Dark Chat

domingo, 6 de marzo de 2011

Vida : Dulce Inmortalidad

Capítulo Tercero: Verdades

Estábamos sentados a unos metros, paradójicamente en un Parque, era irónico si lo miraba de ese modo, podía sentir la tensión y ansiedad de mi casi familia, suspire y comencé a contar mi historia. Los ojos de Alice se abrieron como platos, Carlisle observaba sin emitir juicio, no podía decir si era pena o dolor, pero su rostro era confuso, era como si no pudiera transmitir sentimientos para lo que yo estaba contando.

- Habían pasado semanas y me rehusaba a comer, Charlie no sabia que hacer así que me interno en un hospital, simplemente me estaba dejando morir, al menos eso era lo que el médico le comento en varias ocasiones, pero la verdad era que incluso comer para mi en ese momento era lo más doloroso que podía hacer, mi mente no reaccionaba estaba como catatónica, escuchando en mi mente una y otra vez las palabras de Edward… no había comprendido hasta ese minuto de que forma le amaba

Suspire como si mi vida dependiera de ello y continúe

- Esa noche en particular, había decidido acabar con mi agonía, subí hasta el último piso del hospital, a la azotea no fue difícil, las enfermeras estaban viendo televisión no notaron mi desaparición, pero cuando estuve arriba, mirando hacia el precipicio, entendí que no era capaz de hacerlo, que no tenia la voluntad ni la fuerza de arrebatar mi propia vida, como maldije ese sentimiento que ahora yo estaba sintiendo, así que corrí sin rumbo fijo, me detuve en una pequeña plaza como ésta, llena de arboles, estaba ahí mirando al horizonte, dejándome morir cuando fue justamente eso lo que paso… en realidad no la sentí venir.

- Victoria. murmuro entre dientes Alice.

- Solo sentí la ponzoña entrar por mis venas, y hacer que mi corazón se detuviera, lo siguiente que recuerdo es cuando desperté en el bosque un par de días después.

- Te lo dije, yo lo vi - interrumpió Alice mirando a Carlisle, este entrecerró sus ojos, pero no expreso nada, Alice se volvió a mi contestando mi pregunta evidente.

- Él me prohibió hurgar en tu futuro, y te juro que no lo hacía, pero aquel día en particular, simplemente lo vi.

Confesó me dio un vistazo y luego continuo

- Edwards te busco desesperadamente cuando supo que habías desaparecido, lo hizo hasta que…. - Su voz se apago recordando el pasado antes que pudiera seguir yo continúe mi relato.

- Al principio estaba errática, no sabia que hacer, de hecho mi primera victima.

- ¿Bella? Interrumpió esta vez Carlisle.

- Fue un Alce - confesé como si hubiera sido la peor victima de todas - bueno luego mi dieta no fue muy sútil que digamos - recordé a los ratones a los que había engullido, Alice hizo una mueca de asco. - Pero con el tiempo logre llevarlo, hasta que supe que se podía comprar sangre, al principio lo hacia como un tráfico, hasta que una noche alguien por ahí comento que a los estudiantes de medicina le era más fácil, y decidí que era tiempo de seguir con mi vida como había querido Edwards, y heme aquí, estudiando esto - dije mientras agitaba mis brazos en señal de resignación.

- Entonces tu tomas sangre humana. dijo Alice, su expresión era de desaprobación y cautela.

- No sabia que más hacer, la verdad, a pesar que han pasado cinco años, bueno yo no soy – hice una pausa, dude en continuar realmente me avergonzaba admitirlo, pero lo hice - creo que la caza no se me da del todo bien.

Carlisle sonrío por un breve momento, y luego me miro fijamente, no necesitaba leerle la mente para saber lo que él estaba pensando.

- ¡No! ¡Por ningún motivo! Respondí agitada mientras me levantaba desde el tronco que había servido como asiento por todo este tiempo, Alice se levanto conmigo.

- Bella… él también ha sufrido, no es fácil, no fue fácil para él, escucha… cuando se fue, lo hizo porque quería que tu no salieras lastimada, encontró que nosotros éramos un peligro para ti, nuestra sólo existencia lo era, pero en realidad el jamás dejo de amarte.

Finalizo Alice dándome una mirada, de esas que sólo la Familia Cullen podría dar, su expresión era tan clara, tan nítida, tan autentica como si quisiera que yo viera la verdad en sus palabras a través de sus ojos, Carlisle interrumpió.

- ¿Crees que podrás ocultárselo para siempre? Me preguntó mientras me sujetaba por un brazo.

- Lo hubiera logrado de no ser por ti. respondí

Pero lo cierto es que no estaba segura si podría ocultarme para siempre, en un planeta tan pequeño como este.

- ¿Para qué? agregué de mala gana, mis recuerdos de Edwards eran cada vez más patentes, como si hubiera sido ayer, de pronto todos mis recuerdos humanos afloraron en mi mente junto con el dolor.

- Él tiene derecho a saberlo, y… - comenzó a decir Carlisle, pero yo termine la frase por él precipitadamente, pidiéndole una explicación

- ¿Y qué? ¿decidir? ¿Qué tendría que decidir Edward?, grité,

- ¡No! fin de la discusión. concluí

Alice intervino.

- Cuando te vi mi visión no era del todo clara, y de pronto no pude verte más, fue cuando te busco por todos lados, estaba como ido, tardo meses en comprender que no era su culpa, además todo empeoró cuando leímos en el diario aquella noticia que había aparecido un cuerpo, y que era el… - hizo una pausa - tuyo, creímos que perderíamos a Edward, jamás en años lo habíamos visto así, estaba como loco, trastornado, incluso trato de… bueno… acabar con su existencia, esto último casi lo logró.

Confidenció en un susurro, sus ojos no estaban con nosotros, parecía que hubiera vuelto al pasado recordando, la expresión de Alice era sombría, compungida y apagada. Por un momento yo también estaba compungida y sombría al pensar el dolor que él había sentido pero de pronto ese sentimiento cambio a la ira, y grite sin quererlo.

- ¡Bueno, creo que Edward, tiene una visión bastante real de cómo me sentí yo cuando él me dejo aquel día en el bosque!. alegué, mientras me apartaba de ellos.

- Solo piénsalo, las cosas han cambiado, esta inmortalidad te hace como él, no veo porque no podrían estar juntos.

Carlisle trato de persuadirme, pero yo no dije nada.

Los días parecían interminables, tener a Alice de compañera no era exactamente mi idea de continuar con mi vida, desde que me habían encontrado ella no quería apartarse de mí, se había mudado a vivir conmigo en el dormitorio de la universidad – Alumna de intercambio – pregunte incrédula mientras miraba su carné de identificación.

- Qué querías, vampira nueva en la ciudad. aportillo dándome una mirada.

- Ja! Muy graciosa. Segura que no le has dicho nada, ¿no querrá visitarte? Pregunte temerosa.

- No, He mantenido mis pensamientos lo más lejos de tu imagen, pero supongo que existe la posibilidad que él lo lea en mi mente.

Concluyó pensativa, la mire estupefacta, tenía un extraño sentimiento de angustia, no estaba preparada para verlo nuevamente. Alice sacudió la cabeza y sonrío

– Bella no te preocupes, no vendrá te lo prometo, a decir verdad no terminamos muy bien la última vez que conversamos, y para tu tranquilidad, él esta muy lejos de aquí junto con Jasper. agregó.

- ¿Jasper esta con él? Pregunte curiosa.

- Sí – exclamó - es una larga historia.

- ¿Por eso no terminaron bien la última vez? ¿no? Adiviné. Alicie asintió con un movimiento corto, sus pensamientos estaban lejos.

Decidí que era tiempo de cambiar de tema, y preocuparme por otras cosas, como por ejemplo Susan, no la había llamado desde que Alice estaba aquí y mi ausencia a clases había empeorado la situación.

- ¿Dónde vas? Me pregunto saliendo de su reflexión.

- A ver a Susan, no demoraré mucho, puedes… bueno siéntete como en casa. Le dije dándole una sonrisa de confianza. Después me arrepentiría de aquello.

Iba caminando por los pasillos en busca de Susan, cuando de pronto vi un montón de chicos sonriendo y alardeando, seguro era con una chica a juzgar por sus actitudes, la miraban de pies a cabeza e incluso algunos trataban de hacerse los caballeros con ella - Otra persona a mitad de semestre pensé

En realidad no podía ver de quien se trataba puesto que la tenían rodeada, todos en un circulo y ella al medio. Tampoco era que me interesara tanto, así que continúe en busca de Susan, estaba justo fuera de su habitación, iba a tocar, pero de pronto suspendí mi mano a escasos centímetros de la madera.

– Que iba a decir - en mi mente comencé a buscar excusas, buenas excusas para justificar mi comportamiento las últimas semanas, pero no encontré ninguna - esto de mentir no es lo mío - pensé inquieta, de pronto pensé que decirle la verdad no era tan malo, claro si ocultaba todo el tema de vampiros podría decirle que Alice, era una vieja amiga que había pedido su traslado a esta universidad y yo amablemente estaba ayudándola a ambientarse, lo que no era mentira del todo.

Retome fuerzas e iba a golpear cuando Susan abrió la puerta de imprevisto, era como si estuviera esperando a alguien. La mire nerviosa, sólo fruncí mis labios y esboce una sonrisa avergonzada.

- Bella, ¿Qué haces aquí? Pregunto desconcertada.

- Vine a verte. Respondi timidamente.

- OH, bueno, no es buen momento ahora. Me explico mientras miraba de un lado a otro por el corredor donde estaba parada, parecía como si buscará algo o a alguien.

- ¿Por qué, esperas a alguien? Pregunte confundida.

- Algo así, pasa… supongo que tendremos un par de minutos, antes que llegue

- ¿Llegar, quién? Volví a preguntar mientras cruzaba el umbral de la puerta.

Cuando entre pude ver que la cama donde dormía Eileen, la compañera de cuarto de Susan y su mejor amiga de la infancia, estaba vacía, de hecho todo el lado que le pertenecía en aquella habitación estaba vacío. Eileen se había mudado pensé, pero ¿dónde?, desde que conocía a Susan, Eileen era su eterna amiga, si no fuera porque conocía uno que otro detalle poco decoroso de Susan, incluso podría haber aventurado que ellas dos eran más que amigas.

- Eileen tuvo que suspender un semestre. Sus padres tuvieron un accidente y bueno ella tuvo que volver a su casa, a cuidar de sus hermanos menores

Me dijo sin que yo preguntara siquiera.

- OH, ya veo, ¿entonces estas esperando una nueva compañera?

- Sí, me notificaron hoy, creo que viene trasferida de Dartmouth.

- OH, no es raro… digo esa Universidad es cara, y prestigiosa, porque habría alguien ya inscrito ahí querer cambiarse a ésta Universidad. Comenté no sin mucho sentido.

Susan sólo sonrío nerviosa y sacudió su cabeza.

- No tengo la menor idea. Me respondió.

Susan la verdad yo venia a... no alcance a finalizar cuando sentimos el ruido de la puerta, me distraje y Susan se levanto ansiosa para abrir la puerta a su nueva compañera. Su olor me dejo paralizada en mi sitio, era inconfundible, incluso sin sentirla hablar sabia perfectamente de quién se trataba, pero era imposible, acaso mi pesadilla iba a empeorar.

-Bella – sentí decir a Susan nerviosa - te presento a mi nueva compañera de cuarto, su nombre es Rosalie Hale.

- Demonios. Resollé. Mi cuerpo no me respondía, quería pararme pero era casi imposible siquiera coordinar los movimientos. Estaba comenzando lentamente a levantarme de la cama, y torciendo mi cuerpo para dar la cara a Rosalie, cuando sentí la voz de Alice en la puerta.

- ¿Qué haces tú aquí? Inquirió con urgencia a su hermana, quien sonreía maliciosamente satisfecha con la escena.



Corazon de Hierro

Cap. 4 Resistencia


—No puedo creerlo —dijo la asombrada voz de Rosalie, levante mi vista y ella tenía sus puños apretados—. ¡Ese mal nacido te humilló todo el día!

—Lo sé, lo sé —acepté, escondiéndome nuevamente entre mis brazos.

—Bella, pero no puedes permitirlo —dijo, con un tono que demostraba claramente que estaba muy enfadada.

—¿Y qué quieres que haga? ¡Él es mi maldito boleto para salir de esa casa! —le dije, alzando mi voz y conteniendo mis lagrimas—. Aunque sea un maldito… tendré que aguantarlo.

—¡Dios Bella! ¡Caíste en la casa de un vampiro! —dijo con un poco de melodrama.

—Lo sé, pero eso ya no importa —la sola imagen de Carmen maltratando a mi familia me hacía resistir… tenía que resistir.

—¿Y qué vas a hacer?

—Nada ¿qué más? Mañana iré a trabajar y listo, asunto resuelto.

—Demonios Bella, esto más que un remedio parece la misma enfermedad, sales de la casa de una maldita para ir a meterte a la de otro.

—Sí, pero esto no es tan malo, Rose. Sólo tengo que asistirlo y obedecer, nada más.

—¡Dios! —dejo salir Rose con exasperación.

—No te preocupes amiga, estaré bien —mentí.

—Eso espero Bella, si no, te sacare del pelo de esa casa —su broma me hizo reír.

Hablamos un poco mas y cuando vi que el reloj marcaba las siete y media, me levanté precipitadamente, era la hora de cenar y debía hacerlo en casa y con mi familia.

—Llámame cualquier cosa ¿sabes que te apoyo verdad?

—Lo sé amiga, gracias.

—Cuídate Bella.

—Lo hare.

Nos dependimos con un fraternal abrazo y partí hacia el departamento. Las calles de Chicago estaban mas frías, ya entrada la noche el frío hacia estragos en cualquier parte de la ciudad, por una extraña razón me pregunté: ¿qué estará haciendo Edward Cullen en éste momento? Por la mujer que entró cuando yo me fui de su habitación ya podría imaginar lo que estaría pasando. Un escalofrió me recorrió la espalda. Caminé a la deriva por unas cuantas cuadras, llegué a la calle en donde vivíamos y casi palidecí al sentir a Kate gritar.

—Demonios —dije, subiendo rápidamente las escaleras, al subir a nuestro piso los gritos de dolor se hacían más fuertes, llegué a la puerta y la abrí como pude— ¡No! —grité horrorizada—. ¡Déjala!

—¡Bella! —el grito de dolor de Kate me partió el alma, corrí hacia donde estaba y no pude controlar lo que paso. Saqué de encima de mi hermana el cuerpo borracho y drogado de mi madrastra.

—¡¿Qué demonios te pasa, mal parida? —le grité a Carmen, miré su cara y sus ojos estaban completamente desorbitados

—Vete al demonio hija de puta, estaba pegándole a ésta atrevida porque no me hizo de cenar —me dijo, tambaleándose y poniendo una mano en la muralla.

—¡Te voy a matar! —le dije, abalanzándome contra ella.

Nuestra pelea comenzó con puñetazos y patadas, Carmen me rasguñó los brazos para tratar de soltarse, pero el instinto animal y de supervivencia que vivía dentro de mi se hizo presente, nadie iba a tocar a mi familia, nadie.

—¡Te juro que no volverás a tocarla! —le grité mientras le apretaba el cuello contra la muralla.

—¡Bella! —un grito ahogado salió de la garganta de mi padre. Busqué rápidamente su voz y lo vi tirado en un rincón, su frente estaba partida y había mucha sangre esparciéndose por su rostro.

—¡Papá! —grité sin poder contener las lágrimas de desesperación.

—¡Bella, ya para! Déjala —me pidió mi padre, miré el cuerpo convulsionante de Carme, ella se retorcía en el suelo tosiendo y buscando calmar su respiración.

—¡Maldita perra! —le grité cuando pude sentar a mi padre nuevamente en su silla de ruedas.

—Ésta me las pagas, maldita, te juro que me las pagas.

—Juro que si les vuelves a hacer algo te mato —acorté la distocia que nos separaba y con mi puño bien apretado le di en toda la quijada

—¡Puta! —me gritó, abalanzándose encima, sentí que caímos encima de algo muy duro, a los pocos segundos esa estructura también cedió llevándonos directamente al suelo. Carmen trataba de pegarme y de arañarme la cara constantemente, pero yo no la dejaba. Mientras estabamos forcejeando vi que Kate pasó rápidamente por al lado de nuestra pelea, unos segundos mas tarde sentimos un estruendo y Carmen cayó desmayada encima mío.

—¡Maldita! — grité, sacándomela de encima—. ¿Están todos bien?, ¿papá?, ¿Kate?

—Sí, yo lo estoy —dijo mi pequeña hermana con sus ojos llenos de lágrimas y dejándose caer en una silla.

—¡Dios mío! ¿Hasta cuándo será esto —gritó mi padre al cielo, mordí mi labio pensando en que esto había sido la gota que rebalsó el vaso, si de mi dependía que nos fuéramos, mas pronto que tarde estaríamos fuera de esta ratonera.

Saqué mi celular y marqué rápidamente a la policía, en menos de veinte minutos llegaron a la casa y semi inconciente se llevaron detenida a Carmen. Mi pequeña Kate caminó lentamente a mis brazos para buscar mi apoyo, lo único que pude hacer fue besarle el cabello y susurrarle un «lo siento». ¿Qué más podría hacer?. Después de todo el alboroto y habiéndonos librado de Carmen por algunas semanas les di de cenar y los acosté a dormir, hoy por lo menos tendríamos paz.

A la mañana siguiente le dije a Kate que no fuera a la escuela y que mejor se quedara con papá, ya que si Carmen volvía tendría que salir corriendo hacia la casa, el problema era que excusa daría en mi trabajo, pero de eso me preocupaba después.

A las ocho en punto estaba en la casa Cullen, toqué el timbre y una mucama que no conocía me abrió la puerta.

—Buenos días —me saludó muy educada.

—Buenos días, no nos conocemos, mi nombre es…

—Isabella Swan —terminó con una sonrisa—, no se preocupe señorita Swan, todas las mucamas de la casa hemos sido informadas de su presencia, pase por favor —hizo la pequeña reverencia y me concedió el paso. Me paré en el medio del hall de entrada y parecía más grande que el otro día.

—Gracias.

—Si gusta puede subir de inmediato hacia la habitación del señor, en éste momento se encuentra con el doctor, pero él la estaba esperando.

—Oh, qué bien —respondí con un fingido entusiasmo—, subiré enseguida.

Me encaminé por las largas escaleras de la mansión Cullen, se me hacia muy incomodo todas las formalidades que ocupaban en ésta casa, para ser un plomo de persona, Edward Cullen era un hombre con bastante educación. Acomodé mi ropa antes de entrar, por lo que paso anoche tenía unas cuantas marcas que no se borrarían por algunos días, solté un enorme suspiro, conté hasta diez y golpeé.

—Pase —me dijo la inconfundible voz de mi jefe.

Entré y la habitación seguía igual de lúgubre que el día de ayer, caminé por la sala de estar dejando mis cosas en los sofás, Emmett y Edward estaban sentados en la cama, Emmett examinaba a Edward, éste me quedó viendo con sus penetrantes ojos, muchos escalofríos siguieron la misma trayectoria que tenían sus ojos, produciéndome muchas sensaciones.

—Buenos días —saludó con su aterciopelada y sensual voz, ¡demonios! Su voz no era tan sensual.

—Buenos días —le respondí.

—Buenos días Bella —me saludó el doctor.

—Buenos días Emmett —respondí con un sonrojo, la mirada de Edward me los producía constantemente. Miré de reojo y él tenía sus ojos clavados en mí.

—¿Bella? —dijo, y me giré inconscientemente—. ¿Por qué la llamas así? —preguntó con desdén.

—Es el diminutivo de Isabella, ¿no Bella?

—Si es verdad.

—Oh —soltó con sarcasmo—, veo que se han hecho muy buenos «amigos» —dijo, recalcando la palabra.

—Claro, somos colegas, tú y yo también tenemos una excelente amistad —dijo Emmett, buscando su estetoscopio en el maletín.

—Pero nosotros somos hombres —agregó nuevamente con sarcasmo, Emmett al parecer no lo escucho porque siguió con su tarea, pero yo si lo había oído. Me giré y él estaba mirándome con una expresión bastante seria y tensionada.

—Bueno Edward, comencemos el día. ¿Bella? —me llamó el doctor—. Asísteme por favor.

—Claro.

Hicimos la misma ruina del otro día, Edward me seguía constantemente con sus ojos, sentía sus miradas muy pegadas a mi espalda. Al parecer le daba desconfianza mi trabajo ya que siempre observaba con mucho cuidado todos mis movimientos.

—¿Y todavía no llegan los exámenes? —preguntó de repente.

—No —le contestó Emmett—, e igual me urge verlos, ¿o has tenido ninguna crisis en la noche?

—No, espero no tenerlas, si no, tendré que necesitar los servicios de la señorita Swan todo el día y además en la noche —mi cuerpo de inmediato se tensó por completo.

—Por el momento no lo creo, espero que tu condición no empeore —miré a Edward y a pesar de que estaba sumido en una extraña enfermedad su semblante se veía igual que ayer, impenetrable.

—Esperemos que no —Emmett unos minutos mas tarde terminó el examen y se sentó a hablar con el señor Cullen.

—Bueno Edward, ahora que tenemos la presencia de Isabella no es tan necesario que yo venga todos los días.

—¿Te liberas de responsabilidades Emmett? —rió. ¿Qué le encontraba de chistoso a su comentario?

—Claro que no amigo, lo que pasa es que Isabella es bastante capaz de mantenerte como estas ahora, ¿cierto Bella? —preguntó mirándome.

—Por supuesto —le contesté.

—Bien, si hasta para hablar son un equipo — mis puños se apretaron. ¿Por qué demonios tenía que ser tan prepotente?

—Como te decía, ahora vendré sólo una vez por semana, la comunicación con Bella será por intermedio de un teléfono, así que cualquier cosa me llaman y vendré enseguida.

—Claro doctor —respondí cortés, ganándome una mirada de ¿desprecio? de parte de Cullen.

La mañana pasó rápidamente, Emmett se quedó enseñándome algunas cosas y antes del almuerzo se fue, eran alrededor de las dos de la tarde, de pronto William entró estrepitosamente a la habitación rompiendo el incomodo silencio que se formaba entre los dos.

—¡Señor Cullen! —dijo con voz bastante fuerte desde la sala, caminó rápidamente hasta la cama y se acercó para hablarle a su oído, miré por sobre el libro de medicina que ojeaba las diferentes expresiones que tomaba el rostro de Edward. William le susurraba rápidamente algo al oído, él lo escuchaba con bastante atención.

—¡Maldita sea! ¿Cómo demonios paso esto?

—No lo sé señor —dijo, alzando un poco más la voz.

—Da lo mismo, la gente inepta siempre es igual. Dile a Frederick que me traiga los informes y los balances que los revisare aquí.

—Sí, señor —el hombre desapareció rápidamente de la habitación.

—Espero no se moleste si trabajo un poco —me dijo, enfocándose en mi rostro, mi cuerpo tuvo múltiples reacciones ante su mirada.

—No se preocupe señor Cullen, es su casa.

—Y usted es mi enfermera, sólo le estaba comentando —me respondió y se sentó en la cama para recibir los papeles.

Unos minutos más tarde entró un hombre, tenía aproximadamente unos cuarenta y cinco años de edad, era de estatura media. Su rostro venía completamente desencajado, sus ojos parecían estar en cualquier parte y sus facciones se notaban increíblemente tensas.

—Señor Cullen —dijo con un visible nerviosismo, miré a Edward y él sólo levantó su mano en señal de silencio, soltó un suspiro y comenzó a hablar.

—Respira —le aconsejó—, dime exactamente que pasó.

—Señor, lo lamento… los balances de éste mes no los alcanzaron a llevar a corrección, se presentaron tal cual en la junta de accionistas causando un enorme enojo en ellos.

—¡Demonios! —gritó de repente, haciéndome saltar—. ¿Para qué carajo les pago? ¡Explícame! —insistió.

—Para… para hacer bien nuestro trabajo —respondió en un susurro, el hombre tenía la vista perdida en sus zapatos.

—¡¿Entonces por qué demonios hacen las cosas mal? ¿Te das cuenta de que hemos perdido tiempo valioso en esto? ¡Exijo saber quién es el responsable! —demandó en un grito, ¡dios!, ¿así era siempre?

—Es… es… uno de los contadores —dijo nervioso.

—Entonces que sea removido de inmediato, no puedo trabajar con incompetentes —dijo finalmente, abrí mis ojos y lo miré, su rostro era tan duro como el concreto de la calle, ninguno de sus músculos se movía, parecía que a él realmente no le importaba lo que pasara con la persona que iba a despedir.

—Sí… sí señor —tartamudeó.

—Ahora déjame los papeles para revisarlos, antes de las cinco quiero que pasen por ellos.

—S…sí señor —sentenció, retirándose. Observé la figura del hombre y estaba completamente nervioso, casi en un estado de stress. Al contrario de su jefe que parecía estar disfrutando de lo que pasaba.

—¿Qué me ve? —me preguntó, sacándome de mis pensamientos, fijé mi vista y estaba observándome.

—Nada —respondí, tratando de distraerme.

—¿Piensa que soy muy duro? —me preguntó, dejándome pasmada con la pregunta.

—¿Las enfermeras podemos opinar —respondí, girándome hacia otro lado buscando la nada.

—Si yo se los pido claro que pueden.

—Siento decepcionarlo, pero eso no está dentro de mis funciones —le respondí, ganadme una mueca de disgusto, pero no me importaba, una pequeña sonrisa triunfal apareció en mis labios.

Minutos mas tarde se concentró en los papeles que le llevaron, pasó unas largas tres horas revisando todo lo que tenía, eran por lo menos unas doscientas hojas que leyó atentamente. Cuando iba casi terminando comenzó a removerse incomodo, constantemente se agarraba el cuello o se tallaba los ojos, creo que eran consecuencias de su enorme concentración, sin duda Edward Cullen era un adicto al trabajo.

—Demonios —dijo con visible frustración.

—¿Sucede algo? —le pregunté desde un rincón en donde leía.

—Mi cabeza y la vista me están matando, necesito terminar, pero me duele demasiado, ¡maldición!

—¿Puedo ayudarle en algo? —ofrecí, al parecer no esperaba mi propuesta ya que en sus ojos vi atisbo de asombro, por primera vez sus labios me mostraron lo que podría ser una sonrisa, una pequeña curvatura en ellos me lo demostraba.

—¿Podría hacerlo? —me contestó con otra pregunta.

—Claro señor, estoy aquí para asistirlo.

—Bien —me dijo visiblemente conforme—, entonces podría leerme estos balances en voz alta.

—Claro.

Cuando me fui a parar del sillón en el que estaba sentada mi torpeza se hizo presente, dejé caer accidentalmente los libros que tenía en el regazo, miré avergonzada al señor Cullen y él me miraba con unos ojos burlones.

—Lo siento —susurré, en menos de lo que pensé se había parado de la cama y estaba en frente mío tomando los libros, me agaché para ayudarle, levanté mi mirada, pero me encontré con sus ojos que miraban atentos mis brazos, mi chaqueta se había subido dejando ver los moretones y rasguños que tenía en mis brazos. Traté de taparme, pero él hablo antes de que lo consiguiera.

—¡Dios! —exclamó, al parecer pensó un momento y prosiguió—. ¡Bah! —dijo con sarcasmo—. Si tiene sexo masoquista y duro con su novio no tiene que avergonzarse, cada loco con su tema. Sólo dígale que no le deje tanta marca —se levantó y dejó los libros en su estante, mis puños se apretaron con violencia, ¿cómo demonios me decía eso?, ¿qué sabia el de mi? ¡Nada! Si le decía que anoche tuve que defender a mi familia de una maldita loca creo que no me creería. ¡Demonios! Mordí fuertemente mi labio conteniendo el impulso de lanzarle lo primero que pillara, ¡como odiaba a la gente burlesca!

—¿Necesita que le lea? —logré articular cegada por la rabia.

—Claro —respondió con una sonrisa burlona—, prosiga.

Me comí toda la rabia que tenía dentro, unas locas ganas de llorar se apoderaron de mi, ¿cómo podía ser tan patán? ¡Es un… un… desgraciado!, ¡maldita sea! Grité en mi mente.

Después de treinta eternos minutos parecía que no aguantaría más. Me excusé y salí al baño del servicio que estaba en ese piso. Entré rápidamente trabando la puerta con el pestillo, me deje resbalar en la puerta tratando de acallar los sollozos que tenía atrapados en mi garganta.

—Demonios —susurré llorando—. ¿Por qué tiene que pasar esto? —pregunté a la nada. ¿Por qué teníamos que vivir en ésta mierda?, ¿por qué éste hombre tenía que ser tan malo?. Lo único que deseaba era salir corriendo de aquí, no verlo nunca mas, pero las ganas disminuían de inmediato al recordar la escena de anoche: Kate siendo brutalmente maltratada por Carmen al igual que mi padre, no podía hacerles esto ¡tenía que soportar! Estaba segura de que dentro de poco me haría inmune a sus comentarios.

Lavé mi cara limpiando con cuidado mis ojos, las lágrimas corrieron un poco mi maquillaje, pero nada que no se pudiese arreglar, me compuse y traté de calmarme, si ese hombre se proponía hacerme estallar no lo conseguiría, yo era fuerte, tenía que ser fuerte, dos personas dependían de mi y no las iba a abandonar. Lavé mi rostro y respiré muchas veces antes de encaminarme nuevamente a la habitación. Caminé lentamente y al entrar me encontré con William parado al lado de la cama del señor Cullen hablando con él.

—Entonces dejémoslo así, Will. Ya sabes que hacer —le dijo, y sentí inmediatamente sus ojos en mi, levanté la vista y nuestras miradas se encontraron, por escasos segundos vi sus ojos brillar y una mueca que no pude distinguir apareció en su rostro, desvió sus ojos nuevamente hacia Will ignorándome por completo, vi que el llamaba por teléfono por una red interna que había en la casa. Minutos después él me habló.

—Señorita Swan —me dijo Will, levanté mis ojos y lo miré, de seguro los tenía rojos e hinchados ya que me ardían demasiado—. Ya son las seis, es hora de que se retire —Dios… ¡Al fin! Dije sólo para mí.

—Está bien —tomé mis cosas con mas velocidad que ayer y me despedí.

—Hasta mañana —dije, evitando los ojos de mi jefe.

—Hasta mañana señorita Swan —me dijo él en el mismo tono de siempre.

Salí rápidamente de la recamara, me paré afuera y nuevamente contuve las ganas de llorar, mordí mi lengua para no ceder ante las ganas, bajé lentamente las escalas, al llegar al segundo piso mi sorpresa fue grande. Por el pasillo de la mansión Cullen venía caminando una modelo, sí, lo era. Una mujer de enormes piernas y tan alta como un poste de luz caminaba con paso de pasarela por las dependencias de la casa, tenía unos ojos color verde intenso, jamás vi algo igual. En su enorme altura ni siquiera se dio cuenta de mí ya que paso con la vista fija en frente y subió por las escaleras hacia el tercer piso, mi boca se abrió un poco y no pude disimular la sorpresa. Nuevamente la palabra «amante» repicó en mi mente, ¿se vería todos los días con su amante? La pregunta me generó una enorme curiosidad, pero la mujer de ayer no era la misma de hoy, eso significaba que Edward Cullen tenía más de una amante. Claro… para alguien de su estatus eso se debe comparar a tener perros o coleccionar antigüedades.

Me despedí del servicio y salí casi corriendo del lugar, la casa era completamente hermosa, pero en el interior se veían muchas cosas que no encontrabas afuera. Por ejemplo, un hombre que era completamente hermoso por fuera, era el dios Apolo en versión terrenal, que con una sola mirada podría despertar hasta la mas ínfima de tus conexiones nerviosas, pero por dentro era el ser mas despiadado y cruel del mundo, si compráramos en tamaño ambas partes tenían el mismo peso, su belleza y su maldad eran iguales, coexistían las dos dentro de un solo cuerpo. En otra parte estaban esas mujeres, ¿quiénes serían?, ¿amigas?, ¿subordinadas?, ¿amantes? Quién sabe, quizás algún día sepa quienes son esas afroditas.

La semana pasó lenta y tortuosa, sin duda estar con Edward Cullen cada día era una prueba del cielo, su hermosura y su altanería eran dos enormes contrastes, el día viernes por la noche le imploré a Rose que saliéramos ya que por primera vez en mi vida necesitaba un trago.

—Ahora sí que pienso que estas mal —me dijo con sincero asombro. Estabamos en un pub cerca de la casa de Rose, su nombre era «Highlight». Estaba tan tensa que pedí un martín doble y seco, me lo bebí en unos segundos levantando el dedo para pedir el próximo—. Jamás te he visto beber así y mírate —me señaló—, una semana con ese plomo y estas perdiéndote, ¡demonios Bella!

—Ya no me regañes mas —le dije, mascando la aceituna de mi copa—, sabes que no hay nada mas que pueda hacer.

—Lo sé, pero igual no puedo evitarlo. ¿Cuánto estará Carmen en la cárcel? —me preguntó con duda.

—Por lo que dijo el abogado por lo menos un mes, la encerraron por agredir a una menor y a un minusválido.

—¡Me alegro! —dijo sirviéndose de su vaso—. Yo la habría dejado pudrirse allí

—Yo también —acepté con una sonrisa, miré el contenido de mi vaso y me perdí en el color de la copa. Unos segundos después una voz me sacó de mis pensamientos.

—¿Bella? —me giré hacia donde venía la voz y me sorprendí al ver quien era.

—¿Emmett? ¡Hola! —me paré del asiento a saludarlo, él me dio un beso en la mejilla y un abrazo.

—Espero que no te moleste saludarme así —me dijo con una sonrisa.

—Claro que no, además, no estamos en el trabajo.

—Es cierto —me dijo, pero sus ojos estaban puestos en mis espaldas, seguí la dirección de su mirada y veía a Rosalie, ella ni siquiera se había dado cuenta de su presencia por lo que no se volvió a mirar.

—¡Rose! —la llamé para que mirara, ella nos dedicó una mirada a ambos, le tomé la mano y la llevé a saludar.

—Emmett, quiero que conozcas a mi mejor amiga, Rosalie Hale. Rose el es Emmett McCarty, el doctor de cabecera de la misión Cullen.

—Hola —saludó—, mucho gusto —inclinó su mano y Emmett se la agarró para corresponder al saludo.

—Hola, es un placer conocerte —miré la cara de Emmett y estaba embobado mirando a Rose, sus ojos la recorrieron completamente, pero cuando me giré esperando la misma reacción en Rose, ella retiró la mano y dijo un suave «con permiso» y se fue a sentar nuevamente.

—Perdón, pero no estamos pasando por un buen día.

—No importa, pero ¡wow! Bella… es una belleza.

—¿Te gustó mi amiga? —pregunté divertido.

—¿Qué si no? Mírala, ¡es hermosa!.

—Bueno, tratare de ver si le gustaste, el lunes hablamos de ello.

—Me harías un favor Bella. Oye ¿y como te fue en ésta semana? No pude pasar por la casa Cullen.

—Sí, bien —contesté con el entusiasmo que me daba la situación.

—¿Edward te trata mal?

—¡No! —casi grite—. Es sólo que…. Él es un poco duro para tratar a las personas.

—Lo sé, a mi me pasaba lo mismo cuando lo conocí, pero déjame decirte algo Edward es un hombre muy bueno Bella, de verdad, cuando entras en el corazón o en la cabeza de Edward te darás cuenta de cómo es. Edward sin duda es un súper héroe en un traje Armani.

—Ver para creer —le dije, cruzándome de brazos y apoyándome en una sola pierna.

—Sí… es verdad. Yo tuve que verlo para creerlo, pero te aseguro que no pasara mucho tiempo en que veas algún cambio, sé que te sorprenderás

—Ojala Emmett, ojala.

—Bueno Bella, ya es hora de irme, unos amigos me esperan. ¡Cuídate y que estés bien! ¡Adiós Rosalie, un gusto! —le gritó Emmett, Rose sólo agitó su mano con gentileza, pero en sus ojos veía que no le había gustado Emmett—. Adiós Bella

—Adiós Emmett —le di un beso en la mejilla y volví con Rose.

Volví a donde estábamos sentadas, Rosalie sujetaba su vaso y tenía la vista perdida.

—¿Qué sucede? —le pregunté con un poco de ansia.

—Nada —contestó ella con voz tranquila.

—¿Acaso no te cayó bien Emmett? —le pregunté, conteniendo una risita.

—No —respondió seca—, sus ojos parecían devorarme, odio a los hombres así, me causan escalofríos —abrazó su cuerpo imitando un escalofrió.

—Eso es por lo hermosa que eres —mi amiga parecía una modelo, sus enormes ojos azules y su cabello dorado la hacían verse como un angelito.

—Ya dejemos de hablar de mí, entonces —suspiró—, ¿seguirás aguantando al plomo de Cullen?

—Claro que sí, sabes qué debo hacerlo.

—Lo sé y eso es lo que mas me afecta, que no tienes otra solución por el momento.

—No me interesa, con tal de ayudar a mi familia soy capaz de cualquier cosa.

—Recuerda que siempre tienes disponible mi casa, yo podría ayudarlos mientras se estabilizan.

—Gracias amiga —le agradecí con emoción, la abracé y nos sumergimos en una burbuja de amor fraterno.

Sabía que no podía desistir, mi familia dependía de ello, por el siguiente mes podríamos respirar en paz, Carmen estaba lejos y por lo menos podríamos estar tranquilos. Edward Cullen no debía vencerme, él no traspasaría mi barrera, no dejaría que su sarcasmo tocara mi corazón.



jueves, 3 de marzo de 2011

Pecados Carnales

Capítulo 23
(segunda parte)
Conociéndonos de nuevo
Tanya V/S Bella

Edward

Enterrar a un hijo es la tarea más difícil que algún padre puede hacer — los padres no deben enterrar a sus hijos —había escuchado alguna vez decir a alguien y no entendí ese significado hasta que lo hice con el mío, el dolor era impresionante y no podía dimensionarlo, pero debía ser el fuerte de los dos.

Sólo que no sabía cuánto tiempo podía ser el fuerte, habían pasado poco más de ocho meses de aquel día, hoy era exactamente doce de septiembre y parecía que el tiempo no hubiera transcurrido. Una vez más estábamos sentados uno frente al otro en aquella amplia habitación y el silencio nos volvía a embargar.

— ¿Pesadillas? —le preguntó Jacob de repente y Bella se volvió a sentar en el enorme sillón de cuero, era increíble que de la persona que menos me imaginaba fuera a ser el que más nos iba a ayudar.

— No —respondió ella tomando entre sus manos la cartera y yo ladee mi cabeza, puse mis dedos en mi nariz y acaricie mi entrecejo. Estaba cansado de no avanzar, cansado de repetir esta misma rutina, cansado de ocultar mi dolor.

— ¿Edward? —me preguntó alzando la vista y cómo odiaba a los psiquiatras.

— No —conteste en un suspiro.

Pero había aceptado principalmente por ella, esto no íbamos a poder superarlo sin ayuda de alguien, más considerando que Bella se había recluido en su interior, se había cerrado al mundo incluyéndome.

No quería hablar sobre lo que había pasado, en realidad no quería hablar sobre él, no quería ni siquiera que pronunciaran su nombre pero aún lo visitaba todos los días en el cementerio, su lápida estaba llena de flores y globos. Y a mí se me partía el alma tener que acompañarla sin poder derramar una lágrima por mi hijo.

Por aquel hombrecito que había hecho cambiar mi vida de una manera en que jamás me había imaginado, aquel amor solo era superado por el amor que sentía por Bella, me odiaba a mi mismo por no poder llorarlo, por no poder sufrir por aquel que quise regalar en más de una oportunidad cuando me superaban sus llantos nocturnos o cuando estuvo enfermo.

Aquellas largas horas de desvelo, los contantes llamados a mi madre — No se lo que tiene —había dicho casi al borde de las lágrimas — Soy un mal padre —había concluido aquella noche y había largado el llanto al teléfono desesperado por no poder acallar su llanto, la voz dulce y cálida de mi madre me había consolado en aquella oportunidad — Edward solo es una infección en el oído, es común entre los bebes, dale la medicina y se quedará dormido ¿Quieres que vaya a buscarlo? —y en ese minuto había mirado hacía al pequeño cuerpo entre mis manos, aquellos ojos llenos de lágrimas y aquella expresión de dolor en el rostro compungido de mi hijo de ocho meses me había hecho comprender que, aunque me comía las ganas de entregarlo a alguien más, su lugar era conmigo y no con su abuela o con sus tías, yo era el padre, yo debía criarlo. Otra vez la voz ronca y áspera de Jacob me trajo de regreso a la tierra sacándome de mi ensoñación.

— ¿Falta de sueño entonces? —preguntó y ambos dudamos, a quién le preguntaba ahora, a mí o a ella.

— ¿Bella? —agrego despejando la duda y ella suspiro había un dejo de molestia en aquel interrogatorio.

— Duermo bien Jacob —le contestó de manera enérgica.

Jacob alzó la mirada, dejo a un lado su cuaderno y nos encaró, sus ojos negros y su mirada penetrante se desviaron de mi hacía Bella dulcificándose, su cuerpo se incorporó del sofá en donde había permanecido durante casi toda la sesión.

Nadie les esta pidiendo que superen la muerte de… —comenzó a decir pero Bella lo interrumpió.

— ¡No! —exclamó en pánico, tomó aire mirando por los enormes ventanales de la consulta para calmarse — por favor… no digas su nombre —le pidió suavemente su voz se apago mientras se abrazaba a si misma. Sus manos acariciaron sus brazos en un intento de consuelo.

En ese minuto me levanté del sillón, en meses no habíamos progresado de eso, la abrace por atrás acariciando sus manos, ella se giró y cruzó sus brazos en mi cuello abrazándome, sentí como enterró su rostro en mi cuello, me partía el alma verla así y como quería que tan sólo pudiera hablar sobre el tema para superar el duelo.

— Sácame de aquí —murmuró en mi oído y mi vista se desvió hacía Jacob, esté se acercó a su escritorio.

— Nos vemos la próxima semana —concluyó él sin mirarnos.

Llegamos de vuelta al departamento donde estábamos viviendo ahora, nos habíamos mudado después del accidente a uno nuevo, Bella había aceptado vivir conmigo pero la condición había sido: nada que lo recuerde, nada que pueda hacerme llorar habían y la complací.

Las cajas estaban apiladas una encima de la otra, los cuadros sin sacar, solo estaba desempacada la cama, los utensilios básicos de la cocina y del baño, el resto estaba tal y como lo había dejado la mudanza hacía meses.

Bella colgó las llaves detrás de la puerta y se quito el abrigo sin decirme nada, sin emitir palabra, sin mirarme, sus bellos ojos marrones estaban mirando al vacio, a la nada, la tristeza se había alojado en aquel rostro hermoso y parecía dispuesta a no irse, cuando noté que caminaba hacía el dormitorio la detuve.

— No puedes dormir eternamente Bella —le hice ver sacando sus cabellos del rostro y le acaricié el rostro para hacer que me mirará. Sostuve su mentón con mis manos, por un segundo su mirada encaró la mía.

— No tienes que quedarte a mi lado, te lo he repetido muchas veces —me contestó bajando la vista y la tristeza reflejada en su rostro era enorme, que me encogió el corazón.

— Yo también sufro, yo lo crié por cuatro años y medio —le respondí en un afán de que entendiera que no era la única que lo sufría, también estaba mi madre, mis hermanas, su propia hermana, todos, no era la única con el dolor de su muerte.

— No tienes que meter el dedo en la yaga Edward —espetó de vuelta furiosa y sus ojos se pusieron vidriosos.

Me sentí como un miserable, pero a veces no sabía como abordarla, no tenía idea como hablarle, o que decirle, no era mi intensión causarle más daño pero las ideas y la sicología se me estaba agotando.

— Mi amor —susurré sujetando sus manos, lucho por que la soltará pero la acerque a mi cuerpo — Bella mírame —le pedí tomando otra vez su hermoso rostro entre mis manos, sus ojos se concentraron en los míos — yo te amo, si estoy contigo es porque te amo, porque quiero que nos demos una oportunidad, lo de Anthony paso por algo —exclame con un hilo de voz.

Me quedo mirando por unos segundos, sus ojos estaban apagados hasta que de pronto su ceño se relajó y un destello cruzo por su mirada achocolatada, entonces ella me besó, de una forma poco usual, como no lo hacía en mucho tiempo, en meses, pude sentir su desesperación, su angustia se estaba traspasado en ese beso necesitados y hambriento. Le correspondí pero podía sentir como sus labios se deslizaban con un desasosiego motivado por la pena, entonces comprendí su intención al sentir como sus manos bajaban temblorosas hacía mi cintura y se metían bajo mi ropa acariciando mi cuerpo. Ella estaba buscándome en ese sentido porque quería olvidar, quería acallar el miedo y tal vez el dolor supliéndola con placer.

Y contrario a toda lógica flaquee puesto que yo también la necesitaba de esa manera, necesitaba acallar mi propio dolor con ella, con la misma urgencia que ella le quite la ropa y ella a mí, bese su cuello, recorrí su espalda y la ame como no lo había hecho en mucho tiempo, nuestros cuerpos estaban en sincronía y cuando la sentí colapsar contra mi pecho supe que tal vez con el tiempo sanarían nuestras heridas. Al sentir su entrega supe ahora era diferente porque estábamos juntos, no separados. Tendríamos una oportunidad de acompañarnos en nuestro dolor, superar la muerte de nuestro hijo, juntos, vivir el duelo y sanar juntos. Apoyo su rostro contra mi pecho desnudo y comencé a deslizar mis dedos por su espalda acariciando su piel desnuda — Nuestro amor debía ser más fuerte, tiene que serlo —reflexioné.

Me quede mirando el techo mientras la acariciaba, ella se durmió en mis brazos y por primera vez, en todos estos meses, no despertó gritando el nombre de nuestro hijo muerto. Mañana sería su cumpleaños y no tenía claro que iba a pasar, me asustaba pensar que sería horrible, obviamente fiesta no habría pero la llevaría a cenar, algo simple, solo los dos. No quería que su mente se retrajera otra vez como había estado en un comienzo, el recuerdo de aquellos días me torturó gran parte de la noche.

— Bella… a mi amor… tienes que comer —insistí con el plato en la mano, puse la cuchará en el aire pero ella corrió el rostro

— No —murmuró y las lágrimas seguían rodando por sus mejillas

— Por favor —le pedí

— No quiero —contestó sin mirarme

Hacía una semana que permanecía absorta mirando la cuna de nuestro hijo, tenía entre sus dedos su ropa y me partía el alma verla de esa manera.

— Tal vez haya que internarla nuevamente — me hizo ver Ángela apenas bajé con la bandeja intacta pero eso no era una opción, tenía claro que necesitamos vivir este duelo, llorarlo, y el que estuvieran todos preocupados de nosotros no ayudaba.

Incluso las revistas eran un fastidio, la noticia de la muerte de Anthony había inundado páginas enteras, páginas que hubiera deseado borrar, páginas que hubiera deseado evitar.

— No —fue mi respuesta y esa noche decidí que necesitamos estar solos. Sin ellos, sin mi familia, sin la familia de ella. Sólo nosotros dos.

— Edward, no podrás tu solo —insistió su hermana

— Hijo, Ángela tiene razón —intervino mi madre

— Se quedará conmigo —resolví seco mirándola a ambas — Sólo necesitamos tiempo, ambos, estar solos —aclaré tomando a Bella del brazo para sacarla de la casa de mis padres.

Le quité la ropa de nuestro hijo de entre las manos y me la llevé aquella noche. Al principio di vuelta sin destino por varias horas pero luego finalmente la lleve a un hotel. Lloró toda la noche y yo la acompañe, era una pena que compartíamos, una prueba que debíamos superar.

— Encerrarse en un departamento no hará la diferencia —agregó mi padre y aunque él era el único que en parte apoyaba mi decisión aún así podía ver esa expresión de duda frente a lo que estaba haciendo.

— Tal vez sí, tal vez no. Pero no la dejaré sola, ni en una institución psiquiátrica — Le había contestado mientras terminaba de poner las últimas cajas en mi auto para llevarlas al nuevo departamento que había comprado y que era el que íbamos a compartir de ahora en adelante. Alice me abrazó

— Cuídate y llámame si necesitas algo —me dijo mi hermana acariciando mi mejilla. Ella se había encargo de regalar los juguetes de Anthony, la ropa y todo lo que era de él, creo que lo había hecho junto con Tanya.

Aún sin abrir mis ojos mis manos la buscaron instintivamente, y se abrieron frenéticos cuando no encontré señal de su cuerpo. Me senté en la cama de golpe totalmente lucido y examine el cuarto el cuestión de segundos, miré el reloj y eran las doce del día — ¡Maldición me quede dormido! —reflexioné molesto conmigo mismo levantándome, tome desde el suelo mis pantalones y me vestí.

— ¿Bella? —la llamé pero no estaba en el baño.

No pude evitar que mi corazón comenzará a latir furioso y que mi estomago se contrajera de nervio, salí de la habitación con un presentimiento que trataba de acallar, pero aún así mi mente divagaba pensando que ella había hecho algo o se había ido estuve así hasta que noté ruido en la cocina, me relaje pero no del todo, la aprehensión aún estaba allí.

— Mi amor, ¿qué haces? —le pregunté y ella me miró sonriendo. Me descolocó esa sonrisa tan transparente, tan nítida, tan autentica. Me quede mirándola un tanto confuso.

— Cocino —respondió de lo más risueña y me pregunté si no era otro cambio de humor demasiado rápido e inestable.

Me acorde de la advertencia de Jacob respecto al stress post traumático mezclado con depresión y ahí estaba mi respuesta pero en ese minuto, al ver sus labios curvados en una sonrisa tan hermosa dejo de importarme y la preocupación que me había inundado por todos estos meses se disipó. Me acerque a ella pensando en que mientras estuviera feliz daba lo mismo si cocinar, lavar, o pintar lo conseguía, no iba a cuestionarme mucho como obtenía la felicidad mientras estuviera dentro de los límites de la cordura y la legalidad.

Durante todo el almuerzo, en mi mente, deliberé si era bueno y oportuno entregarle o no el regalo que había comprado para ella, incluso si era correcto desearle feliz cumpleaños, estaba temeroso en su reacción y aunque durante el resto del día su humor pareció ser bueno, me temía que reventará en llanto o se enojará por el gesto.

Eran las ocho y media de la noche, permanecía sentado en el sofá de la sala de estar, estaba esperándola para llevarla a cenar y tenía la caja entre mis manos, tal vez es demasiado pronto me dije mirando el resplandor del anillo de compromiso con el cual pretendía pedirle matrimonio, pero era lo lógico, después de todo estábamos viviendo juntos, nos amábamos, por qué no casarnos, hacerlo oficial.

Mis labios se curvaron en una sonrisa cuando recordé que, a pesar de todo, ese día había sido maravilloso, estar solos los dos, amándonos, sin llamadas telefónicas de nuestras familias, sin llanto, sin discusiones, completamente felices casi como si nunca nada hubiera pasado la trágica muerte de nuestro hijo, mi corazón se contraía ante la posibilidad de olvidarlo pero jamás olvidaría a mi pequeño, deje la pequeña caja a un costado y saque mi billetera, miré su fotografía, la única que tenía y que había logrado ocultar de Bella.

— Lista —susurró acercándose lentamente con la sonrisa dibujada en el rostro, yo rápidamente metí la fotografía devuelta a su lugar, el regalo en mi bolsillo y agradecí que ella no alcanzara a percatarse, me levanté del sillón rápidamente, un tanto agitado por la sorpresa — ¿Dónde iremos a cenar? — me preguntó jugando con mi pelo, me beso en los labios mordiéndolos, tenía su pelo completamente mojado y el olor de su piel, a fresas estaba provocándome a no salir a ningún lado y quedarnos allí. Pero era su cumpleaños, así que suspiré mientras le besaba los cabellos inundando mis sentidos de esa esencia tan exquisita.

— Eso mi amor, es una sorpresa —exclamé tomándola de la mano — Feliz cumpleaños —murmuré besandola, me separé de ella al cabo de unos minutos y salimos del departamento.

El lugar a donde la llevaría estaba a un par de cuadras de distancia así que nos fuimos caminando, ella jugo traviesa todo el trayecto, acercándose a besarme y cuando estamos a punto de hacerlo se alejaba, parecíamos dos estudiantes recién conociéndonos, recién enamorándonos. Me fascino sobremanera verla tan feliz y radiante que mis aprehensiones se esfumaron por completo hasta que, justo en la esquina de la avenida que debíamos cruzar había una pequeña plaza de juegos, unas madres estaban con sus pequeños hijos, uno de ellos era un niño del mismo porte que el nuestro, incluso su color de pelo era igual.

Me paré en seco, atrayendo hacía a mi a Bella, no quería que se pusiera triste el día de su cumpleaños y como me maldije por haberla llevado caminando y no en automóvil. La bese tratando de evitar que volteara a mirar, quise con ese beso que simplemente se perdiera en mis ojos y al cruzar su vista no se dirigiera allí, que no se apartará de la mía.

— ¿Qué sucede? —me preguntó dulcemente mientras me acariciaba el rostro, podía sentir que mi expresión tensa y aunque traté de relajarla ella lo notó iba a contestarle cuando en eso se sintió el llanto del pequeño y ella abrió sus ojos sorprendida, se giró automáticamente y ahí estábamos los dos contemplando la escena. Un nudo se me formo en la garganta. Mi plan había fracasado

— Mi amor —exclamé dudoso pero ella se sonrió aunque no fue una sonrisa tan clara ni tan feliz, no había una gota de sufrimiento en su rostro, cruzo la calle como si nada, haciéndome cruzar con ella. Era como si estuviera en paz con ella, con Dios y conmigo, lo que me sorprendió.

Entramos al restaurante, yo aún seguía un tanto confundido con su actitud y ella aún tenía esa sonrisa de tranquilidad que por un minuto estaba asustándome, no le dije nada ni tocamos el tema de aquella escena, ella ordeno y me pareció bien que quisiera comer, celebraba el hecho que ya no estaba rehusándose a hacerlo. Durante la cena, ella me preguntó cosas y coqueteamos como lo habíamos hecho hacía muchos años atrás cuando recién nos conocimos.

— Te acuerdas de aquella vez, en un restaurante, hace varios años atrás —me preguntó seductoramente y yo me atoré con el vaso de vino que estaba tomando, tosí mirándola y ella se rió, mis ojos se pusieron vidriosos por el trapique y pensé ¿cómo no recordar el día que la había hecho mía en el baño de un lugar publico?, es que ese día la expresión de su rostro mientras fantaseaba conmigo era impagable.

— ¿Por qué, alguna idea? —le pregunté sacando la voz. Ella rió

— Tal vez —me respondió besándome los labios y en ese minuto pedí la noción de la realidad.

Nunca en mi vida había caminado tan rápido y subido las escaleras en la forma que las estamos haciendo, es decir, en cualquier circunstancia yo hubiera preferido el ascensor pero con ella había descubierto las bondades que viviéramos en un piso catorce.

Los besos eran poco para describir la urgencia que tenía por llegar a la vendita azotea del edificio donde vivíamos. Recorría cada parte de su cuerpo y su risa desenfrenada solo hacía que me excitará más, me tenía contra la pared y sus manos estaban haciendo estragos en mi cuerpo.

— ¡Mi a – mor! —alcance a exclamar cuando sentí sus labios en mi cuello y una de sus manos en una parte no tan ortodoxa.

Se rió picará y sus ojos expelían un brillo enceguecedor, demasiado para acallar mi deseo ferviente por hacerle el amor en todas las posiciones que estaban ocurriéndoseme en ese preciso momento.

Se acerco a la puerta de servicio, reclinada contra el umbral me propino una mirada traviesa, Bella tenía puesto un vestido largo negro, zapatos de taco medio y un abrigo corto blanco que hacía juego con su piel, con la boca abierta la mire levantarse levemente el vestido y contemplé absorto y sorprendido como se quito su ropa interior allí mismo, me la mostró con la sonrisa picara de una chiquilla traviesa dibujada en la cara y me quede de una pieza ante su insinuación, perdí el aliento cuando la movió insinuante contra el viento cerrando la puerta de la azotea del edificio tras de sí, esa era una invitación abierta y no me quería imaginar a qué. Como un verdadero estúpido me quede pensando y era difícil controlarme de no salir detrás de ella, miré hacia el ascensor y el conserje iba a matarnos si llegaba a enterarse que estábamos en la azotea a esa hora de la noche.

Con el corazón a mil entre y la busque con la mirada, la azotea estaba iluminada tenuemente por unos farolitos, era bastante amplia y era primera vez que subía desde que habíamos llegado a vivir ahí, me percaté que a un costado del lugar estaban un par de reposeras puestas a lo largo de la piscina, el reflejo de la luna daba de lleno contra él agua. Miré hacia el sector del quincho pero no había señales de ella, busque por el lugar hasta que sentí el ruido del agua detrás de mí. Estaba completamente desnuda y sumergida a la mitad, su pelo escurría mojado y tapaba estrictamente lo que no se debía mostrar en público.

— Ahora si quiero mi regalo de cumpleaños —susurró con voz sugerente y si no hubiera sido porque después teníamos que usar la ropa para irnos al departamento me hubiera tirado vestido a la piscina junto a ella. Desesperado me la saque y me lance al agua.

— Te amo —le dije mientras acercaba su cuerpo al mío, cruzo sus piernas bajo el agua a la altura de mi cintura y yo la sostuve abrazada firme contra mi pecho, paso sus dedos por mi pelo y nos besamos.

— ¿Fantasía cumplida? —le pregunté en un susurró mientras la apoyaba contra el borde de la piscina y ella me miró divertida.

— Aún no, falta esto —agrego apretando sus piernas para hacer que mi cuerpo se fundiera con el de ella.