Dark Chat

martes, 11 de enero de 2011

Máscara de odio

Cap.22.Isabella Swan

- ¡BELLA!, ¡BELLA!-

Mi cabeza, sin fuerza en el cuello para ser sostenida cayó y se hundió en el agua no me importaba ya que hacía casi dos minutos antes que había dejado de respirar.

La hora de mi muerte había llegado.

Lo último que registro mi cabeza fue el sordo sonido de la puerta del piso de abajo al chocar contra la pared y luego mi nombre en un angustiado grito.

Pronunciado por la voz que no quería oír pero que ni siquiera en mis últimos momentos de vida era capaz de sacar de mi cerebro

La voz de mi propio infierno personal. Mi ejecutor. Mi verdugo.

Mi muerte.

Edward Cullen, irrumpiendo nuevamente en mi vida….para atormentarme.

¿Pero que podía ser peor que ese dolor que me consumía el alma?

¿Porque el hecho de notar que su voz estaba teñida de la misma desesperación de la que fui presa cuando él mismo me mando al diablo hacia que me sintiera casi amada, casi como si esta muerte no fuera la tortura que estaba siendo?

Pero no.

No había amor en mi vida, eso estaba más que comprobado. Sentía dolor en el pecho cada vez que me atrevía a intentar respirar, así que no lo hice, el dolor siguió en aumento, por lo que deduje que respirara o no allí se quedaría, no quería vivir, pero mi cuerpo, por voluntad propia, instinto de sobrevivencia, pensé irónicamente, quería salir a la superficie, pero no podía moverme con desesperación por que las pastas para el sueño habían hecho lo suyo, relajando cada parte de mi pero no mi sensibilidad a todo lo demás.

Morir ahogado era una cosa terrible… sentía que la cabeza me daba vueltas mientras el pecho parecía estarse destrozando…sentía frio. Mucho frio, pero era algo que había buscado voluntariamente.

Así que tenía que soportar todo en silencio.

La muerte.

El dolor en la cabeza, en los ojos, en los pulmones llenándose de agua con una última y profunda respiración, mi corazón también doloroso golpeando en mis oídos y mi pecho como si el si quisiera vivir y quisiera abandonar mi cuerpo para salir solo a flote…tanto como mi cuerpo….y la voz, la voz que creí que se encontraba solo en mi conciencia.

El no podía estar ahí…no tenía por qué estar ahí, como me había dicho millones de veces antes, todo había terminado.

Al menos para mí.

Grite en mi inconsciente rogando por que terminara pronto y tuviera que irme a donde sea que tuviera que ir. Al infierno. Al cielo. Al medio. Algún sitio.

Luego, de un momento para otro todo fue silencio.

Silencio absoluto, demoledor, y oscuridad, como en la peor de mis pesadillas, esperaba que por lo menos tuviera oportunidad de ver a mis ángeles una vez más antes de irme al que considere mi destino cuando entendí la gravedad de lo que había hecho… el infierno por lo que había hecho con mi propia vida.

En mi ingenuidad pensaba que Dios podría perdonar mi acto en pago por todo lo que había tenido que soportar, pero que incauta y crédula era. Eso era menos que posible.

Había enloquecido, eso era seguro.

Pero estar en el mundo de los vivos era una tortura demasiado poderosa como para soportarla y yo, que siempre había puesto la cara para todo en esto, me desvanecí cuando el último castigo cayó sobre mí.

Como si estuviera maldita había perdido lo último y único que me había importado de verdad desde que me separe de Edward. A mis hijos.

Que doloroso podía llegar a ser pensar en su nombre. Porque pensar en ese nombre en esos momentos solo me traía mas oscuridad. Más desesperanza y desolación.

Seguía dando pasos ciegos hacia donde estos me llevaran. Podía estar inconsciente, o Alice podía estarme enterrando en este momento.

¿Que mas daba?

Pasos y más pasos, ¿que más podía hacer?

Ah sí…

Dios…

No pedí por mí…a pesar de todo daba gracias por mi corta existencia, porque había vivido….

Había amado…

Y había muerto…aunque desde principio a fin todo hubiera sido una mentira.

Ore en silencio por la salvación de mis hijos, yo ya estaba condenada, creí estarlo desde el día en que nací. Mi madre no me quiso, me dejo abandonada, estuve a punto de morir bajo manos corruptas, Emmerald, mi primera y única amiga antes de Alice, también se fue, fui el juego de pasar de un hombre que fingió amarme y al final de todo me dejo también… y por ultimo mis hijos.

Querida Alice, espero que me perdones. Espero que no llegues a sufrir por que yo haya dejado de existir, eres una buena persona y te deseo lo mejor en la vida al lado de tu amor, Jasper.

Edward… espero que tengas la vida que siempre quisiste.

Espero que todos consigan la felicidad que a mí me fue negada.

La que me…robaste.

Jacob…. Que feliz hubiera podido ser con el si no hubiera caído en la trampa de Edward.

Cuan diferente hubiera sido todo si me hubiese inclinado un poco por él, no sería totalmente feliz, pero me habría evitado otra humillante decepción como la que tuve.

Una claridad invadió mi espacio personal haciéndome casi daño en los imaginarios ojos. En esta luz tampoco podía ver así que era casi lo mismo que seguir dando pasos en la oscuridad. Luego la claridad fue atenuándose y mis ojos intentaron enfocar en entorno.

Un mareo desconocido me invadió y me di cuenta de que ya no me encontraba de pie sino acostada. Mis ojos estaban abiertos solo a la mitad por lo que intuí que quien me viera desde fuera pensaría que estaba drogada o algo por el estilo, y la luz estaba sobre mí.

- está entrando en paro nuevamente…- murmuro alguien.

-¡CARGA A 200!- decía una voz desconocida y que se escuchaba como si estuviera a mil kilómetros de distancia. Luego sentí que algo parecido a la corriente me golpeaba en el pecho y se distribuía a todo mi cuerpo de manera casi uniforme pero rápidamente.

Un pitido se escuchaba parecido a cuando te encuentras viendo películas y el que está muriendo tiene el pulso muy débil.

-no responde doctor- el pulso sigue descendiendo, lo siento en mis oídos completamente saturados de agua…lo siento en mi cuerpo laxo y cayendo…cayendo…

-¡llame a terapia respiratoria enseguida! ¡La secuencia de reanimación continua…!- la voz estaba preocupada…

Luego esa voz se me hizo un poco más conocida, pero no podía recordar donde la había escuchado antes.

Sentí que alguien me manipulaba los brazos pero no podía sentir que estaba haciendo por que el cuerpo lo sentía y tenía adormecido. Un roce en mi brazo derecho y los ojos, por voluntad propia terminaron de cerrarse. No sabía si estaba respirando o no, no sabía si la sensación de que estaba viviendo todo desde fuera era real o no, no sabía nada…

Esperaba estar presenciando la reanimación de otra persona y no la mía, yo no podía sobrevivir a esto, no podía. Mi propósito debía ser cumplido quería morir y Dios no poda negarme esto. No después de todo por lo que había pasado.

Que no se escuche como un reclamo, pensé rápidamente. No tengo derecho a reclamar nada, pero lo pido Señor, por favor no dejes que me lleven de vuelta…si quedo viva…no podría soportarlo.

Y luego otra vez de pie otra vez. Caminando por el paisaje negro, sin nada que se atravesará y nada que ocurriera. Y luego luz, nuevamente. Solo que esta vez sí estaba de pie y lo que se visualizo ante mi fue un campo. Hermoso, debía admitirlo lleno de verdor y las plantas…

Algo parecido a un golpe volvió a pegarme en el pecho pero lo asocie vagamente a la emoción más que otra cosa, aunque aun así seguía preguntándome si, ya que había muerto, ¿porque tenía que tener emociones y sensaciones?

Era mi jardín, estaba en mi jardín…bueno, en realidad nunca fue mío, era el jardín de la madre de…

Edward… El jardín por el que vele y el que me trajo tanta alegría transitoria. Me acerque dando unos cuantos pasos solo para percatarme de que había alguien allí, alguien vestido de blanco. Enfoque mis ojos en medio de la luz que despedía cada flor de color hasta que pude distinguir formas de cuerpo. Era una mujer…Una niña.

Mire alrededor escuchando los sonidos naturales que rodeaban esta escena tan extraña, extraña por qué no sabía qué demonios hacia allí principalmente por que no veía ese jardín hace meses.

Lo que no reconocía tampoco era a la niña vestida de blanco. Me acerque más para tener una mejor perspectiva pero cuando ella se dio la vuelta y vi el rostro perlado de Emmerald casi me da un infarto, técnicamente ya que según lo que había escuchado, y si se trataba de mi, había tenido un paro cardiaco menos de diez minutos antes.

Di un paso hacia atrás y casi me caigo porque alargue demasiado las piernas para dar la zancada, cuando mire hacia abajo vi que mis piernas tenían menor longitud y…me toque el pecho y las caderas dándome cuenta de que tenía el mismo cuerpo que tenía cuando era de 13 años. Era como si hubiera retrocedido en el tiempo.

Bueno, esto si era algo loco. ¿Pero que mas daba?, sería mejor no hacer nada para saber a dónde me llevaría esto. Devolviéndome hacia donde Emmerald me miraba me acerque hasta quedar casi al lado de ella.

- mira Bella – rio ella señalando una flor particularmente blanca que crecía en medio de los rosales y la cual sobresalía por su color.

-Emmerald…- murmuro mi voz de niña, sin poder creer que me reunía con ella después de que había muerto…y menos con estos aspectos…- Emmerald…- no sabía que decirle, no sabía qué hacer, que preguntar.- ¿eres tú?- bueno, la pregunta era demasiado obvia…-

- Tonta Bella – rio ella otra vez poniéndose de pie lo cual también me sorprendió porque, aunque tenía el mismo aspecto que cuando la conocí su condición decía que no estaba enferma en absoluto como ese entonces. – ven aquí…tenemos mucho que hacer- Dio un par de saltos en mi dirección.

No sabía que decirle, como abordar el tema de nuestra muerte, tal vez ella se había quedado en el limbo y yo la seguía….Dios solo estoy pensando sandeces.

¿Debería decirle que ambas estábamos muertas?

- Emmerald- volví a decir sin poder contenerme – ¿qué hacemos aquí?-

La cara de ella cambio súbitamente a una de seriedad, como si le hubieran asestado un golpe invisible, pero no parecía enfadada conmigo, parecía absorta y muy decepcionada.

- no deberías estar aquí Bella. – murmuro luego de un momento.

- ¿por…que? – pregunte nuevamente sin entender y sintiéndome de pronto tan rechazada como hacía seis meses no me sentía.

- no deberías estar aquí….creí…te pedí que no volvieras atrás…que vivieras….que no volvieras a mirar cuando yo me iba… ¿y ahora estas aquí?- Lagrimas de cristal llovieron sobre los ojos de Emmerald y me sentí tan mal como si hubiera sido yo misma la que hubiese provocado su muerte.

Luego ella cambio súbitamente a como la última vez que la vi.

El dolor que me produjo ver el cambio de su porte saludable al casi moribundo fue algo tan aterrador que me obligue a caer de rodillas y taparme la cara con las manos mientras irrefrenables sollozos comenzaban a brotar de mi garganta y boca.

-lo siento, lo siento, lo siento – lloraba yo mientras entendía de repente lo que ella quería preguntarme de verdad y lo que en su voz parecía estar reclamándome… yo había tenido oportunidad de vivir….ella no. Había dejado el mundo involuntariamente y yo había aportado mi propia muerte.

Si, aunque lo sentía no me arrepentía, de mil amores le hubiera dado a Emmerald mi vida de haber sabido lo que me esperaba…

La mano de ella se poso en mi hombro de manera suave. Yo seguía llorando como la desalmada que era sin sentirme mal por mi sino por ella.

- no llores… has llorado lo suficiente en toda la vida…- dijo con esa voz, la misma voz con la que me dijo que me fuera de su lado y la dejara morir sola.

- pero…- valbucí sin poder contener un hipido infantil de sollozo.

Ella no dijo nada mas, dejo que llorara a mis anchas hasta que me sentí tan seca como una piedra. Luego me hizo levantar el rostro hacia ella.

-Ven…hay algo que debes ver. – dijo ella ofreciéndome la mano para levantarme.

Me puse de pie con la ayuda de ella, así enferma como se veía, venía a ayudarme, solo que aunque parecía enferma sus movimientos seguros y decididos atestiguaban otra cosa, esa era la única diferencia que podía notar.

Me apreté el estomago mientras los sollozos remitían de manera lenta. Se suponía que en la muerte el dolor se iba, pero el mío seguía allí, como si nada hubiera pasado, la tragedia de mi vida seguía atormentándome de la misma manera en que hubiera hecho si hubiese decidido quedarme viva. Seguí a Emmerald por donde me llevaba, sobre la extensión de jardín que conocía bien. Pasando por el mismo recodo donde Edward me había pedido que me casara con él, ahí donde había estado recibiendo su falso beso había otra rosa de color blanco.

No entendía ni esperaba que esas rosas representaran algún tipo de simbolismo, había dejado de creer en muchas cosas desde que había empezado mi lucha contra el mundo que me atacaba. Si, necesitaba ayuda… tenía demasiada autocompasión en mí pero…era algo inevitable.

Después de un rato y cuando estaba a punto de decirle a Emmerald que a dónde íbamos unas puertas blancas de materializaron de la nada, al lado de ellas había mas pasto, era como si estuvieran en medio del jardín pero postradas como si alguien debiera cruzarlas.

Ella las abrió y se puso a un lado para esperar que yo siguiera adelante.

Esto bien podía ser la engañosa entrada al infierno, o al purgatorio. No sabía qué hacer excepto seguir y confiar en alguien por primera vez después de meses. La última traición que podía llegar a soportar era la de Emmerald.

El escenario cambio en el mismo momento en que puse un pie cruzando la entrada blanca. Ahora me hallaba en el mismo baño en donde había perpetrado mi muerte y yo estaba ahí. Mi otra yo. La que parecía contemplar todo desde fuera como un espectador critico.

La mire impasible mientras tomaba una tras otra las pastillas, tomaba el cuchillo abría sus manos y con ellas sangrantes se perdía en el agua.

Luego todo fue bruma y mi visión se hizo borrosa.

Nuevamente aparecí en el jardín solo que esta vez había dos sillas y sentado en una de ellas estaba un hombre al que no conocía, de mediana edad, o eso decían sus rasgos, lo que no podía concordar con la treintena que podía ponerle era la larga y blanca barba que cubría la mitad de su rostro.

- Isabella Swan? - pregunto con voz profunda y de barítono

Asentí sin saber que mas hacer, escuche pasos detras de mí y me di cuenta de que Emmerald había entrado tras de mí y permanecía de pie esperando que me sentara.

Así lo hice mirando fijamente a la persona sentada frente a mí y perdiéndome en la sencillez que parecía emanar de cada poro de su tez.

- ¿que te trae por aquí? -

¿No lo sabía?, podía estar mintiendo. Moví mis manos nerviosamente sin saber exactamente qué contestar y con miles de pensamientos taladrando mi cerebro de manera profusa. El hombre volvió a hablar.

- no deberías estar aquí…tu vida no término en ese baño…-

-yo…. ¿morí?- pregunte sin saber exactamente que preguntar y sin saber qué respuesta esperar, deseando que fuera afirmativa, pero sospechando dolorosamente que no lo seria.

-no… dijo el hombre sonriendo- pero qué cantidad de deseos de muerte tienes en tu espalda muchacha…

- tengo…mis motivos- dije no muy segura.

- ah sí,- volvió a hablar el hombre, era la conversación más extraña que había iniciado hasta ese momento, moría por comenzar a vomitar las preguntas que comenzaban agolparse en mi cabeza.- y si…¿vivieras?- inquirió levantando una ceja de color blanco.

- no tengo nada por lo que vivir…yo… he perdido todo…- confesé con ese dolor en el pecho nuevamente como si me estuvieran dando ahí con una maza.

- es un sonido bastante incomodo el que traes consigo…- dijo el hombre sacudiendo la cabeza con incomodidad.

- ¿que quiere decir con eso?- pregunte sin entender y siguiendo la conversación sin siquiera preguntarle quien era.

- los sonidos de los que tratan de salvar tu vida.- en ese momento me miro tan fijamente a los ojos que sentí que podía leer desde los recodos de mi cerebro hasta las venas de mis pies y dedos.

Esa percepción si me hizo callarme y sentirme algo extraña, como si algo halara de mí en una dirección desconocida.

- no debes estar aquí – volvió a decir el hombre, repitiendo las palabras de Emmerald, mientras chasqueaba los dedos.

El patio volvió a dejar de existir, la oscuridad volvía a reinar, solo yo estaba iluminada... y luego el estaba de pìe y yo también y el estaba de pie al lado de un par de cunas de color blanco parecidas en muchas cosas a un sueño, una pesadilla que circundo mi cabeza una vez.

El horror volvió a hacer que retrocediera sin miramiento cuando él empezó a mecer a lo que sea que hubiese en cada cuna arropado con sendas cobijas.

Los bebes que tenía a su lado…que de repente se me antojaron tan parecidos a los míos, al menos como lo debieron ser si hubieran nacido bien.

Las lágrimas ahondaron mis ojos otra vez… ¿que era todo esto?

- pero…pero...- las palabras no salían, no salían por que no podía pronunciarlas, esto era demasiado extraño para ser cierto, y ni sabia si era cierto o no.

- no debes preocuparte. Ellos están bien Tu por el contrario…no debes estar aquí…- seguía diciendo eso y yo seguía perdiéndome más en la confusión.

-¿que es este sitio?- pude preguntar antes de ahogarme en la tristeza.

- es la o del mas o menos, el slash en la mitad de cada palabra, el espacio existente entre todo, el ni aquí ni allá…- por su tonada bien parecía que podía seguir definiendo con símiles qué era ese lugar en donde nos encontrábamos en ese momento.

- y… ¿que hago aquí? – la primera pregunta que debí hacer.

- francamente no lo sé…yo custodio las puertas blancas y tu…no puedes cruzarlas si llevas consigo esos sonidos…técnicamente estas viva y no puedes cruzar si lo estas…

No entendí ni papa, pero decidí echar atrás mis sollozos y preguntarle lo que me parecía más importante en esos momentos.

- esos…son mis…mis…- no pude pronunciar la última palabra.

-si…son unos bebes muy interesantes…te quieren aquí…pero al mismo tiempo quieres que vuelvas…

¿Qué?...no… ¿mis hijos también estaban rechazándome?...

- no…no lo están haciendo…- dijo leyendo mis intrincados pensamientos - pero debes volver porque….no mereces morir…-

Eso no lo sabía a ciencia cierta, pero no ahonde en el asunto, como había pensando antes, tenia cosas más importantes que atender….

- no…puedo quedarme con ellos?- pedí en voz baja

- no – negó el rotundamente - lo siento. Tú debes volver…

- no tengo a nadie…a nada…mis…amigos sabrán como superarme…- rogué apasionadamente comenzando a sentirme tan mareada como cuando estaba en la tina muriéndome

- nadie los menciono a ellos…tu estas destinada a una persona…y debes volver de inmediato o serás oficialmente declarada muerta y las consecuencias serán severas… te estamos dando la oportunidad de no ser parte de…el infierno…-

- espera por favor, ¡por favor!- rogué dando un paso hacia él, no se movió de su sitio – ¿quien eres? ¿Porque tienes a mis hijos?-

- no…recuerdo mi nombre, aunque muchos lo han preguntado…creo que nunca lo he dicho realmente. -

- todos lo saben e igual no lo puedes decir – murmuro Emmerald detrás de mí.

Me había olvidado olímpicamente de su presencia, pero me di la vuelta para mirarla y ella me miraba a mí.

-¿que hago?- le pregunte esperando que me diera una respuesta que fuera coherente…me volví hacia el "sin nombre" cuando Emmerald susurro detrás de mi…

-despedirte –

Repentinamente supe que debía volver, pero no entendía de donde salía tanto empeño si al fin y al cabo lo que había hecho era luchar para morir, ¿qué podía llevarme de vuelta a todo el sufrimiento que había vivido…?. Me acerque al "sin nombre" y me incline para quitarme un poco de estatura y poder mirar a los bebes.

Que hermosos eran…ambos de cabellos cobrizos como los de Edward….color de piel como la de Edward…

El de la derecha abrió los ojos y los fijo en mi…mis mismos ojos me devolvieron la mirada de manera inocente y trágica a la vez…las lagrimas seguían desbordando mis ojos mientras la pequeña manita se levantaba de esas mantas blancas y suavemente dibujaba el trazado de mi nariz.

-apresúrate - murmuro el "sin nombre", su voz me golpeo como un latigazo enorme.

- perdóname Samantha- susurre mientras la bañaba en mis lagrimas…- siento no haber sido más fuerte…haber sucumbido al deseo de muerte….perdóname…-

Samantha desapareció en cuanto murmure el ultimo perdóname, esta vez me volví hacia Samuel quien hizo exactamente el mismo movimiento que su hermana…solo que sus ojos, a diferencia de los de ella, manaban de color amarillo verde…tan parecidos, tan iguales a los de su padre….

Y desapareció…el sin nombre me miraba con compasión pero yo no necesitaba eso, deseaba desaparecer con ellos.

- Tu destino es vivir Bella. – dijo él mientras retrocedía…- encontraras que tu amor por tus hijos te ha salvado de una condena muy alta…ya te dije a donde irías si no regresabas…

No dije nada, la voz se me había ido y no sabía que hablar.

La luz se fue dejándome a oscuras. Solo se venía un pequeño cuadro de claridad al que corrí sin dudarlo esperando, por fin, conseguir el poco de paz que siempre quise….desde que nací.

Un sonido tenue, constante y bastante molesto penetro por mis orejas de modo claro y altamente doloroso.

Tenía los oídos sensibles y ese ruidito, como de pasos estaba haciendo lo suyo conmigo.

Intente abrir los ojos pero me resulto tan pesado que pase de la tarea a cambio de tratar de mover el resto de mi cuerpo. Mis manos no respondían como tampoco lo hacían mis piernas.

Intente forzar a mi memoria para lo que había ocurrido, pero no podía recordar nada que no fuera tener a un par de pateadores dentro de mi barriga…

Qué extraño…me sentía extrañamente vacía, sin peso como si…ellos ya no estuvieran allí, intente inhalar pero me di cuenta de que algo estaba obstruyendo la entrada de aire a mi garganta…aun así estaba respirando solo que con la cadencia equivocada….

Desesperadamente comencé a mover mis brazos y manos para tratar de sacarme esa cosa tan incómoda que estaba comenzando a ahogarme…mis manso seguían sin responder, mi cuerpo se movía, despaciosa y pesadamente pero se movía. El pitico insistente comenzó a sonar más rápido, como atestiguando mi desesperacion por respirar con normalidad. Seguí retorciéndome contra la cama esperando que la lasitud de mis miembros se resolviera antes de que el aparato que tenía en mi boca y garganta terminara por ahogarme. Apreté los ojos con fuerza preparándome físicamente para abrirlos y lo que estuviera frente a mi me diera la cara.

Abrí los ojos, pero estos se encontraban tan pesados como el resto de mi cuerpo, aunque seguía liviana.

Quise gritar por ayuda, pero lo que tenía en la garganta me hizo admitir que no podría pronunciar ni un suspiro. Decidí quedarme quieta mientras el tórax se me expandía sin voluntad llenando de aire mis pulmones sin yo ordenarlo. Que incomoda sensación de llenura, mis respiraciones, seguramente, no eran tan profundas.

Seguí quieta mientras la lasitud se iba tan lentamente como una tortuga con muletas, intente levantar mi mano para tocarme la panza y acariciar a mis hijos cuando algo parecido a una sensación de presentimiento me asalto.

No, la última vez que fui consiente estaba tan liviana como ahora, como si algo hubiera sido arrancado de mi ser sin más preámbulos.

¿Que era esa extraña sensación?

Ya basta con que algo más respire por mí. Volví a sacudirme sin pronunciar palabra, necesitaba respirar por mí misma.

- hay que sedarla- murmuro una voz que creía haber escuchado antes, como si conociera de algo al portador.

Forcé a mi memoria a conectarse con el pasado pero vagamente la podía asociar a algo que estaba en un hospital…un hospital…. ¿conocía yo este hospital?

Algo parecido a un piquete me "pico" en el pliegue del brazo derecho y la lasitud volvió por más que intente luchar con ella. Con ella llego la inconsciencia otra vez.

Risas, muchas risas de niños pequeños perlaban mis oídos, no sabía cuánto tiempo había pasado pero bien esperaba que no muchos…aun tenía que tocar a mis hijos.

Unas imágenes no pedidas comenzaron a plagarme la mente, de manera intermitente pero clara.

Donde estaba Alice? ¿Y su novio? ¿Porque estaba aquí?

Hacía seis meses… unos meses atrás había tenido…

Edward.

Poca claridad ofreció el hecho de recordad que era Edward cuando no tenia sino…imágenes vagas de el… ¿habíamos...?

Ah sí….Edward era él…

"¿no entiendes? que bien, me dejaras explicártelo, de repente me encuentro muy cansado de ti como muy bien lo supusiste ese día que me acosté contigo. Estoy aburrido y quiero acabar de una vez con todo, y que crees, me has dado una perfecta razón para hacerme entender que también te aburrías conmigo, así que te estoy abriendo las puertas."

Esa cantidad de palabras penetraron por mi conciencia en el mismo momento en que comencé a respirar y me di cuenta de que no tenía la obstrucción en la garganta, más bien algo me estaba haciendo presión en el pecho mientras la cabeza terminaba de llenárseme de recuerdos vagos y precisos a la vez de quien era Edward y el impacto que había tenido en mi vida.

Y en medio de la inconsciencia por que antes de que pudiera evitarlo volvieron a pincharme el brazo, me aferre a lo que mi cerebro estaba tratando de mostrarme tan soberanamente…yo estaba en un hospital….porque había…. atentado contra mi vida….

¿Pero qué locura había hecho?... ¿como podía haber hecho lo que hice si…tenia a mis hijos…?

Pero no podía tocarme el vientre para corroborar que así fuera.

Quise llorar cuando finalmente pude recordar cada retazo de la última conversación que había tenido con Edward y cuando recordé los motivos que me habían llevado a…

¿Porque?, ¿porque había tratado de suicidarme…?

Finalmente pude abrir los ojos sin nada que me lo impidiera más me quede quieta por si algún sinónimo de movimiento alertaba a quien fuera que me pinchaba el brazo quien parecía deseoso que me quedara en la inconsciencia. Mire a cada cosa que me rodeaba sintiendo súbitamente como si hubiera acabado de salir de un útero, como si el mundo que viera fuera nuevo y debiera aprender desde caminar hasta mirarme.

Al menos todas mis extremidades funcionaban, hace un repaso mental de todas ellas mandando órdenes de movimientos sencillos desde mi cerebro. Todos los músculos parecían funcionar bien.

Quise comenzar a gritar, quise empezar a pedir por información fuera la que fuera, necesitaba saber de todo… pero aun me sentía demasiado soñolienta para hacerlo, aun sentía la fuerza de lo que sea que me pusieran viajando por todos mis tejidos y aunque podía sentirlo todo, apartemente todo no me podía sentir a mí.

Mire hacia el techo blanco de lo que parecía ser la habitación en la que me encontraba. Otra vez volvía a sentir los parpados pesados y con ganas de dormirme pero algo me mantenía atada a la realidad. Tal vez era mi deseo de saber de una vez por todas que era lo que habia pasado y que dejaran de mandarme al mundo de los sueños cada vez que se les diera la gana.

Seguí mirando hacia el techo encontrando fascinantes y a la vez obtusas imágenes en el. Casi quería levantar las manos y apartarlas de un tirón para comenzar a hacer diseños de mi propia creación.

Mis miembros nuevamente se quedaron laxos cuando lo que me mantenía quieta volvió a vagar por ellos, debía salir de allí pronto pero primero debía descifrar los dibujos del techo….

- señora Cullen? – pregunto una voz cerca de mi oído pero no pude direccionar mis ojos hacia él. Podía sentir que de haberlo deseado realmente mis ojos responderían, no había nada mal con mi cerebro excepto tal vez que definitivamente me había vuelto loca y los dibujos en el techo me parecían más interesantes que cualquier cosa que se me pudiera atravesar , parecía que me había vuelto niña otra vez…pero era imposible.

Una luz, como de linterna ilumino mis ojos, y con esta novedosa recepción casi pude sentir como mis pupilas se contradilataban para alejar esa luz.

El hombre que hablaba me puso algo frio y redondo en el pecho, solo tuve percepción de su temperatura, luego con un pequeño martillo comenzó a pegarme en las articulaciones de las rodillas, ambas saltaron voluntariamente, por lo que dejó de hacerlo.

Quise decirle que me dejara tranquila y que quitara lo que sea que había hecho que me tuviera en este estado, quise hablarle y preguntarle en donde estaban mis hijos, y porque me sentía tan vacía como si ellos no estuvieran aquí.

Era como si supiera que algo les había pasado, algo malo, pero me negaba a indagar mas allá de los dibujos…aquellos que curiosamente estaban tomando la forma de dos bebes hermosos.

Loca.

¿Había perdido la cabeza?

Si, podía ser.

Debí volverme a quedar dormida por que cuando volví a abrir los ojos la luz detrás de la ventaba se hallaba más oscura…y los dibujos en el techo seguían siendo los mismos…de niños. Los mire fijamente hipnotizándome con la perfección de sus formas, recordando vagamente haberlos visto una última vez en sus cunas al lado de un barbudo que no conocía… debía ser algún tipo de medico excéntrico, yo que sabia…

Unos pasos lentos, largos y pesados doblaron su sonido hacia mis oídos, súbitamente alerta, como si de alguna manera esa parte de mi cuerpo reconociera la cadencia de esos pasos. Un olor también demasiado conocido, a loción de hombre también entro por mi sentido del olfato trayéndome una esencia que no había olido en mucho tiempo pero que, sin embargo, cada parte de mi cerebro conocía como si la hubieran marcado con fuego…

Esta vez, como si ellos ahora también tuvieran voluntad propia, se volvieron a mirar a quien sospechaba, por todo lo que había identificado, era el portador del olor. Los mantuve quietos en su rostro…demasiado perfecto, masculino y tenso de algo parecido a la preocupación mezclado con la ansiedad…bebí esa imagen como una sedienta en un desierto, como si esta pudiera darme alivio aunque algo, muy en el fondo de mi sabia que él no era alivio para mí en absoluto…no era ningún alivio…mas bien era algo malo…demasiado malo… ¿donde estaba mi memoria?

- ¿Bella?-

Oh Dios!

Esa voz, había soñado con esa voz miles de veces, ello estaba mi memoria saludándome, trayéndome mas y mas imágenes recuerdos de esa voz y lo que había vivido con ella, mis ojos no podían desprenderse de el por qué temía que hubiera tres y no dos personas en esa habitación, temía haberme vuelto loca de remate…

El dio más pasos hacia mí, y quise pedirle que se detuviera, que no se acercara, que no me mirara así como lo hacía, pero sentía que no podía pedirle nada porque yo misma estaba mirándolo con demasiada fijeza para ser educada.

Podía ver cada arruga de preocupación de sus ojos cuando se inclino lentamente sobre mí, podía contar cada cabello que crecía de color cobre en su cuerpo cabelludo, podía ver cada poro de su límpida piel deseando poder tocarlo pero refrenándome de hacerlo por que tenía miedo…el me producía miedo…el había hecho algo conmigo….algo imperdonable…aun tenía que recordar que era. No podía apartarlo, esa cercanía me ayudaría a recordar porque sentía que él era peligroso para mí…

Sus labios me besaron la frente, estaban fríos y tensionados como si los hubiera tenido apretados demasiado tiempo… cuando sus labios hicieron contacto más imágenes y recuerdos comenzaron a acentuarse en mi memoria.

Yo había besado a este hombre…lo había abrazado… lo había…

-Bella…- dijo él con voz baja, pronunciada y ronca. – no sabes cuánto… cuanto… me alivia que estés bien, cuanto necesitaba verte…sentirte…- volvió a besarme y yo me comencé a preguntar acerca de esa necesidad que describía, esa misma que parecía sentir en el interior de mi cuerpo de una manera anodina y a la vez nada pacifica. – te amo… te amo…

Alguien más entro a la habitación mientras el se erguía y yo seguía mirándolo mientras las imágenes mas oscuras comenzaban a obrar claridad en mi cerebro, que me decía que no debería haberlo dejado acercarse tanto…el era Ed…Edward…

Mis ojos aunque abiertos no pudieron evitar que mi mente retrocediera al día cuando lo vi por última vez… cuando casi sentí haber muerto en vida…

-¿como lo conseguí? veras querida, resulta que conozco gente a la que le gusta descubrir a las lombrices tramposas y mira que nos hemos encontrado aquí…a la mas rastrera de todas.

Era como si alguien estuviera describiéndome la escena en el oído de tanta claridad con la que la recordaba…el dolor era el mismo…la sensación de pérdida y decepción…. Podía haber sido esa la razón de mi muerte….no aun tenia a mis chicos… ¿donde estaban?

- - Edward, eso no es…esto no es…-

Yo….era yo…mi voz se oía desesperada…necesitada…pero era una voz que no podía reproducir en esos momentos….no podía hablar…temía que si lo hacía comenzaría a morirme nuevamente en el mismo momento en que abriera la boca…

- no es… me parece que más bien es, es todo lo que necesitaba para desenmascararme de verdad y a ti de paso. No quiero volver a verte

- - no entiendo…-

- - ¿no entiendes? que bien, me dejaras explicártelo… de repente me encuentro muy cansado de ti como muy bien lo supusiste ese día que me acosté contigo, estoy aburrido y quiero acabar de una vez con todo, y ¿que crees?, me has dado una perfecta razón para hacerme entender que también te aburrías conmigo, así que te estoy abriendo las puertas -

Estaba hablando de Jacob…ahora lo comenzaba a recordar… pensaba que teníamos algo y yo había tratado de explicárselo.

- - no es lo que crees –

- - creo que te voy a confesar una cosa ¿sabes porque me case contigo? Hace 19 años nació en el Hospital Estatal una niñita sin padres ni nada por el estilo, vivió hasta los dos meses en ese hospital. ¿Y qué crees? Un medico cualquiera, que resulta ser mi padre, se encuentra conmovido por su falsa carita de ángel, y le asigna dinero a esa chiquilla incluyendo unas miserables acciones de ese mismo hospital, del que era dueño, acciones que al pasar el tiempo se vuelven dinero en efectivo, mucho dinero. La chiquilla desaparece, para aparecer a los trece años en un orfanato. Desaparece, vuelve a aparecer cuando tiene 18 años y me entero de que mi padre heredo a la zarrapastrosa con dinero que es mío.

Ahí estaba la razón por la que mi instinto quería que me alejara de el…el me había besado…habíamos estado juntos…y me había destruido y usado de la peor manera posible.

- me encuentro con que si quiero acceder al dinero que por ley me pertenece tengo que encontrar a esa niña y hacer que se case conmigo, hacer que firme unos papeles en donde me cede, como esposo, todo el dinero que mi padre le heredo y del que no sabía nada, no habiendo otra opción decido traerme conmigo a la zarrapastrosa a vivir a mi casa y hacerla mi esposa durante el tiempo en que las implicaciones legales así lo estipulan, ahora cuando se cumplen tres meses de casados el documento es válido, yo tengo todo su dinero y ella quiere irse a pasear a un perro. Es una linda historia, ¿verdad?…. en realidad esto ese aburrido para mí. No soporto la idea de estar contigo un día más. Ni andarte repitiendo lo que pareces haber asimilado con la suficiente rapidez.

A alguien, en algún momento de esa inconsciencia le había prometido no llorar, pero no pude evitarlo porque mi mente traía los recuerdos como si me lo hubieran acabado de echar todo encima y era demasiado difícil de soportar, como lo fue contener el nudo en mi garganta que exploto en un doloroso sollozo elevándome el pecho e manera alarmante. Era demasiado doloroso, casi como si….

- sal de aquí en este momento o me veré obligado a llamara a seguridad –

Mis hijos…donde estaban mis hijos… mas recuerdos continuaban cayendo sobre mi pero una sola cosa permanecía en mi mente, una que iba mas allá de Edward…donde estaban ellos?.

- ve a llamar al médico Emmet…- dijo una voz femenina, la que segundos después reconocí como la de Alice.

Mire a Edward por unos momentos, ya que mirarlo era tan doloroso como recordar lo que me había hecho, había tal expresión de dolor y tortura en su rostro que por unos segundos, solo por un segundo me sentí conmovida…pero todo pasó a segundo plano. Comencé a retorcerme en la cama mientras mis manos buscaban afanosamente la curva de mi vientre inexistente, y en medio de eso comenzaban a halar todos los cables a los que estaba conectada.

- - Bella… cálmate –

Ni siquiera la cadencia calmante de esa voz femenina consiguió realizar lo que me había pedido, no podía calmarme ya había estado dormida demasiado tiempo. Si esas cosas que se conectaban a mi eran las causantes de estar dormida pues hacia bien en quitarlas.

Unos momentos después entraron cuatro personas a la habitación el que parecía ser más grande y quien me pareció más conocido me miro a los ojos como pidiéndome el silencio pero seguí retorciéndome contra lo que me mantenía sujeta sin esperar nada más que salir de ahí a buscar a mis hijos….

El resto eran enfermeros los cuales comenzaron a sujetarme mientras el mayor de ellos se acercaba con una aguja…

Mi silencio bocal continuo, quería gritarles que pararan, que no me hicieran eso por favor, que no tenía la culpa de nada, pero mi boca permaneció cerrada, porque en el fondo sabia que nada iba a conseguir…había vuelto…pero había vuelto para seguir sufriendo… me quede quieta de repente entendiendo que era lo que querían calma…calma…calma…

Comencé a tararear una nana para mi mente mientras la fuerza que me sujetaba comenzaba a flojearse y el personaje de la aguja, quien parecía querer estar en cualquier otra parte menos aquí, comenzó a alejarse…parecía que si intervención no sería necesaria….pero deposito el contenido de la aguja de lleno en la bolsa de suero a la que estaba conectada…

Me quede mirando el techo, lo único que me ofrecía tranquilidad. Pero ya lo sabía todo…ya lo había recordado todo…excepto a mis hijos….por los cuales planeaba averiguar tan pronto como estuviera sola.

Lo que sea que me hubieran puesto hizo lo suyo, seguía concentrada en el techo pero solo la mitad de mis ojos estaban abiertos. Y luego volví a dormir.

Soñé que estaba en un estrado, de esos en los que se juzgaba a los presos, los que había tenido oportunidad de ver esporádicamente en las también esporádicas películas las que alguna vez había asistido. A mis oídos llegaban las voces casi censuradas, y casi entendibles de los que supuse que estaban rodeándome, aun seguía grogui y estaba más dormida que despierta, que fuerte era lo que me daban que me desconectaba del entorno incluso más de lo que normalmente pude hacerlo cuando dormía de corrido.

Aun seguía sin poder calcular cuánto tiempo pasaba entre cada retazo de conciencia que tenia, podían haber pasado años desde la última vez que desperté, podía ser una anciana cuando finalmente el letargo terminara por irse de mi cuerpo. Estaba angustiada, si, pero físicamente no podía mostrar mi angustia…solo podía retorcerme en la cantidad de recuerdos que estaban pasando por mi cabeza todos relacionados con mi intento de suicidio y con el hecho de que algo muy grave había pasado, algo que me negaba a creer pero que sin embargo sabía que estaba ahí, aun no podía recordar que era y eso era lo más frustrante, era como si mi propio inconsciente se negara a creerlo…

Después de más y más tiempo sentí que volvía a tener dominio de mi cuerpo nuevamente. Era una sensación lenta y a la vez esperanzadora por qué pensaba nuevamente en las mil maneras en la que se podía evitar ser drogada de nuevo. Intente sacudir mi cabeza la cual respondió de manera autómata, pero la estaba moviendo lo que me confirmo que mis actividades motoras estaban recuperándose nuevamente.

Cuando abrí los ojos enfoque el conocido techo solo que esta vez, sobre el no había ni dibujos ni nada que se le pareciera, oscuridad si había esa que luego se fue transformando en luz y luego en la tenuidad de mi habitación, la misma que había visto la última vez que estaba despierta…

- Ah, esta despierta…qué bien…eso lo hará mucho más interesante. –

La voz penetro por mi conciencia como lo hacían las de todos los demás, trayendo consigo recuerdos a mi memoria que estaba tratando de aferrarlos todos. Pero esa voz, tal como la de Edward solo me hablaba de cosas malas, cosas que no debieron pasar pero que, sin embargo, ocurrieron, y todas ellas eran tan dolorosas como si una aplanadora pasara una y otra vez sobre mí.

Esta persona que hablaba me había causado un daño casi irreversible. Mis peores temores se confirmaron cuando mis ojos retrocedieron hacia la derecha y enfocaron al hombre que se inclinaba sobre mi…tenia cara de…me daba pena admitirlo pero parecía un ratón, y en medio de mi temor me entraron unas estúpidas ganas de reír, pero de alguna manera conocía sus intenciones, para este hombre me había convertido en una obsesión desde que me negué a tener relaciones con el de manera voluntaria…

Acaso había sido salvada para que el me matara, podía seguir siendo todo así de injusto…pero bueno que sabía yo de justicias de la vida…

Mi boca se preparo para gritar pero en el momento en que sentía el temor terminar de inundar cada parte de mi cuerpo, mi voz retrocedió como si ella mandara…como si el gritar no fuera a ser suficiente, porque no lo seria, si esa almohada que se veía tan burdamente letal en las manos de ese hombre tenía la intención de ahogarme mi voz no serviría de nada. Estaba segura que la expresión de mi rostro no cambio, pero el centro de mi cuerpo, mi corazón se apretó con angustiante resignación…

- ya que no me diste tu apreciada virginidad… me darás tu vida…maldita perra…

Yo escuchaba sus palabras pero no podía actuar más que quedarme quieta esperando y rogando porque algo pasara, algo diferente a lo que el había planeado para mi, ya conocía la sensación de ahogamiento y aunque no temía a la muerte, temía a esa particular manera de morir.

Mis manos actuaron como protección involuntaria tapándome el rostro aunque seguía sabiendo que no servía de nada. Pero mis oídos captaron un movimiento diferente a lo que debió ser el hecho de que Ben…el desgraciado y desventurado Ben me plantara una almohada en la cara.

- ¡APARTA TUS MANOS DE ELLA, CABRON! –

Después de escuchar esa explosión de palabras y sonidos de lucha no pude quitar mis manos de mi rostro, era demasiado ruido para que mi recién encontrada tranquilidad lo lograra asimilar. Quería salir de ahí, quería irme lejos y no enterarme de nada mas, quería saber tantas cosas…

Estuve escuchando los sonidos por varios minutos cada vez más desesperada por salir corriendo pero sin lograr que mi cuerpo respondiera del todo, hice un intento para sentarme pero caí pesadamente contra la almohada mientras escuchaba el sonido de puños y gruñidos con gemidos….

- DETENGASE MALDITO, SOY AMIGO DE BELLA -

Amigo…no eso era imposible, si él fuera mi amigo yo no tendría pánico de mirarlo a la cara… no me hubiera sentido tan miserable y vulnerable como unos minutos antes…

- Se quién eres, pedazo de mierda inservible…- un sonido seco – eres el maldito que viola muchachas, eres quien destruyo mi matrimonio por no haberte podido acostar con mi mujer, eres el piojo más sucio y vil que una vez piso la tierra y voy a acabar contigo…por el simple placer de ver cómo te retuerces como mariquita… -

Había tal vehemencia en esa voz, que tarde reconocí como la de Edward, que por un momento casi creí que se trataba de otra persona, pero ni esa pasión que mostraba podía aislar de mis recuerdos todo lo que el había hecho conmigo antes. Solté un sollozo cuando el eco de su voz se coló por mis sentidos haciéndolos ansiarlo de una manera desconocida y brutalmente poderosa, pero esta vez me iba a contener…si caía en sus redes nuevamente iba a morir, y esta vez sí sería completamente.

Los gruñidos se duplicaron lo cual me dio la ligera idea de que alguien más entraba a la habitación, en un segundo estaba con los ojos cerrados y con las manos sobre el rostro retorciéndome en la cama y dos más tarde alguien me tomo en brazos y me aparto de la cama, aun con los ojos cerrados la esencia de la persona me resulto vagamente familiar pero no podía asociarla a nada de mi memoria, y luego seguía escuchando a medias lo que decían…

Mientes, pedazo de mierda, lo sé todo, periodista de pacotilla, tú… tú tuviste la culpa de todo…

La culpa… ¿estaría hablando de mí…? Por unos breves segundos me permití dudar, pero un nuevo sentido común me ayudo a no hacerlo…nunca más.

Pasos pesados, ruidos desconocidos, abrí los ojos finalmente y me encontré con una escena de lo más peculiar, y tan peliculesca como lo había imaginado oyendo todo el tropel en mi cabeza. Una serie de personas uniformadas entraron a la habitación apuntando con armas a todo aquel que estuviera moviéndose…mire hacia arriba antes de concentrar la vista en ellos otra vez y vi que quien me sostenía era el novio de Alice, Jasper. ¿En dónde estaba ella?

- NO HICE NADA, NI SIQUIERA LA CONOZCO, ENTRE AQUÍ POR EQUIVOCACION Y ESTE PELADO ME COMENZO A GOLPEAR SIN MOTIVO – gritaba el cara de ratón Ben, lo mire intensamente, llenándome de una ira y odio que jamás había conocido, quise gritarle que deseaba que me hubiera matado cuando tuvo oportunidad pero mi voz se negaba a obedecerme, luego Edward volvió a hablar y su voz volvió a causarme demasiados estremecimientos como para sentirme cómoda….

- ¡MIENTE!, intentaba matarla- Edward tenía las manos en la nuca pero hizo un gesto para señalarme y sus ojos conectaron por unos momentos con los míos, aun desde la protección de los brazos de Jasper sentí tantas emociones mezcladas que comenzó a darme miedo. – Hace años, desde que ella era pequeña, ha intentado contactarla…estuvo en un orfanato e intento violentarla en una ocasión, lo tengo todo documentado y puedo probarlo, tiene conductas homicidas y violentas y al no poder cumplir con el cometido de violarla a ella se dedico a buscarla todos estos años, pasivamente, para tomar venganza en cuanto pudiera encontrarla…

Mi estomago se encogió cuando el revelo toda esa información que se detallaba en mi sistema nervioso, ¿como había podido el saber todo eso? Como había podido conocer cada detalle de esa horrible etapa de mi vida

- será llamado a declarar, señor, su información será tomada en cuenta para juzgar al detenido con las pruebas que manifiesta usted tener – dijo uno de los uniformados dirigiéndose hacia Edward y abriendo lo que supuse que eran sus esposas, el estaba de espaldas, pero al momento se dio la vuelta y clavo las dos esmeraldas que tenia por ojos en mío figura arropada en los brazos de Jasper. Había demasiada tortura en su mirada, según pude leer, pero también había ansiedad, preocupación y algo parecido al… deseo.

Sin poder evitarlo mi cuerpo ardió, pero hice lo posible por evitar que la sensación se diseminara aun más.

Lo mire de vuelta y me empine en los brazos de Jasper para que me escuchara claramente lo que quería decirle… me esforcé al máximo por encontrar mi voz, la que no quería dejarse usar, y la que inexplicablemente en ese momento, decidió aparecer…

- no quiero…- me escuche a mi misma gangosa y lengua de sopa, pero intente seguir hablando, sentía el aire a través de mis cuerdas vocales, pasando, creando sonido…y aun así…no entendía nada - volver a verlo….- me mordí la lengua y la moví en círculos para intentar que me facilitara el habla.- en mi vida…- esperaba que entendiera que estaba hablando de Edward…pudo haber entrado en mi defensa, pero de ninguna manera podía resarcir lo que había pasado…

Para ser las primeras palabras que lograba articular…no estaba del todo mal

Ahora quería saber donde estaban mis hijos, y en cuanto salieron y Jasper comenzó a depositarme en la cama me desprendí de su cuello para hablarle…pero…no pude encontrar en mi cerebro el nervio que me había hecho hablar antes.

- ¿Estas bien, Bella? – su inquirir se escuchaba con sincera preocupación

Lo mire a los ojos esperando que entendiera lo que quería decirle…que si estaba bien, pero que necesitaba saber algo mas… moví mis dedos en dirección hacia uno de sus bolsillos, desde donde sobresalía un lapicero de color negro, el cual tome sin su permiso, pero no me dijo nada de ello.

Busque algo con los ojos contorsionándome en la cada hasta que halle una servilleta…

Antes de que me arropara como si fuera mi hermano mayor, conseguí escribir en una letra espantosa la palabra "Donde…" pero las manos comenzaron a temblarme sin control, como si no las hubiera usado en demasiado tiempo, quizá años, aun no había preguntado a nadie cuanto tiempo había pasado desde que…

Mis manos parecieron no lograr reunir el suficiente valor para preguntarle, escribirle o dibujarle en donde estaban mis hijos pero…continúe intentándolo mientras los dedos comenzaban a dolerme….

Alcance a dibujar de manera precaria la palabra "hijos" sobre la servilleta

La mirada le cambio a una de pánico, avasallador…y supe que definitivamente algo andaba mal, en el momento en que Jasper abrió la boca para contestarme, cuando la puerta se abrió nuevamente y entro por ella una mujer de aspecto cansado, pero increíblemente hermosa…

- Dra. Hale…- dijo Jasper apartándose de mi…

- Señor Withlock- respondió ella asintiendo con la cabeza, luego su rostro se contrajo al ver todo el desaguisado en mi habitación – No se preocupe…el Dr. Brandon tuvo la amabilidad de explicarme que paso… ¿era por eso todo ese alboroto de hace unos momentos? –

- Si, una riña entre…- Jasper se detuvo e hizo un gesto a la Dra. Hale que, en medio de mi ya casi superado sopor, no pude entender

- su esposo…comprendo…me pareció bastante territorial… ya le dije que el Dr. Brandon me conto…- dijo ella asintiendo con la cabeza.

- ese hombre no es mi esposo – solté rápidamente como un acto reflejo cuando la palabra esposo me perforo las entrañas y con ellas cada una de las memorias de los días en los que creí que había sido feliz, me volví a ella mirándola a ella fríamente, ella correspondió mi mirada con otra casi igual lo que me quito nuevamente mi pobre valor. Jasper y la Dra. Hale se volvieron a mirarme como si no hubiera comprendido por que había comenzado a hablar tan de repente. Yo también me hacia la misma pregunta si veníamos al caso, pero era algo desconocido, como había dicho antes, era como si mi voz tuviera voluntad propia, y en los momentos menos pensados decidiera salir a flote, de manera gangosa y casi inentendible, como unos segundos antes.

- Señor Withlock… ¿cree que podría dejarnos solas? – murmuro ella después de un momento dándole una de sus miradas.

Estuve a punto de rogarle a Jasper que no lo hiciera pero él se retiro sin más dejándome aun con mis dudas…

- Buenas Noches nuevamente, Señorita Swan – note la ligereza de su tono a cuando hace un momento me había interpretado como...Señora Cullen… - me llamo Rosalie Hale y soy médico psiquiatra…

Genial, justo lo que me había imaginado, aunque me desagradara la idea de hablar sabia que lo necesitaba…vaya si lo hacía…Miro el lapicero que sostenía en mis manos y luego a la servilleta, luego se llevo una mano a uno de los bolsillos delanteros de su bata y saco una libreta de apuntes que me alargo de manera amable, algo que contrastaba profundamente con su mirada de hace unos momentos.

Moviendo mis dedos, cada vez con menos dificultad, escribí mi pregunta con ortografía impecable, pero con el pulso temblándome como si tuviera cinco años

"que hace aquí" escribí, luego le pase lentamente el cuaderno de notas a ella para que leyera mi pregunta.

Aunque creía tener idea de por qué una loquera me estaba hablando en ese momento, pero aun sentándose en una de las illas que había quedado indemne de la pelea y mirándome fijamente a los ojos, la charla iba para largo. Sacudí inconscientemente mis manos mientras cada vez me sentía más libre para moverme a voluntad.

- fui llamada a interconsultarla por que usted trato de quitarse la vida…-

Perdí todo sentido de la ironía y cualquier cosa que se me hubiera ocurrido cuando empleo ese tono suave, y esas palabras también suaves para describir lo que había hecho días antes, ¿o meses? Mi rostro debió cambiar porque ella comenzó a hablar repentinamente.

- no estoy aquí para cuestionar sus actos, querida, ni regañarla, ni mucho menos intentar justificarla, cada persona es librepensadora y dueña de sus actos hasta ciertos puntos…

Le hice un gesto para que me pasara la libreta y seguí escribiendo sintiendo picazón y cosquillas dolorosas en los dedos de la mano derecha.

"sí, creo ser uno de esos" – escribí lentamente mirándome las manos mientras lo hacía… intentando moverlas con mas ligereza…pero sintiendo los dedos tan pesados como una piedra y tan temblorosos como una gelatina, el lapicero resbalo de mis dedos en dos oportunidades.

- ¿por qué no empieza por decirme cual es su edad? -

Hice trabajar a mi cerebro para recordarlo… mi cumpleaños no era algo que hubiera celebrado nunca y no sabía si la información de mi partida de nacimiento, acerca del día era siquiera cierta…que extraño que solo ahora me percatara de eso…

"18 o 19 años…no lo sé…"

El hecho de que no supiera exactamente mi edad podía hacerla pensar a ella que no quería decírselo" vi la necesidad de explicarle.

- no se preocupe – dijo ella cuando leyó mi escrito sonriendo tan luminosamente y de repente que me quede mirando su bello rostro por mucho tiempo más .- vamos a dejarlo en 18 y medio, para evitar confusiones. – quise seguirla en la sonrisa pero no tenía motivos para hacerlo…

Alargue la mano en un gesto suave para que me devolviera el cuaderno y escribí "y usted Dra. Hale, ¿cuántos años tiene?" quise saber antes de que ella siguiera hablando, sus ojos hablaban de sabiduría pero su físico hablaba de juventud

- tengo 23 años…- dijo ella sacudiendo la cabeza, mirando mis letras, como si no se esperara que yo le preguntara eso.

Asentí pensando en cuan inteligente debía ser, si hubiera tenido una educación privilegiada hubiera podido seguir sus pasos, a mí siempre me había gustado ayudar a la gente, pero estaba claro que era otra de las muchas injusticias de la vida… y que necesitada sonaba para mí misma.

- Bueno…ya que nos conocemos un poco mejor…y dado que soy médico y puede estar segura de que contarme cosas a mi será como contárselas a un sacerdote en secreto de confesión…podría empezar a escribirme…como fue la infancia en su orfanato, lo que recuerde, no tiene que contármelo todo, solo lo que quiera…

Alargue mi mano lentamente hacia la libreta y aferre el lapicero de Jasper…por confiar estaba donde estaba así que me sentía bastante reacia a dar por terminada la sesión de confesión…por otro lado yo no conocía a la Dra. Hale y ella a mi tampoco…podíamos ser un par de desconocidas que comenzaban a decirles sus secretos así sin más…

Mis dedos se movieron por voluntad propia y comenzaron a relatar mi vida en escritos de la manera ella que comenzaba a recordar…

Escribí y escribí sin detenerme a pensar, la Dra. Hale acerco al silla a mí de manera que a medida que yo escribía ella iba leyendo, supuse que para ahorrar tiempo, aunque no me parecía una historia digna de ser leída continúe escribiendo sin detenerme a pensar en consecuencias ni en dolores…escribí y escribí y antes de lo que tenía planeado le escribí todo lo que me había pasado con Edward, desde el día en que lo conocí hasta el día en que me entere de todo, parecía como si el hecho de estar escribiendo mi propia historia fuera la terapia física que necesitara mi mano por que en cuanto seguí escribiendo las palabras parecieron fluir del lapicero de manera más rápida y ordenada.

Finalmente llegue a los puntos suspensivos en donde mi vida, tal como la recordaba, se había detenido, donde mis recuerdos se habían detenido…desde donde no podía recordar nada…de lo que llevaba dentro de mi…podía recordar a Edward llamándome lo peor, podía recordarme a mi misma cortándome las venas, tomando medicamentos y hundiéndome en la oscuridad de mi propio dolor y miedo…pero no podía recordarlos a ellos... ¿por qué?

Así lo escribí en la libreta como última pregunta, la Dra Hale bien podía saber, o no saber…me miraba impasible...como si sospechara algo que yo no sabia, como si ella supiera mas, esa era la impresión que me daba de todo el mundo pero no por eso era algo agradable de sentir…quise girtarle que me dijera todo lo que sabia

- No sé donde se encuentran en este momento – dijo ella con su mirada impasible…

Baje los ojos y comencé a llorar silenciosamente…nadie me iba a decir nada…era algo que tenía que descubrir por mí misma.

- lo siento… no puedo ser de más ayuda…a menos que usted de autorice a algo…

No escribí ni hice ningún movimiento…seguía matándome las neuronas tratando de recordar que había pasado con ellos….

- ¿Me autorizaría a enviarla a una clínica de reposo mientras recupera la memoria…?

Mi subconsciente proceso la información de manera más rápida cuando entendí a que se refería, pero por mas loca que pudiera parecer la idea no me molesto en absoluto…era como si me estuviera convenciendo a mi misma que necesitaba un tiempo a solas, para pensar para poder recordar sin la intervención de nadie…

No supe que responder, y así lo escribí en la libreta para que ella leyera.

- no se preocupe…no la voy a presionar y tenga por seguro que lo que paso entre nosotras se quedara así…pero debo insistir en que piense y reflexione sobre mi propuesta…Le ayudara a aclarar su mente y a descubrir las cosas por si misma…

Mi temor más grande era descubrir que aun después de haber sobrevivido tuviera que pasar por más tragos amargos, pero suponía, casi llegaba a concluir que para eso había sido hecha mi vida…para ser llenada de tragos amargos.

Por ahora debía comenzar a tranquilizarme y buscar en mi memoria todo lo que pudiera…algo que me trajera las respuestas que necesitaba.

La Dra. Hale se despidió.

Yo volví mi mirada hacia la ventana mientras miles de pensamientos bullían en mi cabeza. Me parecía que la decisión más sabia para mí era irme a donde la Dra. Hale me estaba recomendando, pero por otro lado no sabía que pudiera pasarme ahí. ¿Podían llegar a autorizarme para vivir allí eternamente?

Escuche que la puerta se abrió y por ella entro una sonriente Alice. Intente sonreírle de vuelta pero no me funcionaron los músculos.

Se sentó en la silla y me toco el revés de la mano suavemente.

- Espero que estés mejor. – comento señalándome entera.

Asentí por que no tenía nada más que decirle, mire lo que tenía en la mano y sentí que la garganta se me contraía un poco cuando recordé el contenido de esa bolsa. Alice, entendiendo mi silencio me la acerco a las manos y las mías seleccionaron al azar un par de sweaters de lana, uno rosa y uno azul.

Sentí mucho dolor, y mucha pena, porque algo me decía que no iba a poder volver a verlos. Pero aun tenia esperanza…aun podría encontrarlos. Aun podía buscar en mi memoria el sitio exacto donde los había dejado.

Me volví hacia Alice y la contemple en silencio. Luego tome la libreta que me dejo la Dra. Hale y escribí esperando haber tomado la dirección correcta de mis decisiones.

"Me voy a una Clínica de Reposo. No quiero saber de nada más"

lunes, 10 de enero de 2011

Te Presento A Mi Amante

Capitulo 21: ¡No estás gorda!

Edward POV

Después de salir del juzgado, todos fuimos a celebrar con una pequeña comida, todos a excepción de Charlie quien se justificó con su trabajo y el tener que regresar de inmediato a Forks. A mi no me preocupaba mucho el trabajo, había pedido un mes, pero quería regresar cuanto antes, no quería que Alice ni Bella perdieran mas clases, y Alice por supuesto me había llamado "viejo anticuado". Después de eso había raptado a Bella toda la tarde, con el pretexto de estar en una de las "capitales de la moda" ni mis padres ni la misma Bella pudieron detenerla. Así que me encontraba en la cabeza de la estatua de la libertad con Emmett y su camiseta de I Nueva York.

— ¿Sabes a donde mas podemos ir? — me dijo mientras se ponía el gorro de la estatua que acababa de comprar.

— ¿Al departamento? — contesté.

— No, quiero ir al departamento de Friends — exclamó alzando las cejas una y otra vez.

— No, no pienso ir a ese lugar, además no se donde está — le dije dándome la vuelta para salir de ahí y regresar al departamento, en realidad no era ese el problema, solo quería volver y ver a Bella.

— Eso no es problema, todo mundo aquí debe saber donde queda, además puede que nos encontremos con Jennifer Aniston.

— Por Dios Emmett, ¿qué tendría que hacer esa mujer ahí?

— Quizás esperándome, ¿sabes que después de su ruptura con Brad no ha encontrado un hombre para tener una relación larga y duradera?

— Es increíble que sepas eso, además pensé que cuando conociste a Rosalie esa obsesión por Jennifer se te había terminado.

— Pero Rose esta en Forks, jamás se va a enterar — me dijo sonriendo.

— Espera, eso significa…

— Me costó trabajo pero cayó rendida ante mis encantos de nuevo.

Rodé los ojos y me las ingenie para seguir la conversación, de modo que se olvidara de visitar ese dichoso departamento y cerca del anochecer regresamos por fin al departamento. Una vez ahí nos encontramos con mi hermana en la puerta con tres grandes maletas.

— Ya era hora, Emmett nuestro vuelo sale en dos horas.

— Creí que nos íbamos hasta mañana ¿no? — exclamó Emmett.

— Para nada, Edward y Bella se van mañana temprano, mis papás y nosotros nos vamos hoy mismo.

— ¿Dónde está Bella? — pregunté emocionado ante la idea de tener una noche para nosotros solos.

— Arriba — mi hermana me miró y entonces sonrió — eso será divertido, perturbador para mis ojos, pero divertido.

— ¿De qué hablas? — preguntó Emmett.

— De cómo Rosalie te descuartiza por que no la has llamado.

— Para nada, tengo dominada a esa fierecilla — Emmett sonrió orgulloso.

— ¿Ah sí? ¿Pensara lo mismo cuando lleguemos a Forks y se lo comente? — amenazó mi hermana.

—Tu no le dirás nada…

— ¿Por qué no se van y lo averiguan? — les dije con la intención de despedirme ya.

— ¿Impaciente? — Alice movió sus cejas de arriba abajo.

— Adiós — le di un beso en la frente a mi molesta hermana, y me despedí de Emmett, los dejé en la puerta y al entrar quise correr al elevador, pero me aguanté las ganas, no quería verme desesperado, aunque lo estaba.

Esperé pacientemente a que el endemoniado ascensor bajara con extrema lentitud, solo para subir de la misma manera, o tal vez seria mi impaciencia por llegar junto a Isabella y besarla de nuevo, esta vez con libertad, sin el temor de estar haciendo algo malo, o dañar a una tercer persona. Por fin, después de que el elevador tardara horas en llevarme hasta mi piso, llegué hasta mi departamento y al abrir la puerta me encontré con la mesa puesta, todo estaba iluminado solo por un par de velas. Bella salió de la cocina, llevaba un vestido azul que hacia contraste con su piel pálida y a la luz de las velas se veía realmente hermosa.

— Alice insistió en esto, pero si se te hace demasiado puedo…

— Está perfecto — interrumpí, me acerqué a ella y la tomé entre mis brazos, la besé despacio, sin ninguna prisa por que esta noche terminara, sus labios sabían a fresa, y es que estando mas cerca me di cuenta que, seguramente mi hermana, la había maquillado solo un poco; la acerqué mas a mi, sintiendo su cuerpo contra el mío, me abrí paso entre sus labios para profundizar el beso, ella tomó mi pelo entre sus dedos, y cuando agarré sus piernas y la levante para hacerle el amor sobre la mesa, ella se separó.

— La cena se enfría — me dijo, sonrojada y con la respiración agitada, se sentó a la mesa y con la mirada me invito a hacerlo.

— Muy bien — le dije y me senté junto a ella — ¿cómo estuvo la conversación con tu padre?

— Muy bien — la sonrisa de sus perfectos labios era de felicidad — por fin acepto lo nuestro, pero tendrás que mantenerte alejado de mi casa al menos hasta que la sentencia de divorcio te llegue, Charlie es… exagerado.

— No lo es — la contradije, y me miró confundida — si yo tuviera una hija tan valiosa como tu, también me molestaría de sobremanera que fuera la amante de alguien.

— Par de exagerados entonces — se encogió de hombros — a mi era a quien debía molestarme, es mas creo que ahora voy a extrañar el esconderme de Charlie o de tu esposa.

Tomó un bocado y masticó pero sin borrar esa sonrisa del rostro. Reí un poco junto con ella por esa manera tan especial de burlarse de la situación, claro ahora que todo estaba resuelto. Abrí la botella de vino y serví un poco en ambas copas.

— Salud — dije levantando mi copa — por nuestra libertad para amarnos, y por lo hermosa que estás ésta noche.

Bella tomó la copa de agua y brindó conmigo.

— Por el futuro — quizás estaba alucinando, pero tenia un brillo pícaro en lo ojos.

Seguimos cenando, conversando sobre todo lo que habíamos pasado para llegar aquí. El miedo que ambos habíamos sentido de que esto fuera a terminar mal, a ella le preocupaba mi trabajo, y aunque estaba seguro que no le interesaba por ella, sino por mi, estaba preocupada por la cantidad que Tanya pudiera haberme quitado. En cambio, mi inquietud era que Bella se viera afectada, sobre todo en Forks, donde todo mundo se entera de todo. No quería que la señalaran como la otra, la "quita maridos" o un sinfín de sinónimos altamente groseros. Por que simplemente no se lo merecía, mi matrimonio con Tanya era una farsa, tarde o temprano íbamos a terminar en divorcio, solo que Bella vino para acelerar las cosas.

— ¿Te he dicho lo hermosa que éstas? — le dije una vez que terminamos de cenar.

— Si, una vez — pestañeó de manera coqueta y seductora.

No aguanté mas, me puse de pie y la estire la mano — ven conmigo.

Tomó mi mano y la conduje hasta la habitación principal, al entrar y cerrar la puerta tras de mi, la puse contra la pared y la bese con urgencia, la necesitaba, no había estado con ella a solas desde hacia tiempo y quería que esta noche fuera eterna. Sentí como se estremeció bajo mis labios. Con mi lengua me abrí paso entre sus labios, mis manos acariciaban su espalda, sus brazos, sus caderas, sus piernas, sus senos, no quería dejar ningún rincón de su cuerpo sin tocar. Bella gimió despacio y me rodeo el cuello con sus pequeñas manos. Deshice el moño del vestido que se anudaba en el cuello y deje que cayera al suelo, me percate que tenia puesto un conjunto de ropa interior negro que contrastaba con su piel pálida.

Tomé sus piernas e hice que rodeara mis caderas con ellas, la lleve a la cama y despacio nos recostamos, comenzó a desabotonar mi camisa, pero sus manos nerviosas se atoraban con los botones, tomé ese tiempo para besar sus redondos senos por encima del encaje negro, gimió y arqueo su espalda, acercándolos mas a mi boca, quizás eran mis ganas de ella, de su cuerpo o lo excitada que podía estar, pero sus senos estaban mas llenos, impaciente abrió de un solo golpe mi camisa, sin importarle a ella y menos a mi, los botones. Tracé un camino con mis labios en sus senos y baje por su abdomen, bese con ansias el interior de sus muslos, mientras ella gemía y hundía sus manos en mi pelo.

Volví a besar sus labios mientras ella se levantaba de la cama, me ayudo con el resto de mi ropa y se quitó lo poco que le quedaba a ella, su desnudez era maravillosa, era perfecta, no podía dejar de ver su rostro sonrojado era extraordinariamente hermoso, sus piernas exquisitas y la perfección de sus pechos.

La tomé entre mis brazos y la puse sobre la cama, debajo de mí, besé sus labios y su cuello mientras delicadamente me situé entre sus piernas.

— Bella — un susurro ronco salió de mis labios — mírame.

Le pedí, se mordía el labio inferior y sus ojos estaban cerrados, respiraba con dificultad mientras sus manos recorrían mi espalda, mi pecho, mi cuello. Abrió los ojos cuando puse mi mano entre sus muslos. Sus ojos cafés parecían llamas, transmitían un deseo incontrolable, y yo estaba igual por hacerla mía una vez más. Lentamente me deslicé dentro de ella, sintiendo su cálida humedad, arqueo la espalda acercando su pecho al mío, sentí sus senos duros contra mi piel y la bese profundamente.

— Te amo — susurró mientras ambos nos movíamos en una vaivén placentero que hacia que Bella gimiera y susurrara mi nombre, con su respiración entrecortada apretaba sus caderas contra las mías y se movía de la forma mas sensual que jamás había imaginado. Sentí su cuerpo tensarse y el mío respondió de igual manera, sumergiéndonos en un mar de placer que termino con los dos en un intenso orgasmo.

— También te amo — dije con la respiración agitada. Su rostro estaba sonrojado y caliente, su cabello estaba enmarañado contra la almohada. Deje caer despacio mi cuerpo sobre el de ella, y la besé de nuevo.

o.O.o.O.o.O.o

La mañana siguiente desperté junto al amor de mi vida, la contemple durmiendo plácidamente, su respiración era lenta y sentía su pecho subir y bajar con cada inhalación. Besé con dulzura su mejilla, sus hombros y quite la sabana para besarla completamente. Una sonrisa salió de sus labios y supe que estaba despierta.

— Buenos días amor — la rodeé con uno de mis brazos, mientras el otro apartaba el cabello de su rostro.

— Uhmmm — fue todo lo que salió de sus labios.

— ¿Cómo dormiste? — pregunté.

— Pero si no me dejaste dormir — dijo juguetonamente mientras acercaba sus caderas a las mías.

— Anoche no te quejaste — susurré en su oreja y la mordí despacio, mientras mis manos recorrieron su vientre, estaba dispuesto a hacerla mía de nuevo, pero teníamos que regresar a Forks en un par de horas — es hora de irnos. Me levanté de la cama, pero ella no se movió, al contrario se tapó de nuevo y me miró molesta.

— ¿Crees que estoy gorda? — preguntó de pronto.

— ¿Qué? — exclamé por su súbita pregunta, que además no tenia fundamentos.

— Piensas que estoy gorda ¿verdad? — me reprochó de nuevo.

— Para nada, Bella estas hermosa.

— No es verdad, estabas muy cariñoso pero cuando me acariciaste esta enorme panza te apartaste — lloriqueó y yo no daba crédito a lo que estaba escuchando — perdóname si no tengo un cuerpo como el de Tanya, quizás debería considerar una liposucción.

— ¿Estás loca? — pregunté confundido — jamás te he comparado con Tanya y no necesitas ninguna cosa de esas.

— Ah claro, ahora además de gorda… loca — pero ¿de dónde había salido esta Bella preocupada por su apariencia? Si hace unos minutos era la más linda y encantadora mujer.

— Amor, Bella, eres hermosa ¿de acuerdo? — intente razonar con ella — debemos irnos o perderemos el vuelo.

— ¿Y crees que el avión despegue con todos estos kilos? — oh por Dios, esto debía ser una broma, se levantó y quedó desnuda frente a mi — ¿sabes qué? Si, estoy gorda, y lo voy a seguir estando y es tu culpa así que no te quejes.

— ¿Mi culpa? — ¿de que demonios estaba hablando?

— ¡Si! Tu culpa, si tu no me hubieras embarazado yo no estaría propensa a engordar de esta manera, así que ahora debes quererme tal y como soy.

— Yo no tengo la culpa de tu gordura imaginaria Isabella… — un momento ¿embarazada? La miré desconcertado y entonces desapareció esa expresión de loca obsesiva, sustituyéndola por una sonrisa y ese brillo reapareció en sus ojos — ¿estás…?

— Embarazada — completó mi frase inconclusa.

— ¿De… de… un bebé? — pregunté, y ella se carcajeó de mi pregunta incoherente y estúpida.

— Eso espero — contestó sonriendo.

Un hijo. Mi hermosa Bella estaba esperando un hijo. Mío. Un pequeño que llevaría mi sangre y la de ella, un bebé concebido del enorme amor que le tenia a mi novia. Sonreí saliendo de mi trance y abracé a Bella quien inundó la habitación con su risa angelical. Le di un par de vueltas.

— ¡Detente! Las nauseas — me golpeó el hombro para que la bajara y lo hice.

— ¿Cómo estas? — pregunté poniéndola de nuevo sobre sus pies.

— Bien, pero una vuelta mas y vomitaré — me dijo y entonces la besé con pasión, amor y una enorme felicidad.

— Vamos a ser papás.

— Si, y de un bebé — dijo, burlándose de mí, pero no me importaba me reí con ella y la abracé de nuevo, entonces decidí devolverle la jugada, me separé de ella, la miré a los ojos y con seriedad le pregunte — ¿y cómo me aseguras que ese bebé es mío?

La sonrisa se le borro de la cara, y me miró con los ojos abiertos como platos.

— ¿Cómo…? ¿Dudas de mí? — sus ojos se llenaron de lagrimas y decidí que era suficiente.

— Estoy bromeando — me reí y sus rostro cambio de tristeza a alivio mezclado con enojo — yo también puedo bromear, Alice tenia razón, esto fue divertido. Ven aquí.

Abrí mis brazos y aun enojada también me abrazo.

— Alice me dijo lo mismo — no cabía duda que Alice todo lo sabia — un momento, entonces ¿ella nos vio así?

La miré, y me miré, ambos estábamos desnudos, y como Alice lo había dicho… era perturbador. Pero lo que mas importaba, era que iba a ser papá, que estaría toda la vida con Bella y que éramos felices.

domingo, 9 de enero de 2011

Guerrero del Desierto

Holaa mis niñaas!!!

Hoy les tengo un nuevo fic que es lo personal me gustó mucho cuando lo leí, la autora es Belén (bel20) yo simplemente me encargaré de publiucarlo aqui en el blog.
Espero les guste y porfavoor dejen sus comentarios niñaas es muy importante tanto para la autora como para nosotras

saluditoooss!

Anitaa Cullen!

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CAPITULO 1

«No se te ocurra poner ni un pie en Zulheil a menos que vengas para quedarte. Te raptaré en cuanto llegues al aeropuerto».

Con las manos temblorosas, Bella zigzagueó entre la maraña de gente que esperaba para salir del aeropuerto y se dirigió hacia las puertas de cristal tras las que se extendían las tierras de Edward

-Señora –Bella notó que una mano de piel morena se posaba sobre la suya en la barra del carro portaequipajes.

Sorprendida, alzó la visa y se encontró con el rostro sonriente de un hombre que parecía un empleado del aeropuerto.

-¿Sí? -dijo ella con el corazón a punto de salírsele del pecho en una mezcla de esperanza y miedo.

-No es por ahí. Los taxis y los coches de alquiler están en la dirección opuesta -dijo el empleado señalando hacia el largo pasillo que conducía a otras puertas de cristal. La arena del desierto resplandecía en la distancia.

Estaba claro que Edward no cumpliría literalmente su amenaza. Se había puesto furioso y por eso había querido asustarla prohibiéndole la entrada a su país. Pero Edward se había convertido en un hombre moderno de su tiempo, moderado. El Edward que ella conoció un día se había convertido en Edward Cullen al-Huzzein Donovan Zamanat, Jeque de Zulheil, el líder de su pueblo.

-Gracias -consiguió articular Bella dirigiéndose hacia donde le indicaba el empleado.

-Es un placer. Permítame acompañarla hasta el coche.

-Muy amable por su parte. ¿Qué pasa con los otros viajeros?

-Pero señora -dijo el empleado entrecerrando los ojos-, usted era la única extranjera en el avión.

Bella pestañeó tratando de pensar en el pasaje del avión pero lo único que consiguió recordar fue el acento melodioso, los ojos rasgados de las hermosas mujeres y los protectores hombres árabes.

-No me di cuenta -admitió.

-Zulheil ha sido cerrado a los visitantes.

-Pero yo soy un visitante.

Su guía se detuvo y ella habría jurado que vio el destello del rubor en sus mejillas morenas.

-Zulheil... abrió de nuevo sus puertas a los viajeros la semana pasada -contestó él haciéndole una gentil señal con la mano para que continuase.

Bella echó a andar de nuevo por el suelo de mármol.

-¿Fue por el duelo? -preguntó ella en tono de respeto.

-Sí. La pérdida de nuestro jeque y su amada esposa fue un golpe duro para el pueblo -contestó él con la mirada ensombrecida-. Pero su hijo es un buen jeque. El jeque Edward nos guiará para que salgamos de la oscuridad.

El corazón de Bella dio un salto al escuchar el nombre de Edward. De algún punto en el fondo de su alma encontró la fuerza para preguntar:

-Y el nuevo jeque, ¿gobierna solo?

Si aquel hombre le dijera que Edward había contraído nupcias con alguna mujer durante el período que había mediado desde la muerte de sus padres, abandonaría Zulheil en el siguiente vuelo.

El hombre la estudió. Hizo un rápido gesto de asentimiento pero esperó a estar fuera antes de hablar de nuevo. El calor abrasador del desierto fue como una bofetada para Bella pero se mantuvo firme. No podía acobardarse en aquel momento, no cuando aquella era su última oportunidad.

Ante ellos, había una limusina negra aparcada junto a la acera. Ella había comenzado a andar hacia un lado cuando el hombre que la acompañaba la detuvo.

-Ese es su taxi.

-Eso no es un taxi -contestó ella, creyendo ciertamente que la esperanza podía tomar muy distintas formas y la suya tenía la de un largo y resplandeciente vehículo de lujo.

-Zulheil es un país rico, señora. Nuestros taxis son como este.

Bella se preguntaba si aquel hombre realmente pensaba que iba a creerlo. Se mordió el labio inferior en un intento de ahogar el inminente ataque de risa histérica al tiempo que asentía con la cabeza y le dejaba que metiera su equipaje en el maletero. Esperó con el corazón latiéndole desesperadamente y la boca seca hasta que terminó y se acercó para abrirle la puerta trasera.

-¿Señora? -¿Sí?

-Antes me preguntó si nuestro jeque gobernaba solo. La respuesta es sí. Algunos dicen que permanece soltero porque una vez le rompieron el corazón -dijo en voz apenas audible.

Bella dio un grito ahogado. Antes de poder seguir con la conversación, el hombre abrió la puerta y ella entró en la lujosa limusina.

-Así es que has cumplido tu palabra -susurró al hombre que estaba sentado frente a ella con las largas piernas cruzadas.

Edward se inclinó hacia delante y apoyó las manos en las rodillas. Con la oscuridad del interior de la limusina daba la impresión de que los penetrantes rasgos de su rostro se sentían aliviados pero sin la suavidad que otrora viera en el Edward que ella había conocido.

-¿Acaso lo dudabas, mi Bella?

Bella sintió un temblor recorriéndole el cuerpo al oír su voz. Era profunda y cautivadora. Hermosa y peligrosa. Familiar aunque... diferente.

-No.

-Y aun así, has venido -dijo Edward frunciendo el ceño.

Bella se mordió el labio de nuevo e inspiró con dificultad. El cristal opaco que separaba a los pasajeros del conductor estaba subido, lo que reducía aún más el espacio y las posibilidades de escapatoria.

-Sí. Aquí estoy -dijo ella. En ese momento el coche se puso en movimiento haciendo que perdiera el equilibrio; cayó hacia delante y apenas si consiguió sujetarse en el borde del asiento. Edward extendió los brazos para sostenerla y la colocó sobre su regazo.

Bella se agarró a los anchos hombros de él, arrugando bajo sus dedos el delgado tejido de la túnica que llevaba puesta, pero no intentó luchar, ni siquiera cuando Edward le tomó la barbilla y la obligó a mirarlo. Estaba enfadado y ella podía ver la turbación que sentía en sus vívidos ojos verdes.

-¿Por qué? -preguntó él sosteniéndola con más fuerza cuando el coche tomó un bache del camino. Su cuerpo musculoso era mucho más grande que el de ella y Bella se veía acorralada. Pero aun así, no luchó.

-Porque me necesitabas.

La risa dura de Edward la hirió en lo más profundo.

-¿Y no habrás venido para tener una aventura con un hombre exótico antes de que te cases con el hombre que ha elegido tu familia? -preguntó él al tiempo que la devolvía a su asiento sin ceremonia.

Bella se retiró la trenza de un rojo fuego hacia un lado y alzó la barbilla.

-No tengo ninguna aventura -comenzó. El gesto de desconfianza de Edward era obvio pero Bella no dejó que eso la detuviera.

-No -dijo él con voz gélida-. Deberías tener corazón para poder experimentar la pasión.

La confianza de Bella en sí misma, ya de por sí bastante frágil, pareció desmoronarse. Toda su vida había luchado por ser especial y recibir el amor y la aceptación de los demás y en ese momento parecía que incluso Edward, el único que una vez la encontró digna de adoración, creía que estaba desesperada.

«No puedes retener a un hombre como Edward. Te olvidará en cuanto se cruce en su camino una bonita princesa».

Las maliciosas palabras que Jesica le dijera cuatro años antes se presentaron sin previo aviso en su cabeza. Cuatro años antes, habían conseguido desmoronar la poca confianza en sí misma que poseía. Se las había dicho su hermana mayor que conocía a los hombres mejor que ella. Tal vez no hubieran sido maliciosas. Tal vez Jesica tuviera razón.

Unos fuertes dedos hicieron presa en su barbilla haciéndola volver la cabeza hacia la pantera que tenía frente a ella. Sus ojos verdes se posaron fijos en los de ella.

-Te quedarás conmigo, mi Bella.

Era una afirmación, no una pregunta.

-Y si yo no deseara que... -se detuvo incapaz de dar con la palabra adecuada.

-¿Quedarte? -susurró Edward con voz aterciopelada.

Bella tragó con dificultad. Una parte de ella estaba aterrorizada ante la furia que veía en los ojos de Edward, pero había llegado demasiado lejos para derrumbarse.

-¿Como una esclava? -preguntó ella con voz quebrada, los labios resecos. Sin embargo, no se atrevía ni a humedecérselos con la lengua temerosa de la reacción de él.

-¿Crees que soy un bárbaro? -preguntó él entrecerrando los ojos.

-Creo que no te estás comportando como eres para darme precisamente esa impresión -respondió ella sin hacer caso a la advertencia de su subconsciente de no hostigar a la pantera.

Edward curvó los extremos de los labios en una ligera sonrisa.

-Ah, lo había olvidado.

-¿Qué? -preguntó ella llevándose una mano hacia la mano que aún le sujetaba la barbilla tratando de liberarse, pero fue imposible. Notó que el pulso del hombre era lento, un ritmo seductor que prometía placeres exóticos y la más oscura furia al mismo tiempo.

-Que el fuego de tus ojos no miente -dijo él pasándole el pulgar por el labio inferior y frunciendo el ceño de nuevo-. Tienes los labios secos. Humedécetelos.

Bella se revolvió ante la orden.

-¿Y qué me harás si no lo hago?

Edward alzó una ceja en respuesta al tono desafiante de Bella.

-Entonces yo lo haré por ti.

Una mancha de color traicionero apareció en las mejillas de Bella al imaginar la erótica escena. La intensa mirada de Edward la hizo sentir como un suculento bocado que estaría encantado de saborear. Con la respiración entrecortada, Bella sacó la lengua y se humedeció los labios.

-Mejor -dijo él con aparente tono de aprobación al pasar el pulgar suavemente por los labios humedecidos.

De pronto la dejó libre y Bella quedó sorprendida en su asiento, inclinada sobre él. Recuperó la cordura de golpe. Con el rostro encendido, se apresuró a sentarse bien en el asiento del extremo opuesto del coche.

-¿Adónde me llevas?

-A Zulheina.

-¿La capital?

-Sí.

-¿Dónde está Zulheina? -continuó preguntando Bella a pesar de las respuestas monosílabas que recibía.

-A mi palacio -dijo él estirando una pierna y colocándola junto a la cadera derecha de ella, lo que la dejó acorralada contra la puerta.

Luego añadió:

-Y dime, mi Bella, ¿qué has estado haciendo estos cuatro años?

Estaba claro que él no iba a responder á más preguntas. Bella se tuvo que tragar la frustración que sentía.

-He estado estudiando.

-Ah, el diploma en dirección de empresas -dijo él en tono de mofa recordándole las muchas veces que había llorado en su hombro porque no le gustaba estudiar aquello.

-No -contestó ella, feliz de hacerlo sufrir por un momento.

Edward se movió y, de pronto ya no estaba frente a ella sino a su lado. El no era el que estaba sufriendo.

-¿No? -su voz profunda evocó en Bella numerosos recuerdos-. ¿Tu familia te permitió cambiar?

-No tenían más remedio -contestó ella. Había seguido las instrucciones de sus padres y se había alejado de Edward, pero casi la había destrozado. Su débil estado había alarmado incluso a su familia, y nadie había dicho nada cuando ella decidió cambiar sus estudios. Para cuando intentaron hacerla cambiar de opinión ya había crecido. La desilusión al ver el egoísmo de aquellos en los que había confiado la había acompañado continuamente, igual que una inmensa pena.

-¿Qué estudiaste entonces? -preguntó él curvando una de sus enormes manos alrededor del cuello de Bella en un gesto de absoluta posesión. Bella sintió que el calor de aquel cuerpo la invadía.

-¿Era necesario que te sentaras tan cerca? -dijo ella.

Por primera vez Edward sonrió mostrando una hilera de dientes, la sonrisa de un depredador tentando a su presa hacia la oscuridad.

-¿Te molesta, Mina?

La había llamado Mina. Recordó la forma en que siempre la llamaba cuando quería convencerla para algo, normalmente un beso que a ella le sabía a miel. Nunca le había costado mucho trabajo convencerla. Una sexy mirada y el tono profundo de su voz al susurrar su nombre cerca de sus labios y se ablandaba, como un suspiro en el viento.

Al ver que Bella no respondía, Edward se inclinó y acercó los labios a su cuello. Bella sintió que el tibio aliento de Edward le quemaba la piel y hasta los huesos. Siempre le había encantado tocarla. Y ella adoraba la forma en que él mostraba su afecto, pero en ese momento lo único que estaba consiguiendo era hacerle perder el equilibrio y la calma.

-Edward, por favor.

-¿Qué quieres, Mina?

Bella tragó y él siguió el movimiento que hacía su garganta con el pulgar.

-Espacio.

-No -contestó él alzando la cabeza-. Ya has tenido suficiente espacio estos cuatro años. Ahora eres mía.

La intensidad que irradiaba era demoledora. Cuando tenía dieciocho años Bella no había sido capaz de resistir aquel carismático poder. A pesar de tener solo cinco años más que ella, su fuerza y determinación le habían bastado para conseguir que su pueblo depositara en él su confianza.

Sin dejar de mirarlo, Bella levantó una mano y la puso sobre la que se aferraba a su cuello. Tiró de él para que la soltara y él lo hizo. La curiosidad que sentía por ella era evidente a juzgar por el gesto de asombro de sus ojos verdes. Le acarició entonces la mejilla, y ella giró la cara y depositó un suave beso en su mano. La respiración de Edward se volvió más dificultosa.

-Estudié diseño de moda -contestó ella. Bella notó la piel de Edward cálida contra sus labios, y el masculino aroma como si fuera un potente afrodisíaco.

-Has cambiado.

-¿Para mejor?

-Eso está por ver -dijo él entrecerrando los ojos. Tensó la mano que había puesto en la mejilla de ella-. ¿Quién te enseñó esto?

-¿Qué? -preguntó Bella, que sentía que unos escalofríos amenazaban con recorrerle toda la espina dorsal al oír aquella voz dura y salvaje.

-Este juego con mi mano y tus labios -dijo él rígido, como si su rostro fuera de granito.

-Tú -y era cierto-. ¿Te acuerdas de cuando me llevaste a las cuevas de Waitomo? Íbamos en una pequeña canoa y tú me tomaste la mano y depositaste un pequeño beso en ella.

Bella movió la cabeza y él se relajó un poco para permitirle repetir la suave caricia.

Cuando esta alzó la cabeza supo que él también lo recordaba pero sus rasgos seguían siendo de piedra y en sus ojos hervía una mezcla de emociones que ella, por su falta de experiencia, no podía reconocer.

-¿Ha habido otros?

-¿Otros qué?

-¿Te han tocado otros hombres?

-No. Solo tú.

Edward bajó la mano y, tomándola de la trenza, tiró hacia él haciendo que Bella tuviera que arquear el cuello.

-No me mientas. Lo sabré -dijo él.

La estaba amenazando para asustarla. En respuesta, Bella se relajó dentro de lo posible en la posición en que estaba y deslizó los brazos por el cuello de él.

-Yo también lo sabré -dijo con calma.

-¿Qué es lo que sabrás? -preguntó él tensando la mandíbula.

-Si tú has dejado que otras mujeres te toquen.

Edward abrió los ojos desmesuradamente.

-¿Desde cuándo eres tan fiera, Mina? Antes eras una mujer dócil.

Bella sabía que Edward estaba tratando de provocarla al hablarle de la forma en que había dejado que su familia le controlara la vida, hasta el punto de hacerle pasar por alto sus sentimientos.

-Tuve que sacar las uñas para protegerme.

-¿Y se supone que debería asustarme de tus uñitas? -dijo él levantando una ceja en señal de provocación.

Deliberadamente Bella se las clavó en el cuello. Olvidó que estaba incitando a una pantera. Para su sorpresa, no le molestó que le clavara las uñas. La miró sonriente; una sonrisa peligrosa y muy tentadora.

-Me gustaría sentir tus uñas en la espalda, Mina -susurró él-. Y eso será cuando estés en tu sitio, tumbada boca arriba debajo de mí. Entonces las sentiré.

-¿En mi lugar? -preguntó Bella zafándose.

Como Edward continuara irguiéndose frente a ella amenazadoramente empujándola con su cuerpo contra la puerta del vehículo, le puso una mano en el pecho para detenerlo en su afán. El calor del cuerpo viril traspasó la delgada tela.

-¡Sepárate de mí... bruto!

-No, Mina -contestó él poniéndole una mano en la mejilla y haciendo que lo mirara-. No volveré a seguir tus órdenes como si fuera tu perrito. A partir de hoy tú seguirás las mías.

Y con esas palabras la mantuvo firme en su sitio al tiempo que se inclinaba para besarla. Bella había quedado paralizada ante la mirada de dolor desgarrador que vio en sus ojos verdes.

sábado, 8 de enero de 2011

Phonography

Sangrando por Amor

— Ya llegue —exclamé cuando entré a la habitación de mi hijo. Odiaba dejarlo al cuidado de alguien más pero debía trabajar y pagar cuentas. Apenas entré quise no haberlo hecho, Edward estaba con mi pequeño gran pateador en sus brazos. ¡Genial! Había olvidado que este fin de semana era él que le correspondía a él. Alzo su vista y la mirada tortuosa ya estaba haciéndose fastidiosa. No solo para él sino para mí ¿Qué nunca dejaría de mirarme con cara de arrepentimiento? ¡Supéralo! Le grité con la mirada y fue como si sus ojos verdes fueran dos espejos que me reflectaron aquella petición a mí. ¡Supéralo Bella!

Apreté la vista y otra vez el orgullo estaba en lo más grande. ¡Claro que lo he superado! Me dije bajando las escaleras de a dos peldaños, ni siquiera lo deje hablar o explicar, ni saludar. Me senté en el sillón en de la sala de estar y prendí la televisión tan pronto sentí sus pasos confiados y lentos por los escalones. Revise mi correspondencia como si él no estuviera allí y así era nuestra relación — Indiferencia —era lo que se había instaurado entre nosotros. Claro que más de parte de mí que de él. Esa estrategia de apenas hablarle lo necesario y estrictamente con relación a Cameron estaba dando resultados, mi dignidad estaba completamente restaurada pero no estaba tan segura acerca de mi corazón.

— Ya me voy, lo pasaré a buscar el viernes —anunció titubeante y mi corazón se apretó quise darle la cara mientras me hablaba, después de todo la cortesía no quitaba lo valiente pero el orgullo era mayor, con la vista clavada en la pantalla pero obviamente con mi atención en él repliqué en respuesta.

— ¿a que hora? —y lo hice sonar como si tuviera que hacerle un espacio en mi abultada agenda, lo que era mentira, mis viernes eran tan fomes que me quedaba dormida a las nueve.

— ¿A las siete? —y sonó dudoso.

— Perfecto, pero no te atrases, tengo planes —anuncié y esperaba estar siendo muy buena actriz sino conseguiría que se diera cuenta de lo patética que podría ser en esta especie de venganza. Edward espero unos momentos antes de contestar.

— Como usted diga señora —contestó entre dientes. Sentí como camino hasta la puerta principal conté los pasos y cuando estaba por tomar el pomo de la puerta le hablé.

— No tengo que recordarte que el domingo debes traerlo a la misma hora ¿Verdad? —le recordé irónica y sentí como dio un pequeño portazo pero portazo al final. Apague la televisión de inmediato y me levanté del sillón, corrí hacia el ventanal para espiarlo. En realidad no sabía que lograba con aquello pero como una verdadera niña me puse allí tratando que no me viera, con el estomago contraído y con las ganas de ceder a sus encantos me contuve triunfante. Otra pequeña batalla ganada. Swan 1 – Cullen 0.

Contrario a lo que yo quisiera cada día que pasaba se veía más condenadamente sexy — Vamos Bella, tienes que ser fuerte —me recordé mordiéndome el labio mientras me deleitaba a lo lejos mirando su cuerpo tan bien cuidado. De solo imaginarme la tersura de su piel hizo que me estremeciera. Los recuerdos afloraron sin que yo pudiera detenerlo. Y aunque habían pasado tres meses desde que yo había decidido irme lejos, aún seguía luchando con mi corazón traicionero, ¡No caeré en sus encantos otra vez! Me había prometido muchas veces, y en cada uno de esas veces, el hacía acto de presencia haciéndolo cada vez más difícil. — Estúpida —me recriminé recordando un día en particular, un día en que casi sucumbo ante los encantos de Edward Cullen. Ese hombre me conocía demasiado bien.


¿Qué decías?

Preguntó acercándose peligrosamente con esa mirada sexy irresistible, con la barba incipiente de dos días, y odiaba que leyera mi mente de esa manera ¡Lo deseaba y con tantas ganas que incluso me estaba excitando con solo mirarlo!

Necesitaba de sus labios, de sus besos, de sus caricias… ¡era todo tan injusto!

Tenerlo tan cerca, vestido con esa camisa azul, ese pelo desordenado y ese perfume estaba quitándome el aliento a cada minuto, me había descubierto con la guardia baja y Edward se había percatado de aquello, y estaba decidido a utilizar ese momento de debilidad a su favor.

Decía que no puedes entrar en mi habitación como Pedro por su casa ¿Qué no te enseñaron tus padres algo sobre la privacidad?

Repliqué tratando de que mi voz sonara ronca y molesta pero fue melosa. Era la evidencia suficiente que él quería. Y tenía razón estaba perdida en sus labios, embobada en la manera hipnótica y casi ritualistica de cómo estaban sus labios carmesí acercándose a los míos. Incluso creí que estaba moviéndose en cámara lenta.

Su perfume estaba intoxicándome y estaba disfrutando del vaivén de su respiración. Subir, bajar, subir, bajar, ese movimiento tan sutil e imperceptible para mí hoy no lo era.

Perdóname no sabía que estabas en la casa

Replicó como cachorrito aturdido y debía reconocer que Edward era un excelente actor. Esa mirada lastimera y arrepentida le salía real, demasiado real que incluso mi corazón estaba a punto de creerle su mirada suplicante.

Sus labios se torcieron en una sonrisa seductora y en ese mismo instante su labio inferior rozo los míos. ¡Oh por dios! ¡Respira Bella! ¡Respira! Me dijo mi conciencia, mi piloto automático pero obviamente mi sentido estaba averiados.

Sin pedirlo ya me tenía con los ojos entrecerrados, apunto de caer rendida a sus pies y de besarlo, porque un impulso demasiado fuerte me estaba pidiendo a gritos que me acercara y sellara el momento con un beso. Mi corazón se disparó y traté de mantener la compostura ¿Podría?

¡El no te merece! ¡El te engaño! ¡El es un mentiroso!

Eran las palabras que trataba de repetirme en mi mente para poder mantener a raya ese deseo tan enfermizo por besarlo y tenerlo otra vez en mis brazos. Lo cierto es que no podía mostrarle que contrario a todo las declaraciones que había dado yo seguía amándolo de una manera desgarradora y por sobre todo necesitada.

De todas maneras para la próxima golpea antes de entrar

Exclamé en el segundo exacto en que iba a besarlo.

Lo haré

Asintió en un murmullo apenas audible. Su hálito tibio inundo mi nariz haciendo que la piel de mis brazos y muslos se erizara.

Entonces me percaté de la escena que estábamos montando. Yo estaba totalmente desnuda, cubierta solo con la toalla que —gracias a dios permanecía aún atada a mi pecho —y lo último que quería era soltarla. ¡Vamos Bella, piensa… piensa… tu puedes sé fuerte!

Me grité a mi misma

¡Aléjate! ¡Retrocede! ¡Aléjate!

Pero Edward decidió pujar un poco más su suerte y dio el paso necesario para que la distancia entre nosotros fuera completamente inexistente. Nuestras narices se rozaron y nuestros labios se estrecharon, sentí la humedad de su lengua luchar fieramente por abrirse paso entre mis labios y se lo concedí con la necesidad contenida de todos estos meses. Nos besamos acariciando nuestras bocas, sin poder evitarlo solté mis manos y las cruce en su cuello acercándolo a mí. Sentí como una de sus manos se posicionaba en mi espalda, justo a la mitad. Y la otra me sujetó con fuerza por el cuello, Edward no quería que me retractará de estar besándolo, eso era seguro.

Perdida en sus besos me venció el deseo por amarlo y me traicionó la pasión. El beso se profundizó y sentí como la mano que tenía en mi espalda comenzó a bajar hacía mis nalgas, sacando magistralmente la toalla de su paso. Mi temperatura se elevó, mi respiración se hizo errática y jadeando ante sus toques, fue entonces cuando creí que al final sucumbiríamos el grito ahogado y molesto de mi madre nos interrumpió. Nos separamos de inmediato. Yo tratando de regular mi respiración, Edward fulminando a mi madre con la mirada.

¡Bella!

Y como creí mi madre no me tenía tanta confianza. Se acercó hasta nosotros y fue ella misma la que me separó de él. Yo solo atiné a sujetar muy fuerte la toalla que, para mi suerte aun permanecía en su lugar, tratando de regularizar mi respiración.

Aquel día había perdido la cordura. Hoy no la perdería, ¡No señor! Me dije pero no pude acallar la sonrisa que se había tatuado, permanentemente, en mi rostro al recordar aquella escena. Suspiré cuando llegue al cuarto de mi hijo, en realidad, suspiré porque Edward aún no me abandonaba. Pero claro, apenas subí alto baje tan fuerte que dolió incluso más, las imágenes de él con ella, juntos, besándose, haciendo el ¿amor? Fueron suficientes para que el odio y el rencor invadiera mi corazón. Fruncí el seño y lo aclaré cuando finalmente llegue hasta el lado de mi pequeño gran pateador. Lo arropé, Cameron dormía profundamente en su cuna, ajeno a todo. — Todo podría haber sido tan distinto —y no esa idea me había embargado muchas noches.

¿Cómo no pensar en el padre de tu hijo? Cuando tienes una prueba viviendo de él.

Dejar de pensar en Edward era la tarea más difícil que yo podría alguna vez darme. Y en orden de cumplir mi propósito y dejar de pensar en él, decidí que era necesario pasar de mejor manera las horas que faltaban para que él viniera a buscar a nuestro hijo. Faltaban diez minutos para la siete de la tarde, la hora acordada, y sentí que casi me iba a faltar aire cuando el timbre sonará por fin.

No podía evitar la ansiedad cada vez que Edward hacía acto de presencia en nuestras vidas. Pero como buen calmante la risa de mi hijo me tranquilizó. Lo mecí jugando con él mientras en mi mente le prometía no ser grosera con su padre esta vez.

Comencé a jugar con él y perdí la noción del tiempo, incluso se me olvido que Edward iría. Tanto fue así que no lo sentí llegar, sino hasta que sentí su carraspeo.

— Perdón no quise interrumpirte pero… tu empleada me abrió la puerta —explicó con sus ojos verdes clavados en mí.

Para variar se venía como un dios griego, con un sweater negro ajustado y un par de Jean parecía salido de un catalogo de ropa. Tenía una mano puesta casual en su bolsillo y la otra a un costado, apretaba los dedos nerviosos. Medio sonrió al notar que yo estaba examinándolo, cuando me percaté de que estaba siendo demasiado evidente desvié mi vista de él a la nada. La sonrisa de mi rostro, involuntario por supuesto, se desvaneció y me puse en guardia otra vez.

— El domingo tienes que… —y no alcance a completa la frase cuando él me interrumpió solemne.

— traerlo a las siete, no se me ha olvidado —replicó con un gesto de dolor en sus facciones. El brillo de sus ojos se apagó y pude sentir su incomodidad.

Sin más preámbulo le entregue el bolso de mi hijo, por supuesto él no se daba por vencido, roso mis dedos premeditadamente pero yo retiré mi mano enseguida. Le entregue a nuestro hijo retrocediendo de inmediato para poner la distancia necesaria entre nosotros. Aún no confiaba del todo en mí para ser honesta.

Nos miramos unos segundos y odiaba esos momentos, sentí que quise acercarse a despedirse pero se contuvo, no era difícil adivinar la motivación: Mi cara de dos metros.

— No le pasará nada —sonó molesto porque yo siguiera lo insinuará — ¡soy su padre, Bella! —reclamó entre dientes mucho más molesto que antes, lo observé dudosa — Nos vemos el domingo —agregó y caminó para irse sin decirme nada más.

Sí había algo de lo que yo podía estar segura era del amor que tenía Edward hacía su hijo pero aún me costaba trabajo confiar en él.

Luego que se fueron me senté en el sillón dispuesta a mirar una película pero el perfume de mi ex novio estaba impregnado en cada celular olfativa de mi nariz provocando que las imágenes de los momentos vividos junto a él vinieran como latigazos a mi mente. Lo intenté un par de horas, pero cuando me di cuenta que no importaba lo que hiciera no había manera de poder concentrarme en algo distinto a Edward y Cameron decidí que necesitaba distraerme de otra manera.

Miré el reloj y no era mala idea ir de shopping, recordé que hacía más de dos semanas que me había jurado ir al mal así que me levanté del sillón y salí.

La ventaja de llegar un par de horas antes que cerraran el centro comercial era que en ese horario, las tiendas estaban ya casi vacías, así que la probabilidad que alguien me reconociera serían bajísimas. Pero como era de esperarse, comprarse ropa puede calmar la ansiedad mientras te la pruebas pero luego ¿qué? Otra vez estaba mirando los escaparates desesperada porque Cameron volviera.

Entonces al pasar fuera de una librería supe lo que me faltaba para distraerme realmente ¿Hacía cuanto tiempo que no leía un libro? Desde que había encontrado otros pasatiempos más tecnológicos… entré sin titubear pero pronto me di cuenta que tal vez no era buena idea después de todo.

Luego de leer un par de portadas llegué a la parte que yo pensé ya no encontraría. Revistas, por doquier y todas para mi suerte atrasadas porque sino no había explicación para que mi rostro apareciera junto al suyo y un hermoso y tonto titular en amarillo ¿Se acabo la magia?: La verdad detrás del engaño de Edward Cullen.

Aquel titular caló hondo en mi ser como si fuera ayer cuando había descubierto su infidelidad. ¡Maldición! ¿Qué nunca iba a poder superarlo?

Entonces cuando pensé que ya nada podría hacerme sentir peor, divisé otra revista y se me escapó todo el aíre de mis pulmones al ver su fotografía junto a ella. ¿No que se había terminado?

Murmuré sin querer controlando la ira, y las lágrimas que me invadieron como cuchillas rasgando mi alma y mi ser. Sobre todo porque tenía la certeza que esa fotografía era reciente y quise no haberla visto nunca. Edward estaba vestido de la misma manera en como había llegado a mi casa a buscar a nuestro hijo. — ¡Y a mi qué me importa! —murmuré sollozando. Justo cuando por fin solté el llanto discreto sentí una voz detrás de mí.

— Leer las noticias será incluso peor… los periodistas pueden ser bastantes malos si se lo proponen —exclamó con nostalgia — la pena se aumenta… te lo digo por experiencia propia, simplemente déjalo ir —aconsejó y su voz se apagó, unas manos cobrizas me quitaron la revista de entre los dedos.

Alce mi mirada vidriosa producto de las lágrimas y me sorprendí. No estaba preparada para ver esos ojos negros tan profundos pero llenos de cariño volver a mirarme.

— Jacob ¿Qué haces tú aquí? —le pregunté descolocada por encontrarme con quien me nos pensé en aquel momento, justo ahora.

— Ven te invito a tomar un café —propuso alzando su mano en el aire y aunque dude en un principio de aceptar su invitación no era menos cierto que necesitaba a gritos hablar con alguien que pudiera entender mi dolor y que me ayudará a convencerme que había hecho lo correcto. Inclinó su cabeza insistiéndome y finalmente acepté, ese día fue el comienzo de algo distinto.

jueves, 6 de enero de 2011

Pecados Carnales

Capítulo 16. Viejos Enemigos

- Mi mami durmió aquí

Le dijo Anthony a Tanya cuando esta le había preguntado sobre su día con su madre. Me sonreí al pensar en eso y me sonroje cuando ella me dio esa mirada acusadora.

- Demasiada información, estas confesando a mi hijo y eso no es correcto.

Interrumpí tomando a Anthony en los brazos, lo hice girar como avión, su risa hacía que mi corazón brincara de felicidad. Se sentía tan bien verlo feliz, incluso creo que estaba más feliz que antes, como que antes que estuviera Bella, era feliz pero apagado, ahora se había vuelto más risueño y eso que sólo había pasado un día con ella.

- ¡Papi… más, más yo quiero más!

Me pidió cuando finalmente lo deje en el suelo, mi madre me miró feo y tenía claro que me estaba regañando por zarandear a Anthony de esa manera.

- No puedo, tu abuela me matará

Le respondí arreglando la ropa, me hizo un puchero pero luego como siempre olvido lo que quería cuando se percató que Tanya abría el refrigerador.

- ¿Ya se van?

Me preguntó mi madre cuando me vio tomar la chaqueta, le di un beso en la frente y luego un beso a Anthony que corrió hasta mí.

- Papi no te vayas –me pidió

- Volveré luego, tengo que hacer un par de cosillas pero cuando llegue estaremos todo el día juntos vale

Consolé y cómo explicar que iba a ir a comprar sus regalos de navidad. Tanya lo tomó en brazos y se lo dio a mi madre.

- Ya, pequeñuelo, cuando vuelva te traeré un regalito pero tienes que prométeme que te portarás bien con tu abuela, ¿prometido?

Le preguntó levantando la mano y mi pequeño hijo la choco dándole un beso en el cuello a su madrina.

- ¿Desayunaste?

Me pregunto Tanya apenas salimos de mi departamento aún con la mirada picara que tenía y yo me sonreí, trate de mantener a raya el rubor en las mejillas pero creo que iba a ser casi imposible.

- No

Conteste carraspeando para hacer mi voz más ronca y con eso sonará un poco más fuerte.

- ¿Se quedo contigo… digo contigo… contigo?

Insistió divertida ante la pregunta y yo la miré raro - por qué tanta curiosidad -me pregunté. No le contesté sino que solo me reí sacando el auto del estacionamiento. Ella siguió hablándome sobre Bella unos minutos más pero como solo le conteste con monosílabos lo desecho al cabo de un par de minutos. Hablar ese tema con ella me incomodaba por varias razones particularmente una y que tenía que ver con una noche en que habíamos tomado unas copas de más ambos y a pesar que ya habíamos aclarado las cosas, siempre tenía esa sensación que a ella le dolía en parte hablar sobre Bella, a pesar que trataba de no darle importancia. Finalmente se dio por vencida y me cambió el tema a los regalos, particularmente el de Anthony.

- ¿Vas a comprarle lo que pidió en la carta?, la tengo justo aquí

Me preguntó sacando el papel que ella misma le había ayudado a escribir a mi hijo de cuatro años y medio. Si tenía suerte la próxima navidad lo haría con su madre.

- Depende de lo que haya pedido –le contesté

- Bueno en realidad solo pidió dos cosas y una creo que va por buen camino, así que te quedaría solo una.

Me comunicó tratando de contener la risa.

- ¿Qué dice esa carta?

Proteste tratando de arrebatársela de entre las manos pero ella lo impidió, estábamos en eso cuando Tanya me pidió que me detuviera de improviso.

- Espera, estaciona aquí. No quiero que te desmayes por no haber desayunado, tienes que recuperar tus fuerzas, nos queda un largo día eligiendo regalos para tú hijo.

Exclamo seria, guardando la carta en su cartera y demandando que me estacionará. Miré a mí alrededor y dude porque no había lugar para hacerlo convenientemente un vehículo salió justo cuando yo estaba por pasarlo. Me estacioné y nos bajamos. Estábamos en la puerta mirando por una mesa, cuando Tanya me giró notablemente nerviosa.

- Sabes, no creo que sea buena idea, vamos a otro lugar.

Balbuceo tratando por todos los medios que yo no me girara y me pareció extraña su actitud.

- ¿De que hablas?, no eras la más interesada que yo desayunará.

Protesté, volvió a mirarme incomoda y aún más nerviosa. Puso sus manos en los bolsillos encogiéndose de hombros.

- Sí y lo harás pero no aquí

Me insistió tomándome por el brazo para que nos fuéramos.

- ¿Qué viste?

Le pregunté girándome y me quede con la boca abierta por la impresión de ver a Bella besándose con otro hombre. Las imágenes de su rostro la noche anterior, los gemidos que habían salido una y otra vez de sus labios los tenía en el fondo de mi mente escuchándolos en sonido estéreo.

- ¡No Edward que vas hacer!

Me grito Tanya tratando de sujetarme pero era imposible que yo no fuera hasta donde estaba la madre de mi hijo besándose con otro. Tenía un nudo en la garganta producto de la pena del desengaño, mi corazón se había apretado como nunca antes pero cuando estuve a su lado el coraje fue mayor y me permitió sacar el habla.

- ¿Esto es lo que tenías que pensar?

Le pregunté furioso y ambos rompieron el beso. Al hombre que estaba con ella inicialmente lo había visto de espalda, grande y macabra fue mi sorpresa cuando finalmente le vi la cara.

- ¿Jacob?

Pregunté articulando el nombre de quién alguna vez fue mi uno de mis mejores amigo junto con Emmett. Me quede helado aunque él no parecía tan sorprendido, no como lo estuvo Bella. Un flash de cuando íbamos en preparatoria se me cruzo por la mente, aquel día había sido parecido, la diferencia era que yo había estado en el lugar de él y él en el mío, la muchacha no era la madre de su hijo pero si su primer gran amor, yo el amigo traicionero que le había dado la puñalada por la espalda. Ahora los papeles se había invertido pero había una notable diferencia, ella era la madre de mi hijo, esto era mucho más que un amor colegial pensé aún mirándolo con furia.

- ¿Ustedes se conocen?

Preguntó asustada Bella tomando del brazo a Jacob quien me miró retadoramente. Cuando noté que ella cruzo sus manos en el brazo de esté y luego apego su cuerpo al de él, enfurecí más perdiendo la cordura, quería tomarla por el brazo y apartarla de él pero Tanya hizo lo mismo conmigo. Seguramente ambas estaban confabulando para evitar que nos amarráramos a trompazos porque eso era justamente lo que quería, romperle la cara en ese preciso momento.

- Solíamos ser amigos

Siseé con furia y él comprobó mis dichos.

- Ex amigos, íbamos juntos a la preparatoria, los tres con Emmett.

Comentó con un tono de voz bastante controlado. Como si hubiera esperado este encuentro algún día lo que me confundió. Acaso él sabía que yo era el padre del hijo de Bella.

- Ustedes tres eran amigos. Esto no puede estar pasando.

Acotó Bella, sin color en el rostro - Al menos ella no lo sabía -pensé aminorando esta vez el juicio contra ella.

- Mejores amigos hasta que él decidió quitarse las ganas con mi novia

Y ahí estaba la verdad no contada de la mejor forma pero verdad al fin, Bella me miró anonadada y yo me quede callado baje la vista, no me sentía orgulloso de aquello pero por otro lado como era posible que después de tantos años aún le doliera. Yo no tenía la culpa que nos hubiéramos gustado y en el corazón no se manda.

- ¿Tú hiciste qué?

Chillo Bella, mirándome ahora con esa mirada acusadora. Se había dado vuelta la situación, yo había sido el engañado y ahora ella era la engañada – Perfecto -suspiré tensando mi barbilla.

- Será mejor que nos vayamos, Edward por favor

Interrumpió Tanya evidentemente nerviosa por lo que pudiera pasar. Sólo me contenían ellas dos, porque tenía todas las ganas de quitarle esa sonrisa de los labios. Pero quien se creía al estar utilizando a Bella de esa manera.

- Si creo que ella tiene razón. Vámonos Bella

Coincidió Jacob tomando de la cintura a Bella para irse y para mí eso fue suficiente, nadie más que yo tocaba el cuerpo de la madre de mi hijo. Perdí la perspectiva y tomé el brazo de Jacob para quitarlo de ese lugar que solo me pertenecía a mí por derecho propio.

- ¡Suelta a mi mujer!

Le grite sin controlarme y atraje la atención de todos los clientes. Tanya dio un paso al frente y se interpuso entre ambos, me puso sus manos en el pecho y Bella hizo lo propio con Jacob.

- ¿Tú mujer? No me hagas reír, dejo de ser tuya hace mucho tiempo

Me contestó en un grito y la furia me embargo por completo, como era eso de que había dejado de ser mía hace mucho, de pronto leí entre líneas y tome del brazo a Bella para encararla. Tanya trató de que la soltará pero no se iba a escapar sin aclararme si ella había estado con él de esa manera.

- Qué está tratando de insinuar, ¿qué tú y él?

Le pregunté pero ella no alcanzo a contestarme cuando mi ex mejor amigo la saco de entre mis manos.

- Por favor no hagas un escándalo aquí

Me suplicó Tanya, la miré confundido y mi pecho se desgarraba en dos, miré a Bella pero esta estaba en shock y rehúyo mi mirada.

- ¿Yo y ella qué?, te crees el único con derecho de rehacer su vida, pues te equivocaste. Ella ahora está conmigo –me aclaró y lo miré anonadado.

- Jacob por favor

Le pidió por lo bajo Bella y yo la miré, la cólera se apoderó de mi y no sé cómo pero saque a Tanya de en medio y a la propia Bella para darle el puñetazo que tanto rato y con tanto pulso se estaba ganando, su cuerpo se hizo hacía atrás y le rompí el labio.

- ¡No Edward! ¡Basta!

Gritó Bella sujetándome del pecho pero claro, yo conocía muy bien a Jacob y dentro de ese correctito perfil de "yo no quiebro un plato", había más que un tímido muchacho. Me respondió y caímos al suelo, Bella incluida, está cayo unos pasos más allá porque su cuerpo se deslizo producto del impacto, choco contra un pedestal, que tenía en su base, una fuente grande llena de agua con flores en su interior. Su grito ahogado nos distrajo y Tanya se acerco.

- Bella… Bella –la llamo desesperada con la voz entrecortada por el susto -¿Te encuentras bien? –le preguntó pero Bella no contestó estaba tumbada en el suelo inconsciente - ¡Por Dios, que alguien llame a un ambulancia!

Grito mi amiga con la mano llena de sangre producto del corte que había sufrido Bella cuando recibió el florero en la cabeza. Jacob se acerco para examinarla pero me acerque detrás de él.

- ¡Suéltala!

Le grite y me sujeto por la ropa, sus ojos destellaban rabia mezclada con victoria.

- No seas estúpido, tiene una contusión, déjame examinarla.

Siseó quitando mi brazo con fuerza mientras se agachaba donde estaba Bella y trataba de hacerla reaccionar. Tanya me separó de ellos y me miró enojada.

- Perfecto como vas a explicarle a tu hijo de cuatro años que su madre pasara la navidad en una clínica por tu culpa.

Me reclamó histérica llamando por teléfono a una ambulancia.

Y una vez más devuelta a la sala de urgencia que tanto había conocido hace unos años atrás. No me sorprendió ver a Emmett y la mirada inquisidora de Ángela no se dejo esperar.

- Pero que pensabas, pasan dos días que mi hermana te ve y nuevamente estamos en un hospital por tu culpa

Me reclamó irritada en ese minuto entro mi madre con Anthony en los brazos.

- Hijo – susurró mirándome con horror - ¿estás bien? – me preguntó tomándome la barbilla, rehuí su contacto porque dolía, ella abrió sus ojos en sorpresa cuando advirtió que no solo estaba yo ahí sino también la hermana de Bella - ¿Qué pasó?, ¿Le ocurrió algo a Bella? – preguntó mirando a Jacob que me miró y el odio era mutuo.

- Se golpeo la cabeza y se hizo un corte –le explique a mi madre que me miró desconcertada y Jacob me interrumpió.

- Todo gracias a ti –agrego sarcástico

- No fui yo quién provoco la pelea –exclamé en defensa.

- Ahora yo soy el culpable –dijo ofendido - No fui yo el arrebatado de celos que se acerco a pedir explicaciones a su ex novia, a la cual le quito el hijo hace cuatro años sin piedad alguna. Que reclamas ahora, derechos de propiedad sobre ella, no te cansaste ya de hacerla sufrir.

Me hecho en cara y me quede callado mirándolo a los ojos. Iba a contestarle cuando mi madre me interrumpió tomando mi cara entre sus manos para que la mirara.

- ¿Tú hiciste qué? –preguntó un tanto espantada por mi berrinche de colegial

- Ella estaba besándose con él, aún cuando anoche ella hizo el amor conmigo

Expliqué y lo dije con intensión. Quería que él sintiera en carne propia lo que yo había sentido al enterarme que ella había estado de esa manera también con él. Se me revolvió el estomago de solo pensarlo. Jacob se quedo callado y me rehúyo la vista, justo en ese minuto se acerco Emmett hasta donde estábamos.

- ¿Cómo esta?

Preguntamos al unísono él y yo, nos miramos con oído.

- Bien, tiene una contusión pero nada grave. La están suturando, sólo son cuatro puntos –informó y respiré aliviado.

- ¿Cuatro?, bien hecho Cullen, al menos la dejaste viva esta vez

Magulló entre dientes Ángela dándome su mirada furtiva. Emmett se acerco a mi lado cuando me vio que tenía el labio roto y una rasmilladura en la barbilla. Me aleje de él pero este me sujeto con fuerza.

- No te conocía ese lado orgulloso. Déjame ver, podrías tener la mandíbula dislocada –me explicó y a regañadientes lo deje examinarme

- Estoy bien –le dije y aunque dolía como un demonio pero no iba a reconocer que después de tantos años Jacob seguía ganándome en las peleas - ¡Auch! Duele –protesté bajito y mi amigo rió

Emmett le dio una mirada a Jacob y luego miro devuelta a mí.

- Parece que ustedes no progresan, ni crecen. Sí mal no recuerdo hicieron lo mismo la última vez –agregó este con voz madura

- Era distinto, ella me correspondía y éramos unos niños

Le hice ver a Emmett recordando a la novia de Jacob que me había confidenciado su amor aquel día.

- ¿Qué te hace pensar que no soy correspondido?

Me contestó de vuelta Jacob y ahí estábamos de nuevo, uno frente al otro, echando chispas por los ojos, quería puro darle otro puñetazo, separados solo por el cuerpo de Emmett que trataba de llamar a la razón.

- ¡No te atrevas a insinuar algo que no es cierto!

Espeté en un grito tan alto que mi hijo se asusto, mi madre lo saco unos pasos más lejos para que no presenciará la pelea.

- ¿Cómo lo sabes, acaso tu estuviste con ella los cuatro últimos años?

Me hizo ver devuelta. Entrecerré mis ojos, cual era él motivo para que estuviera haciendo esto. Defendiendo a morir algo que yo tenía claro no era cierto como él quería hacerlo parecer.

- Tú tampoco

Le contesté de vuelta satisfecho por tener claro que lo de ellos estaba recién comenzando si es que había algo. Ella no podía haberse acostado conmigo si mantuviera una relación con él, Bella no era así.

- Ahí te equivocas déjame informarte que con Bella llevamos dos años juntos –exclamó victorioso y la sonrisa burlona se le dibujo en el rostro

- ¿Qué?

Grite sorprendido y miré a Emmett en busca de la verdad.

- Ella tiene derecho a rehacer su vida

Confirmó mi amigo bajando la vista y yo me quede de una pieza. Ella me había mentido pero mi razón se negaba a creer que los susurros de la noche anterior fueran mentiras que sus gemidos fueran fingidos, que su mirada hubiera sido una ilusión. Habíamos hecho el amor no tenido sexo, yo lo había sentido así y sé que ella también. Mi corazón se partió en dos y quise estrangularlo hasta verlo morir. Sin medir consecuencias ni pensar en que mi hijo de cuatro años y medio estaba presenciando me abalance cegado sobre él. Ella era mía y de nadie más.