Dark Chat

sábado, 23 de octubre de 2010

Phonography

Cap. 6 No me digas que no


No me importaba esperarla a dos cuadras de su departamento, tampoco me importaba que hubiera revistas llenas de fotografías de ella junto a él pretendiendo ser la pareja perfecta. No mientras su corazón y su alma me pertenecieran, el podría tener la formalidad y el reconocimiento, yo la tendría a ella.

Saqué el seguro mientras la veía correr hasta mi auto. Mientras entraba encendí el contacto y apenas cerró la puerta y nos besamos aceleré para sacarla de allí. Tomé la autopista sin rumbo. Nos perdimos por unos caminos hacia las afuera de la ciudad, no tenía idea de donde ir pero tenía claro que debía ser lejos, lo más lejos posible. Durante todo el trayecto jugo con mi entrepierna, disfrutando al máximo las expresiones que daba producto de lo desesperado que me traía. Lo hizo hasta que no aguante más y estacioné el auto en una pequeña saliente que divisé entre unos cerros, no había nadie ni nada más que ella y yo.

— Te eche de menos —exclamó besándome con pasión. Sujete de su cintura atrayéndola hacía mí, se sentó en mi regazo, mientras sus finas y diminutas manos se posicionaban en mi barbilla.

— El vuelo se atrasó —explique hipnotizado por su mirada, lo único que fui capaz de hacer, fue correr un mechón de cabello de su rostro.

Al verme hacer aquello, se incorporó y se lo sujeto en una coleta. Sus labios se torcieron en una sonrisa sugerente y su mirada de niña traviesa me cautivo. Amaba a la mujer frente a mí en toda la extensión que esa palabra podía significar. Jamás me había sentido así por nadie y me agradaba la sensación de necesidad que despertaba.

Yo también había echado de menos su cuerpo tibio, sus labios tersos, suaves y dulces como la mejor miel que hubiera probado en años. Me encantaba ese cereza desteñido tan característico de su boca que luego de besarla se transformaba en uno furioso.

Deslice la palma de mi mano por su cuello mientras ella aún luchaba con su frondoso cabello para sujetarlo correctamente, no aguante a que tuviera hecho el moño de manera correcta y la recargue contra el manubrio con apuro.

Obviamente y como era de esperarse ella se dejó, abrí lentamente y sin quitarle la vista de encima, los infames botones de su blusa hasta conseguir que quedará completamente abierta para mí. Recorrí con la yema de mis dedos su piel desnuda, deslice uno de mis dedos por entre sus pechos mientras ella terminaba de arreglarse el pelo, sentí como su cuerpo se estremeció cuando llegue hasta el punto donde la copa de los corpiños se une. En sus labios se dibujó una amplia sonrisa picarona.

Acercó su rostro al mío y me beso, su húmeda lengua entreabrió mis labios y obvio la deje pasar gustoso. Correspondí al beso introduciendo la mía en su boca, embriagándome de aquel sabor tan delicado. Sentí a lo lejos como sus dedos, tembloroso y un tanto desesperados, luchaban por quitarme la polera que traía puesta.

El sol estaba poniéndose y había una ráfaga de viento tibio que golpeaba el automóvil, ese suave vaivén del viento también permitía que la copa de los árboles cediera en aquel juego con fuerza esparciendo una que otra hoja en nosotros. Cuando las advertí, molestas, en nuestros rostros me convencí que no había sido la mejor idea haber comprado un auto descapotable.

Intensifique el beso debido a que dos semanas sin ella habían sido demasiado calvario para soportar un segundo más sin ella. Odiaba no tener aún una residencia fija, bueno específicamente odiaba no tener un lugar junto a ella.

Con el beso creo que le demostré no solo mi urgencia por amarla, sino que la urgencia que sentía por que ella me amará a mí. Tiré de su blusa desnudando sus hombros y me acerque a besarlos. Mientras lo hacía puse mis manos en su espalda para desabotonar el corpiño y liberarla de aquella infame pero sexy prenda de vestir.

Para cuando liberé sus hermosos y bien definidos pechos, ella ya tenía sus manos en el botón de mis pantalones, estaba mordiéndose el labio inferior de esa manera tan provocativa que me encantaba. Desabotonó y bajo el cierre con tanta urgencia como la mía, el fulgor demostrado por ambos a este punto era demasiado.

Sus labios tibios besaron mi cuello y comenzaron a jugar mojando la piel bajo mi oído mientras se alzaba para que yo hiciera, lo correspondiente, para quitar su falda. Se sujeto al manubrio, como una experta, para que pudiera tirar de su ropa interior, el objetivo era más que obvió. Me sonreí, recorrí su pelvis hasta legar a sus caderas y deslicé la prenda pasándola por las rodillas hasta quitarla por completo.

Para hacer más espacio corrí el asiento hacía atrás, todo lo que me permitiera la realidad de mi automóvil, no pude evitar, mientras acomodaba el asiento, deslizaba mis dedos por su entrepierna hasta llegar a esa parte tan intima que ya sentía como mía, la acaricie, cuando Bella jadeo mirando al cielo, sonreí.

Me miró con esos ojos castaños exquisitos y me beso con lujuria mordiendo mi labio inferior en el proceso.

Me encantaba la forma tan necesitada de besarme, me agradaba sentir que, para ella, yo también era una necesidad, una insaciable, una imprescindible, una que no podía negar. Así que disfrute de aquel beso fogoso que me dio incorporando a ese encuentro mi propia fogosidad.

Se acomodo un poco separando su rostro del mío mientras luchaba por quitar mis pantalones, claro que solo lo necesario. Al lograr su objetivo sus ojos brillaron al igual que sus mejillas, que se tiñeron de un rosáceo exquisito. Aún tomada al manubrio giró su cuerpo regalándome una sonrisa inocente pero cargada de deseo, cuando estuvo de espaldas a mí entendí su propósito y la seguí. Ambos emitimos un gemido audible cuando me sentí en su interior. Enterré mi rostro contra su espalda mientras ella comenzaba a moverse lentamente.

Sentir la tibieza de su ser era la sensación más divina y fantástica que podía haber sentido alguna vez, y era increíble que no importará cuanto lo hiciéramos, yo seguía sin tener suficiente de aquel placer que su cuerpo me proporcionaba. A este punto Bella era como una droga, una de la cual no quería rehabilitación, una por la cual mataría.

El movimiento de sus caderas eran lentos y profundos al principio, tenía sus manos sujetadas al manubrio frente a ella. Las recorrí acariciándolas mientras sentía la fricción de ese movimiento endemoniadamente satisfactorio.

Corrí su pelo a un costado y bese la parte de atrás de su cuello desnudo deslizando mi lengua hasta la base, mi intensión era hacer tan placentera su experiencia como la mía. Sentí que estaba lográndolo cuando su cuerpo se comenzó a estremecer, sus jadeos se hicieron más constantes, más audibles, había perdido el control y lo comprobé más aún al sentir como ella aceleró sus movimientos ayudándose de sus manos.

Hasta ahora no le había visto ni descubierto la utilidad a ese pequeño instrumento que lejos de ser un estorbo estaba convirtiéndose en un arma peligrosamente últil. Nuestras respiraciones se hicieron erráticas en cuestión de segundos. Mientras la sentía moverse, aproveche y deslice mis manos por sus pechos acariciándolos, su piel estaba ahora completamente sudorosa producto del esfuerzo.

Se soltó y puso sus manos sobre las mías guiándome en ese juego tan perverso de acariciarla, diciéndome donde y como hacerlo. De pronto sentí como ella llevó hasta sus labios, una de mis manos, la dejo allí y los entre abrió, sentir su hálito tibio en la yema de mis dedos húmedos con su saliva acrecentó mi excitación. Acaricie sus labios mientras escuchaba esos gemidos que me trastornaba. Ella besaba mis dedos de vez en cuando.

La fricción de nuestros cuerpos se hizo más intensa provocando que, el moño hecho en su cabello, comenzará a soltarse a medida que su cuerpo se movía contra el mío más rápido. Me acerque a su oído y susurré su nombre mientras ponía mis manos en sus caderas para incrementar la rapidez y frecuencia de sus embestidas, cuando por fin sentí que juntos alcanzaríamos el cielo, Bella se recargo contra el manubrio contrayéndose.

— Te amo, te amo, te amo —repitió una y otra vez con su voz distorsionada mientras colapsaba.

Tenía la respiración agiotadísima y difícilmente podría haberle articulado una respuesta coherente, atiné solo a recargarme contra su espalda besando sus hombros mientras luchaba por bajar mi corazón de la garganta. Giró su cabeza aún recargada contra mi pecho de espaldas y puso una mano en mi rostro mientras me besaba.

— Bienvenido a casa —murmuro divertida mientras se levantaba para cambiar de posición.

Me miró con deseo y me ordeno el pelo. Me reí besándola nuevamente en los labios.

— Estas provocando que desee irme otra vez—advertí y ella me miró sorprendida.

— Entonces creo que tendrás que comprarte un auto que tenga asientos trasero —contestó besando la punta de mi nariz.

Siempre había pensando que las despedidas eran innecesarias y absurdas pero al tenerla a ella me parecían macabras. Mi corazón se tiño de oscuridad penas constate nuestra triste realidad, ella le pertenecía a otro, yo solo la tenía prestada y eso estaba carcomiendo mi alma. Estacione en el mismo lugar de siempre, el mismo lugar que utilizaba cada vez debía volver a la triste realidad de dejarla a la vuelta a su departamento. Eran dos cuadras de distancia, dos cuadras de un callejón sin salida, dos cuadras entre él y yo. En realidad, ella trataba de evitar que "él" pudiera verla bajar de un auto desconocido y ahorrarse la explicación de ¿Por qué? De mi presencia cuando ya no había motivo para estar juntos.

— ¿Nos veremos mañana? —pregunté con el corazón en la mano y jamás me creí en esta situación, yo era el "otro". Giró su rostro hacía mí, su mirada no era difícil de leer, no abría un "mañana". Enfurecí.

— Eeeee, la verdad, quede de acompañar a Jacob a… —explicó con dulzura una que no estaba muy dispuesto a escuchar, así que la interrumpí, a veces desearía que ella mintiera en vez de ser tan honesta.

— Bella… por favor… no… —susurré en reproche.

En realidad era melancolía más que regaño, yo mejor que nadie, sabía que ella ya tenía una historia, el problema es que yo quería que su historia fuera conmigo no con él. Arrugué el entrecejo, me lleve mis dedos allí y suspiré en un intento de calmar los celos. En realidad buscaba el momento, o mejor dicho las palabras justas y precisas para decirle que era demasiado tortuoso saber que ella y su "novio" aún estaban juntos. El hecho de que ambos compartieran departamento y no solo eso, sino la cama era algo que no sabía si podría seguir soportando. Al hacerme la imagen mental de aquel "compartir" era cuando deseaba fervientemente que mintiera, que me dijera que saldría con alguien, prefería una mentira creíble para poder en parte, amenguar la ira que me hacía sentir aquella situación.

— No me ha tocado si eso es lo que piensas —se escudó deslizando sus dedos por mi barbilla, trató de tomar mi rostro pero lo quité de sus manos, dirigí entonces mi mirada por primera vez hacía ella.

— ¿Entonces por qué sigues con él? ¿Por qué simplemente no terminas esa relación inexistente? —cuestioné desesperado por encontrar la lógica a que ella me tuviera como amante cuando podría tenerme como un todo.

— Porque no puedo —exhaló complicada y seria — es difícil —concluyó.

Y entonces me di por vencido, exhalé todo el aire que tenía en los pulmones rompiendo con el sonido que esto produjo el silencio que se había formado y sus palabras me recordaban en parte lo que yo había aceptado desde el primer minuto en que me había involucrado con ella: yo había elegido convertirme en su amante, ahora no tenía nada que exigir ni menos reclamar.

En ese minuto comprendí entonces a todas las mujeres del planeta que se transforman en la amante del marido despechado, se siente demasiado terrible tener que dejar ir, noche tras noche a la persona que se ama a los brazos del "otro". Es demasiado difícil permanecer en las sombras dando todo y recibiendo apenas nada.

Se reduce a complacer y luego traer a las puertas de aquel hogar que le pertenece a "él". Es demasiado pedir, me carcomía el orgullo pensar que yo podría ser él. ¿Por qué Bella tenía que haber tenido novio?, me pregunté y maldije el día en que se conocieron ambos.

No solo eso sino que maldije todo el pasado de ellos dos como pareja y me maldije a mí y a mi corazón estúpido por haberme enamorado de un imposible, me había enamorado a tal punto, que era incapaz de romper el círculo, no podía dejarla porque la amaba, la amaba con locura.

Aún así y a pesar que siempre repetía la misma historia cuando conversábamos de "la relación" que ambos llevaban y aunque Bella me juraba que entre ellos dos no pasaba de nada, desde que nos habíamos involucrado al menos, yo también era hombre y ese "no pasa nada" me era difícil de creer y digerir ¿Cuánto tiempo podría negársele?, era una pregunta que francamente y muy en el fondo no quería responder.

— Es tarde —concedí al final quitando la mirada de su rostro apenado y encendí el contacto de mi vehiculo. Mientras más pronto terminará con el macabro ritual de la despedida más pronto podría irme de allí lejos, a la seguridad de hogar, donde dejaría de lado mis instintos asesinos porque en el preciso momento que ella cruzará la puerta del auto y la viera alejarse se me llenaría la mente de ideas perversas en la cuales, Jacob moría y no de la mejor manera.

— Pronto empezarán las grabaciones de la película, estaremos solos tú y yo, por favor no te enojes —me pidió acercando su rostro al mío con la intensión de besarme. Esquive lo mejor que pude sin hacerla sentir miserable, tampoco era la idea de terminar un día maravilloso discutiendo pero dolía. Me dolía compartirla.

— ¿Qué sucederá después? —le pregunté cuando logró que mi rostro encarará su mirada de chocolate entristecida.

— Edward es complicado sobre todo y principalmente porque tu no vives aquí —me respondió nerviosa.

— Viviría contigo si tú lo quisieras —rebatí y ella bajo su mirada.

— Tiempo, es todo lo que te pido, no puedo llegar y dejarlo, Jacob no se lo merece —arguyó entre dientes

— Paciencia es una virtud que desgraciadamente no tengo Bella —respondí y ella giró su vista al frente.

No nos despedimos, simplemente se bajó del auto y no esperé a que ella caminara hasta cruzar la calle como solía hacerlo, esa noche quería irme lo más pronto posible, traté de no hacerme a la imagen mental pero fue inevitable, de pronto en el fondo como un dibujo deslucido estaban él y ella, apreté la vista y pisé el acelerador, no recuerdo como giré el vehiculo ni como salí de aquel callejón, simplemente sentí la brisa que se colaba por la ventana entreabierta y en un suspiro ahogado ya estaba enfrentando un semáforo en rojo, apreté el freno y el auto rechinó.

Entre a mi departamento y miré el contestador tenía diecisiete mensajes pero no quería escuchar ninguno. Me senté frente a la televisión y la encendí, cambie de canal en canal sin mucho resultado en menos de cinco minutos, estaba en eso cuando apareció "ella" en las noticias del espectáculo de un canal farandulero pero claro, como una verdad presagiada, no apareció sola, estaban ellos dos, ambos con ese rostro de enamorados eternos que me revolvió el estomago.

—¡Ella es mía! —grite mientras tiraba el control remoto a un lado.

¿Pero que estaba haciendo?, reflexioné apenas sentí el crujir del pequeño aparatito todo desarmado en el piso de la sala de estar. Tenía claro desde el comienzo de esta aventura que ella tenía un pasado, que ella tenía a alguien y que yo había comenzado como lo que era: alguien que se había metido a su vida una noche cualquiera sin tener derecho a nada más que a una caricia furtiva, a un beso a escondidas, a una noche de lujuria sin atadura, en resumidas sin derecho a nada más que un encuentro casual.

¿Quién me aseguraba que ella no lo amaba? ¿Acaso no se pueden amar a dos personas a la vez? ¿Desde cuando tengo que pedirle fidelidad a quien engaña?, pensé mientras salía a fumar un cigarro a la terraza.

Eran las tres de la madrugada, no corría ni una pizca de viento aún y yo aun con los ojos más abiertos como si fuera medio día. Me recargue contra la baranda mirando al cielo mientras contemplaba absorto las figuras que el humo, caprichoso formaba en el aire.

Bajé la vista sin querer y mi mirada dio de lleno hacía el ventanal de mi habitación, la terraza unía la sala de estar con el dormitorio principal, no pude evitar que me inundarán los recuerdos al mirar hacía mi cama, retrocedí hacía un par de tardes atrás, retrocedí hasta llegar al recuerdo más patente que tenía y que era con ella en esa cama, me consumió la lujuria al imaginarme su rostro, sus facciones, sus gemidos ¡Dios!, grité ahogado apagando el cigarro a medio fumar.

Su olor estaba impregnado en el ambiente o al menos eso me parecía, porque juraba que ella estaba allí, ese tinte dulzón de su perfume, ese olor a fresias de su cabello me estaban persiguiendo. Luche por no llamarla pero finalmente me venció la curiosidad, quería cerciorarme que ella no estaba mintiéndome respecto a ese "no ha pasado nada entre nosotros". Disque su número y los bip me parecieron eternos hasta que finalmente me contesto, en un principio, deseaba que me hubiera contestado con la voz adormilada pero me sorprendió sobremanera lo agitada que se encontraba, incluso paso saliva para hacerla más clara y firme. Bella no estaba durmiendo, abrí mis ojos aún en shock por como la había escuchado.

— ¿Bueno? —insistió tratando de controlar su respiración.

Entonces me encegueció la rabia que en cuestión de segundos consumió mi corazón.

— ¡No que no te tocaba! —grité consumido por la ira y sin esperar explicación alguna — Cinco minutos Bella, en la puerta de tu edificio y será mejor que estés allí para cuando llegue sino Jacob va a recibir una visita de media noche —amenacé colgando el celular.

Me vestí con lo primero que encontré, ni siquiera me saque el pijama, simplemente me puse el primer pantalón que encontré y la polera que había dejado en el suelo de mi habitación y salí. Baje raudo las escaleras de servicio, esperar al ascensor me pareció darle demasiada ventaja, tenía un objetivo y era llegar hasta ella en el menor tiempo posible. Otra vez hice rechinar los neumáticos en la salida del estacionamiento, un auto venía entrando y cedí el paso, simplemente pase primero provocando la detención brusca del otro conductor, no me importó.

Ellos no me verían la cara, no esta vez, no iba a permitir que ella fuera de otro que no fuera yo. Me pase más de cinco semáforos rojos hasta que di con el edificio, como era de esperar y en parte de manera tranquilizadora la divisé, ella estaba afuera mirando bastante preocupada por no decir desesperada a todos lados.

Vestía un buzo y una cazadora que apretaba fieramente contra su cuerpo por lo que deduje que hacía frió, yo en cambio, sentía un calor inmenso y era producto de la rabia que sentía. Apenas me advirtió se acercó hacía mí pero fui más rápido y me bajé antes que ella pudiera llegar hasta el auto.

— ¡Esto se termino, o le dices tu a él o se lo digo yo! —demandé como un verdadero loco consumido por la indignación que me provocaba la situación.

Bella me miró en pánico, se interpuso en mi caminar decidido impidiendo en parte que pudiera dar alcance a la puerta de su edificio. Estaba decidido a subir hasta el maldito departamento y gritarle todo a su cara. ¡Ahora te quiero ver Jake!, pensé disfrutando anticipadamente de la expresión que él me daría al enterarse que su adorada Bella lo engañaba.

— No… por favor… Edward… cálmate, por lo que más quieras… te lo ruego, entre él y yo no paso nada… —trató de convencer pero esta vez no iba a ceder tan rápido.

— ¿Nada? —inquirí irónico — entonces por qué contestaste como si estuvieras teniendo sexo con él —espeté furioso.

Sus delicadas manos se ciñeron con fuera a la solapa de mi chaqueta, en un intento por alejarme de mi objetivo, su mirada estaba vidriosa, Bella estaba realmente asustada, apenas logró coordinar ideas y con la voz temblorosa finalmente habló.

— Al menos déjame explicarte que sucedió —pidió en un susurró

— No quiero más mentiras, se acabó, mi paciencia se agotó —respondí tomando sus manos para quitarlas pero ella se aferró incluso más.

— Cuando llamaste me encontraba lejos del celular, me había levantado al baño, no es lo que piensas, Jacob está durmiendo. Sí contesté agitada fue porque corrí para contestarlo antes que él se despertará y lo hiciera, eso fue todo —aclaró desesperada.

— ¿Por quién me tomas?, no soy estúpido —grité nublado por la ira que me provocaban sus excusas de mentira.

— Te estoy diciendo la verdad —insistió alarmada por mi grito despechado. En un minuto de sensatez noté que estábamos haciendo una escena a vista y paciencia de todo quién quisiera vernos, de hecho, el conserje de su edificio se había levantado de su asiento y se había acercado, un tanto curioso pero también alarmado, hacía la mampara de vidrio, estaba atento a salir en cualquier momento – Edward… te lo suplicó, todos se darán cuenta —conminó alejándonos de allí unos cuantos pasos.

—¿Y qué? –exclamé sin importarme aquello.

No me importaba en lo absoluto que todo el mundo se enterará de lo nuestro, es más, quería fervientemente que todos, incluido él lo supiera. Me apoyé contra mi auto.

Desesperado esa era la palabra que podía describirme mejor en aquel momento. Estaba completamente e irracionalmente desesperado por Bella.

Hubo unos minutos de tenso silencio entre ambos, las recriminaciones se habían terminado al menos por ahora, se me contrajo el corazón al advertir su rostro marchito por los nervios, aquellos ojos marrones estaban vidriosos y clavados en mí. Su expresión era demasiado tortuosa, jamás la había visto así. Entonces me percaté de otra cosa, su cuerpo completo estaba temblando, fue allí cuando recién dimensioné mi arrebato de celos. Esto estaba saliéndose de las proporciones.

— Por favor —me pidió entre dientes acercándose pero esquive su cuerpo soltándome de sus manos.

Nos quedamos mirando por un breve segundo, uno donde el tiempo se detiene y parece que fueran siglos, su mirada era tan trasparente como la mía, tenía miedo, miedo a perderme por que yo no le creyera su verdad. Fue entonces cuando me reí nervioso, estaba siendo totalmente irracional con la escena recién montada.

Incliné mi cuerpo un poco, dispuesto para acercarme cuando Bella, de la nada, se llevó una mano al estomago, abrió sus ojos sorprendida y todo su cuerpo se inclinó perdiendo el equilibrio. En un acto reflejo logré alcanzarla y la sujete entre mis brazos. Alce mi rostro con mi mano, esté había perdido completamente el color.

— ¿Te sientes bien? —le pregunté preocupado.

Era increíble como podía pasar de estar furioso con ella a estar preocupado por su bienestar. Solo ella era la causante de aquellos cambios de humor tan repentinos, en verdad, me sentía como su marioneta personal.

— Estoy bien —confirmó en un balbuceo escuálido, no obstante aquello, la observe por unos momentos aforrándola aún a mí.

— ¿Segura? —cuestioné de vuelva dándole un pequeño vistazo de insistencia al cual rehuyó — No te ves bien, estas demasiado pálida —hice notar pero ella se separó un poco de mí.

— Estoy bien, es normal… no es nada —insistió

— ¿Normal? —y mi incredulidad se dibujó en mi rostro, ¿normal es que la gente casi se desmaye?, rebatí en mi pensamiento.

— Estoy próxima a mis días… tu me entiendes —explicó finalmente, claro que, yo no pude evitar mantener mi sospecha.

Tenía dos hermanas y jamás las había visto así en los días previos a que tuvieran su período. Era ridículo pensar que una mujer se iba a desmayar por algo que era biológicamente normal. Debía pasarle algo y me sentí culpable, tal vez, los nervios la habían traicionado.

— ¿Te pasa siempre? —cuestioné sujetando sus manos que estaban más frías de lo habitual.

— A veces —respondió un poco aturdida.

Al parecer aún tenía la sensación de vacío puesto que no lucho por separarse de mi agarré al contrario, incluso me dio la impresión que contaba con que la estuviera sujetando. De pronto sus ojos se desviaron hacía los míos, y se incorporó aforrándose a mi cuello, me abrazó y enterró su rostro en mi hombro — te lo juro mi amor, entre Jacob y yo no ha pasado nada, desde hace mucho, te lo suplicó no hagas esto, hablaré con él pero dame un poco de tiempo —murmuró

Entre muchos de sus talentos, Bella poseía este, poder cambiar de tema tan drásticamente que te dejaba sorprendido. No quise insistir en algo que, a todas luces me sonó sincero, a cambio la abrace aforrándola aún más a mi cuerpo. Al cabo de unos minutos rompí el abrazo solo para besar su frente, que estaba tan fría como la noche. Acaricie su mejilla con el dorso de mi palma hasta que llegue a su barbilla, la besé dulcemente y entonces me percaté que todo su cuerpo estaba frío.

— Ve, entra —le pedí su mirada tímida se encontró con la mía — te vas a enfermar si sigues aquí a la intermedié – ahora mi voz estaba evidentemente más relajada, había pasado la tempestad.

— Edward yo… —comenzó a decir.

— Te creo —aseguré interrumpiéndola — hablémoslo mañana —exclamé resignado a seguir siendo el otro, al menos por ahora.

— Te amo —susurró en respuesta.

— Y yo a ti —le respondí metiéndome en el auto.

Entró lentamente al edificio, sin quitarme la mirada de encima, desde el ventanal siguió observándome. Cuando estuvo a dentro, algo habló con el conserje que volvió a su lugar habitual, caminó hasta los ascensores y se perdió en su interior — qué estúpido eres —me recriminé abandonando el lugar.

— ¿Qué piensas sobre la infidelidad? —le preguntó la periodista y Bella la quedo mirando impactada.

Se puso nerviosa y como me gustaba esa sonrisa de cervatillo asustado que daba cuando alguien la acorralaba. Me sonreí y me acomode en el sillón mientras subía el volumen a la entrevista que estaban pasando y que le habían hecho hace un par de semanas para un programa de televisión. Estaba promocionando uno de sus últimos papeles en que representaba, nada menos, que a la amante, y si me preguntaban a mí ella era perfecta en ese papel, en todo sentido.

— Bueno creo que es algo excitante al menos eso le pasa a mi personaje —respondió y comprobé cuan predecibles podíamos ser.

¿Qué todos los actores hacíamos eso de derivar la pregunta al personaje para no contestar algo que podría romper con el encanto televisivo?, deduje mientras suspiraba y escuchaba el resto de la entrevista.

Estaba absorto viendo el programa que no me percaté de su llegada sino hasta que sus tibios brazos rodearon mi cuerpo, éstos se deslizaron por encima de mi polera y sus labios susurraron una proposición bastante tentadora.

— Te parece si te enseño un truco que aprendí de esa película —propuso con voz sensual y la sujete por los hombros haciendo que cayera a mis brazos en el sofá.

Lucho porque no tuviera éxito pero finalmente lo logré y su cuerpo delgado se acuno en mi pecho mientras la besaba acariciando cada parte de su boca, degustando su exquisito paladar.

— ¿Se terminó la cuarentena? —pregunté divertido y ella se alzo en mi regazo

— No sabes cuando me agrada divertirte —contestó irónica.

Frunció el ceño y no había sido yo el que había puesto ese extraño nombre a su periodo menstrual. La verdad me parecía cómico que le avergonzará decirme que no podíamos tener relaciones porque estaba en un proceso completamente biológico y del cual ninguno de los dos podía hacer algo al respecto. En cambio le había puesto ese nombre tan chistoso que de solo pronunciarlo me daba vergüenza ajena, me miró por unos segundos mientras con sus dedos jugaba con mi pelo.

— Sí no quieres, no hay problema siempre puedo irme —sugirió cuando vio que no le contesté nada pero la sujete por los hombros impidiendo que se levantara.

— Me tuviste a sal y agua por una semana no hay manera que salgas por esa puerta sin antes hacerme el amor —afirmé besando sus labios con hambre, hambre de ella.

Tiré de su polera, desabotoné su corpiño y todo en cuestión de segundos, ahora ya me había hecho un experto en desnudarla. Baje hasta la base de su cuello y juegue dando pequeños y húmedos besos en el hueco que se forma al llegar al hombro como un dulce y gratificante preámbulo, fue el necesario para lograr cambiar de posición, apoye su espalda contra el sofá donde estábamos.

— ¿Vamos a hacerlo en el sofá? —cuestionó sin tratar de ocultar su entusiasmo.

— Es uno de los pocos lugares de este departamento que estas quedando invictos, no dejaremos que rompas el record ¿o sí? —contesté mientras me alzaba y tiraba de sus pantalones con ropa interior incluida.

La miré y como amaba que ese cuerpo perfecto fuera mío. Me cerní sobre ella, separó sus piernas de manera magistralmente perfecta, puso una a cada lado de mi cuerpo, sus ojos me contemplaban extasiados y los míos admiraban su belleza innata. Esa que tanto me gustaba, aquellas facciones de niña dulce e inocente mezcladas con las de una mujer fiera, nos besamos mientras yo me dedicaba a explorar el resto de su cuerpo con mis manos. Acariciando su rostro, sus pechos, su vientre con un único propósito que era haberla vibrar. De pronto sus manos desabotonaron mi pantalón con urgencia y con sus pies, demasiado hábiles a este punto, termino por liberarme de esa prenda tan innecesaria.

Bese sus pechos mientras me acomodaba mejor y sin mucho preámbulo comencé a hacerle el amor, introduje mi cuerpo al suyo y esta vez lo hice más fuerte que de costumbre, el desespero me traicionó, chilló pero la adrenalina de sentirla gemir más fuerte venció a mi lado cuidadoso y romántico. Ahogue cada gemido y jadeo con mis labios mientras acrecentaba los movimientos, cruce mis manos sobre su cabeza y rompí el beso cuando sentí que iba a llegar al orgasmo, ella deslizo su lengua por mi garganta mientras yo gemía llegando a una maravilloso y necesitada culminación.

— ¿Recompensando? —preguntó

— Ajá —contesté entre dientes, aún en su interior el cual me negaba a abandonar tan pronto. La sensación era divina, exquisita y aterradoramente adictiva.

— Qué bueno porque ahora es mi turno —evidenció irguiendo su cuerpo, ahora fui yo el que quedo de espaldas y Bella sobre mí.

—Al menos dos minutos… —le pedí y ella rió entre dientes.

Me miró con ese brillo en los ojos tan característico de ella cuando algo tramaba. Sentí como deslizo sus dedos por mi estomago acariciándolo, logró que me estremeciera ante su contacto. Estaba acercándose peligrosamente a la parte baja de mi ingle. No pude evitar dar un pequeño saltó ante el contacto de sus manos con esa zona un tanto susceptible, esta reacción logró esbozar una sonrisa más amplia en sus labios y acomodo su cuerpo recargando una mano sobre mí. Cuando me percaté como se arreglaba el cabello detrás de sus orejas y bajaba lentamente con sus labios hasta esa parte de mi ser que necesitaba de los minutos que le había pedido se escapó de mis labios un gemido demasiado vergonzoso, mi cuerpo se contrajo y jamás me hubiera imaginado que ella podía hacer eso y de esa manera sólo con sus labios.



jueves, 21 de octubre de 2010

Pecados Carnales

Capítulo 5 : Decisiones Unilaterales


Apenas dijo esas palabras yo me quede en blanco – estas embarazada – pero como podía ser posible, como lo sabía él y no yo que era mi cuerpo, en que minuto mi vida había dado el giro de trescientos ochenta grados, sentí un frío recorrer mi espalda y sin querer solté la almohada y me lleve las manos a mi vientre. No… yo no podía estar embarazada, no eso era una mentira, no ahora si me iba a ir al infierno, mi madre me mataría a mí y a él… Las palabras de Alice retumbaban en mi mente como campanas de muerte.

- ¡Cuidado!

Gritó mientras me sujetaba y a mi el mundo otra vez se me había perdido, el horizonte ya no era horizonte, todo me daba vueltas y la fatiga que sentía era demasiado extrema. Me sujeto por el brazo y me sentó en la banca de la iglesia.

- ¿Segura que te sientes bien?

Me preguntó inquieta sacando un mechón de mi pelo de la cara.

- Si estoy bien… es solo que no he comido mucho desde las dos ultimas semanas.

Le respondí apretándome el estomago como para contener el asco que estaba sintiendo en ese momento. Me balance hacia delante mirando el suelo.

- Y eso por qué… no pensarás que estas gorda, porque ahora mismo estas tan flaca que me dio susto quebrarte cuando te sujete por el brazo

Me dijo irónica y eso era lo único que me desagrada de mi mejor amiga, gracias al cielo esa cualidad no era de familia.

- Lo exagerado viene de familia parece

Le dije mirándole de reojo, pero la verdad era que me sentía fatal, tenía como un hueco en el estomago, incluso los olores me mareaban y aunque tenía que hacer ayuno, ya ni siquiera me apetecía comer. Descanse unos segundos y ella se sentó a mi lado.

- Por lo visto aún ves a mi hermano

Comento un poco molesta, me observo y luego corrió su vista de mí. Yo me llevé la mano a la boca y trague saliva en un intento de mantener a raya las nauseas. Ella miró al frente y hubiera preferido tener esta conversación fuera de la casa del señor.

- ¿Por que lo dices?

Pregunté al cabo de unos minutos que ella seguía callada mirando hacia el altar de la iglesia.

- Porque si no lo siguieras viendo no estarías así

Finalmente exclamo y se sentó dándome la cara, la mirada de Alice siempre era calmada y comprensiva, pero ahora estaba un poco divertida y suspicaz, como si me supiera un secreto.

- ¿De que hablas?

Le pregunté confundida mientras daba pequeños respiros para evitar vomitarle en la cara.

- Respóndeme una cosa, ¿cuándo comenzaron los mareos y los vómitos?

Preguntó intrigada con un brillo en los ojos.

- Hace una semana

Le respondí y ella se sonrió maliciosamente, apoyo su espalda en la banca y volvió su mirada al frente, espero unos momentos antes de hablarme y creo que estaba pensando en la forma de decirlo.

- ¿De verdad no te has dado cuenta?

Exclamo enarcando una ceja incrédula.

- ¿De qué?

Le pregunté ya asustada tratando de atar los cabos que ella había unido y que yo aún no entendía.

- De que estas embarazada

Aquel día había entrado en pánico pero luego había acallado ese sentimiento cuando reaccione a que siempre nos habíamos cuidado y que era imposible que yo estuviera embarazada bajo esa circunstancia. Lo miré saliendo de mis recuerdos y él tenía esa tonta risa en la cara que me enfureció, como podía estar tan feliz.

- Estas mintiendo

Exclame levantándome de la cama pero una vez más parecía el destino empeñado en demostrarme lo contrario. Sentí un vacío y casi fue a dar al suelo si no hubiera sido por sus brazos.

- Puedes comprobarlo por ti misma si no me crees

Me dijo haciendo que me sentará en el borde la cama y pasándome un papel doblado. Lo abrí desesperada y ahí estaban los resultados de los exámenes, mis exámenes.

- Pero yo no pedí una prueba de embarazo

Refuté leyendo el diagnostico y la cantidad de semanas que tenía embarazada. Comencé a contar hacía atrás y recordé una noche en particular. Lo miré y sacudí mi cabeza.

- Edward quiere sacarme celos pero no le va a funcionar. Y voy a probárselo.

Le había dicho a mi hermana Ángela entrando a la casa de los Cullen resuelta y decidida a probarle que no importará lo que hiciera para mi él no era importante ni el centro del universo como el pensaba. Y que seguiría con mi vida tal y como si nunca hubiera existido.

- Ojala no te salga al revés, pero bueno, ya que insistes voy a llamar a Emmett. Me pidió que le avisará cuando estuviera aquí.

Me quede un rato a su lado mientras la veía marcar el número de su "novio" quien era el mejor amigo de Edward para mi mala suerte. Tomé entre mis manos la dichosa invitación que me había llegado tan convenientemente, y sonreí al pensar en lo obvio que podía ser a veces Edward. Estaba más que claro que solo había un motivo por el que me quería presente hoy aquí eso era para presentarme a esa novia nueva que tenía y de la cual todo mundo hablaba. Le había tocado el orgullo pensé. Pero yo le iba a demostrar que me daba lo mismo y que sí el era un niño inmaduro yo podía ser cien veces peor que él. Me había comprado especialmente el vestido para esta ocasión. Era blanco, corto – demasiado corto – con tirantes que se amarraban en el cuello y dejaban ver un escote que hubiera infartado a mi madre. Para no ser tan evidente me puse un chaleco que me tapara y que una vez dentro de la fiesta me sacaría obviamente. Así entré resuelta a la fiesta y la primera en advertir mi presencia fue su hermana Alice quien me miro de pies a cabeza. Y sonrió divertida.

- Así que venimos en pie de guerra

Fue su comentario mientras me abrazaba y me hacía quitarme el chaleco. Yo le sonreí devuelta y ambas nos reímos.

- ¿Y donde esta el cumpleañero?

Le pregunté mirando entre la gente y su voz detrás de mí hizo que diera un brinco del susto.

- Justo detrás de ti

Contesto a mi pregunta y yo me giré para mirarlo, como presentía estaba abrazado a una chica como de mi porte, de largos cabellos, su tonalidad era rubia rojiza y de ojos claros, su tez era blanca como la cal. Así que este es el nuevo trofeo pensé sonriéndole molesta. Miré a la chica y esta me sonrió de vuelta pero sus ojos me delataron que tal vez las cosas no eran como él pretendía hacer creer. Me acerque y lo salude entregándole el regalo que había comprado. En ese minuto mi hermana Ángela con Emmett nos interrumpieron.

- Pero cuñadita acaso quieres infartar a los angelitos en el cielo.

Fue su comentario y yo me reí de buena gana. Edward en cambio le dio una mirada fulminante cuando se percató en la forma en que estaba mirándome. Lo propio hizo Ángela dándole un codazo a su "nuevo novio". Pero nada me había preparado para ver las miradas que me daría Edward toda la noche a causa de mi desinhibida participación en su cumpleaños. Y si iba a jugar el juego tenía que ser completo. A cada vez que él se acercaba peligrosamente a la "chica de turno" yo hacía lo propio con el resto de sus amigos. De vez en cuando le daba una sonrisa de suficiencia y el semblante le cambiaba. Había querido darme celos pero el que estaba que reventaba de celos era él.

Luego que pasaron un par de horas, a eso de las tres de la madrugada. Cuando advertí que estaba besándola fue suficiente para mí.

- Me quiero ir

Le pedí a Ángela apartándola de Emmett para que no escuchara.

- Te lo dije, no importa lo que tratarás de hacer ibas a salir trasquilada

Me recordó mi hermana divertida ante mi expresión.

- Esta borracho por eso esta haciéndolo y francamente me canse del jueguito.

Me defendí pero Ángela me sentó cerca de la barra. Me puso entre las manos vaso y me miró.

- No vamos a irnos… vas a disfrutar de la fiesta y vas a demostrarle lo que sea que viniste a demostrarle. Y si no quieres estar conciente para cuando se desparezca con la rubia esa, empieza con esto y te aseguro que al tercero no te acordarás de quién es Edward Cullen.

Y se paró de mi lado para irse junto a Emmett. ¡Genial! Exclame frustrada. Mirarlo besarla era realmente doloroso y si iba a estar en esa fiesta hasta que mi hermana quisiera irse, tomé su consejo. No lo haría conciente. Para el quinto vaso ya no estaba lucida y ni siquiera me había percatado que él ya no estaba. Subí las escaleras buscando un baño para mojarme la cara, estaba en el segundo piso y comencé a buscar entre las puertas.

- Tiene que ser esta

Me dije entre dientes tratando de no caerme al abrirla, para mi suerte era el baño, entre y estuve ahí un par de minutos mojándome la cara pero eso no me ayudaba, estaba realmente mareada y cuando giré para buscar en mi bolso un pañuelo recién ahí me di cuenta que la había olvidado en algún lugar de la casa. – no importa me la llevarán mañana - Me dije arreglándome el pelo. Recordé la escena de los besos y la sangre se me subió al rostro de la rabia. Miré el espejo y de solo imaginarme que en ese minuto él estaba con ella, de esa manera, me provoco un hueco en el corazón que no pude soportar. Salí de baño y en mi intento de bajar rápido las escaleras corrí por el pasillo pero sin darme cuenta alguien me jaló al interior de una de las piezas.

- ¿Me buscabas?

Me dijo con voz seductora mientras se recargaba sobre la puerta impidiéndome el paso

- No te creas tan importante… buscaba el baño

Le conteste enojada y quise apartarlo de la puerta pero el me giró tomando mis manos entre las suyas y las puso sobre mi cabeza, apretó mi cuerpo con el suyo contra la puerta.

Sus labios estaban a centímetros de los míos y sus ojos verdes resplandecían en la oscuridad. Me quería morir justo ahí, nos quedamos en silencio unos minutos y sin decirnos nada el estrello sus labios contra los míos, yo abrí mi boca dispuesta a recibir sus besos que necesitaba con desesperación y por los cuales me había muerto gran parte de la noche. Nos besamos con pasión durante un par de minutos hasta que la respiración de ambos se volvió errática. Sentí sus manos deslizarse por mi brazos soltándome de la prisión que habían formado sus manos en mis muñecas, y sentí sus dedos recorrer mi vestido, cuando llegaron a mis caderas casi por instinto cruce mis piernas alrededor de su cintura. Cruce mis brazos extendidos, aun extasiada por sus besos en mi barbilla, alredor de su cuello y sujete contra mi pecho su cabeza enterrando mis dedos en sus finos cabellos todos desordenados a esta altura de la noche y que tanto me fascinaban; ahí perdida en sus besos y en su aroma que era embriagador fue cuando noté el sonido del pestillo de la puerta, lentamente me separó y caminó cargándome hasta la mitad de la habitación, me bajo lentamente de su cuerpo y si no hubiera sido por que aún me sostenía mis piernas me hubiera flaqueado, me senté en la mitad de la cama mirándolo completamente decidida a tenerlo entre mis brazos esa noche.

Me puse de rodillas y me acerque para besarlo, le quité la camisa que traía puesta y desabotone su pantalón. El deseo y lujuria que estaban transmitiendo sus ojos me volvieron loca. Y lo volví a besar, sentí como sus manos me desabotonaron el vestido y este cayo hasta mis muslos. Me quedo mirando el torso desnudo y sentí como sus dedos se enredaron en mis pantaletas blancas liberando mi cuerpo de ellas. Esa noche había sido la mejor noche de todas. Al ver sus labios cerezas torcidos en esa sonrisa tan seductora me había doblado la mano y la voluntad, y me había entregado sin condiciones y había disfrutado cada caricia, cada gesto y cada gemido como si de eso hubiera dependido mi vida.

Ahora que lo recordaba, me había dado cuenta que es anoche había sido especial, y no solo porque habíamos hecho el amor de una manera desesperada y desenfrenada sino por algo que hasta ahora no me había parecido evidente. Esa noche fue especial y distinta porque esa noche yo había sentido cuando él había logrado concebirme un hijo.

Tenía la mirada perdida e iba a hablarle cuando se me revolvió el estomago de nuevo. Me levanté abruptamente de la cama y corrí literalmente hasta el baño cerré la puerta tras de mí.

- Bella ábreme por favor, tenemos que hablar

- Creo que ya hablamos suficiente

Le conteste mojándome la cara. Qué iba a hacer ahora era la gran pregunta. Millones de situaciones se me presentaron ante los ojos y una conclusión – ella va a matarme – jamás me lo perdonaría, jamás me perdonaría esto. Si ya era difícil que me perdonara mi desliz con él sin tener consecuencias, cuando le dijera que estaba embarazada me exiliaría de la familia, me desheredaría sin contemplación. Estaba frenética pensando en que hacer mientras lo sentía golpear la puerta.

- Déjame en paz… por favor

Le grite recargándome contra la puerta. Mi madre era una persona demasiado religiosa, demasiado extremista en cuanto a sus puntos de vista, era una de las señoras más conservadoras de Londres y era justamente su reputación con la cual ella había logrado todo lo que tenía, todo lo que teníamos. El status de la familia Swan era justamente gracias a su círculo social, las apariencias y todo esto del cristianismo extremo. Si le arruinaba eso, si transformaba mi desliz en escándalo, su posición social se iba a venir abajo y con ello todo por lo que ella había luchado. Todo su mundo giraba entorno a que toda su familia era tan correcta y que nosotras con Ángela, éramos el ejemplo de la juventud. Como se vería ahora que no sólo no sería monja, sino que además sería madre soltera. No podía permitir que mi familia se destruyera, no por mi maldita culpa. Abrí la puerta y él se quedo con la mano en el aire.

- No voy a tener a este hijo.

Anuncié.




















































































































































miércoles, 20 de octubre de 2010

Lagrimas de Amor

Capitulo 10

Tengo que quedarme en Madrid durante unos días –informo Edward una vez hubo aparcado el coche en el estacionamiento subterráneo del bloque de departamentos-. Pensé que quizá te gustaría pasar un tiempo en la ciudad antes de regresar al castillo.

Bella pensó que no le importaba dónde estuviera siempre y cuando fuera con el. Lo había echado muchísimo de menos durante las pocas semanas en las que habían estado separados, pero solo fue en ese momento, al analizar las duras facciones de su cara, que se dio cuenta de cuanto los había deseado.

Mientras subían hasta el departamento en el ascensor, se preguntó como iba a sobrevivir sin el. En nueve meses su contrato terminaría y se tendrían que separar, pero ella nunca se sentiría libre de el. Su alma lo había reconocido como su alma gemela y cuando se separaran, ella estaría el resto de su vida sintiéndose incompleta.

Se está haciendo tarde y debes de estar cansado… has estado la mayor parte del día viajando –murmuró cuando llegaron al departamento-. ¿Dónde has puesto mi maleta? Supongo que en la habitación principal –añadió sintiendo como un temblor le recorría el cuerpo entero al pensar en compartir de nuevo la cama con el.

No había dormido con el en el departamento y con solo pensar en mirar al espejo que había sobre la cama y ver el reflejo del pálido cuerpo de el, sintió como la pasión le recorría las venas. Seguro que aquella noche el cumpliría la promesa que reflejaban sus ojos y la tomaría entre sus brazos…

Edward se dirigió al bar y le ofreció algo de beber. Al negarse ella, el se sirvió un whisky y se lo bebió de un trago.

He puesto tu maleta en la habitación que hay al final del pasillo, en la que dormiste la vez pasada –hizo una pausa antes de continuar-. De ahora en adelante, he decidido que vas a dormir en tu propia habitación, tanto aquí como en el castillo.

Bella sintió como si le arrancasen el corazón.

Ya veo –murmuró sin comprender nada.

Se pregunto donde se había equivocado. El no podía haber dejado más claro que ya no la deseaba; debía de haberse equivocado cuando había creído ver deseo reflejado en los ojos de el.

Estuve equivocado al pedirte que compartieras mi cama… o al esperar que sacrificaras los principios que son tan importantes para ti –dijo el, mirando por la ventana-. Debes de comprender que nunca antes había conocido a una mujer con principios… pero tú no eres como las demás mujeres, ¿no es así, querida? –añadió, dándose la vuelta para mirarla.

Esbozó una tuene sonrisa que no reflejaron sus ojos al ver la expresión de asombro de ella.

-No puedo decir que comparta tu ciega fe en los cuentos con finales felices, pero me he dado cuenta de que no tengo ningún derecho a tratar de destrozar tus creencias o a terminar con tu dulce inocencia con mi cinismo. Durante lo que queda de nuestro matrimonio, te prometo que vas a pasar cada noche en la privacidad de tu habitación.

Bella se quedó mirándolo, parpadeando y sin saber que decir.

Gracias –dijo con la voz ronca.

Estaba claro que el esperaba que ella estuviese contenta con aquella decisión y su orgullo no le permitía mostrar que estaba destrozada ante el hecho de perder la intimidad que una vez habían compartido.

No pareces muy contenta. ¿Qué es lo que pasa ahora? –pregunto el, frunciendo el ceño.

Me preguntaba que te ha llevado a cambiar de idea –refunfuño ella-. Supongo que tendrá que ver con que tu amante se quedó aquí mientras me dejaste en Granada, ¿no es así?

-Yo no tengo ninguna amante.

Oh, vamos, quizá yo sea muy inocente, pero no soy estupida. Cada vez que te telefoneé, fue una mujer la que contesto el teléfono… y no era Tanya –añadió con dureza, incapaz de ocultar los celos que sentía.

No, Tanya se esta quedando en la casa de su prima en la otra parte de la ciudad –concedió el serenamente-. La única mujer que ha estado aquí ha sido Jessica… mi ama de llaves –explicó.

Ya veo –dijo ella.

Entonces recordó el momento en el que había entrado en el departamento de Jacob Black y lo había descubierto en la cama con su ama de llaves. Se había quedado destrozada ante la traición del hombre al que había creído amar, pero en aquel momento, al imaginarse a Edward dando vueltas en las sábanas con la belleza exótica que arreglaba su departamento, se puso enferma.

Jessica… ¿es tan guapa como su nombre y su voz indican? –dijo tensamente-. ¿Se ocupa de todos tus caprichos Edward?

Es una buena cocinera –contestó el, claramente desconcertado por la hostilidad de ella-. Pero me temo que su artritis esta empeorando y que pronto va a querer jubilarse e irse a vivir con su hija y con sus nietos. Se esta quedando con ellos durante un par de días –añadió-. Pero te arreglo la cama antes de irse.

Bien –dijo Bella, deseando poder esconderse bajo una piedra-. Gracias por aclarármelo. Creó que será mejor que me vaya a la cama antes de que siga poniéndome en ridículo. Buenas noches.

Buenas noches, querida… que duermas bien –le deseó el en tono de burla.

Ella se retorció de vergüenza y asintiendo con la cabeza apresuradamente, se marcho a su habitación.

Como una autómata, Bella se duchó, se seco el cabello y se metió en la cama, donde pasó una noche intranquila. Se despertó antes del amanecer y al recordar las duras acusaciones que le había hacho a Edward, gimió y se tapó la cara con la almohada. Se preguntó como había sido tan estupida. Lo había echado todo a perder dejando mostrar sus celos, ya que el se habría dado cuenta de que ella tenía sentimientos hacia el.

¡Y vaya clase de sentimientos! Desde que lo había visto en el hostal de la tía Esme, su traicionero cuerpo había estado deseándolo para que sofocara la pasión que solo el podía despertar en ella. Lo deseaba tanto, que el deseo se agolpaba en sus venas hasta hacer que todo su cuerpo latiera con fuerza debido a la necesidad de tenerlo.

Gimiendo frustrada, se levantó de la cama y se dirigió al cuarto de baño, con la esperanza de que una ducha fría la tranquilizara. Al ver su reflejo en el espejo dio un grito ahogado y se quedó mirando sus cargados ojos y sus húmedos labios. En Edward había encontrado su destino… aunque, dolorosamente, tuvo que reconocer que era un destino muy corto. Pero lo amaba. Las promesas que había dicho el día de su boda no habían sido mentiras; todo lo que había dicho lo había hecho hablando en serio… aunque en aquel momento no se había dado cuenta. Amaría a Edward tanto en la salud como en la enfermedad durante el resto de su vida, y deseaba honrarle con su cuerpo durante el tiempo que estuvieran casados.

Sin permitir que sus dudas se apoderaran de ella, salió al pasillo y se dirigió a la habitación de el. Con el corazón acelerado, pensó que el estaría dormido y que cuando se despertara y la encontrara tumbada a su lado, ella le diría que debía de haber estado andando en sueños. La química que había entre ambos era obvia… sabía que el todavía la deseaba. Con suerte, el la abrazaría sin estar completamente despierto y entonces podría pasar cualquier cosa…

Con mucho cuidado abrió la puerta, pero se quedó paralizada cuando un par de esmeraldas se quedaron mirándola desde el interior de la habitación

-¡Bella! ¿Ocurre algo?

Edward no estaba dormido; estaba recostado en las almohadas, tapado solo hasta la cintura, dejando al descubierto su desnudo pecho. Pecaminosamente sexy y muy despierto, su dura belleza masculina la hizo sentirse débil y se humedeció los labios, nerviosa.

No pasa nada, simplemente… -Bella no fue capaz de continuar, ya que estaba cautivada por la pasión que reflejaban los ojos de el-. ¡Olvídate de mis principios, Edward! –se sinceró en un arranque de valentía-. Quiero que me hagas el amor.

-¡Bella! No deberías decir esas cosas.

¿Por qué no? Es la verdad –murmuró ella, acercándose a la cama, envalentonada por el hambre que veía en los ojos de Edward-. Quiero ser tu esposa en todos los sentidos de la palabra.

Entonces se quitó el camisón, dejando al desnudo sus pálidas y delicadas curvas.

Debería hacer que te marches –farfullo Edward con la voz ronca-. Yo no soy hombre para ti, querida, pero tu belleza tentaría hasta a un santo… y yo nunca he sido muy devoto.

Edward apartó las sábanas y Bella contuvo la respiración al observar la longitud de la erección de el. Las dudas que había apartado de su mente estaban invadiéndola apresuradamente, pero el la tomó de la mano y la recostó sobre la cama, comenzando a chuparle los dedos.

No me mires de esa manera. Nos lo tomaremos con calma. Lo último que querría hacer es hacerte daño, ¿Confías en mí? –preguntó el, levantándole la barbilla para que lo mirara.

La delicada pasión que se veía en los ojos de el provocó que ella asintiera con la cabeza, enmudecida. Entonces sonrió tentativamente, y el se acercó a besarla, despacio, con una pericia sensual que dejo claro cuanto la deseaba.

Las provocativas caricias de la lengua de Edward entre sus labios alteraron sus sentidos. Entonces se aferró a el al comenzar este a besarla en un nivel flagrantemente erótico.

Eres tan pequeña, tan perfecta –susurró el antes de comenzar a besarla por la mandíbula y por la garganta.

Le acarició un pecho y miró su pezón antes de metérselo en la boca y comenzar a sentir como se endurecía. Cuando ella gimoteó, el comenzó a hacer lo mismo con el otro pezón, sintiendo como le invadía una ola de satisfacción masculina al retorcer ella sus caderas. Sabía lo que ella, su bella rosa inglesa quería, y muy decidido, le abrió las piernas y comenzó a acariciarle el delicado bello de su pubis.

Ella estaba preparada para el y durante un segundo, Edward casi perdió el control y a punto estuvo de penetrarla con una primitiva fuerza. En vez de eso, se controló y comenzó a acariciarle la entrada de su centro hasta que ella se abrió para el, momento en el cual la penetro con su dedo, profunda pero delicadamente, mirándola a la cara, observando como sus pupilas se dilataban de placer.

Edward… por favor –susurró ella.

El sonrió, convencido de que iba a ofrecerle el mayor placer que nunca había sentido ella. Quizá el no supiera muchas cosas sobre sentimientos, pero era un amante experimentado y generoso. Sin embargo pensó que, en lo que a Bella le concernía, quizá no era muy paciente. Sintió su miembro latir con fuerza debido a la necesidad de la satisfacción sexual.

No podía esperar durante mucho más tiempo. No se había sentido tan caliente ni excitado desde que había sido un quinceañero. Volvió a besarla y sintió la dulzura de la lengua de ella dentro de su boca, excitándose todavía más. Sofocando un gemido, se acercó al cajón de la cómoda para tomar un preservativo y ponérselo.

¡Edward…! –gritó Bella cuando notó que el se separaba de ella. Solo de pensar que iba a detenerse se puso enferma. Todo su cuerpo estaba temblando por la necesidad de sentirlo dentro de ella. Entonces lo abrazó para incitarlo a que continuara.

Edward introdujo una mano por debajo del trasero de ella y le levantó las caderas, y siguiendo un instinto tan viejo como el tiempo, ella abrió las piernas para que el se acomodara y la sólida protuberancia de su miembro se restregara contra su parte más íntima.

Despacio, con mucho cuidado, el la penetro, y ella sintió como sus músculos interiores se extendían para acomodarlo.

¿Te estoy asiendo daño? –preguntó el, mirándola a los ojos.

No –mintió ella-. No te detengas.

En realidad no le dolía, simplemente era una sensación nueva y muy agobiante, pero lo último que quería era que el se apartara de ella. Le sonrío vergonzosamente y el se detuvo un segundo, para a continuación moverse con fuerza, provocando que ella gimiera. En ese momento la incomodidad fue sustituida por una sensación de plenitud y ella retorció sus caderas experimentalmente mientras disfrutaba de las deliciosas sensaciones que el estaba despertando en ella.

Perdóname, querida –susurró Edward-. ¿Quieres que me detenga?

¡No! –se apresuro a contestar ella, asegurándose de abrazarlo con sus piernas por la espalda-. No te detengas: me gusta –susurró.

Pues te va a gustar más aún –prometió el al comenzar a moverse despacio y con mucho cuidado.

Quería que ella se acostumbrara a el. Apartó el pelo que cubría su pezón y comenzó a juguetear con el con la lengua. Entonces, cuando la pasión comenzó a crecer, empezó a acelerar el ritmo y la intensidad de la penetración.

Bella se retorció, concentrada en la exquisita sensación de sentir a Edward dentro de ella, penetrándola muy profundamente, hasta que pensó que no iba a poder soportarlo mucho más sin explotar de placer. Por encima de ellos podía ver su reflejo: Se estremeció, divertida, al observar como el le hacía el amor.

Pequeños espasmos se apoderaron de su cuerpo y hundió sus uñas en los hombros de el. Repentinamente estuvo allí, al borde de un lugar al que solo Edward podía llevarla y cuando el la agarró por la cintura para sujetarla con fuerza, ella sintió como su cuerpo se convulsionaba con el poder del clímax.

¡Oh! –exclamó ella, a quien nadie había preparado para sentir aquella inundación de placer.

Se le llenaron los ojos de lágrimas al detenerse el un momento antes de volver a moverse con gran apasionamiento. Entonces ella sintió como su excitación aumentaba todavía más.

Edward echó la cabeza hacia atrás y gimió el nombre de ella.

¡Bella…! –dijo explotando de placer.

Durante largo rato estuvo allí quieto, dentro de ella.

A Bella le encantaba sentir que eran solo uno, dos corazones latiendo al unísono y se quejó levemente cuando el se apartó de ella y se acostó a su lado.

Entonces cerro los ojos y se acurrucó en el, absorbiendo la confortable calidez de su cuerpo. Comenzó a acariciarle el musculoso pecho y así fue como se quedo dormida…

Edward miró su encantadora cara y sintió como le daba un vuelco el corazón. En cualquier momento se bajaría de la cama y la dejaría allí sola, durmiendo. Tras la experiencia de rechazo que había sufrido en su juventud, no tenía paciencia para los obligatorios arrumacos que las mujeres parecían querer tras haber practicado sexo.

Pero al sentir la pequeña mano de Bella sobre su pecho, le reconfortaba más que de lo que le irritaba. No quería romper aquel contacto físico… de hecho, deseaba abrazarla y acercarla a el tanto como pudiera.

Afortunadamente su fuerza de voluntad controló aquella necesidad. Pero no podía dejarla allí sola y le dio un suave beso en la frente como bendición antes de permitirse el placer de observarla dormir.

Mascara De Odio

Hello mis angeles hermosos!!!! aqui les dejo el vicio , mil disculpas por el atraso , les mando mil besitos a todas y dejen sus comentarios al final
Angel of the dark
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Isabella Swan

22 de Julio 2007

Durante mucho tiempo me quede viendo la imagen que se proyectaba en el espejo donde me veia reflejada, era de noche, muy de noche, y no me importaba que ese mismo dia tuviera que trabajar, no me importaba trasnochar aun mas, por ahora, vanidosmente, mi unico interes era evaluarme a mi misma y todo lo que, repetian y realmente, habia cambiado en mi semblante al menos en el aspecto fisico.

Tenia los labios magullados y rojos, llenos, calientes y ardientes.

Finalmente pude atisbar una parte de mi, si era sincera, una parte que permanecio escondida hasta hacia pocas horas antes y de la que no sentia tener algun conocimiento hasta que ardio en mi interior ante el despertar de todas esa emociones nunca antes vividas, sentia que mi corazon latia en su concavidad toracica pugnando por salir disparado saltando y no podia hacer nada por sosegarlo, la respiracion era agitada y el pulso era tembloroso, mis ojos parecian lumbres ante la gran cantidad de brillo que emitian.

Esta era yo, otra yo, una deshinibida y sensitiva que ahullaba por liberar ese calor desconcido en todo mi ser.

No tenia un concepto para todo esto que me estaba pasando,a lo maximo que lo podia asociar era al concepto de sensualidad femenina, e incluso ese palidecia ante el verdadero nombre que queria darle . Habia tal sensacion de calidez y liviandad que parecia tratarse de un globo de aquellos que funcionaban con calor, flotando en cualquier altura que no los congelara.

Sin poder hacer nada por evitarlo cerre los ojos, y evoque la imagen de Edward Cullen en mi cabeza. Esta acudio a ella como el llamado mas ansioso de respuesta que alguna vez en mi vida habia hecho.

El estaba tras de mi mirandose igual que yo en el espejo, solo que no se estaba mirando a si mismo sino a mi, a la otra yo, a la que el parecia desear, la que a pesar de tener los ojos cerrados podia percibir cuan cerca estaba, asi fuera su contacto como el resto de mi enardecido cuerpo.

Sus manos se posaron en mis hombros, era conciente de la estupida fantasia de la que estaba haciendo participe a mi ser, pero no podia evitarlo, ya no.

El se inclino y sus labios rozaron la piel de mi cuello, temble ante la presion que senti en el bajo vientre y que luego se expandio por el resto de mi cuerpo, como si de un interruptor se tratase, nunca se habia pecado demasiado de ser imaginativa pero esto sobrepasaba todos los limites, volvi la cabeza ciegamente en busca de su boca y ahi estaba, besandome, bebiendo de mi boca tanto como yo queria que lo hiciera, me besaba como si mis labios fueran ambrosia, como si nada mas importara aparte de estar ahi, comiendose mi boca.

Placer, corria por mis venas como la lava ardiente y a punto de hacer erupcion, hacia que cada parte de mi cuerpo añorara con urgencia estar realmente con el en ese momento, hacer realidad esta fantasia , que nada mas sino el... y todo el y yo .

Definitivamente me asombre ante el poder recien adquirido de mi imaginacion, pero debia darle verdadero credito a lo que lo merecia, los hechos ocurridos anteriormente, esto lo pensaba por que en esa cruda fantasia habia demasiadas caracteristicas de una escena pasada, en un cuarto con espejo, pero no demasiado similar.

Abri los ojos y me descubri tan sola como al principio, solo que tenia las manos en sendos puños apretando los trozos de tela a ambos lados de mi cuerpo, el vestido tan negro como mi conciencia, como si ese y no los cabellos de Edward fueran el anclaje a la libertad.

Afloje las manos y me crujieron los nudillos muy probablemente por la fuerza que habia empleado.

Con lentitud y casi parsimonia comence a retirar aquello que transformaba mi cara despidiendome sin promesas de reencuentro de aquella desconcida apasionada, unos momentos despues comence a ver la verdadera version de mi misma, casi sorprendiendome de que los ojos que me miraban tuvieran el mismo brillo de la otra.

El vestido, el peinado, todo fue retirado y oscuramente reemplazado por la pijama que usaba para dormir, con un ultimo suspiro deje de darme aires de mujer vanidosa, de lo que no era para nada.

Bajo las mantas sentii otro tipo de calor, pero decidi ignorarlo con el fin de poder permanecer descansada para acudir a trabajar horas mas tarde.

El sonido tempranero de los pajaros fue el despertador matutino, al menos de ese dia, me parecia que apenas habia cerrado los ojos unos segundos antes. Pero no remolonee, si algo me enseño la vida hasta ese momento habia sido sacrificar la comodidad por el alimento y sustento de cada dia, asi que me levante sin mas protesta que la de mis ojos pidiendo volver a cerrarse.

Me aliste para irme pero cuando termine vi que a pesar de todo aun era demasiado temprano para acudir al cafe.

Debia hacer algo para pasar el tiempo, y pense en las galletas que habia prometido a la vecina para la pronta fiesta de cumpleañós de su hijo, lo mejor seria empezar en ese momento.

Con este encargo tuve particular empeño por que ella asi lo habia pedido.

Hice las galletas rapidamente procurando que me quedara el tiempo suficiente para llegar al cafe, el dia de hoy, que era sabado, debia solo trabajar hasta el medio dia.

Cuando el horno marco el final del tiempo, saque la bandeja con las galletas ya preparadas y las deje sobre la mesa.

Tome mi bolso luego y sali de mi apto con destino al cafe.

Cuando doble la esquina para la parada del autobus mi rabillo de ojo se percato de que habia un auto negro estacionado cerca y que no era la primera vez que lo veia, sacudi la cabeza pensando en que me estaba volviendo paranoica.

Subi al autobus y llegue en casi 20 minutos al cafe. Saque las llaves del interior de mi maletin y procedi a abrir los candados.

Para la hora que era hubiera sido logico que que Jessica estuviera aqui en la puerta esperando que yo abriera pero la conocia demasiado bien para poder esperar ese lujo, asi que entre y como era acostumbrado comence a ordenar las sillas y las mesas dado que los clientes no demorarian en aparecer.

Minutos despues entro el primer cliente al cafe, Jessi aun no llegaba, respire hondo y sonrei mientras preparaba la libreta para atender el pedido y rogaba por que ella llegara a tiempo para relevarme.

Pase la barra y camine hacia la mesa que el cliente escogio para sentarse.

Me sorprendí bastante cuando lo reconocí, no necesitaba que se quedara mirándome como si reconociera mi figura para recordar claramente al mesero de la noche anterior.

Trate de no titubear aunque me turbe un poco ya que recordaba bien su sonrisa amable y compasiva.

El también pareció recocerme ya que parecía recordar que yo le había devuelto la sonrisa amable en esa cena

Me alise el delantal y continue caminado hacia su mesa haciéndome la que no lo veía realmente, cuando estuve frontal a la mesa levante la libreta y el lapicero otra vez y mantuve a la punta apoyada en la hojita de órdenes, esperando que ordenara.

- - vaya, no pensé que te iba a encontrar aca - el dijo eso pausadamente lo que me obligo a mirarlo a los ojos

- - si...esto...- en. muy pocas oportunidades un chico de su edad se había dirigido a mi de una manera diferente a la de el tono usual para ordenar algo. - yo trabajo aqui . - interpele ridículamente dado que era mas que evidente que hacia parte del personal.

- - si ya lo veo - dijo el sonriendo otra vez, no pude evitar mirar esa sonrisa por unos cuantos segundos, me pregunte si Edward se veía tan diferente en el momento de sonreír, me di cuenta de que no había visto sonreír verdaderamente a Edward desde el momento en el que nos habíamos conocido.

- - yo... eh...- ¿seria que se me había borrado todo el dialecto que había aprendido desde niña? -¿que vas a ordenar? - aparentemente no, mas bien había decidió salir atropellada y rápidamente por mi boca.

- - no te vas por las ramas eh? - pregunto el echándose un poco para atras y cruzando los brazos sobre el pecho, como si mi actitud le pareciera profundamente divertida.

No pude dejar de ver que sus brazos eran atléticos y bastante poderosos, me pregunte brevemente por que se me estaba fijando en eso precisamente ahora.

- - no es eso...- dije sonriendo ahora nerviosamente - es solo que...

Lo que era no se lo pude revelar pues en ese momento Jessica irrumpió

- - ¡BELLA! -

Retrocedí un poco ante su abrupta y para nada esperada presencia aqui, como mínimo había supuesto que se iba a demorar una media hora mas, debía estar demasiado concentrada en el mesero para no haberme dado cuenta de que ella habia arribado y con su mal humor a flor de piel, como siempre.

Una especie de alivio me recorrió y como si tuviera en mi mente una lectura de la de ella me aparte por que por eso mismo sabia que ella estaba ahi, para atenderlo de la manera en que el sabia.

Retrocedí y dando media vuelta, lance en el pecho, bastante expuesto de ella, la libreta y el lapicero con los que se anotaban las ordenes. Inmediatamente escuche que su odiosa voz cambiaba a esa melosa llena de dulce para las personas que le agradaban, las cuales eran casi exclusivamente hombres y nuestra superior.

Me direccione hacia la barra mientras escuchaba su diatriba llena de miel asquerosa.

En mas de una oportunidad sentí la mirada del mesero fija sobre mi.

A mi parecer interpretaba su mirada como alguna clase de sorpresa al ver la gran diferencia que había entre la mujer que era anoche y la que el veía ahora. Sacudí la cabeza y puse en la bandeja los huevos con tocino y panecillos que había sido la orden de el, la deje sobre la barra sin mirar a ninguno de los dos y me dedique a los otros pedidos. Esperaba que no hubiera presencia de algún cabello O algo igualmente desagradable.

Habían pasado cerca de dos horas y el mesero aun no se había ido del lugar, era como si estuviera esperando algo personalmente, creía que estaba esperando a que Jessica saliera, sospeche que ella había logrado algo en concreto con el por que el tiempo en el que estuvo atendiendo las demás mesas paso en muchas oportunidades por la mesa de el y conversaron de cosas que no alcance a identificar, tal vez por que no había estado muy pendiente.

La hora de partir se acercaba asi que aliste todo para cerrar mientras pensamientos vagos pero mas frecuentes de lo que quisiera, respecto a Edward y las muchas razones por las cuales no había llamado el dia de hoy, rondaban por mi ahora imaginativa cabeza, decidí ignorar las que yo creía que eran las mas posibles, aquellas que incluian hermosas distracciones caminando en dos piernas en la oficina donde el trabajaba, portadoras de excesivo y placentero trabajo...

Cuando estaba sacudiendo el ultimo plato escuche el sonido de la campanilla de la puerta y por un segundo me atreví a imaginarme que se trataba de el, de Edward, pero cuando dirigí mi mirada hacia la salida vi que se trataba de el mesero quien finalmente había decidido irse.

Nuestras miradas se cruzaron y me di cuenta de que eso era lo que el estaba esperando, que nuestras miradas se cruzaran, para despedirse con un gesto de la mano, yo no hice nada mas que mirarlo aunque por su educación me hubiera gustado despedirme con palabras, sentí ahora algo de decepción al darme cuenta de que era una de las victimas de Jessica.

Volví a mi plato cuando se alejo pero no fui lo suficientemente rapida como para apartarme de Jessica que estaba esperándome iracunda, casi suelto el plato en un afán de no tropezarme con ella y su mal humor, lo cual me dio el amargo presentimiento de que no seria la ultima vez que vería a ese mesero.

- - QUE ES LO QUE ESTAS HACIENDO EN TU CASA EH? - despreciaba que me gritara pero me contuve de escupirla en la cara como, estaba segura, nadie había hecho nunca,

- - ¿a que estupidez te refieres?

- - no es estupidez, la única estupida aqui eres tu, ¿por que demonios ese pedazo de hombre que espero sentado hasta que las posaderas no le dieron mas, me pregunto tantas cosas de ti? - Dijo rápidamente, completamente llevada por su venenosa manera de ser - ¿acaso es tu novio? - me miro de arriba a abajo -¿tu otro novio? , ¿que clase de perra bruja eres? -

Otra vez con el cuento de la brujería...pero mas me sorprendía el motivo por el cual estaba tan enfadada, aun no me podia creer que el único motivo por el cual el mesero había venido tenia que ver con averiguar cosas sobre mi. Lo que no entendía era como había hecho para dar con mi trabajo ni conmigo. A pesar de que sabia que no tenia por que darle explicaciones a ella le dije.

- - ni siquiera lo conozco - aclare contrariada , pensando en que, si este hombre estaba interesado en mi Jessi seguramente se había encargado de romper cualquier tipo de ilusion que tuviera conmigo y eso era beneficioso para mi, eso creía, de todas maneras ella solía hablar mal de todo el mundo

- - Pues el dijo que te vio anoche...

No entendía como era posible que en pocas horas ellos hubieran ganado la confianza suficiente como para que el le revelara que me conocía de la noche anterior, pero no debía extrañarme, asi era ella, aunque tampoco debía hacerme la desconocida ante la sensación ya que, aunque me daba miedo admitirlo, confiaba plenamente en Edward Cullen a pesar de no conocerlo nada.

Edward...

Resignada a soportar la ira de Jessica acelere la limpieza de la cocina con la esperanza que el poco tiempo que faltaba para que saliéramos pasara rápido y veloz.

Me daba algo de gracia que Jessica sintiera envidia o celos o lo que fuera que sintiera respecto a esos dos hombres, ella no tenia ningún motivo mas por el que preocuparse que el de partirse una uña, yo sabia de antemano, tanto como ella, que no representaba una amenaza para sus planes, fueran los que fueran,

Afortunadamente y como era de esperar ella desapareció antes de que fuera su hora, pero prefería terminar con todo, sola antes que continuara rebuznando a mi alrededor...

Salí cuando todo quedo listo, al dia siguiente no teníamos que asistir debido a que teníamos un domingo libre cada quince días y este era el domingo que tendríamos libre, lo cual era beneficioso para el estado de sueño en e que me encontraba.

Saque la ultima llave de el candado y me volví para caminar a la parada del bus intentando no dejar que los pensamientos sobre Edward invadieran mi cabeza, era imposible que me sintiera desolada por el hecho de no haber escuchado su voz.

Llegue a mi domicilio y entre cerrando la puerta, camine hacia mi habitación y me quite el vaquero para ponerme una falda y me quite los zapatos y lo calcetines, mis pies sintieron cierto alivio al entrar en contacto con las baldosas frías. Decidí caminar descalza por un poco mas de tiempo, iba a tomar un plato para derramar cereal en el cuando escuche el timbre de la puerta.

Me seque las manos en el trapo de la cocina y camine hacia la puerta sin saber de quien se trataba.

Cuando abrí la puerta casi me voy de espaldas por que Edward Cullen estaba parado en el umbral de mi apartamento, mirando mis fachas y con un ramo de rosas rojas en su mano izquierda.

Por el modo en que se quedo mirándome debía tener los ojos fuera de las orbitas. Trate de serenarme, a pesar de que permanecimos cerca de un minuto solo mirándonos, por mi cabeza atravesaban una y otra vez imágenes de hacia unas horas, de sus manos sobre mi cuerpo...respira...solo respira.

- - ¿que estas haciendo aquí? - le pregunte rápidamente y me quede un poco rezagada por que me pareció que la pregunta había salido en un tono demasiado grosero. Por la manera en que se quedo viéndome supe que tenía razón

- - no...- dijo el un poco detenido - si quieres puedo irme...- dio un paso hacia atrás.

- - ¡NO! - casi grite, demasiado ansiosa y emocionada por que el estuviera aqui parado en mi puerta. Asi me mirara enfadado, sentí mi cara arder - no es eso - pensé en mi modesto apartamento y en la mansión en la que debería habitar - no esta presentable - explique llena de vergüenza

Vi que el ceño de el se alisaba notablemente

- - ¿puedo pasar? - pregunto después de unos momentos, como si con esas palabras estuviera pidiendo permiso, levanto el brazo en el que llevaba las rosas ofreciéndomelas, las tome y las acerque a mi nariz para olerlas, deleitándome en su aroma, e interiormente saltando ante la primera vez que una persona me regalaba rosas, seguí oliéndolas a pesar de que el se inclino un poco hacia mi con la, pensé, obvia intención de besarme, aunque tal vezsolo quería oler las rosas también, no sabia.

El avanzo hacia dentro y yo cerré la puerta tras el mientras lo venia caminar hacia la modesta salita, espere en mis adentros que no me considerara demasiado humilde

- - lo siento, es tan pequeño... - me disculpe ante mi propia pobreza

El estaba caminando hacia el mueble cuando se quedo parado erguido cerca de el sofá de la sala, como si algo lo hubiera perturbado, rogué para mís adentros que no se tratara de nada referente a mi ni a mi domicilio, esperando que el se sentara camine hacia la mesita del comedor, cuando las puse sobre la mesa y me di la vuelta me di cuenta de que estaba mirándome fijamente, aun de pie.

- - sientate - ofrecí no muy segura de que el quisiera hacerlo - por favor - pedí en tono de ruego, el se sentó sin quitarme los ojos de encima -¿puedo ofrecerte algo? - pregunte demasiado insegura, la mirada de el paseo por mi cuerpo hacia la mesa del comedor, miro fijamente hacia la bandeja.

- - ¿puedo tomar de esas? - pregunto señalándola en la mesa.

Pensé en los niños de la vecina y luego sobrepuse a mi "novio" ante ellos

- - ¿en verdad las quieres probar? - debía estar segura, podría preparar cualquier cosa más...digna -

El asintió mansamente y dijo con la voz profunda

- - ¿te lo estoy pidiendo, no?

Ahora la que asintió fui yo, camine hacia los cajones de la cocina y saque un plato mediano, tome tres galletas de la bandeja y las puse en el, camine hacia la salita y se las ofrecí, luego le pregunte

- - ¿algo para acompañarlas? - no sabia por que lo ofrecía cuando el paladar de el debía estar acostumbrada a las bebidas mas exquisitas para acompañar los "manjares" por eso cuando me respondió lo que respondió hice lo posible por que mi cara no se mostrara pasmada

- - ¿leche? - su voz parecía la de un crio y no la de un adulto -

Me di la vuelta para ocultar mi turbación y agradecí tener lo que pedía, camine hacia la cocina y serví al leche de la nevera en un vaso de vidrio. Regrese en mi camino y se la di, el la tomo en su mano y yo me senté en una de las sillas acolchonadas que había adquirido hacia poco tiempo, del otro lado del sillín donde el estaba sentado.

En silencio lo mire mientras comía y bebía, observaba disimuladamente, el juego de los musculos de su cara mientras se alimentaba, pensando que hasta en eso se veía elegante. No dijo nada y yo tampoco me atrevía a hablarle ni preguntarle nada, aunque estaba demasiado presente y demasiado fresco el recuerdo de su contacto.

No parecía darse cuenta de que lo estaba mirando, solo cuando termino y dejo el vaso en la mesa del centro se volvió a mirarme.

Solo que esta vez había un matiz de tortura y dolor en su mirada dorada y verde, hizo que se me retorciera el estomago de ansiedad por protegerlo...

- - gracias...- dijo después de unos segundos.

Ese gracias, tal como su mirada, sonaba tan diferente de lo que había sido antes, sonaba como a un agradecimiento que iba mas allá de los alimentos en si.

Asentí mientras mi leve vena del orgullo se agitaba interiormente.

Súbita y rápidamente el se puso de pie, pense que se iba a ir y casi me pongo de pie también pero solo pude removerme en mi silla cuando lo vi avanzar lentamente hacia donde yo me encontraba sentada. Lo mire acercarse en el silencio roto solo por el sonido de sus zapatos contra el malgastado piso de madera, camino asta quedar solo a unos pasos de mi silla, yo estaba paralizada sin saber la razón de sus acciones. Pensé que seguramente era alérgico a algún ingrediente o algo peor que eso cuando cayó d rodillas ante mí, intentaba leer en su mirada algo que me diera una señal, aun señal que me dijera algo diferente a que se había enloquecido.

Me quede mirando su mano en el momento en que la subió hacia mi rostro, solo que no toco mis mejillas sino que siguió su camino derecho hasta alojarse en la parte posterior de mi cuello, la piel del cual se erizo ate el contacto calido, sentí una fuerte presión que me empujo hacia adelante, y sin dejar espacio para cualquier otro movimiento me obligo a inclinarme hacia el, sus labios entraron en contacto con los míos con un tipo de ansiedad que al menos en esos momentos provenía solo de el.

Tenia las manos tensas por unos segundos, mi cuerpo, interiormente, lucho con pánico ante mi mente con el firme impulso de apartarlo e indagar acerca de lo que hacia, tan impredecible y contradictorio. Pero gano ese calor que se apodero de mi y esas tensas manos que tenían voluntad propia se mezclaron con sus mullidos y suaves cabellos, fue el interruptor, el deslizo su húmeda lengua dentro de mi boca dándome la profunda sensación de que este era el tipo de beso que mas le gustaba practicar.

Su mano en mi cuello bajo por mi hombro dejando un camino de ardiente necesidad a medida que bajaba y se alojaba en mi cintura, sentí luego su otra mano presionándome en el mismo sitio urgiéndome a que me pusiera de pie.

Como una marioneta deje que lo hiciera y cuando me di cuenta estaba nuevamente entre sus brazos apretada contra el tocándolo con lo único que me permitia, la boca y las manos.

Sentí que me alzaba contra el, cada parte de su duro cuerpo estaba rozándose con el mio, movía mis manos desesperadamente tratando de abarcar cuanto podía de el.

Gemí con temor y pasión a la vez ante el vértigo entre mis venas mientras el nos guiaba a el sillón en donde había estado sentado, esta situación estaba muy por encima de mal pero me negué a rechazarlo, aun no, porque lo había extrañado, demasiado, como si la distancia con el fuera el asesino de mi alma, lo cual era tan tonto como yo, todos esos sentimiento en unos pocos días. ¿Que estaba haciendo?

Ambos caímos sobre el sillón siguiendo su guía, el era como mi duro y musculoso colchón, tan tembloroso de pasión como una gelatina, como me sentia yo, tan maleable como la masilla.

Sentí el tacto de sus dedos en mi espalda y luego avanzar hacia el frente bajando un poco mas, luego volvió a mi espalda rozando el sweater que me cubría, sus dedos subieron el sweater la cantidad suficien para que sus dedos tocaran directamente mi piel y huesos, atrevidamente mis manos abandonaron el soporte de sus hombros para bajar por su pecho y sentir cada musculo, del cual inconcientemente ya había tenido conocimiento.

Sus manos bajaron por mis caderas hasta posarse en mis piernas. Dejo mi boca para bajar por mi cuello que ofrecí gustosa, casi sintiéndome tan perra como Jessica, pero curiosamente orgullosa de mi misma por ello. Hasta que esas agarraron partes de la falda y rápidamente la subieron hasta que toda la extensión de mis piernas quedo desnuda, y con las manos de el sobre ellas. Calidas y firmes subiendo hacia...

¿Por que todo tenia que ser tan perfecto y a la vez imposible? Cuando sus calientes manos rozaron la ropa interior que usaba no pude contenerme mas, cada irregularidad de mi pasado entro en mi mente acribillando cualquier otra sensación diferente al asco por la vida y por mi misma, como una avalancha llena de oscuridad negrura y destrucción. Tenia que apartarme de el. Cuanto antes.

Me impulse contra sus hombros rozando peligrosamente nuestras partes intimas, sintiendo demasiado cerca la rudeza alli alojada, luego abandone sus labios para posar mi frente sobre la de el respirando agitadamente, y rogando con todo mi ser que lo entendiera.

- - detente...por favor...por favor...- rogué como una niña quebrándome con cada latido de mi corazon, esperando el mismo quiebre en mi fuerza de voluntad ante la respiración agitada y excitada de el y sus ojos de fuego.

Frunció el ceño pero no con mal humor, sino como si estuviera meditando la realidad de la situación y de nuestros cuerpos peligrosamente entrelazados.

Me moví un poco y lo siguiente que supe fue que estaba sentada en el sillón al lado de el.

Me acomode la falda y me quede mirando el suelo sintiéndome como una tonta, pero a la vez adolorida mentalmente. Por el rabillo de ojo vi que pasaba su gran mano por sus cabellos, acomodando lo que yo había desordenado.

- - lo siento - se disculpo -

No entendía demasiados bien a la razón de su disculpa, aunque supuse que seria por la falta de control. Aunque no debía considerarme demasiado deseable, y menos para un hombre como el. Apreté los puños escondidos en el sweater ahora conciente de que el me estaba mirando con fijeza.

- - yo lo siento mas - confesé desinhibida, y demasiado avergonzada de no poder ser como todas las chicas normales a mi edad.

Me arrebuje en el mueble esperando que saliera por esa puerta y nunca quisiera regresar. Si yo fuera diferente estaría en estos momentos en otro tipo de situación. Pero eso no iba a suceder nunca (eso es lo que crees querida), no cuando era la segunda vez que le rechazaba (no contaba con la persistencia de Edward, asi al principio fuera solo por interés).

- - creo que debería irme - dijo el poniéndose lentamente de pie.

Muy conciente de que no lo iba a volver a ver le dije

- - por favor...- quería hacerle ver que el no era la causa de mi rechazo - debo contarte algo - a pesar de todo lo que era yo misma, debía aceptarlo, confiaba en ese hombre, mucho mas de lo que confié nunca en nadie, excepto Emmerald., confiaba en el con una pasión que me asustaba -si tienes intención de quedarte a mi lado - aclare a sabiendas de que después de se lo dijera lo perdería para siempre - debes saberlo

Respire espero mirándome de frente mientras yo rogaba en mi intrior por que no lo hiciera "por favor Dios Mio, no lo apartes de mi"

- - todo lo que se de mi niñez lo supe en...creci en un orfanato en las afueras de esta ciudad...no tengo, familiares de ningún tipo... en el orfanato decían que mi madre me había abandonado cuando nací, aparentemente estuve en un hospital durante mucho tiempo. - me calle por unos momentos mientras en mi conciencia seguía orando por lo que me pareciera imposible, que ese hombre con su categoría sintiera que debía quedarse a mi lado...asi...asi fuera por lastima.

- - cuando cai al orfanato era demasiado pequeña para entender las cosas que pasaban allí...los trabajos que hacíamos... la manera en la que éramos explotados...golpeados, era demasiado pequeña para entender el maltrato - en un segundo no estaba viéndolo a el sino a esa vida que creía haber dejado atrás, y aunque asi lo hubiera hecho fisicamente aun estaba aqui, en mi memoria, atormentándome como siempre, no podía saber si estaba mirándome ahora o si solamente quería dar los pasos que le esperaban de la salida de mi casa y de mi vida, decidi confiar en que el silencio que oían mis oídos era una señal inequívoca de que aun estaba ahi, preparado para escucharme, conocerme y aun asi dispuesto a quedarse conmigo.

- - cuando avanzo nuestra edad también lo hizo nuestra inteligencia...a medida que pasaban los días me daba cuenta de que nada de eso era un juego... al menos no era uno con el que estuviera familiarizada, todo el maltrato era solo una manera de ganar un techo medianamente decente para vivir y un pedazo de comida aceptable...y muchas otras cosas mas...-

Recordé a los dos hombres que cambiaron mi vida y mi manera de mirar al frente para siempre, el dolor físico y mental que me inflingieron, y los traumas que anexaron a toda una vida de golpes y sufrimientos a la corta edad de 13 años.

Dude si debía contarle acerca de ellos...acerca de lo débil y tonta que fui, claro que el ya debía haberse dado cuanta de cuan tonta seguía siendo...

- -en medio de eso conocí a una persona...una a la cual considere un amigo...- mencionar la palabra arrojo a mis ojos las lagrimas que no había derramado desde que Emmerald había muerto, mi vida era demasiado trágica para ser solo mia, nadie tenia que tener la suerte de vivir todo lo que yo había vivido. Y ahora solo tenia 17 años, casi 18, pero me parecía haber vivido la vida de miles de personas y especialmente las partes trágicas de ellas, vaya quejica era...al menos aun estaba viva, y al lado de el.

- - pero nada de las intenciones de el y de su...amigo tenían poco o nada que ver con la amistad...al menos hacia mi.

En ese punto me di cuenta de que no podia continuar...al menos no ahora...tal vez algún dia el supiera la verdad de mi, era limpia pero manchada a la vez...

Mi silencio no hizo nada por solventar la situación, y mucho menos cuando dijo

- - ¿te violaron?- pregunto secamente el cuado menos lo espere

Sentí que me volvía mas pequeña conforme las connotaciones de esa pregunta iban penetrando en mi cerebro...Mentalmente...había sido violado un millón de veces...

- - quiero olvidarlo - dije simplemente, sintiendo el deseo de borrar mi memoria hasta hacia dos semanas de toda mi cabeza, particularmente ese desdichado evento en el cuarto del servicio en el maldito orfanato en donde perdí la mitad de mi. - quiero agradecerte por que me incluyas en sus intereses - sonrei con ironía - aunque no se que tan interesado estés en mi después de esto...te suplico - las lagrimas eran algo que no podía detener y ahora que había vuelto a la realidad podía mirarlo en medio del borrón de mis lagrimas - te ruego que comprendas.

El aparto las manos de su cabeza, no sabia en que momento las había puesto ahi, la levanto y me miro, había en sus ojos brillantes algo mas que deseo.

Se removió hasta que estuvo mas cerca, deslizo el brazo sobre mis hombros y me hizo apoyarme en el.

- -perdóname - pedí mientras los espasmos de los sollozos contenidos hacían que mi cuerpo chocara lentamente contra el de el, perdón, pedía perdón por no ser lo suficientemente buena para estar a su lado, sentí su barbilla tocar la parte superior de mi cabeza mientras me hundía en el pecho que había tocado minutos antes.

- - perdóname tu a mi...no lo sabia - explico con un matiz de arrepentimiento en la voz. Excepto con Emmerald no había recibido consuelo de nadie en mi vida, y me aferraba a el lastimosamente como si yo fuera una niña pequeña abrazando a mi almohada.

A la vez estaba anonadada por la paciencia que el tenía conmigo, era la persona que estaba mi lado y lo estaba por que quería hacerlo, yo no tenia mas que ofrecerle que mis lagrimas y sin embargo estaba. ahí abrazándome…dándome el consuelo que en ese momento necesitaba, yo como tal parecía ser lo suficientemente persona para el.

OH Dios, ahora como iba a no enamorarme de el, siquiera pensar en dejarlo, mi conciencia se estaba aferrando demasiado rápido y demasiado profundamente a el, como única antes habia pasado, era peligroso…lo sabia pero aun asil…aun asi…

No supe por cuanto tiempo estuve en sus brazos, sintiéndome protegida, como nunca antes había sido.

Me había quedado dormida…

Mis sueños comenzaron de manera inmediata en cuanto me desconecte, pero en ellos habia tanta bruma que lo unico en lo que pude pensar fue en salir de ellos, todos plagados de oscuridad y desazon, pero estaba comoda a pesar de ello asi que decidi dejar que la bruma me llevara por donde mejor le pareciera.

Pero en dado momento comence a caer sin rumbo en esa oscuridad galopante, y no tuve mas remedio que gritar para que alguien me ayudara, me removi dentro de mi propio cuerpo y trate de salir de el sueño.

Abri los ojos y lo primero que vi fue la piel suave de un cuello, y olfatee la suave escencia de un perfume fino y masculino. escuche una respiracion acompasada y tranquila en mi oido, recorde todo lo que habia pasado antes de que me quedara dormida, estaba en brazos de Edward anegada en lagrimas y manchando de humedad su fina chaqueta.

Levante la cabeza de su hombro lentamente esperando no despertarlo, y no lo hizo, debia hallarse tan cansado como yo.

Cuando pude ponerme de pie me dedique a mirarlo por un buen rato, tenia el cabello desordenado y parecia demasiado angelical para tratarse de alguien tan serio, me entraron unas ganas locas de besarlo, pero las contuve para dejarlo dormir y descansar, a cambio de eso arrelge mis cabellos y dispuse todo para hacerle una cena deliciosa...para compensar al menos con eso el haberme escuchado y aun asi estar ahi, tan comodamente dormido en mi sillon y sin ninguna intencion de irse.

Decidi hacerle un pollo especial que solo habia preparado una vez pero que me parecio lo suficientemente fino como para el. Camine hacia mi habitacion saque del pequeño armario una de las cobijas limpias y cuando volvi a la sala, lo cual me llevo diez pasos, se la puse encima procurando no molestarlo, al menos asi estaria mas tibio, lance una mirada al reloj, eran las siete menos cuarto.

Procurando hacer el menor ruido me dedique a ello de la cena esperando que cuando despertara nada hubiera cambiado.

Cuando el adobo estuvo listo lo meti al horno y me dedique a alistar la mesa limpiandola de basura inexistente.

A la hora comence a olfatear el delicioso olor del pollo, hice una ensalada de complemento esperando que el la disfrutara, me incline y evalue mi trabajo al cual le faltaba un poco de coccion. cuando me ergui y me di la vuelta me di cuenta de que el estaba completamente despierto y si no me equivocaba llevaba mucho tiempo en ese estado.

- hola - salude sonriendo levemente, esperando...deseando...

- - hola - respondio el completamente serio. Luego se miro la muñeca, al fino reloj - - vaya...dormi...mos demasiado.- dijo conteniendo un bostezo, un gesto que, en aguien como el lucia un poco extraño.

- - si...yo... he preparado la cena - dije lentamente.

El sonrio tambien y dijo

- - estoy seguro de que la disfrutare

Podia la felicidad hacer doler el pecho?. podia la ausencia de rechazo a la vez proveer la mayor sensacion de jubilo en el mundo?

No sabia que tan luminosa era mi sonrisa y no me importaba solo lo miraba dejar la cobija a un lado y acercarse a la mesa en donde ya habia puesto los cubiertos, tal como habia aprendido con mi unica en intrañable amiga.

Me di la vuelta para servirle el plato, rogue con todo mi ser que todo estuviera en su punto. Cuando servi la cantida d ensalada que las clases dictaron, el pollo estuvo ubicado en la posicion que correspondia en el plato, y la salsera individual estuvo llena para acompañarlo, puse el plato y los complementos en la mesa, el los miro sin indicar ningun tipo de comentario.

Yo me servi lo mio y me sente en la silla opusta a la de el, claro que con el tamaño de la mesa no estabamos tan lejos como se creeria.

Cuando partio el primero pedazo y se lo llevo a la boca mastico cerrando los ojos, luego despues de un momento, en el que iba a llevarme un poco de ensalada a la boca, el dejo los cubiertos a un lado y me dijo

- - quiero que vengas a vivir conmigo.

El tenedor hizo demasiado ruido al caer desde mi mano sobre el plato, afortunadamente no hizo ningun desaguisado, nada que ver con el desaguisado en el que se habia convertido mi cabeza en ese momento...

que?...

Edward Cullen

22 de Julio

A pesar de que busque en mis sueños no pude volver a encontrar a la mujer, y vaya si me esforcé, me desperté sin haber dormido nada y eso me puso de un humor agobiante, como solía decir la antigua secretaria a la que había despedido, si debía admitir que me sentia enfurruñad por la incapacidad de encontrarla en mi conciencia, y mucho menos para encontrar imágenes en mi cabeza de mi nueva obsesión.

Por otro lado acababa de concertar una cita con mi abogado, era sábado y tenia que trabajar, si un sábado, había concertado en medio de la noche, o por lo menos lo que quedo de ella, una cita con el por que tenia que darme la información que le había pedido, el me había dicho que aun faltaba tiempo pero lo obligue a encontrarnos por que, tal como una viejita entrometida, por averiguar los supuestos pormenores de la vida de Isabella Swan.

Con mi humor de perros me bañe y me vestí parsimoniosamente, era un dia mas de trabajo después del cual tendría que planear mas cercamientos a ella, salida y demás, para no perder todo el avance de la noche anterior,

Cuando estuve listo saií y me embutí en mi auto diciéndole al conductor que se diera prisa.

Llegamos en media hora y aun si me pareció que corriendo me habría ido mejor. Baje y subí hacia mi oficina, pase derecho sin saludar a la nueva secretaria quien por la cara que puso esperaba que lo hiciera, mi enfurruñe estaba alterándome todo y no me agradaba en absoluto sentirme asi.

Abrí la puerta del despacho. El abogado aun no había llegado, solté el maletín con fuerza sobre el escritorio y tome de este mismo la bola amarilla antiestrés que siempre apretaba y que parecía , mas que amarilla, una cara negra de tan utilizada que estaba.

Tocaron la puerta y entro la secretaria

- el señor James se encuentra fuera-

- hazlo pasar.- conteste secamente – y que nadie nos interrumpa

Ella asintió y segundos después entro James, cerro la puerta tras el,

Solté la bolita sobre el escritorio, esta salto sobre la superficie y reboto hacia la parte trasera de la silla

- Crei que no ibas a venir – dije en mal tono, ni siquiera la ofrecí sentarse.

- lo siento, - se disculpo el – estaba un poco cansado, estas averiguaciones han requerido un poca mas de esfuerzo.

- ¿tienes algo nuevo?- añadí pensando que era por eso que le pagaba.

- pues si – suspiro el dandose importancia, retrocedió un poco y saco otra de sus habituales carpetas. – es algo bastante desagradable

Esperaba que no se tratara de nada que no fuera manejable, no me convenía para nada a estas horas de la vida.

- ¿a que te refieres? – pregunte sin entender nada

- donde ella vivió, es el orfanato con mas altos reportes de niños con provéelas mentadles y abusos en los infantes.

- ¿problemas mentales?- volví a repetir como loro, a mi Isabella me parecía bastante cuerda, retraída, si, pero cuerda al fin y al cabo. Vi que sus manos abrían la carpeta que traía – explícate.

- no han podido recopilar pruebas, yo mismo no he podido, solo cuento con los testimonios de personas que han estado ahí, hijos adoptados y sus padres, y la cocinera…. al parecer es la que mas tiempo lleva, los testimonios certifican al lugar como un ápice del abuso sexual y violencia infantil y adolescente.

Permanecí en silencio mientras el impacto de esa noticia caía sobre mí, luego me decidí a hablar.

- ¿y de ella? – al fin y al cabo era de ella y no del mismo orfanato de quien había solicitado información.

- no hay declaraciones de nadie, al menos respecto a ella, para conseguir lo que conseguí tuve que hacerme pasar por un padre interesado en adoptar.

- habla- exigí pensando en que ponía trabas con el simple afán de sacarme de quicio.

- l a cocinera, bastante olvidadiza tiene una hija, es una mujer mayor pero me dijo algo que me llamo la atención, evidentemente no la menciono a ella pero dijo que hacia años, específicamente alrededor de la época en la que Isabella despereció de ese orfanato, que hubo un revuelo leve con las directivas acerca de un caso de acceso carnal violento. Con una estudiante y dos de sus compañeros.

Es decir que podía tratarse de ella, y podía no tratarse, no lo sabía con certeza y al parecer James tampoco

-intente recabar todo pero no hay ningún tipo de registro que relacione a Isabella Swan con ese episodio, pero inevitablemente es posible que se trate de ella por que no hay registro de la chica y tampoco de Isabella.

Sin que yo lo ordenara asi mi mente comenzó a evocar un recuerdo cercano de la ocasión en la que la sujete del brazo en el gato negro, y la expresión de terror que había corrido por su cara, me mire la mano, y pensé inevitablemente en ella, tenia ciertos conocimientos de infancias difíciles crei comprenderla al menos un poco, había visto la fascinación en sus ojos por mi, pero mas que eso había visto miedo, también de mi, como hombre.

Empuñe un poco las manos pero después de unos segundos relaje los dedos, el miedo de ella no era una excusa suficientemente grande para acabar con todos mis planes. Solté una hoja que haya tomado segundos antes en donde estaba mas explícitamente especificado la condición de desconocida de Isabella, sintiéndome asqueado de aquel sitio y no de ella.

Ahora que sabia el por que de su reserva debería andarme con cuidado.

Otro recuerdo acudió a mi mente, el beso en el lavabo.

Si teníamos razón y su infancia no había sido rosa, aun asi había respondido a mis animales demandas. Si en algo era bueno era en reconocer cuando una mujer me deseaban ella lo hacia, reservadamente pero lo hacia.

Me cruce de brazos en la silla a pensar un poco…pero aunque lo pensé mucho solo llegue a una conclusión y siendo concluyente de que no era mi asunto no pude evitar decirle

-quiero pruebas…quiero que las consigas, anónimamente pero hazlo.

Estaba contrariado, una cosa era abusar de una persona mayor, pero abusar de un niño era un millón de veces peor, la violación como tal era un crimen que merecía ser castigado...

Las imágenes que aparecieron en mis sueños decidieron aparecer en ese momento ante mi vista, y a pesar de no ser de la mujer deseada eran de la otra mujer que perturbaba la tranquilidad de mi vida, imágenes de Isabella Swan siendo niña treparon por mis ojos, en ellas era una niña siendo victima de manos instigadoras y obscenas.

La furia que sentí, a pesar de querer disfrazarla ante James como una furia pasajera, quemaba mi sobrepuesta intranquilidad. Sabia que no era bueno que me encariñara demasiado con esta mujercilla

- eres bueno hallando pruebas, consigue las que hagan falta, no me importa cuanto dinero ni que métodos sean usados, mete manos hasta en el gobierno si es preciso pero quiero a ese orfanato en las manos correspondientes

Si, sabia que sonaba como candidato presidencial y por unos segundos me sentí como el héroe caballeresco de los de antes, pero rápidamente, analizando mis intenciones reales, las aspiraciones se convirtieron en nada

James se retiro con sus órdenes claras y yo entre a una junta directiva programada para establecer un informe de ingreso y devengo.

Hice lo posible por mermar mi mal humor y trabajar concentrado pero una ligera picada en el pecho durante el dia me indicaba que no lo había dejado tan de lado como pensaba, especialmente al pensar en el dinero que se podría perder de perder yo a Isabella antes de conseguir que firmara los papeles, de todas maneras aun tenia cinco meses para solucionarlo.

Decidí, en el momento en que la secretaria anotaba la bitácora, que iría a la casa de Isabella a visitarla, era sábado y según lo que recordaba ella trabajaría solo medio dia.

Mirando hacia el escritorio, luego de que todo el mundo se habia ido, pensé que seria la primera vez que visitaba a una conquista en su propio domicilio, me estaba convirtiendo en el novio típico y la verdad no tenia ningún deseo real de ir a verla, no por ella, sino por la distancia que me tocaba recorrer.

Levante el teléfono y oprimí la extensión.

- pide un ramo de rosas a la casa de la flor mas cercana, de color rojo y con aroma – dije metódicamente, rosas… siempre prendaba a mis mujeres con cosas como joyas y abalorios, pero si había llegado a conocer en algo a la chica Swan sabia que apreciaría mucho mas algo tan sencillo como las rosas.

Ella tomo el dato y me dedique a pasar el resto de tiempo cotizando alguna cantidad de dinero en la bolsa binacional.

Después de dos horas, cuando seguramente yo era el único habitante de la empresa junto con la secretaria ella informo que el ramo habia llegado

- tráelo y vete.

Asi lo hizo, cuando lo tuve al alcance lo tome y agarre mi saco, baje al parqueadero y me metí en el auto sin conductor, como todos, trabajaba solo hasta el medio dia.

No la llame ni en todo el dia, quería llegar de incógnito y que no pudiera negarse, asi que estacione cuando llegue al modesto edificio y me baje de allí, en el momento en que iba a tocar desde fuera una persona salio sin mirar axial que aproveche y entre al edificio opaca quedar directamente frente a su puerta negra .

Toque una vez, y espere, por su propio bien, que mi venida no hubiese sido en vano.

Para mi alivio escuche unos pasos seguidos de un cerrojo y de la manija accionándose.

La brisa se proyecto en sus cabellos en el momento en que abrió la puerta, cabellos que estaban recogidos hacia atrás y con mechones lisos sueltos alrededor de su cara, por la expresión de sus ojos no se esperaba esta visita mucho menos que yo.

- - que estas haciendo aquí?

Arrugue el ceño, no era exactamente el tipo de recibimiento que esperaba, considerando lo que había pasado horas antes,

- no – dije evidentemente, disgustado, con toda la intención de que se diera cuenta de mi mal humor – puedo irme si quieres… - sonaba a reproche pero no me había gustado para nada su manera de hablarme

- ¡NO! – casi grito ella poniendo las manos al frente por unos momentos – no es eso – sus mejillas se tiñeron de rosa y me pareció súbitamente muy hermosa, como si se hubiera quitado un velo con la velocidad con la que se negó a que me fuera. Por alguna extraña razón mi súbita rabia se evaporo a centros – no esta presentable…

Sonríe un poco, ya no me sentia enfadado en absoluto.

- ¿puedo seguir? – pregunte al mismo tiempo que subía el ramo de rosas destinado a ella, en cuanto lo diviso sus ojos brillaron de un manera especial que solo había visto en ella en un par de ocasiones, la mano de ella se levanto para recibirlas y tan pendiente esta de sus movimientos que percibí el temblor de esa mano en las mismas rosas, las acerco a su rostro y las óleo cerrando los ojos, representando un tipo especial de vulnerabilidad que nunca antes había presenciado en absolutamente nadie.

- adelante – susurro unos segundos después, se hizo a un lado aun dudando, - ah…lo siento…es tan pequeño -

Di uno y luego otro paso observando a mi alrededor, como un critico a un cuadro, no estaba desordenado, se veía acogedor y cómodo, si, era pequeño, olia como a mi hogar de la niñez solo que….

Me detuve en seco cuando esa esencia conocida, nunca olvidada y, en este momento, devastadora en toda su extensión, entro por mi nariz hasta mi cerebro y de ahí al resto del los sentidos y órganos del cuerpo, era absurdo que algo tan sencillo como eso pudiera afectarme aun de ese modo pero lo hacia, demonios si l hacia.

Me di la vuelta incrédulo y la observe mientras caminaba hacia la mesa y podía las rosas sobre esta, al lado del ramo desposaba una bandeja con lo que parecían ser galletas y de la cual emanaba ese olor especial.

- siéntate, por favor – me volvi a ella, la mire detallándola, portaba un suéter de color rosa pálido y una falda del mismo color pastel pero azul. Iba descalza, ni una sola gota de maquillaje teñia su rostro triste – puedo ofrecerte ago? –

Mi mirada inmediatamente volo sobre la bandeja que contenía las galletas, hacia tiempo que no veía algo como eso, desde que mi madre había fallecido con mi padre.

Ella eras quien las había preparado, la mire intensamente luego señale la bandeja mientras me sentaba en el mueble limpio,

- ¿puedo tomar de esas? –

Ella las miro con algo que identifique como nostalgia y luego se volvió hacha mí con una mirada fijamente triste.

- ¿en verdad las quieres probar? –

Asentí mientras la miraba a ella con fijeza.

- ¿te lo estoy pidiendo, no?

Ella asintió como si lo estuviera haciendo mas para si misma que para mi, se adelanto a la pequeña y ordenada cocina, yo la observe todo el tiempo sin poder desprender mis ojos de su frágil figura, se empino hacia un pequeño platero y saco un plato blanco, la tela de el sweater se constriño alrededor de su cintura marcándola seductoramente, adivine las caderas sobre la falda, ella volvió a caminar, aunque mas bien parecía que se deslizaba ya que, al tener los pies descalzos y pesar tan poco no se evidenciaba el sonido en sus pasos, se detuvo en la mesa y tomo de la bandeja con una servilleta de papel tres de las galletas, las puso con estilo encima de el plato y camino luego hacia mi, pero antes de ofrecérmelas verdaderamente se volvió a detener y me pregunto

- - ¿algo para acompañarlas?

Vacile por un momento pensando fugazmente en mi niñez en la cual siempre había compartido este tipo de pasabocas con la bebida infantil tradicional por excelencia, me sentí como un inmaduro e infantil pedazo de crio, pero aun asi sin poder evitarlo dije

- -¿leche? -

Ella me miro con sorpresa casi como me sentia yo, luego sonriendo con lentitud dejo el plato en mis manos y se volvió a la cocina por mi petición.

Volvió con la leche… el estomago se me apretó ansioso mientras miles de recuerdos llovían sobre mi como un rocio silencioso. Ella se aparto y se sentó en la sitia de el otro lado.

Cuando mordi la galleta sentí que mi lengua se familiarizaba instantáneamente con el pasado conocido. Se me retorció el estomago y el cerebro con la necesidad ridícula y silenciosa de abrazar a mi madre. Casi estuve a punto de cerrar los ojos, nadie nunca había logrado siquiera imitar el sabor de las cosas de mi madre, era infantil y lo sabia pero necesitaba recordarlo para asi recordarme a si mismo que seguía siendo humano, dejándome llevar por el anhelo de estar entre los brazos de ella al menos por una vez mas.

Seguí mascándola sin ser conciente de el tiempo, no sabia ni me interesaba que estaba haciendo ella, abrí los ojos dándome cuenta demasiado tarde de que si los había cerrado y había evocado en mi mente una imagen de mi madre nunca olvidada. Acerque mi mano al vaso de leche agradablemente fría y le di un sorbo.

Sabia que la leche no se hacia manualmente pero incluso esta sabia demasiado igual a la que tomaba en casa de mi madre.

Acabe en tres patadas aun deseando que durara mas, luego solo pude decirle la única palabra que sentia en todo mi interior

-gracias… -

Ella levanto la mirada y la sostuvo con valor como no lo había hecho antes, había en ella un orgullo que me costo trabajo identificar pero que a la vez me produjo u calor en el pecho diferente al sentido por la nostalgia hacia madre pero inevitablemente relacionado con ella y el fantástico parecido que había entre ellas, o que al menos yo parecía ver, había demasiado en ellos, ternura, cariño, compasión, por primera vez me permití perderme en ellos y en todos los recuerdos involuntarios que me traían, no era posible pero era.

Estaba asociandola a un ángel, como lo hacia con mi madre.

Sin desprender la mirada de ella me puse de pie y ella siguió todos mis movimientos mientras me acercaba a donde estaba sentada.

Cuando estuve frente a ella me arrodille con una pierna para quedar casi a su misma altura alargue mi mano y la pose detrás de su calido cuello, sin violencia pero con determinación hice que se inclinara casi sobre mi para poder darle el beso que quería darle, con urgencia.

Solo hasta ese momento me di cuenta de cuanto necesitaba besarla, cuanto necesitaba probar con mis labios que ella era real y que había traído a mi cosas que nunca creía poder volver a ver siquiera. Maldito sentimentalismo y su poder sobre mi, maldita mi debilidad ante los recuerdos muertos de mi familia que, desde el momento en que murieron, debí enterrar con ellos, pero sobre eso tenia que besarla por ser la única que había logrado igualarse a mi madre a un nivel equilibrado.

Ella levanto la mano y por un momento creo que iba a apartarme pero luego se amoldo a nuestra extraña posición y me urgió, hundiendo las manos en mi pelo, a que siguiera besándola, abrió los sedosos labios y dejo que metiera mi lengua entre ellos hacia el calido contacto de su boca, la sangre comenzó a arremolinárseme en el cerebro y en otras partes menos inofensivas, palabras mas estaba comenzando a excitarme, baje mi mano de su cuello a su cintura y de ahí torpemente hice que se pusiera de pie conmigo abrazándola y no dejando ni por un segundo que nuestras bocas se apartaran, pero al estar de pie no pude dejar de apretar ese cuerpecito caliente contra el mio hasta levantarla parcialmente de el suelo, sintiendo las suaves curvas de este y todo el aroma a vainillas que en ese momento enloquecía cada célula de mi enardecido cuerpo.

Un gemido broto de su garganta enviando escalofríos de ciego placer por toda mi extensión. Una vez mas sentí que estaba empezando a perder el control y a no ser conciente ni de mi mismo, sentí que cada parte de mi quería saltar contra ella y penetrarla sin control, estaba ahogado de una necesidad sexual animal que me exigía estar dentro de una mujer, pero no cualquiera, sino esta que apretaba contra mi. No sabía con exactitud cual era el motivo de todo esto pero necesitaba con urgencia estar con ella, más específicamente, dentro de ella.

Abrazándola aun casi alzada camine precariamente hacia el sillón grande en el cual me de caer con ella como si de una ridícula película de romance se tratara. Ella no se aparto de mi sino mas bien busco acomodarse y amoldarse a hojarcadas sobre mi endurecido regazo, lo que hizo que la inocente falda que portaba se levantara un poco.

La tela era el agente que me daba más y más fuego, acosándome con el impulso de romper la puritana tela que la cubría y descubrir cada poro de la pasión que escondía tras la fachada de niña buena.

Movi mis manos hacia su espalda buscando regatear el sweater hasta poder sacárselo o por lo menos hasta poder sentir en la punta de mis dedos algo de ese fuego en su piel avainillada, las corri hacia el frente por la cintura levantando imperceptiblemente la tela, volví a su espalda pero volvi mi toque mas agresivo al subir la tela y poner mis manos directamente sobre sus costillas y la piel de estas, tan suave como la de un bebe.

Ella se removió pero no con incomodidad, sino como si quisiera algo mas, sus manos corretearon por el borde superior de mi camisa y tocaron sobre esta el pecho y los hombros, luego volviendo al pecho. El corazon me palpitaba a la carrera, parecía que iba a estallar de pura excitación y solo por que ella me estaba tocando el pecho.

Tenia que tocarla, si no lo hacia me daría con colapso nervioso, baje mis manos sintiendo bajo ellas cada una de sus delgadas formas, hasta que las tuve sobre sus muslos, abandone el caliente contacto de su boca por su oloroso cuello sobre el cual deje una marca de besos húmedos y lengüetazas para degustar el sabor de su olor, ella se removió hacia atrás, como si me estuviera cabalgando y bese mas profundamente su cuello, verla asi solo hizo mi resistencia aun mas debil, casi como un violador tome en puños la puritana falda y la subí rápidamente tan dispuesto a tomarla de esa manera como de cualquier otra, tenia que tocarla, tenia que ver el estado en que se encontraba y tenia que comprobar cuando deseaba ella esto, y si lo hacia tanto como yo, pero casi a punto de terminar el camino de ascenso y al rozar con mis dedos una suave ropa interior, ella empezó a empujarse a si misma hacia atrás haciendo que casi explotara, pero con su frente apoyada en la mia y con los ojos cerrados en tortura pero no de pasión sino de algo mas.

- detente...por favor...por favor...- su respiración agitada y con olor almendrado golpeo suavemente mi rostro esa frase penetro por mi acalorada conciencia en cuanto sus débiles esfuerzos por separarnos de mi comenzaron a tomar un poco de fuerza.

"intente recabar todo pero no hay ningún tipo de registro que relacione a Isabella Swan con ese episodio, pero inevitablemente es posible que se trate de ella por que no hay registro de la chica y tampoco de Isabella"

Las palabras pronunciadas por James entraron por mi conciencia apagando súbitamente mi pasión en cierto grado, y solo hasta ese momento fui conciente de cuan cerca podría estar de la afirmación de que ella habia sido violada.

Otra vez imágenes de ella siendo tocada por manos inequívocas hizo mi sangre arder por un tipo diferente de sentimiento.

Apartándose deje que se sentara en la silla y permanecí al lado de ella, me pase la mano por los cabellos aplacándolos inútilmente.

- - lo siento – pensé en ese momento ya que era la única palabra que se me ocurria decir en ese momento, y era la primera disculpa verdadera que pronunciaba en demasiado tiempo, mire su arrobado y casi camafeico perfil

- - yo lo siento mas – dijo ella, cuando enfoque el resto de su cuerpo vi que estaba acomodándose la falda de manera que nada quedara al descubierto, casi me empece sentir como un verdadero violador.

- - creo que debería irme – dije conciente de que después de esto ella estaría bastante renuente a estar a mi lado al menos un tiempo.

- - por favor...- dijo ella, pensé que me estaba pidiendo que me fuera "por favor" definitivamente esta visita había empeorado un tanto las cosas.

- - debo contarte algo - dijo después de unos momentos, cuando ya estaba mas dispuesto a irme cuando aun podía hacerlo -si tienes intención de quedarte a mi lado debes saberlo

Mi curiosidad se abrió al instante, si me iba a contar lo que seria que me iba a contar esto había sido, opuesto a lo que había creído antes, lo mas sencillo que había hecho hasta ahora. Pero no me interesaba saber cuan senillo o difícil había sido, me interesaba mas la historia, debía admitir que parecía un rabo cotilla y no un empresario de estilo, intentando no demostrar que la curiosidad estaba brotando de cada parte de mi cuerpo me acomode para escuchar la que seria una de muchas otras confidencias.

- - todo lo que se de mi niñez lo supe en...- trago saliva, coo si tuviera un tapon en la garganta - .crei en un orfanato en las afueras de esta ciudad...no tengo familiares de ningun tipo... en el orfanato decian que mi madre me habia abandonado cuando naci, aparentemente estuve en un hospital durante mucho tiempo.

Recordé un episodio similar cuando era niño y había estado enfermo en el hospital, había escuchado a mi padre y madre hablar de una bebe abandonada, en medio de mi ensoñación escuche algo asi.

- - cuando cai al orfanato era demasiado péqueña para entender las cosas que pasaban allí. – continuo relatando y mirando hacia el frente como si su cuerpo ya no fuera su transporte y su espíritu se huera trasladado a lo que parecía ser el peor momento de su vida. - los trabajos que hacíamos... la manera en la que éramos explotados...golpeados, era demasiado pequeña para entender el maltrato, cuando avanzo nuestra edad también lo hizo nuestra inteligencia...a medida que pasaban los días me daba cuenta de que nada de eso era un juego... al menos no era uno con el que estuviera familiarizada, todo el maltrato era solo una manera de ganar un techo medianamente decente para vivir y un pedazo de comida aceptable...y muchas otras cosas mas...-

El dolor de su perfil toco una fibra en mí que, hasta ese momento, no sabia que existiera, aun no sabia que nombre darle, malditos sentimentalismo una y otra vez. Ella siguió hablando.

-en medio de eso conocí a una persona...una a la cual considere un amigo...- se callo tragando ahora no tan en seco, había brillo perlado en sus ojos que identifique segundos después comió lagrimas no derramadas pero contenidas- - pero nada de las intenciones de el y de su...amigo tenían poco o nada que ver con la amistad...al menos hacia mi

Se callo abruptamente cuando sospeche que la histeria silenciosa comenzaba a apoderarse de ella, y lastimosamente era en las apalabras claves que seguían a toda esa confesión que no estaba que hiciera sino hasta dentro de aproximadamente dos meses.

Antes de que pudiera evitarlo se me salto preguntarle.

- - ¿te violaron?- cuando lo pregunte identifique que tan enfadado sonaba, como si la culpa de mi estupida sensibilidad fuera la de ella.

- - quiero olvidarlo – dijo sin dar una verdadera respuesta a mi pregunta con lo que quede igual que al indicio. Del dia, - quiero agradecerte por que me incluyas en sur intereses – dijo ella sonriendo falsamente, como si dudara de la veracidad de esto… aun no la habia ganado de el todo y eso representaba un problema

- aunque no se que tan interesado estés en mi después de esto...te suplico – se lanzo a llorar sin control. Las lagrimas en una mujer siempre me hacían prensar en el arsenal mías poderlos de estas y con el que fácilmente podían manipular y conseguir lo que querían. - te ruego que comprendas.

Controlando mi loco deseo me moví un poco hacia ella, ya sabia parte de eso asi que podía darme una idea de lo que me esperaba en la cama con ella y si era sincero conmigo mismo estaba demasiado interesado en ese aspecto, demasiado mas de lo que me atrevía a admitir. Acerque mi brazo e hice que tomara mi hombro de soporte

- -perdóname – dijo ella mientras se sacudía lentamente contra mi, no temía perder la camisa por su llanto, solo me interesaba ganarla para que todo fuera mas fácil

- - perdóname tu a mi...no lo sabia - ahora me disculpe yo, con toda la sinceridad que era capaz de proyectar, esperando que fuera notoria. La sostuve contra mi hasta que sus sollozos se calmaron y lo que tumbe entre mis brazos era un cuerpo inconciente de sueño, dormida en mis brazos.

El silencio perforo mis oídos acostumbrado a los susurros de la clase alta, pero en este sitio se respiraba un a clase de tranquilidad difícil de igualar, sintiéndome laxo ahora apoye mi cabeza suavemente sobre la de ella y oliendo el aroma fresco de sus cabellos cai también en un profundo sueño del que no esperaba despertar hasta haber descansado correctamente.

Y despues de unos momentos la mujer comenzo a bailar al rededor de mis pensamientos, trenzando mis neuronas a un nivel insoportable, aun seguia con la cabeza en las sombras pero podia distinguir, a un sumo nivel, la escencia de su cuerpo, sus manos me tocaban y me pedian a gritos que las tocara, pero cada vez que alargaba mis propias manos ella se alejaba, o pasaban sobre ella como si su etereo estado se hiciera mayor en el momento en que mi piel se acercaba.

Pero no me importaba por que estaba hi, llevandose de plano todo el cansansio que me atormentaba, al menos por el momento, sentia, en medio de mis sueños, que tenia un preciado tesoro entre mis brazos, uno que debia ser protegido a toda costa, tanto como la mujer que entraba y desaparecia entre mis ojos necesitados.

N supe por cuanto tiempo duro la sensacion, esta fue interrumpida subitamente por el olor de algo comestible, algo que estaba en el exterior.

me removi contra el calor que parecia envolverme hasta que, parpadeando varias veces, cai en cuenta de el lugar en el que me encontraba y que el calor que sentia no se debia a la mujer sino a una mullida y suave cobija que para mi deleite olia levemente a vainillas.

Escuche unos ruiditos seguidos de una respiracion acompasada a lo lejos, un par de toses, finalmente abri los ojos otra vez y me vi en el departamentito de Isabella.

me movi con lentitud para que no se percatara de que estaba despierto y asi poder ver que era lo que estaba haciendo.

me removi en el mueble de manera que ella y sus movimientos quedaron de libre vista a mis ojos.

Segui cada una de sus delicadas acciones, parecia querer hacer el menor ruido posible y supe que lo hacia por que creia que aun estaba dormido, se inclinaba progresivamente hacia lo que parecia ser un pequeño horno en donde estaba haciendo coccion lo que sea que desprendia ese olor tan apetitoso.

ella se daba media vuelta y tomaba cada cosa con un tipo de amor unico que me hizo pensar en si aguna vez habia visto a una mujer diferente a mi madre cocinar algo de una manera tan especial, como si cada accion mereciera ser digna de la maxima atencion.

me quede mirandola concentrado, sin poder evitar pensar en todo lo que me habia contado antes, y tambien en lo que no me habia contado, tenia un ansia asesina por saber el resto de la historia, lo que seguia despues de que conocido a quien fuera que hubiera conocido.

En un momento dado se inclino para retirar el alimetno de el horno, pero al ver que aun faltaba se volvio a poner de pia y se dio la vuelta, no estaba preparado para su rapidez asi que no tuve tiempo de hacerme el dormido, solo me quede mirandola fijamente esperando que ella sacara sus propias conclusiones

- hola - saludo ella como si fueramos amigos en vez de algo mas

- - hola - respondi yo tambien, al parecer su falta de palabras se me habia contagiado por el aire... trate de identificar la hora que era mirando hacia las ventanas pero estaban cerradas con cortinas semitransparentes, sque mi brazo del comodo cobijo y consulte mi reloj, me sorprendio ver que tan tarde era al menos para estar aqui - vaya...dormi...mos demasiado.- en medio de esto el olor desperto mis instintos comensales haciendome soltar un inevitable bostezo mientras decia esto.

- - si...yo... he preparado la cena - dije ella en voz clara pero sombria, una cena por ella seguramente seria el cielo en la tierra, sin poder evitarlo sonrei pensando en el bienestar que le produciria a mi estomago consumir algo que ella hubiera hecho.

- - estoy seguro de que la disfrutare- constate para que ella supiera

Al parecer mis palabras fueron algo asi como graciosas ya que una esplendorosa sonrisa, que por un largo momento transformo su triste rostro en uno demasiado hermoso, cruzo por sus blancas facciones.

apartando la cobija me puse de pie y me acerque a la mesa dispuesto a dar buena cuenta de la comida. la mesa estaba puesta de manera exacta, tal como hacian en las cenas finas, me pregunte como lo sabia pero debia ser paciente ya que yo mismo habia presionado a James para obtener al menos la primera parte de la informacion, si queria saber mas de ella y su educacion, la cual a todas luces no podia pertenecer a un orfanato, y el modo en que la habia adquirido, tarde o temprano lo sabria.

ella lo puso todo en el orden exacto, la presencia que ese plato ofrecia era muy apetitosa, luego ella se aparto para sentarse en su silla y probar su propio plato, me lleve un buen pedazo de el suave pollo a la boca y comproble alegremente que no me habia equivocado, y tambien comproble que debia dar el siguiente paso, y debia darlo ahora si queria seguir disfrutando de su culuinaria y de la confesion de sus secretos, sin inhibirme un poco dje mis cubiertos un momento y la mire fijamente esperando que me devolviera la mirada.

ella conecto sus ojos con los mios y en el moento en que lo hizo le dije

- - quiero que vengas a vivir conmigo.

Ella se quedo quieta un momento, luego parecio perder la fuerza en las manos, a su favor solo pude decir que me sostuvo la mirada pero parecia deberse mas a la conmocion que a el hecho de que fuera valiente.

ahora solo me quedaba esperar su respuesta que ansiaba que fuera tan sincera y directa como habia sido mi pregunta