Dark Chat

domingo, 6 de marzo de 2011

Corazon de Hierro

Cap. 4 Resistencia


—No puedo creerlo —dijo la asombrada voz de Rosalie, levante mi vista y ella tenía sus puños apretados—. ¡Ese mal nacido te humilló todo el día!

—Lo sé, lo sé —acepté, escondiéndome nuevamente entre mis brazos.

—Bella, pero no puedes permitirlo —dijo, con un tono que demostraba claramente que estaba muy enfadada.

—¿Y qué quieres que haga? ¡Él es mi maldito boleto para salir de esa casa! —le dije, alzando mi voz y conteniendo mis lagrimas—. Aunque sea un maldito… tendré que aguantarlo.

—¡Dios Bella! ¡Caíste en la casa de un vampiro! —dijo con un poco de melodrama.

—Lo sé, pero eso ya no importa —la sola imagen de Carmen maltratando a mi familia me hacía resistir… tenía que resistir.

—¿Y qué vas a hacer?

—Nada ¿qué más? Mañana iré a trabajar y listo, asunto resuelto.

—Demonios Bella, esto más que un remedio parece la misma enfermedad, sales de la casa de una maldita para ir a meterte a la de otro.

—Sí, pero esto no es tan malo, Rose. Sólo tengo que asistirlo y obedecer, nada más.

—¡Dios! —dejo salir Rose con exasperación.

—No te preocupes amiga, estaré bien —mentí.

—Eso espero Bella, si no, te sacare del pelo de esa casa —su broma me hizo reír.

Hablamos un poco mas y cuando vi que el reloj marcaba las siete y media, me levanté precipitadamente, era la hora de cenar y debía hacerlo en casa y con mi familia.

—Llámame cualquier cosa ¿sabes que te apoyo verdad?

—Lo sé amiga, gracias.

—Cuídate Bella.

—Lo hare.

Nos dependimos con un fraternal abrazo y partí hacia el departamento. Las calles de Chicago estaban mas frías, ya entrada la noche el frío hacia estragos en cualquier parte de la ciudad, por una extraña razón me pregunté: ¿qué estará haciendo Edward Cullen en éste momento? Por la mujer que entró cuando yo me fui de su habitación ya podría imaginar lo que estaría pasando. Un escalofrió me recorrió la espalda. Caminé a la deriva por unas cuantas cuadras, llegué a la calle en donde vivíamos y casi palidecí al sentir a Kate gritar.

—Demonios —dije, subiendo rápidamente las escaleras, al subir a nuestro piso los gritos de dolor se hacían más fuertes, llegué a la puerta y la abrí como pude— ¡No! —grité horrorizada—. ¡Déjala!

—¡Bella! —el grito de dolor de Kate me partió el alma, corrí hacia donde estaba y no pude controlar lo que paso. Saqué de encima de mi hermana el cuerpo borracho y drogado de mi madrastra.

—¡¿Qué demonios te pasa, mal parida? —le grité a Carmen, miré su cara y sus ojos estaban completamente desorbitados

—Vete al demonio hija de puta, estaba pegándole a ésta atrevida porque no me hizo de cenar —me dijo, tambaleándose y poniendo una mano en la muralla.

—¡Te voy a matar! —le dije, abalanzándome contra ella.

Nuestra pelea comenzó con puñetazos y patadas, Carmen me rasguñó los brazos para tratar de soltarse, pero el instinto animal y de supervivencia que vivía dentro de mi se hizo presente, nadie iba a tocar a mi familia, nadie.

—¡Te juro que no volverás a tocarla! —le grité mientras le apretaba el cuello contra la muralla.

—¡Bella! —un grito ahogado salió de la garganta de mi padre. Busqué rápidamente su voz y lo vi tirado en un rincón, su frente estaba partida y había mucha sangre esparciéndose por su rostro.

—¡Papá! —grité sin poder contener las lágrimas de desesperación.

—¡Bella, ya para! Déjala —me pidió mi padre, miré el cuerpo convulsionante de Carme, ella se retorcía en el suelo tosiendo y buscando calmar su respiración.

—¡Maldita perra! —le grité cuando pude sentar a mi padre nuevamente en su silla de ruedas.

—Ésta me las pagas, maldita, te juro que me las pagas.

—Juro que si les vuelves a hacer algo te mato —acorté la distocia que nos separaba y con mi puño bien apretado le di en toda la quijada

—¡Puta! —me gritó, abalanzándose encima, sentí que caímos encima de algo muy duro, a los pocos segundos esa estructura también cedió llevándonos directamente al suelo. Carmen trataba de pegarme y de arañarme la cara constantemente, pero yo no la dejaba. Mientras estabamos forcejeando vi que Kate pasó rápidamente por al lado de nuestra pelea, unos segundos mas tarde sentimos un estruendo y Carmen cayó desmayada encima mío.

—¡Maldita! — grité, sacándomela de encima—. ¿Están todos bien?, ¿papá?, ¿Kate?

—Sí, yo lo estoy —dijo mi pequeña hermana con sus ojos llenos de lágrimas y dejándose caer en una silla.

—¡Dios mío! ¿Hasta cuándo será esto —gritó mi padre al cielo, mordí mi labio pensando en que esto había sido la gota que rebalsó el vaso, si de mi dependía que nos fuéramos, mas pronto que tarde estaríamos fuera de esta ratonera.

Saqué mi celular y marqué rápidamente a la policía, en menos de veinte minutos llegaron a la casa y semi inconciente se llevaron detenida a Carmen. Mi pequeña Kate caminó lentamente a mis brazos para buscar mi apoyo, lo único que pude hacer fue besarle el cabello y susurrarle un «lo siento». ¿Qué más podría hacer?. Después de todo el alboroto y habiéndonos librado de Carmen por algunas semanas les di de cenar y los acosté a dormir, hoy por lo menos tendríamos paz.

A la mañana siguiente le dije a Kate que no fuera a la escuela y que mejor se quedara con papá, ya que si Carmen volvía tendría que salir corriendo hacia la casa, el problema era que excusa daría en mi trabajo, pero de eso me preocupaba después.

A las ocho en punto estaba en la casa Cullen, toqué el timbre y una mucama que no conocía me abrió la puerta.

—Buenos días —me saludó muy educada.

—Buenos días, no nos conocemos, mi nombre es…

—Isabella Swan —terminó con una sonrisa—, no se preocupe señorita Swan, todas las mucamas de la casa hemos sido informadas de su presencia, pase por favor —hizo la pequeña reverencia y me concedió el paso. Me paré en el medio del hall de entrada y parecía más grande que el otro día.

—Gracias.

—Si gusta puede subir de inmediato hacia la habitación del señor, en éste momento se encuentra con el doctor, pero él la estaba esperando.

—Oh, qué bien —respondí con un fingido entusiasmo—, subiré enseguida.

Me encaminé por las largas escaleras de la mansión Cullen, se me hacia muy incomodo todas las formalidades que ocupaban en ésta casa, para ser un plomo de persona, Edward Cullen era un hombre con bastante educación. Acomodé mi ropa antes de entrar, por lo que paso anoche tenía unas cuantas marcas que no se borrarían por algunos días, solté un enorme suspiro, conté hasta diez y golpeé.

—Pase —me dijo la inconfundible voz de mi jefe.

Entré y la habitación seguía igual de lúgubre que el día de ayer, caminé por la sala de estar dejando mis cosas en los sofás, Emmett y Edward estaban sentados en la cama, Emmett examinaba a Edward, éste me quedó viendo con sus penetrantes ojos, muchos escalofríos siguieron la misma trayectoria que tenían sus ojos, produciéndome muchas sensaciones.

—Buenos días —saludó con su aterciopelada y sensual voz, ¡demonios! Su voz no era tan sensual.

—Buenos días —le respondí.

—Buenos días Bella —me saludó el doctor.

—Buenos días Emmett —respondí con un sonrojo, la mirada de Edward me los producía constantemente. Miré de reojo y él tenía sus ojos clavados en mí.

—¿Bella? —dijo, y me giré inconscientemente—. ¿Por qué la llamas así? —preguntó con desdén.

—Es el diminutivo de Isabella, ¿no Bella?

—Si es verdad.

—Oh —soltó con sarcasmo—, veo que se han hecho muy buenos «amigos» —dijo, recalcando la palabra.

—Claro, somos colegas, tú y yo también tenemos una excelente amistad —dijo Emmett, buscando su estetoscopio en el maletín.

—Pero nosotros somos hombres —agregó nuevamente con sarcasmo, Emmett al parecer no lo escucho porque siguió con su tarea, pero yo si lo había oído. Me giré y él estaba mirándome con una expresión bastante seria y tensionada.

—Bueno Edward, comencemos el día. ¿Bella? —me llamó el doctor—. Asísteme por favor.

—Claro.

Hicimos la misma ruina del otro día, Edward me seguía constantemente con sus ojos, sentía sus miradas muy pegadas a mi espalda. Al parecer le daba desconfianza mi trabajo ya que siempre observaba con mucho cuidado todos mis movimientos.

—¿Y todavía no llegan los exámenes? —preguntó de repente.

—No —le contestó Emmett—, e igual me urge verlos, ¿o has tenido ninguna crisis en la noche?

—No, espero no tenerlas, si no, tendré que necesitar los servicios de la señorita Swan todo el día y además en la noche —mi cuerpo de inmediato se tensó por completo.

—Por el momento no lo creo, espero que tu condición no empeore —miré a Edward y a pesar de que estaba sumido en una extraña enfermedad su semblante se veía igual que ayer, impenetrable.

—Esperemos que no —Emmett unos minutos mas tarde terminó el examen y se sentó a hablar con el señor Cullen.

—Bueno Edward, ahora que tenemos la presencia de Isabella no es tan necesario que yo venga todos los días.

—¿Te liberas de responsabilidades Emmett? —rió. ¿Qué le encontraba de chistoso a su comentario?

—Claro que no amigo, lo que pasa es que Isabella es bastante capaz de mantenerte como estas ahora, ¿cierto Bella? —preguntó mirándome.

—Por supuesto —le contesté.

—Bien, si hasta para hablar son un equipo — mis puños se apretaron. ¿Por qué demonios tenía que ser tan prepotente?

—Como te decía, ahora vendré sólo una vez por semana, la comunicación con Bella será por intermedio de un teléfono, así que cualquier cosa me llaman y vendré enseguida.

—Claro doctor —respondí cortés, ganándome una mirada de ¿desprecio? de parte de Cullen.

La mañana pasó rápidamente, Emmett se quedó enseñándome algunas cosas y antes del almuerzo se fue, eran alrededor de las dos de la tarde, de pronto William entró estrepitosamente a la habitación rompiendo el incomodo silencio que se formaba entre los dos.

—¡Señor Cullen! —dijo con voz bastante fuerte desde la sala, caminó rápidamente hasta la cama y se acercó para hablarle a su oído, miré por sobre el libro de medicina que ojeaba las diferentes expresiones que tomaba el rostro de Edward. William le susurraba rápidamente algo al oído, él lo escuchaba con bastante atención.

—¡Maldita sea! ¿Cómo demonios paso esto?

—No lo sé señor —dijo, alzando un poco más la voz.

—Da lo mismo, la gente inepta siempre es igual. Dile a Frederick que me traiga los informes y los balances que los revisare aquí.

—Sí, señor —el hombre desapareció rápidamente de la habitación.

—Espero no se moleste si trabajo un poco —me dijo, enfocándose en mi rostro, mi cuerpo tuvo múltiples reacciones ante su mirada.

—No se preocupe señor Cullen, es su casa.

—Y usted es mi enfermera, sólo le estaba comentando —me respondió y se sentó en la cama para recibir los papeles.

Unos minutos más tarde entró un hombre, tenía aproximadamente unos cuarenta y cinco años de edad, era de estatura media. Su rostro venía completamente desencajado, sus ojos parecían estar en cualquier parte y sus facciones se notaban increíblemente tensas.

—Señor Cullen —dijo con un visible nerviosismo, miré a Edward y él sólo levantó su mano en señal de silencio, soltó un suspiro y comenzó a hablar.

—Respira —le aconsejó—, dime exactamente que pasó.

—Señor, lo lamento… los balances de éste mes no los alcanzaron a llevar a corrección, se presentaron tal cual en la junta de accionistas causando un enorme enojo en ellos.

—¡Demonios! —gritó de repente, haciéndome saltar—. ¿Para qué carajo les pago? ¡Explícame! —insistió.

—Para… para hacer bien nuestro trabajo —respondió en un susurro, el hombre tenía la vista perdida en sus zapatos.

—¡¿Entonces por qué demonios hacen las cosas mal? ¿Te das cuenta de que hemos perdido tiempo valioso en esto? ¡Exijo saber quién es el responsable! —demandó en un grito, ¡dios!, ¿así era siempre?

—Es… es… uno de los contadores —dijo nervioso.

—Entonces que sea removido de inmediato, no puedo trabajar con incompetentes —dijo finalmente, abrí mis ojos y lo miré, su rostro era tan duro como el concreto de la calle, ninguno de sus músculos se movía, parecía que a él realmente no le importaba lo que pasara con la persona que iba a despedir.

—Sí… sí señor —tartamudeó.

—Ahora déjame los papeles para revisarlos, antes de las cinco quiero que pasen por ellos.

—S…sí señor —sentenció, retirándose. Observé la figura del hombre y estaba completamente nervioso, casi en un estado de stress. Al contrario de su jefe que parecía estar disfrutando de lo que pasaba.

—¿Qué me ve? —me preguntó, sacándome de mis pensamientos, fijé mi vista y estaba observándome.

—Nada —respondí, tratando de distraerme.

—¿Piensa que soy muy duro? —me preguntó, dejándome pasmada con la pregunta.

—¿Las enfermeras podemos opinar —respondí, girándome hacia otro lado buscando la nada.

—Si yo se los pido claro que pueden.

—Siento decepcionarlo, pero eso no está dentro de mis funciones —le respondí, ganadme una mueca de disgusto, pero no me importaba, una pequeña sonrisa triunfal apareció en mis labios.

Minutos mas tarde se concentró en los papeles que le llevaron, pasó unas largas tres horas revisando todo lo que tenía, eran por lo menos unas doscientas hojas que leyó atentamente. Cuando iba casi terminando comenzó a removerse incomodo, constantemente se agarraba el cuello o se tallaba los ojos, creo que eran consecuencias de su enorme concentración, sin duda Edward Cullen era un adicto al trabajo.

—Demonios —dijo con visible frustración.

—¿Sucede algo? —le pregunté desde un rincón en donde leía.

—Mi cabeza y la vista me están matando, necesito terminar, pero me duele demasiado, ¡maldición!

—¿Puedo ayudarle en algo? —ofrecí, al parecer no esperaba mi propuesta ya que en sus ojos vi atisbo de asombro, por primera vez sus labios me mostraron lo que podría ser una sonrisa, una pequeña curvatura en ellos me lo demostraba.

—¿Podría hacerlo? —me contestó con otra pregunta.

—Claro señor, estoy aquí para asistirlo.

—Bien —me dijo visiblemente conforme—, entonces podría leerme estos balances en voz alta.

—Claro.

Cuando me fui a parar del sillón en el que estaba sentada mi torpeza se hizo presente, dejé caer accidentalmente los libros que tenía en el regazo, miré avergonzada al señor Cullen y él me miraba con unos ojos burlones.

—Lo siento —susurré, en menos de lo que pensé se había parado de la cama y estaba en frente mío tomando los libros, me agaché para ayudarle, levanté mi mirada, pero me encontré con sus ojos que miraban atentos mis brazos, mi chaqueta se había subido dejando ver los moretones y rasguños que tenía en mis brazos. Traté de taparme, pero él hablo antes de que lo consiguiera.

—¡Dios! —exclamó, al parecer pensó un momento y prosiguió—. ¡Bah! —dijo con sarcasmo—. Si tiene sexo masoquista y duro con su novio no tiene que avergonzarse, cada loco con su tema. Sólo dígale que no le deje tanta marca —se levantó y dejó los libros en su estante, mis puños se apretaron con violencia, ¿cómo demonios me decía eso?, ¿qué sabia el de mi? ¡Nada! Si le decía que anoche tuve que defender a mi familia de una maldita loca creo que no me creería. ¡Demonios! Mordí fuertemente mi labio conteniendo el impulso de lanzarle lo primero que pillara, ¡como odiaba a la gente burlesca!

—¿Necesita que le lea? —logré articular cegada por la rabia.

—Claro —respondió con una sonrisa burlona—, prosiga.

Me comí toda la rabia que tenía dentro, unas locas ganas de llorar se apoderaron de mi, ¿cómo podía ser tan patán? ¡Es un… un… desgraciado!, ¡maldita sea! Grité en mi mente.

Después de treinta eternos minutos parecía que no aguantaría más. Me excusé y salí al baño del servicio que estaba en ese piso. Entré rápidamente trabando la puerta con el pestillo, me deje resbalar en la puerta tratando de acallar los sollozos que tenía atrapados en mi garganta.

—Demonios —susurré llorando—. ¿Por qué tiene que pasar esto? —pregunté a la nada. ¿Por qué teníamos que vivir en ésta mierda?, ¿por qué éste hombre tenía que ser tan malo?. Lo único que deseaba era salir corriendo de aquí, no verlo nunca mas, pero las ganas disminuían de inmediato al recordar la escena de anoche: Kate siendo brutalmente maltratada por Carmen al igual que mi padre, no podía hacerles esto ¡tenía que soportar! Estaba segura de que dentro de poco me haría inmune a sus comentarios.

Lavé mi cara limpiando con cuidado mis ojos, las lágrimas corrieron un poco mi maquillaje, pero nada que no se pudiese arreglar, me compuse y traté de calmarme, si ese hombre se proponía hacerme estallar no lo conseguiría, yo era fuerte, tenía que ser fuerte, dos personas dependían de mi y no las iba a abandonar. Lavé mi rostro y respiré muchas veces antes de encaminarme nuevamente a la habitación. Caminé lentamente y al entrar me encontré con William parado al lado de la cama del señor Cullen hablando con él.

—Entonces dejémoslo así, Will. Ya sabes que hacer —le dijo, y sentí inmediatamente sus ojos en mi, levanté la vista y nuestras miradas se encontraron, por escasos segundos vi sus ojos brillar y una mueca que no pude distinguir apareció en su rostro, desvió sus ojos nuevamente hacia Will ignorándome por completo, vi que el llamaba por teléfono por una red interna que había en la casa. Minutos después él me habló.

—Señorita Swan —me dijo Will, levanté mis ojos y lo miré, de seguro los tenía rojos e hinchados ya que me ardían demasiado—. Ya son las seis, es hora de que se retire —Dios… ¡Al fin! Dije sólo para mí.

—Está bien —tomé mis cosas con mas velocidad que ayer y me despedí.

—Hasta mañana —dije, evitando los ojos de mi jefe.

—Hasta mañana señorita Swan —me dijo él en el mismo tono de siempre.

Salí rápidamente de la recamara, me paré afuera y nuevamente contuve las ganas de llorar, mordí mi lengua para no ceder ante las ganas, bajé lentamente las escalas, al llegar al segundo piso mi sorpresa fue grande. Por el pasillo de la mansión Cullen venía caminando una modelo, sí, lo era. Una mujer de enormes piernas y tan alta como un poste de luz caminaba con paso de pasarela por las dependencias de la casa, tenía unos ojos color verde intenso, jamás vi algo igual. En su enorme altura ni siquiera se dio cuenta de mí ya que paso con la vista fija en frente y subió por las escaleras hacia el tercer piso, mi boca se abrió un poco y no pude disimular la sorpresa. Nuevamente la palabra «amante» repicó en mi mente, ¿se vería todos los días con su amante? La pregunta me generó una enorme curiosidad, pero la mujer de ayer no era la misma de hoy, eso significaba que Edward Cullen tenía más de una amante. Claro… para alguien de su estatus eso se debe comparar a tener perros o coleccionar antigüedades.

Me despedí del servicio y salí casi corriendo del lugar, la casa era completamente hermosa, pero en el interior se veían muchas cosas que no encontrabas afuera. Por ejemplo, un hombre que era completamente hermoso por fuera, era el dios Apolo en versión terrenal, que con una sola mirada podría despertar hasta la mas ínfima de tus conexiones nerviosas, pero por dentro era el ser mas despiadado y cruel del mundo, si compráramos en tamaño ambas partes tenían el mismo peso, su belleza y su maldad eran iguales, coexistían las dos dentro de un solo cuerpo. En otra parte estaban esas mujeres, ¿quiénes serían?, ¿amigas?, ¿subordinadas?, ¿amantes? Quién sabe, quizás algún día sepa quienes son esas afroditas.

La semana pasó lenta y tortuosa, sin duda estar con Edward Cullen cada día era una prueba del cielo, su hermosura y su altanería eran dos enormes contrastes, el día viernes por la noche le imploré a Rose que saliéramos ya que por primera vez en mi vida necesitaba un trago.

—Ahora sí que pienso que estas mal —me dijo con sincero asombro. Estabamos en un pub cerca de la casa de Rose, su nombre era «Highlight». Estaba tan tensa que pedí un martín doble y seco, me lo bebí en unos segundos levantando el dedo para pedir el próximo—. Jamás te he visto beber así y mírate —me señaló—, una semana con ese plomo y estas perdiéndote, ¡demonios Bella!

—Ya no me regañes mas —le dije, mascando la aceituna de mi copa—, sabes que no hay nada mas que pueda hacer.

—Lo sé, pero igual no puedo evitarlo. ¿Cuánto estará Carmen en la cárcel? —me preguntó con duda.

—Por lo que dijo el abogado por lo menos un mes, la encerraron por agredir a una menor y a un minusválido.

—¡Me alegro! —dijo sirviéndose de su vaso—. Yo la habría dejado pudrirse allí

—Yo también —acepté con una sonrisa, miré el contenido de mi vaso y me perdí en el color de la copa. Unos segundos después una voz me sacó de mis pensamientos.

—¿Bella? —me giré hacia donde venía la voz y me sorprendí al ver quien era.

—¿Emmett? ¡Hola! —me paré del asiento a saludarlo, él me dio un beso en la mejilla y un abrazo.

—Espero que no te moleste saludarme así —me dijo con una sonrisa.

—Claro que no, además, no estamos en el trabajo.

—Es cierto —me dijo, pero sus ojos estaban puestos en mis espaldas, seguí la dirección de su mirada y veía a Rosalie, ella ni siquiera se había dado cuenta de su presencia por lo que no se volvió a mirar.

—¡Rose! —la llamé para que mirara, ella nos dedicó una mirada a ambos, le tomé la mano y la llevé a saludar.

—Emmett, quiero que conozcas a mi mejor amiga, Rosalie Hale. Rose el es Emmett McCarty, el doctor de cabecera de la misión Cullen.

—Hola —saludó—, mucho gusto —inclinó su mano y Emmett se la agarró para corresponder al saludo.

—Hola, es un placer conocerte —miré la cara de Emmett y estaba embobado mirando a Rose, sus ojos la recorrieron completamente, pero cuando me giré esperando la misma reacción en Rose, ella retiró la mano y dijo un suave «con permiso» y se fue a sentar nuevamente.

—Perdón, pero no estamos pasando por un buen día.

—No importa, pero ¡wow! Bella… es una belleza.

—¿Te gustó mi amiga? —pregunté divertido.

—¿Qué si no? Mírala, ¡es hermosa!.

—Bueno, tratare de ver si le gustaste, el lunes hablamos de ello.

—Me harías un favor Bella. Oye ¿y como te fue en ésta semana? No pude pasar por la casa Cullen.

—Sí, bien —contesté con el entusiasmo que me daba la situación.

—¿Edward te trata mal?

—¡No! —casi grite—. Es sólo que…. Él es un poco duro para tratar a las personas.

—Lo sé, a mi me pasaba lo mismo cuando lo conocí, pero déjame decirte algo Edward es un hombre muy bueno Bella, de verdad, cuando entras en el corazón o en la cabeza de Edward te darás cuenta de cómo es. Edward sin duda es un súper héroe en un traje Armani.

—Ver para creer —le dije, cruzándome de brazos y apoyándome en una sola pierna.

—Sí… es verdad. Yo tuve que verlo para creerlo, pero te aseguro que no pasara mucho tiempo en que veas algún cambio, sé que te sorprenderás

—Ojala Emmett, ojala.

—Bueno Bella, ya es hora de irme, unos amigos me esperan. ¡Cuídate y que estés bien! ¡Adiós Rosalie, un gusto! —le gritó Emmett, Rose sólo agitó su mano con gentileza, pero en sus ojos veía que no le había gustado Emmett—. Adiós Bella

—Adiós Emmett —le di un beso en la mejilla y volví con Rose.

Volví a donde estábamos sentadas, Rosalie sujetaba su vaso y tenía la vista perdida.

—¿Qué sucede? —le pregunté con un poco de ansia.

—Nada —contestó ella con voz tranquila.

—¿Acaso no te cayó bien Emmett? —le pregunté, conteniendo una risita.

—No —respondió seca—, sus ojos parecían devorarme, odio a los hombres así, me causan escalofríos —abrazó su cuerpo imitando un escalofrió.

—Eso es por lo hermosa que eres —mi amiga parecía una modelo, sus enormes ojos azules y su cabello dorado la hacían verse como un angelito.

—Ya dejemos de hablar de mí, entonces —suspiró—, ¿seguirás aguantando al plomo de Cullen?

—Claro que sí, sabes qué debo hacerlo.

—Lo sé y eso es lo que mas me afecta, que no tienes otra solución por el momento.

—No me interesa, con tal de ayudar a mi familia soy capaz de cualquier cosa.

—Recuerda que siempre tienes disponible mi casa, yo podría ayudarlos mientras se estabilizan.

—Gracias amiga —le agradecí con emoción, la abracé y nos sumergimos en una burbuja de amor fraterno.

Sabía que no podía desistir, mi familia dependía de ello, por el siguiente mes podríamos respirar en paz, Carmen estaba lejos y por lo menos podríamos estar tranquilos. Edward Cullen no debía vencerme, él no traspasaría mi barrera, no dejaría que su sarcasmo tocara mi corazón.



jueves, 3 de marzo de 2011

Pecados Carnales

Capítulo 23
(segunda parte)
Conociéndonos de nuevo
Tanya V/S Bella

Edward

Enterrar a un hijo es la tarea más difícil que algún padre puede hacer — los padres no deben enterrar a sus hijos —había escuchado alguna vez decir a alguien y no entendí ese significado hasta que lo hice con el mío, el dolor era impresionante y no podía dimensionarlo, pero debía ser el fuerte de los dos.

Sólo que no sabía cuánto tiempo podía ser el fuerte, habían pasado poco más de ocho meses de aquel día, hoy era exactamente doce de septiembre y parecía que el tiempo no hubiera transcurrido. Una vez más estábamos sentados uno frente al otro en aquella amplia habitación y el silencio nos volvía a embargar.

— ¿Pesadillas? —le preguntó Jacob de repente y Bella se volvió a sentar en el enorme sillón de cuero, era increíble que de la persona que menos me imaginaba fuera a ser el que más nos iba a ayudar.

— No —respondió ella tomando entre sus manos la cartera y yo ladee mi cabeza, puse mis dedos en mi nariz y acaricie mi entrecejo. Estaba cansado de no avanzar, cansado de repetir esta misma rutina, cansado de ocultar mi dolor.

— ¿Edward? —me preguntó alzando la vista y cómo odiaba a los psiquiatras.

— No —conteste en un suspiro.

Pero había aceptado principalmente por ella, esto no íbamos a poder superarlo sin ayuda de alguien, más considerando que Bella se había recluido en su interior, se había cerrado al mundo incluyéndome.

No quería hablar sobre lo que había pasado, en realidad no quería hablar sobre él, no quería ni siquiera que pronunciaran su nombre pero aún lo visitaba todos los días en el cementerio, su lápida estaba llena de flores y globos. Y a mí se me partía el alma tener que acompañarla sin poder derramar una lágrima por mi hijo.

Por aquel hombrecito que había hecho cambiar mi vida de una manera en que jamás me había imaginado, aquel amor solo era superado por el amor que sentía por Bella, me odiaba a mi mismo por no poder llorarlo, por no poder sufrir por aquel que quise regalar en más de una oportunidad cuando me superaban sus llantos nocturnos o cuando estuvo enfermo.

Aquellas largas horas de desvelo, los contantes llamados a mi madre — No se lo que tiene —había dicho casi al borde de las lágrimas — Soy un mal padre —había concluido aquella noche y había largado el llanto al teléfono desesperado por no poder acallar su llanto, la voz dulce y cálida de mi madre me había consolado en aquella oportunidad — Edward solo es una infección en el oído, es común entre los bebes, dale la medicina y se quedará dormido ¿Quieres que vaya a buscarlo? —y en ese minuto había mirado hacía al pequeño cuerpo entre mis manos, aquellos ojos llenos de lágrimas y aquella expresión de dolor en el rostro compungido de mi hijo de ocho meses me había hecho comprender que, aunque me comía las ganas de entregarlo a alguien más, su lugar era conmigo y no con su abuela o con sus tías, yo era el padre, yo debía criarlo. Otra vez la voz ronca y áspera de Jacob me trajo de regreso a la tierra sacándome de mi ensoñación.

— ¿Falta de sueño entonces? —preguntó y ambos dudamos, a quién le preguntaba ahora, a mí o a ella.

— ¿Bella? —agrego despejando la duda y ella suspiro había un dejo de molestia en aquel interrogatorio.

— Duermo bien Jacob —le contestó de manera enérgica.

Jacob alzó la mirada, dejo a un lado su cuaderno y nos encaró, sus ojos negros y su mirada penetrante se desviaron de mi hacía Bella dulcificándose, su cuerpo se incorporó del sofá en donde había permanecido durante casi toda la sesión.

Nadie les esta pidiendo que superen la muerte de… —comenzó a decir pero Bella lo interrumpió.

— ¡No! —exclamó en pánico, tomó aire mirando por los enormes ventanales de la consulta para calmarse — por favor… no digas su nombre —le pidió suavemente su voz se apago mientras se abrazaba a si misma. Sus manos acariciaron sus brazos en un intento de consuelo.

En ese minuto me levanté del sillón, en meses no habíamos progresado de eso, la abrace por atrás acariciando sus manos, ella se giró y cruzó sus brazos en mi cuello abrazándome, sentí como enterró su rostro en mi cuello, me partía el alma verla así y como quería que tan sólo pudiera hablar sobre el tema para superar el duelo.

— Sácame de aquí —murmuró en mi oído y mi vista se desvió hacía Jacob, esté se acercó a su escritorio.

— Nos vemos la próxima semana —concluyó él sin mirarnos.

Llegamos de vuelta al departamento donde estábamos viviendo ahora, nos habíamos mudado después del accidente a uno nuevo, Bella había aceptado vivir conmigo pero la condición había sido: nada que lo recuerde, nada que pueda hacerme llorar habían y la complací.

Las cajas estaban apiladas una encima de la otra, los cuadros sin sacar, solo estaba desempacada la cama, los utensilios básicos de la cocina y del baño, el resto estaba tal y como lo había dejado la mudanza hacía meses.

Bella colgó las llaves detrás de la puerta y se quito el abrigo sin decirme nada, sin emitir palabra, sin mirarme, sus bellos ojos marrones estaban mirando al vacio, a la nada, la tristeza se había alojado en aquel rostro hermoso y parecía dispuesta a no irse, cuando noté que caminaba hacía el dormitorio la detuve.

— No puedes dormir eternamente Bella —le hice ver sacando sus cabellos del rostro y le acaricié el rostro para hacer que me mirará. Sostuve su mentón con mis manos, por un segundo su mirada encaró la mía.

— No tienes que quedarte a mi lado, te lo he repetido muchas veces —me contestó bajando la vista y la tristeza reflejada en su rostro era enorme, que me encogió el corazón.

— Yo también sufro, yo lo crié por cuatro años y medio —le respondí en un afán de que entendiera que no era la única que lo sufría, también estaba mi madre, mis hermanas, su propia hermana, todos, no era la única con el dolor de su muerte.

— No tienes que meter el dedo en la yaga Edward —espetó de vuelta furiosa y sus ojos se pusieron vidriosos.

Me sentí como un miserable, pero a veces no sabía como abordarla, no tenía idea como hablarle, o que decirle, no era mi intensión causarle más daño pero las ideas y la sicología se me estaba agotando.

— Mi amor —susurré sujetando sus manos, lucho por que la soltará pero la acerque a mi cuerpo — Bella mírame —le pedí tomando otra vez su hermoso rostro entre mis manos, sus ojos se concentraron en los míos — yo te amo, si estoy contigo es porque te amo, porque quiero que nos demos una oportunidad, lo de Anthony paso por algo —exclame con un hilo de voz.

Me quedo mirando por unos segundos, sus ojos estaban apagados hasta que de pronto su ceño se relajó y un destello cruzo por su mirada achocolatada, entonces ella me besó, de una forma poco usual, como no lo hacía en mucho tiempo, en meses, pude sentir su desesperación, su angustia se estaba traspasado en ese beso necesitados y hambriento. Le correspondí pero podía sentir como sus labios se deslizaban con un desasosiego motivado por la pena, entonces comprendí su intención al sentir como sus manos bajaban temblorosas hacía mi cintura y se metían bajo mi ropa acariciando mi cuerpo. Ella estaba buscándome en ese sentido porque quería olvidar, quería acallar el miedo y tal vez el dolor supliéndola con placer.

Y contrario a toda lógica flaquee puesto que yo también la necesitaba de esa manera, necesitaba acallar mi propio dolor con ella, con la misma urgencia que ella le quite la ropa y ella a mí, bese su cuello, recorrí su espalda y la ame como no lo había hecho en mucho tiempo, nuestros cuerpos estaban en sincronía y cuando la sentí colapsar contra mi pecho supe que tal vez con el tiempo sanarían nuestras heridas. Al sentir su entrega supe ahora era diferente porque estábamos juntos, no separados. Tendríamos una oportunidad de acompañarnos en nuestro dolor, superar la muerte de nuestro hijo, juntos, vivir el duelo y sanar juntos. Apoyo su rostro contra mi pecho desnudo y comencé a deslizar mis dedos por su espalda acariciando su piel desnuda — Nuestro amor debía ser más fuerte, tiene que serlo —reflexioné.

Me quede mirando el techo mientras la acariciaba, ella se durmió en mis brazos y por primera vez, en todos estos meses, no despertó gritando el nombre de nuestro hijo muerto. Mañana sería su cumpleaños y no tenía claro que iba a pasar, me asustaba pensar que sería horrible, obviamente fiesta no habría pero la llevaría a cenar, algo simple, solo los dos. No quería que su mente se retrajera otra vez como había estado en un comienzo, el recuerdo de aquellos días me torturó gran parte de la noche.

— Bella… a mi amor… tienes que comer —insistí con el plato en la mano, puse la cuchará en el aire pero ella corrió el rostro

— No —murmuró y las lágrimas seguían rodando por sus mejillas

— Por favor —le pedí

— No quiero —contestó sin mirarme

Hacía una semana que permanecía absorta mirando la cuna de nuestro hijo, tenía entre sus dedos su ropa y me partía el alma verla de esa manera.

— Tal vez haya que internarla nuevamente — me hizo ver Ángela apenas bajé con la bandeja intacta pero eso no era una opción, tenía claro que necesitamos vivir este duelo, llorarlo, y el que estuvieran todos preocupados de nosotros no ayudaba.

Incluso las revistas eran un fastidio, la noticia de la muerte de Anthony había inundado páginas enteras, páginas que hubiera deseado borrar, páginas que hubiera deseado evitar.

— No —fue mi respuesta y esa noche decidí que necesitamos estar solos. Sin ellos, sin mi familia, sin la familia de ella. Sólo nosotros dos.

— Edward, no podrás tu solo —insistió su hermana

— Hijo, Ángela tiene razón —intervino mi madre

— Se quedará conmigo —resolví seco mirándola a ambas — Sólo necesitamos tiempo, ambos, estar solos —aclaré tomando a Bella del brazo para sacarla de la casa de mis padres.

Le quité la ropa de nuestro hijo de entre las manos y me la llevé aquella noche. Al principio di vuelta sin destino por varias horas pero luego finalmente la lleve a un hotel. Lloró toda la noche y yo la acompañe, era una pena que compartíamos, una prueba que debíamos superar.

— Encerrarse en un departamento no hará la diferencia —agregó mi padre y aunque él era el único que en parte apoyaba mi decisión aún así podía ver esa expresión de duda frente a lo que estaba haciendo.

— Tal vez sí, tal vez no. Pero no la dejaré sola, ni en una institución psiquiátrica — Le había contestado mientras terminaba de poner las últimas cajas en mi auto para llevarlas al nuevo departamento que había comprado y que era el que íbamos a compartir de ahora en adelante. Alice me abrazó

— Cuídate y llámame si necesitas algo —me dijo mi hermana acariciando mi mejilla. Ella se había encargo de regalar los juguetes de Anthony, la ropa y todo lo que era de él, creo que lo había hecho junto con Tanya.

Aún sin abrir mis ojos mis manos la buscaron instintivamente, y se abrieron frenéticos cuando no encontré señal de su cuerpo. Me senté en la cama de golpe totalmente lucido y examine el cuarto el cuestión de segundos, miré el reloj y eran las doce del día — ¡Maldición me quede dormido! —reflexioné molesto conmigo mismo levantándome, tome desde el suelo mis pantalones y me vestí.

— ¿Bella? —la llamé pero no estaba en el baño.

No pude evitar que mi corazón comenzará a latir furioso y que mi estomago se contrajera de nervio, salí de la habitación con un presentimiento que trataba de acallar, pero aún así mi mente divagaba pensando que ella había hecho algo o se había ido estuve así hasta que noté ruido en la cocina, me relaje pero no del todo, la aprehensión aún estaba allí.

— Mi amor, ¿qué haces? —le pregunté y ella me miró sonriendo. Me descolocó esa sonrisa tan transparente, tan nítida, tan autentica. Me quede mirándola un tanto confuso.

— Cocino —respondió de lo más risueña y me pregunté si no era otro cambio de humor demasiado rápido e inestable.

Me acorde de la advertencia de Jacob respecto al stress post traumático mezclado con depresión y ahí estaba mi respuesta pero en ese minuto, al ver sus labios curvados en una sonrisa tan hermosa dejo de importarme y la preocupación que me había inundado por todos estos meses se disipó. Me acerque a ella pensando en que mientras estuviera feliz daba lo mismo si cocinar, lavar, o pintar lo conseguía, no iba a cuestionarme mucho como obtenía la felicidad mientras estuviera dentro de los límites de la cordura y la legalidad.

Durante todo el almuerzo, en mi mente, deliberé si era bueno y oportuno entregarle o no el regalo que había comprado para ella, incluso si era correcto desearle feliz cumpleaños, estaba temeroso en su reacción y aunque durante el resto del día su humor pareció ser bueno, me temía que reventará en llanto o se enojará por el gesto.

Eran las ocho y media de la noche, permanecía sentado en el sofá de la sala de estar, estaba esperándola para llevarla a cenar y tenía la caja entre mis manos, tal vez es demasiado pronto me dije mirando el resplandor del anillo de compromiso con el cual pretendía pedirle matrimonio, pero era lo lógico, después de todo estábamos viviendo juntos, nos amábamos, por qué no casarnos, hacerlo oficial.

Mis labios se curvaron en una sonrisa cuando recordé que, a pesar de todo, ese día había sido maravilloso, estar solos los dos, amándonos, sin llamadas telefónicas de nuestras familias, sin llanto, sin discusiones, completamente felices casi como si nunca nada hubiera pasado la trágica muerte de nuestro hijo, mi corazón se contraía ante la posibilidad de olvidarlo pero jamás olvidaría a mi pequeño, deje la pequeña caja a un costado y saque mi billetera, miré su fotografía, la única que tenía y que había logrado ocultar de Bella.

— Lista —susurró acercándose lentamente con la sonrisa dibujada en el rostro, yo rápidamente metí la fotografía devuelta a su lugar, el regalo en mi bolsillo y agradecí que ella no alcanzara a percatarse, me levanté del sillón rápidamente, un tanto agitado por la sorpresa — ¿Dónde iremos a cenar? — me preguntó jugando con mi pelo, me beso en los labios mordiéndolos, tenía su pelo completamente mojado y el olor de su piel, a fresas estaba provocándome a no salir a ningún lado y quedarnos allí. Pero era su cumpleaños, así que suspiré mientras le besaba los cabellos inundando mis sentidos de esa esencia tan exquisita.

— Eso mi amor, es una sorpresa —exclamé tomándola de la mano — Feliz cumpleaños —murmuré besandola, me separé de ella al cabo de unos minutos y salimos del departamento.

El lugar a donde la llevaría estaba a un par de cuadras de distancia así que nos fuimos caminando, ella jugo traviesa todo el trayecto, acercándose a besarme y cuando estamos a punto de hacerlo se alejaba, parecíamos dos estudiantes recién conociéndonos, recién enamorándonos. Me fascino sobremanera verla tan feliz y radiante que mis aprehensiones se esfumaron por completo hasta que, justo en la esquina de la avenida que debíamos cruzar había una pequeña plaza de juegos, unas madres estaban con sus pequeños hijos, uno de ellos era un niño del mismo porte que el nuestro, incluso su color de pelo era igual.

Me paré en seco, atrayendo hacía a mi a Bella, no quería que se pusiera triste el día de su cumpleaños y como me maldije por haberla llevado caminando y no en automóvil. La bese tratando de evitar que volteara a mirar, quise con ese beso que simplemente se perdiera en mis ojos y al cruzar su vista no se dirigiera allí, que no se apartará de la mía.

— ¿Qué sucede? —me preguntó dulcemente mientras me acariciaba el rostro, podía sentir que mi expresión tensa y aunque traté de relajarla ella lo notó iba a contestarle cuando en eso se sintió el llanto del pequeño y ella abrió sus ojos sorprendida, se giró automáticamente y ahí estábamos los dos contemplando la escena. Un nudo se me formo en la garganta. Mi plan había fracasado

— Mi amor —exclamé dudoso pero ella se sonrió aunque no fue una sonrisa tan clara ni tan feliz, no había una gota de sufrimiento en su rostro, cruzo la calle como si nada, haciéndome cruzar con ella. Era como si estuviera en paz con ella, con Dios y conmigo, lo que me sorprendió.

Entramos al restaurante, yo aún seguía un tanto confundido con su actitud y ella aún tenía esa sonrisa de tranquilidad que por un minuto estaba asustándome, no le dije nada ni tocamos el tema de aquella escena, ella ordeno y me pareció bien que quisiera comer, celebraba el hecho que ya no estaba rehusándose a hacerlo. Durante la cena, ella me preguntó cosas y coqueteamos como lo habíamos hecho hacía muchos años atrás cuando recién nos conocimos.

— Te acuerdas de aquella vez, en un restaurante, hace varios años atrás —me preguntó seductoramente y yo me atoré con el vaso de vino que estaba tomando, tosí mirándola y ella se rió, mis ojos se pusieron vidriosos por el trapique y pensé ¿cómo no recordar el día que la había hecho mía en el baño de un lugar publico?, es que ese día la expresión de su rostro mientras fantaseaba conmigo era impagable.

— ¿Por qué, alguna idea? —le pregunté sacando la voz. Ella rió

— Tal vez —me respondió besándome los labios y en ese minuto pedí la noción de la realidad.

Nunca en mi vida había caminado tan rápido y subido las escaleras en la forma que las estamos haciendo, es decir, en cualquier circunstancia yo hubiera preferido el ascensor pero con ella había descubierto las bondades que viviéramos en un piso catorce.

Los besos eran poco para describir la urgencia que tenía por llegar a la vendita azotea del edificio donde vivíamos. Recorría cada parte de su cuerpo y su risa desenfrenada solo hacía que me excitará más, me tenía contra la pared y sus manos estaban haciendo estragos en mi cuerpo.

— ¡Mi a – mor! —alcance a exclamar cuando sentí sus labios en mi cuello y una de sus manos en una parte no tan ortodoxa.

Se rió picará y sus ojos expelían un brillo enceguecedor, demasiado para acallar mi deseo ferviente por hacerle el amor en todas las posiciones que estaban ocurriéndoseme en ese preciso momento.

Se acerco a la puerta de servicio, reclinada contra el umbral me propino una mirada traviesa, Bella tenía puesto un vestido largo negro, zapatos de taco medio y un abrigo corto blanco que hacía juego con su piel, con la boca abierta la mire levantarse levemente el vestido y contemplé absorto y sorprendido como se quito su ropa interior allí mismo, me la mostró con la sonrisa picara de una chiquilla traviesa dibujada en la cara y me quede de una pieza ante su insinuación, perdí el aliento cuando la movió insinuante contra el viento cerrando la puerta de la azotea del edificio tras de sí, esa era una invitación abierta y no me quería imaginar a qué. Como un verdadero estúpido me quede pensando y era difícil controlarme de no salir detrás de ella, miré hacia el ascensor y el conserje iba a matarnos si llegaba a enterarse que estábamos en la azotea a esa hora de la noche.

Con el corazón a mil entre y la busque con la mirada, la azotea estaba iluminada tenuemente por unos farolitos, era bastante amplia y era primera vez que subía desde que habíamos llegado a vivir ahí, me percaté que a un costado del lugar estaban un par de reposeras puestas a lo largo de la piscina, el reflejo de la luna daba de lleno contra él agua. Miré hacia el sector del quincho pero no había señales de ella, busque por el lugar hasta que sentí el ruido del agua detrás de mí. Estaba completamente desnuda y sumergida a la mitad, su pelo escurría mojado y tapaba estrictamente lo que no se debía mostrar en público.

— Ahora si quiero mi regalo de cumpleaños —susurró con voz sugerente y si no hubiera sido porque después teníamos que usar la ropa para irnos al departamento me hubiera tirado vestido a la piscina junto a ella. Desesperado me la saque y me lance al agua.

— Te amo —le dije mientras acercaba su cuerpo al mío, cruzo sus piernas bajo el agua a la altura de mi cintura y yo la sostuve abrazada firme contra mi pecho, paso sus dedos por mi pelo y nos besamos.

— ¿Fantasía cumplida? —le pregunté en un susurró mientras la apoyaba contra el borde de la piscina y ella me miró divertida.

— Aún no, falta esto —agrego apretando sus piernas para hacer que mi cuerpo se fundiera con el de ella.



miércoles, 2 de marzo de 2011

Conquistando tu Amor

CAPÍTULO XIII

EDWARD POV

Acababa de despertarme de un sueño hermoso, maravilloso en el cual Bella se entregaba a mí cuando empiezo a recordar bien, carajo no había sido un sueño, miro hacia el lado y allí se encontraba mi milagro personal, Bella dormía profundamente, dios era tan hermosa y hacer el amor con ella había sido tan mágico, había tocado el cielo con las manos y no quería bajarme de ahí, habíamos conversado un buen rato antes de quedarnos dormidos, ella era hermosa y cuando reía mi corazón quería estallar de emoción.

Aunque sabía que lo que venía no sería nada fácil estaba dispuesto a seguir con esta pequeña relación, ella era apasionada y me hacía reír, en algún momento pensé que si alguna vez pudiera saciarme de las ganas que le tenía todo volvería a la normalidad y ya no la desearía más, pero estaba terriblemente equivocado, ya la había tenido y ahora con sólo mirarla ya la estaba deseando nuevamente ¿qué tenía esta niña para tenerme loco de pasión? Porque era eso pasión y puro deseo ¿no?, digo no nos llevamos muy bien, tampoco nos conocemos hace tanto tiempo y lo más importante nunca me he enamorado, así que si, sólo es lujuria, nadie se enamora así como así, menos yo.

Pero sigo mirando a mi ángel durmiente y no aguanto las ganas y la comienzo a acariciar, primero su rostro perfecto y relajado con una leve sonrisa de satisfacción, era tan preciosa, creo que nunca podré dejar de mirarla y admirarla, diablos acabo de decir que esto es sólo lujuria y acá estoy pensando como ñoño, mi muñequita me descontrola por completo, me confunde, se mete en mi mente y juega con ella como le de la gana, sigo con mi recorrido por su desnuda piel, sus piernas entrelazadas con las mías, su respiración dulce y suave golpeándome la cara y avivando el fuego que llevo dentro, sus ojos se comienzan a abrir y me sonríe con picardía y luego un sonrojo cubre sus mejillas cuando le acaricio un pezón

- Ey, ¿no deberías estar cansado? Digo con tu edad no es recomendable tanta agitación
- Ey, niña, qué te pasa no soy viejo
- Jajaja, tú lo has dicho yo soy una niña
- Niña del demonio vas a pagar caro tu osadía, nadie me dice viejo y te demostraré quién soy
- Así ¿quién eres guapo?
- Pues soy nada menos que el dueño de este hermoso y caliente cuerpo, no lo olvides, nadie puede tocarte Bella, sólo yo, eres mía
- Ey, era sólo un juego, no te pongas demasiado cavernícola
- Piensas que bromeo Bella, lo que dije hace rato es verdad, eres mía, me perteneces
- Ya, ya, mira que tengamos sexo no te da derecho a mangonearme ni reclamarme tuya, si, es cierto que quiero que sigamos con lo que tenemos, pero no me gustan esas demostraciones trogloditas y si bien es cierto que en pleno sexo es agradable esas demostraciones, no lo es tanto fuera de él
- ¿qué mierda estás diciendo?
- Que no me presiones Edward, lo que pasó hace unos momentos fue maravilloso, pero estoy asustada, no me gusta que me controlen, no me gusta sentirme sofocada y no pertenezco a nadie
- A mi me perteneces, yo te quiero a mi lado
- Ya, pero ¿cómo?, alumna, amiga, ¿amante?, porque es obvio que novia no puedo ser ¿o si?
- Diablos, no, lo sabes bien, sigo siendo tu profesor, además para ser novios tiene que existir sentimientos amorosos profundos y no los hay, sólo pasión y deseo ¿cierto?
- Mmm, si….si tienes razón…..pasión y deseo

Carajo, estaba tan enojado por que me dijo que no me pertenecía que en un momento de arrebato le dije que no sentía nada por ella, pero la verdad no estaba seguro de nada mis sentimientos eran un revoltijo, tantas emociones, tantos deseos que no le di mayor importancia y seguí con la seducción de este hermoso ser a mi lado, ella correspondió a mis caricias con la misma pasión de la primera vez, llegamos juntos al orgasmo, nuevamente había tocado el cielo junto a mi preciosa Bella, ahora nuevamente la miraba, estaba sudada y sonrojada y se veía tan salvaje con el cabello desordenado, pero había algo mal, seguí mirándola hasta que descubrí que su mirada no era la misma, estaba como perdida, ¿quién entiende a las mujeres?

A las nueve de la noche Alice golpeó suavemente la puerta de mi dormitorio, lo chistoso es que no se dirigía a mi, que era el dueño de pieza sino que quería hablar con Bella, esa niña sabía que Bella estaba conmigo y apuesto a todo lo que tenía que sabía perfectamente lo que habíamos estado haciendo durante la tarde, seguramente toda la casa sabía, la verdad es que con Bella no habíamos sido muy silenciosos que digamos, además ellos estaban de visita y la anfitriona los había dejado toda la tarde para encerrarse con su profesor.

El plan que Alice había ido a notificar era para más rato y dijo algo de ir a bailar a la salsoteca y que ya había llamado a todos los amigos para informar del cambio de planes

Bella salió a los pocos minutos de mi cama y dejando un vacío y un frío en mi cuerpo, raro, en fin había que ducharse y alistarse para ir donde la duende decía, aunque jamás había ido a una salsoteca y por supuesto que no sabía bailar esos ritmos, pero Bella dijo que a ella le encantaba y que me enseñaría, iba a ser fascinante ver a mi Bella mover su cuerpo con el sensual ritmo de la salsa, mierda de sólo imaginarlo me estoy calentando nuevamente, ella es como una droga para mi, mi cuerpo la reclama y ya la extraño a mi lado desnuda y en mi cama.

BELLA POV

Dos semanas llevábamos con Edward, después de la desilusión que me llevé cuando Edward dijo no sentir más que deseo por mi fuimos a bailar y mi baile sensual lo volvió loco así que terminamos haciendo el amor en el baño de la salsoteca, o sea teniendo sexo, según Edward, mierda me dolió tanto lo que dijo, pero igual seguimos juntos, porque yo de alguna manera lo quiero, es un secreto, no se lo he dicho a nadie, pero mis amigos me conocen y me aseguran que estoy medio enamorada, pero no se lo pienso decir a Edward, él insiste en que es pasión y aunque cuando estamos solos es súper tierno, no dice lo que he estado deseando en secreto, que él igual está sintiendo algo más profundo por mi, pero no pierdo las esperanzas, he cambiado tanto estas dos semanas, me siento más completa, más feliz y ni siquiera me he acordado del jodido James y mi venganza, sólo recordar la cara de ese idiota cuando le dije que no quería nada con él me da risa, pero no era esa la venganza que quería para él, pero en fin ahora esta más contenta y todos los que me rodeaban sabían que algo bueno me estaba pasando, a parte de Rose, Jasper, Emmett y Alice, Quil también se había enterado, yo le había dicho porque es mi mejor amigo, además que me ayuda a taparme cuando estamos en el colegio y con Edward nos pegamos unas escapaditas, oh si, él se vuelve loco sólo de verme con uniforme y en los recreos me rapta y nos escapamos a una que otra sala y…. ustedes comprenden, cada día disfrutamos más y el sexo es maravilloso, pero igual tenemos que tener cuidado, así que en clases de Edward aún demuestro un falso desdén hacia él para que nadie sospeche lo que nos traemos, es tan cómico, porque a veces de verdad que lo saco de sus casillas y después me retiene en recreo para según él castigarme por ser tan insolente, se imaginarán los castigos que me da, muchos de mis compañeros se carcajean de que me pase los recreos castigada, supuestamente haciendo una tarea extra o dando algún examen de castigo, pero la que se ríe soy yo, porque me paso mis castigos acariciando el maravilloso cuerpo del profesor Cullen.

Mis padres como siempre metidos en sus negocios ni se enteran de nada, pero Sue anda media rara, parece que ha empezado a sospechar algo, siempre he dicho que es medio bruja y parece que tengo razón, pero lo que más me desconcierta que anda tirando indirectas pero se ve tan feliz, parece que le gusta demasiado que su niña ande con el profe que además vive en la misma casa ¡quién entiende a los adultos! Yo jamás dejaría a mi hija hacer algo así, mierda que acabo de decir, no, no, no nunca, jamás he pensado en tener hijos, sólo fue un tropezón nada más, además yo tomo pastillas, claro lo hago desde los 15, puesto que tengo desorden hormonal y mi madre se encargó se resolver el asunto con un ginecólogo de confianza, en fin, mi vida está bien, podría estar mejor, pero no me quejo, tiempo al tiempo y ese hombre será mío como que me llamo Isabella Marie Swan.

Las clases de canto habían comenzado y para variar me destacaba, no podía negar tengo excelente voz y con mi renovada confianza también he mejorado bastante en el chello, todos los días toco una pieza y Edward se emociona cada vez que me oye, dice que se siente orgulloso de mi cada día más, aún no le he contado toda mi historia y se que él sabe que escondo algo más, pero aún no es tiempo de abrir completo mi corazón, aún tiene que ganarse mi completa confianza para confiarle todo, a veces he estado a punto, pero algo en mi interior me frena, a veces me da miedo ese sentimiento, pero cuando él me mira olvido todo y terminamos haciendo el amor como cada día, casi no duermo en mi habitación, muchas de mis cosas están en el cuarto de Edward, poleras, bragas, sujetadores, medias, etc.

EDWARD POV

Un mes, un mes que andaba con Bella y había sido un mes maravilloso, pero estaba tan confundido, ella me provocaba tantos sentimientos que a veces me daba miedo, me sentía perdido, Emmett decía que estaba jodido que me había enamorado de Bella, pero me rehusaba a aceptarlo, ella era maravillosa, apasionada y me encantaba estar con ella, pero me abrumaba que pasáramos tanto tiempo juntos, en el colegio, en la casa, en los recreos, en mi dormitorio, ella se había ido apoderando de a poco de mi persona y mi espacio, se que ella no tiene la culpa y no se da cuenta, pero soy un hombre adulto, soltero y a veces quiero privacidad y cuando abro mis cajones de ropa hay más ropa de ella que mía, pareciera que estuviéramos casados a algo por el estilo, repito, me encanta estar con ella, pero me abruma tanta convivencia, se que soy un idiota y que debería estar dichoso con la mujer que tengo al lado, pero no se qué mierda me pasa, la sigo deseando cada día más, no me puedo saciar de su cuerpo, pero a veces me siento tan inseguro de que ella se fije en alguien más y me deje, por eso creo que siento tan raro, no se parezco bipolar, no se qué pensar o sentir.

Hoy en la noche quedamos de salir a bailar Emmett, Quil, Bella y yo, lo se por lo general no podemos salir solos porque la cuidad es tan chica que levantaríamos sospechas, así que salimos con los chicos, hace una hora Bella me avisó que Quil llevaría una amiga, parece que el chico se enamoró y le va a presentar a su futura novia a Bella, a veces me da tanta risa que los amigos de Bella esperen la aprobación de ella para tener novia, son tan mamones, pero Bella es así, ella los cuida, al igual que ellos la cuidan a ella y me siento tranquilo porque se que la aprecian de verdad.

Estábamos en la disco y Bella había aprobado a Susana como posible novia para su amigo, Emmett no perdía su tiempo y estaba feliz bailando con una morena, aunque desde que conoció a Rose anda como loquito por volver a verla, aunque ella no le dio ni la hora. Yo bailaba con mi dulce niña pero no estaba tranquilo, todos los malditos miraban a Bella como si fuera un pedazo de carne y yo ardía de celos, además no podía reclamarla como mía delante de todos puesto que habían muchos alumnos del colegio, así que intercambiábamos parejas para no ser tan evidentes, pero ya estaba medio exasperado por la situación, ¿por qué diablos tenía que ser tan hermosa? Que todos se la quedaban mirando como idiotas, Bella se excusó diciendo que iba a ir al baño, pero la verdad es que acabábamos de discutir porque yo le reclamaba por la ropa que andaba trayendo y porque todos la quedaban mirando como depravados, pero ella se enfureció diciendo que se había vestido así para agradarme, mierda la había cagado.

En la barra tomando un trago esperando que llegara Bella del baño se acercó una chica bastante insinuante, pero no le presté atención y me dirigí al baño a esperar a Bella, se estaba demorando demasiado y ya estaba nervioso, al doblar por el pasillo la escena que vi me dejó helado, ella, mi Bella besuqueándose con el Jodido de Jacob su supuesto amigo, éste la tenía aprisionada contra la pared y la manoseaba, no quise ver más, ella me lo había hecho, me había jodido, seguro se buscó noviecito nuevo y me montaba los cuernos como quería, seguramente se ha de reír a mis costillas con ese hijo de puta, me fui casi corriendo y al llegar a la barra me topé con Quil

- Edward ¿qué pasa? ¿dónde está Bella?
- La muy puta se está revolcando con el noviecito que tiene
- ¿mmm?
- Si, con el puto de Jacob ahí a la salida del baño, dile que ni se moleste en darme explicaciones, siempre supe que era una maldita zorra.

No lo vi venir, pero el condenado pendejo me lanzó un puñetazo, pero lo dejé pasar y me fui como el demonio a la casa, veía todo rojo de la rabia que tenía, al salir de la disco me encontré a la chica que se me había estado insinuando y me sonrió, era linda, no podía negarlo y sin más la agarré y le estrellé en una pared y la besé con furia, la castigué como si estuviera castigando a Bella, pero la chica correspondió al beso con pasión y no lo pensé más y me la llevé para la casa, me iba a sacar la maldita rabia y a esa zorra de Bella del cuerpo y del alma.

Al llegar al dormitorio arrojé a la chica a la cama, dijo que se llamaba Carolina o algo así, la verdad no me importaba, lo único que quería era borrar a Bella de mi mente, jodida zorra, su aroma estaba impregnado por todo mi dormitorio, su ropa por todos lados y la maldita fotografía que nos habíamos tomado juntos reposaba en el velador, la tomé y la arrojé al otro lado de la pieza reventado el cristal del marco, me vale una mierda, no quiero nada de esa puta en mi pieza, pero eso lo dejaré para más tarde, ahora me voy a divertir de lo lindo con la chica de la disco, casi no sentía nada, ella no me daba el placer que sentía con Bella, cuando la penetré no sentí nada, absolutamente nada, sólo pensaba en Bella, en su cuerpo caliente junto al mío, sus caricias, sus besos, sus jadeos, ¡¡¡carajo!!! no me la puedo sacar de la cabeza, la chica jadeaba y pedía más y maldita sea se lo di, pero estaba vacío, cuando acabamos abrí la puerta para que Carolina se marchara, y ahí la vi, cruzamos mirada y la mirada de odio que me dio cuando vio a la chica de la disco salir de mi dormitorio casi desnuda y yo igualmente desnudo en el marco de la puerta, con que derecho se enojaba cuando ella había hecho lo mismo, más atrás venía Quil con una bolsa de hielo en la mano, pero sólo veía a Bella y algo no estaba bien, ella lloraba y la boca le sangraba, pasó por mi lado y se fue llorando a su pieza, ¡carajo! ¿qué había pasado?, bueno a mi que mierda me puede importar, ella ya no es nada para mi, me encerré en el dormitorio, pero no estaba tranquilo, la rabia y el remordimiento me carcomían, remordimiento no se por qué, pero así era, era como si la hubiera traicionado cuando había sido ella la que se estaba besuqueando con ese imbécil, quizá hace cuanto tiempo anda con los dos, me dirigí a darme una ducha antes de acostarme, cuando la escuché llorar, estaba con Quil en su dormitorio, y Quil, lloraba y gritaba varios insultos dirigidos a Jacob y a mí, me acerqué más a la puerta para poder escuchar mejor, pero sólo escuchaba el llanto de Bella. Seguí hacia la ducha y cuando salí ya no estaba en el dormitorio, estaba en la sala de música y estaba destrozando todo a su paso, cuando me vio pasar me lanzó el chello, pero lo esquivé y dio un golpetazo fuerte contra el suelo

- maldito hijo de puta, me jodiste la vida, maricón
- de qué diablos hablas zorra, te vi, te estabas frotando como una puta con Jacob, no me mientas y admite que eres una jodida zorra
- ¿ah si, me viste con Jacob? Y por eso te trajiste a esa puta a nuestra cama
- Mi cama, mi pieza, entiende Isabella nosotros no somos nada, sólo compartimos sexo, buen sexo, pero nada más, no me interesas, eres otra zorra más en mi lista ¿no te habías dado cuenta?
- Maldito Edward sólo me utilizaste para calentar tu cama ¿verdad?
- Tú lo has dicho linda, no yo, además fue un reto extraordinario llevarse a la cama a la famosa fiera, pero no te entristezcas preciosa, cuando quieras mi cama estará lista para recibirte, como la zorrita que eres
- Te vas a arrepentir Cullen, me has dañado y ni siquiera sabes como fueron las cosas, pero sabes algo ya no quiero que sepas lo que ocurrió con Jacob, no lo mereces, eres como todos los hombres un hijo de puta, no quiero volver a verte, te odio, te juro que te odio, nunca te voy a perdonar
- No necesito tu perdón, no me mereces nada
- Largo, déjame sola
- ¿Bella? ¿qué diablos haces Cullen?, déjala sola, no te atrevas a buscarla más, no te acerques o te mato – vamos linda, vamos a ponerte más hielo – no dejaré que Cullen te haga más daño
- Mi querido Quil, él ya me daño toda – me escuchaste maricón, me dañaste como nunca me dañaron.
Ahí la vi realmente en la claridad, su rostro estaba rojo, su labio partido y colorado, su cuello con marcas rojas ¿qué diablos le había pasado?, me quedé mirándole las marcas y ella se dio cuenta

- oh, no te preocupes de esto – dijo señalándose – esto no es nada comparado con lo que me hiciste tú.

Se fue nuevamente a su dormitorio y yo me fui al mío, cuando entré mi celular sonaba, miré la pantalla y era Emmett.

- Emmett, ahora no puedo hablar, por favor hablamos mañana
- Espera, quiero saber como está Bella
- Bien supongo, llorando, pero bien
- ¿qué diablos te pasa? Dejas a Bella sola en la disco, el puto de Jacob la ataca, la golpea y trata de violarla y tú como si nada
Creo que dejé de respirar en ese momento, mi Bella casi violada y yo tan equivocado, maldición colgué el teléfono y me di de golpes contra la pared, ella no estaba besuqueándose con Jacob, él la estaba obligando y yo la dejé ahí para que el maldito siguiera con su ataque y después traje a una puta a nuestra cama y ella la vió, no me di cuenta en que momento pero ya estaba llorando y golpeando mi puño contra la pared, la había cagado, la había perdido para siempre, jamás me perdonaría, yo jamás me perdonaría todo lo que le había dicho y hecho, ahora me daba cuenta, yo… la… quería, ahora me daba cuenta, ahora que la había perdido por mis ridículos celos y mi inseguridad, corrí hacia su habitación y llorando le suplicaba que abriera

- Bella por favor, abre, quiero verte, por favor abre amor, perdóname Bella, Bella te quiero, por favor conversemos, ha sido todo un terrible error, por favor déjame ayudarte, déjame explicarte – pero la puerta jamás se abrió y ella no me contestó.

Salí hecho una fiera a la casa de Emmett, el sabía bien lo que había pasado y yo quería explicaciones, además necesitaba calmarme, porque tenía unas ansias enormes de matar al desgraciado de Jacob por haber maltratado a Bella, aunque si soy honesto el mayor daño se lo había hecho yo, mierda ¿qué iba a hacer ahora?. Cuando llegué donde Emmett, él estaba como loco

- ¿sabes lo que sentí cuando vi lo que estaba pasando?, ella es mi amiga, como mi hermana y ese jodido muchacho se quiso aprovechar de ella, si no hubiera sido por Quil, él….él la habría violado, maldición Edward porque te fuiste y la dejaste sola
- Eso no es lo peor amigo, ahora me odiarás, aunque no más de lo que yo mismo de odio – le conté todo lo ocurrido y sus ojos se fueron oscureciendo por la rabia al saber como había tratado a Bella, él realmente la quería, maldición todos la querían y yo la estaba haciendo sufrir
- Te pasaste, nunca te creí capaz de hacerle daño a mi pequeña hermanita, porque diablos tenías que lastimarla, no la mereces, pobre de mi Bella, otro golpe más, ahora no quiero ni saber lo que pasará con su vida, ella estaba tan contenta, feliz contigo, ¡¡¡maldición Edward!!! Como pudiste, todos te apoyábamos y nos defraudaste
- Crees que no lo se, ella jamás me perdonará
- No, nunca lo hará, le costó tanto poder abrirse y ahora se volverá a cerrar y que dios nos ampare pero presiento que la fiera volverá a comerse el mundo

Los días pasaron el Emmett tenía razón la fiera volvió más fuerte que nunca, su mirada fría y distante, ya no sonreía, con el único que se juntaba era con Quil, se alejó se todos los demás, todos le temían nuevamente, en casa era peor, se encerraba todo el tiempo en su dormitorio y sólo salía para ir al colegio, a mi no me hablaba, era como si yo no existiera, ni siquiera en clases, ya ni me molestaba, tampoco me insultaba, nada de nada, me ignoraba completamente y cada día yo sufría un poco más, a estas alturas me había dado cuenta de que no solamente la quería, la amaba, como mierda no me di cuenta antes, nunca le dije que la amaba, siempre le decía que sólo era sexo, todo mentira, me engañaba a mi mismo la amaba con locura, en las noches no podía dormir, su aroma, su presencia estaban por toda la habitación, grabada a fuego en mi piel, cerraba los ojos y lo único que veía era ella, cuando sonreía en mis brazos, cuando hacíamos el amor y me miraba con tanta ternura, mierda ahora en sus ojos no había nada, sólo indiferencia, no podía evitarlo lloraba por ella, lloraba como nunca antes lo había hecho, la extrañaba tanto.


BELLA POV

Una maldita semana desde que vi a esa zorra salir del cuarto de Edward, el maldito perro me la había hecho, pero esto no quedaba así, no me vengaría, total él no sentía nada por mí, pero yo saldría adelante, como siempre lo he hecho, ahora soy más fuerte exteriormente, porque por dentro lloro por lo que me hizo, ahora me alegro de no haberle dicho que lo quería, mejor así, ahora me puedo divertir y que se preparen todos porque la Bella que conocían no se compara con esta otra Bella, no tengo que darle explicaciones a nadie, mis padres ni se enteraron de lo que me pasó, para variar el trabajo los absorbe y nunca he sido su prioridad, ellos tampoco lo son, nadie lo es, mis amigos me llaman pero no les contesto las llamadas, incluso a Quil lo he dejado de lado, nada me importa, que se pudran todos.

Iba en mi querida moto sin rumbo, sin querer llegué al cementerio, hacía tiempo que no venía por acá, pero ya no me importaba nada, llegué a la tumba de mi hermana y conversé todo lo que me pasaba, como si ella pudiera escucharme y ayudarme ¡patética!, no me di cuenta de que me había quedado dormida encima de su lápida.

- Anthony mira un ángel. Un ángel hermoso, yo tenía razón los ángeles existen – ¿estaba soñando o de verdad escuchaba voces?, de todas maneras no quería despertar, esas voces eran tan hermosas
- mary, que cosas dices, los ángeles no exis…..ten – abrí mis ojos y dos rostros hermosos me miraban incrédulos
- mmm, hola ¿eres una ángel?
- Eh, no, no lo soy – le respondí a la pequeña niña que me miraba con adoración
- Pero eres tan linda, yo digo que si eres un ángel – el joven me miró y sonrió, tenía una sonrisa tan hermosa como él mismo, después del maldito Edw… era el hombre más atractivo que había conocido
- Hola me llamo Anthony y esta es mi hermanita mary, discúlpala, pero cree que eres un ángel y la verdad ahora estoy seguro de que si existen
- No me hagas reír dije con sarcasmo y el hizo una mueca, no tengo nada de ángel dije en un susurro
- Oh, pero puedes ser nuestro ángel personal ¿cierto? Preguntó la pequeña mary - ¿cómo te llamas?
- Me llamo Bella y si me disculpan me tengo que ir, no me di cuenta que me había quedado dormida, permiso
- Bella, no estés triste, los ángeles no deberían llorar – dijo Anthony regalándome una sonrisa que me deslumbró
- No estoy triste y no estoy llorando, adiós

Me fui como alma que lleva el diablo, no quería que esos desconocidos me vieran tan expuesta, tenía tanto dolor, un ángel, ja, de ángel no tengo nada y menos con la decisión que tomé, retomaría las cosas como estaban antes que llegara Cullen. Al llegar a la casa Edward-maricón-Cullen me estaba esperando, descarado el idiota

- Bella ¿dónde estabas?, yo, estaba preocupado Sue dijo que saliste temprano y que no habías vuelto
- Quién demonios te crees para controlarme, yo salgo cuando quiero y vuelvo a la hora que se me da la gana
- Lo siento Bella, no te estoy controlando, es sólo que….
- ¡qué! Cullen, por dios, no digas que estás preocupado, nadie te la cree, además andaba de zorra con el último amante que tengo, así que no te preocupes
- Ni digas eso, tú no eres así, mira se que no quieres que hablemos de lo que ocurrió esa noche, pero quiero hacerlo, por favor Bella, déjame explicarte
- Ok, si con eso me dejas en paz, tienes 2 minutos Cullen, porque tengo que hacer esta noche, así que no me retrases

Me explicó toda su maldita verdad, ja como si le fuera a creer, es un mentiroso, lo iré fríamente y escuché toda su maldita farsa

- ¿terminaste?
- Bella, yo te amo, hasta esa noche no me había dado cuenta de mis sentimientos, pero es verdad, te amo más que a mi vida, te extraño tanto, si pudieras…
- Y crees que me importa – lo interrumpí, no podía escuchar más mentiras, no podía soportarlo
- Es verdad Bella yo…
- No digas más casi grité – no me interesa nada de ti, yo si te quise, pero ya ves, ya te olvidé, eso es lo maravilloso de ser adolescente y zorra, todo se olvida, con respecto a tus sentimientos no te creo, quizás extrañas el sexo, pero eso puedes encontrarlo en otro lado, a mi jamás me tendrás otra vez – ya te burlaste bastante de mi y me utilizaste como te dio la gana, ahora déjame en paz para siempre
- Bella, por favor, no …
- Púdrete Cullen le dije alzando mis dos dedos medios en su dirección,
Me preparé y me fui a la disco, ahora me divertiría, me había comprado ropa nueva y quería lucir mi nuevo look, me puse una falda negra hasta las rodillas pero rasgada por lo que mostraba mucha pierna, un corsé púrpura con negro que dejaba al descubierto mi ombligo, medias caladas negras y botas bajas negras con varias hebillas y broches, hace días que me había comprado varias tenidas parecidas, pero no había tenido las ganas de ponérmela, pero cuando vi a Anthony en el cementerio me gusto su estilo dark y me animé, puse sombra púrpura y negra en mis ojos, además los delinee y labial rojo, estaba hermosa, tomé una chaqueta negra de cuero y bajé a buscar mi moto, pero como no, me encontré con el jodido Cullen en le comedor y casi se le salieron los ojos de las cuencas al verme, paseé por su lado y ni lo miré, ja, quedó embobado al verme, desgraciado caliente ningún hijo de puta me volvería a dañar.

Cuando llegué a la disco lo primero que vi fue a James y sonreí, él al verme fue hasta mi lado

- ¿Bella eres tú? – ja idiota
- Sip, soy yo ¿qué quieres James?
- Yo, bueno, Bella aún me gustas mucho y quería saber si yo…bueno…si tú quisieras darme otra oportunidad, no se que pasó la vez pasada, te he llamado varias veces, pero nunca respondes
- Si no respondo es por que no tengo nada que decir James y no he querido hablar contigo, bueno porque me da mucha vergüenza lo que te hice – ja y más ja - eso sólo un tonto se lo puede creer
- ¿en verdad?, yo te he extrañado tanto, se que sólo salimos una vez, pero hace tanto tiempo que me gustas, no sabes en realidad hace cuanto tiempo te he admirado en silencio y a la distancia
- ¿cómo es eso?
- Mira, la verdad, es que yo era novio de tu hermana cuando…. Ella murió, bueno en realidad habíamos terminado, pero tú quizás no lo recuerdes pero yo una vez vine a tu casa para un cumpleaños tuyo, cuando cumpliste 14, en ese tiempo todavía no era novio de Vanessa, sólo éramos compañeros, pero esa vez cuando te vi mi día se iluminó, no se qué fue lo que pasó, digo tú eras una niña y yo era mayor, pero la verdad es que eras tan hermosa y me hipnotizaste, no podía dejar de mirarte, me reprochaba interiormente por querer besarte, porque no era correcto y cuando tu hermana hablaba de ti en la universidad, yo me quedaba embelesado escuchando todas las historias que contaba de ti, de cómo tocabas el chello, como cantabas, que eras tan fuerte y madura, pero tan inocente a la vez, yo simplemente soñaba y soñaba contigo, después del accidente vine al funeral y al entierro, pero tú nunca me viste, jamás me has visto como yo deseo que me mires, después escuché de tu cambio, de que te decían la fiera y todas esas cosas y por eso me vine a estudiar acá, quería volver a verte, conocerte y te he visto desde antes que empezara a cortejarte, siempre te miro Bella, se que creerás que soy un acosador, pero siempre estaba en las sombras viéndote con tus amigos y la verdad es que no aguanto más Bella yo te quiero, no, te amo y quiero que me des una oportunidad para quererte, quizás con el tiempo tú también me quieras.
- No se James, me han pasado tantas cosas últimamente que no se
- Supe lo que te hizo el perro de Jacob y déjame decirte que la paliza que le di no se le olvidará en su vida
- ¿en serio? Tú le pegaste
- Claro, yo estaba acá y vi cuando Quil te llevaba ensangrentada y le pregunté a Emmett qué pasaba y me contó, entonces lo golpee, aunque Quil ya le había pegado, no pude evitarlo y lo dejé hecho bolsa
- Wow, no tenía idea, Jacob no ha ido más a clases, seguramente tiene miedo de que lo denuncie y se ha de estar escondiendo
- Lo que no entiendo Bella, él era tu amigo, cómo pudo hacerte eso
- Mmm, bueno él estaba bastante ebrio y además dijo que hace tiempo que me quería y bla, bla, bla, jamás lo perdonaré, eso tenlo por seguro
- Me imagino ¿qué dices Bella me das una oportunidad?
- Deja pensarlo, pero por ahora invítame un trago y bailemos toda la noche, quizás más rato te de una respuesta, vamos a divertirnos
- Ok, lo que tú digas y deja decirte que te ves maravillosa, eres tan sensual
- Jajaja, no pierdes tu tiempo ¿eh?
- Vamos la noche es joven y quiero emborracharme hasta caerme

Y dicho y hecho me emborraché como cuba y nos dimos unos buenos besos con James, decidí darle una oportunidad, para vengarme claro, no iba a olvidar lo que hizo, por supuesto que yo sabía que él había sido novio de mi hermana, él la destruyó y yo lo destruiría a él además del beneficio extra de diversión, porque para ser sinceras el idiota era divertidísimo, íbamos cantando a todo pulmón por la carretera en mi moto, el auto de él quedó en la disco, dijo que después lo iría a buscar, cuando llegamos eran como las 5 de la madrugada y al bajarnos de la moto nos caímos juntos y quedamos llenos de tierra y las risotadas no se hicieron esperar, era tan cómico apenas podía dar tres pasos sin tambalearme y james en una de sus caídas se había roto el pantalón a la altura de la rodilla y estaba todo despeinado, cuando abrí la puerta volvimos a caer quedando en el umbral tirados de espaldas muertos de la risa, en ese momento sentimos bulla en la cocina y nos incorporamos como pudimos entre risas y besos cuando escuchamos a alguien carraspear

- Bella pero ¿qué mierda pasa acá?
- Ey hola profe jajajaja
- Estás borracha
- No tanto jajajaja
- Ey profe no se enoje, ella es mayorcita para hacerlo, además anda con su novio así que no se preocupe, yo la cuido jajaja
- Oh, si claro James has tomado más que yo jajaja y te has caído más veces que yo
- Bella vete a tu cuarto ahora, mañana hablamos
- Uyyyy el profesorcito está molesto, tienes complejo de papito – le reté, estaba realmente furioso
- Ahora Bella, tu cuarto ahora
- Ya James vete mira que Cullen está gruñón, seguramente no encontró a alguna zorra para traerla al dormitorio – ah toma llévate la moto, mañana me la traes y no se te ocurra chocarla, porque antes de patearte el trasero te quedas sin novia
- Ok, no me queda tan lejos, hasta mañana NOVIA – gritó corriendo hacia la moto y cuando se subió le silbé fuertemente y de manera que daba a entender que lo encontraba sexy. – Edward cerró fuertemente la puerta y a empujones me llevó escaleras arriba
- No puedo creer Bella, estás muy borracha y mira tu aspecto toda sucia
- Ah, es que con James nos caímos unas cuantas veces – oh hubieras visto fue tan cómico jajajaja
- ¿es cierto que son novios?
- Si, me lo propuso y le dije que si
- ¿Mi Bella por qué lo hiciste? ¿no ves que me haces daño?
- Ja, daño y una mierda Cullen, además James me gusta, es divertido, sexy, me quiere y por que me da la regalada gana, no tengo que darte explicaciones hasta mañana querido profe, al llegar al dormitorio me tumbé en la cama y quedé lona, estaba reventada, la había pasado genial.

Primer día de revancha había matado tres pájaros de un tiro : enganché a James, me divertí a morir y molesté a Cullen. Ja la vida me vuelve a sonreír.