Dark Chat

jueves, 30 de diciembre de 2010

Pecados Carnales

Capítulo 15: Culpas no resueltas


Entre a la casa de mi hermana Ángela por la puerta trasera y tratando de no meter ruidos, no quería que se enterara de mi desliz y no estaba preparada para la sarta de preguntas que seguro me haría si se percataba que yo no había dormido en su casa. Estaba a punto de pasar la puerta de la cocina para subir por la escalera y lograr salir airosa cuando su voz me hizo detenerme en seco.

- ¡Buenos días cenicienta!

Exclamo con la picardía en la voz y me acordé de cuando éramos unas niñas y me descubría haciendo algo malo, alzo la cabeza dejando ver su cuerpo tapado por la puerta del refrigerador que estaba abierta, entre sus manos traía leche y frutas.

- ¿Disfrutaste de tu noche?

Inquirió sarcástica y en sus labios se dibujo una risa perversa, se acercó a la cocina y la encendió puso sobre la cocinilla la tetera para luego girarse hacía mí. Se quedo mirándome unos segundos, examinando mi apariencia, al cabo de unos segundos tomó entre sus dedos un vaso de jugo y estaba claro que esperaba mi confesión, la que no llego, a cambio sólo la miré de la misma forma que ella, examinando sus gestos y me encogí de hombros sutilmente.

- ¿No vas a contarme?

Presionó a la espera de mi cambio de opinión, fue entonces, cuando me acerque resignada y me senté en unos pisos detrás de la barra de la cocina justo frente a ella y tenía claro que no iba a importar que dijera o que hiciera ella no me dejaría en paz hasta que le contara la verdad, el problema era que contar la verdad era complicado — ¿O tal vez yo lo estaba haciendo complicado? —tomé el jarro de leche que estaba puesto en la mesalina y me serví.

- ¿Contar qué?

Respondí finalmente evadiendo directamente su pregunta y lo hice principalmente por que no quería que se enterara que había pasado la noche con Edward, menos de esa manera en particular, ya bastante tenía con haberme confundido yo para sumar los reproches que con justa razón me haría Ángela y además no sabía que decir exactamente porque ni yo tenía claro en que términos habíamos quedado finalmente.

- No te hagas, fuiste a dejar a tu hijo anoche a las siete de la tarde y vienes llegando a las once y media de la mañana del día siguiente ¿Te lo dibujo con monitos? –reclamó irónica con una sonrisa fingida.

- Para tu tranquilidad no paso nada si es eso lo que quieres saber —le contesté quitando mi vista de sus penetrantes ojos negros.

- ¿Segura?, ese brillo que tienes en los ojos solo lo he visto hace muchos años atrás, te recuerdo ¿por quién? -cuestionó dándome esa mirada inquisitiva que tanto odiaba en las personas.

- ¡Ya esta bien! – concedí —pase la noche en el departamento de Edward, satisfecha —solté exasperada por el interrogatorio al cual estaba sometiéndome.

- Sabía que esto iba a pasar ¿Qué no podías simplemente mantener tus piernas cerradas? —grito enojada y la furia se apoderó de mí, me levanté de la silla irreflexivamente me quede estatica mirandola a los ojos

- No me faltes al respeto —gruñí conteniendo mi instinto porque en parte ella tenía razón, acostarme con él no iba a sanar las heridas sino que todo lo contrarío, lo complicaría todo mucho más.

- ¡No paso nada! —insistí y casi me lo creí yo misma.

- ¿Piensas que voy a creerte? —me contesto de vuelta ahora un poco molesta por mi actitud para con ella y los secretismos.

- Puedes creer lo que mejor te plazca —contesté en un suspiro frustrado y camine hasta la puerta.

- Eso es lo mejor que haces, evadir, porque pensé que ahora sería distinto —reclamó y me detuve en el umbral de la puerta, no quería terminar enojada con mi única familia en vísperas de navidad.

- Él no se lo merece, si quieres volver con tu ex al menos hazlo de frente sin mentiras.

- ¿De que estas hablando? —le pregunté curiosa y confundida pero aún no entendía la metáfora de clarar mi vida, que más podía aclararla de lo que ya estaba.

- De esto – me dijo alzando la voz, tomó mis hombros y me giró en mi posición.

Lo siguiente que noté me dejo helada, sentí un balde de agua fría recorrer mi cuerpo cuando advertí frente a mi aquellos ojos negros contemplándome, fueron como un puñal partiendo mi corazón en dos.

- Jacob – articule en un susurro.

El hombre frente a mí me sonrió con una dulzura que mi seuda traición cayo de plano como un peso en mis hombros.

- Ahora si te quiero ver evadir esto - Me susurró Ángela molesta. Nos miró a ambos que seguíamos impávidos, él mirándome como si nada y yo mirándolo aterrada.

- Bueno los dejo, que pasen una bonita mañana. ¿Mi marido Jake?

Le preguntó mi hermana antes de salir para dejarnos solos.

- Acaba de subir

Le respondió esté sin quitarme la vista de encima. Tenía sus ojos clavados en los míos y yo sentía mis mejillas arder en furia por el rubor que seguro las inundaba - Qué iba a hacer ahora -pensé frenética.

- Te espere anoche… pero tu…

Comenzó a decirme Jake y de pronto recordé la cita que habíamos acordado - Maldición debo anotar las cosas sino más tarde que pronto quedará la crema -pensé mientras seguía sin poder articular palabra alguna. Respiré buscando que decir pero simplemente nada coherente se me ocurría distinto a la verdad absoluta.

- Lo sé, disculpa. Se me hizo tarde, Anthony no quería dormirse

Balbucee sin sentido al cabo de unos segundos apartándome unos centímetros de su cuerpo.

- ¿Se despertó?

Me preguntó confundido y aquí estaba otra vez descubierta - ¡Oops! De verás que estaba con él cuando Anthony se quedo dormido y decidí ir a dejarlo al departamento de Edward. ¡Eres una muy mala mentirosa!, ¡Rápido piensa! -me dije a mi misma aún perdida en esa mirada hipnotizadora.

- Sí… tu sabes el movimiento del auto –concluí vagamente mientras él me acorralaba contra la mesa de la cocina, puso cada uno de sus brazos a cada costado mío y se acerco con su cuerpo, tenía su rostro a escasos centímetros de los míos. Trague saliva y traté de alejarme pero era francamente imposible.

- No tienes que mentirme Bella, se que tienes un lazo con él – comentó divertido por mi expresión, como odiaba que me psicoanalizará.

- No te estoy mintiendo, es la verdad -Argüí tratando de convencerme a mi misma que estaba diciendo la verdad.

- ¿Segura? -Insistió ahora más cerca de mis labios.

- Aja -Conteste con un hilo de voz, sus labios estaban rozando los míos y de pronto el rostro frente a mi no era de él, sino de Edward, sus ojos negros se tornaron verdes, entre en pánico, una tos furiosa me inundo y lo empuje para salir de su prisión.

Él no presiono pero estaba realmente divertido por mi actitud. Cómo odiaba caer siempre en su juego perverso de ponerme nerviosa.

- Entonces… aclaro el tema Cullen, no te negarás a desayunar conmigo

Me dijo y yo lo miré aún tosiendo, mi mente estaba con Edward y la noche anterior.

- ¿Ahora?

Pregunté al fin conteniendo el aire para evitar toser.

- Me lo debes considerando que anoche me dejaste plantado. Eso si alcanzamos a llegar antes que sea medio día, sino creo que será un almuerzo.

Río divertido mientras yo aún tenía el corazón en la garganta. Sacudí mi cabeza. Jake tenía un extraño sentido del humor, bastante satírico por decir algo.

- Claro, desayunar – contesté y lo miré – dame diez minutos para hacer cosas de chicas y nos vamos ¿Te parece?

Le propuse un tanto incomoda ante el hecho que ahora iba a estar con él, justo después de lo que pasó la noche anterior. Necesitaba aclararme y estaba, con esto, justamente haciendo lo contrario. Sólo lograría confundir más las cosas haciendo un lío de mi vida. Me quede esperando su respuesta pero a cambio llego otra observación que me confundió.

- Los estoy contando

Exclamó mirando su reloj de pulsera y una sonrisa se dibujo en su rostro, miré alrededor dudando pero luego me percaté que debía irme a donde yo misma había dicho que iría – mi habitación -enarque una ceja incrédula y luego salí de la cocina un poco confundida por el intercambio de palabras que habíamos tenido.

- Como tan tonta, no haberte acordado de él, de tu compromiso para ir a cenar. Maldición.

Me dije al espejo y luego volví a cepillarme el pelo - Bueno técnicamente yo no le había dicho a Edward si estaba o no con alguien, por otro lado Jacob solo era un amigo, un buen amigo – me decía y tratar de bajarle el perfil al asunto hacía que todo se tornará más oscuro aún, lejos de parecer cuerdo estaba de nuevo complicándolo - ¡No juegues con fuego! -me grito una vocecilla interna.

Y era cierto, tenía súper claro que Jacob sentía algo por mí y lo había dejado más que claro hace un par de meses, cuando había decido volver y no aceptar ese trabajo fuera de Londres - ¡Qué complicado! -pensé mientras me miraba al espejo - Tienes que terminar las cosas, dejar en claro que tu amas a Edward – murmuré sin sentido pero luego me detuve en la ultima frase – ¿de verdad lo amas? – me auto pregunte al espejo y algo en mi corazón dudo.

El punto a favor de Jacob era que me había aceptado como era, sin tratar de cambiarme, sin juzgarme, sabía todo lo que había pasado y aún así no le importaba.

- ¡Bella baja ya, este hombre echará raíces!

Grito mi hermana sacándome de mis pensamientos, me puse el labial y salí. Baje la escalera rauda solo para darme cuenta que al final de estas me estaba esperando mi "nuevo salvador" como lo había hecho siempre, desde hacía dos años. Al verlo parado frente a mi con sus labios curvados en una sonrisa cómplice, esa mirada de enamorado me hizo recriminarme algo - ¡Jamás debiste involucrarte con tu psiquiatra! -comprobé mirando a mi hermana y a Emmett, quien era amigo de esté.

- ¿Lista?

Me preguntó Jake tendiéndome su mano.

- Claro

Conteste tomándola.

- Que disfruten el almuerzo

Aportillo mordazmente mi hermana desde la entrada. Me despedí con una sonrisa de suficiencia. Una vez dentro del auto la sesión de análisis comenzó. Ese era el único defecto que hasta ahora le había descubierto, siempre era como un libro abierto para él, simplemente no podía ocultar nada sin que lo supiera o al menos lo sospechara. Ni siquiera mentir podía, así que ahora restringiría la información que no era lo mismo que mentir.

- No vas a contarme ¿cómo te fue anoche?

Me preguntó con la mirada al frente.

- No hay nada que contar

Respondí mirando por la ventana, de pronto los árboles y las calles se hicieron mucho más interesantes que mirarlo a él. De reojo advertí como me dio una breve mirada.

- Bella

Conminó y utilizó el mismo tono con el que me había conocido aquella vez.

- ¿Qué quieres que te diga?

Le pregunté directa mirándolo.

- La verdad, antes que todo sigo siendo tu psiquiatra.

Me contestó mirándome también.

- ¿Seguro que puedes separar la parte profesional de la personal?

Insistí no muy convencida de contarle.

- Qué piensas que voy a hacerte un arrebato de celos

Se defendió y parecía molesto por mi insinuación de poco profesionalismo.

- No, pero podrías querer visitar repentinamente a alguien

Agregué dándole un toque más humorístico al asunto. Sabía que él jamás haría algo así.

- Eso se llama paranoia, cuidado porque eso si es grave

Agrego serio, más serio de lo que estaba cuando le toque la sensibilidad profesional. Puse mis ojos en blanco y miré al frente.

- Nada, ya te dije, lo fui a dejar, el niño se despertó y luego no quiso que me fuera, estuve leyendo cuentos y cuando me di cuenta me había quedado dormida con él – hice una pausa al ver que ese pronombre podría mal interpretarse – con Anthony – aclaré dudosa porque mis palabras las tomara en el sentido literal, como no rebatió continué - Era de madrugada, y Edward me sugirió que me quedará – concluí tratando de hilar la mentira creíble.

- Tendré que creerte entonces

Concluyó con el seño fruncido y con las cejas enarcadas. La situación se volvió tensa de pronto y me sentí una mentirosa de primera. Por qué simplemente no contaba la verdad, yo sabía mejor que nadie que las mentiras a la larga se saben y tienen resultados funestos. Pero la verdad era que no quería contarla. Un impulso desesperado me inundo y lo siguiente que agregue fue totalmente innecesario.

- Te lo juro, dormí con Anthony en su cama, bajo las colchas, bien tapada, tiene una pieza bastante grande, bonita, color rojo.

Estaba ahondando la mentira cuando él me interrumpió.

- ¿Tú hijo tiene su pieza pintada roja?

Me preguntó casi en pánico. Y yo me pregunté que había hecho de mal pero claro con un psiquiatra todo podía ser usado en mi contra, como no había aprendido la lección.

- Bueno es un rojo apagado, casi un violeta.

Dije tratando de suavizar el comentario - ¡Estúpida, estúpida! -me recriminé en mi interior.

- ¿Es roja o violeta?

Me preguntó interesado y yo me quede pensando - ¿Había acaso alguna diferencia si era de uno o cual color? -pensé buscando la lógica a la pregunta.

- Violeta oscuro

Finalmente respondí y él se quedo pensando. Luego se relajó.

- No sabía que Edward tuviera problemas psiquiátricos

Me comentó y yo me giré a mirarlo anonadada por su conclusión.

- ¡Ah! – exclame sorprendida - ¿de veras? – inquirí incredula pero no obtuve respuesta, luego traté de arreglar la impresión que estaba teniendo del padre de mi hijo, gracias a mí – Yo creo que lo eligió porque es el color del dibujo animado ese Barney, a los niños les gusta – y me sentí estúpida dando explicación a algo tan irrelevante como el color de una pieza, que en verdad era blanca. No me di cuenta además que ya habíamos llegado a nuestro destino sino hasta que él me hablo.

- Bella – me dijo estacionando el automóvil, giro su rostro y me sonrió – te creo, relájate.

Me pidió ahora ya un poco más relajado él mismo. Se acerco y me beso en los labios. Y los problemas seguían me acorde de la invitación de la madre de Edward. - ¡Como demonios lo voy a encarar ahora, para decirle que pasaré la navidad con él! -pensé mientras me alejaba rompiendo el corto beso.

- Entremos sino de verdad va a ser un almuerzo

Exclame abriendo la puerta del vehiculo. Tome aire y me mire en el espejo retrovisor.

Era un restaurante bastante quitado de bulla, apenas entre, mire a todos lados buscando un lugar privado. Me acerque hasta unas mesas a la mitad del recinto.

- ¿Desean ordenar?

Nos pregunto el mozo mirándonos a ambos

- Café con panecillos

Dijimos simultáneamente los dos. Nos reímos, al menos había pasado la tormenta, su semblante era mucho mejor que hasta hace unos momentos. La muchacha se fue y él comenzó a contarme sobre sus turnos médicos y sobre sus pacientes. Tomamos desayuno y nos quedamos conversando, él me contó que tendría que trabajar para navidad lo que igual me convenía - no tendría que mentirle después de todo -pensé alegre, no quería mentirle, ni tampoco quería herirlo, siempre se había portado bien conmigo y había sido un gran apoyo en esos momentos de dolor y flaqueza. Hice mi mejor cara de puchero por la noticia pero por dentro era un peso menos que me quitaba de encima. Aún me faltaban unos sorbos para terminar mi café cuando él volvió a aproximarse peligrosamente a mi cara.

- Dime algo ¿Tus sentimientos por él no son los mismo de hace unos años atrás verdad?

Me pregunto serio y supe que estaba hablando el hombre y no el médico.

- ¿A donde quieres llegar?

Le pregunté seria yo también.

- A saber que lugar ocupo en tu vida, entiendo el vinculo con el padre de tu hijo pero no quiero estar al medio si tu de verdad lo amas

Me dijo y yo me quede helada, comencé a jugar con mi dedo sobre la taza del café y no sabía que decirle, él se había portado demasiado bien conmigo y me había sanado con su ayuda había vuelto a ser yo misma, me había recibido cuando de verdad pensé que no iba a poder superar lo de mi hijo y me ayudo con eso, también con el resentimiento que le tenía a Edward en un comienzo. Luego la relación se hizo más cercana y cuando me dio de alta finalmente accedimos a salir, no era mi novio oficialmente pero habíamos salido un par de veces y aunque nuestra relación era, hasta el momento, solo de besos, sabía que él estaba enganchándose de una manera que tal vez yo no podía corresponderle, menos después de lo que había pasado la noche anterior. Pero aún así mi corazón estaba confuso, demasiadas emociones juntas. Esta vez no rehuí el beso y creo que fue peor, porque sentí el grito de Edward que me comprobó que no todas las culpas estaban resueltas.

- ¿Esto es lo que necesitas pensar?



miércoles, 29 de diciembre de 2010

Conquistando tu Amor

CAPÍTULO IV

BELLA POV

Ahora me encuentro de vacaciones de verano y estoy de campamento con mi grupo de amigos, los que lo conforman Jacob, Marco, Alice, Jasper, novio de Alice que por cierto está en la universidad junto a su hermana gemela Rosalie, que también es nuestra amiga, Quil por otro lado es mi mejor amigo, pero se encuentra en otra ciudad vacacionando, sus padres lo llevaron a visitar a unos familiares y no le dejaron otra alternativa. Aunque la hemos pasado muy bien en nuestras vacaciones, tenemos previsto llegar el domingo, porque el lunes empiezan nuevamente las clases, pero me siento rara, le explico a Jacob que quiero irme ahora y el accede, me acompañan Jacob y Marco, los demás vuelven mañana como estaba planeado, Tomo mi moto, los chicos sus respectivos vehículos y nos dirigimos a la ciudad de regreso, pero al pasar por la discotheque, le indico que quiero ir a bailar, ellos me dicen que me adelante y se quedaron coqueteando con unas chicas que se encontraban afuera de la disco, volteo mis ojos y me dirijo al interior.

La música estaba buena, divisé un grupo del colegio en una mesa y me dirigía hacia allá cuando paso por la barra y veo al hombre más hermoso que haya visto jamás, era un dios griego, era simplemente perfecto, cabello revuelto, alto, buen cuerpo, musculoso pero no tanto como Emmett que se encontraba junto a él, mmmm, después le preguntaría, no mejor no, yo jamás hago eso. Paso por su lado y los saludo brevemente y sigo hacia la mesa, me pongo a bailar con un chico, el ritmo era bastante sensual, miro de reojo hacia donde estaba ese dios griego y me estaba mirando fijamente con cara de idiota, ja, ni el se resistiría a mi, empiezo a bailar, cuando aparecen mis amigos y despacho enseguida al chica que estaba a mi lado, después de bailar un rato, vuelvo a mirar a ese joven, si, aún me miraba, me regodeo internamente cuando vi aparecer tras el dios a mi amigo Quil, no lo pienso dos veces y voy a saludarlo efusivamente, con él es con el único que tengo ese tipo de trato, muchos piensan que somos novios, pero no es así, sólo amigos.

Cuando nos estábamos saludando me quedo prendada de unos ojos que me miraban fijamente, era el dios griego, de cerca era más hermoso aún, me pierdo en su mirada por unos instantes.

Emmett me saluda, pero no le presto mayor atención, sigo mirando a ese hombre.

Hola le digo, me llamo Bella. El se acerca y deposita un beso en la comisura de mis labios,Edward Cullen, mucho gusto, me dice y me deja pasmada, nadie hace eso, qué se creía el muy imbécil, aunque debo admitir que ese beso me gustó, sentí una corriente recorrer mi cuerpo, no Bella estás loca, esas cosas no pasan, me repito internamente, me dirijo a la pista nuevamente, me volteo y le digo, nos vemos.

En la pista empiezo a bailar con Quil, quien se sorprende un poco al verme bailando más sensualmente de lo que lo hago habitualmente, pero el dios atrevido aún me miraba y me iba a pagar su osadía, a medida que el baile avanzaba seguía sintiendo la mirada puesta en mi, era él, no despegaba los ojos de mi, eso me gustó, que vea lo que no puede tener, que sufra como todos, cuando la canción se intensificó pude ver a Edward apretar los puños de rabia, la verdad es que estaba dando un espectáculo con Quil, pero estaba logrando lo que quería y yo quería a ese hombre a mis pies. Aunque debo admitir que el tipo era mono y era atrevido, quizás……mmmmm…….tal vez….

Me acerco a la barra y pido una botella de agua y nuevamente nos quedamos mirando, lo miro de pies a cabeza, digo, algo malo debe tener, nadie puede ser tan perfecto, ¿o no?.

Nop, parece que es perfecto, más que perfecto. Con un nerviosismo impropio de mi lo invito a bailar, me confirma con un leve movimiento de hombros que no sabe bailar este tipo de ritmo, ya que se notaba a leguas que era gringo, aunque su español era fluido.

Nos empezamos a mover seductoramente, definitivamente esta había sido una mala idea, cuando sentí su toque por mi espalda y cintura empecé a sentir que mi cuerpo reaccionaba a sus manos, como si él fuera mi dueño, me estrecha más fuertemente por la cintura y cierro los ojos de puro placer, entonces entierra su cara en mis cabellos oliéndome, la música seguía, nuestros movimientos se hicieron más eróticos, nos rozábamos las pelvis, podía sentir que estaba tan excitado como yo, ya que podía sentir su dureza, Edward no aguanta y me besa el cuello y mordisque mi oreja, suelto un gemido lleno de erotismo, estaba perdida en la lujuria que este hombre despertaba en mi por primera vez. Al escucharme gemir me toma más fuerte de la cintura y con la otra mano agarra mi nuca y me besa desesperadamente, le correspondo el beso de igual manera, con pasión, lujuria, mi cuerpo temblaba y empiezo a recorrer su cuerpo, le acaricié la espalda y los hombros apasionadamente. Nos separamos un poco para tomar aire y nuestros pechos se agitaban violentamente, la pasión desenfrenada nos recorría todo el cuerpo. No quería que este encuentro terminara acá, pero qué hago, nunca antes había hecho algo así, pero mi lado lujurioso ganó la disputa y lo tomé de la mano llevándolo debajo de unas escaleras al otro lado de la pista que estaba bastante oscuro y era poco transitado, sonrojada y nerviosa me volteo a mirarlo y no aguanté más le rodee el cuello enredando mis dedos en su cabello, que por cierto era suave como la seda, Edward me impulsó hacia arriba y envolví mis piernas por su cintura, en escasos segundos tenía la espalda pegada contra la pared nuevamente su boca se deslizó por mi cuello, su lengua empezó a bajar por la base de mi cuello, llegando al escote de mi micro top, donde mi respiración era tan agitada que parecían que mis pechos saldrían en cualquier momento liberándome de esa pequeña prenda, sentí su lengua en el borde del top y arquee mi espalda de puro placer, empezó a rozar su entrepierna contra la mía, su erección era tal que la sentía cada vez más grande y empecé a jadear como loca y empecé a frotar mi pelvis contra la suya, era sencillamente delicioso, mi dios griego empezó a tocarme los senos por encima del top y mis pezones se pusieron erectos a su toque y los empezó a pellizcar mientras me besaba fieramente. En ese momento no aguanté más y le dije que lo deseaba, que quería que me hiciera suya. Si, me entregaría a ese hombre, es una locura pero sentía que era correcto, quería que ese dios griego me quitara la virginidad. Estab a punto de decirle que nos fuéramos a otro lado cuando escucho a Quil gritar mi nombre con reproche. Con Edward nos separamos inmediatamente.

- Llevo buscándote harto rato, le pregunté a Emmet y me indicó que estaban por aquí, pero ¿qué te pasa Bella? Emmet dice que este hombre es nuestro nuevo profesor.

- ¿¿QUÉ?? Preguntamos los dos al mismo tiempo y nos miramos incrédulos.

- Vamos, te sacaré de aquí Bella. Me empezó a alejar de él.
Espera, dijo Edward saliendo un poco de su estupor

- No, gritó Quil, aléjese de ella

- Yo, yo no sabía dijo en su defensa.

Yo estaba en shock, levanto mi cara para mirarlo y pude notar que las lágrimas surcaban mi rostro.

- Ahora ya lo sabe, volvió a gritar Quil y me sacó casi arrastrando, yo seguía sin entender nada.

Él mi profesor, mi dios griego, un hombre prohibido, tenía ganas de gritar, de patalear y tirarme al suelo de impotencia, no era justo, ese hombre me gustaba demasiado, nunca había sentido algo así, nunca nadie me había tocado de esa manera, yo me iba a entregar a un hombre que es mi profesor nuevo.

Cuando salimos a la entrada de la disco, Quil me da vuelta para encararme de frente y al veme llorando suaviza su expresión.

- Bella, por dios ¿qué estabas pensando?, ¿cómo dejaste que esto llegara a este punto?, Bella ese hombre te estaba tocando y tú lo permitiste, si no llego ¿te hubieras entregado a él, no es así?.

Yo solamente asentí con mi cabeza, estaba tan avergonzada con mi amigo y conmigo misma.

- Quil, de verdad no se qué me pasó, Edward logró descontrolarme, y..yo quería entregarme a él, no se, sentí que era lo correcto, no se como explicarme, tú sabes que nunca había hecho algo así.

- Bella ¿sabes lo vergonzoso que fue para mi encontrarte en esa posición con el profe?, digo tú eres como mi hermana y a nadie le gusta que su hermana se esté refregando con el profesor de ella. Jajaja mujer definitivamente estás loca, ven vámonos te llevo a tu casa, no valla a ser que te devuelvas a terminar el trabajito.

- Quil, se que lo haces para quitarle plomo al asunto, pero la verdad es que lo estás empeorando, no vez que tengo vergüenza, no me molestes. Dije un tanto enojada y apenada.

- Ya, ya mi fiera, no te enojes conmigo, pero sabes muy bien que ese romance no puede formarse porque tú decidiste conquistar a James ¿o te has olvidado de ese tipo?, por mi, mejor el profe que James.

Maldición, se me había olvidado el desgraciado de James, antes de salir de vacaciones tomé la decisión de conquistarlo, aunque le tengo repulsión, decidí hacerlo, lo voy a hacer sufrir tanto, me va a pedir de rodillas ser su novia. Él, el conquistador, el orgulloso universitario por el que todas morían. Yo lo iba a atrapar y lo iba a pisotear hasta reventarlo. Antes de salir de vacaciones lo conocí y trató de conquistarme, el muy imbécil cree que es llegar y llevar. Como lo desprecié me prometió que me conquistaría y que yo sería su novia. Ja y mil veces Ja, si supiera que estos meses van a ser los más humillantes de su patética vida.

Envuelta en estos pensamientos llego a casa, me despido de Qui y le presto la moto para que se devuelva a buscar su carro.

- Bonita por favor piensa lo que te dije, de verdad que prefiero al profe que a ese gusano, por favor dime que lo vas a pensar.

- Mira Quil, no tengo nada que pensar, Edward fue un error y lo voy a borrar de mi mente, él no existe para mi, ok, ahora debo enfocarme completamente en James y en como hacerle la vida lo más miserablemente posible y no quiero más sermones.

- Pero, Bella..

- Nada de peros, serás mi amigo, mi confidente, pero no te permito que cuestiones mi accionar con respecto a James, tú verás si me apoyas o no, lo que si te digo mantén tu boca cerrada como siempre, nadie debe saber mis planes para con James ¿me escuchaste?.

- S si, bonita, no te enojes conmigo, yo sólo decía, además no tienes que darme el sermón sobre el apoyo, sabes perfectamente que te ayudaré, no tienes que ponerte bruja conmigo, sabes que a mi no puedes intimidarme. Jajaja.

- No te rías tonto, le dije golpeando levemente su hombro. Nos vemos mañana, ah y quiero mi moto a primera hora ¿vale?

- Como usted diga mi fiera jajaja.

Me dirigí a mi habitación, todos estaban dormidos y la casa a oscuras, dejé mi chaqueta encima de la mesa de la cocina cuando fui a tomar un vaso con agua, para que mañana temprano la viera mi nanita y supiera que ya llegué y me prepare un rico postre. Ella sabe cuanto me levanta el ánimo sus ricos dulces.

Después de ponerme pijama me dirijo a la sala de música, hace tiempo que no venía a este lugar. Tomo mi preciado chello y con los ojos cerrados empiezo a tocar la suave melodía que le escribí a esa persona que fue tan importante en mi vida, siento la música fluir por mi cuerpo, pero no soy capaz de continuar y lanzo el arco al otro lado de la habitación, lanzando un gruñido lleno de frustración, ya nunca podía terminar de tocar algún tema, la pena siempre me ganaba, pero ahora era más grande, mientras tocaba sólo podía ver esa miraba llena de pasión de mi dios griego, abrí lentamente mis ojos y una lágrima cayó por mi mejilla. Ah no, no Bella, saca de tu sistema a ese hombre sólo es un tipo más, me decía a mi misma, pero era un tipo hermoso, apasionado, mmmm, su aroma a hombre lo tenía grabado en mi piel, un aroma delicioso que no había podido distinguir.¡¡¡¡basta Bella!!!!!!.

Después de mi lucha interna llegué a la conclusión que Edward no se iba a interponer en mis planes, eso jamás pasaría, el tipo era mi profe, no me importaba en absoluto, seguramente me comporté de esa manera porque había bebido un poco, si, eso debía ser, cuando lo viera nuevamente no le daría oportunidad se acercarse a mi, lo quería lo más lejos posible de mi vida.

Sí, eso haré, lo apartaré como a una molesta mosca de mi vista. Ya lo he hecho con muchos tipejos, así que es fácil para mi, como respirar.

Dormía plácidamente cuando siento la voz de María.

- Mi niña despierte, ya es tarde

- Grrrr, María un ratito más por fa

- Mi niña hay visita y su madre requiere su presencia ahora, además está molesta porque llegó tarde y sin avisar.

- Ay, que molesta es, para qué quiere que conozca a su visita, si es obvio que no me interesa y ella lo sabe muy bien, además como dijiste llegué tarde y estoy cansada.

María sin hacerme caso arrancó las sábanas enrolladas de mi cuerpo y como si fuera una niña pequeña me arrastró hacia el baño y me metió dentro de la ducha. Ay, esa mujer también era un fastidio, pero la adoraba, al igual que mi nana.

- ¿María, tengo que desayunar con la molesta visita esa?.

- Si mi niña, además…

- Además qué?

- Mmmm, mi niña esa visita está desde ayer y se va a quedar a vivir acá, por lo que tengo entendido

- ¿Quéeeeee?

- Eso mi niña, el joven ya está instalado en la habitación de enfrente

- ¿Acá, frente a mi pieza?

- Si, mi niña

Ah no, como se les ocurre a mis padres hacerme esto, ellos saben perfectamente que no soporto gente cerca, por eso me mudé a la tercera planta, para estar sola en mis horas de intimidad, pero me van a escuchar y ese intruso tendrá que salir de mis dominios. Bajo furiosa las escaleras a encontrarme con mis padres y aclarar este atropello.

Pero al entrar al comedor me quedo de una pieza al ver al famoso intruso. Era él, el dios, digo el profe, él Edward estaba sentado conversando con mis padres y riendo, me quedo mirándolo como tonta, en la claridad era mucho más hermoso, por dios tenía los ojos verdes y era tan profunda su mirada que me dejaba sin respiración.

- Hija, dice mi madre, acercándose a mi lado.- Mira te quiero presentar a Edward, él se va a quedar a vivir con nosotros y además va a ser tu profesor nuevo de literatura e inglés.

Me quedo mirándolo y el muy imbécil estaba sonriendo como estúpido al ver mi confusión, pero esto no se queda así, nadie se burla de mi, pero de verdad me tomó desprevenida esta situación y había hecho el ridículo porque se dio cuenta que lo estaba mirando fijamente, seguramente mi cara reflejaba el desconcierto y el deseo por él, es que irremediablemente el tipo estaba como quería.

- Mamá, papá ¿qué diablos significa esto?. Pongo mi mejor cara de póker y mi mirada desafiante dirigida al tipo ese que se burlaba de mi con su mirada.

- Hija, no hagas un numerito, interviene mi padre, más tarde conversamos, ahora siéntate y desayuna.

- No, este asunto se arregla ahora, si quieren que este tipo viva bajo este techo, sáquenlo de mi planta, y acomódenlo en otro lugar, no lo quiero cerca de mí. Me escucharon, esa planta es mía y saben perfectamente que me desagrada compartir mis espacios, dije con voz afilada.

- Hija, gritó Charlie, poniéndose de pie y con la cara roja por la vergüenza y la furia, a mi despacho ahora. Antes de salir tras mi padre lo vuelvo a mirar y su cara era lo que estaba esperando, desconcierto total y algo más…¿decepción?. Bah, porque debería estar decepcionado, no me conoce y además no me importa, por mi que se pudra.

Llegamos al despacho de mi padre y empieza la guerra. Charlie me recrimina por mi conducta exageradamente grosera hacia “su invitado”.

- ¿Cómo se te ocurre tratar así a Edward, es el hijo de mi mejor amigo, además va a ser tu profesor y es nuestro invitado. Tu conducta ha llegado demasiado lejos, lo arreglas ahora o te vas a arrepentir, ME ESCUCHASTE ISABELLA.

- A mi no me vengas a gritar Charlie, además no me puedes imponer personas en mi entorno, sabes perfectamente bien que no lo tolero, ¿por qué no lo pusieron en su piso?, ahí no me estorba para nada.

- Isabella la decisión está tomada, se queda donde está, además creo es tiempo que empieces a socializar con más personas, tu círculo es muy pequeño y este joven es de buena familia, creo que pueden ser amigos, él sería una buena influencia para ti.

- ¡Qué! No, que va, él no va a ser mi amigo, a mis amigos los escojo yo y deja de llamarme por mi nombre, sabes que no lo soporto

- Bella, por favor hija, por qué no puedes ser como antes, antes eras adorable

- No me vengas con esas cosas Charlie y deja el pasado atrás, sabes que me hace daño removerlo. Dije esto apretando mis puños fuertemente, Charlie me estaba haciendo un daño enorme al nombrar el pasado, sabía que me dolía y desarmaba.

- Hija, por favor perdona por sacar ese tema, pero entiende que las cosas deben empezar a cambiar, debes salir adelante, ya van dos años, no puedes seguir escondiéndote del mundo.

- Sabes Charlie, haz lo que quieras, si quieres deja a ese tipo donde te plazca, pero no me digas que hacer ni que decir y mucho esperes que sea amiga de él, porque no me interesa, ¿Me escuchaste?

- ¡¡¡¡¡¡¡ISABELLA!!!!!

- NO ME INTERESA ESE TIPEJO, NO LO QUIERO CERCA DE MÍ, JAMÁS VA A SER MI AMIGO. Digo gritando y golpeando el escritorio, al salir ahí estaba él con los ojos abiertos como platos en mi dirección, pasé por su lado como un tornado, empujándolo de su lugar para poder pasar. Me encierro en mi dormitorio con un fuerte portazo y prendo el equipo musical y me pongo a escuchar mi grupo favorito Nirvana, le subo el volumen al máximo y me tiro a mi cama totalmente enrabiada.

EDWARD POV

No podía creer lo que pasaba, esa chica era totalmente grosera y caprichosa, cómo pude pensar que ella era una diosa, definitivamente estaba equivocado ella era el demonio, Emmet tenía razón era una fiera, cuando paso empujándome su mirada parecía de hielo, como si quisiera matarme con sus ojos rabiosos, yo me había acercado a la oficina para decirles que no se preocuparan por mí, yo podía cambiarme de piso o simplemente arrendar un departamento y largarme de ahí, pero al escuchar la conversación y el tono despectivo de Bella hacia mi persona me entro una ira homicida, quién se creía esa chiquilla para referirse a mi de esa manera, por qué me odiaba tanto, ah si Edward ¿no te acuerdas que anoche le metiste mano?, pero no era motivo para tal arranque de rabia, algo pasaba ahí, pero ahora no me marchaba de ahí, no le daría el gusto a esa fierecilla, si los señores de la casa me querían acá, aquí me quedaría y esa niñita debía aprender que hay más personas y que ella no es el ombligo del mundo.

Charlie se disculpó por el comportamiento de su hija, pero dijo que arreglaría la situación, así que más que enojado con esa niñita me dirigí a mi habitación y me puse un bañador para ir a la piscina. La música a todo volumen casi no dejaba pensar, esta niña era terrible, además que tenía mal gusto en cuanto a música si es que a esa se le podía llamar música ja, el tipo ese parecía que se había pillado los dedos con la puerta para poder chillar de esa manera, todo retumbaba parece que Bella tenía un verdadero concierto desenfrenado ahí, chiquilla loca y altanera, me sorprendo a mi mismo riendo de su actitud, no,no,no Edward qué te pasa, esa actitud no tiene nada positiva, la niña esa es insoportable, me tiro en mi cama y analizo la situación y me quedo conforme con el resultado, esa niña no me importaba en lo absoluto, pero mi vocecita interior hace acto de presencia y me susurra: “si no te importa nada, ¿por qué llevas una hora pensando en ella? Después de lo que te hizo.

Con un gruñido de rabia hacia mi mismo decidí salir a la piscina y al salir de la habitación no pude contenerme y me acerqué a la suya pegando un oído en su puerta.

No se escuchaba nada aparte de la estridente música, por lo que decido irme a mi destino. Al cabo de media hora llega Bella al borde de la piscina con ropa deportiva y diablos si que se veía hermosa, pantalón corto deportivo, sudadera, a pesar de ser grande era ancha de cuello, por lo que se le bajaba por un hombro mostrando el tirante del sostén, se veía realmente sexy. Además estaba mordisqueando una manzana y estaba bien jugosa porque al mascarla se le escurría el jugo de ésta por los bordes de la boca y se los limpiaba con la lengua, por dios esta mujer me estaba quemando vivo. Hace un ademán de que me acerque y salgo del agua para ver que quiere la bruja.

martes, 28 de diciembre de 2010

Mascara De Odio

CAP. 20 Edward Cullen

Junio

Permanecí sentado hora tras hora tratando de no caer en desesperación y al pendiente de cualquier noticia que se pudiera presentar, pero el médico Emmet no salió ni siquiera para autorizarme a entrar a verla, que era lo que más quería y necesitaba de todo esto.


Así que no tenía muchas opciones más que las de esperar, contar los segundos, las horas todo aquello que se consideraba tiempo mientras por dentro el desespero comenzaba a carcomerme.


Vague por la sala de un lado a otro sobre la vigilante mirada del "vigilante", parecía querer decirme algo, pero tal vez la desesperación había en mis ojos lo previno, ni a la fuerza hubiera podido ser removido de allí.


La gente que entraba me miraba, seguramente evaluaban críticamente el estado de mis ropas, mojadas y teñidas de sangre, mi cabello enredado sucio de sangre y mi propia piel, estaba marcado por todas partes de la sangre de Isabella y eso hacía que mi dolor fuera mas y mas fuerte a medida que llenaba de aire mis pulmones.


¿Que había hecho?, me preguntaba una y otra vez mientras miraba fijamente el segundero del reloj de pared que colgaba a un lado de la sala. Con el solo uso de mis palabras y mis influencias carroñeras había producido el deseo de morir en una mujer que solamente había querido vivir….conmigo…feliz….conmigo…. Lagrimas de dolor y desesperación estaban rodando por mi cara y no me importaba… quemaban y a la vez limpiaban de mi cara lo que yo no quería limpiar, la marca de Isabella Swan, de la sangre de Isabella Swan sobre mí, haciéndome consciente de lo mucho que la había dañado.


Cuando estaba seguro de que el suelo iba a terminar por abrirse de todos mis pasos tome asiento y me aferre la cabeza con las manos en un intento de hacerla menos pesada, algo completamente imposible.


Sentí pasos a mí alrededor y vi que el vigilante se había acercado y estaba esperando que lo mirara.


Parecía reacio a hablarme pero finalmente me dijo.


- mucha gente ha venido en una situación similar…- se aclaro un poco la garganta, como si estuviera tratando de dar más veracidad a lo que quería mencionar - bueno no tan similar como esta pero cuando se encuentra en peligro la vida de los pacientes, usualmente encuentran algo de paz visitando la capilla.


Mi aspecto debía ser el de un loco para que ese hombre me hubiera recomendado visitar una iglesia, o bueno capilla.


Nunca me había considerado un devoto de la religión y dudaba mucho que, después de la manera en que me había comportado, Dios quisiera escucharme.


Incluso mientras entraba, cruzando la entrada de la improvisada capilla hospitalaria, me sentía como un profanador de ese templo sagrado. Nunca, desde el momento en que mis padres murieron, había visitado un templo de Dios.


Jamás se me había ocurrido que dentro de uno pudiera caber a la vez tanto silencio y paz.


Di tres pasos más hasta que me senté en una de las sillas de madera y contemple mi entorno con aprensión.


El altar era mediano y tenía a un Cristo casi de la misma altura.


Alrededor había vitrales pequeños llenos de la historia de Jesús que recordaba por las visitas dominicales de mi madre a la iglesia a las que siempre asistía con ella.


El silencio era casi sepulcral, había una almohadilla que se extendía a lo largo del tamaño de la banca donde estaba sentado la cual presuntamente era para arrodillarse.


¿Tendría el derecho de hacerlo después de mis acciones?


¿Podía siguiera dignarme a mirar al altísimo sin sentirme avergonzado de haber nacido?


Bien valía la pena intentarlo.


Al menos de rodillas podía humillarme ante la evidente superioridad.


Me puse de pie y luego me arrodille mirando al Cristo nuevamente.


Recordaba como se hacía esto, ponía ambas manos en señal de suplica y comenzaba a rezar. Recordaba ahora el padre nuestro, el ave maría y el yo pecador.


Cada palabra que susurraba la sentía indigna de ser pronunciada por mi sucia boca. Aun así las pronunciaba sintiendo tal vergüenza que comenzaba a temblar.


Y ahora comenzaba a llorar. Como un bebe a quien quitan una golosina solo que esta vez algo más valioso, mucho pero mucho más valioso que una golosina había sido arrebatado de mis manos y yo había colaborado en ello.


Pedía perdón, rogaba perdón, rogaba tener la suficiente entereza para aguantar esto, Rogaba poseer al menos una mínima parte del incalculable valor que Bella Swan había tenido en la vida. Rogaba por mi madre, mi padre y por mí mismo. Por lo que no merecía, y por lo que no tenía derecho a pedir.


- Señor – murmure pensando pesadamente que estaba enloqueciendo al hablarle a una imagen. Pero había poder ahí. Se podía notar, esa paz sobrenatural, ese silencio apático dejaba entrever que podía ser oído, y podía expresarme como mejor lo lograra – necesito ayuda-


Eran las palabras, las dos palabras con las que podía transmitir parte de mi lucha interior. Necesitaba ayuda, la necesite desde el momento en que me quede sin padres, la ayuda que nunca quise recibir a pesar de encontrarse tan cerca de mí. El milagro que había sido esa mujer que estaba muriendo en mi vida, seguramente se trataba de obra del destino, mas allá del destino, algo divino que había topado con mi innegable diabolicismo y a quien había manchado con mi propia corrupción.


Más lágrimas, las que nunca había derramado se regaban de mis ojos de manera profusa. Ahora no intentaba detenerlas porque cada una de ellas parecía marcar el hito de diferencia entre lo que fui antes y en lo que me había convertido ahora.


"Sálvala, señor" pedía una y otra vez de la manera en que recordaba que mi madre me había enseñado, "ayúdame a reivindicar todo el sufrimiento que ha pasado, sabes mis intenciones, sabes que si la dejas vivir me voy a encargar de que las palabra dolor, sufrimiento, y mentira nunca vuelvan a cruzarse en su camino, sabes que si vive la hare feliz, a mi lado o al de quien ella quiera. Sabes que lo merece, ella merece ser feliz. Ahora no importo, aunque nunca lo he hecho, ella, solo ella merece la felicidad que le robe".


Me estremecí de lamentos, como nunca jamás se ha visto un hombre hacerlo.


Cierta vez, cuando tenia trece años había leído un libro de texto en el colegio que se titulaba María. Una novela romántica y trágica que había escrito Jorge Isaacs.


Ya en ese tiempo tenia aversión al romanticismo y al amor por la pérdida que había sufrido, a esa tierna edad sabía lo que era quedarse literalmente desamparado y no encontraba gusto en el romanticismo, mistisimo ni esas cosas.


Pero era leerla o reprobar la clase. Había tenido que devorarla completamente antes de suceder el examen, maldiciendo una y otra vez al autor por mentir, por hacer creer a los lectores que era cierto que el dolor por la muerte de la mujer a la que se amaba podía lacerar el alma de maneras mil veces más que dolorosas, que podían llevarte a la locura, hasta desear morir para acompañarla en la muerte.


Lo critique y ahora que venía a mi cabeza me hallaba en la misma situación. Efraín, el nombre del protagonista, moría de amor por María.


Y con mí recién descubierto sentimiento, cuando ya era demasiado tarde para tomar conciencia de él, podía sentir que el alma se me estaba desgarrando, hasta el punto de querer seguirla en la muerte sin importarme nada más que ella.


Yo moría de amor por Isabella Swan. Que duro y a la vez dolorosamente apasionante era admitir esa cálida verdad. La amaba y la amaba.


Yo también quería morir.


Era un maldito animal egoísta, ególatra y sin sentimientos.


Seguí orando y lloriqueando como un niño, ese niño que había escondido dentro de mí al crecer de manera acelerada, al que había enterrado por ser débil, y quien ahora lanzaba las lagrimas que me había empeñado en esconder durante toda mi vida.


Antes no creía que fuera posible ser presa de las emociones, pero el solo pensar en que Bella moría hacia mi poca tranquilidad añicos.


Escuche unos pasos tras de mí pero ni me volví ni me preocupe por secarme la cara demacrada, había pasado el suficiente tiempo escondiendo mis emociones, y sentía que podía desinhibirlas en este lugar sagrado, sin temor a nada.


Los pasos siguieron hasta posarse tras de mí, alguien se arrodillo como yo y comenzó a orar con verdadero fervor.


Sin poder evitarlo me di la vuelta y vi que se trataba de Jacob.


El perro.


Solo que ahora no podía siquiera sentir odio por él, porque me había nublado de todas las emociones menos de las que tenían que ver con el amor hacia Bella Swan.


Jacob estudio mi cara por espacio de dos segundos, pero fue lo suficientemente rápido para darse cuenta de lo que yo tarde en darme cuenta mucho tiempo.


- siento lo de hace un momento- susurro mientras el sonido de su oscura voz de propagaba en eco por la capilla – no suelo ser violento….-


Había estado tan encerrado en mi propio mundo que no había aprendido a reconocer a las personas que eran en verdad personas.


Como el hombre que se sentaba a mi espalda, cuya expresión facial de desolación, ahora que había abierto realmente los ojos, solo podía tratarse de amor fraternal.


No respondí nada. Me costaba trabajo hablar.


- nunca… pude hacer que Bella me quisiera…, desde que estábamos en el instituto… tenía miedo de hablarle, me parecía etérea y tan superior como lo es ahora… - el me estaba contando de ella, a pesar de que cada palabra parecía dolerme mas seguí escuchándolo, creo que necesitaba hacerlo. – Siempre la ame en silencio…y siempre la protegí en silencio hasta donde alcance a hacerlo, claro que en un sitio como aquel en donde vivimos, mis dotes no alcanzaban demasiado. Había dos chicos en nuestro curso…eran unos muchachos tan enfadados con la vida que se dedicaban a hacer imposibles las de los demás. Ellos la deseaban, y cada día yo tenía que luchar contra el ansia de querer matarlos para que no hicieran planes con ella. Si no llega a ser por mi Bella hubiera muerto el día en que trataron de violarla y casi lo consiguieron. Yo estaba ahí…vi como termino de ser destruida. Quise ayudarla, pero casi al día siguiente fue puesta en casa de acogida con unas personas hurañas que tenían una hija enferma. Creo que cualquier cosa significaba el paraíso para ella con tal de salir de ahí.


Me puse de pie y me senté a seguir escuchando lo que debía haber escuchado desde el principio, la conclusión obvia que debí sacar antes de emprender a destruir a la única mujer que de verdad me había amado por lo que era.


- no quiero ser su enemigo…- dijo lentamente - no puedo serlo porque sé que, a pesar de todo lo que le hizo, ella lo ama más que a nada. – me preguntaba qué tan cierto seria esa afirmación después de lo que había pasado - Cada gota del amor que siente por usted fue derramada en cada conversación que tuvimos. A Bella le debo mi nueva vida, esa que ella misma me alentó a buscar cuando me dijo que no podía amarme, porque no se podía entregar el corazón dos veces y el de ella ya tenía un solo dueño. Gracias a sus palabras decidí buscar mi propio destino y lo encontré donde menos lo pensé y al lado de Leah.


No necesitaba que me dijera que ella era como un ángel. Un ángel que había seducido cada parte de mí tan naturalmente que no me di cuenta.


- El Dr. dice que Bella puede quedar con secuelas neurológicas, hace un momento hable con el – seguía susurrando pero escuchaba cada palabra como si me la estuviera gritando al oído. – y vine a rezar por que eso no pasara, a rezar como se que ella hizo por mí. Le debo eso y mucho más.


Me dio una camaradera palmada en el hombro que quemo parte de mi armadura, el único amigo que había tenido era James y ahora este lobo decía que no quería ser mi enemigo.


- si ella vive – dije antes de poder detenerme – voy a hacer cada cosa que esté a mi alcance y las que no para que ella encuentre la felicidad.


- eso va a ser muy difícil- dijo el suspirando y terminándose de dar la vuelta para salir – porque creo que ella no será feliz con nadie más que con usted y usted…


- yo me encargare de darle felicidad, conmigo, o sin mi –lo interrumpí antes de que siguiera hablando, ya era lo suficientemente destructivo.


Aunque desde ya me preguntaba cómo iba a acontecer ese milagro de alejarla de mi.


Deje que Jacob se fuera sintiéndome más culpable aun por los trabajos de mi sucia mente, como había pensado antes, si con anterioridad hubiera tenido el suficiente valor y entereza para buscar esta verdad que parecía escupirme cada vez que la recordaba, para hacerme saber que había sido un rábano con todo, nada de esto estaría pasando en este momento.


No supe por cuánto tiempo permanecí sentado esperando la redención silenciosa que pareció repartirse en la pequeña capilla, sentí otros pasos pero estos eran incluso más pesados que los del propio Jacob por lo que me volví y vi al Dr. Brandon.


- ya puede pasar a verla…- dijo con lentitud mirándome compasivo.


Me puse de pie lentamente, como si la carga de mi culpa me hiciera las veces de la misma cruz que Jesús, claro que no había punto de comparación y yo merecía algo mucho peor que eso. Seguí a Emmet a pasos lentos mientras me conducía, sin ningún tipo de interferencia, por donde el celador no me había dejado pasar antes.


Olía a químico, a sangre y a muerte.


Era tan penetrante como poderoso y me daba miedo. Yo que siempre me había jactado de tener el valor suficiente para este tipo de nimiedades ahora me estaba desmoronando, por que recordaba dolorosamente cuando tenía 10 años y había entrado precisamente por ese pasillo que había sido ampliado con el paso de los años, a ver lo que quedaba de mis padres, yo mismo lo había pedido a pesar de que James había tratado de convencerme de que no lo hiciera, pero tenía que verlos, no podía despedirme de ellos de otra manera, Y ahora estaba acá, con el peso de mis propios actos encima, con un dolor que iba mas allá de cualquiera que hubiera conocido.


Cruce las segundas puertas que el médico guio y pude enfocar la vista.


Mi primer impulso fue cerrar los ojos y tratar de hacer de cuenta de que todo esto no era nada más que una pesadilla que podía llegar al fin, que cuando me despertaría me descubriría al lado de mi esposa, acunado por sus brazos, con ningún contrato, ninguna mentira en medio de los dos.


Pero ella, a la que ahora miraba, no parecía una persona viva.


Estaba muerta. O lo estaría.


Todo por mi culpa.


Reconocí algo de lo que mi padre había llevado a casa para prácticas, tenía un tubo oro traqueal que cruzaba sus vías respiratorias y funcionaba por un ventilador mecánico, lo cual me dio la ligera idea de que tan grave era la situación, si no podía respirar por sí sola las circunstancias eran demasiado complicadas.


Sus ojos permanecían cerrados, circundados por profundas ojeras, la piel era demasiado pálida, pero aun parecía conservar la frescura de la juventud y la suavidad de los pétalos de flores, decenas de equipos parecían conectados a ella de manera intravenosa, y tenía sendos vendajes alrededor de las muñecas.


En mi interior seguía rogando por que viviera, pero al verla, solo al verla, alguien, cualquier otra persona que no fuera yo, preferiría que muriera antes de verla padecer todo esto. Escuche la puerta cerrarse tras de mí pero hacía mucho tiempo me había olvidado de que Emmet había entrado conmigo. Me acerque aspirando el aroma que la rodeaba, aquel que, aun a dos pasos de la muerte parecía agudizarse en su piel, como si su sangre también conservara el olor y el sabor de las vainillas, por encima del olor a químico, a sangre y a muerte, ese que prevalecía en mi mente, estaba su olor natural, ese que me decía que si se encontraba presente quería decir que ella aun tenía una oportunidad.


Tome entre mis manos afanosamente la suya, tan fría e invalida como un pedazo pequeño de piedra, pero tan suave y etérea como la mano de un niño, de pie a su lado mis ojos parecían devorar cada centímetro de ella mientras escuchaba el lento y casi acompasado latir de su corazón monitorizado con cables de electrodos.


Levante esa mano inerte hacia mi nariz y la olí con deleite volviéndome a perder en su olor, del que también me había enamorado. Deslice suavemente esa mano por mis propias mejillas dolorosamente consciente de que si ella estuviera viéndome apartaría su mano de mi como lo merecía, pero debía aprovechar que aun no era consiente para empaparme de ella, para que cuando la perdiera definitivamente el golpe amainara un gramo, menos que eso.


Pose mis labios sobre su palma y la bese ansiosamente poseído por la conocida necesidad de posar mis labios en sus labios, de borrar con mis besos cada uno de sus sufrimientos, así no fuera un consuelo con poder.


-Bella…- mi voz inconscientemente la llamaba aunque sabía que estaba lejos de escucharme, apreté su mano suavemente rogando para que me escuchara, me incline sobre ella y bese lo que alcance a besar de su mejilla para luego dirigirme a su oído.-Bella… se que puedes escucharme – aun no estaba muy seguro de eso pero una parte de mi trataba de convencerse de que así era, aun que no tenía derecho debía tener fe. – se que de alguna manera puedes hacerlo, aunque no sea ahora me escucharas más adelante, porque lo que te voy a decir te lo repetiré una y otra vez así no quieras escucharme, yo si insistiré, así tu no lo hayas hecho, como no hiciste conmigo – trague en seco ante toda mi estupidez pero quería hablarle, de todo lo que sentía en esos momentos, o al menos una parte, no podía explayarme con un monologo interno cuando no teníamos tiempo para eso.- debiste obligarme a escucharte…debiste….- un vagido más propio de un niño que de un adulto crecido salió de mi garganta – perdón…perdóname… no espero que lo hagas pero necesito decírtelo…necesito hacer que me perdones porque te amo…te amo Isabella Swan y ahora no me arrepiento de admitirlo, aunque sea tarde…porque necesito decírselo a alguien y quien sería la persona más indicada sino tu…- bese su mejilla mientras las lagrimas que caían de mis ojos se plegaban en su pálido rostro – tu…la persona, la única persona capaz de saltar sobre todas las barreras que puse en mi camino para evitar sentir…me maldigo mil y una veces por lo que te hice… merezco sentir que el corazón a dejar de latirme en cualquier momento… merezco sentirme como la peor de las bestias… y aun así…. – nunca jama sabia pronunciado un discurso sentimental de esa magnitud y descubría que la sensación, mas allá de parecerme estúpida, comenzaba a brindarme un poco de paz. - me has robado algo que no sabía que tenía – me incline más a su oído, pero la frialdad de su cuerpo casi me congela…- algo que ahora es tuyo y que no quiero ni pienso recuperar…. Te llevaste mi corazón, Isabella Swan…


Todo esto eran palabras, pero la palabras no podían resarcirme de lo que había pasado.


- perdóname….- le repetí una y otra vez en el oído mientras mi propia cabeza parecía estallar de sufrimiento, pero ¿qué podía ser esto en comparación con lo que ella había sufrido?


En ese momento vinieron a mi cabeza los…bebes.


Aquellas almas inocentes a las que sin saberlo también destruí… ¿por que ella no me lo había dicho?, ¿porque antes de que yo comenzara a hablarle ella no me había dicho que estaba embarazada?


Pero desde ahora surgían otras dudas… cegado, como me encontraba, por los celos y la envidia, la ira… ¿hubiera sido capaz de escucharla sin poner en duda mi propia paternidad?


La respuesta a mis anteriores preguntas llego tan rápido como estúpidamente. Ahora me daba cuenta de que eso era lo que la había detenido de decírmelo… ella, después de mi horrible confesión… cualquier cosa que me dijera referente a ese embarazo yo la rechazaría sin más… ella llego a conocer mi verdadera personalidad en esos minutos en que la apuñale verbalmente una y otra vez…había sabido que, en el estado en que me encontraba, adjudicaría esa concepción a el perro…. a Jacob…


Que injusta podía ser la vida, no tenía derecho a quejarme pero ¿tenía que ser de esta manera?


¿Cuando me había dado cuenta de que en realidad podía llegar a amar?


La persona que amaba sufría por mi culpa.


No pude contar cuanto tiempo me quede, escuchando la cadente música de su corazón, calentando con el calor de mi mano las de ella. Hablándole una y otra vez de las razones por las que debía quedarse conmigo…


Ahora solo restaba que ella quisiera volver, esperaba que mi voz tuviera el efecto que quería, no quería manipularla pero quería quedarme con ella, quería que volviera a ser tan mía como antes, y sabia que en algún momento tendría que jugar sucio para eso… porque era mi joya y no podía vivir sin ella.


Salí después de unos momentos, cuando pude encontrar la suficiente entereza para dejarla un rato. Cuando Salí vi que Alice se encontraba apoyada en la pared. Sabía que tenía que hablarle pero pensaba que tal vez jamás hallara el momento preciso para hacerlo, especialmente cuando me miraba de esa manera tan fija. Dio dos pasos hacia mí y prepara mentalmente mi cara para recibir el bofetón que pronostique que vendría pero a cambio de eso ella levanto una de sus manos, en donde se hallaba una fotografía.


Alargue la mía para recibirla sin saber exactamente que era, pero cuando la vi se me encogió el estomago, ya la había visto una vez, en mis sueños, y por eso esta sensación de dejavu me hizo dar vueltas la cabeza.


Era la fotografía de una tumba…con una fuente y dos ángeles en ella…aun a distancia en la que estaba tomada la fotografía podían verse los nombres.


Samuel Carlisle Swan y Samantha Esme Swan…


Cuando leí el nombre de los dos niños corrí el grave riesgo de caer de rodillas otra vez y echarme a berrear nuevamente.


¿Porque ella me hacia esto?


¿Acaso no era ya suficiente con que la culpa me golpeara desde todos los ángulos?


No, no lo era. Ahora era mi turno de saber que mis propios hijos habían portado el nombre de mis padres… Esos que en solo una oportunidad mencione a Bella y esos que ahora me devolvían la mirada… incluso aunque pudiera odiarme ella habían pensado en mí…


No la merecía, esto lo tenía más que claro.


Mire a Alice que me contemplaba impasible, con un gesto me pidió que le diera la vuelta a la fotografía, así lo hice para luego descubrir que en ella había anotado el nombre del Cementerio Jardines de Paz. (En honor a la tumba de mi tía, que fue enterrada en este cementerio).


- A ella…, aunque no lo demostrara abiertamente…hubiera dado su propia…vida-sonrió tristemente cuando menciono esa palabra…- para que los conocieras… nunca…nunca me hablo de ustedes, pero sé que…en el fondo pensaba en ti en todo momento…


Asentí con un nudo en la garganta y el valor volvió a mi solo para decirle a Alice:


- Gracias…por ser su amiga…-


- Ella es la que se las merece… es la mejor amiga que nunca tuve…aunque fuera por poco tiempo.-


Se dio la vuelta y se seco los ojos, dando pasos para alejarse de mí.


Me volví a sentar en la sala de espera mientras el tiempo seguía pasando, sabía que en algún momento debía ir a cambiarme la ropa y todo lo demás, pero temía que ella despertara y no llegara a saber que me encontraba aquí, dispuesto a jugármelo todo por ella, como debí hacer desde el principio.


El móvil sonó pausadamente. Era James. Y sabía lo que había pasado.


- Lo siento mucho señor…-


- tu sabias – le dije con la voz tomada, aunque no enfadada, no podía culpara a James por mis propios errores, así el no hubiera insistido mas en advertirme


- una mujer tan inocente…no podría hacer otra cosa que enamorarlo… no puedo ofrecerle consuelo ya que calladamente fui participe de esta locura…pero debo pedirle que reconsidere lo que va a hacer ahora.


- Lo único que me importa es ella, James…Se que dejaste de trabajar para mi hace tiempo, pero te pido que vuelvas y te hagas cargo de mi empresa… te necesito, tú la conoces mejor incluso que yo…por favor.


Nunca había pedido nada a James por favor, se lo estaba rogando, le aumentaría el sueldo si era eso lo que le preocupaba, pero en esos momentos no podía ocupar mi cabeza en nada más que en Bella.


- no se preocupe, me mantendré al tanto.- dijo


- Gracias James…- suspire aliviadamente


- no tiene nada que agradecer…yo si debo….- comenzó el a hablar rápidamente


- ¿qué quieres decir?- pregunte sin entender.


- apenas ahora leo una de las revistas que Sheila me envió para que la viera en su fiesta de cumpleaños, no sabía que la había acompañado usted precisamente.


Seguramente había visto la foto que nos habían tomado, ese día, solamente me había dejado ver públicamente para hacerle un favor a Sheila, la hija de James, a quien habían plantado y no tendría con quien celebrar su fiesta de cumpleaños. No le había dicho nada a James porque sabía que, al no trabajar más para mi, por los motivos que ambos conocíamos, no dejaría que asistiera y Sheila tendría que arreglárselas sola, le debía a James mucho más que una noche acompañando a su joven hija.


- no tienes nada que agradecer- copie la frase de él mientras una sonrisa compichemente débil se trepaba por mi cara casi apergaminada.


- si me permite sugerirlo, creo que debería ir a la casa a descansar….puedo pedirle a Laurent que…


- no James, - dije rotundamente- gracias pero no…yo…simplemente no puedo moverme de aquí – confesé.


- Bien…cualquier cosa no dude en llamarme.


Corte la línea sintiéndome un poco mejor conmigo mismo, pero no podía apartar ni de mi mente, ni de mi mano y mucho menos de mis ojos la fotografía de la tumba de ellos.


De repente me entraron unos profundos deseos de ir a donde se encontraban. Pero temía que al irme ella también se fuera con los bebes y no pudiera verla una última vez con vida. Me hallaba entre la espada y la pared y solo se me pudo ocurrir una cosa.


Espere tiempo determinado para ver avanzar a Jacob hacia la sala de espera con un café en sus manazas. Me miro y me hizo un gesto de cabeza a modo de saludo, con un gesto de mi mano le pedí que se acercara. Se sentó en la silla que se encontraba a mi derecha y me obligue a mirarlo a la cara para el pedido.


- se que no tengo derecho a pedirte nada, y puedes negarte en el momento que quieras…Yo…- levante mi mano, la que tenia la fotografía y se la mostré dándome cuenta de mi pateticidad. – es la tumba de mis hijos…yo quiero ir a verles pero temo que…temo que si me voy… Bella…


No pude seguir hablando más, asociar a la palabra muerte con Bella estaba comenzando a afectarme mucho más que antes. Jacob asintió comprendiendo el sentido de mis palabras y la razón de mi falta de estas en ese momento. Saco una tarjeta y me la dio.


- ahí se encuentra el numero de mi móvil… puede llamarme cuando quiera.


Que mal había juzgado a Jacob, todo por dejarme llevar por mis volátiles emociones, hubiera podido granjearme su amistad, pero ya era demasiado tarde, no podía retractarme de mis errores, excepto por Bella.


Me puse de pie y me dirigí al baño a arreglar un poco mi apariencia como había sugerido James.


Cuando me mire al espejo, cosa que siempre hacia por simple vanidad, descubrí ante mis ojos a un yo que no conocía, casi toda mi vida mi expresión facial se limitaba al desdén y a las cosas importantes. Ahora en el espejo se reflejaba el claro ejemplo del desastre, mi rostro se venía demacrado, como nunca lo había estado, estaba pálido, ojeroso…


Baje las escaleras y me dirigí a un store que vendía ropa para los enfermos, allí compre algo más o menos decente, parecido a una sudadera deportiva para hombre. Luego salí de la institución y detuve un taxi para que me condujera a los Jardines de Paz.


Demoramos aproximadamente una hora en llegar, al parecer era bastante retirado, con cada kilometro que me alejaba del Hospital Estatal sentía mas y mas que el cráter en donde debía estar mi corazón se hacía más grande y más grande dándome tal sensación de vacío que por un momento pensé en decirle al del taxi que se detuviera y lanzarme desde un puente para acabar con esa sensación tan desagradable, pero me obligue, me forcé a soportarlo por que como había dicho antes, esto me lo había buscado solo, y solo debía soportarlo.


Estacionó en la entrada y le pague lo correspondiente a la carrera. Fuera del cementerio había varios puestos con ventas de flores.


Nunca me había dedicado a admirar el color de las flores excepto en el jardín de mi madre y después de Isabella. Eran tan delicadas como una brizna de aire, y compre con las que más hice conexión, unas azucenas según las nombro la vendedora.


Cuando las tuve en mí poder entre hacia el cementerio, había una paz parecida y a la vez diferente de la capilla del hospital. Una calma sobrenatural, más aun por saber que cientos de personas descansaban allí, embotaba los sentidos con olor a naturaleza pero con un deje demasiado perceptible de muerte y tierra.


Me acerque a una cabina de pino en donde había un guarda.


-Buenos Dias- me saludo apenas me acerque, le devolví el saludo y luego me dijo. – ¿qué puedo hacer por usted?


- necesito encontrar esta tumba - respondí con voz sombría y le mostré la foto que me había dado Alice, el conserje, o el cargo que fuera el que desempeñara la observo por unos momentos y después me señalo con el brazo en dirección oeste.- las tumbas están marcadas por números a la derecha, es la tumba 26 por todo el pasillo este.


Me di la vuelta y continúe caminando mirando cada nombre y acercándome cada vez más a la tumba numero 26.


Mis recuerdos eligieron ese momento para hacer acto de presencia y traerme la horrible sensación que había experimentado antes, la de dejavu, esto lo había vivido en un sueño que había tenido una noche antes de casarme con Bella, era el mismo sueño que ella misma había descrito cuando me lo conto. Cuando siguió confiando en mí. Casi creí que los sueños de ella podían tener el don de la precognición, el que había funcionado incluso en mí.


Finalmente encontré la tumba 26 solo que esta vez no se trataba de frio mármol manchado de sangre, sino puro limpio y sano. Era un pequeño y hermoso monumento adornado de detalles corrientes ubicados estratégicamente perfectos alrededor de una pequeña fuente. Había dos querubines alrededor de la fuente cada uno de ellos perseguido por una paloma, había flores de piedra y alrededor para complementar el hermoso cuadro. Tan hermoso que encogía el alma y a la vez tan horrendo para lo que contenía. Mire la lísa piedra viendo en vivo y directo los nombres de los ángeles que yacían allí.


Me arrodille sin importarme nada y puse las flores, repartidas en dos paquetes, en el espacio del nombre de cada uno.


Cerré los ojos y durante un segundo me dedique a imaginar cómo serian vivos, grandes y jugando conmigo, con ella, con todo el mundo. La niña seria igual de etérea y hermosa como su madre, el niño seria como yo, un pequeño don Juan dispuesto a defender a su inocente hermana cara a cara…


Mi mente se explayo por mi infancia y más lejos cuando incluí imágenes de hijos imaginarios en ellas corriendo a mi lado….


Abrí los ojos dándome cuenta de que había pasado más de una hora arrodillado ante ellos, lo que para mi habían sido minutos, rece a ellos pidiendo por lo que no merecía.


- si están cerca…- murmure pasando los dedos fuertemente sobre cada nombre de cada ángel. – quiero pedirles que me ayuden… no lo merezco y lo es tanto como se que para respirar se necesita una nariz. Pero quiero a su madre….necesito a su madre… y me voy a enloquecer si no estoy con ella. Sé que no tengo derecho a pedirles nada tampoco….no debería tener la vergüenza siquiera para venir a darles flores… pero tenía que hacerlo, ustedes, a fin de cuentas, también son míos. Lo que hubiera dado por conocerlos a los dos… Si, se que lo arruine todo, pero quiero una oportunidad para reivindicarme, se que no la merezco, se que mejor me muero y dejo de parlotear, y así será…. Cuando tenga la plena seguridad de que su madre se olvido de mi….no volveré a molestarlos, pero por ahora les pido…que la ayuden a salvarse, que la traigan a mí de vuelta, y juro con cada gota de sangre de mi ser que hare lo que sea necesario para que Bella sea completamente feliz….


Eleve una plegaria nuevamente para que ambos estuvieran en el paraíso, donde estaban los ángeles como ellos. Deposite un beso en mi mano y acaricie ambos ángeles de mármol, las duras replicas de lo que una vez fueron…


En ese momento sonó mi móvil, lo aferre enseguida completamente asustado de que fuera el augurio de malas noticias.


- ¿Si? – conteste apenas levante la tapa.


-¿Edward?- me pregunto la voz que reconocí como la de Alice.


- Alice… ¿qué...?- no me atreví a formular la pregunta presa de una horrorosa desesperación cuando ella no hablo de inmediato.


- Bella…tuvieron que trasladarla a la Unidad de Cuidados Intensivos…el médico Emmet dice que debe permanecer en estricta observación.


- dijo… ¿cuánto? –


- no – negó Alice lastimosamente – la información sigue siendo la misma…hasta que no pueda respirar por sí sola no sabremos hasta donde evoluciono el daño neurológico.


Suspire con desgana y volviéndome a sentir como la más miserable de las criaturas vivientes.


- Gracias Alice…no esperaba que llamaras…- dije sinceramente, y que haya establecido más "compañerismo" con Jacob.


- Jacob me convenció, piensa que… aun puedes hacer algo por Bella…


Me calle por unos segundos cuando comprendí eso que me decía, luego le dije sin poder quedarme callado.


-¿Y tú qué crees? –


- creo que Bella merece la felicidad por encima de los intereses de otros.


Sí, eso era lo que yo deseaba también… debía conservar la ligera tregua con Alice, ella podía hacer mucho o poco en mi beneficio y necesitaba toda la ayuda posible, puede que sonara como el mismo interesado de antes, pero me movían intereses mucho más que terrenales en esta ocasión. Debía recuperar a mi Isabella.


Seguí con mis hijos por espacio de media hora más, curiosamente me dio por relatarles las historias que recordaba haber escuchado de mi madre y que habían permanecido guardadas en mi cerebro hasta el momento.


Luego tuve que irme, porque me gano más la ansiedad por saber en donde había sido trasladada Bella y si se había presentado un cambio en su estado.


Pero debía ir primero a la casa. Necesitaba una ducha y tal vez un poco de comida, aunque sentía que si comía, bien podía empezar a pensar en volverme anoréxico…


Dos horas después y listo para enfrentarme a otra riada de horas de desasosiego entre al Hospital Estatal nuevamente.


Uno de los vigilantes me guio hacia la Unidad de Cuidados Intensivos.


Cuando llegue allí me tope con el Dr. Brandon, parecía salir de turno.


Sus noticias no retrocedieron ni avanzaron, aun se encontraba en estricta observación en espera de salir del trauma al que se había visto sometida.


No la apresuraría, al menos en esto podía ser tan paciente como ella quisiera demorarse.


Julio


Había pasado un mes.


Un largo, desastroso, maquiavélico y desesperanzador mes.


Bella había sido sometida a todos los exámenes de rigor que se pudieran imaginar. Permanecí a su lado como su fiel sombra. Ella recibía a menudo visitas de Alice y de Jacob, me fue permitido por ellos, quienes en esos momentos tenían más derecho sobre ella que yo mismo, ellos dejaron que me quedara con ella, que fuera su acompañante permanente y no me incomodaba en lo mas mínimo desempeñar esta tarea, parecía hecho para ella, me sentía el guardián de la rosa y esperaba que todo terminara pronto, no porque me aburriera ni mucho menos, era solo que la incertidumbre era cada vez mayor.


Cuatro semanas de desdichas, dolor, tristezas y más dolor.


Estaba en la cafetería tomándome algo cuando vi que James se aproximaba, parecía haber perdido un poco de peso desde la última vez que lo había visto, parecía cansado y agotado, sabía que esto era en parte por mi culpa por qué le había obligado a cargar con mis funciones ya que mi cabeza no estaba funcionando correctamente. Aunque en esta oportunidad no parecía desagradable.


- Buenos Dias, señor – dijo sentándose elegantemente


- Hola – lo salude, señale con un gesto el surtido de la cafetería y le dije – ¿quieres algo?


- un café, para empezar… el tiempo dirá.


Cuando se lo trajeron comenzó a contarme sobre la empresa, parecía que el negocio hecho recientemente estaba dando frutos, lo escuche solo a medias mientras la otra mitad de mi cerebro se pegaba a la última imagen de Bella que tuve hacia media hora. Mucho más delgada que de costumbre al verse alimentada por sonda y líquidos de suero, pero viva….viva esperando por algo….por su propia alegría, ¿yo que podía saber?


- creo que le agradara saber que aun se encuentra usted casado con la señorita Swan.


La noticia me cayó como un balde de agua tibia después de vagar por un polo.


- ¿como? –


- creo que…inconscientemente se negó a firmar usted los papeles y ella nunca llego a recibir los que ella debía firmar….parece que creyó que yo lo arreglaría todo…según comento el directriz de este hospital.


Al parecer, por alguna razón, yo no había firmado mis papeles y ella tampoco a pesar de que se los escupí en su cara como el más cerdo de los hombres. Sacudí mi cabeza con desgana cuando inevitables memorias de ese fatídico día, en donde había sellado mi propia condena, asaltaron mi mente.


Pero era algo bueno, algo beneficioso para mí. Si ella aun era mi esposa seria más fácil tenerla a mi lado…después solo era cuestión de convencerla….solo que me haría falta mucho más que un contrato para retener a Bella a mi lado en caso de que quisiera marcharse lo cual sería exactamente lo que sucedería.


En días previos, y tan tarde como todo lo demás, descubrí que la mujer de mis sueños no era sino Isabella Swan


Aquella figura etérea, hermosa y deseable que se cruzaba por mis sueños había tenido nombre desde el principio y yo solamente me había dejado llevar por la cantidad de sensaciones que me producía soñar con esa mujer. Ahora que la veía de frente comprendía que la había amado mucho antes de darme cuenta. Había descubierto toda su belleza sin detenerme a pensar realmente. Hubiera dado mi propia vida por la mujer del sueño y allí estaba ella…a mi lado pero tan lejana como una vez lo estuvo la otra, y aquí estaba yo, tan imposibilitado para ayudarla como antes.


Escuche unos pasos rápidos y vi que Alice se asomaba a la cafetería. Parecía eufórica, algo dentro de mí se removió terriblemente, parecía traer noticias.


- Alice…- dije apenas se acerco.


- Parece que está comenzando a rechazar el respirador- dijo solamente.


Pero después de tanto tiempo eso era como decir que un bebe había aprendido a caminar a los dos meses.


Una gran sensación de alegría trepo por todo mi cuerpo ante los avances de ella, ¿seria que me había escuchado?


¿Seria que Dios de verdad podía darme otra oportunidad para retenerla junto a mí?


Deje a James, aunque sabía que el verdaderamente comprendía y subí hacia la unidad tan rápido como fue posible. Me puse mis medidas de seguridad de manera torpe y rápida ante el afán de poder verla moverse siquiera un poco. Cuando estuve listo avance hasta la unidad 3, en donde llevaba todo el tiempo acostada. Estaba pálida aunque había recibido la última transfusión necesaria 15 días atrás. Por lo demás todo parecía ser lo mismo.


Súbitamente su cuerpo se sacudió como si quisiera toser, y luego se quedo completamente quieto, para ella era como el avance de un güines record y una alegría jamás conocida, solamente cuando ella había estado conmigo, se adueño de todo mi ser…


La enfermera me pidió que saliera, casi tuvo que forzarme pero el Dr. Emmet entro en ese momento y me pidió con la mirada que saliera para que atendiera a Bella y dispusiera de la conducta a seguir.


Cuando Salí vi que Alice se acercaba corriendo y sin pedirlo siquiera, sin imaginarlo, se lanzo a mis brazos y me abrazo con alegría, yo la abrace también porque sabía que esto era buena señal, tenía que serlo.


Cuando me soltó se seco las lagrimas y me dijo


- Avise inmediatamente al Dr. Brandon, acerca de las reacciones de Bella y me dijo…- sonrió llorosamente. - me dijo que si empezaba a respirar por sí sola, quería decir que aún conserva sus funciones motoras y el nivel del daño neurológico retrocede…Oh Dios….espero que se encuentre bien.


Quince minutos después Emmet salió de la unidad quitándose sus protecciones. Nos localizo con la mirada y se dirigió a nosotros. Alice y yo nos pusimos de pie.


- Tuvimos que sedarla nuevamente ya que intento desentubarse… pero dado el estado de agitación podemos decir que sus funciones motoras están estables…


Suspiramos aliviados pero la mirada de Emmet no estaba diciéndolo todo.


- Aun así debemos esperar su evolución, la manera de proceder en estos casos es realizar el destete del ventilador y dejarla sedada lo suficiente para que respire por si sola pero sin que llegue a alterarse, gradualmente continuaremos destetándola de la sedación y podemos comprobar si quedaron secuelas cerebrales.


Aun tenía que seguir con esta incertidumbre pero me aliviaba sobremanera que Bella no tuviera un daño físico permanente, aunque de todas maneras podía quedarse invalida de por vida, nada haría que la amara menos de lo que lo hacía ahora.


Agosto


Otro mes paso, los avances de Bella continuaron aunque no de manera consciente, seguía bajo efectos de la sedación por orden médica, aunque había sido desconectada del ventilador y ahora lo hacía por sí misma.


Verla respirando normal, como si se encontrara solo dormida me producía un bienestar enorme, era como si cada vez que entrara la viera dormir y pudiera despertar en cualquier momento y mirarme como solo ella sabía hacerlo.


Pero había hecho grandes avances, sus movimientos cuando la sedación terminaba, semejaban a los de alguien lleno de salud, agitaba los brazos y piernas y aunque Alice temía que se debieran a convulsiones Emmet nos había tranquilizado informándonos que los pacientes neurológicos tenían ese tipo de reacción a lo desconocido. Bella no podía ser la excepción dado que había tenido un trauma muy grave a nivel cerebral por la hipoxia producida bajo el agua.


Desayune en mi casa bajo la vigilante mirada de Victoria que había empezado a ser rigurosa en mi alimentación, había bajado un poco de peso debido a todo el stress manejado a partir de la hospitalización de Bella.


Había hablado con Victoria y con Laurent acerca del error que había cometido, parecía que las palabra salían solas cuando les comentaba todo lo que había pasado por mi culpa, por la nuestra, Laurent me había mirado impasible y me había dicho que sospechaba que la "niña" era la indicada para cambiarme pero que siempre la había mirado recelosos por pensar que podía tratarse de una caza fortunas, Victoria solo había dicho, con lagrimas en los ojos, que debería haber sabido que esa alma de Dios jamás sería capaz de engañarme. Más observadores que yo, mucho más, pero tan manejables como su condición se los decía.


Subí al auto y maneje hasta el hospital.


Mi dolor, mi ira, y mi desesperación habían convencido a Alice de que estaba arrepentido hasta la medula por lo que había hecho, habíamos forjado una amistad tan sana y llena que en ocasiones sentía que ella era la hermana pequeña que en el fondo siempre había querido tener.


Con Jacob era algo similar, aun sentía una punzada de celos pero era algo que podía controlar. El también se había convencido de mi amor hacia Bella y hacia lo posible por alentar cualquier situación tensa.


Estacione en el parqueadero y me baje, subí al acensar, este era mi recorrido matutino, casa, hospital, casa. Había llegado a la conclusión de que mi presencia constante no ayudaba ni hacía daño a Bella, y todos incluyendo James me habían convencido de que podía ir y venir. Había accedido siempre y cuando ninguno de ellos dejara sola a Bella en mi ausencia.


Cuando entre me tope de frente con Jacob que tenía en la cara una expresión seria.


- ¿qué... qué pasa?- le pregunte por instinto cuando leí preocupación en su seriedad-.


- se…ha despertado –


Cuando pronuncio las palabras mi cuerpo reacciono al instante para ir a con ella pero Jacob me puso una mano en el hombro para detenerme –


- hay algo más… -


- ¿que…que?- le pregunte exasperado ante sus largas.


- no ha pronunciado palabra desde que le quitaron la sedación…parece que está en trance…


Algo parecido a un yunque me golpeo la cabeza…


Todo lo que decía Jacob parecía indicar que había daño neurológico…la pregunta era… ¿cuanto?