Dark Chat

domingo, 18 de julio de 2010

Destellos de Oscuridad

Hello mis angeles hermosos al fin estoy de regreso . y como ando de buenas les traigo un nuevo fic de mi querida Jeanette Yunnuen esta buenisimo . en fin solo les pido mucho comentarios por fiss sean buenas
Mil besitos
Angel of the dark
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Una vez te vi en un sueño,

quieta, observabas la noche sin consuelo,

tu cabello oscuro jugando con el viento,

tus labios rosas sellados a palabras

de amor eterno.

Entonces decidiste verme,

a la luz de la noche tus ojos sostuvieron mi alma,

me habías atrapado,

no lo entendiste, no quisiste aceptarlo.

La realidad volvió a mis sentidos,

no quería despertar,

porque te desvaneciste

y nunca volví a soñar.

Pero tus ojos se quedaron,

como destellos en mi oscuridad,

ellos no me abandonaron.

Ahora camino en una noche infinita,

buscando sin descanso,

y aunque no pueda encontrarte,

viviré con el feliz recuerdo

de que una vez te vi en un sueño"

Jeanette Yunnuen, Una vez te vi en un sueño.


Capítulo 1

Cuentos para dormir


El viento manipulaba la dirección de la lluvia, y ésta se dejaba llevar por sus finas caricias hasta fundirse en la noche, que con promesas frías abrigaba la ciudad.



Una vampiresa caminaba, al parecer ajena a las gotas que le mojaban el pálido rostro, y el cabello largo color chocolate, cuyos mechones prometían destellos rojos en los días soleados. Sus ojos eran oscuros, pero devolvían una mirada inteligente y sincera que los hacía verse únicos, sólo que lo ignoraba. Porque ella era perfecta, como todos los seres inmortales que cruzaban por la tierra, sólo que había algo que la distinguía, una cálida luz que trasmitía, una que no se puede apreciar a simple vista, pero se puede sentir. Pero ella decidió olvidarse de eso, dejó de preocuparse por sí misma, y concentrarse en la única persona que ocupaba su corazón.


Amy. No había espacio para nadie más, que para su humana y frágil hermana.


La joven continuó su camino, hasta llegar a un gran edificio, donde la gente no descansaba, donde lo más importante era cuidar de los demás.


Las luces blancas iluminaban los pasillos, habitaciones y personas, un lugar frío y lleno de ruidosos lamentos.


Ella se dirigió hasta la sala de espera, donde se encontró con una mujer vestida de blanco, que la reconoció inmediatamente.


-Bella –la saludó la enfermera.


La vampiresa le respondió, con un no muy efusivo "hola" a la humana, y giró la cabeza en todas direcciones en busca de un licántropo en particular.


-El doctor Uley vendrá pronto –le dijo la enfermera-. Mientras esperas… ¿Qué tal si vas a verla? Esta despierta y ansiosa porque estés con ella.


Eso captó la atención completa de Bella, y siguió a la enfermera hasta la habitación veintisiete, pero la mujer se detuvo antes de entrar.


-¿Qué pasa? –la urgió Bella, quien ya quería ver a su hermana.


-Te podría ofrecer una bolsa de sangre, si no te has alimentado aún –le sugirió la mujer, quien observaba el semblante de la vampiresa con preocupación.


Bella negó con la cabeza, aún no había tomado nada, pero no podía concentrarse en nada más que en Amy.


-Estoy bien –le aseguró a la enfermera, quien no parecía del todo convencida, pero accedió a dejarla pasar.


-¡Bella! –exclamó la niña, sus ojos brillaron emocionados al ver un rostro familiar.


La vampiresa sonrió, y se sentó en la cama, junto a su hermana.


-¿Cuándo podré volver a casa? Este lugar me aburre –se quejó Amy frunciendo el ceño, que como todos los niños tienen la singularidad de cambiar de emoción rápidamente.


Bella extendió la mano y acarició el cabello dorado de la niña, pero al descender sus dedos entre los hilos que crecían en su cabeza, un mechón se quedó en su mano.


La vampiresa cerró la palma y escondió los hilos dorados de la vista de la niña.


-Ya que el doctor diga que estas bien para irte –le contestó la vampiresa.


-¿Y eso cuando será? –insistió la niña.


-Pronto, ya verás –le aseguró Bella, intentando que su fuera lo más tranquilizadora posible, porque ella tenía que ser fuerte, por las dos.


Se escuchó el ruido de la puerta abrirse. Bella no se molestó en voltear, sabía que se trataba de Sam, y lo confirmó cuando Amy comenzó a hablar.


-¡Ya me siento muy bien! –casi gritó la niña-. Eso significa que ya me puedo ir ¿verdad?


El licántropo se rió, y se acercó a Amy.


-Aún no, pero pronto –le dijo.


La niña se cruzó de brazos y frunció el ceño.


-Todos dicen lo mismo, "pronto, pronto" pero nadie lo cumple –balbuceó.


-Sólo tienes que tener un poco de paciencia, Amy –intervino Bella.


Un pequeño resoplido escapó de los labios de la niña.


-Es hora de que te vayas a dormir –le dijo Sam.


-¡Van a hablar de cosas interesantes y quieren que no escuche! –se quejó Amy-. Por eso quieren que me duerma, para que no escuche.


-Entre más descanses más rápido te curarás y podrás regresar a casa –le dijo Bella.


La niña sonrió y se cubrió con las sábanas.


-¿No me leerás hoy? –le preguntó a su hermana.


-Tengo que irme pronto –le contestó Bella-, pero mañana en la noche te leeré todo lo que quieras.


Una expresión de tristeza apareció en los ojos de Amy, y a Bella se le partió el corazón negarle algo, pero la niña asintió, resignada, y cerró los parpados lentamente.


-Buenas noches, Bella.


-Buenas noches, Amy.


Sam le pidió a la vampiresa que salieran para poder hablar, y Bella accedió pues tenía algunas cosas que discutir con él.


-¿Estás seguro de que no puedo convertirla? –le preguntó ella.


El licántropo suspiro, un gesto de cansancio y tristeza.


-Ya hemos discutido esto antes, Bella –le recordó-. Hay humanos que nacen genéticamente preparados para tal cambios, y otros que no. Me temo que Amy no es uno de ellos, y el intentarlo sólo le provocaría la muerte.


Bella apretó los puños, y contuvo sus ganas de llorar.


-Con tratamiento podrá salir de aquí en unos días y estará estable…


-Pero no curada –replicó la vampiresa.


-Lo siento, Bella –Sam le tendió una bolsa llena de líquido rojo-. Creo que lo necesitas.


La joven lo agradeció y le clavó sus colmillos a la bolsa, la verdad es que tenía mucha hambre.


-Bella necesitas tomar sangre caliente, no puedes vivir de esto, pronto no te va a satisfacer.


-Estaré bien –le aseguró una vez que se terminó el contenido.


-No es cierto –replicó el licántropo-. Necesitas comenzar a beber de otros como tú… ¿No has pensado tener un compañero?


-No, gracias.


-Bella…


-En serio, Sam, basta de esta conversación. Sólo quiero concentrarme en mi hermana, y nada más –contestó-. Además tú no deberías estar tan preocupado por mí, de hecho deberías odiarme como todo buen licántropo odia a los vampiros.


-Tal vez –sonrió él-, pero eres diferente Bella.


-Que no te escuchen los de tu manda, porque te destituirían de tu puesto de alfa –bromeó ella, con lo poco que le quedaba de humor.


-Creo que les agradarías –dijo Sam-. Emily te quiere como a una hermana.


Bella se percató de la luz que llenó los ojos de Sam cuando mencionó a su compañera, definitivamente estaba profundamente enamorado.


-Lo sé, yo también la quiero –contestó.


Entonces, el celular de Bella comenzó a sonar, sin pensarlo dos veces, contestó.


-Necesito que vengas –una imperiosa voz masculina le ordenó.


Bella hizo una mueca.


Era Dominic. Sólo el podría provocarle tal malestar sin siquiera verlo.


-Ya voy –fue todo lo que respondió, y colgó.


-¿A dónde vas? –le preguntó el licántropo algo preocupado.


-A trabajar –lo que, en cierta forma, no era mentira.


Sam abrió la boca para decir algo más, pero ella no le dio tiempo, desapareció de su vista en un parpadeo, una ventaja de ser vampiro. Aunque él podía alcanzarla, sabía que no lo intentaría, ya que necesitaba permanecer en el hospital.


No tuvo que correr mucho tiempo para llegar a su destino: una casa moderna, y bastante lujosa en el centro de la ciudad. No se molestó en tocar, ya que la puerta siempre permanecía fácil de abrir, Dominic no parecía preocuparse por su seguridad, ya que era un vampiro muy poderoso.


-Hola Bella –la saludó cordialmente el vampiro, se encontraba en su biblioteca leyendo un viejo libro, cuyo título era desconocido para ella, porque lo tenía cubierto con sus manos.


Dominic era alto, y su cabello rubio platinado caía por sus fuertes hombros como una cortina, sus ojos verdes casi brillaban en la oscuridad de la habitación.


-Necesito un préstamo –le soltó Bella.


Los ojos del vampiro se abrieron desmesuradamente, pero parecía más divertido que sorprendido.


-¿Otro? –cuestionó-. A este paso me deberás toda tu vida eterna.


-Por eso hago cosas por ti, para pagarte –gruñó Bella-, así que déjate de bromas y dime si me lo vas a prestar o no.


-Por supuesto –contestó-, siempre lo hago ¿o no?


Bella tenía ganas de arrancarle la cabeza, pero se contuvo, aunque era bastante difícil hacerlo.


-Justamente, hay un vampiro que me debe una cantidad considerable –comentó-. Cóbrale y si consigues que te pague, todo ese dinero es tuyo. Pero, si se niega, mátalo, y asegúrate de que haya público para que sepan que a mí nadie me engaña.


Dominic le describió al vampiro y le dijo donde podría encontrarlo en las horas nocturnas.


Bella salió corriendo en busca de su víctima.


Encontrar el bar no fue problema, y mucho menos dar con el vampiro, ya que estaba en el centro de la barra, con una vampiresa de cada brazo. Era corpulento y de un cabello negro azabache, pero su musculatura no intimidó a Bella, ya que la joven había tratado con vampiros así mucho antes.


Se dirigió hacia él, y ni siquiera necesito hablarle para llamar su atención, ya que no parecía satisfecho con la compañía que tenía, y cualquier mujer que se atravesara en su camino era digna de una mirada suya.


-Oh, hermosa, desearía tener un tercer brazo para ti, pero puedes sentarte en mis piernas –dijo el vampiro al verla.


Bella reprimió una mueca de repulsión y se concentró en lo que tenía que hacer.


-Vengo de parte de Dominic.


El vampiro arqueó las cejas.


-Me sorprende, normalmente manda a vampiros agresivos para que cobren sus deudas –comentó-. ¿O quizá piensa que tú puedes utilizar un método más efectivo de persuasión?


-Sólo cállate y págame –soltó Bella, enojada.


-Si te portas más amable, tal vez podamos discutir sobre ello…


Pero Bella no le dio tiempo de continuar, porque saltó sobre él, y puso sobre su pecho un afilado cuchillo de plata.


-Te doy la oportunidad que escojas entre el dinero o la vida.


El vampiro intento liberarse, pero todo lo que consiguió fue que Bella le gruñera y le mostrara los colmillos.


-¡De acuerdo, te daré el dinero! –exclamó.


Bella retiró la hoja afilada de su cuerpo, y se alejó un poco, pero no le permitió ponerse de pie.


El vampiro le entregó cinco fajos de billetes, y desapareció, no sin antes darle un patada en la entre pierna.


Eso había sido fácil.


En la mañana, no pudo quedarse en su pequeña casa por mucho tiempo, salió en busca del medicamento que Amy necesitaría para su regreso, y al ver una preciosa mochila color rosa, no pudo resistirse a comprarla. Su hermana estaría encantada cuando la viera.


Pronto se hizo el atardecer, y sin poder esperar más se fue al hospital.


-Ella te está esperando –le aseguró la enfermera cuando la vio llegar.


Antes de llegar a la habitación, Bella pasó a recepción, a liquidar la cuenta del hospital.


Una vez terminado ese asunto, se fue directo a verla.


La hermosa niña sonrió, y sin siquiera saludarla, sacó un viejo y maltratado libro debajo de su almohada.


Bella se sentó a su lado y tomó el libro cuyo título era: Narraciones sobre el inicio del mundo.


La vampiresa, y quizás su hermana también, se preguntaba constantemente quién habría escrito ese libro tan peculiar, ya que el autor aparecía anónimo en la portada.


-¿Cuál quieres que te lea? –le cuestionó la vampiresa, aunque ni siquiera sabía porque hacía esa pregunta, porque ya sabía la respuesta.


-¡La ruptura del reino perfecto! –exclamó la niña.


-Espera, antes de eso –Bella sacó la mochila que le había comprado, lo cual provocó un chillido de felicidad de la niña.


-¡Es muy bonita!


-Para cuando regreses a la escuela –le explicó Bella-, creo que la que tienes ya está muy vieja.


Amy abrazó la mochila.


-Gracias, hermana. ¡Ahora comienza a leer!


Bella se rió, y volvió a tomar el libro, lo abrió en la página quince, y se dio cuenta que las hojas en las que venía el cuento estaban más desgastadas que el resto.


La joven tomó un gran aliento y comenzó a adentrarse en la historia, vio a Amy cerrar los ojos y abrazarse más a su mochila, una pequeña sonrisa se asomó en los labios de su hermana.


La ruptura del reino perfecto


Cuando los cielos, el mar, la luna y el sol eran jóvenes, y su edad apenas se remontaba a algunos siglos, existió un reino perfecto.


Ya nadie recuerda esto, no porque el tiempo haya borrado las memorias de los sucesores, sino que ellos decidieron olvidar. Decidieron fingir que en el inicio de los tiempos eran felices, ya que es más doloroso recordar algo que se perdió y nunca se volvió a tener, a fingir que nunca pasó.


En ese reino, las personas eran cuatro manos, cuatro piernas, dos corazones en un mismo cuerpo. Dos mentes y dos almas, con las mismas emociones y sentimientos, siempre coordinas, siempre de acuerdo. Cada habitante estaba formado por dos mitades, que se complementaban a la perfección.


Pero como en todo el mundo existe la maldad, ésta no tardó en percatarse de la felicidad del reino, y gritó de envidia. Así fue como la maldad tomó forma de una mitad y pidió audiencia con el rey. Todos los habitantes observaban al desconocido, extrañados y horrorizados. "¿Dónde estará su otra mitad?" Se preguntaban y murmuraban por las calles. Algunos hasta se atrevían a preguntarle al desconocido, sin recibir ninguna respuesta de su parte.


Fue tanta la impresión que causó, que el rey no tuvo más que aceptar ver al desconocido.


El ser con una sola mitad, comenzó a hacerse amigo de una sola de las mitades del rey, ya que la otra lo veía con desagrado y desconfianza. Pasaron semanas, y el desconocido logró nublar el juicio de una de las mitades.


Fue en ese momento, que las dos mitades tuvieron su primera pelea, y fue tanto el desacuerdo entre las dos, que se separaron. Entonces una de las mitades del rey ordenó a todos los habitantes separarse. Y así fue.


La naturaleza se enojó y lanzó una maldición sobre ellos, los esparció por el mundo y borró las memorias de cada una de las mitades. El reino perfecto se rompió y quedó en las profundidades del olvido.


Desde entonces los hombres y mujeres vagan por el mundo en busca de su complemento perfecto, con la sensación de que alguna vez lo perdieron, hace mucho tiempo, y que no pueden descansar hasta encontrarlo.


FIN


-No entiendo porque te gusta este cuento –comentó Bella al cerrar el libro-, no tiene un final feliz.


-Este libro dice que tenemos una mitad perfecta en alguna parte del mundo –soltó la niña-, y creo que es cierto, por eso me gusta.


Bella suspiró y le entregó el libro a la niña, quien lo besó y abrazó, antes de meterlo debajo de su almohada nuevamente.


-Sabes, yo pedí un deseo –comentó su hermana, sonriendo.


-¿Cuál es? –le preguntó Bella con curiosidad.


-Que encontrar tu otra mitad pronto –respondió-. Ya verás estoy segura que hoy lo encontrarás, pero tienes que fijarte bien Bella, tienes que darte cuenta que es él.


La vampiresa puso los ojos en blanco.


-Porque como eres tú lo ignorarás y lo dejarás ir, promete que te fijarás.


-Lo prometo –respondió Bella para tranquilizarla, pero sin fijarse mucho en lo que decía.


-El te va a amar mucho, ya lo verás, y te cuidará por mí, cuando ya no esté.


Eso último si había llegado hasta los oídos de Bella.


-¡No vuelvas a decir eso Amy! –la regañó-. Tú vivirás mucho tiempo.


-Está bien, ya no diré eso –dijo la niña, algo extrañada por la reacción de su hermana.


Bella observó a la pequeña que tenía en frente, y se obligó a olvidarse de todas las cosas que le había dicho Sam, ella viviría, ella tenía que hacerlo.


-También deseé que él fuera muy insistente, y que no descansara hasta obligarte a admitir tu amor por él, porque conociéndote te la pasarás huyendo todo el tiempo –comentó la niña con una risita.


Pero Bella, que pensaba en la situación de Amy, no prestó atención a sus palabras.


-Gracias por leerlo –le dijo Amy después de un rato, sus ojos comenzaron a cerrarse, hasta que finalmente quedo dormida.


Bella se inclinó y besó la frente de la niña, salió de la habitación sin hacer mucho ruido, y se encontró con Sam en el pasillo.


-Bella tengo que hablar contigo –dijo él.


A la joven no le gustó el tono en que las palabras salieron de su boca, pero asintió animándolo a continuar.


-Amy necesita trasplante de médula.


-Yo puedo dársela ¿No? –le preguntó-. Puedo ser su donante…


-Sí, Bella.


-¿Aún siendo vampiro?


-Sí, pero hay otro problema, ningún instrumento que tengo puede atravesar tu piel Bella –comenzó el licántropo, pero fue interrumpido por ella.


-Tengo algo que servirá –Bella sacó su cuchillo de plata y se lo mostró.


Los ojos de Sam se abrieron de par en par.


-No sabes lo que dices, Bella…


-Lo sé perfectamente –lo interrumpió.


Sam la condujo hasta una habitación vacía, y la recostó en una camilla.


-Bella no tendrás anestesia, el cuerpo de los vampiros…


-La rechaza –completó ella-, estoy consciente de ello.


-Esto no es posible, si hago el corte en cuando saque el cuchillo, aunque tarde en sanar, pero se comenzará a cerrar y necesito meter la jeringa…


-Entonces mantén el cuchillo adentro mientras extraes la médula –le sugirió ella.


-Bella, el dolor será…


-Lo soportaré –dijo con firmeza.


-¿Estás segura? –le cuestionó él-. Porque podemos darle a Amy un tratamiento diferente o buscarle un donador compatible.


-Eso se puede tardar –dijo ella-,y Amy lo necesita ahora, no podemos esperar.


Sam no volvió a discutir, simplemente le pidió que se recostara de lado, y le subió la blusa y le bajó un poco el pantalón, para que la parte superior de la cadera quedara al descubierto.


-Lo haré lo más rápido posible –le dijo.


Bella apretó los puños y cerró firmemente los labios, justo antes de que la hoja del cuchillo perforara su piel.


Fue peor de lo que ella había imaginado.


Sentía que la piel ardiendo, como si se estuviera quemando, también pudo sentir como la aguja de la jeringa entraba en la herida, así como las lágrimas que resbalaron por sus mejillas.


Pero la tortura no duró mucho, porque pudo saber cuando la aguja y el cuchillo salieron de su cuerpo, el dolor disminuyó, pero no mucho, la zona en donde se encontraba la herida todavía parecía encontrarse en llamas.


La puerta se abrió y por ella entró otro licántropo, este parecía más alto que Sam, su cabello era negro, brillante, y sus ojos oscuros no parecían entender la escena que tenía en frente.


-La enfermera dijo que te encontrabas por aquí, Sam…


-Jacob sal de aquí.


Pero el licántropo posó los ojos en Bella y después en Sam, y no supo que fue lo que vio en él, pero eso lo enloqueció. Su cara se descompuso en una mueca de furia y saltó… Bella pensó que la atacaría porque era un vampiro, y en esos momentos se sentía completamente vulnerable, no podía defenderse. Jacob se transformó en el aire, fue increíble, y afortunadamente no cayó sobre ella, sino detrás.


El instinto le decía que no era seguro darle la espalda a un licántropo, así que se giró sobre la mesa, lo que le provocó mucho dolor, y no pudo evitar soltar un grito.


Escuchó al enorme lobo gruñir, pero cuando sus ojos enfocaron bien, descubrió que no era a ella a quien amenazaba, sino a Sam.


-¿Qué es lo que te ocurre Jacob? –cuestionó Sam-. ¿No me reconoces? ¡Soy el alfa!


Bella intentó levantarse para ayudar a Sam, pero todo lo que consiguió fue caerse, el dolor había hecho a sus piernas doblarse.


-¡Bella! –exclamó Sam.


Dio un paso hacia ella para ayudarla, pero el lobo se lo impidió, se interpuso entre Bella y Sam. Casi le pareció a la joven que lo hacía protectoramente, pero eso no era posible.


-¡Jacob, te lo ordeno, quítate!


Pero el lobo se tensó y le mostró toda la hilera de dientes en punta.


-Bella, creo que te está… protegiendo, de mí –Sam parecía sorprendido-. No me dejará tocarte, ni acercarme, al parecer… Tienes que decirle que estás bien y que no te hice daño, sino no se tranquilizará.


La vampiresa no podía creer en eso, pero no perdía nada con intentarlo.


-Jacob –recordó como lo había nombrado Sam-, estoy bien, de verdad estoy bien.


Vio como el lomo del lobo se relajó, y su hocico se giró hacia ella, pero ya no gruñía.


-Sam no me hizo daño –continuó ella-, tienes que dejar que me ayude a levantarme.


Un brillo de inteligencia se reflejó en los ojos oscuros del lobo, y Bella supo que lo había comprendido.


El lobo se hizo a un lado, pero se mantuvo cerca de ella.


Sam se aproximó a la vampiresa, con cautela, y la ayudó a levantarse.


-Se curará pronto –dijo él observando la herida-, pero creo que necitas descansar.


-¿Servirá la médula para Amy? –cuestionó Bella, ignorando los consejos del licántropo.


-Sí


Bella suspiró, era todo lo que necesitaba saber. Podía sentir su piel comenzando a regenerarse, pero sabía que tardaría un poco, ya que la plata era muy agresiva en un vampiro. Se bajó la blusa, y se volvió a colocar el pantalón en su lugar.


Sam se giró hacia el lobo.


-¿Qué fue lo que te pasó?


El lobo salió corriendo de la habitación, y regresó poco después con otra ropa y otra vez en forma humana.


-No lo sé –respondió, y dirigió su mirada hacia Bella-, yo sólo quería protegerla.


-Pero ni siquiera la conoces –replicó Sam-, además ellas es… no es de nuestra manada.


Bella se dio cuenta que Sam quería decir "vampiro", pero se contuvo seguramente porque ella estaba presente, pero la joven no se sentía ofendida, era muy bien sabido que a los licántropos normalmente no les agradaban los vampiros, era lógico que él considerara extraño que Jacob la protegiera. Hasta ella misma lo consideraba así.


-Lo sé –respondió Jacob-, pero te vi con el cuchillo y ella estaba sufriendo, entonces me volví loco, nada me importaba más que su seguridad.


Sam se quedó pensando, pero si encontró algo que explicara aquel comportamiento no lo dijo en voz alta.


Bella se sintió mejor, aunque el ardor persistía, pero ya se sentía capaz de caminar.


-Tienes que descansar –le recordó Sam.


Jacob se acercó a ella.


-¿Cómo te sientes?


-Mejor –contestó y luego sonrió-, y gracias por defenderme, aunque no lo necesitara.


Jacob se encogió de hombros, parecía un poco apenado y contrariado por lo sucedido.


-¿A dónde vas? –le preguntó Sam.


-A casa –mintió, en realidad iba con Dominic.


-¿Estás segura que puedes ir sola? –le preguntó Jacob-. Puedo acompañarte…


-No es necesario, pero gracias –dijo Bella.


Se despidió de los dos licántropos y salió del hospital, lista para encontrarse con el vampiro que odiaba tanto.


-¿Y a que se debe que tan agradable visita? –le preguntó Dominic, con una sonrisa que mostraba los colmillos-. Normalmente no vienes tan seguido.


-Quiero saber si hay algo que pueda hacer para disminuir la deuda que tengo –soltó Bella. No le gustaba sentirse tan atrapada, tenía que haber alguna forma de pagar todo pronto.


-Como tú misma dijiste anoche, todo lo que te pido es como pago por tu deuda –respondió él.


-Lo sé –dijo Bella, exasperada-, pero tiene que haber una manera más rápida de hacerlo.


Dominic arqueó las cejas.


-No entiendo por qué tanta desesperación por alejarte de mí, he sido generoso contigo Bella y muy tolerante.


Bella tenía ganas de quitarle la tolerancia a golpes, pero desgraciadamente, no podía.


-Quizás puede haber algo –Dominic se paseó por la habitación-, si lo hicieras la mitad de tu deuda quedaría saldada…


-Dime que tengo que hacer.


-No es tan sencillo, de hecho creo que es algo que no puedes hacer –siguió él.


-¡Sólo dilo! –gritó Bella.


-Verás, quiero que mates a un vampiro, que hace siglos he tenido ganas de destruir, pero desgraciadamente, no he podido –dijo Dominic sin inmutarse-. Pero no creo que puedas lograrlo, él te destrozaría en cuestión de segundos…


-Dame su nombre.


-Edward Cullen.


Bella aceptó el trato, pero tendría que esperar unos días, pues la herida todavía le ardía.


-Si estás decidida a hacerlo –prosiguió el vampiro-, quiero que lo mates hoy.


-¿Qué?


-Ya me oíste, esta noche, sino no te perdonaré la mitad de la deuda.


-Eres un maldito…


Dominic estalló en carcajadas.


-Nadie dijo que las cosas fueran sencillas.


Bella se detuvo ante la puerta de la casa, no sabía porque se sentía tan nerviosa. La casa era pequeña pero hermosa y con un toque de antigüedad en ella, no supo porque extraña razón le gustaba tanto.


Se arrancó de la cabeza los pensamientos absurdos, y dio un paso más cerca. Fue entonces cuando escuchó varias voces. Edward no estaba sólo.


Dominic le había dicho que en esa casa sólo vivía él, o bien le había mentido o con la suerte que tenía el tal Edward había decidido hacer una reunión esa noche precisamente.


Pero no había tiempo para pensar tanto, ya que matara a Edward se preocuparía por los otros.


Al principio se le había ocurrido entrar por una ventana, sigilosamente, pero se dio cuenta que al destrozar al dueño de la casa, alguien, sino es que todos, tendrían que notar su presencia, así que no tenía sentido ocultarse.


Bella le dio una patada a la puerta, y la madera se deshizo en un montón de pedazos.


El primer vampiro que acudió a ver la causa de tal estruendo, fue el que ella buscaba.


Bella sabía que era él, porque Dominic se lo había descrito, aunque se había quedado corto. Porque el vampiro que tenía en frente era impresionante, su cabello cobrizo brillaba a la luz eléctrica que emitía la casa, su constitución reflejaba mucho poder, y por un momento Bella dudó en poder vencerlo. Pero sus ojos fue lo que la asustó, porque su color dorado transmitió tantas emociones, que Bella no supo distinguir cuáles eran pero por el brillo de las pupilas, supo que eran muy profundas y cuando se cruzaron con los de ella, la atraparon y no querían dejarla ir.


Para liberarse, Bella se recordé para que estaba ahí, y logró desviar la vista de sus ojos.


¿Qué era lo que Dominic le había pedido que le llevara? Ah, sí, su corazón.


Bella sacó el cuchillo de plata que le había devuelto Sam, y le apuntó al pecho al vampiro, él no se movió.


-He venido a arrancarte el corazón –ni siquiera supo como esas palabras salieron de su boca, pero no pudo evitarlo.


Entonces Edward se rió.


Bella no podía creer que se estuviera burlando de ella, y su enojo inició como una llama dentro de ella. Ya le demostraría, quien era ella. Se preparó para enterrar profundamente el cuchillo, cuando más vampiros aparecieron en el lugar.


-¿Qué demonios? –se escuchó una voz grave, a Bella le pareció que más que sorprendido estaba divertido.


-¿Cómo permites que te amenace con eso? –se escuchó una voz femenina-. ¡Mátala! ¡O yo misma lo haré!


-Cálmate, Rosalie –dijo Edward, con un semblante bastante tranquilo, casi sonriente-. Yo me encargo de esto.


Bella frunció el ceño, maldito arrogante. Ella intentó enterrarle la hoja afilada, pero él, con un movimiento que ni siquiera pudo ver, le sostuvo la muñeca.


Bella soltó el cuchillo, pero no fue por que le provocara algún dolor, al contrario, la mano de él apenas la rozaba como si no quisiera dañarla. Lo que la hizo vacilar, fue la sensación que ese contacto le provocaba, algo cálido y agradable recorrió desde su mano hasta la punta de sus pies. Desconcertada observó la mano de él, que hacía ver las suyas muy pequeñas, y vio como los dedos de Edward parecían adherirse a su piel como si estuvieran hechos para ello. Fue ese pensamiento, más que nada lo que la aterró y saltó lejos de él como si quemara.


-¿Por qué quieres hacer esto? –le preguntó él.


-Yo sólo cumplo órdenes –respondió Bella.


Edward parecía querer hacer otra pregunta, pero ella no se lo permitió, saltó sobre él, con intenciones de darle una patada, pero el detuvo su golpe con la mano. Bella aprovechó esto para impulsarse y lograr golpearlo, pero eso tuvo un precio. El movimiento había hecho que su herida se estirara y le ardió aún más.


Edward cayó al suelo, y ella también.


Un grito de dolor escapó de los labios de Bella.


-Demonios, hermano –se escuchó una voz-, te has vuelto más rápido peleando, porque ni siquiera vi lo que le hiciste.


-Se lo merece –dijo una la misma voz femenina que Bella había escuchado, a la que Edward había nombrado como Rosalie.


Bella intentó levantarse, pero el dolor se lo impidió, debió escuchar a Sam desde un principio.


Entonces el rostro de Edward apareció cerca de ella, seguramente el ya se había recuperado.


-¿Te lastimé? –le preguntó, con lo que le pareció ella que era angustia.


Pero no debía confiarse, Dominic le había enseñado que los vampiros hacían lo que sea para conseguir lo que querían. Ellos traicionaban. No importaba que ella fuera uno de ellos, no se fiaría de ellos, nunca.


-No, Edward –intervino una vampiresa de cabello negro, se arrodilló cerca de Bella-. Creo que está herida, pero ya lo estaba antes de venir.


-¿Cómo se te ocurre venir herida a atacar a un vampiro, acaso querías morir? –le cuestionó Edward, parecía enojado.


¿Ahora la regañaba?


Esto se estaba volviendo demasiado confuso.


Bella vio que la vampiresa se inclinaba y le levantaba la blusa, sus dedos alcanzaron a rozar parte de la herida, ella dejó escapar un gemido de dolor.


Edward escuchó su lamento y la tomó con mucho cuidado entre sus brazos, y la alejaba de la vampiresa.


-No quería hacerle daño –ella se acercó nuevamente a Bella, pero Edward le mostró los colmillos.


-No la toques, Alice –le gruñó.


-¿Qué te ocurre Edward? –otro vampiro surgió en el campo de visión de Bella, tenía un cabello muy rubio-. ¿Por qué le hablas así?


-Jasper, no pasa nada –Alice no parecía afectarle-, su comportamiento es normal.


¿Normal? Bella no podía creer eso.


-¿Quién te hizo esto? –le preguntó Edward, que parecía estar a punto de explotar de furia.


Bella comenzó a temer por su propia seguridad, e intentó liberarse, pero los la brazos de él parecían adheridos a ella.


-¡Suéltame! –exigió.


-Estás herida…


-¡Ese es mi problema, ahora suéltame! –gritó.


El obedeció, y ella giró sobre sí, alcanzó el cuchillo y se levantó de un salto.


Hizo una mueca de dolor.


Edward intentó acercarse, pero ella le apuntó con el arma.


-Si me vuelves a tocar, juro que esta vez no fallaré –le amenazó. Aunque Bella sabía perfectamente que él era mucho más fuerte que ella, aunque estuviera curada completamente no podría causarle daño alguno.


Lo que significaba que tenía que pensar en algo más para saldar su deuda.


-No te haremos daño –intervino Alice.


Sí, claro. En ese momento los ojos de Bella se cruzaron con los de una vampiresa rubia, cuya cara hermosa estaba descompuesta en una mueca de odio. Apostaba que ella sí quería hacerle daño.


Bella dio pasos hacia atrás, y logró salir de la casa. El problema era que Edward, se acercaba a ella peligrosamente.


-Detente –le advirtió.


-Pero…


Entonces Alice salió de la casa, y le puso una mano en el hombro al vampiro.


-Déjala ir –le dijo.


Edward frunció el ceño.


-Está herida.


-Se curará pronto, te lo aseguro –le dijo ella.


Edward se volvió hacia ella, pero Bella se negó a ver sus ojos, simplemente se fue.


No pensaba volver a esa casa, nunca.

sábado, 17 de julio de 2010

Tan lejana como una estrella

Cap.22.SECRETO A VOCES
BELLA POV
En cuanto entramos a la casa, mi humor empeoro al ver a mi madre, Mike y Heidi, todos juntos, reunidos en la sala. Suspiré pesadamente mientras sentía como Edward se alejaba de mi lado, no sin antes dar un "buenas noches" general y diplomático. Ni bien lo tuve a más de dos metros de mí, mi cuerpo sintió frío.

"Te dije que no tardaras en venir" – regañó mi madre mientras me jalaba un poco más lejos de nuestros invitados – "¿Dónde has estado?"

"Creo que ya estoy un poco grandecita como para que te tenga que dar todo el tiempo explicaciones" – contesté de manera tajante mientras zafaba mi brazo de sus manos

"Eres una grosera…"

"¡Ya, mamá!" – interrumpí, valiéndome poco si mi voz llegaba
hasta los oídos de Mike y Heidi – "¡No estoy de humor para andar soportándote!" – noté con satisfacción como mi actitud la había dejado pasmada, aproveché los cinco segundos en los cuales no supo que decir y me escabullí hacia mi recamara.

Ya estando allí, me aseguré de cerrar bien la puerta, por si se le ocurría subir para seguir con sus amenazas. Me quité el uniforme, y me dejé caer sobre la cama, apretando mi camisa contra mi rostro. Inhalé profundamente, ya que la fragancia de Edward aún estaba impregnada en la tela.

Tras darme un baño y ponerme más cómoda, apagué las luces y me acosté. Había sido un día realmente cansado. Ya en aquella oscuridad, volví a recordar lo que tenía pocas horas había pasado en casa de Edward. Aún estando sola, mis mejillas se encendieron al recordar la situación en la que Esme nos había encontrado… sentí un apretón en el pecho cuando recordé la bofetada que le había dado a su hijo y las palabras que nos había dicho… y más me dolía admitir que, la mayoría, eran demasiado ciertas.

¿Con qué cara la iba a ver mañana?...

Sin embargo, me reconfortaba mucho el saber que Edward no estaba dispuesto a dejarme y que me amaba, eso me bastaba para estar tranquila y dispuesta a enfrentar lo que se viniera… o al menos, eso creía.


EDWARD POVEres un egoísta me repetía una y otra vez…

No me atrevía ni si quiera a cerrar los ojos por que, en cuanto lo hacía, el rostro desolado de mi madre llegaba a mi mente… ¿Cómo podía ser capaz de hacerle tanto daño? No se lo merecía, nadie de mi familia se merecía lo que yo estaba haciendo, pero… era demasiado cobarde como para atreverme a dejar a Bella…

"¡Maldición!" – exclamé mientras lanzaba lejos la almohada.

¿Qué debo hacer?...

Un golpe de nudillos tocó mi puerta.

"¿Quién?" – pregunté, más no obtuve respuesta alguna. Me imaginé que, probablemente, se trataba de Bella y no podía contestar para no hacer ruido, así que me dirigí hacia le entrada de mi cuarto, la cual abrí lentamente.

"Tanya" – dije, demasiado consternado

"Hola" – respondió tímidamente – "¿Me permites pasar?" –

"Mejor soy yo el que sale" – discutí mientras cerraba la puerta de mi recamara, detrás de mí – "Ahora si, ¿te puedo ayudar en algo?" – dije. La muchacha bajó la mirada hacia el suelo y pude sentir como la cohibición le invadían – "Tanya" volví a llamar – "¿Qué pasa?"

"Te extraño" – murmuró, aún sin verme. Me sentí mal de verla así.

En mi vida pasada, la cual terminó en cuanto conocí y me enamoré de Bella, en ningún momento me había afectado el saber que había roto más de alguna ilusión en varias ocasiones. Jamás antes me habían invadido los remordimientos, aunque estaba conciente del daño que causaba constantemente con mi actitud…

Y, sin embargo, ahí estaba: tan cambiado y renovado que ni yo mismo me lograba reconocer. El Edward a quién le importaba poco los sentimientos de las chicas, el que jamás quiso tener ningún tipo de compromiso sentimental, el que nunca antes había sentido amor, había muerto, y no había estado completamente conciente de ello, hasta esa noche.

La prueba más clara era que, ni por un segundo, me había tocado la tentación de serle infiel a Bella y, además, repito: me sentía fatal de saber que Tanya se encontraba sufriendo por mí causa…

"Tanya" – murmuré mientras levantaba su quijada con mi mano para poder verla de frente. Me arrepentí al ver como sus ojos estaban llenos de lagrimas – "Discúlpame"

"¿Sigues con ella?" – preguntó. Asentí con mi cabeza, aún sin quitar mi mano de su mentón – "La amas mucho, ¿no es así?"

"Demasiado" – aseguré

"Te creo" – susurró, volviendo a bajar la mirada – "Que envidia me da" – agregó y pude ver como una gota caía al suelo

"No llores, por favor" – pedí mientras capturaba su rostro entre mis manos al ver que el llanto se incrementaba – "no valgo la pena para tus lagrimas, Tanya. No las gastes en mí"

"Lo siento" – se disculpó mientras pasaba sus manos por sus mejillas – "que patética soy" – estaba a punto de protestar pero me silenció, poniendo sus dedos sobre mis labios – "no te preocupes, no he venido a darte un show"

"Te vengo a prevenir" – informó - "ten mucho cuidado, Edward, tu relación se esta volviendo en un secreto a voces" – no pude evitar dilatar mis ojos ante lo dicho

"Tú…"

"Sé la verdad, desde hace días" – confesó – "pensé que era un capricho tuyo, más me he dado cuenta que no es así"

"Tanya, por favor no…" – comencé a suplicar, completamente aterrado

"Edward, tranquilo" – se apresuró a decir – "conmigo su secreto esta a salvo…yo…" – vaciló un poco antes de continuar – "yo te quiero… y por lo mismo no me gustaría verte sufrir, ¿Por qué crees entonces que he venido advertirte de que sean más cuidadosos?"

"¿A qué te refieres?" – pregunté

"Fui hoy a hacer unas compras al supermercado, ahí me encontré a una amiga que trabaja en la mansión de los Hale… me dijo que acababa de ver a la señorita Rose con un joven desconocido, y también dijo que, aunque no estaba completamente segura, podía apostar a que te había visto besándote con la señorita Isabella" – el miedo se incrementó a tal grado que me enmudeció por completo.

Sentí que mis manos se habían puesto totalmente gélidas y podía jurar que mi rostro estaba demasiado pálido ya que mi sangre se había congelado en mi estomago.

"Debes cuidarte, Edward" – continuó hablando la muchacha – "ya te has fijado cómo es la señora, no quiero ni pensar en lo que te puede hacer si se llegara a enterar de que sales con su hija…" – sentí como sus manos se acomodaban sobre mis mejillas y fue ella, en esa ocasión, la que me obligó a mirarle a los ojos – "Deben separarse, Edward, por tu bien, y por el de ella, deben hacerlo"

"No puedo" – susurré casi de manera inaudible – "no puedo dejarla…" –

Mi cuerpo fue atrapado por sus brazos, delgados y calidos.

"La amas" – aseguró – "y ese amor te causara mucho daño" –

"No me importa" – discutí, alejando su cuerpo, de manera gentil, con mis manos. Sus grandes y atractivos ojos me miraron fijamente, con desaprobación.

"Tú sabrás lo que haces" – dijo mientras levanta su mano para acariciar levemente mi mejilla derecha – "solo… cuídate mucho" – recomendó

"Gracias, Tanya" – dije de manera sincera.

"¿De qué?" – preguntó con una sonrisa triste, pero amable – "Descansa" – deseó mientras se ponía de puntitas para rozar mis labios. No pude rechazarla, solamente me limité a cerrar mis ojos y quedarme quieto, esperando a que su boca abandonara a la mía, lo cual no tomó mucho tiempo – "Hasta mañana" – susurró.

"Hasta mañana" – respondí, viendo como me dedicaba otra sonrisa, antes de dar media vuelta e irse


JASPER POV
Pues bien... ahí estaba yo: bajando de un taxi, frente a aquella escuela pública y sin mi carro.

Caminé hacia la entrada, sintiendo varias miradas posadas sobre mí, provocando que bajara mi mirada hacia el suelo en un intento vano de ignorarlas.

"Jasper" – llamó aquella voz tan hermosamente familiar. Rápidamente, comencé a buscar, mirando hacia todos lados, su rostro, hasta que al fin lo hallé entre esa multitud de jóvenes que iban y venían, de un lado a otro.

"Alice" – llamé yo también mientras caminaba hacia donde estaba ella – "hola" – dije como un estupido adolescente que saluda a la chica que le trae loco

"¿Y tu carro?" – me preguntó sin poder ocultar lo extrañadamente complacida que estaba al verme sin el.

"Lo deje" – le dije – "¿Acaso no era eso lo que querías?"

"Pensé que me estabas mintiendo" – confesó

"Ya ves que no" – repliqué, arrancándole una encantadora sonrisa de sus labios – "que linda te ves cuando sonreís" le quise decir, pero preferí callar – "¿Nos vamos?" – pregunté a cambio, ofreciéndole mi brazo para que lo tomara.

"Vamos" – acordó ella, obviamente, rechazándome y dejándome atrás. Sonreí mientras le seguí los pasos. Un perro faldero se quedaba corto a comparación mía, más no me importaba

"Deja que te ayude con la mochila" – pedí cuando la alcancé – "Se ve muy pesada"

"¿Me estas llamando débil?" – inquirió, deteniéndose y retándome. No pude evitar sonreír de manera extensa

"Claro que no" – aseguré – "solamente te estoy ofreciendo mi ayuda, como buen caballero que soy"

"Pues discúlpeme, buen caballero, pero no necesito ningún tipo de ayuda" – contestó, volviendo a caminar

"Alice, por favor, deja que te ayude" – insistí, viendo como rápidamente negaba con la cabeza – "¿Por qué eres tan orgullosa?"

"No me gusta deberle favores a nadie" – informó – "siempre te los terminan cobrando" – la tomé por el brazo e hice que frenara otra vez su marcha – "¿Y ahora qué?" – preguntó a regañadientes

"Dame tu mochila" – pedí con firmeza, forcejeando hasta que logré asirme del objeto

"¡Eres insoportable!" – exclamó la muchacha, para diversión mía

"Tu no te quedas atrás" – repliqué, sonriendo de oreja a oreja, mientras me ponía la mochila en los hombros – "Ahora si, ¿Nos vamos?"

Alice comenzó a caminar, manifestando su descontento con aligerar su paso y permanecer casi todo el camino en silencio. Su actitud me causaba una gracia enorme, la cual me tuvo la mayor parte del trayecto entretenido, hasta que, sin querer, recordé a mi hermana, a la cual había dejado sola esa noche.

¿Cómo estará? Me pregunté Espero que mis padres no la molesten en mi ausencia…

"¿Te ocurre algo?" – me preguntó Alice

"No" – mentí, un poco más contentó de que, al fin, haya decido hablar – "no pasa nada"

"No te creo" – discutió

"Tu nunca me crees" – recordé, mientras le dedicaba una sonrisa. Sentí como algo me jalaba por la espalda, a través de la mochila, y me obligaba a frenar. Alice se plató frente a mí, clavando sus grandes y oscuros ojos en los míos durante varios segundos

"¿Cómo no creerte, si me mientes?" – inquirió – "Ahora mismo lo estas haciendo,… dime qué te pasa" – ordenó finalmente

"¿Acaso te preocupo?" – solté sin poder evitarlo. Pude notar como mi pregunta la tomaba desprevenida y, aunque fueron pocos segundos, bastaron para darme cuenta de su vacilación a la hora de responder.

"Claro" – admitió con voz fingidamente indiferente – "me preocupas, así como todo amigo me llegaría a preocupar"

Que obstinada eres, Alice…

"¿Me vas a decir lo qué te pasa, si o no?" – volvió a insistir

"Mi hermana" – dije, tras varios segundos, al momento que suspiraba y admitía mi derrota – "mis padres están muy enojados con ella por una relación que guarda, no tiene mucho, con un joven…"

Comencé a contarle a grandes rasgos sobre el tema y ella me escuchó atentamente y sin interrumpirme. Me sentí mucho mejor al poder hablar con alguien, y más si ese alguien, era Alice…

"Gracias… de nuevo" – dijo a modo de despedida en cuanto llegamos a la casa

"Espera" – llamé cuando vi que daba media vuelta para irse. Ella volvió su cuerpo a su antigua posición, para mirarme, y esperó a que continuara – "me preguntaba…" - ¿Por qué diablos me temblaban las manos? Cálmate Jasper, no es la primera ni la segunda vez que haces esto, me repetí más de tres veces antes de seguir hablando – "me preguntaba si aceptarías salir conmigo este fin de semana"

BELLA POV
"¿C…?" "¿Cómo que…?... ¡¿Qué dices?" – solté – "¡¿Cómo que Edward va a llevar a Heidi a Port Angeles?"

"¡Bella!" – exclamó mi madre – "¿Qué te ocurre? ¿Por qué te alteras de esa manera?"

¡Por que esa maldita, cara de mustia, esta de arrastrada con MI novio y ahora resulta que necesita un chofer para irse de compras!"

"Por que Edward me tiene que ir a dejar y a traer a la escuela…"

"Ese no es problema, Mike ya se ofreció en llevarte y, por consecuencia, irá a traerte" – Genial

"Mamá, sabes muy bien que no soporto a ese tipo" – protesté – "Además, no es justo, Edward tiene que ir a la universidad, tú…"

"¡Ay, Isabella! ¡Ya basta!" – interrumpió Renne – "¿A mi qué me importa lo que tenga o no que hacer ese muchacho? En cuanto vino a pedir el trabajo se le advirtió que más de alguna ocasión se le iba a necesitar durante el día, él aceptó, así que no hay ningún problema. Además, no esta trabajando de a gratis, se le paga muy bien y si no le gusta, que renuncie"

"¡¿Por qué no va su hermano con ella?" – ofrecí, tratando de alejar la palabra "renuncia" de mi mente. No. Soportaría todo, menos el tener a Edward lejos de mí.

"Por que a Mike no le gusta ir con Heidi a ese tipo de actividades" – informó mi madre – "¡Y ya deja de discutir!" – ordenó. Más ya no le di importancia por que pude escuchar un par de tacones, bajando de las escaleras…. Y claro, no podía ser otra, más quien la que se largaría con mi novio.

"Hola, Buenos días" – saludó la muy sinvergüenza con voz asquerosamente amable

"Heidi, querida" – se apresuró a saludar mi progenitora con un beso en la mejilla – "¿Cómo amaneciste?"

"Bien, muchas gracias" – respondió – "¿Y tu qué tal, Bella?" – no le conteste. Me limité a mirarla, de arriba hacia abajo, con toda la arrogancia que me fue posible – "Parece que estas de mal humor" – puntualizó, haciéndose la inocente.

"Discúlpala" – imploró mi madre – "desgraciadamente, tengo una hija con un pésimo carácter" – agregó, dedicándome una mirada completamente envenenada e iracunda – "vamos a desayunar, debes tener hambre"

Caminé detrás de ellas hacia el comedor. Jalé la silla de manera violenta y me senté, aún sin borrar la amarga expresión de mi rostro, la cual empeoró al tener a mi lado a Mike Newton…

"Buenos días, Bella" – dijo tras saludar a su hermana y a mi mamá – "¿Cómo amaneciste?" – de nueva cuenta, en lugar de responder, me limité a girar mi rostro, con desprecio, en dirección contraria. El muchacho y las otras dos mujeres lo dejaron pasar.

Cuando Esme hizo acto de presencia, no pude evitar sentirme nerviosa y bajar la mirada para no verle.

Que pena… Me repetía una y otra vez

"Señorita, ¿Qué le sirvo de tomar?" – preguntó la madre de mi novio y pude sentir claramente la diferencia con la que su voz me hablaba

"No te preocupes, Esme, yo me serviré" – contesté, aún incapaz de mirarle, agradeciendo el que mi madre no haya protestado, como siempre solía hacerlo.

"Esme, dile a tu hijo que vaya preparando el carro, en unos cuantos minutos mi sobrina estará ya lista" –

"Si, señora" – dijo de manera obediente la cocinera mientras salía del lugar.

Me retiré del comedor sin previo aviso y, sin pensarlo dos veces, me dirigí hacia donde, se suponía, debería estar Edward. El desayuno acababa de comenzar, así que no había peligro de que alguien nos viera.

"¡Bella!" – exclamó mientras corría a abrazarme en cuanto me vio entrar al garaje.

El estar entre sus brazos no me alivió, tal y como lo había supuesto, si no que, fuera de todo eso, pude sentir cierto miedo y desesperación emanando del calor de su cuerpo, y eso… no me gustó.

"Bella, que alivio el verte" – murmuró con sus labios pegados sobre mi cabeza

"¿Pasa algo?" – le pregunté al darme cuenta que no solamente su cuerpo mostraba aquella tensión, si no que también su voz – "Edward" – llamé ante su silencio – "¿Qué pasa? Dime, por favor" – supliqué. Pude sentir como sus brazos se apretaban más fuerte a mi cintura y, tras ceñirme a su cuerpo durante tres segundos, me soltó y se alejó de mí.

"Tanya ayer fue a buscarme a mi recamara" – no tuve tiempo de sentirme celosa, ya que sabía que detrás de esas palabras, algo peor que una simple seducción estaba por venir – "lo sabe, Bella" – continuó – "sabe que tu y yo estamos juntos, también me informó que una muchacha que trabaja con tu amiga Rose nos vio"

Creo que dejé de respirar, ya que muy dentro de mí, sabía que me había quedado completamente inmóvil frente a él.

"Bella" – llamó mientras agitaba delicadamente mis hombros – "Di algo, por favor" – suplicó, y la dulzura de su voz empeoró las cosas y quebrantó mi fortaleza. Me volví a aventar a sus brazos y comencé sollozar fuertemente contra su pecho.

No era necesario decirle el por qué lloraba. Él lo sabía perfectamente. Sabía lo insoportable que era el llegar a pensar en una separación. Sus manos se pasaron por mis cabellos y sentí como sus labios me besaban una y otra vez, bajando de mi cabeza a mi frente, y de mí frente a mi nariz, en donde se desviaron para besar mis húmedas mejillas y, por último, mis labios.

"No quiero perderte" – sollocé sin aliento

"No lo harás" – prometió – "ya te lo he dicho antes, Bella, te amo y no te dejaré nunca"

Que mentira tan más grande me había dicho Edward aquella mañana…

***********************************


Cap.23.TRAICIÓN
EDWARD POVManejé aún con Bella en mis pensamientos. No me gustaba verla llorar, no me gustaba verla sufrir y, el saber que yo era la causa principal de sus angustias, me ponía más ansioso de lo que ya estaba. Pise el acelerador de manera inconciente, manifestando en silencio la terrible impotencia que en mí surgía. ¿Qué tenía que hacer? ¿Qué podía hacer para contrarrestar el daño que hasta el momento había causado a mi madre y a Bella? ¿Cómo era posible que fuera capaz de herir a las dos mujeres que más amaba en mi vida?...

"¿Por qué tan callado, Edward?" – preguntó Heidi, rompiendo mi concentración. Para ser sincero, se me había olvidado que manejaba con compañía.

"Lo siento, señorita" – me disculpé, sin dejar de mirar a la carretera

"Por favor, no me digas señorita" – pidió – "llámame solamente Heidi" – propuso mientras sentía como su mano se posaba sobre mi hombro derecho. El gesto me resultó incomodo al instante.

"Con todo respeto, dudo mucho que sea apropiado esa clase de confianzas" – esperaba a que la ambigüedad de mis palabras resultara obvia. La chica comenzó a reír. Su risa me resultó un poco molesta, era demasiado sonora y estridente.

"Vamos, Edward" – dijo aún en medio de carcajadas – "no me vengas con clases moralistas, por favor, que no te quedan" – no pude evitar envararme en el asiento. ¿Qué había dicho? ¿Qué bases tenía ella para hablarme de esa manera?... ¿Acaso…?

"¿A qué se refiere, señorita?" – pregunté de la manera más tranquila que pude, con la esperanza de que mi sucia conciencia fuera la causante de haber dado a aquellas palabras un significado más intenso

"¿En realidad no sabes a lo que me refiero?" – respondió la muchacha con desden – "¿Te doy un consejo, Edward?" – prosiguió – "debes de elegir mejor a tus conquistas, a mi parecer, Bella no es una mujer digna de ti"

Por poco me salí de la carretera. La vista se me había nublado de manera terrible y mis manos, aferradas al volante, se habían vuelto sudorosas, frías y pesadas; los pies por un momento no supieron dónde se encontraba el acelerador y mis rodillas se agitaban con una pequeña vibración. No me atrevía a decir nada, ni en contra, ni a favor. Solamente me limité a seguir mirando hacia la carretera, como si no hubiese escuchado nada. ¿Cómo se había enterado? ¿Acaso Tanya había…? No. Tanya no había sido, estaba seguro... Pero… ¿Cómo diablos…?

"Se les olvido que las paredes tienen oídos" – comentó Heidi, como si pudiera oír mis pensamientos – "No quiero perderte" – imitó las palabras que Bella me había dicho hacía pocos minutos y, después, se carcajeó - "no sabía que Bella podía llegar a ser tan… pasional" – agregó con el escarnio fluyendo de su voz.

"Lo que no me logró explicar" – continuó hablando ante mi silencio – "es ¿Cómo Isabella, la materialista y frívola de Isabella, se fijó en un chofer?… ¡Oh! ¡Me pregunto cómo se lo tomaría la tonta de Renne!..."

"¡No lo sabrá!" – interrumpí automáticamente. Ya no podía callar más, ya había escuchado suficiente – "La señora no tiene por qué enterarse"

"¿Por qué no?" – discutió con una gran sonrisa, me atreví a desviar mi vista de la carretera para verle y no había gesto en ella que no dejara a la vista lo rebosante que le resultaba el saber que me encontraba asustado por lo que sabía – "¿Por qué no frenas el carro y platicamos mejor?" – propuso y, ante la imposibilidad de algo mejor, accedí.

Estacioné el carro en la orilla de la carretera. Heidi se bajó del auto y yo la imité, posicionándome frente a ella

"Por favor, guarda este secreto" – le supliqué. Una de sus cejas se enarcó al momento en que me miraba con pérfidamente – "por favor" – repetí – "hago lo que tu quieras, pero no hables de esto"

"¿Lo que yo quiera?" – repitió y viajó sus ojos de un lado a otro, mientras aparentaba pensar detenidamente – "esta bien, no diré nada" - accedió y, por un momento sentí alivio – "pero evidentemente, tu tienes que hacer algo a cambio"

"Lo que tu digas" – dije de manera estupida. Ella me miró con una sonrisa perversa y yo esperé en silencio, incapaz de imaginar lo que me iba a pedir…

"Esta tarde mi hermano cerrara el trato con una empresa la cual le venderá una casa, a la cual nosotros nos iremos a vivir por un tiempo" – comenzó a explicar – "es obvio que yo necesitaré un chofer…"

"No" – interrumpí con un susurró – "Yo no puedo…"

"Claro que puedes" – cortó ella de manera amable – "bueno, eso lo dejo a tu criterio" – expuso con falsa inocencia – "si quieres que guarde tu secreto, esa es la condición: dejarás a Bella y trabajaras para mí"

Bajé la mirada y empuñé mis manos ante la impotencia que me habían dejado sus palabras

"¿Qué ganas con todo esto?" – pregunté, más para mí que para ella, ¿Qué ganaba con hacerme ese daño? Que yo supiera, jamás antes le había ofendido como para odiarme de tal manera.

"Digamos que tu noviecita nunca ha sido de mi agrado" – aclaró – "siempre ha sido la maldita niña caprichosa que tiene todo lo que desea y estoy segura de que tu eres lo único que le dolería perder en estos momentos… ¿Qué mejor revancha que el quitarle lo que ella más quiere solo para quedármelo"

"Yo no soy un juguete" – recordé, me sentía como su bufón ya que cada palabra que decía era objeto de su burla.

"Edward, querido, no pienso obligarte a nada" – comenzó a decir mientras caminaba hacia mi y ponía sus manos sobre mi pecho – "tu decidirás qué es lo que prefieres: si alejarte de Bella y trabajar para mí, ó arriesgarte a que suelte la verdad y a tu noviecita la manden lejos de Forks… además, piensa en tu familia" – evocó – "según tengo entendido, esta noticia pondría furiosa a Renne y, a mi parecer, sería muy injusto que tu madre y tu hermana fueran despedidas…y eso es si llegan a tener suerte, sabemos que peores cosas sería capaz de hacer esa señora con tal de salvar la reputación de su familia, la cual, tu romance con su hija, ha manchado terriblemente… "

Sus ojos se clavaron en los míos, los cuales estaban completamente ensombrecidos. Me tuve que morder la lengua para callar todo lo que me hubiera gustado decirle, pero, pese a todo, seguía siendo una mujer y, aunque no lo pareciera, merecía respeto.

"No quiero presionarte" – reanudó ante mi constante e interminable silencio – "iremos de compras y, cuando vayamos de regreso a la mansión de los Swan, me das tu respuesta"

Se volvió a subir el carro, con gesto engreído. En cambio, yo no lograba encontrar la forma de mover mis pies, y me tomó bastantes segundos el lograr llegar al carro y ponerme, de nueva cuenta, sobre el volante. Tal como dijo, Heidi no volvió a mencionar el tema durante toda la mañana. Solamente su mirada mordaz y su sonrisa insidiosa me recordaban que tenía que elegir. Las horas me parecieron minutos, hubiera dado mucho por alargar ese día hasta lo infinito para no tener que darle mi respuesta.

"¿Y bien?" – preguntó cuando veníamos de regreso – "¿Ya lo pensaste?"

"Si" – traté de responder pero mi voz, fuera de tener sonido y sentido, salió como un grito ahogado. Ella esperó en silencio, aunque por mi semblante, seguramente ya sabía cuál era la respuesta – "tu ganas" – solté – "pero tienes que cumplir con tu trato… ni una sola palabra de lo que sabes, ni una sola" – recalqué

"Trato hecho" – articuló, arrastrando con placer cada palabra musitada – "solamente que se me olvidó mencionarte que tienes que hacerle creer que ya no la quieres" – cerré mis ojos por un momento y apreté el volante con mis manos – "Bella debe de creer que la has dejado por voluntad propia, en pocas palabras, debes romper definitivamente tu relación con ella"

"Eres un monstruo" – le dije sin poderme contener.

Pensé que se iba a ofender, más pareciera que le había dicho el más hermoso de los halagos ya que volvió a reír. Realmente estaba disfrutando todo el asunto.

"Gracias, querido" – contestó. En cuanto vi la mansión de los Swan, supe que faltaba poco para entrar a un infierno.

Heidi bajó del carro, tan feliz estaba por lo planeado, que ni si quiera me pidió ayuda al cargar el montón de bolsas que había comprado. Comenzó a caminar y, cuando había dado alrededor de cinco pasos, giró su cuerpo para verme – "mañana nos mudamos, aprovecha esta noche para dejar en claro las cosas" – recomendó mientras me guiñaba un ojo y me aventaba un beso en el aire.

Mañana. Mañana ya no estaría con ella y en pocas horas tenía que decirle que la iba a dejar. Iba a romper mi promesa que tenía pocas horas le había hecho… pero era lo mejor. Si Heidi le llegaba a decir a la señora Swan sobre todo ese asunto, no solo yo iba a pagar las consecuencias, también Bella, también mi familia…

… nunca antes la llegada del crepúsculo se me hizo tan temerosa como ese día.

BELLA POVCaminaba de un lado a otro en mi habitación. Edward me había mandado a decir con Alice que en la noche, en cuanto todos estuvieran ya dormidos, llegaría a mi habitación. La idea me hacía feliz. El miedo no existía al lado de él. Lo había extrañado durante todo el día. Necesitaba urgentemente sentir sus calidos labios besarme al mismo tiempo en que sus firmes brazos cubrían mi cuerpo…

La puerta se abrió sin previo aviso y el corazón saltó de alegría al ver su silueta dibujada en las sombras de la noche.

"¡Edward!" – susurré mientras caminaba hacia él – "te extrañe tanto…" – las palabras se quedaron atoradas en mi garganta al percatarme de su rechazo. Tal vez fue mi imaginación pensé y volví a insistir con rodear su cintura con mis brazos, obteniendo el mismo resultado – "¿Pasa algo?" – pregunté y sentí como asentía, en medio de la oscuridad

"Hablé con tu mamá no tiene mucho" – comenzó a decir – "le ofrecí mi renuncia"

Sentí como si una fuerte descarga eléctrica hubiera recorrido todo mi cuerpo… No, seguramente escuchaste mal, Bella…

"¿Qué?" – pregunté tratando de sonreír al pensar que había sido una broma

"Me voy de aquí, Bella" – repitió y esa vez, por mucho que me quisiera engañar, no podía, su voz había sido demasiado clara. Tragué saliva ruidosamente y el acto dolió, debido a que la garganta comenzaba a cerrarse debido al llanto que se aproximaba – "he pensado bien las cosas y… lo mejor es que nos separemos, ahora que estamos a tiempo" – continuó explicando – "yo puedo perder mucho, Bella. Arriesgo a mi familia y la poca integridad que poseemos con el dinero que mi mamá y Alice ganan al trabajar aquí en tu casa…"

"No te preocupes"– interrumpí mientras trataba de simular mi desconsuelo – "tienes razón, al fin de cuentas, podemos vernos los fines de semana o los días en que no trabajes…"

"No, Bella" – interceptó mi novio – "ya no nos veremos, al menos que sea por una coincidencia o algo inevitable… lo nuestro tiene que acabar, definitivamente"

Definitivamente…

Una patada en el estomago brindada por un caballo hubiera sido menos dolorosa, estoy segura. No me percaté de que había comenzado a llorar hasta que la mano de Edward acarició una de mis mejillas, secando la humedad que las cubría.

"Lo siento" – murmuró y en realidad parecía que era sincero – "créeme que es por nuestro bien" – me negué rotundamente, mientras los sollozos incrementaban.

Levanté mi vista hacia él. Desgraciadamente, la oscuridad no me permitía la mejor vista y, sin embargo, me pareció ver claramente, por un segundo, como su gesto denotaba tanto dolor como el mío. No lo pude soportar. No pude soportar la idea de estar lejos de él y, olvidándome de lo que era el orgullo, me aventé a sus brazos y comencé a suplicar…

No recuerdo bien lo que dije, y tampoco lo pienso escribir. Solamente sé que lo único que me faltó fue hincarme ante él y puedo afirmar que de nada hubiera servido, como de nada sirvieron todas las palabras con las que le pedí que no me dejara. Edward me alejó de él y se fue, ignorando mis lágrimas, ignorando el esfuerzo que mis manos hacían para no despegarse de su camisa, ignorando todo. Y, aunque su actitud fue gentil, me hirió profundamente.

Esa noche no pude dormir hasta ya muy tarde…

No es para tanto, Bella, ya lo olvidaras Me auto – consolaba una y otra vez… ¡Qué estupida era al pensar semejante tontería!... no tenía ni idea de que esa noche apenas era el inicio de lo que sería el más terrible de mis calvarios sin él…

El día siguiente fue peor. No creí que la desilusión y la traición llegaran a doler de una manera tan… intolerable.

"Es una lastima que tengan que dejar la casa" – decía mi madre a Heidi y a Mike, quienes tenían ya sus maletas a un lado

"No queremos darles más molestias" – respondió el muchacho – "pero no se preocupe, de todas formas, estaré viniendo constantemente para ver a Bella" – no tenía ánimos para nada, ni si quiera para despreciarlo.

"¿Dónde esta Edward?" – preguntó Heidi en cuanto estuve frente a ella. ¿Edward? ¿Y para que lo quería…?"

"Disculpe la demora, señorita" – algo se quebró. No. No fue algo. Fue todo. Todo en mi interior se rompió en cuanto lo vi aparecer con sus maletas en mano.

No pude evitar mirarlo, no pude encontrar la manera de disimular todo el dolor que me causaba el saber que se iba, que me dejaba, para irse con ella. Ahora todo resultaba más claro… ¿Por qué no lo había imaginado antes? Él, por el contrario, no dirigió su mirada hacia mí. Todo el tiempo mantuvo la dirección de sus pupilas fijas en el suelo. Una parte de mí me pedía a gritos que saliera de ese lugar, que no era necesario tener que estar presente, más mis pies no se movían… supongo que se llama masoquismo.

Ya no recuerdo bien que tanto más se dijo en aquella sala. Solamente era conciente de lo traicionada que me sentía. Y solamente recuerdo que una lágrima se derramó en cuanto supe que se había ido… que lo había perdido. No sé si fue mi imaginación, más me pareció ver que, antes de subirse al carro de los Newton, miraba hacia mi dirección, con el mismo dolor que yo sentía, impregnado en sus verdes ojos.

JASPER POV
"¿Vas a salir?" – preguntó Rose. Caminé hacia donde ella estaba sentada y me incliné para tener mi rostro a la altura del suyo.

"Si" – contesté mientras llevaba mi mano hacia sus húmedas mejillas – "pero si quieres, puedo quedarme" – ofrecí. Ella negó con la cabeza, más sus ojos no me convencieron – "Rose, no me gusta verte sufrir de esta manera" – le dije mientras paseaba mi mirada por su demacrado rostro y sus hinchados ojos – "no has ido a la escuela, me han dicho que no quieres comer, hoy te llamó Bella y no quisiste contestar la llamada… te vas a enfermar"

"No me importa" – contestó – "yo… yo no quiero nada sin él, Jasper" – las lágrimas comenzaron a brotar otra vez de sus ojos y, rápidamente, la atraje hacia mi pecho. Ya no sabía que decirle, ya no encontraba las palabras con las cuales consolarla. Solamente era capaz de sentir miedo al ver a mi hermana en esa situación, la cual parecía no tener fin.

"Rose, me preocupas" – susurré mientras le besaba la cabeza – "¿Qué puedo hacer para verte mejor?"

"Nada" – respondió – "no puedes hacer nada. No hay nada que convenza a nuestros padres de aceptar mi relación con Emmett… ¡Lo peor es que ni si quiera sé por qué tanto odio hacia su familia!"

Yo si lo sabía, o al menos suponía saber, pero estaba claro que no era el momento indicado para hacerle saber a mi hermana que, supuestamente, el padre del muchacho por el que tanto sufría, había estafado de manera vil a la empresa de nuestra familia… realmente, la historia no le creía del todo, en los últimos días había investigado sobre los McCarty y su reputación era impecable. Eran conocidos como una familia adinerada pero muy humilde y generosa, querida por muchas comunidades de bajos recursos en Forks, debido a la ayuda que ellos les brindaban… Emmett, el novio de mi hermana, era el único heredero y, a diferencia de todos nosotros que habíamos recibido todos nuestros estudios en escuelas privadas, él estudiaba la carrera de medicina en la universidad pública de Forks…

Me avergonzaba de mi persona al desconfiar en la palabra de mi padre pero tenía que admitirlo: él era una persona aficionada a los buenos negocios y era caracterizado por ser un hombre demasiado astuto… si mis vagas sospechas eran ciertas, mi hermana estaba sufriendo injustamente y eso, era algo que jamás les perdonaría a mis progenitores, quienes habían tomado medidas extremas en el asunto: una de ellas consistía en que Rose tenía tajantemente prohibido cualquier tipo de salida que no fuera en compañía mía o de alguno de los sirvientes… pero no contaban con que yo les había mentido al decirles que estaba del lado de ellos.

"Si consiguiera la manera de que pudieras ver a ese joven, ¿me prometes que dejarás de llorar todo el tiempo e irás a la escuela?" – ofrecí y no sé que sentí al ver como sus azules ojos volvían a tener vida en cuanto escuchó mis palabras.

"¿Harías eso?" – preguntó con infinita esperanza

"Si" – afirmé con una sonrisa – "solo dime en qué lugar lo puedo encontrar…"

Tras darme la información que necesitaba, acosté a Rose en su cama y me quedé con ella hasta que se durmió. Miré mi reloj y suspiré, se me había hecho tarde y, por mucho que me hubiera apresurado, esa noche no había podido ver a Alice…

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Cap.24.FARSA

EMMETT POV
Rosalie Hale…

¿Por qué tenías que pertenecer a esa familia Rose?...

Cuánto te extrañaba mi pequeña… cuánto…

Cerré mis ojos y comencé a recordarte. Que tonto había sido de mi parte el haberme enamorado de esa manera tan repentina. Tan rápido me había llegado la felicidad y, de ese mismo modo, se había largado lejos de mí, dejándome completamente desecho.

¿Cómo se me había olvidado que aquel apellido representaba claramente la traición?... que sucio había jugado conmigo el destino al haberte puesto frente a mí… Tú, la hija del traidor que quería estafar a mi padre, y poco le faltaba por lograr su objetivo, eres la mujer a quien yo amo enloquecidamente, a la que, por mucho que quisiera olvidar, no puedo… ¿Cuántos días habían pasado desde nuestro ultimo encuentro? ¿Cinco? ¿Seis…? ¿Acaso habría pasado ya un año y no me había dado cuenta?...

Ay, Rose…

"Joven, Emmett" – llamaron a la puerta – "¿Puedo pasar?"

"Adelante" – indiqué.

"Lo buscan" – informó la muchacha.

"¿Quién?" – pregunté extrañado, que yo supiera, no esperaba ninguna visita. Era fin de semana… ¿Se trataría de Edward? No. Él ya era bien conocido en mi casa.

"Un joven" – respondió – "no me quiso decir su nombre, lo esta esperando en el jardín"

"En seguida bajo" – anuncié – "muchas gracias" –

La chica salió de mi habitación y, segundos después, hice lo mismo. Bajé las escaleras de mi casa, con cautela, ¿Quién podría ser? Me preguntaba una y otra vez. En cuanto abrí la puerta para salir al jardín, supe inmediatamente que aquel muchacho tenía algo que ver con Rose. Jamás antes le había visto, pero, sus rasgos eran demasiado parecidos. Tanto, que resultaba imposible no adivinar que se trataba de algún familiar suyo – "buenos días" – saludé, no sin cierto grado de desconfianza en mi voz

"¿Emmett McCarty?" – preguntó, mientras me tendía su mano en forma de saludo. Asentí con la cabeza – "mi nombre es Jasper Hale" – informó – "soy hermano de Rosalie" – el corazón se me estrechó al escuchar su nombre en labios de otra persona.

"¿Se encuentra ella bien?" – quise saber.

"La verdad es que no" – contestó, preocupándome con su comentario – "está sufriendo mucho por tu ausencia"

"Me he intentado comunicar con ella pero…"

"Lo sé" – interrumpió – "mis padres han movido cielo, mar y tierra para evitar que tengan cualquier tipo de relación" – incliné mi cabeza hacia abajo, en un intento fallido de ocultar mi pesadumbre ante los ojos de aquel joven – "lo siento" – musitó y pareció ser sincero. Un largo silencio se extendió entre nosotros, ¿Qué podía decir yo? – "yo… solamente vengo para preguntarte si puedes ir, la próxima semana, a esta dirección" – me tendió un pequeño papelito – "Llevaré a Rose, para que se puedan ver, aunque no sea por mucho tiempo"

La garganta se me cerró y le miré fijamente.

"Muchas gracias" – le dije de la manera más sincera que pueda haber en esta tierra. Jasper asintió, y me sonrió ligeramente

"Me tengo que ir" – anunció – "nos vemos"

"Gracias" – volví a decir, cuando se despidió y desapareció por la carretera.

El saber que volvería a ver a Rose y que ella no me odiaba, me daba nuevas esperanzas.


JASPER POV
"Alice, ¿Es esto necesario?" – pregunté, mientras veía como el enorme y desgastado camión publico, se paraba frente a nosotros, permitiéndonos el ascenso – "¿No será mejor tomar un taxi…?"

"¿Jasper, cuál fue la condición?" – recordó mientras subía. Suspiré y la seguí. No me quedó de otra.

Si. Ese había sido el trato para que Alice aceptara el salir conmigo: nada de carros deportivos, nada de taxis…nada de lujos. Aunque, he de admitir que todo esto me resultaba demasiado divertido y relajante… Aquella pequeña muchacha era el único remedio que existía, y existiría, para toda la desolación que sentía en esos momentos por estar en medio de los problemas de mi hermana y mis padres.

"Joven, ¿Qué es esto?" – preguntó el señor en cuanto le tendí el billete para pagar el precio del pasaje, no me expliqué el por qué se veía ofendido

"Un billete… supongo" – respondí, mientras escuchaba como la gente que se encontraba apretada a mis espaldas comenzaban a aullar, pidiéndome que me diera prisa

"¡Ya sé que es un billete!" – exclamó el señor – "solamente que no tengo el suficiente efectivo como para regresarle el cambio, ¿no traerá algo de menos valor?"

"Si… permítame un segundo" – pedí, sintiéndome muy cohibido por las exasperadas miradas que la gente comenzaba a dedicarme. Agradecí el hecho de traer unas monedas, con las cuales pagué, finalmente.

Alice me esperaba hasta el fondo del mal oliente camión, con una sonrisa extendiendo sus labios. Recibí varios empujones, para poder llegar hasta donde ella estaba. Supongo que su pequeño tamaño y su esbelta figura le eran de mucha ayuda en ese tipo de situaciones

"¿A poco no es esto más emocionante que viajar en un auto deportivo o en un taxi?" – me preguntó y, en respuesta, puse los ojos en blanco. Ella soltó una risita cantarina… la cual me recordó que, por ella, viajaría en burro si fuese necesario.

"¿Dónde te gustaría comer?" – quise saber – "Hay varios restaurantes de comida italiana por una calle cerca de donde vamos" – comenté y no obtuve respuesta alguna sobre el tema. Alice se limitó a sonreír ligeramente y, después, giró su rostro para ver la pequeña ciudad que atravesábamos en aquel medio de transporte tan más… incomodo.

El bajar fue otro dilema. Era difícil de tratar con una chica como Alice, ya que la caballerosidad parecía no hacerle mucha gracia. Lo digo por que, al tenderle la mano para ayudarle a descender del autobús, me ignoró de manera cruel. Supongo que poco a poco me acostumbraría a ese carácter, (el cual, por cierto, me traía loco). Caminamos un par de calles, hasta que llegamos hacia uno de los restaurantes que solía visitar a menudo con mi familia. Era un lugar hermoso…

"¿Pretendes que yo entre a esto?" – inquirió, con el gesto fruncido. ¿Por qué no lo supuse antes?

"La comida es deliciosa" – argumenté a mi favor – "te va a encantar"

"Yo no pienso entrar a este lugar" – sentenció.

"Entonces, ¿Dónde quieres comer?" – pregunté – "Tu solo indícame a dónde se te ofrece ir y yo te complaceré" – prometí.

Ella me miró a los ojos durante varios segundos.

Ay, esos ojos… tan hermosos, tan encantadores, tan vivaces… tan…

"¡¿Qué?" – solté en cuanto estuve frente a un puesto de comida rápida, plantando a orilla de calle, con los ingredientes a la intemperie y con una fachada nada digna de confianza – "¿Qué se supone que es esto?" – inquirí, sin poder ocultar mi apatía por la situación.

"Esto es un puesto de tacos" – señaló mi compañera, con orgullo. ¿Acaso estaba ciega? ¿Acaso no se daba cuenta de la infinidad de microbios que podrían haber en aquella comida? –

"Alice, si comemos esto nos podemos enfermar del estomago" – murmuré, para que mi queja solo llegara a sus oídos – "estoy seguro que este puesto no acata las medidas de salubridad…"

"Jasper" – interrumpió – "el hecho de que en tus caros restaurantes no te muestren las condiciones en las que se hace la comida, no significa que sean más higiénicos que lo que ahora tienes enfrente"

Con un suspiro de resignación, terminé ingiriendo lo que en ese lugar preparaban. Debo admitir que sabía realmente bien. (Me costaba creer que tan buen sabor, tuviera la mitad del valor de lo que antes había pagado)

"¿Ves como no es tan malo como pensaste?" – me preguntó con una sonrisa de suficiencia, mientras caminábamos por un pequeño parque.

"Contigo siempre aprendo cosas nuevas" – confesé mientras tomábamos asiento en una de las bancas de hierro oxidado –

Alice viajó su mirada hacia alrededor, contemplando el verde paisaje que nos rodeaba. Yo, por lo mientras, no podía parar dejar de ver cada uno de sus movimientos. Me parecían magníficos, por muy pequeños que fueran.

En ese momento, sentía que ya no podía callar más lo que sentía por ella… así que, armándome de valor para soltar aquellas palabras, le tomé de las manos y bajé mi mirada al suelo, intentando poner mis ideas en orden… nunca antes me había costado tanto el abrir la boca para declararme a una mujer, supongo, se debía a que, nunca antes había sido sincero

"Alice…" – comencé a balbucear… me aclaré la garganta un par de veces antes de continuar y, cuando estuve seguro de tener el suficiente equilibrio entre mi voz y mis pensamientos, me dispuse a confesarme…



BELLA POV
Vacaciones.

Que triste era. Ni pensar que tenía pocos días tenía planeado miles de cosas para estas fechas. ¡Malditas lagrimas! ¿Cuándo dejarían de derramarse? Ya era suficiente… ¿O no?...

Que terrible era todo esto. Hundí mi cabeza entre mis piernas y, dejándome vencer, una vez más, por la agonía, comencé a llorar escandalosamente.

"Señorita, Bella, ¿puedo entrar?" – preguntó Alice al otro lado de la puerta. Me limpié la humedad de mis mejillas antes de responder. La chica entró, con la charola de comida sostenida por sus manos.

"Señorita, su desayuno esta intacto" – señaló mientras veía el plato lleno de fruta y el vaso aún con el jugo de naranja. No contesté, me limité a encogerme aún más entre mi cama. El ver a aquella muchacha me ponía mal, me lo recordaba. Tenía más de tres días que no le veía, que no sabía nada de él…. ¿He dicho tres días? Vaya… también el tiempo se había puesto en mi contra ya que, en ese tiempo, parecía que los minutos se transformaban en horas y las horas en años…

"Gracias, Alice" – musité – "pero no tengo hambre, tal vez… después" – no me había dado cuenta que las lagrimas aún seguían brotando de mis mejillas, hasta que fue ella quien las limpió con una servilleta

"Señorita" – suspiró, como si también ella compartiera mi dolor. Me levanté de la cama y, sin pensarlo, la abracé. Sabía que solamente con ella me podía consolar.

Sentí como sus pequeños y delgados bracitos me cubrían, y ya no dijo más, cosa que realmente le agradecí ya que no buscaba palabras de aliento… sabía que no las encontraría. Tras estar varios minutos de esa manera, Alice se tuvo que retirar al escuchar los gritos de Renne aclamarle, dejándome, de nuevo, hundida en aquella desesperante soledad, la cual no tenía cura alguna, más que su regreso.

Y así pasaron muchos más días. En los cuales tenía que soportar, aparte de aquella terrible ausencia, las constantes y caprichosas visitas de Mike, los incontables regaños y reclamos de mi madre, el repentino distanciamiento de Rose, a quien le había marcado innumerablemente y nunca había aceptado mi llamada, solo esperaba a que estuviera bien.

El fin de semana había llegado.

"Bella, arréglate" – indicó mi madre, completamente desentendida de la enorme depresión en la que había caído, supongo que no le importaba– "iremos con los Newton, nos han invitado a una cena"

Los Newton, repetí en mi mente. ¿Debía o no ir? Seguramente él estaría presente. Seguramente le vería y eso… eso iba a resultar verdaderamente difícil… Lo sabía y, sin embargo, ahí estaba ya, frente a aquella lujosa casa.

"No quiero ninguno de tus desplantes" – advirtió mi madre antes de bajar del carro. No contesté, me limité a caminar hacia la entrada con la cabeza agachada y el corazón bombeando fuertemente.

"¡Renne, Bella!" – saludó Heidi mientras corría para abrazarnos. Estando en otro tipo de condición, me hubiera apresurado a rechazar el gesto pero, no tenía fuerzas ni para eso – "pasen, por favor" – indicó y, cuando estuvimos sentadas ya en la sala, salió de la estancia.

Y, tal como esperaba (o, más bien, temía) Edward apareció en su lugar. Sentí que al verlo, un fuego torturante y, a la vez delicioso, bajaba por mi pecho y se acumulaba fuertemente en mi estomago. Sentí como si hubieran pasado décadas de no verlo, las manos automáticamente comenzaron a sudarme y las piernas me temblaban de una manera con la cual, de haber estado de pie, me hubiera caído. Aún así, mi reacción fue demasiado contradictoria. Me moría por verlo, por volver a pasear mis ojos por su rostro angulado y pálido, más no lo hice. Me limité a bajar la mirada hacia el suelo y mantenerla fijamente ahí.

"Buenas tardes" – ¿Cómo puede una acción provocar la enfermedad y la cura al mismo tiempo?... el escuchar su voz lograba aquella perfecta combinación de amargura y complacencia en todo mi ser.

Aunque no levanté mi vista en ningún momento, escuché que una charola se posaba sobre la mesita de enfrente.

"Edward" – exclamó la voz de Heidi al entrar a la sala – "¿Pero qué haces, amor?"

"¿Amor?" – repitió mi madre de manera incrédula. Yo, mientras tanto, tuve que luchar arduamente con mi persona por no llevar mis manos y taparme los oídos.

Sabía lo que Heidi iba a decir, así que, lo único que me quedó, fue prepararme psicológicamente para aceptar, de la mejor manera posible, lo que se venía a continuación.

"Lo que pasa es que Edward y yo estamos saliendo" – no pude contenerme. Juro que lo intenté, más no pude.

Cuando menos lo esperé, levanté mi mirada hacia él, y me encontré con sus pupilas, puestas en mi dirección. Obviamente, la supuesta preparación psicológica no funcionó en absoluto… las palabras, aunque ya eran esperadas, hirieron… y de qué manera.

"¡Oh!" – exclamó mi madre, sin poder ocultar lo sorprendida que estaba – "eso no me lo esperaba… felicidades" – me hubiera gustado poder reírme de la situación. La hipocresía no podía hacerse más presente entre aquel circulo social. No quería ni imaginar lo que Renne estaría pensando, en realidad, al respecto. No quería ni imaginar cuál hubiera sido su reacción si la dadora de esa noticia hubiera sido yo…

… pero, eso ya no tenía importancia…

Mientras, mis ojos aún seguían posados sobre aquel par de gemas verdes, las cuales, dejaron de mirarme cuando una mano obligó a cambiar su dirección para rozar unos labios, los cuales no eran los míos. El beso que presencié fue casi insignificante, pero supongo que ver el cómo se descuartiza a un gato vivo, hubiera sido menos fuerte para mí.

Empuñé mis manos y me mordí la lengua para reprimir el llanto.

"Permiso" – susurró Edward, antes de volverse a ir…


EDWARD POV
¡Mierda! ¡Mierda! ¡Mierda!

La pared de la cocina pagó las consecuencias de toda mi furia acumulada durante toda la semana. Me llevé mis manos hacia mis cabellos e, inconcientemente, los jalé, como si con ello pudiera arrancarme toda la aflicción que sentía.

¿Cuánto daño más le causaría a Bella? ¡¿Cuánto? Ya había sido suficiente con aquella noche… Ya era suficiente. Ya no era justo tener que soportar más.

"Me voy de aquí, Bella" – le había dicho… y de después de eso, vino lo peor.

¿Quién habría sufrido más? ¿Ella o yo?...

"Edward, por favor, podemos intentar otra cosa… no es necesario el tener que separarnos…" – repetía ella, una y otra vez, mientras sus manos se aferraban a mi camisa.

Nadie tendrá ni la más mínima idea de lo mucho que me costó el obligarme a deshacerme de su calido abrazo. Nadie podrá saber jamás, lo mucho que deseé la muerte al verla rogar, llorar, implorar por que me quedara a su lado. Tampoco nadie sabrá lo mucho que también yo deseé acceder… más las palabras de Heidi resonaban una y otra vez en mi cabeza, como una terrible y desoladora oración la cual, fuera de darte paz, te hunde en el mismo centro del infierno

"Tú decidirás qué es lo que prefieres: si alejarte de Bella y trabajar para mí, ó arriesgarte a que suelte la verdad y a tu noviecita la manden lejos de Forks… además, piensa en tu familia… sabemos que peores cosas sería capaz de hacer esa señora con tal de salvar la reputación de su familia, la cual, tu romance con su hija, ha manchado terriblemente… "

Todos esos pensamientos me llevaron a soltar aquella mentira.

"Bella, yo no quiero arriesgarme a que alguien se entere de todo esto" – le había dicho mientras llevaba mis manos hacia sus brazos y los comenzaba a retirar de mi cintura – "es arriesgar mucho por tan poco… además, ya me aburrí de estar jugando todo el tiempo a las escondidas"

¡Qué calumnia tan más grande!, si tan solo hubiera tenido la seguridad de que nuestro secreto iba a estar a salvo por unos tres años más, todo hubiera sido de otra manera. Yo iba a luchar por terminar, lo antes posible, mi carrera de medicina y buscar un trabajo, con el cual, haría todo lo posible por darle lo mejor a mi familia y, por supuesto, a ella. Más el destino me había jugado sucio y, no me quedaba de otra más que aceptar mi derrota.

Pero lo peor no era eso. Lo peor era que, Heidi, seguía trazando líneas dolorosas entre nosotros… ¿Acaso había necesidad de invitarla a cenar solamente para hacerle creer una farsa, la cual consistía en que entre nosotros había una relación?...

En fin, tal vez, después de todo, era lo mejor… quizás, de esa manera, Bella lograba olvidarse de mí más rápidamente. Eso era bueno… ¿no?

La fiesta siguió su curso, las personas comenzaron a llegar poco a poco, no eran muchas, máximamente habían como alrededor de una docena, lo cual empeoró aún más las cosas: me permitían más panorama con el cual poder apreciar a Bella. Tras pasar, más o menos, tres horas, Heidi y la señora Swan se veían ya muy entradas en copas. Me retiré a la cocina. Supuse que ambas mucamas que ayudaba en la limpieza de la casa se las podría arreglar a solas durante un minuto.

"Así que… ahora sales con Heidi" –

Respingué al escuchar aquella voz. Giré mi cuerpo lentamente para encararla, su gesto ya no denotaba ningún rasgo inocente, amoroso o doloroso… solamente podía leer una cosa en sus ojos: rencor

"En realidad que tu no pierdes tiempo" – continuó – "eres más rápido que la luz"

"¿Qué haces aquí, Bella?, te pueden ver" – recordé con la voz más fría que pude.

"Venía por un vaso de agua" – contestó – "las sirvientas están ocupadas y no las quise molestar" – un silenció se levantó entre nosotros por un par de segundos

"¿Y bien?" – inquirió – "¿Qué esperas?"

"¿Qué espero para qué?" – pregunté, confundido

"¿Qué esperas para servirme el vaso de agua que quiero?" – respondió con voz petulante – "¿Tan rápido se te olvido que sigues siendo un simple chofer y que debes atender a los que se encuentran por encima de ti?" – exclamó con sorna. Yo no pude contestar. Supongo que tenía bien merecido aquel desprecio destilando de su voz pero… cuánto dolía – "el hecho de que andes con la patrona de la casa no te quita del lugar al que perteneces" – recordó

De nueva cuenta, no supe qué contestar. Me limité a dar media vuelta, tomar un vaso de cristal de la alacena y caminar hacia el congelador, para servir el agua que me exigían.

"Toma" – indiqué mientras se lo tendía, incapaz de mirarla a los ojos…

No me esperaba, ni de lejos, lo que hizo tras pasar menos de tres segundos. De repente, solamente pude sentir su cuerpo junto al mío, apretándome contra la mesa

"¿La quieres?" – preguntó, con sus labios a pocos centímetros de mi boca

Su aliento rozando mis pómulos me impedía pensar con claridad. Sabía que debía sospesar rápidamente en una mentira… sabía que debía de herirla, aún más.

"Si… la quiero" – contesté – "por eso te deje…"

"No te creo" – interrumpió, mientras insistía en mirarme a los ojos

"Es tu problema, entonces" - solté – "Bella, no insistas… lamento hacerte daño, pero yo ya no quiero saber de ti" - ¡Maldito mentiroso! – "vete a la sala" – indiqué mientras llevaba mis manos hacia sus brazos, para mover su cuerpo hacia atrás, lejos del mío – "y ya no me molestes… no quiero tener problemas con Heidi por esto"…

Noté como su quijada se tensaba, al mismo tiempo que sus ojos se endurecían, como una piedra.

"Si eso es lo que quieres" – dijo, dando dos pasos hacia atrás. Me sorprendía mucho lo fuerte que era. A mi me faltaba poco para derrumbarme, para decirle "espera, no te vayas…" – "ya no te molestaré, puedes estar seguro de ello…"

"Espero así sea" – murmuré… Bella me dedicó otra mirada vacía antes de dar media vuelta e irse.

La seguí en silencio y en secreto hasta topar con la puerta de la cocina, en donde por la ventanita de cristal que había, me la pase observando el resto de la noche en que ella estuvo ahí, sentada, con gesto frío y ausente…

… Me pregunté, una y otra vez, si, a partir de ese momento, ella se dispondría a olvidarme... y la respuesta me daba mucho miedo.