Dark Chat

sábado, 27 de febrero de 2010

Esena eliminada de NEW MOON

viernes, 26 de febrero de 2010

Robert y Kristen se roban algunos calientes y sensuales besos en taberna de Londres



Gracias a HollywoodLife;





¿Puedes creer que una de las parejas más difíciles de alcanzar han estado besándose como locos en todos los bares de Londres esta semana?


Ahora que Robert Pattinson ha admitido públicamente (NT: no exactamente) que su co-estrella de Twilight, Kristen Stewart, es su novia, no ha perdido tiempo en decirle al mundo lo juntos que están. De hecho, Robsten está activamente haciendo alarde de su amor, ¡siendo vistos en varias tabernas de Londres toda la semana!


Primero, el par "bajo llave" fue visto besándose en un bar local de Londres, el Marquis of Granby, despuás de que Kristen, de 19 años, asistiera al show de Burberry Prorsum Catwalk el 23 de Febrero.


Luego, el 24 de Febrero, RPattz de 23 años, y KStew pasaron la noche abrazándose en una taberna del suroeste de Londres llamada Halfmoon, donde apoyaron a la hermana de Rob, Lizzy. Fue la telonerade la banda Starsailor.


"Pasaron desapercibidos. No hubieras adivinado nunca que era una de las parejas más famosas del mundo," dice el vocalista de Starsailor, James Walsh, a The Sun.


Se ha informado que K.Stew y R.Pattz se han "escondido" en el hotel de Rob desde el sábado, tomando un muy merecido y romántico descanso. Ja Ja Ja. Los dos, de quienes se ha dicho que están saliendo desde que grabaron Twilight en 2008, han evitado ser captados juntos lo más posible. Deben de estar muy aliviados al haber hecho su romance público después de todo el acoso, ¿no creen?


¿Estás agradecido de que Rob y Kristen finalmente hayan admitido que están juntos?

Besos de Sangre EX- ONE SHOT

Hello !!! mis angeles hermosos , no se si recuerden este one shot . mi querida CUNNING ANGEL decidio agregar mas cap, asi que aqui les dejo el segundo cap de este fic dejen suss comentarios por fiss son muy inportantes para mi
mil besitos
Angel of the dark
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Cap. 2

"Mátame" su lengua acarició mi cuello, tan fría y exquisita que mi boca despertó emitiendo un jadeo.



Aun narcotizada bajo el embrujo de sus besos fui capaz de negar, en parte conciente en parte no. Sólo había un pensamiento en mi interior… Le necesitaba.


"Entonces déjame ir" susurró esa voz: dulce y angelical, su trino sabía a miel y no pude más que asentir embobada ante la ternura y devoción que destilaba esa suplica, mas sin siquiera saberlo yo había renunciado a él.


Cuando abrí los ojos ya era tarde… Edward se había ido.i


Inhalé y exhalé un par de vez, débil e incrédula.


¿Cómo pude dejarle ir?, ¿cómo pude consentir su partida?


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"Debes mantenerte en secreto, ¿Comprendes? Si pasaras todo un año en mi compañía, deberás mantenerte escondido." le advertí observando el oleaje,el rugir del mar sólo conseguía evocar los increibles sucesos recientemente acontecidos.


"Y porque mejor no vienes tú conmigo, podríamos viajar, salir, ¿no querías mostrarme lo hermoso de vivir…?" musitó con sarcasmo, pero aquello no podía importarme menos, él… él hablaba de-


"¿Me estás pidiendo que huyamos juntos?"


"Es una sugerencia, después de todo me da igual; no hay lugar que valga la pena al que no haya ido. Además sea como sea acabaré del mismo modo: Muerto, menuda ironía."


Sacudí los restos de arena de mi cuerpo, y me preparé para dar el sí, no podía creerlo…Tanto tiempo inmersa en una vida tediosa y cotidiana y de pronto un ángel descendía del cielo para hacerme compañía.


"Hey, lamento estropear tu fantasía, pero estoy lejano a ser un ángel, créeme, soy un demonio. Esto no es más que un disfraz, bastante útil por cierto, pero no deja de ser eso. Además, sabes a la perfección que mi afán no es hacerte compañía, quiero que me mates; el año que te doy no es más que un pago, una prenda. Nunca olvides que me diste tu palabra, estoy confiando en ti frágil humana. Estoy depositando mi vida en tus manos de un modo literal, sólo que en este caso, todo cuando anhelo es que te desprendas de ella."


"Huiré contigo" articulé autómata en modo de respuesta y una risotada brotó desde lo más hondo de su pecho.


Antes de poder advertirlo, Edward me tenía cargada en sus brazos, y presionaba suavemente sus labios sobre los míos. En su rostro bailaba una mueca de pura diversión.


"Cariño, no seas tan melodramática, dicho así parece sacado de una novela".


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Mis rodillas ardieron al caer rendidas sobre la fría arena, sintiendo como en carne viva el dolor de su partida, encontrándole el sentido oculto a sus anteriores palabras, y necesitándole más que nunca.


¿Qué haría ahora?, no tenía una razón para seguir, para continuar con vida. Edward siempre me había tildado de melodramática, pero ¿Qué otra cosa podrías esperar de una mujer enamorada?


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"¿Estás nerviosa?" su voz sonaba suave, segura, no existía en él un ápice de nerviosismo, y sólo ahora comenzaba a comprender la seriedad de mi obrar. Estaba en el interior de un avión, rumbo a Sudamérica, huyendo de casa con un perfecto desconocido, perfecto en el sentido literal de la palabra,… y no me molestaba en absoluto.


"No"


Él rió con tono malicioso, y su mano se acomodó bajo mi mejilla, sus ojos, ellos volvieron a hacerlo: no entendía como, mucho menos el porqué, sólo me sabía adicta a ellos, esclava definiría mejor mi estado.


"¿Olvidas que puedo leer tu mente?" inquirió a modo de susurro; acercándose peligrosamente a mi oído, para depositar finalmente un casto beso sobre él.


"Tranquila, no dejaré que nada te pase" prometió, y no me preocupé más, sólo porque sabía que me necesitaba, no porque le importase mi persona, sino porque habíamos hecho un trato. Debía matarle.


Era extraño, pero lejos de sentirme preocupada, comenzaba a albergar un inexplicable alivio, un buen presentimiento comenzaba a hinchar mi pecho, como si de pronto todo frente a mi se volviese de un monótono y común gris, a un perfecto y sublime blanco. En efecto, un buen augurio se venía por delante, le demostraría lo mucho que perdería al dejar este mundo, Edward no desearía ni siquiera oír la palabra suicidio cuando le hubiese mostrando las exquisiteces que podría perder.


Antes de un año Edward admitiría que yo siempre había estado en lo cierto, que su plan era absurdo y exclamaría que me estaría eternamente agradecido.


"Niña, duerme; ¿no es eso lo que hacen los humanos?, por todos los cielos, hace sólo unas horas te hice el amor en repetidas veces, deberías dormir ya se te está sobrecalentado el cerebro, mira que pensar que cambiaría de idea, no albergues falsas esperanzas pequeña, sólo conseguirías convertir nuestro acuerdo en algo más difícil, y tal y como está yo lo veo sencillo y ajeno a fallas. "


Ignoré su comentario y seré mis ojos, era cierto, habíamos hecho el amor, demonios, en verdad lo había hecho ¡Y con un vampiro!, eliminé ese pensamiento al instante, era difícil recordar que ahora carecía de privacidad inclusive en lo que respectaba mis pensamientos.


Oí un leve murmullo, y no fue necesario girarme hacia la izquierda para comprobar que Edward reía, un súbito rubor se alojó en mis mejillas al comprender el motivo.


Su brazo rodeó mi hombro y me atrajo hacia su pecho, frío, duro y silencioso, mas no vacío, no podía estar vacío, lo sabía, él tarde o temprano despertaría de ese letargo de disconformidad al que lo había sometido su existencia, lo haría, yo me encargaría de eso.


"Y eso que sólo fue tu primera vez, ya sabes lo que se dice: la practica hace la perfección." masculló contra mi cabello, dándome a entender que obviamente no le habían pasado por alto mis cavilaciones anteriores. El calor en mis mejillas no se hizo esperar.


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Mi nariz ardía, húmeda y rota de tanto llorar; los sollozos no cesaban de brotar desde lo más hondo de mi pecho.


¿Por qué lo hizo?, por que debía de ser tan malditamente obstinado. Sólo un vampiro te podrá amar eternamente…


"¡Menuda idiotez Edward Cullen!" mi grito fue más un sollozo que una exclamación, uno más uno menos, de todos modo no haría la diferencia. En eso se había convertido él, en sólo palabras, vacías, muertas, como todo en él.


Mientras intentaba ponerme en pie lentamente se me hizo inevitable recordar, sus besos, sus palabras, la extraña forma en que me miraba cada vez que hacíamos el amor, la primera vez que dijo que me quería, el primer día en que le vi, hermoso, sobrenaturalmente hermoso. El instante en que tomó mi virginidad, y el patético modo en que no opuse resistencia, porque era suya y siempre lo sería.


Desde mucho antes de conocerle, ya le amaba, había sido creada para él, y nada de lo que el o yo dijese cambiaría eso. Edward tenía que darse cuenta, sólo me quedaba rezar porque no lo hiciese demasiado tarde.


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"¿Dónde estamos?" pregunté mientras observaba por la ventana; un hermoso río surcaba toda la ciudad, pasivo y elegante y bordeando ambos lados de este, se mostraban delgados senderos iluminados; espacios instalados para que las personas-sobre todo parejas de jóvenes enamorados- disfrutasen de la belleza natural que propinaba el paisaje.


"En Asia" soltó sin tapujos. Mi rostro ha de haber sido un poema, porque al instante la mirada pícara refulgió en sus orbes, como el astro rey a pleno día, glorioso, siempre revestido con esa apariencia de sapiencia y serenidad.


"Estamos en el fin del mundo, donde el planeta llega a su termino, casi al borde del infierno"


"¿Argentina?" respondí; ignorando su intento de chiste tétrico, y agradeciendo como nunca haber tomado la asignatura de geografía. Había oído hablar enumerada ocasiones sobre Buenos Aires, la hermosa capital de ese país.


"Casi le aciertas, pero te he traído al otro extremo de la cordillera. No estaremos mucho tiempo aquí, pero me pareció una buena idea, ya que había estado aquí antes y se parece mucho a Forks, no será idéntico, pero al menos te hará sentir como en casa, llévese tanto o más que allá, te hará bien."


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Arranqué es pensamiento de mi mente y dolió al instante, había pecado de ingenua; porque en ese entonces ignoraba demasiadas cosas, en ese entonces… yo creí que le acababa de conocer, nunca fue así, con Edward no existían coincidencias.


Fui una idiota, mientras él desde un comienzo mostró detalles conmigo yo me dediqué a creer en cada uno de ellos.


Fue tan fácil para él, tan malditamente fácil; no me amó nunca, de eso no tenía dudas, pero aún así, ¿Qué más se le podía pedir a quien no había recibido un ápice de cariño genuino en más de un siglo?


Solo, siempre solo; y aun así se había tomado la molestia de llevarme hasta Valdivia, él quería hacerme sentir en casa y lo había logrado.


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"Cierra los ojos" musité; mientras me deleitaba al oír el familiar trino de la lluvia al caer, imponente y furiosa.


Ya llevábamos un mes viviendo juntos, desearía poder decir que extrañaba a mis padres, más aquello sería lo más cercano a blasfemas, no tenía tiempo para eso, la verdad no tenía tiempo ni siquiera para pensar, al menos nada que no se refiriese a mi vampiro.


Edward poseía una lujosa cabaña en una zona un tanto alejada de la ciudad, Niebla. Un pueblito en el cual el aire marino se gobernada sin tapujos, todo en aquel sitio gritaba vida, pese a la nubosidad que reinaba en los cielos, observar la playa a diario desde la comodidad de la cama era algo que simplemente no tenía precedentes. Aquello convertía la experiencia en algo mucho más que idílico, lo hacía mágico.


La luz de un relámpago iluminó todo el salón, antes alumbrado únicamente por velas decorativas, esta noche quería hacerla especial. Había asumido que Edward y yo compartiríamos la condición de amantes, y aquello me agradaba, pero aún así no era suficiente, yo necesitaba más que el placer que me otorgaban sus besos, sus manos, su cuerpo, yo necesitaba su corazón.


"¿No crees que estoy un poco viejo para jugar a las escondidas?"


"Y No crees tú que eres un poco viejo para arruinarle el juego a una niña? Sólo cierra los ojos Edward, deja que te muestre uno de los tantos motivos por los que no has de morir. Permite que esta vez sea yo quien te enseñe"


"Te amaba y seguiré haciéndolo hasta que mi corazón libere su último latido… "


"¡¿Cómo pudiste no entenderlo?!" posiblemente él ya se encontrase a cientos de kilómetros, posiblemente ya hubiese dejado de oírme hace minutos. Aún así grité una vez más, esta vez no para él sino porque sí, porque me hacía falta, ya no era un capricho, era una necesidad.


"¿Cómo pudiste no creerlo? ; ¿Cómo pudiste dudar?."


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miércoles, 24 de febrero de 2010

A Walk to Remember

Capítulo 3: Teatro


Cuando Edward regresó a su casa, no pudo evitar el recordar la plática que había entablado con Bella… Bufó fuertemente, ¿Por qué se molestaba en pensar en aquella simple muchachita?


Giró sobre su cama y llevó uno de sus brazos sobre su frente y clavó su verde mirada sobre el techo. Bella, apretó los labios fuertemente. ¿Por qué le daba tanta importancia? ¿Acaso se debía a que, realmente, a diferencia de él, a ella le importaba tan poco todo lo que la gente le decía y seguía siendo ella misma? ¿Pero era caso su forma de ser algo a lo que se le podía denominar personalidad?


La idea se le hacía imposible. Hasta donde sabía, Bella no salía a fiestas. Siempre se encontraba en casa, con su padre. O en la escuela, o en actividades que, ni de lejos, se presentaban atrayentes o divertidas para él…


¿Y a mí que diablos me tiene que importar lo que haga o no?, pensó y se puso de pie y se encaminó hacia la sala. Ahí estaba Esme, viendo un programa de televisión.


"¿Quieres cenar algo?" – preguntó al ver a Edward entrar


"No, gracias" – en realidad no sabía ni por qué se había salido de su recamara. Había sido un movimiento reflejo. Un instinto para ver si encontraba algo con que entretenerse y, así, dejar de pensar en aquella absurda muchachita.


"Pase por la iglesia y el reverendo Charlie me regaló unas galletas que hizo Bella, su hija" – informó Esme, ignorando que no estaba ayudando en nada con aquel comentario – "Están deliciosas. Toma una para que la pruebe, las dejé en la mesa"


El muchacho tensó la quijada. ¿Es que ni en su casa le iba a dejar tranquilo? Aún así, no pudo evitar echar un vistazo hacia el lugar que su madre había indicado. Volvió su vista hacia el televisor de forma brusca y rápida.


No tenía hambre, ¿Por qué iba entonces a comer?


Sin embargo, movió sus pies y, cuando pudo darse cuenta, ya se encontraba frente a la bolsita de papel, la cual despedía un delicioso aroma. Solo es por simple curiosidad, se justificó mentalmente y tomó una galleta de forma redonda. La miró por unos segundos, con el ceño fruncido y, lentamente, se la llevó a la boca. Respingó al saborear tan exquisita combinación de vainilla con canela. Su madre apareció por detrás


"¿Y bien?" – preguntó – "¿Verdad que están deliciosas?"


Si.


"He probado cosas mucho mejores" – mintió, mientras se encogía de hombros y daba media vuelta para regresar a su recamara.


Encendió el aparato de música y la pequeña estancia se inundó por las estridentes notas que se alzaban por el aire. Se volvió a dejar en la cama e intentó, fervientemente, en pensar en otras cosas que no fuera en ella. ¿Qué tenía Bella Swan que, desde niña, se había empeñado en entrar constantemente en sus pensamientos?


No es que ella hubiera cambiado mucho desde entonces, no, para nada. Seguía siendo la misma chiquilla de ojos grandes y nobles, de sonrisa tímida y voz baja y precavida, de carácter poco dado a diversiones adolescentes y de figura tan menuda, la cual siempre ocultaba debajo de grandes y desformados vestidos que no le ayudaban en nada a su apariencia… nunca se le había visto en ninguna actividad popular entre adolescentes y ahí es donde se encontraba el problema: ella no parecía una adolescente, pero tampoco parecía una abuelita, o al menos para él no.


Golpeó fuertemente la almohada con un puño… Ya, deja de pensar en ella, se ordenó y subió mucho más el volumen de la música. Su madre llamó a la puerta a los pocos minutos.


"¡Ey!" – exclamó con una sonrisa, al mismo tiempo que se llevaba ambas manos a las orejas – "Te van a reventar los tímpanos"


Edward rió y tomó el control para disminuir el ruido.


"Mucho mejor" – felicitó Esme y, acercándose hacia él, depositó un beso sobre su frente – "Hasta mañana, hijo" – murmuró, de forma amorosa


"Hasta mañana" – contestó él.


Las luces se apagaron y la casa quedó completamente en tinieblas. Edward dio vueltas y vueltas sobre su cama ante la imposibilidad de contemplar el sueño y, con un fuerte gruñido interior, se volvió a poner de pie y caminó, de la manera más silenciosa que pudo, hacia la pequeña cocina. Suspiró con frustración al encontrarse de nuevo frente a aquella bolsita de papel y, muy a su pesar, no pudo controlar sus manos, las cuales se dirigieron hacia el interior de ésta y cogieron cinco galletitas más.


Cerró los ojos y el puño fuertemente mientras luchaba por regresarlas a su lugar original, más no pudo. Se fue a su cuarto y, ya sentando en su cama, miró fijamente a las redondas y apetitosas formas que yacían en su mano. Cogió una, con una delicadeza que le sorprendió y se la llevó a los labios. Suspiró profundamente y, con una sonrisa, la cual no supo del por qué provenía, se llevo otra y otra, hasta que se las terminó.


Se dejó caer completamente sobre su lecho y, al pasar otros cuantos minutos, se quedó dormido, con el dulce sabor de vainilla y canela inundando su boca.


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"No puedo creer que me vea obligado a esto" – se quejó Edward de forma teatral mientras Emmett conducía, con una enorme sonrisa estirando sus labios.


Estaba disfrutando de sobremanera todo el drama por el que su mejor amigo estaba pasando.


"Ey, no es tan malo como parece" – dijo, de forma animosa – "Estarás con la maestra Heidi, ¡Esa mujer tiene una figura fenomenal!


Edward puso los ojos en blanco, sabía que no podía esperar más de aquel muchacho.


"Bien, hemos llegado" – anunció Emmett, mientras ayudaba a su amigo, el cual tenía una cara de los mil demonios, con las muletas.


"Gracias" – refunfuño éste – "Recógeme dentro de una hora" – pidió, de manera un poco amenazante


"No te preocupes. Estaré aquí de manera puntual" – prometió, sin dejarse cohibir por la furia de su acompañante – "Ah, por cierto, yo que tú me ligaría a la maestra… ¡No todos los días te encuentras con semejante mujer!"


Emmett arrancó el carro y dejó a un Edward completamente frustrado, parado sobre las muletas y viendo como el automóvil se alejaba. Suspiró profundamente antes de dar media vuelta y encaminarse hacia el salón de teatro. Cuando llegó, la maestra ya se encontraba explicando algo que él no supo comprender. La joven señora calló en cuanto le vio entrar


"Edward, que bueno que has venido. Mejor tarde que nunca" – agregó, al ver lo poco preocupado que el nuevo integrante se veía por su retraso – "Vamos, toma asiento"


El chico obedeció, sin dejar, ni en el más mínimo segundo, su semblante engreído. Se dirigió hacia uno de los asientos vacíos, ignorando las distintas miradas que en él se posaban – que iban desde la más gran aversión hasta el anhelo más obsesivo – y ¡Oh, sorpresa al levantar la mirada hacia el frente! ¿Acaso ella tendría que estar en todas las actividades a las cuales él se había obligado a asistir?


No debía de sorprender… todas aquellas circunstancias eran tan… tan… tan Bella. Pero, aún así, lo que más le molestó fue el sentir como un calido retorcijón se apoderaba de su estomago al verla. Desvió su mirada lo más rápido que pudo de aquel rostro, reclinó su cabeza sobre la pared de atrás de manera perezosa y trató de centrar su atención en el parloteo interminable de la maestra.


"La obra de esta temporada se tratara de un romance pasional escrito por nuestro compañero Jasper, ubicado en la temporada de la ley seca en New York" – anunció, con una sonrisa – "Ahora, es momento de dar a saber quién interpretara a quien en escena: Bella, interpretara a Alicia, una misteriosa cantante de club" – El muchacho bufó hacia sus adentros. Era de esperarse que ella estuviera tan involucrada en algo tan simple – "Alice será Caroline y… Edward tú serás Tommy Thorton"


La fría mascara de diferencia se deshizo por completo al escuchar su nombre… ¿Había sido real o era su imaginación?


"¿Qué?" – preguntó, con una sonrisa nerviosa


"Lo que has escuchado" – rectificó la maestra.


Todos reprimieron una sonrisa al ver la angustiada expresión del chico.


"No" – quiso decir de manera tajante, más la voz le salió acompañada con un gran deje de inquietud – "No" – volvió a repetir – "Vera, no tenía pensando actuar… yo no soy bueno para este tipo de cosas… es imposible, ¿Por qué no busca a alguien que no tenga tantos problemas y…?"


"Esta decidido, Edward. No hay cambio de planes" – aseveró la maestra, con una amable, pero amenazante, sonrisa en su rostro.


Aquello no podía ir peor. ¿Tan mal iba a tener que pagar por haber engañado a Eric aquella noche? Y, como desde hacía más de una semana, Edward se descubrió plantado sobre la silla, dispuesto a hacer algo que le avergonzaba, formando parte de un círculo, con un libreto sobre sus manos y esperando, de muy mala gana, el turno para decir sus líneas.


"¿Cuándo lo supiste Tommy?" – preguntó Alice, muy centrada en su papel, a pesar de ser el primer ensayo.


Había llegado el momento y, antes de leer, Edward inhaló aire de manera muy profunda.


"¿Saber qué?" – leyó, sin darle ningún énfasis a las palabras.


"¡Que estábamos enamorados!" – contestó la pequeña, con los ojitos brillantes por la emoción…


Si tan solo me combinara un poco de su entusiasmo, pensó el muchacho


"¿Enamorados? Créeme, nena, es mejor no te enamores de un tipo como yo" – volvió a leer


"¡Demasiado tarde! ¡Estoy loca por ti! ¡Lo respiro, lo bebo! ¿Tu no?"


"No sé que es lo que estoy bebiendo, muñeca, pero si esto es amor… ¿Qué me sirvan otro vaso?"


Edward escupió las últimas palabras acompañadas de una risa que ya no pudo contener. Todos aquellos diálogos le parecían ridículos y completamente cursis… Beber el amor, ¿Quién podría llegar a decir semejante sandez? Volvió a reír, con más fuerza.


"Señor Cullen ¿Acaso hace todo esto al propósito?" – inquirió la maestra, claramente molesta por la falta de seriedad en él


"No. Es algo completamente natural" – contestó, esperando que con aquella actitud la profesora desistiera y le quitara el papel. Pero, teniendo el efecto completamente contrario a lo que él esperaba, la señorita Heidi se empecinó más en su idea.


Aún así, Edward no perdió las esperanzas y se esforzó los sesenta minutos por decir lo más horrorosamente posible sus líneas. De nada le sirvió. La profesora exigió su presencia para el siguiente ensayo.


El muchacho fue el primero en salir de aquel lugar. Sus ojos buscaron desesperadamente el carro de Emmett, más éste no se veía por ningún lado. No se molestó en despedirse de ninguno de sus compañeros y se planto en la entrada, con la esperanza de que pronto su amigo hiciera acto de presencia.


Unas pisadas detrás de él, le hicieron volver el rostro, encontrándose a Bella en cerca de él. Regresó su mirada hacia el frente, ignorándole lo mejor posible. Ya había tenido suficiente de ella por la mañana.


"¿Intentarlo te mataría?" – le preguntó aquella gentil voz.


"Si. Y soy muy joven para morir" – contestó, sin el mejor incidió de cordialidad en sus palabras


"Nada te cuesta con hacer un pequeño esfuerzo"


"Claro que me cuesta. No tienes ni la más mínima idea de lo aburrido que me supone hacer todo esto"


"Lo único que te resulta divertido de la escuela es el hecho de ser popular entre las chicas. Tal vez se daba a que no puedes destacar en nada más" – soltó Bella, sin poder contenerse. ¿Cuándo dejaría Edward de comportarse de aquella manera tan arrogante?


"Nada que no hubiera escuchado antes" – se defendió, usando las mismas palabras que Bella le había dicho – "Créeme: me importa muy poco lo que pienses de mí"


Entonces, ¿Por qué te sientes repentinamente tan molesto?... ignoró aquella voz que le habló en su interior.


"Claro. Solamente te importa, y haces todo lo posible, por encajar entre tus amigos que se la pasan humillando a las demás personas por no ser como ellos"


Edward se estremeció por lo escuchado… ¿Cómo se atrevía ella a…?


Dio media vuelta para encarar a su acusante y, cuando lo hizo, solamente contempló como la figura de Bella ya se encontraba lejos de él.


Que piense y que diga lo que se le plazca, no debe de importarme, pensó. Miró el reloj… había pasado ya casi media hora desde que, se suponía, Emmett debía de haber llegado. Si no quería engañarse a si mismo, debía de admitir que, seguramente, al idiota de su amigo se le había olvidado irle a recoger.


Cuadró la quijada y rechinó los dientes mientras viajaba la mirada para encontrar una solución a su problema. No llevaba mucho dinero como para llamar a un taxi y todos los que aún se encontraban ahí, eran completos desconocidos. Todos, menos la muchacha de holgadas ropas que comenzaba a acomodarse en el asiento de su vieja camioneta.


Guardó su orgullo y comenzó a caminar, ayudado por las muletas, hacia la vieja camioneta de color ladrillo. Bella se había percatado de la situación, pero optó por hacerse la desentendida y fijó su mirada hacia el frente.


"¿Te han hablado de la piedad y la compasión?" – preguntó y, aunque lo intentó, no pudo restarle a su voz aquel tono sarcástico e hiriente que le caracterizaba.


Bella no pudo evitar sonreír ante tan absurda forma de pedir un favor. Definitivamente, Edward tenía tanto que aprender acerca de la humildad.


"Sube" – indicó


El carro arrancó con un rugido. El chico de ojos verdes bufó fuertemente, sin el más mínimo deseo de ocultar la burla que la situación le provocaba.


"Deberías cambiar de coche" – señaló


"Deberías aprender a ser agradecido. Aunque, si no te gusta, puedes bajar" - ofreció - "Yo no te lo impediré. Además, me ahorrarías medio kilometro de recorrido"


Edward se mordió fuertemente la lengua y guardó completo silencio. Maldito Emmett, se las iba a pagar y muy caro.


"Ponte el cinturón" – ordenó la chica, ocultando lo bien que se sentía el tener el control sobre una persona que tanto le irritaba.


Edward accedió, no sin hacer una mueca clara de exasperación. Bella reprimió una sonrisa y, suspirando para lograr mantener su semblante sereno, llevó uno de sus dedos y encendió la radio en una estación de música demasiado relajante.


Eso ya era mucho para Edward quien, olvidándose de que él no era dueño del carro – bendito el cielo – se atrevió a cambiar la estación. Sonrió complacido al escuchar como el chirrido de las guitarras había reemplazado a la antigua melodía. Bella frunció el ceño, pero rápidamente logró controlarse. Después de todo, aquel comportamiento tan obstinado, le parecía muy infantil y gracioso


"Tu ganas"


"Gracias" – replicó él, sin mucho atisbo de verdadera gratitud


"Cuarenta y dos" – murmuró, pensando en voz alta.


"¿Cuarenta y dos? ¿Qué quiere decir cuarenta y dos?"


"Es ser amiga de alguien que no me agrada"


"Oh. Demasiado sincera" – dijo, y no entendió por qué la ironía de su voz salió acompañada con un pequeño desplante de dolor. Solo esperaba a que Bella lo ignorase


"Lo sé. No me gustan las hipocresías"


"¿Y qué tiene que ver un numero con todo esto?" - inquirió, tratando de aparentar una indiferencia que no había.


"Es el lugar que ocupa en mi lista de objetivos en la vida"


"¿Has considerado la probabilidad de introducir en esa lista el cambiar de personalidad?"


"No"


"Pues deberías"


"Hay cosas más importantes que cambiar tu forma de ser simplemente por que a alguien no le parece" - contestó,sin dejarse perturbar


"¿Ah, si?" - retó Edward, con voz y mirada - "¿Cómo qué?"


"Como, por ejemplo: ayudar en el cuerpo de paz, hacer un descubrimiento medico, estar dos sitios a la vez y tener un tatuaje…"


Oh... bien, tenía que reconocer que eso no se lo esperaba.


"Me imagino que hay un objetivo que ocupa el primer lugar" – aventuró y Bella asintió – "¿Cuál es?" – preguntó, ¿Qué le importaba? ¿Por qué tanta curiosidad? No era más que una simple lista de sueños tontos…


"Te lo diría, pero entonces tendría que matarte al segundo siguiente"


Edward rió… estaba a punto de admitir que, después de todo, Bella no era aburrida y se la estaba pasando bien, pero vio el carro de Mike estacionado en un bar a orilla de carretera y, con un movimiento automático, se encogió sobre el asiento, para ocultarse lo mejor posible. No quería ni imaginar lo que sus amigos podrían llegarle a decir si le descubriesen en el carro de Bella Swan…


Claro esta que el gesto no pasó desapercibido para la muchacha.


"Ya puedes dejar de esconderte, hemos dejado a tus amigos atrás" – informó


"¿Amigos? ¿De qué hablas? Se me cayó una moneda y…" – la mirada de Bella le impidió continuar con su mentira. Repentinamente, se sintió mal por haberse portado tan grosero con ella. Sin embargo, no encontró las palabras con las cuales disculparse.


Bella sonrió tristemente, ¿Hasta qué punto llegaría Edward a decepcionarla?


"Hemos llegado" – anunció.


El muchacho bajó del auto y, como Bella sabía que las palabras de cordialidad no eran objeto de su devoción, prefirió ahorrarle la incomoda necesidad de dar las "Gracias", así que, antes de que él pudiera girarse para verle de nuevo, arrancó el carro y manejó lejos de ahí.


Edward contempló por un momento como la destartalada camioneta se perdía por una curva y, haciendo un gesto de displicencia, se adentró a su casa.

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Capítulo 4: Ayuda

"¡Ey, hermano!" – exclamó Emmett en cuanto llegó a la casa de Edward.


Éste salió de manera atropellada – lo más rápido posible que las muletas le permitían – llegando hasta su amigo con grandes zancadas y el rostro completamente enfurecido. Se plantó frente a él y no pudo hacer otra cosa más que mutilarlo, pedazo tras pedazo, con la mirada.


Emmett dilató sus ojos ante semejante comportamiento


"¿Me has llamado solamente para mostrarme semejante gesto?" – preguntó


Edward bufó fuertemente.


"Ayer. Te dije que me fueras a traer a la escuela ayer y ¡Nunca llegaste!"


El enorme muchacho se llevó una de sus manos y se golpeo teatralmente la frente


"Se me olvidó" – admitió y Edward puso los ojos en blanco – "Lo siento, hermano…"


"Ya, olvida eso también" – interrumpió éste y suspiró de manera abatida – "Necesito tu ayuda para algo"


"En lo que se te ofrezca y en lo que se pueda" – contestó Emmett mientras veía como su amigo le tendía un cuadernillo blanco.


"Estoy metido en una maldita obra de teatro" – explicó – "Necesito que me ayudes a ensayar"


Emmett reprimió una carcajada burlona y asintió. Abrió el cuadernillo y lo empezó a hojear, con verdadero y mofo interés, levantó la mirada y se encontró con un Edward completamente encolerizado


"¿Y ahora qué?"


"Nada" – repuso su amigo con voz desesperada – "Las líneas que están subrayadas son las que tienes que decir"


"¿Bella Swan también esta en la obra…?" – inquirió con asombro mientras leía el reparto.


Edward no contestó. ¿Por qué siempre, por una u otra razón, alguien tenía que recordarle la existencia de aquella muchachita? Apretó fuertemente los dientes mientras abría el guión y comenzaba a leer, prefiriendo ignorar el comentario anterior.


"Emmett, es tu turno" – señaló Edward cuando, tras haber pasado cerca de diez segundos desde que él había dicho su línea, su amigo no hablaba.


Emmett volvió a realidad con un pequeño sobresalto y, como si nada hubiera pasado, agregó


"He venido a ver si estas listo"


"Mirarme, nena, solo estoy listo para una siesta" – dijo el muchacho de ojos color verde, orgulloso de si mismo por haber recordado aquellas palabras sin necesidad de echar un vistazo al libreto.


"Deberías de estar listo para mirar a tu corazón" – volvió a leer Emmett, haciendo un esfuerzo sobrehumano para reprimir la risa que exigía por salir


"Cuando tu entraste… Cuando tu entraste…" – Edward dejó de caminar de un lado hacia otro y frunció el ceño fuertemente para recordar… - "¡Mierda!" – exclamó y clavó su mirada en la pagina cuarenta y ocho y comenzó a leer – "Cuando tu entraste a mi club, no fue coincidencia" – lo repitió dos veces más en su mente para tratar de memorizarlo


"Nada en este mundo es coincidencia. Tú eres el único, que puede hacerme cantar…" – dijo Emmett, con voz melodramáticamente dulce, mientras veía a su amigo con ojos de ensueño exagerado – "Bésame, Edward" – pidió, de modo pasional, mientras se ponía de pie y se lanzaba a los brazos del muchacho que tenía al frente – "¡Bésame, Tommy, hazme tuya ahora mismo!"


"¡Emmett!" – exclamó el aludido, intentando calmar a su amigo, pero no puedo evitar reír junto con él – "¡Vamos! ¡Por favor!" – pidió cuando se logró tranquilizar – "Solamente tengo tres semanas para memorizar todo esto"


"No podrías aprendértelo ni en tres meses" – repuso, aún riendo en grandes carcajadas – "Además, esto es completamente ridículo"


"Díselo a quien lo escribió, por que yo no fui"


"Lo sé, pero eso no te salva: harás el ridículo frente a todo el mundo"


Edward tembló tan solo de imaginarse que había mucha probabilidad de ello


"¡No tengo otra opción!" – exclamó, claramente frustrado. Emmett dejó las bromas al ver que su amigo, realmente, se encontraba desesperado.


Caminó hacia él y tomó su hombro derecho con su mano


"Solo quería molestarte ¿Entiendes?" – preguntó, con voz seria, pero amable – "Te apoyaré en lo que pueda. Estaré en la noche del estreno, en primera fila. Cuenta con eso… Y no olvidaré los tomates."


"Gracias" – dijo Edward, con una gran sonrisa.


Emmett siempre sabía como tranquilizar a los demás con sus ocurrencias.


Los días transcurrieron y Edward, con dificultad, solamente se había aprendido una décima parte de aquel libreto. Debía admitir que no tanto por su mala memoria si no, más bien, por su falta de dedicación. Al final de cuentas, ¿Cómo rechazar una buena fiesta, prometedora de licor, mujeres hermosas y cigarrillos, para quedarse encerrado leyendo un estupido guión romántico?


Desgraciadamente, y para mala suerte suya, los días no se detenían y seguían su curso, lo que significaba, que el día de la obra se acercaba cada vez más.


En una de aquellas tantas tardes en las cuales Emmett y él se encontraban "ensayando", Edward aventó lejos el pequeño libro blanco que sostenía entre sus manos.


"¡No puedo con esto!" – exclamó, mientras se dejaba caer el suelo


Emmett también dejó de lado el libreto y se sentó al lado de su amigo. Lo evaluó con la mirada durante un momento y, tras pensarlo un par de ocasiones, soltó


"¿Por qué no le pides ayuda a Isabella Swan?"


Edward tardó casi un minuto en entender que no era una alucinación lo que su amigo le había dicho


"¿Qué has dicho?"


"Lo que oíste. Creo que necesitas a alguien quien te motive un poco más… yo te ofrezco mi ayuda pero, vamos, hay que admitirlo: siempre terminamos por dejar el libreto por un lado e irnos de parranda. Dudo mucho que con Bella pase lo mismo…"


"Nunca" – interrumpió, de manera tajante y poniéndose de pie – "¡Jamás! ¿Lo escuchas? ¡Jamás le pediría ayuda a Isabella Swan! No quiero ningún tipo de relación que me una a ella, ni la más mínima"


"Nunca digas nunca, amigo" – aconsejó Emmett y Edward bufó fuertemente.


________________________________________


Nunca digas nunca…


Maldito Emmett, musitó Edward mientras veía a hurtadillas qué dirección tomaba Bella por los pasillos.


Bien. Había llevado sus pies por el pasillo nueve, no solían caminar muchos alumnos por él. Era el momento.


"Bella" – llamó, haciendo acopio de todo su valor y viajando la mirada, de un lado a otro, por si alguien se acercaba.


La muchacha pegó un brinquito al escuchar aquella voz tan familiar, pero supo disimular muy bien su sorpresa.


"¿Qué se te ofrece, Edward?" – dijo, sin siquiera dirigirle una mirada – "Tenemos años de conocernos y nunca has sido el primero en saludar"


Genial. Al parecer, aún seguía molesta por lo ocurrido hacía ya varios días.


Trágate el orgullo, Edward, necesitas su ayuda, se repitió una y otra vez antes de hablar


"Necesito ayuda con las líneas de teatro" – soltó


Bella no pudo evitar – aunque se lo había propuesto – el mirarle. Quería saber qué expresión surcaba aquel pálido rostro y, cual fue su sorpresa que, si bien la arrogancia estaba presente, también había un pequeño indicio de suplica.


"¿Edward Cullen me esta pidiendo ayuda?" – preguntó, para si misma, en voz alta


"Si" – respondió éste, de manera indiferente.


Aquel gesto volvió a molestar a Bella.


"Bien… te desearé suerte" – dijo, mientras aceleraba el paso.


Edward la siguió de manera rápida – había dejado ya de usar las muletas, lo cual supuso un alivio. Nunca pensó que le fuera a costar tanto trabajo. Tenía que volver a insistir


"Bella" – llamó, para que ésta disminuyera la velocidad de sus pies – "Oye… mira, en serio…"


"Obviamente, nunca antes le has pedido un favor a alguien, ¿Verdad?" – señaló la chica, con una pequeña sonrisa de autosuficiencia.


Debía admitir que le agradaba escuchar como Edward se debatía para mostrarse amable


"Un pedido como el tuyo requiere halago y servilismo. No puede ser solamente para beneficio tuyo, tiene que tener un bien común, por el bien de todos"


"Es por el bien de todos" – mintió Edward – puesto que lo único que a él le preocupaba era no hacer el ridículo – mientras tomaba a Bella del brazo y le hacía frenar.


Sus ojos se sumergieron en los suyos por un breve instante, logrando que sus palabras se le borraran de la mente por un vago momento.


"Creo que es una obra muy buena y se tiene que dar lo mejor, ¿No?" – prosiguió con su mentira, la cual Bella creyó.


"De acuerdo. Te ayudaré" – apuntó ella – "Pero con una condición, Edward, la cual, tomarás muy en serio"


"¿De qué se trata?" – preguntó, realmente contrariado y tratando de adivinar lo que la muchacha estaba a punto de decirle.


"Tienes que prometerme que no te enamorarás de mí" – dijo, con voz firme y pausada.


Edward esperó por un momento para ver si todo se había tratado de una mala broma, pero el semblante de la chica se mantuvo completamente serio – casi con un aire sombrío – y, en sus ojos color chocolate, no se veía ni el más mínimo atisbo de burla.


Las palabras las había dicho realmente en serio.


Rió mofadamente cuando lo comprendió. ¿Cómo podía Bella imaginarse que él…?


Todo era completamente absurdo. Lo más absurdo que en toda su vida le pudieran decir o pudiera escuchar. Aún así, decidió dejarlo muy en claro.


Se plantó frente a ella y la miró a los ojos con aire desafiante


"Eso no es ningún problema. Puedes estar completamente segura que eso no pasará. Nunca"


"Bien" – repuso Bella y, extrañamente, su semblante se había iluminado – "Entonces, te veo en mi casa, después que termine el horario de la escuela" – anunció Bella, antes de irse.


"Ahí estaré"


Edward se quedó parado, en el mismo lugar, por un segundo, analizando, por segunda vez, aquellas palabras…


"Tienes que prometerme que no te enamoraras de mí"…


Volvió a reír


"Realmente absurdo" – musitó y, comenzó a caminar.




Por fiss mis angeles hermosos dejen sus comentarios , pliss sean buenas
mil besitos
Angel of the Dark

martes, 23 de febrero de 2010

Corona Escarlata

Capitulo 7. Cielo azul

Edward llegó junto con la noche, en cuanto entró se acercó a mí y mis labios le dieron la bienvenida. Sus manos rápidamente bajaron por mi espalda hasta mi cintura, me acercó a él.


-Te amo demasiado –dijo sobre mis labios.


Su boca se volvió más exigente y sus besos más posesivos, sus manos encontraron un camino más suave debajo de mi blusa, sus dedos acariciando mi piel lentamente.


Me estremecí y él en respuesta me apretó más contra él.


-Te deseo, Bella –dijo su voz volviéndose más grave y sus ojos oscurecidos por la pasión-, mucho.


-Yo también –mi respuesta se escuchó como una especie de gemido.


Eso fue suficiente para él.


Me levantó en brazos y me llevó hasta su habitación. Despacio y con mucho cuidado, cómo si se tratara de una posesión muy preciada, me dejó sobre la cama. Dejé que mi lengua acariciara sus dientes, y sentí cómo sus colmillos crecían dentro de su boca, pasé mi lengua por uno y luego por otro.


Jadeó. Su control se quebró y rompió mi blusa. No quise quedarme atrás y prácticamente destrocé los botones de su camisa. La luz de la Luna se asomaba por la ventana, iluminando su cuerpo, era perfecto como si estuviera esculpido en mármol.


Sus labios se separaron de los míos y comenzaron a descender por mi cuello, cuando llegaron a mi hombro pude sentir sus colmillos enterrarse en mi piel. Una sensación de calor me recorrió de pies a cabeza.


-Bebe de mí –pidió separándose ligeramente.


Me incliné hacia él, acercando mis labios a su cuello. Lo sentí estremecerse cuando mis colmillos lograron atravesar su piel. Su sangre sabía deliciosa en mi boca.


-Te amo –repitió antes de volver a besarme, probando de nuestros labios la sangre mezclada.


Nos volvimos uno a la luz de la Luna.


Los dedos de Edward trazaban figuras a lo largo de mi espalda, su cuerpo y el mío permanecían cerca el uno del otro, cómo si no fueran capaces de separarse.


-Tengo otra reunión –dijo suspirando con tristeza-, aún estoy preocupado por la llegada de ese vampiro, y quiero asegurarme que todos estén enterados para estar preparados.


-¿En el noche eterna? –le pregunté.


Negó con la cabeza y luego suspiró.


-No quiero irme –admitió besando mi cuello-, no quiero dejarte ni un minuto.


-Pero tienes que hacerlo –completé por él.


El asintió, me regaló otro profundo beso y se levantó. Se vistió muy rápido.


Me sentí extrañamente fría y vacía al no tenerlo cerca y por la expresión en su rostro supe que también se sentía igual.


Se despidió de mí con otro beso y lo vi salir de la habitación.


De pronto me vino algo a la mente, y me puse mi pantalón, busqué otra blusa, una de color azul y me la puse. Tenía que ir al Noche Eterna.


Cuando salí de la mansión me sobresalté al encontrarme a Anthony y a Adam al pie de la entrada.


Los ojos del vampiro me seguían fijamente, los vi brillar en la oscuridad, siempre tenía la misma expresión cuando me miraba, sólo que ahora sabía lo que significaba.


-Bella –dijo lentamente, una sonrisa se dibujó en su rostro.


-¡Pequeña mía! –exclamó Adam acercándose a mí-. ¡Te ves hermosa esta noche!


-Gracias –contesté-. Uh… esto… ¿Por qué estás aquí?


-El rey licántropo me ordenó que volviera a ser tu protector –respondió con una sonrisa radiante-. Así que ¿A dónde tendré el placer de acompañarte esta noche?


-Tú no irás sólo con ella –replicó Anthony.


-Por desgracia –contestó Adam-, soy muy consciente de eso chupasangre.


Puse los ojos en blanco. El camino al Noche Eterna iba a ser más largo de lo que imaginaba.


Así fue, el camino consumido por el color negro, estuvo lleno de discusiones, réplicas y gruñidos, yo sólo intenté ignorarlos, lo que no fue nada fácil.


El bar, estaba casi solitario, no había muchos clientes esa noche. Supuse que la mayoría se encontrarían en la reunión que iba a tener Edward.


Busqué entre las chicas que rondaban las pocas mesas ocupadas, tratando de encontrar una melena rubia.


Pero fue ella quien me encontró a mí.


-¡Bella! –exclamó Kisha llegando hasta donde me encontraba. Observó con cierto recelo al vampiro y licántropo que estaban detrás de mí.


-Vine a verte –le dije. De todo el personal que trabajaba en el bar, era la única a la que extrañaba.


Una leve sonrisa se dibujó en su rostro, que muy pronto fue remplazada por una expresión de sorpresa mientras más me observaba.


-Oh –musitó-. ¡Eres un vampiro!


-Sí –contesté, aún cuando sabía que no había hecho una pregunta.


Quise preguntarle sobre ella, cuando noté su palidez, se veía completamente agotada, y podía percibir el olor a sangre emanando de su cuello, había alimentando a alguien recientemente. Ignorando su quejido, le retiré el listón negro que cubría su piel y vi con horror unas marcas de colmillos, pero la herida había sido hecha con mucha brusquedad.


-¿Quién te hizo eso? –casi rugí de rabia.


-Estaré bien –ella replicó nerviosa, sus dedos temblorosos volvieron a colocar el listón en su lugar-, no te preocupes.


-Dime –insistí.


Los ojos de Kisha se dirigieron hasta una mesa del fondo, donde tres vampiros hablaban bastante animados.


-¿Cuál?


-El que lleva la camisa azul –dijo-, pero…


No escuché nada más, corrí hasta el vampiro y lo tomé de la camisa.


-Bella –escuché que Anthony y Adam me llamaban.


Los ignoré.


-La vuelves a tocar y te arrepentirás –lo amenacé. Mis colmillos se extendieron y creí escuchar un gruñido salir de mi garganta.


-Lo siento, mi reina –respondió inmediatamente. No supe si en realidad lo había intimidado o era porque yo me había convertido en su reina. No me importó.


Lo solté con brusquedad.


-Nunca volverá a suceder –dijo haciendo una inclinación.


Alguien silbó detrás de mí.


-Nunca creí que fuera a decir esto de un vampiro –comenzó Adam observándome fijamente-, pero esos colmillos se ven tan sexys en ti. No me importaría ser mordido por ti, Bella.


Me risa se ahogó cuando me encontré con la mirada de Anthony, sus ojos se habían oscurecido y su mirada pesaba sobre mí.


-Ni a mí –dijo con la voz ligeramente enronquecida.


Adam frunció el ceño, lo miró con repentino desprecio.


Afortunadamente Kisha llegó en ese momento y se lanzó a mis brazos, sus lágrimas acariciaron mis mejillas.


-Gracias –sollozó contra mí.


-Me esperan afuera –les pedí a mis protectores, esperando que no comenzaran a pelear en la calle.


Ambos asintieron y salieron.


Me dirigí a los camerinos con Kisha.


Ella me contó todas sus penas cuando estuvimos solas. Al parecer el vampiro estúpido venía muy seguido al bar y la acosaba, ella siendo simplemente humana se dejaba intimidar por él. Sentí cómo mi malhumor regresaba.


La abracé.


-Cuando tengas otro problema sólo llámame ¿de acuerdo?


Ella asintió.


-¿Por qué te llamó así? –preguntó después de un rato.


-¿De qué hablas?


-El vampiro, te llamó reina.


Me mordí el labio.


-¡Porque es la maldita reina de los vampiros! –exclamó Ashery al entrar-. ¿Quién lo diría?


-¿Lo eres? –me preguntó Kisha asombrada.


-Sí.


-¡Zorra! –Ashery me observó con odio-. ¡Ese iba a ser mi puesto! ¡Maldita perra!


Fruncí el ceño.


-No le hagas caso –me dijo Kisha.


Ashery soltó otra maldición y azotó la puerta antes de irse.


Suspiré, después de todo, mi visita al Noche Eterna había sido más divertida de lo que había imaginado.


El sol salió, y a pesar de la repulsión que sentía a su luz, tuve una extraña necesidad de salir. La casa, a pesar de su amplitud, me pareció demasiado sofocante, necesitaba un lugar en el que olvidara todos los problemas que me aquejaban.


Así que, tras dejar que una bocanada de aire llegara a mis pulmones, me enfrenté al exterior.


Las calles estaban llenas de humanos y licántropos, lo cuales me dirigían una inclinación de cabeza al verme pasar.


Miré detenidamente los edificios, hasta que vislumbré algo verde, llegué a un parque. Me senté en el pasto, al cobijo de un árbol, que no me protegía mucho del sol, pero su sombra me hizo sentir mejor. Observé con una sonrisa el colorido del lugar, el verde de la hierba, los distintos tonos de las flores y el azul, que ese día cubría el cielo.


Una rosa roja se atravesó en mi campo de visión, sostenida por un musculoso brazo, sin saber lo que hacía la tomé.


Cuando vi a Ruslan sentado a mi lado, me puse de pie de un salto.


-¿Qué… por qué…?


-No puedo acercarme a ti por la noche, estás rodeada de guardianes –contestó-, así que decidí verte de día.


Solté la flor, él la atrapó antes de que cayera al suelo.


-¿No te gustó? –preguntó viéndose triste-. ¿Entonces no te gustó mi regalo de la otra noche?


-No aceptar regalos del enemigo –dije-. ¿No has escuchado eso?


Se río.


-Sigues con eso ¿eh?


Lo fulminé con la mirada y me di la vuelta.


Sentí su mano en mi muñeca y me sobresalté.


-Hermosa reina –dijo poniéndose enfrente de mí-. Observa a tu alrededor, es de día estamos rodeados de personas. ¿Crees que si yo tuviera intenciones de dañarte, lo haría en un lugar como este?


Negué con la cabeza.


-¿Qué quieres? –le pregunté.


Ruslan sonrió.


-Primero que aceptes mi regalo –extendió la flor hacia mí.


Con un resoplido la tomé.


-¿Es todo? –pregunté-. Bien


Tomó mi mano antes de que pudiera alejarme.


-No, ya sabes que mi intención es demostrar las buenas intenciones del clan ruso –continuó-, pero sé que no lo voy a conseguir, por lo menos no hoy. Pero te pido me concedas el honor de acompañarte esta mañana.


-No –dije tirando de mi brazo, que se sentía tan pesado. Al igual que la noche me daba energía el sol me la quitaba, Alice me había dicho que me afectaba más a mí por haberme convertido recientemente.


El se sentó, bajo la sombra del árbol, sin soltar mi mano. Tiró levemente de ella.


-Déjame demostrarte que puedes estar segura a mi lado.


Me sentí tan cansada y de pronto con tanto anhelo por la sombra que lo cubría, que para mi propia sorpresa me vi dejándome caer junto a él, pero a una distancia segura.


El se río de mi comportamiento.


-Hermosa reina –dijo Ruslan-, te ves agotada –extendió los brazos hacia mí-, puedo servirte de respaldo, así te sentirás más cómoda.


Me retiré un poco más.


-¿Cuándo vuelves a Rusia? –le pregunté.


-¿Nunca te rindes? –Ruslan sonrió.


-No –contesté-, al igual que tú.


-Muy cierto –observó-, no me iré hasta que confíes en mí, ya te dije.


-No confiaré en ti hasta que te vayas –repliqué.


-Bien –dijo. Sus hombros se agitaron, lo escuché soltar una carcajada.


-¡Bien! –resoplé enojada. Una parte de mí se estremeció, pensando en que mis problemas iban a aumentar.


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Capitulo 8. Filo de Plata


Observé el sol con recelo, sus rayos se filtraban en las ramas del árbol buscando alguna forma de llegar hasta mí. Levanté mi brazo para cubrir mis ojos, pero no pareció suficiente. Con una sacudida de cabeza decidí que lo mejor sería regresar a la casa.


Pero antes de poder levantarme el brazo de Ruslan me jaló, y mi cabeza cayó en su pecho, con un movimiento elegante nos cubrió con su chaqueta.


-Mejor ¿no? –dijo arqueando una ceja.


Resoplé, negando con la cabeza. Molesta porque tenía razón, un poco más de oscuridad siempre ayudaba.


-No –dije en cambio. Salí de la protección de la chaqueta y se la tiré encima.


Lo escuché reírse debajo de ella.


-No puedo contigo.


-Qué bueno que ya lo comprendiste –contesté antes de ponerme de pie.


El siguió mi ejemplo, me tomó de los hombros y me giró para que lo viera.


-Hermosa reina –dijo suavemente-. ¿Por qué huyes de mí?


Suspiré.


-Déjame ir –luché porque mi mano quedara libre.


-De acuerdo –aceptó-, por hoy.


Puso una mano detrás de su espalda y cuando la volvió a mostrar vi que sostenía otra rosa roja. Esta vez no me la dio, se inclinó hacia mí y la acomodó detrás de mi oreja.


-¿De dónde sacas tantas flores? –le pregunté.


El sonrió y me guiñó un ojo.


-Un secreto –murmuró.


Me sacudí la mano que tenía sobre mi hombro y me alejé de él.


-Hasta pronto –lo escuché musitar detrás de mi-, mi hermosa.


Fruncí el ceño, queriendo discutir sobre esa nueva forma de referirse a mí. Me detuve y giré la cabeza, pero al voltear atrás no vi a nadie. Se había ido.


La noche llegó con tristeza para mí, pues Edward no regresaba. Alice al verme preocupada, me dijo que probablemente seguiría ocupado.


-No puede estar sin ti mucho tiempo –afirmó ella sonriendo-, va a regresar pronto.


Con un suspiro, me dirigí hacia la puerta, dispuesta a disfrutar de la oscuridad que cubría el cielo.


Vi a mis protectores esperándome y sonreí al verlos, me sentía más tranquila cuando ellos estaban junto a mí.


-¿Qué tienes en mente para esta noche? –preguntó Adam alzando las cejas provocativamente-. Porque a mí se me ocurren muchas cosas… divertidas, que podríamos hacer tu y yo.


Me reí.


-No lo creo –dije.


-Por lo menos lo intenté –comentó encogiéndose de hombros.


-No quiero hacer nada –comencé-, sólo quería caminar un rato.


Anthony se acercó y besó mi mano.


-Entonces, vamos –dijo.


La caminata fue tranquila y silenciosa, lo que me extrañó, ya que Anthony y Adam no soportan mucho tiempo sin pelearse. Me alegré creyendo que iba a ser una noche sin problemas.


Cuando regresamos a la mansión supe que me había una falsa ilusión.


Alice estaba en el umbral de la puerta, Carlisle, Esme, Rosalie y Emmett estaban afuera del otro lado, separados por una considerable distancia. Todos observando lo que había a sus pies. Sin quedarme atrás dejé que mi mirada siguiera la de ellos y me asombré con lo que vi.


Cómo una reluciente alfombra rojo sangre, cientos de rosas rodeaban la entrada.


-¿Para quién serán? –preguntó Rosalie, maravillada por las flores.


Instintivamente di un paso atrás.


-Miren aquí hay algo –Alice se inclinó y tomó un trozo de papel blanco. Lo desdobló y comenzó a leer:- Mi hermosa reina ¿Cuándo me darás una oportunidad?


Todas las miradas se posaron en mí.


-Un admirador –comentó Emmett que parecía divertido-, a Edward no le va a gustar nada eso.


-No es un… -comencé a replicar pero Carlisle me interrumpió.


-Hace muchos años cuando un hombre le quería demostrar su afecto a una mujer siempre lo hacía por medio de flores –dijo-, las rojas significaban el amor eterno.


Carlisle le dirigió una sonrisa a Esme y la cara de ella se iluminó, probablemente la declaración de él había sido con rosas.


Emmett parecía estar a punto de estallar en risas.


-¡No significan eso! –repliqué. Lo estaban malinterpretando todo.


-¿Quién firma? –preguntó Rosalie haciendo caso omiso de mis palabras.


-Ruslan –contestó Alice.


-El vampiro ruso –dijo Anthony detrás de mí, su expresión estaba completamente seria.


-Sólo quiere convencerme de que tiene buenas intenciones –insistí.


-Ya veo que tiene muy buenas intenciones contigo –dijo Emmett observando todas las rosas-, aunque no creo que mi hermano opine lo mismo.


-No es lo que piensan –repliqué.


-¡Ya quiero ver la cara de mi hermano! –exclamó Emmett.


Jasper salió un poco después y escuché cómo Alice le explicaba todo muy rápidamente.


Rosalie me miró de forma suplicante.


-Puedes llevarte las que quieras –dije-, y tú también Esme –añadí poco después.


La mirada de Jasper se dirigió a mis espaldas, donde estaban Anthony y Adam, y luego a mí. Sus ojos observaban atentamente como si estuvieran analizando algo.


Se inclinó hacia Alice y le susurró algo al oído, muy rápido y con un volumen casi nulo. Ella asintió y sus ojos siguieron la ruta que habían tomado los de él.


Me despedí de mis protectores y ellos se desvanecieron en la oscuridad. Los Cullen subieron a sus habitaciones a excepción de Alice.


-Debemos tener mucho cuidado con ese vampiro ruso –me dijo.


Me mordí el labio. Insegura sobre confesarle las veces que lo había visto.


-Lo sé –contesté-, no confío en él.


Ella se vio más tranquila tras escuchar mis palabras.


-Bella, se que tienes más problemas de los que me cuentas –dijo después de un rato-, y sé que es sobre tus protectores.


-Sí –admití.


Le conté todo lo que me había dicho Anthony.


-El licántropo también está enamorado de ti.


-No, Adam no… él siempre… él sólo bromea…


-Jasper me lo dijo, no hay error –replicó ella con seguridad.


-Pero…


-Jasper puede saber todo lo que siente cualquier persona que está a su alrededor –me interrumpió Alice-. Me dijo que ellos te aman profundamente.


Enterré la cara en mis manos, esto no podía estar pasando.


La conversación con Alice me había dejado aturdida. Cuando la mañana llegó decidí olvidar todo por un momento. Estaba preocupada por Kisha y quería hacerle una visita, pero no quería ir sola. Marqué el teléfono de Lissa y le pedí que viniera a la mansión por mí.


Otro día con sol al que iba a exponerme.


-¿A dónde vamos? –me preguntó entusiasmada cuando me subí al auto.


-Quiero visitar a una amiga –respondí.


Ella arqueó las cejas, queriendo más información, como siempre.


Tras un suspiro le conté la situación de Kisha.


-La chica que tuvo el accidente de auto –recordó Lissa.


Asentí.


Lissa sonrió.


-Si ese es el caso, entonces vamos –dijo.


-Gracias –contesté.


No me gustó el edificio donde vivía Kisha, el lugar se veía bastante solo y desgastado, incluso estaba en peores condiciones que mi departamento anterior. A pesar del día, las calles se veían deshabitadas.


Después de unos cuantos golpes leves, la melena rubia de Kisha se asomó por la puerta.


-Bella –vi la expresión sorprendida cuando me reconoció.


No hubo necesidad de presentarlas.


-Soy Lissa –dijo ella-, amiga de Bella. Venimos a sacarte un rato, no se… ¿a tomar un café? ¿Un té helado? ¿Qué te gusta?


Kisha parpadeó confundida por la rápida forma de hablar de Lissa.


Me reí.


-Lissa más despacio –le dije, me dirigí a Kisha-, ¿Quieres salir un rato?


Ella sonrió.


-Sí.


-Mira a quien tenemos aquí –dijo una vos molestamente familiar-, a la zorra que quería ver.


Ashery se nos unión en el pasillo.


-¿Ella es tu vecina? –le pregunté a Kisha.


Ella asintió.


-¿Quién es ella? –intervino Lissa observando con desprecio a Ashery.


-No te metas pecosa –escupió Ashery.


-No es nadie –dije.


-De acuerdo –Lissa hizo una vuelta teatral, quedando de espaldas a Ashery.


Kisha tomó su bolsa y salió del departamento. Las tres bajamos las escaleras ignorando a la chica quejumbrosa que nos seguía.


-¡Escúchame! –exigió con ira-. ¡Te odio! ¡Me esforcé tanto por llegar a ser reina! ¡No puedes llegar tú y arrebatármelo!


-Es oficial, está loca –comentó Lissa.


Cuando la luz del sol me dio en la cara, me sentí agotada, Alice me había dicho que con los años esa sensación iba a disminuir, esperaba que así fuera.


-Estúpida –continuó Ashery-, eres una…


Cansada de escuchar tanto insulto, me di la vuelta. Lo siguiente que ella hizo no me lo esperaba, y no pude reaccionar rápidamente porque mis reflejos se habían ralentizado gracias a los rayos solares.


Sentí algo enterrarse en mis costillas, algo filoso y que me provocó un ardor terrible. Miré hacia abajo y vi el asa de un cuchillo sobresalir de mi abdomen, mi blusa y mi pantalón se comenzaron a empapar de líquido rojo.


Lissa gritó mi nombre.


-¡Te lo mereces perra! –siseó Ashery antes de correr.


Escuché un rugido, luego un grito de dolor se escapó de los labios de Ashery, no había llegado muy lejos. Comenzó a chillar, algo se quebró y su grito se esfumó en el aire.


Entonces el mundo se inclinó ante mis ojos y caí. Pero no llegué al suelo, unos fuertes brazos me sostuvieron y reconocí el rostro de Ruslan.


-Mi hermosa –dijo suavemente-, siento mucho lo que voy a hacer porque va a doler.


Estaba débil, herida y no podía defenderme, por un momento pensé que iba a terminar de matarme.


Hasta que sentí el dolor del cuchillo cuando salió de mi cuerpo. Grité.


-Los vampiros se curan rápido –escuché la voz de Lissa cerca-. ¿Se va a curar verdad?


-No cuando el arma está hecha de plata –contestó Ruslan si dejar de mirarme-, para que su cuerpo pueda sanarse solo necesita mucha sangre.


Me estremecí de dolor.


El vampiro me estrechó suavemente contra su cuerpo.


-El dolor va a terminar pronto –prometió acariciando mi cabello con gentileza. Inclinó su cabeza hacia mí, de manera que mi boca tuviera vía libre hacia su cuello-. Muerde.


Aún cuando la sensación de dolor me inundaba, dudé.


-No hay tiempo para eso –dijo, con su acento más marcado-, necesitas sangre ahora.


Mi cuerpo, tras otro espasmo de dolor, me hizo notar lo mucho que la necesitaba y mi garganta comenzó a arder, exigiendo el delicioso líquido vital.


Lo mordí.


La sangre entró como una ola de cálido alivio a mi cuerpo. No podía detenerme, cada vez que pasaba por mi boca, sentía que el dolor disminuía. Pude sentir cuando mi herida comenzó a cicatrizar sola.


Sus manos se deslizaron por mi espalda rítmicamente.


-Vas a estar bien –lo escuché decir, casi podía decir por el tono en que lo hizo, que estaba muy contento por eso.


Cuando sentí que era suficiente, me separé de él.


Los ojos de Ruslan revelaron su cansancio, y su respiración era agitada. Había tomado demasiado de él.


-Lo siento –musité.


El sonrió.


-No te preocupes por mí –dijo, se inclinó y dejó que sus labios descansaran sobre mi frente-, lo más importante es que tú te recuperarás.


A pesar de su agotamiento, sus brazos seguían sosteniéndome firmemente.


-Ya puedes soltarme –le dije. Me sentía mejor, aún no me sentía con la suficiente fuerza para ponerme de pie, pero quería dejarlo descansar.


El se rió, ignoró mis palabras y me abrazó con más fuerza.


-No quiero –replicó-, es la primera vez que me permites estar así de cerca de ti y no pienso desperdiciar esta preciosa oportunidad.


Me hubiera reído, si mi cuerpo no estuviera recuperando su energía, en cambio le ofrecí una sonrisa.


-¿Estás bien? –preguntó Kisha preocupada. Ella y Lissa se inclinaron hacia mí.


-Mejor –admití.


-¿Quieres que te lleve a la mansión? –preguntó Lissa me ofreció su mano, para ayudarme a ponerme de pie.


Los brazos de Ruslan se reacomodaron a mi alrededor, más posesivamente.


-Yo puedo llevarla –dijo.


-Mejor vuelvan a sus casas –les sugerí a mis amigas.


-¿Qué hacemos con… -Lissa me vio, insegura-… el cuerpo de Ashery?


-¿La mataste? –le pregunté al vampiro que me tenía en brazos.


-Ella te hizo daño –dijo con ira contenida-, no podía perdonarla por eso.


Aún cuando sabía que ella era en cierta forma culpable de su muerte, no podía evitar sentir un poco de pena por ella.


-Déjenla ahí –les dije. La policía la encontraría y en cuanto supieran que había sido asesinada por un vampiro, dejarían de investigar. Los humanos estaban demasiado intimidados por ellos.


Un gruñido llenó el aire. Sentí a Ruslan desvanecerse de mi lado. Lo vi volar varios metros y aterrizar con fuerza sobre el suelo, todo esto al tiempo que yo caía en otros brazos.


-¿Qué le has hecho? –rugió Adam.


-El me salvó –dije.


Ruslan se levantó con dificultad y observó al licántropo con desprecio.


-No le haría daño –aseguró.


La mirada de Adam bajó a mi rostro, observándome con preocupación.


-¿Estás bien, pequeña mía?


-Sí –contesté.


-Te amo, pequeña mía –me besó una mejilla-, te amo. ¿Qué puedo hacer por ti?


Aunque ya me lo había dicho Alice, no pude evitar sorprenderme por sus palabras.


-Sólo llévame a la mansión –musité.


Vi a mis amigas despedirse de mí. Kisha subió a su departamento, mientras que Lissa se subió a su auto.


-Ya no te necesitamos –dijo Adam a Ruslan.


-Iré a donde ella vaya –el vampiro ruso le mostró sus colmillos.


Adam frunció el ceño, pude notar su enojo.


-Deja que nos acompañe –le pedí-, después de todo el me salvó.


A regañadientes el licántropo accedió.


-Andando chupasangre –dijo.