Dark Chat

viernes, 26 de marzo de 2010

Marca de Eternidad

Hello mis angeles hermosos , he vuelto jijiji aqui les dejo vicio . una disculpa nenas por el atrazo mañana actualizo de nuevo  mil besitos
Angel of the dark
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Capítulo 4. Sin libertad

Bella, pese a que su mente prácticamente gritaba porque sus piernas corrieran, no se movió un centímetro, el miedo la paralizó.


El vampiro sonrió mostrando un par de dientes tan afilados como agujas, y se acercó un paso a ella. Por la expresión de él parecía estar disfrutando del terrible miedo que veía en los ojos de la joven, a su alrededor la poca luz que quedaba se desvanecía, dejándose consumir por el oscuro anochecer.


-Me pidieron que fuera rápido –comentó el vampiro tranquilamente-, pero para ser sincero, me aburren las muertes sin dolor, así que jugaré contigo un poco antes de cumplir con la orden.


El cuerpo de Bella se estremeció, pero sus piernas aún parecían negarse a responder.


-No te preocupes –dijo el vampiro dando otro paso hacia delante-, prometo que por lo menos unos de los dos disfrutará con esto. Además tengo muchas ganas de probar tu sangre antes que nada, tu olor es fascinante.


Los ojos de su depredador se quedaron fijos en la piel de su cuello, el corazón de Bella parecía querer salir por sus labios.


-Me pregunto si las dos mujeres con las que vives tendrán una esencia tan deliciosa como la tuya –continuó el vampiro.


Eso último, fue más que nada, lo que hizo a Bella reaccionar. No iba a permitir que se acercara a su madre o a Megan, tenía que huir de él, tenía que advertirles.


Se giró con una velocidad, que hasta la sorprendió y comenzó a correr por las calles, sabía que el vampiro no tardaría en ir tras ella, pero dada que sus piernas eran mucho más lentas que las del inmortal, un giro de la cabeza sólo la haría distraerse. Era la vez que más había utilizado sus piernas, y cuando un pequeño rayo de esperanza le decía que había logrado distanciarse, una figura oscura se lanzó sobre su cabeza, cayendo en frente de ella bloqueándole el paso.


-Nunca entenderé porque los humanos siempre corren –comentó el vampiro. Bella creyó ver que éste ponía los ojos en blanco-. No me malinterpretes, lo hace bastante más entretenido, pero no les sirve de nada, más que para agotarlos.


Bella, ignorando el pequeño discurso del vampiro, giró su cabeza en busca de alguna calle, por la que pudiera escapar.


-Ni lo intentes –le advirtió él.


La joven volvió a ignorarlo. Todo su cuerpo estaba listo para huir, golpear, rasguñar o lo que fuera con tal de mantener la vida. Dio un paso en dirección contraria a su agresor, pero antes que pudiera plantar los dos pies firmemente en el suelo el vampiro desapareció y reapareció detrás de ella, tomó su mano y con una increíble fuerza la tiró al suelo. Bella giró varias veces en el aire, antes de que su costado izquierdo diera de lleno contra el pavimento.


Gimió de dolor. Su brazo había recibido la mayor parte del impacto, se había hecho una herida poco profunda, pero de la que brotaban pequeñas e inconfundibles gotas de sangre. Levantó la vista y observó una pared de ladrillos no muy lejos de ella, se arrastró hasta que su cabeza tocó el duro material. Rodó hasta quedar sobre su costado sano, con su mano derecha logró impulsarse y la pared le sirvió de apoyo para poder incorporarse.


Cuando su cuerpo estuvo erguido de nuevo, pudo ver los ojos del vampiro, quien la observaba con mucha atención.


-Yo te puedo ayudar con eso –dijo mirando directamente las gotas de líquido rojizo que resbalaban por su piel.


Bella instintivamente se acercó el brazo al pecho, como si quisiera protegerlo.


El vampiro se acercó a ella, sus fosas nasales se dilataron cuando hizo una respiración profunda y su lengua se movió sobre sus colmillos.


-Casi puedo saborearte –dijo él.


La joven volvió a correr, pero esta vez fue detenida casi inmediatamente. Sintió un golpe en la espalda, sus rodillas se doblaron y cayó al suelo, indefensa.


-Estoy demasiado hambriento como para jugar contigo –le dijo el vampiro.


Bella apretó los labios, conteniendo todas las ganas que tenía de gritar. Pudo ver cómo los dientes del vampiro destellaban en la oscuridad, y vio como se inclinaba hacia ella preparándose para atacar.


Un fuerte rugido se escuchó en el aire, la joven se estremeció, pero para su consternación el sonido no había sido producido de la garganta de su agresor. El miedo se apoderó de ella, entonces no sólo sería destrozada por un vampiro, sino por dos.


-Aléjate de ella


Bella reconoció la voz, y al levantar un poco la vista, comprobó que era Edward el que había llegado. Su expresión estaba llena de furia y observaba al vampiro que estaba a unos metros de ella como si fuera a destrozarlo. Su atacante también se percató de esto y se estremeció ligeramente.


-Tengo que matarla –replicó el vampiro, aunque no muy seguro.


Edward le mostró los colmillos, en un parpadeo lo tomó del brazo y lo lanzó varios metros lejos de la joven. El vampiro de cabello cobrizo se inclinó sobre ella, y la estudió con lo que parecía preocupación en su mirada.


-¿Estás bien? –le preguntó.


Bella asintió, demasiado aturdida para responder con palabras.


Edward extendió sus brazos hacia ella, como si quisiera levantarla, y Bella sin poder evitarlo se estremeció y negó con la cabeza.


-¡No! –exclamó-. Puedo… puedo levantarme sola.


Los ojos dorados del vampiro la observaron detenidamente.


-Como quieras –dijo y se levantó. Le dio la espalda para encarar al otro vampiro.


Bella se puso de pie, con cierta dificultad, pero no lamentó haber rechazado la ayuda de Edward, ya que a pesar de que él le había prometido protección, aún no podía confiar en él.


El otro vampiro se acercó a Edward, como si estuviera acechando, buscando el punto débil de éste. Pero antes que pudiera hacer algo, el vampiro de cabello cobrizo ya lo tenía inmovilizado contra la pared. La pálida mano de Edward apretaba fuertemente la garganta del vampiro.


-¿Quién te ordenó hacerle daño? –le preguntó Edward, su mano aligeró ligeramente la presión dejándole el aire suficiente para contestar.


-Puedes matarme –el vampiro escupió las palabras con desprecio-, pero no te diré nada.


-Isabella…


¿Isabella? ¿Cómo sabía su nombre?


-…necesito que te acerques y le preguntes tu misma.


Una especie de jadeo entrecortado escapó de los labios del vampiro, lo que Bella interpretó como una risa.


-¿Crees que por ser una dama le responderé? –se burló el vampiro entre jadeos-. Desde hace varios años que deje de ser un caballero. Ella obtendrá los mismos resultados que tú.


-No estés tan seguro –una ligera sonrisa se asomó por los labios de Edward.


Bella se acercó lentamente, asegurándose de estar a la vista del vampiro inmovilizado. Se sentía adolorida, y tenía más ganas de huir que nada, pero si quería que su mamá y Megan estuvieran a salvo debía cumplir con la parte de su trato y obedecer a Edward.


-¿Quién te envió? –le preguntó al vampiro, asegurándose de mantener el contacto visual con él.


Los ojos de éste se abrieron con la sorpresa, al igual que sus labios mientras la verdad escapaba de ellos.


-Evander.


-¿Por qué? –continuó Bella.


-El cree que los humanos cómo tú son una molestia y una amenaza para nuestra raza –respondió el vampiro. Sacudió su cabeza, y parpadeó como si hubiera salido de un trance-. Ahora veo porque… maldita perra ¿Qué me hiciste?


-Suficiente –Edward apretó más su mano, hasta que le vampiro aulló de dolor-, era todo lo que necesitaba saber…


Bella pudo entender el significado de esas palabras, cerró los ojos y se dio la vuelta. Alcanzó escuchar una especie de crujido, y algo que caía al suelo… sin vida.


Se giró, evitando ver el cadáver del vampiro, que yacía a pocos metros de ella.


-Te acompañaré a tu casa –dijo Edward.


-Pero… si mi madre o mi tía te ven… ellas se asustarán…


-Me aseguraré de que no lo hagan, Isabella –la tranquilizó el vampiro.


-Bella –le corrigió. No importaba que fuera prácticamente su dueño y que no pudiera confiar en él, pero detestaba que la llamaran de esa forma.


-Bella –repitió él, y le regaló una amplia sonrisa-. Yo soy Edward.


La joven ya sabía su nombre, pero prefirió no decírselo, y sólo asintió ligeramente. Tampoco, a pesar de su inmensa curiosidad, le preguntó cómo era que conocía su nombre. Tal vez al principio Edward permitió que usara su habilidad en él, pero no estaba segura que se lo volviera a permitir, así que decidió, no volver a intentarlo. Los vampiros podían reaccionar de formas inesperadas cuando se les robaba información, y Bella no quería arriesgarse a ser lastimada por él.


Caminaron lentamente, cada vez que la joven sentía a Edward acercarse más, ella instintivamente apresuraba el paso para poner distancia entre ellos.


Se detuvieron cuando quedaban pocas casas para llegar a la vieja construcción en la que vivía Bella.


-Estás herida…


Edward se acercó para revisar su brazo, pero la joven, asustada, retrocedió unos pasos.


-Sólo fue un rasguño –musitó.


El vampiro frunció el ceño, pero no insistió más.


-Mañana vendré por ti, te esperaré afuera de la cafetería.


Bella intentó controlar su expresión, pero el hecho de que también supiera donde trabajaba la ponía muy nerviosa.


-Sí –musitó. No se molestó en preguntarle para qué o a donde la llevaría, no tenía sentido, de todas formas tenía que obedecerle.


Los ojos dorados del vampiro se encontraron con los de ella.


-¿Me tienes miedo? –le preguntó.


-Sí –respondió sin dudar.


-No deberías.


Edward desapareció después de aquellas palabras, sin darle tiempo a que dijera nada más.


Cuando entró a su casa, se aseguró de ir a la cocina primero a buscar unas vendas y algo con que desinfectar su brazo. Después de eso, subió las escaleras a ver a Reneé y Megan y asegurarse que estuvieran bien. Las hermanas no parecieron muy tranquilas cuando vieron el vendaje en su brazo, pero ella les aseguró que estaba bien.


-Me caí de camino a casa –dijo, lo cual era una parte de la verdad. De pronto la joven recordó que tenía que ver a Edward mañana, tenía que pensar en algo para justificar su ausencia, después de un momento añadió:- Mañana iré a la casa de Yadhira…


-¿Otra vez? –cuestionó Reneé, frunciendo el ceño.


-Tienes que dejar que tu hija se divierta –intervino Megan-. Además no hay ningún problema, porque estará con su amiga.


-Sí –concedió Bella, sintiéndose un poco culpable por la mentira.


La expresión de su madre se fue ablandando, hasta llegar a transformarse en una sonrisa, una que le pareció un poco triste a Bella.


-Lamento mucho si sientes que te encierro en esta casa, Bella –dijo Reneé-, pero sólo entiende que es porque me preocupo por nuestra seguridad.


La joven asintió, comprendía perfectamente a su madre. Ella misma se preocupaba tanto por las dos mujeres que tenía en frente, que había sido capaz de renunciar a su libertad para mantenerlas a salvo.


-Espero que te diviertas con tu amiga –dijo Reneé.


Bella suspiró, e intentó devolver la sonrisa. Después de desearles las buenas noches, regresó a su habitación.


Gracias al insomnio la noche pasó como una tortura lenta, no podía dejar de pensar en lo que le esperaba al día siguiente y cuando vio el amanecer, uno bastante gris, asomarse por su ventana, decidió no retrasarse más y comenzar a vestirse.


Preparó el desayuno y se despidió de Reneé y Megan.


A pesar que la cafetería estaba mucho más tranquila que el día anterior, Bella no pudo estar quieta. Andaba de un lugar a otro, a pesar que no tenía mucho que hacer, y su mirada siempre terminaba fija en la puerta de cristal, tenía la sensación que en cualquier momento vería a Edward.


-¿Qué te ocurre? –le preguntó Yadhira.


Estaban sentadas en una de las mesas, la una frente a la otra, ya que la morena había obligado a Bella a quedarse quieta en una silla después de verla varias veces caminando de un lado a otro. La poca clientela que había, se fue poco a poco y ahora estaban solas en el lugar, el reloj anunciaba que faltaban pocos minutos para cerrar.


Bella tomó un poco de aire antes de poder contestar.


-Estoy esperando a alguien –dijo.


El rostro de Yadhira pasó de preocupación a emoción en unos segundos.


-¡Tienes que contarme todo! –exclamó-. ¿Cómo es? ¿Dónde lo conociste? ¿Tiene un hermano?


-Sólo somos… amigos –dijo Bella, ni siquiera eran eso, pero no podía decirle la verdad a su amiga-. Se llama Edward, es el que nos salvó la otra noche.


La sonrisa de Yadhira se amplió.


-Así que tienes una cita…


-¡No es una cita! Sólo vamos a salir al… cine –respondió lo primero que se le ocurrió-. Pero quiero que me hagas un favor, si mi mamá llama a tu casa… tienes que decirle que yo estoy contigo…


-De acuerdo –aceptó Yadhira sin dudar, y después soltó una risita-. Pero tienes que admitir que eso es una cita.


Bella empezó a replicar, pero se interrumpió cuando lo vio de pie, afuera de la cafetería. La morena se levantó y comenzó a empujarla hacia la puerta.


-¡Vamos, vamos! No lo vas a hacer esperar –dijo-. Mañana me dirás todos los detalles.


La joven, algo aturdida, se despidió de Yadhira, y salió de la cafetería.
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Capítulo 5. La casa de los vampiros


El vampiro se giró hacia ella y le regaló una sonrisa que podría derretir a cualquier chica, pero Bella no era cualquier chica, porque sabía que él era un vampiro. Fue por eso que no se confió del gesto de tranquilidad que trataba de transmitirle.


Las tonalidades oscuras comenzaban a predominar en el ambiente, Bella siempre tuvo cierto recelo a estar fuera en la noche, debido a que temía encontrarse con un vampiro. Ahora, que su acompañante era uno de ellos, estaba más nerviosa que de costumbre.


Edward hizo ademán de acercarse a ella, pero la joven retrocedió un paso.


-Ven, tenemos que caminar un poco –la sonrisa del vampiro se había borrado completamente y había comenzado a avanzar.


Bella, algo aturdida, lo siguió.


Después de unos minutos la joven notó que las calles se hacían cada vez más vacías, lo que le provocó un escalofrío, en realidad ni siquiera sabía para que la quería Edward.


-¿A dónde me llevas? –soltó cuando no pudo soportarlo más. Sus ojos seguían fijos en su entorno y no hizo un intento por mirar hacia los de él.


Edward se detuvo, y se giró hacia ella.


-¿Por qué no siento el impulso por decirte la verdad? –le cuestionó.


-Porque para que mi habilidad funcione necesito hacer contacto visual –musitó Bella-, y tiene que ser precisamente en el momento que hago las preguntas.


-Interesante –dijo Edward-. Primero vamos a mi casa –añadió, giró su cabeza en distintas direcciones y asintió como si estuviera satisfecho con lo que veía.


Bella intentó seguir la dirección de su mirada y averiguar qué era lo que observaba, pero todo lo que ella vio fue… nada. Estaban solos.


De pronto, Edward volvió su atención hacia ella y extendió los brazos, como si quisiera aprisionarla entre ellos.


Bella se alejó de él.


-El lugar a donde vamos está muy alejado –dijo Edward-, por lo menos para un humano, así que necesito llevarte cargando, tienes que dejar que te toque Bella.


La joven se extrañó de la manera tan amable que se lo pedía, ella pensaba que los vampiros nunca preguntaban simplemente hacían lo que querían. Pero a fin de cuentas ella sabía perfectamente que tenía que hacerlo, porque ese era el trato; tenía que hacer todo lo que él le pidiera.


Bella asintió.


Edward se acercó lentamente, como si temiera que ella fuera a salir corriendo en cualquier momento. Se inclinó hacia ella y la tomó suavemente entre sus brazos. Bella sintió como si una corriente eléctrica le recorriera todo el cuerpo justo en el momento en que las manos de él la sostuvieron.


-Cierra los ojos –le aconsejó-, podrías marearte debido a la velocidad.


Los brazos de Bella, como si tuvieran vida propia, se aferraron al cuello del vampiro, y sus párpados se cerraron fuertemente.


Entonces, Edward corrió.


Bella podía sentir que su cabello se agitaba a su alrededor, y el viento provocado por el movimiento rápido le provocó un frío que la heló hasta los huesos. Sintió que Edward cambió de dirección bruscamente y ella por instinto se aferró a su cuello con más fuerza.


Se preguntó si en su casa vivirían otros vampiros, la sola idea la hizo sentirse nerviosa, después de todo… ¿Qué era lo que más deseaba un vampiro de un humano?


Sangre.


¿Y si sólo la llevaba para alimentarse de ella o para servir de cena a otros vampiros? Pero él le había prometido protección… ¿Desde cuándo un vampiro cumplía con su promesa?


Bella intentó calmarse. No importaba lo que le sucediera a ella, mientras su madre y su tía estuvieran bien. Ella sabía a lo que se arriesgaba aceptando el trato, ahora lo único que le quedaba era enfrentar todo lo que viniera.


-Llegamos.


Estaba tan sumergida en sus pensamientos, que no notó cuando el vampiro se detuvo.


-Puedes abrir los ojos.


Sintió el aliento de Edward muy cerca, como si sus rostros estuvieran muy cerca…


Abrió los ojos y se encontró con el color dorado de los de él.


-Bienvenida –Edward sonrió y se inclinó un poco más.


Y Bella volvió a la realidad. Soltó el cuello del vampiro y le pidió que la bajara.


-Por supuesto –dijo él, un poco más serio, la dejó en el suelo suavemente.


En el momento en que Bella sintió tierra firme debajo de ella, se alejó un tanto de su acompañante. Una vez sintiéndose un poco más segura, se percató de la hermosa casa que tenía en frente.


Era grande, y de un color blanco que resaltaba en la oscura soledad por la que estaba rodeada. Parecía tener dos pisos, la planta alta tenía amplias ventanas, por las que Bella pensaba se podría ver la ciudad y justo a unos pasos de ella, se hallaba una hermosa puerta de madera finamente tallada.


-¿Te gusta? –le preguntó él.


-Sí.


Edward se adelantó y abrió la puerta para que ella pudiera pasar.


El interior era tan impresionante como el exterior, la entrada conducía a una espaciosa sala, con dos sillones amplios y elegantes. Bella se acercó a un estante que estaba repleto de libros, muy bien preservados, que seguramente serían una antigüedad. Aunque seguramente, considerando todo lo que sabía de vampiros, esos libros serían nuevos cuando él los compró.


Más adelante se hallaban unas escaleras que subían hasta llegar a otro pasillo, que Bella supuso, conducía a más habitaciones.


Se escuchó el sonido de unos tacones, Bella volvió a levantar la vista, en el piso de arriba, justo al inicio de los escalones había una hermosa vampiresa rubia.


-¿Por qué has traído a una humana? –la vampiresa preguntó observándola.


Bella notó el tono despectivo en el que pronunció la palabra "humana" y se sintió molesta por ello, sabía que a los vampiros no les importaban los humanos, pero eso no significaba que eso no le hiciera sentir ofendida.


Pronto ese sentimiento fue remplazado por miedo, cuando, la vampiresa pasó de estar en las escaleras a unos centímetros de ella en un solo parpadeo.


-¿Acaso la trajiste como bocadillo?


Bella se estremeció, pero no retrocedió, se había prometido soportar todo lo que fuera… todo.


La vampiresa extendió un brazo hacia ella, pero Edward atrapó su muñeca antes de que pudiera tocarla.


-Basta, Rosalie –dijo él entre dientes, parecía molesto-. No la toques.


-Me lastimas –la vampiresa se soltó y retrocedió un poco.


Entonces apareció otro vampiro, era grande y muy musculoso.


-¿Qué pasa? –preguntó.


Rosalie se colocó junto al vampiro recién llegado.


-Edward se enojó porque quise tocar su cena –dijo ella.


-Bella no es la cena –la corrigió él, quien parecía estar más furioso a cada momento-. Ella es mi invitada.


-¿Invitada? –las cejas rubias de Rosalie se alzaron-. A esta casa no entran humanos.


-Rose, es suficiente –el vampiro musculoso se giró hacia ella.


-¡No! ¡Tú no! –exclamó haciendo una mueca-. ¡No te pongas de su lado Emmett!


-No me pongo del lado de nadie es sólo que…


-¡No escucharé más! –Rosalie resopló, y tan pronto como había llegado hasta ahí, se fue.


Emmett le guiñó un ojo.


-Discúlpala, ella suele ser algo… agresiva –pareció pensarlo mejor-, de acuerdo… muy agresiva.


A pesar de toda la tensión que había acumulado, Bella se sorprendió a si misma riendo.


Edward la observó un momento, y a continuación, extrañamente, le dirigió una expresión ceñuda a Emmett.


-¿Qué ocurre, Ed? –el vampiro parecía confundido.


-Nada –contestó Edward, algo cortante. Pero Bella pudo detectar en esa simple palabra una mentira.


Emmett parecía querer añadir algo más, pero en ese momento aparecieron dos vampiros más.


La sonrisa de Bella se evaporó de su rostro, se sintió algo acorralada.


-Escuchamos su conversación –dijo una vampiresa de cabello negro y corto-, bueno, parte de ella y decidimos venir a ver.


Detrás de ella venía otro vampiro de cabello completamente rubio.


-Encantada de conocerte –dijo ella volviéndose a Bella-. Me llamo Alice.


La joven se desconcertó por el tono amable y la sonrisa de la vampiresa, si ella hubiera sido humana probablemente le habría agradado, pero no lo era. No podía confiar, lo más seguro era que todo pensaran lo mismo que Rosalie a cerca de los humanos, sólo que no lo demostraban.


-Bella –musitó en respuesta.


-El es mi compañero Jasper –añadió Alice, manteniendo su sonrisa.


-Yo soy Emmett –dijo el vampiro musculoso y añadió en un susurro-, la hermosa y gruñona rubia es mi Rosalie.


Bella, aunque intentó evitarlo, sonrió.


-Tenemos que ir a la reunión de esta noche –interrumpió Edward de pronto, no se veía muy contento.


-Creí que eras tú, el que no quería ir –comentó Jasper.


-Es cierto –concedió Edward-, pero quiero ver a alguien con quien tengo que ajustar cuentas.


-¿Ajustar cuentas? –Emmett parecía emocionado-. ¿Quién te ofendió, Ed? No he conocido a nadie que se atreva a hacerlo.


-Evander –gruñó Edward.


Bella sabía que él sólo se comportaba de esa forma porque le había prometido protección, en otras circunstancias no le importaría en lo más mínimo lo que le ocurriera.


-¿Qué fue lo que hizo? –preguntó Alice.


Edward apretó los puños con fuerza.


-Intentó matar a Bella, dos veces –dijo bruscamente, parecía como si sólo el pronunciar las palabras lo hiciera enfadar.


De pronto, las miradas pasaron de Edward a Bella, los tres vampiros parecieron muy interesados en ella repentinamente.


-Dime hermano, que le darás su merecido –Emmett parecía ser el único que encontraba la situación algo divertida.


-Más que eso –gruñó Edward amenazadoramente.


-Iremos contigo –dijo Alice.


-¡Demonios, si! –exclamó Emmett-. ¡Quiero ver cómo le pateas el trasero!


-¿Esme y Carlisle? –preguntó Edward de pronto.


-No han regresado –Jasper negó con la cabeza.


-Al parecer sólo iremos nosotros cuatro –Emmett observó a Bella-, cinco, quise decir, porque Rose no creo que quiera.


Para alivio de Bella, esta vez usaron el volvo de Edward, no se sentía preparada para viajar en los brazos de él otra vez, sobre todo porque no tenía idea a que se debía esa sensación de electricidad viajando por su cuerpo cuando lo tocaba.


El lugar al que llegaron era una casa enorme, y mientras más se acercaban los murmullos aumentaban, debía de estar repleto de vampiros.


Vampiros, decenas de ellos. Bella se estremeció, casi podía imaginarse a todos reunidos, su madre se moriría de susto si se enterara a donde estaba a poco de entrar.


Un vampiro de cabello castaño y barba oscura les abrió la puerta, abrió la boca, pero cualquier cosa que pensara decir murió en sus labios cuando vio a Edward, y los dejó pasar de inmediato.


Los inmortales hablaban unos con otros, algunos traían copas de cristal llenas de un líquido rojo. Bella estaba segura que eso no era vino tinto. Otros bebían de su pareja, la joven tuvo que desviar la mirada cada vez que se encontraba con una escena como esa.


Lo peor fue cuando ellos comenzaron a notar su presencia, la observaban con ojos llenos de hambre, y con frecuencia dirigían miradas muy interesadas a su cuello.


Bella estaba tan atenta a los vampiros que la rodeaban, que no se dio cuenta que inconscientemente se acercó demasiado a Edward, como tampoco notó que él sonreía y se inclinaba protectoramente hacia ella.


Tal vez la joven no lo notara, pero el resto de los vampiros sí, y fue motivo suficiente para que ellos no volvieran a voltear a verla.


-¡Mira quien viene hacia acá, Ed! –se rió Emmett detrás de ellos-. Pobre chica, sigue insistiendo después de todas las veces que la has rechazado.


Bella siguió la mirada de Emmett y vio a Clío dirigirse hacia Edward, pero su atención no duró mucho en ella, ya que detrás venía Anker.


Se estremeció.


-Edward –la vampiresa prácticamente ronroneó cuando se acercó a él.


-Clío –saludó él sin verla, pues sus ojos dorados estaban fijos en Bella.


La vampiresa pareció ofendida, seguramente porque el atuendo que había escogido era para llamar la atención, lo cual, evidentemente, no había conseguido.


-Edward –Anker poco después que su hermana.


El vampiro de cabello cobrizo se acercó más a Bella, lo que molestó aún más a Clío.


-¿Qué hace aquí esta humana? –preguntó furiosa-. ¿No era ella a quien le ofrecerías a él, hermano?


Bella recordó la vez en que los escuchó discutir, Anker le había dicho a Clío que la quería para dársela a Edward… como si fuera un simple objeto.


El gruñido de Edward la sacó de sus pensamientos, y se dio cuenta que el vampiro se había colocado en frente de ella, como si quisiera cubrirla de los otros dos.


-Ella viene conmigo –dijo él, dirigiéndoles una furiosa mirada-, es todo lo que necesitan saber.


Clío parecía intimidada.


-¡Lo siento! ¡No quise ofenderla!


Pero Bella sabía que sus disculpas eran sólo una mentira.


-¿Dónde está Evander? –preguntó Edward a Anker, ignorando a la vampiresa.


-¿Por qué quieres saber de él?


-¿Dónde está? –repitió Edward con más fuerza, haciendo que Anker retrocediera un poco.


-El no ha llegado…


Pero fue interrumpido por el sonido de la puerta, alguien había entrado en el lugar, Evander.


-Ese… es vampiro muerto –comentó Emmett detrás de ellos.


-Edward, espera –Jasper intentó tranquilizarlo.


Pero no funcionó, Edward había extendido los colmillos y corrió hacia él. Logró tomar del brazo a Evander y lo tiró al suelo con brusquedad. De donde el vampiro, no se levantó.


-Intentaste hacerle daño, más de una vez, no te voy a permitir que lo hagas de nuevo.


-¿De qué hablas? –Evander parecía tener dificultades para articular las palabras.


Todos los vampiros observaban la escena, pero ninguno parecía querer intervenir, excepto Anker.


-¿Es por la humana? –cuestionó él.


-¿Humana? –Evander posó su mirada en Bella, y por un momento su expresión pareció completamente sorprendida. Como si no pudiera comprender porque estaba… viva, intuyó Bella.


Evander intentó incorporarse pero Edward puso un pie en su pecho y lo obligó a volver al suelo, el vampiro volvió a golpearse y a soltar un gemido de dolor.


-¡Sólo es una humana! ¡No entiendo porque reaccionas de esa manera! –exclamó Anker.


Edward lo ignoró y presionó más el pecho del vampiro que yacía en el suelo.


-¡Nos detuviste cuando intentamos lastimarla a ella y a su amiga! –soltó Evander-. ¡Creí que nos habías perdonado por eso.


-Y lo hice –concedió Edward entre dientes-. Pero ayer mandaste a alguien a que la matara, y eso está más allá de todo mi perdón.


-¡No lo hice! –exclamó el vampiro.


Pero Bella escuchó la falsedad en el tono de Evander.


-Miente.


-Ya la escuchaste –dijo Edward.


-No puedes creerle a ella... –dijo Anker.


-Bella siempre sabe cuando alguien miente –respondió Edward sencillamente.


-Sabía que serías una amenaza para nosotros desde que te vi –escupió Evander, logró levantarse y tras una especie de gruñido se abalanzó sobre Bella.


La joven sólo pudo sentir que algo la golpeaba en el abdomen y que caía fuertemente en el frío y duro suelo.


Escuchó un rugido tan feroz, que la hizo temblar de pies a cabeza y alcanzó a vislumbrar a Edward completamente fuera de sí, sus ojos dorados parecían llamear de furia. Un estruendo seguido de un grito de dolor y después… silencio.


-¿Estás bien? –Alice se inclinó hacia ella.


-Sí –musitó Bella, se sentía adolorida, pero no demasiado como para no volver a levantarse.


-Afortunadamente Edward lo detuvo antes de que cayera sobre ti, sino tendrías todas las costillas rotas en este momento –dijo Alice.


-Bella –momentos después Edward estuvo a su lado. El tono en el que dijo su nombre no se parecía en nada a el que había usado con Evander, su voz había pasado de un gruñido a un suave murmullo, casi hasta parecía preocupado por ella.


-Estoy bien –dijo la joven. Logró incorporarse hasta quedar sentada.


Edward extendió un brazo hacia ella, quien estuvo a punto de aceptarlo, pero las imágenes del vampiro cuando atacó a Evander volvieron a su mente, Edward podría llegar a ser muy peligroso si se le hacía enfadar. Bella retrocedió.


-No necesito ayuda –dijo con cierta brusquedad y se puso de pie.


Bella creyó ver un destello de dolor cruzar las facciones del vampiro, pero pasó tan rápido que se convenció que había sido su imaginación. Edward no podía sentirse dolido por su rechazo, no, definitivamente a él no le importaba.


-Nos vamos de aquí –dijo él, completamente serio.


Regresaron a la hermosa casa donde vivía Edward, pero por mucho que le gustara ese lugar, Bella ya quería irse, era demasiado para ella en un día.


-¿Puedes llevarme a casa de mi amiga? –le preguntó a Edward.


-Por supuesto –él le respondió-, sólo necesito hablar un momento con Esme y Carlisle primero.


Bella asintió, después de todo no podía más que aceptar todo lo que él dijera.


Caminaron hasta un comedor, de hermosa madera oscura, y el cual seguramente nunca era usado. Bella se dejó caer en una de las sillas, se sentía completamente cansada, después de todo la noche anterior no había dormido nada. Subió las piernas hasta pegarlas a su pecho y apoyó la cabeza en el respaldo mientras esperaba.


Entonces vio llegar a dos vampiros, una era hermosa y su sonrisa era tan cálida que Bella no pudo evitar acordarse de Reneé, él era completamente apuesto y tenía el cabello tan rubio que parecía irreal.


Bella comenzó a escuchar voces y aunque sabía que sería algo muy arriesgado dormirse en una casa repleta de vampiros el cansancio ganó al final y cerró los ojos.


Cuando despertó ya no estaba en la incómoda silla del comedor, sino que se encontraba en un sofá y cubierta por una chamarra negra, que reconoció como la de Edward.


-¿Lista para que te lleve? –le preguntó él con el atisbo de una sonrisa en los labios.


Bella se sintió algo confundida, pero asintió. Se levantó del sofá y notó que la mirada de Emmett iba y venía de Edward a ella, parecía desconcertado.


Alice en cambio sonreía, y sus ojos, todo lo contrario a Emmett, brillaban con sabia comprensión.


Edward la condujo en el volvo hasta la casa de Yadhira, y la acompañó hasta la puerta.


Bella le entregó la chamarra, él había insistido que la llevara por si le daba frío y ella no había encontrado excusa para negarse a eso.


A pesar que era muy tarde, la morena bajó inmediatamente cuando Bella tocó a la puerta.


-¡Te estaba esperando! –exclamó, pero cuando sus ojos se posaron en Edward se calmó un poco-. Aunque no creí que llegaras tan tarde.


-Lo sé Yadhira, lo siento pero…


-No hay problema –la tranquilizó, una sonrisa asomó por sus facciones y añadió:- ¿Cómo les fue en su cita?


Fue algo que Bella no vio venir, no tuvo tiempo de hacer que su amiga se callara.


Edward la volteó a ver a Bella y sonrió elevando una ceja, dando a entender que encontraba la situación bastante… interesante.


-Ya te dije que sólo somos…


-Nos fue muy bien –la interrumpió Edward, dirigiéndose a Yadhira.


Bella se sobresaltó cuando los brazos de él la rodearon lentamente, y ni siquiera podía apartarse porque su amiga estaba observando.


Edward se inclinó y posó sus labios en la frente de ella.


-Nos veremos pronto –dijo.


El vampiro se fue, dejando a las dos chicas solas.


-¡Definitivamente me contarás todo! –exclamó Yadhira.


Bella tardó un poco en reaccionar, la reacción de Edward la había dejado confundida, no entendía porque le interesaba al vampiro mantener la farsa frente a su amiga. Bella comenzó a pensar que el vampiro tenía algo más en mente, porque una cosa la tenía muy clara; él no lo había hecho para poder acercarse a ella, eso era absurdo. Nunca se puede confiar en un vampiro.


Sacudió la cabeza, decidida a apartar a los vampiros de sus pensamientos, aunque fuera por un rato, y entró con su amiga en la casa.


**********************************************************************************************

Capítulo 6. Irrompible


El tiempo en la cafetería paso con cierta lentitud, pues había muy poca clientela, y por el hecho de que Bella parecía estar siendo bombardeada por muchas preguntas que no parecían tener fin. Nunca había dicho tantas mentiras en un solo día.


-¿Lo quieres? –preguntó Yadhira después de servirle a un grupo de chicos.


-Me gusta –contestó la aludida, comenzaba a enfadarse del interrogatorio-. ¿Cómo lo puedo querer si apenas nos conocemos?


Su amiga se rió.


-¿No has escuchado del amor a primera vista?


Bella resopló.


-Eso no existe, seamos realistas, no creo que sólo por ver a una persona te puedas enamorar de ella, primero tienes que conocerla para eso.


Yadhira puso los ojos en blanco.


-Qué poco romántica eres –dijo, como si fuera algo malo-. Yo creo que él te quiere mucho.


-No es posible –Bella reprimió el impulso de decirle a su amiga que Edward era un vampiro, y por lo tanto jamás querría a una humana.


-¡Pues en qué mundo vives! –exclamó su amiga-. Se le notaba en la mirada, y eso que yo sólo los vi unos minutos juntos.


-Sólo era amable –replicó Bella.


-¡Eso no es simple amabilidad!


Bella hizo una mueca, sabía que no iba a convencerla de lo contrario.


-¡Mira lo que acaba de llegar! –exclamó la morena, entusiasmada.


La puerta de la cafetería se abrió y por ella entró un chico alto, de un cabello rubio dorado y ojos verdes, las chicas presentes no le quitaron los ojos de encima hasta que se sentó en una de las mesas del fondo.


-¡Iré a ver que quiere! -Yadhira prácticamente corrió hacia él.


Un profundo suspiro escapó de los labios de Bella, a veces, quizás con más frecuencia de lo que le costaba admitir, envidiaba a su amiga, porque ella al ignorar la existencia de los vampiros parecía vivir mucho más feliz.


Su mirada regresó al cristal de la puerta, vio pequeñas gotas asomarse por él y caer lentamente hasta perderse en el suelo.


No recordaba algún momento en que fuera feliz, siempre tenía que estar alerta por si veía a algún vampiro, el miedo llenaba casi todas sus horas del día. Toda su vida se podía resumir con una sola palabra: sobrevivir. No quedaba tiempo para la alegría.


Estaba agotada de mantenerse todo el tiempo alerta. Por eso era que quería conocer a más personas como ella, a parte de su madre y su tía, necesitaba a alguien más que la comprendiera, que supiera exactamente la desesperación que sentía.


Pero sus pensamientos se esfumaron cuando la puerta se abrió, otra vez.


Sólo que esta vez se trataba de un vampiro, una que ella reconocía perfectamente, Clío.


La vampiresa caminó hacia la joven, estaba furiosa, pero por la forma en que la miraba, Bella podía saber que toda esa ira que irradiaba solo era dirigida a ella.


Clío la odiaba.


-Así que… esto es donde trabajas –dijo la vampiresa despectivamente-. Bueno no sé porque me sorprende, es un lugar digno de ti, insignificante humana.


-Lo que sea que quieras de mí, dilo ya –soltó Bella bruscamente, demostrando más valentía de la que en verdad sentía. Sólo quería que la vampiresa se fuera, lo más pronto posible.


La vampiresa resopló.


-¿Qué te hace pensar que quiero algo de ti? Tú no me sirves en nada –dijo.


Bella estaba demasiado nerviosa, así como estaba harta de los rodeos de Clío, así que hizo algo que la miró fijamente y se concentró para usar su habilidad.


-¿A qué has venido? –le preguntó.


-A decirte que Edward es mío –las palabras salieron rápidamente de los labios de la vampiresa, pero Bella comprendió el mensaje a la perfección.


-No entiendo porque me dices esto si…


-¿Qué…? ¿Qué me hiciste? –Clío hizo una mueca, como si estuviera saboreando algo particularmente amargo-. ¿Por esto era por lo que Evander quería matarte?


Bella no respondió, se limitó a estremecerse.


-Edward sólo me ve como un objeto –dijo ella después de un rato-, no tienes necesidad de venir a advertirme nada. Así que te pido que salgas de aquí.


-Tú no eres absolutamente nadie para hablarme así –soltó Clío entre dientes.


A pesar de que sabía que estaba ante un furioso vampiro y que se había prometido no pensar en eso, Bella no pudo evitar observar las manos de Clío, parecían suaves y delicadas, pero podían en cualquier momento tomarla del cuello y rompérselo.


-¡Aléjate de Edward!


-No puedo –respondió simplemente Bella-. A menos que él me quiera lejos.


Estaba mal provocar a un vampiro enojado, pero ella ya estaba harta de Clío.


La vampiresa reaccionó como Bella esperaba, y soltó una especie de gruñido, uno demasiado débil para que lo escuchara nadie más excepto ella.


-Eres una maldita perra insignificante –dijo Clío entre dientes. Se inclinó hacia ella y la tomó fuertemente de la muñeca.


Bella intentó zafarse, pero era inútil no podía competir con la fuerza de un vampiro.


-Suéltala –ordenó una voz masculina detrás de ellas. Bella se giró para ver al joven rubio, quien observaba con desprecio a Clío.


Bella se sorprendió, normalmente un hombre no reaccionaría de esa forma al ver a una vampiresa como la que estaba ante ellos.


Clío soltó una carcajada, y Bella no pudo culparla, el humano no tenía idea de con quien se metía, sólo resultaría herido.


-Gracias –le dijo Bella-, pero puedo solucionar esto.


El joven la miró fijamente.


-No entiendes…


-No, tú no entiendes –lo interrumpió Bella-, ella es muy peligrosa, así que mejor vete y no te metas en problemas.


El joven la ignoró e hizo algo sorprendente, tomó a la vampiresa por el brazo y la alejó de Bella.


-Me… lastimas –dijo Clío, aún su tono parecía incrédulo.


-Vete de aquí, vampiro, antes que te duela más –el joven le advirtió en un murmullo.


Los labios de Clío se volvieron una línea dura, y sin decir más salió de la cafetería.


-Tú sabes… lo que ella es… -Bella balbució.


-Me llamo Stein –el joven sonrió-. ¿Cuál es tu nombre?


-Bella –tardó un rato en contestar.


Stein le guiñó un ojo, tomó su mano y la besó.


-Un placer conocerte.


-Entonces tú… también los distingues como yo –siguió Bella, aún le costaba creer que había conocido a alguien como ella-. Pero… la detuviste, eso no es posible, la fuerza de los vampiros supera por mucho a la nuestra.


Stein sonrió y se inclinó hacia ella.


-¿Qué fue lo que pasó? –Yadhira llegó hasta ellos, con un café en las manos y se lo entregó a Stein.


-Pues…


-Espera… ¡Ella es la hermana del estúpido de Anker! –exclamó la morena de pronto interrumpiendo a Bella-. ¿Qué era lo que quería de ti? Porque no parecía muy contenta…


Stein le tomó un sorbo a su café, pero parecía mantenerse atento a la conversación. Bella se puso un tanto inquieta, no quería dar mucha información, porque él podría averiguar hecho un trato con un vampiro, y no sabía cómo reaccionaría a eso… tal vez se decepcionaría o la odiaría…


Era la primera vez que conocía a alguien como ella, que no fueran ni Reneé ni Megan y no sabía qué hacer…


-No sé –mintió-, no me dijo que quería.


Stein se quedó en la cafetería hasta la hora de cerrar, pero ninguno pudo conversar sobre temas importantes porque Yadhira estaba con ellos.


-Me tengo que ir –se despidió Bella.


-Te acompañaré –dijo él inmediatamente.


Bella sonrió y asintió, así podría hacerle todas las preguntas que moría por hacerle.


La morena se rió y le guiñó un ojo a su amiga.


-¿Qué es tan gracioso? –preguntó el rubio, quien no había pasado desapercibido ese gesto.


-Sólo pensaba, que si te gusta Bella, tienes que esforzarte porque…


-¡Yadhira! –la joven interrumpió a su amiga, sentía las mejillas ardiendo de la vergüenza. Además no quería que ella hablara mucho de Edward en frente de Stein.


-¿Por qué? –le preguntó él joven a la morena, ignorando las protestas de Bella.


-Porque ya hay otro chico detrás de ella –contestó Yadhira bastante divertida.


Stein sonrió, parecía bastante seguro de sí mismo.


-Entonces me esforzaré, pero al final, terminaré ganando.


Bella puso los ojos en blanco, sabía que sólo bromeaba… ¿Entonces porque eso sonaba como una verdad? La joven sacudió su cabeza, y decidió concentrarse en que más tarde podría hablar con él sobre el incidente con Clío.


-¿Oíste Bella? –preguntó Yadhira-. ¡Ni siquiera lo duda!


Stein se rió y abrazó a Bella, fue tan inesperado que ella no supo qué hacer ante eso.


-Bella y yo sabemos que no habrá nadie que la comprenda mejor que yo.


En eso, él tenía razón.


La lluvia se había ausentado, dejando sólo su rastro húmedo y frío por las calles de la ciudad. Bella caminaba en dirección a su casa, mientras Stein la seguía de cerca, ahora que estaban solos ella pensó en preguntarle lo que tanto quería saber.


-¿Cómo lograste que la vampiresa se fuera? –tuvo cuidado de no verlo a los ojos, extrañamente confiaba en él, y no quería usar su habilidad para sacarle las respuestas.


-Algunos de nosotros, tenemos una especie de habilidad extra, aparte de poder distinguir a los vampiros -contestó él-. La mía es tener una fuerza que iguala a la de ellos.


Bella sonrió, pero siguió sin verlo.


-¿Conoces a más como nosotros?


-Sí, muchos más, hasta ya formamos una especie de comunidad. Mi padre se ha encargado de buscar a personas como nosotros en la ciudad, él dice que es mejor mantenernos unidos.


Bella sintió un rayo de esperanza atravesarla, ahora su familia estaría sola.


-¿Ustedes protegen a los miembros de su comunidad?


-Por supuesto –Stein se detuvo y la tomó de los hombros para que se girara hacia él-, y te protegerán a ti también, Bella, yo mismo lo haré.


-Gracias –dijo ella-. Estoy segura que mi madre y mi tía estarán encantadas en unirse, hemos estado tratando de cuidarnos nosotras todo este tiempo, pero sé que no es suficiente.


Stein la abrazó.


-Mañana por la noche tienen que venir a mi casa, te presentaré a mi padre creo que te agradará.


Bella asintió. Pero había un problema, Edward. ¿Acaso podría anular su trato con él? Porque… si la protegerían a ella y a su familia ya no necesitaba la del vampiro, y por supuesto prefería alejarse de él.


-¿Tienes alguna habilidad?


La joven se separó de él.


-Sí


-¿Cuál es? –preguntó Stein.


Bella levantó su cabeza para verlo.


-Cuando veo a alguien directamente a los ojos…


-¿Haces que se sienta mareado, torpe y que su corazón lata demasiado rápido? Porque yo me siento así cuando me miras.


-¡No estoy bromeando! –Bella exclamó.


-Yo tampoco.


Ella sabía que no lo hacía, pero prefirió ignorar eso.


-Cuando veo a alguien a los ojos –empezó de nuevo-, y le hago una pregunta siempre me contesta con la verdad, y también puedo saber cuando alguien miente.


Stein arqueó las cejas, parecía divertido.


-Vamos, inténtalo conmigo –dijo-. Haz una pregunta.


-De acuerdo, pero recuerda que sea lo que sea contestarás con la verdad. Es más te dejaré escoger la pregunta –ofreció Bella.


Stein sonrió.


-Pregúntame porque decidí entrar a la cafetería.


Algo que había aprendido Bella a través de los años era: Nunca preguntar nada, a menos que estuvieras seguro de querer conocer la respuesta. Y en esos momentos la joven no estaba segura de querer escuchar la contestación a eso.


-No, esa no.


-¿Por qué no?


-Otra pregunta –insistió Bella.


-Pregúntame… que es lo que pensé cuando te vi por primera vez.


Bella resopló.


-Yo escogeré la pregunta –dijo.


Stein rió.


-Bien.


-¿Puedes romper un trato con un vampiro? –cuestionó Bella, procurando mantener contacto visual todo el tiempo.


-No, una vez hecho no hay forma de que el vampiro te libere –contestó inmediatamente Stein.


Bella se estremeció.


-Se siente extraño –comentó él-, como si no pudieras controlar las palabras que saldrán de tu boca.


La joven solo se encogió de hombros, estaba demasiado sumergida en sus pensamientos como para decir algo.


-¿Por qué hiciste esa pregunta? –cuestionó él, parecía un poco preocupado.


-Curiosidad.


-¿Solo eso?


-Sí.


-Bella, pase lo que pase, sin importar en la situación en la que te encuentres nunca hagas un trato con un vampiro –aconsejó Stein-, es muy peligroso, y no hay forma de romperlo.


Bella asintió, sin saber que decir, pues ya era demasiado tarde para ella.


Cuando llegaron a la casa, Bella entró, seguida de el joven. Reneé y Megan estaban sentadas en la sala, sus ojos primero se fijaron en ella y después en Stein.


-El es Stein –dijo Bella a modo de presentación-, él es… como nosotras –se giró hacia él y añadió:- Ellas son Megan y Reneé, mi tía y mi mamá.


Stein sonrió con amabilidad e hizo una ligera inclinación de cabeza hacia las dos mujeres.


Después de las palabras de Bella, Megan y Reneé parecía mirarlo con aprobación, y tal como ella comenzaron a hacerle preguntas al invitado.


-¿Cómo es que supiste que él podía distinguirlos? –preguntó Megan de pronto-. ¿Cómo se conocieron?


Bella no quería contestar a eso, pero al final terminó por hacerlo, omitiendo la amenaza de la vampiresa y el hecho de que ya la conocía.


Stein se dio cuenta de esto, porque había escuchado a su amiga decir algo sobre Clío y Anker, pero afortunadamente él no dijo nada en frente de su tía.


-Gracias por proteger a mi hija –Reneé lo dijo con sinceridad, parecía profundamente conmovida.


Edward la había salvado tres veces. Bella se sorprendió del pensamiento que había surgido en su mente y lo borró de inmediato. Edward lo había hecho por cumplir con el trato, en cambio Stein se había preocupado por ella, no había punto de comparación.


-No hay que agradecer –dijo él.


Las dos mujeres sonrieron.


-Mañana habrá una reunión en la casa de mi padre, y creo que él estaría encantado de conocerlas. Es a las ocho.


-¡Por supuesto que iremos! –aseguró Megan.


Stein anotó una dirección en una hoja de papel y se la entregó.


-Me tengo que ir.


Las dos mujeres se despidieron de él.


-Nos iremos a dormir –dijo Reneé.


-Sí –la secundó Megan-. Bella, acompaña a tu invitado hasta la puerta.


La joven puso los ojos en blanco, sino las conociera bien, hubiera pensado que los dejaron solo a propósito.


Stein se acercó a ella.


-¿Estás segura que no quieres hacerme esas preguntas que te sugerí?


Bella rió.


-Estoy completamente segura.


-Tú te lo pierdes –dijo-. Nos vemos mañana, y espero que mañana me platiques algo sobre ese… chico que anda tras de ti. Necesito conocer a mi competencia.


Stein prácticamente desapareció después de decirlo, y Bella cerró la puerta, pensando en que no le contaría nada sobre Edward.


A medianoche, algo despertó a Bella, pero no fue un ruido, sino una sensación. Inquieta se paseó por el cuarto, e intentó dormirse de nuevo pero era inútil, sus ojos se negaban a cerrarse. Así que hizo caso de un impulso: quería mirar por la ventana, no podía explicarse porque, pero tenía que hacerlo.


Caminó descalza hasta llegar al vidrio de la ventana, y pudo ver los árboles agitándose con el viento, la noche oscura, que rodeaba la casa como un manto negro, con hermosas estrellas brillando en el cielo, acompañadas de su inseparable reina: La luna.


Pero algo le decía que no tenía que mirar al cielo, sino más abajo.


Una figura estaba de pie observando hacia ella, y Bella lo reconoció.
en
Edward.


Su corazón se aceleró, no se le ocurría ninguna razón por la que él estuviera afuera de su casa, pero de algo estaba segura, tenía que averiguarlo.

miércoles, 17 de marzo de 2010

Nuestra Nueva Familia

Cap.13.-EXCUSAS

ALICE POV

El sol de la mañana anunciaba que comenzaba un nuevo día. Por primera vez, en mucho tiempo, no sentía ganas de levantarme…

La depresión y la tristeza no se habían disipado con la noche, al contrario, se habían vuelto más fuertes… ¿Por qué tenía que ser Jasper quien me gustará de esa manera?...

Pero ¿Cómo no encariñarse con alguien como él? Él quien era tan lindo, dulce, tierno, tranquilo, bueno… Sus ojos me acompañaron en la mayoría de mis sueños. Pero eso tenía que cambiar. Aún no sabía como lograr dejar de fijarme en él, pero suponía que alguna forma debía de haber.

Con aquellos dolorosos pensamientos (pues el pensar de dejar de querer a Jasper suponía algo realmente difícil) me arreglé para ir a la escuela. Era lunes, segundo día sin nuestros padres, quienes ayer nos habían hablado por telefono y se encontraban muy felices.

Cuando bajé las escaleras, lo primero que hice (fallando en mi intento de no darle más importancia a él que a los demás) busqué a Jasper. Se me hizo extraño el no verlo sentado desayunando junto con los demás ya que, por lo general, era muy puntual.

Había una atmosfera rara entre Edward, Emmet, Rose y Bella quienes por lo general estaban gritándose o matándose con la mirada. Ahora todos estaban cabizbajos, comiendo en completo silencio.

"Buenos días" – saludé sin dejar de buscar a Jasper

"Hola Alice" – saludaron los demás

"¿Jasper no va a desayunar?" – preguntó Rose haciendo eco a mis pensamientos

"Ya es un poco tarde…" - pensó en voz alta Edward – "ya debería de haber" bajado

"Iré a verlo" – me ofrecí rápidamente poniéndome de pie.

Subí las escaleras casi corriendo. Me paré en el umbral de su puerta y al no escuchar sonido alguno toqué con los nudillos. Nadie contestó

"Jazz ¿Estas ahí?" – pregunté

No hubo respuesta alguna. La puerta no se abrió tras esperar varios segundos, así que me atreví a abrirla por mi cuenta. Ahí estaba Jazz, acostado en su cama.

"Jazz, ya es tarde, dormilón" – dije mientras me acercaba a su cama.

"¿Jasper?" – pregunté preocupada mientras me inclinaba para verlo. Sus ojos estaban cerrados y su respiración se sentía entrecortada

"Jazz, ¿Te sientes bien?" – puse mi mano en su rostro. Estaba hirviendo – "Jazz, abre los ojos" – pedí susurrando. No lo hizo.

Bajé corriendo las escaleras

"Alice, ¿Qué pasa?" – preguntó alarmado Edward al ver mi expresión

"Jasper… tiene mucha fiebre" –

"¿Fiebre?" – preguntó doña Choni que alcanzó a escuchar lo último. Asentí sin que la preocupación se fuera de mi semblante. Todos subieron a la recamara. Doña Choni le tocó la frente para examinarlo

"¡Cielo santo! ¡Este niño se esta quemando en vida!" – exclamó

"Pero ayer estaba bien" – argumentó Emmet tocando a su hermano

"Seguramente fue por que estuvo mucho tiempo bajo la lluvia conmigo, ayer…" - susurré.

"Iré a buscar un termómetro y alguna pastilla para bajarle la fiebre" – anunció doña Choni quien no tardó más de un minuto en estar de regreso

"¿Se pondrá bien, verdad?" – quise saber

"Si, cariño. Es solo un resfriado" – contestó con voz tranquilizadora – "yo me encargaré de él, ya es hora de que se vayan a la escuela"

"No quiero ir…"

"Alice…" - comenzó a decir Bella pero la interrumpí negando la cabeza

"Me quedaré" – volví a decir.

Nadie discutió

"Cualquier cosa, me hablas" – dijo Edward antes de que todos se fueran.

Doña Choni bajó para terminar de hacer la limpieza y la comida. Le había dicho que yo cuidaría de Jasper y si pasaba cualquier cosa, le avisaría de inmediato. Me senté en el suelo mientras lo observaba aun preocupada. No pude evitar sentirme culpable por que ahora estaba enfermo, ya que por mí, había permanecido casi una hora debajo de la lluvia. Quise comprobar si su temperatura seguía igual y posé mi mano sobre su frente, ante este acto, sus ojos se abrieron

"¿Alice?" – preguntó con voz débil, mientras parpadeaba varias veces para despejar la neblina de sus ojos

"¿Cómo te sientes?" – quise saber, un poco más tranquila de que, al fin, cobrara conciencia

"Bien…" - susurró con una sonrisa – "aunque me duele todo el cuerpo…"

"Tienes una fiebre terrible" – dije bajando la cabeza – "por mi culpa te enfermaste…"

Se quedó largo rato en silencio. Hasta que su mano, ahora muy calida, se poso en las mías

"No digas eso…"

"Lo siento tanto, Jazz" – una lagrima corrió por mi mejilla sin sentido alguno, sabía que Jasper no se iba a morir pero… no solo el verlo enfermo era la causa de mi sufrimiento. Mi mente aún seguía pensando en que pronto tendría que dejar de quererlo de esta manera

"Alice, estas llorando otra vez" – susurró alarmado tratando de sentarse

"¡No te levantes!" – ordené y el obedeció al instante pero llevo su mano hacia mi mejilla, dejándola ahí

"Desde ayer te notó muy triste…" –

"¿Tienes hambre? ¿Quieres comer algo?" – pregunté tratando de cambiar el tema. Era imposible decirle a Jasper el por qué de mi tristeza

"No, gracias" – su voz sonó más apagada de lo que estaba por la enfermedad

"Deberías comer algo" – negó lentamente con la cabeza. Después sus ojos color miel se clavaron en mí

"Ahora que recuerdo… tenemos clases" – dijo frunciendo el ceño levemente – "¿O estoy desorientado con los días?"

"No" – una pequeña y fugaz sonrisa levanto mis labios. Se veía tan lindo con su rostro crispado en una arrolladora confusión – "teníamos clases pero… yo quise quedarme…" - empecé a tartamudear como tonta.

"¡Pero hoy teníamos examen departamental!" – soltó – "¿No lo recuerdas?"

Claro que lo recordaba. Pero Jasper estaba por encima de muchísimas cosas, incluyendo mis calificaciones

"No" – mentí encogiéndome de hombros para restarle importancia

"Pero, Alice…" - le puse un dedo en sus labios, para que dejara de protestar. Era la primera vez que los tocaba, así que el contacto me dejo asombrada. Se sentían suaves, tibios… Dejé mi dedo más de lo debido, sintiendo en las yemas, su aliento.

"Después veremos qué hacemos con el examen" – le dije con una sonrisa, mientras le dejaba libre sus labios. Él volvió a tomar mis manos entre las suyas, jugueteó débilmente con ellas largo rato y, después, les dio un ligero beso, haciéndome sonrojar

"Gracias…" – susurró – "pero ya me siento mejor… ¿Por qué no vas? Supongo que no han de ser más de las once de la mañana… el examen era…"

"Ya te dije que no" – interrumpí – "¿O quieres que me vaya?" – pregunté sin pensarlo ya que fue un pensamiento expresado en alto

"¡No!" – contestó alarmado, esta vez sentándose sin que pudiera evitarlo. Tomó mi rostro entre sus manos y me miró a los ojos. La respiración se me detuvo cuando supe lo cerca que estaban nuestras caras – "Alice, ¿Cómo te atreves a pensar eso, cuando te he dicho que te quiero?"

Mis ojos se abrieron como platos al escucharlo. No mal intérpretes las cosas… me repetía una vocecita dentro de mí. Tras un largo e incomodo silencio, Jasper fue soltando lentamente mi rostro, hasta que al fin sus manos liberaron mis mejillas

"Perdóname" – comenzó a decir con la mirada baja – "no quiero incomodarte, sé que…"

"Tú… ¿me quieres?" – inquirí con voz contenida por la emoción. Empezaba a caer en la cuenta. La vocecita que me había dicho todo el tiempo que Jasper no se fijaría en mí, se estaba volviendo muy débil, que casi ya no la escuchaba

Jasper abrió la boca para contestar aquella pregunta, cuando la puerta se abrió de tajo, impidiéndole hablar

"Jasper, cariño. Que bueno que ya te levantaste" – dijo doña Choni

"Buenos días, Chonita" – saludó Jasper educadamente

"¿Cómo te sientes?"

"Bien..." – volvió a decir

Doña Choni se acercó y le puso el termómetro

"Sigues teniendo fiebre, pero ya no esta tan alta… Iré por un vaso de agua para que tomes una pastilla" – anunció mientras se levantaba de la cama y salía por la puerta, dejándonos de nueva cuenta solos.

"Claro que te quiero…" – susurró segundos después. Su semblante lucía tiernamente apenado. Las palabras quedaron resonando en el aire mientras yo repetía una y otra vez, en mi mente, lo que él había dicho

Doña Choni volvió a entrar por la puerta

"A ver, Jasper, tomate esto" – indicó mientras le tendía el vaso con una pequeña pastilla blanca. Jasper se la tragó sin protestar – "con esto te sentirás mucho mejor"

"Gracias" –

"Estaré abajo, ¿No quieres comer algo?" - Él negó con la cabeza – "si tienes hambre, me avisas para que te prepare algo."

Volvimos a quedar solos. Sabía que yo tenía que decir algo, ¿Pero qué?... podía sentir el palpitar de mi corazón en mis oídos

"Solo espero que… esto no cause alguna diferencia entre nosotros" – se adelantó a decir atropelladamente – "yo sé perfectamente que tu solo me miras como un amigo…"

"Yo también te quiero" – las palabras, otra vez, salieron sin pensarse, solo se sintieron. Mis labios se había abierto automáticamente emitiendo aquella confesión tan calida. Sus ojos se abrieron, tal parecía, él no daba crédito a lo que acababa de escuchar

"¿Me quieres?" – preguntó con una pequeña sonrisa mientras volvía a acorralar mi rostro entre sus manos

"Si…" - mis ojos buscaron los suyos – "claro que te quiero… ¿Cómo no hacerlo?"

"Lo mismo me pregunto todo el tiempo desde que comprendí que sentía algo más por ti… ¿Cómo no quererte?" – su aliento rozaba mis mejillas, sonrojadas hasta ya no más poder.

"Pero esto no esta bien" – articulé sin mucho aliento

"¿Desde cuando el amor es algo malo?" – inquirió con voz dulce. Su rostro se fue acercando (Acortando la poca distancia que nos separaba) lentamente. Sentí como sus manos, - tibias y suaves – temblaban ligeramente sobre mi rostro.

Yo dejé de pensar en otra cosa que no fuera en él, en cuanto sentí el primer roce de sus labios con los míos. Mi primer beso, adornado con miles de mariposas que iban y venían por todo mi cuerpo. Sus labios se entreabrieron lentamente, mientras guiaban a los míos en un movimiento acompasado, sin prisas, lleno de ternura. Moví mis manos hacia su rostro y se pasearon hasta llegar a su ligeramente larga cabellera rubia.

Cuando sentimos que el aliento ya no nos daba para más nos separamos lentamente. La miel liquida de sus ojos era hipnotizante. Todavía podía seguir sintiendo mis mejillas arder y las mariposas revolotear.

"Alice" – susurró con aquella voz tranquila y suave – "¿Quieres ser mi novia?..."

EDWARD POV

El estar cerca de Bella no ayudaba mucho en olvidar lo sucedido anoche en su recamara. Aun no podía descifrar de dónde había nacido aquel deseo incontrolable que me había movido a besarla de tal manera. (Y si lo sabía, no lo quería aceptar)

"Hola Bella" – saludó Mike con exagerado entusiasmo.

"¿Qué tal, Mike?" – respondió la chica.

"Bella… me preguntaba si quisieras ir conmigo al baile que se esta organizando aquí en la escuela" – empuñé mis manos y agudicé mi oído al oír aquello

"Eh… no creo que pueda ir …" - comenzó a decir Bella

"¿Por qué no?" – interrumpió el chico de forma alarmada.

"Amm… veras… no me gustan los bailes"

"¡Es eso!" – exclamó aliviado – "En ese caso, te invitó al cine… o a comer, a donde tú gustes" – mi cuerpo se tensó automáticamente y me dieron unos deseos infrenables de atravesarle el lapicero en los ojos y en la boca al tal Mike Newton… (no sin antes darle un par de puñetazos)

"Mike…" - la voz de Bella vacilaba para encontrar las palabras adecuadas – "en estos momentos no puedo…"

"Puede ser otro día…" - volvió a interrumpir – "tu solo dí..."

"Gracias… Mike…"

"¿Cuándo?" – la voz del estupido muchacho sonaba ansiosa

"¿Acaso no entiendes que ella no quiere salir contigo?" – interrumpí sin poder contenerme. Bella giró su rostro para verme con los ojos llenos de dudas y Mike me miró divertido

"¡Vamos, Edward!" – exclamó – "¡No te pongas en el plan del hermano celoso!"

Pude sentir que mi mirada era asesina

"Yo no estoy celoso" – repuse arrastrando cada palabra con un siseo – "¡Es obvio hasta para un ciego que la estas presionando! ¿O no, Bella?"

La chica había enmudecido y me miraba con sus ojos color chocolates totalmente extrañados

"Por ahora no puedo… lo siento Mike. Tal vez en otra ocasión" – dijo susurrando.

"Oh…" - el rostro del muchacho se descompuso en una mascara de decepción profunda. Mi yo interno estaba casi saltando de alegría – "esta bien. Si cambias de opinión me dices ¿Si?"

Bella se limito a asentir y regalarle una sonrisa amable, para cuando Mike nos dio la espalda me miró de nuevo, con ojos perturbadores.

"Fuiste muy grosero" – acusó para mi enojo, ya que no me esperaba aquellas palabras. Le fruncí el ceño

"¿Te ayudé a zafarte de él y dices que soy grosero?" –

Nuestra discusión no pudo continuar ya que en ese momento llegó la maestra. A la hora de la comida Rose y Emmet hicieron más cargada la atmosfera, debido a un extraño distanciamiento (muchísimo más incomodo que sus constantes peleas). Así que en cuanto las clases terminaron, atajé a Bella antes de que llegara al carro.

"¿Ni si quiera me vas a dar las gracias?" – reclamé mientras me paraba del asiento, listo para salir de ahí

"No veo el por qué tenga que dártelas" – respondió con la vista puesta en sus cuadernos que metía en su mochila

"¡Ah!" – exclamé – "¡De nada!"

Bella salió dando grandes zancadas y tropezando dos veces en el camino mientras yo la seguía.

"¡Ya sabía que no me podía esperar nada bueno de ti!" – dije. Ella se dio medio vuelta para encararme

"¿Y yo si me puedo esperar algo "bueno" de ti?" –

"Te ayudé con Mike para que te dejara de molestar… olvidándome que me debes aún lo de mis discos"

"¡Edward!" – exclamó muy enojada. Extrañamente, con cada día que pasaba, su enojo se me hacía más atractivo. El recuerdo de anoche invadió mi mente y mis labios ansiaron los suyos – "¡En primera: yo No tuve nada que ver con tus discos! ¡Y en segunda: ¿tu qué sabes si yo quería o no salir con Mike?!"

Las últimas palabras me hicieron sentir mal. Más que mal: enfermo. La sola idea de pensar que ella si quisiera salir con Mike me enfermaba de una manera extremista. Mi mandíbula se tenso mientras mis ojos se clavaban en los de ella.

"No parecía que en verdad lo quisieras" – dije conteniendo mi expresión. No estaba en mis principales objetivos hacerle notar a Bella el cómo me sentía

"¿Eres lector de mentes?" – inquirió con sarcasmo levantando una de sus cejas

"No. Pero supongo que no me debe extrañar, tal vez Mike y tu llegan a congeniar demasiado bien" –

"Claro. Al menos MIKE no es un grosero, arrogante, petulante, mal educado…"

Ya no pude seguir escuchando su enfurecida voz. El deseo de besarla me había ganado una vez más. Apenas fui conciente de mis movimientos alrededor de su cintura y de mi boca presionándose rápidamente contra la suya, la cual se había abierto lentamente para que la pudiera saborear más. La misma sensación hormigueante en mi estomago y mis pies que me había invadido anoche, estaba presente también hoy. Mientras mis labios se movían insistentes contra los suyos y sentía su calida respiración entrar por mi boca, pensaba ¿Qué explicación le podía dar a todo esto? ¿Por qué de repente había nacido en mí aquel deseo absurdo de besarla y estar con ella, inventando miles des excusas, para que la idea no resultara tan obvia? Si no quería seguir engañándome, tenía que aceptar que la única explicación lógica y posible: me estaba enamorando de Bella.

Aceptarlo fue un poco difícil, ¿Cómo me había podido enamorar de mi hermanastra, que, para rematar, era con la que tan mal me había llevado desde el principio? ¿Cómo?... y había una tercera pregunta, mucho peor de contestar que las dos anteriores ¿Se lo debía decir? ¿Debería Bella enterarse que yo, Edward, el arrogante, grosero y petulante hermanastro, la quería? No. Esa era mi respuesta. No podía permitirme el confesarle a Bella lo que sentía por que lo que ella haría al instante sería rechazarme…

"Edward…" - su voz entrecortada me distrajo de mis cavilaciones – "Basta…"

Entonces me dí cuenta: la tenía acorralada entre la pared y mis labios ya no estaban en su boca ¿En qué momento los había llevado hasta su cuello? Me separé de ella un poco asustado y demasiado apenado. ¿Ahora qué le tenía que decir? En menos de veinticuatro horas le había besado dos veces. (Y este último beso no había sido tan inocente como el de ayer)

"Lo siento" – susurré ya que aun no encontraba el aliento ni las palabras con las qué dirigirme. Bella estaba sonrojada, adorable.

Bella no me miraba. Y eso me frustraba. ¿Qué estaba pensando? ¿Sería posible que a ella le gustara tanto que la besara como a mí? Imposible

"Debes buscarte una mejor forma para callarme" – dijo al fin. Ella misma me había dado una justificación, un disfraz para ocultar mis enloquecidos sentimientos por ella

"No sabes lo desesperante que es oír que la misma persona te diga todo el tiempo lo mismo" – esperaba que mi voz sonara convincente. Ella asintió frunciendo los labios y comenzó a caminar hacia el carro. Giré mi cabeza y tal parecía que nadie nos había visto…

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Cap.14.-¡TE ODIO JAZZ!

ROSE POV

¡Genial! ¿Por qué justamente a Bella y/o Edward se le tenían que ocurrir no llegar rápido para irnos? Llevaba cinco minutos a solas con Emmet Cullen (podrá sonar exagerado, pero cinco minutos equivalen a 300 segundos los cuales son muy largos si estas a solas con un chico con el que estuviste la noche pasada jugando a seducirse mutuamente y nunca, desde que se conocieron, se han llevado bien) movía mis pies rápidamente en un claro gesto de nerviosismo y desesperación ¿Qué tanto hacían esos dos? ¿Por qué tardaban tanto?

"Eh… Rose…" - llamó Emmet con voz bajita. ¿Acaso él estaba tan incomodo como yo?

"¿S… si?"- ¡Ay! ¡Bravo Rose¡ ¡Bravo! ¡Que sexy y segura se ha de haber oído tu voz con semejante tartamudeo!

"Creo que deberíamos decirle a Edward que nosotros fuimos quienes tiramos sus discos" – lo miré incrédula ¿Acaso quería morir en manos de su hermano? Yo no. Bueno, al menos, no había sacado el tema de la dichosa "apuesta" tan directamente…

"Edward nos va a matar" – contesté ahora ya con voz normal – "además ¿Qué explicación le piensas decir? "Edward, ¿Sabes? Ayer Rose y yo hicimos una apuesta, la cual consistía en ver si me la podía llevar a la cama ó no, y tiramos tus discos por que mi recamara estaba ocupada… ¿Le piensas decir eso?" – pregunté levantando una ceja. ¿Era real lo que veía o mis ojos estaban daltónicos? ¿Emmet se había sonrojado?

"Claro que no le vamos a decir eso" – contestó hablando rápidamente – "además… yo no pensaba llegar hasta esos extremos, jamás te faltaría así el respeto…" - Rose, no te emociones, has escuchado ese miles de veces y todas han sido mentiras… Emmet no iba a ser la excepción a todos esos tipos quienes solo te siguen por ser una chica bonita

"Bueno, jamás llegarías a esos extremos por que YO no te lo permitiría" –

Por primera vez en todo el día, Emmet me miró a la cara.

"Aunque me lo permitieras, no soy tan tonto y no malgasto mi tiempo en niñitas como tu" – sonreí irónicamente tratando de ocultar mi indignación ¡¿Me había llamado "niñita"?!

"¿Niñita?" – repetí de modo desafiante

"Si. NI – ÑI – TA" – deletreó la palabra con sarna haciendo una mueca

"Pronto veremos si soy o no una niñita, Emmet Cullen" – dije mirándolo desafiante

"¿Quieres seguir apostando?" –

"¿Tienes miedo a perder?" – soltó una carcajada de suficiencia

"Vamos, oxigenadita, he tratado con MUJERES, tengo experiencia" – me guiñó un ojo

Ya veremos si en realidad tienes experiencia, idiota.

Sonreí inocentemente

"Ya veremos cómo canta el gallo" –

Gracias al cielo, Edward y Bella ya venían en camino. Tenía que tener tiempo para planear mi ataque contra Emmet. Esta pareja resultaba un consuelo realmente grande para mí: ellos se llevaban peor que este imbecil y yo. Pero no sabía que era peor. Si estar besándote con tu "enemigo" o de plano aislarte cada vez más de tu hermanastro…

Supongo que la primera opción era, por mucho, peor.

Al menos Alice se llevaba bien con todos. Solo faltaría que ella peleara con Jasper. Eso si que sería el colmo. Emmet condujo hacia la casa. Me resultó extraño que Edward no le peleara el volante, pero no le tomé mucha importancia. Bella venía más callada que antes. El silencio era desesperante (paciencia era mi segundo nombre; el primero era: NO TENGO), así que decidí hacerle platica.

"¿Cómo te fue?" – mi hermana ni si quiera me contestó. ¿Qué le pasaba? ¿Qué de interesante tenía la carretera en la cual siempre pasábamos? – "¡Bella!" – mi hermana saltó al escuchar su nombre

"¡¿Qué pasa, Rose?!" – preguntó alarmada. Dios, mi hermana se estaba volviendo loca.

"¿En dónde tienes la mente, Bella? Te estoy hablando y tu ni en cuenta" – mi hermana me dedicó una sonrisa de disculpa

"Me fue bien, Rose. ¿Y a ti?" –

"Más o menos, James me invitó al baile que harán en la escuela" – comenté sin mucha importancia hasta que vi que Emmet tensaba el cuerpo. ¿Mi imaginación de nuevo me estaba traicionando? Decidí ponerla a prueba. Solo tenía que necesitar un poco de la ayuda de mi hermana

"¿James? No me has hablado de él" –

"¡Ay Bella! ¿Cómo que no te he hablado de él?" – pregunté con fingido entusiasmo. Mi hermana negó con la cabeza – "¡Es un chico rubio que va en las mismas clases que yo!"

"¿Y aceptaras su invitación?" – excelente, pensé. Casi podía jurar que la oreja de Emmet se había hecho más grande con tal de escuchar mejor.

"Tal vez" – mi voz sonó con mucha autosuficiencia. – "le dije que lo pensaría… ¿Y tu, Bella? ¿Te ha invitado alguien?"

Me sobresaltó el brusco movimiento de Edward quien giró y volvió su rostro como si de un reflejo incontenible se tratara. Su vista se posó por un breve segundo en mi hermana. Interesante pensé

"¿Y bien, Bella?" – insistí en saber.

"Si" – respondió – "me invitó Mike Newton" – miraba de reojo a Edward, los ojos del muchacho casi disparaban fuego.

"Mike Newton"– repetí con intención – "es un chico muy guapo. ¿Qué le dijiste?"

"Que no…" -

"¿Por qué?" -

"Tengo mis razones" – contestó con voz afilada y viendo hacia el asiento del copiloto.

"Edward… ¿Has pensando en invitar a alguien al baile?" – preguntó Emmet interrumpiendo nuestra conversación

"Ehh… no" – respondió el chico un tanto extrañado por la repentina pregunta de su hermano mayor.

"Yo pienso invitar a Victoria" – trabé los ojos ¿Quién le había preguntado?

"¿Victoria?" – inquirió Edward

"¡Si! ¡VICKY! ¡La pelirroja que va en mi clase!" – Edward caviló varios segundos, tratando de localizar a la "pelirroja" esa

"Ahh… si: Victoria… ¿Fue tu novia no?" –

"¡Ella misma!" – la sonrisa de Emmet era gigantesca – "¿Recuerdas que anduvimos tres meses?"

"¡Ay! ¡Rose! ¡¿Por qué me entierras las uñas?!" – exclamó Bella con los ojos llorosos. Los chicos voltearon a ver extrañados, mientras retiraba mis manos de los delicados brazos de mi hermana

"Lo… lo siento, Bella" – dije mientras le veía apenada las marcas que tenía en su nívea piel – "es que… Me pone nerviosa el pensar en… en… en James… me estaba imaginando qué haría al estar bailando con él…"

Los ojos chocolate de mi hermana me miraron incrédulos. Lo bueno que ya habíamos llegado a la casa. Suspiré aliviada al bajar del carro. La mirada de Emmet se posó en mí por un momento mientras Bella y Edward nos daban la espalda…

"Niñita" – dijo tan bajito que los otros dos no escucharon. Me dieron ganas de darle un pisotón pero tenía algo mejor con lo cual vengarme.

"Doña Choni, ¿Cómo siguió Jasper?" – preguntó Edward en cuanto vio a la señora

"Bien. Tiene poco subí y no tenía ya fiebre"

"¿Y Alice?" – pregunté. Antes de que me pudiera contestar apareció mi hermana bajando a grandes zancadas por las escaleras siendo seguida por Jasper.

"¡Jasper! ¡Déjame en paz!" – gritó mi hermana. Todos nos miramos unos a otros con los ojos dilatados por la extrañeza ¿Alice peleando con Jasper?

"¡No, Alice! ¡Tu déjame en paz!" – contestó el chico

"¡Te odio, Jasper Cullen!" – soltó mi hermana. No sabría decir si lo falso que se escuchaban esas palabras para mí, se debía a que jamás había visto o escuchado a mí hermana pelear con alguien así.

"¡Yo también te odio, Alice Swan!" –

"¡Rubio oxigenado!" –

"¡Enana de circo!" –

"¡Ya! ¡Tranquilos!" – interrumpieron Edward y mi hermana al mismo tiempo – "¿Qué les pasa, Alice, Jasper?"

"¿Qué que me pasa?" – inquirió mi hermana indignada – "¡Que no lo soporto! ¡Eso pasa!"

"¡Yo no te soporto a ti!" –

"Niños, ya tranquilos" – dijo doña Choni – "hace minutos subí y no estaban peleando ¿Por qué lo hacen ahora?"

Los rostros de mi hermana y de Jasper vacilaron por un momento

"Pues… ¿Acaso no podemos pelear?" – inquirió mi hermana. Nadie contesto. – "Ustedes lo hacen todo el tiempo" – señaló – "¿Por qué nosotros no?"

"Bueno…" - respondió Emmet – "nosotros peleamos… pero tenemos nuestros motivos…" - Bella, Edward y yo asentimos rápidamente con nuestras cabezas –"y no es algo nuevo, como lo de ustedes, que siempre se han llevado bien…"

"¡Ay por favor!" – exclamó mi hermana moviéndose con aspecto airoso mientras pasaba a un lado de Jasper y lo empujaba con exagerado despreció – "las cosas cambian ¿O no?" – no nos quedó de otra que asentir. Aunque podía jurar que la situación no parecía extraña y falsa solo para mí.

La cena resultó demasiado extraña. Por primera vez, el comedor estaba en completo silencio mientras nuestras miradas iban y venían, posándose en cada uno de nuestros acompañantes…

JASPER POV

"¿Segura que quieres que hagamos esto?" – le pregunté a Alice mientras le acariciaba sus suaves manitas. Ella asintió con desgana. La idea no le parecía mucho, al igual que a mí.

"Es necesario, al menos por ahora" – contestó – "nuestros hermanos, y principalmente mis hermanas, no lo entenderían… ya te conté lo que me dijeron hace días…"

"Tienes razón" – admití. Aunque por parte de mis hermanos no sabía que esperar. Pero no quería arriesgar a Alice a tener una discusión con Bella y/o Rose - "Pero me va a resultar difícil el decirte todo eso…"

"Empecemos a practicar entonces ¡Nos tienen que creer!" –

"Pero… ¿Y si seguimos como antes? Siempre nos hemos llevado bien…"

"Mis hermanas son muy observadoras" – interrumpió – "se darán cuenta rápido que entre nosotros hay algo… tenemos que encubrir esto de la mejor manera que hay"

"¿Peleando?" –

"Peleando" – repitió – "ellos pelean todo el tiempo… jamás sospecharían si nosotros lo hacemos también"

"¿Pero es necesario que te diga… que te diga… enana de circo?" – la sola idea de pensarlo me lastimaba profundamente ¿Cómo decirle así a mi pequeña novia? Ella sonrió tiernamente mientras tomaba mis manos entre las suyas

"Yo te diré rubio oxigenado… estaremos a mano" – trabé los ojos. Ella podría decirme simio volador y no importaría… lo que me importaba era lo que YO le tuviera que decir a ella

"Si eso es lo que quieres" – dije

"No es lo que quiero, Jazz" – su voz sonaba triste. Me alarmé al escucharla así. Llevé mi mano hacia su mejilla, suave y delicada, ella se sonrojó. – "Qué más quisiera poder decirles que te quiero, que somos novios…"

"Lo sé" – susurré – "haré todo lo que me digas, haré todo para que seas feliz…"

"Me haces feliz con el hecho de quererme" – la alegría había regresado a su dulce voz. Sonreí. De repente, bajó la mirada y sus mejillas se volvieron a encender bajo la palma de mi mano

"¿Qué pasa?" – pregunté alarmado por su repentina expresión

"Me… me… ¿Me das un beso?..." – preguntó aun con la mirada baja. La palabra maravilloso no hacía justicia a los sentimientos que Alice me hacía sentir. Tomé delicadamente su rostro entre mis manos y me acerqué a sus labios para rozarlos una vez más. Los movía suavemente, pues aun me sentía un poco asustado y nervioso… aunque la sensación me hacía olvidar que el mundo exterior existía. Nos separamos tras breves segundos pues en cualquier momento doña Chonita o don Pancho podrían subir. Escuchamos el sonido del motor del carro en el que venían nuestros hermanos

"¿Listo?" – preguntó

"No" – admití – "pero haré mi mejor esfuerzo"

"¿Sabes que te quiero, verdad?" – asentí – "Yo también se que me quieres…" - sonreí

En cuanto calculamos un tiempo digno para que nuestros hermanos entraran y estuvieran ya en la sala, bajamos las escaleras para montar nuestra puesta en escena…

BELLA POV

La casa se había vuelto todo una locura en aquella tarde. Ahora no éramos cuatro de los seis hermanastros que peleamos, si no los seis completos. Genial. ¿Qué se encontrarían mamá y Carlisle en cuanto llegaran de su luna de miel? Tenía que parar con esto, pero sola no podía. Pedirle ayuda ¿A quién? A Edward… Moví mi cabeza de derecha a izquierda, con impaciencia, tratando de deshacerme de ese nombre… pero ¿A quién más si no a él? ¡Por favor, Bella! ¡Deja de buscar pretextos para hablarle!

"¡No es ningún pretexto!"

"¿Decías algo, Bella?" – preguntó Doña Choni

"N… no" – respondí – "¿Has visto a Edward?" – pregunté

"Creo que esta en el patio trasero" –

Me dirigí hacia allá. Obviamente. Yo no estaba buscando ningún pretexto para hablarle. Lo hacía por mi hermana y por Japer; por mamá y por Carlisle…

La baba se me cayó (literalmente) cuando lo vi… estaba sin camisa (no me había dado cuenta que el sol había salido, raro acontecimiento en Forks), recostado en el césped, leyendo un libro. Tardé varios segundos en lograr acomodar mis pensamientos (y de paso, secarme la gotita de saliva que se había derramado de mi boca)

"Edward" – llamé. Él susodicho giró su rostro hacia mí – "quiero hablar contigo"

"Habla" – indicó mientras se ponía de pie. Mis ojos no pudieron evitar dirigirse hacia su torso bien formado. Su pantalón le llegaba hasta su cadera, dejando ver sus perfectos y sencillos cuadros del abdomen. Jamás le había puesto tanta atención a su cuerpo (pensé que no había algo más perfecto en él, que no fuera su estupido rostro y sus verdes ojos tan profundos) pero su cuerpo estaba en igual medida tan bien como su cara, y su voz, y su… ¡Concentrate, Bella!

"Alice…" - logré articular, luchando por mantener mi mirada fija arriba de su cuello – "Alice y Jasper me tienen preocupada…"

"¿Es extraño no?" – preguntó. ¿No podía ponerse su playera? ¿Acaso no se daba cuenta de lo perturbador que era?

"Demasiado extraño" – admití. Mis ojos aprovecharon a pasearse, otra vez, por su cuerpo mientras él dirigía su mirada hacia otro lado. Desgraciadamente, no fui lo suficientemente rápida como para alejarlos justo a tiempo y (para vergüenza mía) él se percató de lo sucedido.

"¿Qué?" – preguntó divertido

"Nada…" - sentía como mis mejillas estaba completamente rojas

"Estas sonrojada" – comentó con una sonrisa de suficiencia dibujándose por su rostro

"Tengo calor" – dije tratando de justificarme – "Te comentaba sobre Alice" – me apresuré a decir para cambiar el tema.

"Hablé con Jasper, noto algo raro en él" – confeso. Mi yo internó se sintió aliviado de que el tema anterior se le hubiera olvidado

"¿Tú crees que se deba a nosotros el motivo de su pelea?" –

"No lo creo. A mi realmente no me cuadró mucho el que pelearan de un rato a otro… Jasper no me dio ninguna explicación lógica del por qué tanto odio repentino…"

"Tienes razón, tampoco Alice supo que responderme…"

"Se les pasará pronto" – afirmó – "el problema aquí es de otros" – supe a quienes se referían

"Las cosas no pueden cambiar si no hay apoyo mutuo" -

"Tienes razón. Supongo que nunca cambiaran2"

¿Acaso era imposible sostener una conversación con Edward sin tener que molestarme? Este chico me irritaba como nadie en la vida. Me irritaba y me atraía… mi mente viajó hacia los besos que nos habíamos dado… borrándolos casi de inmediato. Me dí la media vuelta para irme, no era conveniente quedarme tanto tiempo cerca de él

"¿Te vas?" – preguntó

"Si. No tengo nada más que decirte" – contesté

"Es verdad" – acordó. Sus ojos verdes se empañaron de repente

"¿Te pasa algo?" – inquirí preocupada. ¿Por qué demonios me preocupaba lo que a este tipo le pudiera pasar? Él negó con la cabeza mientras se daba media vuelta y volvía a acostarse sobre el césped…

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Cap.15.-TUTORÍAS

EMMET POV

"Emmet Cullen" – llamó la maestra de calculo diferencial – "¿Me podría decir por favor cual es la derivada de la función 2x + 1?"

"Ehh…" - la maestra esperó por largo rato mi respuesta. Que nunca llegó

"¿Podría alguien responder a mi pregunta?" – inquirió con voz levemente cargada de desesperación – "¿Nadie?" – mi compañera de al lado levantó la mano. Si. Ella. Rosalie.

"Es dos" – respondió con voz fuerte y segura. Genial refunfuñé para mis adentros. ¿Había algo en lo que la rubiecita no fuera buena? Ni si quiera podía molestarla con el termino niña guapa, pero hueca por que no lo era…

"Exacto" – dijo la maestra sonriéndole – "muy bien señorita Swan."

La clase transcurrió (para desgracia mía) basada en una serie interminable de preguntas y problemas que no logré responder jamás. Lo admito: las matemáticas no me gustaban y no las entendía en absoluto. Si había logrado pasar y llegar hasta este grado era gracias a que Edward me solía ayudar (si. Lo se. Es humillante que tu hermano menor sea quien te saque de apuros en este tipo de situaciones) aun así, en estos meses no había podido pedirle ayuda, y ahora estaba afrontando mis consecuencias.

"Emmet, Rose ¿Podrían hacer el favor de quedarse un momento?" – pidió la maestra cuando el timbre de salida sonó. Esto no pintaba nada bueno. La chica y yo nos acercamos cautelosos al enorme escritorio de madera

"¿Si, maestra?" – preguntó Rose

"Rose, te quería pedir un enorme favor" – comenzó a decir la señora con una sonrisa amable – "veras: siento que Emmet va un poco atrasado en mi materia y a ti se te facilita de manera considerable…" - definitivamente esto no iba por buen camino – "me gustaría que vieras la posibilidad (aprovechando de que viven juntos) de que le ayudaras para que pueda pasar mi materia sin problema alguno…"

Estaba esperando la rotunda negación por parte de Rose, así que me sorprendió demasiado cuando ella acepto de manera amable y (podría hasta jurar) feliz. Por mi parte, no discutí del tema frente a la maestra (ya demasiado vergonzoso era saber qué tan critico estaba mi caso como para buscarme ayuda) no fue, hasta que salimos del salón, cuando caminé al lado de Rose y le dije:

"¿Se puede saber por que aceptaste en ayudarme" –

"Como buena hermanastra que soy, no puedo dejar que repruebes si esta en mis manos el ayudarte" – me miró con un gesto de fingida y exagerada inocencia mientras parpadeaba rítmicamente sus profundas pestañas. La imagen me dejó sin aliento, solo por un momento, ya que conocía bien esa expresión: y sabía que nada bueno traía consigo.

"Estoy seguro que algo hay en todo esto" –

"¡Emmet!" – exclamó ofendida – "¿Cómo puedes pensar eso de mí?" – parecía sincera. Dejé mi paranoia por un lado. Tal vez realmente Rose si quería ayudarme.

Cuando llegamos al auto ya estaban los demás en el. Llegamos a la casa, recibimos una llamada de nuestros padres, vimos (para extrañeza nuestra) que Jasper y Alice seguían disgustados…

La tarde estaba transcurriendo de una manera lenta y normal. Me encontraba con Edward, Jasper y Rose viendo una serie de televisión (esta ultima de dedicaba miradas fugaces y extrañas). La noche cayó en Forks, estaba listo para ir a la cama cuando alguien abrió la puerta de mi recamara, sin antes tocar.

"Hola" – saludó ese alguien en cuanto la tuve en frente

"¡Rose!" – exclamé en voz baja mientras observaba como la muchacha se adentraba y cerraba la puerta a su espalda – "¿Qué quieres?" – pregunté tratando de sonar indiferente. La mayor de las Swan llevaba puesta una amplia bata de dormir. No parecía peligrosa con ese vestuario.

"¿Se te olvido que me comprometí en ayudarte con calculo?" – dijo con voz y gesto inocente.

"¿Y desde cuando se estudia calculo a las once de la noche?" – levanté mis cejas al preguntar – "Tuvimos toda la tarde… ¿Por qué hasta ahora?"

"Todos están dormidos" – contestó – "No hay quien nos interrumpa… ni quien te distraiga… me parece una hora excelente para que te resulte más fácil" – su voz tenía aquel toqué de exagerada ternura y bondad, los cuales había aprendido a identificar como letalmente peligrosos.

"Si te molesta que estemos en tu recamara" – dijo ante mi cauteloso silencio – "Podemos bajar a la sala…" – suspiré. Tal vez me estaba volviendo loco.

"En la sala" – acordé – "Deja busco mi libreta" – pedí mientras me giraba para buscar mi mochila en la mesa de noche – "Espero que tengas suficiente paciencia…" – la voz se me quedó atorada en la garganta al girar y verla. ¡Maldita rubia! ¡Maldita! ¡Maldita!...

"Rose… ponte la bata" – pedí tratando de controlar mi voz y mi expresión. Algo imposible teniéndola frente a mí con aquella diminuta pijama de seda, que dejaba ver sus largas y definidas piernas y dejaba al descubierto sus hombros y la entrada de sus pechos. ¿Acaso no sentía frio?

"¿Por qué? ¿Acaso no te gusta como se me ve?" – preguntó mientras caminaba en mi dirección. No encontraba las palabras en mi garganta, Rose parecía disfrutar de eso y se puso frente a mí, (a menos de un metro) y poso de ladito para que pudiera apreciar de cerca cada ángulo de su cuerpo.

La situación me estaba volviendo loco.

"¿Sorprendido?" – inquirió de manera petulante mientras su mano se posaba en mi pecho.

"Rose. ¿Qué pretendes?" – agradecí el que mi voz sonara firme y molesta.

"¿Yo?... Nada" – contestó con voz divertida mientras su mano se metía debajo de mi playera. No pude evitar estremecerme ante su tacto. Noté que sus ojos chispeaban al tener el triunfo seguro. Cerré los ojos y suspiré para concentrarme

"¿Nada?" – repetí en cuanto obtuve un poco de cordura.

Si Rose quería jugar. Jugaríamos. A ver quien sale perdiendo, pensé. La tomé por los hombros y la aventé a mi cama (tratando de ser delicado) y rápidamente posicioné mi cuerpo sobre el suyo. Sus ojos estaban abiertos como platos, era claro que no se esperaba esta reacción de mí

"¡Emmet! ¡¿Qué haces?!" – susurró furiosa tratando de incorporarse, pero se lo impedí fácilmente, sujetando sus manos con las mías

"¿Yo?... Nada" – cité sus palabras de la misma manera que ella lo había hecho mientras acercaba mi rostro al suyo.

"¡Bájate, animal!" – ordenó. Una sonrisa malévola se dibujó en mi rostro

"¿Por qué abría de hacerlo?" – pregunté tan bajito en su oreja, mientras una de mis manos dejaba libre una de las suyas, solo para dirigirse hacia su pierna. La recorrí suavemente, concentrándome en no perder el control por la sensación que me invadió al sentir su piel en la yema de mis dedos – "Si resultas tan tentadora con esta pijama" – suspiré cerca de su cuello y mi mano viajó hacia su vientre, descubriéndolo de la fina ropa que lo ocultaba.

Las manos me temblaban ligeramente mientras lo suave de su piel amenazaba con quebrantar mi voluntad.

"¿De verdad te parezco tentadora?" – susurró en mi oreja de manera tan sensual que me fue imposible concentrarme. Mi mano se apretó a su piel y un profundo suspiró Salió de mi pecho. Me dieron ganas de besarla, pero sabía que en cuanto rozara sus labios, la victoria pasaría automáticamente a sus manos.

Sabía que debía parar antes de que los papeles volvieran a su personaje inicial, pero mi mano solo era capaz de recorrer su curveada cintura. Ella fue más rápida: atrapó mi rostro entre sus manos y me besó. Como había supuesto: toda mi fuerza de voluntad se hizo polvo. Rose aprovechó muy bien todo eso y cambió la posición de nuestros cuerpos. Ahora ella estaba sobre mí.

Tomó una de mis manos y la llevo hacia su cuello, yo era incapaz de respirar o de moverme. Me tenía hechizado. Clavó sus ojos en los míos. Tenían fuego abrasador. Deslizó mi mano, lentamente, hacia más abajo. Cuando pude comprender hacia donde la dirigía, empuñe mis dedos automáticamente y me opuse al movimiento. Una sonrisa de suficiencia se dibujó en su rostro y en ese momento supe que había perdido

"¿Y ahora quien es el niñito?" – preguntó mientras soltaba mi mano y se despegaba de mi – "Me avisas cuando no te de miedo el tocar a una mujer, Emmy" – indicó antes de desaparecer de mi recamara. Dejándome tendido sobre mi cama, con la respiración entrecortada…

"Lo haré" – susurré para mí – "claro que lo haré" …

ALICE POV

"Alice" – llamó Jasper entre la oscuridad – "¿Estas ahí?"

"Aquí estoy" – contesté y extendí mis manos para poder tomar las de mi novio en medio de la penumbra. Estaban frías, igual que las mías. Seguramente se debía al nerviosismo que nos daba al pensar que alguno de nuestros hermanos (o en su defecto, doña Chone o don Pancho) podrían despertar, bajar a la cocina y encontrarnos. ¿Qué explicación podíamos dar nosotros ante eso?

Los días habían trascurrido de manera rápida y un poco tortuosa. Jasper y yo llevábamos ya cinco días de novios, los mismos en los que teníamos que aparentar el estar peleados para no despertar sospechas entre nuestros hermanos y/o compañeros de la escuela.

Habíamos optado, al no tener otra mejor alternativa, el vernos a escondidas mientras todos dormían. Esta era la primera noche. El viento soplaba allá afuera y una pequeña llovizna caía, resbalándose por los vidrios de la ventana.

"Tienes frío" – comentó Jasper al sentir que me estremecía. Alcé mi mano para poder tocar su rostro y poder dibujarlo en medio de la oscuridad.

"Tengo más miedo que frío" – confesé. Sé que era una reacción exagerada. ¿Qué sería lo peor que mis hermanas pudieran hacer al respecto? ¿Regañarme y decirme que todo esto estaba mal? ¿Dejar de hablarme por varios días, tal vez semanas? Para mí, eso era ya mucho. Era lo primero que ellas habían dicho. No podríamos enamorarnos de los Cullen, son nuestros hermanastros. Les había fallado…

Aparte de ellas habían dos personas más… ¿Y si mi relación con Jasper no les parecía a nuestros padres? Era difícil pensar eso de Carlisle y Esme pero… después de todo ¿Cada cuanto pasa que los hermanastros se enamoren? Era un caso difícil. Imposible de imaginar y, por lo tanto, difícil de predecir. Suspiré. Sabía que él se la estaba pasando igual o peor ante todo esto y, sin embargo, había aceptado sin protestar mi idea

"Comprendo como te sientes" – dijo – "Yo también tengo miedo de que mis hermanos se lo tomen mal… pero estaría dispuesto a enfrentarlos, sé que comprenderían tarde o temprano…"

"¿Quieres que se lo digamos" – pregunté

"Quiero que tu te sientas bien" – contestó mientras me daba un beso en la cabeza – "haremos esto a tu manera, a como tu te sientas confiada" – aún es la oscuridad, sus ojos brillaron al encontrarse con los míos.

"Gracias" – dije mientras sentía su mano rozar mi mejilla

"¿De qué?... Haría todo lo que me pidieras, Alice… todo" – su voz era dulce, suave, pausada.

Me puse de puntitas para poder rozar sus labios. Aun no lograba desalojar el nerviosismo ni la pena al hacerlo, así que nuestros besos seguían siendo pequeños e inocentes. Y me encantaban.

"¿Entonces este será el plan de todas las noches?" – cuestionó mientras me tomaba de las manos.

"Supongo que sí… es difícil esconderse en la escuela o en la casa cuando todos andan merodeando por ahí" – sonreí tristemente.

"Entonces, tenemos una cita todas las noches, aquí" – aseguró. Emitió un suspiro

"¿Pasa algo?" – pregunté y pude sentir que movía su cabeza, negando de derecha a izquierda.

"Mañana tengo que ir a la academia de arte" – comentó – "Me gustaría que fueras conmigo" – la idea me encantó. Pero sabía que, si se suponía que odiaba a Jasper, no tenía por qué ir con él. De repente, una idea llegó a mi mente

"Edward también va, ¿no?" – pregunté con voz contenida

"Si" – contestó y su blanca dentadura destelló en la oscuridad. Había captado el plan

"Pero necesito que vaya alguien para que no este pendiente de mí" – dije cavilando las posibilidades. Solo había una persona que podía captar la atención de Edward durante mucho tiempo

"Bella" – dijimos mi novio y yo al mismo tiempo y sonreímos.

"Cuando esos dos pelean, podría caer un edificio entero y no se enterarían" – comentó Jasper de manera divertida.

"Y dudo mucho que no peleen, todo el tiempo lo hacen" – completé

"¿Entonces te veré mañana?" – preguntó con entusiasmo

"Si" – aseguré – "No creo que me cueste mucho convencer a Bella de que me acompañe… ¿Tu crees que Edward encuentre extraño el que yo quiera ir con él tan repentinamente?"

"Puedes decir que te llama la atención el tocar algún instrumento" – aconsejó Jasper.

"Realmente me llama más la atención las pinturas" – volvió a sonreír. Yo me senté sobre la mesa de la cocina y mis piernas quedaron colgando en el aire. Él estaba parado frente a mí. Con sus manos en mi cintura…

No estuvimos mucho tiempo en la cocina ya que era arriesgarnos demasiado. Jasper y yo caminamos de puntitas hacia nuestras recamaras.

"Descansa" – dijo antes de darme otro pequeño besito en los labios antes de que me adentrara a la recamara

"Descansa" – dije yo también.

Al otro día me levanté mas temprano de lo habitual y tras decirle a Edward que lo acompañaría (la idea de Jasper fue genial ya que Edward no pareció extrañarse en lo absoluto) decidí ir a buscar a Bella a su recamara

"¡Vamos, Bella!" – rogué a mi hermana que se negaba a acompañarme

"¡No, Alice!... ¿Acaso no te das cuenta de lo mal que me llevo con Edward?" preguntó

"No irás con Edward… ¡irás conmigo!"

"¿Por qué no vas sola?" – discutió – "Edward y tu se llevan muy bien"

"Va a ir Jasper… seguramente habrá ocasiones en las que querrán platicar entre ellos dos y me sentiré sola" - mi hermana trabó los ojos

"Dile a Rose" – aconsejó. Yo negué con la cabeza. Tenía suerte de tener una excusa perfecta y verdadera

"Tiene una cita con James" – dije triunfal. Mi hermana suspiró derrotada mientras una enorme sonrisa se ensanchaba en mi rostro

"Si las cosas se ponen pesadas con Edward, me regresaré" – advirtió.

"¡Gracias, Bella!" – chillé – "¡Eres la mejor hermana!"

"Si, si, Alice" – dijo de manera desganada.

En cuanto fue la hora, bajamos para encontrarnos con los hermanastros Cullen. Yo ignoré lo más que pude a Jazz, y él trató de hacer lo mismo. Era fácil teniendo como modelos a seguir a Bella y a Edwad.

En cuanto nuestros dos hermanos nos dieron la espalda, aprovechamos para dedicarnos mutuamente una calida sonrisa. Jazz se veía muy guapo con su pantalón capri color verde militar que hacia juego con la gorra que llevaba. Su playera blanca, con un estampado sencillo, era ligeramente holgada, y le daba un aspecto demasiado informal y juvenil.

"Te quiero" – le susurré solo moviendo los labios, sin emitir sonido alguno. Él me sonrió en respuesta para luego volver a nuestro falso teatro.

En cuanto llegamos a la dichosa academia me maravillé por las instalaciones que esta tenía. Eran muy sencillas, pero bonitas y muy bien equipadas. Edward y Jasper nos dieron un breve paseo a trabes de los pasillos principales.

"Esta es el aula de piano" – informó Edward mientras señalaba una enorme sala con un piano de cola en el centro – "las clases son individuales, de dos horas cada una"

Cuando la hora de que los hermanos ingresaran a sus clases estaba a punto de llegar, decidí que era momento de actuar. Bella y Edward no habían empezado ninguna pelea (como yo había supuesto) y eso significaba que necesitaba iniciar yo una (no es que me gustara que Edward peleara todo el tiempo con mi hermana, pero en esta ocasión era necesario… un poquito de egoísmo no era malo, ¿o sí?

Edward había ido a comprar unos refrescos a la tienda que estaba cruzando la calle. Era mi oportunidad. Decidí poner goma de mascar en su lugar, apostaba a que no culparía a otra persona que no fuera mi hermana (quien, para su mala suerte, estaba a su lado izquierdo) Moví rápida y ágilmente mis manos para que mi mala broma pasara desapercibida… algún día me disculparía con Bella.

En cuanto el Cullen de ojos color verde llegó ni siquiera echó una mirada al asiento. Se sentó tan confiado de la vida que, por un momento, pensé me iba a echar a reír. Estuvimos ahí otro par de minutos, cuando la hora al fin llegó.

"Ya es hora de ir a nuestras clases" – informó Edward poniéndose de pie y dándole la espalda a Bella que (para magnifica suerte mía) se comenzó a carcajear al ver el pantalón de mezclilla manchado de un amarillo chillante – "¿Se puede saber qué es tan gracioso?" – quiso saber el muchacho volviéndose para mirar a mi hermana con el ceño fruncido. En ese momento aproveché para guiñarle un ojo a mi novio quien captó al momento

"¡Edward tienes goma de mascar pegada en tu pantalón!" – exclamó Jasper. Los ojos de Edward llamearon en dirección a mi hermana (tal como supuse).

"¿Qué?" – preguntó mi hermana entre risitas – "¿Por qué me miras así?"

"¡Fuiste tú!" – exclamó Edward. Jasper y yo nos dedicamos miradas culpables… y divertidas ¿Qué esperaban? ¡Éramos apenas dos jóvenes entrando a la adolescencia! Nuestra parte infantil y traviesa tenía que estar aún viva…

"¿Perdón?" – inquirió Bella ahora de manera indignada – "¡Oye! ¡yo no tengo la culpa de que no te fijes en donde te sientas!"

"¡¿Acaso no te basto con romper varios de mis discos?!" – siseó Edward mientras se ponía frente a frente con mi hermana (tal como había supuesto) sonreí complacida. Todo estaba listo.

"Si van a estar peleando" – dije aparentando estar muy disgustada – "Iré a recorrer la academia yo sola" – enfaticé de manera exagerada las ultimas dos palabras. Mis hermanos parecieron no escucharme ya que sus miradas no se desviaron, en ningún momento, hacia otra dirección. Me hundí de hombros y comencé a caminar. Jasper me siguió a los pocos segundos

"Creo que nos pasamos" – comentó mi novio sonriendo

"Sobrevivirán" – aseguré mientras le tocaba la punta de la nariz con mi dedo. Jasper suspiró profundamente y me abrazó.

"Eres un traviesa…" – nos separamos al escuchar unos pasos venir en nuestra dirección

"¿A dónde iremos?" – quise saber

"Quiero que veas las pinturas que he hecho" –

Jasper me tomó de la mano y me guió hacia una enorme sala oscura. Encendió las luces y me invitó a pasar

"¿No tienes clases?" – pregunté mirando hacia todos lados

"No creo que al profesor Jones le moleste cinco o diez minutos de retraso" – abrió una puerta contigua, dentro, había un pequeño cuarto que al iluminarlo, dejó ver varios cuadros de diferentes colores y formas.

Jasper me guió hacia un lado de la pared en específico. En ella, había siete cuadros, que se encontraban firmados por J.C. con caligrafía elegante y fina.

"Estas son tus pinturas" – no era una pregunta. Solo un chico como Jasper, con esa sencillez y sensibilidad hacia el mundo exterior, podía ser capaz de pintar semejantes imágenes – "son hermosas" – dije

"Gracias" – contestó y sus brazos se enrollaron en mi cintura. Llevé la yema de mis dedos hacia una de ellas. Era un paisaje: un bosque en pleno atardecer. El color naranja y verde predominaba. Árboles y pinos, altos y secos, hojas cayendo y remolinándose en el suelo… un sendero sin fin.

"¿Dónde es?" – quise saber

"Forks" – respondió – "Fue hace dos años, cuando no llovió durante tres días" – no contesté ya que otra pintura, de tamaño menor captó mi atención.

La temática se tornaba melancólica. Era otro bosque, muy distinto al de la pintura anterior. En el solo había un enorme árbol inclinado que dejaba ver las raíces despegarse de manera violenta del suelo a medida que se iba cayendo. El sol se oponía, los colores vislumbraban la hora del crepúsculo. Un hombre, en compañía de tres chicos, de diferentes edades, lo contemplaban. Todos estaban vestidos de negro y no les podía apreciar su rostro.

"Esta pintura…" –

"Fue la primera que hice" – informó – "Fue tres meses después de que mi madre murió. Tenía apenas doce años" – me giré para verle a la cara ya que su voz se había entristecido, al igual que la luz de sus pupilas.

"Es un cuadro muy bonito… tienes un don el cual consiste en transmitir tus sentimientos a trabes de lo que pintas" – dije tratando de animarlo. Él sonrió y lo volví a abrazar…