Dark Chat

jueves, 19 de mayo de 2011

Conociendonos Otra Vez

Hello mis angeles hermosos!!!creo que hice el oso, y subi mal este fic aqui esta ya el cap , q toca , digamos q fue un pequeño malentendido , asi chicas a disfrutar
Mil besitos a todas y ata querida gracias por tu insistencia , aveces solo aveces se me va el avion ya es la edad . 150 años (jajajaja)

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CAPÍTULO VIII

EDWARD POV

Joder, ella me estaba provocando deliberadamente, creo que el plan de Alice y Rose de invitar a Tanya para darle celos a Bella fue estupendo, mi Bella estaba tan enojada por la visita y posterior cita con Tanya que tuve que aguantarme las ganas de reír, se veía tan sexy cuando estaba enojada que estuve en varias ocasiones a punto de dejar sola a Tanya y llevarme a mi diosa a otra parte, pero tenía que ser firme, la reconquista de su amor debía ser definitivo, tenía que estar seguro de ganar, no quería por ningún motivo que Bella se arrepintiera de elegirme si ese era el caso, pero joder de sólo verla en ese piano, la manera en que se mueve invitándome a poseerla, mierda me tiene todo caliente cuando debería estar enojado por lo que dijo del puto de Benjamín, ella es cruel, me lastima, pero supongo que me lo merezco, pero aún así no me agrada que esté pensando en alguien más que no sea yo, ella es mía, mía y no creo poder contenerme y reclamarla en cuerpo y alma esta noche, oh mi Bella serás mía, ese cuerpo divino temblará bajo el mío, joder, parezco un jodido humano con las hormonas revolucionadas.

No podía dejar de mirarla, pero algo captó mi atención, ¡puto chucho! ¿qué mierda está haciendo acá?, no lo podía creer Jacob acababa de entrar y miraba con cara de caliente a mi Bella, carajo, ella es mía, nadie debería mirarla de esa manera, menos él un apestoso perro. Cuando iba a bajar y posicionarme cerca del escenario Tanya me detuvo y trató de besarme, ok, ese no era el trato, ella sabía perfectamente que la estaba utilizando para darle celos a Bella, ella estuvo de acuerdo en ayudar a un amigo, pero la muy zorra se estaba extralimitando, ese no era el trato, como pude la alejé, pero ya era tarde Bella que me miraba detenidamente desde el escenario se dio cuenta y seguramente por la posición en que estoy tiene que haber pensado lo peor, de seguro piensa que nos besamos aunque ese no haya sido el caso, nunca he besado a nadie que no sea Bella, ella lo es todo para mi, la primera en todo, lo mejor de mi puta vida, carajo ¿qué explicación le voy a dar ahora?, ha de querer matarme en este mismo instante. De un empujón bien poco caballeroso alejé a Tanya de mi lado y bajé rápidamente las escaleras que me separaban del primer piso, el olor del perro era insoportable y lo era más sus putos pensamientos, mierda, ella lo había llamado, le había dejado un mensaje para que viniera a verla, de verdad me estaba encabronando, Bella me estaba sacando de quicio con su actitud, es que no le bastó con el humano que ahora quiere provocar al perro, mierda esa mujer va a ser mi perdición y por mi maldita alma me quiero perder eternamente con ella, no puedo evitarlo, me vuelve loco, la amo, la deseo y será mía aunque tenga que matar al perro ese ahora mismo, no aceptaré un no por respuesta de Bella, es todo o nada, la moneda se ha lanzado y en ella está decidir nuestro futuro, ahora y ya.

BELLA POV

Mierda, ¿qué se cree esa maldita zorra?, ese vampiro es mío y nadie puede besarlo más que yo y él que no se niega a nada, seguramente cuantas veces se la ha tirado y yo haciendo el ridículo para atraerlo, pero esto no se queda así, ese maldito es mío y lo voy a gozar entero, ella no me lo va a quitar, si ella tiene la ventaja de ser vampira yo tengo lo mío y eso es el deseo que siente Edward por mi, además si tengo que recurrir a juegos sucios lo haré, él no se puede resistir ni a mi cuerpo ni a mi sangre, si, eso es mi sangre me ayudará.

Pude ver claramente como Edward empujaba a la zorra para que lo dejara tranquilo, bien, al parecer no le gusto ese acercamiento con la vampirita frígida, ahora va a saber lo que los humanos llamamos calor corporal y no le gustará saber como Edward se quema con el fuego de mi cuerpo.

Oh, se me venía un problema grande, en la pista se encontraba Jake y Edward se estaba acercando rápidamente, mierda, se me había olvidado que había citado a Jake en un arranque de celos, ahora debía lidiar con tener dos seres mitológicos que se odian cerca de mí. Aunque… esto me puede ayudar.

Cuando terminé mi actuación bajé del escenario tuve que acercarme a Jake, yo lo había llamado y aunque soy egoísta no podía hacerme la desentendida del asunto, Edward estaba más que furioso y por el rabillo del ojo pude ver como la zorra vampira se acercaba a Edward mirándome de forma desafiante, oh no, maldita vampira, a mi nadie me mira así, ya no soy la nenita que se podía sentir menos delante de una mujer de tal belleza, ahora era fuerte y segura de mi misma y ese hombre era mío, no se lo dejaría tan fácil, si quería guerra, guerra tendría y yo tenía el mejor arsenal a utilizar.

- Bella ¿te pasó algo cariño?

- No Jake, la verdad es que…

- Oh, comprendo – dijo al fijarse en Edward y después en Tanya que ya estaba al lado de mi vampiro

- ¿todo fue por él? ¿estabas celosa y me llamaste?

- No Jake, no es así, yo, mierda si, eso pasó, pero de verdad quería saber como estabas, hace días que no se nada de ti y me tenías preocupada

- Estoy bien Bells, sólo que no esperaba que me llamaras y pensé…

- Lo siento Jake, no quise, mierda, soy una maldita egoísta Jake, no debí llamarte

- No te preocupes, lo que aún no entiendo es que si tanto se aman como dicen qué mierda hace él con una maldita zorra vampira mientras tú estás conmigo

- ¿Jake? – no entendía nada de lo que había dicho

- Lo estoy tratando de entender Bells, no lo acepto, pero estoy tratando de entenderte, si lo quieres no lo alejes más de tu vida, no se lo dejes a esa sanguijuela, tú eres única y al parecer el bastardo te ama, lucha por él, pero no para vengarte, lucha para quedarte con él

- ¿en serio piensas eso?

- Si, maldita sea si, siempre lo has amado, sólo a él y se que nunca serás feliz lejos de él, así que ¿paz?

– oh por dios, Jake era fenomenal, no podía creer que me estaba incitando a que sedujera a un vampiro, mi amigo era único, el mejor de todos y por dios lo había extrañado tanto

- Te quiero Jake, siempre va a ser así, eres un lobito tan tierno

- ¿lobito tierno?, mierda Bells, no puedes decirme esa mierda, soy fiero no tierno, ahora Bells me tengo que ir

- Ok, nos estamos viendo Jake, te quiero en mi vida, eres mi amigo y pronto querré ver al lobo fiero que dices ser jajajaja

- Oh, ¿en serio?, no te repugno

- Tonto, nunca causarías eso en mi y si quiero verte convertido en lobo, así no podrás hablar

- Jajajaja, eres mala chica, pero te quiero

- Yo también, yo también

Nos despedimos, y giré para buscar la mirada de Edward, lo encontré a unos metros de distancia y la zorra le estaba sujetando el brazo, él se veía como shokeado, seguramente había cada una de las palabras cruzadas con Jake y no podía creer que Jake me alentara para estar con él.

Me fui acercando sensualmente a su lado y sus ojos se abrieron de sorpresa, las aletas de su nariz se dilataron y sus ojos cada vez estaban más oscuros.

Era mi turno de luchar por él y esa zorra me las iba a pagar, no debería haber osado a tocar a mi hombre y ahora sabría quién era Isabella Swan. Edward soltó el agarre de la mano de esa mujer y ella estaba furiosa, se notaba por la manera en que me miraba, algo le decía y él negaba con la cabeza, pero nunca perdió de vista mi cara, le sonreí coquetamente y trató de acercarse a mi, pero la muy puta se interpuso y quedó ella frente a mi.

- aléjate zorra, ese vampiro es mío – le dije con todo el odio y firmeza en mis palabras

- no lo tendrás, eres una simple humana, no eres competencia para mi, puedo matarte sin que te des cuenta

- inténtalo vampirita y verás que te doy la pelea – ok, eso fue pura fanfarronería, se que no tenía posibilidad de vencerla, pero Edward no dejaría que nada me pasara

- oh, la humanita se cree valiente ¿qué tienes tú para vencerme?

- Jajaja, eres más tonta de lo que pensaba, tengo el amor de ese hombre al que quieres para ti, pero nunca lo tendrás, él me pertenece, es mío, me desea, me ama, a ti nunca te verá como lo hace conmigo – Edward la quitó del medio de un empujón

- Nunca, Tanya, nunca amenaces a Bella, ella lo dijo, le pertenezco, es la única para mi y si tengo que matarte lo haré, ella es mi mujer y no quiero otra más que ella, así que aléjate, no te pongas más en ridículo, nunca tendrás nada de mi

- Pero Eddy, ella es insignificante, la romperás, no puedes poseerla sin matarla, en cambio a mi…..

- Aléjate zorra, ya te lo dijo, él es mío y ya hemos compartido situaciones sexuales y no me ha dañado y esta noche, en este momento será más mío que nunca y yo de él – la cara que puso la zorra cuando le solté la conducta sexual entre nosotros no tenía precio

- No, no es verdad, ella no puede excitarte hasta ese punto, estás obsesionado solamente con ella Edward, ella no puede provocar nada en ti

- Cállate de una maldita vez Tanya ¿no te das cuenta que sobras?, ella tiene razón, ella me vuelve loco, me excita como nadie lo ha logrado, al amo, la deseo – cada vez que Edward hablaba sentía que me mojaba cada vez más, así que decidí demostrarle lo mucho que Edward me deseaba.

Lo tomé de la mano y lo acerqué a mi cuerpo, no abrazamos y perdimos la noción del espacio y del tiempo, Edward enseguida se apoderó de mi boca y gruñó de satisfacción, no se que música estaban tocando en ese momento, pero no nos importó porque nuestros cuerpos se movían a su propio ritmo, las manos no se hicieron esperar y empezaron a recorrer el cuerpo del otro con pasión, con pura lujuria, Edward estaba más que duro y lo sentía en mi abdomen mientras nos besábamos y nos tocábamos.

Cuando nos dejamos de besar para que yo pudiera tomar aire miré sobre el hombro de Edward y Tanya nos miraba boquiabierta, seguramente el espectáculo que estábamos dando no era común de ver para ella, las manos de Edward recorrían mi trasero y con las mías rocé deliberadamente su verga, wow, estaba más que listo y yo también, Edward inspiró aire y volvió a gruñir, oh si, olía mi excitación, sabía que me tenía jodidamente caliente.

Tanya desapareció, no se en que momento y la verdad es que no me interesaba.

- Edward – susurré en su oído

- Mmmmm, decía mientras lamía mi cuello, ahí donde el pulso era más notorio

- Vamos amor, sácame de aquí ahora

No esperó a dirigirnos a nuestros vehículos, cuando salimos de la disco verificó que no se veía nadie cerca y me montó en su espalda y echo a correr, como en los viejos tiempos corrimos a velocidad vampírica llegando en pocos minutos a mi departamento, ese sería el lugar donde le entregaría mi virginidad a Edward, donde sería suya en cuerpo y alma.

Depositada en la cama y con Edward encima mío mientras me besaba y me tocaba indecorosamente no podía estar más segura de mi decisión, él era mío y yo de él, nunca fue de otra manera, esto era lo correcto, siempre fue así, a pesar del tiempo y del rencor siempre fue así, yo le pertenecía y él a mi.

- ¿estás segura Bella? ¿no te arrepentirás después?

- Estoy segura amor, antes estaba indecisa, pero verte con esa zorra me di cuenta que nunca he dejado de amarte y seguir luchando contra este sentimiento sólo nos dañaba cada vez más, no estoy diciendo que me he olvidado tu abandono, pero estoy tratando de forjar un futuro junto a ti, te amo Edward, siempre ha sido así, quizás mi cuerpo no ha regresado a ti inmaculado, pero mi corazón siempre ha sido tuyo, mi amor siempre te ha pertenecido

- Oh, te amo mi pequeña, te amo tanto y me arrepiento enormemente haber sentido tanto miedo de destruirte, de dañarte, pero ahora se que voy a se capaz de poseerte sin dañarte, quizás lo que nos ocurrió sirvió para darnos cuenta de que si nos pertenecemos, de que debemos estar juntos siempre y cuando quieras, cuando estés preparada beberé tu sangre y tomaré tu alma y estarás siempre a mi lado, como mi esposa, mi amante, mi compañera, mi mujer – no podía hablar, estaba tan emocionada de las palabras dichas por Edward, ahora más que nunca estaba preparada para entregarme y alojar su masculinidad en mi cuerpo y así se lo hice saber cuando con mis manos rocé su erguida y majestuosa verga, oh dios era tan grande, tan malditamente exquisito que no quería esperar más, me quemaba de necesidad.

- Tómame ya Edward, me quemo, te necesito – no se necesitó decir nada más, arrancó de un tirón mi ropa rompiéndola en el acto y me dejó desnuda ante él, sus ojos recorrían mi cuerpo de arriba abajo con deliberado descaro, se relamió los labios y por dios, se veía tan putamente sexy.

Sus dedos recorrían mi cuerpo como si fuera lo más sagrado, pero yo necesitaba más, lo quería rudo, que sacara el animal que llevaba dentro, no quería que se restringiera, lo quería sentir por entero, se que era peligroso, pero me encantaba el peligro. Su lengua recorría libremente por mi cuerpo tembloroso y se apoderó de un pezón que estaba más que erecto, con una mano se encargó del otro pezón retorciéndolo y tironeando, el placer era indescriptible, mis dos pechos siendo torturados de placer, mientras una mano se dirigía a mi centro palpitante y caliente, adentró tres dedos retorciéndolos y llevándome a la gloria, cuando alcanzó mi punto G llegué a mi primer orgasmo de la noche mientras él me gritaba que me corriera para él.

Cuando mi cuerpo dejó de temblar por los espasmos de mi liberación invertí los papeles a ahora era yo quien me deleitaba con su cuerpo de dios griego, pasé mi lengua caliente y lujuriosa por todo su torso, no se en que momento se había desvestido, pero estaba completamente desnudo y no lo podía querer de otra manera, ese maravilloso ser era mío y pronto gritaríamos de tanto placer cuando nuestros centros se unieran en la danza más antigua de los tiempos.

- Nena no juegues más, ya no aguanto, te necesito

- Mmmm, falta mucho amor, déjame probarte

- Oh, dios, me estás matando – gritó cuando tomé su verga en mi boca, era la cosa más deliciosa que hubiera probado, ya lo había dicho pero era verdad, su sabor, su olor me llamaban a seguir degustando ese manjar hecho sólo para mi, tomó mi pelo en su puño y empezó a embestir mi boca cada vez más fuerte, sus caderas se movían al compás y esa V deliciosa entre sus caderas me tenían trastornada, cuando estaba a punto de venirse lo solté de golpe y escuché su rugido de frustración, pero ahora lo quería dentro de mi.

- Bella, no juegues más

- No amor, no más juegos, quiero tenerte ahora, fóllame Edward, fóllame ya, hazme el amor y tómame para siempre

- Ahora conocerás cómo ama un vampiro amor, verás el animal que hay en mi

- Eso estoy esperando – y no dije nada más, me situé encima suyo y tomando su erección con la mano lo dirigí hacia mi mojado centro, descendí lentamente y gemimos al unísono cuando lo tuve dentro mío. Era maravilloso sentirlo y un tanto molesto, era muy grande y no pude evitar el dolor que me atravesó cuando traspasó la barrera de mi virginidad, nos quedamos un momento sin movernos, pero podía sentir el esfuerzo que estaba haciendo Edward por mantenerse quieto, de a poco el dolor fue pasando dejando solamente placer y reanudé el movimiento primero en forma circular hasta adaptarme y luego el sube y baja por toda su longitud, me hice hacia delante y apoyé mis manos a los costados de la cabeza de Edward, así el podía darse un festín con mis pechos y entre gruñidos y jadeos de placer por parte de los dos si que lo hizo

- Oh Bella, que rico amor, sigue, sigue, así, así – lograba apenas articular palabras mi vampiro mientras tomaba mis caderas entre sus manos y me ayudaba a marcar el ritmo cada vez más rápido

- Te amo, te amo Bella, no sabes cuanto, ahhhh – nos hizo girar y ahora él estaba encima mío, tomó mis piernas y las puso alrededor de su cadera y empujó hacia mi centro, sus manos se apoyaron en la cabecera de mi cama quien crujía cada vez más y golpeaba la pared con cada embestida que daba Edward.

Mi cabeza giraba, apenas podía respirar y el nudo en mi estómago cada vez era más grande y tenso, sentía que en cualquier momento reventaría en el más maravilloso de los orgasmos. Sus movimientos se hicieron cada vez más rudos y salvajes

- Mierda Bella, eres tan jodidamente estrecha y caliente, cielo dime si te daño, dime….

- Sigue Edward, me encanta amor, me encanta sentirte dentro de mi cuerpo, no pares, más, quiero más, más rápido Edward – y así lo hizo cada vez embestía con mayor fuerza, me importaba una mierda si maña estaba llena de moretones, el placer que sentía en estos momentos valía cualquier magulladura que me podría dejar, no sentía dolor, sólo placer, un placer irrefrenable.

- Ahhhh, Edward eres tan putamente bueno, eres un jodido dios del sexo, yo…yo… - mierda no podía decir nada coherente

- Ahhh, Bella, eres deliciosa amor, te necesitaba tanto amor, tanto, eres una jodida zorra cielo y me encanta, eres mi zorra, mía sólo mía

- Mmmm, sólo tuya Edward, tu zorra –me encantaba que hablara sucio y fuera tan posesivo.

Sus manos rompieron el cabecero de madera de mi cama, se que se estaba restringiendo y ahora que habían caído algunas astillas de madera iba a conocer a mi hombre vampiro, tomé un trozo de madera roto y puntiagudo entre mis dedos y rasgué mi piel superficialmente a la altura de mi muñeca izquierda brotando un hilo de sangre.

Edward rugió y trató de alejarse, pero apreté el agarre de mis piernas y no lo solté, se que si realmente hubiera querido lo habría logrado, pero se quedó y sus ojos estaban salvajes, desquiciados y trataba de no respirar, de no sentir mi sangre, pero yo quería lo contrario y levanté nuevamente mi mano y rasgué nuevamente mi piel, pero a la altura de mi garganta, nuevamente el hilo de sangre se escurrió y Edward apretaba cada vez más la mandíbula, sus embestidas habían cesado y sus ojos recorrían el camino de sangre que surcaba mi piel. Moví mis caderas, no quería que me dejara a la mitad del orgasmo

- Es para ti amor, bebe de mi sangre, es tuya cielo, confío en ti – Edward respiraba cada vez más agitadamente, estaba dividido entre el placer y la necesidad y mi seguridad

- Mierda, Bella, eres mi perdición – y con un gruñido se rindió al placer de la sangre, lamiéndola y regodeándose de lujuria

siguió embistiendo cada vez más fuerte, su lengua sorbiendo mi sangre y sus embistes salvajes me llevaron nuevamente a la locura, era mío, ahora más que nunca era mío, era dueño de mi corazón, de mi cuerpo y de mi sangre

- Oh, Edward, ya casi…

- Vente amor, córrete para mi cielo, mi zorra, baña mi polla con tus jugos – dos embistes y su sucio lenguaje en medio de un gruñido me corrí, grité y grité su nombre una y otra vez, mientras mis fluidos salían como cascadas mojando su gloriosa polla

- Ohhhh, Bella, me encanta como aprietas mi polla ahhhhh – tres empujes y se corrió fuertemente, temblaba y maldecía mientras seguía embistiendo para alargar el placer.

- Joder Bella, es lo más maravilloso que me ha pasado en mi jodida vida, te amo, te amo, decía todavía con la voz entrecortada mientras su respiración se hacía más acompasada, todavía estaba dentro mío y me besó largamente, volví a sentir como su polla crecía dentro de mi cuerpo, oh, mi vampirito era insaciable, ya estaba listo para la acción otra vez, carajo, estaba realmente cansada, pero la calentura era mayor y de sólo sentirlo erguido ya estaba completamente excitada.

- Mmmm, cielo, lista para más sexo salvaje

- Siempre Edward, contigo siempre.






miércoles, 18 de mayo de 2011

Vida : Dulce Inmortalidad

Capítulo Séptimo: Humanidad dulce inmortalidad


Me tambaleaba de un lado a otro, sin duda esto era mucho mas excitante que si lo hubiera intentado cuando era humana, "Hip" exclame por lo bajo, mientras Emmett reía entre dientes al verme entrar por la puerta de la enorme mansión

- "caray parece que nuestra dulce Bella esta haciendo berrinche" comento mientras Edwards le daba una mirada fulminante a Alice y Jasper quienes trataban de sostenerme en pie.

- ¿Qué han hecho? Preguntó incrédulo mirándonos a los tres.

- Tranquilízate Edwards, solo fue… como decirlo… trató de explicar Alice pero yo interrumpí

- Un experimento. Agregué, dejando en evidencia que mi voz no era la misma. Jasper soltó una risa pero esta se apago cuando vio la mirada de Edwards.

- ¿Un experimento? Disiento Edwards mientras me observaba - ¿Has perdido la razón? Pregunto ahora dirigiéndose evidentemente a mí.

- Eh ¿yo? Conteste con voz ingenua mientras tomaba aire, apenas podía mantener el equilibrio

- bueno yo… - continúe mientras trabaja de poner en orden mis pensamiento y articular las palabras de forma coherente y con la mejor voz que pudiera darle

- no fuiste tu él que dijiste se humana – le reproché haciendo una mala imitación de su voz, la verdad no se me había ocurrido que más decir.

- Y crees que con emborracharte estas cumpliendo la meta.

Me contesto ofuscado. Emmett volvió a reír y Edwards puso los ojos en blanco. Alice contenía la risa tratando de sujetarme, pero me solté de sus brazos.

- Mira yo sólo…

Intenté decir mientras caminaba unos pasos pero francamente mi sentido del equilibrio estaba indiscutiblemente fuera de servicio por esa noche, lo que hizo que resbalara y si no hubiera sido por Edwards que se abalanzó ágilmente a sujetarme por el brazo hubiera dado de lleno contra el suelo

- Como en los viejos tiempos

Susurre y sin querer se me escapo una risotada, lo que hizo que Edwards perdiera la paciencia y se exasperará, sin decir nada me cogió del brazo y me arrastro hasta las escaleras, sin darme cuenta me tenia en su cuarto junto a una enorme cama

– no que no dormías - argüí mientras el sólo movía su cabeza.

- Te quedarás aquí.

Sentencio mirándome con reproche

- Normalmente esto se hubiera pasado con una buena siesta pero no estamos en una situación normal, ¿verdad?

Me dijo mientras yo le hacia una mueca

– Estarás aquí por lo menos hasta que puedas caminar sin caerte en el intento.

Iba a cerrar la puerta cuando me interpuse.

- Bueno a ti que te pasa, primero estas obsesionado porque yo siga siendo humana, me dejas botada para supuestamente proteger mi alma, y ahora que sabes que soy inmortal me haces un berrinche porque estoy experimentando un poco.

Discrepé frustrada mientras me separaba de la puerta, él se volteo a mirarme.

- Experimentando.

Gruño sorprendido tomo aire y continuo

- ¿crees qué esto es experimentar? Interrogó con voz ronca.

- Sí. Admití moviendo mi cabeza firmemente

- Irresponsabilidad eso es lo que es, podrías morir intoxicada

Grito al borde del pánico

- Que no lo entiendes – vociferó entre dientes frustrado mientras me sostenía el brazo en alto como si estuviera reprendiendo a su hija, lo mire boquiabierta jamás se había portado así conmigo.

- Pero tu comiste tierra – solté de repente

- digo pizza la otra vez, lo recuerdas - el miro en descrédito ante mi observación

- Bella tú crees que porque un humano come tierra no se enferma.

Lo miré confundida no entendía la analogía de lo que me había dicho y que para él parecía evidente.

- ¿Que podría pasarme? Pregunte curiosa

- pensé que éramos inmortales – continué pero él suspiro en frustración

- Inmortal no significa invencible y francamente creo que tendré que explicártelo en otro momento, lo único que tienes que saber es que lo que hiciste hoy es peligroso – finalizo frenético.

No dije nada, solo me senté en el borde de la cama haciendo una mueca. Vi como el apretó los puños, sin duda estaba logrando sacarlo de sus casillas, vacilo un momento y luego camino hacia la puerta de la habitación y la cerro tras él.

El cielo aún estaba oscuro, me había cansado de mirar por el cristal de la ventana, a penas lograba sostenerme en pie sin perder el equilibrio y aún todo me daba vueltas sin duda era una sensación desagradable, hubiera dado todo en ese minuto por poder dormir, miré hacia la cama y fue ahí cuando decidí que era tiempo de hacer mi ritual a la espera que el alcohol ingerido terminará su efecto, me tumbe y apoye mi espalda contra la cama, cerré mis ojos en un afán de tranquilizar mi mente, comencé a respirar lentamente, concentrándome en el sonido de mi respiración, habían pasado largos minutos haciendo eso cuando de pronto sentí su presencia cerca mío, abrí mis ojos abruptamente y vi la silueta de su cuerpo tendido a mi lado, giré sobre mi hombro y me puse en su misma posición.

- ¿Te sientes mejor?

Me pregunto, era evidente que trataba de hacer las pases conmigo luego de la pelea que habíamos tenido hace un par de horas, le sonreí.

- Supongo que podría estar mejor.

Le respondí, al tiempo que sentía su mano acariciar mi rostro, estaba deslizando sus finos dedos por mi mejilla, cerré mis ojos a su contacto, esté era tibio, nada parecido a como había sido antes, la sensación se asemejaba al calor de un sol tímido de primavera, me estremecí ante la conmoción.

La tibieza que ahora ellos emanaban también lo había notado cuando Carlisle me había consolado aquella vez en las afueras de la biblioteca en nuestra primera conversación, pero hasta ahora no había sido del todo conciente de aquello hasta este momento. Me mordí el labio mientras abría lentamente mis ojos, y ahí estaba él, nariz con nariz, escasos centímetros nos separaban, sin duda él era perfecto, mis ojos de humana no habían dado el crédito suficiente ni contemplado la cuarta parte de su belleza, si en aquel entonces me parecía hermoso, ahora verlo tan de cerca hacia que mi vista se desgarrará, sus ojos leonados estaban contemplándome bajo la oscuridad, eran tan profundos que por un segundo me perdí en su mirada.

– Eres tan hermoso –

Apenas pude susurrar mientras el sonreía ante mi comentario, fue entonces que me percate que la proximidad se hacia cada vez más corta, lentamente estaba girando su cabeza como aquella primera vez, buscando un camino hasta mis labios y no pude evitar apresurar el momento apretando los míos contra los suyos.

Era la primera vez, después de aquellos cinco largos años, que volvía a besarlo, y la sensación era exquisitamente adictiva, sin duda el era mi adición, la heroína era poco en consideración a esta sensación de necesidad que estaba descubriendo con cada beso que él me estaba regalando, de pronto volví a sentirme desequilibrada otra vez, pero esta vez la sensación era agradable, podría renunciar en este preciso instante a mi equilibrio con tal de quedarme con aquella sensación.

Sus besos hacían que mi boca ardiera, sentía como sus manos se sumergían en mi pelo y apretaban mi rostro contra el suyo, haciendo su beso mas profundo, con una lujuriosa urgencia, como si quisiera devorarme. Empuje mi cuerpo contra el suyo y sin darme cuenta estaba sobre el besándolo fieramente en respuesta, el rompió el beso y hundió sus labios contra mi cuello, lo que me hizo perder la cabeza completamente, difícilmente podía articular pensamientos coherentes.

Mi mente estaba inundada de nuevas sensaciones, unas que jamás hubiera pensado tener, la palabra pasión se estaba haciendo chica para todos los sentimientos que estaban aflorando en mí en aquel instante, apenas podía estar conciente de lo que sucedía, sentí como sus manos apretaban mi espalda haciendo gentilmente que me tumbara en la cama, estaba él ahora sobre mí, deslizaba su boca por el largo de mi cuello besándome en el hombro.

Por primera vez en mi vida, y sin planearlo siquiera, mis manos estaban avidamente desabotonando su camisa, incluso en una situación así, él era más rápido que mis manos, de pronto sin darme cuenta el peso de su cuerpo había desaparecido, él ya no estaba junto a mí, sentí su jadeo en un rincón de la habitación estaba tumbado contra la pared, mirándome con ojos férvidos trataba de controlar algo más que su respiración.

- Creo que estamos peligrosamente a punto de pasar un punto sin retorno

- ¿Qué?

Exclamé confusa y atontada aún por la situación, estaba hablándome de pudor y buen comportamiento cuando él había sido quien le dio rienda suelta a mi deseo aún no experimentado. Se río entre dientes mientras abrochaba los escasos dos botones que logre desatar antes que él se apartara de mí.

- Creo que es mejor no pasar el limite, estas tentado a tu suerte otra vez.

Me dijo tiernamente mientras volvía a sentarse sobre la cama, me levante y lo abrace por la espalda.

- No puedo creerlo… te preocupa mi pureza a esta altura del partido.

Dije frustrada, pues conocía muy bien el tono de voz que había empleado para alejarse de mí, no lo haría cambiar aunque le rogará de cabezas.

- Creo que es lo único que aún puedo salvar.

Respondió mientras se paraba y sujetaba mi brazo

- Ven creo que es hora de desayunar

Me dijo mientras tironeaba de mi cuerpo para hacerme salir de la cama.

- Pero no tengo hambre.

Reclamé mientras él se volvía a acercar a mí. Me pasó sus dedos por mis ojos y pude ver su preocupación

– ¿están rojos otra vez no?

Pregunte, pero era más una confirmación que pregunta, él asintió con su cabeza, ahogue una sonrisa mientras resignada me levantaba de la cama



martes, 17 de mayo de 2011

We wrote our names in blood

Hello mis angeles hermosos!!
como ya es tradicion en nuestro sitio aqui les traigo este One Shot de mi querida Triana Cullen. muchas gracias por seguir compartiendo con todas nosotras tu trabajo , te mando mil besitos
Chicas por fiss no se les olvide su comentario recuerden q es muy importante para todas nosotras , y mas para nuestras queridas escritoras.
Mil besitos
Angel of the dark

Nota . esta historia no me pertenece , yo solo la publico.
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No eres un juez pero si vas a juzgarme, bueno, senténciame en otra vida.

No quiero oír tus canciones tristes; no quiero sentir tu dolor cuando juras "todo es mi culpa", porque sabes que no somos lo mismo.

Ignorance ~ Paramore


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El frío de las calles de Chicago era mucho más intenso que el que había tenido que soportar en Forks, y hería mi piel. Sentía que las lágrimas que mojaban mi cara pronto se convertirían en escarcha, pero no me moví de mi sitio.

Había tardado casi un año en dar con aquella casa, frente a la que estaba sentada y no pensaba moverme de allí en un largo tiempo. Habían sido demasiadas horas revisando mapas y periódicos de casi un siglo de antigüedad, en la hemeroteca local, en mí masoquista afán de encontrar la casa de los Masen, como para que el frío me hiciera moverme de allí.

Miré la construcción. Era una casa muy grande, una mansión. La arquitectura era claramente de principios de siglo XX o quizás, finales del siglo XIX. La fachada ostentaba un ante-jardín y un porche de madera muy elegante, como el de las viejas películas y las paredes estaban pintadas de un desvaído tono burdeo, como el ladrillo. Los marcos de las ventanas, así como las puertas, eran blancas, dándole un aspecto muy elegante.

Era la casa que hubiera tenido cualquier millonario en principios de 1900.

Me limpié las lágrimas y contuve un sollozo.

Él había crecido allí. Él había vivido durante diecisiete años en aquella casa con su familia humana, bajo la protección de aquella madre que, al igual que yo no podía concebir un mundo sin él, y había elegido la vida de vampiro para él, conservándolo a lo largo de las décadas para encontrarse conmigo en una clase de Biología.

Edward.

Su nombre quemaba. Su nombre era una fuente constante de amargura. Pero yo ya era adicta a ese sufrimiento, mientras lo mantuviera presente, todo estaba bien. Por eso mismo había decidido venir a estudiar a Chicago cuando acabé el instituto, era el único lugar donde su recuerdo podía seguir con vida. Después de todo esta era su ciudad.

Cuando Edward se marchó, todo se había desmoronado. Me dejó rota. Y todo siguió así, en una extraña nebulosa por meses hasta que llegó el sol. Jacob había sido mi sol iluminando mis días grises, pero nada es para siempre y él también terminó por alejarse. No había podido darle nunca lo que él quería, mi amor, y simplemente la distancia comenzó a hacerse cada día más evidente, hasta esta se convirtió en un abismo irreparable.

Ese fue el último golpe que necesitaba para destruirme por completo.

Sólo había una opción para que las piezas de mi corazón se volvieran a unir, y jamás sucedería. Estaba rota y la cura jamás volvería. Yo ya no era buena para nadie. No lo había sido para Edward, no lo había sido para Jacob, y no lo sería para nadie.

Y ese se convirtió en mi tren de vida. Lo único que quedaba de la Bella que se había enamorado de una mitológica criatura, en un pueblo húmedo y escondido, era ese retorcido amor que sólo me orillaba a la perdición.

Mi teléfono celular sonó en ese momento, logrando distraerme de mis pensamientos. Rebusqué en mis bolsillos y abrí el pequeño aparato. Había un mensaje de texto.

Fiesta en la casa de William ¿Te apuntas?

Era de mi amiga Bree Tanner. Era dos años menor que yo, y la única persona que no me juzgaba. La había conocido por mera casualidad, era conocida de una de mis compañeras y nos habían presentado. Desde ese día nos habíamos hecho inseparables. Paradójicamente, ella había vivido en Seattle, a sólo unas horas de Forks.

Tecleé un mensaje rápido para ella.

Te veo allá. ¡Guárdame un Vodka!

Observé la casa una vez más antes de prometerme volver. Esa construcción era una prueba más de que él existía y que realmente había entrado en mi vida un día, para salir meses después.

Conduje hasta la casa de William, uno de mis compañeros de Universidad. Solía ofrecer fiestas realmente buenas. Siempre había alcohol y drogas gratis. Yo me aprovechaba de la situación y bebía todo lo que podía, hasta que mi mente se volvía tan confusa que el dolor ya no era tan palpable.

Y luego, cuando estaba completamente borracha, venía el sexo.

Lo había hecho por primera vez aquí en Chicago, en mi primera fiesta y por ende en mi primera borrachera. No había sido romántico ni delicado, pero había aliviado un poco el dolor, la pena. Porque a pesar de que yo sabía que jamás había sido buena para Edward, una parte de mi cerebro siempre había considerado que no era así, y el entregarle mi cuerpo a un desconocido había sido dar un paso hacia la aceptación de que yo no era lo suficientemente buena para nadie y él tenía toda la razón al abandonarme.

Bebí un trago de mi bebida mirando a mí alrededor. Sentí la garganta arder y reconocí el sabor del Ron en mi paladar. Necesitaría un par de tragos más antes de sentirme lo suficientemente desinhibida como para ligar con algún chico. Apuré la bebida y me serví otra.

Tres o cuatro tragos más tarde, estaba besándome apasionadamente con un chico que no había visto en mi vida. Sus labios eran cálidos y sabían alcohol y tabaco. El sabor me desagradaba, pero no era importante, yo sólo buscaba una cosa y se lo hice saber.

No demoramos mucho en encontrar una habitación vacía y desnudarnos. Sus manos eran demandantes y rudas. Me tocó sin pudor alguno y yo hice lo propio. Pronto estábamos moviéndonos frenéticamente contra el otro, buscando la liberación que se acercaba poco a poco.

Cuando gemí, en medio de mi orgasmo y él también terminó, vaciando su semen dentro del condón, me paré y comencé a vestirme.

Una noche más de sexo, una noche más cerca de la imperfección — pensé arreglando mi sostén.

Entonces, sentí la mano de mi amante de aquella noche ceñirse en torno a mi brazo y jalarme contra su cuerpo sudoroso. Sus labios tomaron posesión de los míos y yo luché por soltarme de su agarre. Lo logré cuando mordí su labio con fuerza, hasta hacerlo sangrar. El olor de la sangre me mareó, pero aún así luche por encontrar mis pantalones, mientras él me insultaba.

— ¡La noche terminó! ¡Y no te atrevas a tocarme! — le amenacé.

— ¡Pues yo digo que la fiesta no se acaba, zorra! — me tomó del pelo y me tiró contra la cama. Grité de dolor y las lágrimas comenzaron a bajar por mi rostro.

Luché contra él. Pegué patadas a diestro y siniestro mientras él trataba de sostener mis manos por encima de mi cabeza.

— ¡Suéltame, imbécil! ¡Conmigo es un polvo y nada más! — grité desesperada al tiempo que elevaba una rodilla y le asestaba un golpe en la entrepierna.

Todo fue muy rápido, me creí a salvo cuando él aulló de dolor y me soltó, por lo que salté fuera de la cama, dispuesta a huir, cuando el golpe llegó. Grité y luego de eso, todo se volvió negro.

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Abrí los párpados y la luminosidad blanquecina hirió mis ojos. Los volví a cerrar con fuerza y los abrí una vez más. Me dolía mucho la cabeza y estaba mareada.

Pero ¿Dónde estaba?

Recordaba haber estado en una fiesta, y luego haber subido a una de las habitaciones con un guapo moreno. También recordaba el excelente sexo y luego…

Oh… Luego él se había puesto violento. Rememoré el momento, y la rabia me recorrió el cuerpo con fuerza. Recordé cada golpe que le di, cada manotazo tratando de defenderme, y luego, un dolor agudo en la cabeza antes de que todo se volviera negro. Supuse que alguien me había encontrado y ahora estaba en el hospital.

Miré a mí alrededor. Estaba, efectivamente, en una habitación de hospital blanca e impersonal. Había una puerta justo frente a mí y en un rincón había un sillón de color beige, en el que Bree estaba acurrucada y completamente dormida.

— Ha estado muy preocupada por ti — dijo una voz aterciopelada y moví mi cabeza bruscamente hacia esa voz.

No podía creerlo.

Edward estaba ahí, tan perfecto como siempre, con sus ojos dorados llenos de preocupación, observándome. No había cambiado nada, como era lógico, pero eso me sorprendió tontamente, pues en mi mente su recuerdo se había ido deslavando poco a poco, hasta llegar al punto de no poder recordar exactamente la forma almendrada de sus ojos, o cómo era la curvatura de su mandíbula, si más angulosa o más cuadrada.

Pero no tenía sentido que él estuviera aquí. Hacia dos años que no podía evocar su imagen en una alucinación como hacía estando en Forks. ¿Por qué ahora mi mente decidía jugarme este tipo de pasadas?

— ¿Estoy muerta, verdad? — pregunté con voz trémula, tratando de comprender su presencia.

— No lo estás — respondió.

— Entonces, ¿Por qué estás aquí? ¡Tú no deberías estar aquí!

— ¿Quieres que me vaya? — inquirió con la pena pintada en sus facciones.

— ¡No! — le rogué. Si esta era una alucinación, debía aprovecharla, quizás nunca más se presentara una oportunidad así—. A lo que me refiero es que… si no estoy muerta, ¿Entonces, por qué estás acá?

— Me enteré de que estabas hospitalizada, Carlisle es quien te atendió. Cuando supe lo ocurrido, bueno… decir que me preocupé es quedarse corto — hizo una pausa—. Necesitaba verte.

— ¿Carlisle trabaja aquí? — inquirí sorprendida.

— Fue transferido recientemente — me contestó vagamente.

— Bueno, demandaré a Carlisle, lo que hizo es violar el secreto médico-paciente.

— Realmente, no es su culpa— me explicó—. Alice lo vio todo y no pasaría mucho tiempo antes de que me enterara por sus pensamientos. Aunque todavía no logro que me muestre el rostro de… ese malnacido…

Su voz se extinguió en el fuego de la rabia. Conocía ese tono, lo había oído cuando me había salvado de aquellos hombres en Port Angeles. La iracunda y feroz mirada también era la misma, casi podía ver destellos rojos en sus iris doradas. Me estremecí al recordar cual había sido su pasado, cazando violadores y asesinos. Definitivamente esperaba que Alice no le mostrara nunca quien había sido mi atacante. No valía la pena.

Permanecimos en silencio por un espacio de tiempo que no supe precisar. Él se sentó en la silla junto a mi cama y yo no pude evitar clavar mi mirada en él. Sus ojos se suavizaron cuando se encontraron con los míos. Apenas podía creer que estaba aquí, y realmente en este momento no me importaba si no me amaba, pues podía sentir su exquisito perfume en el aire, y embriagarme en él.

— Aún no entiendo qué haces aquí — susurré.

— Vine porque necesitaba saber cómo estabas y para… pedirte perdón — lo observé sin entender —. Te amo, Bella — dijo simplemente, haciendo inhalar con brusquedad. — Te amo, te amé todo este tiempo, y te seguiré amando todo lo que dure mi existencia.

Las lágrimas se hicieron presentes, desbordando mis ojos y mojando mis mejillas. Estaba muerta, definitivamente estaba muerta, o quizás en coma, soñando. Era la única explicación lógica para que él estuviera diciendo esas anheladas palabras.

— ¿Qué… estás diciendo? — sollocé —. Tú… en el… bosque…

— Te mentí. Y necesito pedirte perdón por eso — sus palabras comenzaron a ser cada vez más rápidas, justo como yo recordaba que hablaba cuando estaba nervioso —. Fue la más terrible de las blasfemias el decirte que no eres buena para mí, que me distraería con facilidad y te olvidaría… ¡Dios, Bella! Fui incapaz de dejar de pensar en ti. Cada segundo de estos tres años he tenido tu rostro en mi mente.

Limpió las lágrimas de mis mejillas con sus largos y níveos dedos. Era la primera vez que me tocaba en tres años, y sólo bastó ese toque para que la realidad llegara a mí. Él estaba de verdad aquí, frente a mí, diciendo que me amaba…

— Si es verdad lo que estás diciendo, —comencé — no mentiste en algo aquel día… no soy buena para ti. Averigua por qué estoy aquí, realmente. Podría haber sido cualquier chico de la universidad el que me dejase aquí. No soy buena para nadie.

— No digas tonterías — sostuvo mi rostro peligrosamente cerca del suyo —. Siempre has sido lo mejor de mi mundo.

Sus palabras me llenaron de furia.

— ¡¿Entonces por qué me dejaste? — comencé a pegarle con los puños en el pecho, llena de dolor y sentimientos encontrados. Él me sostuvo por las muñecas con fuerza, pero sin hacerme daño.

— Te adoro por completo, y si tuviera un alma te amaría con toda ella también y eso es lo que quería conservar al marcharme: tu alma. Quería que tuvieras una vida feliz y humana, pero ya no puedo más — confesó —. Estoy arrepentido de lo que hice, nunca debería haberme marchado de Forks, al menos no sin ti.

— Me mentiste — balbuceé—. ¡Me mentiste! ¿Cómo pudiste hacerme esto? — luché por soltarme de su agarre, hasta que él abrió sus puños y me dejó ir —. ¡No tienes idea de cuánto… dolió! ¡Me destrozaste la vida!— grité sintiendo que los sollozos no me dejaban articular bien las palabras —. ¡Dices amarme y te atreviste a abandonarme como si fuera una mascota molesta! ¡Vete! ¡Quiero que te vayas!

— Bella, por favor…

— ¡Vete, Edward, vete!

Me miró con dolor, con angustia, antes de darse media vuelta y salir del cuarto, no sin antes enviarme una mirada que destrozó aún más mi corazón.

— ¿Bella? ¿Qué sucede? ¿Quién era ese chico? — con tanto alboroto, Bree se había despertado.

— El único hombre que podré amar en mi vida…

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Me tambaleé a la salida del bar. Estaba muy mareada y la cabeza me dolía mucho. Las ganas de vomitar me habían hecho salir del bar a tomar algo de aire, pero la nauseas no remitían.

Luego de salir del hospital había vuelto a mi rutina de emborracharme tanto como pudiera. Ahora lo necesitaba más que nunca. No podía permitir que la presencia de Edward alterase el mundo que había creado para suplir su ausencia. Él se daría cuenta pronto de que yo no era lo que él necesitaba en su vida y se marcharía una vez más. Las esperanzas no debían enraizarse en mi alma.

De todas formas, no lo había visto mucho. Me había acompañado unos cuantos días en el hospital y también se había encargado de llevarme a casa el día que Carlisle me había dado el alta, pero luego de eso había desaparecido.

Quizás se había aburrido nuevamente de mí.

Contuve una arcada afirmándome de la pared, pero no pude con la segunda. Mi estomago se rebalsó. Vomité sobre el suelo, tratando de no caerme a causa de los mareos. Cuando una tercera arcada me hizo inclinarme contra el pavimento, unas manos frías me sostuvieron la frente y apartaron el pelo de mi rostro.

Edward había aparecido de la nada y sostenía mi cuerpo débil y tembloroso mientras seguía vomitando. Cuando las arcadas pasaron, me enderecé con su ayuda.

No volvería a mezclar alcohol con marihuana en mi vida.

— ¿Estás mejor? — murmuró mientras seguía sosteniéndome.

— Necesito sentarme — le dije algo lastimeramente.

Me llevó hasta la acera, y me dejó sentada allí. Luego se sentó a mi lado y con un pañuelo comenzó a limpiarme los restos de vomito de la comisura de los labios. No había ningún tipo de asco en sus facciones, sólo ternura en sus movimientos. Cuando acabó, puso una mano en mi frente, refrescando mi ardiente piel. El aroma de su aliento también ayudaba a que las nauseas me abandonaran.

— ¿Mejor?

— Gracias — dije escuetamente.

— No debería beber así, no es sano — me reprendió.

— Métete en tus asuntos — le hablé cortantemente.

— Cualquier cosa que tenga que ver contigo es parte de mis asuntos, Bella — me contestó aún acariciando mis mejillas rojas.

— He sobrevivido muy bien sin ti durante estos tres años, no necesito que me estés cuidando como si fuera una niña.

— Antes no te molestaba que cuidara de ti.

— ¡No soy la misma niña de tu memoria, Edward! Ya no tengo diecisiete años — me enfadé. Me puse de pie con algo de dificultad y me dirigí hacia el interior del bar. Necesitaba un buen polvo.

— No vas a entrar ahí nuevamente — me advirtió impidiéndome el paso. Era imposible huir de él, era mil veces más fuerte y rápido que yo.

— Es mi vida, Edward. Hago lo que quiero y cuando quiero — le ataqué verbalmente. — Soy mayor de edad y sé valerme por mí misma.

— ¿Valerte por ti misma, Bella?— Soltó una corta carcajada seca y dura—. Estás ebria y… ¿Ese olor es marihuana? — Frunció ceño—. ¡Maldita sea, te drogas y bebes como si no fuera a haber un mañana! ¿Cómo puedes creer que te vales por ti misma?

— ¡Esta es la vida que elegí! — le grité enfurecida por sus recriminaciones —. Tú destruiste la vida que yo quería, mataste todo mi futuro y este es el único camino que me queda. ¡Te estoy demostrando que realmente no soy buena para ti, que jamás seré buena para nadie!

— ¡Deja de decir eso y valórate un poco más!

— Pareces un juez, Edward. ¿Dónde está tu martillo? ¿Y tu jurado? — Ironicé.

— Esto no es un juicio. Estoy tratando de que entres en razón, Bella — me tomó por los hombros —. Tu comportamiento me preocupa, no quiero tener que ir a verte al hospital nuevamente.

— Suéltame y sólo déjame en paz. Yo ya no soy la Bella que tú dices amar. Tú mismo me mataste y ahora sólo quedo yo, y quiero entrar a ese bar.

Me soltó con la tristeza dibujada en sus facciones.

Cuando unas horas más tarde salí del bar en peores condiciones que cuando había entrado, él seguía ahí. Se encargó de mí sin decir palabra, cargándome hasta su auto y dejándome a salvo en mi cuarto.

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Gemí fuertemente en el momento que alcancé el orgasmo. El hombre sobre mi cuerpo alcanzó el suyo minutos después, desplomándose sobre mí. Me liberé de su peso y me senté en la cama. Era mi primer polvo en días y el placer me había dejado algo mareada.

En el momento que estuve recuperada, me vestí rápidamente. No quería preguntas ni conversaciones comprometedoras.

Salí del cuarto y me sorprendí de encontrar a Edward allí. No creí que después de la noche anterior me fuera a seguir buscando, pero no fue así. Me estaba esperando, apoyado contra la pared. Sus ojos se veían torturados y cansados. Esa visión me dolía, pero también significaba que había comprendido que tan cambiada estaba y que no había nada que él pudiera hacer.

En este momento la ignorancia sería su mejor amiga. Pero ya se había enterado de lo que realmente hacía con mi vida y de la peor forma, viéndolo a través de la mente de mi amante, porque estaba segura de que eso es lo que había hecho.

— ¿Espiándome? — pregunté.

— Protegiéndote — rebatió —. No permitiré que te hagan daño nuevamente.

— Como quieras llamarlo.

— Te llevaré a casa — me dijo tomándome del codo y arrastrándome fuera de la casa en donde me encontraba.

— La fiesta aún no acaba — protesté molesta mientras me sentaba en el asiento del copiloto y me cruzaba de brazos.

— No me importa, si bebes un poco más terminarás con un coma etílico — me dijo duramente.

No contesté y cerré los ojos, castigándolo con mi silencio.

Sentí sus dedos acariciar mi pelo antes de que el motor se pusiera en marcha. Apenas sentía el movimiento del auto, pero sólo eso bastó para que el cansancio me venciera y pronto estuviera dormida. Medio desperté sólo en el momento que Edward me cargó dentro de mi departamento y me dejó acostada bajos las mantas.

— ¿Cuándo entenderás que te amo? — murmuró suavemente mientras me iba quedando dormida nuevamente.

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No cambié mi actitud frente a Edward en los meses que siguieron. Pero él tampoco se dio por vencido.

Sagradamente me pasaba a recoger para llevarme a la universidad y cada vez que salía de fiesta estaba cuidando de mis pasos con la escusa de impedir que algo malo me pasara. Había tenido sexo con algunos chicos también, y cada vez que salía de una habitación él estaba ahí, apoyado contra la pared, con los puños cerrados firmemente y una mueca de dolor en su rostro, tal como la primera vez que lo había hecho.

La situación me superaba por completo, pero no sabía cómo actuar. Él no se quería alejar de mi lado, y yo no tenía fuerza para decirle que se marchara, pero tampoco para confiar en él y entregarle mi corazón una vez más.

Yo no le convenía y él tendría que entenderlo en algún momento, cuando se diera cuenta de que estaba tan rota por dentro que me era imposible entregarme sin reservas, en cuerpo y alma.

Solté un suspiro mirando las casas y edificios pasar convertidos en borrones frente a mis ojos. Estaba montada en el asiento del copiloto del auto de Edward, el mismo Volvo plateado que tenía en Forks. Me estaba llevando de vuelta a casa para que me cambiara de ropa y llevarme a cenar.

Venía haciendo eso todos los viernes. Me llevaba a cenar a los lugares más caros de Chicago, y aunque jamás estaba vestida para la ocasión, nunca nos echaron de los restaurantes. Sospechaba que sobornaba a los camareros y anfitriones. Dentro de todo, no podía dejar de aterrarme que aquellas salidas estaban empezando a agradarme y conectarme con un pasado que jamás creí recuperar.

— Alguien quiere verte — comentó Edward de pronto. No parecía enojado, ni mucho menos. La curiosidad bulló en mi interior.

— ¿Quién?

— Es mejor que la veas tú misma.

Cuando llegué a mi departamento, abrí la puerta ansiosamente encontrándome con la persona que más había extraño, además de Edward, en estos tres años.

Alice.

Su cabello negro y de punta estaba igual que siempre, al igual que sus ojos del color del caramelo. Lo único que no encajaba en mi visión de Alice era que en su rostro estaba pintada la incertidumbre, pero no me paré a analizar su conducta, sino que me lancé a abrazarla como a una hermana.

Bree podía ser mi amiga y preocuparse por mí, pero Alice había sido mi mejor amiga, mi hermana y su ausencia había sido dolorosa como la de todos los Cullen.

— ¡Alice! — chillé —. ¡Oh, Alice!

Pronunció mi nombre con aquella voz que era como el sonido de las campanillas y supe que era real, que ella estaba aquí, que había vuelto también.

— Te he extrañado tanto, Alice — gimoteé.

— Yo también, Bella, yo también.

Me tomó por los hombros para examinarme y yo me encogí ante lo que estaba viendo. Sabía que mi apariencia física no había experimentado mayor cambio, pero había algo en las líneas de mi rostro que evidenciaba lo deshecha que estaba.

— ¿Qué vamos a hacer contigo, Bella? — inquirió con cierto dolor, mientras tomaba asiento en el sofá. La imité. — Y con Edward… — de pronto, lo recordé y miré a mí alrededor, pero no estaba en el saloncito —. Nos dejó cierta privacidad…

— Como si no fuera a leer tu mente.

— Últimamente mi mente es el lugar más seguro del mundo, estoy guardando el recuerdo de un rostro de tal forma que no pueda verlo jamás si está en mi mano.

Me estremecí ante el recuerdo de aquella noche.

— Gracias por eso, si no hubieras tenido esa visión probablemente no estaría acá. Edward me dijo que llamaste para que revisaran el cuarto donde estaba y me encontraran.

— No podía dejar morir a mi mejor amiga — declaró.

— Tu mejor amiga de la que ni siquiera te despediste — comenté con amargura.

— Era lo que más quería, Bella. Pero… él no me dejó — asentí en silencio —. Tampoco sabía cómo ibas a reaccionar al verme. Tenía visiones poco claras de tu reacción.

— No creo poder reaccionar mal contigo, Alice. Te he echado tanto de menos y me has hecho tanta falta.

Nos quedamos en silencio después de varios minutos hablando. Podía confiar totalmente en Alice y eso era algo liberador.

— ¿Por qué no me lo dijiste? — murmuré de pronto. Durante nuestra charla había dicho que Edward no la dejaba establecer contacto conmigo, ni tampoco contarme la verdad y yo quería saber por qué le había hecho caso.

Alice me miró. Pude ver en el fondo de sus ojos que sabía a qué hacían referencia mis palabras. Por supuesto, ya había visto que yo haría esa pregunta, y había estado temiendo el momento.

— Lo iba a hacer. Te iba a decir todo el plan de Edward, pero eso no iba a hacer que él regresase, o que cambiara de opinión.

— Pero sabías el daño que causaría, sabías que…

— Me hizo jurar que nunca te diría nada — me interrumpió—. Y le debo mucho a Edward, como para no corresponder a su confianza, por mucho que yo vea que se está equivocando. Sé que él ve nuestra relación de hermanos como si yo fuera la que siempre está detrás de sus pasos, cuidándolo, aunque a veces sea inútil, pero él también cumple esa función. Siempre se nos ha dado muy bien guardarnos los secretos y defendernos el uno al otro.

— Pero…

— Déjame acabar — asentí —. Sé que nunca verás las cosas como él, y que sientes que has sufrido más que él, pero no es así. No lo había visto en años hasta unos días antes de que tuviera la visión de lo que te sucedió con ese chico. Sabía donde estaba por mis visiones, y también sabía que estaba destrozado, sin hacer nada por él. Carlisle vino a Chicago para ser él quien te atendiera cuando te ingresaran al hospital y los demás fuimos por Edward.

Hizo una pausa. Sus ojos parecieron perderse en los recuerdos, casi adoptando la expresión embotada de sus visiones. Esperé a que siguiera con su relato, inusualmente ansiosa.

— No sé cuanto tiempo llevaba sin salir de caza. Estaba débil y sus ojos tan negros como puedas imaginar. No tenía voluntad para alimentarse siquiera. Emmett tuvo que cazar por él. Una vez estuvo algo mejor, le contamos lo que había sucedido y se puso como un loco. Era una suerte que aún estuviera débil o nos habría costado retenerlo, siempre ha sido el más veloz de nosotros. Estaba dispuesto a matar a ese chico, se ha controlado solamente porque Carlisle le prohibió matarle y no quiere seguir decepcionándolo.

Las lágrimas corrían por mis mejillas.

Había sido muy egoísta de mi parte pensar que Edward no había sufrido. Según lo que me decía Alice él había sufrido tanto o más que yo.

— Dale una oportunidad, no sé si la merece o no, pero él te ama y tú a él, ese amor merece una oportunidad.

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Darle una oportunidad a Edward era arriesgar demasiado, quizás todo, pero lo hice.

Una semana después de la vuelta de Alice, podía decir que no había tomado más de una copa y estaba dispuesta a tener una salida libre de peleas con Edward.

Para la ocasión Alice me había enfundado en un vestido elegante y de color azul oscuro. Se había divertido, como siempre, jugando a la Barbie-Bella conmigo, pero estaba tan contenta de tenerla como amiga nuevamente que la dejaría seguir haciéndolo por un tiempo más antes de tratar de huir de sus torturas.

— Estás hermosa — murmuró Edward mientras me besaba suavemente las mejillas. Se veía increíblemente guapo, estaba vestido con un terno negro que contrastaba con su piel pálida.

— Gracias.

Condujo por la ciudad tan velozmente como siempre y mientras nos dirigíamos a un lugar que yo desconocía entablamos la primera conversación que no desencadenó en una discusión. No pude evitar sonreír todo el viaje. Se sentía bien estar con él.

Cuando detuvo el auto me quedé deslumbrada con el espectáculo. Estábamos frente a un teatro de enormes dimensiones, completamente hermoso y elegante. Edward me ayudó a bajar del coche y me condujo por las puertas de entrada, con una mano en mi cintura.

Si por fuera era impresionante, por dentro lo era aún más. Parecía un palacio de los aristócratas, con tanto adorno en dorado y alfombras color rojo.

Pronto descubrí que teníamos un palco para nosotros solos y que, según los programas que nos habían entregado, hoy se presentaría el Ballet de La bella durmiente con música de Tchaikovsky. Miré a Edward que me sonreía con cariño y no pude evitar devolverle la sonrisa.

Cuando el Ballet comenzó no pude apartar la vista de los bailarines en ningún momento. Contaban con su baile el mismo cuento que había oído y otra vez de boca de mi madre y maestros, pero con tal sentimiento que las lágrimas se hicieron presentes con rapidez. Además, podía ver las semejanzas entre aquella chica bajo el hechizo que la tenía presa y yo. Las dos necesitamos de ese príncipe que nos despertaría de la pesadilla que estábamos viviendo, con sólo un beso de sus labios, un beso de amor.

Aunque mi principe era parte de los cuentos de terror, sentí que todavía había una esperanza para mí.

Edward limpió mis lágrimas y besó mis parpados cuando las luces se encendieron nuevamente.

— Ha sido un ballet precioso, gracias — le agradecí de corazón.

— Aún queda otra cosa más que hacer en este teatro — me anunció.

— ¿Qué cosa?

— Ven, vamos — me tomó de la mano y me ayudó a caminar por entre la gente hasta llegar a una de las salas de ensayo, escondidas detrás de unas grandes puertas de madera de roble.

Miré el lugar donde me había llevado. Era amplio y en medio había un hermoso piano de cola.

— ¿Es legal estar aquí? — pregunté dudosa mientras él me dejaba sentada a su lado en el banquito.

— Digamos que lo tengo arrendado por esta noche.

Nos sonreímos por enésima vez en lo que iba de la velada.

Entonces, la música de piano inundó mis oídos. Estaba tocando mi nana, después de tres años volvía a oír la melodía que me contaba de las noches que él pasaba velando mi sueño, amando cada respiración, y cada latido de mi corazón. La canción que hablaba de lo difícil que era para él estar cerca de mí, respirando el olor de mi sangre, y a vez, disfrutando de estar conmigo.

Mi nana. La composición más hermosa que jamás había oído y que sumaba un nota más de esperanza a mi alma, sanando heridas que creí que nunca dejarían de sangrar.

No me di cuenta de que estaba llorando hasta que él se inclinó y besó mis lágrimas, llevándoselas entre sus labios. Avergonzada por mi debilidad me enjugué rápidamente.

— Sólo dame una oportunidad, es lo único que pido, Bella — musitó aún tocando mi canción.

— Dame tiempo — le pedí escuchando los últimos acordes —. Esto ha sido… tan rápido y tengo miedo.

— No te volveré a dejar — su voz se mezcló con la última nota que quedó flotando en el aire, al igual que su promesa.

— No soy buena para ti, ¿recuerdas?

— Deja de repetir eso, no es verdad. Todo lo que dije cuando te dejé era mentira, cada palabra, todo era mentira. Eres buena para mí, y si no lo fueras, eres lo único que quiero y eso es lo que importa.

Vacilantemente me acerqué a él, acaricié su mejilla gélida y besé sus labios. Me correspondió con cuidado, dejándome sentada sobre sus piernas y envolviendo mi cuerpo con sus brazos. Me sentía pequeña y segura allí.

— Esto es lo único que puedo ofrecerte, por ahora — volví a acariciar su mejilla.

— Es suficiente, por ahora — me aseguró.

Estuvimos varios minutos así, abrazados y besando nuestros labios con delicadeza, como en el pasado, hasta que llegó la hora de partir.

Ya en la puerta de mi departamento, me volvió a besar haciéndome sentir una explosión de mariposas en la boca del estomago y supe que esa noche lo necesitaría conmigo, a mi lado, para asegurarme de que aún podía quererme, para tratar de confiar.

— Quédate, como antes — le pedí. Asintió con una sonrisa y entró en mi departamento.

Aquella noche pude dormir en paz, sin pesadillas, luego de tres años.

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Miré dentro de mis cajones sin poder creer lo que veía. Toda mi ropa había sido reemplazada por ropa nueva, de marca y completamente fuera de mi nuevo estilo. Y a decir verdad, aquella ropa tampoco calzaba con el estilo de ropa que usaba en Forks, por lo que sentí ganas de matar a cierta vampira de cabello negro.

Suspirando, tomé la ropa que me pareció menos elegante y me la puse. Tenía clases temprano y no podía llegar con retraso.

Mi mañana pasó rápidamente, y con mucha menos pesadez que cuando iba con la resaca de mis noches de alcohol.

Desde que estaba tratando de volver a confiar en Edward y en mí misma, que no salía. Sólo dos semanas y ya me sentía mucho mejor. Quizás Edward había tenido razón cuando me había encarado sobre mis hábitos de bebida, además, ahora tenía una adicción más placentera: la compañía de Edward.

No era lo mismo que antes, porque no éramos iguales a los que habíamos sido cuando nos conocimos, pero estábamos tratando de adaptarnos a los cambios y dejar de juzgarnos mutuamente.

Salí de mi última clase y caminé por el pasillo que conducía hacia el exterior.

Edward me espera allí, justo en la entrada. Lucía endemoniadamente guapo, como siempre. Cuando estuve frente a él, lo abracé y aspiré su aroma, de la misma forma que él aspiraba el mío. Estaba tan en paz en sus brazos que me sobresalté mucho cuando recibí un empujón que me hubiera botado si Edward no me hubiese estado sosteniendo.

— ¿Tu nueva conquista, zorra? — espetó una voz femenina que me hizo dar la vuelta. Cecile estaba parada frente a mí sonriendo socarronamente. Era una de mis compañeras de curso. Me había acostado con su novio en una fiesta hacia unos cuantos meses y jamás lo había olvidado.

— ¿A quién llamaste zorra? — le grité sintiendo como mi cara enrojecía de rabia.

— Yo que tú me buscaría una chica más decente, guapo — se dirigió a Edward —. Tiene la manía de romper relaciones y acostarse con cualquiera. Te puede dar sífilis con esta zorra en tu cama.

— No te permito que hables así de Bella — contestó Edward en tono educado, pero yo que conocía su voz, supe que el volcán estaba a punto de hacer erupción.

No supe que me molestó más, si las palabras de Cecile o que Edward defendiera lo indefendible.

— ¿Sabes qué, Edward? Ella tiene razón, no tienes que defenderme — apreté los dientes y seguí hablando —. Quizás no te de sífilis, pero sí soy una zorra, deberías buscarte a otra chica mejor que yo.

Salí corriendo del lugar. Las lágrimas corrieron por mis mejillas, sabía que Edward podría haberme seguido con facilidad, pero no lo hizo y eso dolió más que las palabras de Cecile, que habían convertido en una realidad palpable todos los miedos que me atenazaban.

Yo era una extraña para él. Ya no era una zorra, ya no era la chica que él había conocido tres años atrás. Me había comportado como puta por mucho tiempo. Había tenido sexo sabiendo que Edward estaba afuera de la habitación escuchándolo todo en las mentes de mis diferentes amantes y aún así había seguido junto a mí. Yo había tenido razón desde un principio, yo no le convenía, no era buena para él.

Caminé lentamente por las calles de Chicago, sin tener fuerzas para más, hasta llegar a la casa de los Masen, ahora propiedad de Edward. Me senté en la misma banca que cuando fui por primera vez, aunque mi soledad no duró mucho. Edward estaba sentado a mi lado de pronto, mirando hacia la casa.

— Es curioso que una casa pueda durar más que una memoria— comentó de manera distraida—. Me gustaría poder recordar más de mi vida humana, pero los recuerdos se siguen desvaneciendo y la casa de mi familia sigue aquí, como un gran recordatorio de que ese Edward existió en algún momento.

— ¿Qué haces aquí? — pregunté incapaz de decir nada más.

— No iba a dejarte sola — respondió simplemente.

— Eso es exactamente lo que tienes que hacer, dejarme sola, Edward. No sería la primera vez.

— No puedo.

— Ya escuchaste lo que dijo esa chica. Soy una zorra, mucho peor que una zorra en realidad. Puede que no pueda contagiarte ninguna enfermedad, pero ¿realmente puedo gustarte? ¿Cómo puedes querer estar conmigo después de ver en las mentes de todos esos hombres la forma en la que me utilizan?

— No me importa tu pasado, sólo el futuro — dijo solemne —. Cuando hagas el amor conmigo, no va a ser como con esos hombres, porque yo te amo, Bella.

— ¿Cómo puedes decir que me amas? — Sollocé —. ¡Yo misma me odio!

— Nunca te has visto con claridad. Nunca. Yo sigo viendo esa luz dentro de ti — apartó el pelo de mis ojos —. Y si tengo que curar cada herida que yo causé, lo haré, Bella.

— Tengo miedo. Si vuelvo… a… confiar en ti y en mí, en lo que soy capaz de darte para que me ames seré tan vulnerable, y las heridas volverán a sangrar si te pierdo. No quiero eso, pero también te quiero a ti.

— No hay forma de que pueda dejarte, no soy tan fuerte. Me vas a retener de forma permanente e inquebrantable, mi amor. No importa lo que hayas hecho, sólo me importa que puedas seguir queriéndome después del daño que te he hecho.

— Edward — me derrumbé sobre su cuerpo, y lloré en su hombro mientras sus dedos acariciaban mis cabellos —. Deberías haber sido el único… quiero que los borres de mí, quiero ser sólo tuya…

No dijo nada, pero me tomó en brazos y me llevó hasta la casa, hasta su casa. Abrió la puerta con rapidez y luego subió las escaleras conmigo en brazos aún. No era lo que esperaba, pues por dentro se parecía bastante a la casa de los Cullen en Forks, se notaba que la habían adecuado para vivir en ella.

Nos detuvimos frente a la puerta de una habitación. Edward me dejó sobre mis pies y luego abrió la puerta revelando una hermosa vista. Era un cuarto de aspecto muy elegante, con muebles de madera labrada y una cama enorme como adorno central. Las paredes eran de un azul opaco.

— Amo cada parte de ti, Bella y si quieres que te lo demuestre lo haré. Sólo quiero que me creas y te sientas tan amada como te mereces.

Una corriente eléctrica me recorrió el cuerpo con sus palabras. No me había tocado siquiera, pero su aliento había chocado contra mi piel.

Suavemente me puse de puntillas y besé sus labios con toda la lentitud que me fue posible. Disfruté de lo gélidos que eran sus labios, y de lo placentero que era aferrarme a su cuello y jugar con su cabello. Él no me presionó en ningún momento, sino que me besó a mi ritmo, dándome tiempo para asimilar esta nueva forma de besarnos.

— Te amo, Edward — suspiré en medio del beso, por fin dejando salir a flote mis sentimientos. Sus labios se curvaron en una sonrisa.

Lentamente él dejó mis labios para besar mi cuello y dejar suaves besos de mariposa por toda su extensión antes de posicionarse detrás de mí y comenzar a quitarme la camiseta de algodón verde que llevaba. Levanté los brazos para ayudarlo en la tarea.

Cuando la prenda fue quitada, Edward no abandonó mi espalda, sino que con sus diestros dedos se deslizaron por mi piel de arriba hacia abajo, acariciando mi columna y los costados de mi cuerpo. Apartó mi pelo hacia un costado y sus labios rodaron por la coyuntura del hombro y el cuello causándome escalofríos. Sabía que estaba en contacto directo con el aroma de mi sangre y que eso debía ser una tortura, como respirar fuego, pero no parecía afectado.

Sus dedos descendieron una vez más por mi espalda, desde mis hombros, topándose con el broche del sostén. Sus hábiles dedos lo soltaron. Sus manos fueron hasta mis hombros otra vez, de donde bajó los tirantes y luego me quitó la prenda. Quedé semidesnuda frente a él, y sentí miedo de no parecerle deseable.

Algo temerosamente me di la vuelta, para enfrentarme con su mirada que me evaluó con la pasión brillando en sus ojos. Respiré profundamente, aliviada de ver el deseo en sus ojos.

Sus dedos hicieron un recorrido por mis pezones, y las palmas de sus manos apretaron dulcemente mis pechos, mientras él se inclinaba y besaba mi boca, hambrienta de sus besos.

Amaba la sensación de su toque helado que parecía quemar y necesitaba más de él.

Envalentonada por sus acciones llevé mis manos a su pulcra camisa blanca y botón a botón la desabroché. Cuando acabé la tela quedó enmarcando su pecho blanco y musculoso como dos cortinas que vedan el paso al paraíso. Llevé mis manos a sus anchos hombros y la deslicé por sus brazos, con su ayuda.

Con nuestros dorsos desnudos, Edward me atrajo hacia su cuerpo para besarme nuevamente, y esta vez el sentir como mis pechos se aplastaban contra su pecho duro como la piedra fue la mejor sensación que había sentido jamás. Ambos gemimos en la boca del otro.

— Eres hermosa, nunca lo dudes — musitó antes de volver a besarme.

Entre beso y beso nos fuimos acercando a la cama, hasta que caímos en ella. Mi espalda sobre el colchón y el cuerpo de Edward presionando suavemente el mío, siempre teniendo cuidado de no hacerme daño.

Con todas las emociones y sensaciones a flor de piel nos seguimos deshaciendo de la ropa, primero los zapatos y luego los pantalones. Edward se paró un segundo frente a mí en la cama para terminar de quitarse su pantalón quedando solamente con un boxer azul oscuro.

Cada caricia era una descarga eléctrica llenándonos de la pasión del momento. Sus labios avariciosos recorrían mis pechos, y mis manos sin saber de donde aferrarse se enredaban en su cabello broncíneo o apretaban su espalda.

Cuando ambos estábamos en ropa interior, sentía que iba a estallar en medio de una combustión espontánea. Edward me seguía besando en cada parte del cuerpo que fuese capaz de alcanzar y sus manos me recorrían entera, menos los lugares que palpitaban por su toque, por lo mismo comencé a moverme suavemente contra su erección que estaba firmemente presionada contra mi centro.

Lo oí gemir antes de comenzar imitar mis movimientos. La fricción era maravillosa, pero yo necesitaba más y sabía que él también, por lo que tomando la iniciativa nuevamente, llevé mis manos a sus boxer y tiré de ellos hacia abajo. Su miembro, igual de helado que toda su piel chocó contra mi muslo y jadeé por la sensación.

Me retorcí un poco hasta alcanzar su miembro y acariciarlo. La piel era suave y gélida, y eso me gustó y me excitó a partes iguales. Su cabeza se enterró en mi cuello cuando ejercí algo de presión y pronto me detuvo, agarrando mis manos y dejándolas por encima de mi cabeza.

Iba a protestar, cuando sentí sus dedos acariciarme por sobre la tela de la ropa interior, antes de que se colaran por entre esta y uno de sus dedos se adentrara en mi interior. Gemí alto y me mecí contra su dedo, excitada.

— Edward…

Paró sus movimientos cuando pronuncié su nombre con voz ahogada y me miró fijamente antes de deslizar la prenda por mis piernas con delicadeza.

Edward se acomodó entre mis piernas y tuve que reprimir un gemido de anticipación cuando su miembro rozó mis pliegues húmedos.

— Si te hago daño, debes decírmelo — me advirtió.

— No tengas miedo, no me harás daño, somos como una sola persona — respondí simplemente.

Me besó con pasión antes de adentrarse en mí con lentitud, dejando que me ajustara a su intromisión.

Me sentía en las nubes. Sus movimientos eran lentos y comedidos, pero también llenos de una pasión y devoción palpable en cada beso y cada caricia que me otorgaba. Yo por mi parte sólo podía enredar mis piernas en torno a su cintura y aferrarme a su cuello mientras los gemidos huían de mis labios.

Sus embestidas estaban en sincronización con mis movimientos y eso me daba una secreta punzada de felicidad, pues éramos compatibles en este aspecto de la misma forma en la que nuestros caracteres lo eran. Y esta parte física de nuestra relación estaba siendo maravillosa.

De pronto, me encontré sobre su cuerpo. Me estaba entregando el control de la situación mientras sus manos se apoyaban en mis piernas recorriendo mis muslos, aferrándose a ellos cuando mis movimientos lo hacían gruñir de placer.

Besé su pecho y lo recorrí con mis labios mientras me movía sobre su cuerpo, tratando de llevarlo al límite, de la misma forma en la que yo estaba a punto de llegar.

Cuando el orgasmo llegó, sentí una vorágine de sensaciones más intensas que las acostumbradas cuando había estado con otros hombres. Todo era más fuerte, más placentero y una pequeña parte de mi cerebro registró la pregunta de cómo había podido disfrutar de estar sexualmente con otro hombre que no fuera Edward.

Caí sobre su pecho como una muñeca de trapo, jadeando a causa del placer. Sentí sus manos temblar contra ni espalda, mientras me acariciaba y cuando pude levantarme un poco y mirar su rostro, me di cuenta de que él aún no había vivido el devastador placer del orgasmo.

Su respiración era irregular a pesar de que era totalmente innecesaria para él. Por un segundo me sentí enternecida por su expresión: los ojos cerrados y una mueca extraña en los perfectos labios, una mueca que me gustaría seguir viendo por el resto de mis días, que esperaba que fuera la eternidad.

Puse una de mis manos en su gélida mejilla.

— Edward — mi voz salió en forma de un pequeño gemido, pues comencé a moverme casi inconcientemente.

Jamás había deseado tanto complacer a alguien, pero en esta ocasión sólo podía pensar en hacerle sentir tanto placer como él me había hecho sentir a mí.

Con un ronco gemido escapando de la parte baja de su garganta comenzó a moverse también y sus manos descendieron hasta mis caderas para así marcar su propio ritmo. Me incliné y dejé que llevara el control de la situación, demasiado agotada y a la vez deseosa de sentirlo contra mi piel, una vez más.

Me dio vuelta entre sus brazos, llevando él el control nuevamente. Las manos de Edward eran por completo ineludibles, y eso hizo que mi deseo por él creciese. Sentí como sus dedos se aferraban a mis muslos, y supe que por la fuerza que estaba ejerciendo sobre mi piel quedarían marcados allí, pero no me importó.

Y esta vez, cuando alcancé un nuevo orgasmo, él me acompañó, gimiendo roncamente mi nombre.

No sé como lo logró, pero mantuvo su peso sobre sus brazos, mientras descansabamos en un silencio tranquilo, lleno de paz.

Pasados unos segundos, él se apartó de mí unos centímetros sólo para depositar castos besos sobre mi rostro, murmurando palabras de amor.

Lo único que pude pensar en ese momento, es que quería vivir todos los días de mi vida a su lado y de pronto, una pregunta que hacía mucho en el pasado escapó de mis labios.

— ¿Me transformarás? — pregunté. Edward seguía en silencio, con su rostro apoyado contra mi clavícula y sin dejar de formar parte de mí aún —. No hay forma de que no acepte otra cosa que no sea la eternidad a tu lado— agregué.

— Estás jugando con fuego — murmuró.

— Me gusta el peligro — solté una risita, sorprendiéndome de lo feliz y completa que me sentía entre sus brazos. Con ningún hombre había sido así… Siempre sentía el vacío que había dejado Edward…

— Esto va más allá del peligro, perderías tu alma, sólo por mí — abrió al fin los ojos al tiempo que apoyaba su mentón en medio de mis pechos. Algo en mi expresión debió alarmarlo porque me miró con las cejas casi tocándose. — ¿Qué es lo que va mal? — una sombra de horror cruzó sus ojos —. ¿Te he hecho daño? Bella, dime la verdad.

— No, no me has hecho daño — medio mentí, podía sentir una leve palpitación en ciertos lugares de mis muslos y algunos sectores de mis costillas, sabía que pronto esos lugares estarían morados, pero eso no importaba. Podría tener roto un hueso en este momento y estaría completamente feliz de todas formas.

— Entonces, ¿Qué es lo que va mal? — de pronto él estaba recostado a mi lado. Me removí en la cama hasta volver a rodearlo con mis brazos, él respondió a mi abrazo.

— Nada. Todo va perfectamente, más perfecto de lo que jamás podría llegar a merecer — él gruñó desconforme con mi respuesta —. Es sólo que me estaba preguntando si realmente querías pasar la eternidad junto a mí.

— Por supuesto que sí y me siento muy egoísta por desearlo.

— Es lo que siempre he querido, por egoísta que sea. Quiero ser tan fuerte como para salvarte también y no dejar que nada te aparte de mí.

— Nada me apartará de ti de ahora en adelante — me juró —. Y te transformaré si eso es lo que deseas.

— Lo deseo — aseguré con convicción.

Asintió y hundió su rostro en mi pelo, tarareando mi nana.

Nuestros nombres habían estado escritos en sangre desde que nos enamoramos, entrelazando nuestras vidas con un hilo invisible que era imposible de separar. Mi sangre lo había atraído y mi sangre lo había alejado, pero nuestras almas habían permanecido siempre unidas, siempre juntas a pesar del tiempo y la distancia.

Tendría que atravesar un océano de fuego, de la misma forma que él había atravesado un océano de años para encontrarme, antes de unirme a él en la eternidad, transformándome en un ser de la noche, en un vampiro, pero por él todo valía la pena.

* algunas fraces que estan a lo largo del fic , pertenecen a la cancion "Ignorance" de Paramore, en la que basé el Fics. Por ende, no me atribuyo la propiedad de dichas frases.