Dark Chat

domingo, 6 de junio de 2010

Light in The Darkness

Hello mis angeles hermosos !!! bien aqui les dejo el ultimo cap de este fic ,muchas gracias a Jeanette Yunnuen por permitir una vez mas publicar en el sitio su hermoso trabajo , te mando mil besitos y ustedes tambien
por fiss muchos comentarios chicas no me queden mal
Angel of th Dark
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Capitulo 13

Sabor a sangre

Tomé el pedazo de hierro que atravesaba su pecho y tiré con todas mis fuerzas, los ojos de Edward se volvieron a abrir, pude ver su agonía en ellos.


-Vas a estar bien –le aseguré.


-No puedes hacer nada por mi –logró decir.


-¡Claro que sí! –exclamé-. ¡Por eso tengo este don!


Edward me sonrió y acarició mi rostro, sus párpados se volvían pesados, su mano cayó pesada a su lado.


-¡Tienes que mantenerte despierto! –rogué.


No estaba segura si me seguía escuchando, tenía que actuar rápido. Me incliné sobre él y puse mis manos sobre su herida, tuve que reunir toda mi energía.


-No me vas a dejar –le dije.


La luz blanca apareció en mis manos, tenía que funcionar. Comencé a debilitarme, pero para mí horror la herida no se había cerrado ni un centímetro.


-¡No! –jadeé cuando la luz se apagó.


Tenía que intentarlo otra vez, no me iba a rendir.


-Sólo gastarás tu energía –escuché la voz de Alice detrás de mí, reconocí sufrimiento en su tono.


-Te equivocas


Estaba cansada, pero no iba a detenerme.


-Me duele al igual que a ti –esta vez ella se agachó a mi lado, pude ver en sus ojos que no mentía, su dolor era grande.


La ignoré y me concentré en lo más importante, salvar a Edward.


Alice tomó mis manos.


-Tienes que aceptarlo –me dijo-, deja que se vaya.


-¡No! –le grité-. ¡Eso nunca!


Me solté de su agarre y volví a colocar las manos en la herida de Edward.


-No puedo permitir que te desgastes –me dijo-, puedes… morir si no te detienes.


-¡No me importa!


Porque si no funcionaba podría irme con él.


Alguien me tomó del hombro.


-Pero a Edward si le importaría –me dijo Andrew-, y a mí también.


No le hice caso.


-Tiene que haber una forma –me dirigí a Alice.


-Bella…


-¡Por favor! –le rogué-. Sólo tienes que confiar en que todo va a salir bien, por favor Alice.


Ella observó a Edward por un momento.


-Si se completa su unión –dijo-, tú fuerza y la de él se harán una, y así podrás curarlo.


Una pequeña pizca de esperanza se encendió dentro de mí, era todo lo que necesitaba.


-Edward –me incliné más cerca de él-, tienes que despertar, tienes que morderme…


Pero mi vampiro no parecía reaccionar. Gemí.


-Bella tal vez… -comenzó Alice pero no la deje continuar.


Enterré mis propias uñas en mi cuello, sentí que la sangre comenzaba a bañar mi garganta.


-¡Bella! –escuché que Andrew exclamaba mi nombre. Pude ver que sus colmillos se extendían mientras hablaba, dio un paso atrás y apretó los puños. Alice se colocó detrás de él y lo detuvo por los hombros.


-Despierta Edward –acerqué mi cuello a sus labios-, despierta…


Sonreí cuando sentí sus colmillos en mi piel. Mientras bebía mi sangre, me sentí más unida a él que nunca, supe cuanto me amaba y cuanto le dolía pensar que ya no me volvería a ver, supe que ninguno podría vivir sin el otro.


Me aparté de él lentamente, ahora estaba segura que todo saldría bien, mis manos cubrieron su herida, y la luz blanca apareció. Casi grité de alegría cuando vi que la herida comenzaba a curarse.


-¡Edward! –exclamé viendo que la herida se había cerrado por completo y lo abracé.


El se rió, su maravillosa risa llenó mis oídos.


-Bella deja que me ponga de pie –dijo.


Cuando nos levantamos pude darme cuenta de lo que sucedía, o mejor dicho, había sucedido a mi alrededor, y sonreí, habíamos ganado.


Llegué al hospital lo más rápido que pude, Alice me había dicho que ella y Jasper habían encontrado a Lena.


-¿Cómo está? –le pregunté con desesperación a Carlisle.


Edward apretó mi mano, agradecí que estuviera a mi lado.


-Muy bien –contestó Carlisle-, se está recuperando.


-¿Puedo verla?


Carlisle me señaló el cuarto, pero a mitad del camino me detuve. ¿Qué tal si ella no quería verme? Me di la vuelta y me encontré con Edward.


-Tienes que intentarlo –me dijo.


Arqueé una ceja.


-¿Ya puedes leer mi mente?


El sonrió.


-No, pero como somos compañeros, puedo tener una idea muy aproximada de que es lo que pasa por tu mente –respondió.


Le devolví la sonrisa y continué con mi camino. Entré en la habitación, los ojos de Lena se clavaron en los míos en cuanto me vio, pero no dijo nada. ¿Ya no quería volver a verme? ¿Pensaría que soy un monstruo?


-Lena se que tal vez ya no quieras saber nada de mi…


-¡Tonta!


-¿Qué?


Lena frunció el ceño hacia mí.


-¡Que eres una tonta! –exclamó-. ¿Cómo puedes pensar eso? Vampiro o no siempre vas a ser mi hermana menor… ¡estaba tan preocupada por ti!


La abracé antes de continuara con su sermón.


-Seas como seas siempre te voy a querer –me dijo.


-Yo también –contesté.


-¡Y voy a seguir regañándote!


Me reí.


Lena sonrió.


-Ahora, cuéntame todo –dijo. Y así lo hice.


Salí de la habitación rato después, dejando a una Lena desesperada porque la dieran de alta. John, el novio de mi hermana entró después de mí.


Andrew estaba hablando con Carlisle, pero en cuanto me vio salir se acercó a mí.


-Me despido –dijo tomando mi mano y depositando un suave beso en ella.


-¿A dónde vas? –pregunté.


-Lejos –fue todo lo que dijo, luego se dirigió a Edward-. Cuida de ella.


-Siempre –respondió mi compañero.


Andrew asintió y se alejó de nosotros.


-No te preocupes –dijo Edward-, el encontrará a alguien más.


-Sí, tienes razón –concedí.


Edward me tomó de la cintura.


-Ahora hay que dedicarnos a nosotros.


Le sonreí y mi vampiro me besó.

FIN

sábado, 5 de junio de 2010

Noches de Italia

Hello mis angeles hermosos !! buen fin de semana para todas aqui les dejo mas vicio por fiss dejen sus comentarios al final.
Mil besitos
Angel of the Dark
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Capitulo 12

Competencia

Confundido, el recién iniciado hijo de la noche se levantó.


-¡Mike! –exclamé con alegría.


-Espera –Edward me aprisionó en sus brazos, impidiéndome que corriera hacia mi amigo-. Es inestable.


-¿Bella? –el vampiro, con sus ojos rojos, me observó, por un momento creí ver el indicio de una sonrisa, pero el gesto murió cuando se fijó en quien me sostenía.


Jasper se fue acercando lentamente a Mike, lo estaba haciendo bien, mi amigo no le prestaba atención.


En el último paso estuvo el error. Mike se giró hacia Jasper y le gruñó, parecía bastante dispuesto a arrancarle la mano de una mordida si continuaba con su avance.


-Bella –repitió-. No entiendo ¿Qué está pasando? –se vio las manos como si fueran ajenas a él.


Sabía que me necesitaba, me sacudí las manos de Edward y me acerqué al ex-humano, quien me dirigió una sonrisa.


-¡Bella!


Ignoré la voz preocupada de Edward y llegué hasta un confundido Mike.


-Espera Ed, parece que ella lo calma –habló Jasper observando al recién iniciado con curiosidad.


Mike extendió los brazos, o eso fue lo que imaginé, porque antes de dar el último paso en su dirección, ya estaba bajo la prisión de su abrazo.


-No te he visto en mucho tiempo –ahora que prestaba más atención, su voz se escuchaba diferente, algo rasposa.


-¿Por qué se escucha así? –cuestioné a Jasper. Me inquietaba que algo estuviera mal con la transformación de mi recién recuperado amigo.


-Creo que es debido a la sed –contestó él.


-Oh –articulé-. Mike tienes que acompañarme, vamos a conseguirte algo de comida.


-¿Comida? –dijo confundido.


-Sí –levanté con dificultad mi cabeza, estaba demasiado apretada contra él como para moverme-. Todo va a estar más claro después que te alimentes.


-Tú no lo vas a llevar –intervino Julian, me pareció como si hablara después de años de estar callado.


-Tiene razón –dijo Edward entre dientes, no parecía hacerle mucha gracia estar de acuerdo con Julian-, deja que Jasper se encargue.


Mike lanzó una mirada asesina por encima de mi hombro, dejando claro cuál era su opinión a cerca de eso. Para hacer más firme su mensaje, me apretó más contra él, lo cual, gracias a la gran fuerza conferida por la transformación, me quitó la respiración.


-Mike –logré decir entre jadeos-, me duele.


Palabras que pronto supe, no debieron salir de mis labios.


-¡Suéltala! –ordenaron al unísono Edward y Julian. Ambos se habían acercado a nosotros y observaban a Mike con la misma expresión de rabia. Estaban tan coordinados que parecían formar buen equipo.


-Lo siento –Mike sólo se dirigió a mí cuando habló. Me liberó, pero al ver que los otros dos vampiros se acercaban más, me colocó detrás de él.


-Estoy bien –mascullé a la espalda de mi amigo-, él necesita calmar su sed, y parece más cómodo estando conmigo así que creo que lo mejor será que yo lo acompañe.


A pesar de la obstrucción, el mensaje pareció llegar sin interferencia.


Escuché unos gruñidos en respuesta.


-Es lo mejor –estuvo de acuerdo Jasper-. Aquí hay demasiada tensión.


Lo observé por un momento, él era quien más resentía todas las emociones, me pregunté si sería muy difícil para controlarlo.


-Iré con ustedes –dijo Edward con firmeza.


-Iremos –le corrigió Julian.


-No –gruñó Mike.


-¿No puedes hacer algo? –le pregunté con desesperación a Jasper. Me sentí mal porque era pedirle demasiado, pero la situación me estaba poniendo nerviosa.


Lo vi apretar la mandíbula y cerrar los ojos.


-Demasiadas emociones al mismo tiempo –dijo a través de labios apretados.


-Escuchen –hablé tras un momento. Me dirigí a Julian y a Edward-, iré con Mike, él no me hará daño, además se cuidarme… regresaremos pronto.


El silencio inundó el lugar, no sabía si significaba algo bueno o malo, así con una mirada discreta pedí una pequeña asesoría al vampiro empático.


Jasper asintió.


-Te esperaré –dijo Edward al fin.


-Yo también –agregó Julian.


Llegamos a un lugar apartado de la ciudad, fue muy difícil encontrar un camino lejos de la humanidad, pero a cada minuto que pasaba con él parecía regresar a ser el Mike de antes.


Encontramos un grupo de ciervos en la parte central del bosque, Mike logró capturar dos, no era lo mismo que la sangre humana, pero lograría mantenerlo tranquilo por un tiempo.


-¿Qué me está pasando? –preguntó después de percatarse de lo que había hecho.


-Eres un vampiro –le respondí con tranquilidad.


Mi amigo enmudeció por un largo rato, tanto, que había empezado a creer que le había ocurrido algo a su voz.


-El que me atacó fue un vampiro –dijo de pronto. El viento comenzó a jugar con sus cabellos y con los míos. La luz plateada caía sobre él, me fijé más atentamente en sus rasgos, había cambiado mucho, sus facciones casi se perdían en la perfección en la que se había convertido.


-Lo sé –dije-, pero tú no eres como él, tú no lastimas humanos, ni lo harás.


Me miró con sus ojos, rojos como la sangre de la que ahora era dependiente.


-¿Quién te hizo daño? –le pregunté conteniendo toda la ira que había en mí.


-Es confuso –contestó-, todo parece muy borroso.


-¿Recuerdas algo? –cuestioné.


-Sí –asintió-, cuando llegó otro vampiro, él que estaba en tú casa, me sacó de ahí.


-Julian


-También recuerdo lo que me dijo cuando me ayudó a salir –continuó-, dijo que no era común en él hacer actos heroicos, pero que lo hacía por ti.


Puse los ojos en blanco, a pesar de todo, le estaba muy agradecida a ese vampiro.


-¿Algo más? –insistí.


Negó con la cabeza y sus ojos volvieron a mí, parecían escrutar mi rostro.


-Los recuerdos que tengo cuando era… humano, son distintos, parecen muy borrosos –comentó-, comparándolos con lo que veo ahora, es todo tan claro…


-Sí, los vampiros…


-Te ves mucho más hermosa de cómo te recuerdo –me interrumpió.


-Oh –balbucí. En mis labios había muerto cualquier explicación que iba a darle.


-Siempre he estado enamorado de ti –soltó acerándose a mí.


-Mike acabas de convertirte… creo que estás confundido.


-¿Tú eres como yo? –preguntó ignorando mis últimas palabras.


-Sí


Vi como una sonrisa se dibujaba en su rostro.


-Pero…


Me tomó de las muñecas y me acercó a él, siendo humano hubiera sido muy sencillo apartarlo, ahora como vampiro… no tanto.


-¿Qué tal si regresamos? –musité-. Edward debe de estar preocupado.


Eso pareció funcionar, se alejó de mí y frunció el ceño.


-Tú novio –dijo.


-Sí –contesté.


Mike parecía estar con más energía, me retó a una carrera de regreso, ni siquiera me dio oportunidad para negarme, por supuesto perdí.


-Eres muy lenta –se rió, esperándome a pocos metros de la casa.


Le saqué la lengua.


-Bella –me detuvo por el brazo-, ahora que soy como tú, todo va a ser diferente, ahora se que tengo oportunidad contigo.


-Mike, yo estoy con Edward –le dije-, y esto no es una competencia.


Entré en la casa, feliz, extendí los brazos hacia el sexy vampiro de cabello cobrizo. Pero Julian me atrapó en el camino.


-Yo también te extrañé mi amor –lo escuché decir.


También fui consciente del gruñido que se escuchó a sus espaldas. Edward lo apartó bruscamente de mí.


Mike arqueó las cejas en mi dirección.


-¿Estás segura que esto no es…?


-No hables Mike –mascullé frustrada.


Logré convencer a Edward que lo mejor para Mike era regresar a su vida de antes. Tuvimos que buscar las lentillas adecuadas para cubrir el rubí en sus ojos, e inventar una historia para justificar sus días de ausencia.


En la Universidad, tenía que pasar gran parte del tiempo con mi amigo, para evitar que perdiera el control, porque cómo había dicho Jasper, él sólo se comportaba con normalidad cuando yo estaba cerca.


Algo que no le agradaba mucho a Edward, ni a Julian, que ahora pasaba más tiempo con nosotros, por dos razones: Una, él había salvado a mi amigo y se había ganado mi gratitud y amistad. Dos, con él podríamos averiguar dónde se encontraba el vampiro que había lastimado a Mike.


Ahora era un grupo de seis: Alice, Jasper, Mike, Julian, Edward y yo.


Un día, Edward me separó del grupo, y me llevó a una parte desierta de la Universidad.


-Jasper podrá controlar a Mike por un rato –me respondió cuando empecé a discutir.


Se sentó bajo la sombra de un árbol, tomó de mi mano y me jaló. Caí sobre sus piernas, me reí y apoyé la cabeza sobre su pecho.


Pero al parecer él tenía otra idea en mente, porque me tomó por la barbilla y acercó mi rostro al suyo.


-Por fin a solas –murmuró antes de besarme. Sus labios se movían contra los míos primero lentamente, luego cuando yo le correspondí aumentó su ferocidad.


Sus manos comenzaron a trazar un camino por mi espalda, me estremecí, una de ellas encontró una curva por mi cintura y llegó hasta mi cadera.


Yo no quise quedarme atrás. Mis manos, ansiosas por tocar su piel, comenzaron a deshacerse de varios botones de su camisa.


-Bella –dijo sobre mis labios. Mis dedos comenzaron a trazar figuras sobre su pecho desnudo.


Entonces, alguien carraspeó, fuerte y alto.


Me levanté de un salto, Edward a regañadientes hizo lo mismo.


-¿Ahora nos sigues? –cuestionó mi novio enojado.


Me giré para encontrarme con Julian, tenía los labios apretados y observaba a Edward con un profundo odio.


-No lo hago –contestó entre dientes-, y aunque fuera así, no te seguiría a ti, sino a ella.


Edward le mostró los dientes.


-Pero sólo vengo a decirte –se dirigió a mí-, que ya sé donde podemos encontrar al vampiro que hirió a tu amigo.




Chicas ya es el penultimo cap uno y mas y termina por fiss comenten....

viernes, 4 de junio de 2010

Light in The Darkness

Hello mis angesles hermosos , aqui les dejo este cap ya es casi casi el ultimo jijiji lo se soy muy mala , pero hasta mañana les colgare el final por fiss dejen muchos comentarios sean buenas conmigo.
Mil besitos
Angel of the dark
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Capitulo 13

Sin lágrimas

No podía ver bien, todo era demasiado rápido… sólo podía escuchar, gemidos, rugidos gritos de agonía. ¿Habrían encontrado a Lena? Era lo que deseaba que mi hermana estuviera a salvo.


Las paredes… las ventanas, todo estaba siendo destruido, todos, tanto lobos como los vampiros que veían en plan de rescate, estaban en una batalla, arriesgándose por mi. Quise ponerme de pie, pero otra vez la sed me consumió, me arrodillé del dolor que me invadió, esta vez estaba segura porque, la comida estaba cerca… y yo no podía acercarme lo suficiente como para probarla, podía oler la sangre de Edward y Andrew cerca, aún cuando ninguno estuviera herido.


Apreté los puños e intenté calmarme, esta vez era muy diferente… la sangre de uno de ellos me llamaba con más fuerza, pero no estaba segura… tal vez la sed me estaba volviendo loca.


Un vampiro cayó sobre mí, ni siquiera me pude mover al verlo venir. Empujé y golpeé, pero no logré alejarlo ni un centímetro. Le gruñí y en el momento que el vampiro levantó la cabeza y me mostró sus colmillos se me ocurrió otra idea, comenzamos a rodar sobre el suelo, logré inclinarme lo suficiente… mi boca estaba tan cerca de su cuello, y tenía tanta sed… Pero un lobo alejó al vampiro de mí.


Todo cambió de pronto, los vampiros que estaban bajo órdenes de Talon comenzaban a perder el poder en la batalla, la sangre corría por todos lados… Mi garganta se desgarraba poco a poco, gemí.


Lo sentí, antes de que se acercara a mí, me sostuvo en sus brazos y me puso de pie.


-Bella


-Edward –musité en tono de súplica.


El me ofreció su cuello antes de que yo dijera nada más. Incliné mi cabeza hacia él y mordí, Edward me abrazó y me acercó más a él. No tuve que beber mucho para sentirme saciada, me retiré y lo vi a los ojos, algo había cambiado dentro de mí. Me sentía completa, ya no podía estar mucho tiempo alejada del vampiro que tenía en frente, porque lo amaba… él me sonrió.


-Yo…


-También te amo –me interrumpió.


Tomó mi rostro entre sus manos y me besó… lo que ocurría a mi alrededor dejó de importar.


-Nos haremos compañeros –dijo Edward-. Ahora


Asentí, sin saber bien cómo había de hacerse, pues las instrucciones que me había dado Alice, no las recordaba por completo.


-Ya has bebido de mí –explicó Edward al ver mi confusión-, es mi turno.


Le dejé libre acceso a mi cuello, pero antes de que mi vampiro se inclinara, y había sido arrebatado de mis brazos. Maximilian había hecho su aparición y a Edward lo golpeó con tal fuerza que se estrelló hasta el otro extremo de una de las paredes del lugar.


Le enseñe los colmillos a Maximilian, él me devolvió el gesto.


-Has causado muchos problemas –me dijo.


Le gruñí.


-¡Aléjate de él Bella! –exclamó Edward.


-¡Destrúyela! –vi a Talon acercarse, pero Andrew lo golpeó con fuerza.


-¡Bella! No puedes… -Andrew fue interrumpido por el gruñido de Talon.


-Lástima tener que desperdiciarte –dijo Maximilian con una sonrisa.


Lo odiaba, quería acabar con él. Di un paso hacia el vampiro.


-¡Bella! –Edward quería llegar a mí, pero otro vampiro comenzó a atacarlo.


-Nadie vendrá a salvarte –dijo Maximilian.


-¡Yo misma puedo acabar contigo! –siseé.


Maximilian se agazapó dispuesto a atacar en cualquier momento, fue cuando me di cuenta de lo que guardaba en una de sus manos, un pedazo afilado de hierro. Me encontraba en una gran desventaja.


Di un paso atrás.


-Demasiado tarde –dijo él.


Lo sabía. Cuando lo vi saltar sobre mí, supe que no tendría tiempo de quitarme del camino, esperé a sentir el hierro atravesar mi corazón…


-¡No!


Edward se lanzó sobre mi atacante, los dos cayeron al suelo. Maximilian gritó, un lamento de agonía… Edward había encajado el pedazo en su corazón.


-No moriré solo –dijo el vampiro, arrancó el hierro de su pecho y con un movimiento rápido lo encajó en Edward.


Fue cuando yo grité.


Corrí hacia los dos vampiros heridos y lancé a Maximilian con todas mis fuerzas lejos de Edward… se escuchó un estruendo, no me molesté en ver que había ocurrido no podía apartar la vista de la herida de Edward.


-Bella –dijo al verme, una sonrisa débil se dibujo en su rostro.


-Edward…


Vi el pedazo de hierro atravesado en su pecho, justo donde estaba su corazón. Gemí.


-Lo siento –musité-. Es mi culpa.


Con esas palabras vino a mi mente, la visión que había compartido con Alice, hice una mueca de sufrimiento.


-¡No! –exclamé-. ¡Alice se equivocó! ¡No te vas a morir!


Edward logró tomar una de mis manos, sentí un débil apretón.


-Pase lo que pase, sabes que te amo –dijo. Sus ojos comenzaron a cerrarse.


-¡No! ¡No! ¡No!


No pude más y comencé a llorar… pero era un vampiro, así que las lágrimas nunca bajaron por mis ojos, mi dolor me ahogaba por dentro y me quemaba.


Tenía que hacer algo… no importaba lo que hubiera dicho Alice, ella estaba equivocada, yo podía curarlo…

martes, 1 de junio de 2010

Mi Corazon En Tus Manos

Hello mis angeles hermosos , este cap es un regalo para una chica q siempre me deja sus comentarios en los fics y ps me ha pedido vicio y yo como soy muy buena aqui se lo dejo
Libii aqui te dejo mas vicio te mando mil besitos
Angel of the dark
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CAPÍTULO 17


-Te ves muy emocionada con la boda de Bella -dijo Esme mientras se sentaba en uno de los banquitos de piedra del jardín, cerca de Alice.


-La verdad es que sí -aceptó ella con voz ilusionada.


-Pareciera que más que con tu propia boda- insinuó la reina. Alice bajó su rostro con culpabilidad. La noche anterior, tras la conversación con su prima, había decidido fijar todos sus esfuerzos y pensamientos en los preparativos de su matrimonio y había afrontado la tarea con, quizás, demasiado entusiasmo. No quería que las grandes dudas que la estaban acosando la atormentaran aquel día. Ya habría tiempo para hablar con Jasper... si es que se atrevía a enfrentarlo.


-No te estoy juzgando, Alice -le aclaró mientras posaba su mano sobre su hombro. -No puedo decir que lo entiendo pero trato de comprender, dada la situación.


-¿Amabas al Rey cuando te casaste? -preguntó levantando su rostro.


-Mucho -sonrió Esme.


-¿Cómo fue? ¿Cómo os conocisteis? -Alice no pudo ocultar su curiosidad.


-En realidad el nuestro también fue un matrimonio pactado -le dijo -pero, a diferencia del tuyo, fue pactado desde nuestra cuna.


Alice la miró con asombro.


-No te negaré que, tal vez, en mi corazón había una gran predisposición al saber que sería mi esposo algún día pero, desde que tengo uso de razón, recuerdo haber estado enamorada de él -admitió. -Me enamoré de sus atenciones hacia mí y su galantería, aunque es el modo en que me hace sentir lo que me hace amarlo tanto, como si yo fuera lo más preciado que hubiera en el mundo para él.


Alice sonrió aunque con cierto deje de tristeza en su mirada.


-Y... -titubeó -¿cómo supiste que él te amaba?


Esme le sonrió comprensiva. Sabía muy bien con que sentido le había formulado aquella pregunta.


-Querida, es cierto que mentir con palabras es muy fácil. Sin embargo, mentir con la mirada ya no lo es tanto y -agregó con manifiesta intención -te puedo asegurar que miradas de veneración como las que te suele dedicar mi sobrino cuando cree que nadie lo observa, no pueden ser mentira.


Alice bajó el rostro, mordiéndose el labio.


-Dejarse llevar por el corazón no es humillarse -le dijo suavemente tomando su mano -es ser sincero y fiel con uno mismo.


Alice se mantuvo en silencio, pensativa, asimilando las palabras de la reina.


-Vamos -se levantó Esme instándola a hacer lo mismo -he acabado con la recámara nupcial -el tono sugerente de su voz hizo sonreír a Alice. -¿Quieres venir a verla y darme tu opinión?


Alice asintió animada mientras se encaminó junto a ella hacia el castillo.


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.


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Bella no sabía muy bien si caminaba por aquel corredor o si, simplemente, flotaba como en una nube. El sentir su brazo rodeando el de Jasper era lo único que la hacía volver a la realidad. El Rey había conseguido mediar a su favor frente al obispo, así que él sería quien oficiaría la ceremonia. Jasper por su parte la llevaría al altar, afianzando así su apoyo a ese matrimonio para que gozara de total validez.


Se detuvieron un momento en el umbral de la capilla, esperando a que las trompas y cornetas dieran la señal que anunciara que la novia iba a hacer su entrada. El esplendor de la estancia la sobrecogió. Las lazadas, cintas y aromáticos bouquets la engalanaban delicadamente. No alcanzaba a imaginar como en un sólo día, Alice había conseguido organizarlo todo. Sabía bien que su prima no se había podido resistir y, a pesar de todo, no iba a ser una celebración tan sencilla y sobria como ella hubiera deseado. Sin embargo, todo aquello dejó de tener sentido en cuanto posó sus ojos sobre el altar, donde la aguardaba Edward en compañía de su padre, tan apuesto, enfundado en su túnica de gala. Jasper entonces le dio un cariñoso apretón en su mano, alentándole, y juntos recorrieron esos últimos pasos que la dirigían hacia la felicidad.


Edward la recibió con una amplia sonrisa y, tomando su mano, se inclinó sobre ella para besar su mejilla.


-Estás preciosa -susurró en su oído. Bella enrojeció profundamente, de repente, el sentirse observada por todos los presentes empezó a incomodarla. Sin embargo, la intensidad de los ojos de Edward que buscaban los suyos le ofreció el sosiego que estaba necesitando. Todo a su alrededor desapareció, sólo quedaron aquella mirada y aquel tacto que ella amaba tanto. Ni siquiera las oraciones o las palabras del obispo la pudieron apartar de esa serenidad, hasta que Carlisle se acercó a su hijo. Había llegado el momento de recitar los votos y el intercambio de los anillos.


-En este momento, te conviertes en mía para siempre, del mismo modo en que yo seré tuyo eternamente -comenzó Edward.


-Desde este instante, no puedo vivir sin ti. No vivas tú sin mí -continuó Bella.


-Somos palabra y significado, unidos.


-Y tú eres pensamiento y yo sonido.


-Que las noches sean dulces junto a ti -concluyó Edward sonriendo, deslizando el anillo en su dedo.


-Que los despertares sean dulces junto a ti -respondió Bella colocándoselo a él.


Bella no había alcanzado a escuchar las bendiciones del obispo cuando se encontró entre los brazos de Edward, que la besaba con fervor. Por una vez, a Bella no le importó la presencia de los demás y respondió a sus labios con el mismo afán. Todas sus zozobras y sinsabores culminaban con aquel beso y la felicidad más absoluta se mostraba al alcance de su mano.


-Por fin eres mi esposa -le dijo con emoción sin dejar de abrazarle.


-Te amo -susurró ella.


Edward volvió a besarla, aunque, la llegada de sus familiares para felicitarlos le obligó a soltarla.


Salieron de la capilla y se dirigieron al comedor donde se realizaría el banquete nupcial. Al ser una celebración tan íntima, cenarían allí, como de costumbre, salvo que, esta vez, Edward y Bella serían los que presidían la mesa. Aún no habían acabado de acomodarse cuando aparecieron Emmett y Angela, con expresión confusa en sus rostros. Ambos se apresuraron a felicitar a los recién casados.


-Charlotte nos ha informado de que demandaban nuestra presencia -mencionó el guardia.


-Tanto Bella como yo consideramos que, los dos, os habéis ganado nuestra confianza y afecto, ya sea de un modo u otro -anunció Edward poniéndose en pié -por lo que, es nuestro deseo, y esperamos concordéis con nosotros -miró ahora a su familia -que celebréis con nosotros este momento y os sentéis a la mesa.


Emmett y Angela lo miraron llenos de desconcierto.


-A no ser que la idea no sea de vuestro agrado -añadió Edward en vista de su silencio.


-Al contrario, Alteza -se apresuró a corregirle Emmett -sería un honor para ambos -habló en nombre de Angela que afirmaba con la cabeza. -Mas no sé si... -dudó mientras observaba los rostros de los presentes, buscando el mínimo indicio de desaprobación.


-Es una estima bien merecida -le cortó Jasper que coincidía con su primo. La labor de Angela ayudando a Bella con la escuela era loable y se había ganado la simpatía de Bella, dando muestras más que suficientes de su buena educación y buen estar. En cuanto a Emmett, no en vano Alice lo apreciaba tanto, su lealtad y nobleza eran encomiables además de haber mostrado un gran sentido común. Jasper sabía que había despertado la admiración de todos con su forma de actuar, incluso la suya.


-¿A qué esperáis? -sonrió Bella. -Angela, siéntate frente a mí. La doncella sonrió complacida.


Emmett acompañó a Angela a ocupar dicho asiento por lo que él tuvo que hacerlo en el único lugar que quedaba libre... frente a Rosalie. Al sentarse, esperó que la muchacha le dedicara alguna de sus ya acostumbradas miradas de fastidio al tener que compartir la mesa con él, pero, para su sorpresa, no fue así. No sólo lo miraba con aceptación, casi se atrevería a afirmar que con cierta admiración, sino que, y aumentando su perplejidad, le sonreía tímidamente. Inevitablemente, los recuerdos sobre lo sucedido el día anterior en aquella cabaña ocuparon su mente y maldijo para sus adentros. Ni siquiera tenía la posibilidad de soñar con que sus sonrisas fueran solo para él.


La entrada de Charlotte, acompañada de otras doncellas, entre ellas María, dio comienzo al festín. A Bella no le pasó desapercibido como el rostro de Alice, que se había mostrado animada y sonriente tras varios días de gran apatía, se tornaba sombrío. Por un momento, Bella se fijó en la doncella, en sus movimientos, sus gestos y empezó a apreciar cierto aire de insinuación, casi libidinoso en su mirada. Se había propuesto "servir" al Rey y no hacía más que revolotear en torno a Jasper casi con descaro. Empezaba a comprender ahora que, por muy pequeña que hubiera sido la duda que asaltaba a Alice, viendo la actitud de María, no era de extrañar que la atormentase tanto.


-¿Te incomoda algo? -se preocupó Edward al ver el disgusto de su rostro.


-Ya sé quien es la causante de la desdicha de mi prima -masculló entre dientes, señalando disimuladamente con la cabeza en su dirección.


-¿María? -preguntó asombrado.


-Tú observala -le pidió Bella, al ver que la doncella volvía a acercarse a Jasper. Edward asintió.


-¿Queréis más vino, Majestad? -le ofreció, inclinándose sobre él de modo sugerente.


-No -respondió secamente, con cierto malestar en su voz.


-Yo sí, por favor -le indicó Edward -y te agradecería que trajeras más hidromiel, pero te rogaría que la suavices un poco. No quisiera que la Princesa Bella acabase la noche en estado inconveniente -bromeó.


La muchacha obedeció sin poder ocultar su fastidio al tener que retirarse de su objetivo, aunque eso supuso el alivio de Alice.


-Creo que entiendo a que te refieres -dijo en voz baja evitando ser escuchado. -Mas no hay ningún interés por parte de Jasper -le aseguró él.


-Eso házselo entender a mi prima -se lamentó.


-¿No creerá que...?


-Eso mismo -le confirmó ella.


-Jasper es incapaz -le defendió.


-¡Charlotte! -le escucharon decir al joven -Enhorabuena por la exquisitez del banquete de esta noche -la felicitó.


-Gracias, Majestad -se inclinó la joven halagada que entraba a servir los postres. -Seguí los consejos que una vez me diera la Reina.


Jasper miró a su esposa con orgullo, que sonreía a la doncella con cierta turbación.


-Hablando de consejos, quería preguntarte algo Emmett -cambió de tema el muchacho.


-¿Sí, Majestad?


-¿Estuviste presente en Breslau cuando se instauró el nuevo sistema de recaudación? -quiso saber.


-No sólo estuvo presente -intercedió Bella. -Le escuché decir a mi padre en más de una ocasión que había sido de gran ayuda.


-Me complace oír eso -le alabó Jasper. -Me gustaría, si es posible, que mañana hablásemos sobre ello y me informaras de los detalles del proceso -le pidió.


-Por supuesto, Majestad -aceptó honrado.


-¿Ya has dado con la solución para ese asunto? -se interesó Edward.


-Más que eso -le respondió. -Descubrí que Dios me ha concedido la gracia de una esposa tan hermosa como inteligente y perspicaz -añadió tomando la mano de Alice que bajaba el rostro atormentada.


-Pues brindo por ello -rompió Edward aquel silencio alzando su copa -mas, como bien le has dicho a Emmett, eso será mañana. ¡Nada de asuntos de estado en mi boda! -exclamó jocoso. -Lástima que no haya juglares amenizando la velada.


-Eso tiene fácil arreglo, si me lo permitís -alegó Angela.


-Cualquier sugerencia será bienvenida -respondió Edward animado.


-No, Angela -le advirtió Bella que ya preveía lo que vendría, pero la doncella hizo caso omiso y salió del comedor.


-No creo que os podáis negar, Alteza -anunció Emmett con sorna. -Haceos cargo de que es vuestra boda...


-¿Negarse a qué? -Edward no entendía por qué Bella miraba con recelo al guardia que hacía grandes esfuerzos por no reír.


-Tu amada esposa odia bailar -le informó Alice.


-En ese instante Angela volvió con varios muchachos que portaban instrumentos, al igual que ella.


-Pues como bien ha dicho Emmett -le guiñó el ojo al guardia -no te negarás en tu boda.


Edward se puso en pié ofreciéndole su mano y, aunque a regañadientes, Bella aceptó. Miró a su prima y una sonrisa maliciosa afloró en sus labios.


-Deberías saber que, al contrario que yo, tu esposa adora bailar -le dijo a Jasper.


-¿A qué esperamos entonces? -se levantó sonriente -¿Me acompañáis? -agregó demandando su mano.


Alice no tuvo duda de las intenciones de Bella, y sabía que no podía negarse, así que aceptó la mano de Jasper.


-Papá, ¿por qué no bailas con mamá? -le animó Edward.


-Es más divertido desde aquí -se rió Carlisle.


-¿Y tú Rosalie? -se detuvo Jasper frente a su hermana. -Emmett ¿por qué no la invitas a bailar?


Rosalie, al igual que Emmett, lo miraban atónitos.


-¿No me dirás que lo crees "inapropiado"? -se quejó su hermano.


-No -negó ella rápidamente. -Si tú quieres -miró a Emmett con ojos esperanzados.


-Alteza -Emmett se puso de pié alzando su mano. En cuanto sus pieles se tocaron un estremecimiento los recorrió a ambos, pero tuvieron que ocultar esa turbación que se adivinaba en sus ojos y unirse al resto de parejas.


Todos danzaron sin cesar, bajo las alegres miradas de todos los presentes, sin que ninguno se percatase del tiempo transcurrido hasta que Esme se acercó a las muchachas.


-Es la hora -les informó con sonrisa sugerente y Edward accedió gustoso a que le robaran de las manos a una sonrojada Bella.


Ya en la recámara, entre risitas de complicidad, las tres mujeres ayudaron a Bella a despojarse de su traje de novia, entregándole un bonito camisón de lino. Las tres la abrazaron, una vez lista, como despedida.


-Verás que todo va muy bien -le susurró Alice.


Bella asintió y la acompañó a la puerta, cerrándola cuando hubieron salido. Caminó después hacia la cama, donde se sentó, acurrucando las rodillas hacia su pecho. La soledad y la espera de aquella habitación hacían que los nervios comenzasen a indagar en su mente y en su cuerpo; sus manos temblorosas jugando torpemente con el doblez de su camisón eran buena prueba de ello. No es que tuviera miedo, sabía perfectamente lo que iba a suceder...¿o sí lo tenía?...


Su corazón comenzó a batir con fuerza al escuchar unos pasos acercándose a la recámara... Edward llegaba antes de lo que ella había creído. Oyó como la puerta se abría lentamente y algunos mechones de cabello cobrizo hicieron su aparición por la rendija, poco a poco, hasta que asomó la cabeza por completo.


-Hola, querida esposa -sonrió Edward.


-Hola -respondió ella, tratando de ocultar el temblor de su voz con una leve risita mientras ya él entraba cerrando la puerta tras de sí.


-Nadie diría que ésta es mi recámara -bromeó mirando a su alrededor a la vez que iba desabrochándose el cincho para dejarlo sobre el butacón.


-Es cosa de tu madre -alcanzó a susurrar. Contemplar como se deshacía de la túnica para quedarse con un simple pantalón y en mangas de camisa... Jamás lo había visto vestir de forma tan casual, cosa que, a pesar de darle un aire desenfadado, acorde con su cabello rebelde, resaltaba sobremanera su aspecto varonil. El tejido del pantalón abrazaba perfectamente sus piernas esbeltas, aunque bien formadas y su camisa medio abierta dejaba entrever la piel de su pecho que parecía tan cálida...


Bella cogió sus rodillas, intentando acercarlas más a su cuerpo, tratando de dominar el temblor de sus manos y el extraño ardor que empezaba a invadirla. El muchacho sonrió al notar su inquietud. Se acercó a la cama y se sentó frente a ella, sin dejar de mirarla, cosa que no ayudaba ni una brizna al nerviosismo de Bella. Edward tomó una de sus manos, soltándola de aquel agarre y la llevó a sus labios, besando la yema de sus dedos. Bella bajó su rostro enrojecido.


-¿Estás nerviosa? -le dijo él dedicándole media sonrisa. Bella asintió sin apenas levantar la mirada. Edward se acercó más a ella y posó su mano sobre su mejilla, acariciándola levemente. Ella cerró los ojos ante la suavidad de su contacto y notó como sus dedos bajaban hasta su barbilla para alzar su rostro mientras él se inclinaba lentamente sobre ella. Muy despacio sus labios alcanzaron los suyos en un movimiento suave, leve, como el aleteo de una mariposa.


-¿Todavía? -susurró él separándose un poco de sus labios. Bella volvió a asentir mientras un suspiro escapaba de su pecho. Edward llevó su mano hasta su nuca, enredando sus dedos entre su cabello y la atrajo de nuevo hacia su boca, besándola ahora con pasión, pero, a su vez, con tanta ternura... Aquel calor que Bella había sentido instalarse en su interior hacía un momento, ahora se expandía como una llama por todo su cuerpo. Antes de lo que ella hubiera querido, Edward se separó nuevamente de ella.


-¿Y ahora? -respiró sobre su boca, clavando su verde mirada sobre la suya. Bella negó con la cabeza y Edward entonces capturó sus labios con urgencia, besándola con fervor y vehemencia mientras la rodeaba entre sus brazos, sintiendo como su cuerpo trémulo se abandonaba a su beso. Faltos ya de aire se separaron. Edward acarició su rostro una vez más, sin dejar de mirarla, descendiendo sus manos hasta llegar al primer lazo de aquel camisón de lino que la cubría y, como en una clara invitación, ella comenzó, con manos temblorosas, a hacer lo mismo con las lazadas de su camisa, ayudándolo a desprenderse de aquella prenda que ocultaba su glorioso cuerpo. Cuando Bella se percató de su propia desnudez, enrojeció avergonzada bajando el rostro.


-Eres tan hermosa -le dijo -y te amo tanto -musitó Edward acariciando el rubor de sus mejillas. Bella lo miró insegura, a lo que él respondió besándola de nuevo. Con sus manos ahora sobre su espalda, Edward la atrajo hacia sí, sintiéndola finalmente contra su piel, tan tibia, tan suave. Con ardor profundizó aquel beso, queriendo disfrutar de su dulce sabor y, para su gozo, escuchó un leve gemido que escapaba de su garganta, contestando por ella, mientras hundía sus manos entre su pelo.


La tumbó despacio sobre la cama, colocándose él a su lado y, sin dejar de besarla, comenzó a acariciarla, lentamente, su cuello, sus hombros, la delicada línea de sus senos, su cintura, recorriendo cada una de las curvas de su cuerpo, sintiendo su agitado aliento sobre su boca. Se separó de sus labios para besar su cuello y saborear su pálida piel... era tan deliciosa. Notó los dedos femeninos clavarse sobre su espalda, sin duda Bella iba a llevarlo a la locura. Edward se deshizo de la última de las prendas que ocultaba su masculinidad y se posó sobre ella con delicadeza. Viendo como buscaba ella su boca con tanto deseo, casi con desesperación, comprendió que estaba tan preparada como él. Aún así la miró a los ojos tratando de encontrar algún atisbo de duda o miedo en ellos, pero en la oscuridad de sus pupilas no halló otra cosa que no fuera la confianza y la absoluta entrega que denotaban la grandeza de su amor. La tomó de forma muy lenta, aun sabiendo, muy a su pesar, que el dolor sería algo inevitable. Cuando traspasó la barrera de su virtud escuchó como un quejido escapaba de su boca.


-Lo siento -le dijo sobre sus labios, besándola para mitigar con sus besos aquel dolor que la hacía tensarse bajo su cuerpo. Bella notó como el elixir embriagador de sus labios iba transformando, poco a poco, aquella punzada en un fuego abrasador que amenazaba con consumirla mientras un sentimiento de plenitud y completa unión la embargaba. Tuvo la completa certeza de que el lugar al que pertenecía era allí entre los brazos de Edward y del mismo modo supo él que Bella era la pieza que completaba su ser, su vida entera. Juntos iniciaron entonces aquella travesía que les llevaría a los confines de la dicha, creando un perfecto y eterno vínculo entre ellos y que nada ni nadie sería capaz de quebrantar jamás...


Al despertar, Bella se maravilló ante la sensación tan sublime que era amanecer en los brazos de Edward. Su expresión tranquila y serena, su cabello alborotado que le daban aspecto de niño travieso... Bella no pudo evitar apartar uno de sus mechones cobrizos que caía sobre sus ojos, haciendo, sin pretenderlo, que el muchacho se revolviese.


-Buenos días, querida esposa -la saludó con un beso tierno.


-Buenos días -sonrió ella. -Por un segundo me olvidé de donde estaba.


-Pues vas a tener que acostumbrarte -sonrió él, acomodándola en sus brazos.


-No me será difícil -se acurrucó ella en su pecho, respirando el embriagador aroma de su piel.


-Bella -titubeó él -¿eres feliz?


-¿En verdad me lo preguntas? -alzó ella el rostro para mirarlo, sorprendida.


Edward asintió con seriedad.


-Todo ha sucedido muy rápido y sin que tu padre haya estado presente -dudó. -Quizás no era lo que esperabas.


Bella lo besó como respuesta a sus dudas.


-Me siento muy feliz, Edward, y afortunada -le confirmó. -En los tiempos que corren, casarse por amor no es algo que se dé todos los días.


-¿Estás pensando en Alice?


Bella asintió con tristeza.


-Pero ellos sí se aman -la corrigió, abrazándola de nuevo.


-Y eso es lo que más me apena -le dijo. -No veo correcto inmiscuirse entre ellos -admitió -pero de seguir así, van a perder la oportunidad de ser felices.


-No te preocupes -acarició Edward sus cabellos -verás como todo se aclara.


-Ojalá -deseó ella con un suspiro.


-¿Sabes? -exclamó él con tono más alegre. -Estoy hambriento.


-Bajemos a desayunar entonces -respondió tratando de levantarse, pero Edward se lo impidió, con declarada insinuación en su mirada.


Bella sonrió comprendiendo, tras lo que se entregó a la pasión de sus labios.


Cuando al fin bajaron al comedor, su familia ya había empezado a desayunar. Viéndolos aparecer tan radiantes y dichosos, Jasper no pudo evitar una punzada de envidia en su corazón, tras lo que se sintió profundamente culpable. No era que su primo no mereciera esa dicha, al contrario, pero pareciera que fuera él quien no la mereciera. Cada día sentía a Alice más y más lejana y todas sus esperanzas de una vida llena de amor se alejaban con ella.


-No sabíamos si esperaros -bromeó Carlisle.


-Buenos días a ti también, papá -respondió Edward con una mueca divertida y, aunque las muchachas no recibieron a Bella con ese tipo de observaciones, sus miradas hablaban por sí solas, haciéndola enrojecer.


-Jasper, ¿estás muy ocupado esta mañana? -quiso saber Edward.


-Quitando la cita que tengo con Emmett por lo del tema de la recaudación, nada importante ¿por qué? -preguntó confuso.


-Bella, y cito literalmente, es una mujer casada pero no una irresponsable, por lo que va a seguir ocupándose de la escuela -le respondió -Podría decirse que tengo la mañana libre.


Su comentario produjo una risa generalizada y que Bella golpeara su brazo en señal de reproche.


-Podemos ir a cazar, si te apetece -sugirió Jasper.


-Me parece una idea estupenda -concordó él. -Te animas, papá.


-Yo también soy un hombre responsable -negó Carlisle con la cabeza. -El dispensario me espera.


-Podríamos avisar a Emmett -puntualizó Edward.


-Ya lo había pensado -afirmó él. -Ahora que lo vea se lo diré, a no ser que a mi querida hermana se le ocurra alguna insólita tarea que encomendarle.


Jasper esperó como respuesta a su broma alguna de las usuales y desdeñosas contestaciones de Rosalie, mas nunca llegó. Observó con sorpresa como su hermana bajaba el rostro con aflicción y en silencio.


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-¡Maldición! -exclamó Jasper, viendo como su flecha se estrellaba contra un árbol.


-Primo, si no lo veo no lo creo -lo miró Edward pasmado golpeando su espalda.


-Majestad, me habían asegurado que erais infalible con el arco -bromeó Emmett.


-Y lo era, hasta ahora -le guiñó un ojo -es la primera vez que le veo errar un tiro.


-¡Maldita sea! -volvió a blasfemar Jasper aún más exasperado.


-¿Algo te aflige, primo? -se mofó Edward.


-El amor te está volviendo idiota -se quejó Jasper.


-El amor nos ennoblece -le corrigió con una carcajada.


-O nos hunde en la más absoluta miseria -añadió Emmett por lo bajo.


-Olfateo una desilusión amorosa por aquí -insinuó Edward.


-¿Tienes una enamorada? -preguntó Jasper sonriendo, desviando la atención por un momento de su propio tormento.


-En realidad, no. Bueno -titubeó -ella no sabe de mis sentimientos.


-¿No te atreves a confesárselo? -aventuró Edward.


-Ni siquiera me planteo el hacerlo -admitió él.


-¿Es una mujer casada o inapropiada para ti tal vez? -se extrañó Jasper.


-Creo que peor que todo eso -respondió cabizbajo. -Soy yo el inapropiado.


-Una noble... -concluyó Edward.


Emmett asintió azorado.


-No debes avergonzarte por eso -le animó Edward. -Sé que no es una situación sencilla, que tienes mucho en contra pero, tú tampoco eres un hombre común y corriente. Creo que eres merecedor del amor de cualquier mujer.


-Gracias, Alteza, pero ya perdí la esperanza hace tiempo -se encogió de hombros con resignación.


-Menuda penosa pareja formamos tú y yo -sonrió entristecido Jasper.


-Lo sois por voluntad propia -les acusó Edward.


-Habla el feliz recién casado -se burló Jasper.


-No seas absurdo, primo -le reprochó. -Emmett únicamente debe ganarse el corazón de la muchacha, como haría con cualquier mujer. Si ella le corresponde, serán capaces de encararse contra el mundo entero si es necesario. Que de algo sirva mi ejemplo -aseveró. -Y en cuanto a ti, basta con que enfrentes a tu esposa de una vez por todas y aclaréis este estúpido malentendido.


Jasper lo miró atónito mientras Edward dibujaba una mueca en su rostro al darse cuenta de que, dejándose llevar por su impetuosidad, había hablado demasiado. Emmett también lo observaba extrañado.


-¿Qué malentendido? -le exigió -¿Sabes algo que yo desconozca?


-Tómalo con calma, primo. No quiero que esto me cueste mi matrimonio y me tenga que unir a vuestro clan de los corazones rotos.


-Edward -le advirtió Jasper con severidad.


-¿Qué opinas de María? -quiso tantear Edward.


-¿Y qué demonios tiene que ver la doncella en todo esto?


-¿No crees que es demasiado complaciente? -hizo hincapié en esto último.


-Sí, y demasiado molesta también -se empezaba a exasperar. -¿Quieres decirme de una vez a que viene este interrogatorio?


De repente, Emmett comenzó a comprender.


-Alteza, no será que la Reina piensa...


-Eso mismo, querido amigo -afirmó Edward.


-¡Qué el infierno me lleve! -bramó Jasper -¿Alguien me puede explicar que diantres sucede con mi esposa?


-Alice está convencida de que tienes amoríos con María -espetó Edward.


Toda la irritación que Jasper sentía en ese momento se diluyó, dejando paso al más grande estupor.


-¿De dónde has sacado semejante exabrupto? -demandó saber.


-De labios de tu propia esposa -le dijo. -Bella me lo contó anoche.


-¿Pero cómo?


-Sólo se eso, Jasper -se lamentó Edward. -El resto deberás averiguarlo tú.


-Por eso actúa de forma tan extraña -supuso Emmett.


-Eso es una vil calumnia -exclamó afrentado. -Yo amo a Alice, no me atrevería ni a pensarlo siquiera.


-Lo sabemos, Majestad -concordó Emmett. -Pero pareciera que ella no.


-Debo hablar con ella enseguida -masculló. -No puedo permitir que por más tiempo crea que...


Pero le impidió continuar un terrible dolor que le atravesó el pecho en ese mismo instante. Alcanzó a llevarse la mano al cuerpo y palpó la madera de una flecha y algo cálido que emanaba de ella a borbotones. Tras eso... sólo oscuridad.