Dark Chat

martes, 27 de abril de 2010

Nuestra Nueva Familia

Holaa mis niñaas!!

Lo prometido es deudaa aqui tienen el epilogoo, esperoo que les haya gustadoo el fic, les pidoo que dejeen sus comentarios niñaas que es nuestra motivacion para seguir subiendoo fics

besitoos:)

anitaa culleen!

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Cap.32.Epilogo: Eternamente.

ALICE POV

Un año después.

"¿Te gusta?" – me preguntó Jasper, abrazándome por la espalda e inclinado su rostro para reposarlo sobre el hueco de mi hombro izquierdo.

"Es… hermoso" – murmuré, aún sin despegar mi vista de la ventana, por la cual, desde el décimo piso del hotel, obtenía la vista más maravillosa de París – "parece un sueño"

"No es nada, si se compara contigo" – discutió con voz suave. Suspiré profundamente, abusando de la felicidad que se sentía en el aire que respiraba. Cerré mis ojos y dejé caer mi cabeza hacia atrás, recostándola sobre su pecho.

La obra con la que mi novio había ganado, hacía más de un año, aquel concurso de pinturas en la academia de arte al que asistía, se había vuelto la fascinación para un grupo de personas entendidas y manejadoras del tema, las cuales, semanas después de tal evento, lo contactaron para invitarle a una exposición que se llevaría a cabo en el salón Hoche Paris…

A pesar de que la invitación llegó con muchísimos meses de anticipación, sentimos que el tiempo se había pasado volando y, cuando menos lo pensamos, ahí estábamos ya, en las iluminadas calles de aquella ciudad, completamente solos. Nuestros hermanos pusieron pretextos y más pretextos para no acompañarnos. Y nuestros padres, aunque lo hubiesen deseado, simplemente no podían ya que una operación se programaba para esas fechas…

Debo admitir que estaba realmente feliz de poder haber realizado aquel viaje, solos. Y, por la actitud de Jasper, sabía que también a él le agradaba la idea.

"Debes estar cansada" – aventuró, negué con la cabeza, mintiéndole hasta cierto punto.

Realmente, el evento había sido demasiado extenuante pero, a la vez, muy hermoso y satisfactorio. Mi novio había recibido múltiples felicitaciones. Todo el mundo comentaba de lo talentoso que era, pese a su juventud, y es que la imagen de aquella muchacha, la cual tenía mis facciones, danzando en el bosque y bajo la luna llena, había cautivado a la mirada de las decenas de personas que se habían reunido en ese lugar tan recatado. Mis mejillas aún se sonrojaban al recordar el como se me acercaban, para poder saludar a la "modelo" de aquella magnifica pintura…

Perdí la cuenta de las veces en las que mi novio se negó, gentilmente, ante la propuesta de la negociación del cuadro.

"Lo siento, no esta en venta, solamente estoy aquí, aceptando la invitación de unos amigos" decía mi novio una y otra vez…

"El valor de ese cuadro es incalculable, no existe un precio monetario con el cual representar todo mi amor por ti" confesó cuando pose mi confundida mirada sobre él, al no entender el por qué de tan obstinada negación.

"Muchas gracias, Jazz" – le dije, mientras giraba mi cuerpo para encararlo.

"¿Gracias de qué?" – preguntó, frunciendo sus castañas cejas

"Por todo lo que me has dado" – contesté y, soltando sus manos, caminé hacia la pintura en donde me encontraba. Podía mirarla ciento de veces y seguiría sintiendo la misma oleada de fascinación y embelesamiento que me había embargado el día en que la vi por primera vez.

Pasé mis dedos sobre ella, y sonreí.

"En todo caso, el que tiene que agradecer soy yo" – murmuró, cerca de mi oído. Un estremecimiento recorrió mi cuerpo al sentir sus manos deslizarse alrededor de mi cintura – "todo lo que tengo, todo lo bueno que he hecho, ha sido gracias a que te conocí" – continuó hablando – "iluminaste mi vida en cuanto traspasaste la puerta de la casa y clavaste tus ojos en los míos"

Moví mi cuerpo para poder perderme en sus calidos ojos color miel. Levanté mi mano y rocé cada parte de su rostro pálido y angulado. Parecía imposible pero Jasper había cambiado, los rasgos infantiles de su cara habían sido reemplazados completamente por otros más firmes, volviéndolo aún más guapo de lo que ya era.

Me pregunté si también yo había tenido algún cambio y, sobre todo, si él lo había notado…

"Te quiero" – le confesé y, después, solo fui conciente de que sus labios habían capturado los míos.

Mi cuerpo otra vez se estremeció ante el tacto de sus firmes manos deslizándose por mi espalda. Su boca se movió más intensamente contra la mía, encendiendo una llama ardiente que se expandió por cada centímetro de mi piel. Mi mente se nubló por completo al sentir como su aliento llegaba hasta mi garganta, enrollé mis brazos en su cuello y mis dedos se enterraron en sus rubios cabellos.

Nos separamos lentamente, yo me encontraba temblando bajo sus manos, nos miramos a los ojos y, entre respiraciones agitadas, Jasper me tomó de la mano y me llevó lentamente hacia la cama que reposaba en el centro de aquella habitación, preguntándome silenciosamente, a cada paso que dábamos, si era eso lo que quería. Y yo, usando el mismo mutismo, le dije que no solo lo quería, si no que lo deseaba. Él entendió, claro que lo hizo.

Mi corazón comenzó a latir desbocadamente cuando me sentó sobre sus piernas y comenzó a besar mi cuello con labios dulces y gentiles, podía asegurar que mis mejillas estaban completamente rojas debido al pudor que me daba la situación y, sin embargo, la pasión había movido mis manos para que éstas lo despojaran del negro saco que aún portaba, para después continuar con su camisa color vino.

Pausadamente (casi con un poco de vacilación), Jasper fue bajando el cierre de mi vestido, y me fue recostando lentamente sobre la cama, en donde pude sentir la presión de su cuerpo sobre mí. Podía notar que él también se encontraba igual de nervioso que yo. Lo supe ya que pude apreciar el ligero temblor de sus dedos al deslizarse para recorrer mi piel desnuda y, sin embargo, pese a nuestra inexperiencia e ingenuidad, todo fue más que perfecto. Jamás imaginé que nuestra primera vez fuera a ser de una manera tan lenta y suave. Jamás pensé que disfrutaría con cada movimiento cuidadoso que él daba dentro de mí y jamás soñé experimentar tal placer en compañía de mi novio… Los dos aprendiendo, los dos enseñando, los dos siendo solamente uno, para siempre…

Y bien… ¿Qué más podía pedirle a la vida? Los límites de la felicidad para Jasper y para mí, no estaban marcados, y nunca lo estarían…

… Ahora estaba aquí, al lado de mis dos hermanas mayores, las tres vestidas de blanco, completamente nerviosas, pero sobre todo, sintiéndonos muy dichosas.

"Creo que voy a vomitar" – murmuró Rose mientras jugaba con sus propios dedos – "Creo que vomitaré" – volvió a repetir.

"Tranquila, Rose" – dijo Bella – "No hay por qué estar nerviosas…" –

"Bella, tu eres la menos indicada para dar ese tipo de consejos" – comenté al verla. Su lindo rostro estaba completamente distorsionado por la inquietud. No era por nada pero, al parecer, yo era la que más tranquila se encontraba.

El suelo estaba tapizado por pedazos de servilletas que las tres habíamos destrozados, inconcientemente, con nuestras manos.

"Hijas, ya es hora" – anunció Esme, entrando por la puerta y, cuando levantó la mirada para vernos, sus castaños ojos se le llenaron de lagrimas – "oh, mi niñas… ¡Que hermosas se ven!" – exclamó mientras estiraba sus brazos para abrazarnos – "las quiero mucho, hijas" -

"Nosotros también te queremos" – dijimos al unísono, con la voz cortada debido al llanto que se aproximaba. Nos miró detenidamente, una a una, y después, se acercó para besarnos las mejillas y acariciarnos el rostro, de esa forma tan amorosa que solamente ella poseía.

"Vamos, los novios esperan" – informó, regalándonos una mirada alentadora, antes de salir.

Bella, Rose y yo, nos miramos, una a la otra. Era absurdo sentir esa clase de nerviosismo, ¿Cuál era el problema? ¡Nos íbamos a casar con los hombres de nuestra vida! Los cuales ya nos estaban debajo del altar, esperándonos...

"Es hora" – repitió Bella, sustituyendo la intranquilidad de su rostro con una sonrisa y caminó hacia la salida. Nosotras la imitamos. Rose se adelantó, ella sería la primera en entrar, yo era la última y Bella, por consiguiente, la segunda.

Supongo que a mis hermanas les pasó lo mismo que a mí en cuanto vieron a sus respectivos novios parados al otro extremo de la iglesia. Estoy segura que también ellas se sintieron más que bien al sumergirse, a distancia, en sus pupilas, sintiendo como un hormigueó recorría sus estómagos y entorpecía sus pasos. También podría afirmar que, al igual que yo, también ellas tuvieron que concentrarse para no correr y acotar, lo más rápido posible, el espacio del pasillo que las separaba de aquellos anhelantes brazos…

… Cuando las tres estuvimos ya al lado de nuestros novios, la ceremonia comenzó. Fue sencilla, fue perfecta. Las tres parejas dijimos nuestros botos en distintos tiempos. Las tres parejas nos sumergimos y no envolvimos en nuestra burbuja en el momento del juramento, existiendo solo Bella y Edward; Rose y Emmett; Jasper y yo, en la iglesia…

"Los declaro marido y mujer, los novios pueden besar a la novia"

"Te amo" – susurramos todos al mismo tiempo y, en un movimiento sincronizado, los seis juntamos nuestros labios con nuestras respectivas almas gemelas.


EDWARD POV

Dos años después de la boda.

"¡¡Emett!!"

"¡¡Edward!!"

"¡¡Emmett!!"

"¡¡Edward!!"

Mi hermano y yo llegamos corriendo a la sala, de donde provenían los gritos de nuestras esposas, las cuales estaban tiradas sobre el sofá, agarrándose la panza mientras respiraban profundamente.

"Ya viene, Edward… ¡Ya viene!" – anunció Bella en medio del dolor – "Creo que también Rose va a dar a luz"

Vi a mi rubia cuñada y lo dicho por Bella era más que cierto. Giré mi rostro para ver a mi hermano, estaba completamente paralizado, parecía que la respiración se le había extinguido por completo, casi podía jurar que estaba morado.

"Emmett, necesito tu ayuda" – dije mientras caminaba hacia mi esposa y le tentaba el estomago – "Bella, ¿cómo te sientes?" – pregunté

"¿Cómo quieres que me sienta?" – soltó en medio de pujidos… bueno, debo admitir que tenía razón y mi pregunta había sido estupida, no era el primer parto que atendía y, sin embargo, me encontraba muy nervioso. Seguramente se debía a que esta vez era mi bebe el que venía en camino.

"¡Ahh!" –

El grito de Rose empeoró las cosas. Dejé a Bella para examinar a su hermana

"¡Emmett, llama a Jasper y a Alice, toma las maletas y prepara el carro!" – ordené, más no obtuve respuesta alguna – "¿Emmett?" – volví a llamar y…

¡PLOP!

En medio de los quejidos, Rose bufó y puso los ojos en blanco. Sabía lo que le pasaba por lo cabeza, ya que, apostaba lo que fuera, a que era lo mismo que pasaba por la mía…Genial. Lo que me faltaba (o más bien, lo que nos faltaba)… ¿Era justamente necesario el que Emett de desmayara exactamente en ese instante, cuando más se le necesitaba?

Edward, tranquilo, ¡tranquilo!, piensa bien lo que tienes que hacer… Me repetía una y otra vez tras verme solo en esta situación.

"Ok, Rose, Bella" – llamé, tratando de calmarlas, más mi voz denotaba el mismo nerviosismo que ellas – "tranquilas, llamaré a Jasper y a Alice y…"

"Edward, cariño" – interrumpió mi esposa con…. ¿frustración? – "no nos cuentes tus planes, solo… ¡Hazlo!" - soltó con un gemido y torciendo todo el rostro por la contracción que se había presentado.

"¡Ok, ok!" – dije y, a pesar de que sabía que tenía que sacar mi celular de mi bolsillo, aquella actividad me tomó más tiempo del necesario. Hice la llamada, y Jasper me aseguró que dentro de pocos minutos estarían en la casa. En cuanto terminó la llamada, me apresuré a correr hacia el carro y preparar los asientos.

¿Tenía que ser necesario que mi bebe y mi sobrino hayan querido nacer al mismo tiempo?... volví a correr de vuelta hacia la sala y, valorando que Rose era la que más contracciones estaba teniendo, la tomé primero entre mis brazos

"Edward…" – chilló la muchacha

"Tranquila, Rose…" – comencé a decir, pero ella me interrumpió, agitando su cabeza de derecha a izquierda, indicándome, con ese gesto, que no era eso lo que quería dar a entender. Esperé a que me dijera lo que quería

"¿Podrías…?" – un gemido de dolor interrumpió lo que iba a decir – "¿Serías tan amable de despertar a Emmett?" – propuso un poco alterada…

Oh. Había olvidado que mi hermano aún estaba inconciente, tendido sobre el suelo

"Si, Rose, en seguida lo despierto" – prometí mientras la llevaba al carro. La deposité con cuidado y, regresé rápidamente hacia donde Bella estaba. Casi tropiezo con el cuerpo de mi desfallecido hermano

"Bella, amor, ¿podrías esperar un momento en lo que hago que Emmett reaccione?" – inquirí mientras le tomaba de las manos

"S… si" – soltó mi mujer – "solo… date prisa, por favor"

"Si, amor" – prometí – "recuerda el cómo debes respirar…" – recomendé y ella asintió de manera frenética y comenzó a exhalar ruidosamente mientras yo buscaba en mi maletín un frasco de alcohol con algodón.

Como era de suponerse, Emmett no reaccionaba con nada, así que opté por la violencia, y agradecí que el par de bofetadas dadas sobre su rostro ayudaran.

"¿Qué…?... Qué pasa?" – preguntó en cuanto abrió los ojos y, olvidándome de contemplaciones, dejé de sostener su cuerpo y me erguí rápidamente para llevar a Bella al carro.

"Déjame decirte que este no era el mejor momento para que te desmayaras" – refunfuñé mientras levantaba a Bella entre mis brazos – "¡Tu esposa está en el carro, hay que darnos prisa!" – informé mientras caminaba.

Alice y Jasper hicieron acto de presencia antes de que Emmett arrancara el automóvil. Manejamos rápidamente hacia el hospital en donde nuestros padres y yo trabajábamos. Ambos movieron rápidamente al personal para agilizar dos salas de quirófanos. Me arreglé rápidamente para atender el parto de mi esposa, Carlisle haría lo mismo con Rose.

"Bella, amor, todo saldrá bien" – prometí mientras me acercaba a ella, ya con mi bata y el cubre boca puestos. Sus castaños ojos se clavaron en los míos y pude leer la confianza que en mí tenía. Pase una mano por sus cabellos, empapados por el sudo y me acerqué para depositarle un beso sobre su frente, antes de empezar con la tarea.

El parto no fue complicado, pero si demasiado laborioso.

"Un poco más fuerte, amor" – decía una y otra vez mientras Bella gemía y gemía cada vez más – "Falta poco, Bella, falta poco" – dije con emoción en cuanto vi y tuve la cabecita de mi bebe entre mis manos…

El último gritó de mi esposa trajo consigo lo más maravilloso que el cielo me pudo haber dado. No pude reprimir el pequeño par de lágrimas, que se escaparon de mis ojos, al tener entre mis manos aquel diminuto y calido cuerpecito ensangrentado, el cual también lloraba.

"Renesme" – murmuré y caminé hacia Bella para que la viera.

Las lágrimas también se derramaron de los ojos de mi esposa, que, pese al cansancio, sonrió extensamente con una luz infinita en sus pupilas

"Es hermosa" – señaló mientras pasaba una de sus débiles manos por el cabello cobrizo y ondulado de nuestra hija y depositaba un beso sobre ella.


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"¡Edward!" – exclamó Bella mientras caminaba detrás de mí y yo la evadía – "¡Dame a mi hija!" – ordenó

"No" – dije mientras acunaba a Nessie entre mis brazos – "ella quiere estar conmigo" – aseguré mientras le hacía mimos y pasaba suavemente una de las yemas de mis dedos para rozar su tierna carita

"Edward, tiene que comer" – recordó mi esposa y, suspirando resignadamente, dejé que me la arrebataran de los brazos – "eres un exagerado" – murmuró mientras me veía de manera divertida.

Incliné mi cuerpo para darle un beso sobre sus labios y después, caminé junto a ella hacia el sofá, en donde observé como mi hija tomaba su biberón con gran apetito. Habían pasado ya seis meses desde su nacimiento y aún me resultaba fascinante el verlas juntas, supongo que jamás me cansaría de eso, lo viera las veces que fueran. Con un suspiró de satisfacción, llevé mis manos hacia el rostro de mi esposa y después hacia el rostro de mi Rennesme, la cual, aún con el chupón dentro de su boquita, me sonrió.

"Creo que le agradas" – comentó Bella, mientras giraba su rostro para verme

"Me ama, tanto como yo a ella" – dije con una sonrisa

"¿Ah si?" – inquirió – "¿Cómo puedes estar tan seguro?" – retó juguetonamente.

"Bueno pues… tiene tus mismos ojos" – respondí – "y me mira con el mismo brillo con el que tu lo estas haciendo ahora mismo… al menos que este equivocado y ya no me ames, y la interpretación que le doy a tu mirada sea equivoca" – agregué.

Mi esposa me miró fijamente durante unos cuantos segundos y, después, me sonrió, sin discutir sobre el asunto. Cuando Nessie terminó de beber toda su leche, la llevamos hacia su recamara. Bella la acomodó con delicadeza, para no despertarla y, cuando salimos de aquella habitación, se posicionó frente a mí y enrolló sus brazos alrededor de mi cuello.

"¿Sabes, Edward Cullen?" – me preguntó

"¿Qué?" – cuestioné, siguiéndole el juego. Empujó mi cuerpo hasta que éste topo con la pared y, clavó sus ojos en los míos

"Te quiero como una imbecil" – susurró – "Ya te lo he dicho antes, pero parece que te lo tengo que decir mil veces para que lo entiendas" – sonreí abiertamente al escuchar aquellas palabras, las mismas que yo le había dicho hacía ya varios años.

"Te quiero" – confesé mientras juntaba mi boca con la suya

"Lo sé..." – dijo también ella, musitando contra mis labios.

El timbre rompió nuestro momento. Se nos había olvidado que teníamos visitas. Caminamos hacia la puerta, tomados de las manos y, al abrirla, nos encontramos con nuestros hermanos.

"Hola" – saludaron al unísono mientras pasaban.

Jasper caminaba, con los brazos en la cintura de Alice, la cual ya daba a mostrar los cuatro meses de embarazo que tenía.

"Emmett, ¿por qué no dejas a Jonathan y a Vanesa en el cuarto de Nessie?" – propuse al ver a mi hermano entrar con los gemelos dormidos entre sus brazos.

"Gracias" – dijo Rose mientras tomaba entre sus brazos a Jonathan y ambos se encaminaban hacia la habitación de mi hija.

Los bebes de nuestros hermanos mayores, quienes eran dueños de una red de gimnasios y spas, eran idénticamente hermosos. Sus redondos rostros eran pálidos y estaban adornados con mejillas sonrojadas, en las cuales, al reír, aparecían chistosísimos hoyuelos. La única diferencia que los distinguía era que el castaño cabello de Vanesa era ondulado, como el de mi hermano, y el de Jonathan, era rubio, lacio y sedoso, como el de Rose… también, si se prestaba atención, el azul de los ojos de Vane resultaba un poco más oscuro...

"Carlisle y Esme me hablaron esta mañana" – comentó Alice – "les mandan saludos"

Nuestros padres, por su parte, se encontraban de viaje, disfrutando de una segunda luna de miel… y bueno, doña Choni y don Pancho se habían tomado unas merecidas vacaciones y regresarían en un par de meses…

La cena transcurrió de manera amena, como siempre solía pasar cada fin de semana, en los cuales todos nos reuníamos. Vi con dicha como, con el paso del tiempo, la felicidad solamente se expandía más y más para cada uno de nosotros. Parecía imposible, pero era cierto. Alice y Jasper tuvieron una linda niña, de cabello negro y ojos color miel, a la cual decidieron llamarle Nathaly…

… Y yo, yo solamente puedo dar gracias a la vida por haber puesto en mi camino a cada una de las personas que me rodearon desde el principio hasta el final…

BELLA POV

"¡Edward, ten cuidado, te puedes caer!" – gritaba Nessie mientras corría detrás de nuestro pequeño nieto, que no paraba de ir y venir por todo el jardín.

Mientras, en silencio, Edward y yo contemplábamos fascinados la escena, tomados de la mano. ¿En qué momento el tiempo había pasado de manera tan rápida? ¿En qué momento nuestra hija había crecido y nos había bendecido con la llegada de nuestro primer nieto? Aquel pequeño niño, que reía con voz cantarina, era la perfecta reencarnación del hombre que se encontraba a mi lado. Giré mi cabeza para verlo. Las canas, que comenzaban a reemplazar aquel cabello cobrizo, y las pequeñas arrugas que se asomaban ya a su pálida piel, no contrarrestaban la hermosura de su rostro, para mis ojos. Treinta años habían pasado desde nuestra boda, cerca de treinta y cinco calendarios habían pasado desde que nos habíamos visto por primera vez y…

… cuánto lo seguía amando.

Él también volvió el rostro para verme. El tiempo no había afectado en lo absoluto el brillo y la lava ardiente de sus verdes pupilas, tampoco había borrado el encanto y lo hipnotizante que resultaba aquella sonrisa de lado que me dedicaba cada vez que nuestras miradas se encontraban y, mucho menos, habían disipado la dulce miel de sus labios.

Nuestra hija se fue a las pocas horas, prometiendo visitarnos en pocos días y, en cuanto estuvimos solos, mi esposo y yo nos encaminamos hacia la sala. Sin decir palabra alguna, Edward me jaló de la mano y me guió hacia el piano, en donde me senté a su lado y cerré mis ojos para escuchar la canción que hacía ya tantos años me había compuesto. Recargué mi cabeza sobre su pecho cuando la música cesó, sentí como sus manos se pasearon por mis cabellos canos y suspiré, disfrutando de su perfume inmortal.

"¿En qué piensas?" – quiso saber con aquella voz tan suave y varonil, la cual los años tampoco habían debilitado.

"En que no me había fijado que el tiempo ha pasado demasiado rápido" – contesté.

"Yo tampoco, lo acabo de descubrir hoy" – admitió y sentí como su pecho temblaba por la risita que de sus labios se estaba escapando – "Bella" – llamó cuando el humor pasó – "¿Eres feliz?"

Fruncí el ceño ante tal pregunta, pero dudo que él lo haya visto, puesto que mi rostro aún seguía hundido sobre su pecho… ¿Qué pregunta era esa? ¿Acaso no era notorio que estaba completamente invadida por la plenitud?...

"Claro que soy feliz" – contesté mientras me separaba para mirarle fijamente – "¿Acaso tu no?" – pregunté, un poco temerosa. Él volvió a reír, esa vez, con más fuerza

"¿Feliz?" – repitió la palabra mientras entrecerraba sus ojos – "No" – dijo al fin, tras pensar varios segundos – "No soy feliz" – y, antes de que el corazón se me congelara, agregó, tomando mi rostro entre sus manos – "Felicidad es solamente una palabra, la cual no me ayuda a describir todo lo que siento…" – suspiró, y sentí su fresco y dulce aliento rozar mis parpados – "no existe un término el cual englobe toda la dicha, todo el amor, toda la prosperidad y toda la plenitud que siento de tenerte a mi lado, Bella, y dudo mucho que haya llegado ya a un limite" – añadió – "sé que todavía me faltan muchos más años y muchas más vidas a tu lado…"

"¿Cuántas veces te he dicho que te amo?" – cuestioné mientras pasaba mis dedos por su rostro, hasta llegar a sus cabellos

"No las suficientes" – respondió con una sonrisa y después, tomó mi mano entre las suyas, las cuales se mantuvieron unidas, hasta el ultimo de nuestros segundos juntos.

FIN

lunes, 26 de abril de 2010

Mi Corazon En Tus Manos

Hello mis angeles hermosos !!
Aqui estoy una vez mas con ustedes y como las quiero mucho y es lunes inicio de semana les tengo un estreno. para  mi es un gran honor traerles esta hermosa historia de amor , si bien es diferente a lo q estamos acostumbradas a leer , es buenisima y muy hermosa a mi en lo personal me mantuvo muchas horas sentada frente a mi compu leyendo con emocion cada cap  .
Asi que no les hecho mas rollo , solo me queda darle las gracias a esta maravillosa escritora de fics
RIONNA muchas gracias por permitirme compartir con mis angeles esta tu hermosa historia de amor
**Nota :la historia no me pertenece yo solo tengo permiso de publicacion  solo para este sitio .
el nombre de la dueña del fic es Rionna 25.**

Por fiss mis angeles dejen sus comentarios al final . mil besitos
Angel of the dark
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CAPITULO 1



Érase una vez… así se supone que empiezan los cuentos de hadas ¿no? Sin embargo, para Alice, mejor dicho, para la Princesa Alice, su vida hacía unos días que había dejado de ser una fábula para convertirse en una pesadilla. Desde la ventana de su habitación veía como las nubes viajaban por el firmamento, hacia un destino desconocido, llevándose consigo sus sueños y fantasías. A lo lejos, asomaban nubarrones negros amenazando tormenta, por lo menos, el cielo lloraría con ella, acompañándola en su tristeza. No sólo debía sobrellevar la pena de la muerte de su padre, el Rey, sino que debía aceptar que, al saberse enfermo, hubiese jugado su última baza en un intento de mantener en pié su Reino, sin tomar en cuenta que esa última carta era la vida de su propia hija, su destino.


Hacía tiempo que el Reino de Ádamon amenazaba con iniciar una guerra para invadir sus tierras, así que, una buena solución era una alianza con el poderoso Reino de Los Lagos, el reino del Rey Jasper, su futuro marido. Una alianza con el reino vecino, basada en lazos matrimoniales e imposible de quebrantar, decidió su padre. A pesar de su juventud, el Rey Jasper tenía fama de buen gobernante, un hombre generoso y carismático al que no le faltaba valentía. Era mil veces preferible dejar el reino en sus manos a que cayera en las garras del Rey Laurent, famoso por sus excesos y por no ser precisamente un hombre justo y de buenas acciones. Además debía pensar en el futuro de su pequeña Alice, con esa alegría y esas ganas de vivir que contagiaban a cualquiera a 5 kilómetros a la redonda, pero tan ingenua e inocente a veces. De esa forma, pensó, tenía su futuro asegurado, dejándola al cuidado del que le parecía un buen hombre, y, con esa prioridad en su mente, se apresuró a presentarse ante él, esperando a que aceptase su propuesta. El joven Rey, además de todas esas virtudes con las que lo describían, era sobradamente inteligente y sensato, así que no tardó en comprender las ventajas de la alianza y aceptó su proposición, llenando al viejo Rey de alivio y felicidad. Sin embargo, ésta le duró bien poco, pues su viaje agravó su afección, por lo que, desde el que sería ya su lecho de muerte tuvo que informar a su dulce hija de la decisión que había tomado, porque él la había tomado por su propia cuenta, sin ni nombrárselo siquiera.


Alice se encontró de repente con la noticia de que su padre estaba gravemente enfermo y además, debía unirse en matrimonio lo antes posible con el Rey Jasper, un auténtico desconocido, a pesar de ser vecinos, y con la total incertidumbre de que iba a ser a partir de entonces su vida. Quizás porque su padre no era tan viejo y aún podía encontrar esposa que le diera heredero, nunca había forzado a Alice a pensar en el matrimonio, así que su corazón era libre para soñar y deleitarse en la ilusión del primer romance o de imaginar su primer beso, el despertar de ese sentimiento tan bello llamado Amor y que parecía ser que para ella estaba vetado. Hacía pocos días que su padre había fallecido, llevándose con él esos sueños e ilusiones que ya no cabían en su corazón y dejando paso a esos nubarrones que amenazaban con descargar su tristeza sobre ella en cualquier momento. Una pequeña lágrima ya recorría su mejilla como presagio de lo que se avecinaba.


-Alice, ¿ya has terminado el equipaje? –La voz de su prima Bella tras de sí la sobresaltó, pero decidió no voltear a mirarla, su mirada seguía fija en ese cielo ya encapotado, no quería que la viera llorar, otra vez.


-Va a haber tormenta –dijo Alice, a modo de respuesta, no sabiendo bien si se refería a la que venía acercándose por el Oeste o a la se abría paso en su corazón.


-Espero que sea pasajera, no me gustaría iniciar el viaje de mañana bajo la lluvia –se quejó Bella mientras se acercaba a la ventana a comprobar por ella misma el desesperanzador panorama que se presentaba acompañando a esas oscuras nubes.


-Hay tormentas que son perpetuas –respondió Alice.


-Nada dura eternamente, Alice –le rebatió su prima, posando su mano sobre su hombro como un gesto alentador. –Además –prosiguió –detrás de la tormenta siempre viene la calma.


Alice no respondió, sabía como seguiría la conversación, quizá evadiendo la respuesta, la evitaría, pero no iba a ser fácil.


-Debes sobreponerte, prima. –parecía más un ruego que una petición.


Alice inhaló lentamente, preparándose para, otra vez, escuchar el discurso con el que Bella, con la mejor de las intenciones, trataba de levantarle el ánimo, a veces, con planteamientos incluso absurdos, simplemente con el propósito de, al menos hacerle sonreír. Nunca lo conseguía, seguramente esta vez no sería diferente.


-Piensa en que vas a ser Reina –continuó Bella. Esa afirmación tomó por sorpresa a Alice ¿a dónde quería llegar con eso?


-Sabes que nunca me han importado los lujos, que me gusten los vestidos bonitos y el que sea para mí una debilidad el combinarlos correctamente con nuestros aderezos no significa que sea una frívola –respondió Alice levantando el tono de su voz y dirigiendo su mirada a su prima por primera vez desde que entrase a su habitación, no era posible que su prima creyera eso de ella.


-Sabes que nunca pensaría eso de ti, jamás podría llamarte frívola siendo tan generosa, desinteresada y de buen corazón como lo eres tú –se defendió Bella.


-Entonces no entiendo a que te refieres –contestó calmando de nuevo el tono de su voz y tornando sus ojos de nuevo al oscurecido cielo.


-Me refiero a que está claro que tu vida va a cambiar por completo. Sé que te aguarda un futuro incierto al lado de un hombre al que no conoces, al que no amas y que tampoco te ama a ti. Sé que es una realidad dura pero no te queda más que esperar y… ver que pasa. Sin embargo, Alice, de lo que sí estamos seguras es de que muy pronto te convertirás en Reina y eso conlleva una gran responsabilidad. Vas a tener que esforzarte para llevar a cabo una ardua labor y has de realizarla la mejor posible por el bien del pueblo. Por eso debes sobreponerte y cumplir con tu deber y reinar al lado de tu esposo de una manera justa y benevolente, como debe ser. Quien sabe, Alice, quizás tus esperanzas no están del todo perdidas. Todo el mundo que conoce al Rey Jasper lo describe como un buen hombre, honrado a pesar de su condición y su reino es cada vez más próspero debido a su buena estrategia como gobernante. No se le conoce ningún tipo de escándalo o falta por la que deba ser tomado en mala consideración, además de que dicen las malas lenguas que es muy apuesto –concluyó Bella con una sonrisa traviesa.


-Bella, por favor –le reprendió Alice con un mohín.


-Vamos, Alice –le cortó su prima –sólo digo que le des tiempo al tiempo, el amor de repente nos puede ofrecer caminos insospechados que recorrer. Además, por todos es sabido que, en ocasiones, los matrimonios concertados dan gratas sorpresas –afirmó Bella esta vez con una leve risita.


-Tú puedes decir eso porque no te vas a casar con un desconocido, te vas a casar enamorada y con alguien que te corresponde, porque, estoy segura de que el día menos pensado el Príncipe Jacob le pide tu mano a tu padre –le reclamó Alice.


-Yo no estoy enamorada del Príncipe Jacob –le rectificó ella.


-Pero él si lo está de ti y no me puedes negar que te gusta ¿verdad? –la miró de frente de nuevo con ojos inquisidores.


-Es de ti y no de mí de quien hablamos –se defendió ella. -No puedes cerrarte en banda y darlo todo por perdido así de entrada. ¡Por el amor de Dios, Alice, ni siquiera lo conoces! Al menos date la oportunidad de conocerlo y de que él te conozca a ti. Y deja ya a un lado ese prejuicio al que te estás aferrando y que, desde luego, no es propio de ti porque lo más probable es que te equivoques y, conociéndote, sé que lo lamentarás.


Alice no le contestó, se limitó perder de nuevo su mirada en el horizonte. Bella sabía que, así, daba por finalizada la conversación, aunque esperaba que al menos considerara sus palabras.


-Voy a hablar con Emmett, quiero ver si está todo listo para partir mañana –le informó Bella rompiendo el silencio que había surgido entre las dos, antes de retirarse. Se le hacían raros e incómodos esos silencios entre ellas. Si algo caracterizaba a Alice no era precisamente el que ella fuera una muchacha callada y tranquila, al contrario, era un torbellino de alegría que arrollaba toda la tristeza a su paso. Así había sido, hasta entonces, pensó con tristeza.


Nada más salir de los aposentos de su prima se encontró con Emmett, por supuesto, en su lugar, fiel y dispuesto, siempre al servicio de Alice. A pesar de ser unos pocos años mayor que ellas, su aspecto fuerte y fornido le hacía parecer mucho mayor. Sin embargo, su aspecto duro no correspondía en absoluto con su personalidad pues era un muchacho entrañable y de buen carácter. Siempre se mostraba afable y educado con todos, pero además, muy sobreprotector en lo que respectaba a Alice; más allá de su deber para con ella, estaba el gran cariño que le tenía, bueno, en realidad, que se tenían porque, si bien era cierto que el status y las normas dejaban unos límites claramente establecidos en la relación entre un noble y su guardia personal, el carácter despreocupado de Alice pasaba por encima de todo eso y pronto pasó a considerar a Emmett como el hermano mayor que nunca tuvo. Para Emmett por su parte, fue difícil el evitar ser conquistado por la simpatía y el entusiasmo de la pequeña Alice, a la que quería como si fuera una hermana, por supuesto, sin faltarle jamás el respeto o a su confianza.


-Emmett –le llamó mientras se acercaba a él.


-Dígame, Princesa –contestó cuadrándose ante ella a modo de saludo.


-Sólo quería saber si está todo listo para partir mañana –preguntó.


-Está todo preparado, Alteza, a falta, únicamente de su equipaje y el de la Princesa Alice. Saldremos al alba –le informó él.


-De acuerdo, voy a terminar de hacer mi equipaje. En cuanto al de la Princesa, por favor, llama a sus camareras para que vengan a ayudarme. Yo misma me encargaré de preparárselo.


-Con todos mis respetos, Alteza, es una suerte que estéis en estos momentos al lado de la Princesa –le dijo Emmett con agradecimiento.


-Es lo menos que podía hacer por mi querida prima –le respondió. –Sólo espero que este arrebato de pena y melancolía se le pase pronto.


-Todos en el castillo echamos de menos su risa y sus cantos –le confesó él con tristeza.


Bella no pudo menos que sonreír ante eso. Alice se ganaba el corazón de cualquiera con una de sus sonrisas. Esperaba que en su nuevo hogar todos llegasen a quererla del mismo modo, no podía ser de otra manera.


-Cumpliré sus órdenes inmediatamente –dijo Emmett, recuperando de nuevo la compostura.


-Gracias, Emmett –concluyó ella, para dirigirse hacia sus aposentos, mientras recordaba la conversación que acababa de tener con su prima. Sabía que en cierto modo Alice tenía razón, ella no estaba en la mejor situación para dar ese tipo de consejos. Era muy poco probable que tuviera que enfrentarse a un matrimonio con un desconocido porque, aunque nunca se había hecho oficial su compromiso con el Príncipe Jacob, su padre, el Rey William, y el padre de Bella, el Rey Charles, eran grandes amigos y prácticamente daban por sentado el matrimonio entre sus hijos.


A Bella no le desagradaba la idea, aunque no creía estar enamorada de él, o, por lo menos, lo que sentía no era lo que expresaban sus libros cuando hablaban del amor. Pero tenía que reconocer que le gustaba, le agradaba su compañía, era un muchacho amable y divertido y siempre fue muy respetuoso con ella. Quizá no le amaba pero creía que podría ser feliz junto a él y aprender a quererlo con el tiempo.


Desde luego su situación era preferible a la de su prima ahora mismo, pero seguía convencida de que Alice estaba llevándolo al extremo. Ella tampoco conocía al Rey Jasper pero toda la nobleza a la que conocía hablaba muy bien de él. Todos coincidían en que era un rey de carácter serio y fuerte, con carisma y valentía, pero además era un hombre culto y de buen corazón. No eran en absoluto malas cualidades para un rey y menos para un hombre. Quizás su corazón de rey estaba endurecido por el difícil rol que supone gobernar, un rey no puede mostrar debilidad pero, quizás, su corazón de hombre sería más fácil de conquistar por un alma tan pura como la de Alice. Pero para ello, debía dejar de lado ese halo de tristeza que la envolvía y abrirle su corazón. Quien sabe, quizás él lo consiga y esta niña tan tozuda vuelva a sonreír –pensó mientras entraba a su habitación para terminar de preparar sus cosas.


Lo que ella no sabía era que en ese preciso momento alguien más se preocupaba por el futuro de la joven pareja. Al otro lado de las montañas, al pie de un precioso lago se erigía un hermoso castillo, donde, en la torre más alta, un joven muchacho miraba con asombro y una pizca de diversión como otro joven caminaba nerviosamente por la habitación, una y otra vez, siempre siguiendo la misma pauta, con sus manos en la espalda y sin levantar la mirada del suelo, como si con esa danza frenética pudiera encontrar ese bálsamo que calmase su agitado estado de ánimo.


-Primo, vas a desgastar las baldosas como sigas así –dijo el muchacho reprimiendo la risa que luchaba por salir de su garganta –y no creo que dibujar un surco en el suelo te ayude.


-Edward, tú tampoco me estás ayudando en nada –le reclamó secamente el otro joven, cesando su deambular para mirarlo de frente con el ceño fruncido por la inquietud. De repente, su mirada se llenó de remordimiento –lo siento mucho, Edward, estoy un poco tenso –se disculpó mientras se pasaba la mano por su ondulado cabello rubio.


-¿Un poco tenso? –contestó dejando escapar la risa que por fin se abría paso. –Jasper, jamás te había visto tan angustiado como esta noche, ni siquiera antes de la peor de las batallas. ¿Dónde están la calma y el temple que siempre te acompañan? Tú siempre te muestras tan sosegado, con nervios de acero. De verdad primo, perdóname, pero no creí que llegaría el día en el que algo te sacara de tus casillas de esta forma, es que no te reconozco –dijo riéndose de nuevo.


-Y por lo visto también te parezco divertido –exclamó con una mueca mientras se cruzaba de brazos.


-Discúlpame –le pidió con tono más serio esta vez. Era verdad que, hasta cierto punto, era sorprendente y hasta gracioso ver Jasper en tal estado de ansiedad pero, el trasfondo era que, en realidad, su primo necesitaba su apoyo. –Me puedo hacer vagamente una idea de que es lo que te preocupa pero, no acabo de comprender cual es el motivo de tal desasosiego.


Jasper respiró hondo en un intento de calmar un poco sus descontrolados nervios y caminó hacia el ventanal para sentarse en el alféizar, era estúpido guardar las formas ante su propio primo.


-Cuando el Rey Alexandre vino a proponerme la alianza entre nuestros reinos -comenzó Jasper -inmediatamente vi grandes ventajas, difíciles de obviar como para no aceptarla. Es un gran Reino, puede que no tan próspero como éste y con algunos problemas internos de mal manejo de impuestos y de influencias, pero nada que un gobierno duro y firme no pueda solucionar. A pesar de ganarnos un enemigo como el Rey Laurent, tiene un gran ejército que unido al nuestro nos haría casi invencibles en cualquier enfrentamiento. Sin lugar a dudas era un trato ventajoso al que nadie medianamente inteligente se negaría. Mi única parte del trato a cumplir era tomar a su hija en matrimonio.


En vista de que Jasper no continuaba su discurso, Edward comprendió que en ese último aspecto era donde residía el mayor problema. Ya que había empezado a hablar, iba a llegar al fondo del asunto en ese mismo momento, aunque tuviera que sonsacarle la información a modo de interrogatorio.


-¿Tu problema es el matrimonio? –le preguntó finalmente.


-No, mi problema es "este" matrimonio –le indicó. Edward dejó entrever la confusión en su rostro. –Sabes que nunca he tenido interés ni por el romance, ni por perseguir mujeres y mucho menos por conseguir esposa –continuó. –Consideraba que siendo tan joven aún quedaba mucho tiempo como para planteármelo siquiera. En el poco tiempo que llevo reinando sólo me he preocupado por volver a componer este reino que, por desgracia, mi padre había dejado tan maltrecho, en un estado deplorable. Todos mis esfuerzos se han basado en intentar gobernar con severidad, pero con benevolencia y justicia, no dejando ninguna de mis acciones al azar, siempre siguiendo un plan establecido, unas pautas, una estrategia. Sabes que siempre me ha gustado controlar la situación con todas sus posibilidades, sin dejar nada por estudiar o considerar.


-No entiendo a donde quieres llegar, Jasper –le interrumpió su primo.


-Ese es el problema, Edward –exclamó mientras bajaba del alféizar para volver de nuevo a su peregrinaje sin destino a lo largo de su habitación. La confusión de Edward se hizo mayor si cabe. –No sé a donde voy a llegar con este matrimonio, que es lo que me espera, que me deparará el futuro. Siento que, de repente, no sé como debo actuar, que debo hacer para que esto funcione. Esto no es una batalla con soldados y órdenes que dar para ganar una guerra. Sólo somos dos completos desconocidos que, de una día para otro se van a convertir en marido y mujer y con el hecho de gobernar nuestros reinos como único punto en común.


-Eso no lo puedes saber porque, como bien has dicho, aún no la conoces –le corrigió Edward –Aunque yo tampoco conozco a la Princesa Alice –prosiguió –he oído decir que es una joven virtuosa, muy generosa y de buen corazón. Además tengo entendido que es muchacha muy hermosa y que su belleza sólo queda igualada por su alegría y encanto.


-Eso es lo que más me preocupa –reconoció más para él que para su primo. Esa confesión tomó por sorpresa a Edward. No consideraba a Jasper superficial en absoluto así que no entendía su afirmación.


-¿Crees que no te va a gustar? –se atrevió finalmente a preguntar.


Jasper se limitó a devolverle una mueca de desacuerdo.


-¿Entonces? -inquirió Edward.


-Le temo más a que yo no le guste a ella –aceptó muy a su pesar, arrepintiéndose inmediatamente de haberlo dicho en voz alta, quizás su primo lo tomara como otra buena excusa para mofarse de él un poco más. Sin embargo, fue todo lo contrario.


Quizás nunca se lo había dicho, pero Edward admiraba profundamente a su primo, por muchísimas razones. El hacerse cargo de un país cuyo estado era lamentable con tan sólo quince años era digno de admirar. Además no había conocido a un estratega mejor que él, ni que decir tenía de su carisma y don de gentes y de su forma de gobernar. Había llevado a su pueblo y al reino de nuevo al máximo esplendor y por ello lo aclamaban. A todo eso había que añadirle que era un hombre honrado y de buenos sentimientos, y en ese mismo momento le estaba dando la mayor de las pruebas. Se preocupaba más por el bienestar de una muchacha, a la que ni siquiera conocía, que por el suyo propio.


-Primo, yo no entiendo de hombres, pero no te ves nada mal –bromeó Edward tratando de poner una nota de humor al cariz tan serio que estaba tomando la conversación. Para regocijo de Edward tuvo el resultado que esperaba y Jasper rompió a reír.


-A veces eres incorregible, Edward –se rió Jasper. –Estoy tratando de hablarte sobre mis inquietudes y tú lo tomas como un juego.


-Es que es muy posible que tú te lo estés tomando muy a pecho. Entiendo perfectamente tu preocupación, vas a iniciar una vida en común con alguien que no conoces, con una muchacha con la que tal vez no tienes nada en común, quizás con un carácter totalmente incompatible al tuyo y a lo mejor, sin que surja ningún tipo de atracción entre ambos.


-¿Lo ves? ¿Te haces cargo ya de la envergadura de mi problema? –dijo con alivio.


-¿Y tú te haces cargo de que no he parado de decir cosas como "tal vez", "quizás", "a lo mejor"? –le rebatió Edward. ¡Por el amor de Dios, Jasper! Tú mismo lo has dicho ¡Ni siquiera la conoces! ¿No crees que al menos deberías dejar de preocuparte por un momento por lo que pueda pasar? ¿Para que regalarte noches de insomnio pensando en que podrías hacer para que lo vuestro funcione cuando a lo mejor mañana, en cuanto os veáis por primera vez os enamoráis irremediablemente el uno del otro?


-Edward… -intentó reprenderle Jasper.


-No Jasper –le cortó, tomándole por el brazo obligándole a parar su transitar para que le prestase la máxima atención -en el fondo, aunque ahora no quieras reconocerlo, sabes que tengo razón. Quizás me he excedido en lo del "amor a primera vista" pero sabes perfectamente a lo que me refiero. Deja de intentar controlar la situación, como siempre haces con todo, porque, al contrario que en el resto de ocasiones, esta vez no te va a salir tan bien como de costumbre. El corazón no entiende ni de estrategias ni de planificaciones y, aunque intentes controlar el tuyo, no vas a poder controlar el de ella. Lo siento primo pero me temo que te va a tocar jugar a un juego al que no estás acostumbrado.


-¿A cuál? –le preguntó si entender muy bien de que le hablaba.


-Al de "dejarse llevar" –le contestó dándole una palmada afectuosa en la espalda. Jasper por su parte agachó la mirada hacia sus pies, en señal de derrota. –Si esta noche eliges desvelarte de nuevo –le dijo mientras se dirigía hacia la puerta de la habitación, -no sería mala idea que tomases en consideración lo que te acabo de decir. Aunque –añadió con una sonrisa pícara mientras tomaba el pomo de la puerta –deberías tratar de descansar si quieres tener un buen aspecto mañana y causarle una buena impresión a tu prometida.


Edward salió riéndose de su propia ocurrencia, cerrando la puerta tras de sí rápidamente, antes de que le alcanzara el primer libro que su primo había tomado para lanzárselo. Jasper no pudo evitar sonreír ante su broma. Tenía a su primo en gran estima a pesar de que su visión de las cosas no siempre coincidiera, como en ese momento. Sin embargo, nunca estaba de más ver el espejo bajo otra mirada, verdaderamente su visión estaba más que borrosa, quizás la de su primo le diera un poco de luz.



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CAPITULO 2

Rosalie avanzaba rápidamente por el corredor hacia los aposentos de su hermano. Aún faltaban algunas horas para que su futura cuñada llegase pero tenía que estar todo dispuesto cuanto antes. A pesar de que le había dado instrucciones precisas a la gobernanta, quería ser ella misma la que supervisase todo, como hacía siempre desde que su hermano accediese al trono seis años atrás. Desde un principio supo que Jasper no iba a precisar de su ayuda para hacer frente a tal responsabilidad por lo que optó por ayudarlo de una forma más práctica, así que era ella la que llevaba el control sobre el funcionamiento del castillo. Jamás se sintió como una simple "ama de llaves", al contrario, tenía la libertad y el poder para manejar todo el castillo y su servidumbre tal y como ella consideraba oportuno y nunca recibió una queja o reclamo por parte de su hermano. Siempre contaba con su apoyo a la hora de tomar de decisiones, y se mostraba agradecido de que le liberase de la responsabilidad de ocuparse de todo ese tipo de "asuntos domésticos".


Por su parte, ella tampoco tenía motivos para estar disconforme. Por un lado esta tarea la mantenía ocupada, no le resultaba nada atractiva la idea de una vida ociosa y despreocupada. Además siempre encontraba tiempo libre para dedicarle a su ocupación favorita, la cría de caballos. Era perfectamente consciente de que ésta no era la afición propia de una "damisela", según muchos debería pasarse la vida bordando o paseando por el jardín. Sin embargo, el qué dirán o la opinión de los demás no eran algo suficiente para ella como para renunciar a su pasión. Se sentía orgullosa de que las cuadras reales contaran con los mejores y más hermosos ejemplares, gracias a su dedicación y cuidados diarios.


Cuando entró en la recámara, las muchachas, al verla, hicieron una rápida reverencia saludándola, volviendo rápidamente a sus quehaceres. Dio una vuelta completa alrededor de la habitación para comprobar que todo estaba quedando perfecto, tal cual lo había ordenado. Se dirigió a una pequeña puerta abierta que había al final de la habitación, que comunicaba con la recámara que iba a ser ocupada por la Princesa Alice. En un principio, su hermano se había mostrado reticente ante la idea de ocupar antes de la boda los que eran los aposentos de sus padres pero, Rosalie, le mostró el lado lógico de su idea y él no tuvo más que aceptar, esperando que su prometida también lo hiciera.


Estaba por entrar a la recámara de la princesa cuando vio aparecer por la puerta de la habitación a Jasper, con un ramo de flores en la mano. Era un bouquet de rosas blancas con pequeñísimas violetas adornándolo, un arreglo hermoso y delicado.


-Qué flores tan bellas, ¿son para mí? -preguntó divertida sabiendo cual era la respuesta.


-Éstas en concreto no son para ti, pero creo que por aquí tengo algo más apropiado con tu encanto -respondió mientras sacaba un rosa roja que llevaba escondida bajo la casaca y se la ofrecía.


-No me digas que entre los asuntos de estado, posibles invasiones y revisiones de impuestos encuentras tiempo para dedicarte a la jardinería. Puedo buscarte trabajo en la cocina si quieres -bromeó mientras olía la flor que le acababa de entregar.


-¿Acaso no te gusta? -le cuestionó sonriendo mientras colocaba el ramo en un jarrón. Ella se acercó para terminar de acomodarlo.


-A las mujeres nos suelen gustar este tipo de lindezas, eso es cierto -afirmó con mirada cómplice.


-Espero que tengas razón -suspiró con preocupación.


-Deja ya de afligirte tanto. Todo va a salir muy bien -le aseguró. -Posiblemente estará agotada tras el viaje pero podría apostar que el detalle de las flores no le pasará desapercibido, al contrario, le va a encantar -concluyó tratando de animar a su hermano mientras él se lo agradecía con una sonrisa. Tras eso, abandonó la habitación para seguir con su tarea y asegurarse de que todo estaba preparado a tiempo.


Efectivamente, para Alice, el viaje estaba resultando tedioso y extenuante. Bella se había pasado todo el trayecto leyendo uno de esos libros sobre filosofía que a ella le costaban tanto leer, así que el silencio reinaba en el carruaje. Seguramente, en otras circunstancias habría sido molesto, incluso poco probable, pero en ese momento no le importaba en absoluto. Con su humor no era buena compañía para nadie y, en realidad, se alegraba de que Bella así lo hubiera entendido.


Miró por enésima vez por la ventanilla, los rosas y anaranjados estaban tiñendo ya el cielo del atardecer, que se fundía con el azul del lago que estaban bordeando en ese momento. Una cosa era cierta, los paisajes del que iba a ser su nuevo reino eran incomparables. Notó como el carruaje giraba en un recodo del camino y la silueta de un gran castillo recortando el horizonte se presentó ante ella. Un escalofrío recorrió su espalda. El viaje estaba a punto de finalizar y con ello daba paso al inicio de otro viaje del que aún no conocía el rumbo y cuyo destino era del todo incierto.


Ya había oscurecido cuando atravesaron las murallas y recorrieron los últimos metros que restaban para alcanzar el portón principal. Por fin, el carruaje se detuvo al pie de una escalinata que se elevaba ante el imponente castillo. Al final de las escaleras pudo ver tres figuras flanqueadas por sendos guardias. En medio se hallaba un muchacho alto y delgado, pero bien formado, de cabello rubio y ondulado, el Rey Jasper, supuso. A su izquierda se encontraba otro muchacho de cabellos cobrizos y un tanto alborotados, casi tan alto como el anterior y de semejante complexión. A su derecha vio una muchacha esbelta, de cabello rubio, que caía en cascada casi hasta su cintura. No percibía del todo sus facciones debido a la distancia pero, parecía muy bella. Su elegancia y distinción eran notorias.


Fijó su vista en los escalones, recorriéndolos despacio. Cuando llegaron a lo alto, escuchó la voz de Emmett, efectuando las presentaciones pertinentes.


-Buenas tardes, Majestad, Altezas -dijo mientras se inclinaba. -Permítanme que les presente a sus Altezas, la Princesa Alice y la Princesa Bella -anunció señalando a cada una de ellas.


Alice, cabizbaja aún, tomó delicadamente su vestido, para, al igual que su prima, inclinarse en una reverencia. Aún no se había incorporado totalmente cuando sintió como una mano tomaba dulcemente la suya.


-Espero que hayáis tenido un buen viaje –dijo Jasper antes de bajar su rostro y posar levemente sus labios en la mano de la muchacha.


Fue un roce suave, pero cálido, lo suficiente como para sacar a Alice de su sopor y hacerle alzar, por fin, la vista del suelo, y ver como el joven besaba suavemente su mano. De repente, sintió como esa calidez se extendía desde sus dedos hacia todo su cuerpo, llenando de esa agradable y desconocida sensación todos los rincones de su ser, mientras el deseo de no dejar de sentir jamás el tacto de esa mano en su piel nacía incomprensible e irrefrenablemente en su corazón. Cuando Jasper levantó el rostro al fin para incorporarse, los ojos de Alice se toparon con una maravillosa mirada azul. En ese preciso instante, la mente de Jasper quedó atravesada por la visión más hermosa que jamás hubiera podido imaginar, la de unos bellos ojos grises que lo miraban llenos de anhelo, quedando irremediablemente prendido de ellos. Se dio cuenta de que quizás estuviese tardando demasiado en liberar la delicada mano de la muchacha y de que, posiblemente, no era apropiado el mantener su mirada fija de esa manera en aquel rostro angelical, pero había quedado atrapado por el embrujo de aquellos ojos y el resto dejó de tener importancia para él. Sólo la necesidad de perderse en ellos, y no regresar hasta haber reconocido cada tonalidad plateada que recorría sus pupilas, hasta no haber memorizado cada uno de sus reflejos violáceos que los adornaban y que los hacían más hermosos si eso era posible. Finalmente y, muy a su pesar, la voz de Edward lo sacó de su ensimismamiento.


-Permitidme que me presente -dijo dirigiéndose a Bella -soy el Príncipe Edward, primo de su Majestad –informó mientras se inclinaba besando su mano.


-Sí –afirmó Jasper recuperando ya su compostura –y esta es mi hermana, la Princesa Rosalie, -añadió mientras soltaba la mano de Alice para tomar la de su gemela. Ella a su vez hizo una reverencia a la que ambas muchachas respondieron de la misma forma.


-Imagino que estaréis agotadas después de una jornada de viaje –supuso la joven -¿por qué mejor no entramos y os mostramos vuestros aposentos? –indicó dirigiendo ya sus pasos al interior del castillo, justo para detenerse en la antesala.


-Por favor, conducirlas a sus recámaras. –le pidió a su hermano y a su primo. -Yo le indicaré al muchacho donde están las habitaciones de la guardia ya que me dirijo a la cocina. Voy a ordenar que os preparen un buen baño y algún refrigerio para que lo toméis en vuestra habitación. Es muy tarde así que dejemos las formalidades para mañana –dijo ahora con una mirada comprensiva hacia las princesas. –Espero que paséis una buena noche –se despidió amablemente. Seguidamente, dirigió sus pasos a la cocina y, sin mirarlo siquiera, exclamó secamente –Muchacho, acompáñame.


Los ojos sorprendidos de Emmett buscaron los de Alice. Ella afirmó levemente con la cabeza, por lo que se limitó a inclinarse y desearles buenas noches a todos para, rápidamente, seguir los pasos de la Princesa Rosalie, que ya casi había llegado al final del corredor.


Tras eso, los cuatro se despidieron para hacer sus respectivos trayectos a sus habitaciones, que se encontraban en direcciones opuestas. Bella advirtió, justo antes de volverse hacia el corredor que conducía a su cuarto, como Jasper alzaba su mano demandando la de su prima, para tomársela suavemente mientras empezaban a caminar. Una sonrisa abordó sus labios ante esa imagen. Empezaba a sospechar que el recelo de Alice era más que infundado, sobre todo, si tenía en cuenta la idílica escena que acababa de presenciar entre ellos dos hacía unos minutos. Nunca había visto una mirada tan intensa en unos simples desconocidos. Quizás, que Alice encontrara la felicidad no iba a ser tan difícil después de todo. La simple idea le hizo emitir una leve risita.


-¿Podría saber qué os complace tanto? –preguntó Edward con curiosidad.


-Oh, no es nada –mintió Bella.


-Parece ser que mi primo es todo un caballero –le confió sonriendo, haciéndole ver que, en realidad, también él se había dado cuenta de ese pequeño detalle. -¿Me permitís? –preguntó divertido al alzar su mano imitando el gesto de su primo de hacía un momento.


-Por supuesto, Alteza –rió Bella mientras posaba su mano sobre la de Edward.


-Además, tengo la ligera sospecha de que todas nuestras preocupaciones van a quedar en nada. –le aseguró Edward. Bella se sorprendió ante tal afirmación.


-¿No estáis de acuerdo, Alteza? –preguntó serio ante el rostro asombrado de la joven.


-Sí, no, no me malinterpretéis – titubeó ella. –Es que precisamente estaba pensando lo mismo que vos –le aclaró.


-Creo que es sólo cuestión de darle tiempo al tiempo –afirmó Edward sonriendo.


-Estoy completamente de acuerdo con vos, otra vez –añadió con alivio, mientras reía tímidamente, ocultando su boca con su otra mano. No se percató hasta ese momento de que se había olvidado por completo de dejar en el equipaje de mano el libro que había venido leyendo. Edward alcanzó a ver el volumen y paró casi en seco al ver de qué se trataba.


-¿Su Alteza está leyendo a Platón? –exclamó el joven con una mezcla de asombro y admiración en su voz.


-Sí –respondió mostrándole orgullosa el libro que le había regalado su padre. -¿Por qué os sorprende tanto? –preguntó ante la expresión del muchacho.


-Disculpadme mi asombro –dijo mientras lo tomaba –pero Platón no es que sea precisamente una lectura "ligera" y menos para una muchacha tan joven como vos –concluyó devolviéndole el tomo.


-¿Acaso por ser mujer no debo estar interesada en Los Clásicos? –cuestionó sin saber muy bien si debía considerarlo una ofensa.


-No pretendo ofenderos en modo alguno, Alteza –le aclaró él rápidamente mientras iniciaban de nuevo su marcha –Es sólo que todas las muchachas que conozco están más interesadas en coleccionar vestidos y joyas que en la literatura.


-Quizás deberíais conocer a otro tipo muchachas –bromeó ella, en señal de que había aceptado sus disculpas.


-Posiblemente tengáis razón –aceptó con una sonrisa. –Tal vez os complazca saber que, casualmente, una copia idéntica a la vuestra descansa sobre mi mesita de noche –dijo señalando el libro que descansaba ahora en el regazo de la joven.


La expresión de la muchacha no le dejó lugar a dudas de que el hecho le sorprendía gratamente por lo que prosiguió. -Y tal vez, si os apetece una lectura un poco más amena, he terminado de leer recientemente "La Eliada", podría prestároslo -le ofreció el joven.


-Pues os lo agradecería enormemente –sonrió Bella ante tal ofrecimiento -Esa obra de Homero aún no la he leído. Sería interesante leer algo nuevo para variar, los pocos libros que he traído conmigo los conozco casi de memoria.


Edward aminoró su paso, pensativo.


-Se me ocurre una idea mejor –dijo al fin. –Me gustaría mucho enseñaros algo, Alteza. ¿Me harías el honor de acompañarme mañana? –preguntó Edward.


-¿Puedo saber a dónde? –quiso saber ella.


-Preferiría no decíroslo, quisiera que fuera una sorpresa –respondió Edward.


-No me gustan las sorpresas –le informó Bella.


El hecho sorprendió a Edward pero insistió. –Os aseguro que valdrá la pena mantener el suspense hasta mañana.


-Está bien –aceptó la joven, casi a regañadientes. –Pero más os vale que realmente valga la pena –amenazó en tono de broma.


-Os prometo que así será. -sonrió él. De repente, Edward dejó escapar una risa.


-¿Podría saber qué os complace tanto? –preguntó Bella divertida al citar sus mismas palabras de hacía sólo un momento.


-Es que muy poca gente logra sorprenderme y vos, en cuestión de minutos lo habéis hecho y no una, sino varias veces –le explicó sonriente, mientras observaba que un leve rubor maquillaba las mejillas de la joven. -¿Podría preguntar vuestra edad?


El rubor en sus mejillas se hizo ahora más evidente.


-Mi curiosidad es del todo inocente, Alteza. Parecéis una muchacha muy madura, para la edad que aparentáis –se apresuró a aclarar.


–Tengo diecinueve años, uno más que Alice –respondió -¿Me devolvéis el favor y me decís vos qué edad tenéis?


-Veintiuno, al igual que Jasper y Rosalie. No sé si sabíais que son mellizos –le informó.


-La verdad es que no –negó ella.


-En realidad Rosalie es mayor que Jasper por cinco minutos. A veces cuando están en desacuerdo por algo le amenaza diciéndole que le va a reclamar el trono por haber nacido primero, pero al momento cambia de opinión. Primero porque nunca le haría eso a su hermano y segundo porque es consciente de que jamás podría empeñar esa labor con la misma destreza que él, además de que son tantas las veces que se lo dice que Jasper ya no la toma en serio, normalmente rompen a reír y… fin de la discusión –le dijo mientras sonreía al evocar uno de esos momentos del que él había sido testigo.


-Todos dicen de él que es un magnífico rey –reconoció ella.


-Y mejor hombre, eso os lo garantizo –afirmó Edward. –Por eso Alteza, os recomiendo que no os preocupéis por vuestra prima. Está en buenas manos –concluyó mientras se detenía.


-Está es vuestra recámara –le informó mientras le abría la puerta. –Inmediatamente os traerán vuestras cosas. Mi habitación está justo al lado, me pongo a vuestra disposición para lo que deseéis –dijo mientras se inclinaba besando su mano. –Espero que descanséis y no olvidéis nuestra cita de mañana.


-No la olvidaré. Buenas noches –contestó sonriendo antes de cerrar la puerta. Durante un momento se quedó apoyada de espaldas a la puerta, con la vista hacia el techo. Su estancia en el castillo se presentaba más que interesante. Llevaba menos de una hora en él y ya había tenido una de las conversaciones más interesantes desde hacía mucho tiempo. El Príncipe Edward era muy agradable y sobre todo, encantador. De nuevo el calor incendió sus mejillas al recordar su sonrisa y sus ojos, unos ojos tan verdes que relucían como las propias esmeraldas.


De repente, llamaron a la puerta. Eran las camareras que venían a prepararle el baño, justo lo que necesitaba para despejar su mente y relajarse después del viaje. Esperaba que Alice se sintiera bien, a pesar de todo no podía dejar de preocuparse. Lo primero que haría al levantarse sería ir a hablar con ella, tenía que averiguar que le había parecido su prometido y si le había gustado, tal y como a ella le había parecido. Pero eso sería mañana, no quería pensar en nada más, ahora iba a disfrutar de ese baño y a descansar. Sin embargo, fue inevitable que un par de ojos verdes se enhebrasen en su mente una vez más.


Mientras caminaba por el corredor, Alice se preguntaba a que se debía ese sentimiento de calma que la embargaba por completo. Quizás se debiera a que estaba agotada del viaje, o la perspectiva de un baño relajante ante su cuerpo entumecido o, tal vez, sentir de nuevo el cálido contacto de esa mano que sostenía con delicadeza la suya. No se habían dicho ni una sola palabra en todo el trayecto, pero en ese momento, para ella las palabras eran innecesarias. Se sentía bien, tranquila, como hacía mucho tiempo no lo hacía. Fue cuando se detuvieron cuando finalmente Jasper le habló.


-Estos son vuestros aposentos, mi señora –indicó Jasper abriéndole la puerta.


Un pequeño pálpito golpeó el corazón de Alice al escuchar las palabras con que Jasper se había referido a ella; "mi señora". Sólo había escuchado esas palabras de labios de su padre, cuando se refería a su madre, a su esposa. La certidumbre de que en unos días iba a unir su vida a la de ese hombre para siempre se hizo tangible ante sus ojos.


De repente, al entrar en la recámara, una ola de esencia de rosas tiznada de violetas embriagó sus sentidos. Dirigió su mirada al bouquet que estaba sobre la cómoda y se aproximó, tomando una de las rosas y llevándola hasta su nariz, con sus ojos cerrados para así percibir mejor su aroma. Tras un instante, abrió los ojos y dirigió su mirada a Jasper. El joven pudo ver como, lentamente se empezaban a curvar los labios de la muchacha hasta que una amplia sonrisa iluminó su rostro mientras los reflejos violáceos de sus ojos se volvían más brillantes y los hacía resplandecer.


-Son mis flores favoritas –dijo con entusiasmo. Jasper se dio cuenta de que aún no había escuchado la voz de su prometida, hasta ese momento. Su delicada voz de niña resultaba ser música para sus oídos.


-Entonces he sido afortunado en mi elección –afirmó él lleno de satisfacción.


-¿Ha sido idea vuestra? –preguntó sorprendida.


-Si, mi señora, y me alegra mucho que os guste –asintió sonriendo.


Alice extendió su mano, ofreciéndole la rosa que había tenido en sus labios hasta hacía sólo un instante y que él tomó sin dudar.


-Muchas gracias –le dijo mientras con la mirada empezó a recorrer la que a partir de entonces sería su habitación. Sus ojos se posaron en la puerta situada al fondo de la habitación.


-¿A dónde conduce esa puerta? –preguntó señalándola.


-Mis aposentos están al lado de los vuestros. Esa puerta comunica vuestra recámara con la mía –le indicó. El rostro de la joven se llenó de confusión.


-Yo en un principio tampoco estaba de acuerdo pero, Rosalie insistió en que era absurdo alojaros en otra habitación y acomodar todas vuestras cosas allí cuando en pocos días estos pasarán a ser vuestros aposentos. Viendo el lado práctico, creí que estaba en lo correcto. Pero si os incomoda puedo ordenar ahora mismo que trasladen vuestro equipaje a otra recámara –dijo con preocupación. Quizás se había dejado llevar por el pragmatismo de Rosalie, dejando de lado el posible malestar de su prometida ante esa situación.


-No –le cortó ella. –No os preocupéis, bien pensado vuestra hermana tiene razón.


-Sí, pero vuestro bienestar es lo primero –insistió. -No quiero que os sintáis incómoda.


-Os agradezco vuestra inquietud, pero es innecesaria –le aseguró calmadamente.


-Está bien –aceptó, dando el tema por concluido. –Imagino que las camareras no tardarán en venir a preparar vuestro baño, así que me retiro. Sin embargo, quería haceros una petición antes -añadió, desviando su mirada de ella.


-Decidme –le dijo, pidiéndole continuar.


-Me complacería mucho si mañana me acompañaseis a dar un paseo. Me gustaría ser yo mismo quien os enseñase vuestro nuevo hogar –afirmó mientras trataba de dominar el nerviosismo de su voz. El temor a que rechazara su compañía se hizo patente.


Alice sonrió tímidamente ante tal proposición.


-Estaría encantada de acompañaros –accedió.


-Muy bien –dijo mientras una sonrisa se dibujaba en sus labios. –Ahora sí me retiro. Que descanséis –se despidió con una leve reverencia para después dirigirse hacia la puerta.


-Mi señor –exclamó Alice. Al parecer su subconsciente había decidido dedicarle la misma cortesía que él había tenido para con ella. Le sorprendió gratamente que no le resultase en absoluto malsonante en sus oídos.


-Decidme, mi señora –respondió deteniéndose en el umbral de la puerta, girándose para verla de frente.


-No veo necesario que tengáis que salir al corredor para ir a vuestros aposentos –dijo mientras señalaba la puerta que había sido el objeto de su conversación un minuto antes.


-Si no os incomoda –dudó.


-Por favor –asintió ella con la cabeza, alentándole.


Jasper asintió a su vez y cerró la puerta tras de sí para dirigirse al fondo de la habitación, no sin antes detenerse ante su prometida y tomar su mano por tercera vez esa noche y besar su dorso de nuevo.


-Que durmáis bien, mi señora –susurró.


Ella no pudo más que asentir mientras sintió un leve ardor en sus mejillas. Para cuando se sobrepuso, Jasper ya había desaparecido tras aquella pequeña puerta.


(Señoritas comentarios pòr favor !!!!!!!)

domingo, 25 de abril de 2010

Noches de Italia

Capitulo 3. GOA

-¡Mi hermanita por fin tiene una cita con alguien de su especie! –Emmett se burló-. Bella estabas empezando a preocuparme, tienes demasiado contacto con humanos…


Levanté el sillón y amenacé a Emmett con él.


-¡Uy! ¡Tengo tanto miedo! –dijo entre risas.


Fruncí el ceño, me preparé para lanzarlo, ya había soportado demasiado.


-Por favor Bella, sólo conseguirás destruir el sillón y sabes que Esme aprecia mucho el mobiliario de esta casa –me advirtió Alice.


Ella tenía razón, suspiré y dejé el sillón en su lugar.


-¡No tengo ninguna cita! –le grité a Emmett que seguía riéndose-. Sólo lo hago por Alice, eso es todo.


-Sí claro –Emmett sonrió-. Escogieron un buen lugar, podría decir que el GOA es lo mejor que hay en Roma, y saben que lo digo por experiencia.


Rosalie entró en la sala y se puso junto a su pareja.


-Nos gustaría acompañarlas –dijo ella-. Pero Emmett y yo tenemos una fiesta importante y no debemos perder nuestra reputación.


Puse los ojos en blanco. Ellos nunca tenían suficiente de fiestas.


-Ya déjalos Bella –Alice me tomó del brazo-. Tenemos que arreglarnos para esta noche.


No sabía porque la palabra "arreglarnos" en su boca me causaba un escalofrió, tenía el presentimiento de que lo que venía no me iba a gustar nada…


Y tenía razón.


-¡No voy a salir con esto! –exclamé al mirarme en el espejo-. ¡Definitivamente no! –llevaba puesta una blusa azul, cuyos tirantes casi desaparecían de tan delgados que eran, y un pantalón de mezclilla demasiado ajustado para mi gusto.


-Pero te ves hermosa –me dijo Alice. Ese pequeño monstruo es la que me había obligado a ponerme aquella ropa-. Además todas las chicas que van se visten así.


-Pero…


-Dijiste que me ibas a ayudar ¿o no? –me recordó-. Eso cuenta como parte de la ayuda…


Me crucé de brazos.


-Por favor… -luego sonrió-. Vas a aceptar, lo acabo de ver.


Resoplé. A veces me pregunta si Alice también tenía el poder de la persuasión.


Ella sonrió, se veía muy bonita en su blusa violeta y su short negro.


-Ya casi es hora –dijo emocionada. Estaba muy ilusionada con ese tal Jasper y más le valía a ese vampiro tratar bien a mi hermana, porque si no se las vería con mi mal humor.


Nos encontramos con Carlisle y Esme cuando regresamos a la sala, tenían una expresión extraña en el rostro.


-Me alegra que por fin le des oportunidad a un vampiro para que se acerque a ti –me dijo Carlisle.


Hice una mueca. Maldito Emmett chismoso.


-Sí –concedió Esme-. Pensamos que no querías encontrar una pareja.


-Y sigo sin querer –contesté-. ¡Sólo le voy a hacer compañía a Alice! ¡Nada más!


-Deberías aprovechar la oportunidad y conocer mejor al otro chico –insistió Carlisle-. Tal vez cambias de idea…


-No


-Ya dejen de molestar a Bella –me defendió Alice-. No es el momento para esas discusiones.


-Lo decimos porque nos preocupamos por ti –dijo Esme, puso una mano en mi hombro-. La soledad nunca es buena, sobre todo para nosotros que vivimos eternamente, por eso tenemos una pareja Bella…


-Los tengo a ustedes –repliqué.


-Por supuesto –accedió Carlisle-. Siempre estaremos para ti y lo sabes, pero no es lo mismo, necesitas a alguien que se identifique contigo, alguien que…


-No necesito de nadie –lo interrumpí.


-Por favor Bella –dijo Esme-. Tan sólo piensa en lo que te hemos dicho.


Se escucharon leves golpes en la puerta.


-Deben ser ellos –dijo Alice y fue directamente a abrir.


Jasper y Edward entraron en la sala, el rubio se detuvo un momento para saludar a mi hermana.


-Carlisle Cullen –se presentó él-. Ella es mi pareja Esme.


Los dos vampiros se presentaron, Edward me vio y sonrió, y yo como tonta le devolví la sonrisa. Reaccioné cuando vi a Carlisle volteando de él a mí y asintiendo con aprobación, rápidamente borré la sonrisa de mis labios y fruncí el ceño.


-¿Nos vamos? –preguntó Jasper y ofreció su mano a Alice.


-¡Claro! –exclamó ella.


Aún afuera del GOA se podía escuchar la música, había una multitud de personas esperando entrar.


-¿Cómo vamos a entrar? –le pregunté a Alice, aunque debo decir que una parte de mí estaba alegre, tal vez tendríamos que regresarnos. ¡Que bueno que no nos acompañaron Rosalie ni Emmett! Con ellos como acompañantes no había duda de hubiéramos entrado.


-No sonrías Bella –me acusó Alice-. Tengo una idea.


Hice una mueca, me veía fijamente. Esto no iba a ser nada bueno. Logramos llegar cerca de la puerta, los demás intentaban desesperadamente convencer al guardia de la puerta que los dejara pasar.


-Sí –dijo ella-. Tenemos ventaja, creo que le gustas al guardia.


Giré en la dirección que ella veía, sí, el hombre moreno y bastante musculoso me comía con los ojos.


-¡No me vas a utilizar! –exclamé.


-Por favor –Alice puso su cara de súplica-. Hazlo por mí, tu hermana favorita.


Suspiré y me acerqué al hombre que estaba en la puerta. Le mostré mi mejor sonrisa, y tomé un mechón de cabello entre mis dedos como había visto que hacían algunas humanas.


-¿Nos podrías dejar pasar a mis amigos y a mí? –me concentré en hacer que mi voz sonara lo más suavemente posible. Para mi asombro funcionó, el corazón del hombre se aceleró de manera notable.


-Si me dices tu nombre y me das tú teléfono –respondió él.


-Melissa –contesté y le escribí un número falso en su mano.


El GOA estaba lleno, pero no sólo los humanos eran los que estaban ahí. Ya había escuchado decir a Emmett que el lugar también era muy famoso entre los vampiros.


-Vamos –Jasper llevó a Alice a la pista de baile.


Edward me tomó del brazo y fue tras ellos. Me rendí y me dejé llevar por la música, lo bueno de ser un vampiro era que nos volvíamos buenos bailarines, incluso yo, que cuando era humana era un peligro en una superficie plana.


Pasaron las horas y yo continuaba bailando, no estaba tan mal como había pensado, por lo menos no lo estaba hasta que sentí que alguien me tomaba de la cintura.


-No sabía que venías a este tipo de lugares Bella


Fruncí el ceño al ver a un vampiro rubio de ojos azules en frente de mí. Era Julian, un vampiro arrogante que estudiaba en la Universidad, no había encontrado pareja y yo sospechaba que ni siquiera se interesaba en eso, disfrutaba más "divirtiéndose" con varias vampiresas, yo no entendía como podían esperar que él las escogiera, sí, decían que era un vampiro bastante fuerte y era guapo, pero estaba claro que él no era de una sola chica.


-¿Quieres bailar conmigo? –preguntó de forma seductora y me acercó más a él.


-No –lo empujé lo más fuerte que pude. Yo jamás formaría parte de su colección.


Parpadeó sorprendido. Seguramente nadie lo había rechazado antes.


-Ella viene conmigo –escuché la voz de Edward detrás de mí.


Me acerqué a él y con una sonrisa le agradecí su apoyo. Aún no confiaba en Edward, pero esto le hacía ganar puntos.


Julian le enseñó los dientes, me sentí más tranquila al saber que estábamos rodeados de humanos, así no se desataría una pelea.


-Tienes suerte de que estemos aquí –le dijo Julian a Edward.


El vampiro de cabello cobrizo me abrazó, seguramente para dejarle claro a Julian que no se acercara.


-Nos vemos mañana Bella –se despidió el vampiro rubio.


¡Maldito! ¿Qué acaso no entendía un NO?


-Gracias –le dije a Edward, después de asegurarme que Julian se había alejado lo suficiente-. No lo soporto.


-Yo tampoco –contestó frunciendo el ceño.


Edward aún me tenía entre sus brazos, no hizo ademán de querer soltarme y no me importó, me sentía muy cómoda donde estaba. Sonreí, me estaba comenzando a caer "un poco" bien ese vampiro.
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Capitulo 4. Discusión


-¿Qué? –Alice frunció el ceño cuando terminé de contarle sobre mi "altercado" con Julian.


-Pero Edward me ayudó a quitármelo de encima –continué.


Ella sonrió.


-¿Ahora confiarás más en ellos? –cuestionó entusiasmada.


-No totalmente –admití-. Alice apenas los conocemos, no podemos…


-¡Yo confío en Jasper! –exclamó interrumpiéndome.


Puse los ojos en blanco, era mejor no seguir discutiendo con ella, sino terminaría perdiendo. Me recosté en el tronco de mi árbol favorito, todavía tenía tiempo para que empezara mi próxima clase.


-Bella, Alice –saludó Mike sentándose a mi lado.


-Hola Mike –contestó Alice-. ¿Ya conociste a los nuevos estudiantes?


Hice una mueca. ¿Qué no conocía otro tema de conversación?


-¿Los Hale? –preguntó Mike, cuando vio que Alice asintió continuó-. Uno de ellos va en mi clase de Literatura Internacional… creo que se llama Jasper.


-Por favor Mike, no le des alas a mi hermana –le aconsejé-. Es mejor que no hables sobre ese tema, sino ya no te la quitarás de encima.


Pero a mi rubio amigo, le parecía divertida la situación.


-Entonces te gusta Jasper –dijo Mike a Alice.


-Está obsesionada con él –intervine yo-. Esa sería una mejor definición.


Alice resopló.


-Bella ya no hables –ordenó y luego se dirigió a Mike con una mirada mucho más amable-. Si me gusta –admitió.


-A mi me parece que es una buena persona –dijo él.


-¿Lo ves? –Alice me miró-. Deberías a escuchar a tu amigo de vez en cuando…


-¿Me perdí de algo? –preguntó Mike.


-A Bella le cuesta trabajo confiar en… las personas –Alice se corrigió a tiempo.


Mike me observó atentamente durante unos segundos, luego sonrió.


-Desde que te conocí siempre has sido así –comentó-. Lo bueno es que conmigo ha sido diferente…


-Tu eres un caso distinto Mike –dije devolviéndole la sonrisa. Claro, el era humano, y tenía que admitir me era más fácil confiar en ellos que en los de mi propia especie-. Por eso eres mi mejor amigo.


El me rodeó con sus brazos, una costumbre que había adquirido en las últimas semanas, pero que yo no veía mal, para mí Mike era casi como mi hermano, aunque fuéramos completamente distintos.


-¿No quieres volver esta noche al GOA Bella?


Rechiné los dientes al ver a Julian de pie en frente de nosotros, había dos vampiros detrás de él, no se podría decir que eran sus amigos, eran algo así como sus seguidores.


-Está vez tendrás mejor compañía que la otra noche –continuó-. Porque esta vez irás conmigo.


Fruncí el ceño. Vi que Alice hacia un gesto parecido, ni ella ni yo lo soportábamos.


-Nunca iría contigo a ningún lugar –contesté con frialdad.


Los dos vampiros me veían fijamente, como si no pudieran creer lo que habían escuchado, pero su expresión cambió pronto y me pareció ver que intentaban contener una sonrisa. Julian se percató de esto también y los fulminó con la mirada. Si, le acaba de dar una patada justo en el ego al vampiro más engreído de todos.


-¿Lo prefieres a él que a mí? –preguntó señalando a Mike. Por supuesto mi amigo no tenía idea que Julian era un vampiro y lo consideraba inferior a él por ser un humano.


Mike se levantó y se colocó enfrente del vampiro. Alice y yo casi saltamos y nos colocamos detrás de Mike.


-Yo que tú no intentaría algo de lo que te podrías arrepentir –le advirtió Julian.


Coloqué mis manos en los hombros de mi amigo, por una vez Julian tenía razón, Mike no tenía ni las más mínima oportunidad contra él.


-No vale la pena Mike –intenté tranquilizarlo.


-¡Deja a Bella tranquila! –exclamó.


Julian sonrió, divertido por el enojo de Mike.


-Eso es entre ella y yo –contestó tranquilamente-. A ti no te incumbe.


-Por favor Julian –esta vez me dirigí a él-. Vete de aquí.


-Sólo porque tú lo pides –respondió-. Y sólo por esta vez, porque sabes Bella tan bien como yo, que no siempre me rechazarás, nadie lo hace.


-Mike por favor no te busques problemas con él –le pedí una vez que Julian se fue-. Podría hacerte daño…


-El es un… cree que todo lo puede conseguir –Mike frunció el ceño-. No puedo evitar perder el control cuando lo veo, es insoportable…


-Por favor Mike, prométeme que no lo enfrentarás otra vez –insistí.


-Esta bien –aceptó. Seguramente había sido la preocupación en mi rostro lo que lo había convencido-. Lo prometo.


Suspiré aliviada.


-Creí que odiabas los lugares como el GOA –dijo Mike, cambiando de tema.


-Alice me obligó –sonreí-. Ella quería ir con Jasper, pero como también invitó a su hermano, tuve que ir.


Mike frunció el ceño.


-Suena como a doble cita –dijo en un tono que no logré identificar.


-¡Claro que no! –exclamé inmediatamente-. ¡Yo iba en contra de mi voluntad!


Alice puso los ojos en blanco.


-Bella me haces quedar como la hermana malvada de la historia –dijo ella-. Además tienes que admitir que te la pasaste muy bien con Edward.


Me mordí el labio.


-Bueno la noche no estuvo tan mal como había pensado –acepté. Pero eran las únicas palabras que conseguiría sacarme sobre la otra noche.


Alice se rió, Mike en cambio parecía un poco más serio.


Después de que se terminaron las clases, me quedé afuera del edificio de la Universidad a esperar a que Alice saliera. Y la vi, pero ya estaba acompañada, por supuesto por Jasper.


Comencé a caminar, tal vez era mejor dejar que Alice se las arreglara sola.


-Bella –escuché que alguien me llamaba y me di la vuelta, solo para darme cuenta de que Edward estaba detrás de mí.


-Hola –lo saludé.


-Nunca había visto a Jasper así –comentó-. ¿Podrías decirme que le hizo Alice?


-Yo diría que es al revés –contesté-. Sabes, creo que ya nos olvidaron –bromeé.


-Tienes razón –sonrió-. Pero si te sirve de consuelo todavía me tienes a mí, yo nunca te olvidaría.


-Yo a ti tampoco –contesté. Ya no sabía si esto seguía de broma o no.


Entonces se reunieron Emmett y Rosalie con nosotros.


-Tú debes ser Edward –dijo mi hermano-. Me llamo Emmett y ella es Rosalie.


Oh no. Tenía un mal presentimiento sobre esto.


-¿Cómo les fue en su cita de anoche?


Edward arqueó las cejas y sonrió, parecía bastante divertido por algo, yo en cambio iba a matar a Emmett.


-¡Que no fue una cita! –exclamé. Seguramente Alice había previsto esto, y había decidido escapar junto con Jasper. ¡Me había abandonado!


Emmett me ignoró y se dirigió a Edward.


-Es muy testaruda pero ya te acostumbrarás –continuó-. Me caes bien, y creo que hacen buena pareja, pero te advierto si alguna vez la veo sufriendo te las verás conmigo.


Aunque el tono no era amenazador, sabía que Emmett hablaba en serio, eso fue tierno, pero no lo salvaba de la dolorosa muerte que le esperaba cuando estuviera a solas con él.


-Yo nunca le haría daño –dijo Edward que parecía sincero.


-Bien –Emmett sonrió-. Entonces tienes mi aprobación


Resoplé.


-Nos vemos después Bella –se despidió Rosalie al ver como fulminaba a su novio con la mirada, se llevó a Emmett con ella.


Alice y Jasper llegaron poco después, yo me crucé de brazos y fruncí el ceño.


-¿Nos perdimos de algo? –preguntó Jasper, que me observaba confundido.


-Emmett, el hermano de Bella nos saludó –contestó Edward sonriendo.