Dark Chat

miércoles, 13 de octubre de 2010

Lagrimas De Amor

Capitulo 9


Leves rayos de luz se colaron a través de las cortinas. Suspirando suavemente, Bella abrió los ojos y al ver a Edward tan cerca de ella sintió cómo le dio un vuelco el corazón, tal y como había ocurrido todas las mañanas durante los últimos dos meses.

Dos meses durante los cuales habían estado viviendo en el Palacio del León y que habían pasado muy rápido. Pero en vez de desear que los próximos diez meses transcurriesen igual de prisa, deseó que el tiempo se detuviera.

Se preguntó que estaba haciendo el, era como si fuese un mago que le había echado un hechizo. Se quedó mirando su cara, percatándose de que sus largas pestañas rozaban sus mejillas, suavizando sus duras facciones. Mientras dormía parecía más relajado, casi como un niño, y ella sintió como se le hinchaba el corazón debido a la emoción. Cuando o había conocido, había pensado que era como el demonio y nunca habría sospechado que llegaría a preocuparse por el. Pero durante aquellos primeros meses de su matrimonio había aprendido que el duque Masen si que tenía corazón… simplemente lo tenía muy escondido bajo una capa de fría indiferencia.

Mientras apoyaba la cabeza sobre su hombro, para estudiarlo con más detenimiento, pensó que en realidad con ella no era frío. Aunque con frecuencia estaba ocupado y trabajando en su despacho de las oficinas del Banco de Masen en Granada, parecía que aprovechaba cualquier momento para estar con ella. Normalmente se tomaba un descanso y le pedía que bajara a dar un paseo con el por los jardines del castillo. Y todas las noches durante la cena se transformaba en una compañía ingeniosa y divertida que coqueteaba con ella sin ningún reparo, provocando que ella deseara aceptar la invitación que reflejaban sus ojos.

Pero desde la traumática última noche de su luna de miel, el no había vuelto a intentar hacerle el amor y las únicas veces que la besaba eran delante del personal del castillo, presumiblemente para reforzar la creencia de que su matrimonio era real. Esa era la razón por la que había insistido en que ella tenía que dormir en su cama. Pero cuando estaban a solas por la noche, el tenía mucho cuidado de no tocarla.

Con desaliento, pensó que no podía culparle. A veces el iba desnudo al cuarto de baño de la habitación, provocando que ella se ruborizara, pero siempre se ponía unos calzoncillos antes de meterse en la cama y a los pocos minutos de apagar la luz, se dormía. Ella se quedaba despierta durante casi la mitad de la noche, atormentada por el deseo de echarse sobre el otro lado de la cama…

Lujuria, amor… estaba tan confundida, que no sabía dónde empezaba uno ni donde terminaba el otro y estaba empezando a no importarle. No podía dejar de pensar en Edward y no podía soportar pensar en el momento en el que el ya no necesitara seguir fingiendo que era un hombre felizmente casado. Cuando ella había accedido a su propuesta matrimonial, había prometido que nunca se enamoraría de el… pero en aquel momento no estaba segura.

Pero ese era un camino peligroso. Día tras día, poco a poco, Edward estaba invadiéndole el corazón, pero no había ninguna posibilidad de que llegara a amarla y en diez meses la echaría de su vida con la despiadada eficiencia por la que era conocido.

Buenos días, querida, ¿has dormido bien? –dijo el con un leve toque de burla.

Bella se preguntó si sería porque sabía que ella había estado horas dando vueltas mientras su cuerpo vibraba debido a la frustración sexual que sentía.

He dormido perfectamente –aseguró alegremente-. He dormido de un tirón.

-¿De verdad? Por la manera en la que te retorcías, pensé que quizá habrías tenido una pesadilla.

No me estaba retorciendo –dijo ella, sentándose en la cama y mirándolo.

Se ruborizó al percatarse del pícaro brillo de los ojos de el.

Entonces quizá fuese yo el que estaba soñando. Espero que no te haya molestado –dijo el.

Bella tomó una almohada y le dio con ella.

Así que quieres jugar ¿no es así? –dijo el, sonriendo, agarrando la almohada y tumbando a Bella de espaldas.

-Eres tan encantadora, querida, y yo he sido tan paciente, ummm...… No me he movido de mi lado de la cama.

Pues ahora no estás en tu lado –murmuró ella, sintiendo cómo su cuerpo reaccionaba al sentir los duros muslos de el apretándola contra el colchón.

-Ni tú tampoco. Estamos en tierra de nadie, donde las normas sobre la guerra ya no tienen validez.

-Yo no estoy en guerra contigo.

Entonces ella no pudo evitar la tentación de apartar un mechón de broncíneo pelo que se le había venido a Edward a la frente. Era tan guapo que no podía pensar con claridad cuando el estaba cerca… y en aquel momento el ya no podía acercarse más. Sabía que debía apartarlo de ella, pero en vez de eso lo abrazó por los hombros, disfrutando al sentir la aterciopelada piel de el bajo sus dedos.

Pensaba que éramos amigos –susurró ella vergonzosamente.

Amigos –dijo el, deteniéndose para considerar el significado de aquella palabra. Entonces sonrío-. Y compañeros de dormitorio. Aunque creó que es justo decir que ninguno de los dos dormimos mucho. ¿No estás de acuerdo, querida?

Era estúpido negarlo… teniendo en cuenta que ella estaba prácticamente derritiéndose bajo el.

Sí –dijo ella.

Tragó saliva con fuerza ante el cálido brillo que reflejaban los ojos de el. Observó cómo bajaba la cabeza y sintió cómo cubrió sus labios con los suyos. Durante un momento, Edward le permitió dominar el beso, pero al encenderse aún más la pasión entre ambos, el tomó control de la situación, convirtiéndose en un macho dominante. Reclamó la boca de ella con una sensualidad cautivadora, dejándola débil y necesitada.

Edward… -comenzó a decir ella, besándole el cuello.

No le impidió bajarle un tirante del camisón. Uno de sus pequeños pechos quedó expuesto, comenzando el a besarle el escote hasta llegar al valle existente entre sus pechos. Entonces le bajo el otro tirante. Comenzó a acariciarle un pecho y bajó su cabeza para juguetear con el con su lengua, pera tomar completa posesión de el con su boca a continuación.

La sensación que invadió a Bella fue tan intensa, que gimió y movió las caderas impaciente, invitándolo. No podía pensar en otra cosa que no fuese el anhelo de que el la tocara en su parte más intima. No puso ninguna objeción cuando el le quito el camisón, pero cuando le agarró las bragas un temblor se apoderó de ella y se puso tensa.

Me deseas, Bella –murmuró Edward-. ¿Quién necesita amor cuando compartimos una pasión tan intensa como ésta?

Yo lo necesito –dijo ella, cerrando los ojos, invadida por una ola de desesperación-. Eres un maestro en el arte de la seducción Edward… no hay duda de que has tenido mucha práctica. Aprietas los botones correctos y yo te necesito tanto, que me duele. Pero sin amor ni confianza, ¿Qué tendríamos aparte de unos pocos momentos de placer vacío?

Entonces notó que el estaba a punto de perder su autocontrol.

-¡Toma mi cuerpo si quieres! No podría detenerte ni aunque lo intentara, ambos lo sabemos. Pero acabarías con la poca dignidad que me queda después de las cosas que he hecho recientemente.

¿Qué cosas? –exigió saber Edward ferozmente-. Bella, ¿estás avergonzada de haberte casado conmigo?

No estoy orgullosa de mentir –admitió ella-. He hecho falsas promesas en una capilla, promesas que sabía no iba a cumplir. Pero quiero a mi padre más que a nada en el mundo. El nunca debió haberte robado aquel dinero, pero comprendo por que lo hizo. Sufrió muchísimo al perder a mi madre y mi orgullo era un pequeño precio que pagar cuando significaba librarle de ir a la cárcel.

Tú tienes más principios que todo un convento de monjas –bramó el sarcásticamente-. Quizá sea una buena cosa que yo me vaya a marchar durante un tiempo –dijo levantándose de la cama.

-¿Te vas a marchar? ¿Adónde?

-A Madrid. Tengo una serie de reuniones con los directivos del banco y un número de invitaciones sociales que, repentinamente, parecen más apetecibles que quedarme aquí contigo.

¿No pensaran tus amigos que es extraño si vuelves solo? –espetó Bella, ofendida por su amargo desprecio-. Pensaba que se suponía que teníamos que alimentar la idea de que estamos muy enamorados.

Pensaré en una escusa para tú ausencia… les diré que estas enferma o algo así –dijo con indiferencia-. Aunque supongo que eso implica el riesgo de que crean que estas embarazada. Lo que no saben ellos es que… sería la inmaculada concepción –farfulló con sarcasmo-. De todas maneras, no estaré solo; Tanya vendrá conmigo. Ha convencido a su padre de que ya es hora de darse a conocer en las fiestas de la capital –añadió.

¿Y a ti te han contratado como su niñera? –dijo ella, forzándose a parecer desinteresada. Pero dentro de ella se estaban acumulando una multitud de emociones confusas (n/a: esos son celos jajaja)-. Que duro para ti.

-Estoy seguro de que sobreviviré… por lo menos Tanya sabe como divertirse.

Apuesto a que si –dijo Bella-. ¿No es un poco joven para ti?

Querida, casi podría pensar que estas celosa –dijo el deteniéndose en la puerta del cuarto de baño y dirigiéndole una insulsa sonrisa.

-Pues no lo estoy, así que no te hagas ilusiones (n/a: aja si como no xD) Me gustara gozar de un poco de paz y tranquilidad cuando estés fuera, así que no tengas prisa por regresar.

Dos semanas después, Bella, desalentada, sabía que el no tenía ninguna prisa por regresar. Su excusa había sido un inesperado volumen de trabajo debido a problemas en la dirección del Banco. Las pocas veces que le había llamado era cierto que había parecido cansado… Pero quizá el que estuviera tan exhausto y que no quisiese regresar a Granada se debiera a otras razones. Ella había telefoneado dos veces al departamento de Madrid y en ambas ocasiones le había respondido al teléfono una mujer cuya sensual voz le hizo perder la cabeza de celos.

No había sido Tanya; aquella sexy voz era de una mujer adulta más que de una quinceañera. Pensó que debía haber tenido coraje de preguntarle a el con quien había estado en vez de haberse pasado una noche entera sin dormir, habiéndoselo imaginado haciéndole el amor a una preciosa mujer.

Le dijo a Alec que no comprendía por que estaba tan disgustada. Como ella, el perro de Edward echaba de menos a su dueño.

No me importa lo que haga o con quien este –le dijo al perro, enfurecida.

Pero tuvo la impresión de que el perro sabía que ella estaba mintiendo. El castillo era un lugar sombrío sin el duque y comenzó a darse cuenta de cuanto tiempo habían pasado juntos.

¿Esta tan mal admitir que lo hecho de menos? –susurró-. Pero si ahora me siento así, ¿como me sentiré cuando nuestro matrimonio termine? Yo no estoy enamorada de el –le dijo muy seriamente al animal-. Simplemente no puedo dejar de pensar en el. Eso es todo.

Transcurrieron tres días más hasta que, desde el jardín, oyó el zumbido que causó el helicóptero de Edward. Al ver que era el, corrió a la planta de arriba para cambiarse de ropa y ponerse uno de lo elegantes conjuntos para el día que llenaban su armario. No quería que pareciera que había hecho un esfuerzo para agradarle, pero no pudo evitar aplicarse brillo de labios y ponerse perfume.

Edward había regresado y hasta las antiguas paredes de piedra del castillo, parecían sonreír. Al dirigirse a toda prisa a la puerta principal lo vio andando por el patio. No estaba preparada para el efecto que el iba a tener sobre ella; sintió como si se le parase el corazón y como si entonces comenzara a latirle más rápido de lo normal. Al mirarlo a la cara y ver lo guapo que era, sintió mariposas en su estomago y las manos húmedas.

Pensó que lo había echado mucho de menos. Se detuvo en el porche, esperando recuperar un poco de autocontrol. Entonces el miró para arriba y la vio, sonriéndole abiertamente. Aquella sonrisa fue tan devastadora que echó a perder todas la buenas intenciones de ella.

¡Edward! –gritó, bajando las escaleras corriendo.

Pero entonces vio una furgoneta que traía un pedido entrando al patio al mismo tiempo que el perro corría emocionado hacia su dueño.

-¡Alec… no!

El nauseabundo golpe se oyó al mismo tiempo que el angustioso alarido de Alec. Bella apartó su vista del animal, que estaba inmóvil bajo las ruedas de la furgoneta. Miró a Edward y la expresión de la cara de este le hizo desear llorar. Se preguntó como podía haber pensado alguna vez que el no tenía corazón. Durante un momento vio reflejado en sus ojos un profundo dolor, miedo y el afecto que sentía por su fiel compañero, pero entonces controló sus emociones y corrió hacia Alec. Había concentrado todo su amor en su perro, que lo amaba a el incondicionalmente.

Dile a Jasper que llame al veterinario –bramo el-. Y date prisa; esta perdiendo mucha sangre.

Durante las siguientes horas, Bella no pudo hacer otra cosa que rezar para que el amado perro de Edward se salvara. Ella haría todo lo que pudiese para que Alec viviese. Haría lo que fuese para que Edward volviese a sonreír.

Entonces se dio cuenta de que lo amaba. Por esa razón, cada un de los días en que el había estado ausente, le había parecido muy largo y gris a pesar de la luz que había en los últimos días de verano. Sin el, solo se sentía viva en parte. De alguna manera, si haberse dado cuenta de ello, el se había convertido en su sol y su luna… el era la razón por la que ella se levantaba cada mañana sonriendo.

Mientras andaba por la rosaleda reconoció que no era solo lujuria. Durante su luna de miel Edward le había dicho que el era el único hombre que la excitaba y no podía negarlo. Edward le hacía sentir y pensar en cosas pícaras, malvadas, que ella encontraba escandalosas. Pero el era el único hombre que ella había deseado con cada poro de su piel.

Al haberlo visto aquel día con Alec se había dado cuenta de que sus sentimientos por el iban más allá de la atracción física. Deseaba abrazarlo y protegerlo del dolor. Quería amarlo con su cuerpo y con su alma. Era gracias a el que su padre no iba a pasar los siguientes años en prisión y aunque ambos se habían beneficiado del contrato matrimonial, el la había tratado con respeto y consideración.

No era casualidad que los miembros del personal a su servicio le fueran fieles. Bajo su apariencia de altanería y arrogancia, ella había descubierto que era amable y encantador, poseedor de una ardiente pasión que hacía que ella lo deseara desesperadamente.

Pero el día de su boda el le había dicho que no buscara cosas que no existían… una advertencia de que nunca podría llegar a amarla.

Alec se había fracturado una pierna, había sufrido múltiples contusiones y como ocurría con muchos animales heridos, estaba en estado de shock. Edward se lo hizo saber a Bella cuando esta se unió a ellos en la gran cocina. Edward y Jasper habían llevado al animal al castillo y el veterinario se había negado a que lo movieran más. Le había curado las heridas y le había administrado un fuerte sedante; lo único que podían hacer era esperar que Alec sobreviviera.

Las próximas veinticuatros horas son cruciales, pero el veterinario está convencido de que se recuperará –le informo Edward tristemente.

Oh, eso espero –murmuró Bella fervientemente, arrodillándose junto a Edward u acariciando delicadamente al inconsciente animal-. Se lo mucho que te preocupas por el.

Sintió como las lágrimas le escocían los ojos al recordar lo devastado que había estado el en el momento del accidente.

Edward estaba tenso, y la tomó de la barbilla, mirándola a los ojos.

-A veces me parece que sabes demasiadas cosas sobre mi, Bella. Siento como si tus profundos ojos chocolatosos fuesen capases de leer mi alma y destapar mis secretos.

No quiero que haya secretos entre nosotros –susurró ella, cautivada por la intensidad de la mirada de el-. Eres mi esposo… aunque parece que te has olvidado de ello las últimas semanas –añadió, recordando la seductora voz de la mujer que había respondido a sus llamadas telefónicas.

Pero aquel no era el momento para revelar sus irracionales celos.

¿Crees que me podría olvidar de ti? –dijo el, esbozando una pequeña sonrisa-. Desearía poder hacerlo, pero la verdad es que he estado todo el tiempo pensando en ti y cada noche soñando que estabas a mi lado, con tu cara tan cerca de la mía, que si me daba la vuelta mis labios rozarían los tuyos… así.

Edward acercó su boca a la de ella, dulcemente, como si quisiese saborear el momento después de todos los días en los que había estado ausente. Ella lo abrazó estrechamente por el cuello y pensó que aquella manera era como quería estar. Abrió los labios y respondió al beso de el con una delicada pasión, queriendo reconfortarle tras el trauma que había sufrido al ver a Alec tumbado bajo las ruedas de la camioneta.

Deberías tratar de dormir –murmuró ella cuando el levanto la cabeza.

-Esta noche no… quiero quedarme con Alec por si se mueve.

-Bueno, por lo menos vete a dar una ducha y a comer algo… yo me quedaré con el y te prometo que te llamare si pasa algo.

Todavía estaban arrodillados al lado de Alec, pero Edward se levantó e hizo que ella también lo hiciera.

Bella, no me merezco lo amable que estás siendo conmigo –dijo-. Eres tú la que debería dormir un poco… mañana vas a ir a Inglaterra.

¿Quieres decir que me mandas para allá? ¿Por qué? –quiso saber ella, titubeando.

Se preguntó si el ya se había cansado de ella y de sus principios y quería quitársela de en medio para así llevar al castillo a su amante.

Sólo es por una semana –dijo el, frunciendo el ceño-. Se cuanto echas de menos a tu padre y lo había arreglado todo para que ambos fuésemos a visitarlo, pero no puedo dejar a Alec así.

Claro que no, pero podríamos posponer el viaje hasta que este mejor –propuso ella, aliviada

Estoy seguro de que no te has olvidado de que en pocos días es el cumpleaños de tu padre. Cuando hablé con tu tía, me dijo que el tenía muchísimas ganas de verte –dijo Edward, apartándole el pelo de la cara a ella-. No puedes fallarle, querida.

No, no podía hacerlo. Pero, si era sincera, tenía que admitir que había estado tan concentrada en Edward, que había olvidado por completo el cumpleaños de su padre.

¿A que hora salgo? –preguntó en voz baja.

-Mañana por la mañana. Será mejor que te vayas a la cama y te veré por la mañana.

Bella asintió con la cabeza; no confiaba en ella misma si hablaba, pero cuando llego a la puerta, el sonido de la voz de el la detuvo.

¡Bella! ¿Regresaras? –preguntó el con una incomprensible expresión en los ojos.

Claro que sí –prometió suavemente-. Tenemos un acuerdo… ¿lo recuerdas?

Pero plantearse como iba a sobrevivir sin el cuando el contrato matrimonial terminara la atormento toda la noche. Y cuando, a la mañana siguiente, Jasper la llevó en coche al aeropuerto, no pudo ocultar su infelicidad.

Bella, tras el quinto día de lluvia, pensó que el otoño había decidido hacerle una visita a la costa sur de Inglaterra. Miró a través de la ventana del hostal de su tía Esme, recordando con nostalgia el jardín del Palacio del León.

Tuvo que admitir que tenía muchas ganas de regresar, aunque su impaciencia no tenía mucho que ver con el cálido sol granadino… podría vivir muy felizmente en el ártico si estuviese con Edward.

¡Jaque mate! –anunció Charlie Swan alegremente, levantando la mirada hacia su hija-. Algo me dice que no tenías la mente en la partida, cariño.

Nunca he sido capaz de ganarte al ajedrez, papá –contesto ella sonriendo-. Mamá era mucho mejor adversaria que yo.

Charlie mantuvo silencio durante un momento para luego devolverle la sonrisa a su hija.

-Si, ella podía ganarme de lleno, bendita sea.

Bella aguantó la respiración; era la primera vez desde que René Swan había muerto que ella había sido capaz de mencionarla en una conversación. Antes, había evitado mencionar a su madre ante el miedo de haber provocado una depresión aún más fuerte de la que ya sufría su padre. Pero en aquel momento, con la ayuda de un consejero para casos de pérdida de un ser querido, Charlie estaba finalmente aceptando la pérdida de la mujer de la que se había enamorado nada más haberla visto.

Mientras se acercaba y le daba un beso a su padre en la mejilla, pensó que todavía quedaba mucho camino por recorrer. La muerte de René le había dejado desesperado, y durante un corto espacio de tiempo el había perdido la cabeza. Todavía tenía grandes vacíos en su memoria y ella estaba segura de que no recordaba muchos detalles del último año que había trabajado en el banco o de sus desesperados intentos de arreglar sus crecientes problemas económicos.

Desde luego que ella no se lo iba a recordar. Gracias a Edward su padre estaba libre de cargos ya no tenia deudas y vivía a salvo y protegido por su tía Esme. Estaba decidida a que el no se enterara del precio que había tenido que pagar ella por su libertad… un año de su vida entregado a un hombre que despreciaba.

Pero reconoció con dolor que ya no despreciaba a Edward. Era casi imposible pensar que alguna vez lo había odiado cuando su amor por el en ese momento rebosaba en su corazón.

El timbre de la puerta interrumpió sus pensamientos y se dirigió a abrir la puerta principal. Casi se le salió el corazón del pecho cuando miró unos familiares ojos verdes esmeralda.

Edward… ¿Qué… que haces aquí? –tartamudeó, invadida por el pavor-. ¿Alec…?

Se esta recuperando más rápido de lo que incluso pensaba el veterinario- tranquilizo el-. He venido para llevarte a la casa.

El dijo aquello con el destello de la altiva arrogancia que ella tan bien reconocía. Pero la calidez de sus ojos, el brillo de la pasión que no podía ocultar le dijo a ella que el no estaba controlando sus emociones de la manera en la que le hubiese gustado que ella creyese.

-He decidido que mi esposa ya ha estado fuera durante mucho tiempo.

Pero sabías que regresaba mañana. Lo arreglaste todo para mi vuelo –dijo ella encandilada.

La paciencia nunca ha sido una de mis virtudes –dijo el, arrastrando las palabras sin ningún tipo de remordimiento-. Mi avión privado está esperando en el aeropuerto… ve por tus cosas.

¿Quieres que nos marchemos ahora mismo? Pero no tengo hechas las maletas ni nada ¿Qué es lo que está pasando realmente, Edward? –exigió saber-. ¿Pensaste que tal vez fuese a romper nuestro acuerdo? Te di mi palabra de que regresaría, pero esta claro que no confías en mí.

No es una cuestión de confianza –gruño el.

¿Entonces a que se debe esta repentina urgencia? –preguntó Bella entre dientes-. Parece como si te hubieras levantado esta mañana y te hubieras montado directamente en el avión.

Edward se encogió de hombros y repentinamente pareció decidido a evitar la mirada de ella.

La urgencia es porque llevamos separados casi un mes. Me tuve que quedar en Madrid durante más tiempo del que había planeado y entonces tú viniste aquí para celebrar el cumpleaños de tu padre –increíblemente, Edward parecía avergonzado-. Te he… echado de menos.

¡Oh! –exclamó ella, emocionada y sonriendo vergonzosamente-. Yo… también te he echado de menos –susurró.

Se quedó mirándolo, deseando que el hiciera lo mismo. Se le aceleró el corazón cuando el esbozó una sensual sonrisa que prometía el cielo.

Bella… -comenzó a decir el, mirándola profundamente a los ojos.

-¿Sí?

-¿Crees que podría entrar antes de que me ahogue bajo la lluvia?

¡Oh! Si, desde luego. ¡Lo siento! –ruborizada, se echo para atrás y le hizo pasar a la entrada.

Edward estaba tan mojado, que el agua le chorreaba por la cara.

Estas empapado… ven, déjame que te ayude a quitarte la ropa –dijo, nerviosa, quitándole la chaqueta.

Soy todo tuyo, querida… se cariñosa conmigo –bromeó con la diversión reflejada en los ojos-. Aunque no estoy seguro de que debas desnudarme en la entrada. Quizá tú tía no este de acuerdo.

Realmente eres el diablo en persona, Edward Masen –le dijo Bella, enojada.

Entonces el la abrazó, ella se aferro a el sin importarle que sus ropas la estuvieran empapando. Estaba ardiente de pasión y comenzó a sentir un remolino de sensaciones en la parte baja de su estómago. Cuando el le acaricio un pecho, ella gimió y se acurrucó en el, deseando que pudieran quitarse la ropa para así sentir piel contra piel.

Regresa a casa conmigo, Bella… es conmigo con quien debes estar –dijo Edward con la voz ronca cuando por fin levanto la cabeza, acariciándole los labios con su dedo pulgar.

Ella se preguntó si el se estaría circunscribiendo a los términos de su contrato matrimonial. Pero repentinamente eso ya no importaba. Todo lo que le importaba era estar con el hombre al que amaba… durante el tiempo que el la quisiese. Y sonriéndole de tal manera que le llegó al alma, se apresuró a subir a la planta de arriba para hacer las maletas.



Angel Of The Dark

Hello mis ángeles hermosos!! buen día a todas , les dejo esta nota por dos razones la primera agradecerles su preferencia y la segunda he estado leyendo los comentarios q dejan en los fics y me he dado cuenta de q algunas chicas creen q yo los escribo , y la verdad no es así yo solo los publico me mas daría yo por escribir todos los maravillosos fics q aquí se publican., pero como mi cerebrito no da pa tanto , aquí se publican fics de muchas escritoras maravillosas de fanfics, así q chicas no me agradezcan a mi dejen sus comentarios para ellas por q ya me he ganado un buen jalón de orejas por esta pequeña confusión; en el primer cap de cada fic siempre dejo una nota aclarando q los fics no son de mi autoría . así q aclarado esto me despido no sin agradecer sus comentarios q son un aliciente tanto para nosotras como para las autoras de los fics.

Mil besitos a todas

Angel of the dark

martes, 12 de octubre de 2010

Mascara De Odio

Cap.9 Isabela Swan

21 Julio 2007

Edward estaciono el auto en medio de uno de los parqueaderos más grandes que había visto, todo lleno de modelos a todas luces finos y de gente igual de cara bajando de ellos.

Algunos volvieron a mirar hacia nosotros esperando ver a alguien que conocían, yo me sentía positivamente reacia a poner un pie fuera de ese vehículo, y una rápida mirada a Edward me confirmo que estaba interpretando correctamente lo que mi cara debía estar proyectando

- es una cena solamente, no tienes por qué temer

Si, había miedo en mí, pero no temía por mi propia vergüenza sino por la que podía causarle a él. No sabía de cuál de los dos miedos estaba el consiente.

Asentí intentando que no notara que tenía el cuello en tensión, casi como la cuerda de un arco.

El salió por su lado del conductor, yo me desate el cinturón de seguridad que se enredo con el chal, me sentí demasiado torpe para pensarlo, el alcanzo mi puerta antes de que yo pudiera desenredar la ligera tela de el chal, el frio de la noche toco mi hombro que había quedado muy al descubierto, casi me sentía desnuda, el iba a alargar la mano para desatar el enredo, yo no contaba con que se inclinara hacia mí pero cuando sentí su cabello roza con la piel de mi frente mi ínsito me hizo retroceder, pero no estaba retrocediendo con el miedo usual que lo haría si un hombre, cualquier otro que no fuera él, se acercaba a mí de esa forma, casi recline mi cuello intentando esconder el fugaz y a la vez fuerte movimiento de retroceso pero él se había dado cuenta ya que cuando su cabeza volvió a mirar la mía ya no roce su cabello sino su propia piel, sus ojos me miraron, sorprendentemente había confusión en ellos, abandonaron los míos rápidamente y se fijaron en la gran extensión de piel que el vestido dejaba al descubierto, casi pude ver por mi rabillo de ojo su mano ascendiendo para tocarme, yo estaba petrificada esperando el contacto, demasiado ansiosamente considerando que se trataba de mi. Pero el se enderezo tan rápidamente como se inclino, fui entonces consciente de que mientras iniciaba ese juego de miradas con el único propósito de perturbarme su mano había actuado capciosamente sobre el cinturón desatándolo y a la vez desenredando la tela de el chal que por lo que pude ver había quedado intacta, me alegre bastante, lo único que me hubiera faltado era que se hubiera roto y solo tuviera sobre mí la protección del vestido contra la mirada ardiente del, esa que me quemaba siempre que la tenía sobre mí. Sacudí la cabeza tratando de alejarme de ese tipo de pensamientos que no había tenido nunca, pero que en el fondo de mi permanecían dormidos esperando un día despertar…era una mujer… las mujeres tenían insistimos, pero no había sido consciente de la existencia de los míos hasta en el momento en que esos ojos de él se había n puesto sobre mí.

Pose el tacón firmemente esperando no caerme ante el brutal ataque de sensaciones de momentos antes. Al parecer mis precarios tobillos me estaban apoyando. Con toda la elegancia de la que fui capaz, dadas las enseñanzas de Emmerald espere a que el cerrara la puerta, mis zarcillos hacían brillitos de los que nunca había tenido, el me tomo del el brazo con mas suavidad de la que estaba acostumbrada tratándose del, y empezó a conduciré hacia el edificio que se veía a una considerable distancia, mientras caminábamos solo podía oír el repiqueteo de mis tacones y algunos susurros de las personas que, como nosotros, estaban caminando en dirección hacia el edificio.

Capte tonos de preguntas, pero no me atrevía a usar mas allá de lo normal mi sentido del oído, no estaba preparada

A medida que nos acercábamos se formo en mi campo de visión una hermosa entrada al a lobby de lo que inicialmente me había parecido un edificio muy fino, ante mi parecía haber un hotel, y nos dirigíamos, si no me equivocaba, a un salón de eventos.

Sorteamos a una serie de personas que se acercaron a Edward en busca de información, debía admitir que me sorprendía sobremanera la forma en que evito presentarme ante ellos, me di cuenta ligeramente de esa talentosa habilidad pero por supuesto preferí no decir nada, callar era de sabios y quería parecer una persona inteligente.

Cuando cruzamos el umbral del hotel de el lobby entramos a lo que parecía ser un gran salón de conferencias, no era que hubiese estado ahí antes, pero había visto fotos en folletos públicos, había lámparas que colgaban elegantemente de el techo rediseñado a un estilo colonial, las mesas estaban ordenadas en sendas filas y círculos y la gran mayoría de ellas ya estaba ocupadas, los que había allí también nos miraron con dejos de curiosidad que me produjeron incomodidad, aun mas. Caminamos entre ellas hasta que llegamos a la nuestra que tenía 4 puestos, al igual que las otras, me pregunte quienes serian nuestros otros dos acompañantes. Cuando llegamos hasta ella Edward aparto la silla para que pudiera sentarme, aferra con ambas manos, incluida con la que aferraba la cartera, el chal sobre mis hombros, en un intento por evitar que se repitiera el evento del auto.

Cuando me senté erguí la espalda cuanto pude tratando de parecer tal elegante y educada como todas esas personas en ese salón, el se sentó luego en la silla opuesta a la mía e hiso un gesto ligero con el brazo.

- ¿que quieres tomar?- se inclino un poco para hacerme la pregunte clavándome los ojos, clavándome contra la silla. Sentía como si me estuviera examinando bajo una humana máquina de rayos equis, sacudí un poco la cabeza ante la incomodidad, pero no por él, no por su presencia, estaba incomoda por que el aire a mi alrededor tenia….algo… algo que no me permitía relajarme tanto como a él le hubiese gustado. No pude mantener mi bocata cerrada

- creo que quiero irme de aquí – solté sin más, pero mi voz sonó tan baja que brevemente me pregunte si esos eran mis verdaderos deseos.

Una malvada parte de mi, la cual raras veces hacia su aparición, quería quedarse a ver que sucedía en esta noche, pero la más sensata quería poner pies en polvorosa.

Un calor exangüe cubrió la mano que había puesto sobre el intrincado arte del tejido del mantel, mire hacia abajo y vi la masculina mano sobre la mía, un calor desconocido trepo por mi brazo y se dirigió directamente a mi pecho como un ataque de corriente, como cada vez que estaba en contacto con él. Lo mire a la cara y él me dijo

-estás conmigo, todo lo demás no debe preocuparte –

El no podía clasificar, definitivamente, en la categoría de las personas que me conocían. Asentí, pese que él podría llegar a sentirse incomodo si ponía cara de velorio en este evento, después de todo el era el que me había invitado. Cerré la otra mano en un puño haciéndome daño con las uñas. No debí haber accedido a esto.

Escuche unos pasos tras de mi silla, me di la vuelta porque me dio la impresión de que el destino de ellos era nuestra mesa y cuando levante la mirada no me equivoque por que unos ojos ávidos y demasiado perversos se posaron sobre mí.

Dos hombres caminaban hacia la mesa, parecían sendas aves de rapiña que han visto algún tipo de carne en descomposición demasiado apetitosa para pasarla por alto. Me volví y mira hacia Edward pero el ya había posado su mirada en nuestros nada agradables visitantes.

- Cullen – gruño el que había visto primero cuando termino el camino hacia nuestra mesa, Edward no se puso de pie, el hombre extendió la mano hacia Edward dejando abandonado en su boca un pétreo cigarrillo cuyo olor empezó a p0enetrar por mi nariz mareándome al instante. No era un persona versada en el arte de leer expresiones pero cuando vi la de Edward algo fue demasiado obvio para mi, gustaba de el hombre al que le estrechaba la mano tanto como una persona gustaba de ser apuñalada en el corazón

- Banner… - dijo Edward arrastrando el nombre como si le diera pereza apenas pronunciar las silabas, soltó la mano de quien entendí que era Banner y después estrecho la de el hombre que estaba al lado de él, que parecía un cuervo con unas gafas demasiado grandes – y su apéndice – clasifico Edward al segundo hombre

El segundo hombre pareció estrechar con más fuerza de la necesaria la mano de Edward siendo correspondido victoriosamente, y me di cuenta por que los nudillos se pusieron excesivamente blancos y los dedos tronaron como cuando alguien se sacaba las "yucas" (del chibcha: yuca es una especie de hermano de la papa, aquí en Colom: le decimos sacarse las yucas a la acción de hacerse tronar los dedos halándolos fuertemente o doblándolos en dirección equivocada)

- como va la empresa – pregunto Banner con una maldad palpable en la voz, Edward lo miro como si quisiera hacerle un montón de orificios con una aguja especialmente gruesa – he oído decir que han tenido…- mientras hablaba aparto la silla que estaba a mi lado y se sentó, la brisa trajo hacia mí el olor de sus ropas asquerosamente impregnado de olor a cigarrillo. – serios problemas. – soltó el humo que tenía en la boca en toda mi cara, pero me contuve las ganas de toser y escupirlo ya que esa no sería la actitud apropiada de un sitio así pero vaya si me moría de ganas, volvió a sorber del cigarrillo gustoso, la "apéndice" ocupo la silla al lado de Edward.

Yo lo mire a él y por unos momentos tuve real miedo, no había en su expresión ni rastro de la serenidad que solía tener, mas parecía que se había tragado, muy de repente, una gran cantidad de jugo de limón sin diluir.

- -progresando – respondió a Banner entre dientes como diciendo la escíncida palabra "metete en tus podridos asuntos". Odie a Banner porque, si había yo llegado a pensar en disfrutar un poco de esta velada, el acababa de arruinar cualquier esperanza. Por el rabillo de ojo vi que Banner se volvía hacia mí y mire aterrorizada a Edward, no sabía si se había dado cuenta o no.

- ¿y quién es esta hermosa jovencita? , no me digas que es una de tus tantas so…-

- es mi acompañante…- dijo Edward con una tranquilidad que rayaba en la ironía, y que no concordaba para nada con la vena que yo veía palpitar en su tensa sien. El apéndice decidió hablar, yo tuve ganas de decirle que ninguna otra parte del cuerpo humano podía hablar salvo la boca pero me contuve, los apéndices no hablaban, pero sin embargo ese fenómeno se dio en ese momento

- ¿una permanente o la de esta noche?- sonrió maliciosamente, sentí sus ojos picándome por todas partes del cuerpo cuando me dirijo una mirada evaluadora, pero a diferencia de la de Edward esta me hacía sentir asco… ganas de vomitar.

Me removí en mi asiento deseando tener una clase de poder que hiciera desaparecer a estas desagradables personas

- eso no es asunto tuyo – dijo Edward igual de calmo, no replique ante su negativa de mencionarme en un cargo más alto que el de acompañante… no replique por qué no lo era…no tenía un cargo más alto. Yo en realidad no era esa novia que él había planteado y si no quería revelar nuestro "status" era porque simplemente no lo éramos.

Eso no tenía porque dolerme y acompañante era, de hecho, la más inocente y suave clasificación que había recibido en toda mi miserable vida. Ambos rieron como si la conversación fuera muy entretenida

- es muy bonita para ser una acompañante – dijo Banner - ¿cómo te llamas chiquilla? –

Chiquilla… si, en cierto modo lo era. Oh no, me estaba interpelando. ¿Que debía hacer?, ¿que debía decir? se había dirigido a mí, intente darme valor y lo mire a la cara ocultado el evidente asco.

- Isabella Swan, señor -

Volvió a sacar su mano del cigarrillo y me la ofreció.

- Elton (no me maten, no se me el nombre de el señor Banner) Banner, y no me digas señor, me haces sentir como si fuera tu abuelo -

Dios sabía que en su cara tenia la edad suficiente para serlo, pero un abuelo no tendría esa mirada de perversión que me hizo casi sucumbir a escupirlo y empujarlo lejos de mí

Puse mi mano en la de él, sentí que su dedo medio se frotaba con demasiada suavidad en mi muñeca y en mi palma antes de apretarla con demasiada firmeza. Aparte mi mano enseguida apretando el chal con fuerza.

- buenas noches. ¿Que desean ordenar? – dijo una voz, levante la mirada y vi a uno de los tantos meseros que rondaban por ahí

Reino el silencio por unos momentos, luego Banner y el apéndice se puso de pie, agradecí al factor que hizo que se fueran

- nos vemos – dijo Banner, yo esperaba que sus deseos no se cumplieran nunca, al menos no conmigo.

Ambos se fueron casi empujando al mesero con su pavonaría, lo mire y le sonreí dándole ánimos, ser mesero, como muy bien lo sabía, en ocasiones no era nada agradable, para mi vergüenza y la de él se sonrojo notablemente y me devolvía la sonrisa con cierta vacilación.

- un vaso con agua – pedí con una voz demasiado aguda bajando la cabeza, sentí sobre mí la mirada de Edward quien cerró la carta de vinos con increíble fuerza haciéndola resanas y provocando que las personas alrededor de nosotros voltearan a ver. Le devolví la mirada extrañada por su conducta.

- un whisky en las rocas -dijo el sin apartar su mirada de mi, aun seguía en ese estado que yo atribuía al incomodo encuentro de antes.

Mi estomago se contrajo un poco, la verdad era que tenía un poco de hambre pero no me iba a atrever a pedir algo más que eso, ya todo era lo suficientemente embarazoso.

El mesero tomo las ordenes, preferí no mirarlo ya que esto parecía molestar profundamente a Edward. No entendía nada ya que en ese campo era una inepta.

El silencio volvió a llenar la mesa solo que esta vez de manera palpable como la cuerda de un arco. No me atreví a mirarlo y me dedique a seguir examinando, o fingiendo hacerlo, los diseños de el mantel, pero algo me decía que el si me estaba mirando a mí.

Otros pasos se escucharon mientras se daba la bienvenida a los presentes, pensando que eran ellos de vuelta preferí no mirar pero no pude dejar de mirar a Edward cuya expresión se ilumino ligeramente y se puso de pie para saludar a los recién llegados, con disimulo levante la mirada y me encontré con un par de monumentos a la feminidad y la belleza, eran dos mujeres ambas parecían modelos de catálogos y pasarelas, y dios sabia que vestían como unas, inmódicamente me sentí pequeña y más cuando por el rabillo de ojo vi como Edward besaba a cada una de ellas en la mejilla. Al mismo tiempo llego el mesero que, en silencio, puso los vasos en la mesa y dejo el contenido de una botella de cristal con un liquido ámbar a un lado y una jarra plateada, que debía contener el agua, al otro lado, lo volví a mirar brevemente y casi creí ver compasión en su mirada por mí.

- hola Edward – saludo una de las mujeres sin sentarse.

Besos en la mejilla.

Una sensación de desconocida posesividad se apodero de mi cuerpo, quería tener una olla gigante de aceite hirviendo para echarlas a ellas ahí y cocinar modelo frita, algo como eso nunca me había pasado, era como si un instinto asesino se hubiera apoderado de mi deseando matarlas a las dos por las miradas que lanzaban sobre Edward cómos i el fuera un apetitoso trozo de carne y ellas unas hambrientas viajantes, una vez en un libro había leído de una sensación semejante y el autor había descrito eso como celos. Celos… volví a apretar las manos y las uñas volvieron a clavárseme en las palmas.

Ellas no me miraron, como si en esa silla no hubiera nadie más, y yo hubiera matado a la que hubiera osado dirigirme la palabra, Edward hablaba con ellas con un ritmo tranquilo pero mi ira ciega ensordecía cualquier otra cosa que no se tratara del pálpito en mis sienes.

Finalmente una de ellas volvió a verme, como si de repente hubiera hecho una señal para que me notaran, de alguna manera sentía que todo esto me lo había buscado, simplemente había olvidado por unas horas cual era mi verdadero lugar y alguien hubiera mandando la señal de alerta en cuanto se habían dado cuenta de que tan peligrosamente alto había intentado volar.

-¡ah, lo siento! – exclamo con hipocresía, no lo sentía para nada. La mujer miro a la otra y luego a Edward – Edward, ¿no nos vas a presentar?-

Era la segunda vez en la noche que hacían ese tipo de pedidos, al menos de frente, solo que esta ocasión no tenía el mas mínimo deseo de ser presentada a ellas, ni de que conocieran mi nombre ni yo el de ellas, si volvía a negarme tendría lo suficientemente claro cuál era mi verdadero puesto en la lista de prioridades de él, oh Dios, analice mi cabeza y me di cuenta de cuan celosos y posesivos sonaban mis pensamientos, cuando en realidad no tenía derecho a sentirme así, de ninguna manera

- ella es Isabella…. Es mí - cuando lo dudo, lo supe. Y la presión dolorosa en mi pecho creció hasta casi dejarme sin respiración, esta emoción de desoladora tristeza desplazo con creces los celos que había sentido antes, no levante mi mirada aun a riesgo de parecer grosera, yo me conocía y sabia un pozo cristalino en donde cualquier persona podía leer en el agua, ellas se darían cuenta de que tenia la mirada honda en lagrimas de dolor y de traición. Maldita novela en la que acababa de convertir mi cerebro, ¿traición?, esto no era real, sencillamente no lo era. No era un cuento de hadas en donde el rico se fija en la pobre y se enamora perdidamente de ella, tan solo era la vida real en la que había aprendido a vivir, por eso me sorprendía lo poco que había previsto de esto, yo no era una princesa encerrada en un vestido de pobre, ni Edward era el caballero de armadura escondido tras un traje de empresario, era tan solo un hombre real al que le gustaba la variedad y de vez en cuando salía de sus parámetros a experimentar. Yo era el experimento. – mi acompañante…- una risa histérica pugno por salir de mi garganta, pero la retuve con valor, con una voluntad que no sabía que tenía - mi amiga…

No debía afectarme, pero me pregunte si los amigos de ahora incluían besos en sus repertorios de amistad.

Ambas extendieron la mano, y haciendo gala de la educación que había recibido en el orfanatito y de Emmerald levante la cabeza y sonreí sentí que cada musculo de mi cara, especialmente los de los labios, tiraban hacia abajo, pero ordene a mi cerebro que obedecieran y sonreí con pasto.

Estreche las delicadas manos pensando en las mías como un pedazo de tela demasiado usado, no escuche sus nombres y me dedique a decirles con parsimonia el mío cuando mi verdadera conciencia se hallaba a muchos kilómetros de distancia de allí, castigándose por ser una idiota.

Mantuve mi sonrisa forzada hasta que ellas decidieron irse momentáneamente con la promesa de volver, pero yo no iba a estar ahí, no iba a hacer show o tal vez debería actuar un poco sintiéndome enferma, o fingir que lo estaba, hacerlo creíble, fingir lo que en realidad estaba sintiendo, enferma de decepción. El sonrió un poco y alargo la mano para servirme el agua, yo miraba como el líquido cristal se derramaba en mi copa pero dudaba mucho de que algo pudiera traspasar el nudo en el que se me había convertido la garganta. Luego se sirvió su bebida y bebió un poco de ella, música lenta y de cámara se oía al fondo, tome la copa y mira hacia un lado, las dos beldades estaban sentadas en la mesa de Banner y la apéndice, señalaban a la nuestra y sonreían notablemente.

El compa tembló en mi mano, así que la deje sobre la mesa para evitar hacer un desaguisado. Me sentía desnuda e insoportablemente incomoda, pero no quería decirle que deseaba irme. Aun pensaba en el bienestar de él cuando debía estar pensando en mi cabeza que parecía querer explotar, solté las manos para tocarme la cabeza pero eso conllevo a que el chal se me callera de los hombros, quise recuperarlo pero que me quede congelada en mi sitio cuando él me pregunto.

- ¿que sucede? –

- lo siento – me disculpe pero no me agache a recoger la prenda, necesitaba lavarme la cara o me iba a dar una apoplejía – no me siento bien…- me disculpe esa excusa serviría tanto como otras.

- ¿acaso...?- lo que iba a preguntar era una duda que siempre tendría, sin más valor para seguir en su presencia, al menos de momento, me puse de pie

- no…solo iré a los lavabos – debía huir de él y pensar en mis siguientes movimientos.

Salí de la mesa y camine lo más rápido que los tacones me lo permitían, sin mirar por donde iba tropecé con alguien de frente haciéndolo casi trastabillar hacerme preguntar cuál era mi nivel de fuerza. Cuando levante la mirada para disculparme vi que se trataba del camarero. Sonreí disculpándome

-perdóname…- me equilibre y con toda la serenidad que poseía le dije – ¿podrías indicarme donde está el baño? – el me sonrió como si de alguna manera entendiera que debía darme ánimos, aunque no fuera muy efectivo igual se lo agradecía

- al fondo, del lado izquierdo – señalo cual era el fondo, yo me volví y le dije las gracias antes de casi correr a ese refugio que en ese momento me parecía el mejor de todos.

Al final halle la puerta la cual hale y entre a ese baño rápidamente, si se hubiera tratado para Entre rápidamente a uno de los cubículos sin siquiera detenerme a reparar lo que parecía ser el lavabo más lujoso que jamás había visto. Cerré la puerta y baje la tapa de la taza para sentarme en ella y esconder la cara en los brazos, intentaba respirar con dificultad, preguntándome una y otra vez porque, maldita sea, me dolía tanto, como si me hubiera herido el pecho y este quisiera solo llorar y llorar, cese de respirar mal paro aun me sentía como un pequeño insecto ante una buena botella de insecticida

Después de unos minutos, cuando logre mantener una postura digna decidí salir de ahí e ir a encarar a Edward, no encararlo, más bien a cortar por lo sano como solía decir mi jefe. Alargue la mano para girar el pequeño picaporte cuando sentí pasos de tacones y dos voces de mujeres risueñas que entraban al baño, las reconocí inmediatamente por qué esa cadencia era la misma que usaba Jessica. Demasiado zorra para poderse olvidar.

Dejaron de reír un poco cuando considere que sus pasos habían llegado lo suficientemente cerca de el espejo.

- - Madre de Dios, no creí que Edward Cullen fuera a venir...creía que este tipo de eventos no le agradaban para nada

- - pero de que te quejas, si es una bendición para los ojos, cada día que pasa se vuelve más atractivo, si es que es posible - ambas gritaron como niñas pequeñas y siguieron riendo atolondraras, la rabia volvió a crecer en mi. - pero ella...- suspiro pesadamente - ella no hace para nada juego con el...ni con este lugar.

- - ¿que delgada es no...?- me encogí un poco, pero era mi constitución, ella no tenia por que meterse conmigo - si eres tan delgada no deberías ir pregonándolo por ahí...deberías taparte con mucha ropa para aparentar tener un poco de carne - soltaron otra vez carcajadas de desprecio, mis piernas perdieron un poco el centro pero lo recupere - espero que no vayan en serio - continuo otra de ellas hablando como si estuvieran frunciendo la boca, supuse que para pintársela

- - conociéndolo seguro que será el affaire de esta noche, ya sabes cómo es, cambia de mujer como de calzoncillos - risas, risas y risas - después de todo es bien conocido su fama de su abierta sexualidad, en el ámbito de la variedad.

Una imagen desconocida y que me horrorizo al instante trepo por mi cabeza, era estaba sentado en una silla y miraba hacia el frente, no sabía cómo podía verlo desde atrás, ya que yo estaba caminando hacia un barandal que se veía a lo lejos...luego la imagen cambio a una donde él estaba abrazando a una mujer...con el pelo castaño, estaban abrazados íntimamente...con las piernas entrelazadas...el estaba desnudo...

Sacudí la cabeza y el resto del cuerpo cuando sentí un calor en el centro de mi cuerpo, un calor que nada tenía que ver con el ambiente del lavabo

- - no quisiera estar en el lugar de ella -

Cerré los ojos otra vez armándome de un valor que no tenía, gire el picaporte y fingí que no había oído nada a pesar de que tenía cada palabra grabada como en fuego en mi cerebro

Apenas me vieron a través del espejo dejaron de reír, pero la maliciosa sonrisa que persistió en la de la derecha me confirmo que tenia perfecta conciencia de que yo había estado ahí todo el tiempo.

Mis tacones resonaron en el piso mientras me acercaba al lavamanos y examinaba mi aspecto sin hacerlo realmente. El agria fue como un hielo en mi piel y nada despojante como había creído al principio.

Seque las manos aun mirando al espejo pero me sobresalte cuando escuche una especie de sonoro estallido, como el que daban las puertas cuando se golpeaban contra la pared, a través del espejo vi que era Edward quien entraba ahí, me di la vuelta lentamente cuando él se quedo de pie unos momentos, cuando fije mi mirada en el vi que las miraba a ellas brevemente y que su concentración se dirigía toda y exclusivamente hacia mí.

"no lo hagas" - rogué. Cualquier cosa que él tuviera en mente no quería grabarla en mi cabeza como un amargo recuerdo, pero estaba muy equivocada, especialmente cuando iba a decir algo pero la intensidad de sus ojos me dejo callada. Había autentico fuego en su mirada, del que quemaba y arrasaba todo a su paso, aparentemente se veía sereno pero algo en mi interior me decía que no estaba sereno en absoluto.

Camino hacia mí dando autenticas zancadas y yo me quede clavada en mi sitio casi apoyada contra el lavamanos viéndolo avanzar y llenándome de algo que era muy parecido al miedo, pero que sin embargo no lo era tal. era algo mas, algo que casi me hizo gritar de emoción contenida, cuando estuvo a un cuarto de paso de mi alargo sus brazos y me empujo hacia el por la cintura, yo esperaba temblando sin poder anticiparme a ninguna de sus acciones, sus brazos se apretaron mas contra mí y hasta que no sentí el suelo bajo los tacones no me di cuenta de sus intenciones, sentí que mi trasero y caderas quedaban perfectamente apoyados sobre el lavamanos que estaba seco, estaba sentada sobre él, sus manos calientes se deslizaron de mi espalda y mi cintura y de ahí se quedaron en mis caderas para luego descender a mis piernas, las manos hicieron fuerza y cuando menos lo pensé lo tenía a él cómodamente entre mis piernas, sin otra dilación apretó su cuerpo contra el mío haciéndome sentir el calor que traspasaba su ropa, era lo más cerca que habíamos estado jamás, tanto ahí abajo como arriba. Estaba petrificada pero mi pánico se debía a otras cosas inexplicables, al latido palpito que comencé a sentir en el centro de mi cuerpo en mis pechos y en mis sienes, pausado pero haciéndose más rápido a medida que él se acercaba mas y mas y mas y mas...

Sus labios ardientes me besaron en la boca tragándose cada una de mis débiles protestas

No tenía miedo de él, no lo aparte de mi, mis piernas, como por instinto apretaron las caderas del que estaban alojadas en ese intimo nido que parecían mis piernas, mi cuerpo respondió instantáneamente a él y esta vez no pensé en nada más que en ese excitante latido en mis ijadas y resto del cuerpo. Acomode mis manos en sus cabellos y sin saber por qué comencé a tirar suavemente de ellos cuando su lengua rozo mis labios cerrados en una silenciosa suplica de que los abriera, así lo hice y en seguida las sensibles partes de nuestras bocas entraron en contacto.

Ante cualquier hombre hubiera gritado y hubiera hecho cualquier terrible esfuerzo por apartarlo de mi pero...el tenia poder sobre mi...tenía todo el poder sobre mi y solo hasta ese momento me había dado cuenta, en unos pocos días había vencido...no...Se suponía que me iba a ir "cállate parte racional de mi conciencia" grito esa parte mala que antes había dicho que solía aparecer.

En esta postura él podía hacer conmigo lo que se le diera la gana, pero saberlo no hizo enfriar el calor que había comenzado a apoderarse de mí. Por todos los cielos lo estaba empujando hacia mí haciendo más fuerza con las piernas, quería sentirlo...por todo mi cuerpo.

Una sensación desconocida de anhelo por el...por él y sus caricias se termino de apoderar de mi cuerpo, nunca antes me había permitido sentir ese tipo de pasión, pero ni la poca cordura que quedaba en mi calenturiento cuerpo hizo que lo apartara, cada pasada de su lengua sobre mis labios, cada contacto con la mía arrancaba de mi pecho y garganta sonidos vergonzosos que nunca había emitido, pero que mi cuerpo quería liberar tanto como el calor en mi pecho.

En medio de la bruma de lo que yo definí como deseo se escucharon bufidos de indignación seguidos de pasos rápidos hacia la puerta, pero eso tampoco me impidió nada.

Él fue quien termino el beso, lo cual me produjo algo de vergüenza ya que debería ser yo la que lo hiciera, el respiro aliento sobre mi boca y sentí los labios palpitantes en hinchados como otras partes innombrables de mi cuerpo.

- - ya te estaba extrañando - dije l brevemente respirando tan agitadamente como yo, lo cual me produjo demasiada satisfacción, lo de terminar estaba ahora demasiado lejos de mi cerebro, el hizo esto delante de ellas lo cual quería decir algo...algo.

abrí los ojos que hasta ese momento habían permanecido cerrados, los parpados de él, vueltos hacia abajo, hacia donde nuestras caderas y vientres casi se unían, me devolvieron la mirada, no lo cuestione si me mirara a mi seguro que confundiría mi cara con la de un tomate. Se quedo ahí, sencillamente de pie ante mí, con las viriles palmas en las extensiones de mis piernas

No me sentía capaz de mirarlo directamente, volví a ser dueña de mi voz por un momento, lo suficiente para preguntarle

- - ¿por qué hiciste eso? -

- - eres mi novia...- respondió el, un chorro de fría sensación de negación se deslizo por mi espalda... - ¿por qué no iba a hacerlo? -

Me pregunté por qué había vuelto a subir al rango de novia cuando hasta donde había entendido era su acompañante, pero no quería discutir, me sentía mareada y flotante.

Sus dedos volvieron a clavarse en mi carne abrasada sentí sus labios en mi frente, hizo un poco de fuerza en mi cintura y los tacones resonaron con suavidad en el piso cuando volví a caer de pie, sus manos atraparon las mías, acariciándome los brazos y las manos a la vez

- - a partir de este momento no te quedaras sola - afirmo como si fuera el hecho de la noche, el empezó a tirar con suavidad de mí y me vi obligada a caminar a pesar de sentir que si no me ataba a algo pronto iba a cruzar los cielos haciendo que extranjeros me dispararan.

No podía verlo pero sentía cada célula de su piel marcando la mía, caminábamos a unísono. Salimos del baño rumbo a ese salón de petardos malignos pero esta vez, el toque de su mano era como el escudo que antes no había tenido, era la protección contra cada una de las lanzas de burla que antes habían pegado hondo en mi carne.

Divise la mesa y espere a que el tomara el camino de ella pero cuando la dejamos atrás me extrañe demasiado, así que finalmente lo mire esperando que el rabillo de ojo de el avanzara lo bastante para contemplarme

- - ¿qué pasa?- dijo finalmente

Mire hacia el frente en el que el tenia posados los ojos y lo único que divise fue una elegante pista de baile adecuada al ancho espacio central de el salón, había tres o cuatro parejas bailando allí

- - no estarás pensando en...- transmití mi inquietud con autentica voz de pánico, si sabia bailar, pero la única pareja de baile que había tenido era una chica y se llamaba Emmerald

Me pare ceñida al suelo bajo mis pies, sentí un lento tirón en el brazo signo de que él había querido avanzar y se hubiera visto detenido de repente.

- - OH no - susurre halando de mi brazo esperando que me liberara, el se volvió hacia mí y se hizo tan cerca que tuve que mirar hacia arriba para poder verle

- - OH si...- soplo en contra mi frente

- -¡no! - casi había estado a punto de caer en el hechizo de él pero me contuve, una cosa era hacer el ridículo disimuladamente, otra era hacerlo tan abiertamente como en una pista de baile en un salón lleno de patéticos esnobs. Los ojos de él me miraban iracundos y a la vez sorprendidos por mi negativa tan clara a bailar, pero él siguió avanzando haciendo más uso de la fuerza hasta que no pude resistirme más, seguramente me debía ver como una esclava siendo arrastrada por su amo a un destino funesto - perdón...- me disculpe sabiendo que era inútil - no puedo hacerlo...- no le ofrecí la pateta excusa de que me sentía como una gran y torpe vaca

- - eso no me importa - dijo sencillamente el hiriéndome un poco - tu vas a bailar conmigo

- pero...- volví a replicar pero cuando la excusa torpe estaba a punto de salir por mi boca él se volvió hacia mí y me empujo contra el duro muro de su pecho, ahogue un gemido de protesta, mas aun cuando su brazo se clavo en mi cintura y su mano izquierda tomo la derecha mía con fuerza, como si previera que me podía apartar en cualquier momento. Decidí mirar hacia su pecho sin importarme que le diera acceso directo a ver los desordenados pelos de mi cabeza. El dirigía el baile.

Lo seguí embelesada por la sensación de bailar con un hombre y de agradecimiento tardío con Emmerald por haber perdido el tiempo enseñándome tal cosa. Como no estaba verdaderamente concentrada di un tropiezo y quise que la tierra me tragara al mismo tiempo que un taco involuntario salía de mi sucia boca. El pecho de el vibro contra el mío cuando soltó una ligera carcajada ante mi clasificación de mi misma. Su brazo apretó y volvió a subir haciendo que mi centro de gravedad volviera a desaparecer, este movimiento ascendente volvió a hacerme gemir, el esfuerzo que él estaba haciendo debía ser enorme. volví a bajar y moví un poco mis pies en el aire para volver a acomodarlos a la melodía, pero no pise la dureza del suelo cuando quede de pie, más bien parecía algún tipo de alfombrado cuero, a través de mi pecho vi que las puntas y la mitad de mi pie enfundado en tacones estaba apoyadas contra los pies de él, hice un movimiento de rechazo para apartarme y liberarlo de mi peso, negué con la cabeza y mi frente rozo sus labios mientras él me apretaba evitando que me apartara, Dios, los pies se le iban a dormir y le iban a salir morados. El movió sus pies bajo los míos al ritmo de la música, si por un momento había creído que no iba a hacer el ridículo, acababa de equivocarme dolorosamente. Levante la mirada para pedirle con los ojos que dejara de hacer esto, y su mirada estaba clavada en mi frente

- - por fin - dijo

"¿Por fin qué?" quise preguntarle pero sabía que mi voz sonaría demasiado deseosa para conservar la cara de dignidad, seguí el camino que sus ojos estaban siguiendo en mi cara y estos se posaron en mi horrible boca, pensé con horror.

algo me invadió nuevamente recordándome el palpito sordo que tenia entre las piernas, demasiado parecido a lo que había vivido en el lavabo, un deseo irrefrenable de fundirme con cada parte del cuerpo de el...de estar en contacto con nuestros... a pesar de estar parada sobre él, y en un intento por parecer la sensual seductora que nunca seria, me empine y pegue mi lapa de boca contra la de él en un roce mariposa...que el de inmediato se encargo de apasionar, su boca presiono con más fuerza y volví a sentir su insistente lengua en mis labios, parecía que quería comerme la boca y yo me hallaba en una situación semejante, sin importarme lo que él pudiera pensar de mi, un gemido hondo broto de mis cuerdas vocales hacia fuera, no pude soportarlo más, deje sus labios antes de morirme de una combustión espontánea. Sin poder mirarlo a los ojos a pesar de la inhibición que había ocurrido en mí, apoye mi cabeza en su hombre y otra vez hice intentos por dejar de pisarlo pero él no me dejo. Este vez la princesa de el cuento quiso evolucionar un `poco en mi, al menos esta noche si iba a ser la princesa por unos momentos.

La música termino, la cena igual, a partir de ese momento fui presentada a toda la gente que se acerco a vernos, y fui catalogada como su novia oficial, ¿cómo había podido dudar del?

Cuando el hijo del alcalde se puso de pie y se fue de la mesa después de la segunda taza de café tinto después de la cena. No intervén sino ocasionalmente con frases alusivas, aun sentía esa explosiva masa de sentimientos.

El chal volvió a estar sobre mis hombros cuando la velada casi había terminado.

- - creo que conoces a todo el mundo - susurre un poco.

E bebió el último sorbo de su fina taza y yo observe fascinada el movimiento de los músculos de su garganta

- - es por la empresa - se excuso el de mi afirmación - al ser economistas debemos relacionarnos entre sí.

- - ¿me llevaras algún día a tu empresa? - le pregunte impulsivamente me arrepentí al instante.

El se quedo mirándome por unos momentos luego respondió como si no acabara de estar convencido.

- - si, por supuesto -

Asentí viendo que su ceño cambiaba un poco

Para cuando hubo finalizado definitivamente todo el alcalde dio un discurso del cual entendí lo mismo que si hubiera estado hablando en chino. Pero era bastante entusiasta y veraz para tratarse de un político.

Edward se puso de pie y me extendió la mano

- - es hora de irnos -

Aferre el bolos y me puse de pie aparando la silla, el calor de su mano envolvió la mía.

Mientras caminábamos hacia el parqueadero se me ocurrió pensar en que cuatro horas antes nunca hubiera creído que saldría victoriosa de todo esto, pero había sobrevivido al ambiente de él. Una vez más.

Me pregunte también cuantas veces más sobreviviría.

Subí a su auto sin hablar una palabra, estaba cansada pero no me sentía triste, el subió a mi lado y encendió el auto partiendo hacia mi domicilio. Cerré los ojos un momento y cuando los abrí nos habíamos detenido ante mi apartamento.

Este vez desate el cinturón con premura evitando...ya sabíamos que. Cuando fui libre me volví y le dije.

- - gracias -

El me miro impasible pero ley confusión en su rostro

- -¿por qué?

- - por permitirme ser mujer - le dije sencillamente, era tal y como lo sentía, una niña no sentía deseo y eso era lo que yo había sentido por el así me costara aceptarlo.

Me incline y le di un beso en la frente. El se quedo quieto, no me tomo en sus brazos con fuerza y no me importaba que lo hubiera hecho, aun así no lo hizo pero no me sentí mal, no después de todo lo que había hecho por mí.

Salí rápidamente del auto y me encamine hacia la entrada, tras de mi escuche el sonido de el auto arrancar ruidosamente

En cuanto cerré la puerta del apartamento me dedique a recordar todas y cada una de las cosas que habían acontecido, las especiales, me fui flotando a la cama, y como una mujer demasiado enamorada soñaba y anhelaba la siguiente oportunidad en la que pudiera ver su cara u oír su voz.

Edward Cullen

21 de Julio 2007

Habíamos llegado, la noche apenas empezaba y planeaba ser una de esas noches que no olvidaría al menos pronto. Parquee el auto en medio de el amplio estacionamiento y lo apague, aun en el ambiente se respiraba opulencia y solemnidad, vi que los ojos de ella viajaban de un lado a otro del parqueadero que se extendía hacia nosotros como si nunca hubiese visto algo semejante. Seguramente se trataban de impresión mía.

Algunos de los acaudalados miraban mi deportivo último modelo como si nunca hubieran visto algo semejante pero, acostumbrado como estaba, sabía que solo buscaban algún detalle para criticar. La volví a mirar y me di cuenta de que ella estaba nerviosa, algo en la manera en que sus dedos apretaban la pasmona que tenia, y sus ojos nerviosos me dijo que debía estar aterrorizada y para ser sincero no tenía idea de por qué, trate de darle alguna palabra de consuelo esperando que fuera suficiente

- es una cena solamente, no tienes por qué temer -

Ella asintió pero no estaba conformo así aparentara la contrario. Desate mi cinturón de seguridad y Salí para hacer el papel de caballero. Pase por detrás del auto siendo presa de miradas curiosas aquí y allá, las ignore positivamente y abrí la puerta del copiloto. Cuando abrí la puerta vi que ella estaba inclinada hacia el cinturón y hacia fuerza débil para soltarse. Alargue mi mano y me sorprendí mirando la blanca piel que hacia marcado contraste con el negro material del vestido, las puntas de los dedos me picaron involuntariamente para como si necesitan de el contacto de esa satinada piel. Sacudí indetectable mente la cabeza y me incline para ayudarle, pero en cuanto lo hice me arrepentí, porque del escote recatado de el vestido, y en realidad de toda esa condenada piel brotaba el olor que hacía a mis sentidos enloquecer, sentía su boca tan cerca de mi oído que por un momento pensé en la posibilidad de sentir esa lengua en mi oreja "por todos demonios" la abstinencia sexual me estaba comenzando a hacer desvariar. Aun a esa escasa distancia sentí un suspiro rozar mi mejilla y la piel se me puso de gallina. Malditas hormonas. Mis manos siguieron trabajando en el enredo, ella hizo un ligero movimiento de rechazo y pensé que había algo que la hacía sentirse incomoda, ¿tal vez mi cercanía? No podía adivinarlo ya que habíamos estado a mucha menos distancia, al menos en una ocasión y ella no había retrocedido. Subí mi cabeza y sus labios rozaron ligeramente mi frete, luego evidentemente confundido la mire a los ojos esperando leer en ellos la explicación de sus dudas, si aun desconfiaba eso quería decir que no la tenía tan en mi bolsillo como había imaginado. Descendí los ojos por su cuello y el evidente hueco de su garganta en donde la vena yaguar saltaba irregular, la picazón en los dedos fue algo casi incontrolable esa vez, quería comprobar por mi mismo cuan rápido estaba latiendo su corazón pero retrocedí y le levante, era mejor no actuar rápido.

Espere a que bajara, por el rabillo del ojo vi que lo hacía con demasiado cuidado, como su par de pies fueran armas demasiado peligrosas, cerró la puerta suavemente.

Le ofrecí mi brazo a fin de establecer un hito de confianza, por algo debía empezar esta noche, con ella era un principio diferente cada vez que nos veíamos y en definitiva encontraba esa experiencia extrañamente interesante.

No rechazo el brazo y me sorprendí bastante, por su actitud anterior casi habría podido jurar que hubiese preferido ir suelta. cuando enfoque mejor mi vista percibí que hacia nosotros venían las señoras Lakewood, un par de chismosas hermanitas, ancianitas que gustaban demasiado de hurgar en la vida de los demás, empezaron a venir hacia mí con preguntas que me negué cortésmente a contestar, todas ellas relacionadas con el apellido de la persona que caminaba a mi lado, no eran las idóneas para saberlo, sabiendo cómo eran buscarían en las ramas de todos los Swan de el país para ver a cual clan hacia ella parte y si era digna, malditos vejestorios.

Me aparte de el camino de ellas y de otros más con una habilidad que hasta a mi me sorprendió, pero este ambiente la mayoría de veces era hostigarte y había adquirido la aptitud para evitarlo cuando me convenía, como en ese momento en el que la identidad de Isabella Swan era la historia de el momento.

El Hotel Noir, era uno de los mas exclusivos y utilizados para este tipo de eventos sociales, porque era elegante, perversa y poderosamente elegante.

Avanzando mire a Isabella de hito en hito y observe como movía esos brumosos ojos con rapidez, posándose en cada cosa por unos segundos, como si jamás hubiera tenido oportunidad de admirar algo como eso. En la columna en las mesas y en las personas que nos miraban, sus ojos barrían con todo, pero fue lo último lo que percibí que realmente la incomodaba, la presencia de otros mirándonos. Llegamos a la mesa destinada por invitación, y no sentamos en ella, retire la silla para que ella se sentara intentando pecar de caballero, mas por costumbre con mis mujeres, que como un verdadero acto de caballerosidad. Tenía el cuello tenso y la espalda tan rígida como el palo de una escoba, los músculos del cuello que quedaban al descubierto bajo el recatado chal denotaban tensión, la suficiente para que cualquier masajista experimentado quisiera arremeter contra los músculos en tensión.

Me senté yo e hice un gesto para llamar la atención de uno de los meseros, de los pocos que estaban desocupados, para que atendiera nuestra mesa.

Hasta ahora todo transcurría en orden.

- - ¿qué quieres tomar? - le ofrecí esperando, al menos, una respuesta sincera. Y para desalivo no me equivoque para nada cuando ella respondió sin miramientos, y con una voz baja que traicionaba sus determinantes decisiones

- - creo que quiero irme de aquí - afirmo secundando mis malditamente acertados pensamientos.

Se veía nerviosa, tan fuera de el lugar como parecía verse, al mirarla como uno general podía decirse que su figura era demasiado pequeña, lo suficiente para perderse en este mundo del que yo me rodeaba sin tener ninguna posible escapatoria, me pregunte brevemente que tipo de armamento debía usar para romper la coraza reblar que cubría el frio corazón de esta niñita.

Alargue mi mano y cubrí la de ella en un gesto que pretendía ser de consuelo. Sus ojos me observaron sorprendidos.

- - estás conmigo.- repuse esperando que, para ella, eso fuera un consuelo.

Cerró la mano en un puño dándome la discreta señal de que apartara mi mano. Así lo hice sin ninguna intención de molestarla, no era conveniente.

Permanecí sentado tratando de idear un plan para abordarla de la manera correcta, así no habláramos aun estaba aquí y eso era ya decir demasiado. Levante un poco la mirada y para tragedia mía en mi campo de visión las petardas forma de Elton Banner y Foster Crear hicieron a mi cerebro explotar.

Finalmente quedaron a poca distancia, la suficiente para que su presencia incomodara hasta a buda.

- - Cullen - dijo con desprecio, extendió la mano y la estreche con desgana

- - Banner... y su apéndice - era el indicativo que todos en el gremio usábamos para con Crear, que siempre se la pasaba de los pantalones de Banner, todos hacíamos alusión a la relación "meramente laboral" que sostenían.

Apéndice Crear extendió a su vez su mano para estrechar la mía aplicando fuerza pero no a suficiente para causarme dolor, le devolví el golpe y tuve la satisfacción de ver como fruncía el entrecejo.

- -¿cómo va la empresa? - pregunto Banner con intención, ahí tenía mi prueba de que Banner quería conflicto, como siempre. Además no quería discutir en frente de Isabella acerca de la empresa, no debía mostrarse medianamente interesada, no debían relacionarse si quería seguir cómodamente con mi plan. - he oído que han tenido problemas - añadió con sorna mientras soplaba sobre ella el humo de su cigarrillo, como si estuviera de alguna manera marcándola, eso hizo despertar en mi el instinto de macho, quise apartarlo de ella de una patada pero me contuve, no era el tiempo de hacer espectáculo, seguramente mis ojos debían estar lanzando sendas puñaladas, pero seguramente su arcaico cerebro no daba para captar la gran cantidad de indirectas que estaba lanzándole en ese momento

- - progresando – le respondí presto a que olvidara indagar sobre mi empresa una vez mas

Banner se volvió hacia Isabella y se inclino sobre ella

- y quien es esta hermosa jovencita, no me digas que es una de tus tantas so…

- es mi acompañante – volví a golpear con mis palabras deseando fervientemente estamparlo a él. Qué derecho tenia de llamar zorra a Isabella? ¿Acaso la conocía?

Un irracional instinto protector se apodero de mí sin pedirlo. Si alguien iba a lastimar a Isabella ese solo iba a ser yo, nada más que yo.

El apéndice decidió meter la cucharada en toda la mierda que estaba siendo esta representación

- ¿una permanente o la de esta noche? - la miro lascivamente como si saboreara la victoria sobre ella una vez la hubiese utilizado yo. Estas dos marmotas me iban a hacer retroceder en mis principios y no iba a escatimar en esfuerzos en meterlos por entre un tubo de cañería. Bien me podría poner a maldecir a todos sus ancestros y antecesores.

Casi que Isabella quería pararse e irse y eso no lo podía permitir, tenía el propósito de consolidar algo de confianza pero me iba a ver en dificultades si de verdad quería hacerlo.

- es muy bonita para ser una acompañante, ¿cómo te llamas chiquilla? –

La voz temblorosa de ella me mostro la incomodidad que tenia.

- Isabella Swan, señor –

El ofreció su mano a ella - Elton Banner, y no me digas señor, me haces sentir como si fuera tu abuelo.

Si mirábamos a la larga tenia la edad para serlo, asqueroso mequetrefe, decidí, positivamente, que si tenia es misma expresión cuando miraba a una mujer, me arrancaría los ojos.

El mesero al que había hecho el gesto antes se acerco a la mesa con el pañuelo para ofrecernos la carta

- buenas noches, ¿que desean ordenar? –

Al ser in invitado a mi tomar lo que se me diera la gana de acá no era un gasto pero sabía que a Banner si le podía salir caro si cargaban a su cuenta lo que yo pidiera, inmediatamente se puso de pie

- nos vemos - dijo Banner haciendo un gesto a su apéndice y ambos se dieron a la retirada

Los visualice hasta que no siguieron contaminando mis ojos, cuando los direccione hacia ella vi que tenía una mirada velada en el rostro, mire disimuladamente al mesero y me di cuenta de que estaba compartiendo esa sonrisa con el maldito

"maldición" pensé, no podía creer que aquel don nadie estuviera haciendo muchos más puntos que yo, después de todo había intentado muchas cosas para que sonriera medianamente, como lo hacía en ese momento, y ella no lo hacía y ahora estaba ahí…

- un vaso con agua – repuso ella retirando la mirada como cualquier princesa ruborizada

"Maldita fuera" cerré la carta con fuerza y logre mi propósito, llamar la atención de los dos traidores.

- un whiskey en las rocas – pedí seguro de querer perforarme el hígado de la rabia que tenia

Ella siguió con la mirada gacha "genial" ahora había logrado que ni siquiera me mirara, debía pensar con claridad

Pero quería venganza aunque sabía que esta no era una relación normal, quería lastimarla para que aprendiera a respetarme

La oportunidad llego como caída del cielo, dos oportunidades en realidad, que no pensaba desaprovechar. Dos modelillos que conocía por fiestas y farras a las que solía asistir, se acercaron con toda la intención de coquetear, me puse de pie y ellas se acercaron mas para darme sendos besos en las mejillas, las correspondí con entusiasmo para que Isabella nos viera, pero también por mi mismo hacia mucho que no gastaba mi tiempo con bellezas de esta categoría. Sus ojos seguían bajos, lo estaba consiguiendo.

-hola Edward – saludaron después de los besos, volví a sentarme viendo como pasaban a Isabella por alto, un placer macabro me inundo "ahí tienes, traidora".

Los puños a ambos lados de la mesa estaban apretados, pensaba que ella debía aguantar, esto a la larga iba a servirme, si ella sentía celos era buena señal.

Ellas comenzaron a hablar un poco de sus pasarelas y sus triunfos a nivel del modelaje. Pero yo solo estaba pendiente de los gestos de la mujer frente a mí,

Una de las mujeres decidió utilizar ese veneno que usaban entre ellas para picarse entre sí, se volvió y miro a la sencilla Isabella, sencilla en comparación con la despampanante rubia.

-ah lo siento, - exclamo poniéndose la boca delicadamente en la boca, fijándose en ella – Edward, ¿no nos vas a presentar?

Trague en seco cuando me asalto la duda de si debía continuar con todo esto, era una opción pero me arriesgaba a que me mandara por un tubo. Podía continuar… no la conocía pero era lo suficientemente mente temerario para decirlo

- ella es Isabella, es…- dude, pero esa duda murió tan rápidamente como surgió - mi acompañante…mi amiga – la rebaje un poco a pesar de haberle dicho lo contrario, se suponía que ese era el cargo que le iba adjudicar esta noche, pero ella debía ser consciente de que me había molestado su flirteo, no era por que estuviera celoso, me molestaba que me ganaran cuando competía por algo que necesitaba y por lo que suponía acababa de perder varios puntos lo cual no me agradaba en absoluto.

Al mirarla a la cara me pregunte brevemente si había hecho lo correcto. La piel estaba mortalmente pálida

Las mujeres comenzaron a hablar brevemente con ella y ella parecía a gusto, pero sus ojos muertos mostraban otra cosa, me hicieron temer por su salud mental.

Sonreía disimuladamente, decidí servirle más agua.

Mientras las mujeres se retiraban serví whiskey en mi vaso y agua en la copa de ella, ella subió sus manos por unos segundos y luego sacudió los hombros levemente

- que sucede?- le pregunte haciéndome el inocente

- lo siento - dijo ella completamente quieta. – no me siento bien. – los celos no eran una enfermedad ¿o sí?

- acaso…- ¿acaso estas celosa?, ¿que se siente que juegues con otro mientras miro como pierdo lo que necesito?

- no – dijo ella inmediatamente – solo iré a los lavabos

La escusa perfecta, la deje hacer solo por el pesar de atormentarla que por que le creyera algo de lo que me decía.

Se puso de pie rápidamente e huyo antes de que pudiera agregar algo mas, mientras se perdía entre las mesas las ondas de sus cabellos saltaron contra sus hombros y sus pantorrillas caminaron rápido.

Volví mi atención al vaso de whisky súbitamente serio. Mire el líquido pensando en mis acciones. ¿Sería que me estaba comportando como un idiota?

Pasaron varios minutos mas y ella no regresaba, bebí el último trago de whiskey y en el momento en que mire a través del cristal vi a las dos modelos, sentadas ambas en la mesa de Banner, este les hizo un gesto con la cabeza y ambas asintieron como si estuvieran concertando algo, ambas se pusieron de pie y caminaron entre las mesas por el mismo camino, pensé segundos después, que había tomado Isabella. Algo no estaba bien.

Sin pensar en lo que iba a hacer me puse de pie y me dirigí al baño de las mujeres. El impulso atrezo de protección volvió a apoderarse de mí. Las heridas de Isabella Swan solo podían ser provocadas por mí, no importaba cuan oscuro y decadente hubiera sido su pasado, era mía ahora darante el tiempo que transcurriera el traspaso de los fondos. Camine rápidamente, prácticamente dando zancadas pero con la irrefrenable sensación de que estaba avanzando demasiado tarde.

Cuando me acerque a la elegante puerta entrecerrada me pareció oír algo muy parecido a las risas de las ratitas cuando querían cometer una maldad, me pare unos momentos esperando, como si fuera cualquiera de ellas, a enterarme de que era lo que cotilleaban.

- que delgada es ¿no?- dijo una de ellas, si, estaban hablando de Isabella. – si eres tan delgada no deberías ir pregonándolo por ahí, deberías taparte con mucha ropa para aparentar tener un poco de carne

Un amago de sonrisa cruzo por mi cara ante la evidente envidia, escondida en el tono de ironía, de su voz, muchas modelos matarían por tener el cuerpo menudo de Isabella. Ahora estas dos estaban dándome la prueba.

- espero que no vayan en serio-

Me acerque unos pasos más para escuchar mejor

- seguro que será el affaire de esta noche , ya sabes cómo es, cambia de mujer como de calzoncillos , después de todo es bien conocida su fama de abierta sexualidad, en el ámbito de la variedad

- no quisiera estar en el lugar de ella

Ella se callaron de repente con l que supuse que Isabella aun seguía dentro del lavabo y que había salido al escucharlas, ya era suficiente de atormentarla, iba a perder la oportunidad, la única, de salvar mi empresa por nimiedades como esa.

Ella estaba inclinada sobre el lavamanos cuando entre haciendo ruido como un completo ataban, nuestras miradas se conectaron a través del espejo y aun así pude ver que su piel estaba aun mas pálida.

Mire a ambas modelos pero por alguna razón habían dejado de parecerme atractivas, escuche un suave deslizamiento en el piso y me volví hacia ella quien se había dado la vuelta dando la espalda al espejo y me miraba directamente sin acabar de entender lo que estaba pasando, sus ojos se veían lejanos como si su verdadera escancia se hallara a muchos kilómetros de ahí

No me servia. Quería que se concentrara en mí.

Entonces me di cuenta de que había cometido un error garrafal, todo lo que había acontecido había dado pie para empeorar lo poco que había alcanzado. Estaba herida y que lo estuviera no me convenía para nada si mis propósitos eran acercarla a mí y hacer que me quisiera. Si ella me asociaba con el agente que le producía dolor jamás lograría que confiara en mí. Tenía que hacer algo ya.

Camine hacia donde se encontraba ahora poseído por la necesidad de resarcirme. Apenas estuve a pocos centímetros el calor de su cuerpo desato mis alborotados instintos masculinos. De repente la motivación del dinero había dejado de ser la principal, ahora primaban deseos primitivos más básicos.

Sin meditarlo la acogí en mis brazos deleitándome en su asombrosa fragilidad, sus ojos húmedos me miraban como buscando la explicación que no iba a darle

La subí rozándola íntimamente contra la longitud de mi cuerpo. Con suavidad la situé en el lavamanos y me acomode entre el calor de sus piernas, tal vez la estaba aterrorizando, tal vez había entrado en shock y por eso no reaccionaba, pero esos húmedos ojos no lucían como si estuviera en shock, lo cual me beneficiaba bastante.

Le mire la boca, los labios, antes pálidos, ahora estaban rojos aunque no la había besado, era como si toda la sangre de su rostro se hallara concentrada en esa carne suave e incitante, eso termino por enloquecerme más de lo que ya estaba.

La bese sin alargar mas el momento, el calor de esa boca hizo saltar por los aires los pocos restos de conciencia que me quedaban

Me olvide de todo, de las modelos, de Banner, de mi padre, del dinero, solo me concentre en el calor que estaba a punto de fundir mis venas con lava, el calor del cuerpo que me aprisionaba delicadamente.

Sentí unas suaves picadas en mi cuero cabelludo y luego el gentil roce de llenas de dedos, las manos de ella apretaban mis cabellos como si se tratara de algún tipo de soporte, lamí delicadamente la apretada línea de sus labios instándola a que los abriera, sentí el contacto aterciopelado de su lengua, distante al principio y luego un poco más atrevido, más intenso, sentí la presión de unos talones entalonados en la parte inferior de mi espalda, luego mi sexo rozo su calor. Deseaba febrilmente a esa niña, tomarla ahí, encima del lavamanos sin importarme nada más.

Plante mis manos en sus caderas y luego en sus piernas buscando agarrar el borde del vestido y subirlo, pero me contuve por unos momentos, contrario a eso me dedique a explorar formas que no creí que ella poseyera, la estrecha cintura podría ser el sueño de cualquier hombre, tuve la intención de subir las manos por su caja torácica para comprobar cuanta carne había en su pecho.

Y en todo ese tiempo ella no me rechazo y eso, a como había sido todo desde que nos conocimos, significaba un avance demasiado grande, una sensación de triunfo se asen tú en mi cabeza y esa sensación de triunfo dio paso a los verdaderos propósitos de todo esto, los que por un momento había olvidad.

Mi cabeza volvió a llenarse de intereses frívolos que nada tenían que ver con la bestia apasionada que era segundos antes, no sabía cuánto tiempo había pasado pero escuche rápidos pasos y cuchicheos alejándose, sonidos traídos de la realidad que me obligaron a reaccionar

Me separe de ella antes de hacer algo de lo que podía arrepentirme por mucho tiempo, el aliento a vainillas penetro por mi conciencia, mi madre…

Ya basta.

Mire sus labios ahora además de rojos inflamados.

- ya te estaba extrañando – justifique sintiendo, por primera vez en mis manos, el cuerpo excitado de Isabella Swan. Mire nuestras partes intimas tan solo separadas por las vestimentas que portábamos, pensé en lo poco que había faltado para haber cometido la pero de las locuras, levemente mis ojos ella se prendió de ellos.

- ¿por qué hiciste eso?

Bueno, era mejor ese tipo de pregunta a queme empujara, me abofeteara y me llamara depravado, era hora de hacerlo todo al derecho sin importar cuantas más modelos estuvieran allí.

- eres mi novia… ¿por qué no iba a hacerlo?-

La respuesta estaba a punto de aflorar a sus labios pero prefirió callársela, la bese en la frente por aceptarlo sin obligarme a pensar en una retahíla falsa para recomponer mis estúpidos actos.

Después de ser presa de esa incontrolable pasión me sentía débil tanto física como emocionalmente, la baje del lavamanos pero no me aparte demasiado rápido de su contacto cálido, a pesar de que me costar admitirlo no estaba preparado para dejar su calor tan repentinamente.

- a partir de este momento no te quedaras sola. –

Me di cuenta de que no podía permitir que se enamorara o encaprichara por otro al menos durante el tiempo que la usaría,

La conduje hacia fuera esperando que la letanía de las modelos sobre el amaros encuentro en el baño se hubiera propagado lo suficiente.

Al salir no me equivoque ya que la mayoría de las miradas se posaron sobre nosotros, algunos reían compartiendo la lujuria, otros tenían cara de ser acusadores de inmorales, no me importo, en mi vida había peores rumores que un apasionado beso en un baño privado.

La música de fondo empezó a sonar mientras caminábamos hacia la mesa. Bailar no era de mis predilecciones pero sabía que a muchas mujeres les encantaba, recordaba furtivamente que una tarde mientras ayudaba a mi madre en la cocina a una tierna edad, Carlisle había entrado en ella y me había saludado besándome la frente luego se había dado la vuelta hacia ella y la había besado tiernamente antes de ponerse a dar vueltas bailando con ella mientras tarareaba algún tipo de canción, la sonrisa tronante de mi madre me había dado a entender que bailar con mi padre era una experiencia que ella disfrutaba mucho y a medida que pasaban los años descubrí que a la gran mayoría de mujeres que frecuentaba les gustaba bailar como en los cuentos infantiles,

En vez de ir hacia la mesa empecé a llevar a Isabella conmigo hacia la improvisada pista de baile adecuando en el gran centro del salón. Caí íbamos llegando cuando sentí que ella se detenía lo cual, asombrosamente debido a su enorme debilidad, me sorprendió un poco, me volví hacia ella y le pregunte

- ¿qué pasa? –

Ella estaba mirando a la gente frente a nosotras quienes habían empezado a bailar antes

- no estarás pensando en…- dijo ella

Tire un poco de su brazo para que siguiéramos avanzad pero ella, obstinadamente, se resistió.

- oh no…- dijo ella como si la estuviera conduciendo a una ejecución lenta y torturadora

Hale con un poco mas de fuerza su bracito y su resistencia mermo bastante, sabia quien d los dos era el más fuerte, la acerque a mí y sentí su cuerpo temblar

- oh si…- amague soplándole la frente

Pero ella era un poco mas inmune al encanto lo cual no me aventajaba mucho.

- ¡no! – grito en voz baja, pánico, puro y real, se dejaba translucir en su voz – perdón, no puedo hacerlo…

Pero ella no decidía ahora, no después de ese beso que había dejado claro cuan débil era ante mí, lo suficiente para dejar sus miedos virginales atrás. Bailaríamos quisiera o no.

- eso no me importa- dije corroborando mi afirmación mental. – tú vas a bailar conmigo.

- pero… - protesto, pero no la deje mas, como ya estábamos a unos pasos de la pista no me vi en dificultad de apretara contra mí y caminar disimuladamente hacia una parte de él liso piso.

Sus costillas, evidentes no por el vestido sino a través de él, hicieron contacto con mi abdomen, mi brazo se cerró como un grillete en su cintura y casi le di la vuelta, tome su mano en la mía y comencé a dirigir el baile antes de darle la oportunidad de re3sisititrse.

Había paz en el baile, debía admitir. A pesar de no hacerlo con frecuencia siempre había encontrado algún tipo de fugaz consuelo en bailar con alguien, ella lo hacía bien, pero estaba nerviosa y ese nerviosismo hizo que tropezara con sus propios pies, podía ver claramente que era mi cercanía lo que causaba su torpeza y me sentí extrañamente satisfecho. Ella maldijo en voz baja pero no lo suficiente para que no pudiera escucharla

- maldito pie de tortuga – mascullo completamente airada consigo misma.

Era un insulto infantil pero que sin proponérmelo me arranco una sonrisa, en parte seguía siendo una niña muy reprimida. Una niña que al menos en este baile debía ser tratada como tal. Evitándole caerse o hacer algo igualmente vergonzoso decidí aplicar con ella un juego que mi madre aplico sobre mi cuando quería que aprendiera a caminar. Empuñé mi brazo con fuerza sobre la cintura de ella y el alce contra mí una vez más haciendo una fuerza mínima, sentí un fuerte tirón en la entrepierna "maldito incontrolable". Yo con ganas de jugar y mi sexo con ganas de jugar también pero ese tipo de juego para nada inocente, la levante un poco más arriba de su peso y luego la hice descender de manera que suspires estuvieran sobre los míos. No sentí incomodidad alguna ya que era tan liviana como una pluma. Intento apartarse y le apreté aun más fuertemente, ella exhalo aire fuertemente. Sus parpados sombreados me devolvieron la mirada a cambio de sus ojos, era presa de la timidez nuevamente. Yo seguía marcando los pasos y ella era como la marioneta de sangre caliente que jipato siempre quiso, solo que esta marioneta era e iba a ser mía durante unos meses, mi propio juguete. Súbitamente conecto sus ojos con los míos.

-por fin – le espete con un gruñido que bien podía ser clasificado de lujuria.

Sus ojos recorrieron mi cara de una manera que encendió aun mas todas las partes de mi cuerpo no debían desearla pero, sin poder evitarlo, lo hacía. La pregunta era ¿por qué? La respuesta estaba ahí, ella se había convertido en el blanco de todas mis pasiones por el sexo femenino. Era evidente que, al ser la única mujer disponible por el dinero, dirigiera mi instinto hacia ella. Toda mi frustración sexual.

Sentí presión en mis pies y luego la inflamada boca que me besaba, pretendía ser un beso de paloma pero de esos no me gustaban. Me pegue a sus labios y la succione hasta que ella abrió los labios, deslice mi lengua por entre sus dientes y avance para acariciar su lengua.

¿Quien iba a decir que me divertiría tanto?

Después de ese acercamiento la cena termino de desarrollarse en total normalidad, ella no hablo mucho pero el brillo de sus ojos me confirmo que había logrado mi cometido, ser al menos una parte de ella.

En la mesa, Reginaldo, el hijo del alcalde, expreso brevemente algunos de sus propósitos de campaña con su padre, escuche a medias mientras bebía tinto amargo. Cuando se fue ella volvió a hablarme. El susurro de su voz me trajo reminiscencias que, si no quería darme una ducha fría, debía comenzar a reprimir. Bebí lo que quedaba del café y respondí

- es por la empresa - respondí a la pregunta que me había hecho. – al ser economistas debemos relacionarnos entre sí.

En cuanto las palabras salieron de mi boca me arrepentí delante de ella no era conveniente hablar de la empresa ni mucho menos que se interesara en ella.

- ¿me llevaras algún día a tu empresa?- era muy tarde.

- si, por supuesto - respondí aisladamente esperando que se olvidara de ese asunto.

Después del discurso del alcalde decidí que era hora de irnos. Eran casi las dos de la mañana.

- es hora de irnos –

Ella asintió y se puso de pie con sus cosas

Con las manos en los bolsillos haciendo sonar las llaves y caminando hacia el deportivo, medite acerca de todo pero preferí dejarlo para luego. Ahora debía deshacerme temporalmente de la tención que ella suponía, y de la frustración que me causaba. Abrí la puerta para que ella entrara.

Cuando ocupe el puesto de conductor la mire brevemente y vi que cerraba los ojos. Debía estar agotado después de todo esto, incluida madame René. Hasta que llegamos a su domicilio no me di cuenta de que se había quedado dormida, estacione el auto y me quede mirándola por unos segundos, hasta que la falta de movimiento debió despertarla. Enfoco sus ojos alejando el sueño.

- gracias –dijo después de unos momentos.

No entendí porque me las daba. No recordaba que alguna de mis amantes me hubiera dado las gracias después de una velada.

- ¿por qué? – quise saber.

- por permitirme ser mujer.

Resultaba difícil creer que yo fuera el primero en despertar su deseo, pero tenía que admitir que era reconfortante.

Se acerco a mí y a cambio de un beso apasionado recibí un toque en la frente que sin desearlo me dejo colgado por más. Pero no hice nada. Ella se fue dejando tras de su la escancia que me hervía la sangre.

Pise a fondo el acelerador para alejarme de ella al menos durante esa noche y que dejara de atormentarme. Debía irme a tener una larga charla con la ducha



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