Dark Chat

jueves, 24 de marzo de 2011

Conquistando Tu Amor

Hello mis angeles hermosos!!
les vuelvo a subir este cap , ya que el anterior se encontraba incompleto , una disculpa por eso
a todas.
mil besitos
Angel of the dark
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CAPÍTULO XV



BELLA POV



Mierda, sin querer Anthony me echó de cabezas con lo de la visita al cementerio, podía sentir la mirada interrogante de Edward sobre mi, pero qué diablos le importaba a él lo que yo hacía o dejaba de hacer, no estaba haciendo nada malo, así que traté de relajarme



- Bella ¿cuándo fuiste al cementerio?

- Ah, ya no me acuerdo – dije alzándome de hombros en un gesto que parecía despreocupado

- Bella no le quites hierro al asunto, se lo doloroso que es ese tema para ti y yo sólo quería que supieras que cuentas con mi apoyo par….

- Para Cullen, mira no necesito tu ayuda para nada, ni siquiera se qué mierda haces acá, quiero estar sola, además no somos nada, ni siquiera nos soportamos

- No es así, yo….te quiero Bella, te amo y quiero que me perdones

- No, no, no, estás confundido, quizás te sientas con culpa, pero esto no es amor, ¡por favor! ¿quién mierda sabe qué es eso? – le contesté lo más calmada que podía aparentar

- Si te amo y te prometo que voy a conseguir que me perdones y que me ames

- ¡JA! Qué arrogancia señor Cullen, por si lo ha olvidado ya tengo novio y….

- Y tú no lo amas

- Eso no lo puedes saber

- Si lo se, crees que no me dado cuenta la forma en que lo miras, lo miras con asco, con odio

- Jajaja, eso es mentira, estás bien jodido Cullen, adiós

- Espera, esta conversación no ha terminado ¿quién es ese chico Anthony?

- Ah… él…bueno a él lo conocí el otro día y es bastante simpático y eso es todo

- ¿lo conociste en el cementerio?

- Sip

- ¿lo vas a seguir viendo?

- A ti qué te puede importar mis amistades

- Me molesta ese chico, apenas lo conoces y ya te llama por apelativos

- Adios Cullen – dije, no tenía sentido esta conversación, o sea que se vaya al carajo, no le debo explicaciones. Me monté en la moto y arranqué.



Cuando llegué a casa seguía con la incertidumbre que me llevó a la playa : James, había conseguido lo que esperaba, o sea que él se enamorara de mi, pero no sopesé que él me pediría matrimonio, o sea ¡hola! Tengo 17 años, no tengo planeado casarme y menos con él, pero esa propuesta me hizo ver por primera vez que tal vez estaba llegando demasiado lejos con mi venganza, me descolocó sobremanera la petición, además de que había alejado a Quil un poco de mi y él era la única persona que sabía lo que pasaba ahggg, estaba tan confundida.



Desperté al día siguiente, ¡joder! Nunca había dormido tanto, revisé el celular y me di cuenta de que ayer lo había dejado apagado, así que lo encendí y ¡mierda! Tenía 30 mensajes de texto de James, en todos decía que estaba preocupado, que me estaba llamando y no le contestaba, que lo llamara por favor, que me extrañaba, que me quería, que por favor lo llamara cuando tuviera tiempo y etc, etc, todos eran tan repetitivos que no los terminé de leer todos. Corrí hacia la cocina una vez que estuve lista para el colegio y cogí un vaso de leche con dos tostadas y guardé una fruta en la mochila, Sue me miraba detenidamente y me estaba poniendo nerviosa



- Suéltalo mi niña ¿qué te pasa?

- Nada Sue, no me pasa nada

- Sabes que a mi no puedes mentirme, te pasa algo ¿tiene que ver con Edward?

- ¿qué?, no, no tiene que ver con él, no me lo nombres por favor

- Entonces qué pasa, sácalo niña, saca lo que llevas dentro

- Sue….yo….ahora no puedo de verdad, yo….no estoy preparada

- Esas son burradas Bella, llevas dos años encerrada en ti misma, ya es tiempo que madures de una buena vez y saques el peso que llevas dentro, si no nunca sanarás, nunca

- ¡NO DIGAS QUE SOY INMADURA! TÚ NO SABES LO QUE ME PASA, ¡NUNCA NADIE SABE LO QUE ME PASA! – estaba jadeando por aire por la rabia que me embargaba en ese momento, cómo me podía criticar si no sabía qué mierda me pasaba, esto me estaba sobrepasando, Vanessa, James, Edward. Esto estaba jodidamente mal, tenía que empezar a cerrar etapas, pero no sabía cómo

- Niña por favor, si me dejaras saber te podría ayudar, yo te quiero como si fueras mi hija, por favor Bella abre tu corazón

- Ahora no puedo nana, tengo que pensar, tengo que aclararme



Al salir de la casa me fui directamente al colegio, tenía que hablar con Quil, lo necesitaba tanto, se que me estaba comportando como una idiota al alejar a mis amigos, pero simplemente me cogía una rabia al ver como me miraban con pena por lo que me hizo Edward, que no pude soportarlo y los alejé un poco, pero era tiempo de empezar a remediar eso, primero sería Quil y después llamaría a los muchachos para pedirles disculpas, ellos siempre estaban pendientes de mi, y en estas semanas que han pasado me han llamado constantemente para saber de mi, pero no les he contestado muy amablemente, así que más tarde los llamaré antes de que armen viaje y vengan en grupo a lincharme por mi mal comportamiento.



Después de conversar con Quil, las cosas se aclararon, no podía seguir adelante con mis planes con James, eso me había llevado al límite, tenía que poner fin a mi tan apreciada venganza, ya tenía lo que quería, su maldito amor, así que sólo tenía que botarlo lo antes posible para empezar a sanarme y poder de alguna manera sanar la pérdida de mi hermana, lo demás se resolvería solo de manera natural, creo.



Al entrar a la sala de clases estaba aturdida de cómo enfrentaría mi contienda con James, no sería nada bonito el rompimiento, él había ganado confianza y se creía haber ganado mi amor, ¡ja! Nada más alejado de la realidad.



En el cuarto periodo tuve que ir a la sala de música, hoy teníamos que interpretar una canción libre que reflejara nuestros sentimientos, en eso el profesor fue categórico y yo tenía dos canciones dando vuelta en mi cabeza y tenía que decidirme pronto.



- Bella, tenemos una conversación pendiente – Edward se había acercado a mí silenciosamente por lo que me sobresalté

- Idiota, me asustaste

- Señorita Swan cuide ese lenguaje – dijo con su fantástica sonrisa de lado, esa que grita ¡SEXO! Por donde se le mire, ¡diablos él sonríe y yo me excito! ¡genial!

- Lo siento señor Cullen – decidí seguirle el jueguito, algo quería y lo iba a descubrir – pero es de mala educación asustar así a niñas inocentes – dije sonriendo coquetamente

- Diablos Bella, no me mires así

- Así cómo

- Así, me quieres matar chiquilla, no ves lo qué me produces – mierda, mierda, mierda, esa voz ronca y aterciopelada se fue directamente a mi centro mojando mis bragas. Si quieres jugar con fuego Cullen ya vas a ver.

- ¿y qué se supone que le produzco profe? – dije poniéndome de puntillas y susurrándole al oído

- Joder, niña, ven conmigo – me tomó de la mano, asegurándose antes de que los pasillos del colegio estuvieran vacíos y me metió en la sala de música, ésta estaba desierta, todavía faltaba media hora para que la clase empezara. Cerró la puerta y me estampó contra ésta aprisionando su cuerpo contra el mío

- Ed..ward, esta no es una buena idea, por favor déjame ir

- No Bella, te amo y te deseo aquí y ahora y se que tú también me deseas

- No, no es así…. – no pude seguir argumentando porque me besó furiosamente y coló una mano por debajo de mi falda corriendo las bragas y masajeando mi sexo húmedo

- Shhhh, me deseas, estás tan húmeda sólo para mi amor, no lo niegues, tú cuerpo responde al mío – mierda su voz ronca era capaz de hacerme explotar en un orgasmo en este mismo instante

- Oh Bella, te he extrañado tanto, tenerte así con tu caliente uniforme sólo para mi, Bella eres mía – su cálido aliento sobre la piel sensible de mi cuello se sentía maravillosamente, y para que voy a negar que mi cuerpo lo anhelaba con furia, mi estómago se llenó de furiosas mariposas y empecé a jadear mientras movía mis caderas buscando más fricción

- Oh, si, así muñequita, mi dulce y caliente muñequita – con tres dedos de Edward en mi interior y su boca mordisqueando y susurrándome en el cuello no pude hacer otra cosa que abandonarme al enorme placer que él me provocaba

- Te deseo Edward, ahora, por favor amor, te deseo tanto – Edward no esperó más y abrió violentamente mi blusa, bajó sus pantalones llevándose los boxer en tiempo record y me alzó para que le rodeara la cintura con mis piernas y así lo hice, arremetió su enorme erección en una estocada fuerte y certera sacándome un gritó de lujuria y satisfacción, al diablo los problemas, después conversaríamos, en este momento nuestros cuerpos se estaban perdonando y por ahora nada más me importaba. Nuestros jadeos eran cada vez más fuertes por lo que ocupamos nuestras bocas para acallarlos, mi espalda daba duro contra la puerta, pero no me importaba, tenía a Edward en mi interior y me sentía feliz, me sentía en casa, definitivamente amaba a este hombre. Sus labios se apoderaron de mi pezón necesitado, primero uno, después el otro, yo no perdía tiempo y besaba y mordisqueaba todo lo que pudiera captar de su cuerpo, las embestidas se hicieron más y más frenéticas, ya me faltaba poco para venirme

- Edward, falta poco, no pares, no pares

- Di que eres mía Bella, mía muñequita, siempre mía

- Soy tuya amor, siempre, sólo tuya, nadie antes que tú, nadie después de ti.

- Siiiii, ahora nena, ahora córrete conmigo – y así lo hicimos, nos corrimos juntos gritando nuestros nombres. Cuando nuestras respiraciones se regularon nos miramos a los ojos y nos largamos a reír, por dios habíamos follado en la sala de música, no es que nunca lo hubiéramos hecho en alguna otra sala, pero, no así, tan mágico, tan erótico, acomodamos nuestras ropas, en cualquier minuto empezarían a llegar los estudiantes.

- Bella, por favor acepta mis disculpas, yo de verdad te amo y no quiero que te cases con James

- Por dios Edward, tengo 17, no pienso casarme hasta que tenga no se, unos 30 y por dios jamás con James, con él nunca hemos pasado de los besos, no siento nada por él.

- Oh, Bella, no sabes lo feliz que me haces, estaba tan asustado de que no me quisieras, de que aceptaras su propuesta.

- Nunca, sólo tengo ojos para ti, ya te dije, te amo Cullen y no pretendo estar con nadie que no seas tú

- Te amo, te amo, te amo – dijo abrazándome fuertemente y besando toda mi cara, ojos, nariz, mejillas, en fin toda mi cara, yo sólo podía reír

- Sabes me muero por escucharte cantar, hace tiempo que no lo hago y ¿quisieras que me quedé en la clase para escucharte?

- Por supuesto mi sexy-profe, cantaré un tema que te gustará, después de eso hablaremos de toda la mierda que tengo dentro, ya no más secretos.



EDWARD POV



Por fin las cosas se estaban arreglando con mi Bella, habíamos hecho el amor, aunque me hubiera gustado disfrutarla más minuciosamente, no pudimos estábamos en el puto colegio, follando en la sala de música, es que mi niña con sólo mirarme me pone a full, ahora estábamos esperando que la sala se llenara para empezar la clase, le pedí al profesor quedarme para escuchar a los estudiantes, o sea a mi Bella cantar. Cuando estuvieron todos los alumnos la clase empezó. Uno a uno los alumnos fueron cantando su tema libre, la mayoría lo hacía bien, pero estaba esperando ansioso a Bella, ella si cantaba hermoso. El momento llegó y ella subió al escenario, puso la pista de música y empezó a cantar



Mi reflejo

Cristina Aguilera

Para tí

Lo que ves de mí

Es la realidad

Mas tú no conoces

El papel que la vida

Me hace actuar

Siendo así

Yo puedo burlar

Mi mundo exterior

Pero al corazón jamás

Hoy no reconocí

A quien ví, frente a mí



Mi reflejo no mostró

Quien soy en verdad

Un día más

Que mi corazón

Tengo que ocultar

Todo mi sentir



Al final

Sabrán como soy

Que pienso en verdad

Ese día llegará

Hoy no reconocí

A quien ví, frente a mí

Esa en mi reflejo

Sé que no soy yo

No quiero aparentar

Quiero ser Realidad



Mi reflejo no mostró

Quien soy en verdad

Y mi corazón sentir, volar

No soy, como quiero no

Y voy a cambiar

No debe ser así

El fingir, no es vivir

La que veo frente a mí

No aguanta más

Ya no voy a ocultar

La que soy Nunca más

Un buen día

El amor

Me rescatará

Y ese día

Quien yo soy

Se reflejará



Por dios ella cantaba como los dioses y el tema que escogió reflejaba su interior, interior que más tarde me entregaría, prometió contarme su secreto, ese que le hace daño y la hace tener tanto miedo, me emocionó escucharla tan segura, tan fuerte y emocionada, una infinidad de emociones se dibujaban en su hermoso rostro, al terminar una pequeña sonrisa dirigió a mi persona y no podía estar más feliz, cuando estaba a punto de bajar del escenario el profesor la llamó



- señorita Swan como ha sido un terrible dolor en el trasero va a tener que cantar la otra canción que me presentó, a ver si así la perdono – dijo con una sonrisa – él ya me había comentado anteriormente que Bella era brillante, su mejor cantante, pero últimamente estaba insoportable y que él estaría encantado con darle este castigo, pero Bella ahora estaba feliz, así que sin rechistar puso la otra pista y cantó nuevamente, esta era una canción diferente, pero con un significado importante



save me de Remy Zero (Smalville)

I feel my wings have broken in your hands

i feel the words unspoken inside

and they pull you under

and i would give you anything you want, know

you were all i wanted

and all my dreams are falling down

crawling around

Somebody save me

let your warm hands break right thru and

somebody save me

i don't care how you do it

just stay, stay

oh come on

i've been waiting for you

I see the world has folded in your heart

i feel the waves crash down inside

and they pulled me under

i would give you anything you want, know

you were all i wanted

and all my dreams have fallen down

crawling

Somebody save me

let your warm hands break right thru

somebody save me

i don't care how you do it

just stay, stay

come on

i've been waiting for you

And all my dreams are on the ground

crawling around

Somebody save me

let your warm hands break right thru

somebody save me

i don't care how you do it

just save me

i made this whole world shine for you

just stay, stay

come on

i'm still waiting for you

Save me traducción

Siento como mis alas se quebraron en tus manos

siento adentro todas las palabras que no hemos dicho

y me jalan hacia abajo

y yo te daria lo que pidieras,

sabes tu eres todo lo que eh kerido

y todos mis sueños estan callendose

arrastrandose a mi alrededor



Alguien salveme

deja ke tus tibias manos rompan esto

alguien salveme

no me importa como lo hagas

solo quedate, quedate

oh vamos

eh estado esperandote



Veo k el mundo se ha doblado en tu corazon

siento las olas muy adentro

y me jalan hacia abajo

te daria lo que quieras

sabes que eres todo lo que eh querido

y mis sueños se estan callendo

arrastrandose a mi alrededor



Alguien salveme

deja ke tus tibias manos rompan esto

alguien salveme

no me importa como lo hagas

solo quedate, quedate

oh vamos

eh estado esperandote



todos mis sueños estan en el suelo

arrastrandose a mi alrededor



Alguien salveme

deja que tus manos tibias rompan esto

alguien salveme

no me importa como lo hagas

solo salvame

yo hice ke todo el mundo brillara solo porti

solo quedate, quedate

vamos

que aun sigo esperandote





mi niña, yo te ayudaré, no importa lo que te haya pasado yo estaré a tu lado mi dulce Bella, siempre, siempre a tu lado. Me miraba desde el escenario y le di una sonrisa para animarla, tanto alumnos como profesor, incluyéndome nos paramos para aplaudirla, era simplemente maravillosa en todo lo que se proponía.

cuando salimos de clases me dijo que antes de que conversáramos tenía que romper con James, así que le dije que la esperaría en casa, lávese furtivamente y le pedí que tuviera cuidado y que cualquier cosa me llamara, no me fiaba de James y temía que le pudiera hacer daño, pero como era un hombre mayor y más encima su profesor no podía andar paseándome con ella como mi novia, ese era otro punto que teníamos que arreglar, ya que yo quería que habláramos con sus padres para estar más tranquilos, pero Bella dijo no, que Charlie seguramente entendería, pero Renne adoraba a James y como ellas no se llevaban bien seguramente iba a poner algún impedimento para nuestra relación.

Así que ahora estaba esperando a mi Bella en su dormitorio, se esencia estaba en cada centímetro de su cuarto, su música, su olor, su personalidad estampada en la decoración, sus libros.

La puerta se abrió abruptamente y al girarme me encontré con el rostro de Bella, pero algo malo había ocurrido, ella estaba llorando y traía dos cuadernos entre sus manos, corrí para abrazarla y en mis brazos se desplomó, lloraba y lloraba y yo estaba desesperado, si ese hijo de puta le había hecho daño se las vería conmigo, no me importaba terminar en la cárcel, juro que lo mataría

- Bella, amor qué pasa, por favor responde

- Es, es James, él, él es un maldito Edward, es un maldito

- Pero qué paso, ¿te hizo daño?

- No, ahora no, pero encontré las pruebas que lo inculpan, fui a dejarlo y en su dormitorio estaban escondidos estos cuadernos y esperando que llegara los empecé a mirar, me llamó la atención este, porque tiene el nombre de mi hermana en la tapa y cuando lo empecé a leer me di cuenta de lo que tenía en mis manos, yo ya sabía lo que ese le había hecho a mi hermana por que ella me lo contó, pero leerlo de su puño y letra me da tanta rabia y pena.

- Bella no entiendo nada, por favor cálmate y explícame.

- Ok, mira primero que nada, yo empecé a andar con James porque me quería vengar de él, resulta que él fue novio de mi hermana antes de que ella muriera. – mierda esto se estaba poniendo feo, ¿James novio de su hermana muerta?

- La noche que Vanesa murió me llamó al celular, yo estaba dormida, era de madrugada y en un principio no le entendía nada porque ella lloraba sin control mientras manejaba, era su primer año en la universidad, cuando pudo controlarse un poco empezó a decirme cosas, en un principio como dije anteriormente no le comprendí, balbuceaba que tenía un novio y que éste la había traicionado, ella estaba destrozada y tenía mucho miedo de la reacción de nuestros padres, el maldito la había usado hasta que le dio hipo y más encima la embarazó, ella le iba a contar ese mismo día y cuando lo fue a visitar él le dijo que ella no le interesaba que sólo había sido para pasar el rato, además se había ganado unos buenos puntos al quitarle la virginidad, esa parte no la entendí, pero ella seguía chillando por teléfono, diciéndome que nunca creyera en los hombres y menos en James, cuando le dije que no le entendía ella me contó que meses atrás en mi cumpleaños ella lo había llevado a mi fiesta y ella lo había sorprendido mirándome atentamente mientras yo no de daba cuenta. Cuando ella lo encaró él le dijo que me encontraba linda, pero que ella era especial, en ese tiempo aún no eran novios, pero después de la fiesta él se le declaró y concretaron, ella decía que se le hacía sospechoso, James siempre preguntaba por mí y ella decía que a veces me tenía celos, pero estaba tan enamorada de ese maldito y cuando terminó con ella no le bastó con humillarla en público, por que eso fue lo que hizo, la dejó delante de toda la universidad humillándola delante de todos sus amigos diciéndole que desde que me había visto en la fiesta yo le había gustado mucho y que ahora que gracias a ella sabía algo más de mi él se la jugaría para acercarse a mí, y si ella era inteligente no diría nada para detenerlo, porque él podía contar detalladamente las veces que se habían acostado porque él la había filmado a escondidas a cualquier persona que le prestara oídos, ella no se quería arriesgar pero cuando él dijo que yo sería su más preciado trofeo virgen ella explotó y lo golpeo, él por su parte también la abofeteó y la llamo perra, le…. Le dijo que ahora era mercancía usada y rechazada que nadie la iba a tomar en serio, ella no quiso decirle lo del embarazo y cogió la carretera desesperada, esa noche después que hablamos no pude dormir tranquila, la mayoría de la conversación no la había entendido Edward, yo era tan niña apenas tenía 15 y no sabía nada de noviazgos y de la vida, estaba tomando un vaso de leche cuando llamaron por teléfono para informar que habían encontrado un vehículo que se había descarrilado por un acantilado, la descripción del vehículo coincidía con el de Vanessa, mis padres estaban como locos como podrás imaginar y se fueron dejándome más confusa aún, no entendía nada, hace pocos minutos estábamos hablando por teléfono y ahora decían que al parecer ella estaba muerta, yo pensaba que era un error, o sea ella era mi hermana mayor, ella me protegería de todo, esa era nuestra promesa siempre juntas, las dos contra el mundo, debía ser un error y ella llegaría en cualquier momento o llamaría por teléfono para decir que todo estaba bien, pero eso nunca sucedió, las horas pasaban y cuando mis padres por fin llegaron a casa me informaron que mi querida Vanessa había tenido un accidente y estaba muerta, lloré tanto, no puedes imaginar cuánto, ella era mi todo y me había dejado sola, mis padres se sumergieron en los trámites para el velorio y el posterior funeral y me fueron dejando de lado, yo los comprendía ellos estaban destrozados, pero yo también y ellos no reparaban en mí. A los meses después sin querer encontré una carpeta en el escritorio de papá y descubrí el informe policial y el acta de defunción, ella no había muerto en un accidente, ella se había suicidado y ellos hasta el día de hoy no me lo han confiado, tampoco me han dicho que ella estaba embarazada, aunque comprenderás yo ya lo sabía, yo por mi parte no les he dicho el motivo por el cual ella se suicidó, ellos me dejaron tan abandonada en esos meses de profundo dolor que no quise añadirle más leña al fuego, además poco después de la muerte de Vanessa me pasó algo más y me fui alejando cada vez más de mis padres.

Después de la confesión de Bella estaba totalmente triste, lo que le pasó a su hermana en manos del bastardo de James fue terrible, pobre chica, pero después de que Bella me contó lo que le había pasado a los pocos días de haber enterrado a su hermana cuando visitaba el cementerio me llenó de furia, pena, en tan poco tiempo le habían pasado cosas tan extremas y había tenido solamente a su amigo Quil para apoyarla y ayudarla a salir adelante, sus padres ni siquiera saben todo por lo que tuvo que pasar mi muñequita, sentía la ira por ellos recorrer mis venas, cómo pudieron ignorarla al punto de no darse cuenta de lo que le pasaba, dios era una niña que había perdido a su hermana y tenía toda esa mierda de información dentro de ella carcomiéndola día a día por dentro y ellos no se enteraban de nada.

La vida era una mierda y Bella había sufrido tanto, ahora comprendía porque era tan dura, tan fuerte, mi pequeña mujer era increíble, si antes la amaba, ahora la amaba mucho más, la admiraba, ella era mi heroína, mi amazona, mi muñequita hermosa.


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CAPÍTULO XVI

 

EDWARD POV





mi niña, yo te ayudaré, no importa lo que te haya pasado yo estaré a tu lado mi dulce Bella, siempre, siempre a tu lado. Me miraba desde el escenario y le di una sonrisa para animarla, tanto alumnos como profesor, incluyéndome nos paramos para aplaudirla, era simplemente maravillosa en todo lo que se proponía.


cuando salimos de clases me dijo que antes de que conversáramos tenía que romper con James, así que le dije que la esperaría en casa, la besé furtivamente y le pedí que tuviera cuidado y que cualquier cosa me llamara, no me fiaba de James y temía que le pudiera hacer daño, pero como era un hombre mayor y más encima su profesor no podía andar paseándome con ella como mi novia, ese era otro punto que teníamos que arreglar, ya que yo quería que habláramos con sus padres para estar más tranquilos, pero Bella dijo no, que Charlie seguramente entendería, pero Renne adoraba a James y como ellas no se llevaban bien seguramente iba a poner algún impedimento para nuestra relación.


Así que ahora estaba esperando a mi Bella en su dormitorio, se esencia estaba en cada centímetro de su cuarto, su música, su olor, su personalidad estampada en la decoración, sus libros.


La puerta se abrió abruptamente y al girarme me encontré con el rostro de Bella, pero algo malo había ocurrido, ella estaba llorando y traía dos cuadernos entre sus manos, corrí para abrazarla y en mis brazos se desplomó, lloraba y lloraba y yo estaba desesperado, si ese hijo de puta le había hecho daño se las vería conmigo, no me importaba terminar en la cárcel, juro que lo mataría


- Bella, amor qué pasa, por favor responde


- Es, es James, él, él es un maldito Edward, es un maldito


- Pero qué paso, ¿te hizo daño?


- No, ahora no, pero encontré las pruebas que lo inculpan, fui a dejarlo y en su dormitorio estaban escondidos estos cuadernos y esperando que llegara los empecé a mirar, me llamó la atención este, porque tiene el nombre de mi hermana en la tapa y cuando lo empecé a leer me di cuenta de lo que tenía en mis manos, yo ya sabía lo que ese le había hecho a mi hermana por que ella me lo contó, pero leerlo de su puño y letra me da tanta rabia y pena.


- Bella no entiendo nada, por favor cálmate y explícame. – después de varias respiraciones para calmarse Bella empezó a explicarse


- Ok, mira primero que nada, yo empecé a andar con James porque me quería vengar de él, resulta que él fue novio de mi hermana antes de que ella muriera. – mierda esto se estaba poniendo feo, ¿James novio de su hermana muerta?


- La noche que Vanessa murió me llamó al celular, yo estaba dormida, era de madrugada y en un principio no le entendía nada porque ella lloraba sin control mientras manejaba, era su primer año en la universidad, cuando pudo controlarse un poco empezó a decirme cosas, en un principio como dije anteriormente no le comprendí, balbuceaba que tenía un novio y que éste la había traicionado, ella estaba destrozada y tenía mucho miedo de la reacción de nuestros padres, el maldito la había usado hasta que le dio hipo y más encima la embarazó, ella le iba a contar ese mismo día y cuando lo fue a visitar él le dijo que ella no le interesaba que sólo había sido para pasar el rato, además se había ganado unos buenos puntos al quitarle la virginidad, esa parte no la entendí, pero ella seguía chillando por teléfono, diciéndome que nunca creyera en los hombres y menos en James, cuando le dije que no le entendía ella me contó que para mi cumpleaños anterior ella lo había llevado a mi fiesta y ella lo había sorprendido mirándome atentamente mientras yo no me daba cuenta. Cuando ella lo encaró él le dijo que me encontraba linda, pero que ella era especial, en ese tiempo aún no eran novios, pero después de la fiesta él se le declaró y concretaron, ella decía que se le hacía sospechoso, James siempre preguntaba por mí y ella decía que a veces me tenía celos, pero estaba tan enamorada de ese maldito y cuando terminó con ella no le bastó con humillarla en público, por que eso fue lo que hizo, la dejó delante de toda la universidad humillándola delante de todos sus amigos diciéndole que desde que me había visto en la fiesta yo le había gustado mucho y que ahora que gracias a ella sabía algo más de mi él se la jugaría para acercarse a mí, y si ella era inteligente no diría nada para detenerlo, porque él podía contar detalladamente las veces que se habían acostado porque él la había filmado a escondidas a cualquier persona que le prestara oídos, ella no se quería arriesgar pero cuando él dijo que yo sería su más preciado trofeo virgen ella explotó y lo golpeo, él por su parte también la abofeteó y la llamo perra, le…. Le dijo que ahora era mercancía usada y rechazada que nadie la iba a tomar en serio, ella no quiso decirle lo del embarazo y cogió la carretera desesperada, esa noche después que hablamos no pude dormir tranquila, la mayoría de la conversación no la había entendido Edward, yo era tan niña apenas tenía 15 y no sabía nada de noviazgos y de la vida. Estaba tomando un vaso de leche cuando llamaron por teléfono para informar que habían encontrado un vehículo que se había descarrilado por un acantilado, la descripción del vehículo coincidía con el de Vanessa, mis padres estaban como locos como podrás imaginar y se fueron dejándome más confusa aún, no entendía nada, hace pocos minutos estábamos hablando por teléfono y ahora decían que al parecer ella estaba muerta, yo pensaba que era un error, o sea ella era mi hermana mayor, ella me protegería de todo, esa era nuestra promesa siempre juntas, las dos contra el mundo, debía ser un error y ella llegaría en cualquier momento o llamaría por teléfono para decir que todo estaba bien, pero eso nunca sucedió, las horas pasaban y cuando mis padres por fin llegaron a casa me informaron que mi querida Vanessa había tenido un accidente y estaba muerta, lloré tanto, no puedes imaginar cuánto, ella era mi todo y me había dejado sola, mis padres se sumergieron en los trámites para el velorio y el posterior funeral y me fueron dejando de lado, yo los comprendía ellos estaban destrozados, pero yo también y ellos no reparaban en mí. Tanto así que el día de mi cumpleaños lo tuve que pasar en casa de Quil y me quedé a vivir con él dos meses, dos meses Edward y ellos ni se dignaron a visitarme o preguntarme que mierda me pasaba, por qué carajo no regresaba a casa, no les importó qué mierda me había pasado para que estuviera dos meses recluida en casa de mi mejor amigo, nunca preguntaron. A los meses de haber vuelto a vivir con mis padres sin querer encontré una carpeta en el escritorio de papá y descubrí el informe policial y el acta de defunción, ella no había muerto en un accidente, ella se había suicidado y ellos hasta el día de hoy no me lo han confiado, tampoco me han dicho que ella estaba embarazada, aunque comprenderás yo ya lo sabía, yo por mi parte no les he dicho el motivo por el cual ella se suicidó, ellos me dejaron tan abandonada en esos meses de profundo dolor que no quise añadirle más leña al fuego, además poco después de la muerte de Vannesa me pasó algo más y me fui alejando cada vez más de mis padres.


Después de la confesión de Bella estaba totalmente triste, lo que le pasó a su hermana en manos del bastardo de James fue terrible, pobre chica, pero después de que Bella me contó lo que le había pasado a los pocos días de haber enterrado a su hermana cuando visitaba el cementerio me llenó de furia, pena, en tan poco tiempo le habían pasado cosas tan extremas y había tenido solamente a su amigo Quil para apoyarla y ayudarla a salir adelante, sus padres ni siquiera saben todo por lo que tuvo que pasar mi muñequita, sentía la ira por ellos recorrer mis venas, cómo pudieron ignorarla al punto de no darse cuenta de lo que le pasaba, dios era una niña que había perdido a su hermana y tenía toda esa mierda de información dentro de ella carcomiéndola día a día por dentro y ellos no se enteraban de nada.


La vida era una mierda y Bella había sufrido tanto, ahora comprendía porque era tan dura, tan fuerte, mi pequeña mujer era increíble, si antes la amaba, ahora la amaba mucho más, la admiraba, ella era mi heroína, mi amazona, mi muñequita hermosa.






BELLA POV


Edward era maravilloso, me había escuchado atentamente, me consolaba y me daba seguridad y amor, ese era mi hombre, lo tenía más que claro, no me reprochó en ningún momento, no le asqueó saber lo que me había pasado, todo lo contrario me susurró una y otra vez lo mucho que me amaba, lo valiente que era y que nunca me iba a dejar sola.


Lo malo de haber encontrado los famosos cuadernos del puto de James es que no pude esperarlo a que llegara para terminar con él y me vine directamente a hablar con Edward, tenía tanta pena, tanto odio en mi corazón y el único que podía repararme y curarme era él, mi adorado profesor. No se cuanto tiempo estuve desmadejada en sus brazos, cuando desperté me sentía confusa, pero sentí su olor y su cuerpo pegado al mío y todo estuvo bien en ese mismo momento, él estaba aún conmigo.


- hola preciosa


- hola amor, mmm, cuanto tiempo he dormido


- bastante, pero te hacía falta ¿ya estás un poco mejor?


- Si, gracias por estar conmigo


- Ey muñequita, eres todo para mi, siempre, siempre voy a estar contigo, nunca te fallaré otra vez, te lo juro, eres todo mi mundo


- Tú también Edward, eres todo para mi, te amo


- Yo más amor, yo más – ven vamos a comer algo, debes estar hambrienta


- Ehhh, la verdad es que no tengo apetito


- Bella, por favor debes alimentarte, no se me ha olvidado tu problema de alimentación, el médico recalcó que debes alimentarte mejor y no tienes que olvidar tus vitaminas


- Bueno, vamos a comer, no quiero que te molestes


- No me molesto amor, sólo me preocupo por tu salud, quiero que estés bien, quiero verte feliz y sana


- ¡joder! Edward cómo puedes ser tan perfecto – dije lanzándome a sus brazos y besándolo efusivamente, este hombre me volvía loca


- Esa es mi fiera, así me gusta nena, feliz y contenta y mmmm quizás más tarde ¿caliente? – dijo susurrándome al oído


- Mmmm, no pudiste decir mejor lo que estaba pensando, vamos Cullen que ya quiero probar ese rico postre caliente


- Jajaja.


Después de comer lo que pillamos en la cocina fuimos al dormitorio, me quería dar un rico y reconfortante baño de burbujas, tenía muchas cosas en mente y quería pensar en cómo aclararlas, además mañana quería visitar el cementerio y no sabía cómo lo iba a tomar Edward, la verdad es que no lo quería excluir, pero simplemente era algo que aún prefería hacerlo sola, no es que no le tuviera confianza, pero era algo tan mío, no estaba preparada para compartirlo todavía con él, se que le había contado todo lo mío, pero por el momento no me sentía cómoda en el cementerio con compañía.


Estaba tomado mi baño relajadamente cuando sentí a mi querido y caliente profe colándose en la tina, aún con mis ojos cerrados sonreí al sentirlo cerca de mi cuerpo rozándome, oliéndome


- mmmm, tu olor me vuelve loco nena, soy un jodido adicto a tu olor, tu cuerpo, tus besos – dijo pasando la lengua por mi cuello hasta mi lóbulo


- mmmm Edward, sigue así – ya me tenía donde quería mi sexo ya estaba empapado y mi respiración jadeante


- oh Bella ¿te gusta así? – dijo mordisqueando mi cuello y con una mano retorciendo mi pezón ya erecto y esto ¿te gusta? – con la otra mano libre recorrió mi pierna completamente hasta llegar a mi sexo rozándolo, excitándolo con sus dedos


- oh mierda, siii, así, me gusta ahhh – ya estaba ida, sus caricias me estaban llevando a la locura, adentró dos dedos en mi y un jadeo fuerte se escapó de mis labios y mi espalda se arqueó dándole una mejor vista de mis pechos, bajó sus labios y los tomó sin reparo, lamiendo, succionando, mordisqueando


- bella, me vuelves loco, te amo, te amo – susurraba a cada rato, sus dedos se movieron más rápido, pero yo quería probar algo distinto, así que tomé su mano y la saqué de mi interior


- ¿Bella? ¿qué pasa? Mmm hice algo mal amor – su cara se veía desencajada por mi repentino rechazo


- Ehhh, no, pero quiero probar algo distinto ¿me dejas? – él asintió y lo alejé al otro extremo de la tina para que tuviera una vista completa de lo que quería que ambos hiciéramos


- Amor quiero que me veas sin acercarte y sin tocarme – él asintió y empecé a recorrer mi cuerpo lentamente tocando mis pechos, retorciendo mis pezones lentamente y sin perder contacto visual con sus ojos – sus ojos se abrieron como platos y un jadeo salió de sus labios, sus ojos se oscurecieron y recorría mi cuerpo con su vista, seguí bajando una mano por mi abdomen, abriendo mis piernas toqué mi clítoris hinchado y mojado


- Oh, muñequita, eres malvada, me estás matando – su maldita voz ronca mandaba pulsaciones directamente a mi centro haciéndolo palpitar


- Sigue nena, no sabes lo jodidamente caliente que te ves en este instante- arqueé mi espalda por el inmenso placer que nos estaba provocando mi jueguito, adentré tres dedos en mi centro y mordí mi labio inferior sabiendo lo loco que lo volvía ese gesto mío


- Mmm Edward, que rico se siente pensar que son tus dedos los que me tocan, mmmm mi sexy-profe así, así me gusta


- Oh mierda Bella sigue, sigue nena, me encanta verte darte placer ahhhh- Edward estaba jodidamente excitado su miembro estaba duro y me encantaba verlo así, su mirada desquiciada, su voz ronca y sexy, su boca ligeramente abierta y a momentos cerraba los ojos y echaba la cabeza hacia atrás totalmente caliente de lo que veía


- Mmmm, Edward, quiero verte amor, quiero que tú también te toques para mi


- Joder Bella, me tienes más que caliente – y sin decir nada más se llevó una mano a su miembro y lentamente empezó a masturbarse, carajo este era el mismísimo cielo o infierno, me daba igual, ver a Edward masturbarse mientras me miraba no tenía precio


- Oh muñequita eres una jodida zorra y me encanta, mi pequeña zorra ahhhh – mierda su vocabulario sucio me encantaba y ya me faltaba poco para llegar


- Te gusta lo que vez nena, te gusta ver como me doy placer, te gusta ver mi mano acariciar mi polla sólo para ti zorrita


- Ahhh Edward sigue, sigue amor me falta poco – aumenté mis movimientos y saqué mis dedos de mi centro y me los llevé a la boca y los lamí lentamente, la otra mano tomó control de mi sexo e introduje nuevamente tres dedos mientras seguía chupando y lamiendo mis dedos, ya estaba por llegar mi sexo latía y el nudo en mi estómago se hacía más apretado – Edward por su lado movía cada vez más fuerte su mano, su polla estaba dura, se veía majestuosa entre subida y bajada


- Mierda Bella deja de mirarme con esos ojos inocentes mientras te masturbas y te chupas esos jodidos dedos, eres mi perdición nena y me la vas a pagar por desearte tanto, por verte tan jodidamente caliente y por chupar tus dedos cuando deberías estar chupando mi polla – ahí lo perdí


- Edwaaaaaaard me vine entre espasmos y gritos descontrolados, pero me negué a cerrar los ojos, quería verlo cuando se corriera, le faltaba poco, estaba al borde y yo lo llevaría a correrse


- Oh nena, tu orgasmo oh, mierda no ves lo que me… - si a Edward le faltaba poco, ya estaba balbuceando y me encantaba


- Oh bebé sigue así, piensa que es mi dulce boquita la que rodea tu gran y gruesa polla mmmm, que rica sabe amor, me encanta como te ves – para aumentar el juego alargué mi pies y con mis dedos acaricié sus testículos masajeándolos


- Mierda, mierda, mierda nena, se siente tan bien ohhhh nena sigue, en un momento sacó su mano de su polla perdido en excitación y subí mis pies y lo masturbé con mis lindos piececitos, abrió los ojos al instante y su respiración era más agitada, mordía su labio inferior para aguantar el placer que le estaba dando y se veía tan puramente caliente y varonil


- Muñequita ya me vengo, ya, mierda que rico nena – aumenté el movimiento y le empecé a susurrar


- Ya bebé vente para mi, grita mi nombre bebé, quiero escucharte gritar mi nombre cuando te corras en mis pies, quiero que grites quién te da placer, quién te lleva a la locura dos jaladas más y se vino con fuerza gritando mi puto nombre


- ¡¡¡BEEEEELLA!!! – me lancé a sus brazos cuando dejo de temblar y nos besamos tan puramente rico que ya me estaba empezando a calentar otra vez


- Oh muñequita, no sabes lo mucho que me ha gustado, eres una zorra Bella, mi zorra, me encantas y me vuelves cada vez más loco amor, te amo, te amo y te deseo tanto


- Oh Edward yo también te amo mucho, mucho y me ha gustado mucho verte, ha sido novedoso y muy, muy…- no pude terminar porque sus labios atraparon nuevamente mi boca en un beso desesperado, arrasando todo pensamiento coherente, nos enjuagamos rápidamente y nos fuimos al dormitorio, está de más decirles en que mierda estuvimos todo el resto de la tarde y toda lo noche.


A la mañana siguiente me escapé de clases para ir al cementerio, claro que Edward se dio cuenta, y aunque me miró mal cuando le guiñé un ojo sonrió levemente, él sabía a donde me dirigía, se lo había dicho anoche en los pocos minutos que pudimos hablar entre orgasmo y orgasmo. Cuando le conté claro que no le gustó nada la idea, pero lo calmé diciéndole que más adelante podría acompañarme y era cierto, por el momento era algo que tenía que hacer sola, dos años sin venir y esta era mi segunda visita, así que era lógico que quisiera estar sola para de alguna manera quedar en paz con mi hermana. Había llevado mi guitarra para cantarle, en vida Vanessa disfrutaba muchísimo que le cantara, aunque le gustaba más cuando tocaba el chello, pero era muy grande para cargarlo hasta acá, quizás cuando viniera con Edward podía traerlo, por el momento era la guitarra.


Canté varias canciones que a mi hermana le gustaban, estaba tan en paz ahí en la soledad, cuando terminé de cantar se que sonará tonto pero me puse a conversar con mi hermana, le conté todo, al igual que lo había hecho con Edward, le conté sobre James, sobre mis padres y sobretodo le conté sobre Edward, se que me escucha y ha de estar contenta porque encontré el amor y estoy feliz, aunque todavía falta resolver el asunto de James, por primera vez no se qué diablos hacer, que medida tomar, por un lado aún quiero vengarme, pero Edward tiene razón y eso me hace daño y no quiero seguir rota, quiero salir adelante, así que lo mejor es poner fin de una maldita vez, además conociendo a James se que le dolerá el poco orgullo que le queda cuando lo termine, ¡ja! Que se pudra y se retuerza de la rabia.


- ¡ Bella, viniste! – diablos esa era la voz de ¿Anthony?


- Eh, si, vine


- Oh que bueno, estaba esperándote ¿ahhh?


- Ehhhh, si, la verdad es que pensé que ya no vendrías y me estaba poniendo nervioso – qué diablos estaba pasando, o sea a este chico lo he visto un par de veces nada más, no es para que estuviera tan…. ¿nervioso? Y mierda ruborizado


- Y por qué estarías nervioso, no entiendo


- Bueno Bella la verdad es que te quería preguntar si…. Emmmm ¿tienes novio? – mierda, lo único que me faltaba, esto no me puede estar pasando, el chico era simpático y hermoso, buen cuerpo y toda esa mierda, pero yo estaba enamorada de Edward y no me fijaría en nadie más.


- Si


- Oh, ya veo, que tonto, una chica linda como tú no puede estar sola, tu novio es con quién te vi en la playa ¿cierto?... tu…..profesor ¿Edward? Creo que se llama


- Si, él es mi novio


- Oh, se notaba, la forma en que se miraban ese día, se notaba el amor, pero quería estar seguro, yo….


- ¿tú?


- Oh, nada, no me hagas caso, oh tocas guitarra


- Eh, si – este chico me ponía nerviosa, si Edward se entera de que nos hemos encontrado justo en este lugar se molestará, oh, mierda, pero Anthony dijo que esperaba verme justo acá y Edward lo había escuchado, por eso estaba un poco molesto, joder.


- ¿tocarías algo?


- Por qué el interés – preferí ser directa como siempre lo he sido, así no hay doble intención ni malentendidos


- Bueno, pensé que había quedado claro mi interés en conocerte, claro que hubiera preferido conocerte de otra manera, pero me conformaré con ganarme tu amistad si tu aceptas


- Mira, la verdad es que no soy muy buena haciendo amigos, soy bastante clasista con las amistades, me caes bien, pero no te conozco y….


- Oh, ya veo, o sea no estoy a la altura de la chica rica para ser su amigo


- No es eso, soy clasista con mis amistades porque me cuesta confiar en las personas y ya me han decepcionado bastante algunas amistades o conocidos, por eso no socializo mucho y me molesta enormemente que me juzgues por el dinero, un dinero que ni siquiera es mío, sino de mis padres, mejor me voy, ya se me hizo tarde


- Oh, perdón Bella, en serio no fue mi intención ofenderte, perdón, es que de verdad no quieres ser mi amiga, me caes bien y eres sincera, la verdad es que yo tampoco soy dado a hacer muchas amistades, pero la primera vez que te vi, sentí una conexión especial contigo, me infundes respeto y de verdad quisiera conocerte – wow, me dejó plasmada, la verdad es que me caía bien el chico, pero no se, Edward es bastante celoso y me podría traer problemas…


- Bueno, me quedo, tocaré unas canciones y conversaremos algo, no te prometo nada, ya veremos – tomé la guitarra y empecé a cantar, cerré los ojos para concentrarme, porque la verdad es que Anthony me miraba tan fijamente que me ponía nerviosa, no en el sentido romántico, pero nerviosa al fin y al cabo. Canté cuatro canciones y decidí que era suficiente, cuando abrí los ojos Anthony tenía los suyos cerrados y estaba recostado con los brazos tras la cabeza, era la viva imagen de la despreocupación, se veía tan en paz


- Ey ¿te quedaste dormido? Le cuchichee


- Nop, sólo estaba disfrutando con el canto de un ángel – mierda tenía que cagar el momento con cursilerías


- No digas cagadas, sabes que tengo novio, lo quiero y tú todavía no acreditas para ser mi amigo


- Vale, vale, no te enfades, pero lo que digo es cierto cantas tan lindo – abrió los ojos y me penetró con su mirada, tuve que apartar la vista, me sentía incómoda


- ¿por qué estabas tan triste el otro día cuando te conocí?


- Ehhh, no puedo decirlo


- Te veías tan rota, tus ojos tan tristes, con sólo verte me dieron ganas de abrazarte, consolarte y que conste no soy para nada así, pero como te dije hace poco, me produces algo y no se bien qué es


- Mejor cambiemos tema Tony


- ¿tony? Ew, que apodo más feo


- ¿Tone?, si creo que Tone está mejor, va más contigo – le dije riendo porque su cara estaba horrorizada


- Sabes, me apestan las abreviaciones y los apodos, pero está bien sólo tú puedes llamarme así


- A todo esto ¿por qué vienes tanto al cementerio? Si no es mucha la indiscreción


- La verdad es que me gusta esta paz, el silencio que me proporciona, me gusta concentrarme y venir a leer acá tranquilo, se que sonará tonto y nadie sabe realmente a qué vengo, todos creen que soy friky, además como me visto no ayuda mucho en mi imagen jajaja


- Jajaja, si, te comprendo, pero es bueno que busques paz para leer, a mi me encanta leer y creo que la próxima vez que venga me traeré un libro, este silencio es bastante bueno - ¿qué mierda acabo de decir?


- Oh ¿vendrás otra vez? Eso es bueno así podemos leer juntos y comparar lectura – no, no, no, no quería decir eso, pero ya había abierto mi bocota, es que en verdad me caía bien Tone y la había pasado súper en su compañía y me había olvidado por completo de los problemas que tengo que enfrentar, este chico me traía una paz que no sabía como explicar, diferente a la tranquilidad y la paz que me entrega Edward, pero paz al fin y al cabo.


- Ok, la próxima será lectura y no canto y guitarreo


- Ok ¿es una cita entonces? ¿mañana a la misma hora?


- Te avisaré, dame tu número y te llamo, no siempre voy a estar escapándome del colegio


- Oh, una rebelde, me gusta, montas moto, tocas guitarra, lees, te escapas del colegio y además sabes pensar no como esas tontas niñitas que hablan puras tonteras, me gustas Isabella Swan, eres diferente


- Ey, mi nombre es Bella y te prohíbo que te guste, sólo amigos ¿recuerdas?, yo, de verdad no quiero dañarte, no puedo querer a otro hombre que no sea Edward, estoy enamorada y..


- Lo se, créeme que lo se, muy a mi pesar lo se, pero eso no quita que seamos amigos y que de vez en cuando te haga un cumplido, deberías estar agradecida, los que me conocen saben que jamás hago cumplidos, siempre he encontrado a las chicas tan…tontas por decirlo de alguna manera, creo que por eso me gustas, eres original y sarcástica y sobretodo sincera.


- Oh, si soy la divinidad hecha mujer jajaja


- ¿ves, a eso me refiero? Me gusta tu humor chica


- Ey, no me digas chica, tengo 17 y soy bastante madura


- Bueno yo tengo 19, soy mayor que tú, así que puedo decirte chica o nenita jajaja


- No me estás agradando tony, estoy pensando seriamente vetarte como posible amigo


- Ouch, eso dolió, jajaja, no seas sonsa sabes perfectamente que seremos grandes amigos


- Yo también lo creo Tone, me inspiras confianza y como dices tú, los que me conocen saben que eso jamás me ocurre tan fácilmente, así que date por bendecido


- Si, lo se, no cualquiera es amigo de la famosa fiera ¿cierto?


- ¿sabías quién soy? ¿desde cuándo?


- Oh, siempre lo supe, disculpa por no decirte antes, pero temía que te alejaras y me dieras de puños, eres muy famosa por tus golpes y tu indiferencia


- Si, lo se


- Pero ahora que te conozco algo más, se que todos los que hablan mal de ti no te conocen, en el fondo, pero muy en el fondo eres muy dulce, eres como una gatita, pero como te dije muyyyyy en el fondo jajaja


- Eres gracioso chico dark perdido


- ¿dark perdido?


- Si dark perdido, te crees dark, pero tienes influencia grunge y algo de punky, tienes tu estilo propio y me gusta


- Ah y por que te gusta mi estilo me copias ¿eh?


- No te copio, no seas arrogante


- Si, si me copias, he visto como te vistes desde que me conociste y me gusta, te ves más sexy y montada en moto wow toda una revelación, aunque cuando te pienso siempre tengo en mi mente el hermoso ángel que vi durmiendo justamente acá.


- No empieces, no me gustan las insinuaciones


- Ya, ya, no te enfades, es broma, me gusta verte enojada, mejor así que triste


- Bueno, ya me voy, es tarde


- Espera, quiero que sepas que cuando necesites hablar de lo malo que te está pasando puedes contar conmigo, se que tienes pareja y amigos, pero si necesitas una visión neutra acá estoy yo, no te cuestionaré y te puedo ayudar sin remordimientos


- Vale, a propósito ¿estudias o te la das de vago todo el día?


- Jajaja, en este momento congelé la carrera, me estoy dando un año de vacaciones


- ¿qué estudias?


- Aunque no lo creas estudio arquitectura y también soy músico en mi tiempo libre, ah y buen consejero para cierta chica hermosa de ojos tristes


- Vale, te llamo para vernos, adiós – y después de un ligero beso en la mejilla lo dejé sentado en el mismo lugar y me fui.







 

martes, 22 de marzo de 2011

En Un Sofa ( One Shot)

Hello mis angeles hermosos!!
Aqui les traigo como ya escostumbre este one shot, chicas mil disculpas por estar subiendo los cap atrazados pero entre la escuela y el gym , no me queda tiempo de nada y si a eso le suman mi bebe ando vuelta loca . saben que las adoro y sin ustedes este sitio no seria nada
Este one shot le pertenece a mi querida TRIANA CULLEN,muechas gracias querida triana por compartir una vez tu trabajo con estas viciosas de fanfics
Asi que chicas a leer y dejen sus comentarios al final, MIL BESITOS A TODAS Y SIENTE COMO ES TU CASA .SI CHICAS TENEMOS A UN ANGEL NUEVO, QUE EMOCION.
Angel of the dark


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En un Sofá

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Me abracé a Edward más fuerte aun entre las mantas de mi cama. Él suspiró en sueños, y me apretó con una poco más de fuerza contra su pecho. Estar entre sus brazos era la gloria, si realmente existía el cielo y el infierno, el cielo seguramente se sentía igual de bien que estar rodeada por sus fuertes brazos, y el infierno… el infierno era estar lejos de él.

Solté un suspiro y hundí la cara en su pecho, deleitándome con el delicioso aroma que desprendía su cuerpo, una sensual mezcla entre tabaco y algún suave perfume varonil que nadie más poseía, además del característico olor a sudor y sexo que emanaba de ambos luego de estar juntos.

Estaba tratando de grabar cada uno de los pequeños detalles que disfrutaba de estar con Edward, después de todo esta sería la última noche que disfrutaría de su compañía, de sus besos, de sus caricias, de las palabras susurradas en mitad del clímax, cuando nuestros cuerpos se demostraban lo que nosotros ya sabíamos, que nos amábamos con una intensidad inhumana.

Era tan difícil decirle adiós. Si había sido difícil cuando lo nuestro sólo se basaba en sexo ahora lo sería mucho más.

Me removí entre las mantas y traté de volver a dormir, pero no lo logré, ya que mi mente se empecinaba en recordar hasta el más insignificante momento vivido con Edward, uno tras otro, quizás en un auto-protector, y a la vez vano, intento de hacerme ver que me iba a ser imposible sobrevivir sin él a mí lado.

Me abandoné a los recuerdos, aun con los ojos cerrados y me dejé empapar de cada dulce memoria. Rememoré cada segundo a su lado, eran esos recuerdos los que me permitirían seguir adelante cuando él se casara con Tanya …

Me esforcé en recordar el matiz exacto de sus ojos verdes cuando lo vi por primera vez; o la textura aterciopelada que poseía su voz la primera vez que oí mi nombre pronunciado por sus labios; nuestro primer beso, apasionado, excitante y el sabor de sus labios entre los míos; la primera vez que hicimos el amor…

Este último recuerdo me hizo volar meses atrás, recordando toda aquella noche con más detalle…

La fiesta estaba en todo su apogeo, veía a todo el mundo bailar animado y lleno de vida, era el final del semestre y todos estábamos de celebración, todos menos yo.

- Alice, Alice ¿Algún día podré decirte que no? – Mascullé, mientras me apoyaba en la barra y pedía una cerveza.

Alice Cullen era mi mejor amiga, y la persona más irritante sobre el planeta. Era increíble lo que una mujer de veinte años con la estatura de una quinceañera era capaz de hacer. Siempre conseguía lo que quería, no importaba si tenía que chantajear, sollozar falsamente, o arrastrarte hasta su objetivo. Por supuesto que ya nadie se resistía a sus deseos, pues todos sabíamos que terminaríamos haciendo lo que ella quería.

Sólo Alice era capaz de hacerme venir a una fiesta universitaria, el mismo día que había terminado con mi novio por estar engañándome. Sólo Alice era capaz de hacer que me levantara de la cama, donde había estado llorando todo el día mientras comía helado y veía películas deprimentes, para arreglarme y venir a una fiesta.

Bebí un trago de la botella que acababan de pasarme y miré la etiqueta como si fuera la cosa más interesante del mundo. Tenía un pequeño escudo en el centro, que representaba un león en dos patas y rugiendo, no estaba segura de los colores por las luces titilantes del lugar, pero podía aventurar que eran de color rojo y dorado…

Un momento… ¿Estaba describiendo la etiqueta de una botella de cerveza? Definitivamente no estaba para fiestas.

- Interesante etiqueta, ¿Cierto? – Una voz burlona me susurró en el oído haciendo que pegara un bote del susto.

- ¡Edward! – Dije al ver de quién se trataba.

Edward Cullen, era el hermano mayor de Alice. Estaba a un año de terminar su carrera en la misma universidad que yo, pero apenas lo veía, pues estábamos en facultades distintas y mientras yo estaba enfrascada en libros de literatura inglesa, él estaba con la nariz enterrada en libros de medicina. Durante un tiempo había estado platónicamente enamorada de él, pero por supuesto él tenía millones de mujeres más hermosas que yo a su alrededor y jamás se fijaría en mí, por lo que no me hice ilusiones y comencé mi relación con Jacob.

Pensar en Jacob trajo consigo una mueca y un pinchazo en el corazón. Bebí de mi cerveza para disimular las lágrimas que comenzaban a formarse en mis ojos.

- ¿Mi hermana te obligó a venir o me equivoco? – Parecía que trataba de hacerme conversación. Pidió una cerveza y cuando se la trajeron le dio un gran sorbo.

- Sólo ella sería capaz de sacarme de la cama después de… - Me callé y él hizo un sonido con la parte baja de la garganta que se asemejó a un pequeño gruñido.

- Alice me dijo lo que sucedió con Jacob….

- Voy a matar a Alice… - Mascullé.

- Podría partirle la cara a ese… por lo que te hizo. – Me ofreció sin enterarse de mis planes homicidas dirigidos contra su hermanita. Le miré intensamente a los ojos, unos ojos verdes que me derretían. Tenía que admitir que por muy superado que estuviera mi tonto enamoramiento, él seguía causando que mis piernas se volvieran gelatina.

- No, gracias. – Rechacé la oferta. – Creo que le bastó con el zapatazo que le pegué.

- Si cambias de opinión, me avisas. – Me guiñó un ojo y tragué en seco.

- ¿Y tu novia? – Pregunté después de un minuto en silencio.

- De compras en París, o en New York, o tal vez en Marruecos, no lo sé. – Acabó su cerveza y pidió otra. Le observé estupefacta. Me miró de reojo y rió. – Para nadie es un secreto que lo nuestro es pura conveniencia, menos para ti, Bella.

Por supuesto que no era un secreto, el padre de Edward le había impuesto a Tanya como futura esposa y él nada podía hacer, el padre de ella, Eleazar Denali es el segundo mayor accionista de la empresa que lideraba Carlisle Cullen. En un principio el noviazgo de Tanya y Edward había sido fortuito, se conocían desde pequeños y decidieron tener algo, pero al ver esto el padre de Edward le exigió que se casara con Tanya, a pesar de que él quería terminar la relación hacia meses. Alice me había dicho que Edward jamás se negaría a una disposición de su padre. Mi amiga me había contado todo en más de una ocasión, siempre rechinando los dientes de ira, pues no soportaba ver como la vida de su hermano servía solamente para mantener un imperio económico.

- Creí que estaban un poco mejor, los vi hace unas semanas en un restaurante y creí que… - Me callé al ver la expresión en el rostro de mi interlocutor. - ¿Qué sucede?

- Nada. – Sonrió con tristeza, y jugó con algo en su mano, dirigí mi vista hasta sus dedos y vi una pequeña alianza entre ellos. – Ilusiones (1*). – Murmuró. – Seguro nos viste el día en que le di las ilusiones.

- Vaya, felicidades. – Le di un pequeño abrazo, algo torpe. Él me rodeó con sus brazos, sentí la fría botella de cerveza pegada a mi espalda, pero esto apenas lo registró mi cerebro, ya que estaba más concentrada en que su pecho se pegaba al mío con sutil sensualidad, enviando pequeñas descargas eléctricas por mi espalda.

Nos separamos con lentitud, y cometí el error de mirarlo a los ojos. Me perdí en ellos con facilidad y a él pareció pasarle lo mismo, porque sus manos bajaron hasta la parte más estrecha de mi espalda, y me pegaron a su anatomía completamente, ahora podía sentir cada músculo de su cuerpo pegado a cada curva del mío.

Entonces, sucedió, sus labios se juntaron con los míos en un beso fuerte y decidido que cambió mi mundo para siempre. Le correspondí con la misma excitante intensidad. Elevé mis brazos, casi olvidando la botella en mi mano derecha, y enredando los dedos de mi mano izquierda en sus cabellos castaños broncíneos.

Sus labios sabían a cerveza, pero a la vez tenían un sabor propio y embriagador, más embriagador que el alcohol que había ingerido. Me hacía desear más, mucho más de lo que era bueno desear.

- Edward…

- Me gustas, Bella. ¿Por qué no puedes ser tú una Denali?

- Soy una Swan, ¿No te basta? – Me mordí el labio inferior antes de que él capturara mis labios nuevamente.

No recuerdo muy bien cómo, sólo sé que de pronto atravesábamos la concurrida pista de baile, tomados fuertemente de la mano, hasta salir al exterior y llegar a su impresionante Volvo plateado. Si alguien nos había visto, no nos importó. No hablamos mucho tampoco, no era necesario, sabíamos que lo que estábamos haciendo estaba mal. Él tenía una prometida y yo no lo amaba. Era simple deseo, nada más, pero esa noche nada de eso interesaba.

Me llevó hasta su departamento, el edificio era muy lujoso, y el interior de su departamento aún más, pero conservaba la elegancia y la austeridad.

Sonreí cuando sus labios atacaron mi cuello llenándolo de besos, y ladeé la cabeza dándole total acceso a mi piel.

Tenía claro que me estaba dejando llevar y que quizás luego me arrepentiría, pero era maravillosa la sensación de sentirme deseaba y guapa, sobretodo después de haber encontrado a mi novio en la cama con otra mujer. Era bueno saber que cualquier otro hombre podía ver en mí a una mujer hermosa y deseable.

Los labios de Edward interrumpieron mis pensamientos y lo agradecí, pues alejó la racionalidad de mi cerebro, y me perdí en las sensaciones que me otorgaban sus besos.

Nos movimos sin despegar nuestros labios, hasta que mis piernas dieron contra un sillón y caí en él con Edward sobre mí. El golpe me dolió un poco, pero lo dejé pasar.

- Lo siento.- Se disculpó elevándose apoyado en uno de sus fuertes brazos.- ¿Estás bien?

- Sí, no fue nada. – Le sonreí. – Ahora ven acá antes de que tenga que ir por ti.

Se rió entre dientes y depositó un suave beso en una de mis mejillas. Le miré con sorpresa ante el gesto, pero él se encogió de hombros y volvió a atacar mi piel con besos apasionados. Comencé a hiperventilar, tratando de concentrarme en sentir la textura de sus cabellos entre mis dedos, y la dulce presión de su cuerpo sobre el mío.

Poco a poco la ropa fue abandonando nuestros cuerpos. Primero fue su camisa negra, con la cual libré una dura batalla hasta lograr desabrochar todos los botones que me impedían tocar la piel de su musculoso pecho. A su camisa, le siguió el ajustado vestido azul que Alice me había obligado a ponerme. Edward tuvo que levantarme del cómodo sofá para poder quitármelo, logrando que me sonrojara furiosamente. Estar parada frente a él en ropa interior no era algo para lo que estaba preparada.

- Hermosa. – Sus labios recorrieron mis hombros, con dulces besos, y sus dientes mordieron, sin causar ningún daño, el hueco entre mi cabeza y mi hombro logrando que mis piernas temblaran y de mi garganta brotara un débil gemido.

Volví a estar recostada sobre el sofá cuando pude deshacerme de su molesto pantalón. Nuestras piernas se enredaron juntas y una corriente eléctrica me estremeció cuando de su boca nació un gemido al aplastar su pecho desnudo contra el mío, que aun estaba cubierto por el sujetador.

No sé en qué momento, pues estaba completamente perdida en las sensaciones intensas que me embargaban, pero de pronto me encontraba completamente desnuda bajo el cuerpo de Edward y él repartía besos por sobre mi busto.

- Eres tan suave, tan hermosa. – Seguramente le había dicho eso mil veces a Tanya, pero en ese momento poco me importó. Él estaba conmigo ahora, él era mío esa noche.

Solté suspiros, y jadeos ante la forma en la que tocaba mi cuerpo, con pasión, pero a la vez con gentileza. Y yo también quise que el jadeara con mis besos y mis caricias, por lo que recorrí todos sus músculos con la punta de los dedos. Le besé en cada parte de su cuerpo que estuviera a mi alcance y tuve la satisfacción de oír como pronunciaba mi nombre en mitad de un jadeo ronco.

Sus dedos expertos recorrieron mi abdomen, hasta llegar a mi intimidad, la cual rozó suavemente, acariciando con lentitud cada pliegue, logrando que jadeara y sintiera cosquillas en la punta de los dedos de los pies. Cuando encontró el punto más sensible de mi cuerpo y lo acarició con movimientos ondulantes creí volverme loca, ningún hombre me había tocado de esa forma ni se había preocupado de darme placer. Edward era distinto. Cuando apartó su mano, llevándose entre sus dedos parte de mi esencia, estaba al borde de alcanzar el clímax, gruñí frustrada y lo miré suplicante y demandante a la vez. Quería seguir sintiendo sus dedos contra mi centro.

Mi miró fijamente a los ojos sin mediar palabra y me sonrojé furiosamente cuando lamió lascivamente sus dedos húmedos de mi esencia y murmuró algo que no llegué a oír, luego se inclinó contra mi oído y allí habló.

- No quiero que llegues así. Quiero que lleguemos juntos. – Dijo esas palabras en un susurro sensual. Yo sólo pude asentir, aun jadeante.

Cuando la última prenda que cubría su cuerpo fue arrancada, se separó un poco de mí y me miró a los ojos con intensidad. Sus ojos llameaban con deseo, en un fuego verde totalmente devastador.

- Dime que me detenga ahora, y lo haré. – Su voz sonó áspera, llena de excitación, en el silencio de la habitación.

- Si te detienes te juro que te mato. – Traté de sonar sensual, y quizás lo conseguí ya que atrajo mi cuerpo al suyo, y entró en mí lentamente, consiguiendo que mi cabeza cayera vencida hacia atrás.

El placer se extendió por mi cuerpo concentrándose en ciertos lugares de mi anatomía. La sensación de su cuerpo unido al mío era indescriptible, no había adjetivos suficientes para describir la forma en la que él me hacía sentir.

Edward movía sus caderas en un ritmo constante, placentero pero también desesperante. Yo necesitaba más, necesitaba más de él. Necesitaba que se moviera con más rapidez, por lo que elevé las caderas buscando que aumentara la rapidez de sus embestidas. Él al parecer quería torturarme, porque ignoró mis demandantes movimientos y siguió su propio ritmo logrando que soltara un ligero gruñido de inconformidad.

Debía admitir, sin embrago, que a pesar de estar siendo tan malditamente malvado conmigo al moverse tan endemoniadamente lento, estaba logrando lo que con Jacob jamás había logrado: sentir un placer más allá de la razón. Un placer que lograba que sintiera que estaba en una nube, muy, muy alto en el cielo, tocando las estrellas con las puntas de mis dedos.

- Edward, más… más. – No podía hablar, pues estaba ocupada gimiendo contra la piel de su cuello, el cual había perdido la cuenta de las veces que había recorrido con mis labios.

- Vas a lograr volverme loco. – Me dijo jadeando, y luego atrapó el lóbulo de mi oreja entre sus dientes.

Moví en círculos las caderas, al tiempo que él, al fin haciendo caso a mis ruegos, aumentaba la velocidad de sus movimientos, logrando que ambos alcanzásemos el ansiado clímax.

Se derrumbó sobre mí, sin aplastarme, y estuvo así durante varios minutos, recuperando el aliento perdido durante nuestro acto. Cuando su respiración se normalizó hizo unos movimientos algo torpes hasta lograr que mi cuerpo fuera el que estuviera sobre el de él.

- Bella. – Empezó a decir, cuando apoyé mi mentón sobre su pecho y le miré.

- No arruines el momento. – Le di un suave beso en el pecho, antes de que él me alzara en brazos y me llevara hasta su habitación.

Todo había comenzado como una simple noche de sexo, dos jóvenes disfrutando del mayor placer que podía alcanzar el ser humano. Pero poco a poco se fue tornando en algo mucho más serio.

Después de aquella noche, en la que hicimos el amor hasta quedarnos rendidos en los brazos del otro, recuerdo haber salido huyendo de su departamento cuando el primer rayo de sol atravesó el cristal de la ventana. Ninguno de los dos volvió a hablarse ni dirigirse más de una mirada cuando nos encontrábamos. Supongo que la vergüenza nos hizo actuar así.

Pasó un mes, y Jacob no hacia más que perseguirme para pedirme perdón, y yo decidí darle una segunda oportunidad. Por supuesto, fui muy tonta al creer que él cambiaría, volvió a engañarme, aunque esta vez lo encontré besándose con una chica en la salida de su trabajo. Me juró mil veces que la chica se había lanzado sobre él, pero yo le pedí un tiempo, y me fui a buscar a Alice, ella siempre tenía un plan para hacerme sentir mejor, aunque en esta ocasión, aunque no quisiese admitirlo, sentía más herido mi ego que mis sentimientos.

Toqué el timbre de la casa de los Cullen insistentemente. Necesitaba ver a mi amiga, ya le había llamado y se suponía que estaría esperándome.

La puerta se abrió y me encontré frente a Edward, la última persona que quería ver en estos momentos. Verlo frente a frente siempre hacia que mi corazón latiera desbocado y me odiaba por ello.

- Hola, Bella. – Saludó con voz aterciopelada. No me miró en ningún momento a los ojos. – Pasa, Alice está arriba.

- De acuerdo. – Entré y subí las escaleras corriendo, tropezando en más de una ocasión.

Alice pasó la tarde conmigo, vimos películas y conversamos de una y mil cosas, pero jamás me atreví a tocar el tema de su hermano y lo que había pasado hacia más de un mes. No sabía como reaccionaría si supiera que me había acostado con Edward, a Alice jamás le gustaban las novias de su hermano y despotricaba la mitad del tiempo contra Tanya.

- Bella. – Alice chasqueó los dedos delante de mis ojos y salí de mi ensoñación.

- Perdón, ¿Qué?

- Te decía que si no te importaba quedarte sola unas horas. Jasper me acaba de llamar, dice que tiene una sorpresa para mí. – Se movía inquieta esperando mi respuesta.

- No, no te preocupes por mí, me iré a casa.

- ¡No, nada de eso! No te haré conducir con esa cachara vieja que tienes a través del diluvio que hay allá afuera. – Le dediqué una mueca por la forma en la que llamó a mi hermoso monovolumen rojo. – Te quedarás a dormir esta noche.

- De acuerdo, ve con Jasper, yo me quedo aquí.

Alice se había ido hacia menos de media hora y yo estaba enfrascada leyendo un libro que había sacado de su estantería, cuando una suave música de piano llegó hasta mis oídos. Me levanté de la cama de mi amiga, y bajé las escaleras, la música parecía llamarme, era suave y dulce, con el toque justo de melancolía.

Cuando estuve en el primer piso, mis ojos se quedaron clavados en la espalda de Edward, que estaba sentado frente al piano, sobre un banquillo pequeño, forrado en cuero de color negro. Siempre había visto aquel piano pero jamás se me había ocurrido que era de Edward, siempre pensé que la tocaba era Esme, la esposa de Carlisle y madre de Edward y Alice.

Observé como los dedos de Edward revoloteaban sobre las teclas blancas y negras con tal delicadeza que parecía que apenas rozaba la superficie marfileña. Sus dedos eran ágiles y rápidos, casi sensuales en los movimientos que efectuaba. Parecía que le estaba haciendo el amor al piano…

Me sonrojé al recordar lo que era sentir sus dedos sobre mi piel, y la forma en la que me había hecho suya…

- Es hermoso. – Me encontré susurrando. La música paró abruptamente, en medio de una maraña de notas malsonantes. – Lo siento, no quise interrumpirte.

- No, está bien, no te preocupes. – Me seguía dando la espalda, por lo que me envalentoné y subí la tarima en la que estaba el piano, y me senté a su lado en el banquillo.

- Ya no me miras, no me hablas. – Toqué una nota al azar, distraídamente. – Seguramente te arrepientes de lo que pasó aquella noche, pero no te preocupes, yo no diré nada, hagamos como que nada pasó.

- Ese es el problema, Bella. –Murmuró de pronto. Me miró y las joyas esmeraldas que tiene por ojos me atraparon. – No me arrepiento de nada. - Con sus nudillos rozó mi mejilla. – Y no quiero hacer como que nada pasó.

Un silencio tenso nos envolvió. No perdimos el contacto visual en ningún momento, hasta que él suspiró y apartó la vista. Hizo una mueca antes de pararse, dejándome sola y se encaminó hasta las escaleras.

- Espera. – Me paré rápidamente y tomé su brazo. – No quieres hacer como que nada pasó, no crees que haya sido un error. – Lo vi fruncir el ceño. - ¿Por qué?

- ¿Para ti fue un error, Bella? – Vi el dolor pintado en sus facciones.

- No, pero para ti debería serlo. Tienes a tu lado a la mujer más hermosa del mundo, y te vas a casar con ella.

- No me voy a casar con la mujer más hermosa del mundo, porque la tengo frente a mí y es sólo una Swan – No pude evitar esbozar una sonrisa cuando dijo eso, pues significaba que aun recordaba lo que le había dicho aquella noche. - y eso me bastaría a mí, pero no a mi padre.

- ¿Y qué propones que hagamos?

- No puedo pedirte nada, Bella, excepto que dejes de considerar lo que pasó como un error.

- Tengo una propuesta mejor. – Me observó expectante. – Olvidémonos de los apellidos. – Me puse de puntillas hasta alcanzar sus labios. – Quiero que me hagas lo mismo que le hiciste al piano.

Yo misma había empezado con este juego. Yo misma había alcanzado el cielo con la punta de los dedos y luego había caído en el infierno con un solo beso, con una sola decisión.

Mis ojos se cerraron involuntariamente mientras trataba de reprimir las lágrimas fallidamente, estas se derramaron desde la comisura de mis ojos y bajaron lentamente por mis mejillas. Traté de secarlas como pude, pero aún así estas mojaron la almohada.

Dolía mucho saber que esta era la última vez que vería a Edward. Esta sería la última vez que sus brazos me rodearían durante toda una noche después de hacer el amor. De ahora en adelante él le pertenecería a Tanya, su futura esposa, y yo tendría que conformarme con saber que él conservaría las empresas de su padre, y que aquella mujer que me lo estaba robando intentaría hacerlo feliz, le daría los hijos que yo no le daría…

Apreté los dientes, llena de celos cuando esos pensamientos surcaron mi cabeza. ¡Yo quería ser esa mujer! Yo quería ser la mujer que lo vería despertar todas las mañanas y besaría sus labios, la que le daría hijos de cabellos cobrizos y ojos verdes…

Sollocé y apreté la cara contra el pecho de Edward, fingiendo estar tratando de acomodarme en la cama, inquieta.

- Bella, deja de moverte. – Susurró Edward riendo suavemente. Sus dedos se deslizaron por el contorno de mi cintura.

- Lo siento. – Quité el brazo que tenía apoyado en su cadera, e hice ademán de darme la vuelta. Él al ver mis intensiones, por supuesto, no me dejó.

- ¿Qué haces? – Abrió un ojo y me miró. Fue entonces cuando sus ojos se abrieron de golpe al ver mi rostro bañado en lágrimas. - ¿Qué sucede, Bella? ¿Estás bien?

- Tenemos que hablar. – Me limpié las lágrimas como pude y seguí hablando. – Vístete, por favor.

- No, me vas a decir ahora mismo qué sucede.

- Edward, por favor, vístete y hablamos. – Me observó, limpió mis lágrimas con sus dedos y depositó un beso sobre mis labios, y luego otro sobre mi frente, antes de sentarse en la cama y comenzar a vestirse.

Cuando ambos estuvimos vestidos, salí de la habitación sin mirarlo siquiera, esperando que me siguiera, y así lo hizo. Respiré hondo, dándome valor para decir las palabras que lo alejarían de mi lado para siempre.

- Esto se tiene que acabar, Edward. – Le dije lo más seria posible. – No podemos seguir juntos, no podemos seguir con esto, nos estamos haciendo daño. Tú tienes una prometida y te vas a casar con ella, y yo…

- ¿Tú qué, Bella? – Se acercó hasta quedar parado frente a mí, y tomó mi rostro entre sus manos. Traté de apartarme, pero no me me lo permitió.

- Volveré con Jacob. Quizás aun puedo rescatar algo de que lo que tenía con él antes de que…

- Antes de que nos comenzáramos a acostar. – Apretó los dientes con furia. – Volverás con Jacob, el hombre que te engañó dos veces, muy sabia decisión, Isabella. – Soltó una carcajada seca y sin traza de alegría. Me encogí cuando pronunció mi nombre completo con tanta furia.

- Edward, no seas cruel.

- ¡¿Es que acaso lo nuestro no significa nada para ti, Bella? – Soltó mi rostro, súbitamente triste.

- La pasamos bien, Edward. Eres espectacular en la cama, pero yo amo a Jacob y deseo intentarlo con él nuevamente. – Mentí. – Además tú también obtuviste lo que querías de mí. Te acostaste conmigo, te entretuviste y ahora puedes volver con Tanya, yo no diré nada de lo que pasó entre nosotros.

- ¿Qué dices? ¿Crees que estuve contigo por simple entretención? – Se enfureció nuevamente, como yo sabía que sucedería. Apreté los labios y entrecerré los ojos, aguantando las lágrimas que pugnaban por escapar de mis ojos.

- Sé que es así, Edward.

- No sabes nada. – Me espetó.

- Esto tiene que terminar ahora, antes que sea demasiado tarde y ya no podamos dar vuelta atrás. – Le dije al ver que no hablaba.

- Para mí ya es demasiado tarde. – Cuando volvió a enfrentarme sus ojos estaban acuosos, conteniendo las lágrimas. – Te amo, Bella.

Su confesión me dejó sin aliento por un segundo, y quise gritarle que lo amaba con todas las fuerzas de mi corazón, pero no podía. Lo nuestro tenía que terminar antes de que yo aceptara ser su amante, el único puesto que él podía ofrecerme en su vida.

- No mientas, Edward. – Sabía que estaba siendo sincero, pero yo buscaba alejarlo de mí, no darle esperanzas de volver a estar conmigo. – Si me amaras lucharías por mí, y ya no tendrías esa alianza en tu dedo. – Señalé su mano. - Lo único que me puedes ofrecer es ser tu amante.

- Bella, por favor, dame tiempo, puedo encontrar la salida de todo esto, puedo…

- No, Edward, esto es lo mejor. –Le di el último beso en los labios. – Adiós.

Salí de su departamento cerrando la puerta de un portazo. Corrí por las escaleras, sintiendo los golpes que Edward propinaba contra la puerta de su departamento y sus gritos frustrados. Corrí más rápido, queriendo alejarme lo más rápido posible, cayéndome en varias ocasiones, hasta que llegué al primer rellano, donde alcancé la puerta de salida y pronto ya estaba en el lluvioso y frío exterior.

No recuerdo muy bien qué sucedió, sólo sé que estuve horas y horas dando vueltas sin ningún rumbo, dando tumbos, cayéndome, sin preocuparme por nada, simplemente saboreando el dolor, la agonía que sentía al estar lejos de Edward y tener la certeza de que ahora me odiaría con todas sus fuerzas.

Los meses pasaron, y no volví a ser la misma. Me enfrasqué en mis estudios y a pesar de eso mis calificaciones bajaron considerablemente. Apenas veía a Alice, pues hablar con ella traía consigo el dolor de recordar a su hermano. Ya nunca pronunciaba su nombre, pues dolía enormemente.

- ¡Bella, te estoy hablando! – Gritó Alice, no la había visto acercarse y mucho menos sentarse frente a mí en la cafetería de la universidad. Dejé de jugar con la comida y la miré. - ¿Qué te pasa, Bella? Hace meses que estás tan rara, me evitas a toda costa y ya no andas sonriendo por todas partes como antes.

- No es nada, Alice. Estoy bien.

- ¿Bien? – Rebuscó en su bolso y sacó un pequeño espejo, el que puso frente a mí. Eché un vistazo a mi cabello desaliñado, mis ojos cansados, con ojeras y mi piel cenicienta - ¡Mírate! Estás hecha un estropajo. ¿Me vas a decir de una vez por todas qué te sucede?

Decidí que era momento de ser sincera con mi amiga. Ella se merecía la verdad.

- Aquí no, Alli. – Le dije parándome y dejando la bandeja vacía sobre la mesa. Me dirigí hasta mi coche y me subí en la parte de atrás, aprovechando que era una camioneta y esperé a que Alice se subiera de un salto.

- ¿Aquí sí me puedes contar?

- Promete no odiarme. – Le dije mirando mis rodillas flectadas y rodeándolas con los brazos.

- ¿Qué podrías hacer para que te odie? – Fruncí el ceño y ella suspiró. – De acuerdo. Lo prometo, prometo no odiarte. – Levantó la mano derecha y la puso sobre su corazón.

- Me acosté con tu hermano, Alice. – Le confesé comenzando a llorar.

- ¿Qué? – Me miró como si me hubiese salido un tentáculo en la frente. - ¿Estás bromeando, cierto?

- Sabía que me odiarías. – Escondí la cara entre las rodillas y lloré con más fuerza. – Lo perdí a él y ahora ti, mi mejor amiga.

- ¿Cuántas veces te acostaste con él? – Sentí un movimiento y el sonido de sus zapatos contra el metal del vehiculo.

- No lo sé. – Me ruboricé y levanté la vista, Alice estaba agachada con sus manos sobre mis rodillas. No parecía enojada, más bien curiosa y había otra emoción más en su rostro que no supe identificar. – Estuvimos juntos durante cinco meses, los mejores cinco meses de mi vida, Alice. Pero no estaba bien, tu hermano se va a casar con Tanya, y yo no puedo ser la amante, no podría soportarlo.

- ¡¿Cinco meses? ¿Cómo no me di cuenta antes? – Se rió pícaramente y alzó las cejas sugestivamente. – Por eso estabas así de contenta después de terminar con Jacob, conociéndote deberías haber estado hundida en la depresión, pero estabas cantando y riendo todo el tiempo. – Entrecerró los ojos. – Y Edward también estaba raro, desaparecía de la nada, y estaba tan contento todo el tiempo. Mamá y papá creían que se debía a que al fin le había tomado cariño a la idea de casarse con Tanya. – De pronto, frunció el ceño. - ¿Terminaron por culpa de Tanya?

- No podía seguir con él, no podía seguir siendo la otra en su vida. Le hice creer que amaba a Jacob y que quería volver con él. Le dije que lo mejor era separarnos.

- Todo tiene sentido ahora. – Frotó mis brazos con sus manos y me hizo mirarla a los ojos. – Hace un mes Edward dejó a Tanya. – Abrí la boca y no supe que decir, por lo que la cerré nuevamente. - Nuestro padre casi lo mata cuando se enteró y lo mandó a estudiar al extranjero, lejos de todos como castigo. Edward ni siquiera rechistó, dijo que necesitaba alejarse de aquí.

- ¿Dejó a Tanya? – Solté el aire de mis pulmones con fuerza.

- Sí. Dijo que ya no valía la pena nada, que si papá quería desheredarlo que lo hiciera. – Miré por sobre la cabeza de Alice y nuevas lágrimas salieron de mis ojos. - ¿Lo amas, Bella?

- Con cada fibra de mi ser. – Sincerarme con Alice fue como sacarme una mochila de gran peso de la espalda. Ella me abrazó fuertemente con sus delgados brazos y luego me obligó a ir hasta el baño para peinarme y arreglarme un poco, mientras murmuraba cosas sin cesar ni un segundo.

- Irás a buscar a Edward. – Concluyó después de estar media hora peinándome. – Te compraré los pasajes y lo traerás de vuelta. Papá ya le ha arruinado lo suficiente la vida a mi hermano.

- ¿Estás loca, Alice? Edward me debe de odiar en estos momentos.

- No seas tonta, Edward es hombre de una sola mujer, créeme. Es tan chapado a la antigua. – Dijo rodando los ojos. Quise rebatir aquello, pues había hecho cosas conmigo que no tenían nada de recatadas o chapadas a la antigua, pero me quedé callada.

Una semana más tarde, estaba montada en un avión rumbo a Inglaterra. No había forma de controlar a Alice cuando algo tramaba, y yo no sabía decirle que no, a pesar de que el miedo al rechazo de Edward me hacía tener ganas de ir al baño y vomitar. Tenía el estomago apretado y revuelto.

Cuando el avión despegó supe que ya no tenía opción, y esperé pacientemente hasta que llegué a mi destino. No pude dormir ni siquiera un mísero minuto y me hallaba agotada cuando el avión aterrizó y pude bajarme al fin.

Con mi maleta en la mano, salí al frío exterior, y comencé a caminar por las heladas calles de Londres. Agradecía a Dios y a mi antiguo colegio el haber realizado una gira de estudios a este país, pues aun podía reconocer las calles principales y ubicarme medianamente bien.

Caminé por dos horas hasta la calle que Alice me había indicado como la calle en la que estaba el edificio donde vivía Edward. No había querido tomar un taxi para retrasar así el momento de la verdad, por eso cuando estuve parada frente a la puerta del departamento de Edward estuve a punto de salir corriendo y tomar el primer avión de vuelta a Estados Unidos…

… Pero no lo hice, sino que me dije a mí misma que debía ser valiente, contar hasta tres y elevar mi mano para golpear con mi puño la puerta. No era tan difícil, después de todo había cruzado el océano para estar parada frente a esta puerta.

Uno… dos… tres… Dije los números en mis pensamientos e inspiré una gran bocanada de aire antes de golpear con mis nudillos la madera color caoba de la puerta.

Escuché un par de maldiciones y los pasos firmes de Edward antes de oír claramente como el pestillo era quitado y de pronto ahí estaba él, el amor de mi vida, parado en el umbral, observándome fijamente, como si fuera una alucinación.

- Hola. – Murmuré. Él no contestó, se dio la media vuelta y entró en el departamento, dejando la puerta abierta.

- Genial, genial, genial. – Masculló. - Ahora alucino y no he fumado nada ilegal.

- ¿Alucinar? – pregunté cerrando la puerta. Un fuerte olor a tabaco y alcohol llenaba el lugar. Había varias botellas de Cerveza, Vino, Ron y Whisky sobre la alfombra.

- Tú no estás acá, tú estás muy lejos de mí, disfrutando de tu amor con ese imbécil de Jacob Black. – Escupió cada palabra llena de rencor. Se dejó caer en el sillón y dio un trago excesivamente largo de una botella cuya etiqueta no podría ver, pero al parecer era Whisky.

- Edward, estás ebrio, dame eso. – Me acerqué a él y le quité la botella de las manos. Nunca lo había visto borracho, por lo que sabía sólo bebía en fiestas y no más de unas cuantas cervezas.

- ¡Hey! ¡Devuélveme eso! – Trató de quitármela, pero estaba tan ebrio que cayó nuevamente en el sofá. – No te basta con haberme enamorado para luego dejarme tirado, ahora también me quitas el único bálsamo que tengo para no pensar en ti, para dejar de sentir… - se paró tambaleante, fue hasta la cocina y sacó una botella de cerveza. - tengo que dejar de sentir…

Lo observé con dolor. Yo le había causado todo esto, aunque él también tenía su parte de culpa, porque jamás había mostrado signos de querer luchar por mí. El amor no bastaba en nuestro caso, por que con el amor sólo nos hubiese alcanzado para seguir amándonos a escondidas.

Un estruendo llamó mi atención y salí corriendo de la cocina, dejando mi maleta, la cual no había soltado aun, en el camino. La botella que Edward llevaba en sus manos estaba ahora rota en el suelo, y su contenido manchando la alfombra.

- Maldita sea. – Se volvió a dejar caer en el sofá y se recostó allí. Al parecer de verdad creía que era algún tipo de alucinación, porque no me hablaba y parecía no recordar que yo estaba ahí.

- Edward. – Susurré. No podía hablar con él en ese estado. – Me tengo que ir, volveré mañana.

- ¡No! – Me suplicó. – No te vayas, quédate conmigo.

Me sorprendió cuando estiró sus brazos y me agarró una mano, jalando de ella hasta dejarme recostada sobre su pecho. Suspiré de placer ante la cercanía de su cuerpo. Había extrañado su contacto. Él por su parte suspiró y me hizo girar en el estrecho mueble, hasta que quedé prisionera entre el respaldo del sofá y su cuerpo.

- No te vayas. – Balbuceó durmiéndose. Cansada como estaba, me fui durmiendo, sin pesadillas, sin sueños, completamente en paz, aunque una vocecita en el fondo de mi cabeza me decía que no me confiara, no sabía cómo reaccionaría Edward con mi presencia al día siguiente, cuando estuviera sobrio.

Levanté los parpados lentamente, encontrándome sola en el sofá. Miré a mí alrededor, y reconocí el departamento de Edward, pero mucho más ordenado, ya no había botellas regadas en el suelo.

- ¿Qué haces aquí, Bella? – La voz de Edward me llamó desde arriba de mi cabeza. Me giré asustada y lo vi apoyado en el respaldo del sofá, mirándome fijamente. Su pelo estaba mojado y se había afeitado.

- Tengo que hablar contigo.

- ¿No podías decirme lo que sea que tengas que decirme por teléfono?

- No es algo para hablar por teléfono. – Me senté y me restregué los ojos. Me picaban un poco y tenía la espalda agarrotada.

- Hay desayuno en la cocina, si quieres. – Sentí el sillón hundirse a mi lado, bajo el peso de Edward.

- No, gracias, no tengo hambre. – Lo cual era verdad, sentía que las mariposas que normalmente revoloteaban en mi estomago cuando estaba en su presencia, estaban siendo atacadas por piedras que chocaban contra mis costillas, causándome dolor.

- ¿Cómo supiste que estaba en Londres y mi dirección? – Preguntó.

- Alice. – Respondí. Él hizo un sonido extraño con la garganta. No me atreví a mirarlo.

- ¿Qué es tan importante como para viajar hasta aquí para hablar conmigo? – Inquirió ansioso después de unos minutos en los que los dos permanecimos callados.

- No sé por dónde empezar. – Dije sinceramente.

- El principio es un buen comienzo.

- Perdóname, por favor. – Fue lo primero que salió de mi boca. - Yo te mentí y lo siento mucho, jamás volví con Jacob, jamás le amé, le quise y mucho, pero jamás con la intensidad con la que te amé, te amo y te amaré a ti.

- ¿Qué estás diciendo? – Su voz sonó atragantada. Al fin, me armé de valor y levanté el rostro hasta trabar mi mirada en sus ojos confundidos.

- Creí que era mejor dejarte, creí que podrías olvidarme, creí que todo lo nuestro era un error, tú te casarías con Tanya y yo no podría soportar saber que yo sólo sería tu amante, que jamás podría tomar tu mano en público o besarte. ¿Y si quedaba embarazada de ti? – Mi voz se quebró en un sollozo. – Nuestros hijos serían unos bastardos y no podría soportar eso. Y maldita sea, Edward todos estos meses me has hecho tanta falta y…

- Yo jamás te hubiera pedido que fueras mi amante. - Interrumpió mi discurso.

- Yo te hubiese rogado porque me dejaras al menos ser tu amante, Edward. – No aguanté más y comencé a llorar.

Sus brazos me rodearon y yo me deslicé entre ellos hasta que mis rodillas dieron con la alfombra.

- Perdóname, por favor, por favor. – Él me levantó del piso y me dejó sentada sobre sus rodillas.

- ¡No vuelvas a hacer eso! – Limpió las lágrimas de mis ojos. – Escúchame bien, Isabella Swan, yo debería ponerme de rodillas frente a ti y rogarte perdón. No debería haberme dejado llevar por mis sentimientos y haberte enamorado. Te he culpado todo este tiempo por dejarme, pero estabas en todo tu derecho de abandonarme, porque jamás te di tu lugar, jamás fui capaz de luchar por ti. Yo debería ponerme de rodillas y rogar porque perdones todos los errores que he cometido.

- No tengo nada que perdonar. – Tomé la mano donde antes había estado su anillo que simbolizaba su futura unión con Tanya y besé sus dedos. – Ya no hay nada ni nadie que nos separe.

- Te he extrañado tanto. – Murmuró hundiendo su rostro en mi pelo.

- ¿Qué has extraño de mi? – Pregunté aun con lágrimas en los ojos.

- Todo. – Suspiró. – He extraño la suavidad de tu piel, el delicioso olor a fresias que desprende tu pelo cuando lo agitas. – Desordenó mi pelo con una mano. – He extrañado verte dormir abrazada a mí, completamente desnuda. – Ronroneó en mi oído. – He extrañado que me mires a los ojos y el sonido de tu voz cuando dices mi nombre.

- Te amo, Edward. – Era la primera vez que se lo decía de frente, y me sonrojé un poco.

- Yo también te amo, Bella.

No sé quien acortó la distancia primero, lo único que sé es que cuando junté mis labios con los de él todo volvió a su lugar. Mi mundo dejó de estar boca abajo, todo estuvo en orden y equilibrado.

- He extrañado hacerte el amor. – Murmuró en mi oído y me estremecí. Necesitaba saber y sentirlo mío, necesita que me hiciera el amor.

Volvimos a besarnos con tanta pasión que la cabeza comenzó a darme vueltas y me mareé teniendo que afirmarme fuertemente de sus hombros.

Me dejó sentada a horcajadas sobre él. En esta posición podía sentir claramente como se iba excitando ante mis caricias, lo cual me hacía sentir hermosa, fuerte y poderosa. Yo causaba esas reacciones en él, después de todos esos meses en los que no lo había visto, aun podía excitarlo, aun podía amarme.

Nos desvestimos con lentitud, no había prisa, ya no había horarios que respetar para estar juntos, ya no teníamos que escondernos, ahora teníamos todo el tiempo del mundo para amarnos sin ningún tipo de tapujo o miedo.

Besé cada parte de su cuerpo, de la misma forma en la que él beso y rindió culto a cada centímetro de mi piel. Sus manos rozaron mi cuerpo, desde el cuello hasta las caderas y sus labios, húmedos y avariciosos, recorrieron mi cuello, mis pechos, mi abdomen, regalándome besos que sabía que buscaban marcarme como suya.

Muy pronto estuve solo en ropa interior sobre él, que se las había arreglado para sacar mi falda y el suéter, así como las botas que llevaba, sin apenas separar nuestros cuerpos.

- Esto no es justo. – Deslicé mis dedos por los botones de su pulcra camisa blanca y comencé a desabrocharlos. - Me tienes semidesnuda sobre ti y tú aun estás vestido. – Besé su cuello y perdí la paciencia con los botones, por lo que tiré de su camisa hacia los lados logrando que los botones salieran volando en distintas direcciones.

- Era nueva, Bella. – Se río mientras se terminaba de quitar la molesta prenda y la aventaba lejos.

- No me importa. – Besé su clavícula y lamí un poco su piel, con cierta vergüenza, nunca me acostumbraría a su sabor.

Me quitó el sujetador y le dedicó mucho tiempo a acariciar mis pechos con sus dedos y con su boca. Gemí y jadeé indicándole que cada una de sus caricias me llevaban un centímetro más cerca del cielo.

Se separó de mí y sus ojos llenos de deseo me observaron. Deslicé mis dedos por su rostro, temiendo que fuera un sueño y él ya no estuviera a mí lado.

Las caricias siguieron su curso, y de pronto ya no había más ropa que quitarnos, estábamos desnudos, uno frente al otro nuevamente. Me mordí el labio inferior ante la anticipación. Era maravilloso sentir su cuerpo desnudo junto al mío, pero también sabía que necesitaba más, necesitaba desesperadamente que me hiciera el amor.

Su miembro rozo suavemente mi sexo y gemí ansiosa. Me apoyé en sus hombros y él puso sus manos en mis caderas, impidiéndome cualquier movimiento.

- Edward. – Reclamé. Él se rió temblorosamente, conteniéndose.

- ¿Qué, mi amor? – Besó mis mejillas, y descendió, dando besos, hasta mi hombro.

Me ayudó a decender lentamente, penetrándome con cuidado, dándose tiempo para besarme largamente mientras iba entrando en mi cuerpo poco a poco.

El mundo entero podría haber explotado y yo no me hubiese enterado. De lo único que estaba conciente era que Edward se movía dentro de mí cada vez con más rapidez, respondiendo a mis movimientos, compaginándonos, complementándonos al mismo ritmo, como dos piezas de un mismo rompecabezas.

Enterré las uñas en su espalda cada vez que sentía el roce tibio de su piel contra la mía. Las corrientes eléctricas que viajaban por todo mi cuerpo eran exquisitas, y me dejaba perder en ellas cada vez más, anhelando llegar a la cima, a la cúspide del placer.

Entonces, Edward me obligó a mover las caderas en círculos, aumentando el placer para ambos, multiplicándolo por mil y supe que no lograría estar moviéndome sobre su cuerpo por mucho más tiempo antes de llegar al orgasmo.

- Te amo, te amo. – Le murmuré enterrando la cabeza en su cuello y moviéndome al ritmo que marcaban sus manos sobre mis caderas.

- No más que yo a ti. – Dijo entre jadeos.

Sus dedos se enterraron en mis caderas y no pude moverme más, pues el clímax me hizo arquear la espalda y soltar un gemido mezclado con su nombre a medio pronunciar. Edward por su parte movió sus caderas un par de veces más, intensificando las fuertes sensaciones que me envolvían, y lo sentí llegar a su propio clímax, compartiendo el paraíso conmigo. Caí sobre su pecho como una muñeca de trapo, y él me recibió envolviéndome en sus brazos.

Recordé vagamente, mientras disfrutaba del sonido atronador de su corazón contra mi oído, que la primera vez que habíamos tenido relaciones también había sido en un sofá.

- ¿Qué es tan gracioso? – No me había dado cuenta, pero estaba riendo sin fuerzas.

- La primera vez que estuvimos juntos también fue en el sofá de tu departamento.

- Pero al otro lado del mundo.

- Deberíamos dejar de hacerlo en los sofás, alrededor del mundo. – Me reí. Era sorprendente lo fácil que era ser yo misma y bromear cuando estaba junto a él.

- Uf, sí. Mi espalda queda hecha polvo. – Dijo socarrón, iba a contestarle, pero me sorprendió cuando me tomó en brazos al igual que aquella primera vez. – Deberíamos ir a probar la cama.

No puse ninguna objeción. Podía hacer el amor en una cama, en el sofá, en el suelo, o donde fuera, mientras estuviera entre los brazos de Edward nada podría preocuparme. Después de todo nuestra historia de amor había comenzado en un sofá.

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(1*) Ilusiones: No sé en otros países, pero aquí en Chile se está popularizando esta costumbre. Cuando una pareja decide casarse se pone unas alianzas, que llaman "ilusiones", simbolizando el compromiso a largo plazo.