Dark Chat

martes, 15 de febrero de 2011

Mascara De Odio

Cap. 27
Edward Cullen

Aun seguía noqueado por el impacto de haber estado tan cerca de Bella otra vez. Había sentido nuevamente su olor cerca de mí, tan real y cálido como ella misma.

Había visto en ella un foco de ligera rendición en sus ojos, esperaba que no tardara demasiado en escucharme pero tampoco la obligaría, conocía las consecuencias en caso de que lo hiciera.

Hice el paso normal hacia mi casa, me había aprendido cierto camino siguiéndolo como una rutina sin salida en mi vida, no me arrepentía de haber creado el esquema de Casa – Clínica –Empresa, y nuevamente casa. No quería nada mas en mi vida que regirme por ese orden, no deseaba otra cosa.

Aparque el auto mientras la noche terminaba de caer.

Victoria me recibió con la correspondencia. Cuentas y algunas promociones de predios, nada fuera de lo común, deseche las que no eran necesarias y las demás las dejé encima de la mesa del Hall para ojearlas cuando tuviera tiempo y deseos de hacerlo.

Esa noche, como lo había decidido anteriormente, decidí dejarme agasajar por la cena preparada por Victoria, y comí mas seriamente de lo que lo había hecho en los últimos meses.

Era la primera vez en mucho tiempo que ella no tenia que insistirme para hacerlo y eso pareció complacerla.

Una vez hube terminado me dirigí a mi habitación, igualmente dispuesto a dormir como hacía demasiado tiempo no lo hacía. Me cambie al pijama y me metí entre las cobijas cerrando los ojos.

Me pareció que había pasado menos de una milésima de segundo cuando escuche un golpeteo en la puerta.

- adelante – murmure esperando ser escuchado, más que un murmullo había sido un gruñido

Escuche que la puerta se abría con el típico chirrido.

-disculpe, Señor – escuche la voz de Victoria en la penumbra.

- ¿qué pasa? – pregunte sin poder evitar enfadarme un poco.

- Señor, no lo interrumpiría…sé que no ha tenido muchas oportunidades de…

-¿qué pasa, Victoria? - volví a preguntar.

- - se trata de la señora, Señor- ese adjetivo penetro por mi conciencia inmediatamente llenándome de un miedo visceral por ella, por Bella, y por si le había sucedido algo y estaban llamando de la clínica para notificármelo, abrí los ojos inmediatamente y me encontré con Victoria y el teléfono en la mano de ella. – Necesita hablar con usted – dijo antes de que le rapara el teléfono de las manos. Escuche lo que dijo, y supe que al otro lado de la línea, sin lugar a dudas, se encontraba Isabella Swan, llamándome…

Trague en seco cuando la emoción me invadió como un crio ante un buen regalo.

- - Isabella, ¿eres tú? – Pregunte tontamente, pero aun sin poder creerme lo que estaba pasando. – ¿estás bien? – no podía pensar en otra excusa para su llamada, y no quería llenarme de ilusiones pensando que ella había decidido escucharme.

- - Estoy bien-murmuro ella contra el teléfono, escuchar su voz fue demasiado estimulante y tuve que acallar mi hombría, demasiado consiente de ella al otro lado de la línea. – Yo…yo… necesito…- decía ella, parecía no saber que palabras usar para transmitirme su necesidad. Deje que se explicara sin presionarla, cualquier cosa que pidiera, si estaba en mis manos, le seria concedida inmediatamente. - tu…te debes estar preguntando que…que hago llamándote….creo que sería mejor que… –el espacio entre cada palabra que pronunciaba delataba el nerviosismo, casi podía sentir como le temblaba la voz a pesar de que seguía susurrando, luego medite en lo que me estaba diciendo, estaba, inconscientemente, disculpándose por llamar a las…mírela hora en el reloj de mi mesa de noche, percatándome de que hacía varias horas había estado dormido y de que Victoria me había interrumpido el sueño en medio de la madrugada, pero eso no era importante, al menso para mi, lo importante era que estaba hablando con ella, cuando todo en mi me gritaba que serian pocas las ocasiones en las que tendría oportunidad de hacerlo, pero ahí estaba.

- - puedes llamar a la hora que te plazca…- le aclare para que no se sintiera incomoda, tampoco pude callar la frase que salió a continuación - esta casa es tuya también.

Escuche el casi imperceptible sonido de un suspiro y sentí que me estremecía todo.

- voy a escucharte, pero nada más que eso.- dijo ella susurrando pero con un tono de profesora de jardín que no pudo sino terminar de enternecerme. Luego capte el significado de sus palabras y no pude mover ni un musculo…acababa de decirme que me iba a escuchar…..- te dije en el cementerio que…necesitaba tiempo. Y aun lo necesito pero quiero tomarme ese tiempo en…sabiendo lo que tienes que decirme.

Volví a quedarme sin palabras, sin saber exactamente qué decir, o que hacer para evitar que la cálida y poderosa sensación de esperanza se apoderara de mi, ella me estaba ofreciendo la posibilidad de escucharme, podía tomar una decisión a partir de eso, confesaba que tenía previsto que esto se iba a demorar más tiempo, que iba a tener que esperar e insistir poderosamente para que ella siquiera escuchara una silaba de mis palabras, y ahora esto, no estaba nada preparado para lo que pasaba en ese momento. Hable antes de que cambiara de opinión.

- ¿cuándo podremos hablar? –me maldije cuando mi voz transmitió su desesperación, me di una silenciosa palmada en la cabeza por que también había trasmitido exigencia y eso era lo último que ella necesitaba, que yo le exigiera nada-

- - Mañana, a primera hora. – dijo ella terminando de sorprenderme. Apreté los ojos mientras una inevitable sonrisa de alivio y felicidad se apoderaba de mis dientes.-

- -estaré allá – dije pensando en que si quería dormir el resto de la mañana, lo iba a tener difícil, ya que sabía que no podría pensar en otra cosa que encontrarme con ella, hasta que fuera la hora.

- - yo…estaré esperando –.

El susurro, y la promesa de su espera, aunque no para lo que yo quería realmente, hicieron mella en todo mi cuerpo llenándolo de calor. Suspire sin poder evitarlo cuando el tono de llamada terminada se dejo escuchar en mi oreja.

Me encontraba perplejo y no era para menos, jamás, en mis sueños más locos desde hace tiempo, se me hubiera ocurrido siquiera imaginar que Bella me había llamado para acceder a escucharme, y encima de todo, en unas horas.

Tal como lo predije no pude volver a dormir, pero curiosamente no me sentía cansando ni con menos energía, es mas estaba pletórico de ella y no necesitaba descansar ni lo haría si eso implicaba siquiera la posibili9dad de llegar tarde a la clínica para hablar con ella o algo más.

Intente que las emociones no me dominaran peo fue una tarea difícil, aun así lo hice, había aprendido a controlarme gracias a ella, aunque técnicamente fuera ella quien socavara mi control.

En menos de lo que pensé, tal vez estaba tan ansioso que así quise creerlo, los primeros visos del amanecer dieron su luz a mi habitación, de la cual habia corrido las cortinas precisamente para vigilar el avance de la madrugada.

Como si se tratara de un crío pendiente de su primera cita, entre a mi baño, me rasure, mas cuidadosamente que de costumbre, la barba de un día, me bañe concienzudamente, y me aplique loción para después del afeitado. Escogí la ropa más decente que tenia pero después cambie a una menos pulcra pero igual de limpia. Mire al reloj y me di cuenta de que inconscientemente había hecho esto en la mitad del tiempo en que solía hacerlo. El reloj apenas había marcado una hora y yo seguía de pie caminando de un lado a otro y desordenándome el cabello que con tanto empeño había peinado.

Sonreí para mi mismo sin poder evitarlo, pensar en ella, en encontrarla nuevamente, en olerla y en percibir su presencia a pocos pasos de mi me hacia feliz, inmensamente feliz, claro que estaba nervioso por lo que pudiera pasar, por lo que ella pudiera decidir, podía mandarle al diablo, al menos debía contar con eso.

Mas tiempo paso y cuando fue la hora de partir corrí hacia el garaje a por el carro sin hacer caso de la, parcialmente repetitiva, expresión de exasperación de Victoria, pero sabía que aunque me mirara así ella comprendía realmente lo que motivaba mi actitud beligerante. Sabía por lo que había pasado a pesar de no ser una testigo directa.

Apreté a fondo el acelerador y me encamine hacia la clínica verdaderamente rápido, hasta para el trafico ligeramente congestionado, era evidente que iba con afán, porque nadie se atrevió a cruzarse en mi camino.

Estacione cuando llegue a la clínica, di un suspiro fuerte dos o tres veces. "Serénate, Cullen" pensé una y otra vez, parecía una chica en ese aspecto, estaba más ilusionado que niño ante un juguete.

Baje del auto y en tres zancadas llegue a la recepción.

La cosa se complico cuando el celador me dijo que tenía orden de no dejarme entrar.

Sin poder evitar sentirme completamente amenazado por eso comencé a levantar la voz sin importarme la educación, el decoro, ni que me encontraba en la recepción de una clínica psiquiátrica haciendo barullo cuando se suponía que debía mantener el orden y el silencio y encima de todo podía irme a la cárcel por escandaloso. Continúe exigiendo que se me permitiera ver a la Dra. Hale, seguí gritando mi inconformidad y amenazando a toda la familia del vigilante, hasta la que seguramente yacía bajo tierra.

En medio de mi griterío ambos paramos cuando escuchamos el repiquetear de unos tacones sobre las rocas del adornado pasillo, me volví para ver a la Dra. Denali,

- Dra.- dije inclinando la cabeza

- ¿que está pasando aquí?-pregunto con voz inquisitiva mirándome tan fijamente que de repente volví a sentirme como niño regañado.

-lo siento…yo vine a ver a Isabella –dije. Ella me miro extrañada.

- Hable con Rosalie, y ella me dijo que usted tenía prohibida la entrada a esta clínica hasta que ella lo considerara conveniente.

- Lo sé pero Bella….ella me llamo, me dijo que quería hablar conmigo y yo tengo que hacerlo, necesito hacerlo – dije sonando consumadamente desesperado, tanto como me sentía.

-tendremos que confirmar esa información, mientras tanto le sugiero que se calme y deje de hacer eso que hacia hace un momento, hay pacientes que se alteran con el más ligero ruido.

Cuando se alejo tuve que contenerme para gritarle que se apurara, que corriera con esos primorosos tacones que tenía y que corroborara que mi venida acá tenía que ver única y exclusivamente con Bella…con Bella y conmigo.

Paso media hora más y ya sentía que volvía a desesperarme cuando vi que nuevamente se acercaba por el pasillo del medico la Dra. Denali.

- Puede seguir, ella lo está esperando en su habitación.

Hice un esfuerzo sobrehumano para no correr subí las escaleras y no en ascensor pensando en que me darían un poquin de tiempo para tranquilizarme.

Cuando finalmente estuve frente a su puerta el corazón me palpitaba con fuerza contra el pecho y sabía de antemano que no tenía nada que ver con el ejercicio que acababa de realizar.

Accione el picaporte y entre abriendo la puerta lentamente, mis ojos instintivamente la buscaron y la encontraron sentada en una silla que a luces se veía bastante cómoda. Permanecía concentrada mirando a la nada que se extendía en la ventana, la nada verde ya poblada de pasto.

- siéntate – dijo en voz baja sin saludarme, pero sabía que no tenía derecho a esperar mucho. Como la única superficie en la que parecía que me podía sentar, aparte de su regazo, era en la cama, lo hice asi, sentí que el colchón se hundía con el peso de mi cuerpo, y también con el peso de mi insoslayable culpa. - te escucho – volvió a hablar, pero por la manera en que miraba la ventaba parecía más concentrada en los milímetros que creía el `pasto a diario

- ¿puedo pedirte algo antes de hablar? – dije sin detenerme a pensar mucho en lo que decía, casi creí que iba a volver a mirarme y me iba a privar del privilegio de pedirle que lo hiciera, pero finalmente me lo cedió, inconscientemente o no.

- si está en mis manos darte lo que pides- creo que se dio cuenta, al igual que yo, que lo que había ducho daba pie a ser interpretado de muchas formas, estaba en manos de ella perdonarme, estaba en manos de ella librarme de parte de esa culpa que me carcomía por dentro, estaba en manos de ella convertirme en el hombre más feliz o mas desgraciado del planeta.

- ¿podrías mirarme mientras te hablo? – dije revelando mi petición, a pesar de que quería hacerle unas menos inocentes y mas comprometedoras, como un reloj, empezaba a contar los minutos, las milésimas de segundo que faltaban para que comenzara a prenderse todo en mi…

Y luego, como si nada, su lánguido cuello dirigió su cabeza y su mirada hacia mí, sentado en su cama, mirándola amargamente, deseablemente. Por lo demás la, mirada de ella no tenía ninguna expresión, seguía siendo vacía como el primer día, pero no me deje amedrentarme como mariposa, tenía que tener los pantalones bien puestos para hacer de esto algo que valiera la pena.

- Gracias. –exclame realmente sorprendido, y haciendo lo posible para disimularlo, de que hubiera accedido a algo que yo había pedido.

- Creo que debo iniciar por… por lo que me hizo ser como soy – mirándola a los ojos fue demasiado fácil abrir el resto de mi corazón a los de ella, a ella misma, las palabras abandonaban, claras y sonantes, mi boca tratando de revelar en ellas nada más que la verdad, la verdad de mi vida desde que nací hasta que la encontré a ella.

Sentí que cada palabra abandonaba mi boca sin tregua para quedarse en el aire que ella respiraba, parecía atenta, no sabía que estaba consciente de que me había abierto como un libro a ella sin contemplaciones, confiando en ella, como se lo merecía, ella era digna de confianza, de amor, de muchas cosas que sentía por ella.

Hacia alguna que otra pausa mientras ordenaba los eventos de mi vida y se la contaba a ella tal como la sentía, como la vivía a pesar de que había tratado de maquillar esa verdad con cinismo, dolor, y mentiras, y no me había llevado a nada.

Hubo un segundo, en donde inevitablemente le hable de las conquistas a las que había sometido

Pero, tal como en el resto de las situaciones, solo me detuve lo estrictamente necesario para continuar con los detalles que no querían escapárseme.

Y luego comenzó la historia de ella en medio de la propia historia de mi vida, en ella Bella tenía un lugar demasiado especial para siquiera nombrarlo, quería que lo supiera, tal vez si lo entendiera un poco estaría en su gran corazón la posibilidad remota de perdonarme un poco por todo.

Relate lo escabroso del plan que forjamos pensando en que mas valía decir la verdad que intentar camelarla con mentiras a medias que a la larga, y porque nada estaba oculto completamente en esta vida, acabarían por ser descubiertas y eso la alejaría aun mas de mil de lo que ya estaba. Confesé todo lo que me hizo débil, en el momento de caer, todo lo que consideraba que ella debía saber, lo cual abarcaba la mayoría del relato.

"Entonces ocurrió algo con lo que no contaba. La heredera tenía algo que nunca había visto desde que mi madre murió, algo que echaba de menos terriblemente y que, egoísta como era, también quería tener. Todos los días me decía que era por el dinero, pero más tarde comprendí que era el grito callado de todo lo que extrañaba desde que mi madre se murió. Ella me sedujo…caí en sus brazos libremente sintiéndome más cómodo que nunca. Comencé a desearla sin control alguno, como nunca me había pasado antes, ella no era el tipo de mujer que solía gustarme, pero de repente deje de mirar a las demás por solo verla a ella, la tocaba y ardía, la tenía en mis brazos y sentía que un pedacito de la felicidad que me había sido robada se compensaba con ella. Todo estaba planeado para que durara tres meses, luego de esto podría abandonarla sin ningún remordimiento por haber cumplido mi cometido, pero las cosa seme complicaron, porque por encima de lo que tenía que hacer puse lo que quería hacer. Quería seguirme perdiendo en ella por más tiempo, quería terminar de saborear los placeres entre los que me revolcaba feliz, placeres que solo ella era capaz de darme

Mentalice esa parte de mi confesión como la más dura, la que me llevo más tiempo aceptar, y la cual termino por encantarme en el trascurso de su evolución. Allí estaba parte de la maravillosa emoción que ella producía en mí.

Confesé también lo que había sucedido con Ben Chenney y en donde se encontraba ahora con su secuaz, no por que quisiera que ella me viera como el héroe que le salvo la vida, solo quería decirle la verdad de todo.

Plasme en palabras lo que sentí en el momento en que me creí traicionado, trataba de justificarme inconscientemente o no, pero no sabía si sería suficiente. Hable de mis celos enfermizos y de mi amor descubierto una y otra vez, y ella solo me miraba, parecía digerir cada palabra que pronunciaba sin siquiera inmutarse, pero yo sentía que no podía parar la locomotora de mi boca así que seguí y seguí hablando. Llegando a la parte de mi fatídico descubrimiento de mi mismo, de mi amor por largo tiempo negado y la desesperación silenciosa que finalmente me hizo pasarme las manos por el cabello en gesto inconsciente.

En un momento dado mire hacia sus manos dobladas hacia arriba y por entre las cuales se distinguían, más claras incluso que su propia piel, las cicatrices que de las heridas que ella misma se había producido, y las que, contrario a lo que harían muchos, tuve el inmediato impulso de besar con fervor, intentar borrar algo del dolor que ellas mismas habían producido.

Desde esa perspectiva me parecía que mi boca seguía moviéndose por voluntad propia haciendo uso de mi voz.

- Pero la parte egoísta en mi quiso lo imposible, recuperarla, decirle que después de todo eso que había pasado, desde mucho antes incluso que yo lo supiera, había caído en su red, me había conquistado, había caído en sus brazos…me había enamorado de ella-

Mientras confesaba esto no pude evitar mirarla directamente a los ojos, para que los de ella vieran que al menos en los míos podía ver la verdad así no me creyera del todo. Me encendí como una llama cuando no aparto los de ella devolviéndome la intensidad de la mirada, igualándola.

Seguí hablando hechizado por su mirada, me parecía que había empezado a relatar todo esto desde hacía horas y realmente no habían pasado sino minutos, tenía el infantil impulso de echarme a llorar pero lo contuve, al menos hasta que lograra terminar mi

- Pero sabía que nada de eso era posible y que ella nunca iba a olvidar que había perdido dos hijos míos, dos hijos que he llorado tanto como he podido hacerlo, nunca llegaría a los talones de tu sufrimiento, Bella…pero me han dolido casi tanto o más como cuando perdí a mis padres. Eres todo lo que tengo –

Sin poder evitarlo mis propias piernas y cuerpo, instintivamente se intentaron acercar a ella, de hecho lo hicieron, quería mirarme a los pies y reprenderme por su atrevimiento, quería hacer demasiadas cosas a la vez, pero la que menos esperaba y la que se apodero de mi a cualquier precio que quisiera pagar, fue la sencilla y tal vez más reveladora acción a la que podía llevarme mi conciencia, di dos pasos más hacia ella y sentí luego el duro piso bajo mis rodillas, no tenía nada que ganar y si mucho para perder poniéndome en esta posición, que en cualquier otra situación diferente a esta me habría parecido completamente ridícula, pero con ella era diferente y valía cada esquirla de polvo que se clavaba en mis rodillas, valía cada lagrima que estaba ahogando en mi pecho tratando de no sentirme como un mariquita, a pesar de que había llorado por ella antes, y en varias oportunidades.

– te pido de rodillas que me perdones, no te pido que olvides, solo que aprendas a perdonarme…- "Dios, haz que me perdone" pedía para mis adentros, rogaba para mis adentros - que vuelvas a amarme como solías hacerlo… - "que vuelva a darme esa pasión y ese amor que nunca conocí con nadie sino con ella"- nunca nadie me dio tanto como tú y tan desinteresadamente, y yo no supe aprovecharlo, te pido una segunda oportunidad, una para demostrarte…- "déjame hacerle ver que he cambiado, que puedo ser mejor que el remedo de hombre que ella conoció y que casi la destruyo"- que he cambiado…-"por favor"- y que te amo y te amare toda la vida, y que me gastare esta compensando todo lo que has tenido que sufrir.

Ella me miraba desde su silla, parecía la reina de ese trono limpio y cuidado, ella ir la reina de esta habitación, era la reina de mi vida, era "mi reina".

Sus ojos seguían mudos de expresión mientras el silencio hacía eco en mis últimas palabras, pensé que tal vez debía perder toda esperanza, después de todo nadie me había asegurad que ella me iba a perdonar, había dado por hecho que cuando me escuchara iba a… que idiota era.

- ¿porque sigo casada contigo? – escuche su voz de repente, me alerte un poco ante su pregunta pero sabía que en esto, como en todo lo demás que había confesado, debía hablar con la verdad, sin moverme de donde estaba, de rodillas ante ella, seguí confesando otra debilidad mas. Otra referente a ella.

- quería divorciarme de ti, quería acabar contigo, no sé cómo explicarlo pero nunca pude firmar los papeles que anulaban el matrimonio. Luego, cuando paso todo lo que paso me apoye en esos papeles para ser tu protector legal sin necesidad de acuerdos jurídicos ni nada por el estilo, con este certificado de matrimonio podía poner a tu disposición tu propio dinero, el mío y mis influencias para que tuvieras lo mejor y tu recuperación fuera pronta y satisfactoria. Pero todo eso era en segundo plano…- ojala comprendiera el sentido de mis palabras sin sentir que de alguna manera me había aprovechado de mi status de esposo para hacer algo que la contrariara - no me divorcie de ti porque mi propia alma, aunque se negaba a aceptarlo, te amaba, te ama con locura.

Casi creía que de tanto silencio escucharíamos amplificado al por mayor el ruido que hacían las escasas pintas de polvo en la habitación levemente iluminada por el sol, podía cortarse con unas tijeras, podía sentirlo en el ambiente, ese silencio que había aprendido a devorarse mi alma en esos pocos minutos.

Entonces ella se movió, al principio dude de sus intenciones, pensé que se retiraría, o se levantaría para pedirme cortésmente que abandonara su habitación, cualquiera de esas reacciones hubiera sido plenamente normal. Ahora la tenía casi frente a mí, tan cerca que si alargaba la mano podía rozarla con los dedos, tan cerca, lo suficiente para dejarme envolver por su esencia característica intoxicándome de deseo. La mire a los ojos, húmedos y ya no carentes de expresión, había demasiada ternura en ellos algo que no me esperaba, así a centímetros de mi, sin poder pensar en nada más que su cercanía. Nuestros ojos volvieron a encontrarse desde esta posici9on de sumisión por parte de mía ante ella, ante sus deseos, podía hacer lo que quisiera conmigo y aun así no parcia consciente de ello. Cuando la primera lagrima cristalina broto de sus ojos, desee estar debajo d ella para atraparla con mis dedos, desee ser el receptáculo de su tristeza manifestada en lagrimas de… ¿de qué?

Me moví sin que ella me lo hubiera permitido, por que estar tan cerca de ella y no tocarla era algo que iba mas allá de mi propio entendimiento, alargue la mano hasta posarla en su estrecha cintura y abrace la parte inferior de su cuerpo con la fuerza que movía a mis sentimientos.

Y si, llore, llore por lo que había perdido, por haber sido un imbécil, por haber destruido lo único bueno que tuve en la vida desde que mis padres murieron, por mi infancia, por mi adolescencia solitaria y sin sentido, y por mi adultez aprovechada en nada más que en nimiedades cuando le había dado la vuelta a lo más preciado que esa misma vida podía ofrecerme. Y no me importaba que ella me escuchara, y que tomara mis lagrimas como una mentira, nada, ni siquiera ella, a pesar de cuanto la amaba, me hubiera impedido sacar, finalmente, de mi todo ese desdén, ese odio por la vida enterrado profundamente en mi y disfrazado de superioridad y de mentiras, todo eso brotaba en forma de lagrimas, como si hu8biera vuelto a retroceder a mi edad púber y llorada cuando me lastimaba o cuando algo que alterara mi paz infantil hubiera sido roto. Como me sentía, roto, sin ella no era nada, era algo más que una mancha en toda la humanidad. No era nada.

Quise trasmitírselo pero no tuve más remedio que abrazarme a su regazo como un niño pequeño queriendo protección debajo de las faldas de la madre.

Sentí la punta de unos fríos dedos entre mi pelo y después en mi propio cuero cabelludo, la sensación derramo por sobre mí la mas deliciosa sensación erótica jamás sentida, hacia demasiado tiempo que no sentía las caricias de Bella, las verdaderas, porque en mi imaginación seguía siendo mía en cada uno de los aspectos en los que me atrevía a soñarla.

Cuando me calme, cuando fui capaz de hacerlo deje de apretarla con tanta fuerza, aun no me sentía listo para alejarme pero ella no consideraría eso, para ella aun seguía siendo el infame que la había destruido, y estaba más que en lo cierto.

Unos centímetros más y volvería a ser la ruina de hombre en la que me había convertido.

Estaba presto a levantar la rodilla para poner de pie cuando sentí sus manos frías nuevamente en mi cara, en mi cuello, cuando la pude mirar vi que se inclinaba hacia mi presa de algo que no podía identificar, cayó de rodillas y ahora fui más alto que ella nuevamente, aun me sostenía, sus fríos dedos recorrían mi piel caliente poniéndome los pelos de la nuca de gallina. Usando sus manos me acerco débilmente a ella y unió sus labios a los míos sin mayor dilación.

Su cálida y deliciosa boca hizo estragos conmigo, destruyo mi débil muro de autocontrol, mino mis esfuerzos por ser un caballero amable y no un hombre de las cavernas.

Sentí las cálidas lagrimas que se mesclaban con las mías, y este sencillo acto apuntalo tanto placer a todo mi cuerpo que casi me separo de su ávida boca para soltar un gruñido, uno que no creo haber podido evitar cuando ella succiono con fuerza uno de mis labios impregnándome de su esencia, de su aliento, de toda ella. Rompí la frágil barrera que nos separaba, la invisible donde aun le pedía perdón, eso, sin quererlo realmente había pasado a un segundo plano, ahora importaba el ahora, nada más.

Mis manos viajaron a su nuca y se enterraron en su cabello sedoso y oloroso a vainilla, la apreté contra mi consciente de que en cualquier momento podía apartarme, abofetearme y pedirme que no volviera jamás, pero si ella había iniciado este beso, eso quería decir algo, no podía ser de otra manera, no debía serlo…

Gruñí otra vez cuando empuje su cuello más cerca de mi lo cual dejo que mi lengua se enredara y se encontrara profundamente con la de ella que parecía huir presurosa de mi fogosidad, pero seguía sin estar preparado para dejarla ir.

Con las rodillas Bella se empujo aun más contra mí y casi pierdo el equilibrio al intentar evitar que nos tirara a la alfombra y mi instinto animal decidiera poseerla nuevamente sin más. La abrace contra mí, si iba a disfrutar un poco mas de esto que ella me daba tan libremente no lo haría sobre el piso de su habitación, así la idea me pareciera excitante. Apreté su frágil figura contra mí al tiempo que me podía de pie, su peso no había variado a pesar de que tenia aun mas curvas en el, estaba deliciosa.

Cuando estuvimos de pie la apoye sin miramientos contra una pared, ansioso de sentir toda la extensión de su cuerpo con el mío, sentí sus piernas alrededor de mis caderas y sus pies anudándose en mi trasero y casi veía chispas, sus brazos me apretaban débilmente pero sabía que era por la fragilidad natural de su cuerpo. De no ser así estaba seguro de que ella habría usado la fuerza bruta para pegarme a su ser, y lo hubiera hecho demasiado gustoso.

Recorrí la extensión de su cuerpo y sus adorables piernas con una mano mientras que con la otra la sostenía contra mí sin ningún esfuerzo.

Cuando me canse de tocarla, pero solo por esa posición, inevitablemente me asalto el imp0ulso de llevarla a la cama y poseerla sin contemplaciones, ambos caímos sobre esta, sentí cada porción de su delicioso cuerpo, me removí por mi propio placer al descubrir que esto era real y no era otra de mis frecuentes fantasías, Bella en verdad estaba dejando que la besara, que la tocara como un salvaje, como un indigente que había estado demasiado tiempo sin comida.

Dios…Gracias…

-Bella…Bella…- su nombre escapaba de mis labios como una oración a este momento tan maravilloso

Disfrute aun más tiempo de tocarla, pero después supe que debía detenerme, ella no me perdonaría si la seducía sin haberme perdonado ella a mí, Sonaba ridículo, yo controlándome de no hacerle el amor cuando era evidente que ella asi lo deseaba, yo lo deseaba, pero ella debía estar consiente de que si le hacia el amor….me habría perdonado para siemrp y permitiría que intentara hacerla feliz.

Necesitaba oír que me perdonaba, que me autorizaba a cortejarla, a ganarme su amor.

Apartarme fue la cosa más terrible que tuve que hacer nunca, aun sin pensarlo siquiera una vez estuve recostado a su lado mi brazo seguía sosteniéndola en la posición en la que se encontraba, para evitar que huyera, o siquiera se arrepintiera de este momento mágico, recién ocurrido.

Pasaron varios minutos y ninguno de los dos decía nada. Hasta que ella finalmente tomo la prerrogativa.

-Lo… lo siento- dijo, la voz le tembló de tal manera que supe que en primera estancia no era eso realmente lo que había querido decir, o tal vez si lo sentía y yo me estaba ilusionando como un estúpido.

-no lo hagas…- no solo le pedía que no lo sintiera, sino que no dañara esto que había pasado ni lo tiñera de algo que no tenia. Mentira. Nada podía haber sido más verdadero que esos pocos minutos antes. - porque yo no lo siento en absoluto – no pude evitar acercarme para decirle estas palabras, desde mi vista tenía su hermoso perfil cerca y me entraron las ganas absurdas de besarle la nariz solo para comprobar cómo reaccionaba. .

- no se… que decir…que decidir…-tartamudeo ella, parecía tan tímida e insegura como si aun fuera una virgen, una virgen recién ofrecida en sacrificio, pensé que lo era, era una criatura lejos de la vida normal, ella no era normal, era como un ángel corpóreo que había salvado mi destruida vida.

-no tienes que decir nada…- dije, tampoco a mí se me ocurría que decir, mentía, si se me ocurrían pero aun era demasiado pura para escuchar mis confesiones más profundas. - las cosas van a darse si así tu lo quieres… no te voy a presionar ni voy a hacer nada en contra de tus deseos.- aunque también me preguntaba como sobreviviría de aquí en adelante sabiendo que aunque tal vez me siguiera odiando aun respondía a las demandas de su cuerpo y del mío de una manera tan apasionada.

Ella sacudió la cabeza en un gesto de asentimiento, como si me creyera ciegamente lo cual hizo estallar un globo de felicidad en mi corazón.

.- - ¿sabes?-dijo ella después de un momento, mientras sentía su cintura subir y bajar debajo de mi mano, aun tras la ropa la piel se sentía tan caliente que por poco cedo al impulso de meter la mano debajo del jersey que portaba para tocarle la piel otra vez. Pensé en lo que quería decirme así de decidí callarme y escuchar – ayer me hice unas pruebas de paternidad con uno de los internos de esta clínica que puede llegar a ser mi padre – me sorprendió bastante que ella quisiera confesarme algo tan privado como eso y sin poder evitarlo mi ser siguió esperanzando cada vez mas alto, intente que no se notara en el ligero temblor que me recorrió. Vaya idiota sensiblero estaba hecho, pero no podía sentirme mal por serlo simplemente no podía. Como tampoco podía seguirle mintiendo, así que le dije nuevamente acercándome a su oído, una patética excusa para oler su escénica.

-ya lo sabía – dije apesadumbrado, aunque seguía gustándome la sensación de ligera confianza que ella parecía querer depositar en mi de manera voluntaria.

- ¿cómo? – supuse que ese como se refería a como lo había sabido y seguí soltando verdad como un calamar soltaba tinta.

- tenía que dar la autorización como tu representante legal.- aun me carcomía algo en el alma haber dado consentimiento a eso, porque lejos o cerca, era una implicación de alejar de ella que no necesitaba y no quería en ese momento

-¿qué va a pasar si resulta ser cierto? – volvió a decir ella después de unos momentos. Un sendero de amplias proporciones y posibilidades se abría ante este nuevo evento, me pregunte si los hombres querrían saber sobre la historia de Bella, se enterarían que estaba casada conmigo, se enterarían de todo lo demás e intentarían quitármela de las manos.

- no lo sé – dije por matar tiempo, pero por dentro la preocupación seguía corroyéndome como el oxido - solo que… - no quise que sonara como una amenaza pero no pide evitar que el tono posesivo abandonara mi boca junto con las palabras. - nadie va a impedirme acercarme a ti.

Ella siguió dejándome que la aprisionara por mucho más tiempo, hasta que finalmente algo la obligo a retirar el peso de mi brazo, por un vago momento sentí que quedaba desprotegida. Pero sabía que al menos mientras no me perdonara del todo el verdadero contacto con ella estaría restringido. Observe su grácil espalda mientras se deslizaba por encima de la colcha de la cama hasta quedar en la orilla, mirándose los pies. Seguí su ejemplo para mantenerme cerca de ella pero pude ver que se tensaba un poco, aunque no como antes lo cual me daba un margen de posibilidad bastante amplio. Sonreí interiormente.

Ahora llegaba el momento en que debía irme, por la actitud de ella parecía ser lo que deseaba.

- yo…debo irme- dije moviéndome un poco al estar sentado a su lado, la inseguridad sequia dentro de mi así que no pude evitar seguirla incordiando – no quisiera malentenderte pero… - me sentí un poco tonto al tratar de explicarme, tal vez no había sido lo suficientemente rápido al captar la voluntad de ella.- aun no sé si decidiste algo.

Se quedo bastante más rígida que antes, pero luego siguió hablando aunque lo que dijo tampoco fue de mucha ayuda

-No sé qué decisión tomar. – me puse de pie y me volví a observarla esperando que dijera lo que tenía que decir, no se estaba negando pero tampoco me daba ninguna pista sobre cómo actuar, me sentía como sui estuviera pisando sobre cascaras de huevo. Nuevamente concluí que lo mejor era irme con viento sano - – entonces volveré cuando me lo pidas –Sentí deseos de darme cachetadas al ofrecerle siquiera esa opción, darle la oportunidad de ignorar lo que acababa de pasar, lo mucho que había avanzado, ¿porque no podía pensar un poco antes de hablar?, pero nuevamente era ella la que me nublaba cualquier razonamiento.

Ella asintió aunque parecía que su cabeza estuviera actuando por voluntad propia

Mi instinto podía fallar nuevamente antes de irme…

-¿puedo pedirte algo más? – mis deseos oscuros tomaron la prerrogativa en ese momento y mi boca siguió moviéndose manifestando mis traicioneros deseos. Ella asintió otra vez, automáticamente.- ¿podría darte un beso? –

Mi propio cuerpo se encendió ante esa maravillosa expectativa, besarla nuevamente, sentir sus labios contra los míos. Suspire internamente preparado para su rechazo, así que la mire a los ojos, al rostro y no vi en ellos ningún signo de que quisiera negarse, mis pies, por voluntad propia caminaron hacia ella, y asumí la posición que merecía, a sus pies. Me acerque aun esperando que ella levantara su mano y de un manotazo apartara mis avances, selle sus labios con los míos sintiendo su suave textura, casi amarro mis dedos cuando casi sucumbía a la necesidad de tocarle nuevamente. Di por terminado el contacto, aunque ella respondió todo el tiempo, lanzando más leña a mi fuego.

Darme la vuelta nuevamente, pero sabiendo que la iba a dejar nuevamente, me dolió mucho más de lo que creía, cruzar esa puerta hizo todo aun más difícil.

No quise pasar por la oficina de la Dra. Hale a hacerle un repaso de lo que había pasado, que ella sola sacara sus propias conclusiones, las cuales, si no me equivocaba, iban a estar encaminadas muy lejos de lo que en realidad había pasado, es decir ella no se iba a imaginar siquiera que casi había hecho el amor a Bella sobre su cama y en su clínica.

Me pase las manos por el cabello mientras salía al jardín, a lo lejos vi la figura en silla de ruedas del que reconocí como compañero de Bella, el, el invalido, era en quien se estaba cociendo la posibilidad de perder a Bella a manos de su familia. No quería iniciar una batalla legal por ella, aunque si así lo hiciera no estaba seguro de poder pelearla, por la sencilla razón de que su línea de consanguinidad tenia más poder que la línea conyugal.

Mejor, pensé, debía prepararme para alguna afrenta, de esas que presentía estaba pronta a hacerse presente.

Conduje hacia mi oficina y trabaje con ahincó. Eran casi la cinco de la tarde cuando decidí salir y dejar algo del trabajo acumulado para el día siguiente.

Cuando iba en el auto, la palm vibro.

- ¿Hola? –conteste por el auricular.

-¿Edward? – dijo una suave voz

Di un volantazo y casi choco contra el auto que me paso a la derecha maldiciendo lo que debió pensar que fue algún bache en mi habilidad para conducir. Me estacione de cualquier manera en la acera y aferre mi celular, tan fuertemente, que casi lo rompo.

- Be…Bella – dije aun sin poder lograr comprender o entender por qué en unas horas que habían pasado desde que no nos veíamos, y ella volvía a llamarme. – sí, soy yo – aclare estúpidamente, luego llegaron miles de incógnitas a mi cerebro que mermaron cada palabra que tenía en mente pronunciar, solo salió la pregunta de rigor, la que siempre me preocupaba cuando tenía una llamada acerca de ella. – ¿sucede algo?-

-Edward…yo… no sabía a quién mas llamar – la posibilidad de que me considerara aun por encima de Alice, Jacob o Jasper, no hizo otra cosa que llenarme de orgullo, aunque el tono desvalido de su voz, ese que casi nunca había escuchado de ella hizo que mi miedo sobre lo que pudiera estar pasándole se exacerbara - Alice está planeando su boda con Jasper y Jacob no ha vuelto del exterior, no tengo a nadie más.- aclaro ella su solitud

- no importa…cuentas conmigo para lo que sea, lo que sea….- "Mi amor, vas a contar conmigo hasta el día en que me muera", pensé para mis adentros deseando poder decírselo sin predisponerla y en voz de grito.

-Charlie…Oh Dios!, en resultado es…él es…- parecía estarse quedando sin aire y maldije no poseer la habilidad de teletransportarme a donde estuviera ella para sostenerla, tanto como lo necesitara, y por el estado de su voz parecía ser urgentemente. – ven, por favor – dijo ella después de tomar una respiración profunda.

-en diez minutos estaré allá – prometí pensando en que a la velocidad con la que había cambiado la palanca y la fuerza con la que había aplanado bajo mi zapato el acelerador, lo haría en menos de cinco minutos.

Aun sin poder entender y sin poder creerme esto le di la vuelta al auto cual película de James Bond y me metí por entre el trafico maniobrando y esta vez bendiciendo mi habilidad al conducir, sabía que era demasiado tarde para hacer visitas a la Clínica pero sabía que por Bella la Dra. Hale haría una exepcion.

Frene en la entrada y el celador pareció saber porque de mi presencia nuevamente acá, subí las escaleras de dos en dos, estaba mirando a un lado cuando sentí algo blanco chocando contra mí, abrí los ojos entre el cabello castaño, y el olor inconfundible de Bella, ella me estaba abrazando como si necesitara desesperadamente de mi, le di el abrazo de vuelta completamente anonadado, sorprendido, fascinado con sus emociones, esas que la direccionaban hacia mi…esas que me permitían que la abrazara fuertemente contra mi pecho y quisiera brindarle mi apoyo incondicional. La levante del suelo por la fuerza con que la aferraba pero ella no se quejo, se sentía maravillosamente bien entre mis brazos, donde debió estar siempre.

Entre el cabello de Bella distinguí a dos figuras paradas en la entrada de la oficina de la Dra. Hale. Y a ella misma detrás. Miraban la escena con expresiones insondables en sus ojos, no sabía a qué atenerme por que tampoco sabia si ellos habían sido informados de la verdad, de la verdadera historia entre Bella y yo.

Acaricie el cabello de Bella suavemente mientras le susurraba palabras tranquilizadoras al oído.

Finalmente ella se calmo y se alejo.

-lo siento – susurro contra mi camisa, negué con la cabeza y la hice mirarme.

-¿que es lo que pasa? – pregunte suavemente, sumamente tentado por él, nuevamente, extraño impulso de besarle la nariz.

-Charlie…- por como lo decía me hacía pensar en que tal vez algo le hubiera pasado a su amigo y me sentí rematadamente mal – Charlie…el es…- nuevamente y tal como en el teléfono estaba en el aire.

- Cálmate, pequeña, respira profundo y dime que está pasando – intente tranquilizarle

- el es mi padre-soltó ella en un suspiro cargado de ansiedad mirándome con una expresión entre desesperada y feliz que nunca había visto en alguien alguna vez.

Mis peores temores se veían así confirmados, la legión de decisiones, posibilidades y posibles acciones comenzaron a brotar en forma de sinfín de preocupaciones de mi cerebro a todas las partes racionales de mí ser. Sostuve a Bella contra mí, pidiéndole silenciosamente que esto no la fuera a apartar de mí.

- eso es…bueno, pequeña.- dije por intentar decir algo aunque por dentro estaba demasiado preocupado para siquiera pensarlo, la voz me salía en un susurro porque quería que solo fuera ella la que escuchara.

- no sé qué hacer…- sus ojos miraron todo alrededor de nosotros, como si algo le fuera a dar una guía sobre cómo actuar, después esos ojos velados por esas pestañas u esa expresión de vulnerabilidad que, en ese momento, volvió en todo su esplendor.-

Aunque todo mi ser me exigía lo contrario debí dejarme llevar por los instintos porque de mi boca salieron estas palabras.

-debes decírselo, a él le alegrara saber que su hija se encuentra viva…- aunque eso significar an gran medida que tendría que separarme de ella, al menos temporalmente, podía ser, podía no ser.

-tu…- ella parecía no saber que mas decirme, se había quedado sin argumentos – ¿eso es lo que crees que debo hacer?-

- nunca me preciaría de decirte, al menos ahora, lo que debes hacer, Bella. No importa la decisión que tomes, yo estaré aquí…- baje la voz para que solo ella me escuchara – no voy a dejar que nadie te aparte de mi….

Ella me miro fijamente, luego se volvió hacia los dos hombres parados frente a la oficina de la Dra. Hale.

- yo…no sé como decírselo a Charlie. – dijo ella mirandolos

- ¿quien es él? – pregunto el más alto, me miraba…celosamente, como si el descubrimiento de que era familiar de Bella le hubiera otorgado el derecho a controlarla, intente serenar el calor de mal humor que comenzó a apoderarse de mi pecho.

-es el esposo de la señorita Swan, se llama Edward Cullen – dijo la Dra. Hale. Ambos hombres la vieron sorprendidos, parecían tampoco creer que yo estaba casado con ella.

- ¿Esposo?, pero si solo tiene 19 años.

-Es mayor de edad – dijo el hombre más bajo, apreté el hombro de Bella inconscientemente.

-de todas maneras, ¿que está haciendo aquí?, no es como si fuera parte d esta familia ¿verdad? – dijo alebrestadamente el otro

Esta vez fue Bella la que lo miro

- Señor…- parecía que no quería llamarlo con el titulo que tendría si fuera su familiar – yo…no tengo a nadie más en este momento, no va a ser fácil cuando se lo diga a Charlie…y quiero que…el este ahí….conmigo –soltó esto último en un suspiro.

- pero …-

- ya basta Adam…debemos pensar como decircelo a Charlie y no alterarlo.

El que se hacía llamar Adam asintió lentamente, pero no quitaba sus ojos de mí, parecía que me estaba juzgando como algo y por su mirada me encontraba absolutamente deficiente.

Entramos todos al despacho, aun me sentía anonadado de que Bella hubiera defendido mi presencia y aun mas que me permitiera abrazarla del hombro cuando días atrás apenas podía tolerar que la tocara.

Me pregunte si la reacción de Adam se debería a que ya sabía parte de lo que me involucraba con Bella y este lugar, pero algo me decía que si fuera así, no estaría de pie al lado de ella sino en el piso retorciéndome en cualquier charco de sangre.

-Se darán cuenta de que se presenta una situación de lo más…peculiar – dijo la Dra. Hale cuando todos estuvimos sentados, ellos no quitaban los ojos de encima a Bella, me estaba inquietando, pero no podía moverme de su lado, no cuando ella se mostraba tan de acuerdo a tenerme cerca – señores Swan…- comenzó ella, por una extraña coincidencia Bella portaba ese apellido… que según el informe que había recibido sobre ella, le había sido puesto en honor al hecho de haber sobrevivido en el hospital. Era curioso que también lo portaran ellos…debían ser los tíos de Bella. – aunque la señora Cullen…

- ¿quien? – pregunto el alto apartando su mirada de Bella.

-La señora Cullen…la señorita Swan – aclaro la Dra. Hale confundida.- La señora Cullen, vamos a llamarnos por los títulos que corresponde – término, al parecer zanjando la cuestión. – aunque es ella una paciente de este centro de ayuda psicológica, comprenderán que debe dejar de serlo un momento para dirigirse al señor Swan y darle esta noticia. La salud de un paciente psiquiátrico es sumamente delicada, puede recaer en crisis o avanzar según tenga estímulos. Sabemos por qué se encuentra Charles en esta institución, y sabemos que una noticia de esta magnitud puede tanto estimularlo a que mejore, como a que empeore.

- Charlie siempre ha dicho que encontrar a su hija aliviaría todas sus penas – dijo el más pequeño – siempre pensamos que sería duro aceptar para el que su hija había desaparecido y también que su destino estaba más que abierto a posibilidades de muerte y otras cosas, creo sinceramente que el hecho de que se entere de que su hija, su amada hija, se encuentra viva aliviara su salud, lo suficiente para que podamos tenerlo en casa.

Permanecimos en silencio unos momentos. Sabía que la tenia razón, podía tenerla, era lo más probable, una noticia que hacia feliz a alguien no podía influir negativamente en la salud, pero ¿que sabía yo de esas cosas? No era psicólogo al fin y al cabo.

- me gustaría decírselo a Charlie – escuche la voz de Bella a mi lado, seguía aferrando mi mano inconscientemente. – creo que…espero…deseo que esta noticia sea para bien, conociendo a Charlie como lo conozco, se de lo que hablan, el siempre me ha hablado de su…hijita como si fuera su más preciado…tesoro – cuando la mire vi que tenía los ojos llenos de lagrimas, y eso perforo mi corazón al instante, no quería verla llorar, bajo ninguna circunstancia, ni siquiera de felicidad, había sufrido demasiado en la vida como para llorar por esto… esto que podía cambiarla para siempre. – yo se lo diré...

El que respondía al nombre de Adam asintió lentamente.

- ¿cuando? –pregunto el más pequeño. La Dra. Hale suspiro pesadamente, sabía que ellos debían ser los familiares a cargo de Charles y que eran ellos quienes decidían si la noticia debía ser o no revelada, ellos se mostraban de acuerdo así que ella no podía hacer nada más.

- cuando los señores Swan lo dispongan – dijo la Dra. Hale. Me hubiera gustado que Bella fijara la fecha pero estaba claro que yo no podía opinar ni nada por el estilo aquí.

- mañana, en la mañana – dijo Adam asintiendo y mirando a Bella después – ¿estás de acuerdo?

- lo que ustedes decidan – dijo ella asintiendo lentamente con la cabeza.

Así que el acuerdo se dio de esa manera. Ellos se pusieron de pie, Bella hizo igual pero seguía cogida de mi mano, estrecho con la otra la mano de sus supuestos tíos y después salimos de ahí. Tal vez seguía aferrándome la mano en un gesto inconsciente pero ahí estaba, cuando llegamos a la puerta de su habitación, como si hubiéramos llegado a la puerta de su casa, ella se dio la vuelta y me miro a los ojos.

- siento haberte hecho volver tan pronto – dijo

- no me importa, te dije que vendría cuando me lo pidieras.- conteste con seguridad.

- si…- dijo ella soltando definitivamente mi mano, el frio comenzó a invadirme sin más y conocía muy bien la razón. Pero trate de no demostrar nada, pero en mi cara debió reflejarse la incomodidad porque ella volvió a mirarme. – Edward yo…necesito hablar contigo, sigue por favor.

La seguí cuando entro a la habitación y cerró la puerta tras de ella. Me di la vuelta en el centro de la habitación y me quede mirándola, volviendo a esperar que ella tomara la iniciativa.

- He… he estado pensando en lo que me dijiste… - dijo ella entrecortadamente. El corazón volvió a iniciar su carrera loca. – en lo de tu arrepentimiento… y en todo lo demás.

Asentí tragando en seco.

-Yo…te amo Edward…nunca he dejado de hacerlo…- bajo la cabeza – se que no es el momento más indicado para decirlo, pero debía hacerlo…

¿De qué estaba hablando?

- ni siquiera pude dejar de amarte cuando perdí a mis hijos, ni cuando estaba muriendo…incluso en esos momentos estabas ahí…estaba rezando por que te encontraras en mejor situación que yo.

Sabía que le estaba costando decirme esto, sabía que le dolía por la profunda expresión en su mirada

- Bella yo…- quise decir algo pero ella me detuvo

- déjame terminar…ya sabes que te amo, creo que lo has sabido siempre –no estaba seguro de eso, aunque sabía que podía confiar ahora en sus palabras, jamás nada había sonado tan perfecta y verdaderamente dicho.- pero, yo debo…debo reconciliar mi relación con mi padre… debo saber quién es realmente mi familia…yo quiero…saber lo que se siente una familia, necesito que estés ahí…y queme apoyes aun si me piden que me vaya con ellos…

-¡NO! – grite sin poder controlarme, la sola idea basto para sacudirme el mundo – yo no puedo dejarte ir…entiéndelo…no quiero ser egoísta…no quiero…no quiero perderte...quiero – quería demasiadas cosas y ahora, cuando me habia confesado que aun me quería, y que estaba bailando minue internamente, me sentía enlibertad de confesar mis sentimientos y temores – quiero vivir contigop…quiero que seas mi esposa, mi mujer…mia…quiero tener hijos contigo, quiero hacer mi vida contigo, no, te ruego que no me dejes.

-Edward, aun no es nada seguro, solo estoy hablando de opciones…- dijo ella negando con la cabeza

- no me importa – dije caminando hacia ella hasta que la acorrale contra la puerta, enterré la nariz en sus cabellos y comencé a oler como un obseso – creí que comprendías que no puedo vivir sin ti, no soy nada sin ti. Yo también te amo, tanto como tú me amas a mí…más que a mi vida, más que a todo, estoy dispuesto a todo por ti…no me dejes.

Ella respiraba agitadamente, como si estuviera corriendo una maratón, sentía sus brazos a cada lado de mi cuerpo, la sentía en medio de una lucha contra sí misma, "abrazame,mi amor, no tengas miedo" pedí dentro de mí, sus brazos estaban a medio camino de abrazarme…

Sus manos se cerraron en torno a mi cintura y su cabeza se apoyo en mi pecho, comenzó a llorar, se desmorono completamente y me sentía bien sosteniéndola…demasiado feliz para imaginarlo siquiera.

- Bella…déjame estar a tu lado….perdóname, no dejes que te alejen de mi.-Le susurre en el oído mientras ella seguía llorando abrazada a mí.

Finalmente había destruido la coraza de Bella, pero curiosamente no me sentía orgulloso, me sentía más feliz, como el hombre más feliz que piso alguna vez la tierra, pero entendía, diablos si lo hacía, lo que significaba esas puertas que se estaban abriendo para Bella, una posibilidad con la que no contaba yo, tener una verdadera familia, de regreso.

Los sollozos se hicieron menos fuertes, ella despego la cara de mi pecho y sentí que sus lagrimas habían humedecido completamente mi camisa, el frio ambiente reemplazo a la calidez de su humedad, levante su rostro entre mis manos y la hice mirarme, siempre había amado mirarla y ahora, con los ojos rojos e inflamados por el llanto me parecía tan pura y hermosa como un ángel no terrenal. Baje mi propio rostro hasta sus labios y selle la unión con un beso, cálido, húmedo, tan apasionado como nosotros dos, encerré en ese beso muchas de las cosas que antes hubiera guardado para mí, pero no para ella. A ella podía darle todo, ella estaba dispuesta a recibirlo, porque me amaba…como yo a ella. Como nunca creí poder amar a alguien.

Esta era una lección de vida que en la que, en todos los años de vida que me quedaban, nunca iba a dejar de pesar en algún momento.

Ella volvía a devolverme el beso con creces, con toda la pasión inocente que no había perdido, algo de la niña inocente aun se conservaba.

Nos separamos lentamente, aun sostenía su rostro entre mis manos, las cuales ahora estaban tan empapadas como mi camisa.

- quiero que nos volvamos a casar…- dije musitando contra su boca y dándole suaves besos en las mejillas, en la nariz y en la frente. –quiero ser tu esposo de verdad…por la iglesia…

Ella se quedo muy quieta parecía están pensando en mis palabras como si fueran algún tipo de sentencia, me obligue a permanecer quieto y a tratar de no sentirme decepcionado.

- Edward…yo…- dijo ella, nuevamente sin palabras.

- no tienes que darme una respuesta ahora – dije rápidamente, pero en realidad quería que me dijera si sin contemplaciones. – solo tenlo en cuenta. Bella, yo te amo…no te voy a privar de esta oportunidad pero…no te olvides de mi…no vayas a olvidar que te amo…y que…estaré esperándote – estaba dando mi ultimátum, aunque técnicamente no lo fuera.

En ese lapso de tiempo me daba cuenta de que no podía cortar las alas de Bella una vez más, comprendía que debía dejarla ir, y debía ser libre de escoger su propio camino, conmigo o sin mí.

La epifanía llegaba con mi comprensión del amor que sentía hacia ella, del amor puro y sincero que leían en los sermones de la biblia. Amar era dar a tu compañero libertad para amarte a ti, o a otro. Para permanecer feliz a tu lado o buscar la felicidad lejos, y aun así te sentirías feliz de que esa persona amada fuera feliz.

Bella asintió mirándome a los ojos, luego me dio un ligero beso y me dijo

- no, nunca podría olvidarlo. –

Y curiosamente, eso fue suficiente para mí.



lunes, 14 de febrero de 2011

Feliz dia de San Valentin!!

Hello mis angeles hermosos!!!
les deseo un hermoso dia a todas , pasenla super bien a lado de sus amiguis y por q no del galan
y en la noche saquen la tanga , para una noche de amor
mil besitos a todas las amo de verdad sin ustedes el sitio no seria nada
Mil besitos a todas
Angel of the dark

















Aqui  les dejo mis fotos favoritas de este dulce bombom
solo para babear un ratito

domingo, 13 de febrero de 2011

Guerrero del Desierto

CAPITULO VI

Cuando Edward regresó de hacerle una consulta de último momento a uno de los guías, Bella estaba encogida en su lecho y medio dormida. Una sensación de ternura lo invadió. Parecía muy pequeña y frágil, pero al mismo tiempo podía hacerle sentir muy intensamente. Demasiado. En medio de la noche se despertó y se incorporó de pronto. Edward casi podía oler el miedo que la invadía. Se levantó y le hizo volver a tumbarse entre sus brazos.

-¡Edward! -exclamó volviéndose ciegamente hacia él.

-Estoy aquí, Mina -dijo tomándole las manos y abrazándola con fuerza contra su cuerpo.

-Edward -repitió ella con voz apenas audible esta vez, pero no con menos angustia que antes. Se agarró a sus hombros con sus pequeñas manos.

-Sssh. Estás a salvo, mi Bella -la reconfortó él acariciándole la espalda. Como siguiera temblando, la tumbó de espaldas y apoyó su cuerpo contra el de ella. Parte de la tensión pareció desaparecer al sentir el peso de él contra ella-. ¿Mina?

-Te hicieron daño.

-¿Quiénes?

-Los hombres de los camiones. Pensé que ellos te separaban de mí.

-Estoy a salvo -contestó él. No se le había ocurrido que su revelación pudiera tener un efecto tan potente-. No lo consiguieron. No me has perdido -la miró y como ella pareciera no estar de acuerdo, la apretó ligeramente-. No quiero que te preocupes por esas cosas.

Entre los brazos de Edward, pareció que los miedos de Bella comenzaban a disiparse.

-Lo intentaré. Seguramente lo he soñado porque estaba cansada.

-No volveremos a hablar de ello nunca más.

-Espera

-Está decidido. Puedes enfurruñarte si quieres, pero no volveremos a hablar de ello.

-No puedes decidirlo tú solo -dijo ella.

-Sí que puedo -contestó él con tono neutral, aunque con determinación férrea.

Despierta, volvió a pensar en la pesadilla. Al contrario que en ella, los asesinos reales no habían conseguido su objetivo, pero habían roto la conexión entre Edward y ella; habían hecho trizas cualquier resto de lazo que pudiera quedar después de que ella lo abandonara.

El orgullo de un hombre era algo muy frágil.

El orgullo de un guerrero era su arma más poderosa.

El orgullo de un jeque era el pilar sobre el que se cimentaba el honor de un pueblo.

En la persona de Edward se juntaban los tres y ella tenía que aprender a tratar con ello.

-Vamos a acabar lo que empezamos anoche.

-No. No quiero que nada te perturbe -dijo Edward. Aunque no le sorprendía la testarudez de Bella, su intención primordial era protegerla. Cada vez que recordaba la forma en que la había visto temblar de miedo la abrazaba con más fuerza.

-Soy mayor. Puedo soportarlo.

-No -no permitiría que se hiciera daño.

-¡Edward! No hagas eso. Mantenerme en la ignorancia no es una manera de protegerme -protestó Bella rígida por la frustración que sentía-. Ya no tengo dieciocho años.

-Tal vez no -contestó Edward sorprendido de que Bella hubiera comprendido sus motivos.

-Entonces los asesinos...

-Sabes todo lo que tienes que saber, Mina. Lo sabes -dijo él sintiendo de nuevo el dolor.

-Lo siento -dijo Bella tras un pequeño silencio.

Incapaz de soportar que Bella sufriera, la estrechó contra su pecho con más fuerza y le contó historias del desierto y de su pueblo, y tras un rato, volvió a sonreír.

El cuarto día de viaje por la mañana se dirigieron hacia la pequeña ciudad industrial de Zeina. A pesar de su carácter funcional, el diseño de los edificios de hormigón y acero seguía unas líneas suaves. Para la sorpresa de Bella, pasaron la ciudad hasta llegar a un lugar donde se arracimaban montones de tiendas de colores sobre la arena del desierto.

-Bienvenida a Zeina -susurró Edward a su oído.

-Pensé que Zeina era eso de ahí atrás -dijo ella volviendo la cabeza para indicar la ciudad que acababan de dejar atrás.

-Eso es parte de Zeina, pero esto es el corazón.

-No hay casas, solo tiendas -dijo ella en voz alta.

-Jacob y su gente lo prefieren así. Y mientras ellos sean felices, yo no tengo nada que objetar.

-Supongo que la mayoría trabajará en el sector industrial; ¿cómo lo hacen aquí?

-Hay camellos para aquellos que prefieren vivir a la antigua usanza y también vehículos todoterreno -dijo Edward riendo.

-¿Y por qué no hemos venido en uno?

-Algunas zonas que hemos atravesado son demasiado sinuosas incluso para esos vehículos. Además, hacen mucho daño a los delicados ecosistemas del desierto. Pero, para cubrir la distancia que los separa de las fábricas son muy útiles -explicó-. Puede que la gente de Jacob sea gente chapada a la antigua, pero también son eminentemente prácticos. ¿Ves esas tiendas azules?

-Hay bastantes.

-Parecen iguales a las otras, pero mira más atentamente.

-¡No se mecen con el viento! ¿De qué están hechas? ¿Plástico?

-Son de un tejido muy resistente creado por nuestros ingenieros -explicó Edward-. Hay una por cada cuatro familias para uso sanitario.

-Muy ingenioso -dijo Bella impresionada por la forma tan creativa en que lo nuevo y lo antiguo se mezclaba.

-Jacob lo es.

Poco después conoció al intrigante Jacob. Era un hombre como un enorme lobo , con una barba cuidadosamente recortada, pero su cálida sonrisa hacía desaparecer su aspecto amenazador.

-Bienvenidos -dijo saludando a la comitiva y haciéndolos pasar a su enorme tienda-. Sentaos, por favor.

-Gracias -Bella sonrió y se sentó sobre uno de los lujosos cojines que había alrededor de una pequeña mesa.

-Te prohíbo que le sonrías a este hombre.

Bella miró a su marido desconcertada.

-¿Acabas de prohibirme que le sonría al hombre que nos hospeda en su casa?

La sutil reprimenda hizo que Edward curvara los labios en una inexplicable sonrisa y Jacob aulló de risa. Bella miró de hito en hito a ambos, consciente de que se había perdido algo. Al ver que Edward seguía sonriendo con un brillo de niño travieso en los ojos y que Jacob seguía riendo a carcajadas, levantó las manos.

-Estáis locos los dos.

-No, no -respondió Jacob cuyos hombros seguían temblando de risa-. Lo que le pasa a este es que teme mi poder con las mujeres.

Intrigada, Bella se volvió hacia Edward en busca de explicación, pero él sólo sonrió. Sacudió la cabeza y se esforzó en seguir la conversación que no podía ser en inglés, ya que su anfitrión no tenía la fluidez necesaria para captar las pequeñas sutilezas del lenguaje.

-Mis disculpas -dijo Jacob frustrado por ello.

-Oh, por favor, no digas eso -respondió ella-. Esta es su tierra. Soy yo la que debería aprender tu idioma, y para ello, será mejor que esté rodeada de gente que lo hable.

El hombretón pareció aliviado. Edward apretó ligeramente las manos de Bella en señal de agradecimiento. Su mano cálida y fuerte representaba gran parte de lo que él era.

-Es suficiente -anunció Jacob en inglés-. Sería un anfitrión horrible si prolongara esta conversación sin haberos dado la oportunidad siquiera de cambiaros esas ropas polvorientas del viaje -y diciendo esto descruzó las piernas y se levantó con una agilidad asombrosa para un hombre de su tamaño.

-Terrible -admitió Edward, pero sus ojos estaban llenos de alegría mientras seguía el ejemplo del otro hombre.

-Vuestra tienda debería ser mayor. Os dejaría la mía pero tu marido no quiere que lo trate como a un miembro de la realeza -dijo Jacob haciendo gestos a Edward por encima de la cabeza de Bella. La pobre estaba acorralada entre los dos hombres.

-Si me metiera en esa caverna que llamas tienda la gente no se acercaría a mí tan dispuesta como lo hace cuando estoy en una tienda más parecida a las de tu pueblo -dijo Edward, y sin dejar de caminar, alargó el brazo para colocarle a Bella el turbante para que la protegiera del sol-. Contigo es diferente. Te conocen desde siempre.

-Este -dijo señalando hacia una tienda de color pardo-, será vuestro hogar durante los próximos tres o cuatro días.

A pesar del aspecto externo un tanto feo, el interior estaba decorado con gran belleza. Los cojines multicolor que había repartidos por doquier y los adornos colgantes de seda hacían brillar la estancia. Encantada, Bella asomó la cabeza entre los cortinajes que servían para separar la habitación en dos partes y descubrió un suntuoso dormitorio.

-Gracias. Es maravilloso -exclamó ella ofreciéndole una de sus radiantes sonrisas a Jacob. Este pareció desconcertado.

-Ya puedes irte -dijo Edward con una mueca-. Tengo que hablar con mi esposa de las sonrisas que va regalando tan fácilmente.

Jacob se rió y se marchó a continuación, pero no antes de guiñarle a Bella un ojo. Ella corrió entonces hacia su marido para darle un beso.

-¿Por qué me prohibiste que le sonriera a tu amigo?

-Porque gusta mucho a las mujeres. Es un provocador -contestó él con tranquilidad.

-A mí me parece que es muy gentil.

Era extraño ver a su marido de un humor tan juguetón y tenía toda la intención de disfrutar de ello al máximo.

-¿De veras? -preguntó él tomándola en brazos hasta que sus ojos estuvieran al mismo nivel que los de él. ,

-Mmm -Bella se ancló al cuerpo de Edward con brazos y piernas-. Pero creo que tú lo eres más.

La sonrisa de Edward era puramente varonil. La recompensa que recibió por su sinceridad fue un cálido beso.

Cenaron en la tienda de Jacob con este y otros miembros del campamento. A Bella le gustaba ver a su jeque entre la gente del pueblo. Estaba magnífico. Era un hombre que gozaba de un poderoso carisma, brillante y muy seductor.

-¿Están a tu gusto los aposentos? -preguntó Jacob.

Bella tuvo que obligarse a dejar de mirar a su marido, consciente de que en ese momento Edward la miraría. La forma en que siempre la tenía presente, incluso en medio de una ruidosa cena, la llenó de ternura.

-Es preciosa. Gracias -sonrió-. Se me ha prohibido sonreírte porque gustas mucho a las mujeres.

-Es una maldición que tengo que soportar -dijo él acariciándose la barba-. Hace que encontrar una esposa sea tarea difícil.

-¿Difícil? -preguntó Bella, que creía haber entendido mal.

-Sí -dijo él con aspecto compungido-. ¿Cómo podría un hombre elegir una sabrosa fruta cuando todos los días se encuentra ante un huerto lleno?

Bella se llevó una mano a la boca para evitar reír ante la audacia de aquel hombre. No había duda de que él y Edward eran amigos. Justo en ese momento, su marido la tomó de la mano. Aunque le estaba hablando a alguien, era indiscutible que quería que también ella le prestara atención. Sabía que no estaba preocupado por Jacob y las mujeres, y fue por eso por lo que su movimiento tan posesivo la sorprendió.

-Es como un niño, incapaz de compartirte -dijo Jacob y en ese momento se inclinó hacia ella-. En eso tiene razón.

Bella ignoró lo último y se concentró en lo primero que le había dicho. Edward no quería compartirla con nadie... a veces. Le gustaba que se relacionara con la gente y tuviera amigas como Alice. Sin embargo, parecía querer tenerla siempre cerca.

Lo que no sabía era si la quería tener cerca porque la necesitaba, o porque no confiaba en ella y por eso no la quería perder de vista.

-Hoy, tengo la intención de visitar varias minas de Rosa de Zulheil -dijo Edward tumbándose tras dar por terminado el desayuno a la mañana siguiente. El poder y la belleza de su impresionante musculatura dejó a Bella sin aliento-. Será necesario un largo camino sobre un camello, así es que desafortunadamente no me acompañarás.

-Tal vez la próxima vez. Cuando volvamos a casa, me enseñarás a montar en esas bestias -dijo ella haciendo una mueca de decepción.

-Lo haré, Mina -dijo él-. Mientras estés aquí, a lo mejor deseas... no sé la palabra, pero sería bueno si caminaras entre el pueblo.

-¿Quieres que me mezcle?

-Sí. Especialmente con las mujeres. Aquí, en el desierto, tienden a ser más tímidas que en las ciudades.

-¿Entonces quieres que hable con ellas y me asegure de que se encuentran bien?

-Tú eres una mujer y eres muy amistosa, sobre todo si sigues sonriendo a destajo -dijo él asintiendo con la cabeza. Su tono era de regañina, pero su expresión era de aprobación-. La mayoría de los ciudadanos de Zeina tratarán de venir a conocernos. Así fortalecemos los lazos que unen a los distintos pueblos del país. Los hombres suelen querer hablar conmigo pero las mujeres se encuentran mejor contigo.

Bella se mordió el labio inferior súbitamente indecisa, sobre todo al ver que el cuerpo relajado de Edward se tensaba.

-¿No te apetece hacerlo?

-Oh, sí. Es solo que... ¿crees que podré hacerlo? No soy más que una mujer normal. ¿Tu pueblo se acercará a hablar conmigo?

-Ah, Mina -dijo Edward tomándola en sus brazos y abrazándola con fuerza-. Eres mi esposa y ellos ya te han aceptado.

-¿Cómo lo sabes?

-Lo sé. Tendrás que confiar en tu esposo y hacer lo que dice.

-A sus órdenes, mi Capitán -dijo ella adoptando una expresión cómica que le hizo sonreír y besarla.

Diez minutos más tarde, Edward salía a lomos de su camello a recorrer el desierto y ella se dirigió hacia el centro del campamento.

No regresó hasta el atardecer. Tras un aseo rápido para quitarse el polvo del día, se puso una falda hasta los pies a juego con un hermoso corpiño cosido con hilos de oro y se dejó caer en unos de los divanes a esperar a su marido.

De nuevo, Edward la encontró dormida, pero esta vez tenía que despertarla para satisfacer, no deseo carnal, sino algo más peligroso.

-Despierta, mi Bella -dijo con voz áspera.

-Edward -dijo ella sonriendo y abriendo los brazos en señal de bienvenida-. ¿Cuándo has regresado?

-Hace unos cuarenta minutos. Ahora tienes que levantarte para que podamos cenar -dijo él inclinándose hacia ella para que le rodeara el cuello con los brazos.

El hecho de haber pasado el día lejos de ella por primera vez desde su boda había hecho aflorar un dolor ya viejo pero intenso, que se mofaba de él por fingir que no la necesitaba. Cuando lo cierto era que la necesitaba más de lo que ella jamás lo necesitaría a él.

-¿Con Jacob?

-No -dijo él acariciándole el pelo que le caía sobre la cara-. Solos tú y yo. Mañana cenaremos con todo el mundo.

-No te vayas. Te he echado mucho de menos -dijo ella cuando Edward hizo ademán de levantarse.

-¿De veras, Mina? -y al decirlo no pudo evitar el sesgo irónico de su voz. La necesitaba, pero nunca se lo diría.

-Sí. Te he estado esperando todo el día -dijo ella mirándolo con dulzura.

-Muéstrame cuánto me has echado de menos, Mina. Muéstramelo -y la oprimió contra su pecho con fuerza, insatisfecho.

La desnudó tan rápidamente que Bella ahogó un grito, pero no protestó. Edward la tumbó sobre la gruesa alfombra, loco de deseo al ver el contraste entre el color cremoso de su piel desnuda y la mata de cabello . Era como una fantasía pagana, un sueño hecho para volver locos a los hombres.

Rodeándole el cuello con la mano, la besó; la necesitaba. Saboreó todos y cada uno de los rincones de su boca mientras su mano libre recorría el cuerpo femenino, hasta llegar al montículo de los pechos. Entonces interrumpió el beso y se inclinó para chupar el pezón duro.

Bella perdió todo control bajo él y sus manos se enredaron en el cabello negro de Edward.

-Por favor... oh, sí...

Los sonidos entrecortados lo animaron a seguir. Le separó con suavidad las piernas con ayuda de la rodilla y se colocó entre ellas, exponiéndola a él. Apoyado en una mano, alzó la cabeza y la observó mientras con la otra mano le recorría el estómago y proseguía su camino hacia partes más íntimas. Bella entreabrió los labios y lo miró con sus ojos azules llenos de pasión en el momento en que los dedos de Edward localizaban su centro húmedo.

Le levantó las piernas para tener acceso más directo a sus secretos ocultos. Bella gimió al contacto pero eso no era suficiente para Edward. Necesitaba más. Necesitaba que Bella se rindiera ante él. Necesitaba que ella también lo necesitara a él, que lo amara tanto que nunca jamás volviera a alejarse de él.

Edward introdujo un dedo entre las piernas de Bella y el cuerpo de esta dio un salto, la piel se le humedeció mientras él agachaba la cabeza y le lamía un pezón. Bella tensó los músculos de modo que el dedo de Edward quedó íntimamente aprisionado en su interior. Tuvo que meterse un puño en la boca para ahogar los gritos de placer y, en ese momento, Edward retiró la mano, se quitó los pantalones y la penetró.

Incapaz de controlar los espasmos que la sobrecogían, se abrazó a él y le mordió el hombro para silenciar los gemidos.

A Edward le agradaba que lo hiciera. Bella estaba a punto de llegar a su límite pero él no quería rendirse aún. Apretando las caderas empujó con más fuerza, más rapidez. La estaba marcando.

-Eres mía, Mina. Solo mía.

Solo cuando Mina perdió finalmente la batalla por controlar el grito de placer y este recorrió el aire de la noche, Edward se dejó caer al vacío.

Bella se enteró de la relación existente entre ambos hombres durante la última cena que compartieron con Jacob.

-Edward pasó un tiempo en cada una de las doce tribus cuando cumplió los doce años. De esa forma aprendió la forma de vida de su pueblo.

Bella pensó que la experiencia debió haber sido extremadamente solitaria. Habría vivido como uno de ellos pero teniendo siempre en cuenta que en un futuro se convertiría en su líder, lo que lo separaría del resto.

-Llegó a Zeina con quince años y nos hicimos amigos -continuó Jacob.

Las palabras de Jacob eran sencillas, pero Bella notó que sus sentimientos eran muy profundos. Su esposo no confiaba en los demás a la ligera, y cuando alguien traicionaba su confianza...

-Y habéis sido amigos hasta ahora -dijo Bellla con una sonrisa, tratando de no pensar en la aprensión que le atenazaba la garganta.

-Es mi amigo -asintió Jacob-, pero también es el jeque. Asegúrate de que es para ti un marido, no un jeque.

El consejo le recordó los pensamientos que había tenido hacía no mucho tiempo. Sabía que Edward necesitaba libertad para desprenderse de la carga que significaba ser el jeque, aunque solo fuera durante un par de horas al día. Algo fácil de decir pero difícil de llevar a la práctica.

Aquella noche, Bella se sentó con las piernas cruzadas sobre el edredón de seda y observó a Edward mientras se desnudaba a la cálida luz de las lámparas. Se giró entonces y la llamó con un gesto de lo más aristocrático. Ella se levantó y se dirigió hacia él: sabía lo que quería aunque no hubieran mediado una palabra. Comenzó a ayudarlo a quitarse la ropa dejando al descubierto su bello cuerpo, un cuerpo que ardía bajo el leve contacto de ella.

-Serías una esclava perfecta en un harén -comentó él.

-Me parece que el ambiente de este territorio primitivo no te hace ningún bien -dijo ella mordiéndole en la espalda.

Edward se rió entre dientes de la respuesta de Bella. Esta retrocedió cuando Edward sólo llevaba encima los calzones blancos y ligeros. Para su asombro, se los quitó sin dejar de mirarla. No era que nunca lo hubiera visto desnudo antes, era simplemente que antes él nunca había actuado de una forma tan agresiva sexualmente. Ni cuando le había hecho el amor lleno de furia la noche anterior había sido tan... insultante.

Era un guerrero fornido que controlaba su fuerza por su mujer. Sabía que nunca Edward le haría daño físico, lo que hacía más atractiva su masculinidad. Entreabriendo los labios por el deseo que sentía, alzó la cabeza y lo miró a los ojos, entre las sombras que se formaban en la habitación débilmente iluminada.

-Tienes demasiada ropa encima para ser una esclava de harén -murmuró él y, sacándole el camisón por la cabeza, la dejó completamente desnuda.

-¿Y qué pasa con las mujeres? -consiguió articular Bella, aunque tenía la garganta seca por la necesidad y sus pensamientos eran como una madeja embrollada.

-¿Mmm? -dijo él acariciándole el cuello.

Bela se había dado cuenta de que esa caricia era la favorita de Edward como preludio a una noche de amor, además de ser un gesto afectuoso.

-¿Ellas tienen harenes?

-¿Quieres tener un harén, Mina? -preguntó él mirando sus ojos sonrientes.

Bella frunció el ceño como si lo estuviera considerando en serio y él la apretó con fuerza.

-De acuerdo, de acuerdo. Creo que podré arreglármelas con uno solo cada vez-dijo finalmente.

-Solo me tendrás a mí -dijo él con un gruñido. Bella sonrió y sin pararse a pensar dijo:

-Por supuesto. Tú eres el único a quien amo. Edward se puso rígido como una roca. Bella deseó poder retroceder en el tiempo y evitar su apresurada declaración. Edward no estaba preparado aún; ella lo sabía, pero sus palabras estaban tan enraizadas en su corazón que se le habían escapado antes de que pudiera detenerlas.

-No es necesario que me digas esas cosas -dijo él, que se había vuelto de pronto frío como el hielo.

-Lo he dicho en serio. Te amo -no había vuelta atrás. Tuvo que olvidar su orgullo y mirándolo, le rogó en silencio que la creyera.

-No puedes amarme -dijo Edward cuyos ojos se habían vuelto negros a la luz de las lámparas.

-¿Y cómo puedo hacer que creas que sí te amo? -dijo ella sintiendo profundamente que la alegría y la risa hubieran desaparecido.

Era tarde. Cuatro años tarde.

En el pasado, la había engañado con su forma de controlar sus sentimientos haciéndola creer que simplemente no eran tan profundos como los de ella. Pero esta vez, aunque demasiado tarde, se daba cuenta de que le había entregado su corazón de guerrero y ella lo había tirado ignorando lo que verdaderamente significaba para él.

¿Cómo podía creerla después de semejante traición?

Cuando la besó, ella se dejó llevar por el abrazo, tragándose las lágrimas. Edward jugaba con ella como si fuera un instrumento bien afinado, arrancándole notas de placer, pero no le daba su corazón en sus encuentros.

Cuando Bella se despertó Edward no estaba. Lo echaba de menos. Echaba de menos su sonrisa, sus caricias mañaneras, su cuerpo encajando con el de ella de una manera que nunca creyó posible entre un hombre y una mujer.

Bella se levantó rápidamente y corrió al cuarto de baño cuando los recuerdos amenazaban con hacerla llorar. Estaba buscando un sujetador cuando la tienda se abrió a su espalda y una brisa cálida le rozó la piel. Temerosa, se giró y miró por encima del hombro.

-Oh -dijo visiblemente aliviada.

-¿Esperabas a alguien? -preguntó Edward alzando una ceja. La puerta de la tienda se cerró tras él ocultando la incipiente claridad del día.

Bella se sonrojó. Nadie se atrevería a entrar en esa tienda sin permiso expreso del jeque.

-Es solo que no me acostumbro a que estas tiendas estén tan abiertas -respondió ella y con un escalofrío se giró y tomó el sujetador.

-Déjalo.

La orden brusca e inesperada de Edward la sorprendió haciendo que la prenda de encaje y raso cayera al suelo. La sensación del pecho desnudo de Edward contra su espalda la sorprendió aún más. Cuando entró estaba completamente vestido y le había vuelto la espalda hacía solo unos segundos. A diferencia de la noche anterior, sus manos se mostraban impacientes mientras abrazaban sus pechos y jugueteaban con sus pezones. Bella no podía escapar. Edward se estaba mostrando un poco brusco y muy posesivo.

Deslizó una mano bajo su falda, e introdujo un dedo entre los muslos de Bella mientras continuaba acariciándole el pecho con la otra mano.

-Estás preparada -dijo él con una voz profunda que traslucía satisfacción, como si estuviera muy complacido ante la reacción de Bella.

Antes de darse cuenta de lo que estaba ocurriendo, le quitó la falda dejando el trasero al descubierto. Demasiado ansiosa para sentirse turbada, le apretó los muslos a Edward cuando este le rodeó las caderas con las manos y la atrajo con fuerza hacia él haciéndola deslizarse sobre su miembro tan lentamente que creyó que iba a volverse loca.

-Edward, sí, sí -gimió-. Oh, sí.

A juzgar por la manera en que Edward gemía igualmente y le daba lo que ella quería, Bella sabía que a él le gustaba verla ansiosa, le gustaba la forma en que lo animaba a ir más rápido. Bella alcanzó el orgasmo con una fuerza atroz. Sabía que lo había arrastrado a él con ella, y sus jadeos se habían unido.

Después, la sostuvo en el regazo, sus cuerpos aún unidos. Ella levantó la cabeza y la apoyó en el hombro firme de él tratando de calmar los latidos de su corazón.

-¡Vaya!

Edward rió entre dientes y le mordisqueó el lóbulo de la oreja.

-¿No ha sido demasiado rápido? Creía que a las mujeres os gustaba ir despacio.

Su tono era de absoluta provocación, instándola a negarle que hubiera ardido como una hoguera entre sus brazos.

-Eres un provocador terrible, pero estoy demasiado saciada para ponerme a discutir contigo.

-Así es que esto es lo que tengo que hacer para que me des la razón en todo -dijo él riendo-. Resultará agotador.

Bella también rió. Edward cerró las manos sobre los pechos de ella a modo de caricia final antes de retirarse de mala gana.

-Tenemos que prepararnos para marchar, mi Bella. Es hora de volver a casa.

Justo antes de salir de la tienda, Bella inspiró profundamente y le puso la mano en el brazo musculoso. Edward le ofreció una sonrisa indulgente, disfrutando aún de los efectos del sexo matutino.

-¿Qué te pasa? Te prometo que jugaremos más cuando lleguemos a casa.

La provocación la hizo sonrojarse. Era como si la noche anterior nunca hubiera tenido lugar. Su marido había regresado. Pero eso no era suficiente. Si le dejaba a Edward negar el amor que ella sentía por él, entonces esa vida a medias sería lo único que lograría de él. Y estaba cansada de no ser nunca lo suficientemente buena.

-Si sigues abriendo así los ojos, estallarán -dijo Edward pasándole un dedo por los labios.

-Lo dije en serio. Te amo.

El rostro de Edward sufrió un cambio repentino: ya no era abierto y juguetón sino totalmente reservado.

-Tenemos que irnos -y diciendo eso se dio la vuelta y salió de la tienda.

Bella sintió que una hoja afilada le rasgaba el interior. Le dolía que no reconociera que lo amaba pero merecía la pena luchar si con ello conseguía recuperar lo que había perdido por culpa de su ingenuidad.

Edward esperó a Bella fuera de la tienda controlando sus emociones para que nadie pudiera notarlas en su rostro. No estaría bien que su pueblo viera que su jeque era un ser atribulado.

¿Por qué Bella había hecho algo así? ¿Acaso pensaba que podría controlarlo por el simple hecho de declararle su amor? Era muy fácil decir las cosas y... romper promesas. El le había ofrecido su corazón y su alma cuatro años atrás y ella lo había rechazado como si fuera algo sin valor después de haberle prometido amor eterno. Aunque él nunca dejaría que ella lo supiera, el golpe sufrido aún le dolía.

Una parte de él quería creerla cuando esta le decía que ya no era la niña asustada que se había rendido al sentirse presionada, sino una mujer lo suficientemente fuerte como para luchar por él aunque estuviera furioso. Sin embargo, Edward se negaba a escuchar esa voz. Su corazón tenía abierta la herida aún y no podía creer el compromiso que Bella defendía.

Solo a fuerza de voluntad había conseguido ocultarle esa parte de él que había quedado fascinada por ella. Le sorprendía lo cerca que había estado de entregarle de nuevo su corazón, aun cuando era evidente que ella no confiaba en él.

sábado, 12 de febrero de 2011

AMOR EN SILENCIO

hello mis angeles hermosas , aqui les dejo un  cap de mi fic esta editado y como no tengo  mas cap de destellos de oscuridad les dejo este mientras , para q  no se queden sin vicio
por fiss dejenme muchos comentarios al final si( yo poniendo carita de piedad)
les mando mil besitos a todas
Angel of the dark
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Prologo


Hoy. Aquí me encuentro iniciando el último semestre.
Al fin el último.
Ya solo me quedan unos pocos meses más de sufrimiento.
¿Porque no puedo pensar con claridad?
Estoy cegada por este amor que a al vez es mi tormento mi condena silenciosa.
¡Déjalo ya! me grita la razón…
Y mi terco corazón se niega a obedecer… en mi pobre corazón roto albergo este infinito amor que me tortura día con día.
Puñalada tras puñalada de dolor por estar lejos de él.
Viviendo este amor en silencio.


Capitulo 1: Sufriendo

Bella POV

Me encuentro sentada, de nuevo oculta, evadiendo mi realidad tan dolorosa aquí en el sucio piso de la cafetería escondida de nuevo.

"Eres una cobarde".

—Lo sé.

Sufriendo en silencio de nuevo… por él.

"Por él que ni si quiera te mira. Que ni se da cuenta que existes…" Sin embargo por él mi alma llora en silencio, no sé cuantas noches enteras me he pasado soñando con él.

Con sus besos, con sus caricias, con sus brazos fuertes y bien formados ciñendo mi cintura, con sus labios pegados a los míos.

Pero son solo sueños.

Asistimos a clases juntos, me la paso horas sentada a su lado observándolo, admirando su belleza y perfección en silencio. Añorando una mirada.

Sin tan solo tuviera el valor. Si él supiera cuanto lo amo, lo amo desde el primer momento en que lo vi.

No puedo olvidar su mirada… esos ojos verdes tan profundos, bellos como el mar. Hipnóticos. Me pierdo en ellos con una facilidad.

Y su rostro tan perfecto, como el de un ángel. Si los dioses existieran, él seria una fuente constante de envidia. Él un simple mortal, poseedor de belleza divina. Perfecto. Con un cuerpo fantástico, un adonis reencarnado.

Y yo la tonta nerd, la chica más simple y ordinaria del planeta, estoy perdidamente enamorada de él.

Él que con cada amorío, con cada beso repartido, me destroza el alma.

Ya mi pobre corazón… casi no late de tanto dolor. Todos los días muero, agonizo por su causa y él ignora por completo todo este sufrimiento, esta maldita agonía que llevo por dentro.

El no lo sabe ni lo sabrá nunca. Mi corazón se niega a dejarlo de amar, mi razón me grita que lo olvide, pero mi terco corazón se niega, no la obedece, Y lo seguirá amando por siempre hasta el fin de mis días.

Él, mi ángel destructor tiene nombre y apellido, se llama: Edward Cullen

Y el es la razón de mi existencia. Si tan solo me notara.

El timbre sonó, sacándome de mi mundo en donde me la paso pensando en él, y en mi dolor

Timbró de nuevo para así recordarme mi triste realidad, y como siempre iba tarde.

"Pero que estúpido afán tuyo Isabella, ¿por qué te torturas así?"

"No lo sé, tal vez sea una estúpida masoquista".

"A lo mejor. ¡Anda corre! Te cerrarán las puertas del salón, ¡corre!" Me gritó mi conciencia.

— ¡Demonios!

Me levanté lo más rápido posible como si eso fuera tarea fácil para mí, yo que me paso de tonta y distraída, que me caigo a cada momento, casi siempre se me ocurre caerme delante de la clase o en medio de la cafetería mmm pero no seamos pesimistas hoy no me caído.

Tal vez hoy sea mi día de suerte

"A lo mejor pero ten cuidado".

Y justo en el momento que entro al salón, tropiezo con la estúpida mochila de Rebecca, una de las tantas chicas con las que mi amor suele entretenerse. Ay voy otra vez para el suelo

"Cierra los ojos".

Cerré mis ojos esperando el inminente golpe en mi rostro, el cual recibiré cuando me estampe contra el suelo… uno… dos… tres segundos.

¿Nada pasó? ¿Por qué no me duele? ¿Cómo rayos no he sentido el golpe?

Ya sé, me desmayé. Genial Isabella te has desmayado a causa del impacto y ahora te llevaran a la enfermería, y sabes cual es lo peor parte que serás la burla de toda la escuela durante la semana.

Genial. Como si mi vida no fuera ya lo bastante miserable

Un segundo si estoy inconsciente, ¿por qué siento como si alguien me estuviera sosteniendo en brazos?

OH ese aroma lo reconocería en donde fuera. Por dios es él. Estoy entre sus fuertes brazos. No estoy desmayada, ¿estoy muerta? ¿Será real o estoy en el cielo?

Si estoy viva ¡él me está tocando con sus hermosas manos! Mi tormento, mi amor, estoy entre sus brazos.

"Ahora si te pasaste de la raya, aparte de torpe alucinas. ¡Alucinas genial!"

"¡Ya cállate!"

Dejé de pelear con mi conciencia cuando escuché su voz, esa voz tan varonil y sexy que con solo oírla me erizo la piel.

—Bella, ¿te encuentras bien?

Me obligué a mi misma a abrir mis ojos. Cuan grata fue mi sorpresa al ver que si tenía razón, estaba entre sus brazos, sintiendo el delicioso calor que irradia su cuerpo, aspirando su dulce aroma.

Es real. No es una alucinación mi mente no me ha jugado sucio y ahí está él con su rostro tan perfecto cerca del mío, tan cerca que puedo sentir su dulce aliento sobre mis labios. Al tener mi cabeza recargada sobre su fuerte pecho escucho el latido de su corazón, así al tenerlo tan cerca me dediqué a observarlo con detenimiento solo para poder grabarme una vez su rostro en mi memoria.

Qué ironía de la vida, aquí lo tengo tan cerca de mí pero a la vez tan lejos

"Mmm Bellita, hello ¡responde a la pregunta! Él está esperando tu respuesta", me gritó esa vocecilla en mi interior

—S… si estoy bien gracias—, no pude evitar sonrojarme al verlo de nuevo—. Es... este muchas gracias por la ayuda.

Él solo me regalo una sonrisa torcida, mi sonrisa preferida. Y mi corazón latió como nunca feliz, lleno de alegría, tanta que casi se me sale del pecho, una alegría que bien sabía que no me iba durar mucho porque en cuanto él me suelte desaparecerá.

—Bella ¿ya te puedo soltar?

—Si ya suéltame, gracias.

— ¿Segura que estás bien? Te encuentro algo acalorada.

"Genial, si, búrlate de mí ahora. Tonta Bella."

—Ya suéltame de una buena vez, estoy bien gracias, solo fue el susto no creo que vuelva a necesitar de tu ayuda Edward.

—Como gustes.

Me liberó de sus brazos alejándose de mí, claro me ayudo a ponerme de pie. El dejar de sentir su cuerpo junto al mío me produjo una sensación de dolor, de vacío muy grande. Ya lo extraño, y ahora como podré sobrevivir sin su calor, sé que solo estuve unos segundos entre sus brazos, pero solo eso me basto para ser inmensamente feliz, y ya causo más estragos en mí de los que puedo soportar.

Me duele el cuerpo, necesito de su calor, necesito su aroma nublando mis sentidos.

Iba a sentarme en el lugar que siempre ocupo en la clase, cuando escuche que alguien se aclaró la garganta.

— ¿Bella? —Me giré para verlo una vez más.

—Di… me Edward.

—Mmm quiero pedirte un favor.

¿A mi quiere pedirme un favor? ¿Se burla de mi, o se dio cuenta de lo que siento por él y me pedirá que deje de pensar en él?

—Este, Bella, ¿me estas escuchando? —"rayos esta chica me pone muy nervioso, concentración Edward".

—Si Edward, dime ¿que mas quieres de mi? — ¿Mi corazón, mi alma, mi cuerpo? Tómalos son tuyos, como si tuviera el valor de decirle. —Este, si Edward disculpa, ¿dime que necesitas?

— ¿Me puedes ayudar a estudiar para el próximos exámenes?

— ¡Sí! Que diga claro que si te ayudo, ¿en tu casa o en la mía?

—No, en la tuya por supuesto, digo que clase de caballero seria al permitir que fueras hasta la mía, es mejor que estemos en la tuya aparte la mía está muy lejos.

—Está bien, ok, en la mía será.

—Bueno me despido te llamo más tarde, gracias por aceptar ayudarme, nos vemos más tarde.

—Si, como quieras.

Tonta bella no se te ocurrió mejor despedida que esa va pensar que lo odias, pues eso es mejor a que sepa lo que siento realmente por él.

Edward POV

Genial, Bella acepto ayudarme.

Pobre chica a veces es tan torpe, si no fuera por mi ayuda, tremendo golpe que se da, casi seguro que se abre la cabeza.

Pero que bien huele. Lo sé aun tengo su aroma impregnado en toda mi ropa. Y su piel es tan suave y tersa.

Aun no puedo olvidar la sensación tan placentera que fue tenerla entre mis brazos, y esa mirada que posee tan enigmática

¿Cómo no la note antes?

"Parece que te ha impresionado".

Lo sé, ¿por qué no puedo sacármela de la cabeza? Me tiene deslumbrado.