Dark Chat

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Lagrimas de Amor

Capitulo 6

¡Tenía que volver a su casa! Bella abrió los ojos, pensando que la noche anterior había estado demasiado cansada como para haber pensado en lo que la estaba molestando, pero recordó la satisfacción de Edward ante el hecho de que la noticia de su compromiso fuese a dar la vuelta al mundo. Se preguntó que iría a pensar su padre de ello; no entendería que estaba pensando y se quedaría muy preocupado por ella. Y eso era lo último que ella quería.

Al aparatar las sábanas para ir a levantarse, no comprendió que hacía en ropa interior ni por que el vestido que Edward había insistido que llevara la noche anterior estaba sobre una silla, ya que no recordaba haberlo puesto allí. De lo último que se acordaba era de haber estado sentada en la limusina de Edward dirigiéndose de vuelta al departamento de este. Debió haberse quedado dormida, y se pregunto si el la había llevado a la cama y si le había quitado la ropa. Pero pensó que debió haber sido el ama de llaves.

Se levantó de la cama y buscó su maleta, poniéndose enferma al darse cuenta de que su pasaporte y su billete de vuelta a Inglaterra en estaban allí. Debía habérselos dejado en Granada con las prisas de tomar todo apresuradamente. Desesperada, pensó que quizá Edward pudiese telefonear al hotel para saber si alguien había entregado los documentos en recepción. Entonces se dirigió a la habitación de este. Llamó a la puerta pero no obtuvo respuesta. No sabía que hora era, pero tenía que regresar a Inglaterra lo antes posible para hablar con su padre antes de que este leyera en los periódicos algo sobre su compromiso.

Volvió a llamar a la puerta y al no obtener respuesta de nuevo, abrió cautelosamente. La cama estaba vacía y pudo ver que era un departamento de soltero… hasta había un enorme espejo en el techo. Se imaginó el desnudo cuerpo de el sobre aquellas sábanas arrugadas… sus extremidades y las de ella reflejadas mientras ella observaba su reflejo en el espejo…

Buenos días, Bella ¿has dormido bien? –dijo Edward saliendo del cuarto de baño de la habitación. Llevaba una toalla alrededor de la cintura y con otra se estaba secando el pelo.

Yo…sí…gracias –dijo Bella, que no podía pensar con claridad ni apartar los ojos de el.

Edward era tan guapo, que hacía daño mirarlo. Ningún hombre debería ser tan sexy.

¿Querías algo? –preguntó el, frunciendo el ceño al verla en ropa interior.

Ella estaba aún más sexy que la noche anterior, y el no pudo evitar excitarse ni controlar su erección.

Me tengo que ir a casa –dijo ella entre dientes, apartando su mirada del tentador cuerpo de el- tengo que ver a mi padre y explicarle… lo que está pasando entre nosotros… la boda y todo lo demás… antes de que lo lea en los periódicos. Pero no puedo encontrar mi pasaporte. Creo que debí dejarlo en el hotel –dijo, aunque en ese momento recordó haberlo puesto en su maleta.

Frunció el ceño al ver como el se acercaba a ella.

¿Llamarías al hotel de Granada para ver si lo han encontrado?

No –contestó el.

Aquello hizo enfurecer a Bella, que deseó haberse puesto algo de ropa encima antes de haber entrado a la habitación de el.

Es importante Edward. Tengo que encontrar mi pasaporte.

La química sexual que había entre ambos era muy fuerte en aquel momento y Bella sintió como se le aceleraba el pulso. Pero sabía por que estaba allí… por su padre.

Edward… por favor. –dijo casi susurrando.

Tu pasaporte lo tengo yo –dijo el, acercándose al armario para tomar una camisa.

¿Pero…cómo…? –impresionada, observó como el se ponía la camisa- ¿Lo robaste de mi maleta?

-No le he robado. El experto ladrón es tu padre, no yo querida. Yo simplemente lo tomé de tu maleta para que estuviera seguro.

-Bueno, pues ya me lo estas devolviendo. ¿Cómo te atreves a hurgar entre mis cosas? Por favor podrías devolvérmelo. Con suerte podré cambiar mi vuelo por uno que salga hoy.

¿De verdad espera que te permita regresar a Inglaterra? –exigió saber Edward arrogantemente- Las deudas de tu padre han sido saldadas con mi dinero y ya no hay cargos contra el. ¿Qué te impide desaparecer con el y romper nuestro acuerdo? Comprende una cosa, querida; no te voy a perder de vista hasta que mi anillo este en tu dedo y nuestro matrimonio sea un hecho.

Pero yo te prometo que no voy a desaparecer. Te doy mi palabra –le aseguró Bella, desesperada.

Tú eres una Swan, y he aprendido que vuestra palabra no significa nada –dijo Edward mordazmente- De todas maneras no hay tiempo para que regreses a Inglaterra. Hoy vamos a regresar al Palacio del León para preparar nuestra boda. Hay mucho que hacer y muy poco tiempo para arreglarlo todo.

-¿Qué es lo que hay que arreglar? ¿No nos vamos a casar por lo civil? No va a ser una boda de cuento de hadas.

Naturalmente el matrimonio del Duque Masen es un evento muy importante –informó Edward altaneramente- A mis empleados se les ha dado instrucciones de preparar un banquete para cientos de invitados, incluidos muchos miembros de la nobleza española. La ceremonia religiosa se celebrara en la capilla del castillo y estoy impaciente por regresar a Granada para supervisar los preparativos –dijo, agarrando unos pantalones del armario- Antes de marcharnos, he acordado una cita con una de las diseñadoras madrileñas más importantes para que te tome las medidas para tu vestido de novia. Llegará dentro de poco. Te sugiero que vayas a ponerte algo, a no ser que quieras saludarla en ropa interior.

Entonces la miró, sonriendo con fríamente.

-Aunque yo no tengo ningún problema con que vayas así, querida.

A Bella le hubiese gustado quitarle aquella insolente sonrisa de su cara, abofeteándole. Durante unos segundos se quedó muda debido al enfado que tenía, pero entonces recordó a su padre.

¿Cómo crees que se sentirá mi padre cuando lea los periódicos la noticia de nuestra relación? –susurró.

-Me imagino que pensará que has sido una chica muy lista. Obviamente el te envió al castillo para ver si me camelabas (1) para ayudarle y en vez de eso te ha tocado la lotería; te vas a casar con un millonario que te dejará sin deudas.

Mi padre no tenía idea de que yo… me iba a acercar a ti –dijo ella bruscamente- Se hubiera quedado consternado si hubiera sabido lo que yo estaba haciendo. Hubiera hecho lo que fuese para tratar de detenerme.

Entonces tienes suerte de que no vayas a tener ninguna oportunidad de verlo hasta que nuestro matrimonio este bien atado. Ya no te puedes echar para atrás Isabella –le advirtió con dureza- Te juro que te llevaré al altar aunque sea a rastras –entonces miró su reloj- Se esta haciendo tarde y quiero vestirme.

Edward, por favor, escúchame –suplicó, acercándose a el.

Emitió un grito cuando el comenzó a quitarse la toalla que tenía en la cintura.

-¿Qué estas haciendo?

-Vistiéndome. Si quieres, puedes mirar.

Frustrada y avergonzada, Bella salió apresuradamente de la habitación y dio un portazo, oyendo la risa de el hasta que llegó a su habitación. Mientras se ponía unos pantalones vaqueros y una camiseta, se dijo a sí misma que lo odiaba.

Sin su pasaporte estaba atrapada y ya era demasiado tarde para echarse atrás.

Cuando por fin salió de su habitación, después de haber estado llorando durante largo rato, Bella encontró a Edward en la cocina, leyendo el periódico.

Hay café en la cafetera o si quieres también hay zumo de frutas –dijo el fríamente- ¿Qué te gustaría comer?

No tengo hambre, gracias –contestó ella, evitando mirarlo y sirviéndose zumo.

-Ayer apenas cenaste… no creas que no me di cuenta. Necesitas comer.

Ya te lo he dicho; no tengo hambre… casi nunca desayuno –dijo, sentándose en un taburete.

Edward trató de concentrase en el periódico, pero le fue imposible; Bella le afectaba como ninguna otra mujer había hecho, y era muy irritante.

Hay artículos sobre nuestro compromiso en muchos periódicos. Sales bien en las fotografías –dijo bruscamente.

Miró una fotografía de Bella agarrándolo del brazo y mirándolo. Parecía joven e insegura y por primera vez se dio cuenta de que en realidad ella estaba asustada.

Bella ignoró el periódico que el le ofreció, pero no pudo evitar ruborizarse, cosa que casi le había sucedido a Edward la noche anterior mientras bailaban. Había estado muy inquieto durante toda la noche, ya que había deseado haber seguido sus instintos y haberla llevado a su cama. Había estado seguro de que ella no se hubiera resistido, ya que se había dado cuenta de cómo lo miraba.

Bella se había terminado de beberse su zumo y miró hacía el pasillo.

¿Qué estas haciendo? –preguntó el curioso.

Me preguntaba dónde esta tu ama de llaves. Todavía no la he conocido –respondió.

-Pensaba que ya te había explicado que ayer era el día libre de Jessica. No regresará hasta un poco más tarde.

En ese caso, ¿Quién me desvistió y me metió en la cama anoche? No me digas que fuiste tú –dijo ella furiosa- Eres tan arrogante. Crees que puedes hacer lo que quieras, pero no eres mi dueño, ¿Sabes?

Todavía no, querida –murmuró el en un tono dulce.

Entonces se oyó el timbre de la puerta.

Creo que a ha llegado la modista para tomarte las medidas –dijo el, dirigiéndose a la puerta. Pero entonces se paró y se quedó mirándola- ¿Por qué has estado llorando?

No he estado llorando –negó ella, pero se dijo así misma que era ridículo negarlo- Estoy preocupada por mi padre. Nada más –añadió amargamente- Conozco tu opinión sobre el y se que no comprendes. El amor es algo extraño para ti, ¿verdad Edward?

-Todos los cargos contra tu padre se han anulado… mis abogados me telefonearon muy pronto esta mañana, para informarme de ello.

Edward observó como el alivio se apoderaba de la cara de ella.

Gracias a Dios –susurró Bella fervientemente- ¿Por lo menos puedo llamarle para tranquilizarle y decirle que estoy bien?

Más tarde –contesto Edward, saliendo de la cocina- Ahora mismo hay cosas más importantes que hacer.

Era ya medio tarde cuando se dirigieron en limusina hacía el aeropuerto. Bella fue durante todo el viaje mirando por la ventana, pensativa y sin darse cuenta de que Edward estaba estudiando su cara.

Toma, necesitarás esto –dijo el, repentinamente, sacando el pasaporte de ella de su maleta.

No tengo que enseñarlo en los vuelos nacionales –contestó ella.

Parecía que el estaba evitando mirarla a los ojos.

Tengo un avión privado que está esperando para llevarnos a Inglaterra. Llegaremos a última hora de la tarde y mañana por la noche nos llevara a Granada. Pero así tendrás el día para pasarlo con tu padre –informó el.

No se que decir… como darte las gracias –dijo ella agarrando su pasaporte y sonriendo levemente.

No digas nada, querida –aconsejo el- Ya habrá tiempo para que me des las gracias en nuestra noche de bodas, y tengo que admitirlo, estoy saboreando la expectativa.

Si fuera tú, yo no lo haría –dijo Bella. Su corta llamarada de felicidad se apagó- Tengo la impresión de que te vas a quedar muy decepcionado.

Espero que no, querida –murmuró Edward.

Varias horas después, Edward aparcó el coche que habían alquilado en una estrecha calle cerca de la playa de Eastbourne. Entonces miró con despreció al hostal Belle Vue.

Vamos ¿a que estas esperando? –exigió saber al ver que Bella no salía del coche inmediatamente- ¿No has estado ahí sentada durante suficiente tiempo? Esto no es un coche, es un juguete diseñado para enanitos. Sabía que teníamos que haber hecho las reservas en un hotel cercano al aeropuerto y haber venido mañana a visitar a tu padre – añadió, irritado.

Quería ver a mi padre lo antes posible –explicó ella- Edward… se que piensas que el y yo diseñamos el plan por el que yo iría a… ofrecerme a cambio de su libertad, pero eso no es verdad. Mi padre no sabe que yo recurrí a ti para pedir ayuda y no quiero que se entere de la verdadera razón por la que nos vamos a casar –tuvo que hacer una pausa, ruborizada- Se quedaría destrozado. Tenemos que convencerle de que estamos enamorados y de que tu estas dispuesto a perdonarle que robara del banco porque… te preocupas por mi.

¿Y como sugieres que haga eso? –preguntó el, con el enfado reflejado en los ojos al recordar el fraude de Charlie Swan- ¿Quieres que actué como si estuviera enamorado de ti?

-Le diremos que fui a visitarte a España para suplicarte que le perdonaras… y que nos enamoramos a primera vista. Nos vamos a casar tan pronto porque…

¿Por qué no nos podemos quitarlas manos de encima? –sugirió Edward.

Algo así –concedió Bella, mirándolo con recelo cuando el se acerco a ella- ¿Qué haces?

Tengo que practicar el estar enamorado. Como ya sabes, no es un sentimiento al que este acostumbrado, querida –susurró el- ¿Crees que Charlie se quedara tranquilo si te besó así…?

Entonces la beso con tal delicadeza que ella deseó más. Edward levantó la cabeza y la miró, como si estuviera buscando una respuesta a su silenciosa pregunta. Lo que vio en aquellos ojos chocolatosos debió de satisfacerlo, ya que volvió a besarla con tal pasión que la aturdida.

Saboreó sus labios hasta que ella, emitiendo un gemido, abrió la boca, deleitándose en la devastadora exploración de el. Lo abrazó cuando el la beso más profundamente, de una manera muy erótica, provocando que se estremeciera de placer al sentir como el metía la mano por debajo de su camisa, aproximándose a uno de sus pechos.

Gimió, echando su cabeza para atrás, permitiéndole a el bajar con su boca hasta su clavícula. Ella ya no era más que una esclava de la seducción. Sintió la cálida respiración de el sobre su piel, pero fue el sentir como el introducía su mano por debajo del sujetador y le acariciaba el pezón lo que la dejo aturdida. Quería más, quería más de aquella exquisita tortura, quería que el le quitara la camiseta y que sustituyera sus dedos por su boca.

El volvió a besarla con delicadeza para después levantar su cabeza y mirarla con la pasión reflejada en los ojos.

¿Será eso suficiente, Bella? –pregunto fríamente.

Te odio –dijo ella, apartando su mirada de el.

No quería ver la burla que reflejaban sus ojos. Se apartó de el y se bajo la camiseta, horrorizada al ver como sus endurecidos pezones se marcaban en el tejido.

Ojala pudiera verte quemándote en el infierno, pero por ahora tenemos que aguantarnos el uno al otro, así que sigamos con ello –dijo, saliendo del coche a toda prisa y dirigiéndose al hostal de su tía Esme.

Se le aceleró su traicionero corazón al sentir como el la seguía y le abrazaba la cintura.

¡Bella, gracias a Dios que estas aquí! –la saludo su tía Esme- Tú padre no esta bien. Su abogado lo ha visitado de nuevo esta mañana y le ha dicho algo sobre que los cargos que había contra el han sido anulados pero yo no comprendo que esta ocurriendo –mientras hablaba, se fijo en Edward- No me había dado cuenta de que traías a un amigo.

Este es… Edward Masen –explicó Bella.

Entonces puso una mano en el brazo de su tía cuando esta no pudo ocultar su impresión.

Esta bien, Esme, somos amigos… Bueno, en realidad más que amigos –añadió sintiendo como se ruborizaba- ¿Ha leído hoy papá los periódicos?

No que yo sepa –dijo tía Esme, impresionada y guiándoles dentro- pero para serte sincera, Bella, de todas maneras nada tendría sentido en este momento para el. El vive en su propio mundo. No deja de preguntar donde esta tu madre y a mi me da mucha pena recordarle que esta muerta. Esta en el salón –añadió, mirando a Edward- No se por que Bella le ha traído aquí, se que mi hermano ha hecho una cosa muy mala al llevarse todo aquel dinero, pero si ha venido aquí para disgustarle, tendrá que pasar por encima de mi cadáver.

No tengo ninguna intención de disgustar a Charlie –dijo Edward, tranquilizando a la señora- estoy aquí para… -hizo una pausa mirando a Bella- perdonarle. Quiero ayudar a su hermano.

¿Por qué querría usted hacer eso? –exigió saber la tía Esme.

Por que estoy enamorado de su hija y espero que el bendiga nuestra relación. Pretendo casarme con ella.

¡Bueno! Yo estaré…-por primera vez en su vida la tía Esme no supo que decir- ¿Cuándo se conocieron? No se pueden conocer desde hace mucho –murmuró dirigiéndose hacia Bella.

En cuanto lo vi supe que Edward era el hombre para mí y que lo amaría durante el resto de mi vida –dijo Bella.

Bueno, yo estaré…-repitió la tía Esme- Debe de ser cosa de familia. A tu padre sólo le basto mirar a René por primera vez para enamorarse de ella. Siempre dijo que no podría vivir sin ella y desgraciadamente, parece que es verdad.

Esperó que comprenda mi relación con Edward –dijo Bella, nerviosa mientras entraba al salón. Vio a su padre sentado en una silla- Ya no esta metido en problemas y gracias a Edward, ya no hay cargos contra el –entonces se arrodillo al lado de su padre- Papá, soy yo… Bella.

Hola, cariño –dijo Charlie Swan quien parecía haberse espabilado al oír la voz de su hija. Entonces comenzó a llorar- Bella… no puedo encontrar a tu madre por ninguna parte.

Yo la encontraré, papá –prometió Bella con delicadeza.

Sabía que su padre se refería a la fotografía de su madre que el había tenido siempre al lado de su cama. Estaba en una de las cajas de almacenamiento y no descansaría hasta encontrarla. Le apretó el brazo para tranquilizarlo.

Después te diré una cosa.

(1): camelar:Ganar la voluntad de una persona con halagos o engaños

martes, 21 de septiembre de 2010

Mascara De Odio

Cap.6

Edward Cullen

18 de Julio 2007

Mis ojos se abrieron ante la belleza del lugar que estaba contemplando, el patio frondoso de la casa de mi padre. Me sabía sentado en una silla plegable y cómodamente amoblada, era una de las cuatro que estaba equipada para observar el amplio jardín del fondo que, por su magnificencia y esplendor, parecía más un pequeño bosque incrustado.

Estaba mirando hacia la nada, pendiente de cada paloma, cada canto de pájaro que escuchaba, pensando en que estaba bastante relajado para lo que era mi vida en ese momento.

Escuche que la puerta a unos pocos metros atrás de mi, en la casa, se abría y luego se cerraba con la suavidad característica de alguien que cree que esta solo. Por alguna extraña razón no podía o no quería volverme para ver quien de quien se trataba aunque sabia que era una mujer. Pude deducirlo en el momento en que paso cerca de mi y pude ver su cabello y su espalda, mas específicamente toda su parte trasera la cual estaba enfundada en una de mis camisas, la azul, mi favorita.

Solo enfoque totalmente su espalda cuando ella, quien quiera que fuese, se apoyo contra una de las rejas y se inclino hacia adelante inocentemente aspirando el aroma límpido que tanto contraste hacia con ella.

La brisa agito su cabello que pude admirar por primera vez desde que saliera, era castaño chocolate con pintas rojas y medio rizado, ondulado, en apariencia, suave al tacto y con miras a dejarme antojado de deslizar mis dedos por el, algo que ansiaba profundamente.

Lo curioso es que siempre me había relacionado con mujeres de cabellos más bien claros la mayoría de todos ellos de bote. Mas este cabello, a todas luces naturales, era casi estimulante. Este personaje, de hecho, hacia refutar todos mis gustos y. su propietaria, quien sin saber por que se me hacia endiabladamente conocida también partía en dos todas mis convicciones sobre el genero femenino, la mire por mucho mas tiempo mientras la brisa seguía agitándole los cabellos.

Aun contra mi voluntad mi cuerpo se endureció de deseo ante la forma frágil y delicada de su delgado cuerpo, sus piernas, largas esbeltas y delgadas me parecían lo suficientemente tentadoras para dejar que mis caderas fueran envueltas con ellas encima de una cama.

Pero no sabía quien era ella puesto que nunca había visto a alguien medianamente parecido que me acordara, ni mucho menos había deseado a alguien con la intensidad que estaba deseando a la desconocida

"date la vuelta" le rogué en silencio, en medio de mi agonía por poder mirarle el rostro esperando que mi cuerpo dejara de reaccionar a ella.

Como si de repente se hubiera percatado de mi presencia o hubiera sido presa de mi ruego silencioso, ella comenzó a darse la vuelta cuando un imperceptible miedo le hizo estremecerse, o tal vez se tratara de la brisa súbitamente fría que había enredado un poco su gloriosa melena, ese viento siguió aginado su achocolatado cabello que se me antojo mas a caramelo que a chocolate por la manera en que los rayos el sol pegaban contra el. En el momento en que alcance a observar parte de su apetecible oído y puntiaguda barbilla el sueño, del que me había prendado por completo, termino

Parpadee muchas veces para intentar aclarar mi mente y recordar el rostro que había creído ver pero que en realidad había quedado vedado por mi súbito despertar, pero solo borrosas imágenes acudían a mis recuerdos sin ofrecerme claridad, hasta casi podía saborear el tono de su piel contra mi lengua el sabor de sus piernas, de su...todo.

Me di vuelta en la cama dándome cuenta de que el sentido erótico de mi sueño se había trasmitido a la realidad en forma de sueño húmedo, que estupido.

Pero a la vez que extraño. Mire hacia el reloj y vi que eran las tres de la mañana. Cada vez más frecuentemente mis sueños se estaban haciendo más raros.

Recordé sucesivamente, como las pocas veces que ocurría, un episodio particular de mi vida infantil, un momento en el que mi padre estaba regalando a Esme, mi madre, un collar de perlas, Carlilse había dicho que todos los hombres de la familia habían soñado con las mujeres de sus vidas en algún momento antes de conocerlas verdaderamente. Aun siendo niño me imagine que cuando fuera adulto mis sueños iban a estar plagados de mujeres hermosamente decoradas, de diosas y de sirenas preciosas. Pero esta era la primera noche con esa extraña y encima de todo me despertaba letalmente duro y con ganas de llevármela a la cama ya fuera en sueño o en realidad.

Me puede de pie y me fui hacia el baño

En algún momento mire hacia el espejo, en el me vi de frente y de hecho vi a mi frente sudorosa y la sangre arremolinándose internamente en mis mejillas y en el resto de mi cuerpo, en mi ingle en mis ijadas y en mi cerebro.

Si todo esto se trataba de mi locura en proceso de fomentación debía encontrar un psicólogo y un sexólogo inmediatamente a ver que era lo que esa extraña situación entraba trayendo a mi vida, decían que cuando la persona comenzaba a asociar los sueños con la realidad empezaba a perder la razón por no poder diferirlos. Volví hacia la cama y me acosté con parsimonia con la piel aun mas caliente como el resto de mi cuerpo y en igual estado de frustración.

En la mañana llegue cuando llegue a la oficina decidí trazar un plan para citarme con Isabella. De nuestro encuentro hacia dos días y a pesar de que mi yo interno presentía que había causado la impresión correcta no debía descuidarme, no me convenía perderla.

Tome mi Palm y marque el numero de teléfono del Café Paris el cual había guardado correctamente, en segundos estuvo marcando, timbro en tres oportunidades.

- - Café Paris, buenos días, ¿en que puedo servirle?-

Para ofrecer solo café y delicias de harina la voz sonaba demasiado cargada de fingido erotismo. Casi reí ante el pensamiento de mi añeja secretaria llamando de vuelta, seguramente pensaría que definidamente me había vuelto loco o que sencillamente no había pasado de mi etapa de pubertad hormonal

- - pon a Isabella al teléfono- dije inmediatamente sin perder el tiempo y sin pedir el favor, no tenia de eso para perder para mantener una relación frívola telefónicamente con esa perra, aun a través del teléfono escuche un bufido indignado

- - ¿a nombre de quien?- "¿y a ti que te importa?" quise preguntarle

- - solo ponla al auricular- debía sonar grosero pero como aclare antes no tenia tiempo que perder

- - ¡oye! - escuche que llamaba duramente. -te llaman

Pasaron cerca de dos minutos antes de que pasos se escucharan y después el sonido de una mano levantando la bocina

- - ¿hola? - saludo una voz débil.

- - ¿Isabella?- pregunte realmente sin necesidad dado que ese susurro que era su voz era inconfundible, escuche una especie de gemido o quejido tan bajo que no podía estar pero me hizo sentir complacido, debía deberse al bienestar de saber que todo lo estaba haciendo bien, bueno casi todo.

- - Ed...¿Edward?..- se escuchaba agitada- pero que... ¿por que me estas llamando?

Dude un instante, no sonaba como si le molestara sino mas bien como si no lo pudiera creer

- - creí que habías captado mi intención. Creí hacerte saber que no seria la última vez que nos veríamos - use mi voz más seductora y ronca, lo cual funcionaba con cada una de las mujeres con las que había estado

- - si... pero pensé que...-

Seguramente pensó que me olvidaría de ella, si se tratara de un caso normal eso seria exactamente lo que habría pasado, pero no era así, ella era importante, tal vez los motivos que toda mujer pensaba, ella me iba a reportar un gran beneficio monetario y debía andarme con cuidado

- - bueno, aquí estoy- dije, luego pensé en lo que le diría para convencerla -quiero verte...necesito verte.

- - ¿verme? repitió ella incrédula y el silencio que siguió casi me hizo pensar que se había desmayado o que algo la había obligado a separarse de el teléfono pero luego ella volvió a hablar con su voz susurrante la cual, en un momento de incrédula locura, me pareció bastante seductora - ¿estas hablando en serio?

Debía tener algún tipo de trauma o su autoestima debía estar por los suelos, de todas formas no era que fuera tan desagradable...

- - mas que siempre - me apresure a decir antes de seguir perdiéndola - ¿que tal esta noche?- aventure

- - no lo se...- dijo ella después de un rato - no creo que tenga - seguramente debía referirse a la ropa, si confiara mas en mi la llevaría a comprar ropa fina o por lo menos mandaría a alguno de mis empleados a que fueran con ella pero algo me decía que ella seria un personaje difícil de convencer, al menos en ese aspecto.

- - di que si- dije seriamente y antes de darle la oportunidad o de tan siquiera percatarme de lo que estaba diciendo agregue - no es que quiera sonar chantajista pero me lo debes.

Bien, eso no había sido muy decente y si mas bien ruin, pero en mi situación debía aferrarme a lo que pudiera, casi esperaba que soltara en teléfono reclamándome y desees cortando la llamada pero una vez mas ella volvió a sorprenderme cuando, después de un tiempo dijo

- - esta bien, pero no puedes llevarme a un sitio elegante - ya que había vivido en ellos la mayoría de mi tiempo esa sugerencia se me hizo un tanto graciosa

- - solo debes estar lista a las 07:30pm, del resto me encargo yo

Corte la llamada sin darle tiempo de arrepentirse y empecé, una vez mas, a fraguar mi estrategia y mi plan de ataque de. esa noche.

Durante el día permanecí ocupado haciendo más y más negocios y tratando de postergar por más tiempo la espera de mi proyecto con resultados exitosos hasta el momento

Ya en la tarde decidí irme a la casa y ordenar un poco mi apariencia con el fin de dar la buena impresión de estar interesado, conocía muchos restaurantes y sabia de uno moderadamente elegante en el cual servían una buena comida y el ambiente de allí podría ayudar a relajarme, sabia que la apariencia del restaurante no la incomodaría.

A las 06:30 decidí prescindir de mi conductor nuevamente a fin de llevar el auto yo para dar la imagen de cita al encuentro pronto a producirse, conduciendo me direccione hacia el apartamento de ella.

Faltaban cinco minutos para las 07:30 cuando llegue allí, me baje del auto y me acerque a la puerta y a los timbre a su derecha. Marque el número de ella y espere.

- - ¿si...?- pregunto ella del otro lado, su tono era educado y por esta vez vivo.

- - Isabella...soy Edward. -

- - ah!...ya... en un segundo- corto la comunicación y yo me volví hacia mi auto a esperarla allí. Como a toda mujer, decidí esperarla pacientemente.

Cuando ella salio solo pude pensar en cuan mas sencilla y a la vez decente podía parecer una mujer, las casi prostitutas a las que estaban acostumbrado se dejarían quitar un seno antes de ser vistas como yo estaba viendo a Isabella, sin una sola gota de maquillaje sobre su rostro, libre de cualquier impureza, no había ni polvo ni rubor artificial, solo la palidez nívea y las pecas en su nariz y parte de sus mejillas, tenia una triste sonrisa plasmada en su rostro pálido y anguloso, sus mejillas a pesar de delgadas revelaban claramente la formación típica de los hoyuelos. Vestía una camisa sencilla de lana blanca apuntada adelante la cual curiosamente le ajustaba a la perfección formas que antes no había visto pero que sin embargo no me resultaban muy tentadoras, pero pude adivinar la estrechez de su cintura y la pronunciación moderada de su busto, la cintura se unía a las caderas delgadas y a la vez redondeadas envueltas en un Jean de color azul oscuro, tenia unos zapatos bajos de punta limpios como toda ella, parecía vestida para un encuentro de amigos, su apariencia me devolvió la mirada cuando evalué desde la punta de su castaño cabello recogido en una cola de caballo, hasta la punta de los zapatos, si, encajaría en el sitio perfectamente.

Justo cuando la estaba mirando pensé en si alguna vez. Lograría verla con el cabello suelto y deseche el pensamiento tan pronto como surgió dado que si me iba a acostar con ella y si íbamos a vivir un poco de tiempo juntos en alguna ocasión tendría que verla con el cabello suelto.

Ella se acomodo un rebelde mechón que aun se resistía a su limpia sencillez y me miro a los ojos diciendo.

- te dije que no te prepararas para llevarme a un sitio elegante - dijo después mirando mi auto.

Dio unos pasos hacia mi y una bifurcación de brisa me trajo de ella una esencia que hizo que la fingida sonrisa que estaba a punto de soltar para ella muriera antes de siquiera cruzar mi cara. Era un olor casero, de vainillas y galletas, circundo por el aire levemente pero lo bastante suficiente como para que mi cabeza comenzara a dar vueltas de la impresión reconocida. Mi madre...

"no, no otra vez" pensé para mis adentros

- - no lo hice- conteste intentando pensar serenamente e intentando también que los recuerdos no decidieran emerger en banda de guerra.

Abrí la puerta del pasajero y ella se deslizo dentro como si el auto mismo fuera de cristal y ella demasiado pesada, al hacerlo con esa lentitud solo pudo darme tiempo para adaptarme al calido olor de su piel, olor que nunca creí posible volver a olfatear desde la ultima vez que mi madre hizo una de sus inconfundibles bandejas extra grandes de galletas de vainilla. Me perdí en el unos segundos, los que me permití, dejándome amilanar por recuerdos olvidados.

Cuando me sentí en disposición para hacerlo camine hasta abordar el auto en el asiento del conductor. Cuando abrí la puerta la poca de esa esencia se había mezclado impregnando el auto de el agradable aroma, pero el auto también estaba impregnado de otras cosas, de su tensión y sus nervios.

Enfile el auto hacia el restaurante que había escogido como destino de esa noche preguntándome como era que iba a terminar.

Después de diez minutos de camino me aventure a abrir una charla con el fin de abrir la brecha de la confianza fomentando la conversación, cuando durante un segundo enfoque mi mirada hacia la de ella me di cuenta de que retiraba sus ojos velozmente en un intento de disimular que me estaba mirando de reojo, por sorprendente que pareciera un leve rubor coloreo sus mejillas y no se ni siquiera por que fui conciente de ello.

- - ¿que tal tu día?- le pregunte impersonalmente.

En el momento en que hable ella casi salto de la silla como si hubiera esperado el momento en que yo pronunciara palabra para respirar y poder moverse.

- - ah...eehh...a...bien, un poco relleno pero bien. -

Un paso al frente, sin dejar de conducir o de mirar hacia la vía le dije sabiendo que en el fondado estaba sintiendo lo que estaba diciendo

- - espero que hayas sabido entretenerlos con aquellas manos tuyas -

Para mi sorpresa vi que una lenta sonrisa ladeada se extendió por su cara, luego respiro hondo como si remira hablarme y dijo

- - ¿a donde me llevas? -

Sabia que tarde o temprano me iba a preguntar eso, fue mi turno de sonreír.

- - es una sorpresa -

- - ¿una sorpresa?- pregunto ella, el temblor de su voz me confirmo lo poco que, en el momento confiaba en mi, me obligue a tranquilizarla por el bien de mis propósitos

- - no tienes por que temerme, no quiero ni tengo por que hacerte daño

Ella me miro inquisitivamente por unos segundos luego como si estuviera meditándolo y rápidamente llevándolo al habla dijo

- - ni siquiera me conoces y repentinamente me llamas y quieres llevarme a sitios...- se callo como si de repente hubiera interpretado algo

Pare el auto y decidí dejarme mis intenciones claras desde el principio en esencia por que no tenia tiempo para hacerme su amigo, pero si la palabra la hacia sentirse mas cómoda empezaría un poco por ahí

- - quiero ser tu amigo- dije fijando mi mirada en ella a fin de que me creyera.

- - ni siguieras me conoces - dijo ella negando con la cabeza y retorciéndose las manos, alargue mi propia mano para detenerla y la toque en el empeine.

- - que no te conozca no quiere decir que no quiera serlo - ella movió su mano para quitarla de mi toque pero no se lo permití - ¿de verdad crees que quiero hacerte daño? - pregunte nuevamente no muy seguro de querer saber la respuesta.

- - no... No...Lo se. - su voz sonó baja otra vez, como si el solo hecho de hablar conmigo le costara trabajo o un esfuerzo casi sobrehumano.

Sonreí un poco ante su tímida reacción, el tono de voz que elegí usar, era el que normalmente usaba cuando quería hacer impacto el alguien, particularmente con mis tácticas de seducción, la voz oscura y lúgubre era una de las armas mas poderosas que poseía. A veces pensaba que las mujeres eran muy tontas por eso y supe que Isabella Swan no era una excepción.

- -confía en mi, se que te va a gustar.- afirme esperando que de verdad fuera así y que las cosas se dieran en la manera correcta.

Ella aparto su vista hacia la ventaba y miro hacia afuera tal vez dominada por unos segundos por el impulso de abrir la puerta y saltar.

"El Gato Rojo" era uno de los restaurantes de la zona, bastante bien educado, me parecía especial olor que tenia cierto aire hogareño y acogedor, había cojines en el piso y las mesas eran de madera pulida, solía parecerme un restaurante étnico por la cantidad de barritados alimentos rechínales y típicos de Otis países que solían servir.

Baje del auto y di la vuelta para abrirle la puerta a ella, tome su pequeña mano y cuando bajo aspire mas por reflejo y estaba aun su esencia que me provocaba recuerdos, debía sentirme contrariado pero curiosamente no era así. Con su mano asida por la mia entramos al restaurante.

Isabella Swan

18 de Julio 2007

Cuando el café Paris cambio de turno a las 17:00 casi corrí. hacia mi residencia. Cuando llegue allí abrí la puerta con manos temblorosas y en cuanto llegue arroje todo sobre el sencillo mueble que había adquirido tiempo atrás

Aun sentía, como había pensado anotes, el pulso tembloroso debido a la agitación que me había dejado la llamada de ese señor Edward, aun no podía creerme que en verdad hubiese llamado ni mucho menos que me hubiese invitado a salir, pero aun estaba su voz en mi cabeza diciendo todas esas cosas que había dicho.

Sacudí la cabeza y decidí ir en busca de la ropa adecuada que debía usar. la experiencia no era mi fuerte en cuanto a citas y la escogencia de ropa que esta conllevaba, pero decidí que debía escoger algo normal para usar ya que el había prometido, o mas bien yo le había sugerido, esperaba entonces que no se hubiera decidido finalmente por lo formal ya que, aunque entre las prendas que había heredado de mi querida Emmerald había un vestido de noche negro, jamás me había sentido partidaria de las elegancias por que creía que no se veían bien en mi, de todas maneras esperaba no causarle problemas con las prendas que había escogido

En ese momento sonó el pequeño teléfono que había adquirido 15 días antes.

- - ¿diga? -

- - señorita Swan?- pregunto lo que reconocí como la voz de mi vecina

- - si, señora Morgan...

- - ay querida gracias a Dios que te encuentro, necesito ayuda y solo tu me la puedes prestar

Sonreí contra el auricular cuando reconocí el tipo de ayuda que quería que le prestara, era una de mis más fervientes admiradoras en cuanto a comida y culinaria se trataba, le gustaba que cocinara platillos especiales para ella y me los pagaba generosamente de vez en cuando, siempre que los contrataba. En esta ocasión, según me informo, necesitaba unas galletas y una masilla para compartir una tarde con sus amigas, aquellos lindos vejestorios, que en más de una ocasión me habían dicho que era una adorable muchachita que merecía todo lo bueno de la vida.

- - tus manos tienen la magia, por eso pensé en ti - sonreí cuando le escuche decir eso. Y dale con lo de la magia.

Accedí a prepararle las galletas. Era una receta fácil y rápida de hacer así que me decidí por hacerlas en ese momento para así salir de eso y, si la reunión con Edward se demoraba más de lo previsto (cosa que no creía que pudiera ocurrir) podía descansar para hacer el turno de la mañana en la cafetería. Ella quedo de pasar el día siguiente por la preparación así lo convenimos

Cuando estuvieron listas las saque del horno y deje que se enfriaran, las empaquete y las deje listas sobre una mesa, en esa ocasión había elegido la vainilla para el sabor ya que a la señora Morgan le gustaba demasiado.

Abrí el guardarropa en donde había depositado lo que tenia para vestir, saque uno de los jeans azul oscuro mas cuidados que tenia, y lo adjunte a la camisa de lana blanca que había adquirido tiempo atrás con el fin de usarla para las entrevistas. Me puse las dos prendas y después de humedecí el cabello para recogérmelo, cuando me roce me di cuenta de que parte de el, en algún loco momento se había impregnado de sustancia de vainilla.

Cuando estuve lista me peine el cabello y me lo recogí, aunque era largo y ondulado no me gustaba llevarlo suelto por razones de autoestima, no me parecía mi mayor atractivo. Mire hacia la ventana y vi que no estaba tardando en oscurecer. Aun a esa hora de entrada a la noche me pregunte si todo no se había tratado mas que de una ilusión. Si realmente no había conocido al primer hombre que no me había causado repulsión si solo se trataba de una ilusión divina, una aparición breve de un ángel enviado a protegerme solo una vez.

Me apreté las manos, gesto que adquirí para evitar que me temblaran cuando me sentía nerviosa. Cerré la cortina y me senté en el mueble, mire el reloj el cual marcaba las 19:20. Cerré los ojos y escondí la cara en las manos. Solo pude preguntarme ¿que era lo que estaba haciendo?, ¿acaso había dejado atrás las experiencias en el orfanato donde viví trece años?, ¿acaso ya había olvidado mi doloroso pasado? en el momento en que el citófono timbro casi me caigo del mueble donde me encontrabasentada por la impresión que me causo.

Con la mano temblorosa oprimí el botón para contestar.

- ¿si...?- pregunte no muy segura de mi misma. La respiración se me corto cuando efectivamente escuche su voz

- Isabella?... soy Edward.-

- ah...- habla, entupida, di algo pero habla...- ya...en un segundo- apreté el botón para cortar y respire después de un momento o dos, ahí. estaba, a pesar de lo increíble que pareciera ahí estaba.

Camine pesadamente sobre mi pequeña sala meditando un poco antes de salir, no sabia cuales eran sus intenciones, no tenia idea de que era lo que me pasaba esta noche, todo se abría a mi como un nuevo camino en el que confiar era la clave, la vida me había hecho vulnerable y era algo que odiaba de mi con todas las fuerzas de mi ser, pero por un instante me dedique a pensar si esta seria la oportunidad de mi vida o si por el contrario seria otra de las decepciones de las que siempre era parte.

Desee tener una guía o alguien que me dijera que era lo que me esperaba o por lo menos que me ayudara a discernir sobre lo que tenía que hacer, la conducta que debería seguir.

Tome el pequeño bolso donde eche algo de dinero por si algo y baje las escaleras esperando, sinceramente, con todo mi ser que nada de esto se fuera a ir al traste y menos por culpa mia.

Di los últimos pasos armándome de valor, cuando sentí sus ojos sobre mi cuerpo creí que iba a retroceder a huir hacia la seguridad de mi pequeño apartamento en vez de salir con el desconocido, sentí que me recorría con la mirada detenidamente y me hizo intimidar, nadie nunca me había detallado de esa manera, cuando ceso su lento examen de mi, en un intento por volver a calmar el temblor de mis manos acomode un pedazo de mi cabello que se resistió a la goma, luego armándome de un valor que en realidad no sentía lo mire a los hermosos ojos que tenia esperando no perderme en ellos.

- te dije que no te prepararas para llevarme a un sitio elegante

Esperaba que hiciera caso de mi estupida advertencia y decidiera que no era lo suficientemente buena y me dejara seguir con mi vida sin preguntarme que hubiese pasado después de esa primera salida. Pero el no hizo nada así que di unos cuantos pasos, sin poder pasar desapercibido el excelente y elegante modelo de su auto

- no lo hice- ajo el con la voz sumamente seria, intente pensar que solo me vía imaginado el increíble tono triste que capte en esa sencilla frase.

Se adelanto a mi y abrió la puerta del pasajero. Y espero a un lado a que yo subiera, pensé en lo caballeroso que se veía con sus ropas finas y me sentí una mosca a su lado, cruce el umbral de mis temores y en vez de eso entre en el auto aspirando la esencia fina, como todo el, que emanaba de la cojinería y me quede tiesa cuando sentí que el se subió a mi lado y su presencia se hizo mas que patente, en toda su extensa y completamente perceptible masculinidad. Disimuladamente, todo lo que se podía esperar de mi, mire su austero perfil mirando la forma de su aristocrática nariz y sus rasgos viriles y sensuales, yo, que nunca había sentido la necesidad de hacerlo, me vi de repente atrapada en la necesidad de poder mirarlo sin ningún miedo de frente, pero reaccione rápidamente cuando el enfoco sus propios ojos en mi y casi me descubre mirándole, por disimular puse mi vista en la acera que pasaba rápidamente a mis ojos intentando aplaca el latido de mi órgano vital.

- ¿que tal tu día? - escuche que pregunto en mi oído izquierdo, me removí incomoda luego de que sus palabras súbitamente pronunciadas alteraran mi supuesta tranquilidad.

- ah...ah...eehh... - parecía que mi vocabulario se limitaba a monosílabos cuando estaba cerca de el, ¿por que un desconocido me producía esas sensaciones desconocidas? - ah... bien, un poco relleno pero bien.

- espero que hayas sabido entretenerlos con aquellas manos tuyas- soltó el después de un momento, sentí como la sangre fluía hacia mis mejillas, pero un frío presentimiento, que nunca supe de donde salio hizo retroceder mis emociones. ¿Que estaba haciendo sola en un auto con un desconocido?-

- ¿a donde me llevas?- le pregunte en un ataque de miedo.

- es una sorpresa – dijo el sonriendo

- una sorpresa?- pregunte en esta ocasión incapaz de disimular el temblor de mi voz, el pareció darse cuenta lo cual me sorprendió bastante dado que estaba reparado en mi mucho mas de lo que yo me imaginaba,

- no tienes por que temerme, no quiero ni tengo por que hacerte daño.

Decidí hincar trabajo en mi mente, hasta el momento solo me había tratado bien , si se podía denominar bien a que me produjera taquicardia y diaforesis nada mas verle de cerca, no había intentado propasarse ni nada que supusiera herir mi psicología, bastante cicatrizada de golpes y traumas. Suspire, luego intente explicarme para que entendiera mi punto de vista.

- ni siquiera me conoces y repentinamente me llamas y quieres llevarme a sitios...- me calle, tal vez había interpretado mal sus intenciones, tal vez el no tenia ningún tipo de interés en congeniar conmigo para mas que una amistad.

- quiero ser tu amigo-confirmo el, amigo...yo solamente había tenido de amiga a Emmerald, nada mas que ella, era la única persona que realmente había apreciado y la conocí por años, ahora venia el...salido de la nada...el ángel salvador de mirada oscura.

- ni siquiera me conoces – repetí tercamente, moví mi cabeza negativamente y mezcle mis temblorosos dedos entre si.

- que no te conozca no quiere decir que no quiera serlo – dijo el en una voz baja gutural y extremadamente intima para la situación en la que nos encontrábamos, alargo su mano y con sus dedos tibios y masculinos acaricio la parte superior, incapaz de soportar el calor que subió por todo mi brazo intente apartar la mano pero la de el hizo fuerza haciendo que mi esfuerzo por alejarme fuera inútil - de verdad crees que quiero hacerte daño?- me pregunto otra vez haciendo uso de su seductora voz,

- no...no...lo se – dije con la voz estrangulada, no lo sabia pero no quería saber que pasaría si dejaba mis sentimientos correr y mas adelante se demostraba si yo creía o no que el quería hacerme daño

- confía en mi- dijo otra vez, la seguridad que el transmitía de repente intentaba hacer fuerza en mi, como si quisiera brindármela lentamente- se que te va a gustar.

Quise abrir la puerta del auto y huir de su intimidad pero en el momento eso era imposible con el auto moviéndose, a menos que quisiera cargar con una lesión cervical de por vida, cosa que no era nada buena para mi en ese momento.

Cuando el disminuyo la velocidad pude entrever la fachada de un restaurante muy elegante, al menos para mi vista, el no podía esperar en serio que enterara ahí., seguramente me echarían por mi ropa, quise decírselo pero en el momento en que me di la vuelta el ya se había bajado después de estacionarlo y me estaba ofreciendo su mano después de abrir mi puerta. El aire frió de la noche penetro por mi piel, me desabroche el cinturón de seguridad y tome su mano pasar bajar aunque lo que mas quería era huir de allí, mire asombrada la gran entrada que se dibujaba a pocos pasos de nosotros, ¿que estoy haciendo? Me pregunte por enésima vez en el día.



lunes, 20 de septiembre de 2010

Te Presento A Mi Amante

Capitulo 5: La Push

Bella POV

Después de un día agotador con tres locas de compras mi cuerpo empezaba a cobrar factura. No estaba prestando atención a la película que se supone estábamos mirando. Un enorme bostezo salio de mi boca anunciando a mis tres amigas que ya no podía más.

—Creo que la Bella Durmiente quiere hacer acto de presencia —se burlo Alice.

—Bien, yo también estoy algo cansada —dijo Angela poniéndose de pie y estirándose.

— ¿Cómo dormiremos? —pregunto Rose a Alice.

—Acostadas —respondió Alice encogiendo los hombros, las tres pusimos los ojos en blanco.

—Eso lo sabemos —dijo Rosalie poniéndose de pie— pero ¿en que cuarto?

—En el tercer piso hay dos cuartos de huéspedes, pueden dormir dos en uno y la otra sola o en mi cuarto. Pero entonces ¿donde queda la noche de chicas? —hizo un puchero y le di la espalda para subir las escaleras, si seguía su juego terminaría en sesiones de faciales, manicura y otros tormentos.

— ¿Quién me sigue? —pregunte al ver que las tres seguían de pie en la sala.

—Yo las acompaño para que se acomoden —Alice pasó junto a mí tomando la delantera y guiándonos al tercer piso.

En total había cuatro puertas, dos habitaciones, supongo que las otras eran el cuarto de Edward y el baño. Entramos a una habitación enorme color azul cielo, con una cama blanca en el centro, estaba decorada con algunos cuadros al igual que la sala, era bastante acogedora, como toda la casa.

—Yo me quedo aquí —dijo Rose maravillada.

— ¡No! —grito Alice— es que tu Rose te quedaras conmigo en mi cuarto, tengo muchas cosas que mostrarte, además aun es temprano, deja que estas dos aburridas duerman aquí.

—Esta bien, no tengo sueño aun y tenemos que hablar de mi hermano.

—Oh eso… si claro de lo que quieras —contesto Alice sonrojándose ligeramente— bien chicas están en su casa, si quieren comer bajen a la cocina y tomen lo que quieran, si se quieren bañar háganlo, en ese pequeño closet hay toallas y…

Alice salio del cuarto y en menos de treinta segundos apareció en la puerta con dos bolsas.

—Tu Angela te pones esto —saco de la bolsa una pijama rosa, el pantalón era ajustado y la blusa de tirantes también ajustada —y tu Bella este— de otra bolsa saco una pijama azul, el short era azul muy corto y bastante ajustado y la blusa también de tirantes con un pequeño oso durmiendo sobre el busto izquierdo.

—Alice antes me gustaría darme un baño —tome la pijama que me ofrecía y me apresure a tomar mi ropa interior antes de que también la escogiera por mi.

—Claro el baño es… —juro que una sonrisa maligna cruzo por su rostro, luego se volvió serio— es la puerta que esta enfrente, las dejo para que descansen.

—Buenas noches chicas —se despidió Rose.

—Buenas noches —respondimos Angela y yo al mismo tiempo.

— ¿No quieres ducharte? —pregunte a Angela que se acomodaba en la cama.

—Si, lo haré después de ti —me sonrió y tome una toalla y mi ropa y salí de la habitación cruce el pasillo y abrí la puerta que Alice me había dicho, pero gran sorpresa me lleve al ver que no era el baño, era la habitación de Edward y el estaba junto a su cama completamente desnudo.

Me ruborice violentamente pero también me quede en shock, jamás había visto a un hombre desnudo, salvo una vez que Jessica insistió en ver una película de "esas" y en cuanto el hombre se quito la ropa yo salí corriendo. Aunque lo poco que vi aquella vez no le hacia justicia a lo que ahora tenia frente a mis ojos. Y esta vez no salí corriendo. Aunque Edward ya había tomado la toalla y la había envuelto debajo de su cintura un podía ver su marcado pecho el cual estaba cubierto de gotas de agua que escurrían desde su cuello hasta donde la toalla lo cubría, las largas piernas aun cubiertas por la negra toalla se dejaban ver fuertes y musculosas aunque no en exceso, pero si dignas de que cualquier jugador de fútbol se las envidiara. El cabello completamente despeinado y mojado

No sabia que decir, ni que hacer, solo estaba segura de que acababa de ver el ser más perfecto del mundo completamente desnudo y no podía moverme, quería salir corriendo y esconderme debajo de la cama y no salir nunca pero sentía que la sangre había abandonado completamente mi cuerpo para concentrarse en mis mejillas, las cuales sentía calientes. Mordí mi labio inferior, era para todo lo que mi cuerpo daba. Entonces un grito me saco de mi burbuja erótica.

— ¡Mañana estará soleado! —grito Alice llegando hasta mi lado dando saltitos, quite la mirada del perfecto cuerpo de Edward y me di cuenta que respiraba agitadamente— podemos ir a la Push, tomar el sol y nadar un poco. Oh Edward deja de exhibirte, vístete por Dios y ya duérmete que mañana salimos temprano hacia la Push y tú Bella mueve tu trasero y deja de ver a mi hermano, te dije que el baño era la última puerta del pasillo.

Cerró la puerta del cuarto y me empujo hasta la puerta del baño. Entonces reaccione.

— ¡Me dijiste que el baño estaba en frente de la habitación! Alice ¿sabes como acabo de ver a tu hermano? —grite completamente nerviosa y avergonzada.

—Bella, tranquila, solo era mi hermano semidesnudo, malo seria que lo hubieras visto sin la toalla —sentí mi cara arder mucho más y esa sonrisa diabólica en el rostro de Alice— ahora báñate y asegúrate de ponerle seguro a la puerta, no sea que Edward se quiera cobrar el show y venga a espiarte, mañana iremos a la Push, descansa.

Entre al baño y me asegure de poner el seguro, me desvestí rápidamente mientras la tina se llenaba, entre y deje que el agua caliente me relajara un poco. Trate de olvidarme de lo que acababa de pasar pero sabía que no podría. ¿Cómo vería ahora a los ojos a Edward? No solo era el hermano de Alice. Era el ser más perfecto sobre la tierra y ahora me constaba de sobremanera. Pero también era mi profesor. Aunque quisiera evitarlo, tendría que verlo al menos de lunes a viernes. Suspire y me hundí más en la tina, deseaba poder quedarme ahí y jamás salir, no quería toparme nunca más con esos ojos verdes, ni con ese cuerpo perfecto al cual de ahora en adelante le estorbaría esa estúpida ropa. ¡Ay! Malditas hormonas.

Me quede en al agua hasta que comenzó a bajar de temperatura, salí de la tina secándome y vistiéndome, con mi cabello no hubo mucho que hacer, no había cepillos en el baño así que lo seque y lo deje despeinado, eche la toalla el cesto de la ropa sucia y salí del baño.

Edward POV

Acababan de abrir mi puerta mientras yo no llevaba nada de ropa. Cuando voltee a ver la puerta estaba ahí de pie Bella, completamente roja y mirándome fijamente. Tome la toalla y la envolví en mi cintura lo más rápido que pude. Intente decir algo pero no encontré nada coherente. Los nervios estaban acabando conmigo. Entonces me quede ahí de pie esperando que ella dijera algo o que saliera corriendo, pero ninguna de las dos cosas paso. En sus manos llevaba algo de ropa y una toalla, supongo que buscaba el baño y se equivoco, pero para nuestra mala suerte se había equivocado en el momento menos oportuno.

En cualquier otro caso tal vez me hubiera regocijado con el hecho de que una mujer me viera desnudo y sobre todo que me mirara de la forma en que ella lo hacia. No soy vanidoso, pero estoy consiente de que mi cuerpo atrae a las mujeres. Pero esta vez era Bella, en vez de sentirme complacido, me sentí nervioso y excitado. Aun sonrojada y sin quitarme la vista de encima ni yo a ella, se mordió el labio. Apreté los puños a mis costados. ¿Acaso no se daba cuenta de cuanto deseaba besarla cuando hacia eso? Quise en ese momento ir hacia la puerta, hacerla entrar y hacerla mía. Siempre he sido un caballero, pero también era hombre y Bella parecía estar dispuesta a sacar mi lado más sexual. Entonces el grito de mi hermana desvaneció esos pensamientos.

— ¡Mañana estará soleado! —Alice apareció en la puerta junto a Bella, fue entonces cuando ella dejo de verme para ponerle atención a Alice— podemos ir a la Push, tomar el sol y nadar un poco. Oh Edward deja de exhibirte, vístete por Dios y ya duérmete que mañana salimos temprano hacia la Push y tú Bella mueve tu trasero y deja de ver a mi hermano, te dije que el baño era la última puerta del pasillo.

Alice cerró la puerta y me senté en la cama y respire profundamente. Trate de olvidar el incidente y termine de vestirme solo con un pantalón. Fui al baño a limpiar todo y poner la ropa sucia en su lugar. Apague la música, la cual en ese momento no me relajo y me metí bajo las cobijas intentando dormir. Pero el cerrar los ojos lo único que veía era esos ojos achocolatados mirándome. Di mil vueltas en la cama y considere el ir a tomar otra ducha de agua helada. En vez de eso salí de la cama para bajar a la cocina y tomar algo de leche para que me ayudara a dormir.

Cuando cerré la puerta de mi cuarto, escuche al final del pasillo la puerta del baño abriéndose, entonces salio Bella con un ajustada pijama azul que resaltaba la palidez de su piel, la cual se veía suave y tersa, el short dejaba ver sus largas piernas, su cabello castaño estaba completamente despeinado y húmedo, caía sobre su espalda y sobre sus hombros dibujado el contorno de sus senos, esta de más decir que se veía malditamente sexy.

Levante la mirada hacia sus ojos, los cuales estaban avergonzados y su rostro completamente rojo de nuevo. Abrió la boca intentando decir algo pero la cerro inmediatamente. Entonces decidí ayudarla.

—Bella, lo que paso hace un momento fue…

— ¡Perdón! —grito bajando la mirada y acercándose un poco— Alice me dijo que el baño era la puerta de enfrente y entre sin pensar, yo jamás hubiera querido verte…

—Bella, fue un accidente —termine con la distancia y tome su barbilla para obligarla a levantar la mirada— hagamos de cuenta que jamás paso, y no se quizás en algunos años podemos contárselo como anécdota chistosa a nuestros nietos.

Sus ojos se abrieron sorpresivamente y los míos también al comprender lo que había dicho.

—Quiero decir, yo a los míos y tu a los tuyos.

—Si, claro —bajo la mirada de nuevo— solo te pido que Emmett no se entere, me mata y seguro a ti también aunque no hayas tenido la culpa.

—Ya te dije haré de cuenta que no paso, tu solo encárgate de mi hermana, puede llegar a ser muy indiscreta.

Asintió. —Me voy a… dormir… buenas noches Edward.

—Buenas noches Bella.

Sin saber que me impulso a hacerlo, me incline y la bese en la mejilla, no quise ver su reacción la cual seguramente era un sonrojo, así que seguí mi camino hasta la cocina.

Bella POV

Estúpido profesor perfecto. Debería aprender a dormir con camisa, no puede por la vida vistiendo solo unos pantalones y dejando al descubierto su perfecto y marcado torso. Además me había besado. En la mejilla claro, pero ese simple contacto se sintió como una corriente eléctrica que hasta este momento, unas horas después y acostada en la cama, no había dejado de sentir. No podía dormir, cerraba los ojos y veía a Edward desnudo. Esta bien lo admito, era una imagen que no podía –ni quería- borrar de mi cabeza, pero sabia que si me dormía empezaría a soñar con esa imagen y a hablar dormida. No quería que Angela quien ya dormía, se despertara y me escuchara teniendo sueños eróticos con Edward. Cerré mis ojos una vez más y me perdí en la oscuridad sin saber nada más.

Desperté con un pequeño duende saltando sobre la cama, era imposible que tuviera tanta energía a estas horas de la mañana.

—Arriba chicas, miren que maravilloso día —Alice corrió las cortinas y un sol cegador entro por la ventana. Era de esos pocos días en que el sol se dejaba ver en Forks, tal como Alice lo había predicho, ahora me parecía más aterradora.

— ¿Qué hora es? —pregunto Angela adormilada.

—Las 7, y apúrense, salimos a las 7:30.

— ¿A dónde? —pregunte.

—A la Push, Bella te lo dije anoche, ¿recuerdas? Cuando estabas viendo a…

— ¡Ya! Ya me acorde.

—Que bueno —ahí estaba de nuevo esa sonrisa malvada— aquí esta su ropa, Angela necesito que te apures, Rose y yo te dejaremos lista para cuando Ben llegue.

—Ben llegue… ¿A dónde?

—Le pedí que viniera a recogerte, así que vamos ¡arriba! —jalo a Angela fuera de la cama— tenemos solo treinta minutos y eso me estresa ¡Rose!

Rose entro al cuarto vistiendo un short blanco, bastante corto y ajustado, con una blusa rosita de tirantes. Traía en la mano una bolsa la cual me extendió.

—Esta es tu ropa para hoy, asegúrate de ponerte el traje de baño abajo.

—Pero yo no tengo traje de baño aquí —proteste al ver el diminuto short negro y el top azul— además esto es muy… muy tuyo Rose, no mío.

—El traje de baño esta en la bolsa, es mío, esta nuevo, te lo regalo —dijo Alice con una sonrisa— y vístete rápido, Emmett y Jasper no tardan en llegar.

—Es que esta ropa esa muy…

— ¡Shh! —me chisto Alice— más te vale que metas tu cuerpo en esa ropa o lo haré yo misma… Rose encárgate de Angela.

— ¡No! Esta bien, yo lo hago.

Tome la ropa mientras Angela, Alice y Rose se reían, salí del cuarto directo al baño cuando escuche a Alice gritar.

— ¡Asegúrate de entrar a la habitación correcta!

No había dudas, ella me había mandado a la habitación de su hermano con toda la intención, tal vez no sabia que lo vería desnudo, pero si sabia que me estaba mandando ahí. Me cambie rápidamente y peine mi cabello dejándolo suelto con un listón azul que combinaba con la blusa. Definitivamente Alice pensaba en todo.

Cuarenta y cinco minutos después estábamos los cuatro en el porche de la casa. Ben había venido por Angela los cuales no nos acompañarían y Emmett se encontraba en la casa por ciertas necesidades humanas. Al frente de la casa solo estaba en Jeep de Emmett y el Volvo de Edward. Yo camine hacia el Jeep pero Alice llego con Rosalie corriendo antes que yo.

—Jasper ¿puedes ayudar a Rose a subirse en la parte de enfrente? Tú y yo nos iremos en la parte de atrás —le dijo Alice.

— ¿Y yo donde iré? —pregunte sabiendo que no cabían más de cuatro personas en el Jeep— ¿en el techo?

—Ah no, en el Volvo de Edward —se encogió de hombros y Jasper la ayudo a subirse al Jeep y después desapareció el en el interior.

Escuche la estruendosa risa de Emmett quien venia acompañado de Edward. Vestía unas bermudas azules y una camisa blanca cerrada con un solo botón, lo cual dejaba ver su blanco pecho al descubierto. Su cabello estaba despeinado y traía unos lentes oscuros.

—Mantén tus manos en la palanca de velocidades —sentencio mi hermano a Edward para después reírse y subirse al Jeep. Arranco el auto y los vi alejarse.

—Prometo que manejare a la velocidad establecida —dijo Edward mientras me abría la puerta del copiloto.

No dije nada solo subí al auto. Todo el camino hacia la Push estuve mirando por la ventana. No me atrevía a mirar a mi izquierda para encontrarme con Edward. Aun me sentía incomoda por lo que había pasado la noche anterior. Mantuvo su promesa de no exceder la velocidad establecida, aunque pude notar su molestia con eso una vez que llegamos a la playa.

El sol se reflejaba en el mar, dándole un color azul con destellos blancos. Una vez que llegamos mis tres amigos y mi hermano estaban sobre unas toallas tomando el sol.

—Por fin llegaron ¿Por qué tardaron tanto? —pregunto Rose alzando una ceja.

—Traía conmigo a la señorita que se resiste a ir más de 20 k/h —se burlo Edward.

—Vamos a nadar —Alice se puso de pie, se quito la blusa y el short quedando en un traja de baño negro, Rose la siguió, el de ella era rosa y solo de ver a ambas mi autoestima perdió 20 puntos. 10 por cada una.

—Vamos Bella —Rose me tomo de la mano y me arrastro hacia el mar.

—No, no —protesto Alice— que se quite la blusa y el short, son muy delicados y con el agua la tela se puede maltratar.

—No —me negué. Había visto como me quedo el traje de baño de Alice, ella era mucho más delgada que yo, por lo que la parte de abajo me había quedado algo ajustada y aunque yo no tenía un busto muy grande si era algo más que el de Alice por lo que el top se ajustaba bastante.

— ¿Quieres que lo hagamos nosotras? —Alice tomo el botón del short y lo abrió para después bajar el cierre.

—Si no fuera mi hermana, esta seria una escena muy excitante —dijo Emmett quien recibió un golpe de parte de Edward.

Puse los ojos en blanco, era imposible discutir con Alice y me quite el short y el top, y amarre mi cabello con el listón. Sin voltear hacia donde estaban los chicos camine junto a mis amigas hacia el mar.

—Mi hermano no te quita la mirada de encima.

—Estas equivocada, seguro mira a Rosalie.

—No, a ella la mira Emmett, y a mi Jasper —comenzó a dar saltitos y lo saludo con la mano en alto.

—Y si sigues saltando así harás que le de un paro y no precisamente cardiaco —se burlo Rosalie y ambas estallamos en risas. Alice se ruborizo y detuvo los saltitos.

Entramos al agua y estuvimos jugando y platicando un rato hasta que nuestros estómagos nos avisaron que no habíamos desayunado. Salimos del agua y fuimos hasta donde se encontraban los chicos platicando. Tome mi toalla y empecé a secarme, me solté el cabello y olvide volver a ponerme la blusa y el short así que me quede solo con el traje de baño.

Comimos unos sándwiches que Alice y Rose habían preparado junto con unos refrescos. Después Alice me alejo un poco.

— ¿Qué pasa Alice?

— ¿Has notado como se ven tu hermano y Rose?

—Si

—Se me ocurrió algo, voy a pedirle a Jasper que vayamos a pasear por la orilla por aquel lado, y tú le pides a mi hermano que te acompañe también pero por este lado, así los dejamos solos.

—Alice no creo que…

—Por favor, por favor, por favor, ¿no te gustaría ver juntos a Rose y a Emmett? —había dado en el punto, además de ponerme esa carita de perrito moribundo a la cual no me pude resistir.

—Esta bien, vamos a dar un paseo.

Regresamos con los chicos y Alice le dijo algo al oído a Jasper y se levanto.

— ¿A dónde van? —pregunto Edward

—A caminar —contesto Jasper— regresamos al rato.

—Jasper…

—Edward no empieces —Alice lo interrumpió— volvemos más tarde.

—Ya vimos quien lleva los pantalones en casa —se burlo Emmett cuando vio que Edward no le respondió a Alice.

—Oh vamos Emmett, ¿de que te ríes? —le dijo Rosalie— tú haces lo que Bella quiere.

—No es cierto —se defendió Emmett.

— ¿Ah no? ¿Recuerdas el cumpleaños numero ocho de Bella? —Rose sonrió maliciosamente, sabia a lo que se refería.

—No digas nada Rosalie —amenazo Emmett.

—Yo quiero saber —dijo Edward— dime Rosalie, ¿que hizo Emmett?

—Bella quería a Winnie Pooh en su fiesta, pero el show que Reneé contrato tenia un compromiso ese día y no pudo ir. Bella le pidió a Emmett que se vistiera como Pooh y su hermano lo hizo. Salio con pintura amarilla en todo el cuerpo, con unos boxers amarillos y una blusa de Reneé roja.

A estas alturas Edward y yo estábamos riéndonos a carcajadas, mientras Emmett asesinaba con la mirada a Rose.

—Me hubiera gustado verlo —dijo Edward aun muerto de la risa.

—Tenemos fotos y video —le dije— cuando quieras puedes verlas.

— ¡Bella! —grito mi hermano y me reí más fuerte, Emmett se levanto y empezó a caminar hacia el lado contrario por donde Alice y Jasper se habían ido.

—Creo que se molesto —dijo Rosalie apenada

—Será mejor que vaya con el —dije intentando levantarme

—No, yo voy, yo conté su penosa historia, ahorita regresamos.

Rosalie se levanto y camino detrás de Emmett dejándonos a Edward y a mí ya un poco más tranquilos y en un silencio incomodo, sentía su mirada sobre mí pero no quería voltear a verlo. Sentí unos pasos detrás de nosotros y me gire cuando escuche mi nombre.

— ¿Bella?

Ahí estaba Jacob, mi mejor amigo al cual no había visto desde que me había confesado sentir por mi algo más que un cariño de amigos. Abrí los ojos de sorpresa y alegría. Me levante rápidamente y lo abrasé sin pensar.

— ¡Jacob! Que gusto verte de nuevo, ¿Qué haces aquí? —pregunte sin pensar en la obvia respuesta.

—Aquí vivo ¿recuerdas? —contesto sin quitar su mano de mi cintura— Bella te ves… hermosa.

—Gracias —baje la mirada un poco incomoda, escuche a Edward aclararse la garganta detrás de mi, voltee y lo presente.

—Oh, Edward el es Jacob Black mi mejor amigo —remarque la palabra amigo— y Jake el es Edward Cullen un amigo y también mi profesor.

Edward le estiro la mano con una sonrisa de burla en su rostro que no comprendí, Jacob lo dejo con la mano estirada.

— ¿Cuál es el chiste Cullen? —pregunto Jacob molesto.

—No es nada importante —Edward bajo la mano sin dejar de sonreír.

—Edward ¿de que te ríes? —pregunte un tanto molesta y curiosa.

—Bueno si tanto insistes, ¿recuerdas ese perro que mencione al cual Alice lo asesino con su comida? —asentí— era un perro café, grande y con el pelo desordenado. Se llamaba Jacob y de cariño le decíamos Jake.

Su hermosa sonrisa se extendió por su rostro intentando esconderla un poco, yo no me aguante y me reí bastante fuerte, era curioso que su antiguo perro se llamara como mi amigo y que verlo se lo haya recordado. Entonces me di cuenta que Jake había formado puños con sus manos y estaba respirando agitadamente.

—Que bueno que te resulte gracioso Bella —me dijo en un tono frió y cortante— quizás yo compre una araña y le ponga tu nombre.

Mi boca formo una O sorprendida y dolida por sus palabras, es cierto yo me había reído, pero jamás fue mi intención compararlo con un perro.

—Cuidado en como le hablas —sentencio Edward.

—Déjalo Edward —me puse entre los dos ya que se acercaban y los puños de Jacob se veían cada más vez más tensos— si quiere compararse una víbora y ponerle Bella me da igual, como todo lo que el hace.

No supe por que le conteste de esa manera. Sabía que le dolería. Vi que dejo de empuñar sus manos pero no me arrepentí de lo que dije.

—Bella no quise decir que…

—Déjalo así Jacob, nos vemos luego, vamonos Edward —lo tome del brazo pero no lo moví ni un centímetro, aun veía fijamente a Jake, entonces entrelacé mis dedos con los suyos y reacciono, camino junto a mi hasta alejarnos de Jacob.

Llevarlo así de la mano me hizo olvidar el incidente con mi amigo. No me molestaba, pero si me entristecía, yo sabia que Jacob a veces decía cosas que no quería, como aquella vez que dijo "prefería verme muerta" ya no recuerdo ni por que fue, pero si sus palabras. Pero hoy, aquí, junto a Edward eso parecía tener menos importancia, iba de su mano caminando por la playa. Seguimos en silencio hasta llegar a unas rocas donde el se recargo y me abrazo cuando vio mis ojos un poco humedecidos.

—Lo siento, no fue mi intención insultarlo —sus brazos se tensaron a mi alrededor— y el no debió tomarla contra ti.

No tenia cabeza para pensar, estaba en sus brazos y nada más importaba, cerré los ojos e inspire su aroma, era embriagador y sin lugar a dudas, jamás lo encontraría en una loción, era su aroma natural, tan dulce y varonil. Recordé como respirar y conteste.

—Se molesto conmigo por que… el me ve como algo más que una amiga, por eso lo molesto que yo me burlara, además es su culpa ser tan amargado —sonreí al recordar la sonrisa en el rostro de Edward.

—No lo culpo —dijo Edward aprentandome más contra el con un brazo y con la otra mano alzo mi rostro para mirarlo— sentir algo por ti y saber que no le correspondes debe ser muy… frustrante.

No quise pensar en lo que quiso decir en ese momento. Tampoco podía, me estaba viendo con esos ojos verdes que tanto me gustaban, y me abrazaba como si no quisiera dejarme ir nunca. Esto estaba mal, el era mi profesor, aunque el punto de mayor gravedad era que estaba casado. Puse mis manos en su pecho con la intención de alejarme un poco, pero el no lo permitió y acerco su rostro al mío.

Sentí su aliento chocar contra mis labios, era igual de enloquecedor como su aroma y entonces me deje llevar, deje que me embriagara con su aroma y su aliento, deje que me apretara más contra su cuerpo. Si me iba a besar… que así fuera.