Dark Chat

domingo, 23 de enero de 2011

Guerrero del Desierto

CAPÍTULO III

Alice la condujo hasta sus aposentos, una suite en el ala sur del palacio. Mientras una de las habitaciones que le enseñaron tenía un toque muy femenino, las otras dos que conformaban la suite estaban llenas de aderezos masculinos. Bella lo comentó en voz alta.

-Yo... creo que no nos avisaron con mucho tiempo de tu llegada -contestó Alice con acento extraño en su voz.

Bella atribuyó su titubeo al pudor que sentía al hablar de los asuntos de Edward.

-Claro -admitió Bella en un intento de tranquilizar a la mujer-. ¿Adónde llevan estas puertas? -preguntó después de desnudarse en el enorme vestidor.

-Ven. Te gustará -respondió Alice con una vivaz sonrisa, ciertamente contagiosa, al tiempo que abría las puertas.

-¡Un jardín!

Bajo los pies desnudos de Bella, la hierba del jardín era suave y delicada. En el centro, había una fuente de la que salía el agua en forma de arcos chispeantes. Había además unos bancos alrededor de la fuente, que a su vez estaban rodeados de millones de diminutas flores azules. Una fragancia embriagadora la condujo hacia un enorme árbol que había en un extremo cubierto de campanillas azules y blancas.

-Este es el jardín privado de... -Alice se tragó sus palabras-. Lo siento, a veces mi inglés no es muy...

-No pasa nada -dijo Bella haciendo un gesto con la mano-. Yo estoy intentando hablar la lengua de Zulheil, pero no soy muy buena todavía.

-Yo te enseñaré, ¿quieres? -dijo Alice con los ojos relucientes.

-¡Sí, gracias! ¿Y qué me decías del jardín? Alice frunció el ceño.

-Es el jardín privado de las personas que viven tras estas... habitaciones -dijo entonces señalando hacia la puerta de la habitación de Bella y hacia otras dos similares a su izquierda. El círculo se completaba con un alto muro cubierto por una vid trepadora. Bella asintió con la cabeza.

-Ah, quieres decir que es el jardín de invitados.

-¿Te han gustado tus habitaciones y el jardín? -preguntó Alice arrastrando los pies y sonriendo.

-¿Cómo no iban a gustarme? Son increíbles.

-Bien, eso está bien. ¿Te quedarás en Zulheil?

Bella alzó la vista sorprendida ante su tono de voz.

-¿Cómo lo sabes?

Alice suspiró y tomó asiento en un banco cercano a la fuente. Bella fue tras ella.

-Jasper es el mejor amigo de Edward, y como esposa de Jasper yo...

-¿Eres la esposa de Jasper? -a Bella se le atoraron las palabras en la garganta-. Yo pensé que tú... no importa.

-¿Era una sirvienta? -dijo Alice sonriendo sin rencor-. Edward deseaba que estuvieras con alguien que te hiciera sentir cómoda a tu llegada. Trabajo en el palacio y estaré aquí todos los días. Espero que te encuentres a gusto y me pidas todo lo que necesites.

-Oh, sí -contestó Bella sintiendo que una pequeña llama prendía en su interior. Edward se había preocupado de que una mujer tan agradable le diera la bienvenida-. ¿Pero por qué no dijiste nada?

-Tanto él como Jasper son terribles cuando muestran su temperamento. Edward está enfadado contigo y mi marido conmigo.

-¿Por qué está enfadado Jasper contigo? -preguntó Bella haciendo caso a su curiosidad.

-Espera que esté de acuerdo con algo que él y Edward están haciendo aunque ni siquiera él esté de acuerdo con Edward.

Antes de que Bella pudiera preguntarle algo más, Alice continuó.

-Jasper me contó lo que había pasado en tu país, pero es de todos conocido en Zulheil que Edward quedó con el corazón destrozado por una mujer de pelo marrón y ojos como el chocolate.

-¿Cómo? -preguntó Bella pestañeando.

-Jasper se llevaría a la tumba los secretos de Edward, pero otros no fueron tan... leales -explicó Alice-. Eres un misterio, pero es bueno que hayas venido. Después de la muerte de sus padres, Edward te necesita.

-Pero está furioso conmigo -confesó.

-Sí, pero ahora estás en Zulheina. Es mejor estar cerca de él aunque esté enfadado, ¿no crees? Tienes que aprender a manejar a tu m...

La súbita mirada de aflicción que se apoderó del exótico rostro de Alice alarmó a Bella.

-¿Qué te pasa?

-Yo... he olvidado algo. Por favor, entra conmigo. Bella siguió a Alice desconcertada ante su cambió de humor.

-Te hemos preparado un baño relajante. Después, ponte esto -continuó Alice dentro de la habitación señalando las ropas que estaban preparadas sobre la cama.

Bella tocó el tejido suave e increíblemente fino de las prendas. Eran tan ligeras como el aire y del color de la Rosa de Zulheil: blanco puro con un toque rojo fuego. El conjunto estaba compuesto por una larga falda moteada de diminutos cristales que reflejarían la luz a cada uno de sus movimientos, y un corpiño ajustado al cuerpo ribeteado de los mismos cristales relucientes. Tenía unas largas mangas pero la prenda en sí era corta y dejaría a la vista de cintura para abajo. Una fina cadena de oro con colgantes estaba también preparada junto con la ropa. Debía ser para ponérsela alrededor de la cintura.

-Pero esta ropa no es mía -susurró Bella.

-Esta noche se da una... comida especial y tus ropas no son las apropiadas. Estas son para ti como...

-¿Invitada? -sugirió Bella-. Bueno, supongo que si esto es lo normal no habrá problema. Es solo que no me sentiría cómoda llevando algo tan caro.

Tuvo que asegurarle repetidas veces a Alice que estaría bien, antes de que esta se marchara.

-¿Es una cena muy formal la de esta noche? -le preguntó justo antes de que saliera por la puerta.

-Oh, sí. Muy formal. Volveré para arreglarte el pelo y asegurarme de que estás preciosa.

Cuando Alice se marchó, Bella estaba segura de haberla oído murmurar algo en voz baja pero el delicioso olor del baño aromático la distrajo.

-Me siento como una princesa -susurró Bella casi dos horas después de haber llegado al palacio.

-Bueno, yo he hecho mi trabajo -rió Alice.

-Pensé que se suponía que la piel de la mujer no quedaba a la vista -dijo Bella poniéndose la mano en el estómago. Los finos colgantes que caían hasta la cadera eran de lo más provocativo.

-Somos reservadas en público, y Zulheil no tiene unas normas estrictas aunque la mayoría de las mujeres prefieren una forma discreta de vestir. En nuestras casas, con nuestros hombres, es aceptable mostrarse más... -no terminó la frase pero movió las manos señalando sus propias ropas. Se había cambiado ella también de ropa y llevaba unos pantalones de pierna ancha de color amarillo pálido, ceñidos en el tobillo, y una blusa-corpiño de forma muy parecida a la de Bella. Sin embargo, su ropa no estaba cubierta de relucientes cristales.

-¿No estoy muy arreglada? -preguntó Bella aunque no quería cambiarse. Imaginaba el asombro de Edward cuando apareciera ante él. Tal vez creyera que era hermosa porque, por primera vez en su vida, ella también se lo creía.

-Estás perfecta. Ahora debemos irnos.

Unos minutos más tarde entraban en una sala llena de mujeres, todas vestidas con hermosas ropas de vivos colores. Bella abrió los ojos desmesuradamente. Al entrar, la conversación se detuvo. Un segundo después, comenzó de nuevo y el caos se rehizo. Varias mujeres de más edad se acercaron y la invitaron a sentarse en los cojines con ellas. Con Alice actuando como traductora cuando era necesario, Bella pronto se encontró riendo y hablando con ellas como si fueran viejas amigas. Algo en ellas le resultaba familiar, pero no podría decir qué.

Una súbita tensión la advirtió de que algo extraño estaba a punto de ocurrir. Cuando alzó la vista se encontró con Edward en la puerta. Como si ella no tuviera el control de sus piernas, se puso en pie. El silencio volvió a reinar, pero esta vez lleno de expectación, como si todo el mundo estuviera conteniendo el aliento.

Estaba espléndido, vestido con túnica y pantalones negros y, como único adorno, la pasamanería de oro bordada en el cuello de la túnica. La austeridad de su ropa hacía resaltar la belleza de sus impenetrables rasgos. Caminó hasta el centro de la sala y la tomó de la mano.

-Eres como el corazón mismo de la Rosa de Zulheil-susurró Edward mirando sus mejillas sonrojadas. Retrocedió un paso entonces, pero Bella sentía que estaba en el centro mismo de una hoguera.

-Tengo una pregunta para ti, mi Bella -continuó Edward pero esta vez sus palabras hicieron eco en la sala silenciosa.

-¿Sí? -preguntó ella mirándolo.

-Has venido a Zulheil por deseo propio. ¿Te quedarás aquí por deseo propio? -preguntó Edward mirándola fijamente con sus ojos verdes.

Bella estaba confusa. Edward le había dejado claro que no la dejaría marchar, ¿por qué le preguntaba entonces algo semejante?

-Sí.

La sonrisa de Edward fue rápida y mostraba satisfacción. Le recordó de nuevo a una pantera y sintió de pronto como si la estuviera acechando.

-¿Y te quedarás conmigo por deseo propio?

La pregunta fue el detonante que necesitaba su mente abotargada. Comprendió de pronto lo que estaba ocurriendo pero la conciencia de ello no cambió su respuesta.

-Me quedaré -dijo y así quedó sellado su destino. Un brillo de satisfacción ilimitada ardió en los ojos de Edward durante un segundo. A continuación parpadeó ocultando la llama. Le tomó una mano y se la llevó a los labios para depositar un suave beso en la cara interna de la muñeca, allí donde el pulso corría a toda velocidad.

-Y ahora me despido de ti, mi Bella, solo por... ahora.

Y diciendo esto se marchó dejándola allí de pie sin poder creer lo que acababa de hacer. Un montón de mujeres risueñas se acercaron a ella y la acompañaron de vuelta a los cojines. Bella se fijó en la expresión preocupada de Alice mientras las otras mujeres se iban sentando a su lado.

-¿Bella? -la voz de Alice interrumpió sus pensamientos, recordándole dónde estaban.

-¿Cuando me preguntó todo eso...?

-Yo quería decirte la verdad, pero me lo prohibieron.

-Y tu lealtad es para Edward.-dijo Bella sin poder contenerse. La mujer había hecho todo lo posible por ayudarla-. Pensé que el país estaba de luto.

-Y así ha sido durante un mes pero es parte de la cultura de Zulheil que la vida conquista a la muerte. Nuestro pueblo prefiere vivir y ofrecer su alegría por la vida a los que se han ido que ahogarse en la oscuridad del llanto.

-¿Sabes lo que va a ocurrir ahora? -continuó Alice y al ver que Bella no respondía, continuó-. Las preguntas que te ha hecho son el primer paso de la ceremonia nupcial. A continuación viene la unión que la llevará a cabo uno de nuestros mayores. La parte final es la bendición, que se celebrará fuera de aquí. No volverás a ver a Edward hasta que todo haya terminado.

Bella asintió y sus ojos vagaron hasta posarse en los cortinajes de la ventana que había en la pared divisoria. Su futuro la aguardaba al otro lado de esa pared.

Cuando saliera de esa sala, estaría casada con el jeque de Zulheil.

-Ha llegado el momento de la unión -dijo Alice asintiendo a una mujer de más edad, vestida de arriba abajo de color rojo vibrante, que acababa de entrar en la habitación.

De rodillas junto a Bella, la mujer sonrió y le tomó la mano derecha.

-Con esto yo te uno -dijo atándole alrededor de la muñeca un precioso lazo rojo con delicados bordados.

Al acercarse más, Bella vio que el bordado eran en realidad letras escritas en árabe. Cuando la mujer alzó el arrugado rostro, la miró con unos ojos llenos de fuerza.

-Ahora repetirás mis palabras. Bella asintió.

-Que esta unión sea verdadera. Que nada quiebre esta unión.

-Que esta unión sea verdadera. Que nada quiebre esta unión -repitió Bella en un susurro debido al nudo que se le había formado, consciente de la finalidad de aquel acto.

-Con este lazo, tomo mi vida y la pongo en manos de Edward Cullen al-Huzzein Donovan Zamanat. Desde ahora y hasta la eternidad.

Bella repitió las palabras con cuidado. Había hecho su elección, y lo sabía, pero no podía evitar el dolor porque sus padres no estuvieran presentes. La habían apartado de su lado con una crueldad que seguía sin poder comprender.

Cuando hubo terminado, la anciana tomó el otro extremo del lazo y lo pasó por la ventana. Un minuto, después, Bella notó un tirón en su muñeca.

Acababan de unirla a Edward. «Desde ahora y hasta la eternidad». Fuera, las bendiciones sonaban y hacían eco en su alma.

Edward observó a través de la pequeña abertura que le dejaba ver la habitación en la que estaba Bella.

Su ansia por poseerla clavó sus garras en él, pero bajo el deseo carnal había un anhelo y un dolor más profundo si cabía; sentimientos que se negaba a reconocer. Solo permitió que una pequeña parte de su deseo escapara a su control. Bella siempre le había pertenecido, pero en unos minutos, los lazos de unión entre ellos serían inquebrantables.

Y entonces la haría suya.

Bella no dejaba de pensar en las palabras que Edward le había dicho en el coche. ¿Cómo podría relajarse sabiendo que una pantera hambrienta estaba a punto de entrar para consumar su unión? Dando un gruñido, se sentó en la enorme cama de la habitación contigua a la suya. La presencia masculina de Edward estaba por todas partes.

El vaporoso camisón que había encontrado sobre la cama era, para su opinión, realmente escandaloso. El tejido ultrafino le llegaba hasta los tobillos como un manto de niebla. Tenía unos lazos azules a la altura del ombligo, y unas largas mangas que se ajustaban a las muñecas con el mismo tipo de lazo. Unas aberturas a la altura de los muslos dejaban al descubierto sus piernas a cada movimiento que hacía. Las mangas también tenían unas aberturas longitudinales que iban de la muñeca al hombro dejando a la vista su piel.

Incómoda con aquella prenda tan sensual, atravesó el vestidor con la intención de encontrar una bata que ponerse encima. Encontró una bata larga de seda azul que era de Edward claramente. Tendría que servir, pensó Bella sacándola de la percha.

-Detente.

Sobresaltada, se giró en redondo. No lo había oído entrar, ni tampoco cruzar la habitación. Edward estaba casi a su altura, y la miraba de arriba abajo ardorosamente. Bella se fijó en su torso desnudo. Era magnífico. Los hombros eran más anchos de lo que creía, y tenía unos músculos poderosos pero flexibles que se marcaban cuando se movía. La única prenda que cubría su cuerpo era una pequeña toalla.

-No te he dado permiso para cubrirte.

El cuerpo de Bella se puso tenso al escuchar el tono autoritario de Edward.

-No necesito tu permiso.

Con un rápido movimiento de su muñeca, le quitó la bata de sus débiles dedos y le tomó ambas manos en una suya.

-Olvidas que ahora me perteneces. Harás lo que yo desee.

-Tonterías.

-Si te tranquiliza, puedes estar en desacuerdo conmigo -contestó él con tono magnánimo ahora-, pero que sepas que voy a ganar.

Bella lo miró. No era la primera vez en el día que pensaba si no se habría embarcado en una empresa demasiado arriesgada. Tal vez Edward fuera realmente el déspota que se empeñaba en mostrar. Tal vez la consideraba realmente una posesión.

-Quiero verte, Mina -añadió y con un rápido movimiento la hizo girar hasta dejarla de espaldas a él. Edward colocó su otro brazo bajo los pechos de Bella. Cuando esta alzó la vista, se dio cuenta, para su asombro, de que estaban delante de un espejo de cuerpo entero. Su pelo marrón quedaba muy exótico sobre el blanco del camisón, y la pálida piel hacía franco contraste con la piel morena de Edward. La colosal figura de este se curvó sobre el cuerpo femenino.

-Edward, déjame ir -rogó ella, incapaz de admitir la intimidad sexual que implicaba el reflejo en el espejo. Se volvió para mirar a un lado de forma que su mejilla quedó pegada al pecho de él. La preocupación que sentía por la forma de ser de aquel hombre quedó oculta por la riada de deseo que inundó su cuerpo.

-No, Mina. Quiero admirarte -repitió él acariciándole el cuello, apartando los mechones de pelo que lo cubrían-. He fantaseado con esto durante años.

Aquella confesión descarnada la hizo temblar.

-Mírame mientras te amo -añadió mordisqueándole el cuello y chupándolo después.

Ella sacudió fa cabeza a modo de negativa muda. Edward la fue besando hasta llegar a su mandíbula y a la mejilla. El lóbulo de la oreja era un delicado bocado que le apetecía chupar y saborear. El le acariciaba la piel con un leve roce de sus dientes mientras ella se ponía de puntillas en un intento inconsciente por acercarse más a él.

-Mira al espejo -susurró Edward extendiendo los dedos por debajo de los pechos de Bella hasta su estómago-. Por favor, Mina.

Aquel «por favor" con la voz ronca destruyó todas sus defensas. Entonces miró. y se encontró con aquella ardiente mirada de color verde. Sosteniéndole la mirada, Edward subió la mano y le cubrió uno de los pechos. Ella dio un grito ahogado y sostuvo el brazo que la ceñía por la cintura. En respuesta, él la apretó con más fuerza. No era suficiente. Bella necesitaba más.

-Edward -gimió empujando su cuerpo contra él de él sin descanso.

-Mira -ordenó él. Y ella obedeció.

Edward fue deslizando la mano hacia arriba hasta que el pulgar alcanzó el pezón. Ante la atónita mirada de ella, acarició el pezón tembloroso, una y otra vez. Bella dejó escapar un jadeo. Tras ella, muy cerca de su cuerpo, escuchó la respiración de Edward y sintió que el cuerpo de este se endurecía, todos y cada uno de sus músculos y tendones se volvían de acero. Bella protestó cuando Edward dejó de acariciarla, para comenzar a suspirar y a gemir cuando vio que repetía la misma operación con el otro pecho. Tenía unas manos grandes, cubiertas de un bello claro, y Bella deseaba sentirlas por todas partes. Cuando Edward se separó, Bella dejó caer los brazos por los costados.

Edward llevó entonces las manos hacia el estómago de ella y le acarició las caderas. Desde allí, extendió las manos de forma que los dos pulgares se encontraran en el centro del estómago, a la altura del ombligo. Bella clavó los dedos en los muslos rígidos de Edward, que seguía pegado a su espalda y en ese momento vio la forma en que aquel movimiento sutil en marcaba el triángulo oscuro que se adivinaba entre sus piernas. Edward murmuró satisfecho a su oído y la recompensó mordisqueándole de nuevo el lóbulo de la oreja.

Entonces sonrió a través del espejo. Fue una sonrisa de satisfacción, muy masculina. Sin despegar los ojos de los de ella, movió los pulgares. Rozó con ellos el vello púbico. Bella trató de evadirse pero se sintió atrapada frente a Edward y su abrumadora presencia. Observó con impotente fascinación, el corazón a punto de salírsele por la boca y sintiendo las rodillas flaquear, mientras él hacía subir y bajar los pulgares con movimientos deliberadamente lentos. La súbita presión que sintió en el centro de su cuerpo la hizo soltar un grito de placer y enterrar la cara contra el pecho de él. Edward la dejó recuperarse antes de volver a iniciar la íntima caricia, una y otra vez, hasta que el cuerpo de Bella comenzó a arquearse a su contacto, urgiéndolo a entrar en ella.

-¡No! -gritó cuando Edward retiró las manos.

-Paciencia, Mina -contestó él. Su respiración era irregular pero no había perdido el control.

Bella se retorcía en un esfuerzo por hacerle regresar. Pero en vez de hacerlo, Edward apresó el camisón a la altura de las caderas y comenzó a subirlo. Antes de poder protestar, tenía las piernas al descubierto.

-¡No! -Bella trató de levantar los brazos pero pronto quedó inmovilizada. Incapaz de mirar la forma clara en que la estaba tomando, cerró los ojos al tiempo que sentía los labios de él en el cuello, y la sien, y en la mejilla. Entonces dejó de levantar el camisón.

-Mina.

Bella no podía resistirse. Abrió los ojos y lo miró mientras la desnudaba hasta la cintura, fascinada por la rica sensualidad de su voz.

-Oh, Dios -dijo ella. Sentía un poderoso deseo y no lo ocultaba.

Los músculos de los muslos de Edward fluyeron bajo sus manos cuando este cambió de posición. Para su asombro, sintió el muslo fornido abriéndose paso entre sus piernas. A continuación empezó a restregarlo contra la sensible piel de ella, una suave quemazón que le puso los nervios a flor de piel. No había barreras entre la piel caliente de él y la calidez húmeda de ella. Tenía las manos libres, pero ya no deseaba detenerlo.

-Cabalga sobre mí, Mina -dijo él levantándole el camisón con una mano y deslizando la otra entre sus piernas. Bella pensó que iba a perder la cabeza cuando notó los dedos de él abriéndose paso entre los rizos de su pubis. Edward empujó la pierna un poco más, incitándola a hacer lo que él quería. Bella gimió y, sin voluntad alguna, comenzó a mover las caderas. Edward le acarició con sus dedos el íntimo centro, mientras empujaba más y más fuerte con la pierna hasta casi levantarla del suelo.

Perdida en el placer de sus manos, cerró los ojos y cabalgó sobre él. Desesperada por encontrar asidero, cerró las manos sobre los bíceps de él, pero era demasiado tarde. Sintió una presión creciente en su interior y de pronto una explosión. Fue como si todo su cuerpo se hubiera desintegrado para luego volver a unirse. Gimiendo al alcanzar el orgasmo, se apoyó contra Edward, confiando en que él la sostendría.

-Mina, estás muy hermosa -dijo él con tono reverencial.

Bella levantó la cabeza y se miró en el espejo, con las piernas separadas, y el muslo de Edward alzándola. Rebosante de placer no podía sonrojarse, pero alzó la cabeza y lo miró a los ojos.

-Gracias.

Edward se estremeció, a punto de sucumbir también él.

-Todavía no he terminado.

El camisón resbaló de nuevo hasta los tobillos cuando Edward lo soltó. Los ojos enfebrecidos de ella lo observaban mientras le desataba los lazos. Se tomó su tiempo, disfrutando con la culminación del que, durante años, había sido su sueño erótico. Cuando Bella se movió, Edward pudo sentir las ligeras sacudidas que la convulsionaban. Complacido, dobló el muslo contra el interior de ella aún ardiente, consciente de que aquello enviaría oleadas de placer a su cuerpo.

-Edward, no juegues -dijo ella ladeando la cabeza. El la besó en los labios, encantado con aquella queja tan femenina.

-Pero es que es muy fácil jugar contigo –contestó él al tiempo que terminaba de desatar los lazos. Entonces el camisón se abrió y sus pechos quedaron a la vista. Edward sintió el dolor intenso de su erección ante la visión de una realidad que sobrepasaba su fantasía. Cubrió con una mano la carne turgente y apretó ligeramente.

Mina cerró los ojos y se arqueó ante el contacto. Edward empujó ligeramente las caderas de ella ansioso porque lo sintiera, porque comprendiera que la necesitaba. Quería marcarla tan hondo que nunca deseara alejarse de él. El deseo era primitivo e incivilizado, aunque él nunca había sido desconsiderado con las mujeres.

Bella abrió los ojos y le sonrió a través del espejo, una sonrisa pletórica de sensaciones recién descubiertas, y comenzó a moverse sinuosamente arriba y abajo. La danza lenta era una tentación despiadada, pero sentirla era algo increíble.

-Bruja -gruñó él.

-Provocador -acusó ella.

Edward comenzó a acariciarle el pecho de nuevo, tomando el pezón entre los dedos. Se mostraba exquisitamente sensible al tacto, una tentación irresistible.

-Tal vez, pero soy más fuerte que tú.

Sin dejarla tomar aliento, le levantó el camisón y se lo sacó, por encima de la cabeza. Bella levantó los brazos en acto de rendición. Oyó que lanzaba la prenda lejos al tiempo que retiraba el muslo de entre sus piernas. El único punto de unión entre ellos era el brazo de Edward ciñéndole la cintura.

Bella se retiró el pelo de la cara y dio un grito ahogado al ver que estaba totalmente desnuda ante él.

-Eres mía, Bella.

Esa vez, el tono eminentemente posesivo de sus palabras no la asustó.

-Quiero cabalgar de nuevo.

sábado, 22 de enero de 2011

Destellos de Oscuridad

Buenas noches mi angeles hermosos !! aqui les dejo un capitulo mas de este fic , por fiss dejenle muchos comentarios a nuestra querida escritora , y a leer mis nenas.
les mando mil besitos a todas
Angel of the dark

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Capítulo 13

Lazo de sangre

-Haré todo lo que quieras, Dominic, sólo regrésame a mi hermana –las palabras brotaron pegajosas, llenas de un sonido cortado, emocionado; Bella apenas podía respirar y la sola mención de Amy le provocaba una tortura.

-Debiste decir eso anteriormente, cuando yo no me encontraba tan molesto… Ya ves a lo que he llegado, secuestrar a una simple mortal…

-Por favor… no le hagas daño, te lo suplico.

-…Afortunadamente para ti –el continuó como si no la hubiera escuchado- ya te he perdonado. Ahora todo lo que tienes que hacer es obedecerme en todo lo que yo te diga y cuando esté seguro de que eres completamente mía, entonces liberaré a tu pequeña humana.

-Sí, sí, lo que tú quieras –dijo Bella, su voz ya casi no tenía voluntad, las palabras salían frías; sabía que, de ahora en adelante, todo lo que diría no sería más que por la voluntad de Dominic.

Entraba apenas una brisa, que se asemejaba más a una caricia triste en los pómulos de la vampiresa que algún consuelo perdido en el exterior. Era una habitación destrozada, la cama deshecha rebelaba la lucha y el olor metálico de la sangre subía hasta sus narices. Ella continuaba con el celular pegado a su oreja, la voz grave, sarcástica y satisfecha lograba propagarse poco a poco sobre la destrucción. De aquella escena, sólo se enmarcaba la mirada angustiada de Bella y sus labios temblorosos, que emanaban sonidos resignados, apoyados por asentimientos de cabeza, innecesarios y completamente sumisos. Se hizo un eco de podredumbre deprimente que se expandió con un último sí; Bella destrozó el aparato, ahogando la risa estridente de su manipulador y con la mano en el corazón, se lanzó por la ventana, para encontrarse con él y poder salvarla.

Jamás había experimentado el escozor de su propia sangre en su nariz, en su boca, hasta ese día que se encontraba tendida en el pasillo del hospital, pintando el piso blanco de un escarlata brillante, mientras sentía que toda la energía se le escapaba en un derramar cálido y constante. Quería que el techo se borrara de su visión y reemplazarla por el rostro de Emmett, aunque sabía que su rostro no se vería complacido como ella se lo imaginaba, sino cubierto en angustia… No tardaría en saberlo, no tardaría en llegar hasta ella; estaban unidos por un lazo tan fuerte que sería difícil que él no supiera dónde se encontraba, así como ella sentía su presencia y sabía que se encontraba bien. Eso era lo único que la alegraba, después de todo el dolor y de ese amargo sabor en los labios… el saber que estuvo a punto de traicionar a Bella y, por consiguiente, a muy poco de destrozar el corazón de su hermano. A pesar de todo, en verdad se arrepentía de aquel arrebato de debilidad.

Alice apenas tuvo tiempo de destruir al último vampiro, antes de correr por los pasillos hasta encontrarse con Jasper. Sus brazos lo rodearon, su respiración se relajó enormemente… Lo observó de pies a cabeza, buscando algún daño, mientras los ojos de él hacían lo mismo sobre su cuerpo, nunca se había sentido tan aliviada, ni tan tranquila como cuando sus labios se unieron a los de ella. Tenía que aceptarlo, había algo casi egoísta en la naturaleza de los vampiros que tenían compañeros; ella misma, al sentir el peligro no había hecho otra cosa que asegurarse que él, su otra mitad, estuviera completamente bien y, ahora que lo estaba, su corazón se abrió para preocuparse por su familia.

Por eso, cuando vio a Emmett pasar cerca de ellos, con la cara destrozada en una angustia asfixiante, su interior se colapsó, imaginando el sufrimiento de su hermano. Y el reflejo de su dolor la golpeó con mayor fuerza, cuando lo vio volver con el cuerpo de su amada goteando preciosa y brillante sangre de su abdomen. Lo escuchó llamar con voz rota ha Carlisle, mientras las rodillas de él se doblaban y chocaban con el suelo; tendió a Rosalie en el pasillo y le tomó la mano. Ella ya no abría los ojos.

Alice intentó calmarlo, pero no parecía escuchar a nadie y, cuando Jasper quiso tocarlo para transmitirle tranquilidad, él le mostró los colmillos y le impidió que se acercara.

-Ni siquiera lo intentes, no necesito de tú compasión.

Alice tomó del brazo a su compañero y lo alejó de su hermano, era mejor dejarle su espacio.

-Está sufriendo demasiado –soltó, con su rostro sin emoción.

-Lo sé –Alice acarició su cabello. Ella sabía que Emmett se estaba muriendo junto con Rosalie y, estaba segura, a pesar de que Jasper mantuviera su rostro sin expresión, que él también lo hacía; su habilidad le permitía sentir las emociones ajenas, aunque a veces él no quisiera experimentarlo.

Carlisle llegó pocos segundos después, envuelto en escombros y sangre seca que aún se lucía en su blanca y destrozada bata de hospital. Se acercó con un velo de dolor a Rosalie, pues para él y eso lo sabía con certeza Alice, ella y todos, eran como sus verdaderos hijos.

-Necesita tu sangre, mucha de ella.

-Pero no despierta –salió la voz desollada de Emmett.

Con cuidado, Carlisle le abrió los labios a Rosalie y le pidió a Emmett que se cortara la muñeca. Sin siquiera un segundo de vacilación, el vampiro encajó sus colmillos en sus venas y dejó que la sangre goteara entre la boca de su amada. Carlisle le hizo una señal para que se detuviera y él alejó su brazo un poco.

Los ojos de la vampiresa se abrieron y, a pesar de tener más próximo a ella a Carlisle, el primero que vio fue a su compañero. Una expresión de felicidad iluminó su rostro.

-Emmett necesito hablar con…

Pero él no la permitió continuar, sino que colocó su muñeca sobre sus labios, y la herida debía haberla vuelto hambrienta, porque Rosalie abrió los ojos desmesuradamente y sus colmillos se extendieron, enterrándose en la piel de su compañero.

Mientras se escuchaban los tragos de ella, Carlisle le rompió la parte baja de la blusa, revelando la cantidad de carne abierta, que se iba cerrando lentamente conforme la vampiresa bebía la sangre de Emmett.

Cuando la herida estuvo a muy poco de cerrarse, Carlisle los separó gentilmente, Emmett protestó, a pesar de verse algo cansado.

-Ella necesita…

-Ya no, su cuerpo hará el resto –le aseguró Carlisle-, y es mejor que descanses un poco, porque ella ha tomada demasiada sangre de ti.

Emmett asintió pero, a pesar de verse un poco agotado, no dejó de apretar la mano de Rosalie ni se movió de su lado.

-Gracias –le dijo ella, acariciando amorosamente su rostro.

-Te amo, Rose.

-Yo también –sonrió ella, antes de que sus ojos vagaran por toda la habitación-. ¿Dónde está Edward?

Como si lo hubiera invocado, el vampiro apareció ante ellos; otra vez Alice pudo ver la pérdida reflejada en los ojos de uno de sus hermanos.

-No la encuentro…

Cerca del centro de la ciudad, había una calle oscura, poco transitada por los humanos; como si hubiera sido olvidada por ellos, las casas eran viejas y con un alama de soledad que apenas se entraba en la calle, se sentía el abandono, pesado sobre el pecho. Ahora sólo se veía una silueta femenina caminando, buscando, desesperada alguna dirección. Por fin, sus ojos encontraron una casa enorme, con una puerta que la esperaba, abierta. Se adentró en la boca negra y se dejó envolver por el ambiente nocturno, mortífero… Sólo se podía apreciar las lenguas de luz plateadas, que emanaban de una boca lunar, adentrándose por la ventana.

Alguien tomó su mano y la besó.

-Otra vez junto a mí –ronroneó Dominic.

-¿Dónde está ella?

El vampiro le señaló una habitación y la condujo hasta la puerta. Por la rendija, se podían ver los cabellos dorados descansar sobre la almohada y, para alivio de Bella, se veía el pequeño pecho subir y bajar, acompañado por el dulce sonido de la respiración infantil.

Bella quiso entrar, pero la mano que la asía poderosamente se lo impidió. Los dos regresaron a la sala.

-Para que te permita verla, necesitas convencerme…

Bella se tragó su odio y su orgullo, enterrándolos y conteniéndolos para proteger a Amy.

-Te lo suplico…

-Me temo que las palabras ya no son suficientes.

Antes que ella pudiera preguntar qué más quería, él se acercó a ella y la besó. Bella cerró los ojos y apretó los puños, esperando, soportando…

Lo escuchó gruñir.

-Creo que si en verdad amas a esa pequeña mortal vas a tener que hacer algo mejor que eso.

Entonces se dio cuenta, había estado apretando los labios con ira. Intentó controlarse y cuando él volvió a posar su boca sobre la de ella, dejó que sus labios se abrieran e hizo un esfuerzo por corresponderle. Dominic soltó un gemido de victoria y metió las manos debajo de su blusa, recorriendo su espalda y su cintura.

-Mucho mejor –dijo intentando sonar indiferente y sin conseguirlo; su voz se había enronquecido y sus ojos ahora estaban completamente oscuros. Se relamió los labios-. Todo lo que hace falta es que te haga mi compañera…

No parecía poder soportarlo más, porque ni siquiera se permitió terminar cuando su lengua ya recorría el cuello de Bella. Sus colmillos se enterraron antes de que ella pudiera prepararse para soportarlo.

-Edward necesito decirte algo –suplicó Rosalie desde el suelo.

Pero él la ignoraba, sus ojos inspeccionaban las habitaciones y después de buscar por un rato, se dispuso a irse, haciendo caso omiso de todas las voces que le pedían que se quedase.

-Es como si ya no estuviera –dijo con voz hueca.

-¡Es sobre Bella! –gritó Rosalie.

-¿Sabes dónde está? –le preguntó él, una parte de su interior lo sabía, pero aún no quería aceptarlo…

-Primero escúchame, por favor –rogó ella.

Edward asintió.

-Dominic… él me pidió que lo ayudara a alejarla de ti…

Rosalie, algo débil, se interrumpió, pero fue un mal momento para hacerlo, porque el rostro de su hermano se cubrió de desprecio. Sus colmillos se extendieron.

-¿Qué hiciste?

Pero justo cuando salió ese rugido, otro emergió de la garganta de Emmett mientras se interponía entre su hermano y su compañera.

-Ni siquiera te atrevas a tocarla, Edward –gruñó.

Él estuvo a muy poco de protestar, pero la voz débil de Rosalie los interrumpió.

-¡No, Emmett! ¡Déjenme terminar! –logró exclamar.

Alice se acercó a Edward y colocó una de sus manos sobre su hombro.

-De acuerdo –soltó éste.

-Yo lo rechacé pero… -Rosalie se cubrió el rostro, algunos sollozos escaparon de sus labios- ¡Por un momento lo consideré…! ¡Lo siento, lo siento tanto! ¡Perdóname…!

-Eso no importa ahora –la interrumpió Edward-, sólo dime todo lo que te dijo Dominic…

Rosalie asintió, entre sollozos.

-Él sabía que era muy difícil acercarse a Bella porque tú y el lobo la cuidaban, pero dijo que si no lograba llevársela él mismo, iría tras la niña y haría que Bella fuera hasta él…

En este punto, la vampiresa no pudo continuar y Emmett la envolvió entre sus brazos, advirtiéndole a Edward con una mirada fulminante, que desistiera del interrogatorio.

Emily y Jacob llegaron en ese momento, angustiados. Ella lloraba profusamente y sólo detuvo sus gemidos para soltar unas débiles palabras:

-Amy no está…

El licántropo estaba furioso y en sus ojos brillaba una tristeza pura y sincera.

-Bella tampoco –completó por Emily, quien seguía ahogándose en sus lágrimas.

Edward soltó un rugido de dolor y de rabia.

-Dominic las tiene.

-Déjame verla –soltó Bella, su cabeza estaba inclinada hacia atrás, las manos de Dominic la sostenían y ella no podía más que soportar el odioso sonido de la succión y la sensación de ser vaciada poco a poco.

-Ya que termine –murmuró él separando sus labios y pasando su lengua por la herida.

Ella se estremeció cuando sintió que Dominic conducía su cabeza hacia la curva de su cuello. Sus labios hicieron contacto con la odiosa piel, no los abrió.

-Muérdeme –dijo él, en lo que parecía más una súplica que una orden.

Bella dudó, pero cuando las manos de Dominic se apretaron en sus caderas, supo que no tenía otra opción.

Y dejó que sus colmillos se extendieran y que la sangre entrara en su boca. Dominic soltó un suspiro y la acercó todo lo que pudo a su cuerpo. El cambio fue instantáneo, algo frío ligaba su interior al de él, ya no podría escapar…

-Quiero verla –le pidió al separarse.

Dominic acarició su cabello.

-Por supuesto.

Dejó que se alejara de él y entrara en la habitación, Bella estaba ansiosa y no se tranquilizó hasta que se sentó a un lado de su hermana, en la cama.

Amy se despertó y le sonrió, abrió sus brazos.

Bella la acercó a su pecho.

-Ya sé quien es tu otra mitad, Bella –le dijo la niña-, es el vampiro, sí, Edward, él te cuidará por mi…

Amy empezó a temblar, Bella se levantó.

-Todo va a estar bien, te llevaré a…

-Te quiero mucho, Bella.

Estaba pálida, fría… no había notado lo mal que se encontraba hasta ese momento…

Amy cerró los ojos y la mano que tenía aferrada al cuello de Bella, cayó, mortalmente pesada… Ya no se escuchaba su pequeño corazón en la habitación, ni la hermosa respiración…

-¡Despierta! –gritó y gritó hasta que ya no le quedó nada más, hasta que se dio cuenta que por más que lo hiciera no podría hacer que abriera los ojos.

-¿Qué ocurre?

Bella dejó el cuerpo de Amy en la cama y lo besó amorosamente en la frente. Después se volvió hacia la voz y hacia el vampiro que más odiaba… La ira bullía, insoportable, en su interior. Se acercó a Dominic, con toda la intención de herirlo pero, en lugar de ello, cayó de rodillas ante él. No podía hacerlo, algo se lo impedía…

-No puedes lastimar a tu compañero, nuestro lazo es muy fuerte –le sonrió él, respiró profundamente-. Era mejor así, mi amor, la niña nos estorbaría en un futuro…

-Te odio –rugió ella.

Dominic se inclinó y la tomó entre sus brazos, Bella ni siquiera pudo rechazarlo, algo le impedía a su cuerpo hacerlo.

-Pronto dejarás de hacerlo –le murmuró, antes de besar su cuello.



viernes, 21 de enero de 2011

Phonography

Las chicas grandes no lloran

 
mirándolo a hurtadillas. De reojo, siempre que iba a buscar a nuestro hijo. Era como un sentimiento enfermizo. En realidad llegaba a la triste conclusión que, más que daño a él me estaba haciendo el daño a mí misma. Era macabro verlo entrar y salir cada viernes sin que volteara a mirarme más allá de lo necesario y volver a verlo los lunes cuando lo pasaba a dejar. Era extraño ver crecer a Cameron lejos de su padre, y yo ver como mi familia no era más que un amargo recuerdo.

— No todo lo que aparece en la prensa es verdad —habían sido sus palabras aquel día en la cafetería.

— Cuando el río suena es porque piedras trae —refuté en un sorbo amargo recordando mi propio pasado.

— No siempre —discrepó él sonriéndome amable pero sombrío.

— ¿Acaso tu pensabas distinto de mí? —le pregunté.

— Fue totalmente distinto, tú llevabas en tu cuerpo la evidencia, transformándolo en algo irrefutable —contestó con tristeza.

— ¿Debería perdonarlo? —le pregunté buscando consejo y probablemente estaba fuera de lugar. Me miró tenso, su mirada se endureció y noté como su mandíbula se tensó. Me reí nerviosa y giré mi vista al vacio.

— ¿Podrías sostener su mano sin sentir rencor? —fue la respuesta de Jacob al cabo de unos segundos de silencio.

Suspiré.

— ¡Quiero que él vuelva a mi lado! —murmuré entre dientes largando el llanto descontrolado y no tenía idea de cómo volver a juntar mi jarrón roto. Aquel jarrón por el cual yo me había jugado el todo por el todo. Aquel jarrón que yo había buscado por tantas noches y del cual estaba segura que era mi destino, entonces me sorprendió la reacción de quién menos me lo había esperado. Me abrazó con infinita ternura, una que no había sentido hacía mucho, pero aquel abrazo no fue el abrazo de alguien interesado sino que fue un abrazo fraternal. Un abrazo de amistad.

— Sí eso es lo que quieres, entonces deja atrás tu orgullo y ve por él —y aquel consejo me sorprendió, lo miré desconcertada.

— ¿Y si él ya no me quiere?

— Entonces deberás aprender a vivir con las consecuencias de tus decisiones… —contestó separándose de mí. Sentí como la tibieza de sus dedos recorrieron mi mejilla y secaron las lágrimas que aún adornaban victoriosas mi rostro. Giró su cuerpo aún sonriéndome.

Decisiones...

— Porque la invité a vacacionar conmigo —y sentir la voz de Jake detrás de mí fue como una mala película. ¿En verdad podría él haberse atrevido a decir semejante mentira?

— No —balbuceo tajante Edward con la voz más ronca y aguda mirándome a mí.

Hubo un tenso minuto en donde la mirada verde de Edward pareció tornarse de un rojo flameante. Era como ver flamas del infierno. Ajeno a todo estaba Cameron que seguía alrededor de nosotros sin entender o dimensionar lo que estaba ocurriendo.

— ¿No te parece que estas siento injusto? —reclamé sin sentido aún atontada por la circunstancia.

— ¿Injusto? Puedo ver a mi hijo solo los fines de semana y vacaciones de por medio y ¿yo estoy siendo el injusto? ¡Ja! —espetó seco.

— Utilizar a tu hijo es la escusa más burda que te he conocido —y ahora sí que no le encontraba ni pies ni cabeza a lo que intentaba hacer Jacob. ¿Precionar a Edward?

— ¿Quién te dio velas en este entierro? —le preguntó encolerizado Edward a Jacob, él que sonrió.

— Porque no te dejas de niñerías y le dices lo que en verdad te mueres de decirle —instó y sentí como el mundo se me vino encima.

Fue como si de pronto la tercera guerra mundial estuviera a punto de desatarse frente a mis narices y yo cobardemente quisiera abstraerme de aquel monumental momento. Sentí como si el aire se hubiera escapado de mis pulmones. Sentí arder mis entrañas con furia pero solo atine a mirar a Cameron cuando sentí como mi cuerpo cayo en el suelo de costado y sus manitas y ojitos preocupados se abalanzaron sobre mí.

— ¡Mamiiii! ¡Mamiii! —gritó asustado y sentí como las voces de Edward y Jacob se distorcionaron.

Era una cobarde, jamás quise pretender ser algo distinto. De hecho no tenía idea como, la vez anterior, me había comportado a la altura de alguien maduro pero ahora las cosas eran distintas. No tenía o tal vez no quería comportarme como una chica grande, después de todo ¿Acaso yo era tan grande?

Para cuando desperté estaba a mi lado mi incondicional. Aquel ser que no importará lo que yo hiciera estaría siempre de mi lado.

— Mamiii —y sentí como acariciaba mi rostro — Mami —balbuceo otra vez pegando su rostro al mío — Mi mami —y entonces suspiró tiernamente acomodando sus manitos en mis cabellos, apego su cuerpo al mío y se quedo quieto, demasiado para ser un niño, era como si tratara de no despertarme. Entonces sentí la puerta abrirse lentamente.

— Cameron, hijo —y la voz de Edward se sentía más suave y ya para nada enojado. Se acercó hasta la cama.

— Shsssss —sentí que hizo mi pequeño pateador en mi oído y luego volvió a poner su cabeza contra mi cuello.

— Ven, la cena esta lista —anunció Edward en la penumbra. Podía sentir su perfume muy claramente cerca de nosotros pero tenía claro que estaba a una distancia prudente.

— ¡No quero! —murmuró mi angelito y entonces volvió a pegar su rostro al mío, sentí como olio mi cuello. — Mami —exclamó en un suspiró.

— La mamá está durmiendo, te prometo que dormirás con ella pero ahora tienes que cenar ¿Vale? —y esa psicología no se la conocía. De hecho para mí toda la escena era desconocida, jamás había visto a Edward interactuar con Cameron, al menos, no de esa manera.

Entonces decidí que era tiempo de dejar la cobardía y actuar como una Chica grande. Como la mujer que era. Me hice la que me despertaba y agarré a Cameron por la cintura, este alerta levantó su rostro de inmediato mirándome en la oscuridad. Sus ojos brillaban.

— ¡Mami pol fin depertasste —y parecía demasiado entusiasmado con que yo estuviera otra vez consciente.

— Así es —confirmé y lo besé en la frente. Automáticamente extendí mi mano hacía la mesa de noche para alcanzar la lampará y encenderla. En el minuto que mis dedos viajaron por el aire tope con otra mano que se me adelantó.

La luz se encendió y frente a mi tenía esas dos esmeraldas perversas e inquisidoras. Edward me miraba un tanto expectante.

— Antes de que grites o que me corras solo me quede porque Cameron no quiso separarse de tu lado —y su frialdad no me sorprendió después de todo la ley del hielo la había comenzado yo.

— Gracias —fue todo lo que atiné a decir aún sabiendo que no era necesario que se quedará. Bien podría haberse llevado al niño a la fuerza y haberme dejado con la empleada.

— ora sí… ame… —anunció mi pequeño mirándonos a ambos y Edward sonrió. Tomó a Cameron de entre mis brazos y lo alzó en el aire, lo besó en la frente y luego justo cuando giró su cuerpo para irse lo sujete de la mano.

— Yo… —y nuevamente me flaqueo la fuerza para revelar la verdad completa. Mi corazón latía a mil y lo miré esperando su furia, a cambio bajo a Cameron al suelo con una pasividad poco conocida. Se acerco a mí, yo la mire un tanto asustada.

— ¿Con que Londres?

Me preguntó entre dientes y me sorprendió su capacidad para leer entre líneas pero cuando miré a Cameron, de pronto entendí que mi hijo de dos años era una buena fuente de información desde que hablaba coherentemente.

— Serán un par de meses, podrás visitarlo cuando quieras —aseguré alzando mi cuerpo de la cama para enderezarme en ella.

Edward soltó esa risita estúpida que tanto me chocaba.

— Lo que tú hagas con tu vida me tiene sin cuidado pero lo que respecta a Cameron no voy a permitir que alejes a mi hijo de mí por un "par de meses" aquí es cuando aplicaré sicología invertida contigo: Ser padre implica sacrificios y desgraciadamente, esta vez, tendrás que decidir ¿O Cameron o tú trabajo?

Sentenció con la sonrisa dibujada en el rostro.

— ¡Es una oportunidad única! ¡Tengo derecho a desarrollarme profesionalmente igual que tú! —le reclamé erguiendo mi cuerpo para quedar a su altura. Sentí una punzada en mi cabeza.

— ¿Acaso estoy prohibiéndotelo? – me preguntó irónico

— Iré a Londres y Cameron irá conmigo aunque tu no estés de acuerdo con ello —respondí desafiante

— Haz lo que tu quieras pero mi hijo no saldrá del país… eso dalo por hecho—agrego tomando la mano de Cameron. Separó su cuerpo de mi cuerpo.

— Estas siendo injusto – exclamé un poco preocupada por el tono que empleó

— ¿Injusto? piensas que voy a permitir que él lo crié, estas equivocada Isabella —remarcó mi nombre con cierta irá.

— Si no estamos juntos es por tu culpa no tengo que recordarte aquello verdad – le respondí mordaz haciendole sentir lo mismo que él minutos antes.

— Cameron es mi hijo y si quieres darle una familia pues entonces tendrá que ser conmigo, y en este país no en otro distante jugando a la casita con tu supuesto "jefe" —exclamó serio tomando a a nuestro hijo en sus brazos por un segundo quise quitárselo pero me contuve, si hacía un escándalo sería contraproducente tendría que buscar otra alternativa diferente para hacerle entender, no quería terminar en lo que habíamos evitado hace un año atrás.

— Vas a devolverlo el lunes o te lo llevarás lejos

Le pregunté directa y él me sonrió son irónia.

— No soy estúpido Bella a diferencia tuya yo no actúo motivado por las hormonas, lo dejaré en el colegio el lunes.

Me respondió saliendo de la habitación. Respiré aliviada pero nerviosa, se venía algo inevitable.

Como lo había prometido Cameron estaba en el colegio puntualmente a las ocho, me había ido especialmente temprano para aguardar a unos metros de distancia para mirar cuando él lo llevará. Puntualmente a las ocho de la mañana lo había pasado a dejar y respiré aliviada por ello. Apenas se fue corrí hacía la puerta del colegio y pedí permiso para entrar. Cameron me vio y corrió a mis brazos, lo estreche casi como si de verdad no lo hubiera visto hace meses. Mi corazón se calmó y la ansiedad que había tenido todo ese fin de semana había sido demasiada.

Era martes por la tarde y aún me quedaban un par de días libres antes que tuviera que viajar a Londres para empezar a grabar la serie de televisión en la que había firmado gracias a Jacob, cuando sentí el timbre de la puerta principal, estaba ayudando a Cameron a terminar unas tareas del colegio cuando la empleada nos interrumpió.

— Señora la buscan —exclamó y un joven salio detrás de ella, se acercó a mí. Lo miré extrañada

— ¿Isabella Swan? —me preguntó serio

— ¿De que se trata? —le pregunté pero él no respondió – Sí soy yo – confirme confundida

El hombre saco un sobre de su bolso y me lo entregó

— Dese por notificada —fue todo lo que dijo y mi corazón se disparó, abrí el sobre y me quede de una pieza

Demandante: Edward Cullen

Demandada: Isabella Swan

Tipo de Demanda: Custodia completa menor Cameron Cullen

Me baje del auto con el corazón en la boca y entre al edificio donde estaba su departamento ignorando al conserje, marque el ascensor y apenas se abrió entre apretando incesantemente el botón para que las puertas se cerraran. Marque el numero y corrí por los pasillos del decimoquinto piso, hasta la puerta de su departamento el que golpee incesantemente

— ¡Edward! —lo llamé — ¡ábreme soy yo! —le grité pero nada, suspiré y pensé que debía haberlo llamado primero. Marque el numero de su celular y me dio al buzón de voz.

— ¡Maldición! —murmuré y me senté en el suelo recargada contra la puerta a esperarlo.


Pasaron las horas y se me hacía eterna la espera, en varias ocasiones me llamó Jacob para preguntarme sí todo seguía en marcha y sí había logrado convencer a Edward para que me diera la autorización pero le mentí magistralmente, ahora tenía otra preocupación más grave que tener un permiso para salir del país con mi hijo. Primero tenía que tratar de arreglar las cosas por la buena y si ya no resultaba tendría que recurrir a la asesoría legal no iba permitir que él se quedara con mi hijo sin pelear. Iban a ser cerca de las doce cuando los pasos de alguien me distrajeron de mi blackberry, era él. No a minoró el paso al contrario como que se esperaba que yo estuviera allí esperándolo.

— ¡Cómo pudiste! —espeté con la mano para darle una cachetada pero él me sujeto la mano impidiéndolo.

— Tu sola te lo buscaste —contestó y me solté de su prisión.

— ¿Qué estas buscando que me quede sin trabajo? —le pregunté y él rió tomando la llave entre sus manos, me esquivo y abrió la puerta

— Bella probablemente no deberías estar aquí tómalo como un consejo —me contestó serio estaba a un paso de entrar a su departamento cuando desesperada y en forma arrebatada lo besé apasionadamente.

Al principio no respondió el beso y seguramente lo tomé desprevenido pero lo cierto era que estaba dispuesta a hacer cualquier cosa por hacerlo desistir de su propósito y si eso significaba complacerlo lo haría. Lo besé aún más desesperada y cruce mis brazos por su cuello acercándolo a mi cuerpo para tentarlo, Edward estaba petrificado en su posición pero finalmente lo traicionó el deseo propio y me correspondió el beso haciéndolo más profundo y desenfrenado, me jalo al interior del departamento acercándome hasta fundir su cuerpo con el mío, deslizo sus labios por mi cuello hasta la base de mi garganta y me beso mientras acariciaba sobre la ropa uno de mis pechos, mi respiración se hizo errática y tenía los latidos de mi corazón a mil, bajo sus manos deslizándola por mi cintura hasta mis nalgas apretándolas suavemente mientras me seguía besando, lo sujete por la solapa de su chaqueta y lo hice girar para que se apoyará sobre el respaldo del sofá. Sus manos se fueron hasta mi cintura y jaló la blusa para soltarla, metió sus manos y como un experto abrió mi corpiño, acariciando mi piel desnuda, unos jadeos vergonzosos se escaparon de mi boca. Sentí como levantó mi falda y tiro de mi ropa interior lo necesario para acariciarme la entrepierna, deslizo uno de sus dedos hacía mi parte más intima y no pude evitar sonrojarme al sentirlo tocarme de esa manera, había pasado tanto tiempo pero aún así él conocía cada parte de mi cuerpo y la manera justa de cómo tocarme para hacerme perder la razón. Mi respiración se aceleró inconcientemente, los gemidos se hicieron más fuertes y justo cuando estaba a punto de perderme en el placer que estaba sintiendo, se acercó a mi oído y me susurró.

— ¿Una de dos o estas demasiado desesperada o me crees de verdad muy estúpido? —exclamó deteniéndose en seco y me separé de él, esta vez no alcanzó a sujetarme la mano y la cachetada se estrello contra sus mejillas, se rió mientras se llevaba la mano al rostro y yo trataba de controlar mi respiración agitada, mis mejillas estaban ardiendo pero de furia, pena y verguenza.

— La desesperación es mala consejera mi amor —agrego caminando hacía la puerta del departamento, la abrió y luego me miró

— Búscate un abogado, nos vemos en la audiciencia el miércoles de la semana que viene —finalizó guiñándome el ojo, me ordené la ropa y camine para salir por la puerta pero no sin antes decirle un par de cosas.

— No vas a quedarte con Cameron y difícilmente podrías quedarte conmigo después de esto

— Tú fuiste la que vino aquí a "Ofrecerse" o que creías que luego de acostarte conmigo yo iba a quitar la demanda, no me gustan las sobras Bella —espetó furioso y salí de su departamento, camine unos pasos por el pasillo y cuando sentí el golpe de la puerta mis piernas flaquearon. Sentí que iba a caerme al suelo justo cuando el teléfono celular vibró, contesté casi ahogándome.

— ¿Bella? —agradecí escuchar aquella voz del otro lado de la línea.

— Podrías venir por mi por favor —le pedí llorando desesperada.

— ¿Vas a decirme que paso? —me preguntó preocupado mientras me daba un vaso de agua. Lo tomé y lo miré no tenía cara para decirle que había estado a punto de "acostarme" con Edward sólo para hacerlo desistir de que me quitará a Cameron. Tomé aire y lo mire

— Edward me demando

— ¿Demandarte? ¿Pero por qué? —me preguntó sorprendido

— Demando la custodia completa de Cameron —le explique y de pronto las nauseas ante lo que había estado a punto de hacer desesperada no se dejaron esperar.

Lo abracé intempestivamente y me puse a llorar descontroladamente, él me acaricio la espalda por varios minutos y estuvimos así hasta que eventualmente me calme

— No va a quitártelo, la tutela le corresponde a la madre siempre, cálmate no te hace bien que llores tanto —me pidió besando mi frente y era como todo lo contrario a lo que él fue en su momento. Me separé mirándolo a los ojos y lo besé irreflexibamente.

— Quédate conmigo esta noche —le pedí en un susurró y sentí como Jacob me separó, gentilmente pero decidido, de su cuerpo. Sus ojos negros estaban brillantes, y una sonrisa un tanto tímida se dibujo en sus labios.

— No, Bella… esto no está bien —hizo notar tan sereno pero decidido — No estoy aquí para ocupar el lugar de nadie, sí me acerque a ti nuevamente no fue porque me interesará volver a ser tu pareja —explicó y entonces sus manos grandes y cobrizas se posicionaron una a cada lado de mi rostro, su mirada se hizo profunda — Te quiero, de verdad que te quiero pero no en la manera en que tu necesitas, siempre ocuparás un lugar en mi corazón… fuiste y serás alguien tremendamente especial para mí pero yo no te amo —y entonces enterré mi rostro en su cuello.

— Otra vez estoy lastimando a la gente que supuestamente amo… perdóname —murmuré entre sollozos.

— Tienes que dejar de hacerte daño Bella, las cosas no se arreglarán mientras ustedes dos no dejen el orgullo de lado —advirtió aún sosteniendo mi cuerpo entre sus brazos.

Jacob tenía razón, me había sentido lastimada y había iniciado una venganza, cuya única y principal víctima había sido siempre yo.

— Smith y asociados Buenos días ¿En que puedo ayudarla?

Escuche y dude ¿Tal vez ella era su abogada?, después de todo eran amigos. Pero no tenía a quién más recurrir prefería que fuera alguien a quien conociera a contarle toda mi vida privada a un extraño.

— Jessica Stanley por favor

— ¿Quién la llama?

— Isabella Swan, soy una amiga

— Momento por favor

Y como odiaba la música tradicional de cuando uno espera. Estaba distraída mirando la notificación cuando su voz sería me trajo de regreso a la tierra.

— ¿Bella?

— ¡Jessica!, tanto tiempo

Le dije nerviosa y no estaba segura si era buena idea.

— Si tanto tiempo casi tres años ¿no?, me sorprendió que me llamarás, cuando mi secretaria me dijo tu nombre pensé que era una broma pero veo que no es así ¿Cómo esta Cameron?

— Bien, él… está bien…grande… ¿estás ocupada?

— No, tenía que hacer un par de cosas pero no te preocupes, ¿en que puedo ayudarte?

— ¿Podríamos juntarnos a almorzar?

— Claro ¿hoy?

— Si me urge hablarte pero antes tengo que preguntarte algo

— Claro dime

— Edward… ¿él no te ha llamado?

— No, de hecho con Edward no nos vemos desde la Navidad, estuve de visita en la casa de mis padres y tu sabes nuestros padres son amigos, bueno allí lo vi en la fiesta de navidad ¿Por qué? ¿Paso algo?

— Entonces necesito que seas mi abogada, Edward esta demandando la custodia completa de Cameron

Le explique y ella se quedo callada por unos momentos.

— Te espero en mi oficina en dos horas.

— Mmm... por qué será que no me sorprende —me dijo luego que escucho mi historia y después de leer la demanda. — Los hombres son tan predecibles —agrego sentándose en su escritorio, se recargó contra el respaldo y me miró

— ¿Quieres que él vea a Cameron o quieres quitarle todos los privilegios que tiene hasta ahora?

— ¿Cómo? ¿Podría? —pregunté aturdida por tanta información repentina.

— En esta vida todo se puede, es cosa de saber probar. Ahora dime, en que situación estamos con Edward, ¿de amistad o enemistad profusa?

— Solo quiero que sigamos con el acuerdo que teníamos, no me molesta que lo vea y que lo tenga en las vacaciones pero no voy a ceder la custodia completa, mi hijo tiene que vivir conmigo

— Bien, ahora dime ¿Sabes de algo que podamos utilizar?

— ¿Algo como qué?

— Bella, él sacará todo y cada uno de tus errores durante esa audiciencia, la única manera que le den la custodia completa es que logre acreditar que tú eres una madre incompetente ya sea económicamente o moralmente hablando, me explicó. No puede decir que estas loca porque evidentemente no lo estas, no puede decir que tiene mejor situación económica que tu porque están parejos y según veo tu situación esta a punto de cambiar por tu nuevo contrato así que lo único que queda es hacerte parecer una mujer moralmente reprochable

Me dijo y en ese minuto recordé algo y que agradecí infinitamente que mi madre no me hubiera hecho caso cuando le pedí que lo dejara tranquilo. Asentí y Jessica me miró con la sonrisa en el rostro.

— Creo que mañana es un buen día para almorzar con mi amigo de toda la infancia

Me dijo y sus palabras me tranquilizaron, al menos tenía una esperanza.

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Hello mis angeles hermosos aqui estoy de nuevo con ustedes dejandoles su vicio las amo mil besitos a todas
Angel of the dark