Dark Chat

sábado, 22 de enero de 2011

Destellos de Oscuridad

Buenas noches mi angeles hermosos !! aqui les dejo un capitulo mas de este fic , por fiss dejenle muchos comentarios a nuestra querida escritora , y a leer mis nenas.
les mando mil besitos a todas
Angel of the dark

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Capítulo 13

Lazo de sangre

-Haré todo lo que quieras, Dominic, sólo regrésame a mi hermana –las palabras brotaron pegajosas, llenas de un sonido cortado, emocionado; Bella apenas podía respirar y la sola mención de Amy le provocaba una tortura.

-Debiste decir eso anteriormente, cuando yo no me encontraba tan molesto… Ya ves a lo que he llegado, secuestrar a una simple mortal…

-Por favor… no le hagas daño, te lo suplico.

-…Afortunadamente para ti –el continuó como si no la hubiera escuchado- ya te he perdonado. Ahora todo lo que tienes que hacer es obedecerme en todo lo que yo te diga y cuando esté seguro de que eres completamente mía, entonces liberaré a tu pequeña humana.

-Sí, sí, lo que tú quieras –dijo Bella, su voz ya casi no tenía voluntad, las palabras salían frías; sabía que, de ahora en adelante, todo lo que diría no sería más que por la voluntad de Dominic.

Entraba apenas una brisa, que se asemejaba más a una caricia triste en los pómulos de la vampiresa que algún consuelo perdido en el exterior. Era una habitación destrozada, la cama deshecha rebelaba la lucha y el olor metálico de la sangre subía hasta sus narices. Ella continuaba con el celular pegado a su oreja, la voz grave, sarcástica y satisfecha lograba propagarse poco a poco sobre la destrucción. De aquella escena, sólo se enmarcaba la mirada angustiada de Bella y sus labios temblorosos, que emanaban sonidos resignados, apoyados por asentimientos de cabeza, innecesarios y completamente sumisos. Se hizo un eco de podredumbre deprimente que se expandió con un último sí; Bella destrozó el aparato, ahogando la risa estridente de su manipulador y con la mano en el corazón, se lanzó por la ventana, para encontrarse con él y poder salvarla.

Jamás había experimentado el escozor de su propia sangre en su nariz, en su boca, hasta ese día que se encontraba tendida en el pasillo del hospital, pintando el piso blanco de un escarlata brillante, mientras sentía que toda la energía se le escapaba en un derramar cálido y constante. Quería que el techo se borrara de su visión y reemplazarla por el rostro de Emmett, aunque sabía que su rostro no se vería complacido como ella se lo imaginaba, sino cubierto en angustia… No tardaría en saberlo, no tardaría en llegar hasta ella; estaban unidos por un lazo tan fuerte que sería difícil que él no supiera dónde se encontraba, así como ella sentía su presencia y sabía que se encontraba bien. Eso era lo único que la alegraba, después de todo el dolor y de ese amargo sabor en los labios… el saber que estuvo a punto de traicionar a Bella y, por consiguiente, a muy poco de destrozar el corazón de su hermano. A pesar de todo, en verdad se arrepentía de aquel arrebato de debilidad.

Alice apenas tuvo tiempo de destruir al último vampiro, antes de correr por los pasillos hasta encontrarse con Jasper. Sus brazos lo rodearon, su respiración se relajó enormemente… Lo observó de pies a cabeza, buscando algún daño, mientras los ojos de él hacían lo mismo sobre su cuerpo, nunca se había sentido tan aliviada, ni tan tranquila como cuando sus labios se unieron a los de ella. Tenía que aceptarlo, había algo casi egoísta en la naturaleza de los vampiros que tenían compañeros; ella misma, al sentir el peligro no había hecho otra cosa que asegurarse que él, su otra mitad, estuviera completamente bien y, ahora que lo estaba, su corazón se abrió para preocuparse por su familia.

Por eso, cuando vio a Emmett pasar cerca de ellos, con la cara destrozada en una angustia asfixiante, su interior se colapsó, imaginando el sufrimiento de su hermano. Y el reflejo de su dolor la golpeó con mayor fuerza, cuando lo vio volver con el cuerpo de su amada goteando preciosa y brillante sangre de su abdomen. Lo escuchó llamar con voz rota ha Carlisle, mientras las rodillas de él se doblaban y chocaban con el suelo; tendió a Rosalie en el pasillo y le tomó la mano. Ella ya no abría los ojos.

Alice intentó calmarlo, pero no parecía escuchar a nadie y, cuando Jasper quiso tocarlo para transmitirle tranquilidad, él le mostró los colmillos y le impidió que se acercara.

-Ni siquiera lo intentes, no necesito de tú compasión.

Alice tomó del brazo a su compañero y lo alejó de su hermano, era mejor dejarle su espacio.

-Está sufriendo demasiado –soltó, con su rostro sin emoción.

-Lo sé –Alice acarició su cabello. Ella sabía que Emmett se estaba muriendo junto con Rosalie y, estaba segura, a pesar de que Jasper mantuviera su rostro sin expresión, que él también lo hacía; su habilidad le permitía sentir las emociones ajenas, aunque a veces él no quisiera experimentarlo.

Carlisle llegó pocos segundos después, envuelto en escombros y sangre seca que aún se lucía en su blanca y destrozada bata de hospital. Se acercó con un velo de dolor a Rosalie, pues para él y eso lo sabía con certeza Alice, ella y todos, eran como sus verdaderos hijos.

-Necesita tu sangre, mucha de ella.

-Pero no despierta –salió la voz desollada de Emmett.

Con cuidado, Carlisle le abrió los labios a Rosalie y le pidió a Emmett que se cortara la muñeca. Sin siquiera un segundo de vacilación, el vampiro encajó sus colmillos en sus venas y dejó que la sangre goteara entre la boca de su amada. Carlisle le hizo una señal para que se detuviera y él alejó su brazo un poco.

Los ojos de la vampiresa se abrieron y, a pesar de tener más próximo a ella a Carlisle, el primero que vio fue a su compañero. Una expresión de felicidad iluminó su rostro.

-Emmett necesito hablar con…

Pero él no la permitió continuar, sino que colocó su muñeca sobre sus labios, y la herida debía haberla vuelto hambrienta, porque Rosalie abrió los ojos desmesuradamente y sus colmillos se extendieron, enterrándose en la piel de su compañero.

Mientras se escuchaban los tragos de ella, Carlisle le rompió la parte baja de la blusa, revelando la cantidad de carne abierta, que se iba cerrando lentamente conforme la vampiresa bebía la sangre de Emmett.

Cuando la herida estuvo a muy poco de cerrarse, Carlisle los separó gentilmente, Emmett protestó, a pesar de verse algo cansado.

-Ella necesita…

-Ya no, su cuerpo hará el resto –le aseguró Carlisle-, y es mejor que descanses un poco, porque ella ha tomada demasiada sangre de ti.

Emmett asintió pero, a pesar de verse un poco agotado, no dejó de apretar la mano de Rosalie ni se movió de su lado.

-Gracias –le dijo ella, acariciando amorosamente su rostro.

-Te amo, Rose.

-Yo también –sonrió ella, antes de que sus ojos vagaran por toda la habitación-. ¿Dónde está Edward?

Como si lo hubiera invocado, el vampiro apareció ante ellos; otra vez Alice pudo ver la pérdida reflejada en los ojos de uno de sus hermanos.

-No la encuentro…

Cerca del centro de la ciudad, había una calle oscura, poco transitada por los humanos; como si hubiera sido olvidada por ellos, las casas eran viejas y con un alama de soledad que apenas se entraba en la calle, se sentía el abandono, pesado sobre el pecho. Ahora sólo se veía una silueta femenina caminando, buscando, desesperada alguna dirección. Por fin, sus ojos encontraron una casa enorme, con una puerta que la esperaba, abierta. Se adentró en la boca negra y se dejó envolver por el ambiente nocturno, mortífero… Sólo se podía apreciar las lenguas de luz plateadas, que emanaban de una boca lunar, adentrándose por la ventana.

Alguien tomó su mano y la besó.

-Otra vez junto a mí –ronroneó Dominic.

-¿Dónde está ella?

El vampiro le señaló una habitación y la condujo hasta la puerta. Por la rendija, se podían ver los cabellos dorados descansar sobre la almohada y, para alivio de Bella, se veía el pequeño pecho subir y bajar, acompañado por el dulce sonido de la respiración infantil.

Bella quiso entrar, pero la mano que la asía poderosamente se lo impidió. Los dos regresaron a la sala.

-Para que te permita verla, necesitas convencerme…

Bella se tragó su odio y su orgullo, enterrándolos y conteniéndolos para proteger a Amy.

-Te lo suplico…

-Me temo que las palabras ya no son suficientes.

Antes que ella pudiera preguntar qué más quería, él se acercó a ella y la besó. Bella cerró los ojos y apretó los puños, esperando, soportando…

Lo escuchó gruñir.

-Creo que si en verdad amas a esa pequeña mortal vas a tener que hacer algo mejor que eso.

Entonces se dio cuenta, había estado apretando los labios con ira. Intentó controlarse y cuando él volvió a posar su boca sobre la de ella, dejó que sus labios se abrieran e hizo un esfuerzo por corresponderle. Dominic soltó un gemido de victoria y metió las manos debajo de su blusa, recorriendo su espalda y su cintura.

-Mucho mejor –dijo intentando sonar indiferente y sin conseguirlo; su voz se había enronquecido y sus ojos ahora estaban completamente oscuros. Se relamió los labios-. Todo lo que hace falta es que te haga mi compañera…

No parecía poder soportarlo más, porque ni siquiera se permitió terminar cuando su lengua ya recorría el cuello de Bella. Sus colmillos se enterraron antes de que ella pudiera prepararse para soportarlo.

-Edward necesito decirte algo –suplicó Rosalie desde el suelo.

Pero él la ignoraba, sus ojos inspeccionaban las habitaciones y después de buscar por un rato, se dispuso a irse, haciendo caso omiso de todas las voces que le pedían que se quedase.

-Es como si ya no estuviera –dijo con voz hueca.

-¡Es sobre Bella! –gritó Rosalie.

-¿Sabes dónde está? –le preguntó él, una parte de su interior lo sabía, pero aún no quería aceptarlo…

-Primero escúchame, por favor –rogó ella.

Edward asintió.

-Dominic… él me pidió que lo ayudara a alejarla de ti…

Rosalie, algo débil, se interrumpió, pero fue un mal momento para hacerlo, porque el rostro de su hermano se cubrió de desprecio. Sus colmillos se extendieron.

-¿Qué hiciste?

Pero justo cuando salió ese rugido, otro emergió de la garganta de Emmett mientras se interponía entre su hermano y su compañera.

-Ni siquiera te atrevas a tocarla, Edward –gruñó.

Él estuvo a muy poco de protestar, pero la voz débil de Rosalie los interrumpió.

-¡No, Emmett! ¡Déjenme terminar! –logró exclamar.

Alice se acercó a Edward y colocó una de sus manos sobre su hombro.

-De acuerdo –soltó éste.

-Yo lo rechacé pero… -Rosalie se cubrió el rostro, algunos sollozos escaparon de sus labios- ¡Por un momento lo consideré…! ¡Lo siento, lo siento tanto! ¡Perdóname…!

-Eso no importa ahora –la interrumpió Edward-, sólo dime todo lo que te dijo Dominic…

Rosalie asintió, entre sollozos.

-Él sabía que era muy difícil acercarse a Bella porque tú y el lobo la cuidaban, pero dijo que si no lograba llevársela él mismo, iría tras la niña y haría que Bella fuera hasta él…

En este punto, la vampiresa no pudo continuar y Emmett la envolvió entre sus brazos, advirtiéndole a Edward con una mirada fulminante, que desistiera del interrogatorio.

Emily y Jacob llegaron en ese momento, angustiados. Ella lloraba profusamente y sólo detuvo sus gemidos para soltar unas débiles palabras:

-Amy no está…

El licántropo estaba furioso y en sus ojos brillaba una tristeza pura y sincera.

-Bella tampoco –completó por Emily, quien seguía ahogándose en sus lágrimas.

Edward soltó un rugido de dolor y de rabia.

-Dominic las tiene.

-Déjame verla –soltó Bella, su cabeza estaba inclinada hacia atrás, las manos de Dominic la sostenían y ella no podía más que soportar el odioso sonido de la succión y la sensación de ser vaciada poco a poco.

-Ya que termine –murmuró él separando sus labios y pasando su lengua por la herida.

Ella se estremeció cuando sintió que Dominic conducía su cabeza hacia la curva de su cuello. Sus labios hicieron contacto con la odiosa piel, no los abrió.

-Muérdeme –dijo él, en lo que parecía más una súplica que una orden.

Bella dudó, pero cuando las manos de Dominic se apretaron en sus caderas, supo que no tenía otra opción.

Y dejó que sus colmillos se extendieran y que la sangre entrara en su boca. Dominic soltó un suspiro y la acercó todo lo que pudo a su cuerpo. El cambio fue instantáneo, algo frío ligaba su interior al de él, ya no podría escapar…

-Quiero verla –le pidió al separarse.

Dominic acarició su cabello.

-Por supuesto.

Dejó que se alejara de él y entrara en la habitación, Bella estaba ansiosa y no se tranquilizó hasta que se sentó a un lado de su hermana, en la cama.

Amy se despertó y le sonrió, abrió sus brazos.

Bella la acercó a su pecho.

-Ya sé quien es tu otra mitad, Bella –le dijo la niña-, es el vampiro, sí, Edward, él te cuidará por mi…

Amy empezó a temblar, Bella se levantó.

-Todo va a estar bien, te llevaré a…

-Te quiero mucho, Bella.

Estaba pálida, fría… no había notado lo mal que se encontraba hasta ese momento…

Amy cerró los ojos y la mano que tenía aferrada al cuello de Bella, cayó, mortalmente pesada… Ya no se escuchaba su pequeño corazón en la habitación, ni la hermosa respiración…

-¡Despierta! –gritó y gritó hasta que ya no le quedó nada más, hasta que se dio cuenta que por más que lo hiciera no podría hacer que abriera los ojos.

-¿Qué ocurre?

Bella dejó el cuerpo de Amy en la cama y lo besó amorosamente en la frente. Después se volvió hacia la voz y hacia el vampiro que más odiaba… La ira bullía, insoportable, en su interior. Se acercó a Dominic, con toda la intención de herirlo pero, en lugar de ello, cayó de rodillas ante él. No podía hacerlo, algo se lo impedía…

-No puedes lastimar a tu compañero, nuestro lazo es muy fuerte –le sonrió él, respiró profundamente-. Era mejor así, mi amor, la niña nos estorbaría en un futuro…

-Te odio –rugió ella.

Dominic se inclinó y la tomó entre sus brazos, Bella ni siquiera pudo rechazarlo, algo le impedía a su cuerpo hacerlo.

-Pronto dejarás de hacerlo –le murmuró, antes de besar su cuello.



viernes, 21 de enero de 2011

Phonography

Las chicas grandes no lloran

 
mirándolo a hurtadillas. De reojo, siempre que iba a buscar a nuestro hijo. Era como un sentimiento enfermizo. En realidad llegaba a la triste conclusión que, más que daño a él me estaba haciendo el daño a mí misma. Era macabro verlo entrar y salir cada viernes sin que volteara a mirarme más allá de lo necesario y volver a verlo los lunes cuando lo pasaba a dejar. Era extraño ver crecer a Cameron lejos de su padre, y yo ver como mi familia no era más que un amargo recuerdo.

— No todo lo que aparece en la prensa es verdad —habían sido sus palabras aquel día en la cafetería.

— Cuando el río suena es porque piedras trae —refuté en un sorbo amargo recordando mi propio pasado.

— No siempre —discrepó él sonriéndome amable pero sombrío.

— ¿Acaso tu pensabas distinto de mí? —le pregunté.

— Fue totalmente distinto, tú llevabas en tu cuerpo la evidencia, transformándolo en algo irrefutable —contestó con tristeza.

— ¿Debería perdonarlo? —le pregunté buscando consejo y probablemente estaba fuera de lugar. Me miró tenso, su mirada se endureció y noté como su mandíbula se tensó. Me reí nerviosa y giré mi vista al vacio.

— ¿Podrías sostener su mano sin sentir rencor? —fue la respuesta de Jacob al cabo de unos segundos de silencio.

Suspiré.

— ¡Quiero que él vuelva a mi lado! —murmuré entre dientes largando el llanto descontrolado y no tenía idea de cómo volver a juntar mi jarrón roto. Aquel jarrón por el cual yo me había jugado el todo por el todo. Aquel jarrón que yo había buscado por tantas noches y del cual estaba segura que era mi destino, entonces me sorprendió la reacción de quién menos me lo había esperado. Me abrazó con infinita ternura, una que no había sentido hacía mucho, pero aquel abrazo no fue el abrazo de alguien interesado sino que fue un abrazo fraternal. Un abrazo de amistad.

— Sí eso es lo que quieres, entonces deja atrás tu orgullo y ve por él —y aquel consejo me sorprendió, lo miré desconcertada.

— ¿Y si él ya no me quiere?

— Entonces deberás aprender a vivir con las consecuencias de tus decisiones… —contestó separándose de mí. Sentí como la tibieza de sus dedos recorrieron mi mejilla y secaron las lágrimas que aún adornaban victoriosas mi rostro. Giró su cuerpo aún sonriéndome.

Decisiones...

— Porque la invité a vacacionar conmigo —y sentir la voz de Jake detrás de mí fue como una mala película. ¿En verdad podría él haberse atrevido a decir semejante mentira?

— No —balbuceo tajante Edward con la voz más ronca y aguda mirándome a mí.

Hubo un tenso minuto en donde la mirada verde de Edward pareció tornarse de un rojo flameante. Era como ver flamas del infierno. Ajeno a todo estaba Cameron que seguía alrededor de nosotros sin entender o dimensionar lo que estaba ocurriendo.

— ¿No te parece que estas siento injusto? —reclamé sin sentido aún atontada por la circunstancia.

— ¿Injusto? Puedo ver a mi hijo solo los fines de semana y vacaciones de por medio y ¿yo estoy siendo el injusto? ¡Ja! —espetó seco.

— Utilizar a tu hijo es la escusa más burda que te he conocido —y ahora sí que no le encontraba ni pies ni cabeza a lo que intentaba hacer Jacob. ¿Precionar a Edward?

— ¿Quién te dio velas en este entierro? —le preguntó encolerizado Edward a Jacob, él que sonrió.

— Porque no te dejas de niñerías y le dices lo que en verdad te mueres de decirle —instó y sentí como el mundo se me vino encima.

Fue como si de pronto la tercera guerra mundial estuviera a punto de desatarse frente a mis narices y yo cobardemente quisiera abstraerme de aquel monumental momento. Sentí como si el aire se hubiera escapado de mis pulmones. Sentí arder mis entrañas con furia pero solo atine a mirar a Cameron cuando sentí como mi cuerpo cayo en el suelo de costado y sus manitas y ojitos preocupados se abalanzaron sobre mí.

— ¡Mamiiii! ¡Mamiii! —gritó asustado y sentí como las voces de Edward y Jacob se distorcionaron.

Era una cobarde, jamás quise pretender ser algo distinto. De hecho no tenía idea como, la vez anterior, me había comportado a la altura de alguien maduro pero ahora las cosas eran distintas. No tenía o tal vez no quería comportarme como una chica grande, después de todo ¿Acaso yo era tan grande?

Para cuando desperté estaba a mi lado mi incondicional. Aquel ser que no importará lo que yo hiciera estaría siempre de mi lado.

— Mamiii —y sentí como acariciaba mi rostro — Mami —balbuceo otra vez pegando su rostro al mío — Mi mami —y entonces suspiró tiernamente acomodando sus manitos en mis cabellos, apego su cuerpo al mío y se quedo quieto, demasiado para ser un niño, era como si tratara de no despertarme. Entonces sentí la puerta abrirse lentamente.

— Cameron, hijo —y la voz de Edward se sentía más suave y ya para nada enojado. Se acercó hasta la cama.

— Shsssss —sentí que hizo mi pequeño pateador en mi oído y luego volvió a poner su cabeza contra mi cuello.

— Ven, la cena esta lista —anunció Edward en la penumbra. Podía sentir su perfume muy claramente cerca de nosotros pero tenía claro que estaba a una distancia prudente.

— ¡No quero! —murmuró mi angelito y entonces volvió a pegar su rostro al mío, sentí como olio mi cuello. — Mami —exclamó en un suspiró.

— La mamá está durmiendo, te prometo que dormirás con ella pero ahora tienes que cenar ¿Vale? —y esa psicología no se la conocía. De hecho para mí toda la escena era desconocida, jamás había visto a Edward interactuar con Cameron, al menos, no de esa manera.

Entonces decidí que era tiempo de dejar la cobardía y actuar como una Chica grande. Como la mujer que era. Me hice la que me despertaba y agarré a Cameron por la cintura, este alerta levantó su rostro de inmediato mirándome en la oscuridad. Sus ojos brillaban.

— ¡Mami pol fin depertasste —y parecía demasiado entusiasmado con que yo estuviera otra vez consciente.

— Así es —confirmé y lo besé en la frente. Automáticamente extendí mi mano hacía la mesa de noche para alcanzar la lampará y encenderla. En el minuto que mis dedos viajaron por el aire tope con otra mano que se me adelantó.

La luz se encendió y frente a mi tenía esas dos esmeraldas perversas e inquisidoras. Edward me miraba un tanto expectante.

— Antes de que grites o que me corras solo me quede porque Cameron no quiso separarse de tu lado —y su frialdad no me sorprendió después de todo la ley del hielo la había comenzado yo.

— Gracias —fue todo lo que atiné a decir aún sabiendo que no era necesario que se quedará. Bien podría haberse llevado al niño a la fuerza y haberme dejado con la empleada.

— ora sí… ame… —anunció mi pequeño mirándonos a ambos y Edward sonrió. Tomó a Cameron de entre mis brazos y lo alzó en el aire, lo besó en la frente y luego justo cuando giró su cuerpo para irse lo sujete de la mano.

— Yo… —y nuevamente me flaqueo la fuerza para revelar la verdad completa. Mi corazón latía a mil y lo miré esperando su furia, a cambio bajo a Cameron al suelo con una pasividad poco conocida. Se acerco a mí, yo la mire un tanto asustada.

— ¿Con que Londres?

Me preguntó entre dientes y me sorprendió su capacidad para leer entre líneas pero cuando miré a Cameron, de pronto entendí que mi hijo de dos años era una buena fuente de información desde que hablaba coherentemente.

— Serán un par de meses, podrás visitarlo cuando quieras —aseguré alzando mi cuerpo de la cama para enderezarme en ella.

Edward soltó esa risita estúpida que tanto me chocaba.

— Lo que tú hagas con tu vida me tiene sin cuidado pero lo que respecta a Cameron no voy a permitir que alejes a mi hijo de mí por un "par de meses" aquí es cuando aplicaré sicología invertida contigo: Ser padre implica sacrificios y desgraciadamente, esta vez, tendrás que decidir ¿O Cameron o tú trabajo?

Sentenció con la sonrisa dibujada en el rostro.

— ¡Es una oportunidad única! ¡Tengo derecho a desarrollarme profesionalmente igual que tú! —le reclamé erguiendo mi cuerpo para quedar a su altura. Sentí una punzada en mi cabeza.

— ¿Acaso estoy prohibiéndotelo? – me preguntó irónico

— Iré a Londres y Cameron irá conmigo aunque tu no estés de acuerdo con ello —respondí desafiante

— Haz lo que tu quieras pero mi hijo no saldrá del país… eso dalo por hecho—agrego tomando la mano de Cameron. Separó su cuerpo de mi cuerpo.

— Estas siendo injusto – exclamé un poco preocupada por el tono que empleó

— ¿Injusto? piensas que voy a permitir que él lo crié, estas equivocada Isabella —remarcó mi nombre con cierta irá.

— Si no estamos juntos es por tu culpa no tengo que recordarte aquello verdad – le respondí mordaz haciendole sentir lo mismo que él minutos antes.

— Cameron es mi hijo y si quieres darle una familia pues entonces tendrá que ser conmigo, y en este país no en otro distante jugando a la casita con tu supuesto "jefe" —exclamó serio tomando a a nuestro hijo en sus brazos por un segundo quise quitárselo pero me contuve, si hacía un escándalo sería contraproducente tendría que buscar otra alternativa diferente para hacerle entender, no quería terminar en lo que habíamos evitado hace un año atrás.

— Vas a devolverlo el lunes o te lo llevarás lejos

Le pregunté directa y él me sonrió son irónia.

— No soy estúpido Bella a diferencia tuya yo no actúo motivado por las hormonas, lo dejaré en el colegio el lunes.

Me respondió saliendo de la habitación. Respiré aliviada pero nerviosa, se venía algo inevitable.

Como lo había prometido Cameron estaba en el colegio puntualmente a las ocho, me había ido especialmente temprano para aguardar a unos metros de distancia para mirar cuando él lo llevará. Puntualmente a las ocho de la mañana lo había pasado a dejar y respiré aliviada por ello. Apenas se fue corrí hacía la puerta del colegio y pedí permiso para entrar. Cameron me vio y corrió a mis brazos, lo estreche casi como si de verdad no lo hubiera visto hace meses. Mi corazón se calmó y la ansiedad que había tenido todo ese fin de semana había sido demasiada.

Era martes por la tarde y aún me quedaban un par de días libres antes que tuviera que viajar a Londres para empezar a grabar la serie de televisión en la que había firmado gracias a Jacob, cuando sentí el timbre de la puerta principal, estaba ayudando a Cameron a terminar unas tareas del colegio cuando la empleada nos interrumpió.

— Señora la buscan —exclamó y un joven salio detrás de ella, se acercó a mí. Lo miré extrañada

— ¿Isabella Swan? —me preguntó serio

— ¿De que se trata? —le pregunté pero él no respondió – Sí soy yo – confirme confundida

El hombre saco un sobre de su bolso y me lo entregó

— Dese por notificada —fue todo lo que dijo y mi corazón se disparó, abrí el sobre y me quede de una pieza

Demandante: Edward Cullen

Demandada: Isabella Swan

Tipo de Demanda: Custodia completa menor Cameron Cullen

Me baje del auto con el corazón en la boca y entre al edificio donde estaba su departamento ignorando al conserje, marque el ascensor y apenas se abrió entre apretando incesantemente el botón para que las puertas se cerraran. Marque el numero y corrí por los pasillos del decimoquinto piso, hasta la puerta de su departamento el que golpee incesantemente

— ¡Edward! —lo llamé — ¡ábreme soy yo! —le grité pero nada, suspiré y pensé que debía haberlo llamado primero. Marque el numero de su celular y me dio al buzón de voz.

— ¡Maldición! —murmuré y me senté en el suelo recargada contra la puerta a esperarlo.


Pasaron las horas y se me hacía eterna la espera, en varias ocasiones me llamó Jacob para preguntarme sí todo seguía en marcha y sí había logrado convencer a Edward para que me diera la autorización pero le mentí magistralmente, ahora tenía otra preocupación más grave que tener un permiso para salir del país con mi hijo. Primero tenía que tratar de arreglar las cosas por la buena y si ya no resultaba tendría que recurrir a la asesoría legal no iba permitir que él se quedara con mi hijo sin pelear. Iban a ser cerca de las doce cuando los pasos de alguien me distrajeron de mi blackberry, era él. No a minoró el paso al contrario como que se esperaba que yo estuviera allí esperándolo.

— ¡Cómo pudiste! —espeté con la mano para darle una cachetada pero él me sujeto la mano impidiéndolo.

— Tu sola te lo buscaste —contestó y me solté de su prisión.

— ¿Qué estas buscando que me quede sin trabajo? —le pregunté y él rió tomando la llave entre sus manos, me esquivo y abrió la puerta

— Bella probablemente no deberías estar aquí tómalo como un consejo —me contestó serio estaba a un paso de entrar a su departamento cuando desesperada y en forma arrebatada lo besé apasionadamente.

Al principio no respondió el beso y seguramente lo tomé desprevenido pero lo cierto era que estaba dispuesta a hacer cualquier cosa por hacerlo desistir de su propósito y si eso significaba complacerlo lo haría. Lo besé aún más desesperada y cruce mis brazos por su cuello acercándolo a mi cuerpo para tentarlo, Edward estaba petrificado en su posición pero finalmente lo traicionó el deseo propio y me correspondió el beso haciéndolo más profundo y desenfrenado, me jalo al interior del departamento acercándome hasta fundir su cuerpo con el mío, deslizo sus labios por mi cuello hasta la base de mi garganta y me beso mientras acariciaba sobre la ropa uno de mis pechos, mi respiración se hizo errática y tenía los latidos de mi corazón a mil, bajo sus manos deslizándola por mi cintura hasta mis nalgas apretándolas suavemente mientras me seguía besando, lo sujete por la solapa de su chaqueta y lo hice girar para que se apoyará sobre el respaldo del sofá. Sus manos se fueron hasta mi cintura y jaló la blusa para soltarla, metió sus manos y como un experto abrió mi corpiño, acariciando mi piel desnuda, unos jadeos vergonzosos se escaparon de mi boca. Sentí como levantó mi falda y tiro de mi ropa interior lo necesario para acariciarme la entrepierna, deslizo uno de sus dedos hacía mi parte más intima y no pude evitar sonrojarme al sentirlo tocarme de esa manera, había pasado tanto tiempo pero aún así él conocía cada parte de mi cuerpo y la manera justa de cómo tocarme para hacerme perder la razón. Mi respiración se aceleró inconcientemente, los gemidos se hicieron más fuertes y justo cuando estaba a punto de perderme en el placer que estaba sintiendo, se acercó a mi oído y me susurró.

— ¿Una de dos o estas demasiado desesperada o me crees de verdad muy estúpido? —exclamó deteniéndose en seco y me separé de él, esta vez no alcanzó a sujetarme la mano y la cachetada se estrello contra sus mejillas, se rió mientras se llevaba la mano al rostro y yo trataba de controlar mi respiración agitada, mis mejillas estaban ardiendo pero de furia, pena y verguenza.

— La desesperación es mala consejera mi amor —agrego caminando hacía la puerta del departamento, la abrió y luego me miró

— Búscate un abogado, nos vemos en la audiciencia el miércoles de la semana que viene —finalizó guiñándome el ojo, me ordené la ropa y camine para salir por la puerta pero no sin antes decirle un par de cosas.

— No vas a quedarte con Cameron y difícilmente podrías quedarte conmigo después de esto

— Tú fuiste la que vino aquí a "Ofrecerse" o que creías que luego de acostarte conmigo yo iba a quitar la demanda, no me gustan las sobras Bella —espetó furioso y salí de su departamento, camine unos pasos por el pasillo y cuando sentí el golpe de la puerta mis piernas flaquearon. Sentí que iba a caerme al suelo justo cuando el teléfono celular vibró, contesté casi ahogándome.

— ¿Bella? —agradecí escuchar aquella voz del otro lado de la línea.

— Podrías venir por mi por favor —le pedí llorando desesperada.

— ¿Vas a decirme que paso? —me preguntó preocupado mientras me daba un vaso de agua. Lo tomé y lo miré no tenía cara para decirle que había estado a punto de "acostarme" con Edward sólo para hacerlo desistir de que me quitará a Cameron. Tomé aire y lo mire

— Edward me demando

— ¿Demandarte? ¿Pero por qué? —me preguntó sorprendido

— Demando la custodia completa de Cameron —le explique y de pronto las nauseas ante lo que había estado a punto de hacer desesperada no se dejaron esperar.

Lo abracé intempestivamente y me puse a llorar descontroladamente, él me acaricio la espalda por varios minutos y estuvimos así hasta que eventualmente me calme

— No va a quitártelo, la tutela le corresponde a la madre siempre, cálmate no te hace bien que llores tanto —me pidió besando mi frente y era como todo lo contrario a lo que él fue en su momento. Me separé mirándolo a los ojos y lo besé irreflexibamente.

— Quédate conmigo esta noche —le pedí en un susurró y sentí como Jacob me separó, gentilmente pero decidido, de su cuerpo. Sus ojos negros estaban brillantes, y una sonrisa un tanto tímida se dibujo en sus labios.

— No, Bella… esto no está bien —hizo notar tan sereno pero decidido — No estoy aquí para ocupar el lugar de nadie, sí me acerque a ti nuevamente no fue porque me interesará volver a ser tu pareja —explicó y entonces sus manos grandes y cobrizas se posicionaron una a cada lado de mi rostro, su mirada se hizo profunda — Te quiero, de verdad que te quiero pero no en la manera en que tu necesitas, siempre ocuparás un lugar en mi corazón… fuiste y serás alguien tremendamente especial para mí pero yo no te amo —y entonces enterré mi rostro en su cuello.

— Otra vez estoy lastimando a la gente que supuestamente amo… perdóname —murmuré entre sollozos.

— Tienes que dejar de hacerte daño Bella, las cosas no se arreglarán mientras ustedes dos no dejen el orgullo de lado —advirtió aún sosteniendo mi cuerpo entre sus brazos.

Jacob tenía razón, me había sentido lastimada y había iniciado una venganza, cuya única y principal víctima había sido siempre yo.

— Smith y asociados Buenos días ¿En que puedo ayudarla?

Escuche y dude ¿Tal vez ella era su abogada?, después de todo eran amigos. Pero no tenía a quién más recurrir prefería que fuera alguien a quien conociera a contarle toda mi vida privada a un extraño.

— Jessica Stanley por favor

— ¿Quién la llama?

— Isabella Swan, soy una amiga

— Momento por favor

Y como odiaba la música tradicional de cuando uno espera. Estaba distraída mirando la notificación cuando su voz sería me trajo de regreso a la tierra.

— ¿Bella?

— ¡Jessica!, tanto tiempo

Le dije nerviosa y no estaba segura si era buena idea.

— Si tanto tiempo casi tres años ¿no?, me sorprendió que me llamarás, cuando mi secretaria me dijo tu nombre pensé que era una broma pero veo que no es así ¿Cómo esta Cameron?

— Bien, él… está bien…grande… ¿estás ocupada?

— No, tenía que hacer un par de cosas pero no te preocupes, ¿en que puedo ayudarte?

— ¿Podríamos juntarnos a almorzar?

— Claro ¿hoy?

— Si me urge hablarte pero antes tengo que preguntarte algo

— Claro dime

— Edward… ¿él no te ha llamado?

— No, de hecho con Edward no nos vemos desde la Navidad, estuve de visita en la casa de mis padres y tu sabes nuestros padres son amigos, bueno allí lo vi en la fiesta de navidad ¿Por qué? ¿Paso algo?

— Entonces necesito que seas mi abogada, Edward esta demandando la custodia completa de Cameron

Le explique y ella se quedo callada por unos momentos.

— Te espero en mi oficina en dos horas.

— Mmm... por qué será que no me sorprende —me dijo luego que escucho mi historia y después de leer la demanda. — Los hombres son tan predecibles —agrego sentándose en su escritorio, se recargó contra el respaldo y me miró

— ¿Quieres que él vea a Cameron o quieres quitarle todos los privilegios que tiene hasta ahora?

— ¿Cómo? ¿Podría? —pregunté aturdida por tanta información repentina.

— En esta vida todo se puede, es cosa de saber probar. Ahora dime, en que situación estamos con Edward, ¿de amistad o enemistad profusa?

— Solo quiero que sigamos con el acuerdo que teníamos, no me molesta que lo vea y que lo tenga en las vacaciones pero no voy a ceder la custodia completa, mi hijo tiene que vivir conmigo

— Bien, ahora dime ¿Sabes de algo que podamos utilizar?

— ¿Algo como qué?

— Bella, él sacará todo y cada uno de tus errores durante esa audiciencia, la única manera que le den la custodia completa es que logre acreditar que tú eres una madre incompetente ya sea económicamente o moralmente hablando, me explicó. No puede decir que estas loca porque evidentemente no lo estas, no puede decir que tiene mejor situación económica que tu porque están parejos y según veo tu situación esta a punto de cambiar por tu nuevo contrato así que lo único que queda es hacerte parecer una mujer moralmente reprochable

Me dijo y en ese minuto recordé algo y que agradecí infinitamente que mi madre no me hubiera hecho caso cuando le pedí que lo dejara tranquilo. Asentí y Jessica me miró con la sonrisa en el rostro.

— Creo que mañana es un buen día para almorzar con mi amigo de toda la infancia

Me dijo y sus palabras me tranquilizaron, al menos tenía una esperanza.

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Hello mis angeles hermosos aqui estoy de nuevo con ustedes dejandoles su vicio las amo mil besitos a todas
Angel of the dark


 

jueves, 20 de enero de 2011

Pecados Carnales

Capítulo 18. Quédate Conmigo

No te puedo comprender

Corazón loco

Yo no me puedo explicar

Como los puedes amar

Yo no puedo comprender

Como se pueden querer dos hombres a la vez

Sin estar loca

Como me chocaba esa canción y mi hermana parecía disfrutarla, le subió el volumen todo el trayecto a la casa de los padres de Edward, y la cantaba a todo pulmón. Emmett me miraba de reojo por el espejo retrovisor y cuando notó que la expresión de mi rostro se iba convirtiendo en un enojo fulminante cambio la estación de radio dándole una mirada de regaño a su esposa.

- ¿Qué… no he dicho nada que no sea verdad? –se defendió mi hermana con un tono inocentón y él puso sus ojos en blanco, estaba bastante molesto por la actitud que había adoptado mi hermana.

- ¡Ya basta! –reprendió enojado - no pasarán la navidad enojadas.

Agregó mientras doblaba para tomar la calle donde se ubicaba la casa a la que íbamos. Estaciono el auto a un par de metros, nos bajamos y yo seguía que quería ahorcar a Ángela.

- ¿Te comportarás? —me preguntó de refilón cuando coincidimos al bajarnos, la mire un tanto sorprendida ¡pero qué demonios se imaginaba! — al menos que la Navidad no la pasemos en un hospital — agregó y di un pequeño grito en frustración. La miré con furia y luego cruce la calle sin esperarla para tocar el timbre de la casa de los Cullen.

- ¡Oye espéranos! —Grito Ángela, tomando de la mano a Emmett para alcanzarme.

Justo cuando apreté el timbre ellos ya estaban parados a un costado de mí. Me arreglé la ropa y la puerta se abrió solo para encontrarme con esos ojos verdes que tantos estragos habían causado en mi vida.

- ¿Tú? — preguntó desconcertado — ¿Qué haces aquí? — balbuceo y mi hijo que estaba detrás de él se abalanzó a mis brazos interrumpiéndolo con un grito de alegría.

Su madre que venía caminando por el pasillo lo adelantó para saludar a Emmett.

- ¡Qué bueno que ya llegaron, ahora si estamos listos para cenar! –exclamó contenta mientras saludaba - Pasen, pasen. Emmett tanto tiempo sin verte, como has crecido ó Esme haciendo pasar a mi hermana con su marido.

Yo me quede en la puerta con mi hijo en brazos y con los ojos verdes clavados en mí, sin decir nada, nos estábamos contemplando, en realidad Edward estaba examinándome con la mirada, logró su objetivo, ponerme nerviosa, sin mirarlo directamente le hablé.

- ¿No vas hacerme pasar? —pregunté temerosa de su reacción.

Miré el rostro de mi pequeño angelito, y entonces frente al silencio me atreví a mirarlo a él, en ese minuto me percaté que, estaba mirando hacia atrás mío, cómo buscando algo.

- No lo sé, dímelo tú, ¿Tu novio te dio permiso para entrar a mi casa? —preguntó sarcástico.

Me pillo de sorpresa, me quede muda, sintiendo los deditos de Anthony enrollarse en mi cabello, estaba jugando divertido, ajeno a la conversación que sosteníamos su padre y yo. Cavilé por unos segundos mientras pensaba que decirle, cuando Alice que se había acercado fue la que contesto por mí.

- No seas payaso y córrete o ahora quieres provocarle un resfrió, ¿que no te basto con la contusión? –soltó mordaz.

- Tienes razón — convino él sonriendo burlesco — hoy no contamos con la presencia de Super Jake para que salve el día ¿no? —concluyó su voz estaba cargada de rabia e ira contenida, se hizo a un lado desafiante haciéndome un gesto con la cabeza para que entrará.

- No es necesario ser soberbio —murmuré entre dientes, él cerró la puerta de un portazo que llamó la atención de todos, incluido, mi hijo que me miró un tanto asustado.

Esme desvió su mirada dulce hacía su hijo, reprendiéndolo mientras él se abría paso entre nosotros sin decir ni media palabra. Alice sacudió su rostro dándome una pequeña palmadita en el hombro.

— Se le pasará… es su berrinche anual —exclamó tratando de hacerme sentir bien.

Edward subió las escaleras ofuscado, no había que adivinar aquello, su rostro lo decía todo. Nos dejo en la mitad del pasillo, mirándonos confundidos por su actitud, su madre con una mirada incomoda trato de persuadir los ánimos para volver a poner el tono alegre a la celebración. Miró al resto de los presentes y fue allí que me percaté que estaba la otra hermana de Edward junto a su novio al parecer.

- Bueno – señaló Esme sonriéndose nerviosa - ¿Alguien quiere ponche? – preguntó tratando de suavizar el ambiente. Nos miramos todos hasta que un señor, casi de la misma edad que ella y de unos impresionantes ojos turquesas se aproximo a mí.

- ¿Anthony no vas a presentarme a la bella dama que te acompaña esta noche? — inquirió en un susurró cariñoso a mi hijo acariciando sus cabellos dorados, esté se rió avergonzado y yo me sonreí nerviosa sentí mis mejillas ardientes producto de la timidez. El hombre, que a esta altura, me imaginé era el padre de Edward concentró su vista en mí, su mirada era tan profunda como la de él — Al fin conozco a la causante de tanto embrollo familiar, soy Carlisle el padre de Edward –expresó cálidamente extendiendo su mano hacía mí a modo de saludo, yo la estreche y me acerco hasta su mejilla – Debes disculpar a mi hijo, desafortunadamente heredo un rasgo de mí un tanto indeseado, lo impulsivo es uno de mis peores defectos, los Cullen defendemos lo que es nuestro —agregó dándome una sonrisa ladina, idéntica a la que me había cautivado.

Estuvimos en la sala de la casa de los Cullen platicando mientras Esme y Rosalie, la otra hermana de Edward preparaban los detalles en el gran comedor. Alice me contaba de su vida estos cuatro años que nos habíamos perdido hasta que sentí la voz de Esme llamar a Edward para que se dignara a bajar al tiempo que nos invitaba a pasar a la mesa.

Volvimos a coincidir justo a la entrada del comedor, como dos verdaderos imanes unidos incapaces de sobrevivir el uno sin el otro, Edward llevaba de la mano a mi hijo cuando me vio lo alzo en brazos, sin decir nada se adentro a la mesa y sentó a Anthony en una silla para bebes que estaba puesta cerca de está al costado izquierdo de la habitación, cerca de unos enormes ventanales. Se sentó a su lado, Esme nos indico nuestros puestos, a mí y a mi familia en el lado contrario; yo estaba por sentarme frente a la posición de ellos, y Alice al lado opuesto de Edward, en el lado vacio junto a mi hijo cuando esté comenzó a chillar.

- ¡Noooo! — gritó furioso, igual que Edward hacía un rato atrás — ¡Tú nooo! –gruñó poniendo sus manos para detener a su tía - Mami –exclamó extendiendo sus manos hacía mí, sus ojos brillaban de la ansiedad que tenía, se me contrajo el estomago un tanto nerviosa.

Edward quiso poner un pequeño plato en la mesa de la silla, para distraerlo, pero mi hijo con el entrecejo fruncido, lo corrió gruñendo, hizo una mueca, y se sintió un gemido ahogado, se venía el berrinche inevitable.

- Hijo… compórtate… estoy aquí a tu lado —le susurré pero Alice se paró extrañamente entusiasmada por la reacción que estaba teniendo su sobrino.

- ¡No por favor! llevo años haciendo esto. Encantada te cambio el puesto — exclamó ya a mi lado, me obligo a caminar hasta el otro extremo de la mesa, sonreí a todos un tanto incomoda, Edward puso sus ojos en blanco tomando un sorbo de agua de la copa que tenía enfrente – tú no sabes lo que te espera –informó riéndose entre dientes mi "cuñada" – hasta ahora has conocido el lado positivo de tu hijo, el que heredo de ti por supuesto, ahora vas a conocer el lado que heredo de mi familia — aclaró divertida por la actitud de su pequeño sobrino.

Miré a Ángela, que enarco una ceja y Emmett sacudió su cabeza como sabiendo a lo que se refería Alice. Todos los demás tomaron sus puestos alrededor de la mesa mientras yo me resignaba a mi nueva ubicación, a un lado de mi hijo, a un cuerpo de distancia de él.

Yo evitaba mirar a Edward pero era inevitable hacerlo al mirar a mi hijo, pues Edward estaba a su lado. De repente contestaba preguntas que me hacía Carlisle entusiasmado por mi conocimiento sobre teología. Estaba contestando las preguntas cuando de pronto mi hijo se levanto de la sillita donde se encontraba y tomó entre sus manos mi copa de agua que estaba sobre la mesa.

En una reacción refleja tanto Edward como yo tratamos de tomar la copa que mi pequeño hijo pasó a llevar cuando arrastro la mía hacía él. Este gesto provoco la risa de Rosalie y Alice, nuestras manos chocaron torpemente, nos miramos, yo me sonroje y él tosió incomodo, la risa furtiva de sus hermanas fue apagada por la mirada molesta del padre de familia. Alice carraspeo tratando de contenerse y yo suspiré alejando mi mano de las de Edward, que siguió comiendo como si nada. Mi romeo personal permaneció en un silencio sepulcral durante toda la velada.

- Ufff... tanto silencio, parece que a alguien le comieron la lengua, o debo decir la mandíbula.

Intervino Rosalie burlesca mientras le pasaba la canasta de pan a Ángela. Ambas se rieron y fui yo la que acalló la risa de mi hermana con la mirada fulminante que le propine. Esme me miró y se sonrió sacudiendo levemente su cabeza. Tomé aire pensando que tal vez no había sido tan buena idea haber ido después de todo. Estaba distraída mirando hacía el ventanal frente a mí, cuando Anthony por quinta vez se levantó de la silla para agarrar ahora la copa de su abuela que estaba a la mitad de la mesa, se empino apoyando una rodilla en el borde de la mesa y con la otra mano iba a agarrar su objetivo cuando Edward perdió la paciencia frente a nuestro inquieto retoño.

- ¡Anthony, ya basta! —le gritó enérgico un tanto desesperado y frenético, lo tomó entre sus brazos sacudiéndolo para volver a sentarlo en la silla de golpe. Lo miré asustada al igual que mi hijo y no supe si decirle algo o quedarme callada pero el llanto de Anthony rompió el tenso momento. Lo tomé entre mis brazos para hacerlo callar. En ese minuto Carlisle se levanto de la mesa con una extraña mirada.

- Eso si que no — amenazó mientras dejaba la servilleta sobre la mesa dirigiéndose directamente a Edward que lo miró — no toleraré arrebatos en mi casa contra quién no tiene la culpa de tus errores — le advirtió su padre y yo me quede de una pieza.

- Dame, yo lo haré callar, sigue cenando — me sugirió pero para mi fue como una orden, así que sin chistar me senté nuevamente entregándole a mi hijo.

Noté como Carlisle le seco las lágrimas a Anthony miró a su esposa y luego salió con mi hijo en brazos hacía la sala de estar, Edward se sentó sin decir nada de hecho nadie más dijo nada al menos, durante algunos minutos. Una tímida conversación comenzó al cabo de unos minutos de silencio entre Emmett y Esme como para distender los ánimos.

Terminamos de cenar y pasamos de vuelta a la sala, Anthony ya estaba calmado y risueño como antes, Edward con una cara de dos metros, su padre divertido con nosotros y hablándome otra vez sobre teología, estaba sentada en el sillón cuando mi pequeño hombrecito cansado de jugar se me acerco.

- ¿Cuándo vendrá Santa Claus? —me preguntó ya bostezando, lo subí a mi regazo y le susurré al oído.

- No vendrá hasta que te duermas, visita las casas cuando los niños están dormidos —le comenté y no parecía tan convencido de ese hecho.

Me di cuenta que contrario a su edad, mi pequeño gran hombre, era demasiado perceptivo y no se dejaba engañar fácilmente, estuve platicándole de cómo llegaba Santa Claus y dejaba los regalos, haciéndole cariño en la espalda hasta que se durmió apoyado en mi pecho con su carita en mi hombro. Estuvo así largo rato, porque yo seguía conversando con Carlisle. Por su parte Edward me miraba fulminante desde el otro lado de la habitación, estaba sentado en un sillón alejado de las conversaciones, retraído observando la interacción de ambas familias.

- Creo que será mejor que lo vayas a acostar —me sugirió Carlisle, al cabo de unos largos minutos y yo coincidí. Apenas me incorporé en el asiento para levantarme, Anthony se despertó y comenzó a protestar somnoliento.

- No… Mami –dijo en un murmullo abriendo sus ojitos lo miré con ternura — yo quiero ver a Santa Claus — gruñó mientras se pasaba la mano por los ojos. Me sonreí al ver que era tan terco como su padre.

- Lo verás mañana, lo prometo —le traté de engañar pero él estaba muy decidido a que no fuera así.

Me volví a sentar para que volviera a quedarse dormido. Esta vez el padre de Edward no me atosigo con preguntas sino que ataco a Emmett. Al parecer Medicina era otra de sus ramas favoritas. Estaba sentada cantándole a mi hijo al oído, mientras mi mirada estaba fija en Edward que permanecía sentado en el sillón del otro lado, retraído sin decir nada. Nos miraba a ambos. Iba a ser la una y media de la madrugada cuando Ángela se levanto de donde estaba y se acercó a mí.

- Creo que es hora de irnos —anunció acariciando los cabellos de mi hijo y yo me entendí el mensaje. Tenía que llevar a Anthony arriba para acostarlo e irme con ellos. Me levanté pero de nuevo mi pequeño retoño se despertó cuando estaba a punto de poner un pie en las escaleras para subir al segundo piso.

- ¡No mami, no! — suplicó sollozando y a mi se me partía el alma pero no podía llevármelo ni quedarme con él.

- Anthony, hijo tienes que dormir -insistí

- Tu mamá tiene que irse, no seas fastidioso — le reprendió Alice, tratando de tomarlo pero mi pequeño se enterró en mi cuello, largándose a llorar de plano, estaba hasta ahogado con el llanto profuso que estaba dando.

- No te vayas —exclamaba entre sollozos — duerme conmigo — pidió y como me hubiera gustado complacerlo pero considerando la situación y el rostro desfigurado de Edward por el comportamiento de su hijo, entendí que no era bueno tentar al destino nuevamente, no era buena idea ni siquiera pensarlo.

- Vendré mañana y abriremos los regalos juntos —le prometí haciendo que me mirará pero él rehuyó y el llanto fue mayor.

- ¡Noooo! Yo quiero que duermas conmigo —protesto y se largo a llorar desconsoladamente. En eso Esme intervino.

- Ya no lo hagan llorar que terminaremos navidad devuelta en un hospital ahora por el tercer integrante de la familia — anunció disparando mi ansiedad — Bella si tú quieres puedes quedarte, ocupas el cuarto de Edward para que duermas con Anthony y estoy segura que Alice cederá su cuarto gustosa para su hermano —sugirió ella mirando a su esposo que asintió con una sonrisa en el rostro, la que no estuvo tan de acuerdo fue Alice que miró a su madre un tanto horrorizada.

- ¿Por qué el mío y no el de Rosalie?. Ella tampoco dormirá aquí —protesto ella y yo intervine

- Muchas gracias Esme pero no es necesario —exclamé mirando a Alice — Me quedaré con él hasta que se vuelva a dormir y luego me iré. Tomaré un taxi — concluí desviando mi mirada ahora a mi hermana

- ¿Segura? — me preguntó esta con los ojos que se le cerraban.

Pero no tenía alternativa. No podía dejarlo en ese estado, ya le había hecho daño en el pasado, no quería hacerlo ahora quería en parte compensar mi ausencia con recuerdos felices no amargos, tampoco podía quedarme bajo el mismo techo que Edward, así que era buena alternativa permanecer hasta que mi pequeño hijo se durmiendo y luego me iría. Sonaba como un buen plan. Asentí y finalmente mi hermana y su marido se fueron. Subí las escaleras conducida por Alice que me indicó cual era el cuarto de Edward, abrió la puerta y me quede impresionada con lo que vi.

Era una mezcla de un cuarto de un soltero con una cuna como broche de oro al medio. En realidad estaba al costado de la cama de dos plazas pero aún así me sorprendió, mirar su cama me hizo acordarme de la mujer con la que lo había visto en las fotografías y se me revolvió el estomago al imaginármelo con ella en la cama.

Ahogue ese fantasma, desviando mi atención en el rostro de mi hijo. Entre y senté a Anthony en el borde de la cama, estaba que se caía del sueño pero aún así no daba su brazo a torcer y luchaba fieramente por permanecer despierto, no despegaba sus ojitos de mí como si tuviera miedo a que me desapareciera. Le saque la ropa y le puse el pijamas, y abrí la cama de Edward para acostarlo ahí. Sería más fácil hacerlo dormir en esa cama que en la cuna. Luego él lo pasaría a la cuna por si no quería dormir con el niño. Me quede cantándole, recostada a su lado y haciéndole cariño en el pelo hasta que se durmió. Pero no era fácil de roer porque cada vez que me levantaba de la cama y me separaba de su lado se despertaba mirándome temeroso.

- Duérmete mi niño no voy a irme —susurré mientras el entrelazaba sus deditos en mi pelo, confiando en mis palabras.

Se acomodo pegado a mi cuerpo, yo cerré mis ojos porque me comenzó a vencer el sueño. Desperté asustada por el sollozo de alguien y pensé que era Anthony, pero al tocar la cama a mi costado, donde se supone estaba él, me di cuenta que no había nada, excepto un lado vacio y frío. Estaba el lugar que había ocupado mi hijo pero estaba helado. Levanté mi vista presurosa y divise su cuerpo en la cuna, estaba durmiendo de espaldas y se podía ver su pequeño y frágil cuerpo alzar y descender con cada respiro que daba, fue mi turno de respirar aliviada, la aprehensión se difuminó en segundos pero fue ahí que me percaté que el sollozo provenía del suelo.

Gatee por la cama y le advertí, sentado en el suelo a un costado de la cuna, apoyado contra el faldón de su cama. Cuando se percató que había despertado se paró huyendo de mí.

- No quise despertarte —murmuró y era evidente que estaba llorando. Me quede anonadada. Edward estaba llorando, ¿por mí?.

- ¿Estás llorando? —le pregunté con un hilo de voz, sorprendida, él se puso a la defensiva como era de esperarse.

- Estoy resfriado, es romadizo —contestó esquivando el haz de luz que se colaba por la ventana de su habitación, y que iluminaba tenuemente el lugar.

- Edward yo — intenté hablar pensando en que, después de todo teníamos una conversación pendiente, producto del incidente, y ahora que las cosas estaban un tanto más calmadas, pensé que era el momento para hacerlo, iba a disculparme pero él me interrumpió.

- Me lo merezco, yo fui quien te orillé a esto —dijo echándose la culpa y se me apretó el corazón al recordar su huida con mi hijo recién nacido aquel día— Merezco que tu no me ames, que hayas rehecho tu vida — continuó y su voz se quebró, tomó aire ladeando su rostro hacía un costado, quise correr hasta él pero me contuve — ¿Como pude pensar que me esperarías eternamente?, que estarías sola después de cuatro años —cuestionó ahogado acercándose hasta el haz de luz, su voz era ronca, cuando su rostro se iluminó, noté como las lágrimas corrían por sus mejillas haciendo que un pequeño y sutil brillo iluminará su rostro en la oscuridad.

- Tú también rehiciste tu vida —discutí y él se rió con tristeza.

- Tanya es la madrina de Anthony, no es mi novia ni mi prometida ni vamos a casarnos como piensas —desmintió en un susurró.

- Salio publicado en los diarios — rebatí

- En los diarios salen muchas cosas y no todas son verdad –aclaró él.

Y a mí se me seco la boca, me quede pensando en lo que estaba diciendo, mi corazón comenzó a latir fieramente, desbocado, una ilusión se clavo en mi corazón y en mi alma. Se sentó en el borde de la cama con un aire derrotado y otro tanto cansado, Edward estaba cediendo, estaba dándose por vencido, estaba diciendo hasta aquí lo que me provoco una tristeza incomparable, él ya no lucharía por mí. Yo estaba hincada a unos centímetros de su posición, tratando de decidir qué hacer, si acercarme o permanecer donde estaba. Miré a mi hijo y luego a él. Y opte permanecer donde estaba, a pesar que tenía el corazón en la mano producto de su actitud.

- Esto no es sano para ninguno —exclamó en la penumbra pero antes que pudiera continuar yo lo interrumpí.

- Con Jacob nunca ha pasado lo que tú piensas, él y yo —exclamé para aclararle la verdad pero mi voz se silencio producto del miedo, tomé aíre para continuar – es… era mi psiquiatra, así lo conocí, fue quién me recibió el día que…. – mi voz se apago en contra de mi voluntad, sin poder terminar la frase ¿el día qué que?… un recuerdo que no sabía tenía inundó mi mente, como recuerdos borrosos que de pronto, se hicieron claros y fuertes horrorizándome… mi mirada se perdió en el vacío.

— ¡Te odio! — grité con ira y rabia.

Sentía la adrenalina fluía por mis venas y en cuestión de segundos mi vida giró por completo, cambio para nunca más volver a ser igual.

Mi mente estaba enceguecida por todos los sentimientos que confluían en mi pecho y por la verdad que había escuchado hacía cuestión de segundos, de la boca de mi sangre, de quién me había dado la vida, de quién ahora me la había quitado.

Mi propia madre había confabulado en mi contra, y había entregado en bandeja de plata a mi hijo a su padre, ahora entendía muchas cosas, ahora por fin había entendido su actuar.

— No Bella, no — exclamó el padre Alfonso y sentí como mi cuerpo comenzó a temblar sin control, por mi mente comenzaron a desfilar todos los recuerdos de mis momentos más felices con Edward.

Recordé aquel día en mi dormitorio cuando me había enterado que estaba embarazada, aquel día cuando había tomado una nefasta decisión, aquel día cuando salí del baño tras haber cometiendo la estupidez más grande que jamás podría haber hecho en toda mi vida.

Algo de lo cual me arrepentía con cada respiro que daba, yo había tomado una mala decisión pero ¿Pagaría el precio toda mi vida?.

Así parecía, a manos de mi madre y con su ayuda, Edward, el hombre que supuestamente me amaría por siempre había cobrado venganza.

— ¡¿Bella? — exclamaron dos personas, o ¿eran tres? Pero una voz se apago.

— ¡Mírame! — conminó una voz de las tres, ronca, era de un hombre, alce mi mirada perdida en el horror de la confusión — Todo va a estar bien… mi pequeña mírame! —me pidió y la voz conformó un rostro, uno dulce y sereno, era el padre Alfonso pero su voz era lejana, en primer plano estaba el grito y el llanto de alguien más que no era yo.

Este recuerdo yo lo tenía pero era distinto, no era igual al que estaba conformándose ahora, ¿Cómo no me di cuenta?, me pregunté mentalmente examinando aquel recuerdo, aquellos sentimientos vividos.

Aquella noche, asustada como estaba, giré mi rostro hacía un lado y miré el rostro de mi hermana que se abalanzaba hacía donde yo estaba con la cara desdibujada por el susto y la sorpresa, su carrera era lenta, extrañamente distorsionada por mi percepción.

— ¿Bella? —me llamó por segunda vez y mi rostro se fijo en los ojos de aquel hombre sensato y que había ocupado en parte, el lugar de mi verdadero padre, como extrañaba a Charlie, cómo deseaba hubiera estado allí. Esto jamás hubiera pasado, si él hubiera estado aquí.

— No — dije y miré mis manos, entre ellas tenía un marco antiguo, siempre estaba puesto en una mesa de arrimo, era de metal, pesado, viejo, tenía colocada la fotografía de mi familia: mi hermana, mi madre, Charlie y yo.

Los cuatro sonriendo, nosotras dos pequeñas, una realidad lejana, una que hubiera deseado con todas mis fuerzas que hoy estuviera real.

— Yo no quise hacerlo —me defendí soltando el pesado objeto de mis manos, enterrando mi rostro entre mis delgadas y temblorosas manos.

— Lo siento… lo siento — agregué alejándome de donde estaba parada, cubrí mi cuerpo contra la pared, me agache apoyándome en el suelo, un gran peso cubrió mi pecho, era un hueco, que punzaba en el medio de mi pecho y que no me dejaba respirar, desvié mi vista por el suelo, y con horror entendí que mi destino había sido marcado por el ruina al ver el cuerpo de mi madre tirado en la mitad de la sala de estar de nuestra casa

— Lo siento — balbucee y perdí la noción de la realidad.

— ¿Bella?

Sentí las manos tibias y tersas, un suspiro ahogado se escapó de mis labios entreabiertos. Cuando volví a la realidad, dos orbes escarlatas, ansiosas y un tanto temerosas estaban esperando…

— ¿Bella? —me llamó y cerré mis ojos, un par de lágrimas corrieron por mi rostro sin control — ¿El día que qué? —insistió aferrando sus manos a mis brazos, sentí una ligera presión de sus dedos contra mi piel. Se acomodó frente a mí. Su rostro estaba cercano al mío. Desvié mi mirada hacía un costado, miré hacía la cuna, donde se encontraba mi pequeño hijo, durmiendo de manera angelical, mi estomago se contrajo, mis tripas se hicieron un nudo. Me quede pensando en cómo hablar, en que decirle, hacía segundos atrás mi versión de los hechos era otra, una distinta, una mentira creada por mi mente, ahora había recordado algo que siempre había estado allí, algo de lo cual hoy me arrepentía profundamente, pero con cierto dejo de nostalgia también agradecía, suspiré tomando aire.

- ¿Él día qué? — preguntó acercándose aún más, su ansiedad lo traicionó — ¿qué hiciste? —inquirió con pánico en la voz.

- Nada — contesté saliendo del transe — no hice nada… fue el día que decidí irme al convento — agregué diciendo una mentira que había repetido por muchas veces, que yo creía verdad hasta hacía unos segundos — El padre Alfonso insistió en que me evaluará un psiquiatra para aceptarme —le contesté esquivando la pregunta.

Nos quedamos quietos, él bajo la mirada, aun sosteniéndome por los brazos, al cabo de unos segundos me soltó y nos quedamos mirando de nuevo, había un silencio y el único sonido que lo interrumpía era la respiración de nuestro hijo.

- ¿Tú lo amas? — me preguntó de repente con temor. Dudé, aún tenía el recuerdo encontrado en mi mente, y me era difícil coordinar mi verdad, era cierto que yo no lo amaba como lo había amado a él pero si había un sentimiento profundo hacía Jacob.

No sabía si era amor, gratitud o cariño, pero había algo. En el fondo de mi corazón había algo que crecía a cada minuto, que hoy había adquirido otra connotación. Guardé silencio y deslice mis dedos por la colcha escapando de aquella realidad, en ese minuto miré mi reloj y me percaté que ya eran casi las cinco de la madrugada.

- Será mejor que me vaya — anuncié parándome, un tanto confundida, de la cama pero él me detuvo.

- Quédate por favor ya es tarde y hace frío —pronunció sin quitarme sus ojos de encima, baje la mirada un tanto avergonzada y nerviosa — mi madre jamás me perdonará que te deje ir a esta hora — continuó con la voz aterciopelada y dulce, cargada de cierta emoción y sentimiento — Dormiré en el cuarto de Rosalie si es lo que te preocupa —concluyó en un susurró soltándome la mano, nuestros dedos se rozaron y en ese minuto fui yo la que la sostuvo impidiendo que nuestras pieles se separaran, me miró confundido por mi actitud.

- Podrías… simplemente… abrazarme mientras duermo —le pedí en un susurró y el asintió, quería sentir sus brazos sosteniéndome contra su cuerpo una última vez, para empaparme de él y calmar a mi corazón desecho por este amor maldito que estaba destinado a no ser. Vestidos nos recostamos en la cama y me tapo con la colcha como siempre lo había hecho, de manera caballerosa y cuidadosa, me aferró a su cuerpo como lo había hecho la noche anterior y nos quedamos así, durmiendo abrazados, sin decirnos nada.

Mi corazón estaba en paz, pero cuando a mi mente vino el recuerdo del hombre que me había ayudado cuando más lo había necesitado, se apretó: Jacob susurré en mi mente. No sabía por quien decidir.