Dark Chat

jueves, 26 de mayo de 2011

Conociendonos Otra Vez

CAPÍTULO IX

EDWARD POV

Bella dormía plácidamente entre mis brazos, estaba exhausta de tanto sexo, yo también lo estaría si fuera humano. Había sido la mejor noche de mi larga vida, dios ella era fantástica, me hacía perder la cabeza completamente, cada vez la amaba más y ahora era completamente mía, me había entregado su cuerpo, ese cuerpo maravilloso que había poseído una y otra vez. La primera vez fue wow, casi ni lo puedo describir, sentir como ella adentraba mi polla en su centro húmedo y caliente fue glorioso, me estaba conteniendo tanto para no dañarla, pero ella quería más, siempre más y sentir sus músculos internos apretarme de esa manera tan putamente placentera era lo máximo, pero cuando definitivamente perdí la cabeza, el sentido y la cordura fue cuando mi salvaje mujer se rasgó la piel y sentí y vi su sangre correr por su cuerpo, eran heridas superficiales, pero me estaban llevando a la perdición, el placer eran tan grande y por un momento quise retirarme, alejarme de su sangre, pero como dije el placer era tan intenso que sucumbí y cuando su sangre recorrió mis papilas gustativas mientras me la follaba, dios, no creo que nadie que conozca haya sentido un placer tan grande, tuve que contenerme para no correrme en ese mismo instante, quería que ella lo hiciera primero, ella siempre es lo primero en mi vida y así lo hizo, después me corrí yo y si fuera humano juraría que me hubiera desmayado de tanto placer.

Nunca me arrepentiría de haber regresado a buscar y conquistar a Bella, ella era mi vida y cuando ella quisiera sería mi mujer, mi vampira para toda la eternidad.

Dios, ni siquiera me remordía la consciencia por haber sido tan salvaje con ella, ahora miraba su cuerpo desnudo y ya se le estaban notando los moretones que le había dejado en todo su cuerpo, pero como dije no me arrepentía, antes lo hubiera hecho, pero ahora era un hombre nuevo y ella me amaba así, ella había sacado el animal que llevaba dentro y juro que si no despertaba pronto me la violaría, estaba completamente excitado y deseaba volver a hundirme en su suave y caliente cuerpo.

Cuando despertó me dirigió una mirada divertida y sensual y eso bastó para abalanzarme encima de ella y perderme por completo en la lujuria que sólo ella había despertado en mi, estaba consciente que ella estaba adolorida, pero mandé a la mierda la cordura y las buenas intenciones a ella le gustaba salvaje y salvaje me tendría.

Después de la ronda de sexo matinal nos bañamos y ahí descubrí su sexy tatuaje, no se lo había visto antes y me puso caliente otra vez, así que la giré y la incliné para que pusiera las manos en los azulejos de la ducha, oh, su dulce trasero estaba a mi alcance y tenía unas ganas locas de adentrarme en ese pequeño agujero, pero desistí, más adelante me la cogería por allí, ahora me la volvería a coger por su dulce y apretado coño, la posición que habíamos adoptado daba un placer explosivo y me tuve que aguantar las ganas de correrme para gozar más y cuando Bella apretó mi polla con su centro me corrí llegando juntos al clímax, ella era definitivamente una bomba caliente y sexy y era completamente mía. ¡ ja que se jodan todos los humanos imbéciles que pensaron alguna vez que la tendrían como yo la tengo!.

Después de que ella desayunara me tuve que ir a mi casa, tenía que cambiarme de ropa para ir a la universidad, seguramente Alice ya sabe lo ocurrido y por ende toda la familia, así que eso me ahorraría dar explicaciones que no me apetecía dar.

Cuando llegué Alice me esperaba en la puerta y estaba feliz, jodida enana ya sabía la noche magnífica que había pasado, así que le dediqué una sonrisa amplia y feliz.

ALICE POV

Me daba tanto gusto lo que había visto en mis visiones, pero tuve que tratar de distraerme de eso, ¿a quién mierda le gusta ver a su hermano follando como animal?, a mi no, estaba feliz por él y por Bella, pero no necesitaba esa información en mi cabecita.

Casi me maté de la risa cuando la tonta de Tanya llegó hecha una fiera porque Edward había preferido a Bella, esa visión también la había visto y cada vez me sorprendía más Bella, había luchado como una leona por su hombre y lo había conseguido, claro que si hubiera sabido que desde el comienzo ese era el plan, que ella se pusiera celosa y reclamara lo que era suyo desde siempre quizás no se hubiera esforzado tanto, pero lo que había hecho confirmaba una vez más que ella era más vampiro que humana, ella había nacido para pertenecer a nuestro mundo, para pertenecer a Edward o para que Edward le perteneciera que era lo más correcto para decir, porque mi hermano estaba a sus pies.

El que estaba enojado, más bien furioso era Emmett, se que ha tratado de hacerse el tonto con lo que está sintiendo o más bien dicho lo que él piensa que siente por Bella, se perfectamente que está confundiendo sentimientos amorosos con sentimientos hermanables, en el fondo él ama a Rose y nunca amará a Bella, pero eso es algo que él tiene que descubrir solo, tiene que madurar y pronto, el lugar de Bella es al lado de Edward y eso nadie lo va a cambiar, el futuro de ella casándose con Benjamín había desaparecido, esa visión ya no existía, por el contrario había visto claramente la boda de Edward y Bella, su transformación aún no llegaba a mi cabeza, pero se que se concretaría, ella sería una de los nuestros, por fin estaría para siempre con nosotros y eso me ponía eufórica.

Cuando Edward llegó no se podía negar la cara de felicidad que tenía, nunca lo había visto así, ni cuando era novio de Bella en Forks, estaba recién bañado, pero olía a Bella y a…..

- Edward, hueles a sangre de Bella ¿le hiciste daño? – no podía ser, quizás no debería haberme distraído para no seguir viendo a mi hermano mientras se follaba a Bella, quizás no se había podido contener…no eso no era posible, yo vi su boda

- Ehhhh, hola Alice

- Contesta

- Si, eso mismo quiero saber yo – contestó Emmett quien salía al encuentro y su rostro era de rabia extrema

EMMETT POV

Mierda, mierda, mierda, Edward acababa de llegar y se podía oler claramente la esencia de Bella en él, maldición, la había hecho suya y me molestaba, me enrabiaba, se que todos piensan que me he enamorado de Bella, incluso yo pensaba eso, pero ahora me daba cuenta que no era ese tipo de amor, era consideración hacia ella, me dolía pensar que Edward pudiera dejarla nuevamente y la dañara, ella a pesar de mostrarse tan dura era especial y frágil y se que no soportaría que el imbécil de mi hermano la dejara nuevamente, no permitiría que la familia volviera a sufrir como estos años por culpa de la inmadurez y la poca confianza en si mismo que tenía Edward.

Ahora ni que se le cruzara por su estúpida cabeza dejar a Bella nuevamente o yo personalmente me encargaría de matarlo, ok, no lo haría, es mi hermano y lo quiero, pero si le daría una paliza que no olvidaría en toda la maldita eternidad, ya me estaba calmando cuando me llegó olor a sangre, mierda era sangre de Bella, era su sangre la que me llegaba.

Salí a pedir explicaciones y juro las tendría, ahora si lo mataría si le había hecho daño a Bella.

Toda la familia incluyendo a la loca de Tanya se habían reunido en el comedor a esperar que Edward explicara qué había pasado con Bella y el rastro de sangre que se percibía en él, además sus ojos estaban un tanto rojizos, era casi imperceptible el cambio para los humanos pero no para nosotros

- mmmm, verán, la verdad es que no tengo que darles ninguna explicación, mi vida privada es mía y de Bella, de nadie más

- pero Edward, bebiste su sangre, ¿ella está bien? – preguntó Carlisle

- bueno y si la mató mejor, así Edward queda libre de esa apestosa humana – la tonta de Tanya se ganó las miradas de odio de toda la familia

- cállate Puta de una maldita vez, no deberías estar acá, ya deberías haberte largado – wow, Edward estaba siendo demasiado rudo, nunca le había hablado así a nadie, menos a una mujer, pero debo coincidir con él y me gustaba que fuera así, no tan reprimido como antes

- Bella se encuentra bien, perfectamente bien y lo de la sangre fue idea de ella, es todo lo que voy a decir

- Wow, sexo y sangre, eso es genial, el mejor placer y mejor para ti siu la sangre es de la tua cantante, debiste pasarlo en grande hermanito, Bella es genial, estoy totalmente anonadada – mi Rose como siempre tan lujuriosa, pero tenía razón Bella era fenomenal y el desgraciado de mi hermano tiene que haberla pasado en grande follando y bebiendo la sangre que ella le ofrecía

- Mmmm – fue todo el comentario que hizo Edward, era un jodido egoísta por no compartir nada más, por dios hasta anoche era virgen y ahora era el más experimentado sexualmente, ninguno de nosotros pudo nunca compartir sexo y sangre con nuestras parejas, era tan injusto.

- Bien es todo entonces – dijo Carlisle con su tono paternal, pero en el fondo estaba contento por Edward y Bella, mi hermanita era toda una salvaje en la cama, si había ofrecido su sangre Edward debió volverse loco de de placer y si ella sobrevivió es que pudo aguantar el arranque de un vampiro caliente y deseoso de sangre, tenía a Edward agarrado de la polla, jajaja

- Eso no es todo, tienes que estar consciente que no dejaremos que tus viejos temores nos alejen de Bella nuevamente, porque juro que te mato, no vas a destruir a la familia nuevamente, Bella siempre a sido de la familia y ahora más que nunca – dije parándome y haciéndole frente a mi hermano

- Eso está más que claro Emmett, ella es mía y cuando ella quiera nos casamos y la convierto a nuestra naturaleza- bien, es todo lo que quería oír

- hijito, estoy tan contenta que las cosas se hayan solucionado con Bella, ella siempre a sido perfecta para ti, para nosotros, no hay mejor mujer en todo el mundo para ser convertida voluntariamente

- gracias mamá, te lo agradezco, se los agradezco a todos por la comprensión, pero de verdad quiero descansar un poco, Bella me dejó exhausto –dijo con una sonrisita de suficiencia, maldito fanfarrón, pero estaba contento por él y supe que él lo sabía ya que podía leer mi mente y la de todos, me dedicó una sonrisa y yo le guiñé un ojo, volvíamos a ser como antes, una familia completa y feliz, ahora me quedaba arreglar las cosas con mi Rose, no habíamos estado muy bien y yo era el culpable con esa fijación que había sentido por Bella, pero quién me puede culpar, siempre la he querido, pero verla tan cambiada me confundió, pero amaba a Rose y siempre sería así.

TANYA POV

Maldita zorra humana, me había quitado a Eddy en mis narices, no lo podía creer, sabía que él estaba enamorado de una humana, pero lo que tenía entendido es que la humana era tan insignificante y falta de autoestima que supuestamente sería pan comido arrebatarle el amor de Edward, pero la jodida Bella no era para nada insignificante, era muy hermosa y atractiva y lo que es peor lo era más que yo, cuando entré con Edward a la disco pude ver la fascinación el los humanos por mi evidente belleza vampírica, me miraban y jadeaban yo estaba burbujeante, siempre conseguía ese tipo de atención donde fuera, pero cuando llegó la zorra toda la atención masculina se volcó en ella, nadie me miraba todos la miraban a ella, podía oírlos, la deseaban y no era desde ahora era desde la primera vez que la habían visto, era la maldita reina de los humanos y al ver la fascinación y excitación de Edward comprendí totalmente que era una causa perdida.

Era hermosa, atractiva, irónica y perspicaz, me molestaba enormemente, nadie nunca me había, bueno no es del todo cierto, Edward me ha rechazado una infinidad de veces, pero ser rechazada por una humana era bastante humillante. Traté por todos los medios de ganarme su atención, pero estaba perdida él tenía ojos solamente para ella.

Cuando los dejé en la disco había aceptado mi derrota, pero aún albergaba la esperanza de que en la cama no fueran compatibles, digo, ella era humana y la fuerza de Edward podía destrozarla, además su sangre cantaba para él, así que sólo esperaría a que Edward perdiera el control y la matara, si, eso era bastante factible y cuando llegara destrozado por la pena de haberla matado yo lo consolaría.

Grande fue mi sorpresa cuando lo vi llegar lleno de dicha, nunca lo había visto tan contento, además la maldita humana se las había ingeniado para que él obtuviera el máximo gozo, sangre y sexo, maldición, ahora estaba completamente perdida, Edward jamás sería mío, a no ser que ella muriera y ya no podía confiar en que Edward la matara por error, había superado esa gran prueba y si yo interviniera en su misteriosa y repentina muerte, mmmm, sería interesante verla suplicar por su patética vida, pero debía desistir, los Cullen sabrían que fui yo y me cazarían como a un perro, mierda, ellos la adoraban, todos la querían y le daban su apoyo, algo que yo nunca recibí de su parte ¿cuántas veces les supliqué que me ayudaran a conquistar a Edward? Muchas y nunca obtuve su favor, pero a la humana le rogaban para que aceptara otra vez en su vida a Edward.

Cuando me llamó Alice no dudé en ayudarlos, como dije antes pensé que era pan comido liberar a Edward de la humana, pero ahora me doy cuenta de que me utilizaron para darle celos y que ella aceptara por fin aceptar a Edward de nuevo, me sentía como la mierda, pero debía saber perder, además Edward nunca fue mío como para perderlo, pero cómo dolía, siempre he estado enamorada de Edward, pero nunca se fijó en mi, hasta pensé que era gay, pero apareció ella y el decidió que no quería estar más solo y se enamoró, el amor apesta.

BELLA POV

Oh dios, me sentía viva, desde hace tiempo que no me sentía así, creo que nunca me he sentido tan viva como ahora, reconozco que me duele todo el cuerpo y los moretones no son nada atractivos, pero joder ya era su mujer completamente, no a medias como en el pasado, ya no era su insípida noviecita pueblerina, ahora era su mujer y me sentía genial. De sólo pensar en las muchas rondas de sexo que habíamos compartido me hacía reír y suspirar, nunca pensé que fuera a ser así, especialmente Edward, antes él era tan controlado, tan maduro, tan apestosamente apegado a sus reglas, pero ahora era distinto, era salvaje y ávido de sexo, tanto como yo y casi no podía esperar a verlo de nuevo para que me volviera a poseer.

Tuve que vestirme bastante tapada para esconder algunos de los moretones que tenía, además Edward me había marcado sexualmente en el cuello, senos, pelvis, bueno en realidad me marcó entera y esas marcas fueron hechas a consciencia, las hizo con sus fríos labios y me fascinaba.

Cuando llegué a la universidad todos me miraban, seguramente traía una cara de sexualmente satisfecha que nunca me habían visto, o sería una cara de quiero que ese vampiro me coja otra vez, jajaja, definitivamente estaba de buen humor, pero como no todo podía ser perfecto en la entrada del campus estaba la zorra de Tany o Tamy o alguna mierda de nombre parecido, pero ahí estaba sola, apostaba mi preciada moto a que me esperaba a mi, debería estar asustada, pero la verdad es que después de anoche podía morir tranquila y feliz, Edward era mío, siempre había sido mío, estaba convencida, le creía sus motivos para dejarme, no lo perdonaba pero lo entendía, creo.

- vaya, pero si es la zorra humana

- ¿es el único insulto que se te ocurre?, ay querida pensé que eras un poquito más inteligente, pero me equivoqué

- Maldita zorra, me quitaste a Edward

- Nunca ha sido tuyo para que te lo quite, siempre ha sido mío y lárgate, la zorra era tú que anda como perra en celo tras hombres ajenos que no te prestan atención

- Me las vas a pagar, había desistido de hacerte daño, pero me arrepentí

Su mirada era fiera y no me asustaba pero me preocupaba que los alumnos se estaban acercando a ver la disputa y podrían enterarse de muchos secretos si la maldita vampira no cerraba su boca, a lo lejos divisé a Jake que se acercaba lentamente y era algo a mi favor, ahora vería quién era Isabella Swan y las personas que la protegían. Metí mis manos al bolsillo de la chaqueta que llevaba y presioné llamar, la primera persona en el móvil era Edward, así que recibiría mi llamada y acudiría en segundos

- ¿ah si? ¿y cómo te la voy a pagar? – los alumnos ya estaba rodeándonos y Jake estaba bastante cerca, me estaba dando mi espacio para que me defendiera sola antes de intervenir, él me conocía muy bien

- Te voy a matar – siseó Tammy en un susurro sólo para nosotras

- ¿y debería estar temblando? Jajajaja no te tengo miedo, además Edward te detendrá antes de tener la oportunidad – en ese momento me agarró del brazo y mierda si que dolía, pero no le daría el gusto de gritar – en ese momento Jake se acercó y Tammy sintió su olor y se estremeció

- Suéltala maldita sanguijuela -. La cara que puso la zorra era como para sacarle una foto, no podía creer que un licántropo fuera a defenderme

- Tammy te presento a mi mejor amigo Jake – toma zorra

- ¿es tu amigo? ¿ Edward sabe de él?

- Por supuesto que sabe

- SUELTA A MI MUJER MALDITA ZORRA – wow Edward estaba furioso, sus ojos eran realmente aterradores, tammy me soltó en el acto y retrocedió

- Ustedes lárguense, no tienen nada que estar mirando acá – les dijo a los alumnos que estaba aglomerados viendo la escena, al percatarse de la furia de Edward se empezaron a retirar dejándonos solos, a la distancia vi a Benjamín que me miraba con aire crítico y una mueca en la comisura de la boca, estaba enojado, muy enojado y algo dolido, me dio mucha pena, pero él siempre supo que Edward ocupaba mi corazón y pensamientos

- Edward yo, de verdad es que no le iba a hacer daño…..

- Te largas en este instante antes de que te de caza, realmente no te gustaría que te cazara como la perra que eres, a mi mujer nadie la toca, nadie le hace daño – Edward me ubicó a su espalda protegiéndome, su cuerpo estaba tenso como listo para abalanzarse contra de la mujer que me había tocado

- Edward en verdad…- dijo tammy acercándose un paso hacia Edward, pero mi hombre no la dejó avanzar más porque se le arrojó encima y la empujó con tanta fuerza que tammy fue a parar contra un árbol rompiéndolo.

wow eso iba a dolerle más al ego que al cuerpo. La zorra se incorporó y se volvió a acercar pero Edward nuevamente la atacó y se veía tan sensual, mierda, debo estar jodida de la cabeza pero me estaba excitando hasta el punto de querer arrojarme yo a los brazos de Edward para que me follara en este mismo instante. Edward golpeó fuertemente su rostro, la tomó de una pierna y la volvió a arrojar contra el suelo, la rodeaba como un puma a su presa y mi coño estaba cada vez más húmedo, definitivamente después de que tammy se fuera a la mierda buscaría un lugar para llevarme a mi vampiro.

Tammy no esperó un tercer ataque y salió corriendo gimiendo, ja, que sepa la perra que Edward es mío. Edward abandonó la postura de ataque y se giró lentamente hacia mi, sus ojos eran cautelosos y me miraban avergonzados y con algo de miedo, seguramente a de pensar que le tengo miedo, es tan tonto, si sólo oliera bien se daría cuenta del efecto que causó en mi.

Jake que hasta ese momento se me había olvidado que estaba todavía aquí se acercó a Edward y le ofreció encargarse de Tammy, pero Edward negó diciendo que ella ya se estaba yendo de la ciudad y no volvería a molestar más, espero que ese fuera el caso, porque cuando Edward me transformara y fuera fuerte me gustaría volver a verla, a ver si es capaz de ponerme las manos encima otra vez.

Edward seguía mirándome, pero no se acercaba, así que fui yo la que rompió la lejanía y lo abracé con fuerza y estampé mis labios a los suyos, con hambre, con pasión, con agradecimiento

- ¿no estás asustaba princesa?

- De ti, nunca – no parecía muy convencido, pero lo miré coquetamente y entonces olió mi excitación y sonrió abiertamente y me acarició la cara y con la otra mano masajeó mi trasero

- Oh, por dios, búsquense un cuarto, definitivamente no necesito estas imágenes en mi inocente cabecita – Jake, se me volvía a olvidar que estaba acá

- Lárgate Jacob Black, por que esto es sólo el comienzo de lo que haremos – dije entre dientes

- Mierda, no sabía que eras tan descarada Bells, nos vemos, cuídala Edward, ella es importante también para mi

- Lo se Jacob y te agradezco mucho lo que has hecho por ella, pero de verdad lárgate antes de que veas cómo es que folla un vampiro

- Asco – dijo Jake antes de salir corriendo con una media sonrisa en los labios

- Así que te excitó verme pelear

- Mmm, muchísimo, así que te recomiendo que pongas fin a esta maldita tortura y te encargues de lo que provocaste acá abajo – dije apuntando mi coño

- Mmmm, deliciosa – me tomó de la mano y me arrastró casi corriendo a buscar un lugar donde apagar el fuego que nos recorría, a la mierda las clases, un día que faltáramos para estar follando como animales no significaba nada.



martes, 24 de mayo de 2011

Vida : Dulce Inmortalidad

Capítulo Octavo: Sana Competencia


Bajamos lentamente hacia el primer piso, yo aún tenía la mente por las nubes y un poco acelerada por los eventos recientes, cuando sentí la voz de Alice en el pie de la escalera.

- Sabes Edward, dejar de mirar no significa que se deje de ver.

Gruño moleta mientras nos mirada indignada, yo respondí su mirada un poco confusa y algo incrédula pues no entendía ni media palabra de lo que estaba diciéndonos, Edward carraspeo para ocultar la risa que emanaba de entre sus labios

- Veo que la borrachera se terminó

Comentó cambiando de tema tan repentinamente como su aparición.

- Si eso creo.

Le contesté sorprendida y aún confusa.

- Particularmente creo que Edward sobreexageró, créeme no te ibas a morir.

Acotó divertida mientras nos miraba. Vi como la mandíbula de Edward se tensaba y ponía rígida ante la expresión de su hermana.

- Veo que van de paseo, no te ofendas hermanito, pero hay ciertas cosas que Bella debe aprender de una mujer, sin contar que hay un asunto que reclama tu presencia aquí más que la de ningún otro integrante de esta familia, creo que es hora de hacer mi buena obra del día.

Dijo burlonamente al tiempo que enarcaba las cejas y fue entonces cuando me pregunte de que me había perdido, miré a Edward confundida, pero él esta vez, no hizo nada por detenernos.

- No creo que sea buena idea. Reclamé por lo bajo, pero Alice me ignoró y me apresuro para que saliéramos de la mansión.

Estábamos en la mitad de las colinas, cerca de un claro donde pasaba un pequeño riachuelo. Me acerque a contemplar mi reflejo era extraño mirarme, ver mis ojos color carmesí encendido, aunque normalmente eran de un color más oscuro, hoy eran la evidencia que estaba sedienta. Pase mis manos por mi rostro y pude escuchar a Alice engarbarse.

- ¿Qué?. Pregunte mientras me levantaba

- Creo, al igual que mí sobreprotector hermano, que tus hábitos alimenticios deben cambiar.

Me dijo concentrada, levanto su nariz olfateando el aire, cuando me concentré en el olor pude comprender lo que ella quería

- No quieres que siga bebiendo sangre humana.

Comprobé apretando mis labios

- Digamos que es mejor que te vuelvas vegetariana, veras con el tiempo la carne hace daño.

Dijo arrugando sus ojos escépticos.

- Otra vez con las analogías.

Protesté, Alice me miró extrañada, se acerco tomándome por el brazo para guiarme. ¿Qué, vas a enseñarme a cazar? Pregunte caminando con ella, de repente nos detuvimos abruptamente, sentí como me giró y apretó contra un árbol sigilosamente. Iba a decir algo y ella puso sus dedos sobre mis labios

- Shhh.

Dijo bajito pero era como si lo hubiera dicho a todo pulmón.

Lo siguiente que vi fue a ella volar sobre el animal, aplastándolo contra el suelo, el pobre luchaba fieramente para escapar de las manos de su predador. Quede atónita por unos instantes ante la escena que contemplaba, era realmente cruel verla hacer eso, pero por otro lado, lo que yo hacia tampoco era muy ortodoxo que digamos, estaba tomando sangre de un humano – sí - admití, pero había una diferencia esté la había donado, y el animal que luchaba por su vida sin duda no quería donarnos su sangre.

- Bella, si no te importa.

Me dijo ésta intentado hacer crujir el cuello del animal.

- No puedo.

Dije mientras me alejaba.

- ¿Qué no puedes?

Reclamo ella mientras soltaba al animal molesta.

- Esto, hacer esto.

Dije frustrada mientras me apoyaba en un árbol. Alice suspiró fracasada.

- Sabías que tú futuro cada vez es más incierto Bella Swan.

Exclamó resignada mientras se acercaba a mí. Volvimos al dormitorio literalmente corriendo, mis instintos eran más fuertes que mi sentido de la educación. Apenas logré abrir la puerta, volé hasta el refrigerador y sin siquiera detenerme en las buenas costumbres, engullí aquel fluido rojo con desesperación tanto así que Alice me miraba estupefacta.

- Si que estábamos sedienta.

Dijo mirándome boquiabierta.

- Un poco.

Susurré avergonzada. Una vez saciado mi apetito, mi curiosidad volvió – ¿qué asuntos tenia que arreglar Edward? – pregunté mientras me miraba en el espejo contemplando mis ojos un poco más apagados ahora gracias a la sangre que había bebido. Alice titubeo nerviosa y tardo unos segundos en contestarme

- Un par de cosas sin importancia absoluta, no te preocupes.

Me dijo sin darme la cara, ahora estaba jugando con los libros de mi estantería, me quede observándola unos momentos, era raro su comportamiento, qué asuntos podrían requerir sólo de Edward pensé mientras me dirigía al armario para cambiarme de ropa, al pasar cerca de Alice me percate como ella evitaba el contacto visual conmigo.

- ¿Qué sucede?

Pregunte parada cerca de la puerta del armario, pero ella cambio el tema

- Sabes… hubo un tiempo que yo también leí libros sobre mitos y leyendas.

Dijo tomando un libro plateado que había pedido prestado de la biblioteca la semana pasada, jugo con las hojas sin detenerse a mirarlas.

- No hay que ser clarividente para darse cuenta que estas ocultándome algo.

Le recriminé a su lado mientras quitaba de sus manos el libro y la obligaba a mirarme.

- ¿Yo? - Comenzó a decir, su tono de voz renuente me comprobaba que estaba en lo cierto – Ideas tuya Bella, que podría yo estar ocultándote – me dijo sin mucho sentido. No quise seguir insistiendo le di una mirada pensativa y ésta me devolvió una sonrisa forzada encogiéndose de hombros nerviosa.

Hice hasta lo increíble para deshacerme de Alice, pero era una misión fallida desde el comienzo, como un halcón vigilando su presa no me había dejado ni a sol ni a sombra todo el día, en recompensa me había torturado limpiando mi closet, y haciéndome comprar cosas por Internet para darle un poco más de estilo a nuestra habitación. Pero mi mente permanecía lejos de ella estaba junto a Edward, tenia que descubrir que era el asunto que esté tenia que arreglar y porque tan convenientemente Alice me había sacado de la casa ante la nula resistencia de aquel. De pronto cruzo por mi mente una idea.

- ¿Han pasado muchas horas no?

Dije insistentemente pero Alice seguía absorta mirando aquel cuadro digital que acabamos de comprar, adrede golpeé el escritorio al levantarme haciendo que mi laptop se tambaleara.

- ¿Qué decías?. Pregunto saliendo de sus pensamientos.

- Me acorde que tengo que devolver este libro.

Mentí poniendo mi mejor cara, sabia que la mentira no iba conmigo pero tenia que hacerlo más creíble para poder tener un espacio lejos de Alice y averiguar lo que tanto me estaba inquietando. Alice me observo por unos instantes y cambio su expresión

- Voy contigo.

Dijo al tiempo que comenzaba a levantarse. Demonios pensé no tenia un plan secundario, que iba a decir para que me diera espacio. Alice estaba detrás mío cuando me acerque al mostrador, sonreí nerviosa a la bibliotecaria quien me miró extrañada.

- Cariño pero si pediste este libro hace…

- Lo sé.

Interrumpí si la hubiera dejado hablar mi teatro se hubiera caído en medio segundo, sabia perfectamente que el libro no era para devolverlo hoy. Mi plan brillante estaba hecho añicos. Suspire mientras me giraba.

- ¿Qué hacemos ahora? Me preguntó Alice

- Mmm… podemos… que te parece si revisamos unos libros de aquella corrida, por sí esta el que quiero leer.

Le dije en un afán de ganar tiempo para poder deshacerme de ella.

- Bien. Dijo caminando delante de mí.

Habían pasado unos minutos cuando lentamente comencé a alejarme de la posición de Alice, llegue hasta el extremo sur de la estantería ella permanecía al comienzo del pasillo y parecía interesada en un libro sobre magia, por lo que aproveche el minuto y sigilosamente seguí caminando hasta el borde sin quitarle la vista de encima cuando llegue al final súbitamente di un paso y gire saliendo de su campo de vista, me quede unos instantes para corroborar que Alice aún siguiera inmersa en el libro y así parecía, no había notado que yo ahora estaba en el pasillo contiguo, camine lo más despacio posible hasta que estuve bien alejada para correr fuera de la biblioteca, era tiempo de ir a ver que era el asunto de Edward.

Para la casa de Edward en las colinas, había un acceso principal un largo sendero lleno de árboles, pero también había un acceso secundario que había descubierto por casualidad desde el cual se llegaba justamente por la parte posterior de la casa, era el patio trasero lleno de arbustos y plantas que se asemejaban a un bosque seco.

Estaba distraída sacudiéndome la ropa para acercarme a la casa cuando el ruido de pisadas me hizo reaccionar, me agache casi al instante y me oculte detrás de unos matorrales, de ahí observe que las pisadas pertenecían a Edward, su rostro estaba tenso incluso un poco enojado para mi parecer, venia saliendo al patio trasero, al principio no vi que viniera alguien tras él pero me quede boquiabierta con la escena siguiente.

Le vi a Edward abrir amablemente la puerta corredera que separaba el interior de la casa con el patio y en ese instante vi una figura femenina emerger del interior, sentí un fuerte golpe en el vientre que me hizo quedar sin respiración, ella era tan o más hermosa que Rosalie. Estaba absorta en mis pensamientos cuando sentí la voz de Edward que me regresó a la tierra otra vez.

- Tanya creo que debemos conversar.

Dijo serio mientras ambos se sentaban en el elegante juego de terraza que adornaba el patio de la mansión.


Chicas dejen sus comentarios , ya que son muy importantes para nuestra querida Liz y claro para nosotras mil besitos a todas.

domingo, 22 de mayo de 2011

Corazón de Hierro

CAP.11. SENTIMIENTOS

― ¿en qué piensas?—me pregunto mientras pasaba sus dedos por mi espalda—estas muy callada

― En nada, solo estaba mirando las llamas de la chimenea—Edward rio

― ¿y qué tiene eso de interesante?

― Nada—reí—no tiene nada de especial.

Eran casi las 2 de la madrugada, en consecuencia de mi libido rebelde habíamos hecho el amor una vez más y aun sentía que mis hormonas quemaban por tenerlo dentro de mí nuevamente. Los dedos de Edward acariciaban mi desnuda espalda, estaba recostada sobre la cama y el a mi lado, la luz de la luna se colaba por la ventana y alumbraba todo el lecho. tenía una extraña sensación en mi estomago, el descubrir que lo amaba sin duda marcaba un antes y un después, hacia de estos encuentros diferentes, el sexo tomaba otros matices, se hacía más tierno y lleno de emoción, lamentablemente sabia que eso era solo de mi parte y tendría que aprender a vivir con todos estos sentimientos en mi corazón. Mientras sus dedos trazaban formas en mi piel sentí un escalofrió.

― ¿tienes frio?—me pregunto inclinando su cara para mirarme.

― Un poco pero—antes de que dijera algo mas sus manos volaron veloces hacia las sabanas y el edredón, nos cubrió, sonreí con su gesto, ahora todo lo que él hacia me parecía tierno y afectuoso ¿sería consecuencia del amor?

― No es bueno que te resfríes—me tomo con sus fuertes brazos y me pego a su cálido pecho, lo único que pude hacer fue soltar un audible suspiro.

Así paso casi toda la noche, dormí cobijada en los brazos de mi amor, sentirlo así de cerca hacia que mi corazón saltara de tanta alegría, Edward era todo lo que yo quería, todo en el me gustaba incluyendo su faceta de Hierro. Sabía que era un poco masoquista amarlo así pero ¿Cuándo no debes hacerlo tal cual es?, Los días se nos pasaron un poco rápido, hoy ya era sábado, lo mejor es que Edward no iría a trabajar hoy así que podría disfrutar su compañía un momento más. Amanecí otra vez entre sus brazos, y casi desperté llorando de alegría, me sentía feliz con solo estar con él, cerré mis ojos y me permití disfrutar de este momento. Edward aun dormía su respiración acompasada delataba su profundo sueño. pase mis manos por su pecho y estomago sentí cada fibra de su piel en mis dedos, mire maravillada como todo su cuerpo reaccionaba a mis caricias, sus brazos me estrecharon mas y sus manos se enterraron en mi piel mandando una serie de corrientes eléctricas a todo mi cuerpo, lo amaba sin duda que lo hacía.

― Buenos días— me susurro, su cara se recargo en mi cabeza y sentí que aspiraba mi aroma— ¿Cómo amaneciste hoy?—pregunto abriendo sus ojos perezosamente.

― Bien, me siento un poco mejor—y no mentía, si bien los moretones y magulladuras aun seguían en mi piel ya no me dolía tanto, los días que habían pasado me estaban mejorando lentamente.

― Qué bueno, hoy Emmett vendrá a revisarte—me conto con su voz somnolienta, el otro día no pudo venir ya que había tenido unas emergencias pero ahora sí que era mi oportunidad para preguntarle por su posible relación con Rosalie, estaba ansiosa. Esta semana había hablado con Rose por lo menos dos veces en el día y ella no quería soltar nada, tal vez porque siempre estaba acompañando pero esperaba que cuando tuviéramos la oportunidad de hablar me contara que sucedía con Emmett.

― ¿hoy tienes que trabajar aquí?—le pregunte de repente, sabía que no tenía que ir a la oficina pero de seguro querría trabajar aquí.

― No—respondió con sus ojos aun cerrados—creo que es hora de que me tome las cosas con más calma, no quiero que mi cabeza colapse nuevamente.

― Tienes razón, buena manera de pensar—me arrime contra su pecho y descansé mi cabeza en el, sentía sus latidos, eran tranquilos y llevaban un ritmo que era capaz de mecerme. Aun era temprano para levantarse pero Edward se comenzó a removerse con la intensión de levantarse, creo que no quería que lo vieran salir de mi habitación. No le dije nada y solo me solté de su abrazo, tome una de mis almohadas y la puse debajo de mi cabeza esperando para decirle adiós.

― ¿A dónde vas?— pregunte con inocencia, se puso la bata y camino hacia la puerta

― Ahora vuelvo, quédate aquí, no te muevas—me guiño un ojo y salió por la puerta de mi habitación con una sonrisa, ¿Qué estaba tramando? Una sonrisa traviesa atravesó mi cara, Edward hace días se comportaba de una manera diferente, aun seguía siendo implacable con el mundo pero conmigo sentía un cambio, no sabía si era mi imaginación o el hecho de que lo amara, pero sentía todo diferente en el, sus besos, sus caricias todo. Cada gesto que el tenia tomaba otro matiz para mí.

Me quede recostada en la cama mirando el cielo de la habitación, mi cabeza no podía pensar en nada más que en Edward, estaba patéticamente enamorada y lo peor de todo es que no era correspondía pero yo había aceptado esta vida, tal vez algún día podría ser algo más que la "querida" de Edward, estaba consciente de que tal vez ese día nunca viera la luz pero por lo menos tendría que tener alguna vaga esperanza. Mi estomago gruño, tenia abre esta semana había estado comiendo más de la cuenta, aquí trataban en lo posible de suplir todas mis necesidades, me sentía como una verdadera reina, sin duda todo era genial, mi descanso se había dado al 100%. Sentí pasos en el pasillo y el sonido de unas ruedas, Edward le debe haber dicho a Will que me subiera el desayuno, me baje corriendo de la cama y me puse una de mis camisolas y la bata, me sorprendí enormemente de la velocidad sobre humana con la que actué. Me volví a sentar en la cama en el momento preciso, la puerta se abrió al igual que mi boca, creo que mi expresión reflejaba la enorme sorpresa que me produjo la imagen que tenia frente a mis ojos.

― Edward ¿Qué haces?— le pregunte, entro en la habitación empujando el carrito con el que siempre me servían las mucamas, me sorprendió bastante ya que jamás vi a Edward parado ni a diez centímetros de aquellos carros.

― ¿Qué tiene?— me pregunto extrañado, se paso la mano por su cabello, gesto que repetía cada vez que estaba nervioso— ¿No te gusta el desayuno?— me pregunto mirando la carriola, una sonrisa del porte de mi cara destello en mi rostro, Edward me había traído el desayuno.

― No, no es eso. Estoy sorprendida—le comente—jamás pensé viéndote traerme el desayuno—sonreí nerviosa y un poco avergonzada, su actitud me había tomado por sorpresa

― Bella—me dijo riendo— ¿de verdad piensas que soy tan esnob?

― Yo solo digo lo que veo, no eres del tipo que sirven desayuno—acerco la carriola a la mesa del pequeño estar y la acomodo.

― Yo sé hacer muchas cosas que tú no sabes—me dijo acercándose lentamente a la cama, se subió acechándome, me reí de la comparación pero parecía un león acechando a una inocente ovejita.

― ¿Qué cosas si se puede saber?— le pregunte mientras me recostaba en la cama, el quedo a la altura de mis muslos subió con sus dedos mi bata de satén rosado, abajo llevaba un camisón del mismo color. Sus ojos y manos fueron descubriendo mi piel, mientras avanzaba iba dejando suaves besos.

― Algunos talentos ocultos que tengo— llego a la parte superior de mis muslos, se detuvo en la orilla de mi braga y beso la parte a la cual llaman "el monte de Venus", me estremecí completamente al sentirlo ahí—tu ya conoces algunos— ronroneo con voz sexy, el solo tono de su voz encendía todas las llamas habidas en mi interior.

― Si, unos muy buenos si puedo agregar— reí mientras su cabeza subía hacia mi estomago, beso por sobre la tela de mi camisón, paso por mis pechos hasta llegar a mis labios. Sus besos me hicieron delirar, subí mis manos hacia su cabello y lo acerque a mi boca, mi lengua se mezclo de inmediato con la suya dejando un sabor dulce en mi boca, amaba sentirlo tan cerca y poder disfrutar de sus besos. Su cuerpo se recargo sobre el mío pero sin provocarme algún daño, sus manos acariciaron mi cara, bajaron a mis hombros y continuaron hacia mi cintura, sentirlo así de cerca en mi cuerpo me hacia volar y siempre ansiar mas.

― Tus besos son adictivos— me confesó haciéndome delirar—son como un dulce manjar, una droga de la cual no se puede escapar— susurró mientras me besaba—podría besarte todo el día.

― Hazlo—le pedí pasando mis manos por el cuello y atrayéndolo para que me besara.

― Algún día— sonrió, aunque no era una promesa me conformaba con esas palabras. Otra consecuencia de mi amor por él, la conformidad. Mi estomago fue el vil intruso entre nuestros besos, un grave rugido delato el hambre que sentía, la risa de Edward inundo la habitación haciéndome sonrojar. Sus manos acariciaron mis mejillas y dejo suaves besos mientras aun sonreía—tu estomago te delato, vamos a desayunar

― Está bien—asentí a regañadientes. Se separo de mí y me ayudo a levantarme, su mano guio mi andar hasta la mesa, cuando iba a hacer el ademan de sentarme lo detuve—tu lo subiste, yo serviré—le dije con una sonrisa, el se encogió de hombros y se sentó.

Me pare en frente de la bandeja y descubrí lo que venía tapado, había de todos los exquisitos manjares que siempre servían en la casa Cullen, pastas, mermeladas, cosas saladas además de pan, café para Edward y te para mi, sin duda después de una semana aquí Will y las chicas ya conocían mis gustos. Le serví el café como ya sabía le gustaba, prepare unas rodajas de pan con algunos aderezos y los deje en el plato para que se sirviera, Edward me miraba cada movimiento que yo hacía.

― Cuando me miras así recuerdo los primeros días que trabajamos juntos, cuando no me quitabas los ojos de encima, sabía que eras desconfiado pero observabas todo lo que hacía— Edward soltó una enorme carcajada y negó con su cabeza.

― Tú eras la culpable de que te mirara—me dijo con una seductora sonrisa.

― ¿Por qué?—pregunte mientras me sentaba en frente suyo. Edward me miro extrañado como si la situación fuera la más clara del mundo

― ¿me preguntas el porqué?—me dijo con voz de incredulidad.

― Claro, me gustaría saber.

― Bueno ya que insistes, era por…— unos golpes en la puerta nos interrumpieron, Edward me miro con disculpas en sus ojos y dio la entrada, me avergoncé demasiado al ver a Will entrar por la puerta. El mayordomo actuaba lo más normal del mundo como si la escena que veía era algo típico en la casa, ¿le habrá servido desayuno a alguna de las conquistas de Edward?, moví mi cabeza y trate de alejar esos pensamientos esperaba no volver a pasar esas ideas por mi cabeza y arruinar el momento.

― Buenos días—saludo en general, asentí dándole de vuelta el saludo—Sr. Cullen tiene una llamada del Señor Jacob Black—Edward miro al mayordomo y frunció su ceño.

― Will, este fin de semana tienes el permiso de decir que tengo cualquier otra cosa que hacer, pero por favor no me pases llamadas de nadie más que no sea de mi familia. No quiero molestias—El mayordomo extrañamente sonrió y me dio una dulce mirada, me sentí cohibida por el momento y me sonroje, Edward seguía mirándolo a él y el a mí, pasaron unos cuantos segundos cuando Will hablo nuevamente.

― Con todo el gusto señor, me retiro, que disfruten su desayuno

― Gracias—le contesto Edward, Will salió cerrando la puerta y nos devolvió la intimidad que habíamos tenido.

― ¿trabajo?—pregunte dándole un sorbo a mi te.

― No, cosas personales pero nada de importancia—reprimí una mueca, cosas personales que obviamente no podía saber, no era que necesitaba saber todos sus movimientos pero si lo pensaba detenidamente yo no conocía mucho de Edward y eso me hacia entristecer, con suerte sabia de donde venia y quienes integraban su familia—¿en qué piensas?—me pregunto cuando me vio pensando sus palabras

― En nada, hoy hace un hermoso día ¿no crees?—le pregunte cambiando el tema, sus ojos me observaron por unos segundos más y asintió.

Seguimos hablando de cosas triviales, nada de importancia, aunque fueran cosas ínfimas yo las disfrutaba, sabía que estos momentos se acabarían el día que me fuera de aquí y quería aprovechar lo que más pudiera. Mientras terminábamos de desayunar una pregunta asalto mi mente.

― Mañana me imagino que es el día libre de tus empleados—le pregunte, su expresión se torno sorprendida, si hoy era sábado y los había visto a todos toda la semana por consiguiente mañana seria su día festivo, ¿no?

― ¿día libre?—tocio—ellos tienen sus días libres dentro de la semana.

― ¿dentro de la semana? ¡Edward! eres un explotador—le dije entre risas y afirmaciones

― ¿explotador? Vamos Bella, no en todos los trabajos tienes días feriados justo en los fines de semana—abrí mi boca de lo sorprendida, Edward pareció evaluar mi expresión y continuo hablando—no me digas que soy explotador, para que sepas ninguno de mis empleados se ha quejado de las condiciones de trabajo, jamás he sido un explotador—asentí— ¡dios mujer!, ahora soy un ogro déspota y mas encima explotador—solté una enorme carcajada.

― Bueno Sr. Ogro déspota y explotador es hora de vestirnos, mira la hora son casi las diez y todavía estamos en pijamas—me puse de pie dirigiéndome al baño—me duchare Sr. ogro así que vuelvo en unos momentos—Edward iba a replicar pero me metí en el baño antes de que dijera algo, me aguante la risa que me produjo la escena.

Me saque la camisola y la bata quedando desnuda, el frio del lugar golpeo mi piel haciéndome temblar. Estaba tan inmersa en mis pensamientos mientras me duchaba que no fui consciente de lo que pasaba a mí alrededor, levante la cabeza y deje que el agua caliente golpeara en mi frente, el calor que se esparcía por mi cuerpo no fue nada comparado con lo que sucedió segundo después. Unas manos ardiendo se pasaron por mi cintura, gire mi cabeza y el rostro de Edward estaba atrás, sus manos me pegaron a su cuerpo dejándome sentir toda su piel, mi cabeza se fue involuntariamente hacia atrás y reprimí un gemido por la excitación que provoco el sentirlo así de cerca.

― Edward— gemí mientras cerraba los ojos—¿Qué haces?—pregunte

― ¿Qué parece?—me contesto con una pregunta—me estoy bañando, dijiste que era tarde y que ya era hora de vestirnos así que me vine a bañar—una sonrisa torcida de esas que me dejaban sin aliento apareció en su cara, unos ojos picaros acompañaron a la hermosa expresión, sonreí y me gire para atraparlo con mis brazos. Tome su cuello y lo atraje hacia mí, sus manos recorrieron mi espalda fundiendo sus dedos en la piel que ahí se extendía, sentía el calor recorrer como una llama abrazante por cada fibra de mi ser, Edward despertaba hasta la más ínfima de mis células, todas se veían envueltas en las combustiones espontaneas que él me provocaba—además estamos en la época del calentamiento global, hay que ahorrar recursos, por eso las duchas deben ser compartidas— una hermosa sonrisa torcida acompaño a la que se desplego por mi cara, jamás podría ganarle.

La ducha se prolongo aun más de lo que pensaba, si bien no hicimos el amor bajo el agua nos besamos y acariciamos, era maravilloso compartir cosas tan cotidianas como la ducha, me hacía sentir feliz. Salimos del baño aun besándonos, el sonido de mi celular fue lo único que nos interrumpió el momento.

― No contestare— le dije susurrando en sus labios, el negó con su cabeza y me separo. Camino hacia el buro y tomo mi celular.

― Debes hacerlo es de tu casa— me dijo mostrándome el visor, la palabra Casa me hizo gruñir, le quite el celular a regañadientes y conteste.

― Hola papa— salude animadamente, Edward se puso a un extremo de la habitación a secarse mientras yo me sentaba en la cama a hablar.

― Hola cariño ¿Cómo estás?

― Bien, aquí todo es maravilloso— reprimí el suspiro.

― Qué bueno hija mía, espero que vuelvas pronto, mira que ya te extrañamos mucho—decía mi padre con voz de nostalgia

― Si papa, al igual que yo, espero volver pronto pero prometo que estaré de regreso y todo será como antes.

― Qué bueno hija mía, Kate te manda saludos al igual que Rose.

― Oh si, pásamela papa por favor.

― ¿ah Rose?, ella no esta salió con Emmett.

― ¿salió con Emmett?—dije volteándome a ver a Edward con incredulidad, el miro y solo movió los hombros— que bien papa, me alegro que ella y su novio se lleven tan bien— ahora Edward me miraba con un semblante extraño

― A mi igual, Emmett es un chico fabuloso.

― Me imagino—comente aguantándome la risa— bueno papa ya debo irme, cuídate mucho y envíale saludos Kate.

― Si mi amor yo le digo, cuídate mucho y llámanos—

― Si papa lo hare, adiós

― Adiós— colgué

― ¿Emmett anda con tu amiga?— me pregunto cuándo colgué el teléfono.

― No, pero una vez tuvieron que hacerse pasar por novios en mi casa y creo que les quedo gustando el papel— comente con alegría.

― Sería algo bueno, desde que conozco a Emmett jamás le he visto una novia.

― ¿ustedes son amigos?

― Si—respondió—desde hace años, conocí a Emmett cuando salió de la facultad, cuando me comenzaron a dar esas "crisis" el de inmediato acepto ser mi médico de cabecera. Es una de mis personas de confianza— la puerta de la habitación sonó, me pare en dos segundos tenía solo una toalla puesta en mi cuerpo, corrí hacia el baño bajo una risita de Edward.

― Dime Will— dijo desde dentro de la habitación, parece que el mayordomo estaba entrenado en estas situaciones.

― El Doctor McCarthy y la Señorita Hale lo esperan en el estar

― Bien, bajamos enseguida.

Los pasos del mayordomo se sintieron en el pasillo, Salí nuevamente del baño y me fui a colocar ropa, me puse solo un buzo y una camiseta, aun sentía dolor en mi piel y hasta la ropa más pesada me molestaba, me tome el pelo en una coleta y estaba lista.

― Me gusta tu cabello suelto— me dijo Edward, se paro atrás mío en el espejo de la habitación, sus dedos tomaron la coleta que había puesto en mi cabello y lo soltaron, en su rostro se formo una de esas sonrisas torcidas que tanto me embobaban, paso sus dedos por mi húmedo cabello y volvió a sonreír— bajemos— me pidió, yo asentí y salimos de la habitación.

Bajamos las escaleras y nos encontramos en el recibidor con Rosalie y Emmett, ella nos miro por unos minutos y solo sonrió.

― ¡bella cariño! ¿Cómo estás?— extendió sus brazos para abrazarme tiernamente

― Bien, mejor, el descanso me ha sentado de maravilla— amabas sonreímos y nos tomamos de las manos.

― Hola Edward— rosalie saludo con una cálida sonrisa

― Buenos días Rosalie— le respondió el tan correcto como siempre— Buenos días Emmett

― Edward, Bella. Me alegro que estés mejor Bella.

― Gracias Emmett.

― Pasemos a la biblioteca, ahí podrás revisar a Bella con mayor comodidad.

― ¡vamos!, no necesito que me revisen Edward, recuerda que yo soy enfermera y sé que estoy bien.

― Bella— comenzó a decirme— es para estar seguros— vi en sus ojos un resquicio de suplica, ¿de verdad le interesaba si estaba bien o mal?, sabía que si pero no estaba segura hasta que punto.

― Está bien— acepte, Rosalie y Emmett soltaron una risita, camine hacia la biblioteca seguida de todos los demás. Edward entro en la habitación y cerró las puertas con pestillo.

― Bien Bella, siéntate— me pidió Emmett señalando un sofá.

Emmett me examino bajo la intenta mirada de Rosalie y Edward, a ratos los miraba y ellos conversaban de algo, pero lo hacían tan bajo que no podía escuchar que era. Emmett me reviso la herida en la cabeza y los hematomas en mi espalda y extremidades por su cara supe que tenía razón y en verdad estaba mejorando.

― Bien Bella tenías razón, estas mejor, el golpe en la cabeza ya casi está cerrado y los hematomas del cuerpo ya casi desaparecen, así que con solo unos días más de descanso estarás como nueva y podrás volver a casa.

― Qué bueno— conteste contenta por estar bien pero no con la idea de volver a mi casa, mire a Edward y el tenia la vista perdida entre los libros de los estantes— Rosalie ¿me acompañas?

― Claro— contesto mi amiga acercándose a la puerta

― Caballeros, volveremos enseguida— camine fuera de la habitación y arrastre a Rosalie al tercer piso.

― Esta casa es hermosa, toda una joya arquitectónica— su vista estaba maravillada con toda la decoración de la casa— tiene el gusto de los dueños impregnado en todas partes— la arrastre a mi cuarto y cerré la puerta con pestillo— ¡Wow!— dijo mirando mi habitación, las chicas en el poco rato que estuvimos abajo subieron a asearla por lo que se veía perfecta— sin duda el hombre te tiene como reina— se giro para encontrar mis ojos.

― Me enamore de él, Rosalie— le dije sin poder contener la angustia que esto me generaba, la boca de Rose se entre abrió un poco y soltó un jadeo.

― ¿te enamoraste?— se cubrió la cara— ¡demonios Bella!— exclamo cayendo en un sillón, me senté en el de enfrente.

― Lo hice y no pude evitarlo, fue más fuerte que yo. — la mirada de Rose se veía decepcionada y a la vez preocupada.

― Bella no sé qué decirte, el tipo es un plomo si de eso estamos claros pero además es un mujeriego Bella, es un hombre de un corazón duro como piedra, ¿no escuchas las noticias?

― Rosalie yo… yo aprendí una cosa ¿sabes?, el amor tiene una y mil formas y una y mil maneras de ser demostrado y de ser descubierto, no solo amas las cosas buenas de las personas que las cuales te enamoras como una condenada, de cada insignificante defecto, cuando estas enamorada de verdad estas jodida de mil maneras posibles pero estas feliz y orgullosa de ello, porque al fin y al cabo se puede ir a la mierda el mundo y sus porquerías, el corazón no razona y el amor no tiene lógica ni pies ni cabeza y cuanto más lo niegues o trates de ocultarlo más fuerte se hace..—suspire, no sabía cuando había agarrado esta sabiduría pero así era, yo lo amaba y lo hacía por encima de cualquier cosa, Edward era tan importante para mí con todo lo que traía con él, virtudes y defectos poco me importaba que tuviera un corazón de hierro porque yo sabía que debajo de esa coraza existía un hombre de carne y hueso. Rosalie suspiro y sus ojos brillaron.

― Déjame decirte que ese es el discurso mas romántico que he escuchado en toda mi vida, ¡Bella te estás muriendo por el!— me grito, sus brazos nuevamente me sujetaron— aunque no me guste mucho, sabes que tienes mi apoyo ¿verdad?— dijo con lagrimas en sus ojos— Bella no quiero verte sufrir.

― Lo sé amiga, no podre asegurarte nada pero prometo que apenas sienta amenazado mi corazón me alejare de él.

― Eso espero Bella, no quiero que marques tu vida por el— yo solo sonreí, mi vida ya estaba marcada de por vida por el amor de ese hombre.

― Bien y pasando a otro tema ¿Cómo se ha portado esta semana?— la sonrisa fue inevitable.

― Ah sido la semana más maravillosa del mundo Rose, no puedo creerlo… es genial— comente con la emoción saliendo por mi pecho

― Me alegro, estoy feliz de que por lo menos puedas estar contenta después de todo lo que paso Bella.

― Pero ya nada volverá a ser como antes, desde ahora podemos estar tranquilos, por lo que Edward me dijo Carmen estaba en la cárcel y ahí se iba a fundir para siempre—tres golpes suaves en la madera de la puerta nos hicieron parar nuestra conversación—adelante.

― Sr. Swan—la mitad del cuerpo de Rachel se apareció por la puerta—el Señor y el doctor McCarthy las esperan.

― Muchas gracias, dígale que bajamos enseguida—no podía irme sin preguntarle a Rose.

― Si señorita—la mucama cerró la puerta y nos dejo solas nuevamente.

― Y bien Rose—la cara de Rose se torno sonrosada, sabía que le iba a preguntar—ya que estamos en el momento de las confesiones, ¿Qué pasa con Emmett? Porque déjame decirte que la mentira de los novios era solo para mi papa.

― Bueno yo…— tartamudeo—hay esta bien ¡te contare!, si al final igual ibas a saber, Emmett y yo estamos saliendo— una sonrisa y un jadeo de asombro salieron de mi pecho al mismo tiempo.

― ¿estás saliendo con él? ¿pero cómo? Si ustedes se cayeron mal desde el principio, bueno a ti te cayó mal.

― Fácil, el tipo es un dulce Bella— cambio su expresión— es un oso, si lo vieras es el tipo más dulce del mundo, tal como buscaba yo – me reí.

― A ti sí que te pego fuerte el amor—una carcajada se soltó de mi pecho— quien lo diría.

― Pero así fue y ahora estoy muy feliz Bella, Emmett es grandioso, retiro todo lo dicho de él y no sabes—sus ojos se tornaron picaros— me hace el amor de una manera ¡bestial!—

― ¡Ah!— un grito salió con una expresión de asco, ambas reímos— ¡dios Rose! No me digas eso, ahora cada vez que vea a mi medico lo imaginare con cara de Oso hambriento por sexo— nos reímos hasta que lagrimas se asomaron por nuestros ojos. Cuando estuvimos un poco mas calmadas seguimos hablando—espero que si esto sigue sean muy felices—desee sinceramente.

― Eso espero, hasta el momento no tengo ninguna queja y quien quita que en un futuro no podamos salir los cuatro.

― No lo creo Rose, por mucho que ame a Edward yo no caigo en su mundo, ¡fíjate!— comente con amarga expresión apuntando la habitación que nos rodea—creo que yo no soy tan buena para él como todos piensan

― ¿todos piensan?

― Sí, creo que tengo un Team de apoyo aquí en la casa, el mayordomo William Lickwood me dijo entre líneas que yo era buena para Edward.

― Wow, sí que lo quieren ver con alguien.

― No sé si será eso, cuando antes venia todos los días siempre a ciertas horas veía entrar a mujeres hermosas al cuarto de Edward. ¿recuerdas que te conté?

― Si claro, pero eso no significa nada Bella— mi expresión se amargo aun más.

― Claro que significa, una vez me devolví por algo que se me quedo y cuando entre en la habitación Edward estaba teniendo sexo con la misma mujer que yo vi entrar momentos antes— la boca de Rose cayo un poco y se llevo a su cara la mano.

― Demonios

― Lo mismo dije yo, Edward tenia sexo con cada mujer que entraba en su habitación y lamentablemente yo fui una de ellas— me dolía hasta la última parte del alma aceptarlo pero así era.

― Pero Bella yo no creo que él sea así mira cuando estábamos en…— Rose comenzó a contar pero un nuevo golpe en la puerta nos interrumpió

― Será mejor que bajemos, Edward se debe estar poniendo ansioso.

― Pero Bella escu…— golpearon otra vez.

― ¡ya vamos!— me gire y camine hacia la puerta cuando abrí Edward estaba parado en ella— ¿Qué haces aquí?— me reí.

― Emmett necesita darte algunas indicaciones, me pidió que viniera por ustedes.

― Bien ya bajamos, Salí de la habitación seguida por Edward y Rosalie.

Cuando llegamos abajo, pude ver claramente las miradas que se mandaban Rosalie y Emmett, también podía ver la cara de desesperación de Edward porque estuviéramos solos, podía leer claramente su expresión. Emmett me dio unos cuantos consejos más y se fueron, Rose y yo nos hicimos señas de "me llamas" y se retiraron. Cuando estuvimos solos ya era casi medio día, hora de almorzar en la casa Cullen.

― Hoy comeremos en el jardín— me anuncio ante mi incredulidad, habíamos pasado toda la semana encerrados y ahora me iba a sacar a comer a su jardín ¿delante de todo su personal?, bueno ingenua era si no sabía que ya todos estaban enterados de lo nuestro, no por nada pasamos metidos en esa habitación toda la semana.

― Está bien—

― ¿algo en especial?— me pregunto con una sonrisa.

― No, prefiero probar las sorpresas de la cocinera— Martha era una excelente Chef por lo que Will me había contado trabaja para Edward desde hace muchos años.

― Bien entonces ¿vamos a dar un paseo?— me pregunto extendiéndome su mano

― ¡claro!— acepte con gusto.

Salimos al jardín y en efectivo el día era maravilloso, aun se sentía la helada que había pasado en la noche pero los tibios rayos de sol ya casi tenían el ambiente temperado, caminamos alrededor de los hermosos jardines de la mansión, todo era tan lindo, Edward sonreía cada vez que yo lo hacía, me pregunto sobre muchas cosas distintas, hablamos sobre gustos, preferencias, cosas que no me gustaban y sorprendentemente teníamos varias cosas en común, jamás me imagine que a Edward le gustara tanto el campo como a mí.

― ¿tus padres tienen un campo?— pregunte incrédula cuando él me lo conto, a decir verdad era una de las primeras veces que sus padres salían en la conversación.

― Si, al norte de Inglaterra. A mi familia no le gusta la vida ajetreada de la ciudad por eso se compraron una hacienda y construyeron una casa, es ahí en donde viven hace ya muchos años. Mi hermana se caso y vive con ellos también, la casa es tan grande que caben muchas familias completas allí.

― Wow— comente con asombro— y dime ¿Qué hace tu familia?

― Son empresarios al igual que yo, Cullen Enterprise es una empresa familiar, mi hermana no estaba interesada en dirigirla es por eso que yo tome el cargo, además ella era muy pequeña cuando mi padre decidió retirarse. Mi hermana también tiene su empresa ella es diseñadora y tiene su casa de modas en Inglaterra y en algunos países mas, por ahora está un poco más alejada por la crianza de mi sobrino. Su marido Jasper Whitlock es enólogo y tiene una producción propia de vinos, son bien famosos en Europa.

― Toda una familia de empresarios— Edward me miro curioso pero asintió.

― Nos ha costado toda la vida llegar a donde estamos pero ha valido la pena el esfuerzo.

― Ya lo creo— me sentía feliz de estar compartiendo esto con él, saber de su familia o de su historia me hacía sentirme un poco más cerca de su corazón.

Caminamos por largo rato por los senderos del jardín, bromeábamos, jugueteábamos y hacíamos cosas normales, como dos novios. Me sentía extraña por estar así con él, Edward se veía contento, feliz, jamás había visto esa expresión de tranquilidad en su cara. Cuando llegamos al final del jardín Will nos estaba esperando, nos indico que lo siguiéramos, cuando doblamos por un lado de la casa mis ojos se maravillaron al ver hacia donde nos diríamos, en el medio del jardín y rodeado de flores había una hermosa terraza, nos esperaban Rachel y una mesa para dos, exquisitamente decorada si puedo agregar.

― Es hermosa— dije conteniendo la sorpresa, Edward subió y me extendió su mano como un caballero, me acompaño hacia mi silla y la saco para que yo me sentara, Rachel me miraba con una enorme sonrisa en la cara, ¿Por qué sentía que todos apoyaban mi relación con Edward? Will como siempre tan educado nos dio el menú para el día de hoy y apareció la cocinera junto a otra mucama con el carro de la comida. Todo era una exquisitez, almorzamos y seguimos hablando de cosas triviales, detalles de nuestra vida y cosas que nos importaban, después de esta semana podía decir que conocía muchísimo más a Edward. — ¡Wow!— exclame al terminar mi postre— tu cocinera es un ángel, mis felicitaciones para ella Will— me gire para mirar al mayordomo que asintió con una sonrisa, retiro las cosas y se marcho junto con la servidumbre.

― ¿te ha gustado el almuerzo?— pregunto con una hermosa sonrisa, sus dedos jugaban con la incipiente barba que aparecía en su mentón.

― Si, estaba exquisito— suspire, me recargue sobre el respaldo y deje que los sonidos de la naturaleza invadieran mis sentidos, cerré mis ojos cuando una brisa acaricio mi rostro.

― Un millón de dólares por tus pensamientos— abrí mis ojos y bufe.

― No es nada importante

― Pero parecías concentrada

― Solo disfrutaba del momento, es exquisito el estar aquí disfrutando de la naturaleza.

― Lo sé, como aquí cada vez que puedo, aunque es la primera vez que lo hago con alguien más.

― ¿Qué?, ¿nunca has comido con alguien más aquí?

― No, no creo que nadie valga la pena como para invitarlo a almorzar en mi lugar preferido, bueno hasta ahora— corrigió con una sonrisa.

Me sonroje furiosamente sin poder evitarlo, el hombre además de amarlo me confundía de manera alarmante, esos cambios de ánimo y de ser me dejaban completamente mareada, Edward Cullen podía ser muchos hombres a la vez y lo peor de todo era que no sabía con cual trataba a cada segundo, mi corazón aun no lograba distinguir si sus sentimientos hacia mi eran verdaderos y lo más terrible era que ni siquiera sabía si existían. Will entro en la estancia con el teléfono en la mano.

― Sr. Cullen, tiene una llamada— dijo con tono solemne, Edward me miro y cerro sus ojos

― ¿es de mi familia?

― Sí señor, es su madre— le extendió el teléfono y Edward lo tomo se recargo en la silla y contesto.

― Hola mama— saludo con voz apagada como si no le causara ninguna dicha saber sobre su familia, cuando Edward hablaba de ella sentía que algo tenia con ellos ya que no sentía el apego del hacia sus familiares, quizás no tenían buena relación aunque Edward me había dicho que su familia era su vida— si lo sé, si mama lo tengo presente. ¿Cuándo se casara?, ¡Oh! Qué bien no queda mucho— Edward tomo el puente de su nariz y frunció su ceño, mi atención se desvió de la conversación y comencé a pensar como seria conocer a los padres de Edward, no podía imaginármelos, me costaba mucho pensar en cómo actuaban de hecho sabia que eran muy educados y ricos pero aun así me costaba pensar como serian los progenitores de mi amado. Unos minutos más tarde Edward se comenzó a despedir.

― Si mama, no te preocupes claro que iré, todavía faltan unos meses así que podre organizarlo todo, si claro, nos vemos cuídate y saludos a Alice, adiós— colgó, no había palabras de amor, ni buenos sentimientos, era la conversación más fría que había escuchado en mucho tiempo— disculpa— dijo dirigiéndose a mí.

― No, no te preocupes— le dije agitando mis manos, su rostro se torno sombrío y apagado.

La tarde fue un poco diferente, cada uno hizo alguna actividad, hoy era fin de mes puesto que Edward tenía que firmar todos los pagos de sus empleados, a los de la casa le gustaba pagarle el mismo, a los demás dejaba que los contadores se encargaran. Estuvo en la biblioteca por alrededor de dos horas llamando uno por uno a cada uno de ellos, el ultimo pero no menos importante fue Will con él se encerró alrededor de media hora más. Yo estaba sentada leyendo un interesante libro cuando Will salió de la biblioteca mas pálido que de costumbre, me asombre al verle la cara parecía que le habían dado una noticia atroz o algo que lo había dejado estático, camino por los pasillos hasta perderse, como había dejado la puerta abierta me escabullí dentro de la biblioteca. Edward estaba sentado en si enorme sillón del escritorio contemplando los ventanales, el sol de la tarde se colaba por ellos pero era tan tenue que anticipaba el crepúsculo. Sus ojos perdidos en la vista brillaban con una intensidad que yo desconocía, no quise interrumpir su momento y me recargue en el marco de la puerta a observarlo. La luz que daba justo en donde él estaba, adornaba su cabello y su rostro, su cobriza melena se veía aun mas encendida al igual que su piel que tomaba un color parecido al del sol. Me maraville con la vista Edward era un tipo soberbio y orgulloso, endemoniadamente sexy y apasionado pero que escondía un corazón tan cálido como el mío o el de cualquier otra persona. Su cara se irguió y sus ojos se cerraron, inspiro audiblemente y soltó el aire que tenia contenido, en estos momentos muchos sentimientos se situaban en mi corazón ¿Cómo un hombre podía tener tantas caras? No lo sabía aunque me encantaría conocer la razón. ¿Por qué él se abra convertido en un hombre duro y severo? ¿Algo lo abra generado? O tal vez alguien, era extraño pensarlo pero mi curiosidad era más fuerte y en especial cuando se trataba de él.

― ¿no vas a entrar?— pregunto sorprendiéndome, mi cuerpo dio un respingo, ¿Cuándo se había dado cuenta de que estaba allí?

― No quería molestarte— confesa en un susurro.

― Ven— me extendió su mano, camine hacia donde él estaba situado y me pare justo a su lado, ahora el calor del sol de la tarde nos abrazaba a ambos— ahí no— me dijo con el ceño fruncido, su mano rápida tomo la mía y me jalo hacia su regazo. Me senté sobre su regazo y el de inmediato pasó sus manos por mi cintura pegándome a su cuerpo, su cabeza se fue hacia mi cuello y ahí se escondió. Mi cuerpo se estremeció con miles de escalofríos que pasaron por mi piel, aunque había estado con el ya muchas veces seguía provocándome las mismas reacciones.

Nos quedamos así mucho tiempo solo sentados disfrutando, cuando la habitación se oscureció completamente Edward se paro y nos condujo hacia el comedor en donde la cena nos esperaba. El termino del día fue totalmente pacifico, Edward y yo solo disfrutamos de la compañía del otro, un dolor de cabeza le impidió seguir hablando, aunque rezongo mucho lo lleve a dormir. Tenía miedo de que le viniera una recaída habían pasado ya muchos días desde su ultimo dolor de cabeza y no esperaba que le diera otro. Edward durmió toda la noche acurrucado entre mis brazos, cuando intentaba pararme a algo él me apretaba contra si, así que al segundo intento desistí quedándome dormida junto con él.

Al otro día, un sol radiante pegaba en las ventanas, me removí en la cama, estire mis brazos para sentir el suave respirar de Edward en mi brazos pero me tope con una cama fría y vacía, abrí mis ojos de golpe, comencé a buscarlo con mi mirada por todas partes, me levante y me puse una suave bata de satén azul. Mire hacia la salida y la puerta de la habitación estaba abierta. Sentí la voz de Edward en el pasillo pero se escuchaba algo exaltada.

― No me interesa lo que tu opines— decía mientras se paseaba de un lado a otro— ¿Quién eres tú para decidir sobre mi?— pregunto con rabia en sus palabras— ¡no! Y jamás hare lo que tú me digas, esta es mi vida, mi dinero, mi casa así que no te metas en lo que no te importa y te pido que no me vuelvas a llamar en lo que queda del día, nadie contestara tu llamada, adiós— le dijo y colgó, me quede estática en el medio del pasillo, Edward llevo sus manos a la cara y ahogo un grito en ellas, se veía totalmente aproblemado con la llamada, avance hacia donde estaba el, sabía que me arriesgaba mucho metiéndome con algo de su vida cotidiana pero aun así corrí el riesgo, camine hacia su espalda y pase mis manos por sus cintura, me pegue a su cuerpo intentando darle algo de apoyo, mi cara descansó en la cálida piel de su espalda, Edward giro un poco su cabeza y sonrió, era un gesto simple pero que tenía mucho más valor para mí que cualquier cosa, quería decir "si, aquí estoy contigo, apoyándote", esperaba que el llegara a sentir mi apoyo aunque no llegara a decírselo por ahora. Sus manos se fueron hacia donde estaban las mías y las aparto un poco para girarse, estire mi cabeza y besos deje un tierno beso en sus labios, era algo lento y solo para que los dos pudiéramos disfrutarlo, la luz de la mañana colaba por las ventanas, sentí un escalofrió pasar por mi espalda.

― Hace frio aquí afuera— le dije.

― Sí, creo que todavía no se tempera bien la casa, acabo de prender la calefacción y esta recién entibiándose— algo de esa oración no me calzaba.

― ¿acabas tu de… prender la calefacción?— le pregunte con una sonrisa.

― Si— respondió con otra— ¿Qué tiene?

― ¿tu… prendiste la calefacción de tu casa?— volví a preguntar incrédula

― ¡ah! Ya se… te preguntas porque no mande a alguien a hacerlo ¿cierto?— asentí— bueno eso es porque cierta señorita me dio unas locas ideas y decidí que nunca era tarde para probar, hoy estamos solos pequeña— se acerco a mi oído— Will y todas las personas de esta casa se han ido, no queda nadie más que tu y yo— mis ojos se abrieron a lo más grande que dieron, la sorpresa fue sin duda algo que no esperaba ¿Edward había tomado en cuenta lo que le dije?, eso sí que era nuevo.

― ¿les diste libre a todos?— le pregunte incrédula.

― Si, así es. Así que vamos a preparar nuestro desayuno, de hecho todos se fueron anoche cuando les pague— mi boca formo una teatral O, no podía creer lo que él había hecho, sin duda era un gesto bastante benevolente.

― Bien entonces vamos— le dije aun sin creer lo que me había dicho.

La mansión Cullen lucia completamente desierta, los pasillos completamente limpios y desolados era lo único que encontrábamos mientras caminábamos, llegamos al primer piso y nos dirigimos a la cocina, era la primera vez que entraba allí, era ¡enorme! Edward llego hacia donde estaban los aparatos y tomo el hervidor de agua para llenarlo, algo tan simple como el hacer el desayuno él lo hacia una actividad celestial, parecía un dios en el medio de la cocina.

― ¿Supongo que no haces esto a menudo?— le pregunte mientras buscaba unas tasas y el pan

― ¡demonios Bella! ¡tu realmente piensas que soy un completo esnob!— ambos nos reímos.

― Mas o menos, es que la verdad no te imagino horneando pasteles y cosas así.

― ¿a qué no?, para que sepas yo aprendí solo a cocinar y hacerme mis propios platillos, no comía solo comida rápida cuando vivía solo.

― ¿viviste solo?

― Si por unos meses antes de entrar a la universidad, era solo un chico, según yo quería probar la vida de adolescente solo en un país extraño, me vine a vivir a este país cuando termine mis estudios en el colegio y estuve por mi cuenta por un tiempo.

― ¿por tu cuenta? ¿osea trabajaste y todo eso?— mi boca se cayó solo un poco pero trate de que él no lo notara.

― Si, lo hice… tocaba el piano en un restaurant, me pagaban bastante bien para hacerlo solo en la semana.

― ¿tocas el piano?— fingí no saberlo— ¡esa sí que es una sorpresa!— el solo sonrió, tomo una manzana y le dio una mordida, el sonido del hervidor era lo único que se escuchaba en la gran estancia.

― Si, en realidad lo hacía, ya hace muchos años que deje de hacerlo

― ¿Por qué?— era mi momento para saber.

― Tengo otras responsabilidades, hay cosas mucho más importante que el estar perdiendo el tiempo en el piano— su semblante cambio, se veía más oscuro y deprimido.

― Ya veo— jugué nerviosa con una de las puntas de mi cabello, el sonido del hervidor nos saco de la conversación, camine a buscar lo que nos faltaba para el desayuno, los ingredientes para el pan y los panecillos que a Edward le gustaban. Nos sentamos en una pequeña mesa que había al lado de un ventanal en donde se veía todo el jardín. Desayunamos en silencio, sentía el corazón de Edward triste, de hechos su rostro se veía acongojado — ¿Qué haremos hoy?— le pregunte tratando de sacarlo de su ensimismamiento. Ambos habíamos terminado de desayunar.

― En esta casa hay muchas cosas en que te puedes divertir, después del desayuno ¿vamos a nadar?— me pregunto con una sonrisa.

― Pero hace mucho frio— le dije mirando lo escarchado que parecía el jardín.

― Si pero no en la alberca de afuera, si no en la de aquí adentro.

― ¿tienes una piscina temperada?— pregunte incrédula— ¿Dónde?

― Vamos a cambiarnos y te diré.

Edward se levanto de la mesa y consigo llevo al fregadero todo lo que estábamos ocupando, me tomo una de mis manos y me llevo hacia la habitación, caminamos rápidamente hasta llegar a la puerta.

― Pero… pero— intente replicar— Edward, no tengo traje de baño— él se giro cuando ya estábamos en la puerta de mi habitación y me dio una torcida y sexy sonrisa, creía que me iba a caer en el mismo momento.

― Eso no será problema— me dijo con su voz en un tono aun más sensual.

― No nadare desnuda— le dije intentando leer lo que estaba pensando

― Lo sé, no me refería a esa, mi hermana siempre tiene algo de ropa aquí, creo que debe tener algún traje de baño, espérame aquí.

Edward se metió en una de las habitaciones del fondo del pasillo y se perdió por unos momentos, este hombre sí que estaba loco, volvió con sus manos llenas de prendas de vestir.

― Espero que algo de esto te sirva— las puso sobre mis manos— son de mi hermana Alice— asentí algo desconfiada, los trajes de baño no lucían como la imagen que tenia de la hermana de Edward, alguien igual a él.

― Bien, me los probare— Edward me dio un beso en la coronilla y se fue a cambiar.

Me metí en la recamara y rápidamente me probé todo lo que él me había entregado, debo decir que los bañadores dejaban muy poco a la imaginación, intente acomodarme el que me quedó mas grande o me tapaba mas piel y Salí de la habitación envuelta en una polera larga, cuando iba caminando por el pasillo Edward me alcanzo en la escalera. Me miro de pies a cabeza y sonrió. Llegamos al primer piso y nos dirigimos por el mismo camino para ir a la cocina, cuando llegamos a una puerta que estaba antes de ella nos metimos y bajamos unas escaleras, el calor abrazador de la alberca se sentía a medida que iba bajando, cuando por fin estuvo frente a mis ojos me maraville por el tamaño y la forma que tenia, era como una pequeña cascada en un subterráneo.

― Wow— exclame, Edward me llevaba de la mano hacia dentro, caminamos por los suelos de cemento pulido, el ambiente caluroso y abrazador provoco que pequeñas gotas de sudor se formaran en mi frente y nariz.

― Si es genial, esta alberca venia con la casa, a los dueños anteriores les encantaban así, como cascadas.

― Es hermosa

― Bien, ¿vamos a nadar?— me pregunto, mientras se sacaba la playera con la que andaba, el short con el que quedo se ajustaba perfectamente a sus caderas, era corto y ceñido, una pequeña combustión comenzó a arremolinarse en mi cuerpo, sentí la excitación con solo mirar su hermoso cuerpo— ¡vamos!— me dijo antes de lanzarse al agua, por primera vez en el día lo veía feliz y relajado, era como siempre me gustaría verlo, disfrutando de alguna actividad. Con un pudor que no supe de donde salió me saque la playera, Edward me miraba atentamente del agua, sus ojos oscuros y esa sonrisa dejaban al descubierto lo que pasaba por su mente, que curiosamente era lo mismo que pasaba por la mía. Metí un pie al agua y mi cuerpo se estremeció, el calor del agua y el frio de mi cuerpo hicieron mal contraste provocándome una sensación de frio.

― ¡vamos Bella!— me dijo lanzándome un poco de agua, sonreí y al mismo tiempo fruncí un poco mi ceño, baje un poco más las escaleras de la alberca hasta que mis rodillas estuvieron dentro del agua, Edward nado hacia donde yo estaba antes de que pudiera retroceder ya estaba casi a mi lado, salió del agua rápidamente y se paro en frente mío— ¿estarás aquí todo el rato?— me dijo cerca de mi boca, sus húmedos labios se aplastaron contra los míos, sentí sus respiraciones rápidas sobre mi piel al separarnos. Uno de sus tibios dedos pasó por mis hombros y se deslizo por la hendidura de mis pechos— lindo bañador— me dijo con voz provocativa.

― Igualmente— respondí con tono sensual, baje mis labios hacia sus hombros y lamí la parte inferior de su cuello, el gimió.

― Bella— me dijo tomándome de la cintura y aplastándome contra su húmedo cuerpo.

― ¿no querías nadar?— le dije separándome un poco— entonces vamos— sonreí.

― Niña mala— murmuro cuando pase por su lado. Me metí en el agua y nade unos cuantos metros seguida por él.

La mañana la pasamos metidos en la alberca, creo que nos divertimos como pocas veces lo habíamos hecho, fue una mañana muy sensual y erótica, el agua nos sirvió para explorar cosas que jamás habíamos probado, Edward Cullen era un maldito vicioso y me había convertido a mi también, no sé porque pero no podía dejar de tocarlo, su cuerpo, su piel y en especial su corazón me invitaban a hacerlo.

― Iré al baño, vuelvo enseguida— le dije alrededor del medio día.

― Ve— me dijo y se lanzo nuevamente a la piscina.

De verdad no quería ir, solo quería pensar. Camine por los pasillos de la casa y casualmente di con el cuarto del piano, gire la manilla y estaba abierto. Mire hacia los lados y al parecer nadie me estaba viendo, ¡Bella! No había nadie en casa hoy, dije solo para mí. Entre en la enorme habitación y estaba igual que como la recordaba, el piano nuevamente cubierto me hacia una invitación para que lo mirara. Saque la sabanilla que lo cubría y deslice mis dedos nuevamente por las teclas, cerré mis ojos y casi podía imaginar a Edward tocando para mí pero sabía que ese era un sueño. Me senté y puse uno de mis dedos en la tecla, ¿Cómo el tiempo podía cambiar tanto a alguien?, ¿realmente Edward había olvidado todo lo que le gusta en la vida? ¿Había olvidado como ser feliz? O peor aun ¿lo habría sido en algún momento?, las preguntas no dejaban de aparecer en mi mente, quizás algún día podría responder aunque sea alguna.

― Edward— susurre solo para el enorme piano y para mi, mi dedo bailo sobre algunas teclas pero sin conseguir que el sonido fuera armonioso, yo era un desastre jamás había logrado juntar ni una sola nota musical pero tenía la impresión de que lo que decía Will era verdad y el tocaba como toda un prodigio, la tecla sonó una vez mas y cerré mis ojos, ojala el recuperara la vida que perdió cuando dejo de tocar, cuando perdió la alegría de vivir o cuando dejo de ser humano para convertirse en ese corazón de hierro. Una vez mas sonó una de las piezas de marfil que llamábamos teclas solo que estaba vez un sonido nuevo acompaño al otro, y otro, otro más, una melodía. Abrí mis ojos de manera estrepitosa y mire hacia mi lado, el rostro de Edward estaba en mi hombro, sus manos pasaban por al lado de mis brazos alcanzo las teclas del piano, su cuerpo estaba sentado justo detrás del mío, estaba tocando Edward nuevamente estaba tocando el piano

― Así no se hace— me dijo mientras la melodía suave llenaba la habitación— dime ¿Qué compositor te gusta más?— pensé rápidamente

― Chopin— le dije alucinada con solo verlo tocar. Siguió tocando una dulce melodía, parecía estar pensando.

― Chopin, Op. 9 Nº2… Nocturnal ( h t t p : / / www . youtube . com / watch?v=YGRO05WcNDk ) (quitenle los espacios)

Los dedos de Edward comenzaron a tocar, no podía creerlo, ¡estaba tocando! Y lo hacía solo para mi, mis ojos se llenaron de una emoción que me fue difícil controlar, jamás había esperado que el tocara algo para mí. La melodía comenzó a envolverme, miraba hacia cada lado y los dedos de Edward parecían bailar sobre el teclado, ¡dios! Era un prodigio, la melodía era suave y demasiado hermosa. No sé porque pero definitivamente sonaba más bella en sus dedos. Me sentía feliz, sin duda este era el momento culmine de una semana que no podría ser mejor, estaba en los brazos de mi amado disfrutando de su música.

― Tocas hermoso— susurre emocionada, las manos de Edward seguían deslizándose por el piano, el sonrió y perdió sus ojos y los míos, sin poder evitarlo acorte la distancia y bese sus labios, no pude resistirme. La música lentamente dejo de sonar, sus manos al verse libres de tocar se fueron hacia mi cara y acariciaron mis mejillas, ¡como era dulce! ¿Cómo no amarlo? Si era el ser más hermoso que pisaba la tierra.

― Gracias— susurro dando besos en las comisuras de mis labios— hace años que no lo hacía.

― Deberías hacerlo un habito— sonreí

― Siempre que tú seas mi público— me dijo, mi corazón latió desbocado y perdí la cordura.

― Siempre, siempre que tú quieras estaré aquí, siempre que me quieras a tu lado, aquí me tendrás, aquí estoy— le dije sentándome a ahorcadas sobre él.

― Y aquí te quiero— repitió— quédate— acaricio mi cabeza y mis labios— quédate— susurro nuevamente.

Mi beso fue salvaje, este hombre despertaba todo en mí, podía amarlo y desearlo con la misma intensidad con la que quería que fuera mío por siempre, estaba enamorada y daría la vida si fuera necesario, por ese hermoso corazón, pagaría hasta el más ínfimo de mis pecados. Sus manos me sujetaron de la cintura pegándome aun mas a su regazo, mi cuerpo comenzó a moverse espontáneamente creando una fricción con su entre pierna, gemí muy despacio sobre sus labios cuando sentí que mis movimientos tenían el efecto que quería, lo deseaba en este mismo momento.

― Bella— gruño contra mi piel, saco rápidamente el traje de baño que nos estorbaba dejándonos completamente expuestos, el sol entraba por la ventana bañándonos de cálidos rayos que aumentaban un poco el calor que ya sentíamos, la combustión espontanea que el causaba jamás la había sentido con nadie, no hacía falta nada más que me tocara para sentirme deseada.

Me tomo en sus brazos y me beso fieramente, mi pecho quedaba contra el suyo y mis piernas se enrollaban en su cadera apretándolo más hacia mí. Me deposito sobre el teclado del enorme piano de cola, sus caderas se refregaron contra la mía con lujuria anticipando lo que venía, beso mis pechos, mi abdomen, mis muslos, sentí el deseo recorrer por cada parte que había, estaba frentica, ansiaba sus caricias, sus besos y todo lo que él me producía, quería que recorriera mi cuerpo y me hiciera gemir su nombre mientras lo sentía dentro de mí.

― Tan hermosa— me susurro contra la piel de mi cuello, tomo el aroma de mi piel y siguió besándome hasta llegar nuevamente a mi boca, mis manos se aferraron al piano, su cuerpo nuevamente se presiono contra el mío, su potente erección rozo mi entrada haciéndome lanzar un gritito de placer, la corriente que se disperso por mi piel fue la misma pero que se acrecentó en el momento que entro en mi.

― ¡Ah! Edward— gemí contra su lóbulo, mi lengua lo lamio y jadee cuando sus manos me sujetaron de la cintura y comenzó a bombear, embistió mi cuerpo suavemente, como si se tratara de una figura de porcelana, su cabeza se iba hacia atrás gimiendo mi nombre.

Sentía que el placer me estaba jugando una mala pasada, mi cabeza giraba y no era capaz de pensar en nada solo en sentir el cuerpo de mi amado cerca del mío. El ritmo que el mismo llevaba se incremento al igual que los sonidos que salían de nuestros pechos, las respiraciones se volvieron erráticas y las manos buscaron mas piel de la cual acariciar, el vaivén fue frenético y los jadeos llenaban por completo la habitación, estaba alcanzo el clímax, Edward embistió solo unas cuantas veces más y su grito rompió todo mi control, alcance solo unos segundos después un maravilloso orgasmo uno que solo él podría haberme producido.

― Ah— jadeo muy fuerte, su cuerpo colisionó contra el mío, su cabeza quedo en mi pecho, la mía estaba completamente arqueada hacia la cola del piano, ambos respirábamos como si hubiéramos corrido por un cerro toda una mañana. Subió sus manos y me paro del teclado del piano, mis piernas nuevamente pasaron por sus caderas, me condujo hacia unos sofás que habían en un rincón, nos dejo caer sobre ellos sin poder evitar el cansancio, mi cabeza se apoyo en su pecho, su corazón estaba desbocado al igual que el mío.

¡Dios como lo amaba!, no me importaba nada, solo lo necesitaba a él, siempre mío, por siempre para mí. Edward Cullen lo era todo, era mi dios, mi sol y mi amor, no necesitaba nada más.

― Te Amo— deje escapar en un suspiro, de inmediato sentí el peso de mis palabras, el cuerpo de Edward se tensiono por completo y dejo escapar un jadeo de sorpresa.

― Bella ¿Qué fue lo que dijiste?— me pregunto y me congele de inmediato. Mi cuerpo se convirtió en piedra sobre la piel de su cuerpo.

¿Le había dicho que lo amaba?, con un demonio ¡lo había hecho!, le había dicho lo que mi corazón quería gritar pero que jamás iba a dejar salir, hasta ahora, ya estaba expuesta, le había entregado en bandeja de plata mi corazón para que el hiciera lo que le plazca con lo poco que queda de mí, porque lo demás se lo había entregado en secreto a este amor que ahora estaba expuesto ante sus ojos. Este era mi fin…