Dark Chat

jueves, 3 de febrero de 2011

Pecados Carnales

Capítulo 20 Viejos Pecados

¿Por qué?,

¿Por qué?,

¿Por qué?, me repetía una y otra vez deslizando mi dedo índice sobre el borde del vaso de refresco que tenía enfrente.

Este hombre será mi perdición agregue a la recriminación, pero no desearlo era imposible.

Edward era mi locura personal, mi debilidad, mi pecado más mortal.

Tienes que ser fuerte, tienes que serlo, tienes que mantenerte alejada de él me repetía mi vocecilla interior, ¿pero cómo se aleja uno de alguien a quien se necesita como el aire para respirar?.

Permanecía sentado y su cuerpo estaba puesto de tal forma que nuestros ojos se encontraban, de hecho aquellos ojos verdes estaban clavados en mí y ese rostro angelical estaba socavando los pocos cimientos de decencia que me estaban quedando.

Tenía su pelo totalmente despeinado y mojado lo que evidenciaba que recién se había levantado, su rostro también me hacía pensar que no se afeitaba al menos en dos, tal vez tres días, la incipiente barba era como un manto perfecto que endurecía sus facciones y estaba volviéndome loca, traía puesta una polera azul, mi color favorito, demasiado ajustada para que fuera legal vestirse así.

Mi madre me miró examinando mis facciones y traté con todas mis fuerzas de guardar la compostura, le di mi mejor cara de santa y sonreí nerviosa.

Y como no estarlo si lo tenía frente a mi incitando las mejores fantasías que mi traviesa y alocada mente podía imaginar.

Desafiando toda lógica pensé en que hacía exactamente dos semanas que no nos veíamos; Ahora estaba ahí frente a mí con esa apariencia de recién levantado que me mataba, estaba socavando mi voluntad de mantener mi postura del no, no estaré contigo, esto no puede ser.

por favor, un poquitito de ayuda con la tentación –

Le supliqué a la nada, más le suplique a él y lo hice porque mirar ese rostro de facciones perfectas, contemplar el movimiento de sus labios cerezas encendidos era suficiente para corromper el temple de la más devota.

Nadie en la faz de la tierra podría resistirse a un hombre así, tan perfectamente deseable.

Gemí lastimosamente mientras tomaba un sorbo de mi refresco en un intento de acallar mis pensamientos.

Aire es lo que necesitas me dije y respiré, no en realidad necesitaba una bolsa de hielo, una ducha helada justo en ese momento.

¡Por favor! Suplique internamente mientras veía como jugaba con su refresco, nuestros ojos se volvieron a encontrar y él parecía disfrutar mi expresión de sufrimiento.

Siempre había sido una niña de pensamientos rápidos y de una imaginación que ya se la quisiera Spielberg, y lo demostró el hecho que no pude evitar fantasear mientras detenía mi mirada en sus manos que sostenían un vaso largo y bien delineado semejante como un cuerpo femenino.

Trague saliva pensando en cómo esas benditas manos podían acariciarme y él noto mi intención porque comenzó a jugar subiendo y bajando sus manos por todo ese cristal.

Apreté mis ojos tratando de controlar mis emociones ¡Maldito! Le grite con la mirada y era increíble porque la fantasía seguía sin yo poder controlarla, me imaginaba sus manos recorriendo cada rincón de mi cuerpo desnudo, imaginaba esos dedos largos y fuertes apretarse en mi cuello, bajando hasta la base de este y deslizándose por mis hombros al tiempo que sus labios tersos me besaban.

Los sentía bajar por mi espalda, llegando hasta mis caderas.

¡Detente! Me grito la voz en mi interior pero yo no quería, no podía detenerme. Seguí imaginando el contacto de sus palmas contra mi piel, casi sentía sus manos en mis caderas, y en ese minuto mi respiración se comenzó a distorsionar, lentamente mis labios se separaron unos centímetros y la lógica me gritaba que estaba en un lugar público, con mi madre y mi hermana frente a mí y que eso no estaba sucediendo pero mi mente estaba demasiado extasiada con la fantasía y no podía terminarla. No quería terminarla.

Sentí sus dedos por la parte baja de mis caderas, bajando lentamente hasta el borde del comienzo de mi falda cuando…

- ¡Ey! Bella, ey! – Sentí que alguien chasqueo los dedos frente a mí y salí de mi fantasía sorprendida y notablemente agitada - ¡Tierra llamando a Bella!

Volvió a gritar mi hermana esta vez con la cara llena de risa y mis mejillas se tiñeron de un rojo furioso. Mi corazón estaba latiendo desbordado, rugía furioso y solo atiene a cerrar mi boca, tragar saliva y tomar un sorbo del refresco que tenía frente a mí.

Además de apoyar mi cabeza contra mi mano acariciando mi pelo ¡Rápido toma agua y bien helada! Me grité a mi misma aún con los ojos brillosos y con la mirada perdida enfoque está en mi familia.

- ¿Qué?

Balbucee roja de la vergüenza y tenía claro que mis manos se habían vuelto sudorosas y todo mi cuerpo estaba a una temperatura anormal para alguien que está sentada en un lugar público, con su madre y su hermana frente a ella. Me morí el labio aún con mi vista perdida en él y sus ojos brillaban como los míos. – Dios por favor un poco de piedad – murmuré para mi interior.

Edward Cullen era mi perdición, era el pecado que me mandaría directo al infierno, pero como me gustaba caer en esas brazas. Caería una y otra vez, casi como una necesidad.

Nada.

Contesté pero a esta altura era demasiado evidente, tenía la boca seca y aún podía sentir las caricias en mi cuerpo, me estremecí comprobando que mi mente alocada estaba haciéndolas reales demasiado reales puesto que mi piel se erizó, mi piel reclamaba por él.

Por qué estas tan acelerada

Me preguntó mi madre casi enojada por mi comportamiento. La miré aun con la risa dibujada en la cara. ¡Por qué acabo de tener un orgasmo con solo mirarlo! Le grité en mi interior riéndome de plano nerviosa. ¡Eres una pervertida! Me dije a mi misma apoyando mi rostro sobre la mesa, para cuando lo levanté Edward ya no estaba sentado frente a nosotras, de hecho no estaba en ningún lugar. Lo que me desconcertó y me inquieto sobre manera.

- Nada, no me pasa nada.

Le contesté ahora en serio a mi madre tosiendo para hacer mi voz segura y firme. Busque con la mirada al causante de mi fantasía pero no estaba por ningún lado. Me inquieté.

¡Vamos Bella tienes que concertarte! ¡Deja de fantasear! ¡Basta!

Eran los gritos de mi conciencia, pero yo no quería dejar de sentir ese nivel de placer.

¡Vamos Bella razona es un lugar público!

Me traté de convencer para acallar el deseo dentro de mí.

Tomé aire y baje la vista. Volví a carraspear para volver las cosas a la realidad.

- Permiso pero necesito ir al baño

Le dije a ambas y Ángela me miro sorprendida. Necesitaba escapar de aquella mirada tan penetrante que estaban dándome las dos.

No era cierto aquello, en realidad necesitaba terminar con la fantasía y mojarme la cara para bajarme la temperatura.

Camine presurosa hasta el baño y entre sin voltearme siquiera, estaba escapando, escapando de una bola de nieve gigante que yo misma había comenzado.

¡En que estabas pensando! Me grite a mi misma tratando de calmar los nervios y la relación que había comenzado con Edward se me había ido de las manos, nadie puede fantasear en público y menos ese tipo de cosas me dije avergonzada de mi misma pero muy en el fondo lo había disfrutado, había sido lo más excitante que había hecho alguna vez.

Entre al baño y apoye mis manos en el borde del lavatorio, el agua escurría ajena a mis discusiones mentales y contemple como ese liquido seguía brotando sin control de la llave; Estaba concentrada en eso centralizándome para quitar mis pensamientos pecaminoso cuando sentí su aliento tibio estrellarse contra mi oído.

¿Te parece si te cumplo la fantasía?

Susurró rozando tan lentamente sus labios que el contacto del aire y de estos con mi odio me hizo perder la fuerza de mis pies, los sentí como lanas, casi caí al suelo producto de aquella sensación sublimemente exquisita.

Mis manos comenzaron a temblar y cerré mis ojos respirando hondo, mi corazón se disparó, mi respiración se distorsiono y me estremecí; para cuando alce la vista en el espejo, el reflejo de su cuerpo detrás de mío fue suficiente para doblegar mi voluntad.

Antes que pudiera decirle siquiera algo, ahogo mi susurró con sus labios y me rendí, lo bese casi como si no hubiera un mañana, como si hoy mismo se acaba el mundo. Mi imaginación no le hacía justicia, Edward era incluso mejor de lo que yo había imaginado, cien por cien me gustaba el real.

Estábamos besándonos desenfrenadamente cuando de pronto sentimos el ruido de la puerta abrirse pero mi dios griego la cerro en las narices de quien haya estado detrás.

Es-tá ocu-pado

Murmure contra su cuello con la voz completamente distorsionada por sus caricias; su risa picara en mi odio me excito lo suficiente para olvidarme de las tantas razones que tenía para terminar con esto.

Por qué no podía controlarme con él, por qué era tan irremediablemente tentador su sola existencia.

Por qué deseaba tanto su cuerpo, sus caricias, sus besos al extremo de olvidarme de la cordura y la decencia.

Por la sensación que estaba sintiendo mi sangre de seguro estaba llena de adrenalina, me sentía tocando el cielo y sentir sus labios tersos, húmedos y cálidos masajear los míos era el placer más culpable antes el cual yo simplemente vendía mi alma.

Sentí sus dedos bajo mi ropa, desabotonar mi corpiño y sus manos levantar la falda.

Sus dedos expertos y de hombre maduro se enroscaron en mi ropa interior para liberar mis piernas de ella y en ese minuto. El golpeteo insistente de la puerta lejos de hacernos desistir o desmotivarnos solo lo hizo más divertido y excitante.

Van a entrar

Le traté de hacer ver mientras él bajaba hasta el suelo con mi ropa interior entre sus manos, alzo su cuerpo y me miró con esa sonrisa torcida que me quitaba el aliento.

Olvídate de la puerta, olvídate del mundo

Exclamó sin pudor ni vergüenza.

Concéntrate en mí, en nosotros

Agregó y mis mejillas estaban ardiendo. Cuando sentí su tibio cuerpo contra el mío cerré mis ojos besando su cuello. Un gemido se escapo de mis labios… justo cuando sentí mi nombre…

Bella

Lo sentí susurrar y al abrir mis ojos me encontré con los suyos, de un verde tan profundo como sus facciones, me quede pasmada mirándolos temerosa que estuviera hablando entre sueños. ¡Uy qué vergüenza! Me dije a mi misma mientras examinaba su semblante por algún asomo de victoria frente a mi debilidad pero no, su semblante era sombrío, serio, triste y demasiado culpable para que yo hubiera estado hablando en sueños sobre aquel encuentro furtivo en el baño de aquel restaurante cuatro años atrás.

- Yo… tengo algo que decirte… —exclamó tomando entre sus manos las mías, las acarició por unos momentos, las contemplaba, deslizo sus dedos blancos y tibios por mi piel, lentamente levantó la tela que cubría mis brazos, volteándolas en el proceso, dejo mis palmas hacia arriba, en ese minuto supe lo que buscaba, Edward lo sabía pero ¿cómo?, ¿quién? pensé y las intenté quitar pero él las sujeto con fuerza impidiéndomelo.

- Yo no debí —exclamo con lágrimas en los ojos — Yo debo… —y su voz se ahogo en la pena — yo… debiera alejarme de ti —sentenció acariciando con su dedo pulgar las cicatrices de las cortadas que yo había proferido hace unos años atrás en mis muñecas.

El recuerdo que había recuperado anoche se unía a otro, el mío separándose del padre Alfonso al oír a mi hermana — Está muerta —había exclamado Ángela aquel día mirándome asustada. Y yo en ese minuto había entendido que mi vida se había logrado acabar, corrí hasta la cocina de nuestra casa, abrí cajón por cajón completamente fuera de mí, completamente desequilibrada y motivada por el terror de haber entendido esas dos palabras, no era yo la que estaba haciéndolo, en ese minuto sentí los pasos de alguien más detrás de mí.

— Bella, hija… debes calmarte… —conminó esa voz pero yo estaba perdida en el reflejo del metal que estaba frente a mí, era un cuchillo, el más grande que había en esa casa.

— Yo la maté —murmuré y las lágrimas salían sin control, me giré para encarar al dueño de esa voz dulce y que trataba de estar serena.

— Fue un accidente hija mía —trató de consolar pero no había nada que hacer, hoy había dado muerte a alguien más, me había convertido en una asesina, lo que no había conseguido con mi pequeño hijo gracias a su padre si lo había conseguido con mi madre, eres una asesina que no tiene perdón, me gritó mi voz interior y entonces apreté mis ojos

— Bella, dame eso… mírame —ordenó pero no le hice caso, tomé fuerzas y era mejor que yo no estuviera, así Edward podría ser feliz, tener una oportunidad, mi hijo podría ser feliz si yo desaparecía. Sus vidas tendrían un final feliz, el monstruo de este cuento de hadas debía acabar.

En ese minuto agradecí que él lo hubiera separado de mí — Hiciste bien mi amado Edward, porque yo soy un monstruo —exclamé ahogado, con la voz distorsionada por el llanto.

Para cuando había abierto mis ojos, estaba de rodillas en el suelo, el cuchillo estaba a un lado, y todo sucedía sin control, el padre Alfonso buscaba frenético un paño sin dejar de mirarme, cuando lo encontró se abalanzo a mí y tomo mis manos entre las suyas, apretando las heridas.

— Llama a una ambulancia —le ordenó a mi hermana que había entrado en la habitación, parecía estar ensimismada, sin creer que en cuestión de minutos su familia se había extinguido, ambas nos contemplamos — ¡Ángela! — gritó otra vez el padre Alfonso y fue allí cuando el recuerdo se desvanecía a otro.

Dos ojos negros se presentaban frente a mí, tan distintos, tan apacibles, tan serenos pero tan duros.

— Todo va a estar bien, de ahora en adelante, todo estará bien —murmuraron esos ojos negros, con un brillo especial, en ellos había una cierta calidez, la misma que había visto en alguien más, solo que ahora no quería recordar.

El sollozo fue lo que me trajo de regreso a la tierra, ahora era yo quien estaba llorando al recordar ese sentimiento de pérdida que había experimentado cuando decidí cortarlas. Mi razón se nubló ante el hecho de que, cuatro años después Edward iba a dejarme por segunda vez, iba a quitarme a mi hijo otra vez, no podía ser cierto, esta vez sí terminaría por volverme loca. Mis ojos se pusieron vidriosos de la angustia que sus palabras habían iniciado, todo ese sentimiento de placer, de amor se desvaneció y lo inundo una desolación. Comencé a temblar, esta vez no iba a soportarlo, estaba vez no iba a poder sobreponerme, mi corazón se ahogo incluso antes de que él profiriera las últimas palabras de la sentencia.

- Pero no puedo, no quiero y no lo haré —refutó confundiéndome. Las lágrimas se congelaron y deje de llorar.

- Te amo —declaró solemne — y no importa el pasado, ni siquiera lo que él trato de hacer —agrego besándome la frente dulcemente – esta vez no voy a huir porque te amo, siempre lo he hecho — deslizo sus manos por mis mejillas, secando mis lágrimas de ellas con sus pulgares — Mi amor yo te amo, y lo siento, lo siento en el alma, ¿Crees que algún día puedas perdonarme? —concluyó preguntándome lo impensable.

Las lágrimas volvieron a brotar pero no eran de desconsuelo sino de alegría una extraña alegría me invadió por completo, lleno a mi corazón dudoso, por primera vez desde hacía cuatro años mi corazón estaba entero, estaba sanando, Edward estaba armando mi corazón de nuevo con ese gesto y quise gritarle que yo lo había perdonado hace mucho tiempo atrás. No guardaba rencor, simplemente quería ser feliz a su lado, quería tener una oportunidad de ser feliz que nuestra relación fuera distinta, que tonta fui al dudar reflexioné mirándolo a los ojos, ese mar esmeralda estaba frente a mí, invitándome a sumergirme en él y lo haría, me sumergiría en mi amor por Edward.

- Sólo te pido una oportunidad más, ¿Me la darás? —insistió al no escuchar una respuesta directa, pero mi voz me falló, no podía hablar, a cambio lo abrace rodeando su cuello con mis brazos, nuestros rostros se quedaron nariz con nariz, ahogue sus lágrimas con un beso, con el beso más tierno y dulce que jamás podría haber dado a alguien.

Quería acallar mis miedos, y los suyos, quería que ese beso fuera su respuesta. Porque yo lo amaba con todo mi ser, desde el comienzo lo había amado y lo haría por siempre, lo nuestro era una extraña y tortuosa historia de amor, era de amor al fin. Cuando rompimos el beso quise que lo escuchara, quise que escuchara mi respuesta, solo para que estuviera seguro.

- Si Edward… ¿me darás tu a mí una segunda oportunidad? —pregunté en un murmulló contra sus labios.

- Claro que sí mi vida —me respondió él, besándome otra vez. Esta vez no sería yo quién le daría a él una oportunidad, ni él a mí, seríamos ambos, sería la vida, sería el destino quién nos daría una segunda oportunidad de ser felices.



miércoles, 2 de febrero de 2011

Conquistando tu Amor

CAPÍTULO IX

EDWARD POV

Llegó el lunes y las clases comenzarían en un par de horas, después de darme una larga ducha bajé a desayunar, los minutos pasaban y Bella aún no aparecía ja otra cosa negativa en ella IRRESPONSABLE, el primer día de clases y ya estaba atrasada, Sue me avisó que en cualquier momento aparecería su niña y así mismo fue, llegó corriendo y con el uniforme todo revuelto, el cabello mojado y desordenado, la mochila a medio cerrar, era divertido verla tan desordenada, parecía una niñita pequeña, al mirarla de reojo me fijo en el uniforme y mierda más mierda, esa niña era un pecado andante con ese maldito uniforme, falda cortísima tableada blusa blanca ajustada y se le transparentaba el sujetador, medias a la rodilla y una chaquetita que apenas cumplía su labor de resguardar la parte superior, parecía una perfecta copia de las chicas de los animé japoneses. Agarró rápidamente una manzana y una tostada, bebió jugo de naranja directamente del cartón a lo que Sue le reprochó, dio dos mascadas a la tostada y guardó la manzana en la mochila, se despidió de Sue y salió apresuradamente hacia el colegio, a mí ni siquiera me miró, perfecto ahora era invisible para la mocosa, me despedí de Sue y me fui, al llegar a la entrada de la casa quedé petrificado, Bella se estaba montando en una magnífica moto negra, sus piernas abrazaban la máquina casi con lujuria, la minúscula faldita se le iba subiendo cada vez más, pero ahí me di cuenta de que llegaba unos pequeños y ajustado shorts bajo la falda para que no se le viera las bragas, aún así vuelvo a repetir un pecado andante, recompuse mi cara y seguí caminando. Me había atrasado esperando ver a Bella antes de ir a clases y ahora iba a llegar atrasado, ya que aún no me había hecho de algún vehículo, por lo tanto me tendría que ir caminando, escuché la moto ronronear y cuando iba pasando por mi lado se detuvo.

- Ey profe ¿no crees que vas un poco tarde? Y más encima el primer día

- Ehhhh, si

- Sube te llevo, pero no te acostumbres profe
- No te preocupes, igual llegaré

- Ay hombre, en serio yo te llevo o acaso te incomodan las chicas que conducen, eso sería tan anticuado y machista ¿qué dices te subes o no? Mira que no tengo todo el día

- Si, gracias, le contesto un poco incómodo por la situación

- Vale tienes que sujetarte bien y toma ponte este casco y te advierto que me encanta la velocidad así que si te da miedo me avisas para que te puedas bajar

- Bella no soy un crío, no me asusta la maldita velocidad, vamos

- Ok

Echó a correr la moto y agarré firmemente su cintura, el espacio entre su cuerpo y el mío era minúsculo y podía sentir su trasero pegado a mi entrepierna, definitivamente mi día iba a ser muyyyy duro, a los pocos minutos llegamos al colegio, de verás que conducía rápido y la verdad estaba un poco mareado y excitado al mismo tiempo. En el estacionamiento nos bajamos, ya casi no habían alumnos y antes de entrar al recinto Bella me llamó

- Ehh, Edward te puedo pedir un favor
- Si, dime

- Es que ya es tarde y no alcanzo a ir al baño y me tengo que sacar este short, así que me puedes cubrir con tu cuerpo un momento

- Ehhhh, no puedes esperar al recreo, no creo que sea bueno, si alguien nos ve, yo soy tu profesor

- Cobarde, ¿sabes qué? no te preocupes yo espero que llegue algún muchacho para que me ayude
- ¿harías eso?, digo deberías cuidarte un poco más, yo ehhh, no creo poder ayudarte, lo siento

- Jajajaja deberías verte la cara pareces haber visto un fantasma, era una broma profe, no necesito que me cubras, lo puedo hacer perfectamente sola, no me da pudor
- No estarás hablando en serio, te pueden ver

- ¿y?, todos han visto alguna vez unas bragas ¿o no?

Maldita sea Bella introdujo sus manos entre la falda y empezó a bajar lentamente el short por sus piernas, instintivamente la acorralé contra la moto y la abracé para que mi cuerpo la cubriera, pero fue un grandísimo error estábamos juntos, peligrosamente juntos, soltó un jadeo y abrió los ojos como platos y totalmente ruborizada terminó su labor sin dejar de mirarme a los ojos y con la boca entreabierta. Yo por mi parte olvidé el lugar, el momento, olvidé malditamente todo, esa niña tenía algo que me volvía cada vez más loco, sin proponérmelo embestí mi erección contra su centro, Bella volvió a jadear, y carajo no me pude aguantar las ganas y la besé furiosamente, nuestras bocas se comían entre si, agarré fuertemente sus caderas y seguí embistiendo, definitivamente en estos momentos odiaba el maldito lugar en el que estábamos y definitivamente odiaba la ropa que nos separaba, ansiaba tener su cuerpo desnudo y excitado entre el mío, acariciar cada pulgada de su hermoso y caliente cuerpo, mis manos involuntariamente empezaron a recorrer sus muslos y ¡diablos! Si que era suave su piel, sus manos recorrían mi pecho llegando y luego subió a enredarse en mi cabello, yo estaba en la gloria, lentamente bajamos la intensidad del beso a falta de oxígeno y Bella abrió lentamente los ojos y su cara era de total desconcierto, luego me empujó y salió corriendo hacia la entrada del colegio. ¡Mierda! Qué acababa de hacer, estábamos en el colegio y había acorralado a una alumna. Me obligué a calmarme y dirigirme hacia el colegio, más tarde me disculparía con Bella por mi comportamiento, debía ponerle fin a esta calentura que sentía por ella, no se cómo pero lo haría.

Las clases transcurrieron lentamente, en toda la mañana no divisé a Bella, lo que era un alivio, mejor es que conversáramos en casa así estaríamos más tranquilos

Me encontraba frente al dormitorio de Bella y no sabía realmente qué hacer, de igual manera golpee la puerta levemente

- Pase, contestó Bella

- Emmm, Bella tenemos que conversar

- Eh, aumm, s…si creo que si, ella estaba claramente nerviosa

- Bella, yo me quiero disculpar por todo lo que ha pasado entre nosotros, yo me he desubicado enormemente contigo, eres una niña y yo soy un bastardo, por favor quiero que me disculpes y por favor no vuelvas a hacer la escenita del estacionamiento delante de mí, no tientes mi autocontrol

- ¿Quéee?, o sea me echas la culpa a mí por tu descaro, eres un maldito pobre intento de hombre

- ¿Cómo me has llamado?, que se creía esa niña, llamarme de esa manera, me vengo a disculpar y ella me insulta

- Creo que escuchaste perfectamente bien, así que no hagas que lo repita, además la única vez que te he provocado fue en la disco y no sabía que eras el profe nuevo, las otras veces me has forzado, no me acuses por tu calentura

Carajo Bella tenía razón, no tenía que culparla, ella no tenía la culpa de encontrarla tan hot y que me calentara con sólo verla

- Ahora lárgate de mi cuarto, no quiero volver a verte y ¿sabes algo? Te voy a ayudar con la calentura que te traes : no quiero que me vuelvas a dirigir la palabra nunca más, no quiero que me mires, me da asco cuando lo haces y por último no quiero que te acerques a mí nunca más¡¡¡ME ESCUCHASTE!!!

- Si, disculpa otra vez todo lo que te he hecho pasar, pero esas reglas se aplican en la casa, en el colegio debemos llevar una buena relación profesor alumno

- Ja, yo no llevo relación alguna con los profes, ustedes no me interesan en lo más mínimo, y no pienso hacerte caso ¿Cómo ves?

- Veo que eres una niñita malcriada y frívola

- Y tú un viejo verde que se pone duro con las menores de edad, eres asqueroso

Carajo, no pude rebatirla, ella tenía razón, salí rápidamente hacia el jardín, estaba realmente molesto y necesitaba calmarme.


BELLA POV

Qué mierda se creía, echarme la culpa por su debilidad, todos los malditos hombres eran iguales y Edward Cullen no era la excepción, yo quería solamente hacerle una broma con lo del short, no era nada del otro mundo, estaba acostumbrada a hacerlo, pero talvez había sido inapropiado con las cosas que habían vivido recientemente, tal parece que me comporté como una ¡mierda, como una zorra!, no estaba acostumbrada a este comportamiento con desconocidos, siempre que tonteaba lo hacía con Quil o Jake, él tenía razón lo había provocado y lo que es peor me había gustado tentarlo, ahora me daba cuenta, pero las cosas ya estaban hechas y las palabras dichas, no me retractaría y lo mejor era poner la mayor distancia posible entre los dos, me comportaría como una mierda con él, pero era lo mejor, ya que tan tonta no era y ese hombre podría fácilmente sacar la parte de mi que no estaba dispuesta a experimentar y mucho menos vivir, mañana empezaba a sacar la fiera en mí, y dios te salve Cullen eres mi primera víctima por ser tan endemoniadamente sexy y calentarme con sólo una mirada.

El martes llegó y mi primera clase era con Edward-sexy-Cullen y me encontraba nerviosa, pero al diablo esta clase la manejaba a mi antojo, literatura era mi mejor clase junto a inglés, pero el ambiente iba a ser tenso, eso lo sabía bien.

Cuando sexy-Cullen entró a clases no me pasó inadvertida las miradas depravadas de mis compañeras, lo miraban con la boca abierta, les faltaba poco para babear, malditas perras cachondas. Quil era mi compañero de asiento y se reía de las zorras, yo por mi parte estaba irritada. La clase empezó y casi no me podía concentrar, así que saqué mi mp4 y me puse los audífonos y recosté mi cara en la mesa relajándome con la música, pasaron unos minutos, creo cuando Quil me golpea suavemente con el codo y levanto mi mirada, Edward me miraba con ira en su rostro y con un dedo me indicó que me acercara a su escritorio, me iba a sacar los audífonos, pero él negó con la cabeza indicando que quería que los llevara conmigo, mierda, me los iba a confiscar, pero al recordar en la forma en que acostumbraba a poner el cable de los audífonos para que no se vieran me reí internamente, esto iba a ser interesante, prepárate Cullen si quieres quitarme mi aparatito vas a sufrir un poquito, al llegar al escritorio alzo una ceja para darle a entender que no me interesaba lo que iba a hacer.
- Señorita Swan, como parece que no le interesa mi clase y le gusta más la música le dejo dos opciones o me entrega el aparato o se retira de mi clase inmediatamente.
- Mmm, tiene razón, usted es terriblemente aburrido para dictar las clases, así que no lo siento y sí la música está mejor que estar escuchándolo, escucho algunas risitas de mis compañeros y un fuerte “mierda, la fiera ha vuelto con todo”
- Señorita entregue el mp4 inmediatamente dijo el Sexy-profe estirando la mano para que se lo entregara, que iluso
- Si lo quieres sácalo tú mismo profe, dije acercándome más cerca de su cuerpo, lo vi mirándome fijamente, parece que no se creía lo que le había dicho, bajó su mirada buscando el aparato para arrebatármelo y su boca se abrió ligeramente, sí, lo tenía donde quería, si el bastardo quería quitarme mi música tendría que tocarme, ya que el mp4 lo tenía firmemente agarrado a mi cadera entre la pretina de la falda y mi piel, el cable recorría mi vientre enredándose en mis pechos hasta llegar a mis oídos todo esto bajo mi blusa, por lo que tendría mucha piel que tocar y el maldito no se atrevería, nadie lo hacía Ja Cullen para que sepas quien manda acá.

- ISABELLA, dice casi en un susurro no hagas esto, por favor coopera dice con los dientes apretados. Me inclino hacia su oído lentamente y le susurró

- Nadie puede conmigo Cullen, te metiste con la mujer equivocada, no me fastidies más y nos llevaremos mejor, me enderezo para dirigirme a mi asiento con cara triunfal cuando la puerta se abre y entra un alumno que no conocía con un gran ramo de rosas rojas y le pide permiso a Edward para entregarla, Cullen acepta y el chico se aclara la garganta y empieza a leer un papel

- Señorita Bella Swan, este es un pequeño presente para la mujer más hermosa que he conocido en mi vida y estaría feliz de que aceptaras salir conmigo, por favor acepta sólo tú puedes hacer feliz a este hombre que sólo piensa en ti día y noche desde que te vio por primera vez. El chico me entrega el ramo de flores y sacó la tarjeta que llevaba para saber quien se atrevió a mandarme este adefesio, claro la tarjeta estaba firmada por James y decía que me asomara por la ventana que él se encontraba abajo, sin prestarle atención a nadie me dirigí a la ventana y si, el imbécil estaba abajo y me hacía señas, tomé las flores y abrí la ventana y se las arrojé violentamente y le grité

- Odio las rosas, y no acepto nada de ti, cuando las rosas llegaron a él estaban todas desordenadas, ya que mi salón de clases estaba en la tercera planta y el se encontraba en la calle. Estúpido pensaba que con unas cursi rosas yo, la fiera iba a aceptar salir con él, de verdad odio la rosas, ahora mucho más. Las chicas del salón me miraban con odio en sus ojos y los chicos divertidos, si, la perra estaba de regreso con todo. Fijé mi mirada en Edward y él estaba perplejo y con la boca abierta mirándome fijamente, apuesto que jamás pensó que pudiera ser capaz de hacer algo así, tenía unas ganas de gritarle si Edward esta soy yo, una maldita perra que disfruta humillando a los tarados que se atreven a cortejarme. Me volví a sentar y Quil me sonríe y le devuelvo la sonrisa porque esto significa una sola cosa el juego comienza, y le digo a Quil: “James te tengo donde quiero y te voy a reventar”.

La clase terminó y Edward me llamó e hizo que lo esperara hasta que salieran todos los alumnos del salón

- Bella lo que hiciste con el mp4 no lo toleraré más, eres francamente insoportable y repito no toleraré tu comportamiento altanero en mi clase ¿está claro?

- Púdrete Cullen le digo y le alzo mi dedo medio y me largo de la sala mientras me carcajeo.

Los días siguientes pasaron rápidamente y el contacto con Edward era nulo, yo lo ignoraba y él me ignoraba tanto en clases como en la casa. Ramos de flores siguieron llegando al colegio y a la casa, todos los días eran distintos ramos : crisantemos, gladiolos, violetas, tulipanes, etc, todos ellos iban directamente a la basura o los arrojaba por la ventana directamente hacia James, ya que él seguía esperando fuera del colegio a que aceptara una cita con él. Yo me sentía realmente bien, feliz todo estaba ocurriendo como lo tenía planeado James se veía cada día más desesperado por un poco de mi atención, su estado era bastante comentado tanto en el colegio como en la universidad donde él estudiaba, todos sabían que lo traía loquito, dejó sus otras chicas, tenía varias, pero las dejó por mí, ya no salía de juerga como antes, un par de ocasiones me trajo serenata a la casa y fue de lo más ridículo, ni siquiera me asomé a la ventana a verlo y me estaba muriendo de la risa en la cocina cuando apareció mister correcto y después de varios días me dirigió la palabra y dijo escuetamente “maldita frívola” y se fue por donde vino y yo me carcajee más aún aunque sus palabras me dolieron un poco, yo no era frívola, pero él no sabía mis motivos para actuar así con James y nunca lo sabría.

martes, 1 de febrero de 2011

Máscara de odio

Cap.25. Isabella Swan

Me quede muy quieta tratando de no alterar la débil tranquilidad de Charlie, pero este parecía haber entrado en uno de esos pocos momentos de lucidez. Me miraba intensamente, como si supiera que podía mentirle en cualquier momento, e intuyera que lo iba a hacer.

- a…a…- mi lengua detenida nuevamente, esta era mi mejor manera de admitir que, evidentemente, sabia de mentiras tanto como de maternidad de gallinas.

-no te iras a ir de aquí, ¿verdad? - pregunto el inmediatamente, como si solo leyendo los movimientos de mi cuerpo pudiera saber lo que me proponía, como si me conociera de muchos años.

Como no dije nada, mas me quede mirándolo como una tonta, los ojos de Charlie comenzaron a brillar de comprensión, de repente, ante esos ojos, no pude disimular mas, encogí mis hombros y deje que mi mirada vagara por las baldosas del piso como una niña traviesa que se niega a dar la cara por haber cometido un error.

-tengo que hacerlo – dije sin más esperando lo que él quisiera decirme para irme sin sentirme mal por no haberlo escuchado, pero sintiéndome terriblemente mal sometida a su mirada calculadora.

- ¿puedo saber la razón? - me pregunto espiando mi propia mirada desde su silla, forzándome inexorablemente a mirarlo. Sonreí tristemente de lado y me senté en el suelo.

-si me quedo sufriré mucho – confesé en voz baja. Aun no me sentía preparada para decirle a mi amigo lo que me había pasado, aunque de poco serviría, su memoria iba y venía como una promoción y dudaba mucho que en una hora recordara siquiera que habíamos mantenido esta conversación.

-¿acaso hicimos algo que te disgusto? – pregunto ansiosamente, sus ojos se llenaron de lagrimas y me sentí tan mal, como si yo fuera un monstruo y me hubiera comido a la hermosa mariposa.

- no Charlie, esto no tiene nada que ver contigo – dije negando enérgicamente con la cabeza, no quería que Charlie sintiera cosas desagradables por mi causa.

- Entonces….ah – dijo el apartando la mirada de mi, como si no quisiera intimidarme – ¿es algo que no me puedas contar? – Asentí con la cabeza al tiempo que me sorprendía el hecho de que Charlie aun continuara lucido después de algún intercambio de palabras - me preocupas niña. ¿A dónde piensas ir? - dijo copiando mi gesto anterior, ese en el que negaba con la cabeza-

A donde iría…

Lo primero que se me vino a la cabeza fue pensar en irme con Alice pero deseche rápidamente la idea, no por que pensara que ella no me iba a recibir, Alice estaría encantada, sino porque interferiría en la organización de su vida con Jasper, no quería hacerla de violinista si al fin y al cabo se sentirían incómodos si yo estaba cerca de ellos todo el tiempo.

También pensé en Jacob, estaba segura de que el no me fallaría, como tampoco lo haría Alice, pero había también problemas con él y con Leah, de lo poco que había llegado a conocer, sabía que Leah no era una mujer celosa, pero también intuía que no se sentiría cómoda sabiendo que la mujer de la que su amor creyó estar enamorado estaba en el mismo techo que el. Dudaba mucho que en el Café Paris me pudiera presar ayuda ahora, cuando sería la tercera vez que pedía cacao.

No tenía dinero y si me iba a la calle… Mi miedo a las calles aun estaba en mí, era como si tuviera una Agorafobia arraigada en mí. No me sentía con ánimos, ni fuerza para enfrentarme de nuevo a la calle. Aun no estaba preparada para ese tipo de afrenta.

- no… no lo sé – dije, si le decía que no tenía a donde ir lo preocuparía innecesariamente, y no me perdonaría por alterar emocionalmente a Charlie, había llegado a significar mucho para mí.

-hagamos un trato – me dijo ofreciéndome la mano, yo la tome sin dudar y sentí que el calor que me brindaba era casi satisfactorio. – esperas hasta el fin de semana, que mis hermanos vengan a visitarme, y hablamos para que te puedan recibir en casa.

Sentí alivio, aunque me sentí extraña ante tal pedido, pero luego me puse a pensar también en todo lo que vendría si me iba a vivir con la familia de Charlie. Dudaba mucho que por el hecho de que él se los pidiera ellos fueran a aceptar.

- ellos no me conocen, seguramente no aceptaran que yo vaya a vivir con ellos solamente porque somos amigos. – dije volviendo a negar con la cabeza y cayendo inconscientemente en mi etapa de autocompasión.

- bah! Patrañas, seguramente les vas a caer muy bien, tienes un muy alto parecido con mi madre cuando era joven, seguramente con ese aire de mama que tienes no van a hacer otra cosa que adorarte. – se rio con todo el rostro lo cual me hizo sonreírle de vuelta. Charlie sabia como halagarme, casi podía sentirlo tan cerca de mi corazón como si en verdad fuéramos familiares.

Repentinamente caí en cuenta de que el impulso de irme estaba perdiendo una fuerza absolutamente considerable. Y todo gracias a Charlie, un desconocido que me apreciaba.

Ahora que el me había detenido de irme me puse a pensar en todo lo que me había llevado a este punto, movida por la desesperación y, debía admitirlo, por la cobardía, me había propuesto huir sin mirar atrás, haciendo caso omiso de todo el progreso que había logrado y esperando sumirme en total soledad para ver si esta me hacia fuerte, pero sabía de antemano que la soledad no hacia fuerte a nadie a pesar de que así lo creyera firmemente.

- así que… ¿qué dices, hija? – insistió el interrumpiendo mi diatriba mental.

Algo se sacudía dentro de mí cuando él me llamaba de esa manera, como si de verdad fuera algo más que mi amigo, lo cual era virtualmente imposible. Lo mire a los ojos y él me miraba a los míos, de alguna manera me sentí conectada con él, y no solo porque tenía mis mismos ojos, curiosamente del mismo color y la misma forma, sino porque de repente me sentía confiada. Me sentía con la suficiente entereza para quedarme y hacer frente hasta donde pudiera con mis problemas.

Asentí y me levante de mi sitio para darle un abrazo osuno. Cuando nos separamos mi campo de visión se lleno con la imagen de la Dra. Hale quien estaba parada en la puerta de mi habitación y miraba de manera seria la maleta que había empacado.

Retire mis brazos del cuello de Charlie y este se dio media vuelta tarareando una canción de extraterrestres y de cómo visitarían la tierra mientras rodaba en su propia silla. Volví sobre mis pasos borrando lo que tenía planeado hacia unos momentos.

- ¿que estabas haciendo, Bella? – me pregunto cuando trate de esquivarla para entrar.

-yo…nada – dije sin mirarla a los ojos esperando que empezara a reprenderme por mi estúpida conducta, salte su obstrucción agachándome y entrando finalmente a la condenada habitación.

- se que él estuvo aquí, pero lo que no se es porque empacaste las cosas como si tuvieras intención de fugarte…- dijo ella entrando tras de mí.

-entre aquí libremente, puedo irme cuando quiera – respondí groseramente, mientras lanzaba la maleta sobre la cama. Respire hondo después pasándome las manos por el rostro y sintiendo contra mi piel el temblor que no las había abandonado desde que estuvieron en contacto con Edward Cullen - lo siento – murmure.

- sí, estas en el derecho de irte cuando te venga en gana, pero no me gustaría que lo hicieras, no cuando las cosas están empezando a mejorar. – su tono fue frio, como no lo era hacía mucho tiempo, me hacia caer en cuenta de que estaba siendo bastante grosera y que mi afán de protegerme afectaba mis modales de una manera basta. Me sentí terriblemente mal, porque ella solo trataba de ayudarme y yo trataba de hundirme nuevamente en esa depresión que parecía querer tragarme toda siempre que se asomaba para ver si podía invadirme.

-lo siento…yo…- inexplicablemente los ojos comenzaron a llenárseme de lagrimas, me sentí tan desolada que solo quise que la tierra me tragara, las enjugue sin prisa esperando u consuelo que yo sabía que no llegaría jamas. – de repente me encuentro tan perdida como al inicio. – confesé mi debilidad casi sin voz.

- no cometas el error de creer que la visita de él puede afectar de algún modo los maravillosos progresos que has realizado desde que iniciaste tu tratamiento – ella se acerco a mi e inclinándose cerca me tomo de la mano. - lamento que pasara, pero si no confrontas los sentimientos que aun albergas por él, de nada servirá el deseo de recuperarse.

Ella tenía razón y eso era de lo más chocante, puede que fuera cierto, pero lamentablemente para mi propio concepto aun no estaba preparada para eso. Asentí cuando finalmente se disuadió de mi mente la idea de huir, ahora lo que tenía en mente era la extraña ocurrencia de Charlie y su deseo de que conociera a su familia.

La Dra. Sonrió y se puso de pie para irse. Parecía sentirse orgullosa de mi lo cual me hizo sentir alguna especie de alivio en el centro del pecho, nada comparable con la profunda decepción que tenia de mi misma.

Desempaque parsimoniosamente todas mis cosas pero me era inevitable pensar en que pasaría sobre mí la próxima vez que Edward decidiera acercarse, eso era lo que había dicho que haría y si pensaba que lo conocía una pisca sabía que no se iba a dar por vencido, aunque no le veía la utilidad de perseguirme, nada de lo que pudiera decirme me haría considerar que decía la verdad.

Suspirando me senté en la cama y enterré mi cabeza entre las manos.

No esperaba nada mas… no debía esperar nada más.

Los días parecieron transcurrir de manera más rápida, cuando menos lo esperaba llego en bastante-aclamado-fin-de-semana de Charlie, cerré los ojos ante la perspectiva de conocer gente nueva, algo a lo que no había podido acostumbrarme nunca. Siempre tenía la manía de ponerme a pensar si les caería bien o si haría algo mal y un millar de cosas más.

Me puse un sencillo vestido de flores y peine mis cabellos hacia atrás con una diadema. Luego baje las escaleras para estar con Charlie mientras llegaba su familia, era sábado, día en el que teníamos libre para hacer lo que se nos antojara, la mayoría de estos, cuando estuve lo suficientemente recuperada, consistían en alimentar a los pájaros que sobrevolaban cerca del arrollo en donde también podíamos alimentar a los peces, o bien paseando con Charlie y escuchando sus historias.

Estaba esperándome en su silla de ruedas mirando como las palomas se arremolinaban en torno a las migas de pan que estaba esparciendo para ellas.

- ah mi niña- exclamo cuando me vio llegar, me incline y le bese la frente mientras respondía

- hola, Charlie –

- mis hermanos no tardaran en llegar. Espero que te gusten. – dijo mirando hacia el cielo.

Sonreí esperando más bien que yo les gustar a ellos.

- Anoche soñé con mi Renee – dijo Charlie mientras su mirada volvía a las aves riñendo tiernamente por picotear entre las migas. – soñé que me decía algo así como…estas cerca de encontrarla…

Había mencionado antes que, gracias a la Dra. Hale y al mismo Charlie, me había enterado de que el había sufrido un terrible accidente de tránsito que lo había dejado en el estado en que se encontraba ahora y se había llevado a su esposa, el accidente había ocurrido solo días después de que la hija que ambos habían tenido fuera raptada del hospital en donde nació. Ese parecía haber sido el factor determinante para que Charlie hubiera caído en depresión, anexando a esto la pérdida de su mujer. Luego había quedado con la cordura alterada y por eso sus hermanos lo habían traído a este centro.

- ¿encontrar a quien? – pregunte sin entender.

- a quien perdimos, mi Renee y yo…- dijo el sombríamente.

- ¿te refieres a…tu hija? – pregunte no muy segura de la tonalidad que debía poner a mi voz. No estaba muy segura de cómo hacerle entender a Charlie que muy posiblemente, por su estado, alucinaba con una esposa que le decía que encontraría a su hija que tenía posibilidades nulas de volver a reencontrarse.

Además, en el muy improbable caso de que eso pasara, ¿como podría siquiera reconocerla si apenas era una recién nacida cuando la raptaron?

Pero Charlie, a pesar del mutismo se veía tan optimista, que me di cuenta de que no estaba en mis manos hacerle caer en la realidad. Me partía el alma pensar en el herido de alguna manera. Si hubiera querido un padre, en toda mi vida, me habría gustado que fuera él.

Continuamos hablando de naderías cuando una de las enfermeras que trabajaba cada fin de semana se nos acerco diciendo que los hermanos de Charles, George y Adam (si, sé que Charlie no tiene hermanos, se que sabrán perdonarme) llegarían en un momento.

Charlie aplaudió como un niño porque sabía que sus hermanos le traerían algo de contrabando para comer, me había relatado en tono de confidencia siempre que hablábamos que sus hermanos eran los amos de cargarse de cosas sin que nadie lo notara.

Evidentemente las doctoras sabían de este subversivo intercambio pero como sabía que los hermanos no perjudicaban a Charlie, les permitía hacerlo. Lo hacía para que Charlie encontrara regocijo y no callera en depresión por si situación.

Me encontraba de pie en el pasto con la silla de Charlie a mi lado cuando escuche unas risas seguidas de saludos efusivos hacia Charlie, que se vio envuelto en un abrazo colectivo.

Los hermanos se le parecían bastante, casi como si fueran alguna especie de trillizos, me ignoraron involuntariamente en su afán de saludarlo, cuando los mire detenidamente, y escuche el regocijo en su voz un sentimiento extraño cayó sobre mí, me daba la impresión de haber oído sus voces antes.

Me rezague un poco, tal como lo había sospechado, dando dos pasos hacia atrás, dejaron sobre el regazo de Charlie una guarnición completa de dulces sin azúcar y ponqués integrales, Charlie rio nuevamente y supe que las visitas de sus hermanos le hacían bien, se dijeron cosas aquí y allá, yo los miraba algo extasiada ya que me sorprendía un poco la camaradería entre ellos.

Debía ser algo hermoso tener una familia así.

Después de un momento Charlie volvió a la lucidez recordando que aun me encontraba alejada de ellos, luego llamo la atención de sus hermanos hacia mí.

- Hermanitos – les dijo aunque bien podrían haber nacido como mínimo con un año de diferencia. – les presento a mi amiga del alma, Isabella.

Ellos finalmente se volvieron hacia mí, sonreí para darles a entender amabilidad de mi parte, levante mi mano derecha para estrechar las de ellos pero la sonrisa resbalo de mis labios cuando ambos se quedaron mirándome tan fija y seriamente que me hicieron preguntarme si el odio a primera vista existía.

No entendí nada, aunque lo que emanaba de ellos iba más allá del odio, no era odio en absoluto, realmente…

- ¿que…?- dijo uno de ellos, mire a Charlie sorprendida pero él tampoco parecía comprender nada.

- que sucede hermanos…?- pregunto seriamente

-Charlie ella….- comenzó George

Ninguno de los dos hablo por otros segundos hasta que finalmente el que respondía al nombre de Adam pareció salir del extraño trance y levanto su mano para estrechar la mía, me sentí extrañamente familiarizada con él a pesar de no habernos visto nunca, se miraron entre Adam y George y luego este ultimo también se volvió hacia mí, la sensación desconocida no desapareció tampoco con él.

Sonreímos a medias y ellos se dispusieron a hablar de sus cosas, yo permanecí al lado de Charlie por que así el me lo pidió pero hubiera preferido irme porque, aun en medio de la conversación, ambos hermanos me dirigían sendas miradas.

La extraña visita duro más tiempo del esperando, cuando nos dimos cuenta ya eran casi las cinco de la tarde y ambos hermanos debían irse.

Se despidieron cariñosamente de Charlie con la promesa de que se verían pronto, la intensidad de sus miradas cuando se despidieron de mi no había disminuido un ápice.

- espero que te hayan gustado – dijo Charlie estrechándome la mano cuando ellos ya casi no se veían mientras se alejaban en el campus a la salida oriente.

No tenía nada en contra de ellos pero seguía sintiéndome "incomoda" si podía describirlo de esa manera.

Nos volvimos con Charlie hacia el edificio y cada uno partió a su habitación.

Cuando abrí la puerta me encontré con Alice sentada en mi cama leyendo una revista, la que lanzo a un lado cuando me abrazo.

- Alice!- exclamé y me encamine hacia allá para abrazarla.

- como estas?- me preguntó ella dándome un beso en la mejilla, luego se quedo mirándome la cara seriamente como si tratara de ver algo en ella

-no lo sé – respondí sin saber muy bien lo que ella quería oír.

-¿estas…bien? – dijo, su escrutadora mirada me hizo pensar en si lo decía y preguntaba por que se había enterado del hecho de que Edward había estado aquí, no atinaba a especular como había hecho para enterarse.

-¿lo dices por…él? – dije dudando

-por supuesto que por el…no…se cómo te haya abordado y me preocupe bastante por lo que pudiera suceder. – lo que no sabía yo era como Alice podía enterarse de estas cosas, no era que me molestara en absoluto, pero me hacia preguntarme si Alice estaría haciendo contacto indirecto con Edward sin decírmelo.

-bueno…aun respiro – dije suspirando, pero sabía que iba más allá de eso, desde algún punto de mi cabeza, así intentara apartarlo ferozmente, aun se encontraban frescos, demasiado frescos los recuerdos del día anterior.

-¿y qué…te dijo? - se alejo un poco para tomarme de la mano.

Que me ama, eso había dicho y era lo que más me daba vueltas en la cabeza.

- dijo que lo sentía…y que me amaba.- admití con algo de vergüenza, seguramente Alice, de común acuerdo conmigo, me diría cuan improbable era esa afirmación pero por el contrario, sonrió tenuemente.

-¿y qué piensas tu? -

No tenia respuesta para eso, no sabía que pensar excepto en sus palabras, aquellas que parecían tan veraces como aquellas que había creído una vez, con consecuencias desastrosas.

Ante mi silencio Alice siguió hablando

- Bella…yo creo que…deberías escuchar lo que Edward tiene para decirte - susurró.

No esperaba que Alice me dijera eso, aunque tampoco sabía qué tipo de relación podía haber entre Alice y Edward si se conocieron en medio de mi inconsciencia. Tal vez ella no conociera los pormenores de por qué me negaba a escuchar cualquier cosa que Edward pudiera decirme, pero por otro lado eso era algo entre él y yo…

El y yo. Me estremecí cuando al pensar en esa frase recordé el ardoroso beso de hacia horas y la indeseable reacción de mi cuerpo y mis sentimientos tan vulnerables a él como antes. ¿Acaso el hecho de aun sintiera algo por él era la señal que me decía que, neutramente por supuesto, debía escucharlo? Me sentía confundida, demasiado confundida.

- no sabes…como se vivió todo esto que paso desde este lado de la realidad…- los ojos de Alice se alejaron, como también parecían estarlo haciendo sus recuerdos.

- ¿de qué estás hablando? – dije sin comprender.

-Bella….Edward…-parecía dudar si decírmelo o no, pero algo más había ahí. – el… -sacudió un poco la cabeza y tomo una lenta respiración, suspirando rápidamente decidió hablar lo que fuera que tenia para transmitir. – recuerdas algo de…de ese… ese momento cuando…tu sabes...- dijo ella sin saber cómo preguntarme sobre el suicidio, eso me parecía a mi – ¿recuerdas algo mas aparte de…de…?

-no...- respondí secamente, solo recordaba haber escuchado la voz de Edward cuando la conciencia estaba dejándome.

-yo…yo no estaba ahí…pero tu casera nos conto…fue Edward quien te encontró en tu casa…minutos antes de que…de que…el fue quien te saco de la bañera…- se estremeció visiblemente y sentí pena demás propios actos y que Alice pudiera haberse enterado de la sórdida manera en la que, en ese momento, decidí morirme. – él fue quien te trajo al hospital, yo...lo abofetee y lo llame muchas cosas…nunca decía nada ni me cuestionaba nada…parecía como si entendiera mi enfado ante lo que te hizo – volvia a sentirme inquieta por lo que Alice podia saber o no de mi historia con Edward, pero no se lo iba a preguntar…- lo de abandonarte a tu suerte con tus hijos…el…nunca habia visto una expresion asi en los ojos de nadie… parecía dispuesto a cruzar miles de infiernos…por ti.

No mire a Alice en esos momentos convencida de que si lo haría me desmoronaría y le confesaría que aun a pesar de todo mis sentimientos hacia Edward no habían cambiado…pero saber eso…saber que él había estado ahí, que había presenciado mis actos, que había…visto el estado en que seguramente me encontraba….eso me daba mucho mas, demasiado mucho mas en que pensar….de tanto pensar se me iba a explotar la sesera.

- puede que se sienta culpable…- dije sin saber que mas opinar.

- por eso…creo que deberías escucharlo. No pierdes ni ganas nada…solo escucharlo….

Mire hacia la ventana, el zendo paisaje que se abría ante mí. ¿Que debía hacer?, me preguntaba una y otra vez, porque todo apuntaba a que si debería escucharlo y esa terquedad que había adquirido me impedía a la vez pensar siquiera en oírle pronunciar una silaba?

- no lo sé… tengo que pensarlo muy bien – sonaba como si fuera a tomar la decisión de jugar una lotería o no, pero no importaba como lo dijera, ni en que tonalidad, la realidad llana y lisa era que…tenia que pensarlo.

- eso ya es algo – dijo ella sonriendo- ahora…creo que te alegrara saber algo.

Aparte mi mirada de la ventaba y la volví a Alice cuyos ojos resplandecían de un modo especial.

- ¿que sucede? - pregunte ante su alegría….

-Jasper….creo que quiere pedirme que me case con el – dijo en un susurro cargado de emoción.

La calidez ante las buenas noticias me invadió levemente. Me sentía feliz por Alice, pero amargada por mí misma, al recordar, sin poder evitarlo, cuan emocionada había estado yo respecto a mi propia boda y como todo había sido tan….horrible.

Me obligue a sonreír por ella intentando no dejar que mis amarguras la afectaran, estaba claro que, aun a pesar de que la Dra. Hale me decía que había avanzado en mi tratamiento, aun tenía que batirme con muchos demonios para estar un poco mejor.

- me alegro mucho Alice, a leguas se nota que son el uno para el otro. – comente ara dar más veracidad a la cara que tenia.

- espero que si… amo a Jasper…- dijo Alice con los ojos brillantes

- y el te ama a ti, no hay más que ver la manera en que te mira. – admití advirtiendo, muy dentro de mí y casi inconscientemente , que la mirada de Jasper cuando veía a Alice se parecía demasiado a la de Edward el día anterior

Ella se quedo mirándome a mí cuando dije eso…como si quisiera decirme algo pero luego negó con la cabeza antes de hablar.

- eso creo – se seco una lagrima que asomo a su ojo izquierdo y el estomago se me encogió un poco al pensar en….en Edward.

Para cuando Alice se fue, me cambie en el baño a un pijama y me senté en la silla próxima a la ventana como una autómata.

Mirando la noche caer esforcé a mi memoria a que retrocediera al día en que intente morirme y la voz, la ultima voz que escuche antes de quedarme en silencio. Así que había sido real, el era quien había llamado mi nombre con esa desesperación que creí sentir, que creí imaginar al pensar, ilusamente, que el podía quererme.

Enterarme de que tal vez esa desesperación era cierta volvía a llenarme de dudas que no quería tener, pero que sin embargo se posesionaban en mi cabeza para no abandonarme pronto.

No sabía cómo proceder, nuevamente volvía a encontrarme como al inicio, sin tener una idea de qué camino tomar, que dirección seguir. Me avasalle con la posibilidad de ceder y escuchar lo que Edward tenía para decirme, pero por otro lado…

Podía ser débil y perdonarlo, creer en que de verdad estaba arrepentido, eso si podía creerlo, lo que no me parecía correcto creer, o siquiera pensar en ello, era en la segunda parte de todo. Allí donde él decía que me amaba.

El pecho se me lleno de calor cuando mi mente evoco el recuerdo del beso y las palabras que murmuraba con desesperación.

Aunque fuera contraproducente para mi salud mental, mi memoria retrocedió a ese momento y a lo que sentí entonces. Volví a preguntarme si esa era la señal que, quien quiera que fuera, me daba para ceder.

Cerré mis ojos, aferrando mi rosario de compañía y me permití relajarme en ese cómodo sillón, encogí las piernas y deje que el sueño me venciera.

Tuve un sueño extrañamente real, aun dormida parecía consiente de todo lo que pasaba en la habitación, parecía conectada a la realidad, pero al mismo tiempo inconsciente en el sueño.

Edward estaba en el, lo cual no era raro teniendo en cuenta que no había podido sacarlo del todo de mi cabeza desde que lo volví a ver. Me miraba desde la puerta de mi misma habitación como si dudara de entrar, escuchaba sus pasos lentos, largos y pesados, como los de una presa al acecho, yo era esa presa, solo que en su mirada podía ver que mas que presa…era yo su deseo más ferviente.

Maldita imaginación.

Sus dedos rozaron mis hombros descubiertos por la manga corta de la blusa de pijama. Parecían palpar mi tacto con tanta fascinación como yo sentía su toque.

- Bella…- murmuraba en mi oído, su susurro acaricio todo mi cuerpo partiendo desde ese punto…- te amo….

Un estremecimiento recorrió mi cuerpo mientras sus labios ardientes cayeron con suavidad en donde sus dedos mi habían rozado antes.

- eres mía…y voy a luchar por ti…-

Había convicción en ese susurro, me daba cuenta de que la visita de Edward había vuelto a afectarme en más de un sentido. Volvía a imaginarme cosas que no debía.

Esto me hizo sacudirme un poco y volví a la realidad suavemente, solo para escuchar como el pestillo de mi puerta se cerraba suavemente.

Seguramente la enfermera había pasado a hacerme ronda. Sacudí mi cabeza lentamente tratando de apartarme de la imaginación, con tan desastrosos resultados que solo pude soñar con mis recuerdos de el toda la noche, lo que quedo de ella.

Al día siguiente recibir la visita de Lori, una enfermera del tercer piso, era bastante temprano, lo cual me pareció extraño.

- Señorita Swan, buenos días, la Dra. Hale me mando por usted, quiere hablar unos momentos.

- ¿sucede algo? – pregunto no muy segura por su tono de seriedad

- no señorita, solo necesita hablar con usted.

Pedí a Lori que me diera tiempo de arreglarme, así que me cambie de pijama por que parecía impaciente.

Me llevo por una serie de túneles hacia el ala B de la clínica, en donde se manejaba toda la especialización administrativa, parte de la clínica que yo no había visitado.

Cuando entre lo primero que vi y que me sorprendió sobremanera fue a los hermanos de Charlie sentados uno al lado del otro en el lado opuesto del escritorio de la Dra. Hale, y a esta misma con una expresión demasiado seria en el rostro.

Me hundí en una desesperación desconocida cuando mi voz se obligo a preguntar.

-¿le paso algo a Charlie? – me tembló todo al imaginarme lo peor.

- no – dijo la Dra. Hale- adelante, siéntate. Creo que necesitamos hablar.

No comprendí nada, especialmente cuando ambos hermanos de Charlie volvieron a mirarme de esa manera tan extraña.

Me senté en una silla cercaba a la esquina del escritorio retorciéndome las manos nerviosamente.

- los señores…Swan… - dijo el apellido de una manera también extraña, ese era el apellido que, curiosamente, me habían puesto en el hospital, en u principio me había parecido que la coincidencia entre el apellido de Charlie y el mío era algo encantador, pero ahora…había mas. – están consternados por algo que sucedió el día de ayer…entre tu...y ellos.- dijo la Dra. Hale mirándolos y mirándome. Tomo una respiración rápida y nos miro a los tres detenidamente, luego se paro en mi- ¿recuerdas la historia de Charlie y la desafortunada razón por la que se encuentra acá? – preguntó ella

- sí, lo recuerdo – dije asintiendo sin saber a qué venía eso.

- bien…ha surgido algo que me tiene, positivamente debo admitir, admirada. – dijo ella volviendo a tomar una respiración profunda

- ¿de qué…está hablando? - volví a sentirme fuera del lugar y no era algo agradable.

-existe…- hablaba lentamente, como si quisiera que entendiera todo al pie de la letra.- existe la remota posibilidad de que…- volvió a pararse, como si no creyera de verdad lo que estaba diciendo, pero luego se dio valor y volvió a hablar – hay una alta probabilidad de que seas la hija que Charlie perdió hace 19 años.

Esa intransigente afirmación hizo que la sangre me bullera primero de desconcierto y luego de mal humor, eso no era ni remotamente, como muy bien lo decía ella, posible.

- ¿es una broma? - dije antes de poder callarme mientras miraba los serios rostros de las tres personas restantes en esa habitación, sus rasgos inalterables me dieron a entender rápidamente que no estaban de chiste. – quiero decir…por….no…no es posible, todos sabemos que no.- afirme con un tono que parecía ser obvio.

Me dolió el pecho de siquiera pensar en esa posibilidad, pero trate de contenerme.

- ni es una broma y tenemos como sustentar nuestras sospechas – afirmo George mirándome fijamente. Acerco su mano a una carpeta que se encontraba sobre el escritorio sin retirar sus ojos de mi, como se me encontrara, de alguna manera, fascínate. Mire a la Dra. Hale en busca de apoyo y ella me miro a su vez como desafiándome a tomar yo la iniciativa.

No sabía que iba a encontrar en esa carpeta. Recordé vagamente que una carpeta similar había sido lanzada a mi cara cuando Edward se deshizo de mí. ¿Y si esa carpeta contenía algo igual de terrible?

Cuando la abrí tampoco esperaba verme a mí misma en ella, o al menos a una mujer demasiado parecida a mí en una foto cuarteada por el tiempo y firmada en la parte de abajo con "Leta Jones Swan"

- era nuestra madre – dijo Adam mirando cómo me temblaban las manos y dándose cuenta de mi expresión de desconcierto.

Erala madre de Charlie cuando era joven, lo que era demasiado extraño era su notable, su….completo parecido con…migo.

Sentí que me faltaba el aire en el pecho.

Vi mi vida en un santiamén frente a mis ojos, como si hubiera muerto, aunque era una reacción exagerada, estaba llevándolo todo por el camino que no era…esto sencillamente no podía ser.

- no…no se qué significa- dije devolviendo la carpeta a su lugar, cerrándola para que esa imagen de… mi… no me devolviera la mirada.

- la gente no es tan parecida la una a la otra, tan demasiado parecida, cuando no son familiares. – dijo Adam pasándose las manos por la cara, luego hablo con un tono de suplica - Durante años organizamos la búsqueda de la hija que fue arrancada del seno de su madre horas después de nacer por una enfermera corrupta del hospital donde nació. Pero nunca pudimos encontrar una pista, nunca pudimos hallar a nuestra sobrina, poco después de esa terrible perdida René y Charlie tuvieron ese aparatoso accidente en el que ella murió y el quedo como se encuentra ahora. Aun así nunca perdimos las esperanzas de encontrarla hasta que la enfermera volvió a aparecer, la capturaron pero revelo que había abandonado a la bebe en un basurero por que lloraba demasiado… creíamos que había muerto…y ahora apareces tu…

- pero eso es… es absurdo, no existe la más remota posibilidad de que sea yo. Quiero decir, podría ser cualquiera…no…no puedo ser yo – dije en voz baja.

- tienes la edad que tendría ella de haber crecido con nosotros… necesitamos… necesitamos probar que no nos equivocamos…. tu regreso podría significar la cura de Charlie.-

Me puse de pie negando con la cabeza. Eso era improcedente por no decir absurdo nuevamente, yo no podía ser la hija de Charlie….mi madre no podía….estaba muerta.

-¿que…?- dije, pero no me sentía en la capacidad de articular palabra alguna.

- necesitamos hacerles las pruebas a Charlie y a ti…necesitamos saber si eres nuestra querida sobrina, aquella que perdimos de esa manera tan terrible. – había desesperación paternal en su tono, jamás alguien me había hablado de esa manera.

- ¿que…?– no sabía ni que estaba diciendo, era estúpido e increíble.

- pruebas de compatibilidad…o de ADN como se le llama en la medicina actual - fue la Dra. Hale quien hablo – los señores Swan están aquí porque quieren que Charlie y tu se sometan a una prueba de paternidad.

No me atreví a emocionarme por eso. Había aprendido a controlar el exceso de emoción para que la decepción cuando la verdad saliera a la luz no fuera tan dolorosa, pero esto era algo mucho más serio.

- pero yo…- aun me preguntaba como podía hablar.

- por favor – suplico George.

- te lo pedimos de rodillas, jovencita. Si sale negativo sabremos que nos hemos equivocado y no te molestaremos mas. – dijo el otro hermano de Charlie con el miso tono de suplica en su voz.

- usted no lo entiende – dije yo sin poder contenerme dándome la vuelta, aun de pie, y enfrentándome a su suplica con lo que fuera que me inundara los sentimientos en ese momento – he sido huérfana toda mi vida, no puede esperar que acceda así no mas a comprobar si soy hija de alguien o no.

Ellos se quedaron en silencio contemplándome con lo que posiblemente seria lastima.

Estaba notando cierta tendencia a que me cayeran las noticias más intempestivas de la nada, me golpeaban una tras otra como obligándome a reaccionar. Ahora tenía esto por delante, no tenía nada que perder, o bueno si tenía, perdería la vaga ilusión de verdaderamente pertenecer a un lugar, tener una familia.

Pero era una ilusión salida de la nada, no era algo que tuviera desde siempre, desde muy pequeña me había acostumbrado a estar sola. ¿Que podía cambiar?

Los minutos pasaron mientras yo caminaba lentamente de un lado a otro en el despacho, quería ganar un poco de tiempo para asimilar la posibilidad, solamente sería necesario un poco de mi sangre y la noticia fatal caería otra vez sobre mí.

Pero, contrario a lo imaginado, ahora me sentía más fuerte, sentía que podía soportar una decepcionante noticia sin echarme a la pena, volvía a ser la Isabella de años atrás, la que, a pesar de todo, seguía pendiéndole la cara a la vida.

Antes de siquiera meditarlo asentí con la cabeza, aunque me pareció más un gesto que obedecía a que la misma cabeza parcia estarme dando vueltas y no dando una afirmación, pero cuando vi sus rostros, con tal alivio como si les hubiera dado la noticia de que iban a vivir eternamente, no pude refutarme. Resultaba extraño que sintiera que a esos dos, como a Charlie, no pudiera negarles nada.

Cuando se marcharon no pude discernir si se trataba de una sensación agradable o no, lo único que esperaba era…. que no sabia que esperar.

Salí de la oficina de la Dra. Hale y sin necesidad de que Lori me acompañara me devolví a mi habitación en donde no me esperaba nadie más que una bandeja con el desayuno.

Mi mente comenzó a divagar sobre la remota posibilidad de que Charlie fuera mi padre y de que Adam y George fueran mis tíos.

Una familia. Antes nunca se me hubiera ocurrido siquiera planteármelo, huérfana y sola como era no había tenido tiempo ni deseos de soñar con una familia que nunca tendría, pero ahora todo estaba cambiando, poniendo en paréntesis mi situación actual con Edward, las cosas parecían comenzar a mejorar, Y todo parecía que para bien.

Otra señal, yo creía que me gritaba que escuchara a Edward…

Pensar en su nombre seguía rememorando miles de imágenes. Y también sendos pensamientos sobre lo que estaría haciendo en ese momento, si se encontraría bien, si estaría pensando en mi y todo lo más absurdo que una volátil imaginación puede crear.

Si que era una estúpida.

Suspirando levante el cubierto del plato en donde me esperaba un plato de fruta fresca y cereales para combinar con leche.

Mire mi elegante entorno preguntándome, no por primera vez, como era que mi modesto seguro medico cubría estas cosas. Este servicio al cuarto como si fuera un hotel, el hecho de salir de la habitación y al regresar encontrar sabanas cambiadas limpias y almidonadas…

Aparte eso de mi cabeza archivándolo a un lado para retomarlo después. Volví a mis pensamientos sobre la paternidad, si tuviera una familia y ellos me aceptaran, sería capaz de adaptarme a esa nueva vida.

Cada vez me arrepentía más de haberlo decidido, tal vez…

Permanecí el resto del día encerrada sin asistir a terapia, la Dra. Hale no me obligo, casi pensaba que se compadecía de mi por todo lo que estaba pasando en esos momentos.

En medio de la tarde una enfermera se acerco a mi habitación con una serie de papeles que debía firmar, consentimientos para estar de acuerdo con la toma de la prueba.

Los firme como una autómata, todavía preguntándome si había tomado la decisión correcta. Así lo esperaba.

La misma enfermera me dijo que vendría a recogerme en horas de la mañana, para tomarme la sangre necesaria para hacer las pruebas de compatibilidad.

Esa noche soñé con Edward, inevitablemente, me soñaba en sus brazos, con sus besos en su vida, como debió ser…como hubiese sido si él no hubiera hecho lo que hizo. En los sueños sus ojos seguían siendo los mismos de siempre, tan llenos de ese sentimiento que no podía identificar.

Mas después no pude dormir y me dedique a pensar una y otra vez en lo que había dicho Alice, lo que me había contado y como cada acto cometido por Edward hablaba de contradicción, no podía asociar al hombre que me desprecio, con el que ella describía, desesperado por salvarme la vida.

Yo decía culpa, pero, conociendo a la vida, podía tratarse de algo más. Como podía no tratarse de nada en absoluto.

Su frase de que me amaba se cruzaba por mi cabeza haciendo de todo lo demás un caos, me desordenaba pensar siquiera en esa posibilidad, en creerle….

Pero luego lo recordaba todo y eso me daba maña para retroceder.

Curiosamente estaba pensando más en Edward que en lo que le esperaría a mi vida de ser verdad que, de alguna u otra manera, estuviera emparentada con Charlie. Y lo que diría el, en medio de su enfermedad, si las pruebas eran compatibles.

En la madrugada, porque no halle más que hacer, me bañe y me puse un pijama limpio, me dedique a cepillarme el cabello, trenzado y listo, volví a sentarme en mi silla habitual a rezar con el rosario por un nuevo día, una nueva oportunidad, y un nuevo… ¿destino?

Tal como lo había prometido, la enfermera vino a verme temprano, me llevo a la zona médica del hospital, allí, después de una dolorosa pinchada que me recordó dolorosamente mi estadía en el Hospital Estatal, me tomaron las pruebas de sangre que definirían si tenía relación con la familia de Charlie.

Después de esto solicite a la enfermera que me llevara ante la Dra. Hale, a la cual pedí que me consiguiera un medio de transporte para ir al cementerio a ponerles flores a mis hijos.

Ella accedió diciéndome que en aproximadamente dos horas tendría las flores y a la ambulancia de manera presencial.

Me puse ropa formal y me arregle los cabellos. Iba a visitar a Charlie antes de irme pero la enfermera Lori me dijo que Charlie había amanecido indispuesto del estomago y que se encontraba en hidratación. Seguramente se había atiborrado de los dulces de sus hermanos y debía estar con dolor de panza, como un niño, volví a sentir una inmensa ternura por él.

La ambulancia arribo, por obligación tuve que ir sentada en una silla de ruedas, por mi solicitud la Dra. Hale había solicitado que las flores fueran las conocidas azucenas. Subí allí sintiéndome un poco mejor al saber que iba a visitar a mis niños.

Cuando llegamos allá pedí amablemente que me dejaran a solas con ellos.

- Hola – dije posando un beso en cada lapida y dándome cuenta de que estaba rodeada otra vez de flores frescas. Aun no encontraba explicación a este hecho salvo que se tratara de Alice, era lo que parecía más lógico. – han pasado tantas cosas desde la última vez que nos vimos. – continúe hablando a pesar de que solo el silencio me respondía. – su…padre fue a verme a la clínica. No sé realmente porque, pero dice que quiere hablarme, que quiere aclararme las cosas…como si fuera tan fácil. – suspire y me mire las manos – no sé qué hacer, no sé qué concejo seguir. Algo en mi se pelea por la decisión de escucharlo o no, quisiera…. – no sabía que quería, quería concejo, quería que ese concejo me dijera que escucharlo no me iba a lastimar, que saber la verdad no iba a acabar con lo poco que había recuperado.

Una brisa extraña inundo el ambiente, pero no me dio miedo…parecía anormal y tenía ese olor particular con el que solo había soñado. Cerré los ojos y deje que esa brisa me envolviera y me revolviera los cabellos.

Parecía hablar, parecía decir algo.

Otra señal.

¿Acaso era posible? ¿Me decía que lo escuchara o que finalmente me fuera?, ¿que huyera como había sido el primer instinto o que me quedara e hiciera frente a la oportunidad de vivir que tenia?

Abrí los ojos, pero la brisa se había ido.

Mire hacia el frente dejando las flores sobre cada tumba y derramando las lágrimas que visitar este sitio siempre traía a mis ojos. Rece lentamente esperando que el personal de esta ambulancia no se molestara por mi demora, pero en verdad necesitaba estar ahí.

Mis sentidos se pusieron alerta cuando escuche ese sonido en particular que hacen las hojas al crujir cuando alguien se para sobre ellas. Eran pasos, largos, lentos, y se dirigían inexorablemente hacia mí.

El perfume de la loción de Edward Cullen penetro por mi nariz tan pronto como sentí que sus rodillas rozaban casi mis hombros, mi corazón comenzó a palpitar con locura cuando sentí su presencia y tan cerca de mí y de mis hijos.

No entendía como había llegado hasta ahí, o que hacia específicamente ahí, de nada valía ocultar los nombres que rezaban las lapidas, los segundos nombres, los de sus padres, que solo mencionó en una oportunidad. Ese sencillo hecho podía darle ciert6o poder sobre mí, porque sabría que aun a pesar de todo había pensado en él cuando estaba embarazada.

Apreté los puños intentando prepararme para lo que fuera que quisiera.

Sentí que me sobrepasaba y se arrodillaba a mi lado. Su perfume fue más intenso en ese momento. Me sentía traicionada, violada en la intimidad que suponía la visita a mis hijos, extrañada de todo. Permanecí callada obviando, al menos por el momento el impulso frenético que me atenazaba de salir corriendo.

- Buenos Dias – dijo él en esa voz grave que me podía doblegar. Pensé que se refería a mí, pero cuando en mi campo de visión apareció su mano, con las mismas azucenas que yo había llevado, caí dolorosamente en cuenta de que el hecho de que la tumba siempre tuviera flores frescas a pesar de que yo solo venia cada semana, se debían a que el también la visitaba, este hecho me hacia especular…. tanto. – Buenos Dias, Isabella.

Había en mi nombre, pronunciado por su voz, un dejo erótico. No se me ocurría otra palabra para describirlo.

Oh Dios, me había saludado, ¿que debía hacer? Pararme, irme, correr, huir, responderle… gritarle…

- Hola…- dije sencillamente mientras el viento volvía a atacarme con más fuerza.

- ¿como estas? - me pregunto él, seguramente animado por que le hubiera respondido.

Parecía querer tener intenciones de iniciar una conversación y yo no sabía qué hacer salvo intentar no masticarme la lengua y rumiar alguna respuesta vacua.

Parecía tener todo el tiempo del mundo para esperar mi respuesta. Atrape mis manos una en la otra para que el no notara que me estaban temblando. Mire hacia el frente, dolorosamente consiente de que la mirada de el estaba fija en mi.

- yo…- ¿de dónde había salido ese graznido? Me aclare un poco la garganta, pensando miles de cosas a la vez mientras mi boca actuaba por si sola – bien…-

Que grandísima mentirosa podía llegar a ser.

Me encontraba en una debacle terriblemente contradictoria. Mi cuerpo entero quería saltar sin control sobre él y emprenderla a patadas, la mitad quería hacerlo, la otra mitad quería devolverle la mirada y escuchar su voz solo por el placer que producía.

- ¿que…que haces aquí? – pregunté esperando que su respuesta fuera tan sincera como yo lo deseaba.

- vine a ver a…- parecía dudar de a quien venía a visitar, podía haberse enterado de la existencia de esta tumba…claro que sabía de ella, las flores y la limpieza…todas eran de él. – nuestros hijos.

Que la frase nos incluyera a los dos me dolió demasiado, pero entre ese dolor había también una emoción poderosa una que surco mi pecho cuando la reconocí…no podía…pero si, lo era…era compasión, ternura por que nos uniera a los dos en una misma frase, la misma emoción que no debía sentir cuando me dijo que me amaba.

- y vine a esperarte a ti –

Ya, ahí estaba confesada su segunda intención. Mi rostro se obligo a mirarlo porque ya no podía tratar de ignorar su presencia a mi lado tan fácilmente.

- ¿desde cuándo sabes que vengo aquí? –

Sus ojos me devolvieron la mirada imperturbable, como si quisiera decirme muchas cosas pero sin atreverse a hacerlo sin mi consentimiento.

- desde que supe que ellos existían.

Esta respuesta me llevaba a preguntarle desde cuando lo sabía, pero eso significaría alargar la conversación y yo… ¿que era lo que quería?

Deje de mirarlo para que dejara de embrujarme con su mirada y me volví hacia mis hijos. Antes de poder contenerme la pregunta abandono mis labios.

- ¿desde cuándo lo sabes? –

El se quedo en silencio un momento, como si dudara en decírmelo, aunque no sabía la razón.

- un día antes de que…intentaras suicidarte.

Parecía que había sido ayer, pero ya casi se cumplían cuatro meses y eso era una cantidad considerable de tiempo. Cuatro meses…

Me quede callada un momento, pero después supe que era el momento de partir, aun no había tomado una decisión, no podía discernir entre escucharlo y mandarlo al diablo para que regresar otra vez….

- quiero…- dijo él, por el rabillo de ojos su mirada me taladraba toda. – necesito hablar contigo Be… - se interrumpió cuando iba a pronunciar la versión abreviada de mi nombre, pero no parecía haberlo hecho por otro motivo mas allá que por respeto hacia mi - Isabella –

Yo no sabía que decir o que hacer salvo intentar, fracasando enormemente, que su voz no penetrara en mis sentidos y desordenara todo en mi.

-lo sé - dije antes de poder detenerme, las manos comenzaron a temblarme otra vez, pero las aquiete nuevamente…que no se diera cuenta, por favor. – yo… - un quejido abandono mi boca, de repente tenía el impulso de echarme a llorar nuevamente, pero decidí resistirlo con estoicismo, si me derrumbaba ahora sería capaz de decirle que lo escucharía hasta el final del mundo si me aseguraba que me amaba tanto común decía, pero no podía hacer ese ridículo nuevamente ante él. – necesito…necesito tiempo…

El silencio reino entre nosotros, parecía que hasta el mismo ambiente se encontraba en incertidumbre por cada palabra que pronunciábamos, en verdad estaba manteniendo una conversación con Edward, el hombre que me había dañado completamente la vida. Pero el hombre al que, aun a pesar de eso, podía seguir amando con la intensidad del principio, sin dejar espacio para mi orgullo.

- no voy a presionarte, te daré mil años si con eso puedo aspirar a que me escuches. Pero quiero que sepas algo – su voz se endureció un ápice y me sorprendió saber que estaba tan pendiente del que me había percatado de ello.

Cuando se movió para acercarse a mi supe que había empezado a jugar sus cartas de seducción nuevamente conmigo, y me quede paralizada completamente consciente de que llevaba todas las de perder.

- tú eres mía…- susurro contra mi oído, no lo mire, no podía hacerlo, apneas si era capaz de mantenerme sentada sobre mis talones y apoyada en mis rodillas, cuando su esencia me envolvió a mi.- no voy a dejar que nadie te aparte de mi lado, no voy a renunciar a ti. Y te pido una vez más, que me escuches, solo escúchame y después de esto…decide lo que quieras– dudo, pero aun en esa duda cada palabra pronunciada exhibía una convicción como pocas cosas en la vida. – escúchame y decide tu misma si no es suficiente para siquiera contemplar la posibilidad de perdonarme.

Mis ojos volvieron a los suyos inexorablemente, permanecí con el rostro impasible mientras él se acercaba y… tiernamente rozaba sus labios contra los míos.

Petrificada, sí, eso estaba, ya lo había dicho antes, su cercanía me hacia torpe e hipoactiva. Respirar su aliento contenido era mi perdición, tener su rostro y sus ojos tan cerca de mi era demasiado perturbador, tanto como lo eran sus palabras, era como si supiera muchas cosas de mi que no debía saber, el no debía…

- te amo – susurro contra mi boca, volvieron mis recuerdos de los días anteriores, el mismo susurro, el mismo hecho en el que él seguía insistiendo.

Que débil era, si, lo era, cuando se aparto lo único en lo que podía pensar era en cómo hacer que volviera a donde estaba, que masoquista podía llegar a ser.

Pero no me sentía dolida, no sentía nada más que una profunda ansia de volver a estar en sus brazos, lo cual no estaba nada bien. Quería pedirle concejo a Alice, quería que ella me enseñara a controlarme, quería…

El se puso de pie dejando las flores al lado de las mías.

Quise llamarlo a gritos. En cambio me salió un sonoro suspiro de entre los labios.

Mucho tiempo después de que él se fuera, lo que yo suponía que había hecho, me llego el turno a mí de marcharme.

Una cosa era segura, pensé cuando me subí a la ambulancia y me sentía intensamente observada, y no precisamente por la tripulación que me transportaba. El tiempo de mi resistencia a escuchar lo que fuera que Edward insistiera en decirme, estaba llegando rápidamente a su fin.