Dark Chat

viernes, 18 de febrero de 2011

Corazon de Hierro

Cap. 2 Un paciente muy singular

—¿Un trabajo nuevo? —preguntó mi padre.*

—Sí papá, es un nuevo puesto.

—¿Dónde?

—En una casa particular, seré la enfermera de cabecera de un «magnate» —dije, haciendo las comillas en el aire.

—Pero Bella, ¿no crees que estas desperdiciando la oportunidad de estar en el hospital?

—Tal vez sí papá, pero aquí me pagan mucho mas y eso es lo que necesito. Además, lo único que deseo es marcharme de aquí. Tú lo sabes.

—Claro que sí hija, lo sé ¿Y cuándo empiezas?

—Por lo que me dijeron mañana, pero aún no lo tengo muy claro.

—¿Y te irás a vivir a su casa?

—No, él necesita de alguien que lo cuide de día, creo. Yo pasare todos los días con él y en las noches me vendré con ustedes.

—Ya veo, ojala todo resulte bien hija mía.

—Lo será papá, ya verás que todo cambiara —dije con una sonrisa.

La puerta de la calle se cerró violentamente, indicándonos que Carmen había llegado. Cerré la puerta de mi habitación para quedarme sola con papá, no estaba dispuesta a soportar sus humillaciones.

—Carmen se va a morir cuando se entere de que nos vamos.

—Y a mí no me interesa, que se pudra papá, ella no se merece nuestra compasión.

—Lo sé, ojala que cuando podamos tener una mejor situación pueda iniciar los trámites del divorcio.

—Sí, eso también será una de mis metas, no quiero que estés unido a esa perra —dije, con un sabor amargo en mi boca.

Ese mismo día presente mi carta de renuncia al hospital y fue aceptada por mis superiores. La doctora Weeber hizo hincapié en que mi lugar estaría reservado para cuando necesitara volver, me sentí muy feliz de saber que aun podía contar con todos. Como era mi último día de trabajo me hicieron una despedida y me dieron recuerdos de parte de todos. Los extrañaría a rabiar, pero sabía que todo era para un bien común: mi familia.

Era de noche, pasadas las nueve, mi celular sonó, pero era un número desconocido.

—¿Diga?

—Buenas tardes, ¿la señorita Isabella Marie Swan?

—Sí, con ella, ¿quién habla?

—Mi nombre es William Lickwood y soy el mayordomo de la casa Cullen. La llamaba para concertar una cita con usted, necesito que se haga presente en ésta residencia para conocer todos los procesos y procedimientos que requiere el señor Cullen.

—Oh ya veo, sí, no se preocupe. Si quiere podría ir mañana temprano y así podríamos hablar.

—Claro, sería perfecto, el señor Cullen llega ésta semana de viaje así que le aseguro que pronto comenzara a trabajar aquí.

—Bien, entonces mañana a primera hora me paso por la casa.

Concertamos la cita y me dio los datos para llegar. Estaba nerviosa, mi trabajo empezaba ésta semana. La noche paso mas rápida de lo que pensaba, me desperté alrededor de las cinco de la mañana y no pude volver a dormir, mire a mi lado y el angelical rostro de Kathe me infundía aun mas ánimos, por ellos quería salir adelante, por ellos estaba aceptando este trabajo, tenía que sacarlos de ésta mierda.

—Buenos días, ¿es usted la señorita Swan? —me saludó un hombre que por el uniforme supe que era el mayordomo.

—Buenos días, soy Isabella Swan, ¿es usted el Señor William Lickwood?

—Mucho gusto señorita, pase a la sala —agradecí. Caminé con cuidado, la casa era enorme, pero cuando decía enorme creo que la misma palabra se quedaba corta, éste era realmente un palacio.

—¿Le gusta la casa? —preguntó con una sonrisa al ver mi expresión—. Ha pertenecido a la familia Cullen desde principios del siglo.

—Ya veo —susurré. Me condujo a través de un corredor, llegamos a una enorme sala en donde tomamos asiento.

—Ellos son de una alta estirpe, tienen nexos directos con la realeza inglesa.

—¿El señor Cullen es Ingles?

—Sí, lo es. Llego a éste país hace algunos años, cuando sus negocios se comenzaron a expandir. Su familia es originaria de Inglaterra, pero tenía parientes aquí en éste país, es por eso que ésta casa les pertenece.

—Wow —suspiré.

—Bueno señorita Swan, me imagino a lo que viene.

—Sí-sí… —tartamudeé—, quería saber en que consistía el trabajo.

—El trabajo es algo muy simple.

—¿Ah sí? —pregunté dudosa.

—Consiste en darle al señor Cullen todo lo que quiera, su estancia aquí es para propiciarle el cuidado necesario y todo lo que Señor Cullen necesite. Él debe levantarse de esa cama y debe hacerlo estando fuerte, pero no podrá lograrlo si no recibe los cuidados que necesita, la dedicación es fundamental. Usted está en ésta casa para cuidar y sacar al señor Cullen adelante.

—Entiendo.

—Sepa que no habríamos confiado su salud a nadie, yo lo conozco desde que es muy pequeño y no me agrada confiar algo tan importante como su vida a terceros, pero lamentablemente mis conocimientos de medicina son tan escasos y es por eso que le sugerí al señor que usted fuera contratada, además, viene con las mejores recomendaciones de la doctora Webber.

—Muchas gracias, pero dígame ¿el señor Cullen ya está aquí?

—No, el señor está de viaje y regresara el día domingo por la tarde, su trabajo comenzaría el día lunes a primera hora.

—No hay problema.

—Señorita Swan… —dijo, mirándome fijamente.

—Llámeme Bella por favor —en su rostro pude ver un pequeño atisbo de una sonrisa, pero desapareció de inmediato.

—Lo siento, aquí nos tratamos con propiedad, al señor Cullen no le gustan las confianzas. Si usted me permite la llamare Isabella —me pidió, sorprendida asentí—. Bueno, Señorita Isabella, debo recordarle que en el contrato que usted firmo existe una clausu…

—¿Cláusula de confidencialidad? —terminé la oración.

—Sí, es mi deber recordarle que todo lo que vea, escuche o haga en ésta casa no debe salir de su boca ya que si lo hiciera se arriesgaría a millonarias demandas.

El solo pensarlo mi cuerpo se tensó y un escalofrió atravesó por todas partes. ¿Qué tan terrible será lo que pasa en ésta casa? Edward Cullen, por lo que sabía, era uno de los hombres mas ricos de éste país. Tenía enormes empresas a lo largo de todo el mundo y era un magnate de los negocios, las revistas de economía lo definían como un hombre de hierro, el cual era un animal cuando se trataba de negocios o de finanzas. Iba a cuidar al Dios de los negocios.

La charla con el mayordomo, William Lickwood, fue muy agradable. Era un hombre muy serio y con modales de un duque, pero que sabía perfectamente cual era su lugar y además era fiel a su amo.

Era día sábado y tenía todo el fin de semana por delante, el señor Cullen llegaría el domingo y el lunes estaría comenzando con mis labores. Estaba nerviosa, no sabía que podía esperar. Camine rápidamente a la casa de la única persona que sabía calmarme y me conocía mejor que nadie.

—Rosalie, soy Bella —dije por el comunicador.

—Pasa —me dijo, y la puerta de su edificio se abrió.

Subí rápidamente por las escaleras y llegué a la puerta de su departamento, entré rápidamente, el departamento de mi amiga era hermoso, se notaba que había sido decorado por ella misma, su gusto estaba impregnado en cada pared.

Rosalie Lillian Hale era mi mejor amiga, nos conocimos en la escuela, pero nuestra amistad no comenzó como debía, de hecho, nosotras nos odiábamos, en un campamento escolar fue cuando tuvimos oportunidad de conocernos y desde allí que no nos separamos mas, de eso ya van casi siete u ocho años. Mi amiga es Arquitecto paisajista, tiene a su cargo una importante empresa de construccion de jardines, de hecho, ahora está llevando unos proyectos que son muy importantes, las familias más acaudaladas de la ciudad requieren de sus servicios.

—¡Estoy en el estudio! ¿Cómo te fue? —preguntó.

—Creo que bien —le respondí al entrar—, tuve una entrevista con el mayordomo y me explicó como se hacían las cosas en la mansión Cullen —me senté en uno de los sillones que había en su estudio, mi amiga estaba dibujando unos planos.

—¿Pero te gustó?

—¿El trabajo? Sí claro, tu sabes cuales son mis motivos Rose, aunque no me guste me quedare allí, ganare una fortuna en un año.

—Sí, lo sé, ¿Carmen sigue siendo una perra?.

—Como siempre, ella no se cansa.

—¡Maldita mujer! —dijo Rose aventando el lápiz.

—Dímelo a mí —respondí con una sonrisa que no tenía nada de alegría.

—Bella cariño, ¿cuánto no te he ofrecido mi casa? —preguntó Rose, sentándose frente a mi.

—Millones de veces amiga, pero déjame decirte nuevamente lo que te digo siempre, sacare yo misma adelante a mi familia. Te juro que si no tuviera ésta oportunidad no habría pasado mucho en que no aceptara tu ayuda, pero como ves, ya puedo solucionar mi problema y además tener un trabajo excelente.

—Está bien Bella, pero si no pasa nada en un par de meses yo misma iré por Charlé y Kathe y me los traeré aquí.

—Te lo prometo —la abracé y me deje descansar en su abrazo, ella era la única que me entendía y sabía realmente como era mi vida.

Isabella Swan era muchas cosas, enfermera, introvertida, algo torpe y muy trabajadora, pero lo que siempre había sido y nadie podría discutirlo es mi perseverancia, luchare hasta el ultimo momento y si tengo que traer de vuelta a la vida a un hombre como Edward Cullen por mi familia, lo haré. El solo recordar su nombre me trajo una pregunta aun más consistente a mi mente: ¿quién es Edward Cullen?

—Rosalie, ¿tú sabes quién es Edward Cullen? —pregunté, ella me sonrió, pero en su cara se veía el desconcierto.

—¿Tu nuevo jefe? —dudó.

—Sí, pero me refiero, ¿sabes algo mas de él?

—A ver —pensó—, creo que está forrado en plata, es un hombre perseguido por las caza fortunas y creo que es ingles. Pero nada más.

—Bueno —pensé un poco—. ¿Me prestas tu laptop?

—Sí claro, está encima del buro de mi recamara —fui corriendo a su habitación y saqué su laptop rosada, era tan «Rose», tenía su estilo en cada cosa que le pertenecía.

—A ver, dame un lado —me dijo, cuando ya estaba instalada en su sofá prendiendo el aparato—. ¿Buscaras sobre Cullen?

—Sí —respondí, y ella se acomodó a mi lado.

—Entonces veamos —me quitó la laptop y comenzó a escribir.

—«Edward Cullen» —colocó en el buscador—. Ahora veremos quién es ese sujeto —presionó entre y mis ojos se abrieron como platos al ver la cantidad de información que había en la red sobre él, Rosalie se fue a la primera página y entro para verificar la información.

—Hay muchas cosas —dije, con el asombro que aún tenía.

—Sí, veo que es un hombre muy cotizado —se aclaró la garganta.

—Dice: —comencé a leer— «Edward Cullen, hombre de treinta y dos años de edad, nacionalidad inglesa, pero radicado hace algunos años en los Estados Unidos. Dueño de una de las multinacionales más famosas del mundo. Cullen es propietario de una fortuna que es difícil de calcular. Viene de una acaudalada familia residente en Londres, Inglaterra, es el mayor de dos hermanos, la que le sigue es la prestigiosa diseñadora de modas Alice Cullen. Entre sus bienes ésta una mansión en Londres junto a la de sus padres, una casa en Italia, una en Grecia, un chalet en los Alpes suizos y un departamento en New York. Además de Cullen Enterprise, Edward Cullen dirige o es accionista de muchas empresas. Para todas ellas tiene delegados o gente de confianza, los cuales las tienen a cargo»

—«En el ámbito amoroso —siguió Rose al ver que yo me quedaba callada— Edward Cullen es igual de rico que en dinero, esta demás decir que sus novias o acompañantes son todas modelos o cantantes famosas. Él se caracteriza por ser un amante de la belleza femenina y por tener a todas las mujeres a sus pies, muchas de ellas han saltado a la fama por verse vinculada en algún romance con él, lamentablemente todos no pasan de unas cuantas citas. Cullen también es conocido por cambiarlas rápidamente, es un hombre que no se deja amedrentar por ninguna, dicen que no ha nacido la mujer que pueda cambiar a éste magnate, ¿será cierto?»

—Wow —exclamé entre un suspiro.

—Espera hay mas, aquí dice «de clic para ver los álbumes de fotos» —Rosalie presionó sobre las imágenes y mi boca fue cayendo a medida que las imágenes se iban cargando.

—Es un…

—¡Dios! —Exclamó mi amiga—. ¡Trabajaras con un Dios Griego! —la sonrisa de Rosalie era innegable, mis ojos recorrían una y otra vez las fotografías de mi próximo jefe.

Edward Cullen era un hombre de piel clara como la cal, tenía unos ojos intensos que aunque estuvieran en una foto parecían estar penetrándote sólo con una mirada. Sus orbes y su piel daban aún mas realce al cabello cobrizo que se extendía en su cabeza, eso le daba el toque ideal. Por mis mejillas se extendió el molesto sonrojo usual en mí.

—¿Te gustó verdad? —preguntó Rose al ver mi reacción.

—¿A quién no? —pregunté—. Si el hombre tiene con que creerse ¿no?

—De todas maneras… creo que te será algo difícil estar en su habitación sin que te sonrojes —musitó divertida.

—Ya basta —le dije parándome—, él es mi jefe y por lo que veo ya tiene suficientes novias para divertirse como para «agregar» una más a su lista.

—En eso tienes razón —sentenció Rose cerrando su laptop—, pero bueno ya salimos de dudas, ya sabemos quien es Edward Cullen y a quien deberás enfrentarte el lunes.

—Sí —respondí—, creo que tienes razón, ojala que no lo arruine ésta maldita torpeza.

—Tranquila Bells lo harás bien, sólo relájate y actúa como en el hospital, no por nada eres la mejor enfermera del County General.

—Gracias —respondí, sentándome nuevamente.

Volví a mi «casa» por la noche, no podía jamás perderme una cena en casa ya que no sabía si mi hermana y papá habrían comido, tenía la costumbre de volver antes para asegurarme de que cenaran.

—¡Bella! —exclamó la alegre voz de mi hermana pequeña.

—¡Kate!, ¿Cómo estás pequeña?

—Muy bien.

—¿Y papá? —pregunté, al no verlo por ninguna parte.

—Está dormido, mamá salió en la tarde y no dijo si volvería, así que aprovechamos para comer y dormir tranquilos —el escuchar esas palabras siempre hacia que mi estomago se contrajera, ¿por qué mi familia tenía que esperar para dormir y comer? Como odiaba sentirme impotente.

—Ya todo esto quedara atrás pequeña —le dije abrazándola.

—Sé que tu nos llevaras lejos a donde podamos ser felices los tres —me dijo, correspondiendo mi cariño.

—Sí mi pequeñita, jamás nos separaremos.

Besé su frente y contuve las lágrimas de impotencia que amenazaban con salir, era un dolor muy grande tener que afrontar esto, cuando Kate era pequeña yo había tenido que pedir y algunas veces hasta robar para poder alimentarla, a Carmen no le importaba si ella comía o no, lo único importante era que no llorara y que ella pudiera dormir en paz. Tanta fue la desesperación por no saber como alimentarla que pensé en dejarla en un orfanato. Cuando llegue a la puerta con la pequeña Kate de solo tres años dormida en mis brazos la monja que estaba allí me extendió sus brazos para que yo se la entregara, ella inconcientemente y en un profundo sueño se pegó a mi cuerpo impidiendo que la apartara de mi, basto sólo eso para darme cuenta de que no importaba como lo hiciera, pero ella no podía separarse de mi lado, era mi hermana y al costo que fuera permanecería conmigo.

Fui por mi padre sumida en mis recuerdos y lo desperté para cenar, si Carmen no estaba teníamos la oportunidad de comer en familia y sobre una mesa, ya que siempre debíamos hacerlo en el suelo o arriba de las camas.

A las nueve de la noche papá y Kate cayeron rendidos en un sueño reparador. Ambos dormían placidamente, yo me quedé a planchar algunas cosas y a doblar otras, a eso de las once de la noche me fui a dormir. Estaba rendida, sólo quería descansar. Mi sueño se vio interrumpido a la mitad de la noche por un ruido en la cocina. Mire el reloj y eran las cuatro y doce de la madrugada, lentamente y sin despertar a mi padre y hermana me fui hacia la puerta, abrí con cuidado y casi palidecí al ver lo que pasaba afuera.

—¿Dónde demonios tiene el dinero la puta de tu hijastra? —preguntó una voz femenina.

—¡No lo sé! Hay que buscarlo, la perra trabaja en un hospital, así que gana muy bien.

—Entonces hay que seguir registrando —los cajones de las cómodas y los otros muebles eran desbaratados por Carmen y alguna de sus drogadictas amigas, ésta no era la primera vez que alguna me quería robar—. Busca en su cartera —le dijo a la otra mujer.

Ella comenzó a registrar mis cosas hasta que encontró mi billetera. Rápidamente metió sus manos dentro y registro todo lo que había.

—Aquí hay dinero —dijo, asegurando su victoria. Tomé el bate de Beisbol que había detrás de nuestra puerta y caminé lentamente por el pasillo.

—¿A dónde demonios crees que vas con mi dinero? —le dije, empuñando el bate y preparándolo para usarlo si fuera necesario.

—¡Demonios! —exclamó la mujer.

—¡Baja ese bate Bella! —dijo Carmen con sus ojos idos, estaba muy drogada.

—Deja mi dinero ahí y lárguense de la casa malditas drogadictas, si no quieren que les parta la cabeza.

—Mierda eres una grandísima… —dijo Carmen, pero empuñe aún más mi arma.

—Mucho cuidado con lo que dices mamita, si no quieres que te aplaste la única neurona que te queda.

—¡Vámonos de aquí! —dijo la otra mujer, y salió corriendo.

—Ésta me las pagas maldita.

—Cuidado con hacernos algo porque te juro que te mato desgraciada, ahora vete —le dije, y salió caminando tranquilamente, cerró la puerta con más fuerza de la habitual y desapareció entre las escaleras del edificio.

Volví a la habitación, Charlie y Kate seguían durmiendo placenteramente. No pude evitar pensar que algún día llegaría el día en el que podríamos dormir una noche de corrido y sin preocuparnos por los demás, ansiaba porque esos tiempos llegaran.

El día domingo Carmen no apareció en todo el día, sabía que cuando volviera la encararía por lo que paso, así que creo que decidió quedarse un rato mas vagando en las calles. Con mi familia vimos una película e hicimos algo de cabritas para acompañarla, Kate estaba feliz, el sueño de mi pequeña hermana era poder estudiar algo relacionado con la actuación o el modelaje, era preciosa, pero lo que nos detenía eran los recursos, yo no podía mantener una casa y pagarle los estudios. Ahora como tenía éste nuevo empleo esperaba que durara lo suficiente como para poder juntar algo de dinero aunque fuera para su primer año.

El día lunes por la mañana llegó mas rápido de lo que esperaba, me levante a las cinco de la mañana, la casa de Edward Cullen quedaba al otro lado de la ciudad y debía de tomar dos buses para llegar allí. Me desperté con más energía de lo acostumbrado, me metí a la ducha y disfrute por algunos minutos del agua caliente. Me puse mi traje que consistía en una falda hasta la rodilla, una chaquetilla que era un poco justa a mi cuerpo, además de mi toca de enfermera y mis zapatos blancos.

Rápidamente salí de la habitación y comprobé que Carmen aun no volvía, sonreí al pensar que mi padre y mi hermana pasarían un día más de tranquilidad. Preparé su desayuno y les deje todo en la habitación. Cuando ya eran las seis y cuarto salí de mi casa, tenía que estar en la puerta de su casa a las siete y cincuenta ya que mi trabajo comenzaba a las ocho a.m.

Me subí al primer bus y casi me quedo dormida en él, hice el trasbordo a las siete y veinticinco, el siguiente me dejaba a sólo unas calles de la mansión Cullen. Cuando eran diez para las ocho de la mañana toqué el timbre, era segunda vez que veía la casa y pareció impresionarme mas que la primera vez.

—Buenos días señorita ¿qué se le ofrece? —preguntó una amable señorita.

—Buenos días, soy Isabella Swan, la nueva enfermera.

—Oh, bienvenida señorita. Mi nombre es Rachel y estoy a su servicio —la encantadora niña estaba vestida con uniforme de servidumbre, al saludarme hizo una reverencia que me hizo sonrojarme.

—No tienes porque hacer eso —le dije nerviosa.

—Éstas son medidas de cortesía, al señor Cullen le gusta que las usemos.

—¿Enserio?

—Claro que sí, él es un hombre muy correcto y apegado a las costumbres inglesas.

—Oh —solté, con completo asombro.

—Señorita Swan —dijo una voz a mis espaldas, me giré y era el mayordomo.

—Señor Lickwood.

—Buenos días, espero que venga preparada para su primer día.

—Claro que sí, ¿el señor Cullen llego bien?

—Sí, está en perfectas condiciones en todo lo que cabe de su estado, la está esperando. En unas horas más tiene una entrevista con su médico de cabecera.

—Que bien —dije, sintiendo un ligero temblor en mis rodillas.

—Sígame por favor —me pidió, y asentí.

Mis piernas siguieron sintiendo los estragos de sus palabras, ese hombre estaba esperándome, no podía esperar a conocer a mi nuevo Jefe.



jueves, 17 de febrero de 2011

Pecados Carnales

Capítulo 22 En las manos de dios


— Tengo miedo —susurré con un hilo de voz.

— No debes tener miedo, siempre estaré aquí para ti —contestó con la mirada dulce, sus ojos negros eran tiernos, la comprensión que reflejaban me inundo por completo.

— ¿Qué haré afuera? —exclamé indecisa, me sentía tan bien allí, parecía otro mundo, una realidad distinta.

— Es tiempo Bella, no puedes pasar toda tu vida aquí, tú no perteneces aquí —refutó él con decisión.

— Pero aquí me siento a salvo, segura, aquí no hay dolor —rebatí tratando de encontrar una esperanza en aquellos ojos negros tan profundos, me dio una sonrisa ladina, acercó su cuerpo al mío, nuestros rostros se juntaron, sus labios carnosos se acercaron a los míos.

— Aún así debes enfrentar tu vida, debes buscarlo a él —exclamó a centímetros de distancia, su hálito tibio me pego de lleno.

— ¿Crees que Edward quiera? —pregunté

— Tú eres su madre Bella, tienes tanto derecho como él a estar cerca de tu hijo —me confirmó tratando de tranquilizar mi ansioso corazón.

— Pero yo traté de…. —y mi voz se acalló por la culpa, una culpa que aún no podía olvidar, era un dolor punzante, presente en mi corazón, me sentía vacía y como quería poder retroceder el tiempo, volver atrás, tomar otras decisiones.

— ¿Abortarlo? —finalizó la frase por mí

— Sí —asentí con vergüenza

— ¿Crees que ese hecho te convierte en una mala madre? —me preguntó y a veces no me gustaba que utilizará su psicoanalogía conmigo.

— Sí —exclamé en un murmulló

— ¿Entonces, en que convierte a Edward, el hecho que te arrebatará a tu hijo a horas de haber nacido? —me preguntó y lo miré sin entender.

— Es diferente, él… trató de protegerlo —y había tratado de convencerme de aquello, eso hacía que mi corazón se conformará que mi razón, lo hiciera.

— ¿Cuándo dejarás de justificar lo injustificable? —inquirió de vuelta.

— Tengo miedo, miedo a perderlo para siempre —fue mi respuesta y mi corazón se contrajo ante ese hecho, aunque si lo analizaba, yo lo había perdido, había perdido a mi pequeño pateador.

— Pues entonces, debes irte, debes encontrarlo y evitar que Edward te quite a Anthony para siempre —me dijo y en parte, eso me motivo a irme de aquel lugar, encontrarlo, aunque no sabía cómo, ni donde, pero lo intentaría…

Ese recuerdo lejano se hizo patente, el miedo que había sentido aquel día, lo sentía hoy, lo sentí cuando advertí a Anthony parado en el umbral de la puerta, en ese minuto mi corazón se apretó como presintiendo algo, al ver su sonrisa tan dulce, tan tierna, fue como si mi corazón de madre presagiará que algo iba a pasar, apreté la mano de Edward sin tener la fuerza suficiente de quitarle la vista de encima a mi pequeño pedazo de cielo.

Cuando noté como Edward se levantó de la cama, tranquilo y sereno, pensé que tal vez todo ese miedo que había teñido mi corazón era una aprehensión innecesaria, algo sin sentido pero al ver su pequeño cuerpo escaparse por el pasillo, se formo un nudo en mi garganta, incapaz de dejarme gritar, ni siquiera el sonido seco del golpe fue suficiente para que yo pudiera gritar.

Edward permanecía en el borde de la escalera, yo caminé lento y dudoso a su encuentro solo para bajar mi vista y ver su pequeño cuerpo frágil tirado en los pies de la escalera, en el primer piso, mi vista se desenfoco, y no supe como baje hasta su encuentro, recuerdo que quise tomarlo entre mis brazos pero alguien me separó. El padre de Edward se acercó y quito de en medio a Alice, todo parecía suceder tan rápido y tan lento a la vez, no sé quién llamó a la ambulancia, pero llegó, tampoco sé cuando tiempo fue el que transcurrió, solo sé que mi vista se alzo cuando su pequeño cuerpo fue puesto en una camilla y me perdí en los ojos verdes de Edward que aún permanecía en la planta superior.

Aún tenía en el fondo de mi mente el grito desgarrador de Alice, el llanto de Esme, las palabras de Carlisle, y la voz de ella, Tanya, me había tomado separándome de mi hijo, impidiendo que me acercará.

— No, Bella espera —había dicho cuando traté de tomarlo, también había sido la que me había llevado hasta el automóvil y quién nos había traído tanto a Edward como a mí.

Mi corazón estaba congelado, no podía pensar bien, y no dejaba de escuchar su risa, en el fondo, en mi mente, escuchaba su risa infantil, escucha las palabras que me había dicho la noche anterior, escuchaba su respiración, y por primera vez, supe que esta pesadilla no terminaría nunca, no importaba que decisión tomará, yo parecía maldita y parecía que mi mala fortuna arrastraba a todo aquel que me quisiera.

Mirar a la gente entrar y salir, era como el escape justo para poder mantener la cordura — Ve a tu lugar feliz —había sido el consejo de Jacob, en las noches que había tenido pesadillas, pero ¿Cuál era mi lugar feliz? ¿Acaso había algún lugar feliz?. Me distrajo el sonido de la puerta de la sala de espera, del hospital donde estábamos, alce mi vista cuando sentí los repiqueteos de tacones hacía mi posición, era mi hermana quién corrió hasta mí y me estrecho entre sus brazos, me levanté justo para que sus tiernos y finos brazos me cobijarán.

- ¿Pero cómo paso? —me preguntó y yo no sabía que decirle, simplemente la abrace, apreté su cuerpo contra el mío con todas mis fuerzas y deje que las lagrimas salieran sin control de mis ojos, fue ahí cuando comencé a sentir mis piernas pesadas, el temple que había mostrado hasta hace un rato se quebró por completo y por primera vez lo odie.

Odie a Dios por hacerme ahora esto, justo cuando había creído que la luz finalmente iluminaba mi túnel oscuro, venía esto, que estaba tiñéndolo de un negro profundo, de uno que no sabía si lograría escapar. Comencé a sollozar automáticamente al recordar su cuerpo pequeño tirado en la mitad del piso con el enorme charco de sangre a un costado de sus finos cabellos, el color miel característico ahora era de un escarlata fulminante. Mi mundo se había detenido y no quería enfrentar una realidad. Mi hijo moriría un veinticinco de diciembre, y para mi jamás habría navidad.

Caímos ambas al suelo, ella aún me sostenía entre sus brazos, y yo estaba llorando de plano histérica sin control, sentía a lo lejos sus manos acariciar mi espalda y decirme que todo iba a salir bien pero ¿Cómo, cómo iba a salir bien si el estaba muerto?, me pregunté. Trataron que la soltará pero me aferre a ella, enterré mi cara en su cuello, pero aún así, sosteniéndola de manera desgarradora, sentí las manos tibias de alguien que hacía fuerza contraria para que dejará a mi pequeña hermana.

— ¿Por qué? ¿Por qué? —grité sin control y sentí la voz de Edward en mi odio.

— Bella por favor tranquilízate —me pidió con su voz cándida y aterciopelada pero ¿cómo quería que me tranquilizará?.

Hacía un par de semanas, que lo había encontrado luego de cuatro años y medio, y ahora él desaparecía, mi hijo se iba de mi lado, primero había sido arrebatado por su padre, ahora sería arrebatado por…, mi voz se silencio ante el hecho de ser incapaz de pronunciar su nombre, estaba demasiado enojada, demasiado triste, demasiado deshecha. Mi pequeño, un pedazo de mi, mi propia carne estaba sufriendo otra vez por mi tonta culpa, por mi mala fortuna, por mis propios errores, en un momento desesperado incluso pensé que lo había maldecido pero luego la cordura me llegó

— Esto no debió haber pasado —murmuré entre dientes con el corazón en la mano. Aferré mucho más el cuerpo de mi hermana y en eso sentí la presencia de alguien más, saque mi rostro del cuello de Ángela, y le vi, era Emmett, estaba al lado contrario. Miré que traía algo entre las manos, fue entonces cuando me separé de mi hermana y le grité.

— ¡No me toques! —y me levanté del suelo, sentía que las piernas se me doblarían en cualquier momento pero aún así le huí, Edward se levantó conmigo y me sostuvo por los brazos, me giró para que lo mirará — No quiero estar sedada, eso no calmará el dolor, ¿Qué no lo entiendes? ¡Quiero a mi hijo de vuelta! —le grité golpeándolo para separarme pero él me sostuvo con fuerza.

— Mi amor… Bella – me llamó Edward dulcemente tratando de razonar pero la verdad no quería razonar, quería que de una vez las cosas no salieran tan mal — ¡Bella! —gritó por última vez zamarreando mi cuerpo con fuerza, mis ojos se abrieron y lo miré un tanto asustada, las lágrimas inundaban mi rostro, y sus hermosos ojos verdes estaban brillosos, pero aún no había una sola lágrima en ellos, sus facciones eran de pesar, uno demasiado grande.

— Hermanita mírame – me pidió llorando Ángela — Te hará bien, tienes que calmarte —susurró pero la ignoré y otra vez estaba Emmett a mi lado.

— No quiero dormir, no quiero —protesté tratando de irme, de zafarme de ellos, Ángela se corrió, tenía una mano en su boca contiendo el llanto, noté que Alice la sacó para un lado.

— ¡Contrólate de una vez! —conminó Edward y lo abracé.

— Nuestro bebe no se puede morir – susurré apretando mi rostro contra su cuello.

— No va a morir – me dijo entre dientes y sabía que era una mentira.

— ¿Cómo lo sabes? – le pregunté ilusionada, tratando de creer en su mentira, en una que ni el mismo creía.

— Por qué es un niño, los niños son fuertes, es distinto, no me preguntes por qué simplemente lo son —me dijo separándome de su cuerpo, puso sus manos en mis mejillas — Él ya lucho una vez, lo hará de nuevo, Anthony es fuerte.

Me murmuró, secando mis lágrimas y me abrazo nuevamente, sentí como beso mis cabellos, mi corazón se calmo pero era una falsa apariencia de felicidad, cuando deje de huir, de luchar por separarme de ellos, fue cuando sentí el pinchazo infame de la jeringa.

— No te va a hacer dormir, pero te ayudará a tranquilizarte.

Me explico Emmett sonriendo sombrío y miré a la madre de Edward que estaba tan o más desecha que yo, murmuro en el oído de su marido mientras se aferraba a su cuello como lo estaba yo de su hijo, luego mi vista se fue a Tanya, quién estaba sentada, con la vista perdida en nosotros dos y una expresión culpable que no entendía, sus ojos verdes estaban vidriosos pero a diferencia de los de Edward, ella sí había llorado y mucho, los tenía hinchados, entre sus manos tenía un pañal de género que reconocí como él "tuto" de mi hijo, se me apretó el corazón, se me secó la boca y creí que me faltaba el aire, la mujer que tenía entre sus manos aquel genero estaba igual de desecha que yo, o incluso más y me sentí egoísta, quise arrebatarle ese pequeño recuerdo que de seguro tenía impregnado su olor pero me contuve, me sentí ajena, me sentí extraña para hacer aquello, enterré mi rostro de vuelta en el fuerte cuello de Edward y lo apreté incluso más.

— No me dejes, no me sueltes —murmuré contra su oído

— No voy a dejarte Bella, ni tampoco lo hará nuestro hijo, saldremos los tres de aquí como una familia feliz —me juró y entonces confié. Confié en sus palabras, en lo fuerte de aquel sentimiento que estábamos teniendo ambos.

Pasaban las horas y yo seguía absorta en la puerta por donde saldría el médico anunciando su noticia, habíamos llegado a ese hospital alrededor de las ocho y media y ya casi eran las diez y media de la mañana. Me levanté decidida a entrar y preguntar que demonios pasaba pero Edward me sujeto atrayéndome hacía él.

— Ya no aguanto, ¿Por qué no nos dicen nada? ¿Sí está bien, por qué no puedo verlo? —le pregunté y él me obligo a sentarme junto a él.

— Tenemos que esperar, todo saldrá bien, debemos tener paciencia —me susurró besando mi frente lo abrace pero en realidad tenía una aprehensión, en el fondo de mi corazón sentía que mi hijo no estaba bien, que nada iba a estar bien. Que la espera se debía a algo malo, demasiado malo.

— No quiero comer —proteste quitando de enfrente el plato que había traído Ángela; Alice me acarició la mejilla y tomó entre sus manos el vaso de café que tenía en una bandeja Tanya.

— Al menos tomate este café —me pidió pero lo rehusé también.

— No quiero, estoy bien —le respondí y me levanté.

Edward había ido al baño dándome la oportunidad suficiente para acercarme a la entrada del pabellón de urgencia pediátrica. Estaba en eso, espiando, lista para entrar cuando sentí sus manos en mi cintura y su cuerpo apegarse al mío lentamente me obligo a volver a los asientos de la sala de espera, luchando conmigo que trataba lo opuesto. Estábamos en eso cuando la voz de alguien lo llamó.

— ¿Edward Cullen?

Y él asintió me quede a su lado.

— Soy el Dr. Stevenson, fui el médico que recibió a su hijo

Comenzó a explicar y ambos nos tomamos de la mano, puse en mi garganta la otra que estaba libre y comencé a temblar.

— ¿Cómo esta mi hijo? ¿Podemos verlo?

Pregunté casi inaudiblemente haciendo que el médico desviará su vista hacía mí, me observo por unos segundos, los más largos que yo recordará.

— ¿Usted es la mamá?

Me preguntó serio y por sus facciones sabría que no lo olvidaría jamás. Asentí temblando, Edward me apretó con mayor fuerza mi mano que permanecía entrelazada con la suya, sentí como uno de sus dedos comenzó a acariciarla con ternura. El médico guardo unos minutos de silencio, que parecían macabros, noté como puso sus manos en los bolsillos y suspiró como dándose valor para enfrentarnos.

— ¿Qué sucede? —pregunté inquieta sin poder evitar que mi voz se quebrará.

— Su hijo ingreso a este hospital con un traumatismo en su cabeza de carácter grave – hizo una pausa y miró a Edward – perdió mucha sangre, el diagnóstico es de un TEC abierto —explicó como si entendiéramos su tecnicismos médicos, lo miré contrariada — Hicimos lo que pudimos, pero…

— Pero ¿qué? — pregunté sin voz interrumpiéndolo — ¿Dígame pero qué?

Insistí alzando mi voz, sentí la mano de Edward y creó que esta vez mi tono de voz fue demasiado alto porque atraje la atención de todos, mi corazón latía furioso en mi pecho.

— lo siento… acaba de fallecer

Y al sentir esa palabra mi corazón se rompió, retrocedí como huyendo de ellos dos. Y perdí la perspectiva de la realidad y del momento, su risa angelical invadió mi mente y los recuerdos mientras estaba embarazada floraron, de pronto me vi a mi misma el día que Anthony nació y que por una milésima de segundo, cuando sentía a Edward detrás de mí, pensé que seríamos felices por siempre.

— ¡No! —comencé a balbucear y las lágrimas salían sin control.

Entonces una voz ronca conocida se escucho.

— ¿Bella? —giré mi rostro y era Jacob que venía acercándose hasta nuestra posición.

— ¡No es justo! —volví a decir mientras sacudía mi cabeza, y volví a retroceder en el tiempo hasta el día en que Edward me había contado que estaba embarazada, luego pase al minuto en que había tomado esas pastillas para abortarlo, luego avance hasta el día que nació, cuando por primera vez sentí que se podía amar de una manera desmesurada, aquellos ojos pardos tan perfectos, algo que yo había creado, y me detuve en el día que él se lo había llevado de mis brazos.

En ese minuto salí corriendo del hospital, apenas podía ver, cruce la calzada de la calle sin importarme los vehículos y corrí desesperada, quería huir de esa verdad que estaba comiendo mi alma, huir y desaparecer, no sentía mis brazos, ni mis piernas, todo me daba vueltas y me pregunté ¿Por qué? ¿Por qué, la vida era tan injusta, tan macabra conmigo?

En ese minuto me detuve y puse mis manos en mis piernas respirando agitada pero era como si el aire no pudiera pasar a mis pulmones, como si cada respiro fuera una llama que quemará mi garganta y mi alma, no podía inspirar y parecía que me fuera ahogar, era tan grande que me impedía sacar el respiro.

Mi hijo estaba muerto, mi pequeño hijo de cuatro años estaba muerto, su risa me inundo y recordé el día que me lo tope en el supermercados, frente a mi estaba con su carita de ángel y esa sonrisa tan perfecta, igual a la de su padre, el era un buen reflejo de ambos, tenía lo mejor de cada uno y entonces no entendí porque su destino tenía que ser ese, ¿por qué a él?.

Caí al suelo con todo el peso del cuerpo y en ese minuto me percaté que estaba lloviendo, estaba completamente empapada, las gotas de agua escurrían por mi cabello descontroladamente. Me abrace a mi misma como tratando de mantener mi cuerpo unido, pero no podía la sensación de desolación era tremenda.

— ¡Bella! —gritó Edward y me levanté no quería que me tocará. No quería que se acercará, noté que estaba también Emmett, Jacob, Alice, Ángela y ella, Tanya, todos tenían tristeza reflejada en sus rostros pero ella, ella tenía algo más. Desvié mi vista hacía los dedos blancos y fuertes de Edward cuya mano estaba sostenida en el aire, las gotas de lluvia le golpeaban pero parecía no importarle — No me hagas esto, no nos hagas esto —balbuceo y su cara reflejaba una tristeza solo comparable con la mía.

— No puedo, no puedo enterrar a mi hijo —le grite de vuelta, sus ojos se pusieron brillosos, ese mar escarlata parecía tan transparente pero tan profundo, unas lágrimas se acumularon en la comisura de estos pero que se confundían con las gotas de lluvia que estaban mojando aquel rostro tan perfecto.

— Mi amor —insistió dando un paso pero yo retrocedí — Por favor… no lo hagas más difícil… ven conmigo… tenemos que irnos… —me pidió en un susurró apenas audible.

— Esto es mi culpa Edward, que no lo entiendes… todo esto es mi culpa, si nosotros no hubiéramos hecho lo que hicimos, si yo no me hubiera enamorado de ti… él… mi pequeño estaría vivo… feliz…. Lo eche todo perder… no puedo… yo te hago daño, debes alejarte de mí… ser feliz con otra… con alguien que te quiera… con alguien que te merezca… con alguien que no te destruya… —exclamé sin sentido debiendo mi vista hacía Tanya que la esquivo, noté como las lágrimas caían sin control de sus hermosos ojos verdes, su pelo rojizo estaba más oscuro producto de la lluvia, entonces mi vista se desvió hacía Edward, que permanecía aún sosteniendo su mano para mí, sus ojos verdes se apretaron, su expresión se torturo aún más como conteniendo el llanto o tal vez la rabia, porque no me contestó. — Debes elegirla a ella sólo así serás feliz —concluí bajito y entonces mi hermana dio un suspiro ahogado como si estuviera a punto de soltar el llanto descontrolado y Alice la contuvo alejándola.

— No hagas esto Bella, no los puedo perder a los dos —me susurró acercándose a mi posición, fue entonces cuando lo abrace desesperada, largue todo el llanto de manera descontrolada y audiblemente desgarrador mientras me enterraba entre sus brazos y me acurrucaba contra su pecho fuerte y cálido, no había ninguna palabra ni nada que pudieran decirme porque no había consuelo posible y el parecía entenderlo porque me abrazo, me sostuvo allí en la mitad de la lluvia.

— Nuestro hijo está en las manos de dios ahora —susurró tratando de consolar lo inconsolable mientras tomaba entre sus manos mi rostro y me besaba en los labios para luego abrazarme nuevamente.



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Que tal?? ya saben haganmelo saber con sus comentarios y dejen muchos por que nuestra querida escritora anda de visita en el sitio
mil besitos a todas
Angel of the dark

miércoles, 16 de febrero de 2011

Conquistando tu Amor

CAPÍTULO XI

BELLA POV

Cuando terminé de entrenar en la pista me acerqué a Emmett y me di cuenta que se encontraba mi sexy-profe, perdí toda coherencia, y no es para menos ver a ese adonis mascando sugestivamente una manzana roja, o sea era igual a pecado y lujuria, traté de bajar el calor que no sólo era provocado por mi reciente entrenamiento con una botella de agua, estaba tan concentrada en bajar el calor cuando escuché un jadeo lujurioso y el sonido de algún objeto cayendo al suelo, fijé mis ojos en él, siempre en él y ese delicioso gemido lo había emitido Edward, aparentemente viéndome beber agua, mmm, curioso es la segunda vez que ocurre algo parecido, así que preferí alejarme de la tentación porque lo juro en este momento era capaz de lanzarme a sus brazos y rogarle que me follara de la manera más salvaje y pervertida que se le ocurriera, carajo mis bragas estaban empapadas, así salí presurosamente, creo que Emmett comentó que había invitado a Edward el fin de semana con nosotros así que le dije que no había problema y la verdad es que no estaba pensando mucho en ese momento, ya saben problemas de inundación en la zona baja. Acudí rápidamente a la ducha y me cambié de ropa, al pasar por el cuarto de música decidí intentar tocar mi preciado chelo, así que busqué en mi interior las emociones para inspirarme y la melodía empezó a inundar el lugar, la música: libertando, pasión, fuerza, deseo, lujuria pura, esos sentimientos nadaban en mi mente desde que él llegó a mi podrida vida, no podía negarlo más lo deseaba con todas las células de mi cuerpo y para ser sincera creo que estaba empezando a enamorar, no lo se, nunca me he enamorado antes, pero parece que ahora empiezo a sentir sentimientos amorosos con Edward, me siento tan asustada, todos sufren por amor y yo no quiero que eso me pase, por eso desde hace tiempo decidí nunca enamorarme he tenidos varios pretendientes, no voy a negar que algunos eran bastantes guapos y algunos medianamente interesante, inclusive James es bastante guapo y sexy, no hay que negar que el cerdo levanta pasiones por donde pisa, afortunadamente las mías jamás. Amor qué sentimiento tan fuerte, te puede colmar de alegría y destruir de dolor también. Al terminar de tocar me encontré con los ojos más bellos que jamás he visto y no pude resistirme al sentir como él limpiaba mis mejillas de las lágrimas producto de la emoción de haber podido tocar una melodía completa y me aferré a los brazos que me ofrecía mi dulce Edward y lloré, lloré mucho hasta desahogarme, pero lo que más me impactó fueron sus dulces palabras hacia mi como linda y cariño, sonaban tan sinceras y su presencia tan protectora como si yo fuera una princesa a la que hay que tratar con dulzura, verdaderamente este hombre me afecta de una manera que no creí posible.

Entraba la noche y me sentía muy nerviosa, por la tarde había evadido intencionalmente a Edward ya que habíamos quedado en que conversaríamos y sabía perfectamente que no estaba preparada para sus preguntas, jamás lo estaría, prueba de ello era que mi secreto sólo lo sabía mi querido Quil, pero cuando Edward me había abrazado me sentí tan en paz y segura en sus brazos como si su fortaleza pudiera remendar lo que tenía roto en mi alma y corazón y ese sentimiento me asustaba y mucho. Perdida en mis divagaciones estaba cuando sentí golpes suaves en mi puerta, sabía que la hora había llegado.

- Adelante susurré
- Hola parece que tenemos una conversación pendiente
- No estoy preparada para tocar ese tema, yo lo siento Edward
- Bueno, pero podemos conversar de otra cosa si lo deseas
- Ok, dije dudosa, o sea de qué podríamos hablar nosotros
- Dime Bella ¿por qué actúas de forma tan distinta en casa y en colegio?, yo simplemente no lo comprendo, a veces eres tan dura y fría
- Sólo te puedo decir que en casa no me tengo que defender y proteger de las personas

- ¿ y en el colegio si?
- Si

- Pero ¿de qué te quieres proteger? La mayoría te admira
- Algunos si, la mayoría me odia, especialmente los chicos
- Creo que eso es porque no te dejas ver y la mayoría de las veces cuando ellos tratan de acercarse a ti tú los repeles de malas maneras
- Si los repelo de esa manera como dices es por que no estuviste años anteriores cuando yo no era así y algunos de ellos querían lastimarme
- Lastimarte ¿cómo? ¿quién? ¿qué fue lo que te hicieron?
- El semblante de Edward se endureció ante mis declaraciones y sus ojos se oscurecieron de ira. – lo que puedo decirte es que los que quisieron dañarme no lo consiguieron y fueron ellos los dañados
- ¿quién? Dime

- Has visto la cicatriz que tiene miguel en la mano, bueno se la hice yo, le atravesé la mano con un bolígrafo, ahora nunca más osará acariciarme la pierna sin mi autorización. La boca de Edward se abrió plenamente de sorpresa, pero sus ojos seguían desplegando ira cuando supo del porque había herido a ese cerdo

- Yo, yo no sabía, cómo se atreve a tocarte, se lo merecía, pero te han agredido de igual manera otras personas
- Mmm, algunos, pero no han tenido suerte jajajaja, por ejemplo Mike hace dos años trató de besarme a la fuerza y se ganó una paliza que aún no olvida, la mayoría de los chicos son unos cerdos, sólo desean lo que no pueden tener, y a mi nunca me tendrán, no ellos
- Por dios Isabella, no sabía las cosas por las que has tenido que pasar, ahora entiendo que trates de estar aparte de esos sucesos, pero no todas las personas son malas

- Si, lo se, pero me cuesta mucho confiar, en realidad son pocas las personas que saben lo que me ha pasado en el colegio, ni siquiera mis padres saben todo

- Con respecto a tus padres….he notado que actúas diferente cuando ellos están en casa, actúas más distante con el personal de servicio y tus conversaciones con ellos son un tanto vacías, especialmente con tu madre

- Como tu dices cuando ellos están y casi nunca están, ese es el problema, nunca están para mi, ellos me tratan como si fuera una niña y no lo soy, no comparten mis decisiones y no aprueban de todo que me sienta tan a gusto con el personal, ellos esperan que sea la señorita educada y tonta, además no aceptan que no pueda asistir al cementerio y llorar la partida de Vanessa como lo hacen ellos siempre me reprochan, especialmente Renne
- Y ¿por qué no puedes ir al cementerio? Se que ha de ser duro que tu hermana haya fallecido, pero tú eres fuerte, no lo comprendo del todo
- Lo que pasa Edward es que me duele demasiado la ausencia de Vane, ella se fue cuando más la necesitaba y supongo que me da coraje que esté muerta y me ha costado mucho asimilarlo

- Pero fue un accidente, no puedes culparla por no estar contigo
- ¿qué sabes tú? Dije enfurecida, él no sabía como habían sucedido las cosas- no fue un maldito accidente Edward ella, ella…- no soporté más y el llanto surgió

- Ella qué Bella

- Ella se suicidó, ella se arrojó por un maldito barranco
- Yo no sabía, creía que había sido un accidente
- Claro, mis padres encubrieron todo para que así pareciera, pero yo se la verdad, verdad que ellos no me han confiado, ellos creen que yo no se la verdad, pero si la se, ella se arrojó y me dejó sola, ella no soportó el dolor de la traición, el dolor del amor traicionado y se mató

- Tranquila Bella yo estoy acá, no te dejaré sola, puedes confiar en mí.

Edward al igual que en la tarde me acunó en su pecho y me meció como un bebé y me dejé consolar, me perdí en su atrayente aroma y sus fuertes brazos, él me acariciaba el pelo y tarareaba una nana desconocida para tranquilizarme y lo logró, no supe en que momento me había quedado dormida en sus brazos, sólo se que desperté en plena madrugada al sentir un brazo ceñirse a mi cintura y mi espalda pegada a un fuerte pecho, nuestros cuerpos tan juntos, pero cómodo al mismo tiempo, Edward me abrazaba fuertemente recostados en mi cama, sentía su suave respiración en mi cuello, como pude me giré y quedé frente a frente a su hermoso rostro, acerqué mi dedo a su cara y delinee el contorno de su rostro delicadamente, dios era tan hermoso y su piel era suave a mi tacto, sus labios entreabiertos me llamaban a besarlos, pero no podía ceder, ahora éramos amigos por así decirlo, no podía arruinarlo, así que decidí seguir durmiendo y pasé mis brazos por su cintura y me aferré a él con todas mis fuerzas, así abrazados como dos amantes me volví a quedar dormida

EDWARD POV

Ahora puedo entender a Bella, las cosas que me contó me descolocaron totalmente, es tan joven y las cosas por las que ha tenido que pasar, no es fácil, nada fácil, a pesar de lo que me confió tengo la certeza de que ella esconde algo más grave, algo que le hace más daño, pero tendré paciencia, quizás algún día decida contarme y ese día yo estaré a su lado para reconfortarla, la ira me inundó cuando me contó de esos imbéciles extralimitándose con ella a la fuerza, quería buscarlos y darles una paliza que no olvidaran en su vida, esa mujer era mía, desde que la conocí es mía y no dejaré que nadie la vuelva a dañar.

Cuando dejé mis pensamientos asesinos me di cuenta de que Bella se había quedado dormida en mis brazos y por dios era tan hermosa y su olor me invadía por completo, el calor que su cuerpo emanaba se fundía con mi propio calor, no se en qué momento pasó, pero definitivamente esta batalla la había perdido, estaba completamente enamorado de esta muchachita rebelde e irritante. En sueños empezó a hablar y me llamaba, me pedía que no la dejara sola, que no marchara, que me necesitaba. La abracé más fuerte y me quedé dormido junto a ella, cuando desperté estábamos tan juntos, brazos y piernas entrelazados y nuestras caras tan juntas que fácilmente podría besarla sin estirarme, traté de zafar una mano sin despertarla, quería tocarla y así lo hice deslicé mis dedos ligeramente por su cara, dios era tan suave como tocar seda, su semblante era relajado, recorrí su cuerpo con mi mirada y no dudé un instante y posé mi mano en su cadera y la acaricié lentamente, cerré mis ojos y me dejé llevar por la sensación deliciosa de tocar y oler su cuerpo libremente, sin darme cuenta mis manos subieron hacia su estrecha cintura y la metí por debajo de la camiseta y llegué a sus pechos, mierda, estaba sin sujetador, acaricié su pezón que se endureció a mi tacto, ella suspiró en sueños y me llamó en sueños, decía mi nombre con tanta devoción y mi mente se aclaró ¡santa mierda, qué estoy haciendo! , carajo, la estaba tocando sin su consentimiento, ella estaba completamente dormida y yo me estaba aprovechando de la confianza que depositó en mi, soy un maldito depravado, ella no merece esto, así que con gran esfuerzo retiré mi mano de su cuerpo y deshice nuestro enredo de brazos y piernas y me dirigí al baño, no quería que ella despertara y me viera así de duro, después de bañarme y cambiarme ropa me dirigí a la cocina y preparé una bandeja con desayuno para Bella y para mi, hoy desayunaríamos en la cama antes de ir al colegio, era temprano así que teníamos tiempo de sobra.

- Bella durmiente, mira lo que te traje, despierta dormilona
- Ella sólo murmuraba incoherencias. – mmm, todavía no, mmm más tarde

- Jajaja, la fiera es perezosa, ¿quién lo diría?
- ¿Edward?..¿qué…? oh dios, me quedé dormida, ¿es muy tarde?
- No, es temprano y si te quedaste dormida, bueno en realidad nos quedamos dormidos, disculpa por no darme cuenta y quedarme en tu cama

- Jajaja, no te preocupes profe, no le contaré a nadie de tu preferencia por la fiera jajaja, nadie sabrá que no me odias en realidad
- No niña, nunca te he odiado, aunque he estado a punto un par de veces, ya ven te traje desayuno

- Ok, ¡vaya! Eres más amable de lo que merezco
- Shhh, no digas nada y dejemos atrás los últimos días.
- Vale.

Cuando bajamos a la cocina a dejar la bandeja y a despedirnos para ir al colegio María y Sue nos miraban de reojo y reían calladamente, con Bella nos miramos, no dijimos nada y preferimos irnos antes de que empezaran a ser más descaradas con sus miradas y sonrisas. Bella se fue en su moto y yo en el carro que me había comprado la semana pasada, al llegar al colegio estacioné mi precioso volvo y al lado estacionó Bella, nos dirigimos una sonrisa cómplice y amable y cada uno se fue por su cuenta, hoy sería un día genial, había despertado en brazos de la mujer más hermosa y caliente del mundo. En clases se portó de manera diferente conmigo, ya no me insultó, pero estaba conversando muy animadamente con Quil, se que son solamente amigos, pero igual me saca de quicio esa confianza que se tienen, casi pierdo los estribos cuando el le empezó a acariciar el brazo y me paré fuertemente de mi silla y mis puños los cerré fuertemente, mis mandíbulas tensas, todos los alumnos me miraron como si estuviera loco, pero no me importó, sólo la miraba a ella y su amigo, él al verme arrugó la frente y luego posó su mirada en Bella y sus ojos se abrieron como platos como si hubiera entendido lo que me estaba pasando, nuevamente me miró y sonrió sacando sus manos de Bella, ella me miró asombrada y un poco enojada, claro, qué derecho tengo yo de enojarme por que comparta con sus amigos, además la niña tiene novio, idiota de mi declarándola en silencio como mía cuando ella ya eligió y eligió al estúpido de James, tonto Edward, volví a sentarme y me disculpé con los alumnos diciendo que me dolía mucho la cabeza, no volví a mirar a Bella lo que restó de la clase, aunque sentía su mirada en mi.

A la salida de clases me encontré con Emmett y nos dirigíamos juntos al estacionamiento cuando la vi, iba delante de mí sola y no se había percatado que iba detrás, era consciente que Emmett iba conversando conmigo, pero no lo escuchaba, sólo la miraba a ella, al llegar cerca de nuestro vehículos vi la escena que dejó mi día como pésimo. Apoyado en la moto de Bella se encontraba una tipa rubia espectacular y bella se apresuró a llegar a su moto

- wow, tremenda rubia, dijo Emmett, verdad ahora me acuerdo que venía conmigo. – linda, más que linda, una lástima que mi pequeña Bella la haga pedazos.

- ¿qué? Pregunté, no entendía lo que dijo
- Si, si hay algo que Bella no soporta es que le manoseen la moto, se vuelve como loca, mmm, una pena por la preciosura esa, pero se metió con la fiera y la fiera se la va a comer vivita jajaja
- ¿cómo puedes reírte de algo así? Mejor apúrate y evitemos el desastre
- Ok, ok, pero tú contienes a la fiera y yo salvo a la lindura. Nos apresuramos, pero llegamos tarde.

- Ey, zorra oxigenada saca tu apestoso culo de mi moto. Gritó Bella sulfurada
- ¿a quién mierda llamas zorra, zorra? Le contestó la rubia que al parecer también tenía su genio, mierda acá iba a arder Troya. Bella seguía acercándose ahora lentamente a la rubia como midiendo lo que le iba a hacer.

- A ti te llamo zorra, no ves que tu gigante culo está aplastando mi moto
- Oh, ¿esta chatarra es tuya?, pobrecita, seguramente eres becada ¿cierto? Y no te alcanza para un carro
- No, no soy becada, pero ahora no tengo plata porque para las vacaciones la zorra de mi amiga me fundió las tarjetas de crédito para tapar su enorme trasero con unos jeans carísimos y ropa de diseñador.
- Ey, mi trasero es perfecto y tú me diste las tarjetas
- Mierda, es verdad jajaja

- Rose ¡ qué alegría verte! No sabía que llegaban tan temprano
- Pues ¿cómo ves? No pudimos resistir más y decidimos venir antes, además mi hermanito se moría por verte.
A este punto de la discusión estaba perdido, o sea ¿son amigas? ¿tiene un hermano que está enamorado de Bella? Y ¿dónde está ese pendejo?
- Jasper también vino ¿dónde está? Preguntaba Bella mientras abrazaba a la rubia llamada Rose

-mira, por ahí viene, te tiene una sorpresa Bella
En ese instante apareció un tipo alto, rubio y musculoso en una moto y empezó a rodear con esta misma a Bella en círculos, yo estaba que estallaba de celos, tanto así que Emmett me sujetó un brazo para que no fuera a hacer una escenita como si fuera un pendejito al que le están robando la novia, carajo pero así me sentía. El tipo detuvo la moto y abrió sus brazos y por supuesto Bella se arrojó a él y se abrazaron, rieron y besuquearon sus mejillas, aunque el beso no fuera en la boca estaba tan molesto que me solté del brazo de Emmett y me dirigí hacia ellos como un energúmeno y no pude dejar de hablar
- Oh, señorita Swan trate de comportarse más decorosamente no vaya a ser que llegue su novio y la vea con su nuevo “ amiguito” le dije recalcando “amiguito”

- Bella me miró como si fuera un extraterrestre y después ella y los dos desconocidos se largaron a reír fuertemente. Genial lo que faltaba se estaban riendo de mi

- Oh, no profesor Cullen, no malinterprete, ellos son mis amigos ella es Rosalie Hale Y él es su hermano Jasper Hale y están visitándome
- Mucho gusto profesor Cullen dijeron los hermanos al unísono y me saludaron cordialmente, no me quedó de otra que saludarlos y luego fue el turno de Emmett que parecía bobo como miraba a la rubia, pero ella no le prestó atención.

- Oh, ya veo dije, pero no me conformó su explicación, bien la tipa era su amiga, pero el famoso Jasper miraba a Bella tan protectora y luego me miró de una manera tan rara, igual a como me miró Quil en clases y luego sonrió y miro nuevamente a Bella, mierda al parecer fui muy evidente y todos se dieron cuenta de que me muero de celos
- Rose y ¿dónde está la duende?

- Bueno, tú sabes como es ella Bella, está en la casa arreglando las habitaciones y preparando todo para que vayamos al cine por la tarde
- Oh, mieda, dijo Bella – no le avisé a Sue y Alice debe estar volviéndola loca, tenemos que ir deprisa a la casa

- Ok, vamos dijo Jasper y tomó a Bella en brazos y la depositó en su moto y él se delante para manejarla, ella lo abrazó fuertemente y le dijo: oh Jasper estás más duro, ¿estás haciendo más ejercicio? Te noto más musculoso, el odioso tipo sólo se largó a reír y luego me miró y se puso a reír más fuerte

- Ey y a mi donde me dejan gritó la rubia y Bella le lanzó las llaves de su moto – ya que pusiste tu culo en mi joyita te la llevas tú a la casa, yo me voy con este bombón de hermano que tienes así aprovecho de manosearlo antes de que lleguemos a la casa jajajaja
- Ey, deja a mi hermano en paz zorra

- Rose a mi no me molesta que esta fiera me toquetee, por mi puede hacerme lo que quiera, porque déjame decirte preciosa Bella estás mejor que nunca, wow si hasta tu piel está más Sueve que semanas atrás. Ahí me perdí totalmente el imbécil le estaba tocando la pierna completamente y ella estaba en uniforme, o sea con falda y ella, ella se estaba riendo y permitía que la tocaran, maldita pendeja zorra, sin despedirme de nadie me fui a mi carro y aceleré lo que más pude y me largué, los celos no me dejaban ver por donde mierda iba, sólo se que iba rápido muy rápido, me detuve en un bar en el centro de la ciudad, y pedí un wiski doble, por lo general no bebo tan temprano y tragos tan fuertes pero la verdad es que estaba despechado, furioso, ella era un demonio y me hacía comportarme como un adolescente, era claro que James no le importaba, pero ese tal Jasper si, por la manera en que se miraban se notaba que compartían algo más que amistad, sus miradas eran como si no necesitaran hablarse para comunicarse y eso me asustaba, ella no se comportaba así ni siquiera con Quil, ese tipo era peligroso porque me llevaba mucha ventaja con Bella, ¡carajo! ¿por qué yo? ¿cómo me fui a enamorar de una niña caprichosa que todos los hombres quieren para si? Maldición y yo no era la excepción. Me tomé tres tragos y decidí que mejor me iba a la casa, nunca me había emborrachado por una mujer y esta no sería la excepción, ella no lo merecía, después de haber llorado amargamente en mis brazos ahora me torturaba con sus demostraciones de cariño hacia otro hombre.

Cuando llegué a la casa ella y sus amiguitos no estaban, Sue dijo que habían ido al cine a ver un estreno, al ver mi semblante no dijo nada más y me dejó solo en el comedor, así que aproveché y en el mismo comedor me dispuse a revisar unos exámenes que tenía pendiente, ya se me había pasado un poco la rabia cuando llegaron, se reían a carcajadas y se ubicaron en el living, al parecer iban a ver unas películas que habían comprado, Bella pasó por mi lado hacia la cocina y no me miró, se notaba enfadada conmigo ¡descarada! Dije interiormente, ella es una fresca y se hace la ofendida conmigo. Una chica bajita parecida a un duende pasó detrás de Bella y me quedó mirando con ojitos curiosos

- Hola, me dijo – me llamo Alice ¿tú eres Edward?
- Eh, si yo soy Edward, mucho gusto Alice
- Oh, mucho gusto Edward, yo soy amiga de Bella dijo sonriendo y le devolví la sonrisa, se notaba my amistosa y me pareció muy buena persona, no terminamos de conversar porque Bella salió de la cocina con gaseosas y palomitas de maiz
- Ey Alice veo que conociste al profesor Cullen, mierda ella estaba enojadísima para llamarme por mi nombre
- Si ya lo conocí y debo decirte Bella que está guapísimo – mira Edward no te ofendas pero si tú fueras mi profesor no aprendería nada, porque sólo te miraría toda la clase jajaja
- Ey, preciosa estoy acá y te estoy escuchando, no seas descarada amor
- Ay, Jazzy, sólo es un cumplido no te pongas celoso cariño sabes que sólo tengo ojos para ti. El tipo apareció donde estábamos y tomó a Alice en brazos y la beso largamente, Bella se reía, ¡mierda el tipo era novio de Alice!

- Ey Edward no te ofendas, pero esta preciosura tiene novio y no me gusta compartir jajaja dijo Jasper, pero no lo dijo enojado ni nada estaba feliz con la duende en sus brazos
- Disculpa, es que yo pensé que tú y Bella….
- Ey Jazzy no me digas que hiciste la escenita de conquistador con Bella dijo Alice riéndose, al parecer era algo normal para ellos
- Sabes que siempre lo hacemos cuando nos vemos y hay hombres con ganas de comerse a la dulce Bells. Bella rodó los ojos y se fue hacia el living y se sentó junto a Rosalie.
- Oh, Jasper y quién se comía con los ojos a Bella dime porfa, porfa. Carajo el tipo se había dado cuenta y ahora me iba a echar de cabeza, miré hacia mis exámenes y traté de hacerme el tonto
- Alice, si Bella quiere contarte lo hará, pero personalmente sólo vi al tipo un rato
- Ah, ya pero tú puedes analizar a una persona con sólo verla un minuto, dime Jazzy estaba interesado de buena manera con Bella o era otro estúpido hormonal de esos que la acosan
Sentí la mirada de Jasper en mi y dijo mmm, no se pero lo voy a averiguar luego sentí la mirada de Alice
- Oh, ya veo dijo la duende, ven vamos Jazzy
- Ey Edward quisieras ver una película con nosotros, trajimos varias, el cine estaba lleno y no pudimos entrar, así que compramos varias
- Te lo agradezco Alice, pero tengo trabajo acumulado, para otra vez será
- Ok, pero si terminas o te aburres te acercas ¿ok? Dijo sonriendo
- Ok. Le dije

- Adios Edward dijo Jasper, mierda el tipo me estaría vigilando y analizando,¡ genial! Definitivamente mi vida apesta.
Las risas me llegaban, al parecer estaban viendo una comedia, Bella se reía feliz como nunca la había escuchado, se notaba que los chicos la querían bastante y por la conversación que tuvieron cuando la película terminó habían pasado las vacaciones juntos y también eran amigos de Quil, Jacob y Marco, ellos también habían estado juntos a excepción de Quil, iban a poner la segunda película y llegó la discordia Jasper quería una de acción, pero las chicas querían una de romance y eran tres contra uno, Jasper estaba perdido así que decidieron poner una de romance y Jasper estaba furioso reclamando que esa película ya la habían visto, pero Bella habló y dijo que esa era su película favorita y que la vería cuantas veces quisiera, la curiosidad me picó y estaba guardando mis cosas cuando Jasper alzó la cabeza y me llamó
- Ey Edward ven a ayudarme, solidariza conmigo y pone orden acá, las chicas quieren ver romance hombre y esa película ya la vieron, me acerqué a ellos a dar mi apoyo varonil, pero la mirada de Bella me paralizó
- No te atrevas Edward, vamos a ver twilight y no se discute más
- Ey yo no he dicho nada Bella, le dije riendo
- Más te vale profe, si no quieres que tus clases sean nuevamente un desastre
- Auch, dijo Rose riendo, - así que Edward la fiera te hace las clases imposibles jajajaja
- Eso es decir poco, pero ahora se va a portar mejor ¿cierto? Dije
- Ja, en tus sueños profe, no me tientes y ahora trae tu trasero acá y ponte cómodo dijo riendo, al parecer ya estaba perdonado por mi arrebato, esta chica me quiere matar
- Eres un traidor ¿lo sabías? Dijo Jasper fingiendo enojo, pero la duende le dio una mirada y él alzó las manos en un gesto de rendición.
- Mmm ¿de qué se trata la película? Pregunté
- Oh, te va a encantar dijo Alice es de una romance entre una adolescente humana y un vampiro
- ¿eh?
- Si cómo oíste, es la favorita de Bella
- Sólo le gusta porque sale el fulano ese Pattinson dijo Jasper y ustedes son igualitas a Bella, se les cae la baba por ese tipo
- En primer lugar no es un tipo cualquiera dijo Bella ofendida por el comentario, es Robert Pattinson y es el tipo más caliente del cine y deja de criticar Jasper que nadie te dice nada cuando babeas por Pamela Anderson y ya cállense que va a empezar
Así la película empezó y nos acomodamos, no se como mierda fue que Alice organizó todo que terminé sentado en el suelo apoyando mi espalda contra el sillón, con las piernas abiertas y con Bella sentada entre mis piernas, juntos muy juntos, su espalda recostada contra mi pecho, a nadie parecía molestarle que el profesor estuviera así con su alumna, así que de a poco y casi sin darme cuenta la abracé por la cintura y la apegué más a mi cuerpo, se sentía tan bien este contacto, fui un jodido tonto cuando pensé lo peor de Bella, todo estaba yendo bien, la película era más o menos, no era de mi tipo, pero las chicas estaba emocionadas, pero cuando salió el famoso vampiro que le gusta a Bella, ella se puso a gritar emocionada y suspiraba, Jasper se cagaba de la risa de mi cara, o sea el vampiro no tenía nada espectacular, bueno a mi me gustan las mujeres así que difícilmente puedo ser objetivo en esa área, pero tanto escándalo por un actor, ella decía cosas como : es tan lindo, cómo me gustaría conocerlo en persona, chicas creen que si me conociera me mordería eso sería tan genial, ay por dios es tan sexy, y así siguió y siguió, yo estaba muy incómodo ya que a cada rato se movía y rozaba el trasero contra mi entrepierna y por favor no soy de fierro y ya estaba duro como piedra, ella debería haberla sentido, pero si así era no dijo nada, lo peor llegó cuando el vampiro se abrió la camisa y ella chilló, si, la fiera terrible chilló emocionada por ver un poco de piel y se removió más, diablos dolía, dolía mucho, mi pobre polla ya estaba que se quería salir de mis pantalones, cuando el vampiro y la humana se besaron por primera vez Bella estaba llorando y se giró y me abrazó, mierda ahora estaba perdido, ella abrió sus piernas y se sentó encina mío y me rodeo la cadera con sus piernas y con sus sollozos lo único que hacía era provocar una pequeña fricción y mi polla estaba muy alerta, ella debería sentirla, era imposible que no lo hiciera, miré hacia los lados incómodo porque sus amigos estaban allí, pero las chicas estaban riendo y se pararon lentamente y se fueron, Jasper en cambio reía a carcajadas, pero también se fue y dijo que se iban a acostar un rato porque estaban cansados por el viaje, al parecer Bella ni se enteró de que estábamos solos y frotándonos, carajo qué le digo, que se baje, la dejo así, la beso, la tomo y me la llevo al dormitorio y me la follo, dios ayúdame, esta niña no sabe lo que me está provocando y estoy a punto de tomarla en este puto suelo y enterrarme tan profundo en ella que se le olvidará hasta el actor vampirito ese.