Dark Chat

viernes, 17 de septiembre de 2010

Esposa De Un Jeque

Y para comenzar con los estrenos les traigo esta adaptacion de mi querida Roza-DX-Cullen es una historia q no tranportara a una cultura diferente en donde a nuestra querida bella swan la compran como esposa , esta muy buena y  muy hot ya saben no se me quita eso de andarlas pervertiendo , q lo disfruten y por fiss dejen sus comentarios al final
Angel of the dark
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Capítulo 1


Bella pov

SEÑORITA Swan! No era la señorita Swan. Era Bella Swan, cautiva de El Halcón, un jeque que aún vivía bajo el código del desierto, donde sólo sobrevivía el más fuerte.

En aquel momento El Halcón se estaba acercando a ella. Podía oír su voz profunda hablando en una lengua que no comprendía, dirigiéndose a alguien que estaba fuera de la tienda y que ella no conocía. Intentó desatar las cuerdas que ataban sus manos. Fue inútil. Las tiras de seda eran suaves, pero fuertes; y no pudo liberar sus manos.

Si lo hacía, ¿qué haría? ¿Correr?

¿Hacia dónde?

Estaba en medio del desierto. El sol castigaba la tienda calentando su interior. No duraría ni un día sola en el vasto erial.

Entonces apareció él, de pie en la entrada de la ha bitación donde la tenían cautiva. Sus facciones estaban esculpidas por la sombra. Lo único que podía ver era su cuerpo grande enfundado en sus pantalones blancos y la túnica, típicos de su pueblo. Una bata negra caía de sus hombros hasta las pantorrillas. Tenía la cabeza cubierta con el turbante que lo distinguía como jeque. La cinta que lo sujetaba a la cabeza era de piel negra trenzada.

Estaba a menos de cinco metros, pero no obstante ella no podía verle la cara, oculta en las sombras. Sólo se distinguía el contorno arrogante de su man díbula.

—¡Señorita Swan!

La cabeza de Bella Swan se levantó de donde había estado reposando y lentamente miró lo que la rodeaba: las paredes tapizadas de seda ha bían sido reemplazadas por paredes de cemento, ape nas alegradas por unos pósters anunciando la presen tación de un libro. Eran las paredes del salón de descanso de la Biblioteca Pública Whitehaven, mu cho más cerca del frío y húmedo Seattle que del de sierto del Sahara.

Una luz fluorescente iluminaba las facciones de la mujer que tenía delante.

—¿Sí, señora Maggi?

La señora Maggi, jefa de Bella, vestida con una chaqueta azul de un color casi idéntico al de las paredes de la biblioteca, respiró con impaciencia.

—Estaba en las nubes otra vez, señorita Swan.

Bellase sintió molesta por el reproche en la voz de la mujer mayor, a pesar de su ilimitada pacien cia. Si el hombre de sus fantasías hubiera mostrado su cara, tal vez no se habría sentido tan frustrada. Pero no lo había hecho. Aquella vez no había sido distinto. Era curioso, pero su imaginación no podía crear un rostro para el jeque. Ni tampoco se dejaba ver la cara de El Halcón en su fantasía.

—Aún estoy en la hora de descanso—le recordó ama blemente a la mujer.

—Sí, bueno, pero...—Al reconocer el comienzo de un sermón que le era familiar, Catherine reprimió un suspiro. Sabía que su hora del almuerzo iba a ser interrumpida. Nuevamente.

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Edward pov

Edward Masen entró en la biblioteca y buscó con la mirada a Bella Swan. Su foto estaba grabada en su mente. Su futura esposa. Aunque los matrimonios arreglados no eran raros en la familia real de los Masen, el suyo sería único.

Bella Swan no sabía que iba a ser su esposa. Su padre lo había querido así.

Una de las condiciones del trato entre el tío de Edward y Chralie Swan era que Edward convenciera a Bella de que se casara con él sin que ésta supiera el arreglo que habían hecho su padre y el rey Aro. Edward no había preguntado por qué. Había estu diado en Occidente y sabía que las mujeres americanas no veían los matrimonios acordados con la misma ecuanimidad que las mujeres de su familia.

Tendría que cortejar a Bella . Pero eso no sería una tarea difícil. Aun en un matrimonio arreglado, el príncipe Volturi debía cortejar a su prometida. Y aquel matrimonio no sería diferente. Él le daría un mes.

Hacía diez semanas, Charlie Swan había infor mado a su tío de un posible yacimiento de minerales en las montañas de Jawhar. El americano le había su gerido hacer una sociedad entre Excavaciones Swan y la familia real de Cullen.

Los dos hombres habían estado negociando aún los términos del acuerdo cuando Edward había sido ata cado mientras cabalgaba en el desierto al amanecer. Las investigaciones habían revelado que el intento de asesinato había sido perpetrado por el mismo grupo de disidentes responsable de la muerte de sus padres ha cía veinte años.

Edward no sabía bien por qué el matrimonio de Bella había sido parte del trato. Sólo sabía que su tío lo consideraba conveniente. La necesidad de visas per manentes podría haber sido el motivo de la familia real. Como esposo de una americana, Edward podría conseguirlas sin problema. No habría necesidad de pa sar por canales diplomáticos, y así podría preservar la intimidad y el orgullo de su familia.

La familia real Cullen no había pedido asilo po lítico en los tres siglos de su reinado y jamás lo haría. Y puesto que Edward ya se ocupaba desde hacía años de los intereses de la familia en América, que lo eligie ran a él había sido lógico.

Charlie Swan también había visto un beneficio en el matrimonio. Su preocupación por la soltería de su hija de veinticuatro años había sido evidente. Según él, ni siquiera había salido con chicos.

Las negociaciones de Charlie Swan y su tío ha bían culminado en que decretasen el matrimonio de Edward con Bella Swan.

Edward vio a su presa al otro lado de la sala, ayu dando a un niño pequeño. Se estiró para sacar un libro de un estante, y su chaqueta negra de punto, que lle vaba encima de una falda recta, llamó su atención. Se ajustaba a sus pechos y revelaba unas formas muy fe meninas. Se excitó.

Aquello era inesperado. En la foto se veía una mu jer bonita, pero no una exótica belleza como las que él había tenido en el pasado. El hecho de que hubiera re accionado tan rápidamente ante semejante visión ino cente lo hizo detenerse en su camino hacia ella.

¿Qué le había excitado tanto? Tenía la piel blanca, pero no de alabastro. Era castaña , pero de un tono claro, y con el pelo recogido como lo tenía no llamaba la atención. Sus ojos chocolates lo habían impresionado en la foto, y eran aún más sorprendentes al natural.

A excepción de sus ojos, no sobresalía nada de ella, pero la reacción de su cuerpo era innegable. La dese aba. No era la primera vez que sentía aquella excita ción. Pero otras veces había tenido que tener más esti mulación. Habían tenido que ser mujeres con unos andares felinos, una ropa adecuada, o un aspecto des lumbrante. Bella Swan no mostraba nada de eso. Era una sorpresa, pero agradable. Una atracción física auténtica haría más fáciles las cosas. A él lo ha bían preparado para cumplir con su deber sin tener en cuenta la atracción personal. El país era lo primero. La familia lo segundo. Sus necesidades y deseos lo úl timo.

Caminó y se detuvo a la izquierda de ella. Cuando el niño se marchó, Edward alzó la mirada y descubrió que había un hombre frente al escritorio.

Bella le señaló algo en el monitor de su ordena dor, pero su mirada se dirigió un segundo a Edward . Y luego se posó en él. Edward la miró y luego notó por el rabillo del ojo que el hombre al que ella había estado ayudando, se había alejado. La siguiente persona de la cola pasó desapercibida, puesto que la atención de Bella se centró en Edward . El sonrió.

El cuerpo de Bella se puso tenso y su rostro se sonrojó. Pero no desvió la mirada.

El satisfacer el deber sería sólo una cuestión de transformar aquella atracción en deseo de casarse, pensó él.

—¡Señorita Swan ! Preste atención. Tiene gente que atender.

Aquella mujer debía de ser la jefa de la que Charlie Swan le había hablado cuando le había hecho una reseña de su hija.

Bella se puso más colorada.

—Lo siento. Se me ha ido el santo al cielo—no se amedrentó. Se dirigió a la persona siguiente en la cola, se disculpó y les preguntó qué deseaban.

La jefa se alejó resoplando, como un militar mo lesto por verse privado de su grado.

Edward esperó a que se terminase la cola y luego sa ludó a Bella .

—Buenas tardes—le dijo. Ella se sonrojó otra vez.

—Estoy interesado en telescopios antiguos y la con templación de las estrellas. Quizás pueda indicarme al guna referencia.

—¿Es un nuevo hobby que tiene?—preguntó ella con un brillo de interés en los ojos.

Era tan nuevo como que se había interesado a partir de la conversación con el padre de Bella.

—Sí.

El padre de Edward había compartido la pasión de Bella por aquel tema. Pero desde su muerte, sus li bros habían permanecido en sus estantes del observa torio del palacio de los Volturis.

—Es uno de mis temas favoritos. Si tiene un minuto, le mostraré la sección dedicada a ello y le aconsejaré al gunos libros que me parecen particularmente buenos.

—Con mucho gusto.

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Bella pov

Bella intentó contener su excitación mientras guiaba a aquel hombre imponente hacia la sección científica de la biblioteca. Aquel aura de poder que emanaba era suficiente para turbarla. Pero el hecho de que tuviera las características físicas del hombre de sus fantasías le hacía perder el control por com pleto.

Debía medir cerca de un metro noventa. Su cuerpo era musculoso y grande; la hacía sentir pequeña, aun sabiendo que no lo era. Tenía el pelo sedoso, y apenas un poco más oscuro que sus ojos. Y de no haber ha blado un inglés impecable, hubiera pensado que era el jeque de sus fantasías.

Sintió un deseo desconocido para ella. Siempre ha bía creído que una sensación así sólo podía sentirse con el tacto. Pero se había equivocado.

Se detuvieron frente a una hilera de libros y ella sacó uno y se lo dio.

—Éste es mi favorito. Tengo una copia de la primera edición en mi casa.

Edward tomó el libro y sus dedos se rozaron. Fue como si hubiera habido electricidad al tocarse.

—Lo siento—él la miró.

—No es nada.

Él abrió el libro y lo miró. Ella sabía que debía irse a su escritorio, pero no podía moverse.

—¿Me recomienda alguno más?—él cerró el libro.

—Sí.

Y le estuvo señalando varios libros y periódicos du rante diez minutos.

—Muchas gracias, señorita...

—Swan. Pero por favor, llámeme Bella.

—Soy Edward.

—Es un nombre griego.

—Sí.

—Pero su inglés, es perfecto.

¡Qué tontería había dicho!, pensó. Mucha gente de origen árabe vivía en la zona de Seattle, América, y era la segunda o tercera generación de la familia asentada allí.

—Así debe ser. El tutor real se sentiría molesto si no fuera así.

—¿El tutor real?

—Perdone. Soy Edward Masen Volturi, príncipe de la familia real de los Volturis.

Ella se quedó sin aliento. ¡Había estado hablando con un príncipe durante más de diez minutos!

La idea de invitarlo a presenciar una reunión de la Sociedad de Telescopios Antiguos se le borró de la ca beza por completo al escuchar aquello.

—¿Puedo servirlo en algo más?

—Ya la he distraído más de la cuenta.

—Hay una sociedad que se ocupa del tema de los te lescopios—no pudo reprimirse.

—¿Sí?

—Se reúnen esta noche—le dijo la hora y el lugar.

—¿La veré allí?

—Probablemente, no.

Estaría allí, pero se sentaría al fondo de la sala. Y él no parecía un hombre dispuesto a ver nada desde la se gunda fila.

A ella tampoco le gustaba, pero no sabía cómo cambiar las costumbres de toda una vida.

—¿No va a asistir?

—Siempre voy.

—Entonces, la veré allí.

—Habrá mucha gente.

—La buscaré.

«¿Por qué?» Bella estuvo a punto de preguntar en voz alta.

Pero en cambio sonrió y respondió

—Entonces, tal vez nos encontremos.

—Yo no dejo esas cuestiones libradas a la suerte.

Sin duda. Parecía una persona decidida.

—Hasta esta noche, entonces.

Él hizo sellar los libros que ella le había recomen dado y se marchó.

Bella lo observó irse, segura de algo: el jeque de sus sueños ya tenía cara.

Tendría las facciones de Edward.



Angel Of The Dark 1 ANIVERSARIO !!!

Hello mis angeles hermosos!!! hoy es un dia muy especial para mi , ya es nuestro primer aniversario y todo gracias al apoyo de ustedes q han estado con nosotras a lo largo de los meses , apoyando con sus comentarios. muchas gracias mis niñas hermosas .
Y como soy muy buena les tengo varios estrenos pa festejar ya q tengo q hechar la casa p or la ventana. en fin no se q mas decirles estoy muy feliz y agradecida con ustedes por todo les mando mil besitos a todas mis siss, anita muchas gracias por estar conmigo en esto q es mi pequeño tributo a Twiligth , y a mis siss meli , alejandrita q fueron con las q inicie pero por circuntancias del destino no pudieron continuar con nosotras a todas ustedes les mando un beso y una abrazo
gracias nenas por su apoyo. me despido
les mando mil besitos
ANGEL OF THE DARK

jueves, 16 de septiembre de 2010

Pecados Carnales

hello  mis angeles hermosos!! les traigo un chisme jijiji, mañana es el aniversario del sitio y habra sorpresas, en fin aqui les dejo el vicio del dia de hoy
mil besitos
Angel of the dark
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Capítulo 3 Recuerdos


Las palabras del padre Alfonso habían sido dilapidadoras, aún estaba estupefacta mirando al vacío, sin poder procesar la noticia que tenía ribetes de castigo, estaba sentada en la mitad de mi cama mirando el cuadro que él me había regalado.

- No me importa

Habían sido sus palabras, estaba jugando nerviosa con las llaves del auto y el se paseaba de un lado a otro, de repente cuando sentíamos un auto nos girábamos a mirar asustados. Pero cuando notábamos que estos solo estaban pasando por la carretera sin detenerse volvíamos a mirarnos.

- Ella tiene razón mi alma ira al infierno

Insistí convencida que no podíamos continuar con nuestra relación, que debíamos dejarnos de vernos, y yo debía acallar este maldito sentimiento que había despertado Edward. Debía volver a hacer que mi corazón muriera, que ya no latiera por nadie más, que mi cuerpo no reclamará caricias, ni amor. Tenía que apagar todo ese sentimiento tan dulce, tan exquisito, tan perversamente prohibido.

- - ¿Tú me amas?

Me susurró poniendo sus tibias y delgadas manos en mi cuello, trague saliva y mi cuerpo comenzó a temblar cuando su otra mano me sujeto por la cintura atrayendo mi cuerpo más al suyo. Sus ojos verdes estaban clavados en los míos y estaba esperando mi respuesta. Sentí aflorar las lágrimas y mi vista se nubló, traté de quitar la vista de sus hermosos ojos verdes pero me era imposible, como iba a decirle una mentira cuando todo mi ser lo reclamaba. Apreté mis ojos y fruncí el ceño. Tomé con mis manos sus dos manos y lo separé de mi cuerpo.

- Esto no puede ser… debemos terminarlo aquí, antes que sea demasiado tarde

Agregue dándole la espalda. Pero había millones de preguntas sin resolver, ¿Tendría la fuerza suficiente para no volver a verlo? ¿De verdad podría dejarlo ir? ¿Podría escapar de este sentimiento y acallarlo para siempre?, ¿podría de verdad ahogar todos esos gestos, todas esas caricias para convertirme en lo que mis padres habían deseado desde siempre?. Sentí como me abrazo por detrás y beso mis cabellos.

- - Ya es tarde Bella

Comenzó a decir mientras me giraba para darme la cara, cuando estuvimos frente a frente, el sujeto entre sus manos mi rostro y tenía la vista tan vidriosa como yo podría haberla tenido. Mi corazón se disparó, latía estrepitosamente, un nuevo en mi garganta no me dejaba hablar para rebatirle. Estábamos mirándonos y las lágrimas comenzaron a rodar por mis mejillas.

- Yo te amo, al demonio la iglesia, mi familia, tu madre, el mundo entero. No me importa lo que digan, porque… escúchame bien… yo te amo, como nunca pensé amar a nadie.

Sus palabras sonaban tan bellas dichas así, pero la realidad era otra, una muy fría y distante, jamás iban a perdonarnos, el castigo social sería demasiado. Y francamente no soportaría que a mi familia la señalaran con el dedo. Me levante con las lagrimas rodando por mis mejillas, abrí el armario desesperada buscando una maleta, tenía que irme, tenía que huir lejos de mi madre, lejos de Edward, lejos de todos. No podría enfrentarla, como iba a decirle que finalmente se habían enterado y que gracias a mi desliz con Edward no podría consagrar mi vida a Dios, porque estaba sucia ante sus ojos, porque había pecado carnalmente rompiendo el voto de castidad que había realizado y que era necesario para ser digna de recibir a Dios y consagrarle mi vida.

Estaba casi por terminar de guardar la ropa cuando el grito de mi madre me aterro. Me recorrió un escalofrío y sentí las pisadas en la escalera.

- Mamá por favor contrólate

Le pedía mi hermana Ángela. Pero yo conocía muy bien a mi madre y eso no la detendría. Tragué saliva mirando la puerta de mi cuarto, estaba aterrada porque en cualquier segundo se abriría y la figura de mi madre se revelaría ante mí. Abrí mis ojos expectantes mientras sentía sus pasos fuera, en el pasillo. Tenía en mis manos una almohada y la estaba apretando aterrada de la reacción que ella tendría para conmigo, a esta altura estaba segura que el padre Alfonso le había comunicado su decesión de suspender mi consagración hasta que yo probará con hechos que estaba convencida de adoptar la vida religiosa libre y voluntariamente, como debía haber sido desde un principio.

Finalmente la puerta se abrió y mucho antes que ella pudiera decir algo me abalance contra ella cayendo a sus pies, enterré mi cara en sus piernas y el llanto afloró solo. Siempre le había tenido respecto o tal vez era miedo como me había hecho darme cuenta Edward, pero finalmente también la quería, y demasiado, ella junto con mi hermana eran las personas más importantes en mi vida. A pesar que ella era posesiva y una suerte de manipuladora, era mi madre y yo la amaba.

- Lo siento, de verdad… Mamá por favor perdóname…

Le supliqué. Ella sujeto mis brazos separándome de su cuerpo y levantándome del suelo, como éramos del mismo porte quedamos parejas cuando estuve de pie frente a ella. Sus ojos azules estaban más que molestos, su expresión era dura, demasiado dura. Me contemplo por unos minutos y luego sujeto mis brazos con fuerza, enterró sus manos en ellos casi como queriendo contener el golpe que estaba segura quería darme.

- ¡Estás contenta ahora, lograste lo que querías ¿no?

Recriminó mirándome de forma penetrante, sujeto mis brazos con más fuerza que antes y por medio segundo pensé que finalmente me golpearía de la furia que traía.

- ¡No señalaran a una de mis hijas con el dedo, eso no lo permitiré!

Agregó con un tono amenazante.

- ¡Te convertirás en monja cueste lo que cueste porque así lo quería tu padre, y porque así debía ser desde el comienzo!

Gritó colérica soltando mis brazos, trastabille por la fuerza con la que me dio el empujón pero no caí al suelo. Mi hermana Ángela, me recibió en sus brazos. Mi madre se giró y se dio media vuelta, salió dando un portazo que me hizo dar un brinco del susto.

Me largue a llorar amargamente, y no entendía por qué era tan cobarde, ya era mayor de edad, por qué no tenía la fuerza de largarme de esa casa, hacer mi vida, como me lo había dicho tantas veces Edward. A que le temía tanto pensé abrazada a mi hermana menor.

Estuvimos así largo rato, todo el tiempo yo lloraba descontroladamente al recodarlo, al recordar sus besos, al recordar sus palabras y así estuvimos, ella siempre en silencio escuchando mis sollozos hasta que se hizo bien entrada la noche, estaba aún ahí en la misma posición que me había dejado mi madre cuando sentí que mi celular sonó. Alce mi vista, y dudé en ir por el aparato, pero Ángela lo hizo por mi.

Miró el identificador de llamadas y me lo pasó. Era él, su nombre titilaba en la pantalla digital y yo estuve "tentada" de contestarle pero las palabras de mi madre retumbaron en mi mente, apreté el botón rojo para cortar la llamada y apague el celular.

- Es lo mejor, para ti y para él… mi madre no va a detenerse hasta verte con el habito puesto, así que, es mejor por el bien de ambos, que las cosas queden hasta acá… recuérdalo como un bonito recuerdo, que es en lo que deberá convertirse para ti.

Exclamó mi pequeña y dulce hermana. Nos abrazamos y juntamos nuestras cabezas, frente con frente como habíamos hecho varias veces cuando hacíamos pactos.

- Prométeme que nunca, pero nunca dejarás de quererme

Le pedí y ella se sonrió

- Eres mi hermana, claro que te voy a querer siempre, no me importa si te acuestas con él o con Dios, para mi eres mi hermana y punto.

Me respondió abrazándome, me ayudo a recostarme en la cama y me trajo un vaso de leche, insistió en que me lo tomará y lo hice para complacerla, apague la luz y me quede así contemplando la luz de la luna y recordándolo, tal y como Ángela me había sugerido hacer, dejar a Edward en los recuerdos.

- Así que eres el hermano de Alice

Comenté divertida recordando la expresión que había puesto hace un rato atrás cuando su hermana lo había presentado. Me sonreí nerviosa ante la mirada fija que estaba dándome.

- Así es y tu eres amiga de ella ¿Cómo es que no te conocía de antes?

- No nos veíamos hace tiempo, he estado un poco ocupada este último tiempo, lejos de acá.

Respondí, nerviosa el tema de quererme hacer monja no era algo que me gustará contar de buenas a primeras, comiendo unas cuantas papas fritas del plato que estaba a unos pasos de distancia, y ese era un efecto de ponerme nerviosa, me bajaba la ansiedad por comer, lo curioso es que jamás me había puesto nerviosa por estar conversando, bueno nunca antes había estado conversando con un chico bastante atractivo por cierto.

- ¿Qué?

Le pregunté confundida cuando le noté la expresión en la cara de asombro mientras me veía comer papas fritas, galletas, y chocolates.

- Nada… ¿te gustan los chocolates?

- Me preguntó y yo lo miré confundida.

- ¡Broma! ¡Obvio a que mujer no le gustan los chocolates, son como mi placer prohibido!

Contesté sin medir las palabras toda entusiasmada y apenas me percaté de la última palabra utilizada me arrepentí en el acto. Cómo no haber elegido otras pensé recordando al padre Alfonso y sus dichos – tendré que rezar unos doscientos padres nuestros – recapacité tratando de mantener a raya la imaginación que tan repentinamente se estaba haciendo demasiado jocosa con el hermano menor de mi mejor amiga. Nos quedamos en silencio y luego de un rato, tocaron una música lenta.

- ¿Bailarías conmigo?

Me preguntó y yo no supe que decirle, una pequeña pelea interna se comenzó a liberar entre lo debido y lo prohibido. Lo miré dudosa, y no sé porque unas pequeñas mariposas comenzaron a inundar mi estomago, una sensación rara estaba teniendo y cuando finalmente me decidí dándole la mano, una corriente eléctrica recorrió mi cuerpo. Me llevo a la improvisada pista en la mitad del departamento y me extendió el brazo igual que como lo hizo en la película y como agradecía que Ángela hubiera insistido tanto en ir a verla. Ahora estaba teniendo mi versión personal. Toda tiesa le dí la mano y el me acerco a su cuerpo, puso su mano en mi espalda y yo no supe que hacer. ¿Cómo tan tonta Bella, pone las manos en sus hombros? Me grito una vocecilla interna.

- ¿Qué?

Me pregunto derepente separándome de su cuerpo y yo me sonroje hasta las pupilas.

- Soy un desastre para bailar

Le confesé avergonzada perdiéndome en aquellos ojos verdes intensos. Curvo sus labios y suspiro.

- Siempre podría obligarte

- ¿Es una amenaza?

Susurré despacio perdiéndome en su perfume, su rostro estaba a escasos centímetros de distancia. El curvo sus hermosos labios en una sonrisa extremadamente sensual.

- No… es un hecho, siempre tomo lo que quiero

Me respondió acercándome a su cuerpo y levantándome ligeramente y de forma suave mis pies se despegaron del suelo para posarse sobre sus zapatos. Sentí un calor inundar mis mejillas y sabía perfectamente que estaban teñidas de un rojo furioso. Mi corazón comenzó a latir a mil y de pronto la idea de convertirme en monja ya no estaba pareciéndome tan atractiva al menos después de conocerlo a él.



miércoles, 15 de septiembre de 2010

Lagrimas de Amor

Capítulo 5

Ya estamos llegando al hotel –le dijo Edward a Bella mientras iban en la limusina- Veo que el soplo que le di a la prensa ha tenido el efecto deseado… hay muchísimos paparazzi.

Entonces miró a Bella y frunció el ceño.

¡Dios! ¡Sonríe, mujer! La prensa espera que estés encantada al estar a punto de convertirte en la duquesa de Masen, pero en vez de eso parece que te llevaran a la horca.

No puedo evitarlo –farfulló Bella- ¿Cómo puedo aparentar ser feliz en la peor noche de mi vida? Y, de todas maneras ¿Qué importa lo que piense la gente? ¿No sabe todo el mundo que te vas a casar para asegurarte el control del banco? –entonces se quedo mirando a Edward- ¿Quién conoce las condiciones de tu abuelo?

Durante un momento pareció que Edward se fuera a negar a responder.

Aparte de nosotros, sólo el abogado de mi abuelo, Carlisle Cullen. Y así es como quiero que permanezcan las cosas.

¿Por qué insistió tu abuelo en que debías casarte antes de tomar posesión de la dirección del banco? –pregunto, ella.

El pensaba que daría mejor imagen siendo un feliz hombre de familia que un playboy. Confieso que nunca he vivido la vida de un monje, querida –dijo, arrastrando las palabras- Tengo… un gran apetito sexual. Pero mi abuelo consideraba que mi vida personal podía tener un efecto perjudicial en mi capacidad para manejar los negocios y que me llevaría a cometer errores.

¿Ha sido así? ¿Has cometido errores? –preguntó ella.

Sólo uno –contestó Edward, al que se le borro la sonrisa de la cara- designé a un hombre llamado Charles Swan para dirigir la filial inglesa del banco.

¡Oh, no! –exclamo ella, llevándose las manos a la boca- ¿Sabía tu abuelo…?

¿Qué el hombre en quien deposite toda mi confianza resulto ser un vulgar ladrón que abusó de su posición para malversar una fortuna del Banco de Masen? Oh, si, lo sabía. Mi abuelo se enteraba de todo. Durante años quiso que yo ocupara su lugar como cabeza del banco, pero cuando estaba ya muy enfermo se enteró del engaño de tu padre y le llevó a dudar de mi capacidad para juzgar a las personas –explicó, riéndose tristemente- Supongo que mi abuelo concluyó que una esposa cuidaría de mis deseos sexuales, dejando así libre mi mente para los negocios.

¿Es así? –masculló Bella-¿Así es como ves nuestro matrimonio, Edward… como una manera de satisfacción sexual?

Para mí, nuestro matrimonio es una maldita inconveniencia –le informo el duramente- Y no tengo intención de permitir que nadie descubra la verdadera razón por la que nos casamos. Pero hay una cierta ironía en el hecho de que para acatar los requerimientos de mi abuelo voy a tener que casarme con la hija del hombre que provocó que el dudara de mí –dijo, mirándola de arriba abajo, deteniéndose en su escote- Aunque puedo ver que habrá compensaciones por convertirte en mi esposa, querida.

¿Qué clase de compensaciones? –preguntó ella con voz ronca, invadida por el pánico.

Había supuesto que su matrimonio sería solo un matrimonio formal: no se le había ocurrido pensar que Edward esperara que ella cumpliera con las obligaciones de una esposa.

Cuando el automóvil se detuvo, respiro profundamente al ver a la prensa congregada a las puertas del hotel. Pensó que no podía hacerlo…

Compensaciones como esta… -comenzó a decir el, tomándola de la barbilla y besándola.

Bella pensó que no debería permitirle hacer aquello, pero parecía que su fuerza de voluntad la había abandonado. Si era sincera consigo misma, tenía que admitir que había fantaseado con aquel beso desde que lo había conocido en el Palacio del León y en aquel momento, en vez de rechazarlo, estaba temblando de excitación. El calor le recorrió las venas y no pudo evitar echarse sobre el, apoyándose en su musculoso pecho.

Edward estaba utilizando su lengua con una suave precisión, explorando los contornos de la boca de ella, que suspiró cuando el la introdujo entre sus labios y la tomó de la nuca para atraerla aún más hacia el. Ella cautivada por la carga sexual del momento, lo abrazó, hundiendo sus dedos en el cobrizo pelo de el.

Nunca antes se había sentido de aquella manera, ni siquiera cuando Jacob la había besado. Nada la había preparado para aquellas llamaradas de deseo que amenazaban con agobiarla y cuando sintió como Edward le acariciaba un pecho, gimió suavemente, acercándose aún más a el, queriendo más.

Con eso será suficiente. Quiero que estés radiante, pero no como si acabaras de salir de mi cama y no pudieras esperar para volver a meterte.-dijo el con una burlona sonrisa en la cara.

Aquel comentario sarcástico apago la pasión que le había recorrido el cuerpo a Bella.

Malnacido – susurró, apartándose de el.

No cero que a la prensa le quepa ninguna duda de la pasión que hay entre nosotros ¿No te parece, querida? Pareces entusiasmada con tu adorado novio… todo lo que tienes que hacer ahora es seguir fingiendo durante toda la noche.

La diversión que denotaba la voz de Edward dejaba claro que el se había dado cuenta de que ella no había fingido. Casi se lo había comido vivo, y se sintió enferma de vergüenza.

Cuando el chófer abrió la puerta de limusina, Edward la agarró de la muñeca.

Sonríe, querida, antes de que los fotógrafos comiencen a sospechar y yo te tenga que besar otra vez –le susurró a la oreja- Quiero que mañana todo el mundo vea en los periódicos que somos la pareja perfecta.

Estremeciéndose de resentimiento, Bella esbozó una sonrisa.

Ambos sabemos que nuestro matrimonio ha sido concebido en el infierno –dijo entre dientes- Dudo que vaya a lograr convencer a nadie de que estoy enamorada de ti.

Edward la agarró de la cintura y ella sintió cómo le quemaba la piel.

Pues yo pensaba que eras muy convincente –dijo el mientras la conducía dentro de el hotel- Pero si insistes, siempre podemos practicar más. Ahora, ahí viene nuestro anfitrión. Recuerda lo que nos estamos jugando con esto, Bella –advirtió suavemente- La libertad de tu padre de tu padre depende de que tú hagas una digna actuación de Hollywood.

El banquete se celebraba en un lujoso hotel, pero Bella tuvo que soportar la horrible experiencia de la cena, que pareció durar horas. Pero lo peor llegó tras los postres, cuando Edward se levantó y anunció su compromiso. Delante de los demás invitados, ella se vio forzada a levantarse y a aceptar las felicitaciones de la gente. Se brindo por la feliz pareja y para su espanto, Edward la tomó entre sus brazos y la besó, deleitando a los espectadores.

Cuando por fin el dejo de besarla, ella se sintió completamente humillada. Se sentó en la silla, sin comprender como incluso habiendo sentido sobre ella las miradas de cientos de extraños, había sido incapaz de resistir la dulce seducción de los labios de Edward.

Mientras observaba como el se movía con gracia sobre la pista de baile, se preguntó que le estaba ocurriendo. Al terminar la cena había comenzado el baile y era obvio que todas las mujeres tenían sus ojos puestos en un hombre, lo que no la sorprendía.

No tenía nada que ver con sus riquezas ni con su poder, sino con lo fuerte, dominante e increíblemente sexy que era Edward. Parecía el prototipo de hombre con el que soñaban las mujeres.

Pero ella no tenía fantasías, o por lo menos no las había tenido hasta aquel momento. Siempre había asumido que no tenía mucho apetito sexual, y aquel no era un buen momento para descubrir que su libido estaba viva y empujando con fuerza.

Parece que su novio la ha dejado sola. ¿Es por eso que parece tan triste, señorita Swan?

Bella apartó la mirada de la pista de baile y miró a la mujer que se había sentado en su misma mesa. La condesa Jane de Reyes era la esposa de uno de los empresarios madrileños más influyentes. Terriblemente sofisticada y con un dominio de varios idiomas, era una cotilla consumada.

No estoy triste, señora. Simplemente estaba… pensando –murmuró educadamente.

La condesa miró la pista de baile, donde Edward todavía estaba bailando con una impresionante rubia. La música había dejado de sonar, pero parecía que ninguno de los se había percatado.

Me gustaría saber en que pensabas, querida –dijo con delicadeza.

Bella no pudo evitar volver a mirar hacía Edward. Su pareja de baile era la esposa de uno de sus socios de negocios y era perfectamente normal que el bailara con ella. Se dijo así misma que no había razón para sentirse despechada; su compromiso era una farsa y a ella no le podía importar menos con quien bailara el.

Estaba admirando la destreza para el baile de Edward –dijo Bella.

Si, el duque de Masen es un excelente ejemplo de masculinidad. ¿Verdad? Es un buen partido. Dime, querida… -la condesa se echo para adelante- ¿Cómo se conocieron?

Nos conocimos en uno de los viajes de negocios que Edward realizó a Inglaterra. El es… amigo de mi padre.

Pero no pueden conocerse desde hace mucho tiempo… esta es la primera ocasión en la que se les ve juntos en público.

Bella se ruborizó y se chupo los labios, nerviosa, tratando de recordar la historia que Edward había inventado sobre su falso romance.

Nos conocemos desde hace unos meses –explicó- Pero al principio preferimos mantener nuestro noviazgo en secreto. Enamorarse es algo muy personal, ¿no le parece?

Así que es una historia de amor –dijo la condesa, sorprendida- No me lo esperaba de Edward. Parece que usted ha tenido éxito donde muchas mujeres han fracasado, señorita Swan. ¿Lo ama?

Bella notó un cierto toque de incredulidad en la voz de la condesa; estaba claro que no creía que el duque Masen hubiese elegido una mujer tan sosa como esposa. La indignación le recorrió el cuerpo y levantó la barbilla.

Amo a Edward con toda mi alma –dijo con firmeza- Es mi alma gemela y no puedo esperar a que llegue el día en que prometa pasar el resto de mi vida junto a el.

Ah, Bella, me dejas sin aliento, cariño –dijo Edward, que acababa de acercarse a ellas.

Yo también estoy impaciente porque llegue el día en que te conviertas en mi esposa.

Bella sabía por que decía aquello; quería reclamar su puesto como cabeza del Banco de Masen y ella era simplemente un medio para conseguirlo.

¿Bailas conmigo, querida?

Antes siquiera de que ella pudiese protestar, Edward la tomó entre sus brazos y la guió a la pista de baile, donde la abrazo estrechamente. Bella se tuvo que recordar a si misma que aquello era parte del juego y que la manera en la que la estaba sujetando, como si ella fuese algo infinitamente preciado para el, era su manera de demostrarle a los demás invitados que estaban enamorados y que no podían quitarse las manos de encima.

¿Esto es realmente necesario? –preguntó entre dientes cuando la banda empezó a tocar una balada.

Edward la había agarrado tan estrechamente, que ella pudo notar cada músculo de su cuerpo.

Creo que logré convencer a la duquesa de que estoy perdidamente enamorada de ti.

Tengo que admitir que estoy impresionado con tu capacidad interpretativa, querida. Durante un momento casi me convences a mí también.

Obviamente estaba mintiendo. No puedo imaginar que ninguna mujer en su sano juicio pierda la cabeza por ti. Es imposible quererte.

Mi madre solía decir lo mismo.

Bella lo miró y vio que el estaba tratando de esconder sus pensamientos.

Todas las madres quieren a sus hijos, ¿Por qué diría eso? –dijo abrazándolo con fuerza.

Quizá por que es verdad –dijo el mirándola.

Bella era tan pequeña, que temía hacerle daño y ante su sorpresa, se dio cuenta de que estaba impaciente por estar a solas con ella. Por primera vez quiso explicarle a alguien por que había apartado el amor de su vida.

Mi madre se casó con mi padre por si dinero y probablemente, por el prestigio de haberse convertido en la siguiente duquesa de Masen –explicó con sequedad- Desafortunadamente para ella, mi abuelo no era tan crédulo como su hijo. Le dio un ultimátum a mi padre; perdería todo derecho sobre el castillo, el banco y la fortuna de los Masen –continuó, esbozando una cínica sonrisa- Siendo un tonto, mi padre eligió casarse con mi madre y mi abuelo se negó a tener nada más que ver con el.

¿Quieres decir que tu abuelo cortó relaciones con tu padre de por vida? –preguntó Bella, incapaz de ocultar su impresión- ¿Nunca lo volvió a ver?

Los Masen cumplen su palabra –dijo Edward- Mi abuelo sabía que el cerebro de mi padre ya estaba aturullado debido a las drogas, frecuentemente obtenidas por mi madre. Lo desheredó y lo hecho del Palacio del León.

Bella, mientras seguían bailando, pensó que Aro Masen debía de haber sido un hombre despiadado para haberle hecho eso a su propio hijo y no le sorprendía que su nieto hubiese heredado sus mismas cualidades.

¿Y que paso contigo? Pensaba que tu niñez había transcurrido en el castillo.

¿No querrás decir que pensabas que había nacido entre riquezas? –provocó Edward para recordarle las acusaciones que había vertido contra el cuando lo había visitado en el Palacio del León- Los primero años de mi vida los pasé como un campesino, viajando de un lado a otro… era como un niño gitano, tan salvaje como los perros que pertenecían al circo para el que mi madre trabajaba. Eso cuando no se ganaba la vida tumbada de espaldas…

Edward se río amargamente. La frialdad se reflejaba en sus ojos.

En cuanto se dio cuenta de que mi abuelo jamás la aceptaría, se volvió contra mi padre y contra el hijo que había concebido por accidente. Para ella yo era un fastidio y no me quería. Cuando encontró un amante rico, me abandonó al cuidado de mi padre, que estaba medio loco.

¿Qué ocurrió con el? –quiso saber Bella.

Murió de una sobredosis meses después de que mi madre lo hubiese abandonado. El pobre, a pesar de todo lo que ella le había hecho, todavía la amaba. Entonces aprendí que el amor es un sentimiento cruel y destructivo, Bella, y de niño prometí que no tendría lugar en mi vida. Al final mi abuelo se enteró de la muerte de mi padre. Hasta entonces el no conocía mi existencia, pero me llevó inmediatamente al castillo. Descubrí mi patrimonio y créeme, querida, nada me detendrá para que logre mantener lo que es mío por derecho de nacimiento.

Bella se quedo mirándolo; de niña, sus padres la habían colmado de amor y afecto e incluso una vez que hubo sido detectada la enfermedad de su madre, su vida en Littlecote había seguido siendo inmensamente feliz. No podía imaginarse por lo que tendría que haber pasado Edward.

Es una historia terrible. No se que decir –murmuró, incapaz de controlar el leve temblor de su labio inferior.

Yo no necesito que digas nada más que, si quiero en nuestra boda. Para todo lo demás sugiero que mantengas la boca cerrada… aparte de cuando te bese, desde luego –dijo con dureza, arrepintiéndose de haber confiado en ella. Odiaba la idea de ser vulnerable.

La beso, explorándola con su lengua con tal delicadeza que Bella no pudo hacer nada para resistirse. No podía luchar contra el, no cuando el fuego le estaba recorriendo por las venas, despertándole todos los sentidos. Pudo sentir la excitación sexual de el presionando sus muslos.

Una gran necesidad se apodero de ella… y era Edward el único que la podía aliviar. Las caricias de la lengua de el la estaban volviendo loca y cuando comenzó a acariciarle el trasero y la apretó con fuerza contra su cuerpo, ella, tembló, invadida por el deseo. No le importaba que estuvieran en medio de la pista de baile; quería que el le levantar la falda y le hiciera el amor ahí mismo.

Pero al darse cuenta de lo que estaba pensando, logró sacar fuerzas para apartarse de el. Al ver el brillo triunfal que reflejaban los ojos de el se puso enferma.

Esperó que en cualquier momento el fuese a hacer un comentario sarcástico. Observó cómo sus ojos se oscurecieron y sintió la repentina tensión que se apodero de el. Pero, ante su sorpresa, el se dio la vuelta repentinamente y la sacó de la pista de baile.

Edward, ¿puedo robarte para el próximo baile? –murmuró la condesa.

Me temo que no –respondió Edward fríamente- Nos marchamos. Bella ha tenido un día muy largo y necesita recostarse.

Ella parece una frágil flor, Edward –dijo la condesa haciendo un mohín- Ten cuidado y no la desgastes antes de su noche de bodas.

No había respuesta ante aquello, o por lo menos no una que Bella pudiese pensar, ya que estaba como atontada. No podía mirar a Edward y se quedo mirando al suelo. Aquel día le había parecido muy largo. Se preguntó si había sido aquella misma mañana cuando había ido al castillo para ofrecerle a Edward trabajar para el y pagar así la deuda de su padre.

Los paparazzi todavía estaban en la puerta del hotel pero, para alivio de Bella, Edward había perdido interés en impresionarlos y la escoltó a toda prisa a la limusina que les esperaba.

¿Estás seguro que no quieres posar para que hagan más fotografías de la feliz pareja? –preguntó ella, utilizando el sarcasmo para camuflar el efecto que tenía sobre ella aquel hombre.

Creo que ya hemos dejado claro que nos vamos a casar por las razones correctas ¿no crees, querida? –contestó el- Mañana, la mayoría de los periódicos europeos hablarán de nuestro apasionado romance.

Mientras se dirigían hacía el departamento de Edward, Bella tuvo la sensación de que había algo preocupante en lo último que había dicho el, pero estaba demasiado cansada para pensar en ello.

Adormecida, sintió como comenzaron a cerrársele los ojos y como la cabeza le pesaba demasiado…

A su lado, Edward se puso tenso y miró la cabeza de ella, que reposaba en su hombro; tenía la boca entreabierta y parecía tan inocente como un niño.

Pero se recordó así mismo que era una ilusión. Bella era una mujer adulta que sabía perfectamente lo que estaba haciendo. De alguna manera ella se había dado cuenta de que su aire de timidez y la manera en la que se ruborizaba cada vez que el la mirara le excitaba, pero nada de aquello era verdadero. Bajo aquella fachada de inocencia, ella era tan calculadora como cualquier otra mujer que el había conocido. Una mujerzuela mimada que había permitido que su padre arriesgara todo para que ella pudiese continuar con su extravagante estilo de vida y que estaba preparada a venderse a si misma por motivos económicos… aunque tenía que admitir que parecía motivada por salvar a su padre de la cárcel.

No se despertó cuando la limusina entró al aparcamiento subterráneo. Edward le puso una mano en el hombro para despertarla, pero no tuvo corazón para hacerlo. Entonces la tomó en brazos y se dirigió al ascensor que les llevaría a su departamento.

Cuando llegaron, la llevó a su habitación y la tumbó en la cama, desabrochándole el vestido y admirando la belleza de aquella delicada mujer. Vestida sólo con un conjunto de braguita y sujetador blanco, era una deliciosa tentación contra la que tuvo que luchar. Pensó que ya habría tiempo después de la boda para prenderle fuego a la explosiva carga sexual que había entre ambos. Tenía todo un año para disfrutar de la deliciosa naturaleza sensual de ella. Y Bella también disfrutaría… el era un experto amante que disfrutaría al asegurar la satisfacción sexual de ella tanto como la suya propia…

martes, 14 de septiembre de 2010

Mascara De Odio

Cap. 5 .16 de julio de 2007



 
Edward Cullen
 
Durante lo que quedaba del resto de la noche seguí caminando, debía decir que disfrutaba de andar en la noche ya que proveía la oportunidad de pasar desapercibido y de que nadie se acercara a molestar con algún asunto de negocios así que este paseo era bastante beneficioso para mi salud mental y física, aunque se tratara de algo así como gimnasia pasiva, de todas maneras me proveía la excusa para serenarme un poco.

Así dure hasta casi mitad de noche pero después decidí que siendo suficiente debía regresar a casa. Mire la dirección en donde me encontraba, si seguía por el callejón de la izquierda seguramente llegaría más rápido, así que lo opte.

No me importaba ser asaltado por un desconocido por que, entre la tutoría de mi tío y la mía propia, había adquirido conocimientos de defensa personal y si alguien se atrevía a intentar quitarme por la fuerza lo que no habían ganado con esfuerzo la paliza estaba lista en el paraguas de mi mano y mis puños.

Entré decidido, pero cuando llevaba menos de 40 pasos escuche la voz de un hombre

- ven aquí hermosura-

Era la típica voz de matón y parecía a punto de entrar en acción así que siguiendo mis instintos de ranger, los cuales implicaban que si una persona más vulnerable estaba en peligro yo debía haber uso de mi fuerza para ayudar, me hicieron acercarme hacia el sitio en donde se estaba desarrollando el evento.

Escuche unos pasos minúsculos seguidos por otros más pesados junto a la voz ahogada de un grito cuando es aprisionado por la piel, mi oído agudo también era producto de mis entrenamientos de joven así que me bastaron esos pocos sonidos para darme cuenta de que la mujer, si mi instinto no me fallaba, estaba en peligro

- ssshhh amorcito- escuche a través del sonido de zapatos contra la grava del piso y el de ropa siendo forzada a desgarrarse, me estaba acercando cada vez mas – no querrás hacer eso mientras yo estoy aquí

Cuando estuvieron bajo mi campo de visión comprobé lo desagradable de la situación y mi voluntad me obligo a actuar para ahorrarle a esa jovencita el trauma de ser violada en un callejón oscuro sin nadie para ayudar. Cuando vi que el tipo estaba desnudando su sexo para violarla me adelante haciendo uso de mis manos lo aparte violentamente de la figura temblorosa

- oh no, no lo harás malnacido- dije en medio de mi furia. No estaba en contra de hacer un poco de daño a las mujeres pero no podía tolerar una violación.

Lo estampe contra la pared de piedra de uno de los edificios en sus lados posteriores y termine en dos golpes con sus intenciones sadomasoquistas.

Luego me volví hacia la mujercita que estaba agazapada en una esquina y que inexorablemente se estaba cayendo, seguramente presa de la conmoción.

Cuando me adelante a levantarla me sorprendió mucho descubrir de quien se trataba, la persona a la que había prestado mis servicios protectores era nada menos que Isabella Swan.

Adelante los brazos para recibir su raquítica figura y ella se desplomo en ellos sin control. Había sucumbido.

Cuando me erguí con ella entre mis brazos, los suyos se aferraron a mi cuello instintivamente, como un miquillo desprotegido. Así era como quería que ella se sintiera, para así aprovecharme de una situación que no había pedido pero que sin embargo me estaba ayudando a saltar gran parte del proceso que tenía planeado.

Aun con ella prendida de mi tome su pequeño bolso, mi paraguas y camine con ella fuera del callejón trucando así mis planes de regresar a mi casa caminando, cuando estuvimos en vía publica pare un taxi. El hombre me miro como si ella fuera mi esposa y yo la llevara inexorablemente al lecho mas cercano, pero seguramente cuando miro más de cerca y se dio cuenta de su absoluto estado de palidez pensó mejor y dejo que su mente se fuera a un lado con la fantasías moteleras, con la ayuda del personaje subí con ella. De manera que quedo casi sentada sobre mi regazo. Eso no habría supuesto incomodidad pues era consciente de su débil y demasiado ligero cuerpo.

Después de unos minutos de avanzar finalmente debió mejorar de su conmoción ya que comenzó a removerse, la mire atentamente decidido a interpretar sus reacciones y ver cuál de todas ellas me beneficiaba mas, cuando ella enfoco su mirada de mi pecho a mis ojos y se dio cuenta de quién era yo, lo que seguramente no había podido deducir debido a la oscuridad del callejón, sus ojos se abrieron desmesuradamente, a mi consuelo decidí asociar la expresión que vi en ellos como reconocimiento sorpresivo y no como miedo ya que no me convenía para nada que ella me tuviera miedo, debía ser positivo y no pensar en que ella definidamente había enloquecido por la conmoción del hecho de un violador atacándola. Sabia de personas que habían perdido la razón súbitamente debido a la conmoción.

- gracias- dijo en bajo, con su mirada aun posada en mi , solo se me ocurrió preguntarle, para comprobar su nivel de estabilidad

- ¿estás bien?

Aunque no la conocía pensé que seguramente no dudaría en hacerse la fuerte y decirme que si estaba bien cuando en realidad no lo estaba, mintiendo, como la mayoría de las personas de las que me rodeaba, pero esta vez me sorprendió un poco admitiendo, con una sinceridad poco común

- no, no estoy nada bien…pero no importa

Pensé en que debería importarle ya que no podría hacer, relativamente, uso de ella si se encontraba en condiciones desfavorables tanto física como mentalmente, la necesitaba saludable y en perfecto estado emocional, la idea de cargar con una enferma encima de ese matrimonio forzado me llenaba de rabia.

- no deberías andar sola por las calles a esta hora – le reprendí por hacerme enojar.

Ella se aparto y se retrajo aun mas y sentí una picadilla de lastima, debía admitir que se veía asquerosamente vulnerable, como un borrego recién nacido aunque nunca hubiera tenido la oportunidad de ver uno, en fin. Ahora que estaba despierta podía aprovechar un poco pero ella se adelanto antes de que empezara a hechizarla

- cómo te llamas?- me pregunto aun con esa voz baja y poco forzada

- Edward Cullen- conteste automáticamente

- yo soy Bella…- me dijo, seguramente no le gustaba su nombre completo que, aun a mi pesar me parecía bastante seductor, obviando, evidentemente, el hecho de que lamentaba profundamente que su propietaria no lo fuera así. – gracias por ayudarme- continuo

Yo la mire. De perfil hasta podría pasar por bonita, la nariz era pequeña y graciosa y las pecas que alcance a distinguir en ella la primera vez, y que ahora alcanzaba a distinguir un poco de reojo, la hacían parecer casi una niña, aunque sus ojos mostraban que había vivido mas que la mayoría de jóvenes a su edad, su barbilla era puntiaguda y delicada y hasta parecía ser voluntariosa, su piel tenía un matiz de palidez pero era nívea y limpia en apariencia y suave…su cabello por otro lado…

- ¿podrías, por favor, llevarme a casa? – pregunto repentinamente como si milagrosamente se hubiera dado cuenta que la miraba de reojo y quisiera reprochármelo.

- por donde se llega?- le pregunte un poco contrariado

Ella me dio los nombres de las calles y yo se los transmití al conductor público. Me alegre que la dirección fuera cerca de un sitio que conocía bien y no algún albergue al sur y enterrado en los barrios bajos de la ciudad.

Finalmente el taxi dio la vuelta en la esquina de la calle en donde estaba situado el edificio donde, según ella, vivía. Era modesto pero tampoco era una pocilga y algo me decía que estaba bastante ordenado para tratarse de algo tan pequeño como se veía. Cuando se detuvo Salí por mi lado de la puerta y camine rápidamente hacia la de ella preparado para hacer uso de mi estrategia, extendí la mano y ella me dio la suya tan pequeña y a la vez fuerte, mire esa mano consiente, súbitamente, de que yo había comido lo que ella había preparado. Tenía un talento natural, supuse que uno de los pocos.

Salió y se tambaleo un poco pero después logro mantenerse en pie, camine con ella hacia la puerta y cuando llegue allí ella pronuncio

- bueno…- supe que había llegado el momento de la despedida. Intentando dejarla en el suspenso del amante, nombre que se me había ocurrido recién, y antes de que apartara su mano de la mía me la lleve a los labios y se la bese. Otra vez ese olor a cerezas penetro mi nariz, adjudique las sensaciones que me producía a algún juego de mi mente que me hacia buscar el olor que me agradaba y en el que inexplicablemente no había podido dejar de pensar desde que lo probé y olí la primera vez.

Otra vez casi cedí al impulso de mordisquearle y lamerle la mano, cosa que nunca antes me había pasado. Mis usuales novias, amantes o cualquier otro apelativo con el que se me ocurría llamarlas de vez en cuando, sabían a suavizante y a crema para manos, pero esta niña parecía no necesitar de ellos.

Me dé la vuelta y le solté la mano antes de asustarla un poco mas y me fui hacia el taxi para que me llevara a mi casa

Después cuando iba en el intentaba ver qué era lo que tenia Isabella Swan que me hacia añorar a mi madre, yo, que casi nunca pensaba en ella ni en mi padre por el dolor que me causaba recordarlos y saber que no los había tenido ahí, súbitamente me veía acorralado de los pocos recuerdos de niño que tenia de mis dos seres más queridos, los que conservaba de ellos, y tampoco podía evitar recordar los momentos cruciales de mi vida cuando más los había necesitado, mi primera vez con una chica, como debía ir vestido, que profesión hubiera escogido de seguir vivo mi padre, o como habría sido mi educación de seguir viva mi madre, cuanta falta me hizo mi padre para no convertirme en el libertino que era ahora, buscando en cada mujer que conocía la ternura que nunca había tenido, algo del calor maternal que había sido arrebatado de mi a tan temprana edad, pero en todas y cada una de las zorras que encontraba había encontrado solo dos cosas y ninguna estaba relacionada con el amor o la ternura, en ninguna había visto lo maternal que quería ver y si que era un idiota, pensaba constantemente.

Era algo infantil, pero por un momento pensé que hasta podía inducirme en el mundo de la bigamia si podía tener a esa niña del lado maternal y a cualquier otra zorra aprovechada en el lado sexual.

Suspire, más bien gruñí exasperado ante la dirección que estaban tomando mis estúpidos pensamientos, decidí dejarlo de lado e irme a casa a dormir, no fuera que la falta de sueño fuera la causante de esas estupideces.

Cuando subí el ascensor y abrí la puerta me quite la chaqueta y me fui directo al baño, me sentía un poco sudoroso y sucio de personaje de la calle.

Esa noche me acosté con el firme propósito de llamarla después de un poco de tiempo, tres días a lo sumo, la estrategia era mostrarse interesado y que mejor que una llamada y una invitación a cenar para florecer la "pasión".

Por la noche tuve un sueño de lo más extraño, especialmente porque Isabella Swan estaba involucrada en el. Estaba de pie, de espaldas a mi inclinada sobre un barandal y con nada más que mar delante de ella, yo la observaba desde atrás y mentalmente le decía que se volviera.

Y ella lo hizo. Pero cuando intente ver sus ojos otra imagen se coló, y en esta yo estaba en el cuerpo de ella, miraba todo como si yo fuera ella y en mi campo de visión se hallaba el cuadrado perfecto de un ataúd y encima de mi estaba yo, con una sonrisa macabra y sosteniendo una rosa espinosa en mis manos, mi otro yo arrojo la rosa sobre el ataúd y después un palazo de tierra fue arrojado sobre mí. Me sentí ahogado y me desperté súbitamente y sudando profusamente. Después me volví a dormir aun inconsciente.

Cuando me desperté en la mañana no recordaba nada.

16 de julio de 2007

Isabella Swan

Cuando entre al departamento cerré la puerta y me apoye contra ella aun hecha un mar de confusión, pero por primera vez en mucho tiempo deje que una lenta sonrisa trepara por mi cara. Por algún extraño motivo sentía esa misma cara arder y la piel caliente allí donde él me la había besado, si lo pensaba con cuidado solamente una vez en mi vida había "mirado" un personaje del sexo opuesto y la experiencia no había sido nada buena, de hecho había sido una de las más terribles que había tenido que soportar y que siempre tendría en mente así hiciera lo que hiciera, pero ahora que era un poco mayor, la tentación de volver a "mirar" se hacía irresistible con este hombre al que había conocido hoy. Era demasiado atractivo y exudaba sensualidad por cada poro de su piel. Me miraba como, eso si podía decirlo, nunca nadie me había mirado hasta entonces, ni siquiera Ben había sabido disfrazar sus sentimientos hacia mí con esa mirada penetrante y llena de profundos y apasionados secretos. Sabía que estaba metida en un terreno peligroso, detestaba el contacto pero con él, curiosamente, era algo diferente, y debía admitir que era por su mirada, había algo veraz en ella que me hacia confiar en él y después de lo de hoy no podía menos que confiar.

Era como si de repente lo viera como mi héroe personal por haberme rescatado de casi vivir esa experiencia otra vez.

Por unos segundos me dedique a pensar que sería de mi si, como Jessica, decidía empezar a buscar un hombre con el que compartir mi vida, pero me obligue a callarme mentalmente antes de pensar en hacer realidad estupideces, aun tenía muchos traumas que superar.

"la apuesta consiste en acostarte con Swan antes de que acabe el año y traernos una prueba de que la desvirgaste"

Los recuerdos comenzaron a inundar mi cabeza y de repente me vi mentalmente transportada a mi doloroso pasado, al último año en que estuve en el orfanato, cuando tenía solo trece años y uno de los chicos mayores decidió hacerme su siguiente pieza. Eran la pandilla de chicos atractivos y todas las chicas de mi curso estaban embelesadas con ellos.

Pero ellos habían puesto sus ojos en mí. La condenada virgen, como me entere que me llamaban cuando toda la verdad salió a la luz a mis ojos

Pero no fue así al principio, uno de ellos había empezado a fijarse en mi, a hacerme regalos y a decirme palabras hermosas, era una niña en plena pubertad así que le creí como una idiota. Hasta que un día los escuche en su salón, escuche que querían apostar por mi virginidad. Y la que siguió después fue lo peor…

Cerré los ojos y aparte mis pensamientos de eso… no valía la pena y no valía la pena seguir despierta cuando a otro día tendría que ir a trabajar.

Me puse el pijama y me acosté en la cama pero no tenia sueño, porque en lo único en lo que podía pensar era en ese hombre. En Edward Cullen.

Dos días después

Lave el apestoso trapo con el que Jessica había limpiado un desaguisado y no había tenido la sutileza de lavar, ahora estaba limpio otra vez y olía a jabón para limpiar mesas lo puse en su sitio cuando escuché que el teléfono general sonaba. Jessica adjudicando que era para ella corrió hacia él y contesto

- café parís, buenos días, en que puedo servirle...

Negué con la cabeza, ¿acaso tenía que poner voz de estar promocionando una línea caliente en vez de un servicio a domicilio? Definitivamente parecía estar siempre con fuego entre las piernas.

En algún momento la había envidiado por su libertad, tanto de cuerpo como de mente, si yo fuera así, si mi vida hubiera sido la de ella…claro que lo único que cambiaria seria dejar de estar ofreciendo mi cuerpo a cualquiera como una cualquiera.

Vi que cuando la persona al otro lado hablo, la expresión de ella cambio a desconcierto y por último a rencor antes de volverse hacia mí y mirarme como si yo tuviera la culpa de todo lo malo que le pasaba a ella.

- ¿a nombre de quién?- pregunto intentando sonar no interesada y por cómo, quien quiera que fuera, le contesto tampoco estaba muy contenta

- oye!- grito en mi dirección, la mire intentando que mi odio por ella no se dejara translucir ante mis ojos – te llaman…- dejo el teléfono allí y comenzó a darle la vuelta a las sillas para empezar a ordenarlas para el desayuno

Yo mire extrañada el auricular en cuanto llegue allí ya que era la primera vez en los casi dos meses que llevaba allí que recibía una llamada.

- ¿Hola?- conteste dudosa aun, y más completamente segura de que se trataba de una equivocación.

- - Isabella?- pregunto la otra voz al lado de la línea, casi suelto el auricular en cuando la reconocí, como si se hubiera quedado grabada en mi memoria con fuego, me puse la mano en el pecho cuando mi corazón quiso saltar de su cavidad. Intente disimular ya que Jessica me estaba mirando

- ¿Ed.…Edward?- pregunte aunque sabía que no tenía necesidad de hacerlo, hubiera reconocido esa voz donde fuera – pero que…- oh dios era una estúpida – ¿porque me estas llamando?

- creí que habías captado mi intención, quise hacerte saber que no sería la última vez que nos veríamos.

Así que si había identificado correctamente su expresión al mirarme, el latido de mi corazón no se mino pero el pecho se me lleno con un extraño calor que nada tenía que ver con que el sol acabara de asomar por las visibles y lejanas montañas.

- ss.…i-deja de tartamudear como una idiota, pensé- pero pensé que…

- bueno…aquí estoy y…- se paro como si algo mas allá de él le impidiera decirlo pero al fin lo hizo – quiero verte…necesito verte.

- ¿verme?- no debí repetirlo, no debí repetirlo, no debía mostrarme hambrienta del cariño que nunca había recibido y la intención de el bien podía ser solo de amistad y no del cariño que me estaba imaginando. En ese momento Jessica me dirigió una significativa mirada, la cual identifique como envidia, supuse que se trataba de que ella no había concertado una cita sino una vez desde el tiempo que llevaba allí y que otra persona lo hiciera debía molestarle. Un momento, ¿acaso dije una cita? Ella se dio media vuelta y yo aferre el teléfono, si este hubiera tenido vida habría soltado un quejido. – estás hablando en serio?- debía asegurarme y no dejar que mi tonta y ya muerta imaginación echara a volar otra vez

- mas que siempre- dijo él con esa voz profunda y por algún extraño motivo le creí inmediatamente – ¿qué tal hoy en la noche?-

Intente moderar mi respiración y que mi nerviosismo no se notara tanto, nunca, a excepción de esa vez en el orfanato, nadie me había invitado a nada, cerré los ojos intentando calmarme, era una soberana reina del miedo y sabia que tarde o temprano debía superarlo si seguía con mi anhelado sueño de tener hijos y familia.

- no lo sé… no creo que tenga – iba a decir ropa adecuada pero él me interrumpió

- di que si- me pidió con seriedad – no es que quiera sonar chantajista pero me lo debes

Tenía razón, después de todo había salvado mi integridad y mi cordura de ser aplastadas por un insensible patán.

"me debes esto… después de todo lo que he hecho por ti…me lo debes"

"no…por favor…"

Sacudí la cabeza antes de trasladarme otra vez y me dije que esta vez sería diferente. No lo conocía de nada pero inexplicablemente confiaba en el. No todo podía salir mal.

- está bien…-¿de veras había pronunciado esas palabras? – pero no puedes llevarme a un sitio elegante- advertí de antemano, no tenia ropa como había intentado decirle antes, lo único decente era lo que me había heredado Emmerald, algo que, si era sincera, no había explorado a fondo.

- solo debes estar lista a las siete y treinta, del resto me encargo yo.

Antes de que pudiera agregar palabra y negarme el corto la comunicación, solté el teléfono y sentí mi corazón aun palpitando fuertemente, quería sonreír, no sabía cómo evitar hacerlo frente Jessica pero no podía contenerme, nunca antes me había pasado algo así. Deje que mi respiración se acompasara y me dedique a trabajar, con doble ahínco debía admitir, consciente de que al menos por ese día tenía un motivo para ser que simplemente existir triste y vacíamente.