengo… nada… un hijo sin su madre… esto no debería ser así… ella debería estar conmigo… no yo solo con él… —balbuceo de manera ininteligible, se notaba que su lengua estaba adormecida producto del alcohol que había ingerido.

— ¿Hace cuanto estas bebiendo? —le pregunté y el rió pero su risa era triste

— ¿Por qué Tanya? ¿Dime porque duele tanto? —preguntó y se cayó al suelo, se enterró en mis piernas y se me contrajo el corazón y aunque yo feliz me lo hubiera quedado porque era algo de él, debía ser la cuerda de los dos, Edward jamás se perdonaría perder a su hijo también.

— Levántate… Edward, mírame —le pedí y sus ojos verdes se centraron en los míos — Estas borracho, por eso tienes pena pero mañana será distinto — le dije y Edward me interrumpió.

— ¿Lo prometes? —me preguntó con esa mirada de niño dolido.

— Claro… ahora no sabes lo que dices… míralo… Anthony es tu vida… ¿De verdad quieres perderlo?... —le dije sonriendo mientras le mostraba ese dulce rostro angelical que dormía profundamente, miró al pequeño entre mis brazos y luego a mí un tanto confundido — Ven entra, tenemos que acostar a tu hijo, hace frio —le dije y él asintió.

En minutos como hoy, agradecía mi fascinación por los almohadones, tenía muchísimos y aunque a veces los odiaba porque no sabía dónde ponerlos, hoy, me habían venido de perilla para poder hacer una especie de barricada alrededor del pequeño bebe, lo acosté en la cama del cuarto de invitados. Anthony parecía ajeno a todo lo que pudiera estar pasándole, dormía profundamente y no se despertó en ningún minuto, ni cuando lo puse en las frías sabanas ni cuando lo forje con almohadones alrededor — Tendrás que comprar un monitor de bebe —me dije poniéndolo en mi lista mental de prioridades por si a Edward le bajaba otra vez las ganas de regalármelo a la mitad de la madrugada. Me reí.

— Duerme mi pequeño Eddy —le susurré mientras cantaba una pequeña canción que me cantaba mi madre de pequeña. Estaba en eso semi acostada a su lado, acariciando sus dorados cabellos cuando sentí el halito tibio de Edward contra mi oído.

. — Su madre no lo quiso, ¿Por qué tú tampoco lo quieres? —me preguntó con tristeza pero obviamente influenciado por el alcohol, lo aleje y me aleje con él, a pesar que Anthony era un infante no merecía escuchar a su padre hablar así.

— No es que no lo quiera pero a un hijo no se regala, no es un objeto Edward —le contesté juntando la puerta de la habitación de invitados.

En ese minuto quedamos frente a frente, nariz con nariz, su cuerpo se adelanto acorralándome contra la pared a un lado de la puerta del cuarto de invitados, me estremecí al notar el brillo que profirieron sus ojos verdes en los míos. Sus labios se curvaron ahora en una sonrisa ladina.

— Eres tan dulce y hermosa —balbuceó acariciando mis cabellos y entonces un frio recorrió mi cuerpo desde la punta de mis cabellos hasta la punta de mis pies. El frio que sentía se acabo en segundos, ahora sentía un extraño calor ahondar en mi pecho, era como si toda la sangre bombera deliberadamente a cada extremidad de mi cuerpo, lo contemple sin quitarle la vista de encima. Siguió acariciando mis cabellos, enterrando sus manos fuertes y masculinas entre mis largos y ondulados cabellos, hasta que desvió sus mano a la base de mi cuello, apretó firmemente su mano contra mi quijada y se me escapo un quejido involuntario, me estaba traicionando el deseo. ¡Reacciona Tanya, él esta borracho!, me dijo mi yo interior cuando advertí como su rostro se ladeaba y se acercaba aún más al mío, mis ojos se desviaron hacía sus labios que humedeció y entreabrió.

— Edward —balbucee.

Mis manos las tenía prisioneras en sus pecho, pero tenía el espacio suficiente para haberlo alejado sin embargo, me estaba traicionando mi corazón, la ilusión de que tal vez, por algo yo estaba viviendo dos pisos debajo de su departamento, por algo, Anthony parecía congeniar tan bien conmigo ¡Basta estás viendo algo donde no lo hay!, me gritó la conciencia pero por primera vez desde que lo había reencontrado fui egoísta, había consolado tantas veces a Edward hablando bien de alguien que ni siquiera conocía, le había puesto un bálsamo al dolor, había cambiado actitudes egoístas por confusión y tristeza, había modelado a Bella para que él pudiera perdonar a la madre de su hijo cuando en verdad, yo y todo mundo sabía que ella no era una maldita egoísta y manipuladora que hoy, al tener frente a mí al niño, al hombre del cual yo me había enamorado tiempo atrás y del cual me había vuelto a enamorar, por primera vez lo miré y me dije ¡Se egoísta! Y lo hice, lo besé, aun sabiendo que Edward estaba vulnerable, que otra vez, había estado recordando al fantasma de Bella y que dada la cantidad de alcohol ingerido sabía que su corazón estaba débil, falto de amor y que yo era una solución a mano.

— Tanya —balbuceo.

Cuando sus labios se separaron de los míos, y cuando pensé que vendría el arrepentimiento sentí sus labios otra vez hambrientos contra los míos, fue allí cuando correspondí con la misma intensidad el beso, su lengua tibia y húmeda con cierto toque de alcohol se introdujo en mi boca y acarició la mía de manera majestuosa.

Estuvo así por largos minutos, tantos que cuando sentí como se separó de mis labios, estos se sintieron un tanto hinchados pero no me importó, me perdí en las sensación de sentir su lengua recorrer la piel de mi cuello, sentí sus manos como acariciaban mi cuerpo por sobre la ropa y me deje llevar.

Lo acaricie yo de vuelta con la ternura que tantas veces había soñado lo hacía, y entonces, al sentir sus quejidos escapar de sus labios me di cuenta que esa ternura probablemente no la había sentido desde que había estado con Bella.

— Te amo Edward —musité contra sus labios entre abiertos, él se separó de mi rostro, sus ojos verdes se notaban profundos, llenos de deseos y lujuria, pero aún así había un atisbo de arrepentimiento.

— No merezco ese amor Tanya —contestó

— Déjame decidir eso a mí — le contesté volviendo a adueñarme de sus labios, Edward correspondió el beso con tanto o más ahincó que antes. Esa noche habíamos traspasado la barrera de amigos, esa noche por primera vez yo había cumplido mi fantasía, Edward era mío. ¿En verdad lo era?.

Volví a pestañar cuando sentí el golpe de la puerta, Edward había entrado a la habitación de Bella, yo lo había mando allí, lágrimas bajaron por mis mejillas hasta mi boca, las seque con mis labios, al lamerlas sentí la sal en ella y me maldije por ser tan estúpida, yo había creído acallado este sentimiento por él y justo ahora, el día de la muerte de su hijo, lo recordaba con mayor fuerza que nunca, yo lo amaba desgarradoramente, incluso más que antes.



miércoles, 23 de febrero de 2011

Conquistando tu Amor

CAPÍTULO XII

BELLA POV

Mierda el jueguito se me estaba yendo por el caño, había decidido darle una pequeña lección a Edward, o sea quién mierda se creía, en clases me había dejado perpleja con su actitud, Quil era mi mejor amigo y nos teníamos una confianza única, que él me acariciara no era novedad, era como un juego entre los dos, pero el estúpido de Edward se veía molesto, me taladraba con la mirada como si yo fuera una puta a la que han pillado con su amante, él no era nada mío sólo mi profesor, que me haya consolado y ayudado no significaba que yo era de su propiedad, no necesitaba un caballero con brillante armadura, aunque debo reconocer que me gustaba más de lo debido este hombre y me moría por probar sus caricias nuevamente, pero le temía, le temía mucho porque estaba consciente que mi corazón estaba empezando a tambalearse con su presencia y yo no podía darme el lujo de entregar mi corazón, no podía permitir que nadie me gobernara, me utilizara y después me traicionara, además ya había conseguido a James y debía concentrarme en él, pero carajo era tan difícil, Edward me estaba volviendo loca. A la salida del colegio me encontré con Rosalie apoyada en mi moto y después de nuestra pequeña rutina cada vez que nos veíamos noté que se acercaba Edward y Emmett, en ese momento hizo aparición el hermano de Rose, Jasper y ¡wow! estaba montado en una preciosa moto, con lo que me encantan las motos, empezó a rodearme con la moto en círculos alrededor mío, como si yo fuera su presa, era tan atractivo y sexy, lástima que sólo lo quisiera como amigo y que estuviera de novio con otra de mis amigas, Alice, miré de reojo a Edward y estaba claramente celoso, actitud que nuevamente me molestó es más me indignó, así que establecí contacto visual con Jasper, era tan fácil la comunicación con él, a veces no eran necesarias las palabras para que nos comunicáramos, él era tan especial, tenía algo así como un don y podía leer claramente a las personas e influir en sus ánimos y con sólo verlo me di cuenta que de él había captado la imagen de Edward y se había dado cuenta de sus molestos celos y de mi irritación hacia su conducta, así que supe perfectamente lo que iba a suceder a continuación, después de un caluroso saludo Edward salió con la mierda moralista y que estaba preocupado por James ¡bastardo mentiroso! En ese momento montamos la escenita con Jasper y cuando mi amigo tocó de forma poco pudorosa mi pierna y con un juego de frases bastante sugerentes Edward se fue bastante enojado. Cuando nos fuimos del colegio Jasper estacionó la moto en una playa cercana y me arrastró a la arena

- Dime exactamente qué mierda fue lo que pasó con tu profesor
- Creo que lo sabes mejor que yo
- No lo dudo, pero quiero escucharlo de tu boca, dime por favor que no te metiste con Cullen, el tipo estaba que echaba chispas
- No, no me he metido con él …. Aún, la verdad es que es tan complicado, para empezar lo conocí en una disco el mismo día que regresé de mis vacaciones.
Le conté todo a Jasper, él me miraba sorprendido y por supuesto no coincidió con mi manera de actuar, a él le había caído bien Edward y pensaba que debía jugármela por él, cuando le conté lo de James me dejo que tendría que conocerlo, claro que él no sabía de mis planes para con James y de la verdadera razón de nuestra “amistad con beneficios”, aunque al hablarme de James Jasper me miraba fijamente leyéndome, buscando reacciones en mi, me sentía incómoda con su escrutinio, sabía que si me veía con James se daría cuenta enseguida de mi odio hacia ese tarado.

- Mira Bella por lo que me cuentas estás como media novia de James
- Uhm, si se podría decir así
- Ya, pero el que te mueve el piso es Cullen quien además vive en tu casa y es tu profesor
- Si
- Y por lo que presencié tú le mueves más que el piso al profe, entonces porque andas con James si estás enamorada de Edward
- Ey, ¿qué mierda acabas de decir?, no estoy enamorada, jamás, nunca repitas una cosa así
- Jajaja, ¿no te has dado cuenta? Estás que babeas por tu profe, pero te niegas a aceptarlo, nuca has querido contar que fue lo que te pasó para que actúes como si fueras de hierro cuando la verdad es que he podido ver tu alma y eres la persona más maravillosa que he conocido, no te cierres amiga al amor, aunque no conozco a Edward ya me cae bien
- Algún día Jasper vas a saber lo que me mueve a actuar así y con respecto a Edward no se, nos odiamos y nos deseamos, ayer fue tan tierno, pero apuesto que ahora me odia con toda su alma y me putea interiormente
- Tú lo provocaste, admite que te encantó verlo despechado y celoso, admite que te mueres por ir en este instante a buscarlo y cogértelo hasta perder el conocimiento
- Eres un cerdo Jasper
- Es la verdad, te mueres por tirarle tu maldita virginidad a tu muy dispuesto profe
- ¿muy dispuesto?
- Ah, por favor no te hagas la mojigata conmigo que seas virgen no significa que seas tonta y sabes perfectamente que traes loquito a Edward, pobre tipo está al borde de follarte en hasta en la calle si se lo permites
- Cerdo.
- Es la verdad, ahora vamos bonita que Alice te está esperando y la verdad me muero por ver el segundo round Bella – Edward
- Vamos tonto, no vaya a ser que la duende termine follándose ella al sexy-profe
- No inventes, ella me ama
- Pero no puedes negar que él es más que sexy, vieras como lo miran las estúpidas en el colegio, se lo comen con la mirada
- Jajajaja ¿y tú no?
- Sobre todo yo, sobre todo yo

Al llegar a casa descubrimos a Alice haciendo de las suyas, había acomodado las habitaciones a su pinta, corriendo muebles, cambiando cortinas, etc. nos fuimos al cine, lamentablemente estaba lleno y no estábamos de ánimos para aguantar la inmensa fila, así que nos fuimos a dar unas vueltas al parque y conversamos mucho, a las chicas no les dije todo lo referente a Edward son lo suficientemente perceptivas y apenas lo conozcan se darán cuenta de todo lo que me afecta, además no quería que me bombardearan con preguntas ahora, lo que había ocurrido con Edward en el colegio y la conversación con Jasper me había agotado emocionalmente y todavía tenía que llegar a casa y lidiar con Edward y eso me tenía definitivamente nerviosa, el muy imbécil se creía con derecho a hacerme escenitas y ponerse muy moral, claro que en el fondo me había dado satisfacción verlo tan celoso como un chiquillo, pero jamás lo admitiría, yo era libre y si quisiera podía revolcarme con cuanto tipo se me pusiera por delante, además hasta hace pocas horas el me odiaba y creo que ahora otra vez lo hace, ¡diablos! Quizás se me pasó la mano con Jasper, pero en fin, las cosas estaban echas y yo nunca me arrepentía de lo que hacía o decía. Antes de llegar a la casa decidimos comprar películas para entretenernos, claro que la única película que quería ver ya la tenía en mi dormitorio, en fin compramos varias, además de los típicos confites para comer. Cuando llegamos mi sexy-profe estaba en el comedor haciendo no se que, pasé por su lado sin darle una mirada, estaba demasiado molesta, cuando salí de la cocina lo encontré muy animado conversando con Alice y casi no pude aguantarme la risa que casi brotaba de mis labios cuando se dio cuenta de que Jasper era el novio de Alice y no mío, ¡estúpido pensé!, todos son estúpidos, no me pasó desapercibido del escrutinio de Alice hacia Edward, la muy bruja se había dado cuenta de que algo pasaba entre Cullen y yo, me hice la tonta y me fui a instalarme a ver la película que habíamos escogido, era una comedia y estaba súper entretenida, con los chicos nos divertíamos tanto y las risotadas no se hicieron esperar, ya me había olvidado de mi dulce dolor de cabeza, cuando la película terminó se hizo presente la disputa, Jasper quería ver una película de acción, pero nosotras queríamos ver twilight, obvio, no perdía oportunidad de ver a mi muy sexy y caliente vampiro interpretado por Robert Pattinson, ya había perdido la cuenta de cuantas veces había visto la película, pero era mi vicio y el jodido de Jasper no me iba a arruinar la tarde, pero el muy tonto le pidió a Edward apoyo varonil para disuadirnos, cuando vi que Edward se acercaba a nosotros lo reté con la mirada a que me desafiara, ansiaba que lo hiciera para que me diera más motivos para estar enojada con él, pero el muy tarado decidió apoyarnos a nosotras, así que puse mi película, con Alice nos habíamos puesto de acuerdo cuando estábamos viendo la película anterior que de acercarse Edward a acompañarnos le daría una lección, así que la duende puso en marcha su aguda mente y nos dispuso a acomodarnos y casualmente quedé sentada apoyada en el amplio, varonil y caliente pecho de Edward, así que comencé a torturarlo, me removía inquieta, así rozaba mi trasero en su entrepierna y por dios unos cuantos roces y ya estaba duro, mmmm, exquisito, estaba entre tenso y enojado cuando empecé a decir lo mucho que me obsesionaba Pattinson, sobre todo de vampiro, era la mezcla perfecta de hombre, pero lo mejor vino cuando hice una escenita digna del oscar y me arrojé a sus brazos sentada a horcajadas en su regazo, supuestamente demasiado emocionada por una escena de la película, obvio que me emocionaba en esa parte, pero le estaba poniendo de mi cosecha, disimuladamente le guiñé un ojo a Alice y ésta disimuladamente se llevó a Jasper y Rosalie dejándonos solos a mi caliente profe y a mi, pero las cosas no estaban resultando como quería, por estarlo calentando ahora había caído en mi juego y estaba tanto o más excitada que él, dios estaba tan mojada y caliente que quería que me arrancara la ropa y me tomara salvajemente hasta perder el conocimiento. Carajo el roce era magnífico, ya estaba perdida si Edward me quería follar en este momento no me opondría, todo lo contrario si no lo hacía personalmente tomaría cartas en el asunto y él terminaría siendo violado por su alumna.

EDWARD POV

Ya no soporté más y asalté la boca de Bella, con pasión y locura, ella me devolvió el beso con la misma intensidad, verdaderamente estaba en el cielo, nuestras manos empezaron a recorrer el cuerpo del otro, Bella me sacó la camisa y acariciaba mi pecho, mientras yo degustaba su cuello, besando, mordiendo, lamiendo, un gemido ahogado brotó de la garganta de mi diosa, era el sonido más hermoso del mundo y no pude evitar ponerme más duro, mis manos se dirigieron desde su cintura hasta su culo

- por dios, Bella eres exquisita y te deseo tanto preciosa
- mmm, mi sexy-profe hazme el amor, no aguanto más, quiero ser tuya ahora, dijo ronroneando y frotándose más enérgicamente y que dios me perdone pero ya no había vuelta atrás, ella sería mía en este instante, sólo mía
- Be..lla… ¿estás segura?, podemos parar ahora si quieres antes de que yo no pueda ahhhh
- Estoy segura Edward ¡mierda! Tómame ahora Cullen
- Ven, vamos a mi dormitorio Bella aquí puede venir alguien
La tomé en brazos como a las novias y corriendo escaleras arriba me la llevé a mi cama, en todo el camino Bella me besaba el cuello y mordía mi lóbulo volviéndome loco de placer, estuve a punto de tumbarla en la escalera y cogerla ahí mismo, pero me controlé

- Bella, me estás volviendo loco niña dije con un gruñido – si no paras un poco te follaré acá mismo
- Oh dios, dime que más me vas a hacer sexy-profe
- Te voy a llevar al cielo mi niña, voy a besar todo tu perfecto cuerpo antes de de follarte con mis dedos, vas a suplicar por mi polla en tu interior
- Mmmmm Edward

Al llegar al dormitorio cerré la puerta con seguro y arrojé a Bella en la cama, estaba desquiciado por esa imprudente niña – mujer, nunca he sido tan desenvuelto en el sexo, pero con Bella me sentía precisamente así, quería satisfacerla tanto que no pensara en nadie más, mi lado cavernícola se hizo presente y juro por dios que esa niña me pertenece, no iba a dejar parte de su cuerpo sin tocar y besar ¡mía! Gritaba mi interior.

BELLA POV

Por dios, estaba tan caliente, mi cuerpo lo sentía arder, se me nublaba la vista y apenas respiraba cuando Edward se fue acercando a la cama, parecía un felino salvaje que acecha a la presa, sus movimientos sensuales y lentos, su sonrisa torcida y sus jodidos ojos oscuros de pasión, rodeo la cama y sin dejar de mirarme a los ojos sacó una a una mis prendas hasta dejarme completamente desnuda

- mierda, eres tan hermosa que duele

tomó una de mis piernas y empezó a lamerla desde el tobillo hasta el muslo, repitió lo mismo con la otra pierna, yo jadeaba y arqueaba mi cuerpo, el jodido profe era una maldito dios del sexo, esta a punto de correrme y todavía estábamos en los besos, besó mi vientre y llegó a mis pechos, tomó uno en su boca caliente y con la mano tomó el otro, su lengua se movía como una serpiente alrededor de mi pezón, con los dientes lo jaló y grité de placer el otro pezón era estimulado con sus dedos, repitió el proceso intercambiando de pechos, luego fue subiendo con su lengua hasta alojarla en mi cuello donde lamió y mordió entre suspiros repetía una y otra vez su nombre, una de sus manos bajó pecaminosamente hasta mi centro y masajeó mi clítoris hinchado y mojado

- mierda Bella, estás tan caliente y mojada ¿te gusta que te toque así? ¿te gustan mis dedos en tu centro?
- Oh, si, me encanta, me encanta – luego introdujo dos dedos en mi interior y con el pulgar siguió masajeando el clítoris – dios se sentía tan bien, arquee mi cuerpo y aprovechó de tomar nuevamente mis pechos, de pronto tocó un punto en mi centro y me tensé de placer, lo escuché murmurar “ lo encontré”, siguió tocando ese punto y entrando y sacando los dedos, cuando estaba a punto de estallar bajaba el ritmo, me estaba volviendo loca y yo quería liberarme. Dejó mis pechos y arremetió mi boca, fue un beso exigente, demandador, nuestras lenguas luchaban por el dominio
- Edward por favor….no aguanto más
- Shiii, aguanta un poco más muñeca, quiero que te corras en mis dedos antes de follarte, me encanta como tu coño aprieta mis dedos
Mierda me estaba volviendo loca, su voz ronca y sexy repetía una y otra vez mi nombre, cerré mis ojos, mi cuerpo se frotaba más y más contra sus dedos, estaba a punto de explotar

- abre los ojos Bella, quiero verte a los ojos cuando te corras
- carajo Edward ya no aguanto más
- antes quiero que me digas que vas a dejar al pendejo de James, tú me perteneces Bella, no voy a dejar que nadie te toque ¿me escuchaste?, eres mía niña, sólo mía
- si, si, sólo tuya Edward, James no me interesa, pero por favor…
- di mi nombre Bella, quiero que grites mi nombre cuando te corras muñequita
- ohhh – mierda ese tono posesivo me encantaba y por supuesto que iba a dejar al pendejo de James, no me importaba nada, sólo me importaba este dios griego que me estaba dando tanto placer
- mierda, ahora Bella, córrete ahora amor – presionó más fuerte ese punto en mi centro y exploté, me corrí tan fuerte, el orgasmo parecía no terminar y grité con intensidad su nombre, Edward me miraba con los ojos desquiciados, su sonrisa torcida y su pecho subía y bajaba con intensidad
- mierda muñeca

bajó hasta mi centro y lamió todos mis jugos, estaba a punto de correrme otra vez, esa lengua hacía maravillas

- joder Bella sabes tan rico y ahora preciosa estás lista para mi verga

oh, joder a Edward le gusta hablar sucio y me encanta, no me equivoqué, este hombre es mi perdición y me gusta, pero se equivocaba este jueguito lo jugaban dos y si bien soy virgen no soy tonta, con tantos amigos hombres se perfectamente como darle placer, así que lo tumbé en la cama y saqué lentamente su pantalón, dios estaba tan nerviosa pero no me echaría para atrás, lo quería saborear y llevarlo a la locura, cuando bajé sus pantalones me fijé en su verga erguida ¡ dios era enorme!, la acaricié y era tan suave, la punta lucía líquido pre seminal y con un dedo lo cogí y me lo llevé a la boca para degustarlo, sabía bien, Edward me miraba con los ojos desorbitados, fui besando su pecho lentamente, llegué a su abdomen plano y duro, pasé mi lengua sobre esa deliciosa v en sus caderas, Edward gemía de placer y se estremecía ante mis caricias lo que me daba mucha satisfacción, seguí bajando mi lengua, cuando Edward supo mis intenciones trató de pararme sujetándome por los hombros

- Bella, no es necesario, se trata sólo de ti, no tienes que hacerlo hoy
- Pero yo quiero Edward, quiero darte placer, quiero tenerte en mi boca, sólo dime si hago algo mal, tienes que indicarme qué hacer
- Déjate llevar cielo, lo harás riquísimo
- Oh, dios Bella me vas a volver loco – lamí la punta y con la misma fui subiendo y bajando por toda su longitud
- Si, así Bella, joder que bien se siente, ahora muñequita mételo en tu caliente boquita
Le hice caso, lo metí en la boca, traté de relajar la garganta, como me había dicho una vez Rose mientras contaba una de sus aventuras para que entrara completo, aunque la verdad es que Edward era muy grande y grueso por lo que no entró por completo, empecé a subir y bajar y a enroscar la lengua alrededor

- joder, joder, joder, si, así muñeca, abre los ojos nena, quiero verte – abrí mis ojos y fue tan sensual ver a Edward retorcerse de placer, empezó a mover su cadera embistiendo en mi boca, marcando el ritmo, a ratos Edward cerraba los ojos sumido en éxtasis, pero luego los abría, según dijo él que verme a los ojos mientras le daba una mamada era lo más erótico que había visto, estaba tan excitada que gemí mandando una vibración en su polla y Edward gritaba mi nombre cada vez más fuerte
- Mierda muñequita sigue así, ¡carajo Bella!, no imaginas lo bien que se ve tu boquita rodeándome – me sentía poderosa ¿quién iba a creer que la fiera le estuviera haciendo una mamada al profe que tanto odia?, pero por dios se sentía tan bien, tan correcto
- Para muñeca, voy a correrme- pero esa no era mi intención, quería tragarme todo lo que expulsara, todo para mi, así que me moví más rápido y me con una mano me agarré de su muslo para que no me parara y con la otra mano acaricié sus testículos
- Puta madre ¡Bellaaaaaaa! – sentí su verga palpitar y un líquido caliente y salado inundó mi boca, traté de tragar todo, pero era mucho y un poco se desbordó por mi boca, después de dejarlo limpio me levanté y mirándolo a los ojos lamí la comisura de mis labios para quitar el resto de semen
Joder Bella eres la criatura más sensual que he conocido, decía mi sexy-profe jadeando en busca de aire, me tomó por la cintura y me acomodó en su cadera, con mis piernas rodee su cadera quedando a horcajadas, me abalancé hacia sus labios y nos fundimos en un beso salvaje lleno de erotismo, Edward masajeaba mis nalgas y fue subiendo hasta mis pechos retorciendo mis pezones mientras jadeaba como posesa, sentí que su verga nuevamente estaba dura y me tumbó sobre mi espalda, con su rodilla separó mis muslos y se acomodó en mi centro.

- Bella, te deseo tanto, no sabes cuanto
- Hazlo Edward, cógeme ahora, jamás me arrepentiré
- Si…. Si te hago daño tienes que decirme voy a tratar de ser suave, tienes que confiar en mi
- Confió en ti, quiero que lo hagas, quiero ser tuya – con la punta de su verga estimuló mi centro ya húmedo y se fue adentrando lentamente hasta llegar a mi barrera, jadeaba y mentiría si dijera que no dolía, porque dolía como una mierda, cuando atravesó la barrera gemí de dolor y Edward se detuvo para que me acostumbrara a la invasión, noté que se iba a retirar y con mis piernas abracé su cadera enterrando mis talones en su culo, Edward tiró su cabeza hacia atrás gimiendo para luego atraparme en una mirada intensa, cuando empezó a moverse nuevamente el dolor fue pasando mandando latigazos de placer por todo mi cuerpo y alojándolo en mi centro, dios estaba por venirme otra vez, Edward……
- Aguanta muñequita un poco más – dijo y luego rodó por la cama dejándome encima de él, volvió a introducirse y con sus manos en mi cadera empezó a elevarlas ayudándome a marcar el ritmo, arquee mi espalda, dios lo sentía por completo dentro de mi. Los movimientos se hicieron más rápidos y frenéticos, mis pechos saltaban, Edward se incorporó quedando abrazados sentados en la cama.
- Así mi niña, sigue moviéndote así, dios Bella eres exquisita – empezó a morderme el cuello y mis uñas se enterraron en su espalda.
- Gime Edward, di mi nombre alto y fuerte – le dije estaba loca de placer y sentía el nudo cada vez más tenso a punto de reventar, sentía mis paredes internas apretando su verga
- Dios, me encanta como me aprietas, me fascina como tu coño me rodea y me pierdo en tu interior – dios este hombre con su boca sucia me estaba llevando al máximo placer, su voz estaba tan distorsionada y estábamos sudados y jadeando, nos besábamos como locos y mis movimientos se hicieron más rápidos, me froté en forma circular y me vine
- Ed………..ward eres el dios del sexo – grité con todas mis fuerzas y me vino un orgasmo riquísimo e intenso
- Dios muñequita que rico se siente tus jugos rodeándome dios, Bell……….a oh dios Be……………….llaaaaaa

Sentí como latió dentro mío... y expulsó su semen dentro mío, caliente y pegajoso mi espalda parecía arco de lo arqueada que estaba, nos quedamos un buen rato tratando de controlar nuestras respiraciones erráticas, Edward acarició mi mejilla sonrojada y besó tiernamente mis labios

- eres maravillosa Bella ¿te hice daño?
- No, me encuentro bien, pero tú eres el maravilloso – me regaló esa sonrisa torcida que tanto amaba y sus ojos se volvieron pícaros y me preguntó ¿así que dios del sexo?
- Fanfarrón – musité y nos largamos a reír

Nos acostamos abrazados y nos acariciamos con ternura

- Bella, va en serio lo que te dije con respecto a James, no lo quiero cerca de ti, eres mía y no pienso compartirte con ese zopenco
- Como usted diga sexy-profe.

Mierda ¿qué voy a hacer ahora? Es cierto que le dije que dejaría a James, pero estaba tan cerca de cumplir mi objetivo ¿será la pasión de Edward tan grande para hacerme olvidar de mis rencores? ¿será este placer suficiente para sanarme de mis demonios?.

martes, 22 de febrero de 2011

Mascara De Odio

Cap. 28 Edward Cullen


No me sentía aun con la fuerza de voluntad necesaria para marcharme, así que después de que ella respondiera a mi ayuda incondicional con esa frase tan enigmática no pude retirarme como lo había planeado. Al contrario.

Se presento un cambio tan notable como loable y cuando menos lo esperaba, en lo que quedo de la tarde, me dedique a hablar con Bella de muchas cosas.

Me conto, aunque sin lujo de detalles, (sabía que le era doloroso recordarlo), todo lo que había pasado con su embarazo, todo lo que había pasado durante esos seis meses y lo que recordaba que había pasado desde entonces. Aun me sorprendía, me anonadaba, me admiraba que volviera a confiar en mí de esa manera cuando a todas luces no debía hacerlo, no por que estuviera pensando siquiera en traicionarla sino porque después de lo que había pasado, de cómo la había tratado y de lo que le había hecho, debía odiarme para la eternidad, pero ahí estaba, contándomelo todo, con su voz cansina, pero inclinada levemente a la melancolía, la escuchaba en silencio porque sabía que no tenía nada que decir, ya todo lo que tenía que decirle se lo había dicho, ahora solo me dedicaba a tocarle la mano o el cabello ya decirle cuanto lo sentía, cuando lo lamentaba y como me arrepentía, silenciosamente.

Me hubiera gustado besarla, amarla hasta el cansancio pero no me atrevía a pedirle más de lo que me daba libremente, esperaba que si las cosas continuaban así ella finalmente accediera a casarse conmigo y tener una relación marital real.

El tiempo pasaba de prisa mientras las palabras seguían fluyendo de sus labios y la escuchaba demasiado complacido, después, de alguna manera, ella estaba acostada en la cama con la cabeza sobre mi pecho, hablándome todavía, yo la acunaba en mis brazos dándonos calor mutuamente, seguía oyéndola y podría seguir haciéndolo por meses, años, toda la vida.

Cuando dejo de hablar supe que se había quedado dormida, quise levantarme para arroparla y colocarla en una posición mas cómoda, pero era demasiado placentero tenerla así, conmigo, como siempre quise estar, tal vez en paz no fuera la definición correcta, pero tranquilos, cómodos el uno con el otro, con el odio fuera, con las recriminaciones inexistentes a pesar de merecerlas enormemente.

Gracias Dios, repetía una y otra vez dentro de mí a medida que la respiración de Bella se había más profunda. A pesar de todo lo que hice, cosas que me condenarían para siempre, ella había tenido la gentileza de perdonarme, tal vez de darme una segunda oportunidad, y eso sin duda era algo que debía ser agradecido, sabía también que el haberles pedido este milagro a mis hijos había influenciado al destino, recordaba en algún momento haber dicho que no era de los que creían en predestinaciones y esas cosas, pero volvía a estar en contradicho cuando miraba a Bella y descubría, para mi profundo deleite, que el destino si había influenciado a mi vida, que el hecho de volver a tener a esa mujer en mis brazos, después de todo, no podía ser otra cosa sino eso, el destino.

No pude dormir, por que el tenerla junto a mi extinguía cualquier sensación de cansancio y por que había esperado por esto demasiado tiempo para desaprovecharlo ahora. Por eso cuando los primeros toques de sol en la mañana empezaron a pegar por mi cara me asegure de que Bella estuviera cómoda y seguí mirándola y velando por su sueño como un obseso.

Sabía que la Dra. Hale no aprobaría esto, pero en mi concepto Bella estaba mucho mejor, ya ahora mi presencia no podía dañar sus emociones, eso esperaba.

Se removió un poco, parecía que el sueño estaba abandonándola.

Cuando parpadeo dos veces para aclarar su mirada, recorrió la estancia con sus ojos y finalmente me vio directamente.

No hizo ningún movimiento para retirarse, tan solo se quedo mirándome a los ojos de una manera fija, me sobrecogía como podía esa mirada dar vuelta a todo lo mío. Su mano que había estado en mi pecho se levanto y rozo mis labios con sus dedos.

- pensé que te habías marchado – dijo susurrando.

-no pude hacerlo - confesé sin pena – no quería hacerlo.

Ella sonrió un poco y todo en mi se estremeció.

- me alegro…hacia tiempo no tenía una noche tan tranquila. – tampoco esperaba esta confesión.

- Elevas mi ego de una manera peligrosa – dije esperando que lo encontrara gracioso y me sentí levemente orgulloso de mi mismo cuando volvió a sonreír.

- es en serio – dijo después de un momento.

- lo sé…- corrobore deseando que no pensara que me burlaba de ella en absoluto.

Ella se quedo pensativa, pero como si pudiera leerla, los acontecimientos del día anterior, y lo que estaba por venir penetraron en su ensimismamiento.

- ¿tienes miedo? – le pregunte esperando que esa fuera la interpelación correcta en ese momento, y esperando, de alguna manera poder tranquilizarla acerca de eso.

-si…y no… tengo miedo por como pueda reaccionar, y no lo tengo a la vez porque…se que estarás ahí. – volvió a mirarme, y había tal vulnerabilidad en ese rostro que tuve el fiero deseo de protegerla de todo. – estarás, ¿verdad? –

- tanto como me quieras.- dije besándole la frente

-te voy a querer siempre…- dijo después de unos momentos - no sé lo que me haces…se que debería odiarte, pero no puedo hacerlo – Odio, eso me dolió, pero la entendía a sobremanera, lo que había pasado daba pie para que ella quisiera matarme nada mas verme, pero el corazón de Bella era demasiado grande para odiar, demasiado inocente, demasiado puro…

- se que merezco que me odies…se que deberías hacerlo, y siendo decirlo así, pero me alegra demasiado que no lo hagas. Bella, durante todo este tiempo me di cuenta de lo mucho que te dañe, pero también de cuanto te amo, tú me embrujaste el alma con tu ternura, tu amor hacia mí. Estoy enamorado de ti, y voy a estarlo siempre. – algo que, sin duda alguna no me arrepentiría nunca de decir. Ella cerró los ojos, como si de pronto pudiera saborear esas palabras que le decía.

-Cuando todo termino…- comenzó ella, seguramente haciendo referencia a cuando la eche de mi vida, fue lo único que se me ocurrió. – soñaba con este momento, con que volverías a decirme que todo era una broma, que cada cosa que me habías dicho no era sino invento. Después todo se terminaba y seguía ahí…- había supuesto bien, después de todo, pero no tenía derecho siquiera a pensar mal porque ella lo recordara, sabia cuan marcada estaba.

-¿sabes cuando me duele escucharte hablar así? – susurre contra su frente sintiendo dolor en el pecho.

- no más de lo que a mí me duele recordarlo…- suspiro quedamente- Edward…no va a ser fácil olvidar…todo lo que paso…- dijo ella, negando con la cabeza

- no te estoy pidiendo eso, lo único que quiero es compensar con recuerdos alegres cada una de las experiencias oscuras de tu vida – por un segundo me sentí perdido ante la idea de que ella, después de todo, decidiera no perdonarme, me sentía como un niño ante la expectativa. – ¿me has perdonado, Bella?, ¿accederás a casarte conmigo, a ser mi esposa de verdad?- quise saber, era sorprendente que aun no me sintiera seguro.

El silencio de ella fue exterminador, pero después soltó un suspiro, casi como si se viera resignada a decirlo.

- Si, lo he hecho , y… si, acepto casarme contigo…otra vez -

Alivio. ¿Que podía ser mejor que eso? ¿Felicidad?, pura y llana

Levante su mentón rozando sus labios con mis dedos, la mire a los ojos y baje la cabeza para besarla.

Comenzó lentamente, aun me costaba trabajo creer que volvía a hacer esto, volvía a besar su boca, a tocar su rostro.

El beso cobro intensidad después de unos momentos, sentí las manos de ella tirando de mis cabellos, la agarre por la cintura y la apreté contra mi mientras rápidamente me movía hasta quedar encima de ella. Me apoye en los codos para seguir besándola sin incomodarla con mi peso, abrió las piernas y me acomode gustoso entre ellas saboreando, paladeando su boca como un poseso ante una visión esplendorosa. Descendí mis manos por su torso, sintiéndola temblar contra mí, era una sensación que recordaba muy bien de ella cada vez que hacíamos el amor, como si siempre que la tocara algo la recorriera de arriba abajo. Abandone sus labios por su dulce cuello y lo bese ansiosamente mientras ella comenzaba a gemir pesadamente, sentí fuego en las ingles pero sabía que esto no podía prolongarse hasta donde yo quería hacerlo, y no era por falta de voluntad, dentro de poco tiempo ella seria requerida por sus tíos y para todo lo que quería hacerle necesitaría al menos tres cuartos de día.

Deje que mis manos se cerraran sobre sus pechos y descanse mi cabeza entre ellos mientras recuperaba la cordura. Era sorprendente que aun encendiera mi deseo de esa manera. Sabía que seria así por toda la vida.

Cuando pude regular mi respiración me levante lentamente, ella volvía a mirarme fijamente, pero ahora no me sentía incomodo, casi creía que ella estaba tratando de leerme y ver si todo lo que hacía o decía era verdadero. Aun seguía teniendo parte de la inseguridad de antes, o eso me pareció, bajo mi mano izquierda sentí el latido frenético de su corazón y no pude evitar reírme, me hacía sentir demasiado, demasiado bien.

- Te amo…- le dije, era algo que repetiría constantemente hasta que se le grabara.

- te amo…- respondió aun con sus ojos clavados en mi.

´- ¿que me miras? – le pregunte mientras le besaba la punta de la nariz.

-eres…muy hermoso – dijo ella dudando, pude ver que las mejillas comenzaban a tener más color que el normal. – nunca te lo dije, ¿verdad? – dijo mirándome otra vez. – insoportablemente perfecto…-

- no, nunca lo hiciste – dije apoyándome nuevamente en ella, sus manos seguían en mis cabellos, nuestras miradas fijas en el otro, como si una conexión hubiera sido forjada.

- te lo digo ahora – se irguió besándome la frente, sus labios me ardieron la frente y encendieron fuego en mi sangre.

Iba a empezar a derramarme en elogios para ella, unos que equipararan y sobrepasaran los de ella hacia mi cuando escuchamos que alguien toco la puerta.

Bella soltó una risita traviesa, tan nada propia de ella que no fui capaz de quitarle la vista de encima.

- no deben enterarse de que estas aquí – dijo empujándome suavemente para que me quitara de encima.

- tienes miedo de que nos descubran… – le dije tomándola de la mano mientras se sentaba y se calzaba unas pantuflas de lana.

- no…- dijo volviéndose a mirarme, se lanzo levemente hacia mí y me dio un beso ligero – tengo miedo de que la Dra. Hale no te deje regresar.

Se puso de pie mientras yo me bajaba hacia el otro lado de la cama para quedar oculto.

- Buenos Dias, Señora, los señores Swan y la Dra. Hale la están esperando.

-en un momento iré – dijo ella luego de unos segundos la voz de Bella se escucho repentinamente alterada, oscura y medrosa, maldije internamente a la portadora del mensaje, había tratado de distraerla un poco de su preocupación principal en esos momentos pero todo había vuelto nuevamente.

Me puse de pie cuando escuche que la puerta se cerraba, ella se volvió lentamente a mirarme, su rostro denotaba miedo.

- no tienes nada de que preocuparte, todo irá bien – le dije mientras me acercaba y le tomaba de las manos.

- si, todo estará bien – dijo en voz baja asintiendo, mas para sí que para mí. – yo... creo que me bañare, debes hacer lo mismo…- se dio media vuelta soltándome las manos y yendo a su ropero, me fascino ver como pasaba de un vestido a otro, irracionalmente, no podía creer que considerara casi erótica la manera en que buscaba lo mejor que tuviera para vestirse. Me quede de pie mirándola completamente deslumbrado.

Escogió un par de jeans de color oscuro y una blusa blanca que me recordó a la primera cita que tuvimos en el gato negro. Luego se volvió, ignorándome completamente y se metió al baño que había en la habitación sin cerrar la puerta.

Podía ser una invitación, o podía no serlo, lo cierto es que cuando menos lo pensé mis pasos me llevaron a el baño.

Abrí la puerta mientras el vapor acumulado en esos minutos fluía hacia el exterior, cerré la puerta tras de mí para que el frio no entrara.

Adivine su forma a través del vidrio que cubría la entrada a la bañera, había una serie de tubos de acero que supuse que estaban diseñados para que en la habitación también se albergar a alguien con problemas fisiológicos.

El baño olía irremediablemente a ella, cerré los ojos y aspire su esencia concentrándome en ella para tranquilizarme.

El silencio con el que se bañaba parecía casi palpable, detrás de él, adivinaba, estaba todavía la preocupación de ella, debía estar estresada, no quería que lo estuviera quería que estuviera completamente bien para esto que se le avecinaba.

Sin pensar en lo que hacia abrí lentamente el vidrio del baño y me bebí la figura de su espalda, desnuda del todo.

La recorrí incansablemente con la mirada, desnude su alma con mis ojos marcándola lentamente, tal como la recordaba, más fina mas grácil, mas mujer.

Ella se dio la vuelta lentamente cuando sintió mi presencia, pero no me echo ni nada por el estilo, tampoco hizo nada más que mirarme. De repente me sentía como si nunca nos hubiéramos mirado realmente desde su intento de suicidio, ella parecía ver cosas en mi que antes no había hecho, y yo, tal vez inconscientemente hacia lo mismo.

Lentamente ella separo la mano que estaba cruzada sobre su pecho y la extendió hacia mí.

Creí entender su mutismo, lentamente comencé a desabrochar los gemelos de mi camisa, y luego a la prenda hasta retirarla de mi cuerpo, ella seguía mirándome mientras terminaba de desvestirme y extendía mi mano para tocar la de ella.

Era más atrevida que la Bella que recordaba, pero aun era ella, esa que ni mis más viles maldades pudieron corromper.

Cerré mis brazos a su alrededor imaginando que esto era lo que necesitaba, alguien que la sostuviera y pudiera soportar sus miedos con ella.

El agua cayó sobre nosotros como testigo de ese momento de unidad, me sentía unido a Bella, atado de por vida.

Hundí mis dedos en su cuello y comencé a masajear lentamente los nudos de tensión que había en el. Ella se estremecía a cada contacto, pero sabía que estaba intentando relajarse.

Le susurre palabras tranquilizadoras en el oído y seguí intentando relajarla.

Aun abrazada a mi apoyo su cabeza en mí pecho y dejo que la siguiera mimando sin importar cuánto tiempo pasaba y cuanto pudieran demorarse esperándola.

- quisiera quedarme aquí toda la vida –hable descubriendo mis pensamientos en ese momento.

Sentí que sus mejillas se contraían en una sonrisa. Abandone el masaje en su cuello para levantar su rostro entre mis manos.

-todo estará bien, ya verás que él te va a querer, mereces ser amada por encima de todas las cosas. –no lo decía por querer congraciarme con ella, lo decía por que así era, nada más que la verdad.

-yo también espero eso… -dijo ella mientras los ojos se le llenaban de lagrimas, aun a pesar de la humedad las pude notar – es curioso que me sienta aprensiva por estar a punto de conseguir lo que siempre soñé con tener.- sorbió un poco - es que no se…han pasado tantas cosas, tantas decepciones, tantos eventos adversos que…tengo miedo de que sea uno de esos – me sentía mal, sabía que parte de esos miedos de ella no eran sino culpa mía.

-Bella, ¿como podría no quererte?, eres su hija, eres con lo que ha soñado desde que tuvo ese accidente. – ¿como podía negarse a querer a una mujer tan buena como ella?

Asintió nuevamente y volvió a poyarse en mi pecho.

Nunca supe como hice para bañarme y bañarla ya que la mayoría del tiempo permaneció abrazada a mí, como una niña temerosa, no me incomodaba pero realice maniobras que ni siquiera sabía que fuera capaz de hacer.

Cuando la saque en brazos no protesto, recordé amarga y a la vez apasionadamente cuando había hecho algo similar en nuestra luna de miel, cuando a pesar de haberla amado realmente esa noche, aun tenia sobre mí el velo, la ceguera de la ambición, ahora estaba limpio de cualquier pensamiento insano sobre Bella, excepto aquellos en donde la poseía una y otra vez sin control alguno.

Nos vestimos nuevamente en silencio, me asee los dientes como pude y use el cepillo de cabello de Bella para acomodarme un poco la apariencia.

Cuando estuvo lista se volvió hacia mí y me dijo.

- no importa lo que haga o suceda, no te alejes de mi –

Asentí nuevamente mientras ella se daba la vuelta y salía, seguida de cerca por mí.

Caminamos en profundo silencio hasta la oficina de la Dra. Hale, que supuse no estaría nada contenta con nuestra demora.

- buenos días – saludamos apenas cruzamos la puerta, ellos estaban ahí, y me miraron algo hostiles, al parecer seguían sin asimilar que Bella fuera mi esposa. Nos quedamos de pie a un lado mientras la Dra. Hale comenzaba a hablar.

-creo que los señores Swan deben decidir la manera correcta de hacer esto, o le dicen ustedes la verdad, o se las dice la señora Cullen. No podemos plantearlo de otra manera, y creo que no tengo el derecho de decirle algo así a Charles.

- lo sabemos, estuvimos dialogándolo con la familia. – sentí que Bella a mi lado se sobrecogía.

-¿ustedes…- hablo en voz alta – su familia ya sabe que…estoy viva? –

- sí, ayer se lo confirmamos a nuestros padres, están fuera de sí del alivio y la felicidad, quieren conocerte.

Ella se volvió a estremecer, y una sonrisa, que sabía que ella en verdad no quería plasmar, se dibujo en su cara.

- ellos estuvieron de acuerdo que en fueras tu misma quien se lo dijera.

Bella permaneció en silencio, sentía que me apretaba la mano, esto parecía ser demasiado para ella.

- ¿Yo? – pregunto ella- pero…no sería mejor que lo hicieran ustedes, al fin y al cabo el…los conoce.

-a ti también te conoce, siempre nos habla cosas lindas de ti – dijo Adam.

- no lo sé…no me siento con el derecho…- dijo ella negando con la cabeza

- tienes todo el derecho del mundo…eres, después de todo, su hija legitima.

El silencio que llego tras esta afirmación lleno toda la estancia, apreté la mano de Bella en un gesto mudo de apoyo y ella me devolvió el apretón.

-está bien…- dijo aunque parecía estar más segura de que las vacas volaban. Mi preciosa muñeca…sabia que estaba muriendo de ansiedad y de nervios, pero estaba casi completamente seguro de que nada de esto iba a ir mal, al menos para ella, ella merecía esto, merecía ser feliz.

Nos dimos la vuelta para salir, la Dra. Hale informo que esta era la hora en la que la enfermera sacaba a Charlie a tomar el sol.

Los pasos resonaban en el piso de madera mientras nos acercábamos más y mas al jardín, al destino que aguardaba a Bella.

Divise a lo lejos la figura encorvada en la silla de Charlie, estaba encorvado por que miraba de cerca de una paloma que se le acercaba a pasos lentos y cautelosos. Este se irguió nada mas aparecimos en su campo de visión, sentí los pasos de los tíos de Bella cerca de nosotros, detrás.

Ella miro por unos momentos y le sonreí para darle animo, lentamente solté mi mano de la de ella para que fuera al encuentro de su padre.

Ella me volvió a mirar, como si estuviera rogándome que no la dejara sola.

- estoy contigo…pero es un momento en el que no debo intervenir- dije quedamente.

Ella asintió lentamente y se dio la vuelta para dar los pasos que la separaban de su destino.

La vi alejarse, como si estuviera alejándose de mí, volvía a esa parte que detestaba en la que sentía que podía perderla por todo esto, rece por que se obrara algún milagro, la vi arrodillarse frente a la silla de Charlie y comenzar a mover los labios.

Pedí por ella, porque esto significara cosas buenas, pedí por él, porque se recuperara pronto y pudiera ser la familia que quería ser al lado de su hija perdida y recién encontrada.

La expresión del hombre era seria mientras miraba a Bella a sus pies hablándole, parecía que lentamente su cerebro, que se había fundido en la locura para escapar de la realidad dolorosa volvía en si lentamente ante lo que ella le estaba diciendo.

Después de unos momentos los labios de ella dejaron de moverse, hasta en esa distancia sentía ese silencio incomodo que seguía después de que la gente contaba un secreto, o decía la verdad y el resto de la audiencia debía asimilarlo.

Y luego, como si algo hubiera hecho reaccionar al hombre, extendió sus brazos lentamente y Bella, después de unos momentos se refugió en ellos como hacia conmigo, solo que en esa ocasión la pasión que se veía en ese abrazo era puramente fraternal. De amor de familia.

Aun a distancia podía escuchar los sonidos de los sordos sollozos de Bella, se me encogió el estomago, jamás, nunca la había escuchado llorar de esa manera, como si estuviera desgarrándose por dentro, di un paso para acercarme y ayudarla pero sentí una mano suave en mi brazo y vi que era la Dra. Hale, deteniéndome.

-no…aun no - dijo como si comprendiera que Bella necesitaba ese momento a solas con su padre.

La volví a mirar, seguía abrazada al hombre llorando sin misericordia, sin control…

La compadecía, y la comprendía enormemente, yo estaría clamando igual si en algún momento de mi vida se presentara la oportunidad de recuperar a mis padres de la muerte, envidiaba de una manera inocente a Bella, me sentía solo…intruso en esa reunión familiar.

Sé que le había prometido estar a su lado, pero sentía que ella no me necesitaba ahí, no en esos momentos, así que di un paso para retroceder e irme a pasar este apretón de pecho en un sitio en donde sus sollozos no me lastimaran como lo estaban haciendo.

Ya había dado la vuelta cuando escuche un sonido ahogado, más un graznido que un grito, pero audible a distancia, perforo mis entrañas con un anhelo absurdamente insoportable.

- ¡EDWARD! -

Era Bella, me di la vuelta y la vi de pie, al lado de la silla de ruedas de su padre, mirándome, la cara completamente hinchada, las lagrimas brotando de sus ojos sin control, tan hermosa y pálida como un hada…llamándome, tentándome con su canto.

Sus ojos me rogaron que me acercara. Quería hacerlo pero sentía que algo me detenía, no sabía que era, seguía con el conocimiento de que, de algún modo, no tenía nada que hacer aquí, negué con la cabeza.

-Por favor – dijo ella en la distancia solo moviendo sus labios.

Maldije para mis adentros, ¿dónde estaba la promesa de que no la dejaría sola?

Mis pasos comenzaron a llevarme lentamente hacia ella, hacia su llamado, hacia ese al que acudiría sin más tregua.

Cuando estuve a unos metros de distancia los ojos del hombre, tan parecidos a los de mi frágil muñeca, me miraron evaluadores.

- acércate, hijo – dijo el hombre anonadándome completamente. Di los pasos que faltaban y estreche la mano del hombre, arrugada y ajada, pero aun fuerte.

-papa…el es…mi esposo…Edward Cullen.

El hombre asintió, parecía que en su locura me aceptaba, parecía….

- acércate, hijo, déjame abrazarte –

Me quede petrificado cuando los brazos se abrieron para recibirme como si de verdad me considerara parte de la familia. Me sentía completamente desorientado, ¿que debía hacer?

Mire a Bella quien a su vez me miraba interrogante, como esperando que yo tomara el siguiente paso.

Los brazos del hombre no bajaron ni un ápice, parecía tener toda la paciencia del mundo para esperarme, me acerque, aun no podía creer en lo que hacía cuando me incline y sentí que sus brazos cansados y enfermos me rodeaban sin tregua.

Muchas cosas pasaron por mi cabeza en ese momento, todas ellas relacionadas con recuerdos olvidados de mis padres y mi niñez, súbitamente aplastada por su desaparición, este hombre me aferraba y me decía gracias una y otra vez, no entendía por que, supuse que Bella le había dicho algo relacionado conmigo, a juzgar por la entrega del abrazo, debió haberle dicho alguna mentira.

Después de unos momentos nos separamos, me enderece como si un gran peso hubiera sido removido de encima de mí.

Mire a Bella que me observaba con una sonrisa triste en sus labios.

Escuche pasos tras nosotros, eran los tíos de Bella que permanecieron a un lado mientras él los miraba.

- Hermanos….encontré a mi hija – dijo mientras lagrimas de felicidad se escapaban de sus ojos – y esta casada…-

Los hermanos se abrazaron efusivamente mientras Bella volvía a mirarme, solo que ahora su mirada estaba teñida de algo que me pareció reproche. Debía estar así después de mi intento de escapar de lo que no podía comprender.

Bella debía estar feliz, su padre la aceptaba sin reservas y ese debía ser su principal miedo. Ahora nos encontrábamos en la encrucijada sobre lo que iba a pasar después de esto.

Los tíos se retiraron después de unos momentos, querían dejar a Bella sola con su padre. Me acerque a ella para despedirme.

- Bella…- el llame quedo, estaba sentada en el suelo sosteniendo la mano de Charles que hablaba sin parar. Se volvió hacia mi.- debo irme – no era cierto, pero ya había hecho aquí lo que tenia quehacer.

-Si, claro…Char…papa, permíteme unos momentos.

El hombre asintió y Bella se puso de pie. Cuando llego a mi lado sin previo aviso me abrazo con fuerza, correspondí a su abrazo con creces.

-Gracias por estar aquí, siempre lo recordare

-no hay problema- le respondí, ya me había dicho que no quería importunar ni a Alice ni a Jacob mientras ambos preparaban sus bodas–

-¿debes irte en verdad? – dijo mirándome aprensiva.

-si –mentí – debo ir a la empresa a arreglar unos asuntos.

-si…perdón por retenerte tanto tiempo…gracias otra vez.

- estaré ahí cada vez que lo necesites. – le bese la frente por que no me parecía correcto besarla como quería hacerlo frente a su padre.

-Gracias. -

Me di la vuelta y lentamente me marche.

Cuando subí al auto me quede mucho tiempo mirando hacia el frente, sin esperar nada de nada, pero con esa tranquilidad que se apodero de mí en el momento en que el abrazo con Charles termino.

Era como si hubiera sido, de alguna bizarra manera, purificado de tantas cosas. Nuevamente el tener a Bella en mi vida aportaba cambios tan notables que me era imposible acostumbrarme.

Partí rumbo a la oficina, aunque mi presencia allí no era necesaria del todo, pero necesitaba alejarme de todo lo que este encuentro de sentimientos había producido en mi, era como si no estuviera preparado para enfrentarme a esta nueva realidad, esa que incluía vivir apasionadamente para que en el momento de perder todo supiera que había aprovechado mi vida del todo.

Aparque en la oficina y trate de embadurnarme de trabajo para así poder pensar más tarde y con más detenimiento todo lo que había acontecido el día de hoy.

No sabía como procedería al día siguiente, pensaba mientras la última hora de la tarde se cernía sobre mi oficina. No sabía si ir a ver a Bella, si, en caso de que no fuera, ella se enfadaría, me sentía tan perdido y desorientado.

Cuando llegue a la casa seguía pensando, parecía que la cabeza se me iba a cocinar, no era una sensación agradable pero tampoco me desagradaba. Contradictorio.

Cuando finalmente estuve acostado, no pude pegar ojo, a pesar de que sentía los parpados cansados debido a mi insomnio de la noche anterior al ver dormir a Bella. Cerré los ojos por distracción, para sentir así un poco menos cansancio.

Quise levantar el teléfono muchas veces, quise hacer muchas cosas, pero nada surgía más que el sonido del segundero de mi reloj d mesa pasando el tiempo.

Así que cuando llego la mañana seguía igual que el día anterior, sin ningún tipo de propósito.

Estaba tomando el desayuno cuando escuche que el teléfono sonaba.

-señor, es para usted – dijo Victoria pasándome el teléfono.

- Buenos Dias? – salude pensando que era un poco temprano para llamadas.

-Señor Cullen?-escuche del otro lado la voz de James.

-Ah! ¿James, buenos días, sucede algo? – dije, el día anterior no había sido notificado de ninguna anomalía.

-señor, recibí una llamada de la Clínica Saint Thomas.

-¿que pasa? – dije rápidamente, era la clínica de la Dra. Hale.

- Los señores Swan…se han ido, con Charles y con…la señora Cullen.

-se… ¿se han ido a donde? -

- a la residencia de ellos en Londres-

Cerré los ojos lentamente mientras la realidad se abría paso entre mis pensamientos, ahí estaba, lo que había temido, se la habían llevado con ellos tal como lo había supuesto desde el principio.

- ¿como pudo salir de la clínica?, soy su tutor legal…- dije desesperado por ostentar un poder sobre Bella que a todas luces ya no tenía más.

- sus tíos dieron la autorización para que pidiera una salida voluntaria, se han marchado a donde se encuentra toda la familia Swan…todos quieren conocer a la muchacha.

Eso lo entendía, 19 años creyendo a alguien desaparecido y posiblemente muerto y que de repente apareciera vivo frente a sus ojos era algo descomunal.

- ella le dejo una carta, la Dra. Hale pidió que le fuera entregada inmediatamente, debe estar por llegar por el servicio postal.

- si…- dije sin saber exactamente que decir. Una carta…eso no solucionaba nada. Si ellos querían quedarse con ella…si la convencían de dejarme…

Sentí una tristeza tan profunda como hacía demasiado tiempo no sentía. La sensación de pérdida de Bella era demasiado, mucho más de lo que podía tolerar. Había estado cerca, había logrado convencerla de que fuera mi esposa otra vez…y ahora ellos se la llevaban, la arrancaban de mi lado sin mayor contemplación.

James corto al otro lado de la línea al mismo tiempo que mi secretaria irrumpía en la oficina informando que había llegado una carta con el postal.

Firme el recibido y ella me la trajo tiempo después.

Estaba en una hoja blanca con la impecable letra de Bella impresa en cada línea. Parecía que ese trozo de papel aun contenía parte de la esencia de su piel que se había grabado en el momento en que la había escrito.

La abrí lentamente, como si estuviera seguro de que era una carta de despedida.

"Edward:

Sé que cuando recibas esto ya habrás tenido noticias sobre mi partida con Charlie y mis tíos. Fue una decisión de último momento, ellos vinieron temprano, me dijeron que la familia no podía esperar para conocerme y querían ver a Charlie también, es increíble que en unas pocas horas haya presentado tal mejoría, como si enterarse de que existo le hubiera dado la energía que necesitaba para salir adelante.

Me siento orgullosa de él, tanto como de ti.

Comprendí que eres un hombre bueno, un hombre al que los golpes del destino han vuelto duro y frio pero que en el fondo sigue siendo ese niño que perdió a sus padres, ese niño que necesita ser amado, ese niño al que le costó aprender las lecciones de la vida pero que ahora…ahora esta resarciendo sus errores, conmigo.

Yo te amo Edward, ya te lo dije, y esto no se trata de un adiós ni mucho menos, se trata de descubrir si soy algo más que esa alma vacía que vagaba sin tener donde pisar seguro.

Sé que comprendes mi necesidad de descubrirme, así como quiero pedirte que te descubras también.

Quiero que medites, que pienses seriamente en todo, y decidas después de eso si en verdad quieres vivir conmigo…si quieres que sea tu esposa.

También sé que te prometí que nos íbamos a casar, te pido ahora por esa promesa que me des tiempo para conocer esta nueva realidad que la vida me ofrece, tiempo para asimilarla, y tiempo para volver a ti.

Nunca dejare de amarte y eso está escrito con sangre, solo dame tiempo…espérame…

Si no puedes esperarme comprenderé perfectamente, después de todo no tienes necesidad de hacer ningún sacrificio aunque me ames.

Si puedes espérame…te prometo que volveré."

Cerré la carta mientras las lágrimas abandonaban mis ojos lentamente, no era una carta de despedida, después de todo, pero podían pasar muchas cosas en ese tiempo que ella me pedía.

Ella aun dudaba que la esperara cuando desde hacía mucho tiempo había decidido esperarla hasta volverme anciano sin nada que desear salvo a ella y su compañía. Deje la carta a un lado y me abandone al llanto que había estado conteniendo desde el día anterior. Volvía, como la carta lo decía, a ser ese niño desorientado y sin propósito que era cuando mis padres murieron.

Pero una cosa era segura.

Esperaría a Bella aun desde el más allá si era necesario

Isabella Swan

Me sentía completamente fuera del lugar, desesperada, patética, emocionada, ilusionada y muchas otras cosas más.

Se abría ante mi algo con lo que no contaba realmente, algo que tenía pinta de querer cambiar mi vida de una manera poderosa.

Seguía asimilándolo mientras las palabras, ahora más lentamente, se me colaban en el cerebro junto con su implicación, en un momento estaba tranquila, aceptando lo que había pasado, y al siguiente sentía que me faltaba el aire, como si tuviera alguna reacción alérgica a las noticias. Lagrimas de emoción acudieron a mis ojos en sin fin de cantidades. Lloraba lentamente, como casi nunca había hecho desde que crecí

-Señora Swan… ¿se encuentra bien? – me dijo la Dra. Hale mirándome a los ojos, quise responderle con algo más que esos sollozos ahogados que brotaban sin control de mi garganta pero no fui capaz de ir más allá de unos sordos balbuceos.

Uno de los señores Swan se acerco a mí, no tuve voluntad de alejarme, ni siquiera cuando su brazo me insto a sentarme para no caerme ante el profundo mareo que me atenazaba.

Resultaba imposible de creer que algo como esto pudiera suceder, tener a mi padre, a la familiar que había deseado desde que era una niña abandonada en ese orfanato, a dos pasos de mi y en la misma clínica psiquiátrica a la que había acudido para tratar de organizar mi poco de vida.

Respire hondo para tranquilizarme mientras terminaba de asimilar esta nueva situación, esperaba con ansias una señal que me guiara, alguien que me entendiera, alguien con quien contar sin necesidad de molestar. No podía con Alice, aunque sabía que me había ofrecido su ayuda incondicional, pero no me sentía con la fuerza moral para pedirle que interrumpiera su felicidad por mi causa, Jacob había salido de viaje con Leah y tampoco podía regresar pronto.

De repente la solución fue tan obvia como atemorizante, el estaba ahí, había dicho que estaría ahí, y diablos si lo necesitaba, enormemente, ya no importaba si lo perdonaba o no, no importaba nada de nosotros, al menos no ahora, por el momento lo más importante era lo que tenía yo en este momento, unas profundas ganas de apoyarme en alguien que no fuera mi médico de cabecera, me sentía tan sola y frustrada que hice lo primero que se me vino a la cabeza.

- necesito un teléfono…y el numero de móvil de Edward…

-¿quien es Edward? –pregunto Adam mirándome-

- - necesito un teléfono… - parecía que era lo único que podía pronunciar, la Dra. Hale señalo el de su escritorio y me paso una libreta.

- - encontrara el nombre de su esposo en la letra C.

Asentí lentamente sin sentirme capaz de mayores entusiasmos, marque rápidamente el numero mientras mi pecho seguía doliendo de esa manera tan…"dolorosa"

-¿hola?- escuche la voz del Edward al otro lado de la línea, sentí un vértigo en el estomago difícil de describir y soportar, su voz, era lo único que parecía necesitar para escuchar, para ser capaz de pedirle que acudiera a mí una vez más. Para hacer a un lado todos mis miedos y mis inseguridades y pedirle a él, precisamente al, la persona a la que mas debería odiar en la vida, que viniera a mi "rescate".

-¿Edward? – pregunte aunque era más que obvio que se trataba de él.

Escuche por el auricular como si un auto frenara estrepitosamente y temí haberle provocado algún accidente, espere unos segundos.

- - Be…Bella – parecía tan sorprendido como yo por esta llamada tan intempestiva pero debía actuar de prisa, no quería hablar con nadie más que con él. Aun no comprendía como podía ser eso. – Sí, soy yo – dijo el después de unos momentos, – ¿sucede algo?-

- -Edward…yo… - hasta pronunciar su nombre me llenaba de una emoción desconocida - no sabía a quién mas llamar – confesé completamente anonadada de mi propio atrevimiento, decidí explicarme para que no pensara nada más que lo correcto - Alice está planeando su boda con Jasper y Jacob no ha vuelto del exterior, no tengo a nadie más.- Y resultaba tan verdadero como todo lo demás

- - no importa…cuentas conmigo para lo que sea, lo que sea….- dijo casi en un suspiro. Luego no pude contenerme Más y empecé a explicarle entrecortadamente lo que estaba sucediendo

- -Charlie…Oh Dios!, en resultado es…él es…- respire hondo volviendo a tratar de calmarme, pude ver que la Dra. Hale estaba bastante preocupada y mis tíos me miraban impasibles. Aunque también podía adivinarse preocupación bajo esa mascara – ven, por favor – dije sin poder retrasarlo por más tiempo.

- -en diez minutos estaré allá – respondió el apresuradamente, espere que fuera cierto y uve que morderme la lengua para no decirle que viniera en incluso menos tiempo. Puse el teléfono en su sitio mientras todos me miraban.

- - necesito que el este acá…por favor no me pregunten nada –

Los tres, la Dra. Hale y los Swan me miraron fijamente, casi como si creyeran que definitivamente me había vuelto loca, pero ahora eso no me importaba, ahora lo único que quería era que alguien me dijera que hacer, yo, que nunca había dependido de nada, sino de mi propio ser, necesitaba de otra persona que me soportara, y nada menos que el hombre que había acabado con mi vida meses atrás.

Me quede sentada en la silla abrazando mis rodillas, nadie decía nada, parecía que habían comprendido mi necesidad de estar en silencio mientras miles de ideas cruzaban por mi cabeza sin control alguno. Escuche sonido de pasos, me puse de pie rápidamente y Salí corriendo sin importarme nada mas, cuando lo vi a lo lejos me lance sin pensarlo a sus brazos y allí, solo allí halle el consuelo que estaba necesitando, en brazos de él nada malo podría pasarme.

Sentí que sus brazos se cerraban en torno a mí y eso me dio aun más seguridad. Mis píes subieron unos diez centímetros del suelo y no me importo, solo sabía que así me sentía confortada.

-Tranquila…Tranquila, estoy aquí…estoy aquí, no pasa nada – decía el despacio mientras sentía sus dedos tocándome la espalda, su voz parecía el calmante que me daban al inicio de mis sesiones, me sentía pesada, preocupada, asustada, pero laxa.

No pude hacer cuentas del tiempo que trascurrió, pero me parecieron días cuando decidí apartarme un poco para darle espacio, seguramente él sí que pensaba que ahora si me había vuelto loca.

- - lo siento – fue lo único que se me ocurrió decir, no pude darle la cara excepto cuando sus manos me rodearon el rostro y me hizo inclinarme hacia atrás para poder mirarlo directamente.

- -¿que es lo que pasa? – escuche su pregunta, esa que me trajo a la realidad nuevamente.

- - Charlie…- comencé – Charlie…él es…- suspire tratando de decirlo aunque me costara aun mas aceptarlo

- - Cálmate, pequeña, respira profundo y dime que está pasando – "pequeña"…nunca me había llamado así y lo encontraba tan…tranquilizador….tan enternecedor que quise abandonarme a sus brazos sin importarme nada más.

- - el es mi padre – termine con esa frase que ni yo misma me podía creer, el se quedo mirándome en silencio mientras parecía asimilar la información que le había dado.

- - eso es…bueno, pequeña.- escuche su voz pero todo lo que decía me parecía que tenia significado contrario, al menos para él.

- - no sé qué hacer…- confesé en ese momento mi inseguridad, mire hacia la Dra. Hale y hacia donde los Swan pensando en que realmente todos ellos eran unos desconocidos.

- -debes decírselo, a él le alegrara saber que su hija se encuentra viva…- volví a mirarlo mientras lo escuchaba hablar, realmente el parecía estar de acuerdo en que le dijéramos a Charlie la verdad, yo no sabía nada acerca de que decisión tomar.

- -tu…- comencé no muy segura de cómo interpretar su expresión – ¿eso es lo que crees que debo hacer?-

- - nunca me preciaría de decirte, al menos ahora, lo que debes hacer, Bella. No importa la decisión que tomes, yo estaré aquí…- lo que dijo a continuación lo dijo en un susurro - no voy a dejar que nadie te aparte de mi….

Lo mire a los ojos esperando encontrar algo más en ellos aparte de esa profunda determinación y la verdad en cada palabra que había dicho. Realmente pensaba que algo podia pasar con todo esto que haría que dejáramos de vernos. Mire hacia donde los Swan

- - yo…no sé como decírselo a Charlie. – dije hablando para el pero mirándolos a ellos, algo que podían interpretar igual.

- - ¿quien es él? – la pregunta broto de repente de la boca de George, miraba a Edward de una manera demasiado hostil.

- -es el esposo de la señorita Swan, se llama Edward Cullen –contesto la Dra. Hale, los Swan la miraron cuando comprendieron que se trataba de mi marido, de quien habíamos hablado hacia unos momentos.

- - ¿Esposo?, pero si solo tiene 19 años – cuando hablo Adam me hizo sentir como si fuera una niña de 14 años y no una chica de 19, como si no hubiera estado a punto de ser madre. , pero claro, el no podía saber eso, sospechaba que si alguno de ellos llegaba a enterarse de la naturaleza de mi vinculo con Edward no dejarían que me acercara a él a menos de 10 pasos.

- - Es mayor de edad – dijo George, sentí que Edward usaba un poco mas de fuerza en la mano que tenía en mi hombro.

- - de todas maneras, ¿que está haciendo aquí?, no es como si fuera parte d esta familia ¿verdad? –

Si, puede que fuera verdad, pero Edward, durante mucho tiempo fue la única familia que tuve.

- - Señor…- no me atreví a decirle tío ni nada por el estilo, aun no me sentía preparada para ese tipo de intimidad – yo…no tengo a nadie más en este momento, no va a ser fácil cuando se lo diga a Charlie…y quiero que…el este ahí….conmigo – explique justifico la presencia de Edward en este momento.

- - pero…- iba a discutir

- - ya basta Adam…debemos pensar como decírselo a Charlie y no alterarlo.- dijo George yen silencio apoye su moción enormemente,

Caminamos en silencio hasta el despacho de la Dra. Hale, una vez ahí deje que ellos se sentaran y me quede como una estatua al lado de Edward quien no se separaba de mí y a quien no tenía ningún deseo de pedirle que hiciera lo contrario.

- - Se darán cuenta de que se presenta una situación de lo más…peculiar – La Dra. Hale comenzó a hablar pero solo podía escuchar la mitad de lo que decía, lo único que entendí y que me hizo volver a estremecerme de miedo fue el peligro que esta situación suponía para la salud mental de Charlie, y no quería eso por ningún motivo pero no me atrevía a hablar, no en ese momento..

- - Charlie siempre ha dicho que encontrar a su hija aliviaría todas sus penas – dijo George – siempre pensamos que sería duro aceptar para el que su hija había desaparecido y también que su destino estaba más que abierto a posibilidades de muerte y otras cosas, creo sinceramente que el hecho de que se entere de que su hija, su amada hija, se encuentra viva aliviara su salud, lo suficiente para que podamos tenerlo en casa.

Eso ultimo si lo escuché y pensé que no sabia cuanto de cierto tenia eso que el había hablado.

- me gustaría decírselo a Charlie – dije, aunque pensé que alguien mas estaba usando mi voz. – creo que…espero…deseo que esta noticia sea para bien, conociendo a Charlie como lo conozco, se de lo que hablan, el siempre me ha hablado de su…hijita como si fuera su más preciado…tesoro – confesé que conocía esta fase de Charlie, la que más me había enternecido y compadecido de él. . yo se lo diré...- dije más segura de lo que en realidad me sentía, ya que no sabía si ellos estarían de acuerdo en esto de que fuera yo quien lo dijera.

- - ¿cuando? – indago George

- - cuando los señores Swan lo dispongan – respondió la Dra. Hale

- - mañana, en la mañana – informo uno de los hermanos de Charlie con decisión, una que me hizo desistir en mi idea de sugerir una fecha no tan aproximada. – ¿Estás de acuerdo?- casi no respondo a esa pregunta ya que me hallaba elevada, demasiado pensante.

- - lo que ustedes decidan – respondí sin pizca de carácter.

La reunión dio por concluida en ese momento, ellos decidieron marcharse pero no se despidieron con besos ni abrazos, con un simple adiós que me decía que eran tan poco prestos a expresar las emociones, las verdaderas emociones, como yo.

Cuando se marcharon y me sentí más segura me volví hacia Edward dispuesta ad disculparme por lo intempestivo de mi llamada. Caminamos en silencio hasta mi habitación, todo en mi gritaba que le pidiera que se quedara pero empecé a hablar para ahorrarme la vergüenza

- - siento haberte hecho volver tan pronto –

- - no me importa, te dije que vendría cuando me lo pidieras.- la confianza de su voz me amedrento un poco a pesar de que a la vez me dio seguridad.

- - si…- abandone su mano, finalmente no me sentía en capacidad de invitarlo a seguir acompañándome, pero su mirada me decía que si de él dependiera no habría nada que nos separara.

En ese momento llegue a la conclusión mas obvia, a la que no pude llegar en el fragor de saber que Charlie era mi padre y todo lo demás. Edward, finalmente, había sido sincero conmigo, sus palabras, la verdad que parecía venir de ellas, ni siquiera en los pocos minutos que duramos separados pude dejar de pensar en ellas, su significado, lo que se escondía tras de ellas, lo que Edward decía acerca de amarme, todo eso se confabulaba para hacerme débil, y era débil con él. El era la debilidad que nunca debí tener, la que a la larga casi me mato, la que en este momento estaba haciendo estragos con mi habilidad de controlarme.

– Edward yo…necesito hablar contigo, sigue por favor. – así lo invite a entrar, estaba a un paso de confesarle mi verdad, la que escucharía de mis labios, deseaba que fuera la que él esperaba.

El entro y cerré la puerta ya que esperaba que nadie interrumpiera este momento, sentí que el corazón comenzaba a palpítame sin control, reacción debida única y exclusivamente a él.

- He… he estado pensando en lo que me dijiste… - empecé a decirle lentamente, era todo lo que podía hacer, pensar y pensar, por esto, por lo que pensaba de él en ese momento, por eso había sido mi súbita necesidad de tenerlo a mi lado en el momento en que todo se derramaba sobre mi sin control alguno. – en lo de tu arrepentimiento… y en todo lo demás. – hizo un movimiento afirmativo con la cabeza.

Busque en mi cabeza las palabras que debían continuar con estas frases anteriormente pronunciadas, pero solo una me vino a la cabeza y solo una se materializo en mi boca sin poder detenerla y sin siquiera querer hacerlo.

-Yo…te amo Edward…nunca he dejado de hacerlo…- escondí mis ojos ante esa vergonzosa situación, nunca en toda mi vida me había planteado la posibilidad de decirle a alguien que lo amaba, pero son embargo ahí estaba diciéndoselo a él, sin mirarlo pero hablando con toda la verdad – se que no es el momento más indicado para decirlo, pero debía hacerlo…- si, no era el más indicado, acababa de enterarme que tenía un padre y tendría que confrontarlo a él y confrontar el momento en que le diría la verdad - ni siquiera pude dejar de amarte cuando perdí a mis hijos, ni cuando estaba muriendo…- recordaba tal vez demasiado bien como su voz había llamado mi nombre y como pude comprobar después que no había sido mi imaginación, que el realmente había estado ahí, intentando ayudarme, eso era algo que ofrecía mucha más claridad de la que estaba dispuesta a admitir. - incluso en esos momentos estabas ahí…estaba rezando por que te encontraras en mejor situación que yo.

- - Bella yo…- el iba a decirme algo, pero una vez que había tomado el carrillo no quería que nada me detuviera, no quería flaquear y quedarme con algo que sabía que debía manifestarla.

- - déjame terminar…ya sabes que te amo, creo que lo has sabido siempre – si, selo había demostrado de todas las formas que sabía cuando habíamos estado juntos en ese periodo de tiempo que, aun bajo engaños, fue el más feliz de mi vida. - pero, yo debo…debo reconciliar mi relación con mi padre… debo saber quién es realmente mi familia…yo quiero…saber lo que se siente una familia, necesito que estés ahí…y queme apoyes aun si me piden que me vaya con ellos… - Apenas ahora surgía dentro de mi esa posibilidad, tal vez ellos querrían que conociera a alguna familia que pudiera encontrarse en el exterior o yo que sabia…

- -¡NO! – la vehemencia de su grito hizo que retrocediera asustada un paso, sabía que sui genio podía ser volátil y no sabía cuando de este había cambiado en todo ese tiempo. – Yo no puedo dejarte ir… - decía mientras se acercaba imperceptiblemente a mi.- entiéndelo…no quiero ser egoísta…no quiero…no quiero perderte...quiero… quiero vivir contigo…quiero que seas mi esposa, mi mujer…mía…quiero tener hijos contigo, quiero hacer mi vida contigo, no, te ruego que no me dejes. –su discurso hizo que se me encogiera el pecho, especialmente porque de alguna manera deseaba exactamente eso que él estaba deseando.

- -Edward, aun no es nada seguro, solo estoy hablando de opciones…- dije esperando tener un poco de razón, y esperando también que él se calmara un poco.

- - no me importa – dijo acercándose, ahora de manera deliberada hacia mí, hasta que la única cosa que se interponía entre él y la puerta era yo. Inclino la cabeza y comenzó a olerme el pelo como si fuera la esencia mas deliciosa del mundo, respiraba profundo la vez que se acercaba mas y lo sentía cada vez mas apoyado contra mi – creí que comprendías que no puedo vivir sin ti, no soy nada sin ti. Yo también te amo, tanto como tú me amas a mí…más que a mi vida, más que a todo, estoy dispuesto a todo por ti…no me dejes.

Cada palabra que salía de su boca era como un bálsamo uniforme que cayó sobre mi llenándome de ese placer cálido que solo sentía cuando estaba cerca de él, comencé a respirar agitadamente cuando una excitación que no sentía hacia tiempo se apoderaba de mi. Levante los brazos por instinto y lentamente, tan lentamente que hasta a mi me dio miedo cortar la tensión, se cerraban en torno a él, a la figura en la que hacia unos momentos había apoyado cada una de mis preocupaciones sin importarme las consecuencias. Apoye la cabeza en su pecho e inevitables lagrimas comenzaron a fluir de mi, parecía que llorar se había vuelto algo cotidiano en mi, tal vez todas las lagrimas guardadas desde que era niña empezaban a cobrar a hora su cuenta resolviendo fluir en cualquier momento de debilidad y de manera profunda y dolorosa.

- Bella…déjame estar a tu lado….perdóname, no dejes que te alejen de mi.- senti su aliento en mi oído y escucho el latido de su oscuro corazón a través de su pecho en donde tenía apoyada la cabeza.

Me mantuve allí, dejando que esas traicioneras lágrimas siguieran haciendo lo suyo, dejándome en una posición aun más vulberable, pero no me importaba, bastante había tenido que aguantar por todo.

Separe mi rostro de su pecho y lo mire a los ojos, esperaba con ansias que me besara, más que nada en el mundo, y el pareció leer mi mente cuando bajo su cabeza hacia mí y capturo mis labios en los suyos sin ninguna contención. Sentí su lengua abrirse paso por entre mis labios y la aocgi gustosa dándole la mía, ya sentía que la cabeza comenzaba a darme vueltas sin control. Cuando fue necesario separarnos por la falta de aire el tomo mi rostro en sus manos y prosiguió a que lo mirara

- quiero que nos volvamos a casar…- su aliento rozo mis labios cuando dijo esas palabras, sus labios rozaron la comisura de mis labios y después cada parte de mi rostro que estuvo a su alcance –quiero ser tu esposo de verdad…por la iglesia…

Su esposa…durante mucho tiempo ese que mi sueño de vida, ser la esposa de ese ser al que amaba incondicionalmente, pero en un pequeño instante todas las cosas dolorosas que viví desde el momento en que me case con el hicieron dudar cada propósito que tenía en mente aceptar del.

- - Edward…yo…- ¿que podía decirle?, no quería rechazarlo, pero por otro lado tampoco me sentía capaz de decirle que si a la ligera, no después de cuanto había sufrido la primera vez

- - no tienes que darme una respuesta ahora – dijo el atropelladamente – solo tenlo en cuenta. Bella, yo te amo…no te voy a privar de esta oportunidad pero…no te olvides de mi…no vayas a olvidar que te amo…y que…estaré esperándote –

Y de alguna parte me llegaba la convicción de que estaba hablando seriamente, con compromiso, con una verdadera promesa que empapo mis entrañas de mucho jubilo, lo mire a los ojos durante mucho tiempo y después le dije

-no, nunca podría olvidarlo. – en respuesta a su oferta de antes, aquella en la que decía que estaría esperándome.

De otra parte llegaba también la seguridad de que estaba hablando en serio