Dark Chat

viernes, 19 de febrero de 2010

A Walk to Remember

Hola mis angeles hermosos !!! buen fin de semana

Hoy es viernes ; y como ando de buenas estamos de estreno , hoy les traigo una historia de amor
que prevalece aun despues de la muerte
la historia le pertenese a mi querida  ANJU DARK  y chicas les recomiendo que se compren unas cuantas cajas de kleenes por que los van a necesitar
en fin aqui les dejos estos cap y por fiss dejen sus comentarios al final
Mil besitos
Angel of the dark
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PREFACIO

El amor es sufrido y considerado, nunca es celoso. El amor nunca es jactancioso o engreído. Nunca es grosero o egoísta. Nunca se ofende ni es resentido. El amor no haya placer en los pecados de los demás y se deleita en la verdad. Siempre esta dispuesto confiar, esperar y soportar todo lo que venga.



Bella me salvó la vida. Me lo enseñó todo: lo que sé de la vida, la esperanza y el largo camino que hay que recorrer. Siempre la echaré de menos, pero nuestro amor es como el viento: no puedo verlo, pero si puedo sentirlo…


 Cap . 1 EL CASTIGO

Edward, Lauren, Jessica, Emmett, Rose, Mike y Tayler se encontraban en una más de sus tantas parrandas nocturnas llenas de alcohol y diversión. Se habían reunido en una de las calles desoladas de Seattle, cerca de una gran fábrica, para esperar a lo que sería su nuevo juguete.


Se trataba de Eric, un joven muchacho el cual quería pertenecer a su “circulo social”. Todos se encontraban entre risas y pesadas bromas, esperando el momento en que el chico arribara para pasar por la prueba que se llevaría a cabo para determinar si era digno o no de ser miembro de su grupo.


“¿No creen que están exagerando?” – preguntó Jessica, refiriéndose a lo que sus amigos habían planeado poner de prueba, la cual consistía en saltar, desde una altura mínima de ocho metros, para caer en la presa que había en la fabrica – “Solo por que es nuevo, no es justo que…”


“Si no te gusta, puedes irte” – atajó Mike de manera grosera, al mismo tiempo en que agarraba fuertemente a su novia por el brazo – “Y si no tienes nada mejor que decir, cállate”


“Ey, ey. Ya basta” – interrumpió Edward – “Jessica, aquí nadie lo ha obligado a venir.”


“Edward tiene razón. Tal vez se arrepiente y no viene” – convino Lauren – “¿Por qué no mejor vamos a bailar?” – preguntó, mientras se acercaba sinuosamente al muchacho de ojos color verde y cabellos cobre.


“Sabes que no bailo” – repuso éste, alejándose en muestra clara de desprecio.


Una destartalada camioneta se acercó al cabo de unos minutos. Desentonaba de sobremanera al lado de todos los autos deportivos que yacían a su lado. Todos rieron de manera burlona mientras el chico de lentes bajaba del carro, sintiéndose un poco cohibido por las miradas mofas que el grupo de los populares muchachos le dedicaban.


“Hola” – saludó, un poco titubeante


“¡Oye!” – exclamó Mike, mientras se acercaba al novato – “Llegas tarde” – señaló – “Recuerdo que te dije que la cita era a las diez y, cuando digo a las diez, es a la diez. Recuérdalo para la próxima”


“Si es que hay una próxima” – murmuró Emmett, partiéndose en carcajadas.


Eric no podía imaginar poder sentirse más nervioso al ver desde qué lugar tenía que efectuarse el salto. Una mano se poso sobre su hombro


“¿Estas listo?” – preguntó Edward, tratando de disfrazar la burla que brotaba de sus ojos – “No te preocupes, yo saltaré contigo”


“¿E-es muy hondo?”


“No lo sé. Lo averiguaremos pronto”


Edward y Eric subieron por unas escaleras de hierro y llegaron a una vieja base, de la cual se suponía iban a saltar. El segundo muchacho se encontraba temblando hasta lo imposible, pero, quería pertenecer a aquel grupo… así que, suspiró profundamente para poder disipar el miedo – aunque no obtuvo mucho resultado.


“Saltaremos a la cuenta de tres” – anunció Edward y el otro chico asintió – “¡Bien! ¡Uno! ¡Dos! ¡Tres!”


Y Eric saltó… pero Edward no.


Todos los espectadores emitieron sonoras carcajadas por que el plan había salido a la perfección. Desde abajo, se elevaron felicitaciones hacia Edward por ser tan buen actor. Sin embargo, el buen gusto de la broma les duró poco al notar que el cuerpo de Eric salía flotando, más no había movimiento alguno de éste.


“¡Mierda!” – chilló una de las mujeres – “¡Se ha hecho daño! ¡Edward, ve por él! ¡Ayúdalo!” –


El muchacho obedeció al instante y se sumergió en medio de las negras aguas para poder rescatar al pobre chico. Mientras, allá en la superficie, todos sus amigos revoloteaban a causa del pánico, logrando que la seguridad de la fábrica se percatara de su intrusa presencia. El sonido de las sirenas no se hizo de esperar


“¡Ya déjalo! ¡Estará bien!” – exclamó Mike al ver que Edward desistía en dejar a Eric solo – “¡Hay que irnos!”


“Se ha pegado con la tubería” – murmuró el aludido


Todos salieron huyendo del lugar, uno por uno, derribándose ante su temor y dejándo a Edward completamente solo con el desfallecido muchacho.


Al ver la situación en la que se encontraba, Edward optó por huir también. Dejó a Eric tendido sobre el suelo y salió corriendo hacia su volvo plateado, el cual arrancó lo más rápido que pudo. Sin embargo, la policía ya se encontraba cerca y, tras unos pocos minutos en los cuales él se desistió en frenar el carro para poder huir de la manera que le fuese posible, terminó estampándose con unos gruesos y grandes botes de basura, provocando el freno indisputable de su coche, una lesión en el extremo izquierdo de su frente y, otra más, en la pierna.


“Ponga las manos sobre el volante” –


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Al día siguiente, Edward apareció, andando en muletas y con una venda sobre la herida de su frente, por la cocina de su casa, en donde Esme, su madre, se encontraba preparando el desayuno. Ignoró la mirada reprobatoria que ésta le dedico al verle y se sentó en la mesa.


“Oye, mamá. Me duele mucho la pierna. No creo que pueda ir a ningún sitio” – comentó, mientras tomaba un cubierto y comenzaba a comer.


Esme no necesitó de mucho tiempo al entender que, su hijo, al decir: ningún sitio, se refería a un lugar en especial, el cual detestaba fervientemente: la iglesia.


“Deberíamos llamar a tu padre” – propuso, intentando que el enojo no se filtrara por su voz.


“No” – contestó, de manera rotunda, el muchacho – “No pienso hablar con él. No insistas”


“Edward, esto no puede seguir así. Necesitas un padre” –


El muchacho ya no quiso discutir y, para que su madre dejara su obstinación, decidió rendirse ante la idea de ir a la misa.


Y ahí, como en todas las ocasiones a las que él se veía obligado a pisar ese templo, vio a Isabella Swan, la hija del reverendo Charlie, plantada en medio del coro y perturbándole durante toda la hora con sus ojos color chocolate, fijamente plantados sobre él mientras cantaba el estribillo.


Esa era la razón principal por la cual el muchacho desistía de ir en ese lugar. No lo iba admitir públicamente – no lo admitía él mismo – pero la presencia de la muchacha le inquietaba, haciéndole subir y bajar la mirada, simultáneamente, ante la imposibilidad de hacer otra cosa más para compensar lo que aquel par de pupilas le causaba.


Bella era una chica bonita y tenía una voz hermosa, que salía a relucir cuando cantaba los solos en la iglesia, pero, su carácter tímido y reservado, al igual que su poca afinidad por la moda, le había costado el desaire de gente que, como Edward, se encontraban las principales listas de popularidad en la escuela.


Bella tenía un espeso cabello castaño y ligeramente ondulado. Sus ojos eran grandes y redondos, de un color marrón muy bonito y su rostro, en forma de corazón, se mostraba fino y gentil. Edward, por su parte, se le conocía por ser el chico más popular de la escuela, y no era para menos. Su cabello despeinado de color cobre, haciendo juego con el verde esmeralda de sus ojos y el pose de chico rebelde, no pasaba desapercibido para cualquiera que le mirase.


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El fin de semana había pasado y el rebelde grupo de chicos populares se encontraba, como siempre, gastando sus malas bromas en el patio central de la escuela.


“¿Qué tal tu pierna?” – preguntó Emmett


“Esta mucho mejor”


“No puedo creer que te detuvieran” – comentó Lauren.


Edward sonrió de manera exagerada e hipócritamente inocente, provocando que la muchacha se desconcentrara un momento por lo guapo que el gesto le hacía ver.


“¿Qué les dijiste para que te soltaran?” – preguntó Mike


“Había una noche hermosa para pasear, llegué la fabrica y me encontré con Eric. Quise ayudarlo pero, al escuchar el sonido de las sirenas, me asusté y acabé huyendo antes de que pudiera pensar que yo tenía algo que ver” – explicó el aludido, con una seguridad enorme en si mismo


“Debo admitir que eres el rey de las mentiras” – reconoció Emmett mientras le pegaba un amistoso puñetazo sobre el hombro


“Ey, miren quién viene ahí ” – indicó Jessica y todos siguieron el rumbo de su mirada, para encontrarse con Bella, quien venía caminando con la cabeza inclinada ligeramente hacia abajo y los brazos alrededor de un par de libretas – “Bella Swan si que tiene estilo” – agregó de manera sarcástica, por la ropa que la chica portaba.


“Si” – acordó Rose, uniéndose a la burla – “Yo solía ir vestida así cuando iba en preescolar”


Todos se comenzaron a reír de manera escandalosa, intensificando el sonido de la burla justamente al instante en que Bella pasaba a sus lados


“Ey, linda ropa” – le dijo Emmett


“Gracias” – contestó, de manera amable, aunque sabía perfectamente que el comentario no había sido sincero.


Bella comenzó a caminar, sin dejarse cohibir por todo el murmullo que se levantó hacia sus espaldas. Le era fácil ignorar a ese tipo de personas tan superficiales.


“Edward, el director te espera en su oficina” – informó un muchacho, borrando la sonrisa de éste.


El rebelde chico se sentó, con aire despreocupado y un tanto déspota, frente al escritorio del rector y esperó en silencio las nuevas acusaciones que se le venían. Ya era algo a lo que estuviese acostumbrado, así que la situación no le incomodaba. Por su parte, el señor se limitó a poner, frente a él, varias botellas vacías de cerveza. Eso bastaba para dejar en claro el asunto.


Edward no dejó, ni por un momento, su actitud altanera y se limitó a mirar los objetos con gesto arrogante.


“Un estudiante te vio bebiendo en la escuela el sábado por la noche. Tienes suerte de que Eric haya decidido no levantar cargos contra ti” – comenzó a decir el director y, antes de continuar, le miró fijamente – “les he prometido que me encargaría del castigo”


“¿Qué hará? ¿Expulsarme?” – inquirió, de manera indómita


“Aún no. Cuando hayas terminado tus clases, ayudaras a los servicios de limpieza en la escuela…”


“¿Por cuánto?” – interrumpió, haciendo, con la mano, el símbolo de dinero y mirando hacia el frente, con ojos calculadores.


“Simplemente por amor al arte” – contestó el señor de manera firme – “Lo sábados serás tutor de los alumnos retrazados en la otra escuela y actuaras en la obra del final del curso del club de teatro”


“¿La obra de primavera?” – volvió interrumpir, con la misma apatía.


El director asintió, con el mismo gesto indulgente que el muchacho le mostraba. Edward tensó la mandíbula a causa de la frustración. Todas esas actividades se les presentaban aburridas y, definitivamente, no eran para él.


“Es tiempo que descubras cosas nuevas y que pases el tiempo con otra clase de gente…No lo estropees, Edward”




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Capítulo 2: Nueva Vida


Edward se encontraba ya en una de las salas de Astrología, limpiando el suelo de mala gana. Era demasiado incomodo, ya que las muletas, y la pierna enyesada que tenía, no le facilitaban en nada aquel terrible trabajo. El día no le podía ir peor y la frustración no estaba dispuesta a despedirse de su gesto.


El humor no le había mejorado mucho al notar que Bella Swan se encontraba en el mismo lugar, dando una pequeña exposición a un reducido número de personas. Le enfurecía el admitir que, aunque lo intentase y, hasta hubiera optado por ponerse los audífonos para no escucharle, no podía ignorarle.


¿Cómo ignorara a una persona tan extraña como ella? por que eso era… no había nada más.


“Esto es un simple trozo de plástico, un perchero y liquido corrector. ¿Alguien podría decirme qué es?


“Un mapa de las estrellas”- contestó él.


¡Maldición! ¿Acaso no podía haberse callado? Demasiado tarde para cuando se reprendió. Bella había dirigido su perturbadora mirada hacia él por un breve instante, casi nulo, e, ignorándolo como solo ella podía hacerlo, continuó con su exposición.


“Es un mapa de las estrellas” – confirmó ella, hablando de nuevo, solamente para sus espectadores – “Sirve para localizar estrellas y planetas a simple vista…”


“Estoy seguro que también ves Ángeles volando” – interrumpió Mike de manera burlona, en cuanto entró a la sala, en compañía de Emmett y Tayler.


Los tres se carcajearon, mientras continuaban caminando en dirección hacia Edward, hasta llegar a éste y saludarlo enérgicamente.


“Se pueden ver cosas muy milagrosas” – interrumpió Bella, hablando de manera tranquila y pausada – “Einstein decía que, en cuanto más estudiaba el universo, más creía en la existencia de un poder superior”


Mike levantó las cejas de modo petulante, siendo imitado por sus otros dos acompañantes y, con voz cruelmente acida, dijo


“Si de veras existe un poder superior, dime ¿Por qué no te compra un poco de ropa nueva o algún otro suéter? Te hace mucha falta uno”


Los otros chicos volvieron a reír, tal vez exagerando el sonido de las carcajadas solamente por el hecho de humillar más a la muchacha de vestimenta sencilla. Sin embargo, ella no bajó la mirada en ningún momento.


“En estos momentos se encuentra muy ocupado, buscándote un cerebro” – le contestó, de manera firme, pero con gesto amable.


Mike enmudeció al no encontrar palabras con las cuales defenderse y el hecho de que sus amigos le traicionaran, riéndose verdaderamente por el comentario, no ayudó mucho. Salvando el poco orgullo que le había quedado, decidió no discutir más, dar media vuelta y centrar su atención en Edward, quien aún se encontraba riendo.


“Vamos, fue una buena broma” – dijo éste, ante la mirada reprobatoria de su amigo


“Ya, olvídalo” – calmó Emmett – “Ya es hora de irnos, hay que ir a un buen lugar”


“Ya saben que no puedo ir” – recordó Edward


“El director ya se ha ido, no hay peligro” – animó Mike, quien ya había olvidado lo anterior – “Andando” – indicó, mientras salía del lugar, llevándose una de las muletas como chantaje.


Edward se dejó convencer fácilmente pero, antes de irse, no pudo evitar girar el rostro para ver Bella. Respingó ligeramente al percatarse que también ella le estaba viendo. Sus miradas se entrelazaron por un momento. Siempre pasaba lo mismo, era algo que le resultaba molesto y, aún así, él no aprendía.


La muchacha fue la primera en desviar el rumbo de sus pupilas, concentrándose de nueva cuenta en su tarea. Él, por su parte, tardó un poco más, pero, cuando lo hizo, bufó débilmente. ¿Cuántas veces más tendría que pasar lo mismo?


Como todas las tardes después de la escuela, Edward y su grupo de amigos se fueron a un bar cercano. Nada fuera de lo normal, todo rutinario, nada digno de emoción. Las mismas pláticas, las mismas bromas pesadas, los mismos comentarios y las mismas actitudes… pero, ¿Acaso había algo mejor?


Al caer la noche todos se despidieron para regresar a sus hogares. Lauren, su ex novia, le había pedido de favor si podía llevarla a su casa. Edward pensó en negarse, pero no quería ser descortés con la muchacha, así que accedió. Manejó lo más rápido que pudo. El silencio que se había levantado en el carro era realmente incomodo. Agradeció mentalmente cuando sus ojos al fin visualizaron el punto de su destino.


“Bueno… nos vemos en la escuela” – dijo, a modo de despedida, esperando que el comentario bastara para que la chica se apresurase a bajar. Más no fue así.


Lauren se giró sobre su lugar y levantó la mirada hacia él


“Mis padres no están, por si gustas entrar” – ofreció.


Edward suspiró profundamente y desvió su rostro lejos de aquella atención femenina.


“Lauren, nada ha cambiado…” – recordó, de la manera más amable que pudo


“Lo sé. Pero creía que…”


“Se acabó” – interrumpió, de manera firme, mirándole a los ojos y diciéndole con éstos que ya no insistiera más.


Lauren intentó no mostrar lo mucho que aquellas simples palabras le dolían, pero no lo logró. Apretó fuertemente los labios y respiró profundamente, una y otra vez, para contener el llanto que se avecinaba. Se preguntó cómo lograba Edward para llegar a ser tan frío e indiferente en ese tipo de situaciones.


“Si. Se acabó. Para siempre” – logró decir y, sin dar oportunidad a que su compañero dijese algo más, abrió la puerta y salió del carro de manera apresurada.


Edward contempló como la dolida muchacha hacía su teatro y aventaba fuertemente la puerta de su carro a la hora de cerrarla. Levantó una ceja de manera indiferente y se sintió un poco molesto, no por lo que él le había hecho a la chica, si no por lo que la chica le había hecho a su auto.


“Diablos” – musitó, antes de arrancar su coche e irse a casa.


Días después.


En la mañana, Edward escuchaba, muy a lo lejos, la voz de su madre llamarle. Luchó por ignorarla, al mismo tiempo en que se encogía lo más que podía entre su cama. Sin embargo, Esme insistió, una y otra vez, hasta que éste medio abrió los ojos. ¿Acaso es que no podía descansar ni si quiera dos días a la semana? Su trabajo extra escolar le tenía agotado (bueno, en realidad, no era el trabajo extra escolar, si no más bien, la fiesta de anoche, de la cual había salido muy ebrio) ¿Acaso no podía Esme ser un poco más considerada?


“Mamá, hoy es sábado. No hay clases” – dijo, con voz perezosa y volvió a cerrar sus ojos.


Esme bufó, de manera divertida. Su hijo solía olvidarse fácilmente de las cosas que no le convenían. Se acercó un poco más hacia él y, con voz alegre, recordó la actividad que le esperaba en pocas horas.


“Tutorías” – pronunció, de manera pausada y clara para que su hijo captara el mensaje.


Edward volvió a abrir los ojos y le regaló a su madre una mirada envenenada… ¿Tenía que molestarse en haberle recordado aquello?...


Ante la imposibilidad de negarse, nuestro protagonista se encontró, repentinamente, enfurruñado en el asiento del autobús que le llevaría hasta la escuela en donde, se suponía, ayudaría a los alumnos con bajas notas escolares.


Genial. No lograba imaginarse una idea que le entusiasmara más


Y, tal y como se lo había imaginado, el ser tutor no era su habilidad.


“¿Qué triangulo es el equilátero?” – preguntó, por enésima vez, al niño que tenía al lado. Aún no lograba explicarse de dónde había sacado tanta paciencia durante las dos horas anteriores. El niño no contestó, se mostraba igual o más indiferente que el mismo Edward en toda una vida – “¿Qué opinas?” – insistió éste, logrando que su alumno aventara el lápiz y se parara enérgicamente de la silla.


“¡Lo que opino es que esto es una mierda!” – exclamó, antes de irse, lo suficientemente fuerte como para llamar la atención de todos cuantos le rodeaban.


“Ya somos dos” – murmuró Edward, dejándose desparramar por la silla e ignorando todo lo pasado.


La situación no mejoró durante el día. ¿Cómo iba a mejorar si ni él ni su alumno mostraban empeño? En fin, eso no debería de importarle…


Se sintió aliviado cuando el camión manejaba de regreso hacia Forks. No hallaba el momento en el cual bajarse de ahí y huir de toda esa gente que, junto con él, viajaba.


Una delicada figura se iba acercando. Oh si, cabe mencionar que Isabella Swan también se encontraban como tutora y, por lo tanto, la había visto durante todo ese tiempo. Giró su rostro hacia la ventanilla y subió el volumen de su música cuando comprendió que la chica se aproximaba hacia él. ¿Y ahora que quería? Que él recordase, ella no le había hablado nunca por merito propio…


Sabía lo que tenía que hacer: Ignorarla.


Nada de lo que ella estuviera dispuesta a decirle en aquellos momentos debía de tener alguna importancia, ni la más mínima.


Agudizó lo más que pudo su gesto arrogante – intentado ocultar la sorpresa – cuando Bella se sentó a su lado sin previo aviso, ignorando perfectamente su desden.


“Hola” – saludó y, a pesar del volumen con que la estridente música resonaba de los audífonos, aquella tranquila voz llegó a sus oídos – “¿Quieres un número para la rifa? Estoy juntando dinero para comprar nuevo material…”


“No” – contestó Edward, de manera fría y, acto seguido, giró su rostro hacia el lado opuesto.


No podía haber mejor gesto de rechazo que ese, ¿Qué esperaba entonces para irse? Sin embargo, a Bella no parecía importarle lo más mínimo ya que, siguió sentada a su lado, sin mostrarse perturbada. A pesar de que aquel joven mostrara lo contrario, sabía que la estaba escuchando.


“He visto lo que te ha pasado con Luis” – comenzó a decir, tratando de reanudar una inexistente charla. ¿El motivo? Era simple: veía a Edward tan perdido en todo ese asunto que quería ayudarle, pese a las diferencias que entre él y ella siempre habían habido – “Sé que puede resultar difícil, pero, tal vez si pudieras darle otro enfoque, algo más… divertido”


Otra vez, no obtuvo respuesta alguna… aquel déspota muchacho ni si quiera le había dirigido la mirada ni un solo segundo.


“¿Has pensado en ir a Eric al hospital?” – preguntó, ya no tanto por ensamblar una conversación, si no por dar un consejo – “Creo que eso es un No” – aventuró, tras el constante silencio de su interlocutor.


Se sintió decepcionada. Edward nunca había sido amable con ella, pero, aquella actitud tan indiferente para con alguien quien se encontraba enfermo por causa suya, se le hacía algo demasiado bajo. Aún así, decidió probar una vez más


“¿Sabes que lo han trasladado…?”


“¿Este es tu modo de iniciar una conversación?” – interrumpió Edward, con aquella manera tan tajante que solo él poseía, quitándose los audífonos y mirándole de manera venenosa – “Si es así, creo que debes practicar mucho más y, para que lo sepas, a Eric nadie le obligó a saltar”


“Se llama presión psicológica” –


“¿Ah si? ¿Y cómo lo sabes?” – retó y, bajó su vista hacia el pequeño libro que reposaba en las piernas de la muchacha – “¿Te lo ha dicho tu maravillosa Biblia?”


Bella también centró su atención en el objeto y, con un movimiento inconciente, lo acarició ligeramente con dos de sus dedos. No entendió el por qué le habían dolido tanto aquellas palabras… cerró los ojos en un intento de apaciguar el coraje que amenazaba con nacer


“Por favor, no finjas conocerme” – pidió, logrando que Edward le sonriera de manera burlona y le volviese a dirigir la mirada


“Te conozco, y muy bien” – aseguró – “Hemos ido en la misma clase desde que empezamos el preescolar. Te llamas Isabellella Swan y siempre almuerzas en la mesa siete, que no es precisamente la de los rechazados si no, más bien, la del exilio voluntario” – frunció el ceño ligeramente y negó con la cabeza, de manera apenas y perceptible, mientras se preguntaba fugazmente el por qué Bella había escogido aquel tipo de vida, teniendo todo por ser alguien diferente – “Siempre llevas puesto el mismo suéter. Caminas siempre mirándote los pies y te divierte ser tutora los sábados por la mañana y estar en el club de estrellas y planetas” – finalizó, demasiado orgulloso y seguro de si mismo – “¿Qué te parece?”


“Muy bien. Nada que no hubiera escuchado antes” – contestó Bella, encogiéndose de hombros y disimulando a la perfección lo fuerte que le habían golpeado todas aquellas palabras.


“¿No te importa lo que piensen de ti?” – inquirió Edward, sin poder ocultar su verdadera curiosidad. Siempre había querido saber la respuesta ante aquella pregunta


“No” – aseguró su compañera, con una pequeña sonrisa y, antes de que pudiera seguir escuchando más insultos, decidió ponerse de pie y dejar a aquel muchacho solo.

jueves, 18 de febrero de 2010

Corona Escarlata

Capitulo 5 . Vampiro ruso

Jacob y Edward se miraron fijamente, no de una forma muy amable. Intenté ponerme en medio de los dos, pero el rey vampiro me mantuvo atrás de él.


-Supongo que si Bella está aquí, es porque ya te informó sobre su decisión –dijo Edward sin apartar la vista de Jacob.


-Sí –contestó él con los dientes apretados.


-Entonces, sólo me queda decirte que no quiero que te acerques más a ella –continuó el vampiro rey.


Jacob gruñó.


-Aunque Bella esté contigo –dijo él-, ella aún es la reina de los licántropos y tengo que verla, te guste o no.


Edward me acercó a él.


-Bella –Jacob buscó mi mirada-, yo sé que tú puedes sentirlo.


Para mi sorpresa, me encontré asintiendo. Podía percibir una responsabilidad hacia los licántropos, pero eso era todo lo que sentía hacia ellos. A Jacob sólo lo veía cómo mi mejor amigo.


-Esto no puede durar para siempre –dijo Edward fríamente-, tarde o temprano el lazo que los une se destruirá y ella sólo quedará cómo mi reina.


-¿Cómo puedes asegurar que no será la revés? –Jacob apretó los puños, podía ver lo mucho que le costaba contener su rabia.


-Porque, como ya te dije antes, ella es un vampiro –explicó Edward-, y mi consorte.


La última palabra del rey vampiro hizo estallar a Jacob, no pudo contenerse y lo golpeó en la mandíbula. Edward salió volando varios metros, pero logró caer sobre sus pies.


-Buen golpe –dijo el rey de los vampiros mostrando sus colmillos.


-Edward –me dirigí a él, pero Jacob me detuvo por la muñeca.


-Bella, deja que él y yo lo resolvamos.


-¿A eso llamas resolverlo? –chillé.


Comencé a removerme, pero Jacob me tomó de la otra muñeca y me detuvo, seguía siendo mucho más fuerte que yo.


-Pude soportar que me hayas lastimado –dijo Edward de pronto muy cerca-. Pero ya no puedo tolerar que la toques, no ahora que ella es mía.


Tomó a Jacob del brazo y con toda su fuerza lo apartó de mí, el licántropo cayó al suelo varios metros atrás.


Los otros licántropos se acercaron, molestos por la ofensa que había recibido su rey.


-Estoy bien –Jacob se levantó-, no quiero que intervengan.


-¡Ya no sigan! –rogué.


La mano de Edward acarició mi hombro.


-Tranquila, creo que ambos ya desahogamos algo de nuestra frustración –dijo él, y luego me miró inseguro-, pero deberías irte.


-¿Qué? –fruncí el ceño-. No voy a irme sin más y dejarlos para que se destrocen.


-Eso no va a pasar –replicó-, lo prometo.


-Pero…


Alguien me agarró de los hombros, me giré y pude ver a Jason.


-El tiene razón –intervino-, es mejor que te vayas, creo que tu presencia los inquieta más.


Lo miré confundida.


-No seré vampiro o licántropo, pero soy un hombre y lo entiendo –continuó-. Sí sigues aquí sólo estarán concentrados en ti y se verán como rivales de tu afecto, en cambio si te vas, tal vez logren calmarse… un poco.


-De acuerdo –dije después de un rato.


Edward se acercó, Jason retiró lentamente las manos de mis hombros.


-Espérame en la casa –dijo el vampiro rey y me besó en la mejilla.


Asentí.


Antes de salir, oí a alguien gritar mi nombre, me giré y vi a Lissa despedirse de mí. Le devolví el gesto, parecía muy agitada intentando atender a todos los clientes, que se veían un poco malhumorados por el incidente con su rey.


Abrí la puerta y me enfrenté a la noche.


El cielo despejado, me regaló sus luces nocturnas, las estrellas brillaban en lo alto. Me permití recordar mi humanidad, y ralenticé considerablemente mi velocidad, siendo reducida a una simple caminata.


Pude ver la Luna sobre mí, intentando colorear de plata las calles desiertas.


Quería alejar mi mente del bar, evitar que los pensamientos trágicos inundaran mi mente, unos que siempre terminaban con Edward y Jacob peleándose.


Sacudí la cabeza y continué caminando lentamente.


Vi a un vampiro a pocos pasos de mí, acercándose con cautela.


Su piel pálida, parecía festejar que los rayos lunares la tocasen, su cabello oscuro, del color del chocolate, caía sobre su rostro como cortinas, sus ojos brillaron hacia mí. Cuando estuvo lo suficientemente cerca de mí, reparé en su estatura, era muy alto, y sus hombros y brazos, demostraban lo fuerte que era. Su rostro, cómo todo vampiro, era perfecto y atractivo.


Me sentí ligeramente intimidada, pero me recordé que ningún vampiro me haría daño, ahora que era consorte de Edward.


-Bonita noche –dijo a modo de saludo.


No me hubiera sobresaltado, si sus palabras no hubieran salido con un marcado acento ruso.


Di un paso atrás, pensando en la mejor manera de correr sin que me atrapara.


Levantó las manos en un inocente gesto de paz.


-Lamento haberte asustado –comenzó-, debí presentarme primero. Me llamo Ruslan y vengo en representación del clan ruso, para rendirte respetos y jurarte lealtad en nombre de todos.


Lo miré con recelo, negándome a confiar en él.


-Vadik ha sido destruido –continuó-, el nos controlaba, estábamos cansados de eso.


-¿Por qué cambiaron de opinión con respecto a seguir nuestras leyes? –pregunté.


-Aceptamos su reinado debido a que la última vez nos ganaron –contestó Ruslan-, aceptamos su superioridad.


Fruncí el ceño.


-Ya veo –Ruslan se rió-. ¿No confías en mí?


-No.


-Te demostraré que puedo ser fiel a ti, mi reina –dijo.


-Demuéstralo regresando de donde viniste y no regresando jamás –respondí.


-Me lastimas –dijo Ruslan, poniendo expresión dolida-, que mi reina no me quiera a su lado es mucho para mí.


Estaba ansiosa por que se fuera, o huir, todo menos estar con él.


-Pero lamento no poder obedecer esa orden –continuó-, he venido aquí a mejorar la impresión que se tiene de los vampiros rusos, y no me iré hasta conseguirlo.


Resoplé, así no se iría nunca.


-¿Cómo supiste que yo soy la… reina? –me costaba trabajo pronunciar esa palabra, sobre todo si hablaba de mí misma.


-Lo puedo sentir en ti –contestó Ruslan observándome fijamente, cerró los ojos, se inclinó hacia mí y respiró profundo-, también puedo olerlo en tu esencia, cualquier vampiro puede hacerlo.


Di otro paso atrás.


El hizo una inclinación hacia mí.


-¿Puedo tener el honor de acompañarte en esta noche tan solitaria?


-No.


El ser rió.


-En otra ocasión, quizás.


-No lo creo.


Escuché un rugido, y de pronto Anthony estaba en frente de mí, cubriéndome con su cuerpo.


Me sentí aliviada al verlo.


-No te le acerques –gruñó Anthony extendiendo sus colmillos.


Ruslan no le hizo caso, su mirada seguía en mí.


-Fue un gran placer conocerte –dijo lentamente-, mi reina.


Se giró y nos dejó en la oscuridad.


-¿Qué es lo que quería? –me preguntó Anthony preocupado.


Le conté todo lo que había dicho el vampiro ruso.


-Es muy extraño –comentó cuando terminé.


-Sí –concedí.


-Debemos tener mucho cuidado –dijo y me miró a los ojos-, y tú no vuelves a salir sola a ningún lugar.


Asentí un poco nerviosa.


Sentí sus brazos rodearme.


-Bella –dijo tras un suspiro.


-Gracias –contesté después de un rato-, me sentí mucho mejor al verte.


-Siempre que quieras, estaré aquí para ti –dijo abrazándome con más fuerza. Una risa algo apagada salió de su garganta-, ya que al parecer aunque me lo prohíban no puedo estar lejos de ti.


Lo miré con confusión en mi rostro. Algo me vino a la mente.


-Tenemos que decirle a Edward cuanto antes –le dije separándome lentamente de él. Me sentiría más segura en cuando el rey vampiro supiera sobre la llegada del vampiro ruso.
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Capitulo 6. Pétalos de rosa


Vacías, las calles se dibujaban ante mis ojos, mostrando un camino oscuro y tranquilo. Mis pasos, haciendo eco suave, me desesperaban, quería regresar al Luna Llena lo antes posible y ver a Edward. Comencé a acelerar pero Anthony me tomó del brazo.


-Más despacio –dijo-, necesito estar seguro de que no nos sigue.


Asentí, pero no me soltó, tal vez pensando que sí lo hacía saldría corriendo.


Mis pupilas se movían rápidamente, examinando detenidamente los alrededores, buscando cualquier signo de peligro. Sólo hasta que la mano de Anthony fue subiendo hasta llegar a mi hombro, me di cuenta de mi propia tensión.


-¿No has notado nada extraño? –le pregunté.


Me giró para que lo mirara a los ojos.


-No –contestó. Sus dedos subieron por mi barbilla hasta mi mejilla, acariciando mi piel-. Todo va a estar bien, yo cuidaré bien de ti.


Le sonreí.


-¿Por qué te sientes tan obligado a protegerme? –le pregunté.


-No me siento así –contestó inmediatamente-, desde hace mucho tiempo que lo hago porque… -se interrumpió, cómo si las palabras que iba a decir no fueran sencillas. Me miró con tristeza y añadió-, porque me importas.


Sentí que eso no era exactamente lo que iba a decir, pero no insistí más.


Al entrar al bar, vi a Jacob y a Edward sentados en una mesa, mirándose con frialdad. Por lo menos no estaban peleando, eso me alegró.


-¿Por qué regresaste? –Lissa llegó hasta mí-. ¿Qué pasó?


-Te contaré todo –le dije-, pero primero tengo que hablar con Edward.


Caminé hacia ellos, con Anthony siguiéndome de cerca.


Los dos se levantaron y no tuvieron ojos más que para mí desde el momento en que llegué hasta ellos.


-¿Qué ocurre Bella? –Edward me preguntó amablemente, rodeándome con sus brazos.


-Vi a… un miembro del clan ruso –balbucí.


Edward se puso rígido.


-Explícate –pidió.


-Me dijo que venía en paz y que quería cambiar nuestra opinión sobre los vampiros rusos –comencé-, quiere demostrar que están dispuestos a aceptar nuestras reglas.


Edward sacudió la cabeza.


-No confío en ellos.


-Ni yo –coincidí.


La mirada de él se separó de mí y se dirigió a Anthony.


-A pesar que me disgusta la forma en que piensas en ella –dijo Edward-, te devolveré su puesto cómo su protector.


Anthony se sobresaltó, como si uno de sus secretos más preciados fuera sido descubierto.


-No puedes mantenerla fuera de tu mente cada vez que estoy cerca –continuó el rey vampiro-, tarde o temprano me iba a enterar.


Miré de uno a otro, esperando que dijeran algo más que aclarara las cosas para mí, no tenía la menor idea de lo que estaba diciendo Edward.


-Por lo mismo se que la cuidarás mejor que nadie.


-Eso es cierto –respondió Anthony después de un rato, con la expresión completamente seria.


Jacob frunció el ceño observando a los dos vampiros.


-¿Por qué le temen tanto al clan ruso? –preguntó.


-No creo que sea algo que te interese –respondió Edward.


-Me interesa si involucra a Bella –replicó-, sobre todo si ella corre peligro. Puedo ayudarte a protegerla.


Las últimas palabras del rey licántropo surtieron su efecto, ya que Edward cambió de opinión.


-Durante años el clan ruso se ha opuesto a nuestras reglas, siempre han anhelado el poder –explicó Edward-, hace poco vinieron a atacarnos, pero logramos expulsarlos de aquí. Ahora uno de ellos se presentó ante Bella –apretó los puños-, diciendo que todo había cambiado.


Jacob asintió.


-También la cuidaré –le dijo al rey vampiro.


-En esta ocasión –contestó Edward-, agradezco tu preocupación por ella –se giró hacia mí-. Tengo que ir al Noche Eterna, les avisaré a todos sobre la llegada del vampiro ruso.


-Voy contigo –dije.


El negó lentamente con la cabeza.


-Espérame en la casa, por favor.


Resoplé, pero terminé accediendo.


-Llévala –le dijo a Anthony.


El vampiro asintió.


-Vamos, Bella –me dijo amablemente.


-¿Qué quiso decir Edward sobre ti? –le pregunté cuando faltaba poco para llegar a la mansión, había estado mortalmente callado todo el camino.


-Nada –contestó sin mirarme.


-¿Es algo que no deba saber? –cuestioné-. ¿Algo que no quieres decirme?


Anthony se detuvo, lentamente se giró hacia mí.


-No sabes cuantas veces he estado a punto de decírtelo –me tomó de las manos y entrelazó sus dedos con los míos-, en verdad deseo decirte y que tu…


Me miró. Sus ojos parecían desesperados por expresar lo que sus palabras no le permitían.


-Es complicado –dijo inclinándose hacia mí, hasta que su frente quedó unida a la mía-, es más fácil con acciones que con las palabras.


-¿Qué?


-No puedo soportarlo más –dijo antes de que sus labios se apoderaron de los míos. Su boca saboreó la mía lentamente.


Me quedé petrificada, sin saber qué hacer.


-Te amo –murmuró. Una sonrisa completa apareció en su rostro-. Nunca te diste cuenta.


Cuando reaccioné, me separé lentamente de él.


-Pero… Edward y yo…


-Lo sé –me interrumpió-, respeto tu decisión, si es eso lo que en verdad deseas.


Cada palabra que pronunciaba, se me hacía irreal cuando llegaba hasta mis oídos. Aún no podía creerlo, no podía moverme.


-Sólo quiero que sepas –continuó-, que yo haría todo para hacerte feliz.


Cuando estuvimos ante la puerta de la mansión, ni siquiera sabía que cómo había llegado, no podía hablar.


El me besó la mano y desapareció en la oscuridad.


Ni siquiera me di cuenta de los pétalos de rosa, que comenzaron a llover a mí alrededor. Hasta que una acarició mi mejilla suavemente, entonces comencé a buscar la fuente. No pude encontrarla, pero al final de la extraña lluvia cayó un pedazo de papel, quité el pequeño pétalo rojo sangre que estaba sobre él y vi unas letras:


Debes darme una oportunidad para demostrar que soy digno de confianza.


Ruslan.


Entré con rapidez en la mansión, con la terrible sensación de ser vigilada.


El amanecer llegó, para entonces Alice ya estaba enterada de lo que había sucedido. Su expresión me mostró su preocupación, y decidí que lo mejor era omitir el incidente con los pétalos, así que sólo arrugué la nota y la escondí en el bolsillo de mi pantalón.


El teléfono me sobresaltó cuando sonó, Alice lo contestó rápidamente.


-Sí, te la paso –dijo antes de darme el teléfono.


-¡Vamos escupe! –exclamó una voz del otro lado de la bocina.


-Buenos días Lissa –dije.


-Buenos días –la escuché decir entre dientes-, ahora que ya fui una niña buena y educada, vamos al asunto importante.


Puse los ojos en blanco.


Alice sonrió y se fue.


Le conté todo sobre el clan ruso, después le hablé sobre la visita de Ruslan, pero nuevamente omití la nota que me había dejado.


-¿Crees que es sincero?


-No –contesté.


-¿Es guapo?


Resoplé.


-¿Qué tiene que ver eso?


-Sólo quiero saber –insistió.


-Es un vampiro –dije como si fuera suficiente respuesta. Sacudí mi cabeza-. ¡Estamos hablando del chico malo!


-No sabemos si es malo –replicó-, además siempre me han gustado los chicos malos.


-¡Lissa!


-Lo siento –respiró profundo-, me controlaré.


-Perdonada –me reí.


-¿Crees que intenten hacer algo? –me preguntó un momento después, escuchándola por primera vez un poco más seria.


Suspiré.


-No lo sé –respondí-, pero espero que no.

miércoles, 17 de febrero de 2010

A piece of your love

Cap.8. Abriendo el Corazón.

Mi boca hambrienta imploraba por más, succioné su labio inferior y me deleité con la dulzura que éste me otorgaba. Bella no se quedó atrás y antes de que pudiese replicar por que liberó mis labios, la sentí besar con urgencia mi cuello. Me fascinó no ser el único que extrañase al otro. Bella aferró con sus manos mi cabello y se sujetaba de este mientras yo repetía su labor succionado la zona de su cuello.

Antes de que pudiese replicar sentí como sus colmillos se clavaban en mi piel. La succión que ella ejercía me parecía de lo más satisfactoria, aumentando así el placer del momento.

— No huí de ustedes— jadeó Bella.

— Lo sé, mi vida— gemí contra su cuello mientras me deleitaba al sentirla succionando nuevamente mi sangre.

—No abandoné a mi bebe, Edward.

— Tranquila… Ya habrá tiempo para aclarar los malentendidos— susurré en su oído antes de buscar su boca con hambre animal y devorar sus labios.

— He matado humanos, Edward— jadeó mi ángel antes de empujarme con suavidad y dejar que solo nuestras frentes se tocasen. Ella cerró sus ojos mientras recobraba la respiración.

— Tranquila Bella, todos hemos cedido ante la tentación alguna vez amor.

— Por eso me fui, Edward. Nunca hubiese abandonado a mi pequeñita si no fuese un motivo de vida o muerte. No podía exponerla, mi etapa de neófita no ha sido fácil. Yo.. Yo aún no sé que cerca puedo permanecer de ella.

— Lo lograrás amor, ya verás que una vez que tengas a Carlie entre tus brazos comprobarás que su sangre no te apetece en absoluto. —

Quise detenerme y oírla. Desee poder abstenerme de mis deseos y esperar a que me explicase, pero no pude. La esperaba había sido demasiado devastadora, cargada de agonía y desesperación... fueron cinco años, ¡cinco malditos años de ausencia!

¡Cinco años en los que la creí muerta! No podía soportar un minuto más su lejanía, la necesitaba. Mi piel rogaba por su contacto como un helecho por agua en el desierto.

Cual mendigo en busca de sobras me encontraba yo implorando por su amor, sus caricias y sus besos. ¿Cuánto más podía soportar un hombre sin el ser amado?

Tal vez no fuese humano, pero era un hombre, con defectos y virtudes, con dolores y problemas. Un hombre que tuvo que sobrellevar la carga de culpa y dolor. Me hice fuerte por Carlie, tenía que serlo, pero ¿a quién engaño?, aquello fue la más patética de las actuaciones, y sólo conseguí dañar a mi hija.
El cuerpo de Bella se sentía tibio ante mi roce, no con la calidez de antes, esa que sólo te proporciona la vida, pero si un calor agradable, en perfecta armonía con mi cuerpo.

Mi esposa continuaba succionando la zona de mi cuello. Nunca antes había experimentado nada igual. Sus dientes eran verdaderas dagas afiladas, pero lejos de causarme dolor sólo conseguían enviar olas de placer por todo mi cuerpo. Ella me estaba probando, sentía cada gota de sangre aflorar de mi cuerpo y aquello me gustaba.

No pudiendo contener más mis ansias por su piel y el deseo irracional que destilaba mi cuerpo completo desgarré sus prendas y me abalancé sobre ella, cayendo ambos en el húmedo pasto. Mi cuerpo posicionado sobre el suyo, tan cerca y tan lejos a la vez, moría por hacerla mía en ese instante y al parecer mi ángel no estaba exenta de deseos. ¿Cómo no sentirme dichoso? Si al fin había recuperado a mi mujer.

En menos de un segundo Bella se deshizo de mis prendas y nos hizo rodar, logrando que cambiásemos de posición, quedando ella a horcajadas sobre mí. Ahora sería Bella quien tuviese el control de la situación.

Inclinó su rostro y depositó un corto y casto beso sobre mis hambrientos labios — no pude reprimir el gruñido de frustración que brotó de mi boca en cuanto sentí sus labios abandonar los míos. Su semblante se notaba sereno pero estaba seguro que ella estaba disfrutando más de lo recomendado el hacerme sufrir.

La observé con suplica, pero mi esposa negó con la cabeza, desviando su boca hacia otro sector de mi anatomía, y en un movimiento que debería estar prohibido se pasó la lengua por sus labios granates, relamiéndose los restos de mí sangre en ellos.

Tomó mi mano y la desvió hacia uno de sus senos bendiciéndome con la exquisitez y perfección de su piel. Presioné mis dedos entorno a la aureola de sus cumbres y mi ángel soltó un gemido de fascinación. Tomó la mano que ella misma había posicionado sobre su cuerpo privándome de la exquisita unión y se la llevó a su boca.

Mordió mi muñeca y la lamió sin apartar un instante sus ojos de mí. La sangre sobrante se diluía en hilos por sus labios. Dejando un sensual sendero que nacía en su boca y cubría todo su cuello hasta terminar en uno de sus pezones. Bella succionaba mi sangre con una sensualidad innata y yo sentía q estaba próximo a venirme sin siquiera haberla penetrado.

No me contuve más y liberé mi mano cuidando de no dañarla, aunque en mi interior sabía que aquello era imposible. Bella era una neófita cien veces más fuerte que yo, pero aún así me aterraba herirla.

Posé mis manos en su cintura e hice rozar nuestras caderas, mostrándole de esa forma lo excitado que me tenía. No soporté más la ansiedad y nos giré a ambos, y en cuanto la tuve cubierta bajo mi cuerpo y segura entre mis brazos la besé...entregándole por medio de ese beso todos mis miedos e inseguridades, todo el dolor de su partida, la dicha de tenerla de regreso, toda la llameante necesidad por su cuerpo y el hambre por sus besos.

En ese gesto estaba expresado todo mi amor contenido, todo el cariño y adoración que guardaba por y para ella. En ese beso le decía cuanto la amaba, le demostraba que ella fue, era y siempre sería la única mujer en mi vida.
Ella lo entendió al instante, sus suaves manos se aferraron a mi pelo con ansias, atrayéndome más hacia ella. Sí, ella tampoco conseguía tener suficiente de mí, el hambre insaciable por el cuerpo del otro era mutua. Finalmente deslicé una de mis manos por su cuerpo, comenzando a descender hasta encontrarme con su centro.

Su tibia intimidad se encontraba humedecida por el juego previo, y no pude evitar que una sonrisa soberbia se situara en mi boca, pero no sólo era orgullo, era más que eso. La mezcla de emociones por tener a mi esposa junto a mí superaba con creces el sentimiento de autosuficiencia, esto era amor puro y real.

Se trataba de un enorme deseo por llorar de alegría, esto simplemente no tenía punto de comparación, las banales palabras que poseía el diccionario no alcanzarían para definir o describir el grado de éxtasis que supondría nuestro encuentro.

Con gracia y delicadeza separé sus piernas. Sabía que Bella no era virgen, pero esto se trataba de nuestra primera vez como iguales, ambos compartiendo la misma naturaleza. Esta vez no debería contenerme, esta vez mi esposa no corría el riesgo de que cegado por el deseo bebiese su sangre, ya no existía el temor de verla morir entre mis brazos. Mi mujer y yo nos perteneceríamos sin temores ni secretos de por medio y esto era tan importante y significativo como lo fue su primera vez conmigo.

Me posicioné sobre su entrada y la penetré sin apartar un solo segundo la vista de sus ojos. Ahora no existía la necesidad de oxígeno por parte de ella, tenía claro que jamás volvería a ver su rubor, y podría vivir con eso; también sabía que no volvería a ver su cabello sudado adherido a su piel, sin embargo, el clima se mostró cómplice al momento de alimentar nuestra pasión bendiciéndonos con sus hermosas lágrimas. Las gotas provenientes del cielo surcaban nuestro cuerpo, mientras que nuestros rostros que se encontraban a escasos centímetros volvían sus facciones más sensuales gracias a la reinante humedad.

La lluvia continuaba cayendo sobre nuestros fríos cuerpos sin dar tregua. Sin embargo, fuera de toda lógica o razón, yo sentía mi ser arder en llamas. Nuestras pieles se encontraban mezcladas entre polvo y lluvia, dejándonos cubiertos por una fina capa de barro y de esa forma volviendo nuestro encuentro más animal.

Continué mis embestidas sin cansarme de observar extasiado las expresiones de placer que se reflejaban en el semblante de mi esposa. Francament, podríamos estar horas así, y tenía la certeza de que jamás conseguiría tener suficiente de ella. Permanecimos unidos un par de horas, pudieron ser días, pero debíamos regresar, nuestra hija nos esperaba en casa.

La luna había siendo testigo de las ansias del uno por el otro, el calor de nuestros cuerpos ante la delicia del reencuentro, sintiéndola envolverme, queriendo más y más.

Bella yacía recostada sobre mi pecho, si fuésemos humanos juraría que se encontraba dormida, pero no lo éramos. Podía sentir su frío aliento golpear mi piel, mientras una de mis manos repartía caricias por su rostro.

El ambiente que nos invadía era placentero y reconfortante, sólo se oía el sonido del arrollo y a algunas aves nocturnas moverse entre las ramas.

— ¿En qué piensas? — pregunté, rompiendo el cómodo silencio.
— En lo perfecto del momento, en lo mucho que tuvimos que pasar para llegar hasta donde estamos, en lo irreal que me parece estar entre tus brazos. En cuanta falta me hiciste y cuanto te necesité, pero por sobre todo no puedo dejar de pensar en lo mucho que te amo. — lo último lo musitó contra la piel de mi pecho, logrando que todo mi ser se estremeciera de placer.

— También me has hecho falta, no sabes cuanto.

— Lo sé, créeme, la diferencia entre ambos es que tu al menos tenías a nuestra hija, yo por mi parte me encontraba sola. Bueno, Jake estuvo ahí, pero no del todo, te imaginarás lo difícil que fue para él aceptar lo de mi conversión.

¿Jake? ¿Se refería acaso a Jacob? ¿Mi mujer me acaba de decir que TODO ESTE TIEMPO ESTUVO CON ESE PERRO? No, tal vez oí mal, mi esposa no puede haber estado con él. Aunque, eso explicaría el porqué de su ausencia en las visiones de Alice.

— Cálmate, no es nada de lo que estás pensando.

— Estoy calmado.

— Por supuesto que no lo estás, Edward, basta con ver tu mandíbula, se encuentra tensa y tus ojos negros. ¡Cielos! Tú y tus celos. Me subestimas ¿lo sabes, no?

— A veces siento que me conoces demasiado, ¿no será que eres tú quien realmente lee mi mente? — mi ángel levantó su cabeza de donde se encontraba recostada y clavó sus hipnotizantes orbes broncíneos sobre los míos. Estos destilaban la más pura miel y no pude negarme cuando posó sus suaves y fríos labios sobre los míos en un beso tierno y apacible... ella era mía, me pertenecía. No tenía por que dudar de Bella, no cuando me demostraba a cada segundo lo mucho que me amaba.

Mi mujer posó sus manos a ambos lados de mi rostro y me obligó a observarla, como si anhelase mirar otra cosa. Sin embargo, el poder de sus ojos era tal que me daba la sensación de que mi ser completo se derretía entre sus brazos. Mi dependencia por Bella era en verdad preocupante.

— Te amo ¿me oyes? Si en verdad deseas saber que sucedió, necesito que confíes en mí. Hice cosas horribles Edward, cosas de las que me arrepiento, pero ahora es tarde y no hay nada que pueda hacer al respecto. — dicho esto sus manos liberaron mi rostro y se sentó a velocidad inhumana, dándome la espalda.

Nos encontrábamos a pocos centímetros, sin embargo, en esa posición se me hacia imposible eliminar la distancia. Se encontraba sentada a mi lado, con sus manos rodeando sus piernas. Su cabeza descansaba sobre sus rodillas, mientras sus ojos se encontraban perdidos en algún punto fijo que no supe definir, privándome de forma absoluta de comprender sus emociones.

Algo me decía que no temiese, que hiciera lo que me pedía y confiara, pero ¿Cómo hacerlo, si me acaba de confesar que había hecho cosas horribles, que ya era tarde?
Mi preocupación sólo conseguía aumentar en cuanto recordaba que mi ángel se había pasado cinco años en compañía se ese chucho. ¿Será que él la tocó? Imposible, nuestras especies se repelían por instinto, pero ese perro nunca estuvo bien de la cabeza ¡maldita sea! ¿Cómo demonios conseguiría confiar si mi mujer no rompía este agobiante silencio?

— No me acosté con Jake, así que agradecería que dejases de imaginar necedades.

— Yo no he dicho eso.

— Pero lo pensaste. ¡Maldición Edward, no paras de gruñir! Te pedí que confiases en mí ¿puedes hacerlo? Necesito saber que cuento contigo, no puedo… no puedo cargar con esto sola.

No pude contenerme más y eliminé la distancia que se había creado. Envolví su piel de granito con mi cuerpo y me obligué a controlar mis impulsos.

Nunca pensé que convertida en vampiro la seguiría viendo tan débil y vulnerable en mis brazos. Por mucho tiempo me aterró la idea de transformarla, no sólo por arriesgar su alma, sino porque mi lado egoísta sabía que en cuanto ella fuese inmortal dejaría de verme con esa admiración tan propia de un humano. Ahora seríamos iguales, y nada le impediría correr a otros brazos, obviamente mis inseguridades fueron sepultadas gracias al profundo amor que me profesaba mi niña día tras día.

Y aquí me encontraba, con mi esposa siendo de la misma especie que yo, y pese a mis temores ella seguía comportándose como una damisela en apuros. No es que me alegrase verla así, por el contrario, me dolía saber que sufría; deseaba ayudarla, pero ¿como podría, si ella no me decía qué era eso que tanto la dañaba?

— Cómo te había dicho, lo último que recuerdo antes de mi transformación es haber sido mordida por Carlie. Después de eso, sólo tengo claro que por más que supliqué que me quitasen la vida nadie se apiadó de mí, la sensación de estar envuelta en llamas era desgarradora, cada partícula sentía a la perfección como el fuego la desintegraba sin compasión.

No vi rostros, ni oí voces, y créeme que aunque lo hubiese intentado no lo hubiera conseguido, mis gritos de dolor eran tan fuertes que aplacaban cualquier otro sonido, por ende mis facciones se contraían hasta tal punto que mis ojos no se abrieron hasta el tercer día, la misma fecha en la que comprendí en lo que me había convertido. — Bella había comenzado a hablar de repente, y yo me sentía incapaz de articular palabra, quería que se explayara con total libertad. Sin embargo, no dejaba de preocuparme la profunda culpa que denotaban sus palabras.

— Un enorme espejo situado de forma improvisada frente a la cama llamó mi atención. En cuanto me levanté, el hecho de que la ventana estuviese abierta no hizo para nada sutil el descubrimiento. Ver mi piel brillar de forma escandalosa y nada sobria me hizo recordar el momento en el que te mostraste frente a mí en el prado. En ese entonces todo cuanto se me venía a la mente era en lo hermoso que te veías al ver tu piel impregnada de pequeños diamantes. Sin embargo, mi reacción fue muy diferente, ya que en cuanto caí en la cuenta de lo que era y recordé la escena del prado el borrón de imágenes que poseía por memoria comenzó a esclarecerse. Tal vez no del todo, pero si lo principal, tú y mi hija, y aunque no era muy nítido era suficiente para sentir el enorme vacío que se abría en mi pecho.

¿Qué demonios hacía aquí, cuando tenía una hija a quien cuidar? Pensé mientras corría a salvo alejándome de esa menesterosa cabaña que se escondía en medio del bosque.

Sin embargo, no llegué muy lejos. Un enorme lobo rojizo me impidió salir de la reserva. Todo mi cuerpo se preparó para pelear, mis instintos se agudizaron para mi defensa.
Imagínate cual fue mi reacción al ver a ese lobo transformarse en mi mejor amigo, porque eso es Jacob para mi Edward, mi mejor amigo, y nunca será más que eso ¿me oyes? Convéncete de una vez. — esto ultimo lo dijo con una dulce sonrisa, pero la alegría no llegó hasta sus ojos. Aún faltaba mucho por oír y lo sabía.

— Al verlo en forma humana bajé la guardia al instante, me sentía increíblemente feliz al comprender que no me había abalanzado sobre él. Ya sabes, me dije a mi misma que ustedes habían exagerado sobre el tema de ser un neófito, que eran simples excusas para que desistiese de mi decisión de ser como ustedes.

Corrí hacia él y me sorprendí de la rapidez que había adquirido, ya que hasta hace unos minutos no la había empleado en absoluto. Tenía toda la intención de abrazarlo, pero como supondrás él se alejo haciendo un gesto de asco con su rostro. Bueno, no podía culparlo, ahora éramos enemigos naturales y por mucho que me costase admitirlo, su olor me repugnaba a un punto que se me hacía doloroso.

Él se disculpó por su rechazo, y yo le dije que lo comprendía. Me contó lo que yo ignoraba, me informó sobre lo que había sucedido en estos tres días que había estado presa del martirio.

Jake me encontró en medio del bosque, nuestro prado para ser exacto, ensangrentada con la bebe pegada a mi pecho mientras yo yacía inconsciente sobre la hierba.

Me cargó en uno de sus brazos y en el otro a Carlie, para partir en dirección hacia la reserva.

Cómo podrás imaginar Billy puso el grito en el cielo, o al menos eso me comentó Jake, ya sabes el enorme cariño que le profesan los de la manada hacia nuestra especie. El tiempo que estuve inconsciente, o bueno, consciente pero inmovilizada por el dolor, Jacob llegó a un acuerdo con la manada, con lo que ellos me aceptarían por ser hija de Charlie y amiga de los Black, aunque la excusa no me convenció del todo-. Sin embargo, la amenaza que seguía a la promesa de Sam era devastadora, al menor descuido que cometiese debería partir y Jacob conmigo, ambos exiliados del territorio Quileute.

La verdad, Edward, es que después de oír eso no quise seguir indagando; ya era suficiente con saber que el pobre había arriesgado no sólo su permanencia en la Push, sino su vida por mi causa.

El caso es que la hermana de Jacob se quedó con mi hija los primeros días, ya podrás imaginarte el porqué. A Jacob le pareció que sería una irresponsabilidad arriesgar a mi pequeña. ¡Puedes creer que comenzó a llamarle Nessie! Sí, como el monstruo del lago Ness. —

Tenía que admitirlo el apodo que le había puesto el chucho se me hacia de lo más interesante, y para nada lo hubiese relacionado con esa creatura de los cuentos de horror. Compararla con el monstruo del lago Ness, aquello tenía cierta coherencia, teniendo en cuenta que sus padres y el ex pretendiente de su madre eran seres mitológicos...

— Edward Anthony Cullen Masen ni se te ocurra llamar a mi hija como ese monstruo, ¿me oyes?
— Lo que tú digas amor. — Ella suspiró de modo audible, votando todo el aire acumulado de forma innecesaria de golpe.

—Cuando se cumplió un semana de estar convertida, le imploré a Jake que me dejase ver a mi bebe, no entendía ese enfermizo afán que tenía mi amigo por protegerla. ¡Yo era su madre! ¿Cómo podía insinuar que yo sería capaz de dañar a mi hija?

Finalmente accedió, pero no sin antes exigirme que me alimentase más que de costumbre, y como solía hacer desde que había llegado a ese lugar cacé, en compañía de Jake obviamente, ya que había sido él quien me había enseñado a hacerlo, no matando animales, pero si transformándose en lobo y fingiendo ser una presa, para que yo desarrollara de esa forma mejor mis habilidades. — ese chico de verdad estaba mal de la cabeza, pero aún así me sentía en deuda con él por haber estado cuando… cuando ella me necesitaba y yo le fallé.

— Ese día salí a cazar, estaba eufórica, no daba más de la emoción ¿Puedes tan sólo imaginar lo que significó para mi no ver a mi hija desde que dí a luz? Prácticamente era una desconocida, la vi una vez y me encontraba tan débil que ni siquiera recordaba sus facciones.

Jake quedó de acompañarme, pero se tardó más de lo usual por lo que me adelanté. Me encontraba bebiendo de un ciervo, entregada en un cien por ciento a mis instintos, cuando llegó a mí ese perfume, no pensé ni razoné. No me detuve a analizar mis acciones, ni medir consecuencias, no me importó si hombre o mujer, si había ancianos o niños, nada tuvo cabida en mis pensamientos más que la profunda e insoportable sed que me desgarraba la garganta.

No tuvieron tiempo de emitir gritos de horror que me distrajesen de mi cometido, ni siquiera les di la oportunidad de suplicar por su vida, como lo hizo alguna vez Laurent conmigo. La exquisita sangre caliente colmando mis entrañas era tan placentera que cegada por el deseo no caí en cuenta mis acciones. Disfruté de exquisita textura del líquido escurriéndose por mi paladar, fascinada ante el manjar que acababa de revelarme su existencia.

Cuando comprendí lo que había hecho ya era demasiado tarde, había drenado a una familia sin hacer distinción de edad ni géneros. — Un silencio sepulcral nos invadió a ambos. Quise romperlo, quise decirle que todo estaría bien, que con el paso de los años lo olvidaría, pero no pude. Sabía que, aunque viviese por una eternidad, los recuerdos estarías ahí, sus rostros, sus voces, sus gestos. Los de nuestra especie no olvidamos, pero si podemos distraernos y yo me encargaría de que la existencia de mi ángel fuese más llevadera, tal vez no sería fácil, pero junto a Carlie formaríamos una familia y ayudaríamos a Bella a salir adelante.

— Cuando Jake me encontró yo estaba estática, sin saber que hacer en medio de los cadáveres. Eran seis, los padres, el abuelo, y tres hijos, dos de ellos adolescentes y uno pequeño que no superaba los seis años.

Él no dijo nada, no hizo falta, ambos sabíamos lo que esto significaba, fue por esto que no opuse resistencia cuando el decidió que lo mejor era que me mantuviese alejada de Renesmee. Ese mismo día decidimos que fingiríamos mi muerte, ya que no existía la oportunidad de ver a Charlie en un futuro cercano
Utilizamos el cuerpo de la mujer para que fingiese ser mi cadáver. Alegando que había muerto en manos de un animal salvaje. Y a los pocos días fui testigo de cómo perdía a mi hija, esta vez por tiempo indefinido; se la entregaron a Charlie, siendo aquello una forma de dar paz a mi corazón. Al menos se encontraba con alguien de la familia.

Quisiera decir que esa fue la única vez que cedí ante mis impulsos, pero no, tal vez me volví más precavida, e intentaba no salir a cazar sin compañía. Pero los animales no eran suficientes para saciar mi sed.

No importaba que el humano al que acababa de asesinar fuese un abusador o un delincuente. Al fin y al cabo, yo no era mejor que ellos, me convertí una asesina desde el momento en que me volví una esclava de mis deseos.

Nunca fue premeditado, no solía salir a la ciudad en busca de presas en potencia. Simplemente se encontraron en el momento y lugar equivocado y decidieron que era buena idea abusar de su fuerza. Obviamente mi aspecto frágil e inofensivo me convertía en un blanco perfecto para abusivos sin escrúpulos. — un gruñido de indignación brotó de mi boca sin poder contenerlo. El sólo hecho de imaginar que cualquiera de esos insulsos humanos osara poner sus sucias manos sobre mi ángel me hacia arder de deseos por despellejarlos vivos, moler uno a uno sus huesos y repartir sus restos por los alrededores.

— ¿Jake estaba de acuerdo en que te alimentases de humanos? — pregunté atónito, no dando crédito de lo que Bella decía.

—No, él no estaba al tanto de mis deslices, así los llamaba yo. Y las pocas veces que se enteró, el pobre tuvo que hacer malabares para que no fuésemos descubiertos.

Finalmente, llegué a la conclusión de que no podía seguir así, nos arriesgaba a ambos y por mucho que lo necesitase tenía que intentar vivir sin sangre humana. Esto no podía superarme, y decidí que tenía que intentarlo, lo hice por ti, lo hice por mi pequeña, y lo hice por mí.

Porque aún fantaseaba con que en algún punto de la eternidad nos volveríamos a ver, teníamos a una hija, debía ser fuerte por ella, y eso fue todo lo que necesité para luchar.

Durante cuatro años me probé a mi misma, cada cierto tiempo salía de la reserva para divisar a mi angelito desde lejos. No sabes la dicha que me embargó cuando comencé a notar sus cambios, por imperceptible que parezcan uno a uno los fui grabando en mi memoria, adoraba su cabellos. Me recordaba tanto lo hermoso que eras, no terminaba de convencerme de como habíamos conseguido crear un ser tan perfecto.

Jamás olvidaré cuando dio sus primeros pasitos, aún no decía sus primeras palabras y ya había aprendido a andar. Y así fue pasando el tiempo, los meses se volvieron un verdadero martirio, rogaba por que el tiempo no pasase tan rápido. ¡No quería perderme más etapas en la vida de mi hija! Sin embargo, no podía hacer nada para impedir el paso de los días, sobre todo cuando había vuelto a ceder.

Finalmente, una mañana salí de la reserva y me encontré con la noticia de que mi padre había muerto, como imaginarás mis visitas no eran muy seguidas. Por lo que enterarme de su muerte fue un golpe demasiado duro, sobre todo porque Billy y Jake me lo ocultaron, era obvio que ellos estaban al tanto de la situación, y aun así guardaron silencio.
Ellos argumentaron que no conseguirían nada diciéndomelo, sólo causarme más dolor y aflicción, mal que mal no podía presentarme en su funeral si se suponía que había muerto. Sin embargo, había otro motivo detrás de su silencio, uno que a Jake le dolía aceptar, uno que a Billy le avergonzaba reconocer.

Mi hija… ¡¿Dónde demonios se encontraba mi hija?!

— Debo reconocer que nadie se espero una reacción tan serena de mi parte, ya que sólo asentí y me encerré en mi habitación. No puedes imaginar la paz interior que se apoderó de mi frío cuerpo al comprender que mi cielo se encontraba en compañía de su padre.

Todo dolor por la perdida del mío, toda inseguridad y terror por el futuro de mi niña, toda inquietud posible fue aplacada por una sensación de bienestar que me indicaba que todo estaría bien, que debía tener fe. Tú estabas cerca y mejor aún, te encontrabas en el lugar que te correspondía por derecho, estabas al cuidado de mi hija, nuestra hija.

— ¿Debo asumir que los Black se esperaban que destrozases su humilde casa por que tu hija se encontraba en manos de un vampiro?

— Más bien, ellos esperaban que iniciase la tercera guerra mundial, por que todo cuanto sabían era que te había dejado. Nadie supo jamás los motivos, ni siquiera mi padre. — no pude evitar suspirar. Aún me dolía haberme alejado de mi esposa, aquello era una herida que tardaría en cicatrizar, pero sanaría.

— Este año fue por decirlo así menos infernal, me era imposible verla siquiera desde lejos por temor a que Alice me viese en sus visiones. El permanecer en la Push no sólo me garantizaba encontrarme a salvo, sino también me aseguraba mantenerme al margen de tu familia y de ti mismo.

No quería que me vieses, no cuando me sentía indigna de ser recibida por mi esposo y mi hija, era demasiado grande mi vergüenza, y la culpa… sigue siendo más de lo que puedo soportar. Sin embargo, puedo decirte que si me encuentro aquí es porque llevo seis meses limpia, libre de cualquier contacto con sangre humana. No te mentiré podría ser un año, pero cierto día me vi en la obligación de salir al pueblo en busca de medicinas para Billy, y quise evitarlo ¡Dios sabe que traté! Pero, al ver a esa chica tan indefensa… ¡Demonios! Ni siquiera había anochecido y ese infeliz intentaba propasarse con ella.

No lo dude un segundo y a una velocidad lo suficientemente rápida para que ella no comprendiese que había pasado me dirigí hacia el bosque con ese maldito humano entre mis brazos.

Fuera de eso no he tenido otra recaída, y eso nos lleva a hoy.

Edward, no puedo asegurarte que no fallaré, ni prometerte que me comportaré a la altura de la situación, solo puedo asegurarte que anhelo con todo mí ser intentarlo, quiero ser la mejor esposa para ti, quiero ser una buena madre para Carlie, pero no sé si sea capaz.

¡Ni siquiera se si puedo estar a menos de dos metros de mi hija!
Me aterra la sola idea de que mi presencia pudiese suponer un peligro para ella. Si consideras que aún es demasiado pronto puedo volver a la Push, sé que Jacob no pondrá objeción, sólo quiero lo mejor para todos… Tal vez podríamos vernos los fines de semanas, y de esas forma me mostrarías fotos de ella o — no soporté más sus estúpidas suposiciones y la besé.

¿Cómo podía pensar en la sola idea de que la dejase partir?

Después de cuatro años privado de su compañía, alejado de su calor, de sus besos.

¿Cómo podría permitir que se alejase?

— Te Amo Bella, al fin te tengo de vuelta, y por ningún motivo te dejaré partir ¿Me oyes? — Ella no dijo nada, pero la hermosa sonrisa que se formó en sus labios me respondió en su lugar.

Mi ángel temía no sólo que la rechazara por sus caídas-lo cual se me hacia normal, no bueno ni digno de felicitaciones, pero era algo que se esperaba de un neófito-, también sentía vergüenza y culpa, pero lo que más le aterraba y la mantenía preocupada era el hecho de volverse un peligro para Renesmee, no podía esperar a que Bella conociese a Carlie, tal vez la había visto, pero a una distancia que no le permitía apreciar lo maravillosa que era nuestra hija, y hoy dentro de pocas horas mi mujer sería testigo del milagro que significaba tener una hija mitad vampiro. Porque estaba claro, Bella ignoraba por completo ese detalle, y más aun el hecho de que su sangre no fuese para nada tentadora.

— Acompáñame— pedí mientras la tomaba de la mano y me encaminaba en dirección a la casa de mis padres.

— ¿A dónde?

— Vamos a ver a nuestra hija.
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Niñas queda pendientee el finaaL para el lunees asii qe no se me desesperen jajaja besitooss(k)