Dark Chat

lunes, 29 de noviembre de 2010

Te Presento A Mi Amante

Capitulo 15: Visita Inesperada

Bella POV

Edward conducía en silencio y muy despacio. Nos dirigíamos a su casa pero en verdad no me sentía muy cómoda de ir a ese lugar. Íbamos a decirle a los padres de Edward que yo estaba con su hijo aunque él tenía esposa, y sobre todo íbamos a hacerlo en su casa, donde ella se encontraba. Tenía los nervios a flor de piel, sentía que, a pesar del frio, las manos me sudaban. ¿Cómo se iban a tomar los Cullen esta noticia? ¿Iba a verme Esme de la misma forma que lo había hecho Charlie? Decidí dejar eso de lado y enfocarme en el embarazo de Tanya. Justo cuando iba a comenzar con las preguntas el celular de Edward sonó.

—Si… —el rostro de Edward estaba tenso, se notaba en cada uno de sus rasgos el enojo, la angustia y el sufrimiento que todo esto le estaba trayendo— esta bien, vamos para allá.

—¿Paso algo? —pregunté.

—Alice no cree que ir a mi casa sea buena idea, ella, Emmett y mis padres nos esperaran en la cabaña.

—Ah… —no dije nada mas hasta que llegamos, afuera estaba totalmente oscuro y aun no había ningún auto. Una vez que entramos a la casa Edward se sentó en el sofá y me atrajo hacia el sentándome en su regazo— Edward… ¿por qué estas tan seguro que el hijo de Tanya no es tuyo?

—Por que si fuera mío ya tendría unos seis meses de embarazo —con su mano levanto mi barbilla para verlo a los ojos— te dije que no me acostaría con ella, y lo cumplí.

—Tanya me dijo que tú ya lo sabias, que ayer cuando te lo dijo tú… tú te alegraste y le dijiste que la amabas.

—Es mentira, lo supe hoy en la mañana, y ahí mismo me confeso que ese hijo no es mío, pero que quiere que lo mantenga para no decir nada sobre nosotros.

—No puedes hacerle caso —dije levantándome para quedar frente a el— ahí esta la prueba que necesitas para separarte de ella.

—Lo se Bella, pero… —se detuvo un momento.

—¡Já! ¿No será que el niño si es tuyo? —pregunté.

—Bella no digas tonterías —se puso de pie— lo que no quiero es que hablen mal de ti, que en la universidad se enteren y no tanto por mi, sino por ti no quiero que te corran.

—Hay muchas universidades —argumenté.

Edward se sentó de nuevo, presionando al puente de su nariz con los dedos.

—¡No! Ya encontraremos una manera de arreglar esto.

—Claro, dándole tu apellido al niño de otro —me senté en otro sofá, apartada de Edward lo mas que pude, su actitud me ponía de malas— oye, ¿no quieres que sea la madrina?

Edward levanto la cabeza y me vio desconcertado, yo solo me encogí de hombros, él se disponía a decir algo pero el sonido de la puerta al abrirse no lo dejo, mi corazón comenzó a elevar sus latidos, era el momento de enfrentar con la verdad a los padres de Edward. Primero entraron Alice y Emmett, y unos pasos atrás venían Esme y Carlisle. Edward y yo nos pusimos de pie, Alice se acerco a mí y paso uno de sus brazos sobre mi hombro.

—Espero que ahora si nos digan que pasa —la dulce voz de Esme se notaba preocupada.

—Madre —comenzó Edward, Esme y Carlisle tomaron asiento, Edward, Alice, Emmett y yo nos quedamos de pie, aunque mis piernas rogaban por un asiento antes de que me fallaran— esta mañana le pedí el divorcio a Tanya.

—¿Cómo? —esta vez Carlisle hablo— ¿por qué?

—Por que no soy feliz con ella, por que… me enamoré de otra mujer, y además Tanya espera un hijo de otro hombre.

—¿Qué? —la confusión reinaba en el rostro de Esme— ¿cómo que esta embarazada? Edward… ¿de quien te enamoraste? Explícame ¿es broma?

—No mamá —Edward me miro y me tendió su mano, suspiré y di dos pasos hacia delante tomando su mano entre la mía— Bella y yo nos enamoramos e iniciamos una… una relación a escondidas.

El silencio reino en la habitación. No me atrevía a mirar a la cara a los padres de Edward, así que baje la mirada al suelo, parecía por un momento que mis zapatos tenían algo espectacular por que no quería dejar de verlos. No quería levantar la cara y toparme con los ojos de Esme y Carlisle, no quería encontrarles ningún tipo de parecido con los de Charlie.

—¿Es eso lo que yo te enseñe? —preguntó Carlisle.

—No papá —sentí la mano de Edward apretar la mía— pero no pude evitarlo, me aleje de ella pero siempre quería verla y estar cerca, se que primero debí terminar mi relación con…

—Matrimonio —interrumpió Carlisle— no es una relación que termine en cinco minutos, es un matrimonio Edward.

—Pero dijiste que Tanya esta embarazada de otro —dijo Esme con el mismo tono dulce de voz— tu divorcio será más…

—¿Fácil? No mamá. Tanya sabe de lo mío con Bella y me esta chantajeando. Quiere que mantenga al niño, que le de mi apellido para que ella no diga nada sobre Bella.

—Yo… —empecé a hablar pero callé inmediatamente.

—Di lo que ibas a decir Bella —me animo Esme sonriéndome.

—Yo le dije a Edward que a mi no me importa lo que Tanya pueda decir, Char… mi papá ya se entero —las lagrimas se acumularon en mis ojos pero no las deje salir— lo que el pueblo pueda decir o no la verdad no me importa.

—¿Y la escuela? —pregunto Edward— te pueden correr.

—Ya te lo dije hay mas universidades —contesté.

—Ya basta —Carlisle se puso de pie.

—¿Podría hablar a solas con Bella? —preguntó Esme.

—Claro cariño, Edward tú y yo afuera ahora —dijo Carlisle saliendo de la cabaña, Edward soltó mi mano no sin antes depositar un pequeño beso y después salió tras su padre.

—Uy parece que Carlisle no lo tomo muy bien —dijo Emmett sentándose en el sofá junto a Esme— en fin, ¿cómo resolveremos esto?

—Emmett, cuando dije hablar con Bella quería decir a solas —Esme le dio una dulce sonrisa.

—Oh claro —Emmett estallo en carcajadas— eso quiere decir que me tengo que ir.

Alice rodo los ojos y tomo a Emmett de la mano jalándolo con ella hacia una de las habitaciones. Me sorprendió la fuerza del pequeño duende, no cualquiera podía jalar a Emmett de esa manera. Me quede a solas con Esme, con la mano me invito a sentarme junto a ella y con extrema lentitud lo hice. Tomo una de mis manos entre las suyas, sentí una calidez muy parecida a la que había sentido con mi madre infinidad de veces y me sentí un poco menos nerviosa.

—Bella, esto es algo difícil para Carlisle, su actitud no tiene nada que ver contigo, es mas con Edward, lo crió para ser un caballero.

—Y lo es —respondí.

—Si, pero, bueno su situación es complicada; dime algo ¿amas a mi hijo?

—Si —conteste sin pensarlo— lo amo, por eso mismo no me importa que la gente hable lo que quiera, solo quiero estar con el.

—Cariño esto es difícil para Edward, el jamás querrá que alguien hable mal de ti, cuida a las mujeres que ama como a nada en el mundo así que será un poco difícil hacerlo cambiar de opinión.

—Si es muy terco —resoplé.

—Demasiado —rio suavemente— pero eso es bueno en el sentido de que te quiere y no dejara que te alejes de el.

—Si, ahí si debe ser muy necio —reí con ella, era tan fácil como hablar con mi propia madre.

—Entonces si ambos se aman, esta decidido, tienes mi apoyo y se que el de Carlisle también, solo deja que le de un regaño a Edward —me guiño un ojo— yo entiendo Bella, y Carlisle mas que nadie entenderá a mi hijo.

La mire desconcertada y eso pareció ser suficiente para que Esme continuara.

—Conocí a Carlisle cuando recién salí de la universidad, él tenía novia, yo jamás hice nada por que él y ella terminaran, pero él lo hizo, así que quizás yo nunca estuve en tu lugar, pero mi marido si estuvo en el lugar de Edward, enamorado de una, pero siendo pareja de otra así que no dudes que lo apoyará.

—Wow, nunca lo hubiera imaginado.

—Yo tampoco —rió alegremente— cuando llego con un ramo de rosas le grite que era un infiel, pero después me lo aclaro todo.

Estaba a punto de decir algo cuando Carlisle y Edward entraron a la casa, Carlisle se veía más relajado, pero Edward se veía tenso y me miraba como si fuera la última vez.

—Bella, Edward me dijo lo que hizo Charlie —asentí despacio, bajando la mirada— no lo justifico, pero tampoco estuvo del todo bien, así que puedes quedarte aquí el tiempo que quieras.

—Oh —dije sorprendida— ah… gracias señor…

—Carlisle, dime Carlisle —me sonrió por primera vez en toda la noche, y esta fue también una sonrisa amable y cariños— Bella, bienvenida a la familia.

—Gracias —le devolví la sonrisa.

—¡Alice! —grito Esme— vámonos.

—Entonces la habitación se oscurecerá —decía Alice a Emmett, ambos venían saliendo de la cocina— cuando la luz regrese habrá sangre regada por las paredes, eso es sobre todo para que Mike Newton salga corriendo y…

—Alice será mejor que dejes esa fiesta para otra ocasión —dijo Carlisle, y nunca estuve tan de acuerdo.

—¿Pero por que? —la cara de Alice se tornó triste— ah claro entiendo, pero la próxima vez se hará todo a mi modo.

—Siempre se hace todo a tu modo —Edward rodó los ojos.

—Alice no puedes ir por la vida amenazando a la gente —Carlisle pasó uno de sus brazos por los pequeños hombros de Alice.

—Si puedo, y la navidad estará a mi cargo.

—¡No! La navidad no —gritó Edward.

—¿Tan malo es? —pregunté casi en su susurro.

—La ultima ves fuimos al Polo Norte para hacerlo todo mas real —me dijo Edward al oído.

Me dio un escalofrió solo de pensar en la nieve y el inmenso frio que Alice debió hacer pasar a su familia. La discusión de Alice con sus padres paso a segundo plano. Me quede pensando en la invitación de Carlisle para quedarme ahí pero la idea de estar en medio del bosque completamente sola me aterraba un poco, prefería ir con Rose y Jasper a pedir alojo.

—Me gustaría saber que piensas —dijo Edward.

—Te desilusionarías —me reí— solo pensaba que agradezco mucho el ofrecimiento de tu papá pero no puedo quedarme aquí sola y…

—¿Y quien dijo que te quedarías sola? —susurró en mi oreja, su aliento choco contra la piel de mi cuello antes de que depositara un beso suave, se separo un poco de mi y me dio esa sonrisa traviesa que tan nerviosa me ponía.

—¿Te quedaras conmigo? —asintió— pero ¿y Tanya?

Se encogió de hombros, restándole importancia al asunto.

—¿Y tu que opinas Bella? —pregunto Alice.

—¿Sobre que?

—Sobre la fiesta de navidad, ¿si te pones en mis manos?

—Alice faltan dos meses para eso, además yo no tengo por que opinar.

—¡Claro que si! Papá ya lo dijo eres parte de la familia y también Emmett, así como Rosalie y Jasper, Emmett ya pidió pavo extra para el.

Rodé los ojos, claro era Emmett —esta bien, siempre y cuando no nos lleves al Polo Norte.

—No me limites —dijo riendo— ahora si vámonos.

—Bella —dijo Emmett acercándose a mi— arreglaré esto con papá.

—Gracias Emmett —le sonreí.

—Edward ¿estas seguro? —pregunto mi hermano— habla cuando esta dormida.

—Si lo se —lo mire y me sonroje, me pregunte que tantas cosas había dicho la noche anterior mientras dormía.

—Bueno, allá tu —Emmett me abrazo— hasta mañana Bella.

—Adiós Em —me despedí del resto de la familia, Edward los acompaño y cuando regreso tuve que preguntar— ¿qué dije anoche?

—Dijiste que me querías —sonrió.

—¿Eso fue todo? Bueno eso ya lo sabias.

—Si, pero es mejor escucharlo de tus labios que saberlo, y de lo demás… ¿qué soñaste?

—¿Por qué? —me sonroje mas.

—Por que aunque no hablaste… suspirabas y decías mi nombre.

—No tengo idea —mordí mi labio— vamos a dormir ¿si?

Asintió, me abrazo por la cintura y fuimos al cuarto principal. Ahí estaban mis maletas, no supe como llegaron hasta ahí, pero ahí estaban sobre la cama.

—¿Quieres bañarte primero? —preguntó Edward, yo me sonroje, no sabia si era una invitación a bañarme con él, o solo una pregunta de lo mas normal y casta.

—Si, me siento algo cansada.

—En el mueble del baño hay toallas limpias —dijo entrando al baño— ¿sabes? No hay champú.

—Yo no traje el mío, solo empaque ropa.

—¿Qué te parece si voy a la farmacia mientras tu te recuestas en la tina?

—No es necesario.

—No, no lo es, pero me encanta como huele tu cabello —me abrazo, sus labios se juntaron con los míos en un suave beso, su lengua jugó con la mía mientras sus manos acercaban mi cintura mas a él, nos separamos para tomar aire y el hundió su cara en mi cabello e inhalo— delicioso, volveré pronto.

Me dio otro rápido beso y salió de la habitación, busque entre mi ropa algo decente para dormir y encontré varias cosas que estaba segura no eran mías, había encaje por todos lados, azules, negros y uno que otro rojo, definitivamente esta lencería no era mía. Mi teléfono vibró y lo saque del bolsillo de mis pantalones, era un mensaje de Alice:

'No te enojes, se que no lo necesitas para excitar a mi hermano, pero una ayudadita no les vendrá mal' ^
Alice
^

No conteste el mensaje, no podía darle las gracias, pero tampoco iba a ser grosera si se había molestado en traer ese montón de ropa interior, si es que a eso se le podía llamar ropa, era diminuto y transparente. Tomé lo mas decente que encontré y fui al baño a preparar la tina, la llene de agua y comencé a desvestirme. Entre a la tina y hundí totalmente mi cuerpo en el agua, saque la cabeza y la recosté en uno de los costados de la tina. Tenía unas ganas enormes de llorar de nuevo, pero el hecho de que Edward llegara en cualquier momento y pudiera escucharme me detuvo. Seguro se culparía de lo que estaba pasando, siempre trataba de asumir la culpa, aunque ambos fuéramos tan culpables el uno como el otro.

Debí quedarme dormida unos minutos, ya que los suaves golpes en la puerta del baño me sobresaltaron.

—¿Bella estas ahí? Traje tu champú.

Una idea me cruzo por la mente, pero después la borre, aunque era lo bastante tentadora como para no dejarla pasar, así que no resistí las ganas de hacerlo.

—Pasa Edward —aunque tenia el cuerpo totalmente dentro del agua, la transparencia de esta hacia mi cuerpo desnudo visible para él, me sonroje cuando Edward entro y se quedo de pie junto a la puerta, apretando la manija de la puerta.

—¿Dónde… dónde lo dejo? —preguntó.

—¿Podrías dármelo? —extendí la mano, apretando mi pecho contra la tina, Edward se acerco despacio, extendió también la mano lo mas que pudo para mantenerse alejado de mi— ¿qué pasa?

—Nada —contesto desviando la mirada.

—¿Vas a bañarte?

—Si, después de ti —se dio la vuelta.

—¿Y por que no ahora? —me miro de nuevo, sus ojos brillaban como seguramente lo hacían los míos, mi respiración se acelero y sentí que me sonrojaba de nuevo. Solo Edward era capaz de hacer que mi vergüenza se derrumbara así de fácil.

—No quiero incomodarte.

—Hay espacio suficiente —me puse de pie— ¿ves? No me vas a incomodar.

—Bella, serás mi muerte —dejo el champú, que a estas alturas importaba poco, sobre el mueble y se acerco a mi, sus brazos rodearon mi cintura y me acerco a él, resbale dentro de la tina pero el me tomo en sus brazos, me beso mientras caminaba de regreso a la habitación.

Me puso sobre mis pies sin dejar de besarme, con mis torpes manos intente desabotonarle la camisa, lo logre después de luchar contra el ultimo botón, pase mis manos por su pecho mientras sentía sus manos acariciar mi espalda, me tomo por la cintura y me llevo a la cama donde se recostó sobre mi, beso nuevamente mis labios y deslizo sus labios hasta mi cuello, me mordió suavemente mientras un gemido abandono mis labios, una de sus manos acariciaba mi pierna mientras yo trataba de bajarle el pantalón.

Sus labios viajaron desde mi cuello hasta mis senos, paso su boca lentamente, arquee la espalda en respuesta a sus caricias y tome su cabeza entre mis manos, hundiendo mis dedos en su cabello. Llevo sus besos por todo mi estomago, separo un poco mis piernas pero no hizo lo que yo creí, beso mi pierna y después la otra, subiendo su boca por el interior de mis muslos pero jamás lo que yo tanto deseaba.

—Edward… —dije entre suspiros— no me tortures así.

—¿Puedo? —pregunto levantando sus ojos hacia mi.

—Lo que quieras —no sabía exactamente lo que había preguntado, pero estaba segura de que no me iba a arrepentir y no me equivoque. Sentí su boca contra mi, tan cálida que me llevo a la misma cima del cielo.

Edward se separo un momento, mientras mi respiración se normalizaba un poco, me di cuenta de la situación que había pasado y que yo la había provocado, me mire me tape con la sabana, Edward salió del baño con algo en sus manos. Se acerco de nuevo a mí y me beso en los labios.

—¿Por qué te cubres? —susurro en mi oreja— eres perfecta, además hace unos minutos no te importaba tu desnudez.

Sentí mi piel arder por el sonrojo y por el tacto de sus manos quitándome la sabana, la tiro al suelo donde segundos después cayo el resto de su ropa. Me mordí el labio, Edward se recostó sobre mi, me beso tan dulcemente que olvide donde estaba y mi vergüenza, solo existíamos él y yo, sus manos acariciaron mi cuello, mis senos de nuevo mientras se abrió paso entre mis piernas. Aquella sensación fue mejor que la de la noche anterior, sentí una corriente eléctrica en todo el cuerpo que me dejo sin aire, pero aun así era demasiado placentera, al recuperar al aliento solté un gemido que Edward ahogo en su boca al besarme.

Nuestros cuerpos se movían juntos, al mismo tiempo, sentí esa descarga una vez mas, clave mis uñas en su espalda y deje escapar un gemido mas fuerte. Lo sentí temblar sobre mi de la misma forma que lo había hecho yo y con mi piernas alrededor de su cintura lo acerque mas a mi. Se relajo un poco dejando caer su peso despacio sobre mí.

—Te amo —dije besando nuevamente sus labios.

—También te amo, y quiero que lo tengas muy presente pase lo que pase.

—¿Compraste condones? —pregunte al ver lo que estaba tirado sobre el suelo.

—Eh… —por primera vez lo vi sonrojarse— Emmett me lo sugirió, pero no pensé que…

—Esta bien, uno nunca sabe cuando su novio la puede seducir.

—¿Yo a ti? —pregunto alzando una ceja.

—¿Ya me puedo cubrir? —pregunte cambiando el tema.

—Nadie ha dicho que hayamos terminado —y me beso de nuevo, con tanta pasión que me perdí de nuevo entre sus brazos.

Tanya POV

Aburrida. Así estaba en este maldito pueblo. Eran las siete de la mañana y ya estaba molesta y frustrada por no poder salir de aquí. A un lado de mi, sobre la cama no estaba Edward, el cuarto estaba tal y como lo había dejado antes de dormir. Reí para mí, seguramente estaba con Isabella despidiéndose.

Entre al baño y me prepara para bajar a desayunar con mi familia. En el comedor solo estaban Carlisle y Esme, no había rastros de Edward ni de la molesta de su hermana.

—Buenos días —saludé, pero no obtuve respuesta. Mi lugar no estaba en la mesa, y ninguno de los dos subió la mirada para al menos hacerme saber que me habían escuchado— ¿qué hay para desayunar?

—Lo que desees prepararte —dijo Carlisle— será mejor que me vaya o se me hará tarde, te veo después mi amor.

Beso a Esme y salió del comedor sin decir nada mas. Esme también se puso de pie y tomo su plato junto con el de su marido y entro a la cocina. Yo la seguí.

—¿Qué les pasa eh?

—Creo que esta muy claro —Esme me miro a los ojos con cierto reproche, algo que nunca había visto— estarás en esta casa mientras seas la esposa de Edward, pero no esperes que seamos hipócritas como tu por que eso a los Cullen no se nos da.

—Ah ya veo —me burle— Edward fue con papi y mami a quejarse de lo que le hice.

—No tienes vergüenza, pero estas equivocada si crees que te saldrás con la tuya.

—No puedo creer que tú siendo esposa y madre te pongas en el lugar de Isabella.

—Tal vez si amaras a mi hijo, no lo habría hecho, yo solo estoy del lado de la mujer que quiera a mi hijo y esta claro que tu no lo amas.

Rodé los ojos, y ella negó con la cabeza, yo reí de nuevo y Esme salió de la cocina, me prepare algo de fruta, no dejaría que la indiferencia de mi familia política me abrumara, tendría su dinero que a fin de cuentas era lo que me importaba. Me fui a la sala para desayunar mientras miraba televisión. Note que el auto de Esme ya no estaba y agradecí por eso. Esperaba que los cuatro integrantes de la familia volvieran hasta muy tarde. Sin embrago el timbre de la puerta hizo que la calma se fuera.

Me puse de pie y fui a abrir la puerta, ahí de pie estaba un hombre corpulento, de cabello oscuro que me sonreía abiertamente.

—¿Buscas a alguien? —pregunte.

—A ti Tanya —asentí despacio intentando recordar donde nos habíamos conocido, sin embrago el aclaro mi duda— nos conocimos en Ibiza.



domingo, 28 de noviembre de 2010

Esposa de un Jeque

Capítulo 9

Bella se despertó con el aroma del café.

—Buenos días. Te he traído el desayuno.

La voz de Edward fue como una agradable bien venida en la inconsciencia del sueño. Hasta que a su mente volvieron los recuerdos del día anterior.

Edward le tomó la cabeza y le preguntó:

—¿Te encuentras bien, pequeña gatita?

Bella lo miró. Estaba sentado a su lado en la cama, vestido con una bata; evidentemente se acababa de despertar. Tenía el pelo revuelto, incipiente barba, y profundas ojeras de una noche en vela. Ella sabía que el sofá era muy pequeño para él. Sin embargo, estaba igualmente atractivo.

Y ella prefería no verlo atractivo.

Había tomado algunas decisiones en las horas de insomnio, y no quería verse afectada por aquella masculinidad arrolladora.

Se sentó en la cama y se tapó con las mantas. No quería que Edward tomase ningún gesto suyo como una invitación.

Él alzó las cejas al ver su actitud, pero no dijo nada y depositó la bandeja del desayuno en el regazo de ella.

Había dos cruasanes en un plato, dos tazas de café y un cuenco con higos.

Bella tomó la taza de café y dijo:

—Gracias.

—Es un placer.

—Quiero volver a Seattle—le dijo ella.

Quería transmitirle cuanto antes su decisión.

Edward esperó a terminar de masticar un trozo de cruasán para contestar.

—Volveremos, como estaba planeado. Mis negocios están allí. Tu trabajo también.

—Quiero decir hoy—ella dejó la taza en el plato.

—Eso no es posible.

—¿Se ha roto tu jet?

Él ignoró el sarcasmo en el tono de Bella y contestó como si la pregunta no hubiera sido retó rica.

—No.

—Entonces, no veo el problema.

—¿No lo ves?—el tono de voz amenazante dejaba claro que aquel hombre había sido entrenado desde niño para ejercer autoridad.

—No—dijo ella.

—¿Te has olvidado de la ceremonia de boda con la gente de mi abuelo?

—Sería ridículo pasar por otra ceremonia de boda si tengo idea de divorciarme, ¿no crees?

Edward se puso tenso, como si se preparase para la batalla.

—No habrá divorcio—declaró el jeque.

—No sé cómo vas a hacer para impedirlo.

Edward la miró con gesto amenazante, como si qui siera decirle que no tenía imaginación suficiente.

—Lo digo en serio, Edward. No voy a seguir casada con un hombre para el que sólo soy un medio para conseguir algo.

—No eres un medio. Eres mi esposa.

—Eso dices. Pero es curioso. Yo no me siento como una esposa.

—Eso lo puedo solucionar yo.

Ella agitó la cabeza, sabiendo a qué se refería él.

—No volveré allí.

—¿Adonde?—preguntó él con voz sensual.

—A la cama.

—Si somos muy compatibles en la cama— Edward le acarició el pecho.

Ella se estremeció a su pesar. Su cuerpo desobede cía las órdenes de su corazón marchito.

—Eso es sexo, y estoy segura de que habrás sido compatible con otras mujeres también.

—Con ninguna como contigo.

A ella le hubiera gustado creerlo. Pero después de haber descubierto tantas mentiras, no podía hacerlo.

—Díselo a otra...

Él se rió.

—No quiero hacer el amor con nadie más que con tigo.

—Si no me amas, no es hacer el amor.

—Entonces, ¿qué es?—sonrió él.

—Sexo, o si lo prefieres...—dijo una palabra más grosera y se sirvió un cruasán.

—No te queda bien la ordinariez.

Bella terminó de comer antes de contestarle.

—No me importa lo que te parezca a ti.

—Es suficiente—dijo él, levantándose, molesto.

—No puedes decirme lo que tengo que decir y lo que no, como si fuera una niña.

—Te estás comportando como una niña.

—¿En qué?

—Tú estás feliz de estar casada conmigo. Me amas, pero amenazas con romper nuestro matrimonio con un pretexto absurdo.

—No me parece que la traición sea un pretexto ab surdo.

—¡Yo no te he traicionado!—gritó él.

Era la primera vez que lo oía gritar.

Y no le gustaba.

—Cuando nos casamos, estabas tan contenta que bri llabas...— Edward volvió a controlarse.

Ella iba a decir algo, pero él la interrumpió.

—No lo niegues.

—No iba a hacerlo.

—Bien, por lo menos reconoces algo.

—Ahora no estoy contenta.

—Eso es algo que puede cambiar.

—No cambiará jamás.

Ella había estado contenta porque pensaba que el hombre al que amaba, también la amaba a ella.

—Eso no lo creo—respondió Edward.

—Te parecerá extraño a ti, pero el sentirme usada por mi padre y mi esposo no me hace feliz. Y puesto que eso no puede cambiar, es imposible que cambien mis sentimientos.

—No se trata de que te hayan usado. Sé que aborre ces que tu padre se meta en tu vida. Pero para un padre es importante encontrar un marido adecuado para su hija. Y para nosotros es un placer estar juntos. Por lo tanto, lo único que nos hace falta es que lo aceptes.

—El sexo sin amor es degradante. Y la preocupación de un padre por el bienestar de su hija no hace que la venda a cambio de una sociedad mercantil.

—Él no te vendió.

Unas lágrimas se deslizaron por las mejillas de Bella.

—Sí, me vendió. No soy más que una esposa por obligación, a la que se ha comprado y por la que se ha pagado.

Era muy doloroso, y ella se dio la vuelta para que él no fuera testigo de la pena tan grande que sentía.

Edward quitó la bandeja y la estrechó en sus brazos.

—No llores, por favor.

Ella no quería que él la consolase. Edward era el enemigo. Pero no había nadie más, y el dolor era de masiado grande para soportarlo sola. Edward le acarició la espalda, y pronunció palabras de consuelo.

—Eres mucho más que una esposa por obligación.

—No me amas. Te casaste conmigo porque te obligó tu tío.

Edward la abrazó fuertemente.

Ella se hundió en su pecho. Pero la realidad estaba allí. Y ella no iba a rehuirla.

Hizo un gran esfuerzo y se recompuso antes de de cir:

—Necesito levantarme.

—No hemos terminado de conversar—respondió él, contrariado.

—Tengo que prepararme para viajar.

Edward quiso mirarla a los ojos, pero ella desvió la mirada.

—Tienes razón—dijo él finalmente—. Tenemos que prepararnos para nuestro viaje a Kadar. Iremos en heli cóptero. Y por más que me pese que te recojas el cabe llo, tienes que hacerlo.

—No voy a ir contigo al desierto. Me voy a casa—dijo ella.

—Te equivocas. Vendrás conmigo a nuestro hogar en el desierto.

—No.

—Sí—dijo él, con autoridad de jeque árabe.

—No puedes obligarme.

—¿No?

Ella se estremeció.

—No voy a pasar por otra farsa de boda.

—No es ninguna farsa.

—Ésa es tu opinión, y tienes derecho a ella. Pero eso no cambiará la mía.

—Ya está bien. Participaremos en la ceremonia beduina mañana como estaba planeado. No permitiré que mi abuelo sea humillado delante de su pueblo. Ni per mitiré que tú desprecies nuestro matrimonio.

Dicho esto, Edward salió de la habitación.

Dos horas más tarde, Bella estaba vestida para viajar a Seattle. Porque ella se marcharía a Seattle, al margen de lo que dijera su arrogante esposo, pensó.

Buscó su pasaporte para asegurarse de que estaba en regla y se alegró de encontrarlo. Tenía dinero, tar jeta de crédito... Todo lo que necesitaba para salir de Jawhar.

Había llamado al aeropuerto y había pedido un co che para que la recogiese.

Esperó en el balcón a que la fuera a buscar.

Desde allí le llegaban los ruidos de la ciudad, más pequeña que Seattle, pero más ruidosa. El sol calen taba su cuerpo. Un ruido en la sala la alertó de la lle gada de un sirviente. Debía ir a avisarle de la llegada del coche para llevarla al aeropuerto.

El viaje al aeropuerto transcurrió sin problemas.

Como miembro de la familia real, no fue difícil en contrar un asiento en primera clase. Y en pocos minutos estaba sentada en el avión, esperando que despegase.

Se cerró la puerta del avión, y el piloto anunció su salida.

Recorrieron la pista, pero, de pronto, se detuvieron.

Los pasajeros empezaron a inquietarse por la de mora. Si bien ella no comprendía lo que decían.

Pero a medida que pasaba el tiempo, ella tuvo una intuición, que se vio confirmada al ver a su esposo en trar en el avión.

Edward le clavó la mirada oscura. No se molestó en llegar hasta ella. Simplemente ladró una orden a la azafata que rápidamente tomó el equipaje de Bella.

Edward no se movió. Que se llevase su equipaje, si quería. Pero ella no se movería de su asiento.

Cuando él se acercó Bella le dijo:

—Me voy a casa.

Edward no respondió. Simplemente le habló a la azafata en un tono autoritario. Pero Bella no en tendió lo que dijo.

La azafata se acercó a Bella.

—Su Alteza ha prohibido que despeguemos hasta que usted no se baje del avión, señora.

Bella se dio cuenta de su derrota. No podía re tener a toda esa gente. Evidentemente Edward tenía po der suficiente como para hacer que el avión no despe gase.

Se desabrochó el cinturón y se puso de pie. Edward se dio la vuelta y se marchó. Ella lo siguió.

Cuando bajó por la escalerilla, un hombre de segu ridad la acompañó a la limusina que la estaba espe rando.

Bella se sentó en el asiento de atrás. No quiso mirar a Edward. Estaba tan furiosa como asustada.

Sintió ganas de llorar. Pero no lo haría. Había llo rado durante dos días seguidos. Estaba agotada.

Se hizo un silencio espeso en la limusina durante el viaje.

Cuando llegaron, un hombre les abrió la puerta del vehículo. Edward salió primero para ayudarla a bajar, pero ella rechazó su mano.

—Es mejor que camines, o te llevaré yo. Pero ven drás—le dijo él.

—Vete al infierno—contestó Bella. No solía maldecir, pero aquella situación la rebelaba.

No pensaba seguirlo.

Bella se inclinó para sacarla del coche. Ella lo es quivó moviéndose hacia el otro lado del vehículo y abrió la puerta. Salió, pero inmediatamente unas ma nos la atraparon.

—¡Suéltame!—ella luchó por soltarse. Y quiso darle una patada a su captor.

—Tanquilízate, Bella—alguien la alzó desde atrás.

—¡Suéltame ahora mismo!

—No puedo.

Ella siguió dando patadas, y por fin alguna dio en el blanco. Él se quejó de dolor, pero no la soltó.

—Por favor, aziz, no lo hagas más difícil.

—Me estás secuestrando. ¡No te lo voy a poner fácil!

—No puedes volver a Seattle sin mí.

—Mira cómo me voy...

—Si lo hiciera, sería como verte morir.

Ella no comprendió.

Pero inmediatamente él la alzó en brazos de manera que ella no pudo moverse. Y la llevó hasta un helicóp tero que los estaba esperando. La metió en él y luego subió.

—¡No puedes hacer esto!

Edward hizo una seña con la mano al piloto y el apa rato empezó a hacer ruido de motores.

En pocos segundos estuvieron en el aire.

El potente ruido impedía cualquier conversación. Así que ella ni se molestó en hablar.

¡Era todo tan increíble! El jeque, a quien ella había considerado tan civilizado, la estaba raptando en la mejor tradición árabe. Pero no era una fantasía de sus sueños. Sino una realidad.

Estaba furiosa. De pronto recordó sus palabras: algo así como que se moriría si volvía a su casa sin él. ¿Qué había querido decir?

Bella miró por la ventanilla del avión. Se esta ban alejando de la ciudad de Jawhar en dirección a Kadar.

El helicóptero estaba sobrevolando un oasis rode ado de tiendas de campaña. Edward se acercó a Bella y le dijo:

—Ponte el suéter.

El aire de la noche en el desierto era frío, sobre todo en la altura del helicóptero.

A pesar de estar enfadada con Edward, su cuerpo re accionaba a su cercanía de una manera desastrosa. Olía su fragancia masculina, aquella que ella identifi caba como la de su hombre, su compañero... Eso le ha cía sentir nostalgia por su cuerpo, por él. Pero no cede ría.

Se puso el suéter y se apartó de Edward.

Cuando tuvo puesto el cardigan, Edward la miró y le dijo casi al oído:

—¿Puedes abrochártelo?

Ella se estremeció al sentir su aliento en la oreja.

¿La estaría atormentando a propósito?

—Se lleva abierto—respondió ella a gritos.

Prefería gritar a acercarse a él.

El helicóptero empezó a descender.

—Es mejor que te lo cierres. Mi abuelo es muy tradi cional.

«¿Su abuelo?», pensó ella.

—Creí que íbamos a tu palacio.

—He cambiado de idea.

—Vuelve a cambiar. No quiero conocer a más fami liares tuyos.

—Es una pena, porque lo harás.

Bella no lo reconocía. No parecía el mismo hombre que había querido complacerla en todo para darle la boda de sus sueños. Era un extraño.

—No te conozco—susurró ella.

—Soy el hombre con el que te has casado—respon dió él.

—Pero no eres el hombre con el que yo creí haberme casado. El hombre que conocí en Seattle no me hu biera secuestrado contra mi voluntad para llevarme al desierto.

—Pero soy ese hombre. He tenido que tomar esta medida debido a tu comportamiento irracional.

—No es verdad.

¿Cómo se atrevía a decirle que no era racional?

—¿Estás cansada de todo esto? No ves otra perspec tiva que la tuya. Hablaremos cuando te hayas calmado.

—Por lo menos, dime por qué estamos aquí en lugar de en tu palacio.

No habían planeado ir al campamento beduino hasta dos días más tarde.

La sensación de estar casada con un extraño aumentó cuando se puso el sol. Las sombras del desierto hacían más duras las facciones de su rostro.

Edward hizo un gesto con la mano y el helicóptero volvió a ascender.

—No hay teléfonos aquí.

Bella miró el helicóptero desaparecer.

—¿Ni otro medio de transporte?—preguntó ella, sa biendo cuál era la respuesta.

Edward no se arriesgaría a que ella se escapase.

—No, salvo que sepas montar en camello.

Ella lo miró, irritada.

—Sabes que no sé.

—Sí, lo sé.

—Así que además de secuestrarme, quieres hacerme prisionera, ¿no?

—Si es necesario, sí.

—Yo diría que es un hecho—Bella frunció el ceño.

—Sólo si te obstinas en verlo de ese modo.

—¿De qué otro modo puedo verlo?

—Eres mi esposa. Estás aquí para conocer a mi fa milia. Es algo que planeamos hace días. No hay nada siniestro en ello.

—En unos días tendrás que llevarme de regreso a Seattle.

—Sí.

De pronto se oyó un grito en árabe a sus espaldas. Edward alzó la mano y dijo algo en esa misma lengua.

—Ven, vamos a ver a mi abuelo.

—De acuerdo—respondió ella.

Edward le tomó la mano y la llevó hasta la tienda más grande, donde estaba la delegación que los recibi ría. Las antorchas iluminaban a los reunidos. En el centro había un hombre de la misma altura que Edward .

Las arrugas de su cara y el turbante que llevaba indica ban que era su abuelo.

El hombre dio un paso adelante para saludar.

—Bienvenida a nuestro pueblo—dijo en inglés.

Bella se sorprendió de su extrema cortesía, por ser un hombre de mucha autoridad.

Edward se detuvo ante él.

—Padre de mi madre, agradezco tu bienvenida—Edward volvió al lado de ella—. Abuelo, ésta es mi esposa, Bella.

El hombre achicó los ojos y contestó:

—Tu futura esposa, querrás decir.

Bella miró a Edward buscando una explicación, pero él no la estaba mirando. Sus ojos estaban puestos en su abuelo.

Intercambiaron unas palabras en su lengua. Edward parecía enfadado.

Edward soltó la mano de Bella.

Una mujer hermosa salió de detrás del hombre y se colocó a su derecha. Llevaba el traje típico de la mujer beduina, un traje negro, pero con bordados en rojo; la cabeza y el cuello cubiertos por una bufanda.

Le sonrió a Bella.

—Soy Rosalie, esposa de Emmet Hale, hermana de Edward. Tienes que venir conmigo.

Bella volvió a mirar a Edward para comprender.

—Mi abuelo no reconoce nuestra boda porque no la ha presenciado. Han decidido que dormirás en la tienda de mi hermana esta noche. Supongo que estarás contenta de ello—inclinó la cabeza—. Debes ir con mi hermana—extendió la mano como para tocarla, pero luego la bajó—. Mi abuelo ha resuelto que como no soy tu marido a sus ojos y a los de su pueblo, tocarte sería deshonrarte entre ellos.

Sus palabras la desconcertaron, pero al parecer te nía un aliado en el viejo jeque.

Rosalie tocó el brazo de Bella, aún sonriendo, y le dijo:

—Ven. Tenemos mucho que hacer, mucho de qué hablar.

sábado, 27 de noviembre de 2010

Destellos de Oscuridad

Capítulo 10

Escapar

Bella apretó los ojos con fuerza, esperando volverse insensible a todo, que el mundo se deshiciera a su alrededor y hundirse en la negra inconciencia. Pero todo era demasiado real; las manos que aprisionaban sus caderas, los labios que recorrían su cuello y subían por él hasta intentar apoderarse de los suyos.


-Haré que te olvides de él –susurraba Dominic-, tienes que olvidarte de él.


La vampiresa volvió a sentir los colmillos sobre su cuello; jugaba con ella, fingía estar preparado para morderla y Bella se quedaba rígida, hasta que él se retiraba medio riendo y continuaba con los besos.


-Abre los ojos.


Al principio, como una muestra de rebeldía que él nunca podría dominar, se negó, pero el vampiro repitió la orden añadiendo que a Amy le convendría más que su hermana se mostrara más dócil con él. Así que tuvo que abrir los ojos.


-Muy bien, Bella –Dominic sonrió con sus ojos oscurecidos con pasión-, quiero que mi rostro reemplace al de ese bastardo en tus pensamientos.


Bella se limitó a guardar silencio lo que, por fortuna, a él no pareció molestarle.


-Tal vez lo mejor sería marcarte…


-¡No!


La idea de pertenecerle a él en cuerpo y alma la aterró y repugnó a tal grado que no pudo pensar en consecuencias, se agitó en el sillón y lo empujó lejos de sí, haciendo que el vampiro aterrizara en el suelo. Bella se levantó de un salto y se dirigió a la puerta, pero Dominic la sacó de su camino y la estrelló contra la pared, aferrando su cuello entre sus poderosas manos.


-Esto no es un juego, Bella, la vida de tu hermana depende de ello.


La vampiresa dejó de forcejear en ese momento e hizo todo su esfuerzo por tranquilizarse.


-No me necesitas como compañera, Dominic, eso sólo te impedirá estar con otras cuando te canses de mí…


El vampiro sonrió, mostrando sus largos colmillos los que, a juzgar por su filo y longitud parecían pedir a gritos su sangre.


-Esa es mi decisión –la interrumpió él-, y no creas, he tenido mucho tiempo para pensarlo. Cada vez que llegabas por una nueva misión y tu aroma me provocaba hasta enloquecer… Lo juro, Bella, jamás nadie me había hecho ansiar tanto el cuerpo y la sangre como tú.


-Pero…


-Claro que puedes rechazarme –dijo, soltándola bruscamente y dando media vuelta-, pero sabes lo que ocurrirá con tu hermana y con todo el que intente protegerla…


-¡No, Dominic! –exclamó Bella, no podía imaginarse todo lo que sufrirían Emily y Sam, también Jacob. Por más que lo intentara, no se le ocurría ninguna forma de salir de aquel problema sin herir a los demás-. ¡Haré lo que me pidas!


El vampiro se giró hacia ella, de nuevo. Su sonrisa de satisfacción hizo a Bella odiarlo aún más, pero contuvo su expresión para no mostrarle nada. Ni siquiera hizo mueca alguna cuando el la tomó entre sus brazos y la pegó a su cuerpo.


-Así me gusta, creo haremos una muy buena pareja.


Entonces abrió los labios y se inclinó hacia ella, la vampiresa apretó los puños y esperó que todo fuera rápido, pero alguien irrumpió en la habitación antes de que la punta de los dientes de Dominic la desgarraran.


-Lo siento, señor, pero tengo que informarle algo importante.


Dominic se separó a regañadientes de Bella y le gruñó al recién llegado.


-¿Cómo te atreviste a entrar en mi propiedad así?


El vampiro se estremeció.


-Lo siento, pero usted me había dicho que si…


-No creo que nada de lo que tengas que decirme me interese en estos momentos, estoy muy ocupado con mi futura compañera, así que…


-Pero necesito decírselo en estos momentos.


Dominic rugió y se dirigió al vampiro con gesto amenazante pero, antes de llegar hasta él, uno de los ventanales se hizo pedazos y los dos vampiros se quedaron petrificados al ver a un gigantesco lobo entrar y colocarse delante de Bella.


Antes de que se interpusiera entre ella y los otros dos, y antes de que soltara un profundo rugido protector, Bella supo, con certeza, que se trataba de Jacob.


Después de segundos de confusión, el vampiro que había irrumpido en la habitación se lanzó sobre el lobo, pero este lo rechazó con una mordida en el brazo, que hizo brotar sangre por todos lados.


Bella, al ver la cara de rabia de Dominic supo que la mejor opción para Jacob era huir.


-Tenemos que salir de aquí –le dijo al lobo y éste sólo espero a que ella comenzara a dirigirse a la puerta para seguirla.


Dominic quiso impedirles el paso, pero Jacob logró empujarlo lejos y darle vía libre a Bella.


La vampiresa aceleró el paso cuando escuchó su nombre salir en docenas de ocasiones de los labios coléricos de Dominic, sabía que Jacke había conseguido aturdirlo un poco, pero él era más fuerte y rápido que ella, tal vez no lograrían escapar.


-¿Qué pasa, Jake? –cuestionó cuando lo vio detenerse y observarla con sus ojos inteligentes-. ¡Tenemos que irnos!


Pero él sólo se acercó a ella y le dio la espalda, cómo si quisiera decirle algo…


-¿Quieres que me suba?


El lobo soltó un gruñido afirmativo.


Bella no creía que aquello mejorara su situación, pero, al escuchar ruido cerca de ellos, supo que no había tiempo para pensar, así que se subió al lomo de Jacob.


El cabello de la vampiresa se agitó salvajemente detrás de ella, y todo a su alrededor se volvió colores y líneas oscuras. Al parecer Jacob había avanzado lentamente sólo para adecuarse a su velocidad, pero él era mucho más rápido que ella. Y fue gracias a ello y al amplio conocimiento de Jake sobre la naturaleza del bosque, que lograron perder a Dominic.


-¿Qué tienes, Bella? –fueron las palabras de una asustada Emily, cuando la vampiresa y el lobo entraron en la casa.


Jake desapareció tras una habitación, mientras Bella se desplomaba en una silla y se cubría el rostro con las manos, no había lágrimas, pero el sonido de los sollozos agitaba cada respiración que hacía ella.


-¿Dónde está Amy? –cuestionó.


Emily se sentó a su lado y comenzó a acariciarle los hombros.


-Está en su cuarto, dormida.


Bella se estremeció un poco más entre los brazos de Emily, que fueron rápidamente reemplazados por los de Jacob, cuando regresó convertido en humano.


Cuando logró calmarse y alejar su rostro del pecho de Jake, Bella relató su problema en voz baja.


-No se preocupen –dijo, al finalizar-, no les causaré problemas, tomaré a Amy y nos iremos de aquí…


-Si piensas que voy a abandonarte en un momento así, estás muy equivocada –la interrumpió ferozmente el licántropo-, yo las acompañaré para protegerlas…


-Jake…


-Basta Bella –intervino Emily-, ya te he dicho muchas veces que tu hermana y tú son parte de la manada, así que no te dejaremos. Si es necesario, todos viajaremos con ustedes…


-Es que, Emily…


-No se discuta más –dijo ella con firmeza-, ahora te quedarás aquí hasta que llegue Sam y entre todos podamos pensar en una solución.


-Muchas gracias –soltó Bella, mientras Jacob la cubría más con sus brazos.


De pronto, un ruido los alertó. Jake se puso rígido, mientras que de su pecho emergía un gruñido amenazador. Colocó a Bella detrás de sí, sus ojos observaban la puerta con odio.


-¡No puede ser! –palideció Emily mientras se llevaba las manos a la boca.


-Vampiros –rugió Jake.


Bella se estremeció.


-Déjenme salir, si es Dominic tal vez pueda…


-¡Ni lo pienses, Bella! –gritó Emily tirando de su brazo.


-Yo me encargaré de ellos –soltó el licántropo en un mordaz tono.


-¡Jake, no!


Sin embargo, cuando estas palabras salían de ella, una cálida sensación se apoderó de su cuerpo, casi como si el que estuviera del otro lado fuera…


-¡Bella! –gritó la voz de Edward, desesperada-. Escúchame, todo lo que quiero es ayudarte, mi familia y yo haremos lo que sea por ti. Déjame protegerte, déjame entrar…


-¿Lo conoces? –preguntó Emily.


-Sí.


-¿Crees que podamos confiar en él?


-No –gruñó Jacob.


-Ahora necesitamos toda la ayuda posible, Jake –lo regañó ella-, debes dejar los celos atrás y concentrarte en proteger a Bella y a Amy.


La mujer lobo se volvió otra vez a Bella.


-¿Qué dices?


Bella cerró los ojos unos segundos y recordó los labios de Edward y sus ojos cuando le dio su sangre.


-Sí, podemos confiar.


Entonces Emily, ignorando la expresión ceñuda de Jacob y sus puños apretados, dejó pasar a Edward y a su familia.








Phonography

Cap. 10 Nuevamente Sexy


Mañana iba a ser nuestra primera aparición en público después de dos semanas en donde los rumores ya habían sido esparcidos, aunque era un secreto a voces que yo había terminado con Jacob, aún no se sabía que estaba embarazada. Para colmo de los males además estábamos nominados nuevamente como mejor beso en los MTV Music Award. Resultado de eso era que tendríamos que ir juntos, responder las incomodas preguntas y leer el titular de la revista Vogue era como una premonición a lo que vendría mañana en la noche "El sexy vampiro finalmente lo logró: Bella y Edward, Cuando el amor traspasa la barrera de la ficción" era el maldito titular y aunque no estaba alejado de la realidad tampoco era para que estallara la bomba del embarazo en pleno evento — a quién tratas de engañar —me dije a mi misma dejando la revista a un lado — todo mundo se dará cuenta dentro de poco —me volví a decir mientras me miraba el vientre que aún no estaba abultado de manera exuberante pero tampoco estaba plano como antes. Al menos las nauseas se había terminado gracias a que ya tenía cuatro meses de embarazo.

— ¿Cuándo dejaras de torturarte? —me preguntó mientras entraba a la habitación.

Lo miré y tenía razón no sacaba nada con leer las entrevistas que había dado Jacob respecto a nuestra rotura "ella me engaño" había sido su declaración y aunque había tratado de mantenerse alejado evitando hablar finalmente lo había hecho cuando nos había visto juntos nuevamente. "Mantenía una relación paralela" era la siguiente declaración y era lógico después de todo estaba despechado. "Nuestra relación había muerto hace mucho, principalmente por su culpa" era la explicación para dejarse como el eterno novio perfecto a quién le vieron la cara y otra vez tenía razón tal vez por eso me dolían tantos sus palabras.

Suspiré y me acosté en la cama. Para cuando él salio del baño estaba sumida en una somnolencia inexplicable. Mis parpados estaban pesados y casi no podía permanecer despierta. Efecto secundario del embarazo, sueño. Sentí que me beso la frente y después de eso quede rendida en las manos de Morfeo. Estaba soñando con Jacob y el grito de su recriminación me hizo despertar sobresaltada. Atontada abrí mis ojos y todo estaba oscuro. Me giré en la cama para abrazarlo cuando me percaté que no estaba a mi lado. Mi corazón se apretó y miré el reloj — dos y media de la madrugada —Otra vez despierta a la mitad de la noche por el cargo de conciencia me recriminé.

Me vería fatal si no lograba dormir aunque fueran cuatro horas seguidas. Me levanté y camine por el pasillo buscándolo cuando un sonido sutil me hizo darme cuenta que estaba viendo televisión en la sala de estar. Camine despacio para sorprenderlo pero la sorprendida fui yo.

Estaba sentado en la mitad del sillón de espaldas hacía donde me encontraba ahora y frente a la televisión encendida en un canal para adultos. Estaba tan baja pero aún así me quede de una pieza por las imágenes que estaban sucediéndose unas tras otras. Hasta ahora jamás me había imaginado a Edward mirando este tipo de películas y aunque tenía claro que los hombres hacían eso incluso las mujeres no era que yo me considerara una pura y casta que jamás en su vida había visto este tipo de películas pero habían temas que sencillamente no podía hablarlos al menos no sin ponerme colorada como un tomate hasta la punta de las uñas, se me contrajo el estomago de la vergüenza ajena que estaba sintiendo. Al percatarme que la película aparte de ser para adultos mostraba a la actriz disfrazada me quede pensando — ¿acaso sería su fantasía? —me pregunté un poco asustada ante lo que podría pedirme algún día que yo hiciera. Noté como su espalda se separo del sillón reclinándose hacía el frente ansioso y me invadió el pudor de estar espiándolo en una situación como está. Era evidente que no quería que me enterara sino porque mirar una película de esa clase a las dos de la madrugada con el volumen apenas audible.

Imaginármelo estimulándose con esas imágenes hizo que mis mejillas se tiñeran de un rojo furioso sintiéndolas arder al segundo en que me hice la imagen mental. Mi corazón se aceleró ante la posibilidad de verlo en esa circunstancia y me jugo en contra la curiosidad. Me adelanté de mi posición motivada por el morbo y sin darme cuenta que había una mesa con el florero puesto cerca.

Inoportunamente mi pie chocó contra aquella mesa y se sintió el ruido del florero tambalear. Se levanto abruptamente del sillón con los ojos abiertos como platos, su expresión era de sorpresa pero vergüenza por haber sido sorprendido. Apago la televisión en medio segundo y nos quedamos mirando como dos tontos.

Tenía claro que mis ojos brillaban pero no sabía si decirle algo, acercarme o simplemente ignorar como si recién hubiera estado entrando a la habitación. Era como un tenso minuto donde nadie hablaba nada, donde el ambiente se carga de cierta ansiedad mezclado con lujuria. Lo cierto era que al descubrirlo en esto había despertado cierto interés de mi parte por hacer realidad la ficción.

— Lo siento —articulé finalmente y él se rió nervioso. — No quise interrumpirte —agregue y a esta altura estaba demasiado avergonzada para decir algo más.

De hecho sentí como mis mejillas se iban poniendo más rojas de lo que ya las tenía si es que eso era posible claro esta. Sentí que mis orejas hirviendo y el estomago lo tenía contraído como si yo fuera la que hubiera estado haciendo algo malo. Que tampoco era malo, todos tenemos necesidades biológicas que resolver pensé. Sin querer mis ojos se desviaron desde su rostro sin escala hacia su entrepierna y me quede poseía mirándolo. Me mordí el labio tratando de desviar ese pensamiento pecaminoso que me inundó cuando él finalmente se acercó.

— No podía dormir —se justificó conteniendo la risa y lejos de estar avergonzado. Era como si de pronto le hubiera gustado que lo pillara en esa circunstancia tan "comprometedora".

— No me cabe ninguna duda que después de esto ibas a dormir como un bebe —comenté tontamente y quise que la tierra me tragara. Él se rió mirándome fijamente. Sus labios se torcieron en una sonrisa sensual y provocadora. Mientras lo observaba y pensaba en lo que recién había sucedido me pico la curiosidad.

— ¿Podría preguntarte algo? —susurré un poco incomoda y él asintió — ¿Te… exci… es decir, es una fantasía tuya? —termine de preguntar entre cortado y él se acerco acortando la distancia entre los dos.

A este punto era bastante intimidante tenerlo observándome así acuciosamente. Sus ojos estaban clavados en los míos y me sentía un poco ridícula y un tanto intimidada al saber que Edward se encontraba con toda la libido expeliendo por los poros.

— ¿Qué cosa… mirar películas? —preguntó confundido. Tomé aire.

— No… es decir, que alguien, digo que yo me disfrazará —cuestioné enterrando mi vista en el suelo.

Automáticamente jugué con mis dedos en el borde del sillón, sentía mi corazón latir a mil y era como latidos furiosos pero dolorosos a la vez.

— No es que sea una fantasía así como que la haya estado anhelado toda la vida, pero supongo que sería entretenido —me contestó y me reí nerviosa. El se mordió el labio mientras acercaba sus dedos a mi mano acariciándome.

— ¿Puedo preguntarte algo yo ahora? —exclamó de vuelta con los ojos brillantes de la emoción. De hecho la sonrisa de sus labios no se dejo esperar y se planto en sus facciones casi como si fuera a hacerme una pregunta que revelará algo de mí que yo quería ocultar. Lo miré intrigada. Suspiró y espero unos breves minutos seguro estaba buscando como preguntar sin intimidarme demasiado.

— Tú —exclamó con la facción de niño travieso, nuestras miradas se encontraron y en medio segundo le leí la mente, mi boca se abrió en sorpresa sin poder detenerla, sentí mi corazón frenético y la vergüenza afloro nuevamente por en mis mejillas. Miré al suelo y casi no podía creer lo que estaba preguntándome. Realmente estaba muerta de vergüenza que se supone le diría. ¿Qué no se acordaba de las veces que habíamos hablado por teléfono? pensé frenética. ¿Por qué tenía que preguntarlo? me cuestioné. Al final decidí contestarle sin que terminara la pregunta que ya era bastante vergonzosa en sí .

— Sí lo hago —y me separé de él con el corazón latiendo en mi garganta. No podía creer que estuviera confesando algo así pero claro no entendía porque tenía tanta vergüenza después de todo era algo normal.

— ¿Lo harías para mí? —preguntó al segundo y yo me quede estupefacta.

Quería verme hacerlo, ¿Frente a él? pensé histérica y el conflicto interno afloró. Era cierto que yo era actriz, también era cierto que no tenía pudor frente a una cámara, me daba lo mismo que me vieran desnuda pero era completamente distinto jugar a ser femenina con él, y una cuestión básica dentro de lo que él estaba pidiendo era que yo logrará transmitirle esa sensualidad al tocarme para excitarlo. Creo que ya tenía toda la cara morada producto de la vergüenza. Se rió travieso y trague saliva.

— ¿Ahora? —le pregunté medio inocente y estaba claro que quería ahora. Después de todo yo había interrumpido su sesión nocturna. Cuando su cabeza asintió en respuesta, se me escapó el aliento y un escalofrío me recorrió el cuerpo. Esto era peor que dar una audición. Un nervio me recorrió el cuerpo y esos ojos verdes expectantes eran como la peor audiciencia que podría tener alguna vez en mi vida. Miré desesperada a todos lados pero no había vuelta atrás es decir, dentro de poco tendría una barriga enorme por lo menos por unos cuatro meses restantes, nada atractiva por decir lo menos, si me negaba a demostrarle cuan sexy podía ser ahora que aún tenía mi cuerpo delgado que iba a quedar para esos días en que de verdad no me vería nada atractiva.

Inhale aire pesada pensando en mi atuendo, un piyama de polar con cuello hasta arriba y unos tiernos ositos al frente, algo para nada sexy. Entonces supe que si iba a hacer esto tenía que hacerlo bien, después de todo la rutina y el cartuchismo era uno de los factores principales por los cuales los hombres tienden a mirar para el lado. A mi mente llego el recuerdo del dicho que había escuchado tan lejano alguna vez y que ahora estaba cobrando vida "una mujer debe ser una dama en la mesa y una puta en la cama", era mi turno de ponerlo en práctica.

En mi mente repasé las alternativas que tenía para hacer lo que estaba pidiéndome. Recordé un atuendo que tenía olvidado al final del closet como candidato a ser desechado en la próxima sesión de limpieza. No lo había usado nunca y lo había recibido como regalo de navidad el año pasado como burla a mi papel en justamente la película que había iniciado todo "así te verás cuando te conviertas en vampiro" era lo que decía la tarjeta y como odie a Rose esa vez pero ahora creo que hasta debía agradecerle.

— Lo haré —confirmé a un expectante Edward, sus ojos se profundizaron con picardía — pero tienes que darme dos minutos —le pedí mientras sus ojos verdes de iluminaban del entusiasmo y me devolvía esa sonrisa perversa.

Tratando de no caerme me devolví a la habitación y mientras buscaba en el armario el dichoso traje que no encontraba mis manos tiritaban de la expectación causada. No podía creer que iba a tocarme frente a él a las dos y media de la madrugada.

Cuando finalmente lo encontré suspiré aliviada. Era un disfraz de vampiresa sensual: con dientes incluidos, capa al estilo drácula, sensuales porta ligas, un corsé que no tenía idea como iba a meterme en él — mala idea considerando que mis caderas estaban más anchas que antes y mis pechos el doble del volumen natural —un pantalón corto, unos guantes negros que no tenían muñeca y una sensual gargantilla al cuello. Cuando me vestí suspiré — al menos me cabe —comprobé satisfecha y resople, no estaba tan gorda como me imaginaba. Me puse unos zapatos de taco alto que tenía a mano y camine por el pasillo medio dudosa de mi osada performance.

Edward estaba de espaldas visiblemente ansioso y me reí sola cuando camine por el sillón para darle la cara. Me plante en la mitad de la sala de estar mirándolo. Sus ojos recorrieron todo mi cuerpo quedando absorto cuando me vio con mi disfraz.

— ¿Cuán…? -alcanzó a exclamar divertido

— No preguntes —-Le respondí mirándolo

Nos separaba la mesa de centro que era de vidrio, así que decidí incluirla en mi pequeña actuación. Apoye una de mis piernas en ella y no tenía idea de cómo hacerlo pero supuse que como él siempre me acariciaba mis muslos era bueno empezar por allí. Como tenía la capa amarrada al cuello descubrí solamente la pierna fundada en una media liga de red. Quité lentamente el sujetador y fui bajando lentamente la tela deslizándola por la piel de mi pierna. Luego acaricie mi muslo llegando hasta el borde superior interno de este. Sus ojos hicieron un movimiento brusco y cuando se acomodó nervioso en el sillón supe que esto sumado a la película podría ser demasiado.

Me descubrí el hombro del mismo lado y pase mi mano acariciando desde mi cuello hasta delinear mi busto a través del corsé. Al principio era como medio raro pero cuando noté el reflejo de sus ojos y como él pasaba saliva medio nervioso me sirvió para agarrar confianza de que no estaba tan pérdida en lo que estaba haciendo. Lleve mis dedos a los tirantes que mantenían la capa unida y tire de ellos bajando la tela lentamente, en el proceso iba descubriendo mis hombros quedando expuesta mi piel en el proceso. Se acomodo en el sillón recargando su espalda y noté que la expresión de risa contenida había cambiado a lujuria y deseo reprimido.

Se estaba controlando, sabía por su expresión que moría de ganas de acercarse a mí pero aún así mantuvo la distancia y trató de parecer concentrado pero estaba costándole harto trabajo permanecer allí si hacer nada. Por una parte hubiera sido muy bueno que finalmente venciera ese instinto de acercarse así terminaba con la tortura de estar expuesta ante él pero por otro lado no podía ser tan cartucha para mis cosas, de todas formas tendría que hacerlo algún día que mejor que ahora. Mientras lo contemplaba completamente excitado se me ocurrió hacer una cosa que había visto una vez en una película —- strip-tease -—le di la espalda no muy segura si me iba a resultar, esperaba de todo corazón que así fuera sino que vergüenza. Recline mi dorso superior al suelo, giré mi cabeza hacía atrás para mirarlo aún de espaldas mientras deslizaba mis manos por mis piernas.

Primero en la parte interior para cuando llegar a la entrepierna deslizarlas por las caderas apretando sutilmente las nalgas y lo hice con la boca entreabierta y esa expresión media lujuriosa tirada para calentona. Contuvo el aliento y mis ojos se fueron directo a su entrepierna, como estaba con el pantalón del pijama se notó de inmediato la reacción de su cuerpo.

Pasé una pierna y me senté en la mesa de cristal —-rogando que no se rompiera sino hasta allí llegaba el cuento erótico —-y las separé provocadoramente lo más que pude mientras me acariciaba recorriendo de las rodillas hasta la entrepierna.

Luego subí mi dedo índice a mis labios, el cual mordí levemente mientras sus ojos se abrían cada vez más. Me incliné hacía delante, sus ojos se desviaron a mis pechos, mientras me paraba puse mis manos en la espalda para tirar del lazo que servia de amarre del corsé el cual cedió de inmediato. Levanté una pierna aún de espaldas mi trasero daba justo a la altura de su rostro y aunque él no estaba reclinado hacía delante cuando apretó sus manos en un puño a la altura de sus muslos comprobé que estaba desesperado. Deje caer el corsé al suelo y me giré tocando mis pechos con esa expresión de placer, jugué con mis lengua deslizándola por entre mis dientes y un suspiró desenfrenado se escapó de sus labios de miel.

Corrí la mesa con la parte de atrás de la pierna y baje mis manos de mis pechos deslizando lentamente mis palmas hasta mi cintura, luego a mis caderas, el cierre de esos pantaloncitos era a un costado así que deslice el cierre mientras me acariciaba las caderas. Tiré de ellos lentamente, sus ojos recorrieron el movimiento en toda la extensión y me volví a sentar en la mesa con las piernas separadas, esta vez me puse más al centro para hacer lo que él había pedido.

Mientras me acomodaba bien volví a poner un dedo en mis labios para mojarlo y baje con este recorriendo todo mi cuerpo, entre mis pechos, bajando por la cintura hasta mi vientre, y cuando llegue a mi parte intima cerré los ojos porque francamente no me daba para mirarlo fijamente mientras me acariciaba. Esos ojos verdes y esa mirada lujuriosa combinada con expectación me cohibiría y hasta allí llegaría mi sensualidad y osadía. Arquee mi espalda mientras me acariciaba y en mi mente había imágenes de él haciéndome el amor. Sentí como mi respiración se hacía entrecortada, me mordí el labio mientras me dejaba llevar por las caricias y recordé su voz, de una vez cuando había estado en esta misma posición claro que por teléfono.

Una electricidad me recorrió el cuerpo y el jadeo fue automático cuando estaba casi por llegar al clímax sentí la tibieza de su mano detenerme. Abrí mis ojos al instante de su contacto y estaba hincado frente a mí a dos escasos centímetros de distancia con la respiración entrecortada y tan pesada como yo. Acercó mi mano hasta su boca, beso húmedamente la muñeca deslizando su lengua por la palma hasta saborear mis dedos sin quitarme la vista de encima y esos ojos verdes eran tan intensos que por un minuto juré que estaban ardiendo. Me sujeto con fuerza por la mano atrayendo mi cuerpo hacía el de un jalón y nos besamos. Tomé su rostro entre mis manos mientras sentí las suyas sujetarme de los brazos para arrastrarme hacía el sillón.

Me senté en su regazo y la urgencia por que terminará lo que yo había comenzado era demasiada. Aun perdida en sus besos lo sentí en mi interior, ambos gemimos al mismo tiempo rompiendo el beso. Las palmas de sus manos estaban puestas en mi espalda y sutilmente me recargó contra el sillón volviéndose a mover al unísono que mi respiración. Ahogaba en su boca los jadeos y gemidos que estaba exclamando y cuando volví a sentir que terminaba apreté mis ojos y enterré mis dedos en su espalda. Francamente no podía haberle hablado nada coherente en ese minuto. Sentía como mi pecho subía y bajaba tratando de recuperar el aliento.

— Definitivamente deberías tener insomnio más seguido —exclamé riéndome mientras sentía su halito tibio contra mi piel.



Pecados Carnales

Capítulo 10 Resentimientos


Los meses no habían sido mejores, y transcurrían dolorosamente lentos. Ya tenía ocho meses y medio, y aún nuestra relación era un desastre, uno demasiado grande para aparentar felicidad.

- Ya no soporto esto Ángela, no es justo

Le dije desesperada a mi hermana dejando a un lado la caja con ropa que me había traído mi madre el día anterior, era sorprendente lo que había cambiado de actitud que hasta me hacía sospechar de sus buenas intenciones.

- No hay mal que dure cien años ni tonto que lo aguante

Me respondió ella sentándose en la mecedora que había comprado Edward y que me causo extrañeza que lo hiciera, era lo único que él había comprado para nuestro hijo por iniciativa propia.

- Yo lo amo

- Pero parece que él no, y ojo lo digo solo por como se comporta, es decir, si te amará no andaría dando espectáculos por otros lados

Me contestó furiosa mientras tomaba una de las tantas revistas que tenía y que coleccionaba sin sentido. Seguía guardando distraía la ropa cuando llegó mi madre, entró sin que la sintiera y me asusto.

- Buenos días a mis dos reinas

Nos dijo y tanto yo como Ángela nos miramos, a que se debía tanta felicidad. Me pregunté para mis adentros pero claro, nadie aparte de Ángela sabía que mi vida se había transformado en un infierno.

- Y claro al heredero de la familia también

Agrego poniendo su mano en mi vientre, sus ojos brillaban como nunca antes y me asusto la palabra heredero. Usualmente mi madre no daba puntada sin hilo.

- ¿qué quieres decir con eso?

Le pregunté temerosa y mi madre me miró

- Esto

Me respondió entregándome una carpeta llena de papeles, iba a leerlos pero ella se adelanto quitándomelo de entre las manos.

- Ahh estos abogados, tan lateros, pero no te preocupes yo te explico sin que tengas que leer todas estas cláusulas. Anoche estuve pensando en que ese niño que esta creciendo en tu vientre es sangre de mi sangre, y me acorde de lo que tu padre un día me dijo respecto al primer nieto que tuviéramos. Entonces lo hice

Contestó resuelta y Ángela interrumpió

- ¿Hiciste qué?

- Cederle la mitad de mis bienes, bueno… a tu hermana como su tutora claro esta.

- ¡Tu hiciste qué!

Le pregunté asombrada e incomoda, no era que no quisiera su cariño o su buena intensión pero cederle la mitad de sus bienes era demasiado. Mire a Ángela y esta me miró de vuelta también sorprendida por la actitud de nuestra madre.

- No te preocupes por tu hermana, la otra mitad será de ella

Agregó poniendo la carpeta en la mesita que había cerca de la ventana, saco los floreros que la adornaba y me llamo con la mano.

- Ven necesito tu firma aquí, luego cuando se legalice te doy las copias y debes guardarlas muy bien.

Me indico pasándome un lápiz, miré el papel y mi nombre estaba en todas las hojas que firme, que habían sido demasiadas. Cuando obtuvo mi firma guardo la carpeta y nos miró.

- Bueno tenemos que celebrarlo, las invito a almorzar.

Nos dijo sonriéndose. Y ambas nos miramos extrañadas.

- Yo que tu leería bien esos papeles seguro hay una cláusula por ahí que te va a impedir casarte con Edward, eso puedo apostártelo.

Me sugirió mi hermana subiéndose al auto de mi madre.

- Edward, por favor contéstame, es urgente

Era el tercer mensaje que le dejaba y las contracciones seguían haciéndose más y más intensas y menos lejanas entre sí. Qué hago pensé mirando el celular, estaba por llamar a mi madre cuando finalmente él devolvió la llamada.

- ¿Qué sucede ahora Bella?

Me preguntó irritado mientras yo sentía una voz femenina cerca. Apreté los ojos y quise cortarle pero necesitaba que viniera por mí.

- Tu hijo va a nacer en la mitad de la sala de esta casa si no llegas luego para que me puedas llevarme a un hospital

Le grite colgándole el celular. Y tenía tanta rabia de solo pensarlo con otra mujer más. Traté de respirar lento y como me había enseñado Emmett en un par de ocasiones para hacer que las contracciones fueran menos dolorosas pero era imposible, estas se hacían cada vez más intentas hasta el punto que jadeaba del dolor, apoyada contra la cama enterré mis manos mientras sentía que estaba literalmente partiéndome en dos.

- ¿Bella?

Lo sentí gritar y respiré aliviada porque esta vez si estuviera cerca y no se demorara horas en volver. Pero no tenía fuerza suficiente para gritar así que camine hasta la entrada de la habitación y nos encontramos allí.

- No creo que alcance a llegar

Le comenté apretando mis labios y en ese minuto rompí fuente, él me sujeto contra su cuerpo y me ayudo a bajar las escaleras. Me subió al auto y me condujo hasta el hospital, una vez más llamó a Emmett quien era una suerte de salvador a esta altura.

- Bien Bella, a pesar que rompiste fuente aún faltan unos centímetros de dilatación

Me dijo Emmett examinándome, me sonrió y era la primera persona que lo hacía de esa manera, como quise que esa misma sonrisa estuviera en los labios de Edward.

- Ese niño va a nacer hoy

Confirmó guiñándome el ojo, le dio una indicación a la enfermera y luego habló algo con Edward que no alcance a entender. – Extienda el brazo por favor – me pidió la enfermera mientras inyectaba una sustancia a la vena. De pronto el celular de Edward sonó y supe que era mi madre porque me lo pasó.

- ¿ya nació?

Preguntó toda ansiosa y yo no supe que contestarle.

- No aún no

- Voy en camino

Me contestó y luego colgó sin decirme nada más.

- ¡No puedo!

Grité mientras trataba de pujar para traer al mundo a mi hijo, Edward estaba detrás de mí y por primera vez durante estos largos meses estaba siendo condescendiente conmigo.

- Si puedes… estas diseñada para esto. Solo tienes que concentrarte

Me susurró al oído y jamás pensé que él quisiera estar en el parto, pensé que se quedaría afuera dejándome sola pero no fue así. Estaba detrás de mí ayudándome a pujar como lo hubiera hecho un padre feliz y ansioso por la llegada de su hijo. Emmett levanto su vista hasta encontrarse con mis ojos.

- Una vez más Bella, ya veo la cabeza

Pidió y eso era realmente fácil decirlo pero no tenía fuerzas suficientes, sentía entumecido casi todo mi cuerpo, mis brazos estaban pesados y si no fuera porque mis manos estaban entrelazadas con las manos de Edward estaría tendida exhausta sin poder siquiera estar en la posición semisentada en la que estaba.

- Vamos mi amor, por favor, una vez más

Me susurró Edward y fue como todo el aliciente que necesite – mi amor – sonaba demasiado bonito de sus labios, pensé que al final estaba despertando de una gran pesadilla. Puje por última vez y lo más largo y contenido que pude y sentí como salía de mi cuerpo, el llanto profuso que dio fue como la comprobación que después de todo mi hijo estaba vivo.

- ¿Qué es?

Pregunté ansiosa y nerviosa con un hilo de voz y era increíble que me hubiera aguantado todos estos meses sin saber el sexo del bebe, así lo había querido y aunque Edward no había estado muy de acuerdo Emmett había accedido a no decir nada, ni siquiera a Ángela. Yo quería que fuera una sorpresa.

- Un niño

Me confirmó Emmett poniendo a mi pequeño milagro sobre el regazo, aquellos labios cerezas y la piel toda colorada me sobrecogieron. ¿Cómo pensé siquiera en no tenerlo? Me pregunté con el corazón hinchado de amor, uno que jamás pensé tener, ni siquiera el amor que tenía por Edward era comparable o cuantificable con este. Era inmenso de una manera tan grande que no podía describirlo.

- Anthony

Susurré mirando a Edward que parecía perdido en nuestro hijo, sus ojos brincaban y brillaban, no le quitaba la vista de encima y por primera vez pensé que seríamos una familia feliz.

Era increíble lo poco que se dormía cuando se tiene un bebe de un mes de vida, y estaba exhausta. Miré el reloj y la vista estaba nublaba por el sueño, me quede traspuesta y logré conciliar el sueño por escasos veinte minutos hasta que el llanto de Anthony me despertó. Camine a tientas hasta su pieza y aunque eran cerca de las doce del día para mi la sensación era como si fuera la última hora de la noche. Estaba atontada aún por la falta de sueño cuando noté que Edward trataba de hacer callar a nuestro hijo, me sonreí y lo observe un rato hasta que entendí que nuestro hijo reclamaba a su madre. Tenía hambre.

- Deja yo lo hago callar

Le susurré y el giró a mirarme, se alejo un poco con el niño en los brazos y en ese minuto me percaté que estaba guardado cosas en un bolso.

- No es necesario, sólo tiene sueño

Me contestó y su mirada volvía a ser de odio. Me traté de acercar, casi como si mi yo interior estuviera gritándome que debía quitarle al niño de los brazos.

- ¿Vas a algún lugar?

Le pregunté tratando de guardar la calma y la ansiedad. Algo en mi interior estaba diciéndome que no era buena señal verlo con ese bolso.

- No, dónde podría ir.

Me respondió seco y definitivamente era mal actor. Estaba mintiéndome descaradamente. Me acerque pero él volvió a alejarse de mí esta vez en dirección de la puerta.

- Porque no te recuestas, necesitas dormir, al menos una hora. Yo me encargo del niño mientras tanto

Me sugirió besando a nuestro hijo en la frente mientras se acercaba aún más a la puerta de la habitación.

- No me hagas esto, Edward no lo merezco

Exclame ya angustiada mientras unía los cabos sueltos del bolso y su atuendo.

- ¡Tu te lo buscaste!

Me grito devuelta tomando el bolso y saliendo de la habitación sin más. Salí detrás de él pero un dolor en el vientre me cruzo y quede sin aire y sin poder caminar.

- Por favor, no lo hagas, es mi hijo

Suplique desde la escalera y él se detuvo a unos pasos de mí

- ¡Un hijo que no querías!

Chillo a modo de justificación. Tomé aire y baje los pocos peldaños que nos separaban, iba a arrebatarle al niño cuando él se alejo, sentí un liquido tibio correr de entre mis piernas y caí al suelo a escasos centímetros de sus pies.

- ¡Te lo suplico, por lo que más quieras no hagas esto.!

Grité tratando de pararme pero el dolor era demasiado intenso. Me miró y abrió la puerta de la calle, en ese minuto mi corazón se congelo.

- Adiós Isabella

Susurró saliendo de la casa, dejándome tirada en la mitad sin voltear a mirar mi suerte.