Dark Chat

miércoles, 23 de diciembre de 2009

TE AMO AUN DESPUES DE LA MUERTE

Cap.16 COMPLICACIONES

Yo seguía con la respiración entrecortada. Sin poder decir palabra alguna. Estaba paralizada mientras su mano seguía posada sobre mi pecho, sintiendo cada uno de los movimientos de mi corazón. Sus ojos seguían teniendo aquel brillo cautivador por el cual yo desafiaría a la bueno por lo malo, si fuese necesario.



Apenas y podía creer que tenía poco, nuestros labios habían danzado juntos. Tuve nuevas esperanzas. Su mirada no se despegaba de la mía. Lo cual me insito a querer besarlo otra vez.


“Esto no tiene que volver a pasar” – dijo mientras ladeaba el rostro y mis labios cayeron en su mejilla derecha


“¿Por qué no?” – pregunté temerosa.


“Bella, ¿Acaso no entiendes que yo…?”


“Se que me puedes matar” – interrumpí y completé – “pero no quieres, no puedes”


“¡Te equivocas!” – exclamó furioso volviéndose a mi dirección. Se apretó el puente de la nariz con los dedos, antes de continuar con voz ya más tranquila – “Claro que te quiero matar… no sabes cuántas ganas tengo de hacer eso” – dijo esas palabras como si fueran una penosa confesión – “todo el tiempo mi mente visualiza las posibles formas de acabar con tu vida, Bella. Así que no me subestimes, no soy tan confiable como tu piensas”


“Sé que no me harás daño” – dije con seguridad pues en realidad lo creía. Él movió la cabeza negando con frustración


“Bella, eres tan incrédula” – luchaba por contener su voz – “no te miento, ni te trato de intimidar con mis palabras... algo me lo impide. Si. No te lo voy a negar...” – dejo libre al fin el puente de su nariz y me miró – “tengo miedo, Bella… tengo miedo de que un día no logre controlar mis instintos y te mate sin siquiera darme cuenta”


“No temas” – susurré mientras me acercaba dos pasos hacia él. Los mismos pasos que el vampiro retrocedió para mantener la distancia – “moriría feliz en tus brazos, Edward”


“¿Por qué?” – preguntó mirándome con reproche – “¿Por qué te empeñas en estar al lado y enamorada de un monstruo? ¿Acaso ya no has visto suficiente? ¿Qué ganas con tentar a la muerte?”


“Ya estuve muerta antes” – murmuré mientras me apretaba el pecho por el dolor que me daba recordar aquel año en el cual yo pensé que mi novio había muerto – “estuve muerta cuando pensé que me habías dejado sola en este mundo, cuando pensé que habías muerto. No miento, ni exagero al decirte que prefiero morir en tus brazos… es solo la verdad: cualquier otra muerte sería una ida segura al infierno”


“Yo soy el infierno, Bella” – aseguró con voz dolida.


“Para mi no” – contradije sonriendo tristemente. Un gruñido casi inaudible salió de su pecho – “déjame estar a tu lado” – imploré – “ayúdame a traer de vuelta al Edward que alguna vez fuiste” – esperé por una respuesta. No dijo “si”, pero tampoco dijo “no”. Decidí intentar acercarme una vez más y camine hacia él. No se movió, quedé frente a él, a menos de medio metro


“Siempre seré un monstruo, Bella. No puedes hacer nada para cambiar esa parte”


“Lo sé” – admití – “pero podríamos intentarlo, podríamos irnos a vivir con Carlisle y tener la vida más humana posible”


“¿Podríamos intentarlo?” – repitió con intensión – “¿A qué te refieres con podríamos?”


“Quiero estar contigo siempre, por toda la eternidad” – me miró por largo rato mientras la ira creía en sus pupilas


“¿Cuándo se te ocurrió esa estupidez?”


“Desde antes de que olvidaras todo” – contesté – “y déjame decirte que tu habías aceptado” – el vampiro emitió una risa seca y frustrada


“Creo que antes era un ser mas despiadado del que soy ahora” – dijo riéndose sin rasgo de humor – “condenarte no es la mejor manera para demostrar amor, según mi criterio”


“Para mi no es una condena” – disputé – “estar a tu lado es lo que más quiero… y lo que más querías tu en ese entonces” – pensó mis palabras por varios segundos


“pero ya no soy el de antes” – recordó – “antes yo te amaba”


Me encogí mientras las palabras se clavaron en mi pecho… “antes yo te amaba” que frías y dolorosas son esas palabras empleadas en el tiempo pasado.


“¿Eso que quiere decir exactamente?” – pregunté. Me sorprendió que aún pudiera seguir de pie, el pecho me dolía demasiado – “¿No me amas?”


“No” – cerré mis ojos y asentí mientras apretaba mis labios


“Y me imagino que no quieres ni si quiera intentarlo” – deduje con frialdad - “aún así, no importa” – agregué antes de que él pudiera decir algo más – “yo te amo, aunque a ti te de lo mismo” – a pesar de que aún no amanecía, salí de aquella recamara. Sabiendo perfectamente que Edward no me seguiría. En primera, por que el alba no tardaba en llegar y en segunda, por que simplemente no le importaba.


Las calles estaban completamente solas. Ni una sola alma rondando por ahí. Mi actitud podía ser tomada, tal vez, como algo infantil pero realmente necesitaba ese tiempo conmigo misma. ¿Por qué el destino se empeñaba en separarnos?...


Encontré en el camino una banca y me senté en ella, el frío del hierro traspasaba la tela de mis pantalones. Me acurruqué ahí, abrazando mis piernas con mis brazos e inclinado mi cabeza hacia abajo. Estaba llorando. Tenía tiempo que no lloraba. Tenía demasiado que había reprimido mis sentimientos y ya no podía seguir haciéndolo. ¿Cuánto sufrimiento podrá soportar un humano? Tal vez no exagere al decir que yo haya impuesto un record difícil de alcanzar.


Un viento helado me hizo estremecer. Apreté aún más mi cuerpo con mis brazos para poder estar más calientita… cerré mis ojos y recordé los días en los que mi Edward me decía lo mucho que me amaba. Igual recordé al clan de Carlisle, me pregunté el cómo estarían. Los extrañaba. Y ni que decir de Charlie y Forks. Suspiré pesadamente mientras otra lágrima caía violentamente y mojaba la tela de mi pantalón.


Un gruñido bestial provocó que despegara mi frente de mis rodillas para ver a mí alrededor…


Mis ojos se dilataron al tener frente a mí la espalda de Edward. No entendí a qué se debía su reacción hasta que, cuando mis ojos vieron más allá de él, visualizaron a un hombre pálido y de ojos aterradoramente negros…


Para una persona normal, aquel individuo, al igual que Edward, hubiera pasado por un humano hermoso y extraño, nada más. Sin embargo, yo había aprendido a diferenciar entre un simple mortal y un peligroso no muerto… y este, por lo tanto, era uno de ellos. Sus ojos oscuros y las marcadas ojeras debajo de sus ojos indicaban que estaba demasiado sediento…


Y yo era su presa.


Edward se agazapó frente a mí, siendo imitado por el otro vampiro de cabellos negros y agraciados rasgos latinos. Ambos gruñeron, como si se tratasen de leones peleando el último pedazo de fresca carne. No podía ver la expresión de Edward, pero si la de su oponente, quien mostraba los dientes y los colmillos al momento de contraer sus labios. Sus grandes y desorbitados ojos (a causa de la furia) se posaron en mí una milésima de segundos antes de que se lanzara hacia el vampiro de cabellos cobrizos.


Un par de manchas borrosas comenzaron a moverse de un lado a otro con demasiada velocidad. Mi esfuerzo por agudizar mi vista y poder ver mejor era inútil. Me sentía ansiosa por no saber si Edward se encontraba bien. Mi corazón sufrió un tremebundo encogimiento al escuchar un ensordecedor ruido, como el de los rayos en una violenta tormenta.


Automáticamente me paré de mi asiento y me dirigí hacia el par de masas que se encontraban a varios metros de mí. Por la distancia no podía diferenciar bien quien estaba encima de quien, ya que el sol había expuesto sus primeros rayos de luz y el brillo emitido por las dos pieles era cegador y distorsionaba, a distancia, la claridad de las imágenes.


Corrí con el corazón vibrando por el miedo y el pesar ¿Y si era él quien había perdido esa batalla solo por mi culpa?... al menos moriría pronto si así hubiera sido. Yo misma le hubiera rogado al otro vampiro de que tomara mi vida entre sus manos. Pero no era así, al acercarme, pude distinguir el bronce de su cabello.


El otro vampiro ya se encontraba descuartizado. Las piezas de su cuerpo habían dejado de brillar, solo eran masa blanca y muerta. Respiré aliviada. Edward se paró con un borroso movimiento y me encaró. No me dio tiempo ni si quiera de darle las gracias, me tomó del brazo, me subió a su espalda y corrió de vuelta hacia el hotel.


En cuanto llegamos, trepó a toda prisa por las paredes y entró por la ventana, soltándome con brusquedad. Sabía que estaba enojado, (y mucho), por lo que no me atreví a hablar. Me limité a contemplar como, dándome la espalda, empuñaba las manos e inhalaba y exhalaba para poder tranquilizarse


“me estoy cansando de que todo el tiempo me vea obligado a poner en riesgo mi integridad solo por salvarte” – dijo tras pasara varios segundos.


Fruncí el ceño y al igual que él, empuñé mis manos a mis costados. Esto era demasiado. ¿Acaso no podía hacer otra cosa que no fuera humillarme, culparme y dejarme muy en claro que yo no le agradaba y que nunca jamás me iba a volver a amar?


“Hubieras dejado que ese estupido vampiro me matara” – solté – “te hubiera ahorrado un penoso trabajo” – giró su cuerpo lentamente al escuchar mis palabras


“No estoy de humor, Bella” – su voz era amenazante, sus ojos color sangre me miraban fijamente, algo que hacía días me había dejado de cohibir. Le sostuve la mirada del mismo modo: fría y retadoramente – “no estoy para jueguitos”


“No estoy jugando” – arrastré cada una de las palabras – “si estas tan cansado de mi, ¿por qué corres a la hora de salvarme? ¿Por qué no me matas tu mismo?... ¿O por qué no me conviertes?” – sus ojos chispearon por la ira que se acumulaba dentro de su ser y amenazaba con salir a flote – “si me conviertes, ya no seré más un estorbo, seré fuerte e inmortal” – aventuré aún con voz firme – “cada quien podría seguir su camino. Tal vez después de convertirme olvide todo tipo de ridículo sentimiento humano y al fin te deje de amar” – sabía perfectamente que esto era lo que menos quería, y lo que menos podía llegar a imaginar posible


Dejar de amarlo. Jamás podría. Pero ya era tanto el daño que me había causado, que las palabras habían salido de manera atropellada, impulsadas por el dolor que me daba su constante rechazo.


Actuando contrariamente a lo que había pensado, su cuerpo se aproximó al mío, dejando entre nosotros una distancia casi inexistente. No habló, y parecía no respirar.


“¿En realidad eso es lo que deseas?” – preguntó – “¿En realidad quieres… dejarme?”


Alcé mi rostro para encontrarme con sus ojos, los cuales penetraron al instante mis pupilas, buscando la verdad en ellas, así que no tenía caso seguir mintiendo


“Me gustaría dejar de sufrir” – confesé – “pero dudó que sea posible hasta que no te arranque de mi vida y eso… eso es algo completamente utópico” – bajé la mirada hacia el suelo.


“no podría vivir sin ti, Bella” – su voz salió casi sin volumen, pero fue un susurró tierno, calido y acariciante – “nunca te dejaría ir… nunca”


“pero me dejarás morir” – repliqué – “si no me conviertes, un día no llegarás a tiempo y solo encontrarás mi cadáver…”


“No digas eso” – interrumpió, sustituyendo su tan común brusquedad por el ansia – “ni si quiera lo pienses” - ¿era un orden o un ruego? – “nunca dejaré que te hagan daño, Bella. Mataría a toda una nación por tenerte a salvo”


“Yo no quiero muertes a causa de mi seguridad” – dije – “tu puedes darme algo mejor que una nación muerta, puedes darme la eternidad a tu lado”


Me miró fijamente por un momento.


“No quiero condenarte” – comenzó a explicar


“Me estas condenando ahora” – discutí – “Edward, no entiendo” – dije suspirando pesadamente – “Dices que no me quieres perder, que no me dejarás ir… después dices que no me quieres condenar y por eso no me vas a convertir en vampiro, ¿Entonces qué quieres? ¿Estas de acuerdo que, tarde o temprano, moriré? En ese momento tu me perderás y no podrás hacer ya nada para remediarlo…”


“Debes dormir” – fue su respuesta tras callar casi un minuto – “no has dormido y en la tarde viajaremos hacia otro lugar” – alzó su mano para acariciar mi mejilla y, por primera vez desde que lo conocía, rechacé el gesto.


Su mano se quedó estirada en el aire, tocando a la nada mientras yo le dedicaba una mirada envenenada antes de irme a la cama.


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Estaba sorprendida y por un momento pensé que seguía dormida y estaba teniendo un maravilloso sueño cuando visualicé el lugar al que habíamos llegado.


Mis ojos contemplaban hipnotizados a los enormes pinos alzándose en el denso bosque y reconocieron al instante aquel cielo cubierto por sus espesas nubes oscuras. Mi piel se refrescó con la llovizna constante que golpeaba suavemente cada parte de mi cuerpo expuesta a ella…


Forks.


Me bajé de la espalda de Edward, estaba demasiado emocionada como para estremecerme al tener a Victoria y a James detrás de mí.


“Forks” – murmuré con voz demasiado contenida por la emoción. Escuché una risa burlona, supuse que era de James


“Forks” – remedó burlonamente y me giré para verle de manera asesina. Jamás en mi vida había odiado, y nunca pensé llegar a hacerlo, pero que equivocada estaba. Si hubiera tenido la fuerza suficiente, desde hacía mucho tiempo hubiera descuartizado a ese maldito vampiro con mis propias manos. Él era el causante de mi infelicidad. Él me había arrebatado a mi Edward.


El vampiro me sostuvo la mirada. Estaba claro que no le iba a tener miedo a una simple y frágil humana como yo.


“¿Qué te pasa, muchacha?” – preguntó con voz burlona – “¿Estas enojada conmigo?”


“Ya pueden irse a otra parte” – dijo Edward antes de que yo pudiera defenderme – “nos vemos en este lugar en tres días”


Aquellas eran las palabras siempre dichas en cuanto llegábamos a un nuevo lugar. James y Victoria viajaban a los mismos lugares que nosotros (en algunas ocasiones nosotros nos veíamos obligados a seguirles) pero siempre, al llegar al destino dado, la pareja se iba, dejándonos solos


“Que descortés eres, Edward” – la voz de Victoria salió con fingida dolencia – “¿Tan rápido quieres que nos vayamos?” – pasó a mi lado, con andares felinos y sensuales, para ubicarse detrás de él, con sus labios a un lado su cuello – “¿Por qué no dejas que te brinde un poco de buena compañía? – comenzó a murmurar con voz de sirena – “Veras como las ganas de estar siempre lejos de nosotros, o al menos de mí, se disipan inmediatamente” – me hirvió la sangre y segundos después se me congeló en las venas


Edward se dio media vuelta para dedicarle una cínica (pero hermosa) sonrisa a la vampiresa. Sus ojos viajaron lujuriosos recorriendo su perfecto y duro cuerpo y, olvidándose de James y de mí, la tomó en brazos y la besó con un desenfreno salvaje.


La escena resultó tan grotesca para mis ojos, que tardé en reaccionar y desviar mí vista del cuadro. Me pareció ver sonreír maliciosamente a James antes de cerrar mis ojos fuertemente. Y de esa manera, caminé unos cuantos pasos más para alejarme. Me dejé caer en la tierra húmeda, y en un gesto completamente infantil, me llevé las manos a los oídos para no escuchar el sonido de aquellos labios rozarse.


Aún así, el gruñido de Edward, acompañado de un chasquido, llegó a mis tímpanos. Abrí los ojos para ver la roja melena de Victoria a varios metros de su cuerpo


“¡Maldito!” – bramó James y un latido después, sentí como me levantaba por los aires. Cuando mi cuerpo impactó en el suelo, extrañamente no sentí dolor, lo cual me permitió contemplar como Edward se lanzaba furiosamente contra mi agresor.


La pelea me resultó temerosa ya que sabía que James era demasiado fuerte y hábil. Intenté ponerme de pie, más el dolor comenzaba a correr en mi sistema nervioso y me dejó tirada sobre la tierra.


Un horrible estremecimiento bajó por mi columna y se expandió hasta la punta de mis pies al ver una masa impactarse contra un grueso pino y rompiéndolo en el acto. Era Edward, quien rápidamente se incorporó y corrió en mi dirección para frenar el borrón que venían hacia mí, lanzándolo lejos sin darle oportunidad de tocarme.


Cuando sentí en mi brazo aquel contacto duro y gélido, lo primero que hice fue gritar al pensar que era Victoria quien me había capturado. Pero, al girar mi rostro, pude contemplar que la vampira aún yacía descuartizada en el mismo lugar en el que Edward la había dejado.


“Silencio” – ordenó aquella voz de soprano tan familiar y extrañada


“Alice” – murmuré sintiéndome felicidad en medio de la angustia. Mi amiga no me dio tiempo si quiera de decir más.


Con aquellos ágiles y rápidos movimientos me cargó entre sus brazos y comenzó a correr


“¡No!” – exclamé tratando de debatirme entre sus brazos para que me soltara – “¡¿A dónde me llevas?!” –


“Lejos de donde puedas morir” – contestó sin dejar de correr y yo comencé a forcejear con más fuerza – “pórtate bien y no te me pongas difícil, Bella”


“¡No, Alice! ¡Bájame, por favor!” – imploré – “¡Necesito volver con él, le pueden hacer daño!”


“Él no corre ningún peligro” – dijo tratando de calmarme pero las lagrimas comenzaron a salir de mis ojos – “Tranquila, Bella. Ahí la única que corría peligro eras tu”


“¡Llévame de vuelta!” – ordené


“No” – su voz sonó firme mientras frenaba la carrera para tener frente a nosotras aquella casa tan conocida para mi – “Tu lugar esta aquí, Bella: junto a tu padre, no junto a él” – comencé a negar con la cabeza con las lagrimas cayendo descontroladamente – “fue demasiado injusto lo que nos hiciste” – comenzó a decir – “te fuiste ¿Tienes la mínima idea de lo preocupados que estuvimos? ¿Puedes imaginar lo terrible que me la pase al tener que estar vigilando tu futuro tan incierto que cambiaba a cada minuto por las decisiones de Edward?”


“Nunca me hizo daño” – defendí con voz cortada – “llévame de vuelta con él, Alice” – salí corriendo hacia el bosque, algo estupido ya que sabía perfectamente que no tardaría en alcanzarme y sin ningún esfuerzo. Y así fue – “Alice, por favor, suéltame” – rogué entre sus brazos y apreté mis uñas en su dura piel


“Ya cálmate, Bella” – su dulce voz se endureció – “él esta bien” – aseguró – “James ha muerto” – la miré fijamente, como si el adentrarme en sus ojos me hubiera permitido poder ver también lo que ella veía.


“¿Dónde esta…? ¿Qué va a hacer ahora?” – quise saber
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Buen dia mis angeles hermosos aqui les dejo un cap de este hermoso fic q ya pronto llega al final asi que si quieren mas dejen sus comen por fisss sean buenas
mil besitos
Angel of the dark

lunes, 21 de diciembre de 2009

Sangre Real

Capitulo 5

Amenaza

De una cosa estaba segura, ninguno de los días que me quedaban en el bar volvería a regresar sola. Por suerte sabía que Kisha tenía auto y podría regresarme con ella.


-Por supuesto Bella –contestó la rubia cuando se lo pregunté al siguiente día.


-Gracias


Tal vez estaba nerviosa por lo que había ocurrido la otra noche, pero tenía la sensación que estaba atrayendo demasiadas miradas no deseadas. Suspiré y me dirigí al cuarto que tenía el bar en la parte de atrás, tenía que tomar un respiro por un momento.


Ashery estaba rodeada por tres muchachas, todas dirigieron miradas poco amigables hacia mí. Caminé hasta un rincón de la habitación y me senté en el suelo, era consiente que de mis compañeras sólo le agradaba a Kisha.


-Ayer convencí a uno de mis clientes que me hablara más sobre los de su raza –continuó Ashery después de fulminarme con la mirada-. Me dijo que ellos tienen distinto modo de gobierno que el nuestro… ellos tienen un rey…


¿Un rey? Me estremecí. El rey tenía que ser el más poderoso de todos ellos y el más temible. Esperaba jamás tener que encontrarme con él…


-¡Yo no sabía nada de eso! –exclamó una chica.


Ashery le hizo una seña para que guardara silencio.


-Ellos no quieren que nos enteremos de eso, sólo se enteran ciertas personas que son de confianza para los vampiros, o que el rey mismo les dice sobre ello –dijo Ashery.


Las muchachas parecían mirarla con admiración.


-Eso quiere decir… ¿Tú conoces al rey? –preguntó una de las chicas, con los ojos completamente abiertos-. ¿Lo conoces? ¡Tienes que decirnos como es!


Ashery negó con la cabeza tristemente.


-No, no lo he visto –contestó-. El vampiro al que logré sacarle la información no quiso decirme más, ni siquiera su nombre… pero lo averiguaré, se los aseguro.


-¿Nos dirás cuando lo sepas? –preguntó una de ellas.


-Si –Ashery sonrió, pero dejo de hacerlo cuando sus ojos se posaron en mí-. Aunque como esa es información más importante nos aseguraremos de estar completamente solas.


-¿Y que más te dijo el vampiro? –preguntó otra.


-Mencionó también al rey de los licántropos…


Eso sí, logró captar mi completa atención. ¿Por qué Jacob nunca me lo había dicho? Tan pronto como lo viera le exigiría una respuesta.


-Aunque tampoco se su nombre –continuó Ashery, no parecía darle tanta importancia a ese rey como al de los vampiros-. Pero lo más importante es que… ¡ninguno de los dos tiene compañera!


-¡Entonces quiere decir que el rey de los vampiros puede escoger a alguien para que sea su reina! –dijeron las chicas a coro. Se veían muy entusiasmadas con la idea.


-Yo soy la que averiguaré quien es el rey –dijo Ashery-. ¡Y haré todo lo posible para convertirme en su reina!


Hice una mueca, ya estaba harta de la conversación. Me puse de pie y me dirigí a la puerta, pero antes de abrirla me detuve, no podía dejar las cosas así, aunque no me cayera bien, estaba preocupada por Ashery.


-Ten cuidado –me dirigí a ella-. Podrías meterte en problemas por intentar averiguarlo… los vampiros son poco confiables, podrían lastimarte…


-¿Disculpa? –Ashery arqueó las cejas-. No creo haberte pedido tu consejo, además tú no sabes nada sobre vampiros.


Abrí la puerta y me salí. No soportaba ni un minuto más ahí.


La noche avanzó y Edward entró en el bar, pero en esta ocasión se encontraba solo. Me mordí el labio, tenía que ir a agradecerle por salvarme, aún cuando no confiara en él.


Una sonrisa se dibujó en su rostro cuando llegué hasta él.


-Gracias –solté de pronto.


Sus ojos dorados se encontraron con los míos.


-No podía dejar que nada malo te pasara –contestó.


¿Por qué? No entendía el comportamiento de Edward hacía mi, los vampiros no protegían a los humanos… Dudé de sus palabras, con los vampiros era mejor no arriesgarme.


Jacob llegó a mi departamento al siguiente día, en la tarde. Perfecto, tenía que hacerle algunas preguntas.


-Bella –mi amigo sonrió.


Me crucé de brazos.


-¿Qué te ocurre?


-¿Por qué nunca que habías dicho que los licántropos tenían un rey? –cuestioné.


Jacob me miró con sorpresa en el rostro por unos instantes.


-¿Cómo sabes eso? –preguntó.


-Me enteré en… lo escuché –dije y me mordí la lengua, había estado a punto de mencionar el Noche Eterna.


Mi amigo se dejó caer en el sofá junto a mí.


-Te lo iba a decir Bella –contestó-. Pero a su tiempo…


Fruncí el ceño. De pronto Jacob parecía más serio que de costumbre.


-Te diré su nombre… no hoy, pero pronto.


Puse los ojos en blanco. A veces ni yo misma lo entendía.


Me abrazó y depositó un beso en mi mejilla.


-No podremos salir hoy –dijo con pesar-. He estado muy ocupado… pero intentaré hacerme un espacio…


-Pero que sea de día –le recordé.


Jacob arqueó una ceja.


-Porque quiero aprovechar los últimos días de descanso que me quedan para dormir bien –agregué.


-Aún se me hace extraño que te haya dejado tantos días libres, no me parece el estilo de Roderick –dijo.


-Las personas cambian –contesté. Observé el reloj que tenía en la mesita, pronto se haría de noche y yo tendría que irme, pero no podía hacerlo con Jacob aquí. Me levante-. Sabes tengo que hacer algo…


Jacob me observó por unos instantes y luego asintió, me sorprendió que no hiciera preguntas.


-Nos vemos otro día –dijo antes de irse.


Esa noche, la quinta de mi martirio, volví a ver a Edward, se veía diferente que los otros vampiros, por lo menos, nunca me acosaba, casi me relajaba en su presencia. Me miraba de forma distinta, aunque no podía explicar su significado.


Sonreí un poco al entrar al bar, la sexta noche había llegado, sólo un día más y sería libre. Me vestí y me puse mi listón negro. Todo iba bien hasta que vi a Lucern llegar y yo no era la única que lo miraba, noté que los otros vampiros echaban miradas en su dirección con frecuencia. Cambié de dirección, esta vez no era la única libre, así que decidí ignorarlo.


Minutos después escuché la voz de Kisha. Me di la vuelta para encontrarme con mi rubia compañera.


-Ve a atenderlo –dijo indicándome la mesa en la que se sentaba Lucern.


Hice una mueca.


-¿No habías ido tú? –pregunté.


-Sí –se encogió de hombros-. Pero te quiere a ti.


Suspiré y me dirigí hacia él.


-Hola Bella –me saludó el vampiro de ojos azules cuando llegué hasta la mesa.


Fruncí el ceño, seguramente Kisha le había dado mi nombre.


Lucern parecía divertido por mi reacción, el muy maldito, estaba segura que sólo quería provocarme.


-Aquí me tienes –dijo de pronto y me pareció oír algo de pesar en su voz.


-¿Qué? –lo miré confundida-. Yo nunca te pedí que vinieras


-Lo sé


-Bueno… ¿Qué quieres? –hice la pregunta peligrosa.


-Supongo que hoy tampoco me dejarás beber de ti ¿o si?


-No


-Entonces sólo… una lluvia de sangre


Asentí, pero cuando iba a darme la vuelta, lo vi, el vampiro que había querido tomar mi sangre a la fuerza había entrado en el bar. Me petrifiqué. Una parte de mí, esperaba que Edward llegara pronto.


-El vampiro que me atacó –murmuré. Olvidando por completo que tenía muy cerca de un vampiro cuyo sentido del oído estaba muy desarrollado.


Lucern se levantó, era muy alto, sus ojos de azul intenso siguieron la dirección de mi mirada. Antes que pudiera darme cuenta, había llegado hasta donde estaba el otro vampiro y lo había tomado por el cuello. Lucern lo trajo hasta donde yo estaba. La atención de todo el bar estaba sobre nosotros.


-¿Por qué lo hiciste? –exigió Lucern al vampiro.


-No… entiendo… -contestó con dificultad.


Los ojos de Lucern se oscurecieron.


-¿Por qué la atacaste? –su voz parecía tranquila, pero sabía que estaba cargada de amenaza.


-Ella –el vampiro me miró-. Ella… no… quiso darme su sangre…y… no pude… yo sólo quería… saborearla…


La opresión que Lucern ejercía sobre él aumento, el vampiro soltó un gemido de dolor. Volteé en todas direcciones, mis compañeras miraban asustadas, ellas no podían detenerlo, pero… ¿Por qué ningún otro vampiro hacía nada? Sólo se quedaban ahí contemplando la escena.


-Al parecer no entiendes un no –dijo Lucern.


-Yo sólo…


-¿Te hirió? –la voz de Lucern cambió de forma sorprendente cuando se dirigió a mi.


-No –musité.


-Y ya no volverá a hacerlo –Lucern continuó apretando la garganta del vampiro, sangre comenzó a escurrir por su pálido cuello.


-¡Por favor! –exclamé. No podría creer que sintiera lástima por el vampiro que me había atacado-. No lo mates…


Lucern me miró fijamente por unos segundos, y dejó caer al vampiro.


-La siguiente vez que sepa que quieres dañarla, ni siquiera ella podrá defenderte de mí –le advirtió.


El vampiro se levantó rápidamente y salió del bar. Era la segunda vez que lo veía huir.


-Ya no se acercará a ti –prometió Lucern.


Algo me decía, que un problema mayor venía en camino.

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Capitulo 6

Los dos Reyes


La última vez, pronto saldría del Noche eterna. Localicé una mesa que nadie atendía, ajusté mi listón negro y me dirigí a los vampiros.


-¿Qué quieren esta noche? –pregunté. Mi voz casi sonó alegre, la euforia de mi próxima libertad ya estaba haciendo estragos en mí.


Los tres vampiros me observaron durante un rato, había algo distinto en la forma en que me miraban… no supe decir exactamente que era. Uno de ellos se inclinó un poco en mi dirección e inhaló una gran bocanada de aire.


-Por favor, sólo un poco –dijo el vampiro con los ojos fijos en la curva de mi cuello. El tono que había utilizado casi era una súplica. Ningún vampiro antes me había pedido algo, siempre daban por hecho que iba darles de mi sangre.


Negué con la cabeza.


El vampiro frunció la boca, los ojos reflejaban agonía y frustración. Abrió la boca, pensé que iba a decirme algo, pero otro de ellos lo interrumpió.


-Si ella no quiere, no debes seguir insistiendo –dijo-. No quieres terminar como Marcus ¿o sí?


-No –respondió el vampiro secamente, creí ver un ligero destello de miedo en sus ojos-. ¿Podrías traernos a algunas de tus compañeras?


Asentí, y me retiré sin vacilación. Era mejor no empezar a hacerme preguntas sobre lo ocurrido.


La noche seguía transcurriendo, todo era muy inusitado para mí. El peso de las miradas caía sobre mí, mientras caminaba por el bar. Lo más extraño era que ninguno había intentado beber de mi sin antes preguntarme, un solo “No” de mi parte y ellos no volvían a insistir en el tema.


-¿Qué hacemos aquí? –escuché una voz femenina algo fastidiada.


-Por que quiero conocerla, Rosalie –contestó otra voz del mismo género, mucho más amable y alegre que la primera.


Mi cabeza giró en dirección de aquella conversación, cinco vampiros ocupaban una mesa próxima a la mía, tres de ellos eran Edward, Jasper y Emmett, y las dos mujeres, una hermosa rubia y la otra de cabello corto, con puntas que parecían salirse en cualquier momento.


Me detuve a unos pasos de ellos.


-¡Hola Bella! –exclamó la vampiresa de cabello corto. Una sonrisa se fue expandiendo en su rostro-. Me llamo Alice


La miré fijamente, no entendía el porqué de la amabilidad de ella, las comisuras de mis labios se estiraron en un reflejo hacia arriba, no entendía bien… pero había algo en Alice que me cayó bien.


-Hola –musité, sintiéndome extraña.


Alice se quedó inmóvil de un momento a otro, sus ojos miraban en mi dirección, más no era a mí a quien veían, parecía estar en otro lugar…


Jasper sujetó su mano con gentileza.


-¿Qué ves?


-Bella tienes que salir de aquí


Me sobresalté al escuchar que las palabras salían de boca de Edward, no parecía muy contento. Alice parpadeó una sola vez, y luego se volvió hacia el vampiro de ojos dorados.


-No –dijo ella-. No le va a pasar nada Edward, lo prometo.


El vampiro no pareció convencido con esto.


-El futuro cambia constantemente –respondió.


-Pero en esto estoy segura –insistió Alice-. No le ocurrirá nada.


-¿Qué pasa? –exigió la rubia.


-El bar pronto tendrá dos visitas importantes


La noche seguía muy extraña y yo no podía hacer nada para disipar mi confusión. Después de llevarles unas bebidas a ellos, continué atendiendo a los demás clientes, cuando tenía oportunidad echaba una mirada en dirección a Edward, quien no apartaba sus ansiosos ojos dorados de mí ni un momento.


Lucern entró en el bar caminando como dueño y señor del lugar, encontró fácilmente un lugar vacío. Noté un rápido movimiento en sus ojos, parecía estar analizando cada rincón del lugar, en busca de algo… el desello azul se detuvo bruscamente al llegar a mí. Sonrió.


Mis pies avanzaron en su dirección, era mejor no retrasar las cosas.


-Bella –dijo suavemente. Hizo una mueca de frustración-. ¿Por qué me haces esto?


-¿Hacer que? –le cuestioné frunciendo el ceño-. ¿Podrías ser un poco más claro?


Lucern se rió.


-Tal vez después sea lo suficientemente claro –respondió.


Resoplé. Estaba comenzando a desesperarme…


-¿Por qué vienen aquí? –escuché gruñir a un vampiro-. ¿Qué no saben que no son bienvenidos?


La tensión aumentó de un modo alarmante en el bar, la mayoría de los vampiros había extendido sus colmillos y hacían constantes sonidos de disgusto, sus miradas sólo estaban fijas en un punto, la entra del Noche eterna.


Lucern no mostraba signos de hostilidad, pero se mostró repentinamente serio, se puso de pie y sin que yo me pudiera dar cuenta, me tomó por los hombros y me puso detrás de él, en un gesto protector… Esto fue como una señal para los demás vampiros, dos de ellos se colocaron a mi derecha y otros dos a mi izquierda, mientras que el resto permanecía cerca, unos con los ojos fijos en la entrada y otros en mí, como si yo fuera un objeto que pudiera romperse en cualquier momento.


Mis compañeras observaban con confusión, pero ninguna hizo por acercarse a la escena, se mantenían alejadas… la furia repentina de sus clientes las había puesto en alerta.


¿Qué ocurría? Me estremecí, tener tantos vampiros a unos metros de mí, me daba miedo… busqué con la vista a Edward, él y los vampiros que compartían su mesa eran los únicos que permanecían sentados… Edward estaba en tensión, Emmett y Jasper lo sostenían de ambos brazos, parecía ser lo único que impedía que se levantara de ahí. Sus ojos dorados se encontraron con los míos, creí ver preocupación en ellos, como si quisiera poder estar junto a mí, protegiéndome el mismo.


Casi chillé cuando vi a Jacob entrar en el bar. ¿Qué clase de estupidez era esa? ¡Podrían matarlo!


Después de él entraron otros seis licántropos, sus miradas viajaban de un vampiro a otro, los ojos reflejaban hostilidad y odio absoluto.


-Lucern –Jacob hizo una ligera inclinación de cabeza hacia él.


-Jacob –el vampiro devolvió el gesto.


-¿Se conocen? –pregunté con perplejidad.


-Por supuesto –Lucern se giró hacia mí-. El rey de los vampiros forzosamente tiene que conocer al rey de los licántropos –añadió bajando el volumen, para que ningún otro humano pudiera escuchar.


¿Jacob? ¿Lucern? No, esto no podía estar pasando…


-Jacob ¿A que se debe tu inesperada visita? –el rey de los vampiros se volvió hacia él-. Sobre todo después de que sabes que tu raza no es muy bien recibida por aquí.


-Vengo por Bella –fue la respuesta del rey de los licántropos.


La mandíbula de Lucern se tensó, sus ojos se oscurecieron. Jacob apretó los puños, su mirada estaba cargada de desafío. Me estremecí.


-Por favor… no –musité.






El rey de los vampiros volvió a prestarme atención… mi mirada debió parecerle desesperada porque noté que se relajó, pero sus ojos no volvieron al color normal.


-Dejaré que te la lleves –accedió Lucern, su voz sonó un poco tensa al pronunciar las últimas palabras-. Por ahora –añadió dirigiéndome una sonrisa.


Mis protectores se alejaron de mí, dejándome espacio para moverme. Jacob frunció el ceño, por un momento creí que le respondería algo, pero parecía más interesado por sacarme de ahí lo antes posible, se acercó y me atrajo hacia sus brazos… la escolta de licántropos se acercó a nosotros cubriéndonos de los vampiros.


Jacob me levantó del suelo, en poco tiempo estuvimos de regreso en mi departamento. Me sentó en la cama, encendió las luces y me quitó mi listón negro… sus ojos buscaban desesperadamente alguna señal de un mordisco.


-¿Alguna vez te…


-No –respondí.


-¿Te hicieron algún daño? –preguntó ansioso.


-No


Suspiró, parecía más tranquilo. Que bien, porque ahora me tocaba a mí.


-¡Rey de los licántropos!


-Tenía pensado decírtelo…


-¿Cuándo? –cuestioné-. Jacob, tú sabes que jamás lo diría…


-Lo sé –me abrazó-. Lo siento, no sabía como ibas a reaccionar, yo…


-No quería que te dejara de ver como mi mejor amigo –completé-. Eso no cambiará…


Me acercó más hacia sí.


-¿Por qué no me dijiste que trabajas en ese lugar? –preguntó.


-No quería preocuparte –admití-. Además sólo fue por una semana, ya no regresaré…


-No, no lo harás –coincidió, me besó en la frente y se dirigió a la puerta-. Buenas noches Bella


-Adiós Jacob…


Me dejé caer en la cama, aún estaba aturdida por lo ocurrido… tal vez mañana todo mejoraría…

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Capitulo 7

Ceremonia


Me senté en mi cama un rato después de haber despertado, todo lo que había pasado la noche anterior me había dejado aturdida y confundida, mi única alegría era que ya no tendría que volver a entrar al Noche Eterna.


-Rod –horas más tarde le hablé a su celular, quería dejar en claro algunos puntos.


-¿Qué pasa Bella?


-Ayer fue mi último día –informé.


-Si, está bien, ya conseguí a alguien más.


Compadecí a la muchacha, aún sin conocerla.


-Y quería pedirte esta noche libre… sabes que me lo debes –dije antes de que empezara a replicar.


Suspiró.


-Bien, pero mañana regresas al Luna Llena


-¡Por supuesto! –exclamé-. Te veo luego –añadí antes de colgar.


Al parecer Rod no se había enterado de nada por ahora… pero no había tenido el valor de decírselo por mi misma. ¿Me despediría si supiera que fue mi culpa? Sacudí mi cabeza, era mejor que no me preocupara ahora.


Lissa llegó a la siete de la tarde a mi casa, con su sonrisa triunfante y una pequeña maleta de aluminio en una mano.


Arqueé las cejas cuando la puso en mi cama y la empezó a abrir.


-Es el maquillaje –me respondió con diversión en la voz, seguramente ya sospechaba mi respuesta.


-Tú no me vas a maquillar –contesté frunciendo el ceño.


-Escucha Bella –dijo-, el maquillaje que tú usas es muy ligero para una fiesta, no puedes ir así a una boda.


-Puedo y voy a ir así


-Por favor


¡Oh no! había puesto esa expresión de tristeza otra vez.


-No –hice una mueca.


-Por favor Bella, sólo por esta vez… te dejaré como una reina.


-No quiero ser una reina –repliqué.


Lissa puso los ojos en blanco.


-Toda mujer quiere ser una reina –respondió.


-Pues yo no


-Que rara eres –Lissa se rió-. Quien sabe… a lo mejor pronto llega tu rey y te ofrece la corona…


Resoplé.


-¡Bien! –exclamé-. ¡Maquíllame pero deja de decir tonterías!


-¡Sí! –Lissa dio un saltito, como niña emocionada.


Cuando el espejo me devolvió el reflejo no lo podía creer… esa chica tan hermosa en vestido azul no podía ser yo.


-Como toda una reina –asintió Lissa viendo el espejo. Ella también lucía muy guapa-. ¿Nos vamos?


-Pero si apenas son… -parpadeé al ver mi reloj de pared-. ¡Van a ser la nueve!


-La belleza cuesta su tiempo –contestó Lissa, tomó mi brazo y me llevó a toda prisa hasta la puerta.


-Llegamos –dijo Lissa tiempo después.


Me quedé boquiabierta al ver la hermosa mansión…


Escuché vagamente que Lissa decía nuestros nombres al vigilante, estaba mucho más interesada en inspeccionar con mis ojos el amplio y hermoso jardín.


Cuando atravesamos la puerta principal, un joven licántropo nos estaba esperando.


-Antes de pasar tienen que hacer un juramento –dijo con voz autoritaria.


-De acuerdo –respondió Lissa.


-Sí –dije, me había imaginado algo así, una ceremonia licántropo era presenciada por muy pocos humanos.


-No deberán hablar a nadie sobre lo que vean o escuchen en este lugar, sino tendrán que ser castigadas bajo la ley de los Licántropos.


Tenía el presentimiento que esa ley no era muy compasiva.


-Lo juro


-Lo juro –me secundó Lissa.


El licántropo se mostró más amable después de eso, nos guío hasta el salón principal, donde ya estaban reunidos todos los invitados.


Gemma y su novio se reunieron con nosotras, ella llevaba un largo vestido gris claro y brillante, él un traje negro.


-El es Rorik –dijo la chica lobo, su voz fue dulce al pronunciar el nombre de su prometido.


El hombre rubio hizo una inclinación de cabeza hacia nosotras y nos sonrió cuando Gemma le dijo nuestros nombres.


-Los llevaré con mi familia –sugirió Rorik. Observé el pequeño grupo de humanos que había en el salón y arqueé las cejas.


-No dejamos que muchos humanos vean ceremonias como ésta –respondió Gemma adivinando mis pensamientos.


-Creo que se sentirán más a gusto con ellos –continuó Rorik.


El salón estaba lleno de Licántropos, tanto hembras como machos, vestidos elegantemente, sus miradas estaban sobre nosotras, ellos parecían disfrutar más de la vista que las chicas. Dirigiéndome a Rorik asentí, definitivamente estaría más a gusto con humanos.


-Yo podría decirte de muchos lobos a los que les gustaría conocerte –me susurró Lissa divertida.


-¡Contrólate! –la tomé del brazo y la llevé hasta donde estaba la familia del novio.


-Yo vengo a cazar un lobo –dijo sonriente.


Puse los ojos en blanco.


-Ahora no –contesté para calmarla.


Rorik nos presentó a sus invitados, sus padres, sus tres hermanas y sus dos amigos. Noté cierta tensión en ellos, supongo que tampoco se sentían a gusto entre tantos licántropos.


-¿Cuándo empieza la… boda? –musité.


Gemma sonrió.


-Cuando llegue nuestro rey –contestó.


-¿Tienen rey? –preguntó Lissa perpleja.


-Sí, pero lo mantenemos en secreto para los humanos –respondió la chica amablemente.


-¿Oíste Bella? ¡Conoceremos al rey de los licántropos! –exclamó Lissa emocionada.


Me encogí de hombros y asentí tímidamente, ella no sabía que yo lo conocía muy bien.


Jacob no tardó en hacer su aparición, todas las miradas se posaron en él cuando avanzó por el gran salón, sus ojos oscuros se posaron en mí inmediatamente, no se detuvo hasta quedar a unos pocos pasos de mí.


-Hola Bella –dijo el rey de los licántropos.


-Hola Jacob –sonreí nerviosa, la atención de todos estaba sobre nosotros, sentí mis mejillas arder, nunca me había gustado ser observada.


-¡Dios mío! –escuché la voz de Lissa detrás de mi.


El besó mi mano y sin soltarla se dirigió a los novios.


-Que de comienzo la ceremonia –dijo.


Los invitados comenzaron a salir por la puerta principal hacia el jardín, la Luna parecía una perfecta testigo para tal acontecimiento. Los novios se detuvieron cerca de una fuente, los invitados se colocaron a cierta distancia de ellos, y sólo cinco licántropos, tres machos y dos hembras, formaron un círculo alrededor de ellos. Gemma y Rorik voltearon hacía Jacob, el cual avanzó hacia ellos, arrastrándome consigo, el círculo de licántropos se abrió para darnos paso.


-Jacob, aún no has soltado mi mano –dije nerviosa, no creía que estuviera bien que yo participara en la ceremonia.


-Lo sé –contestó cuando llegamos junto a los novios, el círculo se volvió a cerrar.


Los licántropos a nuestro alrededor comenzaron a prescindir de sus ropas, yo miré insegura a Jacob y él sólo sonrió.


-¿No querrás que se desperdicien tan finos trajes o sí?


De pronto, a nuestro alrededor había cinco lobos.


Gemma le sonrió a Rorik y después se volvió hacia nosotros.


-Amo a este hombre y quiero que sea parte de la manada, como ahora lo es parte de mí –dijo con la mirada fija en Jacob y en mí.


-¿Está de acuerdo con este matrimonio Bella? –me preguntó Jacob.


Tuve que hacer un gran esfuerzo para reprimir un gemido, no me parecía que a mi me correspondiera tal decisión. ¿En que demonios estaba pensando Jacob? Los licántropos que presenciaban el acto parecían tan sorprendidos como yo. Iba a replicar, pero la mirada de Gemma me dijo que si lo hacía, arruinaría todo.


-He visto que los dos se aman de verdad –dije en cambio-, y creo que eso es lo principal en la unión de dos personas, estoy de acuerdo –añadí.


-Yo también lo apruebo –dijo Jacob-. Pueden comenzar a decir sus votos.


-Que mi fuerza y mi poder estén contigo –comenzó Gemma tomando las manos de Rorik-, así como mi corazón y mi alma.


Cuando Rorik terminó de repetir las palabras, los lobos a nuestro alrededor comenzaron a aullar, los novios se besaron… y yo lo pude sentir, como una corriente eléctrica que los unía. Mi amigo, el rey licántropo me abrazó y me besó en la frente.


-Pronto –fue todo lo que dijo. Me pareció que esa palabra escondía un gran significado.


Luego comenzó el baile, Jacob me llevó hasta el centro del salón, y después de eso, ya no se volvió a separar de mí. Y tal vez era mi imaginación pero noté un cambio en el ambiente hacía mí, los licántropos que me habían comido con los ojos cuando llegué a la mansión, ahora parecían evitar mirarme.


-¿Quién lo diría? –dijo Lissa cuando Jacob me dejó con ella-. ¡Tú mejor amigo el rey de los licántropos!


-Si –concedí, mordiendo mi labio-. ¿Qué tal tú? Parece que congeniaste muy bien con el amigo de Rorik –dije para cambiar de tema.


-Si, Jack es muy guapo –contestó con las mejillas ruborizadas.


La noche paso deprisa, Jacob bailó un poco más conmigo, terminé muy cansada.


-Regresarás al Luna Llena


No era una pregunta pero de cualquier forma contesté.


-Sí


Jacob sonrió.


-Nos vemos... –hizo una mueca como si se hubiera acordado de algo-. No podré ir al bar hasta dentro de dos días.


-¿Responsabilidades del rey? –aventuré.


-Sí –contestó.


Me despedí y entré en el coche de Lissa.


-Al parecer tienes influencias en el mundo de los lobos –comentó.


Puse los ojos en blanco, sabía que en todo el camino de regreso no pararía de hablar de lo mismo…

domingo, 20 de diciembre de 2009

TE AMO AUN DESPUES DE LA MUERTE

Buen dia mis angeles hermosos como estan , aqui estoy devuelta con ustedes , estoy viva gente  , aunque por poco y  no , jejejejeje , en fin les mando mil besitos y les pido una disculpa por el atrazo. Aqui les dejo sus tres cap del fic que los disfruten y por fiss dejen sus comen , si sean buenas
Angel of the Dark
YOMMI aqui en letras blancas solo para ti , mil besitos nena
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Cap. 13 Te AMO

Mi cuerpo se encontraba entumido por el frío que sentía. Solo la capa que llevaba puesta me servía como sabana. Me encontraba encogida como un feto en un intento de auto brindarme un poco de calor. Los dientes me castañeaban y podía sentir como en mi cabello se habían formado finas capas de hielo (a causa de que se había mojado y, ahora, el gélido viento, había secado la humedad convirtiéndola en algo más sólido) podía sentir mis labios hinchados por lo morados que estaban. Cada vez que exhalaba, un denso humo salía de mi boca.



Sentía mucho, mucho dolor, pero no precisamente por el estado físico en el que me encontraba. No. Si bien mis huesos se encontraban contraídos y mi sangre amenazaba con quedarse coagulada en mis venas, esa no era la razón para que me sintiera enferma. Ese dolor no era nada en comparación a lo que mi alma sentía al aceptar lo que mis ojos le mostraban. Eso era nada en comparación al desconsuelo que me daba al ver como sus ojos me contemplaban sin rasgo alguno de preocupación.


Ni la más mínima intranquilidad recorrió su rostro mientras me veía ahí tirada retorciéndome por el frío que sentía.


Nada.


Ni el más mínimo indicio de protección


Ni la más mínima ayuda.


Hubiera bastado con que sus brazos gélidos se hubieran enrollado entorno a mí (aunque eso me causara aún mucho más frío, el calor de un poco de su amor hubieran bastado para pasar aquella noche)


Cuando el sol se empezó a poner, sus rayos supusieron un gran alivio al entrar en contacto con mi piel.


“Levántate” – ordenó. Abrí los ojos con pesar, no tenía más de una hora que había podido conciliar el sueño. Aún así, no protesté, sabía que no tenía caso alguno. Su piel brillaba tenuemente a causa de la resolana


Cuando intenté ponerme de pie, caí en el intento. Sus brazos no se apresuraron a salvare, como había supuesto una vaga esperanza guardada en mi mente. Me encontré con sus pies descalzos que se movieron con gesto de impaciencia


“¿Qué esperas?” – inquirió – “date prisa, no tengo todo el día, debo buscar un lugar en donde esconderme”


“me siento mal, Edward” – musité. Sentía mi cuerpo muy frío y débil. Escuché un suspiro de impaciencia proveniente de su pecho y en menos de lo que dura un rápido parpadeo, lo tenía a la misma altura de mi rostro


“¿Qué tienes?” – preguntó con indiferencia. Poniendo los ojos en blanco


“creo que…” – contraje el rostro al sentir un cruel escalofrío recorrer mi cuerpo - “creo que me dará gripe” – le miré a los ojos, frío y distantes


“ya sabía que no debía aceptar el tenerte conmigo” – dijo con reproche en la voz – “solo me traerás problemas y limitaciones con tus debilidades humanas” – esas fueron las ultimas palabras que escuché antes de que todo se volviera negro.


Cuando desperté, lo hice en una pequeña recamara. Me encontraba sobre una cama, y tenía sobre mí, varias cobijas, húmedas por el sudor provocado al descender la fiebre. Viajé mi mirada hacia todos lados, asustada de que él hubiera preferido dejarme e irse antes de que pudiera despertar


“¿Edward?” – llamé con el terror impregnado en la voz


“¡Al fin despiertas!” – exclamó aquel suave y afilado sonido, trayendo consigo un infinita paz. Dirigí mi mirada hacia donde me guiaba su voz y le vi, recostado sobre la pared, con la mirada puesta en la ventana que daba hacia la calle


“Gracias” – susurré mientras pasaba mi mano sobre las despintadas cobijas. Giró su rostro en mi dirección y me dedicó una mirada incrédula y burlona


“¡Con que facilidad te emocionas!” – señaló con desden – “te aclaro que tienes suerte” – continuó mientras separaba su vista de mí – “te iba a dejar ahí tirada, pero me diste lastima”


Lastima. Suspiré. Busca las palabras que quieras, Edward. Intenta luchar contra todo lo que quieras, más tu amor por mí siempre vencerá, y mientras tu luchas, yo estaré esperando hasta que ganes aquella batalla


“de todos modos, gracias” – se movió hacia mi como un rayo de luz. Me costaría el adaptarme a esos movimientos tan salvajes, pero al menos, esta vez, no había tenido el instinto de retroceder para alejarme de él.


“No necesito tu agradecimiento” – replicó mirándome a los ojos. Me adentré por unos segundos en su mirada, en aquellos hermosos, solitarios y profundos ojos de color escarlata, ocultos por unas espesas y largas pestañas negras.


No parpadeé hasta que él no giro su rostro para deshacer aquel enlace.


“No vuelvas a hacer eso” – pidió con un gruñido


“¿Hacer qué?”


“Mirarme de esa manera”


“¿Adentrarme en tu alma?”


“¡No tengo alma!” – bramó con su rostro salvaje frente al mío – “¡Te prohíbo que lo vuelvas hacer!” – ordenó furioso – “si quieres estar a mi lado, debes hacer lo que te ordene ¿entendido?” – asentí intimidada mientras él se paraba de la cama con gesto bestial y comenzaba a caminar en grandes zancadas por la pequeña habitación


Hundí mi rostro entre mis rodillas mientras reprimía mis lágrimas. Mi estomago gruñó exigiendo alimento


“Tienes hambre” – dijo en cuanto escuchó el sonido – “pediré algo para que comas... no podría soportar verte más debilucha de lo que ya eres” – agregó y cogió el teléfono


A los pocos minutos apareció una camarera con una charola de comida en sus manos. Al entrar, Edward se limitó a pagar la cuenta (claro, con el dinero que le había robado a su cena de anoche), sin dar ni siquiera las gracias. Al menos era “tranquilizante” el hecho de darme cuenta que su actitud era igual de fría con los demás.


“come” – indicó y no tardé en aventarme hacia el plato en el cual reposaba un filete junto con una ensalada de verduras.


Devoré el platillo con grandes bocados. Edward no pronunció ni una sola palabra mientras tanto.


“¿Te molesta si te tomo una ducha?” – le pregunté en cuanto había reposado la comida. Todavía no anochecía, así que dudaba de que fuéramos a dejar el cuarto en ese instante


“haz lo que quieras” – respondió con indiferencia sin despegar la vista de la ventana. Comencé a desabrochar los botones de mi camisa. Provocando que, por primera vez en más de cuarenta minutos, Edward se moviera, girando su rostro hacia mi dirección. – “¿Se puede saber que haces?” – inquirió mientras me veía fijamente


“No me pienso bañar con ropa, no tengo más” – Me sorprendía lo fácil que me era contestarle de esa manera a un vampiro despiadado, el cual me podría matar cuando quisiera. Edward volvió su rostro a su antigua posición, ignorándome de nuevo.


Aproveché para quitarme los pantalones, quedándome solo con ropa interior. ¿Fue mi imaginación o el vampiro había dejado de observar el horizonte y ahora miraba mi reflejo en el vidrio de la ventaba?


Dejé mi ropa tendida sobre la cama, cogí la pequeña toalla, cortesía del hotel, y me adentré a la regadera. El agua caliente recorrer mi cuerpo se sintió demasiado bien. Me bañé con los ojos cerrados mientras dejaba que mis músculos se relajaran. En medio del denso vapor, una ligera y gélida ráfaga de viento me hizo abrir los ojos, los cuales inspeccionaron el lugar y se encontraron con nada más que con lo que ya estaba antes alrededor.


Salí de la habitación envuelta en la toalla y busqué a Edward. No estaba. Me vestí apresuradamente y esperé por varios minutos sentada sobre la cama.


“Ya es hora de irnos” – salté al escuchar su voz. Edward parecía más un fantasma que un vampiro, aparecía y desaparecía sin hacer el más mínimo ruido


“¿A dónde iremos?” – quise saber


“no lo sé” – respondió – “pero ya no quiero seguir encerrado, y mucho menos con alguien como tu de compañía, ahora que puedo ser libre” – sus ojos se dirigieron hacia el cielo rojo sangre que se levantaba sobre la ciudad. La hora del crepúsculo


Edward corrió por los tejados, llevándome en su espalda. Llegamos a un pequeño y solitario parque, desconocía si seguíamos o no en aquel mismo pueblito de Alaska. Solo sabía que la noche era desoladora, no había ser humano presente alrededor.


“¿Dónde estamos?” –


“No creo que te importe” –


“¿Qué hacemos acá?”


“Yo vengo huyendo y tu, vienes estorbando” - ¿cuándo dejaría de tratarme así?


“¿Huyendo? ¿De qué?” – pregunté asustada, no por mí, si no por él


“de Victoria y de James” – informó – “aunque huir no es la palabra correcta” – dijo – “creo que alejarse define mejor lo que estoy haciendo”


“¿Y por qué te alejas de ellos?” - suspiró mal humorado


“¿No crees que haces muchas preguntas?” – repuso con voz hosca.


“Hago las preguntas que merezco saber” – contesté mirándolo con el ceño fruncido. Él evaluó mi expresión por varios segundos y después, como siempre, su gesto solo denotó la más grande de las burlas


“A veces pienso que se te olvida lo que eres” –


“¿Una débil humana?” – inquirí con voz acida. A este juego de pedantería podíamos jugar los dos, aún si eso significaba mi muerte


“¿Qué más si no eso?” – contestó mientras los ojos le brillaban en la oscuridad. El vampiro se encontraba a unos cuantos metros de mí, con los brazos cruzados sobre su pecho, en un gesto airado y evasivo. Lo extrañaba, extrañaba tanto ese cuerpo que se encontraba a tan poca distancia. Quería sentir sus brazos a mi alrededor, no pedía mucho, solo un ligero abrazo para sentirlo cerca


Noté como el cuerpo de Edward se envaraba repentinamente y ponía toda su atención en la dirección oeste del parque.


“Maldita sea” – gruño mientras sus ojos veían algo que los míos aún no podían.


En ese momento, Edward, de una manera extremadamente inconciente, automática e involuntaria, movió su cuerpo frente al mío.


“¿Qué pasa?”


“¡Cállate!” – ordenó sin dejar de protegerme. A los pocos segundos vi a tres largas y ágiles figuras aparecer en medio de aquella penumbra. A dos de ellos los reconocía perfectamente


“Vaya, mira que sorpresa” – comentó el rubio vampiro, James, mientras caminaba hacia nosotros – “¿acaso no es ella la chica a la que te ibas a cenar hace unos cuantos días?”


“¿Te has decidido por compartirla al fin?” – terció la mujer de cabellera roja como el fuego


“¡Que amable de su parte!” – exclamó el otro vampiro, al que no conocía


“No pienso compartir absolutamente nada con ustedes” – contestó Edward – “¿Qué quieren? ¿A qué han venido?”


“¿Tan rápido has decidido dejarnos?” – respondió James con voz extremadamente melancólica


“¿Por qué no?” – repuso Edward – “no tengo nada que me una a ustedes”


“¡Pero si hay algo que te une a esa jovencita!” – exclamó Victoria


“¡Tonterías!” – gruñó Edward – “yo no tengo ningún vinculo con nadie, ni con nada”


“¿Entonces por que no la has matado?” –


“Eso no es de tu incumbencia, Laurent” – siseó Edward en dirección al vampiro


“¡Lo sabía!” – expuso Victoria – “¡Sabía que tu siempre segarías siendo un vampiro débil y voluble!”


“¡Te equivocas!” – bramó Edward. Mis ojos iban y venían de cada uno de los palidos rostros frente a mí.


“Entonces, mátala” – retó James – “¿O no eres lo suficientemente valiente para ello?”


Edward se giró para verme con los ojos negros y brillantes por la furia.


“¡Matala ahora mismo!” – insitó James – “si ella no significa nada para ti, bebe su deliciosa sangre ahora”


Los latidos de mi corazón se aceleraron al ver que Edward se acercaba con la determinación en sus ojos. Me tomó bruscamente por los brazos y me miró con odio y rencor


“Tu no me vas a ser la causa por la cual me llamen débil” – arrastró cada una de las palabras frente a mí.


Le miré a los ojos con suplica. Antes de que mi corazón emitiera otro palpitar, lo tenía detrás de mí. Sus manos se apretaron fuertemente a mis brazos, como si temiera a que me pudiera escapar. Sentí su gélido aliento detrás de mi cuello, deslizarse hasta un costado de mi este. Mis ojos ya no pudieron reprimir las lágrimas, que empezaron a brotar como cascadas.


Ya casi podía ver la muerte frente a mí. Pero, después de todo, estaba feliz. Iba a morir en sus brazos, cualquier muerte hubiera sido mucho peor. Al igual que cualquier tipo de vida sin él. Al menos, el destino había sido considerado conmigo, por habérmelo traído de vuelta y el haberme dado la oportunidad de haberlo disfrutado un poco más de tiempo. No podía quejarme


“Te amo” – susurré cuando sentí que algo se apretaba ligeramente contra mi garganta.


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Cap. 14 Condena

Con un gruñido, Edward se separó de mí. Pude sentir su respiración entrecortada por el esfuerzo que le tomaba el privarse de mi sangre



“Ponte detrás de mi, Bella” – indicó siseando aún con una de sus manos apretando fuertemente uno de mis brazos y con el rostro no muy lejos de mi cuello


“¡Te lo dije, James!” – la voz encolerizada de la mujer se levantó dos octavas, alterando el silencio de la noche - “¡Te dije que no nos serviría de nada!”


“¿No la vas a matar, Edward?” – el desafío todavía se hacía presente en la voz del rubio vampiro – “¿qué es ella para ti?”


Del pecho de Edward salió un gutural gruñido que hizo a mi piel erizarse.


“¡He dicho que te pongas detrás de mí!” – la mano que apretaba de mi brazo me aventó detrás de él. Fue en ese momento en que comprendí que no había sido capaz de moverme un solo milímetro. Edward levantó los brazos e inclinó su cuerpo levemente, formando un escudo con su cuerpo


Todo pasó muy rápido. Una mancha borrosa se movió en nuestra dirección, Edward emitió un gruñido bestial, desapareció antes de que pudiera estar conciente del movimiento y después, lo vi sobre el cuerpo del vampiro que respondía al nombre de Lauren. Mis ojos no podían ver bien en aquella oscuridad, pero podía jurar que el vampiro estaba siendo destazado por los dientes y manos de Edward, quien por ultimo, (y sin saber cómo) le prendía fuego a los trozos de un cuerpo aparentemente humano.


Mi mente no aceptaba que toda esa sucesión de imágenes transcurriera en menos de un minuto.


“¡Suéltala!” – no entendí por qué Edward había gruñido esa palabra en mi dirección hasta que, un suspiró después, pude sentir unas gélidas manos aprisionando mi cuerpo


“¡¿La quieres con vida?!” – preguntó la mujer mientras arrastraba sus labios una y otra vez contra mi cuello – “que bien huele, sería un desperdicio dejarla ir”


“¡Suéltala!” – volvió a repetir el vampiro con los ojos dilatados y mostrando los dientes. Jamás me podría explicar como un rostro podía llegar a ser tan hermoso y terrorífico al mismo tiempo. El muchacho se giró para encarar a James, quien observaba la escena con los brazos cruzados en el pecho, sin rastro alguno de cualquier emoción


“Tranquilo, Edward” – dijo al ver que éste estaba a punto de lanzarse sobre él – “Si me atacas, probablemente me matarías, pero también Victoria mataría a tu humana al instante, ¿En realidad quieres eso para ella?” – James esperó por una respuesta. El silencio de Edward le dio el triunfo en este juego – “¿Ves como es fácil llegar a un acuerdo?” – preguntó de manera victoriosa


“Ella se irá” – logró decir Edward tras varios segundos – “te aseguro que no me iré de tu aquelarre, pero déjala ir” – James negó con la cabeza mientras miraba fijamente al joven vampiro con divertida crueldad. Sus ojos se posaron por un breve momento en mí, provocando que Edward volviera a gruñir con rabia.


Me pregunté qué tanto escuchaba mi novio en la mente de aquel vampiro que le hacía rabiar de esa manera.


“ella se quedará con nosotros” – dijo al fin James – “es lo que nos asegura que realmente estarás en este aquelarre, además, necesitamos a alguien que nos pueda servir durante las mañanas. Ya suéltala, Victoria. Nuestro amigo y yo hemos llegado al fin a un acuerdo”


La vampira me soltó y aterricé en el suelo con brusquedad.


“recuerda que si intentas huir, no tardaría mucho en encontrarte…” – advirtió el vampiro a Edward – “tu mejor que nadie sabe lo poco que le temo a la muerte, así que si me matas, no ganarías mucho en realidad y podrías perder bastante, ya que lo primero que haremos si nos atacas es matar a la humana” – levanté mi mirada del suelo y pude contemplar como con esas palabras, los dos vampiros desaparecían en la oscuridad de la noche


Al quedarnos solos. Un largo silencio nos invadió. Me puse de pie para caminar hacia el hombre que se encontraba inmóvil, sentado a unos metros de mí, como la más hermosa estatua bañada por el reflejo de la luna


“Edward ¿Estás bien?” – pregunté mientras me acercaba. Me quedé estática a mitad de camino por el aborrecimiento que se reflejaba en sus pupilas


“¿Estarás contenta ahora?” – atajó mientras se ponía de pie con un veloz movimiento – “¡No haces nada más que traerme problemas!”


“lo… lo siento” – comencé a decir atónita por sus palabras. ¿Cómo reaccionar si un minuto antes de que te este gritando había luchado por salvar tu vida?


“No eres más que un estorbo, aún no me explico por que permito que aún sigas a mi lado” – suspiré molesta. Esto ya era suficiente para mí, lo amaba, claro que lo amaba, pero tampoco iba a soportar que a cada cinco minutos me ofendiera


“Bueno ya párale ¿no?” – escupí. Cada minuto que pasaba me convencía más de que Edward no era capaz de matarme, lo cual contribuía a que el temor había nacido en mi se fuera muriendo poco a poco – “¡Ya basta de decirme todo el tiempo que soy un estorbo!”


“¿Cómo osas el hablarme de esa manera después de que te he salvado la vida?” – lo miré entre divertida y molesta. Tal vez no se había dado cuenta, pero su gesto, fuera de ser agresivo, mostraba una gran indignación


“¡Por lo mismo!” – contesté alzando la voz – “¿por qué te quejas si tu mismo evitaste el que yo muriera?, bien pudiste haber bebido mi sangre, o preferir tu libertad a que Victoria me matara…”


“¡Deberías de estar agradecida!” – interrumpió


“¡Gracias!” – repliqué – emitió un pequeño gruñido en mi dirección, pero no me acobardé.


Aquella noche había servido para disipar las dudas que tenía sobre aquel instinto protector de Edward. Había visto con mis propios ojos como se había movido, como había gruñido y usado su fuerza extra humana para defenderme. Edward, mi Edward aún vivía dentro de ese cuerpo, solo tenía que esperar a que despertara.


“Eres demasiado irritante para ser humana” – dijo mientras me miraba, ya controlado


“¿Qué pasará ahora con… con James?” – quise saber. Aunque tenía una vaga idea


“te usará para que yo no pueda dejar el aquelarre de manera tan fácil” – explicó de mala gana


“Siento mucho que tengas que sacrificar tu libertad por mí” – le dije mientras me intentaba sentar a su lado. Él se dio cuenta de mis intenciones y se alejó rápidamente


“¿Te cuesta mucho entender que no te quiero cerca de mí?” – el despreció de su voz era lo único a lo que jamás me acostumbraría. – “hazlo como forma de agradecimiento, al saber que me debes la vida” – asentí mientras retrocedía para darle su “espacio”. Edward volvió a su antigua posición y clavó sus negros ojos en mí


“¿Pensaste que te iba a matar?” – no me esperaba aquella pregunta


“Si” – contesté la verdad


“Yo también lo pensé” – suspiró profundamente mientras inclinaba la cabeza hacia abajo – “todavía no sé que me freno” – murmuró, parecía como si estuviera hablando con él mismo


“¿Tienes alguna teoría?” – se encogió de hombros. En ese momento, con ese gesto, se me figuro mucho al Edward que solía ser antes, tan despreocupado, tan joven, tan… bueno.


Una gota calló del suelo, seguida de otra y de otra más. Edward alzó la vista y después volvió a verme


“Tenemos que buscar un lugar para que no te mojes” – asentí mientras me ponía de pie, ni bien me había incorporado totalmente, ya estaba sobre su espalda, sintiendo como el viento raspaba mi cara.


“pensé que iríamos con James” – le dije al ver el lugar en el que nos habíamos refugiado


“no me quiere pegado a él” – explicó con el tono de voz que se brinda al decir algo que es demasiado obvio – “solo no quiere perderme el rastro por si algún día llega a necesitarme, al igual que a ti”


“¿Qué utilidad podría tener yo para él?” –


“La misma que para mí” – contestó – “por ejemplo, quiero cumplir una fantasía y tu podrías ayudar en ello” – lo miré con la duda expresada en mi ceño – “siempre he querido alimentarme en las primeras horas del día”


“¿Y eso que tiene que ver conmigo?” –


“Que mañana, tu me traerás el desayuno” – mis ojos se dilataron por la sorpresa al entender a lo que se refería.


“Yo no puedo hacer eso…”


“Claro que puedes, y lo harás” – interrumpió sonriendo de manera despiadada


“No, Edward… yo no quiero”


“¡Lo harás!” – exclamó furioso – “no te estoy pidiendo permiso, ni tampoco te estoy preguntando si quieres o no, ¡Es una orden!”


“Puedes cazar en la noche, ahora mismo…” – su sola mirada me silenció


“No pienso cargar contigo si no me vas a servir de nada” – dijo lentamente, con voz amenazante e impositora – “mañana, en cuanto el sol salga, saldrás y me traerás a un humano, no me importa cómo, pero lo harás. ¿Entendiste, Bella?” – no me quedó de otra que asentir –


“Así me gusta” – ronroneó mientras pasaba levemente sus dedos por mi mejilla.


Aún si el gesto fue frío, distante y lleno de maldad, me provocó mariposas en el estomago. Era la primera vez, desde que Edward había cambiado, que me “acariciaba” con sus manos…


Y eso fue suficiente para estar del lado de un verdadero monstruo.


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Cap. 15 Deja Vu




“¿Ya pronto llegamos, hermosa?” – preguntó el hombre mientras me seguía pisándome los talones



“Dentro de poco” – dije. Aún me costaba creer que éste, era la cuarta victima que le conseguía a Edward para que cumpliera su capricho de “comer en las mañanas”


Pensé que yo iba a ser la que cambiaría al vampiro malo por el vampiro bueno que alguna vez fue, pero había pasado lo contrario.


Dos meses completos habían pasado desde que Edward había aceptado el que yo estuviera con él. Dos meses en los que mi vida como humana normal había quedado atrás. Ahora viajaba constantemente, de un lugar a otro, en la espalda de un vampiro nómada, acompañado de dos más, a los que rara vez veíamos.


Y el tiempo, fuera de cambiarlo a él. Me había cambiado a mí


“Aquí es” – informé al joven que venía detrás de mí – “subamos” – indiqué y el chico me siguió de manera animosa. Ni bien había insertado la llave para abrir la puerta de aquel cuarto, ubicado hasta el ultimo piso de un edificio, los brazos del muchacho me rodearon la cintura y sentí sus labios en la parte trasera de mi nuca


Antes de que pudiera llegar a sentir asco, la puerta se abrió sin que yo hubiera girado la perilla, dejando frente a nosotros a Edward Cullen, separando furiosamente al hombre de mí, e insertándole inmediatamente los dientes en la garganta.


Contemplé la escena asombrada. No por muerte del chico, eso ya no me causaba tanto estupor como las primeras veces (he ahí donde hago mención del cambio en mí), si no por la actitud de Edward.


Hasta ese día, él siempre esperaba a su presa cómodamente sentado en algún lugar de la habitación, y no es que a la hora de matarlos fuera considerado o piadoso, simplemente que a este chico lo había tomado con odio supremo entre sus manos. Mis ojos observaban maravillosos al vampiro en acción.


El que lea esto, diría que estoy completamente loca al encontrar grandiosamente hermoso a un asesino desalmado. ¿Pero cómo no verlo de esa manera? Edward se movía sigilosamente sobre su presa, capturándola con un solo y firme movimiento en sus pálidas y grandes manos, sus dientes se enterraban de una manera pausada y sensual en la garganta de sus victimas que, hasta cierto punto, me causaban envidia. No lograba concebir la idea de que alguna persona, fuera hombre o mujer, pudiera sentirse desdichada al morir en manos de semejante demonio en forma de ángel.


Y después venía mi parte favorita: cuando Edward se alejaba del cuerpo de su presa, completamente sin sangre. Su rostro se tornaba levemente ruborizado, sus ojos adquirían un brillo carmesí hipnotizador, y su lengua relamía sus labios ligeramente manchados del líquido rojo que acababa de probar.


“¿Qué tal estuvo?” – pregunté en cuanto se deshizo del cuerpo


“Nada mal” – respondió – “pero prefería que tomaras en cuenta una cosa” – lo miré extrañada, cuestionándole con la mirada a qué se refería. Vi como se debatía para buscar las palabras correctas al responder, lo cual me intrigó mucho, Edward no se comportaba así. No desde que había dejado de ser mi Edward – “¿No podrías escoger a… mujeres en lugar de hombres?”


“¿Por qué?” – pregunté realmente extrañada


“No me gusta que te toquen, Bella” – un fuego lento y delicioso bajó por mi pecho al escuchar esas palabras. Estaba celoso. Tal vez, después de todo, también él había cambiado. – “no soporto la idea de que alguien quiera tenerte. Tu eres mía” – sus pupilas me miraron fijamente, probablemente de manera posesiva pero, al fin y al cabo, yo era completamente de él


“Es difícil engatusar a las mujeres” – me defendí mientras trataba de ocultar el torrente de emociones que me invadían (había aprendido que la mejor manera de alejar a Edward era dándole señales de mi incondicional amor) – “¿Qué quieres que haga?”


“Entonces este fue mi ultimo desayuno” – dijo – “volveré a cazar de noche, cada vez me puedo controlar menos al saber que cualquier imbecil te puede poner un solo dedo encima” – no pude evitar sonreír complacida


“Como gustes” – me encogí de hombros mientras me encaminaba hacia la cama y me dejaba caer sobre ella. Los ojos del vampiro me siguieron en el transcurso, pero decidí hacerme la desentendida


Después, se volvió hacia la ventana (algo que siempre hacía, estuviéramos en el lugar que estuviéramos. Algo que este Edward seguía teniendo de mi Edward. Aunque no lo admitiera, y justificara semejante acción diciendo que prefería ver el horizonte que a mi rostro, sabía la paz que le daba contemplar los paisajes)


Después de comer, me quedé profundamente dormida. Al levantarme, Edward seguía en el mismo lugar, en la misma posición y con la misma expresión. Contemple el cielo y me apresuré a bañarme puesto que el crepúsculo estaba cerca, lo que significaba nuestra estancia en el hotel estaba por terminar.


Y como en todas las ocasiones, al bañarme, una sensación excitante me invadía al cerrar mis ojos. Un tacto gélido recorría cada vez más mi cuerpo, creando un contraste perfecto con el agua caliente. Aquella sensación se desvanecía cuando mis ojos se abrían. Y nunca, jamás, encontraba algo a mí alrededor.


Cuando salí del baño me puse la ropa que no tenía mucho Edward me había comprado (con el dinero de un desafortunado político multimillonario, el cual ya yacía bajo tierra tras haberle servido como alimento). Se trataba de una blusa azul oscuro y unos pantalones de mezclilla color negro.


“¿Qué tal me queda?” – le pregunté, en cuanto me terminé de vestir, al inmóvil vampiro de la esquina


“Me gusta más el color piel” – me pareció escuchar como respuesta, pero lo dijo tan bajito, que no podía estar segura. Esperé sentada a que la hora de irnos llegara


“Vamos” – indicó Edward en cuanto el ultimo rayo de sol desaparecía frente a nosotros. Me puse de pie y en seguida lo tuve frente a mí, mirándome, por segunda vez, fijamente a los ojos.


Llevábamos dos días en aquella ciudad. Por lo que había podido deducir, no estaríamos nunca más de cuatro días en el mismo lugar. Edward saltó del tejado de una casa sin hacer el más mínimo ruido. Me bajé de su espalda y me quedé asombrada al mirar lo que se levantaba frente a mí.


“¿Y esto?” – pregunté asombrada


“Tiene tiempo que no estas entre tu gente más de diez minutos” – dijo sin emoción en la voz – “te mereces un momento entre los tuyos” – comenzó a caminar y, después de que me recuperé de mi asombro, apreté el paso para ir a su par.


Me costaba creer que me encontraba en un inmenso parque, lleno de vida humana, siendo acompañada por mi vampiro. Obviamente, las miradas femeninas no se hicieron esperar. Con la luz de la noche, el rostro de Edward resultaba más que encantador. Su pálida piel parecía un vago reflejo de la luna, su forma de andar, sinuosa y elegante a la vez, no podían pasar desapercibidas para el ojo humano. Su cabello color cobre y despeinado, se movía por la brisa que soplaba. Y el rojo de sus pupilas se disfrazaba con las sombras para darle a estas un toque enigmático y sensual


Detecté con humor que, cada vez que algún hombre me miraba o intentaba sonreírme, se veía intimidado por la feroz mirada de mi acompañante, antes de que pudiera completar la acción. Me pregunté varias veces el motivo de los pequeños gruñidos que salieron de su pecho durante el transcurso de la noche.


El vampiro se detuvo al contemplar fijamente a una pareja que se besaba apasionadamente a pocos metros de nosotros. Yo no pude contemplar la escena por más de cinco segundos… me hacía desearlo aún más y eso, ya se volvía algo realmente insoportable.


Volvimos al mismo hotel, al llegar, me recosté en la cama y como todas las noches comencé a jugar con la medalla en forma de sol y media luna que colgaba de una fina cadena de plata, ambos regalos que el mismo Edward me había hecho en motivo de mi cumpleaños numero dieciocho. Me encontraba absorta, perdida entre las formas del dije, recordando aquellos días que tanto extrañaba, que tanto añoraba regresaran


“Siempre te quedas viendo eso” – salté, puesto que no me había dado cuenta de la hora en la que se había acercado tanto a mí. Su mano se estiró para coger la medallita y la vio por varios segundos – “¿Qué significa?” – preguntó


“Tu me lo regalaste” – respondí sonriendo tristemente. El continuó viendo el objeto con gran concentración


“No lo recuerdo” – murmuró y su aliento rozó mi pecho – “tal vez si pudiera leer tu mente, sería más fácil el revivir esos momentos de los que hablas”


“Te los puedo contar” – dije un poco temerosa por su reacción y su rechazo


“No” – aunque ya me lo esperaba. Siempre me dolería el repudio que le daba saber que algún día me había amado


“¿Por qué?”


“No tiene caso” – respondió poniéndose de pie y yéndose hacia la ventana para posar su atención en la noche que ya casi terminaba. – “deberías dormir” – aconsejó cuando estuvo completamente de espaldas a mí – “según tengo entendido, los humanos duermen en las noches y no en el día, como tu lo haces”


“Aún no tengo sueño” – discutí mientras caminaba hacia donde él estaba, sabiendo que muy probablemente, se alejaría antes de que pudiera estar a menos de dos metros de su cuerpo. Pero me equivoqué, esta vez no se alejó como quien se aleja de una peste al verla. Su mirada siguió clavada, viendo más allá del cristal de la ventana y al llegar, busqué lo que tanta curiosidad le provocaba.


Era una pareja, la misma a la que habíamos visto en el parque, solamente que estaban haciendo el amor y habían olvidado correr las cortinas del departamento. Me quedé en silencio mientras me preguntaba mentalmente qué es lo que Edward estaría pensando


“Tu y yo… ¿Estuvimos de esa manera?” – preguntó tras varios minutos de silencio, sin despegar su atención de la acalorada pareja. Mis mejillas se encendieron por la pregunta, la cual trajo recuerdos de un Edward tan humano como yo, trazando caminos en mi cuerpo con manos temblorosas.


“Si” – contesté con mi vista pegada al suelo


“Tampoco lo recuerdo” – su cuerpo se giró para poder darle la espalda a la ventana y al espectáculo que tanto había estado presenciando – “Me preguntó que sentí en ese momento” – alcé la vista para verlo. Su rostro estaba envuelto en una mascara de duda, como si se esforzara en ese momento por recordar – “pero dicen que las cosas importantes no se olvidan” - agregó mientras se encaminaba hacia la cama – “así que entonces, eso para mí no lo fue” – se dejó caer en la cama y sus ojos se clavaron en mi cuerpo mientras me movía hacia él.


“Si quieres, te puedo hacer recordar lo que sentías en ese entonces” – le dije cuando estuve frente a él, con mi cuerpo inclinado hacia abajo para estar a la altura de su rostro.


No contestó, se limitó a penetrar mis pupilas con las mías y con eso, yo obtuve la motivación para acercarme más. Me senté a su lado, moviéndome con gran lentitud, como si mi impaciencia pudiera asustarlo. No dejé su mirada libre de la mía en ningún segundo que pasó. Y lentamente fui acercando mi rostro hacia el suyo, hasta el punto en que pude sentir su fresco y dulce aliento chocando con mi rostro.


Quería tomar su rostro entre mis manos, pero me contuve, sabía que con ese gesto él podría desaparecer como el viento. Y al fin, cuando mi estomago ya no podía contener más el fuego que se expandía y se comprimía al ritmo de mi corazón, mis labios se juntaron con los suyos.


Antes de cerrar completamente mis ojos para dejarme llevar por la sensación, pude notar que el vampiro hacía lo mismo. Comencé a mover mis labios con los suyos, de manera suave y pausada, disfrutando la textura suave, fresca y dura, al mismo tiempo. Me sentí feliz al notar que no intentaba si quiera alejarse. Cuánto había esperado este momento: el tenerlo así… Con satisfacción, sentí como sus manos se desplazaban hacia mis mejillas y se quedaban ahí, contrarrestando con su fría piel el rubor de estas.


En respuesta, mi boca se movió con más impaciencia y llevé mis manos hacia sus suaves cabellos. Entrelacé mis dedos desde la raíz y comencé a masajearlas. También mi cuerpo exigió más. Comencé a moverme sin despegar mis labios de los suyos y, poco a poco, fui recostando el cuerpo de Edward en la cama. Ante este movimiento, el vampiro separó mi rostro con manos firmes y sus ojos resplandecientes me miraron por varios segundos, mientras mi corazón volvía a su normal palpitar.


“Tu corazón late como un colibrí” – murmuró al fin mientras su mano se posaba sobre mi pecho – “y tu sangre esta tan calida…” – sus ojos seguían profundizando los míos y, por primera vez desde hacía meses, vi el reflejo de unos ojos dorados que brillaban con el amor de unas verdes esmeraldas.