Dark Chat

lunes, 15 de marzo de 2010

¡¡¡Happy Birthday Kellan!!!

Hoy es un día muy especiaal porque nuestro ositoo emmett cullen (kellan Lutz) cumple añitoos, espero que este bombonsito reciba muchos regalitoss, besos y abrazootes de osooo (yo con gusto se los daría jajaja) aii dios esquee está como quieree chiqititoo (baba) apoco no niñaas?

besitooss(k)

anitaa cullen!

Nuestra Nueva Familia

Cap.10.-Primera noche,Primeros conflictos.

ESME POV

"Te vamos a extrañar mamá" – dijeron mis niñas mientras se despedían de mí. No pude evitar llorar, estaba tan feliz, pero me daba melancolía el dejarlas, aun así fueran tan solo tres semanas.

Algo me inquietaba en la actitud de Rose. Estaba a punto de preguntarle qué pasaba, cuando los muchachos se acercaron a despedirse, me había encariñado con los tres como si de mis hijos se trataran, ¿Cómo no? Si eran jóvenes tan especiales como su padre. Al menos, quedaba tranquila de que mis hijas no iban a quedar solas y al cuidado de tres caballeros

"Doctora Swan, muchas felicidades" – decía la voz de doña Armelia Linares, una señora de edad, a la cual se le conocía, especialmente, por lo "comunicativa"

"Gracias doña Armelia" – contesté sonriente.

"Esme, cariño" - llamó Carlisle mientras se acercaba y saludaba a la señora – "ya es hora, don Pancho nos espera en el carro…"

"¡¿Se irán de luna de miel?!" – preguntó doña Arme alarmada, como si la afirmativa a tal pregunta ocasionaría un desastre mundial. Mudos ante la actitud de la señora, Carlisle y yo nos limitamos a asentir.

"¿Y dejaran a sus hijos solos, en la misma casa?" – preguntó de nueva cuenta - "No debería de arriesgarse de tal manera" – aconsejó

"¿A qué se refiere?" – quiso saber mi esposo quien estaba igual de extrañado que yo por la repentina tensión. La señora nos miró varios segundos con semblante serio, cruzando su desaprobatoria mirada con la nuestra y después se acercó más hacia nosotros, como si nos fuera a decir un secreto de vida o muerte

"Doctora Swan, ¿Acaso no se ha dado cuenta que tiene tres hijas hermosas y en plena adolescencia?" – asentí nerviosa, ¿Qué tenían que ver mis hijas en todo esto? – "Doctor Cullen ¿Y usted no se ha dado cuenta que tiene a tres jóvenes y apuestos hijos?" – mi esposo asintió también, con el mismo semblante que el mío. La señora aguardó otro momento más para seguir hablando – "¿Y no se han puesto a pensar que entre SUS hijas y entre SUS hijos podrían pasar cosas obscenas al estar solos en la misma casa?"

En ese momento no sabía si reír o enojarme, y sabía perfectamente que Carlisle sentía lo mismo. Finalmente, optamos por reír, la situación era absurda

"Doña Armelia" – dije sonriente, conteniendo una gran carcajada – "no tiene por que preocuparse de lo que pueda pasar entre mis hijas y los hijos de mi esposo, ellos se miran solo como verdaderos hermanos y amigos…"

La señora no discutió y tras despedirse y desearnos "buen viaje" se retiró. En cuanto quedamos solos, por un extraño reflejo, Carlisle y yo giramos nuestro rostro en dirección en donde se encontraban nuestros hijos. La escena parecía una convivencia sana y amistosa, de hecho, ellos se percataron de nuestras miradas y sus sonrisas eran completamente tranquilizadoras. Después, en un acto sincronizado, agitamos la cabeza en gesto de negación, desechando la idea que doña Armelia había querido depositar.

"¿Tú crees que pueda pasar eso?" – cuestioné a mi esposo mientras nos dirigíamos hacia el aeropuerto.

"No hay imposibles en esta vida, pero dudo mucho que pueda pasar algo así" – contestó divertido – "Conforme veo la situación, nuestros hijos tienen más ganas de mutilarse y no de besarse"

Reímos y con aquello dejamos aquella plática. Realmente era exagerado llegar a pensar en algo así…


ALICE POV

Los cinco dimos un profundo suspiro en cuanto vimos a nuestros padres desaparecer por la puerta, más de dos horas cuidando que nuestra hermana no se diera a lucir con nuestros padres, había resultado extenuante para todos.

¿Quién se iba a imaginar que mi hermana se embriagaría justo el día de la boda de mi madre? De haberlo sabido, no abría ordenado bebidas alcohólicas. Ayudé a Bella a equilibrar a mi hermana en la silla, de la cual se resbalaba hacia los lados o hacia el frente, cada cinco minutos. Ahora, teníamos que cuidarnos de doña Choni y de don Pancho, de quienes habíamos quedado a cargo.

"Creo que deberíamos irnos ya a la casa" – propuso Edward al ver como mi hermana estaba prácticamente desplomada sobre Bella, quien su cara de sufrimiento y angustia resultaba realmente cómica

"¡¿Qué?!" – exclamó Rose repentinamente haciéndonos brincar de nuestros asientos – "¿Irnos?" – todos la quedamos viendo – "¿Irnos?" – volvió a preguntar tambaleándose – "¿Por qué?"

"La fiesta ya terminó, además mírate como estas" – replicó Bella tratando de equilibrarla

"¡¿Borrachia?! ¡Ja! ¿Yo… borrachia?!" – Reprimí una sonrisa ya que la actitud autoritaria de mi hermana se había desboronado por completo aquella noche, gracias a que no podía, si quiera, mantener su vista fija en algo.

"Si Rose, estas BO – RRA – CHA" – deletreó mi hermana con voz contenida al momento en que intentaba ponerse de pie aun con el peso de mi hermana aun sobre ella

"¡Ash, Bella!" – replicó Rose – "de veras que erez una agua… fiestaz"

"Si Rose, soy todo lo que quieras, pero por favor, ponte de pie, ¿Podría alguien ayudarme?"

Los chicos se hicieron cargo de ella, tuve que entretener a doña Choni y a don Pancho para que no se dieran cuenta de que mi hermana era prácticamente arrastrada por el salón.

- "Está bien mi niña" – dijo doña Choni con voz dulce – "don Pancho y yo llegaremos en cuanto todos se hayan ido."

Bella y Rose se fueron en el carro de Emmet, mientras Jasper, Edward y yo, nos fuimos en el auto del segundo. En cuanto llegamos, corrí hacia el carro en el que venía mi briaga hermana para ayudar a bajarla, pero en cuanto abrí la puerta, esta se desplomó sobre mí

"¡Alice!" – exclamó Jasper mientras se acercaba corriendo para ayudarme –"¿Estas bien?" – preguntó en cuanto logró quitarme el cuerpo de mi hermana de encima

"Si… creo que me lastimé el tobillo" – contesté con el poco aire que me había quedado

"Emmet, ¿Podrías subir a Rose a su recamara?" – pidió Bella

"¿Segura que no sufre ataques de agresividad estando en este estado?" – cuestionó divertido el mayor de los Cullen mientras recogía, sin mucho esfuerzo, el cuerpo de mi hermana entre sus brazos.


EMMETT POV

En cuanto la acomodé en la cama Rose abrió los ojos. Por un momento se quedó sumergida en sus pensamientos, analizando la situación, el lugar y la compañía

"¿Qué haces tu en mi recamara?" – preguntó con voz poco comprensible, no pude evitar reír

"Te traje cargada por que no puedes ni caminar" – contesté

"No necesito de la ayuda de nadie" – era curioso ver como aun así de borracha su orgullo no se doblegaba. No quise discutirle en aquellos momentos, un silencio invadió aquel cuarto. Rose clavo sus ojos en los míos, su mirada brilló aun en la oscuridad, una chispa la cual había tenido hoy en el jardín de la casa, por lo que debí de haber intuido que algo no muy bueno se le había cruzado por la mente.

Acomodó su cuerpo en la cama para quedar sentada, su mirada seguía fija en mí y sus manos se dirigieron hacia la parte trasera de su cuello, en donde estaba el amarre de su vestido. Debí haber supuesto que buscaría venganza por mí actitud para con ella en el baile, debí de haber imaginado que habíamos iniciado un juego peligroso, en el cual yo tenía mucho más que peder, pero en ese momento mi mente se nubló al ver que se había desatado el amarre del vestido y lo único que podía pensar era que, en el momento que ella quisiera, este caería de su cuerpo.

"Así que, te gusta acariciar mi espalda" – no entendía como era capaz de tener una voz sensual pese a estar bajo los efectos del alcohol – "¿Por qué no mejor acaricias algo más que eso?"

Me quedé estático por un momento, ¿Qué le podía contestar? Su fría y calculadora mirada me gritaba que todo esto era por venganza, una dulce venganza. Lo que ella quería era verme vencido ante sus pies…

¡Maldita rubia vanidosa y prepotente!...

… A la cual ya me encontraba besando.


ROSE POV

Sus labios se sentían calidos e insistentes sobre los míos. Esto no estaba en mis planes, sabía que tenía que parar si no le quería dar el gusto a ese de creer que en realidad me había gustado besarlo… por que se iba a llevar una idea más que equivocada…

Era una ventaja el que estuviera bajo los efectos del alcohol, una justificación más que perfecta para mi actitud, ahora, lo que quedaba era alejar mis labios de los suyos.

"¡Emmet!" – la voz de Edward logró hacer lo que yo no pude, e intenté, durante no sé cuántos minutos

"¡Edward!" – articuló Emmet con voz entrecortada cuando sus labios se separaron de los míos

"¿Qué se supone que es esto?" – quiso saber nuestro espectador, quien ahora se encontraba frente a nosotros. En aquel momento recordé que mi vestido estaba desatado, la mayor parte de mi conciencia había regresado ya. Pero por algún motivo, no me preocupó lo que pensara Edward, si no lo que pensaba Emmet.

Debía, de algún modo, borrar los malos significados que el mayor de los Cullen se podría haber planteado tras haberlo besado, ¿Y si el había tomado ese beso como alguna confesión de amor? No podía permitir que pensara aquello. Ante el terror de aquella posibilidad, mi mente maquinó rápidamente…

Se suponía que yo estaba totalmente ebria (aunque ahora ya solo quedaba el leve mareo) así que movida por una desesperación de "arreglar" mi error me aventé a los brazos de Edward y lo besé.

Debo admitir que el beso no fue nada bueno, en primera parte, por que Edward estaba igual de tenso que yo y sus labios no se habían abierto para corresponder los míos. Y segunda, ninguno de los dos habíamos cerrado los ojos, (en pocas palabras, no había ningún mínimo sentimiento que hiciera real la escena), lo cual me hizo desesperar, un beso así, ni yo me la creía, mucho menos se la iba a creer Emmett. "Esto necesita un poco de pasión" (la pasión que había sobrado con su hermano) me dije y tumbé a Edward en la cama, sin dejar de besarlo (si a eso se le puede llamar beso), rezando por que aquello hubiera sido suficiente para convencer a Emmet de que todo lo que él se hubiera podido plantear era erróneo.

"¡Rose! ¡Edward!" – Edward me aventó lejos de él, al escuchar la voz de mi hermana.

Me quedé sin palabras. Emmet estaba en el umbral de la puerta, con el rostro descompuesto en una mueca que no lograba comprender, y a su lado: Bella. Sus ojos color chocolate viajaron de Edward hacia mí, varias veces, y después centellaron como lumbre al posarse fijamente en mi vestido desamarrado.

"Eres un puerco sin vergüenza" – siseó contra Edward mientras caminaba hacia él

"Bella, no es lo que pien…" - comenzó a decir mi victima

"¡Sal de aquí, rápido!" – ordenó mi hermana. Me sentí fatal al no poder defender a Edward, pero admitir la verdad era admitir mi derrota frente a Emmet – "Rose, ¿Estas bien?" – preguntó mi hermana con aquella actitud protectora que la hacía parecer nuestra madre – "¿Se aprovechó de ti?..."

"No" – me apresuré a decir, al menos había una forma de quitarle un poco de culpa al pobre de Edward – "yo estaba de acuerdo en besarlo… Me gusta Edward, me gusta mucho"

Mi hermana no discutió, se limitó a acariciar mi rostro y darme un beso en la mejilla tiernamente, aunque su rostro estaba serio y su mirada aun relampagueaba de ira.

"Descasa" – recomendó y luego se volteó hacia Emmet quien seguía parado en el umbral de la puerta – "¿Podrías quedarte con ella hasta que se duerma?" – preguntó con un acento el cual daba a saber que toda su confianza estaba, en aquellos momentos, depositada en él.

Lo irónico de la situación me dejó sin poder protestar. Bella salió de mi habitación, dejándome sola con al Cullen que realmente debería de tener desconfianza…

EDWARD POV

"¡Un depravado! ¡Eso es lo que eres!" – acusaba Bella en voz baja para que Jasper y Alice no escucharan – "¿Cómo te atreves a aprovecharte de mi hermana en su condición?"

"¡Yo no me aproveche de tu hermana!" – intenté defenderme, aunque la situación en la que Bella nos había encontrado indicaba lo contrario. Por supuesto, yo no estaba dispuesto a decirle la verdad, sería completamente descortés y de poco hombre decirle "¿Sabes? Tu hermana fue la que se abalanzo sobre mí y me beso" además de que, lo más seguro era que Bella ni siquiera me creyera…

"¡¿Me crees estupida?!... ¿Cómo pudiste Edward? ¿Por qué no puedes ser ni la mitad de lo que son tus hermanos? Deberías de aprender algo de ellos, que buena falta te hace" – Aquello me ofendió. ¿Quién era ella para decirme que hacer?

"Me importa poco lo que pienses de mí" – dije de manera fría y cortante, (aunque parte de mí gritaba que le había mentido), no entendía la desesperada necesitad que sentía en aquel momento de que me creyera, de borrar ese mal entendido de su cabeza

"Que bien, por que ¿Qué crees? No desgasto mis neuronas pensando en ti. Aquí lo me preocupa es mi hermana" – su mirada era fría, fija y… tentadora. Empuñé mis manos ante el repentino deseo que había nacido en mí. Absurdo, pensé

"Bien" – dije sin poder despegar mi mirada de la suya

"Cuidado le haces daño a Rose" – advirtió.

"A Rose la veo como una amiga, una hermana" – confesé de manera desesperada e inocente (la inocencia que de verdad tenía). Una sonrisa sarcástica se le dibujo en sus labios

"¿Una hermana? Que rápido cambian tus sentimientos, hace un mes nos aborrecías" – respingué al oír su acusación. Era la primera vez que me lo decía abiertamente, y el solo recuerdo de mi falta de cortesía para con Esme me avergonzaba – "hace unos minutos te querías aprovechar de ella" – trabé los ojos, ¿Cómo hacerle ver que todo había sido un mal entendido? – "y ahora, la ves como una hermana… ¡Que tierno!" – su voz nadaba en el sarcasmo puro.

Le fruncí el ceño y empuñé aun más mis manos, debía separarme de Bella cuanto antes. Aquella ansia estaba adquiriendo forma y significado y se estaba tornando peligroso

"Si ya terminaste, me voy" – anuncié dando media vuelta

"Eres un cobarde Edward Cullen" – aquellas palabras me trajeron de regreso. Esas palabras se habían pasado de la raya

"¿Qué dijiste?" – mi voz salió afilada, sin embargo ella no se cohibió

"Que eres un cobarde. No le has pedido ni una sola disculpa a Esme por como la trataste los primeros días y no eres capaz de admitir que te aprovechaste del estado de mi hermana para besarla, al contrario, te despojas de toda responsabilidad diciendo que la vez como una hermana… ¿Y sabes qué?"

"¿Qué?" – pregunté desafiante. Nuestros rostros estaban a pocos centímetros que podía sentir su aliento

"Pensándolo bien, si he llegado a pensar en ti…" –mi expresión se descompuso por un momento – "…como alguien totalmente insoportable" – aquellas palabras rozaron más que mi piel

"Que bien, por que el sentimiento es reciproco" – dije con todo el despecho que creció en mí en aquel momento. Antes de que pudiera decir más, Bella se retiró, no sin antes regalarme la mirada más fría que alguien me hubiera podido dar en toda la vida


ALICE POV

"¿Segura que no quieres que te cargue?" – preguntó Jasper por tercera vez al notar mis gestos de dolor al caminar

"Está bien Jazz" – respondí. Nos paramos debajo de las escaleras y por primera vez, me parecieron muy largas. Mis pies se despegaron repentinamente del suelo, provocando que emitiera un grito ahogado

"No quiero que te lastimes más" –

"Peso más de lo que te imaginas" – dije sin verle a los ojos, el solo hecho de estar en los brazos de Jasper ya suponía estar completamente nerviosa. No necesitaba más de aquella sensación

Nos topamos con Edward quien llevaba cara de pocos amigos, nos había ignorado y se dirigía hacia su recamara. No nos atrevimos a preguntarle qué le pasaba. Al llegar a la entrada de mi recamara, Jasper me bajó con delicadeza, pero mi pie en realidad me lastimaba y me desequilibré lo suficiente como para atraer su cuerpo hacia el mío. Nuestros rostros estaban a pocos centímetros y un cosquilleó recorrió mis estomago hasta llegar a mis piernas. El aire me faltó cuando noté que el rostro de Jasper estaba cada vez más cerca del mío.

Los nervios se apoderaron de mí. ¿Jasper iba a besarme? Jamás había besado en la boca a un niño antes, (vaya, jamás había tenido novio ya que, hasta que conocí a Jasper, no me había interesado nadie). ¿El vago sueño que tuve despierta mientras bailaba con Jasper (que en aquel momento se me hizo imposible de cumplir) se convertiría en realidad? ¿Sería posible que Jasper sintiera lo mismo que yo por él? Tal vez todo esto no era lo que pensaba…

Mi corazón estaba palpitando alocadamente, provocando al fin que me olvidara de todo pensamiento y que mis ojos se comenzaran a cerrar instintivamente mientras mis pies se ponían de puntitas para romper la distancia que nos separaba, podía sentir su aliento calido en mi rostro…

"¡Ya llegamos!" – el repentino anuncio de llegada de Doña Choni y don Pancho nos hizo saltar. Jasper se alejó de mí con la mirada baja y yo no pude moverme de la entrada de mi cuarto

"Que descanses… ojala se te quite el dolor de tobillo" – dijo al fin, y ciertamente no era lo que esperaba que dijera, con lo cual fue fácil suponer que "lo del beso" había sido una mal interpretación por parte mía

"Igual tu" – respondí tratando de esconder la desilusión de mi voz y adentrándome a mi habitación

JASPER POV

Aun podía sentir aquel cosquilleo en mi estomago. ¿Era posible que Alice estuviera dispuesta a corresponder el beso que quería darle? Imposible. Bendito el cielo, doña Choni y don Pancho que impidieron lo que tenía pensado hacer. Ya que lo único que iba a provocar era que Alice se distanciara de mí por mi atrevimiento.

Era de locos el pensar que una niña tan divina como Alice me correspondería. A ella, seguramente le gustaban los chicos más divertidos y menos cohibidos que yo. Definitivamente no tenía ninguna posibilidad.

Me acosté en mi cama, con su rostro invadiendo mi mente. Jamás había sentido todo esto por alguna niña. Solo había tenido una novia, con la cual mis hermanos me habían comprometido sin mi consentimiento. Los besos con aquella muchacha habían sido… extraños (por no decir desagradables). Desterré el recuerdo rápidamente ya que me resultaba traumatizante y llevé de nuevo mi mente al rostro de Alice…

Tuve un sueño…

Alice era la protagonista, su cabello era una larga cascada que caía sobre su espalda. Se veía tan hermosa y fina, como un hada. Sus ojos habían cambiado el color negro por un dorado enigmático, que hacia más profundo el brillo de su mirada tierna. Su vestido negro contrastaba de manera perfecta con la palidez que la luna plateada le otorgaba a su terciopelada piel. Danzaba ágil y delicadamente sobre las tierras de un bosque, rodeada de frondosos árboles de hojas que adquirían un color azulado por la magia de la noche… danzaba y danzaba entre la neblina, alegrando con su canto la melancolía y soledad de aquel hermoso lugar…

El sonido del despertador me trajo a
la realidad…
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Cap.11.-No te enamorarás de tu hermanastro.

ROSE POV

Me levanté con un sobresalto de mi cama. La cabeza me dolía terriblemente, cerré los ojos en un acto reflejo y en ese preciso momento vinieron los embarazosos recuerdos de la noche anterior. Emmet, Edward… Bella.

Sabía que el primero me iba a ignorar de la misma manera de ayer después de que Bella se marchara de la recamara; con el segundo, simplemente no tenía cara para verlo, ¿Qué se suponía que le iba a decir a Edward en cuanto lo viera? "Edward, lamento haberte besado ayer… no estuvo mal, pero no lo tomes en serio, veras no quería que Emmet se forjara cosas en su mente que no son y decidí besarte para que le quedara muy claro que no me interesa…" absolutamente no habían palabras para dirigirme hacia él. Y Bella… Ella era quien más me preocupaba, ya podía ver la acusación en sus ojos color chocolate y obviamente, tenía que darle una explicación.

Cavilé la posibilidad de quedarme todo el día dentro de mi recamara, pero, de todas formas, Bella subiría a verme… me levanté con la máxima resignación que fui posible (aún con el dolor de cabeza) y me miré al espejo. Era una vergüenza. Mi cabello estaba hecho un desastre y la borrachera de anoche había dejado secuelas en mi demacrado rostro. Cogí mis cosas para darme un baño y me dirigí hacia la puerta a hurtadillas, era muy temprano como para enfrentarme a cualquiera de los tres primeros mencionados. El pasillo estaba vacío. Salí corriendo de mi habitación y me escabullí hacia el baño

"¡Ey!" – oh no, por favor, él no. – "¡¿No te enseñaron a tocar la puerta cuando en una casa hay baños compartidos?!"

Desconozco la fuerza que me hizo girar para encontrarme a Emmet detrás de la cortina de la regadera solo con la cabeza por fuera, el agua escurría de su cabello oscuro y quebrado

"Es tu culpa, deberías de poner seguro" – me defendí. Sentí que mi rostro enrojeció por completo cuando, tras un par de segundos, Emmet salió tapando solamente la parte de abajo con una toalla. Tardé más tiempo del necesario el girar mi rostro para dejar de ver su musculoso pecho

"¿Qué?" – preguntó divertido al ver mi reacción – "¿Nunca has visto a un hombre semi desnudo?"

"Lárgate, Emmet. Me voy a bañar" – logré decir con dureza

"¿Qué tal la cruda?" – preguntó ignorándome

"No te importa" -

"Ten cuidado en no emborracharte estando sin cuidado de alguien" – dijo con voz afilada – "el alcohol te vuelve… indecisa" – lo miré desafiante, con la mandíbula tensa. Lo peor es que el comentario no dolió por otra razón que no fuera que ÉL precisamente pensara eso de mí

"Yo no tengo culpa de que te ilusionaras conmigo" – dije con voz petulante. Una sonrisa burlona y descarada curvó sus labios

"¿Ilusionarme?" – rió secamente – "Te equivocas, Rose. Lo que me preocupa es Edward" – me tensé al escuchar aquello – "espero sea inteligente por que una novia como tu podría engañarlo hasta con su mismo hermano"

Me dieron unas ganas enormes de pegarle una bofetada, pero no encontré fuerzas para mover ninguna de mis manos. La mirada de Emmet era helada, distante, como nunca antes la había visto.

"Te encantaría ser ese hermano, ¿Verdad?" – fue lo único que pude decir. Emmet no contestó. Se limitó a abrir la puerta del baño, ignorando mi pregunta

"¡Rose! ¡Emmet!" – la voz alarmada era de alguien mucho peor que Bella, Alice, Jasper, incluso peor que Esme o Carlisle: Doña Chonita

"Doña Choni… no es lo que cree" – se apresuró a decir Emmet

"¡Oh por Dios! ¡Oh por Dios!" – exclamaba la señora sin poder decir algo más.

"Doña choni" – comencé a decir temerosa de que sus alaridos llamaran a Bella – "tranquilícese, por favor. De verdad, lo que usted esta pensando no es…"

"¡Entonces díganme qué hacia Emmet desnudo junto contigo en el baño!" – soltó exasperada

"A este baboso se le olvidó cerrar la puerta con llave" – comencé a explicar rápidamente, ignorando la mirada asesina de Emmet por nombrarle de tal forma – "yo pensé que no había nadie y abrí la puerta sin tocar, entonces me lo encontré…"

"¡¿Lo miraste en pelotas?!" – interrumpió Doña Choni

"¡No!" – gritamos Emmet y yo al unísono

"Doña Choni" – dijo Emmet con voz tranquilizadora – "fue un accidente, de veras, ¿Usted creería que Rose y yo pudiéramos faltar el respeto a nuestros padres y a nuestra casa de tal manera?" – preguntó con ojos de borrego a medio morir. Reprimí una sonrisa. Si supiera lo que paso ayer pensé para mis adentros mordiéndome el labio inferior, contemplando como la expresión de doña Choni se suavizaba conforme veía a Emmet

"Tienes razón, hijo" – dijo la señora con un suspiro de alivio – "discúlpenme… una vieja como yo tiene el cerebro cochambroso"

Emmet y yo sonreímos con exagerada inocencia

"Bueno… yo me voy a bañar" – anuncié cuando vi las cosas ya en completa calma

Doña Choni se marchó junto con Emmet y yo tomé una ducha con agua caliente que relajó mis músculos. Debajo del agua, mi pensamiento no se podía ir a otra parte que no fuera en lo que Emmet me había dicho y en lo que le tenía que decir a Bella dentro de poco.

Cuando no pude retrasar más mi baño salí disparada de nueva cuenta hacia mi recamara. Me vestí y me preparé psicológicamente para bajar hacia la cocina, en donde seguramente me encontraría, tarde o temprano, con alguna de mis hermanas o de los muchachos.

El estomago se me revolvió cuando visualice a Edward sentado en el desayunador, con la mirada perdida, ni si quiera se había dado cuenta que yo estaba frente suyo.

"Hola" – saludé tímidamente sin verle a la cara

"Hola" – respondió. Su voz no tenía ningún estibo de enojo o cualquier emoción. Fijé mi vista en él y me sorprendía al darme cuenta que su mirada seguía ida hacia la ventana, viendo a la nada

"Edward ¿Te sientes bien?" – pregunté posando mi mano en la suya, haciéndolo volver a la realidad, sus ojos se clavaron en los míos

"Perdón, Rose. No sabía que eras tu" – dijo, ahora su voz si sonaba un poco molesta

"Edward yo… te quiero pedir una disculpa por lo de ayer… no quiero que esto se mal interprete, en serio no sé como disculparme… ¿Hay algo que pueda hacer para que olvides lo que paso anoche? "

Edward me miró fijamente varios segundos antes de contestar:

"Yo no te pido que me digas los motivos que te movieron a actuar de tal forma, ni tampoco estoy pensando cosas que no hubieron en aquel… beso. Así que no te preocupes por que yo pueda mal interpretar lo de anoche, yo sé que no fue por que te gusto o sientas algo por mí… lo que si te pido es que expliques a Bella lo que pasó, ella cree que yo tuve culpa…"

"¿Te dijo algo?" – pregunté preocupada. Sabía que cuando de defendernos se trataba, Bella era una fiera. La expresión de Edward se descompuso por un breve momento en un gesto triste, distante y después se torno serio y frío

"No es que lo que tu hermana piense de mí me importe, solo que no quiero que me vuelva a hablar de la manera en la que lo hizo anoche" – asentí y él me dedicó una sonrisa

"Hablare con Bella" – prometí – "y de nuevo, te pido una disculpa – dije antes de subir por las escaleras"

BELLA POV

"Bella, ¿Puedo entrar?" – preguntó Rose al otro lado de la puerta.

"Adelante" – indiqué fijando mi vista en la puerta. Rose entró con la mirada gacha. Sabía lo que le esperaba. Le indiqué con un gesto que se sentara a mi lado en la cama y ella obedeció – "¿Y bien?" – pregunté cuando estuvo a mi lado. Ella levantó su vista, para después bajarla apenada, cohibida.

"Vengo a decirte la verdad" – susurró, yo esperé, sin suavizar mi gesto – "Edward no tuvo culpa alguna… no debiste agredirlo sin saber antes la verdad…"

"¿Ah no?" – pregunte con irónica incredibilidad – "Rose, estabas borracha, si él quería besarte bien pudo ser en otra ocasión en la que estuvieras en tus cinco sentidos…"

"¡Es que él no me beso!" – soltó dejándome muda por un instante

"¿Cómo que él no te beso?" – Rose dudó unos segundos antes de continuar

"Yo lo besé, anoche no quise decirte la verdad por que Emmet estaba ahí y yo besé a Edward para…" - Rose se debatía para continuar mientras yo la incitaba con la mirada – "bueno es que yo me había besado con Emmet segundos antes y no quería que él mal interpretará las cosas, en eso apareció Edward y fue lo único que se me ocurrió en aquellos momentos…"

La miré por largo rato, sin dar crédito a lo que había oído de labios de mi hermana

"¿En serio?" –

"¡Que si, Bella!" – exclamó desesperada y apenada – "Edward no tuvo nada, absolutamente nada de culpa… con decirte que ni el beso me correspondió"

Me quedé otro largo rato sin decir palabra alguna, recordando la manera tan grosera e insultante con la que le hablé anoche

"Creo que le debes una disculpa" – dijo Rose, provocando que alzara mi vista alarmada. La idea de pedirle disculpas a Edward Cullen no estaba en mis planes cercanos o futuros. Aún así sabía que Rose tenía razón

"Dime por qué besaste a Emmet" – quise saber repentinamente y tratando de cambiar la platica sobre Edward. Sentí que mi hermana se tensaba al escuchar la pregunta – "¿Hay algo entre tu y él?"

"¡Bella! ¡¿Cómo se te ocurre?!" – exclamó levantándose de la cama, ¿Era mi imaginación o se había puesto nerviosa? Un leve toque de nudillos en la puerta despistó mi atención

"¿Bella, Rose, están ahí?" – la voz del otro lado de la puerta era de Alice. Rose suspiró

"Pasa enana" – indicó mi hermana mayor

Alice entró por la puerta y sus ojos negros nos miraban extrañados

"¿Están peleando?" – preguntó

Rose y yo negamos y nos apresuramos a contarlo lo ocurrido hasta que ella llegará. Ella nos escuchó con atención, expresando sus emociones con sus delicados gestos

"¿Entonces te gusta Emmet?" – inquirió de forma irracionalmente feliz. La idea parecía consolarla de alguna manera

"¡No!" – contestó Rose. Alice frunció sus cejas en forma de incomprensión

"Alice" – dije – "nosotras no podemos fijarnos en los Cullen"

"¿Por qué?" – preguntó mi hermana y su cantarina voz se escuchó triste

"Por que ahora somos familia" – contestó Rose apresuradamente

"Pero políticamente" – discutió Alice con voz aun más triste

"Eso no importa" – dije – "los Cullen no nos pueden gustar" – traté de no morderme la lengua al mencionar aquello

"¡Claro que no!" – acordó Rose. Talvez me estaba volviendo loca, ¿O realmente su tono de voz daba a entender que ella tampoco estaba muy segura de sus palabras?

"Supongo que… tienen razón" – admitió Alice

Los rostros de mis hermanas me tenían desconcertada. No sabía que mi inconciente culpa por encontrar a Edward atractivo fuera capaz de distorsionar sus rostros ante mis ojos de tal forma para que yo no me sintiera la única culpable por no ser sincera ante aquellas palabras antes mencionadas

"¿Edward esta abajo, verdad?" – pregunté para deshacerme de la absurda idea de que mis hermanas también sintieran algo más allá que una amistad por alguno de los hermanos Cullen. Rose asintió y yo salí de mi cuarto dejando a mis hermanas atrás

Lo busqué con la mirada conformé iba bajando las escaleras. Se encontraba sentado en el sillón, viendo un programa de televisión. Me debatí entre si ir o no. Caminé a paso lento hacia donde él estaba, sabía que ya se había percatado de mi presencia por que sus ojos se dirigieron fugazmente en mi dirección para después centrarlos obstinadamente en el aparato comunicativo. Me planté a un lado de él

"Quiero hablar contigo" – pedí sin tratar de sonar cordial o arrepentida. No contestó, así que continúe – "Rose me dijo lo que paso… supongo que me precipité en culparte, aunque tu también debiste de haberme dicho la verdad…" - Edward parecía no escucharme, sus ojos seguían fijos en aquel estupido programa, lo cual me enfureció. Tal parecía que estuviera hablando sola. Exasperada, tomé le arrebaté el control de sus manos y apagué el televisor. Él giró su rostro para verme ceñudo

"¿Se puede saber por qué haces eso? ¿No me puedes dejar en paz un solo segundo?" – el filo de su aterciopelada voz hicieron que por un momento mi expresión se descompusiera

"Te estoy hablando y haces como si no existiera" – me quejé – "vengo a pedirte disculpas y tu…"

"¿A eso le llamas tú una disculpa?" – interrumpió alzando levemente la voz y acercándose más a mí en gesto desafiante. La cercanía de su rostro descompuso mis pensamientos

"No querrás que me hinque" – dije desviando mi mirada de la suya

"No estaría mal… eso te enseñaría a no ser tan impulsiva"

"¡Discúlpame pero cualquiera hubiera pensado lo que yo pensé al ver semejante situación!" – solté ya enojada por su actitud

"Pues por esa gente "cualquiera" habemos quienes pagamos platos que no hemos roto" – alegó

"¡Eres insoportable!" – exclamé levantándome del asiento y girando mi cuerpo para retirarme. No tenía caso el seguir queriendo tratar con alguien tan irritante como Edward. Su mano se aferró a mi brazo, impidiéndome seguir con mi retirada

"¿Qué haces?" – pregunté en un contenido susurro

"Me debes una disculpa" – dijo sin soltarme

"Te la estaba pidiendo y no la aceptaste" – recordé

"Por que ya te dije que esa no es la forma de disculparse"

"Seguramente tú eres buenísimo en ello ¿no?" – inquirí alzando mi barbilla. Se me había olvidado un punto importante. Un punto a mi favor – "Dime, Edward, ¿Cómo le pediste disculpas a mi mamá por haberla tratado tan duramente los primeros días en que la conociste?"

"¡Eso no tiene nada que ver!" –

"¡Claro que tiene MUCHO que ver! ¡Y pensándolo bien, no te debo ni una sola disculpa!" – dije tratando de zafar mi brazo de su mano. Comenzamos un forcejeó, yo por liberarme y él por no dejarme ir. No me dí cuenta en el momento en que caímos en el sillón. Yo encima de él, con nuestros rostros a pocos centímetros

Sentí sus manos sobre mi cintura y su aliento rozando mis labios. El corazón se me aceleró de una manera que, sabía yo, no era correcta al tener sus ojos verdes clavados en los míos. Sabía que debía de pararme, alejarme de su cuerpo, pero ninguna de parte de mí se quería separar de él

"Pídeme una disculpa" – ordenó firmemente con un susurro. Eso sirvió para darme un poco de conciencia para alejarme de él al fin.

"No" – fue lo único que dije antes de retirarme, aun con el corazón latiendo desesperadamente

ALICE POV

"los Cullen no nos pueden gustar" "Por que ahora somos familia"…

Las palabras de mis hermanas resonaban en mi mente a cada segundo… ¿Entones realmente estaba MUY mal que me gustara Jasper? Me preguntaba.

Decidí salir al jardín para que nadie me viera. Había una pequeña llovizna por lo que dudada mucho el que mis hermanas se atrevieran a salir a esta parte de la casa, no quería que me vieran triste sin motivo aparente. Me senté en el césped, abrazando mis piernas con mis brazos y sintiendo las heladas gotitas de agua que caían sobre mí.

¿Por qué tenía que ser Jasper, el primer chico que me gustara realmente, mi hermanastro? De todas formas, no tendrías oportunidad con él me recordé. Cerré mis ojos recordando lo que había pasado ayer en la noche. Sentí mariposas en mi estomago al recordar su rostro tan cerca del mío.

Tenía que dejar de sentir todo eso por él. Mis hermanas tenían razón. ¿En qué cabeza cabe que el destino una a dos personas para enamorarse a través del matrimonio de sus padres? Eso era imposible. Irreal.

"Al, ¿Qué haces aquí?" – preguntó la voz de mi tortura. No me atreví a verlo a la cara – "¿Te sientes bien?" – volvió a preguntar

Yo asentí.

"¿Te pasa algo? ¿Estás triste?" – su suave voz sonaba alarmada. Quería componer mi expresión para no preocuparlo, pero el tenerlo cerca y saber que me gustaba más de lo apropiado me entristecía de una manera que jamás había sentido antes

"Estoy bien" – contesté mientras él se sentaba a mi lado. Olvidándose de la lluvia – "es solo que… quería pensar un poco y la lluvia parece que ayuda a relajar mi mente"

"¿Te preocupa algo?" –

"No" –

"¿Estas enojada conmigo o…?"

"¡No!" – interrumpí. ¿Cómo se le podía ocurrir algo semejante? Sus ojos color miel se clavaron en los míos

"No me gusta verte triste…" - susurró mientras levantaba su mano y rozaba mi mejilla. Sus ojos seguían clavados en los míos. No pude evitar derramar una pequeña lágrima, (que no paso desapercibida para él) en cuanto pensé que la miel de sus ojos solo me miraría como una hermana, nada más.

"Alice" – musitó alarmado, acercándose a mí y atrapando mi rostro entre sus manos – "¿Por qué lloras? ¿Te duele algo? ¿Extrañas a Esme? ¿Te hicieron algo…?" – yo negaba levemente la cabeza mientras me convencía de que aquella desesperada preocupación no me decía nada sobre algún sentimiento que correspondiera al mío.

"Alice, dime que te pasa ¿Puedo ayudarte en algo?" –

Lo miré varios segundos, mientras un dolor, que jamás había sentido antes, recorrió mi pecho

"Abrázame" – pedí quedamente mientras inclinaba mi rostro para ver el césped. Un breve silencio nos invadió antes de que sus manos se depositaron suavemente sobre mis hombros y me jalaran hacia él. Acomodé mi cabeza sobre su pecho y cerré los ojos cuando su mano se pasó tiernamente sobre mi cabeza.

Pasamos varios segundos sumergidos en nuestros pensamientos…

"Te quiero" – dijo y otra vez las mariposas subieron y bajaron revoloteando por todo mi estomago. Pero no tardé en recordar que yo también quería a Edward y a Emmet, y se los haría saber en un intento de darles mi apoyo moral… esa palabra obviamente tenía un significado completamente distintito al que a mí me gustaría escuchar, así que no respondí. Estuvimos otro largo tiempo debajo de la lluvia, en silencio.

"Creo que es hora de entrar a la casa, te puedes enfermar" – me sentí fatal al escucharlo, su voz sonaba triste, apesadumbrada… Jasper era muy sensible hacia las emociones de los demás y yo le había contagiado mi melancolía

"Te pusiste triste por mi culpa" – acusé. Él me dedicó una sonrisa aunque la felicidad seguía sin llegar a sus ojos

"No… no te preocupes, fue un error, discúlpame" – no entendí ni una sola palabra de lo que había dicho, pero no me dio tiempo de preguntarle a qué se refería ya que en un rápido movimiento se acercó, depositó un beso sobre mis mejillas, (repentinamente sonrojadas) y se retiró, dejándome estática por varios segundos en mi lugar

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Cap.12.-Culpa Inmerecida.

ROSE POV

Había ya llegado la tarde, casi la noche y habíamos pasado el primer día sin nuestros padres relativamente en calma. El cielo estuvo oscuro todo el bendito día debido a la lluvia. Me encontraba terriblemente aburrida sentada en la sala buscando algún programa, película, serie o caricatura que fuera de mi agrado pero nada llamó mi atención.

Decidí dejar el canal en donde estaba pasando una película de amor, según los anuncios, se llamaba. Jamás la había visto, y casi no le prestaba mucha atención. No había comido en todo el día debido a las enormes nauseas que sentía debido a la borrachera de ayer. Así que a aquellas alturas de la tarde, mi estomago ya exigía alimento. Decidí comer algo no muy pesado y me dirigí a la cocina en busca de un poco de fruta.

Lo único que encontré en el refrigerador fue papaya y sandía. Corté aquellas frutas en pequeños trocitos y los deposité en un plato. Cuando llegué de nueva cuenta a la sala, encontré a Emmet en el sillón. Trabé los ojos mientras me acercaba.

Ambos hicimos como si no estuviéramos presentes. Aunque por mi parte, no dejaba de verlo de reojo. La película transcurrió sin que dijéramos alguna palabra. No sé que resultaba más molesto, si pelear con Emmet todo el tiempo, o no hacerlo. Realmente, la única parte en la que la película me resultó embarazosamente interesante fue la escena del sexo. Mis mejillas se enrojecieron cuando, inconscientemente y sin poderlo evitar, mis ojos se dirigieron hacia Emmet justo en el momento en que la pareja enamorada gemía de placer.

"¿Se te antojó?" – preguntó descaradamente (para vergüenza mía) señalando la tele con su cabezota

"Seguramente a ti si" – traté de defenderme, aunque mis palabras salieron con un susurro a causa del bochorno

"A mi sí" – admitió despreocupadamente

"Ah" –

"Has de estar muy desesperado" – recalqué cuando la pena había pasado

"¿Tú lo estas?" – inquirió

"Tal vez" – contesté

"Tal vez yo pueda quitarte esa desesperación" – la sangre subió de nuevo a mis mejillas. Pero no le iba a dar el gusto de verme por vencida

"Lo dudo mucho, de verdad" –

"¿Quieres comprobar?" – retó alzando una ceja. Alcé mi quijada levemente en gesto de valentía

"Cuando gustes" – le dije

"Ahora" – propuso y mis ojos se abrieron un poco más por lo pronto y serio que se estaba tomando la situación

No permitas que te cohíba, Rose.

"Ahora" – acordé levantándome del asiento – "aunque… si no logras si quiera que me "emocione" un poco, ¿Qué ganare yo?"

"¿Qué te parece si el perdedor sirve de esclavo al otro durante un mes?" –

"Que sean dos" – dije

"Dos" – acordó sonriente. Se levantó del sillón mirándome fijamente a los ojos. El corazón se me aceleró pero controlé mi expresión lo mejor que pude –"¿Vamos?" – preguntó con voz segura

Lo seguí hacia arriba. Ambos íbamos vigilando si alguno de nuestros hermanos, Doña Choni o Don Pancho, estaban por ahí. Edward había salido; Jasper, hasta donde sabía, estaba encerrado en su recamara al igual que Alice y Bella…

Emmet se detuvo en el umbral de la puerta de su recamara

"Lo siento, Emmet" – la voz era de Alice – "¿Te importa si juego un rato con tus videojuegos?"

"No" – contestó el aludido. Cerró la puerta y se voltio para verme – "¿En tu recamara?" – preguntó alzando una ceja

"¡Ni loca!" – contesté en un susurró – "¡Alguien de mis hermanas podría llegar!"

"¿Entonces dónde? ¿No estarás poniendo pretextos para cancelar la apuesta, o si?"

Lo pensé durante varios segundos. Mirando las puertas que teníamos frente a nosotros. Solo había un cuarto vacío que no era el mío: el de Edward. Tomé de la mano a Emmet y lo arrastré hacia ahí. Giré la perilla: estaba abierto. Me giré para preguntarle con la mirada a Emmet si la idea le parecía y como respuesta tuve a sus manos alrededor de mi cintura internándome en la habitación.

Aquel contacto físico me previno que la derrota iba a ser mía. Pero no lo quise aceptar en aquel momento. El cuarto estaba oscuro, no prendimos ninguna luz. Era la primera vez que entraba a algún cuarto de alguno de los Cullen

Emmet me arrinconó contra la pared y mi corazón empezó a latir cuando sus labios empezaron a jugar con los míos. El beso era lento, delicioso. Cerré mis ojos al instante, dejándome llevar. Su mano se posó en mi cintura y pegó mi cuerpo un poco al suyo mientras el beso subía de tono.

Sus labios ahora eran insistentes, como aquella noche. Se movían dando pequeños mordiscos a los míos, la otra mano se posicionó en mi espalda. Me separó de la pared y caminamos lentamente, entre besos, hacia el centro de la habitación. En aquel momento, en el que supe que era la cama lo que estábamos buscando, recordé que tenía una apuesta que ganar. Un pequeño e inocente roce de sus manos en mi estomago me estremeció haciéndome olvidar todo.

Seguíamos caminando sin encontrar nuestro objetivo cuando la espalda de Emmet chocó con algo que se vino abajo con el contacto. El sonido fue escandaloso y nos quedamos estáticos, atentos para saber a si alguien lo había escuchado. La inspiración y la pasión se esfumaron con el susto que nos habíamos llevado. Emmet corrió a encender la luz y en cuanto vio lo que se había caído se llevó las dos manos hacia el cabello, totalmente aterrorizado

"¡No!" – exclamó con los ojos muy abiertos

"¡¿Qué?!" – quise saber igual de nerviosa

"¡Los discos de Edward! ¡Nos va a matar si sabe que fuimos nosotros!"

Emmet tenía razón. En varias pláticas Edward había mencionado que una de las cosas que más adoraba era su gran colección de discos, todos originales. Mi seductor y yo contemplamos varios segundos, aterrorizados, los discos esparcidos por todo el suelo, algunos con la tapa rota y otros fuera de sus correspondientes cajitas.

"No tiene que saber que fuimos nosotros" – dije

"Claro que no" – acordó Emmet – "salgamos de acá antes de que venga o alguien nos mire. Me tomó de la mano y me jaló hacia la puerta."

Emmet y yo salimos vigilando que cada paso estuviera libre de cualquier espectador. Al parecer nadie había notado el incidente. En cuanto llegamos a la sala nos tumbamos en el sillón y cuando nuestras miradas se unieron nos reímos con mucha pena

"Creo que la apuesta si fue suspendida" – dijo. El brillo de su mirada me atrapó por varios segundos

"Tienes suerte, estabas a punto de perder" – mentí sonriéndole

Emmet se acercó lentamente hacia mí. Su boca iba en busca de la mía

"Buenas noches" – saludó Edward provocando que nos separáramos de un brinco

"Buenas noches" – saludamos Emmet y yo al unísono. Demasiados nerviosos e incapaces de verle a la cara.

Edward se veía cansado.

"¿Qué tal tu paseo?" – quise saber para aparentar normalidad

"Me agarró un dolor horrible de cabeza" – contestó con desgana – "me voy a descansar. Nos vemos mañana"

Emmet y yo contemplamos como el chico subía las escaleras

"Espero se le quite el dolor de cabeza antes de llegar a su recamara" – comentó Emmet con voz nerviosa…

EDWARD POV

Subí las escaleras casi a rastras. La discusión con Bella me había exasperado de tal manera que se me habían alterado los nervios y decidí dar una vuelta. Pero tal parecía que el trafico de Port Angeles había empeorado mi estado de humor.

Abrí la puerta de mi cuarto de golpe. Sin encender la luz, me dirigí hacia mi cama. Lo único que quería era dormir. Mis pies pisaron algo que emitió un violento crujido. Extrañado, me agaché para cerciorarme de qué se trataba. Era un disco. Conforme fui palpando el suelo, iba encontrando más y más. Aterrorizado me lancé hacia la pared para encender la luz y vi una de las más grandes tragedias que podría existir para mí.

Toda mi colección se discos se encontraba esparcida por el suelo. Me quedé mirándolo por varios segundos mientras la furia me invadía y el nombre de solo una persona capaz de hacerme tal cosa inundaba mi mente: Bella Swan. ¿Quién si no ella? ELLA había escuchado todas las veces en las que yo había alabado a mi colección de discos y lo mucho que la cuidaba y amaba. Sabía que era una buena venganza por haberla ignorado y haberla casi obligado a que me pidiera disculpas… Ella era la única posible culpable

Salí de mi cuarto con los ojos flameando por el enojo. No lo pensé dos veces. Esto me lo iba a pagar y caro, aún no sabía cómo.

Tuve suerte de que su puerta no estuviera cerrada con seguro. Aunque una cosa así no me hubiera impedido entrar, estaba dispuesto a derrumbar la puerta a patadas si era necesario.

Aventé la puerta para entrar al cuarto antes de que ella pudiera sacarme…

BELLA POV

Me encontraba totalmente concentrada leyendo "Gothika" acostada en mi cama. La lectura me tenía completamente absorta del exterior así que pegué un salto enorme cuando la puerta de mi cuarto se abrió violentamente

"¡¿Qué rayos…?!" - comencé a decir

"¡TU!" – el rostro de Edward me asustó. Parecía realmente enojado – "¡Contigo tengo que hablar!" – exclamó mientras cerraba la puerta y le ponía seguro

"¿Qué quieres?" – pregunté levantándome de la cama – "¿Por qué entras así en mi recamara?"

"¡¿Cómo te atreves a atentar contra mis discos, loca?!" –

Mis ojos se abrieron ante tal absurda acusación

"¿De qué hablas?" – inquirí

"¡No te hagas la mensa! ¡Sé que fuiste tú!" – "mensa" eso ya era pasarse de la raya.

"¡Ey! ¡Tranquilo y cuidado en como me hablas, Edward Cullen!" – advertí pero no pareció importarle. Su ardiente mirada recorrió todo mi cuarto y se fijo en un punto específico: el mueble en donde se encontraba mi colección de libros.

"Edward, ¿Qué te pasa? Estas como loco" – acusé. Su mirada se posó en mí, después en mis libros y después otra vez en mí. Un brillo maquiavélico recorrió sus pupilas y comprendí al instante lo que se proponía mientras se dirigía hacia mis tesoros

"Edward… no te atrevas" – susurré a causa de la tensión. Pareció no escucharme y siguió caminando. Lo jalé de la camisa y lo encaré ahora si muy enojada – "¡No te atrevas!" – repetí con voz firme

"¡Tú te atreviste! ¡¿Por qué yo no?!" –

"Edward, basta. Yo no tuve nada que ver con lo que le paso a tus discos" –

"¡¿Ah no?! ¡Mentirosa!"

"¡No te estoy mintiendo! ¡Sal de mi cuarto!" – ordené mientras corría hacia mis libros, protegiéndolos.

"No, Bella. Esto no se va a quedar así" – siguió caminando hacia mi dirección. Lo intenté intimidar con la mirada pero no lo logré. Cuando la desesperación me invadió al ver que realmente estaba dispuesto a poner sus manos sobre mis libros, me le aventé con todas las fuerzas.

El impacto provocó que nos cayéramos al suelo en donde empezamos a forcejear

"¡No voy a permitir que le pongas un solo dedo a mis libros!" – exclamé luchando por mantener su cuerpo debajo del mío

"¡Pero tú si puedes tirar mis discos!" – acusó mientras me hacía girar. Ahora él estaba sobre mí

"¡Basta, Edward! ¡Deja de comportarte como un niño!" – pedí ya con muy pocas fuerzas en mis brazos

"¡Tú comenzaste! ¡Así que te aguantas!" – mis brazos se rindieron ante su fuerza y se dejaron caer, provocando que el cuerpo de Edward cayera totalmente sobre mí.

El tema de discusión se me olvidó al tener, por segunda vez en el día, su rostro cerca del mío. Pero en esta ocasión tardé menos en reaccionar. Intenté moverme para poder levantarnos pero su mano se posó en mi hombro, obligando a mi cuerpo a regresar a su posición anterior. La intensidad de sus ojos esmeralda me hipnotizó de tal forma que no fui capaz de protestar. Mi respiración se fue volviendo difícil conforme sus ojos contemplaban los míos y su rostro se acercaba lentamente. Me sentí cada vez más débil conforme más ceca tenía su aliento. Lo único que fui capaz de hacer fue cerrar mis ojos cuando tuve sus labios presionados con los míos.

Aspiré su aliento en el momento en que mi boca se abrió para poder saborear más de su sabor. Su mano se posicionó en mi mejilla, mientras sus labios se abrían paso, lentamente. Mi respiración se hizo profunda y mi mano se movió de forma inconciente hacia sus cabellos.

Sabía que esto estaba más que mal. Hacía pocas horas les había dicho a mis hermanas que la relación con los Cullen no podía, ni debía, pasar de una amistad. Y yo ni a amistad llegaba con Edward, y lo estaba besando, sintiendo lo que nunca jamás imaginé sentir por alguien…

Para ya, Bella. Indicaba mi mente pero mi cuerpo no correspondía ante semejante mandato. Al contrario, mi boca seguía explorando la suya con suavidad…

"Bella" – llamó una voz al otro lado de la puerta. Mis cinco sentidos estaban demasiado concentrados en el hombre a quien besaba que no identifiqué la voz y la olvidé de inmediato

"Bella, ¿Estas ahí?" – volvieron a llamar – "Tu mamá y el doctor Carlisle están en la línea" - aquello hizo que Edward y yo nos separáramos."

Nuestras miradas se encontraron, brillantes y a la vez temerosas. Sabíamos que habíamos hecho algo que no estaba en nuestros planes y que era ilógico ante nuestra relación. Se levantó, (ayudándome para hacer lo mismo) lentamente, sin despegar su mirada de la mía.

"¡Bella, ¿Te encuentras bien?!" – la voz de doña Choni sonaba alarmada+

"Si" – contesté sin dejar de ver a Edward – "en seguida bajo"

"Tus hermanos ya están abajo" – anunció – "¿Has visto a Edward? no lo encuentro"

"Ehh… No. No lo he visto" – mentí. Sabía que a doña Choni le daría un paro cardiaco al ver que Edward estaba conmigo y que por ello no le había logrado contestar a la primera

"Tal vez salió" – dijo – "No tardes cariño."

Edward y yo seguimos sin decir palabra alguna en mi habitación hasta que los pasos de doña Choni desaparecieron.

"Creo que ya no esta cerca" – anuncié susurrando

Edward caminó lentamente hacia la puerta y asomó levemente su cabeza para ver cerciorarse.

"Está vacío" – anunció quedamente. Asentí mientras me dirigía hacia la puerta. Su mano atrapó mi brazo y me hizo retroceder

"Todavía no he olvidado lo de mis discos" –

"Yo no tuve nada que ver" – le dije mientras me escabullía de su mirada…

domingo, 14 de marzo de 2010

A Walk to Remember

Capítulo 6: Desprecio


Bella caminaba por los pasillos de la escuela, aún con el recuerdo del encuentro que había tenido, hacía dos noches, con Cullen. Sonrió a sus adentros, sin entender muy bien el motivo.


"Te llevo a casa" – le había dicho el muchacho, aparentando indiferencia


"Me puedo ir caminando"


"¿Caminando? Bella, no debes de arriesgarte tanto…


"¿Cullen esta preocupado por mi?"


"Eh… no… solo… solo quería ser amable"


Volvió a sonreír y negó ligeramente con la cabeza, reprendiéndose mentalmente. No debería de permitirse el pensar tanto en él. Continuó caminando y vio, a lo lejos, como Edward se encontraba en el pasillo, en medio de sus amigos. Le dedicó una sonrisa de lejos, pero éste volvió el rostro hacia otro lado, ignorándola.


Seguramente no me vio, pensó y continuó caminando hasta llegar hacia el pequeño y popular grupito de chicos adolescentes. Ignoró todas las miradas despectivas que le dedicaron y las risitas que se levantaron en cuanto llegó hacia ellos.


"Hola, Edward, ¿Nos vemos hoy, después de clases?" – recordó, de manera amable, al chico de cabellos color bronce que le miró detenidamente por un momento.


No supo descifrar qué significado tenía aquel brillo que destelló de sus verdes esmeraldas… y antes de poder pensar en algo más…


"Si... en tus sueños" – escuchó como respuesta y su gesto amable se endureció.


Esperó por un momento, muy pequeño, con la esperanza de que Edward se retractara de su actitud tan insolente, pero, como era de esperarse, no lo hizo. Suspiró profundamente y el aire llegó de manera dolorosa a su pecho, más no lo hizo notorio. Invisiblemente, se cubrió los oídos y trató de no escuchar toda la burla que se levantó por parte de quienes habían presenciado todo. Dio media vuelta y se fue.


Edward miró como la muchacha se iba y, por un instante, un pequeñísimo instante, quiso ir detrás de ella y decirle "Espera, disculpame"… sin embargo, las cadenas invisibles de sus amigos, quien aún seguían partiéndose de la risa, le impidieron mover sus pies. Buscó con la mirada a Emmett, quien era el único que, aparte de él, no se reía y éste le dedicó una mirada reprobatoria.


Si, lo sabía, esta vez, había sobrepasado los niveles de la idiotez…


"Muy buena esa broma, amigo" – le felicitó Mike, mientras lo jalaba para ir al salón de clases


Edward entró en el aula y lo primero que buscó fue el rostro de Bella. Lo buscó con una desesperación que se le hizo molesta y, cuando lo encontró, notó como la chica hacía todo lo posible por no mirarle.


"Vaya forma de agradecer los favores" – reprendió Emmett, hablando con un murmullo – "No debiste hablarle así, no se lo merecía"


"Lo sé" – admitió él, a regañadientes


Las clases terminaron y Edward se apresuró a guardar sus cosas en la mochila y salir, casi corriendo, detrás de Bella. No la alcanzó. Su delicada figura se había perdido en medio de todo el montón de alumnos que se arremolinaba en los pasillos. Suspiró frustradamente y se armó de valor para ir a su casa.


Después de todo, ella no se conocía por una persona rencorosa, seguramente ya le había disculpado y su ida tan apresurada se debía a un labor domestico o escolar. Con ese pensamiento consolando su conciencia, sus pies se movieron hasta que llegaron a la puertita de madera y presionó el timbre.


La puerta se abrió a los pocos segundos y, al ver la fría mirada que Bella le dedicaba, supo que las cosas no serían tan fáciles como había supuesto. Abrió la boca para pedirle disculpas, pero la muchacha no le dio tiempo si quiera de hablar, cerró las puertas en sus narices, dejándolo parado ahí, estático y atónito por un momento.


"Bella" – llamó, mientras recargaba su mano sobre la puerta – "Abre la puerta, por favor…" – pidió y su voz traspasó el muro de madera, llegando a los oídos de la muchacha que se mordió fuertemente la lengua para reprimir el absurdo llanto que amenazaba con salir.


Ella no lograba comprender por qué le dolía tanto aquella decepsión. Frunció el ceño y adquirió valor para afrontar al muchacho que aún insistía afuera de su casa. Abrió la puerta de golpe y salió en su encuentro. Edward dio dos pasos hacia atrás, intimidado por aquel par de ojos marrones tan afilados y endurecidos. Tragó saliva ruidosamente e ignoró el escalofrío que había recorrido su cuerpo.


"¿Qué es lo que quieres?"


"Parece que no estas de muy buen humor" – señaló, intentando compensar lo pesado del ambiente con un poco de humor… pero la broma tuvo el efecto contrario.


"Eres demasiado perceptivo" – contestó Bella, con el sarcasmo y la ironía fluyendo de su suave voz.


Edward intentó probar con un poco más de sinceridad


"Pensé que habíamos quedado en leer hoy el guión, juntos"


Bella empuño las manos a sus costados y tensó la mandíbula, ¿Cómo podía ser alguien tan descarado? ¿Tan sínico y sin vergüenza?


"Claro, pero no quieres que nadie se entere de esto… ¿Verdad?" – soltó, con la mirada fijamente en la de él


Otra vez, el muchacho de rostro pálido y angulado no supo qué decir…


"Quería que todo fuera una sorpresa" – comenzó a mentir, ante la desesperación – "Quería que todos, el día de la obra, se asombraran de mi avance…"


"¡Ah, ya entiendo!" – exclamó Bella, con una sonrisa, dándole a Edward un suspiro de tranquilidad – "Es algo muy parecido a ser amigos secretos ¿no?"


"¡Exacto!" – acordó el muchacho, ya con la victoria ganada – "Eres asombrosa, Bella, me has leído la mente" –


La chica volvió reír, de manera angelical y despreocupada


"Genial… tal vez tu puedas leer la mía" –


La sonrisa y el entusiasmo de Edward se vinieron abajo cuando comprendió que Bella aún no le había disculpado y, peor aún, tampoco le había creído ni una sola de sus mentiras. Bajó la mirada ante la presión que sintió en el pecho y tardó un poco en hablar.


"Bella… no podemos ser amigos" – dijo al fin, aún sin ser capaz de mirarla a los ojos, por lo que no se dio cuenta de cómo sus palabras golpeaban a la muchacha.


"Pensé que eras diferente a ellos" – murmuró Bella, hablando más para ella que para él – "Pero ya veo que, todo lo bueno que supuse ver en ti, era mentira. No eres mejor que todos los que te rodean"


Edward levantó la mirada ante las palabras dichas y solamente se encontró con una puerta cerrada frente a él. Crispó sus manos y se mordió fuertemente la lengua…


"¡Maldición!" – exclamó, sin poderse contener...


Y esa palabra le acompañó durante toda la tarde y los días siguientes, en los cuales, Bella no le miraba ni por un solo segundo.


Dolor y frustración…


Eso era lo que sentía ante su indiferencia y desprecio, pero, ¿Por qué? Jamás antes se había sentido así… pensándolo bien, jamás antes había sentido todo lo que Bella le hacía hecho experimentar, esa era la razón por la cual le huía, por la cual, desde pequeños, se había distanciado de sus grandes y sinceros ojos color café. Le intimidaba el sentirse tan en paz a su lado, odiaba admitir que admiraba cada cosa que ella hacía…


Golpeó fuertemente la almohada y maldijo una vez más. ¿Qué iba a hacer ahora? Se sentía demasiado desesperado – y no era precisamente por las líneas que aún no aprendía del dialogo – Dudaba mucho que Bella le perdonase ¿Qué pasaba si ya no le volvía a dirigir la palabra nunca más? Al fin de cuentas, el año escolar pronto acabaría, ella se podría ir a una universidad lejana, ya no le volvería a ver y… y ¿Qué? ¿Qué había de trágico todo ello? Llevaban años de conocerse y nunca habían hablado… ¿Por qué tanta inquietud ahora? ¿Por qué esa opresión el pecho al pensar estar lejos de ella?


"Pensé que eras diferente a ellos""Pero ya veo que, todo lo bueno que supuse ver en ti, era mentira. No eres mejor que todos los que te rodean"


Si, hasta ese momento sus palabras habían sido exactas y verídicas. Él siempre había estado rodeado de materialismo, de apariencias, de muchas cosas que carecían de valor, pero, tal vez, solo tal vez, había una pequeña llama de esperanza para poder recuperar a Bella: Demostrarle que, realmente, si podía cambiar y ser alguien bueno, alguien mejor.


Movido por este deseo y esta motivación, Edward se dedicó completamente a sus actividades escolares. Las salidas con sus amigos fueron rechazadas con una facilidad de la cual, hasta él mismo, se sorprendió. Subió sus últimas notas escolares, aprendió a la perfección cada línea del dialogo y, cuando estuvo a punto de flaquear, la imagen de Bella llegaba a su mente y le daba las fuerzas que él necesitaba. La iba a recuperar, le iba a demostrar que lo que ella había visto en él, era posible.


Mantenerse lejos de ella no fue fácil. Sus actividades estaban muy ligadas y siempre se veían. Él intentó, en más de una ocasión, entablar una platica – aunque fuese una muy pequeña – pero Bella solamente contestaba con monosílabos y se iba, dejándolo a él con aquella extraña sensación de vacío en el pecho.


"¿No crees que últimamente ves mucho a Isabella Swan?" – le preguntó Emmett en una ocasión


"No" – contestó él, ocultando el rostro lo mejor que podía para sostener su mentira


"A mi me parece que si"


Y esa era la absoluta verdad, aunque pareciera imposible, con cada día que pasaba, a Edward se le hacía cada vez más difícil en no centrar su atención en aquella muchachita. Seguía cada paso que daba, escuchaba cada palabra que decía y, un día, se descubrió mirando su fotografía que había en el álbum escolar.


Lo peor era en las horas de ensayo, justamente cuando la última escena se levantaba… la escena entre él y ella, solamente los dos. Los nervios se le aceleraban en el momento en que la profesora Heidi los ponía frente a frente y los obligaba a verse a los ojos. Era entonces cuando los diálogos – que tan bien aprendidos y dominados tenía ya – se le borraban de la mente.


Los días habían pasado, la obra de teatro estaba cerca y Edward solo esperaba que todo su esfuerzo hubiera valido la pena. Pero, se le olvida algo, un detalle, con el cual todo había dado comienzo: Eric…


Sabía que aún seguía internado en el hospital y, aunque ya tarde, decidió ir a visitarlo para ofrecerle sus disculpas. Como era de esperarse, el muchacho no lo recibió de buena gana.


"¿Sabes, realmente quería ser tu amigo?" – confesó Eric, aún con vendas rodeando su cuerpo – "Ahora no me logro explicar el por qué. No hay nada valioso que se pueda extraer al estar cerca de ti"


Era la segunda persona que le decía lo mismo…


"En realidad, lo siento" – soltó, con verdadera sinceridad, la cual llegó a su compañero, quien, al no tratarse de una persona rencorosa, le disculpó, regalándole una pequeña sonrisa.


________________________________________


El día de la obra había llegado y con él, los nervios afloraron en cada poro del muchacho. El sonido del claxon de Emmett resonó por la calle y éste corrió hacia él, con una mochila en la cual llevaba todo el vestuario


"¿Listo, amigo?"


Edward suspiró profundamente antes de contestar


"Por supuesto" – afirmó y, después, tomó asiento en el lado del copiloto.


"Lauren me dijo que irá a verte. Supongo que los demás irán también"


Genial… pensó Edward, con oscuro sarcasmo. Bajó del auto rápidamente en cuanto llegaron al teatro


"Gracias" – le dijo a Emmett, mientras se despedía con un estrechón de manos


"No te olvides que traigo preparados los tomates" - exclamó el otro, con una gran sonrisa


Edward caminó hacia los improvisados camerinos y un fuego lento, y delicioso, recorrió su estomago al encontrarse con Bella, cubierta por una capa negra, en el estrecho pasillo. Ambos se quedaron un momento viéndose, fijamente y en completo silencio, incapaces de moverse para dejarse el camino libre.


Edward bajó la mirada y la dirigió hacia sus pies, ¿Por qué se producía ese frenético latido, de su corazón, con solo verla o saberla cerca?


"¿Me das permiso, Cullen?" – escuchó que le preguntaba la suave – pero afilada – voz de Bella y, aún sin mirarla, pegó su espalda hacia la pared y amplió el espacio para que ella se retirara…


"¡Edward!" – le llamó la maestra Heidi, provocando que sus ojos se desviaran de aquella figura que tenía poco había dejado pasar – "Ponte el vestuario, rápido, dentro de poco será la primera llamada"


El muchacho asintió y se encaminó hacia donde la señora le esperaba.


No podía ni imaginarse, ni siquiera de lejos, que, aquella obra, a la cual tanta apatía le tuvo en un principio, se convertiría en el escenario de su primera y única historia de amor.

sábado, 13 de marzo de 2010

Marca de Eternidad

Hello mis angeles hermosos !!! hoy es sabado de estreno
hoy les traigo un nuevo fic de  Jeanette Yunnuen , muy bueno se los recomiendo mucho leanlo les va encantar tanto como ami , bueno dicho esto aqui les dejo los primeros tres cap del fic.
Mil besitos y por fiss dejen sus comentarios al final
Angel of the dark.
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Capitulo 1. La verdad

Afuera, los relámpagos bailaban entre la espesura de las nubes, el cielo se vestía de un color oscuro, mientras lloraba los cientos de penas acumuladas a lo largo del día. Bella subió las escaleras de la casa muy sigilosamente, cuidando no hacer ruido, pero la madera era tan vieja que cada paso era acompañado de un débil chirrido.


Casi para llegar a la planta alta se escuchó un estruendo, una luz azul iluminó la vieja construcción filtrándose por las ventanas desnudas y después de un segundo toda la casa quedó en penumbras. Bella logró llegar a tientas a un interruptor, sólo para corroborar lo obvio: la luz eléctrica se había esfumado. Resignada se dirigió a la mesita de noche que había en el pasillo, tras golpearse con ella en un costado, logró agarrar la vela que se encontraba encima. Sacó el encendedor que había en el primer cajón y logró que una pequeña llama apareciera. Contenta porque ya no tendría que estar golpeándose con cada objeto a su paso, se dirigió a la primera habitación esperando no haber despertado a su madre.


Pero Renée ya estaba sentada en la cama, parecía abstraída en el paisaje que le ofrecía la ventana de su cuarto, ni siquiera se molestó en saludar a su hija cuando se aproximó a ella. Bella que estaba acostumbrada a tal comportamiento, se concentró más en buscar algo que pudiera cubrir aquellos cristales. Aunque su mamá dijera lo contrario, ella sabía que el clima sólo la deprimía más.


-No lo hagas –dijo Renée con voz enronquecida, parecía no ser usada con frecuencia.


La joven, que estaba a poco de poner unas sábanas sobre la ventana, desistió de hacerlo.


-Sabes que es mejor así, de esa forma podemos apreciar más las calles, por si hay alguien rondando que pueda ser peligroso.


Esas palabras podrían sonar algo exageradas para otra persona, pero no para Bella, pues sabía perfectamente porque su madre se despertaba en las noches gritando de terror y porque lloraba cuando creía que nadie más la veía.


-¿Te he dicho cómo murió tu padre?


-No –musitó Bella observando a su madre.


Renée aferró sus manos a las sábanas debajo de ella, su expresión teñida en tristeza fue iluminada por un rayo que atravesó el cielo.


-Un vampiro le arrancó el corazón –logró decir ella, su voz parecía inestable, quebrada por un recuerdo doloroso.


Las piernas de Bella fallaron en su función de sostenerla, y la joven cayó al suelo, que desgastado se quejó con un ruido fuerte a causa del impacto. La verdad había salido de los labios de su madre, y ella más que nadie, sabía que era así.


-Es por eso –prosiguió Renée tras un sollozo-, que hemos sido bendecidas con las habilidades que tenemos. La mayoría de los humanos están cegados, y no son capaces de distinguir a los vampiros… claro que a ellos así les gusta más, prefieren mantener su existencia en secreto para así poder controlar todo a su alrededor. Tienes que cuidarte mucho Bella, nunca hables con ellos, evítalos si es posible, pero lo más importante… que nunca sospechen que tú conoces su verdadera naturaleza.


Bella, que había escuchado esas advertencias desde los tres años, se permitió ignorarlas por una vez y seguir pensando en su padre. Sabía que había muerto a manos de un vampiro, pero desconocía los horribles detalles.


-Desde luego lo de tu marido fue una tragedia hermana –una voz surgió del umbral y Bella pudo distinguir a su tía Megan en la oscuridad-, pero no puedes seguir llenando de temor a tu hija.


Si fuera la primera vez que Bella viera esa silueta, jamás le pasaría por la cabeza que esa mujer fuera su tía, las dos hermanas eran tan distintas la una de la otra, que parecían no tener alguna conexión genética. Renée era más alta y aún así la menor de las dos, mientras que Megan parecía guardar tras sus ojos oscuros una mirada calculadora en todo momento. Ambas poseían un maravilloso cabello castaño, ese era su único parecido, pero desde la cabeza hasta la punta de los pies diferían.


En cambio, Bella se parecía a su madre en la forma acorazonada del rostro, sus ojos eran de un profundo color café, como el chocolate líquido, y su cabello castaño se lucía con destellos rojos a la luz del sol. Su complexión era más bien delgada y poseía una estatura media, según su opinión, su fisionomía era demasiado común, nada que llamara la atención.


-¿Miedo? –Renée frunció el ceño-. Sólo quiero que mi hija sobreviva.


-El mundo ha cambiado mucho, ahora sólo logran vivir los que están del lado de los que tienen el poder.


Bella sabía que las palabras de su tía estaban llenas de verdad, así como sabía que había cometido un error al pronunciarlas delante de Renée.


-¡No dejaré que mi hija trabaje para vampiros! –gritó la mujer, su expresión llena de terror y odio se dirigía a Megan.


Pero la otra mujer no perdió la compostura, y siguió defendiendo su punto de vista.


-Muchos humanos lo hacen…


-¡Porque no saben lo que son en verdad! –exclamó Renée-. ¡Nosotras tenemos la posibilidad de alejarnos de ellos!


-¡Sólo escúchate Renée! –Megan había estallado-. ¡Es una locura lo que dices! Ellos están por todos lados, no podemos hacer lo que dices, sólo evitar problemas con ellos. ¡Se realista! Ninguna de las dos puede trabajar, y el sueldo que gana Bella en esa cafetería no nos alcanza, está casa está a punto de derrumbarse…


Como si quisiera apoyar el argumento de Megan, el techo hizo un ruido de protesta, la lluvia lo golpeaba con especial fuerza esa noche.


-¿Sabes cuánto le pagarían a Bella por usar su otra habilidad? –siguió la mujer sin inmutarse-. Los vampiros aprecian tanto el poder, y la verdad siempre es…


-¡Cállate! –Renée se levantó bruscamente, su respiración se había vuelto más rápida de lo normal.


La joven, que se había dado cuenta de esto, se puso de pie y se acercó a su madre.


-Mamá, deberías volver a la cama…


Pero ella no la escuchó.


-¡La usarán como a un objeto! ¡Para ellos no será nada más que un detector de mentiras humano!


Su hermana, que también se había percatado del estado en el que se encontraba Renée, decidió no replicar más.


-Creo que deberías descansar un poco –dijo suavemente.


Pero era demasiado tarde, Renée seguía respirando entrecortadamente y su mano se aferraba al lado izquierdo de su pecho.


Bella reaccionó rápidamente y sacó una jeringa nueva del botiquín que se encontraba en el armario, y un frasco de vidrio con un líquido transparente. Llenó la jeringa y se la inyectó a su madre en el brazo. Después de unos segundos la mujer volvió a la normalidad, y se dejó caer en la cama, demasiado agotada para decir algo más. Bella cubrió a su madre con una amplia y abrigadora cobija, y salió del cuarto seguida de su tía.


-Ven conmigo –susurró Megan tomando del brazo a la joven, la guió hasta su habitación-. Escúchame atentamente Bella, nosotras más que nadie estamos en peligro constante, si un vampiro sabe que lo podemos distinguir, eso sería nuestra sentencia de muerte.


La joven asintió nerviosamente, lo sabía muy bien.


-Pero, nos podríamos salvar si tenemos la protección de un vampiro…


Era verdad, sin embargo Bella la interrumpió.


-Eso sería como deberle un favor a un vampiro, y mi mamá dice que ese tipo de favores siempre se paga con…


-Sangre, si lo sé –completó Megan-. No puedo obligarte a nada, pero quiero recordarte que eres nuestra única salvación.


La mujer le besó la frente y Bella sin saber que más decir, salió de ahí. Esa noche de tormenta, Isabella Swan no pudo dormir…


Fue una mañana lúgubre lo que vio Bella ante sus ojos al día siguiente, su cabeza parecía querer salirse de su lugar, y tenía la horrible sensación de haber corrido un maratón. Se vistió deprisa, y bajo a hacer el desayuno para tres. Aunque el tiempo parecía consumirse tan aprisa que nunca podía despedirse de ellas.


Un cielo gris y un aire frío saludaron acompañaron a la joven hasta la cafetería, la que se encontraba relativamente cerca si se viajaba en carro, el único problema era que Bella carecía de uno. No era que le molestara caminar, era que las calles de la interminable ciudad, estaban infestadas de vampiros.


Podía distinguirlos con facilidad entre las multitudes que caminaban a su alrededor, era tan evidente que Bella siempre se preguntó cómo era que las demás personas no eran capaces de verlo. Los vampiros brillaban, literalmente, su piel y su cabello destellaban ligeramente, tanto en el día como en la noche.


Ellos se paseaban tranquilamente entre los humanos, fingiendo ser un mortal más, pero Bella que sabía que eran no podía evitar un ligero estremecimiento cada vez que un vampiro se cruzaba en su camino o le dirigía una mirada. Tal vez su comportamiento fuera demasiado extraño, porque, a veces tenía la sensación que los vampiros le prestaban más atención que a otros humanos.


Al doblar la esquina, el olor a café inundó los pulmones de la joven, y sonrió al saber que ya se encontraba a unos pasos de su destino.


-¡Bella! –la saludó una bonita morena, de voluminosa cabellera.


-Yadhira –le respondió al llegar al mostrador. Tomó uno de los delantales que estaban colgados en un pequeño espacio en la pared, y con cuidado se lo puso.


El transcurso del día fue aburrido, el clima parecía seguir en su estado de depresión y la clientela escaseaba. Los vampiros no frecuentaban ese lugar, parecían ignorar su existencia, aunque de vez en cuando…


Yadhira le dio un codazo a Bella, obligándola a girarse en la dirección que ella veía. Un vampiro de cabello rubio entró en el lugar, les ofreció una amplia sonrisa y se acercó a ellas.


-Un café negro –pidió.


Bella tragó sus nervios y se apresuró a preparar el café. Le dejó el envase sobre el mostrador, evitando cualquier contacto con el vampiro. Yadhira parecía demasiado abstraída contemplándolo, que durante unos segundos se olvidó que tenía que cobrarle.


Los vampiros eran perfectos, y como si fuera poco, ejercían una extraña atracción sobre los humanos.


-Esta noche habrá una fiesta y me encantaría verlas por ahí –comentó el extraño.


-¡Claro! –exclamó Yadhira encantada.


El vampiro escribió en un trozo de papel una dirección, y se la acercó a Bella, quien deliberadamente lo ignoró. El la observó extrañado, y después optó por tendérsela a la morena que parecía mucho más dispuesta.


Se despidió educadamente de las dos, repitiendo lo contento que estaría por verlas en la fiesta, y salió de la cafetería.


-No podemos ir –dijo Bella.


-¿Por qué no? –la morena cuestionó-. Es una gran oportunidad para divertirnos, nos lo merecemos.


-¡Es peligroso!


-De acuerdo, cualquier fiesta es peligrosa si tomas demasiado, pero te prometo que no beberé ni gota de alcohol.


-¡No estoy bromeado Yadhira! –Bella observó a su amiga directamente a los ojos, y aunque odiaba usar su habilidad en sus amigos le preguntó:- ¿Irás a esa fiesta?


La verdad salió de la boca de la morena, como una cascada de palabras entrelazadas.


-Sí, tengo muchas ganas de ir, y nadie me lo va a impedir ni siquiera tú –Yadhira hizo una mueca, cuando sus labios volvieron a juntarse-. ¡A veces no comprendo Bella, pero parece como si no fuera capaz de mentirte!


La joven hizo una mueca, pensando en cuanta razón tenía su amiga sin saberlo. Ella era capaz de detectar una mentira si la escuchaba, así cómo podía mediante el contacto visual y una pregunta directa sacar cualquier verdad de los labios de una persona.


Ahora tenía la certeza de que Yadhira asistiría a la fiesta, no importara lo que ella pudiera decirle para convencerla de lo contrario.


-Iré contigo –dijo.


La morena se alegró.


-¡Qué bien! –exclamó.


Bella sabía que era la única forma de proteger a su amiga, pues ella desconocía a los peligros a los que se enfrentaría en ese lugar, que probablemente estaría inundado de vampiros esperando clavar sus colmillos en algún cuello inocente.


-Ya verás que nos divertiremos mucho.


De eso, Bella no estaba tan segura.

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Capitulo 2. La fiesta y el ofrecimiento


Esa tarde, cuando regresó a la vieja casa para ver a su madre y a su tía, Bella se sintió particularmente nerviosa. Había convencido a su amiga que fuera por ella, y entre las dos, engañarían a su madre, haciéndole creer que tan sólo pasarían la noche en casa de Yadhira, ya que esta era la única manera en que Renée accediera en dejar salir a su hija.


-No van a salir a ningún lado ¿verdad? –preguntó su madre, se notaba inquieta.


Bella negó con la cabeza, se alegró profundamente de que Renée no tuviera la misma habilidad que ella, así a pesar de que le disgustara, podía mentirle fácilmente.


-Sólo queremos ver unas películas –dijo, haciendo un gran esfuerzo por imprimirle a su voz toda la tranquilidad posible.


-Vamos hermana, Bella casi no sale, creo que le vendría bien algo de diversión –apoyó Megan a su sobrina.


-De acuerdo –musitó la mujer, parecía bastante agotada. Lentamente se deslizó en la cama, y tras una exhalación y se cubrió lentamente con las sábanas. Bella supuso, sin equivocarse, que el cansancio de su madre había llegado a tal grado, que le era muy difícil moverse.


-Mamá… ¿Estás bien? –preguntó la joven sin mirarla a los ojos.


Cada vez que Bella le hacía una pregunta a Megan o a su madre, evitaba mirarlas a los ojos, para que tuvieran la libertad de decirle la verdad o no. Su habilidad tenía ciertos límites, sólo cuando hacía contacto visual y hacía una pregunta concreta podía descubrir la verdad. Era una ventaja para ella, ya que creía firmemente en dejar que las personas escogieran que decir, no le gustaba siquiera tener que usarlo con sus amigos.


-Sí –contestó la mujer.


Bella supo inmediatamente que aquello era una mentira, pero no insistió. La tranquilizaba verla respirar normalmente, ya que cuando se encontraba muy mal se agitaba demasiado.


-¿Cuándo va a llegar tu amiga? –preguntó Renée. Bella no supo, si esa pregunta era para desviar su atención de la mentira, o si en verdad su madre quería saberlo.


-Dentro de una hora, más o menos –contestó la joven.


-Creo que debemos dejar descansar a tu madre un rato, Bella –intervino su tía-, ya que probablemente quiera saludar a tu amiga al rato.


La joven, cuyos ojos color chocolate seguían pendientes de cada movimiento de su madre, asintió ligeramente con la cabeza, y dio media vuelta hacia el corredor.


El interior de la casa, daba un aspecto muy distinto a las anaranjadas luces del atardecer. Los muebles y objetos que se encontraban eran, probablemente, de algunos años atrás. Pero todo se conservaba en perfecto estado, y al entrar daba la impresión de no sólo haber abandonado el exterior sino otra época. Y la iluminación proveniente de las ventanas le daba un aspecto muy acogedor, todo lo contrario a lo que ocurría en la noche.


-Tía


-¿Qué ocurre? –preguntó amablemente la mujer.


Estaban en la sala, sentadas una frente a la otra, y Bella se debatía entre decir la verdad o no. Megan siempre había sido mucho más relajada que su madre, pero pensándolo mejor, lo que iba a hacer era extremadamente peligroso, y al decirlo sólo conseguiría alterarla.


-¿Bella? –Megan arqueó las cejas al ver la incertidumbre reflejada en su sobrina.


La joven se arrepintió, y decidió hacer una pregunta, que la había inquietado desde hace días.


-¿Dónde están los que son como nosotros? –preguntó desviando la mirada-. Los que pueden verlos…


-En cualquier lugar, supongo –contestó Megan-. Los humanos, que tenemos la habilidad de distinguir entre mortales e inmortales, somos pocos, y debido a que los vampiros nos asesinan, nos hacemos pasar por cualquier persona que ignora su existencia. A veces, actuamos tan bien, que ni entre nosotros logramos reconocernos.


-Eso es muy solitario –comentó Bella.


Su tía asintió, dándole a entender que estaba de acuerdo.


-Aún así, eso es más seguro, si nos reuniéramos llamaríamos mucho la atención –continuó. Al notar la expresión seria y triste de su sobrina añadió:- Pero nunca pierdas la esperanza Bella, puedes encontrarte con alguno, tal vez, dentro de poco las cosas cambien.


Bella observó a su tía, que en esos momentos le dirigía una sonrisa llena de esperanza, y abrió la boca para añadir algo más, pero en ese instante se escuchó un ruido en la puerta.


Yadhira estaba al pie del umbral, con una expresión de brillante alegría en el rostro.


-¡Hola Bella! ¿Lista para…? –se interrumpió abruptamente cuando su mirada se fijó en Megan-. Benas tardes –añadio apresuradamente dirigiéndose a ella.


Bella dejó entrar a Yadhira, y la morena entró apresuradamente en la sala.


-Yadhira, me alegra mucho que hayas venido –se escuchó una dulce voz desde las escaleras.


Renée bajó hasta donde se encontraban todas, ofrecía una cálida y tranquila sonrisa a la invitada. Bella observó a su madre atentamente, se veía cansada, pero se esforzaba tanto en aparentar estar en perfectas condiciones que seguramente Yadhira no lograría ver tras esa fachada.


-Espero que se diviertan mucho –continuó la mujer, sin abandonar su semblante alegre.


-¡Claro! –dijo Yadhira con entusiasmo, parecía sinceramente emocionada, claro que era por algo completamente distinto a lo que creía Renée.


Bella y su amiga se despidieron de las dos mujeres, y se fuero apresuradamente de la casa.


-¡Sera increíble! –exclamó la morena, tras haber dejado la vieja casa varios kilómetros atrás-. ¿Te imaginas cuantos chicos guapos habrá en esa fiesta? No puedo esperar a llegar…


Yadhira, quien iba tras el volante, le dirigía sonrisas alegres a su amiga de cuando en cuando, mientras le repetía lo ansiosa que se sentía por estar en el lugar. Bella intentaba corresponder a tal entusiasmo, pero le era muy difícil cuando lo único que pensaba era en la mejor manera de sobrevivir a aquella noche.


-¡Llegamos! –exclamó Yadhira, después de aparcar el coche.


El lugar, era más grande de lo que Bella se había imaginado, estaba completamente cubierto, a excepción de unas enormes puertas, por las que se colaba la bailarina y multicolor luz del interior. Parecía un elegante centro nocturno, la gente se juntaba alrededor, con la esperanza de poder pasar. La joven observó con más atención, y se dio cuenta, tras un escalofrío, que las puertas eran custodiadas por vampiros.


La morena jaló del brazo a Bella, y la condujo entre la multitud, hasta poder llegar a donde se encontraban los dos vampiros.


-Es una fiesta privada –escuchó que uno de ellos le decía a una mujer rubia-. No puede pasar.


Bella esperó fervientemente, que a ellas también les negaran la entrada. Yadhira y ella se acercaron hasta uno de los vampiros, y la morena le dijo que habían sido invitadas, pero éste negó con la cabeza.


-¡No puede ser! –exclamó Yadhira con tristeza. Había intentado varias veces convencer a los guardias de la entrada, sin éxito alguno.


-Después podrás ir a otra fiesta –le dijo Bella, tratando de ocultar su evidente alegría.


En ese momento, las puertas se abrieron, y de ellas salió un vampiro de cabello rubio, que para desgracia de Bella era el mismo de la cafetería y las reconoció inmediatamente. El vampiro les dio unas instrucciones a los otros dos, y en unos momentos Bella y su amiga lograron entrar.


Se encontraron en un oscuro pasillo, cuyas paredes se curvaban hasta formar una especie de arco con el techo, dándole una apariencia de túnel al camino. Al final de éste, las luces brillaban con mayor intensidad, y la música estaba tan alta que todo parecía temblar a su ritmo.


-Me llamo Anker –se presentó el vampiro.


-Yadhira –respondió la morena.


Bella apretó los labios, y le dirigió una expresión de fastidio al inmortal. Éste la vio extrañado, cómo sino pudiera explicarse el porqué de su comportamiento.


-Y ella es Bella –dijo Yadhira, dándole un codazo fuerte a su amiga.


El vampiro asintió y se dio la vuelta, recorriendo el pasillo hasta llegar a la mitad, Bella y Yadhira lo seguían de cerca. Anker se había detenido ante una especie de puerta, mucho más angosta que las de la entrada.


-Pero… ¿No vamos a ir a la fiesta? –preguntó la morena extrañada, señalando las luces que se veían un poco más adelante.


Anker sonrió.


-Sí –contestó tranquilamente, abriendo la puerta-. Por aquí es la verdadera fiesta.


Bella, nerviosa, aferró el brazo de su amiga. No se pensaba separar ni un momento de ella, tenía que cuidarla.


Subieron por una escalera, que al final los condujo hasta un amplio salón, iluminado por luces en tonos azules, que parpadeaban constantemente al ritmo de una estridente música.


Anker le ofreció bailar a Bella, pero la joven contestó fulminándolo con la mirada. En vista del rechazo el vampiro se dirigió a la morena, quien accedió encantada.


La joven observó a su alrededor, comprobando su peor miedo: el lugar estaba lleno de vampiros. Apretó los puños, y volvió a dirigir su mirada a Yadhira, su amiga parecía completamente alegre en los brazos del vampiro. Bella no podía apartar la vista de ellos, estaba atenta a cualquier señal de peligro en el que se pudiera encontrar su amiga.


-¿Quieres bailar?


Estaba tan distraída que un vampiro se había acercado a ella, lo suficiente para tomar su mano y besar la parte interna de su muñeca. Bella se estremeció y se apartó de él. Su cabello era de un color marrón oscuro, y sus ojos verdes cómo dos esmeraldas.


-No –respondió ella.


El pareció confundido y bastante molesto por la negativa, y volvió a capturar la muñeca de la joven. Bella intentó zafarse, pero esta vez, el agarre era mucho más fuerte.


-Ella es mi invitada, suéltala –dijo Anker, traía de la mano a Yadhira.


-Tú ya tienes compañía –replicó el otro vampiro.


-De cualquier forma, ella no es para ti –dijo rotundamente.


El vampiro dio un fuerte resoplido y liberó a Bella, se alejó bastante molesto de ellos.


-¡Anker!


Una vampiresa lo saludó, llevaba un vestido largo, tanto que le arrastraba en el suelo, y cuyo escote no dejaba mucho a la imaginación.


-¿Qué ocurre, Clío? –preguntó él.


-¿Puedo hablar contigo un momento? –pidió tomándolo ligeramente del brazo. Su larga cabellera de rojo brillante, caía con suavidad por su espalda.


Anker asintió, y a su vez, soltó a Yadhira. La morena se vio un poco molesta por este hecho, pero no protestó, en cambio, se dedicó a observar con fascinación a su alrededor.


Los vampiros no se alejaron mucho, y Bella tuvo que concentrarse muchísimo para escuchar algo de su conversación, que era ahogada por la música.


-¿Qué le hiciste a Evander? –preguntó la pelirroja-. Lo vi muy enojado.


-Quería a una de las humanas –contestó Anker.


La música cambió bruscamente, y Bella no pudo escuchar lo que dijo la vampiresa pelirroja, pero parecía irritada.


-...definitivamente no entiendo. ¿Pues qué no te basta con una? –cuestionó.


-No es eso Clío, sólo que ya está apartada, quiero entregársela a…


-¡No puede ser! –exclamó frunciendo el ceño-. ¿Tú también? ¡Que nadie puede entender que él no quiere ninguno de sus regalos absurdos! ¿No has visto cómo ha rechazado a las otras humanas?


-Ella puede ser la excepción a la regla –replicó Anker-. Además tenemos que agradarles a los vampiros poderosos, ya te lo he dicho.


Clío gruñó.


-Lo sé –dijo-. Pero ¿Por qué tiene que ser de esa forma? ¿No puedes idear otra cosa para agradarle?


En los ojos de Anker brilló la comprensión, y una sonrisa burlona apareció en su rostro.


-Mi linda hermanita ¿Estás celosa verdad?


La vampiresa pelirroja frunció el ceño.


-¡No!


Bella pudo distinguir claramente, que en su voz resonaba una clara mentira, pero no le dio importancia.


-Lo estás –aseguró Anker-. Pero no entiendo cuál es tú preocupación, ella es una simple humana, y a él no le importa nada ni nadie, más que su familia. Ni siquiera ha escogido compañera entre tantas vampiresas que han mostrado su interés en él.


Clío agachó la mirada.


-A mí también me rechazó –dijo.


-Pronto se dará cuenta de su error –le aseguró su hermano-. Sólo tienes que mantenerte cerca de él, y para eso necesito que me dejes ofrecerle a la humana.


La vampiresa asintió, resignada.


-¿Ya llegó? –preguntó, levantó la cabeza, cómo si lo estuviera buscando entre la multitud.


-No –contestó Anker-. Pero no creo que tarde.


Bella decidió que era suficiente, tenía que salir antes de que llegara ese vampiro, porque si era más poderoso que ellos, definitivamente ni ella ni su amiga tendrían escapatoria.


Bruscamente, tomó a Yadhira del brazo, y comenzó a arrastrarla entre la multitud, ignoró todas las protestas y quejas de ella.


-¿Por qué? –cuestionó la morena-. ¡Nos estamos divirtiendo mucho!


Bella se giró hacia ella.


-Escúchame por favor –le pidió de manera suplicante.


Yadhira al ver la gran preocupación en los ojos de su amiga, se quedó callada.


-Tienes que confiar en mí cuando te digo que ellos no son de confianza –siguió Bella-, sólo esperan el mejor momento para hacernos daño, por favor, te lo digo en serio, necesitamos salir de aquí lo más rápido posible.


-Pero Anker, se ha portado tan bien conmigo –musitó Yadhira.


-No te dejes engañar por una cara linda –dijo Bella.


-¿Qué es lo que te hace pensar que ellos son malos? –preguntó tercamente su amiga.


La joven abrió la boca, pero la cerró inmediatamente, no podía decirle que Anker en realidad era un vampiro y que en lo único que estaba interesado era en el bonito cuello de Yadhira.


-El que no te estés divirtiendo, no te da derecho a arruinarme la noche a mí también –dijo la chica con frialdad-. Puedes irte, pero yo me quedaré.


Bella quiso gritar de frustración, no podía salir sin ella, no la iba abandonar a su suerte. Se concentró, tenía que hallar la mejor forma de sacarla de ahí. Lo primero, era buscar una salida. Caminó entre la multitud, hasta que llegó hasta la puerta por donde había entrado, se alegró enormemente de tener una buena memoria. Iba a regresar hasta donde se encontraba Yadhira, pero un presentimiento le dijo que mejor era comprobar la puerta. Pero cuando intentó girar la perilla, no pudo, estaba firmemente cerrada. Casi al borde de la desesperación, golpeó la madera con el puño.


-¿Qué haces aquí?


Se estremeció al escuchar la voz de Anker detrás de ella, se dio la vuelta lentamente.


-Bella está aburrida –contestó su amiga por ella-. Se quiere ir.


Anker frunció el ceño, pero inmediatamente cambió su expresión por una sonrisa.


-¿Qué no sabes? –cuestionó divertido-. El que entra aquí, ya no puede salir.


Yadhira se rió, pensando que era una broma, y el vampiro lo hizo también, con la intención de engañarlas.


Bella se quedó donde estaba, completamente seria, le dirigió una mirada desafiante al vampiro, y éste la captó. Estaba segura que Anker no sabía que ella podía distinguir su verdadera naturaleza, pero ya debería sospechar que Bella no confiaba en él.


-De acuerdo, si quieres irte, puedes hacerlo –dijo, tomó a Yadhira del brazo significativamente para que Bella lo notara. Por supuesto que no podía irse, él vampiro sabía perfectamente que ella no se movería de ahí sin su amiga.


-No –dijo Bella entre dientes-. Me quedo.


Anker sonrió triunfante, y la agarró del brazo, con tanta fuerza, que Bella pensó que se lo iba a romper.


-Vamos te presentaré a un amigo –dijo el vampiro.


Llegaron hasta donde se encontraba Clío, la morena frunció el ceño al verla, claramente disgustada por su presencia.


-¿Ya llegó hermana? –preguntó Anker.


La pelirroja negó con la cabeza, provocando que su cabello se sacudiera de un lado a otro.


Yadhira se relajó inmediatamente al escuchar que Anker se dirigía de esa forma a la chica, y a partir de ese momento, se mostró más amable con ella.


Bella intentaba pensar… pero el murmullo inquieto que surgió de pronto se lo impidió. Clío sonrió ampliamente y sus ojos se posaron en un punto, que parecía moverse, porque el rostro de la vampiresa iba girando lentamente. Anker la apretó más fuerte aún, y Bella tuvo que reprimir un gemido. Aunque quería concentrarse, no pudo evitar echar una mirada en la misma dirección que los otros.


El vampiro que acababa de llegar iba cubierto de negro completamente, lo que lo hacía verse más peligroso aún, su cabello era cobrizo y alborotado, sus ojos eran de un dorado intenso, pero devolvían una mirada completamente indiferente a todo el que se le acercaba. Bella tuvo que admitir que era muy guapo, pero ella no se dejaba engañar por las apariencias. Sabía que ese vampiro era, quizás, el más poderoso en ese lugar, y por lo tanto debía evitarlo a toda costa.


-Iré a saludar a Edward –murmuró la vampiresa de cabello rojo.


Anker hizo un gesto con la cabeza.


-Iremos todos –dijo.


Clío no pareció muy conforme, pero aceptó la decisión de su hermano.


Bella comenzó a tirar de su propio brazo, intentando desesperadamente soltarse. Yadhira notó el comportamiento de su amiga, y que el vampiro se negaba a liberarla.


-¡Basta! –exclamó-. ¡Suéltala!


-¡Cállate! –Anker gruñó.


Yadhira se quedó sorprendida por la forma en que la había tratado, pero rápidamente se recuperó y comenzó a golpearlo en el pecho.


-¡Suéltala! –repitió.


Bella sabía, que la música cubría su discusión, pero si seguían así, los demás no tardarían en darse cuenta, así que hizo lo primero que le vino a la mente.


-¿Cuál es la forma más rápida de salir de aquí? –preguntó mirando al vampiro directamente a los ojos.


-Hay una puerta, que conduce hacia una escalera externa al edificio –su mirada se posó en la puerta, que se encontraba muy cerca de ellos-, al bajar por ellas llegas directamente a la calle, justo en el aparcamiento.


-¿Por qué se lo dijiste? –cuestionó Clío molesta.


Anker estaba tan asombrado, que no se dio cuenta que acaba de soltar a Bella, pero ella, que estaba esperando eso, no desaprovechó y tiró a su amiga de la blusa, y echaron a correr.


Los vampiros estaban tan atentos a la música y a la llegada de Edward, que ni siquiera les importó que dos humanas tropezaran con ellos al pasar.


Bella llegó a la puerta, y por fortuna, esta si estaba abierta. Las dos jóvenes bajaron lo más rápido que les permitían sus piernas, y lograron llegar hasta el auto de Yadhira.


La noche consumía el paisaje, no se podía ver mucho en tal oscuridad, y las calles parecían deshabitadas, el sonido del viento era el único consuelo a la soledad.


-Lo logramos –suspiró la morena aliviada.


Pero Bella no estaba tranquila, apuró a su amiga, para que abriera la puerta y pusiera en marcha el coche.


-No entiendo…


-¡Acelera! –gritó Bella.


El motor rugió, cuando Yadhira pisó el pedal hasta el fondo, y el vehículo se abrió paso en la calle. No tenían obstáculos en su camino, no había rastro de vida afuera, el camino estaba vacío.


-¿Qué fue todo eso, Bella? –le preguntó su amiga-. Aún no lo entiendo muy bien.


Pero antes de que la joven, pudiera siquiera pensar en una respuesta, algo saltó en frente de ella, bloqueando el camino. Una figura de un hombre captó la atención de las dos chicas.


Las llantas del vehículo produjeron un chirrido de protesta, al verse obligadas a detenerse tan inesperadamente. El frente del auto quedó a sólo unos centímetros del cuerpo del hombre, quien seguía de pie, sin moverse.


-¡Estúpido! –exclamó Yadhira asomando la cara por la ventanilla-. ¡Pude haberte matado!


Pero Bella sabía que su amiga estaba en un error, porque aquel era un vampiro, y un golpe con un auto, no le haría ni un rasguño.


-Quédate adentro –le indicó Bella a su amiga. Salió rápidamente, y se enfrentó al vampiro, que reconoció como Anker.


-Escucha podemos…


Bella se interrumpió cuando descubrió que el vampiro rubio no estaba solo. Era el otro vampiro, Evander, el que había querido bailar con ella.


-¡Llamaré a la policía! –amenazó Yadhira abriendo la portezuela.


-¡No salgas! –le gritó Bella.


Era demasiado tarde, su amiga ya se dirigía hacia ellos con actitud desafiante, en su mano derecha traía su celular, y marcaba rápidamente unos números.


-Se los advierto…


Los dos vampiros se rieron.


-¡Regresa al auto! –rogó Bella-. ¡La policía no nos servirá de nada!


Evander se adelantó, le arrancó el celular a Yadhira y lo tiró al suelo, le sonrió burlonamente. Ella quiso retroceder, pero él la tomó del brazo y la tiró con fuerza al suelo.


La joven no se volvió a levantar.


-¡No! –gritó Bella.


-Me has causado muchos problemas –dijo Anker-, pero eso se terminó.


La atención de la joven estaba sobre el vampiro que se le acercaba amenazadoramente, pero pudo ver de reojo a Evander inclinándose lentamente hacia su amiga…


-¡Aléjate de ella maldito vampiro! –gritó con todas sus fuerzas, corrió hacia ellos, y la cubrió con su propio cuerpo a manera de escudo.


-Eres una de ellos –dijo Anker acercándose.


Los dos vampiros la miraban atentamente.


-Tenemos que matarla –dijo Evander.


Anker asintió.


-Sí, es peligroso que sepa que somos, aunque de cualquier forma iba a morir.


Bella se estremeció, pero se negó a apartarse de Yadhira.


-Ella no sabe nada –musitó-, déjenla marcharse.


Evander se rió.


-No creo que pueda hacer mucho así como esta –dijo-. Y tú sangre no será suficiente para los dos…


La joven cerró los ojos y abrazó el cuerpo inconsciente de su amiga con fuerza, esperando que su muerte no fuera tan dolorosa…


Escuchó el sonido de un golpe, y sintió una tercera presencia, algo había caído delante de ellas.


-Regresen a la fiesta –se escuchó otra voz, una que Bella no había escuchado nunca.


Se atrevió a abrir los ojos.


Edward estaba delante de ella, enfrentando a los otros dos vampiros, que parecían bastante cautelosos ante su presencia.


-Pero ella sabe lo que somos –replicó Anker-. Hay que matarla… Yo la había traído para…


-Yo me encargo de ellas –dijo firmemente Edward.


-Podemos evitarte la molestia…


Edward rugió y les mostró los colmillos. Los dos vampiros, prácticamente se esfumaron del lugar.


El vampiro se giró hacia ellas, y Bella por instinto, cubrió más a su amiga.


-Por favor, no la mates a ella –le rogó-, a ella no.


Los ojos dorados de Edward la observaron un largo momento, en el que Bella sufrió la agonía de la incertidumbre.


-No les haré daño –dijo el vampiro.


Bella hubiera desconfiado de sus palabras, sino tuviera la asombrosa habilidad de detectar una mentira cuando la escuchaba, y en este caso no se trataba de una.


Edward extendió una mano hacia ella, pero la joven sólo se encogió más.


-No me toques –musitó.


El vampiro se alejó unos pasos, con la expresión inescrutable.


Bella se levantó y se pasó el brazo de su amiga por los hombros, y con cierta dificultad, la llevó hasta el asiento del copiloto de su auto. Le examinó la cabeza, en busca de alguna herida, pero solo encontró una hinchazón en el lado izquierdo, no parecía un golpe serio.


Yadhira comenzó a moverse, y al poco rato abrió los ojos.


-¿Qué pasó? –preguntó.


Bella se sintió más aliviada al escucharla hablar.


-Ellos nos querían… hacer daño, al parecer estaban ebrios –inventó la joven-. Pero llegó… él y nos salvó.


Observó a Edward retándolo a que contradijera su versión.


-Sí, así fue –dijo el vampiro, las comisuras de sus labios parecían ligeramente inclinadas hacia arriba.


-Ah –musitó Yadhira, algo mareada-. Yo te reconozco, te vi en la fiesta –dijo.


El vampiro asintió una vez más.


-Gracias –dijo ella.


-En un momento nos vamos –le aseguró Bella-, sólo espérame un rato.


Con cuidado cerró la portezuela, y se giró hacia el vampiro.


-¿Qué es lo que quieres? –le preguntó.


-Ofrecerte un trato –contestó inmediatamente algo sorprendido, luego su expresión cambió y añadió:- Interesante habilidad la que posees. Hazme otra pregunta.


-¿Qué?


-Otra pregunta –repitió.


-¿Qué clase de trato? –cuestionó sin perder de vista sus ojos.


-Te ofrezco protección para toda tu familia, a cambio de que hagas lo que sea que te pida para toda tu vida –respondió.


Bella se estremeció, ahí estaba, su oportunidad de mantener a su madre y a su tía con vida, pero a cambio de entregarse a sí misma a un vampiro.


-Puedes rechazarlo –dijo Edward-, pero vas a necesitar esa protección tarde o temprano.


-Se que te debo un favor –musitó Bella-, por salvarnos la vida a mi amiga y a mí…


-No quiero nada a cambio de eso –la interrumpió el vampiro.


Bella lo miró con incredulidad, a pesar de saber que lo que decía era verdad.


-Sólo piensa en lo que te ofrecí –continuó Edward.


-Lo rechazo –dijo Bella. Su madre jamás aceptaría algo así, o dejaría que ella lo hiciera.


-Cuando lo decidas –dijo ignorando las últimas palabras de la joven. Edward le tendió un trozo de papel con un número escrito-. Me llamas.


Antes de que ella pudiera decir algo, el vampiro se fue.


Bella regresó al vehículo y descubrió que Yadhira se había quedado dormida, buscó entre su bolsa hasta hallar las llaves, y encendió el auto.


Al llegar a la casa de su amiga, tuvo que despertarla, porque dudaba poder subirla por las escaleras hasta su cuarto.


Los padres de Yadhira estaban de viaje, así que no tuvieron problemas con eso.


Subieron hasta su habitación, donde la morena se dejó caer pesadamente en la cama, se quejó de dolor de cabeza y Bella bajó rápidamente por una bolsa con hielo.


-Ah, sabía que era un idiota en cuanto lo vi –se quejó por enésima vez la chica-. Todos los hombres son iguales…


Y siguió hablando sobre lo mucho que odiaba a los hombres borrachos, lo mucho que le desagradó la fiesta, y algunas críticas hacia el vestido de Clío… pero Bella quien estaba tendida a su lado ya no escuchaba, su mente daba vueltas, pensando en el trato que le había ofrecido el vampiro…


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Capítulo 3. Desesperada


El cielo, sin dar espacio al sol, amaneció cubierto de nubes. Bella se levantó temprano, aunque en toda la noche no había podido descansar, su mente no paraba de cuestionarse que era lo mejor que podía hacer. Caminó hacia la ventana, y observó detenidamente el paisaje, las calles devolvían una vista solitaria, y eso sólo la puso más nerviosa.


Las palabras del vampiro taladraban en su mente constantemente. Le desagradaba la idea de convertirse en una marioneta de un vampiro, al que él pudiera utilizar y desechar a su gusto, pero tenía muy claro que lo que le ofrecía bien valía la pena.


-¡Ah, veo que ya estás despierta! –exclamó alegremente Yadhira.


Bella se dio la vuelta, y vio a su amiga entrar en la habitación, cada punta de su cabello apuntaba a direcciones diferentes y parecía mucho más esponjado que antes. La morena cubrió su boca con la mano para silenciar su bostezo.


-¿Quieres desayunar? –le preguntó la morena.


Bella, a pesar que no tenía ganas de comer nada, asintió levemente. Vio como su amiga se giraba, y corría escaleras abajo.


Momentos después, mientras se arreglaba, escuchó el sonido de las cazuelas moverse, y después algo que caía al suelo, seguido de un olor fuerte… algo parecía estarse quemando. Bajó rápidamente, para averiguar la causa de tanto escándalo. Entró a la cocina y encontró a Yadhira, con un delantal azul, muy mal puesto, una olla en las manos, y un mar de cubiertos y platos (algunos rotos) a sus pies. Bella asomó su cabeza y alcanzó a ver lo que estaba dentro de la cazuela, aunque no le encontró forma, se veía como una especie de pasta negruzca que humeaba constantemente.


-Al parecer –dijo la morena, tirando el contenido de la olla a la basura- sólo se cocinar cereal con leche. ¿Quieres un poco?


Bella dejó escapar una risa, asintió, y se puso a ayudar a su amiga a dejar la cocina limpia.


Después del elaborado desayuno, la joven decidió hablarle a su madre para asegurarse que todo estuviera bien, y avisarle que no podría ir a la casa, pues el reloj le decía que ya casi tenía que irse a la cafetería.


Reneé se tranquilizó al escuchar su voz, y le aseguró que tanto ella como su hermana habían tenido una noche pacífica.


-Yo me dormí muy temprano –le dijo-, pero Megan se quedó despierta viendo la televisión. Pero eso no es importante, cuéntame ¿Cómo te fue a ti? ¿Se divirtieron?


-Sí –mintió Bella, recordando cómo dos vampiros estuvieron a punto de asesinar a su amiga y a ella misma, por supuesto, nadie en su sano juicio encontraría eso divertido. Así que le inventó una bonita historia a su madre, una en la que Yadhira rentaba unas cuantas películas, platicaban un rato y se dormían plácidamente.


Reneé parecía contenta, cuando la joven colgó el teléfono y se alegró en no haber contado la verdad. Después ella y Yadhira salieron de la casa.


Las calles seguían mostrando su cara solitaria, mientras las dos chicas caminaban apresuradamente rumbo a la cafetería. Yadhira comenzó a platicar sobre algo, a lo que Bella no prestaba mucha atención, y es que su mente insistía en volver a pensar en Edward y en la decisión que tenía que tomar.


Pero, poco antes de que el aroma a cafeína inundara sus pulmones, se detuvo, pues una sensación de escalofrío la había recorrido de pies a cabeza.


-… así que no pude comprar esa blusa, la encargada me había dicho que sólo había en color… -Yadhira se interrumpió, ya que había girado la cabeza y no había encontrado a su amiga caminando a su lado. Se giró y añadió:- ¿Qué es lo que ocurre, Bella?


La joven no contestó inmediatamente, sino que mantuvo su vista fija, en algún punto sobre su espalda, luego lentamente se volvió hacia su amiga.


-No es nada –le dijo-, sólo que creí ver a alguien conocido.


Pero no era la verdad, lo cierto era que Bella se había detenido debido a que la había asaltado la horrible sensación de que alguien las seguía, sólo esperaba que fuera un juego de su imaginación.


El tiempo en la cafetería pasó rápidamente, y cuando menos lo pensó, Bella ya se encontraba de camino a su casa. En todas las horas del atardecer el sol no se había dignado en asomar su ardiente corona, la ciudad parecía sumergida en una grisácea tristeza.


Tras sentir otro escalofrío, una sensación muy parecida a la que la había embargado en la mañana, aceleré el paso, mirando sobre su hombro de vez en cuando. Al comprobar que nadie la seguía, se relajó un poco, pero no disminuyó su paso. Sólo cuando vio la puerta de su casa, volvió a tranquilizarse.


Pero esa sensación no duró mucho.


La puerta cedió fácilmente después de introducir la llave, y al abrirse, la madera produjo una especie de crujido. Bella que ya estaba acostumbrada a esto, cerró la puerta tras ella y se dirigió a la sala. Megan se encontraba sentada sobre un sillón, con la cara cubierta por sus blancas manos, las cuales temblaban levemente. Bella dio otro paso y Megan levantó la vista, sus manos cayeron en su regazo, y la mujer le ofreció una sonrisa muy poco convincente.


-Bella, que bueno que ya llegaste –dijo la mujer, un tanto nerviosa.


La joven se sentó a su lado, y como presentía que si le daba opción le mentiría, la miró directamente a los ojos antes de cuestionarla.


-¿Qué es lo que pasa?


Megan, quien conocía perfectamente la habilidad de su sobrina, no tuvo el tiempo suficiente para desviar la mirada, sus labios se abrieron y sólo la verdad escapó de ellos.


-Creo que alguien nos espía –soltó-, ayer en la noche escuché ruidos afuera de la casa, y me pareció ver algo… afuera.


-Pero mi madre me dijo que todo estaba bien –replicó Bella, algo desconcertada.


Megan negó con la cabeza.


-No le dije a Reneé, ya sabes cómo reaccionaría, me preocupa su salud, ya no puede soportar tantas angustias –respondió la mujer-. Además ella pensaría que lo mejor sería mudarnos, de nuevo… pero sabes tanto como yo que eso ya no es posible, esta casa es lo único que nos queda. ¿A dónde iríamos?


-Probablemente sólo fue el viento –dijo Bella intentando tranquilizar a Megan.


La mujer asintió, aferrándose a cualquier esperanza.


-Eso espero, porque si los vampiros ya saben que somos capaces de distinguirlos no tardarán en venir por nosotras –la voz de la mujer se volvió desesperada-. Si eso sucediera… ya no tendríamos salida. ¡Estamos atrapadas aquí!


Megan se volvió a cubrir la cara, y comenzó a sollozar silenciosamente. Bella la observó intentando consolarla, pero ni ella misma se sentía calmada. De pronto, una llameante sensación de culpabilidad quemó su pecho. ¿Y si ella había provocado todo? Tres vampiros ya habían descubierto su verdadera naturaleza. ¿Y si alguno de ellos la había seguido?


Sin poder soportarlo más, le dio las buenas noches a Megan y después subió al cuarto de su madre a ver cómo se encontraba. Afortunadamente estaba dormida, y no tuvo que entrar a fingir tranquilidad.


Llegó hasta su habitación y cerró la puerta, lentamente se dejó caer en la cama, esperando que el cansancio la consumiera y que en la mañana todo fuera el recuerdo de una horrible pesadilla.


El día siguiente estuvo tan atareado en la cafetería, que por un breve y feliz momento, Bella se olvidó de sus preocupaciones internas. El lugar, normalmente tranquilo, se había llenado de un murmullo constante, a causa de todas las personas que se encontraban ahí.


Ni ella ni Yadhira tenían un solo momento para sentarse, caminaban de un lado a otro con las bandejas llenas de café, pastel o algún otro postre.


-¡Nunca habíamos tenido tantos clientes! –exclamó la morena, debatiéndose entre la desesperación y la emoción.


Bella asintió con la cabeza, pues no tenía tiempo para una respuesta más larga, llevaba en las manos una bandeja con dos capuchinos y un moka, e intentaba llevarlos rápido a la mesa sin derramar ni una gota en su uniforme.


-¡Por fin! –exclamó una de las chicas que estaban sentadas en la mesa-. ¡Creí que nunca llegarían!


Las otras dos, mostraron su aprobación a las palabras de su amiga, lanzando resoplidos de exasperación, las tres fulminaron con la mirada a Bella.


-Lo siento –se disculpó ella-, pero tenemos demasiada gente hoy.


-Eso no justifica tu lentitud –replicó la que había hablado, se hizo el largo y rubio cabello hacia atrás con la mano.


Bella se mordió el labio para ahogar la contestación que tenía preparada para personas como ella, y se dio la vuelta.


-¡Espera! ¡Esto tiene azúcar y yo te lo pedí sin azúcar! –gritó la chica a sus espaldas-. No lo quiero, tráeme otro.


Los puños de Bella se cerraron con fuerza, no sabía si la actitud de la chica era lo que más le disgustada o la mentira que acababa de decirle. Se giró hacia y la observó con atención, tanto ella como sus amigas parecían muy divertidas, eso la hizo enojar aún más.


-No tiene azúcar –dijo, esforzándose por ser lo más educada posible.


-¿Perdón? –las rubias cejas de la chica se arquearon-. Yo lo probé, y si te digo que tiene azúcar es porque la tiene.


-Yo lo hice –replicó Bella-, y se perfectamente que no le puse.


-Pues te equivocaste, porque si tiene. ¿O acaso crees que soy una mentirosa?


-Sí


La rubia se levantó y tiró el café sobre la mesa, sus amigas la imitaron.


-Ya no quiero nada –dijo, señalo el café derramado y añadió con una risita:- Para que tengas algo que limpiar.


Bella las observó irse, tras la puerta de cristal, y las siguió con la mirada hasta que se perdieron entre la gente, reprimiendo un fuerte impulso por salir tras ellas y derramarles algo de café caliente encima de sus lindos cabellos.


Pero la ira desapareció en cuanto sus ojos captaron algo más afuera, la figura de un hombre pasó rápidamente, una silueta claramente brillante. Eso sólo significaba una cosa: vampiro.


Bella salió de la cafetería, y giró la cabeza en todas direcciones para ver a donde se había ido el vampiro, y lo vio, a lo lejos doblar una esquina, pero antes de desaparecer por completo, giró la cabeza y la miró directamente a los ojos. Con el corazón latiendo aceleradamente, volvió a entrar en la cafetería, su mente volvía a hervir con preguntas angustiantes. ¿Ese vampiro la estaba vigilando? ¿Habría descubierto donde vivía? Bella ahogó las enormes ganas que tenía de gritar y siguió trabajando.


Después de varias horas de preparar café, tanto Yadhira como Bella pudieron descansar, la gente ya se había marchado y faltaban pocos minutos para cerrar.


-Nos vemos mañana –se despidió de su amiga, estaba ansiosa por llegar a su casa y dormir.


Las calles, se volvían más solitarias y frías, mientras los minutos pasaban. Bella se cruzó de brazos para conservar algo de calor, pues el viento comenzaba a soplar sin piedad sobre su rostro.


El recuerdo del vampiro que había visto y las palabras desesperadas de Megan hicieron que la mente de Bella evocara ideas crueles. Estaban en peligro, y todo gracias a ella, pues habían descubierto su habilidad, tenía que hacer algo para protegerlas. La joven se detuvo, de pronto sintiendo que como si algo le quemara en el bolsillo del pantalón. Sacó un arrugado pedazo de papel con unos números escritos. Y tomó una decisión.


Perdería su libertad…


Marcó los números precipitadamente en su celular.


-¿Que has decidido? –le preguntó una voz.


Bella estaba demasiado asustada y nerviosa, cómo para preguntarle al vampiro cómo era que sabía quién era, así que simplemente se limitó a contestar.


-Acepto –


En el momento que esa palabra salió de sus labios, escuchó claramente unos pasos detrás de ella. Se giró lentamente sólo para comprobar que un vampiro estaba a unos pasos de ella, era el mismo que había visto afuera de la cafetería.


-¿Sabes lo que soy verdad? –preguntó, aunque no parecía esperar una respuesta-. Debe ser así, sino no me tendrías tanto miedo. Ahora sé porque me enviaron a matarte a ti y a tu familia.


Bella se quedó petrificada y el celular se le resbaló de los dedos, haciendo un sonido débil cuando chocó contra el suelo