Dark Chat

jueves, 13 de mayo de 2010

INMORTAL

Capítulo 5: Deuda Parte II


BELLA POV


"Tu no aprenderás la lección ni viviendo trescientos siglos" – reprendió Alice, mientras fruncía su delicado ceño


"Hermana, ¿Qué pretendes? No puedo quedarme encerrada en este castillo todos los días"


"No te estoy pidiendo eso" – discutió – "lo único que no me parece correcto es que quieras ir al bosque, cuando solamente han pasado tres días desde que fuimos atacadas"


"Tranquila" – murmuré, mientras posaba una de mis manos sobre sus mejillas – "Solamente será un pequeño paseo. No tardaré"


"Iría contigo si no fuera por que James prometió enseñarme tiro de arco en unas horas…"


"… Y al no verte, supondría que estas conmigo, nos mandarían a buscar y, en ese momento, me delatarías" – completé, con una pequeña sonrisa.


"Bella, por favor, no vayas" – pidió, mientras tomaba mis manos entre las suyas – "Deja de arriesgarte tanto, ¿Acaso no entiendes que te amamos y nos dolería mucho el perderte?"


"Lo sé" – admití – "Pero el estar encerrada en este castillo me enferma. Tú lo sabes, mejor que nadie"


"Si algo te llegara a pasar, yo no podría con la conciencia. Ahora mismo no sé cómo es que puedo aceptar ser tu cómplice…"


"Alice" – interrumpí, de manera cariñosa – "Tranquila. Todo estará bien. Solo se trata de un paseo. Te prometo que dentro de poco estaré de regreso"


Había llegado a la parte del bosque en donde la masacre había sido efectuada. Todo estaba tan normal como siempre. Los cuerpos decapitados habían sido levantados desde esa misma noche. Todo estaba en un completo silencio, un silencio acogedor, lo que significaba que no había peligro alguno.


No pude evitar el pensar en aquel vampiro y su compañera, ¿Me habrían hecho caso?...


Como respuesta a mi pregunta, una mancha blanca se movió a mi costado izquierdo. Detuve mis pasos y empuñé la espada que llevaba cargando – insistencia de Alice – Esperé por otro movimiento, con mis sentidos en alerta, más no logré captar algo extraño a mi alrededor.


Sin confiarme, continué con mi marcha, con la espada dispuesta a atacar, si era necesario. Al cabo de un determinado tiempo, en el que ningún peligro se logró percibir en el aire, me relajé. Me convencí mentalmente que se había tratado de mi imaginación y hasta logré sonreír, mofándome un poco de mí persona.


"Princesa y soy una torpe para localizar a vampiros" – musité, hablando sola con un árbol al que me encontraba acariciando lentamente, con la yema de mis dedos


"No es la única incapaz de percatarse de nuestra presencia" –


Retrocedí dos pasos hacia atrás y alcé mi espada, al escuchar aquella voz que, extrañamente, me había resultado demasiado familiar. Él apareció justamente detrás del árbol que me encontraba acariciando, con su inseparable sonrisa cínica pintada en los labios. Nuestras miradas se unieron, en la distancia, y al contemplar el rojo sangre que en ellas ardía intensamente, retrocedí otro paso más.


"Les dije que se fueran" – recordé


"¿En serio creyó que tomaríamos en cuenta su consejo?"


"Si tienen sentido de supervivencia, por supuesto que si" – contesté.


Una risa amarga y burlona se levantó por los aires, fruncí el ceño al instante, ¿Qué se creía aquel estupido vampiro para reírse de mí?


"Disculpe, su Majestad" – inclinó su cuerpo, con una pequeña (y nada respetuosa) reverencia – "Pero, si me lo permite…"


"No te lo permito" – alcé la voz, para interrumpirle rápidamente. Su sonrisa se ensanchó


"Usted no tiene ningún derecho para hablar acerca de sentidos de supervivencia, ya que, por lo que he logrado presenciar, usted carece de ellos más que cualquier especie habitando dentro de este bosque" - dijo, ignorando mi comentario


Chasqueé mis dientes, sin evitar poder sentirme ofendida. Aquella absurda e infantil rabia, movió mis dedos hacia la pequeña estaca que reposaba, apretada sobre mi cintura y, con los movimientos más rápidamente posibles, la lancé hacia él…


... De más esta el decir que la evitó, con suma facilidad.


"Para ser de la Realeza no es nada cordial" – señaló, mirando fijamente el objeto punzo cortante. Mi cuerpo se estremeció al saberse en peligro. Aquel demonio podía lanzarla de regreso, hacia mí, y él, obviamente no fallaría.


Aún así, permanecí firme y con la barbilla en alto.


"¿Con qué derecho me juzgas?" – reté – "De ningún privilegio gozas, tú, un vampiro, para venir a decirme que hago o no hago bien"


"Lo siento, Princesa" – volvio a marcar una reverencia exagerada y mofada – "No fue mi intención el ofenderle"


"Tú sola presencia lo hace. ¿Cuántas veces les tenemos que decir que no les queremos en nuestras tierras?"


"¿Sus tierras?" – repitió, y un brillo rabioso destelló en sus ojos color carmesí – "Vaya… Hasta donde yo tenía entendido, la tierra es libre y no tiene dueño alguno. Demuéstreme, pues, que estoy equivocado. Haga que los árboles levanten sus raíces y doblen sus troncos para reverenciarla. Si eso sucede, le doy mi palabra que daré media vuelta y me iré, junto con toda mi familia, de aquí"


Me quedé en silencio, intentando encontrar algún discurso a mi favor, más no hallé palabra alguna que me fuera de ayuda. No lo iba a reconocer abiertamente, pero, sus palabras habían sido ciertas y sabias. Demasiadas inteligentes, para haber sido dichas por un simple y salvaje vampiro. Su tan habitual sonrisa sarcástica adornó su pálido rostro, sabiéndose victorioso. Me vi en la necesidad de morderme la lengua para callar las palabras que pudrirían mi boca por su intensidad.


Tuve que desviar mi mirada de sus ofensivas pupilas. Podía jurar que mis mejillas se estaban coloreando de rojo, a causa de la furia, mientras él se encontraba conteniendo la carcajada que exigía salir de su garganta. No lo pude soportar. Era demasiado para mi orgullo. Tomé la espada con fuerza y, me lancé hacia él.


"¡Ey!" – exclamó, cuando el primer movimiento pasó cerca de su pecho.


Después, comenzó a carcajearse, incrementando mi cólera y mis deseos de cortarle en dos. La espada subía y bajaba, pasando a escasos milímetros de su blanquecina piel. Su risa se elevó por el viento y, a pesar de lo furiosa que estaba, tenía que admitir que era un sonido muy hermoso. Parecía que se divertía enormemente de mi torpeza. Era un balance perfecto. Yo me encontraba inundada de rabia y él, de la misma manera, se encontraba regodeándose en su burlona diversión.


Gruñí fuertemente cuando mis movimientos se vieron bloqueados con una sola de sus manos, las cuales sostenía a la espada de manera cuidadosa, pero firme.


"Para no ser una simple humana, déjeme decirle, con todo respeto, que es usted demasiado inexperta en peleas"


"No es de tu incumbencia" – siseé


Me arrancó el arma, de un solo movimiento, el cual me tomó desprevenida, e hizo que cayera de espaldas hacia el suelo. El filo del objeto quedó pegado a mi garganta, levantándome la quijada con la hoja de hierro.


"Pero si debería de importarle a usted" – repuso – "Ahora mismo podría matarle, sin problema alguno"


No contesté, me limité a mirarle de manera envenenada. Extrañamente, por primera vez, no me sentía en peligro. Tal vez era la fuerte descarga de odio que sentía en cada uno de mis poros, lo que me impedía ser capaz de poder presenciar algún otro tipo de emoción.


"No se preocupe. No le haré daño" – informó, con voz seca, mientras daba dos pasos hacia atrás, lejos de mí.


Me puse de pie, rápidamente, de manera cautelosa. Mi mirada escéptica se junto con la suya, dueña de un brillo indescifrable y estremecedor.


"¿Se puede saber por qué, de un momento a otro, has decidido no matarme?"


"Quiero ofrecerle mi lealtad, como muestra de gratitud al salvar a Esme"


Admito que me quedé demasiado pasmada por sus palabras, por lo cual tardé en articular


"Debes de tenerle mucho aprecio a esa mujer"


"La amo" – confesó y, por un segundo, su rostro se dulcifico, al igual que su mirada – "Es mi madre, ¿Cómo no hacerlo?"


"Tu… madre" – repetí, pues no pensaba que aquella mujer tuviera un vinculo tan grande con él. Sinceramente, había pensado que era su compañera…


Su mirada se centró un momento en mi dirección, para después vestirla con ese manto desairado que le caracterizaba


"¿Ahora comprende?" – continuó


"¿Eso significa que no atacarás más aldeas? ¿Qué dejaras de atacar a mi familia, si la ves andando por el bosque?"


"No" – contestó – "He sido especifico con mis palabras. Mi lealtad va dirigida solamente hacia usted. Su familia es algo que a mi no me interesa"


"Debería" – discutí – "Ellos son sangre de mi sangre…"


Dejé mi parloteo al sentir mis manos atrapadas en las suyas. Una pequeña corriente eléctrica se extendió al instante por mis brazos y nadó hasta cada centímetro de mi piel.


"Le suplico que no me pida un cambio tan radical" – susurró, con voz persuasiva y peligrosa – "Otórgueme la oportunidad de cambiar, simultáneamente, con el tiempo. No quiero mentirle, así que, por ahora, no puedo comprometerme con acciones que, estoy seguro, podrían no ser ciertas" – calló por un momento, penetrándome con su roja mirada – "¿Acepta?" - preguntó, finalmente.


Lo pensé durante mucho tiempo. Analizando cada palabra dicha. Luchando por mantener mi mente fría para decidir lo que era mejor. Clavé mis pupilas en las suyas, e intenté por buscar algún atisbo de traición en ellas, más no encontré otra cosa que no fuera una absurda sinceridad.


Aquello era imposible… pero parecía ser cierto.


Decidí arriesgarme. Al final de cuentas, ¿Qué podía él ganar con todo ello? Quizás ese era el inicio del fin de una interminable guerra, la cual cobrabra numerosas vidas inocentes. Quizás eso era lo que marcaría un cambio relevante en mi vida.


"Acepto" – contesté, con un suspiro profundo


"Muchas gracias, su Majestad" – murmuró, con una tenebrosa y juguetona sonrisa de suficiencia, curvando sus labios.


ALICE POV


Me encontraba en la espera de mi hermano, sentada en una piedra tallada intencionalmente, para adquirir la forma de una banca. Dejé llevar mis pensamientos hacia mi hermana, cerré mis ojos para intentar verla, más ninguna imagen clara acudía a mi mente. Bufé, de manera frustrada. ¿Por qué mis sentidos solamente se tenían que agudizar cuando la gente cercana a mí corría grave peligro? Algo tan útil no debería de tener limitaciones.


Bueno, al menos, tenía casi por seguro que Bella se encontraba bien. Miré a mí alrededor, y fruncí el ceño. Mi hermano ya se había demorado. Él siempre solía ser demasiado puntual. Decidí aguardar un poco más y, alcé mi mirada hacia el cielo nublado. Recordé que el día de despedirme, otra vez, de aquellas espesas nubes grises, se estaba acercando. Llevé mis manos hacia un pequeño lecho de rosas que reposaba a mi lado derecho y arranqué un pequeño capullo de color blanco, paseé mis dedos por su suave textura y me perdí en la delicadeza de sus tiernos pétalos.


"Alteza" – susurró alguien, haciéndome saltar del asiento – "Lo siento, Princesa, no era mi intención asustarle" – se apresuró a decir, el joven guerrero al que recordaba como Jasper


"No te preocupes" – contesté – "¿Se te ofrece algo?"


"Si. Su hermano ha mandado a informarle que le será imposible acudir con usted y me ha indicado que sea yo quien le instruya, si usted esta de acuerdo"


Fijé mi mirada en el arco que llevaba entre sus manos y, al no encontrar nada más interesante que hacer, asentí. Todo resultaba más atractivo en comparación a pasar toda la tarde preocupada por mi hermana. Me puse de pie, invitándole a acercarse y comenzar con la clase.


Sonreí un poco al ver como titubeaba al pasar sus manos por mis brazos. El chico se encontraba nervioso, como si con tocarme pudiera romperme.


"No te asustes. No soy tan frágil" – dije, para otorgarle un poco más de confianza. Era algo extraña, pero casi podía afirmar que podía sentir sus emociones. Como si me las pudiera transmitir su inquietud.


Él no discutió. Se limitó a dirigir mi mano izquierda, para que ésta se estirara completamente y sostuviera la empuñadora, después, alzó mi brazo derecho, mientras la cuerda se estiraba por la flecha que en ella se encontraba.


"Su codo debe de estar precisamente a esta altura" – indicó.


Fruncí mis labios, por el esfuerzo que ello me tomaba. La espada era mucho más sencilla de manejar.


"Intente mantener su cuerpo erguido" – agregó, abandonando sus manos de mis brazos y guiándolas hacia mi espalda, empujándola hacia delante. El roce de sus dedos sobre la parte trasera de mi cintura provocó un cosquilleo que me desconcentró por completo y aflojó mis brazos.


La flecha salió disparada bruscamente hacia el frente y el impulso de la cuerda fue demasiado salvaje que, de no haber tenido aquellas fuertes manos sosteniéndome, estaba segura que, tal vez, hubiera caído de espaldas.


"¡Princesa!" – exclamó el muchacho, mientras sentía como sus dedos se apretaban en su agarre – "¿Se encuentra bien?"


"S-si" – contesté, con las mejillas sonrojadas y los ojos desorbitados.


Era una suerte tremenda el no haber tenido más espectadores. No quería ni imaginar lo que hubiera pasado si alguien desafortunado sería alcanzado por mi imprudencia.


"Lo siento" – se disculpó, lo cual no entendí, ¿Por qué estaba pidiendo disculpas? La torpeza había sido causa solamente mía – "Debí de ser más cuidadoso…"


Me sentí molesta: ahí estaba, otra vez, la misma idolatría exagerada por parte de un humano. ¿Cuándo entenderían que nosotros no éramos perfectos? Que, lo único que nos distinguían de ellos era el hecho de nunca envejecer. Solo eso. No había nada más por lo cual ser vistos como dioses.


"Basta" – interrumpí – "No tienes por qué disculparte. Fui yo la del error. Era yo quien sostenía el arco y la flecha" – finalicé, mientras salía del lugar, a grandes zancadas.


EDWARD POV


"Aún no cree en mis palabras, ¿Cierto?" – pregunté – "Puedo ver la desconfianza en su mirada"


"Intentaste matarme en dos ocasiones" – recordó – "Así como tu me pides tiempo, lo mismo hago yo"


"Comprendo" – asentí. Ella desvió su mirada hacia el cielo gris, que comenzaba a tornarse un poco más oscuro


"Es hora de que regrese al castillo" – anunció – "Mi familia se ha de encontrar preocupada"


"Le ofrecería mi ayuda, para llegar más rápido, pero es arriesgarnos demasiado"


"Lo sé" – admitió con una pequeña sonrisa – "Supongo que todos enloquecerían si se enteraran que un vampiro y una princesa han hecho las paces"


"Algo poco común, es cierto" – acordé – "Un peligroso secreto"


Sus ojos me volvieron a mirar de manera penetrante, el silencio se levantó entre nosotros por un momento


"Prométeme que no herirás a mi familia" – pidió, seriamente


"Lo prometo" – dije, de la misma manera


"Bien" – finalizó, con una sonrisa acompañada de un suspiro – "Adiós" – dijo, mientras me daba la espalda y comenzaba a caminar por aquel sendero


"Adiós, Princesa" – musité, rompiendo al fin, mi mascara de amabilidad


Comencé a internarme en el bosque, cuando la perdí de vista. Entré en la espesura de aquellos árboles y detuve mis pasos al sentir una conocida presencia


"Así que... ahora eres amigo de esa chiquilla" – murmuró una voz femenina, mientras rodeaba mi cuerpo con sus brazos.


Sonreí maliciosamente, mientras dejaba que sus labios recorrieran mi cuello


"Pensé que lo que más querías era matarla"


"Y así es" – confirmé – "Solo que se me ha ocurrido un plan mucho mejor, con el cual, disfrutaré, poco a poco, el dulce sabor de la venganza"


"¿Y me vas a decir de qué se trata?"


"¿Es necesario?" – repuse – "¿Acaso tú, una hechicera, necesitas pedir la información, teniendo tantos métodos para conseguirla, por si sola?"


Giré mi cuerpo para encararla. Nuestras pupilas se unieron en aquella oscuridad que había terminado por caer. Le dediqué una mirada maliciosa, al mismo tiempo que ella hacía lo mismo, para después, desabotonar mi camisa y clavar sus dientes sobre mi pecho.


"Hechicera" – repitió, mientras su lengua se paseaba por mi piel – "Me encanta la sutileza con la que te refieres a mí. Todos me llamarían bruja"


"Bruja es una palabra demasiado ofensiva para una mujer como tu"


"Sin embargo, así es como los humanos se refieren a mi especie" – dijo, alejándose, completamente inundada por el odio


"Rosalie" – llamé, intentando calmarla – "Tranquila…"


"¿Tranquila?" – inquirió – "¿Cómo pides que lo este, cuando han acabado con mi familia por completo?" – el rencor se encontraba presente en sus delicadas facciones – "Han pasado setenta años desde que yo me quedé sola. ¡No tienes idea de la rabia que me da el verlos vivir para siempre, cuando deberían de estar muertos y podridos por todo el daño que han causado!"


La tomé entre mis brazos y la apreté hacia mí


"La venganza llegará en su momento, Rose" – prometí – "Pagaran con lo que más aman, principalmente el príncipe James. Y tú estarás ahí, a mi lado, cuando todos ellos sucumban ante la muerte de su mayor tesoro: La princesa Isabella"


"Veo mucha demora de tu parte, pudiste haberla matado hoy"


"Paciencia" – pedí – "Mi plan esta trazado con largos, pero seguros, caminos. Confía en mí. La Realeza se vendrá abajo cuando, uno de ellos, ósea, Isabella, les traicione"


"¿Traicionar a su propia especie? Eso es algo imposible"


"Te equivocas" – discutí – "He escuchado por ahí que el amor enloquece a las almas"


"¿Intentaras seducir a la princesa?" – preguntó, de manera incrédula


"Exacto"


"Te escuchas demasiado seguro, ¿Cómo puedes estarlo? Si no mal recuerdo, la noche pasada me dijiste que no puedes leerle la mente"


"Y es verdad" – admití, intentado disimular la frustración que ello me causaba. Era la única especie a la cual, no podía ingresar en sus pensamientos. La única aparte de Rose, quien siempre usaba uno de sus hechizos para mantenerme lejos de sus pensamientos – "Pero no se necesita ser lector de mentes para adivinar que la Princesa se siente sola. Basta con mirar sus ojos para saberlo"


"Y tu te aprovecharas de esa desesperada soledad para entrar en su vida" – aventuró


"¿Te he dicho lo inteligente que eres?" – susurré, mientras acercaba, con agresividad, mis labios a los suyos, dejando por zanjado el tema, mientras nos caíamos sobre la tierra del bosque.


*****************************************************************************************







Capítulo 6: Aliados


EDWARD POV


"Necesito tu ayuda" – dije, mientras caminaba, lentamente, de un lado a otro, viendo como cada extraño brebaje se presentaba frente a mí, posados en aquella enorme alacena de madera


"Ya sabía que no estabas aquí por simple deseo" – contestó Rose, sin verme, concentrada en alimentar a un cuervo que tenía dentro de una jaula – "No es necesario el ser bruja para saberlo. Eres tan predecible"


Reí entre dientes


"Quiero que me des de la pócima que tu utilizas para que no pueda leer tu mente"


"¿Y para qué?" – exigió saber


"Por que pienso ir en busca de la Princesa Isabella" – confesé – "Han pasado días enteros desde que hicimos nuestra promesa de paz y no la he vuelto a ver"


"¿Desesperado?" – inquirió, alzando una de sus delicadas y rubias cejas


"Un poco, si" – admití – "Con cada día que paso sin cobrar venganza, mi odio incrementa y, eso, no es bueno"


"El odio y la venganza son sentimientos demasiado pasionales. Llamas vivas que nos alimentan"


"Aún no hemos probado su verdadero sabor"


"¿Y para qué quieres tú esa pócima?"


"Por su hermana, la más joven de ellos. El día de la pelea pude leer su mente y me di cuenta que tiene la capacidad de ver, en algunas ocasiones, el futuro de su familia y de gente que ama. Ese don es un estorbo para mí. Necesito que todos ellos se encuentren ciegos, mientras yo juego mis cartas, con tranquilidad"


"Demasiado listo" – señaló, con una divertida y malévola sonrisa curvando sus labios. Dejó de alimentar al cuervo y caminó hacia la dichosa alacena, de la cual extrajo un pequeño recipiente de vidrio, el cual contenía un líquido color verde – "Es este. Debes tomarlo cada tres días, en la madrugada" – explicó, mientras me lo tendía y yo lo cogía entre mis manos – "Aunque, debo advertirte que su sabor no será de tu agrado. No sabe precisamente a sangre dulce y fresca"


"Eso es lo de menos. Ya después seré recompensado"


BELLA POV


"Bella, ¿Ocurre algo?" – preguntó Alice, llamando mi atención


"No" – respondí – "¿Por qué lo preguntas?"


"Te siento demasiado ausente" – señaló – "Has estado así desde aquel día que saliste a pasear, ¿Paso algo…?"


"No" – dije, rápidamente, agradeciendo a mis adentros el que mi hermana hubiera sido incapaz de mirarme en sus tan imprecisas visiones.


"No te creo" – discutió – "Algo te pasa. No puedo ver nada en tu futuro, hace días no era así"


Le miré a los ojos y no supe qué decir. Aún me encontraba demasiado confundida por las palabras de aquel inmortal con ojos color sangre. Mi hermana esperaba, expectante, por una respuesta que, sabía yo, no llegaría en ese momento. No podía decirle que había platicado y hecho las paces con el mismo vampiro que me había querido matar tenía poco.


"Y bien…" – insistió


"Alice, tengo mucho sueño" – contesté, ignorando la mirada escéptica que me dedicaba – "Me duele un poco la cabeza"


"De acuerdo" – accedió, mientras se levantaba de mi cama y caminaba hacia la puerta – "Que descanses" – murmuró, antes de desaparecer


Me dejé caer sobre la almohada y cerré mis ojos, demasiado deseosa de poder dormir; más el sosiego se negaba a llegar. Me revolví ciento de veces sobre las sabanas, hasta que me di por vencida y decidí por caminar hacia mi ventana, para contemplar la noche. Mantuve mi mirada hacia arriba, en busca de alguna estrella que hubiera podido burlar las espesas nubes para hacer acto de presencia. Comencé a contarlas, al mismo tiempo que sentía como la pequeña llovizna caía y mojaba la tierra.


Estiré mi mano, para así alcanzar una de las tantas gotitas cristalinas, cuando un helado tacto la atrapó. Pegué un brinco hacia atrás y me llevé las manos hacia mi boca, para reprimir un grito. Mis ojos se dilataron como platos, al ver al joven que se encontraba frente a mí.


"¿Qué es lo que haces aquí?" – pregunté, cuando estuve recuperada de mi sobresalto


Su mirada viajó por todo mi cuerpo y fue, en ese entonces, cuando comprendí que me encontraba con mi ropa intima. Jalé rápidamente las sabanas de mi cama y me cubrí con ellas.


"¡Largo de aquí!" – siseé, frunciendo el ceño y luchando por controlar el rubor de mis mejillas


"¿Acaso nunca se quita esta joya?" – preguntó, ignorando mi comentario, mientras acariciaba, con la yema de sus dedos, el cristal azul zafiro que reposaba sobre mi frente


"¿Has venido hasta mi recamara, solamente para preguntarme semejante tontería?"


"En realidad no" – contestó, alejando sus dedos de mi tiara – "Vine por que estaba preocupado"


"¿Preocupado?" – repetí, sin lograr ocultar mi asombro – "¿Preocupado, por qué?"


"No la he visto tiene días…"


"Solamente han sido dos" – interrumpí


"Aún así. Usted siempre anda en busca del peligro"


"Hablas como si me conocieras realmente"


"Tal vez así sea" – murmuró, mirándome a los ojos. Se encontraba en cuclillas, con sus pies en la estrecha orilla de la ventana, con el perfecto equilibrio de un gato.


Desvié mi mirada, pues comenzaba a sentirme aturdida.


"¿Cómo le hiciste para entrar?" – pregunté, al recordar la innumerable guardia que cuidaba las entradas del castillo


"También he aprovechado para tomar una pequeña cena" – contestó, como si me hubiera dicho que acababa de beber agua de un río


"¿Mataste a los guardias?"


"Solo habían tres"


"¡¿Y aún así tienes el descaro de admitirlo, frente a mí?"


"No pensé que le ofendería con ello" – repuso, con voz exageradamente preocupada – "Le ofrezco mis mas sinceras disculpas"


"¡Pues no las acepto!" – escupí, logrando que aquella sonrisa burlona curvara sus labios.


Respingué al escuchar varios pasos, provenientes desde el primer piso.


"¿Qué pasa?" – reconocí la voz de mi hermano


"Vampiros, mi señor. Han matado a cinco hombres que cuidaban la entrada. Tememos que se hayan logrado infiltrar al castillo"


"¡Dispérsense por cada una de las habitaciones! ¡Tú, ve en busca de mi padre! ¡Ustedes, vayan a despertar a mis hermanas y a mi esposa! ¡Muévanse!" – ordenó rápidamente, con la voz completamente desesperada y encolerizada


Dirigí mi mirada hacia el despreocupado vampiro que, al igual que yo, había escuchado todo.


"Creo que su Majestad se ha enojado" – señaló


"Y con justa razón" – dije – "Jamás antes alguien como tú había tenido la osadía de cazar tan cerca de nuestro hogar, ¿Qué es lo que planeas? ¿Acaso quieres que te capturen?"


"Los errores no solamente son parte de los humanos, ni de la Realeza, también los vampiros los cometemos"


Le dediqué una mirada envenenada, mientras él ensanchaba su irónica sonrisa. Escuché el sonido de unos pies subiendo por las escaleras, para llegar a mi habitación


"Tienes que irte" – demandé – "Los guardias vienen hacia acá"


"No puedo" – contestó y, en verdad, preocupación era lo que menos le cruzaba por su rostro – "Están rodeando el castillo y, tal como supone, no es mi intención el ser destazado mañana por la mañana"


"Demasiado tarde para pensar en ello. No pensaras meterte en mi recamara y ocultarte en mi closet… ¿O si?" – pregunté, con voz ahogada al ver en su roja mirada un asentimiento a mi proposición


"Gracias. Ya sabía que había en ti una parte amable" –


Antes de que pudiera protestar, él ya estaba dentro de mi cuarto. Mis ojos casi se salían de sus cuencas ante la desesperación que sentía pues los pasos de los hombres estaban a pocos metros de nosotros.


"Princesa" – llamaron e, instantáneamente, empujé al vampiro hacia el closet con tal ímpetu que tropecé con mis propios pies y yo también me vi hundida en la espesura de mis vestidos. Sus manos se apretaron a mi cintura por un breve momento, en el cual nuestras miradas se encontraron y sostuvieron en la oscuridad, al mismo tiempo que su fresco aliento acariciaba mi olfato – "Alteza, ¿Se encuentra usted bien?"


"Si" – contesté, deshaciéndome de aquella cárcel carmín y cerrando la puerta de madera, para ocultar a mi no invitado – "¿Qué ocurre?" – pregunté, en cuanto los guardias entraron


"Su hermano nos ha mandado a vigilar su recamara. Los vampiros han logrado infiltrarse en el castillo"


"Entonces, he ahí la explicación de la sombra que logré vislumbrar hace pocos segundos" – mentí, con suma facilidad – "Se fue en aquella dirección"


Los soldados, movidos por aquella falsa información, salieron corriendo de mi habitación, dejándome "sola" en ella. Cuando no logré escuchar algún sonido ajeno a la situación, caminé hacia el armario y abrí las puertas, de par en par. Mis ojos se perdieron en el joven despreocupado que apareció de entre los vestidos


"Gracias"


"No tienes por qué agradecer" – repliqué, con frialdad – "No lo hice por ti. Quiero que salgas de mi habitación ahora mismo"


"No es verdad" – contradijo – "Si solamente hubiera querido que me retirara, no era necesario que le hubiera mentido a su guardia. Bien podían ellos sacarme de aquí"


"Hasta donde recuerdo, hemos quedado en un mutuo tratado de paz" – dije, a mi favor – "Y yo pienso respetarlo, ¿Acaso tu no?"


"Por supuesto que si" – contestó, rápidamente y un extraño brilló atravesó sus pupilas – "Y, como muestra de ello, también venía a ofrecerle mis servios como maestro en armas"


"¿Maestro en armas?" – repetí, de manera incrédula


"Siendo sincero, debo decirle que sus dotes con el arco y la espada son… deficientes"


"Eso no tiene por qué importarte" – repliqué, sin poder ocultar mi indignación


"Definitivamente tiene usted razón" – acordó – "pero… creo que no estaría de más el mejorar sus movimientos. Uno nunca sabe cuándo alguien puede llegar a traicionar su espalda"


"¿Es esto una advertencia implícita?" – pregunté, entrecerrando mis ojos de manera acusante


"No. Por supuesto que no. Yo sería incapaz de hacerle daño. No podría fallarle a la persona que salvó la vida de mi madre" – Guardé silencio, durante un prolongado momento, por lo cual él insistió – "¿Cuál es su respuesta? ¿La veo mañana, al atardecer, cerca del río?"


Tardé un poco en contestar, pues dentro de mí dos partes se debatían entre aceptar o no. Al final de cuentas, y movida por una desconocida curiosidad, accedí.


"De acuerdo" – dije, con la mayor indiferencia que me fue posible – "Pero, por favor, ya vete. No eres invisible y te pueden descubrir"


"Sus deseos son mis ordenes, Majestad" – murmuró, haciendo una leve reverencia – "Le veo mañana"


Y, dicho esto, desapareció de mi vista, literalmente, dejándome idiotizada, con la mirada perdida en el negro horizonte y sumergida en un letargo sin imágenes.


"¡Bella!" – exclamó Alice, salvándome de mi inusual ensoñación – "¡Bella! ¿Estas bien?"


"S- si" – titubeé, sin poder ocultar mi nerviosismo, al recordar que, muy probablemente, ella me había logrado ver en sus visiones. ¿Cómo le iba a explicar que acaba de ayudar a escapar a un vampiro?


"Me tenías muy preocupada" – prosiguió, con voz completamente desesperada y cargada de terror – "Tu futuro desapareció por completo de mi mente. Como si una sombra lo cubriera… ¡Oh, Bella!" – exclamó, lanzándose a mis brazos – "Ha sido horrible. Ahora mismo, me estoy esforzando por encontrar algún detalle de tu destino y todo esta oscuro. Tengo miedo, no quiero que nada te pase."


"Alice, tranquilízate" – dije, mientras frotaba su espalda con mis manos – "Seguramente se debe a la tensión… estoy bien. Estaré bien" – prometí


Mi hermano entró corriendo a la habitación, como si Alice o yo lo hubiéramos invocado. Detrás de él, venían nuestros padres. James corrió, hasta abrazarnos contra su pecho.


"Hemos escuchado tus palabras, hermana, y compartimos tu misma angustia" – dijo, refiriéndose a Alice – "Pero no te preocupes. Te prometo que Bella y tú, estarán a salvo. No permitiré que nada les pase"


Pasamos toda la noche en vela, completamente alertas en encontrar a los vampiros que habían logrado penetrar al castillo. Cuando la mañana llegó, mi hermano, al darse cuenta que cada habitación había sido revisada, anunció a la guardia que podían retirarse a descansar un momento. Suspiré pesadamente, mientras mis parpados amenazaban con cerrarse ante el desvelo. Todos parecíamos cansados, menos James, quien caminaba, de un lado a otro, por toda la estancia, con su mano sujetando su barbilla. Le dediqué una mirada a mi cuñada, quien mantenía su rostro sereno, pero su mirada inquieta, mientras seguía con ésta la figura de su esposo.


"Hijo, ¿Qué es lo que tanto piensas?" – preguntó mi padre, tomándolo de los hombros y haciéndole frenar.


"Padre, necesitamos ayuda" – soltó – "Esas bestias son demasiadas, varios de nuestros hombres han muerto y no puedo soportar la idea de seguir sacrificando vidas inocentes. Necesitamos aliados"


"¿Con qué aliados podemos contar nosotros?" – inquirió mi padre, mientras todos escuchábamos atentos su plática


"Podemos llamar a mi primo, Emmett, para que venga con sus hombres"


"¡¿Emmett?" – solté, a coro con Alice, completamente entusiasmadas ante la idea


"Hasta donde sé, sus tierras han sido completamente limpiadas de los vampiros, podemos mandarle una carta, para saber si estaría dispuesto a ofrecernos su ayuda"


"¿Lo dudas?" – preguntó mi pequeña hermana – "Emmett nunca se negaría a semejante petición. Todos saben lo mucho que adora la adrenalina que le despiertan las peleas"


"Tienes mucha razón" – admitió James, con una enorme sonrisa.


Mi hermano y mi padre se movieron para hacerle llegar la noticia a nuestro primo, joven rey de las tierras del norte, al que tenía cerca de medio siglo tras no ver… Decidí ocupar mi mente en el recuerdo de su rostro blanco y enorme sonrisa, ya que, insólitamente, los ojos de aquel absurdo vampiro me habían acompañado durante toda la mañana, al igual que una vaga preocupación de saber que podría estar en peligro.


"Alteza" –


Di media vuelta al escuchar la aterciopelada voz llamando detrás de mí. Me vi en la necesidad de retroceder rápidamente, ante el inesperado ataque de una filosa espada que se agitó en mi dirección. Mis ojos se dilataron, al mismo tiempo en que se fijaban en el sonriente vampiro que me había agredido


"Parece que sus reflejos no son tan malos, después del todo"


"Las normas de cordialidad no son enseñadas a los vampiros, ¿Verdad? Es muy poco caballeroso el querer agredir a una mujer, y es mucho peor si ésta se encuentra de espaldas y desarmada"


El joven bajó el arma y ensanchó su sarcástica sonrisa, dejando a relucir su blanca y perfecta dentadura.


"Se trataba solo de una prueba – dijo, mientras me alcanzaba la espada y yo la cogía entre mis manos. Se plantó frente a mí, sin decir más


"¿Qué se supone que tengo que hacer?"


"Lo que es lógico: Intentar atacarme. No tenga miedo" – agregó, al ver mi pequeña vacilación – "Dudo mucho que pueda alcanzarme"


Aquello me ofendió, pero intenté no hacerlo manifiesto. Empuñé lo mejor que pude la espada.


"Vamos, su Alteza" – incitó – "Demuéstreme qué tan ágil es con las armas"


Avancé dos pasos, hacia el frente. Concentrada e inspirada por lo indignada que me sentía. Mentalmente, me prometí que, fuera como fuera, le bajaría la prepotencia a aquel estupido vampiro…


Creo que esta de más el decir que mi plan falló desde el primer intento. Él era demasiado rápido (y yo, para ser una princesa inmortal, demasiado torpe) y, cuando parecía que el filo de la espada estaba a punto de tocarle, desaparecía (literalmente) de mi camino. Estaba segura que mi rostro se encontraba rojo de la rabia que me daba el escuchar su carcajada mofarse a cada segundo de mí. Aquello era inaceptable… y, no dispuesta a soportar más de aquella humillación, decidí aventar la espada al suelo, dar media vuelta y marcharme de aquel lugar.


"¿Qué es lo que pasa?"


"Ya me aburrí de todo este teatro" – contesté


"Parece que a la princesa no le gusta perder" – señaló. Decidí ignorarlo, mientras aseguraba la montadura de mi yegua y, cuando subí mi pie a la cinta, sentí como unas manos se posaban sobre mi cintura y me impulsaban hacia arriba.


Estuve sobre el animal en menos de lo que dura un suspiro, y la poca dignidad que estaba dispuesta a rescatar, se había ido al vacío.


"Espero verla mañana, aquí, a la misma hora, su Majestad. Debe admitir que, lo que pueda aprender conmigo , le será de mucha utilidad" – anunció, mientras se despedía con una pequeña reverencia.



Happy Birthday Rob!!


Hola mis niñaas!

Hoy es un dia muuuuuy especiaaaL, un día como hoy hace 24 añitoos nació un angelitoo hermosoo que vino a alegrarnos la vida y a enamorarnoos con su sola presenciaa, con una sonrisa, con su hermosa voz; un gran ser humano, un gran actor y cantante, un hombre guapisimo y extremadamente sexy...ROBERT PATTINSON♥..

Graciias a dios y a su mamá (mi suegritaa jajaj) por permitir que viniera a este mundoo a robarnoos sonrisaas y suspiroos y ni se digaa el corazoon.

Muchisimaas felicidadeees mi amoor, que te la pases muy bieeen corazoon (le doy permisoo a kriss q te festeje por mii jajajaja), que dios te bendiga peciosooo y te cuide siempreee, siempree seraas mi amor platónico jajaj, te mando muchoos besitooos y abrazooos

Asi que niñaas a festejaarlee a mi Rob eaeaea
aqui les dejo unas fotitoss que hice espero les gusteen

las kieroo, besitooos

Anitaa Cullen Pattinsoon!♥





miércoles, 12 de mayo de 2010

Mi Corazon En Tus Manos

CAPITULO 9


Emmett caminó lentamente hacia la cocina mientras masajeaba su dolorido hombro. Cuando Peter, que estaba sentado a la mesa, lo vio entrar no pudo contener el sonreír con mofa. Le hizo una seña para que se sentara a su lado mientras Charlotte, una de las doncellas, les servía el desayuno.


-Gracias a Dios que el Rey Carlisle te revisó las heridas -le dijo Peter -Si la reina no hubiera insistido para que te trataran esos golpes hoy no te podrías mover -se rió. Emmett lo miró haciendo una mueca.


-Aún no me explico que fuerza imperiosa te obligó a actuar así -se maravilló el capitán.


-Yo tampoco me lo explico -susurró Emmett para el cuello de su camisa.


-Pero disfruté cuando le pateaste el trasero a ese sangre azul -le palmeó en la espalda haciendo que Emmett emitiera un gruñido de dolor.


-Oh, lo siento, Emmett -se disculpó Peter. -Creo que hoy no deberías acudir a la instrucción -le sugirió. -Los muchachos soportarán que por un día no sigas adentrándolos en el oscuro mundo de la intriga y el espionaje.


-¿Desapruebas mis métodos? -le cuestionó Emmett mientras llenaba su jarra de vino dulce.


-Sabes que no y menos después de lo que me has contado -le aseguró.


-Entonces ¿has hecho lo que te pedí? -le preguntó el guardia.


-Sí, Benjamin partió de madrugada -le confirmó Peter.


Emmett asintió antes de vaciar el contenido de su jarra.


-Aunque como te dije ayer, creo que deberías poner al rey al corriente -le advirtió el capitán.


-No es necesario alarmar a nadie por una ligera sospecha -le contradijo.


-Sí pero...


-Y te rogaría que no lo comentases con nadie -le interrumpió. -En caso de que fuera cierto sería una complicación si llegase a oídos inadecuados.


Peter concordó con un movimiento de cabeza.


-Por ahora con estar prevenidos será más que suficiente -concluyó Emmett mientras se levantaba y se dirigía a la puerta. -Te espero en el Patio de Armas.


-Muy bien. Creo que les pediré a los chicos que lleven una vasija con linimento de laurel para el entrenamiento -se rió Peter al ver su gesto dolorido al caminar. Emmett le dedicó un mohín mientras salía de la cocina.


-Me consideráis demasiado ingenio si pretendéis hacerme creer que ese es el único motivo por el que queréis quedaros -la voz de Jacob resonó en la antesala.


-¿Queréis hacer el favor de bajar la voz? -le reprendió Bella.


-¿Tenéis miedo de que me escuche vuestro Príncipe Edward? -le inquirió lleno de sarcasmo.


-Ya os he dicho que no hay tal cosa -le aseguró Bella -Y sí, no quiero que nadie escuche nuestra absurda discusión, Alteza. Os recuerdo que somos invitados en este castillo.


-Sí, comportémonos. O sus padres pensaran que una princesa tan poco recatada no es digna de su hijito adorado -añadió él con tono hiriente.


-¡Jacob!, ya es suficiente -le instó Bella. -Estáis sobrestimando el concepto que tengo de nuestra amistad, además de sobrepasar el límite aprovechando que os tengo estima y que no quiero ser descortés con vos -le reprochó.


-¿Descortés en qué sentido? -quiso saber él. -¡Decídmelo! -insistió en vista de su silencio.


-Le he dado las explicaciones pertinentes a mi padre, como es mi deber -dijo Bella al fin. -Y os las estoy dando a vos sin necesidad de hacerlo pues no hay ningún tipo de vínculo entre nosotros que me obligue a ello, excepto el de nuestra amistad. Si vos pensáis que si lo hay, me veré en la obligación de aclararos que no es así y de pediros encarecidamente que os abstengáis de hacerme reproches que no os corresponden.


-Sí, tenéis razón al afirmar que no tengo derecho alguno para reprocharos nada -dijo entre dientes -pero, tan cierto como que por mis venas corre la sangre de los Antiguos Reyes de Dagmar, que haré todo lo que esté en mi mano para que eso cambie.


Dicho esto, giró sobre sus talones y comenzó a bajar la escalinata hacia el patio exterior. Bella permaneció estática mientras lo observaba salir, sin terminar de explicarse a que se debía ese cambio tan brusco en el joven. Jacob siempre se había mostrado afable y respetuoso y no entendía el porqué de su comportamiento tan tosco de esos últimos días. Bella escuchó pasos acercándose a ella y volvió su rostro para comprobar que era su padre.


-¿Has visto a Jacob? -le preguntó desde lejos.


-Te espera fuera, padre -le indicó.


-Muy bien. -Charles se detuvo ante ella.


-Gracias por permitirme permanecer un tiempo más aquí -sonrió Bella.


-No creas, no estoy del todo convencido -dudó Charles.


-Padre -quiso replicar Bella.


-De acuerdo, dejaré que te encargues de esa escuela tuya -concordó reticente -He de reconocer que ha estado funcionando bastante bien en Breslau.


-Y en Asbath -añadió con aire triunfal. Charles resopló.


-Aún así, en cuanto lo organices todo quiero que vuelvas a Breslau -le ordenó.


-¿Por qué la urgencia, padre? -preguntó ante tal seriedad.


-Hay otro asunto del que debes hacerte cargo -le informó.


-¿A qué te refieres? -se extrañó Bella.


-A tu matrimonio.


Bella sintió que todo el aire de sus pulmones la había abandonado de súbito. No podía creer que eso estuviera pasando.


-Pero creí -titubeó. -¿Me has concertado un matrimonio? -Bella hizo un gran esfuerzo por contener las lágrimas que inundaban sus ojos.


-No, hija -la contradijo rápidamente. -En su día te otorgué cierta libertad para ello y no pienso retirar mi palabra ahora -le aclaró -aunque bien sabes cual es mi preferencia.


-El Príncipe Jacob -susurró Bella bajando el rostro.


-Como te dije en su día, estoy dispuesto a escuchar tu propuesta pues sé que te guiará tu buen juicio pero, no puedo esperar eternamente, Bella -objetó Charles.


-¿Me estás dando un ultimátum? -le reprochó.


-No es eso y lo sabes. Pero tienes que aceptar que tienes edad más que suficiente para casarte -añadió. -Sólo quiero que empieces a tomarte ese asunto con la debida responsabilidad. Al fin y al cabo, en un futuro, mi reino pasará a manos del que sea tu esposo.


Bella no pudo discutir tal alegato, por mucho que le doliera, su padre tenía razón. Era su deber como princesa heredera el unirse en matrimonio con alguien apropiado. Y visto así parecía un simple negocio, una simple transacción.


Era ese el motivo por el que se mostraba siempre tan estricta con Alice y sus sueños de princesita romántica enamorada del príncipe azul. Eso estaba prohibido, no les estaba permitido. Eran ilusiones efímeras y tan frágiles como una burbuja de jabón y era insensato dejarse llevar por ellas, resultaba mucho más doloroso al tener que enfrentar la verdadera realidad.


-Está bien. En cuanto organice la escuela regresaré a Breslau, completamente predispuesta a complacerte -aceptó al fin con resignación. -Pero tienes que prometerme que no aceptarás ningún compromiso en mi nombre -le pidió.


Charles afirmó con la cabeza y se aproximó para abrazar a su hija.


-Te voy a extrañar -le dijo.


-Cuidate mucho, padre. Hasta pronto.


Charles besó a su hija en la frente y se separó de ella para marcharse. Bella lo vio dirigirse hacia Jacob, que lo esperaba al pié del carruaje. Bella se preguntó si habría sido preferible enfrentar de una vez su destino, en vez de dilatarlo al querer permanecer por más tiempo en aquel castillo.


Alice respiró profundamente antes de llamar a la puerta. Hubiera preferido no encontrarse en semejante situación, pero no podía negarle nada a Bella. Además, sabía que esa idea repentina de formar la escuela había sido la primera excusa plausible que le había venido a la mente al tratar de justificar frente a su padre sus deseos alargar su estadía en Los Lagos.


La voz de Jasper sonó desde el interior del escritorio instándole a entrar.


-¿A qué debo tan grata visita? -preguntó levantándose con una sonrisa dibujada en sus labios.


-Quisiera discutir algo con vos -respondió.


-Decidme, mi señora -Jasper le indicó que se sentará.


-En realidad, vengo a solicitar vuestro permiso, mi señor -rectificó dudando.


-¿Permiso? -preguntó extrañado -¿Para qué?


-Para formar una escuela -dijo quedamente. -Os aseguro mi señor que Bella sabe lo que hace -se apresuró a aclarar. -De hecho, sería la tercera escuela que formaría. En Asbath, los aldeanos están muy contentos pues es una forma de que sus hijos más pequeños que aún no están en edad de trabajar estén atendidos y sean educados. Bella está muy entusiasmada, como siga así va a escolarizar cada reino sobre la faz de la tierra. Le tengo dicho que...


Jasper alzó su mano pidiéndole que detuviese tan atropellado discurso. Alice guardó silencio bajando su rostro, al darse cuenta de que, de nuevo, se había excedido en su proceder.


-No lo creo necesario -le informó.


-¿Entonces no lo aprobáis? -le preguntó Alice con una clara nota de decepción en su voz.


-Quiero decir que no es necesario que pidáis mi consentimiento para tomar ese tipo de decisiones. Sois soberana de estas tierras y tenéis el justo derecho de decidir -le aclaró.


-Pero soy inexperta, mi señor y me aterra el errar en mi decisión y llegar así a perjudicar el futuro de nuestro pueblo -admitió resignada.


-No creo que una escuela sea algo que pueda perjudicar a nuestro pueblo, más bien todo lo contrario -la contradijo sonriendo.


-Sabéis a lo que me refiero -quiso reprocharle. -No podéis negar que conlleva una gran responsabilidad.


-Disculpadme -le dijo -y sí, claro que os entiendo. Muchas veces me he encontrado en ese tipo de situaciones, el hallarte en una encrucijada de esa índole sin una mano amiga que se tienda ante ti indicándote el camino a seguir.


Alice asintió y fijó sus ojos en sus manos que descansaban sobre su regazo, pensativa.


-¿Sucede algo, mi señora? -se preocupó Jasper al ver su expresión. Alice vaciló antes de continuar.


-Pensaba que, además de soberanos, somos esposos y como tales deberíamos apoyarnos -dijo sin levantar su mirada. Jasper no pudo ocultar su asombro ante tal afirmación.


-Ya sé que yo necesito vuestro consejo más que vos el mío -reconoció Alice. -Sólo puedo ofreceros una visión diferente a la vuestra que tal vez os diera algo de claridad en momentos de indecisión -concluyó tímidamente.


-¿Compartiríais conmigo vuestras inquietudes e ideas? -preguntó Jasper con cierta expectación en su voz.


-Si vos quisierais escucharlas -titubeó.


-Estaría encantado, mi señora -sonrió Jasper. Alice le devolvió la sonrisa. -No dudaré en llamaros cuando algún asunto de estado me aflija.


-Espero no induciros a enemistaros con todos los Reinos colindantes y provocar una guerra entre ellos -alegó con preocupación. Jasper no pudo evitar reír con su ocurrencia.


-Aunque dudo que se diera el caso, tengamos un poco de confianza en nuestro juicio -dijo aún riendo. Alice rió también en respuesta.


-¿Entonces aprobáis la idea de la escuela?


Jasper la miró disconforme.


-Creo que es un buen momento para poner en práctica el pequeño acuerdo que acabamos de establecer.


Alice sonrió tímidamente mientras asentía.


-¿Apoyáis mi decisión, mi señor? -reformuló la pregunta.


-Por supuesto, mi señora -afirmó Jasper con satisfacción. -Es más, os aconsejo que ocupéis la sala cercana al dispensario. Tiene muy buena luz y está en desuso actualmente.


-Muchas gracias -le sonrió Alice mientras se levantaba. -Si no necesitáis de mi "visión" me retiro -añadió con gracia.


Jasper sonrió ampliamente. Sin duda aquel ángel de ojos grises había llegado a su vida para alegrar sus días y llenar de calor su corazón.


-Por desgracia la tarea que me ocupa es bastante tediosa, pero cuando me halle ante un asunto más interesante os lo haré saber -le dijo mientras se acercaba para tomar su mano y acompañarla a la puerta.


-Os veré en la comida -dijo mientras besaba su mano.


-Hasta entonces -se despidió ella antes de cerrar la puerta.


Jasper volvió a su mesa con el corazón palpitante ante esa nueva esperanza que se abría paso ante él. Puede que no fuera más que un pequeño acercamiento en su relación, un pequeño lazo que unía un poco más sus almas, pero era más que suficiente para alimentar su anhelo por conseguir el amor de Alice, que era lo que más deseaba en el mundo.


-No puedo creer que no lo hayáis escuchado -dijo Tanya mientras ojeaba con gesto aburrido uno de los tomos que había sobre la mesa. -Siento curiosidad por saber a que se han debido tales reproches.


Edward guardó silencio mientras continuaba con su lectura, mostrando así su indiferencia ante el monólogo de Tanya. Sin embargo, ella no tenía intención alguna de darse por aludida.


-Y os aconsejo que no esperéis que la princesa acuda a vuestra "cita" -insinuó continuando con su malintencionado discurso. -Ha de estar francamente afligida después de conocer la noticia.


Para su satisfacción, su malicia tuvo efecto, haciendo que Edward, al fin, apartase la vista de su libro.


-¿Y que noticia podría ser para que, según vos, esté tan afligida? -la inquirió.


-En cuanto vuelva a Breslau deberá contraer matrimonio -dijo de modo premeditado y sin ninguna dilación, observándolo detenidamente, estudiando sus reacciones. Le complació ver como se tensaba su mandíbula y como emblanquecían sus nudillos mientras apretaba sus dedos contra el libro. Su intención era provocarlo y lo había conseguido.


-Imagino que el Príncipe Jacob será el afortunado, pero no podría asegurarlo -añadió la princesa con suspicacia.


-¡Pero Alteza! -exclamó Edward con fingido asombro -Realmente no puedo creer que hayáis fallado en vuestra autoimpuesta misión como alcahueta. -le recriminó con sorna haciendo que Tanya palideciera ante una acusación tan certera.


-Deberíais agradecerme que os ponga sobre aviso -trató de defenderse -Como amiga vuestra me afecta veros perder el tiempo con la princesa o peor aún, veros hacer el ridículo.


-Alteza, en cuanto a lo que al ridículo se refiere, no miréis la paja en el ojo ajeno, sino mirad primero la viga en vuestro propio ojo -sentenció Edward.


-¿Qué queréis decir? -preguntó haciéndose la ofendida.


-Perdonadme, Alteza, si vos no veis reprochable vuestro comportamiento, yo no soy quien para hacerlo -se disculpó. Por mucho que la actitud de la princesa fuese reprobable no tenía derecho a desquitarse con ella, a pesar de que ella misma lo provocase con sus insinuaciones con respecto a Bella.


-Podríais serlo si quisierais -dijo de modo insinuante mientras se acercaba a él. -Creo que os he dado clara muestra de mi interés por vos y me atrevería a decir que yo no os soy del todo indiferente -sugirió Tanya mientras se aproximaba más y más a él.


-Por favor, no continuéis -le pidió apartándose bruscamente de ella. -No puedo permitir que prosigáis en vista de que, definitivamente, habéis malinterpretado mis atenciones para con vos.


Tanya lo miró confusa.


-El único interés que tengo en vos es el de vuestra agradable compañía, nada más -sentenció Edward.


-No os entiendo -balbuceó.


-Creo que habéis confundido mi caballerosidad con otro tipo de muestra de afecto o galantería -le aclaró.


Tanya palideció al sentirse ciertamente rechazada. No era tan ingenua como trataba de aparentar. Por estar cerca de él había hecho caso omiso a su indiferencia, indiferencia que casi se había tornado en frialdad y desdén en esos últimos días. Y estaba completamente segura de cual era el motivo.


-Seguro que la Princesa Bella tiene algo que ver con este cambio en vuestra actitud -la culpó mientras apretaba los puños contra su cuerpo que temblaba de forma incontrolada por la ira y la rabia que la invadían.


-Alteza, como sería eso posible si vos misma me habéis informado de que va a casarse en cuanto se vaya -la contradijo.


-Ya pero...


-Os lo ruego, Alteza, no quiero parecer grosero con vos -le pidió. -No tengo intención alguna de censurar vuestro comportamiento, al contrario, disculpadme por no haberos comprendido antes y así sacaros de vuestro error.


Tanya aflojó sus puños al sentirse derrotada. Era absurdo seguir negando lo evidente, Edward no la amaba, no lo había hecho nunca y era estúpido querer forzar la situación intentando provocar algo que nunca ocurriría. Al contrario, si continuaba por ese camino lo más probable sería que finalmente perdería su amistad que sí parecía ser sincera. A pesar de su propósito claro de querer molestarlo hablándole de Bella de ese modo, él se mostraba cortés y respetuoso y, aunque la estaba rechazando, trataba de hacerlo del modo más suave posible.


-Sabéis, de repente estoy empezando a sentir una gran nostalgia de mi hogar -sonrió ella con tristeza. -Creo que trataré de convencer a mi familia para que nos vayamos hoy mismo.


-Alteza...


-De hecho este es un buen momento para despedirnos ¿no creéis? -le cortó mientras alargaba su mano. -Confío en que volveremos a encontrarnos -le dijo sin ninguna sombra de rencor en su voz.


-Por supuesto -respondió tras besar su mano.


Y sin más abandonó la biblioteca. Edward sintió que un sabor agridulce acudía a su garganta y una mezcla de sentimientos difíciles de ignorar. No podía evitar sentir pena por Tanya al haber roto sus ilusiones y casi se sentía culpable al haber pensado en ella como un estorbo en su relación con Bella. Fue ahí cuando ese sabor en su garganta se tornó amargo, recordando lo que Tanya le había revelado. ¿Sería cierto que Bella debía casarse? y nada menos que con Jacob. Si tal y como había dicho la princesa, ella estaba tan afligida sería porque estaba en desacuerdo con esa unión pues, de lo contrario, se habría marchado con su padre, ya que su matrimonio sería un asunto más importante que su idea de formar la escuela. ¿Le daba eso alguna posibilidad?


Miles de ideas acudían a su mente y ninguna de ellas le ayudaban a explicar su incertidumbre. Deseaba que Bella llegara cuanto antes y poder disipar sus dudas. Verdaderamente se estaba retrasando, quizás Tanya tenía razón después de todo al afirmar que no acudiría a su cita.


Edward había empezado a perder las esperanzas cuando escuchó que se habría la puerta. Su corazón comenzó a palpitar con fuerza en su pecho al verla por fin.


-Temí que ya no vinierais -respiró con alivio.


-Disculpadme, Alteza. Me he entretenido dándole indicaciones a las muchachas para que acondicionen correctamente la sala que vamos a utilizar para la escuela -le explicó.


-Ya veo -sonrió Edward -Dejadme que os felicite por tan brillante idea.


-Gracias -sonrió Bella. Pero era una sonrisa tan apagada. Edward contempló esa mirada carente ahora de su usual brillo y su semblante mucho más pálido de lo habitual. Por un momento pensó que no estaba afligida, si no, enferma.


-Alteza, ¿os encontráis bien? -quiso saber Edward -Estáis pálida. Si queréis puedo hablar con mi padre.


-No os preocupéis, os lo ruego. Quizás me ha afectado un poco la despedida con mi padre -mintió Bella y, a pesar de su esfuerzo, no pudo impedir que Edward se diera cuenta de ello. Sin embargo, él no quiso contradecirla.


-En cualquier caso podemos dejar la lectura para otro día si os sentís indispuesta -insistió Edward.


Bella negó rápidamente con la cabeza y se dirigió hacia un estante para tomar un libro, tratando de evitar por todos los medios la mirada de Edward. Pero en cuanto empezó a leer, su mente se abstrajo y comenzó a recordar la conversación que había tenido con su padre.


-Podría asegurar que no sois capaz de recordar ni una sola palabra de lo que acabáis de leer -la interrumpió al cabo de un momento Edward sonriendo.


-Lo siento, Alteza -se disculpó Bella. -Creo que hoy no soy una buena compañía para nadie -suspiró dejando el libro sobre la mesa.


-Tengo una idea -dijo tendiendo su mano -Acompañadme.


Bella, sin saber que se proponía, tomó su mano y le siguió. Edward abrió lentamente la puerta de la biblioteca y se asomó.


-No hay nadie -susurró -seguidme.


-¿Adónde vamos? -quiso saber. Edward hizo un gesto para que guardase silencio y la instó a seguirle. Recorrieron con sigilo los corredores del castillo, siempre deteniéndose en cada esquina para cerciorarse de que no había nadie. Cuando Bella se quiso dar cuenta, estaban frente a la recámara de Edward. Quiso protestar pero Edward la hizo entrar.


-Alteza, me habéis traído a vuestra habitación -exclamó.


-¿Acaso teméis...?


-Claro que no -le espetó Bella -pero no es correcto.


-Alteza, llevamos varios días reuniéndonos a solas en la biblioteca y no os ha parecido mal -puntualizó Edward.


-Sí pero no es lo mismo -titubeó ella.


-Puedo llenar toda la estancia de libros si así os sentís más cómoda -bromeó él. Bella sonrió tímidamente.


-¿Entonces por qué habéis procurado que nadie nos vea? -le insinuó.


-Porque hay algo que quiero enseñaros... sólo a vos -sonrió.


-¿Qué es? -preguntó con curiosidad.


Edward se acercó hacia un pequeño mueble de madera, que se hallaba bajo uno de los ventanales y que tenía una pequeña banqueta a sus pies. Le indicó a Bella que se acercará y levantó la tapa superior que lo cubría.


-¡Es un clavicordio! -exclamó Bella alargando inconscientemente su mano para tocar las teclas de aquel extraordinario instrumento.


-¿Lo conocéis?


-Bueno, he leído sobre ellos pero nunca había visto ninguno -le dijo.


-Mi padre me lo trajo cuando viajó a Salerno -le explicó.


-¿Y lo tenéis aquí y no en vuestro castillo? -preguntó extrañada.


-Bueno, en realidad me trajo dos -admitió haciendo una pequeña mueca.


-Muy inteligente por parte de vuestro padre -concordó Bella sonriendo.


-Eso parece -afirmó Edward.


-¿Y sabéis tocar?


Edward asintió con la cabeza.


-¿Tocaríais para mí? -le pidió emocionada.


-En realidad no me gusta hacerlo en público -respondió viendo como la decepción apagaba más su ya sombría mirada -pero haré una excepción por vos, ojalá consiga animaros un poco y vuelva el brillo a vuestros ojos -susurró. Edward tomó una silla y la colocó cerca de la banqueta.


-Sentaos a mi lado, por favor -le señaló Edward. Bella asintió obedeciéndole.


Edward posicionó sus manos sobre el teclado y comenzó a presionar las teclas con destreza, arrancando de ellas la más dulce de las melodías, la música que escapaba de aquel instrumento llenaban la habitación de magia de una forma casi irreal. Pero lo que más sobrecogió a Bella no fueron aquellas notas que inundaban sus oídos sino aquella voz aterciopelada que ahora sonaba embargando por completo todos sus sentidos. Bella quedó instantáneamente cautivada, hechizada por aquella voz que acariciaba con su timbre la más bella canción que jamás hubiera escuchado.


Me muero por suplicarte que no te vayas mi vida


me muero por escucharte decir las cosas que nunca dirás


mas me callo y te marchas


aún tengo la esperanza de ser capaz algún día


de no esconder la heridas que me duelen al pensar que te voy queriendo cada día un poco más


cuánto tiempo vamos a esperar.


Me muero por abrazarte y que me abraces tan fuerte


me muero por divertirte y que me beses cuando despierte


acomodado en tu pecho hasta que el sol aparezca


me voy perdiendo en tu aroma


me voy perdiendo en tus labios que se acercan susurrando palabras que llegan


a este pobre corazón


voy sintiendo el fuego en mi interior.


Me muero por conocerte saber qué es lo que piensas


abrir todas tus puertas y vencer esas tormentas


que nos quieran abatir, centrar en tus ojos mi mirada


cantar contigo al alba


besarnos hasta desgastarnos nuestros labios


y ver en tu rostro cada día crecer esa semilla


crear, soñar, dejar todo surgir aparcando el miedo a sufrir.


Me muero por explicarte lo que pasa por mi mente


me muero por intrigarte


y seguir siendo capaz de sorprenderte


sentir cada día ese flechazo al verte, que más dará lo que digan


que más dará lo que piensen si estoy loco es cosa mía


y ahora vuelvo a mirar el mundo a mi favor


vuelvo a ver brillar la luz del sol.


Me muero por conocerte saber qué es lo que piensas


abrir todas tus puertas y vencer esas tormentas


que nos quieran abatir, centrar en tus ojos mi mirada


cantar contigo al alba


besarnos hasta desgastarnos nuestros labios


y ver en tu rostro cada día crecer esa semilla


crear, soñar, dejar todo surgir aparcando el miedo a sufrir.


Con la última nota que aún resonaba en el aire, una pequeña lágrima escapó de los ojos de Bella surcando su mejilla. Supo entonces la respuesta a la pregunta que la había estado persiguiendo durante todo el día. Fue cuando se arrepintió de no haberse marchado aquella mañana con su padre y así abandonar de una vez por todas ese castillo, aquel reino y a aquella tortura a la que ella misma se estaba sometiendo al quedarse allí por más tiempo. Estaba completamente segura de que su amor por Edward era mucho más profundo, más fuerte de que lo ella jamás hubiera imaginado, nunca pensó que su corazón fuera capaz de sentir con tanta intensidad. Y al quedarse, lo único que iba a conseguir era que ese amor creciera con más y más vigor ¿cómo iba a enfrentarse después a una vida sin él, casada con alguien a quien no amase? ¿cómo iba a arrancarse ese amor que cada vez se aferraba más a su esencia y a su ser?


Edward se giró para mirarla tratando de averiguar por su expresión si había sido de su agrado, para ver con sorpresa como la humedad de sus lágrimas recorrían su rostro.


-Alteza ¿qué os sucede? -le preguntó alarmado.


-Nada -negó ella apartando su rostro de él.


Edward tomó su barbilla y la obligó a mirarle.


-Os lo ruego, decidme que os hace sufrir de esa manera -le pidió en un susurro.


Bella se levantó con la intención de alejarse de él, pero Edward la siguió y se lo impidió sujetando su brazo con suavidad.


-Os lo suplico -insistió.


Bella se soltó lentamente del tacto de esos dedos que amenazaban con incendiar su piel pero se mantuvo de espaldas a él. Cerró los ojos en un suspiro tratando de sosegarse.


-¿Nunca habéis querido escapar de esta jaula de oro con la que está disfrazada nuestra vida? -le dijo por fin -Huir de ese destino que quedó escrito, impuesto desde nuestra cuna.


Edward se mantuvo en silencio, dejándola continuar y rezaba por que lo hiciera. Deseaba con todas sus fuerzas saber el porqué de aquella tristeza infinita que le hacían a su corazón encogerse, que le hacían anhelar el tomarla entre sus brazos y dejarla llorar sobre su pecho hasta que no le quedasen lágrimas por derramar.


-Sabéis, quizás lo desaprobéis pero envidio la vida sencilla y libre de los campesinos, en verdad los admiro -continuó, con las lágrimas brotando de sus ojos sin cesar. -A pesar de tener que trabajar duro de sol a sol o de deberse a su señor feudal son libres de vivir como prefieran, de amar a quien quieran, de unir sus vidas con quien elijan.


En ese momento Edward tuvo la absoluta certeza de que todo lo que le había Tanya era verdad; Bella tenía que casarse. Sintió que aún sin tenerla, se le estaba escapando de las manos, como humo que se diluía entre sus dedos.


-¿Qué haríais, Alteza? -le preguntó Bella de repente, girándose para mirarlo, con su llanto surcando sus mejillas. Edward no alcanzaba a comprender. -Imaginaos que por algún misterioso hechizo, os aseguran que, hicierais lo que hicierais, no dañaríais a vuestros seres queridos, no tendría consecuencia alguna en vuestro mundo, la vida continuaría como si nunca hubiera pasado ¿qué es lo más desearíais hacer en el mundo? ¿qué haríais? -le retó.


A Edward no le hizo falta alguna el pensarlo, sólo dejó que su cuerpo se dejara guiar por ese deseo, como si fuera un impulso nervioso al que todas las células de su ser obedecieran de forma inconsciente. La tomó entre sus brazos y la besó. Sabía que en cualquier momento ella se apartaría de él, que lo rechazaría, por lo que trató de memorizar la forma y el sabor de esos labios que, aún mezclándose con la sal de sus lágrimas, eran deliciosos y embriagadores, como ambrosía de los dioses, y la apretó más contra su pecho como si así pudiera dejar grabado en su piel el calor de su cuerpo. Quizás sólo pasarían un par de segundos antes de que ella lo abofeteara por su osadía pero, aún siendo fugaz, esculpiría ese momento en su mente para conservarlo como el más preciado tesoro.


Sin embargo, esa bofetada no llegó nunca, ni tampoco esa lucha por apartarlo que él esperaba con tanto temor. Cuanto más insistentes eran los labios de Edward más se aferraba ella a su abrazo, sintiéndola temblar entre sus manos, sintiendo el latido de su corazón casi dentro de su propio pecho. Edward trató de alargar ese beso lo más que pudo, por el miedo a que todo fuera un sueño o sólo ese misterioso embrujo del que ella había hablado, por miedo a que esa felicidad se la llevara el viento como a las hojas el otoño.


Cuando al fin su aliento entrecortado les hizo separar sus labios, miró en sus ojos oscuros tratando de encontrar cualquier atisbo de arrepentimiento, culpabilidad o desaprobación. Pero, por el contrario, los encontró más bellos y más brillantes que nunca. Pudo leer claramente la esperanza, la ilusión, el anhelo en ellos, lo que hizo que Edward no dudara ni un segundo más.


-Os amo, Bella, ardientemente -le confesó. -Decidme que también me amáis, decidme que no es tarde para nosotros.


Bella no pudo contestar, simplemente se lanzó a sus brazos, hundiendo su rostro en su pecho, temiendo morir de tanta felicidad.


-Bella. -Edward contuvo el aliento.


-Sí, Edward, os amo, con todo mi corazón.


Edward suspiró con alivio y la abrazó con fuerza, dando gracias por ser tan afortunado.


-¿Es cierto que debéis casaros con el Príncipe Jacob? -le preguntó con temor.


-¿Cómo ...?


-¿Es cierto? ¿Estáis comprometida? -insistió tomando su rostro, obligándola a mirarle.


-Es cierto que mi padre desea de que me case con Jacob pero, ya os dije que me escucharía antes de decidirlo -le respondió.


-Entonces -Edward se arrodilló ante ella y tomó sus manos -¿me otorgaríais la dicha de aceptarme como vuestro esposo?


Bella se arrodilló frente a él y lo besó con pasión mientras lo abrazaba, hundiendo sus dedos en su cabello cobrizo.


-Lo tomaré como un sí -bromeó él sobre sus labios.


-¡Edward! -se quejó Bella levantándose para alejarse de él.


-No, Alteza -rió yendo tras ella. Tomó su mano deteniéndola y la rodeó con sus brazos. -Estáis loca si pensáis que vais a escapar de mí tan fácilmente.


-¿Y qué haréis para evitarlo? -dijo con sonrisa traviesa.


Edward no contestó, cubrió su boca con la suya como respuesta, la mejor que podía darle.