Dark Chat

martes, 15 de diciembre de 2009

TE AMO AUN DESPUES DE LA MUERTE

HOLA mis angeles hermosos!!!! aqui les dejo su dosis de vicio la quiero mucho,les mando mil besitos y por fisss no se les olvide comentar
Angel of the dark
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Cap. 10 Segunda Despedida

Estaba pasando las semanas más felices de mi vida. Edward estaba de vuelta, para mí. Había visitado ya, en varias ocasiones, la casa de su nueva familia. La relación con ellos se había tornado completamente natural. Ya que te acostumbrabas a ellos, a sus rasgos y movimientos hermosos e imposibles, te podías casi olvidar de que tratabas con vampiros.



Habíamos decidido que esperaríamos a que terminara la escuela para mi transformación de humana a vampiro (solo faltaban tres meses. Para ese entonces, le diría a Charlie que dejaba Forks para irme a vivir a otro lugar con el motivo de desalojarme del triste recuerdo de la supuesta muerte de Edward) la idea de dejar a mi padre me dolía, pero realmente no había elección: sin Edward yo no podía vivir. Estaba más que comprobado.


Caminaba por uno de los pasillos de la escuela. Tenía clases de lengua. Todo el mundo había notado el cambio: ya no me cubría el pecho con mis brazos, ni llevaba mis ojos hinchados y llorosos como antes. Mis amigas realmente se veían extrañadas, pero felices por ello. ¡Como me hubiera gustado el poder decirles el verdadero motivo! Pero el vampirismo era un secreto prohibido de revelar.


Al dar vuelta en un pasillo una mano fría tomó mi brazo provocando que me sobresaltara. En menos de un segundo me encontraba internada en un aula que no se usaba, suspiré aliviada al ver que era Edward.


“¡Tonto!” – exclamé tocando mi corazón – “¡Me has dado un susto tremendo!” – esperaba a que sonriera, pero no fue así.


“Tengo que hablar contigo” – dijo y noté que sus ojos estaban oscuros, como solía tenerlos cuando estaba sediento o enojado


“¿Qué pasa?” – pregunté susurrando debido al repentino miedo que me había invadido. Un mal presentimiento


“Alice ha visto algo” – contestó desviando su mirada de la mía – “ha visto que un aquelarre anda rodeando nuestra casa… no son como nosotros, ellos se están alimentando de sangre humana y…”


“Estas preocupado por mí” – completé ya más tranquila. El estar rodeada de vampiros había logrado que el miedo hacia ellos se hiciera casi nulo


“Claro que estoy preocupado por ti” – dijo mientras tomaba mi rostro entre sus manos – “pero no era solo eso lo que te iba a decir”


Esperé.


“Ellos me buscan” – las palabras salieron precipitadas mientras sentía que la sangre huía de mi rostro.


“¿Cómo que te buscan? ¿Por qué?” – pregunté ahora si muy preocupada. ¿Para qué querían a Edward?


“Se han enterado del don que poseo” – explicó – “Me quieren junto a ellos…”


“Pero no te pueden obligar” – interrumpí - "Tu no te puedes ir con ellos si no quieres"


“Claro que no” – aseguró – “ Pero serán insistentes”


“¿Te harán daño?” – quise saber y la sola idea de pensarlo hizo que las lagrimas se derramaran por mis mejillas


“No, mi amor” – susurró tratando de calmarme, mientras sus ojos volvían al color dorado de siempre – “no me pasará nada. No quería preocuparte… solo quería informarte… dudo que pueda estar contigo en estos días, no quiero arriesgarte”


“¿Cuántos días serán?” – pregunté alarmada. La idea de estar alejada de él por más de doce horas me resultaba una pesadilla.


“No lo sé” – respondió – “Pero te prometo que no serán muchos. Pronto estaré contigo y no me alejaré de ti más del tiempo que sea necesario”


Suspiré mientras trataba de ocultar mi miedo. Las despedidas con Edward siempre me habían dejado un trago amargo, principalmente la ultima… me habían traumatizado de alguna cierta manera. No se supera fácilmente el haber pensado que tu novio estaba muerto por más de un año.


“Entonces… no llegaras hoy en la noche” – no fue una pregunta. Si no fuera así, él hubiera esperado hasta ese entonces. Sus brazos cubrieron mi cuerpo cuando notó la incontrolable melancolía de mi voz


“No estés triste, flaca” – pidió con voz suave – “en cuanto sea seguro, regresare a tu lado”


“¿Y si te pasa algo? ¿Y si ellos se enojan al momento en que rechaces su petición y te dañan?” – solté entrecortadamente. Aquello me parecía un Deja’vu. Esta escena se parecía a la ultima noche que pase con mi Edward humano… ¿Y si esta vez no volvía?... ¿Y si esta era ultima vez que pasaba con mi Edward vampiro? Dudo mucho que haya otra forma de sobrevivir después de morir como vampiro...


“Bella… escúchame” – sus manos tomaron de nueva cuenta mi rostro y sus pupilas se adentraron en las mías – “no pasara nada” – prometió – “nada podrá separarme de ti ¿Entiendes?... Te amo demasiado como para alejarme de ti, ni la muerte lo ha logrado…" - suspiró - "dudo mucho que haya algo más difícil de vencer que a ella”


Sus labios buscaron los míos. El contacto estuvo lleno de ese amor que había entre nosotros. Aun con la desesperación, saboreé la forma de sus labios y el sabor de su saliva fresca y dulce. Una de sus manos dejó libre mi mejilla y viajó hacia la parte baja de mi espalda. Aspiré su aliento que me llegó hasta la garganta y me estremecí en el momento en que su mano apretó mi cuerpo hacia el suyo. Nuestros cuerpos empezaron a caer hacia el suelo y empecé respirar de manera uniforme.


Mis piernas se enrollaron en sus caderas, en ese momento Edward se separó bruscamente de mí. Hubo un largo silencio, rotó solamente por nuestras respiraciones desacompasadas.


“Eres todo un peligro” – dijo cuando pudo controlarse. El dorado de sus ojos parecía miel derretida


“Tu eres el peligro” – acusé. Él sonrió de lado mientras se incorporaba y me ayudaba para hacer lo mismo. De repente, su cuerpo se tensó


“¿Edward?” – pregunté y su vista se posó en mi


“Me tengo que ir… falta poco para que lleguen a la casa” – explicó. Los latidos de mi corazón otra vez se aceleraron a causa del pánico.


“Cuídate mucho” – pedí – “Recuerda que mi vida depende de tu existencia”


“Lo haré” – garantizó


“Te amo” – confesé antes de rozar ligeramente sus labios


“Yo más” – sus ojos brillaron. Sus labios besaron la palma de mi mano antes de irse…


Pasó lo que restaba la tarde… pasó el día siguiente…pasaron tres días y Edward no volvía. La preocupación me estaba volviendo loca y mi aspecto volvía a ser el de antes. ¿Y si algo malo le había pasado?... había tenido pesadillas en las que yo corría buscando a mi novio y jamás lo encontraba, pesadillas similares a las que tenía cuando pensaba que lo había perdido para siempre… intenté calmarme, obteniendo un resultado nulo.


Mi corazón saltó de alegría cuando en la cuarta noche una silueta atravesó mi ventana. Sin embargo, la alegría fue remplazada rápidamente por la ansiedad y desasosiego al notar que esa no era la figura de Edward.


“Bella” – la delicada voz sonaba afligida en la oscuridad


“Alice… ¿Qué pasa?” – pregunté alarmada – “¿Dónde esta Edward?”


“Bella… no sé como decírtelo…” –


“¡Alice dime dónde esta Edward! – exclamé ya sin poder calmarme


“¡Bella, cálmate!” – pidió Alice entre susurros – “¡Despertaras a tu padre!”


“No me importa… dime donde esta Edward ¿Por qué no ha venido?”


“Se ha ido” – las palabras quedaron sonando en la oscuridad mientras entraban como martillazos en mi cerebro.


“Se… ha… ido” – repetí mientras mi cuerpo se desplomaba en el suelo mientras mi respiración se ausentaba de mi pecho. Pasó un largo y doloroso minuto antes de que pudiera volver a hablar


“No…” – dije y noté que mi cuerpo temblaba – “No…” – volví a repetir – “Él me lo prometió… me dijo que no se iría… me dijo que… me dijo que estaría bien…”


“Intentamos detenerlo pero…”


“¡¿Por qué no lo ayudaron?!” – exploté casi histérica – “¡Lo dejaron solo y por eso se lo han llevado!”


“¡No, Bella!” – la voz de Alice se alteró por un momento y luego suspiró dos veces para poder controlarse – “Nosotros le pedimos que se quedara… pero él no lo quiso así”


“¡Mentira!” – dije - “Edward no se hubiera ido por su propia cuenta…”


“James lo mordió” – se apresuró a explicar antes de que siguiera con mis acusaciones– “es el líder de ese aquelarre… tenía un don y nosotros lo ignorábamos…”


“¿Un don?” – pregunté – “¿Cómo que tenía un don?”


“Su ponzoña borra todo tipo de buenos sentimientos en cualquier tipo de ser… solo la podía usar en tres ocasiones… dos de ellas las había usado para sus actuales compañeros y la última la utilizó en Edward…”


“¿Estas diciendo que Edward esta siendo manipulado por James?” – Alice negó con la cabeza


“No. Edward no es manipulado” – contestó sobriamente – “Edward tiene decisiones propias, podría dejar el aquelarre en cuanto él quiera…solo que él no recuerda nada sobre nosotros… ni sobre ti” – jadeé de dolor – “Para él es como comenzar desde cero…”


“También se le ha borrado la memoria” – susurré – “Me ha olvidado”


“Edward pudo leer en nuestra mente el vinculo que nos unía desde su nacimiento como vampiro… él sabe ahora que nosotros le queremos, y supongo que escucho tu nombre varias veces ya que yo pensé en ti… pero eso no le importa ya… te vuelvo a repetir: su corazón ahora no sabe de buenos y nobles sentimientos”


“Entonces… ¿Se fue solo?” – pregunté con el poco aliento que me quedaba


“Se ha ido con James y su aquelarre… por el momento estará con ellos, solo por sentido de supervivencia”


“¿Por qué con ellos?” – reproché


“Por que leyó en la mente de Carlisle y de todos nosotros que no bebemos sangre humana… ahora la privación de ese privilegio le parece una ofensa… lo siento mucho, Bella” – la voz de Alice sonó demasiado triste y amarga.


Me dejé caer al suelo. Mi mejilla sintió el frió del piso y cerré los ojos imaginando que era una pesadilla y que estaba recargada en su pecho… se formó un charco de agua salada debajo de mi mejilla y el dolor de mi pecho hizo que llevara mi mano hacia el y lo apretara fuertemente. Mi cuerpo se estremeció al pensar que Edward estaba lejos de mí… otra vez.


La mano de Alice acariciaba mis cabellos y después sus brazos me consolaron toda la noche.


“Lo siento tanto, Bella” – repetía una y otra vez con voz entrecortada. Estaba segura de que, si pudiera llorar, lo hubiera hecho desde hacía mucho.


“Nada podrá separarme de ti ¿Entiendes?... Te amo demasiado como para alejarme de ti, ni la muerte lo ha logrado… dudo mucho que haya algo más difícil de vencer que a ella”… claro que no. Nada podría separarnos.


“Alice” – llamé


“¿Qué pasa, Bella?” – preguntó con voz suave


“¿Sabes hacia dónde se fue Edward?” – cuestioné


“Si. Se fue a Alaska” – dijo con voz cautelosa. Sus ojos se perdieron en algo que vio – “¡No!” – soltó – “¡Estas loca si piensas que dejaré que vayas en su busca!”


“No voy a separarme de Edward” – discutí – “Iré a buscarlo”


“¡Te mataría en cuanto sienta tu olor!” – siseó – “Entiende que él ya no es el mismo. No le importará el matarte con tal de beber tu sangre”


“¡No me importa!” – exclamé – Alice… por favor – supliqué tratando de calmarme - dime exactamente en qué lugar esta – las lagrimas caían como lluvía sobre mis mejillas. Su mirada se suavizo y su pequeña manita acarició mi rostro con ternura


“En realidad lo amas demasiado” – dijo – “¡Pero ni creas que te dejare ir hacia allá…!” – mi rostro se descompuso en una mascara de dolor y desesperanza


“…No al menos sin mí” – completó y yo salté a sus brazos


“¡Gracias, Alice!” – sollocé entre sus brazos – “¡Muchas gracias!”


Me tomó dos días en arreglar las cosas para dejar Forks. A mi sufrimiento se agregó el dolor de Charlie al recibir la noticia de que me iba. Besé a mi padre con lágrimas en los ojos. Ignoraba si lo volvería a ver otra vez.


A nuestra partida se agregó toda la familia de Carlisle. Alice insistió en transformarme pero me negué rotundamente


“Como humana eres demasiado vulnerable” – disputó – “Si tienes pensado encontrarte con Edward no te conviene en lo absoluto el mostrarte con sangre caliente corriendo por tus venas”


“Si me hago inmortal y Edward no regresa…” – susurré y el pecho se me contrajo del dolor - …no quiero una vida sin él… no aceptaré ninguna otra ponzoña recorrer mi cuerpo que no sea la suya” – dije firmemente pues la inmortalidad sin él resultaba una existencia vacía y muy dolorosa.


Nuestro viaje a Alaska no nos tomó mucho tiempo gracias a la velocidad con la que conducía Jasper.


No pude disfrutar del nuevo paisaje que nos rodeaba ya que mi mente solo se encontraba concentrada en buscarlo…


“Mi única razón de esta nueva vida eres TU…”


“Lo se” – susurré para mi mientras un viento helado me daba la bienvenida a mi nuevo hogar.

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Cap. 11 El Primer Encuentro

Bella, te lo pido una vez más: piénsalo” – decía Alice mientras posaba sus pétreas manos en las mías. Yo negué con la cabeza lentamente



“No hay nada que pensar” – respondí – “he venido hasta acá con una sola misión… no me voy a ir si no es con Edward a mi lado”


“Pero el ir sola a buscarlo…”


“¿Hay otra opción?” – interrumpí mientras sentía los ojos del resto de los vampiros posados en mí – “¿Me vas a negar que si Edward me ve con compañía huiría pensando que le han tendido una trampa para que regrese con ustedes?”


“Te puede matar” – terció Esme con las manos puestas en su corazón.


“Si lo hace… ahí acabara todo” – susurré


Llevábamos más de una semana en el frío Alaska y hasta hoy en la madrugada, habíamos tenido noticias concretas de Edward.(había estado viajando de un lado a otro con el aquelarre de James sin decidirse en que lugar asentarse. Alice había visto esta mañana que habían optado al fin por un pueblecito no muy habitado a las orillas del país y en ese mismo instante nos habíamos trasladado hacia allá)


La hora del crepúsculo llegó y con ella salí de la casa dejando atrás a las suplicas de mis vampiros. Edward no podía arriesgarse a salir antes puesto que, a diferencia de Forks, aquí el sol traspasaba las espesas nubes. Salí envuelta con una capa, el viento frío cortaba mi cara y resecaba mis labios. No estaba lejos, solo tenía que caminar alrededor de setecientos metros para estar en el mismo lugar que él.


Encontré el oscuro y desolado callejón que Alice (de mala gana) me había descrito. La neblina era ligeramente espesa y le daba al lugar un toque enigmático. La repentina soledad de la calle presagiaba el peligro que rodeaba las calles…


Un viento helado sopló agitando la larga prenda que traía. Me estremecí. Miré el reloj: las ocho de la noche. Faltaba más o menos una hora para que Edward saliera de caza. Estaría muy sediento, según vio Alice…


Me senté en una banca oxidada… al momento en que sostenía entre mis heladas manos el reciente regalo que Edward me había dado por mi cumpleaños. Una ráfaga de viento pasó por mi rostro. No podía ser la dirección del viento. La columna se me enfrió mientras la respiración se me entrecortaba.


Edward apareció frente a mis ojos. Estaba a varios pasos de mí, pero sus pupilas brillaban en la oscuridad, estas parecían a las de un gato al acecho. Entrecerré mis ojos para poder adaptarlos mejor a la oscuridad. Su rostro hermoso se había endurecido notablemente y estaba ladeado levemente hacia la derecha, me miraba fijamente, como cuando un violador valora a su victima antes de cometer el crimen.


“Edward…” – susurré con la garganta cerrada. Su cabeza se enderezó y su ceño se frunció levemente. No me atreví a decir más. Su mirada me evaluaba fijamente. No era la mirada amorosa y tierna que provocaba enrojecer mis mejillas, no. Esta mirada era fría, cortante y lastimera… y me volvió más pálida de lo que ya era.


Otro hombre apareció a su lado. Tenía movimientos felinos y agresivos y su cabello era castaño.


“Vaya…” – musitó – “has conseguido una presa deliciosa” – su lengua mojó sus labios. Mis ojos se posaron en Edward quien había vuelto a ladear el rostro y sonreía de manera complacida.


“Creo que la quiero para mi solo” – ronroneó con voz afligida por la sed.


“Debes aprender a ser compartido” – recomendó una voz femenina. La mujer que ahora los acompañaba era de cabello rojo como las llamas de un fuego – “presas como esta, no se encuentran todos los días”


“Yo lo hice” – respondió Edward – “vayan en busca de su propia comida… ella es mía” – la mujer y el otro hombre intercambiaron miradas – “¡Lárguense!” – gruñó Edward con un gesto en su rostro que le hizo verse aterrador. No pude evitar dar un paso hacia atrás mientras las dos bestias me dejaban sola con él.


Sus ojos se dirigieron de nueva cuenta en mí. Yo era incapaz de articular palabra alguna.


“¿Cómo sabes mi nombre?” – preguntó con voz cautelosa mientras se acercaba con movimientos felinos hacia mí. Tragué saliva para poder hablar


“Soy Bella…” – en un parpadeo lo tuve frente a mí. No pude evitar dar otro paso más hacia atrás en cuanto tuve sus ojos diabólicos frente a mí. El dorado había desaparecido de ellos, siendo remplazado por un rojo sangre.


“Así que eres tu…” – una sonrisa burlona curvó sus labios mientras me volvía a evaluar con la mirada – “¿Y por ti Alice suplicaba que me quedara? – una cortante carcajada seca salió de su pecho.


Sentí un retorcijón en el estomago al escuchar su comentario despectivo y mis ojos se llenaron de lagrimas… no podía controlar el palpitar desbocado de mi corazón. La carcajada desapareció y su rostro se tornó serio otra vez. Me adentre en sus pupilas, buscando en ellas aquella luz que la distinguía entre todas. Aquella luz que me hechizaba… por la cual estaba dispuesta a morir… más no había luz alguna en aquellos ojos de penumbra


“No puedo leer tu mente” – dijo – “pero los humanos, como toda especie inferior a nosotros, son predecibles” – se alejó un paso de mi mientras cruzaba sus manos sobre su pecho. Me di cuenta hasta ese momento que su vestimenta también había cambiado. Ya no llevaba las usuales camisas o playeras de color claro que solía usar antes. Ahora su ropa consistía en un holgado pantalón que le caía sobre las caderas y una camiseta de color negro. – “Seguramente has venido a buscarme…”


Asentí con la cabeza. Mi cuerpo temblaba, quería pensar que por el frío. Jamás había temido tanto a Edward como en esta ocasión… Era una promesa que tenía conmigo y con él: jamás, no importaba lo que fuera, le temería… yo confiaría todo el tiempo en él


“Déjame decirte que eres una humana idiota” – cerré mis ojos en un gesto de dolor al escuchar aquellas palabras… palabras que jamás hubiera imaginado escuchar de sus labios… - “¿Qué te hace pensar que yo pudiera, si quiera, tener el mínimo deseo de estar contigo?”


“Tu…” – contesté susurrando


“¿Yo?” – cuestionó mientras se señalaba con la punta de su dedo. Asentí intimidada por la burla de sus ojos


“Lo único que has venido a buscar es tu muerte… Bella” – pronunció mi nombre con tanto desprecio que tuve la autonecesidad de cubrir mi pecho con mis brazos – “La única razón por la que estaría junto a ti, sería para extraer hasta la ultima gota de tu sangre”


“Pues hazlo” – pedí. Prefería la muerte que a esto. Su desprecio era como si me cercenaran pedazo tras pedazo, aun con vida. Al menos si me mordía y bebía mi sangre, el dolor sería más rápido y acabaría con la muerte – “¿Qué esperas?”


“¿Me estas retando?” – decidí cerrar mis ojos para ya no verle el rostro (algo que jamás pensé llegar a ser). Callé. El silencio era mejor para todo esto. – “No te mataré” – dijo tras esperar un largo minuto mi respuesta – “No me gusta hacerle favores a nadie, mucho menos a humanos débiles y carentes de valor como tu, que piden a gritos su muerte…”


“Buscas pretextos” – señalé – “En realidad no quieres matarme…” – sentí un fuerte golpe en la parte trasera de mi cabeza que me impidió seguir hablando. Comprendí que Edward me había empujado hacia la pared del callejón


“Yo que tu no malgastaría mi tiempo” – siseó. No pude desviar mis ojos de los suyos, su mirada quemaba por el odio que esta irradiaba – “no quiero volver a verte” – ordenó mientras su mano apretaba mi cuello – “la próxima vez que te me pongas en frente, ten por seguro que serán los ultimo segundos de tu miserable vida” – la fuerza que me tenía aprisionada desapareció provocando que mi cuerpo cayera al suelo y me raspara la rodilla, la cual comenzó a sangrar


Un enorme gruñido salió de su pecho y levanté la vista para verle. Me quedé completamente paralizada al ver a Edward de esa manera: enseñándome amenazante los colmillos, y con los ojos negros y casi salidos de su orbita. Sin dejar de verme, se agazapó frente a mí, como un león a punto de atacar a su presa. Sentí nauseas a causa del vértigo.


“Edward…” – susurré mientras pegaba lo más que podía mi espalda hacia la pared. En ese momento, el vampiro cerró sus ojos fuertemente mientras un gesto de dolor cruzaba por su rostro


“¡Lárgate!” – gruñó en mi dirección, jamás había visto a sus colmillos tan largos y afilados como aquella noche. Pero, pese a todo eso, no me atrevía a dejarlo solo. Estaba dispuesta a quedarme, morir si era necesario, pero no quería irme con esa imagen de amargo dolor en su rostro – “Maldita humana… ¿Qué esperas para irte? – vi como sus dedos se enterraban en el grueso pavimento de la calle, como si de tierra blanda se tratara - ¡No te daré el gusto de acabar con tu vida!” – en ese momento, una sombra me sacó de ahí. El movimiento fue tan rápido que no tuve tiempo de protestar.


“¡Bella!” – exclamó Jasper en algún lugar lejos de él, mientras me sacudía por los hombros – “¿Estas bien?” – me quedé aturdida por no se cuanto tiempo hasta que empecé a sollozar escandalosamente.


Me resbalé lentamente para caer al suelo y volví a cubrir mi torso con mis brazos, sentía como si estuviera descuartizada. Las lágrimas que se derramaban de mis ojos eran tan espesas que no me fijé cuando Alice ya estaban frente a mí.


“Faltó poco” – alcancé a escuchar que decía Alice


“Llevémosla a casa, está helada” – propuso Jasper mientras me ponía de pie, me dejé cargar entre sus brazos sin protestar.


No sé decir si era el viento que soplaba fuertemente, la pétrea piel del vampiro que me sostenía o el alma que la sentía tan vacía, lo que provocaba el temblor de mi cuerpo. El tiempo pasaba lento y rápido a la vez… no sentía brazos, no sentía calor, no sentía nada que no fuera frío y dolor. Mucho dolor


“Duerme, Bella” – aconsejó Esme dos noches después de lo ocurrido mientras me arropaba en la cama y me pasaba la mano sobre mi mejilla. Negué levemente con la cabeza. A pesar de que podía sentir como mis ojeras se estiraban debajo de mis ojos, me oponía a cerrarlos ya que, inmediatamente, venía a mí la imagen de su impasible mirada…


“Se lo dije” – alcancé a escuchar que decía Alice con voz lúgubre – “Al menos, no la mató, estaba tan decidido…no quiero ni pensar si Jasper se hubiera retrazado un solo segundo más… aunque me preocupa, parece que no se repondrá tan fácilmente”


Al menos, no la mató…


Me levanté de la cama por primera vez después de cuarenta y ocho horas, atrayendo la atención de todos mis espectadores.


“¿Pasa algo?” – preguntó con voz dulce Esme. Me quedé ida segundos antes, mientras la idea entraba en mi cabeza y la razón volvía por completo


“¿Bella?” – llamó Jasper – “¿Se te ofrece algo?”


“Edward… no me mató” – susurré más para mí que para ellos.


“¡No, Bella!” – la voz de Alice sonó autoritaria – “¿Acaso no te bastó con lo que pasó?”


“No me mató” – volví a repetir, ignorándola “Eso significa que…”


“Eso significa que la vida te ha dado otra oportunidad” – interrumpió Alice – “¡Entiende Bella que Edward ya no siente nada por ti!”


Me llevé las manos a los oídos y apreté mis ojos, de manera tenaz, para no escucharla y comencé a llorar. Aquellas palabras lastimaban demasiado como para ser soportables.


“Bella…” – susurró Emmet mientras retiraba mis manos de su posición. Abrí mis ojos para rogarle con ellos


“Solo otra oportunidad” – pedí entre sollozos – “Solo una más…”


“Te matará… - comenzó a decir el enorme vampiro


“No lo hará” – discutí – “y si lo hace… mejor alivio que eso”


“¡¿Estas loca?!” – inquirió Alice sobresaltada – “¡¿Cómo puedes seguir estando dispuesta a morir en manos de él?!


“Él es Edward” – dije con voz desafiante


“Estas equivocada” – discutió Alice – “el Edward que tu conociste ya no existe más… ¿Acaso fue te fue suficiente verlo ya con tus propios ojos que ahora es solamente un monstruo?”


“No me mató” – repetí


“¡Por que Jasper te salvó!” – soltó levantando las manos de manera desesperada. Jamás, en el poco tiempo que llevaba conociéndola, la había visto así. Incliné la cabeza para ver hacia abajo. La furia de Alice me entristecía más, aunque sabía perfectamente que tenía derecho de estar así de preocupada por mi, me constaba entenderlo


“Bella” – susurró la pequeña vampiro mientras se sentaba frente a mí y me tomaba las manos – “Lo siento” – se disculpó con voz triste, verdaderamente sincera – “me imagino lo difícil que ha de ser todo esto para ti… no quiero amargarte más la situación, ni mucho menos quiero lastimarte con mis palabras, pero… no quiero que te pase nada malo, sé que si a Edward no le hubiera pasado esto, jamás me lo perdonaría”


“No te lo puedes imaginar, Alice” – dije – “Jasper esta a tu lado… contigo. Este dolor solo puede ser comprendido por alguien a quien le haya pasado lo mismo… no es la primera vez que pierdo a Edward”


“Como me gustaría ayudarte…”


“Dime donde esta” – me apresure a decir – “esa es la ayuda más valiosa, y la única que necesito. Para esto no existe consuelo alguno…” – Alice giró su rostro para cuestionar a los que se encontraban rodeándonos, sin articular palabra alguna. Su mirada se posó en Carlisle, quien asintió levemente con la cabeza y después ella suspiró derrotada


“Por lo que veo, se le ha hecho costumbre el estar todas las noches en el mismo callejón en el se encontraron… parece que no tiene planes de cazar, aún” – en cuanto terminó me lancé a sus brazos y con todas mis fuerzas apreté su liviano cuerpo


“Muchas gracias” – me levanté rápidamente de aquella cama. Me puse los tenis y la capa negra de lana


“Bella” – llamó Esme en cuanto me disponía a salir por la puerta – “Es muy tarde… ¿Por qué no esperas a mañana? – negué con la cabeza sin pensarlo dos veces. Después, solo por curiosidad, vi hacia el reloj que pendía en la pared: las once la noche. No importa, pensé.


“Pase lo que pase” – pedí a los seis vampiros que estaban frente a mí – “no vayan en mi busca… no quiero estar otra vez sin él” – ninguno contestó algo sobre mi petición, ni yo esperé mucho por una respuesta. Emmet se limitó a llevarme y dejarme a una distancia menos larga


Caminé con pasos rápidos hacia aquel callejón con el corazón palpitando frenéticamente, sabía que él no tardaría en escucharlo. ¿Sería esta la última vez que lo vería? ¿Cumpliría Edward la fría promesa que me había hecho o mantendría su palabra al decir que nada era más fuerte que el amor que sentía por mí?…

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 Cap. 12 Monstruo

Me tenía acorralada. Su mano apretaba fuertemente mi cuello y el odio puro destilaba de sus ojos.



Solo espera que mis vampiros hicieran caso y, esta vez, no intervinieran en mi muerte---


Todo estaba bien si me mataba en ese instante... No podía imaginarme vivir sin él.


“Te dije que no me compadecería de ti la próxima vez que te viera” – gruñó mientras, en un instinto de supervivencia, tenía mis manos aferradas a su duro brazo en un vano intento de alejarlas de mi garganta


“Necesita… necesitaba verte” – logré decir aun con la yugular casi cerrada


“¿Para qué?” – preguntó con frialdad – “¿para morir?”


“Esa es un… esa es una de las posibilidades” – la fuerza que apretaba mi cuello desapareció levemente.


Esta vez, pude darme cuenta de que Edward me soltaba con más delicadeza (por darle un nombre) a la hora de soltarme (al menos, no me había sangrado, pero si me había llevado un fuerte golpe en la cabeza)


“Una de las posibilidades” – repitió mientras se agazapaba frente a mí como un gato. No pensaba atacarme, lo sabía, pero sus movimientos ahora eran demasiado felinos y rápidos como para no asustarme – “indica el plural” – ordenó, sin embargo, decidí callar, sabía que se burlaría de mis vagas esperanzas


“¿En realidad crees que yo pueda regresar contigo, no?” – preguntó de forma hiriente, pero el dolor cada vez se hacía más amigo mío, facilitándome las cosas


“Si” – me limité a responder. Una fuerte y seca carcajada salió de su pecho


“¿De verdad crees que yo puedo llegar a amarte? A ti, a una simple y corriente humana” – dolor y más dolor. Suspiré mientras sentía como el corazón se me deshacía


“Hace una semana no pensabas así” – levanté la vista pare verle y me arrepentí al momento. ¿Cuándo me iba a entrar en la cabeza que aquellos calidos ojos color dorado ya nos los iba a encontrar en él? Su mirada era hosca, irradiaba entre la furia y la más vil de las burlas


“Hace una semana, yo no era lo que soy ahora” – respondió


“¿Y qué eres ahora, Edward?” – el pronunciar su nombre hizo que mi estomago se retorciera


“Un vampiro”


“Hace una semana, cuando me dijiste que me amabas, eras un vampiro” – le recordé. Enfureció con ello, su mano otra vez me empujó fieramente contra la pared y me aventó a unos cuantos metros. Sonreí mientras caía estrepitosamente en el pavimento.


Pareciera absurdo y enfermizo el que te alegres de que el amor de tu vida te avienta por los aires, pero estaba conciente de la fuerza que tenían los vampiros, sabía que si Edward quisiera matarme, lo hubiera hecho en ese preciso momento.


Sin embargo, (y tal vez él no se daba cuenta) había algo que se lo impedía, algo que controlaba esa fiereza, esa brutalidad y no le permitía el azotarme de tal modo que me despedazaría al instante. Las agresiones que de él había recibido, eran de la fuerza de cualquier humano de cuerpo fornido, nada más.


La fuerza que había empleado en mí era nada. Y eso me daba esperanzas. Era la segunda ocasión en la que veía a Edward en este estado, y aún no cumplía su promesa de matarme


“¿Estas loca, verdad?” – preguntó mientras se agazapaba para ver la sonrisa de mis labios – “¿Cómo puedes reír con el dolor?” – suspiré mientras me incorporaba.


Otra cosa: Edward había sido cuidadoso en no provocarme heridas sangrantes. Tenía raspones secos, rayones y, seguramente mañana, (si es que había mañana) tendría moretones por todo el cuerpo. Al sentarme noté que el cuerpo me dolía. Sus ojos me inspeccionaban con curiosidad


“Eres extraña” – señaló


“probablemente si” – respondí.


“Pareces no tenerme ni el más mínimo de miedo” – encogí de hombros, mientras hacia una mueca de dolor


“no le puedes temer a lo que amas” – levanté mi mano para rozar su mejilla. Su rostro no denotaba ningún tipo de sentimiento, parecía una piedra, la más hermosa escultura. Esquivó mi roce con repudio


“No quiero que me toques” – dijo sin trabas – “y deja de decir estupideces” – pidió mientras se alejaba – “los demonios no despertamos ningún tipo de amor ya que no necesitamos de este absurdo e infantil sentimiento”


“¿Cómo puedes decir eso si no te has dado la oportunidad de experimentarlo? Quiero decir, ahora, que no recuerdas…”


“¿y de qué me serviría recordar el que, según ustedes, estuve enamorado de ti? – interrumpió tajantemente – “realmente la idea no se me hace nada apetitosa, para serte sincero, se me revuelve el estomago solo de imaginarlo” – sus ojos al verme solo mostraron un gran desprecio


“no pierdes nada con intentarlo” – repuse soportando el dolor que me provocaban sus palabras – “¿O te da miedo?”


“¿Miedo?” – bufó – “no sabes lo que pides, muchacha”


“Te da pavor volver a enamorarte de mí. ¿Es eso, verdad?” – sabía que me estaba arriesgando demasiado al provocar de esa manera a Edward pero no había otra solución. O me mataba, o, si mis planes daban resultado, aceptaba todo esto como un reto. Cualquiera de las dos opciones eran mejores a que me dejara tirada y se fuera.


“Si acepto ¿Qué tengo a cambio?” – inquirió de manera calculadora, sondeándome mientras se paseaba a mi alrededor


“lo que quieras” – contesté inmediatamente. Se detuvo frente a mí, con una sonrisa malévola en sus labios


“lo que quiera” – repitió con intensión – “¿Dejarías al clan de Carlisle y vendrías conmigo?” – tragué saliva con dificultad. Dejar a Carlisle y los integrantes de su aquelarre, eso no era justo. Pero esperaba que lo comprendieran


“Si” – respondí con voz apagada – “iría contigo” – estiró más esa sonrisa diabólica y me mostró los colmillos.


“Perfecto” – arrastró la palabra con desden y me tomó de la mano para jalarme a toda velocidad. Este viaje no resultó para nada similar a los que había hecho en la espalda de Edward anteriormente. No había esa delicadeza ni ese instinto protectivo. Lo único que me quedó fue apretar mis brazos a su cuello, no pude disfrutar de poder tocarlo, ya que él no me permitió ni pensar en ello con su aspecto tan indiferente.


En cuanto se detuvo, caí de espaldas hacia el suelo.


“Debes acostumbrarte a una cosa” – dijo con ojos repentinamente oscurecidos y maquiavélicos – “si vas a estar conmigo, sirviéndome, debes acostumbrarte a mi forma de vida” – desapareció de mi vista por unos segundos, probablemente tres o cuatro, y cuando lo tuve de nuevo frente a mí, me quedé petrificada en el suelo.


En sus manos llevaba a un joven, le calculé una de edad de, más o menos, veinticinco años. El chico temblaba en las manos de Edward y leí en sus ojos el pavor y la suplica


“No lo hagas” – susurré con lagrimas en los ojos.


Edward me dedicó una mirada divertida, disfrutando de mi dolor y del miedo de su presa, antes de clavar sus dientes en la garganta del muchacho. Cerré mis ojos cuando escuché el agónico grito del humano que desapareció en cuestión de segundos.


Cuando los violentos gimoteos cesaron, abrí mis ojos y me encontré con dos brillantes pupilas, color escarlata.


“¿Ves, Bella?” – preguntó, con un hilo de sangre escurriendo en una comisura de sus labios – “¿eres capaz de amar a algo como yo?”


Definitivamente, no quedaba nada de mi Edward, absolutamente nada. Ni el calido e inocente brillo de su mirada, ni lo tierno y aterciopelada de su voz, ni su sonrisa picara y juguetona, ni lo bueno y pura de su bondadosa alma… nada de eso habitaba en aquel cuerpo.


Sin embargo…


“claro que si” – respondí, adolorida por mi respuesta


¿Cómo podía amar a un monstruo?

sábado, 12 de diciembre de 2009

Sangre Real

Capitulo 2

Noche Eterna

Casi temblé al entrar en el bar, tenía tantas ganas de correr, pero no podía, mi trabajo dependía de ello.


Mientras me dirigía a la oficina de Roderick, eché un vistazo a mi alrededor, la mayoría de la clientela estaba compuesta por vampiros machos, ahora comprendía porque mi jefe sólo contrataba chicas para atender el lugar.


-Bella que bueno que ya estás aquí –dijo Rod, iba saliendo de la oficina cuando lo encontré.


Me guió por un pasillo hasta llegar a la puerta del fondo.


-Tengo que irme –abrió la puerta-. Pero las chicas te dirán todo lo que tienes que hacer.


Era un cuarto amplio, con espejos y sillas. Había cinco jóvenes adentro, supuse que las demás ya estarían atendiendo a la clientela.


-Ella trabajará con ustedes –dijo Rod y abandonó la habitación.


Las chicas me observaron por un momento y luego continuaron con lo que estaban haciendo, una de ellas, una chica de largo cabello rubio se me acercó y me tendió un pantalón y una blusa.


-Ponte esto –dijo-. Creo que te quedará.


-Gracias


Me vestí en un cuarto de baño que había en la habitación, no me importaba cambiarme en frente de ella, pero temía que vieran la daga que traía escondida. El pantalón negro me quedó a la perfección y pude esconder mi arma debajo de él, mi problema fue la blusa roja demasiado ajustada para mi gusto.


-Recoge tu cabello –me sugirió una joven de rizos castaños, parecía tener 25 años, daba la impresión de ser la más experimentada-. A ellos no les gusta que cubras tu cuello.


Me estremecí.


-¡No vengo a eso! –exclamé-. ¡Yo sólo soy una simple camarera!


La castaña arqueó una ceja.


-Me pregunto porque te habrá contratado Rod


-Yo ya trabajaba para él –informé-. En el Luna llena, sólo vengo aquí por una semana.


-¿Y el te prohibió hacer lo que nosotras?


-No, yo le dije que no lo haría –contesté-. No voy a dejar que nadie me muerda.


De pronto, tuve la atención de las cinco chicas. La castaña me miró como si no pudiera creer lo que escuchaba.


-Que tonta –me dijo.


-¿Tonta yo? –arqueé las cejas-. ¿Cómo pueden permitir que esas cosas las utilicen? ¿Por qué lo hacen?


-Porque así, uno de esos vampiros se puede enamorar de nosotras –suspiró la chica rubia.


-Los vampiros no se enamoran


-¡Claro que si! –exclamaron las chicas a coro.


-Todos los vampiros necesitan a su compañera eterna –dijo la chica de los rizos-. ¿Por qué crees que casi no vienen hembras al bar?


-No se –admití.


-Porque hay menos hembras que machos y las que hay ya tienen compañero y no necesitan sangre humana, se alimentan de su pareja… aunque también vienen parejas al bar, ellos piden bebidas con sangre que ya ha sido extraída.


-Escucha a Ashery –me dijo la rubia-. Ella sabe mucho de los vampiros.


-Si un vampiro se enamora de nosotras nos convertirá –continuó Ashery-. Y obtendremos juventud y belleza eterna.


Las otras chicas parecían entusiasmadas con las palabras de Ashery, yo en cambio, sentía ganas de vomitar… ¿Por eso se dejaban que les robaran su vida? ¿Para convertirse en monstruos?


-No se engañen –les dije-. Ellos lo único que ven en ustedes es comida, eso es todo, ellos no son capaces de amar… no se arriesguen por…


-No tenemos tiempo para escucharte –me interrumpió Ashery-. Ya tenemos que salir a atender a los clientes…


Las chicas salieron, sólo se quedó la rubia, extendió una mano hacia mí, tenía un listón negro en su palma.


-Póntelo en el cuello –me dijo-. En el bar se acostumbra que las chicas se lo pongan después que las han mordido dos veces, los vampiros saben que ya no pueden tocar a una chica que lleve este color de listón.


-Gracias –le sonreí y me lo amarré al cuello. Era bastante ancho como para cubrir buena parte de él, me sentí un poco más segura-. ¿Cómo te llamas?


-Kisha –respondió-. ¿Y tú?


-Bella


Todo fue bien las primeras horas, muchos vampiros parecían interesados en mi cuello, pero gracias al listón y a que yo los rechazaba no insistieron más. Pero tuve que llevarles a otras de mis compañeras y auque lo intenté, no pude evitar presenciar la terrible escena: las chicas se sentaban en las piernas de los vampiros y dejaban que les enterraran los colmillos. Muy pocos fueron los decentes que pidieron una bebida, la mayoría prefería directo del envase. Era demasiado para mi, el tiempo parecía estar en mi contra, cada vez avanzaba más lento y yo quería salir del bar lo más pronto posible.


-¿Qué quieren?


Los cuatro vampiros me miraron fijamente, como si yo fuera la respuesta a la pregunta. Supongo que así veían a todas las chicas que se les ponían en frente.


-Un poco de tu sangre –contestó un vampiro de cabello castaño oscuro y ojos verdes.


Señalé mi listón negro.


-Lo siento, he dado demasiada esta noche –contesté.


-Prometo que sólo será una probada –dijo. Tomó de mi brazo y me obligó a sentarme en sus piernas, todo fue demasiado rápido.


-¡Suéltame! –exclamé al ver que su cabeza se inclinaba hacia mi cuello. Saqué mi daga del pantalón y la apunté a su corazón.


El vampiro parpadeó sorprendido cuando vio la punta apoyada en su pecho.


-Es de plata –dije-. Si te atreves a morderme, la clavaré en tu corazón, de eso puedes estar seguro…


Me soltó con cuidado y dejó que me pusiera de pie. Nadie, excepto los otros tres vampiros, se había percatado del altercado, los demás estaban muy ocupados en otras cosas, y el sonido de la música se había encargado de ahogar mis quejidos.


Los cuatro vampiros me miraron sorprendidos por unos minutos, luego para mi disgusto, sonrieron.


-La humana se sabe defender –comentó el que había estado a punto de morderme.


-Nunca había visto algo así –dijo otro.


Guardé la daga y di media vuelta. Llamé a otra de mis compañeras para los atendiera, yo no iba a soportarlos más tiempo.


Fui a la mesa que se acababa de ocupar, ya no podía más, como quería estar en el Luna llena…


Eran tres vampiros, uno era bastante musculoso, otro rubio y él último tenía el cabello cobrizo, sus ojos me llamaron la atención, eran de un dorado muy hermoso.


-¡Vamos Edward! –exclamó el musculoso dándole una palmada en el hombro-. Necesitabas salir… a Jasper le dijeron que este era el mejor bar…


-Emmett tiene razón –dijo el rubio.


Me detuve a unos pasos de la mesa, mi cabello me cubría la visión, sacudí la cabeza para quitármelo de encima, pero en cuanto hice el movimiento, el vampiro con el nombre de Edward levantó la vista y clavó los ojos en mí.


-¿Qué es lo que van a querer? –pregunté.


-Un relámpago escarlata para los tres –Emmett, el musculoso, fue el que contestó.


Me sorprendió que pidieran bebida y no que quisieran que les trajera a una de las chicas. Edward seguía con la mirada clavada en mí, tal vez el no estuviera muy de acuerdo con lo que le había pedido el otro vampiro.


-¿Te sientes bien Edward? –le preguntó Jasper.


No escuché la respuesta porque yo salí casi huyendo de ahí, no quería más problemas. Regresé a la mesa poco después, intentando no ver como se alimentaban los otros vampiros mientras pasaba. Mis nervios ya no soportaban más.


-Aquí tienen –puse los vasos sobre la mesa y me dispuse a irme.


-Espera –Edward me llamó antes de que comenzara a alejarme.


Tuve miedo, no quería que ocurriera lo mismo que el incidente de horas atrás. Acerqué unas de mis manos al costado de mi pantalón donde estaba la daga.


-¿Sí? –para mi sorpresa mi voz sonó firme.


-¿Cómo te llamas? –sus hermosos ojos dorados seguían fijos en mí.


-Bella –contesté y di media vuelta.


Mi primer día había sido un desastre. ¿Qué me esperaba en los siguientes?

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Capitulo 3

Inmunidad

Escuché movimientos en la habitación, mis sentidos, siempre alerta para la visita de cualquier intruso, me hicieron despertar de mi sueño. Extendí la mano y saqué la daga del cajón de mueble de madera. Me levanté de un salto y me preparé para encararme a quien fuera que estuviera ahí.


-Prometo que no te haré daño –Jacob extendió las manos en gesto de paz.


Suspiré, sólo era mi imprudente amigo.


-¡No me vuelvas a asustar así! –exclamé.


Se encogió de hombros.


-Lo siento Bella –se disculpó.


-¿Cómo entraste aquí? –cuestioné. Eso era lo más importante.


-Dejaste la ventana abierta –contestó-. Brinqué hasta arriba.


Malditos lobos y su súper-fuerza. Me dirigí a la ventana y la cerré, alcancé a ver los destellos de sol en el cielo, lo bueno es que ya era de día.


-Ten más cuidado Bella –me regañó.


¿Después de irrumpir en mi departamento se atrevía a regañarme? Eso era demasiado, lo fulminé con la mirada.


-No me veas así –dijo-. Por tu descuido pudo haber entrado alguien y hacerte daño


Tenía razón, las calles en las que vivía eran muy peligrosas, y no sólo por los humanos…


-Esta noche tuve suerte y sólo tuve la visita de un Licántropo molesto –contesté-. ¿A que viniste?


-Quería saber como estabas –respondió-. Ya que ayer no te vi en el Luna Llena ¿Dónde estuviste?


Pregunta peligrosa. No podía decirle a Jacob la verdad, era capaz de acompañarme al otro bar para asegurarse de que estuviera bien y no podía arriesgarme a que mi amigo saliera lastimado, los vampiros podrían destrozarlo…


-Me tomé la noche libre –musité-. De hecho, decidí tomarme toda la semana libre.


-¿Roderick te dio permiso? –Jacob arqueó las cejas.


Me mordí el labio, lástima que mi amigo conociera demasiado bien a mi jefe. Rod difícilmente haría algo así.


-Sí –contesté-. Después de varias horas para convencerlo…


Jacob no parecía muy convencido, después tendría que hablar con mi jefe para que mintiera por mí.


-Si tienes la semana libre podríamos salir…


-Pero en las noches no Jacob, quiero aprovechar para poder dormir bien –me apresuré a decir-. ¿Qué tal de día?


La ventaja que tenía era que estaba de vacaciones, todavía faltaba mucho para que regresara a la universidad.


-De acuerdo –accedió-. Ahora te tengo que dejar porque tengo que arreglar unos asuntos…


-¿Cosas de lobos? –pregunté con curiosidad.


-Algo así –Jacob sonrió.


Otra vez en el lugar que tanto temía y despreciaba. Me cambié rápidamente y me puse mi listón negro, no me separaría de él ni de mi daga de plata.


Las otras chicas no me miraron, ni me dirigieron la palabra mientras estaba en el cuarto, al parecer había hecho nuevas “amigas”. Lo bueno es que todo pasaría pronto, eso era lo que me daba ánimo para soportar la noche.


-¿No les caigo bien verdad? –le pregunté a Kisha, era la única que no me ignoraba. La vi encogerse de hombros.


-No les gusta tú forma de pensar a cerca de los vampiros –contestó.


-¿Tú opinas lo mismo que ellas?


-Yo creo que los vampiros pueden enamorarse –admitió Kisha-. No me molesta que tú pienses diferente, sólo quisiera saber… ¿Por qué los odias tanto?


-Uno de ellos mató a mis padres –contesté. Yo sólo tenía seis años, y las imágenes de mis padres tirados en el suelo de la cocina rodeados de lo que quedaba de su sangre, aún seguían impresas en mi mente.


Kisha me miró fijamente.


-Pero es como con nosotros –dijo-. No todos son iguales, no puedes juzgar a los demás por lo que hizo uno…


-No puedo confiar en ninguno –la interrumpí y salí con rapidez de la habitación, era hora de enfrentarse a la clientela.


Hice una mueca al ver el bar más lleno que ayer, eso significaba más trabajo, era una pesadilla. Los vampiros no parecían darse por vencidos fácilmente, aún cuando yo de dejar a la vista mi listón negro, ellos parecían ignorarlo e intentar convencerme que cediera un poco de mi sangre.


Me dirigí a la siguiente mesa.


-¿Qué…


-Yo los atiendo –Ashery me hizo aún lado. Sabía que no lo hacía para ayudarme, pero de cualquier forma me sentí agradecida y aliviada, unos vampiros menos que atender.


Aunque esa sensación duró muy poco tiempo. Un grupo de vampiros había entrado al bar, eran cinco y el que iba adelante era intimidante. Cuando se sentaron en una mesa, descubrí que yo no era la única que los observaba, a los demás vampiros parecía llamarles la atención aunque intentaban disimular su interés. Miré a mí alrededor esperando a que alguna de las chicas se les acercara y para mi disgusto, la mayoría estaban muy ocupadas, la opción más cercana era yo.


Me acerqué lentamente, pude ver al vampiro intimidante con más claridad. Era guapo, parecía tener unos 26 años, su cabello era corto y plateado, y sus ojos eran de un azul eléctrico muy intenso. Con él estaban dos rubios, gemelos, y otros, parecían estar disfrutando del lugar.


-¿Qué van a tomar? –pregunté.


El vampiro de ojos azules sonrió, sus colmillos se extendieron. Retrocedí lo más posible.


-Un poco de ti…


-No estoy disponible –musité. ¿Qué no veía mi listón negro?


-¿Ni siquiera para mi? –me miró fijamente.


-No


Los otros vampiros me miraron con desaprobación, uno de los rubios soltó un resoplido. ¿Qué se creían? Yo no iba a hacer lo que ellos quisieran.


-Ven –el vampiro extendió una mano hacia mí, una invitación a tomarla. Sus ojos azul eléctrico se oscurecieron no se despegaron de los míos ni un segundo.


Entonces entendí lo que hacía. ¡Estaba usando sus poderes en contra mía! Quería doblegar mi voluntad… todos los vampiros tienen la capacidad de hacer que un humano los obedezca, entre más viejo era el vampiro, mayor era su poder. Pero eso era ilegal en el país, aunque los vampiros nunca seguían las reglas.


Pero había algo que el vampiro no sabía, que yo era inmune a los poderes de control… nadie podía apoderarse de mi voluntad… ¡Jamás!


-Ven –repitió.


-No –dije.


Los otros vampiros me miraron sorprendidos, el de cabello plateado me miró por unos segundos más y luego sonrió, sus colmillos se retrajeron.


-Muy impresionante –dijo. No me había gustado el tono con el que lo había hecho.


-Entonces… ¿Qué van a pedir?


-Trae unas chicas para ellos –me contestó el vampiro de cabello plata-. A mi tráeme un Marea Roja.


¿Después de todo eso sólo pediría una bebida? Cada vez comprendía menos a los vampiros…


Me apresuré a encontrar chicas que estuvieran disponibles… y después fui por la bebida, no pasó mucho tiempo cuando regresé a la mesa, coloqué el vaso, quería desaparecer de ahí cuanto antes, no quería estar ahí cuando los vampiros comenzaran a alimentarse.


-Me llamo Lucern –el vampiro de cabello plata tomó mi mano para impedir que me fuera.


Fruncí el ceño y solté mi mano.


-¿Y tú nombre? –preguntó.


-Prefiero guardármelo para mi, gracias –me alejé.


Ya me quedaban menos días en el infierno, sólo tenía que aguantar…


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Capitulo 4

Invitación

El sol fue el que me despertó, sus rayos atravesaron mi ventana e iluminaron mi rostro. Con una sonrisa le di la bienvenida. Me encantaba el día, era la hora en que casi no veías vampiros por las calles, y es que el sol disminuye considerablemente sus poderes y a ellos no les gusta sentirse vulnerables. En el caso de los licántropos era lo mismo, pero pensaban de manera distinta, cada vez más de ellos decidían hacer su vida tanto nocturna como diurna. Porque la única cosa en común que tenía dichos seres, tanto vampiros como los licántropos era una: nunca dormían.


El teléfono me distrajo de mis pensamientos.


-¡Bella! –escuché la voz de Lissa-. Rod dijo que te había dado una semana de descanso… ¿Por eso ya no has ido al bar?


-Si –agradecí enormemente que mi jefe hubiera guardado el secreto.


-Espero que vuelvas pronto, no es lo mismo sin ti –admitió Lissa.


Sonreí. Ella era lo más cercano a una familia que tenía.


-Créeme, yo también ansío regresar lo más pronto posible al Luna llena –contesté. Estaba desesperada por ello.


-Disfruta tu descanso, lo tienes merecido –dijo Lissa.


Suspiré, si en verdad fuera un simple descanso.


-Y dime ¿Tienes la mañana libre? –me preguntó mi amiga, tenía la certeza que estaba sonriendo ampliamente del otro lado de la línea.


-¿Quieres que te acompañe de compras? –aventuré. A Lissa, era lo que la hacía más feliz.


-¡Si! –exclamó.


-¿A que hora y en donde nos vemos?


-En media hora estoy en tu departamento –dijo Lissa y colgó el teléfono.


Me duché, cambie de ropa y me preparé algo para desayunar. Cuando pasaron treinta y cinco minutos escuché que alguien tocaba a mi puerta.


Mi pelirroja amiga entró y se sentó en un sofá de mi… bueno a lo que yo llamaba sala. Era un espacio reducido y lo único que tenía era ese mueble y una mesita, lo que quedaba del área se convertía en mi cocina, al fondo había dos puerta, una mi habitación y la otra el cuarto de baño. De acuerdo, mi departamento ni siquiera soñaba con acercarse al lujo, pero por lo menos tenía un lugar donde vivir.


-¿Recuerdas a Gemma?


Asentí. Era una chica-lobo bastante agradable, que pasaba por el bar de vez en cuando. A mi y a Lissa nos había tocado atenderla en distintas ocasiones, sobre todo mi amiga, que parecía haber congeniado muy bien con ella.


-Ella se va a casar con un humano –dijo Lissa-. ¿No es fantástico? Además nuca he ido a una ceremonia de licántropos supongo que será interesante…


-Si –concedí. Yo también sentía mucha curiosidad por verlo. Jacob una vez me había dicho que cuando se daba una unión entre licántropo y humano, el primero tenía que pasarle energía al segundo y de esa forma le transmitía su longevidad y su fuerza, aunque sin llegar a convertirla en licántropo. Lo que desconocía era cómo se realizaba dicho ritual.


-¿Y sabes que es lo mejor? ¡Gemma es dueña de una tienda de ropa! –exclamó Lissa-. ¡Nos va a hacer un descuento en los vestidos!


Puse los ojos en blanco, no creía que mi amiga cambiara alguna vez… un momento ¿Nos?


-¿Qué?


Lissa sonrió.


-¡Sí! –exclamó-. ¡Irás conmigo!


-Pero yo no he sido…


-Gemma me dijo que te invitaría –me interrumpió Lissa-. Pero como no has ido al bar…


-¿En verdad? –le pregunté, tenía ganas de ir, pero no quería ir sin estar segura de ser bienvenida.


-Por supuesto –contestó Lissa-. Ella misma te lo dirá cuando lleguemos a la tienda.


Poco después nos encontrábamos dentro del establecimiento, Lissa corría de un lugar a otro, todos los vestidos le parecían perfectos. Mientras que yo, sólo quería encontrar algo que no fuera tan llamativo. La misma Gemma nos estaba atendiendo.


-¡Este está precioso! –exclamó Lissa llevando un vestido de color negro en las manos. Fue al probador.


Gemma giró la cabeza hacia mí, y junto con ella se agitaron todos los rizos que caían por su espalda. Me tendió un sobre de color perla.


-Gracias –dije.


-¿No te gusta ningún vestido? –arqueó las cejas.


Me encogí de hombros.


-No encuentro ninguno que me quede bien


Ella sonrió.


-Todos te quedarían bien –afirmó-. Eres muy bonita.


Iba a responderle cuando se dio la vuelta y se fue. Regresó poco después con un vestido azul, que tengo que admitir me encantó.


-Creo que este haría lucir muy bien tu tono de piel –dijo Gemma-. ¿Por qué no te lo pruebas?


Asentí, me encontré en el pasillo con Lissa.


-¡Miren ese de allá! –exclamó mientras pasaba a mi lado.


Me reí. Sólo esperaba que no nos llevara todo el día en escoger.


Cuando vi mi reflejo en el espejo, no me reconocí. Entonces tomé mi decisión. Al salir, distinguí en el rostro de Gemma algo de impaciencia, Lissa podía provocar ese efecto en las personas.


-El verde –dije viendo los vestidos que traía Lissa en la mano.


-¿Tu crees? –me preguntó.


Asentí. El verde siempre había hecho resplandecer a mi amiga.


Lissa sonrió y dejó los demás.


-¡Me lo llevo! –exclamó triunfante.


Gemma suspiró y me miró con alivio.


Yo creí que había un error, pero no fue así, Gemma nos cobró la mitad del precio de los vestidos, muy generoso de su parte.


-¿Cuándo será la boda? –pregunté cuando habíamos salido de la tienda.


-En seis días –contestó Lissa.


Perfecto, para entonces ya habría acabado mi martirio.


-Pero será en la noche –dijo mi amiga de pronto-. Yo le pedí permiso a Rod para faltar ese día… pero no se si tú, no se si te deje un día más… pero no te preocupes si tu no lo convences yo lo haré, ya verás…


-No te preocupes, yo me encargo –el no podía oponerse a darme la noche libre, me lo debía.


Respiré profundo y salí a atender a los clientes. Como siempre, intentaron convencerme de dejar que bebieran de mi cuello, por supuesto, sin éxito alguno. Muchos de los vampiros dejaban sus colmillos al descubierto y no quitaban su vista de mí, desde que llegaba a su mesa hasta que me retiraba, era escalofriante.


Cuando llegó la hora de cerrar el bar, había creído que la noche no fue tan mala como las otras. Esta muy equivocada en eso.


Salí del lugar, caminé unas cuantas calles, hasta que un ruido a mis espaldas me hizo volverme.


-No dejaste que probara un poco –vi a uno de los vampiros que había atendido en el bar. Se acercó a mí.


Saqué mi filosa daga, su hoja plateada resplandeció a la luz de la Luna.


-No te me acerques –le advertí apuntando la daga hacia él.


-Sólo un poco –repitió. Vi sus ojos, estaban completamente rojos. Se agazapó.


Se estaba preparando para saltar sobre mí, me estremecí. Apreté el mango de la daga con todas mis fuerzas y lo interpuse entre el vampiro y yo. Si él decidía lanzarse sobre mi, se encontraría con el filo de mi arma en el camino.


-No lo hagas –retrocedí un poco.


El vampiro saltó, pero justo antes de llegar a mí, una figura lo empujó, el cuerpo se estrelló contra una sólida pared, un pedazo de ella se rompió después del impacto. Había llegado otro vampiro.


Comencé a temblar, esta en una calle oscura, no parecía haber rastro de personas que corrieran en mi ayuda. No podía salir corriendo, si se daban cuenta, irían tras de mí y en una carrera no creía ser capaz de ganar.


El nuevo vampiro en la escena se encontraba de espaldas a mí, tuve la absurda sensación de que intentaba ocultarme detrás de su cuerpo del otro vampiro, que tontería. Giró su cabeza rápidamente y me vio. Reconocería esos ojos dorados en cualquier parte, era Edward.


El otro vampiro se levantó y extendió los colmillos, no parecía muy contento por aquel ataque. Con una velocidad impresionante corrió hacia Edward y logró derribarlo, pero no fue por mucho tiempo, ya que el vampiro de ojos dorados lo agarró del brazo y lo estrelló contra el pavimento.


Tal vez si corría ahora, ninguno se daría cuenta.


Pero no tuve oportunidad. Se escuchó el último estruendo de la noche. El otro vampiro parecía muy mal herido, le mostró los colmillos a Edward, pero en lugar de acercarse a él, huyó.


Edward se giró hacia mí, yo le apunté con la daga. Levantó las manos en gesto de paz.


-No quiero lastimarte –dijo y dio un paso hacia mí-. Sólo quiero asegurarme que te encuentres bien.


No le creí.


-Estoy muy bien –lo que era una completa mentira. Sentía que mis piernas me fallaban-. Ahora vete y déjame sola.


-No puedo –contestó-. Necesito asegurarme que llegas bien a tu casa.


-¡Y un cuerno! –exclamé-. ¡Puedo llegar sola!


-Bella por favor –se acercó más.


-¡No te acerques! –le advertí con la daga en alto.


El me ignoró, avanzó hasta que mi daga tocó su pecho, después se quedó quieto, no hizo ningún intento por atacarme o por quitarme el arma. Sus ojos dorados se encontraron con los míos.


-Confía en mí –pidió.


Dejé caer mi brazo a un costado, y guardé mi daga, no era que confiara en él, era que ya no creía tener fuerzas para defenderme. Cerré los ojos y esperé lo peor. Pero sólo sentí su mano en la mía, sus dedos se entrelazaron con los míos. Era como si quisiera darme valor, apoyo…


-Te acompañaré –dijo.


Llegamos hasta mi departamento, se detuvo en la puerta, no iba a dejarlo pasar.


-Descansa –fue todo lo que dijo antes de irse.


Me dejé caer en la cama, estaba confundida, asustada y muy cansada…


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Capitulo 5

Amenaza

De una cosa estaba segura, ninguno de los días que me quedaban en el bar volvería a regresar sola. Por suerte sabía que Kisha tenía auto y podría regresarme con ella.


-Por supuesto Bella –contestó la rubia cuando se lo pregunté al siguiente día.


-Gracias


Tal vez estaba nerviosa por lo que había ocurrido la otra noche, pero tenía la sensación que estaba atrayendo demasiadas miradas no deseadas. Suspiré y me dirigí al cuarto que tenía el bar en la parte de atrás, tenía que tomar un respiro por un momento.


Ashery estaba rodeada por tres muchachas, todas dirigieron miradas poco amigables hacia mí. Caminé hasta un rincón de la habitación y me senté en el suelo, era consiente que de mis compañeras sólo le agradaba a Kisha.


-Ayer convencí a uno de mis clientes que me hablara más sobre los de su raza –continuó Ashery después de fulminarme con la mirada-. Me dijo que ellos tienen distinto modo de gobierno que el nuestro… ellos tienen un rey…


¿Un rey? Me estremecí. El rey tenía que ser el más poderoso de todos ellos y el más temible. Esperaba jamás tener que encontrarme con él…


-¡Yo no sabía nada de eso! –exclamó una chica.


Ashery le hizo una seña para que guardara silencio.


-Ellos no quieren que nos enteremos de eso, sólo se enteran ciertas personas que son de confianza para los vampiros, o que el rey mismo les dice sobre ello –dijo Ashery.


Las muchachas parecían mirarla con admiración.


-Eso quiere decir… ¿Tú conoces al rey? –preguntó una de las chicas, con los ojos completamente abiertos-. ¿Lo conoces? ¡Tienes que decirnos como es!


Ashery negó con la cabeza tristemente.


-No, no lo he visto –contestó-. El vampiro al que logré sacarle la información no quiso decirme más, ni siquiera su nombre… pero lo averiguaré, se los aseguro.


-¿Nos dirás cuando lo sepas? –preguntó una de ellas.


-Si –Ashery sonrió, pero dejo de hacerlo cuando sus ojos se posaron en mí-. Aunque como esa es información más importante nos aseguraremos de estar completamente solas.


-¿Y que más te dijo el vampiro? –preguntó otra.


-Mencionó también al rey de los licántropos…


Eso sí, logró captar mi completa atención. ¿Por qué Jacob nunca me lo había dicho? Tan pronto como lo viera le exigiría una respuesta.


-Aunque tampoco se su nombre –continuó Ashery, no parecía darle tanta importancia a ese rey como al de los vampiros-. Pero lo más importante es que… ¡ninguno de los dos tiene compañera!


-¡Entonces quiere decir que el rey de los vampiros puede escoger a alguien para que sea su reina! –dijeron las chicas a coro. Se veían muy entusiasmadas con la idea.


-Yo soy la que averiguaré quien es el rey –dijo Ashery-. ¡Y haré todo lo posible para convertirme en su reina!


Hice una mueca, ya estaba harta de la conversación. Me puse de pie y me dirigí a la puerta, pero antes de abrirla me detuve, no podía dejar las cosas así, aunque no me cayera bien, estaba preocupada por Ashery.


-Ten cuidado –me dirigí a ella-. Podrías meterte en problemas por intentar averiguarlo… los vampiros son poco confiables, podrían lastimarte…


-¿Disculpa? –Ashery arqueó las cejas-. No creo haberte pedido tu consejo, además tú no sabes nada sobre vampiros.


Abrí la puerta y me salí. No soportaba ni un minuto más ahí.


La noche avanzó y Edward entró en el bar, pero en esta ocasión se encontraba solo. Me mordí el labio, tenía que ir a agradecerle por salvarme, aún cuando no confiara en él.


Una sonrisa se dibujó en su rostro cuando llegué hasta él.


-Gracias –solté de pronto.


Sus ojos dorados se encontraron con los míos.


-No podía dejar que nada malo te pasara –contestó.


¿Por qué? No entendía el comportamiento de Edward hacía mi, los vampiros no protegían a los humanos… Dudé de sus palabras, con los vampiros era mejor no arriesgarme.


Jacob llegó a mi departamento al siguiente día, en la tarde. Perfecto, tenía que hacerle algunas preguntas.


-Bella –mi amigo sonrió.


Me crucé de brazos.


-¿Qué te ocurre?


-¿Por qué nunca que habías dicho que los licántropos tenían un rey? –cuestioné.


Jacob me miró con sorpresa en el rostro por unos instantes.


-¿Cómo sabes eso? –preguntó.


-Me enteré en… lo escuché –dije y me mordí la lengua, había estado a punto de mencionar el Noche Eterna.


Mi amigo se dejó caer en el sofá junto a mí.


-Te lo iba a decir Bella –contestó-. Pero a su tiempo…


Fruncí el ceño. De pronto Jacob parecía más serio que de costumbre.


-Te diré su nombre… no hoy, pero pronto.


Puse los ojos en blanco. A veces ni yo misma lo entendía.


Me abrazó y depositó un beso en mi mejilla.


-No podremos salir hoy –dijo con pesar-. He estado muy ocupado… pero intentaré hacerme un espacio…


-Pero que sea de día –le recordé.


Jacob arqueó una ceja.


-Porque quiero aprovechar los últimos días de descanso que me quedan para dormir bien –agregué.


-Aún se me hace extraño que te haya dejado tantos días libres, no me parece el estilo de Roderick –dijo.


-Las personas cambian –contesté. Observé el reloj que tenía en la mesita, pronto se haría de noche y yo tendría que irme, pero no podía hacerlo con Jacob aquí. Me levante-. Sabes tengo que hacer algo…


Jacob me observó por unos instantes y luego asintió, me sorprendió que no hiciera preguntas.


-Nos vemos otro día –dijo antes de irse.


Esa noche, la quinta de mi martirio, volví a ver a Edward, se veía diferente que los otros vampiros, por lo menos, nunca me acosaba, casi me relajaba en su presencia. Me miraba de forma distinta, aunque no podía explicar su significado.


Sonreí un poco al entrar al bar, la sexta noche había llegado, sólo un día más y sería libre. Me vestí y me puse mi listón negro. Todo iba bien hasta que vi a Lucern llegar y yo no era la única que lo miraba, noté que los otros vampiros echaban miradas en su dirección con frecuencia. Cambié de dirección, esta vez no era la única libre, así que decidí ignorarlo.


Minutos después escuché la voz de Kisha. Me di la vuelta para encontrarme con mi rubia compañera.


-Ve a atenderlo –dijo indicándome la mesa en la que se sentaba Lucern.


Hice una mueca.


-¿No habías ido tú? –pregunté.


-Sí –se encogió de hombros-. Pero te quiere a ti.


Suspiré y me dirigí hacia él.


-Hola Bella –me saludó el vampiro de ojos azules cuando llegué hasta la mesa.


Fruncí el ceño, seguramente Kisha le había dado mi nombre.


Lucern parecía divertido por mi reacción, el muy maldito, estaba segura que sólo quería provocarme.


-Aquí me tienes –dijo de pronto y me pareció oír algo de pesar en su voz.


-¿Qué? –lo miré confundida-. Yo nunca te pedí que vinieras


-Lo sé


-Bueno… ¿Qué quieres? –hice la pregunta peligrosa.


-Supongo que hoy tampoco me dejarás beber de ti ¿o si?


-No


-Entonces sólo… una lluvia de sangre


Asentí, pero cuando iba a darme la vuelta, lo vi, el vampiro que había querido tomar mi sangre a la fuerza había entrado en el bar. Me petrifiqué. Una parte de mí, esperaba que Edward llegara pronto.


-El vampiro que me atacó –murmuré. Olvidando por completo que tenía muy cerca de un vampiro cuyo sentido del oído estaba muy desarrollado.


Lucern se levantó, era muy alto, sus ojos de azul intenso siguieron la dirección de mi mirada. Antes que pudiera darme cuenta, había llegado hasta donde estaba el otro vampiro y lo había tomado por el cuello. Lucern lo trajo hasta donde yo estaba. La atención de todo el bar estaba sobre nosotros.


-¿Por qué lo hiciste? –exigió Lucern al vampiro.


-No… entiendo… -contestó con dificultad.


Los ojos de Lucern se oscurecieron.


-¿Por qué la atacaste? –su voz parecía tranquila, pero sabía que estaba cargada de amenaza.


-Ella –el vampiro me miró-. Ella… no… quiso darme su sangre…y… no pude… yo sólo quería… saborearla…


La opresión que Lucern ejercía sobre él aumento, el vampiro soltó un gemido de dolor. Volteé en todas direcciones, mis compañeras miraban asustadas, ellas no podían detenerlo, pero… ¿Por qué ningún otro vampiro hacía nada? Sólo se quedaban ahí contemplando la escena.


-Al parecer no entiendes un no –dijo Lucern.


-Yo sólo…


-¿Te hirió? –la voz de Lucern cambió de forma sorprendente cuando se dirigió a mi.


-No –musité.


-Y ya no volverá a hacerlo –Lucern continuó apretando la garganta del vampiro, sangre comenzó a escurrir por su pálido cuello.


-¡Por favor! –exclamé. No podría creer que sintiera lástima por el vampiro que me había atacado-. No lo mates…


Lucern me miró fijamente por unos segundos, y dejó caer al vampiro.


-La siguiente vez que sepa que quieres dañarla, ni siquiera ella podrá defenderte de mí –le advirtió.


El vampiro se levantó rápidamente y salió del bar. Era la segunda vez que lo veía huir.


-Ya no se acercará a ti –prometió Lucern.


Algo me decía, que un problema mayor venía en camino.


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Capitulo 6

Los dos Reyes

La última vez, pronto saldría del Noche eterna. Localicé una mesa que nadie atendía, ajusté mi listón negro y me dirigí a los vampiros.


-¿Qué quieren esta noche? –pregunté. Mi voz casi sonó alegre, la euforia de mi próxima libertad ya estaba haciendo estragos en mí.


Los tres vampiros me observaron durante un rato, había algo distinto en la forma en que me miraban… no supe decir exactamente que era. Uno de ellos se inclinó un poco en mi dirección e inhaló una gran bocanada de aire.


-Por favor, sólo un poco –dijo el vampiro con los ojos fijos en la curva de mi cuello. El tono que había utilizado casi era una súplica. Ningún vampiro antes me había pedido algo, siempre daban por hecho que iba darles de mi sangre.


Negué con la cabeza.


El vampiro frunció la boca, los ojos reflejaban agonía y frustración. Abrió la boca, pensé que iba a decirme algo, pero otro de ellos lo interrumpió.


-Si ella no quiere, no debes seguir insistiendo –dijo-. No quieres terminar como Marcus ¿o sí?


-No –respondió el vampiro secamente, creí ver un ligero destello de miedo en sus ojos-. ¿Podrías traernos a algunas de tus compañeras?


Asentí, y me retiré sin vacilación. Era mejor no empezar a hacerme preguntas sobre lo ocurrido.


La noche seguía transcurriendo, todo era muy inusitado para mí. El peso de las miradas caía sobre mí, mientras caminaba por el bar. Lo más extraño era que ninguno había intentado beber de mi sin antes preguntarme, un solo “No” de mi parte y ellos no volvían a insistir en el tema.


-¿Qué hacemos aquí? –escuché una voz femenina algo fastidiada.


-Por que quiero conocerla, Rosalie –contestó otra voz del mismo género, mucho más amable y alegre que la primera.


Mi cabeza giró en dirección de aquella conversación, cinco vampiros ocupaban una mesa próxima a la mía, tres de ellos eran Edward, Jasper y Emmett, y las dos mujeres, una hermosa rubia y la otra de cabello corto, con puntas que parecían salirse en cualquier momento.


Me detuve a unos pasos de ellos.


-¡Hola Bella! –exclamó la vampiresa de cabello corto. Una sonrisa se fue expandiendo en su rostro-. Me llamo Alice


La miré fijamente, no entendía el porqué de la amabilidad de ella, las comisuras de mis labios se estiraron en un reflejo hacia arriba, no entendía bien… pero había algo en Alice que me cayó bien.


-Hola –musité, sintiéndome extraña.


Alice se quedó inmóvil de un momento a otro, sus ojos miraban en mi dirección, más no era a mí a quien veían, parecía estar en otro lugar…


Jasper sujetó su mano con gentileza.


-¿Qué ves?


-Bella tienes que salir de aquí


Me sobresalté al escuchar que las palabras salían de boca de Edward, no parecía muy contento. Alice parpadeó una sola vez, y luego se volvió hacia el vampiro de ojos dorados.


-No –dijo ella-. No le va a pasar nada Edward, lo prometo.


El vampiro no pareció convencido con esto.


-El futuro cambia constantemente –respondió.


-Pero en esto estoy segura –insistió Alice-. No le ocurrirá nada.


-¿Qué pasa? –exigió la rubia.


-El bar pronto tendrá dos visitas importantes


La noche seguía muy extraña y yo no podía hacer nada para disipar mi confusión. Después de llevarles unas bebidas a ellos, continué atendiendo a los demás clientes, cuando tenía oportunidad echaba una mirada en dirección a Edward, quien no apartaba sus ansiosos ojos dorados de mí ni un momento.


Lucern entró en el bar caminando como dueño y señor del lugar, encontró fácilmente un lugar vacío. Noté un rápido movimiento en sus ojos, parecía estar analizando cada rincón del lugar, en busca de algo… el desello azul se detuvo bruscamente al llegar a mí. Sonrió.


Mis pies avanzaron en su dirección, era mejor no retrasar las cosas.


-Bella –dijo suavemente. Hizo una mueca de frustración-. ¿Por qué me haces esto?


-¿Hacer que? –le cuestioné frunciendo el ceño-. ¿Podrías ser un poco más claro?


Lucern se rió.


-Tal vez después sea lo suficientemente claro –respondió.


Resoplé. Estaba comenzando a desesperarme…


-¿Por qué vienen aquí? –escuché gruñir a un vampiro-. ¿Qué no saben que no son bienvenidos?


La tensión aumentó de un modo alarmante en el bar, la mayoría de los vampiros había extendido sus colmillos y hacían constantes sonidos de disgusto, sus miradas sólo estaban fijas en un punto, la entra del Noche eterna.


Lucern no mostraba signos de hostilidad, pero se mostró repentinamente serio, se puso de pie y sin que yo me pudiera dar cuenta, me tomó por los hombros y me puso detrás de él, en un gesto protector… Esto fue como una señal para los demás vampiros, dos de ellos se colocaron a mi derecha y otros dos a mi izquierda, mientras que el resto permanecía cerca, unos con los ojos fijos en la entrada y otros en mí, como si yo fuera un objeto que pudiera romperse en cualquier momento.


Mis compañeras observaban con confusión, pero ninguna hizo por acercarse a la escena, se mantenían alejadas… la furia repentina de sus clientes las había puesto en alerta.


¿Qué ocurría? Me estremecí, tener tantos vampiros a unos metros de mí, me daba miedo… busqué con la vista a Edward, él y los vampiros que compartían su mesa eran los únicos que permanecían sentados… Edward estaba en tensión, Emmett y Jasper lo sostenían de ambos brazos, parecía ser lo único que impedía que se levantara de ahí. Sus ojos dorados se encontraron con los míos, creí ver preocupación en ellos, como si quisiera poder estar junto a mí, protegiéndome el mismo.


Casi chillé cuando vi a Jacob entrar en el bar. ¿Qué clase de estupidez era esa? ¡Podrían matarlo!


Después de él entraron otros seis licántropos, sus miradas viajaban de un vampiro a otro, los ojos reflejaban hostilidad y odio absoluto.


-Lucern –Jacob hizo una ligera inclinación de cabeza hacia él.


-Jacob –el vampiro devolvió el gesto.


-¿Se conocen? –pregunté con perplejidad.


-Por supuesto –Lucern se giró hacia mí-. El rey de los vampiros forzosamente tiene que conocer al rey de los licántropos –añadió bajando el volumen, para que ningún otro humano pudiera escuchar.


¿Jacob? ¿Lucern? No, esto no podía estar pasando…


-Jacob ¿A que se debe tu inesperada visita? –el rey de los vampiros se volvió hacia él-. Sobre todo después de que sabes que tu raza no es muy bien recibida por aquí.


-Vengo por Bella –fue la respuesta del rey de los licántropos.


La mandíbula de Lucern se tensó, sus ojos se oscurecieron. Jacob apretó los puños, su mirada estaba cargada de desafío. Me estremecí.


-Por favor… no –musité.


El rey de los vampiros volvió a prestarme atención… mi mirada debió parecerle desesperada porque noté que se relajó, pero sus ojos no volvieron al color normal.


-Dejaré que te la lleves –accedió Lucern, su voz sonó un poco tensa al pronunciar las últimas palabras-. Por ahora –añadió dirigiéndome una sonrisa.


Mis protectores se alejaron de mí, dejándome espacio para moverme. Jacob frunció el ceño, por un momento creí que le respondería algo, pero parecía más interesado por sacarme de ahí lo antes posible, se acercó y me atrajo hacia sus brazos… la escolta de licántropos se acercó a nosotros cubriéndonos de los vampiros.


Jacob me levantó del suelo, en poco tiempo estuvimos de regreso en mi departamento. Me sentó en la cama, encendió las luces y me quitó mi listón negro… sus ojos buscaban desesperadamente alguna señal de un mordisco.


-¿Alguna vez te…


-No –respondí.


-¿Te hicieron algún daño? –preguntó ansioso.


-No


Suspiró, parecía más tranquilo. Que bien, porque ahora me tocaba a mí.


-¡Rey de los licántropos!


-Tenía pensado decírtelo…


-¿Cuándo? –cuestioné-. Jacob, tú sabes que jamás lo diría…


-Lo sé –me abrazó-. Lo siento, no sabía como ibas a reaccionar, yo…


-No quería que te dejara de ver como mi mejor amigo –completé-. Eso no cambiará…


Me acercó más hacia sí.


-¿Por qué no me dijiste que trabajas en ese lugar? –preguntó.


-No quería preocuparte –admití-. Además sólo fue por una semana, ya no regresaré…


-No, no lo harás –coincidió, me besó en la frente y se dirigió a la puerta-. Buenas noches Bella


-Adiós Jacob…


Me dejé caer en la cama, aún estaba aturdida por lo ocurrido… tal vez mañana todo mejoraría…