Dark Chat

jueves, 9 de septiembre de 2010

Lagrimas de Amor

Capitulo 4

Las oficinas madrileñas del banco de Masen eran muy elegantes, pero Bella se estaba cansando de esperar… por muy lujoso que fuese el entorno.

La señorita Swan desea saber si usted espera que ella se quede sentada aquí en recepción todo el día –le preguntó Ángela a su jefe.

Dígale que tendrá que quedarse ahí hasta que yo termine este informe –espetó Edward, apenas levantando la mirada del ordenador.

El le estaba haciendo un inmenso favor a Bella librando a su padre una sentencia judicial y lo menos que podía hacer ella era mostrar un poco de gratitud. Pero en vez de eso, había estado durante todo el viaje en avión hasta Madrid quejándose de que quería marcharse a su casa con su padre y el estaba comenzando a tener serias dudas de si debía casarse con ella. Bella era una bruja… aunque muy guapa.

Mientras trabajaba en el informe, no podía quitarse de la cabeza los delicados rasgos de ella y sus preciosos ojos. Maldiciendo, se levanto y se acercó a mirar por la ventana.

Le gustaba Madrid en primavera y comercialmente era un acierto tener la principal oficina del Banco de Masen en el centro de la ciudad española más importante. A su vez le encantaba pasar tiempo en su lujoso departamento, situado en uno de los elegantes barrios de la capital. Pero su corazón estaba en Andalucía y su hogar siempre sería el Palacio del León.

Habiendo pasado sus primeros años de vida viviendo en una sucia caravana, al principio le había intimidado el tamaño y la majestuosidad del castillo. Incluso en aquel momento podía recordar lo bien que se había sentido al haberse enterado de que por fin pertenecía a un lugar. El castillo era su hogar, su herencia. Eso le había dicho su abuelo. Ya no había tenido que volver a hacer viajes interminables ni había tenido esperar en las escalerillas de la caravana mientras su madre había entretenido a sus numerosos amantes y su padre había desaparecido durante días.

Se puso tenso al recordar cuando Bella le había dicho que el estaba aislado de la vida real. Ella no sabía nada sobre el; había estado en lugares que ella ni siquiera podía imaginarse.

Durante sus primeros diez años de vida había conocido la pobreza y el hambre, el miedo y la soledad, sensaciones que incluso tras veinticinco años todavía le asaltaban en sueños.

Ángela, dígale a la señorita Swan que entre, por favor.

Edward se sentó tras su escritorio y miró por encima a Bella cuando esta entró, acercándose a el.

¿Qué es lo que pasa? Te dije que tenía que asistir a una importante reunión y que después tenía que preparar un informe –espetó- ¿Eres siempre tan impaciente?

Durante unos segundos, Bella se sintió muy intimidada. Edward era muy arrogante y poderoso, pero a la vez muy sexy. Tenía el bienestar de su padre en sus manos, pero todo le que ella podía hacer era mirarlo como una quinceañera que se acabara de enamorar.

En cuanto habían llegado a las oficinas, el se había introducido en sus dependencias privadas, donde debía haberse duchado y cambiado de ropa. Verlo vestido con un traje de chaqueta le había impresionado ya que le daba un aire de sofisticación urbana.

¿Yo impaciente? –murmuró, indignada- Fuiste tú el que insististe en traerme a rastras a Madrid sin darme la oportunidad de hacer mi maleta con calma. Ni siquiera se por que estoy aquí… a no ser que sea para que me siente y sea decorativa.

En realidad, la razón por la que te he traído aquí es simple –dijo el- Esta noche vamos a asistir a un importante banquete que se ofrece en honor a los empresarios más importantes de Madrid, así como a la elite social. Pero primero tenemos que ir de compras.

Date prisa y baja del coche. Y deja de estar tan malhumorada –le dijo Edward a Bella varias horas después.

No estoy malhumorada –espetó, indignada- Simplemente estaba… aclarándome las ideas –dijo, pensando que era mejor guardarse esas ideas para ella misma- Quizá a ti te guste vivir la vida alocadamente, pero no puedes esperar que yo haga lo mismo.

Lo que espero es que bajes del coche y te montes en el ascensor en cinco segundos… a no ser que quieras que te lleve en brazos –dijo el frunciendo el ceño.

¡No me pongas tus malditas manos encima! –exclamó, Bella enfurecida.

Parecía que Edward Masen le hacía perder el control y sacaba a relucir lo peor de ella.

Abrió la puerta del coche y salió al aparcamiento subterráneo, dirigiéndose hacia el ascensor. Edward le había informado de que el banquete que se iba a celebrar aquella noche sería la ocasión perfecta para anunciar su compromiso. Se casarían en tres semanas, cosa que a ella no le había hecho mucha gracia, pero el, como siempre solía hacer, se saldría con la suya para no perder el control del Banco de Masen.

Habían pasado la tarde de compras por las más exclusivas boutiques de la ciudad, y Edward había elegido personalmente la ropa de la que pronto se convertiría en duquesa de Masen. Había ignorado la negativa inicial de Bella de aceptar nada suyo y había señalado que el precio que iba a pagar por aquella ropa no era, nada comparado con lo que ya había pagado por ella.

Bella se dio cuenta de que había vendido su alma al diablo; su padre quedaría libre de culpa, pero ella sería prisionera de Edward durante todo un año.

No me puedo creer que me hayas comprado tanta ropa –murmuró mientras se dirigían al ascensor- Ya te dije que no la necesitaba, tengo mi propia ropa.

Dejemos una cosa clara, querida. Durante el próximo año serás mi esposa, ¡que Dios me ayude! Cuando estemos en público, esperó que actúes y que vayas vestida como una duquesa más que una colegiala mal vestida… ¿entendido? Lo que hagas en privado es cosa tuya… por lo que a mi respecta puedes pasearte por la casa desnuda ¿Quién sabe? Podría darle un toque picante a nuestra relación –murmuró.

¡Ni lo sueñes! –le dijo Bella mordazmente, ignorando como se le había acelerando el corazón- ¿Y que quieres decir con eso de "mal vestida" ¿Qué hay co mi aspecto? –pregunto. Pero al mirarse en el espejo del ascensor tuvo que reconocer que el vestido que llevaba era bonito, pero no elegante.

Comparada con la sofisticada secretaria de Edward y con las modernas dependientas que le habían ayudado a probarse la ropa, a ella le faltaba mucho estilo.

Cuando llegaron al piso del departamento de Edward, pudo ver que parecía de estilo morisco, pero al entrar en el observó que la decoración era moderna y minimalista. Las habitaciones eran grandes y frescas, con suelos de maderas y enormes ventanas que dejaban pasar la luz.

Era claramente un departamento de soltero; era muy bonito, pero impersonal, como su propietario.

Deseó estar en Littlecote, pero aquella ya no era su casa; estaba en venta y ella ya no tenia ningún lugar que pudiera llamar hogar, aparte de la casa de su tía Esme en Eastbourne, donde se estaba quedando su padre hasta estar lo suficientemente recuperado como para tomar las riendas de su vida.

¿Qué ocurre ahora? Parece que hubieses visto un fantasma –dijo Edward con dureza.

Estaba pensando en mi padre; espero que este bien –dijo ella- ¿Cuándo retirarás los cargos contra el? Espero que pronto.

Mi equipo legal ya está trabajando en ello, pero tienes que entender que su casó esta en manos de la justicia británica. Mis abogados no pueden hacer mucho.

Bueno, pues será mejor que lo hagan rápido, porque a mi no me pones un anillo de boda hasta que mi padre este libre de cualquier procedimiento judicial.

Dios, eres tan irrespetuosa –gruño Edward, quien no estaba acostumbrado a recibir órdenes.

Estuvo a punto de decirle que el acuerdo había terminado. Podría encontrar una esposa en otra parte. Cualquiera sería mejor que aquella endemoniada mujer… aunque tenía que reconocer que tenía la cara de un ángel. Pero ella le debía una cosa; era culpa de Charlie Swan que su abuelo hubiese dudado de sus habilidades para dirigir el banco y era justo que un Swan fuera castigado… ojo por ojo y diente por diente. Un año de la vida de Bella a cambio de la libertad de su padre.

Respeto lo que se merece ser respetado –dijo ella con desdén.

Durante un momento, Edward pensó que no iba a ser capaz de controlar su enfado. Con el tiempo había aprendido a controlar su genio, pero Bella Swan saca a florecer lo peor de el. Al ver miedo reflejado en la cara de ella se preguntó si pensaba que le iba a pegar, cosa que el jamás haría. Abominaba a los hombres que maltrataban a las mujeres.

El caso de Charlie quedara anulado cuando sea posible, desde luego antes de la boda. Tenemos un acuerdo –le recordó con gravedad- Y a ambos nos beneficia que se cumpla.

Gracias –ofreció ella, que repentinamente parecía joven y frágil.

Edward admiro a aquella mujer que tenía delante. No se parecía a ninguna otra mujer que el hubiese conocido. Su matrimonio prometía fuegos artificiales y no podía negar las expectativas que tenía de llevar a la cama a su pequeña arpía inglesa. Debía de haber alguna compensación ante el hecho de tener que estar atrapado durante un año en matrimonio.

Te llevaré a tu habitación –dijo el repentinamente.

Observo la expresión de alivio de la cara de ella y se pregunto si habría estado preocupada por si el insistía en probar la mercancía antes de comprar. Pero tuvo que reconocer que se le había pasado por la mente; parecía que desde que la había tomado en brazos en el castillo, estaba en un estado permanente de excitación y le tentaba explorar la química que ardía entre ambos.

Pero aquel no era el momento ya que el banquete al que iban a asistir se celebraba en menos de dos horas.

Bella siguió a Edward por el pasillo hasta una habitación grande y elegantemente decorada.

El cuarto de baño esta ahí –dijo el señalando una puerta en el extremo de la habitación- Te sugiero que hagas uso de el y que te prepares para esta noche. La ocasión exige ir muy bien vestido y en el futuro, tendremos que comprarte vestidos de noche a medida. Hasta entonces, tendrás que arreglártelas con uno de los vestidos que hemos comprado hoy. El de seda azul estará bien –ordeno arrogantemente.

¡No soy una campesina! Se como vestirme, sabes –espetó Bella.

Bien, te veré en una hora –dijo el dirigiéndose hacia la puerta. Entonces se detuvo.- Obviamente comeremos en el banquete, pero no será hasta por lo menos las nueve. Hoy es el día libre de Jessica, mi ama de llaves, pero si tienes hambre, puedo prepararte algo.

Aquel ofrecimiento, sorprendió a Bella.

Por el momento no tengo hambre –contesto- Pero… gracias.

Edward frunció el ceño, pero no dijo nada más. Salió de la habitación y cerró la puerta tras de sí.

Fue entonces cuando Bella respiró con tranquilidad y se sentó en la cama. Se agobio al pensar en lo que había accedido a hacer; convertirse en la esposa de Edward Masen. Se tapó la cara con las manos y sintió como si hubiese saltado de un avión sin paracaídas.

Se pregunto como iba a ser capaz de vivir con el durante un año. Aquel hombre la intrigaba y la aterrorizaba al mismo tiempo. Quizá el se suavizaría, pero al recordar sus duras facciones su esperanza murió; el no tenía ninguna amabilidad que dar. Seguramente su ofrecimiento de prepararle algo de comer había sido porque no había querido que ella se desmayase de hambre en la fiesta a la que iban a asistir.

Todo lo que hacía Edward tenía un motivo oculto. Como su matrimonio. Con un poco de optimismo pensó que quizá ni siquiera fueran a tener que pasar tiempo juntos. Talvez incluso podría regresar a Inglaterra junto a su padre.

Pero cuando se metió en la ducha y recordó la manera en el que el la había, como desnudándola con la mirada, se pregunto si en tres semanas el podría exigirle que compartiera su cama. Emitió un leve grito y se dijo así misma que el no lo haría… Aunque de todas maneras ella se negaría. Pero podría tener una batalla por delante, si no una guerra, porque ella tenía claro que no se entregaría a un hombre al que no amara y que no la amaba a ella.

Cuando salió de la ducha y se dirigió de nuevo a la habitación, pensó que había estado muy cerca de hacer eso mismo. Había estado perdidamente enamorada de Jacob Black y había pensado que el también la había amado a ella. Nada más haberlo conocido se había enamorado de el. Hasta aquel momento ella había tenido pocos novios. El haberse ocupado de su madre y haber tratado de apoyar moralmente a su padre había acabado con sus energías. Había conocido a Jacob poco después de la muerte de su madre, cuando todavía había estado muy vulnerable.

Tras mirar en las bolsas la ropa que Edward le había comprado, se acerco a la ventana, desde la cual se divisaba el palacio real y los jardines que lo rodeaban, preguntándose que había visto Jacob en ella al haberla conocido en Londres. El nunca había tratado de llevarla a la cama; le había asegurado que no le importaba esperar a que se casaran.

Incluso en aquel momento no entendía por que Jacob había fingido ser el perfecto novio enamorado. Se preguntó si, de no haberlo encontrado en la cama con su ama de llaves polaca, el habría seguido adelante con toda aquella farsa.

Le había dolido tanto haber encontrado a su novio en la cama con otra mujer, que le habían dado igual todas las suplicas de el. Destrozada, había regresado a su casa familiar en Brighton. Y desde entonces, aunque quizá fuese muy anticuado, se había dicho a si misma que no se acostaría con ningún hombre hasta que no encontrara a su alma gemela.

Dejó de pensar en el pasado al darse cuenta de que había transcurrido media hora y que todavía tenía que secarse el pelo y vestirse. Aunque le encantaba la ropa, no se había divertido comprando aquella tarde y había odiado el hecho de que Edward hubiese pagado. Sacó el vestido azul que el había sugerido y de otra bolsa sacó la única prenda que había comprado ella; un vestido negro largo y con cuello alto. A Edward no le había gustado, por lo que ella lo había pagado a sus espaladas.

Se lo puso y se arreglo el pelo en un moño. Era una pena que el color negro la hiciese ver tan pálida, pero ya era tarde para cambiarse y además se negaba a que el le dijese como tenía que vestirse.

Edward estaba esperándola en el salón. Bella se acercó con la cabeza bien alta, negándose a reconocer lo acelerado que tenía el corazón. Pero cuando llegó a la puerta del salón se detuvo y lo miró. Pensó que aquel hombre era guapísimo. Su traje negro acentuaba su altura y la anchura de sus hombros. Pero entonces el se dio la vuelta y la vio, con el enfado reflejado en los ojos.

¿Qué demonios te has puesto? Dios, parece que vayas a ir a un funeral en vez de celebrar nuestro compromiso.

Quizá eso sea por que considero que nuestro compromiso no hay que celebrarlo –contesto ella- El negro refleja mi estado de humor.

Te juro que acabarías con la paciencia de un santo, señorita Swan –gruño Edward mientras se acercaba a ella y la agarraba de los hombros, llevándola de nuevo a la habitación- Y yo soy el hombre menos piadoso de este planeta. Tienes dos minutos para cambiarte y quitarte esa ropa de viuda. Ponte el vestido azul.

¿O…? –le retó Bella, que nunca se había enfadado tanto.

O te lo quitare yo mismo, más rápido de lo que te puedas imaginar –dijo el, esbozando una fría sonrisa- Aunque tengo que admitir que quizá tardará más para vestirte –murmuró- Incluso llegaríamos tarde al banquete, pero nuestros anfitriones seguramente perdonaran nuestra acalorada pasión dado que estamos comprometidos.

Eres despreciable, y no voy a segur adelante con esto –dijo Bella, sintiendo como las lagrimas de furia escocían sus ojos- No podría estar casada contigo ni cinco minutos, por no hablar de un año.

Edward se encogió de hombros con indiferencia y sacó su teléfono móvil de su chaqueta.

Esta bien… cancelaremos todo –hizo una pausa- Pensaba que te importaba tu padre, pero obviamente estaba equivocado. La única persona que te importa eres tú misma, no es así, Bella.

Sabes que haría cualquier cosa por el –susurró ella, que sabía que no tenía otra manera de salvar a su padre que casándose con Edward. Se humedeció los labios.

Tienes dos minutos, Bella –advirtió el, acercándole el vestido azul.

Ella lo tomó y se marcho al cuarto de baño.

Tuvo que reconocer que era un vestido precioso y que el color que tenía le quedaba mucho mejor que el negro. Era elegante y sexy a la vez. Tenía el escote más bajo que ella nunca había llevado. Entonces, respirando profundamente, abrió la puerta que daba a la habitación.

¿Satisfecho? –exigió saber fríamente, incapaz de evitar temblar cuando el la miró.

No completamente… ven aquí.

Bella se sintió como un perro al que llamaba su dueño, pero el brillo que reflejaban los ojos de el le advirtió que mantuviese la boca cerrada. Se acercó a el y emitió un leve grito cuando este le dio la vuelta y pudo ver el reflejo de ambos en el espejo. El, con delicadeza, comenzó a quitarle las horquillas que sujetaban su moño. Entonces cuando ella tuvo todo el pelo suelto, comenzó a cepillarlo.

Aquello era increíblemente íntimo. El calor le recorrió a Bella por las venas y se apartó de el pero Edward le dio un golpe en el trasero con el cepillo para que se estuviera quieta.

No te muevas –dijo, con cierta burla reflejada en los ojos.

A ella le hubiera gustado cometer un asesinato y apretó los puños. Pero entonces el comenzó a masajearle el cuello y ella sintió como toda la tensión abandonaba su cuerpo.

Ahí… ahora estas bien –dijo el, dejando el cepillo sobre el tocador y tomando algo del bolsillo- Aparte de un último toque.

Bella se quedo impresionada al ver el brillante anillo de zafiros y diamantes.

¿Es realmente necesario? –preguntó con la voz ronca.

Sabía que muchas mujeres darían lo que fuera por tener aquel anillo, pero ella se sintió levemente enferma. Era más un anillo… era una declaración de intenciones entre dos personas y símbolo de su amor.

Desde luego que es necesario. En cuando anuncie nuestro compromiso, todos esperan ver el anillo –le dijo Edward con cierto cinismo- Dame tú mano –exigió.

Entonces la tomó el mismo, impaciente ya que ella colocó ambas manos tras su espalda.

Míralo como una inversión. Cuando nuestro matrimonio termine, siempre podrás venderlo.

Cuando nuestro matrimonio termine, te lo devolveré, junto con todo lo demás que me has comprado. Quizá hayas comprado mi presencia en tú vida durante un año, Edward, pero nunca serás dueño de mi alma ni me robaras mi integridad.

¿Integridad? –dijo el, frunciendo el ceño mientras le ponía el anillo.

A Bella le sorprendió que el anillo fuera de su talla. Tuvo que reconocer que era precioso, pero pesaba demasiado y controló el impulso de quitárselo.

Es muy bonito… Espero no perderlo –murmuró mientras levantaba la mano para, a regañadientes, admirando el brillo de los diamantes.

Edward se quedó mirándola, y ella se ruborizó.

No creó que vayas a perderlo. Más o menos adiviné tu tala y le pedí al joyero que lo achicara para ti –dijo tomándole la mano y mirando los delgados dedos de ella- Eres tan pequeña y tan frágil como un pajarillo.

La aterciopelada dulzura de la voz de el provoco que ella sintiera un escalofrío y que apartará rápidamente la mano.

Soy más fuerte de lo que parezco aseguró, levantando la barbilla para mirarlo a los ojos.

La sonrisa que esbozo Edward la dejó sin aliento y no pudo apartar la mirada del bello rostro de el.

Ya es hora de irnos –dijo el duque, ofreciéndole el brazo.

Bella, con el corazón en un puño, lo tomó. Había hecho un pacto con el diablo y ya no tenía otra opción que seguir adelante con ello.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Lagrimas de Amor

CAPITULO 3

Mientras miraba las lágrimas que recorrían la cara de Bella, Edward, pensó que nunca dejaría de sorprenderle cómo las mujeres podían romper a llorar cuando les convenía. Había estado con muchas mujeres y no comprendía por que ver a aquella llorar le hacía sentir como si le clavasen un puñal en la tripa. Le estaba afectando verla llorar… y no le gustaba. Le hacía sentirse incomodo y la necesidad de abrazarla y de acariciarle su sedoso pelo marrón era completamente ridícula.

Se dijo a si mismo que debía echarla en aquel mismo momento, debía entregarla a la policía y no supo por que dudaba. Desde que había sabido quien era ella, se habían apoderado de el la furia y otro impulso más básico que sin duda era el responsable de que no pudiese quitarle los ojos de encima.

Miró la boca de ella y su cuerpo reacciono al ver lo delicioso que parecía su labio inferior.

A el le gustaban las rubias altas, y elegantes. Bella Swan era bajita, delicada, pálida y su pelo tenía reflejos rojizos que el podía ver eran naturales.

Nunca sobresaldría del montón, pero tenía algo, como un aire de serenidad.

Le doy dos minutos –dijo el fríamente- Aunque debo advertirle que ya tengo una idea de las causas de los problemas económicos de su padre, y no me parece que excusen que el rompiera la confianza que había puesto en el.

¿Sabe que el es adicto al juego? –dijo Bella con urgencia- No puede evitarlo. Es una victima inevitable de las facilidades que suponen las apuestas telefónicas.

Se me rompe el corazón –dijo Edward con un frío sarcasmo.

Aquello irrito a Bella, que se acercó a el.

Mi padre es un buen hombre, una persona honorable –insistió- Hace pocos años realizó unas inversiones poco prudentes, y desafortunadamente, perdió mucho dinero.

No comprendo por que debería sufrir yo por su temeridad –espetó Edward.

El estaba desesperado. Mi madre estaba gravemente enferma y el estaba preparado para hacer lo que fuera… cualquier cosa…para ayudarla. El juego parecía su única salvación –titubeó- Ganó un par de veces y creyó que su suerte continuaría. Pero en vez de eso comenzó a acumular muchas deudas, deudas que no tenía manera de pagar. Tras la muerte de mi madre, creó que el se sintió muy agobiado. La única cosa que tenía valor era nuestra casa. Sus acreedores amenazaban con quitarle Littlecote. Pero estaba desesperado por conservarla… para mí. –explicó, conteniendo las lagrimas- Charlie hizo lo que hizo, tomó el dinero, por que quería la casa que sabía que yo amaba.

Bella se detuvo y se restregó los ojos; no quería llorar, no delante de aquel hombre que parecía que tenía corazón de piedra.

Es una historia muy conmovedora –comentó Edward en un tono aburrido- Y sin duda habrá algo de verdad en ella. Estoy dispuesto a creer que Charlie robó por usted. Señorita Swan, usted tiene gustos muy caros.

¿Cómo puede usted saber que es lo que me gusta? –exigió saber Bella, indignada.

Se ha llevado a cabo una minuciosa investigación de sus vidas. Se todo lo que hay que saber sobre usted… y no es una mujer que salga barata –informo fríamente- La educación privada que recibió en un exclusivo colegio para señoritas, por no mencionar el lujoso piso que ocupó mientras estuvo en la universidad…

Yo pague el alquiler del piso con un dinero que mis abuelos habían dejado para mi –dijo Bella, que estaba empezando a enfurecerse- Y trabaje muy duro para conseguir mi licenciatura.

¿En historia de la Literatura e Historia? –dijo el con desdén- Estoy seguro de que le ha resultado muy útil.

En mi profesión, mucho –dijo ella fríamente- Como parece que sabe tantas cosas de mí, estoy segura que habrá descubierto que tengo mi propio negocio de antigüedades.

Se que le gusta jugar a las tiendas en un pequeño establecimiento en Brighton. Pero The Treasure Trove no es un negoció muy prosperó. ¿Verdad?

Bella frunció el ceño.

Oh, vamos –se burlo el- Apenas gana la suficiente como para pagar sus gastos.

Es cierto que mis ganancias no han sido tan buenas como esperaba, pero lleva tiempo ganar cierta reputación en el mundo de las antigüedades.-farfullo Bella.

Antes de haber abierto su tienda, le había encantado su trabajo como catalogadora en una casa de subastas londinense, pero su vida se había detenido cuando hubo roto su compromiso con Jacob Black. Con el corazón destrozado ante el engaño de éste, había regresado a Brighton y con el apoyo de su padre había abierto The Treasure Trove. Pero durante el primer año de actividad el negocio había marchado despacio. Tras pagar las facturas, le quedaba poco dinero para sus gastos.

Yo debería compartir la culpa por todo este terrible embrollo –dijo con la voz ronca- Tengo que aceptar el hecho de que mi padre robó de su banco, no solo para pagar los gastos médicos de mi madre, sino que quería continuar ofreciéndome el estilo de vida que yo había estado acostumbrada. No sabe lo mal que eso me hace sentir.

Y supongo que estaría enfadada ante el hecho de que su estilo de vida va a tener que cambiar -dijo Edward burlonamente-. Haber perdido su principal fuente de ingresos debe ser muy inconveniente, pero me temo que mi banco, con la ayuda de la mano tan larga que tiene su padre, no está dispuesto a seguir corriendo con sus gastos.

¿Está sugiriendo que yo sabía lo que mi padre estaba haciendo?

¿Espera que crea que no lo sabía? No soy tan tonto señorita Swan. Está bastante claro que tiene mucha influencia sobre su padre –dijo Edward-. Durante toda su vida usted se ha sentado y ha permitido que él la mimara y, ahora que su mundo se está viniendo abajo, le está entrando el pánico.

El duque continuó hablando, mirándola con frialdad.

-¿Qué esperaba conseguir viniendo aquí? –exigió saber-. ¿Realmente pensaba que iba a ser capaz de convencerme de que hiciera la vista gorda ante una malversación de fondos de tal magnitud? Quizás sus lágrimas funcionen con su padre, pero no tienen ningún efecto sobre mí –añadió con severidad. Entonces miró su reloj que había en la pared-. Sus dos minutos han concluido.

-Vine a ofrecerme a pagar el dinero que mi padre tomó de su banco. Ya he fijado un precio de venta de Littlecote y de mi tienda, que junto con las acciones que me dejó mi madre pueden hacer que consiga dos millones de libras.

-¿Y qué pasa con el otro millón? –preguntó Edward fríamente.

-Hablo español. Pensé que quizás pudiera trabajar para el banco hasta que la deuda quedara pagada… Sin que me diera un sueldo, desde luego.

-¡Dios! ¿Cree que le permitiría acercarse a mi banco? Ya hemos tenido suficiente con un Swan metiendo sus manos en la caja. ¿Y cómo iría usted a vivir sin ganar un salario? Se tardaría años en devolver un millón de libras, incluso descontando los intereses. La idea es ridícula. Usted no tiene nada que ofrecer que yo encuentre del mínimo interés.

A pesar de todo, a pesar del hecho de que aquel hombre era el demonio encarnado, Bella no pudo evitar que un temblor le recorriera el cuerpo. Se preguntó qué le ocurría y cómo podía permitir que él tuviera aquel efecto sobre ella.

Él era extremadamente sexy, y ella sintió el salvaje deseo de desabrocharle la camisa y quitársela para así poder acariciarle el pecho. Pero, cercana a la histeria, pensó que no era un buen momento para que su sensualidad aflorara; tenía que concentrarse en salvar a su padre de una sentencia judicial.

-Si mandan a mi padre a la cárcel, quedará destruido –susurró-. La muerte de mi madre le dejó abatido, y no creo que pueda soportar muchos más golpes emocionales. Tengo miedo de que se suicide, y le suplico que muestre indulgencia –imploró, mordiéndose el labio inferior para aguantar las lágrimas-, Si accede a retirar los cargos contra él, haré lo que pida.

-¿Cualquier cosas? ¿Tengo que entender que está ofreciéndome los servicios del oficio más antiguo del mundo? ¿Cuántas noches de pasión cree que me compensará por un millón de libras? –dijo mirándola despacio de la cabeza a los pies.

-¡No quise decir…eso! –Espetó Bella con vehemencia-. Esperaba que pudiéramos llegar a algún tipo de acuerdo… -dejó de hablar al darse cuenta de que poco más que su cuerpo era lo que ella le pedía ofrecer a un duque multimillonario.

Pero se preguntó cómo se había atrevido él a pensar que ella había ido allí a ofrecer sexo. La sola idea era desagradable, y ni por un momento iba a admitir que le tentara. Cerró los ojos cuando él se acercó a ella y pudo oler su fragancia, fresca y exótica, ante lo que la excitación se apoderó de ella.

-¿Quizás compartir mi cama no le parezca algo tan horrible, ¿verdad? –Sugirió Edward con el brillo reflejado en sus verdes ojos-. De hecho, por la invitación que reflejan sus increíblemente expresivos ojos, debería ser usted la que me pagara para complacerla.

-No lo creo –dijo ella entre dientes, muy avergonzada. Entonces se echó para atrás.

Pero él la tomó de la barbilla y le levantó la cara para que lo mirara a los ojos.

-No estoy ciego, señorita Swan. Puedo ver la manera en la que sus ojos se oscurecen cuando me miran y cómo le tiembla la boca, de una manera muy tentadora… suplicando ser besada –murmuró él, utilizando un tono muy delicado-. Ambos nos hemos percatado de la química que hay entre nosotros y, admitámoslo, hay peores maneras de ganarse la vida.

Bella se preguntó si él hablaba en serio al sugerir que ella se convirtiera en su amante durante las noches necesarias hasta que la deuda de su padre estuviese pagada. Y si así era, se preguntó si él esperaría cierto nivel de pericia bajo las sábanas, ya que, con su limitada experiencia, pagarle le podía llevar el resto de su vida. Pero lo que le enfadó fue darse cuenta de que estaba considerando aquello.

-Me temo que convertirme en su mujerzuela no es una opción que yo fuese a considerar –espetó-. Antes preferiría morir.

-Entonces ambos estamos de suerte ante el hecho de que no me gusta sacrificar vírgenes –se mofo él.

Bella se ruborizó y se preguntó cómo lo sabía… si ella lo llevaba tatuado en la frente.

-Nunca he pedido favores sexuales y no voy a comenzar ahora –informó él arrogantemente, poniéndole la mano a ella sobre el hombro y acercándola a la puerta-. Ya me ha hecho perder bastante tiempo. Le sugiero que se marche a casa y que contrate los servicios de un buen abogado. Charlie lo va a necesitar.

El sentido común le advirtió a Bella de que guardar silencio era una opción más digna, pero nunca antes se había sentido tan enfadada como en aquel momento.

-Es usted muy cruel. Sé que mi padre ha actuado mal y, créame, también lo sabe él. Si pudiera verlo, se daría cuenta de que está destruido por la culpabilidad que siente. Pero tomó el dinero por amor y porque no veía otra manera de arreglar las cosas –le tembló la voz de la emoción al recordar las últimas semanas de vida de su madre.

Pero la expresión de aburrimiento de Edward reflejaba su falta de interés en todo aquello.

-Usted no tiene idea de lo que es la vida real, ¿verdad? Nació entre riquezas y se sienta aquí, en su castillo, tratando a todo el mundo con prepotencia. ¿Sabe una cosa? Siento pena por usted –dijo ella amargadamente-. No creo que nunca haya experimentado el amor ni que nadie lo haya amado.

-Quizás tenga razón –dijo Edward frunciendo el ceño. Abrió la puerta y la sacó al pasillo-. Pero, permítame que le diga una cosa: tener aventuras amorosas es lo que me gusta. Adiós señorita Swan.

-¡Espere! –esclamó Bella, introduciendo el pie para evitar que la puerta se cerrase-. ¿Quiere que le suplique? ¿Es eso? –preguntó, desesperada-. Porque haré lo que sea para salvar a mi padre.

Mientras hablaba se puso de rodillas, dejando a un lado su orgullo.

-No voy a permitir que mi padre vaya a la cárcel. Debe de haber algo en lo que yo le sea útil a usted… cocinaré, limpiaré… fregaré sus suelos. No le temo al trabajo duro y haré lo que sea… siempre y cuando sea moral- dijo, mordiéndose el labio inferior y mirándolo.

Edward la miró y pensó que el aire de inocencia de aquella mujer era muy intrigante, ya que él sabía, debido a la investigación que había realizado, que ella había estado comprometida con un agente de seguros londinense llamado Jacob Black. Se preguntó por qué no se libraba de ella en vez de estar fantaseando con acariciar con sus labios los de ella, que parecían muy suaves y carnosos.

-¿por qué ha venido a verme a mí? –Preguntó con dureza-, ¿Por qué no le ha ofrecido sus… -se detuvo y resueltamente, le miró los pechos- servicios a otro hombre rico?

-No conozco a ninguno –contestó Bella claramente- Y, como Littlecote está a punto de venderse, no tengo nada que ofrecer como garantía para un préstamo bancario. No me quedan más opciones. Señor Masen, hablo en serio cuando digo que quiero devolver el dinero que tomó mi padre… cada penique –añadió al ver que él no parecía impresionado-. Todavía no sé como, pero de alguna manera pagaré la deuda de mi padre. Todo lo que le estoy pidiendo es que me dé tiempo y que acceda a no llevar el caso a los tribunales.

Por alguna razón, el ver a Bella de rodillas hizo que Edward se impacientara y se apartó de ella. El sentido común le decía que ella era una mujerzuela egoísta que había coaccionado a su padre para que abusara de su posición en el banco para así mantener su extravagante estilo de vida. Pero era una mujer encantadora. Apenas podía pensar con claridad cuando ella lo miraba con aquellos enormes y preciosos ojos cafés chocolatosos. Y tenía valor… debía de querer mucho a su padre para haber ido hasta allí a suplicarle. Ella no se merecía ni su respeto ni su compasión pero, ante su enfado, sentía ambas cosas por ella.

Se le había ocurrido algo que no podía ignorar. No necesitaba ni una cocinera ni una mujer de la limpieza, pero supo de una manera en la que ella podía serle de utilidad… y era moral.

-Levántese, señorita Swan –dijo con frialdad-. Ha dicho que está preparada para trabajar para mí si yo retiro los cargos contra su padre, ¿no es así?

-Sí –dijo Bella, esperanzada-. Ya se lo he dicho haré lo que sea –aseguró ella con entusiasmo.

-En ese caso, supongo que no pondrá ninguna objeción a ser mi esposa, ¿no?

Está bromeando, ¿no es así? –dijo ella entre dientes.

-Estoy hablando en serio. Me encuentro en la nada envidiable situación de tener que encontrar una esposa antes de mi próximo cumpleaños…. Y permanecer casado con ella durante un año.

-¿cuándo es su cumpleaños? –pregunto Bella, murmurando.

-Dentro de dos meses.

-Entonces sí que es urgente.

Bella pensó que todo aquello parecía muy surrealista. Edward la estaba mirando, y ella no pudo ignorar la tensión sexual que había entre ambos…

Siéntese, señorita Swan… aunque ahora que estamos comprometidos en matrimonio será mejor que te llame Bella.

-Todavía no he dicho que sí –espetó ella, indignada ante el autoritarismo de él.

-¿No habías dicho que no te queda otra alternativa?

-Así es, pero parece que tú te encuentras en la misma situación –dijo Bella, sentándose en una silla y llamándole a su vez de tú.

Le complació saber que quizás él la necesitara tanto como lo necesitaba ella a él, lo que la colocaba en una situación poderosa para negociar.

-¿Por qué tienes que casarte? –exigió saber.

Por un momento pensó que él no iba a contestar, y pudo ver su enfado reflejado en sus ojos.

-Según las cláusulas establecidas en el testamento de mi abuelo, debo elegir una esposa o perderé el control del Banco de Masen ante mi primo –dijo con cierta amargura.

-Parece que el banco es muy importante para ti.

-Es mió por derecho de nacimiento y es lo único que me importa –le corrigió Edward.

Ya veo –dijo Bella- por lo que he oído, no te faltan mujeres. ¿Por qué no le pides a una de ellas que se case con tigo?

Porque cuando llegara el momento de deshacerme de ellas tendría que pagar muchísimo dinero. El matrimonio será un negocio, nada más, pero menciónale la palabra "boda" a cualquier mujer y parece que la enlazan con la ridícula idea de amor.

¿Tienes miedo de que, si eliges a una de tus novias, se enamore de ti? –dijo Bella- Tu arrogancia me deja sin palabras. ¿Qué te hace pensar que eres tan especial?

Una fortuna multimillonaria –contesto Edward con sequedad- Aprendí rápidamente que, en lo que a las mujeres concierne, el dinero es lo que les exita más… eso y el poder. Después de todo es la razón por la que estás aquí, Bella. Quieres que retire los cargos contra un vulgar ladrón. Un hombre que pagó la confianza que yo había depositado en el traicionándome y abusando de la posición que le había otorgado.

No fue así –insistió ella, ruborizada- Ya te lo he dicho; mi padre se encontraba en una situación desesperada y no tenía otra opción.

Edward se acercó a ella, que inmediatamente se sintió agobiada por el magnetismo de el.

Todos tenemos alternativas, Bella. Tú puedes elegir darme un año de tu vida y a cambio yo te aseguro que tu padre se verá a salvo de un proceso judicial.

No creo que pueda hacerlo –dijo ella, embelesada por los preciosos ojos esmeralda de el- El matrimonio es algo… sacrosanto. Trata de dos personas que se ponen de pie debajo de Dios y se prometen amarse el uno al otro durante el resto de sus vidas. Lo que tu estas sugiriendo es… inmoral.

¿Y robar tres millones de libras no lo es? Creo que deberíamos dejar el tema de la moralidad apartado de todo esto, Bella –murmuro Edward sardónicamente- Tú quieres asegurarte de que a tu padre no lo sentencien, y yo puedo ayudarte. ¿No es mejor convertirte en la duquesa de Masen que fregar mis suelos? –gruño impaciente.

No me gusta la idea de mentir –dijo ella entre dientes, preguntándose que otra opción tenía en realidad. Si no se casaba con el, sin duda su padre iría a prisión.

Tenía que hacerlo.

Está bien –dijo repentinamente- Me casaré contigo. Accederé a tu negocio y me convertiré en tu esposa durante un año, pero a cambio quiero que todas las deudas de mi padre se cancelen, con dinero de tus fondos personales –continuó en un tono frío que esperó camuflara el acelerado ritmo de su corazón.- Y quiero que me asegures por escrito que retirarás cualquier acción legal contra el… Cuando hayas hecho todo eso, me casaré contigo.

Edward puso ambas manos en los reposabrazos de la silla de Bella, enjaulándola en ella.

Tienes mucha autoestima. Quizá demasiada –dijo entre dientes- Parece que te olvidas de que yo soy el que manejo los hilos en esto. ¿Qué harías si te pongo en evidencia y te hecho de aquí sin un penique?

No harías eso –dijo ella con calmada voz que ocultaba su nerviosismo- Tu me necesitas tanto como te necesito yo a ti. Porque te garantizo que desde el primer día de nuestro matrimonio estaré contando las horas hasta que nos divorciemos con tantas ganas como tú. No hay ninguna posibilidad de que me enamore de ti –añadió, levantando la barbilla.

Podía sentir el poder y la necesidad de el de someterla a su voluntad, pero ella se negaba a que la intimidara.

La tensión que había entre ambos era tal que parecía que la situación iba a explotar. Durante un loco momento, ella se preguntó que haría el si lo abrazara y lo besara.

Un calor sensual se apoderó de ella y al mirarlo a los ojos, supo que el también sentía aquel deseo. Contuvo el aliento al observar como el bajaba su cabeza. Cerró los ojos, pero volvió a abrirlos al sentir como, en vez de besarla, la tomó del pelo para que levantara la cabeza.

Edward sonrió al darse cuenta de la decepción de ella.

No eres la frágil flor que al principio pensé que eras ¿Verdad, Bella? Tu delicada belleza oculta una astuta mente que casi se equipara con la mía.

Antes de que ella pudiese reaccionar, Edward la besó, exigiendo que ella le respondiera, como si fuese su derecho divino.

Tenemos un acuerdo, señorita Swan. Nos casaremos en cuanto sea posible. Me da la impresión de que va a ser un año interesante –añadió burlonamente.

El miedo se apoderó de Bella, pero se levantó y lo miró con frialdad.

Pues a mi me parece que va a ser el peor año de mi vida.

Estoy seguro de que encontrarás alguna compensación al ser la esposa de un multimillonario –contestó el- Piensa en todas las compras que podrás realizar.

Entonces se dirigió a su escritorio y tomó el teléfono para dar una serie de órdenes, sin dejar que Bella le dijera que preferiría morirse antes de gastarse un céntimo de su dinero.

Ella se dirigió hacia la puerta, pero la cortante voz de el la detuvo.

¿A dónde crees que vas?

La arrogancia de el provocó que ella se enfureciera, pero no quería poner en peligro la libertad de su padre, sonrío vacilante.

A montarme en mi coche y a marcharme a Granada. ¿Quieres que espere allí durante un par de días o debo volver a Inglaterra y esperar a tener noticias tuyas?

Nada de eso –contestó el con serenidad- Me marcho a Madrid en unos minutos y tu vienes conmigo.

martes, 31 de agosto de 2010

Mascara De Odio

Cap. 3 : 15 de julio de 2007

Edward Cullen

- ¿y bien?- afirme cuando enfoque mi mirada sobre el temible operario de la abogacía, quien se había dedicado a recabar información sobre aquella persona a la que mi padre había dejado parte de las acciones desde hacia un mes.


- Isabella Swan. 18 años, hasta los trece años estuvo recluida en un orfanato del sur de la ciudad, escapo, nadie supo de ella desde ese momento.- dijo rápidamente, hasta parecía demasiado rápido para un hombre de su edad.


Eso no me beneficiaba dado que necesitaba encontrarla, lo mas pronto posible, mi proyecto se estaba retrasando


- algo mas?- pregunte lleno de ira renovada


- si...sorprendentemente mi asignado logró seguirle la pista hasta la casa de la familia Dupree. Muy cerca de acá por cierto...- anuncio, entonces no todo estaba perdido, admiraba un poco la habilidad de el asignado de ese abogaducho mío, no era fácil seguir la pista de las personas. - y ahora, desde hace cerca de un mes trabaja de mesera en el café Paris.


Había pasado ocasionalmente por ese sitio. A tomar café, de hecho, había allí una ardiente pelirroja que siempre se ofrecía y a la que hasta hace muy poco tiempo había decidido poner atención, pensé que seria bastante más fácil si la caliente esa resultaba ser la chica. Y al mismo tiempo pensé que si había caído en ese local debía ser demasiada coincidencia, beneficiosa para mi por cierto.


- ¿tienes fotos?- pregunte luego de un momento de pensar en lo mucho que disfrutaría del manojo de fuego ese antes de quitarle el dinero que tan ávidamente buscaba. Me estaba sobre opinando ya que no tenia seguridad de si era o no la elegida por Carlilse.


- por fortuna si, es una chica...bastante...fuera de lo común...- comento el sacando un portafolio – aunque no es una reciente. Era la última foto que le tomaron cuando tenía trece años y la ofrecían como empleada del servicio para cualquier casa que quisiera acogerla.


Me sobrecogí un poco. Pero la sensación se fue tan rápido como llego. A mi no me importaba lo mas mínimo la vida de esa chica, menos si, como yo creía, se trataba de esa golfa barata que atendía el café.


Pero me lleve una gran decepción cuando mire la foto y el color de su cabello fue claro para mi. Incluso la foto en si me dio algo de miedo.


Los pómulos sobresalían, la piel de sus mejillas se estiraba con fuerza sobre sus huesos. Profundas ojeras circundaban los casi infantiles ojos, de color negro según la foto. Y el cabello raído parecía recogido con tan poco esmero como se veía su uniforme. Dios. Era...daba demasiada lastima.


Si así era cuando tenia trece años no podía imaginarme como, al momento de que le llegara la pubertad, seria ahora. Iba a ser más complicado de lo que creí.


Si este saco de huesos estaba así de desnutrido ahora las acciones caerían en su vida como anillo al dedo y no las soltaría fácilmente.


Debía hacer algo.


La idea llego a mi tan rápido como el afán que tuve de desecharla en el mismo instante en que la pensé. Yo era un libertino consagrado y tal vez...solo tal vez podría seducir a la anoréxica para que firmara los papeles.


- hay algo mas que debes saber...- dijo el abogado súbitamente


- ¿que pasa?- pregunte saliendo de el plan que se estaba formando en mi cabeza en ese momento.


- aun tiene 17 años... si se hace mayor de edad nada, ni siquiera tu, podrá quitarle las acciones, por que estará en la capacidad de manejarlas por el poder que le otorga su adultez.


Solté un taco con verdadero fervor, debió ser ya que el se quedo mirándome como un idiota.


-¿que mierda sugieres?- pregunte acorralado, las opciones y posibilidades de que esas acciones llegaran a mi nombre cada vez se me hacían mas remotas. Sentí una especie de leve resentimiento con mi padre por mostrarse tan caritativo con desconocidos, lo mismo podría haber heredado las acciones a un narcotraficante solo por que lo considero inocente e inofensivo


Sin poder evitarlo pensé en que Carlilse había conocido a esa muchacha cuando era un bebe, había dado parte de su dinero a una criatura desconocido, sin familia.


Yo no me consideraba muy caritativo y menos tan bondadoso, es cierto que donaba al mes ciertas cantidades para fundaciones pero esta mujer...esa niñita...Carlilse no contaba con que el pasar del tiempo daría a esas acciones un valor adicional. Por todos los demonios, era la dueña del 40 % de maldito hospital.


Otro taco lleno de ira se escupió de mi boca, y para colmo el siguió hablando


- la única manera es que te cases con ella antes de que se vuelva mayor de edad, las licencias para eso son posibles y si ella firma el acuerdo prematrimonial se le puede engañar para que firme a la vez el traspaso de nombre en el contrato de las acciones.


- no...- la sola idea de casarme me daba nauseas- no voy a casarme con ella, debe haber otra manera


Mire horrorizado la vieja foto. Si algún día me quisiera casar, lo cual nunca pasaría, por lo menos en los 30 años que pensaba que continuaría mi soltería, la ultima persona que escogería seria a esa chica, solo imaginármelo me dio rabia. Bien podía mandarla a matar y alegar que como único superviviente de la familia de mi padre estaba en derecho de reclamar las acciones.


Por muy tentadora que la idea pudiera resultar había un gran problema y era que yo no me consideraba un asesino. No lo era y nunca había utilizado ese tipo de "modelos".


Otro taco, menos sonoro. No podía creer que estuviera pensando en el tiempo que me tendría que estar atado al hueso.


- ¿por cuanto tiempo debe durar?- pregunte asqueado


- dos, tres meses, si ella no firma acuerdo prematrimonial puede firmar los papeles después, le puedes decir e inventar cualquier excusa. – explico el insensible, tanto como yo


- ¿tres meses?- privarme mi libertad por ese tiempo era algo definitivamente imposible. Estaba acostumbrado a las mujeres elegantes, a las que no les importaba los rollos de una noche, ¿y debía abstenerme y serle fiel a una desconocida por tres meses?


- ¿estas seguro de que no hay otra opción?- pregunte aterrorizado


- no hay nada mas en lo que pueda pensar.- manifestó con tono de resignación


Hice una nota mental para mi mismo de intentar buscar mil maneras mas para conseguir una herencia no heredada aparte de la de casarse.


Me puse de pie y mire hacia la ventana. Me esperaba una ardua lucha. Un camino largo. Todas las empresas en las que me había embarcado eran un reto, pero debía admitir que algo de esta magnitud nunca había sido planteado antes para mi.


Si era sincero conmigo mismo debía admitir que tenia algún sadismo en mi sangre ya que este nuevo reto, el que evidentemente iba a ganar, aportaba esa excitación ante lo desconocido que corría por mi sangre. Seria bastante divertido ver como la mujercita sucumbía a mi, seguramente caería desmadejada a mis pies, una oportunidad de casarse con un magnate de los negocios como yo nunca se presentaría, la vida, por lo que podía apreciar, la había tratado demasiado duro como para rechazar lo que llegaría a ofrecer.


Entraría lentamente en la conquista, hasta que delirara por mí y no se pudiera negar a casarnos, con meloseria y toda esa parafernalia la engatusaría. Y después de cumplir el tiempo estipulado bien podría darle algún tipo de indemnización para que no regresara.


Si, el plan estaba trazado. Intrínseco pero estaba


- si no hay opción...- comente duramente mirando lo expectante de la posición del abogado.


La aventura por recuperar todo lo que pertenecía a mi padre había comenzado.


16 de Julio de 2007


Isabella Swan.


Escurrí el pedazo de tela que me estaba sirviendo para sacar brillo a la estrafalaria cafetera. Frente a mi y apoyada despreocupadamente sobre la barra estaba Jessica. Mirándose las uñas y silbando una melodía irritante.


Después de un mes no podía esperar algo mejor de mi compañera de turno. En el café Paris, donde caí a trabajar en un día de los pocos en los que había contado con suerte. Aquel animal de ruedas me había traído a esta maravillosa ciudad en donde la oportunidad de conseguir un trabajo salto a mis ojos después de dos días de arribar.


Me había alojado en una pensión bastante pequeña pero económica, no iba a malgastar lo que Emmerald me había dado.


Fue un golpe de suerte. Caminaba mirando hacia todos lados, esperando que un letrero indicara algo que me sirviera, buscaba la palabra "mucama", "mesera," empleada domestica". Estaba dispuesta a lo que fuera. Después de todo trabajar nunca había sido un tabú para mí. Más bien había sido el monosílabo lema con el que me bautizaron.


Cuando encontré el anuncio "se solicita cocinera o mesera experimentada" vi la oportunidad de obtenerlo. No era experimentada pero sabia cocinar y aprendía rápido, una de mis pocas habilidades.


Conseguí la entrevista con la señora Newton, ella pareció compadecerse de mi y darme una oportunidad, Cuando hablo de Jessica me advirtió de su envidia y de su odio a cualquier camarera que compartiera con ella el turno, pero por esa nimiedad no me iba a retractar. Esto lo necesitaba y si bien no me gustaba caerle mal a la gente lo soportaría, había soportado demasiado en aquel lugar como para rendirme ahora ante el rencor injustificado de otra persona.


Dije a la señora Newton que no se preocupara, y que confiara en mí para el trabajo.


No la decepcione, y aunque conocí de antemano el rencor de Jessica me pareció tan estupido como imposible, una mujer como ella, voluptuosa, rubia, no podía sentir rencor ante el palo de escoba que era yo. Si veía alguna amenaza en mí seguramente debía visitar a su oftalmólogo más a menudo.


Y, como dije antes, no decepcione a mi jefe. En este lugar decidí poner a disposición todo lo que había aprendido en materia de repostería de los cursos que tomaba Emmerald, el favorito de ella era la tartalea de manzana, y lo hice una vez para probar, para rendirle honor, con los tan buenos resultados de que la clientela se incremento, lo mismo de los demás. Por primera vez en mucho tiempo me adapte a algo, alguien disfrutaba de lo que yo hacia y eso era algo de lo que me sentía orgullosa.


Los clientes alababan las manos mágicas de la cocinera del turno de la mañana, todo el mundo a los alrededores desayunaba aquí y mi jefe me adoraba. ¿Que mas podía pedirle a la vida?


Bueno sonaría egoísta, pero si la vida me pudiera dar algo más seria que me quitara de encima a este karma por cargar que era Jessica Stanley.


De espaldas a la puerta escuche el sonido de un auto estacionándose en uno de los lugares, eran las 11:00 AM, un poco tarde para desayunar, la verdad. El local había dejado de estar superpoblado desde las 10:00 hora en la que todo el mundo trabajaba. Continué mi labor y escuche como la puerta y el chasquido de las campanitas sonaban al abrirse.


El silbido de Jessica se interrumpió al instante seguido de una risita de satisfacción.


Yo negué un poco con la cabeza esperando que ella no notara mi mal humor. Seguramente un cliente no esperaba que la camarera se le abalanzara encima ofreciendo sus servicios al mismo tiempo que sus pechos. Pero eso era lo que este fosforito parecía pensar y a juzgar por los sonidos que emitía quien entraba debía ser alguien muy atractivo.


Por los pasos que escuche sobre el frote que hacia a la piel de la cafetera supuse que el cliente había tomado mesa. Escuche la voz de Jessica a lo lejos, aquel "que puedo hacer por usted" que a cualquiera con dos dedos de frente podía sonar a "le ofrezco lo que sea que quiera, lo que sea", demostraba la poca sutileza de mi compañera de turno a la hora de escoger a su presa.


Escuche el taconeo de sus pasos sobre el piso y su voz llamándome


- oye!- me dijo transformando su ronca y "seductora voz" en un ladrido estridente, como si quisiera demostrar a alguien que ella mandaba-


- que- le dije sin darme la vuelta.


- dame una taza de café capuchino y una porción de pastel de cereza.- dijo.


Era el pedido del cliente, sonríe al pensar en la tarta de cereza que había apenas sacado del horno, la mas fresca.


Manipule la cafetera conciente del martillearte taconeo de Jessica sobre el piso, impaciente, impacientarte. Me dieron ganas de coger el manguillo mezclador y lanzárselo a la cabeza. Pero me contuve y respire hondo, el café también se había vuelto famoso por la que, según escuchaba, era la mejor magia en las manos de una mujer. Cuando estuvo listo lo deje sobre la barra y ella lo tomo en su bandeja, antes de llevarlo vi que, apresuradamente, anotaba su numero telefónico en el raspado del servilletero. Negué con la cabeza y ella me saco la lengua. Por un inatente me permití imaginarla como aquel basilisco de leyendas antiguas, pero cuando la cara infernal se lleno de cabellos rojos y rizados casi me atraganto de la risa con mi propia saliva.


Antes de darme la vuelta mis ojos enfocaron la mesa del cliente. Mi cuerpo se congelo.


Aun sentado irradiaba algo que era desconocido pero poderoso, tenía sobre los ojos unos lentes oscuros que parecían especialmente diseñados para su cara. Por ellos no podía ver hacia donde estaba enfocada su mirada pero algo me decía que no estaba mirando a la cafetera tras de mi.


Jessica puso el plato y la taza de café en la mesa y retrocedió sonriendo abiertamente. Me di la vuelta con el fin de no sentirme avergonzada y regañándome a mí misma al pensar que me estaba mirando a mí.


Mi vida amorosa...el amor no estaba en mi vida, mi vida amorosa sonaba a flores y yo no tenia de esas. Mi vida violenta sonaba mas a lo que concordaba conmigo. Mi pulso tembló un poco cuando inevitables e inolvidables imágenes de mi pasado cruzaron sobre mis ojos. Aferre con fuerza el borde de la barra y trate de calmarme.


Era algo que había intentado dejar atrás pero era demasiado difícil de asimilar como para olvidar. Basta. Respire hondo y por fin me calme.


Pero nunca supe por que mi reacción si desde hacia un mes que no tenia pesadillas ni recuerdos sobre mis años en el orfanato.


Lave los platos sucios que quedaban en espera de lo que el cliente iba a desocupar y me dedique a llenar de más servilletas los servilleteros.


No mire al cliente más. Había algo en el que me daba miedo. Demasiado miedo.


Me agache para recoger el acomodador que se había escapado de mis manos, cuando me erguí casi me caído sobre el trasero. Apoyado en la barra el extraño me miraba fijamente, no había confusión posible a pesar de que aun seguía con los lentes oscuros puestos, la dirección de su nariz apuntaba a mi persona.


Con trabajo me puse de pie y lo mire tragando saliva indecisa


- ¿que puedo hacer por usted?- pregunte un poco contrariada cuando mi mirada rozo a Jessica quien detrás de el se corto la garganta con el dedo índice. La ignore y sonreí un poco


- quiero cancelar mi cuenta- dijo apaciblemente


Su voz oscura, ronca, suave y seductora penetro por mi conciencia, luego vi que movía la mano derecha y con una lentitud exasperante se sacaba los lentes de la cara y revelaba para mí el par de ojos mas intensos que jamás había mirado.


No era que fuera un ama en el tema de mirar a los ojos, pero nunca, nadie, había permitido que analizara unos ojos como este cliente estaba haciendo en ese momento. No podía apartar la vista de ellos, menos cuando una lenta mirada evaluadora se deslizo sobre mi palo de escoba.


Le di el valor de la cuenta y me paso un billete de los grandes, cuando manipule la caja pude sentir su mirada en todos mis movimientos, le devolví el cambio ya sin mirarlo y extendí la mano para que recogiera el resto.


El calor de la suya traspaso mi carne y una fuerza retuvo mi mano en sus dedos, fuerza hecha por el. Mis ojos volaron a su cara que me observaba impasible.


- guarda el cambio- dijo otra vez con su voz.


Yo me había olvidado de Jessica y su sorda amenaza, pero nunca, desde hace tres años, desde ese horrible hecho, una persona del sexo opuesto había rozado mi piel. Sentí desde distintos ángulos como si miles de hormigas recorrieran mi epidermis. El verde de sus ojos parecía destellar con una luz abrasadora. Retire mi mano y el dinero callo sobre la barra. Ambos nos miramos por varios segundos antes de que yo hablara en una voz que no parecía en absoluto la mía


- es demasiado...- dije negando


Una sonrisa ladeada trepo por su cara, y otra mirada lenta se deslizo por mi pecho y mis caderas.


- no para la dueña de esas manos mágicas.


Había escuchado de la magia de mis manos, pero que ese personaje, a todas luces rico y distinguido lo dijera era una absoluta novedad. Me pregunte si el era conciente de que su mirada me estaba estrujando el cuerpo en un sinfín de estremecimientos. Le dio la vuelta a mi mano tomándola y sin ningún miramiento se las llevo a los labios y la beso. Guiñando un ojo se aparto y se puso los lentes otra vez-


- no vemos...-


Ese nos vemos me sonó a que no seria la ultima vez que lo vería. Nunca había tenido un encuentro así de extraño, sin no lo hubiera visto salir a la luz del sol prevaleciente habría podido jurar que el alma del conde Drácula, de aquella somática versión protagonizada por Gary Oldman, se había apoderado de este seductor hombre, pero yo no era ni de lejos parecida a Winnona y no tendría por que estar pensando en hombres seductores.


Tome el dinero y lo acomode en la caja a pesar de que el me había dicho que lo tomara


Durante un instante quise saber su nombre. A pesar de que en un principio lo había pensado diferente alguien como el solo entraba en locales como el café Paris de pasada.


- oye!- me llamo otra vez Jessica esta vez con el odio saliendo de cada poro de su cara – ten mucho cuidado con ese...es mío


La ley que permitía a las personas adueñarse de otras había sido abolida hacia mucho tiempo, pero supuse que la inteligencia de Jessica aun no había llegado lo suficientemente lejos para esos estudios. Si, ella podía permitirse un tipo así, y no, no estaba interesada en reclamarle como mío.


Negué con la cabeza, contrariada y me volví a lavar, mi turno terminaba en una hora.


Los ojos de ese hombre fue la única cosa que no me pude quitar de la cabeza en el resto del día y la noche


comentarios por fiss..................

Te Presento A Mi Amante

hello mis angeles hermosos!! sorry mis niñas se me fue el avion pero aqui ya les dejo es q sigue
mil besitos
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Capitulo 3: ¿Estas casado?



Bella POV


Me parecía estar filmando una secuela de "Rápido y Furioso". Emmett corría por las calles de Forks tras el auto de Edward a una velocidad inhumana, tenia las uñas clavadas en el asiento y solo veía los árboles pasar por la ventana.


Trate de calmarme cuando por fin note que el Jeep se había detenido frente a una hermosa casa de tres pisos en medio del bosque. Esta vez mi hermano me ayudo a bajar, cuando lo hice vi el convertible de Rosalie estacionarse junto al Volvo, Emmett la miro por encima del hombro y alcanzo a Edward quien estaba a punto de entrar a la casa.


Rose, Jasper y yo esperamos a que Alice nos condujera dentro de la casa. Al entrar nos encontramos con una clara y espaciosa sala, con sillones blancos al igual que las paredes y una chimenea, varios cuadros y retratos adornaban las paredes y grandes ventanales dejaban ver la espesura del bosque.


— ¿Qué quieren para comer? —pregunto Alice una vez que nos acomodamos en la sala.


—Lo que sea esta bien —conteste.


—Si, lo que sea —me apoyo Emmett mientras encendía el televisor con el control remoto— mientras sean porciones grandes.


—Emmett compórtate —lo regañe, pero me ignoro y comenzó a pasar por los cientos de canales.


— ¿Tu vas a cocinar? —Edward pregunto y arqueo una ceja, Alice asintió— entonces pediré una pizza, ¿alguien quiere salvarse de una intoxicación y unirse a la pizza?


— ¡Oye! Yo no cocino tan mal.


—Envenenaste a tu ultimo perro con al guisado que accidentalmente se trago —le recordó divertido y ella hizo un puchero.


—Ok, me uno a la pizza —y entonces Emmett comenzó a carcajearse ruidosamente.


—No murió por eso —replico Alice.


— ¿No?


—Bueno, ese no es el punto —grito Alice— además no saques a la luz mis defectos por que entonces yo…


—Si quieren —interrumpí— yo puedo cocinar.


—No, tú eres mi invitada, Edward pide la pizza —ordeno Alice


—A mi me pides un spaghetti sin mantequilla y sin salsa por favor.


— ¿Estas a dieta? —se burlo Emmett


— ¿Te importa? —respondió Rose.


—No —mi hermano se encogió de hombros y continúo cambiando a los canales.


Mientras Edward llamaba a la pizzería, Alice nos dio un tour por la planta baja de la casa, en la cual se encontraba la sala, la cocina, el comedor, bastante grandes por cierto


— ¿La de la foto eres tu? —pregunto Jasper emocionado, nos acercamos y vimos una foto de una mujer joven y hermosa, junto a un hombre de cabellos rubios y bastante apuesto, el sostenía a un niño de aproximadamente 4 años y la mujer a una bebe recién nacida.


—Si —chillo Alice— se notaba desde pequeña que seria hermosa


—Definitivamente —apoyo Jasper.


—Y también insoportable —la voz de Edward detrás de mi me hizo dar un salto por el susto.


—Miren esta de aquí —dijo Alice y nos acercamos, en esa foto se veía a un niño de dos años solo vistiendo unos pañales y comiendo tierra.


— ¿Eres tu Edward? —pregunto Rosalie y la risa de Emmett no se hizo esperar.


Edward no contesto pero un ligero rubor en su rostro lo delato, todos reímos y Alice siguió avergonzándolo.


—Claro que es el, su afición por la tierra siguió hasta los 12 años, aun comía tierra.


—Y lo seguiría haciendo con tal de no ingerir tu comida —contraataco el.


—Yo diría que aun le gusta la tierra —dijo Alice— supongo que ahí encontraste al gusano de Tanya


— ¡Alice! —grito Edward y ella le saco la lengua.


¿Tanya? ¿Acaso Edward tenía novia?


— ¿Quién es Tanya? —pregunto Emmett, lo mismo quería yo preguntar pero no me atreví.


—Es… mi esposa


Al menos no era su novia. Un momento… ¿su esposa? ¿Edward estaba casado? ¿Cómo era eso posible? No debía pasar de los 23 años y ya estaba casado. Sin saber por que mi corazón pareció detenerse al momento en que entendí las palabras "mi esposa" salir de sus perfectos labios. Los ojos se me llenaron de lágrimas y me mordí el labio para evitar que salieran. Le di la espalda a todos con el pretexto de seguir viendo las fotografías, pero atenta a la conversación. Aunque no sabía si quería comprobar lo que había escuchado, tal vez no podría contener por mucho tiempo las lágrimas.


— ¡¿Estas casado? —le pregunto Emmett sorprendido.


—Si, me case hace unos meses


— ¿Y no me invitaste? —la voz de mi hermano sonaba indignada


—No, no sabia donde encontrarte, además nos casamos en Chicago, pero fue solo por lo civil…


—Claro, a la bruja le prohibieron la entrada a la iglesia —se burlo Alice.


—La boda por la iglesia será el próximo año y obvio tu serás el padrino —Edward ignoro el comentario de Alice, que por lo visto no quería nada a su cuñada.


Siguieron conversando y yo logre tranquilizarme un poco, la pizza llego y nos dispusimos a comer, sin embargo el sentimiento de tristeza no se iba y por mas rebanadas de pizza el hueco que sentía en el estomago no desaparecía. De reojo lo miraba conversar con Emmett y Jasper animadamente sobre su esposa y lo bella que era, por lo que escuche tenia un cuerpo muy lindo y era rubia. Todo lo contrario a mí.


Pero eso no debía importarme. No me había podido hacer ilusiones con Edward en tan poco tiempo de conocerlo. En primera: Jamás me había interesado un chico, y mucho menos tan pronto. Segunda: Era mi profesor de literatura, eso lo convertía en algo que no estaba bien visto. Tercera (y mas importante): Esta casado, su mujer es linda y yo… nada podría hacer contra eso.


— ¿Bella? —la voz de Rose me saco de mis pensamientos.


—Si…


—Estas en la luna —me dijo Alice— ¿te sientes bien?


—Si, solo que parece que la pizza no me ha caído bien —espere que me creyeran, siempre había sido mala mintiendo— bueno Rose, ¿Dónde te metiste a la hora del almuerzo? Jasper te trato de localizar y no pudo.


—Ah, me entretuve por ahí—al parecer mi cambio de tema había dado resultado.


—Por ahí ¿Dónde? —pregunto Alice curiosa.


Las mejillas de Rose se tornaron un poco rojas y comprendí todo.


—Estuviste con Emmett —luche por no gritar


— ¡¿Con Emmett? —Alice no se contuvo las ganas de hacerlo, los tres chicos nos miraron atentos— ups, vamos a mi habitación.


Nos levantamos de la mesa y seguimos a Alice al segundo piso, en el cual se encontraba su habitación, la de sus padres, el despacho de su padre y un cuarto de televisión.


— ¿Qué hay en el tercer piso? —tengo que admitirlo la curiosidad de Emmett es herencia del apellido Swan.


—Dos habitaciones de huéspedes y la de Edward.


— ¿Vive aquí con su esposa? —pregunto Rosalie y juro que esa palabra volvió a taladrar mi corazón.


—Se supone —Rose y yo miramos a Alice sin entender— Edward vive aquí, la bruja no se ha parado ni una vez desde que se casaron, se la pasa de viaje, hagan de cuenta su luna de miel sin mi hermano. Es una odiosa, apuesto mis zapatos Prada a que mi hermano tiene unos cuernos del tamaño del país.


—Supongo que quiere su propia casa —dijo Rosalie.


—Si, pero se la pidió a mi hermano en Miami, Tanya ha vivido toda su vida aquí en Forks, pero encontró marido rico y quiere irse. Edward no quiere irse de Forks, y yo no quiero que se vaya, quiero que se de cuenta que Tanya no lo quiere, solo quiere su chequera y tarjetas de crédito. Pero no me escucha.


La mirada alegre de Alice se entristeció, si todo resultaba cierto, en verdad era una bruja. ¿Como era posible que teniendo a un marido como Edward se fuera de viaje sola?


— ¿Cuántos años tiene Edward? —pregunte


—Veintidós —contesto Alice, justo lo que pensé— pero siempre ha sido un cerebrito en sus estudios, por eso ahora es maestro, ¿Por qué tanto interés Bella?


—Cu… curiosidad —tartamudeé— pero estamos aquí para que Rose nos diga que hacia con mi hermano


—Ah, es cierto, detalles Rose —por la confianza de Alice parecía conocerla de años como yo.


—Estuve con Emmett, pero solo platicamos.


— ¡Detalles Rose! —exigió Alice.


—Ok, iba ya camino a la cafetería, pero para eso tenia que pasar junto al gimnasio y un balón me golpeo, sin querer o eso es lo que dice el. Se disculpo y platicamos sobre como estaba el y tu, por que Jasper y yo habíamos decidido venir aquí y fue todo.


— ¿Y por que lo trataste así allá abajo? —pregunte.


— ¿Hubo algo entre tu y Emmett? —pregunto Alice.


—Si, hace años —el rostro de Rose se entristeció y yo sabia por que— éramos novios, pero el se fue a estudiar a Darmouth y decidimos terminar, el amor de lejos nunca resulta bien.


—Pero ahora van a vivir en el mismo lugar y…


—No creo —interrumpió a Alice— no quiero volver a pasar por lo mismo, además ya no siento lo mismo por Emmett. En fin hablemos de otras cosas.


Aunque Rose lo negara era evidente que seguía sintiendo algo por mi hermano, pero ya no quise presionarla con eso y continuamos hablando de lo que habían hecho ella y Jasper en Phoenix, también Alice nos mostró su gran armario y nos invito el fin de semana para ir de compras, no se para que, si parecía tener ropa para vestirse por el resto de su vida.


Edward POV


—Así que Rosalie era esa mujer por la que llorabas todas las noches en la universidad.


—No lloraba Edward —me replico— nunca llore por ella.


—Nunca en publico, pero cuando estabas en el dormitorio…


— ¿Te quieres callar? —me interrumpió, comencé a reírme seguido de Jasper— yo soy hombre, muy hombre y no lloro por una mujer, además como se te ocurre decir eso enfrente de su hermano.


—Oh es verdad… tu Jasper… ¿Qué intenciones tienes con mi hermana? —la sonrisa se le borro y la cara de espanto que puso ante mi pregunta fue impagable.


—Alice es mi amiga solamente, por el momento —parecía sincero después de todo y buen chico.


—Solo quiero advertirte una cosa —puse mi mejor cara de enojado, quería espantarlo un poco mas— mi hermana esta loca.


La risa de Emmett inundo la sala y Jasper se relajo un poco.


—Eso parece, pero no importa, desde que la vi supe que es alguien especial.


—Que cursi —se burlo Emmett— y tu Eddie no seas tan paranoico, acéptalo algún día tu hermanita y Jasper o cualquier otro tendrán un poco de intimidad y…


— ¡Cállate Emmett! Y no me llames por ese estúpido apodo —le grite y después me calme un poco— creo que tengo que aceptar tu consejo, supongo que tu ya estas hecho a la idea de que algún día tu hermana también…


— ¡Hey! Con mi hermana no te metas…


—Cálmense los dos —nos dijo Jasper con una calma que nos contagio.


—Esta bien, pero dime algo Eddie, ¿Qué cosa graciosa hizo mi hermana hoy en clase? ¿Se cayo? ¿Se golpeo? ¿Alguno de sus dos pies izquierdos le hicieron una mala jugada?


—Después de caerse del Jeep… si, en el salón también lo hizo —recordé el momento y sonreí, sopor las caídas, si no por el hermoso rostro sonrojado de Bella— es algo descortinada, y despistada… me insulto.


Emmett comenzó a reírse estrepitosamente y Jasper un poco mas reservado.


— ¿Por qué lo hizo? —pregunto Jasper


—Al parecer mi forma de conducir no le gusto y no encontró otra manera se hacérmelo saber que insultándome, claro no tenia idea de que seria su profesor —la risa de Emmett se detuvo y me miro seriamente.


—A Bella no le gusta la velocidad, nuestra madre tuvo un accidente a causa de otro auto que venia con exceso de velocidad, el conductor de ese auto salio ileso, mamá falleció, a mi trata de controlarme pero no me gusta manejar despacio —entonces comenzó a sonreír— deberías ver la chatarra que tiene por auto, es de los años treintas o menos.


—Deja de hablar de mi señor auto —escuche la suave voz de Bella proveniente de las escaleras, me gire y ahí estaba junto con Rosalie y mi hermana.


—Entonces hablemos de tus agresiones hacia tus nuevos maestros —se burlo Emmett.


El rostro de Bella se sonrojo y me miro.


—Culpable —acepte— vamos Bella, es una anécdota graciosa.


Le sonreí y le guiñe un ojo, ella me sonrió de vuelta.


—Esta bien, pero seria mejor si lo olvidáramos.


—Como tú quieras Bella


—No se de que hablan —dijo Alice


—Luego te cuento, o que te diga Edward, quiero decir ¿el profesor Cullen?


—Edward esta bien Bella, afuera de la universidad no somos nada.


—Bien… Edward —mi nombre sonó tan bien en sus labios que quise que lo repitiera una y otra vez— Emmett nos podemos ir, tengo algo de tarea.


—Si vamonos, gracias por la comida Alice, estuvo deliciosa —se burlo Emmett.


—Esta bien, la cocina no es lo mío, pero cuando quieras podemos ir de compras, eso si me sale bien —contesto mi hermana.


Justo en ese momento apareció mi madre por la puerta principal con algunas bolsas, acudí a ayudarla, tome las bolsas y las lleve a la cocina. Cuando regrese Alice se había encargado de presentarlos a todos.


—Me da mucho gusto conocer a los amigos de mi hija, Emmett un gusto volver a verte.


—El placer es mío Esme, bueno con permiso, Bella y yo nos retiramos


— ¿Tan pronto? ¿Acaso les arruine alguna fiesta clandestina? —pregunto mi madre.


—No señora…


—Llámame Esme cariño —le dijo a Bella.


—Esta bien Esme, lo que sucede es que tengo trabajos de la escuela.


—Comprendo, igual me gustaría que nos visitaran mas seguido, todos son bienvenidos.


—Gracias señora Cullen —dijo Jasper.


—Esme, llámenme Esme.


—Bien Esme, gracias pero mi hermana y yo también nos retiramos.


—Que les vaya bien chicos


—Con permiso —dijo Rosalie


—Yo los acompaño —Alice salio junto con Jasper de la casa


—Hasta mañana Eddie —grito Emmett desde la puerta, no me dio tiempo a responderle ya que se apresuro a salir.


Además tenia la mirada fija en Bella quien iba atrás de el.


—Muy buenos chicos, ese Jasper parece muy agradable —dijo mi madre.


—Espero que Carlisle piense lo mismo, creo que pretende a Alice —le dije.


—Sabia que este día llegaría, el padre y el hermano celoso a punto de encerrar a Alice en su cuarto —se burlo Esme.


Clave mi mirada en la enorme ventana donde se veía a Bella intentando subir al Jeep y el solo se reía de su hermana. Suspire. Y Esme pareció darse cuenta.


— ¿Qué ves? —Esme se asomo por la ventana y sonrió— ese Emmett no ha cambiado nada. Pero ese suspiro no fue por eso. ¿Extrañas a Tanya?


Tanya. Era cierto. Pero no, ese suspiro no fue por ella, inconscientemente ese suspiro había volado hasta el Jeep, ahí donde se encontraba Bella. Era estúpido sentirme de esta manera pero me gustaba mirarla. Me gustaba el color de su piel pálida, sus cabellos castaños moviéndose con el viento, y esos labios rojos. Dios. Cada que se mordía al labio inferior parecía estarme incitando a besarla. O al menos yo deseaba hacerlo.


Pase toda la tarde junto a mi piano tocando. A veces tocaba la canción que le había compuesto a Esme hacia unos años atrás. Pero también salían notas de una nueva melodía, estuve componiendo un rato hasta que se hizo tarde.


Tome una larga ducha caliente y me acosté deseando con toda el alma que amaneciera para verla de nuevo.