Dark Chat

lunes, 10 de mayo de 2010

Noches de Italia

Capitulo 7. Desaparecido

Edward tomó mi rostro entre sus manos y me besó, eso me hizo olvidar por un momento mi preocupación por Mike. Cuando estaba con Edward todo parecía estar bien.


-No es por molestar, pero Bella recuerda que tienes que llegar temprano a tu siguiente clase –escuché la voz de Alice-. Sino el profesor no va a dejar entrar de nuevo.


Me separé de Edward. Fruncí el ceño al ver a Alice abrazada de Jasper. Ellos ya habían empezado a salir, aunque según ella, estaba segura que era su pareja eterna y por la forma en que Jasper la miraba era evidente que el también pensaba lo mismo. En cuanto a mí, me gustaba Edward, pero no creía que existiera la posibilidad entre nosotros.


-¿Y tú? –le pregunté-. ¿No tienes clase?


-Si –respondió. Luego levantó la vista a Jasper-. ¿Nos vamos?


-Cuando quieras.


Hice una mueca, había olvidado que les tocaba juntos. Edward sonrió y me besó en la mejilla.


-No te preocupes no veremos pronto –prometió.


Terminó la clase, y auque estuve sentada en la fila central, mi mente estaba muy lejos de allí. No había visto a Mike y quería hablar con él. El día anterior se había enojado conmigo y el problema era que no sabía porque. Era mi mejor amigo y me sentía mal al pelear con él. Aún era temprano, tal vez si me apuraba lograba interceptarlo en el pasillo que daba al salón de Literatura Internacional… pero no lo encontré, así que entré en el salón.


-Disculpa… ¿No ha llegado Mike? –le pregunté a una chica de corto cabello castaño.


Negó con la cabeza.


-El también comparte clase de Sociología conmigo –me dijo-. Y tampoco lo vi ahí.


-Gracias


¿A dónde había ido Mike? Pero no me iba a quedar así. ¡El tenía que hablar conmigo! Marqué a su celular, no me contestó.


-¡Maldición Mike, no me ignores! –exclamé. Marqué a su departamento, nada. Si no quería contestar entonces iría yo misma a su departamento.


-¡Mike! –grité poco después, en frente de la puerta de mi amigo-. ¡Abre!


Tal vez esa no era la mejor forma de arreglar los problemas. Suspiré. Pegué mi cabeza a la puerta.


-Escucha Mike, sólo quiero hablar contigo –le dije a la puerta-. Por favor, quiero saber que te pasa porque me importas…


La puerta permaneció cerrada.


-¡Mike! –exclamé enojada-. Sino me abres…


-El no está –escuché una voz a mis espaldas.


Me di la vuelta, para encontrarme con una mujer de mediana edad.


-¿Disculpe?


-No ha regresado desde ayer –informó la mujer.


-¿Está segura? –le pregunté desesperada-. ¿Qué tal si llegó mientras usted dormía? O tal vez…


-Mi departamento está en frente del suyo –interrumpió la mujer-. Ayer tuve insomnio por eso me di cuenta.


-¿Cuándo lo vio por última vez? –la cuestioné.


-Me topé con el cuando iba saliendo –dijo ella-. Creo que eran las cinco…


Había llegado a mi casa a las seis, a las ocho había salido… ¿Y desde entonces no había regresado a su departamento?


-¿Está segura que no volvió? –insistí.


La mujer frunció el ceño.


-Yo no entiendo a las chicas de hoy –dijo-. ¡Hace unos minutos lo querías matar!


-¡Eso no quiere decir que no me preocupe por él! –exclamé.


-Pues deja de hacerlo, seguramente… anoche tuvo una fiesta y se le pasaron las copas –dijo la mujer-. Tal vez está con otra. ¿Por qué sigues con él si te hace sufrir tanto?


-No es mi novio –dije-. Es mi amigo.


-Pues yo sólo quería decirte que dejaras de hacer escándalo, aquí habemos otras personas que no queremos alboroto –la mujer se alejó.


-¡Espere! –grité antes que ella se metiera en su departamento-. ¿No sabe de alguien que tenga copia de la llave de este departamento?


-El dueño del edificio –contestó-. Vive en la planta baja, el primer departamento.


Bajé las escaleras a toda prisa.


-¿Qué quieres? –un hombre regordete abrió la puerta después de unos minutos, me había encargado de golpear la puerta con mucha insistencia.


-Necesito la llave del departamento 21 –dije.


-¿Para que la quieres? –el señor frunció el ceño, no parecía confiar en mí.


-Mi amigo vive ahí, he tocado a su puerta muchas veces y no me abre, su vecina me dijo que no ha llegado desde ayer –las palabras salían con demasiada rapidez-. Por favor estoy preocupada, necesito estar segura que no está ahí.


-Esta bien –aceptó el hombre-. Espérame aquí.


Salió poco después con una llave en la mano, la tomé inmediatamente. Corrí escaleras arriba, me hubiera tomado menos tiempo destrozar la puerta con mis manos, pero con tantos humanos era imposible no ponerme en evidencia.


Entré en el departamento y lo llamé mientras recorría el lugar, no lo encontré, las sábanas no estaban desacomodadas, no había llegado a dormir. La desesperación se apoderó de mí. ¿Por qué no había llegado? ¿Por qué no respondía mis llamadas?


-Por favor –llamé al departamento de enfrente.


-¿Qué pasa? ¿Conseguiste la llave? –me preguntó la mujer al abrir la puerta.


-Sí, pero él no estaba –musité.


-Te digo muchachita, debe de estar en la casa de alguno de sus amigos –dijo la mujer-. Así son los jóvenes de hoy, se ponen a tomar y amanecen en otro lugar…


-Por favor, si llega… ¿puede llamarme a este teléfono? –le pedí.


-Esta bien –dijo después de un rato-. Sólo porque me recuerdas a una sobrina…


-¡Gracias!


Llegué a mi casa, Alice me estaba esperando.


-Te vi –dijo-. En el departamento de Mike… no te preocupes Bella, debe de estar con alguien, no te…


-¿Puedes verlo? –exigí-. Dime donde estará… ¿esta bien?


Alice se frotó las sienes.


-No es tan fácil Bella –contestó-. Los humanos son más difíciles de ver.


-¿No lo has visto? –insistí.


-No, pero lo he intentado –respondió.


Alice hizo una mueca, debía estar costándole mucho trabajo.


-¿Te duele? –pregunté.


-La cabeza –asintió-. Un poco.


-Déjalo, no sigas, no quiero que te desgastes –dije-. Lo buscaré…


-¿Tienes idea donde está?


-No, pero sospecho de alguien que puede saberlo… Alice ¿Me acompañarías al GOA?


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Capitulo 8. Preocupación

Llegamos a la discoteca, pero esta vez los guardias nos impidieron el paso.


-¿Por qué no podemos pasar? –pregunté, haciendo un gran esfuerzo por conservar la calma no estaba de humor para nada.


-Ese no era tu teléfono Melissa –me dijo uno de los guardias.


¿Melissa? ¿Por qué me llamaba así? Lo miré fijamente y lo recordé, era el guardia que había pedido mi teléfono la primera vez que había venido al GOA.


Le escribí mi número en la palma de su mano.


-¿Cómo se que este si es real? –preguntó.


Sonreí, tenía que calmarme si quería entrar.


-Prueba –dije. Y lo hizo. A los pocos minutos sonó mi celular-. ¿Lo ves? Ahora… ¿Podemos pasar?


El guardia parecía no estar muy convencido. Lo besé en la mejilla, tenía que entrar.


-¿Sí? –puse mi mejor cara de súplica.


-Lo que quieras –accedió, parecía algo aturdido.


-No te vayas a reír Alice –le advertí mientras pasábamos entre la gente.


-Creí que yo era la única que veía el futuro –dijo entre risas, pero luego cambió su expresión-. Bella no vayas a perder el control estamos entre humanos.


-Lo sé –rechiné mis dientes al ver a mi objetivo. Avancé rápidamente hasta el. Estaba sentado con otros tres vampiros, entre ellos una hembra, que parecía suplicar por un poco de atención pero el estaba más interesado en una conversación que tenía con otro vampiro-. ¡Julian!


El muy maldito vampiro rubio sonrió. La hembra me fulminó con la mirada, no parecía agradarle mi presencia.


-¡Bella! –exclamó cuando llegué hasta la barra-. Así que decidiste…


No pudo terminar porque lo tomé de la camisa y lo levanté. Los otros vampiros parecían disfrutar del espectáculo.


-¡Chica agresiva! –exclamó uno-. Me gusta


-Bella tranquila –escuché la voz de Alice-. Recuerda lo que te dije…


Con un movimiento rápido, Julian me tomó de las muñecas sin hacerme daño, pero con la suficiente fuerza para que no pudiera liberarme, él era un vampiro más fuerte que yo.


-Antes de la sentencia –dijo-. ¿Podrías decirme de que se me acusa?


-¡Ya lo sabes! –exclamé-. ¿Dónde está?


-No se de que me hablas


-¡No me mientas! –intenté zafarme de su agarre, pero no logré moverme-. ¡Tú tienes a Mike!


Me acercó a él, sus ojos azules estaban muy cerca de los míos.


-No se donde está tu amigo humano –dijo con firmeza, no vi ningún titubeo en sus ojos. Le creí. Y tal vez fue peor, porque ahora no tenía idea de que había sucedido con mi mejor amigo, estaba como al principio-. Está bien… ya puedes soltarme, ya no voy a gritarte…


Una sonrisa pícara apareció en los labios de Julian. Eso era una mala señal.


-Ya suéltame –repetí.


El vampiro rubio negó con la cabeza.


-Por fin te atrapé –dijo con sus labios sobre los míos y me besó. Sus manos soltaron mis muñecas y pasaron a ser como hierro sobre mi cintura.


Puse mis manos sobre su pecho y lo empujé lejos.


-¡Nunca vuelvas a hacer eso! –exclamé frunciendo el ceño.


-No puedo prometer eso –contestó sonriendo-. Además te gustó.


-¡No es cierto! –cada vez estaba más enojada-. ¡Hay que salir de aquí Alice!


-Espera –dijo Julian, quiso tomar mi mano, pero esta vez yo estaba preparada y lo esquivé-. ¿Estás segura que un vampiro se llevó a tu humano?


-Sí –no sabía porqué pero lo estaba.


-Te ayudaré a buscarlo


Arqueé las cejas, a él no le agradaban mucho los humanos.


-¿Lo dices en serio? –pregunté sorprendida.


-¿Por qué lo dudas? –frunció el ceño-. ¿En verdad me crees tan malo?


No contesté.


Hizo una mueca parecía algo herido.


-Te buscaré mañana en la Universidad –fue todo lo que dijo.


-Gracias –dije antes de irme.


-Sabes Bella creo que él…


Pero Alice no terminó la frase, las dos clavamos la vista en el volvo plateado que estaba estacionado a fuera de nuestra casa. Cuando entramos vimos a Edward y a Jasper esperando en la sala.


-Están preocupadas –afirmó Jasper.


-¿Cómo lo sabes? –pregunté.


Alice parecía igual de confundida que yo. Edward la vio detenidamente y luego una expresión de furia cruzó por su rostro.


-¿Julian te besó? –preguntó Edward entre dientes.


¿Cómo pudo saber eso?


-Ed, relájate –le dijo Jasper y como si hubiera sido una orden mi novio se tranquilizó. Yo misma me sentía más calmada sin saber porqué.


-¿Qué está pasando aquí? –exigió Alice.


-Puedo controlar las emociones –respondió Jasper-. Edward puede leer el pensamiento.


¿Podía leer mi mente? Eso no era bueno.


-¿Leíste mi mente? –le pregunté.


-¿Estabas pensando en eso? –tenía una expresión curiosa en la cara, pero no supe descifrar bien que era.


En realidad estaba pensando en que era mejor que no se enterara del beso, pero exactamente en lo que pasó. Sacudí la cabeza, todo se estaba poniendo muy confuso.


-No puedo leer tu mente –me dijo Edward después de un rato-. Es la única que no puedo.


-Quizás eso se deba a que Bella tiene la habilidad de crear un escudo –sugirió Alice.


-Ahora entiendo –dijo Edward sonriendo.


-¿Y tu Alice? –le preguntó Jasper.


-Yo puedo ver le futuro.


Mike seguía muy presente en mi mente. ¿Dónde estaría? Tenía que encontrarlo, haría lo que fuera para hacerlo.


-Siento que estás angustiada –me dijo Jasper.


Edward vio a Alice y luego a mí, seguramente ya sabía el motivo de mis preocupaciones gracias a los pensamientos de ella.


-Lo encontraremos –me abrazó.


Eso esperaba.


Comentarios por fiss !!!




domingo, 9 de mayo de 2010

Light in the Darkness

Cap.7.-Historia

-¿Por qué tanto alboroto? –preguntó Lila al día siguiente en la Universidad. Un grupo de chicas estaban platicando bastante entusiasmadas.

-No sé –contesté observando hacia donde veía mi amiga-. No te preocupes, no debe ser nada importante.

El grupo pasó cerca de nosotras y vi que se dirigían al edificio de la Universidad, distinguí entre ellas a Danna una compañera que iba conmigo en clase de historia.

-Bella, Lila –nos saludó sonriente-. ¿No van a entrar a Historia?

-¡Pero todavía falta mucho! –exclamó Lila.

-Sí –concedí. Hice una mueca-. Además es muy aburrido estar ahí.

-¿Es que todavía no saben? –preguntó Danna abriendo los ojos de par en par.

-¿Tiene algo que ver con el escándalo que estaban haciendo? –dijo Lila-. Pues no y queremos saber.

-¡El Sr. Monroe renunció y ya tenemos nuevo profesor! –exclamó radiante-. Ya lo vi, es bastante joven, debe ser unos cuantos años mayor que nosotras y lo mejor de todo es que está ¡guapísimo!

Otras chicas apoyaron tal afirmación con un profundo suspiro.

-Además tengo una amiga que ya tuvo su primera clase con él y dijo que habla de la historia con tal exactitud que parece que él mismo la vivió –continuó Danna con un suspiro-. ¡Guapo e inteligente! Yo quiero un novio así, no, mejor dicho lo quiero a él.

Puse los ojos en blanco, así que eso era todo.

-¡Pues yo lo vi primero! –exclamó otra chica y las demás comenzaron a protestar.

-Me voy al aula porque quiero ganar un lugar al frente –dijo Danna-. Quiero verlo de cerca –iba a dar media vuelta, pero se detuvo y nos vio-. ¿No vienen?

-No –contesté inmediatamente, la verdad no me importaba.

-Ustedes se lo pierden –dicho esto se fue.

Lila se rió.

-Así que eso era por lo que estaban tan emocionadas –dijo-. Bueno yo antes tendría curiosidad, pero después de conocer a Will, todo es distinto.

Arqueé las cejas.

-¿Quién es Will? –pregunté-. ¿Y por que no me habías dicho nada?

-Apenas lo conocí ayer –se excusó Lila y sonrió-. Es un vampiro estupendo y lo mejor es que se vinculó de mí –suspiró-. Y pronto me vincularé yo de él y nos convertiremos en compañeros.

Fruncí el ceño.

-Que fácil es para ti –comenté.

-Y también lo será para ti –me animó-. Sólo tienes que ser paciente, toma en cuenta que tu caso es fuera de lo común.

Asentí.

-Será mejor que ya nos vayamos a la clase –observó su reloj-. No sabemos que tan estricto será el nuevo profesor.

Llegamos unos minutos antes de que empezara la clase, el profesor todavía no llegaba.

-Todavía quedan las dos sillas de atrás –señaló Lila y nos dirigimos a ellos. En el salón se veía un extraño acomodo, las mujeres adelante y los hombres atrás, las únicas que desentonábamos éramos nosotras.

-Espero que la clase no sea igual de aburrida que con el Sr. Monroe –comenté a Lila y me puse a hacer unos garabatos en mi cuaderno.

-Por lo menos para ellas no lo será –contestó.

De pronto, las voces se apagaron y escuché unos cuantos suspiros, seguramente el profesor ya había llegado, pero no me importó y continué con mis dibujos.

-Como algunos seguramente ya saben su profesor el Sr. Monroe ha renunciado, así que de ahora en adelante yo les impartiré la clase de Historia Internacional

La voz me era muy conocida, levanté la vista de súbito y me quedé petrificada al ver al profesor.

-Me llamo Andrew Lennox –dijo él. Llevaba un traje negro, que lo hacía verse muy elegante, eso aumentaba de forma abrumadora su atractivo, ahora comprendía la reacción de las chicas.

-¿Podemos decirle Andrew? –preguntó Danna.

-En la Universidad se pueden dirigir a mí como Profesor Lennox –contestó él educadamente-. Pero si tengo la fortuna de encontrarlos en algún otro lugar pueden llamarme Andrew.

Danna asintió vigorosamente, emocionada por la respuesta.

Momentos después hice una seña a Lila para captar su atención.

-¿Qué pasa? –murmuró.

-¿Recuerdas el problema que tengo? –le dije, la vi asentir y añadí:- El es… él…

-Ya entendí –Lila me interrumpió-. Por eso no para de voltear para acá.

-Yo…

-Señorita Swan –los ojos verdes de Andrew se encontraron con los míos-. Veo que está más interesada en su plática que en mi clase. Creo que lo mejor será que se cambie de lugar, para vigilarla de cerca –señaló el lugar donde estaba Danna-. ¿Señorita podría cambiarle su lugar a ella?

Danna casi se derrite en la silla, pero logró articular un "Si" y acto seguido, se levantó de y se dirigió a mí.

Lila se cubrió la boca para evitar reírse y yo, después de tomar mis libros, la fulminé con la mirada. Me senté en mi nuevo lugar y me crucé de brazos. Andrew me dedicó una sonrisa deslumbrante y continuó con la clase.

-¿Señorita Swan podría quedarse un momento? –preguntó Andrew cuando finalizó la clase. Escuché varios murmullos de las chicas, de las cuales la mayoría quería estar en mi lugar.

-Con que vigilarla de cerca ¿eh? –dije cuando me aseguré que no había nadie más en el salón.

El sonrió.

-Estabas muy alejada de mí –contestó-. Tenía que hacer algo, sin levantar sospechas.

No pude evitar devolverle la sonrisa.

-¿Entonces darás clases aquí todo el día? –pregunté.

-No, sólo medio turno –me miró-. Estoy disponible por las tardes, pero si quieres puedo sacrificar mi tiempo libre y darte clases particulares –guiñó un ojo.

-No gracias –contesté-. Ahora si no tienes nada más que decir, me voy, no quiero llegar tarde a mi siguiente clase.

-Estaré cerca si me necesitas –dijo.

Asentí y salí rápidamente.

En la noche, después de asegurarme que Lena estuviera dormida, me dispuse a salir. Quería un paseo por Londres. Caminé lentamente, apreciando cada construcción que pasaba frente a mis ojos.

El tiempo pasó deprisa, llegué a un callejón desabitado y sin salida, quise cambiar de rumbo, pero tres hombres, mejor dicho, tres vampiros, se interpusieron en mi camino.

Un escalofrío recorrió mi espalda, algo andaba mal.

Un vampiro rubio de ojos grises me mostró sus colmillos.

-Creo que nos alimentaremos esta noche –dijo dirigiéndose a los demás.

-Perfecto –dijo otro pasándose la lengua por los labios.

Vi la sed en los tres pares de ojos, querían alimentarse de mí y estaba segura que lo harían hasta dejarme seca. No podía defenderme contra los tres, mi única opción era encontrar la manera de escapar. Busqué con la mirada algún hueco hacia el que pudiera huir.

-No hay escapatoria –dijo el vampiro rubio como si hubiera adivinado mis intenciones.

Ahora era mi turno de enseñar mis colmillos.

-Me gusta cuando la comida opone resistencia –comentó divertido.

Comenzaron su avance hacia mí y cuando lo creía todo perdido, escuché una especie de impacto y Andrew apareció a mi lado. Un rugido tan amenazador salió de su pecho, que me estremecí involuntariamente, extendió sus colmillos y se colocó en frente de mí, de manera que su cuerpo cubría el mío.

Los tres vampiros retrocedieron, intimidados por su presencia.

-No se atrevan a tocarla –gruñó Andrew, la ira teñía su voz.

-Un gusto volver a encontrarnos Andrew –dijo el vampiro rubio en un tono que daba a entender todo lo contrario.

-Maximilian ¿Acaso sigues bajo las órdenes de Talon?

-Sí, acabamos de llegar a Londres –contestó Maximilian manteniendo su rígida postura.

-Entonces hazle saber, que si él o alguno de ustedes le hace daño a Bella, me encargaré de destruirlo con mis propias manos.

Los vampiros retrocedieron aún más y una sobra de temor cruzó por sus rostros, incluso por el de Maximilian, que momentos después ocultó.

-Lo sabrá –prometió Maximilian y los tres vampiros desaparecieron de la vista momentos después.

Andrew me abrazó y sentí otra vez esa sensación de mareo, cuando me di cuenta ya estábamos en la enorme sala de su casa.

-¿Estas bien? –me preguntó ansioso y comenzó a evaluarme con la mirada en busca de algún daño.

-Sí –contesté. Aunque seguía asustada-. Gracias

-Lo que sea por ti.

-¿Quiénes eran ellos? –le cuestioné.

Frunció el ceño.

-Un grupo de vampiros que gozan de la crueldad y la violencia –respondió-. Hace tiempo tuve problemas con su líder, Talon, desde entonces evita encontrarse conmigo, ninguno soporta la presencia del otro.

Un temblor me recorrió de pies a cabeza.

-No te preocupes Bella –me rodeó con sus brazos-. No te harán daño, nunca lo permitiría.

Sus palabras lograron reconfortarme. Le sonreí. Sus ojos de color verde intenso, no se apartaban de mi rostro, vi un brillo en su mirada, cargada de una emoción que no supe reconocer. Sus manos descendieron hasta mi cintura y me atrajo más hacia él.

-Andrew yo…

Pero mis palabras fueron silenciadas cuando se inclinó y unió sus labios con los míos. Me besó como si estuviera sediento y mis labios fueran el agua que él tanto necesitaba. Después de un rato, él se apartó lentamente y me sonrió.

-Andrew aún no… no me he vinculado de ninguno de ustedes –le dije.

-Lo sé –acarició mi cabello-. Pero no pude resistirme. Eres tan hermosa –me miró-. Te he estado buscando durante mil doscientos años, lo supe cuando te vi por primera vez.

Me quedé sin palabras, no sabía que responderle.

-Creo que es hora de que regrese a casa –dije-. ¿Podrías llevarme?

-Pero si ya estás en casa –señaló a su alrededor.

-Esta no es mi casa –contesté, seguramente estaría bromeando.

-Pero lo será –murmuró. Me aprisionó entre sus brazos y poco después aparecimos afuera del departamento de Lena.

-Hasta pronto –besó mi mano y se fue.

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Cap.8.-Talento

-¿No quieres ir a un bar esta noche? –me preguntó Lila.

-No –respondí, no tenía ganas de nada.

-Will me invitó –continuó ella-. Dice que es fantástico y que…

-No, gracias

Lila frunció el ceño, conociéndola estaba pensando una forma de convencerme para ir, lástima que no lo iba a conseguir.

-También me dijo que los Licántropos…

-¿Licántropos? –pregunté-. Quieres decir ¿Hombres lobo? ¿Existen?

-¡Claro que sí! –dijo como si fuera algo obvio. Una sonrisa atravesó su rostro-. Ahí van muchos Licántropos, el mismo dueño es uno de ellos. Entonces ¿irás?

Me mordí el labio, tenía mucha curiosidad por conocer a un licántropo.

-Está bien –acepté al fin.

La sonrisa de Lila se hizo más amplia.

-¿Cómo son ellos? –cuestioné sin poder contenerme.

-Lucen igual que los humanos –contestó ella-. Sólo que se ven más altos y fuertes, supongo que es debido a su transformación.

-¿Luna llena?

Lila se rió.

-Debes de dejar de ver tantas películas Bella –contestó-. No, se transforman a voluntad.

-¿Cómo los reconoceré? –pregunté.

-Fácil –Lila tocó la punta de su nariz con el dedo.

-¿Por su olor? ¿A que huelen?

Lila negó con la cabeza.

-Todo lo contrario

-¿No tienen olor? –parpadeé.

-No exactamente –respondió Lila-. Para nosotros no huelen a nada, pero eso no quiere decir que no tengan olor, creo que los humanos si perciben su esencia. En caso contrario es lo mismo, tampoco pueden olernos, y ya que ellos dan mucha importancia al olfato por eso no confían en nosotros.

La miré.

-Pero eso no quiere decir que…

-No Bella –me interrumpió-. Hace muchos siglos que convivimos en paz, hay algunos licántropos que son bastante agradables con nosotros, pero ninguna raza pasa mucho rato con la otra –dijo-. En el bar habrá muchos vampiros y licántropos, pero casi nunca los verás juntos, cada uno se irá con los suyos.

-¿Alguna vez has visto a uno transformado? –le pregunté.

-No –contestó. Noté que se estremecía-. Y creo que es mejor así, porque dicen que se transforman en lobos tan grandes, que alcanzan el tamaño de un oso y es más fácil que pierdan el control.

Los ojos de Lila se fijaron en mi y luego sonrió.

-¿Por qué no invitas a alguien? –me sugirió.

Pensé en Edward, pero no estaba segura que fuera una buena idea. Me encogí de hombros.

-¿A que hora vamos por ti? –preguntó al ver que no decía nada.

-A las diez –respondí. Como Lena llegaba muy cansada, normalmente caía dormida a esas horas.

Eran las nueve y media y Lena ya estaba completamente inconsciente, yo observaba el teléfono fijamente. Me mordí el labio, quería hablarle a Edward, pero no sólo era para invitarlo, sino porque necesitaba verlo o tan sólo escuchar su voz. Descolgué el teléfono, pero cuando estaba a punto de marcar, tocaron la puerta.

-Edward –dije sorprendida al verlo en el umbral.

-Te necesito Bella

La frase no cobró sentido para mí, hasta que noté dos sombras oscuras alrededor de sus ojos. Llevé mi muñeca hasta mi boca, pero él me detuvo gentilmente y se acercó a mí.

Edward comenzó a besar mi cuello, yo me estremecí.

-Por favor Bella –lo escuché decir.

Pensé un momento en lo que me había dicho Alice, pero no sirvió de nada, no tardé mucho en rendirme.

-Sí –contesté casi en un suspiro y sentí como sus colmillos se hundían en mi garganta. No hubo dolor ni siquiera malestar mientras el bebía, todo lo contrario.

Se retiró poco después, y noté el cambio en su semblante, las sombras oscuras debajo de sus ojos habían desaparecido, una sonrisa deslumbrante cruzó por su rostro momentos antes de rodearme con sus brazos.

-¿Quieres ir a un bar conmigo esta noche? –le pregunté.

-A donde quieras –contestó.

Escuché un golpe en la puerta momentos después.

Lila entró, junto a ella estaba un vampiro alto de cabello castaño y ojos cafés, ese debía ser Will. Ella vio de Edward a mí y sonrió.

-¡Que bien, entonces seremos cuatro! –exclamó. Escuché que mi hermana se removía en su habitación.

-Lila –la regañé-. No hables tan fuerte, Lena está dormida.

-Lo siento

Lo primero que hice al llegar fue voltear en todas direcciones para ver si reconocía a algún licántropo, pero el lugar era tan grande y estaba tan lleno que no tuve éxito. Edward que estaba atento a mí, me cuestionó sobre mi reacción y yo le conté lo que me había dicho Lila en la mañana.

-Los licántropos son inestables –frunció el ceño-. No creo que sea buena idea que te acerques a uno.

-Sólo quería conocer a uno –repliqué.

-¿Por qué no vamos a bailar? –preguntó. Señalando la pista de baile.

Acepté, pero sabía perfectamente que quería distraerme. Tomó mi mano y me condujo allá, Lila y Will nos siguieron.

No pasó mucho tiempo, cuando noté un olor a bosque, pino y corteza de árbol, olía muy bien, algo que no había olido antes en ningún humano o vampiro, localicé a cinco hombres lejos de nosotros, parecían estar discutiendo, no podía equivocarme de ahí venía el olor. Lo supe con certeza, eran licántropos. Fruncí el ceño. Lila me había dicho que no olían a nada. ¿Por qué yo si podía olerlos?

Centré mi atención en los cinco licántropos, se veían jóvenes, calculaba entre veinte y veintitrés años. Ahora que me fijaba mejor, me había dado cuenta que los hombres no discutían, prácticamente estaban peleando, cuatro de ellos se veían furiosos con uno, y a pesar de todo, éste último no parecía intimidado.

-¿Qué te pasa Bella? –Edward me preguntó al ver que me detenía bruscamente.

-Edward tenemos que… -en ese momento, uno de ellos se había lanzado a los golpes con otro, y poco después, al ver que el primero no tenía oportunidad los otros tres había acudido en su ayuda. ¡Cuatro contra uno! ¡Lo más injusto que había visto!-. ¡No! –grité y corrí hacia allá.

-¡Bella! –escuché a Edward llamarme.

El bar se convirtió en caos.

Los otros licántropos llegaron antes que yo, y lograron detener a cuatro de ellos, el quinto estaba en el suelo, con una herida profunda en el pecho. Sin saber cómo, llegué hasta él y me arrodillé a su lado. Su piel era de un tono rojizo y su cabello era corto y negro, su cara estaba contorsionada en una mueca de dolor, pero aún así pude ver que tenía facciones bonitas.

Podía ver la sangre que salía de la herida, pero no produjo ningún efecto en mí, toda mi mente se concentraba en como hacer que se detuviera antes de que muriera desangrado.

¿Los licántropos no podían cerrar sus heridas como nosotros?

-No, es muy profunda, va a tardar para que pueda sanar solo –escuché una voz entre la multitud que nos rodeaba-. ¡Y no creo que resista mucho!

-¿Quién eres tú? –escuché la débil voz y me volteé hacia el licántropo.

-Bella –contesté-. Y no se cómo pero te ayudaré.

Las comisuras de su boca se curvaron hacia arriba, formando una sonrisa.

-Bella –repitió-. Soy Jacob.

Fue lo último que dijo antes de gemir de dolor. Me incliné y puse mis manos sobre su herida, haciendo presión para detener la hemorragia.

-¡Quítate! –escuché que alguien me gritaba-. ¡No haces más que estorbar! ¡Nosotros lo ayudaremos!

Pero no hice caso, si quitaba las manos, aunque sea unos segundos, volvería a salir la sangre. "Por favor no te mueras" pensé. Entonces sentí que mi energía se comenzó a reunir en mis manos, una luz blanca las iluminó y la herida comenzó a cerrarse. Cuando la sangre en el suelo y en mis manos desapareció y la herida se curó por completo, Jacob se levantó como si nada y me ayudó a ponerme de pie. Vi caras sorprendidas que me observaban fijamente.

-¡Váyanse de aquí! –escuché que alguien exclamaba. La multitud se empezó a dispersar.

Mis piernas no podían aguantar mucho más lo sabía, sentía como si la energía me hubiera abandonado. Todo comenzó a girar.

-¡Bella! –escuché la voz de Edward cerca de mí. Otras dos voces me llamaron, pero yo ya no podía más. Alguien me sostuvo antes de caer al suelo.

Mi conciencia regresó poco después.

-¿Ella es un vampiro? –escuché una voz masculina que preguntaba.

-Sí –respondió Lila.

-Pero ella si tiene olor –dijo otra voz-. Huele bien.

-Había escuchado que los vampiros tenían talentos, pero nunca había visto a uno mostrarlo –escuché una voz más gruesa, sonaba autoritaria.

-Está claro que ella es diferente –dijo otro.

Abrí los ojos, harta de no poder ver a los que hablaban. Fruncí el ceño. ¿Diferente? Eso me sonaba a sinónimo de raro. ¿Por qué yo siempre terminaba siendo la rara?

-¿Cómo te sientes Bella? –preguntó Edward. Me tenía abrazada, ahora ya recordaba quien me había sostenido antes de caer. Me puso de pie.

-Mejor –admití. Eché un vistazo a mi alrededor, estábamos en un cuarto que parecía oficina, la música se escuchaba muy cerca, todavía debíamos estar en el bar.

Vi a varios licántropos reunidos, y reconocí a Jacob, me miraba con profunda curiosidad, pero cuando notó que lo veía me sonrió.

-Gracias –dijo.

También vi a Lila y a Will, no se veían muy cómodos, seguramente porque nos rodeaban muchos licántropos.

-Bella –habló una voz, uno de ellos estaba sentado detrás del escritorio-. Soy Sam Uley líder de esta manada, y quiero agradecerte en nombre de todos que hayas salvado a Jacob.

Yo sonreí y me encogí de hombros.

-Ella me cae bien –escuché una vocecita, y rápidamente busqué a su dueña. Era una niña pequeña de pelo negro como el azabache y ojos oscuros almendrados, era el vivo retrato de su madre que la sostenía de la mano, claro que la mujer tenía una cicatriz en el rostro, tras la cual se perdía su belleza.

-A mi también –respondió su madre y me sonrió. Yo le devolví la sonrisa con gusto.

A Sam se le iluminó el rostro al ver a la mujer y a la niña, luego se volteó hacia mí.

-Mi esposa Emily y mi hija Molly –dijo.

-Creo que ya es hora de irnos –escuché a Edward, parecía estar incómodo, seguramente eso es de lo que hablaba Lila cuando decía que los licántropos y los vampiros no podían estar mucho rato juntos. Pero para ser sincera, yo me sentía bastante bien.

Sam asintió.

-Sólo algo más –se dirigió a mi-. Cualquier cosa que necesites Bella, no dudes en pedir nuestra ayuda, te has ganado nuestra confianza.

Lila y Will se dirigieron a la salida, Edward hizo lo mismo antes de tomarme del brazo y arrastrarme con él.

-Adiós Bella –escuché la voz de Jacob.

-Adiós –respondí.

-Parece que descubriste tu talento –dijo Edward una vez que salimos de ahí-. Pero tienes que practicar para que no consuma tu energía como esta vez.

Asentí, no quería volver a experimentar esa sensación de vacío.

-¿Segura que estás bien? –me preguntó.

-Sí

Me rodeó con sus brazos.

-Estaba muy preocupado –admitió.

Sonreí, mientras me abrazaba me embriagó una sensación de bienestar y seguridad que no había experimentado antes.

********************************************


Cap.9.-Culpabilidad

Alice me sonrió en cuanto abrió la puerta de su departamento. Era algo reconfortante no tener que hacer una llamada para visitarla, o avisar previamente que iría, ella siempre lo sabía.

-¿Así que ya has descubierto tu talento? –preguntó haciéndose a un lado para dejarme pasar.

-Sí –respondí, luego la miré con curiosidad-. ¿Qué no lo habías visto tú?

Suspiró. Su expresión se tornó frustrada.

-No, me enteré por Edward.

-Pero…

-No puedo ver a los lobos Bella –me explicó-. Si estás cerca de ellos, te pierdo, ya no puedo ver lo que pasa contigo.

Oh, eso era algo nuevo.

-Son agradables –comenté.

Frunció el ceño.

-Siendo sincera, espero que no pases mucho tiempo con ellos –caminó hacia mí, con la misma elegancia de siempre-. Me siento extraña cuando no puedo ver.

Me dirigí al sillón y me senté, no por cansancio, tan sólo simple costumbre que se me había quedado.

-Ahora hay algo importante que tengo que decirte –Alice me siguió hasta el sillón-. No te lo dije antes porque es algo no muy agradable de escuchar y también porque no lo sumamente necesario en el momento, ya que tú estás demasiado protegida.

Alcé la vista, no sabía a que se refería con eso.

-Hay una forma de destruirnos –dijo, tal vez no era consiente de lo que hacía, pero noté como el volumen de su voz bajaba considerablemente-. Atravesando nuestro corazón con un objeto hecho de hierro –hizo una mueca-. Aunque también los comillos de un licántropo harían una buena función en ese caso.

-Pero ellos no lo harían –repliqué inmediatamente, no sabía si lo que quería era defender a los licántropos o negar el hecho de que los vampiros estuviéramos en peligro por ellos.

-No, los dos bandos tienen un trato de paz desde hace muchos siglos –informó Alice-. Pero no está demás que lo sepas.

Puse una mano en mi corazón, uno que ya no latía, como si eso pudiera protegerme de algún futuro ataque.

Alice acercó otro mueble, una silla de madera y la colocó de manera que quedara frente a mí, su mirada se posó en mis ojos.

-Cuando sucede eso, no hay marcha atrás Bella –me veía como si quisiera hacerle comprender a un niño pequeño que es capaz de cometer una tontería en cualquier momento-. Tu poder de curación es asombroso, pero tiene sus límites –advirtió-. Si alguna vez intentas reparar una herida de esa magnitud, lo único que conseguirás es agotar tus energías y puede que provoques tu propia destrucción…

Genial, para mi había otra manera de dejar de existir y era gracias al uso excesivo de mi talento.

-No te preocupes –la tranquilicé-. No haré algo como eso –claro, porque nadie está muriendo en estos momentos. Pero… ¿Y si a alguien le ocurría algo? No podría desperdiciar mi habilidad, tal vez si aprendía a controlar la energía que escapaba de mi cuerpo… podría…

-Pon atención Bella –ella llamó mi atención-. No hay manera de curar una herida como esa ¿Me escuchaste?

Era como si hubiera adivinado mis pensamientos.

-¿Solo puedes ver el futuro cierto? –pregunté.

Ella se rió

-Es tu cara la que te delata Bella –respondió-. No puedo escuchar los pensamientos como lo hace mi hermano.

Fruncí el ceño. ¿Por qué tendrían que traicionarme mis propias expresiones?

-Bueno –dijo ella-. Estás aquí para que te ayude con tu habilidad ¿no?

Asentí.

-Entonces –su cabeza giró en distintas direcciones-. Tenemos que buscar algo con lo que comenzar a practicar.

-¿Practicar?

-Si –contestó-. ¿Cómo quieres desarrollar tu poder si no lo haces?

-De acuerdo

Salimos al parque, no tardamos en encontrar algo con lo que hacer una prueba, un pequeño gato de color marrón, se desplazaba lentamente debajo de un árbol, hasta que Alice lo atrapó.

Tenía una de sus patas rota.

-Vamos –me alentó ella, minutos después que estuvimos de regreso en su departamento.

Lo tenía aprisionado entre sus manos, noté el temor en los ojos ambarinos del gato, el animal no tenía idea que todo esto era para curarlo.

Cerré los ojos y coloqué mi mano en la extremidad dañada, me concentré. Una ligera calidez comenzó a recorrer mi brazo hasta quedarse en mi palma, cuando la sensación terminó, vi al gato, y para mi sorpresa estaba completamente bien.

-Estuvo bien –apremió Alice, se dirigió a la ventana y liberó a la criatura-. Pero toma en cuenta que el animal era pequeño por eso no gastaste mucha energía, en los humanos u hombres lobo, es un caso distinto.

Claro, esto no se comparaba con lo que había sentido cuando curé a Jacob.

-Alice…

No logré decir más. Su mirada se había vuelto hacia un punto muy lejos de mí, en ese momento no me oía, no me veía, su atención no era para mí. Extendió su mano hacia mí, como una invitación a tomarla. No lo hice. Tenía una sensación que algo andaba mal, Alice aún era consiente de lo que hacía.

-¿Estás bien? –musité con la esperanza de hacerla reaccionar.

Giró su cabeza hacia mí, sus ojos en blanco completamente, su mano se acercó varios centímetros más a mi, la palma estaba abierta… Tal vez si la tomaba ella volvería a reaccionar. Extendí mi brazo y cerré mi mano en torno a la de ella, como si fuera un saludo meramente cordial

Pero fue un error.

-¡Ah! –gemí cuando la oscuridad me envolvió. Me hundí en la marea negra, sin poder respirar, gritar o moverme.

Muchas imágenes cruzaron ante mí como relámpagos, no las podía apreciar concretamente, sólo destellos de ellas. Escuché una voz furiosa, una de hombre, pero no distinguí su contenido, vi colmillos, escuché gruñidos salvajes, los que avisan la venida de una pelea.

Entonces la voz de Alice se hizo presente, como narradora de las aterradoras imágenes.

-Se acerca una lucha –dijo sin emoción alguna, vacía.

El espacio negro se hizo presente de nuevo, nublando todo lo demás.

-Y tras ella siempre viene la muerte –finalizó la voz de Alice.

Distinguí un rostro, era el mío, estaba descompuesto en una mueca de sufrimiento, no estaba bien definido pero pude verlo.

-Lo siento –escuché a mi propia voz susurrar-. Es mi culpa.

Y tan pronto como entre, salí de las sombras, mi mano aferrada como acero alrededor de la de Alice se soltó al instante. Escuché el sonido de la puerta abrirse y al segundo siguiente logré ver a Jasper parado junto a ella.

-¿Estás bien? –le preguntó.

-Sí –contestó ella. El la abrazó, como si Alice fuera la vida entera.

Yo veía y escuchaba sin poder moverme, aún no lograba reaccionar.

-Pero ella no lo estará –sentenció Alice segundos después-. Bella lo que vimos…

-¿Así se ven tus visiones? –la interrumpí, sin siquiera moverme.

Negó con la cabeza.

-Las mías son claras –afirmó-. Es la primera vez que me pasa algo así, nunca había compartido una visión.

-¿Por qué dijiste todo eso?

-No quería hacerlo, pero las palabras salieron de mi boca y yo no podía detenerlas –admitió.

-¿Compartiste una visión con Bella? –escuché a Jasper preguntar.

-Muerte –dije-. Mi culpa –esas palabras colocadas en una misma oración no podían significar otra cosa que… la pelea de Edward y Andrew.

-Bella escucha no podemos confiar en lo que vimos –comenzó Alice-. Además no sabemos que es lo que significa así que…

-¡Claro que lo sabemos! –estallé-. Ellos se destruirán y todo por mí ¿No entiendes? ¡Todo esto es mi culpa!

-No Bella

-Debe haber algo que pueda hacer –me llevé las manos a la cabeza y la sostuve como si se fuera a caer en cualquier momento-. ¡Tengo que evitarlo!

-Jasper –escuché la voz de Alice angustiada.

Me estaba ahogando en mi culpa. ¿Cómo podía yo ser la causa de semejante atrocidad? Ojalá ninguno de los dos me hubiera conocido… ¿Por qué no pude quedarme en Forks? Por lo menos ahí no hubiera causado problemas…

Unas manos se posaron sobre mis hombros, estuve a punto de hacerlas a un lado, cuando sentí que algo luchaba contra mi culpa, una ola cálida me atravesó y en contra de mi voluntad me relajé.

Alice se acercó a mi con cautela.

-Bella no va a pasar nada, tengo más experiencia en esto, las cosas pueden cambiar –aseguró.

-Tengo que evitarlo –musité-. No quiero que peleen

-No lo harán –dijo Alice-. Ellos lo prometieron.

-¿Y si no pueden controlarse? –cuestioné.

-Tienen que hacerlo

-Me dijiste que si yo elegía esto podría terminar –le recordé.

-Eso es lo que creo –respondió-. Pero no se que pueda pasar en ese caso, recuerda que la otra vez –vio mi expresión-. No resultó bien, y no se que ocurrirá ahora, con las vinculaciones tampoco puedo ver.

-Pero existe la posibilidad de que acabe ¿no?

Frunció el ceño.

-No puedes elegir aún

-¿Por qué no? –pregunté exasperada, Jasper apretó ligeramente mis hombros y me volví a relajar.

-Aún no estás lista

-¿Cómo lo sabes?

-Por que se nota, tú aún no estás vinculada.

-No quiero que pase nada malo –dije asustada, sentía como Jasper intentaba relajarme.

-Todo va a estar bien…

-No lo sabes –la interrumpí.

Me miró fijamente, y me ofreció una sonrisa, era una máscara para ocultar sus verdaderos sentimientos, pero era demasiado tarde porque logré ver el destello de miedo atravesar los ojos de Alice.

-Tienes razón –admitió-. Por primera vez, lo ignoro por completo.

Cerré los ojos, esto no iba nada bien.

viernes, 7 de mayo de 2010

Light in the Darkness

Cap.4.-Vampiro

El dolor era tan intenso que no prestaba atención a lo que ocurría a mi alrededor. De pronto estaba siendo depositada en el piso, no estaba segura de mantenerme de pie, me sentía muy débil, y al parecer Edward tampoco lo creía porque sus brazos seguían aferrados a mi cintura, soportando la mayor parte de mi peso. Intenté concentrarme, y me di cuenta que estábamos en otro lugar, parecía una habitación, una que yo nunca había visto.

-Bella –Edward tenía el rostro contorsionado de la preocupación-. Bella por favor no cierres los ojos, ahora no.

-¿Dónde… estoy? –mi propia voz sonaba inestable, luego solté un gemido de dolor, mi boca ardía, mis dientes… mis caninos estaban. ¿Creciendo?

Con una de sus manos Edward me tomó del pelo y condujo delicadamente mi cabeza hacia su cuello.

-Muerde –ordenó.

Yo intenté retroceder, pero sus brazos me retenían firmemente. ¿Qué demonios? ¿Acaso Edward había perdido la cabeza? ¿Por qué no me había llevado a un hospital? El dolor se hacía más intenso y para mi sorpresa me sentí tentada a hacer lo que pedía… ¿Qué? ¡No!

-No –musité.

-Bella por favor, tienes que hacerlo –sonaba desesperado-. Tus energías se acaban sino bebes –se puso tenso-. Morirás… y si tu mueres, yo no podré soportarlo… yo no puedo vivir sin ti, Bella…

Sus palabras sonaron tan sinceras y con tanto sufrimiento… yo no podía pensar, estaba confundida, por el cansancio, la agonía… el miedo… ¿Lo que él decía era cierto? ¿Yo iba a morir? No, no quería morir… Tal vez todo era un sueño, sí, eso debía ser, pero entonces ¿Por qué parecía tan real?

-Bella por favor –suplicó, inclinando mi cabeza un poco más hacia él.

Yo tenía la boca pegada a su cuello y olía tan bien… no lo soporté más, mis colmillos se hundieron en su piel y comencé a beber. Lo sentí estremecerse, por un momento pensé que lo había lastimado y que me apartaría, pero hizo todo lo contrario, me estrechó más contra él. Cuando sentí que era suficiente me aparté y vi como la pequeña herida que le había provocado se curaba rápidamente.

-Ahora tienes que descansar –me dijo Edward, quien para mi tranquilidad se veía bien. Suspiré, tenía miedo de haber tomado demasiado.

Entonces me di cuenta que el dolor estaba disminuyendo, pero mis párpados me pesaban cada vez más, tenía tanto sueño. Edward me levantó y me depositó con cuidado en una cama, luego se acostó a mi lado y rodeó mi cintura con su brazo.

-Duerme mi amor –dijo-. Pues ésta será la última vez que lo hagas.

No hice mucho caso a lo que dijo, el cansancio ya me había vencido…

Abrí los ojos. Que sueño más extraño había tenido, quise levantarme de la cama cuando me di cuenta que había alguien a mi lado.

-Bella –susurró Edward.

Salté de la cama con una agilidad impresionante, parpadeé sorprendida. Era de noche, lo sabía y sin embargo veía todo con una claridad asombrosa… ¿Qué estaba sucediendo?

Edward estuvo junto a mí en un segundo y me abrazó.

-¿Dónde estoy? –pregunté observando la habitación.

-En mi departamento –contestó sonriendo.

Comencé a frotarme las sienes, intentando recordar que había sucedido antes de quedarme dormida… unas imágenes llegaron a mi mente, no podía verlas claramente pero logré distinguir unos colmillos, mis colmillos, yo estaba… Oh no.

-¿Te lastimé? –le cuestioné frenetica-. ¿Te hice daño verdad?

-No Bella –contestó-. Todo esta bien, tranquila, es muy confuso al principio pero…

-¿Al principio? –lo interrumpí y me aparté. Toqué mis dientes, mis colmillos estaban ahí, pero no estaban extendidos, me estremecí-. ¿Qué está pasando conmigo?

-Eres un vampiro Bella

Una risa nerviosa salió de mis labios. Esto no podía estar pasando.

-¿Esto es un sueño no? Si, eso es –dije-. En cualquier momento me despertaré.

Edward suspiró, me tocó la mejilla.

-Esta es la realidad

-No –repliqué, pero una parte de mí estaba de acuerdo con él.

Escuché golpes, alguien estaba tocando la puerta.

Edward salió de la habitación, yo lo seguí, pasamos por una pequeña sala, frunció el ceño y abrió la puerta.

-¿A que debo su inesperada visita? –preguntó un poco irritado. Vi a Jasper y Alice cruzar la sala.

-Seguramente ya escuchaste mis pensamientos –contestó Alice-. Así que ya sabes a lo que vinimos.

¿Edward podía leer la mente? Este sueño cada vez se volvía más confuso.

-Yo puedo explicarle todo a Bella –dijo Edward-. No tienes que venir tú…

-Es mejor que eso me lo dejes a mí –replicó Alice, se volvió hacia mí y me sonrió.

-¿Tu también eres un… -no logré terminar la frase, me senté en un sillón, necesitaba algo en lo que apoyarme.

Alice asintió. Jasper se sentó a mi lado y puso una mano en mi hombro.

-Tranquilízate Bella –me dijo. Y yo como niña obediente asentí, e inmediatamente comencé a relajarme.

-Edward sal de aquí –habló Alice.

-No –él gruñó-. Quiero estar con Bella.

-Pero tienes que irte –replicó Alice-. No quiero verte de mal humor cuando le hable a Bella sobre su alimentación.

Edward apretó los puños.

-Hazle caso a Alice –intervino Jasper-. Puedo sentir tus emociones desde aquí.

-Esta bien –cedió-. Pero no puedo alejarme mucho…

-Lo sé –lo interrumpió Alice-. Eso es lo que pasa cuando estas vinculado.

-Yo nunca imaginé que se sintiera así –Edward se fijó en mi y sonrió-. Nunca pensé que fuera algo tan fuerte.

-No es lo mismo verlo en otros que experimentarlo por ti mismo –Alice se fijó en Jasper y a ambos se les iluminó el rostro. Ella volvió a fijarse en su hermano-. Edward es mejor que ya te vayas.

Edward asintió, pero sus ojos no se apartaban de mí.

-Volveré pronto Bella –dijo antes de salir.

-Quiero que pongas atención –habló Alice-. Es importante que sepas que todo lo que te pasó fue real, tú eres un vampiro Bella, como nosotros…

Negué con la cabeza y fruncí el ceño. Jasper presionó ligeramente mi hombro.

-Nosotros nacemos siendo humanos, pero llega un momento, al llegar a cierta edad en la que nos transformamos –continuó ella-. La edad varía de un vampiro a otro, pero tan sólo por unos cuantos años… ¿Cuántos años tienes?

-Diecinueve –contesté.

Alice asintió.

-Yo me transformé a los veintidós –comentó-. Edward a los veiticinco, tú eres bastante joven para haber cambiado, pero supongo que eso se debió a la vinculación que mi hermano tiene contigo…

-¿Vinculación? –pregunté confundida-. ¿Qué es eso?

Ella hizo una mueca.

-Creo que eso te lo explicaré después, es… creo que aún no estar lista

-¿Qué tiene que ver Edward? –la interrumpí y luego me lleve una mano a la frente-. ¿Es porque tomé de su sangre verdad? Por eso me convertí en…

-No –dijo Alice-. Tú ya estabas destinada a esto, la sangre de Edward sólo te ayudó a sobrevivir –Ella suspiró-. Verás cuando uno de nosotros está pasando por la transición necesita sangre de otro vampiro, esa es la única manera de completar el cambio.

Me quedé quieta, comenzaba a comprender, todo era real.

-Entonces Edward me salvó

Alice sonrió.

-Sí, él daría su vida por ti

La observé durante un rato, ella parecía tan segura de lo que acababa de decir. ¿Cómo podía importarle tanto a alguien que apenas me conocía? Sacudí mi cabeza, éste no era el momento de pensar en eso.

-¿Y mi hermana? –pregunté-. Ella es...

-No, ella es humana completamente, ella no se transformará –me contestó.

-¿Por qué?

Alice se puso tensa, parecía pensar sobre lo que diría a continuación.

-Es complicado Bella, creo que no es el momento –dijo después de un rato-. No puedo agobiarte con tanta información en un solo día.

No insistí más, pero no esperaría mucho tiempo para volver a preguntar.

-Ahora tienes que saber algo más importante, nosotros no nos alimentamos de sangre humana.

Arqueé las cejas.

-Sí podemos… pero como los humanos son muy débiles y pueden quedar mal heridos con una mordida o hasta morir, la mayoría de nosotros optamos por alimentarnos de los de nuestra propia raza –explicó-. Esa sangre nos proporciona más energía que la humana…

-¿A que te refieres con algunos? –la interrumpí.

Alice se encogió de hombros.

-Hay vampiros que piensan que los humanos son inferiores y no les importa hacerles daño.

Resoplé enojada.

-Pero como ya te dije Bella, la mayoría no les causamos daño –dijo Alice.

Yo en momento estaba enojada y al siguiente me sentí completamente relajada.

-Jasper creo que ya no es necesario –Alice vio al vampiro rubio y éste retiró su mano de mi hombro y se colocó a un lado de ella.

Me sentía tan confundida, aunque aceptaba mi situación, aún era difícil pensar que todo era real.

-Como tienes poco siendo vampiro –dijo Alice-. Tendrás que alimentarte con más frecuencia que el resto de nosotros… cuando pasen nueve o diez años podrás resistir hasta dos semanas.

-¿Cada cuanto? –pregunté.

-Dos o tres días –contestó ella-. Puedes alimentarte de cualquier vampiro del sexo opuesto, claro cualquiera que no tenga compañera, porque los compañeros sólo se alimentan entre ellos.

-¿Cualquiera? –me froté las sienes, esto era tan complicado.

-Sí, a ellos no les molestará que tomes de su sangre, todos los vampiros sin compañero, saben que tienen que ayudar a otro que necesite alimentarse –continuó ella-. Y cuando un macho tenga que alimentarse y pida tu ayuda tu tienes que dársela, es algo así como una regla que tenemos nosotros.

Me estremecí.

-¿Tendré que dejar que me muerdan? –pregunté un poco nerviosa.

-No Bella, te explicaré –Alice me mostró su muñeca, me miró y sonrió pero esta vez fue diferente, porque vi sus colmillos extenderse, se inclinó y perforó su muñeca. Yo solté un grito ahogado, todo era demasiado nuevo para mí, aún no lograba acostumbrarme.

Alice retiró su boca de la herida, después de unos minutos comenzó a sanar.

-Después de que te hagas el corte –continuó como si yo nunca hubiera gritado-. Tienes que ofrecerle la sangre al vampiro, él sólo puede beber, pero no puede morderte, sólo los compañeros pueden hacerlo. Es lo mismo en caso de que tú seas la que se alimenta, el otro vampiro te ofrecerá su muñeca, con la herida ya hecha, pero tú no puedes morderlo, sería como una falta de educación.

Una imagen vino a mi mente y me quedé rígida por un momento.

-¡Pero yo mordí a Edward! –exclamé intentando recordar, pero todo era muy borroso.

Alice frunció el ceño.

-Tengo que hablar seriamente con él –dijo cruzándose de brazos, su expresión se volvió más dulce cuando su mirada se posó en mi-. No te preocupes Bella, tu no sabías, además estoy segura que mi hermano estuvo demasiado de acuerdo con eso, tú no hiciste nada malo.

-¿Qué significa eso de los compañeros? –pregunté de pronto.

Alice sonrió.

-Dos vampiros del sexo opuesto se pueden hacer compañeros cuando los dos beben directamente del cuello de su pareja –explicó-. Es como el matrimonio para nosotros, bueno es un lazo más fuerte, porque no hay nada que lo destruya –Alice se rió-. Es decir que no hay divorcio…

-¿Jasper es tu compañero? –pregunté.

Ella lo vio y ambos sonrieron, Jasper la abrazó. Me sentí incomoda, por un momento pensé que se habían olvidado de que yo seguía ahí.

-Sí –Alice suspiró y recargó su cabeza en el pecho de su compañero.

La puerta se abrió de pronto, Andrew entró, atravesó la sala y se arrodilló a los pies del sillón en frente de mí. Carlisle entró poco después y cuando me vio parpadeó sorprendido.

-El tenía razón –murmuró para si mismo.

-Bella ¿Estas bien? -Andrew tomó mi mano, sus ojos verdes sólo me veían a mí-. Fue hace tantos siglos que ya no recuerdo que se siente en la transformación… ¿Te dolió mucho?

Asentí, demasiado confundida por su reacción como para hablar.

-Debí estar contigo en el momento de tu transición, yo debí estar ahí para cuidarte –Andrew acarició mi mejilla-. ¿Cómo te sientes?

-Bien –admití-. Sólo que aún no logro adaptarme…

-Eso es normal al principió –me sonrió.

-¿Cómo llegaron aquí? –preguntó Alice-. No los vi venir…

-Fue Andrew, el dijo que sentía a Bella, sintió que ya se había trasformado –contestó Carlisle-. Estaba desesperado por encontrarla, nunca yo nunca había visto a un vampiro en ese estado…

La atención de Alice y Jasper se posó en Andrew, pero el no lo notó, estaba más ocupado observándome a mí.

-¿El es el amigo que dijiste que vendría? –preguntó Jasper.

Carlisle asintió.

Andrew se sentó a mi lado, pero esta vez se dirigió a los demás.

-Me llamo Andrew Lennox –se presentó.

-Soy Alice Cullen –dijo ella.

-Y yo Jasper Hale

Los ojos verdes volvieron a mí, pero me miraban confundidos, Andrew parecía no poder explicarse algo.

-No logro entender –me dijo-. Lo mucho que me cuesta estar lejos de ti, eres como un imán para mí –me guiñó un ojo y volvió a tomar mi mano, yo no hice ademán de apartarla, pero me sentía muy extraña con su actitud, me sentía nerviosa.

Carlisle miraba de Andrew a mí.

-No puedo creerlo creo amigo mío –dijo hablando para Andrew-. Creo que estás… creo que te vinculaste de Bella.

Andrew miró a Carlisle, estaba completamente perplejo.

-Después de tanto tiempo, yo creía que nunca… -no terminó su mirada otra vez estaba en mí, pero esta vez vi un extraño brillo en sus ojos verde intenso-. Parece que por fin te encontré –añadió sonriendo.

Carlisle, Jasper y Alice veían en nuestra dirección, pero ellos no parecían tan entusiasmados con la idea como él, estaban completamente tensos. En cuanto a mí, como era de esperarse no tenía la menor idea de lo que sucedía.

**************************************

Cap.5.-Doble Vinculación.

Alice se frotaba las sienes, caminaba de un lado a otro, eso me inquietó. Me levanté y me dirigí a ella, quería saber que estaba mal.

-¿Qué pasa? –le pregunté.

Pero ella sólo me ignoró, sus ojos se clavaron en Carlisle.

-Eso sólo ha pasado una vez… bueno eso es lo que he escuchado –le dijo-. Dime que pasó. ¿Tú recuerdas algo de eso?

Carlisle negó con la cabeza.

-Se lo mismo que tú Alice, eso pasó hace casi quinientos años, yo sólo tengo trescientos, son dos siglos de diferencia, es bastante tiempo…

Abrí los ojos de par en par. ¿Carlisle tenía tres siglos? ¡Pero si se veía mucho más joven que mi padre!

-Pero conozco a otro vampiro mucho más viejo que yo –dijo sonriendo un poco. Tres pares de ojos se posaron detrás de mí, por acto reflejo volteé en la misma dirección, todos veían a Andrew.

Tragué. ¿Pues cuantos años tendría Andrew? Lo vi fruncir el ceño, no era la única que se había perdido con la conversación.

-¿Has escuchado algo sobre la doble vinculación? –preguntó Alice-. Dicen que sucedió una vez en Francia… otros dicen que sólo fue un invento, una leyenda que se extendió en los de nuestra especie.

Andrew me miró a mí y luego a Alice.

-Fue completamente cierto –contestó-. Yo lo presencié –una leve nota de tristeza tiñó su voz.

-¿Qué pasó? –preguntó Jasper.

-Primero necesito saber porque es tan importante para ustedes –dijo de manera que dejaba claro que no aceptaba réplicas.

-Creo que está pasando otra vez –respondió Alice con la mirada fija en mí.

Esa respuesta no me aclaró nada, pero Andrew pareció comprender, porque de pronto se tensó.

-¿Qué pasó? –Alice repitió la pregunta de Jasper.

-Todo terminó de la peor manera –contestó, su mandíbula se tensó y añadió:- ¿Quién es él?

-Pero la historia no tiene porque repetirse –esta vez habló Carlisle-. Eso pasó hace mucho tiempo, los vampiros se dejaban llevar por sus instintos más salvajes. Tú no lo harás… te conozco has cambiado mucho amigo mío…

-No, no lo haría –respondió Andrew aún tenso-. Pero supongo que en cuanto lo vea, no lo soportaré. ¿Quién es?

-Es Edward –contestó Carlisle-. Es mi hijo, no lo olvides.

Andrew se sorprendió con la respuesta.

-Tenemos problemas –dijo Alice-. Edward regresará en cualquier momento –ella cruzó la habitación elegantemente y se puso a mi lado.

-¿Qué pasa? –la miré confundida-. No entiendo nada.

-Ahora no Bella –me contestó tocando mi hombro-. No es momento de respuestas.

La puerta se abrió y vi a Edward en el umbral, me sonrió no parecía notar la repentina tensión en la habitación, sólo me veía a mí. Caminó hacia donde estaba, pero Alice hizo un movimiento con la mano indicándole que se detuviera.

-Edward…

-No me importa que no hayas acabado de explicarle Alice –la interrumpió irritado-. Ya no puedo soportar más estar lejos de ella –dio un paso más hacia nosotras.

Un gruñido detuvo su avance.

-Cuidado –advirtió Jasper, su mirada estaba fija en Andrew. El vampiro de ojos verdes tenía el ceño fruncido y sus labios fuertemente apretados, entonces comprendí que el gruñido había salido de él.

-¿Quién eres tú? –preguntó Edward.

-Es amigo mío –le respondió Carlisle-. Se llama Andrew Lennox, ya les había hablado de él.

Edward asintió, pero no parecía estar muy contento con la presencia del otro vampiro.

-¿Qué haces aquí? –preguntó sin ninguna cortesía.

-Estoy aquí porque quiero estar cerca de Bella –le contestó Andrew.

Yo di un respingo y Edward frunció el ceño.

-Escucha hermanito –la voz de Alice era calculadora-. El también está vinculado de Bella…

Edward rugió, y al mismo tiempo los dos vampiros dejaron al descubierto sus colmillos. Jasper se colocó junto a su hermano, Carlisle se colocó junto a Andrew.

En ese momento tuve el presentimiento que todo el alboroto había sido culpa mía, suspiré, yo siempre arruinaba las cosas. Por lo menos, después de ver esto, ya tenía una idea aproximada de lo que era vinculación…

-¿Podrían comportarse? –Alice casi gritó y fue suficiente para captar la atención de los demás-. Esa historia no se repetirá… ¿Me escucharon? Los dos se van a controlar…

Jasper sonrió al escuchar el tono autoritario de Alice. Debía admitir que para ser muy pequeña sabía intimidar…

Los dos vampiros dejaron de gruñir, pero ninguno de los dos se relajó.

-Creo que todo mejoraría si Bella escogiera compañero –dijo Carlisle, parecía ansioso por que todo volviera a estar más tranquilo.

Edward y Andrew me voltearon a ver al mismo tiempo y yo me encogí. No podía tener un compañero… no estaba lista, sabía por Alice que ese era una unión muy fuerte… hice una mueca, a mi siempre me habían aterrado los compromisos, definitivamente no estaba lista para eso, no aún. Ni siquiera estaba segura sentir algo por alguno de aquellos vampiros que no apartaban sus ojos de mí, no podía elegir entre ellos.

-¡Ya basta! –Alice gruñó hacia ellos y me abrazó-. Bella no puede tomar una decisión, está muy confundida, apenas tiene pocas horas como uno de nosotros… no voy a dejar que la presionen –frunció el ceño-. Además ambos saben que no es lo mismo con las hembras, nosotras no nos vinculamos a primera vista como los machos, ella necesita tiempo…

No sabía si los vampiros podían marearse, pero lo cierto es que yo lo estaba. Sentí que se acercaba el amanecer… ¡Oh no! ¡Tenía que regresar con Lena! No tardaría en llegar y si no me encontraba…

-Mi hermana –musité-. Tengo que ir con ella…

Alice asintió.

-Te sentirás cansada de día, pero eso es normal –distinguió la preocupación en mi expresión porque añadió-. No Bella, el sol no nos quema. Puedes correr hasta tu casa, descubrirás que llegarás más rápido que en carro –me guiñó un ojo-. Y recuerda que deberás alimentarte pronto… puedes alimentarte de cualquier macho…

Andrew y Edward gruñeron al unísono.

Alice me acompañó hasta la puerta.

-Y una cosa más Bella –me dijo-. Debes tener cuidado, tu hermana es doctora y notará el cambio en tu temperatura y tu falta de pulso, así que mejor evita tener contacto con ella.

Asentí, me despedí y salí corriendo. Fue una sensación increíble, de libertad absoluta, las calles y casas pasaban a una velocidad increíble frente a mis ojos. Llegué al departamento en unos minutos.

Las luces estaban apagadas, todavía el sol no aprecía, perfecto eso significaba que Lena aún no llegaba.

Me acosté en mi cama, intenté dormir, pero no pude… y comprendí, nunca iba a dormir otra vez, suspiré, iba a ser difícil adaptarme a esto. Escuché la puerta, cerré los ojos y comencé a respirar tranquilamente, por lo menos podía fingir ante Lena.

-¡Hey dormilona! –exclamó-. ¡Ya deberías estar desayunando! –la escuché entrar al cuarto.

Me removí, fingiendo estar molesta por haberme despertado. Cuando la vi, noté las sombras azules bajo sus ojos y fruncí el ceño.

-¡Y tú deberías ir a descansar! –la regañé.

Bostezó y se dirigió a su habitación sin protestar.

Preparé el desayuno, jugo de naranja, pan tostado y huevo, todo para ella, porque yo apenas podría soportar el olor, ese era el fin a la alimentación humana. Entré en su habitación y dejé la comida en su tocador. Ella estaba buscando ropa en el closet y se giró para verme.

-Gracias Bella –me sonrió-. Pero no deberías cuidarme tanto, se supone que yo soy la mayor.

Puse los ojos en blanco. Ahora que yo era un vampiro, las cosas iban a cambiar.

Cuando llegué a la Universidad, me encontré con otra sorpresa. Vi a Lila caminar hacia mí, tenía el ceño fruncido, estaba muy enojada, pero eso no fue lo que llamó mi atención, sino el hecho de que no escuché su corazón latir, me fijé en su piel, tan pálida como la mía… ¡Ella también era un vampiro!

-¡Tú! –exclamamos al unísono.

-¡Me prometiste avisarme cuando volvieras a sentirte mal! –hizo una mueca-. ¡Pudo haberte pasado algo durante la transformación!

-¡Lo sabías! –la acusé-. ¿Por qué no me advertiste? ¿Por qué no me dijiste que tu también eras un… diferente?

-Porque no podía decírtelo, es una regla, no hasta que se completara el cambio –se calmó-. Estaba preocupada, yo pude traerte a un vampiro para que te diera su sangre… lo bueno es que encontraste a alguien para que te ayudara…

-Más bien él me encontró a mí –admití.

Lila asintió y luego sonrió.

-Ahora podemos hablar sin problemas –dijo-. Debes tener muchas dudas, y para tu suerte yo responderé a todas las que quieras.

Le devolví la sonrisa. Sí, eso quería, respuestas.

-¿Qué es la vinculación? –le pregunté. Tenía alguna idea, pero necesitaba saber con exactitud.

Ella arqueó una ceja.

-Apenas te acabas de convertir y ya me preguntas eso…

-¿Está mal que lo pregunté? –cuestioné encogiéndome de hombros.

-No, es sólo que… es extraño, normalmente esa pregunta se hace cuando ya has escuchado de ello o cuando ya alguien se ha vinculado de ti –contestó-. Lo cual no creo que te haya ocurrido porque normalmente pasan varios años antes de que alguien se vincule de ti…

Hice una mueca. ¿Por qué siempre tenía que haber algo raro en mí?

-La vinculación es algo muy fuerte –me miró-. Podría decirse que es a lo que los humanos llaman amor, los machos se vinculan a primera vista… después de eso, no pueden permanecer mucho tiempo alejados de la hembra a la que se vincularon…

¿Amor? Me estremecí, me costaba creer que dos vampiros estuvieran enamorados de mí.

-Y ya no pueden ni desean alimentarse de otra hembra que no sea de la que están vinculados…

-¿Qué? –balbucí.

-Sólo se alimentarán de una –repitió Lila-. Ninguna otra sangre será igual para ellos, ninguna esencia los atraerá con la misma fuerza.

Inconscientemente comencé a frotar mi muñeca.

-¿Y que sabes sobre la doble vinculación?

Lila se sorprendió ante mi pregunta.

-Sabes Bella, haces unas preguntas muy raras –dijo-. Eso sucedió hace mucho tiempo… creo que en París, dos machos se vincularon de la misma hembra –su voz fue perdiendo volumen.

-¿Qué pasó? –le pregunté.

-Ella aún no tenía compañero, aún no había escogido –continuó ella-. Ninguno los dos

vampiros no se soportaban, ninguno estaba dispuesto a cederla… se destrozaron entre ellos…

¡No! Esto no me podía estar pasando a mí. Esa historia no se iba a volver a repetir… no podía volver a pasar…

-Dicen que ella no lo soportó y encontró la manera de acabar con su propia vida –un escalofrió recorrió a Lila, luego sacudió la cabeza, como si quisiera quitarse esa imagen de la cabeza-. ¿Por qué tanta curiosidad por eso?

-Es que se vincularon a mí –contesté

-¡Tienes que contarme todo! –exclamó ella sonriendo, pero su expresión cambió muy pronto-. Espera… dijiste ¿vincularon?

Asentí.

-Oh –Lila parpadeó-. Creo que tienes un pequeño problema amiga.

*************************************

Cap.6.-Sangre.

-¿Crees que puede haber una forma de evitar una tragedia? –le pregunté esperanzada.

-Bueno –dijo Lila-. Supongo que si tu eliges a uno y te conviertes en su compañera…

Suspiré, lo mismo había dicho Carlisle.

-Entonces tengo que elegir pronto –me llevé las manos a la cabeza. Todo esto era tan complicado y yo apenas estaba asimilando que era un vampiro.

-¡No Bella! –exclamó Lila-. No puedes forzarte, eso tiene que ser natural, espera hasta que te hayas vinculado… si eliges antes, puedes cometer un error y ligarte a alguien que no amas, sufrirás mucho si lo haces…

Hice una mueca.

-¡Entonces no puedo hacer nada! –exclamé frustrada.

-Bella, no creo que la historia se repita –me tranquilizó Lila-. Ahora es diferente, nuestra raza no es tan impulsiva como antes, debes de darles un poco de crédito, no creo que lleguen a matarse entre los dos.

-Tienes razón –concedí-. Debo confiar en ellos.

Al día siguiente en la tarde decidí hacer una visita al hospital, necesitaba un consejo desesperadamente y la persona que más confiaba se encontraba en el departamento de cardiología.

-¿Por qué la visita? –preguntó Lena al verme entrar en la pequeña oficina.

-Necesito hablar –musité. No pensaba decirle que me había convertido en un vampiro, pero si una verdad parcial de lo que me ocurría.

-¿Qué ocurre? –Lena se preocupó al ver mi expresión.

-Es… yo sólo…

-¿Tiene algo que ver con el hijo del doctor Cullen? –Lena arqueó las cejas.

-Algo así –concedí-. El y alguien más…

Lena asintió.

-Dos chicos, los dos se interesan en ti y no sabes por cual decidirte…

Puse los ojos en blanco, en estos casos pensaba que mi hermana era una adivina o algo parecido.

-Sí

-¿No pierdes el tiempo verdad hermanita? –bromeó Lena, parecía sumamente divertida con la situación.

Le saqué la lengua. Si ella supiera todos los problemas que tenía, no estaría tan sonriente.

-No te enojes Bella –dijo Lena-. Sólo debes ser paciente, lo sabrás… tarde o temprano. Además esas cosas ocurren todo el tiempo, no se porque estás tan nerviosa, no es como si fuera algo de vida o muerte ¿o si?

Mi hermana se acercaba bastante a la verdad de lo que ella creía. A pesar que una parte de mí quería confiar en ellos, había otra que tenía un mal presentimiento y eso no me dejaba estar tranquila. Sentí un ardor en la garganta pero decidí ignorarlo, había cosas más importantes que una simple molestia.

Cuando llegó la noche y escuché la lenta respiración de mi hermana, decidí salir del departamento. Ahora que no podía dormir, los días se volvían muy largos.

Me sorprendí al ver a Alice esperándome afuera.

-Hola –me saludó alegremente.

-¿Qué haces aquí? –le pregunté.

-Esperando a que salieras –me contestó-. Aún quedan cosas que tengo que contarte.

-¿Pero como supiste que iba a salir? –le pregunté. Ella comenzó a caminar y yo la seguí.

-Porque puedo ver el futuro –contestó-. Después de que pasa cierto tiempo de que nos trasformamos, normalmente son algunos años, algunos de nosotros presentamos ciertas habilidades… Edward puede escuchar el pensamiento de los demás…

Me quedé petrificada.

-¿Eso quiere decir que él sabe lo que pienso?

Alice sonrió.

-No Bella, tú eres la única excepción –contestó.

-¿La única? –pregunté-. ¿Por qué?

La vi encogerse de hombros

-No lo sé –respondió-. Nadie lo sabe.

Entonces se me ocurrió una idea.

-Si puedes ver el futuro, podrías decirme quien será mi compañero…

Alice negó con la cabeza.

-Aunque no me gusta admitirlo –dijo haciendo una mueca-. Mi visión tiene fallos y en cuanto a la vinculación se refiere son tan ciega como cualquiera.

Suspiré, nada iba a ser sencillo.

Alice sonrió de pronto y sus ojos hicieron contacto con los míos.

-Pronto tendremos compañía –dijo.

Y tan sólo unos minutos después Edward se reunió con nosotros trayendo una ráfaga de viento consigo, la cual despeinó mi cabello.

-Bella –dijo mi nombre como si fuera la palabra más hermosa que se pudiera pronunciar.

-Lo viste en mi mente –lo acusó Alice.

-Sí –admitió el vampiro sonriendo-. Sabía que ibas a ver a Bella y no pude resistirme, tenía que verla también.

Alice puso los ojos en blanco.

-Bella –dijo-. Te dejo en buena compañía –prácticamente desapareció de lo rápido que corría.

-Vamos a dar un paseo –Edward me sonrió y me pasó un brazo por los hombros.

Llegamos a un parque y nos sentamos en el césped, observando como la Luna cubría con destellos plateados el hermoso lugar. Me sentí más tranquila, no era tan malo tener insomnio.

El día siguiente fue un poco más aprisa, las clases pasaron casi sin sentirlas, todo parecía ir mejor, hasta que iba de camino al departamento. Mi garganta comenzó a quemar, era un dolor terrible, casi insoportable, tenía sed. Había cometido un error al ignorar el ardor que me había dado el día anterior… ahora no podía controlarlo.

-¿Señorita se siente bien? –un hombre de mediana edad se acercó a mí. Podía escuchar su corazón latir, escuchar como la sangre corría por sus venas…

-Sí –logré decir con mi garganta seca-. Aléjese de mí, no lo necesito.

Por fortuna me hizo caso, si hubiera permanecido cerca un segundo más, habría saltado sobre él, me estremecí ante ese pensamiento. Tenía que encontrar a un vampiro y rápido.

Sólo que en está ocasión no contada con toda la velocidad de la que era capaz, ya que era de día y el sol, aunque estuviera oculto tras las nubes, me debilitaba.

-Bella te encontré –escuché una voz detrás de mí-. Sentí que algo malo te pasaba… ¿Qué te ocurre?

Me di la vuelta y agradecí ver a Andrew, aunque lo primero que vi fue su cuello, sentí mis colmillos crecer detrás de mis labios.

-Ayúdame –le pedí.

El me abrazó y sentí que girábamos, cerré los ojos ante esa sensación de mareo y cuando los abrí, vi que estábamos en una enorme sala.

-¿Dónde estamos? –musité.

Me ofreció su cuello.

-Primero debes alimentarte –dijo.

Estuve a punto de morderlo, cuando recordé las normas que me había explicado Alice.

-Debe ser de la muñeca –le recordé.

Andrew sonrió y vi un brillo pícaro en sus ojos verdes.

-A mi no me molesta que te alimentes de mi cuello –comentó.

-Pero a mí si –le dije-. Yo respeto las reglas.

-Si eso es lo que quieres –extendió sus colmillos y se hizo una herida en la muñeca.

Cuando extendió su brazo hacia mí, no lo pensé dos veces y bebí de él. El alivio llegó a mí en cuanto el líquido recorrió mi garganta y me relajé. Sentí que Andrew acariciaba mi cabello, fue un gesto tierno de su parte.

Después de un rato me retiré, su herida sanó poco después de que mis labios se separaran de él.

-Gracias –le dije.

Andrew me rodeó con sus brazos y depositó un beso en mi frente.

-Un placer –contestó.

-¿Dónde estamos? –repetí al ver el lugar.

-En mi casa

Arquee las cejas, eso no era una casa, era una mansión. Comencé a recorrer el lugar, me encantó la decoración, parecía un estilo antiguo, sonreí, viniendo de un vampiro con tantos años no debería sorprenderme.

-¿Te gusta? –me preguntó al percatarse de mi expresión.

Le sonreí.

-Sí

-La compre al llegar aquí, hace unas cuantas semanas –continuó-. Al principio no estaba seguro de quedarme mucho tiempo, pero no pude resistirme y veo que no me equivoqué en hacerlo…

Estaba caminando por la sala, cuando recordé algo y me detuve.

-¿Cómo llegamos tan rápido? –le pregunté. Sabía que los vampiros tenían una velocidad sorprendente, pero ni siquiera me había dado cuenta cuando entramos en la mansión.

-Nos transporté aquí –contestó.

Parpadeé. Así que esa era su habilidad. ¿Qué nunca iban a terminar las sorpresas?

miércoles, 5 de mayo de 2010

Mi Corazon En Tus Manos

CAPITULO 7


Con tanta gente arremolinada en la antesala le iba a ser imposible encontrarla. Volvió a estirar su cabeza por encima del gentío para ver si conseguía localizarla pero era inútil.


-¿A quién buscáis? -la voz aguda y afilada de Tanya resonó en sus oídos.


Justo en ese momento vio su rostro entre la gente y, sin darle mayor explicación a su acompañante, la hizo caminar para dirigirse a ella. Conforme se fue acercando, sendas figuras masculinas se hicieron visibles a su lado. El mayor de ellos, por sus vestiduras, hacía suponer que era un rey, y, fijándose en sus facciones que le resultaban tan familiares podía casi asegurar que era el padre de Bella. Sin embargo, el joven noble de largo y oscuro pelo que la hacía sonreír en esos momentos fue el que más captó su atención, teniendo en cuenta la punzada que golpeaba su corazón una y otra vez viendo como tomaba sus manos de modo tan afectivo.


-Buenos días, Alteza -la saludó en cuanto llegó hasta ella.


-Buenos días -contestó Bella. -Permitidme que os presente a mi padre, el Rey Charles y al Príncipe Jacob de Dagmar. Él es el Príncipe Edward de Meissen.


Edward le dedicó una reverencia a ambos en silencio, con su mirada fija en aquel joven. Pasados unos segundos y en vista de que nadie parecía reparar en ella, Tanya decidió anunciarse ella misma.


-Yo soy la Princesa Tanya -se presentó, inclinándose primero ante Charles y después ofreciéndole su mano a Jacob, tomándola él para besarla levemente. Tras eso, volvió a colgarse del brazo de Edward. Bella sintió que le faltaba la respiración.


-¿Eres el hijo de Carlisle? -preguntó Charles, pensativo.


-Sí, Majestad -le informó apartando por fin la vista de Jacob -¿le conocéis?


-Sí, desde hace algún tiempo.


Bella lo miró confundida.


-La ayuda de tu padre fue inestimable hace algunos años, cuando un brote de escarlatina azotó mi Reino amenazando con diezmar la población -le dijo a Edward -Tú aún eras muy pequeña, por eso no lo recuerdas -miró a su hija. -¿Va a asistir a la ceremonia? -añadió -Si es así me gustaría mucho saludarlo.


-Llegó hace algunos días en compañía de mi madre. Si gustáis acompañarme puedo indicaros donde está.


Ahora Edward posó su mirada sobre Bella y ella no pudo definir a que se debía el fuego intenso que desprendían esos ojos verdes, simplemente no fue capaz de sostener su mirada y se giró hacia Charles.


-Padre, yo voy a ayudar a Alice -le informó. -Después vendré a avisarte cuando ya esté lista.


Hizo una reverencia y se apresuró a alejarse de ellos, de aquellos ojos verdes que parecían querer atormentarla y de aquella muchacha de cabellos dorados cuya sonrisa ladina sabía iba a acompañarla durante el resto del día.


A través de las vidrieras, la luz del atardecer, coloreada por centenares de cristales iluminaban la iglesia. Bajo ese halo mágico y encantador Jasper esperaba junto al altar. Edward, como su padrino, lo acompañaba. El toque de campanas anunció que la novia se disponía a hacer su entrada. Jasper respiró hondo, por enésima vez desde que entrara a la iglesia, antes de girarse a mirarla. Y ahí estaba, la más hermosa de las apariciones.


Rosalie no había exagerado en su descripción aquel día, al contrario, ni la más divina deidad podía ser comparada a Alice en belleza, incluso la misma Afrodita estaría ardiendo en el Olimpo ante tal esplendor. Su pelo negro salpicado con pequeñas flores blancas enmarcando su rostro, la blanca muselina entallando su cuerpo hasta su cadera para luego volverse etérea, vaporosa sobre sus pasos, el organdí cubriendo desde sus hombros sus delicados brazos. Un escalofrío recorrió su espalda al pensar que la criatura más bella sobre la faz de la tierra estaba a pocos metros de convertirse en su esposa.


Alice, del brazo de su tío se dirigía lentamente hacia él. A pesar de todas las miradas se dirigían a ella con gesto sonriente, Alice no podía apartar ni un sólo segundo sus ojos de Jasper, enfundado en aquella túnica azul marino contrastada con ribetes y cinturón dorados, que resaltaban más su rubio cabello, tan apuesto, tan gallardo, tan caballero, su caballero.


En cuanto llegaron al altar, el Rey Charles le entregó la mano de Alice a Jasper. Sendas sonrisas nacieron en sus labios en cuanto sus pieles y sus miradas entraron en contacto y así hubieran seguido a no ser por la voz del obispo que daba comienzo a la ceremonia, obligándoles a mirarle.


Para Alice, todas las palabras del obispo resonaban huecas y vacías en su mente. La incertidumbre de lo que iba a pasar a partir de ese día era más que tangible y, por desgracia, la respuesta a sus dudas no la hallaría en las sagradas escrituras. Por un segundo deseó que el tiempo previo a su boda hubiera sido mayor, haber tenido la oportunidad de conocer a su prometido mejor. Pero el recuerdo de los últimos días vino a su mente. Jasper se había comportado de una forma muy gentil y considerada con ella, incluso complaciente y comprensivo y eso, al menos, le daba razones más que suficientes para afrontar esa nueva etapa de su vida con esperanza.


Alice vio como Edward se aproximaba a Jasper para entregarle los anillos.


-Tomad vuestras manos y que vuestros votos sean escuchados -exclamó el obispo mientras ambos se ponían frente a frente y se tomaban las manos.


Jasper, con su mirada fija en Alice, empezó a recitar los votos que ella hubiera escrito para ellos.


-No podéis poseerme, puesto que sólo me pertenezco a mí mismo. Pero mientras ambos lo deseemos, os doy todo lo que me pertenece y pueda ser dado -comenzó Jasper.


-No podéis darme órdenes, puesto que soy una persona libre, pero os serviré en todo aquello que me pidáis y la miel sabrá más dulce si viene de mis manos -respondió Alice.


-Os prometo que el vuestro será el único nombre que grite en la oscuridad de la noche, y vuestros los ojos en los que me miraré cada mañana. Os prometo el primer bocado de mi plato, y el primer sorbo de mi copa.


-Os encomiendo mi vida y mi muerte, y confío ambos a vuestro cuidado.


-Seré un escudo para vos, y vos lo seréis para mí. Nunca os difamaré, ni vos a mí tampoco -aseguró él.


-Os honraré siempre por encima de los demás, y si se da alguna diferencia entre nosotros, que sea resuelta en nuestra privacidad, sin hacer partícipes a extraños de nuestros agravios.


-Estos son mis votos matrimoniales para nosotros -concluyó Jasper mientras colocaba el anillo en el dedo de Alice.


-Estos son mis votos matrimoniales para nosotros -respondió Alice colocando a su vez el anillo en el dedo de Jasper.


Sin dejar de mirarse ni un instante, sus manos volvieron a buscarse para unirse de nuevo.


-Los exhorto a que sean fieles a los votos que han tomado y que estos anillos sean el símbolo que los selle -prosiguió el obispo -Ante Dios y ante los Hombres, os declaro marido y mujer.


Mientras un murmullo de admiración se iniciaba a su alrededor, Jasper posó su mano en la mejilla de Alice que se sonrojaba bajo su tacto. Hubiera mentido si negase que la emoción le embargaba en ese momento, por fin Alice era su esposa y el sentimiento de felicidad que ocupaba su corazón era estremecedor. Con su otra mano en la cintura de la muchacha la atrajo hacia él, inclinando lentamente su rostro sobre el suyo. De nuevo respiró el dulzor de su aliento y le pareció casi más delicioso que el día anterior. El deseo de saborear aquellos labios se hizo más poderoso si cabe, dando paso a un ardor que amenazaba con consumirle si no lo hacía. Muy despacio posó sus labios sobre los suyos, eran mucho más suaves y dulces de lo que él había imaginado y, quizás debería haber sido un poco más consecuente con el momento y el lugar en el que estaban pero, el sentir por fin el contacto de su piel, de su boca, le hicieron olvidarse de todo. Entreabrió sus labios capturando de nuevo los de Alice, necesitaba sentirla más cerca y mientras sus labios danzaban sobre los suyos la apretó más fuerte contra su cuerpo.


Los aplausos y vítores de los presentes le hicieron volver a la realidad y, mucho más pronto de lo que él hubiera querido, se separó de ella, que, sonrojada lo miraba tímidamente con cierto asombro dibujado en sus ojos.


De nuevo tiñeron las campanas, mientras resonaban las trompas y cornetas. El jolgorio del ceremonial se tornó en solemnidad, la cual quedaba reflejada en los dos sacerdotes que ahora se situaban en el altar a ambos lados del obispo, portando sobre sus manos las vestiduras reales. El obispo las bendijo mientras Jasper y Alice se arrodillaban frente a él. Tras eso, tomó aceite y los ungió a ambos. Uno de los sacerdotes le ayudó a colocar sobre los hombros de Jasper la capa real y le entregó el cetro mientras el obispo, sujetando la corona por encima de su cabeza, recitaba el juramento.


-Jasper, Rey de los Lagos por derecho de sangre, Rey de Asbath por derechos conyugales, ¿juráis solemnemente gobernar los Pueblos de ambos Reinos y sus Posesiones y otros Territorios pertenecientes a cualquiera de ellos, según sus respectivas leyes y costumbres? -preguntó el obispo.


-Sí, lo juró -sentenció firmemente.


-¿Os comprometéis a respetar y defender a vuestro Pueblo, asegurando la paz y haciendo justicia con misericordia?


-Sí, me comprometo -aseguró, antes de que el obispo le colocara finalmente la corona.


Cuando Jasper se puso en pié, el otro sacerdote se dirigió hacia Alice que aún continuaba de rodillas y, con su ayuda, le colocaron la capa. Jasper le hizo entrega a Alice del cetro y, tal y como hiciera el obispo anteriormente con él, sujeto la corona de Alice sobre su cabeza mientras le repetía el juramento a su esposa.


-Alice, Reina de Asbath por derecho de sangre, Reina de los Lagos por derechos conyugales, ¿juráis solemnemente gobernar los Pueblos de ambos Reinos y sus Posesiones y otros Territorios pertenecientes a cualquiera de ellos, según sus respectivas leyes y costumbres? -le preguntó.


-Sí, lo juró -contestó ella.


-¿Os comprometéis a respetar y defender a vuestro Pueblo, asegurando la paz y haciendo justicia con misericordia?


-Sí, me comprometo.


Jasper colocó la corona en su cabeza y, tomando sus manos la ayudó a levantarse.


-Que la Gracia de Dios os acompañe y os ayude a cumplir con vuestros votos y vuestros juramentos por siempre. Podéis ir en paz -concluyó el obispo haciendo la señal de la cruz dirigiéndose a todos los presentes.


Sin soltar la mano de su esposa y rodeados por los aplausos y felicitaciones de todos los asistentes se encaminaron hacia el Salón del Trono, donde tendría lugar el festín en honor a los novios.


Como era de esperarse, fue un banquete digno de Reyes, con decenas de deliciosos platillos a base de venado, cerdo, cordero, pescado... todo para saciar hasta el paladar más exquisito, y aderezado con interminables barriles de cerveza y barricas de hidromiel y vino para alegrar los ánimos de los comensales y festejar por todo lo alto. Una compañía de juglares amenizaba el ambiente con tocatas y representaciones y, una vez que se retiraron las bandejas y se dio por terminado el banquete hicieron sonar sus laúdes y flautines, animando a los presentes a unirse a la danza.


Bella aprovechó ese momento para acercarse a los novios que se hallaban sentados presidiendo la mesa, y darles por fin la enhorabuena personalmente.


-Majestades -se dirigió a ellos con semblante severo y haciendo una profunda reverencia. Jasper y Alice rompieron a reír. Bella no pudo mantenerse seria por más tiempo y soltó una carcajada.


-Mira que eres tonta -la regañó Alice palmeando su brazo sin parar de reír.


-¡Alice! -la recriminó en broma -¡tu esposo va a creer que no te guardo el respeto suficiente! Si me manda al calabozo por ello tú serás la responsable y recaerá sobre tu conciencia de Reina -la amenazó.


-Lo único que va a pensar es que te has bebido tú sola una barrica de hidromiel -le dijo. Jasper no podía dejar de reír ante la escena que estaba presenciando. Sin duda, el buen talante de las dos primas era envidiable.


-Pues déjame informarte de que sólo he bebido un vaso y ha sido para brindar por vuestra felicidad -le aclaró.


-Muchas gracias -dijo Jasper sin parar de sonreír.


-Pero mi señor, ¿acaso le creéis? ¿no veis el fulgor de sus mejillas? -bromeó Alice. -Tal sonrojo no puede ser producto de un sólo vaso.


-Es que hace mucho calor aquí -se justificó Bella. -De hecho me dirigía al jardín a tomar el fresco -le informó.


-Creí entender que veníais a felicitarnos, Alteza -contestó Jasper, uniéndose a la broma. Bella hizo una mueca al verse descubierta.


-Tienes ventaja -le reclamó a su prima -sois dos contra una -refunfuñó Bella. La pareja se miró y comenzaron a reír nuevamente.


-Creo que estaría bien esa visita al jardín -le aconsejo finalmente Alice -¿Quieres que te acompañe?


-No, no, como se te ocurre abandonar tu fiesta -la regañó Bella.


-En cualquier caso no deberíais salir sola -admitió Jasper. -Emmett, ¿puedes venir? -le pidió haciéndole una seña para llamar su atención.


-Majestad -dijo mientras hacia una reverencia en cuanto llegó hasta ellos. Ambas primas rieron al unísono al recordar el mismo gesto de Bella hacía unos momentos. El rostro serio de Emmett se llenó de confusión.


-La hidromiel -dijo Jasper en tono divertido a modo de explicación. Emmett asintió entendiendo. -De hecho, quería pedirte que acompañaras a Su Alteza al jardín, a que tome un poco de aire.


-Por supuesto, Majestad -accedió Emmett con una sonrisa, extendiendo su brazo hacia Bella. -¿Vamos, Alteza?


Bella asintió y tomó su brazo.


-Ah! Y mi enhorabuena a los dos -añadió con voz chisposa antes de retirarse. Ambos le respondieron con una sonrisa.


De camino al jardín, pasaron cerca de Edward y de su rubia acompañante. Bella hizo todo su esfuerzo por mantener su sonrisa y no dirigir su mirada a ellos en ningún momento. Era cierto que había bebido un poquito más de la cuenta. Tener a la pareja en la mesa de enfrente donde perfectamente podía observar las atenciones que la Princesa Tanya le prestaba a Edward estaba poniéndola de muy mal humor, así que decidió solventarlo con un par de vasos de hidromiel y, la verdad, había funcionado, hasta ese momento en que sus efectos eufóricos estaban evaporándose, dejando paso al sopor.


-¿Os encontráis bien? -le preguntó Emmett mientras la ayudaba a sentarse en uno de los bancos de piedra del jardín.


-Oh, sí, no te preocupes, Emmett, Alice ha exagerado un poco -le tranquilizó Bella. -Ya sabes que no me siento muy cómoda en las celebraciones y con tanto gentío me estaba empezando a acalorar.


-Justo lo contrario que vuestra prima -puntualizó él.


-Sí -sonrió Bella -Alice está disfrutando muchísimo. Hay tantos invitados, incluso han acudido de reinos tan lejanos que apenas sabía que existían -admitió.


-¿Entonces no conocéis al joven que ha estado acompañando a la Princesa Rosalie? -le inquirió Emmett.


Bella lo miró extrañada. Era cierto que Rosalie había estado acompañada por cierto joven durante todo el día. En realidad no se había apartado de ella ni un instante y parecían haber congeniado por las miradas y sonrisas que ambos se dedicaban.


-Bueno, no lo conocía pero Su Alteza me lo presentó al terminar la ceremonia -le explicó. -Su nombre es James y es el Duque de Bogen.


Emmett lo miró con aire de desconfianza.


-Efectivamente, ese es uno de los reinos de los que te hablaba. Yo tampoco lo conocía -concordó ella. -Pero ¿por qué la pregunta? -quiso saber.


-Su cara me resulta familiar.


-¿Te resulta familiar? -preguntó sorprendida.


-Sí y admito que me tiene desconcertado. Estoy seguro de que lo he visto antes pero no consigo situar donde ni cuando -le explicó atormentado.


-Bueno, teniendo en cuenta lo lejano de su Reino, no creo que hayas tenido muchas oportunidades de verlo. Quizás sus facciones te recuerdan a alguien más -supuso Bella.


-Puede ser -dudó Emmett.


-Que casualidad encontraros aquí -la voz de Edward interrumpió su conversación. -¿Os encontráis bien, Alteza? -preguntó al verla en compañía del guardia.


-Necesitaba aire fresco y Emmett me está acompañando -le dijo sin apenas mirarlo.


-En realidad, quisiera volver al Salón por si a Sus Majestades se les ofreciera algo -admitió él. -Así que, ya que vos...


-Por supuesto, Emmett, yo me hago cargo de la princesa -se ofreció Edward amablemente. Emmett se inclinó agradecido.


-Entonces, si me disculpan, yo me retiro -añadió el guardia casi marchándose de inmediato, sin dejar que Bella contestase.


-Creo que deberíais entrar también, vuestra pareja podría extrañar vuestra presencia -le aconsejó Bella con la ironía marcando su voz.


Justo en ese momento, a lo lejos, escucharon la voz de Tanya y de Jacob, llamándolos.


-Creo que podría decir lo mismo de vuestro acompañante -concluyó Edward con disgusto.


Sin darle oportunidad de reclamar, la tomó de la mano y tiró de ella, corriendo hacia el interior del jardín, alejándose de aquellas voces que los reclamaban. Se dirigió hacia uno de los setos altos que se situaban casi al final del parterre y se ocultaron detrás.


-¿Me podéis explicar que estáis haciendo? -le espetó Bella mientras se soltaba de su mano.


-Bajad la voz -le ordenó él.


-¿Qué pensaría vuestra prometida si supiera que os escondéis de ella? -le preguntó con sarcasmo.


-¿Qué os hace pensar que es mi prometida? -La voz de Edward sonó contrariada.


-¿Qué tal si os digo que ella misma? -le contestó. Edward la miró lleno de confusión.


-He tenido la fortuna de gozar de su compañía durante la ceremonia -le explicó Bella. -El momento más interesante ha sido cuando, entre suspiros lastimeros me contó sus deseos de ser ella la que ocupara el lugar de mi prima pero con vos a su lado.


-¿Y eso os hace pensar que es mi prometida?


-Eso, que me haya hablado de sus intenciones de mandar a bordar vuestras iniciales en todo su ajuar y el hecho de que no os hayáis separado de ella ni un instante en el día de hoy -le informó cruzándose de brazos.


-Si es por eso yo debería pensar lo mismo de vos y del Principe Jacob -le reclamó.


-¿Os ha dicho que también va a bordar su ajuar con nuestras iniciales? -cuestionó llena de ironía.


Edward tuvo que esforzarse para no reír. Quizás Bella no era consciente de ello pero, cualquiera que los hubiera visto, podría asegurar que estaba presenciando la típica escena de celos entre enamorados. Edward no podía negarse que estaba disfrutando de la situación, además de que Bella se veía aún más hermosa así, tan irritada como estaba, con sus mejillas ardiendo por el enojo.


-Él tampoco se ha separado de vos ni un instante -le aclaró por fin.


Tal afirmación la dejó sin argumento.


-¿Debo entender por vuestro silencio que es vuestro prometido? -quiso saber.


-Tenéis mala memoria. Ya os dije que no estaba prometida.


-Lo recuerdo perfectamente, igual que recuerdo que me dijisteis que un "posible" pretendiente os aguardaba -la corrigió él. -Imagino que os referíais a él.


Bella se limitó a asentir sin atreverse a mirarlo.


-Si sigo haciendo gala de mi buena memoria, vos me dijisteis que no estabais interesada. Aunque en realidad no sé si os referíais al matrimonio o a él -dijo en tono acusatorio.


-¿Tenéis algo que reclamarme? -le reprobó.


-En absoluto, Alteza. Sólo intento descubrir el motivo por el que no os habéis separado de él ni un segundo. Pero, por supuesto que no tenéis que darme ningún tipo de explicación si no es vuestro deseo.


-Pues para vuestra información os diré el Príncipe Jacob es un amigo de la infancia al que tengo en alta estima. No me parecía correcto dejarle solo teniendo en cuenta de que a la única persona que conoce, aparte de mi prima y mi padre, soy yo. Puedo aseguraros que ellos le habrían acompañado encantados si no hubieran estado un tanto ocupados. Os recuerdo que eran la novia y el padrino -añadió con sorna.


-Sin embargo, me parece injusto que, acaparando él todo vuestro tiempo, el resto no hayamos tenido ocasión de disfrutar de vuestra compañía -admitió tras un breve silencio, sintiendo cierto alivio al ser sus temores infundados.


Ahora Bella lo miraba asombrada.


-No creo que necesitéis de mi compañía si tenéis a la Princesa Tanya colmándoos de atenciones -afirmó, arrepintiéndose inmediatamente de sus palabras. Se giró para no enfrentarlo. Quizás estaba dejando demasiado claros los motivos de su comportamiento y eso era algo que no estaba dispuesta a reconocer.


-Es posible que ya hayáis olvidado los momentos tan agradables que hemos pasado en estos últimos días, y puede que tampoco os diga nada el hecho de que haya intentado acercarme a vos durante todo el día sin haberlo conseguido. Casi he tenido que raptaros para hablaros -dijo sonriendo. -Vuestro casi-pretendiente es muy obstinado.


Bella no pudo evitar reír. Edward se colocó ante ella y, levantando su barbilla, la obligó a mirarle.


-Por fin -dijo con alivio. -¿Debo entender por vuestra risa que ya no estáis disgustada conmigo?


-En ningún momento he dicho que estuviera molesta con vos -le corrigió, apartándose de él, debía hacerlo si pretendía mantener la compostura. Pero su nerviosismo no le pasó desapercibido a Edward y sintió deseos de presionarla un poco más, su rubor era adorable. Sin embargo no era el mejor momento, apenas si le conocía y ella podría malinterpretar sus intenciones, cosa muy probable en vista de su malestar.


-Me alegra el saberlo. Y por si os queda alguna duda, os aclaro que la princesa no es mi prometida, ni hay intención por mi parte de que así sea -añadió.


-Creo que no es a mí a quien debéis aclarárselo -le instó mirándolo duramente.


-Tenéis razón -admitió. -Quizás ella haya confundido mi caballerosidad con otro tipo de atenciones. Deberé reparar mi falta lo antes posible. Sólo espero que este malentendido no me prive de vuestra compañía -concluyó lanzándole a Bella una de esas sonrisas deslumbradoras.


-Sí así lo deseáis... -titubeó ella.


-Por supuesto que lo deseo -susurro él. Bella giró su rostro intentando ocultar su sonrojo. Edward rió para sí, en verdad era encantadora. Tomó de nuevo su barbilla para disfrutar de nuevo de ese ardor en sus mejillas.


-Me veo en la obligación de recordaros que pasado mañana tenemos otra de nuestras acostumbradas citas. Si no recuerdo mal es vuestro turno y espero que no faltéis a vuestro compromiso -le insinuó -no querréis quitarme la satisfacción de escuchar vuestra voz ¿verdad? -musitó Edward.


Aquella voz aterciopelada como un murmullo la turbaba por completo. No era capaz de articular palabra, simplemente se limitó a negar con la cabeza, o ¿debería haber afirmado? Sentir la suavidad de sus dedos en su barbilla tampoco ayudaba. Si al menos dejara de mirarla así, si le permitiera pensar con claridad. Pero Edward no tenía intención de hacerlo, al contrario, parecía haberse perdido en la oscuridad de esos ojos, en el fulgor de sus mejillas. Lentamente recorrió la línea de su rostro hasta su mejilla, sintiendo el calor en las yemas de sus dedos. Bajo su tacto, Bella sintió como un escalofrío recorría todo su cuerpo, haciéndola temblar.


-¿Tenéis frío? -preguntó suavemente. Bella asintió. Sin que apenas se diera cuenta, Edward se había quitado su capa y se la había puesto sobre los hombros.


-Creo que debería entrar. Ya es tarde y debo ayudar a mi prima a prepararse -dijo al fin en un momento de lucidez.


-Está bien -accedió Edward mientras le ofrecía su mano.


Cuando entraron al Salón a Bella no le pasaron inadvertidos los rostros de Tanya y de Jacob. Se alegró al ver que Esme y Rosalie la llamaban, era el momento de llevarse a Alice a sus aposentos. Respiró con alivio sabiendo que no tendría que lidiar con Jacob en ese instante. Se despidió de Edward devolviéndole la capa y, en compañía de las otras dos mujeres, fueron en busca de su prima.


En la recámara de Alice, la tres mujeres revoloteaban a su alrededor disponiéndolo todo mientras ella las observaba sentada en su cama. El vestido de muselina era sustituido ahora por una larga camisola de lino abrochada con lazos de seda y su pelo se veía libre de aquella lluvia de flores que lo habían adornado hasta hacía un momento. No quedaba rastro de la novia que había entrado poco tiempo antes en aquella habitación, ocupada ahora por una esposa, que esperaba en el que sería el lecho conyugal.


-Verás como todo va a salir muy bien -le susurró Bella mientras la abrazaba antes de irse.


Alice asintió mientras veía a su prima unirse a Esme y a Rosalie. Las tres le dedicaron una sonrisa de confianza antes de cerrar la puerta. Apretó las rodillas contra su pecho, suspirando profundamente, tratando de controlar los temblores que provocaba su nerviosismo.


Sabía perfectamente lo que iba a suceder esa noche pero, aún así no pudo evitar que aflorara su temor virginal. Sólo esperaba que él se mostrara tan gentil como lo había sido hasta entonces. Sin duda ella cumpliría con su deber de esposa y se entregaría a él, pero confiaba en que él se conformara con recibir sólo su cuerpo, pues aún no estaba preparada para entregarle su alma y su corazón.


Otra vez deseó haber tenido más tiempo para conocer a su marido. No podía negar que ciertos sentimientos empezaban a brotar en su corazón pero ¿era eso el amor? Rápidamente desechó esa idea de su mente y se convenció de que, en realidad, no tenía motivo de queja. Muchas mujeres que se veían obligadas a contraer matrimonio como ella se entregaban a sus maridos sin sentir ningún tipo de atracción por ellos, hasta sentían hastío. Al menos Jasper le resultaba muy atractivo, incluso debía reconocer que le agradaba como hombre. Recordó el beso que le había dado horas antes en el altar y se sintió ruborizar de nuevo. Recordaba como la había apretado contra su cuerpo mientras acariciaba sus labios con los suyos con vehemencia, sintiendo el ardor emanando de su boca, como si el deseo por besarla hubiera estado por encima de su propia voluntad. Alice se estremeció y apretó más las rodillas contra su pecho. ¿sería eso suficiente para ellos?


Alice escuchó pasos en el corredor que se detenían frente a su puerta.


-¿Puedo pasar, mi señora? -preguntó Jasper desde el pasillo.


-Adelante -le indicó ella. El momento ha llegado, dijo para sí. Suspiró nuevamente intentando mostrarse más calmada ante él. Jasper cerró la puerta y se quedó de pié, cerca de la cama.


-¿Qué os ha parecido la fiesta? -preguntó intentando iniciar la conversación.


-Bien -musitó Alice, esforzándose por que no se le cortase la voz.


-Si no fuera porque el protocolo lo exige, habría invitado a menos de la mitad. Reconozco que no conocía a muchos de los que han asistido -continuó.


Alice contestó con un simple movimiento de cabeza. Jasper sonrió ante lo evidente. Se sentó en la cama frente a ella, tomó una de sus manos aferrada a sus piernas y la besó.


-Tranquila -le susurró acariciando su mano lentamente. Alice sintió que su caricia lanzaba olas de sosiego por todo su cuerpo.


Jasper aguardó paciente hasta que notó su respiración más pausada, tras lo que volvió a hablar. -No pienso forzaros a nada -le dijo soltando su mano -no pretendo que os entreguéis a mí esta noche.


Alice lo miró sorprendida y llena de confusión.


-Os ruego que no me malinterpretéis, no os estoy rechazando -se apresuró a explicarle. -Al contrario, os estoy ofreciendo lo que creo que podría tener más valor para vos en este momento, todo mi tiempo.


-No os comprendo, mi señor.


-Sé que cumpliríais sin reparos con vuestros deberes como esposa y yo lo aceptaría gustoso si sólo buscara cubrir mis necesidades como hombre, pero, en estos momentos me urge más satisfacer la necesidad de mi alma. Para ser sincero, busco algo más de nuestra unión, algo más que la simple unión de dos cuerpos -habló con gran calma.


Alice guardó silencio. Prefería dejarle terminar, temía estar confundiendo sus palabras así que decidió no interrumpirlo.


-Dudo que esta noche podáis entregarme algo más aparte de vuestro cuerpo y de vuestra virtud, que, sin duda, serían el más preciado de los regalos. Sin embargo, hay algo que me dice que eso no sería suficiente ni para mí, ni para vos. Y sé que es una osadía por mi parte pretender que algún día podáis entregarme vuestro corazón por entero, pero sí espero que, al menos, se sienta preparado para aceptarme como esposo y como hombre.


Alice no podía creerlo, de nuevo creyó que Jasper tenía el poder de leer en su alma de una forma clara e inequívoca. ¿Acaso había escuchado sus pensamientos y sus plegarías de hacía unos minutos?


-Por mi parte, prometo esperar pacientemente ese momento y, con la Gracia de Dios, confío estar a vuestro lado cuando llegue ese día.


Sin más, tomó de nuevo su mano y la besó en la palma.


-Ahora descansad -dijo mientras con su pulgar acariciaba el lugar donde se habían posado hacía un instante sus labios. -Acordaos de que mañana debemos asistir al torneo que ha organizado Edward en nuestro honor.


-Que descanséis -asintió ella sonriendo tímidamente. Jasper respondió con otra sonrisa, tras lo que se levantó y, con paso decidido, se dirigió a la pequeña puerta que separaba las habitaciones por la que desapareció.


En cuanto escuchó como se cerraba la puerta, Alice se dejó caer sobre la cama llena de alivio, pero también de confusión. ¿Era cierto lo que acababa de pasar hacía unos momentos en esa habitación o sus anhelos habían jugado con su subconsciente y había sido todo producto de su imaginación?


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CAPITULO 8

Bella se detuvo frente a la puerta de la recámara de su prima, con el puño alzado. Dadas las circunstancias, quizás no era el momento apropiado para una visita matutina. Había decidido retirarse cuando escuchó que se abría la puerta de al lado, encontrándose con Jasper que la miró sorprendido al verla allí. Bella se sonrojó al pensar de nuevo en su intrusión.


-Buenos días, Majestad -le saludó rápidamente haciendo una reverencia. Jasper sonrió.


-Alteza, teniendo en cuenta que ya somos familia y que os hospedáis en el castillo, hecho que confío será por una larga temporada, opino que podríamos saltarnos ese formalismo ¿no creéis? -puntualizó con expresión confiada.


-Gracias por la deferencia, Majestad -sonrió Bella.


-No las merece. Además, de otro modo deberíais actuar igualmente con vuestra prima y creo que anoche quedó de manifiesto cual sería el resultado -Bella enrojeció al recordar su comportamiento poco decoroso de la noche anterior.


-No era mi intención incomodaros, Alteza -se apresuró a añadir. -Anoche era un motivo de celebración y vuestra actuación no desentonó en absoluto con el ambiente jocoso y animado propios de la ocasión. De hecho, me alegro de que os divirtierais -concluyó.


-Sí, Majestad -afirmó algo más calmada. Jasper asintió.


-Imagino que vuestra prima aún duerme -le indicó cambiando de tema. -Por favor, decidle que la espero en el comedor para desayunar.


Dicho eso, se retiró dejando a Bella sumida en la confusión. Cuando entró en la habitación halló a Alice desperezándose.


-¿Con quién hablabas? -preguntó con voz somnolienta.


-Con tu esposo -respondió aún confundida.


-¿Sucede algo? -dijo al ver la expresión de su prima. Bella se mantuvo en silencio mientras se acercaba a la cama para sentarse, tratando de ordenar sus ideas.


-¿Qué pasa? -le inquirió Alice impaciente ante su silencio.


-¿Me equivoco si pensase que Jasper no ha dormido contigo? -susurró insegura ante la suposición que se abría paso por su mente.


-Estás en lo cierto -afirmó con aire despreocupado.


-¿Cómo? -se sorprendió Bella. Alice pasó a narrarle lo sucedido en la que debería haber sido su noche de bodas.


-Aún no puedo creerlo -admitió sin ocultar su asombro cuando Alice terminó su relato.


-Yo tampoco sé muy bien que pensar -concordó Alice. -No sé como tomarlo, por un lado me aseguró que no era rechazo hacia mí pero, no concibo que motivo le llevó a no querer consumar nuestro matrimonio -reconoció un tanto avergonzada por el tema que estaban tratando.


-Yo sí creo entenderlo -aseguró firme. Alice la miro incrédula.


-¡Ah, sí! Ilústrame -se mofó.


-Te está pidiendo que lo ames -sentenció Bella. Alice hizo estallar una carcajada.


-Bella, creo que aún te duran los efectos de la hidromiel -se rió.


-No estoy bromeando, Alice. -La voz de Bella sonó seria. -Él mismo te dijo que esperaba algo más de vuestra unión, algo más allá de lo físico, algo espiritual. Qué más aparte del amor puede hacer que los lazos matrimoniales sean indelebles e irrompibles.


-No hay que ser tan místico, Bella. El respeto, la lealtad e, incluso, el afecto serían suficientes -respondió Alice convencida.


-Me cuesta mucho creer que, precisamente tú, pienses que esas puedan ser las bases de un matrimonio -se rió


-En un matrimonio convenido eso es más de lo que se pueda desear -afirmó con cierta aflicción.


-¿Me quieres convencer de que lo único que puedes llegar a sentir por tu esposo es "afecto"? -cuestionó haciendo hincapié en esa última palabra -Pues déjame decirte que ya es un poco tarde para eso -se burló Bella. Alice le hizo una mueca.


-Alice sabes que tengo razón y el único motivo por el que intentas negarlo es porque estás enamorada de él y tienes miedo a su rechazo.


-¡Bella! -la reprendió alice.


-¿Acaso no ves que quizás él no te lo ha dicho abiertamente por el mismo motivo? -continuó, haciendo caso omiso a sus replicas y mohines. -Con certeza Jasper piensa que, siendo tan breve el tiempo que os conocéis, es poco probable que sientas algo por él y prefiere mostrarse cauteloso y darte tiempo con la esperanza de que algún día le correspondas. Pero además, de esa forma, él también protege sus sentimientos frente a un posible rechazo por tu parte.


Alice quedó muda ante tal razonamiento.


-Por eso no quiso que te entregaras a él, no quiere tu cuerpo únicamente sino tu corazón -concluyó Bella.


-¡Bella! -la espetó enrojecida.


-Piensa lo que te digo detenidamente y verás que tengo razón -añadió. -Por lo pronto vístete que tu esposo te espera a desayunar.


-¿Qué? ¿Y por qué no me lo has dicho antes? -le exigió Alice saltando de la cama mientras Bella la observaba sin parar de reír.


Con tantos caballeros y nobles reunidos en la arena, el torneo prometía ser todo un éxito. El palenque estaba repleto de estandartes, banderas, gallardetes y escudos de armas pertenecientes a los participantes que representaban a sus reinos en la contienda. Al ser por motivo de celebración, todas las armas eran simuladas para evitar heridas y daños en los combatientes, pero eso no le restaría vistosidad y emoción a los juegos.


En el tablado real, presidido por Jasper y Alice y custodiados por Emmett, se encontraban Bella y su padre, Rosalie, que seguía acompañada por el Duque James como si fuera su sombra, los padres de Edward y, para descontento de Bella, la Princesa Tanya y su familia. Observó como, a pesar de la indiferencia que mostraba Edward, Tanya no hacía más que dedicarle sonrisas insinuantes tratando de llamar su atención.


Edward, a pesar de haber organizado él mismo el torneo, participaba en los juegos. De hecho, en ese momento se encontraba en la liza escogiendo una de las armas sin corte para el combate a espada que tendría lugar a continuación. Bella se estremeció al ver como Jacob, blandiendo ya su arma, se aproximaba a la liza desde el otro extremo, el del contrincante. Aún recordaba lo enojado que se había mostrado con ella después del desayuno, reprochándole el haber abandonado la fiesta la noche anterior, para volver del brazo de Edward, mientras él la había estado buscando por el jardín.


Sabía que aún estaba molesto pues las excusas que Bella le había dado no le habían parecido suficientes. Sin embargo, en cierto modo, a Bella no le preocupaba en demasía pues, en su opinión, sus explicaciones habían sido más que satisfactorias en aras de su compromiso de amistad para con él. En cualquier caso, le preocupaba que Jacob pudiera descargar su enojo con Edward, las armas podían ser corteses, pero un golpe con mala voluntad podía dejarlo maltrecho.


Tanya volvió a agitar su pañuelo por enésima vez llamando la atención de Edward indicándole que se acercase. El muchacho observó con desgana como la mayoría del público cuchicheaba mirando a la princesa, así que ya no consideró oportuno el ignorarla por más tiempo. Mientras se acercaba al tablado miró a Bella con ojos afligidos, casi con una disculpa, aunque no servía de mucho al ver lo apagado de su mirada oscura. Tanya estaba empezando a resultar una molestia, su acercamiento a Bella se estaba viendo empañado por el comportamiento de la princesa.


-Deseo que llevéis mi pañuelo en prenda para que os dé suerte en el combate -le pidió en cuanto se acercó a ella. Edward asintió tomándolo y volvió a dirigirse hacia la arena. Lógicamente, y para su disgusto, debía aceptar, no podía desairarla en público, pero al menos, no lo ató a su muñeca como símbolo de afecto a la dama dueña de la prenda, si no que lo ató en el mango de la espada. Ese gesto que daba un atisbo de alivio al tormento de Bella, suponía cierta indignación, aunque bien disimulada, para Tanya.


Jasper levantó su brazo indicando a los combatientes que tomaran sus posiciones. Cuando ambos se hallaban listos, lo bajó rápidamente, dando así comienzo al encuentro. Como eran juegos amistosos, la lucha acabaría cuando uno de ellos desarmara al otro o cuando le hiciera salir dos veces del ámbito marcado con cal en la liza.


Jacob comenzó el ataque, sus lances eran poderosos, aunque Edward los esquivaba con maestría.


-El príncipe tiene brazo potente -le comentó James a Rosalie.


-Sí -admitió ella -pero os sugiero que no perdáis de vista a mi primo, su agilidad y rapidez son asombrosas -le sugirió.


Emmett seguía de cerca la conversación de esos dos tratando de ocultar su mal humor. El hecho de no poder situar el rostro del duque lo irritaba, estaba completamente seguro de que lo había visto antes. Además, no ayudaba a su humor el hecho de que no se separara de la princesa ni un momento. No hacía más que intentar adularla con su palabrería, cosa que le hacía gracia pues casi rozaba la fanfarronería en su afán por agradarla. En cambio, lo que se le fastidiaba realmente era lo complacida que se mostraba ella. El por qué escapaba a su entendimiento pero el sonido de cada una de sus risas provocadas por la cháchara de aquel duque le estrujaba las entrañas dolorosamente. Un grito de exclamación por parte del público le hizo fijarse de nuevo en la lucha. Al parecer, Jacob había golpeado a Edward en el brazo izquierdo con su espada, haciéndole perder el escudo y dejándolo dolorido.


-Vuestro amigo se toma el combate muy en serio -le indicó Jasper a Bella.


-Eso parece -admitió ella preocupada.


Edward apartó rápidamente con el pié el escudo y tomando la espada con ambas manos, comenzó a moverse alrededor de Jacob. Debía reconocer que sus ataques eran decididos y firmes y su energía parecía inagotable, era un buen adversario. Jacob, sin más dilación lanzó otro ataque, haciendo saltar chispas de la espada de Edward cuando lo recibió. Edward sabía que esa impetuosidad y esa fuerza eran buenas cualidades para un combate, pero no las únicas. Jacob prosiguió con sus ataques contundentes mientras Edward se mantenía a la defensiva. El saberse dominante le daba nuevos bríos a Jacob, por lo que sus embates se volvían cada vez más agresivos. El joven se alejó un poco para volver a arremeter con violencia y, de nuevo, Edward recibió su golpe pero esta vez, con una gran muestra de agilidad y presteza, se apartó inmediatamente de él. La propia fuerza que Jacob asestó a su ataque y sin la espada de Edward para absorber esa potencia, hizo que su propio cuerpo se desequilibrase y cayese al suelo. Rápidamente Edward apartó su espada con el pié mientras con la suya apuntaba sobre el pecho de Jacob, que lo miraba desde el suelo con los ojos llenos de furia, mientras el público rugía de excMitación ante el desenlace del encuentro. Edward miró a su primo que, asintiendo con la cabeza anunciaba que, efectivamente, la lucha se había desarrollado de modo honorable y, por tanto, él era el ganador. Le ofreció la mano a Jacob para ayudarle a incorporarse pero, tal y como Edward esperaba, la rechazó. Ambos se colocaron ante el cadalso real inclinándose mientras todos aplaudían en reconocimiento a los luchadores. Edward miró a Bella que le sonreía mientras aplaudía como los demás. Que aquellos ojos volvieran a dedicarle su brillo bien valían los golpes que Jacob le había asestado.


-Veo a que os referíais, Alteza -puntualizó James.


-Ya os lo dije -sonrió Rosalie mientras aplaudía a su primo. -Por cierto, tengo cierta curiosidad, Excelencia.


-Podéis preguntarme lo que deseéis -acordó complaciente.


-Habiéndome relatado varias de vuestras gestas y contiendas de las que habéis sido partícipe, algunas tan cruentas como la Batalla de Teschen, y entendiendo que sois un hombre de acción, me sorprende que no hayáis participado en los juegos.


-¿La Batalla de Teschen? -pensó Emmett mientras les escuchaba lleno de confusión. Esperó que el duque la corrigiera en su error, sin duda Rosalie había confundido el nombre de la batalla en cuestión pero, esa corrección por parte del duque no llegó jamás, sólo escuchó su risa presuntuosa.


-Reconozco que están resultando muy interesantes pero no lo suficientemente excitantes como para que me alienten a dejar vuestra compañía -murmuró insinuante.


-¿Y cómo deberían ser para alentaros? -susurró ella siguiendo su juego. Rosalie recibió una mirada de censura por parte de Jasper. Aquel duque desconocido no le inspiraba ninguna confianza y el hecho de que su hermana se mostrase tan cordial y entusiasmada con él no le agradaba en absoluto. Sin embargo, a ella no parecía importarle su opinión.


-Quizás si fuese otro el premio -sugirió él.


-¿Cómo cual? -quiso saber.


-Un beso.


-¡Excelencia! -exclamó Rosalie con fingida reprobación.


-Por un beso vuestro lucharía con cualquiera que esté dispuesto a probar el hierro de mi espada -aventuró James.


-Entonces no os importaría pelear conmigo, Excelencia -la voz de Emmett hizo que todas las miradas de los que estaban en aquel tablado se posaran sobre él. No había terminado de hablar cuando ya se sintió arrepentido de lo que estaba diciendo. No podía entender el motivo de aquel arrebato suyo, quizás fue la palabrería de aquel duque fanfarrón o esa risa femenina que seguía golpeando su pecho. De todos modos, ya era demasiado tarde para lamentarse y debería llegar hasta la última consecuencia en la que derivase su imprudencia.


-¿Contigo? -James lo miró con desdén -¿Cómo te atreves? ¿No sabes que en un torneo sólo pueden participar nobles y caballeros? -lo observó de pies a cabeza -Viéndote no creo que seas ninguna de las dos cosas -dijo con sorna.


-Vos mismo habéis dicho que os enfrentaríais a cualquiera, Excelencia -respondió Emmett con seguridad. -Con esa afirmación vos mismo revocáis esa regla. Por otro lado -prosiguió -como podéis comprobar, Asbath, la patria de Su Majestad, la Reina, no ha tenido representante en el torneo. Si Su Majestad lo permite, sería un honor para mí representarlo.


-Un honor y una osadía -espetó con indignación -Pretendiendo enfrentarte a un noble...


Viendo que Jasper no intervenía interrumpiendo ese enfrentamiento verbal entre ambos hombres, Emmett decidió continuar.


-Excelencia, en la arena poco papel tienen la nobleza y los títulos. Se miden el coraje y la valentía de los hombres y eso no es exclusivo de la realeza -aseveró. -En cualquier caso, si vos pensáis que la sangre azul que pueda correr por vuestras venas influiría en el desarrollo de la contienda, ya no tenéis de que preocuparos, pues con seguridad os haréis con el triunfo. Como bien habéis dicho, no soy ningún noble, sólo un simple guardia -le desafió mirando fijamente a sus ojos. Tras unos segundos se colocó frente a Jasper y se arrodilló ante él, inclinando su cabeza con humildad.


-Majestad, os ruego me concedáis el honor de poder representar a mi patria en este torneo en el que precisamente festejamos que Su Majestad se haya convertido en nuestro rey.


-Levántante, Emmett -murmuró Jasper tomándolo por el brazo para que se incorporara. Alice le lanzó una mirada exhortativa a su marido, le preocupaba que se ofendiera ante la petición del muchacho. Jasper le dedicó una leve sonrisa para calmar su angustia mientras se ponía en pié.


-Mi primo, el Príncipe Edward, ha organizado estos juegos con la única intención de entretener a los presentes y festejar, como broche a las celebraciones del día de ayer ¿cierto? -preguntó dirigiendo la mirada a Edward que se había acercado al estrado al escuchar a Emmett. Edward asintió firmemente mientras sonreía, preguntándose que cariz tomaría la inusual petición del guardia. Por supuesto que no coincidía en absoluto con lo que afirmaba el tal llamado James que, por cierto, le era del todo desagradable, al contrario, el discurso de Emmett le había resultado de una lógica irrefutable. A pesar del malentendido respecto a su comportamiento con Alice de los primeros días, siempre se había mostrado impecable en su actitud, y el desafío lanzado al estirado del duque había hecho que, sin duda, se ganase su simpatía. Ojala su primo lo dejara combatir y le diese una buena lección.


-Como bien ha puntualizado Emmett, Asbath no ha tenido representación en este torneo -concordó Jasper. -Siendo en parte estos juegos en honor a mi esposa, no es justo que así sea. Teniendo en cuenta eso, el hecho de que, efectivamente, esto es para el divertimento general y sin que sirva de precedente, no tengo inconveniente alguno en que participes en estos juegos -le confirmó a Emmett. Luego se giró hacia James.


-Yo mismo he escuchado como le decías a mi hermana que lucharías con cualquiera. Como hombre de honor deberías mantener tu afirmación y enfrentarte a mi guardia -resaltó Jasper esas dos palabras, dándole a entender así a James que, pretendiendo ofender a Emmett lo ofendía a él también.


-De acuerdo, Majestad -asintió contrariado -Pero ya que accedo a un pedido tan poco común, creo que deberíais concederme cierta deferencia.


-¿Y cuál sería? -preguntó.


-Yo elegiré la suerte en la que nos enfrentaremos -propuso.


-Me parece justo -accedió Jasper. -¿Qué escoges?


-La justa -sonrió con perfidia.


Alice trató de ahogar un gemido de preocupación, en realidad todos se habían sorprendido ante tal sugerencia, incluso Rosalie lo miraba con turbación. Por un momento desvió su mirada hacia Emmett, al que no parecía afectarle lo que acababa de oír. Rosalie pensó que hasta ahí había llegado la insolencia del guardia. La justa solía practicarse sólo en torneos y no creía que Emmett hubiera participado en muchos dado su estatus, así que su inexperiencia era casi una certeza. Además, solía evitarse en torneos amistosos pues, aunque la lanza fuese roma, las caídas del caballo eran muy frecuentes y el jinete podía resultar gravemente herido. Jasper también lo miró con recelo, pero Emmett asintió aceptando el reto.


-De acuerdo -sentenció Jasper finalmente. -Os recuerdo a ambos que se trata de un torneo amistoso. Se harán cuatro pasadas, cada toque al adversario será un punto pero, si alguno es derribado perderá la contienda. En caso de empate, lucharéis a espada.


Los dos hombres asintieron aceptando las reglas y se encaminaron a la liza, cada uno a un extremo para elegir la lanza. Pero antes, James volvió sobre sus pasos y se dirigió a Rosalie desde la arena.


-Alteza, ¿me ofreceríais vuestro pañuelo como prenda? -le pidió. -Sería mi amuleto.


-Por supuesto, Excelencia. -Rosalie miró a Emmett por un segundo y vio como, apoyado en la lanza, los observaba con desgana. La rabia se apoderó de ella y así se lo hizo saber con la mirada mientras le entregaba su pañuelo a James. Deseó que el duque dejase su amor propio por los suelos como castigo por su descaro. James se encaminó de nuevo a la palestra colocándose el pañuelo en la muñeca, dirigiéndole una mirada victoriosa al guardia. Emmett por su parte se mostró impasible aunque en su interior maldecía esa nueva faceta recién descubierta de su naturaleza, la impetuosidad, y todo provocado por aquella mujer coqueta y altanera. Miró el rostro afligido de Alice y le dolió en lo más profundo. Sin duda tenía muchos motivos por los que ganar esa justa.


-Mi señor, quisiera pediros algo -susurró Alice apenada.


-¿Qué sucede mi señora? -Jasper tomó su mano preocupado.


-¿Puedo ofrecerle mi pañuelo a Emmett? -preguntó con aire inocente.


-Claro que sí -asintió sonriendo ante la candidez de su esposa. Vio que no sólo su afecto por el guardia si no la inquietud por su seguridad la incitaban a hacerle sentir respaldado y a él, lejos de molestarle, le pareció un gesto lleno de bondad.


Alice se puso en pié produciendo un silencio generalizado en los presentes. Los murmullos no se hicieron esperar, todos se preguntaban a que se debía el comportamiento de la soberana. Alice miró a su esposo, quizás debería haber sido más cautelosa. Comprendió en ese momento a que se había referido Emmett aquel día al decirle que su actuar podía repercutir en su esposo. Jasper, para consuelo de Alice, pareció leer su pensamiento como acostumbraba a hacer y él mismo hizo un gesto a Emmett para que acudiera hasta ellos en muestra de apoyo por su proceder.


-Majestad -se inclinó ante Alice.


-Quisiera que me honraras aceptando mi pañuelo -dijo dulcemente pero con decisión.


Emmett no pudo ignorar las murmuraciones a su alrededor y miró a Jasper. Él asintió con la cabeza dando su aceptación así que Emmett ofreció el mango de su lanza a Alice, como señal de respeto, para que ella misma anudase el pañuelo.


-No dudo que dejarás en buen lugar la patria de tu reina -le aseguró Jasper, alentándolo.


-Gracias, Majestad -hizo una reverencia y caminó hacia su caballo. El propio capitán de la guardia, Peter, se había apresurado a traerlo de las caballerizas y prepararlo para él, incluso ya le ofrecía una cota de malla y la lorica para que protegiera su pecho y un yelmo. Emmett palmeó su espalda agradecido. Tantas muestras de apoyo le estaban empezando a abrumar, acrecentando su coraje e intentó por todos los medios que aquella fría mirada azul dejase de producir efecto en su buen ánimo.


Aprovechando ese momento en que los dos jinetes se acomodaban en sus respectivas monturas y se preparaban para iniciar la justa, Edward subió al tablado. Con el pañuelo en la mano se dirigió hacia Tanya.


-Gracias, Alteza -le dijo ofreciéndole el pañuelo.


Tanya le sonrió, mirándolo a través de sus pestañas y con un leve movimiento se desplazó en el banco dejando un hueco, invitándole a sentarse con ella. Edward sin embargo ignoró ese detalle y caminó hacia donde estaba sentada Bella con su padre.


-Alteza, ¿puedo tomar asiento? -preguntó.


-Por supuesto -respondió ella con sorpresa. Estaba completamente segura de que Edward iba a sentarse con Tanya. Se movió acercándose más a su padre y le dejó un espacio a su lado.


-Enhorabuena, muchacho -le felicitó Charles. -Tu destreza es asombrosa.


-Me alabáis, Majestad -le agradeció.


En ese momento, Jacob accedió al cadalso y, al ver el lugar que Edward estaba ocupando, su expresión abatida se llenó de enojo. No tuvo más remedio que sentarse al otro lado de Charles.


-Bien hecho -felicitó a su hijo también Carlisle que estaba sentado justo delante de Bella. -¿Necesitas que le eche un vistazo a ese brazo?


-No te preocupes, papá -dijo restándole importancia.


-Yo creo que sería buena idea -bromeó Charles -Personalmente he sufrido las consecuencias de la fuerza incontrolada de este muchacho y te aseguro Carlisle que el hematoma tardó varias semanas en desaparecer.


Ambos reyes rieron ante el comentario.


-Creo que debes seguir practicando tu autodominio -le palmeó Charles en el hombro a Jacob, que sólo emitió un gruñido como respuesta.


-¿Os duele mucho? -le preguntó Bella a Edward al ver que se palpaba el brazo.


-Un poco, pero ha valido la pena -susurró él sonriendo.


-Pues no entiendo por qué pueda valer la pena exponerse innecesariamente con este tipo de juegos absurdos -le regañó ella.


-Es sólo un deporte -se justificó.


-Un deporte muy violento -le corrigió. -No alcanzo a comprender el amor que le tenéis los hombres al peligro y los desafíos. Mirad a Emmett sin ir más lejos. Lo único que va a conseguir es que le rompan un par de huesos -concluyó con una mezcla de reproche y angustia.


-¿No creéis en sus habilidades? -dudó.


-¿Cómo se puede ser hábil en algo que se desconoce o no se practica?


-Pues para ser la primera vez que toma una lanza, no lo está haciendo nada mal -advirtió Edward mirando al muchacho que ya se hallaba en su montura al extremo de la palestra.


Emmett respiró profundo y notó como su pecho se apretaba contra la armadura. Era cierto que nunca había participado en una justa, pero había presenciado muchos combates en Asbath pues el difunto rey sí era aficionado a este tipo de juegos. Además era diestro con las armas y en la lucha y, por otro lado, tenía muy claro su objetivo, golpear con fuerza sobre la armadura de aquel duque jactancioso que se encontraba en el otro extremo de la liza.


Jasper alzó su brazo indicando el inicio de la justa. El toque de trompetas anunció la primera pasada. Emmett apretó su puño contra la lanza y azuzó a su caballo, con la mirada fija en el duque a través de las aberturas del yelmo. Cuando ambos jinetes se encontraron en mitad del recorrido, James estiró su brazo con fuerza y golpeó con su lanza en el hombro de Emmett, haciendo que su cuerpo girara debido a la violencia del ataque. Soltó al instante la lanza llevando su mano al hombro golpeado, aquel maldito duque no se andaba con rodeos.


Alice tapó su boca con sus manos. Emmett no iba a salir bien parado de esto. Apartó un momento la mirada de la liza hacia su esposo.


-Mi señor, podríais pedirle a vuestro tío que revise a Emmett después de la justa, si es que sobrevive -dijo esto último casi en un susurro. Jasper lanzó una carcajada.


-Deberíais tener un poco más de confianza en Emmett, mi señora -le instó -Y en cuanto a mi tío, le complacerá mucho si se lo pedís vos misma.


Alice asintió y volvió la vista a la arena de nuevo. Emmett ya estaba preparado para el segundo embate. Sonaron de nuevo las trompetas y espoleó con brío a su caballo. Esta vez midió mejor la distancia y lanzó un golpe certero que se estrelló en la armadura del duque. Uno a uno. Emmett sería un inexperto pero no se lo iba a poner nada fácil.


Con el tercero de sus ataques, James hizo notar su ruindad al levantar su lanza buscando el rostro de Emmett, arrancando su yelmo que salió por los aires como consecuencia del golpe. El público abucheó al duque sonoramente, pues a pesar de estar permitido, ese tipo de acción se consideraba un golpe bajo. Emmett perdió la orientación por un segundo, se sentía mareado, pero se aferró a las riendas de su caballo, por nada del mundo caería de su silla. Peter se acercó a él rápidamente.


-¿Estás bien? -le preguntó mientras le ayudaba a detener su caballo.


-Si, el mareo se me pasará enseguida -dijo mientras restregaba sus sienes. Peter le alcanzó el yelmo.


-No -lo rechazó Emmett.


-¿Estás seguro? -le inquirió Peter sin ocultar su desacuerdo. Emmett se limitó a afirmar con la cabeza.


-Está loco -aseveró Edward riendo.


-¿Qué pasa? -preguntó Bella sin comprender.


-Pretende enfrentar el siguiente embiste sin yelmo -le explicó aún divertido.


-¡¡Pero eso es una temeridad!! -se escandalizo Bella -¿¿¡¡Y vos os reís!!?? -le reprendió duramente. -Sin yelmo, otro golpe parecido al de antes podría matarlo.


-Tranquila, Alteza -la calmó -Comprobaréis vos misma que esta imprudencia no es gratuita. Me es grato descubrir que su coraje, lealtad y audacia son equiparables.


-No os entiendo


-Es un ardid -le aclaró a una Bella atónita.


Y así era. Emmett sabía muy bien la furia que había despertado en el duque al retarlo y el enfrentarse a él tan desprotegido suponía una tentación, era una oportunidad perfecta para infligirle un gran daño y James no perdería la ocasión. Emmett imaginó la mente retorcida del duque disfrutando con anticipación.


Respiró profundamente esperando el cuarto toque de trompetas. Jaleó su caballo sin separar ni un instante su vista de su objetivo, sin apenas pestañear mientras se acercaba a él. En cuanto percibió que James comenzaba a alzar su lanza buscando de nuevo su rostro, Emmett giró su cuerpo, consiguiendo así esquivarlo, enviando con este giro toda su fuerza hacia su lanza que reventó contra el centro de su pecho. James no fue capaz de repeler tal choque y cayó del espaldas sobre la arena.


El público estalló en aplausos ante tal valentía, incluso Peter en compañía de algunos guardias ya alzaban a Emmett y lo llevaban en volandas hacia el tablado, sin preocuparse ni por segundo por el vapuleado duque cuyo orgullo estaba ahora por los suelos, al igual que sus nobles posaderas.


Emmett se arrodilló frente a Alice, que no paraba de aplaudir llena de alegría y alivio, y le devolvió su pañuelo.


-Estoy tan orgullosa de ti, Emmett -exclamó Alice, conteniéndose para no abrazar a aquel joven que quería como un hermano, tal y como habría hecho si no tuviera que guardar las apariencias.


-El pundonor de tu patria y de este reino -le felicitó Jasper.


-Gracias, Majestad -respondió Emmett poniéndose de pié.


-Rosalie, ¿ya estáis preparada para hacer entrega del premio al ganador de la justa? -la voz de Tanya resonó en el tablado dejando a todos sin habla.


-Nunca acepté esa condición -alcanzó a contestarle titubeando.


-Pero querida, estoy completamente segura de que si el duque hubiera resultado vencedor os lo habría reclamado con plena justicia y podría apostar a que vos habríais accedido gustosa -la sonrisa maliciosa de Tanya no daba lugar a dudas de sus intenciones. Por todos era sabido que envidiaba a Rosalie por su gran belleza y había encontrado la excusa perfecta para dejarla en evidencia. Rosalie la miraba horrorizada.


-Por favor, ¿acaso vuestra virtud reside en vuestros labios? -insistió Tanya.


Rosalie sabía que era una encerrona, de cualquiera de las formas quedaría en vergüenza. Su honorabilidad quedaría en entredicho si rehusaba pues era innegable que aquel enfrentamiento había sido producto de su propia coquetería. Pero, aceptar lo que Tanya sugería era permitir a Emmett que la besara. Su cuerpo al completo se estremeció ante ese pensamiento. Era una bajeza dejarse besar por alguien inferior a ella. Sin embargo, el imaginar los labios de Emmett sobre los suyos hizo que algo se incendiase en su interior, el poder sentir sus fuertes manos sobre su piel despertó en ella un ardor que jamás había sentido y por un momento se hizo dueño de sus actos y sus palabras.


-Tenéis razón, Alteza -respondió fingiendo indiferencia ante el asunto -No arriesgo ni mi virtud ni mi corazón con un beso y es lo justo ante su victoria. ¡Muchacho! -le llamó sin mirarlo y alzando su barbilla altanera -¿a qué esperas para buscar tu premio?


Emmett hizo gala de toda su voluntad para reprimir una sonrisa que luchaba por asomar a su boca. No, esto era demasiado. Así que la diosa de la vanidad era capaz de besarlo con tal de no dejar en tela de juicio su palabra. Y al parecer, él debía aceptar su favor como si fueran migajas, tratándolo con desdén, sin dejar nunca de lado su petulancia. Esa princesa engreída estaba llegando incluso a herir su orgullo masculino y no estaba dispuesto a permitirlo. Muy bien, el desafío había pendido sobre su cabeza desde que llegó a ese castillo y había tratado por todos los medios de evitarlo. Sería el segundo reto en ese día y, como con el anterior, llegaría hasta las últimas consecuencias.


Sin vacilar caminó hasta ella y fijó su mirada en la suya, su frío azul ardía ahora, seguramente de indignación. Posó sus manos en sus codos y la notó temblar ante su tacto, a causa, pensó, de la rabia. Poco a poco fue acercando su rostro al suyo, fijando ahora sus ojos en sus sonrosados y tentadores labios y el temblor en ella se hizo más evidente. Emmett sonrió levemente mientras se acercaba cada vez más a su boca. Rosalie cerró fuertemente los ojos, casi apretando los labios, esperando que ese trance terminase lo antes posible y tratando por todos los medios de desviar su atención del calor que emanaba de esas manos varoniles sobre su piel. Su corazón, escapando a su control comenzó a golpear con fuerza en su pecho cuando el aliento de Emmett rozó su piel, estaba tan cerca...


De repente, sintió que el rostro de Emmett se apartaba del suyo y notó de nuevo ese aliento pero, esta vez, cerca de su oído. Rosalie abrió los ojos llena de confusión.


-Veo que os encanta que os traten como un trofeo -le susurró de forma casi imperceptible, tras lo que se apartó de ella rápidamente.


-Alteza -dijo dirigiéndose a Tanya -si bien es cierto que soy el digno ganador de esta justa, no soy merecedor de un obsequio semejante. Un plebeyo como yo -prosiguió ahora mirando a Rosalie -no puede ser tan pretencioso y aspirar a probar la miel de unos labios tan inalcanzables para alguien de mi condición.


Dicho esto se inclinó ante ella y tomando una de sus manos se la besó. Si más dilación bajó del cadalso, alejándose, dejando a Rosalie llena de furia mientras, entre los pliegues de su vestido, restregaba su mano con fuerza donde Emmett había depositado su beso hacía un instante. Emmett sintió la aprobación de los presentes con sus risas y aplausos y, aunque sabía que eso sólo alimentaba su estúpido amor propio de hombre, se sintió complacido. La justa no sería el único reto del que saldría victorioso.