Dark Chat

martes, 26 de enero de 2010

Renacer

Capítulo 12: Problemas


Di dos pasos hacia atrás, de manera automática, pero sabía que era imposible salir.


“Te dije que no vinieras” – recordó Alice


“Pensé que estaban en problemas” – contesté, sin despegar mi mirada de todos los vampiros que observaban a Bella – “¿Por qué no fuiste más especifica?”


“¿Es qué acaso no te has dado cuenta?” – preguntó


“¿Cuenta de qué?”


Me miró de forma significativa y no respondió. Me sentí confundido y fue entonces cuando comprendí que no podía escuchar pensamiento alguno dentro de ahí


“¿Qué es lo que pasa?” – inquirí, viajando mi mirada, de un lado a otro, tratando de encontrar alguna voz mental.


“Estamos rodeados por un escudo” – informó una voz femenina. Volví mi rostro para ver de quién se trataba y me encontré con una mujer de belleza exótica, con el cabello largo, negro y sedoso, cayéndole por los hombros de piel bronceada – “Mi nombre es Elizabeth, tu hermana me pidió un segundo para poder comunicarse contigo, y un segundo fue lo que le di” – informó y, no pude evitar gruñirle cuando su negra mirada se centró en Bella – “Me imagino que no has traído a esta humana para ofrecernos una merienda”


“Imaginas bien” – contesté. Su mirada se clavó fijamente en la mía y una mofada sonrisa estiró sus labios


“No te preocupes, no le haremos daño” – prometió – “Al menos, no por ahora”


“No pienso quedarme aquí” – informé, mientras daba media vuelta y me disponía a salir de aquella cueva. Una mano me lo impidió


“Lamento decirte que no puedes irte”


“¿Por qué no?”


“Por que nos arriesgas a todos. No sabemos qué ventajas poseen los humanos. Si te capturan, corremos el riesgo de que se enteren dónde estamos y cuántos somos. Si sales de aquí, solamente será hecho cenizas”


Gruñí fuertemente ante la impotencia. Alice me tomó por el hombro


“Tranquilízate” – pidió.


Viajé mi mirada hacia alrededor. Encontrándome con todo tipo de expresiones que iban desde la burla, la sed, la ira, la apatía, hasta llegar a, unas cuantas, las cuales denotaban compasión. Suspiré profundamente y permití que mi hermana me guiara hacia el espacio en donde el resto de mi familia se encontraba.


Acomodé a Bella sobre el suelo, sin dejar de cubrirla en ningún momento. Se sentó lentamente, al lado de Esme, quien la envolvió con amorosos brazos, al mismo tiempo en que yo tomaba sus manos entre las mías.


“Todo estará bien” – prometí, con voz ansiosa al sentir la tensión en sus dedos – “No tengas miedo. No dejaré que te hagan daño”


“No sabía que los chupa sangre fueran tan sinvergüenzas y mentirosos” – terció una ronca voz


“Jacob, no es momento…”


“Tu mismo te has dado cuenta de cómo la han quedado mirando todos ellos. La has traído al centro del mismo infierno


“¿Piensas que permitiría que le acercaran, si quiera?” – reté


“¿Acaso crees que podrás tú solo?” – una risa completamente ácida salió de su garganta – “Espera solo unos cuantos días más y hasta tu propia familia la vera como lo que es para ustedes: comida”


Crispé mi rostro, sin que lo pudiera evitar, a causa del dolor que aquellas palabras me creaban…


“Eso no pasará” – murmuré, ignorando al licántropo y concentrándome en la humana que temblaba bajo mis manos – “Estaremos bien. Lo prometo”


________________________________________


BELLA POV


“Trata de descansar” – pidió Edward, cuando di un bostezo involuntario. Llevé mi mano hacia su pecho y traté de acomodarme. Cerré mis ojos mientras sentía sus labios posados sobre mi frente – “¿Tienes miedo?”


“No” – contesté, sin pensarlo dos veces


No habíamos hablado mucho. Después de todo, resultaba un poco incomodo, estando rodeado de vampiros y licántropos con un sentido de la audición demasiado desarrollado.


“¿Qué se siente el no poder leer la mente de nadie, por primera vez?” – quise saber. Su pecho se agitó un poco por la risa que salía de sus labios


“Es muy reconfortante y, a la vez, demasiado frustrante. Supongo que estoy muy acostumbrado a husmear en la vida de los demás” – agregó, a modo de broma. Sonreí ligeramente y, después, quedamos en medio de un silencio que me fue arrullando, poco a poco.


________________________________________


“Bella, Bella” – la ansiosa voz de Edward me despertó y, al abrir los ojos, me encontré con una fuerte conmoción a mi alrededor


“¿Qué pasa?”


“Nos vamos de aquí”


“¿Nos vamos? ¿A dónde?”


“Alice ha visto que, dentro de poco, ellos catearan esta parte”


“Los están siguiendo por todas partes” – murmuré


“¿Qué esperabas?” – terció Elizabeth, con voz seca y mirada asesina – “Ellos nos descansaran hasta acabar con nosotros”


Bajé mi mirada, completamente intimidada por la dureza de la suya. Edward me cubrió con sus brazos y depositó un beso sobre mi mejilla


“Te quiero” – susurró


Salimos de aquella inmensa cueva, uno por uno. Edward corría a la par de su familia, íbamos casi al frente de todos. Llevábamos ya varios minutos avanzando, cuando el grito de Alice se levantó por los aires


“¡Nos están alcanzando!”


Las balas comenzaron a escucharse, no supe en que momento nos encontrábamos otra vez completamente rodeados por una inmensidad increíble de hombres armados que no dudaron, ni un solo instante, en disparar hacia nosotros. Mis ojos contemplaron como varios vampiros y licántropos comenzaban a caer, al igual que los humanos que eran atacados por éstos. Edward me cubrió todo el tiempo con su espalda y corrió hacia un sujeto, ensartando sus dientes en su garganta y extrayendo toda la sangre que le fuera posible. Todos los que lograban esquivar las balas, estaban haciendo, prácticamente, lo mismo. Estaban matando dos pájaros de un tiro: se estaban alimentando y, al mismo tiempo, estaban luchando por sobrevivir.


No pude evitar gritar al escuchar un gemido por parte de Edward, bajé la mirada hacia su pierna y el corazón se me detuvo al contemplar como una bala se había incrustado en ella.


“¡Edward!” – exclamé y, con un rápido movimiento, me alejó de su espalda y me lanzó, con exactitud, hacia el hombre lobo de pelaje rojizo


“¡Llévatela!” – ordenó y, antes de que pudiera reaccionar, me encontraba corriendo lejos de él, y de su familia, montada sobre Jacob, en medio de algunos vampiros y licántropos que estaban logrando escapar


“¡Regresa!” – dije una y mil veces más, pero él no me hizo caso. Cuando mi garganta ya no pudo emitir un solo sonido más, me dejé caer sobre el lomo de mi amigo y comencé a llorar sin fin.


Nos adentramos en otra cueva, muy similar a la que nos encontrábamos horas atrás. Mis mejillas estaban completamente inundadas en lágrimas y mi cuerpo se encontraba temblando debido al miedo que corría por mis venas. Jacob desapareció un momento, para después regresar, convertido ya en hombre. Giré mi mirada hacia alrededor y me encontré con varias inmortales pupilas que me observaban detenidamente


“¿Cómo te encuentras?” – preguntó mi amigo, acomodando su cuerpo, de tal forma, que dejaba en claro que él me estaba protegiendo.


“Tengo que regresar con él” - murmuré y, estupidamente, intenté correr hacia la salida de aquella cueva. Obviamente, Jacob me atrapó sin mucho esfuerzo – “¡Suéltame!” – sollozaba, mientras me revolvía en sus brazos


“No, ¡Bella, tranquila!” – exclamó, mientras tomaba mis hombros entre sus manos – “Cálmate, por favor” – pidió, con voz baja


Lo intenté. Juro que lo intenté, más el temblor era quien me tenía completamente controlada. Apreté fuertemente mis labios para reprimir todo el llanto que quería expulsar. Pero comprendí que también había dejado de respirar, por que sentía que el pecho se me estaba comprimiendo fuertemente.


“Edward…” – musité, rindiéndome ante la debilidad de mis rodillas y dejándome caer al suelo.


La cuarta despedida…


Estaba segura que ya no lo iba a soportar. Si él no regresaba… Simplemente yo no iba a resistir a tanto dolor. Los brazos de mi amigo impidieron que me desmoronara completamente sobre la tierra. Por el contrario, me mantuvieron apretada hacia su pecho, lo cual, supuso cierto alivio. Muy pequeño, por cierto


“¡Maldición!” – gruñó, con un susurró y su aliento rozaba uno de mis oídos – “Bella, no sabes cuánto me duele verte así”


“Me voy a morir…” – dije, perdida en mis pensamientos – “Sin él, yo me muero”


“No, no digas eso” – pidió, mientras tomaba mi rostro entre sus manos – “Yo no permitiré que eso pase. Si él no regresa, no estarás sola, yo estaré contigo, yo te protegeré, yo… yo también soy capaz de darte amor, Bella”


A pesar de lo hundida que me encontraba en mi tristeza, comprendí a tiempo lo que Jacob estaba a punto de hacer.


“Jake, no” – dije, débilmente, a causa del llanto, mientras ladeaba mi rostro y sus labios caían sobre mi mejilla


“Yo también te gusto” – aventuró – “Te gustaba antes de que él apareciera”


“Él no apareció, Jake. Él siempre estuvo conmigo. Nuestro amor ha permanecido desde siempre. Es eterno y eso, tú, no lo puedes cambiar” – a mi dolor, se sumó también el suyo. Él jamás tendrá una idea de cuánto le quería y cuánto daño me provocaba herirle.


Bajé mi mirada hacia el suelo, sintiéndome más mal que nunca…


Edward…


Las espesas lágrimas volvieron a caer sobre mis mejillas y se filtraron por mis labios. Amargo sabor amargo que estrujaba fuertemente el centro de mi pecho y martillaba, cruelmente, mi corazón


“Han logrado escapar más” – escuché que exclamó alguien y, con un movimiento automático, alejé mis rodillas al suelo y corrí hacia la entrada.


Sentí como Jacob venía detrás de mí, cuidándome; sin embargo, todo desapareció al tenerlo frente a mí. Era algo sumamente imposible lo mucho que mi existencia dependía de aquel vampiro que ahora se encontraba a menos de un metro de mí, con el rostro cenizo y los cabellos mucho más alborotados de lo normal.


“¡Edward!” – chillé, mientras me lanzaba a sus brazos y me veía bien recibida entre ellos


“Bella” – susurró, mientras mis lagrimas mojaban su camisa malgastada y polvorienta.


Besé todas las partes que me fueron posibles de su pecho y acaricié sus mejillas con mis manos. Dios, cuánto lo amaba. Hasta en ese preciso momento me había dado cuenta en realidad que ese sentimiento, ciertamente, no tenía un límite. Sus ojos negros se clavaron en los míos y, tomándome entre sus brazos, me llevó hacia una de las esquinas del fondo. Detrás de él, pude ver que el resto de los Cullen también habían regresado a salvo y que veían nuestra escena con una sonrisa pintada en sus rostros.


Edward me acunó entre sus brazos, mientras depositaba pequeños besos sobre mi frente, nariz, mejilla, sientes y boca. Cerré mis ojos y me dejé anestesiar por la dulzura de su aliento.


“Nunca lo vuelvas a hacer” – supliqué, antes de vencerme ante el sueño que comenzaba a dominarme – “Nunca vuelvas a alejarme de tu lado”


“Lo siento. Fue algo inevitable” – susurró – “No soporto la idea de que te veas en peligro. No me podría perdonar si algo te llega a pasar. Ya te he perdido una vez, no puedo soportar la idea de que eso vuelva a pasar. ”


“En estos minutos morí con cada segundo que pasó” – confesé – “¿Acaso no entiendes que la muerte arriba a mí cuando no estoy entre tus brazos?”


“Lo siento” – volvió a decir


“Promételo” – insistí – “Júrame que no lo volverás a hacer. Júrame que, pase lo que pase, estaremos juntos”


Tardó dos segundos en contestar


“Lo juro” – aseguró. Después, siguió acunándome, al mismo tiempo que tarareaba mi canción de cuna, muy cerca de mi oído.


Y, entre mis sueños, recordé que él había sido herido, pero, cuando quise despertar, ya no pude.


EDWARD POV


Bella quedó profundamente dormida entre mis brazos


“Edward” – llamó Alice, mientras me lanzaba el morral, que tanto habíamos cuidado durante nuestro encuentro con los humanos – “Cúbrela, la temperatura esta descendiendo”


“¿Cómo sigue tu pierna?” – preguntó Esme


“Bien” – mentí, pues el dolor había incrementado – “Seguramente, para mañana ya todo estará bien”


“La herida tarda dos días en sanar” – informó Elizabeth, con aire ausente – “Será un problema muy grande si nos vemos en la obligación de huir a otro lugar. Sobre todo si vas cargando a esa humana”


“Su nombre es Bella” – recordé, tratando de contener mi voz.


“Demasiado emotiva, la muchachita” – agregó, mofadamente – “Ya veremos cuánto tiempo aguanta entre nosotros. Esperemos que si sea resistente. No quiero ni imaginar el problema que nos causaría un Neófito en estos momentos”


“Nadie ha dicho que la convertiré en medio de esta guerra”


“Esto no se trata de si quieres o no” – atajó – “La comida que traes no es eterna. Tarde o temprano se acabará. Ella se encontrara débil y tendrás dos opciones para entonces: convertirla o dejarla morir”


Bajé la mirada y la centré en la frágil muchacha que dormía, ajena, a todo lo que pasaba. Acaricié su mejilla con mis dedos, las cuales, debajo del polvo que las cubría, se mostraban aún rosadas y suaves.


“Todo saldrá bien” – prometí, por segunda vez, tratando de ignorar todo lo que había escuchado.




**********************************************************************************





Capítulo 13: Exilio


EDWARD POV


Mantenía a Bella, fuertemente, apretada a mi costado. Desconocía si estaba dormida o simplemente mantenía sus ojos cerrados. Su respiración agitada y difícil no cambiaba con ello. Habían pasado ya cerca de dos semanas desde que no salíamos de aquella cueva y…


“Edward” – llamó Alice, con voz preocupada, desde el otro extremo de aquella húmeda y oscura guarida – “No es necesario que te sacrifiques de tal manera, puedes venir aquí, con nosotros”


“Estoy bien” – dije, pero, en realidad, la garganta me ardía como si tuviera un hierro fundido en el fuego dentro de ella. Podía sentir mi lengua y mis labios secos y el amargo sabor de la ponzoña nadaba en mi paladar y llegaba a mi estomago con un penetrante dolor.


El resto de los vampiros se encontraba a varios metros de distancia de nosotros, huyendo de aquel olor humano que les era prohibido. Literalmente, Bella no estaba enloqueciendo a todos. Si no fuera por que los hombres lobos y mi familia estaban de mi parte, dispuestos a protegerla, estaba seguro que, desde hacía ya varios días, no hubieran dudado en atacarla. Apreté mis brazos a su alrededor nada más el imaginarlo. Bella se removió entre ellos y, de manera natural, acerqué mis labios para besar su frente. Me arrepentí al instante. Un involuntario gruñido salió de mi garganta ante el ardor que sentí en ella.


“Edward” – susurró Esme, quien se mantenía abrazada de Carlisle (que era el único que parecía ser el que aún no se sentía perturbado por el aroma de mi novia)


“Estoy bien…” – volví a repetir y, ciertamente, había algo de verdad en mis palabras...


El malestar que sentía por la sed no era nada a todo lo que en un pasado había tenido que soportar al no estar con ella. Un minuto a su lado valía todos los sacrificios habidos y por haber. El problema ahí, la pesadumbre que se reflejaba en mi rostro, no era por el desgarramiento que sentía en mi garganta. Era algo más poderoso, más importante: Era lo que ella estaba teniendo que soportar por estar junto a mí. Su cuerpo no paraba de temblar ytenía días que la comida había escaseado.


Paseé mis dedos por su mejilla, y ella se revolvió en mis brazos, abriendo, cansadamente, sus ojos.


“Edward…” – musitó. Intenté sonreírle, pero al ver la nubosidad en su marida el gesto quedó solo en el deseo. Por el contrario, ella si sonrió y, débilmente, llevó una de sus manos hacia mi rostro, para acariciar mi mejilla.


Era un gesto que siempre hacía, cada vez que se levantaba y me encontraba junto a ella. Era su silenciosa forma de decir que todo se encontraba bien, siempre y cuando estuviéramos juntos. Sin embargo, ¿Podía estar todo bien cuando ella se estaba debilitando, día tras día?


________________________________________


Días después


“¡Ya no podemos soportar más!” – exclamó un vampiro, rompiendo con el silencio que, durante varias horas, se había levantado entre todos nosotros – “¡El aroma de esa chica nos esta volviendo locos! ¡Conviértela o entréganosla, para que podamos alimentarnos!”


“Ninguna de las dos opciones” – contesté, con voz firme, rodeando a Bella, con mis brazos.


El vampiro gruñó fuertemente, mientras se agazapaba frente a mí, dispuesto a atacar. Dejé caer la cabeza de mi novia sobre la tierra y, rápidamente, me puse frente a ella, para protegerla. Mi familia veía todo de manera estupefacta, al igual que el resto de los que se encontraban a nuestro alrededor. No podía leer ninguna clase de pensamiento, pues el escudo de Elizabeth se encontraba presente aún. El vampiro se arrojó hacia mí, propinándome un fuerte puñetazo en la mejilla derecha y otro más en el estomago. Yo también moví mis manos y logré golpearle y aventarle varios metros lejos de mí. No tardó mucho en incorporarse y presencié como otros dos vampiros más le flanqueaban. Emmett y Jasper hicieron lo mismo conmigo, los seis diferentes gruñidos se elevaron por toda la cueva, haciendola temblar.


“¡Deténganse!” – exclamó Elizabeth, completamente furiosa y poniéndose en medio de nosotros – “¡Se están comportando como bestias! ¿Acaso no entienden que no es momento para pelear?”


“¡El problema es él y esa humana que se niega a convertir!” – acusó uno de ellos y su voz fue apoyada por la mayoría de los vampiros ahí presentes – “Llevamos semanas sin alimentarnos. Tenemos sed y, el tener a esa muchachita con su sangre corriendo por sus venas, no nos ayuda en nada”


“No puedo convertirla” – defendí


“No, claro que puedes” – discutió Elizabeth – “Solamente que tu cobardía no te lo permite”


Bajé la mirada hacia mis pies. Era cierto. Era un maldito cobarde. Me aterraba el hecho de condenar a Bella a esta vida de huidas y persecución… ¡Quién lo diría! ¡Un siglo entero esperándola, para estar junto a ella y, cuando la oportunidad había llegado, cuando el aplazamiento había llegado a su fin, una cacería contra nosotros se levantaba! No podía convertirla estando en esta situación… Yo tenía algo mejor planeado para ella: Una eternidad feliz a mi lado, no esto. No podía soportar el imaginar verla, retorciéndose en esta tierra, ante el dolor que mi ponzoña le causaría. No quería ni si quiera pensar en su despertar, el ardor que su garganta sentiría ante la sed que no iba a poder saciar hasta saber cuándo...


“Da lo mismo si la sigues manteniendo como humana” – continuó la vampiro, con voz fría e inexpresiva – “Pero puedo ver que no estas dispuesto a transformarla, por lo tanto, te pido que abandones la cueva, ahora mismo. Se agradecido, te estoy dando una oportunidad de sobrevivir, cuando no debería ser así. Ya antes te había mencionado que todos debemos estar en el mismo lugar, para que no puedan atraparnos, sin embargo, si desprendemos una batalla por esa humana, tu familia te defenderá y no quiero perder más hermanos míos por cosas insignificantes. Así que, por favor, sal de aquí”


Empuñé mis manos a mis costados y apreté fuertemente los labios para reprimir un grito colérico que amenazaba con salir de mi garganta. Elizabeth dio media vuelta y regresó a su antiguo lugar, dando por terminada la conversación. Los vampiros que me atacaron hicieron lo mismo, no sin antes dedicarme una mirada envenenada y una sonrisa mofada. Jasper y Emmett se quedaron a mi lado, un instante más, esperando por mi reacción. Suspiré pesadamente y los ojos me ardían ante el llanto que no era capaz de expulsar. Caminé hacia Bella y la tomé entre mis brazos. Si bien el salir de esa cueva también implicada un grave peligro, tampoco estaba dispuesto a seguir soportando los comentarios despectivos con los que se referían a ella.


“Edward” – me detuvo una pequeña mano, posada en mi hombro, cuando me encaminaba hacia la salida – “Espera, no irás solo”


“Alice” – susurré, al mismo tiempo que veía como Jasper, Emmett, Rose, Carlisle y Esme, se acercaban


“Todos nosotros iremos contigo” – anunció Carlisle


“No es necesario, ustedes…”


“Nosotros somos tu familia” – interrumpió Esme – “Digas lo que digas, no lograras que nos quedemos”


“Gracias” – dije, de manera sincera


“Tengan presente que, si ponen un pie fuera de este lugar, no podrán regresar”


“No te preocupes, Elizabeth” – dijo Rose, de manera fría – “Tenemos claro ese detalle”


“Entonces, no esperen más y váyanse de aquí”


Cuando mi familia y yo pusimos un pie fuera de aquella cueva, el cielo se encontraba completamente oscuro. Emmett era quien encabezaba nuestro grupo y, tras dar una señal para que pudiéramos avanzar, corrimos hacia el bosque.


“No sería mala idea si aprovechamos para cazar” – propuso Jasper


“No tenemos mucho tiempo” – recordó Carlisle – “Los humanos pueden estar cerca”


“Aún así, creo que disponemos de unos cuantos minutos para ello” – terció Alice, regalándome una sonrisa


Nos alimentamos de lo primero que encontramos: Una manada de ciervos, la cual apenas y bastó para saciar nuestra sed. Aceleramos el paso cuando logramos ver las luces de los helicópteros por el cielo, ocultándonos lo mejor posible entre las espesas ramas y troncos.


“Hay que encontrar un refugio, ¡Rápido!” – exclamó Emmett.


Corrimos hacia el sur, en donde nos escondimos en el primer hueco que encontramos en la sima de una montaña. Nos introducimos en ésta y mis hermanos se encargaron de cubrirla con ramas y tierra, para no dejar rastro de nuestra presencia ahí.


“Maldito chupasangre, ¿Dónde te has metido?” – respigué al escuchar aquella voz mental


“Jacob” – musité – mientras me ponía de pie


“¿Qué has dicho?” – inquirió Alice


“Jacob, el amigo de Bella, nos ha seguido. Se encuentra afuera, lo pueden cazar”


“¿Y eso nos debería de importar?” – exigió saber Rose, claramente molesta


“A mi me importa” – contesté, viendo a Bella… Ella lo quería y, ahora que podía leer claramente los pensamientos de los demás, sabía perfectamente que él había optado por renunciar a aquel refugio, solamente, para estar cerca de ella.


Era un detalle molesto, demasiado en realidad, pero que, en el fondo, me hacía apreciarlo. Aquel muchacho era el único que, más o menos, era capaz de comprender el dolor y la preocupación que sentía al ver a Bella enredada en esta terrible situación. Era el único que, compartía, en cierto modo, mi desesperación…


“¡Maldición! ¿Y si los han atrapado?”


“Cuiden de Bella” – pedí, mientras salía en la búsqueda del licántropo


No fue difícil rastrearlo. Nos encontramos, mutuamente, a pocos kilómetros de ahí. Su mente quedó en blanco por un breve instante y, después, solo un nombre se hizo presente en ella


“Se encuentra con mi familia” – informé – “Sígueme, no debemos estar tanto tiempo fuera”


“Que quede claro que hago esto solamente por ella…”


“Lo sé” – admití – “Y agradezco tu preocupación”


Corrimos sin hablar. Después de todo, ¿Qué se le puede decir a quien trata de arrebatarte lo que más amas en este mundo, pero, aún así, no puedes odiarle? Cuando llegamos a la cueva, le indiqué que podía entrar. Rose bufó fuertemente al verlo y no hizo el intento de ocultar lo mucho que le irritaba la presencia de aquel joven de piel morena. Él se acercó a Bella. Yo no se lo impedí. Me limité a darles su espacio – lo mejor que podía aquel reducido lugar –. Presencié como sus manos tomaban las de mi novia, con delicadeza y fervor.


“Bella, realmente eres una tonta” – pensó, con dolor, mientras recordaba algo que yo desconocía, hasta entonces…


El recuerdo de una confesión me inundó la mente, logrando que mis manos se crisparan en un puño al tener, claramente, la imagen de un beso inconcluso. Jacob se dio cuenta de que sus pensamientos habían llegado hacia mi y los bloqueó al instante. Se alejó de Bella y caminó hacia un rincón, en donde se dejó caer con pereza y desgana.


“No deberías de enojarte, al fin de cuentas, ella te eligió… Aunque eso no significa que sea lo correcto”


Sonreí, sin humor, ante sus palabras… ¿Es que acaso ella y yo no estábamos destinados a estar juntos? ¿Por qué siempre el destino se interponía en nuestra felicidad? ¿Era acaso mucho lo que pedíamos? ¿Era acaso que tanto amor tenía que ser castigado de esta manera?... Si es así, solo puedo decir dos palabras: Qué injusticia…


Me acerqué a Bella y acomodé su cabeza sobre mi pecho. Ahora, me resultaba más fácil estar cerca de ella, la sangre de aquel venado me había ayudado demasiado. Aproximé mis labios hacia su frente y la besé. Suspiré pesadamente, ella no despertaba, aunque su corazón seguía latiendo…


“Bella” – llamé, mientras agitaba sus hombros con delicadeza – “Bella”


La angustia me envolvió en sus redes. ¿Qué era lo que tenía que hacer? Ella era demasiado joven aún. Todavía no era la chica de dieciocho años a la cual dejé escapar una vez… sin embargo, tampoco quería esperar y presenciar como, con cada minuto que pasaba, ella se debilitaba más y más… ya la había perdido una vez, ¿Acaso mi cobardía sería la causante de cometer el mismo error dos veces?


“¡Conviértela!” – Dijo aquella voz ronca, situada a pocos metros de mí – “Hazlo. ¿Qué esperas? ¿Tan estupido eres? ¡Tienes la oportunidad de tenerla junto a ti y la desaprovechas como un vil imbecil!”


“Jacob” – susurré, completamente asombrado. Era evidente, en su negra mirada, que no solamente yo sufría


“Se encuentra débil y lo sabes. No hay esperanza en este momento. Los humanos no desistirán en darnos caza y, con cada segundo que pasa, ella se va...”


No contesté y Jacob no dijo más. Me limité a bajar mi mirada hacia el rostro cenizo y adorado. Paseé la punta de mis dedos por sus parpados caídos y las ojeras marcadas y enterré mi rostro en su pecho


“Necesito que me ayudes” – susurré, para ella – “Tengo miedo de no hacer lo correcto…”


Permanecí en esa posición durante varios segundos, concentrado solo en ella, sin ningún pensamiento exterior que lograra interrumpirme. No fue hasta que, un movimiento profundo que su pecho realizó, que levanté el rostro y me encontré con sus chocolates ojos, mirándome fijamente. Nuestras pupilas se fusionaron en ese instante, eliminando todo lo que a nuestro alrededor había. Ella me sonrió y, sin decir palabra alguna, tomó mis cabellos entre sus manos, para jalar mi rostro hacia el suyo. Nuestros labios quedaron a pocos centímetros de tocarse


“Soy tuya, en todos los sentidos que puedan existir” – musitó, casi sin sonido en la voz – “No dudes más. Si estoy aquí, es por que quiero estar a tu lado, por siempre. No importa cuales sean las circunstancias. No importa lo que se venga, todo estará bien si estoy entre tus brazos"


Al terminar de hablar, inclinó su rostro hacia un lado, permitiendo a mis labios la libre entrada a su cuello. Vacilé otro poco más, mientras me perdía en la delicada vena que se presentaba frente a mis ojos. ¿Sería capaz de hacerlo sin matarla?


“Es lo mejor que puedes hacer” – alentó Alice


“Hazlo, Edward” – pidió Bella y, sin pensarlo más, presioné mis dientes en aquella suave y final piel.


Un pequeño gemido se escapó de sus labios, mientras yo luchaba contra la bestia que se encontraba deleitada ante el dulce y cálido sabor de aquella sangre. Apreté mis manos en sus brazos, en un intento de recuperar un poco el sosiego que se negaba a llegar.


“Sueltala, hijo” – indicó Carlisle, con voz paciente – “Recuerda que si no lo haces, la puedes perder”


¡No!--- Perderla no…


El dolor que ese pensamiento me provocaba era suficiente como para apaciguar cualquier otro deseo. Alejé mis dientes de su cuello, en medio de frenéticos jadeos y con los ojos pintados por el rojo de su sangre. Me pasé la lengua por los labios, tratando de saborear las últimas gotas de aquel exquisito líquido que en ellos habían quedado. Mi lujurioso placer fue interrumpido por un desgarrador alarido que se elevó por todos los aires. Volví mi cuerpo y, recuperando la sobriedad de inmediato, me acerqué a Bella, quien comenzaba a convulsionarse por la ponzoña impregnada en su cuerpo.


“Flaca, todo estará bien” – prometí, mientras intentaba mantenerla entre mis brazos y acunarla entre ellos – “Estoy aquí…”


Y, con esas palabras, sus gemidos y agitaciones disminuyeron su intensidad, quedando solamente, pequeños sollozos y débiles temblores. Tomé una de sus manos entre las mías y la apreté fuertemente, en señal de apoyo. Todo quedó casi en un completo silencio, el cual fue roto por el único pensamiento que logré captar.


“Adiós, Bella…”




por fiss mis angeles dejen sus comentarios , no sean malitas . mil besitos
Angel of the dark

lunes, 25 de enero de 2010

El Reinado de la Luna

Hola mis niñas hermosas , ya estoy de vuelta con ustedes , y aqui les traigo un nuevo fic este es la continuacion de Sangre Real esta muy bueno espero les guste y por fiss nenas no se les olvide dejar sus comentarios al final
les mando mil besitos
Angel of the dark
**************************************************************************************

Capitulo 1 .Proposiciones

Fui asfixiada por los delgados brazos de Lissa al llegar al bar.


-¡Eres una tonta! –exclamó-. ¿Por qué no habías venido? ¿Dónde estabas? ¿Por qué no me llamaste? ¡Estaba preocupada!


-Lo siento –dije encogiéndome de hombros-, estaba resfriada…


-¡Desde cuando un maldito resfriado te impide marcar el teléfono! –explotó.


De acuerdo, no había sido mi mejor excusa.


-Ya te dije que lo siento –repetí.


-Espero que no vuelva a suceder –dijo frunciendo el ceño, como una madre que regaña a su hija.


-Sí, mamá –bromeé.


La preocupación de Lissa desapareció de su rostro y nos reímos.


El luna llena estaba a su máxima capacidad, las mesas estaban llenas de Licántropos sedientos, y mis compañeras y yo nos estábamos volviendo locas, con tantas bebidas que nos pedían.


Por lo menos eso me distraía, los problemas que inundaban mi mente se iban, por un rato.


Aún no podía asimilar la declaración de Edward, ni las palabras de Jacob, porque ahora sabía que no era un sueño lo que había dicho, en verdad me había propuesto matrimonio.


-Bella sigues tú –escuché la voz de Jason llamando mi atención.


-¿Qué?


-Dime que bebidas quieres –repitió.


-Oh, sí, prepara una luna plateada y un eclipse lunar –dije, dejando mi bandeja en la barra.


El barman rubio se giró, y comenzó a tomar botellas de colores, había una gran repisa llena de ellas, todas a su disposición.


-¿Te sientes bien? –cuestionó. Traía su agitador en la mano y comenzó a vaciar el contenido de una botella verde en él.


-Claro –dije, sonando completamente insegura.


-¿Somos amigos? –cuestionó mirándome a los ojos.


-¡Por supuesto! –respondí, confundida por su pregunta.


-Entonces ¿Por qué no confías en mí? –preguntó inclinándose sobre la barra.


-Sí confío –dije-, es sólo que no hay nada importante que decir.


El regresó a su lugar y agachó la mirada. Puso dos copas en mi bandeja.


-Ya están, además acaba de llegar tu lobo, no querrás retrasarte para verlo.


Solté una exclamación, la bandeja resbaló de mis dedos cuando quise tomarla. Jason fue más rápido y tomó las dos copas, pero el plato cóncavo cayó hasta el suelo, haciendo un ruido seco al chocar con él.


Avergonzada, lo levanté.


-Gracias –dije extendiendo las manos hacia las copas que traía Jason.


Pero él las apartó.


-¿Qué te ocurre? –preguntó con sus ojos clavados en los míos.


-Muchas cosas, como a todo el mundo –contesté, insistiendo en tomar las copas.


-¿Es Jacob? ¿Te hizo algo?


Gemí.


-Rod me va a correr por tu culpa –dije.


Suspiró y me devolvió las copas.


-Puedo llegar a ser muy insistente –lo escuché murmurar al darme la vuelta.


Esperaba que no.


Entregué las bebidas y me giré para buscar a Jacob. Vi cómo todo un grupo de Licántropos se levantaba de la mesa, para cedérsela, pero él negó con la cabeza.


-Vengo de pasada –dijo. Sus ojos, inquietos, se movieron hasta fijarse en mí.


Me quedé de pie, sin saber que hacer a continuación, pero el si sabía. Caminó hasta mí y me estrechó entre sus brazos.


-Yo… lo que dijiste el otro día –comencé.


-Fue la verdad –dijo con su rostro cerca del mío.


-Ah –musité inteligentemente. Sus ojos estudiaban mis labios concienzudamente. Me puse nerviosa.


-Sé que es difícil para ti asimilarlo –continuó-, después de tantos años de verme cómo sólo un amigo, pero piensa en mi propuesta.


Jacob era mi mejor amigo, y yo sentía un cariño profundo por él, algo que bien se podía convertir en algo más, pero lo más importante, con él no tendría que convertirme en vampiro.


-Sí –me encontré contestando después de un rato-, lo pensaré.


El sonrió.


-¿Me permites hacer algo que siempre he querido?


-¿Qué?


Pero no me dio tiempo de decir nada más, o en este caso de preguntar nada más, sus labios se adueñaron de los míos. Se sentían cálidos y firmes mientras se movían sobre mi boca.


Alguien silbó.


Jacob se separó de mí sonriendo. Giré mi cabeza para encontrarme con Lissa, que me observaba, cuando le devolví la mirada me guiño un ojo.


-¡Ya te habías tardado! –le dijo a Jacob.


El rey de los licántropos, soltó una risa.


-Lo sé –dijo acomodando un cabello rebelde detrás de mi oreja. Se inclinó para besarme la frente-, me tengo que ir.


Lo vi marchar, intentando concentrarme en su espalda y no en todas las miradas lobunas que estaban sobre mí.


Lissa me pasó un brazo por los hombros.


-Tú y yo tenemos que tener una reunión de chicas pronto.


Me sobresalté al ver una figura en la oscuridad, sentada en mi cama.


-¿Qué haces aquí?


El rey de los vampiros se puso de pie, en todo su esplendor, alto, fuerte y con unos ojos dorados hipnóticos.


-Venir a verte –contestó Edward. Vi centellear sus dientes en la oscuridad, cuando sus labios los dejaron al descubierto en forma de una sonrisa-. Lamento haberte asustado.


-Estoy bien –dije.


-También quería decirte lo que siento por ti, ya que creo, la otra vez no fue la mejor ocasión para decirlo –continuó acercándose a mí-. Te amo, Bella.


Estábamos muy cerca, pero nuestros cuerpos no se tocaban, y aún así mi corazón estaba desbocado.


-No espero respuesta, no aún –dijo.


-Edward…


-No quieres convertirte, lo sé –me interrumpió-, pero es lo que soy y es lo que puedo darte. Nada me haría más feliz que te convirtieras en mi consorte, en mi reina. Quiero estar contigo para siempre.


Lentamente colocó sus manos sobre mis hombros, con su mirada fija en la mía.


-Bella –dijo con su aliento sobre mi mejilla-, este es un lugar peligroso, no es seguro que sigas viviendo aquí.


-Pero no puedo mudarme –contesté-, no puedo pagar otro lugar.


-Puedes vivir en la mansión –dijo-, ahora yo tengo que hacerlo, debido a que me he convertido en el rey, ahí estarías más segura.


-¿Contigo? –balbucí, nerviosa.


Sus ojos brillaron y otra vez, apareció una amplia sonrisa en sus labios.


-Había pensado en darte una habitación para ti sola –sus manos se deslizaron por mi espalda, hasta llegar a mi cintura. Me estrechó contra su cuerpo-, pero si tienes algo mejor en mente, estoy dispuesto a escuchar sugerencias.


Mis mejillas ardieron.


-Bella, quería evitar acercarme a ti, para dejarte pensar con claridad –dijo, como si ya se hubiera rendido-, pero no puedo, simplemente no puedo evitarlo. La atracción que ejerces sobre mí es demasiado fuerte.


Sus labios fueron descendiendo desde mi mejilla hasta mi cuello.


-¿Vendrás conmigo? –susurró Edward contra mi piel.


No había nada claro en los pensamientos que embargaban mi mente. A regañadientes me aparté lentamente de él.


-No lo sé –contesté.


-Espero que pronto me tengas una respuesta –dijo antes de unir mis labios a los suyos-, me voy antes de que me arrepienta.


Suspiré, esperando poder dormir.


La noche pasó inquieta, me removí en la cama durante muchas horas, mis ojos se negaban a cerrarse.


El viento mecía las ramas de los árboles, susurrando por las calles esperando poder colarse por cualquier ventana, rendija o puerta abierta. Entró en mi habitación, acariciando suavemente mis mejillas y mi pelo con su tacto frío. Me estremecí.


¿Por dónde había entrado?


Me incorporé, buscando con la mirada el origen. La ventana estaba abierta. La misma que estaba cerrada, justo antes de meterme en la cama.


Me levanté y me acerqué para cerrarla, pero antes de que mis dedos la tocaran el filo mis ojos captaron algo.


Alguien estaba abajo, y me observaba. Una figura masculina, una que no reconocí.


Cerré la ventana con fuerza, y volví a ver, esta vez, detrás del cristal. Pero el sujeto había desaparecido, como si nunca hubiera estado ahí.


Me di la vuelta y me dejé caer lentamente, abracé mis piernas y hundí la cabeza entre mis rodillas.


Había pasado muchas horas sin dormir, probablemente había confundido una sombra…


Lentamente me levanté, convencida de que después de descansar, todo estaría bien.


La mañana llegó muy pronto, trayendo consigo a mi amiga Lissa.


-¡Abre! –exclamó alegremente, golpeando la puerta rítmicamente.


Salí de la cama con dificultad, atravesé mi pequeña sala hasta llegar a la perilla.


-¡Buenos días!


Me escuché dar una respuesta, algo que sonó más que nada como una especie de gruñido.


-Parece que alguien amaneció de mal humor –comentó mi amiga soltando una risita.


-El problema es que ni siquiera dormí –contesté bruscamente.


Lissa se dejó caer en el sofá y me jaló a mí con ella.


-¿Por qué? –preguntó, arqueando una ceja-. ¿Por Jacob?


Puse los ojos en blanco, después de vernos en el bar, no iba a dejar el tema.


-Lo que me hace pensar –continuó sin esperar respuesta-, si él es el rey de los licántropos, y su relación va bien y tú un día te casas con él… ¡Te convertirías en reina!


Tenía el presentimiento de que la mañana iba a ser muy larga.


***********************************************************************************



Capitulo 2 .Protección


Las calles alegres, reflejando el calor matutino de un sol naciente, se extendían ante mis ojos cansados. Parpadeé varias veces antes de sentir el tirón en mi brazo derecho, Lissa me jalaba, obligando a mis extremidades a moverse.


-¡Tienes que salir a ver el mundo! –exclamó.


-Salgo todas las noches –repliqué.


-¡Exacto! –dijo, con el rostro triunfante-. Nunca de día.


Dejé de oponer resistencia, y le permití ser mi guía.


La cafetería parecía acogedora, las mesitas adornadas con manteles de color blanco y un pequeño jarrón con una flor en el centro, se esparcían por todo el interior del local.


-¡Arriba! –escuché a mi amiga exclamar.


En la parte superior, se hallaba una terraza, cubierta de un techo de lona. Varias parejas ya habían tomado posesión de las mesas, pero, para alegría de Lissa, quedaba una en el rincón.


-Un capuchino para mí, y un café negro para ella –ordenó mi amiga, cuando el mesero llegó hasta nosotras.


Hice una mueca de disgusto, y abrí la boca para discutir, pero ella me interrumpió.


-Lo necesitas.


Resoplé.


Pensé con temor, que mi curiosa amiga me cuestionaría sobre mi relación con Jacob, pero no fue así. Cosas triviales se escaparon de su vivaz boca, ropa, zapatos, accesorios y muchas cosas que ella pretendía, un día, darse el lujo de comprar.


Sonreí.


-¡Ja! –exclamó como si me hubiera ganado en un juego-. ¡Logré quitarte el malhumor!


Le saqué la lengua.


-No estamos jugando –le dije.


-Todo –hizo un gesto con la mano, como si quisiera abarcar el mundo-, es un juego, amiga mía, hay que disfrutarlo y lo más importante, estar consciente de que cualquier cosa se vale.


Giré mi cabeza, negando, pero riéndome de su comentario, cuando vislumbré algo o alguien a lo lejos, varias mesas adelante.


Un licántropo solo, que al darse cuenta de mi mirada fija sonrió y me guiñó un ojo. Era de hombros anchos y complexión robusta, alto, con su cabello castaño corto y unos ojos cafés que parecían divertidos. Era guapo, pero no por eso mis ojos seguían pegados a él, sino porque creía haberlo visto en otro lugar…


-¡Al centro comercial!


El grito de guerra de Lissa, me hizo sobresaltarme y girarme en su dirección.


Terminamos dentro de una tienda, el murmullo de la ropa siendo descolgada, llegaba hasta míos oídos como disco rayado repitiendo el mismo párrafo de una canción. Las mujeres, iban y venían fascinadas con tanto colorido y texturas, pero sobre todo, con las ofertas. Los hombres en cambio, se detenían remotamente a observar un pantalón o una camisa, otros, los que sólo venían de acompañantes, lucían un fascinante caleidoscopio de expresiones, que iban de: enojo, aburrimiento, paciencia, hasta interés –aunque este, supuse, probablemente era fingido-.


-¿No dijiste que ibas a esperar a ahorrar un poco más? –le pregunté a Lissa.


-Hablar de tantas blusas y pantalones me ha dejado antojada –respondió ella.


Me reí.


-No estamos hablando de comida –repliqué.


-No –coincidió ella, sin mirarme, mucho más interesada en la blusa verde que la tentaba en la lejanía-, pero es una necesidad física.


-Eres una compradora compulsiva.


Ella puso los ojos en blanco.


-¿Y hasta ahora te das cuenta? –cuestionó-. Vaya amiga que tengo –añadió en broma.


Abrí la boca para contestarle algo, pero mis labios perdieron fuerza al ver una sombra pasar junto a mí, logré ver la espalda del licántropo de la cafetería.


¿Qué estaría haciendo aquí? ¿Nos estaba siguiendo?


-¡Cincuenta por ciento de descuento! –gimió Lissa, tomando mi brazo.


El problema de ir de compras con una persona compulsiva, es que ellos no parecen satisfechos con lo que han perdido de sus bolsillos, sino que hacen gastar a su acompañante también.


Fue así como termine cargando varias bolsas, con ropa, que según mi amiga realzaba mis cualidades y me haría llamar más la atención. Cosa, que por cierto, yo no quería.


Recorriendo el centro comercial con Lissa, éste pareció reducir alarmantemente su tamaño. Ella tenía conocimiento de cada salida, entrada, rincón, tienda e incluso almacén escondido en la amplia construcción.


Nuestra última parada, para alegría de mi cuerpo cansado, fue una nevería. Después de tanta pérdida de calorías no haría daño añadir unas más.


Ahí, estaba, no muy lejos de nosotras.


No era mi imaginación, nos estaban siguiendo.


Pero tras un rápido parpadeó, desapareció, como si la multitud se lo hubiera tragado.


El sol, escondiéndose en el horizonte, nos anunció el fin del atardecer.


Al pie de mi edificio, Lissa se despidió, temporalmente de mí, no faltaba mucho para ir al bar, lo que significaba poco tiempo para descansar.


-¡Nos vemos! –exclamó ella, entrando en su auto.


Me despedí con la mano y me giré a las escaleras, dispuesta a subir.


Un ruido me detuvo.


-De acuerdo –dije en voz alta, con mi voz temblorosa-, se que estás ahí, así que sal y di que quieres.


El licántropo llegó desde la parte trasera del edificio.


-¿No me recuerdas? –sonrió.


Fruncí el ceño, buscando en los rincones de mi mente, cualquier indicio de reconocimiento.


Una imagen se fue dibujando, él sentado en una de las mesas del bar, con otros tres licántropos, él me había preguntado la hora en la que salía de trabajar y me había visto… justo como lo hacía en estos instantes.


-¡Tú! –exclamé. Luego me detuve intentando recordar su nombre y añadí:- ¿Adam?


Sus ojos terminaron de memorizar mi cuerpo y me sonrió satisfecho.


-Como siempre, después de conocerme una mujer nunca me olvida.


-¿Por qué nos has estado siguiendo a mi amiga y a mí? –cuestioné ignorando su comentario.


-Sólo a ti.


-Bien –mascullé exasperada-. Pero ¿Por qué?


-Porque, pequeña mía, me he convertido en tu protector –anunció.


-¿Qué? –sentí como mi mandíbula se desencajó.


-¿No has escuchado? –preguntó con diversión, acercándose a mi-. ¿Quieres que te lo repita al oído?


-¡No! –di un paso atrás-. Es decir, si escuché, es sólo que…


-El rey de los licántropos lo ordenó –me interrumpió Adam.


-Pero –dije insegura-. ¿A ti?


-¿Acaso no me consideras capaz de cuidar de ti? –cuestionó, fingiendo una expresión herida.


-Déjate de bromas y responde.


-Lo de las órdenes se te da –comentó-, supongo que por algo él te escogió.


Lo fulminé con la mirada.


-A él tampoco le agradó la idea –respondió, por fin-, supongo que es debido a mi buena fama con las mujeres –añadió dirigiéndome una sonrisa.


-¿Entonces porque te envió a ti?


-En nuestra comunidad, hay reglas principales, que no pueden ser modificadas –continuó-, y una de ellas es que el más fuerte siempre es el que tiene el poder. Así que podría decirse que yo me gané mi puesto como protector de la futura reina.


-¿En una pelea? –pregunté haciendo una mueca.


-Sí, pequeña mía, pero no fue a muerte –dijo para tranquilizarme-, así que él tenía que escogerme a mí o abstenerse de brindarte protección, y él está muy interesando en que estés a salvo.


-¿Contra quién? ¿Contra el no verdad?


Negó con la cabeza.


-No, contra otros licántropos que esperaban tener el honor de cuidar a su futura –me observó fijamente-, y hermosa reina.


-¿No tendrás problemas si sigues con eso?


-Probablemente, si me acerco mucho a ti, el rey quiera matarme –concedió, pero no parecía asustado. Sus ojos brillaron hacia mí-, pero si es algo que desea la reina, no creo que pueda hacerme nada.


-No quiero –estuve concentrada de conservar mi espacio vital-, ni quiero que me cuides…


-Al igual que el rey, tú tampoco tienes opción –dijo.


Suspiré. Un dolor de cabeza amenazaba con hacer aparición. Me encaminé hacia las escaleras. El licántropo hizo ademán de seguirme.


-Eso no, tú te quedas abajo –dije-, me puedes proteger desde aquí.


Se detuvo, con una sonrisa amenazando en dibujarse en sus labios.


-Puedo llevarte hasta tu departamento cargando –sugirió.


Mis piernas, agotadas gritaban “sí”, pero mi cabeza, más sensata me advirtió que no sería una buena idea.


-No.


-¿Segura? –insistió, sus ojos observaron mis manos-. Esas bolsas se ven muy pesadas.


No sólo se veían, estaban muy pesadas, había perdido buena parte de sensibilidad en mis dedos.


-De acuerdo –me rendí.


Se aproximó a mí y se inclinó, sus brazos queriendo sostenerme.


-No, tú llevas la ropa –le tendí las bolsas-, no a mí. Subes las dejas en el suelo y te regresar aquí.


El no respondió, me siguió y mientras yo abría la puerta el dejó su carga en el suelo.


-¿No me invitas?


-No –dije tomando todo el piso y entrando rápidamente. Pero antes de cerrar la puerta, lo vi descender hasta quedar sentado en el suelo, recargado en la pared cercana a mi entrada-. ¿Qué haces?


-De aquí te puedo cuidar mejor –respondió Adam.


-Pero…


Negó con la cabeza, callando cualquier replica que pudiera escapar de mi boca.


-¿No me seguirás hasta el Luna Llena o sí?


-Sí, pequeña mía.


Oh, no.


***********************************************************************************



Capitulo 3 . Ordenes del rey


Nocturna, la luz plata de la luna se escabulló con elegancia por la ventana, acariciando mi rostro con gentileza, anunciándome que era hora de ir a trabajar.


Un pequeño quejido de frustración escapó de mis labios, expresando la falta de descanso que me consumía por dentro. Me levanté de la cama, mi cuerpo, se sentía mucho más pesado de lo que en realidad era. El suelo frío palpando mis pies sin contemplaciones, logró reanimar un poco a mi cuerpo, que agotado, carecía de convicción.


Caminé hacia el baño, dispuesta a arreglarme, cuando mis pupilas se encontraron con la puerta. Sentí curiosidad por mirar al exterior, preguntándome si en verdad Adam seguía afuera.


Sin poder resistirlo, llegué hasta la perilla de la puerta.


Abrí apenas lo suficiente para que mi cabeza saliera. Adam estaba sentado, recargado en la pared, las piernas cruzadas al igual que sus brazos y los ojos cerrados.


-Adam –musité insegura.


Pero él no se movió. Sacudí la cabeza, era un licántropo no podía estar dormido, ellos al igual que los vampiros no dormían, nunca.


-¿Adam? –insistí.


Ninguna señal de vida.


Preocupada, salí por completo, y me acerqué a él. Ignoré mis pies descalzos, mi short que apenas cubría algo de mi carne y mi blusa de encaje que me hacía sentir muy desprotegida en las noches de invierno.


-¡Hey! –exclamé para hacerlo reaccionar, una de mis manos descendió hasta su hombro, lo sacudí.


Me incliné un poco más.


-Pequeña mía –susurró abriendo los ojos de golpe. Su mano tomó de mi muñeca y tiró hacia abajo.


Con el corazón latiendo con fuerza, por la repentina sorpresa, terminé tumbada sobre su regazo.


-Creí que estabas…


-¿Dormido? –arqueó las cejas-. Los licántropos no podemos.


-Lo sé, pero…


-Logré engañarte –dijo satisfecho.


Fruncí el ceño, molesta. Quería hacerle saber que estaba, muy enfadada, pero Adam ya no prestaba atención a mi cara. Con las mejillas calientes, recordé que mi atuendo no era muy abrigador, y que la posición era bastante incómoda.


-¡Déjame levantarme! –exigí.


Sus ojos, más oscuros de lo que recordaba, volvieron a los míos, después de un momento de duda me soltó.


Me levanté y él hizo lo mismo.


-¿Nos vamos al Luna Llena? –cuestionó.


-Primero tengo que cambiarme –respondí.


Resopló.


-Esperar es muy aburrido –dijo.


-Ya sabes cuál es la solución…


-Entrar –me interrumpió sonriendo-, estoy seguro que adentro sería mucho más… divertido.


-... renunciar a ser mi protector –dije, nerviosa por la manera en la que me miraba.


-No te librarás de mí tan fácilmente


En respuesta, cerré mi puerta.


Atravesé el interior del Luna Llena esperando pasar desapercibida, lo que descubrí tras tres pasos, era imposible. No se podía ser invisible con un licántropo de más de metro ochenta siguiéndote de cerca, muy cerca.


-Tú, te sientas en una mesa y me dejas trabajar –le dije.


-Lo que desees, pequeña mía.


-¡No me llames así! –exclamé.


El sólo sonrió y se dirigió hacia una mesa vacía.


De camino a los vestidores, me encontré con mi amiga, temía por su agudo sentido de la observación, ya que, muy pocas cosas le pasaban desapercibidas. Hoy, en particular, no fue la excepción.


-¿Quién es? ¿Por qué llegaste con él? ¿Y Jacob?


-Una por una –dije.


Lissa tomó aliento y repitió las preguntas, esta vez esperando a que yo las respondiera y así lo hice, después de todo ella ya estaba enterada de la identidad del rey licántropo.


-¡Genial! –exclamó-. ¡Eres importante!


Hice una mueca.


-No me gusta.


Su expresión se volvió de desaprobación, me miraba como si mis palabras fueran una locura.


-¿No te emociona volverte parte de la realeza?


Negué con la cabeza.


-Nunca me ha gustado llamar la atención.


Ella río, su brazo pasó por mis hombros.


-Eres rara, amiga. Pero a pesar de todo te quiero.


Intenté lanzarle una mirada dura, pero mis labios se curvaron hasta explotar en una carcajada.


La música, invitadora, se filtró a todos los rincones del bar. Respetando la oscuridad, luz de colores fríos iluminaba con una brillantez casi nula a los clientes lobunos.


Jason permanecía apartado, mucho más serio conmigo que de costumbre, odiando su rechazo camine a paso decidido hacia él.


-¿Cuál es la bebida? –preguntó, mucho más interesado en la repisa a sus espaldas que en mí.


-Sólo quería saber porque estabas enojado.


Lentamente, observé su cuerpo girar, sus ojos suavizándose al hacer contacto con los míos.


-No estoy enojado –sonrió, con una alegría que no llegó a sus pupilas-, muchos menos contigo.


-¿Pero…?


-Estoy preocupado –admitió.


-No deberías –dije-, mucho menos si es por mí.


Me observó durante unos instantes, creí que estaba a punto de replicar algo, pero cambió de parecer.


-¿Quién es él? –cuestionó.


Seguí la dirección de su mirada y vi a Adam, sentado con una copa entre los dedos, su expresión aburrida cambió cuando notó que lo observaba.


-También me viste entrar con él –musité.


Asintió.


Pensé en contarle la verdad, pero pronto me retracté, a los licántropos no les gustaba que los humanos se enteraran de su forma de organización.


-Un amigo –contesté con mi voz plana.


Jason frunció el ceño, mirando con desaprobación al licántropo.


-El no te mira como si fueras su amiga –comentó.


-Deja de cuidarme tanto, Jason, no lo necesito –le dije con una sonrisa.


-Lo que digas.


Todo había iniciado tiempo atrás, cuando había pasado a ser un miembro más del personal del Luna Llena. En esos días, yo estaba devastada por la pérdida de mis padres, y conocí a Jason y a Lissa. Con ella siempre me sentí muy unida, se convirtió en mi mejor amiga, en parte de una familia de la que carecía. Sin embargo, siendo segunda hija de una familia unida, nunca llegó a comprender el trago amargo de mi soledad. Jason en cambio, reconoció la mirada de melancolía en mis ojos y me brindó su apoyo. Sus padres lo habían dejado en un orfanato de pequeño y nunca llegó a saber de ellos, esa comprensión compartida nos acercó. Lo quería tanto, como al hermano mayor que nunca tuve.


-Me has tenido abandonado toda la noche –se quejó Adam, cuando me detuve frente a su mesa.


-¿Por qué no ha llegado Jacob? –cuestioné.


Sus labios se volvieron una fina línea.


-No vendrá –dijo-, está muy ocupado. Hay muchos problemas en la comunidad en estos momentos.


-¿Qué problemas? –jalé una silla y me senté en frente de él.


Adam me observó fijamente, probablemente preguntándose si era conveniente decirme o no.


-Ha habido dos asesinatos.


Me tapé la boca, evitando que un grito escapara de ella.


-¿Ya encontraron al culpable?


-No, es por eso que el rey está muy ocupado, intenta encontrar al asesino y tranquilizar a la comunidad.


-Pero ¿Ni siquiera tienen una idea de que raza es el culpable?


Adam negó con la cabeza.


-Cualquier creatura, ya sea licántropo o vampiro puede herir a uno de nosotros de la manera en que fueron…


-De acuerdo, no quiero detalles.


-Pero estoy seguro de que fue un chupasangre –dijo Adam, su voz tensándose hasta volverse un gruñido-. Esas cosas no viven más que para la destrucción.


Salí del bar, con más preocupaciones en la cabeza de las que tenía al entrar. Adam me seguía como sombra nocturna, con su mirada pendiente de mis movimientos.


Entonces, lo escuché gruñir, y antes de poder reaccionar ya me encontraba detrás de él.


Unos colmillos centellearon en la oscuridad, retrocedí un poco, hasta que para mi asombro reconocí un hermoso cabello rubio con destellos dorados.


-¡No Adam! –grité justo a tiempo-. El no viene a hacernos daño.


-No tenía intenciones de hacerte daño –dijo Anthony dirigiéndose a mí, lo que no ayudó a calmar al licántropo situado delante mío-. Lamento haberte asustado.


-¿Qué es lo que quieres chupasangre? –preguntó Adam.


-Vengo a proteger a Bella, son órdenes del rey –anunció Anthony.


¿También Edward? Hice una mueca de frustración.


-¿Qué interés tiene tu rey en ella? –preguntó el licántropo.


-El interés de cualquier vampiro por su futura consorte –respondió Anthony fríamente.


-¡Pero ella va a ser la reina de los licántropos! –estalló Adam.


Ambos se miraron fijamente confundidos, y luego su atención pasó hacia mí.


Genial, ahora todo licántropo y vampiro se iba a enterar de esto.


Deseé desvanecerme en la oscuridad.



Que tal  ?? genial no creen dejen sus comentarios mis angeles hermosos , por fisss