Dark Chat

lunes, 22 de febrero de 2010

A piece of your love

Niñaa aqui les dejo el capitulo final de esta hermosaa historiaa, espero que la hallan disfrutadoo y sigaan leyendo los otross fics

besitooss

Anitaa Culleen!

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Cap.9. Reencuentro.


Las verdes manchas color jade se mostraban nítidas y hermosas, y es que nunca el bosque le pareció más hermoso que ahora en compañía de su amada, su mujer, su niña, su Bella.

Ambos iban tomados de las manos, sintiendo cada palpitación de la extensa floresta. El pálpito de los cervatillos bebiendo del río, el croar de las ranas, el trino de las aves. Nunca la fauna le supo más maravillosa ni armoniosa que ahora. Y es que al encontrar la plenitud todo sabía a miel, los besos, las caricias, el simple susurro de la voz del ser amado.

Eran felices… ambos lo sabían, ambos lo sentían, y aquello bastaba para que disfrutasen en compañía del otro cada insignificante detalle del entorno que les rodeaba.

Continuaron su trayecto en dirección a la casa del resto de los Cullen, y pese a que su corazón ahora se encontrase carente de latidos, ella podía apostar que la sensación que la invadía era muy similar a la que se experimentaba cuando aquel órgano amenazaba con salir por tu boca.

Sí, en efecto, puede que ella no estuviese viva en estricto rigor, pero eso no la salvaba de ser devorada por ansiosas mariposas revolviendo su estómago.

Ansiedad…
Al fin Isabella Cullen se reencontraría con su hija. Quizás fuese una neófita que a duras penas conseguía mantener a raya su sed por sangre humana, pero de algo estaba segura, jamás dañaría a su pequeña.

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Fue por esto que se detuvieron en más de una ocasión para que Bella se alimentase. Edward le advirtió que con una parada bastaría, pero ella haciendo uso de su exagerada preocupación, y porqué no decirlo obstinación, obligó a su esposo a detenerse por lo menos un par de veces más.

Edward sintió pena por los pobres cervatillos, y no es que él no se alimentase de estos. Sin embargo, aquello no significaba que no pensase en el medioambiente, y Bella claramente no se destacaba por poseer una sed fácil de saciar, aunque una sonrisa socarrona se situó en los labios del vampiro cuando recordó el nuevo elemento distractor que había descubierto para apaciguar el hambre de su esposa.

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Carne…

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Y es que el cuerpo de Edward era casi tan apetecible para Bella como lo era la sangre humana. En efecto, mucho más adictivo y exquisito que los insulsos animales.

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¡Espera! — gimió mi esposa, mientras aferraba con fuerza desmedida sus frágiles y pequeñas manos a mi brazo. El nerviosismo en ella era tan evidente como el amor que yo profesaba por su persona. Aún así simulé no notar nada.

— ¿Qué sucede, mi vida?

— No puedo presentarme frente a mi hija en estas fachas ¿Qué dirán tus padres? ¡Y Alice! Dios, había olvidado lo obsesiva que es tu hermana en lo referente a la ropa. ¡Y Renesmee!, ella no puede verme así, ¡se pensará que su madre es una salvaje!. Pero, ¿De queeme preocupo? ¡Si lo más obvio es que ella ni siquiera sospeche quien soy!

— Amor-

— No intentes convencerme de que todo estará bien, ni de que según tú me veo "hermosa", porque no conseguirás nada. Demonios, ¿En qué estaba pensando cuando te seguí hasta aquí?. ¡Santo cielo! Tal vez ya han oído nuestra discusión, pero que digo, ¡Alice lo ha de haber visto!.

— Bella-

— No, Edward, no insistas. ¿Es que no lo ves? Esto es demasiado irresponsable de mi parte, podría dañar a mi bebé. ¡La estoy poniendo en gran peligro al exponerla a mi presencia!

— ¡Isabella!— ¡al fin había conseguido captar su atención! Y es que la neófita de mi mujer no había reparado en que Carlie se encontraba a nuestra espalda. Obviamente Bella no había sentido sed alguna, dado que nuestra pequeña era mitad vampiro, mi esposa debería tener claro a estas alturas que jamás expondría a nuestra hija a un peligro innecesario, y el hecho de que mi hermana lo hubiese visto todo ayudaba de forma considerable a dar por hecho que el rencuentro entre ellas debería ser exitoso.

— Pero, Edward— mi niña continuaba replicando, pero esta vez la silencié con un beso.

— Calla. — musité contra su boca. Sin embargo, el jadeo de Carlie la alertó de que teníamos compañía. Lentamente separé nuestros labios y con una de mis manos acuné su rostro.

— Todo estará bien. — declaré sin apartar la mirada de sus ojos. Quería que viese en los míos que no había nada de que temer, que le hablaba desde lo más profundo de mi ser. Sólo anhelaba que comprendiese que jamás la haría pasar por una situación así de no estar seguro de que estaría todo bajo control.

Ceñí mis manos a su cintura y con pericia me ubiqué tras ella, escondiendo mi rostro en su cuello.

— No temas. — susurré en su oído. Pese a que su mirada se encontraba perdida en esos hipnóticos y celestiales luceros de tonalidad chocolate, sé que me oyó, ya que su manos se posaron sobre las mías, aumentando la presión de estas sobre su angosta cintura.
Su respiración se volvió entrecortada, y de haber sido humana hubiese jurado que ella se encontraba al borde de sufrir un paro cardiaco.

— Sigo siendo la adolescente insegura que no quería ir al baile.

— Y yo sigo siendo el vampiro egoísta que no se resistió a tus encantos.

— ¿Sabes que hacer en caso de que… las cosas no salgan bien, cierto? — Por supuesto que comprendía a que se refería. Sin embargo, jamás atentaría contra la vida de mi ángel, por la sencilla razón de que nada malo saldría de este encuentro. Alice lo había visto y yo, yo no podría estar más feliz por el hermoso futuro que nos esperaba por delante, juntos, los tres, como la familia que éramos.

— Sé muy bien que hacer, ¿Estás lista?

— En absoluto, pero ella me necesita… o eso quiero creer.

— ¡Por supuesto que te necesita! Eres su madre, yo sólo soy un pobre intento de adulto. Créeme, hasta un humano jugando a papás y mamás es superior a mis vanos intentos de comunicación con nuestra hija, y para serte sincero, en el último tiempo he sido bastante patético; si no fuera por mi familia…En fin, no hondeemos en detalles, estamos perdiendo un tiempo valioso.

— ¿Intentas distraerme?

— Depende. ¿Está funcionando?

— Para nada, sólo dame la mano ¿Está bien? No quiero que me vea como una extraña, aunque se que es lo más obvio, dada la situación.

¿Cómo negarle aquello? Si todo cuanto quería era estrecharla entre mis brazos y demostrarle cada milésima de segundo lo mucho que la necesitaba.

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Me limité a asentir y tomar su mano con dulzura, porque pese a que ahora ella fuese más fuerte que yo, continuaba siendo aquella mujer de la cual me enamoré, esa mezcla entre la niña dulce y frágil y la fuerza y valentía de esa fiera abrasadora. Yo no podía dejar de verla como el ángel que era, podrían llamarme idiota, ridículo y puede que incluso lo fuera, pero me parecía que en cualquier momento ella fuese a desaparecer, como si todo esto fuese obra de un masoquista sueño, la sensación de que Bella se quebraría en cualquier momento, o se desharía entre mis brazos era por decirlo menos aterradora. Sin embargo, hice caso omiso a mis miedos y me limité a rozar con mi pulgar su mano y encaminarla en dirección a la pequeña criatura que se encontraba envuelta en los brazos de Rosalie a escasos metros.
Bella desvió su mirada de la exquisita y cremosa piel de su pequeño angelito, como había decidido llamar a Renesmee. Sus ojos se apartaron de aquellos expresivos y hechizantes luceros marrones y dolió… Ya que vislumbrar semejante deidad era por decirlo menos sublime.

El rostro de su hija poseía tal nivel de hermosura que su aura gloriosa provocaba cierto nivel de adicción, los perfectos rizos de tonalidad cobriza que había heredado de su padre caían sobre sus angostos hombros como si de resortes se tratase, no ayudaban en nada a Bella en la difícil misión de inspeccionar el entorno.

Uno a uno los vampiros fueron haciendo acto de presencia. La nerviosa neófita se detuvo en seco cuando junto a Rosalie se mostró el enorme Emmett. Y es que nunca antes le pareció tan enorme ni tan fuerte, y porque no decirlo… también aterrador.

Las cicatrices que surcaban la nívea piel de Jasper no eran en absoluto opacadoras de la sublime belleza que poseía el chico de cabellos dorados. Sin embargo, eran una clara y amenazante advertencia de que el experimentado vampiro no sabía de luchas y batallas en vano.

Todos los Cullen se mostraban recelosos, y no es que desconfiasen de Bella, ni que apostasen contra Alice. Simplemente eran precavidos.

No podían permitirse errores. Bella jamás se perdonaría haber lastimado a su hija, ni siquiera un rasguño.

Fue por esto que todos quedaron en shock –Todos menos Alice quien lo había visto y Edward que lo había leído en su mente- E inclusive la mismísima Bella lo encontrada difícil de creer, cuando Carlie en un esfuerzo sobrehumano intentó soltarse de los brazos de su tía en vano, y movida por la desesperación y frustración se limitó a llorar y pedir a su madre que la socorriese.

"Mami" llamó la criatura, y la sonrisa en los labios de Edward y Alice no se hizo esperar.

"Mami" repitió su angelito y fue todo cuanto necesitó Isabella Cullen para correr a los brazos de su pequeña.

Y quiso llorar…
Más el escozor en sus ojos fue todo cuanto consiguió, ya que su naturaleza le privaba de aquella acción que nunca antes le resultó de vital importancia, al menos no como ahora.

Por extraño que parezca la desconfiada vampira no opuso resistencia cuando Bella extendió ambos brazos pidiéndole a su hija.

Renesmee no dejaba de moverse inquieta en los brazos de su tía. Y no fue hasta que sintió la familiar esencia que destilaba la piel de Bella que se dejó embargar por la calma. Y es que sólo en los brazos de su madre podría sentir tan sublime placer como del que estaba siendo presa ahora.

Enterró su rostro en el cabello de la criatura y disfruto de la calidez de esta.

.

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— Quiero creer que esto es real— musitó mi esposa con voz temblorosa.

Los pequeños bracitos de Carlie se aferraban con ímpetu y desesperación al cuello de mi ángel, y ni ella misma conseguía convencerse de que esto no era obra de un sueño.

Por mi parte yo no terminaba de dar crédito de nada, me encontraba absorto, carente de articular cualquier palabra, por minima que fuera.

Alguna vez oí decir a los humanos que la sangre llamaba… Nunca aquella frase tuvo más lógica para mí que en este instante. Ni la visión de mi hermana era suficiente para prepararme para un momento como este.

— Lo es. —afirmé, intentando que mi voz se mostrase serena, pero aquello fue en vano, ya que la emoción contenida era tal que de haber sido humano sé con certeza absoluta que hubiese estado llorando.

Mis brazos continuaban rodeando la cintura de Bella, el rostro de mi mujer se encontraba enterrado en los cabellos de mi pequeña, mientras que yo no dejaba de observar la escena casi como un espectador en vez de un participante.

Y es que la escena se me hacía íntima, me sentí tentado a separarme de mi esposa para permitirle disfrutar de este momento con nuestra hija a solas. Sin embargo, ella no me lo permitió, ya que cuando intenté separar mis manos de su cuerpo ella aumento la presión ejercida con sus pequeñas, pero extremadamente fuertes manos.

Aquello fue todo lo que necesite para quedarme ahí, sólo observando, disfrutando del maravilloso sabor del reencuentro, llorando sin llorar, de alegría, de emoción, disfrutando de la dulzura que emanaban las lágrimas de nuestro pequeño trocito del amor de ambos.

Nuestra hermosa hija, mitad de ella, mitad mía.

Deleitándonos con aquella pieza faltante del sublime rompecabezas que nos entregó el destinto.

Una existencia… No era vida, no era muerte, era mucho más allá de lo que las vanas palabras que nos ofrece el diccionario pudiesen explicar.

Esto lo era todo.

— ¿Estás lista?

— Siempre lo he estado. Sólo que ahora ya no seré Lois Lane, al fin me tocará ser Superman.
Sólo tenía miedo… Ya no más.

— Entonces… Supongo que ya no seré el León Morboso y masoquista.

— Oh, ¡Sí que lo eres!, Puedo traer mi disfraz de oveja cada vez que lo desees…

— No es que me entrometa en sus charlas pornográficas… pero hay niños presentes...

— ¡EMMETT!

FIN

viernes, 19 de febrero de 2010

A Walk to Remember

Hola mis angeles hermosos !!! buen fin de semana

Hoy es viernes ; y como ando de buenas estamos de estreno , hoy les traigo una historia de amor
que prevalece aun despues de la muerte
la historia le pertenese a mi querida  ANJU DARK  y chicas les recomiendo que se compren unas cuantas cajas de kleenes por que los van a necesitar
en fin aqui les dejos estos cap y por fiss dejen sus comentarios al final
Mil besitos
Angel of the dark
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PREFACIO

El amor es sufrido y considerado, nunca es celoso. El amor nunca es jactancioso o engreído. Nunca es grosero o egoísta. Nunca se ofende ni es resentido. El amor no haya placer en los pecados de los demás y se deleita en la verdad. Siempre esta dispuesto confiar, esperar y soportar todo lo que venga.



Bella me salvó la vida. Me lo enseñó todo: lo que sé de la vida, la esperanza y el largo camino que hay que recorrer. Siempre la echaré de menos, pero nuestro amor es como el viento: no puedo verlo, pero si puedo sentirlo…


 Cap . 1 EL CASTIGO

Edward, Lauren, Jessica, Emmett, Rose, Mike y Tayler se encontraban en una más de sus tantas parrandas nocturnas llenas de alcohol y diversión. Se habían reunido en una de las calles desoladas de Seattle, cerca de una gran fábrica, para esperar a lo que sería su nuevo juguete.


Se trataba de Eric, un joven muchacho el cual quería pertenecer a su “circulo social”. Todos se encontraban entre risas y pesadas bromas, esperando el momento en que el chico arribara para pasar por la prueba que se llevaría a cabo para determinar si era digno o no de ser miembro de su grupo.


“¿No creen que están exagerando?” – preguntó Jessica, refiriéndose a lo que sus amigos habían planeado poner de prueba, la cual consistía en saltar, desde una altura mínima de ocho metros, para caer en la presa que había en la fabrica – “Solo por que es nuevo, no es justo que…”


“Si no te gusta, puedes irte” – atajó Mike de manera grosera, al mismo tiempo en que agarraba fuertemente a su novia por el brazo – “Y si no tienes nada mejor que decir, cállate”


“Ey, ey. Ya basta” – interrumpió Edward – “Jessica, aquí nadie lo ha obligado a venir.”


“Edward tiene razón. Tal vez se arrepiente y no viene” – convino Lauren – “¿Por qué no mejor vamos a bailar?” – preguntó, mientras se acercaba sinuosamente al muchacho de ojos color verde y cabellos cobre.


“Sabes que no bailo” – repuso éste, alejándose en muestra clara de desprecio.


Una destartalada camioneta se acercó al cabo de unos minutos. Desentonaba de sobremanera al lado de todos los autos deportivos que yacían a su lado. Todos rieron de manera burlona mientras el chico de lentes bajaba del carro, sintiéndose un poco cohibido por las miradas mofas que el grupo de los populares muchachos le dedicaban.


“Hola” – saludó, un poco titubeante


“¡Oye!” – exclamó Mike, mientras se acercaba al novato – “Llegas tarde” – señaló – “Recuerdo que te dije que la cita era a las diez y, cuando digo a las diez, es a la diez. Recuérdalo para la próxima”


“Si es que hay una próxima” – murmuró Emmett, partiéndose en carcajadas.


Eric no podía imaginar poder sentirse más nervioso al ver desde qué lugar tenía que efectuarse el salto. Una mano se poso sobre su hombro


“¿Estas listo?” – preguntó Edward, tratando de disfrazar la burla que brotaba de sus ojos – “No te preocupes, yo saltaré contigo”


“¿E-es muy hondo?”


“No lo sé. Lo averiguaremos pronto”


Edward y Eric subieron por unas escaleras de hierro y llegaron a una vieja base, de la cual se suponía iban a saltar. El segundo muchacho se encontraba temblando hasta lo imposible, pero, quería pertenecer a aquel grupo… así que, suspiró profundamente para poder disipar el miedo – aunque no obtuvo mucho resultado.


“Saltaremos a la cuenta de tres” – anunció Edward y el otro chico asintió – “¡Bien! ¡Uno! ¡Dos! ¡Tres!”


Y Eric saltó… pero Edward no.


Todos los espectadores emitieron sonoras carcajadas por que el plan había salido a la perfección. Desde abajo, se elevaron felicitaciones hacia Edward por ser tan buen actor. Sin embargo, el buen gusto de la broma les duró poco al notar que el cuerpo de Eric salía flotando, más no había movimiento alguno de éste.


“¡Mierda!” – chilló una de las mujeres – “¡Se ha hecho daño! ¡Edward, ve por él! ¡Ayúdalo!” –


El muchacho obedeció al instante y se sumergió en medio de las negras aguas para poder rescatar al pobre chico. Mientras, allá en la superficie, todos sus amigos revoloteaban a causa del pánico, logrando que la seguridad de la fábrica se percatara de su intrusa presencia. El sonido de las sirenas no se hizo de esperar


“¡Ya déjalo! ¡Estará bien!” – exclamó Mike al ver que Edward desistía en dejar a Eric solo – “¡Hay que irnos!”


“Se ha pegado con la tubería” – murmuró el aludido


Todos salieron huyendo del lugar, uno por uno, derribándose ante su temor y dejándo a Edward completamente solo con el desfallecido muchacho.


Al ver la situación en la que se encontraba, Edward optó por huir también. Dejó a Eric tendido sobre el suelo y salió corriendo hacia su volvo plateado, el cual arrancó lo más rápido que pudo. Sin embargo, la policía ya se encontraba cerca y, tras unos pocos minutos en los cuales él se desistió en frenar el carro para poder huir de la manera que le fuese posible, terminó estampándose con unos gruesos y grandes botes de basura, provocando el freno indisputable de su coche, una lesión en el extremo izquierdo de su frente y, otra más, en la pierna.


“Ponga las manos sobre el volante” –


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Al día siguiente, Edward apareció, andando en muletas y con una venda sobre la herida de su frente, por la cocina de su casa, en donde Esme, su madre, se encontraba preparando el desayuno. Ignoró la mirada reprobatoria que ésta le dedico al verle y se sentó en la mesa.


“Oye, mamá. Me duele mucho la pierna. No creo que pueda ir a ningún sitio” – comentó, mientras tomaba un cubierto y comenzaba a comer.


Esme no necesitó de mucho tiempo al entender que, su hijo, al decir: ningún sitio, se refería a un lugar en especial, el cual detestaba fervientemente: la iglesia.


“Deberíamos llamar a tu padre” – propuso, intentando que el enojo no se filtrara por su voz.


“No” – contestó, de manera rotunda, el muchacho – “No pienso hablar con él. No insistas”


“Edward, esto no puede seguir así. Necesitas un padre” –


El muchacho ya no quiso discutir y, para que su madre dejara su obstinación, decidió rendirse ante la idea de ir a la misa.


Y ahí, como en todas las ocasiones a las que él se veía obligado a pisar ese templo, vio a Isabella Swan, la hija del reverendo Charlie, plantada en medio del coro y perturbándole durante toda la hora con sus ojos color chocolate, fijamente plantados sobre él mientras cantaba el estribillo.


Esa era la razón principal por la cual el muchacho desistía de ir en ese lugar. No lo iba admitir públicamente – no lo admitía él mismo – pero la presencia de la muchacha le inquietaba, haciéndole subir y bajar la mirada, simultáneamente, ante la imposibilidad de hacer otra cosa más para compensar lo que aquel par de pupilas le causaba.


Bella era una chica bonita y tenía una voz hermosa, que salía a relucir cuando cantaba los solos en la iglesia, pero, su carácter tímido y reservado, al igual que su poca afinidad por la moda, le había costado el desaire de gente que, como Edward, se encontraban las principales listas de popularidad en la escuela.


Bella tenía un espeso cabello castaño y ligeramente ondulado. Sus ojos eran grandes y redondos, de un color marrón muy bonito y su rostro, en forma de corazón, se mostraba fino y gentil. Edward, por su parte, se le conocía por ser el chico más popular de la escuela, y no era para menos. Su cabello despeinado de color cobre, haciendo juego con el verde esmeralda de sus ojos y el pose de chico rebelde, no pasaba desapercibido para cualquiera que le mirase.


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El fin de semana había pasado y el rebelde grupo de chicos populares se encontraba, como siempre, gastando sus malas bromas en el patio central de la escuela.


“¿Qué tal tu pierna?” – preguntó Emmett


“Esta mucho mejor”


“No puedo creer que te detuvieran” – comentó Lauren.


Edward sonrió de manera exagerada e hipócritamente inocente, provocando que la muchacha se desconcentrara un momento por lo guapo que el gesto le hacía ver.


“¿Qué les dijiste para que te soltaran?” – preguntó Mike


“Había una noche hermosa para pasear, llegué la fabrica y me encontré con Eric. Quise ayudarlo pero, al escuchar el sonido de las sirenas, me asusté y acabé huyendo antes de que pudiera pensar que yo tenía algo que ver” – explicó el aludido, con una seguridad enorme en si mismo


“Debo admitir que eres el rey de las mentiras” – reconoció Emmett mientras le pegaba un amistoso puñetazo sobre el hombro


“Ey, miren quién viene ahí ” – indicó Jessica y todos siguieron el rumbo de su mirada, para encontrarse con Bella, quien venía caminando con la cabeza inclinada ligeramente hacia abajo y los brazos alrededor de un par de libretas – “Bella Swan si que tiene estilo” – agregó de manera sarcástica, por la ropa que la chica portaba.


“Si” – acordó Rose, uniéndose a la burla – “Yo solía ir vestida así cuando iba en preescolar”


Todos se comenzaron a reír de manera escandalosa, intensificando el sonido de la burla justamente al instante en que Bella pasaba a sus lados


“Ey, linda ropa” – le dijo Emmett


“Gracias” – contestó, de manera amable, aunque sabía perfectamente que el comentario no había sido sincero.


Bella comenzó a caminar, sin dejarse cohibir por todo el murmullo que se levantó hacia sus espaldas. Le era fácil ignorar a ese tipo de personas tan superficiales.


“Edward, el director te espera en su oficina” – informó un muchacho, borrando la sonrisa de éste.


El rebelde chico se sentó, con aire despreocupado y un tanto déspota, frente al escritorio del rector y esperó en silencio las nuevas acusaciones que se le venían. Ya era algo a lo que estuviese acostumbrado, así que la situación no le incomodaba. Por su parte, el señor se limitó a poner, frente a él, varias botellas vacías de cerveza. Eso bastaba para dejar en claro el asunto.


Edward no dejó, ni por un momento, su actitud altanera y se limitó a mirar los objetos con gesto arrogante.


“Un estudiante te vio bebiendo en la escuela el sábado por la noche. Tienes suerte de que Eric haya decidido no levantar cargos contra ti” – comenzó a decir el director y, antes de continuar, le miró fijamente – “les he prometido que me encargaría del castigo”


“¿Qué hará? ¿Expulsarme?” – inquirió, de manera indómita


“Aún no. Cuando hayas terminado tus clases, ayudaras a los servicios de limpieza en la escuela…”


“¿Por cuánto?” – interrumpió, haciendo, con la mano, el símbolo de dinero y mirando hacia el frente, con ojos calculadores.


“Simplemente por amor al arte” – contestó el señor de manera firme – “Lo sábados serás tutor de los alumnos retrazados en la otra escuela y actuaras en la obra del final del curso del club de teatro”


“¿La obra de primavera?” – volvió interrumpir, con la misma apatía.


El director asintió, con el mismo gesto indulgente que el muchacho le mostraba. Edward tensó la mandíbula a causa de la frustración. Todas esas actividades se les presentaban aburridas y, definitivamente, no eran para él.


“Es tiempo que descubras cosas nuevas y que pases el tiempo con otra clase de gente…No lo estropees, Edward”




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Capítulo 2: Nueva Vida


Edward se encontraba ya en una de las salas de Astrología, limpiando el suelo de mala gana. Era demasiado incomodo, ya que las muletas, y la pierna enyesada que tenía, no le facilitaban en nada aquel terrible trabajo. El día no le podía ir peor y la frustración no estaba dispuesta a despedirse de su gesto.


El humor no le había mejorado mucho al notar que Bella Swan se encontraba en el mismo lugar, dando una pequeña exposición a un reducido número de personas. Le enfurecía el admitir que, aunque lo intentase y, hasta hubiera optado por ponerse los audífonos para no escucharle, no podía ignorarle.


¿Cómo ignorara a una persona tan extraña como ella? por que eso era… no había nada más.


“Esto es un simple trozo de plástico, un perchero y liquido corrector. ¿Alguien podría decirme qué es?


“Un mapa de las estrellas”- contestó él.


¡Maldición! ¿Acaso no podía haberse callado? Demasiado tarde para cuando se reprendió. Bella había dirigido su perturbadora mirada hacia él por un breve instante, casi nulo, e, ignorándolo como solo ella podía hacerlo, continuó con su exposición.


“Es un mapa de las estrellas” – confirmó ella, hablando de nuevo, solamente para sus espectadores – “Sirve para localizar estrellas y planetas a simple vista…”


“Estoy seguro que también ves Ángeles volando” – interrumpió Mike de manera burlona, en cuanto entró a la sala, en compañía de Emmett y Tayler.


Los tres se carcajearon, mientras continuaban caminando en dirección hacia Edward, hasta llegar a éste y saludarlo enérgicamente.


“Se pueden ver cosas muy milagrosas” – interrumpió Bella, hablando de manera tranquila y pausada – “Einstein decía que, en cuanto más estudiaba el universo, más creía en la existencia de un poder superior”


Mike levantó las cejas de modo petulante, siendo imitado por sus otros dos acompañantes y, con voz cruelmente acida, dijo


“Si de veras existe un poder superior, dime ¿Por qué no te compra un poco de ropa nueva o algún otro suéter? Te hace mucha falta uno”


Los otros chicos volvieron a reír, tal vez exagerando el sonido de las carcajadas solamente por el hecho de humillar más a la muchacha de vestimenta sencilla. Sin embargo, ella no bajó la mirada en ningún momento.


“En estos momentos se encuentra muy ocupado, buscándote un cerebro” – le contestó, de manera firme, pero con gesto amable.


Mike enmudeció al no encontrar palabras con las cuales defenderse y el hecho de que sus amigos le traicionaran, riéndose verdaderamente por el comentario, no ayudó mucho. Salvando el poco orgullo que le había quedado, decidió no discutir más, dar media vuelta y centrar su atención en Edward, quien aún se encontraba riendo.


“Vamos, fue una buena broma” – dijo éste, ante la mirada reprobatoria de su amigo


“Ya, olvídalo” – calmó Emmett – “Ya es hora de irnos, hay que ir a un buen lugar”


“Ya saben que no puedo ir” – recordó Edward


“El director ya se ha ido, no hay peligro” – animó Mike, quien ya había olvidado lo anterior – “Andando” – indicó, mientras salía del lugar, llevándose una de las muletas como chantaje.


Edward se dejó convencer fácilmente pero, antes de irse, no pudo evitar girar el rostro para ver Bella. Respingó ligeramente al percatarse que también ella le estaba viendo. Sus miradas se entrelazaron por un momento. Siempre pasaba lo mismo, era algo que le resultaba molesto y, aún así, él no aprendía.


La muchacha fue la primera en desviar el rumbo de sus pupilas, concentrándose de nueva cuenta en su tarea. Él, por su parte, tardó un poco más, pero, cuando lo hizo, bufó débilmente. ¿Cuántas veces más tendría que pasar lo mismo?


Como todas las tardes después de la escuela, Edward y su grupo de amigos se fueron a un bar cercano. Nada fuera de lo normal, todo rutinario, nada digno de emoción. Las mismas pláticas, las mismas bromas pesadas, los mismos comentarios y las mismas actitudes… pero, ¿Acaso había algo mejor?


Al caer la noche todos se despidieron para regresar a sus hogares. Lauren, su ex novia, le había pedido de favor si podía llevarla a su casa. Edward pensó en negarse, pero no quería ser descortés con la muchacha, así que accedió. Manejó lo más rápido que pudo. El silencio que se había levantado en el carro era realmente incomodo. Agradeció mentalmente cuando sus ojos al fin visualizaron el punto de su destino.


“Bueno… nos vemos en la escuela” – dijo, a modo de despedida, esperando que el comentario bastara para que la chica se apresurase a bajar. Más no fue así.


Lauren se giró sobre su lugar y levantó la mirada hacia él


“Mis padres no están, por si gustas entrar” – ofreció.


Edward suspiró profundamente y desvió su rostro lejos de aquella atención femenina.


“Lauren, nada ha cambiado…” – recordó, de la manera más amable que pudo


“Lo sé. Pero creía que…”


“Se acabó” – interrumpió, de manera firme, mirándole a los ojos y diciéndole con éstos que ya no insistiera más.


Lauren intentó no mostrar lo mucho que aquellas simples palabras le dolían, pero no lo logró. Apretó fuertemente los labios y respiró profundamente, una y otra vez, para contener el llanto que se avecinaba. Se preguntó cómo lograba Edward para llegar a ser tan frío e indiferente en ese tipo de situaciones.


“Si. Se acabó. Para siempre” – logró decir y, sin dar oportunidad a que su compañero dijese algo más, abrió la puerta y salió del carro de manera apresurada.


Edward contempló como la dolida muchacha hacía su teatro y aventaba fuertemente la puerta de su carro a la hora de cerrarla. Levantó una ceja de manera indiferente y se sintió un poco molesto, no por lo que él le había hecho a la chica, si no por lo que la chica le había hecho a su auto.


“Diablos” – musitó, antes de arrancar su coche e irse a casa.


Días después.


En la mañana, Edward escuchaba, muy a lo lejos, la voz de su madre llamarle. Luchó por ignorarla, al mismo tiempo en que se encogía lo más que podía entre su cama. Sin embargo, Esme insistió, una y otra vez, hasta que éste medio abrió los ojos. ¿Acaso es que no podía descansar ni si quiera dos días a la semana? Su trabajo extra escolar le tenía agotado (bueno, en realidad, no era el trabajo extra escolar, si no más bien, la fiesta de anoche, de la cual había salido muy ebrio) ¿Acaso no podía Esme ser un poco más considerada?


“Mamá, hoy es sábado. No hay clases” – dijo, con voz perezosa y volvió a cerrar sus ojos.


Esme bufó, de manera divertida. Su hijo solía olvidarse fácilmente de las cosas que no le convenían. Se acercó un poco más hacia él y, con voz alegre, recordó la actividad que le esperaba en pocas horas.


“Tutorías” – pronunció, de manera pausada y clara para que su hijo captara el mensaje.


Edward volvió a abrir los ojos y le regaló a su madre una mirada envenenada… ¿Tenía que molestarse en haberle recordado aquello?...


Ante la imposibilidad de negarse, nuestro protagonista se encontró, repentinamente, enfurruñado en el asiento del autobús que le llevaría hasta la escuela en donde, se suponía, ayudaría a los alumnos con bajas notas escolares.


Genial. No lograba imaginarse una idea que le entusiasmara más


Y, tal y como se lo había imaginado, el ser tutor no era su habilidad.


“¿Qué triangulo es el equilátero?” – preguntó, por enésima vez, al niño que tenía al lado. Aún no lograba explicarse de dónde había sacado tanta paciencia durante las dos horas anteriores. El niño no contestó, se mostraba igual o más indiferente que el mismo Edward en toda una vida – “¿Qué opinas?” – insistió éste, logrando que su alumno aventara el lápiz y se parara enérgicamente de la silla.


“¡Lo que opino es que esto es una mierda!” – exclamó, antes de irse, lo suficientemente fuerte como para llamar la atención de todos cuantos le rodeaban.


“Ya somos dos” – murmuró Edward, dejándose desparramar por la silla e ignorando todo lo pasado.


La situación no mejoró durante el día. ¿Cómo iba a mejorar si ni él ni su alumno mostraban empeño? En fin, eso no debería de importarle…


Se sintió aliviado cuando el camión manejaba de regreso hacia Forks. No hallaba el momento en el cual bajarse de ahí y huir de toda esa gente que, junto con él, viajaba.


Una delicada figura se iba acercando. Oh si, cabe mencionar que Isabella Swan también se encontraban como tutora y, por lo tanto, la había visto durante todo ese tiempo. Giró su rostro hacia la ventanilla y subió el volumen de su música cuando comprendió que la chica se aproximaba hacia él. ¿Y ahora que quería? Que él recordase, ella no le había hablado nunca por merito propio…


Sabía lo que tenía que hacer: Ignorarla.


Nada de lo que ella estuviera dispuesta a decirle en aquellos momentos debía de tener alguna importancia, ni la más mínima.


Agudizó lo más que pudo su gesto arrogante – intentado ocultar la sorpresa – cuando Bella se sentó a su lado sin previo aviso, ignorando perfectamente su desden.


“Hola” – saludó y, a pesar del volumen con que la estridente música resonaba de los audífonos, aquella tranquila voz llegó a sus oídos – “¿Quieres un número para la rifa? Estoy juntando dinero para comprar nuevo material…”


“No” – contestó Edward, de manera fría y, acto seguido, giró su rostro hacia el lado opuesto.


No podía haber mejor gesto de rechazo que ese, ¿Qué esperaba entonces para irse? Sin embargo, a Bella no parecía importarle lo más mínimo ya que, siguió sentada a su lado, sin mostrarse perturbada. A pesar de que aquel joven mostrara lo contrario, sabía que la estaba escuchando.


“He visto lo que te ha pasado con Luis” – comenzó a decir, tratando de reanudar una inexistente charla. ¿El motivo? Era simple: veía a Edward tan perdido en todo ese asunto que quería ayudarle, pese a las diferencias que entre él y ella siempre habían habido – “Sé que puede resultar difícil, pero, tal vez si pudieras darle otro enfoque, algo más… divertido”


Otra vez, no obtuvo respuesta alguna… aquel déspota muchacho ni si quiera le había dirigido la mirada ni un solo segundo.


“¿Has pensado en ir a Eric al hospital?” – preguntó, ya no tanto por ensamblar una conversación, si no por dar un consejo – “Creo que eso es un No” – aventuró, tras el constante silencio de su interlocutor.


Se sintió decepcionada. Edward nunca había sido amable con ella, pero, aquella actitud tan indiferente para con alguien quien se encontraba enfermo por causa suya, se le hacía algo demasiado bajo. Aún así, decidió probar una vez más


“¿Sabes que lo han trasladado…?”


“¿Este es tu modo de iniciar una conversación?” – interrumpió Edward, con aquella manera tan tajante que solo él poseía, quitándose los audífonos y mirándole de manera venenosa – “Si es así, creo que debes practicar mucho más y, para que lo sepas, a Eric nadie le obligó a saltar”


“Se llama presión psicológica” –


“¿Ah si? ¿Y cómo lo sabes?” – retó y, bajó su vista hacia el pequeño libro que reposaba en las piernas de la muchacha – “¿Te lo ha dicho tu maravillosa Biblia?”


Bella también centró su atención en el objeto y, con un movimiento inconciente, lo acarició ligeramente con dos de sus dedos. No entendió el por qué le habían dolido tanto aquellas palabras… cerró los ojos en un intento de apaciguar el coraje que amenazaba con nacer


“Por favor, no finjas conocerme” – pidió, logrando que Edward le sonriera de manera burlona y le volviese a dirigir la mirada


“Te conozco, y muy bien” – aseguró – “Hemos ido en la misma clase desde que empezamos el preescolar. Te llamas Isabellella Swan y siempre almuerzas en la mesa siete, que no es precisamente la de los rechazados si no, más bien, la del exilio voluntario” – frunció el ceño ligeramente y negó con la cabeza, de manera apenas y perceptible, mientras se preguntaba fugazmente el por qué Bella había escogido aquel tipo de vida, teniendo todo por ser alguien diferente – “Siempre llevas puesto el mismo suéter. Caminas siempre mirándote los pies y te divierte ser tutora los sábados por la mañana y estar en el club de estrellas y planetas” – finalizó, demasiado orgulloso y seguro de si mismo – “¿Qué te parece?”


“Muy bien. Nada que no hubiera escuchado antes” – contestó Bella, encogiéndose de hombros y disimulando a la perfección lo fuerte que le habían golpeado todas aquellas palabras.


“¿No te importa lo que piensen de ti?” – inquirió Edward, sin poder ocultar su verdadera curiosidad. Siempre había querido saber la respuesta ante aquella pregunta


“No” – aseguró su compañera, con una pequeña sonrisa y, antes de que pudiera seguir escuchando más insultos, decidió ponerse de pie y dejar a aquel muchacho solo.

jueves, 18 de febrero de 2010

Corona Escarlata

Capitulo 5 . Vampiro ruso

Jacob y Edward se miraron fijamente, no de una forma muy amable. Intenté ponerme en medio de los dos, pero el rey vampiro me mantuvo atrás de él.


-Supongo que si Bella está aquí, es porque ya te informó sobre su decisión –dijo Edward sin apartar la vista de Jacob.


-Sí –contestó él con los dientes apretados.


-Entonces, sólo me queda decirte que no quiero que te acerques más a ella –continuó el vampiro rey.


Jacob gruñó.


-Aunque Bella esté contigo –dijo él-, ella aún es la reina de los licántropos y tengo que verla, te guste o no.


Edward me acercó a él.


-Bella –Jacob buscó mi mirada-, yo sé que tú puedes sentirlo.


Para mi sorpresa, me encontré asintiendo. Podía percibir una responsabilidad hacia los licántropos, pero eso era todo lo que sentía hacia ellos. A Jacob sólo lo veía cómo mi mejor amigo.


-Esto no puede durar para siempre –dijo Edward fríamente-, tarde o temprano el lazo que los une se destruirá y ella sólo quedará cómo mi reina.


-¿Cómo puedes asegurar que no será la revés? –Jacob apretó los puños, podía ver lo mucho que le costaba contener su rabia.


-Porque, como ya te dije antes, ella es un vampiro –explicó Edward-, y mi consorte.


La última palabra del rey vampiro hizo estallar a Jacob, no pudo contenerse y lo golpeó en la mandíbula. Edward salió volando varios metros, pero logró caer sobre sus pies.


-Buen golpe –dijo el rey de los vampiros mostrando sus colmillos.


-Edward –me dirigí a él, pero Jacob me detuvo por la muñeca.


-Bella, deja que él y yo lo resolvamos.


-¿A eso llamas resolverlo? –chillé.


Comencé a removerme, pero Jacob me tomó de la otra muñeca y me detuvo, seguía siendo mucho más fuerte que yo.


-Pude soportar que me hayas lastimado –dijo Edward de pronto muy cerca-. Pero ya no puedo tolerar que la toques, no ahora que ella es mía.


Tomó a Jacob del brazo y con toda su fuerza lo apartó de mí, el licántropo cayó al suelo varios metros atrás.


Los otros licántropos se acercaron, molestos por la ofensa que había recibido su rey.


-Estoy bien –Jacob se levantó-, no quiero que intervengan.


-¡Ya no sigan! –rogué.


La mano de Edward acarició mi hombro.


-Tranquila, creo que ambos ya desahogamos algo de nuestra frustración –dijo él, y luego me miró inseguro-, pero deberías irte.


-¿Qué? –fruncí el ceño-. No voy a irme sin más y dejarlos para que se destrocen.


-Eso no va a pasar –replicó-, lo prometo.


-Pero…


Alguien me agarró de los hombros, me giré y pude ver a Jason.


-El tiene razón –intervino-, es mejor que te vayas, creo que tu presencia los inquieta más.


Lo miré confundida.


-No seré vampiro o licántropo, pero soy un hombre y lo entiendo –continuó-. Sí sigues aquí sólo estarán concentrados en ti y se verán como rivales de tu afecto, en cambio si te vas, tal vez logren calmarse… un poco.


-De acuerdo –dije después de un rato.


Edward se acercó, Jason retiró lentamente las manos de mis hombros.


-Espérame en la casa –dijo el vampiro rey y me besó en la mejilla.


Asentí.


Antes de salir, oí a alguien gritar mi nombre, me giré y vi a Lissa despedirse de mí. Le devolví el gesto, parecía muy agitada intentando atender a todos los clientes, que se veían un poco malhumorados por el incidente con su rey.


Abrí la puerta y me enfrenté a la noche.


El cielo despejado, me regaló sus luces nocturnas, las estrellas brillaban en lo alto. Me permití recordar mi humanidad, y ralenticé considerablemente mi velocidad, siendo reducida a una simple caminata.


Pude ver la Luna sobre mí, intentando colorear de plata las calles desiertas.


Quería alejar mi mente del bar, evitar que los pensamientos trágicos inundaran mi mente, unos que siempre terminaban con Edward y Jacob peleándose.


Sacudí la cabeza y continué caminando lentamente.


Vi a un vampiro a pocos pasos de mí, acercándose con cautela.


Su piel pálida, parecía festejar que los rayos lunares la tocasen, su cabello oscuro, del color del chocolate, caía sobre su rostro como cortinas, sus ojos brillaron hacia mí. Cuando estuvo lo suficientemente cerca de mí, reparé en su estatura, era muy alto, y sus hombros y brazos, demostraban lo fuerte que era. Su rostro, cómo todo vampiro, era perfecto y atractivo.


Me sentí ligeramente intimidada, pero me recordé que ningún vampiro me haría daño, ahora que era consorte de Edward.


-Bonita noche –dijo a modo de saludo.


No me hubiera sobresaltado, si sus palabras no hubieran salido con un marcado acento ruso.


Di un paso atrás, pensando en la mejor manera de correr sin que me atrapara.


Levantó las manos en un inocente gesto de paz.


-Lamento haberte asustado –comenzó-, debí presentarme primero. Me llamo Ruslan y vengo en representación del clan ruso, para rendirte respetos y jurarte lealtad en nombre de todos.


Lo miré con recelo, negándome a confiar en él.


-Vadik ha sido destruido –continuó-, el nos controlaba, estábamos cansados de eso.


-¿Por qué cambiaron de opinión con respecto a seguir nuestras leyes? –pregunté.


-Aceptamos su reinado debido a que la última vez nos ganaron –contestó Ruslan-, aceptamos su superioridad.


Fruncí el ceño.


-Ya veo –Ruslan se rió-. ¿No confías en mí?


-No.


-Te demostraré que puedo ser fiel a ti, mi reina –dijo.


-Demuéstralo regresando de donde viniste y no regresando jamás –respondí.


-Me lastimas –dijo Ruslan, poniendo expresión dolida-, que mi reina no me quiera a su lado es mucho para mí.


Estaba ansiosa por que se fuera, o huir, todo menos estar con él.


-Pero lamento no poder obedecer esa orden –continuó-, he venido aquí a mejorar la impresión que se tiene de los vampiros rusos, y no me iré hasta conseguirlo.


Resoplé, así no se iría nunca.


-¿Cómo supiste que yo soy la… reina? –me costaba trabajo pronunciar esa palabra, sobre todo si hablaba de mí misma.


-Lo puedo sentir en ti –contestó Ruslan observándome fijamente, cerró los ojos, se inclinó hacia mí y respiró profundo-, también puedo olerlo en tu esencia, cualquier vampiro puede hacerlo.


Di otro paso atrás.


El hizo una inclinación hacia mí.


-¿Puedo tener el honor de acompañarte en esta noche tan solitaria?


-No.


El ser rió.


-En otra ocasión, quizás.


-No lo creo.


Escuché un rugido, y de pronto Anthony estaba en frente de mí, cubriéndome con su cuerpo.


Me sentí aliviada al verlo.


-No te le acerques –gruñó Anthony extendiendo sus colmillos.


Ruslan no le hizo caso, su mirada seguía en mí.


-Fue un gran placer conocerte –dijo lentamente-, mi reina.


Se giró y nos dejó en la oscuridad.


-¿Qué es lo que quería? –me preguntó Anthony preocupado.


Le conté todo lo que había dicho el vampiro ruso.


-Es muy extraño –comentó cuando terminé.


-Sí –concedí.


-Debemos tener mucho cuidado –dijo y me miró a los ojos-, y tú no vuelves a salir sola a ningún lugar.


Asentí un poco nerviosa.


Sentí sus brazos rodearme.


-Bella –dijo tras un suspiro.


-Gracias –contesté después de un rato-, me sentí mucho mejor al verte.


-Siempre que quieras, estaré aquí para ti –dijo abrazándome con más fuerza. Una risa algo apagada salió de su garganta-, ya que al parecer aunque me lo prohíban no puedo estar lejos de ti.


Lo miré con confusión en mi rostro. Algo me vino a la mente.


-Tenemos que decirle a Edward cuanto antes –le dije separándome lentamente de él. Me sentiría más segura en cuando el rey vampiro supiera sobre la llegada del vampiro ruso.
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Capitulo 6. Pétalos de rosa


Vacías, las calles se dibujaban ante mis ojos, mostrando un camino oscuro y tranquilo. Mis pasos, haciendo eco suave, me desesperaban, quería regresar al Luna Llena lo antes posible y ver a Edward. Comencé a acelerar pero Anthony me tomó del brazo.


-Más despacio –dijo-, necesito estar seguro de que no nos sigue.


Asentí, pero no me soltó, tal vez pensando que sí lo hacía saldría corriendo.


Mis pupilas se movían rápidamente, examinando detenidamente los alrededores, buscando cualquier signo de peligro. Sólo hasta que la mano de Anthony fue subiendo hasta llegar a mi hombro, me di cuenta de mi propia tensión.


-¿No has notado nada extraño? –le pregunté.


Me giró para que lo mirara a los ojos.


-No –contestó. Sus dedos subieron por mi barbilla hasta mi mejilla, acariciando mi piel-. Todo va a estar bien, yo cuidaré bien de ti.


Le sonreí.


-¿Por qué te sientes tan obligado a protegerme? –le pregunté.


-No me siento así –contestó inmediatamente-, desde hace mucho tiempo que lo hago porque… -se interrumpió, cómo si las palabras que iba a decir no fueran sencillas. Me miró con tristeza y añadió-, porque me importas.


Sentí que eso no era exactamente lo que iba a decir, pero no insistí más.


Al entrar al bar, vi a Jacob y a Edward sentados en una mesa, mirándose con frialdad. Por lo menos no estaban peleando, eso me alegró.


-¿Por qué regresaste? –Lissa llegó hasta mí-. ¿Qué pasó?


-Te contaré todo –le dije-, pero primero tengo que hablar con Edward.


Caminé hacia ellos, con Anthony siguiéndome de cerca.


Los dos se levantaron y no tuvieron ojos más que para mí desde el momento en que llegué hasta ellos.


-¿Qué ocurre Bella? –Edward me preguntó amablemente, rodeándome con sus brazos.


-Vi a… un miembro del clan ruso –balbucí.


Edward se puso rígido.


-Explícate –pidió.


-Me dijo que venía en paz y que quería cambiar nuestra opinión sobre los vampiros rusos –comencé-, quiere demostrar que están dispuestos a aceptar nuestras reglas.


Edward sacudió la cabeza.


-No confío en ellos.


-Ni yo –coincidí.


La mirada de él se separó de mí y se dirigió a Anthony.


-A pesar que me disgusta la forma en que piensas en ella –dijo Edward-, te devolveré su puesto cómo su protector.


Anthony se sobresaltó, como si uno de sus secretos más preciados fuera sido descubierto.


-No puedes mantenerla fuera de tu mente cada vez que estoy cerca –continuó el rey vampiro-, tarde o temprano me iba a enterar.


Miré de uno a otro, esperando que dijeran algo más que aclarara las cosas para mí, no tenía la menor idea de lo que estaba diciendo Edward.


-Por lo mismo se que la cuidarás mejor que nadie.


-Eso es cierto –respondió Anthony después de un rato, con la expresión completamente seria.


Jacob frunció el ceño observando a los dos vampiros.


-¿Por qué le temen tanto al clan ruso? –preguntó.


-No creo que sea algo que te interese –respondió Edward.


-Me interesa si involucra a Bella –replicó-, sobre todo si ella corre peligro. Puedo ayudarte a protegerla.


Las últimas palabras del rey licántropo surtieron su efecto, ya que Edward cambió de opinión.


-Durante años el clan ruso se ha opuesto a nuestras reglas, siempre han anhelado el poder –explicó Edward-, hace poco vinieron a atacarnos, pero logramos expulsarlos de aquí. Ahora uno de ellos se presentó ante Bella –apretó los puños-, diciendo que todo había cambiado.


Jacob asintió.


-También la cuidaré –le dijo al rey vampiro.


-En esta ocasión –contestó Edward-, agradezco tu preocupación por ella –se giró hacia mí-. Tengo que ir al Noche Eterna, les avisaré a todos sobre la llegada del vampiro ruso.


-Voy contigo –dije.


El negó lentamente con la cabeza.


-Espérame en la casa, por favor.


Resoplé, pero terminé accediendo.


-Llévala –le dijo a Anthony.


El vampiro asintió.


-Vamos, Bella –me dijo amablemente.


-¿Qué quiso decir Edward sobre ti? –le pregunté cuando faltaba poco para llegar a la mansión, había estado mortalmente callado todo el camino.


-Nada –contestó sin mirarme.


-¿Es algo que no deba saber? –cuestioné-. ¿Algo que no quieres decirme?


Anthony se detuvo, lentamente se giró hacia mí.


-No sabes cuantas veces he estado a punto de decírtelo –me tomó de las manos y entrelazó sus dedos con los míos-, en verdad deseo decirte y que tu…


Me miró. Sus ojos parecían desesperados por expresar lo que sus palabras no le permitían.


-Es complicado –dijo inclinándose hacia mí, hasta que su frente quedó unida a la mía-, es más fácil con acciones que con las palabras.


-¿Qué?


-No puedo soportarlo más –dijo antes de que sus labios se apoderaron de los míos. Su boca saboreó la mía lentamente.


Me quedé petrificada, sin saber qué hacer.


-Te amo –murmuró. Una sonrisa completa apareció en su rostro-. Nunca te diste cuenta.


Cuando reaccioné, me separé lentamente de él.


-Pero… Edward y yo…


-Lo sé –me interrumpió-, respeto tu decisión, si es eso lo que en verdad deseas.


Cada palabra que pronunciaba, se me hacía irreal cuando llegaba hasta mis oídos. Aún no podía creerlo, no podía moverme.


-Sólo quiero que sepas –continuó-, que yo haría todo para hacerte feliz.


Cuando estuvimos ante la puerta de la mansión, ni siquiera sabía que cómo había llegado, no podía hablar.


El me besó la mano y desapareció en la oscuridad.


Ni siquiera me di cuenta de los pétalos de rosa, que comenzaron a llover a mí alrededor. Hasta que una acarició mi mejilla suavemente, entonces comencé a buscar la fuente. No pude encontrarla, pero al final de la extraña lluvia cayó un pedazo de papel, quité el pequeño pétalo rojo sangre que estaba sobre él y vi unas letras:


Debes darme una oportunidad para demostrar que soy digno de confianza.


Ruslan.


Entré con rapidez en la mansión, con la terrible sensación de ser vigilada.


El amanecer llegó, para entonces Alice ya estaba enterada de lo que había sucedido. Su expresión me mostró su preocupación, y decidí que lo mejor era omitir el incidente con los pétalos, así que sólo arrugué la nota y la escondí en el bolsillo de mi pantalón.


El teléfono me sobresaltó cuando sonó, Alice lo contestó rápidamente.


-Sí, te la paso –dijo antes de darme el teléfono.


-¡Vamos escupe! –exclamó una voz del otro lado de la bocina.


-Buenos días Lissa –dije.


-Buenos días –la escuché decir entre dientes-, ahora que ya fui una niña buena y educada, vamos al asunto importante.


Puse los ojos en blanco.


Alice sonrió y se fue.


Le conté todo sobre el clan ruso, después le hablé sobre la visita de Ruslan, pero nuevamente omití la nota que me había dejado.


-¿Crees que es sincero?


-No –contesté.


-¿Es guapo?


Resoplé.


-¿Qué tiene que ver eso?


-Sólo quiero saber –insistió.


-Es un vampiro –dije como si fuera suficiente respuesta. Sacudí mi cabeza-. ¡Estamos hablando del chico malo!


-No sabemos si es malo –replicó-, además siempre me han gustado los chicos malos.


-¡Lissa!


-Lo siento –respiró profundo-, me controlaré.


-Perdonada –me reí.


-¿Crees que intenten hacer algo? –me preguntó un momento después, escuchándola por primera vez un poco más seria.


Suspiré.


-No lo sé –respondí-, pero espero que no.