Dark Chat

domingo, 22 de mayo de 2011

Corazón de Hierro

CAP.11. SENTIMIENTOS

― ¿en qué piensas?—me pregunto mientras pasaba sus dedos por mi espalda—estas muy callada

― En nada, solo estaba mirando las llamas de la chimenea—Edward rio

― ¿y qué tiene eso de interesante?

― Nada—reí—no tiene nada de especial.

Eran casi las 2 de la madrugada, en consecuencia de mi libido rebelde habíamos hecho el amor una vez más y aun sentía que mis hormonas quemaban por tenerlo dentro de mí nuevamente. Los dedos de Edward acariciaban mi desnuda espalda, estaba recostada sobre la cama y el a mi lado, la luz de la luna se colaba por la ventana y alumbraba todo el lecho. tenía una extraña sensación en mi estomago, el descubrir que lo amaba sin duda marcaba un antes y un después, hacia de estos encuentros diferentes, el sexo tomaba otros matices, se hacía más tierno y lleno de emoción, lamentablemente sabia que eso era solo de mi parte y tendría que aprender a vivir con todos estos sentimientos en mi corazón. Mientras sus dedos trazaban formas en mi piel sentí un escalofrió.

― ¿tienes frio?—me pregunto inclinando su cara para mirarme.

― Un poco pero—antes de que dijera algo mas sus manos volaron veloces hacia las sabanas y el edredón, nos cubrió, sonreí con su gesto, ahora todo lo que él hacia me parecía tierno y afectuoso ¿sería consecuencia del amor?

― No es bueno que te resfríes—me tomo con sus fuertes brazos y me pego a su cálido pecho, lo único que pude hacer fue soltar un audible suspiro.

Así paso casi toda la noche, dormí cobijada en los brazos de mi amor, sentirlo así de cerca hacia que mi corazón saltara de tanta alegría, Edward era todo lo que yo quería, todo en el me gustaba incluyendo su faceta de Hierro. Sabía que era un poco masoquista amarlo así pero ¿Cuándo no debes hacerlo tal cual es?, Los días se nos pasaron un poco rápido, hoy ya era sábado, lo mejor es que Edward no iría a trabajar hoy así que podría disfrutar su compañía un momento más. Amanecí otra vez entre sus brazos, y casi desperté llorando de alegría, me sentía feliz con solo estar con él, cerré mis ojos y me permití disfrutar de este momento. Edward aun dormía su respiración acompasada delataba su profundo sueño. pase mis manos por su pecho y estomago sentí cada fibra de su piel en mis dedos, mire maravillada como todo su cuerpo reaccionaba a mis caricias, sus brazos me estrecharon mas y sus manos se enterraron en mi piel mandando una serie de corrientes eléctricas a todo mi cuerpo, lo amaba sin duda que lo hacía.

― Buenos días— me susurro, su cara se recargo en mi cabeza y sentí que aspiraba mi aroma— ¿Cómo amaneciste hoy?—pregunto abriendo sus ojos perezosamente.

― Bien, me siento un poco mejor—y no mentía, si bien los moretones y magulladuras aun seguían en mi piel ya no me dolía tanto, los días que habían pasado me estaban mejorando lentamente.

― Qué bueno, hoy Emmett vendrá a revisarte—me conto con su voz somnolienta, el otro día no pudo venir ya que había tenido unas emergencias pero ahora sí que era mi oportunidad para preguntarle por su posible relación con Rosalie, estaba ansiosa. Esta semana había hablado con Rose por lo menos dos veces en el día y ella no quería soltar nada, tal vez porque siempre estaba acompañando pero esperaba que cuando tuviéramos la oportunidad de hablar me contara que sucedía con Emmett.

― ¿hoy tienes que trabajar aquí?—le pregunte de repente, sabía que no tenía que ir a la oficina pero de seguro querría trabajar aquí.

― No—respondió con sus ojos aun cerrados—creo que es hora de que me tome las cosas con más calma, no quiero que mi cabeza colapse nuevamente.

― Tienes razón, buena manera de pensar—me arrime contra su pecho y descansé mi cabeza en el, sentía sus latidos, eran tranquilos y llevaban un ritmo que era capaz de mecerme. Aun era temprano para levantarse pero Edward se comenzó a removerse con la intensión de levantarse, creo que no quería que lo vieran salir de mi habitación. No le dije nada y solo me solté de su abrazo, tome una de mis almohadas y la puse debajo de mi cabeza esperando para decirle adiós.

― ¿A dónde vas?— pregunte con inocencia, se puso la bata y camino hacia la puerta

― Ahora vuelvo, quédate aquí, no te muevas—me guiño un ojo y salió por la puerta de mi habitación con una sonrisa, ¿Qué estaba tramando? Una sonrisa traviesa atravesó mi cara, Edward hace días se comportaba de una manera diferente, aun seguía siendo implacable con el mundo pero conmigo sentía un cambio, no sabía si era mi imaginación o el hecho de que lo amara, pero sentía todo diferente en el, sus besos, sus caricias todo. Cada gesto que el tenia tomaba otro matiz para mí.

Me quede recostada en la cama mirando el cielo de la habitación, mi cabeza no podía pensar en nada más que en Edward, estaba patéticamente enamorada y lo peor de todo es que no era correspondía pero yo había aceptado esta vida, tal vez algún día podría ser algo más que la "querida" de Edward, estaba consciente de que tal vez ese día nunca viera la luz pero por lo menos tendría que tener alguna vaga esperanza. Mi estomago gruño, tenia abre esta semana había estado comiendo más de la cuenta, aquí trataban en lo posible de suplir todas mis necesidades, me sentía como una verdadera reina, sin duda todo era genial, mi descanso se había dado al 100%. Sentí pasos en el pasillo y el sonido de unas ruedas, Edward le debe haber dicho a Will que me subiera el desayuno, me baje corriendo de la cama y me puse una de mis camisolas y la bata, me sorprendí enormemente de la velocidad sobre humana con la que actué. Me volví a sentar en la cama en el momento preciso, la puerta se abrió al igual que mi boca, creo que mi expresión reflejaba la enorme sorpresa que me produjo la imagen que tenia frente a mis ojos.

― Edward ¿Qué haces?— le pregunte, entro en la habitación empujando el carrito con el que siempre me servían las mucamas, me sorprendió bastante ya que jamás vi a Edward parado ni a diez centímetros de aquellos carros.

― ¿Qué tiene?— me pregunto extrañado, se paso la mano por su cabello, gesto que repetía cada vez que estaba nervioso— ¿No te gusta el desayuno?— me pregunto mirando la carriola, una sonrisa del porte de mi cara destello en mi rostro, Edward me había traído el desayuno.

― No, no es eso. Estoy sorprendida—le comente—jamás pensé viéndote traerme el desayuno—sonreí nerviosa y un poco avergonzada, su actitud me había tomado por sorpresa

― Bella—me dijo riendo— ¿de verdad piensas que soy tan esnob?

― Yo solo digo lo que veo, no eres del tipo que sirven desayuno—acerco la carriola a la mesa del pequeño estar y la acomodo.

― Yo sé hacer muchas cosas que tú no sabes—me dijo acercándose lentamente a la cama, se subió acechándome, me reí de la comparación pero parecía un león acechando a una inocente ovejita.

― ¿Qué cosas si se puede saber?— le pregunte mientras me recostaba en la cama, el quedo a la altura de mis muslos subió con sus dedos mi bata de satén rosado, abajo llevaba un camisón del mismo color. Sus ojos y manos fueron descubriendo mi piel, mientras avanzaba iba dejando suaves besos.

― Algunos talentos ocultos que tengo— llego a la parte superior de mis muslos, se detuvo en la orilla de mi braga y beso la parte a la cual llaman "el monte de Venus", me estremecí completamente al sentirlo ahí—tu ya conoces algunos— ronroneo con voz sexy, el solo tono de su voz encendía todas las llamas habidas en mi interior.

― Si, unos muy buenos si puedo agregar— reí mientras su cabeza subía hacia mi estomago, beso por sobre la tela de mi camisón, paso por mis pechos hasta llegar a mis labios. Sus besos me hicieron delirar, subí mis manos hacia su cabello y lo acerque a mi boca, mi lengua se mezclo de inmediato con la suya dejando un sabor dulce en mi boca, amaba sentirlo tan cerca y poder disfrutar de sus besos. Su cuerpo se recargo sobre el mío pero sin provocarme algún daño, sus manos acariciaron mi cara, bajaron a mis hombros y continuaron hacia mi cintura, sentirlo así de cerca en mi cuerpo me hacia volar y siempre ansiar mas.

― Tus besos son adictivos— me confesó haciéndome delirar—son como un dulce manjar, una droga de la cual no se puede escapar— susurró mientras me besaba—podría besarte todo el día.

― Hazlo—le pedí pasando mis manos por el cuello y atrayéndolo para que me besara.

― Algún día— sonrió, aunque no era una promesa me conformaba con esas palabras. Otra consecuencia de mi amor por él, la conformidad. Mi estomago fue el vil intruso entre nuestros besos, un grave rugido delato el hambre que sentía, la risa de Edward inundo la habitación haciéndome sonrojar. Sus manos acariciaron mis mejillas y dejo suaves besos mientras aun sonreía—tu estomago te delato, vamos a desayunar

― Está bien—asentí a regañadientes. Se separo de mí y me ayudo a levantarme, su mano guio mi andar hasta la mesa, cuando iba a hacer el ademan de sentarme lo detuve—tu lo subiste, yo serviré—le dije con una sonrisa, el se encogió de hombros y se sentó.

Me pare en frente de la bandeja y descubrí lo que venía tapado, había de todos los exquisitos manjares que siempre servían en la casa Cullen, pastas, mermeladas, cosas saladas además de pan, café para Edward y te para mi, sin duda después de una semana aquí Will y las chicas ya conocían mis gustos. Le serví el café como ya sabía le gustaba, prepare unas rodajas de pan con algunos aderezos y los deje en el plato para que se sirviera, Edward me miraba cada movimiento que yo hacía.

― Cuando me miras así recuerdo los primeros días que trabajamos juntos, cuando no me quitabas los ojos de encima, sabía que eras desconfiado pero observabas todo lo que hacía— Edward soltó una enorme carcajada y negó con su cabeza.

― Tú eras la culpable de que te mirara—me dijo con una seductora sonrisa.

― ¿Por qué?—pregunte mientras me sentaba en frente suyo. Edward me miro extrañado como si la situación fuera la más clara del mundo

― ¿me preguntas el porqué?—me dijo con voz de incredulidad.

― Claro, me gustaría saber.

― Bueno ya que insistes, era por…— unos golpes en la puerta nos interrumpieron, Edward me miro con disculpas en sus ojos y dio la entrada, me avergoncé demasiado al ver a Will entrar por la puerta. El mayordomo actuaba lo más normal del mundo como si la escena que veía era algo típico en la casa, ¿le habrá servido desayuno a alguna de las conquistas de Edward?, moví mi cabeza y trate de alejar esos pensamientos esperaba no volver a pasar esas ideas por mi cabeza y arruinar el momento.

― Buenos días—saludo en general, asentí dándole de vuelta el saludo—Sr. Cullen tiene una llamada del Señor Jacob Black—Edward miro al mayordomo y frunció su ceño.

― Will, este fin de semana tienes el permiso de decir que tengo cualquier otra cosa que hacer, pero por favor no me pases llamadas de nadie más que no sea de mi familia. No quiero molestias—El mayordomo extrañamente sonrió y me dio una dulce mirada, me sentí cohibida por el momento y me sonroje, Edward seguía mirándolo a él y el a mí, pasaron unos cuantos segundos cuando Will hablo nuevamente.

― Con todo el gusto señor, me retiro, que disfruten su desayuno

― Gracias—le contesto Edward, Will salió cerrando la puerta y nos devolvió la intimidad que habíamos tenido.

― ¿trabajo?—pregunte dándole un sorbo a mi te.

― No, cosas personales pero nada de importancia—reprimí una mueca, cosas personales que obviamente no podía saber, no era que necesitaba saber todos sus movimientos pero si lo pensaba detenidamente yo no conocía mucho de Edward y eso me hacia entristecer, con suerte sabia de donde venia y quienes integraban su familia—¿en qué piensas?—me pregunto cuando me vio pensando sus palabras

― En nada, hoy hace un hermoso día ¿no crees?—le pregunte cambiando el tema, sus ojos me observaron por unos segundos más y asintió.

Seguimos hablando de cosas triviales, nada de importancia, aunque fueran cosas ínfimas yo las disfrutaba, sabía que estos momentos se acabarían el día que me fuera de aquí y quería aprovechar lo que más pudiera. Mientras terminábamos de desayunar una pregunta asalto mi mente.

― Mañana me imagino que es el día libre de tus empleados—le pregunte, su expresión se torno sorprendida, si hoy era sábado y los había visto a todos toda la semana por consiguiente mañana seria su día festivo, ¿no?

― ¿día libre?—tocio—ellos tienen sus días libres dentro de la semana.

― ¿dentro de la semana? ¡Edward! eres un explotador—le dije entre risas y afirmaciones

― ¿explotador? Vamos Bella, no en todos los trabajos tienes días feriados justo en los fines de semana—abrí mi boca de lo sorprendida, Edward pareció evaluar mi expresión y continuo hablando—no me digas que soy explotador, para que sepas ninguno de mis empleados se ha quejado de las condiciones de trabajo, jamás he sido un explotador—asentí— ¡dios mujer!, ahora soy un ogro déspota y mas encima explotador—solté una enorme carcajada.

― Bueno Sr. Ogro déspota y explotador es hora de vestirnos, mira la hora son casi las diez y todavía estamos en pijamas—me puse de pie dirigiéndome al baño—me duchare Sr. ogro así que vuelvo en unos momentos—Edward iba a replicar pero me metí en el baño antes de que dijera algo, me aguante la risa que me produjo la escena.

Me saque la camisola y la bata quedando desnuda, el frio del lugar golpeo mi piel haciéndome temblar. Estaba tan inmersa en mis pensamientos mientras me duchaba que no fui consciente de lo que pasaba a mí alrededor, levante la cabeza y deje que el agua caliente golpeara en mi frente, el calor que se esparcía por mi cuerpo no fue nada comparado con lo que sucedió segundo después. Unas manos ardiendo se pasaron por mi cintura, gire mi cabeza y el rostro de Edward estaba atrás, sus manos me pegaron a su cuerpo dejándome sentir toda su piel, mi cabeza se fue involuntariamente hacia atrás y reprimí un gemido por la excitación que provoco el sentirlo así de cerca.

― Edward— gemí mientras cerraba los ojos—¿Qué haces?—pregunte

― ¿Qué parece?—me contesto con una pregunta—me estoy bañando, dijiste que era tarde y que ya era hora de vestirnos así que me vine a bañar—una sonrisa torcida de esas que me dejaban sin aliento apareció en su cara, unos ojos picaros acompañaron a la hermosa expresión, sonreí y me gire para atraparlo con mis brazos. Tome su cuello y lo atraje hacia mí, sus manos recorrieron mi espalda fundiendo sus dedos en la piel que ahí se extendía, sentía el calor recorrer como una llama abrazante por cada fibra de mi ser, Edward despertaba hasta la más ínfima de mis células, todas se veían envueltas en las combustiones espontaneas que él me provocaba—además estamos en la época del calentamiento global, hay que ahorrar recursos, por eso las duchas deben ser compartidas— una hermosa sonrisa torcida acompaño a la que se desplego por mi cara, jamás podría ganarle.

La ducha se prolongo aun más de lo que pensaba, si bien no hicimos el amor bajo el agua nos besamos y acariciamos, era maravilloso compartir cosas tan cotidianas como la ducha, me hacía sentir feliz. Salimos del baño aun besándonos, el sonido de mi celular fue lo único que nos interrumpió el momento.

― No contestare— le dije susurrando en sus labios, el negó con su cabeza y me separo. Camino hacia el buro y tomo mi celular.

― Debes hacerlo es de tu casa— me dijo mostrándome el visor, la palabra Casa me hizo gruñir, le quite el celular a regañadientes y conteste.

― Hola papa— salude animadamente, Edward se puso a un extremo de la habitación a secarse mientras yo me sentaba en la cama a hablar.

― Hola cariño ¿Cómo estás?

― Bien, aquí todo es maravilloso— reprimí el suspiro.

― Qué bueno hija mía, espero que vuelvas pronto, mira que ya te extrañamos mucho—decía mi padre con voz de nostalgia

― Si papa, al igual que yo, espero volver pronto pero prometo que estaré de regreso y todo será como antes.

― Qué bueno hija mía, Kate te manda saludos al igual que Rose.

― Oh si, pásamela papa por favor.

― ¿ah Rose?, ella no esta salió con Emmett.

― ¿salió con Emmett?—dije volteándome a ver a Edward con incredulidad, el miro y solo movió los hombros— que bien papa, me alegro que ella y su novio se lleven tan bien— ahora Edward me miraba con un semblante extraño

― A mi igual, Emmett es un chico fabuloso.

― Me imagino—comente aguantándome la risa— bueno papa ya debo irme, cuídate mucho y envíale saludos Kate.

― Si mi amor yo le digo, cuídate mucho y llámanos—

― Si papa lo hare, adiós

― Adiós— colgué

― ¿Emmett anda con tu amiga?— me pregunto cuándo colgué el teléfono.

― No, pero una vez tuvieron que hacerse pasar por novios en mi casa y creo que les quedo gustando el papel— comente con alegría.

― Sería algo bueno, desde que conozco a Emmett jamás le he visto una novia.

― ¿ustedes son amigos?

― Si—respondió—desde hace años, conocí a Emmett cuando salió de la facultad, cuando me comenzaron a dar esas "crisis" el de inmediato acepto ser mi médico de cabecera. Es una de mis personas de confianza— la puerta de la habitación sonó, me pare en dos segundos tenía solo una toalla puesta en mi cuerpo, corrí hacia el baño bajo una risita de Edward.

― Dime Will— dijo desde dentro de la habitación, parece que el mayordomo estaba entrenado en estas situaciones.

― El Doctor McCarthy y la Señorita Hale lo esperan en el estar

― Bien, bajamos enseguida.

Los pasos del mayordomo se sintieron en el pasillo, Salí nuevamente del baño y me fui a colocar ropa, me puse solo un buzo y una camiseta, aun sentía dolor en mi piel y hasta la ropa más pesada me molestaba, me tome el pelo en una coleta y estaba lista.

― Me gusta tu cabello suelto— me dijo Edward, se paro atrás mío en el espejo de la habitación, sus dedos tomaron la coleta que había puesto en mi cabello y lo soltaron, en su rostro se formo una de esas sonrisas torcidas que tanto me embobaban, paso sus dedos por mi húmedo cabello y volvió a sonreír— bajemos— me pidió, yo asentí y salimos de la habitación.

Bajamos las escaleras y nos encontramos en el recibidor con Rosalie y Emmett, ella nos miro por unos minutos y solo sonrió.

― ¡bella cariño! ¿Cómo estás?— extendió sus brazos para abrazarme tiernamente

― Bien, mejor, el descanso me ha sentado de maravilla— amabas sonreímos y nos tomamos de las manos.

― Hola Edward— rosalie saludo con una cálida sonrisa

― Buenos días Rosalie— le respondió el tan correcto como siempre— Buenos días Emmett

― Edward, Bella. Me alegro que estés mejor Bella.

― Gracias Emmett.

― Pasemos a la biblioteca, ahí podrás revisar a Bella con mayor comodidad.

― ¡vamos!, no necesito que me revisen Edward, recuerda que yo soy enfermera y sé que estoy bien.

― Bella— comenzó a decirme— es para estar seguros— vi en sus ojos un resquicio de suplica, ¿de verdad le interesaba si estaba bien o mal?, sabía que si pero no estaba segura hasta que punto.

― Está bien— acepte, Rosalie y Emmett soltaron una risita, camine hacia la biblioteca seguida de todos los demás. Edward entro en la habitación y cerró las puertas con pestillo.

― Bien Bella, siéntate— me pidió Emmett señalando un sofá.

Emmett me examino bajo la intenta mirada de Rosalie y Edward, a ratos los miraba y ellos conversaban de algo, pero lo hacían tan bajo que no podía escuchar que era. Emmett me reviso la herida en la cabeza y los hematomas en mi espalda y extremidades por su cara supe que tenía razón y en verdad estaba mejorando.

― Bien Bella tenías razón, estas mejor, el golpe en la cabeza ya casi está cerrado y los hematomas del cuerpo ya casi desaparecen, así que con solo unos días más de descanso estarás como nueva y podrás volver a casa.

― Qué bueno— conteste contenta por estar bien pero no con la idea de volver a mi casa, mire a Edward y el tenia la vista perdida entre los libros de los estantes— Rosalie ¿me acompañas?

― Claro— contesto mi amiga acercándose a la puerta

― Caballeros, volveremos enseguida— camine fuera de la habitación y arrastre a Rosalie al tercer piso.

― Esta casa es hermosa, toda una joya arquitectónica— su vista estaba maravillada con toda la decoración de la casa— tiene el gusto de los dueños impregnado en todas partes— la arrastre a mi cuarto y cerré la puerta con pestillo— ¡Wow!— dijo mirando mi habitación, las chicas en el poco rato que estuvimos abajo subieron a asearla por lo que se veía perfecta— sin duda el hombre te tiene como reina— se giro para encontrar mis ojos.

― Me enamore de él, Rosalie— le dije sin poder contener la angustia que esto me generaba, la boca de Rose se entre abrió un poco y soltó un jadeo.

― ¿te enamoraste?— se cubrió la cara— ¡demonios Bella!— exclamo cayendo en un sillón, me senté en el de enfrente.

― Lo hice y no pude evitarlo, fue más fuerte que yo. — la mirada de Rose se veía decepcionada y a la vez preocupada.

― Bella no sé qué decirte, el tipo es un plomo si de eso estamos claros pero además es un mujeriego Bella, es un hombre de un corazón duro como piedra, ¿no escuchas las noticias?

― Rosalie yo… yo aprendí una cosa ¿sabes?, el amor tiene una y mil formas y una y mil maneras de ser demostrado y de ser descubierto, no solo amas las cosas buenas de las personas que las cuales te enamoras como una condenada, de cada insignificante defecto, cuando estas enamorada de verdad estas jodida de mil maneras posibles pero estas feliz y orgullosa de ello, porque al fin y al cabo se puede ir a la mierda el mundo y sus porquerías, el corazón no razona y el amor no tiene lógica ni pies ni cabeza y cuanto más lo niegues o trates de ocultarlo más fuerte se hace..—suspire, no sabía cuando había agarrado esta sabiduría pero así era, yo lo amaba y lo hacía por encima de cualquier cosa, Edward era tan importante para mí con todo lo que traía con él, virtudes y defectos poco me importaba que tuviera un corazón de hierro porque yo sabía que debajo de esa coraza existía un hombre de carne y hueso. Rosalie suspiro y sus ojos brillaron.

― Déjame decirte que ese es el discurso mas romántico que he escuchado en toda mi vida, ¡Bella te estás muriendo por el!— me grito, sus brazos nuevamente me sujetaron— aunque no me guste mucho, sabes que tienes mi apoyo ¿verdad?— dijo con lagrimas en sus ojos— Bella no quiero verte sufrir.

― Lo sé amiga, no podre asegurarte nada pero prometo que apenas sienta amenazado mi corazón me alejare de él.

― Eso espero Bella, no quiero que marques tu vida por el— yo solo sonreí, mi vida ya estaba marcada de por vida por el amor de ese hombre.

― Bien y pasando a otro tema ¿Cómo se ha portado esta semana?— la sonrisa fue inevitable.

― Ah sido la semana más maravillosa del mundo Rose, no puedo creerlo… es genial— comente con la emoción saliendo por mi pecho

― Me alegro, estoy feliz de que por lo menos puedas estar contenta después de todo lo que paso Bella.

― Pero ya nada volverá a ser como antes, desde ahora podemos estar tranquilos, por lo que Edward me dijo Carmen estaba en la cárcel y ahí se iba a fundir para siempre—tres golpes suaves en la madera de la puerta nos hicieron parar nuestra conversación—adelante.

― Sr. Swan—la mitad del cuerpo de Rachel se apareció por la puerta—el Señor y el doctor McCarthy las esperan.

― Muchas gracias, dígale que bajamos enseguida—no podía irme sin preguntarle a Rose.

― Si señorita—la mucama cerró la puerta y nos dejo solas nuevamente.

― Y bien Rose—la cara de Rose se torno sonrosada, sabía que le iba a preguntar—ya que estamos en el momento de las confesiones, ¿Qué pasa con Emmett? Porque déjame decirte que la mentira de los novios era solo para mi papa.

― Bueno yo…— tartamudeo—hay esta bien ¡te contare!, si al final igual ibas a saber, Emmett y yo estamos saliendo— una sonrisa y un jadeo de asombro salieron de mi pecho al mismo tiempo.

― ¿estás saliendo con él? ¿pero cómo? Si ustedes se cayeron mal desde el principio, bueno a ti te cayó mal.

― Fácil, el tipo es un dulce Bella— cambio su expresión— es un oso, si lo vieras es el tipo más dulce del mundo, tal como buscaba yo – me reí.

― A ti sí que te pego fuerte el amor—una carcajada se soltó de mi pecho— quien lo diría.

― Pero así fue y ahora estoy muy feliz Bella, Emmett es grandioso, retiro todo lo dicho de él y no sabes—sus ojos se tornaron picaros— me hace el amor de una manera ¡bestial!—

― ¡Ah!— un grito salió con una expresión de asco, ambas reímos— ¡dios Rose! No me digas eso, ahora cada vez que vea a mi medico lo imaginare con cara de Oso hambriento por sexo— nos reímos hasta que lagrimas se asomaron por nuestros ojos. Cuando estuvimos un poco mas calmadas seguimos hablando—espero que si esto sigue sean muy felices—desee sinceramente.

― Eso espero, hasta el momento no tengo ninguna queja y quien quita que en un futuro no podamos salir los cuatro.

― No lo creo Rose, por mucho que ame a Edward yo no caigo en su mundo, ¡fíjate!— comente con amarga expresión apuntando la habitación que nos rodea—creo que yo no soy tan buena para él como todos piensan

― ¿todos piensan?

― Sí, creo que tengo un Team de apoyo aquí en la casa, el mayordomo William Lickwood me dijo entre líneas que yo era buena para Edward.

― Wow, sí que lo quieren ver con alguien.

― No sé si será eso, cuando antes venia todos los días siempre a ciertas horas veía entrar a mujeres hermosas al cuarto de Edward. ¿recuerdas que te conté?

― Si claro, pero eso no significa nada Bella— mi expresión se amargo aun más.

― Claro que significa, una vez me devolví por algo que se me quedo y cuando entre en la habitación Edward estaba teniendo sexo con la misma mujer que yo vi entrar momentos antes— la boca de Rose cayo un poco y se llevo a su cara la mano.

― Demonios

― Lo mismo dije yo, Edward tenia sexo con cada mujer que entraba en su habitación y lamentablemente yo fui una de ellas— me dolía hasta la última parte del alma aceptarlo pero así era.

― Pero Bella yo no creo que él sea así mira cuando estábamos en…— Rose comenzó a contar pero un nuevo golpe en la puerta nos interrumpió

― Será mejor que bajemos, Edward se debe estar poniendo ansioso.

― Pero Bella escu…— golpearon otra vez.

― ¡ya vamos!— me gire y camine hacia la puerta cuando abrí Edward estaba parado en ella— ¿Qué haces aquí?— me reí.

― Emmett necesita darte algunas indicaciones, me pidió que viniera por ustedes.

― Bien ya bajamos, Salí de la habitación seguida por Edward y Rosalie.

Cuando llegamos abajo, pude ver claramente las miradas que se mandaban Rosalie y Emmett, también podía ver la cara de desesperación de Edward porque estuviéramos solos, podía leer claramente su expresión. Emmett me dio unos cuantos consejos más y se fueron, Rose y yo nos hicimos señas de "me llamas" y se retiraron. Cuando estuvimos solos ya era casi medio día, hora de almorzar en la casa Cullen.

― Hoy comeremos en el jardín— me anuncio ante mi incredulidad, habíamos pasado toda la semana encerrados y ahora me iba a sacar a comer a su jardín ¿delante de todo su personal?, bueno ingenua era si no sabía que ya todos estaban enterados de lo nuestro, no por nada pasamos metidos en esa habitación toda la semana.

― Está bien—

― ¿algo en especial?— me pregunto con una sonrisa.

― No, prefiero probar las sorpresas de la cocinera— Martha era una excelente Chef por lo que Will me había contado trabaja para Edward desde hace muchos años.

― Bien entonces ¿vamos a dar un paseo?— me pregunto extendiéndome su mano

― ¡claro!— acepte con gusto.

Salimos al jardín y en efectivo el día era maravilloso, aun se sentía la helada que había pasado en la noche pero los tibios rayos de sol ya casi tenían el ambiente temperado, caminamos alrededor de los hermosos jardines de la mansión, todo era tan lindo, Edward sonreía cada vez que yo lo hacía, me pregunto sobre muchas cosas distintas, hablamos sobre gustos, preferencias, cosas que no me gustaban y sorprendentemente teníamos varias cosas en común, jamás me imagine que a Edward le gustara tanto el campo como a mí.

― ¿tus padres tienen un campo?— pregunte incrédula cuando él me lo conto, a decir verdad era una de las primeras veces que sus padres salían en la conversación.

― Si, al norte de Inglaterra. A mi familia no le gusta la vida ajetreada de la ciudad por eso se compraron una hacienda y construyeron una casa, es ahí en donde viven hace ya muchos años. Mi hermana se caso y vive con ellos también, la casa es tan grande que caben muchas familias completas allí.

― Wow— comente con asombro— y dime ¿Qué hace tu familia?

― Son empresarios al igual que yo, Cullen Enterprise es una empresa familiar, mi hermana no estaba interesada en dirigirla es por eso que yo tome el cargo, además ella era muy pequeña cuando mi padre decidió retirarse. Mi hermana también tiene su empresa ella es diseñadora y tiene su casa de modas en Inglaterra y en algunos países mas, por ahora está un poco más alejada por la crianza de mi sobrino. Su marido Jasper Whitlock es enólogo y tiene una producción propia de vinos, son bien famosos en Europa.

― Toda una familia de empresarios— Edward me miro curioso pero asintió.

― Nos ha costado toda la vida llegar a donde estamos pero ha valido la pena el esfuerzo.

― Ya lo creo— me sentía feliz de estar compartiendo esto con él, saber de su familia o de su historia me hacía sentirme un poco más cerca de su corazón.

Caminamos por largo rato por los senderos del jardín, bromeábamos, jugueteábamos y hacíamos cosas normales, como dos novios. Me sentía extraña por estar así con él, Edward se veía contento, feliz, jamás había visto esa expresión de tranquilidad en su cara. Cuando llegamos al final del jardín Will nos estaba esperando, nos indico que lo siguiéramos, cuando doblamos por un lado de la casa mis ojos se maravillaron al ver hacia donde nos diríamos, en el medio del jardín y rodeado de flores había una hermosa terraza, nos esperaban Rachel y una mesa para dos, exquisitamente decorada si puedo agregar.

― Es hermosa— dije conteniendo la sorpresa, Edward subió y me extendió su mano como un caballero, me acompaño hacia mi silla y la saco para que yo me sentara, Rachel me miraba con una enorme sonrisa en la cara, ¿Por qué sentía que todos apoyaban mi relación con Edward? Will como siempre tan educado nos dio el menú para el día de hoy y apareció la cocinera junto a otra mucama con el carro de la comida. Todo era una exquisitez, almorzamos y seguimos hablando de cosas triviales, detalles de nuestra vida y cosas que nos importaban, después de esta semana podía decir que conocía muchísimo más a Edward. — ¡Wow!— exclame al terminar mi postre— tu cocinera es un ángel, mis felicitaciones para ella Will— me gire para mirar al mayordomo que asintió con una sonrisa, retiro las cosas y se marcho junto con la servidumbre.

― ¿te ha gustado el almuerzo?— pregunto con una hermosa sonrisa, sus dedos jugaban con la incipiente barba que aparecía en su mentón.

― Si, estaba exquisito— suspire, me recargue sobre el respaldo y deje que los sonidos de la naturaleza invadieran mis sentidos, cerré mis ojos cuando una brisa acaricio mi rostro.

― Un millón de dólares por tus pensamientos— abrí mis ojos y bufe.

― No es nada importante

― Pero parecías concentrada

― Solo disfrutaba del momento, es exquisito el estar aquí disfrutando de la naturaleza.

― Lo sé, como aquí cada vez que puedo, aunque es la primera vez que lo hago con alguien más.

― ¿Qué?, ¿nunca has comido con alguien más aquí?

― No, no creo que nadie valga la pena como para invitarlo a almorzar en mi lugar preferido, bueno hasta ahora— corrigió con una sonrisa.

Me sonroje furiosamente sin poder evitarlo, el hombre además de amarlo me confundía de manera alarmante, esos cambios de ánimo y de ser me dejaban completamente mareada, Edward Cullen podía ser muchos hombres a la vez y lo peor de todo era que no sabía con cual trataba a cada segundo, mi corazón aun no lograba distinguir si sus sentimientos hacia mi eran verdaderos y lo más terrible era que ni siquiera sabía si existían. Will entro en la estancia con el teléfono en la mano.

― Sr. Cullen, tiene una llamada— dijo con tono solemne, Edward me miro y cerro sus ojos

― ¿es de mi familia?

― Sí señor, es su madre— le extendió el teléfono y Edward lo tomo se recargo en la silla y contesto.

― Hola mama— saludo con voz apagada como si no le causara ninguna dicha saber sobre su familia, cuando Edward hablaba de ella sentía que algo tenia con ellos ya que no sentía el apego del hacia sus familiares, quizás no tenían buena relación aunque Edward me había dicho que su familia era su vida— si lo sé, si mama lo tengo presente. ¿Cuándo se casara?, ¡Oh! Qué bien no queda mucho— Edward tomo el puente de su nariz y frunció su ceño, mi atención se desvió de la conversación y comencé a pensar como seria conocer a los padres de Edward, no podía imaginármelos, me costaba mucho pensar en cómo actuaban de hecho sabia que eran muy educados y ricos pero aun así me costaba pensar como serian los progenitores de mi amado. Unos minutos más tarde Edward se comenzó a despedir.

― Si mama, no te preocupes claro que iré, todavía faltan unos meses así que podre organizarlo todo, si claro, nos vemos cuídate y saludos a Alice, adiós— colgó, no había palabras de amor, ni buenos sentimientos, era la conversación más fría que había escuchado en mucho tiempo— disculpa— dijo dirigiéndose a mí.

― No, no te preocupes— le dije agitando mis manos, su rostro se torno sombrío y apagado.

La tarde fue un poco diferente, cada uno hizo alguna actividad, hoy era fin de mes puesto que Edward tenía que firmar todos los pagos de sus empleados, a los de la casa le gustaba pagarle el mismo, a los demás dejaba que los contadores se encargaran. Estuvo en la biblioteca por alrededor de dos horas llamando uno por uno a cada uno de ellos, el ultimo pero no menos importante fue Will con él se encerró alrededor de media hora más. Yo estaba sentada leyendo un interesante libro cuando Will salió de la biblioteca mas pálido que de costumbre, me asombre al verle la cara parecía que le habían dado una noticia atroz o algo que lo había dejado estático, camino por los pasillos hasta perderse, como había dejado la puerta abierta me escabullí dentro de la biblioteca. Edward estaba sentado en si enorme sillón del escritorio contemplando los ventanales, el sol de la tarde se colaba por ellos pero era tan tenue que anticipaba el crepúsculo. Sus ojos perdidos en la vista brillaban con una intensidad que yo desconocía, no quise interrumpir su momento y me recargue en el marco de la puerta a observarlo. La luz que daba justo en donde él estaba, adornaba su cabello y su rostro, su cobriza melena se veía aun mas encendida al igual que su piel que tomaba un color parecido al del sol. Me maraville con la vista Edward era un tipo soberbio y orgulloso, endemoniadamente sexy y apasionado pero que escondía un corazón tan cálido como el mío o el de cualquier otra persona. Su cara se irguió y sus ojos se cerraron, inspiro audiblemente y soltó el aire que tenia contenido, en estos momentos muchos sentimientos se situaban en mi corazón ¿Cómo un hombre podía tener tantas caras? No lo sabía aunque me encantaría conocer la razón. ¿Por qué él se abra convertido en un hombre duro y severo? ¿Algo lo abra generado? O tal vez alguien, era extraño pensarlo pero mi curiosidad era más fuerte y en especial cuando se trataba de él.

― ¿no vas a entrar?— pregunto sorprendiéndome, mi cuerpo dio un respingo, ¿Cuándo se había dado cuenta de que estaba allí?

― No quería molestarte— confesa en un susurro.

― Ven— me extendió su mano, camine hacia donde él estaba situado y me pare justo a su lado, ahora el calor del sol de la tarde nos abrazaba a ambos— ahí no— me dijo con el ceño fruncido, su mano rápida tomo la mía y me jalo hacia su regazo. Me senté sobre su regazo y el de inmediato pasó sus manos por mi cintura pegándome a su cuerpo, su cabeza se fue hacia mi cuello y ahí se escondió. Mi cuerpo se estremeció con miles de escalofríos que pasaron por mi piel, aunque había estado con el ya muchas veces seguía provocándome las mismas reacciones.

Nos quedamos así mucho tiempo solo sentados disfrutando, cuando la habitación se oscureció completamente Edward se paro y nos condujo hacia el comedor en donde la cena nos esperaba. El termino del día fue totalmente pacifico, Edward y yo solo disfrutamos de la compañía del otro, un dolor de cabeza le impidió seguir hablando, aunque rezongo mucho lo lleve a dormir. Tenía miedo de que le viniera una recaída habían pasado ya muchos días desde su ultimo dolor de cabeza y no esperaba que le diera otro. Edward durmió toda la noche acurrucado entre mis brazos, cuando intentaba pararme a algo él me apretaba contra si, así que al segundo intento desistí quedándome dormida junto con él.

Al otro día, un sol radiante pegaba en las ventanas, me removí en la cama, estire mis brazos para sentir el suave respirar de Edward en mi brazos pero me tope con una cama fría y vacía, abrí mis ojos de golpe, comencé a buscarlo con mi mirada por todas partes, me levante y me puse una suave bata de satén azul. Mire hacia la salida y la puerta de la habitación estaba abierta. Sentí la voz de Edward en el pasillo pero se escuchaba algo exaltada.

― No me interesa lo que tu opines— decía mientras se paseaba de un lado a otro— ¿Quién eres tú para decidir sobre mi?— pregunto con rabia en sus palabras— ¡no! Y jamás hare lo que tú me digas, esta es mi vida, mi dinero, mi casa así que no te metas en lo que no te importa y te pido que no me vuelvas a llamar en lo que queda del día, nadie contestara tu llamada, adiós— le dijo y colgó, me quede estática en el medio del pasillo, Edward llevo sus manos a la cara y ahogo un grito en ellas, se veía totalmente aproblemado con la llamada, avance hacia donde estaba el, sabía que me arriesgaba mucho metiéndome con algo de su vida cotidiana pero aun así corrí el riesgo, camine hacia su espalda y pase mis manos por sus cintura, me pegue a su cuerpo intentando darle algo de apoyo, mi cara descansó en la cálida piel de su espalda, Edward giro un poco su cabeza y sonrió, era un gesto simple pero que tenía mucho más valor para mí que cualquier cosa, quería decir "si, aquí estoy contigo, apoyándote", esperaba que el llegara a sentir mi apoyo aunque no llegara a decírselo por ahora. Sus manos se fueron hacia donde estaban las mías y las aparto un poco para girarse, estire mi cabeza y besos deje un tierno beso en sus labios, era algo lento y solo para que los dos pudiéramos disfrutarlo, la luz de la mañana colaba por las ventanas, sentí un escalofrió pasar por mi espalda.

― Hace frio aquí afuera— le dije.

― Sí, creo que todavía no se tempera bien la casa, acabo de prender la calefacción y esta recién entibiándose— algo de esa oración no me calzaba.

― ¿acabas tu de… prender la calefacción?— le pregunte con una sonrisa.

― Si— respondió con otra— ¿Qué tiene?

― ¿tu… prendiste la calefacción de tu casa?— volví a preguntar incrédula

― ¡ah! Ya se… te preguntas porque no mande a alguien a hacerlo ¿cierto?— asentí— bueno eso es porque cierta señorita me dio unas locas ideas y decidí que nunca era tarde para probar, hoy estamos solos pequeña— se acerco a mi oído— Will y todas las personas de esta casa se han ido, no queda nadie más que tu y yo— mis ojos se abrieron a lo más grande que dieron, la sorpresa fue sin duda algo que no esperaba ¿Edward había tomado en cuenta lo que le dije?, eso sí que era nuevo.

― ¿les diste libre a todos?— le pregunte incrédula.

― Si, así es. Así que vamos a preparar nuestro desayuno, de hecho todos se fueron anoche cuando les pague— mi boca formo una teatral O, no podía creer lo que él había hecho, sin duda era un gesto bastante benevolente.

― Bien entonces vamos— le dije aun sin creer lo que me había dicho.

La mansión Cullen lucia completamente desierta, los pasillos completamente limpios y desolados era lo único que encontrábamos mientras caminábamos, llegamos al primer piso y nos dirigimos a la cocina, era la primera vez que entraba allí, era ¡enorme! Edward llego hacia donde estaban los aparatos y tomo el hervidor de agua para llenarlo, algo tan simple como el hacer el desayuno él lo hacia una actividad celestial, parecía un dios en el medio de la cocina.

― ¿Supongo que no haces esto a menudo?— le pregunte mientras buscaba unas tasas y el pan

― ¡demonios Bella! ¡tu realmente piensas que soy un completo esnob!— ambos nos reímos.

― Mas o menos, es que la verdad no te imagino horneando pasteles y cosas así.

― ¿a qué no?, para que sepas yo aprendí solo a cocinar y hacerme mis propios platillos, no comía solo comida rápida cuando vivía solo.

― ¿viviste solo?

― Si por unos meses antes de entrar a la universidad, era solo un chico, según yo quería probar la vida de adolescente solo en un país extraño, me vine a vivir a este país cuando termine mis estudios en el colegio y estuve por mi cuenta por un tiempo.

― ¿por tu cuenta? ¿osea trabajaste y todo eso?— mi boca se cayó solo un poco pero trate de que él no lo notara.

― Si, lo hice… tocaba el piano en un restaurant, me pagaban bastante bien para hacerlo solo en la semana.

― ¿tocas el piano?— fingí no saberlo— ¡esa sí que es una sorpresa!— el solo sonrió, tomo una manzana y le dio una mordida, el sonido del hervidor era lo único que se escuchaba en la gran estancia.

― Si, en realidad lo hacía, ya hace muchos años que deje de hacerlo

― ¿Por qué?— era mi momento para saber.

― Tengo otras responsabilidades, hay cosas mucho más importante que el estar perdiendo el tiempo en el piano— su semblante cambio, se veía más oscuro y deprimido.

― Ya veo— jugué nerviosa con una de las puntas de mi cabello, el sonido del hervidor nos saco de la conversación, camine a buscar lo que nos faltaba para el desayuno, los ingredientes para el pan y los panecillos que a Edward le gustaban. Nos sentamos en una pequeña mesa que había al lado de un ventanal en donde se veía todo el jardín. Desayunamos en silencio, sentía el corazón de Edward triste, de hechos su rostro se veía acongojado — ¿Qué haremos hoy?— le pregunte tratando de sacarlo de su ensimismamiento. Ambos habíamos terminado de desayunar.

― En esta casa hay muchas cosas en que te puedes divertir, después del desayuno ¿vamos a nadar?— me pregunto con una sonrisa.

― Pero hace mucho frio— le dije mirando lo escarchado que parecía el jardín.

― Si pero no en la alberca de afuera, si no en la de aquí adentro.

― ¿tienes una piscina temperada?— pregunte incrédula— ¿Dónde?

― Vamos a cambiarnos y te diré.

Edward se levanto de la mesa y consigo llevo al fregadero todo lo que estábamos ocupando, me tomo una de mis manos y me llevo hacia la habitación, caminamos rápidamente hasta llegar a la puerta.

― Pero… pero— intente replicar— Edward, no tengo traje de baño— él se giro cuando ya estábamos en la puerta de mi habitación y me dio una torcida y sexy sonrisa, creía que me iba a caer en el mismo momento.

― Eso no será problema— me dijo con su voz en un tono aun más sensual.

― No nadare desnuda— le dije intentando leer lo que estaba pensando

― Lo sé, no me refería a esa, mi hermana siempre tiene algo de ropa aquí, creo que debe tener algún traje de baño, espérame aquí.

Edward se metió en una de las habitaciones del fondo del pasillo y se perdió por unos momentos, este hombre sí que estaba loco, volvió con sus manos llenas de prendas de vestir.

― Espero que algo de esto te sirva— las puso sobre mis manos— son de mi hermana Alice— asentí algo desconfiada, los trajes de baño no lucían como la imagen que tenia de la hermana de Edward, alguien igual a él.

― Bien, me los probare— Edward me dio un beso en la coronilla y se fue a cambiar.

Me metí en la recamara y rápidamente me probé todo lo que él me había entregado, debo decir que los bañadores dejaban muy poco a la imaginación, intente acomodarme el que me quedó mas grande o me tapaba mas piel y Salí de la habitación envuelta en una polera larga, cuando iba caminando por el pasillo Edward me alcanzo en la escalera. Me miro de pies a cabeza y sonrió. Llegamos al primer piso y nos dirigimos por el mismo camino para ir a la cocina, cuando llegamos a una puerta que estaba antes de ella nos metimos y bajamos unas escaleras, el calor abrazador de la alberca se sentía a medida que iba bajando, cuando por fin estuvo frente a mis ojos me maraville por el tamaño y la forma que tenia, era como una pequeña cascada en un subterráneo.

― Wow— exclame, Edward me llevaba de la mano hacia dentro, caminamos por los suelos de cemento pulido, el ambiente caluroso y abrazador provoco que pequeñas gotas de sudor se formaran en mi frente y nariz.

― Si es genial, esta alberca venia con la casa, a los dueños anteriores les encantaban así, como cascadas.

― Es hermosa

― Bien, ¿vamos a nadar?— me pregunto, mientras se sacaba la playera con la que andaba, el short con el que quedo se ajustaba perfectamente a sus caderas, era corto y ceñido, una pequeña combustión comenzó a arremolinarse en mi cuerpo, sentí la excitación con solo mirar su hermoso cuerpo— ¡vamos!— me dijo antes de lanzarse al agua, por primera vez en el día lo veía feliz y relajado, era como siempre me gustaría verlo, disfrutando de alguna actividad. Con un pudor que no supe de donde salió me saque la playera, Edward me miraba atentamente del agua, sus ojos oscuros y esa sonrisa dejaban al descubierto lo que pasaba por su mente, que curiosamente era lo mismo que pasaba por la mía. Metí un pie al agua y mi cuerpo se estremeció, el calor del agua y el frio de mi cuerpo hicieron mal contraste provocándome una sensación de frio.

― ¡vamos Bella!— me dijo lanzándome un poco de agua, sonreí y al mismo tiempo fruncí un poco mi ceño, baje un poco más las escaleras de la alberca hasta que mis rodillas estuvieron dentro del agua, Edward nado hacia donde yo estaba antes de que pudiera retroceder ya estaba casi a mi lado, salió del agua rápidamente y se paro en frente mío— ¿estarás aquí todo el rato?— me dijo cerca de mi boca, sus húmedos labios se aplastaron contra los míos, sentí sus respiraciones rápidas sobre mi piel al separarnos. Uno de sus tibios dedos pasó por mis hombros y se deslizo por la hendidura de mis pechos— lindo bañador— me dijo con voz provocativa.

― Igualmente— respondí con tono sensual, baje mis labios hacia sus hombros y lamí la parte inferior de su cuello, el gimió.

― Bella— me dijo tomándome de la cintura y aplastándome contra su húmedo cuerpo.

― ¿no querías nadar?— le dije separándome un poco— entonces vamos— sonreí.

― Niña mala— murmuro cuando pase por su lado. Me metí en el agua y nade unos cuantos metros seguida por él.

La mañana la pasamos metidos en la alberca, creo que nos divertimos como pocas veces lo habíamos hecho, fue una mañana muy sensual y erótica, el agua nos sirvió para explorar cosas que jamás habíamos probado, Edward Cullen era un maldito vicioso y me había convertido a mi también, no sé porque pero no podía dejar de tocarlo, su cuerpo, su piel y en especial su corazón me invitaban a hacerlo.

― Iré al baño, vuelvo enseguida— le dije alrededor del medio día.

― Ve— me dijo y se lanzo nuevamente a la piscina.

De verdad no quería ir, solo quería pensar. Camine por los pasillos de la casa y casualmente di con el cuarto del piano, gire la manilla y estaba abierto. Mire hacia los lados y al parecer nadie me estaba viendo, ¡Bella! No había nadie en casa hoy, dije solo para mí. Entre en la enorme habitación y estaba igual que como la recordaba, el piano nuevamente cubierto me hacia una invitación para que lo mirara. Saque la sabanilla que lo cubría y deslice mis dedos nuevamente por las teclas, cerré mis ojos y casi podía imaginar a Edward tocando para mí pero sabía que ese era un sueño. Me senté y puse uno de mis dedos en la tecla, ¿Cómo el tiempo podía cambiar tanto a alguien?, ¿realmente Edward había olvidado todo lo que le gusta en la vida? ¿Había olvidado como ser feliz? O peor aun ¿lo habría sido en algún momento?, las preguntas no dejaban de aparecer en mi mente, quizás algún día podría responder aunque sea alguna.

― Edward— susurre solo para el enorme piano y para mi, mi dedo bailo sobre algunas teclas pero sin conseguir que el sonido fuera armonioso, yo era un desastre jamás había logrado juntar ni una sola nota musical pero tenía la impresión de que lo que decía Will era verdad y el tocaba como toda un prodigio, la tecla sonó una vez mas y cerré mis ojos, ojala el recuperara la vida que perdió cuando dejo de tocar, cuando perdió la alegría de vivir o cuando dejo de ser humano para convertirse en ese corazón de hierro. Una vez mas sonó una de las piezas de marfil que llamábamos teclas solo que estaba vez un sonido nuevo acompaño al otro, y otro, otro más, una melodía. Abrí mis ojos de manera estrepitosa y mire hacia mi lado, el rostro de Edward estaba en mi hombro, sus manos pasaban por al lado de mis brazos alcanzo las teclas del piano, su cuerpo estaba sentado justo detrás del mío, estaba tocando Edward nuevamente estaba tocando el piano

― Así no se hace— me dijo mientras la melodía suave llenaba la habitación— dime ¿Qué compositor te gusta más?— pensé rápidamente

― Chopin— le dije alucinada con solo verlo tocar. Siguió tocando una dulce melodía, parecía estar pensando.

― Chopin, Op. 9 Nº2… Nocturnal ( h t t p : / / www . youtube . com / watch?v=YGRO05WcNDk ) (quitenle los espacios)

Los dedos de Edward comenzaron a tocar, no podía creerlo, ¡estaba tocando! Y lo hacía solo para mi, mis ojos se llenaron de una emoción que me fue difícil controlar, jamás había esperado que el tocara algo para mí. La melodía comenzó a envolverme, miraba hacia cada lado y los dedos de Edward parecían bailar sobre el teclado, ¡dios! Era un prodigio, la melodía era suave y demasiado hermosa. No sé porque pero definitivamente sonaba más bella en sus dedos. Me sentía feliz, sin duda este era el momento culmine de una semana que no podría ser mejor, estaba en los brazos de mi amado disfrutando de su música.

― Tocas hermoso— susurre emocionada, las manos de Edward seguían deslizándose por el piano, el sonrió y perdió sus ojos y los míos, sin poder evitarlo acorte la distancia y bese sus labios, no pude resistirme. La música lentamente dejo de sonar, sus manos al verse libres de tocar se fueron hacia mi cara y acariciaron mis mejillas, ¡como era dulce! ¿Cómo no amarlo? Si era el ser más hermoso que pisaba la tierra.

― Gracias— susurro dando besos en las comisuras de mis labios— hace años que no lo hacía.

― Deberías hacerlo un habito— sonreí

― Siempre que tú seas mi público— me dijo, mi corazón latió desbocado y perdí la cordura.

― Siempre, siempre que tú quieras estaré aquí, siempre que me quieras a tu lado, aquí me tendrás, aquí estoy— le dije sentándome a ahorcadas sobre él.

― Y aquí te quiero— repitió— quédate— acaricio mi cabeza y mis labios— quédate— susurro nuevamente.

Mi beso fue salvaje, este hombre despertaba todo en mí, podía amarlo y desearlo con la misma intensidad con la que quería que fuera mío por siempre, estaba enamorada y daría la vida si fuera necesario, por ese hermoso corazón, pagaría hasta el más ínfimo de mis pecados. Sus manos me sujetaron de la cintura pegándome aun mas a su regazo, mi cuerpo comenzó a moverse espontáneamente creando una fricción con su entre pierna, gemí muy despacio sobre sus labios cuando sentí que mis movimientos tenían el efecto que quería, lo deseaba en este mismo momento.

― Bella— gruño contra mi piel, saco rápidamente el traje de baño que nos estorbaba dejándonos completamente expuestos, el sol entraba por la ventana bañándonos de cálidos rayos que aumentaban un poco el calor que ya sentíamos, la combustión espontanea que el causaba jamás la había sentido con nadie, no hacía falta nada más que me tocara para sentirme deseada.

Me tomo en sus brazos y me beso fieramente, mi pecho quedaba contra el suyo y mis piernas se enrollaban en su cadera apretándolo más hacia mí. Me deposito sobre el teclado del enorme piano de cola, sus caderas se refregaron contra la mía con lujuria anticipando lo que venía, beso mis pechos, mi abdomen, mis muslos, sentí el deseo recorrer por cada parte que había, estaba frentica, ansiaba sus caricias, sus besos y todo lo que él me producía, quería que recorriera mi cuerpo y me hiciera gemir su nombre mientras lo sentía dentro de mí.

― Tan hermosa— me susurro contra la piel de mi cuello, tomo el aroma de mi piel y siguió besándome hasta llegar nuevamente a mi boca, mis manos se aferraron al piano, su cuerpo nuevamente se presiono contra el mío, su potente erección rozo mi entrada haciéndome lanzar un gritito de placer, la corriente que se disperso por mi piel fue la misma pero que se acrecentó en el momento que entro en mi.

― ¡Ah! Edward— gemí contra su lóbulo, mi lengua lo lamio y jadee cuando sus manos me sujetaron de la cintura y comenzó a bombear, embistió mi cuerpo suavemente, como si se tratara de una figura de porcelana, su cabeza se iba hacia atrás gimiendo mi nombre.

Sentía que el placer me estaba jugando una mala pasada, mi cabeza giraba y no era capaz de pensar en nada solo en sentir el cuerpo de mi amado cerca del mío. El ritmo que el mismo llevaba se incremento al igual que los sonidos que salían de nuestros pechos, las respiraciones se volvieron erráticas y las manos buscaron mas piel de la cual acariciar, el vaivén fue frenético y los jadeos llenaban por completo la habitación, estaba alcanzo el clímax, Edward embistió solo unas cuantas veces más y su grito rompió todo mi control, alcance solo unos segundos después un maravilloso orgasmo uno que solo él podría haberme producido.

― Ah— jadeo muy fuerte, su cuerpo colisionó contra el mío, su cabeza quedo en mi pecho, la mía estaba completamente arqueada hacia la cola del piano, ambos respirábamos como si hubiéramos corrido por un cerro toda una mañana. Subió sus manos y me paro del teclado del piano, mis piernas nuevamente pasaron por sus caderas, me condujo hacia unos sofás que habían en un rincón, nos dejo caer sobre ellos sin poder evitar el cansancio, mi cabeza se apoyo en su pecho, su corazón estaba desbocado al igual que el mío.

¡Dios como lo amaba!, no me importaba nada, solo lo necesitaba a él, siempre mío, por siempre para mí. Edward Cullen lo era todo, era mi dios, mi sol y mi amor, no necesitaba nada más.

― Te Amo— deje escapar en un suspiro, de inmediato sentí el peso de mis palabras, el cuerpo de Edward se tensiono por completo y dejo escapar un jadeo de sorpresa.

― Bella ¿Qué fue lo que dijiste?— me pregunto y me congele de inmediato. Mi cuerpo se convirtió en piedra sobre la piel de su cuerpo.

¿Le había dicho que lo amaba?, con un demonio ¡lo había hecho!, le había dicho lo que mi corazón quería gritar pero que jamás iba a dejar salir, hasta ahora, ya estaba expuesta, le había entregado en bandeja de plata mi corazón para que el hiciera lo que le plazca con lo poco que queda de mí, porque lo demás se lo había entregado en secreto a este amor que ahora estaba expuesto ante sus ojos. Este era mi fin…

sábado, 21 de mayo de 2011

Muñequita

Hello mis angeles !!
Aquii les traigo este  fic , de nuestra querida sandra , muchas gracias hermosa por compartir una vez de tu talento con estas viciosas de fanfics. te mando mil besitos
Chicas a disfrutar y no se olviden de dejar sus comentarios al final
Mil besitos a todas y gracias por su preferencia.
Angel of the dark
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PRÓLOGO 



Promételo

No, nunca

Maldición niña, tienes que prometerlo, tienes que vivir

Sin ti nunca, por favor no me dejes James, te necesito, te quiero

Y yo a ti mi niña, por eso tienes que dejarme, sálvate, corre, corre

No te voy a dejar, él te va a matar y si eso pasa me muero contigo, ya no quiero seguir escapando, estoy cansada

Carajo, tú eres fuerte, eres mejor que cualquier persona, tienes que sobrevivir, ya es tiempo que vivas como te corresponde, anda corre que ese hijo de puta se está acercando, corre maldición, sálvate, yo lo detendré para que te salves

Te esperaré el tiempo que sea necesario James, te esperaré siempre

Cuando acabe con ese bastardo te iré a buscar mi niña

Bésame James

No, tú primer beso no debe ser así, cuando te vaya a buscar te pediré ser mi novia y te besaré, yo te robaré tu primer beso y el último

No me voy si no me besas ahora

Niña testaruda ven acá

Te quiero

Y yo a ti, ahora vete

Bip, bip, bip

Mierda

Desperté como todos los días, sudada, alterada y con este dolor en el pecho, la pérdida de James no la he podido superar, pero le prometí salir adelante, sobrevivir y eso estoy haciendo, a costa de la vida del único chico que me ha robado el corazón y mi primer y único beso.

Me llamo Isabella Swan, tengo 17 años y hace tres meses que James murió en ese maldito bosque para salvarme, entregó su vida para que yo viviera, pero en el fondo esto no es vivir, por que el maldito que me persigue sigue vivo, encarcelado, pero vivo y mi James muerto y yo sigo escapando como la cobarde en la que me convertí gracias a ese degenerado que se obsesionó conmigo.

Ahora a seguir la maldita rutina, hace 1 mes que llegué a vivir a este pueblito llamado Forks, estoy en la secundaria cursando mi último año, me costó retomar el ritmo normal de una adolescente, pero lo logré, aunque a veces es más duro de lo que imaginan, no tengo familia, no tengo amigos y no tengo pasado, ese pasado lo borré desde que salí del hospital en el que estuve internada 1 mes en coma.

Cuando salí de allí la policía me entregó la documentación necesaria para mi nueva vida : nuevo nombre, apellido, pasado, en fin vida nueva lejos de ese país, de ese ambiente, lejos de ese hombre.

Ahora mi nombre es Annie Holmes y soy la persona más desgraciada del planeta, en la secundaria soy menos que escoria, la mayoría me detesta, pero les digo la verdad me vale mierda, y saben por qué, porque no me importa lo que digan de mi, no me importa, ellos no me interesan, es más desde el día que perdí a James perdí parte de mi alma, tengo media vida y no confío en nadie, todos se pueden ir al carajo y no me importa, no tengo nada que perder, todas las personas que quería y me querían murieron, mis padres, mi hermano y James, todos a manos de ese desgraciado.





CAPÍTULO I.-

BELLA POV

- Bella, es importante que prestes atención, ¿James te entregó la documentación para tu nueva identidad?, es importante que la utilices para que estés a salvo, te irás al país que escogimos para ti, ahí estarás segura

- Se equivoca, James no alcanzó a entregarme nada, no pudo, no tengo nada – él si me había entregado los documentos y la información, pero no confiaba en ellos, en nadie, ¿cómo confiar? Si la misma compañera de James lo traicionó y lo entregó.

- Mierda, pensé que estaba todo listo, James arregló tu nueva vida, nadie más sabía tu próximo destino, ese chico tenía sus contactos libres de fuga de información, pero no te preocupes, personalmente pasado mañana tendrás la nueva identidad y lo necesario para tu nueva vida, te reubicaremos y sólo tendrás contacto conmigo y con el agente Smith

- Ok – esa fue mi brillante respuesta

- Hasta mañana Bella, por favor descansa

- Ja, llevo tres malditos meses descansando postrada en este maldito hospital.

- Por favor cálmate, te estás recién recuperando, lo que pasaste fue traumático y debes recuperarte y sacar fuerzas

- No se si podré

- Si podrás, se lo debes a James, por él sale adelante Bella, se que se querían

- ¿lo sabía?

- Por supuesto, aunque no era prudente, por tu edad y por la labor que James estaba desarrollando

- No veo nada de malo que una chica de 16 se enamore de un hombre de 20, James era especial, y desde que lo conocí siempre me protegió, incluso con su vida

- Lo se Bella, sólo por eso lo dejé a cargo de ti, por que era un excelente agente y un excelente amigo y se perfectamente que te duele su pérdida

- Así es, antes de irme quisiera saber donde…. Donde está enterrado, yo quiero ir a su tumba

- Bella no es prudente

- Por favor Jake, tú eras su mejor amigo, por favor quiero despedirme de él, quiero llorar su muerte

- Ok Bella, cuando salgas de acá yo mismo te acompaño

- Gracias Jake

Cuando salí Jake cumplió su promesa y me llevó al cementerio donde descansaba James, no pude evitarlo y lloré hasta que mis ojos se secaron, hace dos semanas que desperté del coma y me enteré que James había muerto, no podía creerlo, él me dijo que siempre estaría conmigo, otra persona más que perdía, otro ser querido que moría, me sentía vacía, la que debería estar muerta era yo, yo ocasioné toda esta desgracia.

Un año escapando, un año me cuidó James para que perdiera su vida por mi, de nada sirvió, todo estaba perdido ¡mierda! Por qué no morí ese maldito día, por qué me tuve que salvar ¿qué mierda tengo de especial para que siga viviendo cuando todos a mi alrededor mueran?, nada, no soy nada y sigo viva.

Después del cementerio Jake me entregó la nueva documentación y me dio todas las recomendaciones para seguir adelante, dos nuevos agentes estarían encargados de cuidarme hasta que enjuiciaran al culpable.

Antes de irnos a mi nuevo destino le pedí a los agentes ir al lugar exacto donde ocurrieron los hechos, por supuesto no accedieron, era peligroso, además era la escena del crimen y la investigación seguía abierta, pero como la condenada testaruda que soy convencí a Jake para que me llevaran, era mi vida, era mi historia y tenía mis motivos para querer revivir ese día.

Al llegar hice el mismo recorrido de ese día cuando tratábamos de escapar, todo seguía claro en mi cabeza, las lágrimas no tardaron en inundar mis ojos y mejillas, los árboles en los que nos habíamos apoyado para descansar un momento seguían ahí testigos de la desesperación y la angustia, seguí caminando hasta que llegué al punto donde me separé de James y ahí estaba aún los rastros de sangre de mi amor, mucha sangre esparcida en ese árbol. Cuando llegamos ahí él ya estaba herido y se apoyó a descansar un momento, llevábamos corriendo como 1 hora y él debía descansar, me acerqué al árbol y toqué la sangre seca, recorrí mis dedos por el tronco del árbol como queriendo recabar los últimos segundos de su vida, sus últimas respiraciones, sus últimos latidos del corazón.

Seguí caminando, hice el recorrido que hice yo después de dejar a James, no fueron muchos los minutos que recorrí, porque cuando escuché los disparos y a ese hombre llamándome y acercándose supe aunque lo traté de negar que James ya no estaría conmigo, así que escondí en la base de un árbol bajo una piedra grande los documentos que me entregó James, no se por que lo hice en ese momento, no actuaba coherentemente, lo único que sabía es que sin James no quería vivir, no volvería a dejar que ese hombre me atrapara y me encerrara, prefería morir y eso haría, cuando el desgraciado se acercó agarré la navaja que James me había entregado para que me defendiera, pero estaba tan cansada, no podía luchar, ese hombre era demasiado fuerte y llevaba una pistola, así que agarré la navaja con fuerza y corté mis muñecas en forma vertical abriendo mis venas, el desgraciado gritaba que no lo hiciera, así riéndome en forma descontrolada di el toque final y corté mi cuello de lado a lado, después todo se volvió oscuro.

Encontré el sobre que James me había entregado y yo había ocultado, los agentes se encontraban unos metros alejados para darme unos momentos para estar sola, así que a espaldas de ellos recogí el sobre y lo escondí entre mis ropas y me despedí de mi vida.

Cuando llegamos al aeropuerto pedí ir a los sanitarios y desde allí me escapé de los agentes, pensé que no lo lograría pero lo hice, corrí en sentido contrario, en el sobre había documentos de identidad, dinero en efectivo, una cuenta bancaria indetectable a nombre de Annie, el dinero de esa cuenta era mío, meses antes de la desgracia había sacado el dinero de varias de mis cuentas bancarias y James lo había depositado en una sola cuenta nueva a nombre de Annie, con sus contactos había logrado que esa cuenta no fuera rastreada, así que tenía mis buenos millones, ya que mis padres eran empresarios de una conocida discográfica, además de tener otros negocios, así que me habían dejado forrada en dinero antes de ser asesinados.

Tomé el pasaje en blanco y me subí al primer vuelo que encontré y así anduve vagando de ciudad en ciudad hasta estar segura que no seguían mi pista. Cuando estuve segura tomé un vuelo varios vuelos hasta llegar a Forks, ahí James había comprado una casa y se encontraba totalmente amoblada, hasta contenía ropa y todas las cosas que necesitara para poder vivir, claro que fue bastante duro al llegar, ya que se suponía que él vendría conmigo por lo que sus cosas también se encontraban allí.

Desde el tiempo que llevaba viviendo en Forks una sola vez había entrado en la habitación que él ocuparía, me dolía mucho recordarlo, aún en las noches lo lloraba, no era justo que hubiera muerto, era tan bueno, tan valiente, tan hombre.

Dejé mis cavilaciones a un lado, tenía que arreglarme para ir a clases, después de bañarme me dispuse a vestirme, en eso no me demoraba tanto, sólo debía agarrar la primera sudadera que encontrara, cualquier pantalón, una chaqueta cómoda con capucha y mis converse y estaba lista, lo que más me demoraba eran las fajas que usaba en el cuerpo, desde que adopté mi nueva vida me cubro bastante, casi ni yo me reconozco cuando me miro en el espejo. Ya no me cuesta tanto ocultar mi cuerpo con las vendas o fajas que uso, es incómodo, pero es lo mejor, además con la enorme ropa que me pongo mi cuerpo queda completamente oculto y mi cara siempre la oculto con la capucha de la chaqueta o con el gorro de las sudaderas, además mi cabello es largo y también me sirve para tratar de ser invisible, no quiero que nunca más un hombre se fije en mi, no es que tenga el tremendo cuerpo de modelo, pero si es bastante tentador, tengo bastantes curvas para ser delgada y pequeña de estatura, eso es gracias a mi madre que era latina, así que por mis venas corre esa sangre y heredé el cuerpo latino, mierda, como extraño mi país, aunque nací en Estados Unidos viví toda mi vida en Chile y lo extraño bastante.

Después de arreglarme tomé el skate y me fui al colegio, espero no toparme tan pronto con los idiotas que me molestan, ya me están hartando sus abusos y hay veces que me dan ganas de golpearlos y puedo hacerlo se los aseguro, James me enseñó bastante a defenderme en distintas disciplinas, primero empezamos con defensa personal, pero después fue abarcando más técnicas y debo decir que soy bastante buena con los puños, si esos idiotas supieran que por no querer llamar la atención me dejo fastidiar, pero algún día, algún día me hartarán y ellos caerán.

Al llegar al colegio me encuentro con los idiotas, carajo, tan temprano y me los tengo que encontrar.

EDWARD POV

Estábamos en el estacionamiento esperando que tocaran el timbre para entrar a clases cuando vi venir a la freaki del colegio, es tan rara y común esa estúpida que se ha vuelto nuestra mascota para torturar. Siempre la miro, tiene algo que me llama a mirarla y me da rabia, desde el primer día que la vi me llamó la atención, pero la muy tonta se ganó solita ser humillada, esa ropa espantosa que viste y esos colores negros y grises puaj, siempre viste los mismos colores horribles, ropa endemoniadamente ancha, fea y fuera de moda, el rostro siempre oculto en esos gorros o con su pelo, nunca le he visto el rostro de cerca debe ser tan fea para ocultarse de esa manera jajaja y ese cuerpo tan sin forma bajo ese revoltijo que ella llama ropa, definitivamente es la persona más repulsivamente fea y sin personalidad que he conocido.

- ey, Cullen ahí viene la feita

- ya la vi Ángela, con esa horrible ropa quién no la vería jajaja

- puaj, hoy viene peor que nunca la poca cosa – esa es mi hermanita querida Alice

- ey Annie, linda ropa, deberías ser consultora de belleza, te iría bien

- no Jess, no digas esas cosas, con lo tonta que es capaz que se lo crea la pobre y se de aires de belleza que jamás poseerá jajaja – era inevitable molestarla, me encantaba matar el tiempo molestando a esa niña. Para poder entrar al colegio tenía que pasar delante de nosotros, así eran todos los días, todos los días la esperábamos para empezar el día feliz, cuando se estaba acercando bajó la cabeza como siempre y pasó mirando el suelo, ¡por qué mierda hace eso!, me encabrona que sea tan poca cosa, que oculte su rostro, que no me de la cara. Cuando estaba justo pasando frente a nosotros Rosalie la empujó y calló de rodillas al suelo.

- Jajajaja y no te atrevas a levantarte hasta que nosotros entremos poca cosa – reía Rosalie y todos la imitamos. El timbre sonó y entramos a clases dejando a esa cosa ahí tirada.

- Vieron como cayó jajajaja, esa estúpida acaba de alegrar mi día – reía a todo pulmón Félix

Al entrar a la sala nos acomodamos en nuestros asientos habituales, el profesor Masson entró y cerró la puerta, Annie no llegó a tiempo, siempre atrasada jajaja, a los 5 minutos de empezar la clase entró ella y el idiota del profesor la dejó entrar, como siempre los profesores la adoran porque es buena estudiante, es más es excelente, siempre las mejores notas, los mejores ensayos, las mejores exposiciones y por eso también la odiaba, antes de que ella llegara yo era el mejor en todo y tenía que llegar ella a quitarme mi primer lugar, maldita poca cosa.

Se sentó en el primer asiento sola como siempre, no lo entiendo, varios compañeros trataron de entablar conversación el primer día de clases, pero ella rechazó todo contacto, así que ella se buscó solita estar tan marginada.

Los días seguían pasando y nuestra diversión seguía siendo la freaki Annie, golpes, burlas, insultos y nunca, nunca se defendía.

El día jueves nos tocaba biología y el profesor anunció que trabajaríamos en grupo y obvio yo lo haría con Félix, siempre éramos compañeros en los trabajos, pero el puto profesor dijo que él pensaba juntar las parejas para el trabajo y adivinen qué, me tocó con la freaki, carajo todos se burlaban de mi en clases por tener que acercarme a esa loca, mierda, traté de conversar con el profesor y cambiar compañero, pero el muy maldito dijo que no aceptaba cambios. Salí de la sala furioso, no quería ver a nadie. Empecé a golpear las taquillas con mi puño hasta que me hice daño, la vida no podía ser tan injusta, por qué de todas las personas me tenía que tocar a mi trabajar con la poca cosa esa, era definitivo, la odiaba y más le valía que no se acercara o lo lamentaría, di un último golpe y me senté en el suelo lleno de impotencia.

- Mmmm, ¿Edward? ¿te sientes mal?– mierda, esa voz

- Lárgate anormal

- Lo siento, de verdad es que yo….

- Dije que te largaras, aparte de anormal eres sorda

- Ok, perdón, si quieres yo puedo hacer sola el trabajo y pongo tu nombre, así no trabajamos juntos y te ahorras acercarte a mi.

- Por que mierda me sigues hablando –

me paré de un salto y no me pude controlar y la cogí del cuello, la levanté hasta mi altura y la estampé contra la taquilla, ella sólo soltó un jadeo de la impresión y yo la presionaba cada vez más, ella con una de sus manos trató se soltarse del agarre, pero no podía contra mi fuerza.

- levanta tu maldita cara y mírame – le grité y ella lo hizo, levantó su cara y me miró fijamente a los ojos, mierda, en ese mismo momento perdí el aliento, la freaki era verdaderamente hermosa, piel blanca y tersa, mejillas sonrojadas y esos ojos, eran los ojos más puramente hermosos que había visto en mi vida, eran de color chocolate, limpios, transparentes, inocentes. Solté un poco el agarre del cuello y sin darme cuenta lo acaricié y me encontré con la triste sorpresa, ella tenía una larga cicatriz alrededor de su cuello, casi no se podía ver, pero ahí estaba, qué mierda había pasado, pasé un dedo por toda su cicatriz y ella volvió a bajar la vista, estaba avergonzada se le notaba, la solté y casi cae al suelo como costal y la agarré fuertemente de la muñeca, volvió a jadear pero en ningún momento me miró y eso me volvió loco, yo quería volver a ver esos ojos, no se que mierda me pasaba, pero quería que me mirara otra vez

- mírame – volví a gritar y la empecé a zamarrear de la muñeca

- no, por favor, no

- mírame, maldita sea – y me volvió a mirar y sus ojos estaban nublados por las lágrimas, se veía tan rota, tan triste, sentí que algo dentro de mi se quebró

- qué… qué te pasó en el cuello – pregunté

- no es tu problema, no te incumbe - y yo me quedé como el idiota que soy mirándola como si ella fuera la luz que ilumina mi vida, era como mirar el sol por primera vez, no pude hacer ni decir nada, ella solamente salió corriendo y la perdí de vista. Mierda que había hecho, la había maltratado, es cierto que soy un maldito patán y siempre la molesto, pero nunca, nunca había golpeado a una mujer, carajo qué mierda me estaba pasando y qué le había pasado en el cuello, ¿sería ella una suicida?.

Me sentía una mierda, no se cuanto rato estuve como estatua en el pasillo, pero cuando reaccioné ya había tocado el timbre y me dirigí hacia la cafetería. Al llegar a la mesa que habitualmente ocupábamos con mi grupo me encontré vagando la mirada para ver si veía a Annie por algún lado, pero nunca llegó a la cafetería y cada minuto que pasaba me sentía más angustiado, no se de qué mierda hablaban mis amigos, y la verdad no me importaba, sólo escuchaba a lo lejos sus risas, seguramente aún se burlaban de mi por que me tocó trabajar con Annie

- ey, alguien sabe qué le pasó a la mascotita – preguntaba Rosalie

- no, no la he visto – decía Alice y ahí presté atención

- y no la vas a ver, por lo menos hoy, algo le pasó porque cuando salí de la sala unos minutos antes de que tocara el timbre pasó por delante de mí y corría como si la persiguiera el diablo, además iba llorando jajaja, la hubieran visto se veía fatal

- más de lo normal, no lo creo

- si Alice, de verdad, por lo menos sabemos que tiene emociones, nunca demuestra nada, nunca se queja ni nada, ya pensaba que esa cosa no sentía nada jajajaja

- raro en verdad, pero si llora, mañana podemos hacerla llorar de nuevo, será tan divertido, ya casi ni puedo esperar a que sea mañana – decía Ángela riendo y aplaudiendo.

BELLA POV

Llegué a casa llorando, no por dolor, no por vergüenza, lloraba de impotencia, lloraba de pena, porque el maldito de Edward me había visto la cicatriz y los recuerdos se arremolinaban en mi mente, ya no quería pensar, ya no quería que me dañaran más, nunca les he hecho nada y siempre se burlan de mi, lo acepto porque nunca me ha afectado lo que dicen los demás, pero Edward Cullen me afectó, nunca había estado tan cerca del enemigo y de verdad siento odio, lo odio con todo mi corazón, es un maldito patán y ahora seguramente se ha de estar vanagloriando con la banda de zorras y putos lo que me hizo y de su descubrimiento, mañana será más duro.

Me acerco al espejo del baño a revisar los daños ¡mierda! El cuello lo tengo completamente dañado, soy tan blanca que estas manchas rojas mañana serán de un atractivo púrpura (nótese el sarcasmo), sus dedos están marcados por todo el contorno, me aplicaré crema, pero es imposible que no me salgan moretones. El brazo uf, me arde al igual que el cuello, pero ahí puso más presión y al zarandearme sentí que mi brazo se desprendería, también lo tengo rojo, con sus dedos marcados y además está toda la zona inflamada, maldito Cullen, maricón, poco hombre, ¿por qué diablos no se lo dije a la cara?, ah si, soy una maldita y patética cobarde.

Esa noche no pude dormir, pensaba lo que me pasaría mañana, que nueva burla o agresión recibiría.

Me levanté ojerosa y cansada, por lo menos al no dormir no tuve mis habituales pesadillas, me vestí. Mis moretones eran bastantes visibles, horribles, pero qué iba a hacer, no iba a faltar a clases por eso, me trataría de tapar lo mejor posible, además nadie se acerca demasiado como para notarlo ¿cierto?, lo de ayer con Edward fue un caso fortuito y fue mi culpa por acercarme a hablarle, en fin, el trabajo lo haría sola y lo incluiría, nada del otro mundo.

Llegué temprano, así no me los encontraba en la entrada, entré a la sala de clases y esperé que el salón se fuera llenando. Estaba perdida en mis pensamientos que no me di cuenta de la silla al lado mío había sido ocupada. La clase empezó y sentía una mirada fija en mi, me giré disimuladamente para ver quien se había sentado a mi lado, ¡mierda, mierda, mierda! Edward Cullen estaba sentado junto a mi y me estaba mirando detenidamente, oculté mi mirada como siempre lo hago, no se vaya a enojar nuevamente y me Agreda como ayer, seguramente lo castigaron y lo mandaron a sentarse con la freaki, no podía negarlo estaba nerviosa y traté de concentrarme en la profesora que estaba dictando la clase, pero sentía constantemente la mirada de Edward en mi, qué carajo quería, por qué me miraba, quería que cayera un puto meteorito y le partiera su bella cara, no, no, no, no acabo de decir que él es bello, no se confundan, él es un patán, un abusador, no es lindo, es horrible ¿ok?.

Estaba haciendo un poco de calor en la sala y al estar tan abrigada me estaba sofocando, pero no me quería arriesgar a que se me vieran los moretones. La clase terminó y todos fueron saliendo del aula, hice tiempo hasta que todos salieran y me saqué la chaqueta, bajé la capucha de la sudadera y de la mochila saqué el frasco de crema para aplicarme en el cuello y en la mano, me ardían como el demonio, en el cuello me había enrollado un pañuelo, así que también lo saqué, esparcí con cuidado la crema, primero en el cuello y cuando la estaba aplicando en la muñeca escuché un jadeo proveniente desde mi espalda, me sobresalté y al girar mi cara me encontré de lleno con Edward, su mirada era de horror. Mierda mascullé en tono muy bajito, las manos me temblaron y el pote de crema cayó al piso

- Annie, yo…yo, lo lamento tanto..yo…

- No te preocupes, no es nada – lo interrumpí, como pude tomé mi mochila para irme enseguida, no quería que me siguiera mirando, tomé mi chaqueta, bajé la manga de la sudadera para taparme la muñeca y tomé apresuradamente el pañuelo que había dejado encima de la mesa, mejor terminaba de arreglarme en el baño, subí la capucha de la sudadera y me disponía a irme cuando sentí el agarre de Edward que me detenía

- Annie, espera, deja ver lo que te hice

- No es necesario, ya me voy

- No espera – y no se por qué no me pude mover, seguramente por miedo a que me golpeara otra vez, pero me quedé quieta, él bajó la capucha de la sudadera y sus ojos se abrieron como platos al ver los moretones en el cuello, acercó lentamente la mano para tocarme, pero enseguida la cerró en un puño y la bajó, no quería mirarlo, pero sentía su mirada alternándola entre mi cuello y mi cara, no pude evitar sonrojarme y enseguida me percaté que hace tanto tiempo que no me pasaba esa reacción involuntaria y ayer y hoy nuevamente lo hice al sentir que él me miraba y tocaba. Después lentamente volvió a acercar su mano, pero esta vez tomó delicadamente mi muñeca lastimada y levantó la manga de la sudadera y cerró los ojos al ver los moretones, su respiración se volvió agitada y delicadamente acarició los moretones, sisee de dolor e inmediatamente soltó mi mano

- Annie, de verdad lo lamento, se que no soy la mejor persona pero nunca había agredido a ninguna mujer, prometo que nunca te lastimaré nuevamente

- Ya dije que no te preocupes no soy ninguna mujer, soy escoria para ustedes, así que no vale – y me fui corriendo antes de que siguiera con sus mentiras, por que apenas tuviera oportunidad me volvería a lastimar o a hacerme la vida a cuadritos con sus amiguitos.

Las clases siguieron normales hasta cierto punto, Cullen me seguía con la vista por donde me encontrara, en dos oportunidades trató de volver a acercarse, claro que lo hizo cuando nadie lo miraba, pero no le di oportunidad y me escabullí deprisa.

Por fin las clases terminaron y me pude ir a mi encierro en mi casa, a mi soledad. Hoy haría algo que sólo una vez he hecho, hoy quería entrar en el cuarto que él ocuparía cuando viniera a vivir conmigo, no habían muchas cosas que fueran de él, casi todas eran nuevas para la nueva vida que tendríamos que adoptar, pero aún así su estilo, su esencia estaba grabada en cada centímetros de su cuarto, al entrar lo primero que veo son las fotografías que estaban por todo el cuarto y al mirarlas era imposible recordar cuando nos las sacamos, la verdad es que lo hicimos para que pareciera que llevábamos una vida normal, pero eso no quita que fue bastante entretenido y que nos reíamos hasta quedar agotados tirados en el piso, a pesar de las edades James era bastante divertido e inmaduro para algunas cosas en cambio yo era de personalidad fuerte y madura, pero él siempre supo sacar la niña que en verdad era.

Muchos se preguntarán sobre quién era James a parte de ser un agente y mi amor. A James lo conocí cuando llegamos a vivir a Chile cuando tenía aproximadamente 5 años, su familia vivía en la casa de al lado y cuando fueron a darnos la bienvenida al vecindario lo conocí, era un chico de 9 años y era el niño más hermoso que había conocido, su cabello era rubio como el sol y sus ojos celestes, pero el niño era bastante pesado y no quería ir a conocer a sus nuevos vecinos, se notaba su molestia y cuando me miró me sacó la lengua y yo me puse a llorar, desde ese día siempre que me veía me molestaba y cuando tenía oportunidad me tiraba las coletas, un día estaba con mi mamá jugando en el parque que estaba cruzando la calle y me caí del columpio en el que estaba jugando, mi madre Renne estaba conversando con la madre de James y no se dio cuenta que me caí, mis rodillas me dolían y me puse a llorar y James se percató del pequeño accidente y corrió a mi lado, yo pensé que se burlaría, pero en cambio me ayudó a pararme y limpió mis lágrimas y dijo que los ángeles no debían llorar porque cuando los ángeles lloraban el cielo llovía, no le entendí mucho, pero me hizo sentir mejor y me dedicó una sonrisa amplia, desde ese día siempre me cuidaba y cuando entré a estudiar era mi custodio personal, siempre andábamos juntos y él nunca se molestó por andar en mi compañía, nunca incluso cuando sus compañeros le decían que andaba de niñero de una bebita, nunca dejaba que nadie me molestara y así fueron pasando los años y nuestra amistad fue creciendo día a día, año a año. Cuando él salió del colegio fue bastante duro ya que lo habían aceptado en una universidad en Londres y se tuvo que marchar, pero siempre manteníamos contacto por Internet, yo seguí estudiando hasta que también nos marchamos a Londres con mi familia ya que papá tenía negocios que atender en esa ciudad y nos quedaríamos bastante tiempo, así que nos volvimos a encontrar, él tenía novia y era bastante hermosa, se llamaba Victoria y era muy simpática y siempre salíamos los tres, yo aún era menor de edad pero no era problema James siempre se las ingeniaba para hacerme entrar a las discotheques y los pubs a los que me invitaban, en compañía de ellos bebí mis primeros tragos, fumé los primeros cigarrillos y ellos me acompañaron a hacerme los piercing y los tatuajes, todos los fines de semana llegábamos casi borrachos a la casa, pero nunca me pasó nada malo en su compañía, ellos eran tan geniales, nunca me quiso contar qué estaba estudiando, se las daba de misterioso y cambiaba el tema cuando le preguntaba, en cambio yo estudiaba música desde los 4 años, era así como una niña genio y desde pequeña tomé clase de piano, guitarra, violín y cuanto instrumento musical me pusieran por delante, era una maldita privilegiada musical como me decía James. Como mi padre trabajaba directamente con varios cantantes y famosos siempre me vi envuelta en ese mundo, y cuando cumplí los 14 me invitaron a dar un concierto de piano en una gala de beneficencia y ahí se desató la locura, mi nombre empezó a estar de boca en boca y cada vez me invitaban más a distintas fiestas y espectáculos. Un día papá me preguntó si quería ser una artista y le dije por supuesto que si, estaba tan contenta y varios cantantes me empezaron a invitar a tocar o cantar con ellos en sus presentaciones y así me fui haciendo conocida. Cada vez que podía James me acompañaba, era mi mejor amigo y me cuidaba como siempre. A los 15 años grabé mi propio disco y fue un boom en ventas, ya para ese entonces era toda una chica rockera y cada vez salíamos más de juerga con James y mis nuevos amigos, casi todos cantantes, actores y hasta modelos, mi vida era perfecta, perfecta hasta ese día.

Ese día iba a tocar y cantar en un concierto como invitada de un grupo amigo y el estadio estaba lleno, estaba un poco nerviosa porque James no había podido asistir a acompañarme, él ya estaba trabajando, aunque no me decía en qué, así que estaba un poco triste, pero el concierto fue magnífico. Después de la presentación nos fuimos a celebrar a un conocido pub, pero me seguía sintiendo nerviosa y extraña, ya estaba un poco pasada de copas y avisé que iba al baño, cuando salía de éste alguien me puso un trapo en la boca y todo se volvió negro y cuando al fin pude despertar estaba en un lugar que no conocía, estaba encerrada en un cuarto grande con espejos en todas las paredes, era una habitación, estaba llenas de cosas para mi, ropa, instrumentos musicales, zapatos, libros, etc. traté de romper uno de los espejos y no cedió, estaba tan desorientada y un tanto mareada, llamé, grité y lloré, pero nadie me escuchaba, nadie me atendía, estuve varias horas así hasta que el cansancio me venció y me recosté en la cama que allí se encontraba, no se cuanto tiempo transcurrió desde que me dormí pero desperté cuando sentí ruido y al sentarme en la cama lo vi.

- Buenos días mi muñequita, espero te guste tu nueva casa

- Noooooooooooo, grité.