Dark Chat

domingo, 30 de enero de 2011

Guerrero del Desierto

CAPITULO IV

Edward tensó convulsivamente el brazo que tenía alrededor de la cintura de Bella y el fuego en sus ojos escapó a su control.

-No, esta vez seré yo quien cabalgue sobre ti -y diciendo esto hizo que se girara y la tomó en sus brazos sin esfuerzo alguno-. Larga y lentamente. Tú tendrás tu oportunidad más tarde -y la besó para sellar la promesa.

La depositó sobre las sábanas después de retirar la manta. Por primera vez, Bella lo veía completamente desnudo. Era grande. Hasta ese momento, no había pensado en la gran diferencia que había entre ellos.

Los ojos de Edward se cruzaron con los de ella y comprendió la mirada aprensiva de ella.

-No te lastimaré, Mina -dijo él subiéndose a la cama y cubriendo el cuerpo de Bella con el suyo. El peso era como una caricia de cuerpo entero, una fiesta para los sentidos.

-Siempre me llamas Mina cuando quieres salirte con la tuya -dijo ella separando las piernas y abrazándolo con ellas.

Edward compensó la confianza que ella había depositado en él deslizando las manos bajo su cintura y agarrándolo del trasero.

-Siempre me saldré con la mía a partir de ahora.

Aquella afirmación era absolutamente inequívoca, igual que su erección.

Entonces la besó, jugueteando con la lengua. Bella supo que estaba preparada. Se había sentido húmeda antes cabalgando sobre su muslo. Lo sabía pero dejó que le besara el pecho.

-Cuidaré de ti, Mina -dijo él con voz ronca.

La tomó por las caderas y empujó al mismo tiempo que metía en su boca un pezón sonrosado como una fresa y lo chupaba con fruición. Estaba duro. Bella gritó y se resistió ante la avalancha de sensaciones, facilitándole sin querer el camino a Edward. Este penetró en ella rompiendo la delgada membrana que protegía su inocencia. Dio entonces un grito ahogado, el cuerpo terso.

Tres embestidas tormentosamente lentas después, Bella le rogó que fuera más rápido.

-Eres demasiado impaciente -la riñó él, pero su cuerpo relucía con las gotas de sudor y ella era consciente de la forma en que este se estremecía en un intento por aguantar hasta el máximo.

Bella le mordió el hombro cuando el deseo alcanzó el clímax y entonces sintió que explotaba por segunda vez esa noche. Sobre ella, Edward se puso rígido en el momento de alcanzar su propio orgasmo.

Se despertó hacia el amanecer con los gruñidos de su estómago. Entonces se dio cuenta de que, con los nervios, no había comido nada desde que dejara Nueva Zelanda. Intentó cambiar de posición en la cama, pero vio que no podía. Una pesada pierna de hombre la estaba aplastando de cintura para abajo mientras que un posesivo brazo hacía lo mismo con el pecho. El estómago volvió a gruñir.

-Edward -dijo ella girando la cabeza y dándole un beso en el cuello. Bajo sus labios sintió la piel cálida del desierto salada por los restos del amor-. Despierta.

Por respuesta, Edward gruñó y la abrazó con más fuerza. Suspirando, Bella le puso las manos sobre los hombros y lo sacudió.

-¿Ya tienes ganas de cabalgar, Mina?

La pregunta, proveniente del hombre adormilado, tiñó de rojo brillante sus mejillas. En ese momento, lejos de sentir la pasión de horas antes, no podía creer su atrevimiento.

-Quiero comer. Estoy muerta de hambre -dijo ella frunciendo el ceño.

Edward se rió entre dientes y giró sobre su cuerpo arrastrándola a ella también. Terminó tumbada sobre el pecho de Edward. Este la miraba desde el fondo de sus ojos entreabiertos.

-¿Y qué me darás a cambio?

-Paz -dijo ella al oír un nuevo gruñido, más sonoro esta vez, de su estómago.

-Ah, Mina, como siempre tan sorprendente -dijo él dando un largo suspiro-. Iré a ver qué puedo encontrar.

La dejó a un lado con sumo cuidado y salió de la cama. Bella no pudo evitar mirarlo: los músculos bien definidos de su espalda se movieron cuando se apoyó para levantarse y se dobló para tomar la bata que le había quitado a ella de las manos por la noche.

-¿Te gusta lo que ves? -preguntó él sin girarse.

-Sí -contestó ella, sonrojándose de nuevo.

Edward quedó complacido con la respuesta. Bella lo vio sonreír cuando se dirigió hacia la puerta envuelto en la bata.

-¿Adónde vas?

-Hay comida en el comedor. Te la traeré aquí.

Edward regresó al poco y, sin decir nada, puso una bandeja llena de comida en el centro de la cama y se tumbó en un extremo, como una pantera perezosa, a verla comer.

-¿Entonces, cuál es mi nombre ahora? -preguntó ella tras haber saciado un poco el apetito.

-Isabella Cullen al-Huzzein Swan-Donovan Zamanat.

Bella abrió los ojos desmesuradamente y se detuvo a medio camino de llevarse algo a la boca. Dejó incluso de masticar.

-¡Santo Dios! Vaya nombre largo. No sabía que tuviera que conservar mi apellido de soltera.

-Siempre se ha amado y respetado a las mujeres en Zulheil-contestó él estirándose lentamente-. Por eso no les pedimos que se conviertan a nuestra religión después del matrimonio. La elección es tuya.

Aquellas palabras fueron como un tibio bálsamo en su interior. Sí, estaba segura de que había esperanza con él.

-Entonces, ¿Donovan era el apellido de tu madre? Una sombra planeó sobre la mirada de Edward pero su respuesta no fue dura.

-Cuando tengamos un hijo, él o ella llevará Cullen al-Huzzein Swan Zamanat en su nombre. Cullen Al-Huzzein Zamanat es el nombre de la raíz paterna, pero los hijos siempre llevan también el nombre de la madre.

-Tienes sus ojos -dijo ella al comentario de la nacionalidad de su madre.

-Sí. Y. ..-Edward se detuvo. Cuando Bella alzó la vista, vio la sonrisa peligrosa de él-. Algunos dicen que también tengo su temperamento. Ya sabes que era inglesa.

-Son gente de carácter -accedió ella tomando un albaricoque seco y dándoselo a él. Edward la tomó por la muñeca en un vertiginoso movimiento y le chupó los dedos, como si fuera un gran gato relamiéndose después de comer. En ningún momento dejó de mirarla a los ojos.

-Debes echarlos de menos -continuó ella.

-Se han ido. Ahora tengo que conducir a mi pueblo. No tengo tiempo para vivir de luto -Edward desvió la mirada hacia las sombras.

-Basta de charla -dijo al tiempo que la tumbaba en la cama.

Edward no quería hablar de sus padres. El dolor por su muerte había sido muy intenso. Lo que había descubierto tras el accidente lo había hecho enloquecer de dolor. Su hermosa y amorosa madre se estaba muriendo de cáncer. Sus padres volvían de la clínica cuando tuvieron el accidente.

La mujer en la que más había confiado en su vida le había guardado un secreto antes de morir. Tenía muchas cosas que contarle, pero como no había confiado en él lo suficiente para que le guardara su secreto, ya no tendría jamás la oportunidad. Y nunca sabría si habría podido hacer algo que hubiera evitado la tragedia.

Ahuyentando los recuerdos, aplastó a Bella contra el colchón, complacido ante la aceptación instantánea de esta. No había secretos en el placer que sus cuerpos encontraban. Despreció la idea de que no podía existir semejante pasión sin consecuencias emocionales, incapaz de reconocer que aquella mujercita, con sus suaves sonrisas y su voluptuosa sensualidad, lo hubiera calado ya en los rincones más ocultos de su alma.

-¿Te duele?

Edward notó que Bella se ruborizaba a juzgar por el tacto ardiente de su piel. El corazón le latía desbocado.

-No -contestó ocultando el rostro en el cuello de él.

-No te forzaré, Mina. Nunca tomaré algo que no me des por voluntad propia -dijo él acariciándole la espalda y depositando un río de besos en su garganta, saboreando su sensual suavidad. Las deliciosas curvas de Bella le hacían desear conquistar sus secretos femeninos con toques lánguidos y placenteros.

-¿Y yo puedo forzarte?

Edward quedó sorprendido ante el susurro sugerente, y al momento sonrió.

-Entonces, ¿tanto me quieres, esposa mía?

-Sabes que sí -contestó ella mirándolo con unos ojos que lanzaban llamaradas de deseo, algo totalmente inesperado y delicioso.

Dos días después, Edward entraba en una de las torretas que rodeaban su suite justo en el momento en que Bella levantaba los brazos y decía:

-¡Perfecta!

Acristalada en tres cuartas partes, la luz del sol entraba a raudales. Edward sintió que el cuerpo se le tensaba. Pensamientos enterrados hicieron tambalear sus defensas. Era verdaderamente sencillo para aquella mujer apoderarse de su corazón otra vez.

Preocupado al reconocer su gran vulnerabilidad frente a una mujer que no le había mostrado su lealtad en el pasado, luchó por ahuyentar la ternura que el encuentro había despertado.

-¿Qué es perfecta? -preguntó por fin.

Sobresaltada, Bella quedó petrificada al encontrarse con la mirada insondable de Edward. Su poderoso carisma parecía haber aumentado durante la hora que habían estado separados.

-Esta habitación -consiguió decir-. Había pensado que podría utilizarla como lugar de trabajo. ¿Te parece bien?

Edward dio un paso hacia ella.

-Esta es tu casa, Mina. Haz lo que desees.

-Gracias -contestó ella dirigiéndose hacia una de las ventanas que daba a su jardín privado-. Este lugar sería perfecto para que pintaras. ¿Dónde está tu estudio?

La vibración en el suelo bajo sus pies desnudos le indicó que se estaba acercando a ella. Segundos más tarde, le puso las manos en los hombros e hizo que se girara.

-Soy un jeque, Mina. No tengo tiempo para esas cosas.

-Pero a ti te encanta pintar -contestó Bella frunciendo el ceño. Guardaba el retrato que le había hecho en Nueva Zelanda. Se había convertido en un talismán que siempre le había recordado su sueño.

-No siempre tenemos lo que adoramos.

-No -respondió ella de acuerdo, conmovida por el comentario implacable.

Su Edward, que una vez tuvo un corazón sensible capaz de dar amor de verdad, estaba enterrado bajo una fachada de piedra en la forma de aquel jeque. Bella volvió a tener dudas sobre su capacidad para llegar a él aunque trató de luchar por evitarlas.

-No tenemos tiempo para hacer un viaje de bodas, pero tengo previsto visitar una de las tribus del desierto mañana. Vendrás conmigo.

No le estaba dando oportunidad, pero Bella tampoco quería que lo hiciera. Había pasado cuatro años lejos de él y ya era suficiente tiempo.

-¿Adónde vamos? -preguntó ella sintiendo la piel al rojo.

-Esta mañana te marqué -dijo Edward pasando los dedos por un lugar especialmente sensible.

-No me di cuenta cuando me puse la camisa -contestó ella llevándose el brazo hacia la garganta y tocando la mano de él.

-Eres mía en todos los sentidos, Mina -dijo él lanzándole una inescrutable mirada de color verde.

Ella no sabía qué decir ante el tono posesivo de Edward. Le asustaba un poco ser la mujer de ese hombre peligroso. A veces, el Edward que recordaba aparecía, pero la mayoría de las veces lo único que le permitía ver era una brillante y fría máscara.

-Tu piel suave y blanca, mi Bella -continuó él con voz ronca que la tranquilizó un poco.

Se veía capaz de enfrentarse al deseo que le mostraba Edward, pero cuando se ocultaba tras su muro defensivo, deseaba gritar de frustración.

-Es fácil dejar marca en ti -añadió.

-Edward, qué... -comenzó sorprendida al ver que Edward comenzaba a desabrocharle los botones de su camisa azul.

Este ignoró los dedos temblorosos de ella. Bella miraba con los ojos muy abiertos cómo inclinaba la cabeza y le lamía el pecho. Era una sensación arrebatadora. El cuerpo de Bella era como una llama, el tacto de él la chispa que prendía la llama. Pero el contacto duró un momento.

Edward le tomó la mano y la llevó hacia el lugar donde su contacto había dejado una pequeña marca roja.

-Mira esta marca: eres mía, Mina.

Bella lo miró, perpleja ante aquella demostración de posesión, aunque también se sintió excitada como nunca habría imaginado.

-Sigue pensando en ello -añadió Edward-. Esta noche colmaré nuestro deseo -y diciendo esto se dio la vuelta y salió de la habitación.

El día siguiente amaneció con un cielo cristalino. Salieron de Zulheina en una limusina camino al interior de Zulheil. Desde allí, tendrían que seguir el viaje en camello hasta el pequeño pero importante asentamiento de Zeina.

-¿Quiénes son esas personas que nos siguen? -preguntó a Edward cuando hubieron abandonado el palacio.

-Nos acompañan tres de mis ministros -dijo él haciéndole señas con el dedo para que se acercó a ella. Bella sonrió y fue a sentarse junto a él. Ella acurrucó junto a su cuerpo. A diferencia de la intensidad dura de su pasión la noche anterior, en ese momento parecía relajado, contento de poder abrazarla.

-Al final del camino, nos encontraremos con dos guías que nos enviarán desde Zeina para conducirnos hasta el poblado.

-Parece que está aislado.

-Así somos. No somos nómadas, como los Beduinos, pero la mayor parte de nuestras ciudades son pequeñas y están aisladas.

-Ni siquiera Zulheina es una gran ciudad, ¿verdad?

Tomando el extremo de la trenza, le soltó el cabello. Bella apoyó la cabeza en su pecho y se regocijó en la inesperada expresión de afecto. Sin ir más lejos, el día anterior no habría creído que pudiera disfrutar de algo así con él.

-No. Abraz es la ciudad más grande, la ciudad que mostramos al resto del mundo, pero Zulheina es la joya del reino.

-¿Por qué es Zeina tan importante?

Edward le acarició la nuca y comenzó a pasar los dedos por la piel sensible lentamente. Ella se arqueó a su contacto como un gato.

-Ah, Mina, eres una contradicción -contestó él con un tono divertido que la hizo ladear la cabeza para mirarlo a los ojos.

-¿A qué te refieres?

-Tan liberada y desinhibida en mis brazos y tan tímida en público -contestó él tocándole los labios entreabiertos-. Una combinación deliciosa.

-¿Por qué sé que vas a decir algo más?

-Me encanta desnudar tu fachada de dama en mi imaginación. Es muy agradable pasar el tiempo planeando exactamente cómo conseguiré hacerte gemir.

-Entonces, cada vez que te mire pensaré que estás pensando en eso -dijo ella sonrojándose.

-Probablemente estarás en lo cierto -contestó él con una mirada risueña que la avisaba de sus intenciones, y un segundo después sus labios se unieron.

-Cuéntame cosas de Zeina antes de que te pongas a trabajar.

Edward miraba complacido el movimiento oscilatorio de sus pechos.

-Zeina es uno de nuestros mayores proveedores de Rosa de Zulheil. Por alguna razón aún desconocida, la gema solo se da a lo largo de los depósitos de petróleo. Es un cristal extraño.

-Parece injusto.

-Podría ser, pero a través de los siglos, las tribus de Zulheil fueron estableciendo un sistema que posibilitaba que todas aquellas gentes que habitaran cerca de semejante regalo de la naturaleza pudieran beneficiarse. Por ejemplo, la Rosa de Zulheil sale de Zeina en estado puro. De ahí pasa a manos de dos tribus del norte donde se preparan los mejores artesanos del país.

Bella sabía que el orgullo de Edward estaba justificado. Los artesanos de Zulheil estaban considerados auténticos magos.

-Espera un momento -dijo ella frunciendo el ceño-. Si el cristal solo se encuentra cerca de los depósitos de petróleo, ¿Por qué no es Zulheina un centro petrolífero importante?

-Zulheina es extraña en más de un sentido. Por contradictorio que parezca, nuestros ingenieros y geólogos insisten en que no hay ni una gota de petróleo en la zona -informó Edward-. Así que consideramos el palacio de cristal como un regalo de los dioses.

-No te lo puedo discutir. Es verdaderamente hermoso. ¿Cuál es el propósito de este viaje?

-Somos un pueblo que está muy desperdigado. Intento visitar a todas las tribus al menos una vez al año -contestó él estirando sus largas piernas-. Y ahora, me temo que tengo que leer estos informes, Mina -gesticuló hacia un montón de papeles que había sacado de unos de los bolsillos laterales de la puerta.

Ella asintió pensando en todo lo que le había dicho Edward. Estaba claro que mientras no le confiara su amor, no compartiría con ella los negocios del reino. Por primera vez en su vida, sintió que era parte de algo grande, no meramente una observadora. Con esperanzas renovadas en su corazón, sacó un bloc de dibujo de su bolso y comenzó a diseñar un vestido de luz de luna y plata.

Edward observaba por encima de sus papeles cómo la mano de Bella se movía con graciosos trazos. Parecía inmersa en su labor, la boca en una posición que le sugirió algo que llamó su atención. Estaba fascinado.

Cuando se conocieron, ella era estudiante, pero no le gustaba lo que la habían obligado a estudiar. Cuatro años después, se la veía inmersa en sus pensamientos. Aquella era la primera vez, y se dio cuenta, maravillado, que se encontraba cara a cara con la mujer en que Bella se había convertido.

-¿Puedo verlo? -preguntó, deseando saber más cosas de la nueva Bella, la mujer que amenazaba con atraparlo en una red mucho más fuerte que la que pareció seducirlo cuatro años atrás.

Ella lo miró con unos asombrados ojos color chocolate, y entonces floreció una de sus sonrisas.

-Si quieres.

Ante el gesto tímido de bienvenida a su mundo, Edward se sentó junto a ella, y puso su brazo a lo largo del respaldo del asiento.

-Un vestido de noche.

-Pensaba que podría usar un tejido con hilos de plata.

Edward notó la suavidad del pelo de Bella en sus dedos y se inclinó para mirar con más atención los trazos del dibujo.

-Tienes mucho talento; Es precioso.

-¿De verdad? -preguntó ella con las mejillas al rojo vivo.

Había anhelo en la necesidad que trataba de disimular. Edward se dio cuenta de cómo se había mostrado Bella a la defensiva cuando le preguntó por el tema del diseño: había sido la reacción de alguien que nunca ha recibido apoyo para sus inquietudes. Una especie de ternura furiosa por ella se despertó en su interior. Sintió unos deseos tan fuertes de castigar a aquellos que la habían herido, alejándola de él, que tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para controlarse.

-De verdad. No deberías tener problema para encontrar el tejido que deseas en el envío que recibiremos el próximo mes proveniente de Razarah -dijo Edward.

De hecho, él mismo se aseguraría de que incluyeran montones de piezas de tejidos diversos para que ella los examinara.

-Cuéntame más cosas sobre tus diseños -prosiguió Edward.

Y así lo hizo Bella, con los ojos relucientes de la alegría. Para Edward el viaje pasó como un suspiro en la agradable compañía de Bella. Desde que había subido al trono, nunca se había permitido ser él mismo con nadie. Y Bella, con su risa y sus sueños lo animaba a relajarse a jugar. Pero, ¿confiaba en ella lo suficiente para dejarse llevar hasta ese punto?

Phonography

Talvez, quizás

Me había sorprendido la llamada de Jessica, no nos veíamos de la navidad y había sido pura casualidad, aunque ella había sido mi mejor amiga en la infancia ahora solo nos mandamos mail y regalos para los cumpleaños, santos y fiestas típicas. Así que cuando me llamó me dejo anonadado, más cuando me pidió que almorzáramos juntos mañana — ¿Por qué tanta urgencia? —le había preguntado yo y ella se había reído — tengo que confesarte algo que llevo años guardándome —había sido su respuesta y me dejo perplejo pero con ella nunca se sabía si estaba hablando en serio o estaba tirando la broma.

Así que la curiosidad mato al gato y aquí estaba esperándola en el restaurante que me había indicado. Jessica era puntual, apareció por la puerta justo cuando el reloj marco la una de la tarde. Me reí al ver que seguía tan despistada como siempre, paso por mi lado buscándome entre la gente y de verdad necesitaba ir al medico para que le recetaran lentes con urgencia. Me levanté y la sujete por el brazo.

— Jessica —la llamé y ella se giró, la sonrisa se dibujo en el rostro y me abrazo.

— ¡Edward! —grito emocionada atrayendo la atención del resto de la gente.

— No has cambiado en nada cegatona —le contesté de vuelta y ella me saco la lengua en respuesta.

Tenía razón ella seguía siendo igual a pesar de los años seguía siendo una niña inmadura pero demasiado persistente, creo que por eso nos habíamos convertido en buenos amigos. Dejo su cartera a un lado mientras tomaba asiento frente a mí.

— ¿Y bien que es lo que quieres confesar después de tantos años? —le pregunté serio y alarmado. Ella se rió

— Bueno no sé si quieras enterarte digo después de tantos años, no sé si quiero arriesgarme a perder tu amistad —me contestó toda intrigante y mi corazón se congelo ante sus palabras. ¿Sería posible lo que alguna vez alguien me dijo?

Pasaron unos minutos en donde me miraba de forma exhaustiva e inquisidora. Como odiaba que hiciera eso me sentí completamente intimidado y las películas no pudieron evitarse. Traté de apagar mis teorías, y baje la vista al mantel rompiendo el contacto visual con ella y la carcajada que profirió me dejo aún más confundido.

— ¡Relájate! ¡No es lo que estas imaginándote! —exclamó tomando aire y continuó —De verdad no quiero herir tu orgullo pero fíjate que la confesión va por otro lado —me dijo tomando un sorbo de la copa de agua que estaba a un costado.

— ¿Y cuál sería? —le pregunté ya más repuesto y aliviado. Lo último que me faltaba era una confesión de mi mejor amiga, sí Jessica también me confesaba su amor seria la gota que rebalsada el vaso de mi vida.

— Me llamó Bella —explicó y entendí a que se refería con "confesión" había aceptado ser su abogada.

— Ya veo —le contesté más suelto y nos quedamos mirando.

Ella se rió nerviosa y tenía ese brillo en los ojos que me confirmó que había sido buena idea no haberla involucrado en esto por mi parte al menos.

— Ya te puedes imaginar que estoy aquí mitad como tu amiga, mitad como abogada. Aunque francamente estoy más que molesta dolida —notó —me remplazaste por ese estúpido abogado de pacotilla que para tu información era el último de la clase —me explicó y suspiré.

— Vamos Jessica sabía que te rehusarías a entablar la demanda contra ella o ¿me equivoco? —le pregunté jugando con mis dedos en la mesa.

— No te equivocas, en cuestiones de familia siempre prefiero los "consensos". Créeme Edward no quieres exponer a tu hijo de dos años a un juicio de custodia —exclamó un poquito irritada.

— No me dejo alternativa no voy a permitir que trate de jugar a la casita feliz con mi hijo en un país distante mientras yo tengo que quedarme al margen… Jacob no será el padre sustituto de mi hijo, eso sí que no —juré desafiante.

— Mmm... —Exclamó divertida como si hubiera descubierto algo —entonces es una cuestión de que "hombre" vive bajo el mismo techo que Bella —conjeturó.

— Es más que eso —me defendí

— Te has vuelto demasiado machista con los años y pensar que solo tienes veinte y seis que te quedará para cuando tengas treinta y seis años. En fin… —suspiró mirando hacía un costado y conocía demasiado bien esas dos palabras acompañadas de ese suspiró al vacío.

— ¿En fin qué? —cuestioné enseguida.

— Nada supongo que tendremos que vernos en la audiciencia el miércoles —me dijo e iba a levantarse de la mesa cuando la detuve por la muñeca

— ¿Eso era todo? ¿No habrá discurso ni apoyo de género? —le pregunté suspicaz y ella se rió. Se sentó en la mesa y me miró

— ¿Qué estarías dispuesto a negociar? —averiguó.

— Nada, porque voy a ganar —le contesté y ella se rió aún más fuerte.

Acto seguido saco de su maletín una carpeta y me la puso en frente. Enarco una ceja sugerente para que la abriera. Apenas lo hice me di cuenta de sus intenciones. Eran al menos una treintena de fotografías mías unas bastante íntimas con al menos seis mujeres distintas y una que se repetía: Ángela.

— ¿Te gusto mi discurso de género? —me preguntó suspicaz con ese tono inocente de niña buena y tal vez debí tenerla de mi lado y no del lado opuesto.

No por nada se había graduado con honores de la maldita escuela de leyes. Me quede mirando las fotografías en silencio.

— ¿De dónde las sacaste? —pregunté al fin luego que termine de verlas. Y aunque eran antiguas el peso de aquella verdad era irrefutable.

— Digamos que no tienes mucha barra en la familia Swan —confesó con una risita de suficiencia.

Recordé a la madre de Bella y esa señora era incluso peor que Jessica así que unidas no debía extrañarme que se potenciaran, para mi desgracia.

— Bien ahora que tengo tu atención vuelvo a preguntarte ¿Qué estas dispuesto a negociar?

— Custodia compartida, mitad y mitad

— Tiene apenas dos años, vas a hacer que viva tres días contigo y cuatro con ella ¿Y quieres que logre sobrevivir la adolescencia? —exclamó molesta.

— Prefiero pagar psicólogos a dejar que ese productor y ex de Bella asemejado a hombre del año sea el padre postizo de mi hijo —exclamé tajante.

— Custodia exclusiva para Bella y visitas sin restricción para tí. Podrás sacarlo cuando quieras, donde quieras, por el tiempo que quieras siempre con acuerdo de la madre y es mi mejor oferta mira que estoy tentada de publicar estas preciosuras en el "The Sun" pagarían tan bien algunas te favorecen, ¡mira ese ángulo! ¡Dios! —exclamó divertida poniéndome la fotografía, antigua, donde me encontraba con Ángela frente a los ojos.

— Eres perversa te lo han dicho alguna vez —le pregunté sorprendido

— Digamos que no me gusta que me subestimen además estoy siendo condescendiente contigo todo por nuestra amistad —me explicó y yo me reí entre dientes.

— Con amigas como tú para que quiero enemigas —le recrimine cerrando la carpeta

— Debiste llamarme Edward —insistió

— Si así veo —confirmé al cabo de unos minutos me levanté de la mesa — Esas fotografías son parte de un pasado —exclamé a modo de justificación.

— No es a mí a quién tienes que convencer de tu fidelidad Edward pero como quien diría: Tu pasado te condena —exclamó Jessica.

Era viernes medio día y estaba entrando a la oficina de Jessica junto con mi abogado para firmar el estúpido acuerdo de custodia. Suspiré al ver a Bella sentada en la sala de estar, como un juego macabro del destino se veía cada día más hermosa. Se levantó apenas me vio, trataba de ocultar su nerviosismo.

— Hola —me saludó retraída y un tanto indecisa.

— Hola —le contesté con cortesía. No podía culparla de haber buscado ayuda en Jessica. Después de todo yo mismo le había aconsejado que se buscará un abogado.

De pronto un resplandor hizo que mi vista se desviará a su cuello y a la cadena que traía puesta en su cuello. Su ropa la cubría prácticamente todo pero de una manera inexplicable y ante un movimiento involuntario de su cuerpo este se dejo al descubierto, el pendiente que colgaba de aquella fina y minúscula cadena quedo expuesto. Tamaña fue mi sorpresa al ver qué tipo de pendiente llevaba ella colgado a su cuello: ¡Era mi anillo!

¿Bella traía puesto en su cuello el anillo que yo le había dado cuando finalmente había descubierto que Cameron era mi hijo?

Aquello me sorprendió, no esperaba que ella, después de tanto tiempo usara ese anillo y de esa manera. ¿Premeditado o no? Traerlo puesto hoy no me importó y entonces de manera totalmente deliberada y deseada alce mi mano hasta su cuello. Tomé entre mis dedos la cadena y descubrí por completo el anillo que colgaba de está y que tal vez ella quería ocultar. Mi vista se cristalizó sin poder yo siquiera evitarlo, me embargaron las ganas de llorar igual que un niño cuando ve con nostalgia algo que pudo pero no fue. Mientras miraba aquel símbolo de lo que había sido en parte nuestro pasado, sentí como su mano tocó la mía. El roce tibio de sus dedos contra mis dedos hizo que mi vista ahora se clavará en aquel mar marrón que me había cautivado aquella noche en que toda esta bella locura había comenzado.

— Edward… yo… —sus palabras apenas se oían, pero en cuanto las sentí mi corazón comenzó a latir con fuerza en la mitad de mi pecho como presagiando algo… justo cuando pensé que ella hablaría Jessica nos interrumpió.

— Mis queridos chicuelos… pasemos… no quiero que se me arrepientan —exclamó divertida y lo hicimos desistiendo de aquella conversación.

Firme lo papeles resignado. No tenía otra alternativa más que actuar maduramente y reconocer que tal vez me había extralimitado al tratar de ganar a Cameron como si fuera un objeto. Mientras firmaba todos los papales que me pusieron enfrente miré de reojo a Bella que estaba más tranquila a como la había visto el martes pasado cuando me había ido a buscar desesperada a mi departamento.

Aunque aquella noche no había planeado en un comienzo tratarla como la traté y casi me dejo llevar por los impulsos; me embargo la rabia sin control cuando me di cuenta que estaba haciendo eso solo porque estaba desesperada y no porque lo sintiera realmente, estaba utilizándome como a un niño al que le das el dulce que tanto quiere para que se quede tranquilo.

Sus besos, su piel tibia y sus gemidos casi me hacen perder la perspectiva del asunto pero para suerte mía o tal vez suerte de ella, las imágenes que había visto en una revista sobre ella y su supuesto "jefe" se me habían presentado en la mente y la irá me había consumido. El solo hecho de imaginármelos a ambos "juntos" de esa manera me pico el orgullo y había logrado sacar lo peor en mí. Bien merecida me había tenido la cachetada que me había propinado aquel día y no sabía como había sido capaz de actuar así, contrarío a lo que ella creía yo no me sentía orgulloso por mi actitud pero ¿Qué otra alternativa tenía?

Llevarse a Cameron a vivir a otro país era la palada inicial y el punto inequívoco que la esperanza de familia llegaba a su fin. ¿Acaso iba a tener que resignarme a verla feliz de la vida con otro hombre distinto a mí?

Sí algo debía agradecer a aquel impases legal es que mi relación con Bella había dado un cierto vuelco haciéndose más llevadera. Además esa tensa maniobra de la demanda había rendido en parte frutos que me beneficiaban… ante la posibilidad de que Bella perdiera a Cameron, "San Jake" se había puesto de mi lado, al menos, defendiendo en el tema de que Bella tuviera que irse a Londres para grabar el dichoso programita. Con su insistencia, luego me enteraría, que los ejecutivos habían accedido a gravar aquí y eso tenía un apellido detrás de semejante hazaña: Black.

Si quitaba el hecho que gracias a ese nuevo "trabajo" Bella se había vuelto más popular que nadie en la faz de la tierra, todo era prácticamente como antes. Claro en mejores términos obviamente. Lo único que aún no me resultaba familiar era a que "el acierto del año" estuviera publicitado prácticamente en cada una de las revistas existentes en el planeta.

Ahora, nuevamente, nada en la vida de la madre de mi hijo era un secreto, todo estaba explícitamente dicho en alguna revista o programa de televisión y era enfermarte no poder prender la televisión sin escuchar su nombre seguido por el del "Productor Estrella".

Yo por mi parte, había estado también en el ojo del huracán con una que otra película pero la atracción del momento era ella y Jacob. Para mi desgracia eso se veía reflejado en mi diario vivir y es que yo, como el padre, era algo así como el tercero sobrante dentro del círculo de su vida.

Era algo así como la acechante lluvia en aquel día soleado. Aunque en días como hoy creo que ella agradecía que yo no estuviera tanto o más ocupado que ella, me era difícil acostumbrarme a esta "popularidad" tan grande en la cual estaba inmersa además Cameron. Ver como su casa estaba rodeada y constantemente llena de gente extraña me hacía pensar hasta que punto era bueno que mi pequeño viviera en este mundo del espectáculo. Aunque si lo pensaba bien, tenía sus ventajas que ella se volviera tan popular, mi hijo estaba más cuidado y protegido.

Dado el asedio periodístico al que ella se veía sujeta los guardaespaldas no se dejaron esperar y eso era un alivio. Cameron estaba más resguardado pero también más propenso a lo que hoy estaba deduciendo mientras me estacionaba en el frontis de la casa de Bella.

Más popularidad, más dinero… por consiguiente subiría de categoría. Inevitablemente el paso para alguien que se vuelve tan famoso como ella era cambiarse de barrio. Me quede de una pieza al ver un par de camiones quitando algunas cosas desde el interior de la casa, comprobando esa temida teoría mía. Con pesar deduje que Bella después de la próxima semana no viviría allí ni mi hijo tampoco.

Las bondades de la fama pensé con amargura. Tal vez no se lo llevo fuera del país pero de que estaba lejos estaba lejos de mí. Me baje del automóvil mirando como un repartidor que estaba en la entrada principal, al notar mi presencia, se me acercó para hablarme.

— ¿Conoce a Bella Swan? —me preguntó

— Sí —contesté.

— Tenga —y me paso una enorme caja — esto es para ella, puede firmar aquí —pidió

Mi mala cara no se dejo esperar pero no tenía alternativa. Firmé el recibo equilibrando la enorme caja en la mano que quedaba vacía. Luego subí los pocos escalones que me separaban de la puerta principal y toque el timbre. El histérico grito de Taylor me hizo quedar de una pieza por segunda vez.

— ¡Llego el vestido! ¡Oh mi dios! —gritó emocionado su nuevo "asistente" y me reí ante el hecho que fuera gay.

Me quito la caja y la sonrisa se le esfumo del rostro al darse cuenta que era yo el que estaba detrás del paquete.

— Además llego tu ex —dijo desganado dándome un despreció. Apenas pude contener la risa ante la situación pero contrario a lo que yo deseaba me mantuve en la sala esperando por su aparición. No pasaron ni cinco segundos cuando sentí los pasos de Cameron y su grito de bienvenida.

— ¡Papi egaste! —chilló abrazándome y lo alce para darle un beso en la frente.

En ese minuto apareció ella y me quito el aliento. Estaba con su pelo suelto y sus mejillas teñidas de un rojo exquisito, sus labios estaban también pintados, sus pestañas bien delineadas y estaba vestida con un hermoso traje azul oscuro que llegaba al suelo no pude decirle nada pero en ese minuto entendí cual era el propósito de su llamada tan repentina y un tanto desesperada.

— Te agradezco que hayas podido venir —exclamó dudosa por mi reacción y comprendí su intención. Quería que me quedara con Cameron esa noche. Así que suspiré resignado, era un hecho, me transformaría en la niñera de mi hijo.

— Así que esta es la urgencia —le dije aún perdido en su figura

— Si… desgraciadamente la niñera que había contratado se enfermó y no puedo excusarme de ir… es la noche inaugural de la serie... Tu sabes cómo son estos compromisos, si no voy me matarán… —comentó un tanto preocupada porque yo no quisiera quedarme a cuidar de nuestro hijo.

— Sí a veces las cadenas de televisión creen que son tus dueños —comenté comprensivo entonces ella nerviosa habló otra vez

— Gracias… de verdad estas salvándome —explicó aliviada entonces decidí hablar.

— Bella, nada es más importante que mi hijo —comenté mordaz y ella tosió un tanto incomoda.

La verdad no me molestaba quedarme con él en lo absoluto pero sí me molestaba sobre manera estar facilitando las cosas para que "su supuesto jefe" y ella pudiera andar juntos felices de la vida caminado y respondiendo preguntas intrigantes como las que había leído la semana pasada: ¿Pero Dónde fuego hubo cenizas quedan?

Recordar aquella estúpida entrevista me hizo sulfurar de celos otra vez. Entonces justo cuando creí que perdería la perspectiva apareció nada menos que él: Jacob, fundado en un traje negro y nuestras miradas se encontraron. ¿Qué demonios hacía él allí? ¿Qué no tenía casa? Pensé al segundo y luego por el bien de mi hijo que parecía bastante emocionado por tener a su peculiar por no decir disfuncional familia reunida allí acalle mis celos, y me comporté como un adulto.

— Edward, que gusto verte… —saludó y extendió su mano de lo más cordial como si fuéramos grandes amigos. ¿Qué onda este tipo? Pensé pero luego decidí que la cortesía no quita lo valiente. Extendí mi mano en respuesta.

— Jacob —le salude.

No sabía bien porque mi cambio de actitud para con él y para con toda la situación de "amistad" que estaban teniendo ellos pero desde que había firmado los papeles para la custodia que nuestra relación había progresado antes ni siquiera nos saludábamos ahora al menos nos dirigíamos la palabra, mal que mal, él era el "jefe" de Bella y además de todo había sido él quien había logrado que mi familia se quedará dentro de los límites del país.

— Debemos irnos… se nos hace tarde Bella —notó con esa voz engatusadora que tan bien le salía.

Solo suspiré para evitar que mi lado machista se activara. Bella notó que si bien mis modales habían cambiado para con su "amigo" no era menos cierto que habían ciertas cosas que en el fondo yo aún no toleraba. Y ver esa familiaridad con que se trataban era realmente molesto. Bella sensatamente caminó hasta mí y tomó entre sus brazos a Cameron. Se lo entregué gustoso.

— Bien, te espero en el auto Bells —anunció Jake al ver que madre e hijo se despedirían. Cuando pasó cerca de nosotros miró a Cameron.

— Pórtate bien y duérmete temprano enano —se despidió sacudiendo su mano en la cabeza de mi hijo y este se rió.

Ver aquella escena me hizo darme cuenta que tal vez no iba ser él quien me arrebataría algún día a mi familia pero de que habría alguien que algún día lo hiciera habría. Era como una muerte anunciada. Un hecho irrefutable, ella reharía su vida lejos de mí. Se me contrajo el corazón ante aquella aprehensión. Oficialmente algún día yo sería un intruso en sus vidas. Pensando en aquello fui testigo de cómo Bella se despidió de Cameron con un beso en la frente.

— ¿Voleras pronto mami? —le preguntó nuestro hijo mientras sentía como está le quitaba unos mechones de su frente.

— Tarde corazón pero mañana temprano iremos al parque lo prometo.

— ¿No dormirás comigo? —exclamó con un puchero en los labios

— Hoy no pero dormirás con tu papi —le consoló tratando de hacerme parecer el premio grande de la lotería.

Cameron me miró y luego a Bella, era obvio a quién quería. Entre yo y su madre él la prefería cien por ciento a ella. No era que no me quisiera pero seguro yo no era tan divertido como Bella. Me sonreí: Extramente éramos dos quienes preferíamos a Bella.

La madre de mi hijo inclinó su rostro y beso a nuestro hijo en la frente, luego se acerco a mí y dudo. Al principio no supo si despedirse sin besarme o sí debía darme un beso en la mejilla de cortesía. Su segunda reacción fue acercar sus labios hasta mi rostro pero se detuvo en el aire. Estaba en eso, decidiendo cuando Cameron se movió bruscamente y perdí el equilibrio de su cuerpo haciendo que mi rostro se moviera ligeramente hacía el otro costado. Para mi suerte nuestros rostros se quedaron frente a frente. Pase saliva evitando la tentación pero esta fue más fuerte y finalmente le di un beso en los labios que ella, por supuesto no correspondió, sino que se quedo estáticamente sorprendida por la circunstancia. Petrificada mantuvo su posición mientras yo descaradamente me aprovechaba y tomaba ventaja de la situación. Fue la voz de Taylor la que nos trajo de regreso a la tierra.

— ¡Bella!… te están esperando… —exclamó insistente entre dientes y ella se separó inmediatamente de mí. Caminó sin voltear hasta la puerta que abrió su asistente y ambos salieron dejándome en la mitad de la casa vacía solo con mi hijo. Miré a Cameron y sus ojitos brillaban en complicidad.

— ¡Bien hecho campeón! —alenté y subí las escaleras riéndome.

Desperté por el intenso dolor de espaldas que estaba sintiendo y dormir en una cama tan pequeña me estaba matando los riñones. Me levanté con cuidado tratando de no despertar a Cameron que estaba enrollado contra mi cuerpo, lo arrope y me estiré.

Ladee mi cabeza de lado a lado y todas las vértebras me sonaron. Entonces ya despierto al fin miré el reloj y eran las cuatro y media de la madrugada. Será mejor que me vaya a dormir al cuarto de invitados sino no podré levantarme mañana pensé bostezando.

Salí de la habitación de mi hijo y cerré la puerta lentamente. Camine por el pasillo y cuando iba a abrir la puerta para entrar a la habitación destinada a los "huéspedes", sentí un ruido extraño que me hizo girar mi vista hacía la habitación que estaba a unas cuantas puertas de distancia de donde me encontraba.

La puerta estaba entre abierta lo que motivo mi curiosidad. Lentamente camine hasta quedar frente a frente de ella. Sin proponérmelo la abrí y me quede sorprendido al darme cuenta que era la habitación de Bella.

No sé porque pero lejos de querer irme me embargó un deseo ferviente por entrar. Así que lo hice. Motivado por un sentimiento extraño me adentre en el cuarto. A la mitad se encontraba la enorme cama y al medio de esta un pequeño bulto se vislumbraba en la penumbra bajo las cobijas. Aunque una tenue luna iluminaba la habitación a la distancia que me encontraba era difícil ver claramente a Bella así que me acerque aún más.

Para cuando llegue hasta el borde de la majestuosa cama pude sentir claramente el sonido de su respiración y la esencia de su perfume. A esa altura también pude distinguir claramente lo que buscaba: su cuerpo. Aquel cuerpo que tiempo atrás me había pertenecido. Aquel cuerpo que me había hecho gozar y tocar el cielo tantas veces. Aquel cuerpo que yo amaba con desesperación y que había perdido junto al corazón que custodiaba por una insensatez.

Durmiendo apaciblemente y ajena a mí se encontraba ella. Aferrados sus brazos estaban a la larga almohada que usaba como apoyo. Su rostro angelical y bello descansaba entre algunas pequeñas almohadas en la cabecera de la cama. Su pelo largo y ondulado en las puntas, enmarañado reposaba tranquilo como una enigmática cascada que hacía contraste con la blancura de las sábanas. Ella era realmente perfecta. A cada año que pasaba Bella se ponía incluso más hermosa que antes. Me sonreí al ver como una de sus manías no se terminaba aún cuando durmiera sola, en otra época hacía mucho tiempo atrás, ella enrollaba una de sus piernas entre las mías y la subía a la altura de mi estomago. Hoy estaba haciendo lo mismo, dejando descubierta su pierna enrollada en aquella larga e infame almohada que ocupaba mi lugar.

Me quede allí contemplándola dormir, sin poder evitarlo me senté embelesado y atrapado por la belleza enigmática de tan maravilloso espectáculo. No fui consciente de que me encontraba husmeando en la penumbra hasta que su cuerpo se giró de posición, lo que me asustó.

¿Qué explicación le daría si ella me descubría allí espiándola?

Para mi suerte, solo se limitó a girarse hacía el otro lado y siguió durmiendo apaciblemente. Deslice mi mano temblorosa por entre la colcha que estaba levantada a los pies de su cama y acaricie lenta y sutilmente parte de su anhelado cuerpo.

¿En qué minuto lo arruine todo? me pregunté en un murmullo pensando en que todo podría haber sido tan distinto. Hoy podría estar yo durmiendo a su lado, teniendo su cuerpo tibio y delicado junto al mío. ¡Todo por una maldita revolcada que no debió ser!

Me grité en mi mente y entonces comprendí lo que una vez mi madre me dijo, algunos días después que mi engaño fuera descubierto.

"No se trata de solo perdonar tu infidelidad, se trata de que tú has demostrado que no tienes claro que es lo que quieres en tu vida. Sí lo supieras jamás, aunque esa mujer hubiera estado desnuda frente a ti, le hubieras puesto un dedo encima. Sí tu realmente en el fondo de tu corazón hubieras querido que Bella fuera tuya por siempre, aquella infidelidad jamás hubiera ocurrido porque jamás hubieras podido ser tentado por alguien que no querías".

Hoy esas palabras cobraban vida y vaya que tenía razón, tenían que haber pasado dos años, millones de discusiones, millones de lágrimas e intentos inmaduros de dañarla para darme cuenta que yo quería que esa mujer fuera mía por siempre y para siempre.

¡Yo quería que Bella fuera mi mujer por siempre! Y lo más importante ¡Yo quería ser de ella y de nadie más!

¿Cómo iba a hacerlo ahora? ¿Tendría yo alguna esperanza con la madre de mi hijo? ¿Con la mujer que yo amaba con locura?

— Bella —la llamé medio dudoso para que despertará.

Ahora me había sentado a la mitad de su cama más cerca de la cabecera de está. Me incliné y deslice mis manos por esas mejillas blancas pero ruborizadas por el calor de la noche.

— Mi amor —y sabía que la reacción más probable de ella sería un ¡Lárgate! ¡Lo nuestro ya se acabo! Pero no perdía nada con intentar redimir mis pecados.

¿Cómo convencerla que yo la amaba a ella y que esta vez sí mantendría mi fidelidad hacía ella?

— Bella —murmuré otra vez acercando mi rostro al suyo para susurrar su nombre en su oído.

Entonces sentí sus dedos en mi mano y luego sentí su voz. Me separé esperando el grito histérico de reproche pero contrario a toda lógica solo vi el brillo de sus ojos soñolientos contemplarme en silencio.

En ese minuto por mi mente pasaron millones de explicaciones y palabras sin sentidos para ellas pero con un sentido enorme para mí, le dije de todo… desde que me perdonará por ser tan imbécil y caliente hasta implorar otra oportunidad. Sin embargo ninguna de aquellas frases montadas en las tristes noches de soledad y de rabia fueron dichas. Simplemente sentí como su mano contraria a la que estaba puesta sobre la mía que permanecía entre sus cabellos me acariciaba el rostro. Entonces mientras sentía el roce tibio de sus dedos sobre mi mejilla, las lágrimas cayeron por mi rostro. En verdad sentía en el alma haber arruinado nuestro amor y su confianza.

Cerré los ojos y me deje llevar por el roce de su palma contra mi rostro, sentí como erguió su cuerpo en la cama y entonces apreté su mano contra mi piel.

— Lo siento, lo arruiné todo y míranos ahora… peleados como dos perros y gatos cuyo premio es Cameron —balbucee con la voz entrecortada. — ¿Crees que algún día puedas, realmente, perdonarme? —le pregunté mirándola a los ojos.

Entonces su rostro se inclinó hacía el mío, se acercó lo suficiente hasta quedar a milímetros de distancia de mi boca.

— Pídeme que me detenga y lo haré —susurró y su hálito tibio se estrelló contra la piel expuesta de mi boca.

— No quiero que te detengas —le respondí y sentí como sus labios se acercaron dejando inexistente la distancia entre ambos.

Nos besamos como en muchos años no nos besábamos. Acaricie con mis labios los suyos, e introduje mi lengua en su boca para acariciar la suya con pasión y deseo. Solté su mano de mi rostro y bajé la mía hasta su cintura. Sentí como ella cruzó sus brazos alrededor de mi cuello y entonces sentí como su cuerpo se incorporó de la cama.

De un movimiento sentí como se sentó a ahorcajadas sobre mis piernas y como rompía el beso para deslizar su lengua fría y húmeda por la línea de mi mentón.

— Te amo Edward, jamás deje de amarte… es solo que… lastim —exclamó pero no deje que terminará la frase, la silencie con un beso.

— Lo sé —murmuré en sus labios cuando terminé el beso.

Llevé mi rostro hasta dejar mis labios a la altura de sus oídos.

— Yo te amo Bella —susurré contra su oído y deslicé mis manos por sus brazos. Fui testigo de cómo se erizaba su piel al sentir mi halito tibio contra su piel.

La acerque a mi cuerpo sujetándola nuevamente por la cintura, dibujé con mis manos sus caderas y detuve mi recorrido cuando estas llegaron a sus muslos. Bella jadeo al sentir mi toque en aquella zona, lentamente su espalda se arqueo y su cabeza se inclinó hacia atrás, pude ver en la penumbra como apretaba sus labios.

Tomé la tela de sus pijamas y la deslice para dejar al descubierto la piel tersa de sus piernas. Estaba a punto de volver a tocar sus muslos, esta vez con la piel desnuda, cuando sentí como ella unió sus labios a los míos. Sentí sus pequeñas manos sujetarme por la barbilla para hacer que inclinará mi rostro hacía ella. Nuestras respiraciones se volvieron erráticas. Sentía arder mi cuerpo por dentro, un fuego comenzaba a invadirme y el deseo de hacerla mía otra vez comenzaba a inundarme.

Sus manos comenzaron a luchar con los botones de mi camisa, cuando termino de desabotonar por completo la prenda, sentí la tibieza de sus labios deslizarse por la piel de mi torso ahora desnudo. Comenzó a besarme rozando lentamente sus labios en pequeños besos trazando caminos por mi clavícula hasta llegar a la parte alta de mi pecho. No pude evitar cerrar mis ojos al sentir la humedad de su lengua succionar mi piel.

Cuando nuestras miradas se volvieron a encontrar, noté el brillo suspicaz en sus ojos. Entonces no pude evitar sonreírme al comprobar que nuestra pasión seguía tan intacta como antes. Ella me deseaba tanto o más que yo. La intensidad de nuestro amor no había disminuido, tal vez había sido ocultado por ambos producto del orgullo pero aún estaba allí, en el fondo de su alma como estaba en la mía.

Sin mucha reflexión tiré de su camisola y la deje completamente desnuda en mi regazo, deslice mis manos por sobre sus pechos hasta llegar a su abdomen. Era tal cual la recordaba, tal vez más mujer que antes pero exquisitamente tentadora. Amaba a esa mujer en toda la extensión que esa palabra podía implicar y no era simplemente que deseara poseerla, hacerla mía sino que deseaba sostener su cuerpo contra el mío por siempre, que estuviéramos juntos y formáramos esta familia feliz que ella tanto quiso y que ahora estaba seguro yo también quería.

Sentí como sus manos, mientras aún la acariciaba, viajaron hasta la cremallera de mi pantalón, aun besándome, tiró del cinturón para finalmente abrir el botón que faltaba y con eso dejar abierta la ropa. Metió su mano por entre las ropas y ahora fui yo el que jadee cuando sentí como acaricio mi cuerpo. Los jadeos se hicieron con cada toque de ella más y más fuerte y descontrolado. Entonces cuando sentí que incluso dolía de tanto placer que sentía, fue que sentí como la lengua húmeda y tibia de Bella los ahogaba con un beso profundo y pasional.

Aún jugando con mi labio inferior, puso sus manos en mi pecho y ejerció una presión invitándome a recostarme contra su cama. Cuando me vio tendido sobre esta se levantó de mi regazo y comenzó a tirar de los pantalones para quitármelos. Una vez que estuvimos ambos desnudos, se volvió a subir en mi regazo pero cuando llego hasta mí otra vez giré mi cuerpo para hacer que ella quedara contra la cama esta vez. Fui yo el que ahora beso su cuerpo desnudo. Deslice mis labios por la cúspide de sus pechos y cuando estos estuvieron erecto sentí como ella comenzaba a jadear ante mis toques.

Deslice mi lengua entre sus pechos y baje por su abdomen hasta llegar a la parte baja de su vientre. Entonces una pequeña cicatriz se vislumbró. Sonreí al constatar que en aquella marca yo había tenido injerencia y que era la marca patente de que compartíamos un pasado junto y un fruto de lo que fue nuestro amor más pasional: Cameron. Seguí recorriendo la parte interna de su muslo hasta que llegue a su parte intima y la besé con vehemencia.

Con cada gemido que sus labios soltaron más intensifique mis caricias. Sentir su respiración errática y su cuerpo temblar entre mis brazos era la sensación más sublime que podría haber deseado experimentar. ¡Cuánto la amaba y cuanto la había extrañado! Mis recuerdos sobre sus manías al amar se habían quedado como recuerdos poco frescos que hoy volvían a gravarse en mi mente.

— ¡Te amo! ¡Te amo! —gritó estremeciéndose entre mis brazos al cabo de unos minutos cuando por fin la hice llegar al clímax. Entonces alce mi cuerpo hasta llegar a su altura, sus piernas se abrieron para permitirme acomodar mi peso mejor y poder quedar entre sus brazos. Sus ojos se abrieron y estaban totalmente vidriosos. La contemplé y sentí como suspiró.

— Yo también te amo Bella —susurré contra su pecho, sentí como su corazón latía con fuerza y me quede allí entre sus brazos.

jueves, 27 de enero de 2011

Pecados Carnales

Capítulo 19 No permitas que yo te detenga


Verla en la puerta de mi casa me dejo marcando ocupado, jamás me hubiera imaginado que ella era la visita misteriosa que mi madre tanto había tratado de ocultar pero claro como no lo había pensado antes. Si era demasiado obvio, a quien más iba a invitar a pasar la navidad que no fuera a la madre de su nieto.

Esto lejos de ser un regalo era la tortura más significativa y merecida que tenía; Me quede observándola mientras cargaba a mi hijo en brazos y las imágenes de ella haciendo el amor con Jacob se me venían a la mente y la furia me inundaba.

¡No, ella no puede!

¡No debió ser capaz, ella no!.

Grite en mi pieza botando unos libros que había cerca de mi escritorio. Tenía que salir de esa casa, tenía que irme pero como arruinarle la noche de navidad a mi hijo.

Su corazón le pertenece a otro, pensé resignado sentado en la cama mirando al techo. Al menos este es de carne y hueso y no un ser omnipotente reflexioné y era segunda vez que tendría que luchar contra alguien o algo para poder ser feliz con ella. Para que quiero ser actor si mi vida parece de teleserie me dije y no pude controlar la risa histérica. Estaba en eso riéndome como completo lunático, sólo en mi habitación cuando sentí la voz de mi madre desde la plata baja.

- Edward, baja, vamos a cenar

Bueno, ahora venía el momento de la verdad, solo tenía que controlarme y tratar de no ahorcarla o decirle algo feo — Tu puedes hacerlo —me dije quitando las imágenes de su cuerpo diminuto y frágil en brazos de Jacob.

Bajé y topamos a la entrada del comedor, llevaba a mi hijo de la mano y me bajaron las ganas de besarla, allí en la mitad del pasillo, frente a todos, un arrebato se coló por mi razón pero otra vez, me torturaron las imágenes de ella, sus gemidos se hicieron audibles y de pronto, no era yo el causante de aquella felicidad libidinosa sino él, fue el golpe justo, un golpe bajo al corazón, para hacerme reaccionar, alce a mi pequeño para ahogar las ganas de gritarle y pedirle explicaciones, lo tomé y lo apreté entre mis brazos, al menos Jacob no tenía lo que yo sí, un pedazo de ella, un fruto de amor. Bella alzo su vista y nuestras miradas se encontraron, sin decirle nada tomé a nuestro hijo y entre al comedor sin detenerme, tratando de huir y de pensar coherentemente dispuesto a comportarme como un caballero, al menos durante la cena; mi padre me miró y se rió — tan evidente era —pensé dejando a Anthony en la silla y ocupando mi lugar. Bella camino hasta el lado contrario para sentarse justo frente a mi y lo encontré perfecto, así podría mirarla y ponerla nerviosa pero otra vez no contaba con que yo no era él único que la quería para él esa noche. El grito estrepitoso de Anthony se sintió como en sus mejores momentos de berrinche y afloró lo malcriado que había crecido, era el único nieto y el único bebe entre adultos, estaba comenzando a pasarme la cuenta lo consentido que mi madre lo había criado y hacía mucho tiempo que no se comportaba así de mañoso cuando habían visitas.

- ¡Noooo tu no! —gruño — mami —articuló extendiendo sus manos hacía ella.

Bella se puso incomoda, al principio mi rostro había reflejado sorpresa, traté de distraerlo poniendo frente a él un plato pero haciendo gala de todo su lado Cullen, lo rechazó, fue allí cuando traté de ocultar la risa, la cara de incomodidad de Bella la disfruté al máximo. Al final el pequeño hombrecito ganó y no era justo que todo mundo se pusiera de su lado, pero claro estábamos hablando de Alice no de cualquiera, ella a cualquiera le dejaría su lugar, sobre todo cuando eso implicaba estar atenta a que mi hijo de cuatro años y medio no arrasara con alguna de la copas o botará el agua en la mitad de la mesa provocando un desastre de proporciones.

Se sentó a mi lado separada solo por la silla de comer de Anthony — ah la familia feliz —pensé para mis adentros y esa mirada de mi madre era demasiado evidente. Después que en un comienzo casi había odiado a Bella con el tiempo se le había ablandado el corazón en el juicio y creo que eso se debía principalmente a mis intentos por reemplazarla.

Tu hijo ya tiene madre no tienes que buscarle una sustituta, mucho menos una que no va a quererlo.

Habían sido las palabras de mi madre cuando había visto el largo desfile de chicas que trataban de congeniar con Anthony, para mala o mejor dicho buena suerte él jamás había aceptado a nadie que no fuera Tanya o una de mis hermanas.

Y era increíble el poder que el vinculo de la sangre podía hacer, Anthony había aceptado a Bella como si nunca se hubieran separado. Se fundía como si ella lo hubiera malcriado toda su corta pero intensa vida, a tal punto que ya estaba desquiciándome. Era la décima vez que tomaba cosas de la mesa en un intento de lucirse, sabiendo que eso estaba prohibido, siempre había tenido buenos modales pero hoy tenía espectadores frente a los cuales lucirse. Estaba ahora tratando de alcanzar la copa de mi madre cuando se apoyo en la mesa y me percaté que iba a botarlo todo dejando con eso un desastre de proporciones cuando perdí la paciencia y le grité. Lo senté en la silla de vuelta y Bella me miró sorprendida y asustada, mi hijo se largo a llorar y hay también perdió la paciencia mi padre.

- Eso si que no — amenazó dándome esa mirada profunda que pocas veces le veía.

Y en cualquier otra circunstancia le hubiera contestado pero tenía razón. Como era capaz de perder la paciencia con un niño de cuatro años y no perderla conmigo mismo o incluso no perderla con ella.

Estúpido, contrólate, ella ya hizo su elección.

Fue lo que me grite mentalmente mientras bajaba la guardia, me tragaba la rabia y me sentaba de vuelta a la mesa sin chistar. Pero la rabia que tenía era mas grande, quería gritarle y recriminarle tantas cosas pero por otro lado, ¿acaso tenía derecho?.

Debí casarme con ella después que salió del hospital, jamás debí dejarla ir pensé frustrado y ya para el postre solo quería que todos desaparecieran, esa había sido la navidad más triste que había pasado y era principalmente porque ella ya no me amaba, porque mi vida era un desastre sin Bella.

El daño esta hecho, y eso jamás vas a poder cambiarlo.

Me había dicho Alice cuando me vio con la barbilla hinchada por el golpe que me había propinado el estúpido de Jacob. Pasamos a la sala de estar y mi padre acaparo a Bella toda la noche, Anthony jugó como si nunca le hubiera siquiera gritado y esa cualidad de los niños era la que yo necesitaba ahora que tuviera mi amor, porque ella no podía simplemente olvidar lo que yo había hecho y amarme como lo había hecho antes. Como estaba dispuesta a hacerlo cuando estuvo embarazada, que acaso no le habían dicho que perdonar es divino.

Me dedique a mirarla gran parte de la noche, y como quería correr a sus brazos, besarla y hacerla mía. Quería tenerla cerca de mi cuerpo, sentir su respiración acelerada, sus latidos del corazón erráticos, quería que todo eso fuera un efecto mío y no de él. Estaba en eso observándola cuando Anthony se acercó con sueño y ella lo acurruco contra su pecho, y sentí envidia por primera vez desde que él había nacido. Ahora mi hijo de cuatro años era el único con el derecho sobre ella de estar cerca de su cuerpo, verlo dormir con su cabeza apoyada en su hombro, casi enterrado en aquel cuello maravillosamente hermoso y sensual me provocaba cólera, un coraje inmenso de haberlo perdido, y por mi estupidez. Yo podría tener esos mismos derechos si no lo hubiera echado a perder hacía tantos años atrás. Ahora el que tenía derechos sobre ella era otro — un mal nacido -escupí tratando de controlar la furia.

Cuando su hermana se levantó para irse mi corazón se encogió y eso se debía a que ella tendría que marcharse, mi navidad se había acabado sin siquiera comenzar. Pero otra vez más tenía a mi lado a un gran aliado del que hasta ahora no me había percatado.

- ¡No mami no! —suplicó sollozando — No te vayas duerme conmigo.

Habían sido las suplicas de Anthony y yo gritaba junto con él por lo mismo. — Quédate Bella, quédate para siempre —murmuraba en mi interior mientras observaba la escena sin emitir palabra alguna. Ella me miró desconcertada y no sé qué mirada le di pero su respuesta no concordó en nada si me hubiera leído la mente.

- Lo haré dormir y me tomaré un taxi

¿Taxi?, porque siempre tenía que ser tan obstinada, porque no les hacía caso a mi madre y a mi hermana, así tal vez tendría una oportunidad de redimirme.

Cuando finalmente se fueron todos, un impulso por subir se apodero de mí pero no podía ser tan evidente, menos con mi madre bajo el mismo techo. Mi padre me observo recoger los platos y ayudar a secar la losa.

- Seguro que Jacob no te pego en la cabeza, estas actuando raro -me preguntó irónico, pero lo ignoré.

- ¡Ah no!, tu quieres causar un temporal —exclamo Rosalie

- Espérate tengo que sacar una foto, pagarán millones de dólares por esto -agregó Alice haciendo de mi intento por distraer mi mente una verdadera broma, pero que le pasa a mi familia pensé mirándolos a los tres. Gracias al cielo mi madre acalló el cuento.

- Ya déjenlo, además esto es algo que ustedes deberían estar asiendo no él.

Me defendió quitándome el plato y el paño y se lo ofreció a Rosalie pero esta se escapo, finalmente Alice lo recibió resignada y la sonrisa que había tenido hace minutos atrás se había ido, ahora era yo el de la sonrisa en el rostro.

- ¿Vas a ir a dormir con tu princesa? —atacó y yo le miré con suficiencia.

- Tal vez, al menos tengo una, no como otras —contesté mordaz saliendo de la cocina.

Mi madre me grito buenas noches y me quede sentado en el sofá, la verdad no sabía si subir, si lo hacía ¿qué iba a decirle?, tal vez debía esperar a que bajará para irse y ahí tratar de conversar con ella. Pero de qué, le iba a suplicar que se alejara de él ¡Patético!, me recriminé a mi mismo arrugando el entrecejo.

Estaba absorto mirando el árbol de pascua que no me percaté que mi padre ya había puesto los regalos de Anthony y los nuestros.

- No vas a ir a dormir, o estas esperando a Santa Claus, yo creo que tu regalo lo dejo arriba -me dijo mi padre riéndose y como odiaba que le pareciera tan resuelto el tema de Bella, ahora no entendía ese bando tan positivista a que yo me fuera a dormir con ella, si mal no recuerdo eso estaba estrictamente prohibido desde que tenía trece años.

- Ya no te enojes, es una broma, además tienes que tratar de arreglar las cosas con ella, yo creo que mi nieto se merece una familia feliz de una buena vez -me comentó cuando vio mi cara de enojo, respiré resignado. Y éramos dos los que queríamos una familia feliz, el problema era que ella no la quería, nunca lo había querido, yo no era su elección, incluso antes de Jacob, había preferido a otro antes que a mí.

Subí las escaleras y me detuve en la puerta — Bella yo te amo, cásate conmigo — susurré, pero a mi proposición parecía faltarle motivo y significancia como iba a proponerle matrimonio luego que me había enterado que tenía novio y con el cual me había peleado trayendo como consecuencia una contusión para ella.

— Bella, por nuestro hijo dame una oportunidad —había sido otra de las buenas razones para que ella volviera conmigo, pero no era valido, mal que mal yo no había vuelto a buscarla, sin no hubiera sido por el encuentro del azar en el supermercado yo no me estaría haciendo estas ideas. Busque otra escusa para hacerla desistir de su nueva relación y no encontré ninguna más salvo una que para algunos movía montañas: yo la amaba con todas mis fuerzas y quería pasar con ella el resto de mi vida.

Entre a la habitación dispuesto a casarme con ella al día siguiente si quería pero mi idea loca se vio frustrada porque ella estaba dormida. Entre lentamente y cerré la puerta tras de mí, me sonreí y el corazón brinco al verlos abrazados, las manos de mi hijo en su pecho eran una imagen demasiado tierna y deseada, la forma en que ella lo tenía acurrucado contra su cuerpo protectoramente me hizo sentirme el hombre más miserable por haberle negado eso durante tantos años — había sido un egoísta —reflexioné. Camine hasta el otro lado de la cama y me subí tratando de no hacer ruido, tome las manos de Anthony y las saque de entre la ropa de Bella, lentamente lo jale hacia mí para poder separarlo de ella, y traspasarlo a su cuna, era mejor que durmiera en ella, sino después no habría forma de sacarlo de la cama. La tape y me quede observándola.

Su rostro era angelical, su expresión era feliz y relajada — Eres tan hermosa, casi un pecado el solo hecho de mirarte — susurré acariciando sus mejillas pero ella no se despertó a mi contacto lo que en parte agradecí.

Comencé a pensar en lo que había pasado años atrás, desde que la conocí aquel día del cumpleaños de Alice hasta el día fatídico que ella había tomado esas pastillas para abortar — Por qué fuiste tan imbécil —me recriminé y comencé a ver algo que no había visto hasta ahora, jamás me había detenido a pensar en lo que había hecho después de aquel día, en todas esas noches que me había ido dejándola sola largas horas, solo para hacerla sentir mal, solo para vengar en parte lo que supuestamente yo había sufrido al haberla visto sangrar perdiendo a mi hijo, recordé que había sido un canalla de los peores tratando de vengar algo que era irreal y que estaba solo en mi mente.

De pronto comencé a sentir ese peso tan grande en mi corazón por haberla traicionado de tantas formas y con tantas personas. Tenía tantos sentimientos encontrados — Jamás debí amarte, ni siquiera osar poner mis ojos en ti —susurré ya llorando de plano por lo estúpido que uno puede ser a veces, lo inmaduro, lo terco; la había perdido y era solo mi culpa, solo yo había cavado la tumba donde había enterrado nuestro amor.

Era primera vez que lloraba por amor y por alguien, no era que no llorara, había muchas situaciones que algunas veces me habían dado pena, pero esto era distinto. Esta pena desgarraba mi corazón y había perdido la oportunidad de ser feliz por decisiones erradas, por un tonto orgullo ¿De qué me servía ahora mi orgullo? — No la merezco — le dije a él, mirando al cielo y fue ahí cuando sentí que ella se había despertado. Se acerco caminando sobre la cama y yo me pare, no quería mostrarme débil, no quería que Bella me viera llorando descontroladamente como un niño, era demasiado mostrarme vulnerable con ella, no quería inspirar lastima.

- ¿Estas llorando? -me preguntó sorprendida y — acaso los hombres no lloran —pensé en mi interior, es — ¿un privilegio de las mujeres? — seguí contestándole en mi fueron interno ella guardo silencio.

- Estoy resfriado, es romadizo -le contesté finalmente esquivando el haz de luz que entraba por la ventana, una persiana estaba corrida permitiendo que la luna iluminara tenuemente la habitación.

- Edward yo —escuché pero la interrumpí en un arrebató, mi ansiedad me traicionó y de la peor forma. Terminé por confesar algo que debía guardar en mi interior, pero estaba cansado.

- Me lo merezco, yo fui quien te orillé a esto — dije mirándola — Merezco que tu no me ames, que hayas rehecho tu vida —continué y mi voz se quebró, lo dije estrangulado por la pena, miré hacía un costado para tratar de darme valor — ¿Cómo pude pensar que me esperarías eternamente que estarías sola después de cuatro años? — concluí acercándome hasta el haz de luz, ahora quería que viera mi rostro, quería que viera cuanto estaba sufriendo por ella — no soy de fierro Bella, también tengo emociones y me duele verte con él —era el mensaje que esperaba entendiera.

- Tú también rehiciste tu vida —se defendió y me reí con tristeza — ¿rehacer mi vida?, que vida si yo no tenía vida, vivía para Anthony, vivía para su recuerdo. Para ella —refuté en mi interior.

- Tanya es la madrina de Anthony, no es mi novia ni mi prometida ni vamos a casarnos como piensas —le aclaré finalmente ya no me importaba mentir, mantener una mentira no era necesario, no con ella.

- Salió publicado en los diarios — rebatió

- En los diarios salen muchas cosas y no todas son verdad —insistí

Frustrado por sus respuestas, aparentando una frialdad o temple que no tenía. Me senté en el borde de la cama, derrotado, cansado — Ganaste Jacob —dije en mi mente, pero en el fondo me senté con una esperanza viva, quería que se acercará, que al verme así la conmoviera y finalmente se rindiera, sabía que ella aún me amaba, pero contrario a lo que yo deseaba con todas mis fuerzas, permaneció lejos de mí, sentada en la cama pero a un millón de metros de allí.

— Esto no es sano para ninguno —exclamé pero ella me interrumpí, su voz temerosa, dulce y calmada me interrumpió.

— Con Jacob nunca ha pasado lo que tú piensas, él y yo – y su voz se acallo, mi corazón dio un brinco de alegría, se ilusionó — entonces era mentira — pensé ilusionado, al miré su vista se fue a la nada. Su expresión cambio, su rostro reflejo miedo y tortura – él es… era mi psiquiatra, así lo conocí, el me recibió el día que – y su voz se apagó con amargura, una que no había conocido, de pronto, la ansiedad se gatillo, un miedo me inundo, uno inexplicable, me giré para encararla y me senté frente a ella, la ansia me consumió, ella había hecho algo por algo me lo estaba ocultado.

¿Pero qué cosa? me pregunte, la palabra suicidio se me vino a la mente y recordé lo que tanto me grito Alice respecto a como podría desequilibrar a una madre la perdida de un hijo, pero no, ella se había ido a un convento, el suicidio era un pecado ¿Bella lo cometaria? ¿Tanto daño había causado?

- ¿Bella? - la llamé tratando de que me mirará - ¿El día que qué? — exigí saber y la noté nerviosa, se mordí el labio y como me hubiera gustado poder leer la mente, quería saber la verdad, me acerque y la tome por los brazos.

- ¿Él día que, qué hiciste? —insistí y ella parecía en otro lugar… su cuerpo estaba aquí pero no su mente… de pronto dos lágrimas rodaron por su rostro.

- Nada, no hice nada - confesó atropelladamente - fue el día que decidí irme al convento —aclaró y mi corazón paralizado por el miedo volvió a latir — El padre Alfonso insistió en que me evaluara un psiquiatra para aceptarme —contestó evadiendo mi mirada.

Un suspiró aliviado se escapó de entre mis labios, ella no lo notó pero yo sí, la culpa se alejo de mi mente y menos no había sido tan canalla de lograr desestabilizarla tanto como que atentará contra su propia vida, si ella lo hubiera hecho nunca me lo hubiera perdonado, sería otro pecado sumado a mi prontuario. Vi como se recostó contra la cama y yo me senté cruzando las piernas, nos quedamos mirando de nuevo, había un silencio y el único sonido que lo interrumpía era la respiración de nuestro hijo.

- ¿Tú lo amas? —le pregunté de repente fantaseando la respuesta incluso antes que salieran de sus labios, pero ella dudo, lo que termino por desgarrar mi corazón, yo quería que ese "no" hubiera brotando de improviso, de manera espontánea, aunque ella después hubiera tratado de disimularlo con excusas que iban a ser mentiras porque eso hubiera sido un indicio que el daño no era tan grande, que había una posibilidad de ser felices.

- Será mejor que me vaya — anunció ella y era un hecho, ella tenía una duda, su corazón tenía dudas, lo que me desgarró el mío, mi corazón se hizo añicos. Al verla levantarse de la cama involuntariamente y motivado por una falsa esperanza la detuve.

- Quédate, es tarde, hace frío. Mi madre jamás me perdonará que te deje irte a esta hora. Dormiré en el cuarto de Rosalie. Si es lo que te preocupa -le susurre conteniendo las lagrimas y evitando que mi voz saliera distorsionada pero lo que quería era llorar, llorar contra el regazo de mi madre y preguntarle porque uno es tan estúpido, solté su mano pensando en porque no me quede de la edad de Anthony y todo sería mucho más fácil añoré dispuesto a dejarla ir, a olvidarme de ella, a matar este amor tan desgarrador que sentía por ella, por la madre de mi hijo, por la mujer de la cual me enamore sin control. Nuestros dedos se rozaron y en ese minuto ella me tomo la mano y la miré sorprendido.

- Podrías… simplemente… abrazarme mientras duermo -me pidió y asentí, era lo que yo más deseaba en ese minuto tener su cuerpo cerca, sentir su respiración, su olor, tener sus cabellos contra mi rostro. Vestidos nos recostamos en la cama, la tape con la colcha, y la sujete como lo había hecho la noche anterior y nos quedamos así, durmiendo abrazados, sin decirnos nada.

Mi corazón estaba destrozado, desangraba y estaba a punto de morir, quise llorar y pedirle perdón pero ¿Sacaría algo con eso? Me pregunté apretándola más fuerte contra mi pecho.

- Si tan solo pudieras mentir conmigo Bella —le susurré al oído cuando ya noté que estaba durmiendo. Yo en cambio no pude dormir, simplemente me quede ahí sosteniéndola, como debí haberlo hecho aquella vez, cuatro años y medio atrás. Como a las siete de la mañana nuestro hijo comenzó a exigir su desayuno.

- Shshhh Anthony —susurré llamando su atención y él me miró con esos ojos marrones tan grandes que había heredado de su madre. Se río divertido cuando me vio que trataba de no hacer ruido.

- ¿Mami? —comenzó a llamarla pero en ese minuto lo saque de la cuna. Y le puse la mano sobre la boca.

- No quieres ir a ver si te dejaron regalos —le pregunte y asintió, era demasiado fácil distraerlo. Bajamos a la planta baja y ya mi madre estaba despierta, y para mi mala suerte Alice se había quedado.

- Tu aquí tan temprano —le murmuré y ella se rió, Deje en el suelo a Anthony y en ese minuto sonó el timbre de la casa. Todos nos miramos extrañados y Alice se encogió de hombros.

- ¿Qué ahora no puedes abrir la puerta?, la fama no te deja —me murmuró devuelta y siguió jugando con Anthony, ignorando por completo el timbre que volvió a sonar insistente.

Resignado fui a abrir y ojala no lo hubiera hecho. Frente a mí tenía a la persona que menos esperaba y que más quería que desapareciera de la faz de la tierra. Era Jacob en pleno, vestido casual, con una expresión seria.

- Bella no está —le mentí pero él me miró y su expresión fue sombría

- No es con ella con quien vengo a hablar, es contigo —respondió seco.

- ¿Y de qué podrías tener que hablar conmigo? —le pregunté suspicaz.

- Del asesinato que cometió Bella hace un tiempo atrás por tu culpa —me contestó y mi boca se abrió de par en par.

Sus palabras fueron como un baldé de agua fría que recorrió todo mi cuerpo en cuestión de milésimas de segundos, se me escapó el aire de los pulmones, un nudo en mi estomago se formó — Culpa —fue lo que embargó a mi corazón sangrante, un dolor punzante me impidió hablar de inmediato, su respuesta me había tomado con la guardia baja. Reflexioné sobre su declaración y entonces supe que el daño sí había sido grande, gigantesco, de proporciones épicas. Ella había asesinado a alguien, la imagen de Renée se me vino a la mente ¿Podría ser ella?, ese era el oscuro motivo de porque ella había necesito un psiquiatra. Ella había asesinado a su madre ¿por mi culpa?
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Que les parecio buenisimo cierto , ya saben dejen sus comentarios al final
Mil besitos
Angel of the dark

miércoles, 26 de enero de 2011

Conquistando tu Amor

CAPÍTULO VIIIEDWARD POV

Cuando salí de la sala de ejercicios me fui rápidamente a la cocina, entré y me senté pensativo

- Edward, veo que mi niña lo dejó con la boca abierta eh
- Sue cómo puede una persona tan irritante cantar así, fue….fue….
- ¿Maravillosa?
- Si, maravillosa
- Ummm, sabía que te gustaría, ahora me vas a negar que mi niña te trae loquito
- Mmmm?????
- jajaja, lo sabía ya no lo puedes negar, mi niña te ha hechizado, pero debes tener cuidado, mi niña es muy complicada y cualquier hombre no puede alcanzarla, ella se niega a enamorarse y es más testaruda que hermosa.
- ¿Por qué Sue, digo por qué es así? Ella lo tiene todo y no parece ser feliz, es tan amargada.
- Bueno, Edward tengo mi teoría, pero ella no ha a confiado ese tema conmigo, por lo que no puedo hablar de ello, pero a mi niña le pasaron cosas malas hace dos años y una de ellas es que su hermana mayor murió.
- ¿Cómo?, ¿ella tenía una hermana?, yo…yo no sabía
- Si, mi niña Vanessa tenía dos años más que Bella, pero eran muy unidas, aunque Vanessa estudiaba en otra ciudad.- ellas eran extremadamente unidas, el lazo de hermandad y unidad era envidiable, la pérdida de Vanessa fue terrible, casi acaba con la familia, aún el dolor es palpable, mi niña se refugió dos meses en casa de Quil, no quería hablar ni ver a nadie, cuando volvió estaba tan delgada, casi no comía, no dormía bien, sus ojeras eran mucho más marcadas que ahora, parecía un zombi. Apenas llegó dejó inmediatamente su habitación y se mudó a la habitación que ocupa ahora, le gusta la privacidad, antes ella pasaba el día riendo, cantando, bailando, después de eso no lo hizo más, dejó de reír y sólo lloraba.
Estaba totalmente atónito con lo que me contaba Sue, debió ser terrible para Bella la pérdida de su hermana, no quiero ni imaginarme un dolor más grande que ese, con razón es tan arisca, seguramente le duele abrirse a las personas, nuevamente mi instinto me hacía querer correr hacia sus brazos y poder darle apoyo y cariño.
- Puedo intuir lo que pasa por tu cabeza y lo que puedo decirte es que no la presiones sobre el tema, Bella no deja que nadie se acerque, no habla sobre el tema, ni siquiera asiste al cementerio a ver a su hermana, todos los meses los señores insisten en que vaya y estalla la furia de mi niña, se encierra y descarga la ira destruyendo la habitación. Varias veces la he encontrado llegando pasada de copas por la noche, la fecha simplemente la atormenta.
Nos quedamos charlando con Sue largo rato y me contó muchas cosas sobre Bella.
- Ay Edward si la hubieras conocido antes de la muerte de Vanessa, ella era un sol, alegraba a todas las personas que la rodeaban, siempre fue una niña preciosa, pero era más, ella era tan alegre y tan inocente, vivía como en una burbuja, ella estaba por cumplir los 15 años cuando murió Vanessa, pero a diferencia de muchas niñas de su edad Bella nunca tuvo novio, todavía jugaba con muñecas y le encantaba pasear en bicicleta, lo único que ha conservado de ese tiempo es su pasión por correr, claro que ahora lo hace más, ella es una corredora nata, así como lo es con la música, en realidad todo lo que ella hace lo hace bien, es la mejor en el colegio, si de calificaciones hablamos claro, porque le encanta salirse de las clases, aún así obtiene las mejores calificaciones, es irrespetuosa y mal genio a morir, bueno tú ya sabes eso, ya probaste su furia. Lo que no entiendo es por qué se detestan.
- Bueno, yo tampoco lo se. Mentí, cómo le iba a decir que la conocí en la disco y todo lo que pasó, o más bien dicho lo que casi pasó.

El día domingo me levanté temprano, ansiaba ver a Bella aunque fuera para pelear, al bajar al comedor no la encontré y fui a la cocina a preguntarle a Sue, pero no se encontraba, sólo estaba María.

- Mmmm, María ¿sabes dónde se encuentra Bella?
- Joven, la señorita ha salido tempranísimo y no ha regresado
- Y sabes a qué hora regresa, es que necesito conversar con ella urgentemente.
- La verdad es que no joven, la señorita no da explicaciones, a veces le dice a Sue, pero ella tampoco se encuentra.
- Dime María ¿es normal que Bella se ausente sin previo aviso?
- Jajaja, si, la niña es independiente y sus padres confían en ella, aunque a veces les cueste, ella es rebelde, pero es buena, es una niña sana.
- Ay María, a veces me cuesta creerlo, la fiera buena, esa si es una broma jajaja
- Mire joven, usted conoce a la niña desde cuándo ¿ayer?, nosotros en la casa la conocemos desde que era bebé, la vimos crecer, madurar y florecer y aunque ella es difícil ella es muy buena y de buenos sentimientos, a veces puede que ande con humor de perros, pero cuando algún amigo o incluso alguien del servicio necesita ayuda de cualquier tipo ella es la primera que ayuda sin pedir explicaciones, siempre está preocupada de nosotros, ¿imagínese? La señorita de la casa preocupada por los empleados, si nos falta algo, si estamos bien de salud, si alguien de nuestra familia necesita de su ayuda, eso definitivamente no se ve muy seguido, incluso ella prefiere cenar con nosotros en la cocina que con los señores en el comedor.
- Y..Yo no lo sabía
- Si, ella es así y más, por eso todos la adoramos y sufrimos porque sabemos que algo le pasó en el pasado que le ha quitado la alegría, pero no la bondad aunque trata de esconderla fuera de esta casa. Sue tiene razón usted parece bastante interesado en la niña, así que le pido por favor que no le haga daño, mi niña no merece sufrir
- Hay algo más que me puedas contar sobre ella, de verdad me gustaría conocerla más para poder entenderla
- Joven si usted quiere conocer a la niña ¿no cree que usted mismo debería averiguarlo?, dedíquese a observarla, ella no se esconde totalmente, sólo hay que estar atento a sus acciones, su bondad salta a la vista para las personas que la conocen y la quieren.
- Tienes razón María, cualquier cosa que necesites voy a estar en la sala de música
- Ok
Salí de la cocina con la cabeza revuelta, todos en la casa hablan maravillas de la fiera, pero me parece casi imposible que sea tan bondadosa, digo ella es insoportable, caprichosa, mal educada, altanera y definitivamente es frívola.

Entré a la sala de música y fui directamente al piano, era maravilloso y hace tanto tiempo que no tocaba. Empecé a tocar un tema que hace años había compuesto para mi madre, me perdí en el sonido, en las sensaciones placenteras que me producían volver a tocar. Perdí la noción del tiempo al tocar canción tras canción y cuando me di cuenta ya era bastante tarde y Sue me llamaba a almorzar. Bajé rápidamente a la cocina y me maravillé con la escena que vi al entrar. Bella estaba sonriendo a más no poder, el viejo Billy le hacía cosquillas y ella estaba tirada en el piso de tanto reírse, todos los demás empleados estaban riendo con su risa infantil y Sue estaba simplemente emocionada.

- B…Bill…y, ya basta jajaja, ya… no jajaja, aguanto jajaja más
- No, mi niña, no pararé hasta que bajes tu guitarra y me cantes como lo hacías antes
- Billy, dijo Bella poniéndose más seria ahora. – Tú sabes que ya no canto
- Chiquilla embustera, supe que ayer estuviste cantando y por eso mereces más cosquillas hasta que aceptes
- Jaajajajajaja, ya Billy, acepto, pero te digo enseguida que eres un viejo tramposo, sabes que no puedo decir que no cuando me haces cosquillas jajajajaja
- Ya chiquilla, ve por tu guitarra.
Cuando Bella se levantó del piso y me vio mirándola su puso totalmente roja de vergüenza y se fue rápidamente hacia las escaleras. Nunca la había visto así, por lo visto todos tenían razón y está niña era mucho más de lo que se ve a simple vista. Al cabo de unos minutos ella llegó a la cocina con su guitarra. Después de almorzar todos juntos en la cocina Sue nos sirvió un pastel que estaba realmente delicioso, el mejor que había probado y eso que mi madre es una excelente cocinera y hasta entonces los mejores pasteles los hacía ella, pero este era definitivamente magnífico. Estaba disfrutando el pastel cuando escucho un leve gemido y dirijo mi vista hacia Bella y lo que vi Oh por Dios. Ella estaba con los ojos cerrados y degustando el pastel y gimiendo casi imperceptiblemente al sentir su sabor, la imagen era sencillamente más que erótica y me sentí duro al instante, Dios cómo esta niña podía ser tan.. tan.. endemoniadamente sexy, mi boca estaba totalmente abierta, se me calló la cuchara que sostenía produciendo un ruido fuerte al estrellarse contra el plato y se me escapó un jadeo bastante audible y vergonzoso. Sentí todas las miradas puestas en mi y Bella abrió rápidamente sus ojos y me miró claramente avergonzada, sus mejillas adquirieron ese rubor tentador y luego miró a las demás personas que se encontraban con nosotros, se levantó raudamente de su lugar y salió corriendo hacia el jardín. Todos nos quedamos mirando y fue Sue la que rompió el silencio con una risa atronadora

- Jajajajajajaja, mi niña, jajajaj, aún tiene la misma reacción con los postres jajaja que cuando era pequeña
- Verás Edward Bella siempre que le gusta algo en demasía sin darse cuenta actúa de esa forma, desde que era niña lo hace, lo malo es que ahora es una señorita y parece que hasta ahora no se había dado cuenta de que ese gesto puede provocar reacciones en los hombres jajajaj
- E…emmmm, vuelvo enseguida
- Si ve tranquilo, pero no olvides que mi niña va a tocar guitarra, vamos a estar en el jardín.
- Ok
Salí apresuradamente hacia el baño, mi erección necesitaba ser calmada, era bastante dolorosa, me bajé los pantalones y tomé mi miembro entre mis manos, subiendo y bajando y pensando obviamente en Bella, seguía bombeando y mis gemidos no se hicieron esperar – Oh Bella oh… Me sentía como un enfermo, un depravado masturbándome pensando en una niña, pero diablos que iba a hacer si Bella era endemoniadamente irresistible y a veces parecía que ni ella se daba cuenta – Oh Bella…oh… cómo me gustaría que ella estuviera conmigo aplacando esta enorme necesidad de mi cuerpo, deseaba que estuviera desnuda entre mis brazos y que gimiera mi nombre mientras la penetraba incansablemente, hundiéndome profundo en su intimidad, ella despertaba un deseo casi animal, quería tomarla y hacerle el amor hasta hacerla desfallecer de placer, quería quebrarla, partirla por mitad, doblegarla a mi cuerpo a mi deseo, amarla sin concesiones, hacerla que se corra tantas veces que suplique por descanso. Mierda, tuve la mejor descarga en años y sólo por masturbarme pensando en Bella. Carajo esa niña tiene que ser mía, sólo mía.

Lavé mis manos y lavé mi rostro y bajé nuevamente hacia el jardín a encontrarme con mi Némesis, esa joven sacaba el animal que llevaba dentro y que no sabía que existía en mi.

BELLA POV

Al despertar me di cuenta que tenía ganas de hacer algo distinto, al parecer el poder haber podido cantar me alegraba enormemente, aunque canté con odio, rencor, pero no me importaba, cualquiera fuera el sentimiento me hizo cantar y ahora estaba en paz, me sentía bien, liberada. Bajé sigilosa hacia la cocina y mi querida Sue iba a salir a comprar así que decidí acompañarla, ay que mi buen humor estaba al límite, mi querida Sue me incentivó a hacer algo que no hacía hace bastante tiempo : un pastel. Al llegar a la casa subí a cambiarme de ropa y ponerme algo más cómodo para empezar a elaborar mi sorpresa, ya que era el cumpleaños de Billy y le iba a dar la sorpresa con su pastel favorito. Al pasar por la sala de música escuché el piano y me acerqué a escuchar, la música era gloriosa, entreabrí la puerta y era él, Edward estaba tocando majestuosamente el piano, se veía tan…. Tan… no se como decirlo, pero su pose, su música, su entrega me llenó el corazón de alegría, él era definitivamente el hombre más hermoso y sexy que había visto alguna vez, sus dedos se movían con maestría por las teclas creando la más exquisita música y haciéndome suspirar¡¡¡¡Carajo!!!! Que mierda estoy pensando, yo odio a este tipo ¿no? Porque diablos tengo que estar espiándolo, viéndolo con anhelo, deseo y añorando esas manos, que esos dedos recorrieran así mi cuerpo, delicadamente y a la vez en forma salvaje, mierda me estaba excitando viendo al profe tocar piano BASTA BELLA gritaba interiormente y salí pitando de allí antes de que cometiera una locura como arrojarme a sus brazos e implorarle que me hiciera suya salvajemente. Me cambié de ropa y salí corriendo hacia la cocina antes de entrar a buscar a Edward y suplicarle por sexo.

Sue me estaba esperando y al ver mi cara sonrojada y sudada me preguntó qué me pasaba, pero le dije que sólo estaba así porque había bajado corriendo las escaleras. Así que me concentré en preparar el pastel, mientras Sue preparaba el almuerzo. Cuando estuvimos listas Sue fue a avisarle a Edward que bajara a almorzar, en ese momento entró Billy y me agarró para hacerme cosquillas, quería que le cantara como regalo de cumpleaños, viejo pillo, seguramente Sue me escuchó cantar anoche y le contó a Billy, entre tantas carcajadas no me di cuenta hasta que me levanté que Edward se encontraba mirándonos, mierda que vergüenza, ahora va a pensar que soy un niñita cosquillosa, me ruboricé.

Después de almorzar Sue nos dio pastel y aunque yo lo había hecho debo admitir que estaba riquísimo y sin darme cuenta cerré mis ojos y gemí despacito al sentir el sabor en mi boca, ahí estaba yo saboreando cuando sentí un ruido fuerte seguido por un jadeo bastante audible, al abrir mis ojos supe quien había jadeado, era él, Edward me estaba mirando, su boca se encontraba abierta y jadeaba, su respiración era entrecortada y me miraba fijamente, Carajo en sus ojos relucía la lujuria, el tipo estaba caliente, se notaba desde lejos, mierda y más mierda mi pequeño e involuntario show con el pastel lo había puesto así, apuesto a que estaba duro. Qué vergüenza, no se por que la sentía, estaba acostumbrada a que los hombres o jóvenes me vieran de esa manera, pero Edward era tema aparte, ahora no iba a poder sacar de mi cabeza la imagen de su cara excitada y más encima estaban todos mirándonos. Me levanté y salí corriendo al jardín.

A los pocos minutos empezaron a salir todos, gracias a dios nadie dijo nada sobre el pequeño incidente, me moría de vergüenza. Nos acomodamos todos en el jardín a la sombra de un gran árbol y Billy llevaba mi guitarra. Sue llevaba el resto del pastel y los platos correspondientes por si alguien quería más, yo definitivamente no quería más.

Al rato bajó Edward, se veía sonrojado y algo nervioso, pero decidí no mirarlo y Billy empezó a instarme a que tocara, con lo que había pasado me sentía cohibida y no sabía si iba a poder hacerlo, ahora era imposible que me concentrara en odio y rencor para poder cantar, ya que en estos momentos no sentía en mi esos sentimientos, pero y si me concentraba en otros sentimientos como….. ¿qué podía ser?….mmmmm…..decidí dejar atrás mi vergüenza y retomé mi voluntad, no sentía odio ni rencor en este momento, pero si sentía cariño, amor, calidez por las personas que se encontraban conmigo, mi viejo Billy, mi querida Sue y todos y cada uno de los que encontraban presentes me entregaban a diario cariño y comprensión y yo los quería con toda mi alma. Así que tomé mi guitarra y empecé a cantar una de las canciones preferidas de Billy : other side of the World de kate tunstall

OTHER SIDE OF THE WORLD AL OTRO LADO DEL MUNDO
Over the sea and far away -cruzando los océanos, bien lejos
She's waiting like an iceberg -ella espera como un iceberg
Waiting to change -esperando para cambiar
But she's cold inside -pero ella esta helada por dentro
She wants to be like the water -quiere ser como el agua

All the muscles tighten in her face -todos los músculos de su cara tiemblan
Buries her soul in one embrace -se quema su alma en un abrazo
They're one and the same -allí hay uno y es lo mismo
Just like water -es como el agua

The fire fades away -y el fuego se desvanece
Most of everyday -todos los días
Is full of tired excuses -está lleno de excusas gastadas
But it's too hard to say -pero es tan difícil de decir
I wish it were simple -desearía que fuera algo simple
But we give up easily -pero nos rendimos fácilmente
You're close enough to see that -estás lo suficientemente cerca para verlo
You're the other side of the world to -me eres el otro lado del mundo para mi

On comes the panic Light -se viene la luz de pánico
Holding on with fingers and feelings alike -sosteniéndola con los dedos y al igual que los sentimientos
But the time has come -pero llego la hora
To move along -de cambiar totalmente

The fire fades away -y el fuego se desvanece
Most of everyday -todos los días
Is full of tired excuses -esta lleno de excusas gastadas
But it's too hard to say -pero es tan difícil de decir
I wish it were simple -desearía que fuera algo simple
But we give up easily -pero nos rendimos fácilmente
You're close enough to see that -estas lo suficientemente cerca para verlo
You're the other side of the World -eres el otro lado del mundo para mi

Can you help me -puedes ayudarme
Can you let me go -puedes dejarme ir
And can you still love me -y aun puedes seguir amándome
When you can't see me anymore -cuando ya no me veas mas

And the fire fades away -y el fuego se desvanece
Most of everyday -todos los días
Is full of tired excuses -esta lleno de excusas gastadas
But it's too hard to say -pero es tan difícil de decir
I wish it were simple -desearía que fuera algo simple
But we give up easily- pero nos rendimos fácilmente
You're close enough to see that -estas lo suficientemente cerca para verlo
You're the other side of the World -eres el otro lado del mundo
Oh, the other side of the World -eres el otro lado del mundo
You're the other side of the world to me -eres el otro lado del mundo para mi


Cuando terminé de cantar abrí mis ojos y Billy lloraba de alegría al igual que los demás amigos, si, porque aunque fueran empleados en la casa yo los consideraba mis amigos, los quería un montón, otra cara era la que tenía mi pesadilla de ojos verdes, él me miraba desconcertado y en sus ojos bailaba la satisfacción, sí, le había gustado y nuevamente me sonrojé al sentir su mirada penetrante en mí. Billy empezó a presionarme para que cantara más, así que ya que estaba en esto porque no seguir, me sentía feliz y libre. Sue pidió su favorita the history de brandy carlile

All of these lines across my face- Todas estas líneas que cruzan mi cara
Tell you the story of who I am -Te cuentan la historia de quién soy
So many stories of where I've been -Muchas historias de donde he estado
And how I got to where I am -¿Y cómo llegué a donde estoy
But these stories don't mean anything -Pero estas historias no significan nada
When you've got no one to tell them to -Cuando no tienes a nadie para decirles
It's true...I was made for you- Es verdad ... Estaba hecho para ti
I climbed across the mountain tops -He escalado las cimas de montañas a través de la swam
Swam all across the ocean blue -Nadé a través de todo del océano azul
I crossed all the lines and I broke all the rules -Crucé todas las líneas y rompí todas las reglas
But baby I broke them all for you -Pero bebé las rompí todas por ti
Because even when I was flat broke- Porque aun cuando estaba completamente roto
You made me feel like a million bucks- Me hiciste sentir como un millón de dólares
Yeah you do and I was made for you- Lo haces.....Estaba hecho para ti

You see the smile that's on my mouth -Ves la sonrisa que está en mi boca
Is hiding the words that don't come out- Se esconde de las palabras que van a salir
And all of my friends who think that I'm blessed -Y todos mis amigos piensan que soy bendecido

They don't know my head is a mess -No saben que mi cabeza es un lío
No, they don't know who I really am- No, no saben quién realmente soy
And they don't know what I've been through like you do- Y no saben que, he estado como lo hago través de ti
And I was made for you... -Y estaba hecho para ti

Al terminar la canción ya me sentía mucho más relajada y feliz, lo había hecho, había cantado frente a varias personas y no estaba llorando, estaba feliz. Después de varias canciones más, risas y bromas entre todos me retiré a mi dormitorio, estaba realmente exhausta y mañana comenzarían las clases ¡genial!.