Dark Chat

jueves, 14 de julio de 2011

Conociendonos Otra Vez

Hello mis angeles hermos!!
Aqui le dejo vicio , por fiss chicas comenten no sean asi de malas , jajajaja a leer se ha dicho mil besitos a todas.
Angel of the dark

CAPÍTULO XIII

BELLA POV

Santa mierda, yo, princesa de los vampiros jajajaja, el vampi gay me está gastando una broma ¿cierto? ¿cierto?. Miré alrededor y todos los vampiros estaban serios, mierda nadie reía del chiste, parecían muy convencidos de lo que había dicho Aro, excepto los Cullen, Tanya y Dimitri, ellos estaban como en shock, jajaja, si pudieran ver sus caras parecían que hubieran comido caca de perro jajajaja.

- es una broma ¿cierto? Yo tengo de princesa lo que Tanya tiene de señorita jajajaja,- me reía porque nada tenía sentido y estaba hasta el tope de nerviosa.

- No preciosa, no es broma, eres la princesa de los vampiros, desde que has nacido llevas la responsabilidad de unir las razas, de crear un lazo indestructible entre los humanos y los seres mitológicos como los llamas tú, monstruos como los llamo yo – cada vez estaba más perdida

- No entiendo nada, soy humana, nada especial, nada importante

- Ese es el concepto que sólo tú tienes de ti, nadie que te conozca opina lo mismo, las personas que te conocen te aprecian y quieren al instante, tanto humanos como los de las demás razas, como dije anteriormente naciste para hacer la diferencia, para crear lazos y casi sin darte cuenta ya los has creado, te has unido a los vampiros y su mundo, cuando Edward te dejó pudiste revelar el secreto por rabia, por dolor, por venganza, pero no lo hiciste, mantuviste el secreto de nuestra raza, nos protegiste como nadie antes lo había hecho. Después conociste la verdad de los hijos de la luna, la manada de lobos amigos tuyos, nuevamente creaste un lazo con ellos, para ellos eres tan importante como para nosotros, ellos te defienden, darían su vida para protegerte y ni siquiera saben el motivo de esa unión hacia ti, incluso un lobo se ha enamorado de ti Isabella, un amor inmenso, tanto que prefiere que seas feliz con un vampiro a verte sufrir nuevamente, nuevamente ese lazo creado ha unido a vampiros y lobos para defenderte, para estar a tu disposición, si algo te amenazara las dos razas se unirían para protegerte, morirían en el intento, eso ya deberías saberlo y tú morirías por ellos, ya ofreciste tu vida por Edward y por todos los Cullen, eso te hace una persona única, una persona maravillosamente especial – no sabía que pensar, la cabeza me daba vueltas, el mareo y las nauseas arremetían con fuerzas y estaba a punto de desplomarme, pero me armé de fuerza, quería escuchar atentamente toda la información, aún no lo creía posible, pero si ellos estaban convencidos y eso nos salvaba, bueno podría fingir que me creo el cuento de la princesa.

- ¿alguna pregunta? – preguntó Aro

- Por supuesto, hay muchas preguntas – contestó Edward que no me quitaba la vista de encima, le dediqué una pequeña sonrisa, pero él estaba tenso y no me correspondió

- Pregunten y en lo posible contestaré

- Bueno, Bella es humana y para ser princesa vampiro ¿no debería convertirse primero? – preguntó Carlisle

- La verdad es que no, bueno, lo que pasa es que ella podría haber escogido ser la princesa de los vampiros, la de los lobos o la de los ángeles, pero siempre supe que iba a escoger un vampiro – ok, esto es mucho ¿ángeles? De donde mierda han salido los ángeles en este puto embrollo

- ¿Ángeles? – dije

- Si, ángeles, la verdad es que conoces a unos cuantos ángeles, ellos también te han cuidado y han esperado pacientemente tu elección, los únicos que no saben de tu verdadera naturaleza son los lobos, pero en este momento se están enterando, he mandado un emisario para que el Alfa de la manada se reúna con nosotros, al igual que el ángel a cargo de tu bienestar

- ¿quién es el ángel? – era humana y curiosa y obvio que tenía que preguntar

- Benjamín, si, ese es el nombre de tu ángel guardián – jadee por la sorpresa, Benjamín un ángel, esto era mucho y casi sin darme cuenta todo se volvió negro.

BELLAAAAA, escuchaba la voz de mi Edward llamarme desesperado, pero la oscuridad me tenía bien sujeta sin darme chance de moverme, hablar y de volver en si, me sentía atrapada, con el cuerpo pesado y la cabeza abombada de diversas imágenes : princesas, vampiros, lobos ángeles, era mucho, mucho para mi, pero debía recuperarme, Edward me necesitaba, necesitaba saber que me encontraba bien, que superaría todo para estar nuevamente con él.

No se cuanto tiempo llevaba en la oscuridad, pero de pronto ya no me sentía tan pesada, además tenía un hambre atroz, me comería lo que me pusieran por delante y más. Todo estaba en silencio y yo necesitaba escuchar la dulce voz de Edward, lo necesitaba para salir de la oscuridad, para volver a abrazarlo, besarlo y saber que era mío, solamente mío.

- Bella, por favor mi niña despierta, no me hagas sufrir más cielo, abre tus ojos, necesito verte bien, la vida no es hermosa si no puedo verme reflejado en tus hermosos ojos, regresa a mi, pequeña golfa – ok, hasta ahí la cosa iba bien, todo romántico y necesitado y me sale con lo de pequeña golfa, mmm, cabrón de mierda, aunque me encanta que me diga así, pero debería seguir la línea cursi, nahhhh, es mentira, me encantó que me llamara pequeña golfa, pero carajo ¿por qué mierda no despierto?, estoy perdiendo tiempo de calidad con mi vampiro preferido, en vez de estar vegetando como una estúpida debería estar haciendo el amor con mi vampiro caliente, carajo, hasta para eso estoy teniendo mala suerte, yo toda caliente y necesitada de la polla de Edward y no soy capaz de abrir los putos ojos o los putos labios para decirle que estoy bien y que puede empezar a violarme de una maldita vez ¿ es que acaso no entiende que cada vez que lo tengo cerca, cada vez que me habla como lo está haciendo ahora, cada vez que siento su dulce olor me lo quiero follar?, mierda, quizás estoy muerta y no podré follarme a Edward nunca más, mierda, mierda y más puta mierda ¿el vampi – gay me habrá matado?

- Mmm, ¿Bella?, carajo, me estás oyendo y estás caliente, estás toda sonrosada, abre los ojos de una puta vez Bella, se que me estás escuchando, yo todo preocupado y tú no quieres despertar a pesar de estar toda caliente – carajo, ahora me regaña, claro que puedo escucharlo si lleva no se cuanto tiempo lloriqueando y babeándome encima, pero debería entender que si pudiera moverme o despertar ya lo habría hecho para darme el lujo de patearle el trasero por regañarme, ufff, como dije antes, maldito vampiro cabrón.

No desperté, y ahora estaba bastante molesta ¿o sea Edward cree que estoy jugando? ¿Qué me estoy tirando una cura de sueño por que se me dio la puta gana?. No se cuantas horas o días llevaba sumida en la oscuridad, pero seguía oyendo a Edward a mi lado y también a los demás Cullen. Me daban apoyo y me cuidaban en mi letargo. Escuchaba las estúpidas bromas de Emmett y me moría por carcajearme de su humor macabro y desubicado cuando escuché la voz de Aro.

- ella está bien, sólo cansada, ha sido mucha la información que ha recibido y debe procesarla a su tiempo, ella es sumamente especial, mucho más allá de lo que todos creen saber, ella es fuerte, muy fuerte y en este momento está luchando para aceptar su destino.

- ¿estás seguro Aro?, lleva muchas horas inconsciente y está tan pálida, más de lo normal – Edward como siempre preocupado

- Si Edward, en cualquier momento ella despertará, estoy seguro – después de eso sucumbí nuevamente a la oscuridad y ya no podía oír nada.

Poco a poco fui emergiendo de la nebulosa y empecé a abrir los ojos, todo estaba oscuro y sentía la garganta seca y además me moría de hambre. Casi sin darme cuenta Edward se materializó a mi lado

- Oh Bella, por fin despiertas amor, me tenías muy preocupado cielo ¿estás bien? ¿necesitas algo?, contesta por favor amor

- Ten… tengo sed y hambre

- Enseguida – en segundos ya tenía frente a mi un vaso de agua y variados platos de comida en una bandeja que Edward puso en la cama, lentamente me incorporó y me dio de beber

- ¿estás mejor?- Si, gracias- Ahora deberías comer Bella, llevas tres días inconsciente, nos tenías a todos muy preocupados

- Lo siento….

- No te disculpes, todo lo que ha pasado ha sido mucho para ti, no puedo creer que Aro te soltara toda esa información sin preocuparse de lo que te podía suceder

- Edward ¿tú sabías todo lo que ha dicho Aro?

- No Bella, no sabía y nuestra familia tampoco, Aro ha dicho que sólo él sabía toda la verdad, algunos lo sospechaban, pero él quería estar totalmente seguro antes de dar la información, aún no hemos conversado todo, estábamos esperando a que estuvieras lista, pero si no lo estás te aseguro Bella que te saco de aquí y seguiremos con nuestros planes y nos olvidaremos de todo esto

- ¿estás loco? ¿crees que alguna vez olvidaré todo lo que ha dicho Aro?, todavía me cuesta procesar todo, además ha dicho que Benjamín era un ángel ¿es cierto Edward?

- Eso ha dicho Aro, como te dije no hemos vuelto a conversar, pero eso explicaría muchas cosas, entre ellas la forma tan afortunada que tuvo de aparecer justo en el momento en que te ibas a lanzar por el acantilado y la manera en que trata de protegerte, aunque esto último no lo haya hecho nada bien

- ¿sabías lo del acantilado?

- Si cielo, pero después hablamos de eso, ahora debes comer y recuperar fuerzas.

Después de comer Edward insistió en que siguiera descansando, pero joder había dormido por tres putos días, no podía seguir acostada, así que entre quejas Edward me llevó hacia el salón nuevamente donde estaban los vampiros reunidos.

- Bella antes de entrar al salón debes saber que Sam y Jacob se encuentran en el salón esperándonos, además está Benjamín

- Oh dios, Edward no puedo, no puedo enfrentarme a todo esto ahora, me da miedo lo que Aro tiene para decir, se que faltan cosas que hablar, pero me da miedo, no quiero ser especial Edward, quiero seguir siendo yo misma, quiero casarme contigo, quiero que me conviertas y ser feliz a tu lado por toda la eternidad, no quiero nada más

- Lo se amor, pero para que ese futuro llegue debes enfrentar esta prueba, yo estoy a tu lado, nunca me alejaré de ti, cuando acabemos de hablar y dejar todo zanjado nos iremos, nos casaremos y follaremos una semana entera antes de trasformarte

- Tonto no me tientes, sabes que mi autocontrol no existe a tu lado

- Vamos Bella

Me condujo los últimos metros y me moría de miedo, sabía que algo grande faltaba por saber, además de encontrarse Benjamín allí, creo que nunca podré reponerme del hecho de saber que es un puto ángel ¿por qué mierda nunca me dijo la verdad?. Bueno ya es tarde para eso, ahora lo se, lo he aceptado, pero me sigue molestando que me haya mentido por tanto tiempo.

Al entrar al salón todos me miraron y yo a la vez barrí mi mirada por todos lados hasta que encontré la mirada de Sam y Jacob, me sonrieron y me sentí un poco más tranquila, miré hacia los Cullen y también me sonrieron dándome ánimos y confortándome, Edward me abrazó posesivamente y me besó la coronilla, justo en ese momento lo vi, Dios era tan hermoso, nunca lo había visto así, Benjamín estaba a un costado y resplandecía, literalmente resplandecía, y joder, sus alas extendidas era lo más lindo que había visto, bueno después de Edward obviamente, nada se comparaba con la magneficiencia de mi vampiro cuando brillaba a la luz solar o cuando me follaba, o cuando…. Ya Bella concéntrate, miré nuevamente a Benjamín y me regaló una sonrisa amistosa, pero atormentada y triste, me dio mucha pena que estuviera sufriendo, pero yo amaba a Edward, siempre lo supo, además él me había mentido, si yo hubiera sabido que era otro ser mitológico, nunca, pero nunca hubiera tenido una relación con él, en ese tiempo yo escapaba de toda mitología y me aferré a su amistad y su amor, pero él se acercó a mi con falsedad, me engañó, además sabía de Edward, carajo él sabía que Edward era un vampiro.

- ¿lo sabías verdad?, sabías que Edward era un vampiro, sabías que yo estaba escapando de todo lo mitológico y aún así me engañaste, te hiciste pasar por humano sólo para engañarme – espeté con furia hacia Benjamín

- No, no es todo así Bella, verás desde que tú naciste he estado a tu lado, siempre he sido tu ángel guardián, siempre en las sombras, siempre velando por ti, cuando conociste a Edward sentía tu emoción por él, siempre he sentido tus emociones en mi corazón, siempre te he amado, desde que naciste te amé con toda mi alma, pero no tenía permitido revelarme ante ti, no era tiempo y cuando conociste a Edward supe antes que tú que lo amabas y que lo amarías siempre, te conozco mejor que nadie y se que nunca has dejado de amarlo, pero cuando él te dejó sentí la esperanza de que sería mi tiempo, él te abandonó, te dejó destrozada, pero te refugiaste en tu amigo Jacob y él también se enamoró de ti, no te puedes imaginar el dolor que sentí, claro que nada se comparaba con el dolor de saber lo mucho que amabas a tu vampiro, pero igualmente sentía dolor, pero cuando te vi en el acantilado y vi lo que pensabas hacer recibí la orden de intervenir y así lo hice. Siempre te había amado como lo que soy, como un ángel, pero al convertirme en humano te amé como tal, como lo sigo haciendo, pero siempre supe que ese amor no era para mi, siempre fue él, siempre fue Edward.

- ¿Por que callaste, por qué nunca me dijiste nada?

- No lo tenía permitido, además no quería que te alejaras de mi, si lo hubiera hecho me hubieras dejado y no estaba preparado para hacerlo, lo siento he sido demasiado egoísta

- No me gusta que me mientan, pero supongo que si acepté que todos ustedes sean seres mitológicos, supongo que me repondré de tener un amigo ángel – no podía decir nada más, no estaba lista para nada de lo que estaba pasando, pero ya había decidido a darle frente a todo y nada podría ser peor que esto ¿cierto?, nada podría ya sorprenderme, si ahora me decían que el puñetero de Mike Newton era un jodido duende, lo aceptaría en el club.

- Bueno, ahora que se ha aclarado eso ¿Bella cielo estás lista para lo demás? – Aro me miraba entusiasmado y yo estaba aterrada

- Si – dije débilmente, pero nuevamente Edward me reconfortó con uno de sus abrazos, me sumergí en su dulce aroma y estaba un poco más tranquila para enfrentar el resto de la verdad

- Querida Isabella como ya sabrás eres la princesa de los vampiros, has nacido para la unificación de las razas a través de lazos de amor y hermandad, a través de ti, nuestras razas están en paz como antes nunca lo estuvieron, gracias a ti nunca más habrá guerra entre nosotros, además has escogido a un vampiro para amar y para ser su compañera toda la vida, aunque eso siempre estuvo escrito, siempre supe que escogerías a un vampiro, siempre supe que ese ser especial que tanto habíamos esperado era para alguien de mi especie – no entendía nada ¿cómo sabría él que me enamoraría de un vampiro?

- Si te estás preguntando cómo lo se, se los explicaré a todos ahora mismo, nadie de los presentes sabía de la profecía excepto yo por supuesto, el vampiro que me entregó la información murió, pero antes de morir me entregó la profecía

Cuando septiembre nazca

La luz de esperanza renacerá

Cuando septiembre respire

El amor nacerá

Cuando el chocolate se funda con la miel

La paz se regocijará

Cuando el caballero sin alma sienta su corazón latir

La humanidad respirará

Y cuando la princesa entregue su alma al caballero

La verdad se sabrá

La princesa y el caballero su prole heredará

Una niña para la luna, un niño para la oscuridad que ya no será oscuridad y otra niña para el cielo

sólo así la guerra y el dolor terminará

y los corazones rotos sanarán

Estaba analizando, yo era Septiembre, es la fecha en que nací, entendí perfectamente que yo era chocolate y Edward miel, también entendí que Edward era el caballero sin alma y yo la princesa, pero ¿de dónde carajos sale la prole?.

Miré a Aro reticentemente, o sea los vampiros no tienen hijos, eso lo se perfectamente, tonta no soy, además no pienso acostarme con un humano para quedarme embarazada, la profecía que se fuera a la mierda, nunca engañaría a Edward, nunca.

- se lo que estás pensando Isabella, lo veo en tu mirada y antes que nada tengo que decirte que la prole ya viene en camino, ya está creciendo en tu vientre, las vampiras no pueden tener hijos, pero tú eres humana y tu corazón, tu alma y tu cuerpo ha sido creado para amar a los vampiros y para a coger en tu seno a los hijos de tu caballero, sólo tú puedes hacerlo realidad, por supuesto que antes se ha tratado de hacer, pero nunca con la mujer indicada, ellas morían al momento del parto, pero tú vivirás, verás tus hijos crecer, enamorarse y casarse, uno con cada raza, eso son los lazos que estás creando en este momento en tu vientre.

- No, no es posible, ella noooo – gritó Edward encolerizado

- Si es posible, lo supe apenas la vi llegar, ella lleva a tus hijos en su interior

- Ella puede morir, no dejaré que ella muera, debo deshacerme de los monstruos antes de que maten a mi Bella – Edward gritaba, se paseaba como león enjaulado y se mecía los cabellos fuertemente

- Ella no morirá, ella es fuerte, su cuerpo fue hecho para esto, para ti y para esos hijos que pronto nacerán, nunca te preguntaste como es que no la mataste cuando la hacías tu mujer, ninguna humana podría resistir el amor de un vampiro, ellas siempre mueren al final de la cópula, Isabella está viva y se que no has sido un caballero en la cama, ella debería estar muerta y no lo está.

Yo seguía mirando sin decir nada, la cabeza me daba vueltas ¿estaba embarazada?. Como si mis hijos me hubieran escuchado, sentí un golpecito en mi panza y al tocarla me di cuenta de que estaba levemente abultada y dura, sentí otro golpecito y mis lágrimas empezaron a caer, Dios, estaba embarazada, tendría hijos de mi Edward, hijos que serían entregados…. Joder mis hijos se casarían, todavía no nacen y su destino ya está escrito, una hija para la luna, eso sería una hija para los lobos, un hijo para la oscuridad, o sea para una vampira y otra hija para el cielo, para un ángel, puta madre mis hijos todavía no nacen y ya tiene prometidos ¿yo con tres hijos?.

Las nauseas se hicieron presentes y cuando Edward volteó a verme no pude evitar y vomité.



martes, 12 de julio de 2011

Vida : Dulce Inmortalidad

Capítulo Décimo Cuarto: El Viaje

Hoy sería de él para siempre y por siempre, le pertenecería en cuerpo y alma, por fin se cumpliría mi sueño, compartiríamos la eternidad juntos, tal y como lo había deseado desde el primer minuto que lo había conocido. Pero era satírico que el día más feliz también fuera el más triste de todos, no tendría a mis padres para compartirlo, los recuerdos de mi visita a Forks era un puñal que se enterraba cada vez más en mi corazón a medida que el gran momento se acercaba. Estaba parada frente al espejo contemplándome, mi cuerpo blanco como la nieve estaba enfundado en un precioso vestido de novia color marfil, mi cabello estaba estratégicamente tomado, al observar mi reflejo había descubierto otro talento de Alice, ella podía hacer magia. Me había transformado en una princesa, como las de los cuentos de hadas, y ese día por fin mi príncipe azul vendría en su enorme caballo blanco a buscarme y seriamos felices por siempre.

Mis manos temblaban, el ambiente era extraño, incluso me parecía etéreo, como cargado de cierto misterio. Me acerque al espejo y constate que un riso estaba colgando de mi cabello – Alice va a matarme – susurre tomándolo entre mis manos para volverlo a su sitio, pero lo único que conseguí fue desarmar todo el aparatado peinado que ella misma había realizado hace un par de horas atrás, mire el reloj en la pared y entre en pánico cuando me di cuenta que tenia escasos 10 minutos antes que mi dama de honor entrara por la puerta y me gritara por el desastre que había causado a su obra maestra, estaba tratando de tomarlo nuevamente en la misma forma que lo había hecho Alice cuando sentí que alguien golpeo la puerta, de mis manos refalaron las orquídeas que trataba de ponerme y casi perdí el equilibrio del susto.

Puedo pasar – susurro tímidamente Rosalie

Claro pasa. Conteste no muy segura.

Deja yo te ayudo. Me dijo mientras me tomaba de entre los dedos las orquídeas amablemente, yo sonreí nerviosa, me senté en la silla que ella había puesto para mi y observe su reflejo mientras trataba de arreglar lo que yo había arruinado. – no te preocupes… es normal estar nerviosa, sobretodo cuándo es la primera vez – me dijo mientras me sujetaba el cabello de la misma forma que lo había hecho su hermana con una gracia única para las Cullen – listo – dijo mientras apoyaba sus manos en mi hombro.

Gracias.

Era extraño ver a Rosalie tan amable conmigo, supuse que esto de las bodas a todas las mujeres nos pone un poco melancólicas y románticas.

Era casi de noche, el sol había apagado sus rayos y yo bajaba la escalera de la mansión para dirigirme al patio trasero donde se desarrollaría la ceremonia. Tenia entre mis manos el hermoso bouquet de rosas rojas, una ironía según Alice pensando que el color era casi de un sangre encendido. Al llegar al último escalón me encontré con Emmett, quien vestía un hermoso traje negro, con una rosa roja en su solapa, me ofreció el brazo y yo lo tome, caminamos sin decir nada hasta la puerta corredera que ahora estaba abierta y que oficiaba de umbral. Había ramos de rosas regados por toda la casa, adornando de una manera espectacular y pequeños faroles encendidos iluminaban el ambiente, mostrando sutilmente el camino hacia el altar donde se encontraba un nervioso Edward, no quise mirar directo hacia allá porque sabía que me contraria con aquellos ojos dorados y esos eran los últimos que quería observar. Miré a Alice quien me arreglo la cola e íbamos a comenzar a caminar cuando sentí que Emmett se detuvo en seco, miré confundida a mi lado y me quede en estado de shock cuando vi a mi padre parado a mi lado ofreciéndome el su brazo, al principio no supe como reaccionar, sus ojos estaban llenos de lagrimas, hubiera querido abrazarlo pero su presencia ahí me había tomado con la guardia baja, me señalo con el dedo índice el frente y vi como mi madre me saludaba desde la ultima línea. Eran demasiadas emociones para mi en ese momento, incluso pensé que era un sueño, mis padres estaban ahí en el día más importante de mi vida, fue entonces cuando levante la vista hacia Edward, aquellos ojos color oro resplandecían, estaban sonriéndome de la manera más dulce y romántica que jamás había imaginado lo miré confusa pero el pareció no percatarse. De pronto se sintieron los acordes tradicionales para que la novia haga su entrada, como un acto reflejo camine por el pasillo del brazo de mi padre, cuando llegamos hasta donde se encontraba Edward, mi padre tomo mi mano y la puso sobre las de Edward, la sensación que sentí fue como si mi corazón se paralizará. El sonrío y tomo su lugar en la primera fila, yo me giré hacia Edward y le susurre al oído.

Gracias.

No es a mí a quien debes agradecerle, sino a tu dama de honor. Respondió este suavemente. Voltee mi vista a Alice y esta se encogió de hombros, fue ahí cuando entendí porque había insistido tanto en dejarme sola vistiéndome, no era una nuestra de confianza, había ido a recoger a mis padres al aeropuerto. Le estaría eternamente agradecida por ello, si había alguien que podría haber convencido a Charlie esa era Alice.

En toda la ceremonia estuve ausente, mi mente estaba lejos, por un momento pensé que mi alma había abandonado mi cuerpo y vagaba sobre aquel escenario que era mi boda, me dedique a mirarlos a todos, aun no podía creer que mis padres estuvieran ahí por lo que verificaba cada medio segundo, como temiendo que desaparecieran, mi madre me miraba insistentemente preocupada y me sugería que cambiara mi vista hacia el frente, de hecho estaba tan concentrada en observarlos que no escuche cuando el oficial me pregunto lo evidente, solo aterrice en la tierra cuando sentí las manos de Edward que me giro la vista para mirarme.

¿Cariño? Me pregunto nervioso, como si no fuera evidente mi respuesta, acaso alguien en aquella ceremonia podía dudar que mi respuesta fuera otra diferente a un - sí acepto - me quede mirándolo unos segundos diciendo en mi mente una y otra vez mirando aquellos ojos dorados, hasta que Alice se inclino a susurrarme al oído.

No todos leen la mente Bella, y considerando que el único que puede hacerlo no lo puede hacer contigo, te sugiero que lo digas en voz alta.

Absolutamente sí… dije estrepitosamente, cuando sentí las risitas supe que había salido más fuerte de lo normal - sí acepto – volví a decir ahora sí en tono un poco más sutil, al menos para que me escuchará el oficial que sonrío.

Sin duda la fiesta duraría más de lo habitual considerando que la mitad de los invitados no tenia la incomoda necesidad de dormir. Pero nosotros teníamos un vuelo que alcanzar, por lo que habíamos abandonado la fiesta pasada media noche. A penas pudimos registrar las maletas cuando ya estábamos al interior del avión, miré por la ventana y aún no tenia muy claro donde nos dirigíamos pero mi atención estaba enfocada en otra cosa, deslice mis manos sobre el pasaporte que tenia abierto, era extraño que mi apellido ahora fuera Cullen.

¿Cómo es que tengo ya un pasaporte con tu apellido, si apenas hace un par de horas firmamos el acta de matrimonio? Pregunte a Edward mientras cerraba el documento y lo metía a mi bolsa de mano

Digamos que Jasper tiene contactos muy eficientes.

Interesante. Dije mientras volvía mi vista a la ventana.

Cuando vi a la auxiliar de vuelo entregando almohadas y frazadas supe que me esperaban muchas horas de viaje, así que cerré mis ojos, ese día había sido el más emocionante de mi vida, por fin mi cuento de hadas estaba completo, había tenido la boda más hermosa que alguien pudiera haber soñado, mis padres habían estado conmigo aquel día y ahora viajaba a mi luna de miel con mi amado esposo, temblé al pensar esas palabra, Edward finalmente era mío, que podría salir mal de ahora en adelante pensé.

¿Italia? Le pregunte incrédula cuando sentí que la voz por alto parlante anunciaba que habíamos aterrizado en el aeropuerto de Galileo Galilei.

Te va a encantar.

Habían sido sus palabras mientras rozaba mis labios dándome un beso, cuando salimos del aeropuerto y lo vi subirse a un automóvil entre en pánico, aún teníamos que viajar.

¿Y ahora a donde vamos?

A Volterra. Me respondió mientras me abría el lado del copiloto para que yo entrará. Que tenia de especial Volterra que no hubiera tenido Hawai pensé.

El camino no fue muy largo, pero había quedado con la boca abierta al ver la enorme cuidad amurallada, esos edificios de la época etrusca habían conseguido atrapar mi atención. Europa era hermosa, pero nada comparado con esto, aunque en realidad no podía comparar porque este era mi primer viaje al extranjero. Mayor fue mi sorpresa cuando lo vi alejarse del centro de la ciudad, y me quede con los ojos abiertos como plato cuando estaciono frente a un enorme portón de metal, acaso íbamos a alojarnos en un castillo. No alcance siquiera a preguntar cuando se abrieron las puertas y el acelero. El paisaje era deslumbrador un camino de un par de kilómetros terminaban con una enorme construcción, si era un castillo donde nos dirigíamos corroboré. Era casi medio día y el sol estaba en todo su esplendor, cuando baje la ventanilla mi piel dio un brillo estridente que casi me cegó, era maravilloso poder sentir el sol en mi piel sin tener que preocuparme que hubiera testigos a la redonda, esa libertad era impagable.

¿Ahora entiendes? Me dijo sonriéndome mientras aceleraba el vehiculo.

Después de esto era imposible que algo me sorprendiera más, pero no había contado con la escena que presenciaría en un par de minutos. Mi mano se escondió casi inmediatamente cuando divise que no estábamos solos en aquel castillo, había cinco personas esperándonos en las escaleras, todos uniformados, por lo que pude darme cuenta que esos eran los empleados de servicio.

No te preocupes. Me dijo Edward mientras bajaba del auto, yo inconcientemente me abalance para evitar que se bajará pero ya era demasiado tarde. Dudosa lo seguí.

Buenas tardes Señora Cullen. Me dijo una amable anciana mientras me tomaba mi bolso de mano, aturdida se lo entregue. Sin excepción nos miraban como si fuéramos dos perfectos humanos, no les parecía importar que nuestra piel brillara como diamante. Tome la mano de Edward, quien la sostenía en el aire.

Ellos saben? Pregunte incrédula mientras entrábamos a la casa, el movió su cabeza asintiendo. Me quede un momento parada en la entrada, contemplando la preciosa arquitectura que tenia frente a mi y una idea cruzo por mi mente. ¿No es tuyo verdad? pregunte titubeante

No…es de Carlisle.

¿Por que? Me pregunto confuso cuando vio que mi expresión era de desilusión.

Toda princesa tiene un castillo. Confesé mientras entraba.

Si quieres uno puedo comprártelo. Sugirió mientras yo miraba al techo, no podía creer lo que mis ojos estaban mirando, el techo estaba completamente pintado, si tenia razón toda princesa necesita un castillo. Pero lo miré incrédula cuando me percate de lo había dicho.

Vacile unos minutos antes de dar mi respuesta, su oferta era tentadora, a quien no le gustaría tener un castillo, pero la verdad tenia en mente otra cosa, y que me estaba resultando mas interesante que cualquier castillo que el pudiera comprarme.

¿Donde esta nuestra pieza?. Le pregunte en tono sugerente mientras me acercaba a su cuerpo. El soltó una risotada y me tomo en brazos para subir las escaleras a toda prisa, sin darme cuenta estaba dentro de una enorme habitación, había una cama antigua, como las de la época de la edad media, se acerco y me deposito con cuidado sobre ella, que estaba al centro y cerro la puerta tras él.

¿Resuelta tu inquietud? Me dijo seductoramente mientras se acercaba, como me fascinaba las sonrisas que Edward podía dar, era impresionante que él no se percatará el poder que podían tener estas sobre mí o en realidad sobre cualquier mujer en el planeta. Se tendió en la cama al lado mío sobre su hombro apoyando su cabeza con una mano, vi como su mano libre se acercaba y la deslizaba por mi rostro, yo cerré mis ojos a su contacto.

Supongo que sí. Respondí con un jadeo que me avergonzó, aunque después de sentir a Edward acercarse a mi cuerpo y ver el deseo que reflejaban sus ojos supe que tendría que avergonzarme de mucho más cosas en las próximas horas.

domingo, 10 de julio de 2011

Hijo prodigo one shot By Triana Cullen

Hello mis angeles hermosos!!
Ya se me han de odiar por no dejar vicio en toda la semana , pero no me odien no lo hago por mala si no por falta de tiempo , ya saben que las amo infinitamente, aqui les dejo este one shot obra de nuetra querida y adorada Triana Cullen, les mando mil besitos y por fiss dejen sus comentarios al final.
Angel of the dark
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Me acogieron como al hijo pródigo. Era más de lo que merecía.

(Edward Cullen - Crepúsculo)

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Hijo Pródigo

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Esme se sentó, como cada noche, en el porche de su casa. Todos los días, a la misma hora se podía ver como salía de su casa, cerraba la puerta suavemente, y se sentaba en la pequeña escalinata de madera que estaba en el porche. Era como un ritual que ella seguía hacia cinco años y que seguiría haciendo siempre, hasta el día en que viera a su hijo volver.

Muchos vecinos curiosos, espiando escondido detrás de sus cortinas, se preguntan por qué esa mujer de excelente figura, rasgos angelicales, y una aparente vida perfecta de mujer casada con el médico del pueblo se sentaba todas las tardes, hasta muy entrada la noche, a mirar la nada con aire ausente y ademanes tristes, como si esperara algo o a alguien que nunca llegaba a su encuentro.

Algunos decían que lo hacía por simple excentricismo, otros rumoreaban que de madrugada la visitaba su amante, y otros, con menos imaginación y un poco más de sentido común, aludían al hecho de que el doctor Cullen trabajaba hasta tarde y ella le esperaba allí. Pero los más observadores, sabían que aunque Carlisle estuviera en casa ella salía sagradamente a la puerta de su casa y miraba las horas pasar esperando aquello que nunca sucedía.

Esme suspiró con pesadez mientras sentía las miradas curiosas de sus vecinos que veían como el ritual se repetía nuevamente. Algunos ya estaba aburridos de ver siempre lo mismo y buscaban un nuevo chisme que comentar, mientras que otros no se darían por satisfechos hasta que descubrieran qué era lo que aquella mujer de rostro dulce y ojos tristes esperaba.

Las horas transcurrían con lentitud exasperante. Los minutos parecían horas, pero nada de eso importaba. Esme seguiría esperando a que Edward, su hijo, volviera a su hogar.

Su hijo- Pensó con una sonrisa llena de melancolía.- Como le gustaría que él fuera su hijo de verdad, que ella lo hubiera cargado en su vientre durante nueve meses como a aquella criatura que había perdido al poco tiempo de nacida. Aunque el que Edward no fuera su hijo biológico no le impedía concebirlo como su hijo en todo el sentido de la palabra. Un hijo que se había marchado de casa a seguir su propio camino y que ella anhelaba que regresara.

Recordó sus palabras al despedirse y tuvo ganas de derramar aquellas lágrimas que estaban vedadas en su nueva vida como vampiro.

- Lo siento, Esme. Has sido como una madre para mí estos años, me has ayudado a mitigar el dolor de haber perdido a Elizabeth… pero… No sé cómo seguir el camino de Carlisle, no puedo…

- No te vayas, hijo… - Le rogó la mujer mentalmente y él hizo una mueca de dolor. No quería lastimar a su madre, a la única mujer que podría ponerle ese nombre después de Elizabeth.

- Soy un monstruo. No merezco que me quieras como a un hijo…

¿Qué no merecía que lo quisiera, lo amara, como a un hijo? – Pensó Esme. Que equivocado estaba.

Sus ojos melancólicos y la sonrisa triste que siempre lo acompañaban hacia que quisiera siempre estar pendiente de él, siempre preocupándose de los aspectos de su humanidad que parecían perdidos, pero que ella sabía que estaban allí, escondidos, enterrados en lo más hondo de su ser y que él no era capaz de distinguir.

Edward no se veía a sí mismo con claridad. Era la persona más noble, encantadora, generosa y decente que había conocido, junto con Carlisle, y esperaba que algún día él regresara y se diera cuenta de que no era un monstruo. Un monstruo no podría sentir amor, no podría sentir dolor… un monstruo no podría crear aquella maravillosa música que Edward creaba.

- Vamos, hijo. Vuelve, por favor. – Murmuró al viento, para luego tararear una canción lenta y triste que le había oído tocar en el piano, su piano, que aún estaba en un rincón de la casa, recordándole a ella y a su marido que una pieza de su familia estaba perdida en algún lugar del planeta.

Jugó con sus dedos como si tocara un piano invisible y siguió tarareando la triste canción, sin prestar atención a la sombra que se movía por entre los árboles del ante-jardín. Apenas hacía ruido y su respiración estaba algo acelerada, pero la sombra seguía pasando desapercibida.

Entonces, cuando la composición que Esme tarareaba estaba llegando a su fin una voz más grave pero igual de elegante y perfecta se le unió, transformando la melodía en una canción que rogaba un perdón.

Sólo le bastó escuchar la voz, su voz, para que Esme levantara la cabeza y sus ojos escudriñaran la oscuridad reinante. Su corazón, de haber podido, habría saltado de felicidad en su pecho. Era él, sabía que era él, su hijo, a pesar de que no pudiera verlo.

- ¿Edward? – Tanteó. No quería que huyera nuevamente, que se fuera de su lado, por eso habló con lentitud, con cuidado. – Edward, por favor hijo…

- ¿Mamá? – La voz parecía provenir del viento, pero en realidad era del joven vampiro de cabellos color bronce que estaba escondido entre los arbustos desde que había anochecido, debatiéndose entre pedir perdón y regresar con su familia, o seguir su camino solo, como él altaneramente ya había intentado, sin éxito alguno.

Si el corazón de Esme siguiera con vida, habría saltado de felicidad en su pecho cuando él pronunció aquella palabra que llevaba cinco años sin escuchar.

Se paró y caminó varios pasos vacilante siguiendo el eco de la voz, pero no avanzó mucho más, pues Edward salió de su escondite, como un niño pequeño que ha cometido una travesura y ha sido descubierto, o al menos esa fue la impresión que le dio a su madre adoptiva cuando lo vio avanzar con pasos cortos y la mirada gacha.

- ¡Edward! – Exclamó feliz, salvando la distancia que los separaba a gran velocidad y rodeando la cintura del vampiro con sus brazos. Él no supo como reaccionar, no estaba acostumbrado a las muestras de cariño, por lo que sólo atinó a envolver con sus brazos de hierro a la mujer que considera su madre en esa nueva existencia. - ¡Sabía que volverías, hijo! – Tomó su rostro entre sus finas manos y acarició las ojeras que enmarcaban unos ojos negros como la noche. – Te estaba esperando.

- Yo… lo siento. Nunca debí irme, mamá… Perdón, perdón. - Se aferró con fuerza al cuerpo de Esme y se permitió sollozar, no de pena, la pena y las culpas no se purgaban de esa manera, sino que con buenas acciones. No, sollozó porque después de cinco años había vuelto a su lugar en el mundo, junto a su familia. Se sentía en casa.

- No hay nada que perdonar. – Le dio un beso en la mejilla. - ¡Carlisle, Edward ha vuelto!

Un sorprendido Carlisle salió al porche de la casa y miró a su hijo abrazado a su madre y no dudó un segundo en correr hacia ellos y envolverlos a ambos en un fierro abrazo. No importaban los errores de Edward. Los hijos cometían errores y los padres los perdonaban. Y en este momento no había cabida para nada más que para la felicidad que embargaba a los tres vampiros que de ahora en adelante nunca más se separarían, pues eran al fin una familia.



lunes, 4 de julio de 2011

Muy Salvaje Para Ser dominado

Cap 3

Por un largo momento, Bella no movió un musculo ―no podía. En parte debido al inmenso


Hombre tendido encima de ella, y en parte debido a la conmoción de verse sumergida en el barro.


Otra vez. En este punto, se pregunto si alguna vez volvería a estar limpia y seca de nuevo. El barro


cubría cada centímetro de ella.


Girando la cabeza, vio el caballo huir por el camino, las riendas azotándose violentamente con


el viento.


―.Adonde va?


―A casa.


―A casa ―repitió ella, volviendo la vista hacia el.


Su rostro se cernía sobre el suyo, la mirada helada de sus ojos Verdes el único color en su rostro


Cubierto de lodo. Esos ojos la congelaron aun más, si eso era posible.


―Si, a varios kilómetros de aquí ―dijo mordiendo las palabras.


―Oh, genial ―exclamo. ―! Esplendido caballo el que tiene!


―No hay nada malo con Yago.


―.No? ―replico ella, sintiéndose temblar de rabia. ―El nos abandono.


―Con una bruja gritando en su espalda, apenas puedo culparlo.


―.Que tipo de caballo no puede soportar un poco de ruido? Un caballo de primera puede ir a


la batalla con los cañones disparando…


―Un cañón lo podía tolerar. Una arpía gritona es otra cosa.


Jadeando, empujo el gran cuerpo que cubría el suyo. La acción la obligo a hundirse aun mas en


la tierra húmeda y movediza.


―.Le importaría salirse de encima de mi?


―Con mucho gusto ―espeto, poniéndose de pie.


Con cierta satisfacción, vio que estaba tan sucio como ella. Le lanzo una última mirada


fulminante antes de girar y mirar a la distancia.


―.Adonde va? ―grito, luchando sin gracia por ponerse de pie ―a punto de desplomarse,


Cuando su tobillo derecho colapso bajo su peso. Su boca se abrió en un grito silencioso.


Rapidamente paso la mayor parte de su peso a su tobillo izquierdo y salto en un pie hasta que se


pudo estabilizar.


―El herrero puede prestarme un caballo ―dijo por encima del hombro, sin siquiera detenerse.


Ella alzo las increíblemente pesadas faldas, respiro profundamente y dio un paso adelante ―o mas bien, cojeo, decidida a seguir y no humillarse cayendo de nuevo. No era una tarea fácil.


Especialmente con su tobillo palpitando dentro de su bota.


Haciendo una mueca de dolor, lo ahogo e hizo un gran esfuerzo por mantener el ritmo. Su


respiración se hacia difícil y rápida a medida que movía sus piernas. Los latidos de su tobillo se


Intensificaban, cada pisada, una agonía.


La figura del hombre se alejaba cada vez más. El va a abandonarme.


Sus ojos ardieron. Un profundo sollozo broto en su pecho y ella lucho por continuar. Trago aire,


dispuesta a tragarse las lagrimas. No voy a llorar. No voy a llorar.


Y en ese momento, se sintió aplastada, golpeada por la vida ―su familia, la madre, cuyas cartas


eran raras y muy pocas, la nube de la pobreza cerniéndose constantemente sobre ella,


ensombreciendo cada movimiento y respiración. Y ahora él. Una bestia que no le importaba si él la


dejaba para ahogarse en el barro y la lluvia.


El aguijón en sus ojos se intensifico. Sin embargo, ella se condenaría si lloraba. Si sucumbía a la


debilidad. Se detuvo abruptamente. Alzando su rostro hacia el cielo, dejo que el diluvio de lluvia la


empapara, enfriando sus emociones en llamas.


―Camina ―grito el.


Ella bajo la cabeza para mirar su espalda, con ganas de arremeter. Hacer daño. De llorar sin


Control. Y eso, ella se negaba rotundamente a hacer.


En cambio, se dejo caer donde se encontraba, en medio del camino, como una pesada piedra


que se hundía hasta el fondo del lecho de un rio. Sin importarle sus guantes enlodados ―.que parte de ella no estaba cubierta de inmundicia?, ―se cubrió la cara con las manos.


Y rio.


Una risa frágil, temblorosa, que se originaba desde lo más profundo de su pecho. La risa que


sabía que podría cambiar en cualquier momento y convertirse en lagrimas humillantes si no tenia


Cuidado. Ocupada en mantener a raya las lagrimas, ella no lo oyó aproximarse. A través de sus dedos entreabiertos, vio sus botas detenerse frente a ella. Su pecho inmóvil, toda risa


desaparecida. Con una extraña clase de indiferencia, estudio las líneas de agua que corrían a lo largo de las botas relucientes.


Dejando caer las manos, ella examino la larga longitud de su cuerpo, sus ojos deteniéndose en


su rostro, esperando ver allí la condena ―el reproche imperdonable por ser débil y quedarse tan atrás.


El la miraba inexpresivamente, sin un atisbo de emoción en su rostro esculpido en piedra.


Suspirando profundamente, se inclino para alcanzar su brazo.


Ella palmeo su mano.


Frunciendo el ceno, fue por su brazo nuevamente.


Una vez más dio una palmada a la mano ofensiva, esta vez con más fuerza.


―Puedo buscar mi propio camino ―refunfuño, decidida a no aceptar nada de él. ―Continúe sin mí.


Las aletas de su nariz se ensancharon, sus labios se adelgazaron hasta una línea implacable. Una advertencia que no tuvo tiempo de escuchar. En un movimiento rápido, fluido, se inclino, deslizo un brazo por debajo de sus rodillas, y la tomo en sus brazos, como si pesara una pluma. Conmocionada, ni siquiera lucho cuando la acuno cerca de su pecho. Con sus largas zancadas, avanzaba por el camino con aparente facilidad.


―Puedo caminar ―murmuro, manteniendo los brazos torpemente delante de ella,


preguntándose donde ponerlos.


―Por supuesto que puedes ―respondió, sin mirarla, simplemente con la vista al frente, sin pestañear frente a la caída constante de lluvia.


Dándose por vencida, deslizo un brazo alrededor de sus anchos hombros, sus dedos


ligeramente apoyados en su nuca, por debajo de los mechones de pelo demasiado largos. Su pelo oscuro caía sobre sus dedos y ella lucho contra el impulso de acariciar los mechones alisados por la lluvia. Su otra mano relajada contra su pecho, donde el ruido constante de su corazón latía contra su palma.


Ella estudio su perfil por un momento, su ira menguando a medida que la llevaba delante de manera tan incondicional. De repente, el bajo la mirada, sus ojos trabándose con los suyos. Esta cercanía le permitía ver el verde oscuro que rodeaba su iris . Algo raro y extraño pareció cobrar vida en su pecho, atrapando su respiración en sus pulmones como un pájaro enjaulado


―así como esos intensos ojos verdes atraparon los suyos.


Tal vez no era tan bruto. Un bruto la habría dejado atrás en vez de alzarla en sus brazos como una especie de héroe de la leyenda del rey Arturo.


Ella se dio una fuerte sacudida mental, recordándose que esas eran leyendas, historias que su madre le había leído cuando era una niña. Los verdaderos caballeros de brillante armadura solo existían en los cuentos de hadas.


Un suspiro de alivio escapo de su pecho cuando el pueblo estuvo a la vista ―un surtido de


Casitas con techo de paja, una pequeña iglesia de piedra, el granero de un herrero y una gran posada de dos pisos que se inclinaba muy ligeramente hacia la izquierda. Las casitas bajas parecían temblar con el viento cortante, atrayéndola como una copia de la primera edición de Una Vindicación de los Derechos de la Mujer de la señora Wollstonecraft.


La perspectiva de fogatas calientes ardiendo detrás de esas inestables paredes, la hizo


Consciente de su miseria. Daria cualquier cosa por estar sentada caliente y cómoda delante de un fuego, un libro en el regazo, una humeante taza de té y un plato de bollitos de miel a su alcance.


Un estruendo relego a la tormenta. Provenía del granero del herrero en el extremo de la aldea.


Siguieron el ruido, colocando todo el esfuerzo en girar contra el viento. El aire cortante la fustigo, hiriendo su cara y garganta. Ella no podía imaginar cómo se debía sentir el. La había cargado sin queja, sin jamás detenerse.


Sus ojos le dolían, las lagrimas escurrieron de las esquinas fluyendo por sus mejillas,


mezclándose con la lluvia que banaba su rostro. Junto la barbilla con su pecho y desvió la cara, enterrando la nariz contra el pecho masculino, en busca de su calor, del refugio de su cuerpo.


Temblando, hurgo más profundo contra su pecho, fingiendo no notar el cuerpo duro que la sostenía con tanta seguridad, incluso cuando se hundía contra él, hambrienta de su calor.


El la llevo debajo de un pórtico sobresaliente. Todavía sosteniéndola en sus brazos, se quedo quieto durante un largo rato como si dudara de si podría ponerse de pie y sostenerse por si misma.


―Puedo pararme ―murmuro, alejando su cara de su pecho.


Asintiendo, el soltó sus piernas. Su cuerpo se deslizo a lo largo del suyo con una agonizante lentitud. La sensación de sus pechos aplastados contra su pecho duro envió una chispa de calor que se enrosco en su bajo vientre. Nerviosa ante tal desconocida sensación, se ruborizo y rápidamente dio un paso atrás.


Aunque al abrigo de lo peor del viento y la lluvia, se sentía fría sin su cercanía, desolada. El


mantuvo una mano en su brazo, el único contacto que ahora compartían. Por debajo de las pestanas, ella estudio la dura línea sombreada de su mandíbula y acepto lo que había intentado con tanto esfuerzo de ignorar. Era magnifico. Incluso cubierto de suciedad. El hombre mas atractivo que había visto fuera de un salón de baile.


Apestaba a crudo poder masculino. Desde el pelo largo, pasado de moda, pegado a su cara y garganta, hasta la intimidante amplitud de sus hombros. Si alguna vez mi familia me lanzara un hombre como él, quizás lo pensaría dos veces antes de ahuyentarlo. Tras ese espontaneo pensamiento surgió la necesidad desesperada de poner distancia. Ningún hombre se merecía las cadenas del matrimonio. Sin importar como le hacía estremecer el cuerpo.


Incluso anhelando la calidez de su mano, la ardiente huella de esos dedos largos, se alejo,


rompiendo todo contacto. El la miro, alzando una ceja.


Con los labios apretados, ella se cruzo de brazos y forzó su atención en el fornido hombre de nariz plana, que había salido del centro incandescente de la construcción. Se limpio las manos sucias en un delantal de cuero e hizo un ademan en señal de saludo.


―Tom, la señora aquí está buscando a su conductor.


El herrero sacudió la cabeza, con el ceno fruncido.


―No he visto un alma desde que la tormenta se desato. Todos tuvieron el buen sentido de no salir ―su mirada los recorrió, con una expresión que parecía decir, todos menos ustedes, tontos.


―Mi carruaje está atascado en una zanja al norte de aquí, mi criada aun esta dentro


―probablemente, roncando profundamente, pensó Bella mientras levantaba su ridículo.


―Necesito a alguien para traerlos a ambos a acá. Naturalmente, voy a pagar por sus servicios…


―Claro, señorita ―el herrero se volvió y llamo a alguien en el interior del granero. Un joven vestido con un delantal de cuero se unió a ellos. ―Mi hijo y yo iremos a caballo y los traeremos.


Bella suspiro, sintiendo que parte de la tensión de sus hombros y cuello se aflojaba.


―Gracias.


El herrero hizo un gesto a través del patio.


―.Los encontrare en la posada, entonces?


―Si ―respondió ella, ya visualizando la taberna seca donde podría esperar y calentarse.


Con una inclinación de cabeza para el herrero, el hombre a su lado la tomo del brazo y la


condujo ―con cautela, cuidando su tobillo ―a la posada.


Una vez dentro de la taberna casi vacía, se instalo con ella en una de las mesas, la mas cercana


a la gran chimenea encendida. Su vientre retumbo ante los tentadores olores que salían de la cocina.


Ella mentalmente conto las monedas en su ridículo y se debatió si podía permitirse una comida caliente. La abuela le había dado solo lo que considero necesario para un viaje a Yorkshire y para la vuelta. Recuperar y reparar un carruaje no había sido parte del cálculo.


Unas pocas personas estaban acurrucadas con sus jarras de cerveza, esperando que amainara la tormenta. Un hombre levanto la cabeza para gritar en señal de saludo:


―!Edward!


.Edward? Bueno, ella tenía un nombre ahora. Aunque no lo quisiera, siempre recordaría a su oscuro y atractivo salvador por su nombre.


―Clive ―saludo Edward


Clive cogió un cuchillo de la mesa de madera, cuya superficie tenía varios surcos. Su puño


grueso lo agito ante Edward, animándolo.


―Danos una demostración, .eh?


Edward sacudió la cabeza.


―En otra ocasión.


Ella miro a Edward, una mueca tirando de sus labios. El debía haber sentido su mirada. Sus ojos se deslizaron a los suyos y el se encogió de hombros.


―Es solo un juego que jugaba cuando era un muchacho.


Bella arqueo una ceja, curiosa de ver qué tipo de "demostración" la gente del lugar apreciaba tanto.


―Vamos ―grito Clive.


Suspirando, Edward cruzo la habitación y cogió el cuchillo del puño de Clive. Ella vio como el se sentaba a horcajadas sobre el banco, extendía su mano grande sobre la mesa, y procedía a clavar el cuchillo entre cada dedo en un frenético borrón de movimiento. Ella se movía con inquietud ante cada golpe del cuchillo sobre la tabla de madera, segura de que se cortaría la mano en cualquier momento. Su conmocionada mirada se alzo a su cara, a su expresión de aburrimiento.


Qué clase de infancia había llevado?


Finalmente, se detuvo, y ella se acordó de volver a respirar. Se levanto y envió el cuchillo


deslizándose limpiamente por el aire. Se clavo en el cuadrado del centro de una descolorida y ahumada pintura encima de la chimenea.


Clive rio y golpeo la mesa con aprobación.


―.Tiene deseos de morir? ―pregunto ella cuando regreso a su mesa. ―Monta de una forma temeraria, y tiene un temerario ―ella hizo un gesto con la mano señalando la mesa donde había llevado a cabo su peligrosa demostración, buscando a tientas las palabras adecuadas y encontrándolas ―!juego de cuchillos!


El respondió con una irritante ecuanimidad, incluso cuando algo furtivo brillaba en su mirada:


―El peor mal de todos es dejar las filas de los vivos antes de morir.


Sacudió la cabeza, frustrada ―desconcertada ―con el hombre ante ella y su cita de Seneca1.


―Eso no es na’―dijo Clive. ―Usted debería verlo escalar Skidmoor con sus manos desnudas. En invierno, también.


―Skidmoor ―repitió ella.


―Es solo una colina ―explico Edward.


―.Una colina? ―Clive soltó una carcajada, moviendo la cabeza. ―Correcto. Mas como una montana.


.Escalaba montanas en pleno invierno?


―Edward―una criada grito desde el otro lado de la taberna.


Bella vio el corpiño escandalosamente bajo de la mujer e instintivamente ajusto mas el suyo sobre sus hombros, como si así pudiera ocultar su carencia de atributos similares.


―Mary, luces bien ―Edward sonrió de una manera que lo hacía parecer repentinamente joven, un muchacho. Ni de cerca tan intimidante como el extraño del camino.


Mary desfilo por la habitación, moviendo sus caderas de una forma que Bella estaba segura era un paseo ensayado con anterioridad.


―Mejor ahora que estas aquí ―ronroneo.


Sin pensar o considerar su presencia, sonrió maliciosamente a la criada, sus dientes un destello de blancura en su cara dorada por el sol. Como consiguió esa piel tostada en este pais sin sol, la dejaba perpleja. Sin duda, una evidencia más que era más diablo que hombre.


Las curvas de la criada se instalaron en su regazo, lanzo sus brazos rechonchos alrededor de su cuello y, luego, para que todo el mundo viera, le planto un beso con la boca abierta.


Bella desvió la mirada, la vergüenza encendiendo sus mejillas. Estudio sus manos en su regazo, paso los pulgares nerviosamente sobre el dorso, sobre la fría y fruncida piel de gallina de sus muñecas expuestas.






*1 Seneca: Filosofo romano, conocido por sus obras moralistas






Incapaz de reprimir la morbosa curiosidad, tomo aire y levanto los ojos para observar tal


despliegue indecoroso.


Su mirada choco con sus tormentosos ojos verdes.


La miraba a ella ―bella


El calor inundo su rostro al ser sorprendida mirando, como si estuviera interesada, como si le importara a quien besaba. Su mirada de lobo hambriento nunca se aparto de su rostro. La excitación brillaba en las grises profundidades, mientras besaba a la mujer encima de su regazo.


Ella arranco su mirada y retorció los dedos en su regazo, hasta que le dolieron.


No mires. No mires. No le des la satisfacción de saber que te fascina.


Incapaz de dominarse, dio otra mirada disimulada, obligada, cautivada por la atracción


magnética de su mirada burlona. Sus ojos brillaban perversamente, atrapándola, susurrando su nombre. Se quedo boquiabierta cuando el trepo con una mano por sobre la trenza de Mary, vio como sus dedos largos y afilados desenredaban la cuerda de pelo, girando las guedejas entre sus elegantes dedos.


Su estomago se apretó y se le hizo un nudo. Algo caliente y desconocido encendió su sangre al verlo besar a la mujer con esa lenta minuciosidad, todo el tiempo devorándola con los ojos.


.Era ella tan lasciva? Su pulso acelerado pareció suficiente respuesta. La sangre rugió en sus oídos, bloqueando el ruido constante de la lluvia sobre el techo de paja, el siseo y el crepitar del fuego en la chimenea, el sonido de su propia respiración excitada. Se humedeció los labios con un movimiento de su lengua y sus ojos Verdes se oscurecieron, dos gotas azabaches que siguieron el movimiento, explorando su cara, luego bajando al sube y baja de su pecho bajo su ropa empapada.


Ella levanto el mentón y trato de transmitir su desprecio, su repugnancia absoluta ante su


vulgar exhibición ―que ella, una dama impertérrita, tuviera que presenciar tal perversidad. Sin embargo, su respiración la traicionaba, saliendo rápida y con dificultad de sus labios. Sus mejillas las sentía en llamas y le preocupaba que el color inundara su rostro.


―Mary ―grito un hombre, presumiblemente el propietario del establecimiento. ―Deja de molestar a los clientes y ve a la cocina, muchacha.


Mary termino el beso, la sonrisa satisfecha de un gato estampada en su rostro, como si acabara de darse un festín con un tazón de crema. Limpiándose los labios con el dorso de la mano, envió una última mirada en dirección a Edward antes de partir.


Edward se puso de pie, los ojos brillantes como ascuas cuando se volvió a mirarla. Los ojos de Bella bajaron a su boca, húmeda por el beso de otra mujer. Su pulso dio un salto y desvió la mirada, sus ojos moviéndose erráticamente por la habitación como un pájaro en busca de un lugar para aterrizar. Esas botas se deslizaron sobre el suelo sucio, casi deteniéndose frente a ella. Fijo su mirada en esas botas sucias, sin atreverse a mirar ese rostro, a su oscura belleza, a la ardiente mirada que por alguna razón, la hacía apretar y juntar los muslos bajo sus faldas.


El se inclino, su mejilla casi rozando la suya. Ella se agito y echo los hombros hacia atras. Lo miro con alarma, sintiéndose como una presa atrapada en su fija mirada.


Una lenta sonrisa curvo sus labios. Entonces, agacho la cabeza. Su mejilla rozo la de ella, la


barba de su dura mandibula la raspo, lo que provoco un incendio en su sangre. Se mordio los labios para no gritar, decidida a que no viera como la afectaba. El almizcle del hombre le llenaba la nariz. La lluvia, el viento, el olor de los páramos ―de la aulaga que crecia salvaje en las colinas rocosas.


―.Te gusto eso? ―soplo en su oído, su voz deslizándose sobre su piel como el terciopelo,


Encendiendo una chispa de fuego lento en su vientre. ―.Lo intentamos?


Ella soltó un suspiro tembloroso y movió la cabeza con fiereza. La imagen de ella en su regazo, su mano sobre ella, paso por su cabeza, escandalizándola, horrorizándola. Emocionándola.


El poso sus labios cerca de su oído y ella dejo de respirar. Apelando a toda la compostura que pudo reunir, respondió en su tono más altivo;


―Preferiría besar a un cerdo ―se aparto unos centímetros para medir el efecto de sus


Palabras.


Sus labios se curvaron en una sonrisa torcida.


Frunciendo el ceno, agrego:


―Pero entonces, eso es lo que es usted, señor. Un cerdo en celo.


Se rio, el sonido profundo y peligroso, disparándose a través de su cuerpo como el jerez


Caliente.


―.Celosa? ―su cálido aliento abanico su oído sensible, haciendo que su estomago diera un salto mortal. Abarco un lado de su cara, la curtida palma de su mano firme contra su mejilla. Con una contundencia que le robo el aliento, forzó su cara a acercarse, sus dedos deslizándose y curvándose alrededor de su nuca.


Sus labios, sorprendentemente suaves, rozaron las curvas de su oído mientras hablaba.


―Sabes, imagine que estaba besando tu boca, tu lengua enredándose con la mía.


Ignorando el salto de su pulso, le espeto:


―Palabras que sin duda sedujeron a muchas doncellas tontas.


―No muchas ―murmuro, deslizando el pulgar sobre la curva de su mejilla, la línea de la


mandíbula, deteniendose en su boca. ―Te sorprenderías.


Su febril mirada fija en sus labios. Como si probara su plenitud, acaricio el labio inferior. El calor se acumulo en su bajo vientre y las piernas le temblaron. De alguna manera, ella encontro la fuerza para alzar las manos hasta su pecho. Ignorando la amplitud y la firmeza bajo la tela humeda de su camisa, lo empujo con todas sus fuerzas.


El no se movio. Podria haber estado empujando una roca.


―Muévase ―ordeno.


El la miro durante un largo rato.


―Muévase ―repitió, su mandíbula dolorida con la tensión.


―Por supuesto ―dio un paso atrás, las manos en alto, una sonrisa torcida en los labios.


Ella se levanto del banquillo, todos sus instintos exigiendo escapar. Incluso si eso significaba enfrentarse de nuevo a la tormenta. Mejor que sufrir la tormenta que rugía aqui, entre ellos. A un pelo de distancia, y por el calor de sus ojos, no tenía intención de concederle el espacio que ella deseaba.


―Se lo que es usted ―dijo entre dientes.


Esa sonrisa torcida se profundizo.


―Dilo.


―Es un granuja. Un sinvergüenza, un…―se detuvo, trago saliva y siguió en un tono mas


Calmado. ―Cree que va a jugar conmigo como si yo fuera alguna muchacha tonta, feliz por la recompensa de sus atenciones.


Aun con esa sonrisa maliciosa, recorrió un sendero ardiente por su mejilla con la punta de un dedo.


―Una hora a solas conmigo y creo que podría convertirte en una muchacha tonta, feliz por mis atenciones.


―Usted es repugnante ―espeto, luchando contra el temblor que sus palabras producían en todo su cuerpo.


El bruto era un incivilizado, un primitivo absoluto. Ningún hombre le había hablado jamás de esa manera tan tosca, tan vulgar. .Es asi como un hombre se dirigía a una mujer que deseaba? La idea la hizo sentir frio y calor, la asustaba y excitaba.


Edward se enderezo, y con una última mirada abrasadora hasta el alma, se alejo para hablar con el posadero.


Bella se quito los guantes sucios y agito las manos ante el fuego, tratando de calmar su


corazón acelerado. Sin embargo, ella no podía dejar de verlo por debajo de los parpados


entrecerrados. Ante el sonido de sus pasos pesados, levanto la vista.


―Están preparando una habitación para ti ―su voz retumbo en el aire, calentándola de una forma que el fuego parecía incapaz de hacer. ―Explique tu situación al posadero. Enviara tu criada y tus cosas cuando lleguen.


Su corazón salto, presa del pánico por la habitación. Las pocas monedas en su ridículo no


cubrirían el alojamiento y los cañones adeudados al herrero. La irritación la invadió. .Quien era el


para hacer los arreglos en su nombre?


―No ―la única palabra salió con dureza de su boca. ―Eso no es necesario. Tengo que


Continuar esta noche…


―Imposible ―frunció el ceño y sacudió la cabeza, rechazando la posibilidad. ―Necesitas un cambio de ropa antes que cojas un resfriado. Una comida caliente probablemente te haria algún bien, también.


Bella sacudió la cabeza, golpeando el ala caída de su cofia.


―De verdad, yo…


―Humedad y frio no son una buena combinación ―dijo, como si estuviera hablando con una idiota. ―Los inviernos de Yorkshire no son para los pusilánimes.


Bella se puso rígida, sin saber que la ofendía mas. Su actitud arrogante o su apreciación de ella como una enclenque. Debería decirle que nunca se había desmayado en su vida, no como muchas damas que conocía, que nunca se alejaban mucho de sus sales.


―Es marzo ―replico ella. ―Primavera.


―Aqui no.


El borde de su cofia se hundió de nuevo, oscureciendo su visión. Con un gruñido de frustracion, se lo saco de su cabeza, sin importarle que expusiera su pelo horriblemente despeinado. Estaba harta de que la gente le dijera que hacer. De su familia, tenia que soportarlo. De este hombre, un desconocido, no. Sin importar cuan guapo fuera. Sin importar como su cuerpo se estremecia en su presencia.


―Aprecio todo lo que ha hecho, pero ya no necesito su ayuda.


Su rostro se endureció y el extraño intimidante del camino volvió.


―Muy bien, entonces. Me despido ―girando, rápidamente se alejo a grandes zancadas.


La culpa la apuñalo... y algo mas que no pudo identificar. Su pecho se apreto mientras miraba su espalda alejándose. Antes de que pudiera reconsiderarlo, fue tras el.


El estaba en medio de la taberna antes de que ella lo alcanzara. Su mano se cerró sobre su


brazo. Los músculos en su brazo se tensaron bajo sus dedos. Se volvió para mirarla, los ojos hundidos, oscuros, ilegibles. Ella lo miro fijamente, buscando las palabras, sin estar segura de por que lo habia perseguido.


―.Si? ―pregunto el.


Bella se quedo inmóvil como piedra, congelada por un momento interminable, sintiéndose una tonta de capirote. Eran extraños. La había dejado segura en la posada. Se había acabado. No tenían ningún otro asunto que tratar.


―Gr-gracias ―susurro, haciendo una pausa para tragar, luchando contra el impulso de mirar hacia otro lado, para ocultarse de su atenta mirada. ―Por su ayuda. Yo no quiero parecer desagradecida...


Bella se mordió el labio. Su hermano diría que no eran necesarios sus buenos modales. Que este hombre la ayudara, le correspondía como Swan que era. Pero ella no podia dejarlo ir sin algun tipo de reconocimiento.


Abriendo su boca, pensó explicar la verdadera razón por la que no podía pasar la noche en la posada, pero se contuvo. O, mas bien, el orgullo se lo impidió. Su explicación se atasco en su garganta.


Una extraña luz apareció en sus ojos, haciendo que su corazón latiera. Esos ojos Verdes se


oscurecieron ―onix pulido, deslizándose sobre ella, mirándola de tal forma que su sangre ardio en sus venas. Se tomo su tiempo viendo su persona enlodada y el cabello desaliñado, antes de regresar a su rostro con una intensidad provocativa.


Entonces el toco su rostro. Sus cálidos dedos abarcaron su mejilla con una suavidad


Sorprendente. Ella no pudo retroceder. No como deberia haberlo hecho. No como su mente le ordenaba hacerlo. No lo hizo. En cambio, se encontró apoyándose contra su mano, girando totalmente su mejilla hacia el calor de su palma.


Cerro los ojos, se olvido de si misma y dejo que sus labios rozaran su piel. La textura de su


palma se sentia como rudo terciopelo contra sus labios. Su lengua salio como una flecha. Un rapido roce solo para saborearlo. Su jadeo forzo a sus ojos a abrirse ampliamente.


La intensa mirada de sus ojos, la forma en que ardian, que ya no eran oscuros como el onix, sino de un brillante verde, la tenia de nuevo fascinada, distanciándose de si misma como si de repente se encontrara en las garras de un gato salvaje, con la intención de comérsela.


El dejo caer su mano, sosteniéndola ante el, mirándola por un momento, girándola como si nunca la hubiera visto antes, como si buscara alguna respuesta, una verdad mayor, tallada en la carne de su mano.


Cuando levanto la vista, sus ojos eran el helado gris de antes, impasibles como piedra. Solo un extraño.


―Abrígate, señorita Pastel de Barro ―murmuro.


Luego se fue.


La puerta se cerró detrás de el, el viento sacudiendo la longitud de madera rudimentaria


durante varios segundos, luchando para poder entrar. Se fue con la misma precipitación que había entrado en su vida. Su tacto, su olor penetrante, el granuja tentador que la hacia temblar como una hoja en otoño. Se fue. No podía dejar de sentir una punzada de pesar. Como si de alguna manera, hubiera perdido una oportunidad. Pero de que, no podía decirlo, o no se atrevía.


―Señorita Pastel de Barro ―murmuro, mirando la puerta por un largo momento.


Curiosamente, el apodo ya no la molestaba. No en la forma casi tierna en que lo habia


Pronunciado. No después de la forma en que se habia dirigido a ella, la habia mirado, la había tocado.


Se abrazo a si misma, sintiéndose desamparada y preocupada por su partida. Helada. Lo cual era absurdo .Porque debería lamentar la partida de un extraño? .Un terrateniente con rudos modales, en el mejor de los casos? A pesar de su ayuda, fue grosero y maleducado... e hizo que su corazón diera un vuelco en su pecho.


Bajando los brazos, se dirigió de nuevo al fuego, buscando un calor totalmente distinto a la llama que el había avivado en su interior. Sentándose en el duro banquillo, ella junto las rodillas y espero a que el fuego la calentase, haciendo todo lo posible por olvidar su nombre, olvidarlo a el y a la invitación ardiente de su mirada. Espero a que la familiar apatia arraigara en ella, y se prometió que para mañana no se acordaría de el ni una sola vez.


Edward. Adecuado. Tan salvaje y fuera de control .

Hello mis angeles hermosos aqui les dejo un cap de mas de este fic , y chicas por fiss dejen sus comentarios al final sean buenas.
Mil besitos a todas
Angel of the dark