Dark Chat

viernes, 12 de agosto de 2011

Cuidando tu Corazón

Capitulo 3:

Carlisle Cullen



El avión estaba por tocar suelo londinense, mis manos sudaban y tenía unas extrañas sensaciones por todo el cuerpo, de seguro mis nervios nuevamente estaban traicionándome, mire a mi lado y Edward hablaba animadamente por teléfono, su perfil perfecto me infundía confianza pero a pesar de todo sentía nervios y estragos sobre mi cordura ¿Cómo sería conocer a la familia de mi novio?, la llamada se paró y Edward devolvió su vista a mis ojos, una encantadora sonrisa apareció en sus labios.

― Podría jurar por mi vida que mueres de nervios por lo que sucederá— agregó cambiando su sonrisa por una mueca de preocupación

― Me conoces bien pero sabes que fuera de todo estoy tranquila, no hay nada mejor que tenerte a mi lado y eso tú lo sabes.

― Y no sabes cuánto lo agradezco Bella, ser necesitado es lo mejor que podría pasarme en el mundo—

― Sr. Cullen, Srta.— llamó el auxiliar de vuelo— por favor abróchense los cinturones.

Ambos asentimos haciendo caso a la recomendación. Eran justo las dos de la tarde cuando salíamos del enorme jet en dirección a la sala de desembarques. Edward me llevaba tomada de su mano, atrás venia una de las azafatas acompañándonos, pasamos por policía internacional en donde pudimos tomar nuestras maletas un asistente del aeropuerto nos ayudo llevando un carro con todo el equipaje, cuando salimos hacia la sala privada del aeropuerto la imponente figura de una hermosa mujer nos recibió, era la persona más preciosa que había visto, parecía un ángel. Sus tiernos ojos nos recorrieron a los dos y una enorme sonrisa apareció en sus labios, sus brazos se extendieron y de su boca salió un grito de emoción.

― ¡Edward! ¡Bella!, al fin— dijo acercándose rápidamente a nuestro encuentro, cuando estuvo casi a nuestro lado me di cuenta de que ella era unos cuantos centímetros mas alta que yo.

― Tanya— respondió Edward, soltó mi mano y abrazo a su querida prima, los observe por unos momentos mientras pequeñas risas salían de sus labios, me sentí feliz al ver lo humano que lo hacían estos momentos, se separaron y toda la atención se concentro en mi.

― ¡maldita sea Edward!— gritó llevando sus manos a la cara, sus ojos brillaban con una inusual intensidad— ¡Es preciosa!— exclamó nuevamente, se acerco para abrazarme, mi expresión era de completa perplejidad, la personalidad explosiva de Tanya era completamente diferente a la de Edward, ambos en actitud eran como el agua y el aceite— Demonios, creo que tu descripción no le hizo justicia

― Ciertamente que no, jamás puedo describir lo hermosa que es Bella— agregó con orgullo, sus palabras me hicieron volar una vez más hacia un lugar en donde solo existíamos los dos, esta vez tuve que detenerme y contemplar a la emocionada mujer que tenia abrazándome, nos soltamos para tomarnos de las manos

― No sabes el placer que es conocerte Bella, soy Tanya la prima de Edward— se presentó

― Mucho gusto, aunque ya habíamos hablado para mí también es un placer conocerte en persona Tanya.

― Wow— suspiro aun mirándome— esto será mejor de lo que pensaba, mi boda ahora sí que será un éxito, no puedo esperar a presentarte con mis amigas, te advierto que serás el centro de atención en todas las celebraciones

― ¿centro de atención?— pregunte un tanto alarmada

― Si, Edward Cullen jamás había traído a una novia a esta casa, debo decir que soy afortunada al recibirte, además que muchas querrán matarte por haber casado al soltero más sexy y codiciado de Inglaterra— una risa se soltó de mis labios y un bufido por parte de Edward

― Vamos Tanya no la asustes, bastante tiene con saber que tendrá que ver a Carlisle.

― Maldición, lo había olvidado— su cejo se frunció, ha ella tampoco le caía bien— pero procuraremos de que no friegue lo maravilloso de estas fiestas, cuenta conmigo para lo que sea Bella, en mi tienes a una nueva amiga— las palabras de Tanya me emocionaron hasta la medula, era bueno sentir que por lo menos una persona de la familia de Edward me quería— bien, ahora vámonos— tomo de mi brazo y nos condujo por los pasillos del aeropuerto.

Bajamos a los estacionamientos y una enorme camioneta de color blanco nos esperaba, me sorprendí al ver que Tanya no tenia chofer ni nada por el estilo, ella misma venía manejando su transporte, mientras íbamos de camino por las calles de Londres me sentía maravillada, yo jamás había salido de Chicago antes de conocer a Edward, viajar a la hacienda de los Hale, a Grecia y ahora a suelo ingles eran experiencias nuevas para mí. Tanya fue hablando de todo lo que tendríamos que hacer en esta semana, era día lunes por lo que hasta el próximo lunes teníamos según ella "la agenda copada", me propuso para empezar un día de compras. Gracias a Rosalie y su buen gusto tenía un hermoso vestido y zapatos a juego para la gran ceremonia, pensé en comprarme unos accesorios y un bolso que me sirviera. Edward nos miraba maravillado, cada vez que me giraba a verlo el tenia una sonrisa aun más amplia sin duda le alegraba que todo esto sucediera. Mientras conversábamos una enorme duda salto a mi mente, ¿Dónde nos hospedaríamos?

― ¿Qué sucede?— preguntó Edward al verme ensimismada en mis pensamientos

― Estaba pensando— le comenté— no me has dicho donde nos quedaremos.

― Ah— dijo y perdió sus ojos en la ventana— cuando vengo a Londres acostumbro quedarme en un hotel pero Tanya me ha prohibido que lo haga así que nos invito a pasar estos días en su casa.

― Qué bien— dije un poco más animada, era preocupante saber que tendría que ver a su familia día a día, si no nos llevábamos bien seria una completa tortura

Después de eso Tanya siguió hablando, Edward parecía estar en otra parte, su mente divago hasta el punto que parecía estar ausente de nuestra platica, unos diez minutos más tarde el auto ingreso a una especie de condominio, las enormes casas que habían a cada lado de la calle daban cuenta del rango social que tenia Tanya y su familia. La camioneta aparcó al final de acera en una enorme mansión de color lavanda, un tono muy poco tradicional pero muy acertado a la personalidad diferente de su dueña. En unos segundos el aire paso de ser pacifico a tenso, el cuerpo de Edward se puso rígido y por primera vez desde que estábamos juntos como pareja vi la antigua expresión de frialdad en sus ojos, mi corazón comenzó a latir rápido, en la puerta de la enorme mansión habían aparcados dos autos, uno pequeño y sin duda femenino además de una Land Rover. Mire la cara de mi novio y parecía completamente furica.

― ¿les dijiste que llegábamos hoy?— preguntó Edward al bajarse de la camioneta, la cara de Tanya cambio, tenía una expresión de asombro confinada con horror, extendió sus manos para que yo bajara y paso de inmediato una de ellas por mi cintura pegándome a su cuerpo, demonios… estaba segura de que algo sucedería.

― Claro que no, nadie sabía que ustedes llegaban hoy, no se lo dije a nadie.

― Maldita sea entonces ¿Por qué demonios están aquí?— preguntó en un tono más alto, su mano se ceñía rígida a mi piel, por un momento comprendí lo que sucedía y mi cuerpo reacciono rápidamente a mis pensamientos

― ¿acaso tu familia está aquí?— pregunte y ambos me quedaron viendo— ¿por eso estas así?

― Bella yo…— comenzó pero sus palabras se vieron acalladas por uno de mis dedos

― Ya no digas mas, no es tu culpa, los dos sabíamos que tarde o temprano esto iba a suceder asique es mejor que salgamos pronto de esto— me solté de su agarre y comencé a caminar, ambos me siguieron a los segundos después, la mano de Edward se volvió a poner de manera protectora sobre mi cuerpo.

Antes de que pudiéramos tocar una mucama con expresión compungida abrió la puerta, saludó con la cabeza y nos dejo pasar. El cuerpo de Tanya pasó rápidamente antes que nosotros y se adelanto en entrar al salón.

― Que sorpresa verlos aquí— dijo la voz de Tanya, Edward y yo caminábamos para llegar al salón

― Querida sobrina— saludó una grave pero fría voz, el tono de aquellas palabras sonaba a puro sarcasmo— hemos venido de visita al saber que mi hijo volvía a casa— al momento de entrar en el salón Edward cambio de posición entrelazando sus dedos con los míos

― Buenas tardes— saludó con una voz que me helaba hasta el mas mínimo de los cabellos, el había vuelto a poner la coraza de hierro, su corazón nuevamente estaba envuelto.

― Buenas tardes— salude también, las miradas que antes se posaban en Edward cambiaron hacia mí.

Pude ver tres pares de ojos mirándome, cada uno tenía diferentes expresiones. En el salón había dos mujeres y un hombre, por el parecido innato supe de inmediato que era la familia de Edward como antes ya había pensado. La mujer más joven presumía que era Alice Cullen, la hermana de Edward, era una chiquilla flaca y probablemente de casi la misma edad que yo sus cabellos eran tan negros como la noche y sus ojos del mismo verde que Edward, los cuales me miraban con asombro y sorpresa, fui víctima de su minucioso escrutinio. Al lado de ella estaba una mujer de cabellos cobrizos y expresión culpable, las incipientes arrugas en su piel y los signos de la edad me dijeron que ella era su madre, Esme Cullen, los ojos de la mujer denotaban el pesar que sentía al ver la escena que se aproximaba. Parado en el medio del salón y dando una imponente presencia estaba él, Carlisle Cullen dueño de un imperio y de un corazón negro. Sus orbes verdes y su cabello rubio resplandecían con fuerza dentro del salón, sus ojos a pesar de ser del mismo color que los de Edward tenían la frialdad plasmada en sus expresiones, la que tenía en este momento era de completa aversión por la escena, sin duda el padre de Edward no se parecía en nada a él.

― Pero miren nada mas…— comenzó con sarcasmo e ironía— si es mi querido hijo y su… novia— termino con desdén y remarcando la última palabra, apreté la mano de Edward pero este me la soltó de inmediato se poso delante de mi tapándome de la vista de Carlisle, estaba intentando protegerme de su ataque.

― Te pido de favor tío Carlisle que no oses ofender a mis visitas, recuerda que estas en mi casa— intervino Tanya antes de que la batalla se desatara.

― Oh querida mía— miro a Tanya— eso lo sé ya que si estuviéramos en la mía ya habría echado a estas visitas como le dices tú— sus ojos nuevamente se posaron en mi, su mirada me recorrió de pies a cabeza haciéndome tiritar, mi corazón estaba alocado y mi respiración contenida, tenía un enorme nudo que se formaba con fuerza en mi pecho.

― Ya basta papá— lo reprendió Edward— dime ¿a qué demonios viniste?— preguntó tenso y con voz furica

― ¿Qué no es obvio hemos venido a conocer a tu novia? Deberías haber pasado por nuestra casa primero hijo querido, somos tu familia— el tono en el que ocupaba la frase hijo mío era tan despectivo, unas pocas ganas de abofetearlo pasaron por mi cabeza— además es primera vez que conocemos a una de tus novias, creo que es un honor el tenerla frente a mis ojos.

― Déjate de las maldita formalidades Carlisle, sabes perfectamente quien es ella ¿o acaso ya se te olvido la llamada que le hiciste?— pude ver los puños de Edward apretarse cada vez mas— la última vez que nos vimos no tuve tiempo de darte lo que te mereces, jamás te perdonare lo que hiciste, eres un mal nacido—

― ¡Edward!— grito la voz adolorida de la mujer de cabellos cobrizos, camino hacia el lado de Carlisle y se situó a su lado— ya basta hijo hemos venido en son de paz, no sabes lo que lamento lo que sucedió yo…

― No te disculpes Esme— le ordeno Carlisle en un tono autoritario, ella bajo la mirada como una sumisa esposa, entrecerré mis ojos y pude ver lo mortificada que estaba la mujer por lo que sucedía— tú hiciste lo correcto, el aun tiene un deber, debe cumplir con su palabra.

― ¡maldita sea Carlisle!— exclamo Edward con ira— ¿acaso no comprendes lo que sucede?

― Me interesa muy poco lo que esta mujerzuela signifique, tú tienes que casarte.

― ¡vete al carajo Carlisle!— grito Edward elevando su mano con ira, esta choco contra un florero que voló hacia la muralla haciéndose añicos contra la pared y provocando un sobresalto a todas— ¡la respetas maldita sea! ¡Es mi mujer así que tienes que aprender a respetarla!, no permitiré que sigas maltratándola— le dijo avanzando cada vez más hacia donde estaba el, por un momento sentí pánico de que una pelea se desatara por mi culpa.

― ¡ya basta!— grite en el salón y todos devolvieron sus miradas hacia mí, avance unos pasos y quede al lado de Edward, el me había proclamado frente a su familia como su mujer y este era el momento perfecto para demostrar el peso de mi título— no voy a permitir que una pelea se desate por mi culpa

― Entonces aléjate de la vida de mi hijo— dijo con sus palabras cargadas de desprecio

― Eso jamás— me calle y pensé en mis palabras— lo hare solamente si es él quien me lo pide, como veo que no nos hemos presentado bien hare los honores, mi nombre es Isabella Swan, es un agrado conocernos— les dije, las miradas de asombros de las mujeres en la habitación no se hicieron esperar— se que no hemos tenido un buen comienzo pero al ser la familia de Edward he deseado conocerlos.

― No esperes el mismo sentimiento de mi parte, por mi que hubieras salido de la vida de él hace mucho tiempo

― Lo sé señor, no debe recordármelo pero como ya le dije, no lo hare hasta que el me lo pida.

― ¿Cuánto dinero quieres?—

― ¡maldito infeliz!— grito Edward a mi lado avanzando para seguramente golpearlo, Carlisle no se quedo atrás pero ambos fueron detenidos por las manos de sus mujeres, sujete a Edward e intente tranquilizarlo

― Tranquilo, no temas por mi— susurre, sus ojos me vieron con el dolor de este encuentro, ese sentimiento me dio aun más fuerza para seguir con mi ataque.

― Como le dije la otra vez, no me ofenda señor, por mucho dinero que me ofrezca no accederé a alejarme de él usted ya sabe lo que tendría que pasar.

― Todo el mundo tiene su precio, no olvides que jamás dejaras de ser su querida.

― Eso es algo que nunca discutiré con usted Sr. Cullen, solo espero que algún día lleguemos a mantener una conversación civilizada.

― Eres una estúpida— me dijo haciendo crecer mi furia, por primera vez la enojada era yo

― Espero tener vida para verlo arrepentirse de sus palabras, algún día llegaré a escuchar algo totalmente diferente de sus labios

― Moriría antes de pronunciarlo, escúchame bien chiquilla insolente no estés tan contenta no descansare hasta verte afuera de la vida de mi hijo, no dejare que una puta entre en nuestra familia— mi corazón dejo de latir— no dejare que la fortuna de mi familia caiga en manos de una simple enfermera norteamericana— mi cuerpo tembló de rabia.

― A mi poco me interesa su dinero pero ¿sabe qué?, piense lo que usted quiera, no me dejare amedrentar.

― Maldigo la hora en la que este imbécil te conoció, si hubiera seguido viviendo aquí…

― Me habrías manejado igual que como lo hiciste con Níkolas ¿no es cierto?— Edward irrumpió con voz ronca en la conversación, las respiraciones fueron contenidas, mire a mi alrededor y la cara de las tres mujeres revelaba la severidad de sus palabras ¿Quién era Níkolas?

― No oses nombrar a tu hermano— dijo la voz reprimida de Carlisle, algo en sus ojos me dijo que el nombre de esa persona traía recuerdos dolorosos.

― ¿Por qué? ¿te duele?, vamos Carlisle el dolor es algo que no está en tu vocabulario

― Hijo ya no sigas— rogó la mujer que estaba al otro lado del salón, sus ojos estaban llenos de lagrimas— no metas a Níkolas en esto

― ¿Por qué mama? Si debo recordar que es a mi quien Carlisle culpa por la muerte de su hijo, si Níkolas estuviera aquí yo no existiría para él, solo se comenzó a fijar en que yo vivía cuando él murió

― ¡es mentira!— gritó la mujer, Tanya y la hermana de Edward habían pasado a segundo plano, ambas observaban con pesar la escena— tu eres amado igual que tu hermano, ya no sigamos con esta conversación— pidió la mujer, se notaba todo lo que sentía al nombrar a su otro hijo— Carlisle vámonos por favor— rogo nuevamente. El hombre miraba a Edward con expresión asesina, los dos se fulminaron con las miradas. A los pocos segundos después Carlisle Cullen salió en silencio de la habitación seguido muy de cerca por Esme. Suspire pesadamente y me tambalee al sentir que el aire me faltaba, las manos de Tanya alcanzaron a sujetarme. Mi cabeza dio vueltas y no fui consciente de lo que sucedió por algunos segundos.

― Hiciste un excelente trabajo Bella, estas lista para entrar en la familia— ambas sonreímos, de pronto la presencia de Alice salto a la escena, Edward se puso nuevamente en guardia como esperando su ataque, la mujer se paro en frente mío y comenzó a hablar.

― Sé que es difícil por lo que tendrás que pasar pero agradezco que la curiosidad me haya ganado y viniera a conocerte, acepto que no fue en el mejor momento pero no podría haber sido de una manera mejor, eres digna de estar con mi hermano y me siento feliz por eso. Espero que pronto todo esto cambie y podamos estar tranquilos, soy Alice Cullen la hermana menor de Edward, es un placer conocerte Isabella Swan— mi corazón latió rápido al comprender sus palabras, ¿ella de verdad me estaba aceptando?

― El placer es mío Alice pero llámame Bella— en un movimiento que no preveía ella se acerco a mí y me abrazo con fuerza, sentí sus cálidos brazos estrecharme contra su cuerpo y hacerme sentir querida, ella no me estaba rechazando.

― Sé que estarás aquí unos días, por lo menos hasta la boda de Tanya así que salgamos a cenar todos juntos, además podrías conocer a mi pequeño hijo.

― Sería un placer— le dije con una sonrisa la cual ella correspondió. Su mirada cambio de mi hacia Edward, el nos observaba con sus ojos neutrales, Alice se acerco a él y lo abrazo por la cintura, Edward la rodeo con sus brazos y cerro sus ojos para besar su cabello.

― No esperaba menos de ti Alice— comento susurrando

― Ya sabes que cuentas conmigo para lo que sea, supe después de que te fuiste lo que hizo papa y créeme que no lo justifico, estoy en desacuerdo con todo lo que está haciendo pero confío que todo cambiará con el tiempo, les deseo la mayor de las felicidades— se separo de él para mirarlo a los ojos— se que están hechos el uno para el otro, ya he podido comprobarlo y me quedo tranquila, has traído a una mujer que es mucho más fuerte que tu hermanito y eso es bueno, detrás de un gran hombre…

― Siempre hay una gran mujer— termino con una pequeña sonrisa— créeme que ahora más que nunca creo en eso

― Ya me voy— alisó su elegante vestido con sus manos y suspiro— ya sabes cómo es Carlisle, dale tiempo Edward, ambos sabemos que Níkolas así lo hubiera querido

― Créeme que él es una de las grandes razones que tengo para no partirle la madre a Carlisle.

― Tranquilo hermanito ya verás que todo estará bien— la chica sonrió

― Eso espero

― Bueno, nos vemos les aseguro que será pronto, Tanya cualquier cosa me llamas.

― Bueno querida cuídate

― Ustedes igual, ha sido un placer Bella

― El placer ha sido mío—. Respondí con una sonrisa

― Ah y bienvenida a la familia Cullen— agregó antes de salir del salón

― Gracias— susurre casi solo para mí.

Un momento de silencio se desato, los brazos de Tanya aun estaban en mis hombros, sentía sus manos dándome apoyo, mire hacia el lugar en donde había desaparecido la familia Cullen ¿podrían ser tan diferentes a Edward? Creo que sí, Carlisle Cullen no tenía ni un ápice de compasión, ni siquiera por su hijo. Desvié mis ojos hacia donde estaba Edward, el aun tenía una mirada penetrante y fría, su expresión me hizo recordar cuando lo conocí, me libere del soporte de Tanya y camine hacia su lado me pare frente a sus ojos haciendo que ellos me miraran atentos

― Tranquilo… ya todo paso— mencioné, su expresión poco a poco volvió a relajarse, me recordaba cuando los gatos tenían posición de combate, Edward estaba en el mismo plan, cualquier cosa podría engrifarlo.

― Demonios, como lamento que tuvieras que pasar por esto— susurró mientras pasaba sus brazos por mi cintura pegándome a su cuerpo

― No te preocupes— le dije para tranquilizarlo— no fue tan terrible como pensaba— mentí para darle paz, había sido peor de lo que imaginaba— Edward…— comencé con la duda carcomiéndome en mi pecho

― ¿quieres saber quién es Níkolas?— preguntó, sus manos me soltaron y me condujo hacia los enormes sofás que habían, Tanya nos observó y se sentó en frente, los tres suspiramos pesadamente— Níkolas Alexander Cullen es mi hermano mayor y murió hace muchos años atrás. Cuando tenia dieciséis años mi hermano ya era mayor, el tenia veinticuatro y estaba saliendo de la universidad se había graduado con honores de su carrera y era el alumno con más futuro de toda la universidad, para mí el era un héroe, era todo lo que yo siempre hubiese querido ser, cuando niños soñaba con parecerme a él y hacia muchas de las cosas que usualmente hacia para intentar parecernos pero aun así con mi orgullo de ser su hermano y con toda la admiración que tenía en solo una noche, un solo error cambio mi vida y se llevo la de mi hermano para siempre.

― Dios mío…— susurre llevándome una mano a mi boca— ¿Qué fue lo que sucedió?

― Por lo que Carlisle dice fue una irresponsabilidad de mi parte. La noche que Níkolas se tituló y aprobó todo en la universidad hubo una celebración a la cual él fue invitado, debido a mi insistencia le pedí que me llevara, se sentía tan bien ser observado por todos al caminar, mi hermano era admirado, odiado, envidiado y amado por muchos, sin duda el protagonismo despierta muchos sentimientos. Cuando todo termino Níkolas estaba en un estado de completa borrachera, no se podía ni los pies— los ojos de Edward cada vez más se perdían en el horizonte, parecía ausente, estaba reviviendo esa fatídica noche— yo mismo tenía unas copas de más y sentí un poco de miedo en llamar a mis padres si descubrían que me habían sacado de la casa aun siendo tan joven le armarían un escándalo a mi hermano y yo no quería meterlo en problemas. Espere un tiempo a que se me pasaran los mareos y casi en la madrugada cuando ya estaba muy bien lo subí a su auto y conduje por la carretera hacia la casa. Todo paso tan rápido…— una mueca de dolor apareció en su rostro, la cubrió de inmediato con ambas manos— yo desperté al mes después y sin saber lo que había sucedido, cuando Carlisle me vio me acusó de lo que había sucedido, para el yo siempre he sido el asesino de su querido hijo y eso jamás va a cambiar. Yo debería haber muerto en ese accidente, no él— acepto con un enorme pesar.

El dolor que había reflejado en su alma llegaba hasta lo más profundo de mí ser, esta era la gran razón del odio de Carlisle hacia Edward, él pensaba que Edward debería haber muerto en ese accidente, un estremecimiento recorrió mi cuerpo, en otra realidad tal vez jamás habría conocido a Edward.

― Eso no es cierto, fue un accidente, Edward…— le dije acercándome a él, no me importo que Tanya estuviera allí, abrí mis brazos y lo cubrí con ellos dándole mi apoyo— fue el maldito destino, el no puede culparte por lo que sucedió…

― Eso ya no importa Bella, la vida no va a cambiar lo que él piensa de mi, si mi padre me odia allá el, yo no vivera cargando sus culpas.

― Maldita sea— gemí mientras lagrimas caían por mis mejillas— es muy injusto

― Nadie dijo que la vida era justa cariño— dijo Tanya desde un rincón, sus ojos brillaban desde la oscuridad en donde estaba sentada— lamentablemente Edward ha tenido que cargar siempre con eso y Carlisle jamás se ha arrepentido del odio que tiene hacia su hijo

― ¿entonces es por eso que él te odia?— pregunté imaginándome la respuesta

― Por eso y por algunas cosas más, después de que Níkolas murió yo tuve que asumir su rol y malgaste mucho dinero en cosas sin sentido, casi perdí la fortuna familiar y ese error Carlisle jamás pudo perdonármelo.

― Demonios pero si es por ti que ahora están en ese lugar, por ti es que ahora Cullen Enterprise es una empresa gigantesca

― Eso a Carlisle le vale— dijo Tanya acercándose— a él lo único que le importa es el dinero, quien lo genere es algo poco importante— suspiro— intentemos olvidar esto, iré por un café para todos, lo necesitamos

― Para mí un té, aun siento malestar del viaje—

― ¿te duele la cabeza?— pregunte llevando mi mano instantáneamente a su frente

― Un poco, creo que iré a dormir.

― Ve primo, ya sabes cuál es tu habitación, pediré que les suban las maletas y el té.

― ¿quieres que te acompañe?— ofrecí mientras nos poníamos de pie

― No, quédate con Tanya— Edward me dio un corto beso en la frente y se perdió del salón, quería estar solo y comprendía perfectamente su aislamiento.

― Odio no poder ayudarlo— dije mientras miraba las escaleras por donde se había ido

― Créeme Bella, ya has hecho más de lo que piensas, Edward está muy cambiado y soy tan feliz de verlo así, tú has roto todas sus barreras y te enterraste en su corazón, eso es muy bueno, después de todo el dolor que le ha tocado pasar ya es hora de que tenga un poco de felicidad.

― Tienes razón pero aun así no entiendo a su padre ¿Qué demonios quiere?

― Nadie ha podido responder esa pregunta créeme que pienso que jamás sabremos la respuesta.

Tanya me condujo hacia una hermosa terraza en el patio, teníamos una vista privilegiada del jardín y la enorme alberca. Cuando vi la casa por detrás sentí nostalgia de mi casa y de la mansión, sin pensarlo saque el teléfono móvil de mi bolsillo y llame a ambas para preguntar, en la mansión Will estaba feliz de poder hablar conmigo, me preguntó por Edward y le comente sobre la recaída que estaba teniendo, me aconsejó que llamara a Emmett y así tendría que hacerlo, no me gustaba para nada lo que sucedía. Cuando colgué marque el número de mi casa, Sue me contesto.

― Casa de la familia Swan— saludó con la dulce voz que la caracterizaba

― Hola Sue— saludé animadamente, la brisa golpeaba en mi cara y me hacía sentir maravillosamente, mire a Tanya quien disfrutada animada de un pastelillo de chocolate.

― Hola cariño ¿Cómo vas? ¿Cómo esta todo allá? ¿has conocido a la familia de Edward?— demonios… no esperaba un bombardeo de preguntas.

― Eh, si ya los he visto— comente en un tono casual alejado de mis preocupaciones

― ¿y como ha sido? ¿te trataron bien?

― Sí, claro, son un poco diferentes a nosotros pero aun así todo fue muy cordial

― Qué bueno querida, me alegro bastante, mándale mis saludos a Edward y dile que te cuide— sonreí, Sue en estos meses casi había adoptado el papel de una madre, la que siempre debimos tener con Kate, amorosa y preocupada por nosotros.

― Yo le diré, ¿y mi papa?

― Anda con Kate en el mercado, fueron por unas hortalizas, volverán en un rato ¿le digo que te llame?

― No, no te preocupes, yo los llamare.

― Bueno cariño

― Cuídate mucho Sue, y cuida de mi familia

― Claro que si querida, siempre lo hare, abrazos a Edward

― En tu nombre, adiós

― Adiós.

Solté un enorme suspiro y cerré mis ojos, agradecía infinitamente que Sue fuera parte de nuestras vidas, mi padre y Kate no habían estado jamás tan felices desde que ella se unió a nuestra pequeña familia. Guarde mi teléfono y fui observada por la rubia mujer que tenía en frente.

― Te crecerá la nariz como ha pinocho— comentó con una sonrisa.

― No quiero más preocupaciones ahora

― ¿era tu madre?— preguntó, un pequeño dolor apareció en mi alma, seria genial tener viva a mi mama para apoyarme en esto

― No pero es lo más cercano que tengo a una.

― Qué bueno, y dime ¿Qué planean hacer hasta la boda?

― No lo sé, creo que recorrer la ciudad ya que nunca he estado aquí pero lo demás es por cuenta de Edward, aun no hemos hablado de eso.

― Ya tenemos agendada una cena con Alice así que creo que la pondremos para mañana por la noche así conocerás a Jasper. Hoy por la noche hay un cóctel de bienvenida para ustedes y para celebrar los comienzos de la boda, ya mañana tenemos el primer desayuno, todas las mujeres de la familia Cullen, obviamente tienes que ir, serás mi invitada especial

― Gracias— respondí por inercia, mis nervios nuevamente se crispaban, Alice ya no era una complicación pero aun así me preocupaba Esme Cullen. Tanya me miro por unos momentos y al parecer supo hacia donde iban mis pensamientos

― Si esta preocupada por Tía Esme te diré que ella es un poco más dócil que Carlisle pero más difícil que Alice, creo que ella valora mucho la familia y la paz como para no intentar conseguirla, puedo decirte con certeza que intentara convencerte para que te alejes de Edward.

― Demonios—susurre mientras jugaba nerviosa con mis dedos— ¿esto acabara algún día?

― Si, puedo asegurártelo, el día que te cases con Edward ellos no podrán hacer nada más.

― ¿casarme?— pregunte abriendo mis ojos desmesuradamente

― ¿no me digas que mi primo no te ha propuesto matrimonio?— preguntó enarcando una ceja— demonios, sí que es lento, yo pensé que ya estaban comprometidos

― Somos novios— respondí dándole importancia a nuestro compromiso

― Eso es lo mismo que el viento, para nuestra familia lo que vale son los compromisos y los matrimonios, aunque yo estoy en desacuerdo, soy un alma libre que espera ser completamente feliz sin las ataduras de la sociedad

― ¿entonces porque te casas?— le pregunte divertida por la livianes de su alma.

― ¡porque lo amo!— alzó su voz— créeme que si no lo hiciera ni loca me caso pero lo hago porque es el indicado, Mathew es el hombre que quiero en vida para siempre y no estoy tan loca como para dejarlo escapar. El vuelve mañana así que podrá salir a cenar con nosotros

― ¿Qué hace?

― Es dueño de una aerolínea, además de ser escocés. Por lo pronto está dejando todo listo para nuestra luna de miel, nos iremos dos meses a recorrer el mundo.

― ¡genial!— exclamé con emoción.

Esa tarde estuvimos hablando de la vida, la prima de Edward era una persona admirable, sin duda llegaríamos a ser grandes amigas, paseamos por la casa y ella me presento a su personal. Tanya vivía sola en esa casa ya que su familia estaba en Canadá por este año pero los conocería para la boda. En un momento mientras ella hablaba con su novio, subí las enormes escaleras hacia el segundo piso, una mucama que iba pasando me indico cual era la habitación de Edward, camine en silencio por el pasillo hasta la última puerta del lugar. Rodé la manilla y una gran habitación queda descubierta a mis ojos, estaba un poco oscurecida ya que las cortinas estaban corridas, mis ojos se fueron a la cama pero Edward no estaba por allí. Cuando avancé unos cuantos pasos un ruido que provenía de una puerta al fondo llamo mi atención, el sonido de una arcada me alerto de que algo sucedía, me saque la chaquetilla que llevaba y camine rápidamente al baño

― ¿Edward?— llame golpeando la puerta, un nuevo sonido acompañado del correr del agua me alerto de que se encontraba mal— ¡Edward! Ábreme la puerta— pedí, tome la manilla y la gire dándome cuenta de que estaba abierto, mire hacia el interior y vi a mi novio apoyado con sus dos manos del lavamanos y con la cabeza enterrada en el interior— ¡demonios! Edward ¿estás bien?— corrí en su ayuda, lo tome de los brazos y levante su rostro, tenía toda la cara mojada.

― Creo que si— respondió en un hilo de voz— me sentí mal y devolví el té que había tomado.

― Dios mío, esto no me gusta para nada.

― No te preocupes me pondré bien, es malestar por el viaje.

― Pero esto jamás te había pasado así que no es una simple coincidencia.

― Estoy bien— susurro, levanto su cuerpo y camino hacia afuera, tome uno de sus brazos y lo ayude a llegar a la cama— tengo que dormir un poco para el coctel de esta noche.

― No señor ¡no iras a ninguna parte esta noche!— impuse mi presencia ante sus palabras— hoy no saldrás de esta habitación.

― En otro momento esa habría sido una propuesta muy sexy mi amor, si no estuviera así te habría tomado la palabra— sonrió aun con sus ojos cerrados, podía ver su rostro pálido y unas enormes ojeras debajo de sus ojos. Se había dejado caer a la cama y ni siquiera se había movido

― Ya basta— le dije y saque sus zapatos— debes dormir, mas tarde te aplicare un calmante para que descanses y algo para tus nauseas.

― Hace tiempo que no me pasaba— la voz que utilizo derritió mi corazón.

― Odio que estés así— susurre acomodándome en su espalda, pase mis menos por su cintura y me pegue a su espalda, el soltó un suspiro cogiendo mis manos

― Imaginé lo que es para mí, tanto que pensamos en viajar y ahora esto me impide mostrarte lo hermosa que es mi ciudad.

― No te preocupes, ya tendremos tiempo— me levante para besar su coronilla— duerme mi amor, duerme que yo velare tu sueño, ahora es mi turno cuidarte— el sonrió.

― Te amo Bella.

― Y yo a ti— lo bese y me recargue en su espalda.

La respiración de Edward poco a poco se fue acompasando, cuando estaba segura de que dormía me levante para administrarle un calmante, seguramente su cerebro no había soportado la presión del encuentro con Carlisle explotando en una nueva crisis, si mis pensamientos no eran herrados podría asegurar que Carlisle Cullen era el detonante de sus crisis. Saque mi celular y marque el numero de Rosalie, por la diferencia de horarios allá tendría que ser muy tarde pero confiaba en que ella aun estuviera disponible.

― Hola Bella— saludó su alegre voz— ¿Cómo estás?

― Mal Rose, todo mal— le respondí dejándome caer en un sillón de la enorme habitación

― Demonios ¿Qué sucede?— preguntó

― Me encontré con Carlisle Cullen y toda su familia

― ¡por Dios! ¿y qué sucedió?

― Lo que esperaba, el tipo de me odia y no se molesta en esconder su aversión y lo peor de todo es que Edward nuevamente está enfermo

― ¿tiene crisis?— preguntó con un tono de histeria— espera un momento Emmett quiere hablarte— como era de suponer Rose estaba con su novio, nuestro buen amigo y doctor Emmett Cullen

― ¿Bella que sucede con Edward?

― Desde que llegamos en avión comenzó a tener nauseas, dolores de cabeza y síntomas que presentaba antes cuando estaba enfermo.

― Maldición, no esperaba una recaída

― Yo tampoco y me tiene muy preocupada, temo que se repitan con más frecuencia, estaba pensando en que su padre genera esas crisis, Emmett si los hubieras visto pelear

― ¿se pelearon?

― Lamentablemente si, el padre de Edward es una persona que no tiene corazón, culpa a su hijo de todo lo que sucede en su vida.

― Demonios, compadezco a mi amigo, a penas vuelvan aquí le haremos exámenes para saber cómo va, no quiero que su salud vuelva a decaer.

― ni yo tampoco. Mañana te llamare para ver cómo va todo

― está bien, llévalo al médico si todo empeora no dejes pasar tiempo.

― Lo sé no te preocupes, ya le di un calmante y está durmiendo

― Bien, me llamas cualquier cosa, no importa la hora.

― Está bien, cuídense y salúdame a Rose dile que mañana la llamare.

― Bueno, nos vemos , adiós

― Adiós.

Colgué, apreté el teléfono contra mi pecho mirando la inerte figura de Edward, sentía pena y por sobre todo podía palpar el dolor que tenía en su corazón, sin duda alguna Carlisle Cullen era más que un dolor en su vida a pesar de todo era su padre y Edward sufría por su rechazo.


jueves, 11 de agosto de 2011

Muñequita

CAPÍTULO X

BELLA POV

Ya habían pasado dos semanas desde el incidente con Cullen, cada día que pasaba me sentía peor, lo extrañaba tanto, se que soy tonta al sentirme así, pero el amor no desaparece de un día para otro y la verdad es que lo amo, tanto que duele, pero tengo que salir adelante y gracias a Dios tengo amigos que me están ayudando en este momento tan difícil que estoy atravesando, además no se me hace nada fácil si más encima tengo que aguantar que todos los días Edward me mande ramos de flores, chocolates, peluches, poemas, canciones dedicadas y un montón de porquerías más, tampoco ayuda el hecho de que todos los santos días me diga lo mucho que me ama, que está arrepentido, que lo perdone y que lo diga a viva voz cuando no lo quiero escuchar a solas, ¡maldición! Era tan insoportablemente…..tierno, ¿Qué?, no, yo no dije esa mierda, él no es tierno, es un asco de persona, un patán, una mierda, si eso una mierda.

A la semana de haberme separado de Edward fui a conversar con Tanya, necesitaba la opinión de una amiga, además con ella podía tratar el tema de la intimidad libremente y ella me ayudó mucho y además me retó mucho porque según ella le cree a Edward y me aconsejó que le diera una oportunidad, claro, yo le daría una oportunidad : que se fuera al puto infierno, esa era la oportunidad que le daría.

Tanya cada día me presionaba más para que asistiera para el aniversario del Pub, la verdad es que ya había descubierto su juego, ella quería que volviera a subirme a un escenario, me atraía la idea, pero hace tanto tiempo que no lo hago y me da temor que al hacerlo vuelvan las imágenes escalofriantes de ese desgraciado obligándome a cantar mientras él se masturbaba, no podría soportar que esas imágenes volvieran justo en el momento de estar en el escenario con tanta gente mirándome. Además me reconocerían, no las personas del pueblo, pero lo más seguro es que los artistas que Tanya había invitado y que habían confirmado su asistencia supieran quien era yo y no se si estaba preparada para resurgir a Isabella Swan de forma indefinida, porque una vez que se descubriera el pastel no habría forma de volverse atrás y para eso tenía que comunicarme con Jake, hace tiempo que no hablamos y quedamos de llamarnos ante cualquier duda

Después de hablar con Jake me quedé más tranquila, el caso seguía en investigación y ahora contaban con un testigo clave : Carlisle Cullen, gracias a mi lo habían localizado y pronto se pondrían en contacto con él para que testificara como médico y testigo, mierda cuando eso pasara ya no habría forma de que todos se enteraran quien era en realidad, Edward sabría su pasado, ese que deseaba olvidar a toda costa y del que nunca escaparía, Jake quería además que yo estuviera presente como parte acusadora y principal víctima y testigo, por ese lado no estaba tan tranquila, debería volver a ver a ese canalla, no estaba preparada para tenerlo cerca, escuchar su versión de los hechos y sobretodo no estaba preparada para estar presente cuando todos supieran a ciencia cierta qué es lo que había pasado cuando estuvo en cautiverio, no quería que le tuvieran pena, no quería sentirse nuevamente invadida por el temor que le infundía ese hombre, temor a perder nuevamente su libertad, temor a que supiera que ahora tenía nuevos amigos a los que pudiera hacerle daño para tenerla a su merced, no quería participar de ese juicio, pero sin ella no tenía caso procesarlo, seguramente le darían pocos años de condena y podría salir fajo fianza y quedar nuevamente libre para buscarla y capturarla nuevamente, no, tendría que sacar fuerzas de flaqueza y enfrentar este nuevo desafío, alzar nuevamente la barbilla orgullosa y darle pelea a ese monstruo, no volver a demostrar miedo, no demostrar ninguna emoción, pero para eso debía fortalecerse por dentro y por fuera y lo que le había hecho Edward debería servirle de estímulo para matar cualquier tipo de miedo y no dejar nunca más que ningún hombre la lastime, si, eso haría, el odio de Edward Cullen me sacaría adelante, sólo debía enfocarme en la verdad que sabía, Edward me había querido destruir con su odio y su desprecio y no lo había logrado y ahora ese desprecio me daría las fuerzas para enfrentarme a todo sin miedo, total qué mas me podían hacer para destruirme, nada, Edward había estado tan cerca, tan cerca de verme derrotada y llorosa y no le daría el gusto.

Me dirigí a uno de los agentes que me servían de sombra y le comuniqué que necesitaba ejercitarme y practicar lo que James me había enseñado, en un principio me miró como si fuera un bicho raro, pero le dije que si no aceptaba que se largara, no necesitaba niñeros y si no iban a servir para nada más mejor que se fueran, entre maldiciones aceptó y los entrenamientos empezaron, despejé la sala de la casa, total no recibía visitas, así que ahí pusimos los aparatos para entrenar.

En un principio había sido tonificante empezar a practicar, pero el puto agente llamado Peter se estaba desquitando por hacer de niñero y me estaba pateando el trasero

- Mierda – nuevamente estaba en el piso, el estúpido Peter me estaba dando una paliza

- Tienes la fuerza, sólo tienes que enfocar bien tu objetivo y concentrarte, ahora, ataca – carajo, nuevamente al piso

- Oh, la niñita no sabe luchar, ni siquiera defenderse de unos golpecitos suaves, seguramente Cullen dejó que lo golpearas por que sentía pena por lo que te hizo – ah no, sacar a maldito Cullen era muy mala idea, me levanté, adopté la postura de ataque y lo hice, lo ataque con precisión y una furia ciega, terminé derribándolo

- Ok, niña, para, para carajo, me vas a matar a golpes – ok, lo admito me desquité con el pobre Peter y le di más de lo que se esperaba

- Ok, ¿quién es ahora la niñita Peter?

- Jajajaja, eres fuerte niña, pero te falta disciplina y controlar las emociones, pero primero era necesario sacarlas para despertarte, de todas maneras te falta mucho para lograr un nivel avanzado, pero para defensa personal estás bastante bien, mejor diría yo, por ahora es todo, mañana seguimos

- Ok, gracias Peter

- Discúlpame tu Bella, no debí sacar a colación loo que te hizo el hijo de puta de Cullen, fue un golpe bajo

- No te preocupes, si eso me da las fuerzas para enfrentarme a todo lo que se me viene de algo que sirva lo que me hizo

- De todas maneras, no había tenido la ocasión de decirte que lamento mucho lo que estás pasando yo estimaba mucho a James y se lo que sentía por ti, pero debes dejar de culparte y debes salir adelante, vivir nuevamente, darle pelea a tu pasado para que logres un futuro mejor

- Oh por Dios, eras mejor callado y en las sombras – dije riendo y guiñándole un ojo para darle a entender que era una broma

- Jajajajaja, pequeña bruja ya verás en el entrenamiento de mañana

- Hasta luego niñera

- Hasta luego fierecilla

- Jajajajaja – me caía bien Peter, era más simpático que Collin el otro agente que se había dedicado a mirarnos seriamente mientras entrenábamos

Cuando se fueron me fui a bañar y por Dios estaba adolorida entera, Peter había pateado mi trasero.

Me estaba terminando de vestir cuando sonó el timbre, al abrir la puerta me encontré con Emmett en el umbral y me miraba con esos ojitos risueños

- ey hola Emmett ¿qué te trae por acá?

- Hola Annie, yo quería decirte que extraño mucho ser tu amigo, no comparto lo que te hizo Edward y tienes un amigo en mi

- Gracias Emmett - ¿por qué mierda no se iba? Ya dijo lo que quería decir

- Ehhh, ¿me invitas a pasar?

- Oh, lo siento, pero no, sabes que vivo sola y no me parece adecuado

- Edward siempre venía

- El era mi novio y no tengo por qué dar explicaciones, dijiste que eras mi amigo y no es de amigos cuestionar las decisiones

- Lo siento, soy un idiota, sabes que me gustas y yo…

- Ni te atrevas a decirlo Emmett, me ofendes si piensas que podría volver a salir con alguien en plan romántico, no soy una cualquiera y lo de Edward está muy reciente, además…

- Además aún lo amas ¿cierto?

- No es tu problema y si no sabes amarrar la lengua es mejor que no seamos ni siquiera amigos

- No, no, por favor perdóname, tienes razón, soy un bocota, ¿nos vemos en clases?

- Seguro

- Annie ¿te encuentras bien realmente?

- Me encuentro como la mierda Emmett, pero viva – bueno no tenía que mentirle a un amigo ¿cierto?, además Emmett me daba cierta confianza nunca se había comportado como los putos del colegio y ahora me brindaba su amistad, espero se conformara sólo con eso, no podía entregar nada, estaba vacía, Edward me había dejado muerta por dentro

Cuando desperté apenas podía verme, carajo, me dolía todo el cuerpo por el entrenamiento de ayer.

Cuando llegué al colegio Edward me miraba a la distancia, si había recibido sus malditas flores matutinas y como todos los días estas habían terminado en la basura. No hizo ningún movimiento para acercarse y lo agradecí internamente, no tenía hoy las fuerzas para enfrentarlo.

Más tarde me encontré con Jasper, la relación con él había mejorado en los últimos días, habíamos aclarado el problema, se lo debía por James y le había terminado por contar toda la verdad. Cuando le conté su mirada era de absoluta tristeza tanto por mi como por el final de James y comprendió que el caso se manejaba con absoluto hermetismo por parte de la policía, era un caso complicado y se habían encargado a la perfección que la noticia no se filtrara, al menos en los hechos reales para que no entorpeciera el proceso que pronto se realizaría, prometió estar a mi lado en el juicio y en todo momento en que lo necesitara, a veces me recordaba tanto a James, sobretodo cuando se las daba de súper héroe, pero yo cada día dejaba de ser la doncella en peligro y me sentía cada día con más fuerzas y notaba como de a poco iba recuperando a la antigua Bella y la Annie que acá conocían iba desapareciendo.

Cuando le comenté a Jasper los planes de Tanya se mostró bastante entusiasta, me alentaba a que resurgiera de una buena vez, pero seguía indecisa.

Iba a mis clases cuando me topé con la zorra de Rosalie

- ey freaki, que se siente ser nuevamente la perdedora

- dímelo tú, no pasas de ser la segundota

- ¿cómo dices?

- Eso mismo, siempre serás la segundota, a pesar de acostarte con Edward, él por los motivos que sea me sigue buscando, rogando que vuelva con él y a ti ni siquiera te mira, sólo fuiste un polvo de borrachos

- Cállate estúpida, puedo tener al hombre que quiera

- Jajajaja, no a todos, no tienes a Emmett y si yo me lo propongo nunca lo tendrás, ayer fue a ofrecerme nuevamente su "amistad" ¿entiendes?, él nunca te querrá porque eres mala y eres papel quemado por muchos hombres, estás tan usada y amargada que nadie te soporta – le dije destilando toda la rabia que tenía, me giré y la dejé sola llena de rabia, punto para mi.

Me alejé de esa víbora y entré a clases y como no, tenía que estar Cullen ahí sentado en mi mesa esperándome

- Hola Bella

- ¿qué quieres Cullen? Me duele la cabeza y no estoy de humor para tus idioteces

- Auch, no tienes que ser tan mala – dijo riéndose y por Dios se veía tan sexy

- No se que quieres y la verdad no me interesa, no tenemos nada pendiente, deberíamos hacer de cuenta que no nos conocemos

- No digas eso, te quiero tanto y te extraño

- No te atrevas a decir eso nunca más, me tienes harta ¿por qué no vas y te buscas alguna zorra para pasar el rato y me dejas en paz?

- No sigas con eso, sabes perfectamente que a la única que quiero eres tú, se que me porté como un patán, pero por favor dame una oportunidad, una sola y te juro que no te defraudaré

- No pidas milagros Cullen, además no siento ya nada por ti, mataste mis sentimientos y ni siquiera te quiero como amigo

- No digas mentiras Bella, me amas, pero estás dolida y lo entiendo, pero ¿crees que algún día podrás perdonarme?

- Quizás, pero ese día no estaré aquí para decírtelo personalmente

- ¿te irás? ¿cuándo?

- No lo se, pero eres ingenuo si crees que me quedaré en este pueblo viéndote todos los malditos días

- No te vayas, no me dejes, si quieres nunca más te hablo, pero por favor no me prives de tu presencia

- No seas cursi, eras mejor cuando eras un cabrón insufrible, ahora pareces un niño llorón y un blandengue

No me lo vi venir, en un par de segundos Edward me había agarrado de la nuca y sus labios devoraban los míos con urgencia, con necesidad, traté de zafarme de la situación, pero ¡qué diablos! El imbécil besaba como los dioses y mentiría si dijera que no había extrañado sus labios, Edward profundizó el beso y con la mano libre me apegó a su cuerpo rozando nuestros sexos indecorosamente, sin darme cuenta de lo que hacía pasé mis manos por su cuello atrayéndole más hacia mi, si eso era posible, joder, estaba en la gloria, perdida en sus caricias, en sus besos fogosos, en su erección rozándome cada vez más fuerte

- te necesito tanto pequeña, no sabes lo mucho que me haces falta – dijo una vez que soltó mis labios para tomar aire, aunque sus manos seguían acariciándome

- no, no sig….

- Sientes como me tienes ¿ah?, eso sólo lo logras tú, este cuerpo sólo responde al tuyo, te deseo tanto mi ángel, no me tortures más, te amo, te necesito ahora

- No – trataba por todos los medios de olvidar su boca en mi cuello y sus manos avariciosas recorriendo mi trasero

- No Edward, suéltame, sólo estás caliente y para eso sólo tienes que buscar a tus amiguitas

- No, mi necesidad va más allá de calentura, mi necesidad eres tú, no sabes lo mucho que estoy sufriendo tu indiferencia, nunca me había enamorado, pero ahora lo se y te necesito, siento que me quemo con solo mirarte, con olerte mi cuerpo despierta, con recordar tu cuerpo desnudo junto al mío siento que tiemblo de placer – decía mientras una mano la colaba debajo mis pantalones y tocaba mi coño

- Oh, Bella, estás tan húmeda pequeña, también me deseas, tanto como yo – carajo era verdad, estaba quemándome y necesitaba más, mucho más, pero no debía ceder, no podía

- No, déjame en paz Edward, no vuelvas a tocarme nunca más – lo empujé y salí corriendo como alma que lleva el diablo de la sala, corrí hasta salir del colegio

- ¿Qué pasa niña? – Collin estaba afuera del colegio y me atrapó en un abrazo

- Sácame de aquí por favor

- ¿te hicieron daño? Dímelo y le pateo el trasero ahora mismo ¿quién fue?

- Sólo sácame de aquí, no soporto estar más aquí

- Fue ese muchacho ¿cierto? Fue Cullen ¿qué te hizo? – preguntaba mientras me tomaba en brazos y me depositaba en el auto

- Soy yo, maldita sea soy yo, lo sigo amando y casi, casi caigo nuevamente – dije llorando más fuertemente

- Ah, es eso, bueno, no es fácil terminar una relación, los sentimientos no desaparecerán de un día para otro y además, bueno, emmm, eres joven y hormonal, es común…

- Pero yo nunca he sido así, ni siquiera con James, yo nunca con él….

- Amas a ese muchacho imbécil, no te reproches no todas las relaciones son iguales, no siempre sentirás lo mismo por uno u otro novio

- Gracias Collin, por sacarme de allí

- Será la última vez, no deberías seguir huyendo de nada, estás entrenando el cuerpo, quizás deberías entrenarte psicológicamente, debes ser fuerte lo que viene en el juicio es duro y debes estar preparada para revivir todo el horror que viviste y salir airosa y con la frente en alto.

- Lo se, gracias nuevamente

- De nada niña, de nada – dijo lo último sonriendo, nunca lo había visto reír, se veía más joven y apuesto

Al llegar a casa me cambié de ropa y estuve reflexionando lo que dijo Colin, tenía razón, debía enfrentarme a mis miedos y debía empezar en este mismo instante.

Prendí el reproductor de música y subí el volumen a máximo y me llené de las melodías que se reproducían, mentiría si dijera que estuvo todo color rosa, el dolor atenazó mi pecho, pero no me permití llorar, apreté los dientes y empecé a saltar en la cama como loca, no permitiría que algo que tanto había amado como la música me hiciera más daño, lo mismo debería hacer con Edward, no permitiría que e dañara más, lo amaba, lo deseaba, mierda como lo deseaba, pero era demasiado tarde.

Caí exhausta sobre la cama, apagué el reproductor y me dirigí a una sala a la que no había entrado nunca, una sala de música, acaricié los instrumentos musicales y lentamente me senté en el piano y toqué una pieza, pero me detuve antes de acabar, ya que las lágrimas surcaban mis mejillas y tocar claro de luna me llenaba de tristeza en estos momentos.

Tomé el celular y marqué, después de tres tonos una voz respondió

- Tanya, estoy lista, asistiré al aniversario del Pub, prepara todo Isabella Swan regresa con todo.

martes, 9 de agosto de 2011

Vida : Dulce Inmortalidad

Capítulo Décimo Noveno: La Captura

La esposa de Aro se había quedado tan boquiabierta como todos cuando un emocionado Carlisle había confirmado por enésima vez lo imposible: Yo estaba embarazada. Mi temperatura parecía haberse estabilizado, y aún no había una respuesta lógica y científica para lo que me había pasado, primero había estado envenenada, a punto de morir y ahora estaba gestando un hijo, hace un par de semanas era una vampiro ahora era media humana. Mi vida era sin duda una montaña rusa no sólo de emociones, permanecía en la cama recostada, junto a mi estaba Edward Junior durmiendo apaciblemente, no me cansaba de mirarlo, era increíble pronto sería madre de dos pequeños y pensar que eso era imposible hasta hace un par de meses. Una sonrisa se dibujo en mi rostro y aunque todos pensaban que era nefasto yo estaba ilusionadísima. Al principio no le había tomado el peso al asunto y no veía nada malo en mi estado de gravidez, hasta que sentí los murmullos de Edward que conversaba con Jasper. Me levante y me acerque a la puerta prestando atención en lo que decían.


- Ahora más que nunca no debemos llevar a Bella con ellos. Le hacia ver Jasper a Edward.


- Tal vez tienes razón, pero a pesar que ella se sienta bien, aun no sabemos los efectos a largo plazo de esto, necesitamos respuestas Jasper y no tenemos nadie más para darlas. Susurró Edward mirando de vez en cuando la puerta de nuestra habitación.


- ¿Qué crees que harán cuando sepan que ella pudo concebir un hijo siendo mitad vampiro? Formulo como pregunta Jasper, hubo un tenso silencio.


- No tenemos alternativa. Respondió resignado Edward.


- No pienso igual, al menos posponlo hasta que tu hijo nazca. Insistió Jasper


- Pero eso es justamente lo que no sabemos, que tal si no nace, si Bella muere antes. No sabemos nada, estamos a ciegas. Refuto mi esposo con evidente pánico en la voz.


- La matarán eso puedo apostártelo. Magullo entre dientes Jasper y de pronto sentí la voz nerviosa de Alice desde el pasillo, los pasos me corroboraron que ambos se habían ido.


Aquella conversación me había hecho pasar en vela gran parte de la noche por no decir toda, casi al amanecer el sueño me había vencido y en realidad cuando desperté no tenia claro cuantas horas había dormido pero a juzgar por la sensación de aturdimiento habían sido unas cuantas. Ya estaba entrando la noche nuevamente, lo que significaba que habían sido por lo menos 14 horas de sueño interrumpidas. La impaciencia de Carlisle por sacarme del departamento me pareció extraña en un principio, pero todo se aclaró cuando constante que ni Edward ni el resto de la familia se encontraban por lo tanto tenía pocos minutos para lograr lo que estuviera tramando sin que el resto se enterara evidentemente. Bajamos sigilosamente hasta el estacionamiento del edificio donde nos encontrábamos y cuando me abrió el asiento del copiloto de su coche lo miré dudosa.


- ¿Dónde Vamos? Le pregunté intrigada mientras me subía.


- A conocer a tu hijo. replicó él sonriéndome emocionado.


"Clínica Veterinaria" decía el letrero del lugar hasta donde me había traído, lo miré sorprendida. El abrió la puerta trasera del lugar y vi a La esposa de Aro, detrás de ella, quien me sonrío.


- No podemos llevarte a un hospital, ellos tienen contactos en todas partes. Se excuso está al ver la expresión de mi cara.


- No hay problema. Respondí resignada mientras me levantaba la polera.


Observe impresionada mi vientre, no me había percatado que estaba abultado, demasiado para haber descubierto mi embarazo recién ayer, y más considerando que la concepción también había sido hace escasos días. El moretón estaba flamante en mi vientre, y no se movió ni un centímetro cuando Carlisle deslizó el aparato sobre él. De pronto un estrepitoso sonido comenzó a sentirse, era demasiado rápido para ser un corazón normal, pero tenia cierta similitud con él mío. Sonreí embobada cuando lo vi apuntar en la pantalla la silueta de mi bebe y me impresiono aún más lo desarrollado que estaba para tener días de vida. Pero de pronto la pantalla se torno negra y un fuerte dolor embargo mi cuerpo, sin poder contenerme comencé a vomitar nuevamente sangre, mi cuerpo comenzó a temblar estrepitosamente, y La esposa de Aro miró a Carlisle desesperada, pude ver que sus ojos se tornaron de un rojo intenso.


- No fue buena idea. Comentó está con voz estrangulada.


- Será mejor que la llevemos de regreso a casa. dijo Carlisle al tiempo que me tomaba entre sus brazos.


- Estoy bien… sólo dame unos segundos. interrumpí limpiando la sangre de mi boca y tratando de mantener la calma.


Íbamos saliendo del lugar cuando Carlisle congeló su andar y vi como La esposa de Aro se ponía frente a nosotros protegiéndonos de alguien, no fui conciente de quien se trataba hasta que ella dijo su nombre.


- Aro. Balbuceo con pavor.


- Siempre supe que me engañarías algún día pero jamás pensé que sería con mi viejo amigo Carlisle. Su tono de voz era seco y con un dejo de amenaza.


Carlisle me puso de pie en el suelo y oculto mi cuerpo detrás del suyo de manera protectora, yo me aferre a su brazo y escondí mi rostro en su espalda. Nuevamente desee con todas mis fuerzas que Alice me estuviera viendo mi futuro, pero esta vez no tendría tanta suerte pues recordé sus palabras: no podía verte. Había confesado en reiteradas ocasiones desde que había regresado de mi primera captura. Hubo un silencio hasta que Aro lo rompió.


- Te comieron la lengua los ratones querida. Pude ver el sarcasmo en la forma que lo dijo, pero la vampiro no respondió, fue Carlisle quien lo hizo.


- Aro… no hemos venido en son de guerra, sólo queremos… Comenzó a explicar, su tono era calmado y amable pero fue interrumpido abruptamente.


- Yo tampoco querido amigo. Se defendió el vampiro con evidente impaciencia. De un movimiento tomo a su esposa por el brazo fuertemente para apartarla de nosotros y la arrojo contra dos cuerpos que se habían materializado de la nada junto a él, seguro eran vampiros, estos la sujetaron


– Sin embargo debo insistir en lo que quiero – murmuro mientras se acercaba a nosotros. Miré hacia atrás rápidamente evaluando las posibilidades, no eran muchas pero debía intentarlo, solté el brazo de Carlisle y corrí. No alcance a llegar muy lejos cuando una figura esbelta y andrógena se materializo frente a mí, era tan diminuta como Alice, su cabello era castaño claro lacio, llevaba ropa negra y sus ojos me dejaron pasmada en mi sitio, eran de un carmesí apagado.


- ¿A donde crees que vas? Me dijo con tono infantil, y pude reconocer su voz, era la misma del callejón.


- Jane… por favor no juegues… simplemente tráela. Instó una voz detrás de mí, de reojo vi que aquella voz pertenecía a un hombre, bastante grande, alto y de espaldas fornidas.


- Tú siempre tan aburrido Félix. Bufo entre dientes la muchacha mientras me sujetaba por el cuello, me empujo contra su compañero quien me atajo entre sus brazos.


- De donde las sacara Edward. Comentó divertido por la circunstancia.


Carlisle observo la escena en pánico, ellos me habían atrapado y ahora nadie podría detener lo que pasaría a continuación.


- Por favor Aro… ella no lo resistiría… conminó Carlisle, en un afán de detenerlo.


- ¿Piensas que voy a lastimarla? Pregunto éste mirándolo incrédulo haciendo un gesto lastimero – Me insultas… no soy un monstruo, sólo quiero respuestas al igual que tú, ¿es eso un pecado? Susurró cambiando su expresión dura a otra menos severa se acerco a mi lentamente, traté de alejarme pero los brazos que me mantenían presa me lo impidieron. Comencé a temblar y mi corazón pareció detenerse junto con sus pasos a una corta distancia de donde estaba para sorpresa de todos me extendió su mano.


- ¿Quieres saber que te esta sucediendo? De pronto la conversación que había tenido Edward con Jasper en el pasillo se vino a mi mente, él era el único que podría resolver este acertijo y si quería llevar a termino mi embarazo, sobreviviendo en el proceso, mi única alternativa posible era confiar en él. De pronto su proposición no parecía tan descabellada después de todo, dude un instante y extendí mi mano pero la detuve antes de tocar la suya.


- ¿Carlisle podrá venir conmigo? Pregunte temerosa.


- Sí así lo deseas… no soy tu enemigo Bella. Me insistió pero yo miré los ojos aterrados de su esposa que demostraban lo contrario.


- ¿Qué sucederá con ella? Pregunte mirándolo tratando de parecer resuelta.


Para poder convivir en paz Bella, hemos creado reglas. Reglas que nos mantienen protegidos y mi amada esposa ha rota unas cuantas, poniéndote en peligro no sólo a ti y a los tuyos sino a toda nuestra especie – hizo una pausa al ver la expresión de mi rostro – pero siempre he creído en las segundas oportunidades – finalizo, queriendo parecer persuasivo. Aterrada que perdiera la paciencia, tome su mano finalmente y esté sonrío acercándome a su cuerpo, vi como cerro sus ojos por un instante.


- Interesante. Murmuro soltando mi mano, me sujeto por la cintura haciéndome caminar hasta un auto negro estacionado a una corta distancia, abrió la puerta y amablemente nos instó a entrar al automóvil








Muy Salvaje Para Ser dominado

CAPÍTULO 04



Edward caminaba a grandes zancadas afuera de la posada, su cuerpo abriéndose paso a través del viento y la lluvia, mientras trataba de bloquear la imagen de unos límpidos ojos Marrones y unas largas pestanas negras como el carbón. De la dulce inocencia envuelta en un envase descarado.

Camino más rápido, huyendo de la posada y del agudo recordatorio de todo lo que no podía tener.

Maldiciendo, se detuvo bruscamente y volvió la vista a las lineas sombreadas de la posada, luchando contra la abrumadora necesidad de regresar, para ver que ella se había quedado donde fuera seguro y cálido ―para martillar las paredes de su reserva, propias de una dama, y sentarla en su regazo para un profundo beso.

Dios mío, .que estaba haciendo sin una adecuada chaperona? Ella no tuvo que decir nada para que el supiera que era una dama. Típica sangre azul. Una mujer tan obstinada necesitaba una supervisión constante. La tonta realmente insistía en aventurarse a salir en una noche como esta.

Lo único que el temía era que ella pudiera encontrar a alguien dispuesto a ayudarla.

Edward sacudió violentamente su cabeza. Ella no era su responsabilidad. Y una dama decente como ella a bien seguro que nunca lo seria.

Se dio la vuelta y entro en la herrería, resistiéndose a la cadena invisible que parecía conectarlo a la posada ―a ella. Unas palabras con el herrero y tenía una montura. Balanceándose encima del caballo, volvió a mirar fijamente la posada, todavía sintiendo la fuerza infernal que lo impelía a volver a entrar. Ella no había querido que se fuera. No había dicho las palabras, pero en las había visto en sus ojos. Podía regresar. Podía ver solo cuan fuertes estaban construidas las paredes de su reserva. Si el fuera diferente, tal vez lo haría.

La vieja y corrosiva desolación se fue deslizando a través de el con la lenta insidia de un

Predador al acecho. Una desolación que no había sentido en años. No desde que había aprendido a conformarse. No desde que el mismo se había educado para resignarse. No desde que había dejado de desear lo que nunca podría ser.

Della. Como una balsa en un mar inquieto, su rostro surgió en su mente. Della le ayudaría a olvidar. A olvidar a la muchacha que provoco dolorosos recuerdos de lo que nunca podria ser suyo. Ella borraría la desolacion que lo atrapaba. Haría uso de su cuerpo, se hundiria en su calor familiar y se diría que eso era suficiente.

Insto a su caballo al galope, chapoteando a través de la aldea sin preocuparse por su propia seguridad. Un hombre como el habia renunciado a preocuparse por su propio bienestar hace mucho tiempo.

Algunos días contemplaba poner un abrupto final a todo. No cometería el error, que así lo

Consideraba, de suicidarse. Su madre eligió la ruta del cobarde y el no haría lo mismo. Sin

embargo, un accidente casual, fruto de uno de sus riesgos temerarios, sería mucho más amable que el destino que le esperaba.

Azuzo su montura con más dureza, decidido a irse lejos, muy lejos de la posada. Y de la

Pequeña muchacha dentro, que le hizo desear que las cosas fueran diferentes, que el fuera diferente ―no un hombre ligado al deber, a la responsabilidad, y a una maldición que nunca podría dejar atrás.

Bella entro a la lúgubre taberna a la mañana siguiente, su ceno fruncido airadamente por su intercambio con el posadero. Hombre horrible. Sin un gramo de bondad.

―Al menos podemos desayunar ―dijo Nettie con mucho ánimo, demasiado, presionando una mano sobre su estomago, como para evitar el hambre. ―Estoy muerta de hambre. No puedo creer que no dejara que cenáramos la noche anterior.

Bella cerro brevemente los ojos y estiro el cuello, tratando de aliviar el calambre doloroso, sin duda el resultado de compartir una cama demasiado pequeña con Nettie en la habitación del ático con corrientes de aire, los alojamientos más baratos que tenían. Edward había estado en lo correcto. Nadie se intereso en salir con la tormenta. Sobre todo porque no disponía de monedas con las que interesar. Como resultado, Bella y Nettie habían pasado la noche abrazadas en busca de calor, debajo de una manta rasposa y gastada. Después de una noche como esa, las quejas de Nettie no encontraron la habitual tolerancia de Bella.

―Te explique anoche…

―Si, si ―interrumpió Nettie con un gesto de la mano. Lanzo una estrecha mirada a la muñeca de Bella. ―Es una lástima que no pensara en ofrecer su brazalete antes. Nos podríamos haber ido a la cama sin hambre.

Bella apretó su ridículo, el peso de las monedas, un doloroso recordatorio de lo que sacrifico.

La idea de canjear el brazalete se le había ocurrido la noche anterior mientras miraba a ciegas en la oscuridad, enferma de preocupación sobre cómo iba a pagar al posadero a la mañana siguiente.

Se froto la muñeca, ahora desnuda. Su madre le había enviado la baratija de Italia hace tres años. Bella rara vez recibía correspondencia de su madre, y mucho menos regalos. El brazalete había sido especial. Había sido… Ahogando un suspiro, su cabeza dio una pequeña sacudida, parpadeando por el escozor de las Lagrimas. Ella no iba a llorar por algo tan insignificante como un brazalete. Solo plata y piedras. No era su madre.

Bella dio a la taberna lóbrega, precaria y poco acogedora a la luz del día, una amplia mirada, negándose a admitir que buscaba a alguien en particular, esperando, aun cuando no había ninguna esperanza que lo volvería a ver. Por alguna razón, Edward había ocupado sus pensamientos

Hasta mucho después de haberse ido la noche anterior. Incluso cuando había conseguido

Dormirse, había invadido sus sueños, sus perversas manos y su boca haciéndole a su cuerpo todo lo que su ardiente mirada había prometido.

Se le escapo un necio y decepcionado suspiro. No se le veía por ninguna parte. En cambio, su mirada se poso sobre una figura familiar. Se puso rigida.

Alli, en un rincon de la mesa, estaba sentado su conductor, agazapado con una caña de cerveza.

Ella irrumpio en la habitacion, haciendo caso omiso de su tobillo dolorido, sin prestar atencion a los mareos que le provoco el brusco movimiento.

―!Billy! .Donde has estado?

Parpadeando con sus ojos nublados, el levanto la jarra de cerveza en una burlona senal de

saludo.

―Hola, milady, .que hace aqui?

―.Yo? .Yo? ―Bella no pensó en su voz elevada o en el dolor que comenzaba a sentir en sus sienes, solo en que John estaba sentado ante ella bebiendo su cerveza sin preocuparse por las mujeres que tenía a su cargo ―las mujeres que había abandonado. ―Debería azotarte con una fusta. !Se suponía que ibas a buscar ayuda y regresar por nosotras ayer!

―Si, tu maldito sinvergüenza. .Donde demonios has estado? ―añadió Nettie cuando llego al lado de Bella, por fin mostrando algún disgusto por su abandono.

Billy se puso pesadamente de pie, tirando de su arrugada librea azul para ordenarla un poco.

―No hay necesidad de enfadarse, mi lady. Estaba en camino de recogerlas.

―.Esta mañana? ―Nettie apoyo ambas manos en sus generosas caderas. ―Muy amable de tu parte.

Billy hincho su pecho de tonel, sus peludas cejas se inclinaron hasta juntarse mientras miraba fijamente a Nettie.

―Ahora veamos, yo no dejare que una pequeña golfa como…

―Basta. Los dos ―ordeno Bella, presionando el dorso de la mano primero a una mejilla

Acalorada, luego a la otra. Emitiendo una profundo y tembloroso suspiro, sin prestar atención a la forma en que su cabeza le daba vueltas, dijo:. ―Simplemente quiero llegar a Massen Hall... como deberíamos haber hecho ayer ―miro a Nettie. ―Olvídate del desayuno. Quiero que nos vayamos de aqui. Ahora.

Por una vez, los dos obedecieron y la siguieron cuando salió de la posada. Las nubes cubrian el cielo, podían ser restos de la tormenta de ayer, o una señal de mas lluvia por venir. Una niebla fría se aferraba al aire y ella levanto la barbilla, contenta por ello, con la esperanza de que podría refrescar su rostro acalorado.

Una vez instalados en el carruaje, ella se recosto en los respaldos y cerró los ojos.

―.Se siente bien? ―pregunto Nettie.

―Si ―contesto Bella, con los ojos todavía cerrados. Un temblor la sacudió, desmintiendo sus palabras.

―Se ve horrible.

―Bien ―Dios no permita que le pareciera atractiva al Conde de Massen. Podría declararse.

―Bienvenida, Lady Bella. La hemos estado esperando ―la Condesa viuda de Massen se

Deslizo hacia delante, con la cabeza en alto, perfectamente peinada, un gordo gato persa, de color negro, metido en un brazo.

Bella parpadeo, encontrando dificil reconciliar la graciosa criatura en el elegante salon como la amiga de la infancia de la abuela. Ambas eran de edad parecida, ambas viudas de alto rango, decididas a ver a sus nietos casarse. Pero la similitud terminaba ahi. Lady Massen era delgada y elegante, un horizonte de encanto en muselina azul profundo. La abuela de bella se apegaba exclusivamente a las ropas de luto por su viudez, como lo habia hecho en los ultimos veinticinco años. Nada, salvo bombasí negro, colgado en su armario.

―Al parecer olvidaste informarme que ibamos a tener compania, abuela ―la declaracion

provino de una mujer sentada en una silla rigida de terciopelo. Ella y una mujer mas joven

ocupaban la silla. La que hablaba empujo otro gato persa lejos de sus faldas, su expresion recelosa, mientras recorría a bella de pies a cabeza.

Lady Massen arrojo a la mujer una mirada gelida.

―En realidad, debo haber olvidado mencionarlo, Rosalie.

Con la sonrisa serena de nuevo en su debido lugar, la condesa enfrento a Bella, unos

Penetrantes ojos azules examinándola de cerca. Bella reconoció la inspección. La había sufrido una y otra vez. La critica evaluacion de su aspecto, su forma, el intento de determinar si ella satisfaria como candidata a novia.

Bella ahogo un suspiro, deseando poder poner fin al fingimiento, deseando poder abrir la boca

Para proclamar que nunca seria de la satisfacción del conde de Massen. Sin duda, ahorraría a todos los involucrados una gran pérdida de tiempo. Pero eso nunca lo haría. Tenía que espantarlo como con los demás. Tenía que parecer como si ella intentara ser adecuada. Su familia nunca podía saber, nunca debería sospechar que deliberadamente ahuyentaba a sus pretendientes.

Después de todo, tenía planes. Y no incluían el matrimonio.

―Siento que ya la conozco por las cartas de Robbie.

Bella se sorprendió. .Robbie? Algo de su conmoción debía haber sido evidente porque Lady Massen rio, un rico sonido gutural muy en desacuerdo con la imagen muy propia, que tenia con su vestido de cuello alto. Ni una sola arruga en la tela almidonada de su vestido. Ni un cabello rubio de plata fuera de lugar. Con su vestido de viaje arrugado y el pelo revuelto, Bella se sentía andrajosa y descuidada en comparación.

―Veo que nunca ha escuchado a alguien referirse a su abuela como Robbie.

―No ―Bella nunca habia oido a alguien usar el nombre de pila de su abuela: Roberta.

―Perdoneme. Supongo que es bastante poco digno ―Lady Massen la llevo a un sofa

recubierto de brocado y le hizo señas para que se sentara. ―Restos de habitos de la infancia.

bella se hundio con un suspiro agradecido. Por alguna razon, sus piernas se sentian debiles y temblorosas. Lady Massen se sento a su lado. El gato de inmediato se acurruco entre ellos y se puso a frotar el muslo de bella con sus patas. Incluso a traves de la falda, podia sentir las diminutas garras como dagas.

―Estas son mis nietas ―Lady Massen señalo a las dos mujeres jovenes frente a ellas.

―Rosalie y Mary Alice.

―He deseado tanto conocerla, Lady Bella ―gorjeo Mary alice , bastante animada desde

donde estaba sentada. ―Por favor, llameme Alice.

Lady Massen acaricio el oido de otro gato que aparecio como por arte de magia en el brazo del sofa.

―Quedate quieto, hijo. No queremos que bella piense que eres un maleducado.

―Al parecer ―comenzo Rosalie con una voz plana, aun empujando al gato con la punta de su zapato, ya que entraba y salía de debajo de sus faldas, ―no estamos todos sorprendidos por su llegada. Siendo ese el caso, .por que no me aclara algunos puntos, Lady bella? .Desde donde ha viajado para honrarnos con esta visita? .Y cuanto tiempo piensa quedarse?

La palabra honrarnos fue pronunciada con tal desprecio que bella de inmediato supo que se habia ganado ya la desaprobacion de una Massen.

―Desde Londres... y por favor llameme bella ―bella dejo la ultima pregunta sin respuesta.

Rosalie arqueo una ceja.

―Pero se va a perder la temporada. Sin duda, desea volver pronto.

bella frunció el ceño, sin saber que había hecho para ganar tal inmediata aversión. Por lo

general, requeria un poco de tiempo y esfuerzo de su parte.

Lady Massen se aclaro la garganta y clavo una dura mirada en su nieta. En ese instante, bella reconoció la similitud entre la condesa y su abuela, y podia entender como las dos habían formado un vinculo que duraba cincuenta y tantos años. Las dos tiranas gobernaban con mano de hierro a todos los de su entorno.

―Ella acaba de llegar, rosalie. No ahuyentes tan pronto a nuestra invitada con tus

preguntas indiscretas ―apartando bruscamente la mirada, ignoro a su nieta mientras servia una taza de te con el servicio impecablemente pulido ante ellas. ―Vamos, Portia, esto la reanimara.

Que dia horrible para viajar. Usted no podria creer que es primavera.

Las palabras de Lady Massen resonaron dentro de su cabeza, recordandole su intercambio con un cierto extraño de pelo oscuro y su rápida replica que aun no era primavera. Una pequeña sonrisa curvo sus labios. Se pregunto si ella se quedo en su memoria de la forma en que el se quedo en la suya, entonces dio una rapida sacudida a su cabeza. Tales pensamientos eran tonterias. Paparruchas romanticas que no tenian lugar en su vida.

―Gracias, Lady Massen ―acepto la taza y tomo un trago largo, se dijo que el liquido caliente deslizandose por su garganta la hizo sentir mejor. Envolviendo sus dedos frios alrededor de la taza de te caliente, trato de ignorar al gato que afilaba sus garras en su muslo.

Un fuego crepitante ardia en las inmediaciones en una chimenea tan grande que bella podría caber dentro de ella. En casa, solo podían permitirse quemar nada mas que carbón. De todos modos, el lujo de esos leños ardientes hizo poco para calentar su sangre.

―Tiene que contarme todo sobre la ciudad ―dijo alice entusiasmada, sus ojos azules

brillando.

bella le dirigio una debil sonrisa.

―.Que quiere saber? ―pregunto, fingiendo no darse cuenta de la mirada furiosa de

rosalie.

―Todo. No deje nada fuera ―alice aplaudió con deleite. ―Almack’s, Vauxhall, los teatros... .son los bailes realmente esplendidos? .Ha conocido a nuestra joven reina? .Como es ella? ―ella

fruncio el ceño. ―Mi hermano no me permite ni asistir a una asamblea local. El es un absoluto tirano.

bella arqueo una ceja mientras dejaba su taza de te con una mano que movio con molestia. El conde parecia un patán viejo y aburrido. Tendria que reevaluar su plan para ahuyentarlo. Las diatribas sobre las innovaciones de la construcción de los caminos en la Roma antigua podrían no ser tan aburridas a un profundo pedante. Tal vez necesitaría parlotear sobre la moda y los últimos cotilleos. O tal vez de las actuales filosofías sobre el otorgamiento de poderes a las mujeres. Lo que debería ahuyentar a cualquier caballero reacio a la sociedad, a sus maneras y a las mujeres librepensadores.

―Y no crea que he tenido una presentación en sociedad ―continuo diciendo alice,

Presionando una mano en su pecho. ―.Lo puede imaginar? Veintiún años y nunca una

Temporada. Es una barbaridad.

bella podría pensar en mil cosas mas barbaras que esa ―las pobres condiciones sanitarias en los barrios bajos de Londres, un verdadero caldo de cultivo para las epidemias de colera, fiebre amarilla, influenza y tifus; mujeres que vendían sus cuerpos para alimentar a sus familias hambrientas; niños que trabajaban largas horas extenuantes en fundiciones inseguras por salarios miserables, ―pero se mordió la lengua. Este no era ni el momento ni el lugar para airear sus muchos puntos de vista sobre la reforma de la sociedad.

―Suficiente, alice ―dijo su hermana a traves de sus labios apretados, dejando la taza en el plato con un tintineo agudo. Sin bajar la mirada, Rosalie le dio al gato, frente a sus tobillos, una patada. Con un maullido adolorido, la bola de piel cruzo velozmente la habitacion en un borron color gris.

―Rosalie, deja de atormentar a Cleo ―reprendio Lady Massen, volviendo su mirada

Agraviada a bella. ―Está siempre hostigando a mis pobres mascotas.

―Mi hermano es un tirano ―repitió alice, su bonito rostro fruncido en una mueca.
 
―Todavia podemos influir en tu hermano para darte una temporada. No has perdido

completamente tu juventud ―suspirando, Lady Massen miro a bella con ojos lastimosos. ―Es tragico, pero mi nieto... tiene unos principios que le han impedido hacer las presentaciones a sus hermanas. .Qué edad tenía cuando tuvo la suya?

Portia se humedecio los labios, odiando ser utilizada como ejemplo.

―Diecisiete.

―Y aun soltera ―se apresuro Rosalie a señalar, su voz resonando de presumida

satisfaccion. ―Mira, abuela, una temporada no garantiza el matrimonio.

―No tengo ninguna duda de que tu te quedaste para vestir santos, Rosaliee. .Pero alice?

―Lady Massen sacudió rápidamente su cabeza, oscilando sus brillantes pendientes de zafiro y diamantes. ―Ella aun tiene posibilidades.

El color inundo la cara de Rosalie y bella sintió una punzada de empatía. Había crecido

Acostumbrada a los insultos velados ―y no tan velados. Ella sabía de primera mano cómo se sentia el ser despreciado por la propia familia.

Lady Massen chasqueo la lengua.

―No frunzas asi el ceño, Rosalie. Te envejece.

Con una sonrisa triste dirigida a bella, Lady Massen selecciono una galleta del servicio,

Aparentemente ignorando haber ofendido a su nieta, mientras comenzaba a lanzar pedazos de comer al gato, que arañaba el muslo de bella. Al instante, gatos de todos los colores y tamaños cayeron sobre el sofa. bella se trago su grito de sorpresa ante la invasion. .Cuantos malditos gatos tenia Lady Moreton?

―Es horriblemente injusto ―se quejo alice, alegremente inconsciente de que bella se

defendia afanosamente de un ejercito de felinos. ―En poco tiempo, yo tambien debere

quedarme para vestir santos.

Con el color manchando sus mejillas, Rosalie murmuro:

―Estoy segura que Lady bella no desea oir tu charla sobre las injusticias de tu vida.

El labio inferior de alice se hizo mas prominente en una mueca, mientras bella botaba a la alfombra una gata flaca y luego otra, que parecia ser su gemela.

―No me importa…

―Oh, pero a mi si, Lady bella ―la hermana mayor Massen fijo una fria mirada sobre ella.

bella parpadeo.

―Oh, deja de ser una arpia, Rosalie ―reprendio Lady Massen, por sobre una cacofonía de

ronroneos.

bella bajo su taza y presiono el dorso de su mano sobre su cara, consternada al sentir que el sudor salpicaba su frente. Sobre todo porque se sentia tan terriblemente helada.

―.Se siente bien, bella? alice se inclino hacia adelante, su frente lisa arrugada de

preocupacion. ―Se ve un poco…

―Desmejorada ―aporto Rosalie.

Con la empatia por Rosalie desapareciendo rapidamente, bella confeso:

―En realidad, estoy muy cansada. Ha sido un largo viaje.

Lady Massen rapidamente se puso de pie, los gatos saltando al suelo en todas direcciones.

―Por supuesto, que grosero de mi parte someterla a tanta emocion. Dejeme mostrarle su

dormitorio, querida.

bella se levanto, dispuesta a seguirla, cuando la puerta de la sala se abrió.

No. Su corazón dio un vuelco y se agarro al respaldo de una silla cercana para apoyarse al verlo entrar en la sala.

El se detuvo un momento, mirando el cuadro sorprendido ―no mas que ella ―ante sus rápidas y largas zancadas, que consumían la distancia que los separaba, avanzando sobre ella como una especie de ángel oscuro en busca de venganza.

Edward Por un breve y desconcertado momento, se pregunto por qué había venido a buscarla. Seguro que no tenia intención de llevar a cabo la promesa perversa de su ardiente mirada. Por supuesto que no. Sus ojos brillantes no revelaban ninguna alegria al verla, solo una determinación inflexible.

―.Que diablos estás haciendo tu aqui?

―!Edward! ―exclamo Lady Massen, mientras bella permanecía en silencio, con las

piernas temblorosas, sintiendo como si pudieran fallarle en cualquier momento. ―Esta es Lady Bella, nieta de mi querida amiga, la Duquesa viuda de Derring, y !harías bien en cuidar tu lenguaje!

La comprensión se apodero de ella, amarga como un viento frio. Edward era el Conde de

Massen. Su pretendiente. El hombre con el que su abuela pretendia que se casara.

Su gran cuerpo aparecio en el centro de la sala, empequeneciendo los delicados muebles,

fruslerias y cachivaches tan inherentemente femeninos, haciendolo aun mas amenazador

―masculino, todo lo que recordaba de la noche anterior.

Sus tormentosos ojos verdes se volvieron hacia Lady Massen.

―Dime que no enviaste por ella.

El calor ardiente abraso las mejillas de bella y hundió sus dedos en la madera de la silla,

Sintiendo que una una hacia una grieta por la presión.

―Ciertamente lo hizo ―expreso Rosalie. ―Quiere que te cases con ella.

Su mirada apuñalo a Bella una vez mas, inmovilizandola al lugar ―como ese cuchillo que había clavado en la pintura de la posada.

―.Es esto todo lo que pudiste encontrar, abuela? ―su ardiente mirada abrasándola. Una Muestra del infierno, seguramente. ―Haria falta mucho mas que esta pequeña buscona para tentarme.

bella jadeo, el latigazo hiriente de sus palabras tan eficaz como una fusta. Aunque habia sido su intención ahuyentar al conde, era algo muy diferente ser rechazada de plano de esta manera tan humillante.

―!Edward! ―exclamo Lady Massen, distintivos gemelos tinendo de rojo sus mejillas

Mientras miraba de uno a otro, entre su nieto y bella.

―!Maldito seas, Edward! ―siseo alice. ―.No puedes siquiera pretender ser un caballero?

El ni siquiera parpadeo ante la censura de su familia. Su mirada plateada la mantenía

Prisionera. Un musculo en su mejilla se marcaba peligrosamente. Ella hizo su mejor esfuerzo para devolver su ceño oscuro con uno propio en igual medida, pero temía que ella apenas parecía enfadada. Nadie podía parecer tan despectivo y amenazador como el hombre de pie ante ella. Su furia era palpable, ardiente.

―Súbete a tu carruaje ―comenzó, su voz baja y profunda como el gruñido de un lobo, ―y

regresa directamente por donde viniste. Aquí no vas a atrapar ningún marido.

Su rabia llego a un punto de ebullición. La furia la consumía. Furiosa con su hermano, por

necesitar que se casara; con su cuñada, que la importunaba para hacerlo; con su abuela, que la enviaba en esta tonta misión en primer lugar, y con su madre, que hace tiempo le habia prometido un tipo diferente de vida.

Por encima de todo, estaba furiosa con el canalla parado delante de ella. El hombre que ayer le habia calentado la sangre y la había llenado con un deseo que nunca antes habia sentido.

Con los labios apretados, asintió enérgicamente. El movimiento hizo que la sala girara ante ella y se tambaleara hacia atrás de la silla. Abriendo su boca, inhalo una bocanada de aire para tranquilizarse y pronunciar un feroz desprecio. Para informarle al bruto que nada le interesaría mas que despedirse de su hospitalidad.

Desafortunadamente, el flujo de sangre a su cabeza le robo las palabras. Cerro los ojos ante los puntos que bailaban ante su vision. No sirvio de nada. Los mareos recorrieron todo su cuerpo y la bilis subio a su garganta.

Balanceándose, apenas registro las exclamaciones mientras se doblaban sus piernas, y la

Oscuridad llegaba a raudales.